DECLARACIÓN DE QUITO “CON LOS SUEÑOS DE GABRIELA”

 
Quito, 17 de Octubre del 2014

PLAPERTS declaration Karina Bravo.preview

(c) Foto proporcionada por PLAPERTS

 

 

En la ciudad de Quito, Ecuador,  reunidos/as los y las integrantes de la Plataforma Latinoamericana de Personas que ejercen el Trabajo Sexual en el Hotel San Sebastián, deliberamos y consensuamos para expresar lo siguiente:

 

Las personas que ejercemos el trabajo sexual nos reivindicamos y nos valoramos como personas dignas y luchadoras capaces de ejercer el derecho a elegir la prostitución como un trabajo. Demandamos el derecho de la auto-determinación sobre nuestros cuerpos en la búsqueda de la independencia económica.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual queremos afirmar frente a la sociedad nuestra participación activa como principales protagonistas en la lucha contra la epidemia del VIH y Sida. Somos parte de la solución, con capacidad de poder de decisión y liderazgo, y por lo mismo demandamos recursos para fortalecer nuestro trabajo comunitario en nuestras regiones.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual, demandamos ser escuchados, con un trato igualitario y justo sin estigma ni discriminación, sin exclusión ni sexofobia, para prevenir todas las formas de violencia y promover la defensa de los derechos humanos de las personas que ejercemos el trabajo sexual en todo el mundo. Vinimos de muchos países y trayectorias diferentes, pero descubrimos que en todas partes tenemos los mismos problemas laborales. (Declaración Colectiva desde El Seminario Internacional de l@s Trabajador@s del Sexo en Asia y El Pacífico)

Las personas que ejercemos el trabajo sexual tenemos libertad de expresión, tenemos voz propia y derecho al voto, como también libertad de asociarnos según nuestra conveniencia y participar en todos los espacios que nos parezca conveniente incluyendo los sindicatos y la política.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual tenemos el derecho de trabajar libres de los prejuicios e influencias moralistas y religiosas que generen crímenes de odios.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual, más allá de la intolerancia o la compasión en el reconocimiento de nuestro trabajo, somos personas con igualdad de derechos, por lo tanto tenemos derecho a ejercer la plena ciudadanía y disfrutar de todos los derechos asignados a los seres humanos, sin ser perseguid@s, extorsionad@s, amenazad@s o víctimas de tortura.

Exigimos respeto por nuestra diversidad sexual y respeto a la decisión sobre nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo no es un territorio en disputa ni objeto de juzgamiento: el juzgamiento es utilizado como una estrategia de dominación y represión para controlar nuestros derechos sexuales. Las personas que ejercemos el trabajo sexual exigimos el respeto a las plenas garantías de nuestros Derechos Sexuales, los mismos que están garantizados en la Carta Magna de los Derechos Humanos y que sustentan sobre el principio de establecer relaciones sexuales responsables y consensuadas.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual demandamos de nuestros gobiernos que garanticen el respeto a los derechos de las y los trabajadores sexuales en los currículos educativos y que incluyan el respeto a la vida privada, derecho a la salud y a vivir una vida libre de violencia.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual tenemos derecho a conformar familias, casarnos y tener hijos, derecho al tratamiento justo por la policía, los tribunales y los gobiernos, a viajar, a la migración y al asilo, y a elegir lugar de residencia y de trabajo; y a tener condiciones y relaciones laborales en equidad, lo que incluye el poder de rechazar al cliente o empleador/a que no cumpla con las condiciones de seguridad y beneficios de todo tipo que nos asisten en el marco de los derechos humanos.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual exigimos la descriminalización del trabajo sexual entre adultos que lo consienten y la diferenciación clara entre el tema de la trata de personas con fines de explotación sexual y el trabajo sexual. La confusión entre estos dos temas violenta nuestros derechos humanos, laborales y de salud, cerrando lugares de trabajo con operativos policiales que a pretexto de perseguir el delito de trata termina persiguiendo y criminalizando el derecho al trabajo sexual,  favoreciendo su ejercicio clandestino.

Las personas que ejercemos el trabajo sexual exigimos la salud integral y que se garantice el acceso gratuito a tratamientos anti retrovirales y profilaxis a las y los trabajadores sexuales VIH positivos. Repudiamos la violencia generada hacia las personas que ejercemos el trabajo sexual como consecuencia por realizar denuncias ante las autoridades y los medios de comunicación.

Exigimos, que cesen todas las formas de persecución, de hostigamiento y represión hacia nuestra dirigencia  por el único “delito” de luchar por nuestros derechos y denunciar las violencias que vivimos por parte de los equipos de control y represión de los estados.

Demandamos el respeto y garantía a la migración voluntaria de las Personas que ejercemos el Trabajo Sexual  y que no está relacionada con el tráfico de personas (libre tránsito de migración para el trabajo sexual).

Hasta ahora, la falta de reconocimiento del trabajo sexual autónomo  ha contribuido a la explotación sexual y laboral de las personas que ejecutamos este trabajo,  a  variadas formas de esclavitud laboral en relación de dependencia y de lo cual son responsables nuestros estados.

Nos reconocernos como personas, seres humanos,  que hemos contribuido con el desarrollo económico y social de nuestros países y no solo en la prevención del VIH, es más, hemos sostenido en parte, con nuestro trabajo, la crisis de la economía de mercado, y contribuido a las múltiples estrategias de sobrevivencia de la población, de nuestras familias. Hemos construido el espacio de la economía del placer y de los afectos y con nuestras experiencias estamos aportando a la construcción de una sexualidad más humana y placentera.

En el mundo actual el trabajo sexual va adquiriendo múltiples manifestaciones, somos millones de personas que lo asumimos y lo ejercemos como una actividad laboral y económica, es obligación de los estados y gobiernos, desde la laicidad, garantizar nuestros derechos, crear el marco legal y las políticas públicas que sean necesarias para esta actividad, respetando las diversas modalidades que el trabajo sexual tiene, con una participación directa del tejido social de las personas que ejercemos el trabajo sexual.

 

En este encuentro latinoamericano, levantamos nuestro voz y nuestros cuerpos, nos declaramos en resistencia social y política y le decimos a los gobiernos y comunidad mundial, que la palabra PUTA no nos ofende nunca más, que aprendimos, que seguimos y continuamos en este sueño con Gabriela Leite y muchas más que hoy ya no están, para que un día las violencias y discriminaciones vividas en nuestro trabajo no se repitan, que  no olviden, que somos parte de la ciudadanía mundial, que las PUTAS también votamos y tenemos derecho a participar en todos los espacios que sean necesarios para construir el país, el mundo del tamaño de nuestros sueños.

 

¡EL TRABAJO SEXUAL ES TRABAJO!

¡LAS PUTAS TAMBIÉN VOTAMOS!

CIUDADANAS/OS CON DERECHO

 

 

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