La vida es ya bastante difícil para las prostitutas como para que, además, nuestro trabajo sea penalizado

Por Sheila Farmer 
Viernes 6 enero 2012       

       Esta semana fueron retirados los cargos presentados contra mí como propietaria de burdel. Basta con que dos prostitutas vivan o trabajen juntas para que seamos ilegales. Para estar dentro de la ley debemos trabajar solas. Tras 18 meses de campaña para que se parara mi proceso, dijeron de repente que no había suficientes pruebas. Yo pienso que fue porque yo estaba a punto de abrir la caja de los truenos y las autoridades quisieron que me fuera.

Yo no planeé hacerme prostituta. Tuve una niñez de abusos y violencia que me dejaron con terrores nocturnos y tartamudeo. Como era la hermana mayor, tuve que cuidar de mi madre y de mis hermanos pequeños y aprendí a ser fuerte. Desde la edad de 11 años trabajé en una hamburguesería para pagarme el autobús escolar, la comida y el uniforme escolar. Como la mayoría de las víctimas de violencia doméstica, no tuve ninguna ayuda para escapar.

Quedé embarazada a los 21 años y fui madre soltera a partir de los 23. Estudié para hacerme programadora informática. Esto suponía irme de casa con mi niño de tres años a las 6:45, volver a casa a las 19 y hacer tres horas de estudio nocturno. Fue muy duro pero valió la pena: conseguí un buen trabajo, compré una casa, aprendí a conducir y saqué a mi hijo de la pobreza.

Todo esto cambió cuando perdí la vista en 1992 y desarrollé un tumor cerebral como consecuencia de una diabetes en la infancia. Alquilé un piso para trabajar como prostituta y así poder pagar mis deudas. Mi hijo se convirtió en mi cuidador. Tras una operación, recuperé cierta visión en mi ojo derecho. 

Trabajaba sola. En unos meses fui atacada, violada repetidamente, atada, tomada como rehén y casi estrangulada. Declaré contra mi atacante, pero se libró. Sufrí años de pesadillas y ataques de pánico y decidí no volver a trabajar sola nunca más.

Utilizando mis ganancias de la prostitución, estudié durante cinco años para hacerme asesora, sólo para ver mis oportunidades de trabajo venirse por tierra por estar fichada por la policía como prostituta.

Por esa época, estaba trabajando con amigas porque era más seguro. Cada una se quedaba con lo que ganaba, pero pagábamos entre todas el alquiler, las facturas y los anuncios. Sólo más tarde nos enteramos de que era ilegal trabajar juntas.

Entonces fue cuando sufrí mi segundo ataque más grave. Fuimos robadas a punta de pistola por una banda que había atacado cientos de pisos en el sur de Inglaterra. Casi ninguna víctima iba a la policía por miedo a ser procesadas. A pesar de amenazas de matarme y de prender fuego a mi piso, presté testimonio y fui elogiada por el juez por mi valor.

Nos cambiamos a otro piso que, al cabo de pocos meses, fue allanado por la policía. Fui detenida y acusada de ser propietaria de burdel. Mi amiga, que es albanesa y temía ser deportada, fue presionada para que firmara una declaración.

Yo decidí luchar, ya que mi tumor es ahora maligno y se me acaba el tiempo. ¿Quién tiene derecho a juzgarme? La gente tiene sexo por toda clase de razones. Mi razón era escapar a la trampa de la pobreza. Me han dicho que la prostitución es degradante y autoabusiva, pero ¿cuántas otras personas se sienten sometidas a abuso en sus trabajos?

El English Collective of Prostitutes trabajó conmigo en mi defensa y encabezó una campaña de apoyo. Más de 1.000 personas escribieron a mi diputado parlamentario para protestar. Hablé en la Marcha de las Putas en Trafalgar Square entre los aplausos de 5.000 personas; hablé en Occupy LSX y en otros eventos. Cuento mi historia en la esperanza de que otras mujeres y hombres reconozcan en ella algo de su vida y apoyen nuestra lucha contra la penalización.

La policía usa la trata como una excusa para hostigar a las prostitutas. Pero, según mi experiencia, las víctimas de trata son escasas y no consiguen la ayuda que necesitan. Casi todas las mujeres trabajadoras son como tú y como yo, intentando ganar dinero para vivir. Desde la 2002 Proceeds of Crime Act, que autoriza a la policía a quedarse con nuestro dinero y nuestras posesiones, las detenciones se han disparado. Sencillamente, la policía está haciendo proxenetismo.

Me siento aliviada por no tener que enfrentarme a un juicio, pero enfadada por haber sido procesada. El gobierno dice que necesita hacer recortes, pero dilapida ingentes cantidades de dinero persiguiendo a mujeres como yo.

Duwayne Brooks, amiga de Stephen Lawrence, dijo que los primeros policías que llegaron las trataron como si fueran culpables de algo. Cuando lxs trabajadorxs sexuales denuncian ataques, deben enfrentarse también al prejuicio. La policía puede arrestarnos a nosotras en vez de a nuestros atacantes. Los criminales violentos saben que pueden quedar impunes y atacan a otras, prostitutas o no. ¿Sabe esto la policía, o es que no le importa?

Yo podría trabajar en el trabajo que he elegido sin ser victimizada —la vida es bastante dura. La prostitución ha sido despenalizada en Nueva Zelanda: lxs trabajadorxs sexuales pueden ir a la policía e insistir en su derecho a la seguridad. Si aquí se hicieran los mismos cambios, se podrían salvar muchas vidas. Y ello haría más fácil dejar la prostitución si quisiéramos.

Fuente:

 http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/jan/06/prostitutes-criminalised?fb=optOut

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