La abolición de la Constitución allana el camino a la abolición de la prostitución

En marzo de 2020, el gobierno español encabezado por Pedro Sánchez privó de libertad a los españoles violando sus derechos fundamentales amparados por la Constitución. Tras el dictamen en ese sentido del Tribunal Constitucional, no hubo ninguna crisis de gobierno ni ninguna reacción del Parlamento, que fue cómplice de dicha violación masiva de derechos fundamentales. Más aún, recientemente Pedro Sánchez ha manifestado que lo volvería a hacer, y su contumacia ha sido refrendada por el silencio general.

La Constitución ha sido abolida en España. Actualmente vivimos bajo un régimen totalitario con apariencia de democracia.

Los derechos de las trabajadoras sexuales son los derechos de las mujeres y los derechos de la humanidad y esos derechos solo pueden ser reconocidos y protegidos en un Estado de Derecho en el que impere una Ley Fundamental democrática, es decir, una Constitución democrática. Una Constitución así tiene su fundamento, como declara el art. 10 de la recién abolida Constitución española, “en la dignidad de la persona humana”, es decir, como define el Tribunal Constitucional en la sentencia 53/85, “en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida”.

Abolida por la vía de los hechos consumados la obligación del Estado de respetar y hacer respetar el derecho de la persona a disponer de su propia vida y, en última instancia, a disponer de su propio cuerpo, no existe ya ningún obstáculo legal para que el Estado totalitario de nueva instauración penalice aquellos aspectos de la vida privada, incluída la sexualidad, que decida arbitrariamente.

La abolición de la Constitución allana el camino a la abolición de la prostitución.

Pero esta vez, las prostitutas no estarán solas: el “mito de la libre decisión” ha quedado establecido como principio fundamental del Estado y todos los españoles, mujeres y hombres, han empezado a experimentar lo que es perder el derecho a decidir sobre la propia vida y el propio cuerpo.

Hoy, más que nunca, el grito de las mujeres es el grito de todas las personas libres:

¡MI CUERPO, MI DECISIÓN!

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