Desmontando el Abolicionismo: La Demanda de Pandora

 

Por Raj Redlich

 

Parte I: La Falacia de MacKinnon (sin puteros no hay prostitución)

 

Parte II: Precarizando a las Precarias (economía del modelo nórdico)

 

Parte III: Puticonsumismo (no hay putero para tanta puta)

 

Parte IV: El Putero Samaritano (cuando el cliente ayuda a la prostituta)

La ideología feminista radical conforma las leyes de prostitución de Canadá

 

Por Stuart Chambers

31 de enero de 2019

https://www.thepostmillennial.com/radical-feminist-ideology-informs-canadas-prostitution-laws/

 

En 2014, el gobierno conservador de Stephen Harper aprobó la Ley C-36, la Ley de Protección de Comunidades y Personas Explotadas, que convirtió “considerar obtener servicios sexuales” en un delito por primera vez en Canadá desde que el Código Penal fue promulgado en 1892.

El título de la Ley, sin embargo, es engañoso. Según Debra M. Haak, Ph.D. Candidato y docente en la Universidad de Queen, el principal objetivo de la nueva legislación es “denunciar y disuadir la prostitución en sí”, no mantener a las trabajadoras sexuales a salvo.

La Ley puede haber sido una iniciativa conservadora, pero su tono y sustancia fueron moldeados en gran parte por el feminismo radical. Impulsada ideológicamente, aplicada arbitrariamente y empíricamente sospechosa, el gobierno liberal debería derogar la Ley C-36.

La Ley es incompatible con la postura del Primer Ministro Justin Trudeau sobre la igualdad de género. 

 

El fundamento de la Ley C-36: ideología feminista radical

El preámbulo de la Ley C-36 está infundido con el dogma feminista radical. Por ejemplo, el gobierno conservador expresó una gran preocupación por “la explotación que es inherente a la prostitución”, así como por “el daño social causado por la cosificación del cuerpo humano y la mercantilización de la actividad sexual”.

Se dio importancia a la necesidad de “proteger la dignidad humana y la igualdad de todos los canadienses al desalentar la prostitución”. Lo primero y lo más importante, esto se lograría mediante la prohibición de “la compra de servicios sexuales”.

En un informe de 2007 del Comité Permanente sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer ya se había expresado una declaración similar: Convertir la indignación en acción para abordar la trata de personas con fines de explotación sexual en Canadá.

Bajo “Desigualdad de género”, el Comité estuvo de acuerdo con el testimonio de testigos que denunciaron la prostitución como “una forma de esclavitud sexual que permite que la trata de personas prospere y crezca”. Para ayudar a mitigar el impacto negativo de la prostitución, el Comité recomendó que los hombres y las mujeres recibieran un trato legal diferente.

Las prostitutas, sugería, no eran delincuentes sino “víctimas de explotación sexual”; por lo tanto, solo los “consumidores de la prostitución” deberían estar sujetos a sanciones penales.

La misma retórica también fue transmitida por organizaciones feministas abolicionistas en apoyo de la apelación del gobierno federal en el caso Bedford v. Canadá, un caso de 2010 del Tribunal Superior de Justicia de Ontario que consideró que las disposiciones del Código Penal en torno a la prostitución eran inconstitucionales.

Las intervinientes feministas sugirieron que la prostitución era “una práctica global de explotación sexual y violencia masculina contra las mujeres que normaliza la subordinación de las mujeres en una forma sexualizada”.

La prostitución, afirmaron, “explota y agrava la desigualdad sistemática de las mujeres”. En 2013, dirigiendo una apelación contra Bedford ante el Tribunal Supremo de Canadá, las abolicionistas definieron claramente su posición: los hombres eran “la fuente de los daños de la prostitución”.

Una vez que se dio reconocimiento legal a estas suposiciones, se produjo un cambio paradigmático en las líneas de género. Las prostitutas ya no eran unas delincuentes sino víctimas inocentes. Sus clientes masculinos fueron representados como victimarios depredadores.

 

Criminalización asimétrica

Desde su inicio, la Ley C-36 fue diseñada específicamente para estigmatizar y castigar a los principales compradores de sexo —hombres heterosexuales— por un comportamiento que el Estado considera inmoral.

Hay que recordar que, en 2014, el entonces ministro de Justicia, Peter MacKay, afirmó que el objetivo del gobierno era “proteger a las más vulnerables persiguiendo a los perpetradores, a los pervertidos, a los consumidores de esta práctica degradante”.

Las opiniones de MacKay se alinearon perfectamente con el apoyo feminista radical a la criminalización asimétrica. Las defensoras de este modelo abolicionista puro —las feministas radicales que creen que la prostitución es un “intercambio explotador unilateral arraigado en el poder masculino”— imponen sanciones penales exclusivamente a los hombres, el lado de la demanda de la transacción.

A las que prestan servicios sexuales —a las mujeres— se les ofrecen estrategias de salida. Por más que lo intenten, los conservadoras y las feministas radicales tienen dificultades para explicar por qué los hombres deben ser detenidos, multados o encarcelados por sexo consensual.

Para justificar el enjuiciamiento, los miembros conservadores del Parlamento han encontrado una manera creativa de sortear el dilema del consentimiento.

En su informe titulado The Tipping Point, la conservadora progresiva Joy Smith (Kildonan – St. Paul, Manitoba) apoyó la siguiente posición: “el consentimiento de la prostituta es irrelevante porque nunca se puede consentir la explotación sexual”.

Desde la perspectiva abolicionista, el consentimiento de las trabajadoras sexuales debe ser desautorizado por razones obvias: una, la libertad de elección de las trabajadoras sexuales cuestiona la afirmación de que las mujeres son víctimas universales de la opresión y explotación masculinas; y dos, los hombres quedarían impunes. Por lo tanto, se niega el consentimiento de una trabajadora sexual para justificar la criminalización asimétrica.

 

Evidencia ignorada por las abolicionistas feministas

Las abolicionistas feministas han eludido sistemáticamente la evidencia creíble que contradice sus afirmaciones autoevidentes sobre el origen de los daños de la prostitución.

En 2013, cuando la Corte Suprema de Canadá —en una decisión unánime— anuló las disposiciones del Código Penal que restringían los servicios sexuales remunerados, no culpó a la parte de la demanda de las negociaciones sexuales. Por el contrario, apuntó directamente a la ley.

Como señaló el presidente de la Corte Suprema, Beverley McLachlin, las prohibiciones “no solo imponen condiciones a la forma en que operan las prostitutas. Van un paso crítico más allá, al imponer condiciones peligrosas a la prostitución; impiden que las personas que participan en una actividad arriesgada, pero legal, tomen medidas para protegerse de los riesgos”.

La Corte también adoptó un enfoque científico, más que ideológico, de la cuestión. Estuvo de acuerdo con el juez de primera instancia en que “el trabajo en interiores es mucho menos peligroso que la prostitución callejera, un hallazgo que la evidencia respalda ampliamente”.

No es sorprendente que las organizaciones feministas abolicionistas hayan sido inquebrantables en su posición: “El peligro para la seguridad de las mujeres no es una función de las leyes que restringen la prostitución, sino de las acciones de los hombres que exigen la venta de los cuerpos de las mujeres”.

Los estudios académicos también ayudan a desmentir el mito de que la prostitución es inherentemente dañina. El trabajo sexual en Canadá, un informe emitido por la profesora de la Universidad de Victoria Cecilia Benoit y Leah Shumka, señaló numerosos estudios que muestran que “entre el 60 y el 80% de las trabajadoras de interiores informan que nunca han experimentado violencia relacionada con el trabajo”.

En Nevada, donde la prostitución ha sido legal desde 1971, el mito de la explotación ha sido ampliamente desacreditado. De las trabajadoras de los burdeles encuestadas por la socióloga Barbara G. Brents y sus colegas, la gran mayoría (84%) se sentía segura en su trabajo, era libre de ir y venir a su antojo, y no fue obligada a participar en el comercio.

Cuando una reciente iniciativa electoral cuestionó el estatus legal de la prostitución en el condado de Lyon, Nevada, aproximadamente el 80% votó en contra de la prohibición de los burdeles. En Queensland, Australia, un informe de 2011 de la Comisión de Delitos y Mala Conducta reconoció las conclusiones de estudios recientes: “los burdeles regulados son los entornos de trabajo más seguros y saludables para las trabajadoras sexuales”.

Para aquellos que suscriben el paradigma de la opresión —la creencia de que las prostitutas pueden reducirse a una categoría única universal de explotadas y violadas— los hallazgos empíricos y la investigación etnográfica son irrelevantes.

Las feministas abolicionistas creen que el sexo remunerado constituye violencia, por lo que desde su perspectiva, su convicción personal debería dictar las políticas públicas y la ley. Tomando prestada una frase a Stephen Harper, se niegan a “cometer sociología”.

 

El futuro de la prostitución en Canadá

Debido a que la ideología feminista radical conforma la Ley C-36, los hombres ahora enfrentan la encarcelación por el “crimen” de ofrecer una compensación financiera por servicios sexuales.

En cuanto a las mujeres que desean permanecer en el comercio sexual, se encuentran en entornos clandestinos más peligrosos que amenazan directamente su salud y, potencialmente, sus vidas. Phoebe J. Galbally, Candidata a la Maestría en Derecho de la Universidad de Melbourne, lo explica de manera sucinta:

“La perspectiva feminista radical del trabajo sexual, tal como se implementó a lo largo de la promulgación de la Ley C-36, tiene el efecto de socavar la capacidad de las mujeres de participar consensualmente en el trabajo sexual, criminaliza directamente su estatus y no proporciona medios alternativos para su subsistencia. un factor que es particularmente problemático a la luz de los efectos notables de la pobreza y la desventaja social en la generación de la necesidad de participar en el trabajo sexual”.

Las conclusiones de Galbally están respaldadas por Alice Little, una trabajadora sexual legal en la zona rural de Nevada.

En un podcast diario de 2018 del Cato Institute, acusa a las abolicionistas de engañarla: “Si cierras mi burdel, no me estás dando ninguna opción legal para trabajar y esencialmente me están enviando al sistema ilegal. Literalmente eres la persona que me está poniendo en peligro, bajo el pretexto de estar ayudándome”.

Si lo que dice Little es cierto, eso haría de la Ley C-36, no de la demanda de servicios sexuales, una forma de violencia.

Los liberales de base ya están presionando al actual gobierno de Trudeau para que implemente medidas más progresivas, una de ellas es la despenalización de la prostitución.

Y lo que es más importante, las mismos trabajadoras sexuales quieren que los miembros del Parlamento traten la prostitución como otra forma de trabajo y que reconozcan que su salud y seguridad “deben [recibir] mayor prioridad por parte del gobierno”. Miembros de un grupo de presión, Prostitutes of Ottawa- Gatineau Work, Educate and Resist (POWER), quiere que los liberales deroguen la Ley C-36, una ley a la que se refieren como “dañina e inconstitucional”.

El primer ministro Justin Trudeau enfrenta un dilema político propio. Tras hacerse “feminista”, le dijo a Poppy Harlow de CNN que “una persona feminista es alguien que cree que los hombres y las mujeres deben ser iguales, y que cree que hay mucho trabajo por hacer para lograrlo”.

Trudeau olvida que las diferentes ramas del feminismo no están de acuerdo sobre el tema de la prostitución. Las feministas liberales apoyan en gran medida los derechos de las trabajadoras sexuales, mientras que las feministas radicales se niegan a reconocer el trabajo sexual como una forma de trabajo. Pero si Trudeau cree sinceramente en la igualdad de género y la igualdad de trato ante la ley, sería hipócrita de su parte apoyar la criminalización asimétrica, una estrategia legal que, por definición, trata a hombres y mujeres de manera desigual.

Si se aprobara una nueva legislación basada en la neutralidad de género y la legitimidad del consentimiento, Trudeau, junto con el nuevo Ministro de Justicia, David Lametti, resolvería rápidamente cuatro cuestiones importantes.

Primero, estarían enviando un mensaje claro de que la salud y la seguridad de las trabajadoras sexuales se están tomando en serio. Segundo, los hombres no serían tratados de manera diferente bajo el sistema legal debido a su género. Tercero, los liberales reafirmarían la posición de que el Estado no tiene lugar en los dormitorios de la nación.

Por último, las leyes no serían conformadas por ideólogas feministas radicales, específicamente aquellas que ven un enfoque de la legislación basado en la evidencia como una ocurrencia.

POR LA SALUD DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES

 

El martes 22 de enero, el Consejo Constitucional (de Francia) considerará el tema de la penalización de los clientes de las prostitutas tras la presentación de una cuestión prioritaria de constitucionalidad por parte de las asociaciones presentes diariamente sobre el terreno y las personas concernidas.

 

https://www.medecinsdumonde.org/fr/actualites/tribunes/2019/01/21/pour-la-sante-des-travailleurs-ses-du-sexe

 

UNA PENALIZACIÓN QUE ATENTA CONTRA LA SALUD Y LOS DERECHOS

Nosotros, profesionales de la salud, responsables asociativos, actores y actrices sobre el terreno, cuestionamos la penalización de los clientes porque atenta contra la salud, la seguridad y los derechos de las personas que se prostituyen, independientemente de su grado de autonomía en la actividad.

Contrariamente a los clichés que se transmiten con demasiada frecuencia, es fundamental recordar la diversidad de situaciones que abarca esta actividad. Si bien algunas personas realizan una actividad de una manera acordada y aceptada, otras son explotadas o forzadas por diferentes razones. Hay, de hecho, entre estos extremos tantas situaciones como personas.


CONTRA TODAS LAS FORMAS DE REPRESIÓN


Las políticas públicas relacionadas con la protección y la salud de las personas que se prostituyen deben poder comprender la diversidad de situaciones individuales y responder a ellas de manera diferenciada, lo que nunca ocurre con las políticas represivas. La Alta Autoridad de Salud, ONUSIDA, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo expresan sin parar: no es la compra de sexo tarifado lo que expone a las personas que se prostituyen, sino las condiciones de ejercicio de la actividad. En este sentido, estas instituciones se han pronunciado contra cualquier forma de políticas represivas.

 

Leer la continuación de la tribuna en Le Monde…

 

Lista de firmantes

 

  • Philippe de Botton, médico, presidente de Médicos del Mundo.
  • Carine Favier, doctora en enfermedades infecciosas, miembro de la Junta de Sidaction, París.
  • Chloé Argentin, médico, planificación familiar.
  • Christine ETCHEPARE, médico, Arcat, París
  • Fanny Frost, adictóloga general, miembro de la Junta de Cabiria, Lyon
  • Jean Claude Guichard, médico, ENTRADAS, Lille
  • Ludovic Toro, médico general, vicepresidente de la ELCS (representantes locales electos contra el SIDA), París
  • Michèle Cukier, doctora, Arap Rubis, Nîmes
  • Patricia Enel, doctora en salud pública, presidenta de saludos cordiales, Marsella y presidenta de COREVIH PACA OUEST CORSE.
  • Paul Bolo, médico general, presidente de Paloma, Nantes
  • Acepta-t, Act UP París, South-West Act Up, Ayudantes, Inter-LGBT, Amigos del autobús de mujeres, acción TRANS INTER
  • Bérangère Donnet, médico, La Casa de la Salud Dispersada (MDS), Lille
  • Agathe Pesci, médico general, Lyon
  • Alexandra Salaun, médico general, Lille
  • Profesor Alfred Spira, médico de salud pública, Academia Nacional de Medicina, París
  • Alice Mabille, enfermera del Centro Henri Becquerel, Rouen
  • Anaenza Maresca-Freire, doctora en enfermedades infecciosas, Ambroise Paré, Boulogne Billancourt
  • Anne Bertin-Maghit, enfermera, Nantes 24. Anne Kamel, médico general, Caen
  • Anne Le Rhun, médico de salud pública, Nantes
  • Anne Simon, doctora en enfermedades infecciosas, Hospital Pitié Salpétrière, París
  • Anne-Elisabeth Mazel, médico general, Bobigny
  • Antoine Canat, adictólogo, CSAPA du Griffon, Villeurbanne
  • Antonin Mathieu, médico general, París
  • Axelle Romby, sexóloga, miembro de la Red Pública de Salud Sexual, París
  • Aymeric Pansu, médico general, Villeurbanne
  • Bao-Chau Phung, médico de enfermedades infecciosas, BICHAT, París
  • Bénédicte LEFEBVRE, médico, departamento de enfermedades infecciosas y tropicales, hospital de Saint-Antoine, París
  • Benjamin Silbermann, médico del hospital, Unidad de atención ambulatoria y consulta, Hospital Cochin, París
  • Bertrand Riff, médico, la Casa Dispersada de Salud (MDS) Lille, presidente de COREVIH Hauts de France
  • Camille Ponté, farmacéutica, Centro Hospitalario Universitario de Toulouse y Asociación de Intermediación CAARUD Clémence Isaure, Toulouse
  • Camille Rolland, médico interno, Paris 38. Carine Rolland, médico general, Nantes
  • Catherine Bertaux, médico general jubilada, Rouen
  • Cécile Neichel, enfermera, Haguenau
  • Cécilia Gilles, partera, París
  • Christine Bobin, farmacóloga, Universidad de Nantes.
  • Christine Fernández, doctora en salud pública, (PF69 y CeGIDD Lyon), ex presidenta de Cabiria
  • Christine Rouzioux, viróloga, París
  • Christophe Ségouin, médico de salud pública, hospitales universitarios de Saint-Louis, Lariboisière Fernand Widal APHP, París
  • Claire Coutand, interna de Orl, Lille 47. Claire Daumont, enfermera, Cabiria, Lyon
  • Claire Dubois, enfermera, Nantes.
  • Claire Fesquet, pasante en medicina especializada en salud pública, Nantes.
  • Clara Lepez, médico general, París.
  • Claudine Duvivier, doctora, París.
  • Clémence Conrié-Sadde, pasante en medicina, Nîmes
  • Clément Fourrier, interne en médecine, CHI André Grégoire, Montreuil
  • Professeure Constance Delaugerre, virologue, hôpital Saint Louis, Paris
  • Coraline Delebarre, psychologue sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Corinne Lussault, médecin retraitée, ex-cheffe de service Centre Henri Becquerel, Rouen
  • Cyril Jaume, médecin généraliste, Montpellier
  • David Friboulet, psychothérapeute sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Delphine Maraval, infirmière, Boos
  • Dominique Pataut, médecin, Paris
  • Dora Levy, médecin généraliste, Paris
  • Elisa Verchay, psychologue, Nice
  • Elodie Malvezin, Médecin généraliste, Centre de santé et de planification familiale Belleville, Paris
  • Emilie Moreau, psychologue sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Ernst Wisse, infirmier, Paris
  • Esther Batsch, médecin généraliste, Paris
  • François Guillemot, médecin gastroentérologue, Hôpital de Roubaix
  • Françoise Vitou, psychologue, psychanalyste, Paris
  • Fréderic Dubois, praticien hospitalier retraité, laboratoire de virologie CHRU, Tours
  • Gonzague de Larocque Latour, médecin sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Guillaume Girard, praticien hospitalier, Service de Gynécologie Obstétrique, Hôpital Armand Trousseau, Paris
  • Guy Sebbah, médecin, directeur général du groupe SOS Solidarités, Paris
  • Gwenaal Domenech, psychologue sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Hannane Mouhim, infirmière et cheffe de service, Le Kiosque Infos Sidaet Toxicomanie, Paris
  • Hélène Valentin, infirmière et secrétaire de l’association Pénélope, Illkirch-Graffenstaden
  • Hervé Bideault, praticien attaché, CeGIDD. PREP, Service des Maladies Infectieuses et Tropicales Hôpital Saint Antoine, Paris
  • Inès Gay, infirmière, Urgences générales, CHU Lariboisière, Paris
  • Jean-Claude Guichard, médecin, Lille
  • Jean-Louis Grenier, médecin retraité, Nantes
  • Jean- Paul Le Flaguais, psychologue clinicien retraité, Paris
  • Jean-Paul Vincensini, médecin, Maison Chemin Vert, Paris
  • Jeanine Rochefort, gynécologue retraitée, Paris
  • Jessica Krause, médecin, hôpital Saint Antoine, Paris
  • Joël Le Corre, médecin retraité, Paris
  • Julie Bottero, médecin de santé publique et infectiologue, Bondy
  • Julie Létuvé, infirmière, Nantes
  • Laure Chianese, psychologue sociale de la santé AP-HM, administratrice Autres Regards, Marseille,
  • Laurianne Badoc, médecin généraliste, Paris
  • Léo Benabdelkarim, psychiatre, Lyon
  • Louis Jarnet, médecin, Nantes
  • Louise Arnou interne en médecine générale, Lyon
  • Louise Chardenal, médecin généraliste, Lyon
  • Louise Soyer, psychologue clinicienne psychothérapeute, Rouen
  • Lucie Grignon, médecin généraliste, Nantes
  • Lucie Guilbaud, gynécologue obstétricienne hôpital Trousseau, Paris
  • Maëla Le Brun Gadelius, infirmière, directrice Association Bus 31/32, Marseille
  • Maieule Nouvellet, infirmière, Paris
  • Maïwenn Henriquet, infirmière, Nantes
  • Malika AMELLOU, médecin responsable, centre de régulation des naissances Simone VEIL, hôpital St-Louis, Paris
  • Marc Shelly, médecin de santé publique, hôpitaux universitaires Saint-Louis, Lariboisière Fernand Widal APHP, Paris
  • Marie Ahouanto-Chaspoul, médecin, hôpital Bichat SMIT, Paris 102. Marie Lemort, médecin généraliste, Nantes
  • Marie Sautereau, psychiatre CH Le Vinatier, Lyon
  • Marie Jeanne Martin, médecin, Lille
  • Marie-Dominique Pauti, médecin, Paris
  • Méghane Barriol-Blondet, psychologue clinicienne, Centre Hospitalier Théophile Roussel, Montesson
  • Mélanie Manas, médecin généraliste remplaçante, Lyon
  • Michel Etchepare, médecin de santé publique, Paris
  • Professeur Michel Kazatchkine, ancien directeur Fonds mondial et envoyé spécial du secrétaire général des Nations unies sur le sida en Europe de l’Est et en Asie centrale
  • Michel Ohayon, médecin, sexologue, Le 190, Paris
  • Michel Rigouin médecin, Ste Maxime
  • Michèle Quiquerez, gynécologue Strasbourg
  • Mireille Vache-Picat, cadre de santé de la fonction publique retraitée, Rouen
  • Monique Hegele, infirmière Strasbourg
  • Nadège Pierre, psychologue, sexologue, Paris.
  • Nadine Feuillolay, infirmière retraitée, Rouen
  • Nathalie Cabirol, médecin, Carros
  • Nathalie Thomas, infirmière et présidente-adjointe de l’association Pénélope, Strasbourg
  • Niklas Luhmann, médecin, Paris
  • Oriane Christin, médecin généraliste, Nantes
  • Pascale Bernard, médecin généraliste, Nantes
  • Patrice Walter, Médecin généraliste, Hatten
  • Patrick Bouffard, médecin, Paris
  • Pierre Cahen, médecin sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Pierre Ganier, médecin et président de l’association Pénélope Strasbourg
  • Pierre-Emmanuel Chon, médecin généraliste, Nantes
  • Pierre-Marie Girard, médecin infectiologue, Chef du service des maladies infectieuses et tropicales, Hopital st Antoine, Paris
  • Philippe Faucher, gynécologue obstétricien, Hôpital Trousseau et Saint Antoine, Paris
  • Philippe Otmesguine, médecin sexologue, membre du Réseau de Santé Sexuelle Publique, Paris
  • Rita Heintz, infirmière et coordinatrice de l’association Pénélope, Offendorf
  • Roxane de Almeida, infirmière au CHU service réanimation chirurgicale, Rouen
  • Sarah Neusy, gynécologue obstétricienne, Paris
  • Sébastien Fouere, médecin, hôpital Saint-Louis, Paris
  • Séverine Oriol, médecin généraliste, Centre de santé Commune à Vaulx-en-Velin, praticien attaché service d’orthogénie et CeGIDD des Hospices Civils, Lyon
  • Serge Hefez, psychiatre des hôpitaux, responsable d’ESPAS (espace social et psychologique d’aide aux personnes concernées par le sida), Paris
  • Solenne Gaborit, infirmière anesthésiste, Clinique Jules Verne, Nantes
  • Sonia Mehalaine, infirmière, Strasbourg
  • Sophie Laurence, infirmière, Paris
  • Sylviane Chapron, infirmière retraitée, Rouen
  • Tania Kandel, médecin de santé publique, coordinatrice du Contrat Local de Santé, Direction de la Santé Publique, Mairie d’Aubervilliers
  • Thibaud Maindru, médecin généraliste, Nantes
  • Thibault Chiarabini, médecin généraliste DESC infectieux, Paris 143. Thierry Brigaud, médecin de travail, ancien président de Médecins du Monde, Montpellier
  • Trystan Bacon, médecin généraliste, Angers
  • Professeur Willy Rozenbaum, président du COREVIH IDF Est, Paris
  • Professeur Yazdan Yazdanpanah, chef de service des maladies infectieuses et tropicales de l’hôpital Bichat, Président du COREVIH IDFNord, Paris
  • Yves Michelet, médecin généraliste retraité, Mont Saint Aignan

 

Fecha de la publicación

21 de enero de 2019

“No, el ejercicio del trabajo sexual no es en sí mismo violencia”

 En una tribuna en “Le Monde”, un grupo de trabajadoras sexuales responde a una columna publicada anteriormente en el periódico que era favorable a mantener la penalización de los clientes. Este grupo afirma: “Son las condiciones bajo las cuales lo ejercemos lo que lo hace peligroso. “

Por Colectivo

18 de enero de 2019

https://www.lemonde.fr/societe/article/2019/01/18/non-l-exercice-du-travail-sexuel-n-est-pas-en-soi-une-violence_5411261_3224.html?fbclid = IwAR0BglTqh5zDqJiXjKu24ewJWKSR_63Zuerna925tx4jaJk-85c6rKnyF4o

 

“Combatir el sexismo y la violencia no se puede hacer sin las trabajadoras sexuales, ni en su detrimento, porque no se puede hacer educación sobre igualdad o feminismo pisoteando los derechos humanos básicos de ciertas categorías de mujeres” Philippe Turpin / Photononstop

 

Tribune En un foro publicado en Le Monde el 9 de enero titulado “Ley de prostitución: Despenalizar sería un desastre”, médicos abolicionistas creen ser expertos en nuestras vidas, especialmente “sexuales y de relaciones”, que obviamente no conocen. Muy preocupados por el estado de nuestras bocas, vaginas y rectos, nos llaman “personas compradas”.

También citan las palabras de un ginecólogo sacadas de un informe de la Inspección General de Asuntos Sociales (IGAS), mencionando nuestras “vulvas deformadas” y nuestras “vaginas con cicatrices”, amalgamando casos de violencia extrema con el conjunto de las trabajadoras sexuales, como si la actividad sexual regular pudiera destruir nuestros genitales. Esto daría risa si no fuera un asunto tan serio.

Les respondemos: dejad de instrumentalizar nuestro supuesto sufrimiento, real o imaginario; dejad de usar vuestras posiciones de autoridad para estigmatizarnos y generalizar. Nuestras bocas, vaginas y rectos, penetrados o no, no os pertenecen. Y la desmesura de vuestras palabras debería haceros perder todo crédito.

No hay evidencia científica

Todas las autoridades sanitarias nacionales e internacionales (OMS, ONUSIDA, The Lancet), todas las asociaciones que trabajan por la salud (Médecins du monde, Aides, Planning familiar) recomiendan la despenalización del trabajo sexual. Es por esta razón que un pequeño grupo de médicos prohibicionistas, cerca de la mitad de los cuales trabajan con organizaciones contra la prostitución, se ha lanzado al rescate contra toda evidencia científica.


Dejad de usar nuestro supuesto sufrimiento, real o imaginado; dejad de usar vuestras posiciones de autoridad para estigmatizarnos y generalizar


Se basan en un extracto de los informes de la Inspección General de Asuntos Sociales (IGAS) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) sin tener en cuenta su totalidad. Por lo tanto, vamos a citarlos para restaurar los hechos. En su resumen, el IGAS no habla de una “diversidad y gravedad de los problemas relacionados con la prostitución”, sino de “varias patologías que no son necesariamente directamente atribuibles a la práctica de la prostitución”, o incluso de riesgos de “una agudeza muy variable según los modos y las condiciones de ejercicio, y según el perfil de las personas”. La OMS no dice que “despenalizar la prostitución sería un desastre”, sino que “todos los países deberían centrarse en despenalizar el trabajo sexual”.

Se atreven a escribir que nada permite en 2019 afirmar la existencia de un aumento de la violencia después de la penalización de los clientes, a pesar de los asesinatos de nuestras compañeras, a pesar de nuestros numerosos testimonios, de los informes en aumento de las asociaciones, o incluso del estudio de evaluación de la ley publicado en abril de 2018. ¿Cómo estas personas, habitualmente tan rápidas para instrumentalizar las violencias que vivimos, de repente prefieren negar las que sufrimos a causa de la ley?

No es contrario a nuestra dignidad humana

No, el ejercicio del trabajo sexual no es en sí mismo violencia. Son las condiciones en las que lo ejercemos las que lo hacen peligroso, y es precisamente por eso que la penalización de los clientes nos expone más a esa violencia. No, el ejercicio del trabajo sexual no es contrario a nuestra dignidad humana. Son indignas las leyes prohibicionistas, las discriminaciones, la difamación y la estigmatización que sufrimos.

No, nuestra expectativa de vida no es de solo cuarenta años, como se afirma sin pruebas. Basta con leer el informe de la Alta Autoridad de Salud sobre nuestra población para convencerse, o simplemente con escucharnos. No sufrimos peor salud que el resto de la población, excepto por la exposición más frecuente a la agresión debido al hecho de que tenemos que escondernos para ejercer.

El uso de drogas no es mayor entre las trabajadoras sexuales que entre el resto de la población general, excepto el tabaco y el cannabis, como se informó en este estudio, según el cual nuestro consumo excesivo es comparable al de los desempleados y trabajadores pobres. Porque, sí, esta actividad permite a las más vulnerables de entre nosotras vivir y acceder a la autonomía económica.

 Miedo al estigma médico

Además, llamamos la atención de la profesión médica, especialmente del sector ginecológico, sobre el temor sistemático que tenemos a decir nuestras actividades a nuestros médicos, así como sobre los malos tratos que sufrimos tan pronto como los sanitarios saben que somos trabajadoras sexuales Esto nos lleva a descuidar nuestra salud por temor al estigma médico contra nosotras.


No, el ejercicio del trabajo sexual no es contrario a nuestra dignidad humana. Son las leyes prohibicionistas, la discriminación, la difamación y el estigma los que son indignos.


El procedimiento implementado en la tribuna a la que respondemos es impactante: sus autores utilizan su autoridad médica para decir que “del 80% al 95% de nosotras habríamos sido víctimas de violación en la infancia”. Nuevamente, estas cifras no se basan en ningún estudio científico y son deshonestas, porque ¿de qué se trata, si no de invalidar nuestros discursos con el pretexto de que solo seríamos víctimas incapaces de discernimiento y análisis?

Recordemos lo que el movimiento #metoo ha sacado a la luz: los abusos sexuales son masivos y estructurales. Afectan a la población en general, sean trabajadoras sexuales o no. Lo que esto revela es que el sexismo afecta a toda nuestra sociedad, y que esta realidad concierne a todas las mujeres.

Que hayamos sido violadas o no, no cambia nada el hecho de que nadie puede negar nuestra capacidad para tomar decisiones como personas adultas, incluido el ejercicio de nuestra profesión, independientemente de nuestros sentimientos, positivos o negativos, en cuanto a su ejercicio. Combatir el sexismo y la violencia no se podrá hacer sin las trabajadoras sexuales, ni en su detrimento, porque no se puede hacer feminismo o educación en igualdad pisoteando los derechos humanos fundamentales de ciertas categorías de mujeres. Incluso si trabajan con sus genitales.

 

Tribuna colectiva de 130 trabajadoras sexuales, prostitutas/os, escorts activas/os o retiradas/os.

Entre las primeras firmantes (se respetan las presentaciones que desean las personas involucradas): Marianne Chargois (trabajadora sexual durante quince años), Samantha Avrillaud (prostituta en el Bois de Vincennes), Carole Ben Amar (prostituta en el Bois de Vincennes), Fathy Ben Soussan (prostituta en el Bois de Vincennes), Christine Lyon (trabajadora sexual durante treinta años, 53 años), Giovanna Rincon (trans-feminista-seropositiva y trabajadora sexual), Isabelle Rouget (prostituta en el Bois de Vincennes), Thierry Schaffauser (trabajador sexual), Sonia Verstappen (trabajadora sexual, treinta y seis años de actividad).

Lista completa de firmantes:

Tribune: Depénaliser pour respecter les vies des Travailleuses du sexe

Cómo la penalización de los clientes está arruinando la vida de las trabajadoras sexuales

 

Una trabajadora sexual en el bosque de Boulogne. AFP / THOMAS SAMSON

 

Por Pierre Bafoil

6 de diciembre de 2018

https://www.lesinrocks.com/2018/12/06/actualite/comment-la-penalisation-des-clients-pourrit-la-vie-des-travailleuses-du-sexe-111149359/

 

Están cansadas. Leyes que las ponen en una situación de angustia y debilidad, violencia día tras día, el estigma social que pesa sobre ellas. Con motivo de la presentación de la Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad contra la ley de penalización de los clientes de la prostitución, tres trabajadoras sexuales cuentan su vida cotidiana.

 

Cuando llega a la rue Saint-Denis en París, Sandra * tarda varios minutos en hacer tres metros. Allí un conocido, aquí un colega, enfrente un amigo que no ve desde hace mucho tiempo. Finalmente, vuelve de su ronda de saludos, que la ha llevado a la rue Blondel, la perpendicular, y cruza la carretera echando pestes.

“Es una locura, hemos estado allí más tiempo que todos los demás, pero las putas no tenemos derecho a los cruces de peatones”. Lo suficientemente fuerte como para alegrar los rostros de los clientes que evitan cuidadosamente cruzar la mirada con estas damas de colores y tacones, apoyadas contra las paredes de la calle.

“Prostituta, otra palabra que nos menosprecia”

Sandra lleva más de quince años trabajando en la rue Saint-Denis. Es una “tradicional” de este lugar histórico de la prostitución parisina, cantado con ternura por Brassens. “Odio la palabra ‘prostituta’, incluso prefiero decir” puta “[ N.de la T.:prostituta en francés se dice prostituée, prostituída], advierte empujando la puerta de su apartamento de 17 m2 en el último piso de un edificio antiguo con pinturas decrépitas. Prostituta es una palabra que nos menosprecia. Somos trabajadoras sexuales “. 

Incluso cuando ya no está trabajando en la calle conserva este nombre, Eloísa*. Desde hace siete años, trabaja en internet, en sitios de escorts. Se contacta con ella a través de anuncios publicados en plataformas especializadas más o menos legales. Recibe en habitaciones subarrendadas o se traslada a casa del cliente y al hotel. “No podría con la acera”, explica, “mi actividad en Internet me conviene, sé cómo hacer las cosas, siento cosas, puedo decidir a quién veo. Todas desarrollamos filtros de gilipollas, según la práctica o el lugar de trabajo. Bueno, ahora es cada vez más difícil poder elegir … “

Samantha ha perfeccionado su “filtro de gilipollas” durante más de veinticinco años. Desde que trabaja en el Bois de Boulogne y en la Porte de Charenton, al otro lado de París. A veces a pie, a veces en furgoneta. Ella conoce a todos en Boulogne. En la oscuridad de la linde del bosque, por las siluetas, por el modo de andar, por la ubicación, reconoce a las colegas a quienes dirige besos soplados. “Trabajo cada vez más en furgoneta”, dice, saludando a un grupo que conversa debajo de un árbol, “pero de todas formas vengo dos o tres veces al mes, para mostrar que todavía estoy aquí y para conservarr mi lugar”.

Su lugar es entre dos autos estacionados junto al bosque, frente a una lámpara de calle apagada. Después de cierta hora, se ilumina solo por las luces amarillentas de los faros de los coches. Hace meses que dura esto, hace meses que trabaja en los peligros de la negra noche. “A veces hay que trabajar a la luz del teléfono. Francamente, esto se está volviendo cada vez más difícil”. 

“Protegednos en lugar de precarizarnos” 

Sandra, Eloise y Samantha. Tres cuadragenarias, tres trabajadoras sexuales independientes, tres lugares de prácticas diametralmente diferentes para una declaración común: “Nuestras condiciones se han deteriorado gravemente. Se ha sumido nuestra actividad en un miserabilismo peligroso”.

Ya sea en Internet, en la calle o en el bosque, para ellas solo hay un rayo de esperanza: la anulación de la ley que penaliza a los clientes de la prostitución. Hace unas semanas se transmitió al Consejo Constitucional una Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad y las últimas conclusiones se presentaron el 5 de diciembre. Los Sabios deben tomar su decisión antes de tres meses.

Estas tres trabajadoras sexuales confiaron sus historias a Inrocks. Todas quieren explicar “su elección profesional”. Cansadas de ser reducidas a mujeres débiles, explotadas y sin libre albedrío. “Obviamente estamos en contra de la trata, pero nosotras hemos elegido, zanjan a coro. Nadie nos obliga. ¿En nombre de qué se nos prohibe hacer lo que queremos? Protegednos en lugar de precarizarnos.” 

“Prefiero esto a cualquier otra cosa”

Sandra, rue Saint-Denis, y Eloise, en la red, no siempre han estado en el trabajo del sexo. La primera habla poco de su vida anterior. Comenzó hace dieciséis años, como resultado de “problemas en su vida profesional”. A principios de la década de 2000, tuvo la oportunidad de comprar un pequeño apartamento en la rue Saint-Denis, que aún hoy ocupa. Entonces comienza por su cuenta. “Me fastidiaba. Me niego a tener un jefe detrás que me dé órdenes. Me gusta este aspecto inconformista”.

Para su familia, ella es una recepcionista en un hotel. Niega que el estigma social de su trabajo real afecte a sus familiares. No sabe si su hija, estudiante, lo entendería. “Podría rechazar el dinero que le doy, y eso no lo quiero”.

 Durante quince años, Eloise, una ejecutiva de negocios, llevó “una vida bastante clásica después de hacer un master en administración”. Gradualmente, sufrió un “deterioro de las condiciones laborales, presión, falta de respeto por parte de la jerarquía”. Dos depresiones la llevaron a “cuestionarse” a ella misma. Libertina desde siempre, se lanzó a ser escort “por pura curiosidad”. Practicó como aficionada por unos años antes de ponerse en serio. De “amateur”, se convierte en “profesional”.

“Esto me conviene”, dice. “No recomendaría esta actividad, pero a mí me conviene. No todo el mundo puede hacerlo, pero yo sí puedo. Y puesta a elegir, prefiero esto a otra cosa”. 

“Ya existía el SIDA, siempre ha habido insultos, violencia”

Samantha comenzó mucho antes. Salida de las clases populares de La Rochelle, a partir de los 14 años tiene relaciones sexuales tarifadas. “Los miércoles por la tarde y el sábado por la tarde, cuando no teníamos escuela, para ganar dinero para mis gastos”. Dos veces por semana, paseaba a su perro por un lugar de ligue y se hacía pagar a cambio de caricias. “A veces era un poco más, y entonces pagaban más”, dice. “Yo era completamente inconsciente. De hecho, era pedofilia. Pero en la década de 1980 nadie hablaba de eso”.

 A los 20 años, va a París. “Traté de reinsertarme”, recuerda con una sonrisa. Pero los problemas y los trabajos mal pagados se acumulan. En el París gay de mediados de la década de 1990, conoció a personas que, por deudas por alquileres impagados, la llevaron a Dauphine. Frente al Bois de Boulogne.

“Comencé aquí como gigoló”, dice, señalando el frontón de la estación de RER, ella que desde entonces vive plenamente su feminidad y ha rehecho su cuerpo “sin la ayuda de nadie, con mis dineros, ganados aquí “. Poco a poco, se mueve al otro lado de la plaza, cerca del bosque. Puntúa sus frases con una media sonrisa. “Me aceptaron, las antiguas me acogieron bajo su ala”. Estamos en 1996, en esa época solo hay “caminantes”, pocas furgonetas. Mostrando todos los rincones y las grietas de la plaza, Samantha relata la “Belle Epoque” de la década de 1990. “Ya existía el SIDA, siempre ha habido insultos, ha habido violencia”, dice. Pero se podìa trabajar. No se puede comparar con lo de hoy “. 

“Caza de putas”

Las tres han visto degradarse sus condiciones de trabajo bajo las embestidas de leyes más represivas que protectoras. En la calle Saint-Denis, Sandra recuerda la caza a la captación de clientes de los años de Sarkozy. “Dejaron caer a los propietarios a favor del proxenetismo. En aquella época, mediante alquiler, hacíamos los tres turnos en los apartamentos. Durante años, hicieron la vista gorda al proxenetimso hotelero y, de repente, jodieron a todo el mundo “. Sólo pudieron continuar las que eran propietarias, por su cuenta. Las demás fueron obligadas a juntarse en los sórdidos bulevares o en la penumbra de los bosques de la capital.

Samantha trabaja en el bosque desde hace años, desde que fue penalizada la captación. A mediados de la década de 2000, era detenida regularmente por la policía que patrullaba el bosque de Boulogne. Se pasaba noches enteras en las comisarías de La Faisanderie, Mozart o Crimea, “donde llevan a las putas”. “Los policías nos humillaban”, chilla. Las llamaban “señor”, las cacheaban desnudas, las repartían en grupos de doce en las celdas de custodia. “Aquello, por lo menos, se calmó”, sonríe, “pero después de eso, ha habido la penalización de los clientes. Eso se ha convertido en un horror”. 

“Tenemos que aceptar todo”

La “caza de putas” dirigida por la policía nunca ha preocupado a Eloise, ya que siempre ha trabajado en Internet, lugar de prostitución poco controlable. Por otro lado, al igual que sus compañeras de trabajo en las aceras, la ha afectado de lleno la penalización los clientes. “Desde los primeros debates, incluso antes del voto de la ley, esto se ha venido abajo”, dice. “Los clientes no venían. Una vez que se aprobó la ley, todo se ha degradado”.

 Cuando comenzó, hace siete años, Éloïse no volvía a contactar con los clientes cuyas llamadas se perdían. Tenía nuevas llamadas continuamente. “No había necesidad de hacer más”. Pero a partir de 2013, se ve obligada a apañárselas sola. “No nos damos cuenta, pero en Internet no es tan fácil. Hay mucho trabajo de marketing. Hay que tomar fotografías, publicar anuncios, responderlos, tener una buena referencia. Es un auténtico trabajo cuesta arriba “.

Antes de la ley, Eloise elegía a quién ver y a quién no. Cuando decía no, era no. Y después, el equilibrio de poder definitivamente se ha invertido. “Tenemos solicitudes constantes de relaciones de riesgo y, como tenemos menos clientes, tenemos que aceptar todo”.

Agarradas por el cuello

“Hoy, no tenemos otra opción”, resume Sandra, en su pequeño apartamento a media luz en la calle St. Denis. Durante mucho tiempo, sus clientes, además de los clientes habituales, eran “los pequeñas billeteras”, “los grandes tímidos” y los“locos”. “Pero ahora solo nos quedan unos pocos regulares, y el diez por ciento restante, los que se enfurecen”. Los robos, la violencia y los clientes hostiles se han convertido en el pan cotidiano de estas trabajadoras sexuales.

Para hacer frente, se organizaron. En la Rue Saint-Denis, todas las trabajadoras sexuales de su edificio están conectadas por un sistema de alarma que se dispara si una de ellas está en peligro. Un interruptor en la puerta, otro cerca de la cama. Tan pronto como hay un problema, lo aprietan para alertar a sus colegas, para hacer “tam-tam”.

En el bosque, no hay alarma posible. Las condiciones de las trabajadoras sexuales son aterradoras. “Son ellos los que arriesgan ahora, así que se permiten negociar”, dice Samantha escandalizada. Fuma nerviosa su cigarrillo y habla de los clientes que negocian la mamada a diez euros, los que no quieren protegerse, los que hacen bajar los precios entre diferentes trabajadoras. Echa pestes contra “aquellos que silenciosamente rompen el condón durante el polvo”. 

Antes de echar una larga bocanada de humo: “Todas estamos agarradas por el cuello. Los clientes saben que si nos negamos, inevitablemente lo encontrarán más barato”. Allí donde hacía una docena de clientes por noche, ya fuera en automóvil ya en el bosque, ahora apenas consigue tres servicios por noche. El día anterior, desde la medianoche hasta las 9 de la mañana, hizo dos. “He calculado que esto sale a menos de cuatro euros por hora. Así ya no se puede vivir.”

Lo último en salir a colación son las redes de proxenetas. En su parte del Bois de Boulogne, Samantha asegura que no hay ninguno. En la década de 2000, algunos equipos del Este intentaron tomar el lugar. Sin éxito. “Han emigrado a Vincennes. Pero las niñas explotadas también sufren la penalización de los clientes. Hay chicas rumanas que chupan por quince euros y se acuestan por treinta, en falda en medio del invierno, mientras que sus cabrones esnifan coca calientes en sus coches”. 

Agresiones, violaciones y asesinato

Además de los clientes que negocian precios o relaciones sexuales sin protección, hay agresores que se benefician de la precariedad de las trabajadoras sexuales. En el bosque, Samantha teme cada vez más a estas bandas que las acosan. Este verano, mataron a Vanessa Campos, una transexual colombiana, con una bala en el cuerpo después de haberla golpeado.

Durante ese mismo verano, a kilómetros de Boulogne, Eloise revisaba sus mensajes cuando un cliente la llamó. Había visto su anuncio en un sitio de internet y quería verla. Ella lo necesitaba, solo le quedaban más que unos pocos días para pagar el alquiler.

“Excepto que tengo talento para oler a la gente y él, por teléfono, no olía bien,, pero no pude negarme”, dice en voz baja. Su talento no la mentía. Nada más llegar, el cliente la apuntó. Al ver que ella no tenía dinero, la violó antes de golpearla y huir. “Nunca me había pasado esto”, dice. “Ahora tienes que ceder a todo”.

“No quiero parar”

Cuando surge el tema de las rutas de salida, establecidas en paralelo a la ley de penalización para permitir a las trabajadoras sexuales “reinsertarse”, Samantha estalla en carcajadas. “Es una mierda, nos ofrecen hoteles llenos de cucarachas y trabajos miserables”. Reflexiona: “Si hoy una joven me dice que quiere prostituirse, la ato a una silla para que no vaya, va a poner en riesgo su vida. Pero, nosotras, aquí estamos y aquí nos quedamos. Yo no quiero parar, solo quiero mejores condiciones de trabajo “.

Ninguna de los tres desea parar. Todas se niegan a que se les diga qué hacer. En su punto de mira, además del gobierno “hipócrita” que “no las conoce”, están las “abolas” como las llaman. Es decir, las “abolicionistas”, cuyo Mouvement du Nid hace de mascarón de proa, reclamando la abolición de los intercambios económico-sexuales, con el argumento de que el trabajo sexual es una dominación de los hombres sobre las mujeres. Posiciones que sacan de sí a Samantha, Sandra y Eloise. “Joder, pero dejadnos vivir nuestra vida, no pedimos nada a nadie”, se enoja una. “¿En nombre de qué me van a prohibir hacer lo que quiera?”, tiembla de cólera otra cuando la tercera precisa: “Estamos contra la trata de mujeres, contra las redes. Pero dejadnos ser libres a las independientes”.

“Si no derogan esta ley, es criminal”

Cuando uno intenta avanzar en algunos de sus argumentos, como la violencia que uno imagina legítimamente establecida en el mundo de la prostitución, las respuestas no tardan en llegar. “Espera, pero lavar a los viejos, llevar un arma en el ejército para matar gente o limpiar los baños ¿está bien?”, gruñe Sandra. “Vale cualquier cosa que no sea chupar pollas, pero ¿por qué? ¿Quién ha dicho eso”

La misma historia con Eloise. “Se ha decretado que la sexualidad pertenecía al terreno de la intimidad, pero es una concepción social. Yo no lo creo. No obligo a nadie a creer o hacer como yo, pero es insoportable que nos quieran impedir hacer lo que queremos “.

“Yo no vendo mi cuerpo”, prosigue. “Vendo una prestación por tiempo determinado de mi cuerpo”. En un momento, nos aventuramos a preguntar si les gusta su trabajo. “A las cuidadoras que limpian culos, ¿les gusta su trabajo?. A veces sí, a veces no. como a nosotras. Hay momentos duros y momentos agradables, igual que nosotras. Y los mineros, cuando se les dieron derechos en el siglo XIX, ¿se les preguntó si les gustaba su trabajo? Seguro que no. Nosotras también queremos derechos.” 

Mirando el bosque, Samantha sacude su cabeza enojada. “Nunca le he pedido nada a nadie. El dinero que he ganado siempre ha sido por mí misma, y hoy me veo obligada a rogar a la RSA porque ya no puedo vivir. Esta ley de los clientes no nos ha traído más que desgracia. Si no la derogan, es criminal”.

Y Sandra, desde la calle de Saint-Denis para aumentar su angustia. “Todo el mjundo tiene problemas de todas formas, sentimos que todo se crispa, ya veis lo que está pasando. Nosotras lo sabemos desde hace mucho tiempo, porque cuando todo va mal, estamos en primera línea. La gente viene a nosotras. Porque aquí siempre hay oídos para escuchar. Nosotras no juzgamos.. Ya es hora de que los demás hagan lo mismo con nosotras “. 

* se han cambiado los nombres

De los burdeles a la independencia: la neoliberalización del trabajo (sexual)

 

Por Ava Caradonna

7 de noviembre de 2018

https://bit.ly/2RGWpGr

 

Las trabajadoras sexuales en el Reino Unido son ahora solo una parte más de la economía digital en línea, independiente y revisada por el cliente. Su historia de cómo llegaron allí expone un cambio peligroso.

 

Las trabajadoras sexuales se manifiestan en Londres en julio de 2018 contra una posible prohibición de la publicidad en línea del trabajo sexual. juno mac / flickr. (cc by-nc-nd)

 

Durante décadas, la industria sexual británica ha estado a horcajadas entre el trabajo informal y el ilegal. Esto se debe a que si bien la compra y venta de sexo es técnicamente legal en el Reino Unido, todo lo que produce el intercambio de sexo por dinero —publicidad, contratación de personal de apoyo, alquiler de locales, trabajo colectivo— está tipificado como delito. Como resultado, nuestros lugares de trabajo en “pisos” (burdeles de pequeña escala), saunas y clubes de azafatas nunca han sido lugares estables o seguros.

Nunca ha habido ningún empleo o seguridad de ingresos en la industria del sexo. Solo ganas dinero si estás ocupada, y la ‘casa’ toma un porcentaje de tus ganancias, a veces tan alto como 65-70%. Sin embargo, hasta hace poco, la forma en que normalmente funcionaba el sistema era que el administrador del piso cubría los gastos generales. Los edificios vienen con alquiler, utilidades y costos de mantenimiento. Los lugares también necesitan decoración de interiores, muebles, ropa de cama, toallas, equipos y limpieza, y en nuestro rincón de la industria de servicios también condones y lubricantes. Los jefes producirían y colocarían anuncios en periódicos y tarjetas en cabinas telefónicas. Proporcionarían seguridad y, a menudo, una recepcionista, que seleccionaría a los clientes por teléfono o en la puerta. Existían acuerdos similares para las agencias de escorts, aunque en su caso a menudo las trabajadoras tenían que buscar un lugar donde recibir “llamadas entrantes”.

Si bien nunca nos pagaron las horas que pasamos esperando a los clientes, y si bien tuvimos que cubrir el costo de nuestra propia ropa de trabajo y aseo, no se esperaba que las trabajadoras sexuales invirtiéramos tiempo, dinero y habilidades en nuestro trabajo cuando no estábamos ocupadas. Nuestra única inversión en marketing era la construcción de una imagen de trabajo. Esta imagen existía en formas claramente demarcadas. Aparecía cuando entrábamos en contacto directo con los clientes —ya fuera en la habitación, cuando ganábamos dinero activamente, o cuando nos presentábamos a clientes potenciales— y desaparecía con la misma rapidez. Esto significaba que el trabajo sexual estaba claramente definido como una práctica laboral dentro del tiempo y el espacio. Un trabajo con sus uniformes y trajes, herramientas y políticas de oficina. Un papel representado, que podrías dejar de representar cuando no estabas trabajando activamente. En los últimos cinco a diez años, esto ha cambiado completamente.

El ascenso de la trabajadora sexual “emprendedora”

En la última década, trabajar en pisos y saunas se ha vuelto cada vez más arriesgado y difícil. Esto se debe en parte al aumento de las redadas de inmigración, la gentrificación de los barrios y el cierre de muchos locales por parte de la policía con la ayuda de feministas abolicionistas. También es en parte una consecuencia de la incorporación más amplia del trabajo de servicio informal a la economía “gig” en línea, independiente y revisada por el cliente.

Hoy en día, un gran número de trabajadoras sexuales en Gran Bretaña, aunque ciertamente no todas, son “independientes”. Son aparentemente empresarias autónomas, independientes. Es un cambio que ha afectado a todos los aspectos de la vida de las trabajadoras sexuales. A diferencia de los gerentes “de piso”, las trabajadoras sexuales individuales rara vez pueden asegurarse y permitirse alquilar locales de trabajo a largo plazo. En su lugar, contratan hoteles o habitaciones por hora y van a los hoteles y hogares de los clientes. Y con la costosa publicidad impresa fuera de cuestión, las trabajadoras sexuales ahora deben encontrar clientes en línea. Mantienen perfiles en plataformas tales como AdultWork, se promocionan en las redes sociales y muchas incluso tienen sus propios sitios web.

El trabajo de autopromoción digital es interminable. Los sitios web del mercado en línea requieren galerías de imágenes constantemente actualizadas; una historia “personal”; detalles de los servicios disponibles; un blog activo; opiniones de clientes; aceptando comentarios de los clientes propios; y a menudo una presencia web-cam. Las plataformas como AdultWork te penalizan o eliminan tu perfil si tu tiempo de respuesta no es lo suficientemente rápido, o si tu forma de expresarte no es de su agrado.

Si tienes tu propio sitio web, también necesitas gastar dinero en alojamiento web y diseño web o, si tienes las habilidades necesarias, pasar horas haciéndolo tú misma. Tienes que pagar por los fotógrafos, equipos y herramientas de trabajo. Necesitas pasar horas en Twitter, Facebook o Instagram. Necesitas comunicarte con los clientes por teléfono, Whatsapp, Skype y correo electrónico. Debes tener e implicarte con un teléfono de trabajo, que se espera que verifiques constantemente. Todo esto antes de ganar un penique.

Para comprender cómo ha cambiado el trabajo sexual, es necesario analizar cómo se han transformado nuestras condiciones laborales y la economía política de la industria. Ya no nos vemos obligadas a entregarle a un jefe los elevados honorarios de la casa, pero nuestros gastos generales ahora son mucho más altos. El riesgo económico de la inversión se ha desplazado sobre la trabajadora. Al mismo tiempo, ahora estamos obligadas a invertir cantidades casi infinitas de trabajo no pagado en nuestros “negocios”. Las horas de trabajo ahora se extienden a cada momento de vigilia y los espacios de trabajo se convierten en todas partes y en ninguna parte.

El aislamiento de la “independencia”

El término “independiente” trae a la mente la libertad y la autonomía, pero a menudo ocurre lo contrario. Como trabajadora sexual “independiente”, no eres explotada por un solo empleador dentro de un marco capitalista, sino por las demandas nebulosas pero aplastantes de todo un mercado. Las trabajadoras independientes están constantemente en exhibición al tiempo que están aisladas peligrosamente.

Trabajan solas en espacios contratados por horas, sin limpiadores, conductores ni seguridad, y sin prácticas de check-in / check-out. Muchas trabajadoras nuevas ni siquiera conocen el sistema de seguridad entre compañeras y muchas trabajadoras no tienen amigos que puedan hacer esto por ellas debido a problemas de estigma, inmigración, crianza de los hijos o empleabilidad.

Ya no puedes ir a trabajar en un destino anónimo. Tus actividades están todas registradas en línea. Están conectadas a tu dirección IP y, en muchos casos, a tus cuentas de correo electrónico y redes sociales. Muchas trabajadoras informan que los clientes aparecen misteriosamente en sus perfiles de redes sociales privadas. Para poder acceder a sitios web para adultos, debes proporcionar tus datos de identidad y pasaporte completos. En la mayoría de los casos, tu cara y cuerpo también están pegados en Internet. En lenguaje neoliberal, puedes “elegir” no mostrar tu cara en estas imágenes, pero al precio de perder trabajo. Eso significa que solo las trabajadoras que puedan darse el lujo de elegir pueden tomar esta medida de protección.

Cuando muchas de nosotras empezamos a trabajar —en burdeles, pisos, espectáculos porno, agencias de escorts o en la calle— tuvimos el beneficio de que otras trabajadoras nos mostraran cómo funcionaba todo. Recibimos recomendaciones o advertencias sobre lugares de trabajo junto con otros conocimientos impartidos. Cómo tomar y guardar el dinero; cómo definir y proteger los límites; cómo dar un buen servicio al tiempo que minimizar la tensión y el riesgo; cómo protegerse contra clientes peligrosos; cómo reconocer los síntomas de agotamiento; cómo salir de situaciones complicadas. Este conocimiento comunitario compartido abarcaba no solo los juguetes, las herramientas y la anatomía, sino también cómo manejar el trabajo psicológica y físicamente.

La seguridad en numeros

Al trabajar en departamentos y burdeles, las trabajadoras sexuales también podían compartir preocupaciones sobre la salud. Nos mostrábamos los síntomas que nos preocupaban y compartimos información sobre el tratamiento, la prevención y las mejores clínicas. El conocimiento y la vigilancia de las trabajadoras sexuales de mucho tiempo atrás con respecto a nuestra salud se han diluido de manera alarmante en los últimos cinco años.

En raras ocasiones las discusiones públicas sobre el trabajo sexual realmente llegan a los aspectos prácticos del trabajo. Sin embargo, es crucial que lo hagamos. El sexo oral sin condón se está normalizando rápidamente, a menudo con muy poco cargo extra por este servicio. Los peligros de las ITS son mal entendidos o vistos como un peligro inevitable por muchas nuevas trabajadores “independientes”.

La disminución alarmante de la seguridad y la reducción de los precios están directamente relacionadas con el aislamiento de las trabajadoras.

El sexo vaginal sin condón solía ser casi inexistente. Era algo que a veces las trabajadoras harían en secreto, cobrando una suma considerable por el riesgo. Ahora se está volviendo común. El sexo anal, hasta ahora un servicio muy especializado y de alto precio en el caso de las trabajadoras sexuales cis, también se ha convertido en una práctica mucho más generalizada y barata. La disminución alarmante de la seguridad y la reducción de los precios están directamente relacionadas con el aislamiento de las trabajadoras. Las nuevas trabajadoras ya no entran en contacto con trabajadoras más experimentadas, y se ven privadas del conocimiento, apoyo y presión de sus compañeras.

Esto no quiere decir que todo fuera de color de rosa. Por supuesto, algunos gerentes de pisos solían presionar indirectamente a las trabajadoras para que proporcionaran el oral sin condón. Se comportaban como cualquier otro empresario o gerente malo que quería que las trabajadoras se sometieran a condiciones inseguras para mantener al cliente feliz y aumentar sus ganancias. Sin embargo, en nuestra experiencia, esto era relativamente raro y nunca obligatorio. Además, tales pisos rápidamente adquirían malas reputaciones como lugares de trabajo que debían evitarse. La presión sobre las trabajadoras “independientes” es mucho más sutil y opresiva. Si el sexo oral sin condón se convierte en un servicio corriente, sientes que no tienes a nadie más que a ti misma a quien culpar si no puedes llegar a fin de mes por no ofrecerlo.

En riesgo por cada vez menos.

Plataformas como AdultWork son importantes contribuyentes a la disminución de los estándares de sexo seguro de las trabajadoras. Su “lista de chequeo” de servicios es particularmente dañina. Esta lista contiene una larga lista de prácticas, muchas de ellas inseguras. Esto envía el mensaje a las nuevas trabajadoras —y, sobre todo, a los clientes— de que las prácticas de riesgo ya no se consideran excepcionales. Y mientras que una trabajadora sexual sin duda puede “elegir” optar por no participar en ellas, hacerlo ahora parece extrañamente limitante: para citar a muchos clientes, “conservador”.

¿Quién se beneficia de este nuevo arreglo? Muchos clientes están tomando más riesgos de salud ahora, pero también están recibiendo mucho más por su dinero. Las trabajadoras también enfrentan mayores riesgos pero ganan menos por su trabajo. Los precios han bajado espectacularmente en los últimos años. Esto se debe en parte a la competencia más dura, la austeridad y la falta de estándares de la industria debido a la desaparición de los pisos. Sin embargo, hay otra razón, quizás más importante: la ilusión de que estamos ganando más dinero gracias a la eliminación de los intermediarios.

Como “independientes”, ya no estamos obligadas a entregar la mayor parte de nuestra tarifa por hora a mediadores y gerentes. La suma que cobramos al cliente es toda nuestra. Como resultado, creemos que nos podemos permitir cobrar menos para obtener más clientes. Sin embargo, las cuentas no salen. Las trabajadoras “independientes”, de hecho, invierten mucho dinero y trabajo para conseguir y mantener clientes. Las largas horas de trabajo de administración y marketing no remunerado, y el estrés causado por estar constantemente a la entera disposición del cliente, no son visibles ni se tienen en cuenta financieramente.

Sentarse en un piso esperando a los clientes también era trabajo no remunerado. Pero al menos cuando trabajábamos en este sistema sabíamos cuándo estábamos trabajando. Podíamos calcular nuestro salario real por hora dividiendo nuestros ingresos por el tiempo real en el que estábamos trabajando. Podíamos ver si ganábamos lo suficiente en un lugar de trabajo específico y, si no, podíamos probar en otro lugar. Ahora, como suele ser el caso con la noción neoliberal de libertad y elección, el consumidor paga menos, y la trabajadora realiza un trabajo más invisibilizado y no remunerado. Y esta vez no hay remedio, ya que, supuestamente, todas somos nuestras propias jefas.

La penalización de los clientes atenta contra los derechos fundamentales de las trabajadoras sexuales

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

16 de noviembre de 2018

http://ma.lumiere.rouge.blogs.liberation.fr/2018/11/16/anticonstitutionnellement/

 

¡Inconstitucionalmente!

 

El lunes 12 de noviembre de 2018 el Consejo de Estado ha hecho pública una resolución favorable a la tramitación de una Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad (CPC) contra la penalización de la compra de servicios sexuales. Este era un paso necesario antes de que el Consejo Constitucional estudie la cuestión. Esto quiere decir que de aquí a tres meses, el tiempo legal establecido para responder, la penalización de los clientes podría ser derogada en Francia.

La asociación católica Mouvement du Nid había presentado un argumentario para oponerse al carácter fundamentado de la demanda e intentar bloquear su transmisión al Consejo Constitucional, pretendiendo representar una misión de servicio público y los intereses de las “víctimas”, pero su intervención no ha sido considerada de recibo.

Por el contrario, por lo que concierne al interés de actuar de los requirientes, la Señora Iljic, relatora pública, ha considerado que no era oportuno criticar el de la asociación Médicos del Mundo, en la medida en que el de las cinco personas físicas y la asociación STRASS asociadas en el requerimiento era indiscutible.

 

 

Las tres condiciones requeridas para la tramitación de la CPC han sido consideradas cumplidas, pero es sin duda la que se refiere al carácter fundamentado de los principios contitucionales invocados la que reviste mayor importancia.

Las asociaciones que representan a las trabajadoras sexuales invocan desde hace tiempo los efectos nocivos de la penalización de los clientes sobre el derecho a la salud y la seguridad de las personas. Se han añadido otros argumentos para defender el principio de autonomía personal, de libertad sexual y de respeto a la vida privada, pero son los principios de libertad de empresa y de proporcionalidad de las penas las que más peso han tenido a causa de su carácter “fundamentadamente nuevo”. La relatora, en efecto, ha declarado:

 “desde el momento en que el legislador no ha creído oportuno hacer de la prostitución una actividad ilícita, parece que la penalización de los que han recurrido a estos servicios atenta contra la libertad de empresa de las prostitutas”.

Recordemos que, en efecto, las trabajadoras sexuales seguimos siendo condenadas por “trabajo disimulado” cuando no declaramos nuestros ingresos al fisco o a la URSSAF, y que la justicia reconoce, por tanto, el trabajo sexual como una actividad económica legal en su forma autónoma. Existe, pues, una incoherencia jurídica al dificultar el ejercicio de una actividad legal y fiscalmente imponible.

Las trabajadoras y los trabajadores sexuales de Francia estamos esperando con impaciencia la decisión del Consejo Constitucional, esperando que ponga fin a los perjuicios sufridos por la penalización de nuestros clientes.

 

Putecismo

 

 

1.- ¿Qué es la prostitución?

La prostitución es el libre intercambio de sexo por dinero u otros bienes, sin contar el matrimonio.

2.- ¿En qué se diferencia del matrimonio?

En el matrimonio se busca la reproducción y la crianza de los hijos, y no solo la satisfacción sexual. Por esa razón se limita el número de participantes y se firma un contrato a largo plazo.

3.- ¿Es mala la prostitución?

Los bienes que se intercambian en la prostitución son sexo y dinero. El sexo es bueno y el dinero también, por lo que la prostitución en sí no puede ser algo malo. Cualquier cosa que se puede hacer legítimamente de manera gratuita, se puede hacer también legítimamente cobrando por ella. 

4.- No siendo mala en sí misma, ¿hay algo que haga mala la prostitución? 

La violencia machista de algunos clientes, la violencia institucional del Estado, la explotación laboral ejercida por terceros, la discriminación social… hacen sufrir a las prostitutas. Pero este sufrimiento causado a las prostitutas no significa que la prostitución en sí sea mala, sino que la hacen mala los malvados que no nos respetan.

5.- No tener otra opción para sobrevivir que la prostitución, ¿significa que ésta es mala?

No. Eso significa que el sistema económico y social en el que vivimos es malo, ya que permite que exista la pobreza. Si la única opción para sobrevivir fuera la prostitución, prohibir ésta sería una condena a muerte.

6.- ¿Somos malas las prostitutas?

La prostitución no es mala porque no hace daño a nadie, por lo tanto las prostitutas no somos malas.

7.- ¿Es “inmoral” la prostitución?

La moralidad o inmoralidad de algo se establece con referencia a una ley moral. Algunas religiones que subestiman a la mujer consideran inmoral el sexo fuera del matrimonio y, por tanto, la prostitución. Pero, en un Estado aconfesional, las leyes morales solo obligan a quienes voluntariamente las aceptan.

8.- ¿Es ética la prostitución?

El principio básico de la ética es el respeto a los demás y, por tanto, la prostitución es ética, pues no hace daño a nadie y, por tanto, debe ser igualmente respetada por todos, por el mismo principio ético.

9.- Entonces, ¿por qué se usa “puta” como insulto para las mujeres e “hijo de puta” para los hombres?

Porque la sociedad desprecia injustamente a las prostitutas: es lo que se llama “estigma de puta.”

Además, la palabra “puta” es una herramienta que el patriarcado utiliza como insulto para oprimir y aleccionar a la mujer que se rebele ante cualquier norma que establezca lo que el sistema no considera adecuado y haga peligrar así su control sobre ella. Cualquier mujer que decida vivir su vida y su sexualidad a su manera es considerada puta.

10.- ¿Qué significa “estigma”?

Marca o señal en el cuerpo, especialmente la impuesta con un hierro candente como signo de esclavitud o de infamia. Para las prostitutas, es una marca simbólica, pero igualmente infamante y de por vida, infligida por los prejuicios de la sociedad. 

11.- ¿Por qué marca la sociedad a las prostitutas con el estigma de puta?

La sociedad se basa en la ficción hipócrita de que el sexo es algo sucio que solo debe ser usado para la reproducción dentro del matrimonio y no para buscar placer, al tiempo que necesita un mínimo de libertad sexual que permita el placer sexual que es inseparable de la vida. La solución a este dilema es cargar sobre las prostitutas toda la culpa y el desprecio de lo que realmente es la conciencia de su propia naturaleza como sociedad, para así mantener la imagen de sí misma como limpia y virtuosa. Cuanto más evidente es la mentira, con más fuerza debe la hipocresía marginar y castigar a quien es en sí misma la verdad: la prostituta.

12.- ¿Es nocivo el estigma?

Las personas estigmatizadas son aisladas, devaluadas, rechazadas y vilipendiadas. Experimentan discriminación, insultos, ataques e incluso asesinatos. La interiorización del estigma es lo que más daño hace a las prostitutas. Induce sentimientos de pérdida de valor personal, de culpa, de vergüenza, de fatalismo… Paraliza a la prostituta en su lucha por conseguir sus derechos y facilita la explotación y la aceptación resignada de leyes injustas. Limita seriamente la calidad de vida, al obligarla a llevar muchas veces una doble vida y a ocultarse como si fuera una delincuente.

13.- ¿Cómo podemos librarnos del estigma?

Como seres sociales que somos, nos vemos reflejadas en los demás. Sólo nuestras hermanas, las putas empoderadas, nos devolverán el reflejo de lo que realmente somos: mujeres luchadoras y valientes que no debemos avergonzarnos por lo que hacemos ni humillarnos ante nadie. En la soledad no nos libraremos del estigma, ni nos librarán de él las “salvadoras” que nos proponen el camino de las víctimas indefensas.

Esto en cuanto al estigma interior, el más venenoso. Del estigma exterior, del injusto castigo que nos impone la sociedad, nos libraremos cuando consigamos que las leyes sean justas con nosotras.

14.- ¿Es compatible la denominación “puta” con la liberación?

La palabra “puta” es el estigma en sí mismo. Solo venciéndola se vence el estigma. Y se la vence de dos maneras: impidiendo su uso normalizado por la sociedad, por los medios de comunicación y, a la vez, apropiándonos nosotras del mismo, es decir, transformando el “estigma de puta” en el “orgullo de puta”. Para nosotras y entre nosotras, el glorioso nombre de puta; para los de fuera, el glorioso nombre de trabajadora sexual.

15.- ¿Desde cuándo las putas somos “trabajadoras sexuales”?

A finales de la década de 1970, la activista neoyorkina Carol Leigh acuñó el término “trabajo sexual”. “El uso del término ‘trabajo sexual’ marca el comienzo de un movimiento”, escribió Carol Leigh. “Reconoce el trabajo que hacemos en lugar de definirnos por nuestra condición”. Desde entonces, el término ha sido progresivamente utilizado, en primer lugar por el movimiento que reivindica el reconocimiento de sus derechos, y luego por académicos, instituciones y medios de comunicación de todo el mundo.

16.- Entonces ¿el trabajo sexual es un trabajo como cualquier otro?

Ningún trabajo es como cualquier otro: cada uno es según la naturaleza del servicio que presta. Pero todos tienen en común que son reconocidos como trabajo por las leyes. La naturaleza del trabajo sexual es, como su nombre indica, sexual, pues sexual es el servicio que presta; y todavía no ha sido reconocido legalmente como trabajo por eso mismo: por su naturaleza sexual, que los jueces en su sentencias han considerado que es ilícita, indigna e inmoral.

Existen relaciones laborales que reúnen todos los requisitos de la prestación de trabajo pero que, por sus especiales características, se rigen por normativas propias. Se trata de las relaciones laborales especiales. A éstas sólo se les aplicará la normativa laboral general en aquellos aspectos no contemplados en la norma específica que regula dicha relación. Estas relaciones laborales especiales son, entre otras, la alta dirección, el servicio del hogar. los deportistas profesionales y los estibadores portuarios.

El trabajo sexual sería una relación laboral especial en la que lo primero sería el respeto a la libertad sexual de la trabajadora y, por tanto, la autoridad empresarial sería limitada (horarios, etc.). Asimismo, no sería ofertado en las oficinas de empleo. Es lo que ocurre (en contra de lo que dice la propaganda abolicionista) en los países en los que la prostitución por cuenta ajena tiene consideración de trabajo. Además, sería precisa una regulación estricta de los propietarios de burdeles (según el modelo de Nueva Zelanda), que deberían obtener un certificado de validez temporal, demostrando carecer de determinados antecedentes delictivos, además de otras obligaciones.

17.- ¿Es cierto que la prostitución no puede ser considerada trabajo porque es ilícita, indigna e inmoral?

Los jueces deben administrar las leyes y basar en éstas sus sentencias.

Ilícito es igual que ilegal, luego la prostitución no es ilícita porque no es ilegal.

Dignidad es “el valor de la persona que se manifiesta en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida”, luego lo indigno es negarnos a las prostitutas nuestra dignidad en una sentencia.

Inmoral es lo que atenta contra la moral… ¿Qué moral? ¿La moral personal de los jueces? La moralidad tiene una dimensión subjetiva   mientras que la ley tiene un carácter objetivo y, en consecuencia, un acto solo se convertirá en ilícito si encaja con lo que expresa una norma jurídica.

La negación a las prostitutas de nuestros derechos laborales es un ataque al Estado de Derecho y a la Constitución. Es un ataque a nuestros derechos humanos.

18.- ¿Cuáles son los marcos legales del trabajo sexual en el mundo?

Son cuatro: prohibición, regulación/legalización, abolición y despenalización.

Estos marcos legales o modelos se dividen en dos grupos: el de aquellos en los que la prostitución se considera legítima, es decir, el regulacionismo, el abolicionismo y la despenalización y aquél en el que la prostitución es reprimida como tal, a saber, el prohibicionismo.

19.- ¿En qué consiste el prohibicionismo?

El prohibicionismo penaliza la compraventa de sexo, ya sea penalizando a la prostituta, al cliente o a ambos, y pone al margen de la ley la prostitución.

En los Estados prohibicionistas que penalizan a la prostituta, se considera a ésta una delincuente que debe ser castigada por la ley y perseguida por la policía, sufriendo castigos que llegan a la pena de cárcel. Es el caso de Estados Unidos.

En los Estados prohibicionistas que penalizan al cliente (también llamados “neoprohibicionistas” o “neoabolicionistas”), se considera a éste un agresor sexual, siendo degradada por ley la prostituta al estado de mujer sin capacidad de consentimiento. Es el caso de Suecia y otros que han seguido su ejemplo.

20.- ¿En que consiste la regulación/legalización?

Los Estados que regulan la prostitución reglamentan (legalizan) estrictamente el ejercicio de la prostitución mediante medidas que lesionan los derechos humanos de las trabajadoras sexuales estigmatizándolas negativamente, tales como el registro obligatorio, los controles sanitarios obligatorios, la limitación del derecho a la libre circulación… De hecho, la regulación puede considerarse una prohibición parcial, que afecta a todas aquellas prostitutas que, por una u otra razón, no se someten a las normas regulatorias.

21.- ¿En que consiste el abolicionismo?

El régimen abolicionista considera a la prostituta una víctima de la sociedad, pero no niega su capacidad de decisión y, por tanto, respeta su derecho a prostituirse y no la penaliza ni a ella ni al cliente.

Al mismo tiempo, considera la prostitución un mal social que debe ser erradicado (“abolido”) y, para ello penaliza a las terceras partes, es decir, a todos aquellos que la prostituta necesita para desarrollar su trabajo: es la penalización del “proxenetismo” aún con consentimiento de la prostituta.

De hecho, aunque diga lo contrario, el abolicionismo castiga (aunque no penalmente) a la prostituta, ya que la obliga a trabajar en condiciones de clandestinidad que ponen en riesgo su seguridad. Y también la castiga directamente, aunque afirme lo contrario, al separarla de sus hijos, estigmatizarla a los ojos de la sociedad e incluso, en algunos casos, privarla de libertad para su “rehabilitación”.

22.- ¿En qué consiste la despenalización?

 

Las trabajadoras sexuales en lucha por nuestros derechos en todo el mundo exigimos la plena despenalización de la prostitución como el único modelo legal compatible con el respeto a nuestros derechos humanos. 

 

Despenalización es la eliminación de todas las leyes penales y punitivas en general utilizadas contra las trabajadoras sexuales, los clientes y las terceras partes. Esto incluye las leyes que directamente penalizan el trabajo sexual y el uso de otras leyes para atacar de manera desproporcionada a las trabajadoras sexuales por motivos tales como vagabundeo, molestia pública, obscenidad, etc. Las especificaciones del marco legal que reemplace a la penalización deben ser desarrolladas en consulta con las trabajadoras sexuales locales, teniendo en cuenta el contexto específico de cada país.

 

Despenalización no debe confundirse con legalización/regulación:

“La legalización significaría la regulación de la prostitución con leyes sobre dónde, cuándo y cómo puede tener lugar la prostitución. La despenalización elimina todas esas leyes y prohibe al Estado y a la policía intervenir en cualesquiera actividades o transacciones relacionadas con la prostitución, a menos que sean de aplicación otras leyes”.

 

La despenalización total es llamada también “modelo proderechos”. Es el modelo vigente en Nueva Zelanda, único país en el mundo hasta ahora que ha despenalizado totalmente la prostitución.

 

En España, la despenalización total del trabajo sexual se concreta en cinco reivindicaciones, expresadas en los puntos 43 a 47 de este Putecismo.

 

23.- ¿Qué modelo tenemos en España?

España siguió el modelo abolicionista, con penalización del proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta, desde 1956 hasta 1995, año en el que la prostitución fue totalmente despenalizada. Sin embargo, desde 2003 vuelve a seguir el modelo abolicionista, aunque moderado en su aplicación por los jueces, que solo castigan el proxenetismo coactivo. No obstante, en los últimos años, se han ido introduciendo medidas punitivas para algunas de las prostitutas que ejercen en la calle, mediante la Ley Mordaza y las ordenanzas municipales de algunos ayuntamientos, siguiendo una tendencia penalizadora que recuerda a la de los últimos años de la etapa abolicionista franquista con su Ley de Peligrosidad Social.

Hay una intensa actividad por parte del lobby abolicionista que intenta sustituir el actual modelo abolicionista por el modelo prohibicionista (“neoabolicionista” o “neoprohibicionista”) sueco, mediante la penalización de los clientes.

24.- Realmente, ¿se puede penalizar la prostitución?

Realmente, no, ya que el acto de prostitución no puede existir a los ojos de la ley, dado que pertenece de pleno derecho al ámbito de las libertades individuales, pertenece a la vida íntima de las personas y la intimidad está protegida por la ley; toda penalización necesita, por tanto, basarse de forma exclusiva en la figura de la prostituta, mujer estigmatizada a la que se le pueden retirar sus derechos fundamentales mediante un acto administrativo.

Es decir, el primer paso es marcar a una mujer como prostituta y, a continuación, negarle los derechos que tienen todas las mujeres y, en general, todos los ciudadanos.

Así, la penalización de la prostitución de calle convierte a la policía en policía controladora de la moral de las mujeres, con poderes para discriminar a simple vista a las mujeres que son putas de las que no lo son y castigar a las “inmorales” por el solo hecho de estar en la calle.

25.- ¿Qué es el abolicionismo?

El abolicionismo original fue el movimiento que luchó por la abolición de las leyes de esclavitud vigentes en los países europeos y sus colonias, en el siglo XIX. Podemos llamarlo el primer abolicionismo. 

El segundo abolicionismo fue el liderado por la inglesa Josephine Butler —más tarde en el mismo siglo XIX— por la abolición de las leyes reguladoras de la prostitución que forzaban el examen ginecológico de las prostitutas (la “violación quirúrgica” o “violación de acero”, como lo llamaba Butler) y contra la prostitución infantil. Tras una lucha de veinte años consiguió su objetivo de abolir esas leyes reguladoras y la edad de consentimiento fue elevada de 13 a 16 años.

Josephine Butler fundó la “Federación británica, continental y general por la abolición de la regulación gubernamental de la prostitución”. 

El triunfo de este segundo abolicionismo llevó a la formación de “sociedades de la pureza”, cuyo objetivo era forzar el cierre de los burdeles mediante la penalización. Butler advirtió contra estas sociedades de la pureza por su “fatua creencia de que puedes obligar a los seres humanos a ser morales mediante la fuerza, y que haciéndolo así de alguna manera promueves la pureza social”. Este fue el nacimiento del tercer abolicionismo.

El tercer abolicionismo no pretendía ya liberar a las prostitutas de la violencia del Estado, sino perseguir la prostitución como un mal social. No pudo dar el paso de penalizar a las prostitutas ni a los clientes, ya que eso habría supuesto para las primeras un castigo mayor que aquél del que las había librado el segundo abolicionismo, así que su estrategia se centró en rodear a la prostituta de una zona de “tierra quemada”, penalizando a todo aquél que ayudara a la prostituta a realizar su trabajo, es decir, el “proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta”.

Este tercer abolicionismo fue el principal agente en la invención del mito de la “trata de blancas” y ha sido el “abolicionismo” por antonomasia hasta hace poco tiempo. Su paradigma es el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena”, firmado en el seno de Naciones Unidas, en Lake Success (Nueva York) el 2 de diciembre de 1949, al que España se adhirió en 1956.

El Estado español tiene legislación abolicionista desde 1961 hasta nuestros días, salvo el período 1995-2003.

Y llegamos al momento actual, con la aparición del cuarto abolicionismo. Este cuarto abolicionismo solo tiene de abolicionismo el nombre, ya que es prohibicionismo.

Las actuales “abolicionistas” ocultan el hecho de que España es abolicionista desde hace cincuenta años —y la evidencia de que ese modelo abolicionista ha fracasado en su objetivo de terminar con la prostitución— e intentan hacer pasar por abolicionismo su objetivo de prohibir la prostitución.

El abolicionismo siempre reconoció el derecho de las mujeres a prostituirnos en el ejercicio de nuestra libertad sexual y, por tanto, la naturaleza de sexo consensuado entre adultos de la prostitución. El cuarto abolicionismo busca penalizar la compra en una compraventa, y eso no es otra cosa que prohibir la compraventa.

Al cuarto abolicionismo algunos lo llaman “neoabolicionismo”, de forma incorrecta ya que no es abolicionismo. Más adecuado sería llamarlo “postabolicionismo”: lo que sigue al abolicionismo.

También lo llaman, de forma adecuada esta vez, “neoprohibicionismo”, para distinguirlo del prohibicionismo “clásico”, que penaliza a la prostituta.

El cuarto abolicionismo es llamado también “modelo sueco” o “modelo nórdico”, por haber sido inventado en Suecia.

 26.- ¿Todas las feministas son abolicionistas?

No, en absoluto. Aunque las abolicionistas han conseguido influir en importantes sectores del feminismo, los sectores defensores de los derechos de las mujeres, incluído el derecho a prostituirnos, mantienen su posición en defensa de las trabajadoras sexuales y son nuestras firmes aliadas.

27.- ¿Cuál es el papel de las aliadas en nuestra lucha?

Las aliadas (y los aliados) tienen su propia agenda (derechos humanos, feminismo…), más amplia que la nuestra. Ellas no luchan directamente por sus propios intereses, como nosotras, sino que lo hacen de forma totalmente altruista, por lo que merecen todo nuestro reconocimiento. Su colaboración es totalmente necesaria para el éxito de nuestra lucha, pero no debemos olvidar que sólo nosotras podemos ser las protagonistas de nuestra propia liberación. Es indispensable que creemos organizaciones constituídas y dirigidas de forma independiente por nosotras mismas.

28.- ¿Qué organizaciones de trabajadoras sexuales hay ahora mismo en España?

Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales (AFEMTRAS), Colectivo de Prostitutas de Sevilla (CPS), Putas Libertarias del Raval, Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex) y Colectivo Caye. También hay un sindicato: Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) y una sección sindical (de la IAC Catalunya): Unión Sindical de Trabajo Sexual (USTS). Organizaciones formadas por trabajadoras sexuales y aliadas hay una: Colectivo de Ayuda a Trabajadoras del Sexo (CATS).

29.- ¿Dónde reside la fuerza de la organización de trabajadoras sexuales?

En el fuerte vínculo que nos une, como compañeras que somos en el puterío. Es lo que se ha llamado “zorroridad”, fusionando las palabras sororidad (que es el sentimiento de hermandad entre todas las mujeres que defiende el feminismo) y zorra.

Somos putas feministas y la zorroridad es nuestra fuerza.

30.- ¿Qué es la “trata de personas”? 

Trata es la compraventa de mercancías.

No puede existir “trata de personas” (o “trata de seres humanos”) si esas personas no han sido reducidas previamente a la condición de esclavos (y, por tanto, de mercancías) en virtud de leyes de esclavitud vigentes en un momento y en un Estado concretos. Esas leyes respaldan el derecho de propiedad de unas personas sobre otras y garantizan con los tres poderes del Estado el derecho de las primeras a comprar y vender a las segundas: si un esclavo se escapa, la policía se encarga de detenerlo y devolverlo a su propietario.

En España la esclavitud fue abolida en el siglo XIX: hoy, no hay ni esclavitud ni trata.

Aunque la propaganda institucional abolicionista intenta hacer creer que las víctimas de lo que el actual Código Penal llama “trata de seres humanos” son mujeres secuestradas y violadas, como si esta llamada “trata” fuera una auténtica trata, la realidad es que la condición indispensable para que una mujer pueda llegar a ser considerada víctima de “trata” es que haya existido libre consentimiento ya que, si no hubiera existido el libre consentimiento, los delitos serían de secuestro y violación, claramente tipificados en el Código Penal.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando la dignidad de la persona que lo dio libremente.

La expresión “explotación sexual”  que menciona el Código Penal como finalidad de la “trata” no ha sido definida ni en la legislación internacional ni en la nacional. Eso viola el principio de legalidad, creando una situación de inseguridad jurídica incompatible con el Estado de Derecho.

Por eso, una de las reivindicaciones en que se concreta nuestra lucha por la total despenalización del trabajo sexual es la supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con las leyes generales que nos protegen contra el secuestro, la violación y los vicios del consentimiento en defensa de nuestra plena y responsable libertad personal.

31.- Y ¿por qué dicen las abolicionistas que “trata sexual” y prostitución son la misma cosa?

Desde el punto de vista distorsionado de la realidad que tienen las abolicionistas se puede deducir esa afirmación, ya que las abolicionistas dicen que todas las prostitutas, por el hecho de serlo, somos vulnerables y objeto de coacción, con lo que se cumplirian las condiciones para ser consideradas víctimas de eso que el Código Penal llama “trata”. Como además alientan la confusión generalizada entre los delitos que se producen en el lugar de trabajo y que llegan a los tribunales (y que pueden ser espeluznantes, como palizas, violaciones, abortos forzados, etc.) y el delito de “trata”, concluyen que eso demuestra que la prostitución es en sí misma violencia y coacción, y así lo difunden en su propaganda.

Bien es cierto que, si se aceptara el dogma abolicionista de que las prostitutas no somos dueñas de nuestros actos, no se cumplirían las condiciones para ser consideradas víctimas de “trata”, ya que la condición del delito de “trata” es que exista el libre consentimiento (si no, sería secuestro). Solo podríamos ser consideradas víctimas de “trata de niñas”, ya que en los menores no existe la posibilidad de libre consentimiento y, de hecho, eso es lo que ocurre: que para las abolicionistas las prostitutas somos niñas.

Nuestro eslogan ¡TRABAJO SEXUAL NO ES TRATA! defiende nuestra dignidad frente al intento de las abolicionistas de negar nuestra capacidad de decidir sobre nuestros propios cuerpos y nuestras propias vidas.

32.- ¿Es delito la explotación de la prostitución ajena?

Según la actual legislación española, sólo es delito la explotación de la prostitución ajena si se hace mediante coacción (art.187 del C.P.). Exactamente, si se hace a través de la imposición de “condiciones gravosas, desproporcionadas o abusivas” o si se aprovechan de “una situación de vulnerabilidad personal o económica”. La apreciación acerca de cuándo concurren dichas circunstancias queda abierta a la interpretación de los jueces.

En realidad, no existe esa “prostitución coactiva” porque prostitución es sexo consensuado entre adultos, es decir, libertad sexual. Tipificar la “prostitución coactiva” como un delito distinto al de violación es decir que la violación de las prostitutas no es igual que la violación de las demás mujeres y se castiga con una pena menor. Por eso hay que derogar el art. 187 del Código Penal en el marco de la despenalización total del trabajo sexual.

Y también porque castigar a “quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma” (ibid.) es violar la libertad de empresa y el derecho al trabajo (art. 38 y 35 de la Constitución) de las prostitutas. No es delito lucrarse explotando el trabajo de otras personas: eso es el sistema capitalista en el que estamos. Lo que está penalizado, mediante las leyes laborales que defienden los derechos laborales, es el lucro abusivo

El art. 187 del C.P. bloquea el acceso a esos derechos para las trabajadoras sexuales, respaldando de esa forma el lucro abusivo. Devolvernos a las trabajadoras sexuales la plenitud de nuestros derechos humanos, entre los que se encuentran los derechos laborales, significa ¡¡ DESPENALIZACIÓN TOTAL DEL TRABAJO SEXUAL !!

33.- ¿Qué es el tráfico de personas?

El tráfico de personas es el delito consistente en facilitar el paso clandestino de la frontera a un inmigrante a cambio de una remuneración. Podría llamarse “contrabando de personas”.

En el tráfico de personas, al contrario que en la “trata”, no hay víctima, pues la relación del inmigrante con el traficante se extingue una vez atravesada la frontera y no existe intención de posterior explotación, como en la “trata”. Además, en la “trata” no es preciso que exista paso de fronteras, pues puede ocurrir en territorio español, sin necesidad de que éste sea lugar de origen, tránsito o destino.

Es muy frecuente la confusión entre los términos “tráfico” y “trata”, facilitada a veces porque en inglés trata se dice “trafficking” (y tráfico se dice “smuggling”). Ante la duda, recordad siempre que en el delito de tráfico de personas no existe víctima.

34.-   ¿Hasta qué punto sufren explotación las trabajadoras sexuales en los clubes y pisos?

En el sistema capitalista, todos los trabajadores sufren explotación: explotación laboral. La diferencia entre el valor de lo que producen y el salario que reciben es el beneficio con el que se lucra el empresario. Esta explotación, vista desde el punto de vista de la clase dominante que controla el Estado, es legal, legítima, decente, digna y moral.

Las trabajadoras sexuales a terceros sufren pues, como cualquier otro trabajador, explotación laboral.

Pero la explotación laboral puede ser modulada por la relación de fuerzas entre trabajadores y empresarios. La lucha de los trabajadores a lo largo de muchos años han conseguido los derechos laborales que permiten que la relación salarios y condiciones de trabajo / beneficios empresariales sea objeto de negociación.

Las trabajadoras sexuales nos vemos injustamente desposeídas de nuestros derechos laborales y de nuestra capacidad de negociación, por lo que podemos decir que nos vemos sometidas a sobreexplotación laboral.

35.- Y, las compañeras “de deuda” ¿sufren algún tipo particular de explotación?

Las trabajadoras sexuales inmigrantes —como el resto de personas inmigrantes— casi siempre tienen que endeudarse para poder financiar su proyecto migratorio. Cuando el acreedor es el mismo empresario, como suele ocurrir a las trabajadoras sexuales que trabajan en clubs, aparece la posibilidad de abusos. El empresario puede imponer unas condiciones económicas a la trabajadora que haga que su deuda no termine nunca de desaparecer e incluso aumente. Es lo que se llama “peonaje por deuda”. Este abuso es posibilitado por la Ley de Extranjería, que pone a la trabajadora sexual inmigrante en manos del empresario, que es su único “protector” frente a la policía que intentaría deportarla. Porque la deportación es lo que más teme la trabajadora sexual inmigrante, ya que la devolvería a la situación de pobreza de la que intenta escapar, agravada aún más por la deuda contraída.

La explotación particular que pueden sufrir las compañeras “de deuda” es posibilitada por la Ley de Extranjería, ley rechazada por todos los defensores de los derechos humanos. Por eso, nuestra primera reivindicación como trabajadoras sexuales, solidarizándonos con las más vulnerables de nuestro colectivo, debe ser la ¡DEROGACIÓN DE LA LEY DE EXTRANJERÍA!

El segundo factor que permite los abusos contra las prostitutas “de deuda” es la falta de derechos laborales y, en particular, del derecho a la libre sindicación. Porque en una situación de recuperación de la totalidad de nuestros derechos humanos, las condiciones laborales en los burdeles serían objeto de negociación y vigilancia por parte de los sindicatos que, además, tendrían por ley derecho al libre acceso a los clubs y a hablar libremente con las trabajadoras, lo que evitaría los abusos derivados de la falta de información.

36.- También dicen que la prostitución es “violación pagada”…

Una de las razones por las que las abolicionistas dicen que en la prostitución no existe la libre decisión es porque, según ellas, hacer algo a cambio de dinero por necesidad de dinero es actuar bajo coacción. Eso lo dicen solo para el trabajo sexual, claro. “El dinero es como el cuchillo en el cuello”, llegan a decir. Pero la coacción que realmente existe es la de quienes niegan a las mujeres pobres alimento, vestido y vivienda, para ellas y para quienes dependen de ellas, si no es a cambio de dinero. La auténtica violencia es la pobreza.

Con esta opinión, las abolicionistas revelan su ideología de clase acomodada. Se revelan como las portavoces de la clase dominante explotadora que no está dispuesta a que las mujeres se liberen del paro y de sus salarios de miseria.

37.- … y “violencia de género”.

Es lo mismo que decir que es “violación pagada”. Pero como saben que ningún juez considerará a un cliente de prostitución como violador, rebajan la “violación” de las prostitutas (según defienden) a una mera “violencia de género” que puede saldarse con una multa. Esto es lo que han conseguido que vote el Parlamento Europeo en 2014 y, aunque no es más que una recomendación a los Estados, las abolicionistas españolas se aplican con entusiasmo a multar y estigmatizar a los “puteros” con la vista puesta en una Ley estatal que aplique en España el “modelo sueco”.

38.- ¿Por qué llaman siempre “puteros” a nuestros clientes?

Llamar puteros a nuestros clientes es llamarnos a nosotras putas con todo el desprecio y el odio que sienten hacia nosotras. Intentan reforzar al máximo nuestro estigma con el fin de contagiar del mismo a nuestros clientes. Porque, como nos quieren tanto, nos quieren librar de nuestros “maltratadores” y dejarnos así sin la fuente de nuestro sustento. Pero nosotras no odiamos a los hombres y, desde luego, no consideramos maltratadores a nuestros clientes. Odiamos, como mujeres, la violencia machista, y los malos clientes, y reclamamos nuestros derechos para poder defendernos de éstos. Las abolicionistas quieren enviarnos a la clandestinidad para que solo los malos clientes se atrevan a desafiar sus multas. Las abolicionistas quieren abolir la prostitución exterminando a las putas.

39.- Las putas, ¿somos agente político?

Las putas empoderadas —es decir, conscientes de nuestra dignidad, nuestros derechos y la fuerza de nuestra unidad— somos agente político de primer orden, porque nuestra causa es la causa de la liberación de las mujeres, de la liberación de las clases oprimidas y de la defensa de las libertades democráticas como garantía de derechos humanos; y porque, además, somos la piedra de toque de esas luchas:

  • estar con las putas es estar con las mujeres, con los oprimidos y con la democracia,
  • estar contra las putas es estar con el patriarcado, con el capital y con el totalitarismo fascista.

40.- Una puta empoderada, ¿debe necesariamente presentarse en público como tal?

No, de ninguna manera. El empoderamiento es un proceso personal que lleva desde la vergüenza de puta hasta el orgullo de puta. El empoderamiento es colectivo, y cada una participa en el mismo según sus circunstancias, sin que eso suponga una jerarquización de compromisos. Aquéllas que dan la cara y actúan como portavoces de todas nosotras merecen el máximo reconocimiento y son indispensables para avanzar, pero tambíén actúan con valentía las que participan en manifestaciones o ruedas de prensa bajo máscaras y, también, cualquiera de nosotras que, en su fuero interno, se atreve a desafiar el estigma.

41.- ¿Existe una jerarquia entre las trabajadoras sexuales?

No, de ninguna manera. El estigma de puta nos marca a todas por igual. Hacer distinciones entre “prostitución de supervivencia”, “prostitución bajo explotación laboral” o “prostitución autónoma” con el fin de dar más valor a la libre decisión de unas que a las de otras es un error que sólo lleva a la división. Cada una tiene sus motivaciones personales y todas son igualmente respetables. El estigma de puta que a todas nos oprime por igual también nos une a todas por igual como hermanas.

42.- ¿Cuáles son nuestras reivindicaciones políticas?

Las trabajadoras sexuales exigimos la DESPENALIZACIÓN TOTAL de la prostitución como único marco legal que garantiza el respeto a nuestros derechos humanos.

Esto significa la derogación de los artículos abolicionistas del actual Código Penal y la derogación de los artículos regulacionistas de la Ley Mordaza, lo que se concreta en los siguientes cinco puntos.

43.- (1) Supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con el párrafo “a) La imposición de trabajo o de servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, a la servidumbre o a la mendicidad.”

“Explotación sexual” es un término que no tiene definición, ni en la ley española ni en la ley internacional. Esta indefinición no es casual sino intencionada y hace que el párrafo b) viole el principio jurídico básico de legalidad.

44.- (2) Supresión del art. 187 del C. P. (“prostitución forzada” y “proxenetismo”).

Basta con los artículos del Código Penal que penalizan el secuestro y la violación.

En este caso, como en el anterior, el desprecio al consentimiento de la persona (la prostituta) expresado en ambos atenta contra la libertad sexual protegida por el mismo Código Penal, así como contra la libertad de empresa y el derecho al trabajo reconocidos por la Constitución.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando la dignidad de la persona que lo dio libremente.

No existe la “prostitución forzada” porque prostitución es sexo consensuado entre adultos, es decir, libertad sexual, según ha definido claramente el Tribunal Supremo. Tipificar la “prostitución forzada” como un delito distinto al de violación es decir que la violación de las prostitutas no es igual que la violación de las demás mujeres y se castiga con una pena menor.

Y castigar a “quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma” es violar la libertad de empresa y el derecho al trabajo (art. 38 y 35 de la Constitución) de las prostitutas. No es delito lucrarse explotando el trabajo de otras personas: eso es el sistema capitalista en el que estamos. Lo que está penalizado, mediante las leyes laborales que defienden los derechos laborales, es el lucro abusivo: el art. 187 del CP bloquea el acceso de las trabajadoras sexuales a esos derechos, respaldando de esa forma el lucro abusivo.

La supresión de este artículo (numerado entonces como art. 188.1) fue propugnada ya hace años (en 2006) por un numeroso grupo de jueces y profesores de derecho en un manifiesto que hicieron a favor de la despenalización y la regulación laboral del trabajo sexual.

45.- (3) Eliminación del párrafo 11 del art. 36 de la Ley Mordaza: “La solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público…)”

Porque viola los derechos constitucionales a la libre circulación y a la intimidad y también el principio constitucional de igualdad de todas las personas ante la ley al penalizar por el solo hecho de estar en la calle a aquellas mujeres que la policía imagina que realizan la actividad legal de venta de servicios sexuales.

46.- (4) Derogación de la Ley de Extranjería

 Aunque esta Ley no se refiere expresamente a la prostitución, si afecta al gran número de trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas que, bajo la amenaza constante de detención, ingreso en CIE y deportación, deben esconderse de la policía y quedan indefensas en manos de las mafias policiales asociadas a dueños de burdeles.

47.- (y 5) Regulación estricta de los propietarios de burdeles y del funcionamiento de éstos.

Al modo de Nueva Zelanda —primer país que ha despenalizado totalmente el trabajo sexual— y con el mismo objetivo expresado en el preámbulo de su Ley de Reforma de la Prostitución :

“salvaguardar los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y protegerlas de la explotación, promover el bienestar y la salud y seguridad ocupacional de las trabajadoras sexuales y propiciar la salud pública.”

48.- Y para terminar, ¿debo creer y estar de acuerdo con todo lo que he leído en este Putecismo?

No necesariamente. Leer, reflexionar, volver a leer y debatir es el método, pero mi única maestra es mi experiencia y mi único guía, mi instinto.

 

 

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Se terminó este Putecismo el día 2 de octubre de 2018,

bajo la auspiciosa mirada de la muy veneranda,

divina entre las divinas,

Afrodita Porné.

 

 

 

 

 

Kate Iselin escribe: ¿Qué estás comprando realmente cuando compras sexo?

 

La desregulación de la industria del sexo ha provocado un debate sobre si las trabajadoras sexuales como Kate Iselin tienen derecho a consentir con sus clientes.

 

Por Kate Iselin

28 de octubre de 2018

https://bit.ly/2qto4zb

 

Para las trabajadores sexuales, el consentimiento es constantemente dado y recibido.

 

 

Si, lo he escuchado una vez, lo he escuchado un millón de veces.

A medida que el reloj del burdel marca el final de la hora, me desenredo de un caballero y me recuesto en la cama.

“Esto fue genial”, le digo, e inevitablemente pone mala cara y pone los ojos en blanco hacia el techo.

“Bueno, te voy a pagar”, dice el hombre.

“Tienes que decir eso”.

A principios de esta semana, leí un artículo en una publicación de Fairfax sobre el efecto que la autora cree que la despenalización de la industria sexual de Victoria tendría en el Estado.

Si bien personalmente estoy a favor de la despenalización del trabajo sexual —estoy de acuerdo con Amnistía Internacional en que haría que las trabajadoras estuviéramos más seguras y menos propensas a encontrar explotación y abusos—, la autora no lo estaba y, al exponerlo, usó una frase que yo y muchas otras trabajadoras sexuales, hemos escuchado mucho a lo largo de nuestra vida laboral: compradas para el sexo.

Es una frase que, personalmente, me parece muy dolorosa, ya que parece pintar una imagen en la que una trabajadora no solo ofrece su tiempo y sus servicios, sino que también entrega toda su persona a un cliente para que haga lo que quiera. Me hace imaginar a mujeres con aspecto de muñecas que son arrebatadas de un estante por hombres sombríos vestidos con trajes, lo cual no tiene mucho en común con mi experiencia de trabajar en burdeles: recostarme en la habitación de atrás, comer comida para llevar, mirar reality shows, y esperar que el próximo cliente entre por la puerta. Aunque la idea de que los clientes de las trabajadoras sexuales están comprando de alguna manera el derecho a hacer lo que quieran con nosotras es increíblemente dañina y equivocada, la autora no está sola en la incertidumbre sobre qué se vende exactamente por horas.

Ya sea que a los clientes les preocupe que pagar nuestra tarifa por hora signifique que recibirán una versión deshonesta y teatralizada del sexo en lugar de la respuesta genuina y humana que buscan; o que a feministas y académicos les preocupe que comprar nuestro tiempo equivalga a comprar nuestro cuerpo y obligarnos a someternos a actos que van mucho más allá de los límites de nuestro consentimiento, parece haber mucha confusión sobre qué se compra exactamente cuando se vende sexo.

Así que permitidme tratar de aclararlo: soy una trabajadora sexual. Mi trabajo es brindar un servicio sexual a mis clientes, y aunque tengo muchos que me visitan solo para hablar o para abrazarme, sería increíblemente deshonesta si dijera que el sexo no es una gran parte de mi trabajo. Consentí con esta parte de mi trabajo cuando llamé a un burdel por primera vez y les pregunté si estaban contratando; y sigo consintiendo cada vez que comienzo mi turno. Al igual que con cualquier otro encuentro sexual, mi consentimiento puede retirarse en cualquier momento y por cualquier motivo: puedo optar por cancelar una cita si un cliente me amenaza o es agresivo conmigo, si intenta violar mis límites deliberadamente o si tiene síntomas visibles de una ITS y creo que verlo pondría en peligro mi salud.

A pesar de lo que algunas personas puedan creer sobre el trabajo sexual, mi trabajo es un trabajo como cualquier otro. Cambio mi tiempo por dinero y lo uso para pagar el alquiler, las facturas y los impuestos. Tengo un horario establecido, aunque puede no ser tu horario de oficina estándar; y tengo un uniforme, aunque probablemente se vea un poco diferente al tuyo. No soy la primera persona en señalar este punto, pero vale la pena recordar que para muchas personas, la parte del trabajo sexual que se siente más objetable no es el “sexo”, sino el “trabajo”. Si decidiera pasar mis fines de semana teniendo relaciones anónimas con tantos hombres como pudiera manejar, tendría prácticamente garantizado un montón de ¡choca esos cinco! en nombre del empoderamiento sexual feminista: pero Dios no permita que cobre un poco de dinero a cambio del placer, de repente parece soy cómplice de mi propia victimización.

Entonces, ¿los clientes compran algo más que solo sexo cuando visitan burdeles o trabajadoras privadas? Por supuesto. Ellos compran tiempo, ante todo, por lo que nunca entrarás a un burdel y verás un cartel en la pared que indique el precio por posición. En el momento en que un cliente paga, también paga por la habilidad, el talento y el conocimiento de la trabajadora que ve: la habilidad para establecer un espacio en el que todas las partes se sientan física y emocionalmente seguras, el talento para lograr deseos sexuales. y fantasías para la vida, y conocimiento sobre salud y seguridad sexual que va más allá de simplemente saber cómo poner un condón. El trabajo sexual puede ser trabajo manual, pero no es no calificado. Y, contrariamente a la creencia popular, visitar a una trabajadora sexual no significa que tengas acceso libre a todo su cuerpo, o el derecho a exigir que te permita hacer lo que quieras. La trabajadora sexual que veas probablemente tampoco fingirá un orgasmo digno de un Oscar. No estás pagando para pasar tiempo con una muñeca hinchable o con una actriz, estás pagando para pasar tiempo con una persona real cuya personalidad es, con suerte, compatible con la tuya.

No todos tienen que visitar a las trabajadoras sexuales. No tenemos por qué gustar a todo el mundo, ni siquiera tiene que respetarnos todo el mundo. Pero confía en nosotras y créenos cuando hablamos de nuestro trabajo: las cosas que nos gustan y las cosas que queremos cambiar. Los problemas más grandes que enfrenta la industria del sexo en Australia no son los vestigios de proxenetas que intentan comprar y vender nuestros cuerpos como adornos, son personas cuyas creencias personales están tan alteradas por nuestra existencia que quieren hablar en nuestro nombre sobre lo que piensan que debemos experimentar. Las únicas personas cuyas voces deberían tener algún peso cuando se habla de la industria del sexo son las trabajadoras sexuales: así que si decimos que nos gusta nuestro trabajo, créenos. Puede que estemos teniendo sexo, pero no estamos siendo jodidas.

 

Kate Iselin es escritora y trabajadora sexual. Continuar la conversación en Twitter @kateiselin

La millonaria abolicionista: la cruzada de la heredera del petróleo Swanee Hunt para acabar con el trabajo sexual

 

Por STEPHEN LEMONSON

27 de septiembre de 2018

HTTPS://FRONTPAGECONFIDENTIAL.COM/SWANEE-HUNT-SEX-WORK-DEMAND-ABOLITION/

 

¡Aquí está Swanee! La heredera del petróleo Swanee Hunt en una conferencia de 2012 patrocinada por Women’s eNews (Lindsay Aikman / Michael Priest Photography a través de Flickr)

 

Swanee Hunt ha usado su gran fortuna para impulsar una agenda que busca abolir el sexo comercial entre adultos que consienten.

La trabajadora sexual y bloguera con sede en Seattle Maggie McNeill dedicó una publicación reciente en su sitio The Honest Courtesan a un documento intrigante: dos páginas supuestamente extraídas de un informe preparado para Demand Abolition, un grupo que tiene como objetivo erradicar el comercio sexual en Estados Unidos. El grupo fue fundado por Swanee Hunt, ex embajadora en Austria y la hija más joven del difunto magnate petrolero de Texas HL Hunt.

Las páginas, que parecen haber sido preparadas por la prominente firma de relaciones públicas Luntz Global, contienen las recomendaciones y los fundamentos de la firma con respecto a la terminología que el grupo anti trabajo sexual emplea en sus mensajes.

Como señala McNeill, Demand Abolition proporciona financiamiento a los organismos policiales con la disposición de que esos organismos trabajarán en concierto con el grupo para enfatizar la aplicación de la ley en la parte de la demanda del intercambio de sexo comercial y para adoptar su terminología.

Por ejemplo, el documento sugiere el uso del término “compra de sexo” en lugar de “prostitución”, porque “la prostitución es una ‘zona gris’. La compra de sexo pone la responsabilidad en el comprador”.

También: “Reconocer la posibilidad de que una pequeña minoría de mujeres en el comercio sexual esté allí por su propia voluntad”. El razonamiento declarado: “El público todavía considera que esto es una opción para algunas personas: negarlo es decir que su opinión es incorrecta y perdemos credibilidad”.

Y: “Usar ‘prostitución forzada’ en lugar de solo ‘prostitución’.” Justificación: “Decir ‘prostitución forzada’ es lo correcto porque la mayoría de las mujeres en el comercio sexual son obligadas. Elimina cualquier ambigüedad que el público pueda tener sobre la libertad de elección “.

Además, el documento sugiere diez “Frases para 2015”, que incluyen “Sin compradores, no hay negocio”, “La trata y la prostitución están indisolublemente vinculadas” y “La prostitución está en SU ​​vecindario, y en el mío”.


Parte del supuesto informe de Luntz Global preparado para el grupo Demand Abolition de Swanee Hunt (captura de pantalla a través de The Honest Courtesan)

 

Gran parte del lenguaje usado en el sitio web de Demand Abolition se hace eco de los consejos contenidos en el documento.

Además, escribe McNeill, “he escrito durante años sobre la compra por parte de Hunt de la oficina del fiscal de Seattle, y dos excelentes artículos a principios de este año profundizaron en el alcance de esta subversión depravada e ilegal del llamado sistema de justicia”.

Luntz Global tiene el mismo nombre de su fundador, el famoso encuestador republicano Frank Luntz, un sabio de la opinión pública, responsable de crear frases resbaladizas para el Partido Republicano, como “cambio climático” en lugar de calentamiento global, e “impuesto a la muerte”, en lugar de impuesto de patrimonio. La compañía utiliza grupos de enfoque específicos para emitir un juicio sobre qué frases y puntos de conversación son más efectivos.

Ni Luntz Global ni Demand Abolition respondieron a solicitudes repetidas de Front Page Confidential  para autenticar el documento. McNeill se negó a violar su acuerdo de confidencialidad con su fuente.

Pero una revisión de las declaraciones anuales de Demand Abolition con el Internal Revenue Service revela que en 2014, el grupo pagó $ 60.000 a Luntz Global Partners por “consultoría estratégica”. (En términos del presupuesto del grupo, eso es una gota en el cubo: Demand Abolition pagó casi $ 10 millones en 2014 para transmitir su mensaje.)

Dejando a un lado las cuidadosas distinciones descritas en el documento que McNeill adquirió, la propaganda en línea de Demand Abolition fusiona los términos trata sexual y prostitución, una táctica común entre los grupos contra el trabajo sexual.

 

Hunt afirma que la distinción entre trata sexual y prostitución consensual de adultos es “problemática” y “más ficción que realidad”.

 

En realidad, los dos términos tienen significados diferentes, que están codificados en las leyes estatales y federales. La prostitución es en gran parte penalizada a nivel local e involucra a adultos que consienten el intercambio de dinero por sexo. Por otra parte, la trata sexual está definido por la ley federal como hacer que un menor se involucre en un acto sexual comercial o que un adulto haga lo mismo a través de la fuerza, el fraude o la coerción.

En “Deconstrucción de la demanda: la fuerza motriz de la trata sexual”, un manifiesto de 2013 que es alojado de forma notoria en la página de inicio de Demand Abolition, Hunt afirma que la distinción entre la trata sexual y la prostitución adulta consensual es “problemática” y “más ficción que un hecho”.

Como lo ve Hunt, “la trata es, a efectos prácticos, a menudo intercambiable con la prostitución, ya que la mayoría de los proxenetas usan ‘fuerza, fraude o coerción’ y los menores no pueden consentir legalmente…   Establecer exactamente quién en un momento dado está en la minoría de adultos que venden ‘voluntariamente’ sus cuerpos no es un ejercicio pragmático o confiable, y es algo que nos distrae insidiosamente de la tarea de detener el abuso de la gran mayoría”.

Hunt también frunce el ceño sobre “el uso de la pornografía para masturbarse” y parece tener una sombría visión del deseo sexual masculino en general. En cuanto al derecho de las trabajadoras sexuales a tomar decisiones por sí mismas, opina que “cada decisión debe ser ponderada en términos del efecto general en la comunidad, incluso a costa del impacto en la libertad personal”.

 

Que se entere el comprador de sexo

Las donaciones de Demand Abolition a las agencias policiales han asegurado el tipo de actuación contra los “compradores sexuales” que Hunt favorece.

En un artículo innovador publicado en The Intercept, Alison Bass, profesora de periodismo en la Universidad de West Virginia y autora de Getting Screwed: Sex Work and the Law, detalla cómo las donaciones de Demand Abolition a las agencias policiales de varias ciudades ayudaron a financiar redadas locales de puteros.

Bass descubrió que desde 2013 hasta 2018, la Red de Empoderamiento Contra la Explotación Sexual (CEASE) de Demand Abolition donó millones de dólares a organizaciones sin fines de lucro y agencias públicas de todo el país.

Pero como Bass también descubrió, el dinero vino con condiciones. Al obtener registros públicos de la oficina del fiscal de distrito en el condado de King (Seattle), Bass demostró cómo los $ 191.667 en donaciones de Demand Abolition durante un período de cuatro años permitieron a la organización dictar plazos para que los fiscales y las fuerzas del orden ejecutaran redadas contra los clientes del comercio sexual.

Las donaciones de Demand Abolition a la policía llegaron con condiciones: plazos, cuotas y uso frecuente del término “trata sexual” (picturexv a través de Flickr)

 

Se informó que los fiscales del Condado de King modificaron su lenguaje para adaptarse a la ideología de Demand Abolition y permitieron que los consultores contratados por Demand Abolition reescribieran comunicados de prensa, insertando la palabra “trata sexual” a pesar del hecho de que los fiscales preferían el término “explotación sexual comercial”.

 

Los fiscales del condado de King firmaron declaraciones en las que declaraban que estaban de acuerdo con la ideología de Demand Abolition respecto a los efectos dañinos de la industria del sexo comercial.

 

Como explicó un consultor en un correo electrónico a los fiscales, “Eliminar todas las referencias a la trata sexual perjudicará nuestra capacidad para captar la atención de los periodistas”.

Los fiscales del condado de King firmaron comunicdos en los que declaraban que estaban de acuerdo con la ideología de Demand Abolition respecto a los efectos dañinos de la industria del sexo comercial. Y en una controvertida redada de 2016 que involucró a once hombres y un sitio web llamado The Review Board (en el que los clientes publicaban revisiones de sus encuentros con trabajadoras sexuales), los fiscales presentaron cargos penales sin precedentes en el Estado, tales como promover la prostitución en segundo grado.

Aunque el caso de The Review Board no incluyó las denuncias de fuerza o coerción, la policía y los fiscales se refirieron a las redadas como implicando “trata sexual” y “esclavitud sexual”. Bass citó a expertos legales que dijeron que la oficina del fiscal había superado las líneas éticas en su asociación con Demand Abolition. Tres acusados ​​en el caso de The Review Board ​​demandaron al Condado de King por difamación, citando la influencia ejercida sobre la oficina del fiscal por la organización de Hunt.

Demand Abolition financió programas similares a través del CEASE en otras jurisdicciones, especialmente en el Condado de Cook (Chicago), Illinois, donde el Sheriff Tom Dart lidera una Iniciativa de Supresión Nacional de Puteros (NJSI) semestral. Dart considera que la iniciativa es una redada masiva de “trata sexual”, sin tener en cuenta el hecho de que la operación rara vez atrapa a ningún tratante sexual. Comunicados de prensa de la oficina de Dart sobre la redada agradecen a Demand Abolition por su respaldo.

En una entrevista, Bass dijo a Front Page Confidential que Demand Abolition detuvo su campaña para influir en los fiscales “porque se dieron cuenta de que estaban cruzando la línea”.

De hecho, el sitio web de Demand Abolition habla sobre el programa en pasado, indicando que la “financiación y supervisión directa de la organización terminó en marzo de 2018” (aunque continúa “colaborando de manera informal” con las ciudades colaboradoras en un esfuerzo por “combatir la demanda de servicios pagados sexo”).

En su artículo, Bass explicó que Demand Abolition ha alentado a los legisladores estatales y federales a promulgar leyes más severas que penalizan la prostitución, como la Ley de Trata Sexual en Línea (FOSTA, por sus siglas en inglés) que el Congreso aprobó a fines de marzo de 2018. La ley esencialmente convierte en un delito federal anunciar la prostitución en línea.

Bass rechaza la premisa de Demand Abolition de que las mujeres adultas no pueden consentir en ser parte del comercio sexual. Los menores en la industria del sexo comercial son automáticamente considerados víctimas de trata de personas bajo la ley federal. Pero Bass dice que la mayoría de las trabajadoras sexuales en los Estados Unidos que tienen más de dieciocho años no son víctimas de la trata.

“Están vendiendo sexo por elección”, dijo Bass a Front Page Confidential. “Y por eso es erróneo llamar a esto ‘trata’. Y no me importa lo que dice la Demand Abolition; eso no es lo que dice la ley “.

 

H.L. Hunt: Rico, bígamo

Swanee Hunt creó el Programa de Mujeres y Políticas Públicas en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, donde, según el sitio web de la escuela, posee el título de Profesora de Política Pública Eleanor Roosevelt.

En sus roles de activista, académica y filántropa, Hunt ha apoyado el empoderamiento de las mujeres en general, la equidad de género en los Estados Unidos y la difícil situación de las mujeres en Ruanda. Es una demócrata de toda la vida que ha contribuido con millones de dólares a los políticos y las causas del partido. En más de una ocasión, ella admitió que una donación de $ 250.000 en 1992 a la campaña de Bill Clinton para presidente ayudó a allanar el camino para que el presidente Clinton la nombrara embajadora en Austria en 1993.

El padre de Swanee Hunt, magnate del petróleo e infame bígamo HL Hunt, circa 1965 (a través de Wikimedia Commons [dominio público])

La última de quince niños engendrados por el multimillonario de Texas, elmagnate del petróleo y ferviente anticomunista Haroldson Lafayette “H. L.” Hunt Jr., quien murió en 1974 a la edad de 85 años, Swanee Hunt tiene acceso a incontables millones de dólares. Ella utiliza parte de ese dinero para financiar su fundación Hunt Alternatives, que reportó casi $ 60 millones en desembolsos de 2011 a 2016 (incluida la financiación de Demand Abolition), según documentos públicos presentados ante el IRS.

Alison Bass describe a Hunt como una “feminista de la segunda ola”, refiriéndose a las feministas que llegaron a la madurez en la década de 1960, algunas de las cuales ven la prostitución y la pornografía como las consecuencias de una sociedad dominada por hombres.

Ella compara a Hunt con feministas prominentes como Gloria Steinem, Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin, que creen que todo trabajo sexual es explotador y que objetiva a las mujeres.

Bass cree que si bien el trabajo sexual puede ser explotador, algunas mujeres se sienten empoderadas por él.

 

Para Hunt, las trabajadoras sexuales son víctimas femeninas que necesitan ser rescatadas de los proxenetas masculinos y de los puteros, que deben ser controlados por la ley.

 

“Muchas de ellas lo están haciendo por razones económicas y porque pueden ganarse la vida mucho mejor”, dijo Bass a Front Page Confidential. “Y les permite una mayor flexibilidad: si son madres solteras que están criando hijos o están tratando de pagar la matrícula para sus estudios, ese tipo de cosas”.

Para Hunt, por otro lado, las trabajadoras sexuales son víctimas femeninas que necesitan ser rescatadas de los proxenetas masculinos y de los puteros, quienes deben ser controlados por la ley.

En una entrevista de 2016 con CNN, Hunt explicó que ella comenzó con Demand Abolition en 2008 y viajó a Suecia y Noruega para investigar lo que se conoce como el “modelo nórdico”, en el que las agencias policiales se enfocan en el lado del consumidor del sexo comercial consensual.

“Entonces, miramos este modelo y dijimos: ‘¿Funcionaría esto en los Estados Unidos?'”, Dijo Hunt a CNN. “Caramba, tendríamos que obtener todas estas leyes que dicen que es ilegal que los hombres compren [sexo]. Y luego descubrimos, no, no tenemos que hacerlo: las leyes ya están ahí “.

En “Deconstruyendo la demanda”, Hunt refuerza sus argumentos a favor de una guerra contra los compradores de sexo citando una serie de mitos sobre la prostitución y el trata sexual que han sido refutados repetidamente pero que, sin embargo, persisten.

Hunt afirma que la edad promedio de las niñas que entran en la prostitución es de trece años; que hasta 300,000 niños se venden por sexo cada año en los Estados Unidos; y que la trata sexual es un negocio de $ 9,5 mil millones al año. Los tres presuntos factoides han sido desacreditados hace mucho tiempo.

Hunt también saca a relucir la falsa afirmación de que el Super Bowl “impulsado por el machismo” de la National Football League equivale a un espectáculo de trata sexual. La afirmación, una de las favoritas de la heredera multimillonaria Cindy McCain, compañera de Hunt, ha sido completamente desacreditada.

Aunque Hunt realmente parece querer ayudar a las mujeres, los esfuerzos de Demand Abolition están haciendo que el trabajo sexual sea más peligroso, no menos, según muchos defensores de los derechos de las trabajadoras sexuales. Esos defensores sostienen que la aprobación de FOSTA y la confiscación del gigante de los anuncios en línea Backpage.com, ambas acciones apoyadas por Hunt, han robado a las trabajadoras sexuales la capacidad de evaluar a los clientes y compartir información en línea sobre los malos clientes.

Bass señaló un estudio realizado en 2017 por investigadores de las universidades de Baylor y West Virginia, que encontró que los anuncios para adultos en Craigslist redujeron la tasa general de homicidios para mujeres en más del 17 por ciento en promedio.

En lugares donde la prostitución no está criminalizada, dijo Bass, las trabajadoras sexuales cooperan con la policía para capturar a los verdaderos tratantes de sexo y tienen más probabilidades de practicar sexo seguro, lo que resulta en tasas más bajas de infección por VIH.

Pero puede que en la visión del mundo de Hunt esté influyendo algo más que el feminismo radical.

Su padre, H.L. Hunt, era un infame filántropo que mantenía dos familias secretas además de la que compartía con su primera esposa, Lyda Bunker Hunt.

Swanee es la hija de la mujer que se convertiría en la segunda esposa de Hunt, Ruth Ray Hunt, luego de la muerte de la primera Sra. Hunt. En su acertadamente titulada Memoria de 2006, Half-Life of a Zealot —cuya escritura afirma que le ahorró “interminables horas de psicoterapia”— Swanee Hunt describe cómo su madre, una mujer intensamente religiosa, era una mujer mantenida que era “completamente dependiente de mi padre” y vivía con sus cuatro hijos, incluida Swanee, en una casa de Dallas a poca distancia de la mansión donde HL vivía con Lyda Bunker Hunt.

El petrolero multimillonario visitaba a su segunda familia cuando su primera esposa estaba fuera jugando al bridge, Swanee Hunt escribe en sus memorias. Ella describe la “angustia” de su madre ante la situación, y señaló que debido a eso, Ruth Ray Hunt estaba convencida de que era “una vergüenza para sus hijos”.

(Para complicar aún más las cosas, después de la muerte de Hunt, se reveló que el pícaro multimillonario, que según se dice fue el modelo de JR Ewing en la serie de televisión Dallas, tenía otra familia en Florida con una mujer llamada Frania Tye, con quien engendró cuatro hijos. Frania afirmó haberse casado en secreto con Hunt en 1925.)

La relación de su madre con H.L. fue un misterio en los primeros años de la vida de Swanee, y ella admite haberse preguntado de niña por qué “no tenía un padre como los niños de la puerta de al lado”, uno que regresaba a casa al final del día, la tiraba al aire, y la llevaba sobre sus hombros.

Tales reminiscencias lacrimosas pueden agregarle algún contexto a su jeremiada antiprostitución.

Tomemos, por ejemplo, este pasaje de “Deconstrucción de la demanda”:

Con la mayoría de las parejas monógamas, la fidelidad incluye no solo abstenerse de tener relaciones sexuales con otra persona, sino también honestidad y transparencia. Sin embargo, comprar sexo es, en gran medida, un asunto secreto que requiere una red de engaños que involucran la ubicación, el tiempo y el dinero. A menudo, los compradores tratan de convencerse a sí mismos y a los demás de que son infieles porque sus parejas no satisfacen sus necesidades, desplazando la culpa. Aun así, la culpa se interpone entre los dos y provoca otros daños o destruyen su relación. Cuando sale la verdad, las parejas se pueden romper. Las vidas de los niños son tensas y pueden desilusionarse con sus padres.