Apoyo a las trabajadoras sexuales de Noruega

 

 

Apoyo para PION
Oslo, 9 de marzo de 2017

 

http://blikk.no/index.php/2017/03/09/stotte-til-pion/

El acoso a las trabajadoras sexuales no lleva ninguna parte. El Comité 8 de marzo debe tratar a PION y a las personas que venden sexo con respeto.

Es necesario que termine la tradición del Comité 8 de marzo de prohibir a PION y a las trabajadoras sexuales participar en la manifestación del 8 de marzo.

El 8 de marzo un representante del comité ejecutivo del Comité 8 de marzó envió a PION (organización de las trabajadoras sexuales en Noruega) el mensaje de que debían irse de la plaza Youngstorget. Como PION no se fue, la representante del Comité 8 de marzó rompió la pancarta de PION. La pancarta decía “derechos de las trabajadoras sexuales = derechos humanos”.
Un representante de las organizadoras quiso negar el derecho de las trabajadoras sexuales a expresarse por sí mismas y a reunirse, lo que pensamos que es muy inquietante. Nos preocupa que el Comité 8 de marzo impida directamente la libertad de expresión y la libertad de reunión de las trabajadoras sexuales y el derecho de organizarse por sí mismas a fin de procurarse una vida digna en sus propios términos.

Desde FRI Oslo y Akershus apoyamos el mensaje de PION de que los derechos humanos deben ser garantizados para aquellas de nosotras que venden sexo y defendemos el derecho de PION de participar en la manifestación del 8 de marzo.

FRI Oslo y Akershus
Viljar Eidsvik y His Heen Sikkeland


 

http://www.pion-norge.no/

Cinco preguntas pertinentes (o no) sobre trabajo sexual y derechos humanos

 

Por Ana Martínez

 

15 de julio de 2016

 

http://bit.ly/29WHgjK

 

Oslo, Noruega, 11 de la noche. Las calles están vacías, a excepción de dos mujeres de origen africano que conversan bajo la luz de una farola. Varios policías vestidos de paisano se acercan y las interpelan de malas maneras: “¿Tenéis condones? ¿Dónde está vuestra documentación? No os queremos ver más por aquí”.

Acoso policial como en este caso, violencia, extorsión, hostigamiento o discriminación. Las personas que se dedican al trabajo sexual están especialmente expuestas a estas y a otras muchas vulneraciones de derechos humanos en todo el mundo. En su mayoría se trata de mujeres que, además, se enfrentan a múltiples formas de discriminación y desigualdades de género.

Amnistía Internacional ha publicado cuatro informes sobre trabajo sexual en Noruega, Argentina, Hong Kong y Papúa Nueva Guinea que evidencian los abusos y violaciones de derechos humanos que sufren las trabajadoras y trabajadores sexuales en estos países, la solución pasa por exigir a los Estados normas que protejan, respeten y hagan efectivos sus derechos humanos a la vez que abordan la trata, la explotación y la discriminación de género. Entre las medidas que Amnistía Internacional solicita a los gobiernos está la despenalización del trabajo sexual entre personas adultas cuando hay consentimiento.

Mona ejerce como trabajadora sexual y vive en las calles de Port Moresby, capital de Papúa Nueva Guinea, con sus tres hijos. A menudo, sufren agresiones verbales. “Dormimos y nos bañamos en los desagües. En ocasiones, algún cliente nos paga una habitación. Si pedimos agua a los vecinos, nos persiguen y nos insultan. Me da mucha vergüenza, pero no hay esperanza para nosotros”, explica. Las trabajadoras sexuales y sus familias están particularmente expuestas a la violencia y a otros abusos de derechos humanos. La esperanza de la que habla Mona está precisamente en leyes que garanticen que todas las personas tengan acceso a sus derechos económicos, sociales y culturales, a la educación y a oportunidades de empleo, además de que gocen de una protección y seguridad mayores. La despenalización supone eliminar las leyes y políticas que criminalizan o sancionan el trabajo sexual y reforzar aquellas que penalizan la explotación, la trata de personas o la violencia contra quienes se dedican a ello.

A Laura, una trabajadora sexual de las calles bonaerenses, la asaltaron una noche a punta de navaja. Nunca lo denunció a la policía. “No me van a escuchar porque trabajo en esto”, asegura. Cuando el trabajo sexual está penalizado, las trabajadoras y trabajadores sexuales están también privados de medidas de protección que podrían servir para aumentar la vigilancia e identificar y prevenir abusos de derechos humanos tan atroces como por ejemplo la trata. A menudo, las víctimas son reacias a denunciar si temen que la policía tome medidas contra ellas por vender servicios sexuales.

Es el caso del modelo nórdico, que prohíbe la compra de servicios sexuales, criminaliza la organización del trabajo sexual y penaliza a las personas que ejercen este trabajo y que se organizan con el objetivo de sentirse más seguras. Amnistía Internacional destaca que estas personas tienen dificultades hasta para encontrar algo tan básico como el alojamiento, ya que sus arrendadores pueden ser procesados por alquilarles un hogar. “Algunos clientes te agreden en sus apartamentos. Pueden hacerlo porque saben que estás demasiado asustada como para ir a la policía. No nos queda otra opción que obedecer sus reglas porque estamos en su casa y no podemos llevarlos a la nuestra”, explica Tina, una mujer nigeriana que trabaja en las calles de Oslo.

La doble discriminación y el estigma que sufren algunos colectivos, como el LGBTI, es otra de las principales preocupaciones en torno a la vulneración de derechos humanos en el trabajo sexual. Virginia, una mujer trans que ejerció como trabajadora sexual en Buenos Aires durante años, explica las dificultades a las que tenía que hacer frente para acceder a los servicios médicos: “Cuando estaba enferma, iba al hospital, pero la gente siempre nos maltrataba. Nos decían que fuéramos a otra clínica porque allí no podían tratarnos…”. Ante este tipo de abusos, es necesario combatir la discriminación y los estereotipos de género perjudiciales, empoderar a las mujeres y al resto de grupos marginados y garantizar que ninguna persona carece de alternativas viables para ganarse la vida.

En definitiva, ¿qué deben hacer los gobiernos para proteger los derechos de las trabajadoras y trabajadores sexuales? Amnistía Internacional demanda un marco jurídico que proteja a estas personas frente a la violencia, explotación y la coerción; que impulse su participación en la elaboración de las leyes y políticas que afectan a su vida y su seguridad; y que garantice el acceso a la salud, la educación y les ofrezca oportunidades de empleo.

Ana Martínez es periodista en Amnistía Internacional España.

 

La autoperpetuación de las fantasías de “acabar con la demanda”

Por Desmond Ravenstone

7 de abril de 2016

http://ravenstonesreflections.blogspot.com.es/2016/04/the-self-perpetuation-of-end-demand.html

 

Francia se acaba de unir a la lista de países que han adoptado el así llamado enfoque de “acabar con la demanda” en su lucha coantra la prostitución, penalizando a los clientes de las trabajadoras sexuales en una vana esperanza de que una caída mantenida en la demanda lleve a la eventual erradicación de la “trata de blancas”. Olvida que Suecia, que fue la primera en adoptar este enfoque en 1999, no ha observado ningún descenso mensurable ni en la oferta ni en la demanda. Olvida que este enfoque solo puede ser llevado a la práctica mediante una vigilancia altamente intrusiva y el acoso tanto a las trabajadoras sexuales como a los clientes. Olvidan que todo esto está siendo propagado por ideólogos extremistas que urden una investigación espúrea basada en sus escabrosas fantasías en lugar de basarse en datos empíricos reales.

 
Imaginemos una gran nación insular, gobernada por una federación de cinco Estados. En ella crece una planta —llamémosla “Gudstoff”— que, cuando su fruto es consumido, produce un estado temporal y moderado de euforia y relajación. Algunos ciudadanos están abiertamente preocupados por esta planta, y extienden mitos acerca de que es adictiva y produce brotes psicóticos. Los científicos legítimos no ven que haga daño si se consume con moderación, y quizás hasta tenga algunos efectos beneficiosos. Pero, como todos los políticos, los líderes de todas las regiones deciden que la venta, compra, posesión y consumo de Gudstoff serán faltas castigadas con multas.

Eventualmente, se produce una división entre los partidos políticos. Uno dirigido o influenciado por ideólogos anti-Gudstoff, que presionan para que estas faltas sean elevadas a la consideración de delitos, junto con procedimientos encaminados a su erradicación. El otro, tras prestar atención a los resultados de la investigación empírica, está a favor de la legalización de Gudstoff y su consecuente aporte recaudatorio, junto con medidas de educación encaminadas a evitar potenciales abusos. En tres de las regiones gana el partido “anti”, que instituye sus estrictas medidas, mientras que las otras dos se convierten en Estados “legales”.

Cualquiera con un conocimiento básico de economía vería que, dado que la oferta de Gudstoff se vuelve menos accesible en los Estados “anti”, los que buscan Gudstoff viajarán sencillamente al otro lado de la frontera para obtenerla en los Estados “legales”. El resultado es un aparente aumento de la demanda en los países “legales”, lo que es recibido con aullidos de “ya os lo dijimos” por aquellos que piensan que Gudstoff es veneno. He dicho deliberadamente “un aparente aumento” porque, de hecho, se trata meramente de un desplazamiento del sitio donde tiene lugar la demanda, basado en las acciones locales para restringir el comercio. La demanda total en toda la isla no ha cambiado. Pero, esto no importa a los “antis”, ellos ven que las ventas de Gudstoff se disparan en los Estados “legales” y se dan prisa en echar la culpa a la legalización.

Esto es exactamente lo que hemos visto en Europa cuando Suecia y Noruega adoptaron medidas contra las trabajadoras sexuales y sus clientes (y no nos equivoquemos, su objetivo son las trabajadoras sexuales), y con Francia cometiendo ahora el mismo error, veremos ahora seguir la misma tendencia cuando más clientes del trabajo sexual de Francia y Escandinavia viajen a los Estados “legales” como Alemania y Holanda. Y ¿si los militantes “antis” siguen su marcha y convencen a más países para que adopten este enfoque? Hacer más difícil comprar o vender algo no hace que desaparezca, solo lleva a cambios en la estrategia.

Es hora de que aquellos preocupados por los daños ligados a la prostitución cambien sus estrategias, antes de que causen aún más daños. Estos daños, si no ligados directamente a la penalización de alguna forma, son exacerbados por ésta. Esto ha sido notado por una amplia gama de grupos que apuestan por la despenalización, desde el movimiento pro derechos de las trabajadoras sexuales hasta la Organización Mundial de la Salud y la Alianza Global contra la Trata de Mujeres. La despenalización no es en sí misma la solución completa, pero abre las puertas a auténticas soluciones. Y si queremos soluciones auténticas, es hora de que prestemos oído tanto a la evidencia empírica como a la experiencia de las mismas trabajadoras sexuales; no a prohibicionistas equivocados.

Pagar por sexo no es delito en Suecia si es para evitar una condena por violar a una prostituta secuestrada

 
El caso del médico sueco que encerró a una mujer en un “bunker secreto”

 
Publicado: 23 Feb 2016 10:19 GMT+01:00
Actualizado: 23 Feb 2016 17:14 GMT+01:00
http://www.thelocal.se/20160223/swedish-doctor-awaits-sentence-in-bunker-case

 

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ACTUALIZACIÓN: Un médico sueco que mantuvo a una mujer encerrada en un bunker con aislamiento acústico durante casi una semana ha sido condenado a 10 años de cárcel.

 

ACTUALIZACIÓN: 25 Enero 2016: Un médico sueco fue a juicio el lunes acusado de drogar, violar y secuestrar a una joven en un bunker que había construido con la idea de tenerla escondida durante años.

Según consta en el sumario, el hombre se hizo pasar por americano cuando vio a la mujer por primera vez el 10 de septiembre en el apartamento de esta en Estocolmo, tras haber hecho un contacto inicial por internet.

Dos días más tarde, volvió al apartamento de ella con champán, fresas y jugo de fruta envenenados con sedantes. Una vez ella inconsciente, se dice que la violó, luego la llevó en una silla de ruedas a su coche de él al que había colocado placas de matrícula falsas.

Luego condujo el coche 550 kilómetros desde Estocolmo a su casa de campo cerca de Kristianstad, al sur de Suecia.

Se le acusa de haberla encerrado luego en lo que la acusación describe como un “bunker” en superficia que había construído en su parcela y que desde fuera parecía una caseta de jardín. Allí tomó a su víctima muestras sanguíneas y vaginales para estar seguro de que no tenía ninguna enfermedad de transmisión sexual.

http://www.thelocal.se/20160125/doctor-who-kept-girlfriend-in-bunker-goes-on-trial

El Juzgado de Distrito de Estocolmo dictó sentencia el martes por la mañana, encontrando a Martin Trenneborg, de 38 años, culpable de raptar a la mujer. Sin embargo, no le encontró culpable de violación agravada. Le condenó también a pagar 180.000 coronas (19.222 euros) a la víctima por daños.

 
Descrito en los medios como el “Fritzl sueco” —en referencia al padre austríaco que mantuvo a su hija cautiva durante 24 años— Trenneborg había sido acusado de drogar a su víctima con fresas envenenadas y llevarla en coche a su casa de campo enmascarado y con placas de matrícula falsas el otoño pasado.

 
Había sido acusado posteriormente de encerrar bajo llave a la mujer en lo que la acusación ha descrito como un “bunker” en superficie que había construido en su parcela y que tiene el aspecto externo de una caseta de jardín.

 
El tribunal dijo en un comunicado que anuncia el veredicto que el propósito del acusado había sido mantener a la víctima encerrada para “obligarla a servirle como novia y futura pareja sexual”.

 
“El médico planeó su crimen meticulosamente y durante mucho tiempo. Además, puso a la víctima en serio riesgo al drogarla y tenerla en condiciones muy incómodas en este bunker aislado”, dijo.

 
Pero le exoneró del cargo de violación al que se enfrentaba, diciendo que no había sido probado más allá de cualquier duda razonable que hubiera “realizado el acto sexual con la víctima mientras estaba drogada”.

 

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Durante el juicio, la víctima estaba visiblemente afectada, y se presentó con las manos cubiertas con guantes negros y la cabeza oculta bajo un pañuelo. Su identidad no ha sido revelada.

 
“No se encuentra bien. Es muy difícil para ella dar la cara”, dijo al tribunal su abogado Jens Högström.

 
Trenneborg ha admitido retenerla contra su voluntad, pero ha negado haberla secuestrado o violado.

 
“Tuvieron relaciones sexuales, pero fueron consensuadas. Ella es trabajadora sexual y él pagó por el sexo que tuvieron”, dijo su abogada defensora Mari Schaub a la agencia de noticias AFP tras el veredicto.

 

Durante el juicio, que se llevó a cabo casi por entero a puerta cerrada, la abogada defensora Mari Schaub dijo que Trenneborg era un “alma rota” y un hombre solitario con pocos amigos.

 
“Quería desesperadamente tener una novia”, dijo a los periódicos suecos el mes pasado.

 
En las primeras declaraciones a la policía, el médico dijo que “novia podría ser la mejor denominación” para la mujer, aunque admitió que “no era una novia en el sentido corriente, aunque yo lo pudiera entender así.”

 
Sin embargo, la mujer que encerró dijo a la policía que temió ser torturada o asesinada.

 
Los investigadores se enteraron de la extraña trama en septiembre de 2015, después de que Trenneborg se presentara él mismo en una comisaría de policía con la mujer, pero no fue acusado formalmente hasta enero de este año.

La política hacia la prostitución y la desintegración de la Unión Europea

Greggor-Mattson-e1453125364531 Por Greggor Mattson

 
Oberlin College

 
18 de enero de 2016

 

http://policytrajectories.asa-comparative-historical.org/2016/01/prostitution-policy-and-the-unraveling-of-the-european-union/

 

 

¿Se está desarmando el proyecto europeo?, gritaban titulares de prensa recientes al cronificarse la crisis europea de refugiados. Los observadores atentos de la Unión Europea (UE) pueden haber perdido la memoria por la fatiga de la crisis, porque el proyecto europeo ha estado desarmándose al menos desde el desastroso fracaso en 2005 de la Constitución Europea.

 
Pero antes de eso, la política hacia la prostitución ya había dejado al desnudo las diferencias entre las políticas estatales, la gobernanza supranacional y las culturas nacionales. Entre 1998 y 2004, once parlamentos de los por entonces quince países de la UE debatieron si regular la prostitución a nivel nacional, algo que había sido regulado de facto, hasta entonces, por los ayuntamientos. Estas reformas incidieron en dos direcciones diferentes, sin embargo, dejando a la vista profundas divisiones en el seno del proyecto europeo, como quedó demostrado por los cuatro primeros países que adoptaron nuevos estándares nacionales. Holanda y Alemania legalizaron el “trabajo sexual” desde una perspectiva laboral, imponiendo estándares de seguridad en el trabajo para remediar la explotación en un trabajo peligroso. Suecia y Finlandia, por su parte, intentaron abolir la prostitución apartándola de la esfera pública para proteger la igualdad de género.

 
Estas diferencias fueron sorprendentemente diferentes entre países que, desde una perspectiva norteamericana, parecen llamativamente similares: democracias pluripartidistas del norte de Europa con poblaciones seculares, fuertes estados sociales y fuertes protecciones de los derechos humanos. Aunque la soluciones reglamentarias fueron claramente diferentes, respondieron a similares realidades y, paradójicamente, tuvieron efectos similares. La caída del “telón de acero” liberó oleadas de migración a través de Europa y las prostitutas de los países no miembros de la UE dominaron el mercado del sexo en los cuatro países. Dado que estas prostitutas inmigrantes no podían optar a ningún beneficio social como consecuencia de esas reformas, su destino era la “repatriación” bajo el abolicionismo y la “deportación” allí donde el trabajo sexual fue legalizado. Aunque las reformas de la prostitución se justificaron en base a preocupaciones locales, llegaron pisando los talones a los planes de la UE para armonizar la justicia penal y las políticas de bienestar social. La prostituta, un potente símbolo de criminalidad y vulnerabilidad, galvanizó a los Estados miembros para reforzar sus normas nacionales antes de verse obligados a cumplir con compromisos de la UE no bienvenidos por ellos.

 
Mi argumento es que los conflictos europeos a propósito de la prostitución dejaron a la vista ideologías culturales implícitas relativas al bienestar social y la ciudadanía. Estas ideologías preestablecidas enmarcaron el problema de la prostitución de formas muy diferentes: como una crisis de igualdad de género en Suecia y Finlandia, y como una falta de derechos laborales en Alemania y Holanda. Esto se corresponde con las bien documentadas diferencias entre los Estados de bienestar socialdemócratas nórdicos y los así llamados Estados de bienestar corporativistas de Alemania y Holanda. Los estudiosos del Estado de bienestar están acostumbrados a pensar acerca en tres “mundos” de enfoques políticos (liberal, conservador y socialdemócrata) pero raramente articulan las relaciones entre las prestaciones económicas y la cultura nacional.

 
Los Estados de bienestar también institucionalizan el sentido común nacional acerca de lo que es una buena vida, es lo que yo argumento; sentido que es particularmente potente en relación a los roles de género adecuados o las vidas sexuales. Más que paquetes de políticas sociales con efectos económicos, los Estados de bienestar enmarcan los problemas sociales y estampan sus marcas nacionales en las políticas culturales y los movimientos sociales feministas. El debate acerca de la prostitución de cada una de las naciones fue coherente con un repertorio cultural general integrado en las políticas sociales y las expectativas ciudadanas, formando las herramientas culturales mediante las que los ciudadanos se hicieron una idea de las amenazas que requerían soluciones por parte del Estado.

 
Las reformas de la prostitución fueron métodos mediante los que los gobiernos aprehendieron a las mujeres que estaban “sueltas” en el sentido de que carecían de conexiones formales o claras con los beneficios del Estado, los mercados de trabajo nacionales o las protecciones de derechos humanos internacionales. En mi libro, muestro cómo la ansiedad por la globalización creó sus propias realidades y consecuencias políticas, incluso cuando las causas prácticas fueron los procesos voluntarios de la unificación europea y las diferentes políticas de los antiguos aliados. Los miedos a la globalización y a la transferencia de soberanía a la UE crearon un contexto en el que los parlamentos nacionales se reafirmaron a sí mismos imponiendo estándares nacionales para proteger a las mujeres vulnerables. Reforzaron por tanto sus Estados ante presiones ostensiblemente globales, incluso a costa de socavar su proyecto europeo colectivo. La prostitución, pues, saboteó la expansión de la UE a la “dimensión social” de la política social, las leyes de asilo, y las leyes penales. La ansiedad ante amenazas exteriores a las naciones individuales se articuló con el desencanto con la UE, saboteando su objetivo de elaborar una estrategia contra la trata coherente.

 
La política hacia la prostitución sigue siendo una mina que tiene también el potencial de socavar el Mercado Común que está en el núcleo de la UE. Un grupo de expertos concluyó que el conflicto acerca de la prostitución podría justificar sanciones comerciales por parte de un Estado del euro contra otro.

 
El riesgo de compartimentalizar el mercado interno podría justificar el uso de un artículo para imponer sanciones comerciales contra un Estado miembro en una situación tal… este ejemplo no es una pura fantasía, dados los enfoques cada vez más diferentes adoptados por los Estados miembros respecto a la prostitución. (Red europea de expertos independientes en Derechos fundamentales 2003, 14-15).

 
Lo que el informe no hizo fue señalar que la causa del problema fue precisamente dilucidar qué derechos fundamentales tenían prioridad . Reconocer que los derechos laborales de las trabajadoras sexuales en Holanda y Alemania entraban en conflicto claramente con el reconocimiento por parte de los países nórdicos de la prostitución como una violación de los derechos humanos de las mujeres.

 
Mientras que muchos observadores echaron la culpa de la crisis de deuda griega a una demasiado escasa integración política, la política hacia la prostitución ha expuesto ya la falta de integración a nivel de conceptos: de vulnerabilidad, ciudadanía y bienestar social. Estas diferencias se hicieron patentes durante la crisis de los refugiados del año pasado. Si Europa no pudo ofrecer una ayuda coordinada a un puñado de víctimas de trata en épocas de prosperidad, no es sorprendente que se paralice en épocas de austeridad ante millones de víctimas menos simpáticas.

 
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Greggor Mattson es Profesor asociado de Sociología en el Oberlin College, donde imparte cursos de sexualidad, cultura, ciudades y ley. Es el autor de The Cultural Politics of European Prostitution Reform: Governing Loose Women (Palgrave 2016). Bloguea en greggormattson.com y twitea en @greggormattson.

Crítica de las trabajadoras sexuales a la política hacia la prostitución en Suecia

Por Petra Östergen

http://www.petraostergren.com/pages.aspx?r_id=40716
Petra Östergren El artículo Crítica de las trabajadoras sexuales a la política hacia la prostitución en Suecia apareció originalmente en mi web en 2003. Aunque nunca fue formalmente publicado en una revista académica, ha sido citado y discutido por activistas y académicos interesados en los efectos de la ley sueca de prohibición de compra de sexo.

 

 
Como la prostitución es un tema controvertido, con extensas implicaciones morales, legales y políticas, no es sorprendente que mi artículo haya sido criticado por los defensores de la Ley de Compra de Sexo, y por activistas y académicos que trabajan por abolir la prostitución. Considero que su crítica está mal informada, está distorsionada y a veces es tendenciosa.

 

 
El material empirico en que se basó el siguiente artículo fue utilizado también en mi tesis de máster (2003) y apareció más tarde en mi libro Porn, Whores and Feminists (2006). Como se muestra en estos dos trabajos y en el artículo que sigue, yo nunca he dicho que documentara las opiniones de todas las trabajadoras sexuales de Suecia, sino solo las de aquellas a las que había entrevistado.

 

 
Además, las opiniones de trabajadoras sexuales acerca de la política hacia la prostitución sueca expresada en este artículo difícilmente pueden ser consideradas exclusivas. Están en línea con las preocupaciones expresadas por las trabajadoras sexuales en los medios de comunicación suecos, en blogs, artículos, informes y libros desde 1998 en adelante (para una compilación de fuentes, tanto publicadas como no, hasta 2011, ver el ejemplo de Claimed Success and Documented Effects, pp.109-138, en http://www.petraostergren.com/upl/files/115299.pdf).

 

 
Aunque los defensores de la Prohibición de Compra de Sexo me han atacado a mí personalmente, tratándome como si fuera alguna clase de instrumento de la industria del sexo, existe una serie de informes adicionales que revelan similares críticas a la política hacia el trabajo sexual sueca desde una perspectiva de trabajadoras sexuales. Estos otros informes incluyen el estudio de Rose Alliance En annan horisont, el trabajo de Pye Jakobsson y Jay Levy, y el estudio Charlotte Holmström 2015. Desafortunadamente, gran parte de este trabajo de investigación está disponible hasta ahora solo en sueco. Los activistas antiprostitución suecos y los investigadores que promueven la prohibición de compra de sexo están muy familiarizados con este trabajo, incluso si prefieren ignorarlo.

 

 
Los estudios que muestran que las propias trabajadoras sexuales se oponen a la prohibición de compra de sexo, o que la propia ley no ha sido eficaz, han sido criticados como “sesgados” por los abolicionistas y los defensores de la prohibición. Su afirmación se basa en su opinión de que la violencia, las desigualdades de poder, la victimización y el abuso sufridos por algunas trabajadoras sexuales es la situación dominante para todas las personas que venden servicios sexuales. Por tanto, aquellas trabajadoras sexuales que critican una ley cuyo propósito ostensible es protegerlas son consideradas como constituyentes de una minúscula minoría, no representativas o, en el mejor de los casos, vistas como enfermas de alguna clase de falsa conciencia o trauma relacionados con su propia condición de víctima.

 

 
Lamentablemente, el enfoque de paradigma de la opresión hacia el trabajo sexual (en lugar de un paradigma polimorfo), así como el rechazo de la crítica de las trabajadoras sexuales a la política hacia la prostitución sueca, es una señal de que el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales están aún fuertemente estigmatizados. Esta estigmatización debe ser adecuada y firmemente abordada y cuestionada.

 

 
Cuando se trata de estudiar, desarrollar y evaluar una norma, es absolutamente esencial comenzar por las necesidades del grupo al que vaya dirigida, tal como sean expresadas por las personas que consituyen dicho grupo. Esto también se aplica a las trabajadoras sexuales. Las normas o leyes sobre la prostitución deben poner a las propias trabajadoras sexuales en el centro de ese proceso.
Esta postura no es una máscara bajo la que se oculte una actitud “proprostitución”. Su intención es proteger los derechos de las trabajadoras sexuales.

 

 
Petra Östergren Mayo de 2015

 
Crítica de las trabajadoras sexuales a la política hacia la prostitución en Suecia

 

Petra Östergren (sin fecha)

 

http://www.petraostergren.com/upl/files/115326.pdf

 

En este artículo no trataré del complejo tema de si la prostitución es deseable, ya sea desde un punto de vista social o desde cualquier otro punto de vista. Este artículo busca más bien documentar algunas de las experiencias y opiniones de trabajadoras sexuales en Suecia. Me ha preocupado el hecho de que muchas mujeres que están en el centro de la política hacia la prostitución sean tan raramente escuchadas y se sientan tan a menudo adversamente discriminadas. Si la igualdad de derechos para todas las mujeres es importante, entonces la experiencia de las propias trabajadoras sexuales debe, sin duda, estar en el centro de nuestra discusión, independientemente de la posición que cada uno adopte respecto a la prostitución.

La ley contra la provisión de servicios sexuales (ya sea promoción u obtención de beneficio de la prostitución) y una reciente ley que prohibe la compra de servicios sexuales, implantada en 1999, son las dos formas principales como el Estado sueco considera que está “combatiendo” la prostitución. Los políticos y las feministas suecos están orgullosos de la política hacia la prostitución desarrollada por el Estado. Insisten en que tiene efectos positivos. Las trabajadoras sexuales opinan de otra forma. La mayor parte de las trabajadores sexuales suecas que he entrevistado hacen una fuerte crítica de su situación legal y social. Se sienten adversamente discriminadas, puestas en peligro por las mismas leyes que buscan protegerlas y se sienten sometidas a un intenso estrés emocional como consecuencia de dichas leyes.

El material usado en este artículo procede de mis entrevistas, charlas informales y correspondencia llevados a cabo con aproximadamente veinte trabajadoras sexuales desde 1996, así como de entrevistas con trabajadoras sexuales publicadas y radiadas en los medios suecos. También de entrevistas con personas que trabajan con mujeres que venden sexo para mantener un consumo de drogas (la mayor parte de las cuales son también personas sin hogar).

Este artículo contiene también un sumario de informes realizados por las autoridades suecas tras la aplicación de la nueva legislación (la penalización de clientes).

 

 
La venta de servicios sexuales no es trabajo

 
El trabajo sexual no es oficialmente considerado trabajo en Suecia. En su lugar, la prostitución es vista como una lacra social y una forma de violencia de los hombres contra las mujeres. Las mujeres que venden sexo son consideradas víctimas que necesitan ser protegidas por el Estado. De los trabajadores sexuales masculinos o transexuales raramente se habla. En la tarea de crear una sociedad mejor y más igualitaria, el Estado sueco ha determinado que la prostitución tiene que ser abolida. Esta es una opinión que raramente se pone en cuestión.

 

La ley contra la provisión

 
La ley contra la provisión hace ilegal trabajar en interiores, trabajar con otros, aprovecharse del trabajo sexual de otros y anunciar. Algunas mujeres entrevistadas expresan satisfacción con el efecto que esta ley ha tenido contra chulos explotadores, ya que ha habido relativamente pocos en Suecia en las últimas dos décadas. Otras trabajadoras sexuales consideran esta ley discriminatoria. Creen que ellas, igual que cualquier otro trabajador o persona de negocios, deberían tener derecho a un entorno laboral razonable, trabajar colectivamente, anunciarse o abrir un negocio, etc.

A causa de la ley contra la provisión, las trabajadoras sexuales se ven obligadas o bien a mentir para alquilar locales o bien a tener que pagar alquileres exorbitantes. Tanto en un caso como en otro, están constantemente preocupadas por el temor de ser descubiertas. También informan de que con frecuencia tienen que trasladarse (cuando son descubiertas) y de que son tratadas de mala manera por los arrendadores y “chulos de arrendamiento”. Algunas mujeres prefieren contactar con sus clientes en la calle. Otras trabajadoras sexuales consideran esto demasiado humillante.

La mayor parte de las mujeres con las que he hablado desean poder trabajar junto con otras. Esto es para garantizar la seguridad y ayudarse unas a otras. Encuentran injusto no poder hacerlo y se sienten asustadas cuando tienen que trabajar solas.

Esta ley también hace difícil para las trabajadoras sexuales cohabitar con un compañero, ya que es ilegal recibir algo de las ganancias de una trabajadora sexual. Hasta tan solo el hecho de tener una familia es difiícil para una trabajadora sexual, ya que las trabajadoras sexuales son consideradas madres incapaces y por tanto pueden perder la custodia de sus hijos si se descubre que venden sexo.

 

 
La ley contra la compra de servicios sexuales
La nueva ley que prohibe el acto de comprar servicios sexuales es seriamente criticada por las trabajadoras sexuales. Encuentran la ley paradójica, ilógica y discriminatoria. Obstruye aún más su trabajo y las expone a estrés y peligro.

Las mujeres con las que he hablado dicen que los argumentos en los que se basa la ley carecen de sentido para ellas. ¿Cómo pueden los políticos decir que solo están siendo castigados los clientes y que ellas están siendo protegidas? El efecto de la ley es en general negativo para la trabajadora sexual. Algunas señalan que incluso si unos pocos hombres son multados, la mayoría seguirá comprando servicios sexuales como de costumbre y, como de costumbre, son las mujeres y las trabajadoras sexuales las que se verán afectadas de forma más adversa.

Como resultado de la nueva legislación, las trabajadoras sexuales dicen que ahora es más difícil para ellas evaluar a los clientes. Los clientes están más estresados y asustados y la negociación en la calle debe ser hecha de forma más rápida. La probabilidad de terminar dando con un cliente peligroso es por tanto mayor.

Debido a la ley, las trabajadoras sexuales se sienten cazadas en la calle por la policía, los trabajadores sociales, los medios de comunicación e incluso los activistas antiprostitución. Encuentran esto inaceptable. Una trabajadora sexual comentó que ningún otro grupo vocacional aceptaría que la policía “patrullara su lugar de trabajo”.

Otra consecuencia es que las trabajadoras sexuales sienten ahora más aprensión a buscar ayuda de la policía cuando tienen problemas con un cliente abusivo. No quieren verse obligadas a denunciar al cliente.

Dado que el número de trabajadoras sexuales en las calles ha descendido y que ahora están más asustadas, las anteriores redes informales entre trabajadoras sexuales se han debilitado. El resultado es que ya no pueden avisarse entre ellas de clientes peligrosos o prestarse entre ellas la misma ayuda que antes.

Las mujeres también informan de que otra consecuencia de la ley son los bajos precios en las calles, ya que hay menos clientes y más competencia. Esto significa que las mujeres que tienen una necesidad de dinero más desesperada se implicarán en sexo no seguro y en actividades sexuales que habitualmente no realizarían. Esto a su vez lleva a una autoestima más baja y a la exposición a infecciones. Otras mujeres que han recurrido a internet para anunciarse refieren un efecto positivo para ellas, ya que han podido subir los precios. Pero nótese que esto solo beneficia a algunas trabajadoras sexuales. Las trabajadoras sexuales más vulnerables parecen ser las que se han visto afectadas de forma más negativa por la ley.

Las mujeres que trabajan en las calles en algunas de las ciudades más grandes dicen que ahora hay un mayor porcentaje de clientes “pervertidos” y que han desaparecido los clientes “agradables y amables”. Un cliente “pervertido” es el que pide formas de sexo más violentas, sexo con heces y orina, y que es más proclive a humillar, degradar y violar a la trabajadora sexual. También se niega con mayor frecuencia a usar condones. Dado que hay menos clientes en las calles, muchas mujeres que venden sexo para financiarse un consumo de drogas no pueden ya rehusar estos clientes, como hacían antes. Estas mujeres dicen que los clientes “amables” o se han cambiado a internet en la busca de servicios sexuales o han sido detenidos por la policía. Por el contrario, los clientes “pervertidos” saben qué hacer para no ser detenidos y multados: les basta con negarlo, ya que raramente hay pruebas sólidas.

 
Trato social

Otra queja expresada a menudo es cómo se sienten tratadas las trabajadoras sexuales por las autoridades y por la sociedad en general. Todas las trabajadoras sexuales con las que he hablado mencionan el estigma unido a la prostitución, en virtud del cual la trabajadora sexual es vista como débil, sucia, enferma mental, adicta a las drogas y al alcohol y considerada una víctima. Unido a la difícil situación legal, esto hace que las trabajadoras sexuales tengan miedo de que se exponga públicamente que venden sexo, así que hacen todo lo que pueden para garantizar su anonimato. Esto incluye para algunas mujeres mentir a amigos, familia y vecinos. Las trabajadoras sexuales dicen que se sienten incapacitadas por el Estado y que no se las respeta. Mantienen que sus derechos como ciudadanas son violados. Varias de ellas afirman que son una parte importante de la sociedad, que contribuyen a ella, pero que son activamente excluídas de ella. También piensan que a las trabajadoras sexuales se les niega los beneficios del Estado de bienestar, beneficios que están garantizados a todos los demás ciudadanos suecos.
Varias trabajadoras sexuales dicen que se sienten utilizadas por los políticos, las feministas y los medios de comunicación. Piensan que las trabajadoras sexuales solo son escuchadas y se les presta atención si dicen las cosas políticamente correctas, es decir, que encuentran la prostitución espantosa, que son víctimas, que han dejado de vender sexo y nunca lo volverán a hacer, y que están agradecidas a la actual política hacia la prostitución y a los legisladores.

Las trabajadoras sexuales se sienten ignoradas en los procesos de toma de decisiones relativos a cambios jurídicos, etc., algo que consideran no democrático. Preguntan si algún otro grupo social habría sido tan sistemáticamente excluído de cualquier proceso relevante de adopción de medidas políticas.

Las trabajadoras sexuales refieren haber tenido muy poca o ninguna ayuda de las autoridades sociales y, en algún caso, fueron más bien abandonadas por dichas autoridades. Algunas creen que las mujeres que desean dejar el trabajo sexual pueden, en algunos casos, lograr una ayuda adecuada de las autoridades sociales.

La mayor parte de las trabajadoras sexuales a las que he entrevistado rechazan la idea de que haya algo intrínsecamente malo en su profesión, o que debieran ser sometidas a terapia o recicladas para trabajar en alguna otra cosa. Consideran también que este es un tratamiento que no se impondría a otros grupos profesionales. Las trabajadoras sexuales dicen que, contrariamente a la creencia oficial, no son víctimas de sus clientes, sino víctimas del Estado. Y esto no solo debido a que no son escuchadas, o a que el Estado las coloca en situaciones peligrosas y fuerza a algunas de ellas a incorporarse al mundo criminal, sino también porque la situación general las hace imposible mostrarse abiertas acerca de su trabajo, levantar la voz contra la injusticia y organizarse por sí mismas.

 

 
Cuestiones de salud
Todas las mujeres con las que he hablado refieren sentimientos de estrés emocional debido a su situación legal y a cómo son tratadas socialmente. Tienen que ocultarse, mentir y mantener dobles identidades. Sienten que ellas mismas, sus hijos y sus parejas, son objeto de acoso y repulsión.

El estrés emocional deriva también de una situación financiera vulnerable y poco clara. Dado que la mayor parte de las mujeres no pagan tasas, tienen miedo de lo que les pasará cuando se retiren. Sus pensiones serán bajas y apenas adecuadas para vivir. Cuando caen enfermas, tienen que seguir trabajando o recurrir a los ahorros que puedan tener, en lugar de disfrutar del derecho a la compensación que tienen los trabajadores. La situación legal respecto a los impuestos no está clara, y varía de ciudad a ciudad. Algunas autoridades fiscales dejarán en paz a las trabajadoras sexuales, otras las buscarán y las impondrán impuestos según una estimación arbitraria. Esto preocupa a las trabajadoras sexuales. Algunas han sido sometidas a este procedimiento con consecuencias financieras desastrosas. Otras tan solo han oído hablar de ello y temen que les pase a ellas.
Las trabajadoras sexuales refieren un aumento de su estrés emocional subsecuente a la implantación de la nueva ley. Las trabajdoras sexuales dicen que ahora están más preocupadas porque las encuentren, así como más preocupadas por sus ingresos futuros. Varias de ellas refieren que ahora tienen más ansiedad, problemas de sueño y problemas de concentración, así como problemas relacionados con trastornos del apetito, alcohol y drogas.

Las trabajadoras sexuales que he entrevistado refieren tener sentimientos más intensos de impotencia y resignación ahora que antes de la implantación de la nueva legislación. Opinan que parece que “no tiene sentido” intentar cambiar el sistema (o sus consecuencias directas sobre sus vidas) y que nadie las apoya o habla en su favor.

 
Lo que quieren
Las trabajadoras sexuales expresan indignación hacia los políticos suecos que, en su opinión, en su relación con otros países se jactan y dicen mentiras acerca de los efectos de la nueva ley. Desean que otros países puedan ver “la verdad” de los efectos de la ley. También desaconsejan enérgicamente a otros países adoptar una legislación similar.

Incluso si solo unas pocas de las trabajadoras sexuales con las que he hablado dicen conocer los detalles de la nueva legislación relativa a la prostitución en Holanda y Alemania, todas ellas hablan positivamente de ella. Desearían que la prostitución en Suecia fuera legalizada (o, al menos, despenalizada), que hubiera sindicatos y organizaciones para trabajadoras sexuales, que desapareciera el estigma que las rodea y que tuvieran garantizados los mismos derechos y obligaciones que las demás mujeres y los demás ciudadanos.

Las mujeres que venden sexo para costearse un hábito de drogas parecen menos proclives a mirar el trabajo sexual como una experiencia positiva o como un trabajo. Pero son exactamente igual de críticas con las leyes y las normas suecas. Les gustaría tener mejor acceso a los programas de metadona o buprenorfina, que es algo que ahora solo tiene un número limitado de personas.

 
Informes oficiales

Críticas similares a las hechas por mis encuestadas fueron oídas en los tres informes oficiales hechos desde que se implantó la ley contra la compra de servicios sexuales. Un año después de su instauración, el Consejo Nacional para la Prevención del Crimen (Brottsförebyggande rådet), llevó a cabo una investigación de la aplicación de la nueva ley y los problemas que habían sido encontrados.

El Consejo Nacional de Salud y Bienestar (Socialstyrelsen), publicó también un informe un año después de la implantación de la ley. Su trabajo consistió en documentar el conocimiento existente de la extensión de la prostitución. El Consejo Nacional de Policía (Rikspolisstyrelsen) publicó un informe basado en la información obtenida de los dos primeros años de aplicación de la nueva ley. Su trabajo consistió en evaluar la aplicación de la ley y hacer sugerencias acerca de nuevos métodos en el trabajo de la policía contra la prostitución.

Todos estos informes hallaron que la prostitución de calle descendió inmediatamente tras la implantación de la ley. Sugieren también que la captación de clientes fue menor, aunque el Consejo Nacional para la Prevención del Crimen declara que el número exacto de prostitutas en, por ejemplo, Estocolmo era difícil de estimar debido a que la prostitución de calle se había desplazado a otras calles y tomado posiciones en un área más amplia que la anterior. Todas las autoridades dicen que no existen pruebas de que haya menos prostitución en general. Por el contrario, la prostitución escondida habría aumentado probablemente.

Todos los informes tratan los problemas que han emergido tras la implantación de la nueva ley. El Consejo Nacional de Policía escribe que las trabajadoras sexuales que todavía hacen prostitución de calle están pasando tiempos difíciles. Esto se debe, explican, a que hay menos clientes, los precios son más bajos y la competencia entre las mujeres mayor. Esto lleva a que haya más mujeres que venden sexo sin protección de condones, y a que tengan que aceptar más clientes que antes (ya que los precios son más bajos). Los encuestados en el estudio del Consejo Nacional de Salud y Bienestar (entre los que no se encuentra ninguna trabajadora sexual) creen que las trabajadoras sexuales ahora experimentan más dificultades y están más expuestas que antes. Los compradores son “peores” y más peligrosos, y las mujeres que no pueden dejar su oficio o cambiar de lugar dependen de estos hombres más peligrosos, ya que no pueden permitirse rechazarlos como antes. Incluso los compradores que fueron entrevistados opinaron que la ley afectaba sobre todo a las ya socialmente marginadas mujeres. De acuerdo con el Consejo Nacional de Policía, el sistema de salud está preocupado por el declive de la salud entre las trabajadoras sexuales y la diseminación de enfermedades de transmisión sexual.

El Consejo Nacional de Policía ha encontrado tambén que la ley supone un obstáculo a la hora de perseguir a los aprovechados que explotan el trabajo sexual de otros. Anteriores casos judiciales contra tales hombres podían ser defendidos a veces gracias a los testimonios de los compradores de sexo. Pero estos hombres ya no están dispuestos a colaborar, ya que ellos mismos son ahora culpables de cometer un delito. El informe del Consejo de Policía señala también que las trabajadoras sexuales han caído en una posición difícil, construída socialmente y ambigua, con relación a la nueva ley. La trabajadora sexual vende sexo, pero esto no es un acto criminal. Sin embargo, debido a que la compra de servicios sexuales es ahora un delito, la trabajadora sexual puede ser obligada a presentarse como testigo en el proceso judicial. Y de esta forma, no tiene ni los derechos del acusado ni los de la víctima. El informe del Consejo de Policía discute también el hecho de que las trabajadoras sexuales se ven sometidas a registros e interrogatorios invasivos, en un intento de conseguir las pruebas contra los clientes in fraganti.

 

Informes oficiales

RPS (Rikspolisstyrelsen) 2001. Rapport. “Lag (1998:408) om förbund mot köp av sexuella tjänster. Metodutveckling avseende åtgärder mot prostitution.” Av Nord, Anders och Rosenberg, Tomas. Polismyndigheten i Skåne. ALM 429-14044/99. 2001. POB -429-4616/99 SoS (Socialstyrelsen) 2000. “Kännedom om prostitution 1998-1999.” SoS rapport 2000:5.BRÅ (Brottsförebyggande Rådet) 2000. Brå rapport 2000:4. “Förbud mot köp av sexuella tjänster. Tillämpningen av lagen under första året.” Brottsförebyggande rådet. Stockholm.

 


 

Acerca de Petra: http://www.petraostergren.com/pages.aspx?r_id=40697

“Derogación de la ley contra la compra de sexo”, piden los dirigentes juveniles en Noruega

Publicado el 8 de enero de 2014
http://www.thelocal.no/20140108/norway-youth-parties-call-for-end-to-sex-purchase-ban
Los dirigentes de las juventudes de tres partidos de Noruega han reclamado la derogación de la ley que criminaliza la compra de sexo, argumentando que dicha ley ha hecho la vida más peligrosa para las prostitutas desde que fue instaurada hace cuatro años.

“Esta ley ha hecho más daño que bien, y conduce a que la vida diaria de las prostitutas sea más insegura”, dijo Paul Joakim Sandøysundet, líder de la rama juvenil del Partido Conservador, al periódico Vårt Land.

“La ley no está funcionando a día de hoy”, añadió Atle Simonsen, portavoz de las juventudes del Partido del Progreso. “Sólo está llevando a un mercado oculto”.

Noruega implantó la ley contra la compra de sexo en 2009, siguiendo el modelo sueco implantado en 1999, según el cual es ilegal comprar sexo, pero no venderlo.

El nuevo gobierno de derechas de Noruega ha contratado a la empresa Vista Analysis para evaluar el impacto de la ley, antes de redactar un libro blanco a finales de este año.

Los partidos Conservador, Liberal y del Progreso se comprometieron a derogar la prohibición de compra de sexo durante la campaña electoral del año pasado.

La iniciativa de Noruega para terminar con la ley contra la compra de sexo llega mientras Tanja Rahm, una antigua prostituta de Dinamarca, está haciendo campaña para que Dinamarca adopte una ley similar.
“Si los clientes de sexo no son penalizados, significa que estamos reconociendo el derecho a comprar a otras personas. Es lo mismo que aceptar la esclavitud, y yo estoy contra eso”, dijo Rahm al Aftenposten. “Estoy al tanto del debate en Noruega acerca de derogar la ley y pienso que sería muy triste que eso llegara a ocurrir”.

La carta abierta de Rahm “A los que compran sexo”, ha sido publicada en el Aftenposten de Noruega, el Expressen de Suecia y el Avisen de Dinamarca.

“Si piensas que alguna vez te deseé, estás terriblemente equivocado”, escribe Rahm. “Ni una sola vez fui contenta al trabajo. Todo lo que me preocupaba era hacer dinero rápidamente. Confundí esto con hacer dinero fácil, pero no fue fácil. Sin embargo, pronto aprendí los muchos trucos con los que hacer que volvieras lo antes posible”.

Trabajo sexual en Escandinavia

http://www.s-i-o.dk/?page_id=309

Hay dos tendencias enfrentadas en la actitud política hacia el trabajo sexual durante estos últimos años. Por una parte, un cierto número de países alrededor del mundo —p.ej. Alemania, Holanda, España, Nueva Zelanda y Brasil— han legalizado el trabajo sexual o han liberalizado de alguna forma las legislaciones existentes. Por otra parte, algunos países del norte de Europa se están moviendo hacia la penalización, predominantemente en Escandinavia. Suecia y Noruega han prohibido la compra de servicios sexuales en 1999 y 2009, respectivamente. El movimiento por la penalización en Dinamarca está muy inspirado en nuestros países escandinavos compañeros.

Prohibir la compra y no la venta de servicios sexuales es conocido como “el modelo sueco”, y es un enfoque novedoso. Históricamente, la penalización ha sido motivada por opiniones religiosas o morales de algún otro tipo; la igualdad de géneros es la idea directriz en Suecia y Noruega. Lo que dicen es que la mera existencia de trabajo sexual es un resultado de la dominación masculina, y que el trabajo sexual hará que se mantenga una actitud negativa hacia las mujeres. SIO encuentra este enfoque muy engañoso.

Raramente se ve trabajo sexual forzado. La mayor parte de nosotras somos trabajadoras sexuales por libre elección, aunque ciertamente la pobreza es una motivación para algunas. Pero incluso aunque seas pobre, lo que necesitas son derechos y oportunidades —no penalización y, en última instancia, empeoramiento de las condiciones de trabajo. La igualdad de géneros debería dirigirse al respeto de las elecciones personales y las diferencias de las personas, independientemente del género, no a castigar a aquellxs que se apartan de la norma.

La idea de penalizar la compra de servicios sexuales y castigar en consecuencia al supuesto cliente masculino y salvar a la supuesta trabajadora sexual femenina es una ilusión. Las trabajadoras sexuales son las únicas que son realmente castigadas. Nos veremos obligadas a mover nuestro negocio a la clandestinidad, donde seremos sometidas a redes criminales, a condiciones de trabajo malas y peligrosas y a explotación. Esto es claramente lo que ha ocurrido en Suecia. Tras diez años de penalización, las autoridades todavía no son capaces de documentar ninguna disminución en el trabajo sexual. Saben que el trabajo sexual es una realidad y sigue siendo un negocio activo, pero debido a la prohibición tienen grandes dificultades para determinar quién está implicada y dónde. Esto hace imposible dar a las trabajadoras sexuales la misma protección legal o social que al resto de la población.