“Mirá que soy puta también, no sé si sabías”

Esta es la segunda parte de la entrevista a la actriz porno, Maria Riot. Ella tiene 24 años y vive, consume y utiliza dos de las profesiones más estigmatizadas de la historia. Ahora hablamos de cómo es ser prostituta. Tranqui el tema.

De la Redacción de Diario Registrado / Viernes 20 de mayo de 2016

 

http://www.diarioregistrado.com/erotismo-registrado/-mira-que-soy-puta-tambien–no-se-si-sabias–_a573fa270fba962cb34c2dd94

María Riot

Hola. Estás leyendo la segunda parte de la entrevista que le hicimos a Maria Riot, la actriz porno que trabaja la mayor parte del tiempo en Europa con grandes directoras como Erika Lust. Ella tiene 24 años y es, además de actriz de películas xxx, prostituta. La primera parte está acá, la segunda, bueno, es esta, quedate (?)

Nota relacionada: Sabemos que te morías de ganas de conocer a la actriz porno Maria Riot, entonces le hicimos una nota

 
“Mirá que soy puta también, no sé si sabías”, me señaló cuando charlábamos. No solo no lo sabía sino que, de la manera en la que lo dijo, sentí y supe que algo más tenía que decir al respecto. Hay dos grandes bandos en cuestiones de este estilo, quienes creen que la prostitución debe abolirse y quienes creen que debe regularse.

 
En un seminario sobre género y comunicación en el que participé, se dio este debate complejísimo y todxs lxs que estábamos cursándolo, terminamos más indecisxs que antes de tratar el tema. Lo cierto es que acá iba una explicación larguísima sobre por qué, este suplemento, está a favor de la regulación y no de la prohibición, pero no lo haremos porque es un tema tan complejo y con tantas aristas que era meterse en un baile larguísimo al cual no llegamos ya que del otro lado está Maria, que quiere contarnos su historia y su verdad.

 

¿Hace cuánto que sos prostituta?


Empecé en marzo del 2014. Desde adolescente había fantaseado con la idea pero las cosas que escuchaba sobre prostitución estaban relacionadas a mafia, drogas, inmigración y sufrimiento, entonces me daba miedo hasta contar que me interesaba. Cuando empecé a trabajar en webcams, comencé a investigar sobre trabajo sexual en general. Descubrí que habían miles de personas que elegían la prostitución como su salida laboral, que estaban organizadas y que luchaban por sus derechos. Encontré páginas con proyectos de Ley, consejos, testimonios de mujeres con sus experiencias: vi que la información que yo había tenido era confusa y parcial. Que los medios tocaban el tema con mucho amarillismo y que englobaban a cualquier tipo de comercio sexual con trata de personas. Luego de tres meses de informarme, decidí empezar y tuve mis primeros encuentros. Siempre viví en un barrio de Zona Oeste muy alejado, tenía que viajar 4 horas para ir a la Universidad y cuando averiguaba para mudarme a Capital Federal, se me hacía imposible por todos los requisitos y la plata que pedían. Estaba frustrada, así que mi mejor amigo me dijo de irme a probar suerte a España; vi que tocaba Pixies en el Primavera Sound y como excusa decidí ir e irme a vivir con él un tiempo. En un mes y medio junté para el pasaje y estadía, algo que con otro trabajo no hubiera podido. En ese entonces me lo planteé como algo temporal pero al poco tiempo me di cuenta que el trabajo sexual era lo que mejor se adecuaba a la vida que yo quería llevar y que ningún otro trabajo me daba la libertad y autonomía que la prostitución me daba. 

 

¿Tuviste alguna mala experiencia? ¿Y una buena?


La peor experiencia que tuve por ser prostituta es que algunas personas que consideraba amigos no respetaran mi desición, el tener que aguantar que personas te digan cosas horribles cuando decís que sos trabajadora sexual, el tener que llevar una doble vida, sentirme culpable por algo que quiero hacer. Esa es mi peor experiencia. Con los clientes, nunca sufrí violencia. Sí tuve personas con los que no coincidí en pensamientos o comentarios que dijeron o alguno que quiso hacer algo que yo había pautado que no, pero que al poner el límite, quedó ahí. También hubieron algunas personas que no me gustó su trato por algún motivo, pero que luego pude elegir no verlos más. Sé que cómo vivo yo la prostitución es distinta a la forma en que puedan vivirla otras trabajadoras sexuales, pero al menos con mis colegas coincidimos que hay una estigmatización también hacia el cliente en general. Se visibiliza al cliente como alguien violento que quiere hacer uso y abuso de una mujer, cuando en realidad la mayoría son hombres que tienen ganas de ahorrarse la seducción, el tener que invitar a salir a alguien y que prefieren pagar o son muy tímidos y no saben cómo relacionarse con una mujer en su vida cotidiana y ven en el servicio que ofrecen las prostitutas, una manera de tener sexo, aprender y ganar un poco más de confianza. Muchos quieren pasar un buen momento, hablar, tener conexión íntima con otra persona, contar cosas que les pasan, más allá del sexo. 

Un cliente puede ser cualquier persona que va caminando por la calle: padre, hermano, amigos, conocidos, novios. ¿Hay clientes imbéciles o que han ejercido violencia frente a compañeras? Claro que las hay, pero no es algo inherente a la prostitución. Recordemos que la mayor violencia pasa en los hogares y en los entornos familiares, no en los hoteles. 

La mejor, el conocer gente muy distinta a mí, escuchar historias de vida de personas que tal vez en otro ámbito no hubiera conocido, aprender, despojarme yo misma de prejuicios ya que al principio pensaba que quienes pagaban por sexo eran personas que querían hacer uso de poder y disponer de una mujer para hacer ellos lo que quisieran: todo eso que dice la postura abolicionista de la prostitución, pero que está muy alejado de la realidad. He tenido muchos clientes maravillosos, que me han tratado mejor que mis ex novios, personas bondadosas, solidarias, divertidas y con las que he pasado momentos geniales.

 

Perfecto. Hablemos de los prejuicios un poco, ¿me dijiste que amigos te estigmatizaron, ¿cómo fue?

 
Algunas personas me dijeron cosas hirientes al enterarse lo que hacía y más aún porque lo hacía público. Dos amigos me dijeron que estaba arruinando mi vida, que mi imagen se vería afectada y que podía dar mucho más de mí, que no era una decisión inteligente y que la gente me respetaría menos por expresar que tengo sexo por dinero. Al principio les creí pero después me di cuenta de que estaba siendo hipócrita conmigo misma porque realmente tenía ganas de ser parte de ese cambio que creo que la sociedad necesita. Más allá de eso, mi entorno me apoya: mis amigos y mi familia están orgullosos de mí porque hago lo que quiero más allá de todo. A mi mamá le encantan mis entrevistas y mis mejores amigos son quienes saben donde estoy, cuándo y con quién como medida de seguridad.

 

La trata de personas está ligada a la prostitución, ¿cómo ves eso y qué harías vos para combatirla si es que fueras presidenta de un país(?)?


Yo no veo que esté ligada a la prostitución porque entiendo que prostitución es una cosa, y trata de personas, otra. La prostitución es el intercambio voluntario del servicio sexual a cambio de dinero (donde, como en todo trabajo, habrá personas que lo disfrutan más que otras) y la trata de personas es la obligación, el abuso de poder y la privación del elegir o no qué hacer con nuestras propias vidas. Todos los trabajadores sexuales repudiamos la trata de personas y queremos que termine. Creo que una forma de que la trata de personas desaparezca, es que el trabajo sexual deje de ser precarizado, que se reconozca como un trabajo como cualquier otro y que quienes tienen secuestradas y privadas a personas para que cumplan con la esclavitud sexual o vulnerabilidad que ellos les impusieron, dejen de ser cubiertas por el gobierno y la policía. Mucha gente no sabe, pero la Polícia -en Argentina al menos- amenaza y exige plata a las chicas que trabajan en la calle y les hacen pagar cierta cantidad de dinero por mes, entre otras cosas, para que puedan seguir ejerciendo. Se hacen allanamientos múltiples en casas donde trabajan personas por libre voluntad y luego sale en los medios y estadísticas como víctimas de trata. 

Nunca sería presidenta ni me veo en un cargo político, pero sí la votaría a mi amiga y compañera Georgina Orellano, presidenta de Ammar, el Sindicato de Prostitutas de Argentina al cual estoy afiliada, para que pudiera poner en vigencia leyes como la que propone Ammar, que ayudarían no solo a quienes elegimos ser trabajadoras sexuales sino también a quienes no quieren serlo y a las víctimas de trata.

 

¿Y qué pensás de las mujeres que dicen que nadie puede disfrutar de ser prostituta?


Se equivocan porque yo misma disfruto siendo prostituta. Y tengo muchas amigas prostitutas que pueden afirmar lo mismo que yo. ¿Se disfruta todo el tiempo, todos los días? Y no, como en cualquier trabajo, tenés los pro y los contras, cosas que te gustan más o menos, días en los que no tenés ni ganas de salir de tu casa, clientes más o menos copados. 

Alguien puede decir también que no entiende como existen peluqueros, que trabajan cortando pelos y lavando cabezas ajenas porque ellos jamás lo harían, ¿pero por eso voy a decirle a quienes lo hacen que dejen de hacerlo? ¿por eso voy a hacer “activismo” por los peluqueros, solo porque a mí se me ocurre que nadie puede disfrutarlo o porque creo que es denigrante el lavar cabezas de gente desconocida? ¿quién soy yo para afirmarlo? Solo veo gente quejándose o queriendo salvar a quienes trabajamos con sexo, pero no a aquellos que se enfrentan día a día a trabajos que pueden ser más difíciles como limpiar baños o recolectar basura en un camión. Yo me preocuparía más porque todos pudieran trabajar de lo que más quieran y no a apuntar con el dedo a quienes eligen dentro de sus posibilidades, lo que quieren llevar a cabo como su trabajo. 

Ser prostituta es un trabajo que, te guste o no, merece tener mejores condiciones para quienes lo ejercen. Cuando te opones a que esto ocurra, no solo no estás respetando la decisión de miles de personas en todo el mundo de hacer con su cuerpo lo que quieren, sino que además seguís poniéndolas en un lugar de vulnerabilidad, precarización y criminazalición. 

El discurso anti-prostitución esconde algo de moralismo, eso de no poder aceptar que cobremos por algo que deberíamos dar gratis. Tenemos que ser buenas mujeres, madres, amantes, hay que coger porque sí y con quien queramos, pero si hay un billete de por medio es criticable y algo indigno. Muchos ven en las trabajadoras sexuales una especie de perversión tal vez porque ellos no lo harían. Como no pueden ponerse en el lugar de una puta porque jamás estarían con desconocidos, eso nos convierte en algo que marginalizar. Solo tienen que entender que vivimos nuestra sexualidad de otra manera y simplemente respetar nuestra decisión. No somos tontas o inútiles, como muchas quieren hacernos sentir por hacer de la prostitución nuestro trabajo. El elegir ser trabajadora sexual no me imposibilita el llevar a cabo cientos de cosas que tenga ganas de hacer. Yo quiero hacer y lograr todo lo que me proponga y quisiera lo mismo para todos.  

 

Como verán, trabajadoras sexuales como María quieren hacer lo que hacen y tienen reglas, cuidados y exigencias. Sabemos que muchas no, pero también muchas sí. Sabemos también que hay feministas de cepa más dura que son abolicionistas respecto a esto, pero también las hay antisex, porque durxs e innegociables, en todos lados.

Hay que pensar que si no cambiamos la sociedad machista desde la educación y concientización, todas las cuestiones por las cuales le decimos que “No” a la prostitución, persistirán, porque problema no es el sexo, el problema es cómo los hombres aprehenden y conceptualizan el estigmatizado rol de la mujer.

P.d: Debés estar pensando que qué barbaridad, cómo esta periodista se va a olvidar de hablar de los hombres prostitutos, que los hay y son muchísimos. Pues no, esta periodista no se olvidó pero simplemente lo omitió por ser casi casi un tema aparte que también podremos bailar en el próximo encuentro. Este boliche está abierto todos los días.

 

Fotos: Michele Gentile // Intervención: por Leonor Silvestri y Maria Riot – Foto de Mai Staunsager.

 

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3 pensamientos en ““Mirá que soy puta también, no sé si sabías”

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