Prohibición de la prostitución : las derivas totalitarias de la democracia

 Alain Cohen-Dumouchel
Gauche Libérale

Publicado el 30/07/2012 

http://blogs.rue89.com/liberaux-fiers/2012/07/30/prohibition-de-la-prostitution-les-derives-totalitaires-de-la-democratie-0 

La voluntad manifestada por la izquierda socialista de pisarle los talones a la derecha instaurando un régimen de prohibición de la prostitución en Francia es una buena ocasión para reflexionar sobre la noción de totalitarismo.

La prohibición en marcha

Recordemos que Najat Vallaud-Belkacem, ministra de Derechos de la mujer, ha reafirmado que quiere « ver desaparecer la prostitución ». Para eso, considera seriamente  la penalización de los clientes, es decir de hecho la prohibición pura y simple de esta actividad.

El sector puritano del socialismo se une pues a la derecha conservadora en una especie de « frente constructivista ». Se trata para lxs prohibicionistas de «fabricar » un ser humano mejor mediante leyes, es decir controles y prohibiciones. Tras una hipotética « ley NVB », los defensores de la prohibición piensan probablemente que los hombres ya no buscarán acostarse con mujeres a cambio de dinero. Se habrán « curado » por esta mini revolución cultural que llevará al Estado a poder controlar legítimamente la naturaleza de las relaciones sexuales entre los individuos para determinar si —agarraos— ¡eran o no pagadas ! 

Pero para hacer respetar la ley, hará falta un aparato de vigilancia y represión cuya naturaleza insoportable y amenazadora se puede adivinar ya : control de las comunicaciones telefónicas y de las conexiones de Internet de lxs presuntxs prostitutxs y de sus clientes, vigilancia de las cuentas bancarias, de los hoteles, de los alquileres e incluso de los desplazamientos sospechosos. Y a continuación —¿por qué no ?—  sesiones de reeducación para sensibilizar a lxs recalcitrantes sobre la inmoralidad de sus actos, con visionado obligatorio de películas sobre el maltrato y el proxenetismo violento. Porque esta intrusión del Estado en la esfera privada utiliza, entiéndase bien, la sólida coartada de la « protección » de lxs prostitutxs contra la violencia de las redes mafiosas y ello incluso aunque lxs prostitutxs del STRASS clamen que no se sienten amenazadxs y hasta elogien a sus clientes.

Es en nombre de esta « protección » que se prohibía en otro tiempo a las mujeres trabajar, vivir solas o viajar ; la izquierda debería acordarse de ello. Es, por otra parte, verdaderamente curioso querer castigar al consumidor para castigar a los proxenetas violentos. Ciertamente, habría elementos para investigar una forma de inconstitucionalidad en esta penalización de los clientes, penalización que el legislador confiesa tener por finalidad impedir las violencias cometidas por terceros, terceros que no serán molestados.

¿Cómo se ha llegado a este punto?

¿Cómo un horror tal, que es una total negación del derecho de propiedad de mujeres y hombres sobre sus cuerpos y sobre los frutos de su trabajo, ha podido prosperar (a falta sólo de nacer) en mentalidades llamadas « de izquierda »?   No hace falta ser un sabio para explicarlo en el caso presente. En primer lugar, la prostitución es la combinación de dos actividades particularmente impuras a los ojos de la social-cristiandad/islamismo, a saber el sexo placentero y el libre comercio. En segundo lugar, en este período de crisis donde no se admite ninguna iniciativa costosa, la prohibición de la prostitución permite a las mujeres y hombres del Estado « actuar » sin gastar (o por lo menos eso se cree, ya que la medida tendrá, como ocurre con la prohibición de las drogas, efectos económicos devastadores a medio y largo plazo).

Se ve que la prohibición del trabajo sexual es claramente de naturaleza totalitaria,  y sin embargo aparece en una democracia. ¿Es una paradoja ?¿Cómo se puede hablar de totalitarismo en una democracia ?¿El título de este artículo es una provocación inútil y fuera de lugar ?

Definición del totalitarismo

Para responder a estas cuestiones es preciso volver sobre la definición del totalitarismo que es absolutamente fundamental si uno se interesa por la filosofía política. Es preciso en particular corregir la idea de que el totalitarismo sería un « nivel superior » de la dictadura, una especie de supertiranía. Porque, retomando la terminología de Philippe Nemo, hay que distinguir bien entre el poder del Estado y el poder dentro del Estado. El binomio democracia-dictadura designa dos maneras de organizarse el poder dentro del Estado. Indiscutiblemente, vivimos en una democracia. En efecto, incluso si el bipartidismo ha hallado los medios de reducir la influencia y el poder de los recién llegados, se puede considerar que nuestras instituciones permiten una alternancia del poder dentro el Estado.

El totalitarismo designa el poder extremo del Estado sobre la sociedad. En otros términos, cuantas más prerrogativas sobre la vida diaria de los individuos se atribuye el Estado, cuanto más les obliga a vivir según un modelo predefinido, más totalitario es. Lo contrario del totalitarismo es, pues, el liberalismo y no la democracia. Un Estado democrático puede perfectamente volverse totalitario  si llega a reducir suficientemente el campo de vida privada de sus ciudadanos, si toma por ellos decisiones que conciernen a todos los actos importantes de la vida, si condena los comportamientos marginales. 

Democracia liberal frente a democracia totalitaria

Las derivas totalitarias de la democracia son extremadamente graves, por una parte porque son directamente injustas para las minorías que las padecen y, por otra, porque instalan un aparato coercitivo y represivo cuyo diseño puede ser fácilmente redirigido en caso de que cambie la naturaleza del poder dentro del Estado. Una bendición para los extremos ultradirigistas que estarían encantados de hallar tales dispositivos instalados si llegara su « gran día ».

La grandeza de una democracia liberal está en garantizar los derechos de las minorías, étnicas, religiosas o sexuales, pero también los de todos aquellos cuyo comportamiento o modo de vida no gusta a la mayoría. Lo que la mayoría de la gente considera un vicio no debe ser transformado en delito por la ley. La prostitución concierne a adultos libres de decidir que no lesionan los derechos de sus semejantes. O como recuerda el muy bello artículo V de nuestra Declaración de los derechos del hombre de 1789, la ley no tiene todos los derechos. La barrera, aquí, no es la democracia, sino los derechos fundamentales del ser humano de actuar libremente y disponer de los frutos de su trabajo.

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5 pensamientos en “Prohibición de la prostitución : las derivas totalitarias de la democracia

  1. Esta es una visión antigua y también ideologicamente sesgada de la cuestión. Estoy en contra de que se prohiba la prostitución, completamente en contra. No tengo claro que esté en contra de que se penalice a los clientes, aunque me inclino porque es algo que, en las condiciones actuales, no sirve más que para vulnerabilizar aun más a las mujeres. No entiendo, desde una posición de izquierdas, estos argumentos. En primer lugar, la prostitución no es sexo placentero, al menos para ellas. Sólo desde la fantasmagórica imaginación misógina un cliente puede pensar que ellas gozan. Y sin embargo, lo piensan. las mismas prostitutas han escrito hasta la saciedad cómo ellos siempre creen que ellas disfrutan y cómo esto es parte del negocio. Para ellas es trabajo y, precisamente, ellas han descrito también cómo tienen que inventar estrategias de todo tipo para conseguir que su trabajo no termine afectando a su vida sexual real, es decir a la que viven con sus parejas, la que mantienen por deseo.
    Todo el mundo sabe que el sexo sin deseo es algo dificil de soportar, se soporta por dinero y se aprende a soportar, pero no sólo no hay goce, sino por lo general, asco. Eso en cuanto al placer. Se trata de una relación en la que el placer de uno se impone, por dinero, al asco de la otra que, ciertamente, lo hace voluntariamente.
    Lo segundo. ¿Desde cuando el libre comercio es un objetivo de la izquierda? Precisamente, la izquierda debería tener como objetivo político evitar que todo sea pasto del mercado. la ética de izquierda intenta que existan espacios que no puedan ser objeto de compra venta. El cuerpo es uno de esos espacios, los órganos, la sangre, todo eso desde una perspectiva de izqueirdas no debe venderse.
    Siempre que se abre un mercado de cualquier cosa, lo que ocurre es que se obliga a los pobres a entrar en él. Si permitimos el mercado de órganos, los pobres se verán obligados a vender sus riñones, sus córneas, sus úteros. Eso ya está pasando, naturalmente, la prostitución no es más que eso.
    la ideología que considera que el deseo del varón, irreprimible y que debe en todo caso encontrar satisfacción, necesita un contingente de mujeres prestas a darle esa satisfacción, es la ideologia patriarcal sobre la que se levanta esta sociedad, pero que eso nos parezca bien es otro asunto.
    Dicho todo esto no creo que se deba prohibir la prostitución porque es como el trabajo infantil:producto de la injusticia capitalista, pero lo necesitan para comer. El trabajo infantil no se puede prohibir, sino que se debe cmbatir con medidas de igualdad social. Con la prostitución lo mismo, no se pude prohibir, sino que se debe combatir combatiendo la ideología que la sustenta. ¿Es ético un placer que se levanta sobre el displacer de otra persona que tiene que estar donde está por dinero? Creo que hay cosas que tienen que estar fuera del mercado, el placer es una de ellas. Pero naturalmente es una cuestión ideológica, hay que convencer, no puede imponerse.

    • Hola, Beatriz. Me congratulo de que también tú estés en contra de la prohibición de la prostitución. Dices que no tienes claro que estés en contra de que se penalice a los clientes, pero yo considero que estar en contra de la prohibición de la prostitución implica necesariamente estar en contra de la penalización de los clientes: en una relación mercantil es absurdo pretender separar la oferta de la demanda. Sería como estar en contra de la prohibición de las corridas de toros, pero a favor de la penalización de los clientes: tamaña falacia sólo cabe en el marco de la hipocresía abolicionista.

      Aún compartiendo su conclusión, no compartes los argumentos del autor del artículo. Es importante analizar esos argumentos, porque la solidez de un consenso depende de la solidez de los argumentos que cada parte esgrima para llegar al mismo.

      En primer lugar, niegas que la prostitución sea sexo placentero. El autor afirma que la prostitución es la combinación de sexo placentero y libre comercio. Evidentemente, se refiere al sexo placentero para diferenciarlo del sexo reproductor, y no afirma que la prostituta sienta placer, sino que el placer sexual es la mercancía, lo que creo que es obvio. La mercancía la adquiere el cliente a cambio de dinero, como en cualquier otro intercambio comercial. Para ellas es trabajo, como bien afirmas, y aunque el trabajo puede ser muy agradable en algunos casos, muchas otras veces es desagradable y hasta penoso y asqueroso. Pero se puede hacer voluntariamente, como reconoces, lo que excluye la suprema penosidad de la esclavitud. De hecho, como bien sabrás, las prostitutas eligen ese trabajo como alternativa a otras opciones que ellas consideran mucho más penosas y asquerosas.

      En segundo lugar, dudas de que el libre comercio sea un objetivo de la izquierda. Habría que precisar de qué izquierda. Desde luego, si es el objetivo de la socialdemocracia que, al menos desde 1917, ha identificado libre comercio con libertad… el “mundo libre” ¿recuerdas? Bien es cierto que también ha defendido que esa libertad de comercio debería ser regulada, con el escaso éxito (una vez desaparecido el “socialismo real”) que estamos viendo. Espacios que no puedan ser objeto de compraventa… ¿El cuerpo?, ¿la fuerza de trabajo? El cuerpo, por supuesto, los órganos. Salvo en caso de guerra justa (porque la socialdemocracia reconoce que hay guerras justas, claro), en cuyo caso si se puede comprar el cuerpo y los órganos de los mercenarios que escogen ese trabajo porque no tienen mejor alternativa.

      Me decepciona que equipares la prostitución a la venta de órganos. ¿Qué diferencia hay entre eso y equiparar el aborto al asesinato? Que la facción católica del abolicionismo lo haga me parece coherente, pero la facción “de izquierdas” debería evitar la total colusión con el patriarcado en este tema. Quizás haya que explicar que, igual que un huevo no es una gallina, no es lo mismo una carrera en taxi que comprarle el taxi al taxista. Quiero creer que te he entendido mal, y te pido disculpas de antemano.

      Punto siguiente: que el deseo sexual del varón le lleve a buscar una mujer, no creo que sea ideología, sino biología. Y me parece sexista diferenciar ese deseo del de la mujer que busca un hombre, el hombre que busca a otro hombre y la mujer que busca a otra mujer. El caso que tú planteas, una ideología que considere que el varón tiene derecho a un contingente de mujeres prestas a darle placer, no creo que se halle más que en los harenes, y si lo restringimos al derecho a UNA mujer presta a darle placer, en el matrimonio católico tradicional. ¿Qué tiene eso que ver con el libre comercio sexual?

      Finalmente, declaras la razón por la que estás en contra de prohibir la prostitución: porque la necesitan para comer. En eso estoy plenamente de acuerdo contigo. Esa es la razón fundamental por la que se debe respetar el trabajo de las prostitutas como auténtico trabajo con plenitud de derechos: porque, como todo trabajo, lo necesitan para comer y porque, como todo trabajo legítimo, no hacen daño a nadie. Siento, sin embargo, tener que volver a discrepar contigo por la comparación que haces de la prostitución con el trabajo infantil: las prostitutas no son niñas. Y yo sí estoy a favor de la prohibición del trabajo infantil.

      ¿El placer debe estar fuera del mercado? ¿Por ética? Perdona, Beatriz, pero eso me suena a totalitarismo.

  2. Por decreto no se hace a una persona a la imagen y semejanza de quien firmó el decreto. Regular así a la sociedad es un principio comunista para quienes el ser humano carece de valor.
    Yo creo que puedo hacer con mi cuerpo lo que yo crea siempre que no dañe a alguien o cree un mal social y pienso que las putas, al contrario de mal, le damos un rato de felicidad y de calor humano a quienes necesitan de nosotras.
    En Suecia han creado un monstruo del que nadie habla en los servicios aparatos para que la absurda ley se cumpla con un gasto innecesario para los contribuyentes y a mi los clientes tienen que pagarme más por mi silencio y decir que soy su novia o me acuesto de gratis porque quiero y no les cobro.

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