Fuego cruzado: brujas y feministas

 

Por José Antonio Younis Hernández

2 de febrero de 2021

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Como en la novela de Miyuki Miyabe, Fuego cruzado, llega un punto en que se le hace difícil a la protagonista “decidir sobre la vida y la muerte de los inocentes que caen víctimas del fuego cruzado”. El fuego cruzado suele alcanzar a los inocentes que, como en el actual conflicto dentro del feminismo, se ha perdido la sororidad entre las abolicionistas que mantienen que no se pueden llamar feministas a las que defienden a las prostitutas, esto es, a la Asociación Draga Espacio Feminista-LGTBIQ. En la anterior afirmación, he de resaltar que las abolicionistas acusan a las de la postura contraria de apoyar a la prostitución, lo cual es falso, pues lo que hacen es defender los derechos de las prostitutas y de que puedan exponer y defender sus puntos de vista. En el informativo de la Televisión Canaria se acusa de trata de mujeres al movimiento por los derechos de las prostitutas y que, por eso, una de sus dirigentes está en la cárcel. Por otra parte, cualquiera que se moleste en indagar estos supuestos hechos emitidos por dicho informativo encontrará que son falsas las acusaciones hacia el Proyecto Taguri. Feminismos Críticos, incidencia política y participación ciudadana.

A lo mejor todo esto es un debate interminable. De lo que únicamente estoy seguro, haciendo mía la frase de Evelyn Beatrice Hall, aunque se atribuye erróneamente a Voltaire (ella era su biógrafa), es que “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Ya ocurrió en la universidad, cuando se intentó un debate sobre el mismo tema. Miembros de nuestra supuesta catedral del saber prohibió tal debate, pues hay misas que solo pueden oficiar los sacerdotes o sacerdotisas consagradas por una corriente de ideas del feminismo, pero no por la otra. Por lo que veo, hay partes que no defienden que la otra parte tenga derecho a decir lo que piensa porque contradice la pureza de los principios del feminismo, el cual, como en todo movimiento de ideas, olvida a veces que su pureza reside en el debate y la argumentación, no en la metafísica de principios cuasi religiosos.

Es penoso el infantilismo de la universidad. Aunque, si he de ser justo, del infantilismo de una parte de la universidad. El feminismo no es una moneda de una sola cara. El campo de lucha no es entre facciones del feminismo, al menos no lo debería ser por lo que hacen o deciden hacer con sus cuerpos, sino por lo que son (por su identidad de género: mujeres), formateadas por lo que la encrucijada de la historia y de la cultura ha hecho a las relaciones de género y que todavía nos favorece más a nosotros que a ellas. Porque resulta elocuente que se defienda la autonomía y la libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos (o sus vidas en general), excepto si es para ganarse la vida con él, porque entonces no serían libres, sino que obedecerían al deseo masculino o a los mandatos del patriarcado. Entiendo que la moral patriarcal es sublimar el deseo femenino al deseo masculino, lo comprendo y por ello me apunto a que ambos deseos se liberen de la superposición de catecismos aplicados sin considerar las situaciones de vida de cada persona. Mientras pensemos que existen unos principios abstractos y autónomos de su producción humana en el proceso de la historia, no solo caeremos en el idealismo, sino en llegar incluso a oprimir a aquellos individuos que se aparten del mainstream o corriente mayoritaria para vivir en el mundo que les ha tocado, a la vez que buscan cambiarlo.

Estamos históricamente en un sistema que estigmatiza a los que no son blancos o blancas, lo que se entiende como el privilegio de ser blanco; y, de hecho, las feministas de la periferia no blanca acusan al feminismo mainstream que dejó de lado a las mujeres racializadas y a la vinculación directa entre raza, género y clase social. Es una constante queja al feminismo por parte de aquellas otras feministas que no utilizan sus mismas categorías de interpretación. En mi opinión, sucede otro tanto en el terreno del debate entre feministas (y entre feministas y no feministas) sobre la prostitución. Al igual que las mujeres racializadas se sienten excluidas, no ya por el poder blanco y masculino, sino por el poder representado en ese feminismo abolicionista que las excluye porque su discurso no encaja con el discurso de la corriente hegemónica.

La inclusión de las prostitutas como categoría humana que también es víctima del sistema opresivo del género, víctima por su pertenencia de clase y de raza, así como por la orientación sexual, son categorías amplias de la abogacía social practicada por la Asociación Draga Espacio Feminista-LGTBIQ, dando voz a todas las personas, ya que entienden que el feminismo no es censura. Y no debe ser censura porque, ciertamente, el feminismo será con las trabajadoras sexuales o no será, pero también será con las mujeres racializadas y la clase social o no será. Y, la clase social, significa que la pobreza y la explotación deben resolverse y no solamente lamentarnos moralmente, pues las necesidades de realización personal y social de las mujeres explotadas deben ir paralelas a la satisfacción de sus necesidades materiales de vida.

Y en el campo de la identidad, como hombre, entiendo que se trata de apoyar a las mujeres en su lucha por su condición histórica de mujeres en una sociedad patriarcal, no por practicar en sí sexo a cambio de dinero u otro beneficio. Es fácil caer en una caza de brujas y deshumanización de estas mujeres, tratándolas como si fueran unas perdidas que después de criminalizarlas se las infantiliza por no saber lo que les conviene. Se piensa que hay una gran ideología que desvirtúa sus melladas voluntades, que la razón instrumental de la industria del sexo se frota las manos con sus cuerpos, lo cual es cierto, pero no es toda la verdad escoger esta afirmación como un argumento totalizante de la cuestión y que cierra cualquier propósito de matización. Por desgracia, en esta intersección hay feministas con sus divergencias, así como conservadores de derechas y de izquierdas, y que, entre todos, buscan salvarlas cuando ellas únicamente quieren normalizarse. Están en un fuego cruzado de argumentos bienintencionados, donde cada vez hay más parecido con la persecución de las brujas en la Edad Media. ¿Eran las brujas un problema social o más bien el problema social eran las mujeres y había que decir que eran brujas? Y, qué quieren que les diga, me parece que hay un cierto paralogismo entre lo que sucedió a las mujeres y el poder patriarcal en aquella época que las consideraba brujas (había brujos, pero el 85% eran brujas)

Después de ser construidas como problema social por los delatores y la Santa Inquisición, en el mundo medieval se quemaba a las consideradas brujas. Durante siglos perseguirían a todo aquel que se apartara del ideal de vida propuesto por la iglesia. La superstición y el miedo, la sugestión y la histeria colectiva hicieron el resto. Pero también el hecho de que el delator podía quedarse con los bienes del delatado una vez quemado en la hoguera. ¿Por qué el 85% de los perseguidos y quemados eran mujeres entre el siglo XIV y XVII? Tal vez piensen que es una exageración por mi parte, pero la gran beligerancia contra el discurso del feminismo inclusivo de la Asociación Draga Espacio Feminista-LGTBIQ, acusándolas de practicar un feminismo ajeno a la religión de ese otro feminismo, hacen que el debate me recuerde que ese mismo feminismo, al parecer dominante y de buena conciencia de aquel momento histórico, no contestó ni peleó por Dolores Vázquez, la bruja bollera.

Todavía hoy llamamos peyorativamente brujas a aquellas mujeres que nos dicen algunas verdades a la cara o nos quitan la máscara. El caso Wanninkhof es un caso de error jurídico grave que sucedió cuando, en un ambiente de histeria popular creado por los medios de comunicación y en un juicio plagado de irregularidades por parte de las autoridades judiciales y policiales, Dolores Vázquez Mosquera fue declarada culpable por un jurado popular de la muerte de Rocío Wanninkhof, quien había sido asesinada en octubre de 1999 cerca de Mijas, provincia de Málaga. Unos años después el caso dio un vuelco al resolverse otro asesinato posterior, el de la joven Sonia Carabantes. El asesino de las dos fue Tony Alexander King. Dolores Vázquez, además de mujer era lesbiana. Una bruja, vamos.

No cabe duda de que hay un discurso que esencializa todo lo femenino. Si se abrieran prostíbulos de hombres para que las mujeres fueran a buscar un poco de consuelo, se seguiría tratando de putas a las mujeres que pagaran por sexo, mientras que los hombres serían simplemente unos gigolós. Se prohíbe a la mujer que cobra por sexo y se censura por puta viciosa si paga a un hombre por sexo (como de hecho existe y más de lo que se está diciendo, por mucho que se oculte) Se le prohíbe vender sexo y comprar sexo, pero seguirá siendo igual de puta. Es la mujer atrapada en su propia esencia impuesta. En realidad, ese esencialismo las deshumaniza, cuando, en mis recuerdos de infancia, las tengo muy humanizadas debido a que varios de mis amigos del barrio donde vivía en 1967 tenían abuelas o madres prostitutas. Yo nunca vi putas, solo veía mujeres. Yo, qué quieren que les diga, me gustaría escuchar a mujeres.

 

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