Las mujeres en la vida de Cervantes

 

Por J. Francisco Peña

 

http://centroestudioscervantinos.es/upload/1712_mdfile.pdf

 

“Estas mujeres han sido para Cervantes un paradigma de entrega y generosidad. Sus lances amorosos son una forma de ganarse la vida desde la libertad y la independencia. Si el sistema normal de la vida era entregarse completamente a un hombre y convertirse en su esclava, las mujeres de Cervantes suponen un cambio radical de las estructuras machistas de la época. Son una perfectas conocedoras de las debilidades del hombre y las aprovechan pero son, sobre todo, mujeres que no están dispuestas a llevar una vida de esclava sin la libertad que su inteligencia —y su cuerpo— les permite.”

 

Nunca fuera caballero de damas tan bien servido.

Nunca fuera caballero de damas tan bien servido.

 

La historia de las mujeres en Cervantes tiene una especial relevancia por la interrelación que existe entre la biografía y la creación literaria. Es frecuente encontrar en la historia de la literatura cómo la biografía marca la creación literaria, pero en el caso de Cervantes podemos hablar de una relación directa. Pero hay un detalle que, sin lugar a dudas, relaciona su creación literaria con el ambiente familiar que vivió. El ambiente familiar de Cervantes ha estado en la base de la actitud feminista que define algunas de sus obras Es significativo cómo la admiración que Cervantes siente por sus hermanas –y sus hermanas por él- le llevan a defender un tipo de mujer que ser acerca a la vida que éstas llevaron.

Ninguna de las hermanas de Cervantes se casó, lo que no quiere decir que no tuvieran relaciones con hombres. De hecho, las hermanas de Cervantes, siguiendo, quizás la tradición de su tía abuela, mantuvieron su independencia económica, lo que en su época sólo se podía conseguir aprovechándose de los hombres. Su libertad es la libertad de la mujer frente a la estructura social que condiciona la vida de la mujer al matrimonio y, por tanto, al enclaustramiento.

El teatro del Siglo de Oro se asienta, en gran medida, en esta estructura social y si bien es cierto que casi siempre acaba en boda, no lo es menos que la mujer debe supeditarse siempre a la voluntad del padre o del hermano y sólo desde la astucia y el engaño consigue sus objetivos.

En este marco, la vida y la obra de Cervantes suponen un aldabonazo a las conciencias. Asumió la vida liberal de sus hermanas con toda la dignidad del mundo y nunca puso ninguna traba al desarrollo de su actividad. Antes bien, contribuyó a ello, entendiendo que era su voluntad y que la voluntad de la mujer, como la del hombre, debe ser respetada. Esta actitud es la que veremos luego en algunos de sus personajes femeninos, cuya libertad está por encima de la voluntad de los hombres.

 

1. LA FAMILIA

Luis Astrana Marín, en su conocida biografía de Cervantes, descubre un documento en el que se afirma que Juan de Cervantes, licenciado en derecho y abuelo del escritor, su hija María y el resto de la familia vivían en la calle de la Imagen, en el antiguo barrio judío, a espaldas del Hospital de Nuestra Señora de Antezana, casa que vendería la familia de Cervantes con motivo de su traslado a Valladolid. El abuelo se casó con Leonor de Torreblanca, de familia de médicos.

En 1527 les vemos en Guadalajara. Juan de Cervantes entra al servicio de Diego Hurtado de Mendoza, Duque del Infantado, y aquí empiezan a conocerse las aventuras amorosas de la familia Cervantes. Uno de los hijos bastardos del Duque, Martín, se enamora de una de las hermanas de Rodrigo, María, que debía ser una muchacha muy guapa.

Los amores acaban mal pero María consigue una pequeña fortuna que les permite vivir holgadamente en Alcalá. Pero pronto de acaba el dinero y Rodrigo, el padre de Cervantes se hace cirujano, una profesión humilde pero rentable.

Hacia 1542 se casa con Leonor de Cortinas, hija de un hacendado de Arganda, pero que no aporta casi nada al matrimonio porque no está de acuerdo con él. De este enlace nacerán cinco hijos: Andrea, (1544) Luisa (1546), Miguel, (1547) Rodrigo (1549) y, en Valladolid, Magdalena (1552).

En 1551 se trasladan con la corte a Valladolid, donde las cosas tampoco les fueron bien. Y en 1661 vuelven, también con la corte, a Madrid. Pero Rodrigo sigue viajando para ganarse la vida. Estando en Sevilla con Andrea, tendrá lugar la primera de las aventuras amorosas de la hermana mayor de Cervantes.

La aventura de Andrea contrasta con la de su hermana Luisa. En 1565, vemos a Rodrigo en Alcalá asistiendo a la ceremonia de los votos de monja carmelita de Luisa, con el nombre Sor Luisa Belén, en el convento de la Imagen. Aquí permanecerá el resto de su vida y aquí fue elegida Superiora en 1593 y 1596 y Priora en 1617 y 1620. Rodrigo, el padre, morirá en Madrid en 1585.

 

ANDREA Y MAGDALENA

La aventura de Andrea en Sevilla tendrá unas notables consecuencias para la familia Cervantes y será el inicio de una larga vida en la que la relación con los hombres se convierte en un negocio para la subsistencia. Pero son las circunstancias sociales las que marcan de una forma definitiva esta misma condición social. De Andrea se enamora el noble Nicolás de Obando y la promete matrimonio. De esa relación nacerá Constanza, pero el compromiso de matrimonio se rompe y Andrea pide una notable compensación económica. Es la primera vez que conocemos las andanzas de Andrea pero el nacimiento de Constanza condiciona su vida completamente.

La actitud de Andrea, valiente y decidida frente a la adversidad, es el cauce que seguirán después su hermana Magdalena y su propia hija Constanza.

En 1568, ya en Madrid, Andrea mantiene relaciones con un rico genovés, Juan Francisco Locadelo, de quien recibirá nuevas dádivas.

En los papeles, su profesión es la de costurera. Esta es la labor que solían hacer las mujeres en las casas.

Una de las aventuras más largas es la que mantiene, junto con Magdalena, con los hermanos Portocarrero, Alonso y Pedro, hijos de uno de los ayudantes de don Juan de Austria. Magdalena tiene tan solo 17
años.

Mientras tanto, Miguel está en Italia. En 1569 entra al servicio del cardenal Aqcuaviva. Participa activamente en la batalla de Lepanto y en 1575 es apresado por los turcos y encerrado en Argel, junto con su hermano Rodrigo. Aquí comienza una nueva trayectoria de las hermanas quienes encuentran en la liberación de Rodrigo y Miguel la justificación a sus andaduras. De hecho ellas son las que aportan la mayor parte del dinero que Gray Juan Gil recoge para liberar a Cervantes.

 

LEONOR DE CORTINAS

La otra mujer que se entrega en cuerpo y alma para liberar a Cevantes es su madre, Leonor de Cortinas. En 1576 se dirige al Consejo de la Cruzada y, haciéndose pasar por viuda, solicita un préstamo para el rescate de sus dos hijos. La maniobra funciona y en diciembre recibe un préstamo de 60 ducados. Y en 1578 pide permiso al Consejo de Guerra para participar en una operación comercial con Argel que le permita liberar a sus hijos. En 1579, Leonor de Cortinas, falsa viuda de nuevo, entregaba al trinitario Fray Juan Gil 300 ducados: todo lo que habían podido reunir. El trinitario aportará los 200 restantes del fondo general ante la imposibilidad de rescatar a otro cautivo por el que piden mil ducados.

 

ANA FRANCA

Es una de las mujeres misteriosas en la vida de Cervantes, con la que tuvo una hija, Isabel. Si la relación de Cervantes con ella es cierta, debió empezar hacia 1584 porque en los sucesos de Valladolid, en 1605, su hija Isabel confiesa tener 20 años. Otros investigadores afirman que Isabel fue hija de Magdalena. En todo caso, Magdalena asumirá el cuidado de Isabel, que se llamará Isabel de Saavedra, nieta del Licenciado Juan de Cervantes. Isabel formará parte del clan de los Cervantes y seguirá las andanzas de sus tías y de su prima Constanza, la hija de Andrea.

 

CATALINA DE SALAZAR

Ese mismo año de 1584, Cervantes se casa don Catalina de Salazar. Miguel ha ido a Esquivias (Toledo) buscando los manuscritos de su amigo Pedro Laínez, quien ha muerto hace seis meses, y ha dejado su obra sin publicar. Pero allí se cruza con Catalina de Salazar hija de la viuda Catalina de Palacios y se casa con ella. Es una muchacha de 20 años a la que pronto deja en Esquivias para buscarse la vida por otros lugares de España.

En 1601, Felipe III fija la capital de España en Valladolid, y en 1604 allá se van los Cervantes a ganarse la vida: Catalina, Andrea, Magdalena, Constanza, Isabel, Juana Gaitán y otras mujeres amigas y primas se instalan en Valladolid.

Catalina de Salazar liquida la herencia materna en provecho de sus hermanos y acompaña a Cervantes a la nueva capital. Ya no se separarán hasta su muerte. Las condiciones de vida no fueron nada buenas y vivían en un cuchitril a orillas del Esgueva.

En 1606 abandonan Valladolid con el nuevo cambio de corte y se asientan de nuevo en Madrid. Andrea y Magdalena entran en la Orden Tercera de San Francisco. Andrea morirá en 1609 y Magdalena en 1610. Catalina morirá en 1620 (en 1617 se encargará de la edición del Persiles)

Estas mujeres han sido para Cervantes un paradigma de entrega y generosidad. Sus lances amorosos son una forma de ganarse la vida desde la libertad y la independencia. Si el sistema normal de la vida era entregarse completamente a un hombre y convertirse en su esclava, las mujeres de Cervantes suponen un cambio radical de las estructuras machistas de la época. Son una perfectas conocedoras de las debilidades del hombre y las aprovechan pero, son, sobre todo, mujeres que no están dispuestas a llevar una vida de esclava sin la libertad que su inteligencia, y su cuerpo, les permite.

 

LAS MUJERES EN LA OBRA DE CERVANTES

La actitud de Cervantes contrasta notablemente con la de Lope de Vega. Las mujeres que aparecen en la obra de Cervantes tienen un carácter y una actitud social muy distinta a la que presentan las de Lope de Vega. La actitud de Cervantes es mucho más comprensiva que la de Lope por lo que su teatro es totalmente innovador respecto a la condición social de la mujer.

Podemos ver una actitud tolerante de Cervantes en las relaciones extramatrimoniales de muchas de sus mujeres: La Leonora, de “El celoso extremeño”, doña Leoncia en “El viejo celoso”, Luisa en el “Persiles”, Camila en “El curioso impertinente”… Ya desde sus primeras obras vemos a un Cervantes defensor de la libertad de la mujer. En “La Galatea”, Gelasia afirma: Libre nací y en libertad me fundo.

Uno de los personajes donde se ve mejor la defensa que hace de la libertad de la mujer es Preciosa, la protagonista de “La gitanilla”. Estos señores -dice refiriéndose a sus jefes gitanos- bien pueden entregarte mi cuerpo; pero no mi alma, que es libre y nació libre, y ha de ser libre cuanto yo quisiere.

Pero hay tres mujeres en su obra que representan de una forma ejemplar el papel de la mujer entendida no como una especie de apéndice del hombre sino como la que tiene personalidad, libertad y vida propia, tanto en lo referente al sexo como en la disposición frente a la vida. De estas tres mujeres, dos están en una de sus obras de teatro más significativa: La entretenida.

Esta es una obra en la que Cervantes parodia los finales de matrimonios múltiples propios de Lope de Vega, pero va más allá porque nos presenta a unas mujeres que mantienen su independencia y libertad por encima de las ataduras sociales. Los versos finales lo dejan bien claro.

Esto en este cuento pasa:
los unos por no querer,
los otros por no poder,
al fin ninguno se casa.
De esta verdad conocida
pido me den testimonio:
que acaba sin matrimonio
la comedia entretenida

Entre los capítulos XII y XIV de la primera parte de “El Quijote”, uno de los cabreros le cuenta a don Quijote la historia de la pastora . Es una de las primeras historias de la literatura en las que el papel de la mujer aparece destacado con toda su plenitud.

Marcela, en un discurso memorable, insiste en su condición de mujer libre y en su identificación con la naturaleza. Su discurso es un modelo de razonamiento lógico y preciso donde el papel del individuo se asienta sobre los convencionalismos sociales a que la condición de mujer la condena. Por estas categorías sociales, estancas y cerradas, la mujer debe casarse como única salida a su vida. Pero la actitud de Marcela coincide notablemente con la de Andrea y Magdalena. Cervantes ha vivido la libertad de sus hermanas como algo noble y digno. El matrimonio no ha sido visto como una liberación para la mujer sino como una esclavitud por eso no es extraño que sea capaz de dibujar a estos excelsos personajes como Marcela a la que el propio don Quijote defenderá con ahínco.

Para glosar este discurso tan relevante en la historia de la literatura y del feminismo, hemos compuesto soneto con que el que cerraremos este breve recorrido por las mujeres de Cervantes.

“El verdadero amor no se divide,
y ha de ser voluntario, no forzoso.
El verdadero amor no está en lo hermoso
si no es con la virtud con quien coincide.
El verdadero amor no se decide
por lo particular y provechoso.
El verdadero amor será dichoso
si en él la libertad fluye y reside.

Los árboles, arroyos y montañas
dirán mi soledad y mi armonía.
Fue mi elección, Grisóstomo. Extrañas
me serán tu estrofa y melodía”.
Esto cantó , y sus hazañas
mostraron al amor su rebeldía.

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