Salir a la luz como trabajadora sexual, salir a la luz como persona

 

Por Liara Roux

 

25 de mayo de 2018

 

https://motherboard.vice.com/en_us/article/mbkv7a/coming-out-as-a-sex-worker-liara-roux-personal-essay

 

Liara Roux escribe acerca de cómo salir a la luz de miles de maneras ante su comunidad, su familia e incluso sus clientes.

 


Foto: Liara Roux / Shirt diseñado por Paul Glover

 

Mi hermana estaba comiendo algo en mi cocina. Me paré frente a ella, el mostrador entre nosotras. Ella estaba de espaldas a mí. Di vueltas a las palabras en mi mente, tratando de construir una oración que la tranquilizara, que no evocara los estereotipos perturbadores existentes sobre personas como yo. Había estado hablando de mi acosador, ese tipo que estaba convencido de que yo estaba enamorada de él y que se enfureció cuando se dio cuenta de que yo tenía pareja.

“Soy una escort”, le dije, “y él era un cliente”.

Honestamente, no recuerdo si esas fueron las palabras exactas que dije, pero recuerdo cómo todo mi cuerpo se puso tenso. Casi empiezo a llorar. Me preocupaba tanto que pudiera perder a mi hermana, a quien quería tanto. Me sorprendió cuando me dijo: “¡Me alegra que seas feliz! ¡Me alegra que hayas encontrado un trabajo que funcione para ti!”.

Esta tensión siempre ha estado entre nosotras, todas estas cosas no dichas.

Hizo un par de preguntas sobre mi trabajo. Yo las respondí, aún desconcertada por su respuesta. Esperaba algo de preocupación. Me preguntaba si ella estaba sintiendo preocupación o si me estaría juzgando, pero no quería cargarme con eso. Mi hermana siempre ha sido increíblemente así de considerada. Recuerdo cuando le dije que era queer y lo emocionada y feliz que se mostró también con eso. Estoy llorando ahora, escribiendo esto, tan agradecida como estoy de haber pasado gran parte de mi vida conociendo a alguien tan amable y dulce como ella.

Le dije que no se lo dijera a mamá.

Mi madre ha hecho siempre todo lo posible por amarme y cuidarme, y lo sé. Pero vengo de una casa familiar extremadamente religiosa y conservadora, llena de niños y fuego y azufre. Siempre he vivido mi vida de maneras extremas e inusuales y eso la asusta. Ella quiere que esté a salvo. Hay tantas cosas que no le he contado porque, cada vez que lo intento, me quedo paralizada. Cuando vivía con ella, me preocupaba que, si se lo contaba, ella y mi padre me enviaran al campamento de reeducación para gays o que me echaran de casa y me quedase sin hogar, como le había sucedido a algunos de mis amigos. Me gusta pensar que ella me habría aceptado, pero no sé.

He revoloteado sobre el tema con mi madre y ella ha revoloteado sobre el tema conmigo. Hace algunos años vio algunas cosas “sospechosas” en mi calendario, cuando acaba de empezar a trabajar, y me llamó para pedirme explicaciones al respecto. Había tanta ansiedad en su voz: “¿No corres peligro?”. Maquillé la verdad un poco, para que pareciera que todavía estaba trabajando en tecnología, un campo que abandoné en busca de condiciones de trabajo menos misóginas, más autocontrol, y la posibilidad de evitar mi enfermedad mental y mis discapacidades físicas.

Cuando lo pienso ahora, creo que ya tenía que saberlo. Mi cara está en internet. Seguramente alguien en nuestra iglesia que mira pornografía o ve escorts ya se lo ha contado, bajo la apariencia de preocupación. Odio que no se lo haya contado yo misma; supongo que lo estoy haciendo ahora y espero que entienda que decir esto por escrito, de alguna manera, es más fácil. Lo he intentado varias veces, pero cada vez que lo intento me quedo paralizada. Recuerdo la última vez que pasamos juntas; comimos pastel. Me prometí a mí misma que se lo diría mientras comíamos. Con cada bocado que tomé, traté de decirlo. Y todas las veces me quedé paralizada.

Me preguntaba si ella podría leer la tensión en mi cuerpo. Podía sentir su tensión irradiando de ella también. Esta tensión siempre ha estado entre nosotras, todas estas cosas no dichas. Siempre ha habido tantas cosas que sentí que no podía decirle. Quiero profundamente ser amada y aceptada por ella. Quiero que sepa que finalmente soy feliz, después de años de luchar contra la depresión y la ansiedad y el dolor físico causado por el síndrome de Ehlers-Danlos —un trastorno que afecta mi tejido conjuntivo y mis articulaciones— y por dolores de cabeza en racimo; que sepa que finalmente recibí el tratamiento médico que necesito, que he podido dedicar tiempo a sanarme porque mi trabajo me brinda seguridad monetaria y, lo más importante, tiempo.

Cuando en el pasado pensé que tenía estabilidad, me retiraron el apoyo como a tantos otros

Hay un segundo “armario” del que no hablamos tanto. Como trabajadora sexual, con una marca personal que mantener para asegurar mis ingresos y bajo la amenaza de violencia estatal, estoy encerrada en ambos sentidos.

No tengo los mismos temores de la vergüenza o el abandono familiar, pero tengo serias preocupaciones de que descubrir mi vida personal ante mis seguidores y el público conllevaría el riesgo de perder ingresos y poner en peligro mi seguridad. Ser trabajadora sexual hace que sea difícil discutir ciertos temas; algunos de mis seguidores se quejan si en mi cuenta de Twitter hay algo que no sean fotos sexy. A medida que me convierto cada vez más en una figura pública, sin embargo, usar mi visibilidad para hacer activismo a favor de otras personas como yo me parece importante.

¿Debería estar actuando en solidaridad con otras personas trans revelando mi género? Soy genderqueer. Hasta ahora he usado el pronombre “ella” al anunciarme como Liara Roux, pero uso “él” en mi vida personal y cambié mi nombre a uno estereotípicamente masculino hace unos años. ¿Debo hablar públicamente sobre mis parejas —incluida una esposa con la que tengo una casa— para demostrar que las trabajadoras sexuales pueden encontrar el amor, la aceptación y el bienestar emocional y financiero? Cuando en el pasado pensé que tenía estabilidad, me retiraron de repente el apoyo, como a muchos otros: cerraron mis cuentas bancarias y me cerraron sitios web, solo porque esas compañías descubrieron quién era yo.

Al igual que el acosador del que tanto me costó hablarle a mi hermana, algunos clientes pueden volverse tóxicos y posesivos. Algunos seguidores que han sido fuentes confiables de ingresos pueden resultar ser tránsfobos. Y a los trolls siempre les hace felices convertir cualquier cosa que a una trabajadora sexual le haga feliz en una excusa para acosarla.

No se trata solo de seguidores potencialmente dañinos de los que haya que preocuparse. Hablar de tener un cónyuge también me expone a la violencia estatal. La policía a menudo trata de detener y procesar a los miembros de la familia de las trabajadoras sexuales, llamándolos proxenetas y chulos, y los políticos han intentado promover leyes que hagan la definición de proxenetismo aún más amplia. Se puede aplicar un cargo de proxenetismo si una pareja me lleva un día en coche a trabajar, o incluso solo por el hecho de compartir bienes en mi matrimonio. Nuestra vida podría verse desgarrada por las leyes de proxenetismo a pesar de que mi pareja también hace trabajo sexual y no es más que otra queer luchadora y persona discapacitada como yo. Personas como nosotras todavía son detenidas y procesadas de forma habitual.

He tenido más éxito de lo que podría haber imaginado con esta carrera, pero en lugar de proporcionar seguridad a mi familia, mi cónyuge aún experimenta un ataque de pánico por estrés postraumático cada vez que llaman a la puerta. Todo podría derrumbarse, nuestra casa podría ser confiscada, podríamos ser desalojadas de nuevo o algo peor. Estos no son miedos fantásticos: hay personas que conozco que han perdido todo lo que construyeron con tanta lucha. Si me descubro ante el público como casada, mostrándome orgullosa de la estabilidad por la que he luchado y que he encontrado, nos arriesgamos a perder esa estabilidad. Como dice Amnistía Internacional, bajo la penalización no tenemos la “tranquilidad de saber que [nuestra] familia no será procesada por ‘vivir de las ganancias’ del trabajo sexual”. Pero ¿qué sentido tiene ganar dinero para ti si no puedes apoyar también a los que amas?

El estigma y la penalización del trabajo sexual cortan de los dos modos, y cortan en profundidad. Como ocurre en cualquier trabajo, tengo días malos, pero si digo algo negativo al respecto, la gente usa mis palabras para sugerir que se debería eliminar la profesión entera. Es tan difícil ser simplemente una persona cuando todo en tu vida puede ser retorcido y usado en tu contra de alguna manera.

Lo que más necesitamos es ser tratadas como personas, respetadas, que se nos permita sobrevivir, ser vistas, no cazadas como delincuentes o despreciadas como víctimas demasiado dañadas para hablar por nosotras mismas.

Tengo la suerte de haber crecido en una época en la que hay más aceptación de mi identidad como queer, mi existencia como trans, incluso más comprensión para las discapacidades a las que me enfrento, pero esas aceptación y comprensión aún no se traducen en una existencia tolerable en el lugar de trabajo tradicional. Al menos, hasta que encontré el trabajo sexual: un trabajo en el que puedo trabajar en mi propio cronograma sobre el dolor crónico, un trabajo en el que ser queer es beneficioso porque significa que hay más gente con la que puedo trabajar, un trabajo en el que estoy rodeada por otras personas trans y queer que me entienden. Un trabajo donde podría tener mi propio lugar de trabajo.

Hay personas que están tratando de quitar esa opción a mi comunidad, usando leyes anti trabajadoras sexuales como FOSTA / SESTA para destruir la independencia que hemos ganado como trabajadoras sexuales mediante el uso de internet para construir nuestros propios espacios, herramientas de seguridad, y negocios . Niegan la existencia del trabajo sexual consensuado. Obligarnos a la clandestinidad hace que sea más fácil para los prohibicionistas inventar historias sobre nuestras vidas. A diferencia de mis otras identidades, las trabajadoras sexuales no estamos protegidas de ninguna manera. Todo lo contrario, somos igualmente vilipendiadas desde todos los puntos del espectro político. Lo que más necesitamos es ser tratadas como personas, respetadas, que se nos permita sobrevivir, ser vistas, no cazadas como delincuentes o despreciadas como víctimas demasiado dañadas para hablar por nosotras mismas.

Aunque siempre he anhelado amor y aceptación, especialmente de mi madre, estoy completamente entregada a vivir mi vida de la manera que quiero. No puedo evitar querer vivir con sinceridad. Siento que es mi deber hablar claro, incluso si eso me puede convertir en un objetivo, porque hay muchas compañeras no tienen el privilegio de elegir ser política y pública. Nada puede impedirme hacer activismo por mí y por mi comunidad, hacer todo lo posible para asegurarme de que los que amo estén a salvo. Mi miedo al rechazo siempre saldrá perdiendo ante mi orgullo y mi coraje.

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