Grandes pretensiones y pocas pruebas: ley sueca contra la compra de sexo

Por LAURA AGUSTIN

http://www.lauraagustin.com/

http://www.thelocal.se/27962/20100723/  

Publicado el 23 de julio de 2010

Una nueva revisión de la prohibición de Suecia de comprar sexo ha proporcionado pocas pruebas consistentes de que la política de prohibición haya funcionado (escribe Laura Agustin), pero pocos políticos se han atrevido a reconocer sus obvios fallos..

    Todos los suecos saben que la famosa ley contra la compra de sexo (sexköpslagen) es una patata caliente. Pocos políticos han comentado en un sentido o en otro la evaluación de la ley anunciada el 2 de julio, y sólo un representante del gobierno ha pretendido que dicha evaluación demuestra que la ley es un éxito. Dado que el informe ha sido muy criticado como falto de evidencia y metodología, pero lleno de ideología, el debate ha sido curiosamente silenciado.  

En otro período de la historia la ley de compra de sexo podría haber sido considerada una ley menor sobre un pequeño problema social. Poca gente muere, es incapacitada de por vida o pierde sus casas y trabajos porque haya aquí prostitución; otras amenazas a la seguridad nacional y a la felicidad podrían parecer más urgentes. 

Pero una facción feminista promueve la ideología de que las prostitutas son siempre, por definición, víctimas de violencia contra las mujeres. Como víctimas, no pueden ser criminales, así que su parte del cambio de sexo por dinero no es penalizada, mientras que aquellos que compran son perpetradores de un grave crimen. Esta ideología, que es un punto de vista minoritario en otros países, predomina entre las feministas de Estado suecas, que pretenden que la la existencia de sexo comercial es un impedimento decisivo para conseguir la igualdad de géneros. Tal dogma es curioso, dado el número tan pequeño de personas dedicadas a vender sexo en un estado rico que no las excluye de sus servicios y beneficios. No es ilegal vender sexo en Suecia, sólo comprarlo.  

La evaluación se realizó principalmente con datos a pequeña escala referidos a la prostitución callejera, dado que era la más fácil de encontrar. Nadie duda que la mayor parte de las trabajadoras sexuales callejeras se fueron a otra parte cuando se hizo efectiva la ley, y nadie sabe dónde se fueron. Pero los evaluadores reforzaron su posición pretendiendo que la prostitución callejera había aumentado en Dinamarca, donde no existe tal ley, usando información de una ONG de Copenhaguen cuyos datos inflados fueron expuestos en el parlamento el año pasado.  La prostitución callejera se sabe, en cualquier caso, que constituye un diminuta parte del comercio del sexo en su conjunto.  

El informe confiesa que la “prostitución en Internet” fue difícil de investigar, pero revela una escasa comprensión de la multiplicidad de negocios, trabajos y redes que caracteriza la industria del sexo. Preguntar a los policías y a los trabajadores sociales qué creen que está pasando no sustituye a una auténtica investigación, y no existen estudios académicos que pretendan conocer toda la extensión de la prostitución aquí. Un informe gubernamental de 2007 admitía que era difícil encontrar algo acerca de la prostitución en Suecia. 

La evaluación no da cuenta de cómo se ha llevado a cabo realmente la investigación —su metodología— pero está llena de material de relleno acerca de la historia de Suecia y de por qué la prostitución es mala. De hecho, sólo 14 trabajadoras sexuales fueron encuestadas para saber su opinión de la ley, siete de las cuales ya habían sido detenidas vendiendo sexo. Es una muestra bastante ridícula.  

Varios comentaristas de los medios aprovecharon la ocasión para atacar la ley en sí, ya que, a pesar de las repetidas afirmaciones del gobierno de que la mayoría de los suecos apoyan la ley, la oposición es fiera. En la blogosfera y en otros foros online, liberales, libertarios y miembros no conformistas de los principales partidos se resisten sin descanso a una visión reduccionista de la sexualidad en la que las vulnerables mujeres son siempre amenazadas por hombres predadores.  

Pero la mayor parte de los políticos sienten sin duda que sacarán poca rentabilidad de quejarse de una legislación que ahora simboliza a la Madre Suecia. El Instituto Sueco ha convertido la abolición de la prostitución en parte de la marca nacional, lo que llaman un “paquete de múltiples caras para hacer a Suecia más atractiva al resto del mundo”. El Instituto Sueco, que pretende representar al país más “socialmente liberal” del planeta, celebra la igualdad de géneros y el amor gay a la par que a Ingmar Bergman, la alta tecnología y los bosques de pinos. 

Suecia se coloca, sin discusión, en un puesto alto en varias medidas de igualdad de género, tales como el número de mujeres que trabaja fuera de casa, sus salarios y la duración de la baja maternal. Pero otras políticas consideradas como parte de la igualdad de géneros son mucho más difiícil de medir: el cambio cultural, lo que siente la gente acerca de la diferencia sexual y, no lo menos importante, el efecto de una ley que prohibe comprar sexo. Así no es sorprendente que la evaluación del gobierno no presente evidencias de que las relaciones entre hombres y mujeres hayan mejorado en Suecia gracias a esta ley. La principal recomendación de la evaluación es endurecer el castigo aplicado a los hombres que compran sexo.  

Hubo, sin embargo,  algo nuevo en la presentación que de la ley hizo el Ministro de Justicia Ask a los medios internacionales: la pretensión de que ha demostrado servir para combatir el crimen organizado,  en particular el responsable de la trata sexual. Sin citar ninguna prueba, el informe asegura que hay menos trata en Suecia porque es ahora “menos atractivo” para los proxenetas.     

  Tales ingenuas afirmaciones argumentan que sin una demanda de sexo comercial no habrá oferta, ignorando las complejas vías por las que los mercados sexo-dinero operan en culturas con diferentes conceptos de familia y amor, reduciendo una amplia gama de actividades sexuales a una abstracta noción de violencia y barriendo a un lado a las muchas personas que confirman que prefieren comprar sexo a sus otras opciones de vida.   

En cuanto a lo de combatir la trata, no hay pruebas. Las estadísticas siguen siendo una fuente de conflicto en los debates internacionales, debido a que distintos países, instituciones e investigadores no se ponen de acuerdo en qué constituye de hecho la trata. No ayuda que el feminismo fundamentalista rehuse aceptar la distinción entre trata de personas y tráfico de personas ligado a la migración laboral ilegal, como se recoge en la Convención sobre el Crimen Organizado de la ONU.  

 El gobierno sueco no ha probado nada con esta evaluación, y la mayor parte de los políticos suecos están callados porque, obviamente, lo saben.

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