Derechos Humanos premia al colectivo feminista Hetaira por su defensa de las prostitutas

 

  • Mujeres de esta asociación recibirán el galardón el próximo viernes 13 de diciembre en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz
  • La Apdha convoca el martes 10 de diciembre a una marcha cívica que ya respaldan 74 organizaciones

 

M.Cádiz

4 de diciembre de 2019

https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Prostitucion-Cadiz-Derechos-Humanos-asociacion-feminista-Hetaira-prostitutas_0_1415858669.html

 

Hetaira, un colectivo feminista que trabaja en defensa de los derechos de las prostitutas desde 1995, recibirá el próximo viernes 13 de diciembre el premio que anualmente otorga la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha).

Mujeres de esta asociación que precisamente este año se ve obligada a cerrar sus puertas recogerán el galardón en un acto que se celebrará a las 18:00 horas en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz. 

El acto pondrá colofón a toda una semana de actividades en torno al 10 de diciembre, 71 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, día para el que hay convocada una marcha cívica por los Derechos Humanos que, partiendo del Castillo de Santa Catalina a las 19:00 horas hará varias paradas en reivindicación de los diferentes derechos. 74 colectivos respaldan ya esta convocatoria

Talía Ardana, coordinadora del área de Trabajo Sexual de la Apdha explicó que los premios que otorga la Apdha, como la propia Declaración, siempre han tenido vocación de universalidad, como demuestran los galardones concedidos a las mujeres lideresas colombianas, a la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Tánger o a la Asociación Marroquí de Derechos Humanos.

“FUE EL PRIMER COLECTIVO FEMINISTA EN REIVINDICAR LOS DERECHOS E INTERESES DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES”

“Teníamos una deuda pendiente con el colectivo Hetaira, fundado por un grupo de mujeres, algunas de ellas trabajadoras sexuales, otras defensoras de los derechos Humanos, y todas ellas feministas, con el fin de combatir el estigma social que recae sobre todas las personas que ejercen la prostitución en España,reivindicando de manera colectiva sus derechos e intereses como trabajadoras“, explica Talía.

“Fue el primer colectivo que en España entendió que la prostitución no debía ser una actividad degradante o contraria a la moral, como se concebía tradicionalmente. Dieron un complicado primer paso que a asociaciones como la nuestra nos sirvió para entender que no podemos hablar de Derechos Humanos obviando los derechos de las prostitutas ni que tampoco podemos hablar de los derechos de las prostitutas sin contar con ellas”, añade la activista.

“HETAIRA ES UN FARO PARA NUESTRA ASOCIACIÓN Y PARA LAS FEMINISTAS”

“Por eso Hetaira es un faro para nuestra asociación y para las feministas y de Derechos Humanos, más especialmente en estos tiempos en los que la prostitución parece ser un interés central para nuestros gobiernos; todos parecen tener la clave de qué debemos hacer con la prostitución y qué les conviene a las prostitutas; todo ello desde una ideología verdaderamente ciega, que no escucha ni le conviene escuchar lo que realmente están pidiendo las trabajadoras sexuales“, afirma Talía.

“Todo esto se viene traduciendo en medidas que criminalizan la prostitución, estigmatizan más aún a quienes la ejercen y, lo que es peor, vulneran sus derechos fundamentales, condenándolas a la clandestinidad“, concluye la activista.

Talía Ardana informó sobre el premio junto a Diego Boza y Rafael Lara, delegado y portavoz, respectivamente, de la Apdha, que explicaron el contexto de la conmemoración y los actos previstos.

“Un momento absolutamente crítico”

Diego Boza aseguró que nos encontramos en un momento absolutamente críticopor los recortes de derechos que se están sufriendo en toda Europa, recortes que se padecen especialmente en Andalucía. “El nuevo Gobierno andaluz está impulsandorecortes en educación, en igualdad y en libertades, de manera que si ya partíamos de una mala situación, esta se está intensificando. Es preocupante que desde algunos sectores se estén denostando los Derechos Humanos y defendiendo la discriminación“.

Boza se refirió también a la emergencia climática en las que estamos inmersos, que coloca a los personas más pobres en una situación de mayor exclusión, incluso entre los que trabajan. “El trabajo ya no basta para salir de la exclusión“, dijo el delegado de la Apdha.

Por último, Diego Boza puso de manifiesto que en Cádiz “nos encontramos en una provincia cada vez más empobrecida, con grandes sectores de población en situación de exclusión y con altas cifras de personas en prisiónuna provincia favorable al voto ultra donde es más necesario que nunca seguir trabajando para que no se sigan vulnerando derechos”.

Actos en Conil, Barbate, San Fernando, El Puerto y Puerto Real

Rafael Lara informó sobre el programa de actos en torno al 10 de diciembre, que se abrirá ese mismo día en Conil, con la inauguración de la Patera de la Memoria, una de las precarias embarcaciones que llegó recientemente al municipio jandeño repleta de personas en busca de un futuro mejor. Será a las 13:00 horas en el Paseo Marítimo, frente al reloj de sol.

El 11 de diciembre, en Chiclana, a partir de las 18:00 horas, habrá un punto de información. El día 12, a las 18:00 horas se proyectará el documental Madres Invisibles, en el Centro de Congresos de San Fernando, mientras que en El Puertose celebrará una conferencia y debate sobre La acogida en las dos orillas, en la que intervendrán Paula Domingo, de la Asociación Elín, de Ceuta, y José Chamizo, ex Defensor del Pueblo Andaluz.

El 14 de diciembre, a las 12:00, se realizará la tradicional lectura de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esta vez en el Mercado de Abastos de Barbate, en un acto al que seguirán actuaciones musicales. A la misma hora habrá un acto similar en la Plaza de Jesús de Puerto Real.

 

La salud mental de las trabajadoras sexuales

 

Revisión de los riesgos ocupacionales de las trabajadoras sexuales en comparación con otras profesiones de “riesgo”

Julio 2017

Prof. Teela Sanders; Stewart Cunningham; Dra. Lucy Platt; Pippa Grenfell; Dr. PG Macioti

https://www2.le.ac.uk/departments/criminology/people/teela-sanders/BriefingPaperSexWorkandMentalHealth.pdf

 

Este documento informativo se basa en una revisión bibliográfica de alcance de las investigaciones existentes sobre salud mental y trabajo sexual. Es parte de un proyecto más amplio de Wellcome Trust Seed Award, cuyo objetivo es comprender cómo la salud y la seguridad en el trabajo difieren entre las trabajadoras sexuales y otras profesiones que se establecen como ‘arriesgadas’ debido a la elevada prevalencia de violencia en el lugar de trabajo y la mala salud mental.

Este documento está dirigido a profesionales y proveedores de servicios que trabajan con trabajadoras sexuales y a investigadores en los campos del trabajo sexual y la salud mental. Si bien esta síntesis no es exhaustiva, tiene la intención de:

  • presentar los principales discursos y marcos de análisis sobre el trabajo sexual y la salud mental
  • identificar los principales factores que influyen en el bienestar mental de las trabajadoras sexuales
  • recomendar mejores prácticas y políticas para mejorar la salud mental de las trabajadoras sexuales
  • sugerir nuevas direcciones para la investigación orientada a la práctica sobre el trabajo sexual y la salud mental.

 

Métodos

Realizamos una búsqueda bibliográfica en seis bases de datos académicas (Ovid Medline, Psych Info, Web of Science, Embase, CINAHL Plus, Global Health) y Google Scholar para estudios cuantitativos y cualitativos relacionados con la salud mental y el trabajo sexual. También buscamos literatura gris, documentos escritos por trabajadoras sexuales, ONG e informes gubernamentales. Con el objetivo de abordar críticamente los discursos dominantes, analizamos toda la literatura relevante, independientemente de sus defectos metodológicos o éticos. También incluimos investigaciones sobre salud mental y trata de personas en la industria del sexo, para contextualizar la literatura sobre el trabajo sexual y porque la definición de trata a menudo no está clara y / o no está claramente diferenciada del trabajo sexual en la investigación. Anticipamos que la explotación laboral y la coerción junto con la superposición entre la trata y el trabajo sexual serían muy influyentes en la salud mental. En general, recuperamos 160 documentos. Realizamos búsquedas similares en la literatura para identificar investigaciones sobre enfermería y policía como profesiones “arriesgadas” de comparación.

 

Enfoques de investigación 

Identificamos tres enfoques principales para la salud mental y el trabajo sexual en la literatura de investigación:

1.- Investigación que asume y evalúa el daño inherente del trabajo sexual a la salud mental de las trabajadoras sexuales.

2.- Investigación que evalúa la salud mental de las trabajadoras sexuales por sus implicaciones más amplias para la salud pública

3.- Investigación que estudia la salud mental de las trabajadoras sexuales para mejorarla

 

La salud mental de las trabajadoras sexuales.

La mayoría de los estudios cuantitativos existentes sobre salud mental y trabajo sexual son con trabajadoras sexuales femeninas (TSF). La depresión, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el suicidio son los problemas de salud mental más estudiados en TSF. Aunque generalmente es alta, la prevalencia de problemas de salud mental entre las TSF varía considerablemente (por ejemplo, la prevalencia de la depresión varía del 10% al 100%) (Krumrei-Mancuso, 2012).

La mayoría de estos estudios se realizaron entre subgrupos particularmente vulnerables de TSF, como trabajadoras de calle, usuarias de drogas, inmigrantes indocumentadas, detenidas, trabajadoras de bajos ingresos de los países más pobres y aquellas que han sido víctimas de trata, donde la distinción entre las que son y las que no son víctimas de trata a veces está mal definida.

Esta investigación tiende a utilizar una alta incidencia de enfermedades mentales entre muestras específicas de TSF para demostrar la nocividad de todo trabajo sexual (por ejemplo, Farley, 1998).

Por el contrario, las investigaciones existentes que estudian diferentes sectores de la industria del sexo muestran una salud mental divergente entre los diferentes grupos de TSF. La mayoría de estos estudios se realizaronn en países donde el trabajo sexual está parcialmente legalizado y el acceso a diferentes sectores de la industria del sexo era más fácil, tanto para las trabajadoras sexuales como para los investigadores.

Según estos estudios, las TSF con estatus migratorio documentado, que tienen mejores condiciones de trabajo, que son autónomas y están más satisfechas con sus trabajos, disfrutan de una salud mental considerablemente mejor que otros grupos de trabajadoras sexuales (Rössler et al., 2010).

Los factores más asociados con problemas de salud mental entre las TSF son: exposición a violencia y trauma; ser forzadas al trabajo sexual por desventaja social; trata y explotación; malas condiciones de trabajo; estigma; baja autonomía; y falta de apoyo social (Rössler et al., 2010; Krumrei-Mancuso, 2016).

 

La salud mental de los trabajadores sexuales masculinos. 

Los estudios sobre enfermedades mentales entre los trabajadores sexuales masculinos (TSM) son escasos. Los problemas de salud mental más frecuentemente estudiados en TSM corresponden a los estudiados entre TSF. Se identifica una alta prevalencia de enfermedades mentales entre los TSM (Mimiaga et al., 2009). Sin embargo, los resultados de salud mental varían entre los subgrupos de trabajadores y dependiendo de los sectores de la industria en la que trabajan. La investigación cuantitativa con TSM generalmente se enfoca en evaluar la influencia de la enfermedad mental en los comportamientos de riesgo de VIH. Se encontraron correlaciones entre los problemas de salud mental y el aumento de las conductas de riesgo (por ejemplo, sexo sin protección) entre los TSM más vulnerables, consumidores de drogas y de calle, mientras que no se encontró correlación entre la alta prevalencia de depresión y las conductas de riesgo entre los escorts (Smith y Seal, 2008 ). La investigación comparativa encontró que la historia de tratamiento psiquiátrico es más frecuente entre los trabajadores varones de calle que entre los escorts de Internet (Mimiaga et al., 2009).

Entre los factores asociados con problemas de salud mental para los TSM están: estigma; homofobia; racismo / pertenencia a una minoría étnica; menos habilidades de afrontamiento; identidad sexual (Koken, 2014 y otros; Bar-Johnson y otros, 2014).

 

La salud mental de las trabajadoras sexuales transgénero.

Los estudios sobre salud mental y trabajadoras sexuales trans (género) femeninas (TSTF) son muy escasas, mientras que los estudios sobre los trabajadores sexuales trans (género) masculinos son prácticamente inexistentes. Se ha encontrado una alta prevalencia de problemas de salud mental en TSTF, con un 64% que informa haber intentado suicidarse (Nemoto et al., 2011). Los estudios relacionan cómo las TSTF se ven afectadas por el estigma y la violencia transfóbicos en este y otros entornos laborales y por la exposición a la violencia y el racismo en el trabajo sexual.

Entre los factores asociados con problemas de salud mental entre las TSTF están: estigma; transfobia; racismo; aislamiento; habilidades de afrontamiento menores o pasivas (Nemoto et al, 2011 y 2015).

 

El papel de la violencia.

Los investigadores han utilizado a veces la alta prevalencia de violencia y TEPT entre las muestras de trabajadoras sexuales como prueba de que la violencia es intrínseca al trabajo sexual y que los daños psicológicos a las trabajadoras sexuales son inevitables. (por ejemplo, Farley, 1998, Chudakov et al, 2002). Dicha investigación caracteriza el trabajo sexual como inherentemente dañino, pero ha sido criticado metodológicamente por seleccionar muestras vulnerables específicas e ignorar datos que no cumplen con los supuestos de los autores (Weitzer, 2005). En esta investigación, faltan grupos de comparación o son en gran medida inapropiados y no se consideran otros posibles determinantes de los problemas de salud mental, como la falta de vivienda o la exposición a la violencia.

A su vez, la investigación que se concentra en evaluar los vínculos entre el trabajo sexual y la salud mental, ya sea por preocupación por la salud pública o por la salud de las trabajadoras sexuales, encuentra que la enfermedad mental está estrechamente vinculada a factores estructurales y sociales como la violencia y las desventajas sociales. La experiencia de la violencia es, por ejemplo, un fuerte mediador del TEPT y otros problemas de salud mental. La exposición a la violencia, a su vez, depende en gran medida de los entornos de trabajo, del nivel de independencia de terceros (por ejemplo, gerentes o agentes) y del estatus legal (Sanders, 2016).

Por lo general, esta investigación ha utilizado metodologías para garantizar que los hallazgos sean más representativos, incluidas muestras diversas, transparencia en las preguntas de investigación que plantea y no partiendo de una posición que suponga que todo el trabajo sexual es perjudicial.

 

Estigma

En las últimas dos décadas, ha habido un cambio en la investigación del trabajo sexual de centrarse en los daños del trabajo sexual a analizar los efectos de las percepciones negativas sobre el trabajo sexual en la sociedad; es decir, en el estigma.

Al mismo tiempo, los investigadores y profesionales de la salud pública están prestando cada vez más atención a los factores estructurales, incluido el papel de la penalización y las condiciones de trabajo, en lugar de centrarse únicamente en los comportamientos de las personas.

También ha habido un cambio importante en cómo se entiende el estigma como un concepto, como algo que ocurre no solo en las interacciones entre personas individuales, sino que se basa y refuerza las desigualdades más amplias y las jerarquías de poder en las instituciones y la sociedad (por ejemplo, Parker y Aggleton, 2003). Según varios estudios empíricos, el estigma está fuertemente correlacionado con los problemas de salud mental de las trabajadoras sexuales (por ejemplo, Benoit, 2015). También se ha descubierto que el estigma impide que las trabajadoras sexuales accedan a la atención y el apoyo, debido a los temores y las experiencias de ser juzgadas o denunciadas a las autoridades (por ejemplo, Scorgie et al., 2013).

La investigación cualitativa longitudinal ha analizado los efectos a largo plazo del estigma entre las trabajadoras sexuales de interiores y de la calle. Se descubrió que el estigma internalizado del trabajo sexual había resurgido entre las trabajadoras sexuales en una etapa posterior de sus vidas, y los autores interpretaron que esto había empeorado su salud mental (Day y Ward, 2004). Sin embargo, es importante no generalizar tales hallazgos, ya que esto correría el riesgo de simplificar demasiado la situación al inferir que todas las trabajadoras sexuales en algún momento tendrán problemas de salud mental debido al estigma que enfrentan.

El estigma debe, más bien, entenderse como un proceso social y psicológico, que depende en gran medida de las desigualdades estructurales que se entrecruzan, como las relacionadas con la pobreza, el género, la sexualidad y la etnia, y las refuerza (Weitzer, 2017) .

El estigma puede ser combatido al abordar los factores estructurales de los que depende y las percepciones negativas del trabajo sexual en la sociedad. El activismo por los derechos de las trabajadoras sexuales, al representar imágenes positivas de las trabajadoras sexuales como sujetos y trabajadoras, en lugar de criminales o víctimas, juega un papel importante en este desafío (Weitzer, 2017). Además, la propia agencia y las habilidades de las trabajadoras sexuales para resistir el estigma previenen contra la idea de que el estigma, y sus efectos sobre la salud mental, es inevitable (Burnes et al., 2012).

De manera crucial, la investigación sostiene que la penalización del trabajo sexual es un factor central para exacerbar el estigma contra las trabajadoras sexuales (por ejemplo, Krüsi et al, 2014).

 

Afrontamiento y resistencia

Aunque todavía son escasos, los estudios que se concentran en las estrategias de afrontamiento y resiliencia de las trabajadoras sexuales están aumentando. Los estudios cualitativos y participativos revelan cómo el estigma y los desafíos emocionales del trabajo sexual son tratados por las trabajadoras sexuales (por ejemplo, Garofalo y Macioti, 2016). Entre las estrategias implementadas por las trabajadoras sexuales se encuentran: salidas del armario selectivas (revelar a ciertas personas en ciertas circunstancias); gestión de identidad; apoyo entre compañeras; persecución de una mayor autonomía en el trabajo; encontrar alternativas económicas; autocuidado.

Los estudios cualitativos sobre las expresiones de resiliencia entre las TSF encontraron que factores protectores como la educación, el apoyo social y el acceso a la atención médica aumentaban la resiliencia, que a su vez estaba vinculada a una mejor salud mental. Por el contrario, se descubrió que los niveles más altos de enfermedad mental, falta de vivienda, consumo de drogas y experiencia de victimización estaban relacionados negativamente con la resiliencia (Buttram et al, 2014).

Dichos estudios señalan la importancia de valorar y aprovechar la agencia y los recursos de las trabajadoras sexuales para apoyar efectivamente la mejora de su salud mental. También muestran cómo las habilidades de afrontamiento y resistencia dependen de factores estructurales y situacionales (como el acceso a la educación y el apoyo social). Por lo tanto, si bien reconocen la agencia, no asignan la responsabilidad de la curación y el cuidado únicamente a la trabajadora sexual individual.

Una revisión reciente de la literatura sobre el trabajo sexual y la salud mental advierte que las ideas preconcebidas sobre el trabajo sexual pueden llevar a los profesionales a estigmatizar aún más a las trabajadoras sexuales y hacer más daño en lugar de ayudar. Los autores sostienen que, para ser efectivos, la práctica psicológica y la investigación sobre el trabajo sexual deben adoptar una “lente basada en la resiliencia”, que considera a las trabajadoras sexuales como agentes y evita la reproducción de nociones de trabajo sexual como inherentemente perjudiciales (Burnes et al, 2012).

 

Las condiciones de trabajo

Incluso si la investigación existente no se ha centrado principalmente en la salud laboral y las condiciones de trabajo, su evidencia indica indirectamente que las condiciones de trabajo, así como los factores situacionales y organizativos en el trabajo sexual, son determinantes importantes de la salud mental de las trabajadoras sexuales. Varios factores fuertemente vinculados a la enfermedad mental entre las trabajadoras sexuales se relacionan, a su vez, con las condiciones de trabajo. Estos son:

  • Coerción

La trata de personas, el trabajo forzado y la explotación laboral se han relacionado con una peor salud mental entre las trabajadoras sexuales y entre las personas obligadas a realizar otras labores (Kiss et al., 2015).

  • Violencia

Las condiciones de trabajo más seguras son fundamentales para disminuir la incidencia de la violencia. Ahora se reconoce ampliamente que la penalización y la acción de la policía exacerban la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales a la violencia, y ciertos subgrupos de trabajadoras sexuales están particularmente expuestos a la violencia. Esto, a su vez, puede tener consecuencias muy negativas para la salud física y mental de las trabajadoras sexuales (Deering et al., 2014; Amnistía Internacional, 2015).

  • Autonomía

Los estudios han demostrado que las trabajadoras sexuales que tienen más autonomía sobre las decisiones en el trabajo tienen mejores resultados de salud mental (por ejemplo, Rössler et al, 2010). La autonomía en el trabajo también está influenciada por la legislación sobre el trabajo sexual, ya que la penalización y la falta de protección de los derechos laborales hacen a las trabajadoras sexuales susceptibles a relaciones de explotación (Sanders y Campbell, 2007). 

  • Apoyo social y de pares

El apoyo social y entre pares está estrechamente relacionado con la buena salud mental y está influenciado por las condiciones de trabajo. La penalización del trabajo sexual conduce a un mayor aislamiento dentro y fuera del trabajo, al aumentar el estigma y, a menudo, impedir que las trabajadoras trabajen legalmente juntas (Sanders, 2016).

  • Seguridad financiera

Las ganancias suficientes y la seguridad financiera son fundamentales para que las trabajadoras dependan menos de asumir un trabajo no deseado y peligroso. La presión financiera conduce a una menor autonomía y a una mayor exposición a la violencia, factores estrechamente relacionados con la enfermedad mental. Las multas y confiscaciones de los ingresos por la policía contribuyen a las presiones financieras.

Si bien cada uno de estos factores está interrelacionado, el estigma y la penalización del trabajo sexual son particularmente transversales.

 

Recomendaciones de políticas y prácticas

Después de nuestra revisión del alcance de la evidencia sobre salud mental y trabajo sexual, hemos identificado las siguientes recomendaciones de políticas:

  • las políticas deben abordar factores estructurales, como la pobreza y otras desigualdades (incluidas las restricciones de inmigración), para minimizar los efectos de la desventaja social en las decisiones y el bienestar de las trabajadoras sexuales
  • las políticas deben tener como objetivo aumentar la seguridad despenalizando el trabajo sexual y mejorando el acceso a la justicia, para disminuir la violencia y el estigma y fomentar la autonomía entre las trabajadoras sexuales
  • las políticas deben promover el acceso a servicios de salud mental gratuitos y que no hagan juicios y promover el apoyo entre pares

Recomendamos lo siguiente a los servicios de salud mental para trabajadoras sexuales:

  • los proveedores deben brindar apoyo integrador y sin prejuicios que no asuma que el trabajo sexual es inherentemente traumático, lo que podría llevar a no identificar los problemas específicos que enfrentan las trabajadoras sexuales individuales, evitar que hablen abiertamente sobre sus necesidades y estigmatizarlas aún más
  • los profesionales deben recibir capacitación específica contra el estigma en temas de trabajo sexual
  • se debe promover el apoyo entre pares, la educación y la formación entre pares

Recomendaciones para la investigación

La investigación futura sobre el trabajo sexual y la salud mental necesita:

  • identificar qué políticas de salud mental y trabajo sexual son más beneficiosas para diversos grupos de trabajadoras sexuales
  • identificar las mejores prácticas para el apoyo de salud mental a las trabajadoras sexuales y qué marco legal respalda estas mejoras
  • identificar las mejores formas de apoyar a las trabajadoras sexuales en las demandas emocionales del trabajo sexual relacionadas con el trabajo.
  • explorar con mayor profundidad los determinantes estructurales, comunitarios y del entorno laboral de la salud mental de las trabajadoras sexuales
  • explorar las estrategias de afrontamiento colectivas y propias de las trabajadoras sexuales, la resistencia al estigma y la producción de conocimiento sobre salud mental y bienestar

Para llevar a cabo lo anterior, pedimos a los investigadores que adopten los siguientes enfoques metodológicos:

  • implementar métodos participativos que involucren a las trabajadoras sexuales en la investigación para reflejar las prioridades de las trabajadoras sexuales y su propia experiencia de salud mental.
  • reclutar muestras diversas (especialmente en términos de género, etnia, sector, estado migratorio)
  • ser transparentes sobre las preguntas y métodos de investigación.
  • no asumir que las trabajadoras sexuales son necesariamente víctimas o que el trabajo sexual es inherentemente dañino sino reconocer la diversidad en las vidas y experiencias de las trabajadoras sexuales.

Específicamente, pedimos:

  • investigación comparativa transnacional que evalúe el impacto de entornos y condiciones laborales específicas bajo diferentes sistemas legales de trabajo sexual en la salud mental de diversos grupos de trabajadoras sexuales (por ejemplo, por género, sector, estado migratorio)
  • investigación internacional comparada sobre la provisión de salud mental bajo diferentes sistemas legales de trabajo sexual y políticas estatales sobre financiamiento de la atención de salud mental, para evaluar tanto la calidad como el acceso a la atención de salud mental para las trabajadoras sexuales
  • más investigación sobre las estrategias de afrontamiento propias y colectivas de las trabajadoras sexuales, la resistencia al estigma y la producción de conocimiento sobre salud mental y bienestar

 

Referencias 

Amnesty International. (2015). Decision on state obligations to respect, protect, and fulfil the human rights of sex workers. Amnesty International.

Bar-Johnson, M., and Weiss, P. (2014). Mental health and sexual identity in a sample of male sex workers in the Czech Republic.Medical science monitor: international medical journal of experimental and clinical research, 20, 1682.

Benoit, C., McCarthy, B., and Jansson, M. (2015). Occupational stigma and mental health: Discrimination and depression among front-line service workers. Canadian Public Policy, 41(Supplement 2), S61-S69.

Burnes, T.; Long, S.; Schept, R. (2012). A resilience-based lens of sex work: Implications for professional psychologists. Professional Psychology: Research and Practice, 43(2), 137-144.

Buttram, M., Surratt, H., and Kurtz, S. (2014). Resilience and syndemic risk factors among African-American female sex workers. Psychology, health and medicine, 19(4), 442-452.

Chudakov, B., Ilan, K., Belmaker, R., and Cwikel, J. (2002). The motivation and mental health of sex workers. Journal of Sex & Marital Therapy, 28(4), 305-315.

Day, S. and Ward, H. (2004). Approaching health through the prism of stigma: a longer term perspective. In S. Day and W. Day, H. (Ed.), Sex Work, Mobility and Health in Europe. London: Kegan Paul.

Deering, K. et al. (2014). A systematic review of the correlates of violence against sex workers. American journal of public health, 104(5), e42-e54.

Farley, M., Baral, I., Kiremire, M., and Sezgin, U. (1998). Prostitution in five countries: Violence and post-traumatic stress disorder. Feminism and Psychology, 8(4), 405-426.

Garofalo Geymonat, G., and Macioti, PG. (2016). Ambivalent Professionalisation and Autonomy in Workers’ Collective Projects: The Cases of Sex Worker Peer Educators in Germany and Sexual Assistants in Switzerland. Sociological Research Online, 21(4), 10.

Kiss, L. et al. (2015). Health of men, women, and children in posttrafficking services in Cambodia, Thailand, and Vietnam: an observational cross-sectional study. The Lancet Global Health, 3(3), e154-e161.

Koken, J. and Bimbi, D. (2014). Mental health aspects of male sex work Male sex work and society (pp. 223).

Krumrei-Mancuso, E. and Fitzgerald, K. (2012). Psychological Correlates of Engaging in Prostitution: A Review of the Literature: Pepperdine University.

Krumrei-Mancuso, E. (2016). Sex work and mental health: a study of women in the Netherlands. Archives of sexual behavior, 1-14.

Mimiaga, M., Reisner, S., Tinsley, JP., Mayer, K., and Safren, S.(2009). Street workers and internet escorts: contextual and psychosocial factors surrounding HIV risk behavior among men who engage in sex work with other men. Journal of Urban Health, 86(1), 54-66.

Nemoto, T., Bödeker, B., and Iwamoto, M. (2011). Social support, exposure to violence and transphobia, and correlates of depression among male-to-female transgender women with a history of sex work. American journal of public health, 101(10), 1980-1988.

Parker, R., and Aggleton, P. (2003). HIV and AIDS-related stigma and discrimination: a conceptual framework and implications for action. Social Science and Medicine, 57(1), 13-24.

Rössler, W., Koch, U., Lauber, C., Hass, AK., Altwegg, M., Ajdacic–Gross, V., and Landolt, K. (2010). The mental health of female sex workers. Acta Psychiatrica Scandinavica, 122(2), 143-152.

Sanders, T. and Campbell, R. (2007). Designing out vulnerability, building in respect: violence, safety and sex work policy. The British journal of sociology, 58(1), 1-19.

Sanders, T. (2016). Inevitably Violent? Dynamics of Space, Governance, and Stigma in Understanding Violence against Sex Workers. In Special Issue: Problematizing Prostitution: Critical Research and Scholarship (pp. 93-114). Emerald Group Publishing Limited.

Scorgie, F. et al. (2013). ‘We are despised in the hospitals’: sex workers’ experiences of accessing health care in four African countries. Culture, health and sexuality, 15(4), 450-465.

Smith, Michael D., and Seal, D. (2008). Sexual behavior, mental health, substance use, and HIV risk among agency-based male escorts in a small US city. International Journal of Sexual Health, 19(4), 27-39.

Weitzer, R. (2005). Flawed theory and method in studies of prostitution. Violence against women, 11(7), 934-949.

Weitzer, R. (2017). Resistance to sex work stigma. Sexualities, 1363460716684509.

 

Para más información, contactar, por favor, con

Prof. Teela Sanders

teela.sanderstlms1@leicester.ac.uk

La imagen audiovisual de la prostitución en las cadenas de televisión en España

 

Estudios sobre el Mensaje Periodístico ISSN-e: 1988-2696 http://dx.doi.org/10.5209/ESMP.55599

La imagen audiovisual de la prostitución en las cadenas de televisión en España1

Lucía Benítez-Eyzaguirre2

Recibido: 31 de marzo de 2016 / Aceptado: 16 de septiembre de 2016

Descargar PDF: https://revistas.ucm.es/index.php/ESMP/article/view/55599/50457

 

1 Este artículo se inscribe en el Proyecto de investigación “Prostitución y medios de comunicación: construcción de la realidad y recepción de los contenidos mediáticos”, para el Instituto de la Mujer.

2 Universidad de Cádiz. E-mail: lucia.benitez@uca.es

 

Resumen. El análisis de la información audiovisual sobre la prostitución permite aproximarse a los estereotipos que estigmatizan a las mujeres que la ejercen. La violencia estructural influye en la violencia simbólica de lo noticioso de la prostitución, un fenómeno poco atendido por los códigos deontológicos del periodismo. En este estudio se aborda la imagen transmitida por los noticiarios de TVE1, Cuatro Televisión, Telecinco y La Sexta Televisión durante octubre y noviembre de 2014. El análisis cuantitativo y cualitativo muestra que éstos proyectan una imagen relacionada con el delito, a pesar de que su ejercicio no está tipificado como tal.

 

Sumario. 1. La prostitución en los medios audiovisuales. 2. Metodología. 3. La prostitución en España y su tratamiento en los telediarios de las cadenas de televisión. 4. Categorías, calificativos, roles y actores. 5. Los protagonistas de la información y su tratamiento. 6. El análisis visual. 7. Las recomendaciones sobre el tratamiento de la prostitución. 8. La imagen y la información audiovisual en el tratamiento de la prostitución. 9. El noticiero televisivo, un formato sin contexto. 10. Referencias bibliográficas.

 

Cómo citar: Benítez-Eyzaguirre, Lucía (2017): “La imagen audiovisual de la prostitución en las cadenas de televisión en España”, en Estudios sobre el Mensaje Periodístico 23 (1), 325-341.

 

  1. Introducción 

Los estudios sobre la construcción de los mensajes mediáticos y, más en concreto, televisivos sobre la representación de las mujeres que ejercen la prostitución o sobre los diferentes actores que concurren en este tipo de noticias son muy escasos. Frente a ello, la temática está presente en debates sociales y en la opinión pública, con opiniones sobre la regulación, la abolición, la posición vecinal sobre la actividad, el tráfico de mujeres, la violencia o la publicidad.

Como antecedentes hay que señalar el análisis de Sapolsky & Tabarlet (1991), sobre la aparición del sexo en el prime time de la televisión de consumo masivo de Reino Unido en la década de los ochenta del siglo XX, y, claro está, también de la representación de la prostitución. A este le siguen los trabajos de McLaughlin (1991) y de Parish (1992) sobre el tratamiento de la prostitución en los contenidos televisivos. Sobre los efectos sociales de la representación televisiva, Grimes y Drechsel (1996) abordan un estudio de caso sobre la combinación del mensaje oral y visual, sobre variables de sexo y etnia, como un contenido susceptible de ser difamatorio. De forma genérica, los estudios más recientes en este campo son los de Wahoun (2007), sobre la representación de la prostitución en los medios de comunicación, y el de Boyle (2008) respecto a cómo se representa el sexo comercial en los documentales televisivos.

Otras referencias de interés son algunas investigaciones desarrolladas en Argentina, como la de Oliva, Elizari, Arnold e Iocca (2011), sobre la toma de conciencia de la trata en la violación de los derechos humanos, realizada a partir de una novela televisiva. O el trabajo en conjunto sobre los programas de la televisión en abierto de ese país, donde Von Lurzer (2013 y 2014) aborda la problemática de la mediatización de la experiencia de vida y su representación, donde detecta una “pedagogía moral de la televisión” acerca de los modos con que se representa a las mujeres que ejercen la prostitución, el cuerpo, la sexualidad o el dinero.

En el caso español, los trabajos son en su mayoría recientes, como el de Gómez y Pérez (2010), que desde el frame analysis se centran en el discurso de los clientes de servicios sexuales y sus imaginarios femeninos, en un estudio exploratorio que pone de manifiesto la relación entre los estereotipos femeninos y la cultura patriarcal: “La prostitución y su desarrollo en nuestra sociedad es síntoma de las relaciones de género en el que se evidencia un desajuste del discurso hegemónico igualitario imperante y la coherencia de sus acciones individuales”. En el mismo sentido, el trabajo de Álvarez, Castro, Cuevas y Puñal (2010) sobre los medios de comunicación gallegos destaca la ideología sexista de la agenda mediática, así como el enfoque desde la crónica de sucesos. Se complementa con el análisis de Clua (2015) sobre la imagen institucionalizada de las mujeres que ejercen la prostitución y del uso de su imagen en Internet, o bien con el enfoque contradictorio y paradójico común a otros relacionados con la sexualidad femenina (Rodríguez y Pérez, 2014).

La investigación académica ha producido más resultados alrededor de las temáticas en prostitución a partir del contenido de la prensa escrita, pero en cambio hay muy pocos antecedentes de su tratamiento en los informativos de las cadenas de televisión. Los primeros trabajos sobre este aspecto aparecen cuando la actividad se relaciona con otros contextos de exclusión, como la inmigración. Así, Olmos (2013) estudia los tópicos sobre pateras, mujeres embarazadas y prostitución desde las imágenes que ilustran estas informaciones en Canal Sur Televisión, con una metodología mixta que contempla también el análisis de la ausencia de las mujeres en las propias narrativas visuales. Concluye la autora que la representación mediática de las mujeres inmigrantes es reduccionista, sesgada y de victimización, como lo muestra el hecho de que, en tanto que actividad laboral, la prostitución aparezca a menudo asociada a la condición de inmigrante.

Estos trabajos sobre la representación audiovisual y televisiva se complementan con otros enfoques sobre la relación entre la producción mediática y las audiencias, a través del análisis del papel de los medios en la construcción de un imaginario sobre la prostitución y su ejercicio (Casado y Pérez, 2015), teniendo en cuenta que las contradicciones sobre su representación proceden en mayor medida de la falta de definición del marco legal de esta actividad que, probablemente, del propio ejercicio de la prostitución. Gómez, Casado y Pérez (2015) abordan la construcción de las identidades masculinas en España en relación con la prostitución, a través de entrevistas a clientes, trabajadores del sector y un grupo de discusión con clientes y no clientes. El análisis muestra estereotipos y modelos que perpetúan la lógica de la desigualdad de género: “La monetización de la relación sexual-laboral que se da en la prostitución constituye una de las formas más refinadas, aunque no la única, de convertir el objeto de deseo, en este caso una mujer, en mercancía” (Gómez, Casado y Pérez, 2015: 55).

 

  1. Metodología

Esta investigación parte del análisis del mensaje audiovisual sobre la prostitución y, de forma más concreta, sobre las mujeres que la ejercen, y que se proyecta a través de los medios informativos. Para ello, establecemos como objetivo principal el análisis de las noticias emitidas —un total de doce unidades informativas— durante los meses octubre y noviembre de 2014 en los informativos de mediodía de cuatro cadenas televisivas de España: TVE1, Cuatro Televisión, Telecinco y la Sexta. En principio, se planteó el análisis de la información en las seis principales cadenas españolas, pero de ellas en el periodo de estudio no se emitieron informaciones sobre la temática en TVE2 y en Cuatro Televisión. A partir del análisis audiovisual e informativo de las diferentes noticias seleccionadas se compararán los resultados con las recomendaciones de los manuales vigentes sobre recomendaciones para el tratamiento de la información sobre la prostitución.

La representación dominante de la prostitución y de las mujeres que la ejercen es limitada y estigmatizada, fruto de un dominio patriarcal que también ha relegado la preocupación por la cuestión en el ámbito periodístico. La temática de la prostitución es de las últimas que se incorpora en España a las guías de tratamiento informativo dirigidas a los profesionales de la información, y de hecho, las propuestas de autorregulación a través de manuales de recomendaciones aparecen más tarde que las publicadas sobre la atención a otros colectivos y minorías. Todo ello viene dificultando una representación más justa de las mujeres que ejercen la prostitución y la comprensión de aspectos ocultos de esta temática.

Para responder a esta hipótesis, se diseñó una metodología cualitativa exploratoria basada en el análisis de contenido de las unidades informativas seleccionadas, a través de la búsqueda de las diferentes noticias relacionadas con la prostitución durante el periodo mencionado. Para el análisis de contenido se ha utilizado como apoyo el software Atlas.ti 6.2, aplicando códigos sobre las informaciones según la temática, el marco de referencia o género de la información. Además, se analiza el papel de las personas que aparecen implicadas en el relato noticioso, así como también, cuando es posible, la argumentación alrededor de las causas, la repercusión social y el modo en que se denomina la prostitución.

 

  1. La prostitución en España y su tratamiento en los telediarios de las cadenas de televisión

La ambigüedad del ejercicio de la prostitución en España parte de que la actividad no cuenta con una regulación clara ni desde el ejercicio ni desde el consumo, mientras que, por otro lado, la prostitución forzada mediante engaño, intimidación o abuso, sí lo está. Así, mientas se mantenga sin regular y haya tolerancia social hacia su práctica, la ambigüedad será dominante en su comprensión.

Esta falta de regulación se relaciona con el papel de quienes la ejercen ya que al tratarse de una excepción legal, “las hace transitar desde la consideración de delincuente hasta víctima” (Casado y Pérez, 2015: 32). Su carácter marginal va desde lo social a lo simbólico, se entienden como víctimas con un planteamiento moralizante. Fruto de su estigma social, en los medios no se les reconoce el derecho a la palabra: “Se habla sobre ellas pero sin escucharlas. Tampoco se respeta su imagen en los medios de comunicación, ya que sólo son noticia cuando su situación particular permite reforzar los prejuicios previos. […] cubierto todo ello de un lenguaje proteccionista” (Juliano, 2005: 82-83)

La realidad social es una construcción discursiva (Berger y Luckman, 1986) a partir de propuestas legitimadas, como por ejemplo la televisión, que logra su in-fluencia en un proceso indirecto y complejo (Hawkins y Pingree, 1983). En el caso del tratamiento de la prostitución, el tratamiento es simplista, moralizante y reduccionista, ya que en general sólo muestra la actividad de las mujeres, mientras las clientelas aparecen excluidas de su retrato mediático (Casado y Pérez, 2015: 33). Así las cosas, la contradicción fundamental reside en que el país figura en el primer puesto del consumo de prostitución en Europa, pero la falta de regulación legal abre un debate social sobre las diferentes posiciones a adoptar al respecto y entre las que se construye una gran ambigüedad en la comprensión del fenómeno y en su aceptación.

Las informaciones analizadas para esta investigación muestran el sesgo en el enfoque del planteamiento relacionado mayoritariamente con los sucesos y la crónica judicial. Se ofrecen aquí los datos del análisis de las informaciones relacionadas con la prostitución se emitieron en los telediarios de las principales cadenas de televisión en España entre octubre y noviembre de 2014: la primera cadena de Televisión Española (TVE1), Cuatro Televisión (cuatro informaciones cada una de estas cadenas), Telecinco (2) y La Sexta (1); Antena 3 no emitió ninguna relacionada con la temática en su noticiario de mediodía, durante el periodo analizado, es decir, entre octubre y noviembre de 2014.

De esta muestra, la mayoría de las noticias se sitúan en la página de sucesos (12) o en la crónica judicial (4) y solamente en un caso se incluye en la sección de política. Por tanto, como enfoque genérico, las informaciones sobre la prostitución tienen un encuadre legal, como una construcción que produce consecuencias reales bien sea por la detención de los responsables, por el juicio a que son sometidos o por la valoración de la trata de seres humanos. Quizá por ello, la mayoría aparecen en el bloque de sucesos, entre otras informaciones relacionadas con la crónica negra, con los asesinatos, la violencia o los homicidios, con una única excepción antes mencionada.

También se generaliza una vinculación con la inmigración o se destaca la extranjería de las personas implicadas: la mayoría se señala que tienen nacionalidad o procedencia rumana, pero también se mencionan otras como la paraguaya, búlgara, china, nigeriana, rusa y dominicana. Así se asocia la trata a una serie de nacionalidades, incluso también en las propias declaraciones del Fiscal Coordinador de Extranjería, que aparece en una información en su condición de experto con la siguiente afirmación: “Lo que es explotación sexual provienen de Rumanía, países con gran número de víctimas, le sigue Nigeria y en tercer lugar China” [literal]. Solamente hay un caso en el que se habla de mujeres que ejercen la prostitución sin mencionar su nacionalidad, sólo indicando que son extranjeras: “La policía interroga a tres trabajadoras, aunque no hablan bien castellano y están en estado de shock, así que está siendo difícil”.

Discursivamente se encuadra la prostitución como un fenómeno externo a la sociedad española, destacando la condición extranjera de sus actores; sólo en una noticia se habla de mujeres españolas que ejercen la prostitución: “En 2013 se constató un incremento del número de mujeres españolas ejerciendo la prostitución, un fenómeno que ya empezó a despuntar con la crisis”. Se hace contextualizando el dato dentro del impacto de la crisis económica, con lo que, en cierto sentido, se trata de dar a entender que no es un fenómeno propio de mujeres españolas o que se han visto abocadas a ello por el contexto, al margen de la posible decisión propia y de que se trate de una opción laboral. Por tanto, se plantea la temática en función de factores económicos y sociales, tanto por la referencia a la crisis como cuando se menciona la situación concreta de personas o de colectivos afectados especialmente por ella.

 

  1. Categorías, calificativos, roles y actores

Los términos con que se expresa la prostitución en las noticias analizadas muestran diferentes posiciones en las responsabilidades y libertades. En la mayor parte de los casos se define como trata de seres humanos con fines de explotación sexual (12), aunque en otros casos también se hace referencia al tráfico de seres humanos (8) con fines de explotación sexual, al proxenetismo (5) o simplemente a la explotación. En cambio no hay entre las informaciones ninguna que aborde otras cuestiones, como la prostitución voluntaria, los problemas con el vecindario, el debate político o legal de la actividad, las repercusiones personales, sociales o económicas del ejercicio o de la explotación. Tampoco figura el enfoque de los compradores de sexo entre los argumentos de los relatos noticiosos, y sólo en algunos casos se profundiza con detalles sobre las condiciones del ejercicio.

De la misma forma, desde el punto de vista lingüístico, en la denominación de las personas que se prostituyen o son prostituidas (prostitutas, que se emplea un total de 12 veces) se aprecian las connotaciones sobre la posición del medio próxima al abolicionismo(mujer prostituida y esclava sexual) (0) o al regulacionismo (trabajadora sexual) (1). Este concepto de trabajadora sexual sólo se utiliza en una información de Cuatro TV, que define como empleada a una de las mujeres heridas en un tiroteo y como trabajadoras a otras tres mujeres que se dedicaban a la prostitución. En la mayor parte de los casos, se califica como una vulneración de los derechos humanos (9), o bien como una disfunción social (6) y, en un caso, como violencia de género. Sin embargo no se la conceptualiza como lacra ni como inmoralidad en ninguna de las informaciones analizadas. También se encuentra la coincidencia en el dominio del uso del término obligar (10) para referirse al ejercicio de la prostitución, insistiendo en la idea de que la actividad está provocada por presión externa, a partir de redes o bien por parte de proxenetas, lo cual también coincide con el mayor número de casos que se describe. También se utiliza la explotación sexual (8) o la trata de personas o de blancas (5).

Los roles concretos y responsabilidades en la descripción de los hechos y sucesos resultan de interés desde un análisis de género ya que, por ejemplo, al género masculino se le atribuye en la responsabilidad de los hechos de forma genérica —o se supone cuando se usan términos imprecisos a la hora de designar a quienes están al frente de las redes—. Así, se invisibiliza el papel de los responsables, e incluso el sexo de las personas, al generalizar o englobar con el concepto redes (6), o bien organizaciones (5), especialmente cuando se habla de las detenciones, los procesos penales, la desarticulación o bien los años de condena a prisión.

En todos los casos se describe a los hombres como responsables del sometimiento de mujeres para que ejerzan la prostitución, con la excepción de tres informaciones en las que se habla de hombres y mujeres como responsables de la organización de trata. En una información de Telecinco, también se hace referencia a dos mujeres acusadas de un delito de trata de seres humanos. En el análisis lingüístico de género, resulta también significativo que en todos los casos se relaciona el ejercicio de la prostitución con las mujeres, mientras que quedan fuera de la mención expresa tanto los hombres como los colectivos transgénero. Por su parte, las mujeres reciben el tratamiento de víctimas (en un total de 10 ocasiones), tanto de la explotación como de casos concretos de violencia y de malos tratos, de recibir palizas diarias. También se menciona que las mujeres son tatuadas (3 informaciones sobre el mismo suceso) por parte de los explotadores, indicando la supuesta deuda de la mujer con la organización, e incluso en un caso hay una referencia concreta al tatuaje de un código de barras con el que se trata de asimilar a la persona a un objeto mercantil.

Resulta interesante el análisis sobre las expresiones que describen las circunstancias en que las mujeres llegan al mundo de la prostitución. En tres ocasiones dicen haber resultado víctimas de engaño por parte de sus captores, a las que se podrían sumar otras de similares características como haber recibido promesas falsas de trabajo (2) o de conseguir un visado (1). Otro estilo de engaño que aparece reflejado de forma recurrente es el de los loverboys (2), que se definen como hombres que convencen a sus víctimas bajo diferentes argumentos como que les prometen un trabajo en España, logrando que se desplacen y caigan dentro de las redes de trata para ejercer en el destino la prostitución. En cuatro ocasiones se menciona el pago de deudas económicas y en una, la violencia como la causa directa de la prostitución.

 

  1. Los protagonistas de la información y su tratamiento

En el análisis de los actores que figuran en las informaciones televisivas sobre esta temática, el mayor número de referencias se realiza sobre las prostitutas (9), seguidas de miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (8), proxenetas (7), expertos (5) y una sola mención a un actor político. El interés de esta cuestión está sobre todo en el papel que se les otorga a la hora de convertirse en portavoces de los hechos, es decir, al relato o la valoración en voz propia que realizan. Lo más llamativo es que en todos los casos las mujeres que ejercen la prostitución se transforman en sujetos pasivos de lo noticioso, ya que en ningún caso se les concede la palabra. Todos los testimonios recogidos en las informaciones proceden del grupo de informantes o de expertos, pero nunca de las mujeres afectadas, las cuales aparecen en condición de víctimas.

De hecho, las noticias aparecen en prácticamente todos los casos sin testimonios, con la única excepción de un informe realizado con motivo del “Día europeo contra la trata de personas”, en el que se recogen declaraciones de cuatro personas. Los cuatro testimonios aportados son de expertos (una de la Guardia Civil, el Coordinador de la Fiscalía de Extranjería, una portavoz del Instituto de Migraciones y de la Fiscal de Extranjería) que definen diferentes aspectos de las prácticas de esas redes, y de los delitos y su investigación. Tanto la portavoz de la Guardia Civil como el Fiscal Coordinador definen a través de nacionalidades muy concretas tanto las redes como la procedencia de la explotación sexual, mientras que la portavoz del Instituto de Mi-graciones realiza afirmaciones sobre la gravedad del delito de la trata. Por último, la Fiscal de Extranjería facilita información sobre el número de mujeres que denuncian al proxeneta para acogerse a los beneficios de la colaboración policial —que supone conseguir un permiso de residencia y trabajo—, aunque no se facilitan datos que puedan ayudar a comprender la escasez de denuncias ni la situación de las mujeres que rehúsan hacerlas, probablemente por temor.

El informe se presenta además con un balance de las operaciones de la Policía y la Guardia Civil contra las redes de trata: a lo largo de 2014 hubo seiscientos detenidos por formar parte de las mismas o por colaborar con ellas, y se liberó a setecientas mujeres, mientras que en año anterior se rescató a más de 1.600 mujeres y se detuvo a 1.548 integrantes o colaboradores de redes de trata. Sin embargo, no se explica en ningún momento ese descenso tan llamativo —ya que supera el cincuenta por ciento—, que resulta serlo mucho más si se tiene en cuenta que al inicio de la información, se decía que el Gobierno “ha anunciado medidas para privar del beneficio económico a delincuentes que se dedican a la trata de mujeres y reforzará los mecanismos de prueba en los procesos penales”.

 

  1. El análisis visual

La fuente documental de la representación audiovisual de la información sobre la prostitución en las cadenas de televisión en España es la policial. En todas las informaciones aparecen imágenes facilitadas por el Cuerpo Nacional de Policía o por la Guardia Civil, es decir, que son las que documentan estas informaciones, e incluso en algunas de ellas de forma exclusiva. Las dificultades de los medios para el acceso a los escenarios noticiosos en muchos casos, o los problemas que conlleva grabar escenas anónimas relacionadas con el ejercicio de la prostitución se encuentran en el origen de este sesgo informativo, que tiene efectos de interés de cara a la percepción pública de la prostitución.

Desde el punto de vista de la recepción de los contenidos, las imágenes grabadas por las fuerzas de seguridad del Estado contribuyen a la confusión generada por la alegalidad del ejercicio de la prostitución, y a una compleja construcción de la idea de que estas mujeres son delincuentes, más que víctimas. Son imágenes de marginación —en las que estas mujeres aparecen en muchos casos con esposas o con las muñecas inmovilizadas— que contribuyen a esta lectura de la prostitución como actividad delictiva. Visualmente resulta fácil relacionar la prostitución con el delito, ya que en las imágenes no se diferencia el papel de los diferentes agentes o protagonistas de la noticia. Las imágenes tienen, además, un carácter simbólico con el que aumenta la cosificación y el uso simbólico de la posición de estas mujeres, a causa de la alegalidad o falta de regulación de la actividad, y por la tendencia social a estigmatizar a toda persona que se relaciona con la delincuencia.

Este retrato de enfoque delictivo se hace homogéneo en terminados criterios de realización, como es el uso de un encuadre preferente que trata de evitar los rostros de las personas relacionadas con el hecho informativo; entre éstas se incluye tanto a los agentes de la Policía o de la Guardia Civil —para preservar su identidad y evitar represalias—, como a los detenidos —por la presunción de inocencia necesaria—, e incluso a las mujeres que ejercen la prostitución —también en relación con la reserva de su intimidad—. Sin embargo, este filtro supone que, visualmente, se asocia el ejercicio de la prostitución con el delito de forma sistemática. Es, en cierto sentido, la consolidación de un enfoque moralizante, ya que en el contexto en el que se retratan estos sucesos no hay muchas oportunidades para mostrar una imagen normalizada de estas mujeres.

En el setenta por ciento de las informaciones analizadas aparecen planos procedentes de grabaciones policiales o de la Guardia Civil como único recurso disponible, y en el treinta por ciento restante, además de las imágenes de las fuerzas de seguridad, aparecen algunos planos de producción propia o de archivo. Es el caso de la noticia sobre el juicio contra catorce personas por explotación sexual, emitida el 11 de noviembre en los telediarios de tres cadenas diferentes (TVE1, Cuatro y Telecinco), las cuales coinciden en señalar la nacionalidad de los acusados (rumana) y el ejercicio forzado de la prostitución. El tratamiento audiovisual coincide, ya que se emplean imágenes propias sobre la llegada de los detenidos al juzgado y de los primeros minutos de la vista oral —muy similares en las tres cadenas— con las imágenes policiales de archivo de la detención de la banda. También coinciden en destacar el tatuaje de código de barras que mostraban algunas mujeres prostituidas. Cuatro Televisión es la cadena que destaca por un mayor detalle en las imágenes y el uso de la producción propia para ilustrar calles donde se ejerce la prostitución, en las que aparecen las mujeres con la cara difuminada. De la misma forma, TVE1 y Cuatro Televisión coinciden en el uso de las mismas imágenes de origen policial en la noticia sobre la detención una banda de trata de mujeres rusas, registrada en Almería el 1 de noviembre, cuyas facciones también se difuminan; la cadena privada, por su parte, recurre de nuevo a la producción propia para mostrar a las mujeres cuando salen esposadas del club y al entrar en el coche policial, con encuadres que también evitan sus rostros.

En el planteamiento audiovisual de todo el corpus analizado hay tres excepciones destacables. La primera es una noticia de Telecinco que relata los abusos y la explotación sufrida por una mujer por parte de su propia familia, porque se emite en directo en el informativo a través de una reportera que aparece en viñeta, mientras al fondo se ven imágenes del edificio donde se produjeron las detenciones. En segundo lugar, el informe que emite Cuatro Televisión sobre los negocios políticos corruptos, donde se menciona la prostitución como un premio por la firma de estos negocios. Las imágenes que se utilizan son las de una cacería y los propios retratos de los políticos, aunque no aparece ninguna referencia visual a la prostitución. El último caso singular es el de un suceso, ocurrido en un club de alterne de Medina del Campo, donde hubo dos muertes, y que fue emitido por la cadena Cuatro. El tratamiento visual de la información es genérico sobre el crimen, al margen del contexto en el que se desarrolla, un club de alterne. Las imágenes de los equipos de la televisión, obtenidas in situ, muestran la actividad policial y reflejan más el crimen que el ambiente del prostíbulo.

El informe emitido por Televisión Española con motivo del “Día europeo contra la trata de personas”, mencionado antes, resulta de especial interés para el análisis visual, ya que se ilustra con imágenes de diferente procedencia, de una forma confusa y carente de criterio. En primer lugar y como introducción aparece una información en formato colas sobre dos operaciones policiales relacionadas con la trata de seres humanos de esa misma jornada, ilustrada con imágenes policiales, en las que la cámara sigue la acción de la detención, del registro y de documentos con nombres de chicas y cantidades de dinero. Le sigue, a paso de página, un informe sobre el tema que comienza con imágenes de un edificio de la Guardia Civil, de las que pasan a las de una chica morena de piel, de espaldas y con sujetador rosa —que parece proceder de la intervención y la grabación policial—. Después aparece el testimonio de una experta, una capitana de la Guardia Civil, perfectamente uniformada, y vuelven a recurrir a imágenes de las fuerzas de seguridad de una detención en un prostíbulo, en las que el rostro de las mujeres sin esposar durante el registro policial aparece difuminado. A continuación, con otro criterio diferente, se ve a dos hombres trajeados de forma impecable: son el redactor de la información y el Fiscal Coordinador de Extranjería, que será quien realice la siguiente declaración. De nuevo se vuelve a los planos policiales en el lugar de las detenciones, con tres mujeres esposadas y las manos con guantes de la policía cogiendo un cuchillo. Ahora se ve con aspecto formal a la representante del Instituto de Migraciones y también a la Fiscal de Extranjería, ya que ambas intervienen como expertas. Esta parte de la noticia se ilustra con imágenes de recurso de unas jornadas, al parecer sobre la misma temática y en ámbito universitario, sobre las que no se hace referencia alguna en ningún momento. La información se cierra con planos de elaboración propia de un club de alterne de carretera, con luces de neón de color y coches pasando por delante.

Este informe muestra ausencia de criterio en el uso de la imagen, ya que no aparece contextualizada por el relato ni por ningún otro tipo de información, y con saltos visuales continuos que inducen a confusión en el relato de lo noticioso al mezclar contextos y personas: las imágenes policiales no diferencian el contexto de las detenciones, no explican que la prostitución no es un delito y no destacan cuando se trata del delito de trata de seres humanos. Todo esto mientras aparecen expertos —bien vestidos y marcando diferencias respecto al contexto anterior— que son los únicos con voz propia para teorizar o analizar datos sobre la incidencia del fenómeno. El tratamiento visual resulta simplista y moralizante, destaca lo noticioso sin explicar roles ni detalles.

 

  1. Las recomendaciones sobre el tratamiento de la prostitución

La preocupación por la representación de la prostitución y de las mujeres que la ejercen es tardía y reducida en España, tal y como pone de manifiesto el análisis cuyos resultados se exponen en este artículo. De hecho, no se trata sólo de una conclusión del análisis de contenido de las informaciones del corpus de la investigación, sino también del realizado sobre los manuales de estilo y recomendaciones profesionales publicados en España. Del recorrido bibliográfico realizado por estos códigos, la primera evidencia que se obtiene es que la temática de la prostitución es de las últimas que se incorpora en España a las recomendaciones dirigidas a los profesionales de la información, y se hace en el contexto de los intentos de autorregulación en la profesión. Estos códigos sobre el tratamiento de minorías se han redactado a menudo por diferentes asociaciones o colegios profesionales con el apoyo y asesoramiento de organizaciones y colectivos relacionados.

La temática de la prostitución, la representación de sus actores o la necesidad de proteger a las mujeres relacionadas con ella no figuran de forma expresa entre las cuestiones que abordan los libros de estilo de las cadenas televisivas, que en su mayoría ni siquiera mencionan la cuestión, como es el caso de la Corporación RTVE. En el Libro de Estilo de Canal Sur Televisión, la palabra prostitución sí figura en su índice, pero sólo de cara a la definición del rol en distintos contextos, así como en el relato de la evolución del concepto violencia doméstica, en concreto como prostitución forzada, o bien en la del maltrato a menores.

Este hecho muestra sin lugar a dudas que el estigma sobre las personas que ejercen la prostitución ha evolucionado menos que el de otros colectivos como migrantes, minorías étnicas o menores, a los que se ha dedicado una mayor atención y sobre los que hay más iniciativas de autorregulación. De hecho, las referencias a la prostitución aparecen precisamente en los manuales y códigos relacionados con otras minorías, para evitar que se registren confusiones en la relación de estos colectivos y el ejercicio de la prostitución. Así, la cuestión aparece por primera vez en los manuales sobre el tratamiento de las migraciones y los migrantes, ante la posibilidad de asociar a las mujeres de otras nacionalidades o víctimas del tráfico de personas con la prostitución. Se trata de advertencias sobre el riesgo de identificar a colectivos vulnerables con delitos de diferente tipo o con el ejercicio de la prostitución, equiparando esta actividad en algunos casos a la comisión de un delito. Todo esto muestra que otros colectivos han reclamado y conseguido mayor atención sobre su situación y tratamiento en los medios de comunicación, mientras que el mundo de la prostitución ha quedado relegado y, generalmente, asociado al delito.

Entre las propuestas de recomendaciones genéricas, destacan las realizadas en la guía de Servimedia “Periodismo social. El compromiso de la información” (2007: 53-54). Este manual profundiza en el tema más que los libros de estilo referidos con anterioridad, e incluso diferencia por género el impacto de la definición de la actividad, recomendando el uso de la expresión “trabajador o trabajadora sexual” para quienes la reivindiquen. Argumenta de esta manera la necesidad de una regulación laboral para la actividad, así como de la necesidad de diferenciar la elección de la actividad como relación económica, a la vez que pide distinguir los distintos contextos donde se ejerce la actividad. Por ejemplo, cuando ésta tiene lugar en un contexto mafioso, destaca la importancia de poner el acento en las coacciones, agresiones y situaciones forzadas hacia las mujeres. En este caso recomienda el uso de las palabras “mujeres prostituidas”, “tráfico de mujeres” y “esclavitud sexual”. El manual reclama también el uso de un lenguaje directo y claro en los términos relacionados con la prostitución y con las personas que la ejercen.

Desde la perspectiva de género, los primeros manuales en atender la cuestión y facilitar recomendaciones son los relacionados con la violencia de género, que siempre mencionan la prostitución forzada entre las formas de violencia contra las mujeres. Desde esta perspectiva, comienzan a concretarse recomendaciones dirigidas a los profesionales para diferenciar la prostitución de la trata y de la explotación sexual, aunque no del ejercicio libre de la actividad.

De forma concreta y específica, el primer manual español con recomendaciones sobre el tratamiento de la prostitución en los medios de comunicación es el que publicó Yolanda Alba (2000). También se aborda la cuestión en el capítulo de libro de Belén Puñal (2007), que trata de profundizar en las claves que ayudan a contextualizar la información sobre la prostitución, como una aportación dentro del manual “Buenas prácticas periodísticas desde la perspectiva de género”.

El manual elaborado por el Grupo de Estudios sobre Prostitución Islas Baleares (GEPIB, 2013) “Reflexiones y recomendaciones. Buenas prácticas informativas sobre prostitución” parte de un análisis del tratamiento de la prensa escrita en Baleares, en cuyas conclusiones coincide con el diagnóstico del estado de la cuestión que también aborda: el sensacionalismo, la falta de variedad y diversidad de fuentes, la criminalización y la invisibilización con que se presenta el fenómeno. Todo ello, tal y como se destaca en el manual, sería el fruto de la interpretación y la visión de los profesionales de la información, fundamentalmente.

El más reciente manual monográfico con recomendaciones para el abordaje informativo de la prostitución es el que ha publicado el Ayuntamiento de Barcelona (2015). Sintetiza las cuestiones centrales de la problemática, exigiendo precisión a la hora de diferenciar el ejercicio libre de la trata y el tráfico de seres humanos, la perspectiva de género, la pluralidad de las fuentes y la visibilización de los diferentes agentes, especialmente de quienes se lucran o delinquen con la prostitución. Asimismo reclama compromiso con la transformación social por parte de los medios mediante el rechazo de la publicidad sobre la temática, del sensacionalismo y el morbo, de los estereotipos y prejuicios. Alerta de la inclusión sistemática de este tipo de informaciones dentro de la crónica de sucesos, de la que habría que desligarla, y considera necesario ampliar su marco de análisis y presentación a las causas, al contexto y a las consecuencias. De la misma forma, exige dar voz a las mujeres que ejercen la prostitución y respetar su derecho a la dignidad e intimidad. Dentro de ese criterio transformador destaca su apuesta por la formación, la investigación y la difusión de fenómeno de la prostitución y del tráfico y la trata de seres humanos dentro del colectivo de profesionales de la información, además del seguimiento de las informaciones, de las recomendaciones y de su impacto.

 

  1. La imagen y la información audiovisual en el tratamiento de la prostitución

Las informaciones televisivas a menudo facilitan la reproducción de mitos y estereotipos no sólo por su brevedad y por su enfoque, sino por la capacidad de síntesis de la imagen, y por la falta de rigor y de criterios de los profesionales en su selección y uso. De hecho, la aparente simplicidad de la imagen se suma a una creciente tendente a la espectacularización de la información televisiva que contribuye a planteamientos sensacionalistas de muchos problemas, y a establecer relación entre determinadas temáticas y los sucesos y la delincuencia.

A pesar de que estos manuales de recomendaciones suponen un avance significativo para el abordaje informativo de la prostitución, los criterios y aportaciones son de carácter genérico para los medios de comunicación, y relegan a menudo la importancia de la imagen y de la información audiovisual. De hecho, aunque en algún caso éstas se mencionan de forma concreta, no se plantean soluciones para las dificultades concretas que tienen los medios audiovisuales al abordar estos hechos noticiosos. Así por ejemplo, la recomendación número 3 del Ayuntamiento de Barcelona —“Hacer visibles las personas que se lucran y/o delinquen a través de la prostitución y los usuarios que la hacen posible, sacando del foco mediático las mujeres que la ejercen”— tiene como principal dificultad el respeto a la intimidad y a la presunción de inocencia. Es decir, que al evitar que se pueda identificar a las personas que ejercen la prostitución salvo que se cuente con su autorización expresa, se limita más aún la ya reducida posibilidad de tratamiento visual de estas informaciones, siempre aquejado de falta de imágenes y de las dificultades para obtenerlas.

De todas las publicaciones mencionadas, el manual elaborado por el GEPIB (2013), aunque insiste en cuestiones abordadas por otros decálogos, es el único que se detiene de forma singular y novedosa en el tratamiento de las imágenes y en su impacto en la creación de impresiones: “Las imágenes son lo primero que llama la atención a la hora de descodificar un mensaje. Al mismo tiempo están llenas de contenido. Por esto se tendría que tener un cuidado especial en su elección. Hay que huir de toda visión morbosa o sensacionalista que perpetúe el estigma social” (GEPIB, 2013: 26). Con este criterio, rechaza el uso de material de archivo porque se utiliza fuera de contexto temporal, y exige el consentimiento de las personas grabadas, así como el respeto en el tratamiento visual y en el comportamiento de los profesionales a la hora de captar las imágenes, evitando el acoso que en ocasiones puede llegar a registrarse sobre las mujeres y los protagonistas de la información (GEPIB, 2013: 26-27). El manual pide también diversidad en la representación de los actores relacionados con el fenómeno, incluyendo el papel masculino atribuido a clientes, proxenetas, así como a los profesionales de atención como son los trabajadores sociales para mostrar una visión más inclusiva y completa. Esta guía también contribuye a la construcción de alternativas proponiendo redimensionar la información sobre prostitución, incluyendo historias de más largo recorrido que permitan narrar las transformaciones personales de las mujeres que la ejercen. Se pretende por esta vía profundizar en las causas de la trata y la explotación sexual como un enfoque para luchar contra estas prácticas. En general, el manual busca evitar el análisis moralista o los planteamientos morbosos de los hechos noticiables y de interés social, por ello propone priorizar la información de utilidad ciudadana como el uso el teléfono contra la trata sexual.

 

  1. El noticiero televisivo, un formato sin contexto

El análisis del corpus de informaciones relacionadas con la prostitución evidencia las dificultades del formato de los noticieros televisivos para contextualizar este tipo de noticias, así como para una comprensión amplia y compleja de la realidad de la prostitución y de la posición de las mujeres que la ejercen. El relato noticioso televisivo está sintetizado, es de brevísima duración, su narración está fragmentada y aparece de forma instantánea e inconexa respecto a otros hechos. Se apoya sobre todo en unas imágenes que dificultan la comprensión, a la vez que alimentan el mito de la transparencia y de la ausencia de manipulación que se atribuye al medio televisivo. La lógica de lo noticioso en la televisión se aleja de la profundidad ya que, por ejemplo, la información sobre el “Día europeo contra la trata de personas” no cuestiona los datos oficiales ni profundiza en las propias cifras que aporta.

Los rasgos comunes de las noticias analizadas retratan la prostitución como un fenómeno alejado de la complejidad social. Los elementos económicos y sociales sólo forman parte de la narrativa periodística como un modo de justificar la dedicación de estas mujeres a la prostitución, mientras aleja la posibilidad de contemplar su ejercicio voluntario. Desde esta posición resulta más fácil trivializar e incluso aproximarse a un enfoque simplificado, estereotipado o sensacionalista.

Como ya se ha mencionado, la temática se relaciona casi siempre con los sucesos, la delincuencia e, incluso, en algún caso con la inseguridad ciudadana o el crimen. Resulta curioso que este planteamiento haya jugado a favor de la protección de la imagen y de la identidad de las mujeres que ejercen la prostitución, evitando que puedan ser identificadas sin su consentimiento —en las noticias de sucesos se protege especialmente la identidad de los protagonistas para respetar su presunción de inocencia—, pero también es cierto que invisibiliza a otros actores.

En estas ocasiones se produce una sobrerrepresentación de las mujeres en la información, pero sólo como factor de una estrategia de invisibilización de la clientela, y ello a pesar de que es la demanda de este colectivo la que estimula las redes, la trata, o la delincuencia que aflora siempre de manera transversal o soterrada. Esta hiperrrepresentación de las mujeres va acompañada de su silenciamiento, de la captura de la imagen en ausencia de su voz. Es el tratamiento que no sólo reciben a menudo en las noticias las mujeres que ejercen la prostitución, sino también otros colectivos minoritarios y vulnerables, de quienes se habla pero a quienes no se permite hablar, o al menos no narrar con voz propia su propio relato, es decir: no hay opción a que estas protagonistas expliquen su situación, circunstancias y razones. El tema de las voces que construyen la información tiene un especial interés, por cuanto la palabra es poder y autoridad. Por tanto, la selección de quienes tienen voz, para relatar un hecho revela una ideología sobre la autoridad y el poder en la información.

Para valorar la cuestión, también hay que tomar en consideración que una de las dificultades que se detectan a partir del análisis, además de las derivadas de la producción informativa, está relacionada con el acceso a las propias mujeres que ejercen la prostitución. En la muestra analizada sólo hay una información —la relacionada con el “Día europeo contra la trata de personas”— en que se aportan testimonios, todos ellos de expertos y ninguno de alguna persona que se dedique a la prostitución. Son personas ligadas al contexto policial y judicial quienes relatan la situación de las mujeres prostituidas y se pronuncian sobre la cuestión con la misma posición de distancia y superioridad con que lo hacen los propios periodistas. Se muestra la autoridad y rango que se otorga a cada uno de los expertos en la forma en que se presentan en pantalla y en el uso de la palabra que, en ocasiones, utilizan como fuente de expresiones negativas sobre el hecho que comentan, o incluso para sanciona moralmente la posición de las personas prostitutas o prostituidas. Es decir, que frente al tópico de que la falta de conocimiento de los periodistas sobre esta realidad implica el riesgo de que usen términos más negativos, se constata que los expertos también pueden cometer el mismo error.

Todo ello nos lleva a confirmar la hipótesis inicial de que el tratamiento de la prostitución los medios de comunicación, y más en concreto de los informativos televisivos, es limitado, negativo y superficial, y carece de procesos de análisis previo que mejorarían su comunicación y la comprensión social de estos fenómenos. Los medios prestan una atención mínima a las cuestiones relacionadas con la prostitución, que están invisibilizadas o ausentes de los manuales de estilo, bien porque resultan desplazadas por las recomendaciones y la atención que reclaman otras temáticas de carácter social o bien por colectivos que han logrado una mayor pujanza a la hora de reivindicar una representación mediática más justa. Sin embargo, la falta de conciencia de la importancia del tratamiento de la prostitución sobre la imagen de las mujeres tiene un impacto muy negativo desde el punto de vista de género ya que consolida una representación sexista y patriarcal.

 

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Lucía Benítez Eyzaguirre es periodista, redactora de Canal Sur Televisión. Es Profesora Asociada (Acreditada Titular) del Departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz.

La antropóloga que se infiltró en un burdel: “Me llamaban puta sólo por estar junto a ellas”

 

IRENE HDEZ. VELASCO

@irenehvelasco

19 de octubre 2019

https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/10/19/5da9a9c221efa04a6e8b463b.html

 

Armada con una libreta y un boli, una profesora de la Universidad Pontificia Comillas se infiltró durante un mes en varios clubes de España para conocer el mundo de la prostitución desde dentro

 

FOTOGRAFÍAS: ANTONIO HEREDIA

 

Hay antropólogos que se van a una remota isla de Papúa Nueva Guinea a estudiar el comportamiento de una tribu que vive aislada en medio de la selva.

Y hay otros como Carmen Meneses-Falcón.

Esta madrileña se metió a vivir en varios burdeles para ver cómo funcionan y qué ocurre exactamente en el interior de esos 1.670 establecimientos de compraventa de sexo que, según datos de la Policía, hay repartidos por toda España y que han proliferado en las últimas décadas tras la suavización del delito de proxenetismo en el Código Penal.

«Cualquier antropólogo trata de ver con sus propios ojos todo lo que pueda del grupo que está estudiando», cuenta Meneses-Falcón. «Y eso es exactamente lo que he hecho. Es la mejor metodología para entender en profundidad un fenómeno».

Armada con una libreta y con un bolígrafo, esta profesora de antropología en la Universidad Pontificia Comillas en Madrid -que ya había realizado antes varios estudios sobre prostitución- residió en total en cuatro burdeles: dos situados en Galicia, uno en el País Vasco y otro en Andalucía. En cada uno de ellos pasó entre 8 y 10 días ininterrumpidos. Y allí, sobre el terreno, vio la realidad que esconden esos locales que encierran a un número importante de mujeres y que ha publicado en forma de artículo académico en The Social Science Journal bajo el título Living in the brothel (en castellano, Viviendo en el burdel: observación en contextos ocultos).

El primer desafío era encontrar puticlubs dispuestos a alojarla. Un policía puso a Carmen en contacto con dos empresarios dueños de burdeles, uno en Andalucía y otro de Galicia, quienes accedieron a que se alojara una temporada en sus establecimientos. Por su cuenta, ella había entrevistado a varios dueños de locales de venta de sexo para otro estudio que estaba realizando y logró convencer a dos de ellos (uno más en Galicia y otro en el País Vasco) de que le alquilaran una habitación durante una temporada.

Son espacios masculinos donde hay mujeres al servicio de los hombres. Necesitaba permiso para poder acceder

«Las mujeres tienen vedada la entrada a los burdeles», cuenta Carmen. «Son espacios masculinos donde hay mujeres al servicio de los hombres. Alguien como yo, que estaba fuera de ese contexto, necesitaba obtener permiso para poder acceder a ese espacio».

El siguiente problema era proponer su proyecto a su universidad… Una universidad católica.

«Anunciar en tu universidad que pretendes hacer inmersión en varios burdeles y vivir allí una temporada para hacer una investigación desata todas las alarmas en relación a los posibles peligros que puedes afrontar», admite Carmen. Por no hablar del problema de imagen que generaba aquello :«Digamos que no es la publicidad que mi universidad deseaba».

Su remedio fue expeditivo: primero realizó la investigación y luego contó que la había hecho.

Carmen se había marcado varias pautas éticas antes de entrar en los puticlubs. La más importante: «Tenía muy claro que no quería ser testigo de abusos a las mujeres, que mi trabajo terminaría en el mismo momento en que detectara algún tipo de agresión o coerción contra las mujeres del burdel. Tenía decidido de antemano que si eso ocurría llamaría a la policía y actuaría como testigo, dando por finalizada mi investigación».

Pero no ocurrió. «Sí que vi que en los burdeles personas ajenas a los mismos vendían de manera ilegal antibióticos y benzodiacepinas (medicamentos ansiolíticos que se suelen usar para el tratamiento de la ansiedad), pero no sentí que fuera mi responsabilidad informar a las autoridades de eso: decidí que sólo intervendría en caso de agresiones», subraya.

Dos factores, su edad y el hecho de ser una mujer, supusieron una ventaja a la hora de interactuar con las chicas de los cuatro burdeles en los que estuvo viviendo. «La mayoría de las mujeres que trabajan allí tienen entre 18 y 45 años», cuenta. «El que yo fuera mayor ayudó, ya que no me veían como una competidora al tratar de atraer a los hombres. Mi relación con ellas fue muy buena y nunca me percibieron como una rival. Más bien al contrario, muchas me veían como alguien con quien se podían desahogar».

Los dos primeros días en cada burdel los dedicó a entablar conocimiento con las mujeres. «Pero a partir del tercer día, en los cuatro burdeles empezaron a considerarme como una de ellas, integrándome y dejando de mostrarse precavidas en las conversaciones cuando yo estaba delante», señala.

La investigación que ha llevado a cabo Meneses se centra en los llamados clubs de plaza. Se trata de esos hoteles en los que las mujeres prostituidas residen y reciben a sus clientes. Es decir: no hay separación entre el espacio de trabajo y el espacio íntimo, entre lo público y lo privado.

Las mujeres que viven y venden sexo en esos clubs tienen que pagar generalmente entre 40 y 80 euros al día por la habitación (con desayuno, comida y cena muchas veces incluidos). Se supone que el dueño del establecimiento hace el negocio tanto con el alquiler de las habitaciones como con la venta de bebidas en el bar del local, donde los clientes negocian con las mujeres las prácticas sexuales y los precios a pagar.

Me llamaron ‘puta’ en más de una ocasión. Simplemente, por estar en la puerta de un burdel o junto a ellas

Este tipo de prostitución está pensada sobre todo para mujeres inmigrantes que no tienen contactos en España. Llegan directamente de sus países al burdel, donde encuentran (pagando, por supuesto) todo lo que necesitan -desde alojamiento a comida, lavandería, servicios de peluquería o internet- para que ellas se puedan concentrar en el ejercicio de la prostitución.

«Los dueños de los cuatro burdeles me dijeron que las mujeres llegaban allí y les decían que querían trabajar en su establecimiento, que ellos no promovían ni participaban en que las mujeres fueran a sus locales», explica la antropóloga.

Sin embargo, cuando ya le quedaba poco para irse de un burdel, el dueño le confesó: «Mira, en un momento había muy pocas mujeres y el negocio no funciona sin ellas, así que a una que volvía a descansar a su casa, a Colombia, le dije que por cada una que me enviara le daba 500 euros. Me mandó seis o siete mujeres».

En otro de los puticlubs, el dueño le dijo a la investigadora sacando pecho que todas las mujeres que estaban allí estaban tenían contratos de trabajo como azafatas. «Incluso llegó a enseñarme los contratos», afirma. «Pero descubrí que eran todos ficticios: las mujeres no recibían el dinero que ponía en esos contratos y las cuotas a la seguridad social, que decía pagarlas el dueño del local, las pagaban ellas».

Y es que la ley no es clara: en unos locales se les exigen a los dueños que las mujeres estén dadas de alta en la seguridad social y en otros no.

Carmen observó que en cada burdel las mujeres suelen permanecer alrededor de 28 días. Transcurrido ese periodo se toman un periodo de descanso, para regresar de nuevo a la prostitución en ese club o en otro diferente. «Cambiar de sitio es una estrategia importante tanto para las mujeres como para los dueño de los burdeles, que de ese modo ofrecen caras nuevas o, como suelen decir ellos, carne fresca», señala Meneses-Falcón.

Nada más ocupar su habitación en el primer puticlub donde estuvo la escritora, el mote que le acabaron endosando en los cuatro burdeles por aquello de que no dejaba de tomar notas, se dio cuenta que aquellas estancias solo estaban pensadas para tener sexo o para dormir. «No había una simple mesa sobre la que colocar el ordenador, no había una silla», asegura.

El bar, además de la recepción, fueron los principales lugares que Carmen eligió para llevar a cabo sus tareas de observación. Y en aquellos burdeles que tenían comedor ahí estaba como un clavo a la hora del desayuno, de la comida o de la cena, oyendo los comentarios que las mujeres hacían sobre aquello que habían ocurrido el día anterior.

El primer día en el puticlub ya se quedó ojiplática. Cuando le dijo a la dueña del club que se proponía estudiar sobre todo a los clientes y su comportamiento, ésta le soltó: «Pufffff... ¿Los clientes? Son unos drogaos y unos maricones, te vas a asombrar».

La inmensa mayoría de servicios sexuales van acompañados de consumo de cocaína, y eso incrementa el precio del servicio

A Carmen le llevó unos días entender lo que quería decir, el tiempo que tardó en ganarse la confianza de las mujeres allí prostituidas y comprender el concepto que estas tienen de los hombres que las pagaban a cambio de sexo. «A los clientes les llamandrogaos por el consumo de cocaína que hacen la amplia mayoría de ellos», explica. «La inmensa mayoría de servicios sexuales van acompañados de consumo de cocaína, y el uso de esta sustancia incrementa el precio del servicio».

-¿Y lo de ‘maricones’?

-Eso me dejó perpleja. Al principio pensé que se referían a clientes gays que acudían al burdel, aunque no me cuadraba mucho porque a mí me parecían heterosexuales. Luego supe que les llamaban así porque una de las peticiones más frecuentes que las mujeres prostituidas reciben de los hombres heterosexuales que acuden a los burdeles es que les practiquen a ellos sexo anal. Las mujeres tenían de hecho una amplia variedad de dildos y consoladores para ello que pude fotografiar. Lo que me chocó y me resultó difícil de entender fue que mujeres que trabajan con el sexo tuvieran una visión tan conservadora de esas prácticas sexuales.

Carmen también aprendió pronto que ser una mujer y estar en un burdel significaba automáticamente ser una puta: «Me llamaron ‘puta’ en más de una ocasión. Simplemente, por estar en la puerta de un burdel o junto a mujeres que trabajaban allí. Sufrí de primera mano las agresiones verbales que esas mujeres sufren a diario. La discriminación y la estigmatización a la que están sometidas esas mujeres es constante».

Como aquel día que se presentó en el burdel el empleado de la compañía de agua: «Estaba durmiendo y me despertó un ruido ensordecedor que no cesaba. Alguien estaba aporreando la puerta de entrada del burdel mientras chillaba: ‘¡Abrid, zorras, abrid!’. Eso me puso de pésimo humor, me apetecía bajar y decirle cuatro cosas al tipo que gritaba aquello, pero no me correspondía intervenir. Así que me asomé a mi ventana a observar. Después de estar varios minutos golpeando la puerta y de despertar a todas las mujeres, como el dueño del burdel no estaba una de ellas, bajé. Eran las 9.30 de la mañana y las mujeres se habían ido a la cama sólo tres horas antes. El tipo que golpeaba la puerta era de la compañía de agua y venía a leer el contador. Yo estaba alucinada: no se habría comportado así en ningún otro sitio, sólo se atrevía a hacerlo en un burdel».

Pero al menos allí estaba ella para verlo y para contarlo.

 

20 universidades organizan debates sobre prostitución de forma coordinada en protesta por la “censura” 

Las jornadas, promovidas por académicas de diversas facultades, comienzan este viernes y se extenderán hasta mediados de 2020. Se trata de una reacción a la cancelación de un debate sobre trabajo sexual el pasado septiembre en la Universidade da Coruña.

 

EFE

17 de octubre de 2019 

https://www.publico.es/sociedad/20-universidades-organizan-debates-prostitucion.html

 

Académicas de 20 universidades de todo el país se han coordinado para organizar debates y reflexiones sobre trabajo sexual, tal como han anunciado en una nota de prensa este jueves 17 de octubre, coincidiendo con el día internacional sobre la pobreza y la exclusión social.

La medida, puesta en marcha y divulgada por un amplio grupo que se aglutina bajo la etiqueta #UniversidadSinCensura, es “garantizar que la universidad sea un espacio de libertad de discurso y debates necesario para la producción de conocimientos y avances sociales”.

La acción coordinada es una medida de protesta y respuesta a la cancelación el pasado mes de septiembre de unas jornadas sobre trabajo sexual organizadas por la Universidade da Coruña, después de que una amplia crítica en redes sociales por parte de colectivos feministas abolicionistas, que criticaban que se hablara de “trabajo sexual”, puesto que consideran que la prostitución supone la explotación de las mujeres y no puede ser considerado un trabajo. El encendido debate en favor y en contra de esas jornadas fue recogidas por este diario en un artículo en el que explicaba las distintas posturas.

Las actividades que comienzan este viernes con un debate en Universidade da Coruña con una jornada titulada “Prostitución, trata y trabajo sexual a debate“, se extenderán a lo largo de todo este año y el que viene en diversas facultades de la veitena de centros.

Según el comunicado hecho público este jueves, la acción parte de la convicción de que los debates públicos de toda acción democrática se han de poder ofrecer y representar los distintos argumentos de las distintas posiciones y han de incluir la voz de las personas trabajadoras sexuales que reclaman respeto y derechos”.

Entre las universidades que organizarán debates figuran: Universidade da Coruña, Universidad de Cádiz, Universidad de Salamanca, Universidad de Sevilla (Derecho), Universidad Carlos III, Universidad de Oviedo, Universitat de Barcelona, Universidad del País Vasco (UPVEHU), Universidad de Sevilla (Antropología), Universitat Autònoma de Barcelona, Universidad de Granada, Universitat de Lleida, Universidad Pablo de Olavide, Universidad de Almería (Humanidades), Universidad de Castilla La Mancha, Universitat de València (Ciencias sociales), Universidad de Zaragoza (FCSyT), Universitat Oberta de Catalunya, Universidad de Jaén, Universidad de Córdoba y Universitat Pompeu Fabra.

 

Georgina Orellano: “Luchamos porque nuestro trabajo sea reconocido y para no estar expuestas al atropello de la policía”

 

La secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina conversó con Diagonales en el marco del 34º Encuentro Nacional de Mujeres que se desarrolla en La Plata

 

Por Redacción

12 de octubre de 2019

https://diagonales.com/contenido/georgina-orellano-luchamos-porque-nuestro-trabajo-sea-reconocido-y-para-no-estar-expuestas-al-atropello-de-la-polica/17127

 

 

En la ciudad de La Plata se desarrolla el 34º Encuentro Nacional de Mujeres. En este marco, Diagonales conversó con la secretaria de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, Georgina Orellano, quien contó las luchas que vienen llevando adelante en los últimos años y sus balances al llegar a este encuentro.

“La incorporación de las trabajadoras sexuales al encuentro es una realidad”, celebró Georgina quien además evaluó cuáles son los principales debates que darán y sus expectativas de cara al futuro.

Autodefinida como peronista, reflejó optimismo de cara a un eventual gobierno de Alberto Fernández, para poder dar debates en la agenda pública que hasta ahora no han podido ser dados.

¿Cuáles son las expectativas de este Encuentro Nacional de Mujeres? 

-Bueno, la verdad que estamos con todas las compañeras con mucha ansiedad. Siempre que llega el encuentro para nosotros es un punto de reencuentro entre todas las trabajadoras meretrices que estamos luchando por el reconocimiento de nuestros derechos en distintos lugares del país. Y el encuentro lo que nos permite es conocer más compañeras, otras realidades. Es un encuentro federal que nos permite reencontrarnos.

¿Cómo ves este encuentro con talleres que tienen que ver con el trabajo sexual?

-Y nosotras creemos que dentro de estos espacios es un debate superado. Ya hemos transitado en tener que solicitarle a las comisiones organizadoras en Rosario en el 2016 la apertura de un taller que estuvo en la grilla de los encuentros del 2003 y luego desapareció de la misma, modificándose también hasta la identidad del qué hacer mismo con la denominación de ‘mujeres en situación de prostitución’, que es uno de los talleres que perdura hasta el momento. Creemos que para nosotras está saldada.

“La incorporación de trabajadoras sexuales en el encuentro es una realidad”.

Sabemos que la incorporación de las trabajadoras en el encuentro es una realidad, lo que sí me parece que no está saldado es las posiciones que hay dentro del movimiento feminista de mujeres, lesbianas, travestis y trans con respecto a nuestro trabajo y que justamente los encuentros nos brindan esos espacios para seguir debatiendo, para seguir sensibilizando y para seguir construyendo por lo menos una agenda propia nuestra que vaya a combatir la violencia institucional y por el reconocimiento de nuestros derechos.

En referencia a la violencia institucional, cuáles son las luchas que dan en el día a día por lo que sufren las trabajadoras sexuales. 

-AMMAR, es una organización que ya va a tener 25 años que tenemos y luchamos porque nuestro trabajo sea reconocido y parte de nuestro trabajo es justamente un marco legal para salir de la clandestinidad y no para estar expuestas constantemente al atropello por parte de la policía. Desde coimas policiales que debemos pagar, vulneraciones a nuestros derechos, hostigamientos, atropello policial, detenciones arbitrarias y políticas totalmente arbitrarias que son pensadas para combatir la trata de personas o para combatir el narcotráfico, pero que nos tiene a nosotras como un objeto constante de persecución.

“Luchamos porque nuestro trabajo sea reconocido y para no estar expuestas constantemente al atropello por parte de la policía”.

En La Plata, sin ir más lejos, se da lo que  no se da en ningún otro punto del país, el armado de biombos que hace la comisaría de la zona para requisar a las compañeras en el espacio público y toda la violencia que eso genera. No solamente en la requisa, en el maltrato sino también hacia la violencia psicológica y después el estigma con los vecinos y vecinas del barrio.

En cuanto a los derechos laborales que se están buscando para el trabajo sexual, comentános cómo se viene trabajando desde Ammar en esa línea.

-Nosotras venimos trabajando desde Ammar en distintas instancias proyectos que buscan reconocer el trabajo sexual. El último que presentamos fue en la provincia de Neuquén, en el año 2014. Luego se siguieron desplegando a nivel nacional, provincial y municipal, un montón de políticas que generaron mayor criminalización a nuestro trabajo, políticas conocidas como ‘antitrata’ que buscan luchar contra la trata de personas, pero que equiparan a nuestro trabajo con un delito.

“El próximo año seguro nos encontremos presentando un proyecto con un modelo de despenalización del trabajo sexual”.

Por eso estamos intentando generar un consenso entre todas las compañeras y los compañeros que integramos la organización justamente para presentar otro proyecto de ley más de avanzada, pensando cuál es la realidad nuestra en este contexto de país y cuáles son las políticas que restringen el uso de los espacios para organizarnos y poder trabajar de manera tranquila. El próximo año seguro nos encontremos presentando un proyecto con un modelo de despenalización del trabajo sexual.

En referencia al contexto, me imagino que la crisis económica también genera problemas además de la política represiva. 

-Sí, totalmente. Hay muchísima más precarización laboral. La crisis económica lo que generó es que muchísimas compañeras que habían dejado de ejercer el trabajo, que habían incursionado en otro tipo de actividad laboral,   siempre marcada dentro de lo que es la economía popular, tuvieron que volver porque no podían pagar sus alquileres, porque no podían seguir sosteniendo el negocio de ropa  que se habían puesto o el kiosco o el negocio del barrio.

“La crisis económica generó que muchísimas compañeras que habían dejado de ejercer el trabajo sexual tuvieron que volver porque no podían pagar sus alquileres”.

Compañeras que  fueron alcanzadas por el tarifazo de la luz y el gas que vuelven nuevamente a ejercer el trabajo sexual y lo que eso genera también. Mucha más presencia de trabajadoras sexuales en la zona de trabajo. Eso genera mucha más violencia con respecto a la policía. Después se empieza nuevamente a retroceder con la mala convivencia que se tiene con los vecinos y las vecinas, cuando ven mucha más presencia de compañeras en los barrios. Y también nos preocupa que hay  compañeras de 50 y 60 años que siguen ejerciendo el trabajo sexual porque no han hecho ningún aporte jubilatorio porque nuestro trabajo  no está reconocido y lejos de percibir algún ingreso económico, tienen que dedicar hasta 16 horas por día para poder trabajar y  poder seguir subsistiendo.

En lo que respecta al encuentro, se les habilitaron 21 aulas para el taller de trabajadoras sexuales y estrategias para el reconocimiento del trabajo  sexual. ¿Cómo evalúan ese logro en esta lucha de tantos años?

-Cuando desde la comisión organizadora nos dijeron que había 21 aulas y que la cantidad de aulas que se habían dispuesto para nuestros talleres dependía sobre todo de la cantidad de inscripciones de compañeras que se inscribieron al encuentro y que se asignaron la participación a talleres nuestros del trabajo sexual. Eso nos da a todas nosotras el reflejo que va a ser el encuentro más convocante de todos  los encuentros nacionales y nosotras nunca hemos tenido tanta cantidad de talleres. Creo que el máximo que  hemos tenido fueron diez, en la ciudad de Rosario en 2016, la primera vez que habilitaron los talleres. Esto refleja el interés que despierta conocer la realidad nuestra y conocer también nuestra lucha.

También se empieza a hablar en las universidades del trabajo sexual y en territorios que quizá siempre se ha hablado de manera hostil de las trabajadoras sexuales, ¿cómo vas viendo ese avance en el mundo de la academia?

-Nosotros cada vez que desde algún centro de estudiantes, desde alguna carrera nos convocan para hablar sobre algún tema del trabajo sexual, con perspectiva de género, trabajo sexual en la ESI, trabajo sexual y el rol de los medios, trabajo sexual y el derecho penal, por supuesto que lo celebramos porque durante muchos años nosotras en esos ámbitos académicos hemos sido más objetos de estudio que sujetos políticos.

“En el ámbito académico siempre hemos sido más objetos de estudio que sujetos políticos”.

Nos han estudiado, se ha investigado sobre nosotras pero muchas veces invisibilizando las voces nuestras y eso ha generado que se haya construido un discurso victimizante, que  por mucho  tiempo fue hegemónico no solo en la academia sino en muchísimos actores sociales. También sabemos que hay una resistencia. A nosotros nos costó mucho, hace tres semanas estuvimos en la facultad de derecho de La Plata y nos costó un montón poder desarrollar una actividad que teníamos con el programa de Antropología que nos habían convocado porque también hubo una resistencia, hubo cartas al decano, también hubo cartas a la directora de la carrera que nos habían convocado, diciendo que no podían darnos voz a personas que nos autopercibimos como trabajadoras sexuales porque Argentina adhirió a un protocolo abolicionista del año 1949 donde no reconoce nuestra actividad como trabajo, entonces querían censurar nuestras voces.

Yendo a lo personal y tus vivencias, ¿cuándo fue que se despertó en vos la idea de comenzar a luchar por estos derechos?

-No fue de manera espontánea. Fue un proceso y la verdad que el proceso que se fue dando dentro de la organización  fue cuando teníamos problemas con la policía por nuestro trabajo sexual. Cuando comenzamos a tener problemas con la policía eso nos impulsó a acercarnos a AMMAR y como nos dieron una respuesta rápida y efectiva, eso nos despertó confianza e interés en decir que se interesan por los derechos nuestros y no como históricamente nos han hecho querer creer que a nadie le interesa lo que nos pase.

“Cuando comenzamos a tener problemas con la policía eso nos impulsó a acercarnos a AMMAR”.

Entonces como forma de agradecimiento fuimos varias compañeras comenzando a participar de distintas actividades y eso fue como generándome mayor conciencia social de que ese es el lugar en el que cualquier trabajador o trabajadora tiene que estar. El mejor lugar de cualquier trabajadora para luchar por sus derechos es el sindicato. Me enamoré de la herramienta sindical, comencé a derribar un montón de prejuicios que tenía con la idea de la sindicalización, entendiendo que muchos de esos prejuicios vienen de lo que nos venden los medios  de comunicación hegemónicos.

“El mejor lugar de cualquier trabajadora para luchar por sus derechos es el sindicato”.

Te definís como peronista, ¿cómo ves el futuro en torno a las luchas de ustedes? 

-El optimismo siempre está porque nosotras veníamos de las que pensábamos que todavía mucha gente iba a seguir votando al gobierno de Cambiemos, cuando vimos la diferencia tan alta es una ilusión, porque por lo menos vamos a tener un gobierno de acá a cuatro años en adelante que con un montón de dificultades, obstáculos y desafíos, nos va a permitir plantear nuestro tema y no como ahora con este gobierno que hubo un total retroceso en cuanto a la violencia institucional. Somos optimistas de que va a existir la posibilidad, después lo otro depende de muchas cosas como por ejemplo la situación del país. Nosotras ahora planteamos la idea del trabajo sexual con mucha más fuerza, ya no es como con el gobierno de Cristina que se nos prohibió el rubro 59, se modificó la ley de trata, hoy hay mayor conciencia en la sociedad con nuestro trabajo y un lugar ganado en el feminismo.

¿Y han podido establecer algún vínculo con alguien del futuro gobierno nacional o provincial?

-Hay muchas organizaciones feministas que pertenecen al Frente de Todos y Todas que han tenido en los últimos años muchísima vinculación con nosotras.

 

72 organizaciones LGBTQ firman una carta de apoyo a la despenalización del trabajo sexual en Washington D.C.

 

La carta, firmada por 72 organizaciones nacionales y locales, expone los argumentos a favor de la despenalización.

 

Por John Riley @JohnAndresRiley

2 de octubre de 2019

LGBTQ advocates deliver letter to D.C. councilmembers calling for sex work decriminalization

 

Activistas que abogan por la despenalización del trabajo sexual en D.C. presentan una carta, firmada por 72 organizaciones, en la que exponen su posición a la concejal de D.C. Elissa Silverman, I-At-Large (izquierda). – Foto: Sex Worker Advocates Coalition.

 

Una coalición de activistas y defensores LGBTQ ha dejado copias de una carta dirigida a los miembros del Consejo de D.C., firmada por 72 organizaciones diferentes, abogando por un proyecto de ley que despenalizaría el trabajo sexual en el Distrito de Columbia.

La coalición acudió a las oficinas de los concejales esta mañana para entregar la carta, que expone los argumentos de los partidarios por los que el proyecto de ley —presentado conjuntamente por los miembros del Consejo David Grosso (I-At-Large), Anita Bonds (D-At-Large), Robert White (D-At-Large) y Brianne Nadeau (D-Ward 1)— debe ser aprobado.

“Como organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queers y aliados, sabemos que la despenalización del trabajo sexual en DC es fundamental para la salud y el bienestar de la comunidad LGBTQ, incluyendo una mejora de la salud pública y una disminución de la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales marginadas, particularmente mujeres transgénero de color “, dice la carta.

El proyecto de ley, tal como está redactado actualmente, despenalizaría el trabajo sexual consensuado para los mayores de 18 años y crearía un grupo de trabajo para supervisar la implementación y los efectos de la despenalización y proponer enmiendas a los estatutos relacionados con las sanciones por trabajo sexual.

El grupo de trabajo de 15 miembros estaría compuesto por el Departamento de Policía Metropolitana, agencias de salud pública, defensores de derechos humanos, ex trabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales activistas. El grupo de trabajo tendría la tarea de emitir un informe que contenga sus hallazgos y recomendaciones dentro de los dos años posteriores a su formación, y se disolvería dentro de los tres años.

“Al actualizar una ley de DC que no tiene un propósito válido y está llamativamente fuera de sintonía con la investigación y el conocimiento actuales, incluida la mejor forma de combatir la transmisión del VIH, el proyecto de ley mejoraría la seguridad, la salud pública y la capacidad de las fuerzas del orden para combatir tanto crímenes violentos como delitos contra la propiedad ”, escribió la coalición en su carta.

Los cuatro argumentos clave a favor del proyecto de ley son que la despenalización del trabajo sexual

1) permitirá a las trabajadoras sexuales —particularmente a las personas transgénero que de otro modo no podrían obtener trabajo debido a la discriminación— una forma de ganar dinero para sobrevivir;

2) hará disminuir la incidencia de violencia y acoso que enfrentan las trabajadoras sexuales a manos de clientes, de delincuentes que roban a las trabajadoras sexuales, o incluso de la policía;

3) disminuirá las tasas de VIH al permitir a las personas transgénero más tiempo y espacio para negociar el uso del condón;

y 4) permitirá que las trabajadoras sexuales accedan a recursos, beneficios gubernamentales y oportunidades de empleo que de otra forma se les negarían si tienen una condena penal por prostitución.

“Penalizar un medio de supervivencia convierte a esas trabajadoras en una población blanco de victimización y violencia”, señala la coalición en su carta. “La vigilancia del comercio sexual puede convertir las prácticas de reducción de daños (como llevar condones) en evidencia de una actividad criminal. Esto a menudo obliga a las trabajadoras sexuales a elegir entre salud y evitar la detención.

“Además, cuando las personas dedicadas al trabajo sexual deben buscar áreas más apartadas o áreas con presencia policial reducida, aumentan las amenazas a su seguridad física y disminuye la capacidad de evaluar a los clientes”, continúa la carta. “… Debido a que las trabajadoras sexuales temen ser detenidas, tienen más probabilidades de apresurar la decisión de aceptar un cliente y menos probabilidades de negociar el uso del condón”.

Los activistas también citan estadísticas de una encuesta de DC Trans Coalition que encontró que el 78% de las trabajadoras sexuales temen la violencia, el acoso, la detención o la humillación a manos de la policía, y aproximadamente el 20% informa que los agentes de policía se han acercado a ellas y les han pedido sexo para evitar la detención.

“Las mujeres transgénero de color en D.C. con frecuencia son tratadas como trabajadoras sexuales, ya sea que participen en el comercio o no, lo que a menudo conduce al acoso, la confiscación de condones y la detención”, agregan. “Esta sospecha crónica y a menudo injusta conduce a la desconfianza general hacia la policía por parte de muchas personas LGBTQ. Esta desconfianza podría reducirse significativamente mediante la despenalización del trabajo sexual “.

Una defensora de la despenalización del trabajo sexual habla con el concejal de DC Jack Evans. – Foto: Sex Worker Advocates Coalition.

La carta se adelanta a una audiencia programada para el 17 de octubre ante el Comité de Justicia y Seguridad Pública del Consejo de D.C., en la que los miembros del Consejo escucharán el testimonio de las partes interesadas de la comunidad a favor y en contra del proyecto de ley.

Algunos de los firmantes de la carta incluyen: American Civil Liberties Union; Asian and Pacific Islander Queers United for Action; Black & Pink; la sección de D.C. de Black Youth Project 100; Brother, Help Thyself; Casa Ruby; the Center for Black Equity; Collective Action for Safe Spaces; el DC Anti-Violence Project, GLAA; HIPS; Human Rights Campaign; LULAC Lambda; el National LGBTQ Task Force Action Fund; No Justice No Pride; Sex Workers Outreach Project; SMYAL; The DC Center for the LGBT Community; Transgender Law Center; Us Helping Us, People Into Living; la Wanda Alston Foundation; Whitman-Walker Health; y la Woohull Freedom Foundation.

Los socios de la coalición que están presionando para la despenalización esperan reunir personas que testifiquen ante el Consejo el 17 de octubre y, después de la audiencia, organicen a los partidarios para presionar a los miembros del consejo de DC para que aprueben el proyecto de ley y al alcalde Muriel Bowser para que lo firme y lo convierta en ley.

“Nuestro objetivo final es abordar las necesidades de las personas LGBTQ en la ciudad, y parte de eso implica despenalizar el trabajo sexual en la ciudad. Queremos asegurarnos de que las personas LGBTQ de bajos ingresos satisfagan sus necesidades básicas de vivienda, empleo, educación ”, dice Tyrone Hanley, asesora principal de políticas del Centro Nacional para los Derechos de las Lesbianas, que apoya el proyecto de ley de despenalización. “Sabemos que esto no es lo único que se necesita para garantizar que las personas LGBTQ puedan tener una vida vibrante aquí, pero sabemos que este es un elemento necesario para alcanzar esa meta”.

Hanley señala que, particularmente con proyectos de ley similares presentados en sesiones anteriores del Consejo, ha habido conceptos erróneos de que una abrumadora mayoría de los residentes de DC se oponen con vehemencia a la despenalización y al trabajo sexual en general. Pero dice que los esfuerzos de organización en el terreno de los miembros de la campaña DECRIMNOW han revelado que hay más apoyo en la comunidad en general: es solo que no necesariamente se presentan durante las reuniones del Consejo para dar a conocer sus puntos de vista.

Foto: Sex Worker Advocates Coalition.

Con ese fin, los grupos involucrados en la campaña DECRIMNOW, una creación de la Sex Worker Advocates Coalition, han estado tratando de educar a los residentes de DC sobre la importancia de la despenalización, y han recogido varios cientos de firmas en una petición en apoyo del proyecto de ley.

La organización de justicia social No Justice No Pride ha estado organizando previamente a personas para enviar cartas al Consejo exigiendo una audiencia, y ahora que se ha programado una, ha estado organizando una campaña de redacción de cartas para los residentes en los Barrios 2, 3 y 7 para pedir a los miembros del Consejo, Jack Evans, Mary Cheh y Vincent Gray —todos los cuales forman parte del Comité Judicial y no han manifestado su apoyo a la iniciativa— que apoyen el proyecto de ley de despenalización.

“SWAC ha sido muy intencional al acercarse a un grupo diverso de comunidades para tener conversaciones con todos sobre este tema”, dice Hanley. “No es solo un problema LGBTQ, aunque tiene implicaciones muy específicas para la comunidad LGBTQ. La coalición, bajo el liderazgo del capítulo DC de BYP 100 y HIPS, ha estado liderando un esfuerzo para articular conversaciones en los Barrios 7 y 8. Lo que hemos encontrado a través de esas conversaciones individuales es que en realidad hay mucho apoyo a este proyecto de ley.”

Faith, una de los presidentes coorganizadores del capítulo DC de BYP 100, dice que los miembros de la coalición han estado entablando conversaciones individuales para tratar de cambiar la comprensión de las personas sobre cuáles serían las implicaciones de la despenalización.

“Creo que especialmente las personas negras que han tenido experiencia con el sistema de justicia, o tienen una familia que ha tenido experiencia con el sistema, lo saben, y es fácil para ellos entender que cuando detienen a personas, no mejoran sus condiciones materiales de ninguna manera “, dice. “así que, mientras decimos: ‘queremos que el Consejo se centre en el empleo, la educación, la vivienda’, cuando detienes a alguien, lo estás marginando”.

Faith dice que la coalición ha estado celebrando reuniones en persona y virtuales para educar a las personas sobre la iniciativa de despenalización, y realizará un evento virtual en la noche del 14 de octubre para capacitar a las personas que deseen testificar en la audiencia del Comité Judicial sobre la mejor manera para expresarse. Ella agrega que la coalición se duplicará en sus esfuerzos para presionar al Consejo para que tome medidas después de la audiencia.

“Realmente queremos mantener el impulso después de la audiencia, para que se vote en el Comité Judicial, y luego se lleve al Comité Plenario”, dice Faith. “Por lo tanto, necesitamos que las personas escriban a sus miembros del consejo, les llamen y les recuerden que la gente está observando y que queremos que se vote en breve”.

“No todas las trabajadoras sexuales son víctimas”. Marta Lamas contra el puritanismo

 

¿Se puede considerar el trabajo sexual como un emprendimiento? ¿Qué es más explotador, un trabajo que paga 80 pesos al día o uno que ofrece 500 en tres horas? Las respuestas, apunta la feminista, dependen de la moral con que se mire

 

Por Alejandra Crail

2 de octubre de 2019

https://www.m-x.com.mx/entrevistas/no-todas-las-trabajadoras-sexuales-son-victimas-marta-lamas-contra-el-puritanismo

 


Hay que quitar la parte moralista y fijarse más en los derechos, propone la antropóloga feminista. Foto: Emeequis.

 

Marta Lamas, antropóloga feminista, rememora sus conversaciones con las trabajadoras sexuales callejeras. Una de ellas le contó que, antes de ofrecer servicios sexuales, trabajaba en un outsourcing de servicios de limpieza. De ocho de la mañana a seis de la tarde limpiaba oficinas. Una hora y media para llegar a su centro de trabajo, una hora y media para regresar a su hogar. Por 80 pesos al día. Esa mujer, hoy, ofreciendo servicios sexuales, gana 500 pesos en tres horas.

“¿En dónde hay más explotación?”, nos cuestiona. Las trabajadoras sexuales, asegura, han encontrado en su labor la forma de obtener más recursos y tener mayor flexibilidad de horarios, algo que no tienen en una fábrica, en una oficina.

 

 

Esto refuerza su postura de que “no todas las trabajadoras sexuales son víctimas”; esa visión, señala, tiene que ver con la política instaurada por Estados Unidos, un país “puritano”, en donde el comercio sexual sólo está permitido en el estado de Nevada.

México quería estar bien calificado por Estados Unidos en su combate a la trata, detalla la especialista, y la calificación de ese combate se mide por el número de víctimas rescatadas. “Empezaron a ir a los antros y a los lugares donde hay comercio sexual, a rescatar a todo el mundo, incluyendo a las meseras y cuando las trabajadoras, las teiboleras, las bailarinas, decían ‘yo no soy víctima, yo estoy aquí voluntariamente’, entonces era el ‘ah, ¿no eres víctima?, entonces eres cómplice’ y pues no, mejor soy víctima. Así se llenan los reportes”.

La crítica de la catedrática de la UNAM va enfocada a la ausencia de labores de inteligencia que permitan separar a las víctimas reales de trata de quienes ejercen el trabajo sexual de forma voluntaria. “Lo primero que tienen que hacer nuestras autoridades es entender que son dos cosas distintas: hay mujeres que entran voluntariamente al trabajo sexual por cuestiones económicas, porque ganan muchísimo más ahí”. También pide recordar: las trabajadoras sexuales son las mejores aliadas en el combate a este delito.

 

“NUESTROS CLIENTES NO SON DELINCUENTES”

 

En el barrio de la Merced, en el Centro Histórico, dicen que “la calle es de quien la trabaja”. Es 1 de mayo de 2019 y, como lleva haciéndolo desde hace ya varios años, un grupo de trabajadoras sexuales independientes marcha rumbo al Zócalo de la Ciudad de México. Se están manifestando en pleno Día del Trabajo. Las une una misma exigencia: quieren ser reconocidas como trabajadoras no asalariadas.

“Nuestros clientes no son delincuentes”. “No somos tratantes, somos trabajadoras”. “El trabajo sexual también es digno”. “Acceso a la salud, a la educación y a una vivienda digna”. “Ni esclavas ni putas”. Las pancartas de las trabajadoras sexuales de aquel 1 de mayo muestran cómo ven y viven su propia profesión.

Para ellas, las mujeres que usan su propio cuerpo como herramienta de trabajo y que lo ofrecen en uno de los puntos de mayor auge de comercio sexual de la Ciudad de México, la nueva lucha es ser reconocidas como trabajadoras y así aspirar a tener un seguro, prestaciones, un retiro digno.

Marta Lamas, quien fundara en el 76 la primera revista feminista del país, las conoce bien. De ellas, dice, ha aprendido que no todas las trabajadoras sexuales son víctimas. Una postura contraria a lo que ella llama el “discurso hegemónico, dominante, de un sector del feminismo, que plantea que siempre es denigrante, siempre es degradante y que hay que acabar, que hay que erradicar el comercio sexual”. La realidad en torno al comercio sexual, apuntala Lamas, está cambiando.

Lo primero que hay que detallar, desde la visión de la mujer que en su cumpleaños 70 festejó rodeada de 11 hombres para hablar de feminismo en el “diálogo con XY” que le organizó la UNAM, es la diferencia entre prostitución y trabajo sexual. La primera, explica, tiene una connotación negativa, mientras que, la segunda, plantea que alguien está haciendo un trabajo por el cual va a recibir una remuneración, un trabajo como cualquier otro. “¿Queremos verlo como algo negativo o como una actividad comercial?”, cuestiona.

 

LA DOBLE MORAL AFECTA MÁS A LAS MUJERES

 

Ese sentido negativo que aún rodea al trabajo sexual tiene que ver con la moral, con lo más viejo y oxidado de la cultura mexicana, una cultura judeocristiana que consolidó las valoraciones que ahora tenemos sobre la sexualidad, expone la feminista. “La idea desde hace varios siglos en México es que la sexualidad es diferente para las mujeres que para los hombres”.

“Un hombre es valorado por sus éxitos sexuales, mientras que una mujer que ejerce su sexualidad es denigrada. Las mujeres están divididas entre las decentes y las putas, es una cuestión de doble moral”, enfatiza.

Para ella es esta carga moral lo que impide que legislativamente se avance en la búsqueda de derechos laborales de las trabajadoras sexuales. En mayo de este año, por ejemplo, la nueva Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México, que abrogaba la promulgada el 29 de diciembre de 2017, criminalizaba el trabajo sexual. Invitar a la prostitución, ejercerla o solicitar el servicio tenía como consecuencia multas entre 11 y 40 Unidades de Medida, arresto de 13 a 24 horas o de 6 a 12 horas de trabajo comunitario. Meses después corrigieron lo que el Congreso llamó “error” y ahora esta actividad no está sancionada.

Actualmente el debate está en la expedición de la Ley del Trabajo No Asalariado, iniciativa que promueve el diputado de Morena Temístocles Villanueva Ramos, por medio de la cual busca reconocer y regular el trabajo sexual para evitar que “sigan siendo víctimas de la discriminación estructural y sistemática (…). Se trata de una vía de emancipación económica que les permite disponer de su propio cuerpo de manera autónoma”.

Sobre esta propuesta, Rosi Orozco, presidenta de la asociación Comisión Unidos contra la Trata, dijo a EMEEQUIS que: “Nuestras leyes hoy castigan el beneficio económico de la explotación ajena, ¡sería el colmo que el gobierno cobrara! ¡se volvería el principal padrote de las víctimas! ¿Y por qué les llamo víctimas? Porque hoy está demostrado, gracias a un estudio de la Fundación Scelles de Francia, que el 90% de lo que parece prostitución en el mundo es, en realidad, trata de personas”.

 

CLASES SOCIALES, DE LAS LOMAS A LA MERCED

 

“Si en un futuro hubiera empleo para todo el mundo, flexibilidad, si pasar ocho horas limpiando oficinas significara ganar lo mismo que hacer trabajo sexual, seguramente muchas mujeres preferirían limpiar oficinas. Pero hoy la diferencia es tan grande que la mayoría elige el trabajo sexual”, afirma Lamas.

Por ello cambiar la valoración social que se tiene acerca del trabajo sexual es urgente. Porque “en el comercio sexual hay clases sociales”. No es lo mismo ofrecer sexoservicios en Santa Fe, Las Lomas o Polanco, a vivir el riesgo y el estigma tan marcados que padecen trabajadoras y trabajadores que laboran en la calle, bares o antros.

Esta desigualdad dentro de la misma profesión tiene que ser considerada en la legislación, invita Lamas. El punto clave es mirar el Código Penal, el federal y el local, para transformar la visión del delito de lenocinio.

El lenocinio es el delito que comete toda persona que habitual o accidentalmente explote el cuerpo de otra por medio del comercio carnal, se mantenga de este comercio u obtenga de él un lucro cualquiera. Esto impide, desde la visión de la especialista, que las trabajadoras sexuales puedan independizarse y apoyarse en sus parejas, familiares y amigos para que éstos funjan como sus cuidadores, mientras ofrecen servicios sexuales. Así, afirma, se reduciría el riesgo para las trabajadoras vulnerables, las que están en la calle.

Además, insiste, estamos ante un paradigma: las clases medias están ofreciendo servicios sexuales a través de internet y ya hay mujeres que son clientas de servicios sexuales.

 

“Por ello hay que quitar la parte moralista y en todo caso fijarse en el bienestar y en los derechos de la gente que se dedica al comercio sexual y darles las protecciones que tengan que tener, siempre y cuando sea un tema de libertad y autonomía”, recalca.

 

TAMBIÉN SE DEBERÍAN OBTENER DERECHOS LABORALES

 

Pide recordar que en el capitalismo todo es explotación, que siempre hay alguien que gana con nuestro trabajo. “¿Por qué no se puede sacar provecho del trabajo sexual?”, pregunta e inmediatamente responde: porque hay todo un tema moralista que no lo considera un trabajo como los demás; cualquier otro trabajo, incluso el más explotador, es un trabajo digno.

Para hablar de las críticas a la propuesta de regular el trabajo sexual en la CDMX y que muchas personas han bautizado como “Ley de gobierno padrote”, se le hace referencia a que, en México, sólo en Chiapas existe una zona de tolerancia, la llamada “Zona Galáctica”, espacio que el ex gobernador Patrocinio González Garrido creó a principios de los 90 para ofrecer servicios sexuales, regulados por el gobierno, a los destacamentos militares que estaban ahí.

Originalmente, asegura, se pensó como un lugar protegido, con espacios aptos para las trabajadoras. “Como ocurre con todo en nuestro país la idea no estaba mal, pero sí la operación. El problema son las autoridades corruptas”.

Entonces, revira, la discusión de fondo no está ahí sino en si podemos quitarnos la doble moral y “considerar el trabajo sexual como un trabajo que, como cualquier otro, puede ser tomado a manera de emprendimiento o microempresa, que se puede reglamentar, que puede otorgar derechos laborales”.

 

@AleCrail

 

Firma la declaración de solidaridad con los derechos de las trabajadoras sexuales de Canadá

 

https://secure.actioncanadashr.org/solidarity-sex-workers-rights

 

Las trabajadoras sexuales —personas que intercambian servicios sexuales por dinero o bienes— son penalizadas, desproporcionadamente vigiladas, sometidas a exceso de control policial y despojadas de sus derechos fundamentales. Las trabajadoras sexuales que viven discriminaciones entrecruzadas debido a la pobreza, su presencia visible en los espacios públicos, su posición racial y social, y su identidad de género son desproporcionadamente atacadas por la policía y la violencia institucional, legal y social. Gran parte de este trato es el resultado de la estigmatización del trabajo sexual en sí y de la falta de reconocimiento de la autonomía que las trabajadoras sexuales ejercen en su vida diaria.

Varias organizaciones de derechos humanos, organismos y tribunales de la ONU han concluido que la penalización de la industria del sexo crea condiciones para la explotación y viola los derechos humanos de las trabajadoras sexuales. En 2014, un proceso legal histórico (Fiscal General v Bedford) dictaminó que las leyes en Canadá que abordaban el trabajo sexual violaban el derecho constitucional a la seguridad de las trabajadoras sexuales y todas esas leyes fueron anuladas. Sin embargo, a pesar de esto, la Ley de Protección de Comunidades y Personas Explotadas (PCEPA) se promulgó en 2014. La PCEPA define todo trabajo sexual como explotación y enmarca a todas las trabajadoras sexuales como víctimas y a todos los clientes y terceros como delincuentes. Un objetivo principal de esa legislación es erradicar la prostitución. Las nuevas leyes incluyen disposiciones que penalizan directamente a las trabajadoras sexuales, así como disposiciones que penalizan prácticamente todos los elementos de la industria del sexo.

Desde la entrada en vigencia de PCEPA, las trabajadoras sexuales han reportado un mayor antagonismo con las fuerzas del orden público, violencia selectiva y miedo a denunciar, actuación policial no deseada y no solicitada sobre las trabajadoras sexuales indígenas, negras, trans, migrantes y usuarias de drogas, y detenciones y deportaciones de trabajadoras sexuales asiáticas y migrantes. La policía hace un uso indebido y excesivo de las leyes de trata de personas para atacar a las trabajadoras sexuales y a sus clientes, creando condiciones cada vez más inseguras y marginalizadas para las trabajadoras sexuales.

Proteger y respetar los derechos humanos de las trabajadoras sexuales requiere una respuesta integral. La despenalización, la eliminación de las leyes penales y específicas de inmigración sobre el trabajo sexual, es un primer y necesario paso. Un plan holístico para la reforma de la ley de trabajo sexual incluye medidas concretas para abordar la discriminación y la desigualdad en todas sus formas: pobreza, vivienda inadecuada, atención médica inadecuada, falta de acceso a transporte seguro, acceso inadecuado a asistencia legal, sobrepenalización y sobrencarcelamiento, y problemas continuos con sistemas de protección juvenil. Esto incluye además el acceso a protecciones básicas de seguridad laboral y ocupacional.

 

DECLARACIÓN DE SOLIDARIDAD

 

Nos oponemos a las leyes federales, provinciales y municipales que regulan desproporcionadamente y penalizan la autonomía corporal, la sexualidad y los derechos de salud sexual y reproductiva.

Reclamamos del gobierno de Canadá la despenalización total del trabajo sexual como un primer paso para proteger y respetar los derechos humanos de todas las trabajadoras sexuales; esto comienza con la eliminación de las leyes penales y de inmigración que penalizan el trabajo sexual.

 Reclamamos que se reconozca el trabajo sexual como un trabajo significativo y valioso que brinda oportunidades económicas para las personas que venden y comercian sexo.

 Reclamamos el acceso igualitario y no discriminatorio a la salud, la educación, el empleo, la vivienda y las oportunidades y derechos económicos.

 Afirmamos que las trabajadoras sexuales no son criminales que deban ser estigmatizadas, sino miembros de una clase trabajadora a menudo explotada y poco protegida.

 Nos solidarizamos con las trabajadoras sexuales que exigen derechos, el reconocimiento de la autonomía y de la capacidad de toma de decisiones de las trabajadoras sexuales y condiciones de trabajo seguras.

 Nosotras, las organizaciones abajo firmantes, nos comprometemos a promover los derechos de las trabajadoras sexuales y a crear espacios para que las trabajadoras sexuales tomen el liderazgo y estén en el centro de los debates sobre la reforma de la ley de trabajo sexual.

 


National 
Abortion Rights Coalition of Canada
Action Canada for Sexual Health and Rights
Alberta Society for the Promotion of Sexual Health
Amnesty International Canada
Barbra Schlifer Commemorative Clinic
Canadian AIDS Society
Canadian Association of People who Use Drugs (CAPUD)
Canadian Association of Social Workers
Canadian HIV/AIDS Legal Network
Canadian Treatment Action Council
Families of Sisters in Spirit
FIRST Decriminalize Sex Work
i2i Peer Support
Interagency Coalition on AIDS and Development
International Human Rights Program, University of Toronto Faculty of Law
Marie Stopes International
Migrant Workers Alliance for Change
Radical Access Mapping Project
Sex Professionals of Canada (SPOC)
The Naked Truth
Youth Coalition for Sexual and Reproductive Rights

Alberta
HIV Community Link
Prostitutes Involved Empowered Cogent Edmonton (PIECE)
Shift, HIV Community Link

British Columbia
Afro-Canadian Positive Network of BC
Anti-Violence Project
BC Coalition of Experiential Communities
Coalition Against Trans Antagonism
Downtown Eastside Women’s Centre
Downtown Eastside Sex Workers United Against Violence Society (SWUAV)
HUSTLE at Health Initiative for Men
Law Students for Decriminalization and Harm Reduction
Organize BC
Pacific AIDS Network Society
PEERS
Pivot Legal Society
Pride
Providing Alternatives, Counselling and Education (PACE) Society
Saige Community Food Bank
SFSS Women’s Centre
SOLID Outreach Society
Supporting Women’s Alternatives Network (SWAN)
UVic Gender Empowerment Centre
Victoria Sexual Assault Centre
WAVAW Rape Crisis Center
West Coast Cooperative of Sex Industry Professionals (WCCSIP)
WISH Drop-In Centre Society
YouthCO HIV & Hep C Society

Manitoba
Manitoba Harm Reduction Network
Sex Workers of Winnipeg Action Coalition

Newfoundland and Labrador
Bay St. George Status of Women Council
Corner Brook Status of Women Council
Planned Parenthood Newfoundland and Labrador Sexual Health Centre
Safe Harbour Outreach Project (S.H.O.P.)
St. John’s Status of Women’s Council/Women’s Centre
St. John’s Womxn in Music

Nova Scotia
Sexual Health Centre Lunenburg County
South House
Stepping Stone Association
The South House Sexual and Gender Resource Centre

Ontario
AIDS Committee of Ottawa
AIDS Committee of Windsor
Alliance for South Asian AIDS Prevention
Angel’s Angels
Barton Village Business Improvement Area
Butterfly Asian and Migrant Sex Workers Network
Chinese & Southeast Asian Legal Clinic
Chinese Canadian National Council Toronto Chapter
CUPE Local 3906
CUPE4600
DUAL-Drug User Advocacy League/OICH
Gender Studies & Feminist Research Program, McMaster University
Guelph Resource Centre for Gender Empowerment and Diversity
Hamilton Anvil
Hamilton Burlesque Society
HIV & AIDS Legal Clinic Ontario
Industrial Workers of the World – Hamilton GMB
LGBT YouthLine
Maggie’s Indigenous Sex Workers Drum Group
Maggie’s Toronto Sex Workers Action Project
Marit Collective
Migrant Sex Workers Project
No One Is Illegal-Toronto
Parkdale Community Legal Services
Planned Parenthood Toronto
POWER (Prostitutes of Ottawa-Gatineau Work, Educate and Resist)
Pride Hamilton
Safer Gigs Hamilton
SafeSpace
Sex Workers Advisory Network of Sudbury (SWANS)
Sex Workers’ Action Network of Waterloo Region
Sex Workers’ Action Program of Hamilton
SHORE Centre
Showing Up for Racial Justice Toronto (SURJ TO)
Street Health
TransParent Hamilton-Niagara
Willow’s Drop-In – Ottawa-Vanier
Women & HIV / AIDS Initiative
Women and Gender Equity Network
Women’s and Gender Equity Centre at University Toronto-Mississauga
Work Safe Twerk Safe
Workers’ Action Centre
YWCA Kitchener-Waterloo

Québec
Action Santé Travesties et Transexuel(le)s du Québec (ASTTeQ)
Agir
AlterHéros
CACTUS Montreal
Centre for Gender Advocacy
Clinique Droits Devant
Coalition des organismes communautaires québécois de lutte contre le sida (COCQ-SIDA)
Coalition LGBTQ youth groups
Conseil québécois LGBT
Dopamine
École de travail social UQAM
Émissaire
Fédération des femmes du Québec
GIAP
Les Hébergements de l’Envol
L’R des centres de femmes du Québec
Native Women’s Shelter
PACT de rue
Plein Milieu
Project 10
Projet d’intervention auprès des mineur.e.s prostitué.e.s (PIaMP)
Projet Lune<
RÉZO
Sidalys
Solidarity Across Borders- Montreal
Spectre de rue Inc.
Stella, l’amie de Maimie
The Open Door / La Porte Ouverte Montréal
TOMS Table des organismes communautaires montréalais de lutte contre le VIH/sida

Saskatchewan
Saskatoon Sexual Health

 

Trabajo sexual: hacerse escuchar frente al estigma y la censura

La censura de la Universidade da Coruña no evitó unas jornadas donde finalmente las trabajadoras sexuales tuvieron su voz.

 

Pegatinas de colectivos de trabajadoras sexuales y de abolicionistas. ELENA MARTÍN

 

ELENA MARTÍN

24 septiembre de 2019

https://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/trabajo-sexual-hacerse-escuchar-frente-al-estigma-y-la-censura

 

Es 20 de septiembre. Son las 9h30 de la mañana, y dentro del centro social A Comuna, en A Coruña, se aglomera mucha gente, la mayoría mujeres. Se palpa rabia, pero también se sienten una energía y ganas de hablar que lo envuelven todo. Son las ponentes y asistentes a las primeras Jornadas de Trabajo Sexual celebradas en Galicia, esas mismas que, con mucha polémica, fueron prohibidas por la Universidade da Coruña.

“Estas jornadas deberían haberse celebrado en la universidad, un lugar con libertad de cátedra y donde todo el mundo debería tener derecho a hablar”, denuncia Conxa Borell, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras Sexuales OTRAS. María Martínez Cano, psicóloga, trabajadora sexual y coordinadora de las jornadas, acentúa que el único problema no fue la censura, sino todo el proceso hasta llegar a esa situación. “Dijeron que todo estaba correcto, que podíamos hacerlas allí, pero una semana antes de celebrarlas cedieron a presiones. Primero nos sacaron de Sociología, luego dijeron que las podíamos hacer en la Escuela de Trabajo Social, pero si cambiábamos los títulos de las charlas, acortábamos las conferencias de las trabajadoras y dejábamos que clausurase una mujer favorable al abolicionismo. Y después de eso dijeron que no, que no las podíamos hacer allí”, denuncia la coordinadora. “Nos quieren como objeto de estudio pero nunca como sujeto”, añade.

A gran afluencia de público fixo pequeno o Centro Social A Comuna. ELENA MARTÍN

Está claro que la prostitución es un tema complicado. Pero también es cierto que la mayoría de las veces las propias trabajadoras sexuales son las últimas a las que se les deja dar su opinión sobre un tema que, en primera instancia, debería corresponderles. “La prostitución no es una panacea, nunca nos escucharán defender eso, pero según las circunstancias de cada una, la prostitución no es peor que otras opciones, quizás mejor vistas socialmente”. Kenia García, portavoz del Colectivo de Prostitutas de Sevilla y una de las participantes en estas jornadas, lee esta reflexión de una de sus compañeras dedicadas a la prostitución.

La prostitución no es una panacea, nunca nos escucharán defender eso

Muchos de los discursos de estas mujeres recalcan que ellas no hablan de la prostitución como una solución vital, en respuesta a las acusaciones de querer hacerles ver a las estudiantes los beneficios de este trabajo vertidas por algunos miembros de la universidad. Aun así, en las jornadas se repite también que ellas ven aliadas en el mundo académico y que entienden que esta solo fue una parte del ámbito universitario. “Claro que hay aliadas académicas y cada una ayuda de una forma. El día 5, de hecho, nos vamos a reunir para presentar políticas sociales para que la gente no se vea abocada a ejercer la prostitución. Lo hacemos precisamente por esos, para que no haya más putas, que ya nos llega”, añade María José Barrera, extrabajadora sexual y cofundadora del Colectivo de Prostitutas de Sevilla. “Cuando hablamos de putas empoderadas no es porque pensemos que sea algo maravilloso dedicarse a esto, sino porque reclamamos nuestra dignidad y nuestra voz, nuestro derecho a hablar por nosotras mismas. No necesitamos que nadie nos victimice, como hace determinado feminismo”, expone Saisei-chan, trabajadora sexual. “Determinadas abolicionistas simplifican nuestros mensajes para que entren en sus prejuicios sobre nosotras”, denuncia.

Cando hablamos de putas empoderadas no es porque pensemos que sea algo maravilloso dedicarse a esto, sino porque reclamamos nuestra dignidad y nuestra voz

 

LAS CRÍTICAS AL ABOLICIONISMO

Para las participantes, el problema de lo que llaman ‘nacional-abolicionismo’, o abolicionismo más extremo, es que no ayuda a la situación de unas mujeres que ya lo tienen muy difícil sin tener que lidiar con las consecuencias de políticas que, al final, las sancionan a ellas. Vera, una trabajadora sexual procedente de Europa del Este, contó la situación que se encontró trabajando en Noruega y Suecia tras la aplicación de políticas abolicionistas y sancionadoras. “La policía te persigue, no puedes denunciar si te pasa algo porque la policía va a por ti para deportarte. Una vez me echaron de un hotel en el que estaba trabajando y me dejaron en la calle, con el frío que hace en Noruega en invierno. Les quitan la custodia de los hijos a las mujeres si se enteran de que son trabajadoras sexuales, pero a los clientes no, claro…”. Añadido a esto, Vera denuncia que toda esta situación de maltrato hacia las trabajadoras no cambió la demanda de sexo en los países escandinavos, por mucho que los gobierno de allí digan que cada vez hay menos prostitutas. “Amnistía Internacional demostró las consecuencias negativas del modelo sueco, pero los gobiernos no escuchan, no les importan las vidas de las prostitutas, como demuestran las muertes de Vanesa Campos o Petite Jasmine”, añade Vera.

Cuando hablamos de proxenetas, el primer proxeneta es el Estado

Ordenanzas municipales como la de Murcia de 2013 o la de Lugo demuestran que en el Estado español se va por el mismo camino, con las consecuencias negativas que expertas y trabajadoras dicen que esto tiene para las vidas de muchas de ellas. “El hecho de que se les multe hace que cuando sufren un acto delictivo por parte de terceros tengan miedo de ir a la policía, por lo que estos actos quedan impunes. Esto sin contar con que la policía ya las conoce y a veces las multa simplemente por estar en la calle, aunque hubieran salido un momento a comprar el pan”, advierte Nacho Pardo, fundador del Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS).

“El abolicionismo insiste en que la solución está en multar a los clientes, pero no es tan sencillo. Lo que pasa cuando multas a los clientes es que las trabajadoras tienen menos tiempo para negociar con ellos en la calle y tienen que irse a zonas alejadas del centro, lo que pon en peligro su vida y las expone a situaciones de mayor violencia y vulnerabilidad”, añade. Además, este tipo de ordenanzas aumentan el estigma de unas mujeres que, ya de por sí, viven bajo el cuestionamiento y las constantes críticas por parte de la sociedad. “Tenemos un Estado proxeneta que recaudó, hasta 2017, 50.000 euros con multas a trabajadoras sexuales. La ley mordaza se alimenta de mujeres que ejercen la prostitución, cuando hablamos de proxenetas, el primer proxeneta es el Estado”, denuncia Kenia.

El abolicionismo insiste en que la solución está en multar a los clientes, pero no es tan sencillo

As xornadas foron censuradas pola UDC. ELENA MARTÍN

 

EL PROBLEMA DE LA TRATA

Por otra parte, insisten en que ellas también diferencian entre trabajadoras voluntarias y víctimas de trata, y que es muy injusto que se las acuse de abandonar a las compañeras que están ejerciendo involuntariamente. “Están utilizando a las compañeras que sufren trata y que lo quieren dejar como herramienta para atacar al resto de trabajadoras. Pero no son las putas las que tienen que acabar con la trata, sino los políticos y las instituciones”, dice María José Barrera. “El proxenetismo, la trata y el tráfico de personas existen porque hay beneplácito de los gobiernos, dan mucho dinero, son mafias internacionales. Las mafias que trafican con personas también lo hacen con armas y drogas”, añade Conxa Borrell.

Sobre este tema habló Kenia García, que centró su discurso en denunciar la ley de extranjería y el cierre de fronteras, que influyen en que muchos procesos migratorios acaben en redes de trata, o en la economía informal y la prostitución. El Estado otorga licencias a los clubs y demás locales, pero en cambio no da papeles a las personas migrantes que se dedican a la prostitución. Las mujeres migrantes necesitan tres años para optar a la residencia, suelen ser personas racializadas que acaban o bien en el trabajo del hogar en condiciones precarias o muchas en la prostitución”, añade. “Se nos victimiza o se nos criminaliza”.

Están utilizando a las compañeras que sufren de trata y que lo quieren dejar como herramienta para atacar al resto de trabajadoras

La profesora de antropología Estefanía Acién señaló también que, cuando se habla de prostitución, desaparecen los enfoques multifactoriales que sí se dan en otros ámbitos. Esta antropóloga estuvo durante años en contacto con prostitutas nigerianas en el poniente almeriense. “El discurso ‘trafiquista’ aleja el foco de la responsabilidad que tiene nuestra sociedad en la situación de estas mujeres —sexismo, clasismo, racismo…— y somos nosotras quienes tenemos que ayudarlas a salir de aquí, pero para eso necesitan una alternativa que muchas veces no tienen porque a ellas non les dan contratos en otros sitios, como a los hombres”, denuncia esta antropóloga. Por otra parte, para ellas no es cierto que los gobiernos se preocupen por las víctimas de trata porque no se hace nada real para ayudarlas. “Las deportan a su país son tener en cuenta sus deudas, y sin pensar en que intentarán volver. No les importan las familias, solo echarlas del país. Eso es racismo”, señala Borell. “En los clubs solo las ‘liberan’ si tienen papeles. Si tienen papeles entonces las dejan allí, porque, claro, con papeles ya no parece que puedan ser víctimas de trata”, añade la secretaria de OTRAS, que en la actualidad sigue luchando por un sindicato de trabajadoras y trabajadores del ámbito sexual, a pesar de todos los obstáculos.

Tras dos días de conversaciones, charlas y debates, finalmente la Facultad de Derecho aceptó que se hiciera un encuentro con ellas el día 21 a las 13h30. Allí, rodeadas de paraguas rojos, su símbolo, las organizadoras de las jornadas aseguraron que lo que pasó con la UDC demuestra que “la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales va a ser dura y difícil”, pero piensan seguir luchando porque estas mujeres no lo tengan aún más difícil de lo que ya lo tienen. Y por un mundo donde nadie tenga que hacer aquello que no desea o lo tenga que hacer en la clandestinidad, como estas jornadas.