Sectores de la industria del sexo en España: clubs, pisos, agricultura, turismo

29 de septiembre de 2008, por  Laura Agustin  

http://www.lauraagustin.com/sex-industry-segments-in-spain

He estado varios años viviendo en España, visitando, observando y pensando acerca de diferentes sectores de la industria del sexo. Me sorprendió desde el principio que la interminable discusión acerca de la “prostitución” no consiguiera abarcar la variedad que existe dentro de esta industria, variedad que puede ser vista como buena, mala o indiferente, pero que está ahí. Presento descripciones de cuatro de estas variedades: clubs de autovía, pisos privados, casitas asociadas con la agricultura y la zona costera internacional. Tras cada descripción, pongo de relieve los temas socialmente interrelacionados que surgen de tal rápido vistazo, a fin de señalar cómo podría proceder un estudio del sexo comercial (no prostitución).

Lugares de reunión en autovías llamados clubs o puticlubs

Ríos de coches y camiones rugen a lo largo de las autovías que unen España con Francia, Alemania y otros estados hacia el este y con Portugal hacia el oeste. Para los conductores de camiones de larga distancia, la espina dorsal del comercio europeo, largos períodos de conducción solitaria deben ser interrumpidos con lugares que ofrezcan descanso y recreo. Los edificios engarzados a lo largo de estas superautopistas, así como a lo largo de carreteras provinciales más pequeñas, son conocidos informalmente por la sociedad española como “puticlubs”, pero para las que trabajan allí son “hoteles de plaza”, un término que se refiere al sistema de empleo usado, en el que quienes ofrecen sexo en venta pagan una tasa diaria por un lugar donde vivir y trabajar por períodos de tres semanas. Estos negocios pueden alojar 50 trabajadoras y más, y en algunas áreas, como entre Burgos y la frontera portuguesa, se hallan numerosos clubs muy cerca unos de otros, formando una auténtica zona comercial erótica. Con varias plantas, lujosas decoraciones, vídeos, espectáculos en directo, jacuzzis y música “exótica” —el rock más reciente de Moscú, por ejemplo— estos clubs han llegado a representar lujosos lugares de llamativo consumo. Aquí los clientes pagan hasta diez veces el precio habitual por las bebidas, y la ocupación de las que trabajan allí es hacer que gasten tanto como sea posible, ya que esa es la principal fuente de ingresos del propietario. La variedad de nacionalidades que viven en el club en un momento dado es un fenómeno probablemente único en el ambiente sexual: un hombre de negocios o camionero español o alemán puede encontrarse rodeado de rumanas, nigerianas, colombianas, ucranianas, brasileñas y marroquíes. Imaginad espacios llenos de gente hablando muchas lenguas, espacios donde se mezcla gente de muy diferentes culturas: el resultado puede parecer extravagantemente cosmopolita a algunos clientes, que utilizan estos espléndidos lugares para entretener  e impresionar a los clientes de sus propios negocios. Otros habituales incluyen jóvenes que buscan pasar una noche divertida (y quizás una iniciación sexual) y solteros o viudos en busca de compañía, pudiendo pasar todos ellos varias horas bebiendo, hablando y mirando. No existe ninguna obligación de comprar sexo y, si esto ocurre, no se emplea más de veinte minutos (regla de la casa, que quiere que las trabajadoras regresen a promover consumiciones cuanto antes). Se necesita mucho personal auxiliar para mantener estos grandes negocios en marcha y, dado que emplean a muchos inmigrantes, son necesarias buenas relaciones públicas con la policía local y los inspectores de inmigración. Las trabajadoras se van tras sus períodos de tres semanas, asegurando que siempre haya novedades en oferta.

Considerar que estos clubs ofrecen sólo “prostitución” requiere fijarse exclusivamente en los 15-20 minutos que los clientes pueden retirarse a una habitación privada con las trabajadoras. Se ha escrito mucha polémica feminista acerca de los conceptos de explotación, coacción y falta de elección sufridas por las mujeres en estos trabajos, así cómo del modo como han llegado a esos destinos. Se ignoran el trabajo y los estilos de vida de los camioneros de larga distancia; culturas de diversión entre los hombres de negocios; culturas de lugares de trabajo multiétnicos; la realización de la masculinidad y la feminidad y la reproducción de los roles de género; la homosocialidad (vínculos, competición, tratos… masculinos); ventajas financieras de poseer tales negocios y hasta qué punto la falta de regulación los hace posibles; relaciones con las comunidades locales, empleados y administradores y cómo estos sitios pueden ser usados para acumular capital social y cultural.

Pisos privados 

Mientras que los clubs se especializan en ostentación y publicidad, los pisos privados ofrecen discrección. Existen en muchas ciudades. Aquí, el cliente telefonea primero para citarse en el tipo de edificio que sugiere que sus propietarios son “respetables” familias de clase media. El administrador del piso lo organiza para que los clientes no interfieran entre ellos, y el piso no muestra ningún (o casi ninguno) signo sexual; por el contrario, puede tener colchas de flores y ositos de peluche en las camas, crucifijos e imágenes de santos en las paredes y el olor a comida casera saliendo de la cocina. Una cadena y unas esposas colgando de una escarpia puede indicar que se ofrecen servicios especiales. Si el cliente no ha reclamado a una trabajadora que ya conoce, hace su selección y pasa a un dormitorio. Otra vez, la mezcla de nacionalidades y grupos étnicos es notable. Estos negocios se basan en los anuncios clasificados y en los teléfonos móviles, los dos elementos que han hecho posible también el “boom” de trabajadoras independientes que dirigen su propio negocio desde su propio piso.

Otra vez hay que señalar que la mayor parte de las teorías se han centrado en los actos sexuales que ocurren en los pisos y en hasta qué punto las mujeres trabajadoras han elegido realizarlos. Temas que requieren investigación incluyen los roles culturales de la privacidad y la discrección; los posibles significados de lo doméstico como marco sexual, incluyendo los iconos religiosos y familiares; la contribución de las tecnologías de la comunicación al desarrollo del negocio.

El mundo de la agricultura   

En la provincia sureña de Almería, una gran proporción de los tomates y otras verduras que los europeos comen se cultivan bajo plástico en vastas plantaciones explotadas bajo condiciones semifeudales. En sus cercanías coexisten varios tipos de negocios del sexo, que van desde lujosos bares con reservados privados a casuchas rústicas cuyas puertas abren sus propietarios a los clientes. Los lujosos están situados cerca de las plantaciones, incluso directamente dentro de ellas, y los que entran y pagan son propietarios españoles y otros “blancos” de la clase empresarial, muchos de ellos hombres que fueron un día trabajadores agrícolas ellos mismos. Las mujeres que trabajan aquí vienen de la Europa del este y de la antigua Unión Soviética. Los rústicos están más apartados, a veces en malas carreteras con pocos servicios públicos; aquí los clientes son “no blancos”, a menudo inmigrantes indocumentados. Aquí, las mujeres nigerianas ofrecen sexo y otros servicios domésticos en sus casas (comidas, bebidas, lavado y planchado,música, un lugar para pasar la noche). Ocasionalmente, se acercan los turistas desde las playas, buscando algo diferente de la vida nocturna de la costa turística.

Mientras que la “prostitución” está presente aquí, esta forma de sexo comercial da fe de un lazo tradicional con los sectores inmigrantes, tales como trabajadores agrícolas, mineros y marineros. Una investigación útil se fijaría en la interrelación del sexo comercial con otras industrias; las intersecciones de diferentes economías sumergidas y formas de servidumbre; cómo el negocio se segmenta por clase, color y grupo étnico. El trabajo etnográfico consideraría qué tipo de relaciones se establecen entre los empleados subalternos en diferentes sectores expatriados.

La frontera cosmopolita  

Esta es la zona de España donde la españolidad se desvanece y reinan el cosmopolitismo, el turismo y la mezcolanza. Los negocios en Torremolinos, Marbella y otras pequeñas ciudades a lo largo de la autopista de la costa se anuncian en un folleto llamado “Encuentros” que categoriza sus ofertas bajo los términos Bares Gay, Intercambios, Establecimientos Privados y Contactos y Sex Shops. Se anuncian una plétora de clubs, bares, lugares de reunión y pisos, mencionando especialidades tales como piano-bares, saunas, jacuzzis, baños turcos, diversos masajes, cabinas privadas con 96 canales de vídeo, regalos para despedidas de soltero, ropas de látex y afrodisíacos. Aparte de los productos y servicios sexuales disponibles, se anuncian otros complementos, como aire acondicionado, aparcacoches o parking privado, piscinas, tarjetas de crédito, clientela selecta, televisión y accesibilidad para discapacitados. Muchos anuncios disimulan el aspecto comercial poniendo énfasis en la presencia de “no profesionales”. Adaptándose al ambiente internacional, los negocios son llamados Milady Palace, Play Boy, Melody d’Amour, Dolly’s, New Crazy, Glam Ur Palace Club y Titanic. Muchos están situados en zonas comerciales normales.

Obviamente, se produce “prostitución” en estos lugares, pero áreas adicionales de investigación incluyen la influencia del turismo y su correlación con cuestiones de imagen y clase en los servicios; la posición de la cultura gay y las diversas subculturas sexuales en relación al sexo comercial; la existencia de subculturas dentro del sexo comercial; el papel del empresariado en la proliferación de sitios. Sería interesante saber qué clase de cliente va a qué clase de sitio, como los empresarios deciden qué ofrecer en un área tan compacta abarrotada de negocios del sexo y cuánto duran los negocios. ¿Existen aquí culturas sexuales que se extienden al resto de España o que los turistas se llevan con ellos de vuelta a sus países? 

–         Laura Agustín, the Naked Anthropologist

 

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Un pensamiento en “Sectores de la industria del sexo en España: clubs, pisos, agricultura, turismo

  1. Pingback: El cutre y falaz reportaje del New York Times sobre mujeres emigrantes, trabajo sexual y trata en España | El estante de la Citi

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