Las guardianas de la moral femenina de la Región de Murcia en tiempos de Franco

 

La represion del Patronato de la Mujer

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Por Sergio de la Flor

8 de agosto de 2021

https://murciaplaza.com/una-revision-historica-a-las-guardianas-de-la-moral-femenina-de-murcia-en-tiempos-de-franco

MURCIA. Si aún hoy tenemos que contemplar con frustración las desigualdades que afrontan cada día las mujeres por el hecho de serlo, falta poco menos que romper a llorar al echar la vista atrás y contemplar cuál fue el origen de la situación en la que nos encontramos. Y es que el franquismo ya se encargó de crear su concepto de familia en el que la esposa debía esclavizarse al servicio de los hijos y la casa, mientras que el marido tenía la libertad de hacer lo que quisiera. En consecuencia, nació el Patronato de la Mujer en la Región, una institución dedicada a educar a las ovejas descarriadas para conseguir que volvieran al rebaño.

Así pues, nace la Junta Provincial de este organismo en 1943 con el Gobernador Civil ostentando el cargo de presidente. No obstante, fue la Iglesia católica la encargada de gestionar los centros de internamiento, resultando las Oblatas en Murcia y el Colegio de Religiosas Adoratrices en Cartagena quienes coordinaron esta educación moral según los estándares impuestos por el régimen.

En concreto, el objetivo del Patronato eran las mujeres jóvenes que no cumplían con la moral de la época, lo que abarcaba desde amistades peligrosas hasta el embarazo o el ofrecimiento de sus servicios sexuales a cambio de dinero. En ocasiones, era la misma familia quienes denunciaban los pecados de la joven para limpiar la deshonra que les había producido, por ejemplo, al fugarse con su novio.

Respecto a la selección, la Región de Murcia contó con un cuerpo especial de vigilantes que solo se creó en esta comunidad con la intención de observar las buenas costumbres de las señoritas e informar sobre las que se salían de la norma. Este cuerpo de “agentes del patronato”, fue dirigido en sus inicios por el policía Francisco Ballester y se dedicaba a acechar en lugares públicos como cines, playas o paseos públicos en su función de “guardianes de la decencia”, como los describe en su trabajo Carmen Guillén, doctora de la UMU especializada en esta institución.

Una vez que se decidía quiénes debían ser reeducadas, internarlas no era apenas una complicación pues no era necesario ningún tipo de resolución judicial, sino que se consagraba como una “función punitiva arbitraria”, indica Guillén: “El marco penal de las detenciones resultaba a todas luces despótico”.

Cuando finalmente entraban al Patronato comenzaba la educación estricta en los valores católicos que reeducaría a las internas. Asimismo, la austeridad era la norma en la institución, que llegó a reducir tanto el presupuesto dedicado al cuidado de las mujeres allí encerradas que alcanzó el superávit. 

De hecho, a principios de los sesenta comenzaron a realizar unos talleres de costura, pulimento de muebles y demás tareas propias de las mujeres de la época con las que se benefició la dirección al vender los productos resultantes. De esta forma, se confirma la similitud con el caso de las lavanderas ocurrido en Irlanda.

El objetivo una vez terminada la estancia, que solía durar entre seis meses y dos años, era introducirlas en trabajos honrados, el retorno al hogar familiar o el matrimonio, la opción preferida para la organización al tratarlo como la única forma de la mujer para realizarse. En cualquier caso, el seguimiento era constante tras abandonar el Patronato y no era infrecuente que volvieran a sus “malos hábitos” y fueran recluidas de nuevo, de acuerdo con los datos proporcionado por Camena Guillén.

En concreto, entre 1944 y 1948 se expedientaron 499 jóvenes, de las que tan solo consiguieron “reformar” a 159, quedando 199 “rebeldes” y 83 que aún quedaban en formación. De esta forma, queda patente que por mucho que se esforzaron en inculcar la moralidad represiva esta no logró penetrar en la mayoría de mujeres, lo que significa que triunfó la libertad de pensamiento.

La represión de la prostitución en la Región de Murcia

La represión de la libertad femenina de los primeros años del franquismo coincidió con la época en la que el régimen reglamentó la prostitución (entre 1941 y 1956), lo que provocó la convivencia entre la prostitución legal e ilegal. Mientras que la primera fue consentida, la segunda fue duramente perseguida, castigando a quien la ejercía con cárcel, multa, expulsión de la provincia y rapado de pelo. Además, fue gran parte de la población objetivo a la que se dirigió el Patronato y un gran número de internas fueron recluidas por vender sus servicios sexuales, casi siempre para ganarse la vida.

En este punto, los burdeles se convirtieron en puntos de encuentro para los hombres en una creciente demanda que se infló “de manera directamente proporcional a la represión femenina”. De esta forma, asistimos en el tratamiento de la prostitución a lo que Carmen Guillén denomina “la encarnación más evidente de la doble moral del franquismo”, pues convivieron legalidad y persecución en un clima de creciente demanda.

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