¿Querrían los ciudadanos que la prostitución fuera legal?

A juzgar por la evidencia disponible, que no es mucha, se puede conjeturar que la opinión pública está más bien a favor de legalizar la prostitución. Desde el punto de vista de los valores, se muestran especialmente favorables las personas laicas y tolerantes en todas las materias sexuales. Desde el punto de vista social la oposición a la legalización crece sobre todo entre los más jóvenes, pero también entre las mujeres, entre los obreros no cualificados y entre los inmigrantes.

 

 

Alberto Penadés
17/02/2015 –

 

http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Querrian-ciudadanos-prostitucion-legal_6_357374301.html

 

¿Cuál es la actitud de los ciudadanos españoles hacia la prostitución? ¿Está el ciudadano mediano a favor de legalizarla o prefiere alguna alternativa persecutoria? ¿Quienes son más propensos a la legalización? La verdad es que sabemos relativamente poco de eso, pero voy a intentar sacar a la luz algo de lo que hay. Sabemos poco porque los estudios que se han hecho o bien se interesan por la conducta (el comercio de servicios sexuales) pero desdeñan las opiniones, o bien se interesan solo por colectivos especiales, o bien recogen información cualitativa que, siendo valiosa para orientarse en delimitar tipos de actitudes (condena, estigma, tolerancia, disculpa…), que ya es difícil, no sirve para responder a las preguntas que abren el párrafo.

 
No voy a discutir las alternativas políticas públicas al respecto ni voy a valorarlas. Espero hacerlo en otro momento, con los mejores datos posibles y los mejores razonamientos que se me ocurran. Eso sería mucho más difícil que lo de hoy, contar lo que me parece que piensan los demás.

 
En realidad solo hay una encuesta relativamente reciente en la que se pregunte por actitudes hacia la prostitución a toda la población, un estudio del CIS de enero de 2008, y de ahí extraigo mis datos. Se trata de una encuesta general (telefónica) sobre actitudes y prácticas sexuales. La pregunta que se escogió entonces es de las que no se te quita el disgusto en un mes, pero aun así transmite una impresión bastante elocuente. Se preguntaba por el grado de acuerdo con esta afirmación: La prostitución es inevitable y por tanto debería ser legalizada. El 36,7% se mostraba “muy de acuerdo”, el 40,9% “bastante de acuerdo”, el 4% “ni de acuerdo ni en desacuerdo”, el 10,7% “bastante en desacuerdo” y el 4,8% “muy en desacuerdo” (el 3% no daba información, en lo sucesivo nos atendremos solo a quienes dieron una respuesta).

 
Nuestro mejor amigo para entender a la opinión pública es el CIS, y como a veces pasa con los amigos, nos dan ganas de darle capones. (No se lo tomen personalmente en la casa). El lector con un mínimo de recelo entenderá que no se pueden hacer preguntas dobles –nunca- porque no se sabe si la gente responde a una afirmación, a la otra o a la conexión entre ambas. En este caso, además, el primer enunciado proporciona un marco de respuesta al segundo, ofreciéndole una razón a la persona entrevistada para asentir. Lo peor de lo peor.

 
¿Deberíamos rechazar el dato? Solo si tuviéramos otro más neutral, porque las diferencias son tan altas que da la impresión de que habría que forzar mucho una pregunta de este tipo (tal vez asociándola con términos como “esclavitud”, “violencia” o “tráfico”, como se hace a veces en algunos estudios-denuncia) para invertir las proporciones. Es decir, creo que la pregunta ofrece un indicio razonable de que hay una mayoría a favor de legalizar la prostitución. No es una evidencia tan concluyente como podría ser si se hubiera hecho una pregunta correcta, pero no es despreciable.

 
En el pasado más bien remoto el CIS ya hizo alguna incursión azarosa en este asunto, lo que nos sirve para validar la impresión de que la prostitución se considera aceptable en España, aunque dé un poco de miedo ver cómo se planteaba la cuestión entonces. Además de algunas encuestas sobre “seguridad ciudadana” que no dejaron ningún dato interesante, en 1986 y en 1994 el CIS preguntó por una lista de conductas “socialmente indeseadas” (sic) en las que se incluía la prostitución junto con, por ejemplo, la homosexualidad, el adulterio, el consumo de drogas, el aborto o la evasión de impuestos. Menos mal que la población se crece en momentos como este y nos redime un poco. La prostitución resultaba en ambos casos una de las conductas más aceptadas socialmente (menos indeseadas en la escala de valoración del CIS): de hecho la cuarta, en una lista de 20 cosas que en 1994 debían parecer típicas malas al responsable de la encuesta, solo por detrás del “divorcio” (5,8 puntos en la escala de aceptabilidad con mínimo en cero) la “homosexualidad” (4,9) y de la eutanasia (4,8). Con 3,9 puntos la prostitución le parecía más “tolerable” que el aborto al ciudadano medio (3,7 puntos). La encuesta de 1986 presentaba un panorama muy parecido (salvo por el aborto), pero se hacía solo a menores de 25 años.

 

Sin duda, tanto la prostitución como el aborto son cuestiones que causan rechazo moral en muchos ciudadanos, pero sabemos que el deseo de utilizar la ley para proscribirlo es minoritario en el caso del aborto (con independencia de lo ilegítima que nos parezca esa aspiración) y no encuentro razón para suponer que el deseo de ilegalizar la prostitución pueda ser mayor en la opinión pública (también con independencia de cómo se juzgue su legitimidad).

 
¿Quiénes están más o menos a favor de legalizar de la prostitución? Desde el punto de vista de las actitudes, el rechazo a la legalización de la prostitución (entendida como desacuerdo con la pregunta del CIS de 2008) está asociado con la religiosidad y con el conservadurismo en materia sexual. (Desgraciadamente no se preguntaron actitudes políticas en esta encuesta). Las personas religiosas tienen una probabilidad significativamente menor de favorecer la legalización (75%, como suma de los que están muy o bastante de acuerdo) que las no creyentes o ateas (84%). También puede verse que quienes creen que están muy de acuerdo con que los límites de lo que se puede hacer en las relaciones sexuales son los que marca la doctrina de la Iglesia están mucho menos a favor (60%) que quienes están muy en desacuerdo con tal limitación (81%). En cuanto al liberalismo sexual, la actitud de aceptar la legalización de la prostitución está correlacionada positivamente con la de aceptar que todo en el sexo es bueno si no daña a nadie o con la de afirmar que todo lo que mejora la vida sexual es bueno; y se correlaciona negativamente con la creencia de que ciertos actos sexuales son ilícitos. Se trata, pues, de una actitud laica y liberal en cuestión de costumbres.

 
Es digno de mención que estas son las únicas actitudes relevantes. Por ejemplo, no parece tener ninguna importancia si uno cree que los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres o lo contrario, lo que a veces se menciona como una especie de “justificación naturalista” del trabajo sexual. Tampoco importa mucho lo que cada quien piensa sobre su propio atractivo sexual (si uno cree que tiene más o menos opciones de atraer a otros), si se tiene una vida sexual más activa o menos, o si se está más o menos feliz con ello. Hay diferencias, pero no son significativas (y tienden a ser las personas más célibes y con opiniones más clásicas sobre el sexo masculino las menos propensas a legalizar la prostitución).

 
Socialmente hay algunas cosas esperadas y otras que no lo son tanto. Los jóvenes son el grupo que mayor rechazo (menor apoyo) ofrece a la legalización de la prostitución. Solo el 57% de los menores de 25 años están (estaban) de acuerdo según la pregunta del CIS (el 86% entre 35 y 44, que es la edad pico). La legalización también encuentra más rechazo, o menor apoyo, entre las mujeres (73% de asentimiento) que entre los hombres (82%). Menos esperado, tal vez, es que sean los trabajadores no cualificados y las personas de origen inmigrante quienes menos conformes se muestran con legalizar el trabajo sexual. Tal vez sea empatía, tal vez conservadurismo, es difícil de saber. Pero incluso teniendo en cuenta el liberalismo sexual y la religiosidad de los encuestados, los jóvenes, las mujeres, los obreros más “proletarios” y los inmigrantes son quienes menos simpatizan con la noción de legalizar la prostitución (los efectos son robustos en un análisis multivariado).

 
De todo esto, el efecto más importante, junto con el conservadurismo religioso, es el de la edad. Los jóvenes entrevistados en esta encuesta piensan de una forma bastante distinta al resto. Es posible que se trate de un efecto de cohorte, y por tanto que anuncie una actitud más hostil hacia la legalización de la prostitución en el futuro, o es posible que se trate de un efecto de edad propiamente dicho, y que las actitudes se modifiquen con la madurez. En lo primero pueden poner sus esperanzas quienes quieren emplear la ley contra la prostitución, en lo segundo quienes, como yo mismo, desean lo contrario.

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