Abolición de la prostitución : ¡no penalicéis a mis clientes!

 Por Thierry Schaffauser

Editado por Gaëlle-Marie Zimmermann

http://leplus.nouvelobs.com/contribution/220592;abolition-de-la-prostitution-ne-penalisez-pas-mes-clients.html  

La penalización de los clientes no va a detener la prostitución. Continuaremos trabajando, pero en peores condiciones. Es un ataque a nuestro medio de subsistencia, una potencial disminución de nuestros ingresos, un aumento de los riesgos de violencias y explotación, un aumento de los contagios de VIH y ETS, y, sobre todo, un estigma y unas discriminaciones aún más institucionalizados.

 

Las putas, víctimas designadas y descalificadas de oficio

La penalización de los clientes es la secuela lógica del estatuto de víctima e inadaptada social que rige desde las ordenanzas de 1960. Es un instrumento para justificar nuestra incapacidad a fin de confiscar nuestra palabra. Somos tratadas como niñas, menores legales o patologizadas con falsas estadísticas sobre supuestas violaciones en la infancia, síndromes de Estocolmo y postraumáticos. [1]

Es asombroso que esta estrategia sea defendida por ciertas corrientes feministas, toda vez que es la misma que fue utilizada contra las mujeres ayer,  cuando eran acusadas por la izquierda de estar manipuladas por la Iglesia para explicar su incapacitación política y la negativa a concederles la igualdad de derechos.

Se nos dice que estamos alienadas, que no podemos ser conscientes de nuestra situación hasta que no hayamos « salido de la prostitución ». Sólo tras haber sido « reinsertadas socialmente » tomaríamos conciencia de nuestro comportamiento autodestructor.

 

Una auténtica discriminación, financiada por los poderes públicos

Se podría comparar estas teorías y prácticas con los discursos homófobos de sedicentes expertos que querían curar a los homosexuales y « reinsertarlos socialmente » por su propio bien. Siempre es posible encontrar a una víctima que haya interiorizado el estigma y que tenga interés en victimizarse para dejar de ser mal considerada. Ahora bien, si en la actualidad la rehabilitación de los homosexuales es percibida como una práctica homófoba, la de las trabajadoras del sexo se considera normal y es subvencionada por el Estado y los organismos locales con el dinero de nuestros impuestos.

Las organizaciones abolicionistas reciben centenares de miles de euros en subvenciones cada año, [2] y autorizaciones para intervenir en las escuelas. Pueden así emprender grandes campañas de desinformación, como las relativas a la trata de seres humanos [3]  durante los acontecimientos deportivos, [4] y para convencer a los medios y a los poderes públicos de que no reconozcan nuestro trabajo y penalicen a nuestros clientes.

Estando privadas de derechos, no siendo reconocidas como trabajadoras excepto cuando hay que pagar impuestos, no pudiendo nunca justificar nuestros ingresos ante un banco o un propietario, siendo discriminadas, a veces detenidas por la policía por ofertar servicios en la vía pública o por proxenetismo cuando nos prestamos entre nosotras una habitación o nos ayudamos; nos vemos reducidas por las leyes y el sistema que éstas defienden a la categoría de excluídas y marginadas.

En estas condiciones, es lógico que ciertas personas deseen finalmente renunciar al trabajo sexual y se decidan a aceptar el estatuto de víctima que se les impone. Todo se hace para hacernos renunciar. El bucle entra en bucle.

Consentimiento y deseo : una mezcla demasiado fácil

Sin embargo, el trabajo sexual es un recurso económico y una solución que hemos encontrado en nuestra vida a fin de resolver una situación financiera difícil en un momento dado, para financiar nuestros estudios, emigrar, mantener a nuestra familia, etc.

Se nos contesta que, por deberse a una necesidad económica, el trabajo sexual no puede ser nunca una auténtica elección. Es verdad que en un sistema capitalista y patriarcal la noción de elección puede ser discutida. Pero, ¿por qué se hace, entonces, sólo para las trabajadores del sexo ? No se pregunta nunca a los demás trabajadores si han hecho una auténtica elección  o si les gusta su trabajo, antes de reconocer sus derechos.

Porque se trata de trabajo sexual, se mezcla la ausencia de deseo con la ausencia de consentimiento. Seríamos víctimas de violación sin darnos cuenta. Este es un camino peligroso, pues lleva a redefinir el concepto de violación. Las trabajadoras del sexo vendrían a ser así como los niños menores de 15 años, incapaces de expresar su consentimiento.

¿Dónde está la lógica cuando los políticos quieren penalizar la sexualidad entre adultos que consienten y, al mismo tiempo, no se hace nada para que cesen las violaciones de putas ? En la actualidad, es muy difícil para lxs trabajadorxs del sexo hacer que les reconozcan las violaciones que ellas y ellos sufren cuando van a denunciarlas, o que la Justicia les considere creíbles. ¿Por qué, pues, penalizar a los hombres que respetan nuestro consentimiento, nuestras condiciones, y nunca a los que violan ? [5]

 

Penalizar a nuestros clientes es ponernos en peligro

Cuando nuestros clientes son penalizados, nos vemos forzadas a trabajar en lugares más apartados, escondidos y peligrosos. Es más difícil imponer condiciones, tarifas y el uso del preservativo cuando hay que subir rápidamente al coche sin tener tiempo de dejar las cosas claras. Esto aumenta el riesgo de aceptar falsos clientes que resulten ser peligrosos o violentos. La prohibición nos empuja a pasar por intermediarios para arreglar la cita con los clientes y refuerza así los riesgos de explotación o la trampa del trabajo forzado.

Tenemos menos acceso a los servicios de salud y los autobuses de prevención de las asociaciones comunitarias de salud tienen más dificultad para encontrarnos. En Suecia, la penalización de los clientes ha sido una excusa para rehusar las prácticas de reducción de riesgos. No hay que dar preservativos a los clientes, pues esto sería inducir a actos criminales. [6]

La penalización de los clientes no tiene un impacto positivo sobre la lucha contra la trata de seres humanos. [7] Impide a los clientes señalar situaciones de abuso que ellos tienen más probabilidades de descubrir. En ciertos países, hay números de teléfono gratuitos a los que pueden llamar, ya que son considerados como aliados, y no criminales. Penalizar a los clientes lleva a malgastar los recursos de la policía y el dinero del contribuyente en detener a inocentes, en lugar de a los tratantes.

 

Cifras falsas, razonamiento sesgado, conclusiones erróneas

Hay muchas pruebas de las consecuencias nefastas que tiene una ley de penalización de los clientes. [8] No sólo la organización sueca de trabajadoras del sexo « Rose Alliance » condena esta ley, sino también todos los investigadores independientes.

La Doctora Laura Agustin [9] ha presentado una extensa crítica del informe parlamentario sueco que evaluaba la ley contra la compra de sexo, informe que, sin embargo, ha servido de modelo al informe parlamentario francés. La Doctora Laura Agustín ha demostrado cómo se han utilizado cifras falsas, se han hecho confusiones y ha faltado metodología. Por ejemplo, el gobierno sueco no hace referencia más que al trabajo sexual de calle, que es muy minoritario, y no da ningún dato sobre los otros sectores de la industria del sexo.

De la misma manera, Petra Östergren y Suzanne Dodillet [10] han echado abajo las pretensiones del gobierno sueco de que la ley había disuadido a los clientes, había permitido reducir la trata de seres humanos o hecho evolucionar la opinión pública.

La penalización de los clientes tendrá, de hecho, más consecuencias sobre nosotras, las trabajadores del sexo. Si los clientes se llevan una multa, nosotras tendremos que sufrir la pérdida de ingresos, y una mayor violencia y explotación. Somos nosotras las que seremos tratadas aún más como pobres chicas sin esperanza. Somos nosotras quienes correremos el riesgo, como pasa en Suecia, de perder la custodia de nuestros hijos por no darnos cuenta de nuestro « comportamiento autodestructivo » y « exponerles » al mismo. Esto es, por otra parte, lo que ya alegan determinados jueces franceses durante los divorcios para denegarnos la custodia.

No olvidemos que nosotras pagamos impuestos y que deberemos seguir pagándolos, como ocurre en los países que penalizan a los clientes. Esto muestra bien la hipocresía de una tal ley que, en realidad, apenas se preocupa de nuestra situación. Los legisladores saben muy bien que el trabajo sexual no desaparecerá. Pero para afirmar los grandes principios sobre el « cuerpo inalienable » y la « dignidad humana », que no son de hecho más que frases hechas, no les parece grave abandonar a las trabajadoras del sexo a su suerte y cerrar los ojos a la realidad. La realidad es que nosotras queremos derechos. No la penalización. [11]

———

[1] http://site.strass-syndicat.org/2011/02/les-feministes-doivent-soutenir-et-inclure-les-travailleuses-du-sexe/

[2] http://www.fondationscelles.org/index.php?option=com_content&view=article&id=60%3Amouvement-du-nid&catid=15%3Aguide-des-associations&Itemid=43&lang=fr

[3] http://www.lemonde.fr/idees/article/2010/06/02/combien-de-travailleurs-du-sexe-sommes-nous-par-thierry-schaffauser_1366353_3232.html

[4] http://endehors.net/news/une-legende-urbaine-les-40-000-prostituees-d-europe-de-l-est-importees-en-allemagne-pour-la-coupe-du-monde-de-football

[5] http://lmsi.net/Le-viol-des-putes-et-leur-parole

[6] http://cybersolidaires.typepad.com/files/jaylevy-impacts-de-la-criminalisation-suedoise.pdf

[7] http://lmsi.net/Luttons-serieusement-contre-la

[8] http://lmsi.net/Le-modele-suedois-est-un-echec,1268

[9] http://www.lauraagustin.com/la-loi-suedoise-contre-lachat-de-sexe-la-prostitution-la-traite-efficacite-pas-prouvee

[10] http://www.petraostergren.com/upl/files/56646.pdf

[11] http://www.lemonde.fr/idees/article/2010/12/15/decriminalisez-entierement-le-travail-du-sexe_1453445_3232.html

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