Veinte años de trata: haciendo balance del mundo que construyó el Protocolo de Palermo

 

Enviado por NSWP el 20 de noviembre de 2020

Autor:

Fuente (instituto / publicación):

Open Democracy

https://www.nswp.org/news/open-democracy-palermo-20th-anniversary-series

 

Esta semana, Open Democracy anunció la publicación de una serie de artículos de pensadores clave que reflexionarán sobre el vigésimo aniversario del Protocolo de Palermo. El Protocolo, un suplemento de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, tiene como objetivo «prevenir, reprimir y castigar la trata de personas», con un enfoque específico en «mujeres y niños».

Los primeros tres artículos publicados como parte de la serie son de particular interés para las trabajadoras sexuales, ya que abordan las cuestiones de la «explotación», que no está definida en el derecho internacional ni en el Protocolo. Los artículos destacan las consecuencias para las mismas personas que el Protocolo y los responsables políticos supuestamente pretenden proteger.

Aquí hemos extraído citas que son relevantes para el trabajo sexual y hemos incluido enlaces a los artículos completos en el sitio web de Open Democracy.

 

¿Qué es la explotación, de todos modos?

“Otro problema aquí es la forma en que ciertas categorías de trabajo (como el trabajo sexual) se enmarcan como esencialmente explotadoras, con líneas claras entre lo que es ‘aceptable’ para la dignidad humana y lo que se dice que es ajeno a ella. El problema es que, una vez más, quienes trazan estas líneas lo hacen de acuerdo con marcos morales específicos de cada cultura y clase. Y estos están lejos de ser compartidos universalmente.

En segundo lugar, cuando categorías enteras de trabajo se construyen como explotadoras por defecto, pueden problematizarse estrategias de subsistencia que pueden no ser problemáticas para las personas que viven en ellas. Peor aún, cuando estas estrategias de subsistencia son consecuentemente dirigidas a la abolición, las personas cuyas vidas dependen de ellas casi siempre sufren. El trabajo sexual y el trabajo infantil son aquí los ejemplos paradigmáticos. Los legisladores y los actores de la sociedad civil de todos los continentes han intentado «salvar» a las trabajadoras sexuales y a los niños trabajadores prohibiéndoles hacer el trabajo del que dependen para vivir. Al hacerlo, solo les causan una miseria cada vez mayor. ¿Esto realmente beneficia a los explotados? »

 

El caso del trabajo sexual

“La frontera porosa entre la explotación capitalista cotidiana y el abuso criminal excepcional es especialmente evidente cuando se trata de debates sobre el trabajo sexual y la trata. El caso de la trata de personas con fines de explotación laboral sexual, que el protocolo destaca como un área de énfasis, revela que la difuminación de la frontera no es el resultado de un pensamiento o una redacción descuidados de un comité. En cambio, es una estrategia consciente de las feministas abolicionistas de la prostitución que dejaron una huella indeleble en el documento.

La fusión de trata sexual y trabajo sexual es una estrategia clave de las organizaciones abolicionistas extremistas. La Coalición contra la Trata de Mujeres, por ejemplo, insiste en que “la explotación de la prostitución y la trata no pueden separarse” y, por lo tanto, equipara el trabajo de cualquier forma de prostitución con la violencia y el abuso sexuales. El protocolo y las políticas nacionales contra la trata de personas que se inspiran en él han servido como herramientas para revitalizar la vigilancia y la persecución legal de las trabajadoras sexuales en general.

Un ejemplo claro de esta agenda en acción son los proyectos de ley SESTA / FOSTA aprobados por el Congreso de los EE.UU. y promulgados como ley en 2018. La ley está destinada a combatir tanto la prostitución como la trata sexual —ambas están constantemente fusionadas en el texto— tomando como objetivo los sitios y plataformas online que utilizan las trabajadoras sexuales para comercializar sus servicios y seleccionar a los clientes, con el argumento de que también podrían ser utilizados por tratantes. La ley pone en peligro la seguridad y los medios de subsistencia de las muchas trabajadoras sexuales que utilizan estas herramientas, como parte integrante del esfuerzo por eliminar de la plataforma el pequeño número de tratantes que también podrían utilizar estos sitios. Con la ayuda de todas las historias sensacionalistas de los medios sobre la trata sexual, la por ahora habitual fusión de trabajo sexual y trata sexual ha sido una bendición para las abolicionistas del trabajo sexual en los Estados Unidos.

Vale la pena señalar (aunque este punto merece un argumento aparte) que el alcance expansivo de las leyes de trata de personas también se utiliza como un arma contra los migrantes y las redes de ayuda a los migrantes. Así como la ley tiende a catalogar todo el trabajo sexual como trata, también la ayuda a los migrantes se ha convertido en objeto de persecución legal como «trata de personas». Como resultado, los proyectos humanitarios, como las misiones de rescate en el Mediterráneo para ayudar a los migrantes en peligro, han sido criminalizados y acusados ​​repetidamente en virtud de las leyes contra la trata.

Es irónico que las feministas abolicionistas de la prostitución, que tuvieron una enorme influencia en la redacción del protocolo, repitan realmente un aspecto del argumento de Marx, aunque de una manera distorsionada y limitada. Ellas también rechazan la división entre trabajo sexual y trata sexual. Quizás, podría pensar uno, podríamos simplemente expandir el marco más allá de «todo trabajo sexual es explotación» a «todo trabajo capitalista es explotación». Pero las abolicionistas de la prostitución no pueden aceptar que el trabajo sexual sea como cualquier otro trabajo; debe seguir siendo excepcional, en parte debido a la base fundamentalmente moral de su condena. Y, como resultado, su solución preferida debe girar en torno al procesamiento penal, como el modelo nórdico que penaliza a los consumidores de servicios sexuales en un intento por destruir el sector del trabajo sexual.

 

No rescate y enjuiciamiento, sino empoderamiento y organización

“… la estrategia adecuada para combatir la vulnerabilidad y la explotación no es el rescate y la persecución legal, sino el empoderamiento y la organización. En primer lugar, dado que la mayoría de las personas son reclutadas para trabajar debido a su vulnerabilidad económica, la forma de combatir esto es empoderarlas creando una seguridad económica genuina. Esfuerzos como iniciativas de reducción de la pobreza, programas de alivio de la deuda y proyectos para acabar con la falta de vivienda. En segundo lugar, dado que los explotados en la sociedad capitalista —los explotados en términos de jerarquías de clase pero también de género, raza, sexualidad y nacionalidad—- tienen un poder potencial, pueden organizarse políticamente. Una solución genuina al problema de la explotación tendrá que ser iniciada por modos de organización sindical de coalición que sean capaces de abordar todas estas jerarquías juntas ”.

 

La lucha contra la trata es un trabajo interno

“En segundo lugar, tenemos organizaciones que han utilizado la lucha contra la trata y el acceso e influencia que esa lucha les permite para hacer avanzar otros aspectos de su agenda. Los grupos que buscan abolir el trabajo sexual son los principales culpables aquí. Las activistas abolicionistas han logrado aprovechar la simpatía por las víctimas de trata para penalizar aún más el trabajo sexual, acosar a las trabajadoras sexuales y sus clientes, y negar rutas seguras y legales de migración interna e internacional para las trabajadoras sexuales. Bajo el disfraz de la lucha contra la trata, en muchas jurisdicciones las victorias anteriores obtenidas por las trabajadoras sexuales se han revertido y las trabajadoras sexuales se han vuelto más expuestas al poder punitivo del Estado.

Esta es una alianza mutuamente beneficiosa. El flujo de cientos de millones de dólares en los Estados Unidos a organizaciones que luchan contra la «esclavitud moderna» ha jugado un papel importante en desviar la atención de las políticas gubernamentales sobre inmigración, libre comercio, empleo, medio ambiente y bienestar público. Hablar de ‘tratantes’ y ‘traficantes’ no solo es una forma eficaz de silenciar otros debates, sino que también permite a los Estados-nación que de otro modo se definirían por sus políticas anti-inmigrantes, anti medio ambiente, anti-mujeres, anti-trabajadores y anti-pobres ser vistos como los salvadores y protectores de las ‘víctimas de trata’ ”.

De la metáfora de la esclavitud a la metáfora de la libertad: el artículo 18 y la incorporación de las prostitutas migrantes a la sociedad italiana

 

Por Patrizia Testaì, MSc.

Tesis presentada a la Universidad de Nottingham para el grado de Doctor en Filosofía

Mayo 2008

https://www.academia.edu/5157931/From_metaphor_of_slavery_to_metaphor_of_freedom_Article_18_and_the_incorporation_of_migrant_prostitutes_into_Italian_society

 

Resumen

Esta tesis se refiere al debate sobre la «trata de personas» como una nueva forma de esclavitud. Explorará el concepto de esclavitud tanto históricamente como en sus vínculos con la migración contemporánea y los problemas relacionados con el género, la sexualidad y la explotación laboral. Dentro del debate contemporáneo sobre «trata», la atención se ha centrado de hecho predominantemente en las mujeres y niñas migrantes involucradas en el trabajo sexual y descritas como «víctimas de trata con fines de explotación sexual».

Esta tesis explorará el significado de “esclavitud” en dicho debate. Con este fin, se llevará a cabo un estudio de investigación en tres ciudades italianas, que se centrará en las formas en que se entienden y aplican términos como “esclavitud”, “trata de personas” y “esclavitud sexual” dentro de los programas de protección social para víctimas de trata que, según el artículo 18 de la ley de inmigración, otorga un permiso de residencia y unas oportunidades especiales para que esas víctimas trabajen y permanezcan permanentemente en Italia. El estudio se basa en entrevistas con actores clave que trabajan en programas de protección social tales como jueces, trabajadores de ONG, trabajadores sociales, psicólogos, abogados y policías, en entrevistas con mujeres migrantes que trabajan en la industria del sexo y mujeres que usan programas de protección, y en el análisis de discursos parlamentarios y artículos de prensa. Intentará evaluar críticamente la validez de la “nueva esclavitud” —como se entiende generalmente por “trata”— como una expresión para comprender los problemas relacionados con las prácticas laborales explotadoras contemporáneas en el contexto de la pobreza global, la dislocación de capital y trabajo, y los regímenes restrictivos de la inmigración. Se centrará en los aspectos de género, «raciales» y de sexualidad de las políticas contra la trata de personas en Italia y cómo se vinculan con la ciudadanía dentro del proceso sociolegal promulgado por el artículo 18 de la ley de inmigración italiana. Finalmente se preguntará qué tipo de ciudadanía se otorga a los sujetos que han sido excluídos (“Otherised”) como «esclavas» en función de su género y sexualidad y que, a través de un proceso poscolonial de disciplina y control social, se incorporan a la sociedad italiana a través de su «domesticación» dentro de los roles sexuales, de género y laborales «adecuados» (es decir, como trabajadoras domésticas en familias italianas o como esposas).

(…)

Capítulo 8 

¿De la esclavitud a la libertad o de «esclava» a «liberada»?

Esta tesis ha explorado el concepto de esclavitud en sus conexiones tanto con el trabajo como con identidades específicas y construcciones culturales vinculadas a la exclusión social y la pertenencia a la sociedad. En el análisis de la literatura sobre la esclavitud vimos que tanto la visión de la esclavitud como lo opuesto al trabajo asalariado libre y la visión de la misma como lo opuesto a la pertenencia a la sociedad eran construcciones sociales que no hablaban de la realidad de las sociedades esclavistas y las relaciones entre esclavos y amos como ocurrieron en la historia. Nuestro análisis del debate académico sobre la esclavitud mostró que el término trabajo asalariado libre fue el producto de suposiciones filosóficas muy específicas sobre la naturaleza humana y la sociedad civil, la libertad humana y la comunidad política. Esta tradición filosófica, conocida como liberalismo y vinculada a la cultura de la Ilustración del siglo XVII, imaginaba que el trabajo podría ser como una mercancía que los individuos libres intercambian libremente en el mercado. Se suponía que el mercado estaba regulado por leyes naturales en las que las personas actúan sin obstáculos por restricciones sociales o materiales, como si estuvieran igualmente dotadas de libertad de elección. Esta fue una narración que, mientras celebraba una concepción específica del gobierno y la sociedad como creada por un «pacto» contratado por individuos libres, ocultaba un sistema de producción que no protegía a los trabajadores libres del abuso y la sobreexplotación asociados con el capitalismo industrial. Por otro lado, esta narrativa también se basó en una separación entre los que pertenecían a la comunidad política imaginada y los que no. Por lo tanto, el sistema de esclavitud creado en las colonias estaba vinculado a la idea de que parte de la humanidad podría definirse como «civilizada» y parte como constituída por «criaturas inferiores» que habitaban un mundo dominado por la anarquía y la barbarie. En esta narración, tanto el trabajo asalariado como la esclavitud estaban vinculados a algunas concepciones fijas y abstractas del «hombre», la libertad humana y el consentimiento, más que a relaciones laborales específicas vinculadas a un momento y contexto histórico dado.

Mis datos han demostrado que estos supuestos sobre la esclavitud y la libertad, desarraigados de la historia de las relaciones laborales, todavía juegan un papel importante en la forma en que los entrevistados construyen narrativas sobre la ‘nueva esclavitud’, imaginadas no solo según los conceptos de explotación laboral, sino también de acuerdo con las representaciones de grupos particulares de personas que ocupan una posición particular dentro de la comunidad ‘imaginada’, como ‘inmigrante’, ‘mujer’, ‘prostituta’, otros racializados, etc. En otras palabras, actores clave que trabajan en programas de protección social en Italia comparten la misma narrativa sobre la ‘nueva esclavitud’ elaborada por Kevin Bales y otros activistas antiesclavistas. Los datos confirmaron que el término ‘nueva esclavitud’ no se usa para denotar algunas tendencias nuevas en las relaciones laborales y sociales globales caracterizadas por instancias de desigualdad y explotación, sino para denotar la división entre un mundo ‘desarrollado’ y otro ‘subdesarrollado’, de una forma poscolonial. Es una visión del mundo que, como indiqué al comienzo de esta tesis, es conservadora. Además, en la medida en que se basa en una retórica humanitaria internacional basada en el principio de los «derechos humanos» concebida como una barrera para los abusos estatales de los derechos individuales, estoy de acuerdo con algunos analistas de Relaciones Internacionales en que este tipo de humanitarismo, tan apreciado por los contemporáneos activistas contra la esclavitud como Bales, es un tipo de «imperialismo cultural» (Barkin, 1998) que, mientras usa el lenguaje del «horror» y crea un estado simbólico de «guerra» y emergencia, también usa las sutilezas de los derechos humanos y las solidaridades universales   para transformar la ‘Manada de Criaturas Inferiores’ en consumidores ‘domesticados’ y trabajadores baratos, que aún siguen siendo ‘enemigos’ potenciales dentro de la gran comunidad de ciudadanos europeos. La ciudadanía de estas otras personas, sin embargo, sigue siendo un principio abstracto de «no ser dañado», como diría David Campbell (1998), ya que este tipo de humanitarismo no descansa en una concepción del ser humano como «ser humano», en el sentido de Campbell de ser un sujeto de libertad y un sujeto de poder:

La problemática del humanitarismo para que esté mejor en sintonía con la humanitas del hombre implica […] repensar el principio de humanidad y reformular la subjetividad de la victimización. […] La humanitas del hombre no se refiere a una noción de ser humano, sino a una concepción de ser humano. Significa una economía de la humanidad, dentro de la cual varias  representaciones del ser humano destilan y valoran diferencialmente al ser humano. (pág. 506)

El lenguaje humanitario del activismo contra la esclavitud, del abolicionismo y de los programas de protección social refleja una inquietud por «reformular la subjetividad de la victimización» y, por lo tanto, la identidad de las mujeres migrantes permanece fija como «víctimas, incapaces de actuar sin intervención, a través de la primacía de la preocupación con [su] opresión y devastación”(Campbell, 1998, p.506, mis corchetes), y ninguna preocupación con su autonomía y resistencia. El conservadurismo inherente a este humanitarismo está encapsulado en el hecho de que es el mismo principio que, como señala Barkin (1998), legitima el uso estatal del control fronterizo como una práctica de ‘seguridad’ (Barking, 1998; véase también Darley, 2006) . También es imperialista. Así, el enfoque de los Estados Unidos sobre la política contra la trata de personas otorga a su gobierno, a través de los «Informes sobre la trata de personas» anuales, la autoridad para dividir el mundo entre países «buenos» y «malos» e imponer sanciones a estos últimos.

Los programas de protección social bajo el Artículo 18 subrayan este tipo de ‘realismo político’ humanitario que representa a los grupos de migrantes de todo tipo como una ‘amenaza existencial’ que mantiene las políticas de migración en Europa, incluso aquellas bajo el título de ‘Disposiciones Humanitarias’ como el Artículo 18, dentro de los límites de una ‘estética del horror’ (Huysmans, 1998). A continuación, quiero explorar dónde encaja la metáfora de la esclavitud aplicada a la prostitución y a los programas de protección social dentro de esta «estética del horror», y lo haré a la luz de que lo que encontré eran contradicciones entre la metáfora de la esclavitud y la realidad.

8.1 Esclavitud, prostitución, autonomía y la cuestión «doméstica»

La esclavitud encaja bien en la «estética del horror» mencionada anteriormente, y también sirve para resaltar tanto la indignación no gubernamental / ONG como la acción gubernamental. Sin embargo, como lo muestran mis datos, detrás de la retórica antiesclavitud de las ONG y del estado, se asume que quienes han pasado por programas de protección social son «ex prostitutas», y, por lo tanto, es probable que «caigan» al otro lado del límite (previsto aquí en el sentido de Huysmans (1998) de «paso al límite» como la situación de «emergencia» creada por el «desconocido»). En última instancia, lo que ofrecen los programas de protección social no es el fin de la guerra mítica hobbesiana en el estado de la naturaleza, que la emergencia de inmigración parece haber vuelto a promulgar, sino simplemente una «tregua», que implica la incorporación de la «enemiga» dentro de la comunidad, pero con la condición de que ella se quede «en su lugar». Es una tregua basada en la aceptación de una ciudadanía que siempre está sujeta a revocación, ya que el tipo de permiso de residencia obtenido por las mujeres migrantes está sujeto a la revocación inmediata (si la mujer es atrapada nuevamente en la prostitución) y está vinculada a un contrato de trabajo que en la mayoría de los casos se refiere, como hemos visto, al trabajo doméstico, por lo que está sujeto a la voluntad de los empleadores de renovarlo después de dos años (ver Pepino, 2002). De hecho, Bridget Anderson (2007) explica el tipo de poder ejercido por los empleadores en este campo mediante el uso de los conceptos de Patterson de poderes «personalistas» y «materialistas», ya que este poder es

[…] no cubierto por la protección del contrato u otras redes de seguridad legales. La trabajadora puede tener el poder de retirar su trabajo, pero otra respuesta al abuso o explotación puede ser muy limitada. Para las migrantes, este poder es particularmente brutal. (pág. 255).

Además, también observa que la brecha «insalvable» en la riqueza personal entre el empleador y la trabajadora a menudo se explica por el primero en términos de la «extranjería» y la diferencia racial de la segunda, sobre todo porque «la extranjería puede ayudar a los empleadores y las familias de acogida a gestionar su profunda incomodidad en torno a la introducción de las relaciones de mercado en el hogar «(p. 254). Una alternativa al trabajo doméstico parece ser el matrimonio, lo que nuevamente implica una forma parcial de ciudadanía que implica la incorporación a la esfera privada como un ser subordinado, de género y sexualizado.

Tanto la literatura tradicional sobre la esclavitud como mis datos sobre actores clave de la construcción de las prostitutas migrantes como «esclavas» se basan en un concepto de relaciones de poder simplemente como dominación, y las construcciones teóricas feministas sobre el patriarcado y la prostitución han propuesto el mismo paradigma de las relaciones de poder, con el consiguiente descuido de la autonomía. Vimos que las últimas generaciones de historiadores sobre la esclavitud y el género han intentado desafiar esta concepción plana de las relaciones entre esclavos y amos y han propuesto un análisis más complejo que analiza las relaciones específicas de género en la esclavitud y el papel de la mujer en la lucha por la emancipación. Una descripción sociohistórica y antropológica de la prostitución elaborada por autores como Walkowitz (1980), Gibson (1986), Tabet (1986, 2004), Cooper (2001) y otros, también sugiere que la prostitución no ha sido para muchas mujeres en muchas sociedades a lo largo de la historia moderna ni una ‘esclavitud’ en la que fueron forzadas por hombres dominantes, ni una profesión de por vida que las excluyó de otras experiencias en el mercado laboral o en otros campos de las relaciones humanas como madres, esposas, compañeras y amantes. Además, las relaciones sexuales que se producen en sectores distintos de la prostitución, incluido el matrimonio, también se ven afectadas por un «intercambio» que reduce la sexualidad femenina a un servicio para la satisfacción de la sexualidad masculina, incluso si el intercambio no es, como en la prostitución, explícito y no implica dinero sino otras ventajas materiales y emocionales (Tabet, 1986, 2004; ver también O’Connell Davidson, 1998; Garofalo, 2007). De hecho, Paola Tabet (2004) observa que la prostitución como servicio sexual es parte integrante del trabajo doméstico, ya que ambos constituyen trabajo reproductivo:

[…] el trabajo doméstico […] es parte de la historia de la prostitución, o al menos de algunas historias. […] Luise White […] propone considerar la prostitución como trabajo doméstico en el sentido específico del trabajo necesario para la reproducción diaria del trabajo. (p. 18, mi traducción)

Y elabora aún más diciendo que «el trabajo corporal (sexual y reproductivo) y el trabajo doméstico (realizado como esposa, prostituta o sirvienta) [son] una forma de división del trabajo específica e interna para las mujeres como clase social» ( 2004, p. 71, énfasis original). El matrimonio, como la institución donde la sexualidad y el trabajo de las mujeres se incorporan dentro de un paquete de servicios relacionados con la esfera doméstica, constituye un momento importante en la continuidad de los intercambios económico-sexuales descritos por Tabet. Sin embargo, como ya he mencionado, es igualmente el caso que, si bien el servicio sexual siempre ha sido contiguo o incluso ha coincidido con el servicio doméstico, muy a menudo las mujeres han elegido la prostitución como una forma de desconectarse del contexto doméstico / privado de las relaciones de poder entre hombres y mujeres y de obtener independencia económica de los hombres (Corso y Landi, 1991; O’Connell Davidson, 1998). Y, sin embargo, mucha de la teoría y el activismo feministas contemporáneos, especialmente del tipo que cae bajo la rúbrica de «violencia contra las mujeres», adopta un paradigma teórico de relaciones de poder que explica tanto la prostitución como las relaciones de género dentro de la esfera doméstica en términos de explotación sexual y patriarcado. Este modelo de relaciones de poder excluye la autonomía y se centra en la dicotomía de la «víctima» femenina y el «opresor» masculino, y es este enfoque del poder y las relaciones de género lo que ha llevado a las feministas en los Estados Unidos a forjar alianzas con la derecha cristiana. Estas alianzas también se reflejaron implícitamente en muchos proyectos de «protección» para mujeres que trabajan en Italia, a pesar de las tensiones y la inquietud expresada por algunas mujeres profesionales que trabajan en ellas.

Mis datos mostraron que había tensiones y brechas entre el discurso de violencia promulgado por actores clave que trabajan en programas de protección social y la imagen más compleja que surgió de las propias historias de migración y prostitución de las mujeres, que resaltaron la capacidad de las mujeres para tomar decisiones en las circunstancias más desfavorables, y en ocasiones incluso indicaron una clara preferencia por parte de las mujeres adultas por la prostitución en lugar de la carga del trabajo doméstico en una familia y los abusos racistas que a menudo lo acompañan. Y, sin embargo, como reconocen algunas mujeres profesionales progresistas, al alentar a las víctimas de trata a realizar el trabajo doméstico, los programas de protección social están implementando un tipo de política que en la práctica, especialmente con la ayuda de organizaciones religiosas, está orientando a las mujeres migrantes hacia lo que se esperaba que hicieran en Italia durante los últimos treinta años más o menos, a saber, trabajo doméstico en familias italianas. La incomodidad de algunas mujeres que trabajan en proyectos de protección está vinculada a la conciencia de ser parte activa en este proceso de reificación de relaciones de poder a menudo abusivas y siempre asimétricas entre mujeres italianas de todas las clases que generalmente emplean a mujeres migrantes, pidiéndoles despreocupadamente que ocupen lo que solía ser su papel en la esfera reproductiva y doméstica, y las propias mujeres migrantes.

8.2 ¿De la esclavitud a la libertad o de «esclava» a «liberada»?

El trabajo servil contemporáneo no puede explicarse por referencia a una «nueva esclavitud» como algo que afecta a individuos y países específicos, en el que las sociedades occidentales modernas desempeñan el papel de «salvadores» de los derechos humanos universales. A este respecto, Robin Blackburn ha sugerido que hay continuidades entre nuestro mundo desigual, con su discriminación y racialización específicas, y el mundo construido por los plantadores en sistemas de plantación esclavistas (Blackburn, 1997). Todavía no se sabe si la cultura política «global» de hoy, con su énfasis en los valores del transnacionalismo y los derechos humanos, tan apreciada por Bales, es un escenario propicio para desafiar las formas extremas de explotación laboral. Pero hay mucho que sugiere que la sociedad civil occidental contemporánea, a pesar de todas sus políticas de derechos humanos y potenciales liberadores, aún puede tener el mismo impacto destructivo en la historia humana que la sociedad civil construida por los plantadores en los Estados Unidos de los siglos XVII y XVIII (Blackburn , 1997).

La explotación laboral y el abuso que se producen en sectores distintos de la prostitución, en particular el trabajo doméstico, es un aspecto importante de una tendencia mucho más amplia de la sociedad capitalista tardía, globalizada, y de la sociedad italiana en particular, y, a pesar de que rara vez fue mencionado por las y los profesionales que trabajan en programas de protección social, el trabajo doméstico es un buen ejemplo de los aspectos conservadores y poscoloniales de los programas de protección social, que pueden ser vistos como espacios de «nuevos encuentros culturales» (King, 2001).

Los programas de protección social han ayudado a erigir límites entre aquellas que pueden ser admitidas en la sociedad mayoritaria, aunque en los rangos inferiores como servidoras, y aquellas que no pueden esperar ser aceptadas, ni siquiera como ciudadanas de segunda clase, porque son demasiado diferentes para incluso esperar integrarse. Esto, por un lado, muestra la naturaleza de los programas de protección social como procesos socio-legales que simultáneamente incluyen y excluyen. Sin embargo, en la medida en que las que están incluidas siguen siendo ciudadanas de segunda clase, porque su incorporación a la sociedad se basa en el abandono de la prostitución como una opción, incluso si se elige de forma independiente como una forma de ganar buen dinero (que es lo que sucede a menudo incluso en los llamados contextos de trata de personas) y debido a que el trabajo doméstico es la opción más frecuente, también podemos decir que los programas de protección social vinculan los derechos de ciudadanía de las mujeres migrantes con su género, su sexualidad y sus cualidades ‘étnicas’ como trabajadoras domésticas y cuidadoras (Scrinzi, 2004; Anderson , 2000, 2006, 2007).

El paso de la prostitución al trabajo doméstico dentro de los programas de protección social también puede expresarse como un paso de una metáfora de la esclavitud que construye sujetos específicos racializados, de género y sexualizados como esclavas, a una metáfora de la libertad que, para decirlo en términos de Tabet, pretende «producir una […] profunda domesticación» (2004, p. 49) de la sexualidad y el trabajo de las mujeres.

Por lo tanto, hemos llegado a la paradoja de tener el reverso de ese proceso de resistencia descrito por Tabet (2004) por el cual las mujeres en todo el mundo ‘rompen’ su contrato matrimonial y emprenden diversas formas de relaciones sexuales comerciales como una forma de convertirse en «sujetos de sexualidad o incluso sujetos y no objetos de transacción económica ”(pág. 56 énfasis original). Como ella observa, incluso con respecto a las mujeres «tratadas» en el sector sexual,

[…] Existe el riesgo de negar el aspecto de revuelta y elección que puede haber en el origen de la migración, y en lugar de apoyar su lucha y proteger de todos modos sus derechos, corremos el riesgo de jugar el juego de la represión que intenta golpearlas y que es, después de todo, la política estatal más frecuente. (2004, p.146, mi traducción)

Los programas de protección social parecen haberse dado cuenta de lo que Tabet anticipó como un riesgo. Además, el aspecto represivo de las campañas y políticas contra la trata ha sido aceptado por aquellas mujeres que han utilizado la retórica de la trata y la esclavitud en su papel de responsables políticas y actoras sociales dentro de los proyectos de protección. Estas mujeres han contribuido a producir una «nueva víctima», en el sentido de Nandita Sharma de que, «En la década de 1980 […] se hizo cada vez más difícil para las feministas que compartían una perspectiva de victimización del trabajo sexual imponer su punto de vista a las mujeres del Norte Global. […] Se produjo una nueva víctima: la mujer migrante del tercer mundo ”(2005, p.102). Las mujeres que operan dentro de los programas de protección han optado por un tipo de emancipación por la cual, como Andrijasevic ya ha señalado para Italia, «ayudar a las víctimas significa ‘rehabilitar’a las trabajadoras sexuales» (citado en Sharma, 2005, p. 103). Si volvemos a la Figura 1 (capítulo 3), la rehabilitación realizada por los programas de protección puede representarse gráficamente como en la Figura 11.

El paso de un estatus de ‘esclavitud’ (como trabajadoras sexuales indocumentadas) a un estatus post Artículo 18 no está representado por el cambio de D a A, es decir, un paso a un estado de ciudadanía completo (socioeconómico y político), sino más bien por el cambio de D a C para quienes terminan como esposas dependientes de sus esposos, o de D a los límites entre A y C como trabajadoras domésticas y cuidadoras u otro trabajo mal pagado, como el trabajo en la fábrica, en la agricultura, etc. En cualquier caso, es un pasaje a un estado de ciudadanía parcial y revocable. La posición de las mujeres migrantes en C o en áreas entre C y A se ve afectada por una combinación de factores político-legales en relación con las normas de inmigración y la construcción de migrantes como «ilegales», y factores económicos relacionados con el mercado laboral y su segregación por género y raza. En otras palabras, hemos regresado al argumento de Laura Brace (2004) de que los problemas de trabajo y pertenencia no deben tratarse por separado, sino como conectados entre sí y, de manera crucial, con el género y la raza. La dicotomía entre las esferas pública y privada sigue siendo de importancia central para las formas en que el trabajo de las mujeres (migrantes) puede construirse como productivo (es decir, trabajo de fábrica) o improductivo (es decir, trabajo doméstico). Para reiterar la discusión de Brace (2004, 2006) sobre la esclavitud y la auto-propiedad, hasta que el trabajo de las mujeres sea visto como ‘trabajo pesado’ o como una ‘economía improvisada’, su actividad laboral en el hogar o fuera de ella en los escalones más bajos de la jerarquía del mercado laboral se considerará no como una esclavitud «propiamente dicha», sino que seguirá estando fuera del modelo de auto-propiedad construido por las teorías liberales del trabajo asalariado libre.

Finalmente, la rehabilitación como una incorporación parcial a la sociedad se asemeja a una forma de manumisión de la esclavitud. De hecho, la manumisión es una institución a menudo definida en términos de ‘redención’ de la esclavitud (y del matrimonio como una forma de esclavitud) y a menudo se gana, tanto en sociedades modernas como premodernas, por esclavas (o esposas) que, a través de la venta de sus servicios sexuales logran ‘comprar’ la libertad, es decir, la liberación del matrimonio / esclavitud doméstica. También es una institución a través de la cual los ex esclavos adquieren una forma de ciudadanía legal que les otorga un estado civil como ‘liberados’. o liberti, pero este estado es en la práctica uno de ciudadanos de segunda clase (Patterson, 1982).

La manumisión dentro de los programas de protección se lleva a cabo de acuerdo con un proceso opuesto al que ocurre en las sociedades esclavistas, donde las mujeres esclavas, a través de la venta de servicios sexuales, logran «comprar» su propia libertad, y a lo descrito por Tabet para mujeres migrantes en el mundo contemporáneo. Si bien estas mujeres intentan escapar de la opresión experimentada en sus países como hijas y esposas o como madres solteras sin acceso a mercados de trabajo y recursos vendiendo sus servicios en el sector sexual, dentro de los programas de protección, estas mismas mujeres son restauradas a la esfera doméstica de las relaciones sociales caracterizadas por la dependencia y por relaciones de poder, en el sentido de Patterson, «personalistas”.

Las mujeres migrantes que pasan por los programas de protección bajo el Artículo 18 permanecen, como esclavas manumitidas, en un estado de ciudadanas ‘liberadas’ de segunda clase porque sus derechos de ciudadanía dependen de la sexualidad ‘adecuada’ y a menudo están vinculados a un contrato de trabajo como trabajadora doméstica y de cuidados en familias italianas. El Estado italiano, como otorgante de la libertad, puede compararse con el «amo bueno» que, por el estado de derecho, protegerá a la mujer «liberada», siempre que se ajuste a las reglas de género, sexuales, laborales y raciales que regulan la sociedad italiana contemporánea. Este papel del Estado como manumitador encaja de alguna manera dentro de un régimen de inmigración que, como señala Nandita Sharma, ha creado «un apartheid global mediante el cual se han organizado regímenes legales diferenciales dentro del espacio nacionalizado: uno para ‘ciudadanos’ y otro mucho más regresivo para aquellos, como las personas clasificadas como ‘ilegales, a quienes se les niega un estatus legal permanente dentro del espacio nacional ”(p. 89).

Pero ser ‘liberado’, más que libre, en este orden social, significa que la libertad, como la esclavitud, sigue siendo una categoría abstracta, una metáfora que sirve para definir muchos proyectos de protección social a través de términos y lenguaje liberadores, pero no para sustanciar la ciudadanía social y económica de quienes los han atravesado y que de esta forma han sido regularizadas.

Los dos grilletes de las “esclavas sexuales” en España

 

En España, no existe la esclavitud porque no hay leyes de esclavitud (fueron abolidas en el siglo diecinueve).

Pero si admitimos el uso en sentido figurado de la palabra “esclavitud” para dar a entender violación de derechos humanos —es decir, de derechos fundamentales respaldados por la Constitución— podemos identificar los dos grilletes que aherrojan a las “esclavas sexuales” en España:

  • uno es la Ley de Extranjería
  • el otro es la denegación de derechos laborales.

Y podemos identificar asimismo a las “esclavistas”.

Son las cínicas abolicionistas y sus mafiosos aliados.

 

Más en Las entradas de la Citi.

Psicólogos denuncian la escasa credibilidad que otorga la justicia a las víctimas de trata

 

MADRID, 28 de mayo de 2019 (SERVIMEDIA)

https://ecodiario.eleconomista.es/sociedad/noticias/9905849/05/19/Psicologos-denuncian-la-escasa-credibilidad-que-otorga-la-justicia-a-las-victimas-de-trata.html

 

Un grupo de psicólogos presenta este martes en la sede de la Comisión Europea en España una serie de orientaciones para evitar la «revictimización» de las mujeres en redes de trata, cuyo relato, según denuncian, es puesto en entredicho por jueces y fiscales ante las «contradicciones» en las que acaban cayendo fruto de su «estrés postraumático».

«Tienen una ansiedad generalizada que hace que su discurso no sea coherente; esto dificulta mucho que sean creídas, al caer en contradicciones y vacíos en la narrativa. No es que lo que denuncien no haya pasado, sino que no pueden narrarlo como esperaríamos», explicó a Servimedia el psicólogo Markus González, director del proyecto Psychological Health Impact Of Trafficking in Human Beings (PHIT).

Un grupo de investigadores con él a la cabeza se ha entrevistado con varias mujeres víctimas de trata. Según sus datos, alrededor del 80% no recibieron ningún tipo de atención psicológica ni médica. Esta vulnerabilidad, defienden los investigadores, debe ser comprendida por el sistema judicial, por lo que reclaman una mayor formación para evitar una «victimización secundaria» desde las propias instituciones.

Según indicó Markus González, las mafias suelen captar a estas mujeres en sus países de origen aprovechándose de su situación. De hecho, se caracterizan por normalizar la violencia. Como ejemplo, la mitad de las mujeres que han participado en la investigación fueron violadas en su primera relación sexual, mientras que entre el 70 y el 80 por ciento han sufrido violencia física o psicológica desde la infancia.

«La realidad de que bajo la apariencia de prostitución libremente ejercida se esconden esclavas sexuales es cada vez más conocida. No obstante, poco se sabe del impacto psicológico que esas situaciones de violencia física y sexual o intimidación, humillación y cuestionamiento tienen sobre las víctimas», agregó González.

En este sentido, los psicólogos confían en que la Ley integral de Trata que inició el Gobierno siga su curso en el Congreso de los Diputados e incluya más formación para los operadores jurídicos, así como una mayor atención psicológica para las víctimas.

(SERVIMEDIA)

28-MAY-19

GIC/caa

 

Un 61% de los españoles, a favor de legalizar la prostitución

 

Un 62% cree que debería de considerarse un trabajo y tener su propio sindicato, según una encuesta exclusiva de ‘YouGov’ para El HuffPost.

 

Por Pablo Machuca

27 de septiembre de 2018

https://www.huffingtonpost.es/2018/09/27/un-61-de-los-espanoles-a-favor-de-legalizar-la-prostitucion_a_23533485/

 

El pasado 30 de agosto, el debate sobre la prostitución saltó a la primera línea de la actualidad política después de que el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicase la constitución de un sindicato de trabajadoras sexuales llamado OTRAS.

«Un gol», según reconoció la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, que le habían «colado» y que supuso un «disgusto» para la ministra y el relevo de la directora general de Trabajo, Concepción Pascual, responsable de dar el visto bueno a este sindicato.

«La prostitución no es el oficio más antiguo del mundo, sino la esclavitud más antigua y grande de la historia», escribió la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, dejando clara la posición del Ejecutivo de Sánchez.

 

Sin embargo, la mayoría de los españoles cree que la prostitución debería de ser legal, estar considerada un trabajo y tener su propio sindicato.

Es lo que se extrae de la encuesta exclusiva de YouGov para El HuffPost sobre la prostitución, en la que un 61% apoya la legalización de esta práctica, frente al 27% que se opone y un 12% que no sabe qué opinar.

Además, un 51% de los 1007 encuestados considera que legalizar la prostitución ayudaría a acabar con las mafias, aunque un 33% se opone y un 15% no lo tiene claro

 

¿Crees que la prostitución debería ser legal en España?

 

¿Crees que, si se legalizara la prostitución, se acabarían las mafias? 

Llama la atención la diferencia entre lo que opinan los hombres y lo que opinan las mujeres sobre la legalización de la prostitución, ya que un 71% de los varones está a favor frente a un 51% de las mujeres. El porcentaje de hombres que se oponen a legalizar estar práctica es considerablemente menor (un 14% menos) que el de las mujeres: 20% frente a 34%.

 

¿Crees que la prostitución debería ser legal en España?

También es mayoritario el porcentaje de población que considera que la prostitución debería de ser considerada un trabajo y que debería de tener un sindicato de trabajadores y trabajadoras sexuales.

El 62% de los encuestados coinciden en este sentido, frente al 28% que se oponen a que sea considerado un oficio y el 25% que rechaza que haya un sindicato.

 

¿Crees que la prostitución puede se considerado un trabajo?

 

¿Crees que debería de existir un sindicato de trabajadoras sexuales?

Más dividida está la opinión cuando se pregunta sobre si se debería penalizar a los clientes de la prostitución, ya que el 45% rechaza hacerlo frente a un 38% que opina que sí. Un 17% de los encuestados no sabe qué responder.

 

¿Crees que se debería penalizar a los clientes de la prostitución?

Sin embargo, pese a que una mayoría quiere legalizar la prostitución, también una mayoría coincide con la afirmación del Gobierno de Pedro Sánchez de que «la prostitución no es el oficio más antiguo del mundo, sino la esclavitud más antigua y grande de la historia».

Un 49% está de acuerdo con esta frase, frente al 36% que se opone y el 15% que no sabe qué decir.

 

El Gobierno: «La prostitución es la esclavitud más antigua y grande de la historia». ¿Estás de acuerdo con esta frase?

Y también llama la atención que un 54% de los encuestados diga que le molestaría que en su barrio se ejerciera la prostitución tanto en la calle como en los pisos. De hecho, un 40% dice que no le molestaría en los pisos, pero sí en la calle y sólo un 5% no vería problema ni en un sitio ni en otro.

 

¿Te molestaría que en tu barrio se ejerciera la prostitución?

En el sondeo se pregunta a los encuestados si alguna vez han recurrido a la prostitución, a lo que un 89% respondió que no y sólo un 8% que sí. Sin embargo, desglosado entre por géneros y por edad, observamos ciertos datos llamativos.

Para empezar, que es más el porcentaje de hombres que ha accedido a la prostitución que de mujeres (16% frente al 1%). Y también llama la atención que la mayoría de los que ha respondido sí tienen más de 55 años (un 11%).

 

¿Has recurrido alguna vez a la prostitución?

Curioso también es que, pese a que una mayoría dice no haber recurrido a la prostitución, también son mayoría quienes dicen conocer a alguien que sí lo ha hecho: un 56% frente a un 42% que no.

Entre los hombres el porcentaje de quienes dicen conocer a alguien que ha recurrido a la prostitución se dispara hasta el 75%, frente al 22% entre las mujeres.

 

¿Conoces a alguien que haya recurrido a la prostitución?

 

Metodología:

Muestra

  • 1.007 Adultos 18+ representativos población española por sexo, edad y región

Metodología

Campo

  • España
  • Del 5 al 7 de septiembre 2018

 

 

 

El objetivo de eso que llaman “lucha contra la trata” es prohibir la prostitución

 

4 de agosto de 2018

Madrid

 

Hace casi cuatro años publicó Laura Agustin un artículo (1) que yo traduje y publiqué (2) en este blog hace casi un año: “’El trabajo sexual no es trata sexual’”: una idea cuyo tiempo no ha llegado”.

No he visto en este tiempo ninguna reacción, ni en este blog en forma de comentario ni en ningún otro sitio, y sí he visto en cambio cómo se ha seguido usando rutinariamente el eslogan “trabajo sexual no es trata”.

Pero no han dejado de resonar en mi memoria las palabras de Laura cada vez que he visto repetir el eslogan. Porque la advertencia de la ilustre académica es muy grave: según ella ese eslogan

Arroja a los pies de los caballos a todas las inmigrantes, documentadas o no; a las que no les gusta mucho vender sexo y no se llaman a sí mismas trabajadoras sexuales, pero sin embargo no quieren ser salvadas o deportadas.”

“(…)el eslogan trabajo sexual no es trata sexual solo contribuye al reduccionismo impulsado por activistas anti prostitución y anti trata.”

Voy a intentar explicar de la forma más breve posible cómo interpreto yo las palabras de Laura, interpretación que no pretende coincidir con el sentido exacto que les ha dado ella.

 

Manipulación del lenguaje, violación semántica de las palabras

 

Según ella,

“Decir ‘Trabajo sexual no es trata sexual’ es materializar la actual narrativa de la trata, aceptando que se refiere a algo real y malo contra lo que se debe luchar”. 

Y en otra parte (3) dice:

“No existe término sustitutorio para trata porque usar un único término sencillamente hace desaparecer todas esas situaciones diferentes, estimula el reduccionismo y se alimenta directamente de una agenda moralista de ‘bueno contra malo’. Esta categoría fue una invención y no describe realidades”.

Es decir: el término “trata” es una invención que no significa nada real.

Voy a intentar analizar el significado de las palabras “trata”, “esclavitud” y “explotación” desde su origen hasta su estado corrupto actual.

 

 

“Trata”, según leo en un diccionario (4) de 1960, significa: 

Tráfico, comercio. T. de negros > Negros. T. de blancas Tráfico de mujeres para su explotación

En cambio, según el actual (5) Diccionario de la R.A.E., el significado es:

trata

  1. f. Tráfico que consiste en vender seres humanos como esclavos.

trata de blancas 

  1. f. Tráfico de mujeres, que consiste en atraerlas con coacción o mediante engaño a centros de prostitución para su explotación sexual.

En esta última versión ha desaparecido el significado original de la palabra y se ha reducido a dos significados parciales, con lo que desaparece su relación esencial con la palabra “mercancía”. De esa forma, se puede introducir tras la primera acepción —auténtico caso de trasiego de mercancías— la segunda, en la que no existe mercancía alguna, ya que no existe esclavitud como en la primera. En el diccionario antiguo también se incluían las dos acepciones parciales, pero la definición previa de la palabra ponía en evidencia la manipulación que supone la expresión “trata de blancas”.

Y así pasamos a la manipulación de la palabra “esclavitud”. De este modo la define (6) la Wikipedia:

La esclavitud, como institución jurídica, es una situación por la cual una persona (el esclavo) es propiedad de otra (el amo); es una forma particular de relaciones de producción, característica de un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en la evolución de la economía.

Es decir, en la auténtica esclavitud el estatus jurídico del esclavo es el de mercancía, y por tanto puede ser objeto de trata. Y solo vale la acepción jurídica de la palabra esclavitud —y de todas las palabras, en general— si estamos hablando de leyes y de derechos.

Entonces, ¿la “esclavitud sexual” es esclavitud? No parece; más bien se evidencia como otro ejemplo de manipulación del sentido de las palabras:

“Mientras que los esclavos negros eran propiedad legal de su explotador, las mujeres víctimas de la trata de blancas, víctimas de esclavitud sexual, nunca fueron consideradas por los Estados como tales, como propiedad legal de sus traficantes o de sus proxenetas (7).”

Es decir, “esclavitud sexual” no es esclavitud, y “trata”, por tanto, tampoco es trata. Es lo que dice Laura Agustin: 

“Esta categoría (trata) fue una invención y no describe realidades”. 

La invención de esta categoría “trata” fue mérito del Comité de Expertos de la Sociedad de Naciones, cuyo informe, publicado en 1927, ha influído en todas las decisiones posteriores hasta nuestros días. Este fue el espíritu con el que se elaboró dicho informe (8):

Si en los casos de “trata”, en el sentido ampliado del término que se asume en el informe, no existe ejercicio de violencia ni violación de la libertad, ¿en nombre de qué oponerse a ellos? El informe nos lo dice: “la trata de prostitutas”, encontramos en él, “es una plaga que debe ser radicalmente suprimida en nombre de la higiene y de la moral y del interés del porvenir de la raza.” 

Y éste es el espíritu con el que las actuales abolicionistas siguen manipulando (7) el concepto vacío de “trata” siguiendo su programa ideológico:

El empeño de las abolicionistas actuales por vincular inextricablemente prostitución y trata mediante la definición de ésta en función de la existencia de una “situación de vulnerabilidad”, aboca a conclusiones absurdas; cabría, incluso, decir que constituye una “lógica del delirio” (en el sentido que Remo Bodei, 2002 confiere a esta expresión). Además, facilita la criminalización de los flujos migratorios y de las personas de un modo u otro implicadas en ellos. 

En cuanto a la expresión “explotación sexual” (9), ya viene de fábrica carente de significado:

 De forma más significativa, el Protocolo (contra la trata de la ONU) decidió específicamente no definir el concepto de “explotación sexual”. Esto dejaba al criterio de cada Estado definir ésta como le pareciera mejor, haciendo equivalentes prostitución y explotación sexual o definiendo la explotación sexual como un abuso dentro de la prostitución. De este modo, el Protocolo podría ser interpretado como que respalda tanto a los que defienden la legalización de la prostitución como a los que buscan su abolición.(10)

Es obvio que en España se ha optado por hacer sinónimos “prostitución” y “explotación sexual”. Porque la definición de una palabra viene dada por el uso general que se hace de la misma, y es evidente que en España todas las instituciones y medios de comunicación usan sistemáticamente el término “explotación sexual” como sinónimo de prostitución.

Así, el juez (y ahora también ministro del interior) Sr. Grande-Marlaska puede afirmar (11) que “el 99% de la prostitución procede de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual”. Para él prostitución y explotación sexual son lo mismo; no dice “la totalidad” sino “el 99%” para dar la apariencia de que se trata del resultado de algún estudio y no de una mera manipulación del significado de las palabras.

La expresión “explotación sexual” es especialmente engañosa, ya que en la prostitución sí se dan situaciones de “explotación laboral”, motivadas por la falta de derechos laborales de las trabajadoras sexuales. Así que se puede jugar con la ambiguedad de diseño de la palabra “explotación” para crear confusión.

Decir que el 99% de las prostitutas son victimas de trata deriva también del sinsentido de la palabra trata, que se refiere a “víctimas” cuyo “consentimiento es irrelevante” (12), lo que coincide con el sesgo ideológico abolicionista de que en la prostitución no es posible el libre consentimiento (13) porque la prostitución es siempre violencia de género (14) y, por tanto, todas las prostitutas son, por la propia naturaleza de la prostitución, víctimas de trata.

En definitiva, la “trata de personas con fines de explotación sexual” es la forma como los abolicionistas denominan a la prostitución. La eliminación de un plumazo del derecho constitucional y humano de las trabajadoras sexuales a decidir sobre sus propias vidas queda plasmada en la ley bajo el camuflaje de “lucha contra la esclavitud” (15).

Porque es toda una enorme maniobra de engaño de cara a la opinión pública. Una operación de “pánico moral” (16) calcada de la que inventó la “trata de blancas” (17) de principios del s. XX. Una operación cuyo objetivo es la prohibición de la prostitución, su clandestinización, la entrega de las prostitutas y del negocio de la prostitución a la mafia.

Entonces, ¿no son víctimas las prostitutas de ningún abuso? ¿No necesitan ley que las proteja?

Por supuesto que necesitan ley que las proteja, pero no una “ley especial” que las incapacite como personas, sino las leyes generales que protegen a todos los ciudadanos: las leyes contra el secuestro, contra la violación, contra la extorsión, contra la estafa, contra la usura, contra las agresiones. Necesitan ser protegidas por la ley general que garantiza derechos laborales a los trabajadores para evitar la explotación laboral.

Las prostitutas necesitan la despenalización total del trabajo sexual, es decir, la eliminación en las leyes de cualquier referencia a la prostitución. El fin de su discriminación y estigmatización.

Terminaré con las palabras con las que Laura Agustin terminaba su artículo (2):

Se ha negado toda la gama de complejidad y diversidad que en la actualidad se incluye en el término víctima de trata. Años de intentos de llevar la justicia y los matices a un mal marco penal son ignorados. La miríada de formas diferentes de sentirse forzado, obligado o coaccionado a dejar el hogar o tener relaciones sexuales por dinero o dar algo del propio dinero a otra persona han desaparecido. Y sí, entiendo que la victimización de la industria del rescate hace que la gente se sienta ansiosa por ofrecer algo que pueda captar el público en general. Pero el eslogan “trabajo sexual no es trata sexual” solo contribuye al reduccionismo impulsado por activistas antiprostitución y antitrata.

 Es deplorable Evítalo.

 


1.- https://www.lauraagustin.com/sex-work-is-not-sex-trafficking-an-idea-whose-time-has-not-come

2.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/12/11/el-trabajo-sexual-no-es-trata-sexual-una-idea-cuyo-tiempo-no-ha-llegado/

3.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2015/11/03/trata-de-personas-se-ha-vuelto-un-termino-carente-de-significado/

4.- Enciclopedia Vergara, Editorial Vergara S.A, Barcelona. Edición especial para el Ministerio de Educación Nacional.

5.- http://dle.rae.es/srv/fetch?id=aWr4q9P

6.- https://es.wikipedia.org/wiki/Esclavitud

7.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/07/22/la-trata-de-seres-humanos-con-fines-de-explotacion-sexual-analisis-conceptual-e-historico/

8.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/07/22/la-trata-de-seres-humanos-con-fines-de-explotacion-sexual-analisis-conceptual-e-historico/

9.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/09/27/definicion-de-explotacion-sexual/

10.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2015/04/30/campanas-contra-la-trata-trabajadoras-sexuales-y-los-origenes-del-dano/

11.- https://www.elboletin.com/nacional/140930/grande-marlaska-prostitucion-procede-trata.html

12.- http://www.phit.ub.edu/wp-content/uploads/2017/04/Codigo-Penal-art-177bis.pdf

13.- https://elpais.com/elpais/2018/08/01/opinion/1533119067_676537.html

14.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2014/02/28/el-tendencioso-informe-honeyball-sobre-trabajo-sexual-respaldado-por-el-parlamento-europeo/

15.- “Creíamos que la esclavitud, aquella que describía Mark Twain, había sido desterrada. Pero no es así. Todavía en pleno siglo XXI existe una forma de esclavitud.“ Decía Soledad Becerril en el acto de entrega del Premio a los Derechos Humanos Rey de España por parte del actual representante de la monarquía negrera española a una orden de monjas carceleras. https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/07/30/los-derechos-humanos-de-las-adoratrices/

16.- https://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1nico_moral

17.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2014/04/25/esclavas-sexuales-y-estado-vigilante/

El nuevo modelo abolicionista

 

Por Laura Agustín 

12 de junio de 2017 

https://jacobinmag.com/2017/12/sex-work-the-pimping-of-prostitution-review

 

The Pimping of Prostitution, de Julie Bindel, pone a las trabajadoras sexuales en su punto de mira.

 

En el Moulin Rouge: El Baile, de Henri de Toulouse-Lautrec, 1890. Museo de Arte de Filadelfia / Wikimedia

 

 

Entrada para una enciclopedia del feminismo: Las Guerras del Trabajo Sexual: Décadas de acalorado debate sobre el significado de intercambiar sexo por dinero. Desacuerdo casi total sobre términos, definiciones, causas y efectos, y cómo medir los fenómenos involucrados. Incomprensión mutua sobre los significados culturales de sexo, identidad sexual y relaciones de género. Leyes respaldadas por políticos basadas en la supuesta verdad de una u otra opinión. Poca mejora para aquéllas sobre las que se discute. Consecuencia de las «guerras sexuales» lesbianas / feministas de los años ochenta.

 

Se ha lanzado un nuevo disparo en las Guerras del Trabajo Sexual. The Pimping of Prostitution, de Julie Bindel, llama a un retorno a comienzos más auténticos, cuando, como ella dice, todas las que participaron en el movimiento de liberación de la mujer de los años 60 fueron cautivas de unas pocas líderes brillantes.

Esta versión no me suena. Nos rebelamos contra la ideología doméstica de los años cincuenta que decía a las mujeres que fueran calladas, femeninas y satisfechas con hacer la casa para los hombres. El significado de la liberación era descubrir cómo vivir en nuestros propios términos, y si leíamos boletines a ciclostil de activistas, no creíamos que tuviéramos que estar necesariamente de acuerdo con ellas. No sentimos que nadie fuera nuestra líder. Hablamos juntas en las calles, en las aulas, en los cafés. Las experiencias de todas contaban.

En esas conversaciones, la prostitución no se consideraba un tema central ni una cosa terrible, o no más terrible que todo lo demás que reconocíamos como opresivo. Queríamos saber por qué no se pagaba el trabajo doméstico y se suponía que las mujeres debían llevar ellas solas el cuidado de los niños. Queríamos definir nuestras propias formas de disfrutar el sexo. Usamos una nueva palabra, «sexista». No recuerdo haber asistido a una sola reunión formal, pero me he identificado desde entonces como feminista.

En este libro, Bindel ofrece dos cosas: aplausos y comentarios hirientes. Aquellos que están de acuerdo con ella reciben aplausos, todos los demás reciben comentarios hirientes. Menos sutil que el comentario de boxeo que reconoce todos los buenos golpes, esta es una amargura nacida de la frustración: la prostitución todavía existe. Millett y Dworkin han sido traicionadas. Alguien debe pagar

Hoy en día, en las conversaciones sobre los derechos de las mujeres, existe un acuerdo generalizado sobre la necesidad de más educación, salarios iguales y mejores oportunidades laborales. Pero sacad a relucir los cuerpos físicos de las mujeres, y las ideologías de la feminidad y el patriarcado se disparan como un reguero de pólvora. El conflicto intransigente persigue la anticoncepción, el aborto, la maternidad subrogada y, quizás sobre todo, cómo las mujeres pueden consentir en tener relaciones sexuales. Para las feministas radicales como Bindel, la inserción de dinero en una relación sexual significa que ninguna mujer puede consentir nunca, incluso cuando dicen que sí consienten.

Las noticias sobre las mujeres que venden sexo han cambiado desde la publicación en el año 2000 del Protocolo de las Naciones Unidas sobre la trata de personas, aunque aún no se ha llegado a un acuerdo completo sobre las definiciones legales. Los reportajes de los medios confunden rutinariamente o usan todos los términos disponibles. La trata de personas no se distingue del contrabando de personas, pedir dinero prestado para emigrar se llama “esclavitud por deudas”, las condiciones laborales terribles y el trabajo infantil se convierten en “esclavitud moderna”, y la venta de sexo se renombra como “trata sexual” o “esclavitud sexual”. Todos los contextos socioculturales se eliminan a favor de definiciones universales. No se muestra interés en considerar cómo mejorar las condiciones laborales. El resultado es definir a las mujeres como víctimas que necesitan ser rescatadas, especialmente cuando están vendiendo sexo.

En este contexto, no es sorprendente que el abolicionismo deba resurgir en la corriente principal. Bindel llama al suyo el nuevo movimiento de abolición, vinculándolo engañosamente con las campañas de Josephine Butler del siglo XIX para abolir la regulación gubernamental de la prostitución (no la prostitución en sí). Bindel rechaza la proliferación de términos antes mencionada: «La trata de personas es simplemente un proceso en el que algunas mujeres y niños son prostituidos. La prostitución en sí misma es el problema.» Lo que al menos confirma una antigua queja de las activistas con respecto a las campañas contra la trata de personas: que el objetivo real es prohibir a cualquier mujer vender sexo, en cualquier lugar, en cualquier momento.

El miedo a la trata ahora se usa para justificar una variedad de regímenes represivos de política de prostitución, incluida una ley que prohíbe la compra de sexo. Primero se llamó el modelo sueco, luego el nórdico; esta ley, según Bindel, ahora se puede llamar el modelo abolicionista. La idea de esta prohibición es «Terminar con la Demanda», con la teoría de que, si a los hombres se les impidiera la compra de sexo, las mujeres no podrían ser explotadas y nunca venderían sexo. Es una teoría de mercado de la oferta y la demanda ridículamente simplificada . Las abolicionistas afirman que la ley despenaliza la venta de sexo por parte de las mujeres (apropiándose de la demanda central del movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales), sin abordar lo que sucedería con los ingresos de las mujeres si no hubiera clientes.

El subtítulo del libro, Aboliendo el mito del trabajo sexual, sugiere que probará que no hay trabajadoras sexuales. Bindel nombra muchos países que visitó. Detalla los sufrimientos personales de las mujeres que odiaban vender sexo: éstas son sus heroínas, y son vistas como individuos. Las representantes del «lobby pro prostitución», por el contrario, son tratadas como una serie de títeres, citadas para demostrar su cinismo. Aquellas que reconocen el concepto de autonomía como una de las razones para aceptar la existencia del trabajo sexual voluntario son ridiculizadas como feministas de «elección» o feministas de «diversión». No escuchamos nada de mujeres a las que puede no les guste el trabajo sexual, pero continúan haciéndolo por sus propias buenas razones.

Se arroja barro sobre gerentes de agencias de escorts, académicos queer, libertarios homosexuales, ONGs de VIH / salud, eruditos en migración, Amnistía Internacional y grupos dirigidos por trabajadoras sexuales. La mayor ira está reservada para financiadores como Open Society Foundations de George Soros por atreverse a tratar de fortalecer los derechos de las trabajadoras sexuales. Como quiere eliminar todas las diferencias y desacreditar a toda fuente concebible de oposición a la ideología feminista radical, la variedad en los tipos de trabajo sexual, los grados de control administrativo, las percepciones de autonomía y las cantidades de dinero son descartadas. Se lanzan resúmenes enlatados de algunos momentos de la historia de los derechos de las trabajadoras sexuales, pero se desprecia todo el movimiento social internacional como un «lobby» proxeneta.

Con fines de investigación, soy capaz de leer obras cuya visión del mundo no me gusta, pero este libro me derrotó. La tabla de contenido parece racional, pero cada capítulo consta de muchas subsecciones cortas que aparecen colocadas casi al azar. El estilo es irregular y torpe, lo que sugiere varios escritores y ningún editor. No hay profundidad, matices ni compromiso con las ideas.

Y encontré muy poco de lo que podría llamarse nuevo: ni hechos ni ideas. Si el movimiento abolicionista internacional esperaba que ésta fuera una nueva arma pesada contra los enemigos o una forma de convencer a los no expertos de que el trabajo sexual es una ilusión, sacudirán la cabeza con decepción.

Lo peor del proyecto abolicionista contemporáneo es su fracaso para encarar la cuestión de las opciones para las mujeres. ¿Bindel siente que Josephine Butler estaría de su lado? Yo creo que estaría del mío. A mediados del siglo XIX, Butler vio cuán pocas alternativas tenían las mujeres para alcanzar la independencia económica y no abogó por que se las privara de la posibilidad de vender sexo para sobrevivir.

Como académica en el campo, mi pregunta nunca ha sido si la venta de sexo es aceptable en términos morales o feministas. En cambio, me he centrado en el hecho de que las mujeres de todo el mundo tienen opciones de trabajo limitadas y, cuando no tienen una buena educación o están conectadas socialmente, esas opciones generalmente se reducen a trabajos mal remunerados y de bajo prestigio: venta ambulante, costura casera, cuidado, limpieza, trabajos de venta al por menor, trabajo en factorías y venta de sexo. Cuando las mujeres son inmigrantes indocumentadas, las opciones factibles se reducen a dos: vivir entre familias de otras personas como empleadas domésticas o vender sexo.

Dadas las bajas ganancias de estas ocupaciones, no es de extrañar que las mujeres que sienten que pueden tolerarlo hagan trabajo sexual. Menos tiempo dedicado a trabajar para obtener más dinero significa poder mantenerse, ayudar a los demás y aún tener tiempo para caminar o leer un libro. A veces, las trabajadoras sexuales establecen relaciones que no son bien vistas por los de fuera. Pero, ¿qué es lo que las abolicionistas creen que harán las mujeres con pocas opciones si se ven obligadas a dejar el trabajo sexual?

Las antiguas Lavanderías Magdalene y los hospitales con cerraduras no preveían nada mejor que la servidumbre doméstica para las «mujeres caídas». ¿Se sigue proponiendo de que ser una sirvienta a cambio de unos peniques y una escasa vida privada es mejor porque es más digno? ¿O es superior simplemente porque no es trabajo sexual? De cualquier manera, enfocarse siempre en los aspectos morales del trabajo sexual significa dejar siempre de lado los proyectos para mejorar las condiciones laborales y las protecciones legales.

La necesidad de Bindel de manifestar indignación ante la más mínima desviación de una ideología simplificada significa que los lectores no hagan distinciones entre cobardes proxenetas, grupos de derechos humanos, escorts independientes, investigadores académicos, trabajadoras en salones de masajes y Hugh Hefner. Todos somos lo mismo. Es la definición de libro de texto del fundamentalismo.

Ocho razones por las que no deberíamos usar el término «esclavitud moderna»

 

Por Michael Dottridge 

17 de octubre de 2017

https://www.opendemocracy.net/beyondslavery/es/michael-dottridge/ocho-razones-por-las-que-no-deber-amos-usar-el-t-rmino-esclavitud-mo

 

 

El trasfondo imperialista y racista del término «esclavitud moderna» debería ser preocupante para cualquiera que busque avanzar en los derechos humanos.

 

Este discurso fue pronunciado originalmente en la «Iniciativa de implementación regional 2017 sobre prevención y lucha contra la trata de personas: reinvención de la trata de personas: la interfaz entre migración, trata de personas y esclavitud», celebrada en Viena el 29 de septiembre de 2017, bajo el título original «La esclavitud moderna frente a la trata de personas: comprensión de los efectos y consecuencias de las políticas y agendas detrás de los diferentes conceptos».

 

Han pasado menos de dos décadas desde que los diplomáticos se sentaron aquí en Viena para redactar lo que se convirtió en el protocolo de la ONU sobre la trata de personas, acelerando los cambios discutidos en mesas redondas anteriores.

Por lo tanto, podría parecer prematuro derrocar el sistema de lucha contra la trata y reemplazar las referencias a la trata de personas con el concepto menos legalista de «esclavitud moderna». Sin embargo, esto es lo que numerosas organizaciones y estados están impulsando ahora. Como el nuevo término atrae la atención de los medios, principalmente en inglés, y relativamente poco en Europa, quiero informarles sobre lo que está sucediendo. Aunque fui director de una ONG llamada «Anti-Slavery International» hasta 2002, quiero explicar por qué considero el término «esclavitud moderna» inapropiado y divisivo.

La creación y el crecimiento del término «esclavitud moderna»

El término «esclavitud moderna» se propuso por primera vez en la década de 1970, cuando fue considerado y rechazado por un grupo de trabajo de la ONU que terminó teniendo el nombre más lúgubre de «Grupo de trabajo sobre las formas contemporáneas de esclavitud». El término se usó en otros lugares, como en el título del Comité de ONG para la Erradicación de la esclavitud moderna (Eradication of Modern Slavery, CCEM), que se estableció en Francia a mediados de la década de los 90 para trabajar por la liberación de las trabajadoras del hogar migrantes mantenidas en cautiverio en París.

Sin embargo, después de que se adoptara el Protocolo de trata de las Naciones Unidas en el 2000, un académico con el que trabajé, Kevin Bales, continuó diciendo a quienes le escuchaban que los patrones de explotación extrema en todo el mundo deberían llamarse «esclavitud». Fue uno de los fideicomisarios de la ONG donde fui director. Posteriormente fundó una ONG en los Estados Unidos, Free the Slaves.

El avance de Bales se produjo cuando conoció a un multimillonario minero australiano, Andrew ‘Twiggy’ Forrest, quien decidió invertir millones en la erradicación de la «esclavitud moderna». Estableció la Fundación Walk Free en Perth (Australia) aproximadamente en 2011. Bill Gates supuestamente le aconsejó que es importante medir lo que se intenta erradicar. Entonces, a pesar de muchos consejos recibidos en contra de esto, en 2013, Walk Free publicó la primera edición de su Índice global de esclavitud para decir cuántas personas estaban experimentando «esclavitud moderna».

El mismo año, el Sr. Forrest anunció que contribuiría con 10 millones de dólares estadounidenses al que pretendía ser un «fondo de libertad para combatir la esclavitud moderna» de $100 millones, junto con $10 millones por parte de Humanity United, una organización benéfica creada por el fundador de E-Bay y otros $10 millones de Legatum, establecida por un financiero de Nueva Zelanda. El Fondo de libertad recibió el encargo de apoyar las iniciativas de las ONG contra la esclavitud moderna. Estableció su sede en Londres, y ha tenido éxito en persuadir a otros filántropos comerciales para que donen grandes cantidades.

En 2014, el Sr. Forrest propuso la creación de un Fondo global público-privado para acabar con la esclavitud y ofreció $ 200 millones de dólares para comenzarlo si los gobiernos igualaban su financiamiento. Al principio los gobiernos fueron cautelosos, pero la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tomó la propuesta en serio. Finalmente, en septiembre de 2017, se comenzó a ingresar dinero. El gobierno de EE. UU. asignó $25 millones de dólares y el Reino Unido £20 millones para establecer este fondo, haciendo un total de €43 millones. El fondo está destinado a financiar planes nacionales para erradicar la esclavitud moderna en 50 países con los peores patrones de esclavitud, comenzando, se sugirió, con Ghana y Nepal.

Al anunciar la subvención, el secretario de Estado de los EE. UU. se refirió a la «esclavitud moderna» en lugar del término que se utilizaba anteriormente en los círculos del gobierno de EE. UU., «TIP». El apoyo de la OIT llegaría por parte de la Alianza 8.7 y la semana pasada 37 estados en la Asamblea General de la ONU respaldaron el proyecto del Reino Unido «llamamiento a la acción para acabar con el trabajo forzoso, la esclavitud moderna y la trata de personas» (solo el Reino Unido y otros cinco eran Estados de la UE: Bélgica, Dinamarca, Italia, Malta y España).

Probablemente sepas que Walk Free publicó ediciones adicionales del Índice global de esclavitud en 2014 y 2016, aumentando sustancialmente el número estimado de personas experimentando «esclavitud moderna». De 29,8 millones en 2013, a 35,8 millones en 2014 y 45,8 millones en 2016. Este mes, el Índice global de esclavitud ha cooperado con la OIT para producir una nueva estimación global del número de personas en trabajo forzoso y matrimonio forzado, un total de 40,3 millones de personas, 24,9 millones en trabajo forzoso y 15,4 millones en matrimonio forzado. Esto reemplaza la estimación anterior de la OIT en 2012 de que había 20,9 millones de personas en trabajos forzosos.

Si bien los números siempre son de interés periodístico, no quiero que te deslumbren, ya que las organizaciones iniciadas por el Sr. Forrest están teniendo influencia de muchas otras maneras. Además, dos gobiernos han adoptado el concepto de «esclavitud moderna»: el Reino Unido, que consolidó su legislación existente sobre la trata de personas en la Ley de esclavitud moderna (2015) y persuadió a la ONU, en el último momento, de incluir una referencia a la esclavitud moderna en el objetivo de desarrollo sostenible 8.7 el mismo año; y Australia, que ha estado celebrando audiencias sobre la adopción de una ley similar.

Ahora debo explicar qué se entiende por «esclavitud moderna», dado que no es un término utilizado en el derecho internacional. Además, debo admitir mi participación en esto, porque en el momento de la adopción del Protocolo de trata de las Naciones Unidas en 2000, estuve involucrado en la preparación de unarevisión del derecho internacional sobre las formas contemporáneas de esclavitud, publicado por la ONU en 2002. Esto se refería a las dos convenciones de la ONU sobre esclavitud y prácticas similares a la esclavitud (1926 y 1956); los convenios de la OIT sobre trabajo forzoso y trabajo infantil; el nuevo Protocolo de trata de las Naciones Unidas (2000), y también a una convención anterior de la ONU de 1949 sobre la explotación de la prostitución ajena. Urmila Bhoola, relatora especial de la ONU sobre las formas contemporáneas de la esclavitud, incluidas sus causas y consecuencias, ha escrito que «[L]as prácticas abarcadas por el término ‘formas contemporáneas de esclavitud’ cubren la esclavitud tradicional; las instituciones y prácticas similares a la esclavitud, como la servidumbre por deudas, la servidumbre y el matrimonio forzado; y trabajo forzso».1

Los perjuicios del paradigma de la «esclavitud moderna»

¿Cuál es el problema con usar el término «esclavitud moderna», si es solo una forma alternativa de referirse a lo que la ONU llama «formas contemporáneas»? Permítanme enumerar algunas de mis preocupaciones personales:

  1. En occidente parecen felices de aplicar el término a una amplia gama de prácticas en los países en desarrollo, mientras que las personas defensoras de los derechos humanos en muchas regiones en desarrollo piensan que es inapropiado. Por ejemplo, en el sur de Asia abunda la servidumbre por deudas, pero las y los activistas no creen que condenarlo como «esclavitud» apresure su desaparición.
  2. El término «esclavitud» implica que los países de los que se dice que tienen un gran número de personas en esclavitud moderna están permitiendo que algo horrible ocurra. Entonces, en lugar del paradigma de desarrollo/cooperación dominante en la segunda mitad del siglo XX, con países más ricos que apoyan los esfuerzos para lograr cambios sociales y económicos en los más pobres, volvemos a la noción del siglo XIX de que algunos países son incivilizados, que requieren presión del exterior para abandonar prácticas inaceptables. Incluso si acepto la idea de que las formas extremas de explotación son completamente inaceptables, no apoyo la sugerencia de que la evangelización mediante misioneros provenientes de un pequeño número de países ricos sea un método apropiado para lograr el cambio.
  3. Usar el término «esclavitud moderna» nos precipita a la tendencia de «nombrar y denunciar», es decir, señalar con el dedo a los gobiernos o empresas que lo toleran o no se considera que toman las medidas adecuadas para detenerlo. Esto es apropiado de vez en cuando, pero no como una base sólida para la cooperación internacional (creo que ya hemos aprendido de la experiencia del informe TIP de EE. UU.).
  4. En la mente de las personas de Europa Occidental y las Américas, el término «esclavitud» se refiere a la trata transatlántica de esclavas y esclavos y al período de 400 años cuando personas africanas fueron apresadas, transportadas a través del Atlántico con altas tasas de mortalidad y esclavizadas y torturadas rutinariamente, haciéndolas trabajar hasta morir o asesinándolas. Existe un peligro real de que usar el término para referirse a niveles de explotación que no cumplan con la definición legal de esclavitud tenga el efecto de trivializar o relativizar la esclavitud histórica y así reducir cualquier sentido de responsabilidad para los países que se beneficiaron de la esclavitud. Esto encaja perfectamente en la agenda de los supremacistas blancos.

Los filántropos ricos que financian organizaciones antiesclavistas no parecen interesados en los derechos humanos.

  1. Esto me lleva a una de mis más profundas preocupaciones, que los gobiernos que han decidido utilizar el término «esclavitud moderna» (Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos) son los que parecen dispuestos a abandonar los enfoques convencionales del desarrollo y felices de tratar de imponer el cambio desde arriba Además, este año Australia y el Reino Unido comenzaron a usar tácticas intimidatorias para persuadir a otros a seguir su uso, especialmente en un debate en el Consejo de Seguridad de la ONU, celebrado en marzo pasado sobre trata, esclavitud y trabajo forzado en el contexto del conflicto armado y la esclavitud moderna.2
  2. Esto está relacionado con la cuestión de los derechos humanos. Los filántropos ricos que financian organizaciones antiesclavistas no parecen interesados en los derechos humanos y ciertamente no se sienten obligados a implementar nada llamado enfoque de derechos humanos. El Sr. Forrest se ha mostrado relativamente franco en este punto, aunque más en el contexto de las acciones relativas a la población indígena australiana. Con respecto a las donaciones de caridad a la población indígena australiana, a principios de este año según los informes, dijo: «Hemos sido fuertemente influidos por el espejismo macabro del argumento de los derechos humanos en lugar de hacer lo que sabemos es mejor para Australia y nuestro pueblo», y «toleramos a cualquier activista que diga que el matrimonio forzado es un derecho humano de las culturas, yo digo llévate tu cultura a donde pertenece. Porque aquí en Australia, el matrimonio forzado es solo otra forma de esclavitud.» Estoy de acuerdo con su condena a las prácticas perjudiciales que se toleran como «cultura» o «tradición», pero me temo que el uso que hace de las palabras me recuerda a cómo varias dictaduras que visité en la década de 1980 solían jugar con el término «derechos humanos» para menospreciar los principios fundamentales de los mismos.
  3. Hace tres años, cuando se estaba preparando el Proyecto de ley sobre la esclavitud moderna en el Reino Unido, escribí un blog diciendo que «aparte de las cuestiones de terminología legal … el uso del término ‘esclavitud moderna’ tiene consecuencias potencialmente dañinas para las personas mismas que se supone debe proteger una nueva ley. El principal problema es que el término implica un grado de explotación que es tan extremo que cae fuera del mundo laboral ordinario. También implica que dicha explotación no puede resolverse mediante ninguna de las técnicas tradicionalmente utilizadas para combatir el abuso en el lugar de trabajo, como la regulación, las inspecciones de trabajo y la formación de asociaciones (y sindicatos) de trabajadoras y trabajadores para defenderse contra los abusos».
  4. Este temor de que el término «esclavitud moderna» se centre en situaciones excepcionales, como la vil esclavización practicada por Da’esh en Irak y Siria, en lugar de considerar patrones más rutinarios de trabajo forzoso y prostitución forzada en todo el mundo, se confimó cuando el Consejo de Seguridad de la ONU tuvo su primer debate sobre la trata y la esclavitud en diciembre de 2015 (centrándose en Da’esh). Además, la introducción del nuevo término también reavivó batallas de Guerra Fría en la ONU, esta vez con la antigua facción soviética saliendo en defensa del término «trata de personas», en el que Bielorrusia, en particular, había invertido, y protegiendo el derecho de la UNODC de ser la principal agencia de la ONU activa en este tema. De ahí mi sentimiento de que abandonar el término «trataۚ» ha abierto la caja de Pandora (con la OIT desafiando a la UNODC y tratando de aumentar su influencia organizando la Alianza SDG 8.7).

Permítanme concluir aquí diciendo que he sido un crítico ardiente de la forma en que se ha desarrollado el concepto de trata de personas, así que no es que esté a favor de utilizar un término en vez del otro. Sin embargo, he visto cómo una definición legal pobre (del término trata de personas) me ha obligado a pasar años explicando lo que significa, y me resisto a ver aún más tiempo y dinero desperdiciado en disputas sobre conceptos, en lugar de invertir en acciones para detener la explotación inaceptable y para ayudar a las víctimas.

Por el momento, la solución que propongo es no sólo invertir tanto esfuerzo como sea posible en el desarrollo de métodos efectivos para frenar las formas extremas de explotación, sino también para evitar el apoyo a la terminología que suena imperialista y potencialmente racista. Principalmente, esto significa alentar medidas gubernamentales para enmendar las políticas existentes que permiten o incluso fomentan la explotación extrema.

 


  1. Véase Urmila Bhoola (2017) Informe de la relatora especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud, incluidas sus causas y consecuencias, documento de las Naciones Unidas. A / HRC / 36/43. Este documento señala que «existe una jerarquía en el derecho internacional entre la esclavitud y otras formas de explotación, siendo la esclavitud el tipo de explotación más grave. El elemento de control de la persona o su trabajo está presente en las diversas formas de explotación en diferentes grados, y la forma más extrema de control se manifiesta cuando exhibe poderes atribuidos a la propiedad. Esto explica la distinción entre la esclavitud y otras prácticas de menor explotación, como el trabajo forzoso, la servidumbre y las instituciones y prácticas similares a la esclavitud. Sin embargo, tales prácticas también pueden constituir ‘esclavitud’ en la ley y pueden ser enjuiciadas como tales si manifiestan todas o algunas de las facultades relacionadas con el derecho de propiedad o si el control ejercido sobre la persona sometida a las prácticas equivale a la posesión de la persona». Además, varios temas son responsabilidad de otras relatoras o relatores especiales de las Naciones Unidas, como la venta de niñas y niños, la explotación sexual comercial de niñas y niños, el trabajo infantil forzoso y algunas de las otras «peores formas de trabajo infantil» definidas en el Convenio 182 de la OIT (1999).)↩︎
  2. Durante el debate, representantes de 13 estados (de los 60 que hablaron) invocaron el término «esclavitud moderna»: Reino Unido, EE. UU., Uruguay, Australia, España, Colombia, Liechtenstein, Hungría, Camboya, Eslovaquia, Irlanda, Israel, Nigeria ( enumerados en el orden en que hablaron).↩︎

 

La «trata de blancas» y el control policial de la vida doméstica

 

LIVIA GERSHON

 

21 DE DICIEMBRE DE 2017

 

https://daily.jstor.org/white-slavery-policing-domestic-life/

 

¿Es la venta de sexo un asunto privado o una crisis pública? Si bien muchas trabajadoras sexuales dicen que los anuncios eróticos en línea las ayudan a realizar una transacción consensuada con el máximo control y seguridad, un poderoso movimiento de reforma las vincula con los temores de la trata de personas.

Hace un siglo, el pánico por la trata de personas transformó el papel del gobierno en la vida «privada», como explica Christopher Diffee en un artículo que se centra en una película popular de esa época.

A principios del siglo XX, cuando las mujeres se estaban moviendo hacia la fuerza de trabajo urbana y la vida pública se estaba expandiendo, los informes periodísticos, las novelas y los informes de la comisión del vicio difundieron los temores sobre la «trata de blancas» que barría el país. El pánico alcanzó su punto máximo en 1913, con el lanzamiento de la exitosa película Traffic in Souls.

Un cartel de la película de 1913 Traffic in Souls (via Wikimedia Commons)

En la película, un miembro de una banda de trata de blancas seduce y secuestra a una joven trabajadora de una tienda de dulces, una mujer trabajadora representada como irresponsable y demasiado ansiosa por ir a bailar con un hombre. La hermana mayor de la chica, Mary, trabaja heroicamente con la policía para salvarla.

«Mary muestra la energía y la preocupación social agresiva de un reino moral expandido y transicional, no siendo ni un avatar pasivo de la domesticidad ni la Nueva Mujer liberada de la era del jazz», escribe Diffee.

La trama de la película refleja los esfuerzos de los reformadores progresistas del mundo real, en su mayoría mujeres de clase media, para «proteger» a las mujeres jóvenes de la clase trabajadora de los depredadores y de su propio comportamiento. Esto implicó una mezcla de apoyos sociales y medidas punitivas. Los reformadores ayudaron a crear escuadrones antivicio, reformatorios y un sistema judicial juvenil. Algunos trataron de elevar la edad de consentimiento a 18 ó 21 años, y algunos presionaron por una ley de salario mínimo, que esperaban que protegiera a las mujeres jóvenes de tener que recurrir al trabajo sexual ilegal.

Reprimir la «trata de blancas» también significó la expansión del poder federal. La Ley Mann de 1910 prohibió el transporte interestatal de mujeres para el trabajo sexual o «cualquier otra práctica inmoral». Durante los siguientes siete años, los casos judiciales ampliaron el alcance de la ley hasta que funcionó para criminalizar todas las relaciones sexuales no maritales. La aplicación de la Ley Mann recayó en el incipiente FBI, que abrió su primera gran oficina de campo y alcanzó el reconocimiento nacional por la fuerza de sus esfuerzos antivicio.

La respuesta al trabajo sexual bajo la situación de pánico trató a las mujeres jóvenes como víctimas en lugar de puramente como criminales, pero continuó utilizando el poder punitivo del gobierno como elemento central para su rehabilitación. También dio poca credibilidad a la idea de que podrían estar tomando decisiones racionales sobre cómo responder a sus circunstancias. Esa misma fórmula continúa hoy en gran parte de la discusión pública sobre el tema.

Confesiones de una ex SWERF

 

Por Taryn De Vere

29 de marzo de 2017

https://medium.com/@taryndevere/confessions-of-a-former-swerf-be0892f0fd30

 

Ok, puede que no fuera del todo una SWERF, ya que no quería quitar derechos a las trabajadoras del sexo, pero yo pensaba que el trabajo sexual era explotador y un resultado directo de siglos de patriarcado. Pensaba que cualquier persona que intentara comprar sexo de otra persona debía ser penalizada, porque yo ingenuamente creía que eso acabaría con la demanda. También pensaba que todo el mundo que trabajaba en la industria estaba allí bajo coacción. Y todas estas suposiciones estaban basadas en una ignorancia completa y absoluta.

Desde entonces he tenido la suerte de conocer a mucha gente que trabaja en la industria del trabajo sexual (la mayoría de ellas mujeres). ¡Cómo me ha abierto eso los ojos! He visto destrozadas muchas de mis ideas e ilusiones. Una de mis amigas se vio obligada a trabajar en el sexo cuando era una adolescente y su experiencia fue horrible. Pero aparte de esa amiga —y yo diría que ella fue víctima de esclavitud sexual, no una trabajadora sexual— todas las otras mujeres que conozco que son trabajadoras sexuales han elegido su línea de trabajo.

Para algunas mujeres la elección es financiera. A otras mujeres lo único que les pasa es que les gusta jodidamente (disculpen el juego de palabras). Algunas mujeres que conozco encuentran que el trabajo sexual es un trabajo enormemente gratificante y agradable. ¡Lo sé! ¿No es asombroso? Yo también me sorprendí cuando me di cuenta de que no todo el mundo es como yo! (Estoy siendo sarcástica, por supuesto, pero sobre todo hacia mi antiguo yo).

Reunirme con trabajadoras sexuales y ex trabajadoras del sexo y escucharlas me abrió los ojos sobre por qué la gente trabaja en el trabajo sexual, y cómo la gente se siente al respecto, pero ¿qué pasa con el patriarcado? ¿Cómo reconciliar la venta del cuerpo femenino siguiendo siglos de degradación, sexualización y explotación de género? Como actualmente vivimos en un mundo patriarcal, es casi imposible saber si el trabajo sexual todavía existiría si viviéramos en un mundo equitativo, o incluso en un mundo que no fuera tan dependiente de la vergüenza, el miedo y el secreto. Tengo la sensación de que incluso si la sociedad fuera equitativa en todos los sentidos y no hubiera miedo o vergüenza en torno al sexo, todavía habría personas que querrían ser trabajadoras sexuales. Estoy basando este sentimiento en la sensación genuina de alegría y satisfacción que algunas trabajadoras sexuales dicen que obtienen de su trabajo y porque la mayoría de las mujeres que conozco que son trabajadoras sexuales me dicen que están contentas con el trabajo que han elegido.

Nunca olvidaré la pregunta que hice a una trabajadora sexual (que ahora se ha convertido en una amiga) cuando la conocí por primera vez:

    «¿Estás diciendo que algunas personas eligen activamente el trabajo sexual?»

“Sí”, dijo ella.

«Pero ¿algunas mujeres no lo hacen porque no pueden permitirse no hacerlo?», le pregunté.

«Sí. Hay gente a la que no les gusta su trabajo, no importa qué trabajo estén haciendo, como hay limpiadoras que no quieren ser limpiadoras, pero que son forzadas por la pobreza «, dijo.     «Sólo porque usamos otras partes de nuestro cuerpo para hacer nuestro trabajo, ¿significa que no debemos tener los mismos derechos y la misma seguridad que tú?»

No pude rebatir eso. Y ese fue el final de mi SWERFenismo.

Sé que muchas mujeres son anti trabajo sexual y para mí estas personas son muy parecidas a las antielección. Desean negar a las mujeres su propia autonomía y experiencias y muestran poco interés en abordar los temas centrales que hacen que algunas mujeres asuman el trabajo sexual, tales como pobreza, elevadas tasas universitarias o costos de cuidado infantil. ¿Por qué las SWERFs no luchan duro para acabar con la pobreza, para proporcionar más apoyos a las madres solas o para bajar los costes universitarios? ¿Por qué en su lugar atacan a las mujeres que — como el resto de nosotras— sólo están tratando de ganarse la vida? Sé de mujeres que no elegirían el trabajo sexual si tuvieran suficiente seguridad financiera, pero como no la tienen, el trabajo sexual es la opción que han elegido para llevar la comida a la mesa. Y por supuesto están las mujeres que quieren ser trabajadoras sexuales y disfrutan siéndolo. ¿Por qué estas mujeres deben ser criminalizadas, estigmatizadas y negadas, sólo por el tipo de trabajo que han elegido hacer (y sin importar por qué lo han elegido)?

Hay una paradoja esencial en ser una SWERF: ¿cómo puedes realmente ser una feminista si no escuchas y crees en las experiencias de otras mujeres? ¿Cómo puedes adoptar una visión tan paternalista hacia las trabajadoras del sexo y pensar que sabes lo que es mejor para ellas, incluso cuando están claramente diciendo lo contrario? Mis propios puntos de vista de SWERF vinieron de la ignorancia y de una clase condescendiente de ambiente de cruzada moral: «sé lo que es lo mejor para vosotras, mujeres caídas. Vamos y os ayudaremos a salir de vuestra terrible vida”. Nunca dije eso o lo pensé, pero estaba en la raíz de las creencias que tenía sobre el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales. Me estremece pensarlo ahora: qué condescendiente, qué arrogante, qué ofensivo. Estoy expiando públicamente por mis anteriores y espantosas maneras de SWERF y esperando que al hacerlo pueda llegar a algunas personas que están abiertas a nuevas ideas sobre las trabajadoras del sexo.

Había un montón de voces de SWERF encantadas por la implantación del modelo sueco/nórdico en Irlanda. Y, sin embargo, este modelo no ha reducido la venta de sexo en Suecia y sólo lo ha hecho más peligroso para las trabajadoras sexuales, por lo que se plantea la pregunta ¿a quién está sirviendo y por qué se sentiría nadie feliz por su implantación? Las SWERFs parecen felices de ignorar la evidencia y la investigación que muestran las muchas fallas peligrosas del modelo sueco/nórdico. He argumentado anteriormente que las SWERFs deberían ser llamadas SWERs, ya que no puedo encontrar ningún rastro de feminismo en un dogma que elimina las voces y la autonomía de las mujeres objeto de discusión y que son las más afectadas. Nuestras hermanas trabajadoras del sexo no deben ser arrojadas bajo el autobús por el bien de unos pocos moralizantes.

Me encantaría saber cómo las SWERFs reconcilian su «feminismo» con creencias que están perjudicando y en algunos casos matando mujeres. Tal vez, como me pasaba a mí, la mayoría de las SWERF nunca han conocido a una trabajadora del sexo o no han pensado mucho en lo peligrosas e hirientes que son sus ideas. Espero que algunas de vosotras consideréis uniros a mí para apoyar los derechos de todas las mujeres, independientemente de la profesión que hayan elegido para sí.

 

  • Una nota sobre la trata: La trata y el trabajo sexual son discutidos a menudo juntos como si las dos cosas fueran lo mismo, pero las trabajadoras sexuales consensuales no son lo mismo que alguien forzado a la esclavitud sexual. No conozco a nadie que piense que la trata de seres humanos está bien. Y ninguna trabajadora sexual que conozca quiere obligar a nadie a trabajar en el trabajo sexual contra su voluntad. El consentimiento es clave en el trabajo sexual (y en el sexo). Luchar por la despenalización del trabajo sexual y la seguridad de las trabajadoras sexuales no es una victoria para los tratantes. Se sale un poco de los límites de este artículo el tema, pero podéis encontrar un gran trabajo sobre los problemas con el modelo nórdico vinculándolo a la trata aquí (1) y la diferencia fundamental entre el trabajo sexual y la trata de seres humanos explicada maravillosamente aquí (2).

 

Quiero reconocer y agradecer a todas las mujeres que han dado tanto de su tiempo y su energía a enseñarme a mí y a otros acerca del trabajo sexual, (con un agradecimiento especial a Lucy Smith de Ugly Mugs que es una Shero total).

 

1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/02/14/asi-que-no-quieres-creer-a-amnistia-internacional-pues-mira-esto/

2.- http://thoughtsonliberty.com/stop-using-the-terms-sex-trafficking-and-sex-work-interchangeably