¿Feminismo y trabajadoras sexuales? Una alianza ¿posible – necesaria?

Talía Ardana  

06/06/2017

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Feminismo-trabajadoras-sexuales-alianza-necesaria_6_651694843.html

 

En la APDHA concebimos que una sociedad igualitaria sólo puede ser construida con la participación de todas las voces. Por ello, nos une al feminismo la preocupación por mejorar las condiciones de vida de las mujeres, de todas las mujeres, y entre ellas están, por supuesto, las trabajadoras sexuales. El hablar de éstas últimas separa a las feministas – de ahí el intenso debate- y las formas para conseguirlo: desde el reconocimiento de su actividad como un trabajo legítimo y la defensa de sus derechos laborales o desde el objetivo final de la abolición de la prostitución.

Desde que en APDHA  empezamos a trabajar con personas que ejercen el trabajo sexual nos dimos cuenta de que, si queríamos acercarnos a su realidad compleja, el principal obstáculo que teníamos que superar sería el de nuestros propios prejuicios. Y es que, cuando hablamos de la sexualidad, sobre todo de las mujeres, nos encontramos con un sinfín de juicios morales que nos llevan a rechazar la idea de que una mujer pueda hacer uso de su sexualidad para obtener beneficios económicos de forma libre, legítima y digna.

Por ello, antes de marcarnos ninguna intervención concreta, decidimos acercarnos al colectivo sin más  estrategia ni intención que la de escuchar/observar/conversar.

De esta forma hemos ido conociendo a mujeres con muy diferentes situaciones y formas de sentir y vivir la prostitución, que intentan tirar hacia delante en un mundo lleno de desigualdades y para las que el trabajo sexual supone una estrategia para, dentro de las situaciones concretas que les ha tocado vivir, mejorar sus condiciones de vida. Nos hablan también de las condiciones de abuso, injusticia, rechazo y desigualdad en las que viven y desarrollan su trabajo.  Y es esto lo que consideramos indigno, una sociedad que continúa censurando su medio de vida a través del estigma, no reconocimiento y criminalización. Y es que ellas nos han enseñado que la prostitución en sí no es indigna, como afirma el feminismo abolicionista, y como dicen: “no hay malas mujeres, solo hay malas leyes”.

El feminismo debe luchar por la autonomía de las mujeres, con capacidad de decisión y, aunque no todas tenemos las mismas opciones, debemos contribuir a que se amplíen estas mismas opciones, que ganemos en autonomía y poder. Para ello es necesario partir de la realidad de cada persona, no sólo por la defensa de la dignidad de las mujeres en abstracto, olvidándonos y dejando de lado a las mujeres concretas.

Victimizar a las mujeres no ayuda. Todas las mujeres tenemos, aun en las situaciones más dramáticas, cierta capacidad para rebelarnos, por ello, las opciones por las que cada una opte deben ser respetadas. Considerar a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, faltas de autonomía y capacidad, necesitadas de protección y sin validez en sus decisiones, impide que veamos las estrategias que se emplean para vivir en un mundo lleno de desigualdades. Sólo reconociéndolas y apoyándolas podremos contribuir a desarrollar su capacidad de decisión.

El feminismo ha luchado por la libertad sexual de las mujeres, por el respeto y la libre decisión de cómo cada una quiera vivir su sexualidad. Las vulneraciones de derechos que sufren las trabajadoras sexuales tienen mucho que ver con las desigualdades de género (el estigma, el no reconocimiento, los abusos…) y las situaciones de subordinación que vivimos todas las mujeres, lo que debemos intentar es apoyarnos para combatirlas.

El trabajo sexual supone para muchas mujeres una estrategia de supervivencia, independencia económica o mejora de su situación, por ello instamos a que la lucha por mejorar las condiciones en que desarrollan el trabajo sexual sea una lucha feminista, y no la lucha por abolir su opción.

Talía Ardana, coordinadora área de Trabajo Sexual de APDHA.

 

Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo: Contra el estigma de ‘puta’

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)

 

2 de junio de 2017

 

http://www.apdha.org/dia-internacional-trabajadoras-sexo-contra-estigma-puta/

 

Existe un estigma que actúa sobre todas las mujeres como un aviso, una amenaza que llega en forma de censura social en caso de que ocupes un espacio que no debes, a una hora inapropiada y con una postura indebida… Nos referimos al estigma “puta”. Desde tiempos inmemoriales, hasta nuestros días, actúa dentro de nosotras esa llamada al orden social que, con mayor o menor fuerza, aparece en forma de vergüenza.

Este estigma “puta” que actúa como violencia estructural y simbólica es la misma violencia que nos alcanza a todas las mujeres. ¿Pero qué pasa cuando esta violencia, censura, este estigma, sale del ámbito de lo subjetivo y lo simbólico para acomodarse en nuestro mundo material a través de leyes que penalizan estos comportamientos? Nos referimos a lo que significa el estigma puta para la puta, la trabajadora sexual. Y nos referimos concretamente a la base de las muchas vulneraciones que sufren como colectivo y como trabajadoras, nos referimos a también a la Ley Mordaza o ley de seguridad ciudadana, los planes anti prostitución y las ordenanzas, formas de criminalizar  que viene a instaurar una verdadera “caza a la puta”.

La lucha de las trabajadoras sexuales contra el estigma lleva tiempo ocupando, a nivel individual y colectivo, su primera línea de trabajo. La estrategia no es siempre la misma: “Yo no soy puta, trabajo de puta” es una expresión que pone de manifiesto el anhelo de liberarse de la dura carga que supone el estigma. Atiende a la necesidad que muchas mujeres que ejercen el trabajo sexual tienen por separar su vida profesional de la familiar y la social. En otros casos, el lema “yo también soy puta” o “yo soy puta” está siendo reivindicado por muchas trabajadoras movilizadas en la reclamación de sus derechos, o por colectivos que trabajan junto a ellas.

Por ello, en este día  2 de Junio, Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo, (aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon) nos queremos sumar a la campaña que nuestras compañeras de Genera (Barcelona) han puesto en marcha, y decimos junto a ellas: #YoTambienSoyPuta 

 

 

Sin trabajadoras sexuales no hay feminismos

23 mayo, 2017

 

http://www.apdha.org/cadiz/?p=1720

 

El feminismo ha luchado por la libertad sexual de las mujeres, por el respeto y la libre decisión de cómo cada una quiera vivir su sexualidad.

Nos une a todas las feministas la preocupación por mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales, pero nos separa, y de ahí el intenso debate, las formas para conseguirlo: desde la defensa y reivindicación de los derechos de las prostitutas o desde la abolición de la prostitución.

Para la APDHA la dignidad y el respeto por la autonomía y decisiones de las personas está por encima de la actividad que realicen. Por ello decidimos acercarnos a las personas que ejercen el trabajo sexual y escucharlas.

Las trabajadoras sexuales nos hablan de las condiciones de abuso, de injusticia y desigualdad en las que desarrollan el trabajo sexual.  Desde la APDHA estamos convencidas que, escuchando a las trabajadoras sexuales, denunciando estas condiciones y luchando por la dotación de derechos en esta actividad, es la vía para mejorar las condiciones de vida de las personas que la ejercen.

El feminismo debe luchar por la autonomía de las mujeres, con capacidad de decisión y, aunque no todas tenemos las mismas opciones, debemos contribuir a que se amplíen estas mismas opciones, que ganemos en autonomía y poder. Para ello es necesario partir de la realidad de cada persona, no por la defensa de la dignidad de las mujeres en abstracto olvidándonos y dejando de lado a las mujeres concretas.

Victimizar a las mujeres no ayuda, todas las mujeres tenemos, aun en las situaciones más dramáticas, cierta capacidad para rebelarnos, por ello, las opciones por las que cada una opte deben ser respetadas. Considerar a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, faltas de autonomía y capacidad, necesitadas de protección y sin validez en sus decisiones, impide que veamos las estrategias que se emplean para vivir en un mundo lleno de desigualdades. Sólo reconociéndolas y apoyándolas podremos contribuir a desarrollar su capacidad de decisión.

Las vulneraciones de derechos que sufren las trabajadoras sexuales tienen mucho que ver con las desigualdades de género (el estigma, el no reconocimiento, los abusos…), pero todas las mujeres vivimos situaciones de subordinación, y lo que debemos intentar es apoyarnos para combatirlas.

El trabajo sexual supone para muchas mujeres una estrategia de supervivencia, independencia económica o mejora de su situación, por ello instamos a que la lucha por mejorar las condiciones en que desarrollan el trabajo sexual sea una lucha feminista, y no la lucha por abolir su opción.

 

APDHA reclama la regulación del trabajo sexual como actividad laboral

31 marzo, 2017

 

http://www.apdha.org/apdha-reclama-la-regulacion-del-trabajo-sexual-como-actividad-laboral/

 

  • Un informe con entrevistas en profundidad pretende romper los falsos estereotipos, denunciar el empeoramiento de las condiciones de trabajo y exigir que se escuchen las demandas del colectivo

 

Andalucía, 31 de marzo de 2017. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía reclama que se regule el trabajo sexual como actividad laboral, de manera que las personas que trabajan en este ámbito dejen de estar estigmatizadas y tengan acceso a sus derechos sociales.

La organización hace esta reivindicación con motivo del informe ‘Testimonios del trabajo sexual al margen de los estereotipos; ni víctimas ni delincuentes, personas que reclaman derechos’, en el que se han realizado trece entrevistas en profundidad a personas que llevan más de diez años ejerciendo el trabajo sexual en Andalucía, en su mayoría mayores de 45 años. Se trata de personas diversas, que muestran también una realidad diversa y poco conocida,  mujeres, transgéneros, inmigrantes, nacionales, con voces y experiencias igualmente heterogéneas, pero que comparten ser “parte de un colectivo sin reconocimiento y al que se le vulnera continuamente sus derechos y su dignidad”.

Para la asociación, es necesario abordar el trabajo sexual desde su reconocimiento como actividad laboral, “puesto que en nuestra sociedad actual los derechos y el respeto  a la ciudadanía va íntimamente relacionado a la condición de persona trabajadora”, asegura la coordinadora de Trabajo Sexual de la APDHA, Talía Ardana. Para ello, señala, es necesario poner en primer lugar la voz y las demandas del colectivo, teniendo en cuenta toda su heterogeneidad y teniendo como objetivo primordial la mejora de las condiciones de trabajo, la protección de sus intereses y la garantía de derechos.

Además, el informe pretende romper el estereotipo de persona que ejerce la prostitución, dado que no responde a la realidad, y visibilizar las consecuencias de que esta actividad no esté convenientemente regulada, entre las que se encuentran la ausencia de opciones de jubilación y de protección social propias de cualquier persona trabajadora.

Los testimonios, a juicio de la organización, ponen en evidencia la falta de respuestas y las consecuencias negativas que, desde los actuales modelos de intervención sobre el trabajo sexual se están produciendo. APDHA lamenta que gran parte de las demandas y problemas del colectivo, “además de no ser tenidas en cuenta, son contrarias a las medidas supuestamente protectoras que se están implantando en España”.

En el informe se realiza, asimismo un análisis crítico de los diferentes modelos ideológicos –abolicionista/prohibicionista- que guían las actuales políticas desde las que se aborda el desarrollo del trabajo sexual en España. Estas políticas, critica la asociación, están suponiendo un importante viraje hacia la criminalización del trabajo sexual que se traduce en medidas represivas que están produciendo un empeoramiento de las condiciones de trabajo del colectivo y “lejos de favorecerlo, lo deja más desprotegido”.

APDHA denuncia cómo los dos modelos sirven por igual como coartada ideológica para acabar con el trabajo sexual y asumen como punto de partida, imágenes estereotipadas del colectivo. Así “nos encontramos, en el modelo de inspiración  prohibicionistas una imagen de la trabajadora sexual como delincuente, relacionada con el tráfico y consumo de drogas, o desde el ideario abolicionista la imagen de una mujer sin capacidad de agencia, sin posibilidad de concebir el trabajo sexual como una opción voluntaria y por lo tanto, víctima,  de trata de seres humanos cuando es extranjera o de violencia de género en cualquiera de los casos”, explica Talía Ardana.

Esta imagen estereotipada del trabajo sexual, apunta, además de constituir una visión simplista e interesada del conjunto de personas que lo desarrollan,  acrecientan el estigma que pesa sobre el colectivo, lo que supone un importante obstáculo para estas personas a la hora de dar visibilidad a sus demandas.

 

Violencia de género y prostitución: la lógica perversa de educar con estereotipos

 

Coralie Maire, área de Trabajo sexual de la APDHA

14/03/2017

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Violencia-prostitucion-perversa-educar-estereotipos_6_622297775.html

 

 

“Otra cosa que he observado es la manía de demonizar a los clientes. Si la prostituta solo puede ser sumisa, el cliente solo puede ser un monstruo. De nuevo, nada más lejos de la realidad”  ( Natalia Ferrari).

El Cuadernillo para el profesorado Educar en Igualdad  de la Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Sevilla tiene como objetivo servir de herramienta para prevenir la violencia de género en el ámbito escolar. Para ello, ofrece un primer bloque formativo sobre el concepto de coeducación, el cual se define como el “Método de intervención educativo que va más allá de la educación mixta y cuyas bases se asientan en el reconocimiento de las potencialidades e individualidades de niñas y niños, independientemente de su sexo. La coeducación es, por tanto, educar desde la igualdad de valores de las personas”.

Tras esta primera parte introductoria, el Cuadernillo presenta un segundo bloque sobre la prevención de la violencia de género y las pautas de actuación profesional ante los posibles casos que se presenten en el alumnado. Los autores especifican que la violencia de género no sólo se encuentra en el ámbito de las relaciones de pareja, sino también en la prostitución, en los atentados contra la libertad sexual, en el acoso laboral, en el tráfico y trata de mujeres, en la violencia familiar y en la violencia perpetrada o tolerada por el Estado.

Dentro de todas las formas de violencia especificadas, los autores dedican un apartado a la prostitución por considerarla “ una forma de violencia contra las mujeres” y “una problemática específica de género”. Según la lectura, la prostitución supone la vejación de la mujer y la venta de su cuerpo a los clientes. Todos los consumidores de sexo de pago tienen en común una “ visión desigual de las relaciones de género”  y son responsables, junto con los proxenetas, de alimentar este negocio denigrante. Por lo tanto, ofrecer servicios sexuales no puede considerarse nunca un trabajo, ya que es una actividad que está “ lejos de alcanzar un umbral mínimo de respeto por los derechos humanos”.

Desde el área de trabajo sexual de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) queremos denunciar los términos y definiciones que se dan en relación a la prostitución en este Cuadernillo, ya que perpetúan los estereotipos sociales y obstaculizan la lucha de trabajadores y trabajadoras sexuales contra el estigma y la discriminación.

La concepción sexista del trabajo sexual

La concepción social de los roles de género no nos permite ver la prostitución masculina como una forma de violencia, ya que sobreentendemos que el hombre sólo tiene sexo si lo desea. Sin embargo, bajo este mismo prisma estereotipado, la mujer siempre ejerce la prostitución por obligación, en condiciones de extrema pobreza, cohibida y bajo el yugo de un hombre que la oprime. Esta concepción sexista del trabajo sexual no entiende ni da cabida a la mujer libre que decide ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero o de otra remuneración. De nuevo queda excluida e invisibilizada, en un concepto de prostitución que la infantiliza y opina por ella de una forma paternalista.

El concepto de venta del cuerpo, como resultado de una mujer que es prostituida y un hombre que es prostituidor, ignora por lo tanto la realidad poliédrica que engloba la prostitución ¿dónde quedan los otros tipos de prostitución? Estamos olvidando a aquellos que ofrecen servicios sexuales y a aquellas que los consumen; mujeres, hombres, transgéneros, transexuales…¿dónde quedan los clientes con diversidad funcional, la prostitución donde no existe contacto físico? Si atendemos al hecho de que la prostitución es una realidad que responde al amplio mundo de la sexualidad, tenemos que modificar la conceptualización inicial de la “ prostitución como violencia de género” hacia una visión que percibe el trabajo sexual como independiente de las conductas discriminatorias, de las actitudes sexistas y de la violencia de la que puede ser objeto.

Tal y como afirma el Manifiesto de los Trabajadores del sexo en Europa, “ El trabajo sexual es por definición sexo consentido, el sexo no consentido no es trabajo sexual, sino violencia sexual o esclavitud“. Los trabajadores y las trabajadoras del sexo defienden que son ellos los que establecen las características de los servicios que ofrecen, el precio de los mismos y a quién van dirigidos. Respetemos el derecho a la autodeterminación y a la legitimación de su trabajo.

El fin último de educar en igualdad es que la condición que presenta cada individuo con respecto al sexo, al género, o a la orientación sexual no condicione sus oportunidades vitales, es decir, que se eduque bajo una perspectiva global de suma de minorías. Educar en igualdad supone replantearse los constructos sociales en los que estamos inmersos y de los que difícilmente podemos escapar sin un proceso de reflexión e introspección. Este tipo de cuestionamiento adquiere aún mayor importancia si nos encontramos en un ámbito educativo, donde como señala el Cuadernillo , “las características o valores atribuidos al género conforman el currículo oculto que todo alumno adquiere en los años de escolaridad“.

 

Apdha da un “suspenso” al Ayuntamiento de Sevilla por las medidas ante la prostitución al “no resolver su situación”

 

La Delegación de Sevilla de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha) ha otorgado un “suspenso” al Ayuntamiento hispalense en materia de planes y ordenanzas elaborados para erradicar de la prostitución en la ciudad.

 

http://www.20minutos.es/noticia/2974488/0/apdha-da-suspenso-al-ayuntamiento-por-medidas-ante-prostitucion-al-no-resolver-su-situacion/

 

EUROPA PRESS. 02.03.2017

 

Con motivo del Día Internacional por los Derechos del Trabajo Sexual, que se celebra el viernes, la Apdha ha señalado a través de un comunicado que todas las medidas tomadas por la agrupación municipal, a través de ordenanzas y planes para erradicar la prostitución, “parten de principios ideológicos y morales que nada tienen que ver con dotar de derechos, atención y de herramientas a las personas trabajadoras del sexo” y, en consecuencia, afirman que “no resuelven la situación de marginalidad de este colectivo, sino que suponen un agravamiento de esta situación”.

 

Estas medidas, según critica, van encaminadas a “invisibilizar la prostitución y, acto seguido, se despreocupan de las consecuencias nefastas para las personas trabajadoras del sexo, ya que provocan que se vean desplazadas a zonas del extrarradio de la ciudad, donde la desprotección es mayor, o son obligadas a esconderse en clubes de alterne o salas de fiestas”. Asegura que, en estos locales “aumenta su dependencia a terceras personas y se las hace más vulnerables a la explotación, con jornadas interminables de trabajo, retribuciones precarias y condiciones abusivas e infrahumanas, difíciles de denunciar por colectivos pro derechos humanos o por la propia administración, pues no dejan de ser empresas privadas con acceso restringido”.

 

Por ello, afirma que, bajo la pretensión de erradicar la prostitución, “justifican el acoso y la criminalización de las trabajadoras sin escuchar su voz, arrebatándoles toda agencia y reconocimiento”.

 

Indica que sólo en 2015 el Ayuntamiento de Sevilla invirtió la cantidad de 344.000 euros para protección e inserción laboral para mujeres víctimas de violencia de género y trata, “de los cuales solo el 28 por ciento, 97.362 euros, se destinó en campañas y publicidad, según la web municipal”, mientras que para el programa de atención social de búsqueda de empleo de la oficina municipal del Punto de Información de la Mujer (PIM) “apenas un cinco por ciento, 17.779 euros”.

 

En opinión de la Apdha Sevilla, “se trata de una oficina sin herramientas ni recursos adecuados para atender a las trabajadoras del sexo, que ha estado cerrada durante el mes de enero, y ahora atiende en horario reducido, con personal contratado en precario y cuyas actividades no pasan por evaluación desde hace años”.

 

Además, apunta que el Ayuntamiento anunció en diciembre los primeros trabajos del segundo plan para promover la erradicación de la trata, la prostitución y otras formas de explotación sexual al cual se ha destinado 16.101,40 euros para su diseño y elaboración, “aun cuando todavía no se han publicado los resultados ni la evaluación del plan anterior”.

 

La Apdha lamenta la “falta de transparencia” del Ayuntamiento, que “no ha dado respuesta aún a varias preguntas presentadas en el Pleno sobre las condiciones de las licencias de los clubes y sobre la denominación y actividad comercial con las que están dados de alta, para conocer así el control que tienen sobre estas empresas, dónde se realiza el trabajo sexual y a cuáles facilitan licencias”.

 

Por todo ello, exige medidas que garanticen los derechos de las personas que trabajan en los clubes o salas y que posibiliten su apertura a entidades sociales. Además, pide “más y mejor” atención y recursos efectivos para las personas que quieran dejar de ejercer la prostitución, así como “el reconocimiento de derechos y dignidad a las personas que libremente presten servicios sexuales”. Por último, reclama dotar a los centros sociales municipales de herramientas prácticas y eficaces, programas sociales y personal cualificado.

Mar Gallego: “La mayor parte del discurso periodístico sobre prostitución revictimiza e infantiliza a las mujeres”

La periodista y especialista en perspectiva de género aborda el tema en una entrevista con APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía)

 

10/05/2016

 

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Mar-Gallego-periodistico-prostitucion-infantiliza_6_514508581.html

 

Mar-Gallego_EDIIMA20160510_0827_18

Desde nuestro trabajo en la APDHA con el colectivo que trabaja en la prostitución, nos hemos ido haciendo conscientes del conflicto existente en la relación entre feminismo y prostitución. La idea de la prostituta como víctima o la censura hacia la actividad que ejerce viene siendo uno de los más habituales problemas que encontramos a la hora de buscar alianzas con y desde el feminismo para  la reivindicación de los derechos del colectivo.

Por otro lado, el desconocimiento de la realidad de las personas que ejercen el trabajo sexual y la tendencia a hablar de ellas haciendo falsas generalizaciones y sin escucharlas ni tampoco darles voz, acentúa aún más la distancia ya existente entre la lucha feminista y las trabajadoras sexuales (que por su parte, evitan el contacto con el ámbito feminista al sentirse juzgadas). En este sentido, creemos que los medios de comunicación tienen un papel de vital importancia ante el reto apasionante que la prostitución plantea al feminismo, en tanto pueden y deben acercar la realidad de las personas que ejercen el trabajo sexual en toda su complejidad y desde el compromiso con la defensa de sus derechos.

Nosotras (como miembros del área de prostitución de la APDHA) vivimos con malestar y preocupación que los medios de comunicación únicamente le den voz a un feminismo que tiene una única visión de la prostitución. ¿Está de acuerdo?

Es así. Los medios de comunicación y concretamente las y los profesionales que ejercemos esta profesión hemos dado históricamente una visión sesgada de la prostitución y del trabajo sexual en un sentido más amplio. De hecho, las prostitutas apenas son una fuente de información en estas piezas informativas. Existen, por supuesto, excepciones y en su mayoría vienen de medios que ofrecen informaciones más analíticas. Todavía quedan medios que consideran que el periodismo no puede dejar de hacerse preguntas.

¿Considera que el periodismo tiene cierta obligación de dar visibilidad a las minorías y posicionarse ideológicamente?

La segunda parte de esta pregunta es difícil. Tengo clara la respuesta pero es complicado verbalizarla. Quienes nos dedicamos a esta profesión no somos más que personas intermediarias que están ahí para garantizar un derecho: el derecho a la información sobre el que descansa todo sistema que pretende ser libre y esté basado en la justicia social. Cuando tu herramienta de trabajo ha sido pensada para garantizar un derecho, tu profesión pasa a ser un servicio público. Por tanto, la responsabilidad es abismal y lo que necesitamos para poder garantizar ese derecho es independencia informativa para poder plantear las cuestiones que van en contra de éstos; incluso, pasa por cuestionar el propio derecho si lo que hay detrás de él responde a intereses privados y no públicos. En cuanto a la ideología, la tienen todos los medios y está reflejada a la perfección en sus libros de estilo. Lo primero que aprendemos en nuestra formación es que la objetividad no existe: somos personas subjetivas atravesadas por el discurso, nuestras propias vivencias, etc. Sin embargo, hay medios que siguen jugando con ese concepto de verdad absoluta de una manera mezquina sin sentar sus bases ideológicas. Decir, por ejemplo, que un periodismo feminista es especializado y no “periodismo” sin más, es negar la mirada hetero patriarcal y androcéntrica de todos los medios generalistas. Es sólo un ejemplo; las miradas están ahí y debemos tener honestidad al reconocerlo. En cuanto a las visiones que se consideran minoritarias, es tremendamente importante que el periodismo les de voz ya que, además, de informar, generamos realidades y referentes. Somos también responsables de esto: lo que no se nombre no existe.

Y en este sentido que señalas, de la importancia del periodismo para dar voz a las minorías, ¿Cómo le afecta, como periodista y como feminista, el papel hegemónico que el discurso  abolicionista referente a la prostitución tiene en la mayor parte de la prensa?

Me preocupa. Con la prostitución está ocurriendo algo parecido que con la violencia de género: las informaciones nos revictimizan a las mujeres y nos infantilizan: se nos vuelve a considerar eternas menores de edad. Las compañeras de la Asamblea Pro Derechos Trabajo Sexual de Cataluña, compuesta –entre otras- por mujeres que ejercen la prostitución, tienen un mensaje que, desde mi entender, es el más rotundo: “Lo que tenemos que tener claro es que el argumento persistente de que cualquier estrategia que implique reconocimiento de los y las trabajadoras sexuales es una forma de normalizar la trata, es inaceptable, es aberrante y es un ataque a la elección personal de cada cual y a la mirada particular que cada persona puede tener sobre el sexto, su cuerpo y el concepto del trabajo”. Si, como decía antes, la función del periodismo es garantizar los derechos de todas las personas y aquí estamos revictimizando, es que no lo estamos haciendo bien.

¿Cómo lo gestiona personal y profesionalmente desde su activismo?

Personalmente, he crecido rodeada de mujeres que ejercían trabajos gratuitos reproductivos y de cuidados muy duros que acabaron con su salud y que les impidieron desarrollarse plenamente como personas creativas. Mi madre, con una esclerodermia sistémica, tuvo que cuidar durante muchos años a mi abuela: persona gran dependiente. El sistema nunca consideró que fuera trabajadora. Creo que las feministas deberíamos manifestarnos en masa para cambiar las condiciones deplorables en las que se encuentra cada trabajadora y luchar por su reconocimiento mientras se fomenta, a la par, una educación en valores basada en la equidad. Vivimos en un sistema capitalista que nos ha enseñado que la palabra “trabajadora” es sinónimo de dignidad. Aunque esto sea un cuento del propio sistema, es en el que vivimos: no podemos negarle la dignidad a nadie. No se puede construir un futuro desde una base en la que el trabajo de la mitad de la población no se reconoce en igual medida y de manera histórica. Debería estar en cada libro de texto.

La prostitución, por un lado, está invisibilizada y, además, hay muchos prejuicios morales. Al mismo tiempo se le suma un discurso potente en torno a la prostitución que siempre es presentada desde un discurso dual “mujer mala-mujer víctima”, si quiere hablar de prostitución, ¿qué recursos utiliza para evitar estos condicionantes?

Empezaría abandonado la búsqueda de sensacionalismo y de titulares que sólo persiguen el morbo. Luego, tiene que haber un intento de desmontar los mitos y los prejuicios propios y las informaciones no contrastadas. Hay fuentes  de primera mano ahí fuera: úsenlas. Existen asociaciones de trabajadoras que se dedican a la prostitución y que saben mejor que nadie cómo es su experiencia. El periodismo no puede hablar más sin ellas. No puede hacernos creer más que están escondidas y que es difícil localizarlas. Tienen su propia voz: sólo tenemos que considerarla valiosa.

Mar Gallego. Periodista y especialista en perspectiva de género. Articulista en Pikara Magazine en la sección “Transgresoras”. Fundadora de la ONG Equiláteras. XIX Premio nacional de divulgación periodística feminista Carmen de Burgos en 2012. XIV Premio nacional de ensayo Carmen de Burgos en 2013. Finalista en el Premio internacional de periodismo Colombine con uno de los “artículos transgresores” en 2014. Más sobre su currículum

 

Día por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales: hacia la regulación

Este día es un homenaje a todas las personas que ejercen el trabajo sexual, que transgreden la norma social y luchan por lograr que el resto de la sociedad reconozca la dignidad de su trabajo y su derecho a decidir sobre su propia vida

 
Área de prostitución de APDHA
02/03/2016

 

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Dia-Derechos-Trabajadoras-Sexuales-regulacion_6_490360983.html

 

APDHA_EDIIMA20160302_1053_18    A lo largo del año hay días en los que se celebran muchas cosas, prácticamente de todo. A veces son días con fines consumistas, días patrióticos, o días donde la universalidad de lo que se celebra integra a todo el mundo. Otros días, sin embargo, pasan más de puntillas en el calendario del ciudadano común pero son días que no pueden ni deben olvidarse pues son un recordatorio de todo lo que como sociedad aún nos queda por andar. Son días dedicados al esfuerzo y a la lucha de los colectivos más estigmatizados que suponen un amplificador de la voz y los reclamos de los que no se oyen todos los días. Hoy es uno de esos. Hoy, 3 de marzo, se celebra el Día por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales.

 
Este día es un homenaje a todas las personas que ejercen el trabajo sexual, que transgreden la norma social y luchan por lograr que el resto de la sociedad reconozca la dignidad de su trabajo y su derecho a decidir sobre su propia vida. Se celebra en esta fecha en particular rememorando en 2001 un festival en Calcuta al que acudieron más de 25.000 trabajadoras sexuales indias, a pesar de los esfuerzos de los grupos prohibicionistas por impedirlo.

 
Las personas que formamos este mundo debemos desarrollar una conciencia de la realidad del trabajo sexual y de los debates que se construyen en su entorno, porque nuestra sociedad se construye con la participación de todos los que formamos parte de ella de forma responsable, para la persecución de los ideales de igualdad, dignidad y respeto entre quienes formamos parte de ella. En este sentido, las personas que ejercen el trabajo sexual llevan años realizando movimientos reivindicativos de forma lenta pero ininterrumpida y que suponen un rechazo de la victimización social que sufren y una reivindicación de su protagonismo, dignidad, autonomía y capacidad de decisión. Es una vergüenza social que llevemos tantos años obviando los derechos de estas personas y decidiendo qué es lo mejor para ellas sin ni siquiera pararnos a escucharlas. Como cualquier otro individuo, no quieren ser víctimas ni delincuentes, solo reclaman el lugar que, como personas, merecen dentro de la sociedad.

 

Desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía defendemos que las personas trabajadoras del sexo deben disfrutar de los mismos derechos que cualquier otra persona trabajadora, incluyendo derechos laborales, salud laboral y seguridad en el trabajo, teniendo además en cuenta las características propias del trabajo sexual y el estigma de las personas que lo ejercen. Esto debe suponer en todo momento un abordaje de la regulación del sector del sexo primando siempre y, en todo caso, la garantía de los derechos de las personas trabajadoras y su capacidad de decisión y negociación frente a terceros, así como su libertad y autonomía en el trabajo. Esta regulación, sin embargo, debe pasar necesariamente por una negociación con quienes desarrollan esta actividad, pues no podemos desarrollar medidas reguladoras con el propósito de beneficiar al colectivo sin primero conocer su realidad y sus necesidades. Las voces de las trabajadoras sexuales muestran la riqueza de las experiencias, todas ellas igualmente válidas. Por ello, todas merecen ser escuchadas, respetadas y consideradas como interlocutoras válidas y como personas perfectamente capaces de expresar su situación y sus necesidades.

 
Por último, consideramos vital el papel de la sociedad en este proceso como pilar fundamental en la solución a la situación actual del trabajo sexual. Es un problema de todos porque se trata de una cuestión de derechos humanos. Hablar de trabajo sexual es hablar de Derechos Humanos y los Derechos Humanos nos conciernen a todos. Las personas que ejercen el trabajo sexual encuentran trabas, atropellos y vulneraciones de sus derechos en todos los ámbitos de su vida, no solo en el que deriva estrictamente de su actividad laboral, porque el estigma que sufren salpica todo lo que les rodea. Por ello hoy, 3 de marzo, celebramos este día, para recordar a los grandes olvidados por la sociedad, y para que, en definitiva, estos días sean el clamor de una voz que resuene en nuestras conciencias.

La figura del cliente como un agente más en la realidad del trabajo sexual

 
Área de Prostitución de APDHA
09/02/2016

 

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/cliente-agente-realidad-trabajo-sexual_6_482661743.html

 
Cuando se habla de prostitución, rara vez se aborda el rol que ejerce el cliente. Los clientes son una pieza clave dentro de este mundo y desde la APDHA trabajamos para sensibilizarlos, fomentando una contratación de servicios sexuales respetuosos con los derechos de las personas que los ejercen, y para reivindicar el papel activo que pueden tener en la prevención y lucha contra la trata de seres humanos en el trabajo sexual.

Hemos mantenido una charla con Paco Majuelos, antropólogo y doctor por la Universidad de Almería, además de miembro del área de Prostitución de la APDHA, quien ha estado trabajando en estos últimos tiempos en una tesis doctoral que aborda la figura del cliente del trabajo sexual.

¿Cuáles son los objetivos de dicha tesis?

De manera muy resumida te diré que traté de exponer un panorama del trabajo sexual en el segmento estándar en la provincia de Almería, analizándolo como un sector económico más, y donde se le diera voz a los distintos agentes que participan de esa actividad, en particular a las mujeres que trabajan en él.

Sobre la figura del cliente, nos gustaría que profundizara con nosotras en algunas cuestiones. Existen muy pocos estudios que aborden la figura del cliente como un agente más en la realidad del trabajo sexual y, cuando los hay o se hace referencia a aquél, se cae en el estereotipo de varón agresivo y que no es capaz de controlar su sexualidad, para lo que recurre a los servicios de la trabajadora sexual. ¿Se corresponde este estereotipo con la realidad?

En realidad no hay muchos estudios de carácter científico o académico sobre los clientes en el trabajo sexual. Lo que sí existe son frecuentes juicios o valoraciones desde determinadas perspectivas ideológicas y/o morales que culpabilizan o criminalizan al cliente como sujeto genérico.

¿Se podría hablar de un cliente tipo o de un tipo de cliente determinado?

Lo que indican los estudios al respecto es que no existe un perfil psicosocial específico de los hombres que compran servicios sexuales. En mis investigaciones en el sector del sexo he podido corroborar esa idea: no hay diferencia entre los hombres que con mayor o menor frecuencia acuden a establecimientos donde se ofrece sexo de pago y los hombres que no lo hicieron nunca.

Se dice que las agresiones son el temor constante de las trabajadoras de la calle ¿es real esa sexualidad masculina agresiva? ¿Está sobrerrepresentada en los clientes de la prostitución?

Bueno, la pregunta incluye dos cosas diferentes. Por un lado, es cierto que las mujeres que trabajan en la calle suelen estar más desprotegidas que las que trabajan en hoteles o en otros establecimientos cerrados, si bien en ningún caso se puede garantizar que no se produzcan conflictos que puedan derivar en actos violentos. Algunas trabajadoras que han participado en mi investigación reconocen la existencia de estos conflictos por desacuerdos en el precio, por el incumplimiento de alguno de los pactos referentes al servicio o al pago de ellos, y eso puede ocurrir en cualquier espacio y modalidad de trabajo. No obstante, las mujeres que trabajan en la calle elaboran determinadas estrategias de seguridad para atenuar el riesgo. Otra cuestión tiene que ver con lo que has llamado sexualidad masculina agresiva. Realmente no entiendo muy bien el fundamento de esa aseveración procedente de determinadas corrientes ideológicas feministas, que afirman que la sexualidad de los hombres es de naturaleza más agresiva que la de las mujeres, producto de una cierta normativización acerca de lo que debe ser una sexualidad correcta y la que no. Yo no le doy mayor transcendencia a esa diferenciación. Y desde luego no tengo testimonios que la avalen.

Hay una serie de campañas de criminalización y estigmatización del cliente. ¿A qué cree que se deben?

Llevo aproximadamente 15 años en contacto con el sector del sexo, como mediador y como investigador, y he ido percibiendo un cierto cambio en los sujetos sobre los que recae la culpabilización o penalización, sea legal o social. De hecho hasta no hace muchos años la opinión mayoritaria responsabilizaba, cuando no incriminaba, a las trabajadoras –y a todo su entorno social– de su propio destino. Incluso la figura del chulo decayó para centrarse en las mafias que traficaban con ellas. Téngase en cuenta que desde finales del siglo XX la mayoría de esas mujeres provenían de la inmigración. En la actualidad parece poco correcto políticamente hacer recaer la condena social sobre las mujeres, así que la sanción social y penal se centra en las mafias que trabajan y tratan con las trabajadoras. Finalmente el cliente se encuentra entre esos objetivos penalizadores. Intentando concretar la respuesta, parece claro que, conviviendo con posiciones bienintencionadas, existe un proyecto de carácter político que trata de eliminar el trabajo sexual en base a argumentos ideológicos con determinada orientación moral. Proyecto político en el que se mezclan diferentes corrientes ideológicas del feminismo y del abolicionismo, algunas de ellas bien instaladas en diferentes instituciones y administraciones de diferente nivel.

¿Cree que benefician o perjudican a las trabajadoras en la consecución de sus derechos?

Enlazando con lo anteriormente expresado, todo ese conjunto de ideas no podría abrirse paso si no incidiera en dos ideas fuerza –por simplificar la exposición–. Por un lado la consideración de que todas las trabajadoras sexuales son víctimas de trata y que, por tanto, existe una identificación inexorable y sustancial entre lo que se suele llamar prostitución y la trata de seres humanos –a pesar del categórico desmentido que los datos empíricos hacen de ella–. La segunda idea fuerza tiene que ver con el carácter victimario de toda mujer que tenga esa dedicación. De esta forma, toda trabajadora es una víctima –de la trata, del traficante, del empresario, del cliente, etc.– y sus opiniones y decisiones no cuentan. Lo cual lleva a la desconsideración de esas mujeres como sujetos sociales activos, sin capacidad de agencia y, consecuentemente, sin competencia para la negociación. A partir de aquí la reivindicación de derechos laborales, sociales, o su participación en las decisiones sobre cualquier otro asunto relacionado con su trabajo se convierte en una misión casi imposible.

En algunas ocasiones se llega a asimilar a cliente con tratante ¿no sería mejor tener al cliente como aliado en la lucha contra la trata?

Ante todo, quiero dejar claro que lo que dicen los datos empíricos y los escasos estudios globales que pretenden cuantificar el fenómeno de la trata de seres humanos –generalmente provenientes de agencias de la ONU– es que los casos de trata vinculados al ejercicio del trabajo sexual son una parte minoritaria en relación al trabajo sexual en general. Y también que, en el conjunto de casos de trata, los relacionados con el trabajo sexual no son los más numerosos. Por lo que conozco, y lo que se desprende de otras investigaciones referentes al Estado español, la gran mayoría de las mujeres que decidieron en un momento de sus vidas dedicarse al trabajo sexual lo hicieron conscientemente y con un conocimiento aproximado de en qué consistiría su trabajo. Incluso algunas mujeres que utilizaron redes de tráfico –que podrían ser tipificadas como vinculadas a la trata de seres humanos– para introducirse en el sector lo hicieron con total conocimiento de lo que implicaría su decisión y aceptaron las condiciones de la red. En referencia al cliente, lo que transmiten diferentes agentes implicados en el sector del sexo de pago, y en particular las trabajadoras, tiene poco que ver con esa visión que se pretende transmitir. Lo que las mujeres expresan son insatisfacciones respecto a la higiene, al estado de embriaguez o al cumplimiento de las condiciones del servicio pactadas o intentos de evitar el pago del servicio, etc., pudiendo, en ocasiones, derivar en actos violentos por parte de los clientes. Piense que en no pocas ocasiones trabajadoras y clientes inician relaciones afectivas, establecen relaciones familiares estables –incluido el matrimonio– en numerosas ocasiones y comparten hijos, como cualquier pareja que se haya conocido en otros ámbitos laborales. Además, podríamos decir que los clientes son las personas que por su particular posición en el sector –próximos en el trabajo, sin intereses empresariales y ajenos a la familia de origen– pueden detectar casos de trata, de maltrato o de sobreexplotación de las trabajadoras, sin levantar sospechas de forma directa y sin verse involucrados en hipotéticos conflictos posteriores.

¿Cómo debería hacerse esto?

Desde luego la criminalización es un mal camino, más aún si el conjunto de agentes involucrados –especialmente las trabajadoras– perciben a las fuerzas policiales más como amenaza que como aliados. Los diferentes sectores sociales e institucionales concernidos deberían empezar a separar claramente los casos de explotación forzada –al igual que se hace con el resto de los trabajos– del ejercicio voluntario de la actividad. Ello exigiría un cambio en la orientación de las campañas; y, por supuesto, sensibilizar al cliente acerca de su potencial colaborativo para erradicar los casos que pudiera detectar. Pero, sinceramente, soy bastante escéptico de que tales cambios se produzcan, al menos en el corto plazo, ya que no se trata de errores perceptivos o de inadecuaciones de estrategias sino de convicciones ideológicas fuertemente infiltradas en el entramado social y de las administraciones, tanto estatal como de las comunidades autónomas y de las entidades locales.

Prostitución: violación de derechos humanos en Andalucía durante el año 2015

 

Principales vulneraciones/preocupaciones de vulneraciones de DDHH en Andalucía durante el año 2015 y propuestas urgentes

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)
http://www.apdha.org/media/dosier-vulneraciones-DDHH-2015.pdf

 

Dibujo
A pesar del continuo empeño en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las personas trabajadoras sexuales, siguen existiendo graves vulneraciones hacia el colectivo.

1.- Se vulnera su derecho a la dignidad (art. 1 de la Declaración Universal de DDHH y art. 10 de la Constitución Española). El panorama actual refleja la imagen de la persona trabajadora sexual como incapaz de gestionar su trabajo, son identificadas sistemáticamente como víctimas, de explotación sexual, de violencia de género, etc. Equiparadas a sujetos sin conciencia de lo que pasa en torno a su persona. Violentado a priori su poder de decisión, su dignidad, libertad y autonomía.

 

2.- La situación de alegalidad en que se encuentra la prostitución vulnera el derecho al trabajo (art. 23 de la Declaración Universal de DDHH y art. 35 y 42 de la Constitución española) de las personas trabajadoras del sexo, no sólo no pueden acceder a la Seguridad Social, al trabajo autónomo, al derecho a la sindicación, negociación y acción colectiva y a la huelga, sino también pueden ser explotadas laboralmente por parte de algunos empresarios de club o locales que, aunque faciliten un sitio donde las trabajadoras no sean multadas por el hecho de ofrecer servicios sexuales en la calle, imponen en muchas ocasiones condiciones laborales pésimas a las trabajadoras.

 

La Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, en vigor desde el 1 de julio del 2015, implica un empeoramiento de las condiciones laborales y de seguridad de las personas trabajadoras sexuales. Se vulnera el derecho de igualdad (art. 1 de la Declaración Universal de DDHH y art. 14 de la Constitución española) que deja a los agentes de policía la discrecionalidad en el objetivar las conductas. Así las personas trabajadoras del sexo y los clientes son discriminados, criminalizados y sancionados aunque la prostitución no sea penalizada por el Código Penal. En estos casos, las personas que ejercen la prostitución ven también vulnerado el derecho de libertad (art. 1, 2, 3 de la Declaración Universal de DDHH y art.17 de la Constitución española) ya que se les impide ejercer libremente en espacios abiertos, llegando incluso a ser sancionadas en actividades que nada tienen que ver con el ejercicio de la prostitución. De hecho, la Ley de Seguridad Ciudadana condena la prostitución callejera, invisibiliza a un colectivo y lo hace más vulnerable, sin tiempo para negociar con el cliente por miedo a ser multada lo que conlleva a una peor negociación de precios, horario, uso de material profiláctico, en resumen peores condiciones laborales. Esto se agrava en el caso de la detección de posibles víctimas de trata, que lejos de ver a la policía cómo agente de protección lo ven cómo represor y persecutor.

 

Constituye una vulneración del derecho a la seguridad (art. 3 de la Declaración Universal de DDHH y art.17 de la Constitución española) y también el derecho a la seguridad jurídica (art.9 de la Constitución Española).

 
3.- Vulneración del derecho a la tutela jurídica efectiva (art. 24 de la Constitución Española) por la dificultad de acceso a la justicia, no sólo cuando son víctimas de trata o prostitución forzada sino en casos de violencia de género, agresiones o cualquier otro donde sean víctimas de un delito. Nos consta que las trabajadoras sexuales tienen especiales dificultades de acceso a la justicia cuando siendo víctimas de un delito, se encuentran deficiencias en la asistencia de los/as letrados/as.

 

4.- El derecho a la salud (art. 25 de la Declaración Universal de DDHH y art. 43 de la Constitución española) se ve impedido en muchas ocasiones por la dificultad de acceso a los recursos sanitarios que tiene a su disposición una parte de las personas que ejercen la prostitución y el uso no optimizado de los mismos. Esto afecta sobre todo a las trabajadoras extranjeras que si no tienen regularizada su situación administrativa no pueden acceder a los recursos sanitarios por el Real Decreto 16/2012. El Decreto no se aplica en Andalucía, pero las personas que ejercen la prostitución suelen, por su trabajo, desplazarse a otros comunidades, donde pueden encontrarse con la negativa de acceso a los servicios sanitarios, salvo la atención sanitaria de urgencias y de mujeres en proceso de gestación, insuficiente para una población que requiere especial atención en el cuidado y prevención de la salud por los riesgos que derivan del trabajo sexual (VIH, VHB u otras Infecciones de Transmisión Sexual, embarazos no deseados…).

 

Exigimos a las administraciones:

 

  •  Abordar el tema de la prostitución donde la voz de las personas trabajadoras del sexo y de las entidades que integran sea escuchada con toda la credibilidad y el respeto a su dignidad, como ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de sus libertades.

 

  •  La eliminación urgente a diferentes niveles (municipal, autonómico, estatal y supraestatal) de todas las políticas represivas y sistema de sanciones centrados en perseguir y criminalizar tanto a las personas que ejercen, como a los clientes, y en la oferta o demanda de los servicios sexuales en la vía pública.

 

  •  Reconocimiento del ejercicio de la prostitución como trabajo con los derechos y las obligaciones que esto conlleva. Garantía del derecho a sindicación, condiciones laborales dignas, negociación colectiva, Seguridad Social…

 

  • Facilitar el acceso al sistema público de salud, considerando una especial atención al colectivo, y garantizando sanidad universal en el territorio español a las trabajadoras extranjeras que se encuentren en situación irregular.

 

  •  Apuesta por políticas sociales, de formación y políticas activas de empleo para que las mujeres que deseen dejar el ejercicio de la prostitución lo puedan hacer con totales garantías e igualdad de oportunidades laborales a nivel general. Esto debe garantizarse no desde una visión paternalista y de rescate sino como un recurso que debe existir y estar al servicio de cualquier tipo de población que pueda requerirlo.

 

derechos10dic