Amsterdam: la mentira de “My Red Light”

 


Felicia Anna
12 de mayo de 2017

 

http://behindtheredlightdistrict.blogspot.com.es/2017/05/the-bullshit-of-my-red-light.html

 
Me prometí a mí misma que nunca más prestaría atención a My Red Light. Pero hoy de nuevo hay una tormenta mediática sobre My Red Light, que me ha molestado tanto que sencillamente necesito escribir sobre ello, a fin de establecer un montón de cosas ciertas.

Comencemos con lo primero y lo más importante. My Red Light debía ser un burdel dirigido por trabajadoras del sexo. Bueno, eso falló. Es tan sencillo como eso. Hay una junta entera de los llamados “expertos” en un “Consejo de Supervisión” que tienen el verdadero poder y control sobre este burdel. Estas personas incluyen a personas de organizaciones de ayuda tales como el Fondo de Ayudas de SOA, HVO Querido, un ex fiscal, un dueño de barra / restaurante y gente de ese tipo. Pero no hay trabajadoras del sexo, aparentemente porque no somos lo suficientemente inteligentes para hacer esto, ¿verdad? No somos lo suficientemente instruídas, ¿verdad? Porque todos siempre tratan de ofrecernos algún tipo de educación, como si fuéramos mudas o sin educación o algo así. ¡Poco saben ellos que muchas trabajadoras del sexo que trabajan en el Distrito de la Luz Roja terminaron sus estudios secundarios, tienen un grado o incluso terminaron la universidad!

Trabajadoras sexuales que participaron en este proyecto desde el principio fueron rechazadas para realizar trabajos de dirección del burdel porque no pasaron el “casting”. En otras palabras, no fueron consideradas “suficientemente buenos” para dirigir el burdel. En lugar de escoger a una trabajadora del sexo con experiencia detrás de las ventanas al menos para ser la gerente, a quien finalmente eligieron para ser gerente de My Red Light fue a uno de los otros operadores de burdel. Estoy confundida. Pensé que esos eran la gente que nos trató tan mal que necesitábamos abrir nuestro propio burdel, y ¿ahora los contratan como gerentes?

Las afirmaciones de que My Red Light es un burdel donde las mujeres no necesitan un chulo y no dependen de los operadores de burdeles son una mentira. En primer lugar, las mujeres en el Distrito de la Luz Roja no necesitan un proxeneta, es por eso que tenemos a la policía. También están sugiriendo que otros burdeles están llenos de chicas con proxenetas y no debería ser así, pero también es una completa mentira. Tienen la misma probabilidad de tener chicas trabajando allí con un proxeneta que cualquier otro burdel.

El argumento de que gracias a My Red Light las trabajadoras del sexo ya no dependerían de un operador de burdel es un argumento que incluso un niño de 3 años puede ver que es falso. My Red Light ES un operador de burdel. Así que sí, todavía seguimos dependiendo de operadores de burdeles, ahora con My Red Light como antes, ¡nada ha cambiado! Sendillamente pretenden ser mejores, lo que también me hace preguntarme por qué necesitan hacer eso, si realmente son mejores.¿Problemas para encontrar chicas para alquilar sus habitaciones, gente? ¿Es ésa quizás la razón que usted necesita para llamar tanto la atención? ¿Y es ésta la razón por la que ninguna de las chicas que conozco quiere trabajar allí?

¿Las condiciones de trabajo serían mejores? Eso también es una mentira. Las condiciones de trabajo son las mismas, ya que hacen exactamente lo mismo que otros operadores de burdeles. No hay nada nuevo en esto. Son sólo otro burdel nuevo, eso es todo. Las condiciones de alquiler son en su mayoría las mismas o mucho peores que con otros burdeles.

Por ejemplo:
Quiero alquilar una habitación. En My Red Light esto me costará 160 euros. Pero dos de los mayores operadores de burdeles me ofrecen una habitación por 150 ó 155. Así que son más caros. ¡Diablos, incluso hay operadores de burdeles que alquilan habitaciones por 130! Así que eso no es ciertamente una mejora, son el precio promedio. Así que no hay mejoras.

Segundo ejemplo:
Quiero alquilar una habitación para toda la semana, pero quiero un día libre. En otros burdeles me dan un día libre y no tengo que pagar, algunos incluso ofrecen 2 días libres. En My Red Light esto es lo mismo.

Tercer ejemplo:
Quiero ir de vacaciones por un mes. En My Red Light no puedo, porque sólo te permiten 3 semanas de vacaciones máximo. Pero con mi prostíbulo actual podría incluso ir por 2 meses tal vez y no sería un problema. Así que eso es mucho peor.

Cuarto ejemplo:
Quiero dejar mi trabajo, porque realmente no quiero seguir haciendo esto. En mi actual operador de burdel puedo irme, sin más. Pero en My Red Light tienes que cancelar tu habitación ¡con una semana de antelación! En resumen, ¡te están obligando a trabajar una semana más! ¡Pensé que este proyecto tenía como objetivo estar en contra de obligar a las mujeres a trabajar, no hacerlo proactivamente!

Quinto ejemplo:
Me enfermo y necesito quedarme en la cama por un par de días. Con mi actual operador de burdel no tengo que pagar por mi habitación. Pero en My Red Light tengo que pagar los dos primeros días que estoy enferma. ¡¿Cómo es esto mejor ?!

Así que las condiciones de alquiler no son mucho mejores, sino ligeramente peores en el mejor de los casos. Incluso te obligan a trabajar cuando quieres dejarlo, por tener que cancelar con una semana de antelación, ¡una regla que ningún otro operador de burdel tiene!

Y por supuesto también te ofrecerán otra vez cursos para hacer otra cosa, un programa de salida básicamente. Como si no hubiera suficientes programas de salida y organizaciones que se ofrecen prostitutas para encontrar otro trabajo. Gente, ¡en serio! ¿Es eso lo único en lo que se os ocurre? ¿Es una prostituta, así que tenemos que rescatarla? Porque las condiciones de alquiler ciertamente no son mejores que en otros burdeles y tampoco lo son sus precios o la forma en que tratasteis a las trabajadoras del sexo involucradas en este proyecto.

Y luego hablemos de la decoración de My Red Light. Un “arquitecto” lo diseñó, como si fuera un programa espacial de la NASA. Vamos gente, es un burdel de ventana, ¡no es tan malditamente difícil! ¡¿Pero adivina que?! ¡Se las arreglaron para incluso joder eso! ¡Hicieron las habitaciones negras! ¡De todos los colores que pudieron haber escogido, eligieron negro como color para una profesión nocturna! Y la única manera en que pudieron compensar sus habitaciones negras, fue bombeando una mierda de luz intensa para ganar algo de atracción. ¡¡¡Pero las luces son apenas perceptibles !!! ¡En una habitación negra!

O lo que es aún peor. En ell callejón que tienen, no hay luces rojas en el exterior. Sólo una linterna grande con luz blanca. Así que la gente va a pasar por ese callejón pensando que no hay nada allí, porque no hay luz roja en ese callejón. Especialmente porque no ha habido nada en este callejón por años. Diablos, solía haber grandes luces rojas en los lados del edificio en este callejón. ¿Por qué no las dejaron ahí? ¿Por qué las quitaron? ¿O al menos reemplazarlas con luces rojas led o algo así? ¿Pero no hay luces rojas en el exterior? ¿Sólo una linterna blanca gigante? Tal vez deberíais haber llamado a este proyecto Mi Luz Blanca. Es la única luz realmente notable que tienes de todos modos.

Y yo tampoco entiendo. Utilizas las mismas enormes linternas de los otros edificios. Pero las luces rojas que has puesto en ellas dan menos luz. Y las tiras de led con luz roja en el interior también son apenas visibles. ¡Qué demonios!, ¿tienen miedo de poner luces rojas en su burdel o algo así?

En serio, todo acerca de este proyecto es jodido. Las condiciones de trabajo son peores. Estáis presionando a otros operadores de burdeles haciéndoles ver como criminales, pero los contratáis para que trabajen para vosotros como gerentes. ¿Pretendéis ser un burdel mejor que otros, cuando vuestras condiciones de alquiler son iguales o peores? Y me estoy hartando mucho por el hecho de que seguís presionando a otros burdeles, y con eso a otras trabajadoras del sexo, para promocionaros vosotros. Si sois realmente tan buenos como decís, no necesitaríais eso. Pero aparentemente es la única manera como sabéis trabajar, chicos. Porque un buen negocio no necesita promoción, es un negocio que se promociona él solo.

Comparecencia de Hetaira en la Subcomisión para un Pacto de Estado en materia de violencia de género

 

Colectivo Hetaira·Martes, 9 de mayo de 2017

 

Madrid, 08/05/2017

 

Gracias al Grupo Confederal de Unidos Podemos, En comú Podem En Marea por la invitación a comparecer en esta Subcomisión. Comparezco en nombre de Hetaira -colectivo que trabaja desde hace ya 22 años en defensa de los derechos de las prostitutas en nuestro país- y que forma parte del Movimiento Feminista de Madrid, de la Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW), de la Red Internacional Europea TAMPEP, del Comité Internacional por los Derechos de Trabajador@s Sexuales en Europa (ICRSE), de la Coordinadora Estatal de VIH-Sida (CESIDA), de la Red Global de Proyectos de Trabajo Sexual, de la Plataforma Estatal por los Derechos de las Personas Trabajadoras del Sexo, de la Plataforma CEDAW Sombra España y de la Plataforma No Somos Delito, entre otras.

 

La creación de esta subcomisión es un paso más para tratar de hacer frente a la violencia machista y esperamos que las recomendaciones que finalmente se hagan llegar al Gobierno sirvan para mejorar la asistencia a las víctimas de violencia de género y evitar más muertes y agresiones machistas. No obstante, no vale con que el Gobierno tome nota de las recomendaciones que de esta subcomisión salgan, sino que éste deberá hacer un esfuerzo para garantizar que algunas medidas se pondrán en marcha dentro un marco legislativo adecuado y que lógicamente contarán con un presupuesto económico. No parece que vaya a ser así a la vista de los Presupuestos Generales del Estado aprobados. Lo lamentamos profundamente. Lamentamos sobre todo que se pierda energía y tiempo en “debatir”, pero no en “poner en práctica” y “en hacer”. Porque también habremos hecho perder recursos a la sociedad española.

 

La ley contra la violencia de 2014 adolecía de algunos problemas. Así se lo hicimos saber en su momento las asociaciones feministas al Gobierno socialista. A pesar de ello, la ley supuso un gran avance y hubo consenso sobre la necesidad de un cambio cultural y de mentalidad. Sin embargo, se abandonaron las propuestas a largo plazo, aquellas basadas en la prevención en la educación o en la formación de profesionales en los diferentes sectores implicados. Lo que quedó en pie, finalmente, fue la parte penal.

 

Tampoco puede servir el Pacto de Estado para pasar a denominarle a cualquier situación discriminatoria contra las mujeres como “violencia machista. Por ejemplo cuando oímos expresiones del tipo: “Cobrar menos por un trabajo de igual valor es violencia”. Creemos que hemos de ser rigurosas, porque si metemos todas las situaciones discriminatorias en un mismo saco estaremos haciéndoles un flaco favor a las “víctimas reales de violencia de género”.

 

El “impulso masculino de dominio” no es el único factor desencadenante de la violencia sexista. Tenemos que seguir poniendo en cuestión, además, las estructuras familiares (núcleo de privacidad que amortigua o genera todo tipo de tensiones); el papel de la educación religiosa y sus mensajes sobre el amor; la falta de educación afectivo-sexual de menores y adolescentes que ayuden a resolver los conflictos futuros, etc.

 

Apostar exclusivamente por la filosofía del castigo sobre el autor concreto de una agresión concreta significa no repensar las sociedades en las que vivimos, no querer ver las responsabilidades de los Gobiernos y de las políticas públicas puestas en marcha por éstos para tratar de evitarlas.

 

La imagen exclusiva de “víctimas” tampoco ayuda a la lucha colectiva por los derechos de las mujeres pues no tiene en consideración nuestra capacidad de resistencia, de hacernos un hueco, de generar autoestima y empuje solidario entre nosotras.

 

Incluso en los casos de violencia de género o de víctimas de trata es importante reforzar la autonomía y la capacidad de decisión de las implicadas. Los movimientos feministas siempre cuestionaron el tutelaje y la falsa protección basada en considerar a las mujeres como “eternas niñas” necesitadas de protección por un Papá/Estado.

 

El conocimiento y el trabajo con mujeres concretas y diversas nos ha enseñado como éstas pueden dar la vuelta, y de hecho se la dan, a las situaciones de subordinación con las que pueden encontrarse. Y como escribía Gayle S. Rubin: “Los márgenes y los bajos fondos pueden ser un lugar de rebeldía”.

 

Contar con los relatos de las víctimas de violencia de género nos sigue pareciendo una de las mejores fórmulas para encontrar estrategias y posibles soluciones. Conocer de primera mano sus necesidades (que pueden ser distintas dependiendo de cada mujer, de cada caso) debería ser una prioridad.

 

Nuestra comparecencia está centrada en materia de trata y prostitución.

 

Trata de personas

 

¿Tiene algún sentido incorporar medidas concretas contra la trata en una ley de violencia de género o en un Pacto de Estado? ¿Se trata de una buena herramienta o, por el contrario, tendríamos que enmarcarla en otro contexto para proteger a las víctimas de trata y luchar contra el delito? Desde Hetaira creemos que tendríamos que separarlo por responsabilidad política y por ser más eficaces a la hora de prevenir y atajar tanto la violencia de género como la trata.

 

La trata de mujeres es una manifestación de la violencia de género. Y figura -gracias a las presiones de muchas ONG’s- como delito en el Código Penal español desde hace unos años. Además puede conllevar otros delitos también tipificados ya en nuestra legislación

 

La trata de personas se da en muchos sectores económicos, no sólo en prostitución. Nos la encontramos en la industria textil, en la agricultura, en la mendicidad, en matrimonios forzosos, en el servicio doméstico. Y son víctimas de trata tanto menores como personas adultas (mujeres y hombres cis, mujeres y hombres trans). La CEDAW pide explícitamente que se tipifiquen todas las manifestaciones de trata (y no sólo aquellas que se dan dentro de la industria del sexo).

 

Una ley integral de lucha contra la trata (que viene reclamándose desde 2012) tendría que garantizar la protección y la recuperación integral de las víctimas y debería abordar la lucha contra la trata desde una perspectiva de derechos humanos. Nos faltan datos, siempre nos falta conocer cuántas personas se encuentran en situación de protección, cuántas personas están viviendo en lugares seguros, cuántas personas han accedido a permisos de trabajo y residencia, cuántas personas consiguieron la condición de asilo por ser víctima de trata (se cuentan con los dedos de una mano, con un poco de suerte, de las dos) cuántas personas han sido indemnizadas por el sufrimiento causado (sabemos que ninguna).

 

La persecución del delito se está haciendo, pero no se está trabajando con el mismo ímpetu en la protección de las víctimas y en poner en primer plano los derechos humanos. Contamos con ejemplos dolorosos, como las expulsiones de posibles víctimas de trata de los CIE’s; víctimas que no han recibido protección sino que han sido contempladas como migrantes sin papeles.

 

Correr el riesgo de saturar los juzgados de violencia de género con casos tan complejos como el de la trata no nos parece una buena idea.

 

Otro problema con el que nos encontraríamos es que el delito de trata, por lo general, traspasa fronteras. Por tanto la persecución del delito fuera de nuestras fronteras exige investigar en otros países y colaborar con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de esos países.

 

Nuestras recomendaciones/propuestas al Gobierno en este punto son las siguientes (exponemos sucintamente algunas cuestiones):

 

. identificación de las víctimas de trata con garantías, no siendo consideradas migrantes sin papeles.

 

. el plan contra la trata debe extenderse a todas las situaciones y dejar de denominarse “de mujeres y niñas con fines de explotación sexual”;

 

. que la colaboración con las autoridades policiales no sea una condición indispensable para poder recibir protección. Es inaudita la existencia de la “contraprestación” en el delito de trata.

 

. indemnizaciones económicas para las víctimas

 

. contar con la opinión y el trabajo de las ONG especializadas.

 

. seguir gastando ingentes cantidades de dinero institucional para explicar que la trata es un delito (algo que toda la sociedad entiende), nos parece un despropósito cuando aún faltan recursos habitacionales para las víctimas, un ingreso mínimo que les permita sobrevivir en un ambiente relajado, etc, etc… Prioricemos los recursos, acojamos a las víctimas, persigamos el delito y transmitamos todo esto a la sociedad. Es la mejor manera de mostrar la realidad y que se comprenda. No podemos delegar el problema de la trata en la “conciencia ciudadana”.

 

. derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana (ley mordaza) que, como bien saben (porque se aprobó en el Parlamento) multa indiscriminadamente a quienes ejercen la prostitución en espacios públicos y a sus clientes. Y en ocasiones, a víctimas de trata.

 

. por último, exigimos recursos públicos, dependientes de las instituciones.

 

La prostitución es un trabajo

 

En la prostitución hay machismo. También hay machismo en la política. Pero Vds. eso ya lo saben, es a lo que se dedican y conocen perfectamente quién se sienta en cada escaño, ¿verdad? Las prostitutas soportan el machismo como lo soportan Vds., las políticas, o las periodistas o las profesoras universitarias o las cajeras de los supermercados. Y se hace lo que se puede, colectiva e individualmente. Vivimos en sociedades machistas. Es lo que tenemos en común.

 

El Gobierno español, en los dos últimos años, ha reducido la deuda gracias al aumento del PIB, un aumento que ha venido por contabilizar la entrada de dinero de la prostitución. ¿No les parece impresentable que no se reconozca legalmente la legitimidad del trabajo sexual, que no se reconozcan los derechos de estas personas y que por el contrario se contabilice el “supuesto” dinero que mueve? A nosotras sí.

 

El grupo de expertos en materia de trata de la Unión Europea, GRETA, insiste en que la prostitución no equivale automáticamente a trata. Esta distinción es imprescindible tanto para abordar la trata en toda su complejidad como para encontrar soluciones a la hora de acabar con la discriminación que sufren las prostitutas.

 

La prostitución por decisión propia no es violencia, es el trabajo, la actividad económica para muchas personas que reorganizan sus vidas en función del intercambio de servicios sexuales por dinero. Este intercambio se produce entre gente adulta y con mutuo consentimiento.

 

¿Tiene algún sentido seguir repitiendo que “la prostitución es violencia de género”, al tiempo que mantenemos la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida por ley mordaza, que multa a quienes ejercen la prostitución en los espacios públicos, el sector más débil?

 

¿tiene sentido mientras seguimos manteniendo discriminadas a las personas que la ejercen: discriminadas a la hora de poder alquilar una vivienda o pedir un crédito, trabajadoras sin derechos laborales, sin derecho al paro, soportando situaciones laborales que contravienen todas las legislaciones posibles, sin derecho a una pensión de jubilación…?

 

¿qué pensamos hacer con las mayores que dejaron su vida en la calle?

 

¿la propuesta de incorporar la prostitución a una ley contra la violencia de género supondría la inmediata supresión de las multas por la ley mordaza?

 

¿supondría que las prostitutas pasarían a ser víctimas de violencia de género? ¿con qué beneficios? ¿tendrían asegurado las prostitutas su nivel económico de ser así?

 

Pero, como bien podrán imaginar, no estamos en absoluto de acuerdo con la incorporación de la “prostitución” en un futuro Pacto de Estado contra la Violencia de Género. La prostitución decidida no es violencia de género, sino una actividad económica para muchas mujeres que llevan tiempo reclamando derechos laborales para acabar con las malas condiciones en que se ejerce y con el estigma que pesa sobre ellas por dedicarse al trabajo sexual.

 

Amnistía Internacional está pidiendo la despenalización del trabajo sexual a nivel mundial. Sus últimos informes publicados, hace justo ahora un año, recoge a través de sendas investigaciones las violaciones de derechos humanos que sufren las trabajadoras y los trabajadores sexuales en Noruega, Argentina, Hong Kong y Papúa Nueva Guinea. Les recomiendo que lean, al menos el informe sobre Noruega y la persecución que están sufriendo quienes ejercen. Entre otras muchas cosas, sufren “desalojos inmediatos” de sus viviendas y de sus espacios de trabajo.

 

Las trabajadoras del sexo, como la mayoría de nosotras, buscan la manera de vivir lo mejor posible dentro de las opciones que la vida les ofrece. Y, por supuesto, deciden. En esta medida, la oferta de servicios sexuales es un trabajo para ellas, trabajo que debe ser reconocido legalmente, acabando con la hipocresía que hoy existe al respecto y articular los derechos sociales y laborales que se desprenden de ello. Los mismos derechos sociales y laborales de los que ya disfrutan sus señorías (permisos de maternidad, vacaciones pagadas, protección frente al desempleo, días libres, etc…).

 

Seguir negando esto y mantener a las prostitutas en la situación de discriminación actual contribuye, entre otras cosas, a que sigan siendo explotadas laboralmente, perseguidas y acosadas por la Policía y sufriendo abusos y agresiones de cualquiera que se lo proponga.

 

El proceso de estigmatización que sufren las trabajadoras sexuales hace que por el hecho de ejercer la prostitución se las considere una categoría particular de personas: “traumatizadas”, “trastornadas”, “víctimas extremas de las circunstancias” y lo que es peor sin capacidad de decisión sobre sus propias vidas.

 

El aumento de la presencia de migrantes trabajadoras sexuales ha sido la excusa perfecta para el desarrollo de políticas represivas en materia de prostitución y su aceptación por parte de las instituciones políticas. El hecho de que generalmente lleguen de manera irregular, sin papeles, así como el que se dediquen al ejercicio de la prostitución en un país donde no está reconocida como “actividad económica” favorece todo tipo de abusos sobre las inmigrantes que cuentan con menores recursos económicos. Esta situación ha servido de pretexto para definir la prostitución como violencia de género, no teniendo en cuenta las condiciones que favorecen que algunas prostitutas sufran diferentes formas de violencia sino considerando que es la prostitución en sí y, por lo tanto, los hombres con su demanda lo que hace que estos abusos sean posibles.

 

Discriminación es también la invisibilidad que soportan las prostitutas autoafirmadas y organizadas desde hace décadas a nivel mundial. Este sector de mujeres autoafirmadas, profesionalizadas y que se reivindican a sí mismas con orgullo, es el que se quiere ocultar cuando se habla de la prostitución desde una óptica victimista y sobreprotectora, asimilándola toda a violencia de género, al indefinido concepto de “esclavitud sexual” o a la trata. Palabras con fuertes resonancias emocionales pero que sirven de poco para entender las diferentes situaciones que se dan en el ejercicio de la prostitución. Sirven para hacer demagogia pero no para empoderar a las trabajadoras del sexo, a las que se niega su capacidad de decisión, su libertad y su autonomía para hacer con su cuerpo lo que quieran.

 

Para Hetaira lo importante sigue siendo estar cerca de quienes ejercen por decisión propia y entender y apoyar sus estrategias de supervivencia.

 

Hay partidos políticos que abogan por la erradicación de la prostitución. Pero ¿en qué se han concretado sus políticas públicas allá donde han gobernado (en ayuntamientos y comunidades autónomas)?

 

. En sus programas jamás vemos un plan de acción que contemple medidas sociales que puedan beneficiar a las prostitutas que voluntariamente desearan abandonar la prostitución, por los motivos que sea, muchas veces por no soportar el estigma social. Tan sólo se han puesto en marcha, en ocasiones, tímidos talleres y cursos a los que han podido acceder una cantidad ridícula de mujeres y que no les ha permitido abandonar la prostitución. Cursos de formación limitados, en muchas ocasiones, a trabajos precarizados y con una contraprestación económica insuficiente, que impide que dejen la calle.

 

. poniendo en marcha normativas cívicas ciudadanas (que multan a clientes, lo que significa castigar a las mujeres dejándoles sin fuente de ingresos); o normativas que multan a ambos o aplicando la ley mordaza;

 

. gastando cantidades ingentes de dinero público en campañas que “criminalizan a los clientes” y, por ende, a quienes ejercen;

 

 

. escribiendo guías con recomendaciones dirigidas a los medios de comunicación que hasta niegan a las mujeres la posibilidad de autodefinirse como trabajadoras del sexo.

 

. a hacer ruido ante el Consejo de Estado sobre la prohibición de publicidad de los anuncios de prostitución en los medios de comunicación. Intento baldío en el siglo XXI y con Internet al alcance de toda la población.

 

Poca cosa, poco serio, ¿no les parece? Y lo peor, ninguna de estas políticas públicas han tenido nunca en cuenta a sus protagonistas, las trabajadoras del sexo.

 

Cualquier plan contra la violencia hacia las mujeres, pero que suponga más “violencia institucional” contra algunas de ellas, en este caso las prostitutas, será un fracaso, un fracaso del Parlamento y un fracaso del feminismo y jamás contará con nuestro apoyo.

 

Si afirmamos tan contundentemente que la prostitución es violencia de género ¿qué deberíamos exigir para las “supuestas víctimas”, las prostitutas? ¿resarcirles económicamente por el sufrimiento causado?

 

Comparar trata (donde la voluntad de la víctima es nula) con prostitución por decisión propia es un ejercicio de cinismo. Comparar el sufrimiento de la trata frente a la decisión de quienes deciden ejercer la prostitución es pura demagogia.

 

La prostitución no es violencia de género, sin embargo, las prostitutas, en ocasiones (y además de sufrir violencia institucional) sufren y pueden sufrir agresiones por el hecho de ser mujeres. Y en este caso sí reclamamos medidas de protección para ellas.

 

Sólo por recordar, hace años nos vimos obligadas a denunciar que los servicios de atención a las víctimas de violencia de género dependientes del Ayuntamiento de Madrid no estaban atendiendo a mujeres que ejercían la prostitución y que querían denunciar a su compañero afectivo o sentimental, porque se consideraba que se trataba de su “proxeneta”. El estigma de nuevo en marcha. El estigma que considera que una puta no puede tener vida privada, ni una familia ni mucho menos un compañero afectivo.

 

Las políticas públicas nunca contemplaron una sola campaña de sensibilización de no estigmatización a las prostitutas. Exigimos acabar con la estigmatización que pesa sobre ellas (no son delincuentes, no son basura, no se “venden” a nadie), porque esta estigmatización llevará a que más de un indeseable -apoyándose en las propias políticas públicas discriminatorias- decida agredir a alguna de ellas o incluso asesinarla.

 

En la medida en que entendemos la prostitución como trabajo, con características especiales (el estigma entre otros), nuestras recomendaciones al Gobierno pasan por:

 

. normalización del trabajo sexual y derechos laborales y sociales para las prostitutas (de este modo, no ocurriría lo que ocurre a día de hoy día, que los empresarios de clubes de alterne imponen prácticas sexuales y/o clientes, entre otras cosas).

 

. que las migrantes puedan conseguir sus permisos de trabajo y residencia por ser trabajadoras del sexo.

 

. regular las relaciones laborales cuando median terceros. Para ello es fundamental que se derogue la última modificación que se hizo del artículo 188 bis del Código Penal que considera delito “lucrarse explotando la prostitución de otra persona, aún con el consentimiento de la misma”. Este añadido, (“aún con el consentimiento de la misma”) impide los tratos comerciales de las prostitutas en mejores condiciones y enmascara las relaciones que se están dando dentro de los clubes. ¿Por qué no evitar la explotación laboral que sabemos suceden en los clubes? ¿por qué no evitar maratonianas jornadas de trabajo? ¿por qué no normalizar la prostitución como trabajo para garantizar salarios dignos? ¿por qué no prevenir los riesgos laborales? ¿por qué no la existencia de convenios colectivos que regulen la situación?

 

. además de que la ley tenga en cuenta los aspectos básicos como licencias, localización de locales, etc… debería tener también en cuenta los horarios especiales los descansos semanales, separar el lugar del trabajo del lugar donde se vive (algo impensable en cualquier otro tipo de trabajo).

 

. priorizar los locales autogestionados y cooperativas de trabajadoras sexuales.

 

. no conceder licencias a truts o personas individuales que cuenten con antecedentes penales, especialmente por violencia de género o por trata.

 

. la negociación de espacios públicos, a través de políticas persuasivas y no criminalizadoras, de manera que quienes captan a su clientela en la calle puedan trabajar minimizando todo tipo de riesgos (también la de las posibles agresiones de algunos clientes).

 

. respeto al trabajo sexual. Celebración del 2 de Junio, Día Internacional de las Prostitutas.

 

. dípticos y reparto de materiales en lugares de ejercicio de prostitución contra las agresiones machistas, que las prostitutas sepan que tienen a los Ayuntamientos, a las Comunidades Autónomas y a los Gobiernos de su parte (y no en su contra).

 

. retirada inmediata de la ley mordaza, es imposible depositar tu confianza en quien te persigue y te multa día sí, día también.

 

. celebración del 17D, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Trabajadoras del Sexo.

 

. que se contabilicen las agresiones a las y los profesionales del sexo.

 

. es importante que se avance en el respeto al trabajo sexual y dejar de gastar dinero en discursos estériles. Nuestros adolescentes no necesitan que se les diga que no han de ser “consumidores de prostitución”, lo que necesitan es aprender que el RESPETO es el único camino posible para relacionarse en un encuentro sexual, sea pagado o no y siempre que exista previo consentimiento.

 

En 2016, desde Hetaira contabilizamos, a través de los medios de comunicación, al menos cinco asesinatos de trabajadoras del sexo cometidos en nuestro país. Tres de las víctimas eran mujeres trans. Ninguno de estos delitos puede quedar impune. Ningún asesinato puede ser justificado, tampoco el de las prostitutas. Sus muertes merecen ser igualmente lloradas y reclamadas por los movimientos de mujeres.

 

Muchas gracias por su atención.

 

Redadas contra la prostitución, siete años después

 

Hace casi siete años el Gobierno lanzaba una gran campaña mediática contra la prostitución, a propósito de una macrorredada en Madrid que llamaron “Operación Afrodita”. Un año más tarde, el caso fue archivado porque el juez apreció “proxenetismo no coercitivo”, ya que las mujeres declararon que ejercían la prostitución libremente, lo que no impidió que el magistrado señalara que las mujeres eran “sin duda las principales víctimas del sistema, por más que supuestamente lo consintieran”. Las 30 chicas que estaban sin papeles fueron deportadas.

 

Hoy el caso vuelve a ser noticia (1) porque el Supremo ha condenado al “proxeneta no coercitivo” por fraude fiscal. Publico en esta entrada el comunicado que hizo en su día el Colectivo Hetaira.

 

http://bit.ly/2lUriHI

 

 

Redadas contra la prostitución

 

Comunicado de prensa
Hetaira, colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas
Madrid, 27 de julio de 2010

Asistimos, con perplejidad, a una nueva puesta en escena mediática contra la prostitución. La última noticia, la macrorredada en Madrid en diferentes pisos y que se saldó con 350 mujeres “liberadas” según fuentes policiales ha demostrado que lo que se persigue es la prostitución que se anuncia en la prensa escrita, independientemente de que ésta se ejerza de manera voluntaria o sean víctimas de trata.

Desde Hetaira hemos investigado poniéndonos en contacto con mujeres que habían trabajado en esos pisos y  los testimonios que hemos recogido nada tienen que ver con lo que ha salido en los medios de comunicación ni en las noticias filtradas por la policía. Según los testimonios de mujeres que en algún momento trabajaron en ellos, lo único criticable eran las habitaciones que utilizaban para descansar, pero siempre respetaban la elección de las mujeres tanto de los turnos de trabajo como de clientes y de servicios sexuales a realizar. No obstante, seguro que las condiciones laborales serían mejores si la  prostitución estuviera reconocida como una actividad económica legítima (tal y como hizo el Tribunal de Luxemburgo de la UE en 2001) y se regularan las relaciones laborales cuando median terceros, como es el caso de estos pisos. Mientras esto no suceda, las trabajadoras del sexo que trabajan en clubes o pisos a cargo de terceros seguirán sufriendo abusos por parte de los empresarios y unas condiciones que no contemplan totalmente los derechos laborales de las trabajadoras. Pero la explotación laboral (algo que sufre un tanto por ciento muy elevado de trabajadores y más en tiempos de crisis como los actuales) no es lo mismo que la trata o la explotación sexual, un concepto que se ha puesto de moda últimamente y que no se sabe exactamente qué quiere decir.

Parece que el Gobierno está más interesado en los “golpes de efecto”  para  preparar las condiciones para la eliminación de los anuncios de contacto que en defender los derechos de las mujeres que trabajan en la prostitución de forma voluntaria.

El Plan Nacional contra la Trata de Seres Humanos con fines de Explotación Sexua,l  contempla acertadamente una serie de medidas de protección para las que son obligadas a ejercer la prostitución. No obstante, su puesta en marcha parece más centrada en la represión y persecución de las mafias que en la defensa de las víctimas.  Si tal y como mantiene el Gobierno central “Todas las prostitutas son víctimas de mafias” no entendemos cómo no se les está procurando protección, un lugar donde estar tranquilas y un periodo de reflexión mínimo de 30 días para que se decidan a denunciar a sus captores. La macrorredada organizada en la última semana en Madrid se saldó, según notas policiales, con 350 mujeres “liberadas”, sin embargo no sabemos dónde están estas mujeres  a día de hoy (no se encuentran bajo la tutela de ninguna ONG), si se encuentran internadas en un CIE o bajo custodia policial. Tampoco sabemos si el Gobierno se replanteará esta “obligatoriedad” de denunciar a cambio de protección. Lo que sí conocemos es que al menos 34 se encontraban en “situación administrativa irregular” y , probablemente, tal y como ha sucedido anteriormente, se les aplicará la ley de extranjería estando expuestas a ser expulsadas de nuestro país. ¿Son víctimas de trata de seres humanos o son trabajadoras del sexo sin derechos laborales que serán expulsadas del país?

Palabras, palabras y más palabras vacías de contenido (“prostitución es violencia contra las mujeres”, “la prostitución atenta contra la dignidad de las mujeres”, “víctimas”, “mujeres liberadas”) se acompañan de medidas que causan una mayor desprotección en quienes ejercen la prostitución por decisión propia:

  • las multas en los municipios se multiplican sin que el Gobierno central intente evitarlo. Las prostitutas han de trabajar el doble para poder pagarlas: ¿son los ayuntamientos los nuevos “proxenetas”? No se quiere ver a las prostitutas en las calles, parques y polígonos industriales pero no se les ofrece ninguna alternativa de espacios donde puedan trabajar con tranquilidad y seguridad. Mientras tanto, los grandes empresarios de clubes de alterne se frotan las manos sabiendo que no tendrán competencia en la calle (donde las mujeres se quedan con todos los beneficios que obtienen). ¿Preferimos, tal vez, que se vayan a trabajar a los clubes, fuera de la vista de la sociedad y donde sí sabemos que existe explotación laboral y unas condiciones abusivas?
  • se trabaja en la idea de prohibir la publicación de anuncios de contacto en la prensa escrita como la “gran” medida para acabar con el gravísimo problema de la trata de seres humanos (¿se prohibirán también los anuncios en televisión, en Internet, en revistas especializadas en sexo para personas adultas?). Si hay mafias organizadas que se publiciten, por favor, aprovechen e investiguen caso por caso para acabar con ellas. Tampoco les interesa a los grandes empresarios de clubes de alterne la competencia de los pisos particulares.
  • las prostitutas lo que necesitan son derechos laborales que las protejan: como trabajadoras autónomas del sexo en la calle o en pisos particulares o bien como trabajadoras dependientes de terceros en los clubes (para lo que habría que modificar el artículo 188bis del actual Código Penal que considera a éstos proxenetas).

Así mismo, exigimos que se pongan en marcha las medidas de protección y los recursos necesarios para defender los derechos de aquellas que son víctimas de trata.

No más abusos contra las prostitutas.

No a la criminalización

Ni multas ni expulsiones

Derechos laborales para trabajador@s del sexo

Protección social para quien desee abandonar la prostitución y

Protección real para víctimas de trata de seres humanos.

 

 

 

1.- http://www.elconfidencial.com/espana/2017-03-16/supremo-carcel-rey-prostitucion-lujo-fraude-fiscal_1345377/

 

 

Rebelión en el burdel: Evelyn, la prostituta atrincherada en su habitación porque quieren despedirla

Lleva 15 años ejerciendo para los mismos jefes que ahora la quieren echar del Club Flowers de Las Rozas (Madrid). El despido tiene carácter de desahucio, porque además de trabajar en la habitación 113, Evelyn vive allí. 

 

Evelyn Rochel se ha atrincherado en la habitación 113 del club de alterne en el que trabaja

Evelyn Rochel se ha atrincherado en la habitación 113 del club de alterne en el que trabaja

 

David López Frías @lopezfrias

03.03.2017

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170303/197980217_0.html

 

“Me quieren echar de aquí como a un perro, pero no lo voy a consentir. Este no es sólo mi trabajo. Vivo aquí. Este club es mi casa. Y por eso me he atrincherado en mi habitación”.

Lo cuenta Evelyn Rochel desde la habitación 113 del club de alterne Flowers, situado en Las Rozas (Madrid). Evelyn es una colombiana de 41 años que lleva 15 ejerciendo la prostitución en España, casi siempre para los mismos jefes. Un par de conflictos acaecidos en los últimos meses han llevado a la dirección del club a despedirla. Sin finiquito, sin indemnización, sin haber cotizado y sin derecho a paro.

 

DESPIDO Y DESAHUCIO

Evelyn, como la mayoría de las chicas que trabajan en el Flowers, vive allí, por lo que el despido tiene carácter de desahucio. Irse del club le supondría no tener ni un techo donde dormir. Con lo que no contaba nadie era con que Evelyn iniciase su particular rebelión y se hiciese fuerte dentro de su cuarto. Allí dentro lleva metida una semana.

Ella usa la palabra “atrincherarse” y es casi literal. En el suelo hay maletas, bolsos, bolsas, ropa y todo tipo de enseres personales. Todas sus pertenencias están desparramadas por la habitación, a la espera de que un juez determine qué hacer en este caso. Porque cuando le comunicaron su despido y le dijeron que tenía hasta las 6 de la tarde para abandonar el Flowers, Evelyn fue al juzgado y lo denunció. Ese es, cree Evelyn, el motivo por el que sus jefes no han cumplido aún sus amenazas de echarla del edificio.

 

LA PRIMERA REBELIÓN: EL ORIGEN

Las causas del desencuentro definitivo entre Evelyn y los propietarios del burdel se remontan a finales del año pasado. Evelyn cuenta que “nos endurecieron las condiciones laborales. Antes eran más flexibles, pero en noviembre todo cambió. Nos querían obligar a estar en la barra de 5 de la tarde a 5 de la mañana, sin descanso. Nos impedían comer o cenar a la hora que nosotros tuviésemos hambre”, explica mostrando un ticket azul en el que le especifican a qué hora puede ir al comedor. “Nos obligan a nosotras a limpiar la habitación después de estar con los clientes, porque ahora el servicio de limpieza no viene tan a menudo. Nos cargan con la responsabilidad de cobrarle al cliente 5 euros extra más por cada media hora de uso de la habitación. Y si nos olvidamos, lo tenemos que pagar nosotras. ¡Ah! Y el protocolo con el cliente. Cada vez más severo. Siempre sonrientes y siempre dispuestas para ellos. Tenemos que acercarnos, ser amables con ellos y tenerlos contentos. Son órdenes”, enumera.

Ese cúmulo de nuevas obligaciones unilaterales la llevó a empezar la primera rebelión en el burdel. Quiso sentarse con su jefe para negociar, pero la encargada le negó esa cita. Entonces reunió al mas de medio centenar de prostitutas que trabajan en el Flowers. Las espoleó para amenazar con una huelga y lideró las protestas. “Todas me apoyaron. Cuando el jefe se dio cuenta de lo que se le podía venir encima, aceptó hablar con nosotras”. Al parecer, el propietario desistió en aquel momento de incorporar aquellas normas, aunque a Evelyn le consta que con algunas chicas nuevas sí que las está aplicando. Sea como fuere, Evelyn ganó aquella batalla, pero pasó a estar en el punto de mira. “Me convertí en una persona incómoda para ellos”, recuerda ahora.

 

EL SEGUNDO Y DEFINITIVO EPISODIO

El segundo episodio tuvo lugar el viernes pasado. “Yo estaba en la barra con un hombre que me prometió que iba a subir conmigo. Estuvo una hora sobándome y magreándome mientras hablábamos. Cuando se cansó de meterme mano, me dijo que se largaba y me tiró un billete de 10 euros como propina”. Cuenta Evelyn que ese tipo de comportamientos es habitual en los prostíbulos, “pero a mí ese día me pilló cruzada y le insulté. Le dije que yo no funciono con propinas, y que si él me había prometido que íbamos a subir juntos y ahora no lo cumplía, él no era un hombre sino un mierda”.

Ambos se enzarzaron en una fuerte discusión, a la que acudió el encargado del burdel. “Le preguntó a él qué había pasado. Yo quise dar mi versión pero me mandó a callar diciendo que la única versión que le importaba era la del cliente”, cuenta con rabia.

La resolución de aquel conflicto tuvo lugar al día siguiente. “A las dos de la tarde me citó el propietario para comunicarme, de muy mala maneras, que me echaba a la calle. Además, como quería que aquello fuese ejemplarizante, llamó a una persona de cada departamento para que estuvieran presentes: a una de las chicas, una de las limpiadoras, uno de seguridad… Y allí mismo, con todo su público, me dijo que tenía hasta las seis de la tarde para abandonar el edificio. Fue muy humillante”, explica.

 

DENUNCIA EN EL JUZGADO

Visto el carácter definitivo de la medida, Evelyn decidió no acatar la decisión. Se fue al juzgado e interpuso una denuncia por estar sometida a condiciones de esclavitud. Luego volvió a su habitación y comunicó que no pensaba marcharse de allí.

“Lo que hicieron fue, entre otras cosas, anular mi acceso a la máquina de pagar”. Evelyn se refiere al ticket que tiene que adquirir cada día, por 90 euros, en concepto de alquiler de la habitación. Evelyn corrige ese extremo: “Eso es lo que dicen ellos, que es por la habitación. Pero en realidad yo pago 90 euros al día por trabajar. Si fuese por la habitación, a mi me tratarían como a un huésped. Pero no es así. A mí me obligan a bajar a trabajar 12 horas seguidas y me prohíben que vaya a cenar cuando tengo hambre. Si quiero toallas limpias, las tengo que pagar. Si quiero sábanas limpias, lo mismo”.

Anulando su método de pago, los propietarios del burdel podrían echarla por no abonar su estancia. Evelyn se fue a ver al propietario y le dejó los 90 euros en metálico enicma de la mesa, pero él no le quiso coger el dinero. Mantuvieron una tensa reunión y Evelyn acabó llamando a la policía para ponerlos en conocimiento de la situación. “Vinieron y hablaron con él; a mí los agentes me dijeron que no valía la pena denunciarle porque iba a quedar en nada”.

Desde entonces, ha decidido no salir de la habitación 113, que no tendrá más de 15 metros cuadrados. Tiene un baño compartido con otra compañera y un pequeño balcón con unas ‘preciosas’ vistas a la autovía. Tiene miedo a salir por si al volver no la dejan entrar, le han cerrado la puerta o le han cambiado la cerradura. Cuenta que los primeros días eran sus compañeras las que le subían alimentos a escondidas, pero que después le comunicaron desde la dirección del Flowers que le iban a permitir bajar al comedor. Dice que tiene el apoyo moral de sus compañeras, que están bastante nerviosas con todo este asunto. Tiene el apoyo moral pero, en contra a lo que sucedió con la rebelión que ella misma lideró en noviembre, en esto está prácticamente sola.

 

LA PROSCRITA DEL BURDEL

Llegar a la habitación de la proscrita de un burdel no es tarea fácil. Me cito con ella a las 7 de la tarde en el interior club. Como ella no puede bajar hasta la sala a recibirme, urde un plan para que nos veamos: yo tengo que hacerme pasar por un cliente y esperar en la barra. Una compañera suya me identificará y ambos subiremos a la habitación. Pero cuando lleguemos a la primera planta, yo me meteré en la 113 a hacer la entrevista. Evelyn sólo me dice el nombre y el color de pelo de la chica que vendrá a buscarme.

A las 7 de la tarde de un día laboral ya contabilizó a más de una veintena de hombres en la pequeña discoteca que es la planta baja del Flowers; una oscura sala con luces de muchos colores, una gran barra central y el volumen de la música muy alto. Pago 11 euros por una cerveza y me pongo a mirar el pelo de todas las mujeres del lugar. Un pequeño contacto visual (o a veces ni eso) provoca que la chica se acerque sonriente, empiece a hablar conmigo y se ponga a tocarle la espalda. Efectivamente, el protocolo del que me habló Evelyn se cumple a rajatabla.

En 5 minutos rechazo educadamente la compañía de una chica búlgara, una brasileña y otra colombiana. Allí no viene nadie a recogerme. Suena el teléfono y Evelyn me cuenta que su amiga no va a bajar porque está con un cliente. Me toca ir solo. Aunque en este tipo de locales no es normal que un cliente suba a las habitaciones sin compañía, ella me da instrucciones para llegar al ascensor por mi cuenta y me dice que me estará esperando en la primera planta, que no hable a nadie ni mire a nadie por el camino.

Finjo hablar por teléfono y me meto en el ascensor. A la salida me espera una chica rubia en ropa interior que me pregunta dónde voy tan solo. No parece colombiana. Es rubia y tiene acento del este de Europa. A tres metros, otra mujer muy morena me hace señales desde la puerta de la 113. Esa es Evelyn.

 

“PAREZCO UN REFUGIADO”

Entro en la habitación y miro todas sus pertenencias tiradas por el suelo. Sonríe con amargura. “Parezco un refugiado, ¿verdad? Estas son todas mis cosas. Soy como las tortugas, voy con la casa a cuestas”. Me lo dice en voz muy bajita, porque ahora que ella no está autorizada a trabajar allí, no colaría que estuviese con un cliente.

Hablamos en susurros durante dos horas, en las que me cuenta que se vino de Barranquilla (Colombia) al País Vaco hace 18 años, por amor. Que la relación no salió bien y decidió buscarse la vida. Por un cúmulo de circunstancias, acabó dedicándose a la prostitución. “Encontré un libro que se llamaba ‘Guía secreta de España’ en la que salían casi todos los puticlubs del país. Como yo en España ya no tenía a nadie, me daba igual dónde ir. Cerré los ojos y puse el dedo al azar en una página. Me tocó Empuriabrava (Girona). Allí me fui a un club en el que tenía que darle el 40% de lo que cobraba a mis jefes”.

De allí fue a parar al mítico Riviera de Castelldefels, el que fue el prostíbulo más grande de Cataluña y propiedad de los dueños del Flowers. Para ellos ha estado trabajando los últimos 15 años. “Yo estuve en la última redada del Riviera, que la policía nos marcaba a las chicas con rotulador para controlarnos, como los nazis a los judíos”, recuerda. Pasó por otro burdel de los mismos propietarios antes de llegar al Flowers, y aquí ha estado trabajando (y viviendo) los últimos dos años y medio de su vida. “Sábados, domingos, Navidad, fin de año… No es justo que ahora me echen por quejarme de una vejación. Y menos así, como un perro”.

 

SIN PARO NI COTIZACIÓN

Evelyn sabe que esta situación tiene que llegar a su fin, pero no piensa moverse de la 113 hasta que el juez se pronuncie. “Dirá que no es competencia suya, porque lo presenté en un juzgado penal. Pero así al menos hago tiempo”, explica. También reconoce que no tiene objetivos a corto ni a medio plazo. “¿Dónde voy yo? Esto es mi casa. Y oficialmente no he trabajado. No tengo paro ni años cotizados. Como mi trabajo no existe, yo no existo”, lamenta, recordando que “lo que sí me toca es pagar. Yo ejerzo porque estoy dada de alta en autónomos como vendedora. Mentimos por nuestros jefes. Y aquí ahora no me cobran la habitación, pero hasta ahora he estado pagando 2.700 euros al mes por poder trabajar. Les he pagado, según mis cuentas, 109.200 euros en los últimos 4 años y medio y habrán ganado como un millón y medio de euros conmigo desde que trabajo para ellos. Pero el jefe el otro día aún tuvo la cara dura de decirme que lo que estaba haciendo no era ético”.

Lo que sí que tiene claro es que no hay posibilidad de solucionar el conflicto entre ella y su jefe. “Aquí me han humillado y me han tratado como a un animal. Yo no vuelvo a trabajar para él”, asegura. Se enfurece cuando recuerda que “por culpa de mi trabajo estuve a punto de morir en mayo. Como tenemos que lavarnos las partes íntimas muy a menudo, la flora se debilita. Me cogió un dolor intensísimo al vientre que era insoportable. No fueron ni para llamar a una ambulancia. Me montaron en el coche del chico de mantenimiento y me soltaron en el centro de salud, como a un bulto. El médico que me atendió me diagnosticó una peritonitis y me mandó al hospital Puerta del Hierro. Casi me muero. Y así me tratan ahora”.

La pregunta que le suelen hacer a Evelyn es: “¿Por qué no te fuiste?”. Y ella siempre responde lo mismo: “Porque no hay adonde ir. En todos los clubes ponen las mismas condiciones”. Cree que este tipo de problemas vienen “por la situación en la que estamos las prostitutas en España. Recuerdo que en la última redada vino gente de una ONG que ayuda a las chicas. Me dijeron que me buscase un trabajo digno. Mire, mi trabajo ya es digno aunque a usted le moleste. Yo lo único que quiero son los derechos que tiene cualquier persona. Y esto sólo lo consigue la ley. Así no podemos estar. Que sigan con la hipocresía y prohíban la prostitución. O que se conciencien y la regularicen con todas las de la ley. Pero tal y como estamos ahora no podemos seguir. Porque no existimos. No somos personas”.