¿Así que no quieres creer a Amnistía Internacional? Pues mira esto

 

Publicado el 29 de mayo de 2016 por Wendy Lyon

 

https://feministire.com/2016/05/29/so-you-dont-want-to-take-amnestys-word-for-it-okay/

 

CN: cosas que podrías encontrar en Google buscando porno masculino cishetero de baja calidad

 

La semana pasada, Amnistía Internacional publicó finalmente su posición política completa sobre el trabajo sexual. La reacción de las feministas anti trabajo sexual ha sido la predecible: un montón de vitriolo, velas en forma de pene y difamaciones de proxenetismo, pero poco o ningún compromiso con los argumentos reales de Amnistía. El informe de 101 páginas sobre las investigaciones de Amnistía en Noruega (1) ha sido casi totalmente ignorado, aparte de algunas sugerencias de que Amnistía está demasiado comprometida para que su investigación sea fiable.

Bueno, gran noticia, defensoras del “modelo nórdico” : ya no hace falta 29994638que creáis a Amnistía. Porque el super policía sueco Simon Haggstrom —al que conoceréis por sus frecuentes visitas a otros países (2) para hacer proselitismo de la prohibición de compra de sexo— ha publicado ahora sus memorias (3). Sólo en sueco, por desgracia, pero es por eso que Dios creó el Traductor de Google. Éstos son algunos de sus puntos de vista sobre cómo la ley realmente funciona en la práctica. Vamos a abordarlos temáticamente, ¿de acuerdo?

Sobre si la ley está “funcionando” para acabar con la demanda

 

“Al cabo de todos estos años, solo hay una cosa que sigue sorprendiéndome y es que la la gente permite que siga adelante este comercio. Año tras año las mujeres son transportadas dentro y fuera de Suecia. Aquí están una temporada vendiendo y luego se van al siguiente país. En política hablamos de la trata de seres humanos como un tema prioritario… pero el número de personas que trabajan con problemas concretos es extremadamente bajo en la mayor parte de las ciudades de Suecia; casi no hay nadie. Esto me entristece, porque soy dolorosamente consciente de que la mayoría de las víctimas que han sido arrastradas a esto nunca irán a una comisaría de policía y… nunca veremos fin a este comercio de esclavas.

” Pero lo que más me provoca siguen siendo los compradores. Hay cientos de ellos… ¿Recordáis lo que pasó el año pasado con esa chica de 15 años que puso un anuncio de sexo en internet y recibió 600 respuestas en 48 horas? De todos los cientos de anuncios que aparecen solo podemos investigar unos pocos cada semana. La pregunta que nos tenemos que hacer todos los días es: ¿cuál de todas esas personas necesita más recibir una visita del Grupo de Prostitución? De una cosa estoy seguro en todos los casos. Los del Grupo de Prostitución no estaremos nunca sin nada que hacer. Y nunca pensaremos que estamos de sobra.”


Sobre el “efecto normativo” de la ley sobre los jóvenes suecos

 

“Cuando yo empecé en la lucha contra la prostitución el comprador de sexo típico era un hombre mayor sueco. Año tras año su nombre solía ser algo así como Sven, Gustav Anders, Ulf, His o Ingemar, y tenía 45 años o más. Pero algo pasó hace unos tres años, en 2013. Los compradores de sexo que deteníamos eran cada vez más jóvenes, y así ha seguido siendo. Hoy detenemos a hombres de entre 18 y 25 años —a veces más jóvenes aún— casi todas las semanas. Desde mi perspectiva en primera línea, puedo atestiguar que la edad del comprador medio de sexo se ha reducido en un período relativamente corto.”


Sobre si las prostitutas siguen siendo molestadas por la policía

 

—No necesito a la policía. Márchense.

—No podemos. Hemos arrestado a un total de seis hombres que han estado contigo.

—No hago nada ilegal. ¿Por qué habláis conmigo?

—Porque eres testigo de varios delitos. Escúchame, antes o después tenemos que hablar contigo, así que lo mejor es que lo hagamos ahora. Así no correremos el riesgo de que algún vecino vea u oiga que la policía está a tu puerta y no la dejas entrar. No queremos estropearte nada.

Nótese la amenaza sutil en lo anterior, explicitada en lo siguiente:

 

Sobre si las trabajadoras sexuales son criminalizadas de facto

 

“Tienes que venir con nosotros a la comisaría. No eres una delincuente y no estás detenida, pero tenemos que hablar contigo. Queremos saber por qué estás aquí, porque sospechamos que estás implicada en prostitución. Y, si es posible, queremos ayudarte. Si no quieres nuestra ayuda, lo más probable es que seas enviada de vuelta al país en el que vives. Lo siento, pero no tienes opción. Tienes que seguirnos a comisaría. Por favor, haz lo que te decimos. No sois delincuentes, pero aún así tenéis que hacer lo que decimos nosotros.”

Consejo profesional: preguntad a cualquier persona en un estado de inmigración precaria en su país si eso suena como una solicitud para ayudar voluntariamente en una investigación policial. O no.

 

Sobre si las trabajadoras sexuales son tratadas respetuosamente y con dignidad durante las redadas

 

¿Confiscando sus tampones usados y mostrándolos como “evidencia”? Tú decides.
img_2482Sí, esta es una imagen real del libro

 

Sobre si la ley está más interesada en prevenir o en castigar la “explotación”

 
“A veces me pregunto por qué no detenemos el suceso antes. ¿Por qué dejamos que vaya tan lejos?¿Cómo podemos esperar y ver cómo estas mujeres están siendo explotadas?…

“El delito llamado ‘compra de servicios sexuales’ es castigable en una fase de intento, lo que en teoría significa que ya el acuerdo verbal de sexo a cambio de pago constituye una infracción de la ley…

“Pero si intervenimos en una etapa de negociación, es muy difícil probar una compra de sexo… Esta es la razón principal por la que a menudo intervenimos en mitad del acto.”

De hecho, sería disculpable pensar que la “razón principal” es algo totalmente diferente. Si los policías intervienen antes de que tenga lugar sexo, Simon se perdería todas las partes buenas:

”Nos colocamos fuera de la habitación 539 uno a cada lado y apretando las orejas contra la puerta de la habitación de hotel. Tratar de escuchar a través de las puertas es siempre una lotería. A veces puedes oír claramente lo que está ocurriendo al otro lado, pero en otros casos la puerta parece una pared de cemento… Al principio no identifiqué los cachetes y sorbetones. Al cabo de unos segundos me di cuenta de que era el sonido de unos besos intensos… Un momento después, los sonidos habían sido reemplazados por un fuerte gruñido de hombre y un quejido de mujer. Y todo ese sonido como de aplausos que ocurre cuando dos personas tienen sexo una con otra. El golpeteo de la piel.”


”Al fondo está Emilia. Tiene los jeans bajados hasta las rodillas y está inclinada hacia delante. Detrás hay un hombre de pie, de mi misma edad… Se mueve hacia delante y hacia atrás. Tiene relación con Emilia por detrás, y está totalmente enfrascado en lo que hace. Dos pasos adelante… El hombre se gira, dándose cuenta en ese momento de que le han pillado… Enseño mi credencial de policía y el hombre se retira inmediatamente de Emilia.”


“El hombre cierra los ojos. Disfrutando. Piensa cuánto le gusta estar aquí. Cuánto tiempo ha esperado. Que sea a la vez prohibido y malo lo hace tan excitante… Tiene el control de la situación. La posee. Hace lo que quiere. Más deprisa… Y más duro. El sudor comienza a correr por su frente. Pero hacía mucho tiempo que estaba caliente para resistir más de unos minutos… Está muy cerca ahora. Más duro. Más rápido. El momento del placer alcanza su climax… y toda la vida del hombre está destruída. Sombras negras salen corriendo hacia él… Somos de la policía. Estás detenido.”


“No puedo creer que lo que tengo en mis manos es real…’Escort sueca embarazada con FOTOS genuinas…’ Estaba completamente convencido de que el anuncio era falso… Lo único que podíamos hacer era llegar antes de que el primer comprador de sexo llegara a su vez delante de la puerta, esperando a que le dejaran entrar. En solo unas pocas horas habíamos detenido a cinco, y aquí estábamos, esperando al sexto… De dentro del apartamento oímos los gruñidos y gemidos de un hombre y una mujer, y el cacheteo regular que ocurre cuando choca piel contra piel. ¡Oh, me viene, me viene, me corro!”


”La mujer mueve la cabeza adelante y atrás y él disfruta mientras su miembro se vuelve más y más duro. El hombre piensa. ¿Por qué es tanto más agradable cuando le chupa una puta que cuando lo hace su esposa? ¿Es la emoción? ¿O es porque las putas lo hacen muy a menudo y por tanto se vuelven tan condenadamente buenas haciéndolo? Parece lógico. Si haces algo el número suficiente de veces te vuelves sencillamente el mejor en eso…”


”Quiero follarte ahora. ¿Puedo follarte sin condón?…

“La mujer saca un condón del bolso y rompe suavemente el envoltorio por la mitad. Se inclina hacia delante y pone el condón en el pene erecto del hombre. Mirando…

“Cuando se pone de pie se baja las bragas, pero solo hasta las rodillas. La mujer se encarama a la gran lápida, apoyándose en ambas manos, separa las piernas y se inclina hacia delante. El hombre viene por detrás, tomándola firmemente por la cintura y gimiendo cuando la penetra.”


“Ocultos por la oscuridad, nos deaslizamos en silencio, rápida y cuidadosamente a través del aparcamiento de grava. El coche todavía se balancea arriba y abajo cuando llegamos a la puerta trasera. Todavía no nos han descubierto… Me aprieto contra la fría puerta del coche y empiezo a levantarme lentamente. Unos pocos centímetros cada vez. Al llegar a la ventanilla veo la espalda de una mujer desnuda en el asiento trasero. Kristyna. Se mueve arriba y abajo sobre un hombre, también desnudo. La mujer está cabalgando al hombre intensamente… —¡Fóllame más fuerte, más fuerte, putita! La mujer responde con un gruñido más fuerte y el coche se mueve cada vez con más fuerza… Ahora es el momento… Golpeo en la ventanilla y grito ¡POLICÍA!”

 

Y si todo eso no fuera suficiente para responder, una última pregunta …

 

Quién se beneficia exactamente de esta ley

 
“Me gustaba mi trabajo como agente de narcóticos… Pero había algo que yo pensaba que era aún más excitante, y era la recurrente lucha contra la prostitución. Encontré que tanto el ambiente como los contactos con esa gente, tanto las que venden sexo como quienes lo compran, eran increíblemente interesantes. Y los frecuenté tanto como pude… Tenía que empezar a abrir la puerta de un mundo que no habría podido imaginar ni en mi imaginación más salvaje.”

 

Bueno, ahí está la respuesta: proporciona a la policía “excitación” y un montón de material para hacerse pajas, material en el que ellos mismos desempeñan un papel protagonista en la acción. Irónico, cuando se considera que son los de Amnistía los acusados de privilegiar los deseos sexuales de los hombres.

Así que vamos a recapitular. Según uno de los principales agentes encargados de la aplicación de esa ley, ésta no ha cambiado las actitudes de los hombres. No les disuade de pagar por sexo. No se trata de impedir que las mujeres vendan sexo (de hecho, tienen que participar en un acto sexual antes de que se pueda aplicar la ley). Las está sometiendo a interacciones no deseadas con la policía, incluida la detención y la deportación para aquellas que se niegan a aceptar la “ayuda” de la policía. Eso … suena muy parecido a lo que Amnistía encontró en Noruega, ¿no?

Pero incluso Amnistía podría sorprenderse del torpe y rastrero porno con el que Haggstrom ilustra sus historias —más de lo que parecen sorprenderse las trabajadoras sexuales suecas, lo que posiblemente habla por sí mismo. ¿Es de extrañar que sea un defensor de esa ley? Sin ella, tendría que volver a correrse solo con su imaginación.

Agradezco a Lucy Smyth por sus traducciones y capturas de pantalla.


1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/02/06/el-coste-humano-de-machacar-el-mercado-la-penalizacion-del-trabajo-sexual-en-noruega/

 

2.- http://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia/20151121/282441347993761

 

3.- http://www.goodreads.com/book/show/29994638-skuggans-lag

 

 

 

Derivas sociológicas y de las ciencias sociales sobre la prostitución

 

 

Santiago Morcillo*

 

Octubre – Diciembre 2016

 

http://produccioncientificaluz.org/index.php/espacio/article/view/22004/21731

 

Derivas sociológicas y de las ciencias sociales sobre la prostitución.

 

Santiago Morcillo*

 

Resumen

En el marco de la relación múltiple y cambiante que la Sociología ha entablado con la prostitución, este artículo busca repasar apenas algunas de las líneas más significativas en la producción de las ciencias sociales sobre el sexo comercial para comprender las claves de lectura actuales. En primer lugar se abordan algunos hitos en la construcción sociológica de la prostitución como objeto de estudio. Luego se considera el influjo del debate feminista en sus distintas posiciones y también de los movimientos de prostitutas o trabajadoras sexuales. Por último se mencionan algunos temas que se han intersectado con la prostitución y el mercado sexual para finalmente dejar planteadas las vicisitudes y necesidades de esta área.

 

Palabras clave: Prostitución; Sociología; Feminismo; Trabajadoras Sexuales

 

La Sociología y la prostitución han construido una relación compleja y que ha sufrido varias transformaciones. Dar cuenta exhaustivamente de los abordajes sociológicos de la prostitución, incluso restringiéndonos a las últimas décadas, implicaría un trabajo que excede con mucho los límites de este escrito de pretensiones más humildes. Aquí busco repasar apenas algunas de las líneas que me parecen significativas en la producción de las ciencias sociales sobre el sexo comercial a fin de comprender mejor cuáles son las claves de lectura actuales.

 

La prostitución llega a constituirse como objeto de análisis para las ciencias sociales y la sociología durante del siglo XIX y en diálogo con otros campos discursivos: la medicina –y en particular el higienismo-, la filosofía y la ética, y el derecho han sido claves en este sentido. A pesar del latiguillo de “profesión más antigua” resulta problemático construir una línea de continuidad entre la prostitución moderna y otras formas de intercambios sexo económicos en la antigüedad. Varios estudios modernos acerca de la prostitución en la antigüedad se apoyan en la noción de una “prostitución sagrada”. Más allá de su existencia empírica1, en la mayoría de los casos la imagen de la prostitución sagrada -la poderosa sacerdotisa o diosa prostituta- sirve para marcar un contraste con la figura de la prostituta

luego del cristianismo -la lujuriosa descarriada o la victimizada Magdalena arrepentida-. Este es el caso de Bataille (1997), que planteó la oposición entre la prostitución religiosa y la prostitución moderna a la que denomina la “baja prostitución”. Esta surge de la miseria, y el valor simbólico atribuido a estas prostitutas será únicamente el de la exclusión.

 

Como otros tantos objetos sociológicos, la construcción sociológica de la prostitución moderna vendrá marcada por el abordaje primigenio de la medicina higienista. Desde mediados del siglo XIX, el desarrollo urbano tuvo aparejado el crecimiento del burdel al cual los médicos higienistas buscaron transformar en “casa de tolerancia”. En este marco emerge en 1836 el estudio “De la prostitución en la ciudad de París desde el punto de vista de la higiene pública, la moral y la administración” de Alexandre Parent Duchâtelet, señalado como uno de los fundadores de la investigación en temáticas sexuales desde las ciencias sociales y del comportamiento (Bullough y Bullough, 1996). Más allá de sus sesgos, lo que cristaliza por primera vez con el estudio de Parent Duchâtelet, es la construcción de las prostitutas como una “población”, en sentido foucaultiano: se enfoca hacia la extensión de la prostitución, se necesita medirla, conocer sus rasgos como grupo. Como veremos, esta caracterización epidemiológica de las prostitutas resonará cuando irrumpa la epidemia de VIH/sida (Morcillo, 2015).

 

A su vez, en este momento histórico emerge “la prostituta” como personaje del elenco de anormales y perversos que produce el “dispositivo de sexualidad”2 (Foucault, 2002). Al situar al sexo como clave para descifrar la identidad subjetiva, el dispositivo de sexualidad genera personajes perversos, esencializando prácticas “desviadas” y postulándolas como emergentes, puntas de un iceberg que esconde un complejo sistema subjetivo pervertido. La constitución de la figura de “la prostituta” surge como uno de los efectos de este dispositivo, sumado a leyes específicas que aislaron y segregaron a las prostitutas del resto de la clase trabajadora (Guy, 1994; Walkowitz, 1980).

 

Esto permitirá entender la orientación de la sociología de la desviación en sus exploraciones sobre la prostitución. Este enfoque –que tuvo importancia en la sociología hasta la década de 1990- se mueve desde la pregunta por “¿quiénes son las prostitutas?” hasta cuáles los motivos y las formas de entrada en la prostitución (ver por ejemplo Davis, 1937). Varias investigaciones han tomado a las prostitutas como objeto para estudiar conductas desviadas (sexuales o de consumo de drogas, de propagación de enfermedades venéreas o delincuencia juvenil) sin cuestionar la construcción ideológica de “la prostituta” ni pensar en paralelo en otras formas de intercambios sexo-económicos (ver en Pheterson, 2000; Tabet, 2004)3.

 

Sin embargo, desde la sociología de la desviación también nacerá una línea que habilita a repensar el papel de la categoría “prostituta”. Acá tienen un papel importante tanto el desarrollo de la teoría del etiquetaje de Howard Becker como los desarrollos de Erving Goffman sobre el estigma. Ambos abordajes han permitido reconstruir la posición de la prostituta en una trama de relaciones sociales, dejando de lado el peso puesto a las características personales y psicológicas. En esta línea de trabajo se han desarrollado, desde mediados de los 80’ y hasta la actualidad, distintos estudios que describirán el manejo de la identidad y permiten elaborar una crítica de la estigmatización que sufren las prostitutas a partir del análisis de sus vidas cotidianas (por citar sólo algunos: Fonseca, 1996; Gaspar, 1985; Kong, 2006; Morcillo, 2011, 2014a; Pasini, 2000; Piscitelli, 2006; Sanders, 2005). En esta línea de trabajo, la socióloga Gail Petherson (2000) ha planteado un concepto clave para comprender cómo funciona la prostitución: el “estigma de puta”, que no solo controla y disciplina la sexualidad de las que venden servicios sexuales sino de todas las mujeres. Este enfoque ha permitido desarrollar todo un abordaje de la prostitución que comprende en clave crítica las relaciones de género que la atraviesan, sin por ello poner a las prostitutas en un lugar de meras víctimas sin capacidad de agencia. Pero para esta transformación, además de los desarrollos en la sociología de la desviación, serán también clave los movimientos de prostitutas (Pheterson, 1989). Nacidos a fines de los 70’, es el diálogo con estos movimientos el que permite a la sociología feminista percibir con agudeza el peso de la estigmatización entre quienes se dedican al sexo comercial. Sin embargo las posiciones del feminismo están divididas respecto a la prostitución y otras voces se han contrapuesto a esta posición.

 

Las guerras del sexo y la polarización del debate feminista.

 

Un punto ineludible para comprender el desarrollo la sociología en torno al mercado sexual en las últimas décadas son las transformaciones en el debate feminista sobre la prostitución. La prostitución ya era un tema importante desde el feminismo de la primera ola. Estas feministas hacían énfasis en dos elementos: las condiciones socio-económicas de las mujeres y una crítica del matrimonio. Según Barbara Sullivan (1995) el feminismo de la primera ola comprendía a la prostitución dentro de un continuo de intercambios sexuales-económicos que marcaban las posiciones de las mujeres. Sin embargo, las perspectivas comenzaron a trasformarse tempranamente en el marco de ligazón del movimiento feminista abolicionista de la prostitución con los movimientos religiosos de “pureza social” y su vuelco hacia la cuestión de la “trata de blancas” a fines del siglo XIX4. Más adelante, esta misma temática reflotaría a fines del siglo XX, denominada ahora como “trata de personas”5 y acicateada por los fenómenos económicos trasnacionales asociados a la globalización y trasformaciones geopolíticas (retomaré este punto más adelante).

 

A esta circunstancia se sumó también desde mediados de los 80’ el debate feminista sobre la sexualidad, que en el marco del feminismo euro-anglosajón se conoce como las guerras del sexo (sex wars). Aquí surge la oposición entre las concepciones del feminismo radical, que conceptualiza al sexo en un contexto patriarcal como un peligro, y del feminismo libertario o pro-sexo, que lo enfocará como una posibilidad de placer. De un lado, se plantea que negociar el placer sexual no conlleva a ninguna forma de libertad, ni es el placer un tema central de la sexualidad femenina; la cuestión es la dominación y la forma de detenerla (Dworkin, 1987, 1993; MacKinnon, 1987). Del otro, se sostiene que la cuestión clave de la sexualidad son los aspectos potencialmente liberadores del intercambio de placer entre individuos que consienten (ver Ferguson, 1984: 53). En estas discusiones las prostitutas ocuparon tanto el lugar de esclavas sexuales como de paradigma de la subversión sexual (Chapkis, 1997).

 

En el feminismo radical la homogeneización sobre las diversas experiencias de las mujeres en el sexo comercial puede comprenderse a partir del tono esencialista que mantiene la concepción de sexualidad. Más allá de la crítica en clave de género, las diferencias en términos de clase, de raza, de nacionalidades, de edades y de mercados sexuales son despreciadas desde este enfoque. A ello debe sumarse los señalamientos en cuanto a la escasa rigurosidad metodológica de sus investigaciones (Weitzer, 2005a).

 

Aunque el feminismo radical es la línea teórica más desarrollada dentro de las posiciones abolicionistas de la prostitución, también podemos encontrar otros enfoques que se reconocen como feministas y desarrollan una comprensión contextualizada de la comercialización del sexo, desarticulando el esencialismo de las feministas radicales. Desde estas posiciones se toma en cuenta el papel del género –pero no como una estructura de dominación dicotómica e inamovible— sin desatender el rol que juegan la clase y la raza. Si bien no abundan estudios desde estas perspectivas se puede mencionar, por ejemplo, a Julia O’Connell Davidson (2002) quien objeta tanto las miradas abolicionistas como las pro-trabajo sexual; cuestiona la concepción reificada del poder, que para unas aparece en manos de los clientes y/o proxenetas, y para otras se halla concentrado en el Estado y en la legislación que criminaliza a la prostitución.

 

La otra posición del debate feminista sostiene la noción de “trabajo sexual” como forma de conceptualizar a la prostitución. Aquí ocupan un lugar importante las feministas que en el contexto de las sex wars se han denominado “pro-sexo”. Si bien algunas feministas pro-sexo, simplemente perciben a la prostituta en un sentido diametralmente opuesto al del

feminismo radical -como un agente de subversión del orden sexual-6; la mayoría elaboran sus concepciones sobre sexualidad teniendo en cuenta un contexto cultural de dominación masculina: “el sexo se entiende como construido por esta cultura, sin ser completamente determinado por ella” (Chapkis, 1997: 23). Lo que caracteriza a esta perspectiva es la noción de que el sexo es un terreno de lucha y no un campo de posiciones fijas de género y de poder.

 

Muchas lecturas de los planteos de las feministas pro-sexo se ven perjudicadas por el juego político de polarización. En este sentido, Adriana Piscitelli sostiene la necesidad de correrse de las posiciones que tienden a la simplificación de la problemática. En Gênero no mercado do sexo –un artículo clave que sintetiza este punto de vista— Piscitelli aclara que los problemas ocurren cuando se interpreta la sexualidad como mera corporificación del género –tal como se puede leer la perspectiva de MacKinnon— o como parte de posiciones o identidades de género fijas; pero también cuando en una perspectiva de identidades fluidas se dificulta el acceso a los scripts que están siendo performados en un contexto (Piscitelli, 2005: 20).

 

Un punto ineludible para comprender el desarrollo de este debate es el surgimiento de los movimientos de prostitutas. Ya desde mediados de los 70’, algunas prostitutas habían comenzado a pelear por sus derechos por primera vez públicamente y conformando alianzas junto a otros actores. A partir de la década siguiente florecerán en todo el mundo diversas organizaciones de prostitutas (Gall, 2007; Pheterson, 1989; West, 2000). Según la activista y prostituta Carol Leigh (1997)7, la expresión “trabajo sexual” (sex work) y luego “trabajadora sexual” fueron acuñadas por ella en 1980 debido a los problemas que les causaba a las mujeres presentarse como “prostitutas” en los contextos feministas. La concepción de la prostitución como un trabajo se halla ligada desde su surgimiento a dos problemas centrales: la estigmatización y las divisiones entre mujeres.

 

En este contexto emergen nuevas formas de pensar y denominar a la prostitución, concebida ahora como “trabajo sexual”, y da el marco para que algunas feministas y académicas/os comiencen a investigar y pensar esta problemática con estudios que se visibilizarán a lo largo de la década del 90’ (Piscitelli, 2006). Como vimos antes, a partir de las colaboraciones con los movimientos de prostitutas Gail Pheterson (2000) logra desarrollar la mencionada noción de “estigma de puta” como un elemento constitutivo sin el cual no puede comprenderse a la prostitución. Para Pheterson, lo que se sanciona específicamente con el estigma de puta es el pedido explícito de dinero, pero además

se condena cualquier gesto de autonomía femenina8. Dolores Juliano (2002, 2003) ha retomado esta idea al concebir a la estigmatización de las putas como modelo de control sobre la sexualidad femenina, que refuerza la división entre mujeres puras y putas aislando a las prostitutas en un submundo. Por ello, para estas autoras, como para toda la posición pro-trabajo sexual, es clave la alianza entre putas y no putas como forma de poner en cuestión la división patriarcal entre mujeres “buenas” y “malas”. Kamala Kempadoo también ha sugerido otras alianzas posibles a partir de la redefinición de la prostitución como trabajo sexual pues se vincula con:

 

Las luchas por el reconocimiento del trabajo de la mujer, por los derechos humanos básicos y por condiciones de trabajo dignas: luchas que no son específicas de la prostitución y el comercio sexual, sino que son comunes a la lucha general de las mujeres [y a su vez esta redefinición] destaca la naturaleza variada y flexible del trabajo sexual así como sus similitudes con otras dimensiones de la vida de las/los trabajadores/as. (1998: 1).

 

El enfoque del trabajo sexual expandió tanto las nociones de trabajo como las de sexualidad. Por un lado, en el caso de la sexualidad permite ir más allá de los intercambios que usualmente se piensan como “prostitución”, es decir mero sexo a cambio de dinero y sin afecto. Por ejemplo, Piscitelli (2008) ha considerado los vínculos afectivos que las mujeres brasileras entablan con turistas sexuales, con quienes migran y pueden casarse, como parte de una estrategia para tener una movilidad social ascendente que en su contexto vernáculo les sería imposible. También Kempadoo (1996) ha examinado en las sociedades del Caribe lo que se conoce como “sexo transaccional”, es decir intercambios sexuales a cambio de bienes o mejoras diversas. Esta autora critica la homogeneización de las experiencias de las mujeres del “Tercer mundo” señalando que la mirada del feminismo radical supone valores sexuales que, al postular al sexo como aquello más íntimo y valioso, “borra otras definiciones y experiencias culturales de sexualidad y relaciones sexuales-económicas […] e impone una definición muy estrecha desde una visión de sexo feminista estrictamente occidental y burguesa”. (1998: 4). Detrás de la concepción de las mujeres del “Tercer mundo” como meras víctimas sin ninguna capacidad de agencia, existe, según Kempadoo, un neocolonialismo que acalla las voces de estas mujeres e imagina su experiencia a partir de las concepciones de género y sexualidad hegemónicas en el primer mundo occidental9.

A partir de esta expansión, el concepto de “trabajador/a sexual” da la posibilidad de conectar la prostitución, tanto con otras actividades de la industria del sexo, como con otras actividades de las mujeres trabajadoras -por ejemplo esto sucede cuando se liga al

trabajo sexual con el “trabajo emocional” como un trabajo feminizado (Adelman, 2011; Bernstein, 2007b; Hochschild, 2003; Morcillo, 2014b)-. Estas articulaciones, según Kempadoo, “puede ser la base de movilización en luchas por condiciones de trabajo, derechos y beneficios y por formas de resistencia más amplias contra la opresión de los/las trabajadores/as en general y de las mujeres en particular” pues “pone de manifiesto que los intereses comunes de las mujeres trabajadoras pueden articularse dentro del contexto de luchas (feministas) más amplias contra la devaluación del trabajo de las ‘mujeres’ y la explotación de género dentro del capitalismo.” (1998: 3).

 

Del VIH a la “trata de personas” y los desafíos abiertos

 

Desde mediados de los 80’, con mayor fuerza en los 90’ y hasta entrada la primera década del siglo XXI, ha tenido lugar una gran producción de estudios e investigaciones sobre diversos aspectos de las relaciones entre el sexo comercial y la epidemia de VIH/sida. En un principio buena parte de las investigaciones se orientan a detectar los patrones epidemiológicos de expansión del virus, donde las prostitutas jugarán el papel de “vector de contagio” hacia el resto de la sociedad. Como señalan Ward y Day (1997), ya desde el higienismo decimonónico y en toda la epidemiología clásica del tratamiento de enfermedades sexualmente transmitidas, las prostitutas son vistas como una suerte de reservorio de infección. Solo a mediados y fines de los 90’ las investigaciones comienzan a problematizar este paradigma. Entonces, múltiples estudios mostrarán que es necesario considerar para cada población específica cual es el grado de riesgo, poniendo de relieve el papel de otras problemáticas como el uso de drogas intravenosas y la estigmatización (Lazarus, et al., 2011; Rekart, 2005; Ward, H. A. S. O., 2006). Aquí es donde también comienza a marcarse la necesidad de estudiar otros actores como los clientes de sexo comercial, indagar en más allá de las prostitutas mujeres y considerar también las relaciones en sus vidas privadas. En este aspecto varias investigaciones han señalado como el uso de preservativos resulta consistente en aquellas relaciones sostenidas en el ámbito laboral, pero no sucede lo mismo por fuera de este (Allen, et al., 2003; Sanders, 2002). Al igual que sucedió desde los abordajes de otras problemáticas ligadas el sexo comercial, paulatinamente emerge la necesidad de reconstruir un conocimiento matizado sobre el mercado sexual que lo comprenda en su complejidad suspendiendo juicios morales y estereotipos.

 

Este no parece ser el caso con los actuales abordajes que analizan la prostitución a partir de perspectiva de la “trata de personas con fines de explotación sexual”. Si bien ya había cierta preocupación por la trata de personas a fines del siglo XX, será con el cambio de siglo que buena parte de la producción académica sobre la prostitución se vuelca a este fenómeno. Aunque es presentado como novedoso (“la nueva esclavitud”), varias autoras coinciden en señalar los paralelismos entre el pánico moral que impulsaba la lucha contra la “trata de blancas” y la actual lucha contra la “trata de personas” (Doezema, 2000; Kempadoo, 2015; Schettini, 2013). Se ha mostrado las deficiencias y las dificultades en la producción de datos empíricos sobre la extensión concreta del fenómeno, con lo que se hace difícil dimensionarlo (Blanchette y Da Silva, 2011; Silva, et al., 2005; Varela y Gonzalez, 2015) y para algunos la lucha anti-trata adquiere en este siglo características que la asemejan una cruzada moral (Weitzer, 2007).

 

En este marco, el enfoque del feminismo radical, que subsumir las distintas formas del sexo comercial bajo la idea de la violencia de género y la esclavitud, prefigura la operación por la cual el tipo criminal de la “trata” sirve como clave de comprensión de todo el mercado sexual (ver por ejemplo Jeffreys, 2009). Sin embargo, desde otros enfoques, los procesos que muchas veces son interpretados como casos de trata con fines de explotación sexual son reenmarcados –a partir de los relatos y las experiencias de las mujeres— dentro de diversos tipos de tránsitos transnacionales y problemáticas migratorias, sin perder de vista la agencia de estas mujeres (Agustín, 2006; Kempadoo, 2005; Piscitelli, 2008; Piscitelli, Oliveira Assis y Olivar, 2011).

 

Observar la lucha contra la trata como una cruzada permite ver su expansión territorial irradiada a partir de los Estados Unidos. Allí la “lucha contra el terrorismo”, las transformaciones en las políticas seguridad y migratorias, entre otras, articulan un escenario donde el fenómeno de la “trata de personas” sirve para canalizar estas tensiones (Chapkis, 2005). Luego el proceso de institucionalización de este fenómeno ha construido mecanismos que coaccionan a los países periféricos a posicionarse bajo el paradigma norteamericano (Varela, 2015; Weitzer, 2005b). Este movimiento norte – sur de la campaña anti-trata se complementa con los estereotipos racializados sobre las víctima y quienes deben rescatarlas (Doezema, 2000; Kempadoo, 2015). Además, la creciente atención de los medios masivos de comunicación sobre la “trata de personas” pone a circular versiones espectacularizadas y simplificadas (Justo von Lurzer, 2013; Kempadoo, 2015).

Todo ello contribuye a un escenario que propicia además cambios en las legislaciones de diversos países10. En este nuevo giro emerge una vertiente del feminismo abolicionista que se asemeja cada vez más a una forma nueva de prohibicionismo pues propone la intrervención del sistema penal para resolver los problemas de justicia social, por ello algunos la llaman “feminismo carcelario” (Bernstein, 2007a). Aunque tiene origen en los países centrales, sus propuestas tienen eco en nuestra región -por ejemplo en Argentina donde las transformaciones legales han dado cauce a un modelo punitivo del derecho para intervenir en el mercado sexual-. Una de las medidas propuestas desde este paradigma es la penalización de los clientes de prostitución como forma de luchar contra la trata y la violencia contra las mujeres. Impuesto en Suecia en 1999, este paradigma de penalización, el “modelo sueco”, ha sido mencionado como ejemplo a seguir desde el feminismo radical (ver MacKinnon, 1993, 2009; Raymond, 2003). Sin embargo, varios estudios sostienen que estas normativas, bajo argumentos supuestamente feministas, muestran connotaciones moralizantes (Carline, 2011; Sanders, 2009; Scoular y O’Neill, 2007). Además, Don Kulick (2005) ha señalado los perjuicios que ha ocasionado a las trabajadoras sexuales de Suecia afectando casi exclusivamente a las que trabajan en las calles y particularmente a las migrantes. Al mismo tiempo, Kulick advierte cómo, con las encuestas y las distintas producciones discursivas sobre los clientes de prostitución, se está generando una nueva especie de “perverso”, en el sentido foucaultiano11.

 

La perspectiva de conjunto de la dinámica de producción académica sobre prostitución en las últimas décadas ha vuelto a poner de relieve la importancia del trabajo de investigación empírica como fuente del análisis. Una crítica situada solo puede provenir de un análisis minucioso y riguroso, especialmente considerando las diferencias que existen para los distintos mercados sexuales. Las revisiones de la literatura anglosajona suelen marcar esta necesidad, planteando el desbalance entre las investigaciones que abordan la prostitución callejera de mujeres y el resto de los actores y mercados que han sido mucho menos estudiados (Vanwesenbeeck, 2001; Weitzer, 2009). Sólo recientemente en nuestra región –a excepción de Brasil que cuenta con un conjunto de estudios de mayor antigüedad- se ha comenzado a señalar esta necesidad y, a la vez, la relevancia de poner atención a las distintas narrativas de las presonas dedicadas al sexo comercial para realizar una crítica de las posiciones esencialistas respecto a la sexualidad.

 

La dinámica maniquea del debate feminista obstaculiza los abordajes matizados que respondan a la complejidad del asunto. Más aún cuando la investigación sobre prostitución se constituye como un campo minado donde el apasionamiento puede desencadenar injurias y/o estigmatización hacia las y los investigadores (Dewey y Zheng, 2013; Hammond y Kingston, 2014; Pecheny, 2013). Más que los abordajes desde la filosofía política o el derecho a los que nos ha acostumbrado la dinámica del debate feminista, se muestra la necesidad de una contextualización sociocultural e historización de las distintas formas de prostitución. El análisis empírico es el que permite diferenciar mercados y conocer las complejidades de las distintas formas de inserción en ellos. A partir de allí se podrá indagar sobre las vinculaciones con las transformaciones entre la esfera doméstica, laboral y la moral sexual. Contextualizar y enlazar las variantes de las prácticas puntuales de sexo comercial con los mercados sexuales y las estructuras culturales y económicas reinantes, más que trazar una distinción esquemática entre prostitución libre / forzada, abre a una comprensión balanceada de las distintas formas de intercambio. Este es un punto de partida fundamental para construir una crítica que permita transformar las realidades de las poblaciones subalternizadas a partir de considerar sus polifónicas voces.

 

 

NOTAS:

 

  • 1 Algunas investigaciones recientes ponen en cuestión el sustento empírico de tal figura. Por ejemplo Stephanie Budin (2006) concluye que las versiones que hablan de “prostitución sagrada” se basan en malas interpretaciones (y/o errores de traducción) de los textos antiguos. La supuesta prostitución sagrada, que siempre aparece predicada acerca de otras sociedades o en épocas remotas, funcionaría en realidad como una acusación. La prostitución sagrada no sería tanto una realidad histórica como una denuncia de la barbarie de otros pueblos, posición cara a los primeros padres fundadores del cristianismo.

 

  • 2 La extensión de dicho dispositivo en el contexto de América Latina es objeto de disputas (Olivar, 2013). Sin embargo, los efectos discursivos de este aparato y su exportación sirven como analizador para comprender algunas de las aproximaciones sociológicas a la prostitución.

 

  • 3 Paola Tabet (2004) plantea un abanico de formas en que se intercambian sexo y bienes económicos, donde se incluyen la prostitución y el matrimonio. Dichos intercambios constituyen un continuum con matices respecto a quiénes intercambian, la modalidad y temporalidad del intercambio, y las formas de retribución económica.

 

  • 4 A fines del siglo XIX en la mayoría de los países europeos se consideraba que sus mujeres –de ahí la denominación trata de blancas- eran traficadas, -entre otros países a Argentina-, para ser explotadas sexualmente. Varias historiadoras han planteado que la percepción del problema estaba sobredimensionada por un pánico moral (Guy, 1994; Walkowitz, 1980). De todas formas, el tema del tráfico de mujeres tendría gran impacto sobre el movimiento feminista.

 

  • 5 El cambio de denominación obedecía al sesgo racial y a la incorporación de otros sujetos (niños, varones, etc.) (Ezeta, 2006). Una definición precisa llegará recién en 2000 con el “Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional” (conocido como Protocolo de Palermo), no obstante la problemática estaba en la agenda del movimiento desde antes.

 

  • 6 Por ejemplo, Camille Paglia invierte los términos del discurso victimizante del feminismo radical: son los varones quienes están desprotegidos frente a la sexualidad femenina y, en una posición de inferioridad, sólo pueden apelar al dinero frente a las prostitutas (ver en Chapkis, 1997). Esta forma de concebir las posiciones de los sujetos en abstracto reduce las interacciones a decisiones de actores individuales y hace caso omiso de los procesos sociales más amplios que las enmarcan y atraviesan.

 

  • 7 Junto a una colega hemos realizado una traducción de este texto clave para comprender el desarrollo de la idea de “trabajo sexual” (consultar Morcillo y Varela, 2016)

 

  • 8 Pheterson da una lista de actividades que supuestamente llevan a cabo las prostitutas, pero que pueden imputársele a cualquier mujer, por las cuales la sociedad las considera deshonradas: “(1) relacionarse sexualmente con extraños; (2) relacionarse sexualmente con muchas parejas; (3) tomar la iniciativa sexual, controlar los encuentros sexuales y ser una experta en sexo; (4) pedir dinero a cambio de sexo; (5) satisfacer las fantasías sexuales masculinas de manera impersonal; (6) estar sola en la calle por la noche, en calles oscuras, vestida para provocar el deseo masculino; (7) encontrarse en situaciones determinadas con hombres insolentes, borrachos o violentos que o bien una puede manejar (‘mujeres descaradas o vulgares’) o ser manejadas por ellos (‘mujeres convertidas en víctimas’)” (Pheterson, 2000: 59).

 

  • 9 No sólo se homogeneizan las miradas sobre las sexualidades, sino que, en la polarización, las lecturas abolicionistas pueden llevar a igualar un discurso del trabajo sexual como el de Kempadoo con la doctrina de la tolerancia de la iglesia católica y plantear a ambos como etiquetas estigmatizantes. (ver Nuñez, 2002)

 

  • 10 Por ejemplo en Argentina, aunque el delito ya estaba penado, se dicta en 2008 una nueva legislación sobre trata -Ley 26.364- y en 2012 se la modifica con la ley N° 26.842 que permite ampliar el espectro de lo que se concibe como “trata” incluyendo también a quienes hayan prestado consentimiento.
  • 11       Es decir, pasando de una caracterización de acciones aberrantes a delinear un personaje (tal lo como Foucault señala en referencia al pasaje del sodomita al homosexual, 2002)

 

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Recibido: 11-07-2016 / Aceptado: 16-08-2016

 

*            Universidad Nacional de San Juan. Argentina.

E-mail: santiagomorcillo@gmail.com

 

 

 

 

 

CARTA ABIERTA A MANUELA CARMENA, LA MUJER ALCALDEIZADA

 Publicado 24 septiembre, 2016 | Por PaulaVip

http://www.aprosex.org/carta-abierta-a-manuela-carmena-la-mujer-alcaldeizada/

 

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CARTA ABIERTA A MANUELA CARMENA, LA MUJER ALCALDEIZADA

Siempre se ha dicho que el nuestro, es el trabajo más antiguo del mundo.

Sin embargo, es posible que lo fuese la política, o concretamente una forma de hacer política, chapucera, a destiempo y moralista, el primer oficio desacreditado.

Nos preguntamos y últimamente lo hacemos muy a menudo, de dónde saca su moralina la política de izquierdas. De dónde tanto odio hacia lo que no desea comprender y cómo es posible que, desde las instituciones públicas, recibamos las putas, tanta violencia.

Porque sí, señora Carmena, lo suyo ha sido violencia. De la dura. De la que te parte el labio, te fractura la mandíbula, te rompe un brazo y te deja llorando en un rincón, sólo para venir luego con cara de salvadora de la vieja moral a hacernos sentir víctimas por ser culpables de su violencia.

Hemos visto muchos de estos comportamientos las mujeres, como para no saber identificarlos, señora Carmena. Los hemos padecido a mano de nuestros padres, de nuestros novios, de nuestros maridos, algunas han tenido la desgracia de sufrirlo a manos de sus propios hijos.

Se llama violencia machista, señora Carmena.

El pasado día 23 de septiembre de 2016, como alcaldesa de Madrid se alzó de su trono y arremetió con toda su furia machista contra las miles de mujeres que, en España, ejercen la prostitución de forma libre y voluntaria.

Pero no sólo eso, además se jactó de ser la mujer que mejor sabe discernir entre el bien y el mal y de ese modo, grotesco, de ejercer política, se abalanzó contra las mujeres víctimas de trata y de explotación laboral, ninguneándolas hasta el total exterminio de su amor propio.

Porque a las mujeres en situación de trata, créanos, no les favorece que se las minimice en su dolor y en su desamparo. Estas mujeres no precisan de soberbia institucionalista y generosidad de adviento.

Deles usted, señora Carmena, políticas municipales reales, hagan ustedes que se ejecuten las leyes, asegúrense de que el tratado de Palermo se cumple a rajatabla y se las trata como a seres humanos con derechos, que es lo que son, en lugar de hablar de ellas, como si fuesen seres de otro planeta.

Las mujeres en situación de trata son explotadas laboralmente, lo hagan en el contexto del sexo de pago, de la agricultura, de la industria textil o del servicio doméstico.

Pero, con ese mismo poco tacto que le caracteriza en este tema, ha obviado a todas las demás víctimas y creemos saber por qué.

Una guía para “salvar” mujeres del servicio doméstico no vende. Cuando se habla de prostitución y de sexo, todo el mundo abre los oídos y queda expectante a absorber la proclama del día.

A ninguna de las personas que han elaborado esta guía les importan las mujeres en situación de trata, señora Carmena, les importa salirse con la suya y abolir la prostitución.

Usted, señora Carmena, está en situación de mujer alcaldeizada y asúmalo, no es capaz de verlo.

No puede, porque los satélites que pululan a su alrededor le impiden ver la realidad de lo que la sociedad demanda.

Como mujer en situación de alcaldeizada nos vamos a referir a usted a partir de ahora, tal como usted nos trata a nosotras, como si no tuviésemos dos dedos de frente para saber qué nos conviene.

Vive usted de espaldas a la realidad de cientos de miles de mujeres que trabajan en el sector del sexo de pago y demandan, precisa, necesitan, exigen sus derechos laborales, sociales y civiles.

Eso que vienen siendo los derechos humanos, ¿le suenan de algo señora alcaldeizada?

En agosto del 2015 Amnistía Internacional declara que se debe dejar de perseguir y criminalizar a todo el colectivo puta, pero al Excelentísimo Ayuntamiento de la Villa de Madrid, las noticias sobre Amnistía Internacional, se conoce que se le traspapelaron.

También ha hecho usted caso omiso, aunque entendemos que debe ser por su situación de mujer alcaldeizada, el hecho de que desde 2010 tanto la ONU como la OIT sean referentes genuinas y genéricas en cuanto a la defensa del trabajo sexual y por lo tanto de los derechos, de las mujeres que trabajan en el sector del sexo de pago, o por entendernos con más facilidad, en prostitución.

Al mismo tiempo, se hace referencia con gran claridad, a la diferencia entre el ejercicio libre de un trabajo y la trata de personas con fines de explotación laboral.

Se lo repetiremos hasta la saciedad, señora alcaldeizada, explotación laboral.

Porque, si no hacemos este reconocimiento, seguimos excluyendo y degradando a las mujeres, unas estarán por encima de otras y eso, no es feminismo. Es otro atentado machista, más doloroso aún, por venir de una mujer que puede hacerlo bien o mal y que ha optado por hacerlo peor.

Señora Carmena, mujer alcaldeizada, no queremos dejar pasar por alto tampoco el hecho de que a nuestros clientes se les pretenda llamar prostituidores.

Tal vez, a sus votantes haya que denominarles alcaldeizadores, pues.

No vemos otra salida a este tejemaneje de palabras que parecen salidas directamente de la mente perversa de la santa inquisición. ¡Vamos a quemar a las putas. Porque ellas hacen que no obtengamos la mayoría absoluta!

Lucharemos como siempre lo hemos hecho, con pocos recursos, no como ustedes.

Las asociaciones pro-derechos de las mujeres que ejercen prostitución, nos centraremos en lo importante que es ayudar a nuestras compañeras, estén en la situación que estén.

Aunaremos nuestros esfuerzos para derogar ordenanzas y batallar contra iniciativas desproporcionadas y claramente putófobas como la suya.

Y pondremos al servicio de la sociedad la verdad de nuestra realidad, de nuestro trabajo, de nuestra vida, porque señora Carmena, putas hay en todos lados, alguna de sus vecinas podría serlo, quizá alguna mujer de su familia, quién sabe si alguna compañera de trabajo, pero lo que sí resulta cierto y sencillo de comprender es que las formas y las maneras son importantes y que ni puede, ni se debe, hacer política desde el desprecio a quienes la rodean.

Y menos aún, intentar sobrevivir del bucle de la mentira tantas veces contada de que prostitución es igual a trata, porque de ese modo insulta a las profesionales y a las víctimas.

Estamos deseosas de que esta carta abierta, haya podido serle útil y que sea usted capaz de volver a ser la alcaldesa a la que nos tenía acostumbradas, librándose de la ponzoña malintencionada y dejando de ser de una buena vez, Carmena, la mujer alcaldeizada.

APROSEX

Asociación de Profesionales del Sexo

Colectivo Hetaira

 

Manifiesto de la puta

 

manifiesto

De la prostitución al burka: reducción al absurdo

 

Reducción al absurdo.

Es absurdo pensar que una mujer pueda decidir libremente vender su cuerpo.

Más absurdo aún es pensar que una mujer pueda decidir libremente regalar su cuerpo.

También es absurdo pensar que una mujer que no quiere ni vender ni regalar su cuerpo pueda decidir libremente exhibir su cuerpo.

Por tanto, la única decisión realmente libre de una mujer es ponerse el burka.

 

Mujeres sirias vistiéndose al fin como les da la gana queman un burka tras su liberación.

Mujeres sirias vistiéndose al fin como les da la gana queman un burka tras su liberación.

Por qué se recurre a la prostitución: el estudio que desmiente lo que pensábamos

 

 

El debate sobre el trabajo sexual está cada vez más abierto y por eso estudios como el que se acaba de publicar nos ayudan a entender un poco mejor la mentalidad del cliente

 

 

Héctor G. Barnés

 

07.07.2016

 

 

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-07-07/hombres-prostitucion-estudio-desmiente-todo_1220583/

 

 

Durante los últimos años se ha popularizado en Europa en general y en España en particular el debate sobre la prostitución. Cada vez hay un mayor número de opiniones diferentes, en muchos casos por la participación en el debate de las propias profesionales que recuerdan que no todo trabajo sexual tiene por qué ser esclavista. En definitiva, el abolicionismo convive con otras visiones menos restrictivas, incluso dentro del feminismo.

 

Para completar el complejo puzzle de la prostitución es de especial ayuda una investigación (1) recién publicada en la revista ‘Sexualities’ y realizada por Susann Huschke, de la Universidad de Witwatersrand de Sudáfrica y Dirk Schubotz, de la Universidad Queen’s de Belfast, en la cual desmontan “los estereotipos predominantes sobre los hombres que pagan por sexo, tal y como se utilizan continuamente en el discurso público sobre el trabajo sexual”.

 

En definitiva, como ya habían sugerido otros estudios, los clientes no son simplemente “explotadores y abusadores sexuales”, sino que recurren a la prostitución por un amplísimo rango de razones, que abarcan desde la experimentación (es el caso de un travestí heterosexual) hasta la incapacidad de encontrar pareja, pasando por aquellos que quieren mantener relaciones con mujeres sin compromiso o que no encuentran satisfacción sexual con sus parejas. Y lo hacen en un contexto que a los españoles les sonará: el de una sociedad donde tradicionalmente el sexo ha sido censurado por la religión. Concretamente por la Iglesia Católica, que en Irlanda, donde se llevó a cabo el estudio, sigue teniendo una gran influencia.

 

Así es el cliente: qué quiere y qué no

 

En los debates sobre prostitución, el cliente suele ser retratado de manera monolítica. Por lo general, se trata de un “misógino negligente o un pervertido sexual”. Sin embargo, señalan los autores, aunque pueda haber consumidores así, la simplificación no ayuda a entender las raíces del problema, sobre todo a la hora de tomar decisiones legales sobre la criminalización del trabajo de las prostitutas o la persecución del cliente.

 

Según los datos obtenidos después de que 446 clientes habituales completasen una encuesta ‘online’, complementados por entrevistas cara a cara con 10 de ellos, así como por los testimonios de 19 trabajadores sexuales, la única conclusión es que no existe el “putero” típico. Eso sí, ya que la mayor parte de clientes afirmaban no recurrir a la prostitución callejera sino a las escorts y a los burdeles (según el informe ‘Radiografía de la prostitución en España’ puede haber unos 1.500 locales así en nuestro país), estos suelen ser más o menos pudientes y con estudios.

 

Estas son las principales razones por las que los hombres recurren a la prostitución:

 

  • Disfruto haciendo el amor con gente diferente (47%)
  • Me ha permitido explotar mi sexualidad (40%)
  • Me permite probar cosas que no había probado antes (41%)
  • Me gusta que no haya lazos emocionales (38%)
  • Me permite hacer cosas que no podría hacer con mi pareja (28%)
  • Es la única manera en que puedo hacer el amor (25%)
  • El secretismo me excita (21%)
  • Me hace sentir mayor confianza sobre mi cuerpo y sobre mí mismo (21%)
  • Es bueno para mi autoestima (19%)
  • Lo hice por curiosidad (16%)
  • Es rápido y fácil: no tengo tiempo para otras relaciones sexuales (16%)
  • Es la única manera en que puedo obtener satisfacción sexual (9%)
  • No me siento preparado para otras relaciones sexuales (8%)
  • Nada de lo anterior (<1%)

 

 

Estas son las cosas que a los encuestados no les gusta de la prostitución:

 

  • Me siento como si tuviese que esconderme (41%)
  • Me preocupa que mis amigos y familia se enteren (39%)
  • Me preocupa el bienestar de la trabajadora sexual / prostituta (36%)
  • Me siento como si tuviese que mentir sobre lo que hago (31%)
  • Me preocupan los riesgos para la salud (25%)
  • Me gasto demasiado dinero (25%)
  • Echo de menos la conexión emocional (21%)
  • No creo que sea dinero bien gastado (12%)
  • No me gustan los lugares donde se lleva a cabo (10%)
  • Me hace sentirme avergonzado (10%)
  • Esperaba que me daría más que sexo (5%)
  • Daña mi confianza (3%)

 

Como se puede apreciar, dejando al margen el sesgo asociado a estas encuestas (en las que los participantes siempre salen bien en la foto), las respuestas sugieren que el cliente se preocupa más por la trabajadora de lo que se pensaba. Cuando se les preguntó por qué razón dejarían de frecuentar a las escort, el 35% aseguró que en caso de empezar en una relación de pareja y el 27% si pudiesen tener relaciones sin pagar por ellas, lo que refuerza el carácter sustitutivo de la relación. Algunos de ellos, además, afirmaron que aunque nunca habían visto maltrato a las chicas, dejarían inmediatamente de hacerlo si supiesen que sus parejas habían sido forzadas.

 

El 97% de los participantes eran hombres, con tan solo un 2% de mujeres y un 1% de trans. La mayoría (64%) tenían entre 31 y 50 años, seguidos por aquellos que tenían entre 51 y 74 (un 21%) y los de entre 22 y 30 (un 14%). Cuatro de cada 10 eran solteros, y la mayoría de ellos preferían ver a diferentes mujeres (58%), aunque un tercio reconocía que prefería quedar siempre con la misma, algo que, por lo general, no era posible.

 

“Estaba cachondo el 99% del tiempo”

 

Más allá de los datos, el ‘paper’ resulta interesante porque recoge algunos de los testimonios de estos hombres, que resumen a la perfección la gran cantidad de razones por las que se recurre a estos servicios. Uno de los casos más habituales, por ejemplo, es el de Roger, un autónomo de 50 años casado y con tres hijos. “Si tuviese una vida sexual activa en casa, definitivamente no utilizaría a las escorts, pero mi mujer nunca quiere”, explica. “Estamos felizmente casados, aún salimos, pero en lo que concierne al sexo… supongo que me he rendido”. Es una de las explicaciones más frecuentes: ante la frustración sexual, los hombres prefieren recurrir a una profesional antes que tener una aventura puesto que eso es menos arriesgado para su matrimonio. “Muchos participantes consideraban que estos eran una parte importante de sus vidas y no estaban preparados para dejar a su mujer e hijos”, señala el estudio.

 

Igualmente habitual es recurrir a la prostitución como hace el treintañero Philip, que creía en lo de “nada de sexo antes del matrimonio” hasta que, a los 35, vio la luz: “Era un buen chico católico”, explica. “Estaba cachondo el 99% del tiempo por eso, pero es la elección que había tomado por la manera en que me criaron… Y entonces llegué a ese punto donde la cosa era: ¿Por qué? ¿Es de verdad el sexo un pecado?” En algunos casos, hasta juega un papel sanador: es lo que ocurre con Paul, un jubilado de Belfast que cayó en una severa depresión después de divorciarse de su aposa. “Me hace sentirme mejor y ayuda con mi depresión”, reconoce. “Quiero algo, ella quiere dinero, los dos estamos felices. Fin”.

 

En otros casos, quizá minoritarios, pero igualmente relevantes, la prostitución llega allí donde las relaciones heterosexuales convencionales no llegan. Bob, por ejemplo, es un ‘cross desser’ al que le gustan las mujeres. “Tengo mis necesidades, quiero sexo”; explica. “Esta es la única manera en que puedo hacerlo… Me siento especial, aliviado”. Es también el caso de Nick, un cuarentón soltero con gustos peculiares: “Si conoces a alguien, incluso si lo conoces desde hace un mes, te preguntas, ¿cómo saco a pasear el fetichismo en nuestra relación?”, se pregunta. “Es lo que para eso me sirven las escorts, ya que listan sus servicios, así que si hay cosas que quieres probar, están ahí”. Algo común en muchos casos es ver los encuentros con prostitutas como una faceta separada del resto de sus vidas: “Las escorts proporcionan esa situación compartimentada en la que puedo experimentar sin que me juzguen”.

 

 

Otra característica común a muchas de estas relaciones es que no son exclusivamente sexuales. Nick, por ejemplo, afirma quedarse charlando un buen rato después del acto. Roger añade que “la mitad del tiempo quiero que me arrullen, que me abracen de manera íntima…”Algunos de estos clientes recuerdan que las prostitutas no se parecen en nada a la imagen que dan de ellas en los medios de comunicación. “No son las heroinómanas violentas que pasan enfermedades de las que sueles leer, suelen ser gente maja”, señala Paul. “Descubrí que muchas de las cosas que me habían contado eran mitos y basura”.

 

Esa es, finalmente, la conclusión de los investigadores. Que “el deseo se encontrar placer sexual no significa automáticamente que los hombres que pagan por sexo simplemente busquen un cuerpo femenino pasivo y receptivo para el desahogo sexual”. Aunque casi todas las trabajadoras se han visto en situaciones desagradables, la mayor parte de clientes son capaces de respetar los límites que imponen. “Cuando todos los trabajadores sexuales son percibidos como víctimas indefensas del tráfico o de la industria del sexo, no hay lugar para discutir sobre las diferentes condiciones en las que se encuentran, sobre los comportamientos apropiados e inapropiados de los clientes, las formas en que las trabajadoras pueden hacer su trabajo más seguro y la promoción de las prácticas de reducción del daño y los servicios de apoyo que permitirían a más trabajadores del sexo protegerse de los clientes violentos y abusivos”, concluyen.

 

¿Legalización o criminalización?

Esta investigación se enmarca en las últimas reformas producidas en Europa respecto a la prostitución. En junio de 2015, Irlanda del Norte implementó castigos para los clientes de prostitución, “siguiendo la lógica de que si se criminaliza el pago por sexo, la demanda se reducirá significativamente, y si hay menos trabajo sexual, habrá menos tráfico de explotación sexual”. Seguía la estela de Islandia y Noruega, que habían hecho lo propio en el año 2008 y 2009, respectivamente, aunque la medida fue rechazada en Escocia en 2012 y en Irlanda en 2014.

La investigación pone en duda que sea una medida realmente útil. Según los resultados de la encuesta, solo el 7% de los clientes reconocía que dejaría de pagar por sexo si fuese ilegal, mientras que el 15% tendría que buscarse la vida, por ejemplo, en otro país. Tan solo el 4% pensaba que disuadiría a las trabajadoras sexuales, y el 57% mostraba preocupación por que la prohibición y criminalización no hiciesen otra cosa que empeorar aún más las condiciones laborales de las trabajadoras.

“Concluimos que los recientes debates públicos sobre la comercialización del sexo en Irlanda y la implementación del llamado modelo sueco en Irlanda del Norte constituye una ‘cruzada moral’ contra el trabajo sexual, que se percibe como una transgresión de la moral cristiana conservadora”, señalan los autores al final del ‘paper’. “Empleando estereotipos negativos e ignorando la evidencia existente, los promotores de la prohibición del trabajo sexual han perdido la oportunidad de permitir un debate abierto y menos prejuicioso sobre los deseos sexuales de la gente y las normas sociales que les dan forma”.  

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(1) http://pure.qub.ac.uk/portal/files/56938886/Huschke_Schubotz_Paying_for_Sex_in_Ireland_accepted_word_document.pdf

Abolicionistas incitan al odio en Alemania

 

Luca Stevenson

Hola a todos,

Los abolicionistas en Alemania han creado un mapa de google maps con direcciones de las trabajadoras del sexo, los prostíbulos etc de todo el país que está siendo constantemente actualizada y ampliada.

Incluso se enorgullecen de anunciar que el mapa contiene direcciones privadas de las trabajadoras del sexo, que solo son dados por teléfono.
¡Esto es muy peligroso para nosotros!

Así que por favor ayúdenos a hacer desaparecer este mapa haciendo lo siguiente:

1. Abra el mapa en google,

2. Haga clic en el signo de interrogación en la esquina inferior derecha

3. Informe el mapa como ” contenido inapropiado ” seleccionando ” este mapa contiene información privada ” o ” este mapa contiene contenido que promueve el odio ”

Gracias a todos por leer y ayudar.

Enlace al mapa:

https://www.google.com/maps/d/viewer?mid=105Uz9VLB…………&#8230;.

Alemania

 

Nota: el mapa ha sido retirado de Google a las pocas horas de difundirse este mensaje.

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Comunicado de APROSEX

Os habéis pasado

Publicado 17 mayo, 2016 | Por Secretaria

http://www.aprosex.org/os-habeis-pasado/

Estos días nos llegó la noticia del último despropósito del sector abolicionista alemán que consistía en publicar en la web las direcciones privadas de cientos de trabajadoras sexuales de ese país sin su consentimiento.

¿De verdad piensan que con estas acciones van a proteger a las mujeres como tanto proclaman? ¿Cómo coño se entiende eso?

Nosotras NO le damos nuestra dirección privada a todo el mundo, lo hacemos cuando el cliente ya ha pasado ciertos filtros que nosotras mismas establecemos, pero vosotras, lo habéis hecho sin nuestro permiso y saltándose todos los filtros que nosotras establecemos. Entre ellos no comparten nuestras direcciones privadas, porque, al contrario de lo que ustedes han hecho, nos suelen cuidar mucho, pésele a quien le pese.

Habéis puesto a cientos de trabajadoras sexuales en peligro real, irónicamente en ese peligro del que “queréis salvarnos” ¿En qué cabeza cabe? No puedo concebir que una mujer ponga en peligro a posta a otra y se diga feminista.

Decís que respetais las leyes, pero con tal de mantener vuestro statu quo, las habéis quebrantado, para vosotras todo vale, nos habéis llamado proxenetas, nos habéis llamado depósitos de semen y nos habéis puesto en grave peligro y no lo vamos a tolerar más.

Las caretas se han caído, espero que el movimiento feminista tome nota de esta acción y se den cuenta de la clase de gentuza que sois, que en mi opinión no sois mas que aliadas del patriarcado.

 

¿Anti trata de personas o antiprostitución?

 

28 de febrero de 2016
https://lionsdensaskatoon.wordpress.com/2016/02/28/anti-human-trafficking-or-anti-prostitution/

 

La trata de seres humanos es considerada uno de los crímenes más atroces imaginables, descrito por la Oficina de las Naciones Unidas contra las drogas y el crimen (UNODC) como el crimen más vil y el que nos avergüenza a todos. En 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, y Canadá fue uno de los primeros países en participar del mismo. En 2010, UNODC recibió el mandato de confeccionar un informe del problema y presentó sus resultados en 2014. El hecho más sorprendente fue que el número de condenas está enormemente desproporcionado con la creciente conciencia y extensión del `problema, con el 40% de 128 países refiriendo menos de 10 condenas por año y el 15%, ninguna, mientras que el número de víctimas detectadas no para de crecer.

 
En Canadá y en los EE.UU. yo creo que la disparidad se debe en parte a las campañas anti trata de seres humanos que en realidad disimulan cruzadas antiprostitución a pesar de la abrumadora evidencia que prueba que la despenalización de la industria del sexo ayuda a la lucha contra la trata de seres humanos.

 
Para comprender mi argumento, es relevante la siguiente información extraída del informe de la UNODC. Mientras que la mayoría de las víctimas se ven sometidas a explotación sexual, cada vez hay más víctimas de trabajo forzado, que incluye: manufactura, limpieza, construcción, catering, restaurantes, trabajo doméstico y producción textil. En Canadá y los EE.UU. entre 2010 y 2012, las víctimas de trata fueron explotadas casi a partes iguales en la industria del sexo y en el trabajo forzado. También se informa de que los niños suponen sólo el 30% de las víctimas (sin que esto signifique infravalorar el horror de esta cifra) y el 70% fueron adultos y más de 1 de cada 4 procedían de los países del Este de Asia.

 
Uno de los mayores retos a los que se enfrenta hoy el movimiento antitrata es una constante aceptación de una desinformación sin fundamento, imprecisa y excesivamente exagerada. Un ejemplo es la afirmación de que la Super Bowl será un evento principal de trata de seres humanos. En 2012, la ciudad anfitriona Indianápolis aprobó leyes más duras, entrenó a 3400 personas para reconocer los signos de trata y repartió entre los hoteles de la zona 40.000 pastillas de jabón con el número de la línea telefónica directa al servicio antitrata. De las 68 detenciones de trabajadoras sexuales locales, sólo 2 fueron calificadas por la ley de Indianápolis como víctimas de trata.

 
Entonces, ¿por qué siguen teniendo atractivo estas falsas afirmaciones? Un estudio dirigido por la Alianza Global contra la trata de mujeres lanzó una sólida teoría. Argumenta que eso es útil para las organizaciones antitrata porque ofrece una buena estrategia para conseguir subvenciones, capta la atención de los medios, es visto como que se emprende una acción contra la trata y es una buena cobertura para la lucha antiprostitución. No hay muchas ganas hoy de emprender una campaña antiprostitución, así que disfrázala de de campaña antitrata y la cruzada está otra vez en pleno apogeo financiada y apoyada con dólares de nuestros impuestos.

 
Ha habido solo 35 condenas por trata en Canadá, según el último informe de la Seguridad Pública de Canadá, desde que en 2005 entraron en vigor las nuevas leyes, a pesar de que el antiguo primer ministro Stephen Harper prometió 25 millones de dólares a lo largo de 4 años para establecer un plan de acción nacional. La verdad es que la mayor parte de las “operaciones de rescate” son “redadas” en aplicación de la ley, que atrapan a trabajadoras de sexo entre adultos consensuado y a menudo terminan con el encarcelamiento de las supuestas víctimas. La operación Northern Spotlight, que movilizó a 180 policías y otro personal en Alberta, Saskatchewan, Manitoba, Ontario, Quebec, Nova Scotia, Newfoundland, Labrador y New Brunswick, rescató a 20 víctimas menores de edad, pero violó los derechos constitucionales de 310 trabajadoras sexuales legales.

 

No desprecio el enorme éxito de haber rescatado aunque solo hubiera sido una víctima, pero sugiero que la victoria habría sido mucho mayor si no hubiera sido al precio de violar los derechos de muchas otras personas durante su desarrollo. La despenalización conseguirá ese objetivo.

 
Mientras que algunos de los involucrados en el movimiento antitrata dicen que se necesita más financiación, John Ferguson, un superintendente retirado de la RCMP, dice que la falta de condenas por trata sexual internacional en Canadá puede indicar que no está tan extendida. “Al cabo de tantos años, tras una década de aplicación de la ley en la que has conseguido tan pocas acusaciones”, dice, “uno solo puede conjeturar que los esfuerzos de aplicación de la ley por parte del gobierno han ido en la dirección equivocada”. La disparidad entre dispendios y resultados hace que las trabajadoras sexuales crean que se han convertido en el objetivo de una cruzada del tipo de la “guerra contra las drogas” bajo la apariencia de prevención de la trata.

 
Están también las campañas intensivas de concienciación fuertemente financiadas por el gobierno. Además de panfletos, líneas telefónicas directas y pegatinas de concienciación para pegarse en negocios “relevantes”, la policía está entrenando a empleados de determinadas industrias para que reconozcan los signos de la trata, entrenamientos del tipo del puesto en marcha en Halifax denominado “Di algo si ves algo”. Los empleados de hotel, por ejemplo, tienen que fijarse en cosas tales como: papeleras con muchos condones usados, uso frecuente de los cartelitos de “No molestar”, excesivas entradas y salidas de la habitación, “excesiva parafernalia sexual”, un invitado que “aparta los ojos o desvía la mirada”, demasiados productos de higiene personal, especialmente “lubricación, sprays”, demasiadas pocas posesiones personales o “personas vagabundeando o dirigiéndose a los clientes masculinos”. A pesar de haber estado directamente relacionada con trabajadoras sexuales durante años, incluso a mí me costaría determinar a partir de esas señales si estoy viendo a una trabajadora sexual legal o a una víctima de trata.

 
En la medida en que alguna parte de la venta de sexo comercial sea penalizada, será extremadamente difícil abordar de modo efectivo la trata de personas en el seno de la industria e imposible sin violar los derechos constitucionales de las trabajadoras sexuales. La razón por la que la despenalización resulta fundamental es por la poca diferencia que se aprecia a primera vista entre las víctimas y las trabajadoras legales.

 

Cuando la industria se vuelve clandestina y las trabajadoras temen la ley, los tratantes de personas tienen la condiciones perfectas para operar y crecer. Las trabajadoras sexuales que abandonan por miedo a una detención dejan un hueco para que se introduzcan las víctimas de trata.

 

Las trabajadoras sexuales usarán dinero en efectivo, no se identificarán, “no mirarán a los ojos o desviarán la mirada” y pueden parecer nerviosas a pesar de no estar forzadas a trabajar. Los clientes bajo amenaza de detención no denunciarán los signos de una víctima potencial. La mejor fuente de información para la policía es cortada, las víctimas y las trabajadoras son indistinguibles y se da a los tratantes el secreto que necesitan para sus operaciones. Trayendo la industria a la luz mitiga todos estos factores, haciendo mucho más fácil identificar y ayudar a quienes están en ella contra su voluntad.

 
En una declaración explicando su respaldo a la despenalización de la industria del sexo, Amnistía Internacional tiene esto que decir:

”…no hay pruebas que sugieran que la despenalización origine un aumento de la trata. Creemos que la despenalización ayudaría a combatir la trata. Cuando el trabajo sexual es despenalizado, las trabajdoras sexuales tienen más fácil trabajar juntas y exigir sus derechos, lo que conduce a mejores condiciones y estándares de trabajo y a una mayor supervisión del sexo comercial y de la eventual trata dentro del mismo”.

 
Mi último punto de vista es que a pesar de los enormes presupuestos destinados a la lucha contra la trata, muy poco se dedica a estrategias de salida. Las supervivientes han dicho que lo que se necesita con urgencia son más refugios y viviendas, adiestramiento y consejo laborales que les ayuden a adaptarse a una nueva vida. Imaginad la devastación que experimenta una víctima si al final consigue la libertad solo para verse sin plaza en un albergue, obligada a volver a lo mismo antes que verse en la calle. Entonces es cuando hemos fracasado de verdad. Si no podemos proporcionar alimento, alojamiento y asistencia para que se mantengan por sí mismas, ¿por qué nos sorprendemos de las dificultades que tienen para cambiar de vida? Abandonarlas en este punto es otra traición.

 
¡Debemos detener la cruzada antiprostitución! Las leyes están trabajando en favor de los criminales, no de quienes necesitan nuestra ayuda y protección. No las fallemos, igual que hicimos con los que se convirtieron en daño colateral en la guerra contra las drogas. ¡No funcionó entonces y no hay razón para creer que funcionará ahora!

“Trata de personas” se ha vuelto un término carente de significado

 

Políticos y activistas a menudo abusan de él para impulsar leyes punitivas o incitar al pánico moral

Por Noah Berlatsky @hoodedu
http://www.newrepublic.com/article/123302/human-trafficking-has-become-meaningless-term

trata

 

Como todo el mundo conoce, el presidente Barack Obama ha declarado que la “trata de seres humanos“ es la esclavitud de nuestros días. Dijo también que “es un crimen que puede adoptar muchas formas”.

 
La segunda definición es mucho más precisa. La “trata”, en la práctica, es menos un delito claramente definido que una llamada al pánico moral. La vaguedad de la definición permite o incluso anima a los gobiernos, organizaciones e investigadores a afirmar que hay decenas de millones de víctimas de trata en todo el mundo sobre la base de poco más que conjeturas hiperbólicas. Los políticos usan la retórica de la trata para retratarse a sí mismos como defensores de los oprimidos, y generar cobertura de prensa laudatoria, como ha hecho el sherif del condado de Cook Tom Dart con su cruzada contra Backpage.com y otros sitios que anuncian servicios para adultos. Y algunas figuras de alto perfil han recurrido a cuentos acerca de la trata para ganar fama. Somali Mam, la celebrada defensora antitrata camboyana, fue desenmascarada por hacer afirmaciones fraudulentas acerca de si misma y de otras mujeres a las que ayudó.

 
El origen exacto del término “trata sexual” no está claro, pero según Alison Bass, autor de “Salir perdiendo: las trabajadoras sexuales y la ley”, parece haber sido creado por las feministas antiprostitución en los noventas. Bass me dijo que el término “trata” fue usado especialmente para describir la inmigración de las mujeres de la colapasada Unión Soviética a los Estados Unidos. El artículo seminal de 2.000 de Donna Hughes “El mercadeo de Natasha” definió específicamente la trata como “cualquier práctica que implique desplazar a personas hacia dentro y a través de fronteras locales o nacionales con fines de explotación sexual”.

 
Pero los activistas antiprostitución como Hughes a menudo usan el término “explotación sexual” para incluir cualquier clase de prostitución o trabajo sexual; de hecho, Hughes insiste en su artículo en que “la trata se produce incluso si la mujer consiente”. En otras palabras, la trata puede incluir a trabajadoras sexuales que deciden emigrar ilegal o semiilegalmente desde la Europa del Este a los Estados Unidos. Esto describe a la mayoría de mujeres de las que se dijo que habían sido “víctimas de trata”, según los investigadores Robert M. Fuffington y Donna J. Guy. “Lo más frecuente”, escriben en “Una historia global de la sexualidad”, “es que estas mujeres estuvieran implicadas en alguna forma de trabajo sexual en sus países de origen y vieran la posibilidad de trabajar en el extranjero como una oportunidad de mejorar sus circunstancias”.

 
Mientras Hughes define la trata como “explotación sexual”, Obama usa también el término para referirse a los niños obligados a hacer servicio militar y a los obreros agrícolas forzados a trabajar en malas condiciones o sin paga alguna. Esta definición ha sido a veces respaldada por las organizaciones pro derechos de las trabajadoras sexuales, que “esperaban redirigir lo que históricamente había sido un enfoque represivo antiprostitución hacia un enfoque que mirara el sector del sexo como uno más de muchos sectores laborales”, me dijo Carol Leigh, una activista por los derechos de las trabajadoras sexuales y cineasta.

 
La definición más amplia de trata como explotación laboral no ha hecho mucho para cambiar la percepción pública, sin embargo. Cuando dices “trata” la gente todavía piensa en esclavitud sexual. La entrada de Wikipedia para trata de personas, por ejemplo, comienza afirmando, “La trata de personas es el comercio de seres humanos, casi siempre con fines de explotación sexual, trabajo forzado o explotación sexual comercial”: una definición que comienza y termina con sexo. En realidad, el trabajo forzado de otras clases —como el trabajo doméstico, la construcción y la agricultura— es mucho más común, según la OIT, que estima que 4,5 millones de los 21 millones de personas víctimas de trata en todo el mundo lo son de trata sexual (aunque hay que volver a decir que todas las cifras de trata son muy poco fiables y escasamente probadas).

 
Más aún, el término “trata” a menudo se usa para referirse a casos en los que no hay migración en absoluto. Por ejemplo, los tribunales de intervención en trata de personas de Nueva York se dedican básicamente a procesar a cualquier persona detenida por prostitución o cargos relacionados, hayan sido o no sometidos a coacción y provengan o no del extranjero. La mayor parte de las personas que pasan por los tribunales de trata de personas han sido detenidas por vagabundeo y prostitución, según un estudio realizado por Truthout.

 
Según Bass, “la trata se ha convertido en un nuevo nombre para un viejo problema, que es principalmente la huída de casa de adolescentes”. Los jóvenes que escapan de situaciones de abuso en sus domicilios, y que venden sexo para sobrevivir, son considerados por defecto víctimas de trata bajo muchas leyes federales y estatales. Esto, a pesar del hecho de que casi ningún adolescente fugitivo tiene proxenetas o tratantes, según un estudio del Colegio John Jay de Justicia Criminal. La mayor parte de ellos ven el trabajo sexual como la mejor forma de subsistir en la calle, dadas las limitadas opciones legales y de servicios sociales disponibles para los niños que escapan de casa. Y la mayor parte de ellos, me dijo Bass, no viajan fuera de su propio pueblo o ciudad, y mucho menos fuera del país.

 
Así, en la práctica, el término “trata” no significa “la esclavitud de nuestros días”. Ni significa ser transportado a través de fronteras con fines de explotación sexual. En cambio, habitualmente se refiere a una o más de las siguientes cosas:

  • ser menor de edad y vender sexo
  • inmigrar ilegalmente
  • ser sometido a cualquier clase de trabajo forzado o prácticas laborales abusivas
  • practicar trabajo sexual consensuado.

 
“El público parece creer que la trata sexual significa prostitución forzada”, me dijo la investigadora Tara Burns, “pero cuando te sientas y lees los documentos acusatorios por cargos de trata sexual, muy muy raramente es ese el caso”. Las trabajadoras sexuales a menudo son procesadas por haberse sometido a trata a sí mismas, dice Burns. “Bajo diferentes leyes estatales, trata sexual puede significar también los anuncios que ponen las trabajadoras sexuales de sus propios servicios o el alquiler de sus propias habitaciones de hotel, o el abuso de niños por parte de adultos sin relación alguna con la industria de sexo comercial”.

 
La palabra “trata”, pues, se convierte en una manera de aprovechar la imagen de mujeres jóvenes raptadas y vendidas como esclavas sexuales. Después del 11S, dice Bass, el Departamente de Estado se mostró ansioso por adoptar el lenguaje de la trata como otra manera de justificar las restricciones y la vigilancia de la inmigración inspiradas en primer lugar por el antiterrorismo, lo que es la razón por la que iniciativas como el “Centro de tráfico de personas y terroristas” del Departamento de Estado mezcla “Tráfico de seres humanos, trata de personas y viajes terroristas clandestinos” como “asuntos transnacionales que amenazan la seguridad nacional”. “Trata” puede ser usada también para hacer que las leyes antiprostitución parezcan compasivas, más que punitivas, como ocurre en los tribunales de trata de Nueva York, que enmarca a las personas detenidas como víctimas de trata necesitadas de ayuda, aunque en la práctica lo que al final siga ocurriendo es que la policía detiene a personas (especialmente mujeres de la minorías) por cargos de prostitución. En cualquier caso, la palabra es una forma de poner en el punto de mira a grupos marginados como inmigrantes y trabajadoras sexuales en nombre de un (confundido o cínico) humanitarismo.

 
¿Entonces, cual sería la mejor denominación? Laura Agustín, autora de “Sexo en los márgenes: migración, mercados laborales y la industria del rescate”, dice que no hay solo una. “El tema no es ‘mejorar el lenguaje’ porque el marco de presentación de los problemas sirve al control policial, no a las personas”, me dijo. “No existe término sustitutorio para trata porque usar un único término sencillamente hace desaparecer todas esas situaciones diferentes, estimula el reduccionismo y se alimenta directamente de una agenda moralista de ‘bueno contra malo’. Esta categoría fue una invención y no describe realidades”.

 

Si vamos a hablar de trabajadoras sexuales menores de edad con pocas opciones distintas de supervivencia, deberíamos decir que vamos a hablar de trabajadoras sexuales menores de edad con pocas opciones distintas de supervivencia, una discusión que debería centrarse en recursos y ayuda de servicios sociales, no en aplicación de la ley. De la misma forma, si el tema son las condiciones de trabajo forzado, entonces habría que prestar más atención a las principales industrias en las que ocurre. Si el tema es el trabajo consensuado entre adultos, entonces los legisladores deberían ser honestos en cuanto a usar la policía para acosar a las personas que practican trabajo sexual consensuado. No deberían pretender que están llevando a cabo una noble cruzada contra “la trata”.

 

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Noah Berlatsky es un escritor colaborador de The Atlantic, editor del sitio de comics y cultura Hooded Utilitarian, y autor de Mujer maravillosa: bondage y feminismo en los comics de Marston/Peter.