Antes de que las cosas mejoren

 

Por Maggie McNeill

17 de diciembre de 2020

https://maggiemcneill.wordpress.com/2020/12/17/before-it-gets-better/

 

Se acabaron los tiempos en que las asesinadas por las leyes malvadas del estado policial simplemente se dejaban pudrir en las sombras. – “El recuento de cadáveres

 

Cada año en este día, las trabajadoras sexuales de todo el mundo nos reunimos para llorar a nuestras muertas, pero este año, la observancia será diferente en dos formas muy importantes. Probablemente puedas adivinar la primera: es probable que la mayoría de las reuniones sean virtuales, ya que la gente elige aislarse físicamente para protegerse de la enfermedad. La segunda, sin embargo, es mucho más importante: en los dos años transcurridos desde la aprobación de la masiva ley de censura antisexual FOSTA, la atención y el apoyo a los derechos de las trabajadoras sexuales han crecido espectacularmente entre el público en general, entre los medios de comunicación e incluso entre los parásitos que se autoproclaman “líderes”. Las leyes cada vez más punitivas engendradas por la histeria de la “trata sexual” y el aumento general del autoritarismo en todo el mundo, agravado por la desesperación impulsada por la pandemia, han producido el efecto deseado por los prohibicionistas: un aumento dramático de la violencia contra las trabajadoras sexuales. La mayoría de los gobiernos han añadido un insulto a la herida al sacar a las trabajadoras sexuales de sus programas de ayuda para la pandemia, e incluso cuando el pánico de la “trata sexual” implosiona, quienes lo han utilizado como excusa para la violencia han redoblado sus esfuerzos. El cambio a formas de trabajo sexual en línea (nuevamente, impulsado por la pandemia) tampoco ha permitido a las trabajadoras sexuales escapar de esta violencia: fanáticos sociópatas como los rastreros de Morality in Media y Exodus Cry, en connivencia con especuladores sociópatas como Nicholas Kristof, han logrado cortar los ingresos de las trabajadoras sexuales que vendieron su contenido en Pornhub, tal como lo hicieron con Backpage, y es poco probable que se detengan allí. Pero las trabajadoras sexuales ya no mueren en las sombras, inadvertidas y sin duelo; las redes sociales nos han dado un megáfono, y FOSTA ha galvanizado a aquellas de nuestra comunidad que nunca antes habían considerado organizarse en un número demasiado grande para ser ignorado. Sí, todavía hay demasiados (incluidos los archiprohibicionistas que recientemente ganaron las elecciones presidenciales de EE.UU.) que quieren a las trabajadoras sexuales en silencio, invisibles y preferiblemente enjauladas, esclavizadas o muertas. Y todavía tienen un poder tremendo, y durante la última década un público crédulo que tiembla de miedo ante un hombre del saco imaginario les ha entregado armas aterradoras.. Pero ya no pueden cometer sus atrocidades en la oscuridad como en otros tiempos. Como he dicho antes, estamos en la parte en la que las cosas empeoran antes de mejorar. Pero ahora, mucha más gente que nunca está mirando, y a un número cada vez mayor de ellos no les gusta en absoluto lo que ven.

Ródano. Movilización en Lyon por el día internacional contra la violencia contra las trabajadoras sexuales

 

17 de diciembre de 2020

https://nuevoperiodico.com/rodano-movilizacion-en-lyon-por-el-dia-internacional-contra-la-violencia-contra-las-trabajadoras-sexuales/

 

 

Cientos de personas se movilizan este jueves por la noche en la Place des Terreaux, a instancias de varias organizaciones: Cabiria, Strass (sindicato de trabajadores sexuales), Frisse, Aides y Médecins du monde.

Se oponen en particular a los decretos “contra la prostitución o el estacionamiento de furgonetas” promulgados bajo los mandatos de Gérard Collomb.

Denuncian la violencia contra las trabajadoras sexuales “agredidas salvajemente, gravemente heridas, robadas y que vieron incendiar sus camionetas en ocasiones incluso estando dentro”.

Atacadas por narcotraficantes

En junio, en Gerland, los traficantes de drogas habían atacado a las trabajadoras sexuales. Las furgonetas de estos últimos “obstaculizaron” su tráfico.

Habían sido víctimas de fuegos artificiales, botes de gas lacrimógeno. Habían sido amenazadas. Se habían incendiado camionetas.

“Tenemos impunidad en torno a estos ataques. También podemos señalar la responsabilidad del nuevo ayuntamiento, que debe cambiar las cosas, cambiar las relaciones con la policía municipal, que son extremadamente complicadas ”, destaca Cybèle du Strass.

 

Padecen maltrato, cuatro de cada 10 sexoservidoras en Tehuacán

Pandemia las deja sin trabajo y han tenido que empeñar o vender objetos personales para subsistir además de que las discriminan

 

Gustavo Ortiz | El Sol de Puebla

17 de diciembre de 2020

https://www.elsoldepuebla.com.mx/local/estado/padecen-maltrato-cuatro-de-cada-10-sexoservidoras-en-tehuacan-covid-19-coronavirus-pandemia-discriminacion-puebla-6145519.html

 

Tehuacán, Pue.- En el marco del Día Internacional contra la Violencia a las Trabajadoras Sexuales, Amalia Rodríguez Barajas, representante de las sexoservidoras ambulantes, señaló que cuatro de cada 10 trabajadoras sexuales en Tehuacán sufren de maltrato; además indicó que prácticamente están sobreviviendo; la pandemia las dejó sin trabajo y han tenido que empeñar o vender objetos personales.

“Somos 28 sexoservidoras y todas hemos sido agredidas física o verbalmente”, señaló, al mismo tiempo que recordó que en una ocasión una chica fue a un taller a un servicio y le robaron sus pertenencias, hasta la ropa, estuvo pidiendo auxilio y fue así como lograron ayudarle.

Por lo anterior tratan de estar en constante comunicación y asistir únicamente a los hoteles que ya conocen y que son los que frecuentan, para evitar alguna complicación; indicó que muchas veces tienen que lidiar con hombres drogadictos e incluso algunos psicópatas que las agreden físicamente.

Dijo que en estos meses de contingencia la han pasado muy mal “ya nos desesperamos; estamos olvidadas por las autoridades”.

La entrevistada dio a conocer que antes de la pandemia llegaban a tener hasta cuatro servicios en un día y trabajaban varios días a la semana, sin embargo, actualmente llegan a tener dos servicios y regularmente tienen que descansar en promedio cuatro días, situación que no les ha dejado otra opción más que deshacerse de sus pertenencias como pantallas, muebles, entre otros objetos.

Además, refirió que son víctimas de discriminación, pues hace unos meses intentó buscar empleo en un restaurante, pero un hombre llegó al lugar y le dijo a la dueña del local que era sexoservidora, motivo por el cual la despidieron.

Por último, señaló que espera que las autoridades puedan ayudarles, pues hizo énfasis en qué la están pasando mal.

 

Violencia contra las trabajadoras sexuales: su origen e invisibilización

Hoy no es un día para debatir las distintas posturas en torno al trabajo sexual; es un día para reconocer a quienes lo ejercen como personas titulares de derechos, entre ellos a una vida libre de violencia.

 

Por Adriana Aguilera

@COPRED_CDMX

17 de diciembre de 2020

https://www.animalpolitico.com/capital-plural/violencia-contra-las-trabajadoras-sexuales-su-origen-e-invisibilizacion/

 

“Todas las personas, excepto las que son ricas de manera independiente y las desempleadas, recibimos dinero por el uso de nuestro cuerpo. Profesores, obreros, abogados, cantantes de ópera, prostitutas, médicos, legisladores, todos hacemos cosas con partes de nuestro cuerpo y recibimos a cambio un salario. Algunas personas reciben un buen salario y otras no; algunas tienen cierto grado de control sobre sus condiciones laborales, otras tienen muy poco control; algunas tienen muchas opciones de empleo, y otras tienen muy pocas. Y unas son socialmente estigmatizadas y otras no lo son”.

Marta Nussbaum

 

Este 17 de diciembre se conmemora el Día Internacional para poner fin a la violencia contra las trabajadoras sexuales, tras los crímenes violentos ocurridos en Seattle entre los 80’s y 90’s, cuando un asesino serial le quitó la vida a más de 49 trabajadoras sexuales con la supuesta finalidad de “limpiar las calles”. Con el paso de los años, este día se ha convertido en un homenaje a las víctimas; sin embargo, también se ha extendido su significado para darles voz a todas las trabajadoras sexuales que sufren maltratos, abusos y violencia al ejercer su trabajo.

Y no, no es un día para debatir las distintas posturas en torno al trabajo sexual; es un día para reconocer a quienes lo ejercen como personas titulares de derechos, entre ellos a una vida libre de violencia. Por ello, resulta pertinente resaltar las distintas voces de trabajadoras sexuales frente a este derecho, así como las condiciones que obstaculizan su ejercicio digno y seguro.

Desde el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) se han impulsado varias acciones de acompañamiento y trabajo conjunto con organizaciones, colectivos, activistas y las propias PERTS (personas trabajadoras sexuales) para impulsar el reconocimiento y ejercicio de sus derechos sin discriminación, así como la importancia del reconocimiento legal del trabajo sexual como tal: un trabajo.

Lo anterior en congruencia con el principio de autonomía que exige entender a las personas que lo ejercen como agentes morales que pueden tomar decisiones sobre su cuerpo y acerca de cómo ganarse la vida con los servicios que ofrecen a través de éste. No hay que dejar de entender que una forma de materializar la dignidad humana es justo el ejercicio del libre desarrollo del trabajo, y que la progresividad de la libertad se ha constituido en una libre disposición del cuerpo: “Hay que dejar algo claro; vendemos servicios, nuestros cuerpos son y seguirán siendo nuestros porque en nuestros cuerpos, ¡mandamos nosotras! ¡Exigimos el respeto a nuestro derecho a decidir como personas libres y autónomas!” (Testimonio PERT).

En la conmemoración de este día internacional, destaco algunos datos sobre los distintos tipos de violencia que enfrentan las trabajadoras sexuales en el ejercicio de su labor. Estos son parte del informe de resultados de la encuesta Trabajo Sexual, Derechos y No discriminación publicada este año, así como del informe Impactos Diferenciados por Covid-19: Diálgos con organizaciones de la sociedad civil.

Sobre los datos que reflejan la vulneración del derecho a una vida de violencia en los resultados de la encuesta –realizada a 224 PERTS de 13 alcaldías–, el 39.6% ha sido violentada/o por algún cliente y el 21.6% respondió que varias veces.

Además, 30.5% de las PERTS también dijeron haber sufrido violencia por parte de personas que pasan por sus puntos de trabajo, vecinos y población en general. El 27.3% dijo que varias veces.

A la pregunta “¿Has sido violentada por alguna autoridad?”, el 36.5% indicó que sí y el 28.4% refirió que en varias ocasiones, mientras que el 35.1% indicó que no. En las respuestas en torno a su reacción en caso de enfrentar violencia, el 44.4% busca a un amigo/a, 33.2% llaman a la policía, 22% levanta una denuncia, 18.8% van a la CDHDF o a COPRED, y el 4.5% refirió que no hacían nada.

Entre las principales razones para no realizar denuncias destacan “no me hacen caso”, “no pasa nada”, “miedo”, “porque son las mismas autoridades las que nos violentan”, “porque nos tratan peor”. De entre quienes han denunciado, al 24.2% se le brindó atención, pero no se dio seguimiento, el 21.1% indicó que se le discriminó y al 17.9% no se le atendió.

En cuanto a quienes requirieron servicios médicos después de la violencia, el 47.7% prefiere ir a una institución de salud privada, el 23.8% indicó que les habían atendido sin problema, y el 22.3% dijo que les habían discriminado, seguido de “me atendieron, pero de mala manera” con un 20.2%.

Por otro lado, en los diálogos que COPRED mantuvo con las organizaciones de la sociedad civil en distintos conversatorios para cada grupo de atención prioritaria, durante el que abordó los impactos diferenciados en personas trabajadoras sexuales derivados de la pandemia por covid-19 se exhibieron distintos obstáculos y efectos que las medidas por la contingencia sanitaria han acentuado en el ejercicio y acceso de las PERTS a una vida libre de violencia.

Entre estos destaca la discriminación derivada de la estigmatización al considerarlas “foco de contagio”; el hostigamiento, extorsión a clientes y cobro de piso por parte de agentes policiales; la violencia que enfrentan por el estigma social hacia el trabajo sexual por parte de personas servidoras públicas, vecinos, clientes y sociedad en general; la necesidad de tener que trabajar de manera clandestina y en condiciones inseguras tras el cierre de hoteles al inicio de la pandemia; así como la violencia económica que viven en entornos familiares y en algunos casos la necesidad de regresar a sus comunidades de origen, de las que inicialmente huyeron por violencia, precarización y discriminación, lo cual las coloca nuevamente en una situación de peligro.

Por supuesto que la vulneración a este derecho, bajo el principio de interdependencia de los derechos humanos, desencadena otras violaciones a distintos derechos, por lo que es imprescindible resaltar lo siguiente como una explicación que quizá narra el origen de toda violencia –fundamentada en la cuestión del género– ejercida en contra de las trabajadoras sexuales.

Es un hecho que el derecho al trabajo es indispensable para el ejercicio de otros derechos, y absolutamente todas las personas requerimos de ingresos para sustentar nuestra vida y la de las personas que dependen de nosotras. La elección de qué oficio ejercemos depende de nuestro contexto, oportunidades, alcance, intereses, necesidades y luchas.

Dicho lo anterior, se ejercen también toda una serie de oficios informales: desde personas barrenderas, recolectores de basura, de limpieza de calles, taxistas, maquinistas, jornaleras, vendedoras ambulantes y otros que no están en el foco social pero que definitivamente deben ser revisadas las condiciones de trabajo para que sean dignas.

¿Por qué la condena social se enfoca en el trabajo sexual y perpetúa la violencia que las personas –sobre todo mujeres– enfrentan por el mero ejercicio de éste? La respuesta está ligada a la construcción social del género y su vínculo con la forma de pensar la sexualidad.

Si realmente quisiéramos redefinir lo que entendemos por género y los supuestos roles que deben cumplirse, daríamos un paso más hacia la libertad sexual y comenzaríamos a eliminar los prejuicios y estigmas alrededor de cómo, cuándo y con quién(es) ejercemos nuestra sexualidad.

No hay que seguir estigmatizando. La abolición de la construcción patriarcal del género es lucha del feminismo en general. Lo que debemos entender es que en esa deconstrucción, el género y la sexualidad pueden tomar nuevas formas de expresión. También que la identidad del feminismo y de lo que significa ser mujer no está caracterizada bajo un solo precepto, o una sola serie de factores, ideas, luchas, necesidades o exigencias, sino que es multifactorial. Entre más apertura haya hacia el tema de la sexualidad y su liberación, habrá menos acciones para el sometimiento y fomento a la violencia, lo cual se convertiría en un proceso de empoderamiento.

Entendido lo anterior, ¿no es un ideal opresivo el cuestionar la decisión de aquellas mujeres que decidieron ejercer el trabajo sexual, y victimizarlas siempre? ¿No busca el feminismo derrocar las distintas formas de opresión y la idea de que los hombres son quienes saben lo que  conviene a las mujeres? Decir que no tienen autonomía y cuestionar sus decisiones deviene en otra forma de opresión, mediante la cual no se les reconoce pensamiento, voz y capacidad de agencia propios. Y este pensamiento desencadena todo una serie de maltratos, discriminación y violencia en contra de las trabajadoras sexuales.

Vayamos más allá de la teoría, escuchemos la voz de quienes ejercen el trabajo sexual de manera autónoma y reconozcámoslas como titulares de derechos para dar un paso hacia la eliminación de toda discriminación y violencias ejercidas contra ellas.

 

* Adriana Aguilera es secretaria técnica del @COPRED_CDMX.

 

El 2 de junio o “las mujeres alegres en la casa del señor”

Con motivo del Día internacional de las trabajadoras del sexo, la autora ofrece una reflexión sobre el origen de la autoorganización y lucha contra el acoso policial y la estigmatización social de las mujeres que ejercen la prostitución

 

 

Por LIVIA MOTTERLE

2 de junio de 2017

https://www.academia.edu/34140675/El_2_de_juny_o_les_dones_alegres_a_la_casa_del_senyor_

 

El 2 de junio de 1975, más de cien trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia Saint-Nizier en la localidad francesa de Lyon ante la vergonzosa negativa del Gobierno a entablar diálogo con ellas. El objetivo de la ocupación era visualizar su situación de vulnerabilidad debida a los abusos continuados por parte de la policía, como por ejemplo, multas y encarcelamientos. Chicas alegres en la casa del señor fue el título de un texto enviado a la prensa donde ellas mismas explicaban esta acción pacífica que se propagó, inesperadamente, a otras ciudades francesas. El colectivo de prostitutas que se gestó en la iglesia Saint-Nizier fue un referente histórico para todas las organizaciones de trabajadoras sexuales posteriores. Como decía Ulla, una de las líderes: “Esperamos nuestra libertad como mujeres tal como somos, y no como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No temáis, esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de prostitutas a no ser que nosotras, las mujeres, seamos las únicas reprimidas por el miedo a la policía.” Desde aquel momento, el 2 de junio se ha convertido en el Día internacional de las trabajadoras del sexo. Manifestaciones, charlas, performances y cualquier tipo de acciones reivindicativas, visten de lucha muchas ciudades del mundo con el objetivo de reivindicar los derechos de un colectivo de personas que, a pesar del profundo estigma que la hipocresía del patriarcado y la misericordia de tantas instituciones imprimen en sus cuerpos, sigue luchando con orgullo y alegría.

Contrariamente a lo que sigue siendo una creencia colectiva, el enemigo más peligroso de las trabajadoras del sexo no son sus clientes (y sus clientas), sino ciertas instituciones (públicas o privadas), encargadas de evidenciar y perpetuar una estructura dicotómica que genera estigmas y que sitúa en el altar a la mujer “buena” y en el infierno a la “mala”. “Las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos”, afirma Foucault en la Microfísica del poder. Este mecanismo de vigilancia, control y normalización, se muestra más cruel con los cuerpos que escapan de códigos heteronormativos, productivos y reproductivos. La sexualidad, entendida como creación que se manifiesta desde y gracias a los cuerpos, se convierte en marcadora de normalidad y canalizadora del castigo. La Iglesia y la Medicina, desde el momento en que se constituyeron como instituciones, han sido las que más han participado, junto con los poderes judiciales y administrativos del Estado, en la construcción de las dicotomías (bueno / malo; normal / anormal; sano / patológico; inocente / culpable) y en la fabricación de reglas sobre cuándo, cómo y con quién debemos tener relaciones sexuales.

El objetivo de las ordenanzas, multas y sanciones —sobre todo a las trabajadoras sexuales de la calle— es precisamente el control y el castigo de los cuerpos que manifiestan prácticas sexuales anormales en el espacio público. Las trabajadoras sexuales del Raval, esto, lo saben bien. La modificación de los artículos relativos al trabajo sexual de la Ordenanza de medidas para fomentar y garantizar la convivencia en el espacio público de Barcelona del año 2006 —que ya prohibía la oferta, la demanda y la negociación de los servicios sexuales retribuidos en la calle además de su realización— se reforzó en abril de 2012. Los dos grandes cambios fueron, por una parte, la supresión de la obligación, a cargo de la Guardia Urbana, de avisar previamente a los clientes y a las trabajadoras, y por otra parte, la “posibilidad” cedida a las prostitutas de conmutar la multa participando en cursos de reinserción laboral. La modificación de la Ordenanza multiplicó en el 2012 el número de multas impuestas, agravando así las condiciones de trabajo de las prostitutas, aumentando su estrés y llevándolas a situaciones insostenibles.

Según un estudio cualitativo encargado por el Ayuntamiento, aunque el número de multas haya disminuido en los últimos dos años (2015 y 2016), el número de trabajadoras sexuales ha seguido siendo el mismo. ¿Por qué no aumentan, entonces? Esto deberíamos preguntárselo a ellas. “Nos tratan como basura que hay que sacar del barrio y reciclar. Nos quieren redimir obligándonos a hacer cursos de reinserción laboral. Pero nosotras ya tenemos nuestro trabajo y no queremos ir a limpiar el culo a nadie” —declara una trabajadora. El estigma, aunque hoy no está impreso con nitrato de plata como en la época del Higienismo, está fabricado por la misma hipocresía que quiere una Barcelona atractiva y seductora, capaz de satisfacer los gustos del mercado turístico. Escort sí, pues. Pero puta, nunca más.

Ante esta situación de vulnerabilidad, las trabajadoras sexuales se rebelan. Bajo el nombre de Prostitutas Indignadas antes, y Putas Feministas después, se organizan, se manifiestan, luchan sin miedo y apoyan a vecinos víctimas de una violencia ocultada que afecta a todo el Raval. Presentes en todos los actos para pedir justicia para Andrés Benítez, vecino del Raval que el pasado 5 de octubre de 2013 murió a golpes de porra ante la puerta de su casa; presentes en las movilizaciones organizadas para parar las infinitas órdenes de desahucios emitidas para sanear, limpiar o rehabilitar el barrio y que en realidad dejan en la calle a familias enteras; presentes en las manifestaciones del 8 de marzo bajo el lema “Sin putas no hay feminismo”, las trabajadoras sexuales de Barcelona no se cansan de luchar.

Simone De Beauvoir afirmaba, en 1972, que se hizo feminista en el momento en que reconoció la solidaridad hacia otras mujeres en lugar de distanciarse de ellas. Es cierto que la trata de mujeres representa una realidad muy compleja, y que es trabajo del feminismo luchar para que se termine. Es cierto que en el trabajo sexual hay prácticas que reproducen el sistema capitalista. Pero su reproducción no habita en el trabajo sexual en sí, sino en el mecanismo de explotación en el que está incardinado. Acabar con los mecanismos de control y discriminación hacia las profesionales del sexo es un objetivo que nos pertenece a todas, porque todas estamos explotadas por el sistema. Reconocer el trabajo de las trabajadoras sexuales es el primer paso para borrar el estigma impreso en sus cuerpos y sobre todo para no volver a imprimirlo. El primer viernes de cada mes, en la calle de En Robador, las vecinas y trabajadoras sexuales del Raval (y de otros barrios) organizan un “puti vermut”: una buena ocasión para hablar con ellas, en lugar de, una vez más , hablar sobre ellas sin conocerlas. Otra posibilidad para construir juntas nuevas estrategias de lucha y resistencia. Porque cada día es 2 de junio.

 

Livia Motterle es miembro del Observatorio de Antropología del Conflicto Urbano (OACU)

 

 

 

 

 

 

 

 

La revuelta de las trabajadoras sexuales francesas de 1975: una narrativa de influencia

 

Por Eurydice Aroney

University of Technology Sydney

Faculty Member

2018

https://www.academia.edu/40247875/The_1975_French_sex_workers_revolt_A_narrative_of_influence

Resumen 

La huelga de las trabajadoras sexuales francesas de 1975 es ampliamente reconocida por las activistas del movimiento de las trabajadoras sexuales como la chispa que encendió el movimiento europeo contemporáneo de derechos de las trabajadoras sexuales. Sin embargo, una importante investigación académica ha considerado que la huelga fue un fracaso porque no logró la reforma de la ley ni fue capaz de mantener una presencia duradera. ¿Cómo entonces deberíamos entender la disparidad entre cómo las activistas de las trabajadoras sexuales ven la ocupación y el juicio que hacen de ella los investigadores académicos? Esta investigación amplía el marco analítico de la influencia del movimiento de 1975 más allá de la decepción por los resultados políticos específicos y, en cambio, aborda el papel que desempeñó el movimiento en las actitudes amenazantes hacia las trabajadoras sexuales y la construcción de una nueva identidad colectiva que alimentó el movimiento emergente global por los derechos de las trabajadoras sexuales. Sostiene que al definir y ampliar un conjunto de quejas compartidas reconocibles a través de las fronteras, la huelga fue un logro cultural significativo para el movimiento de las trabajadoras sexuales y esto a su vez estableció una narrativa de influencia.

 

Palabras clave 

Trabajo sexual, movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales, huelga, activismo, Francia.

 

La revuelta de las trabajadoras sexuales francesas de 1975: una narrativa de influencia.

 

¡Cuando ocupamos las iglesias,

Os escandalizasteis,

Fanáticos religiosos!

Vosotros, que nos amenazasteis con el infierno,

Hemos venido a comer a vuestra mesa

En Saint Nizier

Este fue el primer verso de una canción de protesta escrita por trabajadoras sexuales francesas en junio de 1975 durante su huelga nacional ampliamente publicitada de ocho días de duración, en el curso de la cual ocuparon seis iglesias en ciudades y pueblos franceses. La huelga, que comenzó en Lyon, fue noticia en los titulares nacionales e internacionales. Las activistas de las trabajadoras sexuales lo consideran la chispa que encendió el movimiento contemporáneo por los derechos de las trabajadoras sexuales en Europa y el Reino Unido (Roberts, 1992: 347) y afirman que las quejas transmitidas por las huelguistas de 1975 todavía resuenan hoy. Sostienen que el movimiento francés demostró al mundo que las trabajadoras sexuales pueden organizarse políticamente y representarse a sí mismas de manera efectiva (Schaffauser, 2014, Jeffreys 2014). Cada año, los movimientos activistas de trabajadoras sexuales en varios países celebran el 2 de junio, la fecha de la ocupación original de Lyon, como el Día Internacional de las Putas (McNeil, 2012). Sin embargo, a pesar de estas manifestaciones de solidaridad y conmemoración colectiva, los académicos consideran que la huelga de trabajadoras sexuales francesas de 1975 fue un fracaso en general (Corbin, 1990; Mathieu, 2001, 2003; Tilly y Tarrow, 2015). Aunque reconocen que se lograron avances —por ejemplo, después de la huelga, las trabajadoras de la calle ya no fueron multadas ni amenazadas con prisión— el foco principal de la investigación ha sido el fracaso del movimiento para lograr la más importante de sus reclamaciones institucionales: la derogación de las leyes que condujeron al cierre de espacios para trabajadoras sexuales y la prevención de cambios legales que criminalizarían aún más a los ‘procuradores’ o terceros. Entonces, ¿por qué el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales acepta una protesta “fallida” como un momento de victoria? ¿Cómo podemos entender esta paradoja?

Según David S Meyer, “una historia que describe solo las derrotas no solo es incompleta sino políticamente contraproducente. No proporciona ninguna base para la movilización posterior y refuerza el sentimiento de inutilidad entre los que participaron”(Meyer, 2009: 56). Meyer identifica fallas significativas en investigaciones previas en la evaluación del impacto y la influencia de los movimientos sociales. Estos incluyen el papel de jugadores externos, resultados inesperados a lo largo del tiempo y la interpretación variada de documentos y otros materiales en el análisis retrospectivo y la creación de mitos. Meyer afirma que aunque las evaluaciones académicas del impacto de un movimiento a menudo difieren de su historia popular “la historia popular … es mucho más probable que afecte lo que sucede después”. Al sugerir que la historia emergente de un movimiento generalmente se descuida, desafía a los investigadores a extender el marco analítico más allá de resultados específicos para establecer “una narrativa de influencia”. Esto en sí mismo constituye un importante resultado del movimiento social (Meyer, 2009: 56).

Este artículo se basa en la crítica de Meyer y vuelve a visitar la teoría y los criterios que los académicos utilizaron para interpretar el movimiento de trabajadoras sexuales francesas de los años 70 como un fracaso. Coloca al movimiento francés en el contexto más amplio de investigación sobre los movimientos laborales y las rebeliones de las trabajadoras sexuales, y amplía el marco analítico a través del tiempo y el espacio para que podamos entender mejor cómo y por qué las líderes del movimiento de las trabajadoras sexuales francesas y otras activistas que las siguieron lo consideran como una victoria. En conclusión, analiza cómo y por qué la evaluación de la huelga y las ocupaciones de 1975 es importante para el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales en la actualidad.

La intención general de esta investigación es alentar una extensión de la historia, para comprender cómo un episodio en el desarrollo de un movimiento social se convierte en parte de una historia más grande: un mito de formación para aquellos involucrados en el movimiento a pesar de su obvio fracaso para lograr ganancias concretas.

Metodología

 n los últimos años, los académicos han establecido numerosas conexiones entre las metodologías del periodismo y la etnografía (Cramer y McDevitt, 2004; Hannerz, 2004; Singer, 2009; Vesperi, 2010). Boyer (2010) argumenta que el periodismo y la etnografía son discursos narrativos (con diferentes formas y registros representativos), y ambos son “analistas sociales” (ibid.). La producción documental de radio es una de las metodologías del periodismo, y es capaz de ciertos tipos de “descripción gruesa” (Singer, 2009). Por lo general, implica “un compromiso sostenido con individuos particulares y sus comunidades y ambientes; entrevistas extensas, la grabación de historias de vida y un intento de comunicar a la audiencia las formas en que esos individuos construyen significado en el contexto de su experiencia vivida” (Morton y Mueller, 2016).

La autora es una productora de documentales de radio que ha realizado investigaciones sobre y con trabajadoras sexuales durante dos décadas1. El trabajo de campo en el que se basa este documento se realizó durante tres visitas a Lyon y París. Empleó métodos mixtos basados ​​en la producción etnográfica y documental, incluida la observación participante en lugares donde operan las trabajadoras sexuales, entrevistas estructuradas y semiestructuradas y grabación de sonido en el lugar. Se registraron historias orales con dos trabajadoras sexuales francesas que habían participado en la huelga en 1975, el padre Louis Blanc2, el sacerdote católico que se quedó con las huelguistas en la iglesia durante la ocupación y las apoyó, y Christian Delorme, entonces un joven cura y activista social. Se entrevistó a ocho activistas y trabajadoras sexuales actuales, incluidas cuatro de la organización nacional francesa de derechos de las trabajadoras sexuales STRASS. Se realizaron entrevistas adicionales con la socióloga Lilian Mathieu, personal de la organización de defensa de trabajadoras sexuales con sede en Lyon Cabiria, clérigos y voluntarios de la iglesia de la Iglesia de Saint Nizier3. Una contribución importante fue hecha por la editora feminista Christine de Coninck, coautora de La Partagée, escrita por ‘Barbara’, una de las líderes francesas del movimiento de trabajadoras sexuales (Barbara y de Coninck, 1977). De Coninck restableció el contacto con “Barbara” con el propósito de esta investigación. Además, la autora realizó una extensa investigación de archivos en Lyon y en los archivos de Radio France, a los que no habían hecho referencia estudiosos anteriores. Un documental de radio de una hora fue producido y transmitido por Radio France y RTBF en 2015 (Aroney, 2015) y otro para la Australian Broadcasting Corporation en 2016 (Aroney, 2016). Estos documentales, y la investigación primaria esbozada anteriormente, sirvieron de base para la reflexión académica desarrollada en este documento.

Los orígenes y la historia del movimiento.

En 1960, Francia ratificó la Convención de las Naciones Unidas de 1949 para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena. Al hacerlo, el parlamento francés adoptó el preámbulo de la Convención, que declara que la prostitución es “incompatible con la dignidad y el valor de la persona”, y como tal pone en peligro “el bienestar del individuo, la familia y la comunidad” (ONU, 1949 ) Aunque los burdeles estatales habían existido hasta 1946, las trabajadoras sexuales todavía se habían visto obligadas a registrarse en los archivos de salud pública y a realizarse controles de salud periódicos. La ratificación de 1960 puso fin a este requisito de registro, y de acuerdo con la política oficial, el trabajo sexual en Francia se convirtió en “un asunto privado, una cuestión de elección y responsabilidad individual, fuera del ámbito de la intervención estatal” (Mathieu, 2004: 153). La realidad de cómo funcionaba el trabajo sexual en Francia era muy diferente. Las autoridades policiales y judiciales se reservaron el derecho de evitar la solicitud, por considerar que constituía un acto de indecencia pública. Continuaron enjuiciando a terceros que se beneficiaban de la prostitución, como los propietarios de locales utilizados con fines de prostitución y otros que vivían de sus ganancias. Según Barbara, una de las líderes de la huelga de 1975, la primera noche que comenzó a trabajar en las calles de Lyon, la llevaron a la comisaría de policía y la registraron como prostituta con su nombre y dirección (Barbara y de Coninck, 1977 ) En efecto, la rebelión de las trabajadoras sexuales en 1975 tuvo lugar dentro de un sistema que afirmaba haberles dado la libertad de operar como individuos y las leyes para protegerlas, pero de hecho parecía someterlas a hostigamiento constante, enjuiciamiento, multas, y a veces encarcelamiento.

Como parte de una ofensiva nacional contra la corrupción en 1972, según el periódico Le Figaro, la policía de Lyon multó a 6.290 trabajadoras sexuales por solicitar, encarceló a 43 proxenetas y cerró 41 hoteles donde las trabajadoras sexuales veían a sus clientes (Le Figaro, 12 de junio de 1975 ; Mazur, en Outshoorn, 2004: 126). Esta operación no solo interrumpió masivamente la industria del sexo, sino que también expuso la corrupción policial y política al más alto nivel. Varios policías y políticos, incluido el jefe del Escuadrón del Vicio de Lyon, fueron juzgados por proxenetismo y corrupción en los meses siguientes. El régimen policial que los reemplazó adoptó una campaña agresiva para cerrar los bares y los hoteles de estadías cortas donde muchas trabajadoras sexuales veían a la clientela. Como resultado, un número estimado de 400 trabajadoras sexuales adicionales se vieron obligadas a conocer y atender a sus clientes en automóviles y en las calles de Lyon. En respuesta, en agosto de 1972, alrededor de 30-40 trabajadoras sexuales realizaron una manifestación callejera, pero esto terminó mal. No solo las líderes fueron llevadas a la comisaría de policía, sino que la protesta también fue ridiculizada por la prensa. Luego, la policía intensificó su campaña acusando a las mujeres de “libertinaje” utilizando una ley que no se había utilizado desde el cambio de siglo. La violencia contra las trabajadoras sexuales también había aumentado. Una declaración grupal redactada en junio de 1974 en la primera reunión del Colectivo para la Defensa de las Prostitutas de Lyon culpó a la policía por ignorar el aumento de los ataques mortales: “Seis o siete prostitutas han sido asesinadas desde 1971 […] Fueron asesinatos espantosos e incluyó tortura. Todavía no han encontrado a los asesinos” (Jaget, 1980: 36).

Entre otras preocupaciones para las trabajadoras sexuales se encontraba un proyecto de ley del gobierno destinado a endurecer las leyes de proxenetismo. Estas leyes ya criminalizaban a los definidos como “procuradores” que, en muchos casos, también eran sus novios y maridos. Según estas leyes, incluso las mismas trabajadoras sexuales fueron acusadas de proxenetismo si compraban y trabajaban juntas en pisos (Corbin, 1990; Jaget, 1980: 37). A las trabajadoras sexuales también se les había entregado recientemente declaraciones de impuestos exorbitantes, aunque se les negaban los fondos de asistencia social o jubilación (Mathieu, 2012).

Estas quejas llegaron a un punto crítico el 2 de junio de 1975, cuando alrededor de 100-150 trabajadoras sexuales se refugiaron en la iglesia de Saint-Nizier en Lyon e inmediatamente colgaron del campanario una gran pancarta en la que estaba escrito “Nuestros hijos no quieren que sus madres vayan a la cárcel”. Trabajando junto a aliados que no eran trabajadoras sexuales, lanzaron una campaña en los medios que comenzó con una carta dirigida al público:

La sociedad está acostumbrada a condenarnos y confinarnos en un gueto de desprecio o lástima. Las personas nos consideran mujeres “sucias” o “anormales”, pero al mismo tiempo dicen que nos necesitan. ¡Porque nos necesitan! La prostitución no está prohibida por la ley […] francesa, pero como la sociedad se avergüenza del hecho de que nos necesita, nos trata como criminales. (Colectivo para la defensa de las prostitutas de Lyon, en Barbara y de Coninck, 1977: 66)

Las mujeres explicaron que habían ocupado la iglesia con desesperación después de meses de negociaciones fallidas en un intento por evitar la amenaza de encarcelamiento de alrededor de diez mujeres que enfrentaban múltiples cargos por “incitación al libertinaje”. También se dirigieron por separado al presidente de Francia: ¿intervendría él? Si no, “la policía tendrá que masacrarnos en la iglesia” (Barbara y de Coninck, 1977: 68).

Los principales aliados de las trabajadoras sexuales eran representantes de un movimiento católico activista social y abolicionista llamado “Mouvement du Nid” (“Movimiento del Nido”). El Nid había ofrecido durante mucho tiempo apoyo moral y material a las trabajadoras sexuales, aunque su objetivo principal era abolir la prostitución. Los miembros de la organización de Lyon adoptaron el enfoque de que, al apoyar y educar a las trabajadoras sexuales, se darían cuenta del daño causado por el trabajo sexual y abandonarían esa vida voluntariamente (una forma de concienciación). Tanto antes como durante la ocupación de 1975, el NID estuvo representado de manera más efectiva por el Padre Louis Blanc, que trabajó durante más de diez años en un refugio comunitario con sede en Lyon para trabajadoras sexuales “reformadas”. Afirma que “el NID solo orquestó un movimiento que comenzó con las prostitutas … simplemente estábamos detrás de él para apoyar sus acciones” (Blanc, 2014). Como explicó Barbara, el NID organizó salas de reuniones y un abogado para representarlas, pero nunca actuaron en nuestro lugar ni en nuestro nombre. Una y otra vez nos aseguraron que estaban de nuestro lado y enfatizaron “vosotras sois capaces de hablar por vosotras mismas, sois capaces de defenderos.” (Barbara y de Coninck 1977: 50). Para otras como María, el apoyo fue más básico “los Nid […] en realidad estaban en nuestra contra, pero de todos modos nos ayudaron dándonos comida” (de Lourdes, 2013).

Una vez dentro de la iglesia, las trabajadoras sexuales lanzaron inmediatamente una poderosa campaña mediática con la ayuda del joven cura, activista y aspirante a periodista Christian Delorme (Delorme, 2012). El 4 de junio comenzaron a llegar grupos feministas y fueron recibidos en la iglesia. “Estoy sorprendida de cuántos eran, no sabía que el movimiento de mujeres en Francia fuera tan grande” (Barbara y de Coninck, 1977: 73). Un pequeño grupo de feministas y hombres homosexuales (estos últimos compartían las pequeñas callejuelas con las trabajadoras sexuales) distribuyó folletos que resumían las demandas de las huelguistas a la multitud de espectadores de Lyon (Chomarat, 2013; de Coninck, 2014 ) Con actualizaciones diarias de noticias de radio y televisión, la huelga atrajo rápidamente la atención de las trabajadoras sexuales en otras ciudades francesas. En cuestión de días, las trabajadoras sexuales se refugiaron en iglesias en Marsella, Grenoble, Montpellier y París en solidaridad, y comenzaron a transmitir sus propias quejas. Un periódico canadiense destacó a las trabajadoras sexuales trans, informando que los “travestis” en huelga tenían “una queja adicional: una ley que prohíbe a los hombres usar ropa de mujer en público excepto durante la temporada de carnaval” y posteriormente recibieron el doble de multas (Putas en la Iglesia dicen “somos ciudadanas, madres”, Montreal Gazette, 10 de junio de 1975: 49). Muchas de las 20.000 – 30.000 trabajadoras sexuales francesas restantes en todo el país también se declararon en huelga, en algunos casos de mala gana. En París, un portero de club de striptease le dijo al periodista Paul Treuthardt (“Prostitutes Picketing in Paris”, The Day, 9 de junio de 1975: 7) que no había una sola chica trabajando en el barrio rojo de Pigalle. “Algunas de ellas lo intentaron a primeras horas de la noche, luego llegaron piquetes en coches y las echaron”.

Los informes de los medios internacionales también llamaron la atención de la feminista y autora estadounidense de alto perfil Kate Millett, que comparó las ocupaciones francesas con los esfuerzos del grupo de derechos de las trabajadoras sexuales estadounidenses Call Off Your Old Tired Ethics (COYOTE). Al describir a su líder Margo St James como “bastante exitosa” en su papel, Millett continuó diciendo a las feministas francesas que lo que vio aquí fue más un movimiento de base:

Lo que tenéis aquí en Francia es tan fantástico que las prostitutas por sí mismas tienen la conciencia de atacar, de confrontar a la sociedad. ¿Que necesitan? Necesitan comida, ropa, personas para hacer campaña con ellas para darles apoyo, ya sabes, los medios. Esta claro que están luchando su propia lucha. (Mijo en Roussopoulos, 1975b)

Pero la falta de respuesta del gobierno francés causó frustración en las huelguistas y, a medida que avanzaba la semana, un “sentimiento de desánimo” cayó sobre la iglesia de San Nizier (Blanc, 2014). Su apelación a Francoise Giroud, la Viceministra de Estado de la Mujer, fracasó; ella se negó a involucrarse en la disputa afirmando que las quejas de las trabajadoras sexuales eran un problema de hombres (Mazur, 2004: 130).

Cuando las trabajadoras sexuales ocuparon la Capilla parisina de Saint Bernard, Simone de Beauvoir las visitó y dijo a Reuters News Service: “Espero que tengan éxito y estoy lista, con mis amigas en el movimiento de liberación de las mujeres, para apoyar este movimiento” (“Las putas francesas ‘rezan’ por la igualdad de derechos” Miami News, 9 de junio de 1975: 23). Pero su apoyo contaba poco en términos prácticos. A las 5.30 de la mañana del 10 de junio, las iglesias quedaron libres de manifestantes. En el caso de la Iglesia de Saint-Nizier, fue una demostración de fuerza a punta de porra ordenada por el Ministro del Interior, Michel Poniatowski, quien le dijo a Radio France que había oído que las mujeres estaban a punto de ocupar otras iglesias, incluida Nôtre Dame. El ministro continuó afirmando que no eran las mujeres las que estaban detrás de la huelga sino sus proxenetas: “ El público debe tener cuidado de que su compasión y buena fe no sean traicionadas por manifestaciones que, en realidad, son organizadas por los proxenetas. quienes a menudo son la columna vertebral del mundo del narcotráfico y la trata de personas ” (Poniatowski, archivos de INA, 1975). Ningún miembro del gobierno acordó reunirse con trabajadoras sexuales durante o después de la huelga.

La evaluación académica

La investigación del historiador Alain Corbin y la socióloga Lillian Mathieu es crucial para quienes desean comprender el movimiento de las trabajadoras sexuales francesas de principios a mediados de los años setenta. Aunque sus investigaciones tuvieron lugar con más de 20 años de diferencia y emplearon diferentes modelos teóricos, ambas estaban de acuerdo en general: el movimiento de las trabajadoras sexuales francesas terminó en fracaso porque no logró sus principales objetivos institucionales (Corbin, 1990: 363). Mathieu está de acuerdo, y agrega que en su análisis “el movimiento disminuyó rápidamente y pronto expiró, en parte debido a la deserción de su líder” (Mathieu, 2001: 107). Antes de analizar por qué activistas de los derechos de las trabajadoras sexuales a nivel mundial como Tracy Quan de PONY (Prostitutas de Nueva York) redefinieron este levantamiento fallido como “nuestro Stonewall” (Quan, 1990), examino los criterios utilizados por Mathieu y Corbin en sus análisis de las deficiencias del movimiento, junto con su reconocimiento de lo que logró.

Fue en la década de 1970, cuando la sexualidad y la prostitución finalmente surgieron como un área legítima de investigación histórica (Walkowitz, 1980), que el historiador Alain Corbin escribió su monumental libro Prostitución y sexualidad en Francia después de 1850. En su introducción, Corbin observa que al investigar la prostitución hasta la década de 1970 “podemos deducir que la realidad está mediada por los ojos masculinos: los del policía, el médico, el juez y el administrador” (Corbin, 1990: viii). Pero al explorar documentos para su capítulo final sobre la huelga de las trabajadoras sexuales francesas o el “movimiento de las iglesias”, como fue acuñado, Corbin reconoció que, por primera vez, eruditos como él pudieron publicar un relato de una rebelión de trabajadoras sexuales basándose en los relatos individuales de las trabajadoras sexuales que participaron. Observó que la “novedad” de usar sus voces contrastaba con los textos rebeldes anteriores de trabajadoras sexuales en los que las trabajadoras presentaban sus puntos de vista colectivamente a las autoridades, como durante la Revolución y Restauración Francesas (Corbin, 1990: 362-443).

Las “voces” de Corbin se originaron en varios testimonios publicados y memorias de las mujeres involucradas (Barbara y de Coninck, 1977; Chantal y Jean Bernard, 1978; Sonia, 1976; Ulla, 1976). Pero él destaca el trabajo del periodista de Liberación Claude Jaget como especialmente significativo. Une Vie de Putain (Jaget, 1975) incluye transcripciones extraídas de más de 30 horas de testimonios grabados dados por seis de las manifestantes durante el período de las ocupaciones. Corbin reconoce que estas entrevistas son responsables de lo que él ve como el principal logro de la huelga, “la aparición de un nuevo discurso desde el interior, la aparición de una mentalidad y un comportamiento que previamente se había ocultado y que las confesiones de las mujeres alargadas por médicos y psicólogos no habían revelado” (Corbin, 1990: 363). Corbin creía que este nuevo discurso, fomentado por una tradición libertaria, era uno que consideraba que la prostitución ya no era “simplemente un callejón sin salida, el camino de la muerte”, sino incluso a veces “como una forma de avanzar en la sociedad” (Corbin, 1990: 364 )

Esta nueva actitud también fue el resultado de un trastorno estructural en la industria del sexo francés, una fractura causada por los cambios sociales y culturales de los años sesenta y setenta. Corbin argumentó que la reducción de empleos como resultado de la crisis económica en Francia junto con la influencia del feminismo de la segunda ola y el movimiento de liberación sexual habían creado una clase de mujeres jóvenes que estaban desesperadas por trabajar pero que ya no se sentían moralmente obligadas a casarse. Basándose en los testimonios de las manifestantes francesas (Jaget, 1975), sostuvo que, en estas condiciones, quienes optaban por el trabajo sexual tenían más confianza en la expresión de la sexualidad fuera del matrimonio, pero eran menos propensas a someterse a la influencia de los procuradores del “medio”, el equivalente francés del crimen organizado. Esto, dijo Corbin, no significaba que las condiciones de explotación desaparecieran. En cambio, la jerarquía evolucionó y el tradicional chulo fue reemplazado por aquellos que poseían y dirigían los bares y los hoteles de corta estancia donde las trabajadoras sexuales se reunían y veían a su clientela; algunas de estas personas de negocios eran ex trabajadoras sexuales (Corbin, 1990: 356-358).

Pero a pesar de su análisis sobre el movimiento de 1975 que contribuyó a un nuevo discurso sobre la prostitución, Corbin consideró que el movimiento fue un fracaso por las siguientes razones. En primer lugar, las manifestantes no pudieron evitar la aprobación de leyes más severas contra el proxenetismo. En estas condiciones, no había posibilidad de que los hoteles de corta estadía se reabrieran, ya que los propietarios también fueron definidos como proxenetas. En segundo lugar, poco después de la huelga en julio de 1975, la Ministra de Salud, Simone Veil, nombró al Presidente de la Corte de Apelaciones Guy Pinot para evaluar si existían soluciones judiciales o administrativas que pudieran aplicarse al problema. Pinot se reunió con las representantes de las trabajadoras sexuales y produjo un informe que simpatizaba con sus demandas y reconocía su derecho a la condición profesional (Pinot, 1976). Sin embargo, según Mathieu, el informe fue “enterrado” (Mathieu, 2001: 128) y nunca se presentó al Consejo de Ministros. Este fue un gran golpe para el movimiento.

Más de 20 años después de Corbin, Lilian Mathieu comenzó su investigación desde la misma posición inexpugnable: debido a que el movimiento de las trabajadoras sexuales francesas de la década de 1970 no tuvo un impacto a largo plazo en la opinión pública o la reforma legal, no logró sus objetivos principales y, por lo tanto, fue un fracaso. Pero la intención de Mathieu no era reafirmar lo obvio, sino examinar las condiciones necesarias para la movilización de un grupo tan “desorganizado y carente de condiciones de protesta y medios para actuar como el de las prostitutas” (Mathieu, 2001: 108). Mathieu se basa en la teoría de la movilización de recursos, con la premisa básica de que el surgimiento y la persistencia de un movimiento social depende de la disponibilidad de recursos, que puede acumular y canalizar hacia la acción continua (Mc Carthy y Zald, 2002). Si conceptualizamos los movimientos sociales como colectivos, en lugar de empresas individuales, que desafían las estructuras y los sistemas de autoridad que actúan fuera de los canales institucionales (Snow y Soule, 2010: 7), entonces este tipo de desafíos colectivos implica necesariamente un cierto grado de coordinación y organización. Mathieu aplica este marco en relación con la elección de los modos de acción apropiados por parte de las trabajadoras sexuales, su capacidad de reunir un número significativo de participantes y su capacidad de formar alianzas.

Mathieu buscó posibles lecciones que pudieran extraerse del estudio de caso para movimientos en los que “el grupo de protesta y sus aliados fueron guiados por objetivos diametralmente opuestos” (Mathieu, 2001: 127). Como se indicó anteriormente, los principales aliados del movimiento —el Movimiento del Nido— querían que las trabajadoras sexuales finalmente dejaran de prostituirse, y lo mismo era cierto para la mayoría de sus aliadas feministas (Mathieu, 2001: 124-125). Las trabajadoras sexuales, por el contrario, insistieron en que podrían continuar trabajando sin acoso. Mientras que durante las ocupaciones de la iglesia se habían dejado de lado estas diferencias ideológicas, en una Asamblea General a fines de junio de 1975, salieron a la luz cuando algunas trabajadoras sexuales quisieron centrarse en la legitimación de su trabajo, en lugar de consentir en ser “reformadas”. Según Mathieu, estas diferencias causaron que sus aliados (su recurso más importante) se retiraran y esto a su vez debilitó el movimiento, exponiendo la “incapacidad propia de las prostitutas para organizarse de una manera que les diera autonomía y estabilidad …” (Mathieu, 2001 : 128). Además, “el movimiento disminuyó rápidamente y pronto expiró, en parte debido a la deserción de su líder” (Mathieu, 2001: 107). En su análisis (las líderes) se retiraron porque no estaban “completamente convencidas de la validez de llevar a cabo la acción, o de la dignidad del mundo social marginal del que se declaraban representantes” (Mathieu, 2001: 129). Sin embargo, Barbara afirma que continuó haciendo campaña hasta finales de febrero de 1977 con cartas de apelación a los políticos y las autoridades solicitando programas de integración social para las trabajadoras sexuales y para la implementación del informe Pinot (Barbara y de Coninck, 1980: 231). Ella no lo vio como una contradicción hacer campaña para una reforma de la ley que permitiría a las trabajadoras sexuales el derecho a condiciones de trabajo seguras, al tiempo que pidió programas y apoyo para aquellas que querían dejar el trabajo sexual por completo. En su autobiografía, explica que aunque las trabajadoras sexuales interpretaron su eventual retiro como una traición, ella aún apoyaba su causa.

Si las prostitutas retoman su lucha una vez más, algún día estaré con ellas porque odio todo tipo de opresión y soy una de ellas […] Haré todo lo que esté en mi poder para informar al público y tratar de convencerlo de que las prostitutas son mujeres como todas las demás mujeres, incluidas las casadas. Pero, para mí, Barbara ha muerto. (Barbara y de Coninck, 1977: 187)

Jaget señala que, después de la huelga, cuando las trabajadoras sexuales continuaron presionando y celebrando reuniones públicas, la prensa y el público se volvieron menos comprensivos “Ellas (las trabajadoras sexuales) no sabían cómo permanecer en su lugar […] ‘las cosas pobres’ están bien mientras se dejen compadecer, pero no cuando se rebelen” (Jaget 1980: 186).

En una entrevista en 2013, Mathieu también identificó los logros positivos de la huelga. “Lo importante fue su impacto en los medios. Un impacto internacional inmediato y que ahora está grabado en los recuerdos y continúa sirviendo como referencia”. Al mismo tiempo, también describió el movimiento de las iglesias como un “momento clave significativo en la historia de la lucha de las trabajadoras sexuales, un momento de impulso, porque fue la primera acción colectiva real que tuvo un impacto tan mediatizado y tal poder” (Mathieu, 2013).

Tanto en el análisis de Corbin como en el de Mathieu está claro que, a pesar de las fallas institucionales del movimiento, en su opinión también hubo logros. Pero para entender cómo y por qué llegó a ser visto como una victoria para el movimiento de las trabajadoras sexuales, necesitamos contextualizar la protesta dentro de un cuerpo más amplio de investigación sobre los movimientos y rebeliones laborales de las trabajadoras sexuales y extender el marco analítico del movimiento.

De repente, la prueba está ahí

Durante siglos de silencio

E intolerancia

Nos habíamos acostumbrado

A ser tratadas como animales

Hemos mantenido nuestras cabezas en alto

En Saint Nizier.

Como este verso sugiere, un objetivo importante para el movimiento era defender sus derechos con dignidad. Incluso en el momento de su derrota más aplastante, después de ser sacada a rastras de la Iglesia de Saint Nizier por la policía antidisturbios francesa, la líder del movimiento, Barbara, se negó a interpretar el papel de víctima.

La camioneta de la policía nos llevó a la comisaría de policía de Molière. Un oficial de policía me dijo: “¡Y ni siquiera estás llorando!” ¿Por qué habría de llorar? Habíamos ganado la más bella de todas las batallas. Habíamos forzado a las personas a darse cuenta de nuestra existencia, y habíamos evitado la cárcel. (Barbara y de Coninck, 1977; 87)

Las mujeres entendieron que al seleccionar a la iglesia como el lugar de su protesta atraerían la atención de la prensa, “queríamos dar un golpe decisivo que hiciera que todo el mundo nos escuchara” (Barbara y de Coninck, 1977: 59) pero el grado de atención que recibieron había superado con creces sus expectativas.

Ulla responde las preguntas de los periódicos nacionales y de las emisoras de radio. Ella me envía a los periodistas de los periódicos regionales, de los diarios semanales y de los periódicos de izquierda, además de los corresponsales extranjeros. Mi primera entrevista es con una cadena de televisión en inglés. Poco después llegan los periodistas italianos con dulces. (Barbara y de Coninck, 1977: 73)

Pero, independientemente de la situación única en la que se encontraban las trabajadoras sexuales francesas, esta no era la primera vez que tales trabajadoras en el mundo habían organizado una rebelión.

Un periódico de San Francisco informó que, en 1917, 300 trabajadoras sexuales se enfrentaron al reverendo Paul Smith, el líder de una campaña contra la prostitución, a las puertas de su iglesia en el distrito Tenderloin de San Francisco (MacLaren, 1988). Según un resumen del artículo, el Reverendo describió su confrontación como “el incidente más dramático de mi vida” y se sorprendió cuando las mujeres le dijeron que la mayoría de ellas eran madres y que habían recurrido a la prostitución para mantener a sus hijos. Una protesta más organizada ocurrió en Honolulu en 1942, donde las trabajadoras sexuales se ganaban una vida lucrativa gracias a los 30.000 soldados estadounidenses destinados en la isla durante la Segunda Guerra Mundial. Basándose en una amplia gama de archivos, pero incapaces de obtener el relato de primera mano de una sola trabajadora sexual, la investigación de Bailey y Farber (Bailey y Farber, 1992) reveló que un grupo que representaba a 250 trabajadoras sexuales de Honolulu realizó una línea de piquete durante tres semanas exigiendo la ciudadanía plena que incluyera el derecho a vivir fuera de los burdeles permitidos por los militares. Al otro lado del Pacífico y más de 30 años después, un periódico estadounidense informó que al menos 641 prostitutas se habían declarado en huelga para protestar por un “comentario insolente” del dueño de un hotel en el complejo termal de Peitou (ahora Beitou) en Taiwán. La representante de la organización de trabajadoras sexuales llamada “Unión de Familias de la Felicidad” dijo que “las chicas tienen su dignidad y autoestima. La declaración del presidente de la junta las insultó y pasó por alto la importante contribución que las chicas han hecho a Peitou”. En respuesta, un funcionario del gobierno dijo que esperaba que la huelga “dure para siempre” (Prostitutes Strike for Dignity, Wilmington Morning Star, 25 de marzo de 1976).

Pero los detalles de estas y otras protestas similares rara vez son abordados por la literatura académica o incluso popular. En cambio, permanecen estancados en breves informes de noticias de los medios con poco análisis o consideración seria de los problemas, o como en el caso de la rebelión de Honolulu, privados de relatos de trabajadoras sexuales en primera persona. Si el periodismo es, como se describió en 1963 por el presidente del Washington Post Philip L Graham, “el primer borrador de la historia”, cuando se trata de historias de resistencia y rebelión de las trabajadoras sexuales, a menudo no ha habido un segundo borrador ni por los medios ni en publicaciones académicas. La cobertura generalizada y sostenida de los medios impresos y electrónicos de la huelga de las trabajadoras sexuales francesas hace que sea una excepción a este respecto. Como Mathieu señala: “Por primera vez, ellas (las trabajadoras sexuales) estaban siendo escuchadas sin ser ridiculizadas” (Mathieu, 2014). A diferencia de la huelga de Honolulu, donde “los periódicos no contenían una sola palabra al respecto” (Baily y Faber, 1992: 67) en el caso de Francia, varias trabajadoras sexuales francesas que hablaban desde varios lugares de protesta presentaron sus quejas directamente y en persona a los medios impresos y electrónicos, enmarcándolas como preocupaciones laborales y de derechos humanos.

La huelga de las trabajadoras sexuales francesas no solo captó la atención de los medios de comunicación mundiales, sino que en los meses posteriores a las ocupaciones, “las mujeres aprovecharon el interés de la prensa para realizar una campaña de educación masiva sobre la prostitución. El apoyo público al Colectivo Francés de Prostitutas, como se llamaban a sí mismas, fue fuerte” (Pheterson, 1989: 5). Esta campaña continuó al menos hasta el 27 de abril de 1976 cuando tres trabajadoras sexuales (no identificadas) debatieron con un grupo de estudiantes de la Universidad de Lyon. Al explicar por qué consideraban que su movimiento era un éxito, dijeron que las ocupaciones les daban la oportunidad de conocerse y entenderse entre ellas:

Antes, cuando una mujer era detenida por la policía, estaba sola, hoy hay otras cuatro que la acompañan. Automáticamente, los policías intentan hacer las paces, dicen: “Bueno, aquí viene la delegación, montarán un escándalo, nos darán trabajo”. Entonces nos dejan solas; nos insultan más discretamente, es decir, sin que los demás escuchen, mientras que antes era diferente. (Mathieu, 2003b: 4)

Como se sugiere aquí, la rebelión francesa permitió a las trabajadoras sexuales darse cuenta del poder potencial de la acción colectiva para desafiar a las autoridades y la injusticia. Aunque como se describe en los testimonios personales, algunas de los rebeldes ya estaban politizadas. “En el 68, estaba trabajando en una fábrica; así que lo viví todo, las ocupaciones de fábricas”(Jaget, 1980: 98). Otra describe cómo los clientes se reían al ver el póster del Colectivo de Prostitutas sobre su cama. “Personalmente no me parece gracioso. Ese póster es una buena manera de clasificarlos, ya que tiene todas nuestras demandas” (Jaget, 1980: 128).

La influencia de la huelga también se puede medir en términos de su impacto en las trabajadoras sexuales en otros países, quienes a pesar de las diferencias culturales pudieron identificarse estrechamente con el movimiento francés debido a las sorprendentes similitudes en las leyes y cómo se aplicaban a las trabajadoras sexuales. El uso de los servicios de cable sindicados por parte de los periódicos resultó en citas como esta de “Valerie” en París que se publicaron en lugares como el Reino Unido, Australia y los EE.UU .:

Sobre todo, queremos ser reconocidas oficialmente para que todo tipo de insultos terminen y podamos llevar una vida normal cuando termine el trabajo, y no queremos que nuestro compañero normal corra el riesgo de ser arrestado por proxenetismo, y que no nos quiten a nuestros hijos bajo ninguna circunstancia, ya que la mayor parte de nosotras somos buenas madres. (Lakeland Ledger, 8 de junio de 1975)

Del mismo modo, se citó a las trabajadoras sexuales francesas que pedían el derecho a trabajar en lugares de trabajo seguros y discretos, como sus propios apartamentos, y ofrecían pagar impuestos si también se les daba acceso a los mismos derechos de seguridad social que a otros ciudadanos. Lo que no querían era burdeles administrados por el gobierno francés.

Los informes internacionalizados sobre la huelga atrajeron la atención de la trabajadora sexual Grisélidis Réal, que viajó desde Ginebra para unirse a la ocupación de París en la Capilla de Saint Bernard. Réal se convertiría en una conocida activista y autora en Francia y Suiza en los años venideros, pero mientras tanto después de la huelga en 1975 se reunió con la activista estadounidense Margo St James en París en una reunión patrocinada por la UNESCO de la Federación Internacional de Abolicionistas (Pheterson y St James, 2005) donde se les “permitió” hablar (Pheterson, 1989: 6) en nombre de las trabajadoras sexuales. En el mismo viaje, St James y la trabajadora sexual francesa “Sonia”, que también había participado en la huelga de 1975, hablaron con Simone de Beauvoir sobre la fundación de una organización internacional de trabajadoras sexuales. En pocos años, surgieron más de 20 grupos de derechos de las trabajadoras sexuales en toda Europa y tan lejos como Australia (Pheterson, 1989: 5-8).

El primero en surgir en 1975 como respuesta directa al movimiento francés fue el English Collective of Prostitutes (sitio web del ECP). El ECP se acercó a la editorial feminista Falling Wall Press para organizar la traducción y publicación del libro de Jaget Prostitutes Our Life (Jaget, 1980). Esta versión extendida incluyó contribuciones de Margo St James de COYOTE y las miembros del ECP Margaret Valentino y Mavis Johnson quienes, en un homenaje a las ocupaciones de iglesias, lo describieron como una “gran victoria” para las trabajadoras sexuales (Jaget, 1980: 16) “Casi de la noche a la mañana encuentras el poder de hablar con coraje y honestidad imposible antes; ves tu propia experiencia y tu propia historia como parte de todos los demás; tienes la prueba final de que no estás sola, de que no eres la única en pensar: esto es un desastre “(Jaget, 1980: 10). La publicación del ECP legó la historia de la huelga francesa, contada por las propias mujeres, al mundo de habla inglesa y a un movimiento emergente con pocas victorias pero grande en la construcción de la comunidad de trabajadoras sexuales. Y al menos en un caso, esto no pasó desapercibido.

En 1974, el gobierno australiano estableció una Comisión Real de Relaciones Humanas para investigar una amplia gama de temas, incluida la “prostitución”. La jefa de la comisión, Elizabeth Evatt, había sido la primera jueza de un Tribunal Federal de Australia, y la primera australiana en ser elegida para el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En las recomendaciones del informe en 1977, se refiere directamente al movimiento francés como un ejemplo de la creciente capacidad de organización de las trabajadoras sexuales; “las prostitutas francesas se declararon en huelga, ocuparon iglesias y lugares de reunión similares para repartir folletos. Pidieron la legalización de la prostitución y el fin de la persecución policial. También exigieron el derecho a los beneficios de la seguridad social”. Movimientos similares en los EE. UU. y Australia significaron que había “una mayor confianza entre las prostitutas de que el sentimiento público está de su lado. También parece indicar que las mujeres están preparadas para organizarse colectivamente y no están bajo la influencia de proxenetas y ‘protectores’ masculinos de un tipo u otro” (Evatt, 1977: 62). La comisión continuó recomendando la despenalización del trabajo sexual —y, según Frances y Gray (2007; 315), esto “se sumó al peso de la opinión que aboga por la despenalización”— que fue adoptada por Nueva Gales del Sur en 1979.

Conclusión

Este artículo ha argumentado que, para las propias trabajadoras sexuales, el legado de la huelga de 1975 trasciende cualquier fracaso en el logro de los objetivos institucionales. Si bien hubo algunas decepciones amargas para las trabajadoras sexuales francesas por no lograr ganancias institucionales, las activistas en Francia y más allá pudieron movilizar su reputación y usarla para legitimar las demandas y fomentar una identidad colectiva para el movimiento global de derechos de las trabajadoras sexuales. Al hacerlo, forjaron “una narrativa de influencia”, que en sí misma contribuye de manera importante a construir y sostener un movimiento social (Meyer, 2009: 56).

Desde la perspectiva de las activistas de las trabajadoras sexuales francesas de hoy, la huelga fue claramente una rebelión orquestada por y para las mismas trabajadoras sexuales. Thierry Schaffauser, uno de los cofundadores del Sindicato Francés de Trabajadoras/es Sexuales STRASS (Syndicat du Travail Sexuel), describe la huelga como “realmente el momento en que la idea en sí misma —que las trabajadoras sexuales podrían organizarse políticamente— se demostró de repente como posible” (Schaffauser, 2014). Según Schaffauser, el ejemplo del movimiento de trabajadoras sexuales francesas de la década de 1970 también tiene un propósito político contemporáneo: una mayor conciencia del movimiento de 1975 y sus demandas, argumenta, podría reforzar la legitimidad de su organización: “mucha gente nos critica (al STRASS) como no representativo, como minoría. Pero lo que estamos discutiendo hoy se remonta (a 1975)”. Schaffauser hace una apreciación importante. Muchas de las inquietudes y quejas identificadas por la revuelta de las trabajadoras sexuales de 1975 siguen siendo igual de relevantes hoy, a pesar de 40 años de cambios en las políticas gubernamentales (Shaffauser, 2014; Blanc, 2012; Mathieu, 2013). Si bien su movimiento puede haber “fracasado” en lograr una reforma política duradera en Francia, su ejemplo continúa inspirando a las trabajadoras sexuales en todo el mundo en una lucha continua contra la discriminación y por los derechos civiles y humanos (Shaffauser, 2014; Jeffreys, 2014). Como dijo una de las mujeres que participaron en la revuelta de 1975 en aquel momento:

Para mí ya nada será como antes. Tengo la impresión de que en estos diez días he experimentado cosas que son difíciles de comprender, que nunca hubiera pensado que fueran posibles antes… de alguna manera me parece que todo esto durará mucho más que la ocupación misma. (Liberación, 13 de junio) (Barbara y de Coninck, 1977: 90)

 

Notas

1 Aroney es miembro de Scarlett Alliance, la máxima organización representativa de las trabajadoras sexuales australianas. Una descripción de su historia activista está disponible en The Conversation. Disponible en https://theconversation.com/sex-workers-of-the-world-unite-how-striking-french-sex-workers-inspired-a-global-labour-movement-43353 (consultado en agosto de 2016).

2 El archivo del padre Louis Blanc recopilado durante la ocupación de Saint Nizier incluye los documentos originales y la correspondencia producida por las trabajadoras sexuales durante la huelga.

3 La Iglesia de Saint-Nizier de Lyon es visitada por miles de turistas y peregrinos cada año, pero entre sus exhibiciones, literatura y exhibiciones en la pared no se menciona la huelga de las trabajadoras sexuales francesas de 1975.

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En: Las prostitutas: una voz propia: crónica de un encuentro

Escrito por Raquel Osborne

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Las leyes contra la trata están perjudicando, no ayudando, pero las trabajadoras sexuales están contraatacando

 

 


LAUREN WALKER / TRUTHOUT

 

Por Victoria Law

24 de agosto de 2018

https://truthout.org/articles/anti-trafficking-laws-are-hurting-more-than-helping-say-sex-workers/

 

 

Hace tres años, Kristen DiAngelo encontró a una madre en una situación desesperada. La madre estaba siendo forzada por padre de su bebé a hacer trabajo sexual. Había amenazado su vida y la de sus familares y recientemente había pateado la puerta de la casa de su madre.

“No puedo dejarte ahí fuera”, recuerda que pensó DiAngelo, cofundadora y directora ejecutiva de SWOP (Programa de Ayuda de Trabajadoras Sexuales) de Sacramento.

Pagó para que la madre se quedara en la habitación de un hotel por una noche. Más tarde, se la llevó a su casa. DiAngelo también la llevó al refugio local de violencia doméstica, que le exigió que presentara un informe policial. A partir de sus propias experiencias con la aplicación de la ley local, DiAngelo sabía que la policía local haría poco para proteger a la madre, que había sufrido numerosas detenciones por trabajo sexual. Por el contrario, el hombre que la explotaba no tenía registro de detenciones ni educación universitaria.

Las dos mujeres se acercaron al FBI para presentar cargos de trata contra el explotador de la madre. Compartieron correos electrónicos y mensajes de voz en los que la amenazaba. Pero, aunque los agentes con los que hablaron se mostraron comprensivos, relató DiAngelo, dijeron que, debido a que la mujer tenía más de 18 años, el FBI no investigaría sus quejas.

Ese fue el comienzo de la casa segura de SWOP Sacramento, una casa de seis camas donde las trabajadoras sexuales podrían vivir y encontrar servicios de apoyo. Desde entonces, la casa de seguridad ha proporcionado alojamiento seguro para docenas de trabajadoras sexuales. Algunas huyen de situaciones de explotación y abuso. Otras necesitaban un entorno seguro y de apoyo para abordar las adicciones a las drogas o los problemas de salud mental. Las trabajadoras sexuales se enteraban de la existencia de la casa segura a través del sitio web de la organización.

Luego, en abril de 2018, el Congreso aprobó la Ley de Lucha contra la Trata Sexual en Internet (FOSTA) y la Ley para Detener la Trata Sexual (SESTA). Estas leyes enmiendan la Sección 230 de la Communications Decency Act, convirtiendo en delito federal operar un sitio web “con la intención de promover y facilitar la prostitución de otra persona”. Las leyes también permiten a los procuradores generales llevar acciones civiles contra los operadores de sitios web . Aunque FOSTA se dirige a los operadores de sitios web, no a las trabajadoras sexuales, todavía tienen un efecto de enfriamiento en las opciones de seguridad y supervivencia de las trabajadoras sexuales.

“Muchas personas nos encuentran [a nosotras y a la casa segura] a través de nuestro sitio web”, explicó DiAngelo. Pero con FOSTA, anunciar una casa segura para las trabajadoras sexuales podría significar una sentencia de prisión de 10 años. “¿En qué consiste la facilitación de la prostitución?”, preguntó DiAngelo. “¿Es dar a una chica alojamiento por tres a seis meses en una casa [segura] para que se desintoxique y se recupere?” Ninguno de los abogados o defensores legales a los que consultaron pudo decirle a SWOP Sacramento sobre qué constituía la promoción y facilitación de la prostitución. Los voluntarios y el personal comenzaron a buscar camas en otros lugares para las residentes de la casa. Menos de dos meses después de que FOSTA se convirtiera en ley, SWOP Sacramento cerró su casa de seguridad.

 

Sin Internet, ella podría haber seguido atrapada

Fue internet y la capacidad de hacer publicidad en línea lo que permitió a Cecilia Gentili escapar de su explotador. Gentili, una mujer trans originaria de Argentina, conoció a un hombre que la convenció de participar en el trabajo sexual callejero. “Dijo que era para nosotros, pero realmente fue para él”, dijo Gentili a Truthout. “No había mucha opción [de no trabajar]”, continuó. “Me habría puesto en una situación peligrosa”. No solo amenazó su explotador con llamar a las autoridades de inmigración, sino que también jugó con sus inseguridades como una mujer trans. “Sentí que necesitaba una figura masculina que me validara y cuidara de mí”, explicó antes de agregar: “tampoco entendí la definición de trata”.

Al cabo de un año de estar en lo que ella describe como “la situación”, Gentili se dio cuenta de que podía hacer publicidad en línea y, con la capacidad de detectar clientes potenciales, no necesitaba depender de alguien que la protegiera físicamente. “Pude salir de esa situación debido a la publicidad en línea”, dijo. “Pude conseguir mis propios clientes sin tener a otra persona que me cuidara”, y con “cuídame” me refiero a tomar todo mi dinero “. Pero, si FOSTA hubiera existido en ese momento, habría cerrado muchos de los sitios. donde podía publicitar sus servicios y Gentili podría haber quedado atrapada.

 

Aumento de los informes de agresiones contra las trabajadoras sexuales

Los sitios web han sido una herramienta inestimable para que las trabajadoras sexuales no solo examinen a los clientes, sino que también compartan información entre ellas sobre clientes violentos o peligrosos. “Antes, podías acceder a una base de datos [en línea] para ver si esta persona había sido denunciada por violencia”, explicó Ceyenne Doroshow, fundadora y directora ejecutiva de GLITS (Gays y lesbianas que viven en una sociedad transgénero). “Esa base de datos ya es historia”. Doroshow tiene una larga historia de trabajo con trabajadoras sexuales trans, una población que ya estaba particularmente marginada, criminalizada y vulnerable a la violencia antes de que SESTA y FOSTA se convirtieran en ley.

Incluso antes de que SESTA / FOSTA entrara en vigencia, los sitios web comenzaron a eliminar contenido de las trabajadoras sexuales, mientras que otros cerraron por completo. En 2014, el FBI cerró MyRedBook.com y SFRedBook.com, dos sitios donde las trabajadoras sexuales intercambiaban información sobre seguridad y comunidad, además de poder anunciar de forma gratuita. En octubre de 2017, el sitio de crowdfunding Patreon cambió sus directrices para prohibir la recaudación de fondos “para producir material pornográfico, tal como mantener un sitio web, financiar la producción de películas o proporcionar una sesión de webcam privada”, lo que resultó en suspensiones y prohibiciones de muchos creadores de contenido para adultos que habían confiado en la plataforma para obtener ingresos regulares.

El 6 de abril de 2018, incluso antes de que el presidente firmara FOSTA y la convirtiera en ley, el Departamento de Justicia incautó y cerró Backpage, donde muchas trabajadoras sexuales anunciaban. FOSTA es la última eliminación de opciones en línea para las trabajadoras sexuales, pero los efectos han sido inmediatos y, según las palabras de los grupos de derechos de las trabajadoras sexuales, son alarmantes.

Coyote (Call of Your Old Cired Ethics) RI, una organización de derechos de trabajadoras sexuales, realizó una encuesta de 262 trabajadoras sexuales entre el 14 de abril y el 25 de mayo de 2018. Setenta por ciento (o 188 personas) informaron que el trabajo sexual había sido su fuente principal de el ingreso antes de FOSTA y el 77 por ciento (o 207 personas) fueron las únicas proveedoras de sus familias. Una semana después de la aprobación de las leyes, el 70 por ciento notó una caída en sus ingresos, lo que les impidió pagar el alquiler, los alimentos, los servicios públicos o el teléfono. En un caso, Doroshow le dijo a Truthout, la disminución del trabajo forzó a una de sus clientes a renunciar a su automóvil, disminuyendo así su movilidad y seguridad, y también a renunciar a la atención médica para su enfermedad crónica, que, sin tratamiento, ahora está empeorando.

Esta disminución ha forzado a muchas a comprometer la seguridad y los límites, ya sea aceptando clientes que de lo contrario podrían rechazar, o acordar actos, incluyendo sexo más riesgoso y tomar drogas, que hubieran evitado anteriormente. Sesenta por ciento (o 157) de las personas encuestadas por Coyote RI dijeron que ahora aceptan clientes menos seguros para poder llegar a fin de mes. Sesenta y cinco por ciento (o 170) informaron que alguien había intentado amenazar, explotar u obtener servicios gratuitos de parte de ellas.

Ahora, con los sitios web cerrados, cada vez más trabajadoras sexuales con las que trabaja informan haber sido empujadas a situaciones peligrosas. Doroshow le dijo a Truthout sobre una mujer que fue violada, estrangulada y golpeada “y estuvo a una pulgada de perder su vida”. Sobrevivió, pero sigue obsesionada por el ataque.

Los cierres de sitios web también han afectado la organización por los derechos laborales. En la ciudad de Nueva York, una bailarina, que habló con Truthout de forma anónima, dijo que incluso antes de FOSTA, el miedo a ser despedida y puesta en la lista negra hizo que muchas strippers y bailarinas vacilaran en unirse a los esfuerzos organizativos para mejorar las condiciones laborales. En el club donde ella trabajaba, las bailarinas comenzaron a hablar sobre la necesidad de más seguridad para evitar que las bailarinas fueran atacadas sexualmente. También querían condiciones de club más limpias. “Nunca hablamos sobre huelgas o un sindicato”, aclaró. Aun así, el miedo a ser despedidas —y puestas en la lista negra entre los dueños de los clubes de la ciudad— hizo que muchas dudaran en presionar por sus demandas. Con la aprobación de FOSTA y la existencia de menos sitios web, las bailarinas ven menos opciones de trabajo si son incluidos en listas negras en represalia por organizarse. “Si no puedes bailar, ya no puedes simplemente poner un anuncio en línea”, dijo.

El cierre de los sitios web y la censura del contenido de las trabajadoras sexuales también significa que muchas recurren al trabajo sexual callejero. En Sacramento, DiAngelo señala que ha aumentado el número de trabajadoras sexuales en los tres paseos de la ciudad (áreas para el trabajo sexual callejero), incluidas las personas que tienen poca o ninguna experiencia trabajando en la calle. Participar en el trabajo sexual en la calle las obliga a hacer un juicio rápido sobre el peligro potencial de un posible cliente.

También aumenta la vulnerabilidad a los depredadores, incluido el acoso policial, la detención y la violencia. Muchas ciudades tienen ordenanzas contra el vagabundeo que se usan contra las trabajadoras sexuales de la calle, particularmente las mujeres de color. “A medida que se empuja a las personas para que salgan de Internet, las ciudades continúan aplicando ordenanzas contra el merodeo”, explicó Andrea Ritchie, abogada especializada en brutalidad policial y autora de Invisible No More: Police Violence Against Black Women and Women of Color. “Las trabajadoras sexuales están siendo detenidas y multadas a pesar de que la razón por la que hacen este trabajo es porque necesitan dinero. Esto solo las lleva al punto de mira del sistema legal penal y el ciclo rotativo de comisiones y multas”.

El trabajo sexual en la calle, con los riesgos que conlleva de detención y procesamiento judicial, también aumenta los riesgos de VIH e ITS. En algunas ciudades, la policía y los fiscales usan condones como prueba de prostitución, explicó Gentili, ahora subdirectora de asuntos públicos en GMHC (Gay Men’s Health Crisis). Aunque algunas ciudades, como Nueva York y San Francisco, han eliminado los condones como evidencia de la prostitución, Gentili señaló que las trabajadoras sexuales nuevas en la ciudad —o en el trabajo sexual callejero en la ciudad— pueden desconocer el cambio. “No saben que las leyes cambian y siguen saliendo sin condones”.

Al mismo tiempo, los servicios de apoyo y defensa se están desconectando y, por lo tanto, son cada vez menos accesibles para quienes más los necesitan. Gentili, que trabajó en organizaciones de prevención del VIH, explicó que ella y otros proveedores de servicios a menudo identificaban a las trabajadoras sexuales a través de sus anuncios en línea. A continuación, les enviaban correos electrónicos con información sobre la prevención del VIH, las pruebas y los servicios sociales y de salud. Además, señaló, “la mayoría de los sitios [con anuncios de trabajadoras sexuales] tenían muchos anuncios sobre la prevención de las ITS y el VIH”. Con estos sitios ya desaparecidos, quienes trabajan en torno a la prevención y el tratamiento del VIH deben encontrar otras formas de llegar a las personas que contituyen su objetivo.

La Alianza Desiree, que alberga la conferencia anual más grande del país para las trabajadoras sexuales, anunció la cancelación de su conferencia de 2019. La página de la conferencia explica: “Debido a la aprobación de SESTA / FOSTA, nuestras líderes decidieron que no podemos poner en riesgo a nuestra organización y a nuestras asistentes. ¡Esperamos que comprendáis nuestras graves preocupaciones y continuéis ofreciendo resistencia a todas las leyes que existen para dañar a las trabajadoras sexuales! ¡Seguid luchando!”

 

“Nueva Zelanda es un modelo importante”

En 2003, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó la Ley de Reforma de la Prostitución, que despenalizó el trabajo sexual y eliminó las detenciones y condenas anteriores por actos relacionados con el trabajo sexual. “Bajo este modelo, puede hacer trabajo sexual en cualquier entorno y no está penalizado”, explicó Sienna Baskin, ex codirectora del Proyecto de Trabajadoras Sexuales en el Urban Justice Center y ahora directora del NEO Anti-Trafficking Fund. Esto significa que las trabajadoras sexuales pueden trabajar legalmente desde sus hogares, en la calle, en un entorno colectivo o en Internet. La trata, sin embargo, sigue siendo un delito. Lo mismo ocurre con la promoción en la prostitución de un menor de edad, aunque si una persona menor de 18 años realiza trabajo sexual, no es detenida ni procesada. Básicamente, explicó Baskin, quien recibió una beca Fulbright para estudiar los resultados del modelo de despenalización de Nueva Zelanda, “uno no puede dañar a los demás y salirse con la suya”.

Baskin señala que es difícil decir si la despenalización resultó en una disminución de la violencia contra las trabajadoras sexuales, en gran parte debido a la falta de datos sobre las agresiones antes de la ley de 2003. Sin embargo, señaló, “la relación entre las trabajadoras sexuales y la policía se transformó por completo. La policía pasó de ser un enemigo potencial a convertirse en una fuente potencial de apoyo y seguridad.” Las trabajadoras sexuales pudieron denunciar incidentes de violencia sin temor a ser detenidas y sabiendo que sus denuncias serían investigadas.

“Nueva Zelanda es un modelo importante que deben entender todos en todo el mundo”, afirmó Baskin. “No resuelve los problemas de todos todo el tiempo, pero ha eliminado una fuente de daño y estigma”.

Sin embargo, advierte, la estructura política de los EE.UU. significa que la despenalización tendría que ocurrir Estado por Estado, del mismo modo que han entrado en vigencia el matrimonio homosexual o la legalización de la marihuana.

 

Las trabajadoras sexuales siguen luchando

Si bien las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados han luchado durante mucho tiempo por sus derechos y seguridad, la ley federal ha galvanizado a más personas. “FOSTA politizó a mucha gente”, señaló Lola Balcon, una organizadora comunitaria para los derechos de las trabajadoras sexuales. Esa politización ha tomado muchas formas, desde mítines hasta activistas que informan puerta por puerta.

El 1 de junio, docenas de trabajadoras sexuales tomaron los pasillos del Congreso para hablar con sus representantes sobre el impacto de FOSTA en sus vidas y seguridad. “Hablamos sobre cómo estas leyes estaban impactando directamente a las comunidades marginadas, cómo las trabajadoras sexuales usaban Internet para mantenerse a salvo”, escribió más tarde Phoenix Calida en Motherboard / Vice. “Hablamos sobre cómo las trabajadoras sexuales usaban los sitios web para detectar clientes, y ahora no solo se había perdido esa opción, sino que era ilegal compartir nuestras listas de malas citas entre nosotras debido a cuán amplia e imprecisa es esta ley. Incluso los congresistas que sabían sobre el proyecto de ley parecieron sorprendidos al enterarse de que las prácticas de reducción de daños como repartir condones o enviar por correo electrónico los nombres de clientes peligrosos a otras trabajadoras sexuales pueden considerarse como delictivas “.

Al día siguiente, cientos de trabajadoras sexuales se trasladaron a las calles de la ciudad de Nueva York para conmemorar el Día Internacional de las Putas, el aniversario de la ocupación de las iglesias en Francia por las trabajadoras sexuales en 1975 y denunciar a SESTA / FOSTA.

Menos de dos semanas después, en una soleada tarde de sábado, 200 trabajadoras sexuales, defensoras y aliadas se saltaron el Desfile de Sirenas anual de la ciudad para reunirse en Dreamland, un lugar DIY de artes queer en Queens, en un ayuntamiento donde transmitieron sus preocupaciones al candidato al Congreso. Suraj Patel, quien estaba desafiando a la titular (y patrocinadora de FOSTA) Carolyn Maloney en las primarias demócratas. (Patel perdió por un 11 por ciento o aproximadamente 7.200 votos).

Sin desanimarse por la derrota de Patel y galvanizadas por la idea de que las trabajadoras sexuales pudieran actuar como una fuerza en las elecciones locales, muchas han desplazado sus energías para hacer campaña en favor de Julia Salazar, candidata por los Socialistas Democráticos de América (DSA) para el Senado del Estado de Nueva York. “El Senado estatal es donde partes de la despenalización del trabajo sexual a menudo se estancan”, reflexionó Balcon, quien ayudó a organizar a las trabajadoras sexuales para apoyar a Patel. El 1 de agosto, las organizadoras de las trabajadoras sexuales convocaron a una pizza party en la que Salazar se reunió con 150 trabajadoras sexuales y las escuchó. Más de la mitad de las asistentes se inscribieron para llamar a las puertas y hacer campaña por la candidata en su distrito norte de Brooklyn.

A nivel federal, FOSTA enfrenta su primer desafío legal. El 28 de junio, Woodhull Freedom Foundation, Human Rights Watch y el Internet Archive, junto con defensoras individuales de los derechos de las trabajadoras sexuales, presentaron una demanda federal que acusaba a FOSTA de violar las Enmiendas Primera y Quinta y solicitaba un mandato preliminar para evitar que la ley entre en efecto hasta que se decida la demanda. En una audiencia de amparo al mes siguiente, el juez federal Richard Leon no tomó ninguna decisión sobre la solicitud ni tampoco estableció una fecha sobre cuándo emitiría un fallo.

A medida que la demanda avanza por el tribunal federal, las trabajadoras sexuales y sus aliadas continúan organizándose y creando sus propias redes de seguridad financiera. Las trabajadoras sexuales y sus aliadas han organizado actividades de recaudación de fondos de emergencia para las más afectados por FOSTA. Una recaudación de fondos recaudó $ 17.000 en una noche. Pero, señaló Balcon, “no es un nuevo trabajo. No es una nueva oportunidad económica. Incluso si tuvieras diez veces el alivio que tienes ahora, no sería suficiente “.

Explicado de otra manera, dijo: “Digamos que el 90 por ciento de los trabajos mineros fueran eliminados mañana. ¿Serían suficientes donaciones de cinco cifras para compensar los trabajos perdidos?

A pesar de los estragos de la ley, Gentili sigue siendo optimista. “Veo a las trabajadoras sexuales totalmente comprometidas con organizarse”, reflexionó. “El trabajo sexual siempre ha estado bajo la sombra del estigma y la vergüenza. Entonces, ver a las trabajadoras sexuales uniéndose para encontrar soluciones en lugar de tener senadores que tomen decisiones por ellas es realmente importante “.

 

Woodhull Freedom Foundation y Human Rights Watch presentan una demanda federal contra FOSTA

 

Enviado por NSWP el 29 Junio ​​de 2018

Autor: NSWP

http://www.nswp.org/es/news/woodhull-freedom-foundation-and-human-rights-watch-file-federal-lawsuit-against-fosta

 

El 28 de junio, la Woodhull Freedom Foundation, Human Rights Watch, The Internet Archive y dos particulares presentaron una demanda federal contra la constitucionalidad de FOSTA (Allow States and Victims to Fight Online Sex Trafficking Act, 2017).

El presidente y director ejecutivo de Woodhull, Ricci Levy, dijo: “FOSTA enfría las conversaciones sobre sexo y perjudica a las trabajadoras sexuales. Hace más difícil que las personas se cuiden y se protejan a sí mismas, y, como organización que trabaja para proteger los derechos humanos fundamentales de las personas, Woodhull está profundamente preocupada por el impacto perjudicial que esta ley tendrá sobre todas las personas “.

Las trabajadoras sexuales de los EE. UU. se han organizado para crear conciencia sobre las consecuencias negativas de FOSTA-SESTA desde su instauración, incluida la organización de un grupo de presión masivo y un día de acción en el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales el 2 de junio pasado.

La impugnación legal de Woodhull Freedom Foundation se está llevando a cabo en virtud de las Enmiendas Primera y Quinta de la Constitución de los Estados Unidos, que protegen la libertad de expresión y el debido proceso. La demanda impugna a FOSTA por su alcance “excesivamente amplio” y dice que “sus restricciones a la libertad de expresión también son inconstitucionalmente imprecisas”. Impone sanciones penales basadas enteramente en hablar o publicar en línea con la “intención” de “promover” o “facilitar” los delitos prohibidos, pero no define esos términos “.

La querella también manifiesta: “La Ley crea … ambigüedad al aumentar el castigo para aquellos que actúan “con indiferencia imprudente ante el hecho de que dicha conducta contribuyó a la trata sexual “, pero sin definición de lo que significa “contribuir a la trata sexual”. En su comunicado de prensa, la Woodhull Freedom Foundation declara que “respaldan absolutamente las medidas apropiadas y eficaces para acabar con la trata sexual. FOSTA, sin embargo, confunde erróneamente el trabajo sexual consentido con la trata e interferirá con los intentos más productivos de proteger del daño a las personas vulnerables “.

El Departamento de Justicia de EE. UU., entre otros, planteó preocupaciones sobre restricciones a la libertad de expresión antes de que la ley fuera aprobada en abril de 2017, ya que la ley crea responsabilidad civil y penal para los operadores de sitios web que alojan contenido de terceros que “promueve o facilita la prostitución ‘. La Woodhull Freedom Foundation dijo que “FOSTA representa la censura más amplia de la libertad de expresión en internet desde la Ley de Decencia de las Comunicaciones de 1996, lo que hace que grandes cantidades de discursos constitucionalmente protegidos salgan de internet”.

Crónica de una Prostitución Aliada

 

“¡Zorroridad!”, claman en llamamiento de una hermandad Puta que están consiguiendo con varios colectivos de España; disidentes, transexuales, queers; normales y anormales, todos queremos respeto y derechos

 

Por Cecilia González Rodríguez

15 de junio de 2018

https://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/Cronica-Prostitucion-Aliada_6_782581741.html

 

 

El 2 de Junio de 2018 se cumplían 43 años desde que más de 100 prostitutas de Francia ocuparan pacíficamente la Iglesia de Saint-Nizier de Lyon, para hacer eso que las putas hacen cuando no están trabajando o viviendo: reivindicar respeto y derechos.

Se dice pronto: “43 años”, “100 putas”, “derechos”…. Se tarda un poco más en conseguir las cosas, pero siempre vienen de las alianzas.

Un fin de semana de reivindicar derechos y respeto cierra con un auge en las posturas prosex dentro del feminismo, un sindicato de prostitutas en Barcelona y la puesta en escena de las alianzas nacionales e internacionales de las putas en varios lugares, entre ellos Sevilla, donde el Colectivo de Prostitutas de este mismo lugar trabajó en unas jornadas abiertas para la visibilización de las necesidades y reclamos de estas trabajadoras.

“Sin Putas no hay Feminismo” manifiestan en alguno de sus slogans. Y no es extraño con el preludio de un 8M histórico que nos puso a todos en el contexto de que, verdaderamente, se necesita un cambio profundo en lo social y en lo político si queremos sentir que el mundo es un lugar más justo y “somos dignas de todos nuestros derechos”.

“Las Putas piden paso, no Permiso” era el título de las jornadas. Me toca hablar de Sevilla porque trabajo con su Colectivo de Prostitutas y, va spoiler, aún no se reconocen las prostituciones como parte del sector servicios, así como los derechos laborales derivados de su ejercicio, pero ya parece que mucha gente ha entendido como compleja —y profunda— la realidad de las putas, ¡y no sólo eso!, además casi todas las facciones, declaradas o no feministas, han podido aprender a distinguir Prostitución y Trata de Personas. Felicidades por la parte que a cada cual toca 😉

Putas y aliadas de varios géneros se dieron cita en distintos espacios de la ciudad bética entre el viernes 1 y el sábado 2 de junio, primero para tomar decisiones sobre su trabajo y hablar sobre las necesidades de las diferentes personas que ejercen la prostitución. Luego para abrir un debate y una comunicación con las distintas posturas más o menos ajenas al movimiento, y dentro del mismo.

No voy a negar que el tema remueve conciencias y feminismos, ni que aún hay quien no tiene clara la diferencia entre una opinión personal y un argumento para defender posturas. Tampoco quiero ahondar en la veracidad de algunos argumentos, porque estamos aquí para aprender. Pero, lo cierto es que, aunque la prostitución tenga que ver con el sexo, y el sexo nos asusta —y nos llama casi por igual—, es este un tema como otro cualquiera y se debe exponer para entender a las personas que, además de otra relación con él, trabajan en este sector.

Y esto es lo que ha querido el CPS, y la gente que, independientemente de su postura ideológica, ha hecho posible estas jornadas. Por eso estamos muy agradecidas.  Agradecemos también la asistencia y la participación de las cabezas de cartel que ilustraron al público más variado con vivencias personales, profesionales e ideológicas, para defender y apoyar a las personas que ejercen la prostitución. Entre ellas, profesionales del trabajo sexual, y de otros ámbitos tan diversos como la antropología y lo jurídico, que combinan su compromiso por la defensa de los derechos con el estudio académico, para reivindicar juntos mejoras y derechos para todo el colectivo de trabajadoras del sexo.

Porque ¿qué ocurre a las personas que ejercen la prostitución?: lo mismo que a otros colectivos, pero principalmente que no poseen representación jurídica legítima por lo que, y más ante situaciones de abusos laborales, están desprovistas de una defensa contundente.

No es ningún secreto que una gran parte de la población española está inconforme (o indignada) con el sistema jurídico estatal: las últimas sentencias en materia de  delitos contra la integridad física han sido detonantes. Y, aunque estemos apaciguados por la reciente declaración judicial pública sobre los delitos de corrupción, esto nos lleva a todos a las mismas conclusiones que tiene el Colectivo de Prositutas de Sevilla: algo debe cambiar para que tengamos las oportunidades que nos merecemos, nunca en detrimento de la calidad de vida del prójimo.

Las putas han pedido espacio y voz para explicarnos: primero, que son diversas, y están en lugares diferentes por causas múltiples; son diversas porque hay más géneros que el femenino y también varias orientaciones sexuales e ideológicas. Ocupan lugares tan grandes y abstractos como la calle e internet, y tan pequeños como los pisos o clubes.

El camino que llevó a estas personas a su vida actual no es motivo de reprobación ni de juicio; sí lo es el contexto de discriminación y los abusos que ocurren a causa de la ceguera social bienintencionada. Las putas nos están diciendo básicamente que dejemos de sacar conclusiones psico-socio-patológicas sobre sus vidas, y que sólo trabajando en conjunto, y con los ojos abiertos, podemos resolver las injusticias y la necesidad de garantías en materias de derechos.

Las putas están tan extendidas y son tan transversales como sujetos políticos, que suponen uno de los pilares para acabar con la trata de personas en general, y con fines de explotación sexual específicamente.

Conocen los clubes y las trampas burocráticas de sus dueños y de la burocracia misma. Ejercen un servicio que, como otros, tiene que ver con cosas tan importantes como la salud y el ocio. Debido a esto (y a más cosas) es difícil pensar que la prostitución sea un vestigio predispuesto a desaparecer.

No hay más spoilers, porque estos derechos son un futuro cercano. Y en el presente el Colectivo de Prostitutas de Sevilla sólo quiere dar de nuevo las gracias, por participar, por venir, al público y a lxs compañerxs de Barcelona, Madrid, Canarias, Argentina y… paro porque esto parece una canción de Gente de Zona.

“¡Zorroridad!”, claman en llamamiento de una hermandad Puta que están consiguiendo con varios colectivos de España; disidentes, transexuales, queers; normales y anormales, todos queremos respeto y derechos.

Lo mismitico que lxs trabajadorxs del sexo.

Cecilia González Rodríguez es antropóloga y activista por los derechos de las personas que ejercen trabajo sexual