Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo: Contra el estigma de ‘puta’

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)

 

2 de junio de 2017

 

http://www.apdha.org/dia-internacional-trabajadoras-sexo-contra-estigma-puta/

 

Existe un estigma que actúa sobre todas las mujeres como un aviso, una amenaza que llega en forma de censura social en caso de que ocupes un espacio que no debes, a una hora inapropiada y con una postura indebida… Nos referimos al estigma “puta”. Desde tiempos inmemoriales, hasta nuestros días, actúa dentro de nosotras esa llamada al orden social que, con mayor o menor fuerza, aparece en forma de vergüenza.

Este estigma “puta” que actúa como violencia estructural y simbólica es la misma violencia que nos alcanza a todas las mujeres. ¿Pero qué pasa cuando esta violencia, censura, este estigma, sale del ámbito de lo subjetivo y lo simbólico para acomodarse en nuestro mundo material a través de leyes que penalizan estos comportamientos? Nos referimos a lo que significa el estigma puta para la puta, la trabajadora sexual. Y nos referimos concretamente a la base de las muchas vulneraciones que sufren como colectivo y como trabajadoras, nos referimos a también a la Ley Mordaza o ley de seguridad ciudadana, los planes anti prostitución y las ordenanzas, formas de criminalizar  que viene a instaurar una verdadera “caza a la puta”.

La lucha de las trabajadoras sexuales contra el estigma lleva tiempo ocupando, a nivel individual y colectivo, su primera línea de trabajo. La estrategia no es siempre la misma: “Yo no soy puta, trabajo de puta” es una expresión que pone de manifiesto el anhelo de liberarse de la dura carga que supone el estigma. Atiende a la necesidad que muchas mujeres que ejercen el trabajo sexual tienen por separar su vida profesional de la familiar y la social. En otros casos, el lema “yo también soy puta” o “yo soy puta” está siendo reivindicado por muchas trabajadoras movilizadas en la reclamación de sus derechos, o por colectivos que trabajan junto a ellas.

Por ello, en este día  2 de Junio, Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo, (aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon) nos queremos sumar a la campaña que nuestras compañeras de Genera (Barcelona) han puesto en marcha, y decimos junto a ellas: #YoTambienSoyPuta 

 

 

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Comparecencia de Hetaira en la Subcomisión para un Pacto de Estado en materia de violencia de género

 

Colectivo Hetaira·Martes, 9 de mayo de 2017

 

Madrid, 08/05/2017

 

Gracias al Grupo Confederal de Unidos Podemos, En comú Podem En Marea por la invitación a comparecer en esta Subcomisión. Comparezco en nombre de Hetaira -colectivo que trabaja desde hace ya 22 años en defensa de los derechos de las prostitutas en nuestro país- y que forma parte del Movimiento Feminista de Madrid, de la Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW), de la Red Internacional Europea TAMPEP, del Comité Internacional por los Derechos de Trabajador@s Sexuales en Europa (ICRSE), de la Coordinadora Estatal de VIH-Sida (CESIDA), de la Red Global de Proyectos de Trabajo Sexual, de la Plataforma Estatal por los Derechos de las Personas Trabajadoras del Sexo, de la Plataforma CEDAW Sombra España y de la Plataforma No Somos Delito, entre otras.

 

La creación de esta subcomisión es un paso más para tratar de hacer frente a la violencia machista y esperamos que las recomendaciones que finalmente se hagan llegar al Gobierno sirvan para mejorar la asistencia a las víctimas de violencia de género y evitar más muertes y agresiones machistas. No obstante, no vale con que el Gobierno tome nota de las recomendaciones que de esta subcomisión salgan, sino que éste deberá hacer un esfuerzo para garantizar que algunas medidas se pondrán en marcha dentro un marco legislativo adecuado y que lógicamente contarán con un presupuesto económico. No parece que vaya a ser así a la vista de los Presupuestos Generales del Estado aprobados. Lo lamentamos profundamente. Lamentamos sobre todo que se pierda energía y tiempo en “debatir”, pero no en “poner en práctica” y “en hacer”. Porque también habremos hecho perder recursos a la sociedad española.

 

La ley contra la violencia de 2014 adolecía de algunos problemas. Así se lo hicimos saber en su momento las asociaciones feministas al Gobierno socialista. A pesar de ello, la ley supuso un gran avance y hubo consenso sobre la necesidad de un cambio cultural y de mentalidad. Sin embargo, se abandonaron las propuestas a largo plazo, aquellas basadas en la prevención en la educación o en la formación de profesionales en los diferentes sectores implicados. Lo que quedó en pie, finalmente, fue la parte penal.

 

Tampoco puede servir el Pacto de Estado para pasar a denominarle a cualquier situación discriminatoria contra las mujeres como “violencia machista. Por ejemplo cuando oímos expresiones del tipo: “Cobrar menos por un trabajo de igual valor es violencia”. Creemos que hemos de ser rigurosas, porque si metemos todas las situaciones discriminatorias en un mismo saco estaremos haciéndoles un flaco favor a las “víctimas reales de violencia de género”.

 

El “impulso masculino de dominio” no es el único factor desencadenante de la violencia sexista. Tenemos que seguir poniendo en cuestión, además, las estructuras familiares (núcleo de privacidad que amortigua o genera todo tipo de tensiones); el papel de la educación religiosa y sus mensajes sobre el amor; la falta de educación afectivo-sexual de menores y adolescentes que ayuden a resolver los conflictos futuros, etc.

 

Apostar exclusivamente por la filosofía del castigo sobre el autor concreto de una agresión concreta significa no repensar las sociedades en las que vivimos, no querer ver las responsabilidades de los Gobiernos y de las políticas públicas puestas en marcha por éstos para tratar de evitarlas.

 

La imagen exclusiva de “víctimas” tampoco ayuda a la lucha colectiva por los derechos de las mujeres pues no tiene en consideración nuestra capacidad de resistencia, de hacernos un hueco, de generar autoestima y empuje solidario entre nosotras.

 

Incluso en los casos de violencia de género o de víctimas de trata es importante reforzar la autonomía y la capacidad de decisión de las implicadas. Los movimientos feministas siempre cuestionaron el tutelaje y la falsa protección basada en considerar a las mujeres como “eternas niñas” necesitadas de protección por un Papá/Estado.

 

El conocimiento y el trabajo con mujeres concretas y diversas nos ha enseñado como éstas pueden dar la vuelta, y de hecho se la dan, a las situaciones de subordinación con las que pueden encontrarse. Y como escribía Gayle S. Rubin: “Los márgenes y los bajos fondos pueden ser un lugar de rebeldía”.

 

Contar con los relatos de las víctimas de violencia de género nos sigue pareciendo una de las mejores fórmulas para encontrar estrategias y posibles soluciones. Conocer de primera mano sus necesidades (que pueden ser distintas dependiendo de cada mujer, de cada caso) debería ser una prioridad.

 

Nuestra comparecencia está centrada en materia de trata y prostitución.

 

Trata de personas

 

¿Tiene algún sentido incorporar medidas concretas contra la trata en una ley de violencia de género o en un Pacto de Estado? ¿Se trata de una buena herramienta o, por el contrario, tendríamos que enmarcarla en otro contexto para proteger a las víctimas de trata y luchar contra el delito? Desde Hetaira creemos que tendríamos que separarlo por responsabilidad política y por ser más eficaces a la hora de prevenir y atajar tanto la violencia de género como la trata.

 

La trata de mujeres es una manifestación de la violencia de género. Y figura -gracias a las presiones de muchas ONG’s- como delito en el Código Penal español desde hace unos años. Además puede conllevar otros delitos también tipificados ya en nuestra legislación

 

La trata de personas se da en muchos sectores económicos, no sólo en prostitución. Nos la encontramos en la industria textil, en la agricultura, en la mendicidad, en matrimonios forzosos, en el servicio doméstico. Y son víctimas de trata tanto menores como personas adultas (mujeres y hombres cis, mujeres y hombres trans). La CEDAW pide explícitamente que se tipifiquen todas las manifestaciones de trata (y no sólo aquellas que se dan dentro de la industria del sexo).

 

Una ley integral de lucha contra la trata (que viene reclamándose desde 2012) tendría que garantizar la protección y la recuperación integral de las víctimas y debería abordar la lucha contra la trata desde una perspectiva de derechos humanos. Nos faltan datos, siempre nos falta conocer cuántas personas se encuentran en situación de protección, cuántas personas están viviendo en lugares seguros, cuántas personas han accedido a permisos de trabajo y residencia, cuántas personas consiguieron la condición de asilo por ser víctima de trata (se cuentan con los dedos de una mano, con un poco de suerte, de las dos) cuántas personas han sido indemnizadas por el sufrimiento causado (sabemos que ninguna).

 

La persecución del delito se está haciendo, pero no se está trabajando con el mismo ímpetu en la protección de las víctimas y en poner en primer plano los derechos humanos. Contamos con ejemplos dolorosos, como las expulsiones de posibles víctimas de trata de los CIE’s; víctimas que no han recibido protección sino que han sido contempladas como migrantes sin papeles.

 

Correr el riesgo de saturar los juzgados de violencia de género con casos tan complejos como el de la trata no nos parece una buena idea.

 

Otro problema con el que nos encontraríamos es que el delito de trata, por lo general, traspasa fronteras. Por tanto la persecución del delito fuera de nuestras fronteras exige investigar en otros países y colaborar con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de esos países.

 

Nuestras recomendaciones/propuestas al Gobierno en este punto son las siguientes (exponemos sucintamente algunas cuestiones):

 

. identificación de las víctimas de trata con garantías, no siendo consideradas migrantes sin papeles.

 

. el plan contra la trata debe extenderse a todas las situaciones y dejar de denominarse “de mujeres y niñas con fines de explotación sexual”;

 

. que la colaboración con las autoridades policiales no sea una condición indispensable para poder recibir protección. Es inaudita la existencia de la “contraprestación” en el delito de trata.

 

. indemnizaciones económicas para las víctimas

 

. contar con la opinión y el trabajo de las ONG especializadas.

 

. seguir gastando ingentes cantidades de dinero institucional para explicar que la trata es un delito (algo que toda la sociedad entiende), nos parece un despropósito cuando aún faltan recursos habitacionales para las víctimas, un ingreso mínimo que les permita sobrevivir en un ambiente relajado, etc, etc… Prioricemos los recursos, acojamos a las víctimas, persigamos el delito y transmitamos todo esto a la sociedad. Es la mejor manera de mostrar la realidad y que se comprenda. No podemos delegar el problema de la trata en la “conciencia ciudadana”.

 

. derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana (ley mordaza) que, como bien saben (porque se aprobó en el Parlamento) multa indiscriminadamente a quienes ejercen la prostitución en espacios públicos y a sus clientes. Y en ocasiones, a víctimas de trata.

 

. por último, exigimos recursos públicos, dependientes de las instituciones.

 

La prostitución es un trabajo

 

En la prostitución hay machismo. También hay machismo en la política. Pero Vds. eso ya lo saben, es a lo que se dedican y conocen perfectamente quién se sienta en cada escaño, ¿verdad? Las prostitutas soportan el machismo como lo soportan Vds., las políticas, o las periodistas o las profesoras universitarias o las cajeras de los supermercados. Y se hace lo que se puede, colectiva e individualmente. Vivimos en sociedades machistas. Es lo que tenemos en común.

 

El Gobierno español, en los dos últimos años, ha reducido la deuda gracias al aumento del PIB, un aumento que ha venido por contabilizar la entrada de dinero de la prostitución. ¿No les parece impresentable que no se reconozca legalmente la legitimidad del trabajo sexual, que no se reconozcan los derechos de estas personas y que por el contrario se contabilice el “supuesto” dinero que mueve? A nosotras sí.

 

El grupo de expertos en materia de trata de la Unión Europea, GRETA, insiste en que la prostitución no equivale automáticamente a trata. Esta distinción es imprescindible tanto para abordar la trata en toda su complejidad como para encontrar soluciones a la hora de acabar con la discriminación que sufren las prostitutas.

 

La prostitución por decisión propia no es violencia, es el trabajo, la actividad económica para muchas personas que reorganizan sus vidas en función del intercambio de servicios sexuales por dinero. Este intercambio se produce entre gente adulta y con mutuo consentimiento.

 

¿Tiene algún sentido seguir repitiendo que “la prostitución es violencia de género”, al tiempo que mantenemos la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida por ley mordaza, que multa a quienes ejercen la prostitución en los espacios públicos, el sector más débil?

 

¿tiene sentido mientras seguimos manteniendo discriminadas a las personas que la ejercen: discriminadas a la hora de poder alquilar una vivienda o pedir un crédito, trabajadoras sin derechos laborales, sin derecho al paro, soportando situaciones laborales que contravienen todas las legislaciones posibles, sin derecho a una pensión de jubilación…?

 

¿qué pensamos hacer con las mayores que dejaron su vida en la calle?

 

¿la propuesta de incorporar la prostitución a una ley contra la violencia de género supondría la inmediata supresión de las multas por la ley mordaza?

 

¿supondría que las prostitutas pasarían a ser víctimas de violencia de género? ¿con qué beneficios? ¿tendrían asegurado las prostitutas su nivel económico de ser así?

 

Pero, como bien podrán imaginar, no estamos en absoluto de acuerdo con la incorporación de la “prostitución” en un futuro Pacto de Estado contra la Violencia de Género. La prostitución decidida no es violencia de género, sino una actividad económica para muchas mujeres que llevan tiempo reclamando derechos laborales para acabar con las malas condiciones en que se ejerce y con el estigma que pesa sobre ellas por dedicarse al trabajo sexual.

 

Amnistía Internacional está pidiendo la despenalización del trabajo sexual a nivel mundial. Sus últimos informes publicados, hace justo ahora un año, recoge a través de sendas investigaciones las violaciones de derechos humanos que sufren las trabajadoras y los trabajadores sexuales en Noruega, Argentina, Hong Kong y Papúa Nueva Guinea. Les recomiendo que lean, al menos el informe sobre Noruega y la persecución que están sufriendo quienes ejercen. Entre otras muchas cosas, sufren “desalojos inmediatos” de sus viviendas y de sus espacios de trabajo.

 

Las trabajadoras del sexo, como la mayoría de nosotras, buscan la manera de vivir lo mejor posible dentro de las opciones que la vida les ofrece. Y, por supuesto, deciden. En esta medida, la oferta de servicios sexuales es un trabajo para ellas, trabajo que debe ser reconocido legalmente, acabando con la hipocresía que hoy existe al respecto y articular los derechos sociales y laborales que se desprenden de ello. Los mismos derechos sociales y laborales de los que ya disfrutan sus señorías (permisos de maternidad, vacaciones pagadas, protección frente al desempleo, días libres, etc…).

 

Seguir negando esto y mantener a las prostitutas en la situación de discriminación actual contribuye, entre otras cosas, a que sigan siendo explotadas laboralmente, perseguidas y acosadas por la Policía y sufriendo abusos y agresiones de cualquiera que se lo proponga.

 

El proceso de estigmatización que sufren las trabajadoras sexuales hace que por el hecho de ejercer la prostitución se las considere una categoría particular de personas: “traumatizadas”, “trastornadas”, “víctimas extremas de las circunstancias” y lo que es peor sin capacidad de decisión sobre sus propias vidas.

 

El aumento de la presencia de migrantes trabajadoras sexuales ha sido la excusa perfecta para el desarrollo de políticas represivas en materia de prostitución y su aceptación por parte de las instituciones políticas. El hecho de que generalmente lleguen de manera irregular, sin papeles, así como el que se dediquen al ejercicio de la prostitución en un país donde no está reconocida como “actividad económica” favorece todo tipo de abusos sobre las inmigrantes que cuentan con menores recursos económicos. Esta situación ha servido de pretexto para definir la prostitución como violencia de género, no teniendo en cuenta las condiciones que favorecen que algunas prostitutas sufran diferentes formas de violencia sino considerando que es la prostitución en sí y, por lo tanto, los hombres con su demanda lo que hace que estos abusos sean posibles.

 

Discriminación es también la invisibilidad que soportan las prostitutas autoafirmadas y organizadas desde hace décadas a nivel mundial. Este sector de mujeres autoafirmadas, profesionalizadas y que se reivindican a sí mismas con orgullo, es el que se quiere ocultar cuando se habla de la prostitución desde una óptica victimista y sobreprotectora, asimilándola toda a violencia de género, al indefinido concepto de “esclavitud sexual” o a la trata. Palabras con fuertes resonancias emocionales pero que sirven de poco para entender las diferentes situaciones que se dan en el ejercicio de la prostitución. Sirven para hacer demagogia pero no para empoderar a las trabajadoras del sexo, a las que se niega su capacidad de decisión, su libertad y su autonomía para hacer con su cuerpo lo que quieran.

 

Para Hetaira lo importante sigue siendo estar cerca de quienes ejercen por decisión propia y entender y apoyar sus estrategias de supervivencia.

 

Hay partidos políticos que abogan por la erradicación de la prostitución. Pero ¿en qué se han concretado sus políticas públicas allá donde han gobernado (en ayuntamientos y comunidades autónomas)?

 

. En sus programas jamás vemos un plan de acción que contemple medidas sociales que puedan beneficiar a las prostitutas que voluntariamente desearan abandonar la prostitución, por los motivos que sea, muchas veces por no soportar el estigma social. Tan sólo se han puesto en marcha, en ocasiones, tímidos talleres y cursos a los que han podido acceder una cantidad ridícula de mujeres y que no les ha permitido abandonar la prostitución. Cursos de formación limitados, en muchas ocasiones, a trabajos precarizados y con una contraprestación económica insuficiente, que impide que dejen la calle.

 

. poniendo en marcha normativas cívicas ciudadanas (que multan a clientes, lo que significa castigar a las mujeres dejándoles sin fuente de ingresos); o normativas que multan a ambos o aplicando la ley mordaza;

 

. gastando cantidades ingentes de dinero público en campañas que “criminalizan a los clientes” y, por ende, a quienes ejercen;

 

 

. escribiendo guías con recomendaciones dirigidas a los medios de comunicación que hasta niegan a las mujeres la posibilidad de autodefinirse como trabajadoras del sexo.

 

. a hacer ruido ante el Consejo de Estado sobre la prohibición de publicidad de los anuncios de prostitución en los medios de comunicación. Intento baldío en el siglo XXI y con Internet al alcance de toda la población.

 

Poca cosa, poco serio, ¿no les parece? Y lo peor, ninguna de estas políticas públicas han tenido nunca en cuenta a sus protagonistas, las trabajadoras del sexo.

 

Cualquier plan contra la violencia hacia las mujeres, pero que suponga más “violencia institucional” contra algunas de ellas, en este caso las prostitutas, será un fracaso, un fracaso del Parlamento y un fracaso del feminismo y jamás contará con nuestro apoyo.

 

Si afirmamos tan contundentemente que la prostitución es violencia de género ¿qué deberíamos exigir para las “supuestas víctimas”, las prostitutas? ¿resarcirles económicamente por el sufrimiento causado?

 

Comparar trata (donde la voluntad de la víctima es nula) con prostitución por decisión propia es un ejercicio de cinismo. Comparar el sufrimiento de la trata frente a la decisión de quienes deciden ejercer la prostitución es pura demagogia.

 

La prostitución no es violencia de género, sin embargo, las prostitutas, en ocasiones (y además de sufrir violencia institucional) sufren y pueden sufrir agresiones por el hecho de ser mujeres. Y en este caso sí reclamamos medidas de protección para ellas.

 

Sólo por recordar, hace años nos vimos obligadas a denunciar que los servicios de atención a las víctimas de violencia de género dependientes del Ayuntamiento de Madrid no estaban atendiendo a mujeres que ejercían la prostitución y que querían denunciar a su compañero afectivo o sentimental, porque se consideraba que se trataba de su “proxeneta”. El estigma de nuevo en marcha. El estigma que considera que una puta no puede tener vida privada, ni una familia ni mucho menos un compañero afectivo.

 

Las políticas públicas nunca contemplaron una sola campaña de sensibilización de no estigmatización a las prostitutas. Exigimos acabar con la estigmatización que pesa sobre ellas (no son delincuentes, no son basura, no se “venden” a nadie), porque esta estigmatización llevará a que más de un indeseable -apoyándose en las propias políticas públicas discriminatorias- decida agredir a alguna de ellas o incluso asesinarla.

 

En la medida en que entendemos la prostitución como trabajo, con características especiales (el estigma entre otros), nuestras recomendaciones al Gobierno pasan por:

 

. normalización del trabajo sexual y derechos laborales y sociales para las prostitutas (de este modo, no ocurriría lo que ocurre a día de hoy día, que los empresarios de clubes de alterne imponen prácticas sexuales y/o clientes, entre otras cosas).

 

. que las migrantes puedan conseguir sus permisos de trabajo y residencia por ser trabajadoras del sexo.

 

. regular las relaciones laborales cuando median terceros. Para ello es fundamental que se derogue la última modificación que se hizo del artículo 188 bis del Código Penal que considera delito “lucrarse explotando la prostitución de otra persona, aún con el consentimiento de la misma”. Este añadido, (“aún con el consentimiento de la misma”) impide los tratos comerciales de las prostitutas en mejores condiciones y enmascara las relaciones que se están dando dentro de los clubes. ¿Por qué no evitar la explotación laboral que sabemos suceden en los clubes? ¿por qué no evitar maratonianas jornadas de trabajo? ¿por qué no normalizar la prostitución como trabajo para garantizar salarios dignos? ¿por qué no prevenir los riesgos laborales? ¿por qué no la existencia de convenios colectivos que regulen la situación?

 

. además de que la ley tenga en cuenta los aspectos básicos como licencias, localización de locales, etc… debería tener también en cuenta los horarios especiales los descansos semanales, separar el lugar del trabajo del lugar donde se vive (algo impensable en cualquier otro tipo de trabajo).

 

. priorizar los locales autogestionados y cooperativas de trabajadoras sexuales.

 

. no conceder licencias a truts o personas individuales que cuenten con antecedentes penales, especialmente por violencia de género o por trata.

 

. la negociación de espacios públicos, a través de políticas persuasivas y no criminalizadoras, de manera que quienes captan a su clientela en la calle puedan trabajar minimizando todo tipo de riesgos (también la de las posibles agresiones de algunos clientes).

 

. respeto al trabajo sexual. Celebración del 2 de Junio, Día Internacional de las Prostitutas.

 

. dípticos y reparto de materiales en lugares de ejercicio de prostitución contra las agresiones machistas, que las prostitutas sepan que tienen a los Ayuntamientos, a las Comunidades Autónomas y a los Gobiernos de su parte (y no en su contra).

 

. retirada inmediata de la ley mordaza, es imposible depositar tu confianza en quien te persigue y te multa día sí, día también.

 

. celebración del 17D, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Trabajadoras del Sexo.

 

. que se contabilicen las agresiones a las y los profesionales del sexo.

 

. es importante que se avance en el respeto al trabajo sexual y dejar de gastar dinero en discursos estériles. Nuestros adolescentes no necesitan que se les diga que no han de ser “consumidores de prostitución”, lo que necesitan es aprender que el RESPETO es el único camino posible para relacionarse en un encuentro sexual, sea pagado o no y siempre que exista previo consentimiento.

 

En 2016, desde Hetaira contabilizamos, a través de los medios de comunicación, al menos cinco asesinatos de trabajadoras del sexo cometidos en nuestro país. Tres de las víctimas eran mujeres trans. Ninguno de estos delitos puede quedar impune. Ningún asesinato puede ser justificado, tampoco el de las prostitutas. Sus muertes merecen ser igualmente lloradas y reclamadas por los movimientos de mujeres.

 

Muchas gracias por su atención.

 

¿Que eres feminista, dices?

 

yo-tambien

Los derechos laborales en la prostitución

 

Hoy es 2 de junio. Fecha conmemorativa del encierro en Lyon, en 1975, que vivió un grupo de prostitutas que protestaron contra el hostigamiento policial al que eran sometidas en el desempeño de su trabajo.

 

Por: Mar Candela*, especial para El Espectador

 

2 Jun 2016

 

http://www.elespectador.com/opinion/los-derechos-laborales-prostitucion?page=0,0

 

 

Hoy justo hace un año por este medio contextualicé el sentido histórico de esta conmemoración. El debate sobre los DD. HH. de las personas adultas que sostienen relaciones sexuales con ánimo de lucro en pleno siglo XXI sigue abierto en todo el planeta.

En algunos países ni siquiera está reconocido este estilo de vida como profesión, ocupación u oficio y mucho menos como modus vivendi y trabajo respetable y digno.

Ese es un debate que el equipo de Feminismo Artesanal decidió no dar porque concluimos que el rótulo que la sociedad quiera darle a estas personas no debe intervenir en el uso de sus legítimos derechos –las prostitutas son mujeres sujetas de derechos no por prostitutas si no por humanas, como lo somos todas las ciudadanas en los diferentes campos de acción laboral, sea cual sea el rol profesional u oficio que ejerzamos.

Entendemos que para legislar sus derechos en el campo jurídico es necesaria la tipificación laboral de este modus vivendi. Son los juristas y los Estados quienes tienen que definir esos rótulos en todos los países –y la ciudadanía tiene el deber de aceptar y respetar a estas personas en el libre desarrollo de su personalidad y en el ejercicio de sus derechos sexuales sin importar opiniones personales y etiquetas.

En Feminismo Artesanal las mujeres nos sumamos al postulado de que ningún trabajo es digno: son las personas quienes dignifican su trabajo. Y eso es así porque, desde siempre, los trabajadores de todos los campos han tenido que luchar para lograr obtener derechos y ser tratados con dignidad. Es decir, desde siempre han sido los trabajadores y las trabajadoras de todos los campos quienes han dignificado su trabajo: ningún trabajo es digno en sí mismo si no hay garantías de DD. HH.

Una de las preguntas que cabe hacer es ¿Cuál es el planteamiento en términos de política pública que en Colombia se propone para las personas que ejercen la prostitución voluntariamente?

Nosotros en Feminismo Artesanal defendemos el ideal de que las personas en ejercicio de prostitución sean trabajadoras independientes y autónomas para no dar cabida a ningún tipo de abuso laboral posible. En caso de ser mujeres que están en sitios concretos se debe tener una relación clara entre propietarios del local, del negocio, y quien ejerce el trabajo sexual. Tenemos la convicción de que en este trabajo no se puede ser empleado con horarios y cuotas fijas a ganar, o con sueldos que comprometan a la persona a cumplir “sí o sí” (sin importar si un día no quiere prestar atención sexual o no quiere atender a un número determinado de usuarios, entre otras circunstancias personales dadas).

La prestación del servicio sexual es de carácter humanitario y, como tal, implica un tratamiento coherente para la persona que presta la atención: debe estar cómoda prestando el servicio y eso solo se garantiza si tiene la oportunidad de decidir sobre todas las reglas del juego, incluyendo la posibilidad de atender o no atender a un cliente.

Cuando las personas están atadas a cuotas de producido diario se ven obligadas a atender incluso a clientes con quienes no están cómodas y esto es absolutamente invasivo e inhumano. Por eso, NO estamos de acuerdo con ninguna modalidad en que las trabajadoras sexuales estén casadas con un contrato laboral directo con los dueños del negocio, porque esto lo que hace es crear un vínculo de poder peligroso que se presta para abusos laborales. Opinamos que no podemos manejar el reglamento laboral del trabajo sexual del mismo modo que se maneja cualquier otro trabajo (y eso no significa despojar a las trabajadoras y trabajadores sexuales de DD. HH.) y es por eso que proponemos que en esos negocios se conserve la autonomía laboral y de los cuerpos —las personas deben estar ahí con la figura de arrendatarias, donde pagan una cuota diaria, semanal o mensual, según acuerdo a priori, independientemente de cuántas horas decida trabajar. Esto también permite que, si el trabajador o y trabajadora unos días gana más dinero que otros, no tenga que pagar más dinero, pues el valor corresponde a tener un lugar idóneo y cómodo para atención al usuario, a nada más.

Las personas que ejercen el trabajo de la prostitución deben ser libres y autónomas, como cualquier trabajador independiente de otro campo laboral, que debe ser responsable de sus gastos de salud, pensión y demás deberes, sin estar sometido a horarios, ni a cuotas a ganar, ni tener que estar “atornillado” a un solo lugar de trabajo. Estas personas deben tener la garantía de la libertad de poder irse del lugar de trabajo cuando así lo dispongan sin ninguna atadura económica, de contrato o de cualquier índole.

La propuesta de política pública para este trabajo debe hablar detalladamente de las personas que ejercen la prostitución, con una perspectiva de género con enfoque diferencial. Y debe existir una discriminación positiva pues estas personas trabajadoras del sexo frecuentemente pertenecen a grupos que ameritan particular atención, como son las mujeres, la población LGTBI; e incluso pertenecen en algunos casos a poblaciones minoritarias como las afrocolombianas o las indígenas, siendo así personas en alto riesgo de vulneración y abuso.

Consideramos que es humillante que un Estado infantilice a las personas que deciden tener relaciones sexuales lúdicas con ánimo de lucro. Entendemos que las personas que pagan por atención sexual con menores, o con personas víctimas de explotación sexual o del mercado clandestino de la sexualidad sí deben ser sancionadas penalmente y con todo el peso de la ley: no por pagar por atención sexual sino por patrocinar delitos como la pedofilia y el tráfico sexual (que deberían ser delitos de lesa humanidad y que son tipificados de lesa humanidad únicamente si son sistemáticos y no casos aislados).

Retomando, se debe castigar con todo el peso de la ley a los clientes que, claramente, al tomar estos servicios, patrocinen el mercado sexual de la pedofilia, la trata y el tráfico sexual.

Nuestra postura en Feminismo Artesanal sobre la medida que se ha tomado en algunos países de sanción a quienes pagan por atención sexual es la siguiente: Tenemos claro que eso lo único que hace es fortalecer la prostitución clandestina, y hacer que cada vez más mujeres (y en general, personas en ejercicio de la prostitución) decidan acudir a los “chulos”, dueños de negocios secretos, para evitarse este tipo de sometimiento estatal. Pocos clientes decidirán dejar de buscar atención sexual y la mayoría de ellos acudirán a estos centros clandestinos sin ley, donde nadie puede reclamar DDHH. Con este tipo de medidas las únicas personas que pierden son quienes ejercen la prostitución, quienes viéndose sin manera de hacerlo libremente y sin miedo deberán aceptar la “ayuda” de un “chulo”.

La clandestinidad de la prostitución, así sea una decisión voluntaria, es nociva desde la perspectiva de DD. HH. porque perpetua la idea de que la prostitución no es un trabajo digno. Para que la ciudadanía y las personas trabajadoras del sexo comprendan que su trabajo es tan aceptable como cualquier otro y que no es motivo de vergüenza y menos de excusa social para que se justifique la violencia hacia estas personas es fundamental evitar, a como dé lugar, la clandestinidad de su ejercicio.

Dejo sobre el tintero las siguientes preguntas: ¿Cuál es la propuesta para formar a las personas que trabajan en la prostitución en el tema de sus DDHH? ¿Qué propuestas existen para enseñarles a estas personas a verse a sí mismas como dueñas de su negocio? ¿Qué propuesta hay para enseñarles que deben ser administradoras eficientes ya que el trabajo no será rentable toda la vida? ¿Cómo se les incentivará a trazar un plan o proyecto de vida que les asegure no llegar a la ancianidad prostituyéndose por un pan y agua de panela? ¿Cómo se llevará a cabo una campaña que fortalezca en el pensamiento de las personas en ejercicio de prostitución la realidad de que no son delincuentes ni ciudadanos de segunda categoría? ¿Cómo se hará educación en el resto de la sociedad para que también comprenda esta realidad?

* Ideóloga, Feminismo Artesanal

 

Hetaira denuncia la vulneración de derechos fundamentales en el Día Internacional de las Prostitutas

 

Encierro de prostitutas en Lyon

 

Colectivo Hetaira·Jueves, 2 de junio de 2016

 

https://www.facebook.com/notes/colectivo-hetaira/hetaira-denuncia-la-vulneraci%C3%B3n-de-derechos-fundamentales-en-el-d%C3%ADa-internaciona/550329888461453

 

Desde 1975, el 2 de junio se celebra el Día Internacional de las Putas, proclamado por prostitutas y por las asociaciones en defensa de las trabajadoras del sexo, sobre todo en Latinoamérica y Europa.

 

 

¿Por qué este día?

 

 

Porque el 2 de junio de 1975, más de cien prostitutas ocuparon la iglesia Saint-Nizier en la localidad francesa de Lyon para llamar la atención sobre su mala situación y sobre las represalias continuas que sufrían por parte de la Policía: abusos y violencia, multas y encarcelamientos. “Chicas alegres en la casa del señor”, titulaban en un texto enviado a la prensa donde explicaban su acción. Una ocupación pacífica que se propagó, inesperadamente, a otras ciudades francesas.

 

 

En esa iglesia se gestó el Colectivo de Prostitutas, un referente histórico para todas las organizaciones posteriores. Como decía Ulla, una de sus líderes: “Esperamos nuestra libertad en tanto que mujeres tal y como somos, y no tal y como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No tengáis miedo: esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de las prostitutas. A no ser que nosotras, las mujeres, seamos todas chicas a las que únicamente reprimía el miedo a la policía…”.

 

 

Por eso, aprovechamos este día 2 de junio de 2016 para recordar a las compañeras encerradas en la iglesia, por su valentía, por enfrentarse a la hipocresía social haciéndose visibles, por hablar públicamente de sus problemas, por dar fuerza a otras mujeres a hacer lo mismo.

 

Desde Hetaira festejamos, rememoramos este día y aprovechamos para seguir exigiendo lo mismo que ellas (¡y ya han pasado más de 41 años!): respeto total al trabajo sexual (no a la criminalización legal o social) y derechos laborales para las prostitutas.

 

 

El Colectivo Hetaira dedica el 2 de junio, Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo, a recordar a los poderes públicos la vulneración sistemática de derechos fundamentales hacia las trabajadoras del sexo. A esto se suma el acoso y la criminalización fruto de la aplicación de la Ley Mordaza.

 

 

Ante un colectivo tan vulnerable como es el de las trabajadoras del sexo, al gobierno solo se le ha ocurrido criminalizar su trabajo multando a las prostitutas y a sus clientes, dejándolas aún más desprotegidas. Cuando entró en vigor la Ley de Seguridad Ciudadana, Delegación de Gobierno anunció que no multaría a las mujeres. Sin embargo, la realidad es que el número de multas a prostitutas y clientes crece día a día. Esta medida empeora sus condiciones de trabajo, ya de por sí difíciles.

 

Denunciamos que la Ley de Seguridad Ciudadana es una manera encubierta de regular la prostitución en el espacio público a través de la criminalización de las trabajadoras del sexo. El verdadero objetivo de su aplicación es expulsar a las mujeres de la calle sin ofrecer negociación ni alternativa. Con el hostigamiento policial en el Polígono de Villaverde se condena a las mujeres a trabajar en lugares más inseguros o en locales donde carecen de derechos.

 

 

El Ayuntamiento de Madrid debe comprometerse en la defensa de los Derechos Humanos de las trabajadoras del sexo. Es necesaria la negociación de espacios entre todos los actores implicados, en un momento en que la Ley de Seguridad Ciudadana vulnera derechos fundamentales y ahoga a quienes allí están trabajando. Es prioritario conseguir un espacio seguro donde puedan trabajar sin molestar ni ser molestadas.

 

 

A nivel local, los Ayuntamientos han promovido la criminalización del trabajo sexual mediante ordenanzas municipales. Sin ir más lejos, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares mantiene en vigor una normativa que multa a las trabajadoras del sexo y a sus clientes, sin querer recibir a las afectadas, ni ahora (con el gobierno del PSOE), ni antes (con un gobierno del PP), para escuchar de primera mano las consecuencias de la criminalización.

 

 

Las trabajadoras del sexo no son el problema, son parte de la solución.

 

Día por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales: hacia la regulación

Este día es un homenaje a todas las personas que ejercen el trabajo sexual, que transgreden la norma social y luchan por lograr que el resto de la sociedad reconozca la dignidad de su trabajo y su derecho a decidir sobre su propia vida

 
Área de prostitución de APDHA
02/03/2016

 

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Dia-Derechos-Trabajadoras-Sexuales-regulacion_6_490360983.html

 

APDHA_EDIIMA20160302_1053_18    A lo largo del año hay días en los que se celebran muchas cosas, prácticamente de todo. A veces son días con fines consumistas, días patrióticos, o días donde la universalidad de lo que se celebra integra a todo el mundo. Otros días, sin embargo, pasan más de puntillas en el calendario del ciudadano común pero son días que no pueden ni deben olvidarse pues son un recordatorio de todo lo que como sociedad aún nos queda por andar. Son días dedicados al esfuerzo y a la lucha de los colectivos más estigmatizados que suponen un amplificador de la voz y los reclamos de los que no se oyen todos los días. Hoy es uno de esos. Hoy, 3 de marzo, se celebra el Día por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales.

 
Este día es un homenaje a todas las personas que ejercen el trabajo sexual, que transgreden la norma social y luchan por lograr que el resto de la sociedad reconozca la dignidad de su trabajo y su derecho a decidir sobre su propia vida. Se celebra en esta fecha en particular rememorando en 2001 un festival en Calcuta al que acudieron más de 25.000 trabajadoras sexuales indias, a pesar de los esfuerzos de los grupos prohibicionistas por impedirlo.

 
Las personas que formamos este mundo debemos desarrollar una conciencia de la realidad del trabajo sexual y de los debates que se construyen en su entorno, porque nuestra sociedad se construye con la participación de todos los que formamos parte de ella de forma responsable, para la persecución de los ideales de igualdad, dignidad y respeto entre quienes formamos parte de ella. En este sentido, las personas que ejercen el trabajo sexual llevan años realizando movimientos reivindicativos de forma lenta pero ininterrumpida y que suponen un rechazo de la victimización social que sufren y una reivindicación de su protagonismo, dignidad, autonomía y capacidad de decisión. Es una vergüenza social que llevemos tantos años obviando los derechos de estas personas y decidiendo qué es lo mejor para ellas sin ni siquiera pararnos a escucharlas. Como cualquier otro individuo, no quieren ser víctimas ni delincuentes, solo reclaman el lugar que, como personas, merecen dentro de la sociedad.

 

Desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía defendemos que las personas trabajadoras del sexo deben disfrutar de los mismos derechos que cualquier otra persona trabajadora, incluyendo derechos laborales, salud laboral y seguridad en el trabajo, teniendo además en cuenta las características propias del trabajo sexual y el estigma de las personas que lo ejercen. Esto debe suponer en todo momento un abordaje de la regulación del sector del sexo primando siempre y, en todo caso, la garantía de los derechos de las personas trabajadoras y su capacidad de decisión y negociación frente a terceros, así como su libertad y autonomía en el trabajo. Esta regulación, sin embargo, debe pasar necesariamente por una negociación con quienes desarrollan esta actividad, pues no podemos desarrollar medidas reguladoras con el propósito de beneficiar al colectivo sin primero conocer su realidad y sus necesidades. Las voces de las trabajadoras sexuales muestran la riqueza de las experiencias, todas ellas igualmente válidas. Por ello, todas merecen ser escuchadas, respetadas y consideradas como interlocutoras válidas y como personas perfectamente capaces de expresar su situación y sus necesidades.

 
Por último, consideramos vital el papel de la sociedad en este proceso como pilar fundamental en la solución a la situación actual del trabajo sexual. Es un problema de todos porque se trata de una cuestión de derechos humanos. Hablar de trabajo sexual es hablar de Derechos Humanos y los Derechos Humanos nos conciernen a todos. Las personas que ejercen el trabajo sexual encuentran trabas, atropellos y vulneraciones de sus derechos en todos los ámbitos de su vida, no solo en el que deriva estrictamente de su actividad laboral, porque el estigma que sufren salpica todo lo que les rodea. Por ello hoy, 3 de marzo, celebramos este día, para recordar a los grandes olvidados por la sociedad, y para que, en definitiva, estos días sean el clamor de una voz que resuene en nuestras conciencias.

Encierro de prostitutas en Lyon, junio de 1975, en la hemeroteca de ABC

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Día internacional por los derechos de las trabajadoras sexuales

3 de marzo de 2013, por Maggie McNeill
https://maggiemcneill.wordpress.com/2013/03/03/international-sex-worker-rights-day/

Los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos y nunca puede haber demasiadas voces reclamándolos, ni demasiadas ocasiones en las que hacerlo.
– Maggie McNeill

Tres veces al año hay días señalados para que la comunidad de trabajadoras sexuales haga un esfuerzo concertado para llamar la atención del público sobre la sistemática denegación de nuestros derechos por parte de los gobiernos, implementada por una policía a menudo brutal y apoyada por prohibicionistas que quieren ver nuestro comercio erradicado sin tener en cuenta cuántas de nosotras resultemos dañadas o incluso asesinadas durante el proceso. Aunque muchos de ellos niegan esto e insisten en que realmente quieren “ayudarnos”, las tácticas que han escogido (y que incluyen el acoso, la infantilización, la patologización, el empobrecimiento, el secuestro, el confinamiento, la deportación y el lavado de cerebro, por mencionar solo unas pocas) revelan la verdad a cualquiera cuyo pensamiento no esté ofuscado por el dogma. Así, incluso aunque activistas como yo misma llamen día a día la atención sobre esta marginación y maltrato, es bueno tener varias ocasiones anuales en las que nuestras voces unificadas puedan sonar al unísono para perforar la niebla de la ignorancia, la desinformación y el desinterés. Estas ocasiones son: el Día por el fin de la violencia contra las trabajadoras sexuales (17 de diciembre, aniversario de la sentencia en 2003 del asesino de Green River); el Día de las putas (2 de junio, aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon); y hoy, el Día por los derechos de las trabajadoras sexuales (aniversario de un festival en Calcuta en 2001 al que asistieron más de 25.000 trabajadoras sexuales indias a pesar de los esfuerzos de los grupos prohibicionistas que intentaron impedirlo presionando al gobierno para que revocara su permiso). El símbolo de los derechos de las trabajadoras sexuales usado en todos estos días (y en la protesta de las trabajadoras sexuales, en general), la sombrilla roja, se originó en otro acto de protesta en 2001, esta vez en Venecia (Italia); fue adoptado como el emblema oficial del movimiento de derechos de las trabajadoras sexuales por el Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa  (ICRSE) en 2005.

Además de todos estos días, yo he añadido el mío; cada viernes 13 pido a todos mis lectores que no son trabajadoras sexuales que hablen a favor de nosotras, para mostrar a los prohibicionistas y a los que se burlan de nosotras que tenemos muchos aliados fuera de nuestro propio movimiento. Ahora bien, soy bien consciente de que esto es a menudo difícil; muchos que sienten realmente que el trabajo sexual debería ser despenalizado y las trabajadoras sexuales liberadas de la persecución, tienen miedo sin embargo de hablar porque tienen miedo a ser estigmatizadas como prostitutas (si son mujeres) o como clientes (si son hombres). Varios lectores que han comprado o vendido sexo me han pedido que sugiera argumentos a favor de la despenalización que no traicionen su interés personal, y el último viernes 13 he hecho algunas sugerencias; ya que me lo han vuelto a pedir otra vez últimamente, me gustaría aprovechar esta oportunidad para repetir algunas sugerencias.

 
Si en tu actividad política estás en general orientado hacia la defensa de los derechos civiles, lo tienes fácil; todo lo que tienes que hacer es argumentar a favor de la despenalización desde una perspectiva de “la gente tiene el derecho a hacer lo que quiera con su propio cuerpo”. Como he señalado en el pasado, cada decisión judicial que defiende el derecho al aborto defiende también el derecho al sexo en las condiciones que cada una quiera, incluso si hay dinero por medio (el aborto no es gratis, al fin y al cabo); lo mismo pasa con las decisiones judiciales que derogan las leyes contra la sodomía… Y, obviamente, los argumentos a favor de la despenalización de las drogas también se aplican a la prostitución. Si eres ateo o escéptico, también lo tienes fácil; además de los anteriores argumentos, puedes hacer afirmaciones tales como “las leyes contra la prostitución están basadas en la religión y la xenofobia, no en hechos” y “la histeria hacia la trata sexual es un pánico moral, como el pánico satánico y el peligro rojo”.

 
La perspectiva de reducción del daño es también buena, y es el enfoque preferido generalmente por los activistas que tienen un trasfondo de defensa de los derechos humanos o una fuerte afiliación religiosa (incluyendo a algunos miembros del clero católico): la prostitución ha estado siempre entre nosotros y no podemos eliminarla con leyes, de la misma forma que la “guerra contra las drogas” no ha conseguido eliminarlas. Todo lo que la guerra contra las drogas ha conseguido es someter a gente inocente a una invasión de su privacidad y hacer a los consumidores de drogas vulnerables a drogas adulteradas, por no mencionar a aquellos atrapados en la violencia relacionada con las drogas; de la misma forma, las leyes antiprostitución no ayudan a nadie y fuerzan a las prostitutas a pasar a la clandestinidad, donde pueden ser maltratadas y explotadas. Más aún, muchos gobiernos (incluídos los de Nueva Zelanda, Nueva Gales del Sur y Brasil) han reconocido que la prostitución ilegal lleva invariablemente a la corrupción policial, exactamente igual que hizo la prohibición del alcohol y hace todavía la prohibición de las drogas.

Finalmente, está el enfoque feminista: ¿por qué tiene la sociedad el derecho a decir a las mujeres que no se pueden ganar la vida con sus atributos sexuales naturales cuando permite hacerlo a los hombres con el boxeo, el trabajo de guardaespaldas, etc.? Más aún, las leyes contra la prostitución invariablemente someten el vestido y los gestos de las mujeres al escrutinio policial; las mujeres son acusadas de prostitución por vestir de forma sexy, actuar de forma sexy, llevar condones en los bolsos, estar en ciertas zonas, no llevar ropa interior, etc. Esto es avergonzar a las mujeres llamándolas putas con consecuencias penales.

Aunque las mujeres han sufrido tradicionalmente el embate de los abusos wood-splitting-wedge de los derechos civiles resultantes de las leyes contra la prostitución, esto ha cambiado en los últimos años; la retórica de “terminar con la demanda” ha tenido como resultado que los hombres sean perseguidos con tanta intensidad como las mujeres (aunque no con más intensidad, a pesar de lo que dicen quienes apoyan tales campañas). Más aún, las leyes antiprostitución (especialmente cuando son renombradas como “lucha contra la trata sexual”) son usadas como pretexto para detenciones en masa de tanto hombres como mujeres, confiscación de sus propiedades, recogida y conservación de su DNA y vigilancia intrusiva. Esta es la razón por la que deberías preocuparte por los derechos de las trabajadoras sexuales incluso si tú no lo eres, no conoces a ninguna y no tienes intención de contratar nunca a ninguna: las leyes que oprimen a los grupos minoritarios marginados son sólo la fina punta de una cuña que va clavándose invariablemente más y más profunda, golpe a golpe, hasta que es detenida a la fuerza.

Día Internacional de las Putas

http://scarletalliance.org.au/events/1011/internationalwhoresday2010/ 

Hola, mi nombre es Nicolette. Soy una trabajadora sexual que se inyecta drogas y he trabajado en una variedad de entornos de la industria del sexo en distintos países durante los últimos 14 años. 

Personalmente, considero un gran privilegio tener la oportunidad de hablar aquí hoy. Manifestándonos juntas aquí para celebrar el Día Internacional de las Putas, estamos honrando y reconociendo a las trabajadoras sexuales de Lyon, Francia, que el 2 de junio de 1975 fueron las primeras trabajadoras sexuales que emprendieron una acción directa de desobediencia civil para llamar la atención sobre el acoso policial y la violencia sancionados por el Estado perpetrados contra la comunidad de trabajadoras sexuales de Lyon, y sobre la vergonzosa negativa del gobierno a entablar diálogo con las trabajadoras sexuales francesas. Las acciones de las visionarias y revolucionarias trabajadoras sexuales de Lyon son reconocidas como el nacimiento del movimiento internacional de lucha por los derechos de lxs trabajadorxs sexuales, que ahora se extiende por todo el mundo y está integrado por cientos de miles de trabajadorxs sexuales activistas. 

Al hablar aquí hoy, quiero expresar mi reconocimiento a los habitantes indígenas y legítimos propietarios de la tierra en la que estamos hoy. Quiero también mencionar que la Australia colonial (como cualquier otro país del mundo), tiene una rica historia de trabajo sexual. Sin embargo, como muchas otras cosas que han sido omitidas en las percepciones populares de la historia colonial de Australia, el hecho de que muchas de las mujeres que bajaron de los primeros barcos de colonos fueron trabajadoras sexuales, raramente es reconocido o mencionado. Sin embargo, en lugar de los mitos coloniales que impregnan la historia populista de Australia, es casi exacto decir que los primeros colonos que pusieron pie en tierra australiana fueron trabajadoras sexuales. 

En todo el mundo, el Día internacional de las Putas es celebrado por lxs trabajadorxs sexuales mediante diferentes actos. Algunas de nosotras hacemos protestas, otras  organizamos foros o celebramos fiestas; en todos los casos, celebramos esta ocasión en que estamos unidas para pedir el fin de la discriminación, del acoso y la criminalización a los que nos vemos sometidas por una plétora de agentes, incluyendo políticos, líderes religiosos, la comunidad en su más amplio sentido y los diversos tentáculos del Estado.

El Día Internacional de las Putas conmemora a las 150 trabajadoras sexuales de calle que ocuparon durante una semana la histórica iglesia St. Nizier, de Lyon (un edificio gótico dedicado a varios santos, martirizados por sus creencias) hasta que fueron violentamente expulsadas por la policía antidisturbios. Cuando la noticia de la ocupación, el 2 de junio de 1975, de la iglesia de St. Nizier por las trabajadoras sexuales se extendió por Francia, las trabajadoras sexuales de otras provincias emprendieron acciones similares. Las trabajadoras sexuales de París enviaron una delegación de solidaridad a Lyon para apoyar la ocupación de las trabajadoras sexuales de Lyon, trabajadoras sexuales de otras provincias francesas emprendieron semejantes ocupaciones de iglesias y una espontánea “huelga de trabajadoras sexuales” se organizó en una serie de provincias francesas. 

Así, es en memoria de las trabajadoras sexuales de Lyon que fueron las primeras en atreverse a desafiar las políticas del Estado y el tratamiento dado a las trabajadoras sexuales que, mediante la celebración y reconocimiento del Día Internacional de las Putas, continuamos la lucha por el reconocimiento de que el trabajo sexual es trabajo, y de que lxs trabajadorxs sexuales piden el mismo nivel de respeto y las mismas condiciones de trabajo seguras, equitativas y justas a los que tienen acceso los trabajadores de otras industrias.

Como trabajadorxs sexuales, la discriminación a la que hacemos frente tiene muchas formas: 

Desde la discriminación que deriva de la aversión moral al trabajo sexual y que despierta en nuestros detractores desinterés deliberado, pena, vergüenza, horror y lástima, hasta las políticas y leyes estatales que no reconocen el trabajo sexual como una ocupación legítima y a lxs trabajadorxs sexuales como legítimxs trabajadorxs, aunque reclaman que paguemos impuestos por nuestros imaginarios ingresos millonarios, sin proporcionarnos ninguno de los derechos a los que los trabajadores de otras industrias tienen acceso como un mínimo de derechos laborales establecidos, tales como baja de enfermedad, paro, jubilación, etc. 

Las políticas estatales institucionalizadas criminalizan cómo trabajamos, dónde trabajamos y cómo elegimos este trabajo. A pesar de que el trabajo sexual está despenalizado, legalizado y tolerado en todos los Estados y Territorios de Australia, somos rutinariamente detenidas, acosadas y asaltadas por la policía por escoger trabajar en la calle; nuestros lugares de trabajo son objeto de redadas por la policía, agentes de inmigración y otros funcionarios; nuestrxs amigxs trabajadorxs sexuales internacionales ven que se les niega el visado para trabajar en Australia si meramente se sospecha que son trabajadorxs sexuales; se nos vilipendia como no idóneos para ser padres o madres por departamentos del gobierno tales como DOCS; y, en algunas partes de Australia, se nos obliga a registrarnos en la policía si queremos trabajar legalmente como trabajadorxs sexuales. Esta política se justifica diciendo que es necesaria para la “protección del cliente”. 

Las actitudes discriminatorias de la sociedad en general hacia lxs trabajadorxs sexuales son igual de flagrantes, aunque más insidiosas, en la medida en que las actitudes putofóbicas permean la cultura popular y son raramente cuestionadas por alguien distinto a las propias trabajadoras sexuales. Podría dar infinitos ejemplos de las actitudes putofóbicas que infectan nuestra cultura; sin embargo, sólo pondré un ejemplo “cotidiano” de una actitud anti-trabajo sexual que a mí, particularmente, me produce ira y rabia. Recientemente leí una novela de misterio y asesinatos de una popular autora de actualidad que contenía una anécdota supuestamente divertida en las primeras páginas de la novela. La autora había dedicado la novela a su querida hermana, que era su gran apoyo. El tributo a la hermana de la autora contenía detalles de una conversación entre las hermanas previa al momento de comenzar a escribir la novela. La hermana había autorizado a la autora a usar su nombre real para uno de los personajes de la novela, pero con la condición de que no se aplicara a un personaje que fuera “un asesino en serie o una puta”. 

Este puede parecer un asunto sin importancia; sin embargo, es indicativo del modo como lxs trabajadorxs sexuales son vistas por la sociedad. Las trabajadoras sexuales no somos sólo objeto de ridículo, sino que somos, al parecer, igualmente vilipendiadas como asesinas en serie. A pesar de la aparente fascinación sin límites de la cultura popular hacia el trabajo sexual, si examinamos las actitudes dominantes de la sociedad hacia nosotras, veremos que se nos retrata en papeles extremadamente limitados. Las trabajadoras sexuales somos retratadas como víctimas que necesitan ser rescatadas; como personas malas o inmorales (en particular, las trabajadoras sexuales que se atreven a desafiar los roles de género dominantes a los que se supone que hay que ajustarse); emocionalmente inestables; con odio a los hombres; ocultadoras de oro y hambrientas de dinero; oprimidas hasta el punto de pasividad en que permitimos al cliente estereotipado (siempre imaginado como un hombre gordo, sórdido e hirsuto) hacer cosas degradantes sobre nuestro cuerpo tumbado; o el estereotipo exactamente opuesto: la trabajadora sexual como una ninfómana hambrienta de pollas. 

Estas percepciones de las trabajadoras sexuales, junto a otros estereotipos corrientes, igualmente ofensivos, indican una flagrante falta de comprensión de lo que es el trabajo sexual y lxs trabajadorxs sexuales. 

Que no seamos admitidas casi nunca en foros influyentes en los que podríamos oponernos a estos estereotipos impide que podamos cambiar la comprensión y las percepciones de la sociedad hacia nosotras. Sin embargo, al estar hoy aquí, lxs trabajadoxs sexuales estamos demostrando que estamos trabajando activamente para cambiar esas concepciones erróneas y mentiras acerca de nosotrxs que impregnan todos los niveles de la sociedad. Lxs trabajadorxs sexuales continuaremos haciendo lo que podamos para terminar con la discriminación que sufrimos: continuaremos sensibilizando y educando a los medios de comunicación y al público en general acerca del lenguaje que queremos que se use para describirnos; continuaremos pidiendo la derogación de las leyes que tienen un efecto negativo sobre nuestra capacidad de trabajar del modo que elijamos; continuaremos reuniéndonos con los líderes de la comunidad/policía/instituciones religiosas/departamentos gubernamentales/políticos, etc. Continuaremos incansables con nuestros esfuerzos activistas para pedir que nuestras voces sean oídas y escuchadas, y que seamos tratadas con el respeto y la dignidad que merecemos y se nos concedan plenos y equitativos derechos legales y laborales. 

Pero no depende sólo de nosotrxs como trabajadorxs sexuales cuestionar las actitudes, leyes y percepciones de la sociedad hacia nosotrxs. En último extremo, sois vosotros —no trabajadorxs sexuales— quienes tenéis que empezar a escucharnos, y a examinar y cuestionar vuestras actitudes hacia nosotras. 

Para terminar, parece adecuado citar a una de las trabajadoras sexuales de Lyon que ocuparon la iglesia de St. Nizier e inspiraron el Día Internacional de las Putas. “Todos vosotros estáis hablando de nosotras: queremos cambiar el modo en que habláis de nosotras”. 

Gracias. 

Nicolette