Feminismo, prostitución y Estado

 

Feminism, Prostitution and the State: The Politics of Neo-Abolitionism

(Routledge Studies in Gender and Global Politics) 1st Edition

by Eilis Ward (Editor), Gillian Wylie (Editor)

 

 

http://www.readcube.com/articles/10.4324/9781315671437?author_access_token=CxraL-EyfweRmqUaUzp2mQLBIUWHziPdsn0vlMIwK3ThNDVrYF1U09lJam69h-SodlczmV0NZUKK01qmtoYPJFef4Z75mtJ9an59l6BUqDhUsnvQESsuxF-4WBPTmZ-U

 

INTRODUCCIÓN

Ellis Ward y Gillian Wylie

Introducción al neoabolicionismo: definición, conductores y debates

Cuando el gobierno sueco adoptó su Ley de Compra de Sexo en 1999, era difícilmente imaginable que la medida daría prestigio al Estado sueco al presentarlo como un supermodelo global para las políticas de prostitución en las décadas siguientes.

Aunque tradicionalmente las políticas de prostitución no han recibido mucha atención política —con algunas notables excepciones, como Nueva Zelanda y los Países Bajos—, los Estados del mundo occidental han empezado recientemente a debatir el comercio sexual como una prioridad urgente y un ámbito de acción imperioso. Dentro de estos debates, una opinión es siempre vociferante y de hecho domina en varias organizaciones internacionales y Estados-nación: que criminalizar a los que compran sexo está funcionando en Suecia y forzosamente lo hará en otros lugares para reducir el comercio sexual y, lo que es más importante, reducir la trata con fines de explotación sexual.

Para los académicos hay mucho que analizar en este fenómeno y mucha complejidad que es necesario desenredar. Una cuestión central que requiere un análisis es la pregunta a menudo planteada: ¿cómo ha llegado a dominar este modelo neoabolicionista la forma en que muchos gobiernos y organizaciones de la sociedad civil piensan acerca de la prostitución y el comercio sexual? Esta pregunta está en el corazón de este libro.

Este libro intenta ofrecer algunas explicaciones para la influencia creciente del neoabolicionismo, documentadas en estudios de casos de activismo político y prácticas estatales en un número selecto de jurisdicciones. Nuestro interés está en una evaluación crítica del surgimiento y ascenso del neoabolicionismo y su fundamento en un conjunto de creencias sobre su éxito en el ejemplo, es decir, Suecia. La política de Suecia ha sido legitimada a su vez por un fuerte discurso internacional que ha influido con éxito en cómo actores políticos y civiles piensan en la prostitución y el comercio sexual a principios del siglo XXI.

Ahí radica el desafío tanto para los responsables de la política como para los académicos. Mientras que los defensores del neoabolicionismo —sean activistas feministas radicales, grupos de presión religiosos o políticos— afirman que ésta es la única respuesta a las cambiantes circunstancias del comercio sexual de hoy, otras voces critican tanto las suposiciones contenidas en el modelo como su idoneidad como una respuesta de ‘talla única para todos”. Por lo tanto, el debate se ha polarizado y la compleja realidad de reconocer múltiples posiciones, múltiples situaciones y la relevancia del contexto al crear políticas alrededor del comercio sexual se ha vuelto algo desorientada. De hecho, el poder ejemplar de Suecia como modelo se refleja en el foco central de este libro en sí mismo: cómo explicar la manera en que este enfoque ha llegado a establecerse como la norma contra la cual todos los demás son medidos.

Antes de entrar en las discusiones que siguen, es necesario aclarar lo que se entiende por neoabolicionismo. El neoabolilionismo puede concebirse como una nueva versión de un enfoque establecido de la prostitución, el abolicionismo, que busca cerrar los espacios y lugares donde se practica el sexo comercial. Esto funciona criminalizando las actividades relacionadas con el trabajo sexual como el proxenetismo, la especulación, el vivir de los ingresos de la prostitución, la organización, y así sucesivamente. Podemos pensar en esto como un régimen que intenta estrangular el “suministro” criminalizando sus tecnologías, humanas o de otro tipo, pero que, sobre el papel al menos, no castiga a la vendedora.

El neoabolicionismo continúa argumentando que los Estados deben intentar abolir la prostitución, pero cambia la atención hacia la demanda como el pivote para este objetivo final. Si la demanda de sexo comercial es un crimen, entonces la oferta se marchitará en la vid. Este cambio se adoptó por primera vez en el mundo occidental en Suecia como parte de su programa de feminismo radical y postuló el sexo comercial, en el cual las mujeres eran vendedoras y compradoras de hombres, como una expresión inaceptable y violenta del patriarcado, que requería una intervención estatal mejorada. Así pues, se concibió como una política destinada a abolir la prostitución per se. A través de un proceso descrito en otro lugar (véase Swanstrom en este volumen), rápidamente se reelaboró nuevamente para incluir el objetivo de combatir la trata de mujeres con fines de explotación sexual, en respuesta a la presencia de mujeres inmigrantes en el comercio sexual sueco y convirtiéndose así en una premonición de los marcos internacionales de lucha contra la trata que luego emergieron en la ONU, la UE y otros lugares.

Esta breve historia social de la idea aísla los dos temas que definen el neoabolicionismo. En primer lugar, entiende la prostitución en sí como una forma de violencia contra la mujer, de acuerdo con los relatos feministas radicales de las relaciones de género y el poder de género. En segundo lugar, considera que la prostitución y la trata sexual son inseparables tanto desde el punto de vista conceptual (cómo pensamos en ellas) como en términos de leyes (cómo los Estados responden a ellas). Por lo tanto, el neoabolicionismo desagrega la “trata sexual” de otras formas de trata (como la laboral o el tráfico de órganos) y, en términos de política, desvincula la prostitución de los marcos de política social tales como la reducción de daños y las medidas contra la pobreza y se centra en cambio en las respuestas de la justicia penal y la aplicación de la ley.

Desde que la Ley de Suecia entró en vigor en 1999, Finlandia y Noruega, Irlanda del Norte, Francia y la República de Irlanda han adoptado o están a punto de adoptar el neoabolicionismo, aunque no siempre fielmente. En Irlanda del Norte, por ejemplo, las mujeres que venden sexo en grupos de más de una persona pueden ser procesadas ​​por propietarias de prostíbulos, produciendo así una extraña variante del neoabolicionismo que concibe a la persona que vende sexo como víctima y perpetradora de un delito al mismo tiempo, lo que sin duda es una profunda contradicción.

Mientras que la defensa del neoabolicionismo debe mucho al feminismo radical, es notable que otros grupos de presión , muy diferentes, también apoyan la idea. Más obviamente en el contexto de Estados Unidos, pero también en otros lugares como Irlanda del Norte, están en juego las fuerzas religiosas conservadoras y fundamentalistas (Bernstein 2012: Weitzel 2007; Zimmerman 2013). La improbable colaboración del feminismo y el fundamentalismo se manifiesta en una forma de gobernanza feminista (Halley 2006) o “feminismo carcelario” (Bernstein 2012) y se ha convertido en un componente clave de la política exterior de Estados Unidos con implicaciones directas en las relaciones internacionales. El compromiso contra la prostitución exigido a los beneficiarios de ayuda de los EE.UU. durante la administración Bush es un ejemplo clave de este impacto.

Aquí encontramos un aspecto adicional e inicialmente quizá desconcertante de la popularidad del neo-aboficionismo: su alianza con el neoliberalismo como una forma de gobierno y un conjunto de ideas o un ideal. Evidencia de esta convergencia se encuentra, por ejemplo, en la crítica de Bumiller (2008) a la alianza del feminismo radical con el Estado neoliberal en relación con la violencia sexual y en relación con la ley y las regulaciones sexuales de manera más general (Halley 2006). Desde este punto de vista, la formulación de la prostitución como una forma de violencia contra la mujer encaja con ciertos valores neoliberales o, al menos, no causa problemas a los Estados neoliberales. Por ejemplo, la influencia del neoabolicionismo en los programas de salida de la prostitución en los Estados Unidos encaja bien con un paradigma neoliberal de desviar la responsabilidad del bienestar social del Estado hacia los individuos, a los que se hace hiperresponsables (Leon Crysanthi, Shdaimah y Corey 2012: 269) Tema también identificado en relación con el Reino Unido (Scouter y O’Neill 2007: Carlin y Scouter en este volumen). Ejemplos como éstos dan peso a un argumento convincente de que las ideas feministas radicales, en particular sobre la violencia de género (incluyendo la prostitución en sí misma), han encontrado un hogar cómodo en el Estado neoliberal punitivo (Halley 2006. BumiIler 2008: 160).

Sin embargo, aunque el neoabolicionismo parece florecer en contextos neoliberales, un examen superficial no revela ningún patrón de correspondencia entre el tipo de Estado y el tipo de régimen de prostitución. De hecho, la tesis neoliberal parece estar confundida por el caso tanto de Suecia como, al otro extremo del espectro, de Nueva Zelanda. Suecia es un Estado de bienestar “feminista de Estado” y la prohibición de compra de sexo es parte integral de su agenda de igualdad intervencionista. Entiende que el Estado puede intervenir en los actos sexuales entre adultos para reparar y reequilibrar las desigualdades de género y está profundamente arraigado culturalmente en la larga historia de Suecia (Carson y Edwards, 2011). En cambio, Nueva Zelandia tiene una política completamente diferente que no criminaliza el acto de comprar o vender sexo y, en cambio, trata de regular la actividad a través de otros temas como los relacionados con la fiscalidad, la salud y la seguridad, la violencia sexual y el acoso, etc. Nueva Zelanda, en efecto, rechazó la idea de una prohibición de compra de sexo, pero Harrington argumenta que, contra los autores citados anteriormente, su régimen se ajusta cómodamente a las ideas de la mercantilización de la economía y de la sociedad inherentes al neoliberalismo del Estado (Hanington, 2012). De hecho, a menudo se argumenta que el neoliberalismo es bueno para las trabajadoras sexuales porque su privilegio del individualismo y las fuerzas del mercado pueden racionalizar el tipo de normas sociales dentro de las cuales las mujeres que se dedican al comercio sexual pueden hacerlo sin necesariamente ser estigmatizadas. En este enfoque, la venta de sexo se convierte por lo tanto, en un acto equivalente a vender cualquier otro “producto”.

El hecho de que no exista una relación directa entre los regímenes neoliberales y el neoabolicionismo puede estar en función de las contradicciones que existen dentro de la idea del neoliberalismo en sí mismo. Wendy Brown (2015) sostiene que el neoliberalismo es un concepto polémico, caracterizado por la ambigüedad. Es un fenómeno global, pero es inconsistente y no sistemático en su manifestación. Sin embargo, la manera en que regímenes del trabajo sexual diametralmente diferentes pueden “encajar” en los marcos neoliberales tiene sentido cuando concebimos al neoliberalismo no como una ideología, un conjunto de prácticas estatales singulares, coherentes y políticamente liberales, sino como conteniendo contradicciones y dinámicas complejas (Lamer 2000) que incluyen tendencias hacia ideologías políticas conservadoras y liberales.

Dejando a un lado la gran teoría, este libro sugiere que el mejor enfoque para considerar por qué el neoabolicionismo se ha vuelto tan influyente en el mundo occidental contemporáneo es, en efecto, construir la teoría desde el principio, basándose en estudios de casos concretos. Mientras que el neoabolicionismo tiende a ofrecer las mismas prescripciones políticas donde quiera que sea escuchado, en contextos variables debe adaptarse a las condiciones, historias y subjetividades locales. Sin embargo, no siempre ha tenido éxito precisamente debido a esas condiciones locales, como ilustran algunos de nuestros casos. De este modo, la historia de la organización de las trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda seguramente es la principal barrera al neoabolicionismo allí. Mientras que las estructuras del gobierno australiano y la división relacionada de los poderes legislativos (O’Brien en este volumen) hacen extremadamente difícil para el activismo neoabolicionista tomar posiciones allí a pesar de una marea de apoyo a su agenda.

Aquí sugerimos, a partir de los estudios de caso presentados en este libro, un conjunto de conductores —factores, actores, fuerzas e instituciones— del neoabolicionismo. Sin embargo, es posible que no se encuentren en todas partes, o que de hecho funcionen de manera contraria dependiendo de las particularidades de cada contexto. Los lectores observarán que estos conductores se reflejan de una forma u otra a través de los capítulos a seguir.

 

Los conductores del neoabolicionismo

 

1 Suecia como supermodelo

Esto puede parecer un punto obvio dado la omnipresencia de las referencias al “modelo sueco” por sus defensores, pero es un punto insuficientemente reconocido y hay razones por las que la “suecidad” del modelo es particularmente influyente. Una de ellas es la percepción internacional generalizada de Suecia como una economía equitativa y justa desde el punto de vista moral. Gracias al estatus de Suecia como un “buen ciudadano internacional”, el neoabolicionismo gana legitimidad por asociación. Una segunda razón por la que el modelo se promueve tan exitosamente radica en el impacto de la acción consciente del Estado sueco. El Estado pone fondos y recursos políticos en la promoción del modelo en el extranjero (en la UE, por ejemplo) y en la acogida de delegaciones parlamentarias en el país, como lo atestiguan algunos de los capítulos del libro. El papel de Suecia en promover activamente su enfoque, como parte de su propia creación de imagen en el ámbito internacional, no puede ser subestimado al explicar la capacidad de la idea de obtener acogida en otras partes.

2 Redes transnacionales en la política internacional

La mayor parte de este libro toma como base la aproximación a la política del neoabolicionismo dentro de cada país “desde cero”. No cabe duda de que las redes transnacionales de promoción han sido actores influyentes en la difusión de la idea. Utilizando los espacios creados para ejercer presión en torno a las organizaciones mundiales y regionales, las redes de activistas neoabolicionistas han influido en marcos internacionales sobre la trata sexual, vinculando el tema estrechamente a las políticas de prostitución y abordando “el lado de la demanda”. Muchos de estos grupos de promoción transnacional están asociados con el movimiento mundial de lucha contra la violencia contra la mujer, que ha crecido cada vez más desde la Conferencia de Pekín de 1995 y ahora está integrado en grupos de presión transnacionales como el Lobby Europeo de Mujeres (EWL) cuyo papel clave en la promoción del abolicionismo en Europa es significativo. Los activistas locales de la sociedad civil, que intentan domesticar los ideales neoliberales en sus propios contextos, buscan a los aliados de la sociedad civil global como EVVL y la Coalición contra la Trata de Mujeres, para reforzar su posición.

3 Movimientos contra la violencia contra las mujeres en la política nacional

Mientras que el feminismo ha tenido un debate largo y continuo sobre sus posiciones en el trabajo del sexo, el neoabolicionismo, que postula el trabajo del sexo como intrínsecamente una forma de violencia, logró adaptarse con precisión a los avances hechos por movimientos contra la violencia contra las mujeres en diversos ambientes políticos nacionales. Si bien están vinculadas a organizaciones transnacionales como el EVVL (su Observatorio de la Violencia Contra la Mujer, por ejemplo), como se mencionó anteriormente, muchas organizaciones pequeñas y locales de mujeres han incorporado la idea de la intervención estatal y asegurado el financiamiento estatal para trabajar en contra de la violencia de género y otras formas de violencia contra la mujer. Estos grupos afilaron sus dientes a través de muchos años de activismo a nivel local y nacional para conseguir refugios, programas de educación pública y muchas otras iniciativas. El neoabolicionismo se basó fácilmente en estos esfuerzos y en la experiencia de los grupos de presión para legitimar y popularizar su agenda.

4 Normas de moralidad anticuadas

Un elemento importante del atractivo de la retórica abolicionista consiste en recurrir a valores simplistas del bien contra el mal en lugar de ofrecer un análisis racional de las políticas basado en datos rigurosos. El conocimiento empírico sobre la naturaleza y la extensión del sexo comercial a menudo carece de rigor, o reconocimiento de la complejidad, en muchos contextos nacionales. Por el contrario, los debates sobre la prostitución y el trabajo sexual están a menudo cargados emocionalmente, ofrecen resistencia a los hechos fehacientes, están gobernados por una ideología muy explícita, concurridos por informantes con conocimientos limitados, preeminentemente preocupados por el simbolismo, y finalmente sujetos a cambios abruptos (Wagenaar y Mink 2012). Desde esta perspectiva, por lo tanto, el éxito del neoabolicionismo puede explicarse como una función de la dinámica particular de la formación de normativas de prostitución, tal vez distintas a las de otros ámbitos normativos (como el medio ambiente o el transporte) en la que las preocupaciones morales a menudo triunfan sobre la evidencia. Este argumento sugiere, pues, que es el poder discursivo del neoabolicionismo, su carga moral, lo que le lastra, junto (como ilustran algunos capítulos) a la convergencia de la “anticuada” moralidad sexual conservadora con su primo cercano cuando se trata del comercio sexual: el más a la moda feminismo radical.

5 El imaginario de la trata

El pensamiento neoabolicionista depende en gran medida de la creación de una equivalencia irreductible entre la prostitución y la trata sexual y el poder de la idea de que la trata sexual es un fenómeno enorme y abrumador. Esto no quiere decir que la explotación de las personas que se mueven global o localmente en el comercio sexual no tenga lugar (sería absurdo negar esto) sino que la idea de “trata sexual” se ha utilizado con gran efecto político de la misma manera que la trata de blancas funcionó en la primera parte del siglo XX (Doezema 2010, Soderlund 2013). El imaginario contemporáneo traza una equivalencia entre la prostitución y lo que se denomina trata sexual, porque ambos se entienden fundados en la violencia y la imposibilidad de consentimiento. Confiar en el imaginario de la víctima de trata —inocente, mujer, explotada— supera todos los otros enfoques, incluyendo aquellos que buscan incluir debates sobre la libertad en relación con el cuerpo sexual o la autonomía corporal. A pesar de las estadísticas impugnadas y la complejidad de la “trata” (véase, por ejemplo, Sharma 2003), el poder de este imaginario apunta a las dificultades encontradas para llevar la evidencia empírica al debate. Las víctimas de la trata son, por definición, invisibles y como tal siempre presentes e irrefutables. En virtud de su supuesta inocencia y victimización, siempre triunfarán frente a una trabajadora sexual cuyo estatus es tradicionalmente, aunque con algunas excepciones, considerado política, social y moralmente problemático, incluso dentro de la teoría feminista (Beloso 2012). El imaginario de la trata ha sido particularmente poderoso en los Estados Unidos, permitiendo al Estado asumir el papel de protector benevolente para hacerlo encajar con sus propios intereses territoriales (Soderlund 2005). Sorprendentemente, Portugal está solo entre los Estados miembros más antiguos de la UE como carente de pensamiento neoabolitionista a pesar de la presencia tanto de un movimiento feminista fuerte como de un comercio del sexo. Un fenómeno posiblemente explicado por el hecho de que la “trata” no es un problema para el Estado.

6 El evangelismo religioso

Las neoabolicionistas feministas se han encontrado como extraños compañeros de cama con los cristianos evangélicos en la lucha contra la prostitución / trata sexual. En el contexto americano, los cristianos evangélicos de derecha sostienen ideales neoabolicionistas a pesar de partir de puntos de vista diametralmente diferentes a los de las feministas radicales. Los evangélicos están preocupados por apuntalar la vida familiar heterosexual nuclear y oponerse a la “esclavitud” porque niega a la gente la libertad de seguir a Cristo (Zimmerman, 2013). Se podría argumentar que esta poderosa alianza entre el feminismo radical y la derecha religiosa aseguró la prevalencia del neoabolicionismo en los Estados Unidos. Además, otras tradiciones dentro del cristianismo también pueden conducir al respaldo del neoabolicionismo, como en Francia, donde el neoabolicionismo actual implica una convergencia del feminismo y los movimientos católicos históricos de rescate y justicia social (Mathieu 2016).

7 La cultura política nacional dominante

Como se mencionó anteriormente, el pensamiento neoliberal es un ideal y un conjunto de prácticas encontrados entre las democracias avanzadas discutidas en este libro. Sin embargo, como también se admitió anteriormente, el contexto neoliberal puede funcionar en ambos sentidos en relación con el comercio sexual. El libre mercado puede legitimar el sexo comercial, así como la transferencia de la responsabilidad del bienestar desde el Estado a los individuos puede promover una confluencia entre el abolicionismo neto y los enfoques de usar la justicia penal para tratar la prostitución. Por otra parte, las contradicciones internas del neoliberalismo también son evidentes en el deseo de los Estados liberales de permitir el libre mercado de los bienes a la vez que se evitan con determinación los movimientos transfronterizos de personas. La tendencia común de los Estados capitalistas avanzados a buscar el control de la inmigración en nombre de la seguridad puede crear una causa común con aquellos que buscan criminalizar a los tratantes de sexo y a los compradores de sexo. Dentro de estas corrientes políticas globales, por lo tanto, la importancia del neoabolicionismo en lugares particulares todavía depende mucho de la intersección entre el ideal y las culturas políticas locales. Así, la resistencia al neoabolicionismo puede provenir del individualismo histórico de Nueva Zelanda, mientras que la empatía con la idea se puede encontrar en el feminismo estatal de Suecia, en la historia del regulacionismo moral en Irlanda o en el cambio hacia la responsabilidad personal en Inglaterra y Gales. Las diferencias nacionales, incluidas las culturas y las instituciones políticas, por lo tanto, jugarán un papel en cómo el neoabolicionismo es conducido y quién lo conduce.

8 Política consensuada entre partidos

Un tema llamativo del éxito del neoabolicionismo es el grado de consenso entre los distintos partidos alcanzado en diferentes sistemas políticos. En Suecia. Inglaterra y Gales, Irlanda y los Países Bajos, partidos de todo el espectro, por lo general divididos en otros temas de moralidad privada (sobre cuestiones de derechos de aborto, por ejemplo, o más tradicionalmente sobre la homosexualidad) han encontrado suficiente causa común para trascender lo que los científicos políticos habitualmente denominan escisiones políticas . Donde esto ha ocurrido, es realmente difícil que las opiniones contrarias sean aireadas y / o legitimadas.

9 La fuerza o debilidad relativa de las organizaciones de trabajadoras sexuales

Por último, cualquier discusión sobre los factores conductores del neoabolicionismo necesita referirse a la presencia o ausencia de organizaciones de trabajadoras del sexo y su influencia estratégica o política dentro de cualquier forma de gobierno. Es una tentadora simetría argumentar que cuando hay organizaciones de trabajadoras sexuales fuertes y políticamente astutas el neoabolicionismo por lo menos tendrá ante sí un hueso duro de roer. En este sentido, podríamos argumentar, para poner de manifiesto un punto obvio, que su ausencia se convierte en un impulsor del neoabolicionismo. En los países donde estos movimientos son fuertes, Nueva Zelanda, Australia y los Países Bajos, la política neoabolicionista no ha alcanzado una posición dominante.

Sin embargo, como se trata en el capítulo de los Países Bajos más adelante, se trata de una simetría que no se puede asumir. Igualmente, en los Estados Unidos (la patria, después de todo, de una de las organizaciones originales de trabajadoras sexuales, COYOTE), otros factores, como los identificados anteriormente, han eclipsado el poder y la legitimidad de las organizaciones de trabajadoras sexuales. En este sentido, podemos identificar más correctamente las organizaciones de trabajadoras sexuales quizá como una variable importante en el conjunto en lugar de un conductor diferenciado. Nuestros estudios de caso aquí de nuevo parecen indicar que la mezcla de particularidades locales, incluyendo el poder relativo y el estatus de las organizaciones de trabajadoras sexuales, será significativa en la determinación del resultado de cualquier proceso de reforma de leyes o regulaciones.

 

CONCLUSIÓN


El feminismo carcelario, el Estado y la trabajadora sexual
En una era globalizada, ¿de quién es el poder?

Eilis Ward y Gillian Wylie

Introducción

Las ideas y políticas neoabolicionistas se han vuelto omnipresentes En muchas partes del mundo, está sencillamente dado como hecho probado que criminalizar la compra de sexo reducirá el trabajo sexual y automáticamente provocará una reducción de la demanda que, según se argumenta, es trata con fines de explotación sexual. Por lo tanto, de un solo golpe, junto con la abolición de la prostitución, también se pondrá fin a la trata sexual. Como ilustran los capítulos de este libro, estas ideas en la actualidad animan marcos políticos internacionales y dan forma a muchas políticas estatales hacia el trabajo sexual. Incluso en contextos de países aparentemente inmunes al atractivo de la idea, los activistas neoabolicionistas se conectan con determinación en la esfera pública, impactando en la política local y en las sociedades civiles. Pero, como también ilustra este libro, hay muchos problemas y desafíos en esta línea de argumentación y estos problemas se vuelven a su vez más complejos por las interacciones entre los ideales neoabolicionistas y los regímenes internacionales, las culturas políticas locales y los valores en pugna. A modo de conclusión, ofrecemos algunas reflexiones sintetizadoras sobre el análisis de la trayectoria del neoabolicionismo, reflexiones que se encuentran en los capítulos de este libro, así como algunas reflexiones sobre las implicaciones políticas y sociales de este proyecto feminista radical.

 

Afirmaciones y conductores neoabolicionistas

La afirmación de que “Suecia funciona” es un importante grito de reivindicación y legitimidad para el activismo neoabolicionista, y al que nos referimos al comienzo de este libro. Sin embargo, a lo largo de los capítulos, la idea de que existe una fuerte base de evidencia para el modelo sueco o las prohibiciones de compra del sexo se demuestra repetidamente que es frágil, no menos en el capítulo de Yvonne Swanstrom que señala la falta de una evaluación apropiada de la prohibición de la compra del sexo. A lo largo del libro se cuestiona la base empírica para abogar por criminalizar la demanda masculina. Por ejemplo, el capítulo sobre Irlanda muestra que las estadísticas a menudo citadas en defensa de la posición neoabolicionista son dudosas. En general, la confluencia de la cuestión de la trata sexual con la prostitución es una presunción central del neoabolicionismo porque la imagen predominante de la víctima de la trata como una mujer violada e inocente refuerza las llamadas a criminalizar la demanda y a superar cualquier preocupación “liberal” con la reducción del daño, la libertad de elección o la autonomía personal o las llamadas de atención en cuanto a la complejidad y diversidad dentro del comercio sexual y la viabilidad de la propuesta. Pero también aquí la evidencia sobre la naturaleza y extensión de la trata sexual es altamente problemática y politizada (Feingold 2010; Vance 2011). Lo que estamos sugiriendo aquí es que la influencia generalizada del neoabolicionismo no puede ser explicada en términos de “hechos” establecidos o eficacia probada de esa normativa, sino que su ascenso indudable tiene raíces políticas e ideológicas. Este libro intentó descubrir esas raíces y la interacción entre una idea muy poderosa (el relato feminista radical del comercio sexual) con los procesos políticos y las instituciones de los Estados seleccionados aquí.

Al comienzo de este libro identificamos una serie de conductores del neoabolicionismo, derivados de una visión general de los capítulos aportados. Sugerimos que estos conductores: el ejemplo sueco; el activismo transnacional feminista radical; la violencia contra las mujeres; las normas anticuadas de moralidad; el “imaginario de la trata”; el cristianismo evangélico; las culturas políticas mundiales y locales; y la fuerza del activismo del trabajo sexual, todos se intersectan para producir diversos grados de tracción para el neoabolicionismo en diferentes contextos Esperamos que, ahora al final del libro, la forma específica en que estos conductores combinados ejercen influencia dentro de cada contexto se haya vuelto más claro para los lectores y ayude a dar un sentido analítico a por qué el neoabolicionismo florece o falla en uno u otro lugar.

 

El activismo neoabolicionista tiene un alcance global que se desprende del impacto del activismo feminista transnacional en la ONU y en la UE y en las alianzas estratégicas que los activistas llevan a cabo con los Estados nacionales impulsando su agenda internacionalmente. Después de Palermo y su seguimiento en organizaciones regionales como la UE, los Estados-nación se vieron presionados para adoptar nuevos marcos de lucha contra la trata que a menudo están estrechamente asociados con las medidas neoabolicionistas para frenar la demanda de sexo comercial. Sin embargo, las nuevas normas internacionales no se traducen exactamente a los Estados-nación (Acharya 2004). Aquí los otros conductores también son cruciales en términos de alianzas, estratégicas o de más largo plazo, entre feministas radicales, grupos religiosos y partidos políticos, la presencia o ausencia de contraofertas y la naturaleza de las estructuras políticas, las políticas predominantes y las costumbres políticas. De Suecia a Nueva Zelanda, de los Estados Unidos a Australia y de los países situados en medio, el libro ha sugerido que necesitamos estudiar cada lugar “desde cero” y, con miras a su situación internacional, analizar por qué el neoabolicionismo arraiga o no a través de una lectura contextualizada de estos factores entremezclados.

Por supuesto, es necesario introducir aquí la advertencia usual que “se necesita más investigación”. Nuestro alcance en términos de estudios de casos y contenido de cada capítulo fue necesariamente limitado por el espacio y es posible que otros conductores se estén también presentes en los contextos en estudio. El papel de los medios de comunicación, por ejemplo, se menciona a lo largo de los capítulos, pero está fuera del enfoque del libro y quizá requiere una atención específica. Por otra parte, nuestro escrito se centra en los estados democráticos liberales avanzados y dentro de ese grupo en solamente un puñado seleccionado. Es necesario explorar las experiencias de organizaciones de otros Estados como Grecia, Italia y Hungría, y de Estados de América Latina, Asia y África. Se necesita , de hecho, más investigación, pero sugerimos que los conductores identificados aquí proporcionan un marco útil para ayudar a la investigación comparativa.

Prostitución, feminismo y Estado

Si bien el énfasis en este libro está en las lecturas matizadas del impacto del neoabolicionismo en lugares y espacios particulares, existe una preocupación general, incluida en el título del libro, de explorar lo que todos estos casos nos dicen acerca de las relaciones entre “prostitución, feminismo y Estado” en las democracias contemporáneas, avanzadas y liberales. Como queda claro en cada discusión, el neoabolicionismo lee la prostitución como una encarnación de la desigualdad de género y una forma de violencia contra las mujeres. También vincula la prostitución contemporánea con el imaginario de la trata sexual que se fundamenta en un tosco binario. Este binario niega la posibilidad de consentimiento o autonomía a las que venden sexo y presenta al tratante o al comprador de sexo como siempre hombre, poderoso y criminal. Esta lectura legitima las respuestas estatales al comercio sexual punitivas y procesales, con la ira del Estado (y de las feministas) ostensiblemente dirigida a los hombres pero, más a menudo, creando situaciones cada vez más complicadas para quienes venden sexo. Como tales neoabolicionistas son ejemplos arquetípicos de feministas carcelarias (Bernstein 2010), aliándose con los Estados para criminalizar a aquellos a quienes ven como los autores de la desigualdad. Sin embargo, al hacer estas alianzas con los Estados, terminan por sumarse a políticas a) diseñadas para promover enfoques neoliberales a los problemas sociales y b) promotoras de la exclusión de los trabajadores inmigrantes.

El capítulo británico de Scoular y Carline ofrece un ejemplo de la primera de estas tendencias. Aunque no es un régimen totalmente neoabolicionista, la regulación de la prostitución en Inglaterra y Gales se está moviendo en esta dirección con medidas cada vez más punitivas contra compradores masculinos. Estas políticas son paralelas a las medidas neoliberales de responsabilidad dirigidas a las mujeres que venden sexo, con la esperanza de que se autorreformen. Sin embargo, como hemos señalado al principio, la complejidad de cada caso significa que otras formas de feminismo también pueden encontrarse compinchadas con las políticas estatales de bienestar bajo condiciones de neoliberalismo generalizado, como ilustra la larga tradición del feminismo de Estado en Suecia.

Casi todos los capítulos incluyen una enseñanza de las maneras en que el neoabolicionismo feminista juega en la segunda de estas tendencias. Sobre todo tras el entrelazamiento del pensamiento sobre la prostitución con suposiciones sobre la trata sexual transnacional, las políticas neoabolicionistas pueden terminar implicadas en la justificación de un enfoque carcelario de la política fronteriza. Esto es muy claro, por ejemplo, en el capítulo de O’Brien sobre Australia que demuestra cómo los discursos de la criminalidad y la ilegalidad de la inmigración, ejemplificados por la trata, alinean las aspiraciones neoabolicionistas con la legitimación de las políticas migratorias de exclusión. Swanstrom sugiere que el uso de la prohibición de compra de sexo para desarrollar la política de inmigración y trata no era el objetivo de sus defensoras feministas, preocupadas por sus ideales de igualdad de género. Sin embargo, Halley (2006) sugiere que la determinación de las “feministas de gobernanza” de “recorrer los pasillos del poder” y abogar por los enfoques carcelarios tiene consecuencias problemáticas que deberían haber previsto. De nuevo, sin embargo, es importante reconocer que otras influencias dentro del feminismo también pueden enfocarse como colaboradoras (intencionalmente o no) con la política de control migratorio. El capítulo de Heumann y otros sobre los Países Bajos revela que el ímpetu político para la legalización de la prostitución procedía de la intención de separar a las trabajadoras locales legales de las extranjeras irregulares en lugar de un compromiso purista con los derechos de las trabajadoras sexuales. Irónicamente, el enfoque sueco de “imagen en espejo” también puede producir una jerarquía de víctimas del comercio sexual, dividiendo a las víctimas “nativas” de las trabajadoras sexuales “extranjeras” (Skilbrei y Holmstrom, 2013).

Por lo tanto, el libro muestra cómo el feminismo radical, revitalizado como activismo neoabolicionista, ha llevado al feminismo y a muchas organizaciones y movimientos de mujeres a una conexión preocupante con las agendas estatales y neoliberales. Además, las consecuencias negativas del neoabolicionismo para las mujeres que venden sexo y para las mujeres lnmigrantes en el mundo contradictorio de la globalización neoliberal parecen claras.

 

Conclusión

Las historias contadas en este libro tratan por tanto de los movimientos y alianzas de muchas ideas grandes e instituciones poderosas. Tratan del movimiento de una idea feminista radical en el seno de los aparatos de justicia penal del Estado. Tratan de los cambios profundos que se han producido en el comercio sexual provocados por la innovación tecnológica y los desafíos que ello implica tanto a la policía como a nuestras opiniones de justicia, derechos, moralidad, inclusión y exclusión. Tratan de la toma de posición estatal ante la inmigración y las desigualdades globales. Tratan de la tensa relación entre la evidencia y la formulación de políticas en un ámbito político que se ve afectado por la producción de conocimiento. También son historias sobre cómo algunos Estados (Suecia y los Estados Unidos) utilizan ciertas ideas para sus propios propósitos de Estado en las relaciones internacionales. Sin embargo, a lo largo de todo este libro y en las preocupaciones de los autores, no se encuentra el imaginario sino la realidad de la trabajadora sexual y en particular de la trabajadora sexual inmigrante. Nuestro enfoque en lo político, lo ideológico y lo institucional en el libro, necesariamente miró más allá de esta realidad y abarcó las narrativas más sociológicas y personales necesarias para explorar este campo. Sin embargo, queremos concluir reuniendo de nuevo todos estos ámbitos, desde el cuestionamiento del poder estatal, el feminismo de gobernanza y las ideas sobre el neoliberalismo hasta la realidad cotidiana de las trabajadoras sexuales. Dada la agenda liberal e inclusiva del feminismo, su rechazo de las políticas de dominación y su valoración de la subjetividad, es más preocupante que la “lógica primaria” del feminismo radical (Sandbeck 2012) dentro del neoabolicionismo sea una agenda de orden público, de mecanismos de justicia penal, encarcelamientos, actuación estatal prioritaria y avance de la política neoliberal. El feminismo radical ha permitido al poder del Estado reducir a un estereotipo, cosificar y victimizar los cuerpos de las trabajadoras sexuales inmigrantes y de todas las trabajadoras sexuales.

Referencias

Acharya, A. (2004) ‘How Ideas Spread: Whose Norms Matte?? Norm Localization and Institutional Change in Asian Regionalism’, International Organization, 58(2): 239-275.

Bernstein, E. (2010) ‘Militarized Humanitarianism Meets Cameral Feminism: The Politics of Sex, Rights and Freedom in Contemporary Anti-trafficking campaigns’, Signs, 36(1): 45-71.

Feingold, D. (2010) ‘Trafficking in Numbers: the Social Construction of Human Trafficking Data’ in P. Andreas and K. Greenhill (eds) Sex, Drugs, and Body Counts: The Politics of Numbers in Global Crime and Conflict. New York Cornell University Press, pp. 46-74.

Halley, J. (2006) Split Decisions: How and Why to Take a Break from Ferninian. Princeton, NJ and Oxford: Princeton University Press.

Sandbeck, S. (2012) ‘Towards an Understanding of Carceral Feminism as Neo-liberal Biopower’ unpublished paper delivered at the annual conference of the Canadian Political Science Association, University of Alberta, Canada.

Skfibrei, M. L. and Holmstrom, C. (2013) Prostitution Policy in the Nordic Region: Ambiguous Sympathies Farnham and Burlington, VA: Ashgate.

Vance, C. (2011) ‘States of Contradiction: Twelve Ways to Do Nothing About Trafficking while Pretending to’, Social Research, 78(3): 933-948.

Anuncios

“Scarlet Alliance, colectivo de trabajadoras sexuales australianas, denuncia la votación de la Unión Europea” 27 de febrero de 2014

descarga

 

El 26 de febrero de 2014, el Parlamento Europeo votó por 343 votos a favor, 139 en contra y 105 abstenciones un informe que insta a penalizar a los clientes de las trabajadoras sexuales en Europa. El informe dice que tales leyes son beneficiosas para las trabajadoras sexuales. 

http://www.scarletalliance.org.au/media/News_Item.2014-02-26.0622/

 

“Decir que este informe despenaliza el trabajo sexual es falso. En cualquier caso, la consecuencia de penalizar a una de las dos partes implicadas es que la detección y la vigilancia policial se ejercen tanto sobre el cliente como sobre la trabajadora sexual. Cuando los policías son los  reguladores de la industria sexual, son las trabajadoras sexuales las que sufren las peores consecuencias de la corrupción”, aclaró hoy Janelle Fawkes, Presidenta de Scarlet Alliance. “Las trabajadoras sexuales de Europa temen que este informe haga que los estados miembros legislen para penalizar el trabajo sexual y estigmatizar a las trabajadoras sexuales como ‘víctimas’, lo que sería un paso en el sentido contrario al reconocimiento del trabajo sexual como trabajo”.

En su discurso al Parlamento Europeo, la parlamentaria laborista y redactora del informe Mary Honeyball afirma que nunca ha conocido a ninguna trabajadora sexual que haya estado allí por su propia libre decisión. “Está claro que Mary Honeyball no ha consultado con las trabajadoras sexuales, ya que nuestras colegas trabajadoras sexuales de toda Europa han levantado su voz manifestando su oposición a este informe”, replicó Janelle Fawkes.

“Las leyes suecas que penalizan a los clientes han demostrado ser un fracaso de una década de duración”, explica Janelle Fawkes. “En Suecia, es ilegal alquilar una habitación a una trabajadora sexual, lo que significa que es atacada la autonomía de las trabajadoras sexuales y sus derechos legales se ven reducidos por miedo a ser detectadas. Los hijos adultos que viven en casa de sus padres de las ganancias de estos han sido procesados por “proxenetismo” y las trabajadoras sexuales no pueden trabajar juntas, anunciarse o contratar servicios de seguridad. La policía mantiene bajo vigilancia los lugares de trabajo de las trabajadoras sexuales y, en consecuencia, los clientes solo contactan en lugares públicos para evitar la detección. En Suecia, las leyes que penalizan a los clientes son usadas de forma activa y maliciosa contra las trabajadoras sexuales”.

La campaña de Mary Honeyball alcanzó una inaceptable bajeza cuando clamó que las 550 organizaciones que se opusieron a su informe y a la penalización (incluyendo La Strada International, el Grupo Europeo de Tratamiento del SIDA y el Grupo de Mujeres Alemanas), eran “… organizaciones formadas por proxenetas”. Tales acusaciones incoherentes y deliberadamente falsas silenciaron eficazmente el activismo en contra del informe y sofocaron el debate.

El informe, su aceptación por el Parlamento Europeo y la rapidez con la que 35 años de activismo del movimiento de trabajadoras sexuales en Europa han sido barridos bajo la alfombra son un nuevo bajón para las feministas, la democracia representativa y los derechos humanos en Europa.

La consecuencia práctica de este informe es que ejercerá presión política sobre los estados miembros para que penalicen el trabajo sexual, a fin de acomodarse a las recomendaciones del Parlamento Europeo.

Luca Stevenson, coordinador del Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa, dijo ayer: “Esta es una política fracasada denunciada por todas las organizaciones de trabajadoras sexuales y muchas organizaciones de mujeres, LGBT e inmigrantes, así como por muchos organismos de la ONU”.

Ana Mohr, que apoya a las trabajadoras sexuales en Bucarest e hizo presión en contra del informe, dijo ayer: “… en esencia, la penalización lleva al estigma y el estigma lleva al acoso”.

La Presidenta de Scarlet Alliance, Janelle Fawkes añade: “Tales leyes reducen la capacidad de decisión y autonomía de las trabajadoras sexuales sobre los clientes y las condiciones de trabajo, aislan y desplazan a las trabajadoras sexuales, levantan barreras que dificultan el acceso a los servicios de salud y de justicia, llevan a las trabajadoras sexuales a la clandestinidad y aumentan el estigma y la discriminación”.

“Cualquiera que crea que este modelo de regulación supone SOLO la penalización de los clientes, y no la de las trabajadoras sexuales, está equivocado”. Janelle Fawkes dijo: “Mary Honeyball está proponiendo la penalización. Son las trabajadoras sexuales las que saldrán perdiendo con estas leyes”.

Tengo 42 años, estoy casada y soy trabajadora sexual

 

Nikki Cox

 

Por Caroline Overington

Jueves 28 de febrero de 2013

http://aww.ninemsn.com.au/article.aspx?id=8617465

 

¿Qué pensáis cuando pensáis en prostitutas? ¿Pensáis en mujeres con tacones altos, paradas en la calle bajo luces rojas? ¿Pensáis en mujeres tan deterioradas y drogadictas que no deben tener otra opción que venderse a sí mismas? Bueno, pues si es así, conoced a Nikki Cox.

 

Nikki celebrará este año —sí, celebrará, ya que ama su trabajo— sus 17 años como trabajadora sexual (éste es un término que ella y todas las mujeres de este relato prefieren, ya que “prostituta” tiene connotaciones negativas).

Nikki ha salido del armario y está orgullosa de su profesión. Toda su familia sabe lo que hace. Está ganando dinero a cambio de sexo desde que tenía 23 años. Tiene ahora 42 y no tiene planes para retirarse pronto.

“Yo tenía una peluquería”, dice Nikki. “No ganaba mucho dinero. Hacía declaraciones de impuestos para conseguir un extra. Entonces me prometí y me iba a casar, pero el chico con el que estaba prometida nunca había tenido sexo. Me preocupaba que el chico se desviara después de que nos casáramos, así que le envié a ver un local de trabajo sexual”.

La cosa funcionó muy bien. Hasta podríamos decir que funcionó demasiado bien porque lo siguiente de lo que Nikki se enteró es de que su novio estaba saliendo con una trabajadora sexual. Nikki fue al burdel y pidió ver a la administradora.

“Se indignó tanto como yo”, dice Nikki. “¡Eso es absolutamente falto de profesionalidad! Pero de todas formas hablamos la trabajadora sexual y yo y de verdad que me gustó aquella mujer —era fuerte y llena de confianza en sí misma, independiente y realmente divertida”.

Las dos mujeres se hicieron amigas. “Nos gustaba pasar el rato juntas, y un viernes por la  noche que estábamos en su casa viendo vídeos entró una llamada de dos tíos que querían dos chicas”.

La amiga de Nikki dijo: “¿Juegas?” y Nikki pensó: “¿Por qué no?”, y fue más agradable de lo que esperaba.

“Los dos chicos eran muy jóvenes —mayores de edad, sin duda, pero jóvenes— y sus padres estaban en casa, así que tuvimos que entrar de puntillas y nos chistaban porque no querían que se despertaran su mamá y su papá”, dice Nikki.

“La sesión duró media hora, así que 40 minutos más tarde estaba de vuelta en casa de mi amiga, sentada en el sofá con dinero en el bolsillo. Y mi amiga dijo: “¿Qué te pareció?” y yo dije: “¡Me ha gustado!”.

Nikki comenzó a trabajar al día siguiente y no ha parado desde entonces. Se lo dijo a sus padres casi de inmediato. Su papá dijo:”Pero, ¿por qué?”.

“Y yo dije: “Y ¿por qué no?”, dice Nikki. “Y mamá estuvo absolutamente bien. De hecho, me dijo que uno de mis antepasadas, durante la guerra en Inglaterra, hizo favores a militares a cambio de raciones de comida. ¡Así que viene de familia!”.

Quizás estéis pensando: “Vale, todo esto está muy bien, pero Nikki ha arruinado su vida. ¿Cómo puede esperar llegar a tener nunca una relación propia?”. Pues aqui viene la siguiente sorpresa: Nikki está casada. Conoció a su marido, Mark, en un bar en San Diego en 1997. Él estaba en la armada de EE.UU y ella estaba de vacaciones.

“No sabía que yo era australiana cuando se acercó a hablar”, dice Nikki, “pero había estado en Australia con la armada. Nos caímos bien. Yo no le dije de entrada que era trabajadora sexual. Fuimos a dar un paseo aquella noche. Al día siguiente fuimos a Sea World”.

Nikki deja claro lo que ella quería: “¡Estaba buscando una aventura de una noche!” —pero Mark dijo no.

Y lo peor era que él tenía que embarcar al cabo de  pocos días, “pero luego me estuvo llamando desde cada puerto al que llegaba”, dice Nikki. Al cabo de dos semanas le dijo: “Soy trabajadora sexual”.

¿Su respuesta? “Dijo: ‘Eso es genial’. Sabía de qué se trataba. ¡Está en la armada! Y comprende que lo que yo hago no es lo que yo soy”.

Esto era en 1997. La pareja se casó en 2001 y siguen juntos. Nikki dice que su marido “nunca, nunca, nunca” ha tenido celos, “exactamente igual que yo no tengo celos de los camiones que repara. Para nosotros es normal”.

“Cuando vuelvo a casa él puede decir: ‘Qué tal te ha ido el día?’ Y yo diré: ‘Ocupado, he visto a cuatro o cinco personas’ y él dirá ‘¡Caramba, ha sido un buen día!’ Las personas que son más importantes en mi vida no me discriminan. Me quieren por lo que soy”.

Leed más de este relato en el ejemplar de marzo de The Australian Women’s Weekly.

 

Día Internacional de las Putas

http://scarletalliance.org.au/events/1011/internationalwhoresday2010/ 

Hola, mi nombre es Nicolette. Soy una trabajadora sexual que se inyecta drogas y he trabajado en una variedad de entornos de la industria del sexo en distintos países durante los últimos 14 años. 

Personalmente, considero un gran privilegio tener la oportunidad de hablar aquí hoy. Manifestándonos juntas aquí para celebrar el Día Internacional de las Putas, estamos honrando y reconociendo a las trabajadoras sexuales de Lyon, Francia, que el 2 de junio de 1975 fueron las primeras trabajadoras sexuales que emprendieron una acción directa de desobediencia civil para llamar la atención sobre el acoso policial y la violencia sancionados por el Estado perpetrados contra la comunidad de trabajadoras sexuales de Lyon, y sobre la vergonzosa negativa del gobierno a entablar diálogo con las trabajadoras sexuales francesas. Las acciones de las visionarias y revolucionarias trabajadoras sexuales de Lyon son reconocidas como el nacimiento del movimiento internacional de lucha por los derechos de lxs trabajadorxs sexuales, que ahora se extiende por todo el mundo y está integrado por cientos de miles de trabajadorxs sexuales activistas. 

Al hablar aquí hoy, quiero expresar mi reconocimiento a los habitantes indígenas y legítimos propietarios de la tierra en la que estamos hoy. Quiero también mencionar que la Australia colonial (como cualquier otro país del mundo), tiene una rica historia de trabajo sexual. Sin embargo, como muchas otras cosas que han sido omitidas en las percepciones populares de la historia colonial de Australia, el hecho de que muchas de las mujeres que bajaron de los primeros barcos de colonos fueron trabajadoras sexuales, raramente es reconocido o mencionado. Sin embargo, en lugar de los mitos coloniales que impregnan la historia populista de Australia, es casi exacto decir que los primeros colonos que pusieron pie en tierra australiana fueron trabajadoras sexuales. 

En todo el mundo, el Día internacional de las Putas es celebrado por lxs trabajadorxs sexuales mediante diferentes actos. Algunas de nosotras hacemos protestas, otras  organizamos foros o celebramos fiestas; en todos los casos, celebramos esta ocasión en que estamos unidas para pedir el fin de la discriminación, del acoso y la criminalización a los que nos vemos sometidas por una plétora de agentes, incluyendo políticos, líderes religiosos, la comunidad en su más amplio sentido y los diversos tentáculos del Estado.

El Día Internacional de las Putas conmemora a las 150 trabajadoras sexuales de calle que ocuparon durante una semana la histórica iglesia St. Nizier, de Lyon (un edificio gótico dedicado a varios santos, martirizados por sus creencias) hasta que fueron violentamente expulsadas por la policía antidisturbios. Cuando la noticia de la ocupación, el 2 de junio de 1975, de la iglesia de St. Nizier por las trabajadoras sexuales se extendió por Francia, las trabajadoras sexuales de otras provincias emprendieron acciones similares. Las trabajadoras sexuales de París enviaron una delegación de solidaridad a Lyon para apoyar la ocupación de las trabajadoras sexuales de Lyon, trabajadoras sexuales de otras provincias francesas emprendieron semejantes ocupaciones de iglesias y una espontánea “huelga de trabajadoras sexuales” se organizó en una serie de provincias francesas. 

Así, es en memoria de las trabajadoras sexuales de Lyon que fueron las primeras en atreverse a desafiar las políticas del Estado y el tratamiento dado a las trabajadoras sexuales que, mediante la celebración y reconocimiento del Día Internacional de las Putas, continuamos la lucha por el reconocimiento de que el trabajo sexual es trabajo, y de que lxs trabajadorxs sexuales piden el mismo nivel de respeto y las mismas condiciones de trabajo seguras, equitativas y justas a los que tienen acceso los trabajadores de otras industrias.

Como trabajadorxs sexuales, la discriminación a la que hacemos frente tiene muchas formas: 

Desde la discriminación que deriva de la aversión moral al trabajo sexual y que despierta en nuestros detractores desinterés deliberado, pena, vergüenza, horror y lástima, hasta las políticas y leyes estatales que no reconocen el trabajo sexual como una ocupación legítima y a lxs trabajadorxs sexuales como legítimxs trabajadorxs, aunque reclaman que paguemos impuestos por nuestros imaginarios ingresos millonarios, sin proporcionarnos ninguno de los derechos a los que los trabajadores de otras industrias tienen acceso como un mínimo de derechos laborales establecidos, tales como baja de enfermedad, paro, jubilación, etc. 

Las políticas estatales institucionalizadas criminalizan cómo trabajamos, dónde trabajamos y cómo elegimos este trabajo. A pesar de que el trabajo sexual está despenalizado, legalizado y tolerado en todos los Estados y Territorios de Australia, somos rutinariamente detenidas, acosadas y asaltadas por la policía por escoger trabajar en la calle; nuestros lugares de trabajo son objeto de redadas por la policía, agentes de inmigración y otros funcionarios; nuestrxs amigxs trabajadorxs sexuales internacionales ven que se les niega el visado para trabajar en Australia si meramente se sospecha que son trabajadorxs sexuales; se nos vilipendia como no idóneos para ser padres o madres por departamentos del gobierno tales como DOCS; y, en algunas partes de Australia, se nos obliga a registrarnos en la policía si queremos trabajar legalmente como trabajadorxs sexuales. Esta política se justifica diciendo que es necesaria para la “protección del cliente”. 

Las actitudes discriminatorias de la sociedad en general hacia lxs trabajadorxs sexuales son igual de flagrantes, aunque más insidiosas, en la medida en que las actitudes putofóbicas permean la cultura popular y son raramente cuestionadas por alguien distinto a las propias trabajadoras sexuales. Podría dar infinitos ejemplos de las actitudes putofóbicas que infectan nuestra cultura; sin embargo, sólo pondré un ejemplo “cotidiano” de una actitud anti-trabajo sexual que a mí, particularmente, me produce ira y rabia. Recientemente leí una novela de misterio y asesinatos de una popular autora de actualidad que contenía una anécdota supuestamente divertida en las primeras páginas de la novela. La autora había dedicado la novela a su querida hermana, que era su gran apoyo. El tributo a la hermana de la autora contenía detalles de una conversación entre las hermanas previa al momento de comenzar a escribir la novela. La hermana había autorizado a la autora a usar su nombre real para uno de los personajes de la novela, pero con la condición de que no se aplicara a un personaje que fuera “un asesino en serie o una puta”. 

Este puede parecer un asunto sin importancia; sin embargo, es indicativo del modo como lxs trabajadorxs sexuales son vistas por la sociedad. Las trabajadoras sexuales no somos sólo objeto de ridículo, sino que somos, al parecer, igualmente vilipendiadas como asesinas en serie. A pesar de la aparente fascinación sin límites de la cultura popular hacia el trabajo sexual, si examinamos las actitudes dominantes de la sociedad hacia nosotras, veremos que se nos retrata en papeles extremadamente limitados. Las trabajadoras sexuales somos retratadas como víctimas que necesitan ser rescatadas; como personas malas o inmorales (en particular, las trabajadoras sexuales que se atreven a desafiar los roles de género dominantes a los que se supone que hay que ajustarse); emocionalmente inestables; con odio a los hombres; ocultadoras de oro y hambrientas de dinero; oprimidas hasta el punto de pasividad en que permitimos al cliente estereotipado (siempre imaginado como un hombre gordo, sórdido e hirsuto) hacer cosas degradantes sobre nuestro cuerpo tumbado; o el estereotipo exactamente opuesto: la trabajadora sexual como una ninfómana hambrienta de pollas. 

Estas percepciones de las trabajadoras sexuales, junto a otros estereotipos corrientes, igualmente ofensivos, indican una flagrante falta de comprensión de lo que es el trabajo sexual y lxs trabajadorxs sexuales. 

Que no seamos admitidas casi nunca en foros influyentes en los que podríamos oponernos a estos estereotipos impide que podamos cambiar la comprensión y las percepciones de la sociedad hacia nosotras. Sin embargo, al estar hoy aquí, lxs trabajadoxs sexuales estamos demostrando que estamos trabajando activamente para cambiar esas concepciones erróneas y mentiras acerca de nosotrxs que impregnan todos los niveles de la sociedad. Lxs trabajadorxs sexuales continuaremos haciendo lo que podamos para terminar con la discriminación que sufrimos: continuaremos sensibilizando y educando a los medios de comunicación y al público en general acerca del lenguaje que queremos que se use para describirnos; continuaremos pidiendo la derogación de las leyes que tienen un efecto negativo sobre nuestra capacidad de trabajar del modo que elijamos; continuaremos reuniéndonos con los líderes de la comunidad/policía/instituciones religiosas/departamentos gubernamentales/políticos, etc. Continuaremos incansables con nuestros esfuerzos activistas para pedir que nuestras voces sean oídas y escuchadas, y que seamos tratadas con el respeto y la dignidad que merecemos y se nos concedan plenos y equitativos derechos legales y laborales. 

Pero no depende sólo de nosotrxs como trabajadorxs sexuales cuestionar las actitudes, leyes y percepciones de la sociedad hacia nosotrxs. En último extremo, sois vosotros —no trabajadorxs sexuales— quienes tenéis que empezar a escucharnos, y a examinar y cuestionar vuestras actitudes hacia nosotras. 

Para terminar, parece adecuado citar a una de las trabajadoras sexuales de Lyon que ocuparon la iglesia de St. Nizier e inspiraron el Día Internacional de las Putas. “Todos vosotros estáis hablando de nosotras: queremos cambiar el modo en que habláis de nosotras”. 

Gracias. 

Nicolette