Terrorismo abolicionista: “El grave estado de Jimena Barón: sedada y con problemas psicológicos”

El mánager de la cantante dio a conocer cómo se encuentra ella y aseguró que fue víctima de la violencia en las redes sociales. Los detalles.

 

6 de febrero de 2020

https://exitoina.perfil.com/noticias/destacada/jimena-baron-grave-estado-sedada-problemas-psicologicos.phtml

 

JIMENA BARÓN

 

Jimena Barón suspendió sus shows del fin de semana por problemas de salud sin dar muchos detalles, pero luego de varias horas de misterio, Atelofobia Producciones, la compañía que trabaja con la cantante, reveló que ella no pudo “procesar el grado de violencia que recibió” a causa del escándalo por la publicidad de su nuevo temaque está sedada y que recibirá asistencia psicológica y psiquiátrica.

“Lamentablemente Jimena no se siente emocionalmente en condiciones de poder realizar los shows. Pidió asistencia piscológica y psiquiátrica. Luego de realizar la evaluación profesional, le fue contraindicado realizar los próximos espectáculos”, inicia el comunicado de la productora.

Se le indica reposo, medicación sedativa y acompañamiento de sus seres queridos en su casa, y también se le recomendó el aislamiento de los medios y las redes sociales hasta que recupere su fortaleza. A Jimena le resultó imposible procesar emocionalmente el grado de violencia que recibió a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación. Consideramos que se atravesó un límite que debió ser inquebrantable“, continúa el escrito de los allegados a la artista.

“El hostigamiento, la violencia y las amenazas que involucran a Jimena y a su familia generan un amedrentamiento extorsivo y aterrador”, sostiene la última parte del impactante texto que rápidamente generó revuelo en las distintas redes sociales en las que fue compartido por su mánager, Lucas Biren.

LA SALUD DE JIMENA

Barón había compartido postales de ella en la calle junto con panfletos publicitarios similares a los utilizados por trabajadoras sexuales y que muchas veces son de lugares ilegales en donde hay mujeres víctimas de la trata. Desde ese entonces, la intérprete de La Cobra se defendió y se mostró junto con Georgina Arellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), el sindicato de las trabajadoras sexuales, algo por lo que también fue cuestionada debido a la grieta existente entre quienes creen que la prostitución debe regularse y lo que piensan que debe ser abolida. La cantante, que debía presentarse hoy en en el Festival Nacional de la Manzana, en la Provincia de Río Negro, y mañana en la Fiesta Nacional de los Jardines de Villa La Angostura, provincia del Neuquén, luego borró sus posteos referidos a la promoción de su nueva canción, que además se llama Puta.

 

Triángulo negro para las prostitutas en los campos de concentración nazis

 

“Helm también descubrió detalles sobre la prisionera Elsa Krug, una prostituta de Düsseldorf. Incluso sus compañeros de prisión describieron a las prostitutas como ‘almas perdidas’ a las que nunca se tomaron el tiempo de conocer. Sin embargo, Krug tenía el poder como un kapo, un prisionero que supervisaba a otros internos. Dirigió el grupo de trabajo en la bodega de suministros de cocina del campo, lo que le dio la oportunidad de contrabandear alimentos muy necesarios para otros. Desobedeció las órdenes al negarse a golpear a sus compañeros de prisión y como resultado fue asesinada en la cámara de gas.”

https://slate.com/human-interest/2015/04/remembering-the-lesbians-prostitutes-and-resisters-of-ravensbruck-concentration-camp.html

 

 

“Else Krug había estado en el trabajo como siempre cuando un grupo de policías de Düsseldorf golpearon la puerta en 10 Corneliusstrasse, gritándole que abriera; eran las 2 de la madrugada del 30 de julio de 1938. Las redadas policiales no eran inusuales y Else no tenía motivos para temer, aunque últimamente las redadas habían aumentado. La prostitución era legal según la ley nazi, pero la policía podía usar cualquier excusa; tal vez una de las mujeres evadió su control de sífilis, o tal vez un oficial quería una pista de una nueva célula comunista en los muelles de Düsseldorf.

“Varios oficiales de Düsseldorf conocían a estas mujeres personalmente. Else Krug siempre estaba en demanda, ya fuera por sus propios servicios particulares —se dedicaba al sadomasoquismo— o por sus cotilleos; pegó un oído al suelo. Else también era popular en la calle; siempre recogía a una chica si podía, especialmente si la niña sin hogar era nueva en la ciudad. Ella misma había llegado a las calles de Düsseldorf así hacía diez años, sin trabajo, lejos de casa y sin un centavo a su nombre.

“Pronto resultó, sin embargo, que la incursión del 30 de julio era diferente de cualquier otra que hubiera sucedido antes en Corneliusstrasse. Clientes aterrorizados tomaron lo que pudieron y salieron corriendo medio vestidos hacia la noche. La misma noche se produjeron redadas similares en una dirección cercana donde Agnes Petry estaba trabajando. El esposo de Agnes, un proxeneta local, también fue detenido. Tras una nueva redada a través del Bahndamm, los oficiales habían detenido a un total de veinticuatro prostitutas, y a las seis de la mañana todas estaban tras las rejas, sin tiempo para escapar.

“El trato a las mujeres en la comisaría de policía también fue diferente. El oficial de escritorio, un sargento Peine, conocía a la mayoría de las mujeres como pernoctadoras habituales en sus celdas, y sacando su gran libro negro, las registró minuciosamente como de costumbre, anotando nombres, direcciones y efectos personales. Sin embargo, debajo de la columna titulada ‘motivo de detención’, Peine imprimió cuidadosamente ‘Asoziale’, ‘asocial’, en cada nombre, una palabra que no había usado antes. Y al final de la columna, del mismo modo por primera vez, escribió en rojo: ‘Transporte’.

“Las redadas en los burdeles de Düsseldorf se repitieron en toda Alemania a lo largo de 1938, cuando la purga nazi contra sus propias clases no deseadas entró en una nueva etapa. Se había lanzado un programa llamado ‘Aktion Arbeitsscheu Reich’ (‘Acción contra los débiles para el trabajo’), dirigido a todos aquellos considerados marginados sociales. En gran parte desapercibidos por el mundo exterior, y sin ser reportados dentro de Alemania, más de 20.000 llamados ‘asociales’ —‘vagabundos, prostitutas, débiles para el trabajo, mendigos y ladrones’—- fueron detenidos y destinados a campos de concentración.”

The Missing History of Ravensbrück, The Nazi Concentration Camp for Women

 

“De aquellos que sobrevivieron y escribieron, o contaron a otros sobre sus experiencias, a menudo se recuerdan muchos nombres. Los asociales rara vez se encuentran entre esos. Elsa Krug fue una gran excepción. Elsa se mudó a la gran ciudad de Dusseldorf después de la muerte de su padre, quien se ganaba la vida como sastre. Cuando él murió, ella tenía veinte años y no había nadie que le diera dinero. Como la mayoría de las chicas, no tenía formación alguna y rápidamente descubrió que no se puede salir adelante limpiando casas o trabajando en una fábrica. La prostitución ofrecía más dinero. Krug se especializó en S&M y no se avergonzó de ello. Incluso bromeó con Grete diciendo que después de la guerra nunca podría obtener el dinero que estaba ganando antes, por lo que iba a tener que pensar en algo realmente inteligente para atraerlos. Krug había dejado de tener contacto con su madre, por supuesto, pero su madre no se había olvidado de ella. La estaba buscando activamente. Krug pasó a pelar patatas a la cocina , que era un lugar privilegiado porque le daba la oportunidad de birlar un poco de comida. Cuando Grete se convirtió en blockova de uno de los bloques asociales, por supuesto que le hicieron pasar un mal rato, pero Krug intervino y los puso en su lugar y ayudó a Grete a salir. Krug era conocida por ayudar a los demás. Tenía un gran corazón. Un soplón terminaría con su estancia en la cocina por sustraer comida y la enviaría al módulo de castigo y durante un tiempo estuvo picando piedra. Koegel estaba buscando a alguien que azotara a unos prisioneros y sus ojos se posaron en Krug, que era una mujer bastante robusta, y le dijo que lo hiciera. Ella se negó. Él le dijo que lamentaría ese día.”

http://nicolewbrown.blogspot.com/2016/01/ravensbruck-life-and-death-in-hitlers.html

 

Un triángulo negro

https://es.wikipedia.org/wiki/Tri%C3%A1ngulo_negro

Dentro de las categorías de clasificación de los prisioneros en campos de concentración de la Alemania nazi, el triángulo negro invertido (▼) tiene que ver con dos conceptos: Gemeinschaftsfremde y Arbeitsscheu, que significan “ajeno a la comunidad” y “vago, que no le gusta o no puede trabajar”. No se concebía que una persona sana tuviera estas conductas por ello se incluía en la categoría a personas y colectivos con características patologizadas en la época desde el conocimiento medico y las ideologías imperantes. Hoy en día se podría vincular esta categorización con el concepto de capacitismo. Discapacidades y trastornos mentales,123456gitanos, prostitutas, sin hogar, mendigos, vagabundos, alcohólicos, conductas sexuales y afectivas e incluso ciertas ideologías (contrarias al orden nacionalsocialista) se consideraba que debilitaban o estaban en contra de jerarquías, costumbres sociales, familia tradicional, trabajo, etc. Fueron, por tanto, clasificadas como “enfermedades” con una perspectiva biologicista extrema y se les aplicaron políticas de eugenesia.

Era una de las diversas insignias en forma de triángulo invertido usadas en los campos de concentración para marcar a las diferentes categorías de prisioneros. El triángulo negro estaba reservado a todos los que eran considerados antisociales como discapacitados, vagabundos, gitanos, algunos anarquistas y algunas mujeres que se consideraba que eran una amenaza para los valores de la familia nazi, como lesbianas y prostitutas. El origen es a menudo interpretado de forma errónea como un pubis femenino.

Algunos grupos proderechos de las personas con discapacidad han adoptado el símbolo del triángulo negro invertido (▼) en sus campañas.78​ La llamada “Lista del Triángulo Negro” fue creada para hacer seguimiento de las muertes relacionadas con los recortes al estado de bienestar.9

El triángulo negro invertido también ha sido adoptado como símbolo de orgullo y solidaridad para feministas y lesbianas.[cita requerida]10​ No fue, sin embargo, uno de los colectivos más significativos, perseguidos o con mayor número de víctimas dentro de esta categoría de la codificación.1112​ Se considera el equivalente femenino del triángulo rosa, que es el símbolo utilizado para los homosexuales masculinos.

 

La prostitución como violencia de género: asalto al Estado de Derecho. Hacia la prohibición de la prostitución en España.

 

Campaña del Ayuntamiento de Badajoz “contra esta forma de violencia de género”. Diciembre 2019. Foto: AYUNTAMIENTO DE BADAJOZ

 

La prohibición de la prostitución en España es inminente. La exigencia al próximo gobierno de una ley que penalice a los clientes y todo tipo de proxenetismo, exigencia liderada por la facción radical del feminismo, domina el discurso en todos los ámbitos. ¿Su fundamento?: el dogma de que la prostitución es violencia de género. Un dogma introducido ya en el Pacto de Estado contra la violencia de género sin ningún tipo de debate, sin necesidad de ninguna argumentación, tan sólo por la presión de las organizaciones abolicionistas.

El dogma de la prostitución como violencia de género era necesario para prohibir la prostitución mediante la penalización de los clientes. No bastaba con el mito de que el 80% de las prostitutas son víctimas del mito de la trata de personas con fines de la fantasmal (por indefinida) “explotación sexual”. Porque admitía que un 20% de las prostitutas lo eran por libre decisión y, entonces, ¿cómo desposeer de sus derechos fundamentales a esas mujeres que decidían libremente sobre su cuerpo y sobre su vida?¿Cómo lanzar el ataque al Estado de Derecho que reconoce mediante sus principios constitucionales el derecho de las mujeres a ganar dinero mediante la venta de servicios sexuales, el derecho a prostituirnos?

No argumentan por qué la prostitución debe ser considerada violencia de género. No en España, donde no tienen necesidad de argumentar nada. Pero el argumento, tal como lo expresan en otras partes, es que el sexo consentido sin deseo sexual por parte de la mujer es violencia contra ésta. Un argumento absurdo.

Sólo la conciencia de la enormidad de una ley como la que andan buscando las dominadoras de las mujeres y sus aliados y del enorme coste social y presupuestario que supondría puede frenar su aprobación. Un coste social que llevaría a la deportación masiva de inmigrantes indocumentadas y al paro sin derechos —a la miseria— a decenas de miles de mujeres; un coste presupuestario que supondría la creación de miles de nuevos puestos de policía para vigilar a todas y cada una de las prostitutas y la subvención a un enjambre de ONG rescatadoras —un nuevo Patronato de la Mujer— dirigidas por abolicionistas, tanto seglares como religiosas.

El enorme coste social y humano que supondría crear las condiciones para el control total de la prostitución clandestina por la mafia policial.

Frente a esta ofensiva totalitaria, las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados, los defensores de los derechos humanos, de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, de los derechos de las mujeres, del Estado de Derecho, sólo tienen un camino posible: la defensa de la total despenalización del trabajo sexual en los términos expresados en el Manifiesto Político de las Trabajadoras Sexuales del Estado español.

 

Por los derechos de las trabajadoras sexuales, por los derechos de las mujeres, por los derechos de la humanidad, por la libertad y la democracia,

 

SUSCRIBE Y DIFUNDE

el

MANIFIESTO POLÍTICO DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES DEL ESTADO ESPAÑOL

 

 

 

 

 

«El Patronato fue como una cárcel moral de mujeres en el franquismo»

La historiadora, Carmen Guillén Lorente, investiga la posición social de la mujer durante la dictadura franquista en su tesis doctoral

 

Carmen Guillén Lorente. / LV

 

Por MINERVA PIÑERO

22 de noviembre de 2018

https://www.laverdad.es/murcia/patronato-carcel-moral-20181122010839-ntvo.html

 

«En principio, la edad mínima para entrar al Patronato era de 16 años y la máxima de 25, pero estas reglas se las saltaban bastantes veces», explica Carmen Guillén (Murcia, 1988), doctora en Historia Comparada por la UMU. Tras cuatro años de investigación, la joven obtuvo hace unos días la calificación de sobresaliente ‘cum laude’ por ‘El Patronato de Protección a la Mujer: prostitución, moralidad e intervención estatal durante el franquismo’, su tesis doctoral, dirigida por Encarna Nicolás y Carmen González y en la que indaga sobre «uno de los aparatos más eficaces y duraderos desarrollados por el franquismo para el control social de la mujer».

-¿La prostitución fue legal en algún momento?

-Más que legal, la prostitución fue reglamentada desde 1941 hasta 1956. Esto significa que el franquismo permitía que existiera, pero, al igual que la regulaba, renegaba de ella. Era la expresión máxima de la doble moral del régimen. Había una serie de medidas que permitían que existiera la prostitución, pero no estaban enfocadas a proteger legalmente a la prostituta. Se entendía que era un mal menor y medicable.

-¿Cuál era la función del Patronato?

-La primera línea que se escribe dentro de los informes del Patronato es que su objetivo era redimir a la mujer caída y ayudar a la que está en peligro de caer. Para lograrlo, desarrolló un sistema de vigilancia, de terapia y reclusión a todas las mujeres que no cumplían con los estándares morales impuestos por el régimen. Cualquier mujer que no comulgase con el dogma o moral del franquismo era susceptible de entrar en los reformatorios del Patronato. Esta institución también se encargaba de escribir una serie de informes sobre cuestiones relacionadas, según su criterio, con la moralidad pública, como la homosexualidad, el uso de estupefacientes, las relaciones de género… Por algunas regiones, hasta se movieron los llamados agentes del Patronato, quienes deambulaban por las zonas que consideraban peligrosas para controlar la moralidad pública.

-¿En qué año se fundó?

-Aparece en 1941 y finaliza a mediados de los 80. Sobrevivió diez años al propio franquismo.

-¿Por qué motivos entraban las mujeres a los centros de esta institución?

-Teniendo en cuenta que era una realidad que se regulaba, las medidas eran bastantes represivas. El franquismo había regulado ciertas zonas de prostitución, entendidas como desagües sociales. Aquellas que salían de estos límites, tras ser denunciadas por la Policía o algún vecino, entraban a las cárceles de mujeres y a los centros del Patronato. Ocurría lo mismos con quienes ejercían sin el carné que les acreditaba como prostitutas, el cual existía.

-¿Cuántas mujeres fueron detenidas?

-Es un número muy difícil de cuantificar, sobre todo, porque la mayoría lo hacían de manera clandestina. En Murcia, uno de los datos registrados es que en 1952 había 72 mujeres ‘oficiales’. Y se estima que las clandestinas superaban en un 80% a las legales. En 1942, por causas relacionadas con la prostitución, en España se detuvieron a seis mil mujeres. Y en 1943 el Patronato estimó que el número de prostitutas era de 12.180, repartidas en 1.056 casas de tolerancia.

-¿Qué papel jugó la Iglesia en este contexto?

-Uno absolutamente crucial. La Iglesia no solo dio el arquetipo de mujer que debía existir; también facilitó las infraestructuras y el personal que el Patronato necesitó, a través de las congregaciones religiosas. Prestaron las casas de acogida, repartidas por toda la geografía española y regentadas por las congregaciones religiosas, principalmente por adoratrices y oblatas. Era como una cárcel moral de mujeres en el franquismo.

-¿Y la medicina, en concreto la psiquiatría?

-Apoyó completamente la causa del Patronato. La psiquiatría de la época estaba supeditada a la ideología del nacional catolicismo. Científicos como Vallejo-Nágera, conocido como el psiquiatra del régimen, apoyaron totalmente la represión a estas mujeres. La medicina se esforzó en buscar las causas clínicas que favorecían la práctica de la prostitución y la psiquiatría franquista se puso al servicio de la condena moral de las prostitutas. Para justificar esa actitud, el régimen tuvo que difundir un discurso articulado por la medicina.

-¿Cuántos centros del Patronato había en la Región?

-Dos. Uno en Murcia y otro en Cartagena.

 

¡NO A LA LEY MORDAZA ANDALUZA!

 

¡La prostitución no es delito, amordazar a las trabajadoras sexuales sí!

 

El Patronato, la cárcel de la moral franquista para adolescentes: “Era como la Gestapo”

 

Entre 1941 y 1985 funcionó en España una institución encargada de encerrar a las adolescentes ‘caídas o en riesgo de caer’ en centros de monjas para “rehabilitarlas”

 

Menores del Patronato de Sevilla. (Imagen del archivo histórico de la Junta de Andalucía)

 

Por MARÍA ZUIL

8 de julio de 2018

https://www.elconfidencial.com/espana/2018-07-08/patronato-proteccion-mujer-franquismo-gestapo_1586930/

 

Justo un mes después de que Raquel Castillo cumpliese 16 años, dos policías se presentaron en su habitación. Sin mediar palabra, le pusieron unas esposas y se la llevaron a un centro de monjas, donde le hicieron una prueba de virginidad y la observaron durante una semana. Su madre la había entregado a las autoridades, simplemente porque no quería hacerse cargo de ella. “Estuve en estado de ‘shock’, no sabía qué había hecho, no entendía nada…”, narra ahora 43 años después, cerca del centro donde vivió su primer encierro, en Arturo Soria, todavía perteneciente a las Trinitarias.

Con la misma edad, Marian Torralbo fue ingresada por una denuncia de su propio hermano en otro reformatorio, en su caso de la orden de las Oblatas. “A mí me gustaba salir y una noche, cuando volvía de fiesta, mi hermano que era de Acción Católica se presentó con mi cuñado y me llevaron a un piso custodiado por monjas. Mis padres renunciaron a mi tutela, y empezó mi infierno”. Consuelo García del Cid ni siquiera recuerda cómo llegó a un centro de las Adoratrices en la capital, muy lejos de su Barcelona natal. “Me desperté en una habitación con una pequeña ventana desde donde vi que todos los coches tenían matrícula M, y ya pensé que algo iba mal…”.

El Patronato se quedaba con la tutela de las adolescentes de entre 16 y 25 años que consideraba “caídas o en riesgo de caer”

Como ellas, miles de adolescentes fueron encerradas entre 1941 y 1985 en centros de religiosas de toda España bajo la custodia delPatronato de Protección a la Mujer, una institución que se encargaban de controlar la moral de la población femenina. Denominados oficialmente “colegios”, eran reformatorios en la práctica que extendieron el yugo de la represión franquista entre las mujeres de entre 16 y 25 consideradas “descarriadas”. Denunciadas por desconocidos, familiares o de oficio, el Patronato se quedó con la tutela de incontables mujeres que fueron condenadas sin juicio, y privadas de su libertad. Del Patronato poco se ha sabido tras la dictadura, a pesar de que sus prácticas se extendieron hasta 1985, cuando las tutelas de las menores de edad que quedaban bajo su “protección” se extinguieron y los últimos reformatorios cerraron rodeados de polémica.

Redadas en cines y bares.

Rebeldes, prostitutas, lesbianas, campesinas, violadas, embarazadas… Cualquier chica que se alejase de los cánones del único modelo de mujer que contemplaba el franquismo era susceptible de ser encerrada. Ni siquiera hacía falta que hubiese cometido todavía pecado, incluía a todas las “caídas o en riesgo de caer”. “Eran cárceles legalizadas, a las que no hacía falta ningún juicio para condenar a todas aquellas que no cumplían lo que en la Alemania nazi se denominaban las 3 K: Kinder, Küche und Kirche (niños, cocina e Iglesia)”, explica la abogada Teresa Fernández, de la Fundación Women’s Link Worldwideque ha incluido el caso del Patronato como ejemplo de la represión del franquismo con las mujeres en la causa que investiga sus crímenes en Argentina.

Los antecedentes del Patronato franquista se remontan a 1902 cuando se creó el Real Patronato para la Represión de la Trata de Blancas, vigente hasta la segunda república. Sin embargo, es con el franquismo cuando los supuestos se amplían a su máxima expresión y adquiere la misión de “rehabilitación” moral, bajo el paraguas del ministerio de Justicia y la presidencia de Carmen Polo, mujer de Franco. “La existencia de este patronato indica cómo la dictadura, sin abandonar la maquinaria represiva, va poniendo en funcionamiento otros instrumentos y mecanismos de control, socialmente más aceptables y políticamente más rentables que la represión pura y dura”, explica Pura Sánchez, investigadora del periodo del franquismo, ha indagado a fondo en los documentos de Sevilla.

Al Patronato de Protección a la Mujer se llegaba de muchas maneras. Redadas policiales, entregadas por la propia familia o denunciadas por un vecino afín a la ideología fascista. Pero sobre todo, jugaban un papel fundamental las celadoras, funcionarias de entre 28 y 45 años de “moral intachable y espíritu apostólico”, cuya tarea era visitar las zonas “calientes del pecado”, como podían ser los cines, bailes, bares o piscinas. “Cuando veían a una menor en actitud que consideraban que no era adecuada para la moral de la época, llamaban a la Policía”, explica Consuelo García del Cid, investigadora que ha dedicado un libro solo a esta institución tras su paso por dos de sus centros, ‘Ruega por nosotras‘. También había asociaciones de voluntarios que hacían este espionaje de manera altruista como la Liga Española contra la Pública Inmoralidad de Barcelona o el Bloque contra la Pública Inmoralidad de Zaragoza.

La institución se organizaba por Juntas Provinciales; al menos una por cada provincia. De algunas de ellas, como la de Sevilla, se conserva numerosa documentación que permite reconstruir una parte de la historia de este instrumento ideológico. Por ejemplo, guardan esperpénticos informes de ingreso de menores por motivos tan dispares como “por haberse ido con las comparsas de la Artista de Cine Marisol” o “por no obedecer a su madre“. “Una mujer caída podía ser cualquiera. Besarse en un cine, bailar agarrado, fumar a escondidas, llevar la falda más o menos corta […] ser víctima de una violación, de un incesto, ser homosexual […] negarse a rezar […] ser pobre”, narra García del Cid en su libro.

“La mayoría de las mujeres que se atendían en el Patronato eran chicas jóvenes, de 16, 17, 21 años, a las que se califica de “débiles mentales” o ‘deficientes mentales'”, continúa Sánchez. “De hecho, en las fichas se incluye su coeficiente intelectual. Pero lo común a todas ellas es unambiente familiar y/o social que se califica de “nocivo” o “pernicioso”. En muchas de estas fichas lo que se intuye en realidad es la pobreza y la marginación, consecuencia de la violencia económica y política que la dictadura siguió practicando contra las familias de las y los vencidos. Cada año, las juntas provinciales elaboraban una memoria anual sobre el “estado de la moralidad” de cada región. “El hecho de que se llamara ‘de protección’ tiene que ver, por una parte, con la ideología patriarcal, católica y conservadora de los vencedores de la guerra, que pensaban que las mujeres, como sujetos débiles, necesitaban protección, pero también reeducación, para tratar de hacer desaparecer, en la población joven sobre todo, los posibles residuos de la ‘modernidad republicana”.

Gran parte de las adolescentes que pasaron por los reformatorios, donde la mayoría de edad pasaba de ser de los 21 a los 25 años,constaban como ‘rebeldes’, pero una de las cosas que más sorprende a los investigadores es la cantidad de casos donde era la propia familia la que las ingresaba allí. Esta circunstancia se explica por dos razones. La primera, la labor del Patronato era completamente desconocida, y muchos padres pensaban estar mandado a sus hijas a un internado, sin imaginar las condiciones que allí había. “Mi padre había fallecido ese año y a mi madre le dijeron que lo mejor para mí era ir a un internado. Yo había estado en colegios de monjas y pensé que no sería para tanto, pero no tenía nada que ver. Cuando mi madre me visitaba y le contaba todo, las monjas le decían que eran cosas mías. Y no se las cuestionaba”, explica Teresa F. Gismero que estuvo en un centro de las Adoratrices de Madrid en 1977, desde el que la trasladaron a otro en Albacete. “Querían alejarme de mi madre”.

Al final, éramos penadas dos veces. Por el propio drama y por el que se imponía institucionalmente en manos del Estado

La segunda razón surgía de la propia familia, ya fuera por abusos sexuales o por pobreza, como era el caso de las chicas procedentes del campo que acabaron en un reformatorio de la capital como única vía de escape de la miseria de los pueblos. “La mayoría estábamos ahí por un problema familiar: abusos, incompatibilidad familiar, pobreza… En realidad tendrían que haber entregado a las familias, porque no tenían capacidad para ocuparse de unas hijas. Podría haber delincuencia, pero yo en Madrid no conocí a ni una que estuviese ahí por eso”, asegura Consuelo García del Cid, que fue ingresada por sus padres como interna ‘de pago’, es decir, sin que perdiesen la tutela, aunque con las mismas condiciones que el resto. “Al final, éramos penadas dos veces. Por el propio drama y por el que se imponía institucionalmente en manos del Estado”.

Exámenes de virginidad.

La primera parada de las “descarriadas” eran los Centros de Observación y Clasificación (COC). Durante una semana, chicas de todos los perfiles y procedencias compartían espacio mientras eran analizadas por las monjas que decidían a qué centro las enviarían posteriormente. El COC de Madrid está en Arturo Soria y sigue siendo un edificio propiedad de las Trinitarias, la orden que tenía encomendada esa labor de clasificación en la capital. En la parte de arriba del edificio todavía pueden verse las huellas de cemento de las rejas que un día franquearon sus ventanas para evitar fugas. “Me causó muchísimo impacto, era una cárcel, te cerraban la puerta para dormir en una celda con una ventana. Todas las noches venía la Policía a traer prostitutas detenidas, que se quedaban solo una o dos noches”, recuerda Raquel a los pies de la fachada. “Yo era una niña y nunca me había mezclado en ambientes así. Recuerdo que me senté donde pude, toda tímida, y me dijo una ‘quítate de mi lado que tengo el carné de bollera’. No la entendí, pero por si acaso me quité”.

Carlos Álvarez, investigador de la Universidad del País Vasco, ha estudiado concretamente el papel del Patronato en la persecución y encierro de las prostitutas, que suponían una minoría en la población recluida en los centros —entre un 7% y un 10%—. “Su encierro cumplía con dos objetivos: por un lado separarlas del resto de la sociedad para que no influyese en ella, y por otro ser ‘rehabilitadas’, por el camino de la redención”.

Todas las que pasaron por el COC de Madrid narran la monotonía de esos días, recluidas en un salón donde no hacían nada más que fumar y escuchar música. La comida no era mala, pero ninguna olvida los cubiertos de plástico que usaban a diario. “No intimábamos unas con otras, no hablábamos, yo creo que porque estábamos todas en ‘shock'”. A los días, todas eran sometidas a un examen de virginidad. “Me subieron a un potro y me preguntaron si era virgen. Dije que sí y el doctor me contestó ‘sí, eso decís todas’, entonces empecé a chillar, porque lo de la virginidad entonces lo llevaba muy adentro porque mi madre era madre soltera. Chillé muchísimo y me puse tan histérica que no me tocó. Y puso ‘completa’ en el informe”. Figurar como completa o incompleta, junto al comportamiento que hubiesen tenido durante esa semana, determinaba la dureza del centro al que eran redirigidas.

Convivíamos con niñas del Tribunal de Menores, y muchas se hacían pis en la cama. Las monjas las castigaban con duchas frías

No se tiene constancia, siquiera de manera aproximada, de cuántos centros podría haber por España, pero sí de que pertenecían al menos a siete órdenes religiosas, cada una especializada en un perfil: el Buen pastor —señalado por muchas como de los más benevolentes a pesar de tener los casos más complicados—, las Adoratrices, las Terciarias capuchinas, las Cruzadas Evangélicas, las Trinitarias, las de María Ianua Coeli y las Oblatas, consideradas de las más duras.

Marian Torralbo pasó por un centro de las Oblatas a principios de los 70 y no ha olvidado todavía los periodos de aislamiento que sufrió allí: “Convivíamos con niñas del Tribunal de Menores, y había muchas que se hacían pis en la cama. Las monjas las castigaban con duchas frías, pero una vez me interpuse y dije que yo limpiaba todo, pero que no castigaran a una niña de 4 añitos. La monja me dio un guantazo y se lo devolví. Por eso me tuvieron un mes encerrada”. En otra ocasión estuvo tres meses sin salir de una celda de aislamiento por pelearse con otra interna.

“No había compasión. Cuando llegabas había unos días de licencia para llorar, pero como te pasaras… El llanto podía ir contra ti. Te decían ‘anda, llora un poco más que estás muy guapa’ o directamente te lo prohibían”, explica García del Cid. Era habitual también en algunos centros que a las chicas les rapasen el pelo, ya fuera por higiene o como represalia. “Psíquicamente nos llevaban al límite”.

Sin embargo, la experiencia de cada interna varía de unas a otras. Raquel recuerda que su paso por las adoratrices, donde coincidió con Consuelo, fue positivo: “Yo estuve bien, sobre todo porque venía de vivir en una habitación con mi madre, que me había entregado”, explica. “Dependía mucho de cada una. Igual que había chicas del campo para las que solo tener agua corriente ya era un lujo”. Antes de cumplir los 16 años y poder entrar legalmente en el Patronato, la madre de Raquel intentó entregarla al Tribunal de Menores, quien consideró que no había motivos suficientes y le recomendaron esperar para poder deshacerse de ella con más facilidad en el Patronato, que ponía menos pegas.

Tampoco los centros y su dureza eran iguales. En las Oblatas, por ejemplo, no se impartían clases ni había cursos de formación, como sí tuvieron las Adoratrices. Raquel y Teresa recibieron clases de auxiliar de clínica por parte del doctor Eduardo Vela, investigado por la trama de los bebés robados, e hicieron sus prácticas en la tristemente famosa clínica San Ramón: “Yo nunca vi nada, tampoco lo iban a hacer delante de mí. Lo que sí recuerdo de él es que nunca sonreía”, cuenta Raquel.

“Nos levantábamos a las seis de la mañana, íbamos a misa, después desayuno y luego a fregar el suelo de rodillas. Después iban los talleres, rezar el Ave María Purísima y el Ángelus y luego te dejaban 15 minutos para hablar entre nosotras. Cuando acabábamos cada una hacía un poco lo que quería hasta la cena. Para terminar, una reunión en el que se hablaba de lo que había pasado ese día, y a la cama”, narra Teresa F. Gismero que pasó por las Adoratrices en 1977.

El funcionamiento de los centros se basaba en tres máximas: fregar, rezar y coser. La mayor parte de la jornada se pasaba en los talleres, donde las internas confeccionaban ajuares para las familias ricas o para marcas como El Corte Inglés. También montaban envases para firmas como rímel Pinaud o el refresco Tang. La explotación laboral era generalizada, por la que no recibían ninguna compensación económica, y gracias a la cual estas órdenes estuvieron lucrándose durante años. Cada centro recibía además 2.000 pesetas por interna y día en la época de los 70 —unos 190 euros con la inflación actual—.

Pero independientemente de las condiciones, todas señalan la pérdida de libertad como lo peor de su paso por la institución que incluía también la confiscación de cartas o escuchas telefónica. “El no entender el porqué, ese no saber, no merecértelo… Eso era lo peor”, recuerda Raquel.

Manicomio para las más rebeldes.

En la red de centros y órdenes que salpicaba el país, había dos centros considerados como el peor final posible. Uno era el de Baeza en Jaén, con el que eran sistemáticamente amenazadas todas las internas de España, pero del que no se conserva ningún testimonio. “Ninguna ha querido hablar”, recoge García del Cid. El otro era el manicomio de Ciempozuelos, a 30 km de Madrid. A este último iban a parar las más difíciles de domar o las que habían caído en depresión. Allí estuvo ejerciendo el psiquiatra Guillermo Rendueles, quien no conocía la existencia del Patronato hasta que empezó a trabajar con él en 1975. “Había chicas que estaban allí por cosas tan tontas como llegar tarde a casa, o tener un novio. Algunas sí tenían trastornos de conducta, perola propia institución creaba la patología. Era difícil saber lo que era debido al encierro y lo que eran problemas mentales. Pasaba como con los animales: la conducta en el zoo no es la misma que en libertad”.

En este manicomio, las internas —apodadas ‘las patronatas’— tenían habitaciones individuales “para prevenir la homosexualidad femenina” y recibían algunas de las terapias más punteras de la época. Un trato que contrasta, por ejemplo, con los amarres que sufrían cuando intentaban fugarse. “La mayoría se iban sin dinero ni ropa, así que lo normal era que a los pocos kilómetros algún caminero abusase de ellas y las entregase a la Guardia Civil”, afirma Rendueles. El psiquiatra recuerdacómo en una ocasión ayudó a una a escapar de su encierro: “Era un día que estaba muy cabreado con el sistema porque acababan de ejecutar a Puig Antich. Me tocaba guardia de fin de semana en el manicomio y me dedicaba a dar patadas a las puertas cuando percibí cómo una de las patronatas, una de aquellas con poca afición a verbalizar sus problemas, se guardaba mortadela y un bollo de pan mientras me miraba con desconfianza. Un rato más tarde le di mil pelillas, un anorak usado y una bolsa deportiva. No pareció sorprenderse, no me dio las gracias, ni siquiera sonrió. El lunes en el café del cambio de guardia comentaron la fuga y hubo apuestas sobre cuántos días tardarían los guardias en devolverla. Tres meses después yo dejaba de trabajar en Ciempozuelos, todavía no la habían detenido”.

Algunas sí tenían trastornos de conducta, pero la propia institución creaba la patología

Al Patronato era fácil entrar, pero muy difícil salir. Los padres que querían recuperar la tutela tardaban meses en conseguirlo, por lo que muchas acababan de sirvientas, dependientas, o amas de casa por encargo. Era habitual que las pusiesen en contacto por carta con hombres solteros de países como Australia, o las exhibiesen y vendiesen al mejor postor, como se hacía en el centro de Peña Grande para embarazadas. También hubo quien se hizo monja, y quien se fugó.

Marian Torralba fue de las que optó por la última opción. “Durante días estuve escondiendo dinero y ropa en el coro de la Iglesia, hasta que un día salí por la puerta. Llevaba un tiempo portándome bien así que cuando me crucé con una monja y le dije que me esperaba mi padre fuera para llevarme al dentista, me creyó. En cuanto pasé la puertaempecé a correr como no he corrido en mi vida”.

En el caso de Teresa, hizo una huelga de hambre después de que prohibiesen a todas las internas hablar con ella. “Me ingresaron en el hospital y las monjas ni siquiera llamaron a mi madre. Fue gracias a una enfermera que pude hablar con ella y me sacó de allí. Se llama Maricarmen y la llevo buscando desde entonces porque me salvó la vida”. Salió en 1977, un año antes de que el Gobierno, ya en democracia, anunciase su abolición y sustitución por el Instituto para la Promoción a la Mujer.

Sin embargo, tuvieron que pasar siete años más para que las prácticas del Patronato se extinguiesen. Unos años en los que los centros siguieron actuando con total impunidad y, aunque no se dieron nuevas tutelas, las concedidas previas a la abolición se mantuvieron. El principio del fin se fraguó con la tragedia de una interna que murió intentando escapar del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, en San Fernando de Henares (Madrid), bajo custodia de las Cruzadas Evangélicas. La indignación y la denuncia social hizo el resto, pero aun así tardó dos años más en cerrar, el 5 de abril de 1985, como recogen las crónicas de entonces. Poco antes, en septiembre del 83 el nuevo presidente del Consejo Superior de Protección de Menores, había prohibido pegar a las internas y la utilización de celdas de castigo acolchadas y con puertas blindadas —oficialmente llamadas salas de reflexión—.

Más de 30 años después, la figura del Patronato de Protección a la mujer sigue siendo un misterio incluso para los expertos en Memoria Histórica. Apenas se conserva documentación, que fue abandonada o destruida con la marcha de las monjas. “Se ha tendido a la no investigación en general, por nuestra Transición basada en el olvido y en el silencio, y por la ley de Amnistía que lo ha dificultado mucho”, considera Teresa Fernández, la abogada de Women’s Link Worlwide. “Y al final son las mujeres las que quedan olvidadas, las invisibilizadas en todos los conflictos”. Carlos Álvarez apunta más bien a la opacidad de la institución, incluso durante su existencia: “La cara visible era el internado o reformatorio, pero nadie sabia lo que había detrás, no había oficinas del Patronato”.

Consuelo se ha encontrado con todo tipo de trabas a la hora de investigar cómo funcionó el Patronato, al que considera máximo responsable de este negro capítulo del franquismo: “Se quebrantó la frontera entre el bien y el mal. Las monjas estaban absolutamente convencidas de hacer el bien, lo que pasa es que su bien hizo mucho mal, pero no las culpo. No lo hacían para jodernos, sino porque estaban convencidas de que tenían que hacerlo así y la ley se lo permitió. Había monjas malas, como cualquier comunidad, pero el responsable es el sistema que permitió esto: una Gestapo a la española pero dirigida a la mujer”.

 

Los “derechos humanos” de las adoratrices

 

Por  Consuelo G. del Cid Guerra

13 de mayo de 2015

http://www.tenemoslapalabra.com/actualidad/1600-los-qderechos-humanosq-de-las-adoratrices

 

“Creíamos que la esclavitud, aquella que describía Mark Twain, había sido desterrada. Pero no es así. Todavía en pleno siglo XXI existe una forma de esclavitud.“

 

Felipe VI entrega el VI Premio Derechos Humanos Rey de España a la superiora general de las Adoratrices, Teresa Valenzuela. /EFE

 

Son palabras pronunciadas por Soledad Becerril, durante el acto de entrega del Premio a los Derechos Humanos Rey de España, concedido por la Universidad de Alcalá y el Defensor del Pueblo a las monjas Adoratrices, Esclavas del Santísmo Sacramento y de la Caridad. La congregación, fundada hace 159 años por Santa María Micaela, colaboró con el franquismo a través del Patronato de Protección a la Mujer, institución presidida por la esposa del dictador, Carmen Polo de Franco.

Actualmente se dedican a las víctimas de trata, prostitución y violencia de género. Su cometido, así como la forma de hacer, cambió forzosamente junto con España, aunque la democracia les llegó más tarde ,cuando se quedaron sin internas caídas o en riesgo de caer, a mediados de los años ochenta. Ellas, las Adoratrices, arrastran su propia historia y cargan un lado oscuro que se ha mantenido impune hasta la fecha por puro desconocimiento. Entre el silencio de las propias monjas, hacedoras de un supuesto bien quebrantado en los interiores de sus conventos, y la ley del silencio, ese supuesto defensor del pueblo que habla les concede el Premio de los Derechos Humanos a las Adoratrices, que quebrantaron los más elementales derechos, esos mismos que hoy se defienden con forma de galardón entregado por Felipe VI, a decenas de miles de mujeres hasta los años ochenta.

Adolescentes encerradas por un beso en la boca, por fumar en la calle, saltarse las clases, manifestarse, llevar la falda corta, ser huérfanas, estar abandonadas, quedarse embarazadas…

Soledad Becerril, que cita a Mark Twain refiriéndose al destierro de la esclavitud, desconoce por completo a Las Desterradas Hijas de Eva: mujeres que luchamos por reivindicar lo sucedido, sometidas, encerradas en los conventos de las Adoratrices en régimen carcelario, explotadas laboralmente sin percibir salario alguno, castigadas en cuartos de aislamiento, obligadas a rezar, fregar, obedecer y fingir, mientras intentaban, con todos sus medios, anular personalidades, lavarnos el cerebro e imponer el patrón femenino del régimen con especial devoción. Auspiciadas por el Patronato de Protección a la Mujer, que les entregaba una cantidad mensual por interna, explotaron a menores en sus talleres de trabajo durante más de cien años, y sus redentores internados no pasaban especialmente por la formación académica (tres horas de clase al día), aunque sí por personajes como el Doctor Eduardo Vela, profesor de Auxiliar de Clínica en el convento de las Adoratrices de Padre Damián 52, que acudía diariamente con su bata blanca a impartir las clases para contar, nueve meses más tarde, con mano de obra gratuita en la Clínica San Ramón. Vela, principal imputado en la trama de robo de bebés, estaba directamente relacionado con el Patronato y las Adoratrices, que recibían, gozosas, a chicas recién llegadas de Peña Grande –reformatorio de madres solteras- con los pechos vendados, hemorragia pos parto incluida, y sin niño. Nadie preguntaba nada. Las chicas desaparecían, iban, venían de un reformatorio y otro, castigadas, expulsadas, atentando algunas contra su propia vida antes de continuar soportando aquel régimen de internado castrador, e ingresando a las incorregibles en el psiquiátrico de Ciempozuelos para los restos. Nadie rogó por nosotras. Nadie se detuvo a contemplar lo que sucedía en el interior de los reformatorios de las Adoratrices. Estoy casi segura de que Soledad Becerril no lo sabe, y Felipe VI, tampoco. Los expedientes han desaparecido. Ellas mismas afirman haberlos destruido por miedo a que se deterioraran–palabras textuales de una adoratriz de Madrid encargada de los archivos en 2014-. Nos quedan las fotografías y el testimonio, demoledor en muchos casos. Teresa Fernández Gismero estuvo en las Adoratrices de Albacete. Desde el primer segundo se sintió presa, sin saber por qué. Era –como yo- una rebelde de los 70 que acudía a manifestaciones contra Franco. Inició una huelga de hambre que se prolongó cuarenta días, hasta que cayó desmayada. Las monjas no movieron pieza. Despertó llena de tubos, al borde de la muerte, en un hospital. Nadie la creía, del mismo modo en que nadie me creyó a mí cuando intentaba explicar lo que nos hacían ; aunque su madre, finalmente, al encontrarla en semejante estado sin que adoratriz alguna se hubiera preocupado en absoluto, decidió sacarla de allí.

-Volverá :dijo la monja-. Es una rebelde. Volverá, seguro que la traerá la policía.

Teresa no volvió. Sigue siendo rebelde. Una gran parte de todas nosotras, también. Y una gran parte de Las Desterradas Hijas de Evapasamos por las Adoratrices. Su premio a los derechos humanos es un golpe bajo en la boca del estómago. Celebramos que en los últimos años se dediquen a las víctimas de trata, a la violencia de género y a las mujeres que deseen abandonar la prostitución, pero nos preguntamos muy seriamente dónde queda el trato recibido, su violencia de género y todas las prostitutas que jamás lo fueron y así se las llamaba, sin más, por las malas y desde su cuestionable concepto del bien. Nos preguntamos qué hacían con el dinero de nuestro trabajo, con el Doctor Eduardo Vela, con los niños desaparecidos, con las ingresadas en manicomios. Queremos respuestas, una palabra, un careo, un mínimo reconocimiento por el daño causado y que se contemple el clima moral de sus asuntos. Queremos saber por qué nos encerraron, por qué nos castigaban, por qué no podíamos hablar libremente, por qué nuestra intimidad se reducía al retrete y por qué, ahora, nuestros derechos humanos no cuentan. Las adoratrices crearon un sistema penitenciario oculto, colaboraron con el franquismo y sometieron menores hasta los 25 años. Que su premio presente pase por asumir ese pasado reciente que queda por resolver. Tenemos muchas cuentas pendientes y un gran ajuste de hechos.

 

“Premiar a las monjas Adoratrices es una burla a la Memoria Histórica”

 

Las víctimas de los reformatorios dirigidos por la congregación y auspiciados por el Patronato de Protección a la Mujer, institución franquista implicada en la trama de robo de bebés, planean presentar una queja formal ante el Defensor del Pueblo por el premio a los ‘Derechos Humanos Rey de España’ otorgado a la orden el pasado mes de abril. 

Felipe VI entrega el VI Premio Derechos Humanos Rey de España a la superiora general de las Adoratrices, Teresa Valenzuela. /EFE

 

Por JOSEFINA GROSSO 

31 de mayo de 2015

https://www.publico.es/actualidad/mujeres-victimas-reformatorios-franquistas-premiar.html

 

La de las Monjas Adoratrices es actualmente una congregación cuya labor se centra en la ayuda a las víctimas de trata, prostitución y violencia de género. Pero éste no ha sido siempre su cometido. Durante décadas, la orden de las Adoratrices, ‘Esclavas del Santísmo Sacramento y de la Caridad’, estuvo vinculada al Patronato de Protección a la Mujer, institución dependiente del Ministerio de Justicia e implicada en la trama de robo de bebés.

El pasado 13 de abril recibieron el Premio a los Derechos Humanos Rey de España concedido por la Universidad de Alcalá y el Defensor del Pueblo. Las mujeres que sufrieron el “destierro” en los centros que dirigían estas religiosas, encerradas por ser lo que en aquel momento se denominaba “caídas o en riesgo de caer”, se llevaron una amarga sorpresa tras la concesión.

“Para aceptar premio alguno primero deberían asumir lo que nos hicieron· Premiarlas es una burla a la Memoria Histórica”, sentencian.

Consuelo García del Cid conoce bien el tema. Ella misma fue víctima en uno de los muchos centros que estas monjas controlaban con el beneplácito del régimen. La encerraron “por pensar”, asegura. Es la autora de Las desterradas hijas de Eva, obra que denuncia la labor de “redimir caídas” de estas religiosas. “Ellas pensaban que nos estaban salvando, pero lo que de verdad pretendían era anularnos”, asegura. “Los conventos de las Adoratrices tenían un régimen carcelario, éramosexplotadas laboralmente sin percibir salario alguno, castigadas en cuartos de aislamiento, obligadas a rezar, fregar, obedecer y fingir, mientras intentaban, con todos sus medios, anular personalidades, lavarnos el cerebro e imponer el patrón femenino del régimen con especial devoción”, cuenta con rotundidad la escritora.

Las desterradas son un grupo de mujeres que sufrieron el encierro injusto en estos centros y que luchan por “reivindicar lo sucedido, el horror que vivimos”. Aseguran a Público que van a elevar su queja formal ante la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, la misma que dio su visto bueno para premiar a la congregación. “Estoy casi segura de que Soledad Becerril no sabe ni conoce el pasado de las Adoratrices y Felipe VI, tampoco”.

Teresa Fernández Gismero estuvo también en las Adoratrices, primero en el de la calle Padre Damián, junto a Consuelo, y luego en otro en Albacete. “El día que me enteré me quise morir, y sigo en ello. No entiendo cómo se le puede dar un premio de Derechos Humanos a una orden que ha hecho tanto daño.  Es una aberración después de pasar lo que hemos pasado”. También cayó en manos del Patronato por pensar por sí misma.

“A mí me encerraron ahí por pensar, porque me veían desde el colegio como un peligro. Yo era una chica inteligente, qué me hacía muchas preguntas, me cuestionaba muchas cosas. Ahora de mayor veo que preguntaba cosas que no debía para la época. Todo empezó en el colegio, iba a un colegio de monjas y había una monja en particular que me tenía especial manía, me veía como una amenaza peligrosa”, cuenta Teresa. Recuerda su paso por el centro como “tremendo”, sobre todo por un episodio en concreto: el día en el que le pidieron que firmara un papel en blanco, algo a lo que se negó rotundamente. Lo que querían que firmara era un consentimiento para quitarle a su madre su patria potestad en favor del Patronato, “todo un sinsentido”.

Desde el primer momento cuenta que se sintió presa y en un acto desesperado decidió emprender una huelga de hambre de cerca de 40 días que casi la mata. El de Teresa era un acto reivindicativo, un grito desesperado y silencioso, porque, como todas coinciden, “todo allí era así, en silencio”. “Estaba desesperada. Antes de entrar tenía una vida y de repente vi que no tenía ningún control sobre mi vida, ninguno. En aquel momento lo único que podía hacer para seguir sintiéndome persona era dejar de comer”. Teresa ahora es médico de profesión y sabe que estuvo al borde de la muerte. Le salvó la vida una enfermera que, al ver su estado, lo puso en conocimiento de su madre. La monjas, asegura, ignoraron por completo su desesperación.

Anna es francesa, su acento la delata. Su caso es poco habitual. Ella no acabó en las adoratrices por ser ‘rebelde’. Por problemas familiares su madre se vio obligada a dejar a su hermana de 12 años y a ella de 13 años en el convento de las Adoratrices. Es amiga personal de García del Cid, amistad que se forjó entre los muros de su destierro. “Hacían lo imposible para separarnos, teníamos que hablar a escondidas. Los momentos de silencio obligado eran muy grandes, demasiado largos”.

Define su experiencia como “totalmente destructora”.  “No tuvimos malos tratos físicos, pero psicológicos todos. Me sentí maltratada allí. A nadie le importábamos. Y eso que yo me portaba bien, era de las buenas”. La hermana de Anna salió tocada del centro, murió antes de cumplir los 20 años, al poco tiempo de salir de allí. “Le destruyeron la vida, se enganchó a las drogas y murió muy joven, a los pocos años de salir del centro”, asegura a Público con la voz entrecortada.

Ahora quieren respuestas, “un mínimo reconocimiento por el daño causado y que se contemple el clima moral de sus asuntos”, y sobre todo, saber por qué, ahora, sus derechos humanos, “no cuentan”.

“Trabajábamos sin recibir ningún tipo de salario, mucho silencio, mucha presión religiosa y encierro constante. Las monjas ganaban dinero a nuestra costa”, cuenta Anna. Todos los testimonios coinciden en que no percibían remuneración alguna por la labor que realizaban en los talleres. Comentan que El Corte Inglés reconoció que en los reformatorios se trabajaba para ellos, asegurando que ellos pagaban por los trabajos. Todas dudan que el dinero llegara a sus verdaderas destinatarias.

“Las adoratrices crearon un sistema penitenciario oculto, colaboraron con el franquismo y sometieron a mujeres mientras eran menores de edad y hasta los 25 años. Este premio debería hacerles asumir su pasado reciente. Tenemos muchas cuentas pendientes”, sentencia la autora, que busca respuestas y exige “un mínimo reconocimiento por el daño causado”.

 

Todo lo que necesitas saber de prostitución para no ser un bocachancla

 

 

¿Dónde? En El estante de la Citi.

Más de 600 entradas a tu disposición. Utiliza la función “buscar” en lo alto de la página, o usa Google, añadiendo al término de búsqueda las palabras “estante citi”:

¡Contra la falsedad hipócrita, la verdad desnuda.!

¡Contra la cruzada moral contra las mujeres, el feminismo unido y liberador!

Triángulos Rosas Españoles, Opresión Durante El Franquismo

 

 

Por  Redacción MagLes

25 de junio de 2018

http://www.maglesrevista.es/triangulos-rosas-espanoles-opresion-durante-el-franquismo/

 

El franquismo fue un periodo de especial opresión y clandestinidad para las personas LGBT, así como para la clase obrera, las mujeres o el resto de sectores oprimidos que querían organizarse y luchar contra el régimen. A las decenas de miles de presos políticos de izquierda fusilados tras la guerra o encarcelados y torturados se unían también personas LGBT asesinadas o encerradas por el hecho de serlo.

(Este es un proyecto en el que se retrata a personas del colectivo LGBTQ que vivieron sobre su piel la represión franquista por ser homosexual, transexual o lesbiana. Los  triángulos rosas españoles quiere, después de 40 años, dar una cara a las personas que fueron encarceladas, aisladas y reprimidas en España hasta 1978. Es un regalo para nuestro colectivo, una pieza de memoria histórica para recordar cómo llegamos al presente pero, sobre todo, gracias a quién. Es un tributo a todas aquellas personas que han luchado por nuestra libertad.)

 

1978-2018 han pasado 40 años desde que quitaron la ley de peligrosidad social.

“Serán declarados en estado peligroso,y se les aplicarán las correspondientes medidas de seguridad y rehabilitación los que realicen actos de homosexualidad”. Así se pronunciaba en 1970, la ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social. 

La norma inicia su andadura con más rigor punitivo que la ley de Vagos y Maleantes impulsada por consenso durante la II República (para “el control de mendigos, rufianes sin oficio conocido y proxenetas” y modificada el 15 de julio de 1954 para perseguir y castigar cualquier práctica homosexual) y junto a la de «escándalo público» fue usada de forma sistemática para la represión de la homosexualidad y la transexualidad en la última etapa de la dictadura franquista y establecía penas que iban desde multas hasta penas de cinco años de internamiento en cárceles o centros psiquiátricos para la «rehabilitación» de los individuos. Tras la muerte del dictador ni siquiera el indulto de 1975 o la amnistía de 1976 incluyeron a ninguno de los considerados «peligrosos sociales».

Esas “Colonias Agrícolas” eran auténticos campos de concentración para homosexuales, y se hallaban en Badajoz, Huelva y Fuerteventura. Por ellas pasaron cientos de personas en condiciones de hambre, trabajo esclavo y tortura, siendo en el caso de Fuerteventura, dirigida por sacerdotes.

También las cárceles albergaron a personas LGBT catalogadas como “presos sociales” , estando en módulos donde los funcionarios de prisiones habitualmente los prostituían, como en el caso de la Cárcel Modelo de Barcelona o la de Carabanchel en Madrid.

Las cifras de estas condenas están en torno a las 5.000, siendo en su mayor parte a hombres homosexuales y transexuales, ya que la posición ideológica del régimen no concebía el lesbianismo y existen pocos casos de condenas por tal razón, la mayoría ligadas también a la militancia política de esas mujeres en los movimientos de liberación LGBT en los últimos años del franquismo.

 

 

 

Los testigos

 

Antonio Roig Roselló – Ibiza 1939

El carmelita Antonio Roig Roselló, hoy con 78 años, no utilizó una entrevista para proclamar su opción sexual, sino que escribió varios libros. El primero, la novelaTodos los parques no son un paraíso. Memorias de un sacerdote fue finalista del premio Planeta 1976, y se publicó en 1977. Relataba Roig en primera persona sus experiencias sexuales con otros hombres en los parques de Londres. Allí conoció al que fue su primer amor, Ronald.

A finales de diciembre de 1977 Roig, sacerdote desde 1963, fue suspendido a divinis por el arzobispo de Valencia, El 3 de enero de 1978 lo expulsaron de la orden de los carmelitas descalzos.

Roig no se arredró. Convencido de que la homosexualidad se podía vivir de manera ‘compatible’ con el Evangelio, al día siguiente de su expulsión inició una huelga de hambre ante la parroquia de la que le echaban.  ‘Eran tiempos muy duros’, afirma Antonio ‘La gente que pasaba por la calle me insultaba’, recuerda. ‘La Iglesia es en gran medida responsable de la marginación que sufren los homosexuales’.

 

Antonio Ruiz  – Valencia 1958

Por el chivatazo de una monja, Antoni Ruiz pasó tres meses en la cárcel de Badajoz. Su delito: ser homosexual y declararse como tal en 1976. Ya había muerto Franco pero no el franquismo ni la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (1970) -que sustituyó a la anterior Ley de Vagos y Maleantes (1954), que a su vez modificó la de 1933 para incluir la homosexualidad-, por la que Antoni y alrededor de 5.000 homosexuales fueron encarcelados.

“Yo me declaré homosexual a los 17 años en el comedor de mi casa. Como era la época en la que se pensaba que era una enfermedad, en la que se intentaba curar con electrochoque y terapias aversivas, mi madre pidió ayuda.Se lo contó a una monja y ésta me denunció.Llegaron cuatro policías secretas por la noche para llevarse a un chiquillo. Estuve tres días en los calabozos y me pasearon por la calle para demostrar lo que podía pasarle a otros como yo. Luego decretaron mi ingreso en prisión. Primero estuve en la cárcel Modelo de Valencia, pero pronto me trasladaron a la de Badajoz, a la que iban los travestis, que era como llamaban a todos los gays. Allí pasé tres meses y luego un año de destierro”, pasó tres meses en prisión, y llegó a  conocer tres cárceles distintas. “De Valencia a Carabanchel donde día sí y día no corría peligro mi vida. Luego fui a parar a la de Badajoz que estaba destinada a acoger homosexuales aunque convivíamos con presos comunes. En el calabozo fui violado por un preso, pero él fue incitado por el policía. Es homosexual, puedes hacer con él lo que quieras, le dijo”

 

Silvia Reyes  – Las Palmas  1953

“Estuve detenida más de cincuenta veces”. Silvia Reyes llegó a Barcelona en 1973, con 20 años. “Hacía cuatro meses que había terminado el servicio militar y ya me había empezado a hormonar con productos que compraba en una farmacia”, recuerda. “Lo primero que hice fue buscar trabajo en hoteles, que era en lo que había trabajado en Las Palmas durante siete años. Pero cuando me veían tan femenina y tan guapa con mi nombre de hombre en el carné no me daban trabajo, ni siquiera de friegaplatos. Entonces no se sabía lo que era un transexual”, afirma.

Durante el primer mes la detuvieron tres veces. Para una transexual, estar en la calle no era seguro, pero los bares de ambiente [gay] o los cines, tampoco. “Había muchas redadas. Nosotras lo teníamos peor que los homosexuales, que podían disimular más. A veces nos tenían hasta tres días sin comer, de pie, incomunicadas”, explica.

A finales de 1974 Silvia cayó en otra redada. “Me metieron en la cárcel Modelo de Barcelona por travesti. Allí lo pasé fatal. Luego fui a Carabanchel en Madrid. Éramos hasta 38 transexuales, y durante los traslados nos ponían en celdas aisladas, para evitar líos. Había presos que saltaban tapias de cinco metros para estar con nosotras”, relata. Dos décadas de detenciones hacen que a Silvia le cueste ordenar los recuerdos. “En Badajoz estuve seis meses. Ahí estábamos todas juntas con los hombres y también con los ladrones. En Madrid me detuvieron otras dos veces”, apunta. “Pero en aquella época –1975, según recuerda– a los transexuales que vestíamos de mujer, con pechos y tacones, nos aplicaban la Ley de Peligrosidad. Los palos y los insultos de maricones y degenerados empezaban ya en Jefatura. Nos tenían tres días sin comer y sin apenas agua; en esto, los ‘secretas’ eran peores que los nacionales”. Silvia fue detenida en Barcelona la noche del 3 de mayo de 1975 –“cuando se hallaba en el ‘drugstore’ del Paseo de Gracia en espera de captar algún otro homosexual”, según su ficha– y condenada a las tres medidas que marcaba la Ley de Peligrosidad: internamiento para reeducación (entre cuatro meses y tres años), destierro y vigilancia. En su caso, de seis a ocho meses de prisión y de uno a dos años fuera de Barcelona.

Y también eran críticos los informes, como el que envió la Junta de Tratamiento de Barcelona al juez de Peligrosidad: “Se mueve en ambientes de homosexuales y de prostituidos. Nos ha manifestado su condición de homosexual pasivo. Su conducta en prisión es buena. Pensamos que pese a su condición de invertido, no lleva una vida delictiva que nos haga pensar que sea peligroso”. Para el forense Domingo Saumench, además, Silvia era de “temperamento esquizotímico y carácter inmaduro”, y tenía patologías: “Psicomotricidad feminoide, labilidad afectiva, histriónico, egocéntrico, necesitado de estimación. Homosexualidad por condicionamiento en la infancia. Plena identificación con su anomalía”.

 

Rampova – Valencia 1957

La Rampova, fue una de aquel centenar de jóvenes salvajemente sometidas a esta prostitución. Nunca ha podido superar aquellas palizas y violaciones que soportó durante meses tras ser acusada por la Ley de Peligrosidad Social y acabar como presa en la Modelo a principios de los 70. La primera vez fue detenida con tan solo catorce años de edad,despues a quince y diecisiete. Una vez en la Modelo fue a parar al pabellón de invertidos para menores. Explica que dentro de la celda los delincuentes comunes pagaban a los vigilantes para colarse y violar a los jóvenes recluidos.

La Rampova habla con mucha dificultad de aquel episodio. “He tenido más violaciones que relaciones consentidas por los traumas que viví allí”. Otro de los peores castigos dentro de la Modelo fue cuando decidió contar en confesión las condiciones en las que se encontraba. Le costaría muy caro hablar. Fue sometida a fuertes castigos y a una celda de aislamiento. A presos como la Rampona la llegaron a violar ocho veces al día en las celdas.

 

Miryam Amaya – Logroño  1959

Miryam naciô en Zaragoza en una familia gitana,padres,abuelos y bisabuelos gitanos. Se considera afortunada por el apoyo que siempre ha tenido de su familia,desde que era niño se vistiô como  una niña con la ropa de sus hermanas mayores. Una vida en el espectaculo,el caberet y la television,dice que su madre era su mejor fan. También la llevaron a la estacion de policia cientos de veces pero nunca trasladada a la prisión. Después de las redadas policiales,los jovenes transexuales fueron metidos en pequeñas celdas y alli comenzaban los insultos,los golpes y las humillaciones. Fue una de las organizadoras del primer orgullo gay que se hizo en Barcelona en el 1977,cuando la ley de peligrosidad social todavia estaba en vigor. A pesar de la muerte de Franco, esta ley permaneciô vigente  hasta el 1978y, a pesar de las amnistias que hicieron en el 1976 y 1977 por liberar los presos politicos, las personas del colectivo LGBT permanecieron en las carceles y continuaron siendo arrestadas durante redadas policiales.

Foto reportaje de Luca Pira.