El Patronato de Protección a la Mujer: Prostitución, moralidad e intervención estatal durante el franquismo

  • Multa de 25 pesetas por no llevar medias
  • Un bando municipal de 1940 prohibió a las toledanas de la época salir a la calle pintadas y sin medias. El alcalde emitió entonces varias normas para evitar «una ola de inmoralidad»
  • En un sentido más amplio se podría decir que su función general (del Patronato de la Mujer) estuvo ligada a la difusión de una normativa de conducta donde prevalecían la decencia, el recato o la castidad, mientras que su función más específica se centró en la redención de las prostitutas.

 

M.G

23 de septiembre de 2020

https://www.latribunadetoledo.es/noticia/Z23BE63EF-D7CC-1B4E-743AA9872BC47AE1/202009/multa-de-25-pesetas-por-no-llevar-medias

 

Toledo estaba sumido en «una ola de inmoralidad» en el año 1940. Así lo vendía el Ayuntamiento en aquellos momentos y tan indisciplinados eran los toledanos a ojos de la dictadura que había echado a andar hacía unos meses, y de los argumentos religiosos y morales extremos que el alcalde José Rivera Lema emitió un bando municipal el 21 de septiembre de 1940 para poner orden y ‘decoro’ en las calles.

El documento, conservado en el Archivo Municipal de Toledo, ordena una serie de medidas para evitar «excesos en las reglas de convivencia social», y avisa de que se castigará con «multas de 25 a 50 pesetas» a las mujeres «que yendo con la cara pintada no lleven medias».

Esta medida formaba parte «de una represión menos visible pero igualmente coercitiva que, si bien padeció el conjunto de la población, se reveló como un acoso específico y constante sobre el colectivo femenino. Se trata de la represión sexual llevada a cabo en aras de implantar un modelo de comportamiento moral determinado, que desencadenó la aplicación de una estricta normativa en hábitos sociales, que iban desde la manera de vestir hasta las formas de relación entre géneros», explica la historiadora Carmen Guillén en su completa tesis doctoral titulada ‘El Patronato de Protección a la Mujer: Prostitución, moralidad e intervención estatal durante el franquismo’ (1).

Esta institución, creada en 1941, ha dado mucho de sí a historiadores, investigadores y curiosos que se han adentrado en ese complejo entramado «de fuerza, propaganda y adoctrinamiento» que emanó del nuevo régimen. La tesis de Guillén aporta una completa radiografía de aquellos años y disecciona esta rancia institución que trató «de redimir a la mujer caída y a la que estaba en peligro de caer».

Rivera comparte estos principios en un bando que lucha «contra la inmoralidad social» y da un paso más para completar «el trabajo de las autoridades de la capital». Si bien, el alcalde creyó necesario informar y ordenar nuevas medidas para preservar «la perfecta moral católica».

El documento subraya «que la juventud ha de tener sus esparcimientos, pero deben asentarse en reglas de urbanidad y de ejemplo». Por tanto, desde el Ayuntamiento no estaban dispuestos a permitir que las mujeres salieran a la calle sin medias, pero tampoco que las parejas fueran «cogidas del brazo» por amistad o noviazgo, con lo que también se establecieron castigos llamativos con sanciones de 25 a 50 pesetas según la gravedad de los hechos.

Esta directriz quedó recogida en el artículo 64 de las ‘Normas de decencia cristiana’, editado  por la Comisión Episcopal de Ortodoxia y Moralidad del Secretariado del Episcopado Español en 1958. Este pequeño libro de 85 páginas, con un coste de 5 pesetas, regulaba la vida religiosa, la vestimenta, el noviazgo, la castidad, el deporte, la vida social, los espectáculos y el papel de la mujer «en la vida pública y profesional», entre otros aspectos.

Por tanto, las normas que se implantaron en 1940 ya definían el carácter que marcaría el nuevo régimen y su aparato represor, que también tenía en el punto de mira a las parejas no casadas.

El Ayuntamiento incluyó en ese bando un castigo ejemplar para «los dueños de bares, cafeterías —entre otros negocios— que consientan en sus establecimientos parejas que no estén con el respeto debido a los demás consumidores del establecimiento» En este caso, la multa oscilaba «de 250 a 500 pesetas».

 


1.- El estudio de la represión franquista en todos sus ámbitos ha sido un tema recurrente en la historiografía de las últimas décadas. Ejecuciones, encarcelamientos, violencia física, exilio o depuración del funcionariado representan las formas más tangibles que practicó el nuevo Estado para perpetuarse en el poder y, quizá, por ese motivo son también las temáticas más abordadas en publicaciones recientes.

Sin embargo, existió otro tipo de represión menos visible pero igualmente coercitiva que, si bien padeció el conjunto de la población, se reveló como un acoso específico y constante sobre el colectivo femenino. Nos referimos a la represión sexual llevada a cabo en aras de implantar un modelo de comportamiento moral determinado, que desencadenó la aplicación de una estricta normativa en hábitos sociales, que iban desde la manera de vestir hasta las formas de relación entre géneros.

Una vez finalizada la contienda civil, la sinergia del nuevo régimen fue imponiendo su ideología mediante el uso de la fuerza, la propaganda o el adoctrinamiento; pero en el plano moral, el aparato represivo más efectivo y duradero sería el Patronato de Protección a la Mujer. Esta institución fue creada en 1941 con el objetivo prioritario de redimir a la mujer caída y ayudar a la que estaba en peligro de caer. En un sentido más amplio se podría decir que su función general estuvo ligada a la difusión de una normativa de conducta donde prevalecían la decencia, el recato o la castidad, mientras que su función más específica se centró en la redención de las prostitutas. Para implementar esa labor, el patronato desarrolló un estudiado sistema de vigilancia que aplicaba terapia de reclusión con la finalidad de liberar a la mujer de todas aquellas prácticas sociales que entraban en conflicto con las austeras reglas del régimen.

Además de las mencionadas funciones preventivo-redentoras, el patronato se encargaría también de realizar periódicamente un conjunto de estadísticas e informes que evaluaban la moralidad pública y que serán, a la postre, la base archivística de la presente tesis. En ellos se muestran todas las aristas de la cuestión moral que, en términos franquistas, comprenden elementos muy heterogéneos como el ambiente en bailes, cines y playas, la homosexualidad, el uso de estupefacientes, la prostitución o los abortos y la nupcialidad; temas de los que se ocupó la institución hasta su final definitivo, en plena década de los ochenta.

De todos ellos, la prostitución constituirá la problemática central y el eje sobre el que versa la mayor parte de los informes; por ello, el estudio de la prostitución en el franquismo es inseparable del análisis del patronato y debe realizarse siempre de manera conjunta. Por todo lo expuesto, la hipótesis de trabajo de la que se parte, así como el propósito de esta tesis, tienen una doble vertiente: de un lado, destacar la importancia del Patronato de Protección a la Mujer en la sociedad franquista como elemento clave en la construcción del comportamiento moral femenino y, de otro, elaborar un estudio de la prostitución durante el franquismo, resaltando la represión sexual sufrida por las mujeres en esa etapa e incidiendo en las considerables diferencias con la sexualidad masculina.

Ciertamente, el Patronato de Protección a la Mujer representa la piedra angular de nuestro análisis, en tanto que la cuestión prostitucional se aborda siempre a través de la mirada opresiva de esta institución y, de hecho, su protagonismo como objeto analítico en la tesis viene definido por la propia relevancia que tiene dentro de los informes del patronato.

https://digitum.um.es/digitum/handle/10201/64539

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