El triángulo de la prostitución

La prostitución es un triángulo, estable pero sometido a tensión. El triángulo es la forma geométrica bidimensional más estable (por su sencillez) que mantiene tensión (al estar formada por elementos diferenciados): sin tensión, sería una circunferencia.

Los tres lados del triángulo de la prostitución son las trabajadoras sexuales, los clientes y la tercera parte; o, dicho en lenguaje más directo, las putas, los puteros y el proxeneta.

Cada una de las partes necesita a las otras dos y, a la vez, se opone a ellas.

Las putas somos el conjunto de las mujeres, ya que todas somos putas, en potencia o en acto, en virtud de nuestra dignidad como seres humanos, de nuestro derecho a decidir libremente sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. Pero las que forman parte del triángulo sólo son las putas en activo.

Los puteros son el conjunto de los hombres, ya que todos son puteros, en potencia o en acto, por la misma razón que las mujeres somos putas. Pero solo forman parte del triángulo los activos.

El proxeneta es el Estado. La tercera parte es el elemento que crea las condiciones de la prostitución. El Estado patriarcal, capitalista, racista y colonialista ejerce su violencia condenando al hambre a quien no tenga dinero. El dinero es el alma desalmada del Estado capitalista. El Estado condiciona con sus leyes la libertad de hombres y mujeres con el único propósito que le permite su naturaleza: ganar dinero.

La libertad de hombres y mujeres es, en última instancia, su libertad sexual. La coerción de la libertad sexual de hombres y mujeres la ejerce el Estado mediante la institución del matrimonio. El matrimonio es el núcleo del Estado capitalista, donde se reproducen y perpetúan las relaciones de opresión y explotación que le son esenciales. El matrimonio es la institución fundamental del Estado patriarcal, capitalista, racista y colonialista (1)(2)(3).

El Estado es el aparato del Estado. El aparato del Estado lo constituyen hombres y mujeres. Hombres y mujeres que sostienen con todas sus fuerzas la institución caduca y agonizante del matrimonio.

¿Mujeres en el aparato del Estado patriarcal? Sí: mujeres feministas hegemónicas, radicales y abolicionistas.

El feminismo hegemónico patriarcal, radical y abolicionista defiende con todas sus fuerzas la infantilización de las mujeres, nuestra limitación genética a decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. El feminismo hegemónico defiende con todas sus fuerzas la institución del matrimonio, ese enorme “campo de concentración” (por usar su terminología) donde día a día vemos cómo se ejerce “la peor de la violencia contra las mujeres”: el asesinato.

El feminismo radical hegemónico y abolicionista, como integrante que es del Estado proxeneta, tiene un objetivo único: ganar dinero. En primer lugar, de los presupuestos del Estado, pero, en último extremo, de la explotación sexual de los hombres en el seno del matrimonio. Las feministas abolicionistas, patriarcales y hegemónicas compiten como esposas con las prostitutas por el dinero de los hombres.

Las prostitutas, las trabajadoras sexuales, las putas, son la base del triángulo. Sobre ellas, sobre su opresión, se levanta toda la máquina proxeneta estatal. El estigma de puta es la base del negocio. Sin estigma, sin negación por parte del Estado “democrático” de sus derechos fundamentales, de su dignidad, a las mujeres (en general) y a las trabajadoras sexuales (en particular) no sería posible la sobrexplotación laboral; la violencia sobre violencia que sufren las putas; su degradación a la minoría de edad.

El tercer lado, el de los puteros, es pasivo. Es el que pone el dinero. Es la auténtica “víctima” de “explotación sexual”. Pero, como son hombres, cuentan con la alianza genérica del Estado proxeneta que, a cambio de su dinero, les ofrece mujeres desprovistas de derechos, les da participación en su violencia institucional.

¿Pueden las trabajadoras sexuales liberarse de la opresión, recuperar sus derechos humanos, democráticos, fundamentales, constitucionales?

Solo si se unen.

La división de las trabajadoras sexuales, la competencia entre ellas, es la que perpetúa la opresión que sobre ellas ejerce el Estado proxeneta explotador y sus protegidos los puteros.

Sólo la percepción de lo que las une como elemento diferenciado de lo que las separa permitirá su actuación unida para recuperar sus derechos. Sólo cuando estén entre la espada y la pared, la espada del individualismo y la pared del hambre, se unirán, se organizarán y ocuparán su puesto, que no es otro que el de vanguardia en la lucha por la liberación de las mujeres.

 


1.- “Para la crítica feminista el matrimonio moderno es una institución patriarcal asentada sobre la división sexual del trabajo; la apropiación de la capacidad reproductiva, sexual, de autonomía y de trabajos domésticos de las mujeres; la atadura entre sexualidad y reproducción; la idea de complementariedad de los sexos, entendida como natural e inalterable, y la heterosexualidad obligatoria.”

El matrimonio: institución política cambiante

María José Machado Arévalo

7 de abril de 2019

Diario El Telégrafo

https://bit.ly/3dJD3Md

2.- “Respecto al matrimonio en sí, hay muchas cosas que decir ¿no ha sido durante siglos la forma de opresión más brutal, silenciosa y cotidiana para miles de mujeres, es decir, su esclavitud?”

Rosa M. Posa Guinea, Former Project Consultant for LAC Institute, IGLHRC

https://outrightinternational.org/content/una-reflexi%C3%B3n-sobre-la-instituci%C3%B3n-de-matrimonio

3.-  “La institución del matrimonio es antigua y omnipresente. Sin embargo, los economistas han realizado poco trabajo sobre por qué existe esta institución social y por qué a lo largo de la historia se ha relacionado íntimamente con la fertilidad. Explicamos la institución del matrimonio como un consenso social sobre la necesidad de frenar la infidelidad de la mujer con el propósito de la certeza de paternidad y la inversión biparental en la descendencia. Al aumentar los costos del apareamiento para las personas, el matrimonio reduce las infidelidades en la sociedad, una fuente de fracaso del mercado de apareamiento, y hace que la paternidad sea más segura. Los hombres, en consecuencia, invierten más en su presunta descendencia, un hecho que también beneficia a las madres.”

The institution of marriage

Dirk Bethmann and Michael Kvasnicka

Journal of Population Economics

Vol. 24, No. 3 (July 2011), pp. 1005-1032

https://www.jstor.org/stable/41488338?seq=1

 

3 pensamientos en “El triángulo de la prostitución

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