La despenalización del trabajo sexual en Nueva Zelanda

 

https://www.gaatw.org/publications/SWorganising/Nueva_Zelandia_espanol.pdf

 

NUEVA ZELANDA1

 

Lynzi Armstrong

 

Nueva Zelanda supone un contexto muy especial a la hora de estudiar cómo se organizan las trabajadoras del sexo, cómo organizaciones dirigidas por ellas interactúan en el marco de la lucha contra la trata, y cómo reaccionan ante casos de coacción y explotación en el trabajo sexual. La singularidad del contexto de Nueva Zelanda radica en el marco jurídico vigente en el país: el trabajo sexual fue descriminalizado en 2003 con la aprobación de la Ley de reforma de la prostitución (Prostitution Reform Act, PRA por sus siglas en inglés), una medida por la que las organizaciones dirigidas por trabajadoras del sexo de todos los rincones del mundo llevan décadas haciendo campaña. Nueva Zelanda es también un caso peculiar porque las trabajadoras participaron directamente en el proceso de la reforma legal. El Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC por sus siglas en inglés) encabezó la campaña por la descriminalización y fue reconocido como actor clave en el proceso. No obstante, aunque se considera que el marco legal es un ejemplo positivo desde el punto de vista de los derechos, no es una ley perfecta; una de sus limitaciones es que las migrantes temporales tienen prohibido el ejercicio del trabajo sexual y pueden enfrentarse a ser deportadas si infringen esta norma. Este capítulo documenta la singular historia del NZPC y explora la influencia del discurso antitrata en Nueva Zelanda desde la perspectiva de trabajadoras sexuales y representantes del NZPC. También subraya el papel jugado por el NZPC en la reacción frente a distintas formas de explotación y coacción que pueden encontrar las trabajadoras sexuales, y cómo el marco legal vigente influye en su labor en defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo.

La investigación que dio origen a este capítulo tuvo un enfoque feminista y participativo, y el NZPC participó en todo el proceso del estudio. La investigadora tiene una estrecha relación con la organización por haber participado en ella como estudiante de doctorado a finales de 2007 y haber trabajado como voluntaria empleada entre 2008 y 2011, tras lo cual mantuvo una relación como investigadora. El estudio fue cualitativo, con nueve entrevistas en profundidad con representantes del NZPC, trabajadoras sexuales en activo y una informante externa. A pesar de ser un estudio monográfico pequeño, la investigadora ha interactuado formal e informalmente con un gran número de trabajadoras del sexo en Nueva Zelanda durante los últimos diez años y posee una visión detallada y compleja del trabajo sexual en este contexto, incluyendo los desafíos a los que se enfrentan las migrantes temporales y los debates sobre la trata a niveles local y global.

Las entrevistas revelaron una imagen contradictoria sobre el marco legal en Nueva Zelanda. La situación representa una historia de éxito de una organización dirigida por trabajadoras sexuales, dado que el NZPC pasó de ser un grupo informal de trabajadoras del sexo en 1987 a convertirse en una organización respetada y con fondos gubernamentales que dirigió una exitosa campaña de descriminalización. Sin embargo, aunque las entrevistas con las informantes del NZPC destacaron el potente efecto de la descriminalización en la reducción de los riesgos de explotación y en el refuerzo de la capacidad de las trabajadoras del sexo de enfrentarse a ella, también se mencionaron preocupaciones significativas acerca del hecho de que las trabajadoras del sexo migrantes han sido dadas de lado. Todas las participantes de este estudio consideraron que esto era muy problemático, ya que hace a las trabajadoras sexuales migrantes más vulnerables frente a la explotación y la violencia. Una abrumadora mayoría de las participantes cree que la ley debe cambiar para garantizar que todas las trabajadoras del sexo en Nueva Zelanda puedan beneficiarse plenamente de un contexto cuya intención explícita es la de dar prioridad a su salud y seguridad laboral.

Este capítulo comienza con una breve introducción del contexto socioeconómico y político en el que se da el trabajo sexual en Nueva Zelanda, y ofrece después información sobre el marco legal que afecta al trabajo sexual, la composición del sector del sexo y la respuesta legal a los riesgos de trata y explotación. Posteriormente, pasa a presentar de modo breve la trayectoria del NZPC como organización y cómo perciben y cómo les afecta a las trabajadoras sexuales el discurso antitrata y la trata. Seguidamente se exploran los desafíos clave para las trabajadoras del sexo en el contexto actual, con especial atención a los efectos de la prohibición a las migrantes de ejercer el trabajo sexual, lo que resultó ser la principal preocupación en las entrevistas con trabajadoras del sexo y otras informantes. El capítulo acaba debatiendo el papel del NZPC en dar respuesta a estos retos y señalando la naturaleza contradictoria del marco legal existente, y finaliza con recomendaciones resultantes del estudio.

 

Introducción

 

Contexto socioeconómico y político

Nueva Zelanda es un país de renta alta y está bien clasificado internacionalmente en varios campos como en desarrollo humano, calidad de vida y libertades civiles. En 2016, fue 13º en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, que clasifica los países según su nivel de vida, renta bruta per cápita, esperanza de vida y educación.2 Sin embargo y en contradicción con ello, existe un nivel de desigualdad salarial relativamente alto. Los cálculos más recientes, de 2012, daban a Nueva Zelanda un coeficiente de Gini de 33, lo que indica que tiene un nivel de desigualdad de renta más elevado que la media, de 31, para países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).3

Nueva Zelanda tiene una situación geográfica relativamente aislada, situada a unos 1600 kilómetros de Australia y de las islas más cercanas del Pacífico. No obstante, es un país muy visitado. En el año natural anterior a febrero de 2017, se habían registrado 3,54 millones de visitantes, la cifra más alta jamás registrada.4 Para contextualizar este dato, en el último censo la población total era de 4,4 millones. Por tanto, a pesar del aislamiento geográfico, el país atrae a gran cantidad de visitantes internacionales. Además, también es un destino atractivo para migrantes. El censo de 2013 reveló que el 25% de la población había nacido fuera del país.5 De este modo, aunque se ha sostenido que el aislamiento geográfico podría mitigar los riesgos de trata, está claro que hay un flujo constante de personas a través de las fronteras neozelandesas.

Las maoríes son el pueblo indígena del país. Nueva Zelanda se convirtió en colonia británica en 1840, y las cicatrices del asentamiento y la colonización siguen existiendo en el contexto contemporáneo. Las maoríes tienen más probabilidad que las no maoríes de vivir en pobreza, de ser víctimas de violencia familiar y de ser encarceladas. Cuando el trabajo sexual estaba criminalizado, las maoríes también eran el grupo de trabajadoras del sexo con más probabilidades de ser arrestadas por acusaciones relacionadas con la prostitución6.

En el primer trimestre de 2017, la tasa de desempleo en el país era de 4,9%.7 Todas las residentes y ciudadanas que quedan desempleadas y buscan empleo activamente pueden optar por un pago semanal de “ayuda de búsqueda de empleo”. Para personas que han dejado su trabajo de manera voluntaria hay un periodo de 13 semanas hasta poder acceder a dicha ayuda. Ahora bien, es importante señalar que las trabajadoras del sexo están exentas de ello y pueden recibir su ayuda de búsqueda de empleo en cuanto dejan de trabajar.8 Por tanto, hay una red de seguridad económica para trabajadoras sexuales que quieran dejar el trabajo sexual o hacer un paréntesis.

 

El trabajo sexual en contexto

El trabajo sexual en Nueva Zelanda fue descriminalizado al aprobarse la ley de reforma de la prostitución (PRA) en 2003.9 Ello implica que no es ilegal vender sexo ni pagar por él. Tampoco es ilegal facilitar la compra ni la venta de servicios sexuales. En virtud de las secciones 20 a 23 de dicha ley, es ilegal pagar a alguien menor de 18 años por servicios sexuales o facilitar su participación en trabajo sexual. Sin embargo, cabe destacar que las menores que ejercen el trabajo sexual no están criminalizadas. Según la sección 16, también es delito inducir u obligar a cualquier persona de cualquier edad a ofrecer o seguir ofreciendo servicios sexuales.

El trabajo sexual fue descriminalizado en Nueva Zelanda en 2003. El objetivo de la reforma fue derogar la legislación que criminalizaba el trabajo sexual y dar prioridad a la salud, la seguridad y los derechos humanos de las trabajadoras del sexo.

La PRA fue una ley polémica aprobada por un solo voto de margen tras años de firme trabajo del NZPC. La oposición a la PRA se basaba en lo que se denominó “política de la moralidad”10, y fue llevada a cabo sobre todo por grupos fundamentalistas religiosos y una minoría de feministas.11 Sin embargo, existe un fuerte discurso feminista por los derechos de las trabajadoras del sexo en Nueva Zelanda que, hasta cierto punto, diferencia este contexto del de otras partes del mundo.12

Contexto legal

La lógica para el cambio de la ley era mejorar los derechos de las trabajadoras del sexo, afrontar los daños de la criminalización y dar prioridad a la salud, la seguridad y los Derechos Humanos de las trabajadoras del sexo. El proceso de reforma de la legislación en Nueva Zelanda fue único, como se ha dicho, por dos razones principales: se centraba en mejorar las vidas de las trabajadoras sexuales y además el NZPC desempeñó un papel central en la configuración del documento y en influir en el proceso político.13 Así, Nueva Zelanda se convirtió en el primer país del mundo en descriminalizar completamente el regentar burdeles, ofrecer o solicitar servicios sexuales y vivir de ingresos de prostitución.

Un estudio posterior llevado a cabo con trabajadoras del sexo que captan su clientela en la calle indicó que la descriminalización supone un mejor apoyo para estrategias de seguridad y mejora la relación entre trabajadoras sexuales y policía.

Un requerimiento del cambio de de la ley fue que su impacto sería evaluado de manera rigurosa a los tres años de su entrada en vigor. El cambio de ley también exigía que se estableciera un Comité para la revisión de la ley de prostitución (PLRC, por sus siglas en inglés) que revisara la ley y dirigiera un informe al Ministerio de justicia. La investigación llevada a cabo para evaluar los impactos de la PRA destacó numerosos beneficios. Por ejemplo, el 95% de las trabajadoras del sexo que respondieron creían que tenían derechos en el contexto descriminalizado.14 El estudio también halló que el 60% de las participantes se sentía más capaz de rechazar a clientes desde que había cambiado la ley.15 El informe del PLRC concluía que en general la descriminalización del trabajo sexual estaba logrando su objetivo y que las trabajadoras del sexo estaban en una situación mejor de la que tenían anteriormente.16 Un estudio posterior llevado a cabo con trabajadoras del sexo que captan su clientela en la calle indicó que la descriminalización supone un mejor apoyo para estrategias de seguridad17 y mejora la relación entre trabajadoras sexuales y policía.18

Características del trabajo sexual en Nueva Zelanda

En toda Nueva Zelanda ejercen trabajadoras del sexo, pero principalmente en zonas urbanas de las tres ciudades más pobladas de Auckland, Wellington y Christchurch. Wellington es la capital y el centro político; Auckland es el polo comercial del país y donde se halla el principal aeropuerto internacional, y Christchurch es la principal ciudad de la Isla Sur. Calcular el número real de trabajadoras sexuales es todo un desafío, en parte por el alto nivel de fluctuación, con personas que frecuentemente entran y salen del trabajo sexual.19 Sin embargo, los datos disponibles apuntan a que Nueva Zelanda alberga una población de trabajadoras del sexo relativamente pequeña. Los datos recabados en 2006 calculan que la población total de trabajadoras del sexo en un momento determinado en las tres ciudades principales y las provincias de Nelson y Hawke’s Bay era de 2396,20 lo que equivale al 0,057% de la población total, que en aquel momento era de 4,185 millones. En contra del mito que circula con frecuencia, las evidencias muestran que no ha habido un aumento significativo de trabajadoras sexuales tras la descriminalización.21

En contra del mito que circula con frecuencia, las evidencias muestran que no ha habido un aumento significativo de trabajadoras sexuales tras la descriminalización.

Las trabajadoras del sexo de Nueva Zelanda trabajan principalmente en lugares cerrados; solo un 10% lo hace desde la calle.22 Las que trabajan en interiores lo hacen como trabajadoras “gestionadas” en burdeles o de forma privada en sus casas u otros lugares, que pueden compartir con hasta cuatro trabajadoras del sexo más sin necesitar un certificado de operadora. Según la PRA, las operadoras de burdeles en los que hay una encargada de las instalaciones deben solicitar un certificado al Ministerio de justicia mediante una solicitud y el pago de una tasa de 250 NZD (unos 180 dólares estadounidenses).23

La mayoría de las trabajadoras del sexo de Nueva Zelanda son mujeres cisgénero, aunque también hay hombres y transgénero y personas con género independiente que ejercen el trabajo sexual. El mayor estudio realizado con trabajadoras del sexo en el país, con 777 participantes, indicó que las trabajadoras sexuales son diversas en cuanto a su edad, etnia y origen social. Más del 50% de las participantes de este estudio eran neozelandesas de origen europeo24, aproximadamente un tercio eran maoríes, 5% del Pacífico y 12% se identificaban como de otras etnias. La mayoría de las participantes empezaron a ejercer el trabajo sexual después de cumplir los 18 años (81,7% de las participantes), mientras que menos del 10% declaraba haber empezado con menos de 16 años. De las 777 participantes, aproximadamente un tercio tenían estudios superiores y la mayoría declaró que llevaba a cabo otras actividades además del trabajo sexual, como tareas de cuidados, voluntariado y/o otros trabajos remunerados o a tiempo parcial o jornada completa fuera de la industria del sexo.25

Trabajo sexual, migración y trata de seres humanos

La mayoría de las trabajadoras del sexo viven permanentemente en Nueva Zelanda, pero el país también es un destino para trabajadoras sexuales migrantes que vienen de forma temporal desde distintas regiones, entre ellas diferentes puntos de Asia, Europa, EEUU y América Latina.26 Hasta la fecha, solo se ha finalizado un estudio que se centraba exclusivamente en trabajo sexual de migrantes.27 Este estudio inluía una encuesta con 124 trabajadoras del sexo migrantes, un análisis de historiales anónimos sobre la salud reproductiva y sexual de trabajadoras del sexo y entrevistas exhaustivas con 12 informantes seleccionadas. Los resultados del estudio indicaban que las trabajadoras sexuales migrantes encuestadas habían empezado a ejercer por voluntad propia y, en general, estaban satisfechas con sus condiciones laborales. No había indicadores de prácticas sexuales no seguras, lo cual refuta la imagen de trabajadora del sexo migrante carente de capacidad de decidir y forzada a participar en dichas prácticas.

Nueva Zelanda tiene una exhaustiva legislación frente a la trata de seres humanos incluida en la ley de delitos (Crimes Act) de 1961. Esta legislación fue modificada en 2015 con la enmienda de la ley de delitos (Crimes Amendment Act),28 tras la aprobación del proyecto de ley contra la corrupción y el crimen organizado (Organised Crime and Anti-Corruption Legislation Bill). Este cambio venía a ampliar la definición de trata de seres humanos para incluir la trata “nacional”, en el sentido de que se puede clasificar como víctima de trata a las personas trasladadas, alojadas, reclutadas o recibidas dentro de Nueva Zelanda con fines de explotación. Antes de este cambio, la trata de seres humanos se definía como un delito enteramente transnacional. Este cambio se introdujo para reforzar el cumplimiento de compromisos internacionales como el Protocolo de Naciones Unidas contra la trata de personas.

 

Metodología

El estudio tuvo un enfoque cualitativo para obtener información detallada y en profundidad, lo cual contribuiría a documentar los objetivos generales del proyecto, que eran: 1) documentar la trayectoria del NZPC; 2) examinar su experiencia en la interacción con el marco de la lucha contra la trata, si este ha tenido efectos sobre su trabajo y, en caso de que sí, cuáles; 3) explorar estrategias de la organización para dar respuesta a la explotación, y 4) tener en cuenta qué factores afectan a la capacidad del NZPC, y de las trabajadoras del sexo en general, para dar respuesta a situaciones de explotación y coacción. Se empleó un acercamiento feminista y participativo, por lo que las representantes del NZPC participaron en toda la investigación, desde las fases iniciales de planificación a la finalización del informe.

Métodos

Por la naturaleza delicada de este estudio, las entrevistas exhaustivas se consideraron el mejor método para alcanzar los objetivos de la investigación. Se usó un muestreo intencional para garantizar que las entrevistadas tenían la experiencia necesaria para responder a las preguntas del estudio.

Se hicieron nueve entrevistas exhaustivas y semiestructuradas en Wellington y Auckland, que duraron entre 30 minutos y hora y media. Cuatro participantes eran empleadas del NZPC y se las seleccionó por su conocimiento y experiencia en la organización. Entre ellas estaba la coordinadora nacional, que colaboró en la fundación de la organización en 1987; una empleada veterana de la oficina nacional que había desempeñado funciones políticas, de investigación y operativas; la coordinadora regional de la sede de Auckland, y la persona de enlace con la comunidad migrante con base en Auckland. El objetivo de estas entrevistas era el de obtener información sobre la historia de la organización, la percepción de la trata de seres humanos, cómo la organización había interactuado con el marco de la lucha contra la trata y qué estrategias se utilizaron para dar respuesta a trabajadoras sexuales que habían experimentado explotación. Se entrevistó también a cuatro trabajadoras del sexo (una migrante de China, una maorí y dos neozelandesas de origen europeo); de estas últimas una tenía mucha experiencia en viajar para realizar trabajo sexual y otra había trabajado con trabajadoras sexuales migrantes en burdeles. El objetivo de las entrevistas era el de explorar sus percepciones en temas clave para trabajadoras sexuales en el contexto neozelandés y su visión sobre la trata con fines de prostitución como un problema, e identificar cómo deberían actuar las organizaciones ante casos de trabajadoras sexuales que experimentan explotación. Por fin, la última de las entrevistas se realizó con una representante de una organización religiosa que tiene varios años de experiencia en contacto con el NZPC por asuntos de trata de seres humanos y un interés continuado en estrategias antitrata en Nueva Zelanda. El propósito de la entrevista era el de obtener una perspectiva externa sobre el papel del NZPC para dar respuesta a la explotación que sufren las trabajadoras del sexo, incluyendo la trata de seres humanos.

Cuestiones éticas

Se facilitaron hojas informativas a todas las participantes, que pudieron hacer preguntas antes de participar; se les pidió que firmaran una autorización antes de la entrevista. Todas las trabajadoras del sexo que participaron eligieron un seudónimo para el estudio. Tres de las informantes del NZPC quisieron que se las identificara con su nombre completo en la investigacion y una participante (la persona de enlace con las trabajadoras sexuales migrantes) prefirió que se la identificara por su función, no por su nombre. La informante externa también solicitó que se usase una descripción de su función y no su nombre ni el de su organización. Todas las entrevistas fueron grabadas, transcritas literalmente y revisadas para eliminar cualquier información potencialmente identificativa en los casos en los que las participantes habían pedido no ser identificables en el estudio. El comité ético de la Victoria University of Wellington dio su visto bueno ético para la realización del trabajo de campo.

Análisis de datos

Tras transcribir las entrevistas, se analizaron los datos para identificar temas clave. Una vez finalizado el borrador del informe, se invitó a las participantes a comentar sobre el borrador, y pudieron hacerlo por correo electrónico o en una reunión en el NZPC. Este proceso, llamado verificación grupal, se hizo para asegurar que las participantes creían que la interpretación de los datos representaba con precisión su punto de vista y sus vivencias. Al acabar el borrador, se celebró una reunión en el NZPC con cinco revisoras que eran voluntarias o empleadas del NZPC para debatir las conclusiones y recomendaciones finales antes de finalizar el informe.

 

Resultados

La historia del NZPC

El NZPC fue fundado en 1987 por un pequeño grupo de trabajadoras del sexo que trabajaban en interiores que se reunieron para plantear la creación de una organización que representara a las trabajadoras del sexo, y a las que pronto se les unieron trabajadoras sexuales que captaban su clientela en la calle.29 La legislación de aquel tiempo, que criminalizaba el trabajo sexual, además del estigma y la salud sexual, fueron las principales motivaciones para constituir la organización. Catherine Healy, la coordinadora nacional y una de las miembros fundadoras del NZPC, explicó:

Queríamos formar una organización y hacer que la policía dejara de arrestarnos, así como hacer algo acerca del VIH y la percepción de la gente de que las trabajadoras del sexo éramos … las transmisoras de la enfermedad, pero también de la percepción de la gente de que las trabajadoras sexuales éramos inferiores … Queríamos juntar … a distintas trabajadoras del sexo y tener centros comunitarios donde reunirnos y hablar de cosas que nos importaban … Las actividades en torno al trabajo sexual eran ilegales, así que queríamos crear espacios seguros donde pudiéramos compartir información e ideas para apoyar nuestro trabajo sexual.

El NZPC es una organización de trabajadoras del sexo sin igual por dos razones principales: una es que consiguió financiación del gobierno desde 1988, un año después de su comienzo formal, y la otra es que su influencia fue fundamental en decisiones políticas relacionadas con el trabajo sexual. Además, la organización ofrece servicios vitales para las trabajadoras sexuales y ayuda a trabajadoras del sexo que tienen problemas en su trabajo. La organización ha logrado trabajar con gobiernos sucesivos sin ser controlada por ellos. Como explicó Catherine:

Tenemos un contrato con el gobierno, tenemos relaciones con el gobierno, pero mantenemos nuestra propia identidad y dirección. No nos hemos sentido dirigidas ni controladas ni manipuladas ni manejadas por el gobierno.

El NZPC no es un sindicato: las trabajadoras del sexo pueden participar en la medida que deseen y del modo que mejor satisfaga sus intereses y planes.30 Está supervisado por una junta de siete miembros, compuesta totalmente por trabajadoras del sexo en activo o retiradas. A día de hoy, el NZPC desempeña varias funciones: ofrecer servicios sanitarios y jurídicos directos, asesorar sobre leyes y políticas acerca del trabajo sexual a niveles nacional e internacional, colaborar en investigaciones y ofrecer un espacio seguro para que las trabajadoras sexuales se reúnan, desarrollen estrategias y compartan ideas y experiencias.

Los beneficios de organizarse

Las entrevistas con las empleadas del NZPC revelaron varios beneficios importantes de estar organizadas y que no se habrían logrado si la organización no hubiera sido fundada. El más significativo fue la aprobación de la PRA en 2003, un cambio por el que el NZPC había trabajado desde su nacimiento. Es lógico concluir que Organizarse también ha implicado que las trabajadoras del sexo han establecido fuertes relaciones con otras instancias y han sido capaces de utilizar estas instancias de un modo que contribuye al beneficio de las trabajadoras del sexo. El NZPC de Auckland, por ejemplo, acoge una asesoría semanal de Work and Income31 que ayuda a trabajadores sexuales que están atravesando situaciones difíciles o que desean dejar de ejercer el trabajo sexual. El NZPC también acoge servicios de salud sexual y asesoramiento en varios locales comunitarios. Catherine Healey explicó lo siguiente:

.Creo que al principio del todo no pensábamos que fuéramos a durar ni que llegaríamos a despegar. Pensábamos que probablemente repartiríamos un boletín escrito por trabajadoras del sexo y luego, bueno, pues probablemente la cosa se derrumbaría. Pero la organización se ha desarrollado. [Abrimos] centros comunitarios, recibimos a otros proveedores como entidades asesoras que acuden a ofrecer servicios complementarios para nosotras, pero en nuestro contexto, en nuestra sede; y a profesionales de salud sexual y de planificación familiar. Hemos logrado ser efectivas al enfrentarnos a la ley y la política, hemos sido relevantes a la hora de impulsar la derogación de una ley y política negativa, hemos tenido mucha influencia en consultas políticas y hemos sido determinantes en muchas decisiones sobre el trabajo sexual.

La descriminalización del trabajo sexual no habría ocurrido si las trabajadoras sexuales no hubieran empezado a organizarse y movilizarse por el cambio.

La historia de NZPC es por tanto única por reflejar un compromiso a largo plazo por los derechos, la salud y la seguridad de las trabajadoras del sexo, lo cual ha resultado en que sea una organización respetada, fuerte y estable que es una autoridad en materia de trabajo sexual.

El discurso antitrata en Nueva Zelanda

El discurso en torno al trabajo sexual en Nueva Zelanda no ha estado tan dominado por la preocupación por la trata como en otras regiones del mundo. Incluso en el proceso de reforma de la ley sobre prostitución anterior a 2003, el discurso antitrata no tuvo un papel significativo hasta fases tardías del debate. Annah Pickering explicó:

Al final, sí, había gente que hablaba de la trata porque había quien decía que al descriminalizar la prostitución habría hordas de mujeres que vendrían de otros países a cruzar la frontera, y la cosa es que a la gente le dio pánico. Pánico moral.

Aunque se presentaba como una preocupación por las posibilidades de que se produjese trata, estas preocupaciones también representaban un sentimiento contra la inmigración. Esto influyó significativamente en la introducción de una cláusula que prohibía a las migrantes con visados temporales ejercer o regentar un negocio de trabajo sexual.

Sobre este aspecto, Annah explicó que aunque este pánico de última hora por el impacto potencial de la descriminalización tenía que ver con la trata, también estaba muy relacionado con el miedo de que la población de trabajadoras sexuales “explotaría” y el país se inundaría de trabajadoras del sexo. Algunas personas contrarias a la descriminalización especulaban que “vamos a tener prostitutas por todos lados”. De este modo, aunque se presentaba como una preocupación por las posibilidades de que se produjese trata, estas preocupaciones también representaban un sentimiento contra la inmigración. Aunque no había pruebas que indicasen que la descriminalización conduciría a la trata o llevaría a un aumento del número de trabajadoras sexuales, estas preocupaciones influyeron significativamente en la introducción de una cláusula que prohibía a las migrantes con visados temporales ejercer o regentar un negocio de trabajo sexual.32

Cuando se les preguntó por la presencia y el impacto del discurso antitrata, las participantes en el estudio también mencionaron la influencia de debates internacionales y, sobre todo, el informe anual del Departamento de Estado de EEUU Trafficking in Persons (TIP, trata de personas), que previamente había identificado a Nueva Zelanda como país de destino para víctimas de trata con fines de prostitución. Había una impresión general de que el gobierno de Nueva Zelanda había dado una respuesta efectiva y crítica a dichas afirmaciones, basándose en que hasta la fecha no hay pruebas de que Nueva Zelanda sea un país destino para víctimas de trata con fines de prostitución. No obstante, una de las entrevistadas observó un aumento en actividad policial que parecía coincidir con la publicación del informe:

Mi experiencia trabajando a nivel de base es que cuando aquel documento estadounidense, el informe Trafficking in Persons, que suele salir cada año en junio, y hay cierta presión, yo creo, de no sé quién, los poderes fácticos o gente que cree que están pasando cosas aquí en Nueva Zelanda que no tendrían que estar pasando … los departamentos gubernamentales, principalmente Aduanas, Inmigración, Policía, Interior, que tienen a un grupo o a alguien allí metido para que mueva las cosas antes de que salga el informe. Y por lo que yo sé, en Auckland hemos tenido redadas en burdeles.

También se percibía que la proliferación del discurso antitrata internacionalmente llevó a una minoría de ONG de Nueva Zelanda a apoyarse en estadísticas y afirmaciones incorrectas sobre la trata con fines de prostitución, como indicó la informante externa:

Hay que reconocer que en algunos de los grupos antitrata que tenemos en Nueva Zelanda siguen casi obsesionadas con la trata con fines de prostitución … y seguimos con esa mentalidad de exagerar cifras, como bien sabrás. Así que esas mismas cifras sin base siguen siendo citadas una y otra y otra vez.

La proliferación del discurso antitrata internacionalmente llevó a una minoría de ONG de Nueva Zelanda a apoyarse en estadísticas y afirmaciones incorrectas sobre la trata con fines de prostitución.

Se reconoció que, aunque una minoría de particulares y organizaciones siguen haciendo afirmaciones sobre la trata con fines de prostitución que no están basadas en evidencia, en general se admite que la trata en Nueva Zelanda parece ser un tema asociado más a otros sectores como el pesquero, la agricultura y la hostelería. De este modo, mientras el discurso antitrata tuvo la desafortunada consecuencia de definir aspectos de la política sobre el trabajo sexual en el pasado, en el contexto local actual los debates sobre trata están generalmente fundados en pruebas y la trata no se entiende en el país como un tema de trabajo sexual.

Posicionamiento ante el discurso antitrata y sus efectos: “bueno, al menos no soy la de la peli ‘Venganza’”

Aunque el discurso antitrata no ha dominado los debates en Nueva Zelanda, la atención que le prestan ciertas particulares y organizaciones y el interés que suscita internacionalmente implica que el NZPC ha tenido que posicionarse sobre ello. Las participantes recalcaron que la perspectiva del NZPC siempre ha sido la de centrarse en las pruebas y las observaciones y vivencias de las trabajadoras sexuales. Uno de los puntos fuertes de la organización es su disposición a trabajar con personas de distintas ideologías, lo que ha permitido racionalizar los debates sobre la trata. Como indicó Catherine Healy:

Sin duda hemos dejado algunas puertas abiertas a organizaciones antitrata de aquí y nos hemos puesto en contacto y reunido y hablado con ellas. Intentamos evitar la polarización mientras haya alternativas … y creo que como hemos intentado evitar esa polarización, nos ha servido para amortiguar … historias falsas sobre las trabajadoras del sexo y la realidad de la trata en este país.

A pesar de todo, quedó claro que el discurso antitrata sigue afectando a las trabajadoras del sexo de Nueva Zelanda. El efecto más obvio es la sección 19 de la PRA, que prohíbe ejercer el trabajo sexual a las personas migrantes. Ahora bien, las participantes explicaron que el discurso antitrata también tiene implicaciones menos evidentes para las trabajadoras del sexo y la labor de apoyo del NZPC, y expresaron frustración debido a que el discurso antitrata refleja la explotación en el trabajo sexual en términos extremos, eclipsando las formas más cotidianas de explotación que sufren las trabajadoras del sexo. Las entrevistadas explicaron que esto implica que no se actúe contra los caso reales de explotación porque dichas situaciones son percibidas como “aburridas” y triviales cuando se las compara con, en palabras de Catherine Healy:

 … este tipo de casos extravagantes e imaginarios sobre trabajadoras del sexo que son esclavas sexuales, que están encadenadas a la cama y que van a ser descubiertas en el desván de alguien en alguna parte.

El discurso antitrata refleja la explotación en el trabajo sexual en términos extremos, eclipsando las formas más cotidianas de explotación que sufren las trabajadoras del sexo.

Esto era una importante fuente de frustración para las participantes ya que, como dijo Calum Bennachie, las autoridades “ignoran los problemas reales de coacción y lo que podría estar pasando en un burdel y buscan una fantasía que no existe”. Esta idea también la mencionaron las trabajadoras sexuales. Danielle, por ejemplo, pensaba que el discurso antitrata podría llevar a las trabajadoras del sexo a aceptar formas de explotación menores:

Tengo la sensación de que todas esas narrativas de trata también contribuyen a que las trabajadoras del sexo estén más dispuestas a aguantar la explotación. Como cuando oyes una historia de, yo que sé, por ejemplo unas chicas encerradas en una habitación atiborradas de drogas y vendidas al mejor postor y piensas: “menos mal que no me está pasando a mí”. Y es que sí, mis jefas pueden estar tratándome mal y hacerme trabajar 14 horas cada noche y retener mi paga … pero por lo menos no me violan, ¿sabes?

Y añadió:

Eso lleva a que no te des cuenta de las formas en que te están explotando, que es de la misma forma aburrida que el capitalismo explota a todo el mundo … el tipo de explotación al que la mayoría nos enfrentamos es trabajar largas jornadas, pagos inestables, jefas que lo intentan todo para timarte cada dólar que pueden … no es la explotación de estar encadenada a la cama y ser violada durante doce horas seguidas … y decir que eso es lo que nosotras vivimos solo quita importancia a las cosas malas que sí nos pasan. Y cuesta reconocerlo cuando pasan cosas malas y estás pensando: “bueno, por lo menos yo no soy la de la peli ‘Venganza’”.33

Las participantes rechazaron rotundamente el atractivo emocional del discurso antitrata, que no solo influye en la respuesta de las autoridades ante la explotación cotidiana del trabajo sexual, sino que también puede influir en cómo las trabajadoras sexuales entienden las situaciones con las que se encuentran como trabajadoras por cuenta ajena. De este modo, el discurso de la trata tiene efectos importantes sobre las trabajadoras sexuales y puede ocultar la verdadera naturaleza de la explotación que puede tener lugar en el trabajo sexual, y también tiene implicaciones para el NZPC cuando intenta responder a estos asuntos.

Análisis de la trata

Se pidió a todas las participantes que describieran lo que implica la trata y que reflexionaran sobre hasta qué punto la trata con fines de prostitución es un problema en Nueva Zelanda. En general, se ajustaban a la definición internacional: describían la trata como una circunstancia en la que una persona pasa a estar en una situación caracterizada por el engaño y la coacción. También se percibía que la trata está caracterizada por una falta de elección y libertad, como una situación en la que se obliga a una persona a realizar trabajo sexual contra su voluntad y sin remuneración. La persona de enlace con la comunidad migrante del NZPC lo describía así:

Es como: llegan aquí, no saben dónde van , llegan aquí y hacen algo en contra de su voluntad, no las dejan marchar, no hay libertad, no les pagan ni nada.

Todas las participantes niegan rotundamente haber observado u oído de ningún caso de personas forzadas a venir a Nueva Zelanda para realizar trabajo sexual. Esto es coherente con los datos existentes que muestran que, a pesar de las investigaciones intensivas de Inmigración, no se ha identificado hasta la fecha ningún caso de trata dentro de la industria del sexo en Nueva Zelanda. Calum Bennachie señaló:

Inmigración ha seguido visitando burdeles regularmente para inspeccionar y ver si hay alguien que podría ser víctima de trata, y cuando van comprueban si hay paredes falsas o armarios ocultos o gente escondida o cosas así. Hacen un registro completo y por ahora no han encontrado una sola víctima de trata con fines de prostitución en Nueva Zelanda.

Las participantes, tanto las del NZPC como las trabajadoras sexuales, también notaron que trata es un término mal definido y vago que se usa para describir un amplio abanico de prácticas de explotación, que se identifica con el trabajo sexual en el discurso popular de muchos países y que es a menudo usado en detrimento de las trabajadoras del sexo.

Las participantes, tanto las del NZPC como las trabajadoras sexuales, también notaron que trata es un término mal definido y vago que se usa para describir un amplio abanico de prácticas de explotación, que se identifica con el trabajo sexual en el discurso popular de muchos países y que es a menudo usado en detrimento de las trabajadoras del sexo. Danielle apuntó:

Es un término tan mal definido que todo puede ser trata si quieres que lo sea. Quiero decir, es como lo que te dije antes, que, según ciertas definiciones, al haber venido a trabajar de otro país, yo misma soy víctima de trata, aunque he venido por voluntad propia.

Del mismo modo, Michelle indicó:

Creo que es un término muy vago y mal definido. Para serte sincera, mi reacción emocional cuando lo oigo es que se me ponen los pelos de punta, estoy predispuesta a ese sentimiento contra las trabajadoras del sexo … y he visto muchas veces usar la trata como argumento para defender cosas que reducen mis derechos como trabajadora sexual.

Mientras que todas las informantes criticaron el término trata y no habían observado casos de lo que les parecía que se podría definir como trata, sí expresaron su preocupación por el potencial existente para la explotación de trabajadoras del sexo migrantes en el marco de la ley actual. Como explicó Catherine Healy:

Creo que es importante recordar que, sabes, que las condiciones están ahí y vienen proporcionadas por la ley. La ley proporciona las condiciones necesarias para la trata al convertir en ilegales a las migrantes que ejercen el trabajo sexual. Así que, como creo que sabes, estamos con los ojos y los oídos bien abiertos. Es algo que nos preocupa. Y la preocupación es muy muy real.

Aunque las trabajadoras del sexo entrevistadas fueron categóricas al afirmar no haber visto ni oído de situaciones en las que se hubiera forzado a personas a ejercer el trabajo sexual contra su voluntad o engañadas, dos participantes declararon haber oído de trabajadoras del sexo migrantes sometidas a condiciones laborales inaceptables. Amy, una trabajadora sexual migrante nacida en China, describía haber oído de trabajadoras del sexo a las que se animaba a venir a trabajar a Nueva Zelanda en un burdel durante un periodo corto de tiempo y se les insinuaba que podían ganar grandes sumas de dinero. Sin embargo, al llegar, aunque sí podían ganar mucho dinero, también se les exigía disponibilidad completa. Explicó:

No, no se las forzaba, pero … Decían a las chicas que vinieran a trabajar para ellos pero no se preocupaban por las chicas. Eso es lo que quería decir. Las tienen trabajando jornadas muy largas, realmente muy muy largas.

Michelle también expresó su preocupación por algunas trabajadoras del sexo migrantes que tenían un escaso control sobre su tiempo de trabajo y unos costes de vida excesivamente altos:

He visto a trabajadoras migrantes que planearon venir a trabajar, se pusieron en contacto con la empleadora o la dueña del burdel y gestionaron su venida para trabajar y residir en el local. Creo que potencialmente es un problema, que muchas veces esas chicas están pagando mucho por alojamiento y gastos, y como viven en el local, hacen jornadas larguísimas con muchísima frecuencia. Yo no puedo hablar en su nombre, pero sé que muchas de ellas no estaban contentas con eso y habrían preferido librar más o tener más flexibilidad en el modo de trabajar.

De este modo, todas las participantes mostraron su inquietud por el hecho de que la legislación sobre el trabajo sexual de personas migrantes crea condiciones que facilitan la explotación. Aunque las trabajadoras sexuales migrantes tienen experiencias y circunstancias diversas, pueden encontrar condiciones laborales que serían consideradas inaceptables por la mayoría de las trabajadoras del sexo neozelandesas.

Trabajo sexual de personas migrantes y una ley de consecuencias no deseadas

Se pidió a todas las participantes que describieran lo que pensaban que eran los principales desafíos para las trabajadoras del sexo en el contexto actual de Nueva Zelanda. Se subrayaron una serie de temas como el estigma y la discriminación que siguen existiendo, problemas con jefas explotadoras o condescendientes y una cantidad insuficiente de clientes. Sin embargo, el problema más citado fue el precario estatus legal de las trabajadoras del sexo migrantes, que tiene algunas repercusiones importantes en lo que respecta a la explotación de migrantes y la trata.

Desempoderamientro de trabajadoras del sexo, empoderamiento de clientes abusivos

Las trabajadoras del sexo migrantes en Nueva Zelanda están desempoderadas en sus interacciones con clientes. Su precaria situación legal da a clientes abusivos la oportunidad de realizar demandas poco razonables porque, como indicó Lydia, asumen que “esta persona seguramente no llame a la policía”. En este sentido, Amy recordó una experiencia adversa con una persona que había hecho una reserva con ella:

… un cliente dirá … pensará que no tienes un visado en condiciones y te dirá que le hagas un buen servicio y si no va a llamar a la policía. 

Las trabajadoras del sexo migrantes en Nueva Zelanda están desempoderadas en sus interacciones con clientes.

Amy también describió un tipo específico de cliente con una idea racista de las trabajadoras migrantes. Este tipo de clientes no respeta sus límites por su idea estereotipada y racializada de las trabajadoras asiáticas como personas pasivas. Explicó:

Como soy asiática, algunos clientes ya han estado en Asia antes y les gustan las chicas asiáticas especialmente porque piensan que pueden hacer lo que quieran. Porque normalmente no somos como las chicas neozelandesas, que saben que existe ese derecho de decir “no”. Porque en Asia a nosotras (las trabajadoras del sexo) se nos trata de forma inhumana. Así que cuando viene este tipo de cliente a Nueva Zelanda piensa que somos iguales que en China. Por ejemplo, te agarran y te dicen: “Voy a hacer esto”. Y puedes decir “no” pero no te escuchan. Dices “stop” y dicen que quieren que les devuelvas el dinero. Porque no consiguen lo que quieren como en otros países asiáticos, así que dicen: [con voz de burla] “Oh, quiero que me devuelvas el dinero” [risas].

Lydia describió una situación en la que una trabajadora sexual migrante había sido chantajeada por una persona que se le había acercado como cliente y luego la amenazaba con delatarla a Inmigración para extorsionarla y obtener servicios de ella:

Una vez conocí a una chica que … había un tío que la llamó y dijo que quería hacer una reserva con ella y luego … apareció y dijo: “Tienes que tener sexo conmigo gratis o llamo a Inmigración”. Y ella se quedó [pensando]: “¿Qué voy a hacer, dios mío?” No se podía deshacer de él, así que lo hizo y luego se cambió el nombre profesional y el número de teléfono y después él la encontró de nuevo. Creo que le pasó unas tres veces y estaba muy asustada y muy traumatizada. Lo estaba pasando fatal. 

Riesgo de deportación

Las migrantes que son descubiertas ejerciendo el trabajo sexual pueden ser deportadas, lo que inevitablemente genera miedo al contacto con las autoridades como la policía. Esto significa que si una migrante se encuentra con un cliente abusivo, hay un fuerte efecto disuasorio a la hora de denunciar el caso. Aunque según la sección 16 de la PRA es una infracción amenazar con revelar que una persona está ilegalmente en Nueva Zelanda para inducir u obligar a otra persona a que realice servicios sexuales comerciales, el estatus legal precario de las trabajadoras del sexo migrantes implica que no es probable que denuncien experiencias adversas a la policía. Amy no creía que la policía pudiera proteger a personas que trabajan ilegalmente, y señaló: “Si eres ilegal no puedes llamar a la policía. Si eres ilegal, no pueden protegerte”. También pensaba que los burdeles en los que ejercen trabajadoras migrantes pueden ser reticentes a denunciar disputas menores con clientes porque “pensarán: ‘Oh, no quiero que vengan policías a mi edificio’”.

“Si eres ilegal no puedes llamar a la policía. Si eres ilegal, no pueden protegerte.”

En el caso que describe Lydia, la trabajadora sexual estaba demasiado asustada para denunciar su situación, aunque Lydia estaba convencida de que una agente de policía podría ser discreta en lo que respecta al estatus de inmigración de la trabajadora del sexo:

Ella no quería llamar a la policía porque estaba preocupada, y le dije: “Creo que podrías llamar a la policía porque … a las polis les importa que no haya un violador por ahí intentando violar a trabajadoras del sexo. Probablemente les importe más eso que pasar tus datos a Inmigración”. Lo que hizo al final fue ir y buscar a alguien que la protegiera … Supongo que es lo que suele pasar … Si no consigues protección mediante la ley, tienes que ir y buscarte a alguien que te proteja de otra manera.

Paralelamente está el hecho de que las migrantes, que ya tienen experiencia en ser objetivo de agentes de policía e Inmigración por haber sido consideradas posibles víctimas de trata o migrantes indocumentadas, podrían ser particularmente reticentes a dirigirse a las autoridades. Lydia describió a una amiga que había tenido varias experiencias de acoso cuando estuvo en el extranjero:

Imagino que hay muchas personas indígenas de lugares colonizados, toda su familia es muy pobre y la gente no espera que puedan viajar ni nada. Así que siempre las paran en las fronteras … y sí, tienen un montón de ansiedad con eso y nunca llamarían a la policía.

Las migrantes, que ya tienen experiencia en ser objetivo de agentes de policía e Inmigración por haber sido consideradas posibles víctimas de trata o migrantes indocumentadas, podrían ser particularmente reticentes a dirigirse a las autoridades. 

Estigma, discriminación y apoyo de pares

El estatus legal precario de las trabajadoras del sexo migrantes también implica que experimenten una dosis extra de estigma, ya que están infringiendo la ley, mientras que otras trabajadoras del sexo no lo hacen. Esto podría implicar que algunas trabajadoras sexuales migrantes se aíslen y no se beneficien del apoyo de sus compañeras ni compartan información con otras trabajadoras del sexo. Michelle lo explicó así:

Ese miedo a que te pillen trabajando ilegalmente y que te deporten, que es una consecuencia enorme. Es terrible tener que enfrentarse a eso simplemente por estar ejerciendo el trabajo sexual. Y yo creo que hay cierto estigma hacia ellas, como que pone a las trabajadoras migrantes al margen porque están haciendo algo ilegal y el resto de las chicas que trabajan en el burdel no están haciendo nada ilegal … Y también creo que, sí, que hace que sea menos probable que insistan en que se respeten sus derechos laborales.

Las trabajadoras del sexo migrantes pueden aislarse por miedo a que las trabajadoras sexuales nacidas en Nueva Zelanda las delaten si se enteran de su estatus migratorio. Annah Pickering apuntó:

Hemos tenido incluso a trabajadoras del sexo nacidas en Nueva Zelanda que pueden ser muy racistas … e informar a las autoridades, porque las trabajadoras migrantes se promocionan bien, son muy trabajadoras, y me parece que las nacidas en Nueva Zelanda se sienten amenazadas por ellas.

Al mismo tiempo, muchas se muestran solidarias con las trabajadoras del sexo migrantes si sufren explotación. Annah Pickering recordó una situación en la que una trabajadora sexual migrante recibió el apoyo de trabajadoras del sexo nacidas en Nueva Zelanda cuando se enteraron de su situación:

Había una gente que llevaba un burdel comercial en el centro y también tenía un establecimiento más exclusivo en un área residencial. Tenían a algunas trabajadoras migrantes trabajando en el burdel residencial [y] una noche a una de las trabajadoras del burdel residencial le dijeron que fuera al burdel comercial. Había trabajadoras de Nueva Zelanda trabajando en ese burdel y ella acabó diciéndoles que llevaba aquí cierto tiempo y que no tenía acceso a su pasaporte y que los dueños del burdel se lo habían retenido. Así que las trabajadoras del sexo neozelandesas, al oír la historia, se quedaron en plan: “Joder, tienes que llamar a la policía”. Con el consentimiento de la trabajadora llamaron a la policía, que fue a ese burdel y ahí empezó todo. A esa mujer le devolvieron el dinero y el pasaporte y luego volvió a casa … Me acuerdo de que las trabajadoras neozelandesas me dijeron que habían alucinado con eso. Estaban en plan: “¿Pero quién coño se creen que son para eso? ¿Cómo se atreven a hacerle eso?” 

Obstáculos para denunciar

Las trabajadoras del sexo nacidas en Nueva Zelanda del caso anterior se quedaron claramente impactadas al enterarse de lo que consideraban una situación completamente inaceptable, tal vez por la normalización de los derechos de las trabajadoras del sexo por la PRA y las expectativas de unas condiciones laborales decentes o al menos relativamente decentes. Ahora bien, aunque esta situación tuvo un final positivo, cabe la posibilidad de que llamar a la policía en dicha situación pudiera tener consecuencias negativas inesperadas para la trabajadora sexual migrante, especialmente si su deseo era quedarse en Nueva Zelanda. Las trabajadoras del sexo entrevistadas para este proyecto no estaban convencidas de poder contactar con la policía si una colega migrante sufría explotación, y únicamente recurrirían al NZPC.

Michelle explicó lo que haría si se encontrase a una trabajadora sexual migrante que sufría explotación: 

Creo que mi primera reacción habría sido ofrecerle que viniera aquí al NZPC. Sé que el NZPC tiene recursos y trabajadoras con otros idiomas que pueden comunicarse con gente que no habla inglés. Así que yo creo que esa habría sido mi primera medida. Creo que si esa persona pensaba que estaba verdaderamente en peligro, le habría dicho que la policía no iba a portarse horriblemente con ella, pero no sé si es muy probable que le hubiera recomendado eso por las posibles consecuencias de la deportación que, si has venido a trabajar durante unas vacaciones, no parece tan gran cosa, pero luego están las consecuencias: si te han deportado de un país por ejercer el trabajo sexual es posible que no puedas entrar en otros países. Podría afectarte la vida entera y a tus posibilidades de viajar. 

Michelle explicó lo que haría si se encontrase a una trabajadora sexual migrante que sufría explotación: “Creo que mi primera reacción habría sido ofrecerle que viniera aquí al NZPC.”

Del mismo modo, Amy no se sentía segura de que la policía pudiera ayudar a alguien que ejerciera ilegalmente el trabajo sexual, y dijo que sería reticente a recomendar que se llame a la policía porque: “Se metería en problemas … la policía se la llevaría”. Al preguntarle cuáles serían las consecuencias, Amy contestó que probablemente le dirían: “No puedes trabajar aquí. No puedes trabajar y te tienes que volver a tu país”.

Vigilancia y control

Además de enfrentarse a obstáculos para denunciar experiencias adversas, las trabajadoras del sexo migrantes también viven con la posibilidad constante de que las autoridades las identifiquen mientras trabajan. Aunque las redadas en burdeles no son muy corrientes en Nueva Zelanda, las agentes de Inmigración las llevan a cabo de forma esporádica. Las participantes en este estudio también describieron casos de trabajadoras sexuales a las que se interrogaba en la frontera cuando intentaban entrar en Nueva Zelanda, una práctica que también ha sido identificada en un estudio australiano.34 Asimismo, una participante contaba que hay agentes de Inmigración que van revisando los anuncios de trabajadoras del sexo en internet y los contrastan con perfiles de las redes sociales para intentar identificar a personas que podrían estar trabajando ilegalmente. Annah Pickering lo explicó así:.

He hablado con una trabajadora migrante que se anunciaba en [una plataforma online] e Inmigración de Nueva Zelanda la había estado revisando. Le enviaron una carta que mostraba su anuncio diciéndole “has mentido, te has anunciado aquí, podemos demostrarlo porque esta eres tú, te hemos visto en Facebook, Instagram…” Ella lo impugnó pero Inmigración de Nueva Zelanda le dijo: “Si no sales del país para esta fecha … te mandaremos una notificación legal de deportación”. Así que acabó negociando con ellos diciendo que tenía un billete de ida y vuelta a su país y que no iba a volver aquí.

Las trabajadoras del sexo migrantes también viven con la posibilidad constante de que las autoridades las identifiquen mientras trabajan

Los informes de la prensa sobre las actividades de Inmigración de Nueva Zelanda en materia de trabajo sexual indican que dichas actividades, por ahora, no han identificado a ninguna víctima de trata. En 2007, agentes de policía y de Inmigración, acompañadas por un equipo de grabación del reality de televisión “Borderline”, hicieron redadas en seis burdeles de Auckland. En una de esas redadas, un cliente murió al saltar por la ventana para no ser identificado. Aunque se dijo que la policía estaba en la redada por si se identificaban víctimas de trata, una portavoz de Inmigración de Nueva Zelanda dijo que “el objetivo de las redadas era garantizar que no se incumple la normativa sobre prostitución e inmigración”.35 Desde entonces, se han realizado nuevas redadas con agentes de Inmigración y/o de policía. En 2012, se informó de redadas en ocho burdeles y las agentes encontraron a 21 trabajadoras del sexo trabajando de forma ilegal. Dos optaron por abandonar el país voluntariamente y 19 recibieron notificaciones de deportación.36 En una redada en un burdel en 2014 no se identificó a ninguna víctima de trata ni trabajadora sexual menor de edad, pero el resultado fueron tres trabajadoras del sexo con notificaciones de deportación.37

La prohibición de ejercer el trabajo sexual para migrantes ha creado un contexto contradictorio en el que las trabajadoras del sexo nacidas en Nueva Zelanda disfrutan de los beneficios de un entorno laboral caracterizado por ser abierto y transparente, mientras que a las trabajadoras sexuales migrantes básicamente se las obliga a la clandestinidad y son, por tanto, vulnerables a la explotación y la violencia. La política de descriminalización de Nueva Zelanda ha demostrado ser una política exitosa.38 No obstante, al excluir a las trabajadoras del sexo migrantes, no tiene suficiente alcance y se puede decir que la política actual crea las condiciones que llevan a la trata más que proteger contra ella. La situación de las trabajadoras del sexo migrantes en Nueva Zelanda también afecta a la respuesta del NZPC frente a casos de explotación.

La prohibición de ejercer el trabajo sexual para migrantes ha creado un contexto contradictorio en el que las trabajadoras del sexo nacidas en Nueva Zelanda disfrutan de los beneficios de un entorno laboral caracterizado por ser abierto y transparente, mientras que a las trabajadoras sexuales migrantes básicamente se las obliga a la clandestinidad y son, por tanto, vulnerables a la explotación y la violencia.

 

Respuesta a la explotación: el papel y el enfoque del NZPC

Como organización establecida por y para trabajadoras del sexo hace 30 años, el NZPC tiene un firme compromiso con los derechos de las trabajadoras sexuales y su seguridad y salud laborales. Este compromiso queda demostrado con los años de trabajo que dedicó a la descriminalización del trabajo sexual, además de las muchas otras maneras en que defiende diariamente el derecho de las trabajadoras del sexo a unas condiciones laborales justas y razonables. Por tanto, el NZPC tiene una notable función que desempeñar dando respuesta a una amplia gama de prácticas explotadoras abarcadas con frecuencia bajo el término muy general “trata”.

Ser una de ellas

El valor singular que aporta el NZPC en su réplica a la explotación en el trabajo sexual es que son parte de la comunidad de trabajadoras del sexo. Son, por tanto, una más, en lugar de personas de fuera y, por tanto, las trabajadoras del sexo y otras personas que están relacionadas con el trabajo sexual pueden intercambiar información con el NZPC que no estarían dispuestas a intercambiar con otras organizaciones que no son de la comunidad. Un día, mientras yo estaba en el NZPC haciendo una entrevista, un operador de un burdel entró y se llevó recursos en distintos idiomas elaborados por el NZPC para trabajadoras del sexo migrantes, y reveló que en su negocio tiene a trabajadoras sexuales que no son de Nueva Zelanda. Recordando esta interacción, Catherine Healy explicaba:

Un operador de un burdel acaba de revelar que tiene a tres trabajadoras y le parecía que podía hablar de ello … que son obviamente de otra parte del mundo, y luego él pudo llevarse material que sabe que va dirigido a trabajadoras migrantes. Eso es confianza … Es una persona que podría perder su licencia de operador por contratar trabajadoras migrantes y nos está contando algo muy delicado, y eso es la diferencia [con organizaciones externas] … Pertenecemos a estas comunidades. Somos una más, no somos de fuera. Y las de dentro suelen compartir sus cosas.

En el NZPC son una más, en lugar de personas de fuera y, por tanto, las trabajadoras del sexo y otras personas que están relacionadas con el trabajo sexual pueden intercambiar información con el NZPC que no estarían dispuestas a intercambiar con otras organizaciones que no son de la comunidad.

La función del NZPC como organización de pares también implica que es más probable que las trabajadoras del sexo revelen sus preocupaciones y experiencias adversas en este ámbito que en otras organizaciones. Su papel es particularmente importante en el contexto de apoyar a trabajadoras sexuales migrantes que pueden temer a las autoridades como la policía por su situación legal precaria o por experiencias pasadas con la policía en sus países de origen. Annah Pickering apuntaba:

Algunas de nuestras trabajadoras migrantes vienen de países en los que, bueno, hay corrupción en la policía y en Inmigración y cosas así … Las trabajadoras migrantes confiarán en lo que decimos, claro, más que en lo que dice la autoridad.

Las cuatro trabajadoras sexuales entrevistadas en este proyecto dijeron que el NZPC sería su primer recurso si experimentaban explotación o violencia o si se encontraban con una trabajadora del sexo que estaba siendo explotada. Danielle explicó que a veces las prohibicionistas critican que el NZPC trabaje desde dentro y la labor que realiza, y acusan a esta organización de apoyar la explotación al desarrollar recursos para las trabajadoras del sexo. Danielle estaba segura de que el NZPC estaría muy preocupado si supiera de algún caso de trata:

Si pasara algo, creo que el NZPC apoyaría enormemente a la trabajadora. Lo digo porque ya están, de algún modo, arriesgándose al elaborar información para trabajadoras extranjeras y especialmente en Auckland al elaborar información en chino … Los que están en contra del trabajo sexual siempre se fijan en este tipo de cosas y dicen: “Es que el NZPC defiende la trata”. No es así. No es más que intentar asegurarse de que todas pueden acceder a la información que puede mantenernos a salvo.

La informante externa entrevistada también valoró la condición del NZPC de “estar dentro” explicando que, debido a ello, el NZPC tiene información privilegiada de lo que pasa dentro del sector que otras organizaciones no pueden conseguir:

Creo que Catherine y la gente con la que trabaja, porque están por todas partes, se van a enterar bastante de lo que pasa. Están en todos esos sitios en que las demás no estamos. Se van a enterar mejor que el resto de nosotras … Tienen más oportunidades de enterarse de lo que pasa.

Esto también quiere decir que el NZPC sabe cómo lidiar con situaciones problemáticas en las que las trabajadoras del sexo puedan estar sufriendo problemas pero les cueste enfrentarse a ellos, especialmente cuando quieren seguir trabajando en determinado local y no quieren estropear la relación con la dirección si se quejan. Una estrategia inicial del NZPC, según cada caso, es usar un enfoque indirecto para mantener la comunicación con los operadores: intentan educarles primero, dándoles la oportunidad de mejorar sus prácticas. Catherine Healy explicó:

Puede ser que hablemos directamente con los operadores y les digamos algo como: “No sabemos si es tu caso o no, pero se lo estamos diciendo a todo el mundo”. Así, de manera general, se les dice que podría haber medidas duras según como la gente esté tratando a sus empleadas. Así que se trata de concienciar sobre malas prácticas e indicar que pueden tener repercusiones.

Desafiar la explotación y resolver conflictos

Se consideró que es fundamental mantener relaciones con los operadores de burdeles, ya que garantiza que la comunicación es posible cuando surjan problemas. Las trabajadoras sexuales entrevistadas también dejaron claro que el NZPC podría ayudarlas en dichas situaciones presionando a los operadores. Por ejemplo Danielle explicó que si era multada por un operador, contactaría con el NZPC porque: “Sé que Catherine es muy capaz de hacer un poquito de presión”. La autodeterminación de las trabajadoras del sexo es esencial para el enfoque del NZPC, que siempre es hacer lo que quiere la trabajadora sexual. Por ejemplo, aunque pasar inmediatamente por el proceso de denuncia formal no sea la respuesta más adecuada si se puede resolver un problema informalmente, si la trabajadora del sexo así lo quiere, el NZPC siempre respeta su voluntad. Catherine lo explicó así:

Sí que depende de lo que quiera la trabajadora sexual. No podemos pasar por alto lo que la trabajadora del sexo dice. Si dice: “De eso nada, quiero ir directa a las autoridades a solucionar esto”, pues eso es lo que tenemos que hacer.

Cuando las trabajadoras del sexo realmente desean recurrir a canales oficiales para enfrentarse a la explotación, el marco de descriminalización implica que las autoridades se toman en serio sus denuncias.

El NZPC también ha establecido relaciones importantes con otras organizaciones que pueden ayudar en estas situaciones, como Medical Officers of Health, que tienen el conocimiento y la experiencia adecuados. Estas pueden avisar a otras profesionales y trabajar conjuntamente para dar una respuesta. Por ejemplo, el NZPC estaba recibiendo quejas de trabajadoras del sexo sobre que otras trabajadoras sexuales ofrecían prácticas sexuales no seguras. El NZPC trabajó con Medical Officers of Health para desarrollar una respuesta no amenazadora de modo que pudieran contactar con operadores de burdeles.

Cuando las trabajadoras del sexo realmente desean recurrir a canales oficiales para enfrentarse a la explotación, el marco de descriminalización implica que las autoridades se toman en serio sus denuncias. Esto queda de manifiesto con un caso de 2014 en el que una trabajadora sexual, con el apoyo del NZPC, ganó un caso que había llevado al Tribunal de Derechos Humanos contra un propietario de un burdel que la había acosado sexualmente. La decisión del tribunal sentenciaba que no es aceptable que el propietario de un burdel utilice lenguaje sexual al comunicarse con las trabajadoras del sexo y condenó al propietario del burdel a pagar a la mujer, de 22 años, 25 000 NZD (unos 21 000 dólares estadounidenses en aquel momento) por daños.39

Crear defensoras de los derechos de las trabajadoras del sexo

Para garantizar que el NZPC pueda confiar en que las autoridades den una respuesta adecuada a las trabajadoras del sexo que están afrontando problemas, trabaja para formar “paladines” o personas defensoras en organizaciones, a las que se pueda recurrir cuando se las necesite; estas personas pueden también reforzar el conocimiento institucional dentro de sus propias organizaciones acerca de cómo apoyar mejor a las trabajadoras sexuales. A Danielle la amenazó una expareja con delatarla ante su familia si no hacía lo que él quería. Ella confió la situación a su jefe de aquel momento, que la puso en contacto con el NZPC. Lo explicaba así:

Mi jefe de entonces … se puso en contacto con el NZPC y averiguó el nombre de un policía respetuoso con el trabajo sexual, así que fui a hablar con él y me apoyó un montón.

 Las relaciones del NZPC con otras organizaciones son de vital importancia para facilitar una respuesta ante la explotación de trabajadoras del sexo migrantes, y sería de especial relevancia si hubiera un caso de trata.

Las relaciones del NZPC con otras organizaciones son de vital importancia para facilitar una respuesta ante la explotación de trabajadoras del sexo migrantes, y sería de especial relevancia si hubiera un caso de trata. La capacidad del NZPC de dar respuesta a trabajadoras sexuales migrantes que sufren explotación queda minada por la ley actual. Esto significa que aunque las trabajadoras del sexo migrantes se dirigen al NZPC con problemas, muchas veces son reticentes a llevar la denuncia más allá; se dirigen al NZPC simplemente porque quieren contar a alguien su experiencia. Sin embargo, los estrechos lazos del NZPC con “paladines” o defensoras individuales de las trabajadoras sexuales dentro de organizaciones gubernamentales significan que si una trabajadora del sexo quiere hacer una denuncia formal, a veces son capaces de conseguirlo asegurando que no hay consecuencias negativas. Lydia recordaba a una trabajadora sexual migrante a la que ayudó el NZPC después de sufrir una agresión sexual:

Le preocupaba Inmigración y se fue al NZPC y la ayudaron. Hablaron con la policía y consiguieron que la policía hablara con ella sin ponerla en peligro … No acabó siendo deportada, ni nada así. Por eso pienso que el NZPC es muy bueno gestionando este tipo de cosas.

Colaboraciones y servicios externos

Dentro su marco centrado en las trabajadoras del sexo, el NZPC también colabora con otras organizaciones para que ofrezcan servicios a trabajadoras sexuales. Por ejemplo, se facilitan servicios de salud sexual confidenciales y gratuitos, lo que atrae a muchas trabajadoras del sexo a la organización por primera vez. En Auckland, las asesoras de Work and Income40 ofrecen una clínica satélite para trabajadoras sexuales que se estén enfrentando a problemas significativos en su vida. Annah Pickering comentó:

Aquí en Auckland tenemos por ejemplo hoy a Work and Income … trabajan con subsidios y viviendas de protección oficial. Así que hemos desarrollado una relación con agencias gubernamentales que pueden dar asistencia a nuestra comunidad.

El NZPC también ofrece servicios externos a las trabajadoras del sexo, también en zonas del país en las que no hay una base comunitaria. Esto es particularmente importante para algunas trabajadoras sexuales migrantes que se desplazan por el país haciendo una gira para maximizar sus ingresos o para que no las descubran las autoridades. Los servicios externos también son importantes para trabajadoras del sexo migrantes de las grandes ciudades; y en Auckland, el NZPC tiene un proyecto dedicado a ello: el proyecto Migrant Education and Information (Educación y Formación para Migrantes), coordinado por una educadora que habla cantonés y mandarín. La persona de enlace con la comunidad migrante explicó:

A veces les cuesta acceder a nuestras oficinas. La mayoría de las migrantes no saben cómo llegar, incluso no conducen. No saben cómo llegar a nosotras así que vamos nosotras hacia ellas, nos reunimos, les contamos qué es el NZPC … La organización apoya a todas las trabajadoras del sexo y, como la mayoría de las trabajadoras chinas no habla bien inglés, les cuento qué es el NZPC y que les podemos ayudar y apoyar, que pueden denunciar un delito y que el NZPC puede interponer la denuncia en su nombre.

Desarrollo de recursos

Desarrollar recursos también es una parte integral de la labor del NZPC para abordar la explotación en el trabajo sexual. En la mayoría de los casos, estos recursos se desarrollan con trabajadoras del sexo en activo, como el “Código de conducta para todo el sector”, que traza unas directrices para una conducta y prácticas aceptables en negocios de trabajo sexual. El NZPC también puede apoyar a los operadores de burdeles para poner en práctica este código de conducta.41 La organización desarrolla igualmente recursos en colaboración con otras organizaciones, como un folleto desarrollado con Inmigración de Nueva Zelanda en el que se dan consejos en numerosos idiomas para trabajadoras sexuales a las que se les retiene el pasaporte o el sueldo.

Apoyo a personas que quieren dejar el trabajo sexual

Dado que el NZPC está comprometido con la autodeterminación de las trabajadoras del sexo, también apoya plenamente a cualquiera que quiera dejar el trabajo sexual. Aunque las participantes de esta investigación pensaban que la mayoría de las trabajadoras sexuales no necesita ninguna ayuda específica para dejarlo, el NZPC ayuda a las que sí que lo necesitan a ponerse en contacto con Work and Income para conseguir ayuda económica. El NZPC también las deriva a otros servicios, como un refugio religioso para personas que están dejando el trabajo sexual, si eso les interesa. Catherine lo explicó así:

Describimos ese lugar con un lenguaje neutro y decimos que “hay un lugar donde te puedes quedar si quieres” y que “es religioso y eso puede ser o no ser un problema para ti. Y te van a ayudar a hacer otras cosas si es lo que quieres.” Reconocemos que esta organización tiene una perspectiva ideológica particular, pero también reconocemos que las trabajadoras también tienen diferentes perspectivas ideológicas.

Contribuir a la seguridad de las jóvenes

Un punto fuerte del NZPC es su compromiso de contribuir a que todas las personas relacionadas con el trabajo sexual (independientemente de su estatus migratorio y de su edad) tengan la mayor seguridad posible. Para personas jóvenes que empiezan a ejercer el trabajo sexual, esto implica abordar sus necesidades y circunstancias inmediatas. Annah Pickering lo explicó así: 

Cuando pregunto a las jóvenes: “¿Por qué estás aquí, por qué estás trabajando?”, no van a decir: “Soy trabajadora sexual y estoy contenta y orgullosa.” Más bien dicen: “Tengo que sobrevivir. Tengo que comer…” Con las jóvenes siempre me aseguro de que tengan ropa, comida y un sitio seguro para dormir.

El mejor modo de dar respuesta a las jóvenes que están siendo pagadas por sexo es facilitarles ayuda práctica que pudiera aliviar sus necesidades económicas inmediatas y reforzar su red de apoyo.

Las participantes de la investigación tenían la sensación de que definir a las jóvenes que ejercen el trabajo sexual como víctimas de trata es una respuesta poco útil, ya que generalmente están en esta situación por necesidades económicas inmediatas, a veces tras haber huido de su casa o de la custodia del estado. Danielle pensaba que definir a las jóvenes automáticamente como víctimas de trata no ayuda porque puede implicar que las organizaciones duden a la hora de dar información práctica que pueda contribuir a la seguridad de la joven:

No implicarse y decir cosas como: “Ah, no, no, no, lo siento. No podemos ayudarte, no podemos tener nada que ver contigo porque no queremos cargárnosla por trata”, no ayuda en nada.

Igualmente, Lydia apuntó:

Llamarlas víctimas de trata no ayuda. Sería mejor llamarlas “sin hogar”, o decir “que no tienen una familia en la que puedan apoyarse”.

Por tanto, las participantes estuvieron de acuerdo en que el mejor modo de dar respuesta a las jóvenes que están siendo pagadas por sexo era facilitarles ayuda práctica que pudiera aliviar sus necesidades económicas inmediatas y reforzar su red de apoyo. Se consideró que este es el enfoque que el NZPC está desarrollando. Danielle comentó:

Yo creo que llegar con mano dura y decirle a alguien que la decisión que está tomando es completamente errónea va a alienar a la gente a la que podrías estar ayudando. Si te acercaras de forma más respetuosa y alentadora, diciendo: “¿Qué podemos hacer para ayudarte?”, e interesándote por las razones por las que están ejerciendo el trabajo sexual y por sus circunstancias … Creo que con una mente abierta y sin juzgar y buscando maneras de ayudarles de forma palpable, pues así sí. Y según mi experiencia, eso se le da muy bien al (NZ)PC.

“Decirle a alguien que la decisión que está tomando es completamente errónea va a alienar a la gente a la que podrías estar ayudando.”

Aunque el NZPC está comprometido con el apoyo práctico a las jóvenes que ejercen el trabajo sexual, también tiene un fuerte compromiso para posibilitar el acceso a la justicia para las jóvenes que son explotadas. Annah Pickering dijo:

En la calle sabes que hay adultos que pueden ser muy explotadores. Cuando ocurre eso, yo siempre les digo: “Estos son tus derechos, la ley te da estos derechos. ¿Qué quieres hacer al respecto? Porque podemos decírselo a la policía y conseguir que metan a esa gente en la cárcel”. Y aquí en Auckland he tenido experiencia con casos en los que se ha metido a gente en la cárcel por haber explotado a jóvenes.

El NZPC desempeña, por tanto, un papel importantísimo y único en su labor con las trabajadoras del sexo para enfrentarse a la explotación. Su punto fuerte fundamental es ser una organización de iguales, que están dentro de la industria del sexo y en las que por tanto es más probable que confíen otras personas relacionadas con el trabajo sexual. Además, también tienen una posición ideal para ofrecer servicios y desarrollar recursos a los que las trabajadoras del sexo podrán acceder y de los que se beneficiarán.

 

Trata, explotación y descriminalización del trabajo sexual

Está bien documentado que la descriminalización ha tenido un efecto positivo a la hora de reforzar que las trabajadoras se enfrenten a la explotación.42 Se puede decir que la descriminalización del trabajo sexual tiene implicaciones importantes para la protección frente a la trata. Como dijo Catherine Healy, la descriminalización ha cambiado las expectativas de lo que es aceptable en el trabajo sexual:

La descriminalización hace que la genta tenga mayores expectativas de que las cosas funcionen bien y de que no deberían encontrarse con situaciones que parecen injustas o peligrosas sin tener la sensación de que podrían hacer algo para corregirlo. Así que existe la expectativa de que las cosas pueden cambiarse y eso quiere decir que suele haber personas que suenen la alarma. ¿A quién se lo puedo contar? Es la primera reacción en lugar de lo que nos solían decir [antes de la descriminalización], como: “Bueno, no podemos hacer nada”.

La descriminalización ha creado un contexto en el que las trabajadoras sexuales pueden revelar con seguridad los casos en los que experimentan explotación o perciben un tratamiento injusto de otras.

La descriminalización ha creado un contexto en el que las trabajadoras sexuales pueden revelar con seguridad los casos en los que experimentan explotación o perciben un tratamiento injusto de otras. Esto queda bien demostrado con la historia que contaba Annah Pickering en este mismo capítulo sobre una trabajadora del sexo migrante a la que apoyaron trabajadoras sexuales neozelandesas indignadas cuando se enteraron de que le habían retirado el pasaporte. El marco de descriminalización en Nueva Zelanda también implica que los clientes lo tengan más fácil para hablar con las autoridades si les preocupa la posible explotación de una trabajadora del sexo. Calum Bennachie dijo:

A menudo significa que los clientes están más dispuestos a hablar si sospechan que es un caso de trata. Como antes era ilegal, los clientes no denunciaban y no decían nada porque querían permanecer en el anonimato, a pesar de no ser los delincuentes, mientras que ahora es más probable que denuncien si detectan que alguien está siendo víctima de trata.

La afirmación de que los clientes son conscientes de la posibilidad de explotación y les preocupa el bienestar de las trabajadoras sexuales es algo que corrobora la experiencia de Amy, quien explicó que como trabajadora del sexo migrante algunos clientes le preguntaban antes de hacer un servicio si se la estaba obligando a trabajar:

Sí, algunos clientes piensan que te fuerzan a trabajar. Llegan y te dicen: “¿Te obliga alguien a hacer esto?” Y yo les digo que no me fuerzan y que pienso que para mí es un trabajo y que lo hago y me gusta y me permite ahorrar. Está bien.

El NZPC también ha recibido llamadas de clientes a los que les preocupaba el bienestar de las trabajadoras sexuales migrantes. Annah Pickering lo explicó:

Los clientes que pagan por sexo, ya sabes que hay algunos buenos y otros malos y hay otros que hasta quieren ser una especie de trabajadores sociales para las trabajadoras del sexo porque … se encariñan muchísimo con una trabajadora sexual y en particular con algunas de las trabajadoras migrantes … Un cliente que paga por sexo que se va a un local, y paga a una trabajadora migrante y ella le cuenta cosas que están pasando allí. Ese cliente llama al NZPC y dice: “Mira, estoy muy preocupado. He ido a tal local … Me preocupa realmente lo que está pasando allí.”

Las participantes se mostraban frustradas con la política actual que implica que la descriminalización brinda mejores condiciones para algunas, pero no para todas las trabajadoras sexuales.

De este modo, la descriminalización sin duda ha creado un entorno abierto y transparente que puede proteger frente a la trata hasta cierto punto. Sin embargo, es vital que se siga reforzando, al menos, mediante la ampliación de derechos a las trabajadoras del sexo migrantes que disponen de permisos temporales. Las participantes se mostraban frustradas con la política actual que implica que la descriminalización brinda mejores condiciones para algunas, pero no para todas las trabajadoras sexuales. Lydia lo explicó así:

Es muy, muy racista tener dos legislaciones distintas. Eso es una discriminación horrible. La gente tiene que tener los mismos derechos. Es realmente discriminatorio y racista y peligroso ilegalizarlas. Así que creo que deberían darles los mismos derechos que a las demás y creo que si se ven con los mismos derechos como cualquier otra trabajadora migrante de otro país es un avance enorme.

El contexto actual en Nueva Zelanda es, por tanto, contradictorio: por un lado, la descriminalización del trabajo sexual es un factor que protege a las trabajadoras del sexo frente a la explotación, ya que tienen el derecho de enfrentarse a esa explotación. Sin embargo, la política que prohíbe que ejerzan el trabajo sexual las personas migrantes implica que no todas las trabajadoras del sexo se beneficien plenamente de la descriminalización. Las trabajadoras del sexo migrantes son más vulnerables a la explotación, lo que crea condiciones en las que podría darse explotación. Aunque no se ha identificado ningún caso de trata con fines de prostitución hasta la fecha, la vulnerabilidad de las trabajadoras migrantes bajo el marco normativo actual quiere decir que no hay lugar para la autocomplacencia. Son necesarios más cambios para una mejor protección frente a la explotación de las trabajadoras del sexo migrantes en Nueva Zelanda.

 

Conclusiones y recomendaciones

Este informe explora el punto de vista y las experiencias de explotación y técnicas antitrata, así como la respuesta del NZPC frente a estos asuntos dentro del marco legislativo actual de Nueva Zelanda. Los resultados indican que, aunque actualmente no hay evidencias de trata con fines de prostitución en Nueva Zelanda, la normativa existente, que prohíbe a las migrantes temporales (incluyendo las que tienen visados de trabajo válidos) ejercer el trabajo sexual, genera una vulnerabilidad de las trabajadoras migrantes frente a la explotación, incluyendo el riesgo de trata. El NZPC desempeña una función crucial en la ayuda a las trabajadoras del sexo que hayan vivido distintos tipos de explotación, aunque su capacidad de apoyar a las trabajadoras sexuales migrantes está muy limitada por la normativa existente. Para abordar esta vulnerabilidad y reforzar la protección frente a la explotación, el presente estudio emite las siguientes recomendaciones generales:

 

Al gobierno de Nueva Zelanda:

  1. Establecer un comité interdepartamental dirigido por Inmigración de Nueva Zelanda y compuesto de un abanico de actores como la policía, la Comisión de Derechos Humanos, el ministerio de justicia, el ministerio de mujeres, el NZPC y otras ONG pertinentes lo antes posible para revisar el efecto en las trabajadoras del sexo migrantes de la normativa actual con el fin de cambiar la legislación para acabar con esta práctica discriminatoria.
  1. Mientras tanto, establecer cortafuegos formales entre los agentes de Inmigración y los que tienen la responsabilidad de proteger a las trabajadoras del sexo (como la policía), para garantizar que las trabajadoras sexuales que ejercen ilegalmente puedan siempre denunciar delitos y acceder a la justicia sin riesgo de repercusiones.
  1. Promover activamente la descriminalización del trabajo sexual como un modelo de buenas prácticas del que puedan aprender otros países. Ahora bien, al hacer esto, también se debería reconocer que la exclusión de las trabajadoras sexuales migrantes es una limitación del marco actual, que se puede mejorar ampliando la normativa para proteger mejor los Derechos Humanos de todas las trabajadoras del sexo.

 

A organizaciones antitrata:

  1. Reconocer el trabajo sexual como un tipo más de trabajo y reconocer que defender los derechos laborales es inherente a la protección frente a la explotación, incluyendo el riesgo de trata. Los grupos antitrata deberían, por tanto, revisar el lenguaje que emplean y referirse a explotación laboral, no a explotación sexual, cuando se refieran a la explotación en el contexto del trabajo sexual.
  1. Apoyar al NZPC en su labor de identificar y llamar la atención sobre los daños causados por la aplicación de la ley vigente que prohíbe a las trabajadoras migrantes temporales ejercer el trabajo sexual. Ser solidarias con las trabajadoras del sexo pidiendo la derogación de esta cláusula discriminatoria y otras formas de discriminación contra las trabajadoras del sexo.

 

A organizaciones de donantes:

  1. Identificar los grupos y organizaciones que representan a las trabajadoras del sexo y financiar aquellas que trabajan por el empoderamiento de la comunidad y los Derechos Humanos.

 

 

——————————————————

Lynzi Armstrong es profesora de criminología en la Victoria University of Wellington y una apasionada defensora de los derechos de las trabajadoras del sexo. Durante los últimos diez años ha estado investigando y escribiendo sobre el trabajo sexual en Nueva Zelanda. Su investigación doctoral, publicada en varias revistas internacionales y libros, se centraba en la gestión del riesgo de violencia entre trabajadoras del sexo que operan en la calle. Sus investigaciones actuales se centran en explorar cómo se manifiesta el estigma y la discriminación en las trabajadoras del sexo dentro de un contexto en el que hay diversos marcos legislativos.

 


1 Esta traducción está redactada en femenino genérico.

2 United Nations Development Programme, Human Development Reports – New Zealand, 2016, retrieved 13 June 2017, http://hdr.undp.org/en/countries/profiles/NZL.

3 Ministry of Social Development, The Social Report 2016, 2016, retrieved 20 June 2017, http://socialreport.msd.govt.nz/economic-standard-of-living/income-inequality.html.

4 Statistics New Zealand, International travel and migration, retrieved 23 June 2017, http://www.stats.govt.nz/browse_for_stats/population/Migration/IntTravelAndMigration_HOTPFeb17.aspx.

5 Statistics New Zealand, 2013 Census QuickStats about culture and identity, retrieved 14 April 2017, http://m.stats.govt.nz/Census/2013-census/profile-and-summary-reports/quickstats-culture-identity/birthplace.

6 NZPC, Decriminalisation of Sex Work in New Zealand – Impact on Maori, 2013, retrieved 10 May 2017, http://www.sexworklaw.co.nz/pdfs/Decriminalisation_of_Sex_Work_in_New_Zealand_-_Impact_on_Maori.pdf.

7 Statistics New Zealand, Labour Market Statistics: March 2017 quarter media release, 2017, retrieved 20 June 2017, http://www.stats.govt.nz/browse_for_stats/income-and-work/employment_and_unemployment/LabourMarketStatistics_MRMar17qtr.aspx.

8 NZPC, Law, retrieved 23 June 2017, http://www.nzpc.org.nz/Law.

9 Parliamentary Council Office, Prostitution Reform Act, 2003, retrieved 12 March 2017, http://www.legislation.govt.nz/act/public/2003/0028/latest/DLM197815.html.

10 H. Wagenaar and S. Altink, ‘Prostitution as Morality Politics or Why it is Exceedingly Difficult to Design an Sustain Effective Prostitution Policy’, Sexuality Research an Social Policy, vol. 9, issue 3, 2012, pp. 1–14

11 T. Barnett, C. Healy, A. Reed and C. Bennachie, ‘Lobbying for decriminalisation’ in G. Abel et al. (ed.), Taking the Crime out of Sex Work: New Zealand sex workers fight for decriminalisation, Policy Press, Bristol, 2010, pp 57–73.

12 G. Abel, ‘In Search of a Free and Fair Society: The regulation of sex work in New Zealand’ in E. Ward and G. Wylie (eds.), Feminism, Prostitution and the State: The politics of neo-abolitionism, Routledge, Oxon, 2017, pp. 140–154.

13 C. Healy, C. Bennachie and A. Reed, ‘History of the New Zealand Prostitutes’ Collective’ in. G Abel et al., 2010, pp. 45–55.

14 G. Abel, L. Fitzgerald and C. Brunton, The Impact of the Prostitution Reform Act on the Health and Safety Practices of Sex Workers, Department of Public Health and General Practice, University of Otago, Christchurch, 2007.

15 Ibid.

16 Prostitution Law Review Committee, Report of the Prostitution Law Review Committee on the Operation of the Prostitution Reform Act 2003, 2008, retrieved 7 May 2017, http://prostitutescollective.net/wp-content/uploads/2016/10/report-of-the-nz-prostitution-law-committee-2008.pdf.

17 L. Armstrong, ‘Screening Clients in a Decriminalised Street-based Sex Industry: Insights into the experiences of New Zealand sex workers’, Australian and New Zealand Journal of Criminology, vol. 47, issue 2, 2014, pp. 207–222.

18 L. Armstrong, ‘From Law Enforcement to Protection? Interactions between sex workers and police in a decriminalised street-based sex industry’, British Journal of Criminology, vol. 57, issue 3, 2016, pp. 570–588.

19 L. Plumridge and G. Abel, ‘A “Segmented” Sex Industry in New Zealand: Sexual and personal safety of female sex workers’, Australian and New Zealand Journal of Public Health, vol. 25, issue 1, 2001, pp. 78–83.

20 P. Bellamy, ‘Prostitution law reform in New Zealand’, Parliamentary Library Research Paper, 2012, retrieved 14 May 2017, https://www.parliament.nz/en/pb/research-papers/document/00PLSocRP12051/prostitution-law-reform-in-new-zealand.

21 G. Abel, L. Fitzgerald and C. Brunton, ‘The impact of decriminalisation on the numbers of sex workers in New Zealand’, Journal of Social Policy, vol. 38, 2009, pp. 515–31.

22 Abel, Fitzgerald and Brunton, 2007.

23 Véase: New Zealand Ministry of Justice, ‘Brothel Operator Certification’, available at https://www.justice.govt.nz/licences-certificates/brothel-operator-certification/apply-for-a-brothel-operator-certificate/#people-who-need.

24 “New Zealand European” (neozelandesa de origen europeo) es una categoría oficial de etnicidad que describe a personas nacidas en Nueva Zelanda que son de descendencia europea.

25 Abel, Fitzgerald and Brunton, 2007.

26 M. Roguski, Occupational health and safety of migrant sex workers in New Zealand, New Zealand Prostitutes Collective, 2013, retrieved 22 May 2017, http://www.communityresearch.org.nz/research/occupational-safety-and-health-of-migrant-sex-workers-in-new-zealand/.

27 Ibid.

28 Parliamentary Counsel Office, Crimes Amendment Act 2015, retrieved 20 June 2017, http://www.legislation.govt.nz/act/public/2015/0095/latest/DLM6150617.html.

29 Healy, Bennachie and Reed, 2010.

30 I. Radacic, ‘New Zealand Prostitutes’ Collective – An example of a successful policy actor’, Social Sciences, vol. 6, issue 2, 2017.

31 “Work and Income” (Trabajo e Ingresos) forma parte del ministerio de desarrollo social de Nueva Zelanda y es la organización responsable de proveer asistencia económica a personas en situación de desempleo

32 Véase la sección 19 de la ley de Reforma de la Prostitución.

33 “Venganza” es una película de ficción de 2008 que trata del secuestro de dos mujeres jóvenes por traficantes de seres humanos con fines de esclavitud sexual. En su versión original en inglés se titula “Taken”, en Hispanoamérica se distribuyó bajo el título “Búsqueda Implacable”.

34 S. Pickering and J. Ham, ‘Hot pants at the border: Sorting sex work from trafficking’, British Journal of Criminology, vol. 54, issue 1, 2014, pp. 2–19; L. Armstrong, 2014.

35 B. Fawkes, ‘Police banned from brothel raids’, The Dominion Post, 21 February 2009, retrieved 12 April 2017, http://www.stuff.co.nz/national/1752325/Police-banned-from-brothel-raids.

36 L. Tan, ‘Immigration raids catch 21 illegal sex workers’, New Zealand Herald, 26 April 2012, retrieved 20 June 2017, http://www.nzherald.co.nz/nz/news/article.cfm?c_id=1&objectid=10801461.

37 Stuff NZ (no author), ‘Brothel raid sparks court action’, Stuff NZ, 30 May 2014, retrieved 14 May 2017, http://www.stuff.co.nz/national/10103579/Brothel-raid-sparks-court-action.

38 Armstrong, 2016; Abel, Fitzgerald and Brunton, 2007.

39 M. Duff, ‘Sex worker gets $25,000 over harassment’, The Dominion Post, 28 February 2017, retrieved 28 July 2017, http://www.stuff.co.nz/business/industries/9777879/Sex-worker-gets-25-000-over-harassment

40 Véase nota al pie 31.

41 Véase http://www.nzpc.org.nz/For-Brothel-Operators.

42 Abel, Fitzgerald and Brunton, 2007.

 

 

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La despenalización del trabajo sexual y la seguridad y salud laborales en Nueva Zelanda

 

Por el Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC)

Septiembre de 2015

Se puede descargar aquí en formato PDF (inglés y español): https://bit.ly/2RX58W3

 

En 1992, la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo1 fue aprobada en el Parlamento de Nueva Zelanda. El NZPC, colectivo dirigida por personas que ejercen el trabajo sexual, participó en las consultas con el personal gubernamental que estaba analizando las prácticas en los diferentes espacios de trabajo sexual. En esta revisión se incluyeron los salones de masaje, pese a no existir, en el marco legislativo, mecanismos legales para reconocer los problemas específicos relacionados con el trabajo sexual y las personas que lo ejercen ni los medios para abordar estas cuestiones.

En ese momento, los salones de masaje eran los principales lugares donde se empleaban las mujeres que ejercen el trabajo sexual. Un porcentaje mucho menor de profesionales del sexo, incluidos los hombres y mujeres transgéneros que ejercen el trabajo sexual, trabajaban de manera autónoma como acompañantes (scorts) o bien contactaban con sus clientes en el espacio público.

El conflicto entre la realidad y la falta de reconocimiento oficial del trabajo sexual limitaron el alcance de esta legislación y su capacidad para incrementar la seguridad y la salud laboral de las personas que ejercen el trabajo sexual. Como consecuencia de este conflicto, no existen directrices claras y eficaces para la industria del sexo, lo que deja a las personas que ejercen el trabajo sexual en una posición vulnerable frente a los riesgos específicos en sus lugares de trabajo.

La implicación tuvo lugar a nivel de las autoridades locales, con la realización de inspecciones en los salones de masaje para garantizar que cumplían con las normas de salud necesarias en relación al uso de las piscinas de masaje, las duchas, etc. Esto posibilitó seguir considerando los salones de masaje como espacios donde solo se realizaban servicios de masaje, por lo que no se hacía necesario trabajar a favor de condiciones seguras para las actividades sexuales comerciales realizados en ellos. En caso de que las personas que ejercen el trabajo sexual tuvieran contrato con el establecimiento, el objetivo se centró en permitir la negación de responsabilidad en relación a los impuestos, en lugar de apoyar las buenas prácticas laborales respecto a la seguridad y la salud en el trabajo. En algunos casos, los condones se almacenaron en congeladores o lavaplatos para ocultarlos y evitar que fueran utilizados en un posible juicio por trabajo sexual clandestino.

La Ley de Reforma de la Prostitución fue aprobada en 2003 y declara que su objetivo es despenalizar la prostitución. La Ley establece que ‘salvaguarda los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y las protege de explotación; promueve el bienestar, la seguridad y la salud laborales de las personas que ejercen el trabajo sexual [y] garantiza el acceso a la salud pública’. Después de la aprobación de la Ley, la división de Seguridad y Salud laboral del Departamento de Trabajo contactó con el NZPC con el objetivo de desarrollar unas directrices de Seguridad y Salud laborales (OSH, por sus siglas en inglés) para la industria del sexo en Nueva Zelanda. Tras las negociaciones con Scarlet Alliance 2 y después de una amplia consulta en el seno de la industria del sexo-que incluyó al NZPC, las personas que ejercen el trabajo sexual y los directores de burdeles-, el Departamento de Trabajo publicó las directrices definitivas para la industria del sexo de Nueva Zelanda.3 4

 


Póster deL NZPC: ¡Nuestro derecho a decir SÍ, nuestro derecho a decir NO!

 

Las directrices contienen un capítulo que incluye una amplia sección sobre salud para las personas que ejercen el trabajo sexual, incluyendo el ‘almacenamiento y manipulación del EPP (Equipo de Protección Personal, esto es, material profiláctico), juguetes sexuales y otros objetos’5, el mal uso del condón y la rotura, así como las infecciones de transmisión sexual (ITS). También se analizan las evaluaciones de salud sexual para las personas profesionales del sexo, y afirma que ‘las personas que ejercen el trabajo sexual deben acceder a servicios de salud sexual… o tener un médico de cabecera para realizarse revisiones periódicasen salud sexual, y asesoramiento y formación adecuada a las necesidades de cada persona. La frecuencia de la revisión periódica es un asunto que compete a la decisión de la persona que ejerce el trabajo sexual y a su facultativo y siempre debe ser voluntaria.6

La Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo establece que una persona contratada puede negarse a realizar cualquier trabajo que ella considere que pueda causarle un daño grave.7

No obstante, es importante destacar que las personas que ejercen el trabajo sexual no tienen por qué percibir un posible daño para no aceptar trabajos. La Ley de Reforma de la Prostitución y las leyes penales son explícitas en relación al derecho de la persona que ejerce el trabajo sexual para decir no a mantener relaciones sexuales, sean comerciales o de otra índole. Afortunadamente, este aspecto también se incorpora en las directrices de Seguridad y Salud Laboral, lo que fortalece la posición de la persona que ejerce el trabajo sexual para negociar tanto con las personas clientes como con las personas que gestionan los burdeles. Y esto a pesar de que algunas personas tratan de socavar este derecho haciendo comparaciones con sus propias ocupaciones no vinculadas al trabajo sexual, para argumentar por qué se les debería permitir rechazar ninguna prestación de servicios sexuales.

Ha habido cooperación interinstitucional entre grupos tan diversos como la Policía, el Ministerio de Negocios, Innovación y Empleo y la organización NZPC, un colectivo liderado por personas que ejercen el trabajo sexual y que promocionan la salud laboral y la seguridad en los espacios de trabajo sexual, incluidos los burdeles. El material promocional menciona explícitamente el derecho de la persona que ejerce el trabajo sexual a decir sí o a decir no, su derecho a establecer el uso de las duchas y los condones y su derecho a trabajar libre de coacción8.

La presentación de denuncias ante los organismos responsables, tales como la WorkSafe, la agencia encargada de regular la seguridad y la salud laboral en Nueva Zelanda9, supone un gran reto para las personas que ejercen el trabajo sexual, al igual que en otros casos donde cualquier trámite a través de las vías oficiales puede convertirse en un proceso lento para cualquier persona.

Sin embargo, a las personas que ejercen el trabajo sexual les está resultando fácil acceder a los servicios de mediación laboral, a los Tribunales Contenciosos, así como a la Comisión de Derechos Humanos, para resolver los conflictos que se producen en los lugares de trabajo que crean estrés y vulneran su seguridad y salud laborales. El Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda NZPC es con frecuencia el primer contacto para las personas que ejercen el trabajo sexual preocupadas por alguna cuestión. A partir de ahí, se da apoyo a la persona que ejerce el trabajo sexual de la forma más adecuada para buscar una solución o un cambio en las prácticas perjudiciales para ella.

En una sentencia dictada en 2014 por el Tribunal de Revisión de los Derechos Humanos10, un director de burdel fue obligado a recibir formación sobre acoso sexual y a pagar a una mujer 25000 dólares neozelandeses como indemnización ‘por la humillación, el atentado a su dignidad y el daño causado a los sentimientos’ de la mujer profesional del sexo.

Con el fin de que las personas que ejercen el trabajo sexual tengan garantizada la seguridad en el trabajo, se necesitan páginas web mediante las cuales puedan acceder a los organismos institucionales competentes que ellas elijan. Nuestra experiencia en Nueva Zelanda es que las prácticas laborales ilegales en un contexto de criminalización hace casi imposible que las personas profesionales del sexo puedan abordar esta cuestión de manera efectiva, ya que hay demasiados obstáculos que colocan en riesgo a la persona que ejerce el trabajo sexual.

Estos obstáculos incluyen, entre otros, la identificación en futuras redadas de personas que ejercen el trabajo sexual por parte de las fuerzas de seguridad o Inmigración, debido al endurecimiento de las medidas contra el trabajo sexual clandestino.

La despenalización del trabajo sexual en Nueva Zelanda significa que las personas profesionales del sexo, las personas clientes, los directores de burdeles y terceras partes relacionadas pueden trabajar dentro de un marco legal donde las malas prácticas puedan

ser abordadas a través de un marco legislativo, incluyendo leyes laborales que establezcan, entre otras, una normativa que garantice la seguridad y salud laborales. Es necesario que cualquier institución pública construya, en la industria del sexo, relaciones que no sean coercitivas ni innecesariamente intrusivas, y que, simultáneamente, faciliten la defensa del derecho de las personas que ejercen el trabajo sexual a un convenio de seguridad y salud laborales. Se trata de conocimiento institucional y económico, de establecer la relación desde el respeto y la confianza, donde la persona que ejerce el trabajo sexual pueda acceder sin dificultad al apoyo, a la información adecuada o a presentar una reclamación, sin ser objeto de prejuicios por parte del personal que la atiende.

Mientras que la despenalización y su implementación siguen su curso, las numerosas evidencias confirman que la salud laboral y la seguridad de las personas que ejercen el trabajo sexual mejoran con este marco legal.

 

Autores

 

Catherine Healy, licenciada en Humanidades, coordinadora nacional y coordinadora de operaciones del programa de doctorado Calum Bennachie. Ahi Wihongi, enlace comunitario, colaboró en la realización de este artículo. Ambas forman parte de NZPC y desempeñan un papel de liderazgo en la defensa de los derechos de las personas que ejercen el trabajo sexual en Aotearoa (Nueva Zelanda).

 

Pies de página

 

1 Ley de Salud y Seguridad Laboral de 1992. Legislación de Nueva Zelanda. Disponible en http://www.legislation. govt.nz/act/public/1992/0096/latest/ DLM278829.html?search=ts_act%

40bill%40regulation%40deemedr eg_health+and+safety+in+employment resel_25_a&p=1

2 Scarlet Alliance (Alianza Escarlata) es la organización de personas que ejercen el trabajo sexual más importante en Australia. El NZPC puso en conocimiento de los funcionarios del Departamento del Trabajo de la existencia de directrices elaboradas por Scarlet Alliance, y sugirió que se acercaran a dicha organización con miras a utilizar sus directrices como modelo y su posible adopción en Nueva Zelanda. Scarlet Alliance publicó las directrices bajo la condición de que el Departamento de Trabajo colaborase con las personas que ejercen el trabajo sexual para su adaptación. Ya entonces el gobierno estaba trabajando con el NZPC.

3 G. Abel, C. Healy, C. Bennachie, y A. Reed (2010) ‘The Prostitution Reform Act’. En G.Abel et al., Taking the crime out of sex work: New Zealand sex workers fight for decriminalisation. Bristol: Polity Press, p, 77.

4 Guía para la seguridad y salud laborales en la industria del sexo de Nueva Zelanda. Departamento de Trabajo. Disponible en http://www.business.govt.nz/worksafe/information-guidance/all-guidance-items/ sex-industry-a-guide-to-occupational-healthand-safety-in-the-new-zealand/sexindustry. pdf 6 Ibíd., p. 34

7 Ley de Salud y Seguridad Laboral de 1992, sección 28A. Legislación de Nueva Zelanda. Disponible en http://www. legislation.govt.nz/act/public/1992/0096/ latest/DLM279602.html?search=ts_ac t%40bill%40regulation%40deemedr eg_health+and+safety+in+employment_ resel_25_a&p=1

8 Eslógan de la campaña: ‘Derecho a decir sí, derecho a decir no’

9 ‘About us,’ WORKSAFE. Disponible en http:// http://www.business.govt.nz/worksafe/about

10 DML v Montgomery [2014] NZHRRT 6 (12 de febrero de 2014). Disponible en http:// www.nzlii.org/cgi-bin/download.cgi/cgibin/download.cgi/download/nz/cases/ NZHRRT/2014/6.pdf

Portada del folleto de OSH OSH Booklet Cover IMAGE PROVIDED BY/FUENTE: NZPC

 

 

Nueva Zelanda: Llamamiento a legalizar el trabajo sexual de las inmigrantes

 

1 de septiembre de 2018

https://www.radionz.co.nz/news/national/365463/call-to-legalise-sex-work-by-migrants

 

El Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda está ayudando a reunir información sobre las trabajadoras sexuales inmigrantes, pero argumenta que la despenalización de la industria sería una mejor opción.

 

La fundadora del Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda, Dame Catherine Healy, dice que legalizar el trabajo sexual para las inmigrantes ayudaría a prevenir la explotación y el abuso. Foto: RNZ / Rebekah Parsons-King

 

Inmigración de Nueva Zelanda (INZ) está trabajando con el colectivo para obtener más información sobre las trabajadoras inmigrantes, en un esfuerzo por combatir la explotación.

Legalmente, solo las ciudadanas y residentes de Nueva Zelanda pueden trabajar en la industria del sexo.

La fundadora del Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda, Dame Catherine Healy, dijo que las inmigrantes se arriesgaban a ser explotadas y maltratadas, pero que hacer que el trabajo sexual fuera legal para las inmigrantes ayudaría a detener esto.

“No estamos hablando de un número significativo de personas en esta situación”, dijo.

“Ha habido preocupaciones expresadas por las trabajadoras sexuales en este país de que no hay suficiente trabajo para todas, pero al mismo tiempo muchos otros grupos ocupacionales dirían eso también: hay que terminar con la discriminación, no es apropiado”.

El gerente general de Inmigración Nueva Zelanda Peter Devoy dijo que la investigación estaba en sus primeras etapas, pero que el departamento estaba siendo proactivo en su compromiso con la comunidad.

Dijo que legalizar el trabajo sexual para las inmigrantes podría ser una opción.

“Esa opción va más allá de las competencias de INZ, pero muy bien puede haber lugar para discutirlo”.

El enfoque inmediato de Inmigración NZ fue abordar la explotación de las trabajadoras inmigrantes, pero la información era difícil de obtener.

“No es probable que se presenten porque no están funcionando legalmente, también hay problemas de desconfianza en torno a la policía y, sin duda, la inmigración … no quieren que se las identifique como que trabajan en la industria y a veces también hay una barrera del idioma “.

Dame Catherine dijo que el colectivo de prostitutas estaba ayudando a Inmigración NZ para que ellos también pudieran aprender más sobre las trabajadoras ilegales.

“Hemos estado ayudando a los investigadores a ponerse en contacto con trabajadoras sexuales inmigrantes, así como a operadores de burdeles y personas que tienen conocimiento sobre la situación.

“Estamos ansiosas por descubrir todo lo que podamos sobre las circunstancias en las que están trabajando y sus experiencias”.

Dijo que la Sección 19 de la Ley de Reforma de la Prostitución, que prohíbe a las inmigrantes trabajar como prostitutas, tenía buenas intenciones pero tuvo un efecto negativo.

“La sección 19 se presentó como una iniciativa contra la trata de personas y, por supuesto, todo lo que ha hecho es alimentar una especie de nivel de vulnerabilidades.

“Definitivamente fue bien intencionado, pero ha tenido un efecto predecible de crear una población clandestina de trabajadoras sexuales que luego se volverían vulnerables”.

En julio, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas emitió sus observaciones sobre Nueva Zelanda y dijo que el artículo 19 de la ley puede tener un impacto negativo sobre las inmigrantes. Recomendó enmendar la Sección 19.

Es tan legal como cualquier otro trabajo. Entonces, ¿por qué persiste el estigma contra las trabajadoras sexuales?

 

 

Por Lynzi Armstrong

6 de agosto de 2018

https://thespinoff.co.nz/society/06-08-2018/its-as-legal-as-any-other-job-so-why-does-stigma-against-sex-workers-persist/

 

Es hora de que pongamos fin al estigma y la discriminación contra las trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda, escribe la criminóloga Lynzi Armstrong.

 

Imagina que decides comenzar un negocio. Tienes una idea emocionante y personas geniales como colaboradoras. Terminas tu plan de negocios y estás lista para embarcarte en tu nuevo desafío. Pero cuando vas al banco e intentas abrir una cuenta comercial, te rechazan. No tienes historial de deudas, no tienes condenas penales y tu negocio planificado es completamente legal. Suena escandaloso, ¿verdad? Pero esto es precisamente lo que varias trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda han descrito experimentar en las últimas semanas.

Dichos informes son motivo para reflexionar sobre nuestra posición actual con respecto a los derechos de las trabajadoras sexuales en este país. El marco despenalizado de Nueva Zelanda es ampliamente alabado como el líder mundial en la priorización de los derechos de las trabajadoras sexuales, pero incidentes como éste sirven como un recordatorio de que todavía hay trabajo por hacer.

Estos no son incidentes aislados. Y tales incidentes no son exclusivos de Nueva Zelanda. La discriminación contra las trabajadoras sexuales prolifera en todo el mundo. Se refleja en la legislación aprobada recientemente en los Estados Unidos aparentemente para frenar la trata, que limita significativamente el acceso de las trabajadoras sexuales a las plataformas en línea para publicitar sus servicios. En Noruega, donde los clientes de las trabajadoras sexuales son criminalizados, un proyecto llamado ‘operación sin hogar’ se desarrolló entre 2007 y 2011, convirtiendo en un delito ceder locales a las trabajadoras sexuales, lo que provocó desalojos generalizados de trabajadoras sexuales de sus hogares y espacios de trabajo. Sin embargo, estos ejemplos se originan en países en los cuales las trabajadoras sexuales o sus clientes son criminalizados y, por lo tanto, las trabajadoras sexuales tienen pocos derechos.

En contextos en los que las trabajadoras sexuales están sujetas a tales leyes represivas, tal vez la discriminación no sea sorprendente. Pero en Nueva Zelanda, el trabajo sexual fue despenalizado en 2003 con la aprobación de la Ley de Reforma de la Prostitución, que marcó un compromiso explícito para poner en primer plano la salud, la seguridad y los derechos de las trabajadoras sexuales. ¿Por qué entonces las trabajadoras sexuales aún están sujetas a discriminación 15 años después de que se aprobara esta ley? La respuesta está en suposiciones inexactas profundamente arraigadas sobre quiénes son las trabajadoras sexuales y cómo viven sus vidas.

Las suposiciones comunes sobre las personas que ejercen el trabajo sexual incluyen la creencia de que se ven forzadas a trabajar, que sus vidas son caóticas y que su trabajo está relacionado con submundos oscuros.

Las películas de Hollywood no ayudan. Las representaciones de trabajadoras sexuales que muestran que son seres humanos complejos, con familias, pasatiempos y necesidades y aspiraciones diversas, son pocas y distantes entre sí. En cambio, las representaciones a las que estamos expuestos tienden a seguir tropos (2) problemáticos, como el de la esclava sexual menor de edad secuestrada o simplemente el cadáver sin identificar.

Pero la investigación empírica y la defensa de las trabajadoras sexuales en línea nos dicen que son una población diversa. Por ejemplo, una investigación realizada en Nueva Zelanda para evaluar los impactos de la Ley de Reforma de la Prostitución mostró que las trabajadoras sexuales a menudo son madres. A veces también tienen trabajos fuera de la industria del sexo. Tienen pareja. Muchas trabajadoras sexuales son estudiantes. Les gusta ver el mundo, a veces trabajando por el camino. Algunas han tenido experiencias terribles en la vida, pero también lo las han tenido muchas personas que no son profesionales del sexo. En resumen, las trabajadoras sexuales no son diferentes al resto de nosotros.

Las trabajadoras sexuales, en activo y retiradas, nos rodean, pero no las vemos precisamente porque el estigma las vuelve invisibles. ¿Cuántas trabajadoras sexuales en activo y retiradas conoces tú? Probablemente muchas más de lo que piensas. Podrían ser la maestra de sus hijos, tu abogada, la amiga con la que te sientas en tu tutorial de estadísticas, tu hija, tu madre, la persona que te corta el pelo o la desconocida que gentilmente te dio instrucciones cuando te perdiste en la calle el otro día.

Deberíamos saber intuitivamente esto, pero el estigma significa que hablar es muy arriesgado, por lo que muchas trabajadoras sexuales, comprensiblemente, permanecen cautelosas y mantienen su trabajo en secreto. Y como resultado, muchas personas siguen imaginando que las trabajadoras del sexo son fundamentalmente diferentes a cualquier otra persona, tan diferentes que se les deben negar cuentas bancarias comerciales debido a los riesgos que se les presentan. Abordar esto es increíblemente importante no solo para que las trabajadoras sexuales tengan igual acceso a servicios y oportunidades para hacer crecer sus negocios, sino más importante, para su seguridad, ya que se cree que el estigma y la violencia están interrelacionados.

El estigma del trabajo sexual tiene una larga historia, y es precisamente por eso que es tan difícil de deshacer. Pero en Nueva Zelanda tenemos la oportunidad de mostrarle al mundo lo que es posible. Nueva Zelanda ya ha sido la primera en despenalizar el trabajo sexual y reconocer, con un honor real, a una ex trabajadora sexual (2) que ayudó a que este cambio ocurriera. Parece incongruente que en este contexto a algunas trabajadoras sexuales todavía se les nieguen cuentas bancarias comerciales.

Entonces debemos hacer un compromiso para cambiar esto. Y esto comienza con la suspensión de cualquier preconcepción que podamos tener sobre quiénes son las trabajadoras sexuales, de forma que podamos llegar a un punto en el que se dé por sentado que realmente son como todos los demás. Si Nueva Zelanda realmente aspira a ser un país que piensa y prioriza la justicia social, debemos continuar promoviendo los derechos de las trabajadoras sexuales y tomar una posición firme contra el estigma y la discriminación.

 

La Dra. Lynzi Armstrong es profesora en el Instituto de Criminología de la Universidad Victoria de Wellington.


1.- Tropo m. Ret. Empleo de una palabra en sentido distinto del que propiamente le corresponde,pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza. La metáfora, lametonimia y la sinécdoque son tipos de tropos.

2.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/04/nueva-zelanda-catherine-healy-nombrada-dama-por-sus-servicios-a-los-derechos-de-las-trabajadoras-sexuales/

Inmigración de Nueva Zelanda deporta a inmigrantes que realizan trabajo sexual ilegal

 

Por LAURA WALTERS

6 de junio de 2018

https://www.stuff.co.nz/national/politics/104458021/immigration-new-zealand-deports-migrants-engaging-in-illegal-sex-work


El ministro de Inmigración, Iain Lees-Galloway, dice que detener la explotación de los inmigrantes es una de sus principales prioridades.
DAVID UNWIN / STUFF

 

El ministro de Inmigración, Iain Lees-Galloway, dice que detener la explotación de los inmigrantes es una de sus principales prioridades.

El ministro de Inmigración Iain Lees-Galloway dice que está “extremadamente preocupado por las numerosas denuncias de trata sexual”, ya que Immigration New Zealand (INZ) deporta docenas de trabajadoras sexuales ilegales.

Durante los últimos tres años, INZ ha notificado avisos de deportación a 38 personas con visas temporales que fueron descubiertas realizando trabajo sexual.

De esas 38 personas, 27 han sido deportadas o se han ido voluntariamente, mientras que las otras 11 esperan la resolución de su caso.

Las deportaciones y advertencias se producen a la vez que el Gobierno sigue haciendo de la explotación de los trabajadores inmigrantes una prioridad, pero el Colectivo de Prostitutas dice que la ley que prohíbe que las personas con visas temporales realicen trabajos sexuales es discriminatoria, y la deportación es estigmatizante.

Lees-Galloway dijo que estaba preocupado por la trata sexual y la explotación de trabajadoras sexuales, y le había pedido al INZ que le diera actualizaciones regulares sobre su trabajo en el área.

“Es un asunto que Immigration New Zealand toma muy en serio y estoy satisfecho de que están haciendo grandes esfuerzos para acabar con estas prácticas.

“Eliminar la explotación de los inmigrantes es una de mis principales prioridades.

“Debemos hacer todo lo posible para proteger a las personas vulnerables mientras están en Nueva Zelanda”, dijo.

La Ley de Reforma de la Prostitución de 2003 prohíbe a cualquier titular de visa temporal en este país realizar servicios sexuales.

El gerente de INZ, Peter Devoy, dijo que la agencia sabía que las inmigrantes temporales que incumplían las condiciones de su visa trabajando en la industria del sexo eran “vulnerables a la explotación por parte de empleadores y clientes sin escrúpulos”.

La agencia tenía procesos de selección para evitar que las personas ingresaran al país, y para rechazar las visas, si hubiera motivos que sugirieran que su verdadera intención al viajar a Nueva Zelanda era trabajar en la industria del sexo.

En este año, hasta febrero de 2018, se había impedido la entrada a Nueva Zelanda a 132 presuntas trabajadoras sexuales ilegales, ya fuera negándoles el embarque en un vuelo o negándoles la entrada a su llegada.

Sin embargo, INZ no sabía que había una preocupación específica de que la gente eligiera a Nueva Zelanda como un destino para trabajar ilegalmente en la industria del sexo, dijo Devoy.


Dama Catherine Healy dice que el Gobierno está estigmatizando a las mujeres deportadas por dedicarse al trabajo sexual.
KEVIN STENT / STUFF

 

Mientras tanto, la coordinadora nacional del Colectivo de Prostitutas, Catherine Healy, dijo que la explotación de las trabajadoras sexuales que violaban sus condiciones de visa era generalizada.

En dos casos, las mujeres habían acudido al Colectivo de Prostitutas para denunciar que habían sido violadas. Otras dijeron que el pago les había sido retenido.

Un informe internacional publicado por la Alianza Global contra el Tráfico de Mujeres (GAATW) no encontró pruebas contundentes de trata de personas en la industria sexual de Nueva Zelanda, y Healy dijo que no conocía que hubiera trata sexual, pero sí abuso contra las trabajadoras sexuales inmigrantes ilegales. .

El Colectivo trabajó con trabajadoras sexuales, policías y profesionales de la salud para asegurarse de que las mujeres tuvieran un lugar seguro donde informar de cualquier problema sin temor a ser estigmatizadas o deportadas.

Healy dijo que el escenario ideal sería cambiar la ley “discriminatoria” para permitir que las personas con visas temporales se dediquen al trabajo sexual, ya que sí estaban autorizadas para participar en cualquier otro tipo de trabajo durante su estancia en Nueva Zelanda.

Las que operaban en la clandestinidad eran más vulnerables a la explotación, dijo.

Este aparente renovado enfoque en aquellas mujeres que operan ilegalmente se produce cuando el gobierno ha prometido acabar con la explotación de trabajadores inmigrantes como parte de su promesa preelectoral, lo que se esperaba que contribuyera en cierta medida a reducir las cifras netas de migración.

Si bien la mayoría de los inmigrantes conocía las reglas cuando se trataba de trabajo sexual, había habido alguna confusión reciente, y el trabajo sexual figuraba en la lista de empleos calificados del sitio web de INZ, según los informes de NZME.

La ocupación no estaba en la lista de escasez de titulaciones, sino en una lista derivada de la lista de clasificación estándar de ocupaciones de Australia y Nueva Zelanda (ANZSCO). La ocupación ha sido eliminada de la lista de empleos calificados.

Healy dijo que, mientras toma medidas enérgicas contra la explotación, el Gobierno estigmatiza a las mujeres que son expulsadas por trabajo sexual. Fueron enviados a casa —algunas eran estudiantes y no pudieron terminar su calificación— con una marca negra junto a su nombre, y el estigma de ser deportadas por dedicarse al trabajo sexual. En algunos países eso tendría un efecto negativo en sus vidas, dijo.

Healy dijo que el gobierno podría hacer cambios en esta área para ayudar a reducir la explotación, sin estigmatizar ni discriminar a las trabajadoras sexuales. Dijo que le gustaría tener la oportunidad de participar en una conversación.

‘Tienes que ser valiente’: la defensora de las trabajadoras sexuales australianas, Julie Bates, reconocida con la Orden de Australia

 

 

Por Deborah Snow

 

10 de junio de 2018

 

https://amp.smh.com.au/lifestyle/health-and-wellness/you-have-to-be-brave-sex-worker-advocate-julie-bates-recognised-20180608-p4zkft.html?__twitter_impression= cierto

 

Julie Bates se ríe de la forma en que instintivamente respondió cuando el emblema de la Corona apareció en un correo electrónico en su bandeja de entrada hace unas semanas.

“Pensé ‘Dios mío, ¿qué he hecho ahora?'” Han pasado 23 años desde que la industria del sexo fue despenalizada en Nueva Gales del Sur, y todavía, a veces, “lo único que esperas a primera hora de la mañana es a los policías golpeando tu puerta… ese tipo de trauma e instinto todavía lo llevas contigo, sin importar cuántos años hayan pasado”.

Julie Bates ha sido galardonada con una Orden de Australia por su defensa de las trabajadoras sexuales y otros australianos marginados.
Foto: Dominic Lorrimer

El correo electrónico, sin embargo, traía buenas noticias: Julia Bates, de 68 años de edad, se convierte en oficial de la Orden de Australia en los honores del cumpleaños de la Reina, en reconocimiento del trabajo que ha hecho durante décadas para defender los derechos de las trabajadoras sexuales y movilizar a la industria del sexo contra la propagación del VIH / SIDA.

Es difícil ahora recordar el puro terror que acompañó lo que parecía ser una inminente epidemia de VIH / SIDA a principios y mediados de los años ochenta.

La Sra. Bates era entonces una madre soltera y trabajadora sexual de unos 30 años, con sede en el este de Sydney. Fue muy consciente de la amenaza. “Necesitábamos representación y más tarde nuestras vidas dependieron de eso”, le dijo a Fairfax.

En un centro de atención directa en Kings Cross, vio un aviso sobre un embrionario proyecto de investigación sobre trabajadoras sexuales y VIH / SIDA, y en tres días ella y otras personas estaban escribiendo una solicitud de subvención. Eso llevó a la financiación para un revivido Colectivo de Prostitutas Australianas, que más tarde se transformó en el Proyecto de Apoyo a Trabajadores Sexuales (SWOP, por su nombre en inglés: Sex Workers Outreach Project): un modelo de educación entre pares para combatir la transmisión del VIH / SIDA que tuvo tanto éxito que se convirtió en consultor de la Organización Mundial de la Salud . También participó activamente en organizaciones como NUAA, la NSW Users y la Asociación de SIDA, que ayudó a desarrollar estrategias de minimización de daños para usuarios de drogas inyectables.

Uno de sus primeros éxitos fue convencer al dueño del burdel más grande de Sydney, el Nevada, de que iría a la quiebra a menos que insistiera en el uso del condón.

“Le dije, ‘puedo ayudarte a tener el negocio más grande de la ciudad. Pero tienes que ser valiente’”. Le consiguió una doble página en el periódico de ese fin de semana, y durante los siguientes cuatro años, el uso del condón en los burdeles de la ciudad aumentó de poco más del 10 por ciento a un 90 por ciento estimado.

Julie Bates, derecha, y Roberta Perkins del Australian Prostitutes Collective, 1986.
Foto: Fairfax Media

El director del Programa de Salud Sexual en el Instituto Kirby, el profesor Basil Donovan, dice que miles de personas deben su vida a ese trabajo. “Si no hubiera sido por Julie y otras personas como ella, podríamos haber tenido una epidemia de VIH mucho peor”, dice. “Se necesitó mucho coraje, no tienes idea”.

La Sra. Bates insiste: “No he hecho más que otras personas que han dedicado sus vidas al tratamiento y a detener la propagación de esta enfermedad”. Hace mención especial al difunto profesor David Cooper, quien recibe póstumamente un nombramiento de Compañero de la Orden de Australia (AC) por su innovador trabajo médico en ese campo.

Con toda probabilidad, ella es la primera australiana con un pasado en el trabajo sexual que es nombrada miembro de la Orden de Australia. Ella ríe. “Bueno, es el único que ha mostrado reconocimiento por el trabajo sexual. ¿Quién sabe? “. Está encantada de que su amiga, la activista del trabajo sexual de Nueva Zelanda, Catherine Healy, ahora Dame Catherine, haya sido honrada de manera similar en ese país la semana pasada.

Julie Bates y el profesor Basil Donovan en 2007.
Foto: Marco Del Grande

A pesar de cumplir los 70 años (1) el próximo año, la Sra. Bates no muestra signos de desaceleración. Dice que usará el título para abrir aún más puertas. “Voy a ordeñarlo hasta sacar de él todo lo que vale”, dice. Habiendo ganado la despenalización, “la próxima gran pelea es ganar protección contra la discriminación, protección que aún no tenemos”. Luego, hay otros Estados fuera de Nueva Gales del Sur a los que hay que abordar, Estados donde existe una “mezcolanza de criminalización, prohibición y concesión de licencias”.

Bajo el disfraz de su alter ego, “Darlo Debby”, viajará a Amsterdam el próximo mes como parte de un colectivo de arte de performance de trabajadoras sexuales, apodado “Debby no lo hace gratis”, que hará su propia aportación a una conferencia internacional sobre el SIDA.

Levanta un paraguas rojo, que está apoyado en un rincón. “Este es el símbolo de los derechos de las trabajadoras sexuales”, dice ella. “Los paraguas protegen contra las inclemencias del tiempo: bueno, éste es para protegernos contra las actitudes inclementes de la sociedad”.

 


1.- N. de la C.: Antes ha dicho que tiene 68 años, así que no me explico cómo puede cumplir 70 el año que viene.

Condecoran a la prostituta que dejó de ser maestra: «El trabajo sexual no es una violación»

 

La neozelandesa Catherine Healy recibe el título de Dama de Honor de Isabel II por su lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Por Antonio Corbillón

Viernes, 8 junio 2018

http://www.ideal.es/sociedad/condecoran-prostituta-maestra-20180608003450-ntvo.html

 

«Todavía sigo pensando que vamos a ser arrestadas al amanecer, sin reconocimiento. Nunca pensé que este día llegaría». De las redadas policiales en los prostíbulos de Wellington (Nueva Zelanda) a recibir el título de Dama de Honor en la Orden del Mérito de la reina Isabel II de Inglaterra. Tres décadas para resumir la lucha de la extrabajadora sexual Catherine Healy para situar a las mujeres del país oceánico como referencia mundial en la conquista de derechos de este colectivo.

Llegó al negocio por curiosidad. También por dinero. Healy (1956) creció en la bahía neozelandesa de Eastbourne junto a sus liberales padres y sus tres hermanos. Se hizo maestra de educación infantil en la capital del país, Wellington, y durante nueve años fue una maestra que nunca había usado tacón ni lápiz de labios. Su mayor vicio confesable era dejar temblando su tarjeta de crédito durante sus viajes por el extranjero en las largas vacaciones escolares.

Curiosa e inquieta, un día de principios de los años 80 conoció a una prostituta que le contó su historia. Cumplía todos los tópicos del ramo: desprotegida, acostumbrada a ser maltratada, siempre al albur del cliente que le tocara en suerte. Además, eran los años en los que el VIH convirtió el trabajo sexual en una ocupación de alto riesgo si no se tomaban medidas profilácticas.

 

«El trabajo sexual no es una violación. Es la indignidad de la ley lo que te hace sentirte violada» «Esto demuestra la aceptación de esta industria. Las prostitutas somos parte de la sociedad»

 

Catherine se sintió horrorizada por el testimonio de aquella mujer. «Pensé que tenía que rescatarla, pero nunca olvidaré la vehemencia con que me dijo que no tenía derecho a imponerle mi opinión», recordó la nueva Dama de Honor de la Reina Isabel en una entrevista en el diario ‘National’ de su país hace varios años.

Healy quiso probar de dónde salía aquella convicción. Una noche salió con ella y se llevó a su casa a uno de sus clientes. Pensó que el trabajo de prostituta no era para ella. Poco después (1986) respondió a una oferta de trabajo como recepcionista en un salón de masajes. Le pareció que le ayudaría a completar su salario de 400 dólares neozelandeses semanales (unos 240 euros) como maestra.

 

Invisible y juzgada

Al poco ya estaba recibiendo clientes y decidió tomarse un año sabático como maestra. Al final de ese periodo tenía claro que no volvería a las aulas. Recién cumplidos los treinta años, aquel ambiente le parecía «extraordinariamente glamuroso, con mujeres muy educadas y vestidos extravagantes».

Aunque no le era ajena la sordidez de un mundo todavía no tolerado y prohibido por las leyes. Mujeres y clientes metidos en pequeños garitos clandestinos de las calles Willis y Boulcott Street de Wellington, bebiendo y fumando hasta altas horas de la madrugada. Un gran contraste con sus recatadas reuniones de docentes escolares. Catherine reconocía que «la yuxtaposición de vidas tan diferentes fue dura». Pero el trabajo tenía una ventaja evidente. Ganaba unos 2.000 dólares semanales, cinco veces más que en el colegio.

Más que las condiciones en que se desenvolvía o el rechazo de su madre, desde el principio le preocupó su invisibilidad. La ley neozelandesa establecía que no era ilegal pagar por sexo pero era punible solicitarlo (y ofrecerlo, claro). Varias veces fue arrestada y acabó en un juzgado. Nunca la condenaron.

«El trabajo sexual no es una violación. Es la indignidad de la ley lo que te hace sentirte violada». Bajo esta máxima, Catherine creó en 1989 el Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC, en inglés). «Éramos nueve y empezamos a reunirnos para conversar en mi apartamento. Sólo queríamos ser tratadas como personas. Cambiar actitudes y cambiar la ley», recuerda estos días en la prensa de su país, donde ya era una celebridad social.

Su trabajo dio frutos enormes. En 2003 todas las miradas la buscaron en la tribuna de invitados del Parlamento de Nueva Zelanda cuando se votó por unanimidad la ley que despenalizaba la prostitución. En paralelo ,y financiado por las arcas públicas, la NZPC ofrece hoy a estas profesionales clínicas gratuitas de salud sexual y programas para prevenir enfermedades.

La Coordinadora Nacional del Colectivo de Prostitutas que preside Catherine es ahora una respetada organización con cinco sedes, 12 empleados a tiempo completo e innumerables voluntarios. «Esto demuestra la aceptación de esta industria. Somos parte de la sociedad, no vivimos aparte de ella», defiende hoy su creadora.

Catherine Healy recibe consultas de colectivos de todo el mundo que buscan repetir su modelo. Su nombre aparece en varias fundaciones y hasta ha sido oradora en la Cámara de los Comunes del Reino Unido. Rompió a llorar cuando le notificaron su distinción. «Siempre digo que espero ser arrestada al amanecer, no recibir este tipo de honores», afirma con una media sonrisa.

Desde 1902, la Orden del Mérito es una distinción del Reino Unido y la Commonwealth concedida por la Casa Real.

Recompensa por servicios extraordinarios. Entre los distinguidos hay mayoría de militares, científicos, artistas o literatos. En Gran Bretaña es competencia de la soberana; en Nueva Zelanda y otros países de la Commonwealth, la potestad es del Gobierno.

En Gran Bretaña la recibieron Winston Churchill, Nelson Mandela, el escultor Henry Moore, Teresa de Calcuta… En Nueva Zelanda se le concedió a la cantante de ópera Malvina Major en 2012.

 

Antigua trabajadora sexual de Nueva Zelanda se convierte en una dama en los honores del cumpleaños de la Reina

 

Catherine Healy, quien ayudó a despenalizar la prostitución, fue honrada con una Orden al Mérito por los servicios a los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Catherine Healy, una ex trabajadora sexual, ha sido nombrada Dame Companion de la Orden del Mérito de Nueva Zelanda. Fotografía: Catherine Healy

 

Por Charles Anderson

4 de junio de 2018

https://www.theguardian.com/world/2018/jun/04/new-zealand-former-sex-worker-becomes-a-dame-in-queens-birthday-honours

 

Cuando la policía de Nueva Zelanda detuvo a Catherine Healy después de asaltar el burdel de Wellington en el que trabajó durante la década de 1980, era imposible imaginar que algún día sería reconocida por la Reina por sus servicios a la industria del sexo.

“Nunca podríamos habernos imaginado una cosa así”, dijo Healy a The Guardian. “No podría haberme pasado por la mente, incluso hace un par de semanas”.

Durante años, ella y sus compañeras trabajadoras sexuales lucharon contra el estigma mientras hacían campaña por mayores derechos y reconocimiento.

El lunes, Healy fue nombrada Dame Companion de la Orden del Mérito de Nueva Zelanda por sus servicios a los derechos de las trabajadoras sexuales.

“Estaba muy intimidada y me resultó muy difícil de creer”, dijo. “Miras a tu alrededor y hay muchas personas a las que admiro y de alguna manera sabes dónde encajas en la sociedad. Nunca pensé que esta era una posibilidad “.

En 1987, Healy ayudó a fundar el Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda, una organización que apoya los derechos de las trabajadoras sexuales.

“En aquel entonces, recuerdo haber leído historias que hablaban sobre nosotras, pero los periodistas nunca hablaban con nosotras. Era ni más ni menos que una falta de respeto”.

Ahora el panorama ha cambiado. Ella junto con los políticos ayudó a desarrollar un proyecto de ley que despenalizaría el trabajo y salvaguardaría los derechos de las trabajadoras sexuales. Healy estaba en la galería pública en 2003, cuando el proyecto de ley fue aprobado en el parlamento por un único voto de diferencia.

“Es diferente pensar en ello hoy en día cuando estamos sentadas alrededor de la mesa como iguales con la policía y planeando cómo hacer que el trabajo sexual sea más seguro y cómo facilitar que las trabajadoras denuncien la violencia sexual”.

Inicialmente, fue la prevención del VIH lo que motivó la formación del colectivo.

“Además de la sensación de que pertenecíamos a la sociedad y no nos sentíamos anormales”, dijo Healy. “No queríamos que nos trataran de la forma como estábamos siendo tratadas”.

Si bien dijo que Nueva Zelanda es un país más progresista que muchos otros, todavía ha sido un desafío superar las connotaciones asociadas con la industria. Healy espera que el movimiento para legitimar el trabajo sexual se vea algún día en el panteón de otros movimientos socialmente innovadores en el país, como ser la primera nación en dar el voto a las mujeres en 1893 y hacer que el país sea libre de armas nucleares en 1984.

“Aquí nos gusta tener conversaciones abiertas y honestas con personas de diferentes puntos de vista ideológicos”.

El ex primer ministro Bill English también fue honrado en la lista de cumpleaños de la Reina, recibiendo un título de caballero por sus servicios al Estado durante una carrera política de 27 años.

Nueva Zelanda: Catherine Healy ‘traída del frío’ tras una carrera de activismo a favor de las trabajadoras sexuales

 

Por BESS MANSON

4 de junio de 2018

https://www.stuff.co.nz/national/104330042/dame-catherine-healy-brought-in-from-the-cold-after-career-advocating-for-sex-workers

 

La nueva Dama Catherine Healy en su casa de Eastbourne, Wellington.

 

Dame Catherine Healy – por los servicios a los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Convertirse en una dama fue como “ser traída del frío”, dice la activista por los derechos de las trabajadoras sexuales Catherine Healy.

La miembro fundador del Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC, por sus siglas en inglés) dijo que se echó a llorar cuando recibió la carta con el nombramiento.

“Todavía sigo pensando que vamos a ser detenidas al amanecer, no reconocidas. Nunca, nunca imaginé que este día llegaría”.

Durante años, ella y su cohorte lucharon contra el estigma de ser una trabajadora sexual e hicieron campaña por los derechos de las trabajadoras sexuales. Soportó la vergüenza de los miembros de su familia, vergüenza que, con el tiempo, se ha convertido en orgullo por el papel que ha desempeñado en el movimiento por el cambio en la industria del sexo.

Healy se convirtió en coordinadora del Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda en 1989 y dirigió la campaña para despenalizar la prostitución. Ayudó a desarrollar un proyecto de ley modelo para despenalizar el trabajo y salvaguardar los derechos humanos y la seguridad laboral de las trabajadoras sexuales, que se aprobó en 2003.

Ese modelo ha recibido reconocimiento internacional.

Healy cambió su trabajo como maestra de escuela primaria para convertirse en trabajadora sexual en la década de 1980.

Trabajó en un burdel en Wellington’s Willis St.

Fue un tiempo profundamente social, dijo, con prostitutas y clientes metidos en un pequeño bar clandestino en el burdel bebiendo y hablando hasta altas horas de la madrugada. Era un gran contraste con sus reuniones de la mañana en las recatadas habitaciones del personal de la escuela. La yuxtaposición de esas dos vidas tan diferentes fue dura.

Pero la profesión vino con su propio conjunto de obstáculos. No tanto en la forma de clientes dudosos, sino por la ley, que establecía que era ilegal buscar clientes, pero no era ilegal que un cliente pagara por tener relaciones sexuales.

La gente diría que el trabajo sexual era violación, pero fue la indignidad de la ley lo que la hizo sentirse verdaderamente violada.

El Colectivo de Prostitutas surgió a través de una reunión de mentes.

Las mujeres con las que trabajó eran estridentes y descaradas y molestas con el estigma y los conceptos erróneos de la prostitución. Healy, de 62 años, estaba maravillada con ellas.

“Hablaban en ese momento sobre la necesidad de un sindicato y eso realmente me sorprendió.

“Éramos nueve y empezamos a reunirnos y conversar. Nos sentábamos en mi apartamento en Mt Victoria, la casa llena de humo de cigarrillo, y no hacíamos más que hablar”.

Hablaron de un lugar comunitario donde las trabajadoras sexuales pudieran acudir. Hablaron sobre su deseo de detener la propagación del VIH / SIDA.

“Solo queríamos ser tratadas como personas normales. Queríamos cambiar actitudes, queríamos aceptación. Sobre todo, queríamos cambiar la ley.

El NZPC ahora opera con 12 empleados a tiempo completo y un grupo de voluntarios en cinco sucursales en todo el país.

Healy, de Bay York en el suburbio de Eastbourne, dijo que su nombramiento de dama era un reconocimiento a la gran cantidad de gente que había trabajado duro y luchado juntos por el cambio en la industria en los últimos 30 años.

“Es extraordinario ver lo lejos que hemos llegado. Esto demuestra la aceptación de esta industria. Somos parte de la sociedad, no algo aparte de ella. Se trata de reducir el estigma y reconocer que somos una sociedad inclusiva en este país”.

Nueva Zelanda: Catherine Healy nombrada Dama por sus servicios a los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Honores del cumpleaños de la Reina: Dame Catherine Healy – Las trabajadoras sexuales ‘traídas al redil’

 

Catherine Healy ha sido nombrada Dame Companion por sus servicios a los derechos de las trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda.

 

Por: Isaac Davison

Reportero político, NZ Herald

isaac.davison @ nzherald.co.nz @ isaac_davison

4 de junio de 2018

https://www.nzherald.co.nz/nz/news/article.cfm?c_id=1&objectid=12062840

 

Catherine Alice Healy

Dame Companion de la Orden del Mérito de Nueva Zelanda (1) por los servicios a los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Hace treinta años, Dame Catherine Healy estaba trabajando en un prostíbulo humeante e ilegal frente a una iglesia en el centro de Wellington.

Había renunciado a su trabajo docente de $ 400 por semana para hacer trabajo sexual por $ 2000 por semana, en parte para cubrir los costos de sus vacaciones en el extranjero.

Era el período de la liberación de las mujeres y el burdel de Boulcott St era un lugar emocionante lleno de mujeres “estridentes, descaradas y creativas”, dijo Healy.

Pero ella también estaba trabajando en una industria incierta, profundamente estigmatizada, donde la amenaza de detención por la policía estaba siempre presente.

“Muchas personas asumen que las trabajadoras sexuales solo quieren ser rescatadas”, le dijo al Herald.

“Pero la mayoría de nosotras solo queríamos tener derechos laborales como todos los demás. Cuando comencé como trabajadora sexual no había nada. Había solo consejos poco fiables susurrados en un pasillo”.

Eso la llevó a co-fundar el Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC) en 1987, Colectivo que promovió prácticas de sexo más seguro, abogó por las trabajadoras sexuales y luego encabezó la despenalización en este país.

Healy, quien se ha mantenido como coordinadora del Colectivo desde entonces, ha sido ahora nombrada dama en los Honores del cumpleaños de la Reina.

“Estallé en lágrimas”, dijo sobre el momento en que le comunicaron el nombramiento.

“Fue algo completamente inesperado. Estas cosas no me pasan a mí. Una gran dama”.

Era algo más que un honor individual, dijo. Mostró cuán lejos habían llegado las actitudes sociales en Nueva Zelanda.

“Siento que es un reconocimiento para todas nosotras. Es como decir: “Vosotras importáis, chicas. Podéis venir al redil'”.

Ella ha tenido que hacer frente a resistencia y discriminación en todo momento. Después de su formación, el Colectivo ni siquiera pudo aparecer en la guía telefónica.

La amenaza del VIH y el SIDA “era terriblemente grande” para las trabajadoras sexuales en ese momento, dijo Healy.

Debido a su trabajo sobre prácticas sexuales seguras, el NZPC obtuvo fondos del Ministerio de Salud para proporcionar condones a las trabajadoras. Pero la policía a veces se aprovechó de la posesión de los condones financiados por el Estado como evidencia de actividades ilegales por parte de trabajadoras sexuales y salones de masajes.

La Ley de Reforma de la Prostitución de 2003 (2) transformó las condiciones y la seguridad de las trabajadoras sexuales. Healy observó desde la tribuna pública del Parlamento mientras era aprobada (3) por un solo voto: un “momento magnífico e increíble”.

En 2010, se convirtió en la segunda neozelandesa —después del ex primer ministro David Lange— en hablar en la Oxford Union. En aquella ocasión imitó la famosa frase de Lange al decir que los opositores a la despenalización pensaban que todos los neozelandeses tenían Viagra en su aliento.

Hoy, las batallas colectivas no son tan tensas como en la década de 1980, y se centran principalmente en el estigma que enfrentan las trabajadoras sexuales. Una mujer le dijo a Healy esta semana que un banco le había negado una máquina Eftpos porque no se la daban a las trabajadoras sexuales.

“Todavía estamos luchando”, dijo. “Pero ahora dominamos el lenguaje, sabemos qué aspecto tienen los derechos. No tenemos que ir intentando adivinar el camino a seguir”.

 


1.- https://en.wikipedia.org/wiki/New_Zealand_Order_of_Merit

2.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/12/03/ley-de-reforma-de-la-prostitucion-2003-nueva-zelanda/

3.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/11/25/asi-se-aprobo-la-ley-de-prostitucion-de-nueva-zelanda/