Los hijos olvidados de Itaipú, investigación sobre la prostitución controlada por la dictadura

Una investigación del sitio de noticias The Intercept revela la forma en que las dictaduras brasileña y paraguaya controlaron un sistema de prostitución en la frontera durante la construcción de Itaipú, lo que dejó miles de nacidos vivos y muertos, abortos, abandonos e hijos sin padres.

 

8 de enero de 2021

https://www.ultimahora.com/los-hijos-olvidados-itaipu-investigacion-la-prostitucion-controlada-la-dictadura-n2922056.html

 

La prostitución se consideró una necesidad para el buen funcionamiento de las obras, un sitio de construcción compuesto principalmente por hombres solteros.Foto: theintercept.com

 

The Intercept, en una investigación periodística sin desperdicios, cuenta sobre cómo el barrio rural de Três Lagoas de Foz de Yguazú, Brasil concentró la mayor cantidad de burdeles en la frontera con Paraguay, donde se estima trabajaron al menos 10.000 mujeres, en más de 30 casas de prostitución.

Según la publicación, las obras de Itaipú hicieron explotar la población de Foz de Yguazú, que pasó de 35.000 habitantes en 1975 a 140.000 en 1984, fechas del inicio de las obras y del inicio de las operaciones de la planta.

Los datos señalan que en el mismo periodo también creció el nacimiento de niños sin el nombre del padre en el registro. En esa década, Foz de Yguazú registró el nacimiento de 4.280 niños vivos y 134 niños nacidos muertos sin paternidad definida.

El medio destaca que esta cifra es al menos cinco veces más alta que en la década anterior a la operación de la central hidroeléctrica. Pero al término de la megarrepresa, la ciudad fronteriza registró 7.605 nacidos vivos y 96 mortinatos sin paternidad reconocida entre 1985 y 1994.

 

The Intercept señala que en aquella época miles de mujeres trabajaban en la zona con el consentimiento de la dictadura militar, que con el dinero de la venta de sus cuerpos ayudaron a financiar armas y municiones para el Estado y que sus hijos son uno de los pocos recuerdos de la época en que la dictadura se benefició de la prostitución.

De acuerdo con la investigación, “Itaipú se negó a asumir ninguna responsabilidad o discutir abiertamente la zona de prostitución, a pesar de que el cambio en la ubicación de los clubes nocturnos se produjo para satisfacer sus intereses”, asegura el sitio de noticias.

Sin embargo, para los investigadores, tanto “la empresa y las autoridades de la ciudad entendieron la necesidad de una zona de tolerancia lo suficientemente alejada del centro de la ciudad, fácilmente accesible por la carretera y lo suficientemente amplia para contener la cantidad de casas necesarias para atender a los miles de trabajadores de la represa que llegarían a la frontera”, como también lo afirmó John Howard White en su tesis doctoral sobre género y trabajo en la frontera entre Brasil y Paraguay.

El trabajo periodístico también recoge la opinión de la geógrafa Patricia Claudia Sotuyo, en su maestría, en la que menciona que los guardias de Itaipú controlaban los burdeles para que no hubiera peleas y los trabajadores no se emborracharan hasta el punto de que al regresar al trabajo pudieran sufrir o provocar un accidente.

Asimismo, señala que la zona de prostitución también era monitoreada de cerca por el Estado. Todas las trabajadoras sexuales de Três Lagoas estaban registradas en la Policía Civil de Paraná. En el inicio se contabilizó alrededor de 700, pero, al final del trabajo de la represa, ese número totalizaba 10.000.

La mujer que trabajaba encargada de un burdel muestra la tarjeta de identificación de aquella época.
Foto: theintercept.com

Siempre según la investigación, el Estado ejerció control sobre los cuerpos de esas miles de mujeres mediante la emisión de la “tarjeta de bailarina”, con foto y datos personales en el anverso y sellos de visita médica en el reverso.

Increíblemente, la Policía Civil, a través del Fondo Especial para la Modernización de la Policía, Funrespol, se encargaba de inspeccionar los exámenes médicos de las mujeres y cobrar los derechos de licencia de los clubes nocturnos.

Eso a pesar de que el Código Penal de Brasil de 1940 considera un delito «aprovecharse de la prostitución ajena, participando directamente de sus ganancias o apoyándose, total o parcialmente, en quienes la ejercen». La pena de prisión es de uno a cuatro años y multa.

La administración del dinero tuvo un cambio cuando los militares tomaron ell poder, en 1964, con la intención de llevar el proyecto de un “Gran Brasil”, según el libro Devir Puta del antropólogo José Miguel Nieto Olivar, y establecer una sociedad de principios morales, cristianos y conservadores.

“Pero en Itaipú, los militares prefirieron aprovechar la prostitución. El personal de la comisaría de Foz de Yguazú envió informes mensuales de recaudación al comando de la Policía Civil en Curitiba. No se tiene constancia de cuánto dinero aportó a la dictadura militar la prostitución vigilada en Três Lagoas”, destaca la publicación.

En cuanto a los números exactos de niños nacidos de las relaciones entre barrageiros y prostitutas, The Intercep prefiere no arriesgarse a precisar, pero sostiene que unos 12.115 nacimientos se encuentran registrados sin el nombre del padre en solo dos décadas de influencia directa de Itaipú en la demografía de Foz de Yguazú.

Esta situación, donde había tantos bebés, hizo que las familias del barrio rojo hicieran un esfuerzo colectivo para cuidar a los recién nacidos. Varios pobladores contaron que incluso adoptaron más de 30 a 40 niños.

En Paraguay

El material periodístico también reúne información de lo que sucedía, en aquel entonces, en Paraguay. De este lado de la frontera también había adolescentes en las casas del barrio María Magdalena, que contaba con 400 mujeres en 37 discotecas.

“Al igual que en Brasil, del lado paraguayo, cada mujer tenía que pagar una cuota al ayuntamiento para registrarse y otra mensual para trabajar. Los dueños de la discoteca pagaban cada mes para operar, además de un adicional al jefe de policía por “protección especial”, que incluía rescatar a mujeres que pudieran haber huido. “Nadie podía irse”, menciona el sitio con base en los detalles dados por el periodista paraguayo Alcibíades González Delvalle.

Al respecto, el comunicador comentó al medio que las autoridades locales le dieron mucha importancia al comercio sexual de Hernandarias. Mientras que el titular del Centro de Salud también cobraba a las mujeres una cantidad cada 15 días, con el pretexto de la atención clínica. La prostitución en la frontera entró en decadencia con el fin de las obras de Itaipú y la propagación del sida.

La publicación concluye con la reflexión de González Delvalle, quien considera que la prostitución fue parte vital de la construcción de la central hidroeléctrica; mientras que el historiador John Howard White coincide en que los hombres no podrían haber trabajado tantos años correctamente sin relaciones regulares, y la planta hidroeléctrica no podría construirse sin trabajadores en la presa. «En resumen, no podría haber represa hidroeléctrica sin trabajadoras sexuales».

No obstante, lamentan que ni Itaipú ni los subcontratistas reconocieron a las prostitutas como una categoría legítima de trabajadoras, con los mismos beneficios otorgados a las trabajadoras de la represa.

 

Núñez: “Algunas no trabajan por miedo a que por su culpa muera un cliente muy mayor”

Líder sindical de las trabajadoras sexuales repasa una vida signada por el meretricio. Hoy “cortó cadenas” y tiene una hija universitaria.

 

 

Por César Bianchi
@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López 

1 de mayo de 2020 

https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Nunez–Algunas-no-trabajan-por-miedo-a-que-por-su-culpa-muera-un-cliente-muy-mayor–uc751590

 

La bisabuela de Karina Núñez fue prostituta, su abuela fue prostituta y su madre también lo fue. Ella, Karina, siguió el oficio heredado entre Fray Bentos y Young, donde trabajó durante 22 años. Fue meretriz y hoy se reivindica trabajadora sexual, con todos los derechos que le garantizó una ley que no la satisface del todo, aunque le da garantías jurídicas y laborales que sus antepasados no tuvieron. Lo curioso es que la bisabuela no quería eso para su hija, su abuela no quiso eso para su hija (la mamá de Karina) y su madre no quiso eso para ella. Pero ninguna pudo escaparle al sino que, al parecer, tenían marcado. Como si fuera un camino sin escapatoria o una herencia de vida maldita.

La que sí rompió con el traspaso de esa posta fue Karina. Su hija Valeska hoy está estudiando primer año de facultad (quiere seguir Relaciones Laborales) y su otra hija, Soledad, trabaja en atención al cliente de una empresa. Ninguna de las dos fue explotada sexualmente ni ejerció por voluntad propia. Y son, recién, las dos primeras mujeres de la familia en escaparle al designio de la Pompayira.

Karina tiene 46 años, pero a los clientes les dice que tiene 56 porque en la calle tener más edad y más arrugas le dan otro estatus de mujer experimentada y solvente. Ella, que no terminó el liceo, dice cosas como: «el proceso que yo había deconstruido», «el empoderamiento de las compañeras», «hacemos del sexo erotizado nuestra forma de ganarnos el salario» u «opresiones culturales que van generando estigmatización». En su formación teórica, dice, mucho tuvo que ver Diana González, quien le dio un basamento teórico a su lucha.

Esta activista social y feminista, celebra precisamente hoy dos años con su colectivo OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), pero dice que todavía falta mucho por hacer. Para empezar, quitarle poder a los hombres que manejan el negocio, permitir que ellas puedan mandar sobre su cuerpo y su negocio, y seguir combatiendo la trata. Se anota en su CV haber sacado 27 chicas de ese infierno y haber desarticulado cuatro redes de trata de personas.

Y cuenta que en tiempos de coronavirus, su sindicato pasó de 64 trabajadoras a 127 y las más perjudicadas son las que viven en grandes urbes. Por otra parte, muchas tuvieron que reinventarse y se pasaron al sexo virtual, hoy de moda. Otras, aunque sea por culpa, debieron desistir de atender a clientes mayores de 60 años por no querer ser las culpables de cargar con esa cruz.

 

-Comenzaste a ejercer la prostitución a los 18 años. Pero antes tu madre, tu abuela y tu bisabuela también fueron trabajadoras sexuales. ¿Por qué pensás que fueron heredando este oficio? ¿A qué atribuís que ninguna mujer en tu familia haya tenido éxito en los estudios?

-Creo que tiene muchísimo que ver con la influencia de mi padre. Él nos sacó del círculo en que mi bisabuela, mi abuela y mi madre nos habían criado. Eso de naturalizar que eso era lo que tenías que hacer.

-¿Y por qué «eso era lo que tenías que hacer»? ¿Por qué no estudiar, ir al liceo, después seguir una carrera u otro oficio?

-Y no sé… no se me ocurre ahora por qué no. Pensando en ellas no sé. Igual mi madre siempre tuvo clarito que no era lo que quería para nosotras. Y nos hizo estudiar, a mango, ¿no? Siempre buscó otra cosa para nosotras, como lo buscó su madre para ella. A los 9 años mi bisabuela se la dio a una familia de plata de Montevideo para que la criaran bien (a mi madre). Mi abuela parió 11 gurises en proceso de trabajo sexual, pero no se quedó con ninguno. Mi bisabuela crió a mi madre y a otro hijo de ella.


«Yo no sabía la tabla del 9, pero sabía cómo desvestir a un cliente, porque veía a mi cuidadora desvestir a los tipos. Y yo nunca había visto a un varón desnudo. Me explotaron sexualmente a los 12, por una moneda de 10 pesos»


Entonces, cuando mi bisabuela estaba muy viejita, la dio a una familia donde ella trabajaba para que fuera la gurisa de compañía de la señora mayor de la casa. Y al final de cuentas mi madre terminó siendo la dama de compañía del hijo de la señora. Ya con 11 años. Cansada de las cosas que pasaba, mi madre se escapó una tarde, se fue, alguien la levantó, con esa persona se quedó, paró en una pensión y a la semana la paró en una esquina a laburar. Pero ya mi bisabuela no quería eso para mi madre. Para mi bisabuela, el mejor camino era que mi madre fuera empleada doméstica de una familia «de bien». Y al final, terminó siendo carne de cañón para los hombres de esa familia «de bien», porque primero fue el hijo de la vieja y después el nieto de la vieja los que tenían relaciones con ella.

-¿Quién te convenció de que vos también tenías que ser trabajadora sexual? ¿Tu propia madre?

-No, no, no. Ella nunca quiso eso para mí. Se me fue dando por normal. Nosotras quedamos a cargo de otras personas en el barrio cuando mamá salía a laburar. Ella le pagaba a alguien para que supuestamente nos cuidara (lo que nunca hizo). Y esas mujeres recibían clientes en casa donde nos quedábamos… Yo no sabía la tabla del 9, pero sabía cómo desvestir a un cliente, porque veía a mi cuidadora desvestir a los tipos. Y yo nunca había visto a un varón desnudo, pero ya sabía cómo se los desnudaba.

-Tú empezaste como trabajadora sexual a los 18 años, con la mayoría de edad…

-Sí, con la mayoría de edad. Pero anteriormente a esa edad era explotación sexual.

-¿Y a qué edad te explotaron sexualmente por primera vez?

-A los 12 años, por una moneda de 10 pesos, aquellas grandes que tenía un ceibo. Continué siendo explotada hasta los 18. Siempre me explotaba gente del contexto cercano. Lo único que cambió con el pasar de los años fue que ya no era que fuera por comida, sino que las compañeras me avivaron y me decían que tenía que ser por plata. Y a los 18 arranqué en la etapa del meretricio. Pero no era trabajadora sexual. Según la ley en Uruguay trabajadora sexual soy cuando tengo la libreta sanitaria.

-Cuando cumpliste 18 o incluso algún año antes, ¿no te lo cuestionaste, siendo que además tu madre no quería que repitieras su camino?

-No, porque en realidad era la forma de la independencia económica, y en ese ámbito era la forma de la libertad, porque en el ejercicio que hice fue a través de la salida del país. Lo tomaba como salir del entorno que me apremiaba y me dolía, que era estar en mi casa. Me iba con camioneros a Bolivia, Paraguay, Brasil, Chile, Argentina, a trabajar. Me contactaban en el puerto de Fray Bentos y de ahí me iba, pero yo trabajaba para mí.

-¿A tus hijos le hicieron bullying por ser hijos de una meretriz?

-Sí. A mi hijo grande y ya más crecida a mi hija mayor. El gurí mío arrancó el jardín de infantes en el centro de Fray Bentos, y en las primeras llevadas estaba con él en la vereda y vino una compañerita y le mostró un molinete que tenía. Y vino la madre, la manotea a la gurisita y le dice: «¡No te dije que no te juntes con este gurí, que la madre changa en el puerto!». Así, a bocajarro. El gurí mío, con 5 años, no entendía nada. La mujer entró a llevar a su niña y yo la esperé a la salida, para que me dijera eso nuevamente. Y salió la maestra a decirme que cómo iba a hacer escándalo en la escuela y blabla… Y la madre esta dijo: «¿Qué podés esperar de las putas estas?». Cuando dijo «putas» voló maestra, voló la madre, voló todo a la mierda… Y ta, me detuvieron y me llevaron a la seccional a una cuadra y no me metieron presa por lesiones porque las otras madres salieron en defensa mía, de que ella había dicho eso. Pero el que la llevó peor fue el gurí mío, porque hacían cumpleaños, fiestitas, excursiones y al negro no me lo invitaban a ningún lado.


«Si estamos en una instancia de visibilización con personas que se dicen progre, siempre te van a decir puta, porque lo toman de las compañeras argentinas y lo toman como que es algo muy pro. En mi vida ‘puta’ está asociada a sufrimiento»


El gurí mío, Durbal, cumple el 4 de diciembre, el mismo día que la Valeska, una de mis hijas, Entonces les hice un cumple a los dos y no fue ninguno de los compañeritos de él… Entonces ahí dije: «Les va a pasar lo mismo que a mí con mamá, que como mi madre trabajaba en la noche, se creían que podían gritarme lo que se les cantara». Yo sabía lo que eso dolía, y no quería que pasaran con lo mismo. Entonces le dije a mi madre: «Mamá, todo lo que tenga que ver con el negro, andá vos con él, acompañalo vos». Y no me presenté más ni en la escuela, ni en nada.

Después pasó lo mismo con Valeska. Ella iba a la escuela con las gurisas del barrio y todo el mundo sabía en qué laburaba yo. Ella tuvo una pelea con las compañeritas y arrancaron a decirle al resto a qué me dedicaba yo. La cambié de escuela. Y con la Sole, la más grande, no porque sea mi hija pero es hermosa, y cuando nos tocaba a hacer las compras, una vuelta me para un cliente mío y me dice: «¿Cuánto me cobrás por la nena?». Y ya después de ahí nunca más salí a caminar junto con ella… porque yo ya sabía qué era lo que venía…

-¿Quién es María Lina Fontoura? Contame.

-María Lina Fontoura es la «mamá» de Valeska. Es como si fuera la mamá. María Lina es un ser de luz, ella y su esposo Miguel, son quienes cuidan y aman a Valeska desde que ella tenía un año. Se quedaban a cuidado de ella cuando yo trabajaba. Pero no solo a cuidado de Valeska, sino también me cuidaban a mí y a mis gurises cuando lo precisamos. Eso es en el barrio El Arroyito, a media cuadra de donde yo vivía con mis padres y mi abuela en Fray Bentos. Y después, cuando quedé embarazada de los mellizos, les dejé una moto en garantía, para pagarles cuando pudiera volver a laburar y nunca quisieron agarrar la moto, y no quisieron cobrarme nada. Más de una vez no pude laburar y me dieron de comer a mí y a mis gurises.

-¿Te ofendés si te dicen…?

-…¿prostituta? Sí, me ofendo, porque la prostitución es meramente una calificación de un acto impúdico. Tiene mucha moral. Tiene más moral que percepción humana.

-No quiero saber entonces cómo te ponés si te dicen «puta».

-Dependiendo de la forma en que me lo digan. Si estamos en una discusión acalorada, el puta tiene una connotación. Pero si estamos en una instancia de visibilización con personas que se dicen progre, siempre te van a decir puta, porque lo toman de las compañeras argentinas y lo toman como que es algo muy pro.

-¿Y para vos es «pro»?

-A mí todavía me duele la palabra puta, porque tiene una connotación… en mi vida está asociada a muchísimo sufrimiento, pero valoro muchísimo que las nuevas generaciones puedan tomar la rabia y transformarla en lucha.

-El periodista Antonio Álvarez escribió en el prólogo de mi libroMujere$ Bonita$ (Sudamericana, 2008) que el origen de la palabra puta viene del griego budza, un vocablo griego que significa «sabiduría». «Las esposas ignoradas por sus maridos designaban así a aquellas congéneres conocedoras de los placeres de la carne. El habla popular sustituyó la suavidad de la B por la más vigorosa P, transformándose en pudza. Durante el Imperio Romano, puta intentó retomar su senda de dignidad sin demasiada suerte», escribió él. ¿A qué va todo esto? A que en febrero ustedes un taller que se llamó «Preguntale a la puta». Que ustedes mismas se digan putas, ¿es una forma de luchar contra lo políticamente correcto? ¿O una forma de luchar contra el estigma?

-Hicimos una instancia en la calle que se llamaba «Preguntale a la puta», sí. Es que las compañeras jóvenes toman esa palabra para empoderarse, como que nombrarse a sí mismas con la palabra que para el otro es grosero o denigrante, apropiártelo y usarlo como herramienta política de lucha. A mí me parece genial por ellas, pero a mí me duele todavía la palabra… Tiene que ver con una construcción personal, porque vengo de una década dolorosa.

-«En segundos, una de mis hijas pasará a ser estudiante universitaria. Detrás de ella lloramos cuatro generaciones anteriores de mujeres trabajadoras sexuales que en ella rompimos cadenas». Eso publicaste en febrero en Twitter cuando tu hija Valeska comenzó la universidad. ¿Qué sentiste ese día?

-Rompimos cadenas con respecto al sistema educativo, ¿no? Mi bisabuela y mi abuela eran analfabetas, mi madre hizo hasta cuarto de escuela, y yo llegué hasta cuarto de liceo, no hice bachillerato. Hice quinto, pero no lo aprobé. Ese tuit lo escribí cuando Valeska se anotó en la Facultad de Derecho para hacer Relaciones Laborales.


«Tengo 72 diplomas o reconocimientos, desde talleres sobre VIH o sexualidad hasta exposiciones en Congresos de Sexología. Pero para el cliente soy ‘la gorda Karina que changa en la rotonda’. Yo soy lo que decido ser, no lo que me etiqueten»


Ese día tuve muchas ganas de llorar… muchísimas ganas de llorar porque cualquiera de nosotras anteriormente lo hubiéramos deseado, pero no se materializó y que ella pudiera ir a la universidad… es hermoso. Yo sé la diferencia que hace la educación en la vida de las mujeres, cuando todavía están en proceso de empoderamiento y aprendizaje. Pero me aguanté el llanto, porque para ella era un momento que no daba para lágrimas, de mucha alegría. Ella solo había ido cuatro veces a Montevideo y se maravillaba con los edificios. Era muy lindo lo que estaba viviendo.

-¿En qué momento te convertiste en activista y defensora de los derechos sindicales de las trabajadoras sexuales?

-¡Todo el mundo me pregunta lo mismo y yo no tengo ni idea! Eso es por la maldita costumbre de ponerle etiquetas a todo. Esto de «sos feminista de avanzada de la primera ola», «sos tal o cual cosa», entonces dependiendo de la etiqueta, con quién vos te relacionás. A mí me gusta relacionarme con todo lo que me haga bien. Ahora, si del otro lado no tengo receptividad -porque una cosa que me enseñó el trabajo sexual es que la única que no me traiciona es mi piel-, entonces eso de encajar… Yo no quiero encajar en ningún lado. Solo quiero compartir todo lo que sé en la mayor cantidad de lugares posibles. Los que ponen «activista» son ustedes. Yo soy Karina.

-Tenés 72 diplomas o reconocimientos, siete de ellos son de la Udelar. ¿Diplomas en qué?

-Acá están (abre una carpeta y busca). Son diplomas de cursos y capacitaciones, de reconocimientos de juntas departamentales, de cursos en conserjería para personas con VIH, los primeros que tengo son de motosierrista, de ITF/Sida, déjame ver (sigue buscando en la carpeta), de entrevista motivacional, sobre violencia basada en género, sobre sexualidad, sobre derechos para poblaciones LGTBIQ, sobre sífilis, sobre derechos sexuales y reproductivos, discriminación, familia LGTB, sobre sexología. Este (muestra) es cuando expuse en el Congreso de Sexología sobre el rol de los consumidores de sexo en el desarrollo de la sexualidad en niñas y niños explotados sexualmente. Este (muestra otro diploma) es de la Universidad de la República, el último que me dieron, que tiene el loguito brillante…

-Pero sin embargo, paras la gente —pienso en los lugareños de Young, donde trabajaste durante 22 años—, ¿quién eras?

-«La gorda Karina que changa en la rotonda de la ruta».

-¿Y qué moraleja sacás de eso?

-Que yo soy lo que yo decido ser, no lo que ellos me etiquetan.

-Me da la impresión que por tu personalidad, ese estigma nunca te pesó. Lo supiste sobrellevar con tu carácter y tu militancia. ¿Pero cómo lo lleva la mayoría de las trabajadoras sexuales?

-Pah… a muchas de las compañeras eso las hunde, a tal punto de que ni siquiera se permiten participar en espacios entre pares, para que no se sepa que son trabajadoras sexuales.

-En las últimas elecciones nacionales fuiste candidata a diputada por el Frente Amplio en Young. Estuviste en el quinto lugar de la lista 42020 que lideraban Oscar Andrade y Carolina Cosse, y en el puesto 11 al Senado. ¿Qué te dejó la campaña y tu paso por la política partidaria? ¿Qué aprendiste?

-Fui la primera trabajadora sexual en toda Latinoamérica en estar postulada a dos cámaras del Parlamento. ¿Qué aprendí? Yo de ellos nada. Y estar en política me dejó mucha amargura. Viste que no los podés putear… Si supuestamente la política está hecha para ayudar a que los más desfavorecidos lleguemos a nivelar la vara, yo no puedo ser obsecuente cuando me estás pisando la cabeza.

-¿Y eso te pasó con alguien de tu propio sector, del Partido Comunista?

-Sí… La gente de Montevideo se cree que es el ombligo del mundo. Ellos piensan que porque están atrás de un mostrador y tienen en Google Maps se saben todo de todos los territorios. Vos no me podés discutir a mí, que trillé las calles de los pueblos, diciéndome que acá hay tal o cual cosa, ¡si yo sé que no! Yo lo tomo como avasallar mi conocimiento del territorio. Yo con la pata en el piso, y me decían: «Pero acá el Google Maps me dice que hay tal cosa», si yo te digo que fui, golpee, hablé y la gente no está, es porque no está. Era como ningunear mi conocimiento. Pero pelearme a piñas por política, no, no… Me peleaba por mi esquina, me peleaba a las trompadas por mi lugar en la calle. ¿Por política? No.

-Como activista participaste de campañas por la legalización del aborto, contra la baja de la edad imputabilidad, promoviste la ley trans, además de ser una connotada activista feminista. Si hubieras llegado al Parlamento, ¿por dónde habrían pasado tus inquietudes, tus prioridades como legisladora?

-Por la niñez y la adolescencia. Hubiera instaurado la castración de los violadores. Incrementaría los procesos de empoderamiento de la niñez, generaría espacios de escucha activa, real, cuyo centro fueran los gurises.

-Lacalle Pou propuso en campaña y ahora creará un registro de violadores y abusadores sexuales.

-Sí, pero ¿cómo resarcís la vida de las personas que ya violó? Porque por cada víctima que identificás y lo sancionás, ya violó a siete u ocho antes. ¿Cómo reparás los casos que quedaron debajo de la alfombra? La única forma es empoderar a los gurises desde la vivencia, de su corporalidad, y desde la percepción del riesgo.

-Recién decía que sos feminista. Pero en la marcha por el Día de la Mujer del año pasado unas chiquilinas te rompieron un cartel que decía «Las trabajadoras sexuales también tenemos derechos laborales». ¿A qué lo atribuís?

-Lo atribuyo a la euforia esta que se genera con el abolicionismo del trabajo sexual, importado desde la Argentina. Cuando hablamos de abolicionismo (del trabajo sexual) lo que se trae como muestra es lo que pasa en Argentina, donde el trabajo sexual tiene una prohibición total. No se puede comparar con Uruguay, donde nunca estuvo prohibido. Vos no podés comparar un contexto de Argentina donde la trata manda y transversaliza todos los ámbitos y nadie hace nada, con Uruguay…

-«Soy la mujer que más gente presa ha metido en cuanto a redes de tratas y las que más víctimas de trata ha rescatado en este país», dijiste en Desayunos Informales. ¿Cómo es esto?

-Es así, gracias a la confianza que las compañeras me han tenido. Si ellas no te lo cuentan y te llevan a las situaciones, vos no tenés cómo denunciar, porque nuestro sistema jurídico es contra prueba. En números totales, desde el 2008 he realizado más de 600 denuncias contra la trata. Logré meter gente presa de cuatro redes de trata de personas. Y saqué 27 mujeres de ese tormento.

-Hoy -1° de mayo de 2020- se cumplen dos años del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) que reúne más de 120 trabajadoras sexuales de varios departamentos…

-Yo el 1° de mayo de 2018 hice una convocatoria en mis redes invitando a trabajadoras sexuales que quisieran sumarse a la idea de modificar la ley de trabajo sexual. Tuve que ponerle un nombre para la instancia que hicimos el 26 de junio, cuando en la Sala Zitarrosa lanzamos la campaña por la modificación de la ley de trabajo sexual.


«Cuando hablamos de abolicionismo del trabajo sexual lo que se trae como muestra de Argentina, donde el trabajo sexual tiene una prohibición total. No se puede comparar con Uruguay, donde nunca estuvo prohibido»


Hasta este pasado 1° de marzo éramos solo 64 trabajadoras sexuales de tres departamentos (Soriano, Rivera y Flores). Con esto de la pandemia llenaron el formulario de ingreso al sindicato unas 127 trabajadoras sexuales de Rivera, Salto, Paysandú, Florida, Soriano, Flores, Colonia, Tacuarembó y Canelones.

La finalidad fue rebatir la presentación que hizo el delegado del BPS ante la Comisión Nacional de Trabajo Sexual, la que integro desde el 2010. El representante del BPS presentó una modificación (a la ley), donde a mi entender lo que hacía era validar la figura del proxeneta como patrón. Entonces, cuando lo plantee, se me dijo que era inviable cambiar eso, que se iba a presentar tal como estaba en el Parlamento, entonces por eso salí a las redes y formé OTRAS.

-¿Cuáles han sido los principales logros del sindicato en dos años? ¿Qué has logrado como defensora de los derechos de las meretrices uruguayas?

-De las trabajadoras. Yo no defiendo meretrices. No defiendo a mujeres que no pertenezcan al rango jurídico que nos da la ley. Tengo la convicción de que para llegar a ser trabajadora sexual una tiene que hacer una autopercepción personal de que hay que llevarlo de forma digna y profesional.

¿Logros? Visibilizar un núcleo de personas que estamos al margen de todo lo que tiene que ver con el derecho real, estamos visibilizadas en el papel, pero invisibilizadas en la práctica. Y visibilizar que formamos parte de la sociedad.

-En Uruguay la prostitución está regulada como trabajo sexual desde 2002, pero tú dijiste en nota con Página 12 de Argentina que la actual ley «favorece a los grandes traficantes que manejan el negocio». ¿Por qué?

-Sí, porque ellos ponen las reglas del mercado dependiendo de la cantidad de mujeres que tengan. Es como todo comercio: el que tiene mayor cantidad de stock, maneja el mercado. Tiene la misma lógica que las leyes del mercado, la oferta y la demanda.

-¿Qué cambios te gustaría hacerle a la ley 17.515 que regula el trabajo sexual?

-Hay que ponerle una bomba… Habría que adecuarla a todas las normativas internacionales de derechos humanos como se han reconocido respecto a los demás colectivos. Porque casi todos los otros colectivos han logrado ponerse a tiro con las cosas que tiene que ver con la toma de decisiones basadas en derechos humanos. A nosotras no nos pasa. Me refiero, por ejemplo, a que la autonomía sobre los cuerpos la lograron las mujeres que lucharon por el aborto seguro y gratuito. La autonomía sobre los cuerpos la lograron las compañeras trans al ser reconocidas con el cambio de nombre y sexo registral. Entonces, la autonomía sobre nuestros cuerpos, que en el ejercicio del trabajo sexual, tiene que ser administrado solo por nosotras se nos tiene que ser dado. No como la ley actual que dice que para ejercer tenés que estar en lugares que dependen de otros.

-¿Cómo ha cambiado el trabajo sexual con el Covid-19 y cómo ha afectado la pandemia a las trabajadoras sexuales?

-Para analizar el Covid-19 en clave de trabajo sexual primero tenemos que saber que el coronavirus no es lo mismo para una trabajadora virtual de la capital que para una trabajadora sexual de una whiskería en un pueblo donde ni el ómnibus entra. Se viven de diferentes formas. Hoy en día las trabajadoras que trabajan en los pueblos más alejados son las que más trabajan. Sí les afecta muchísimo a las compañeras que están en las grandes urbes o capitales departamentales. A ellas sí, y muchas tuvieron que adaptarse a esta realidad y reinventarse. Por eso muchas compañeras tuvieron que recurrir a las tecnologías, al Whatsapp, Zoom, trabajar con sexo virtual. ¡Hay muchísima gente que paga por sexo virtual!

Exposición fotográfica en la UCU


«El coronavirus les afecta muchísimo a las compañeras que están en las grandes urbes. Por eso muchas tuvieron que recurrir al Whatsapp, al Zoom, a trabajar con sexo virtual. ¡Hay muchísima gente que paga por sexo virtual!»


-Pero en el sexo presencial y nada virtual, hay un riesgo grande de contagio…

-Sí, corremos riesgo las que vamos a espacios abiertos. Y las compañeras que tienen clientes muy mayores son las que están en el horno, porque son población de riesgo. Muchas prefieren no trabajar por miedo a que por su culpa muera su cliente.

-Sos autora del libro El ser detrás de una vagina productiva para el cual te entrevistaste con casi 300 trabajadoras sexuales que contaron su experiencia en primerra persona. ¿Cuáles son los denominadores comunes, el hilo conductor, que reúne a todas esas historias de vida?

-Entrevisté a 2.000. Unas 313 llenaron un formulario con 30 preguntas. Los denominadores comunes son la explotación sexual comercial por parte de otra persona o su círculo cercano, el mercado de consumo (querer tener los últimos championes, los últimos zapatos, siendo pobre), y la invisibilización. Y el factor educativo, que transversaliza todo: bajo nivel educativo, en general.

-Tus dos hijas son las primeras mujeres de tu familia que no son prostitutas.

-Así es. Ni fueron explotadas. Primero que nada, fueron las primeras que no fueron explotadas sexualmente: no tuvieron que permitir que su cuerpo fuera tocado por necesidad económica o alimenticia.

-¿Y eso qué significa para vos?

-Uff… Nunca hubiera pensado que sería realidad. Es más que un orgullo, es una mezcla de muchas cosas lindas. Pero es más que orgullo, es como un sueño…

-¿Sos feliz?

-Sí, por ellas. Y la verdad que valió la pena todo el sacrificio y todas las puteadas que recibí.

 

 

¡Escuchad, por fin, a las mujeres!

Páginas 35-38 en: https://cdn-prod.opendemocracy.net/media/documents/BTS_Sex_Workers_Speak.pdf

 

Las trampas, la extorsión, el encarcelamiento y las calumnias del Estado agudizan la conciencia de las trabajadoras sexuales que denuncian las medidas utilizadas invariablemente para reprimir a las mujeres y socavar las luchas de liberación feministas.

 

Gail Pheterson*

 

Las mujeres pusieron en marcha un movimiento de liberación de base hace cincuenta años en una desafiante resistencia contra la opresión. Esas feministas sabían que su lucha era peligrosa, pero eran implacables al reclamar los derechos de las mujeres como personas autónomas. ¿Dónde estamos ahora en esta cruzada por la libertad?

La idea de igualdad entre los sexos se ha convertido en el centro de atención mundial en las últimas décadas, pero la liberación de las mujeres todavía está muy lejos de alcanzarse. Las autoridades gubernamentales, las organizaciones mundiales y los reformadores sociales continúan socavando el análisis radical del sexismo generalizado con una retórica cargada de emociones de la desgracia individual femenina y la mala conducta masculina. Las exposiciones de hombres criminales y perversos que capturan a mujeres indefensas provocan la indignación pública y dejan intactos obstáculos institucionales para la movilidad, el trabajo y la autodeterminación corporal de las mujeres. Esta retórica sabotea las estrategias de liberación al llevar a las mujeres en fuga a la custodia protectora del status quo. El discurso contra la violencia sirve entonces para reforzar la represión estatal de las mujeres. A sabiendas o sin saberlo, el sistema ha logrado arrancar la agenda feminista de su fibra subversiva. El resultado es un camuflaje efectivo de la causa política de la huida de las mujeres y el desprecio por las necesidades materiales de las mujeres, sus elecciones sociales y, lo que es más insidioso, su autonomía para pensar y dar forma a sus destinos.

Todas las mujeres tienen razones para buscar la libertad, pero no todas enfrentan las mismas condiciones de vida. Las soldados de infantería contemporáneas de nuestro movimiento son mujeres migrantes sin derechos que no pueden salir de casa, cruzar fronteras, ganar dinero o vivir de forma independiente. Sin derechos, se ven obligadas a negociar su supervivencia con especuladores abusivos dentro y fuera de la ley. En la legislación, los medios de comunicación populares, los registros policiales, las convenciones de la ONU e incluso los tratados feministas mal fundados, son etiquetadas como mujeres víctimas de trata, atrapadas en el nexo de las relaciones de poder globales y clasificadas como este o aquel tipo de víctima o vagabunda.

Feministas inteligentes

Las trabajadoras sexuales activistas son inteligentes analistas feministas de estas maquinaciones; su conciencia indudablemente se agudiza por las pruebas diarias de (escapar) de las trampas, la extorsión, el encarcelamiento y las calumnias del Estado. Como establecen realaciones íntimas con los hombres, los funcionarios del gobierno solicitan prostitutas para que actúen como agentes encubiertos e informantes. Su ventaja sobre las mujeres de buena reputación social es su exclusión de la sociedad educada y la experiencia directa del vicio institucional. Las feministas de la corriente dominante harían bien en escuchar su palabra en público como lo hacen las autoridades masculinas en privado. Su primera demanda es la despenalización del trabajo sexual. Esto implica derogar las prohibiciones contra las negociaciones y los servicios vinculados a la industria del sexo, incluida la contratación de terceros para facilitar la gestión de las empresas y los viajes a los mercados extranjeros. En otras palabras, las trabajadoras sexuales exigen la abolición de las leyes contra la prostitución, el proxenetismo y la trata. Saben que tales leyes se traducen invariablemente en vigilancia discriminatoria, multas, arrestos, detenciones y expulsión de mujeres migrantes.

Dado que la opinión popular equipara el proxenetismo y la trata con el uso vil y el abuso de las mujeres, los reformadores bien intencionados persisten en promover una legislación restrictiva que restringe las negociaciones sexuales y los desplazamientos geográficos de las mujeres. La mayoría de las leyes penales existentes contra el proxenetismo y la trata son sobre sexo, dinero y viajes, no sobre violencia. Algunos países requieren evidencia de fuerza para proceder con el enjuiciamiento, pero las mujeres están sujetas a vigilancia discriminatoria racionalizada como medidas preventivas «por su propio bien».

La violencia, la coerción y el engaño, por supuesto, ocurren en la prostitución, como en otras partes del sistema de clases sexual. Ciertamente, las trabajadoras sexuales deberían tener el mismo recurso a las leyes contra esos crímenes que cualquier demandante legítimo tendría en casos de agresión, violación, fraude, secuestro u otro delito contra su persona. Pero la igualdad de trato jurídico es incompatible con la clasificación perjudicial como prostituta o mujer víctima de trata. Las trabajadoras sexuales exigen una consideración genérica, neutral en cuanto al género, indiferenciada de otros trabajadores, ciudadanos o seres humanos. Los crímenes contra las mujeres no son crímenes contra dependientes incapacitadas, contra la propiedad o contra la moralidad: son crímenes contra individuos.

 ¿Penalizar el matrimonio?

Las mujeres tienen amplios motivos para una ejercer una acción de clase que reclame una indemnización por una serie de injusticias, ya sea trabajo no remunerado, insultos, agresiones o discriminación. La reparación podría ser una demanda colectiva feminista. El matrimonio y la maternidad son claramente los sitios históricos clave de subyugación para las mujeres en términos de trabajo y sacrificio. Pero las feministas nunca han pedido la prohibición del matrimonio o el embarazo, independientemente de los riesgos y daños documentados. Las feministas han luchado para dar a las mujeres alternativas o medios de escapar de las coerciones heterosexuales con derechos de divorcio, refugios para mujeres maltratadas y legitimidad lésbica. Y han luchado para que las mujeres escapen del embarazo forzado o la esterilización forzada exigiendo opciones reproductivas y facilitando el acceso a la anticoncepción y el aborto. Pero seguramente no negarían a las mujeres el derecho a decidir por sí mismas si casarse o tener un hijo o incluso si permanecer con un esposo abusivo. Y no negarían las recompensas y satisfacciones que algunas mujeres experimentan como esposas o madres. ¿Por qué las trabajadoras sexuales no reciben el mismo respeto?

También podría haber una acción de clase feminista para reclamar una compensación por las injusticias en la industria del sexo. Y claramente, las alternativas y las vías de escape dependen de las luchas feministas por los derechos de las migrantes, los derechos laborales y los permisos de residencia para mujeres independientes. Pero no hay justificación para negar el derecho a negociar el pago de servicios sexuales. Individualmente, cada una de nosotras está bajo el control de realidades específicas, cada una es una persona única y cada una tiene derecho a nuestros propios procesos de pensamiento y elecciones de vida. Colectivamente, podemos moldear visiones y objetivos liberadores comunes sin juzgar a ninguna mujer por la forma como busca su camino en el sistema de clases sexual.

 


* Gail Pheterson es actualmente profesora asociada [Maître de conférences] de psicología social, Universidad de Picardie Jules Verne, Amiens, Francia, e investigadora en el Centro de Investigaciones Sociológicas y Políticas de París, CNRS / Universidad de París 8. En alianza con las trabajadoras sexuales, ella organizó el Comité Internacional para los Derechos de las Prostitutas y los Congresos Mundiales de Putas en 1985-86. Es editora de A Vindication of the Rights of Whores y autora de The Prostitution Prism y Femmes en flagrant délit d’indépendance.

Gail Pheterson comenzó a organizarse con las trabajadoras sexuales de COYOTE en San Francisco en 1984 durante un año sabático en el Instituto para el Estudio del Cambio Social, Universidad de California, Berkeley. Mientras estuvo en San Francisco, diseñó un proyecto de alianza de putas, esposas y bolleras que se transformó en una red de Bad Girl Rap Groups. Cofacilitados con Margo St. James, Scarlot Harlot / Carol Leigh, Priscilla Alexander, Sharon Kaiser, E. Kitch Childs, Gloria Locket y otros, los Bad Girl Rap Groups estaban abiertos a «cualquier mujer que alguna vez haya sido estigmatizada como mala mujer por su trabajo, color, clase, sexualidad, historia de abuso o simplemente género ”.

A su regreso a Europa, cofundó Red Rread y Pink Rread, dos organizaciones holandesas entrelazadas de trabajadoras sexuales y aliadas, con Margot Alvarez, Ans van der Drift, Martine Groen, Violet y otras. También coorganizó con Margo St. James el Primer Congreso Mundial de Putas en Amsterdam y el Segundo Congreso Mundial de Putas en el Parlamento Europeo en Bruselas, y cofundó el Comité Internacional para los Derechos de las Prostitutas.

Gail Pheterson editó las transcripciones de los Congresos de las Putas para su publicación en A Vindication of the Rights of Whores (publicado en español con el título Nosotras Las Putas) y publicó una serie de ensayos titulados The Prostitution Prism (también en español y francés) , incluyendo su ensayo más conocido y ampliamente traducido, «Re Whore Stigma: Female Dishon or and Male Unworthiness».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Análisis de la sentencia T-629 de 2010 en cuanto al reconocimiento de derechos laborales a trabajadoras sexuales en Colombia

 

Por Carlos Andrés García V., Alejandro Grandos Álvarez y Delicia Modesta Murillo Palomeque

Universidad Libre Seccional Pereira

Facultad de Derecho

Año 2012

 

“La sentencia objeto de estudio reconoce derechos laborales a una trabajadora sexual que fue despedida de su trabajo en estado de gravidez, condenando al empleador a pagar las prestaciones de ley, indemnizaciones y licencia de maternidad luego de un profundo análisis de aspectos constitucionales, derechos fundamentales, derecho internacional y comparado, normas penales, policivas, comerciales, tributarias y de salud pública.

“En la sentencia la Corte Constitucional realiza un estudio de licitud o ilicitud de la conducta, sin embargo en este caso especifico se logra partir de la licitud del individuo para llegar a la licitud de la conducta, es decir, se analizan los derecho a la igualdad, la libertad y la dignidad humana para concluir que no está prohibida la venta de servicios sexuales y por tanto la misma debe ser parte de protección con el Estado.

“Es de resaltar en el ensayo la visión y análisis del fenómeno de la prostitución en España, análisis que puede aplicarse a la realidad colombiana desde el punto de vista de la dificultad de la calificación jurídica que merece dicha actividad en ambos países así como los diferentes modelos que en derecho han tratado de regular la misma. Se trata entonces de establecer cómo puede ser ilícito el objeto del contrato mediante el cual se intercambia sexo por dinero cuando la misma prostitución no constituye delito, máxime si se tiene en cuenta que estos pronunciamientos, tanto sociales como judiciales, se fundamentan en bases religiosas y moralistas que no están llamadas a prosperar en la aplicación de justicia en razón al »estado laico» pretendido con la Constitución Política de 1991. Lo anterior genera de forma indirecta un desamparo de la normatividad laboral en cuanto a la protección de las trabajadores sexuales en relación con sus clientes y los intermediarios de su actividad, problemática que se ve reflejada tanto en España como en Colombia y que requiere de una protección especial por parte de las instituciones jurídicas y de la rama legislativa, por cuanto dicha desprotección en cuanto a normatividad laboral se extiende a la transgresión de los derechos fundamentales de estos grupos sociales marginados generando en ellos un estado de desigualdad frente a otros miembros productivos de la sociedad, derechos como la vida digna, el trabajo y, en un sentido menos estricto, la inclusión en el sistema general de seguridad social, principalmente en lo relativo a pensiones y riesgos profesionales.”

 

Puede descargarse el trabajo completo en formato PDF aquí:

https://bit.ly/2IJmkw5

 

Lo que sigue es un extracto formado por los apartados 5 y 6.

 

 

5. CRITERIOS FUNDANTES DEL DESCONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS.

 

En Colombia la razón principal por la cual se desconocen los derechos laborales a las trabajadoras sexuales recae sobre la inseguridad jurídica que generan los cambios normativos constantes en cuanto al tema de protección a la salud y seguridad pública relacionadas con el ejercicio de la prostitución además los diferentes modelos de trato a este fenómeno que van desde la prohibición y abolición hasta la reglamentación, todo al mismo tiempo genera desorden legal y las autoridades tanto de policía como judiciales se encuentran en encrucijadas al momento de resolver sobre los derechos que la constitución y el código sustantivo del trabajo otorgan a estas trabajadoras.

5.1. EL CONCEPTO DE LICITUD EN LA PROSTITUCIÓN

Este se cumple con la configuración de dos puntos específicamente, el primero sugiere el cumplimiento del ordenamiento jurídico respetando así mismo los derechos de los demás; y el segundo aspecto a cumplir y que va ligado al primero, es que tal cumplimiento al ordenamiento jurídico debe ser bajo la égida de la libertad, adicional a ello, ha dicho la Corte Constitucional que en caso tal de que esté en duda de si determinado acto está regulado o no, en caso concreto, prohibido o permitido, se tendrá como más estimado optar por el concepto de libertad en contra de la restricción.

De acuerdo a lo anterior, la Ilicitud se determina en el instante en que se ejecuta un acto viciado expresamente en aquel momento en que se excluye la libertad de disposición, así como también al momento de no cumplir con los elementos configurativos de la licitud.

De esta forma y teniendo en cuenta la sentencia en estudio se entiende que la prostitución como conducta o actividad libremente ejercida es considerada licita pues en ningún ordenamiento jurídico nacional se encuentra prohibida o castigada dicha conducta. Sin embargo las disposiciones judiciales previas a la sentencia en cuestión definen que aunque la prostitución como tal no es ilícita, si lo es el contrato cuyo objeto sea prestar servicios sexuales a cambio de dinero pues dicho objeto contractual va en contra de la moral y las buenas costumbres, factor que será examinado en el siguiente punto.

La Corte Constitucional mediante un análisis del concepto de licitud desde la propia Constitución colombiana expone los puntos principales a determinar para definir si una conducta o actuación es lícita o no: “…en términos generales la prestación será lícita cuando: i) cumpla con las normas jurídicas que la someten, incluido el respecto a los derechos de otros sujetos;   y ii) se ejerza en lo restante, conforme las facultades derivadas del principio general de libertad; a ello se agrega iii) el criterio hermenéutico según el cual, cuando haya dudas sobre si una actividad de los particulares está prohibida o permitida, la libertad se preferirá a la restricción.”21

De lo cual se desprende que bajo el principio general de libertad y la dignidad humana la prostitución se encuentra plenamente permitida y es una actividad lícita dentro de los límites que impone el derecho en Colombia iniciando desde el mismo Código Civil que determina los objetos y causas licitas de los contratos y apoyándose incluso en la respectiva regulación de los decretos distritales para la protección de la salud, la población y las mismas trabajadoras sexuales.

5.2. LA MORAL Y LAS BUENAS COSTUMBRES

Según el tratadista Fernando Hinestroza, las Buenas Costumbres son aspectos morales de orden público, es decir, son reglas morales cuyo respeto impone el interés de la sociedad a las voluntades individuales; adicionalmente, este concepto se refiere a una ética absoluta que debe ser protegida por el ordenamiento jurídico y por ende exige una protección ejercida en todo caso por las autoridades judiciales, no obstante lo anterior la Corte Constitucional se ha referido sobre el tema y ha dicho que en ningún caso podrán las buenas costumbres competir contra el Derecho, por lo que en ningún momento y como el sentido más lógico de la normatividad nacional, nunca podrán prevalecer éstas ni mucho menos contrariar Derechos inherentes a la persona humana como lo son la dignidad y la libertad.22

Es por lo anterior, se reitera, las buenas costumbres no pueden ser elemento fundante de una decisión judicial, ni un elemento utilizable para sancionar a una persona, por lo cual debe ser declarada inválida toda orden judicial que sea inferida desde aquel punto de vista moral.

5.3. LOS PRONUNCIAMIENTOS JUDICIALES PREVIOS A LA SENTENCIA T-629 DE 2010

Es inaudita aquella posición que ostenta un juzgado en la que se hace la comparación y se le da connotación de ilícito a un acto por el sólo hecho de decir que éste es contrario a las buenas costumbres, lo uno no puede ser consecuencia de lo otro en el entendido de que son expresamente derechos de rango constitucional los que están haciéndose valer y no simplemente una petición caprichosa, adicionalmente, ese no es el hecho relevante, el objeto fundante del ejercicio de la Acción de Tutela es que hay una realidad jurídica la cuál debe reconocerse, incluso ignorando criterios subjetivos como es el hecho de considerar si es contrario o no a las buenas costumbres, esta situación la expresó el Juzgado 63 Penal Municipal de Bogotá de la siguiente forma:

“Estima la juez de instancia, tras conocer la situación fáctica, que no es jurídicamente posible amparar el derecho al trabajo y ordenar el reintegro porque si bien el ejercicio de la prostitución por sí misma no es un delito, se aclara que el contrato que tenga como objeto de prestación actividades sexuales se encuentra afectado por un objeto ilícito toda vez que dicho ejercicio es contrario a las buenas costumbres, razón que impide su protección por parte de este Despacho”23

Lo anterior es una negación a los derechos del trabajador por el simple hecho de imponer criterios de carácter subjetivo, adicionalmente, en el aparte anterior se entrevé la mirada superficial hecha por el Juez municipal a problemas de gran envergadura, esta situación pone en evidente riesgo derechos constitucionales, teniendo en cuenta que aunque existen medios de protección con la fuerza tal de la acción de tutela, ésta no es, en unos casos, suficiente para hacer valer lo que por derecho se puede.

Por otro lado, la parte actora impugna tal decisión pasando a trámite de segunda instancia correspondiéndole al Juzgado Quinto Penal del Circuito, éste despacho confirma la sentencia de primera instancia y   como parte importante considera que no existe una relación de trabajo probada, lo cual lo imposibilita para conceder las peticiones impetradas por la parte actora, sin embargo, es de considerarse elemental el hecho de que existen medios idóneos para “reconstruir” un contrato de trabajo sobre todo cuando éste es de carácter verbal, no obstante lo anterior, el Juzgado considera que la actividad realizada por la accionante implicaba como contraprestación únicamente bonificaciones, lo cual la desplazaba y no hacía merecedora la calificación de su actividad como digna de un contrato de trabajo, así las cosas el juzgado dijo lo siguiente:

“No existe elemento probatorio dentro del plenario que permita dar aplicación a la figura del contrato realidad y amparar el derecho al trabajo, pues no se evidencia subordinación en el desarrollo de actividades diferentes a la que realizaba de manera libre e independiente como trabajadora sexual”24

 

6. PROTECCIÓN JUDICIAL 

 

6.1. LOS ALCANCES DE LA SENTENCIA T-629 DE 2010

Se puede afirmar que la sentencia T-629 de 2010 se ha convertido en todo un hito tanto en Colombia como en gran parte del globo terráqueo en cuanto al reconocimiento de derechos laborales a trabajadoras sexuales toda vez que la prostitución como tal ha gozado de una desprotección plena por parte del Estado que ha optado por ignorar tal problemática social, esbozando tan sólo normatividad en materia policiva, tributaria, de salud pública, ocupándose en el ámbito penal tan sólo de la conducta en cuanto a la prostitución forzada, inducción, constreñimiento y obviamente trata de personas con tales fines.

No existe regulación alguna en materia laboral ni de seguridad social que consagre derechos y garantías a favor de este grupo tan discriminado y desprotegido socialmente, no operan las garantías en materia de jubilación, salud, seguro de desempleo que actualmente rigen la actividad en países como Alemania o Países Bajos, como se analizó en el acápite del Derecho comparado e internacional del presente trabajo.

La gran relevancia y punto de referencia que genera el fallo en cuestión, radica en el reconocimiento de derechos de carácter laboral a una trabajadora sexual que es despedida del bar en que trabajaba en estado de gravidez. La Corte consideró que se encontraban plenamente acreditados los elementos del contrato realidad: remuneración, actividad personal y subordinación, por ende el empleador debía pagar la indemnización por despido injusto además de la licencia de maternidad.   No fue procedente el reintegro toda vez que la trabajadora no deseaba regresar a su lugar de trabajo.

Como se puede observar, la providencia materia de estudio “rompe” la concepción tradicional de sociedades como la nuestra en las que por décadas se ha discriminado, señalado, “satanizado” a todas aquellas personas que a través de la venta de su cuerpo tratan de conseguir lo necesario para la subsistencia suya y de su familia. Tal discriminación repercute gravemente en otras esferas, como lo es la legal, en la cual existe un grave desconocimiento de los derechos de este grupo.

La Corte, a través de su pronunciamiento, pone fin a tal práctica, reconociendo derechos de carácter laboral luego de un minucioso análisis de los derechos fundamentales de que son titulares estas personas que por su situación social, familiar, económica han tenido que ejercer la prostitución como medio de subsistencia, otorgando total respeto a quienes eligen dicha actividad como opción de vida, no sin antes exhortar a las autoridades de orden distrital, departamental y nacional, sobre la necesidad de establecer y poner en marcha los mecanismos necesarios para la protección efectiva de los derechos de las personas que ejercen la prostitución, al igual que el respeto y trato igualitario en relación a los derechos laborales y a las garantías de que ellas son titulares.

Se ordena finalmente al propietario del establecimiento o bar (empleador) pagar la indemnización de ley y las 12 semanas de salario como descanso remunerado, tutelando de manera efectiva los derechos de la trabajadora sexual en cuanto a su despido en estado de embarazo.

Así mismo, deja al libre arbitrio de ésta el acudir a la vía ordinaria para que reclame las demás prestaciones e indemnizaciones de carácter laboral a que hubiere lugar, y, con el ánimo de supervisar el cumplimiento del fallo, la Corte exhorta a la Defensoría del Pueblo para que vigile y acompañe a la accionante durante el complimiento de la providencia con el ánimo de garantizar la protección y realización efectiva de los derechos allí tutelados.

6.2. LOS DERECHOS FUNDAMENTALES EN CONFLICTO

6.2.1. Autodeterminación sexual 

Considera la Corte que la autodeterminación sexual de la persona la puede conducir a ejercer la prostitución, no obstante, coincide con el legislador cuando establece en el Código Penal la inducción, el constreñimiento de terceros a la misma para obtener beneficios toda vez que tal acción transgrede el ámbito de autodeterminación de la persona y se erige como una actividad de explotación del otro. Es legítimo entonces castigar a quienes promueven la prostitución (proxenetas) con el ánimo de obtener un beneficio económico, ya que dicha actividad atenta gravemente contra los derechos individuales de la persona y se constituye en gran amenaza al principio de la dignidad humana.

Se puede concluir entonces, que no existirá una afectación o violación al derecho fundamental a la autodeterminación sexual mientras la decisión de ejercer la actividad sexual o prostitución provenga directamente de la persona que la realiza sin injerencia de terceros ni en beneficio de los mismos.

6.2.2. Libre desarrollo de la personalidad

En primer término, es necesario acotar que el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad, al igual que los demás derechos de su clase, no son derechos absolutos, ello es, que no pueden desconocer derechos de los demás ni del colectivo ni ser capaces de inferir en la regulación que el Estado realiza frente actividades que ponen en peligro el orden social o que atentan contra el ejercicio de otros derechos. Tal como lo manifiesta el artículo 95, numeral 1 de la Carta Política, debe existir una total observancia en el respeto de los derechos de los demás sin abusar de los propios, esto es, ejercer el derecho al libre desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las que imponen los demás y el propio orden jurídico.

Así pues, y en consideración a lo expuesto aquí en relación a la autodeterminación sexual, la prostitución se convierte en una actividad que realizan las personas en ejercicio de su derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad, exento de cualquier tipo de coacción o constreñimiento por parte de terceros ya que si se presentare éste, se estaría al frente de la comisión de un delito tipificado por la legislación penal colombiana.

6.2.3. Libertad de escoger profesión u oficio: 

Este derecho se encuentra íntimamente relacionado con el del libre desarrollo de la personalidad en virtud a la autonomía e iniciativa privada que produce la persona para ejercer la actividad económica que a bien tenga o que la satisfaga.

Ante tal nivel de autonomía personal, manifiesta la Corte, no le es dable a la autoridad pública exigir requisitos adicionales a los establecidos en la ley con el fin de propender por el libre ejercicio de la profesión u oficio que la persona haya elegido, y ante la cual, en el caso de la prostitución, no debe mediar coerción de ningún tipo, la decisión de escogerla como profesión debe ser libre y voluntaria para el ejercicio pleno del derecho, que si media coerción o constreñimiento de un tercero, se hablaría de la tipificación de un delito y de la vulneración de derechos de carácter fundamental.

Por otro lado, esa misma libertad de elegir la profesión u oficio de trabajadoras sexuales, ha llevado a este grupo a no recibir el mismo trato que tradicionalmente reciben otras profesiones liberales, por tanto no gozan del reconocimiento de una protección plena por parte del Estado, se trata de un grupo marginado, desamparado por la ley que no se encarga de regular de manera efectiva las relaciones que pueden surgir en el mundo que envuelve el comercio de la actividad sexual.

Tal como se observa, dicha profesión no goza de igualdad en relación a las demás, tornándose utópico el ejercicio del derecho a escoger profesión libremente en un camino lleno de obstáculos y carente de garantías legales en el cual se entorpece, se dificulta su ejercicio.   

6.3. EL DERECHO A LA IGUALDAD

Sería inadmisible realizar un trabajo de investigación sobre el tema de estudio sin hacer alusión al manejo que la Corte da al derecho a la igualdad en la providencia aludida.

En primer término, es fundamental resaltar lo dicho en reiteradas oportunidades por el alto tribunal25 en cuanto a que la igualdad es uno de los pilares sobre los cuales se funda el Estado colombiano. Se trata por ende, de un principio esencial del Estado Social de Derecho.

Para entender el alcance del concepto de igualdad dentro de nuestro ordenamiento jurídico, es necesario hacer alusión a los dos tipos de igualdad establecidos en el art. 13 de nuestra Carta Política y sobre los cuales también precisaremos en el acápite de Tipos Constitucionales:

6.3.1. Igualdad Formal o igualdad ante la Ley:

Es aquella que prohíbe expresamente el trato desigual de ciertas personas 26en razón a rasgos de su identidad, tales como la raza, el sexo, la religión y la filiación política o ideológica. Se encuentra consagrado en el inciso 1º del artículo 13 de nuestra Carta Magna.

El Estado debe abstenerse de emitir leyes, adoptar medidas, tomar decisiones que agraven o acentúen esta clase de desigualdad, en el caso del fenómeno de la prostitución, debe evitar hacer más gravosa la situación de este grupo tan desprotegido por su condición social y económica y por las connotaciones que lleva implícitas esta actividad.

6.3.2. Igualdad Material o igualdad de trato

La igualdad material tiene por objeto combatir las desigualdades de que son víctimas grupos que han sido discriminados o marginados de manera tradicional, o aquellas personas que por determinadas circunstancias se encuentran en condición de debilidad manifiesta27.

Tal situación obliga al Estado a proferir y adoptar las medidas y mecanismos pertinentes para hacer cesar las condiciones de desigualdad en que se encuentren estas personas para lograr la igualdad de oportunidades, en la entrega de beneficios concretos, o en cambios políticamente determinados en la distribución de recursos dentro de la sociedad28.

Hace relación directa a un mandato intervencionista por parte del Estado para que intervenga y realice acciones de carácter positivo con el propósito de garantizar unas condiciones de igualdad real y efectiva.

En el caso de la prostitución, proferir, a través de fallos positivos, como el que atañe a este trabajo de investigación, disposiciones (jurisprudencia) que se orienten a efectivizar el trato igual por parte de la ley a este grupo tradicionalmente desprotegido y discriminado29.

6.3.3. Los juicios de igualdad

El juicio de igualdad se basa, o tiene por objeto el mantener una relación inversamente proporcional entre la facultad de configuración del legislador y la facultad de revisión del juez constitucional, con el fin de proteger al máximo el principio democrático30.

Es una herramienta de origen Norteamericano que facilita efectuar tres niveles de intensidad en cuanto al test de igualdad:

a) El control débil o flexible: el estudio se limita a determinar si la medida adoptada por el legislador es potencialmente adecuada o idónea para alcanzar un fin que no se encuentra prohibido por la Constitución.

b) El juicio intermedio: se aplica a escenarios en los que la autoridad ha adoptado medidas de diferenciación positiva (acciones afirmativas). En este análisis el examen consiste en determinar que el sacrificio de parte de la población resulte proporcional al beneficio esperado por la medida frente al grupo que se pretende promover.

c) El examen estricto: se efectúa cuando el legislador, al establecer un trato discriminatorio, parte de categorías sospechosas, como la raza, la orientación sexual o la filiación política. En tal caso, el legislador debe perseguir un fin imperioso, y la medida debe mostrarse como la única adecuada para lograrlo31.      

6.4. EL DERECHO A LA DIGNIDAD HUMANA

El derecho a la dignidad humana es un principio fundante del derecho constitucional colombiano además de tratarse de un derecho fundamental de carácter autónomo. En este sentido, garantiza “(i) la autonomía o posibilidad de diseñar un plan vital y de determinarse según sus características (vivir como se quiere), (ii) ciertas condiciones materiales concretas de existencia (vivir bien), (iii) la intangibilidad de los bienes no patrimoniales, integridad física e integridad moral (vivir sin humillaciones)”.

La sentencia T-881 de 200232, la jurisprudencia constitucional reconoce el talante liberal, social y ético de la noción de dignidad humana, derivados de los ámbitos de autonomía que reconoce, de las condiciones que estima indispensables para ejercerla y de los valores que permiten la exclusión de ciertos bienes del mercado y de la disponibilidad de los individuos.

El derecho a la dignidad garantiza una total protección a la individualidad que debe ser respetada por los particulares, por las diferentes ramas del poder público y por los mismos titulares del derecho constitucionalmente consagrado.

En virtud al anterior criterio es claro que nadie se obliga ni puede ser obligado a cumplir prestación que suponga atentar contra las posiciones jurídicas iusfundamentales de las libertades, ni contra la dignidad propia, menos aún la de otros individuos o grupos. Tales valores se convierten en límites constitucionales definitivos a la disposición individual y al acuerdo de voluntades, pues son inherentes e inalienables.33

 


21 Sentencia T-629 de 2010. Aparte 75.

22 Sentencia T-629 de 2010. Apartes 88 y 89.

23 Sentencia T-629 de 2010.

24 Sentencia T-629 de 2010.

25 Se siguen, en especial, las sentencias T-291 de 2009 y T-340 de 2010.

26 Constitución Política de Colombia, Art. 14, Inc. 1.

27 Constitución Política de Colombia, Art. 14, Inc. 3.

28 Al respecto, por ejemplo sentencias SU-388, SU-389 de 2005; C-371 de 2000.

29 Constitución Política, art. 13, inc. 2º y 3º

30 Sentencia T-629 de 2010, Corte Constitucional

31 Sentencia T-629 de 2010, Corte Constitucional

32 En el que conoció la tutela interpuesta por los internos de una cárcel de la ciudad de Cartagena, ante el corte del servicio de energía practicado por la E.S.P. a causa de la falta de pago por parte del INPEC.

33 Sentencia T-629 de 2010, Corte Constitucional

15 cosas que deberías saber antes de estar en contra de la gestación subrogada  

 

 ¿Nosotras parimos, nosotras decidimos?

Bueno, al menos que el feminismo hegemónico y Papi-Estado te lo impida. Las mujeres que desean gestar para terceros no obligan a quienes no quieren a hacerlo. En cambio, las mujeres que pretenden censurar el derecho a decidir de las mujeres sí bloquean la libertad de las otras para decidir qué hacer con su útero, con su cuerpo.

Sí, de forma consciente y altruista. ¿Evoca esto al manido mito de la “libre elección” tan de moda en el feminismo hegemónico? Puede. Como puede que ese mito solamente reafirme, como sugiere Aurora González Ginzo, concejala y Secretaria general del PSOE de Ribadeo, una infantilización de las mujeres. Detrás del paternalismo existe mucho patriarcado.

 

LOOLA PÉREZ | @DoctoraGlas | Madrid |

Actualizado el 01/08/2018

https://www.lasexta.com/tribus-ocultas/artes/cosas-que-deberias-saber-antes-estar-gestacion-subrogada_20170704595c101a0cf26ceeda48b9d1.html

 

El asunto, como sabes, es controvertido. Cuesta encontrar consenso hasta dentro de las mismas formaciones políticas e ideológicas. Resulta muy curioso las extrañas alianzas que provoca. Sin ir más lejos, la Iglesia Católica, la Falange, el Foro de la Familia, Hazte Oír, Izquierda Unida, PP y PSOE se posicionan en contra.

A esos grupos hay que sumarle el Comité de Bioética de España, de ideología conservadora, que (casi en mayoría) pontifica con sus opiniones personales mientras hace creer a la ciudadanía que lo suyo es carrera científica. Por supuesto, a todos estos grupos se le une el elenco de feministas hegemónicas, que junto con voces más independientes, se organizan en No somos vasijas, la Red Contra el Alquiler de Vientres o los gallineros que en plató secunda Lidia Falcón.

El panorama, desde luego, es esperpéntico. ¿Alguien ha podido olvidar esa imagen donde un grupo de feministas increpaba a las familiasque pretendían informarse en el evento de Surrofair 2017? ¡Coño, si recordaban a las antiabortistas de hace unos años, que se reunían delante de las clínicas en las que se practicaba la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)!

Pero no sufras. Aquí traigo luz:

  1. ¿Gestación subrogada? ¿Vientres de alquiler? ¿Maternidad subrogada?

El término correcto sería gestación subrogada o gestación por sustitución, así lo repite una y otra vez asociaciones como Asociación por la Gestación Subrogada en España y Son Nuestros Hijos. La gestación subrogada es una técnica de reproducción asistida por la que una mujer decide gestar el hijo/a de otra persona o familia.

“Vientres de alquiler” es una expresión peyorativa y que puede resultar humillante para muchas mujeres al reducirla a una parte de su cuerpo. No hay mujeres que alquilan “trozos” de su cuerpo. Hay mujeres que deciden gestar para otras personas.

No podemos olvidar que, le pese a quien le pese, muchas gestantes que participan en la gestación subrogada no terminan su relación con la familia tras el parto, sino que ¡se convierten en parte de esa familia!

Por su parte, maternidad subrogada es una expresión que puede dar lugar a equívocos. La maternidad no la ejerce la gestante. Después de más de 40 años de tecnologías ‘in vitro’ ya deberíamos haber aprendido que la maternidad posee muchas dimensiones y que la vivencia de la misma no se reduce a un embarazo.

  1. ¿Se explota a mujeres?

Puede dar lugar a ello. El hecho de que se explote o no se explote a mujeres dependerá del tipo de legislación que exista y si los derechos humanos de las mujeres en el país en cuestión gozan de buena salud.

A menudo, quien está en contra de la gestación subrogada pone como ejemplo la India. La India es un país donde las vacas, consideradas sagradas, se encuentran más protegidas que las mujeres.

Así lo denunciaba recientemente en un curioso proyecto fotográfico Sujatro Ghosh. Considerando esto, podemos entender que no se trata del mejor país para ser mujer y tampoco para emprender como familia o gestante un proceso de Gestación Subrogada.

Así lo señala en su página web Interfertility, una de las empresas españolas líder en gestación subrogada: “múltiples negligencias” y violación de derechos de mujeres en situación de pobreza. Además, la India prohíbe la gestación subrogada para españoles y matrimonios homosexuales.

La otra cara de la moneda la tenemos en algunos estados de EE UU, más concretamente en California, Utah e Illinois. La legislación es clara y de fácil acceso para personas extranjeras. Sin embargo, pese a las garantías legales, el gasto económico es realmente caro: no solo contempla el proceso de gestación subrogada, sino también los seguros médicos (de la gestante y el bebé).

  1. ¿Qué perfil presenta quien demanda la gestación subrogada?

Según la revista Oxford Academic, el 80% de las parejas que la eligen son heterosexuales y solo un 20% son parejas homosexuales. VAE y Subrogalia hablan de un porcentaje muy similar: 70% de parejas hetero.

Una explicación la podríamos explicar en el siguiente hecho: la mayoría de países donde la gestación subrogada es legal impide a los homosexuales acceder a la misma. Hablamos de Georgia, Rusia, Grecia, Tailandia, Israel, Ucrania y el vecino, Portugal. En cambio, Reino Unido, Australia, Canadá, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU sí lo permiten.

Teniendo en cuenta esto, no parece muy apropiado usar términos como “gaycapitalismo” para atacar a las parejas homosexuales que han creado una familia. Puede que mediáticamente, sean muchos los famosos gays que han utilizado esta técnica para ser padres. No obstante, no son la realidad representativa.

Las razones que motivan la práctica de la gestación subrogada son la infertilidad en mujeres y los embarazos de riesgo. Otra razón común la encontramos en parejas gays y personas solteras.

  1. ¿Por qué no se puede realizar en España?

Esta técnica queda prohibida en el artículo 10 de la Ley 14/2006, de 26 de mayo sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida y no considera válidos los contratos realizados en otros países donde la gestación subrogada es legal.

  1. ¿Qué pasa entonces con los niños/as de familias españolas nacidos por gestación subrogada en otros países?

Con el objetivo de proteger al menor, se permite la inscripción en el registro civil si se ha realizado en un país donde la gestación subrogada esté permitida, si hay orden judicial y si uno de los progenitores es español. Para muchas personas, este aspecto legal evidencia la hipocresía que existe alrededor de la gestación subrogada por parte del gobierno español.

  1. ¿Formar una familia es un deseo o un derecho?

Ambas cosas. Como parte del proyecto vital, el deseo de formar una familia es recurrente. Según el Art. 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las personas tenemos derecho a fundar una familia. En ningún momento prohíbe, por ejemplo, que para crear esa familia haya que renunciar a técnicas de reproducción asistida.

De hecho, desde que se promulgó en 1988 la primera ley sobre técnicas de reproducción asistida, se reconoció el derecho de los españoles y españolas a hacer uso de esas tecnologías reproductivas.

  1. ¿Existe una gestación subrogada legal acotada en el círculo familiar?

Sí, es el caso de Brasil. La gestante debe ser un familiar de primero, segundo, tercero o cuarto grado de uno de los progenitores intencionales.

  1. ¿Condena el Parlamento Europeo la gestación subrogada?

No. El Parlamento Europeo, en la Resolución de 5 de julio de 2016, sobre la lucha contra la trata de seres humanos en las relaciones exteriores de la Unión, solo condena la gestación subrogada forzosa e insta a los gobiernos a que analicen sus políticas reproductivas.

  1. ¿La alternativa a la gestación subrogada es la adopción?

Dados los largos periodos del proceso de adopción y la prohibición de muchos países a que puedan acceder al mismo parejas homosexuales, muchas parejas eligen la gestación subrogada. Sería una buena idea presionar a los gobiernos para que agilizaran los trámites y sus políticas no fueran discriminatorias.

  1. ¿Qué modelo plantea Ciudadanos?

Se habla de un modelo de gestación subrogada altruista, de carácter similar al canadiense. Es decir, contempla una compensación a la gestante relativa a gastos del embarazo, pero no un salario.

Además, establece para la gestante una edad mínima (25 años), tener menos de 45 años, poseer nacionalidad española o ser residente legal en España, no tener antecedentes penales, haber gestado un hijo sano con anterioridad y acreditar una situación socio-económica estable que garantice unas adecuadas condiciones de salud, bienestar y seguridad. Este último punto es importante dado que descarta que la gestante acceda a participar por necesidad.

Añade, asimismo, que solo se podrá ser gestante por subrogación en dos ocasiones. En cuanto a los progenitores intencionales, establece que estos podrán acceder a la Gestación Subrogada cuando hayan agotado otros métodos o técnicas de reproducción asistida.

  1. ¿Es la Gestación Subrogada un derecho como recoge el grupo liderado por Albert Rivera?

No. Como analiza en su blog Antonia Durán Ayago, Profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad de Salamanca, hablamos de una técnica de reproducción. Si fuera un derecho, tendría que regularse por Ley Orgánica.

  1. ¿Hay posibilidades de que el grupo de Rivera pase el examen?

Es probable que el equipo naranja tenga aún que clarificar y pulir muchos puntos de su proposición de ley. Especialmente, debe dedicar sus energías a aquellos que están relacionados con la autonomía del propio cuerpo en el caso de la gestante.

  1. ¿Existe un vínculo entre feto y gestante?

A estas alturas de la vida, hablar de instinto maternal es como hablar de los Reyes Magos. Si no lo crees, lee a Orna Donath.

  1. ¿De qué sirve que personas trans o intersexuales puedan congelar óvulos y esperma si hay grupos, incluso feministas, que rechazan la regularización de los métodos que le facilitarían experimentar la maternidad y la paternidad?

De nada. Los derechos reproductivos de las personas trans e intersexuales parecen quedar en papel mojado.

  1. ¿Nosotras parimos, nosotras decidimos?

Bueno, al menos que el feminismo hegemónico y Papi-Estado te lo impida. Las mujeres que desean gestar para terceros no obligan a quienes no quieren a hacerlo. En cambio, las mujeres que pretenden censurar el derecho a decidir de las mujeres sí bloquean la libertad de las otras para decidir qué hacer con su útero, con su cuerpo.

Sí, de forma consciente y altruista. ¿Evoca esto al manido mito de la “libre elección” tan de moda en el feminismo hegemónico? Puede. Como puede que ese mito solamente reafirme, como sugiere Aurora González Ginzo, concejala y Secretaria general del PSOE de Ribadeo, una infantilización de las mujeres. Detrás del paternalismo existemucho patriarcado.

 

La objeción de las feministas radicales al trabajo sexual es profundamente no feminista

 

Criminalizar una industria entera debido a ejemplos aislados niega la capacidad de elección a las participantes por libre voluntad en base exclusivamente al comportamiento de los abusadores. Shutterstock

 

Por Lauren Rosewarne

Profesora titular, Universidad de Melbourne

8 de agosto de 2017

https://bit.ly/2LeWgqc

 

Aunque las trabajadoras sexuales de todo el mundo presionan para la despenalización, la ley de trabajo sexual sigue siendo controvertida. Este artículo es parte de una serie que explora el trabajo sexual y la reforma regulatoria.

 

Mientras que las feministas hemos pasado décadas luchando para conseguir el dominio sobre nuestros propios cuerpos, las feministas radicales han pasado casi tanto tiempo tratando de poner pegas.

Aparentemente existen formas correctas e increíblemente incorrectas de usar nuestros cuerpos — más específicamente nuestros genitales— particularmente cuando hay dinero por medio.

Para las «radfem», el trabajo sexual es una metonimia de los pecados del patriarcado y algo que solo puede alejarnos de la igualdad.

El trabajo sexual —las radfem nunca lo llamarían así— no se ve simplemente como una transacción comercial, sino más bien como dinero de sangre a cambio de abuso sexual que solo puede ocurrir en un mundo donde las mujeres son desiguales; que vender sexo de alguna manera reduce a todas las mujeres a una mercancía, valoradas exclusivamente en la medida en que nos encuentren follables.

No solo estoy vehementemente en desacuerdo con la posición radfem, sino que la considero fundamentalmente no feminista. Si la sororidad puede apoyar mi decisión de tragar píldoras anticonceptivas o terminar un embarazo no deseado, entonces es su deber apoyar mi elección de tener tanto o tan poco sexo como me plazca y, si así lo deseo, ponerle precio a ese sexo.

Para mí, es una cuestión de consentimiento, de autonomía corporal. Si las feministas no están luchando por mi derecho a usar mi cuerpo como yo elija, entonces se han desviado espectacularmente de su misión.

En este artículo, rebato tres afirmaciones hechas por las radfem sobre el trabajo sexual. Aunque no existe una oposición simple a tales puntos de vista, los feminismos liberales, de tercera ola, interseccionales y sexualmente positivos están unidos en torno a la importancia de la elección y la autonomía y todos se oponen a la retórica frecuentemente conservadora, de rodillas juntas, de las radfem.

 

La narrativa de la revictimización

A las radfem les encanta presentar testimonios de «supervivientes» de la industria que fueron abusadas ​​cuando eran niñas, tienen problemas de abuso de sustancias, problemas de salud mental o han sido maltratadas en la industria y ahora son abolicionistas. Es muy problemático confiar mucho en tales testimonios.

Tan repugnante como es, todas las industrias están llenas de mujeres que fueron abusadas de niñas. ¿Por qué? Porque el número de mujeres maltratadas en todo el mundo es deplorable.

Decenas de mujeres ingresan en todas las industrias como víctimas de abuso, con problemas de salud mental o abuso de sustancias. O cualquier combinación de eso. Esto es un subproducto de la desigualdad de género, así como de docenas de otros problemas que afectan a las complicadas —si no a veces completamente trágicas— historias de las mujeres.

Pero la «mujer rota» que es acosada por un chulo revestido de un sueño y que revive su dolor como trabajadora sexual es una narrativa que indica haber visto demasiadas películas e ignora la realidad de que la gente ingresa a la industria del sexo por una gran cantidad de razones . Tal como lo hacen con cualquier otra profesión.

Las entrevistas con mujeres que han abandonado el trabajo sexual son un conjunto de datos problemáticos: hable con cualquiera que haya dejado cualquier trabajo y tendrá historias de guerra.

No, esto no invalida estas historias. Pero sí nos recuerda que las historias de ex trabajadoras sexuales no hablan en nombre de todas las trabajadoras sexuales. Cada experiencia es individual.

 

Abminables prácticas de trabajo

Ya sea sobre el trabajo sexual en forma de relaciones sexuales pagadas o en forma de participación en pornografía, las radfem son abolicionistas.

La participación forzada, la trata y las condiciones de trabajo deslucidas se utilizan para completar la afirmación de que ninguna trabajadora sexual realmente ha elegido su trabajo. Un argumento así no solo se basa en el argumento de la falsa conciencia tan embriagador para las radfem, sino que pretende que el trabajo sexual es una especie de caso especial; que el trabajo sexual no debería existir porque hay ciertos trabajos que simplemente no deberían venderse.

Señala a cualquier industria y habrá ejemplos de malas prácticas, trabajadores maltratados y condiciones inseguras.

Bienvenidos, amigos, al capitalismo. Esto no hace que la trata o la coacción carezcan de importancia, pero tampoco hace que su presencia en la industria del sexo sea un caso especial. No hay escasez de industrias que necesiten una mejor supervisión. Pero igualmente, en ninguna otra industria donde existen malas prácticas, hablamos nunca de abolición.

Criminalizar una industria entera debido a malos ejemplos aislados niega la elección a los participantes por libre voluntad y, al hacerlo, justifica el comportamiento de los abusadores. Hacerlo es culpabilizador de la víctima y paternalista.

También proporciona otra pista de que la posición radfem no se basa verdaderamente en la seguridad de las trabajadoras, sino que se trata del sexo. Del problema de las radfem con el sexo.

 

La tiranía de la polla

En la imaginación radfem, para que la venta de sexo sea entendida como un sexo tan horrible hay que entender que es porque tiene propiedades especiales; que nunca puede ser sencillamente un trabajo como cualquier otro, aparentemente porque ningún otro trabajo necesita tanta polla.

Aquí hay algo más que un poco de sangre puritana en el agua.

Al parecer, las radfem consideran inconcebible que las mujeres realmente puedan elegir tener contacto con un pene del que no estén enamoradas; que tener contacto al azar con pollas pueda ser realmente divertido o lucrativo o incluso un uso preferible a un día de trabajo en una fábrica, una sala de conferencias o una mina de carbón.

Tales puntos de vista no se basan en las experiencias vividas de las mujeres. No reconocen que a muchas de nosotras no solo nos gustan realmente las pollas, sino que tener contacto con ellas no requiere «entregarnos». En cambio, se basan en una oposición moralista a cualquier cantidad de sexo que supere una vez cada dos semanas.

Y usan términos como «venderse a sí misma» como si, al final de la transacción, una mujer hubiera vendido una parte del cuerpo. Típicas metáforas de escuela católica sobre la pérdida de la virginidad.

Mi valor no está determinado por la cantidad de sexo que he tenido. Del mismo modo, tener relaciones sexuales por dinero no me cambia como persona más que dar clases por dinero o escribir por dinero: cada una de nosotras vendemos nuestro tiempo —nuestro trabajo— al mercado.

El trabajo sexual no es una industria que tengas que amar, ni es una industria que tengas que encontrar empoderante. Pero amor y empoderamiento tampoco son cosas que esperemos de cualquier otra industria. La industria del sexo no necesita tu admiración, pero tampoco merece tu condena.

Si hay algo en lo que las feministas deberíamos estar de acuerdo, es en nuestro derecho tomar nuestras propias decisiones sobre cómo usamos nuestros cuerpos.

 

Lee el resto de los artículos de esta serie aquí.

Madre de día, prostituta de noche

 

ABRIL PHILLIPS / JOSÉ ACCINI, BARCELONA 

19 de agosto de 2018

https://www.lavanguardia.com/vida/20180819/451372132003/madre-de-dia-prostituta-de-noche.html

 

Una de las líderes del Colectivo Prostitutas de Sevilla reconoce que miente a sus vecinos sobre su profesión y que tampoco se lo confiesa a sus hijos (Abril Phillips y José Accini / Abril Phillips / José Accini)

 

Fiona es madre soltera. Tiene 41 años y ejerce la prostitución desde los 37. Fiona no es su verdadero nombre. Ella dice que tiene tantos como clientes. Si le insisten para que revele su identidad, inventa un nombre catalán, “para que resulte más creíble”. No es la única ficción de su vida. A veces se imagina cómo sería revelarle su verdadero trabajo a sus compañeros en la academia donde aprende inglés, a la camarera de su bar habitual, o con quienes comparte clases de baile. Su hija Julia, de 17 años, dice a sus amigos que su madre da masajes: “Hay gente a la que no le puedes contar esto por las ideas que tiene”.

Fiona recibe a este diario en un piso en Sants. Ropa deportiva, cara lavada, sonrisa abierta y un abrazo. En la entrada lo único que revela su oficio son libros como Melancólica erótica, Kama-sutra lésbico y Coño potens. Siempre le dio rabia no poder comprarlos, tener que tomarlos prestados de la biblioteca. Ahora que puede, los muestra con orgullo. Sobre la mesa, apuntes de su primer año de Psicología. Más al fondo, su lugar de trabajo. Primero, el “cuarto del amor”, con una cama doble sencilla y una mesa de luz que guarda lubricantes, toallitas y juguetes sexuales. Al lado, “el cuarto del castigo” exhibe una pared con dos tablas en forma de cruz y esposas en los extremos; del resto cuelgan látigos, cuerdas y más esposas.

Como madre soltera, el trabajo sexual no sólo se le presentó como una salida económica. “Una de las principales causas era poder estar con mi hija, y no llegar a casa hecha polvo física y mentalmente –dice Fiona, que antes trabajaba de camarera–. Cuando me pedía que jugáramos juntas no tenía energía, era muy doloroso”. Su hija Julia también pudo ver el cambio. “Venía cansada y estábamos muy poco tiempo juntas –dice la niña–. Cuando decidió trabajar de esto nos veíamos más, estaba más contenta que cuando era camarera”. El oficio le regaló a Fiona lo que ella siente como un lujo: poder recoger a su hija del colegio, pasar más tiempo con ella.

 

Dicen sentirse amenazadas ante la posibilidad de que les retiren la custodia

 

Algo similar le pasó a Ariadna Riley, sevillana, 11 años ejerciendo como trabajadora sexual. Tiene dos hijas, de 13 y 8 años, y un hijo de 10. “La maternidad no me daba para estar trabajando de día y cubrir necesidades básicas. Tuve que dejar el trabajo digno. Mi vida era madre de día y prostituta de noche”. Le ofrecieron otros trabajos, pero las jornadas a tiempo completo no le permitían estar tan presente en la vida de sus hijos como ella quería. “No me siento culpable de lo que hago, ni de ser mala madre”, afirma.

Conxa Borrell –Paula Vip para sus clientes–, es activista y presidenta de Aprosex, la Asociación de las Profesionales del Sexo. Hace 12 años que ejerce el trabajo sexual. La primera vez que lo hizo intuyó que todos los ojos se volvían hacia ella al salir del hotel. “Sentía que la gente sabía que venía de follar por dinero”. Esa sensación la acompañó hasta su casa. “Yo necesitaba mi ducha, mi toalla, para volver a sentirme limpia antes de darle un abrazo a mi hijo”, dice Borrell.

Otro caso es el de Tiziana, que vive junto a una compañera en Granollers. Cuando empezó a trabajar, hace diez años, tenía una niña pequeña y estaba divorciada. Luego de que naciera su segundo hijo, le pidió a una amiga suya que se los llevara a su país de origen, República Dominicana. Habla con ellos todos los días por videollamada, pero ese contacto no le es suficiente. “La distancia es muy dura”, confiesa Tiziana. Por eso se plantea traerlos de vuelta. Tiziana odia su trabajo.

Cuando lo describe, aparecen imágenes de hombres que no le gustan, que a veces huelen mal y le dan asco, alcohol y horarios no aptos para menores. “No tienes vida”, asegura Tiziana. No ve compatible el poder ser madre con mantener su oficio. “Siempre llegas de madrugada, a veces muy bebida. Entonces, ¿Cómo los vas a cuidar? –se pregunta–. Es o estar con ellos o en el trabajo”.

Tiziana explica que quiere dejarlo antes de que vuelvan sus niños, que quiere “salir de eso”. Prefiere un trabajo donde paguen menos pero que le permita estar tranquila consigo misma. Sin embargo, ser inmigrante cierra muchas puertas en el mundo del trabajo formal. “Es muy difícil encontrarlo, y más cuando eres extranjera. Y los que encuentras están muy mal pagados”. El trabajo sexual fue y sigue siendo para ella la “única opción”.

Según el Informe Abits (Agencia para el Abordaje Íntegro del Trabajo Sexual) del Ajuntament de Barcelona, de las 318 mujeres que durante el 2015 fueron recibidas en las oficinas del servicio de atención a trabajadoras sexuales, el 89,94% eran inmigrantes. Tiziana relata que la vida que lleva aquí se explica por la dificultad de pensar en un proyecto de vida en su país. “Para poder mantener a mis hijos en mi país, con un sueldo mínimo no llegaría”, asegura. Tiziana siente que ella en Barcelona se sacrifica para darle una mejor vida a sus hijos.

No todas las trabajadoras sexuales ejercen el oficio en las mismas condiciones. Algunas eligen no revelar su ocupación no sólo por miedo al rechazo, sino por el que sienten ellas mismas. Es lo que les sucede a muchas mujeres que se acercan a la Asociación Actua Vallés, que lleva 25 años de ejercicio en el Vallès Occidental y Oriental. Las trabajadoras sociales Laura Sánchez y Aina Turu explican que muchas de ellas “lo toman como la última opción que les queda y no acaban llevando bien el trabajo. Llevan ese sentimiento de culpabilidad muy calado”, revelan. En el piso de Sants, Fiona admite que “no creerse mala mujer es una lucha diaria. No puedes ser tú misma. Tienes que mentir y esconderte”.

 

Unas lo dicen a los hijos abiertamente; otras temen que se sepa pero esperan comprensión

 

Laura Labiano Ferré, de la Fundación Genera, que lleva más de 10 años asistiendo a trabajadoras sexuales, explica que la condición de prostituta convierte a la mujer en un tabú y en una víctima. “La prostituta es la ‘mala mujer’, la que hace con su sexualidad lo que quiere y se viste como quiere, la que vende algo que siempre hemos tenido que hacer gratis –afirma Labiano– ¿Cómo vas a ser madre y puta a la vez? Ese estigma a veces obliga a tener una doble vida”. A las mujeres que guardan los pudores de sus clientes, que las llaman para cumplir sus fantasías y vivir todos sus fetiches sin ser juzgados, les toca esconder su identidad.

Los modelos legales que existen en Europa se construyen en torno a si el trabajo sexual se entiende como un trabajo forzado (igual que la trata de personas) o voluntario, y a las prostitutas como delincuentes, víctimas o trabajadoras. “Hay situaciones de explotación, pero muchas eligen esta actividad y no están ni se sienten coaccionadas. Hay que tener cuidado con los porcentajes de los que se hablan (el 80-90% son explotadas), porque están lejos de la realidad”, afirma Julieta Vartabedian, doctora en Antropología de la Universidad de Barcelona.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), este oficio oculto representaba en el 2010 un 0,35% del PIB, más que otros sectores como la industria del papel o la fabricación de productos informáticos, pero no se reconoce como una profesión.

Según Marta Cruells, asesora de la Concejalía de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona, la prostitución se encuentra en una situación de “alegalidad”. “No es una situación ilegal, pero tampoco se lo considera como un trabajo. A nivel estatal, no se les concede derechos laborales”, explica. Cristina Vasilescu, del Departamento de Derecho Público de la Universidad de Girona y autora de Mitos y realidades en torno a la prostitución, entiende que así se genera una situación de vulnerabilidad. “No tienen paro, ni vacaciones pagadas. Si una mujer se queda embarazada, no se puede quedar en casa con el hijo”.

El Código Penal no criminaliza el oficio, pero con la ley mordaza sí lo aparta a los márgenes de la sociedad, donde no pueda contaminar el espacio compartido. Marta Cruells, reconoce que las prostitutas viven bajo una desprotección legal. Si bien el oficio de alguien no puede ser motivo para quitarle la custodia de sus hijos, las prostitutas pueden perder la tenencia de los suyos. “Este es el estigma de la prostitución”, observa. “Ya no solo nos dicen qué podemos hacer con nuestra sexualidad –agrega Borrell–, sino que además nos dicen si podemos o no ser madres”.

Hoy algunas mujeres están luchando para no perder a sus hijos o para evitar que los envíen a un centro de acogida. Es el caso de Linda Porn, una trabajadora sexual mexicana que reside en España hace 10 años. Ella está siendo observada por trabajadoras sociales de la dirección general de Atenció a la Infància i l’Adolescència (Dgaia), y de su conducta depende el poder mantener la custodia de su hija Flavia.

Hace un año, después de que un vecino llamara a servicios sociales alegando que Linda “le gritaba mucho” a su hija, una trabajadora social llamó a su puerta y entró en su casa para “verificar que fuera un hogar apto para la niña”. Tuvo que cambiar su vida para no perder la custodia de su hija. Cogió un trabajo como camarera y debe someterse a controles periódicos de alcoholemia y psiquiatría.

“Es una institución patriarcal de persecución de mujeres sospechosas –acusa Linda–. Por ellos ahora estoy en este trabajo digno en el que ni siquiera tengo tiempo de cuidar a mi hija, llego reventada a casa, pero no me da para llegar a fin de mes”. Linda cree que la institución exagera y desvirtúa sus conductas para poder quitarle a su hija.

Ariadna, al igual que sus compañeras, dice que la alegalidad le cierra muchas puertas. “No puedo alquilar sin depender de una tercera persona, ni hacer una vivienda, ni comprarme un coche”. Riley explica que si bien el trabajo sexual le permite mantener su casa no la habilita a proyectar un futuro. “Algunas nos podemos proyectar hasta dos semanas, pero realmente vivimos al día –asegura–. No nos va a quedar nada”. Tiziana entiende que si se legalizara la prostitución ayudaría a trazar una línea más clara entre la trata de personas y el trabajo sexual. “Porque ahí hay mucho dinero negro, mucha mafia”, dice.

La clandestinidad siempre le ha impuesto el miedo a sentirse desprotegida, y poder caer en una red de trata. Sobre este punto, Conxa Borrell es determinante en diferenciar trata de personas y prostitución. “Deberían saber que las mujeres que ejercen el trabajo sexual lo hacen porque ellas quieren”, afirma. La presidenta de Aprosex incentiva a las trabajadoras del sexo a revelar su identidad para empoderarse. Así, afirma, “ya nadie puede hacerte daño con el ‘voy a decir a todos que eres puta’. Antes de explicar a qué se dedicaba, lo que más le importaba era lo que su hijo pudiera pensar de ella. “Me temblaban las piernas. De repente, tu madre es puta”, dice Borrell.

Su hijo, 27 años, sólo esperaba que ella estuviera lista para contárselo. Fiona sintió ese miedo cuando se enfrentó a su hija. Durante los primeros meses, Julia pensó que su mamá era striper. Vivían juntas y los cambios de vestuarios y de rutina le resultaban sospechosos. Cuando Fiona se lo explicó, su hija la apoyó.

 

“Me preocupó un poco al principio porque era algo que no conocía y me daba miedo que le hicieran daño, pero ella me explicó y lo entendí. Nunca he tenido ningún problema con eso”.

 

Cada vez que Fiona piensa en revelar su identidad, lo que más la frena es el efecto sobre su hija adolescente. “De repente puedo encontrar un rechazo muy bestia. Dejarían de verme a mí, la persona. Mi hija pasaría de ser ella a ser la ‘hija de puta’”.

Un caso diferente es el de Ariadna Riley, quien elige no confesar su oficio a sus hijos, pero lo grita como activista a favor de los derechos de las trabajadoras sexuales. Ella pertenece al Colectivo de Prostitutas de Sevilla. Sin embargo, a sus vecinos les miente y les dice que sólo lucha por la causa. “Cuando se enteren de que su madre es puta los van a machacar en el colegio”, explica.

A Tiziana le da miedo pensar en el momento en que sus hijos se enteren cuál es su trabajo. Se le cubren los ojos de lágrimas cuando piensa en la vergüenza que podrían sentir al saber el oficio de su madre. Sin embargo, espera que puedan entenderla. “Yo sé que tarde o temprano les va a afectar, pero si mi mamá lo hubiera hecho por mí, para sacarme adelante, yo lo hubiera entendido”.

Conxa Borrell explica que la imagen que la sociedad tiene de la prostitución es el reflejo del tabú con el que vive la sexualidad. Ella dice que prefiere alejarse de la hipocresía, sobre todo en su hogar. “En mi casa se ha tratado el tema de la sexualidad con normalidad”, asegura. Por su parte, Fiona aplica las mismas reglas en su casa y su hija Julia se lo agradece. “Ella me ha explicado muchas cosas de sexualidad –dice Julia–. A mí me gusta que lo haga”. Para Fiona, hablar abiertamente de sexualidad y naturalizar el trabajo sexual ayudará a romper con la imagen que la sociedad tiene de ellas. “Se está hablando cada vez más de prostitución –dice Fiona–. Yo creo que así se irá desmontando el estigma. Una va compartiendo su experiencia, y la gente va viendo eso: a una persona normal, sana, inteligente y que se dedica a la prostitución”.

 

La infravida de tres prostitutas en un lupanar asturiano: «Tras 25 clientes, me hacían seguir»

 

Por QUICO ALSEDO

 

24 de abril de 2018

 

http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/04/24/5ade0b8aca4741ce088b4594.html

 

El club Model’s, situado en un polígono industrial a tres kilómetros de Oviedo. PABLO LORENZANA

 

  • Semiesclavitud, sexo gratis con el jefe y droga, mucha droga. Así es la vida en un garito imposible de cerrar pese a las denuncias contra su presunto dueño
  • El Model’s se anuncia como hotel, restaurante y sala de fiestas con ‘flyers’ con coartada culinaria: ‘El día del cabrito’, ‘Menú diario 10 euros’. ‘Jornadas de la fabada’…

 

 

Vamos a ver, es todo un robo. El dueño nos roba a nosotras y nosotras engañamos un poco a los clientes. Cuando tienes a un tío muy drogado, le pasas la tarjeta las veces que sean: 150 euros, otros 150, otros 150. Si ya le has subido tres gramos de coca y no queda más, se machacan unas pastillas de ibuprofeno en la barra y palante, luego el hombre sale sangrando por la nariz y fuera, da igual. A cambio, el dueño te roba en todo: te cobra 70 euros por la habitación cada noche, te cobra cinco euros por la tele y cinco por la luz en tu habitación, te multa por mascar chicle o por no estar de pie abajo, te cobra por salir del club a dar una vuelta con tu novio… Cuando está pedo, te obliga a tener sexo gratis con él y con sus amigos… A ver, a mí, que he llegado a ganar 3.500 euros a la semana, igual no me importaba tanto el abuso. Pero muchas trabajan sólo por la droga, por el vicio…

—¿3.500 a la semana? Hombre, eso serás tú, rica, porque lo que es yo…

—A ver, yo he llegado a ganar 12.000 euros en una sola noche. Con uno muy drogado. Pero para eso te tienen que ayudar mucho los demás: las mamis, el encargado, los del bar…

Las tres son rumanas. Ania es la que más habla. Su hermana, Lucía, está embarazada y casi ni habla. Luego tenemos a Pilar, la mayor. Tendrá más de 50 años, aunque miente, sonriendo un poco, tal que si estuviera en el club: «43».

Las tres cuentan su puta vida en el más célebre putiferio asturiano: el Model’s, al lado de Oviedo. Un garito que no hay manera de cerrar.

Hace un mes, la Audiencia Provincial asturiana dictaminaba su cierre tras el enésimo pleito contra los siempre presuntos propietarios. Dos días después, un artículo en la prensa local: «El hotel, restaurante y sala Model’s sigue abierto».

Las tres mujeres forman parte ahora, como testigos, de una denuncia contra el presunto «verdadero» dueño. Siempre oculto tras supuestos testaferros: el empresario Jesús Tuñón. Él lo niega todo terminantemente a este diario: «Yo sólo soy el propietario del local, la empresa no tiene nada que ver conmigo». En su lugar, telefonea al periódico un señor llamado Miguel Pérez, que asegura ser el responsable de la actividad: «Tuñón no tiene nada que ver, él sólo pone el local».

Aprovechando la coyuntura, las tres mujeres nos cuentan —protegidas en el despacho de un abogado— cómo es la vida en un putiferio de carretera. Morbo poco, explotación laboral mucha. Son prostitutas, pero podrían ser teleoperadoras hartas de ser pisoteadas. Como reza el dicho: puta y la cama. Escuchémoslas. Lo cuentan ellas solas.

—Yo estuve en el Model’s hace cuatro años —dice Ania, la más enérgica de las tres—. Tandas de 21 días [la otra semana del mes es para la regla]. Era todo un fraude. Teníamos contrato, con sueldo de 700 euros. Por supuesto, no nos lo pagaban. Nos dieron de alta en la Seguridad Social, pero en vez de pagarlo él, pagábamos nosotras. Todo se lo llevaban ellos, menos lo que cobrábamos nosotras por pase, por cada cliente. De los 30 euros de cada copa, la mitad era para ellos. De cada botella de champán, un 80% era para ellos; a veces cobraban la botella a 300 euros. Te cobraban, como te cobran en cada puticlub, 10 euros por «sábana» cada media hora, que es la forma de justificar que ellos no ganan nada con el acto sexual, que sólo ponen el lugar.

—¡Aunque no las cambien! —tercia Pilar, la mayor—. Y cinco euros el preservativo.

—Eso, y cinco euros el preservativo. El contrato era de camarera, o de animadora, o de no sé qué de ocio. Da igual, todo mentira. Todo es explotarnos. Si te ibas con un cliente, te cobraban 90 euros por salir, pero también si te ibas con tu novio. Eras como una esclava de algún modo. La jornada era, como es en todos los puticlubs, de cinco de la tarde a cinco de la mañana…

—Pero es que este señor también te cobraba hasta por fumar…

—Era horrible. Si no bajabas justo a la hora en que abrían, multa. Si estabas mal de salud y te subías un rato a la habitación, multa. Bueno, yo sé de embarazadas que han muerto en puticlubs porque el jefe les ha dicho: «Oye, nada de esconderse, tú tienes que trabajar». En el Model’s te forzaban también, con la amenaza de que te echaban si no. Él mismo, Tuñón, nos giraba por sus otros puticlubes: el Venus, en Lérida; el Love, en Agullana (Girona), el Mirador, en Madrid. Y si había que follar con un amigo suyo gratis y tú habías enganchado ya un cliente, tenías que soltar el cliente y hacerlo gratis con el amigo.

Las tres testigos de la denuncia contra el club de alterne asturiano. CATA ZAMBRANO

 

Pilar dice haber tenido «muchas» noches de 24 «pases». Es decir, 24 relaciones sexuales. «Llegas fácilmente a 20, 21 clientes». Ania también alcanza esas maratonianas cifras: «A veces en una noche llegaba a 25 pases, estaba destrozada, y este tío venía y te obligaba a seguir bajo amenaza de echarte. Yo hacía lo que fuera por quitarme de encima al cliente, muchos van tan ciegos que en un rato te largas y ni saben si se han corrido o no…».

La publicidad del Model’s, situado en un polígono industrial a tres kilómetros de Oviedo, suele circular habitualmente como flyer por las calles de la capital asturiana.Con coartada culinaria: «El día del cabrito», «Menú diario 10 euros», «Jornadas de la fabada». La carne que vende el local es otra, en todo caso. Rumana.

Pilar: «En tiempos podía haber entre 70 y 80 chicas cada fin de semana, ahora ya hay muchas menos, igual no llega a 30. La crisis ha hecho mucho daño, mucho. Ahora muchos meses son de ganar 1.000 euros y ya. Y muchas ni eso. Lo más duro que he visto yo allí son varias chicas de unos chulos rumanos que yo creo que debían de ir a medias con el dueño. Los tipos estos las pegaban a ellas en la barra, delante de todos, para amedrentarlas. Era horrible», cuenta. Se refiere a otro juicio en marcha en Asturias: el del clan de los SandulacheDos hermanos rumanos acusados de violar, obligar a abortar y agredir (con una catana) a varias mujeres para prostituirlas. La Fiscalía les pide más de 100 años de cárcel a cada uno de ellos.

 

SÉ DE EMBARAZADAS QUE HAN MUERTO EN PUTICLUBS PORQUE EL JEFE LES HA DICHO: ‘OYE, NADA DE ESCONDERSE, TÚ TIENES QUE TRABAJAR'»

 

—Nosotras no hemos vivido esos horrores, pero sí presiones de todo tipo para forzarnos a tener sexo gratis, y mucho abuso, mucha jeta de este tío.

La pregunta es obvia: ¿legalizamos la prostitución para limitar los abusos como en cualquier trabajo? La respuesta de las tres, casi al unísono: «¡Pero si nosotras tenemos papeles, no somos ilegales, somos rumanas!».

—Que no, que no me refiero a que estéis legales en España, sino a vuestro curro, a la prostitución…

—Ah, por supuesto que tiene que ser legal, nosotras trabajamos, pagamos seguridad social, dice Pilar.

—De todas maneras —interviene Ania— en Cataluña está legalizada la actividad y es lo mismo, no cambia mucho, la presión es igual

Según la Fiscalía, los prostíbulos son en general máquinas de blanquear dinero y, al igual que en el caso de las discotecas, viven de un negocio enorme paralelo y nada oculto: la venta de droga.

—Muchas chicas trabajan sólo por el vicio, por la nariz…

—¿Cuántas son muchas? ¿Se puede cuantificar eso?

—Bufff, muchísimas. Quizás un 70%, o un 80%. Al final todo es la droga, gran parte del negocio es eso. Muchas no ganan más que para pagar la habitación y para el vicio. En el Model’s sólo vende droga el propietario, a nosotras no nos dejaba vender. Cuando se terminaba, pedías y te la subía el encargado.

Ania, que testificará junto con sus dos compañeras en Instrucción 3 de Siero, fue detenida hace años en el Model’s, en una de las recurrentes redadas que nunca han logrado cerrar el garito.

«Cada vez que había una inspección, a Tuñón siempre le avisaba alguien antes, imagino que de la Policía. Entonces nos decían lo que teníamos que decir cuando vinieran los polis: que aquello era un hotel o un restaurante, que nosotras sólo bajábamos al local como quien baja al bar del hotel a tomar algo, que en absoluto trabajábamos allí… Yo he visto cómo escondían chicas en un doble techo que hay en el último piso, como si fueran ganado. Estaba todo listo. Nunca pasaba nada. Date cuenta de que por allí pasan muchos abogados, gente importante…».

—¿Y cómo es que os atrevéis a denunciar todo esto? ¿Por qué ahora?

—Mira —dice Ania—, antes, cuando era más cría, igual el jefe llegaba y te decía que se la chuparas y tú eras más tontona y lo hacías.Ahora, si me lo dicen, me piro. La mujer en este país tiene derechos. Se acabó aguantar lo que aguantábamos. Hay que echarle huevos.

 

Las Putas también abortamos

 

 

 

Cuando se habla de aborto algunas personas sostienen que “ninguna mujer quiere abortar”. Algo similar sucede en el debate sobre trabajo sexual cuando afirman que “ninguna mujer nace para puta”. En ambos sentidos se intenta afirmar que ninguna mujer quiere abortar ni ser trabajadora sexual. Eufemismos que buscan invisibilizar la toma de decisiones sobre nuestros cuerpos.

 

Por Georgina Orellano para Emergentes 

10 de abril de 2018-04-11

https://emergentes.com.ar/las-putas-tambi%C3%A9n-abortamos-ccc9c72bafcf

 

En mi caso cuando me enteré que estaba frente a un embarazo no deseado lo primero que pensé fue en la posibilidad de interrumpirlo. Estaba segura que no quería volver a ser madre.

Nadie se anima a afirmar “ninguna mujer quiere ser mamá” porque no todas se atreven a cuestionar ese mandato ni a mencionar los traumas que pasamos por llevar adelante un embarazo no deseado. Más cuando la responsabilidad de la maternidad recae un 100% sobre los cuerpos de las mujeres.

Declaro haber abortado no una sino varias veces.

Al realizarlo me enfrenté a una doble criminalización. Primero por ser puta y dedicarme a un trabajo que no está reconocido y que ejercemos en la clandestinidad y segundo por abortar, pues en Argentina sigue siendo ilegal la interrupción voluntaria del embarazo.

Recuerdo que las veces que aborte lo hice primero en manos de una mujer que hacía los abortos con sondas en un barrio popular donde las mujeres no teníamos acceso a la información y no sabíamos que existía el misoprostol. Fue en el 2008. Por hacerlo me cobró 200 pesos y luego de darme algunas indicaciones me mando a mi casa. Ahí atravesé un trauma no por haber abortado sino por haberlo hecho en malas condiciones y poner en riesgo mi vida. Lo mismo sucede con el trabajo sexual ya que no padecemos el trabajo en sí mismo sino las malas condiciones en las que lo tenemos que ejercer.

Otra experiencia que atravesé por ser puta y abortera fue el doble estigma. Salí del clóset en 2 oportunidades: primero cuando conté que era puta y luego cuando dije que había abortado.

La segunda vez que aborte lo hice acompañada de mis compañeras que me apoyaron, me acompañaron y estuvieron presentes en el momento en que parí mi aborto. Yo parí mis abortos clandestinos, parí el derecho a decidir sobre mi propio cuerpo y a tener en esa decisión el control de mi reproducción.

En el trabajo sexual puedo decir que decidí convertir mi sexualidad en mi propio proyecto laboral saliéndome de las normas del capital y teniendo un control sobre mi propio sexo al decidir con quién, cómo y cuándo y a no ofrecerlo desde la gratitud sino a ponerle un precio al mismo.

Frente a la clandestinidad las mujeres, lesbianas, travestis y trans nos organizamos. Así como las putas nos organizamos sindicalmente para exigir reconocimiento a nuestros derechos laborales también lo hacemos para poder abortar en mejores condiciones, acompañadas y accediendo a mayor información.

Mientras los hombres se reúnen para jugar al futbol, para mirar un partido, para hablar de a quién y cómo se cogieron sin que nadie los esté cuestionando ni preguntando qué hace un grupo de hombres solos a la noche en vez de estar cuidando a sus hijos, mientras ellos gozan de ciertos privilegios, nosotras nos reunimos para abortar en la clandestinidad.

Acompañé a muchas trabajadoras sexuales que pasaron por lo mismo llegando a construir entre putas una gran red de solidaridad que nos llevó desde juntar dinero para comprar las pastillas hasta hacer un fondo de miso que consiste en que donemos las pastillas que nos sobran así tener para quienes no puedan comprarlas.

Ante la imposibilidad de abortar en una cama de un hospital, prestábamos a las amigas nuestras camas, sobre todo quienes vivimos solas, a veces esperábamos a que la pareja de ellas le toque el turno noche en el trabajo y así el varón ni se enteraba de que ellas habían abortado. Cuando se nos complicaba pagábamos un pernocte en algún hotel transitorio esos mismos hoteles en los que terminamos llevando a cabo nuestro trabajo.

Las Putas que abortamos lo hacemos desde nuestra autonomía a decidir libremente sobre nuestros cuerpos, aunque algunxs sostengan que lo hacemos sobre la vida de otros en el caso del aborto y en el caso del trabajo sexual nos nieguen la posibilidad de decisión.

En ambos sentidos no nos sentimos representadas por las consignas que nos re victimizan o que intentan disculparnos socialmente y generar una empatía desde la lastima o la pena.

Nosotras que decidimos abortar y ejercer el trabajo sexual no vamos a pedir disculpas a nadie por ello.

Queremos que el aborto sea legal seguro y gratuito, que se venda sin receta el misoprostol, queremos que los colegios implementen la E.S.I, que en los centros de salud de todos los barrios se brinden conserjerías pre y post aborto.

Queremos que el trabajo sexual sea reconocido, que podamos acceder a la obra social y a la jubilación, queremos dejar de pagar coimas para poder trabajar tranquilas y queremos que se deroguen todas las leyes y artículos que criminalizan nuestra actividad laboral. Exigimos que se nos deje de criminalizar a las mujeres por el solo hecho de decidir sobre nuestros cuerpos.

No queremos que nadie se meta en nuestras camas ni en nuestras vidas.

Las Putas exigimos descriminalización total del aborto y del trabajo sexual.

Nuestros cuerpos son nuestros territorios, sobre ellos decidimos nosotras.

 

Después de FOSTA: muchos de los sistemas e institutos que se supone que nos protegen a las trabajadoras sexuales han sido enviados a erradicarnos

 

 

 

7 de abril de 2018

 

http://coyoteri.org/wp/after-fosta-many-of-the-systems-and-institutes-the-are-supposed-to-protect-us-are-sent-to-erase-u/

 

«Que el que esté libre de pecado entre vosotros sea el primero en tirarle una piedra».

 

«El Congreso está tratando de acabar con las trabajadoras sexuales y desconectarlas de sus servicios comunitarios y de apoyo vital».

 

por Bella Robinson, directora ejecutiva de Coyote RI (Call off Your Old Tired Ethics)

 

6 de abril de 2018

 

FOSTA (Fight Online Sex Trafficking Act) es una guerra contra las mujeres pobres. Este crimen de odio está siendo patrocinado por el Congreso con el dinero del contribuyente. El Congreso acaba de mostrar su verdadera cara y aprobar Fosta muestra que no se preocupa por las trabajadoras sexuales y mucho menos las víctimas de la trata sexual.

Es importante que las personas involucradas en la industria del sexo sepan cómo conectarse a la COMUNIDAD. Aquí hay una lista de algunas de las mejores organizaciones de EE.UU. que se esforzarán para ayudar a las personas involucradas en la industria del sexo que estén en crisis.

SWOP USA tiene una línea de apoyo. Soy una de las voluntarias que ayudan a responder la línea de ayuda. Desde que FOSTA (Ley de Lucha contra la Trata Sexual) fue aprobada, la línea de soporte recibe más llamadas que nunca. SWOP USA SUPPORT LINE 877-776-2004

Quiero que nuestra comunidad sea consciente de que los cierres de nuestro ESPACIO DE LIBRE EXPRESIÓN en línea afectarán primero a las trabajadoras sexuales más marginadas y pobres. Muchas de ellas viven en hoteles y no podrán tener ingresos dentro de uno o dos días. Muchas de estas mujeres tienen hijos o son jóvenes LGBT que no pueden acceder a un refugio u otros servicios del Estado. Las trabajadoras indocumentadas que ya están siendo cazadas por nuestro gobierno no podrán alquilar una vivienda ni pagar alimentos.

FOSTA abrirá un nuevo caldo de cultivo para los depredadores y aquellos que buscan explotarnos. Muchos de ellos llevarán insignias de policía y otros tratarán de hacerse pasar por clientes. La violencia y la explotación implosionarán. Miles y miles de trabajadoras sexuales y sus familias quedarán sin hogar, y las trabajadoras no tendrán otra opción que trabajar en las calles.

La violencia doméstica y las violaciones aumentarán. Los niños perderán a sus madres y serán separarados de sus hermanos, y serán arrojados al descompuesto sistema DCYF que abrirá un hogar de acogida aún más grande como antesala de la cárcel. La enfermedad aumentará, más mujeres pobres quedarán embarazadas debido a la guerra del gobierno contra los derechos reproductivos de las mujeres.

Mientras tanto, no oirás que el CONGRESO mencione la desigualdad económica o la falta de viviendas asequibles en todas las ciudades de Estados Unidos. O la falta de empleos que paguen un salario digno; porque el salario mínimo ya no cubre el costo de la vivienda, incluso en los barrios más pobres. Tampoco mencionarán que la mayoría de las ciudades no han aceptado las solicitudes de vivienda en décadas y mientras nos han cobrado impuestos a muerte, casi se han deshecho de todos los servicios públicos, alegando que son ¿programas de subsidio?. El Tío Sam es el mayor proxeneta de todos, y quiere controlar los cuerpos de las mujeres.

La estafa de la lucha contra la trata ha cerrado el círculo. El Congreso ha cometido un crimen de odio contra las trabajadoras sexuales. Quieren que las trabajadoras sexuales mueran. No hay viviendas para gente pobre, hay muy pocos proveedores de salud mental que sean competentes para atender a las personas involucradas en la industria del sexo. Nuestra investigación basada en la comunidad muestra que los proveedores de servicios traumatizaron a las personas en la industria del sexo y trataron de avergonzar a la gente a muerte.

Entonces, es mejor que comencemos a prepararnos para el daño colateral que ha surgido después de FOSTA.

En este momento, me gustaría recordar al público que Coyote RI no le enseña a nadie a hacer el trabajo sexual. No facilitamos ni promovemos el trabajo de nadie, ni pedimos donaciones a trabajadoras sexuales. Simplemente estamos abogando por la salud y la seguridad de las personas involucradas en la industria del sexo y proporcionamos a nuestra comunidad todo el apoyo que podemos.

Muchas organizaciones de defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales realizarán concentraciones en todo el país en el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, también conocido como el Día Internacional de las Putas, el 2 de junio de 2018.

Las organizaciones de justicia social de Coyote RI y Rhode Islands organizarán una Concentración por la Reforma de la Justicia Penal el 2 de junio de 2018 (detalles sobre el evento próximamente).

Ha aparecido este sitio web ofreciendo una recompensa de $ 25.000 a cada una de las primeras 10 trabajadoras sexuales que presenten pruebas de que un congresista que votó a favor de SESTA es / fue cliente suyo. Estoy luchando por la #whorenation con la esperanza de que puedan desenmascarar a suficientes legisladores para obligar a estos hipócritas a renunciar a su escaño. Drenemos la ciénaga y exijamos que sus sustitutos comiencen a gastar nuestros impuestos en servicios públicos.

 

HOJA DE RECOMENDACIONES

Si deseáis acceder a algunos de estos sitios, deberéis usar un navegador VPN (red muy privada) como TOR. Intentaremos actualizar esta lista con la mayor frecuencia posible.

Nueva actualización de la lista 7 de abril, 2018 PM EST

Actualizada del 4 de abril de 2018-04-08

https://www.eroticmonkey.com/

https://www.locanto.com/Personals/P/

http://www.usasexguide.info/

https://www.theeroticreview.com/   Only allows access from a VPN

https://www.bestgfe.com/     Only allows you to click agree and access from a US browser

http://sipsap.com/

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