“El afecto y la solidaridad que tenemos entre nosotras es más fuerte que cualquier prejuicio”

 

Entrevista a Maria Riot

Por Nadia Beherens

16 de noviembre de 2016

http://revistafurias.com/afecto-la-solidaridad-tenemos-nosotras-mas-fuerte-cualquier-prejuicio/

 

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Reconocerse como trabajadora sexual y articularse políticamente desde este lugar trajo aparejada la repercusión de esta historia en los medios. Pocas son las trabajadoras que salen a hablar por culpa de la estigmatización de la profesión, incluso dentro del feminismo, donde varias organizaciones se fortalecen apelando a la figura de la víctima para hablar de las trabajadoras sexuales. A la distancia, nos encontramos con Maria Riot, quien activa desde varios frentes poniendo el cuerpo y la voz, para mostrar un perfil inesperado por la sociedad en una trabajadora sexual: una piba joven, hermosa y con buen gusto, que no es hipócrita, que piensa para opinar, que piensa antes de comer -es activista por los derechos de los animales- y que piensa sobre su sexualidad por fuera de la comodidad de la norma y en comunicación ética con prácticas que realizamos y que nos interpelan como mujeres cis y trans.

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¿Cuál es la importancia para una persona que pueda presentarse ante la sociedad, ante su familia o amigxs como unx trabajadorx sexual?

Me parece importante porque las y los trabajadores sexuales vivimos invisibilizados, escondidos, marginados de la sociedad por todo el estigma que tiene el hecho de trabajar con la sexualidad pero finalmente el no decirlo crea más estigma y creo que si queremos luchar contra él, tenemos que hacernos visibles y que la sociedad escuche nuestras voces. Durante muchos años otros hablaron por nosotras, académicos escribieron libros sobre el trabajo sexual sin siquiera preguntarnos qué es lo que queremos o por qué lo elegimos o mostrando solo una parte de la prostitución. Las leyes y regulaciones se dictaminaron sin preguntarnos qué derechos exigimos, en los medios solo se nos incluía en noticias relacionadas a drogas o mafias y por eso tenemos que mostrar que la prostitución no es igual a trata sino que hay diversas historias y experiencias que también merecen ser escuchadas. Muchos creen que somos minoría, pero no lo somos. Si somos pocas las que hablamos es porque cada vez que una trabajadora sexual decide contar su experiencia, se le dice que su discurso no es válido o quiere ser callada de alguna manera. También muchas no lo dicen por miedo a lo que piense su familia o amigos por todo el prejuicio que hay, pero por suerte en el último tiempo somos cada vez más quienes decidimos terminar con eso y hablar.

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¿Qué implica la criminalización que se hace de la profesión?

Criminalizar la prostitución tiene como consecuencia que muchas trabajadoras sexuales tengan que ir presas o sean perseguidas por el solo hecho de hacer de su sexualidad su herramienta de trabajo. En 18 provincias de Argentina hay artículos contravencionales que criminalizan el uso del espacio público por oferta sexual, por los que muchas compañeras pasan horas, días o hasta meses presas. También la policía les cobra coimas a aquellas que deciden trabajar en sus propios departamentos, llevándose sus pertenencias y obligándolas a hacerse pasar por víctimas de trata en los allanamientos, para muchas veces caraturarlos como rescates, logrando así no solo perjudicar a quienes deciden ser trabajadoras sexuales sino que también se ponen trabas para poder realmente trabajar en luchar contra la trata y ayudar a quienes son víctimas o están ejerciendo en malas condiciones laborales. Todo esto facilita la violencia policial, el abuso, la extorsión, la precariedad y el estigma y los estereotipos negativos que hay hacia el trabajo sexual.

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¿Te imaginás si no existiera el estigma hacia el trabajo sexual?

Me lo imagino cada vez que escucho a una compañera que cuenta que le tiene que mentir a toda su familia o a otras más grandes que relatan que sus propios padres le dejaron de hablar al enterarse de lo que hacía para sustentarse económicamente. Lo pienso cuando me llega un mail de alguien que me cuenta que alguna vez trabajó como prostituta y que lo vivía con vergüenza, escondiéndolo y que leer a mis compañeras y a mí la liberó. Cuando me acuerdo la vergüenza que sentí de mí misma por pensar en que quería trabajar de prostituta, en cuando al fin lo hice y pasé dos años escondiéndolo, mintiéndole a mi familia, sintiéndome sucia, sola y desprotegida por tener que decir que estaba en un lugar cuando en realidad estaba en otro. Una vez me preguntaron qué pensaba del estigma y dije que nunca lo había tenido cerca. En ese momento realmente no me daba cuenta de lo que era realmente el estigma y de cómo me había afectado. Es algo que sigo procesando y que cada día me sorprende más, porque es tan silencioso que no te das cuenta de lo poderoso que puede ser. Me imagino a cada uno de los que somos trabajadores sexuales viviendo sin culpas, sin miedos, sin tener políticos que deciden en base a su prejuicio y su visión moral sobre nuestro trabajo, sin mujeres muertas a las cuales no se les revisa sus casos porque fueron putas. Me imagino muchas prostitutas también que sufren o sufrieron al trabajar, eligiendo el trabajo sexual como su trabajo o al menos a no haberlo vivido como un infierno por todo lo que les representa socialmente el vender sexo. Carla Corso al hablar de su experiencia con el trabajo sexual en la película “Muerte de una puta” dice: “El único sufrimiento que he tenido es la discriminación y la marginación que la sociedad me ha impuesto”. Y lamentablemente es algo que nos atraviesa en mayor y menor medida, a todas.

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¿Qué mejoras traería la regulación?

Primero necesitamos que se nos deje de criminalizar por nuestro trabajo. Aunque en Buenos Aires por ejemplo no está penalizado formalmente, hay leyes que en distintos niveles castigan las actividades relacionadas al trabajo sexual. Por ejemplo, la Ley de trata que sigue confundiendo trabajo sexual autónomo con prostitución forzada, con puntos difusos que no dejan muy en claro cuáles son las acciones permitidas y cuáles no, lo que hace que la policía se aproveche y pueda cobrar coimas o labrar actas de manera arbitraria. El marco legal existente solo deriva en abusos y violencia por parte de la policía y de los funcionarios a cargo y en compañeras teniendo que trabajar mayoritariamente en clandestinidad. Exigimos una Ley para tener un marco normativo que nos garantice derechos. Poder acceder a derechos básicos como cualquier otro trabajador: ejercer libremente nuestro trabajo, poder acceder a una obra social, a realizar aportes para poder tener una jubilación, que nos podamos organizar en cooperativas y por último y no por eso menos importante, que se deje de perseguir a las trabajadoras sexuales poniendo el foco en nosotras y creando leyes que nos perjudican, en vez de ayudar y dar apoyo a aquellas personas que realmente son víctimas.

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¿Cómo es tu experiencia hasta el momento, luego de comunicarlo?

Contar que soy puta fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Soy una persona afortunada por poder contar con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Sin embargo, me llevó mucho tiempo poder decirlo abiertamente y me daba tanto miedo decírselo a mis papás que nunca se los conté en persona, dejé que se enteraran por Facebook, hace un par de meses. Si no hubiera llegado a AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) y leído a Georgina Orellano, que son quienes putas-feministas-maria-riot-y-georgina-orellano-ph-michelle-gentile-600x400me ayudaron a dejar de avergonzarme de mí misma, de mi trabajo y me dieron a entender que no tenía nada que ocultar, tal vez hoy seguiría sufriendo por mi elección y sin decírselo a nadie más que a pocos amigos. Me acerqué a Ammar a los pocos meses de empezar, en el 2014, pero me daba tanta vergüenza que las tres veces que fui casi no hablé y no volví a ir, pensando que yo no tenía nada interesante para decir o aportar y todavía tenía tanta vergüenza de trabajar como prostituta que no me podía apropiar de las cosas que se hablaban. En noviembre del año pasado recién acepté empezar a pensar en contarlo públicamente después de aceptar una entrevista en donde conté que hacía porno pero no fue hasta febrero de este año, después de varios meses de leer a Georgina, que dije “tengo que dejar de mentirme a mí y a los demás”. Entendí que tenía que afrontar mis miedos y mis inseguridades, que si ella había podido, entonces yo también y que además quería acompañarla y ayudar en la lucha por nuestros derechos y contra el estigma. Empecé a responder en debates en grupos de Facebook sobre el tema hablando en primera persona y al mes decidí contarlo en otra entrevista. A los pocos días me llegó un mensaje de Geor donde me invitaban a coordinar un Taller de Trabajo Sexual y desde ese día no me volví a separar ni de Ammar ni de ninguna puta. El afecto y la solidaridad que tenemos entre nosotras es más fuerte que cualquier prejuicio que pueda haber en la sociedad.

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¿Qué tenés para decir acerca de lxs clientxs o consumidorxs del trabajo sexual?

Hay una noción equívoca acerca de los clientes. Se cree que de por sí son violentos, que buscan comprarnos, cosificarnos, violentarnos y que tienen derecho a hacer lo que quieren de nosotras. Yo tenía ese miedo al empezar a trabajar y cuando empecé a conocerlos me di cuenta de que no era así. Los que consumen trabajo sexual son cualquier persona que te cruzas por la calle: seguramente conocemos a varios que pagan a prostitutas y ni lo imaginamos. Que hay clientes machistas o que se quieren pasar de vivos con nosotras, claro que sí, porque el machismo está inmerso en la sociedad y en cada uno de los trabajos. Quisiera que se dejara de pensar sobre los clientes como abusadores o basuras, porque no lo son porque además cuando hay un cliente que sí lo es, corremos el peligro de no ser escuchadas o que se nos subestime si se tiene la noción de que todos son así. Abusadores o gente de mierda, lamentablemente hay en todos lados y no es algo que describa en sí a la prostitución y a quienes la consumen. Son personas que simplemente deciden pagar por un servicio sexual, por múltiples razones. Yo tengo clientes hombres, mujeres, trans, parejas, de diversas edades, profesiones, gustos sexuales, del aspecto físico que te puedas imaginar pero lo que necesito de alguien para que sea mi cliente es que la relación sea siempre desde el respeto. Si no hay respeto, deja de ser mi cliente. Muchas sentimos que hay más violencia en el discurso abolicionista que nos trata de inútiles por no poder ser capaces de decidir por nuestro cuerpo o nos dice que nuestro trabajo no es trabajo, subestimándonos a nosotras y nuestra experiencia, que a la hora de trabajar.

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Me encontré con cuestionamientos desde tu aparición en los medios de comunicación, dichos tales como “habla desde un lugar de privilegio”. ¿Qué tenés para decir al respecto?

Creo que privilegio sería no tener que trabajar y yo soy puta porque necesito trabajar, no por diversión. Muchos se olvidan que somos trabajadoras, y que además de eso no tenemos derechos y somos discriminadas por gran parte de la sociedad.

Si entendemos como privilegio el tener una ventaja especial o exclusiva, sí soy privilegiada al compararme con la situación de otras personas que son prostitutas en consecuencia de una situación de vulnerabilidad, porque yo elijo el trabajo sexual teniendo otras opciones laborales. Pero cuando me dicen eso, que por lo general son personas que suelen tener los mismos privilegios que yo, solo se me ocurre pensar que siguen poniendo a la prostitución en el lugar de que es un trabajo totalmente ligado a la pobreza o falta de oportunidades cuando en realidad no es así y encuentro que es una manera de seguir subestimando nuestras elecciones.

Lo importante es poder reconocer cuáles son nuestros privilegios y hacer de ellos una herramienta para cambiar la realidad de quienes no los tienen.

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Asumo que tu modo de conocimiento, de pensar y vivir es feminista ¿Qué pensás del feminismo local?

En todos lados veo que el feminismo se divide entre quienes creemos que la prostitución puede ser una opción laboral y quienes no, y en ese sentido, tanto en España como en Argentina, que son los países en donde más estoy, hay mucha violencia de parte de ciertos colectivos feministas que llevan su lucha contra la trata como una lucha contra toda la prostitución y por lo tanto, contra quienes elegimos el trabajo sexual. Un posicionamiento ideológico nos separa y creo que con muchas jamás nos vamos a poner de acuerdo, pero me gustaría que al menos pudiéramos acordar en que se nos deje de criminalizar y estigmatizar. Creo que cada uno puede pensar qué son las cosas que les gustaría en un mundo ideal pero que también tiene que bajar a la realidad y darse cuenta de que la prostitución existe y que va a seguir existiendo porque que hay gente que necesita y quiere pagar por sexo y otras que estamos dispuestas a hacer ese trabajo. En ese sentido, el feminismo de las putas es a mí el único que me representa.

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¿Cómo vivenciás el feminismo relacionado al trabajo sexual?

Ser trabajadora sexual me dio las herramientas que necesitaba para salir al mundo como yo quiero ser, sin prestar demasiada atención a lo que otro pueda pensar pero sí a lo que yo creo que es correcto y a lo que quiero hacer. El trabajo sexual puede ser una herramienta de empoderamiento muy fuerte y eso lo vivimos miles y miles de mujeres en todo el mundo. Por supuesto que para otras puede que no, porque todas somos distintas y vivimos nuestras experiencias de diferentes maneras, pero a mí el autopercibirme como puta me cambió la vida. Me dio a entender que yo tengo el poder sobre mí misma y mis decisiones y me ayuda a pensar que puedo hacer cualquier cosa que me proponga, más allá de si después eso sea real o no. Hay que entender que muchas queremos ser putas y que si nos entendemos como feministas, tenemos que dejar a las demás que decidan libres sobre sus propias vidas y sus propios cuerpos, más allá de si nosotras lo haríamos o no.

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¿Qué significa realizar un porno ético?

El porno ético pretende un porno en donde el trato hacia quienes forman parte de las películas tanto actuando como en el detrás de escena sea ético, con pagas justas, contratos claros, donde prime el respeto y que haya un ambiente de trabajo seguro y consensuado. De todas maneras,  interior-maria-riot-ph-smashing-filmsno estoy segura de si sirva o no de algo actualmente etiquetar al porno como ético o feminista. Es un debate que creo que hay que dar y que fue fundamental que se de décadas atrás, pero no estoy convencida de si es lo correcto o no de seguir etiquetándolo ahora, ya que he trabajado con alguna directora que considera lo que hace como porno feminista y a la hora de grabar no se consideró a quienes trabajamos con ella y ni el pago ni el trato en general fueron éticos pero sin embargo su trabajo es catalogado como tal. También me pasó a la viceversa: trabajar con personas que no se catalogan ni como porno feminista ni ético y sin embargo trabajar con ellos fue genial, con un trato increíble, respeto en todo momento y mejor pago que quienes se consideran con estas etiquetas. Por lo que pienso, ¿quienes no se cataloguen como porno ético es porque no lo son o simplemente porque no quieren cargar con una etiqueta? Yo quiero hacer porno y listo. Por supuesto que quiero que me traten bien y que su contenido no sea sexista o racista pero aún no sé si es necesario etiquetar a la pornografía.

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¿Qué expectativas tenés de que este tipo de realizaciones se hagan en este país? ¿Qué implicancias de tipo políticas o micropolíticas creés que traerían aparejadas?

En Argentina no hay industria del porno y no sé si algún día lo habrá. Tengo expectativas porque hay personas que me preguntan cómo pueden hacer para empezar sus propias producciones o me mandan sus fotos y curriculums diciendome que quieren actuar para mí, cuando ni siquiera tengo pensando empezar a grabar ya, aunque es algo que sí quiero hacer a futuro. Sé que hay algo que moviliza a muchos, y eso de querer expresarse a través de la sexualidad y del cuerpo desnudo está cada vez más presente en los deseos de muchos. Hubo demasiada censura en cuanto al contenido erótico o pornográfico en la Argentina y pagamos las consecuencias teniendo solo dos o tres directores que hacen algo que ya todos conocemos, y que hacen una película o dos por año. Creo que es necesario porque el porno no solo es gente teniendo sexo, hacer porno significa mucho más. Y que una mujer se haga cargo de que es una persona sexual, con lo que eso significa, que quiera disfrutarlo y además mostrarlo o hablar de eso, escandaliza a muchos y creo que es más que necesario el debate y el exponer la hipocresía y doble moral que hay en la sociedad.

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¿Qué material o realizadorxs nos recomendás, en modo abc?

Sobre trabajo sexual recomiendo leer Teoría King Kong de Virginie Despentes, Porno feminista de Tristan Taormino y otros autores, los libros de Melinda Chateauvert, los textos de Laura María Agustín, a Carol Leigh, a Marta Lamas, Carol Queen. De Argentina recomiendo a Leonor Silvestri y pronto sale el libro de Georgina Orellano que creo que es un libro más que necesario y esperado que va a seguir rompiendo esa narrativa que hay sobre el trabajo sexual. Hay mucho material sobre el tema aunque lamentablemente la mayoría está en inglés o libros que no se venden en el país pero en Internet también hay muchos blogs, artículos, videos y más que nada testimonios de las mismas putas que están muy buenos. En cuanto a pornografía encuentro varios proyectos y realizadores muy buenos en la actualidad: Four Chambers, CrashPad Series, Trouble Films, Goodyn Green, Bruce LaBruce, PinkLabel.tv y todo lo que se proyecte en el Porn Film Festival Berlin. Recomiendo también la película “Mutantes: Punk porn feminism” de Virginie Despentes, donde se muestran a pioneras como Annie Sprinkle, Lydia Lunch, Candida Royalle y Linda Williams hablando de porno y de trabajo sexual. Creo que no está online pero la voy a piratear y subir a algún lado en cualquier momento.

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¿Qué actividades estás realizando para formarte?

Ahora estoy en Estados Unidos hasta fines de noviembre, realizando un curso por una beca a la cual me postulé por mi activismo de derechos animales, en un programa que se llama Alliance for Science de la Universidad de Cornell, donde estoy aprendiendo sobre medios, campañas, activismo y comunicación de la ciencia que puede ser aplicado a cualquier otra instancia. Me costó un poco aceptar la beca porque significaba no ir al Encuentro Nacional de Mujeres, pero sé que todo lo que aprenda después lo puedo trasladar a la militancia y mis amigos me prohibieron perderme esta oportunidad, así que la acepté y vine. Cuando termine, me gustaría hacerme un tiempo y estudiar algo de cine y actuación y volver a tocar música. Una editorial me propuso sacar un libro pero no creo que sea el momento por lo que dije que no, pero eso me hizo pensar también en que me gustaría mejorar mi escritura por lo que seguramente tome clases cuando vaya a Buenos Aires. Mientras tanto, leo mucho, más que nada sobre activismo, derechos animales y trabajo sexual. Me gusta aprender y repensar las cosas, ampliar mis pensamientos, cambiar. Me pasa que con muchas de las cosas que dije o pensé alguna vez, ya no pienso igual porque cambié mi forma de pensar o reflexioné y me permití escuchar otras opiniones o visiones. Si no nos damos cuenta de que nos equivocamos, para mí no hay posibilidad de mejorar.

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PH:

Maria Riot y Georgina Orellano: Michelle Gentile

Portada e interior: Smashing Films

 

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