Poder para las mujeres prostitutas de todo el mundo, poder para todas las mujeres

Fragmento de ‘Putas insolentes: La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales’ (Traficantes de Sueños, 2020)

 

Juno Mac / Molly Smith

2 de octubre de 2020

https://ctxt.es/es/20201001/Politica/33516/Molly-Smith-Juno-Mac-feminismo-prostitucion-trabajo-sexual-Traficantes-de-Suenos.htm

 

Barrio Rojo de Ámsterdam.

 

Empoderamiento es una palabra que sale mucho en las discusiones sobre el trabajo sexual. Se abusa de ella hasta el punto de la sátira (a menudo en las descripciones que hacen los medios de comunicación de las trabajadoras sexuales de clase media), para hablar de rebelión sexual, de la emoción del dinero fácil en mano o de la supuesta libertad de elección individual para vender servicios sexuales. Estas conversaciones absurdas enmarcan el intercambio de sexo por dinero como una acción inherentemente empoderadora. Esta perspectiva liberal –que la capacidad de una persona de aprovecharse de su propia cosificación sexual puede mágicamente transformar el statu quo de todas– sume en la duda a muchas críticas feministas.2

Nosotras también criticamos las descripciones simplistas del “empoderamiento” o de la “elección”. Si bien depende de cada trabajadora sexual describir sus propias experiencias (y sabiendo que estos argumentos son muchas veces una respuesta defensiva ante el estigma), compartimos el punto de vista de otras feministas que observan que la prostitución está normalmente contextualizada por una falta de opciones, antes que por su abundancia.

El “empoderamiento” es una pantalla de humo. Lo vemos desplegado como un gancho en titulares como “¿El trabajo sexual empodera o esclaviza?”, “Me convertí en escort para empoderarme, pero solo me aplastó el alma», “Mi experiencia: fui escort durante ocho años, creyendo que me empoderaría, y no lo hizo” o “Trabajadora sexual y madre: sí, mi trabajo me empodera”.3 Estas invocaciones a los sentimientos personales nos desvían de una conversación, mucho más complicada, sobre el colonialismo, el capitalismo y el patriarcado.


La fuente más potente y desaprovechada de poder para las trabajadoras sexuales no es la liberación sexual, la rebelión social o ni siquiera el dinero, sino la solidaridad


Desgraciadamente para las trabajadoras sexuales, el impulso por volver a colocar estas estructuras en el foco a menudo parece venir acompañado de una buena dosis de bilis. Las críticas al “feminismo de la elección”, casi inevitablemente, suben de tono hasta el punto de pronunciar juicios mordaces en los cuales el trabajo que hacen las prostitutas no resulta “un trabajo de verdad” y en los que los legítimos argumentos económicos para sus estrategias, no solamente no son radicales, sino despreciables o traidores. La periodista Meghan Murphy escribe: “Vuestra ‘libertad de elegir’ bien puede representar vuestros sentimientos de empoderamiento personal en vuestra propia vida, pero de ninguna manera libera a nadie más que a vosotras y, de hecho, vuestra ‘elección’ solo puede existir a expensas de la opresión de otra mujer”.4

Este tipo de declaraciones pocas veces se aplica a la elección de las mujeres de asumir trabajos que dan apoyo al Estado carcelario. Una feminista en contra de la prostitución, por ejemplo, adopta el consabido modo confesional para entregarnos un ensayo que fácilmente podría haberse titulado: “Mi experiencia: me gustó la cárcel y a ti te gustará también”. La ensayista escribe que sus experiencias, “afortunadamente me llevaron a la cárcel”. Y añade: “Nunca pensé que la cárcel sería mi salvación. Ahora espero hacer lo mismo para otras víctimas como yo”.5 Al final del ensayo se descubre que la autora ahora trabaja como fiscal. Cuando las trabajadoras sexuales escriben este tipo de ensayos: “Hice foot porn para pagarme los estudios universitarios”, inevitablemente le dicen: “Puede que a ti te haya ido bien, pero, ¿realmente crees que tu experiencia es representativa? Piensa en las mujeres a las que daña este sistema”. Si algún ensayo alguna vez se ha hecho merecedor de tal respuesta sin duda es este encendido elogio de la detención y la cárcel. El feminismo dominante, no obstante, parece estar más cómodo haciéndose estas preguntas sobre las cam girls que sobre las fiscales.

Las trabajadoras sexuales se convierten en chivos expiatorios de manera desproporcionada. Una organización feminista ostensiblemente en contra de la prostitución sugiere que la prostitución causa un daño medioambiental significativo, destacando el uso de medicación (supuestamente de anticonceptivos orales) y de maquillaje por parte de las trabajadoras sexuales.6 No vemos un desprecio tan generalizado por las feministas que han tratado de apañárselas lo mejor que pueden con el contrato del matrimonio patriarcal. Tampoco deberíamos verlo. No todo el mundo tiene los recursos para derribar la institución del matrimonio, una institución que está conformada por las necesidades económicas de las mujeres de una manera muy parecida a lo que lo está la prostitución.

Las trabajadoras sexuales que no aparecen en las revistas de moda definen a veces la capacidad de migrar para salir de la pobreza, de decir que no a los usureros, de asistir a la escuela nocturna, o de separarse con seguridad de una pareja maltratadora como “empoderamiento”. En lugar de discutir sobre si los triunfos individuales de las trabajadoras sexuales sobre la adversidad constituyen un “auténtico feminismo”, deberíamos hacernos una pregunta más útil: “¿Qué es lo que les ha restado poder? ¿Cómo pueden recuperarlo?”.


Las trabajadoras sexuales quieren un futuro mejor, en el que todas tengan su parte justa de recursos y en el que puedan tener acceso a la curación y a la justicia


La fuente más potente y desaprovechada de poder para las trabajadoras sexuales no es la liberación sexual, la rebelión social o ni siquiera el dinero, sino la solidaridad. La comunidad de trabajadoras sexuales se está expandiendo rápidamente a medida que las personas se percatan del potencial de resistir juntas. “Durante tres años viví una vida dividida: la vida de una mujer y la vida de una prostituta”, dice Bárbara, colíder de la ocupación de una iglesia de Lyon, Francia, por parte de las trabajadoras sexuales, que impulsó el moderno movimiento de las trabajadoras sexuales. “Y un día, en 1975, me di cuenta, hablando con las demás, de que así no podía seguir”. Cuando salieron las noticias de la ocupación de Lyon, las trabajadoras sexuales de toda Francia se inspiraron en ella: a lo largo de la siguiente semana se ocuparon iglesias en París, Marsella, Grenoble, Saint-Étienne y Montpellier. La idea de que una prostituta, objeto de abuso de la policía, pudiera un día tomar a la fuerza una iglesia junto con docenas de amigas era emocionante y esperanzadora. “Ninguna de nosotras irá a la cárcel”, proclamaron audazmente las manifestantes. “La policía tendrá que masacrarnos en la iglesia”.7

En la misma década, pero a medio mundo de distancia, la prostituta brasileña Gabriela Leite tuvo una inspiración similar. Después de que en 1978 su amiga fuera asesinada por un policía empezó a hablar en público acerca de la vida en la calle.8 Hizo autostop sola por todo Brasil para presentar su visión de un movimiento de putas revolucionarias, convenciendo a quienes se encontraba en la calle o en los burdeles para que se organizaran, que se negaran a ser aplastadas, que transformaran la represión en rabia y que fueran las protagonistas de sus propias historias.

Nadie nos va a dar el poder: ni la policía, ni nuestros jefes, ni nuestros clientes. El poder siempre se conquista. Tenemos que tomar lo que se nos debe, tal y como demostraron activistas como Gabriela y Bárbara hace cuatro décadas. Ellas sabían lo que sabe ahora el movimiento: que no tener la ocasión de hablar no significa que no tengamos voz. A cuarenta trabajadoras sexuales gritando en contra de las deportaciones en el exterior de un edificio gubernamental se les escucha.9 Cien trabajadoras sexuales bloqueando el tráfico son fáciles de ver.10

A las trabajadoras sexuales se nos ha hecho escuchar; ahora es nuestro momento de hablar. No estamos esperando a que nos inviten al movimiento feminista. Siempre hemos estado ahí. En 1977, Black Women for Wages for Housework afirmaba que “parte del trabajo de ser prostituta es convertirte en un ejemplo de lo que supone rechazar la pobreza en la que el Hombre nos obliga a vivir, ser un látigo contra otras mujeres”.11 La amenaza de ser “tratada como una puta” obliga a las mujeres a mantenerse a distancia de nosotras; pero la manera en la que una puta combate contra el poder tiene valor para todas.

Las políticas de prostitución no deberían implicar la disputa entre mujeres, sino la colaboración. Las trabajadoras sexuales, como lo queremos todas,  quieren un futuro mejor, uno en el que todo el mundo tenga su parte justa en los recursos y en el que las supervivientes puedan tener acceso a la curación y a la justicia. Queremos un futuro en el que la revuelta y la resistencia feminista sean avivadas por el espíritu audaz de las prostitutas que exigen estar seguras, que les paguen y les escuchen. En las palabras de Black Women for Wages for Housework: “Cuando las prostitutas ganan, todas las mujeres ganan”.

 

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Fragmento de ‘Putas insolentes: La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales’ (Traficantes de Sueños, 2020)

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Notas

1 English Collective of Prostitutes (ECP), “Supporting Statement by the English Collective of Prostitutes”, LIES: A journal of materialist feminism, 1977, disponible en liesjournal.net.

2 “Quiero opciones reales. Quiero cambiar el sistema dentro del cual se hacen estas elecciones, no solamente usar el lenguaje de la libre elección para beneficiarme o tranquilizarme. […] Quiero un empoderamiento colectivo, no un empoderamiento temporal únicamente para unas pocas”. M. Murphy, “Choice Feminism”, Herizons, verano de 2012, disponible en herizons.ca

3 Ravishly, “Is Sex Work Empowering or Enslaving? 12 Experts Weigh In”, Huffington Post, octubre de 2014, disponible en huffingtonpost.com; Rebel Circus, “I Became an Escort To Empower Myself, but It only Crushed My Soul”, Rebel Circus, 2017, disponible en rebelcircus.com; Femme Fatale, “IT HAPPENED TO ME: I Was an Escort for Eight Years, Believing It Would Empower Me, and It Didn’t”, xo jane, 2015, disponible en xojane.com; E. Sless, “Sex worker & mother: ‘Yes, I AM empowered by my job’”, Mamma Mia, 2012, disponible en mamamia.com.

4 M. Murphy, “The trouble with choosing your choice”, Feminist Current, 2011, disponible en feministcurrent.com.

5 M. Hatcher, “76% of all inmates end up back in jail within 5 years. Here’s how I broke the cycle”, Vox, 2017, disponible en vox.com.

6 Object! (@objectUK) Twitter, 5:39 am., 3 de marzo de 2018.

7 E. Aroney y J. Beressi, “La Revolte des Prostituees [The Prostitutes’ Revolt]”, RTBF (Brussels) and Radio France Culture, video, Vimeo (usuario: In The Dark), 16 de septiembre de 2015, disponible en vimeo.com/139457788.

G. S. Leite, “The prostitute movement in Brazil: Culture and religiosity”, International Review of Mission, núm. 85: 338, 1996, pp. 417-426.

9 Sex Worker Advocacy and Resistance Movement (SWARM), “Shut down Yarls Wood”, SWARM, 15 de mayo de 2017, disponible en swarmcollective.org.

10 T. Davidson, “Toronto sex workers protest new prostitution legislation”, The Toronto Sun, 14 de junio de 2014, disponible en torontosun.com.

11 Black Women for Wages for Housework, “Money for Prostitutes is Money for Black Women”, op. cit.

 

 

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