Trabajadoras sexuales, entre la violencia y la discriminación

 

Autor: Jordana Gonzalez y Karen Ballesteros

25 de febrero de 2021

Trabajadoras sexuales, entre la violencia y la discriminación

 

Violentadas por clientes, hoteleros, policías y hasta por algunos medios de comunicación, en plena pandemia las trabajadoras sexuales se han duplicado. Entre la discriminación y la trata, quienes intentan ejercer esa labor de forma independiente se enfrentan al estigma y al sistema que aún penaliza la prostitución

 

Extorsiones constantes –para no detenerlas “por putas”– son las violencias menos graves que padecen las trabajadoras sexuales a manos de policías; las peores: violaciones sexuales tumultuarias –incluso a bordo de patrullas–, denuncia una de las refugiadas de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, quien ejerce esa labor desde hace 32 años.

“Si yo le gustaba a los policías, tenían sexo conmigo en contra de mi voluntad. Eso era una violación porque yo no quería”. Su experiencia más dura ocurrió una noche que estaba drogada: 12 granaderos abusaron sexualmente de ella. Aunque trató de esconderse y defenderse, los agentes continuaban aprovechándose de su cuerpo. “Yo no quería. A las 2 o 3 de la mañana me dejaron en la Lagunilla llena de semen, adolorida”.

Más de una vez pensó que no valía nada. Ahora, a sus 53 años, la mujer narra a Contralínea que desde que decidió dedicarse al servicio sexual en las calles del Centro Histórico, las violencias fueron una constante no sólo por parte de la policía, sino también de la sociedad, los clientes y hasta su familia.

Entrevistada en las oficinas de la Brigada Callejera, recuerda que en el pasado había operativos contra la prostitución: “pasaba hasta dos días en El Torito. Nos quitaban nuestro dinero y nos daban de comer, pero era una comida asquerosa”.

De acuerdo con la Encuesta trabajo sexual derechos y no discriminación, en 2020 el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) analizó tres casos de discriminación contra trabajadores sexuales presuntamente ejercida por autoridades. Aunado a ello, en 2019 la Brigada Callejera presentó 75 denuncias contra elementos de la policía por distintos tipos de violencia, indica Elvira Madrid Romero, presidenta de esa organización.

Es por ello que la búsqueda del reconocimiento del trabajo sexual está estrechamente ligada a la lucha por la despenalización del mismo. Y ello se logró en la Ciudad de México en junio de 2019, gracias a la reforma del artículo 27 de la Ley de Cultura Cívica, con la que se eliminó la sanción que se les imponía a quienes realizaban y adquirían este servicio.

Un año después y en plena pandemia de Covid-19, en la capital el número de mujeres –incluidas transgénero– que tiene que vender su cuerpo para sobrevivir se duplicó: pasaron de 7 mil 700 a 15 mil 200, estima la organización Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez.

Aunque despenalizado, el oficio sigue enfrentando problemas porque todo se generaliza como “prostitución”, no se reconocen las diferencias entre el trabajo libre e independiente y la trata de personas, consideran activistas y trabajadoras sexuales consultadas por este semanario.

Consideran que aún falta una revolución a nivel social y político, para que el trabajo sexual sea cubierto con los derechos laborales que se establecen por ley. En su lugar, las mujeres que se emplean en este sector de manera autónoma están desprotegidas.

Las otras violencias

La presidenta de la Brigada Callejera, Elvira Madrid, denuncia que sujetos desconocidos también violentan a las trabajadoras sexuales. Las agresiones físicas han incluido ataques con balas de gotcha, lo que las puede dejar ciegas, y con ácido. E incluso intentos de atropellamientos: los automovilistas les “echan los carros”.

Otra de las violencias que sufren es la cometida por los clientes, asegura la trabajadora sexual de 53 años que pide no publicar su nombre para no ser revictimizada. Ella comenzó a laborar en ese oficio –a sus 16 años– y aprendió que no se puede confiar, pues algunos no pagan y otros son violentos.

En entrevista, Adriana Aguilera Marquina, secretaria técnica en el Copred, explica que también los hoteleros son agresores: “muchas veces les quieren cobrar más para poder ejercer el trabajo sexual en algunas de las habitaciones o no las dejan entrar”. En 2020, el Consejo analizó tres quejas contra hoteles por abusos de este tipo.

Al respecto, y en el contexto de la pandemia, la abogada Arlen Palestina –‘miembro de la Brigada Callejera– asegura que las violencias han aumentado por parte de los dueños de hoteles y moteles, ya que han subido los precios. Incluso cobran por cada 20 minutos y no por hora.

Además, señala la experta en derecho, les rentan habitaciones sin limpiar y no respetan las normas de sanidad, pues no les dan gel antibacterial, no sanitizan los espacios, ni cambian las sábanas luego del uso de las habitaciones

Malos tratos y machismo

La psicóloga Alejandra Buggs Lomelí, directora del Centro de Salud Mental y Género de México, señala que no debería existir esa mirada represora de la sociedad que dice tener una gran “moral”. “No debe haber nadie que tenga el derecho ni de castigar, ni de lastimar a una mujer que haya decidido ejercer este derecho. Es otro tema cuando la mujer ha sido obligada a ejercerlo”.

Los clientes no son los únicos que ejercen violencia, también lo hacen desconocidos que transitan por las calles donde ellas trabajan. “No respetan nuestra vida. A veces pasan camionetas con vidrios polarizados filmando. Y eso no debe ser. Todas corren: qué necesidad tenemos de estar corriendo y escondiéndonos de las cámaras. Te suben a internet […]. Lo que más me choca es que somos exhibidas sin respeto en las redes y en los medios de comunicación. Somos trabajadoras no asalariadas: no somos prostitutas”, comenta la mujer de 53 años que pide el anonimato.

Recuerda una ocasión en la que su familia vio una entrevista que ella dio a Brigada Callejera sobre su labor: “se hizo un chisme en el pueblo porque decían que ‘andaba de puta’. Qué hipócritas. Pero ahora ya me vale lo que piensen”.

Los comentarios que estigmatizan siempre están presentes. Rememora que cuando era más joven, la gente le comentaba que podía encontrar otro tipo de trabajo: “no hay necesidad de vender las nalgas”, me decían, pero “a ellos qué les importa. Es mi gusto, son mis nalgas, es mi cuerpo”. También le expresaban que mejor buscara un “trabajo decente, digno”. “Yo me siento decente en mi trabajo. En un empleo ‘quesque’ digno, donde pagan un salario cada 15 días, no me alcanza. No es suficiente”.

De acuerdo con la Encuesta realizada por el Copred, las trabajadoras ganaron entre 1 mil y 3 mil pesos semanales en 2019. El 81.6 por ciento de las consultadas dijo emplear sus ingresos para la cobertura de sus gastos, lo que refleja que el ejercicio de esta labor se debe a la necesidad económica.

Y es que el 65.9 por ciento (147) de los encuestados respondió que es su principal fuente de ingresos; por necesidad, el 34.1 por ciento (76), la tercera razón es el horario flexible, 26 por ciento (58).

Sin seguridad social

El nulo o poco reconocimiento que existe por parte del Estado hacia el trabajo sexual ocasiona que las mujeres laboren en condiciones precarias, ya que además de estar expuestas a enfermedades de transmisión sexual, ahora también se enfrentan a la Covid-19. Pese a los riesgos, no cuentan con servicios de salud.

Don Anahí, una joven de 29 años que ejerce el trabajo sexual en el ciberespacio compartiendo contenido y contactando clientes–, no cuenta con seguro médico. “Siempre voy a servicios particulares y si no trabajo y me enfermo cómo pagaré los servicios privados. Si no trabajo, no tengo dinero. Además de que en la generación millennial, a la que pertenezco, existe poca capacidad de ahorro”.

La joven agrega: “llevo chambeando muchos años y más o menos puedo llevármela, pero hace 8 o 10 años, cuando me enfermaba y no tenía varo pensaba qué hacer. En ese entonces descuidé aspectos de mi salud, sobre todo de mi nutrición”.

Como no se reconoce como trabajo, para quienes lo ejercen no tienen acceso a la seguridad social. Lo anterior, pese a que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que las personas que ejercen el trabajo sexual también contribuyen a la economía del país. En cuatro países, la OIT encontró que la industria del sexo proporciona entre el 2 y el 14 por ciento del producto interno bruto.

Libertad sobre su sexualidad, origen de la discriminación

Anahí eligió emplearse en ello: se descubrió plena en su sexualidad posando su desnudez para artistas plásticos. Comenzó a cobrar por realizar fotografía erótica, luego por hacer video. El sentirse cómoda y aceptar su cuerpo es por lo que ha sido criticada.

Para Don Anahí, creadora de contenido sobre sexualidad, lo que fomentó la discriminación hacia quienes realizan el trabajo sexual fue el papel de la prostituta en el cine: por ejemplo, en la película Santa, que retrata el papel de la prostituta víctima. “Recalcan y recalcan la revictimización. Al igual sucede cuando me preguntan [medios de comunicación en entrevistas] qué fue lo que me llevó a trabajar de esto: la forma en la que preguntan no es la misma si se lo preguntan a una mujer que trabaja en otro ámbito”.

Por ello, la activista Elvira Madrid señala que el respeto a las “compañeras” comienza desde la forma en hacer las preguntas. “Hay medios muy amarillistas”.

Anahí considera que es una cuestión de machismo. “Parten de sus inseguridades, de querer dominar a otro, poseer al otro o juzgar a la otra y hacen cosas horribles. Creo que las trabajadoras sexuales, precisamente, lo analizamos más porque es más evidente. En otras chambas está el velo, la hipocresía, el querer disfrazar”.

Por su parte, la psicóloga Alejandra Bugss Lomelí, especialista en violencia de género, explica que, desde el sistema patriarcal, los mandatos de género castigan a las mujeres que realizan un ejercicio pleno y libre de su sexualidad; “está visto de una forma negativa”.

Además de la existencia de posturas feministas que hablan de la explotación de los cuerpos “desde un sentido súper idealista, pensando que no todas las personas somos explotadas, cuando ya seas doctor o artista. Todos somos explotados, en diferentes niveles, pero estamos dentro de este sistema de producción”.

Para Adriana Aguilera, especialista en derechos humanos, la postura feminista abolicionista pone en duda la autonomía de las personas que deciden ejercer el trabajo sexual porque dicen que en realidad no se elije.

Desde el Copred se considera que ninguna persona, y ninguna elección, es ciento por ciento autónoma: “todas las decisiones o acciones de cualquier persona están influenciadas por la realidad en la que se encuentra. Muchas veces se nos olvida, también, la situación actual de precarización laboral que existe en México”.

La reforma a la Ley de Cultura Cívica, en junio de 2019, fue un avance en el reconocimiento del trabajo sexual, pero para las organizaciones y expertas consultadas aún se requieren políticas públicas integrales e interdisciplinarias en favor de quienes ejercen esta labor.

La abogada Arlen Palestina indica que debería legislarse todavía más para que las mujeres trabajadoras sexuales tengan los mismo derechos, prestaciones y seguro social para poder ser atendidas cuando enferman.

Todavía “hace falta mucho”, coincide Elvira Madrid, desde las oficinas de la Brigada Callejera. “Falta más compromiso del gobierno para hacer valer sus derechos humanos”.

Ello, sin asistencialismo ni paternalismo, dice Don Anahí, sino más bien de otras formas: desde la enseñanza. Sobre todo que se descentralice. Para ella, como trabajadora sexual virtual, debería detallarse la diversidad del ejercicio de este empleo en la ley: “no hay un apartado que se refiera al trabajo cibernético, solamente hablan del trabajo sexual callejero”.

La importancia de las organizaciones

La relevancia de las organizaciones como Alianza Mexicana de Trabajadoras Sexuales (Amets) o la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer radica en que son por y para las trabajadoras sexuales: ellas se representan a sí mismas.

“Mucho tiempo quisieron representarnos desde la academia. Desde ahí dicen ‘vamos a hablar por ustedes’. También desde la discusión gubernamental. Cuando no necesitamos que nadie hable por nosotras porque nos infantilizan, y desde un punto de vista muy adultocentrista. Nosotras tenemos voz y no necesitamos que nadie venga a darnos voz”, dice con firmeza Don Anahí.

“La academia no sabrá nuestras necesidades por mucho que se llegue a investigar el trabajo sexual. En Amets no se pretende ser la representación del trabajo sexual. No. Sólo somos unas cuantas voces que intentan que se sumen unas cuantas voces para participar en actividades y se escuche la diversidad de . “No somos objetos de estudio. Somos sujetas de estudio. Nos preocupamos y sentimos como cualquier mujer.”

Violencias en el trabajo sexual virtual

Los servicios sexuales ofertados en el ciberespacio son mediante redes sociales y páginas, donde además de discriminación se sufre robo de contenido para intentar extorsionarlas, explica Anahí, trabajadora sexual independiente y miembro de la Amets.

De acuerdo con la joven de 29 años, las políticas de las redes sociales comerciales son “punitivas”: funcionan como una especie de “policía cibernética” porque, mediante sus reglas, cierran cuentas que ya contaban con 70 mil o más  seguidores. “Pero en otras cosas, como violencia, sangre y otros temas del mercado sexual, no las cierran. Hay un tipo de discriminación en ciertas redes sociales donde no puedes publicar ni si quiera una palabra” erótica.

Si las redes sociodigitales cuentan con una política que prohíbe su uso a menores de edad, “nosotras deberíamos tener la libertad de poder laborar en esas redes y utilizarlas para trabajar, porque mucha gente las utiliza para trabajar. Al fin y al cabo ni Twitter, ni Instagram, ni Facebook nos están pagando por todo lo que ellos sí ganan del tiempo que invertimos en esas redes sociales”.

Anahí expone que también enfrentan el robo del contenido erótico y del robo de identidad. Y es que, mediante la creación de perfiles falsos, hay quienes lucran con las fotos y videos de “las compañeras. Mientras que la otra chica echándole ganas a sus redes sociales para que otra persona abuse”. En muchos casos, el uso de las redes no sólo es para compartir imágenes y videos, sino para contactar clientes para sostener relaciones sexuales a cambio de una paga.

Aunque sus núcleos cercanos conocen su oficio, afirma haber recibido comentarios “feos” de parte de su familia al enterarse de su oficio. Por supuesto, no fue aplaudida por nadie. Lloraron cuando se enteraron, afirma. Hubo quienes se enfermaron. Fue una tragedia. “No sé cuál era su percepción de la trabajadora sexual, pero realmente me hicieron sentir mal, culpable”.

Durante los 11 años que lleva ejerciendo este trabajo ha sido maltratada, pero no por clientes desconocidos, sino por quienes ya la conocían de la escuela. Ellos, sus antiguos amigos, “se convirtieron en los peores machines que haya conocido”.

“Uno de mis amigos que había sido mi cliente, en la borrachera, me agarró la nalga y también me quería besar. Llegaron a ser muy violentos, no al punto de agredirme físicamente, pero sí de querer que aguantara más tiempo la penetración. Tampoco aceptaban sostener una relación meramente laboral. Entonces eran muy agresivos conmigo, se hacían los ofendidos. Me ofendían horrible”.

Las agresiones fueron “tan repetitivas que, de plano, comencé a alejarme de ciertos círculos de amistades. Recorté como en un 75 por ciento la banda con la que me juntaba porque ya eran chinga quedito o se la pasaban criticándome porque soy trabajadora sexual, cuestionarme que si no tenía una mejor opción de trabajo”.

Le afectó tanto a nivel emocional, al punto de decidir darse un espacio de esta labor e ir a terapia. “Después me di cuenta que la culpa no era del trabajo sexual, es del machismo insertado en los cuerpos que lo ejercen. Y que no nada más me lo hacen a mí por ser trabajadora sexual, se lo hacían a cualquier mujer”.

Coronavirus castiga a trabajadoras sexuales en México, reportan escasez de clientes

 

FUENTE: NOTICIEROS TELEVISA DESDE: CDMX, MÉXICO 

4 de abril de 2020 

Coronavirus castiga a trabajadoras sexuales en México, reportan escasez de clientes

 

Un sector que está siendo severamente castigado por la emergencia sanitaria del coronavirus en México, es el de las trabajadoras sexuales. Aunque toman medidas sanitarias, su trabajo implica el contacto físico con los pocos clientes que aún las contratan.

Ángela y Karina ejercen el trabajo sexual en Chalco, Estado de México. Afirman que en medio de la crisis por COVID-19, apenas juntarán para cubrir la renta de la vivienda que comparten.

Dicen que en ellas prevalece el miedo a contraer el virus porque, aunque toman medidas sanitarias, su trabajo implica el contacto físico con los pocos clientes que aún contratan el servicio.


“Tratamos de no tener casi contacto al hablar con el chico, tratamos de no saludar, incluso antes de trabajar pues desinfectarnos con el gel”, describió Ángela.


Ángela, mujer transgénero de 23 años de edad, se lava las manos y carga con gel antibacterial. A sus clientes les solicita higiene. Algunos entienden, y otros le juran que el virus no existe. Extendió su horario de nueve de la noche a las cinco de la mañana, pero de 5 mil pesos semanales, ahora apenas gana 2 mil.


“Tengo también familia, tengo que aportar. Tengo que salir a ganarme, lo poco, lo mucho, que ahora sí, ahorita en ese tiempo de cuarentena pueda yo agarrar”, dijo. 

“Si yo no salgo a trabajar, no, al siguiente día no tengo para comer”, reiteró Karina.


Organizaciones como la Alianza Mexicana de Trabajadoras Sexuales, AMETS, crearon y compartieron en sus redes sociales la campaña “Haciendo Calle”, que invita a cooperar con medicamentos, alimentos no perecederos o hacer aportaciones económicas a mujeres que ejercen el sexoservicio en calle, en particular, las adultas mayores.


“Son más vulnerables a enfermarse y tienen menos posibilidad de tener trabajo”, señaló Don Anahí, trabajadora sexual.


Aconsejan a las trabajadoras, por ejemplo, evitar besos, no atender a clientes con síntomas de gripe o mantener distancia al negociar el servicio.


“Tú ves un cliente con tos, con gripa, pues mejor ni te acerques”, señaló Fernanda.


En Calzada de Tlalpan, las trabajadoras sexuales también toman medidas sanitarias, sin embargo, dicen, más que al virus, temen que arrecie la situación económica que ya padecen por la escasez de clientes.

 

Con información de Guillermo Rivera y Julián López

KAH

 

Informe México 2018: ”Las trabajadoras sexuales se organizan por el cambio: representarse a sí mismas, movilización de la comunidad y condiciones de trabajo”

 

 

 

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Las trabajadoras sexuales organizan un taller de ginecología alternativa

 

Presentado por NSWP el 21 de febrero de 2018

Autor: Corresponsal regional de América Latina

http://www.nswp.org/news/sex-workers-organise-alternative-gynaecology-workshop

 

Usando grupos de WhatsApp y otras redes virtuales, trabajadoras sexuales independientes en México organizaron un taller con dos objetivos principales: construir comunidad y aprender cosas que la ginecología convencional a menudo oculta.

En una casa ocupa queer (que solía ser un burdel antes de que fueran prohibidos en la Ciudad de México) de un barrio popular, cerca de un hotel frecuentado por las trabajadoras sexuales locales, Klau Kinky, que se describe como una “Gynepunk (1) sudaca tecno-bruja”, dirigió el taller la semana pasada. Esta es una entrevista grupal realizada al final del taller.

¿Por qué asististe?

“Visitar a un médico, a cualquier médico, por lo general se convierte en una charla ginecológica cuando dices que eres trabajadora sexual, incluso si tu enfermedad está en un ojo o si tienes escozor de garganta”. Entonces, con razón, hablar con el ginecólogo a menudo se vuelve incómodo. Era muy importante tener el lugar adecuado para hablar de nuestros cuerpos con nuestras hermanas “.

¿Cómo se anunció el taller?

“Muchas de nosotros estamos en grupos de WhatsApp solo para trabajadoras sexuales. No todas nos conocemos, pero de alguna manera nos cuidamos unas a otras y estamos en guardia en caso de que alguna amiga necesite algo o advierta que está en problemas. Así que, usando esos grupos, las integrantes de AMETS (2) hicieron la invitación “.

¿De qué se trataba?

“Comenzando con la historia de la ginecología, aprendimos que nuestras glándulas uretrales (femeninas), glándulas parauretrales, glándulas menores y próstata femenina, han sido, primero ignoradas, y más tarde nombradas por hombres blancos privilegiados usando sus apellidos. Las figuras anatómicas usadas en las facultades no incluyen el clítoris completo, por ejemplo. Fue genial sacar a esos hombres de nuestro cuerpo. Nunca deberían haber estado allí.

También vimos dibujos que los científicos hicieron de mujeres esclavizadas y trabajadoras sexuales, con la intención de “contribuir a la ciencia”. Fueron asesinados alrededor de 1840 cuando estaban embarazadas o tenían un trastorno ginecológico. Esto dice mucho sobre cómo el cuerpo de las mujeres ha sido visto como un botín. ¿Cómo puede un hombre decir que descubrió el clítoris? El clítoris, al igual que Estados Unidos, siempre ha estado allí. Nadie los descubrió.

También aprendimos cómo hacer nuestro propio lubricante, y óvulos para reducir la irritación y para curar, lo cual es empoderante, porque ya no tenemos que enriquecer a las empresas que se benefician de nuestra sexualidad “.

¿Por qué fue importante?

“Nos proporcionaron dispositivos ginecológicos que solo habíamos visto en clínicas médicas. Fue increíble ver mi propio cuello uterino por primera vez y compartir la visión con mis hermanas. También fue maravilloso que conociéramos a más trabajadoras sexuales. El taller me ayudó en mi proceso de descolonización de mi cuerpo y de cuidarme mejor sin las intervenciones violentas de los médicos.

Ahora tengo más conocimientos teóricos y prácticos para compartir con otras trabajadoras sexuales.

Independientemente del maravilloso conocimiento adquirido, este taller tuvo una importancia política, porque las trabajadoras sexuales están creando nuevas formas de estar informadas, y permanecer seguras y unidas, sin tener que recurrir a instituciones, corporaciones o incluso a la ciencia autorizada. También es una buena noticia que las trabajadoras sexuales que trabajan a través de Internet hayan creado canales de comunicación para cuidarse mutuamente, terminando con la costumbre de estar aisladas y ser individualistas.

No negamos que la medicina hegemónica puede ser útil, pero la mayoría de las veces, cuando no es necesaria una gran intervención, es bueno tener la opción de arreglártelas tú misma. La autonomía puede ayudar en todos los aspectos de la vida “.


1.- Gynepunk: cambio radical de perspectiva acerca de la tecnología, los aparatos y los “profesionales” médicos y acerca de la institución médica.

http://hackteria.org/wiki/GynePUNK

2.- AMETS: una nueva organización de trabajadoras sexuales en México

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/12/12/amets-una-nueva-organizacion-de-trabajadoras-sexuales-en-mexico/

AMETS: una nueva organización de trabajadoras sexuales en México

Presentado por NSWP el 11 de diciembre de 2017

Autor: Corresponsal regional de América Latina

http://www.nswp.org/news/amets-new-sex-workers-organisation-mexico

 

Una nueva organización liderada por trabajadoras sexuales está dando sus primeros pasos en México. En solo cuatro meses han realizado varias actividades importantes, incluida la incorporación a RedTraSex como miembros.

Se reunieron por primera vez en junio, cuando trabajadoras sexuales de AMMAR visitaron la Asamblea General de la OEA en México y pidieron que se escucharan las voces de las trabajadoras sexuales. Entre las personas que asistieron a la reunión de la Asamblea General se encontraban varias trabajadoras sexuales, que de inmediato comenzaron a intercambiar números de teléfono para estar en contacto. Unos días más tarde también se encontraron con dos miembros de AMMAR, y decidieron comenzar a celebrar reuniones frecuentes para convertirse algún día en una organización.

Las que decidieron formar este nuevo grupo se convirtieron en las primeras integrantes de AMETS, Alianza Mexicana de Trabajadores Sexuales.

Esta no era la primera vez que pensaban en formar ese grupo. “Hubo un desencadenante: la charla convocada por AMMAR, que nos unió en el mismo tiempo y espacio. Pero incluso antes de ese momento hubo otro disparador: el que nos hizo asistir a la reunión individualmente”, dice María Midori, actual presidenta de AMETS. “Sabía que sería difícil encontrar otra oportunidad como ésta. No asistí con la idea de formar una organización, sino de [comenzar a] conocernos. Creo que todas nosotras hemos tenido esa necesidad antes “.

Sofía Ponzoña, ecónoma del grupo, agregó: “Ninguna de nosotras se conocía de antes, pero todas teníamos la necesidad de hermandad y comunidad. Y ahora, poco a poco, entramos en diferentes espacios políticos con nuestras actividades”.

El objetivo principal que tienen ahora es construir comunidad. “Nos sentimos solas. La primera razón para juntarse fue crear comunidad. Y después de conocernos, nos dimos cuenta de que todas tenemos necesidades muy variadas, porque somos muy diversas dentro del grupo. Pero al final, sea cual sea la dinámica en la que trabajamos, todas tenemos que hacer frente al secreto y al estigma “, dijo Midori.

La situación en torno al trabajo sexual en México es compleja, como lo es en la mayoría de los países. En teoría, está despenalizado bajo supervisión gubernamental, pero las leyes varían según el Estado. “Tiene que realizarse clandestinamente y todo lo que se hace clandestinamente genera vulnerabilidad”, dijo Anahí, que no vive en la Ciudad de México, donde se encuentra AMETS, pero que pertenece al grupo.

 En solo cuatro meses han tenido varias actividades

“Asistimos al taller regional sobre gestión organizacional en Buenos Aires, Argentina, realizado por RedTraSex. Fue como el saque inicial. Organizamos una fiesta con bandas de punk en vivo para recaudar fondos para que pronto podamos tener nuestra personalidad jurídica como asociación civil; también tuvimos presencia en la XIV reunión feminista de América Latina y el Caribe que tuvo lugar en Montevideo, Uruguay”, dijo Kenia, actual secretaria de la alianza.

También tuvieron presencia en una gran protesta de mujeres en Chimalhuacán, Estado de México, que es uno de los municipios más peligrosos del país, y donde miles de mujeres han sido asesinadas con absoluta impunidad. Entre muchos otros carteles, por primera vez había uno que exigía el fin de los asesinatos de las trabajadoras sexuales.

Su próxima actividad tendrá lugar el 17 de diciembre, Día internacional para poner fin a la violencia contra las trabajadoras sexuales. Será una acción callejera en el centro de la Ciudad de México. AMETS también está planificando talleres que benefician a las trabajadoras sexuales mexicanas y al público en general, talleres que brindan información de primera mano y disipan los mitos sobre el trabajo sexual.

“Me gustaría que los feminicidios terminen y seamos respetadas. Quiero elevar mi voz, porque las personas actúan como si no existiéramos “, dijo Jenny, la integrante más reciente de AMETS.

 

AMETS está en Facebook:

https://www.facebook.com/AlianzaMexicanadeTrabajadorasSex/

 

AMETS está en Twitter:

@deTSparaTS