¿Así que no quieres creer a Amnistía Internacional? Pues mira esto

 

Publicado el 29 de mayo de 2016 por Wendy Lyon

 

https://feministire.com/2016/05/29/so-you-dont-want-to-take-amnestys-word-for-it-okay/

 

CN: cosas que podrías encontrar en Google buscando porno masculino cishetero de baja calidad

 

La semana pasada, Amnistía Internacional publicó finalmente su posición política completa sobre el trabajo sexual. La reacción de las feministas anti trabajo sexual ha sido la predecible: un montón de vitriolo, velas en forma de pene y difamaciones de proxenetismo, pero poco o ningún compromiso con los argumentos reales de Amnistía. El informe de 101 páginas sobre las investigaciones de Amnistía en Noruega (1) ha sido casi totalmente ignorado, aparte de algunas sugerencias de que Amnistía está demasiado comprometida para que su investigación sea fiable.

Bueno, gran noticia, defensoras del “modelo nórdico” : ya no hace falta 29994638que creáis a Amnistía. Porque el super policía sueco Simon Haggstrom —al que conoceréis por sus frecuentes visitas a otros países (2) para hacer proselitismo de la prohibición de compra de sexo— ha publicado ahora sus memorias (3). Sólo en sueco, por desgracia, pero es por eso que Dios creó el Traductor de Google. Éstos son algunos de sus puntos de vista sobre cómo la ley realmente funciona en la práctica. Vamos a abordarlos temáticamente, ¿de acuerdo?

Sobre si la ley está “funcionando” para acabar con la demanda

 

“Al cabo de todos estos años, solo hay una cosa que sigue sorprendiéndome y es que la la gente permite que siga adelante este comercio. Año tras año las mujeres son transportadas dentro y fuera de Suecia. Aquí están una temporada vendiendo y luego se van al siguiente país. En política hablamos de la trata de seres humanos como un tema prioritario… pero el número de personas que trabajan con problemas concretos es extremadamente bajo en la mayor parte de las ciudades de Suecia; casi no hay nadie. Esto me entristece, porque soy dolorosamente consciente de que la mayoría de las víctimas que han sido arrastradas a esto nunca irán a una comisaría de policía y… nunca veremos fin a este comercio de esclavas.

” Pero lo que más me provoca siguen siendo los compradores. Hay cientos de ellos… ¿Recordáis lo que pasó el año pasado con esa chica de 15 años que puso un anuncio de sexo en internet y recibió 600 respuestas en 48 horas? De todos los cientos de anuncios que aparecen solo podemos investigar unos pocos cada semana. La pregunta que nos tenemos que hacer todos los días es: ¿cuál de todas esas personas necesita más recibir una visita del Grupo de Prostitución? De una cosa estoy seguro en todos los casos. Los del Grupo de Prostitución no estaremos nunca sin nada que hacer. Y nunca pensaremos que estamos de sobra.”


Sobre el “efecto normativo” de la ley sobre los jóvenes suecos

 

“Cuando yo empecé en la lucha contra la prostitución el comprador de sexo típico era un hombre mayor sueco. Año tras año su nombre solía ser algo así como Sven, Gustav Anders, Ulf, His o Ingemar, y tenía 45 años o más. Pero algo pasó hace unos tres años, en 2013. Los compradores de sexo que deteníamos eran cada vez más jóvenes, y así ha seguido siendo. Hoy detenemos a hombres de entre 18 y 25 años —a veces más jóvenes aún— casi todas las semanas. Desde mi perspectiva en primera línea, puedo atestiguar que la edad del comprador medio de sexo se ha reducido en un período relativamente corto.”


Sobre si las prostitutas siguen siendo molestadas por la policía

 

—No necesito a la policía. Márchense.

—No podemos. Hemos arrestado a un total de seis hombres que han estado contigo.

—No hago nada ilegal. ¿Por qué habláis conmigo?

—Porque eres testigo de varios delitos. Escúchame, antes o después tenemos que hablar contigo, así que lo mejor es que lo hagamos ahora. Así no correremos el riesgo de que algún vecino vea u oiga que la policía está a tu puerta y no la dejas entrar. No queremos estropearte nada.

Nótese la amenaza sutil en lo anterior, explicitada en lo siguiente:

 

Sobre si las trabajadoras sexuales son criminalizadas de facto

 

“Tienes que venir con nosotros a la comisaría. No eres una delincuente y no estás detenida, pero tenemos que hablar contigo. Queremos saber por qué estás aquí, porque sospechamos que estás implicada en prostitución. Y, si es posible, queremos ayudarte. Si no quieres nuestra ayuda, lo más probable es que seas enviada de vuelta al país en el que vives. Lo siento, pero no tienes opción. Tienes que seguirnos a comisaría. Por favor, haz lo que te decimos. No sois delincuentes, pero aún así tenéis que hacer lo que decimos nosotros.”

Consejo profesional: preguntad a cualquier persona en un estado de inmigración precaria en su país si eso suena como una solicitud para ayudar voluntariamente en una investigación policial. O no.

 

Sobre si las trabajadoras sexuales son tratadas respetuosamente y con dignidad durante las redadas

 

¿Confiscando sus tampones usados y mostrándolos como “evidencia”? Tú decides.
img_2482Sí, esta es una imagen real del libro

 

Sobre si la ley está más interesada en prevenir o en castigar la “explotación”

 
“A veces me pregunto por qué no detenemos el suceso antes. ¿Por qué dejamos que vaya tan lejos?¿Cómo podemos esperar y ver cómo estas mujeres están siendo explotadas?…

“El delito llamado ‘compra de servicios sexuales’ es castigable en una fase de intento, lo que en teoría significa que ya el acuerdo verbal de sexo a cambio de pago constituye una infracción de la ley…

“Pero si intervenimos en una etapa de negociación, es muy difícil probar una compra de sexo… Esta es la razón principal por la que a menudo intervenimos en mitad del acto.”

De hecho, sería disculpable pensar que la “razón principal” es algo totalmente diferente. Si los policías intervienen antes de que tenga lugar sexo, Simon se perdería todas las partes buenas:

”Nos colocamos fuera de la habitación 539 uno a cada lado y apretando las orejas contra la puerta de la habitación de hotel. Tratar de escuchar a través de las puertas es siempre una lotería. A veces puedes oír claramente lo que está ocurriendo al otro lado, pero en otros casos la puerta parece una pared de cemento… Al principio no identifiqué los cachetes y sorbetones. Al cabo de unos segundos me di cuenta de que era el sonido de unos besos intensos… Un momento después, los sonidos habían sido reemplazados por un fuerte gruñido de hombre y un quejido de mujer. Y todo ese sonido como de aplausos que ocurre cuando dos personas tienen sexo una con otra. El golpeteo de la piel.”


”Al fondo está Emilia. Tiene los jeans bajados hasta las rodillas y está inclinada hacia delante. Detrás hay un hombre de pie, de mi misma edad… Se mueve hacia delante y hacia atrás. Tiene relación con Emilia por detrás, y está totalmente enfrascado en lo que hace. Dos pasos adelante… El hombre se gira, dándose cuenta en ese momento de que le han pillado… Enseño mi credencial de policía y el hombre se retira inmediatamente de Emilia.”


“El hombre cierra los ojos. Disfrutando. Piensa cuánto le gusta estar aquí. Cuánto tiempo ha esperado. Que sea a la vez prohibido y malo lo hace tan excitante… Tiene el control de la situación. La posee. Hace lo que quiere. Más deprisa… Y más duro. El sudor comienza a correr por su frente. Pero hacía mucho tiempo que estaba caliente para resistir más de unos minutos… Está muy cerca ahora. Más duro. Más rápido. El momento del placer alcanza su climax… y toda la vida del hombre está destruída. Sombras negras salen corriendo hacia él… Somos de la policía. Estás detenido.”


“No puedo creer que lo que tengo en mis manos es real…’Escort sueca embarazada con FOTOS genuinas…’ Estaba completamente convencido de que el anuncio era falso… Lo único que podíamos hacer era llegar antes de que el primer comprador de sexo llegara a su vez delante de la puerta, esperando a que le dejaran entrar. En solo unas pocas horas habíamos detenido a cinco, y aquí estábamos, esperando al sexto… De dentro del apartamento oímos los gruñidos y gemidos de un hombre y una mujer, y el cacheteo regular que ocurre cuando choca piel contra piel. ¡Oh, me viene, me viene, me corro!”


”La mujer mueve la cabeza adelante y atrás y él disfruta mientras su miembro se vuelve más y más duro. El hombre piensa. ¿Por qué es tanto más agradable cuando le chupa una puta que cuando lo hace su esposa? ¿Es la emoción? ¿O es porque las putas lo hacen muy a menudo y por tanto se vuelven tan condenadamente buenas haciéndolo? Parece lógico. Si haces algo el número suficiente de veces te vuelves sencillamente el mejor en eso…”


”Quiero follarte ahora. ¿Puedo follarte sin condón?…

“La mujer saca un condón del bolso y rompe suavemente el envoltorio por la mitad. Se inclina hacia delante y pone el condón en el pene erecto del hombre. Mirando…

“Cuando se pone de pie se baja las bragas, pero solo hasta las rodillas. La mujer se encarama a la gran lápida, apoyándose en ambas manos, separa las piernas y se inclina hacia delante. El hombre viene por detrás, tomándola firmemente por la cintura y gimiendo cuando la penetra.”


“Ocultos por la oscuridad, nos deaslizamos en silencio, rápida y cuidadosamente a través del aparcamiento de grava. El coche todavía se balancea arriba y abajo cuando llegamos a la puerta trasera. Todavía no nos han descubierto… Me aprieto contra la fría puerta del coche y empiezo a levantarme lentamente. Unos pocos centímetros cada vez. Al llegar a la ventanilla veo la espalda de una mujer desnuda en el asiento trasero. Kristyna. Se mueve arriba y abajo sobre un hombre, también desnudo. La mujer está cabalgando al hombre intensamente… —¡Fóllame más fuerte, más fuerte, putita! La mujer responde con un gruñido más fuerte y el coche se mueve cada vez con más fuerza… Ahora es el momento… Golpeo en la ventanilla y grito ¡POLICÍA!”

 

Y si todo eso no fuera suficiente para responder, una última pregunta …

 

Quién se beneficia exactamente de esta ley

 
“Me gustaba mi trabajo como agente de narcóticos… Pero había algo que yo pensaba que era aún más excitante, y era la recurrente lucha contra la prostitución. Encontré que tanto el ambiente como los contactos con esa gente, tanto las que venden sexo como quienes lo compran, eran increíblemente interesantes. Y los frecuenté tanto como pude… Tenía que empezar a abrir la puerta de un mundo que no habría podido imaginar ni en mi imaginación más salvaje.”

 

Bueno, ahí está la respuesta: proporciona a la policía “excitación” y un montón de material para hacerse pajas, material en el que ellos mismos desempeñan un papel protagonista en la acción. Irónico, cuando se considera que son los de Amnistía los acusados de privilegiar los deseos sexuales de los hombres.

Así que vamos a recapitular. Según uno de los principales agentes encargados de la aplicación de esa ley, ésta no ha cambiado las actitudes de los hombres. No les disuade de pagar por sexo. No se trata de impedir que las mujeres vendan sexo (de hecho, tienen que participar en un acto sexual antes de que se pueda aplicar la ley). Las está sometiendo a interacciones no deseadas con la policía, incluida la detención y la deportación para aquellas que se niegan a aceptar la “ayuda” de la policía. Eso … suena muy parecido a lo que Amnistía encontró en Noruega, ¿no?

Pero incluso Amnistía podría sorprenderse del torpe y rastrero porno con el que Haggstrom ilustra sus historias —más de lo que parecen sorprenderse las trabajadoras sexuales suecas, lo que posiblemente habla por sí mismo. ¿Es de extrañar que sea un defensor de esa ley? Sin ella, tendría que volver a correrse solo con su imaginación.

Agradezco a Lucy Smyth por sus traducciones y capturas de pantalla.


1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/02/06/el-coste-humano-de-machacar-el-mercado-la-penalizacion-del-trabajo-sexual-en-noruega/

 

2.- http://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia/20151121/282441347993761

 

3.- http://www.goodreads.com/book/show/29994638-skuggans-lag

 

 

 

Grupos de trabajadoras sexuales de la India rechazan la conferencia global para la abolición de la prostitución

 

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Grupos de trabajadoras del sexo de la India dicen que no todas las mujeres en el comercio sexual son víctimas de trata o esclavas sexuales
Por Nita Bhalla

 

http://news.trust.org/item/20170131133015-eobhl/?source=hpbreaking

NUEVA DELHI, 31 ene (Thomson Reuters Foundation) – Trabajadoras sexuales de la India han criticado una conferencia mundial sobre la abolición de la prostitución, diciendo que los activistas por el fin del comercio sexual no reconocieron que algunas mujeres eran prostitutas por su elección y no debido a coerción, trata o fuerza.

Los participantes en la conferencia de Delhi —incluyendo ex trabajadoras sexuales de Sudáfrica, Canadá, India y Estados Unidos— han estado compartiendo historias de esclavitud sexual y pidiendo el fin de la prostitución castigando a clientes, proxenetas y tratantes.
Pero los grupos de trabajadoras sexuales de la India dijeron que había una diferencia entre el trabajo sexual voluntario y la explotación sexual, y que no todas las mujeres en el comercio sexual eran víctimas de trata o esclavas sexuales.

“Estamos en contra de cualquier persona que no nos reconozca como seres humanos que puedan tomar sus propias decisiones”, dijo Kiran Deshmukh, trabajadora sexual de Veshya Anyay Mukti Parishad, un colectivo de trabajadoras sexuales del estado de Maharashtra, en la India.

“Hacernos víctimas sin ninguna autonomía es una violación de nuestro derecho humano a trabajar en el trabajo sexual, al ‘abolirnos’ no nos están ayudando: están ignorando nuestra necesidad de trabajar y ganarnos la vida con dignidad”.

El trabajo sexual es ilegal en la mayoría de los países del mundo, pero existe en todas partes. Se calcula que hay 40 millones de profesionales del sexo en todo el mundo, según la fundación francesa Scelles.

Los abolicionistas dicen que la mayoría han sido atraídas, engañadas o forzadas a la esclavitud sexual por los proxenetas y los tratantes, en gran medida debido a la pobreza, a la falta de oportunidades y a tener un estatus tradicionalmente marginado en la sociedad.

Una vez obligadas a trabajar en los burdeles, en las esquinas de las calles, en los salones de masaje, en los clubes de striptease o en las casas privadas, es difícil que las trabajadoras sexuales se vayan, dicen los activistas.

Para muchos es la amenaza de abuso físico de su proxeneta lo que las mantiene en la prostitución, pero algunas se quedan por su propia voluntad, rechazadas por sus familias y sin ningún lugar donde ir.

“NO SOMOS PRODUCTOS BÁSICOS”

Grupos de la Red Nacional de Trabajadoras del Sexo de la India dijeron que los abolicionistas estaban siendo moralistas y críticos. Dijeron que la legalización del comercio regularía la industria y aseguraría que no hubiera explotación de mujeres y niñas.

“La violencia que supone una actitud de enjuiciamiento ha contribuido a la indescriptible miseria de las trabajadores del sexo, alentando a elementos lumpen a justificar la violencia ejercida sobre las trabajadoras sexuales”, dijo una declaración del grupo, firmada por más de 2.000 trabajadoras sexuales, hijos de trabajadoras sexuales y veinte grupos representantes de sus derechos.

 

Sin embargo, varios oradores de la conferencia dijeron que la gran mayoría de las trabajadoras sexuales son explotadas.

“¿Y qué importa si hay mujeres por ahí que están haciendo esto por su propia voluntad?”, dijo Rachel Moran, una sobreviviente irlandesa de la prostitución y fundadora de la ong SPACE International.

“Hay 40 millones de mujeres y niñas en esta tierra que se prostituyen y aunque haya una pequeña minoría de las que dicen que lo han elegido de forma totalmente voluntaria, eso no niega la experiencia de la gran mayoría”.

La actriz de Hollywood Ashley Judd, que asistió a la conferencia como una fuerte defensora de la abolición de la prostitución, dijo que las mujeres y las niñas eran compradas y vendidas como productos básicos y que había que tomar medidas para poner fin al comercio sexual mundial.

“Tenemos que poner la carga y la vergüenza donde corresponde, esto es, en el perpetrador, el agresor y la persona que piensa que los cuerpos de las mujeres y las niñas son comprables”, dijo Judd.

“No somos mercancías, somos seres humanos y tenemos derecho a la integridad corporal, la dignidad sexual y el derecho a estar libres de toda forma de invasión corporal”.

El Congreso Mundial para la Eliminación de la Explotación Sexual de Mujeres y Niñas —que reúne a 250 organizaciones benéficas y activistas, así como académicos, sindicatos y abogados de 30 países durante tres días— termina el martes.

 

 

Manuela Carmena, el Papa Francisco y la prostitución

El Vaticano organizó los días 21 y 22 de julio de 2015 un foro sobre el “Cambio climático y nuevas formas de esclavitud moderna”. Sobre ecologismo y prostitución debatieron Manuela Carmena, el Papa Francisco y el alcalde de Nueva York Bill de Blasio.

 

Clara Mallo

 

Madrid | @ClaraMallo

 

Martes 28 de julio de 2015

 

http://www.izquierdadiario.es/spip.php?page=movil-nota-3510&id_article=21121

carmena-en-el-vaticano-2015

La cita estuvo organizada por Academia Pontificia Ciencias Sociales del Vaticano y por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En el foro intervinieron más de 70 participantes entre alcaldes y alcaldesas de todo el mundo como los de Nueva York, París, Bogotá, Buenos Aires, o Madrid y representantes de la ONU.

El objetivo del Papa Francisco es buscar aliados. Así en su discurso se dirigió a los más de 70 participantes con estas palabras: “La Santa Sede o tal país podrán hacer un buen discurso en la ONU, pero si no hay trabajo desde la periferia al centro, no tendrá efecto. Y ahí, en la periferia, es donde está el trabajo de los alcaldes”. Con ello Bergoglio cuenta poder influir en las decisiones de la Cumbre sobre el Clima que la ONU celebrará a finales de año.

Pero no solo el Papa pidió “conciencia ecológica” sino que el otro de los puntos del encuentro fue los “nuevos modos de esclavitud moderna”. Entre los diferentes temas, la prostitución fue uno de los debatidos en este foro vaticano.

Manuela Carmena sobre la prostitución: un tema a evitar

Manuela Carmena intervino en el foro sobre esta cuestión, centrándose en una reflexión sobre los motivos del “consumo de la prostitución”. “Si queremos evitar el terrible crimen de la esclavitud sexual, tenemos que reflexionar con sinceridad sobre las causas”, dijo la recientemente electa alcaldesa de Madrid, a la vez que señaló que “hay que entender la sexualidad desde la cultura de los cuidados“.

En el programa de Ahora Madrid presentado para las elecciones del 24M, la formación encabezada por Carmena propuso un proyecto piloto para el “reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras del sexo”, un tema en torno al que hay debates “eternos, que nunca concluyen”, según aseguró Carmena en su momento. La propuesta giraba en torno a la voluntad de “buscar algún tipo de estructura de apoyo muy grande para el sector que está en contra de la legalización y otra de ensayo de una cierta legalización y sobre todo de reconocimiento de derechos laborales de protección“, pero parecía no concretar en propuestas.

No obstante, por el momento Manuela y su equipo se han limitado a mantener el “Plan contra la Explotación Sexual” iniciado por la anterior alcaldía del PP en la anterior legislación, ya que como afirmó la portavoz del Ayuntamiento Rita Maestre (dirigente de Podemos), lo consideran “muy interesante”.

El plan impulsado por Botella y avalado por Carmena reza “erradicar la demanda de prostitución y prestar atención a las mujeres que la ejercen ofreciéndoles recursos y alternativas viables para el abandono de la prostitución”. Un plan que fue criticado por algunas asociaciones que trabajan con mujeres en situación de esclavitud sexual y que lo definían como un plan nefasto principalmente porque con él “las prostitutas han sufrido un mayor acoso policial”, como expresó Cristina Garaizabal, cofundadora de Hetaira, un colectivo que trabaja con mujeres en situación de explotación sexual.

La ingenuidad de Carmen y la frivolidad de Bergoglio

El intento de capitulación por parte del Vaticano de la lucha por los Derechos Humanos en el último periodo, ha hecho que algunos vean a esta como una nueva etapa de la Iglesia Católica. Pero el mismo Bergoglio que organiza un encuentro en el que debatir la explotación sexual hacia las mujeres es el autor de declaraciones que arremeten contra derechos básicos de las estas como el aborto, o en contra de la diversidad sexual, alegando que las personas LGTB “no reconocen el orden de la creación”.

En los últimos tiempos el Vaticano ha buscado mostrarse con un nuevo rostro. Para ello ha utilizado una serie de discursos sociales con declaraciones en los distintos foros de gestión capitalista. Sus declaraciones en el Parlamento Europeo sobre la recuperación de los “viejos valores”, la lucha contra el cambio climático en la ONU y las declaraciones en su última visita a algunos estados latinoamericanos donde expresó “ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía”, son ejemplo de ello.

Todo esto es parte de un discurso que busca lavarle la cara a la Iglesia, fuertemente desprestigiada por los casos de corrupción y abusos a menores que saltaron públicamente en los últimos años. Una Iglesia que durante años fue fiel impulsora de las políticas neo liberales y adoctrinó en base a los pilares de la familia y el patriarcado.

Este nuevo discurso de “buenas intenciones” genera unas falsas expectativas que parece han causado efecto en ciertos líderes de algunas formaciones que se reivindican herederas de los movimientos sociales. Los cuales han visto en el Papa un aliado para sus políticas de mejora social. Primero fue Pablo Iglesias que mostró en varias ocasiones su admiración y voluntad de acercamiento a Bergoglio, y ahora es Manuela Carmena que ve voluntad en las “buenas intenciones” de la Iglesia.

Resulta paradójico (y no menos cínico) que una institución como la Iglesia Católica que desde hace 2000 años niega a las mujeres sus derechos más básicos, como el derecho a decidir sobre la maternidad o sobre la orientación sexual de las personas, discuta sobre la libertad de las mujeres. La discusión sobre esta cuestión en el seno de la Santa Sede solo puede perpetuar y fortalecer la situación de opresión y explotación que sufren millones de mujeres en todo el mundo.

La Iglesia junto con los gestores locales de los negocios capitalistas y la ONU, son instituciones que sostienen el orden mundial capitalista y, como la Iglesia, apoyan las bases del sistema patriarcal que lleva a las mujeres a las peores situaciones humanas posibles como la esclavitud sexual, el feminicidio, y les niega derechos como la educación, la libre sexualidad y el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos.

Ni con un plan redactado por el PP, ni debatiendo con el Papa, puede abrirse camino para discutir sobre la cuestión de la explotación sexual. Solo un debate amplio independiente del Estado y de los intereses de la Iglesia podrá avanzar en temas como el de la esclavitud sexual y llevar a cabo medidas para comenzar a acabar con ello.

Pero terminar definitivamente con la opresión de género no será posible sin un movimiento fuerte de trabajadoras, jóvenes, estudiantes, precarias, inmigrantes, LGTBI, que, junto al conjunto de la clase obrera, entierre definitivamente al sistema capitalista que la sostiene.

 

Yo estoy con ella, pero ¿está Hillary Clinton conmigo?: trabajo sexual no es trata sexual

La guerra equivocada

 

TRABAJO SEXUAL NO ES TRATA SEXUAL

 

Los demócratas siguen jugando con los clichés que gustan a la prensa diciendo que han hecho de la guerra contra la trata sexual la nueva guerra contra las drogas.

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Melissa Petro

 

1 de agosto de 2016

 

http://www.thedailybeast.com/articles/2016/08/01/sex-work-isn-t-sex-trafficking.html

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#YoEstoyConElla, pero –y lo digo como antigua trabajadora sexual—he tenido que preguntarme. ¿está Hillary Clinton conmigo?

Poco después de que Ima Matul hablara el martes en la Convención Nacional Demócrata, se reveló que la “superviviente de trata sexual” que habló apoyando a Hillary Clinton había sido de hecho víctima de trabajo forzado (no esclavitud sexual) (1). El discurso en la convención de la senadora Amy Klobuchar se centró también el la trata sexual, y citó estadísticas cuestionables (2) referentes a la trata de personas como siendo la “tercera mayor” economía ciminal en el mundo. Lena Dunham —una celebridad que a pesar de ser ya una ferviente crítica (3) ha redoblado posteriormente su oposición a la despenalización del trabajo sexual (4)— habló también.

Yo había llorado antes escuchando el genio retórico de Michelle Obama (5), pero al oír a estas buenas demócratas machacar los mismos viejos cansinos clichés acerca de la trata sexual —o hablando valientemente de su experiencia personal como supervivientes, habiendo negado descaradamente la sabiduría de supervivientes como yo (te estoy mirando, Lena)— me recordaron el pobre historial de Hillary Clinton en lo que se refiere a los derechos de las trabajadoras sexuales.

Como señala acertadamente la periodista Elizabeth Nolan Brown, “la guerra contra la trata sexual es la nueva guerra contra las drogas” (6). Presentada como una epidemia nacional, y alimentada con dinero federal, los políticos ganan votos adoptando la posición obvia. Las trabajadoras sexuales, así como las supervivientes, pagan el coste.

Es una guerra en la que Clinton ha combatido. Al comienzo de su carrera, declaró (7) que “no aprueba la prostitución” y que “la encuentra degradante para las mujeres”, como si su aprobación o desaprobación sirviera para pagar los alquileres, los servicios, el transporte, los gastos de matrícula (8) o los zapatos (9) de los hijos de las trabajadoras sexuales.

“[Como presidente] hablaré obviamente contra la prostitución e intentaré persuadir a las mujeres de que ese no es —incluso en un sistema regulado— necesariamente una buena manera de intentar ganarse la vida”, dijo en 2007.

Aquellas de nosotras que hemos dedicado nuestras vidas a este asunto sabemos que las razones por las que las personas intercambian sexo por dinero son complejas y variadas. En una campaña política, tristemente, un matiz como este se borra por el bien de la popularidad y la conveniencia política.

En 2010, la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton llamó a terminar con la trata de personas, escribiendo un artículo de opinión (10) en apoyo del “Protocolo para suprimir, prevenir y castigar la trata de personas, especialmente mujeres y niños” conocido como “el Protocolo contra la trata de EE.UU.”. Este protocolo fue el responsable de la forma como la trata fue definida de forma tan extensa, y es la razón por la que el trabajo sexual consensuado y la trata sexual son amalgamados con tanta frecuencia, particularmente en el caso de las trabajadoras inmigrantes o transnacionales.

El propósito de ese protocolo, dijo Clinton en sus comentarios de 2010, era presionar a los tratantes. Y sin embargo, este mayo pasado, Amnistía Internacional (11) publicó los resultados de un informe esperado desde hacía tiempo en los que concluía que tales medidas tenían un efecto negativo tanto sobre las trabajadoras sexuales consensuales como sobre las víctimas de trata sexual.

El hecho es que, mientras existan las motivaciones económicas, no podemos “dejar de lado” la existencia de la industria del sexo. La hipérbole hace más daño que bien.

Para ser exactos, la trata sexual es una preocupación global, y nadie debería ser obligado a vender sexo. Yo perdí mi carrera como enseñante en una escuela pública en 2010 por revelar mi propio pasado como trabajadora sexual (12), un estilo de vida que describí como “físicamente exigente, emocionalmente gravoso y espiritualmente ruinoso”. En estos días, trabajo con chicas y jóvenes mejor clasificadas como víctimas de explotación sexual comercial. Aunque igualmente odiosa, la historia de Ima Matul es marcadamente diferente de las suyas.

Según la biografía (13) de Matul, sus responsabilidades incluían cocinar, limpiar, lavar la ropa, cuidar de los niños, arreglar el jardín y lavar el coche. Estaba obligada a trabajar muchas horas, y en los últimos tiempos no la pagaban. Dice que abusaban de ella física y verbalmente a diario, pero en ninguna parte de su relato se encuentra la palabra “sexo”, y mucho menos “violación”.

La razón de esta ficción es obvia: la trata sexual es una causa célebre para los medios sensacionalistas.

Se que las posiciones de los políticos “evolucionan”. La misma Clinton ha suavizado o cambiado sus posiciones sobre una serie de asuntos (14), incluyendo del matrimonio entre personas del mismo sexo, la reforma de la justicia penal, el oleoducto Keystone XL, y su voto a favor de enviar tropas a Irak.

En 2011, la entonces Secretaria de Estado aplaudió a funcionarios de su departamento por reunirse con una serie de activistas LGBT, incluyendo algunas autodenominadas trabajadoras sexuales. Se trató de una reunión que Clinton describió como “la mejor diplomacia de persona a persona” (15).

Eso me hizo tener esperanza. Después vino la convención y sus cansinos clichés.

Nuestra nación ha esperado mucho tiempo para ver nominada a una mujer. Cuando se trata del auténtico reconocimiento de nuestras vidas y experiencias, las actuales y las antiguas trabajadoras sexuales todavía estamos esperando.

 

1.- http://reason.com/blog/2016/07/26/sex-trafficking-survivor-speaks-at-dnc

2.- https://www.washingtonpost.com/news/fact-checker/wp/2015/06/02/the-false-claim-that-child-sex-trafficking-is-a-9-5-billion-business-in-the-united-states/

3.- http://www.thedailybeast.com/articles/2015/07/29/prostitutes-tell-lena-dunham-to-stop-grandstanding-about-sex-work.html

4.- http://nymag.com/thecut/2015/08/lena-dunham-still-against-legalizing-sex-work.html

5.- https://www.youtube.com/watch?v=4ZNWYqDU948

6.- http://reason.com/archives/2015/09/30/the-war-on-sex-trafficking-is

Ver también, en español, https://elestantedelaciti.wordpress.com/2015/06/30/la-nueva-guerra-de-ee-uu/

7.- http://prostitution.procon.org/view.source.php?sourceID=003477

8.- https://www.theguardian.com/education/2015/mar/27/university-students-sex-work-living-costs-tuition-fee-debts

9.- http://www.dailydot.com/irl/sex-worker-parenting/

10.- http://www.state.gov/r/pa/prs/ps/2010/11/150701.htm

11.- http://www.nytimes.com/2016/05/25/magazine/why-amnesty-international-is-calling-for-decriminalizing-sex-work.html?_r=0

12.- http://www.salon.com/2011/05/05/hooker_teacher_what_i_was_thinking/

13.- https://survivorsofslavery.org/survivorsspeakers/ima-matul/

14.- http://www.npr.org/2016/05/23/478973321/evolution-or-expediency-clintons-changing-positions-over-a-long-career

15.- http://cnsnews.com/news/article/clinton-meeting-sex-workers-people-people-diplomacy-its-best

 

 

 

De la prostitución al burka: reducción al absurdo

 

Reducción al absurdo.

Es absurdo pensar que una mujer pueda decidir libremente vender su cuerpo.

Más absurdo aún es pensar que una mujer pueda decidir libremente regalar su cuerpo.

También es absurdo pensar que una mujer que no quiere ni vender ni regalar su cuerpo pueda decidir libremente exhibir su cuerpo.

Por tanto, la única decisión realmente libre de una mujer es ponerse el burka.

 

Mujeres sirias vistiéndose al fin como les da la gana queman un burka tras su liberación.

Mujeres sirias vistiéndose al fin como les da la gana queman un burka tras su liberación.

Pagar por sexo no es delito en Suecia si es para evitar una condena por violar a una prostituta secuestrada

 
El caso del médico sueco que encerró a una mujer en un “bunker secreto”

 
Publicado: 23 Feb 2016 10:19 GMT+01:00
Actualizado: 23 Feb 2016 17:14 GMT+01:00
http://www.thelocal.se/20160223/swedish-doctor-awaits-sentence-in-bunker-case

 

1

 

ACTUALIZACIÓN: Un médico sueco que mantuvo a una mujer encerrada en un bunker con aislamiento acústico durante casi una semana ha sido condenado a 10 años de cárcel.

 

ACTUALIZACIÓN: 25 Enero 2016: Un médico sueco fue a juicio el lunes acusado de drogar, violar y secuestrar a una joven en un bunker que había construido con la idea de tenerla escondida durante años.

Según consta en el sumario, el hombre se hizo pasar por americano cuando vio a la mujer por primera vez el 10 de septiembre en el apartamento de esta en Estocolmo, tras haber hecho un contacto inicial por internet.

Dos días más tarde, volvió al apartamento de ella con champán, fresas y jugo de fruta envenenados con sedantes. Una vez ella inconsciente, se dice que la violó, luego la llevó en una silla de ruedas a su coche de él al que había colocado placas de matrícula falsas.

Luego condujo el coche 550 kilómetros desde Estocolmo a su casa de campo cerca de Kristianstad, al sur de Suecia.

Se le acusa de haberla encerrado luego en lo que la acusación describe como un “bunker” en superficia que había construído en su parcela y que desde fuera parecía una caseta de jardín. Allí tomó a su víctima muestras sanguíneas y vaginales para estar seguro de que no tenía ninguna enfermedad de transmisión sexual.

http://www.thelocal.se/20160125/doctor-who-kept-girlfriend-in-bunker-goes-on-trial

El Juzgado de Distrito de Estocolmo dictó sentencia el martes por la mañana, encontrando a Martin Trenneborg, de 38 años, culpable de raptar a la mujer. Sin embargo, no le encontró culpable de violación agravada. Le condenó también a pagar 180.000 coronas (19.222 euros) a la víctima por daños.

 
Descrito en los medios como el “Fritzl sueco” —en referencia al padre austríaco que mantuvo a su hija cautiva durante 24 años— Trenneborg había sido acusado de drogar a su víctima con fresas envenenadas y llevarla en coche a su casa de campo enmascarado y con placas de matrícula falsas el otoño pasado.

 
Había sido acusado posteriormente de encerrar bajo llave a la mujer en lo que la acusación ha descrito como un “bunker” en superficie que había construido en su parcela y que tiene el aspecto externo de una caseta de jardín.

 
El tribunal dijo en un comunicado que anuncia el veredicto que el propósito del acusado había sido mantener a la víctima encerrada para “obligarla a servirle como novia y futura pareja sexual”.

 
“El médico planeó su crimen meticulosamente y durante mucho tiempo. Además, puso a la víctima en serio riesgo al drogarla y tenerla en condiciones muy incómodas en este bunker aislado”, dijo.

 
Pero le exoneró del cargo de violación al que se enfrentaba, diciendo que no había sido probado más allá de cualquier duda razonable que hubiera “realizado el acto sexual con la víctima mientras estaba drogada”.

 

2

 

Durante el juicio, la víctima estaba visiblemente afectada, y se presentó con las manos cubiertas con guantes negros y la cabeza oculta bajo un pañuelo. Su identidad no ha sido revelada.

 
“No se encuentra bien. Es muy difícil para ella dar la cara”, dijo al tribunal su abogado Jens Högström.

 
Trenneborg ha admitido retenerla contra su voluntad, pero ha negado haberla secuestrado o violado.

 
“Tuvieron relaciones sexuales, pero fueron consensuadas. Ella es trabajadora sexual y él pagó por el sexo que tuvieron”, dijo su abogada defensora Mari Schaub a la agencia de noticias AFP tras el veredicto.

 

Durante el juicio, que se llevó a cabo casi por entero a puerta cerrada, la abogada defensora Mari Schaub dijo que Trenneborg era un “alma rota” y un hombre solitario con pocos amigos.

 
“Quería desesperadamente tener una novia”, dijo a los periódicos suecos el mes pasado.

 
En las primeras declaraciones a la policía, el médico dijo que “novia podría ser la mejor denominación” para la mujer, aunque admitió que “no era una novia en el sentido corriente, aunque yo lo pudiera entender así.”

 
Sin embargo, la mujer que encerró dijo a la policía que temió ser torturada o asesinada.

 
Los investigadores se enteraron de la extraña trama en septiembre de 2015, después de que Trenneborg se presentara él mismo en una comisaría de policía con la mujer, pero no fue acusado formalmente hasta enero de este año.

“Trata de personas” se ha vuelto un término carente de significado

 

Políticos y activistas a menudo abusan de él para impulsar leyes punitivas o incitar al pánico moral

Por Noah Berlatsky @hoodedu
http://www.newrepublic.com/article/123302/human-trafficking-has-become-meaningless-term

trata

 

Como todo el mundo conoce, el presidente Barack Obama ha declarado que la “trata de seres humanos“ es la esclavitud de nuestros días. Dijo también que “es un crimen que puede adoptar muchas formas”.

 
La segunda definición es mucho más precisa. La “trata”, en la práctica, es menos un delito claramente definido que una llamada al pánico moral. La vaguedad de la definición permite o incluso anima a los gobiernos, organizaciones e investigadores a afirmar que hay decenas de millones de víctimas de trata en todo el mundo sobre la base de poco más que conjeturas hiperbólicas. Los políticos usan la retórica de la trata para retratarse a sí mismos como defensores de los oprimidos, y generar cobertura de prensa laudatoria, como ha hecho el sherif del condado de Cook Tom Dart con su cruzada contra Backpage.com y otros sitios que anuncian servicios para adultos. Y algunas figuras de alto perfil han recurrido a cuentos acerca de la trata para ganar fama. Somali Mam, la celebrada defensora antitrata camboyana, fue desenmascarada por hacer afirmaciones fraudulentas acerca de si misma y de otras mujeres a las que ayudó.

 
El origen exacto del término “trata sexual” no está claro, pero según Alison Bass, autor de “Salir perdiendo: las trabajadoras sexuales y la ley”, parece haber sido creado por las feministas antiprostitución en los noventas. Bass me dijo que el término “trata” fue usado especialmente para describir la inmigración de las mujeres de la colapasada Unión Soviética a los Estados Unidos. El artículo seminal de 2.000 de Donna Hughes “El mercadeo de Natasha” definió específicamente la trata como “cualquier práctica que implique desplazar a personas hacia dentro y a través de fronteras locales o nacionales con fines de explotación sexual”.

 
Pero los activistas antiprostitución como Hughes a menudo usan el término “explotación sexual” para incluir cualquier clase de prostitución o trabajo sexual; de hecho, Hughes insiste en su artículo en que “la trata se produce incluso si la mujer consiente”. En otras palabras, la trata puede incluir a trabajadoras sexuales que deciden emigrar ilegal o semiilegalmente desde la Europa del Este a los Estados Unidos. Esto describe a la mayoría de mujeres de las que se dijo que habían sido “víctimas de trata”, según los investigadores Robert M. Fuffington y Donna J. Guy. “Lo más frecuente”, escriben en “Una historia global de la sexualidad”, “es que estas mujeres estuvieran implicadas en alguna forma de trabajo sexual en sus países de origen y vieran la posibilidad de trabajar en el extranjero como una oportunidad de mejorar sus circunstancias”.

 
Mientras Hughes define la trata como “explotación sexual”, Obama usa también el término para referirse a los niños obligados a hacer servicio militar y a los obreros agrícolas forzados a trabajar en malas condiciones o sin paga alguna. Esta definición ha sido a veces respaldada por las organizaciones pro derechos de las trabajadoras sexuales, que “esperaban redirigir lo que históricamente había sido un enfoque represivo antiprostitución hacia un enfoque que mirara el sector del sexo como uno más de muchos sectores laborales”, me dijo Carol Leigh, una activista por los derechos de las trabajadoras sexuales y cineasta.

 
La definición más amplia de trata como explotación laboral no ha hecho mucho para cambiar la percepción pública, sin embargo. Cuando dices “trata” la gente todavía piensa en esclavitud sexual. La entrada de Wikipedia para trata de personas, por ejemplo, comienza afirmando, “La trata de personas es el comercio de seres humanos, casi siempre con fines de explotación sexual, trabajo forzado o explotación sexual comercial”: una definición que comienza y termina con sexo. En realidad, el trabajo forzado de otras clases —como el trabajo doméstico, la construcción y la agricultura— es mucho más común, según la OIT, que estima que 4,5 millones de los 21 millones de personas víctimas de trata en todo el mundo lo son de trata sexual (aunque hay que volver a decir que todas las cifras de trata son muy poco fiables y escasamente probadas).

 
Más aún, el término “trata” a menudo se usa para referirse a casos en los que no hay migración en absoluto. Por ejemplo, los tribunales de intervención en trata de personas de Nueva York se dedican básicamente a procesar a cualquier persona detenida por prostitución o cargos relacionados, hayan sido o no sometidos a coacción y provengan o no del extranjero. La mayor parte de las personas que pasan por los tribunales de trata de personas han sido detenidas por vagabundeo y prostitución, según un estudio realizado por Truthout.

 
Según Bass, “la trata se ha convertido en un nuevo nombre para un viejo problema, que es principalmente la huída de casa de adolescentes”. Los jóvenes que escapan de situaciones de abuso en sus domicilios, y que venden sexo para sobrevivir, son considerados por defecto víctimas de trata bajo muchas leyes federales y estatales. Esto, a pesar del hecho de que casi ningún adolescente fugitivo tiene proxenetas o tratantes, según un estudio del Colegio John Jay de Justicia Criminal. La mayor parte de ellos ven el trabajo sexual como la mejor forma de subsistir en la calle, dadas las limitadas opciones legales y de servicios sociales disponibles para los niños que escapan de casa. Y la mayor parte de ellos, me dijo Bass, no viajan fuera de su propio pueblo o ciudad, y mucho menos fuera del país.

 
Así, en la práctica, el término “trata” no significa “la esclavitud de nuestros días”. Ni significa ser transportado a través de fronteras con fines de explotación sexual. En cambio, habitualmente se refiere a una o más de las siguientes cosas:

  • ser menor de edad y vender sexo
  • inmigrar ilegalmente
  • ser sometido a cualquier clase de trabajo forzado o prácticas laborales abusivas
  • practicar trabajo sexual consensuado.

 
“El público parece creer que la trata sexual significa prostitución forzada”, me dijo la investigadora Tara Burns, “pero cuando te sientas y lees los documentos acusatorios por cargos de trata sexual, muy muy raramente es ese el caso”. Las trabajadoras sexuales a menudo son procesadas por haberse sometido a trata a sí mismas, dice Burns. “Bajo diferentes leyes estatales, trata sexual puede significar también los anuncios que ponen las trabajadoras sexuales de sus propios servicios o el alquiler de sus propias habitaciones de hotel, o el abuso de niños por parte de adultos sin relación alguna con la industria de sexo comercial”.

 
La palabra “trata”, pues, se convierte en una manera de aprovechar la imagen de mujeres jóvenes raptadas y vendidas como esclavas sexuales. Después del 11S, dice Bass, el Departamente de Estado se mostró ansioso por adoptar el lenguaje de la trata como otra manera de justificar las restricciones y la vigilancia de la inmigración inspiradas en primer lugar por el antiterrorismo, lo que es la razón por la que iniciativas como el “Centro de tráfico de personas y terroristas” del Departamento de Estado mezcla “Tráfico de seres humanos, trata de personas y viajes terroristas clandestinos” como “asuntos transnacionales que amenazan la seguridad nacional”. “Trata” puede ser usada también para hacer que las leyes antiprostitución parezcan compasivas, más que punitivas, como ocurre en los tribunales de trata de Nueva York, que enmarca a las personas detenidas como víctimas de trata necesitadas de ayuda, aunque en la práctica lo que al final siga ocurriendo es que la policía detiene a personas (especialmente mujeres de la minorías) por cargos de prostitución. En cualquier caso, la palabra es una forma de poner en el punto de mira a grupos marginados como inmigrantes y trabajadoras sexuales en nombre de un (confundido o cínico) humanitarismo.

 
¿Entonces, cual sería la mejor denominación? Laura Agustín, autora de “Sexo en los márgenes: migración, mercados laborales y la industria del rescate”, dice que no hay solo una. “El tema no es ‘mejorar el lenguaje’ porque el marco de presentación de los problemas sirve al control policial, no a las personas”, me dijo. “No existe término sustitutorio para trata porque usar un único término sencillamente hace desaparecer todas esas situaciones diferentes, estimula el reduccionismo y se alimenta directamente de una agenda moralista de ‘bueno contra malo’. Esta categoría fue una invención y no describe realidades”.

 

Si vamos a hablar de trabajadoras sexuales menores de edad con pocas opciones distintas de supervivencia, deberíamos decir que vamos a hablar de trabajadoras sexuales menores de edad con pocas opciones distintas de supervivencia, una discusión que debería centrarse en recursos y ayuda de servicios sociales, no en aplicación de la ley. De la misma forma, si el tema son las condiciones de trabajo forzado, entonces habría que prestar más atención a las principales industrias en las que ocurre. Si el tema es el trabajo consensuado entre adultos, entonces los legisladores deberían ser honestos en cuanto a usar la policía para acosar a las personas que practican trabajo sexual consensuado. No deberían pretender que están llevando a cabo una noble cruzada contra “la trata”.

 

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Noah Berlatsky es un escritor colaborador de The Atlantic, editor del sitio de comics y cultura Hooded Utilitarian, y autor de Mujer maravillosa: bondage y feminismo en los comics de Marston/Peter.

Esclavas sexuales y Estado vigilante

 Por qué “trata de seres humanos” es un término peligroso

 

Thaddeus Russell en el número de  Mayo de 2014 de reason

 

http://reason.com/archives/2014/04/22/sex-slaves-and-the-surveillanc

 

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Su nombre, igual que el de casi todas las víctimas, es desconocido. No mayor de veinte años, tiene ojos grandes y tristes, larga y ondulante cabellera y pálida piel. Lleva un recatado vestido blanco, que sugiere que la vida que llevaba antes de verse en esa mazmorra era una vida de inocencia. MIra a través de los barrotes de su jaula y, ya que no puede salvarse por sí misma, implora rescate. Tras ella, un hombre con sombrero de bombín y mirada lasciva mira a su presa a través del humo de su cigarro. Ha pagado por violarla y ella no puede hacer nada por detenerle. Es una “esclava blanca”.

Esta chica no es más que un dibujo. Existió solo en una imagen que formó parte de una avalancha de afirmaciones hechas a comienzos del siglo veinte acerca de legiones de chicas y mujeres americanas blancas que eran retenidas contra su voluntad y forzadas a prostituirse. Miles de artículos de periódico, libros, sermones, discursos, obras de teatro y películas retrataron una vasta economía sumergida de raptores y proxenetas que ejercían un poder casi divino sobre jóvenes esclavas sexuales. Los historiadores están hoy en general de acuerdo en que aquellas descripciones eran invenciones en todo o en casi todo. Existe escasa evidencia verificable de mujeres americanas que hubieran sido raptadas y obligadas físicamente a practicar la prostitución, o de que la chica de la ilustración existiera alguna vez.

Esto no fue sólo una mera mitificación inofensiva. Las afirmaciones hechas por el movimiento contra la “trata de blancas” ayudaron a crear, expandir y reforzar los poderes de la policía en una serie de agencias gubernamentales. Desde el comienzo del pánico, esas agencias encarcelaron y esterilizaron a cientos de miles de mujeres que trabajaban como prostitutas, les quitaron los hijos, las obligaron a echarse a las calles y a establecer relaciones de dependencia con hombres criminales, e hicieron que sus trabajos estuvieran entre los más peligrosos del mundo.

Esas mismas agencias gubernamentales persiguieron también a hombres negros, judíos, latinos y asiáticos por el simple hecho de haber tenido relaciones íntimas con mujeres blancas; hicieron más estrictas las restricciones a la inmigración; establecieron precedentes de algunas de las peores violaciones gubernamentales de la privacidad y las libertades civiles de la historia de los Estados Unidos; y constituyeron la base del moderno Estado vigilante.

El movimiento contemporáneo contra la “trata de seres humanos”, también descrita como la “esclavitud moderna”, es sorprendentemente similar a la cruzada contra la trata de blancas de hace un siglo, tanto en su retórica como en sus implicaciones con la libertad individual y el poder del Estado.

En 1907, el gobierno federal lanzó su primera respuesta concertada al pánico de la trata de blancas cuando la Comisión de Inmigración de los Estados Unidos —conocida como la Comisión Dillingham por su presidente, el senador William P. Dillingham de Vermont— puso en marcha una investigación en doce ciudades sobre la “importación y alojamiento de mujeres con fines inmorales”. La comisión encontró a numerosas prostitutas de origen extranjero que practicaban voluntariamente su oficio, y encontraron también a algunas mujeres de las que los investigadores dijeron que estaban “prácticamente forzadas” a ejercer la prostitución mediante la violencia o amenazas de violencia, pero no encontraron a ninguna como la chica del dibujo.

Los investigadores admitieron también que “para guardarse de las creencias sensacionalistas que se están volviendo prevalentes, es mejor repetir que los agentes de esta comisión no han tenido conocimiento de que todas, ni siquiera la mayoría, de las mujeres y chicas extranjeras que practican la prostitución en los Estados Unidos… hubieran sido oblidadas o engañadas para hacer esa vida”. Sin embargo, el gobierno respondió a estos descubrimientos con una inmensa represión de las libertades de comercio, de movimiento y sexuales tanto de los ciudadanos americanos como de aquellos que deseaban vivir en los Estados Unidos.

Llevados por la suposición de que ninguna mujer mentalmente sana decidiría vender sexo de no mediar una coerción abrumadora, los activistas contra la trata de blancas amalgamaron la trata de blancas imaginaria con todas las formas de prostitución y sexualidad inmoral. Aunque nunca descubrieron una sola mujer que hubiera sido introducida contra su voluntad en el país para vender sexo, los funcionarios de inmigración recibieron instrucciones de frenar esta supuesta avalancha negando la entrada no solo a cualquier mujer de la que sospecharan que era una prostituta, sino también a cualquier mujer que hubiera tenido hijos o relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Entre 1907 y 1911, a cerca de 80.000 mujeres de las que se sospechó que eran prostitutas o sexualmente inmorales se las prohibió entrar a los Estados Unidos. La Oficina de Inmigración comisionó también a agentes para trabajar de incógnito en salones, cafés y estaciones de tren donde se creía que trabajaban prostitutas, haciéndose pasar por agentes del censo y atrapando a prostitutas pidiéndolas relaciones en la calle.

Por lo general, las mujeres inmigrantes detenidas por prostitución eran deportadas. Según la historiadora de la Universidad del Estado de Texas Jessica R.Pliley, autora del libro de próxima aparición Policing Sexuality, para la Oficina de Inmigración “el problema de la trata de blancas era realmente un problema con la prostitución extranjera”. En 1909, la Oficina de Inmigración envió a su principal investigador de la trata de blancas, un hombre llamado Marcus Braun, a Europa para averiguar las causas del flujo de prostitutas extranjeras a Estados Unidos. Braun se quedó atónito al encontrar que en Londres, París, Berlín, Moscú y Bruselas, las prostitutas eran consideradas por las autoridades y la sociedad en general como trabajadoras asalariadas corrientes. Fue aún más sorprendido por las mismas prostitutas, que le dijeron que veían a los Estados Unidos sobre todo como un mercado lucrativo, ya que la moralidad americana limitaba el suministro de competidoras, haciendo así que subieran los precios de su trabajo. Braun concluyó de su investigación que —contrariamente a lo que decía la entonces dominante narrativa de la trata de blancas— no existía una organización internacional de raptores y proxenetas operando para “explotar a las mujeres inocentes y virtuosas”.

Sin embargo, en 1910 el congreso respondió a la incesante histeria aprobando la Ley de Trata de Blancas de los Estados Unidos, mejor conocida como la Ley Mann (por su autor, el congresista de Illinois James Robert Mann), que convirtió en delito transportar mujeres a través de las fronteras de los estados “con fines de prostitución o libertinaje, o con cualquier otro propósito inmoral”. Mann, como los principales defensores de la ley, era un republicano progresista incondicional que defendió la regulación de las líneas férreas, el sufragio de las mujeres y la Ley de Alimentos y Medicamentos Puros. Muchos segregacionistas demócratas del Sur, galvanizados por las historias de hombres negros que comerciaban con mujeres blancas y las compraban, se unieron a los progresistas en apoyo de la ley.

En poco tiempo, cuarenta y cinco estados aprobaron leyes contra la trata de blancas, que fueron usadas (junto con las leyes contra casas desordenadas) para cerrar la mayor parte de los barrios rojos del país, clausurar burdeles en los que las prostitutas gozaban normalmente de la protección de las madamas, y colocar a las trabajadoras sexuales en un circuíto entre asilos, reformatorios, cárceles y calles.

“Dadas estas condiciones” —escribe Ruth Rosen en The Lost Sisterhood (1983), la historia seminal del trabajo sexual en los Estados Unidos— “no es sorprendente que los proxenetas comenzaran a dominar la práctica de la prostitución”. Prohibido legalmente, el trabajo sexual fue transferido de la propiedad femenina al poder masculino. Aunque ciertamente fueron a veces explotadas en los burdeles, “madamas y prostitutas habían ejercido un poder considerable en sus relaciones con los clientes”, escribe Rosen. “Ahora las prostitutas se convirtieron en blancos fáciles tanto de proxenetas como del crimen organizado. En ambos casos, la violencia física sufrida por las prostitutas creció rápidamente”.

Entre las agencias gubernamentales reforzadas por la histeria de la trata de blancas estaba el Bureau of Investigation (BOI), que fue creado en 1008 en parte para investigar la importación y transporte entre estados de prostitutas. Con el mandato ampliado de la Ley Mann, el Bureau creció rápidamente, de unos 60 agentes a más de 350, abriendo una División de Trata de Blancas y operando en todas las principales ciudades del país en tan solo cinco años.

Durante este período, los casos de trata de blancas constituyeron cerca de la tercera parte del trabajo del Bureau. Cuando fue renombrado como Federal Bureau of Investigation en 1935, la agencia había investigado a decenas de miles de americanos por supuesta violación de la Ley Mann. Pliley ha encontrado que una parte considerable de estos casos se trataban no de vicio comercial, sino de relaciones entre hombres mayores y chicas, adulterios, quinceañeas promiscuas y parejas interraciales.

“El movimiento contra la trata de blancas constituyó un eslabón importante del activismo de la Era Progresista”, escribe Pliley, “que buscó purificar el dormitorio de la misma forma que los activistas buscaban limpiar la política, el mercado y las relaciones laborales”. Específicamente, la investigación hecha por el BOI de casos de inmoralidad sexual “sometió los antecedentes de americanos medios de todas las clases sociales al escrutinio del Bureau”.

El caso más famoso de la Ley Mann fue el proceso del campeón de boxeo de pesos pesados negro Jack Johnson, cuyas impúdicas relaciones con mujeres blancas atrajo la ira de los agentes del BOI y del fiscal general de Illinois. Johnson fue declarado culpable de transportar a una prostituta, con la que había estado teniendo relaciones, a través de las fronteras del estado, y fue sentenciado a un año de cárcel y una multa de 1.000 dólares.

Piles aduce que el moderno FBI fue configurado a partir del trabajo de su División de Trata de Blancas, que “transformó el BOI en una auténtica agencia nacional”. La aplicación de la Ley Mann “justificó la petición por parte del Bureau al Congreso de más fondos y estableció su autoridad en la cultura popular”. Y lo más importante, las investigaciones de la trata de blancas “establecieron un   modelo más agresivo para la aplicación de la ley federal que el que existía previamente, buscando tanto prevenir la infracción de la ley como investigar a ciudadanos corrientes, estableciendo por tanto importantes precedentes” de lo que llegó a ser el FBI.

Cuando J. Edgar Hoover asumió la dirección del BOI en 1924, hizo redoblar los esfuerzos del Bureau para controlar policialmente la “inmoralidad interestatal”, más allá del vicio comercial. A lo largo de los años veinte y treinta, el Bureau puso en marcha decenas de miles de investigaciones y logró más de 7.000 condenas por casos de bigamia, de adulterio, de relaciones con “mujeres o chicas previamente castas o muy jóvenes”, o relaciones entre mujeres blancas y hombres no blancos. Tales casos constituyeron la mayor parte del trabajo del Bureau durante ese período. Como señala Pliley, “el crecimiento del Estado norteamericano del siglo veinte se produjo en no pequeña medida mediante el control policial de los cuerpos de las mujeres”.

La histeria de la trata de blancas dio lugar también a uno de los usos más espantosos del poder estatal en la historia de los EE. UU. En varios estados, una condena por “trata de blancas” hacía a una mujer automáticamente elegible para la esterilización. Entre 1907 y 1950, unas 40.000 mujeres fueron esterilizadas a la fuerza, la mayor parte por prostitución o inmoralidad sexual.

Tras la Segunda Guerra Mundial, tanto el término “trata de blancas” como la vigilancia de la sexualidad inmoral perdieron su reputación, y los procesamientos por violaciones de la Ley Mann virtualmente cesaron. Pero en los primeros 2000 surgió una nueva causa que tenía un asombroso parecido con el pánico de los primeros 1900. Después de haber sido mencionada solo esporádicamente durante los noventa, la “trata de seres humanos” explotó en informativos y artículos académicos al comienzo de la era de George W. Bush.

Una búsqueda de Google Académico muestra sólo 50 resultados para el término en 1998, pero 161 resultados en 2000, 293 en 2001, 496 en 2002, 758 en 2003 y 1.100 en 2004. La cifra sigue creciendo hasta aproximadamente 6.000 en cada uno de los últimos tres años. El movimiento contra la trata de seres humanos, o “esclavitud moderna”, es ahora un fenómeno global que supera con creces el alcance de la causa contra la trata de blancas.

Veintisiete millones de personas, se nos dice desde las Naciones Unidas, decenas de ONGs, y el Departamento de Estado de los EE.UU., están sometidas a esclavitud en todo el mundo. Aunque hay un consenso académico general en que la mayor parte de las personas que son coaccionadas a emigrar y trabajar son trabajadores agrícolas y domésticos, la parte del león de la atención de la campaña contra la trata de seres humanos se centra en las trabajadoras sexuales.

Como ocurrió con la trata de blancas, no hay razón para creer que el número real de esclavos en el mundo se aproxime en absoluto a la cifra proclamada. El origen de esta cifra ha sido rastreado por una serie de académicos y periodistas, en particular Laura Agustin, Elizabeth Bernstein, Maggie McNeill, and Ronald Weitzer, y se ha hallado que está relacionado con el trabajo de un solo hombre, Kevin Bales, el fundador del grupo de presión Free the Slaves, que llegó a esa cifra mediante estimaciones, adivinaciones y una definición extensiva de “esclavitud”.

En otro paralelismo con lo que ocurrió hace un siglo, varios académicos han identificado una confluencia del discurso de la trata de seres humanos con peticiones de restricciones a la inmigración. El nuevo pánico ha hecho aparecer también nuevas agencias en los gobiernos municipales y estatales cuya misión de perseguir a los “tratantes” ha dado lugar a la persecución de un número mayor de mujeres que venden sexo por dinero voluntariamente. En Florida, la legislatura del estado está considerando una ley que permitiría la hospitalización psiquiátrica involuntaria de las “víctimas” de trata sexual.

En 2000, la Ley de Protección de Víctimas de Trata creó dentro del Departamento de Estado una Oficina para Monitorizar y Combatir la Trata de Personas, que promueve la cifra de los 27 millones de “esclavos” en su web y en su “objetivo de asistencia en el extranjero e implicación pública en la trata de personas”. Parte de esta asistencia en el extranjero ha llevado a programas en Asia en los que ONGs y gobiernos locales “rehabilitan” a trabajadoras sexuales detenidas obligándolas a trabajar en una fábrica.

La historia del primer pánico sexual de Estados Unidos debería hacernos pensar antes de embarcarnos en una nueva causa cuyos beneficios probablemente serán mínimos en el mejor de los casos pero que casi con toda certeza llevará a más mujeres a la cárcel y pondrá más policías en nuestras vidas.

 

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Thaddeus Russell enseña historia y estudios americanos en el Occidental College. Su libro más reciente es A Renegade History of the United States (Free Press).

Los hombres auténticos se informan bien

Ashton, Demi y la Trata con fines de explotación sexual 

Por Martin Cizmar, Ellis Conklin y Kristen Hinman, 29 de junio de 2011 

http://www.villagevoice.com/2011-06-29/news/real-men-get-their-facts-straight-sex-trafficking-ashton-kutcher-demi-moore/ 

“Hoy hay en Estados Unidos entre 100.000 y 300.000 niños esclavos sexuales”, dijo a la CNN Ashton Kutcher el 18 de abril de 2011. Así es —dice Kutcher— como cada año muchos chicos son entregados a la prostitución en América. “Si no hacéis algo para parar esto, es porque algo va mal en vosotros, en mi opinión.”

“Queremos hacer algo distinto con esto”, repica la esposa de Kutcher, Demi Moore. “ No queremos limitarnos a hablar de ello. Queremos ver realmente un cambio, y esto no va a ocurrir sólo porque salgamos nosotros y vayamos hablando aquí y allá”. A fin de “hacer algo diferente”, Kutcher y Moore han lanzado recientemente una serie de anuncios de servicio público bajo el lema “Real Men Don’t Buy Girls” (“Los auténticos hombres no compran chicas”). En los spots, Kutcher representa a un memo desaliñado con más pinta de tirar sus calcetines sudados y coger dos limpios del paquete que de hacer la colada. “Los auténticos hombres se hacen la colada”, dice una voz en off. “Los auténticos hombres no compran chicas.” 

El mensaje es algo desconcertante, dada la falta de contexto, pero hay más iguales, todos parte de una campaña en la que salen celebridades como Justin Timberlake, Sean Penn, y Jason Mraz haciendo cosas cómicamente masculinas, como intentar afeitarse con una sierra mecánica y encontrar un coche en el aparcamiento con los ojos vendados. 

Junto con su esposa, Kutcher se ha convertido en la cara pública de un esfuerzo por detener la trata de menores. Los anuncios han hecho que algunos observadores se rasquen la cabeza y otros se desternillen de risa. Ostensiblemente, tratándose de un tema tan intenso —la esclavitud sexual infantil— los vídeos apestan a humor de colegio mayor. 

“¿Soy el único que no ve ninguna conexión entre Sean Penn derritiendo queso con una plancha (¡como un auténtico hombre!) y la horrible situación de alguien que paga para que un esclavo de 7 años le haga una mamada?”, escribió un bloguero en TheStir.com.

Pero el asunto no es que estos anuncios sean fatuos y tontos.Lo que importa es que nadie ha cuestionado la tesis subyacente de Kutcher y Moore. No es cierto que cada año se prostituyan de 100.000 a 300.000 niños en USA. Esta cifra estadística fue urdida sin base científica. Es un “hombre del saco”. 

Pero las celebridades bienintencionadas de Hollywood no son las únicas en pulsar este particular botón caliente. El pánico de la prostitución de menores ha sido alimentado por un estudio científico que fue cualquier cosa menos científico. El fraude apenas velado que yace tras la impactante estimación de “100.000 a 300.000 niñxs prostitutxs” nunca ha sido cuestionado. 

Esta cifra ha encontrado eco a lo largo y ancho de USA, desde los pasillos del Congreso a su periódico de la mañana, desde blogs, tanto liberales como conservadores. Busque en Google y encontrará 80 páginas de resultados. El mes pasado, el  New York Times revelaba casi sin aliento: “Se estima que cada año son vendidos para su explotación sexual de 100.000 a 300.000 niños norteamericanos”. 

No estaba revelando nada nuevo.

• USA Today: “Each year, 100,000 to 300,000 American kids, some as young as 12…”

• CNN: “There’s between 100,000 to 300,000 child sex slaves in the United States…”

• Media Bistro: “There are an estimated 100,000 to 300,000 victims of child prostitution…”

• Salon: “Roughly 100,000 to 300,000 American children are prostituted each year…”

• Family Court Chronicles: “Nationwide, 100,000 to 300,000 children are at risk for sexual exploitation…”

•Wikipedia: “Anywhere from 100,000 to 300,000 children are at risk for sexual exploitation…”

•U.N. goodwill ambassador Julia Ormond: “100,000 to 300,000 potentially trafficked…”

• Press TV: “Child trafficking rampant in the U.S. An FBI bulletin shows that 100,000 to 300,000 American children…”

•Orphan Justice Center: “An estimated 100,000 to 300,000 children in forced prostitution in the U.S….”

•C-SPAN: “Children in our country enslaved sexually…from 100,000 to 300,000…”

Pero una revisión detallada de los archivos de la policía en todo el país dice otra cosa.

Village Voice Media empleó dos meses en investigar los datos de denuncias. Examinamos los casos de detenciones por prostitución juvenil en las 37 mayores ciudades del país durante un período de 10 años.

En la medida en que exista la prostitución de menores, existe primordialmente en esas grandes ciudades. Los registros de las detenciones mostraron que en todos los Estados Unidos sólo hubo 8.263 detenciones por prostitución infantil durante la última década. Esto es, 827 detenciones por año.

Algunas ciudades, como Salt Lake City y Orlando, pasaron un año entero sin detectar un solo caso. Otras, como Las Vegas, tuvieron alrededor de 100 por año. 

Comparen 827 casos al año con los 100.000 a 300.000 por año proclamados por la propaganda. Las 37 mayores ciudades no reúnen todos y cada uno de los arrestos por prostitución infantil. Puede haber casos en la Kansas rural. Pero el sentido común prevalece en los datos de la policía, Al alejarnos de las principales zonas urbanas, como Los Ángeles, la prostitución de menores cae en picado. 

Cuando los datos de la policía local fueron compartidos con una figura señera en la lucha contra la prostitución infantil, el resultado de la investigación le pareció una verdad evidente. “El Departamento de Policía de Seattle tiene totalmente controlada la situación y comprende el problema”, dice Melinda Giovengo, directora ejecutiva de YouthCare, que lleva un centro de acogida para prostitutxs menores en Seattle. “Esto parece ser un recuento muy preciso y refleja lo que muestran los datos.” 

Ciertamente, los departamentos de policía no detienen a todos y cada uno de los menores implicados en trabajo sexual. Pero, seguramente, no ignoran el problema.

Así, si hay poco más de 800 detenciones de menores al año, ¿de dónde salió una estimación tan horrible como de varios cientos de miles?

No existen, así de sencillo, números precisos acerca de la prostitución de niños.

La cifra “100.000 a 300.000” que gente como Kutcher y Moore proclaman (el mismo número que se ha abierto paso en docenas de reputados periódicos) vino de dos profesores de la Universidad de Pennsylvania, Richard J. Estes y Neil Alan Weiner.

 Pero lo que ningún periódico se ha molestado en explicar (y lo que, ciertamente, no mencionan Moore y Kutcher) es que esta cifra representa de hecho el número de niños que Estes y Weiner consideraban que estaban “en riesgo” de caer en la explotación sexual, no el número de niños implicados de hecho.

Más aún, los autores de “The Commercial Sexual Exploitation of Children in the U.S., Canada and Mexico”, editado en 2001, admitían que sus estadísticas no estaban refrendadas.

“Los números presentados aquí no reflejan, por tanto, el número real de casos en los Estados Unidos sino, más bien, lo que nosotros estimamos que es el número de niños “en riesgo” de caer en la explotación sexual comercial”, escribían, subrayando sus palabras para darles énfasis.

¿Quién, entonces, está en riesgo?

No sorprendentemente, los profesores pensaron que cualquier niño “escapado de casa” estaba en riesgo.

Todos los escapados de casa se contabilizan como que están en riesgo.

(…) 

Aunque el Congreso ha gastado cientos de millones de dólares en dinero de nuestros impuestos para combatir la trata de seres humanos, todavía no ha gastado ni un penique en centros de acogida y asesoramiento para esos chicos y chicas que son, de hecho, en Estados Unidos, prostitutxs menores de edad.

En marzo de este año, diez años después de que Ester y Weiner dijeran que entre 100.000 y 300.000 niñxs estaban en riesgo de convertirse en trabajadores sexuales, los Senadores Ron Wyden (un Demócrata de Oregón) y John Cornyn (un Republicano de Tejas) promovieron una ley para subvencionar seis centros de acogida con una provisión de 15 millones de dólares. Los centros de acogida proporcionarían cama, asesoramiento, ropa, estudio del caso y servicios legales. Si se llega a aprobar, esta legislación sería la primera de su género. 

La ley tiene todavía que pasar por el Senado o la Casa Blanca.

La falta de centros de acogida y asesoramiento para lxs prostitutxs menores de edad —mientras que los prohibicionistas se embolsan millones de dólares en fondos del gobierno— es sólo un indicador de la campaña mundial de hostilidad contra las trabajadoras del sexo. 

En Canadá, la prostitución es legal. Pero bajo las leyes canadienses, a las trabajadoras sexuales no se las consiente buscar la seguridad de un burdel, o de un guardaespaldas,o un sistema de control que informe de su ubicación (por motivos de seguridad). 

Las prostitutas consiguieron que se admitiera a trámite un recurso para derogar la parte de la ley que creen que supone una amenaza para su seguridad. A comienzos de este mes se admitió en el juzgado la apelación del gobierno. El asunto no era la legalidad de la prostitución, que ya existe, sino si las prostitutas podrían defenderse a sí mismas saliendo de las calles o contratando un servicio de seguridad. Como informaba el 16 de junio el National Post: “La prostitución es inmoral” —argumentó Ranjan Agarwal, un abogado que representa a la Christian Legal Fellowship, la Catholic Rights League, y REAL Women of Canada. “Pero  —preguntó el Juez David Doherty— ¿qué pasa si las trabajadores sexuales mueren como consecuencia de ello? ¿No sería un daño desproporcionado para el bien pretendido?” 

“No”, dijo Agarwal. “Tal resultado sería un ‘efecto colateral’,  y lo mejor es que el Parlamento ‘envíe una señal’ a cualquiera que piense entrar en el comercio sexual de que ello implica un gran riesgo”. 

Habiendo solucionado el problema de la trata sexual de menores en Estados Unidos, Demi Moore viajó a Nepal, donde procedió a solucionar el problema que este país tiene con las prostitutas juveniles. Un programa especial sobre la presencia de Moore en Nepal fue difundido por la CNN el domingo 26 de junio.

La política sexual del feminismo carcelario

 Por Elizabeth Bernstein

Departments of Women’s Studies and Sociology

Barnard College, Columbia University 

Fragmento de su artículo: “Militarized Humanitarianism Meets Carceral Feminism: The Politics of Sex, Rights, and Freedom in Contemporary Antitrafficking Campaigns” 

http://sph.umich.edu/symposium/2010/pdf/bernstein2.pdf

 

“Llevo alrededor de 17 años trabajando en este tema —la mayor parte de este tiempo he estado en el lado perdedor, ya que los que defendían los derechos de las “trabajadoras sexuales” ganaban casi todas las batallas políticas… Aquellos fueron años deprimentes… Ahora está emergiendo la verdad de la prostitución/trata sexual y las agencias están respondiendo como nunca lo hicieron. Pienso que en el último año han sido arrestados más chulos y traficantes que en toda la década anterior.” (Donna Hughes, activista anti-trata y profesora de estudios de las mujeres de la Universidad de Rhode Island, en una entrevista en el National Review Online [Lopez 2006]) 

“La trata es como la violencia doméstica. Lo único que previene la reincidencia es el miedo a la detención.” (Dorchen Leidholt, activista feminista de la Coalition against the Traffic in Women, hablando en la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Estado de las Mujeres, 2 de marzo de 2007) 

“¿Qué queremos? ¡Una severa ley contra la trata! ¿Cuándo la queremos? ¡Ahora!” (Llamamiento y grito de respuesta en la manifestación de la National Organization for Women por una ley del Estado de Nueva York que elevara las penas criminales contra los clientes de las prostitutas, Nueva York, 1 de febrero de 2007)

 

Para las feministas de base de comienzos de la segunda ola que estaban interesadas en la crítica de las instituciones económicas y familiares dominantes y en la defensa de los derechos reproductivos de las mujeres, habría sido quizás un extraño sueño imaginar que en una generación, pioneras del primer movimiento de mujeres tales como Laura Lederer (autora del clásico libro Take Back the Night y fundadora del movimiento antiviolación), Dorchen Leidholdt (una prominente abogada feminista defensora de las víctimas de la violencia doméstica), y Donna Hughes (catedrática de Estudios de las Mujeres en la Universidad de Rhode Island) se encontrarían una brillante mañana de julio como oradoras señaladas en un panel patrocinado por el neoconservador Hudson Institute de Washington, DC, titulado “Los beneficios del proxenetismo: abolición de la trata sexual en los Estados Unidos”. Compartiendo estrado con ellas estaban influyentes miembros del Hudson Institute, tales como Michael Horowitz (veterano de la Administración Reagan y prominente arquitecto del movimiento antitrata contemporáneo), el embajador Mark Lagon (antiguo ayudante del senador republicano por Carolina del Norte, de extrema derecha,  Jesse Helms, y director de la Oficina de Tráfico de Personas del Departamento de Estado), y Bonni Stachowiak (profesor de administración empresarial en la evangélica Christian Vanguard University). Mientras los panelistas, todos de raza blanca, hablaban a la audiencia de la urgente necesidad de desarraigar a los chulos callejeros del interior de las ciudades y la “cultura del chulo”, de estigmatizar a los patronos de las prostitutas y de promover “familias sanas” tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, la audiencia, que comprendía representantes de un surtido de organizaciones de derecha, incluyendo la Heritage Foundation, el American Enterprise Institute, y Feminists for Life, estallaba en frecuentes aplausos. 

Desde luego, para aquellos familiarizados con la evolución de lo que Janet Halley ha denominado feminismo de Estado (en el que el feminismo “se desplaza de las calles al Estado”; Halley 2006, 20), así como con el precedente histórico del pánico de la trata de blancas, la inclusión de prominentes activistas feministas en el evento del Hudson Institute no le habría pillado por sorpresa. Además de los ecos de la trata de blancas, existen también importantes resonancias históricas entre la presente campaña antitrata de Estados Unidos y las audiencias antipornografía de la Comisión Meese que tuvieron lugar durante los años 80 del pasado siglo, en las que cristianos conservadores y feministas seglares tales como Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin unieron fuerzas del mismo modo para combatir la reforma sexual (ver, p.ej., Duggan y Hunter 1995; Vance 1997). Como Judith Walkowitz (1983) y Wendy Brown (1995) han observado previamente, el abrazo feminista del moralismo sexual basado en el Estado es particularmente apto para resurgir durante períodos de ascendencia de la derecha, como durante los años de Reagan y Bush, cuando las oportunidades para un cambio político y económico de más entidad escasean. Mientras que una resurgente alianza feministas-conservadores fue activamente estimulada por la Casa Blanca de George W. Bush —tanto retóricamente, como en las invasiones de Afganistán e Irak, como mediante el cultivo de lazos políticos explícitos, como en el nombramiento de la renombrada activista feminista Lederer como Directora Senior para Proyectos Globales sobre la Trata de Personas en el Departamento de Estado— varias feministas dieron el paso de apoyar activa y públicamente las iniciativas de la Administración Bush. Notablemente, en un artículo de febrero de 2004 en el Washington Post escrito conjuntamente por la icono del feminismo de la segunda ola Phyllis Chesler y por el profesor de estudios de la mujer/activista antitrata Hughes, los autores hacían una vigorosa defensa no sólo de las políticas antitrata de la Administración Bush, sino también de sus intervenciones militares en Afganistán e Irak, declarando que los conservadores contemporáneos y las organizaciones religiosas se habían convertido en defensores más fiables de la democracia y de los derechos de las mujeres en todo el mundo que lo que había sido nunca la izquierda (Chesler and Hughes 2004). 

Aunque el abrazo de los discursos de criminalización, construcción de la democracia, registros de escarnio público, y valores familiares por una nueva hornada de feministas reconocidamente conservadoras es ciertamente significativo, es de notar también hasta qué punto feministas que se identifican como seglares de izquierda se han encontrado a gusto compartiendo gran parte de esta agenda y han sido, de este modo, diligentes compañeras en las campañas antitrata de las feministas conservadoras. Mientras que comentaristas tales como Wendy Chapkis (2005), Kamala Kempadoo (2005), y Miriam Ticktin (2008) han apuntado previamente a una colusión entre la corriente principal del feminismo y las agendas estatales de control de fronteras en las campañas antitrata contemporáneas (en las que el activismo feminista apoya inconscientemente la deportación de trabajadoras sexuales emigrantes bajo la guisa de asegurar su protección), mi trabajo de campo etnográfico extiende esta percepción, revelando que las políticas carcelarias y el aparato de seguridad estatal son los remedios políticos preferidos de las feministas antitrata. 

Las feministas de izquierda apoyan las políticas carcelarias, y la articulación de estas políticas mediante un particular conjunto de ideas acerca del género y la sexualidad se hizo evidente en las reuniones de las convenciones contra la trata de la  National Organization of Women–NYC (NOW-NYC) y de la American Association of  University Women en las que yo participé durante un período de seis meses entre 2007 y 2008. Angela Lee, del Centro de Mujeres Asiáticas de Nueva York, fue la oradora final en la manifestación de 2007 de NOW-NYC en petición de una ley de trata que aumentara  las penas aplicables a los clientes de prostitutas de noventa días a un año de prisión. Una mujer de unos cuarenta años impecablemente vestida, no hizo mención al papel desempeñado por la pobreza mundial en las dinámicas de trata y prostitución, sino que habló con gran celo de la integridad sexual de las familias. “Este es un asunto de la familia”, declaró abiertamente, “especialmente cuando se acerca el Año Nuevo Chino y hay tantas familias de las víctimas que no podrán celebrarlo”. Con esta expresión, Lee situó la amenaza sexual directamente fuera del hogar, a pesar de la afirmación feminista hegemónica anterior de que los hogares y las familias son los lugares más peligrosos para las mujeres. Lee llegó a ligar los peligros que arrostraban las víctimas de trata con la falta de éxito del Estado de Nueva York al imponer una ley que aplicara penas criminales suficientemente severas a traficantes y chulos, declarando con gran emoción que “¡Necesitamos castigar a los traficantes y liberar a las víctimas!”. 

En una discusión el 2 de marzo de 2007 en las reuniones de la Comisión sobre el Estado de las Mujeres, en las Naciones Unidas, discusión enfocada a “poner fin a la demanda” de trata sexual, el lazo entre las políticas sexuales y las carcelarias se reveló de forma aún más clara. En esta reunión dedicada a dificultar la demanda por parte de los hombres de los servicios de las trabajadoras sexuales, los panelistas aprovecharon la ocasión para demostrar cómo el Estado carcelario podía ser utilizado de forma efectiva para conseguir familias nucleares, heterosexuales, de parejas unidas por el amor. La oradora inicial, de la Coalition Against Trafficking in Women (CATW), alabó explícitamente a los cinco hombres, de raza blanca y clase media, presentes en la sala, como representantes de un nuevo modelo de masculinidad esclarecida y urgió a los miembros de la audiencia a “traer a sus maridos, hijos y hermanos” a futuras reuniones.  El modelo de prostitución y trata que las panelistas de CATW invocaron tenía poca, si alguna, conexión con factores estructurales o económicos, haciendo la prostitución totalmente atribuible a las acciones de un pequeño subgrupo de hombres malos: maridos dentro de la familia que podrían buscar los servicios sexuales de mujeres fuera de ella, u hombres malos fuera de la familia que podrían incitar a las mujeres y chicas de la misma a abandonarla. Aunque CATW se ve a sí misma como una organización feminista progresista, sus miembros no vacilaron, sorprendentemente, en sus demandas de un aparato punitivo estatal. Ni mostraron mucha conciencia de los fundamentos políticos y económicos de la singular forma de intimidad heterofamiliar que defendieron (ver, p.ej., Bernstein 2007b; Padilla et al. 2007). 

A nivel legislativo, la posición feminista de izquierda sobre la trata es expresada de la forma más clara por la representante Carolyn Maloney, congresista demócrata por Nueva York previamente conocida por su activismo en temas tales como la diferencia de salarios entre sexos y la salud reproductiva de las mujeres. Maloney ha tomado un papel dirigente en la campaña feminista contemporánea contra la trata sexual, patrocinando cambios legislativos enfocados a reprimir a los clientes de las trabajadoras sexuales y a eliminar cualquier distinción entre prostitución forzada y voluntaria en la ley antitrata federal. Ha trabajado también estrechamente con grupos feministas tales como la National Organization for Women y Equality Now, así como con Horowitz, del Hudson Institute, y con organizaciones cristianas conservadoras como Evangelicals for Social Action. En un capítulo de su reciente libro, reveladoramente titulado “The Pretty Woman Myth” (dejando así claro que la única forma de trata que la interesa es la prostitución heterosexual; Maloney 2008), dos cosas en particular merecen ser resaltadas. El primer aspecto llamativo de la discusión de Maloney es la elevación moral de la familia nuclear heterosexual, en contraste con la esclavitud sexual femenina que describe desgarradoramente. Aunque Maloney menciona el incesto sufrido por niñas en el seno de la familia como una vía corriente hacia la prostitución, en su análisis el incesto no supone en sí una violación de los derechos humanos tan grave como la esclavitud sexual, un término que reserva para las formas extrafamiliares de violencia. Un segundo elemento clave en el libro de Maloney es la extensión con la que la política carcelaria y la política de género se implican mutuamente. En su conclusión a “The PrettyWoman Myth”, Maloney insiste en que la mejor manera de combatir la esclavitud es mediante la detención y encarcelamiento de puteros y chulos, junto con una protección más vigilante de los niños. 

Los ejemplos anteriores ponen de relieve una importante alianza entre el feminismo y el Estado carcelario, una alianza que se extiende más allá que las recientes colaboraciones feministas con la derecha religiosa. En su reciente libro en el que documenta la coemergencia de la atención prestada por la segunda ola feminista a la violencia sexual y de las agendas neoliberales de encarcelamiento, Kristin Bumiller (2008) ha demostrado igualmente los aspectos en los que el miope enfoque feminista sobre la criminalización de la violación y la violencia doméstica durante los años 1990 contrastó con las preocupaciones de las feministas de base y las de los comienzos de la segunda ola acerca del empoderamiento social y económico de las mujeres. Argumentando que el imperativo carcelario neoliberal ha tenido un impacto devastador sobre los modos en que se ha construido el compromiso feminista contra la violencia sexual, Bumiller demuestra que lo recíproco es también verdad: una vez que el feminismo quedó fatalmente modulado por las estrategias neoliberales de control social, ello pudo servir como una inspiración eficaz para campañas más amplias de criminalización. Bumiller observa que en los primeros años del siglo la agenda neoliberal del feminismo contra la violencia sexual fue siendo exportada cada vez más como parte de la política de derechos humanos de los Estados Unidos, consolidando el imperativo carcelario dentro del feminismo estadounidense y extendiendo a lo largo y ancho del mundo el paradigma del feminismo-como-control-del-crimen (ver también Grewal 2005). 

La evidencia sugiere ciertamente que las campañas antitrata de los Estados Unidos han tenido mucho más éxito en criminalizar a poblaciones marginadas, reforzar el control de fronteras y medir el grado de respeto a los derechos humanos de otros países por su represión de la prostitución, que en conseguir cualquier beneficio concreto para las víctimas (Chapkis 2005; Chuang 2006; Shah 2008). Como argumenta Bumiller, no es sólo una cuestión de “consecuencias indeseadas”, sino que ha sido el resultado de que las feministas hayan unido directamente sus fuerzas al proyecto neoliberal de control social (2008, 15). Esto es cierto tanto dentro de Estados Unidos, donde los chulos pueden ahora recibir sentencias de noventa y nueve años de prisión por trata sexual y las trabajadoras sexuales son crecientemente detenidas y deportadas por su propia “protección” (ver Bernstein 2007a, 2007b), como en cualquier otra parte del mundo, donde la clasificación de otros países por parte de Estados Unidos ha llevado a un control más estricto de las fronteras a nivel internacional y a la implementación de políticas punitivas antiprostitución en numerosos países (Sharma 2005; Shah 2008; Cheng 2010). 

Muy recientemente, con la creciente atención feminista a las formas “domésticas” de trata (que películas como Very Young Girls han tratado de inflamar), se ha vuelto claro que el desplazamiento desde las formas locales de violencia sexual al terreno internacional y de vuelta  al interés por las actuaciones policiales en el interior de las ciudades estadounidenses (esta vez, bajo la apariencia de proteger los derechos humanos de las mujeres) ha proporcionado un circuíto crítico para la agenda feminista carcelaria. Según la abogada Pamela Chen (2007), actualmente la mitad de los casos federales de trata conciernen a mujeres menores de edad que ejercen la prostitución callejera en el interior de las ciudades.  Esto ha llevado a una campaña policial sin precedentes contra gente de color implicada en la economía sexual callejera —incluyendo chulos, clientes y trabajadoras sexuales por igual (Bernstein 2007a). 

El compromiso feminista carcelario con los valores de la familia heteronormativa, del control del crimen y de los supuestos rescate y rehabilitación de las víctimas (o lo que Janet Jakobsen ha glosado aliterativamente como “matrimonio, militarismo y mercados”; 2008) y el amplio atractivo social de esta agenda, lo ilustra poderosamente la reciente película Very Young Girls. La película ha sido proyectada no sólo en diversos locales feministas, sino también en el Departamento de Estado, en varias megaiglesias evangélicas, y en el conservador Christian King’s College. Bajo el pretexto de reflejar la trata en el interior del país, la película busca granjear simpatías para las jóvenes afroamericanas que se encuentran atrapadas en la economía sexual callejera. Presentando a las mujeres como “chicas muy jóvenes” (en el cartel promocional de la película, la protagonista es tan pequeña que, sentada, sus pies no llegan al suelo) y como las víctimas inocentes del abuso sexual (una categoría que ha sido reservada históricamente para víctimas blancas no trabajadoras sexuales), la película puede convincentemente presentar su perspectiva como antirracista y progresista. Aunque la inocencia de las jóvenes en la película se consigue a costa de demonizar completamente a los jóvenes afroamericanos que se aprovechan de sus ganancias y que son presentados como irredimiblemente criminales y subhumanos. 

La película despoja sin cesar de humanidad a los jóvenes afroamericanos implicados en la economía callejera junto con la compleja maraña de factores más allá de la prostitución (incluyendo racismo y pobreza) que conforman la vida de las chicas. En una proyección de la película a la que asistí en una selecta firma de abogados en Nueva York, al acabar la película algunos espectadores pidieron que los chulos fueran no sólo encerrados de por vida, sino agredidos físicamente. En Very Young Girls como, de forma más general, en el feminismo carcelario, la visión de la justicia social como justicia criminal y de los sistemas punitivos de control como los mejores elementos disuasorios para la mala conducta de los hombres, sirve como un punto crucial de conexión con políticos, evangélicos y otros que han abrazado la causa antitrata.