¿Anti trata de personas o antiprostitución?

 

28 de febrero de 2016
https://lionsdensaskatoon.wordpress.com/2016/02/28/anti-human-trafficking-or-anti-prostitution/

 

La trata de seres humanos es considerada uno de los crímenes más atroces imaginables, descrito por la Oficina de las Naciones Unidas contra las drogas y el crimen (UNODC) como el crimen más vil y el que nos avergüenza a todos. En 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, y Canadá fue uno de los primeros países en participar del mismo. En 2010, UNODC recibió el mandato de confeccionar un informe del problema y presentó sus resultados en 2014. El hecho más sorprendente fue que el número de condenas está enormemente desproporcionado con la creciente conciencia y extensión del `problema, con el 40% de 128 países refiriendo menos de 10 condenas por año y el 15%, ninguna, mientras que el número de víctimas detectadas no para de crecer.

 
En Canadá y en los EE.UU. yo creo que la disparidad se debe en parte a las campañas anti trata de seres humanos que en realidad disimulan cruzadas antiprostitución a pesar de la abrumadora evidencia que prueba que la despenalización de la industria del sexo ayuda a la lucha contra la trata de seres humanos.

 
Para comprender mi argumento, es relevante la siguiente información extraída del informe de la UNODC. Mientras que la mayoría de las víctimas se ven sometidas a explotación sexual, cada vez hay más víctimas de trabajo forzado, que incluye: manufactura, limpieza, construcción, catering, restaurantes, trabajo doméstico y producción textil. En Canadá y los EE.UU. entre 2010 y 2012, las víctimas de trata fueron explotadas casi a partes iguales en la industria del sexo y en el trabajo forzado. También se informa de que los niños suponen sólo el 30% de las víctimas (sin que esto signifique infravalorar el horror de esta cifra) y el 70% fueron adultos y más de 1 de cada 4 procedían de los países del Este de Asia.

 
Uno de los mayores retos a los que se enfrenta hoy el movimiento antitrata es una constante aceptación de una desinformación sin fundamento, imprecisa y excesivamente exagerada. Un ejemplo es la afirmación de que la Super Bowl será un evento principal de trata de seres humanos. En 2012, la ciudad anfitriona Indianápolis aprobó leyes más duras, entrenó a 3400 personas para reconocer los signos de trata y repartió entre los hoteles de la zona 40.000 pastillas de jabón con el número de la línea telefónica directa al servicio antitrata. De las 68 detenciones de trabajadoras sexuales locales, sólo 2 fueron calificadas por la ley de Indianápolis como víctimas de trata.

 
Entonces, ¿por qué siguen teniendo atractivo estas falsas afirmaciones? Un estudio dirigido por la Alianza Global contra la trata de mujeres lanzó una sólida teoría. Argumenta que eso es útil para las organizaciones antitrata porque ofrece una buena estrategia para conseguir subvenciones, capta la atención de los medios, es visto como que se emprende una acción contra la trata y es una buena cobertura para la lucha antiprostitución. No hay muchas ganas hoy de emprender una campaña antiprostitución, así que disfrázala de de campaña antitrata y la cruzada está otra vez en pleno apogeo financiada y apoyada con dólares de nuestros impuestos.

 
Ha habido solo 35 condenas por trata en Canadá, según el último informe de la Seguridad Pública de Canadá, desde que en 2005 entraron en vigor las nuevas leyes, a pesar de que el antiguo primer ministro Stephen Harper prometió 25 millones de dólares a lo largo de 4 años para establecer un plan de acción nacional. La verdad es que la mayor parte de las “operaciones de rescate” son “redadas” en aplicación de la ley, que atrapan a trabajadoras de sexo entre adultos consensuado y a menudo terminan con el encarcelamiento de las supuestas víctimas. La operación Northern Spotlight, que movilizó a 180 policías y otro personal en Alberta, Saskatchewan, Manitoba, Ontario, Quebec, Nova Scotia, Newfoundland, Labrador y New Brunswick, rescató a 20 víctimas menores de edad, pero violó los derechos constitucionales de 310 trabajadoras sexuales legales.

 

No desprecio el enorme éxito de haber rescatado aunque solo hubiera sido una víctima, pero sugiero que la victoria habría sido mucho mayor si no hubiera sido al precio de violar los derechos de muchas otras personas durante su desarrollo. La despenalización conseguirá ese objetivo.

 
Mientras que algunos de los involucrados en el movimiento antitrata dicen que se necesita más financiación, John Ferguson, un superintendente retirado de la RCMP, dice que la falta de condenas por trata sexual internacional en Canadá puede indicar que no está tan extendida. “Al cabo de tantos años, tras una década de aplicación de la ley en la que has conseguido tan pocas acusaciones”, dice, “uno solo puede conjeturar que los esfuerzos de aplicación de la ley por parte del gobierno han ido en la dirección equivocada”. La disparidad entre dispendios y resultados hace que las trabajadoras sexuales crean que se han convertido en el objetivo de una cruzada del tipo de la “guerra contra las drogas” bajo la apariencia de prevención de la trata.

 
Están también las campañas intensivas de concienciación fuertemente financiadas por el gobierno. Además de panfletos, líneas telefónicas directas y pegatinas de concienciación para pegarse en negocios “relevantes”, la policía está entrenando a empleados de determinadas industrias para que reconozcan los signos de la trata, entrenamientos del tipo del puesto en marcha en Halifax denominado “Di algo si ves algo”. Los empleados de hotel, por ejemplo, tienen que fijarse en cosas tales como: papeleras con muchos condones usados, uso frecuente de los cartelitos de “No molestar”, excesivas entradas y salidas de la habitación, “excesiva parafernalia sexual”, un invitado que “aparta los ojos o desvía la mirada”, demasiados productos de higiene personal, especialmente “lubricación, sprays”, demasiadas pocas posesiones personales o “personas vagabundeando o dirigiéndose a los clientes masculinos”. A pesar de haber estado directamente relacionada con trabajadoras sexuales durante años, incluso a mí me costaría determinar a partir de esas señales si estoy viendo a una trabajadora sexual legal o a una víctima de trata.

 
En la medida en que alguna parte de la venta de sexo comercial sea penalizada, será extremadamente difícil abordar de modo efectivo la trata de personas en el seno de la industria e imposible sin violar los derechos constitucionales de las trabajadoras sexuales. La razón por la que la despenalización resulta fundamental es por la poca diferencia que se aprecia a primera vista entre las víctimas y las trabajadoras legales.

 

Cuando la industria se vuelve clandestina y las trabajadoras temen la ley, los tratantes de personas tienen la condiciones perfectas para operar y crecer. Las trabajadoras sexuales que abandonan por miedo a una detención dejan un hueco para que se introduzcan las víctimas de trata.

 

Las trabajadoras sexuales usarán dinero en efectivo, no se identificarán, “no mirarán a los ojos o desviarán la mirada” y pueden parecer nerviosas a pesar de no estar forzadas a trabajar. Los clientes bajo amenaza de detención no denunciarán los signos de una víctima potencial. La mejor fuente de información para la policía es cortada, las víctimas y las trabajadoras son indistinguibles y se da a los tratantes el secreto que necesitan para sus operaciones. Trayendo la industria a la luz mitiga todos estos factores, haciendo mucho más fácil identificar y ayudar a quienes están en ella contra su voluntad.

 
En una declaración explicando su respaldo a la despenalización de la industria del sexo, Amnistía Internacional tiene esto que decir:

”…no hay pruebas que sugieran que la despenalización origine un aumento de la trata. Creemos que la despenalización ayudaría a combatir la trata. Cuando el trabajo sexual es despenalizado, las trabajdoras sexuales tienen más fácil trabajar juntas y exigir sus derechos, lo que conduce a mejores condiciones y estándares de trabajo y a una mayor supervisión del sexo comercial y de la eventual trata dentro del mismo”.

 
Mi último punto de vista es que a pesar de los enormes presupuestos destinados a la lucha contra la trata, muy poco se dedica a estrategias de salida. Las supervivientes han dicho que lo que se necesita con urgencia son más refugios y viviendas, adiestramiento y consejo laborales que les ayuden a adaptarse a una nueva vida. Imaginad la devastación que experimenta una víctima si al final consigue la libertad solo para verse sin plaza en un albergue, obligada a volver a lo mismo antes que verse en la calle. Entonces es cuando hemos fracasado de verdad. Si no podemos proporcionar alimento, alojamiento y asistencia para que se mantengan por sí mismas, ¿por qué nos sorprendemos de las dificultades que tienen para cambiar de vida? Abandonarlas en este punto es otra traición.

 
¡Debemos detener la cruzada antiprostitución! Las leyes están trabajando en favor de los criminales, no de quienes necesitan nuestra ayuda y protección. No las fallemos, igual que hicimos con los que se convirtieron en daño colateral en la guerra contra las drogas. ¡No funcionó entonces y no hay razón para creer que funcionará ahora!

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