Mitos acerca de la trata de personas

Ronald Weitzer

Professor of sociology, George Washington University 

Enviado el 24/8/2011 

http://www.huffingtonpost.com/ronald-weitzer/human-trafficking-myths_b_935366.html

Hasta hace tan poco como quince años, el término “trata de personas” estaba virtualmente ausente del discurso público. Hoy está de rabiosa actualidad y se ha gastado una enorme cantidad de dinero del contribuyente para combatirla. No hay duda de que cuando existe engaño en el reclutamiento o transporte de trabajadores (ésta es la definición de trata para la ley de EE. UU.), la trata es un mal que merece ser combatido enérgicamente. Pero hay también muchos mitos populares acerca de la trata —frecuentemente propalados por los medios y los funcionarios gubernamentales— que han distorsionado la correcta comprensión del problema y, lo que es más importante, han menoscabado los esfuerzos para combatirlo. ¿Cuáles son los principales mitos?

La trata es un problema gigantesco 

Los grupos de interés, los medios y el gobierno de EE. UU. han dado unas estimaciones muy elevadas del número de personas que cada año son víctimas de trata en la industria del sexo u otros sectores laborales. En algunos casos, las cifras parecen sacadas de la manga, como en el editorial del Washington Post (28 de junio de 2011) que declara que “la trata se considera hoy un fenómeno global que excede los 20 millones de casos anuales.”  O considérese un episodio de Oprah de noviembre de 2001, en el que se afirmaba que “millones” de niños son víctimas de trata para la prostitución cada año. Las cifras que da el gobierno USA  son más bajas —800.000 víctimas en todo el mundo (menos que la cifra estimada de 4 millones que dio en 2000) y 14.500-17.500 víctimas nacionales (menos que el máximo de 50.000 que estimó en 2000)— aunque nunca se han revelado las fuentes de estas cifras. 

Existe una gran diferencia entre las estimaciones oficiales y el pequeño número de víctimas identificadas y rescatadas cada año o el número de  tratantes llevados ante la justicia, tanto nacional como internacionalmente. En todo el mundo, el Departamento de Estado informó en 2010 que sólo el 0,4% del número estimado de víctimas había sido oficialmente localizado y asistido. Nadie pretende que las estimaciones oficiales se ajusten al número de víctimas identificadas —dados los obstáculos para localizar a las víctimas en mercados ilícitos y clandestinos— pero la enorme disparidad entre ambas cifras debería, al menos, levantar dudas acerca de la escala de victimización que se alega. 

 

La trata está aumentando en todo el mundo  

No sólo se dice que la trata de personas es un enorme problema social, sino también que está aumentando en todo el mundo. La trata parece, ciertamente, haber aumentado en algunas partes del mundo, especialmente con la relajación de controles en el antiguo imperio Soviético. Pero la afirmación general de que la trata está aumentando globalmente no puede ser demostrada. Una afirmación relacionada hecha por activistas y algunos funcionarios gubernamentales, es que la trata de personas ha progresado de ser la tercera mayor empresa criminal del mundo, por detrás de los tráficos de drogas y armas, a ser la segunda, por detrás de las drogas.Todavía estoy esperando ver alguna evidencia en apoyo de esta afirmación.  Las estimaciones de los beneficios —de los que se dice que están entre 5.000 y 12.000 millones de dólares anuales— son igualmente dudosas. Sencillamente, no tenemos datos fiables de los que extrapolar los márgenes de beneficio en los mercados negros.

 

La trata sexual es asimilable al trabajo sexual  

Mientras que la ley de EE. UU. distingue entre trata de personas (uso de la fuerza o del engaño) y tráfico de personas (emigración voluntaria asistida), el gobierno de EE. UU. se ha ido moviendo gradualmente en la dirección de ligar todo el comercio sexual con la trata. En 2004, el Departamento de Estado elaboró una “nota informativa” denominada La Unión entre Prostitución y Trata, que definía la prostitución como “inherentemente nociva” y proclamaba que era intrínsecamente “brutal y dañina para la gente.” Algunos prominentes activistas y funcionarios afirmaban también que muchas mujeres que trabajaban en pornografía y clubs de strip habían sido víctimas de trata. Las pruebas de esto son casi nulas. 

Los activistas han luchado durante años para intensificar las sanciones contra los “puteros”, y el gobierno de EE. UU. se ha unido ahora a esta campaña. El enfoque sobre los clientes es evidente en las recientes leyes contra la trata que contienen provisiones dirigidas a “la demanda.” Las “Trafficking Victims Protection Reauthorization Acts” de 2005 y 2008, por ejemplo, asignaban importantes fondos para la aplicación de más leyes locales contra los clientes de las prostitutas. La mano dura se aplica a todos los clientes, no sólo a aquéllos que pueden haber comprado sexo de una víctima de trata. Algunos funcionarios han expresado preocupación por semejante “federalización” de la aplicación de leyes contra la prostitución, algo que era el dominio tradicional de las autoridades locales. 

 

Resultados 

Hemos visto una serie de afirmaciones poco verosímiles acerca de la trata, afirmaciones que difícilmente se prestan para respaldar una política basada en hechos probados. La evidencia disponible no nos permite llegar a ninguna conclusión acerca de la magnitud del problema. No existen estadísticas fiables acerca de la trata en ninguna nación, menos en todo el mundo. Incluso las estimaciones aproximadas son un juego de adivinación, dada la naturaleza clandestina del comercio sexual. Pero precisamente porque las cifras, tendencias y procedimientos proclamados no pueden ser verificados, pueden fácilmente cobrar vida propia y cubrirse con una pátina de credibilidad cuando son citados repetidamente por los medios y los informes gubernamentales. Y tales afirmaciones grandilocuentes tienen ciertamente la capacidad de impresionar. Alarman al público, generan titulares sensacionalistas, y son utilizadas para justificar enormes gastos del gobierno para combatir un problema que puede haber sido exagerado de forma desproporcionada. 

Y, desde luego, una enorme cantidad de dinero se ha dedicado al problema,  subvencionando dudosas “investigaciones” y aplicando leyes y haciendo operaciones policiales. Sólo en los primeros  cuatro años de la administración Bush, se concedieron 300 millones de dólares a las ONG internacionales implicadas en el trabajo contra la  trata, además de los que se gastaron dentro de nuestras fronteras. En 2010, el gobierno de EE. UU. gastó 54 millones de dólares en subvencionar a ONG internacionales que desarrollan programas contra la trata, muchos de los cuales no se exige que sean justificados. Algunas intervenciones de campo muy cuestionables han sido subvencionadas. Un informe en The Nation decía que algunas de las principales ONG, tales como la International Justice Mission, han llevado a cabo intervenciones en el sudeste asiático que han empeorado la situación de las trabajadoras sexuales —sometiéndolas a abuso policial, deportación o “largas e involuntarias estancias en albergues.” 

Comenzando con la administración Bush, la política contra la trata ha sido dirigida fundamentalmente por grupos de interés de la extrema derecha y la extrema izquierda, lobbystas cuya misión es la eliminación de todos los tipos de actividad comercial sexual. (Mucho menos interés se ha tenido por otros sectores laborales.) El propio Inspector General del Departamento de Estado expresaba preocupación por “las credenciales de las organizaciones y los hallazgos de la investigación que la Trafficking Office del Departamento de Estado había subvencionado”, y llamaba a una mayor supervisión y responsabilidad. 

Un mejor enfoque del problema terminaría con la infructuosa práctica de “estimar” el número de víctimas y hacer afirmaciones inverificables acerca de las tendencias y beneficios de la trata, y haría, en cambio, esfuerzos legales para combatir el trabajo forzado en todos los sectores (prostitución, agricultura, industria, servicio doméstico) en lugar de combatir el comercio sexual en general.

 

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