A favor de la legalización de la prostitución voluntaria

Saben de sobra que la prostitución no va a desaparecer, porque siempre ha estado ahí y siempre estará

 

Por Guadalupe Sánchez

23 de marzo de 2021

https://www.vozpopuli.com/opinion/legalizacion-prostitucion.html

 

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo. Europa Press

 

El Gobierno de las feministas y de los feministos nos dice que necesitamos un cambio de paradigma para que el consentimiento de las mujeres esté en el centro. “Sólo sí es sí” y por eso deberá constar por escrito y firmado en duplicado ejemplar por todos los partícipes en el intercambio de prestaciones sexuales. Se aconseja añadir un anexo en el que se detallen los actos, posturas y movimientos a los que la dama consiente y la duración máxima y mínima del coito. El varón empresario deberá resaltar en negrita aquellas cláusulas que considere de difícil comprensión para la hembra consumidora de sus servicios orales y/o genitales.

Pero, ay, cómo cambian las cosas cuando el intercambio sexual no es a título lucrativo —o sea, gratis— sino oneroso y es la mujer la que asume por decisión propia el rol de empresaria. En estos casos, la voluntad del Gobierno ha de primar sobre la de la fémina. Ni cambio de paradigma, ni consentimiento expreso, ni puñetas.


Lo único que van a conseguir con esta ley es no tener que apartar su puritana mirada cada vez que se crucen en su camino con esas vulgares meretrices indignas y antidemocráticas


Ha anunciado la vicepresidenta Carmen Calvo una “legislación nacional abolicionista que prohíba la prostitución en toda España y que nos dignifique como democracia”. Ya no les basta con negar reconocimiento jurídico y, por lo tanto, protección, asistencia y cobertura a las que se dedican al negocio del sexo. Ahora también quieren relegarlas a la ilegalidad. Saben de sobra que la prostitución no va a desaparecer, porque siempre ha estado ahí y siempre estará: ¡por algo es conocida como el oficio más antiguo de mundo! Tanto es así que algunos de sus más fieles usuarios en privado eran y son quienes más reniegan de ella en público. Lo único que van a conseguir con esta ley es no tener que apartar su puritana mirada cada vez que se crucen en su camino con esas vulgares meretrices indignas y antidemocráticas.

¿Cristiano o progresista?

Confieso que no puedo evitar evocar al caudillo cuando escucho a Carmen Calvo —y a la cohorte a sueldo del Ministerio de Igualdad— argumentar contra la prostitución. Mediante decreto ley de 3 de marzo de 1956, el Generalísimo aprobó la abolición de los centros de tolerancia y otras medidas relativas a la prostitución. “La incontestable ilicitud de la prostitución ante la teología moral y ante el mismo derecho natural, ha de tener reflejo obligado en el ordenamiento positivo de una nación cristiana para la debida protección de la moral social y del respeto debido a la dignidad de la mujer”. Así arrancaba el preámbulo de la norma franquista. Si donde dice “cristiano” me ponen ustedes “progresista” ya le estarán adelantando a esta panda de pacatos del Ejecutivo una parte de la tarea legislativa. Seguro que también les valdrá el artículo primero, que rezaba: “Velando por la dignidad de la mujer y en interés de la moral social, se declara tráfico ilícito la prostitución”. ¡Carmen, atiende, que Franco era feminista y te adelantó buena parte de la faena!

Lo que está claro es que las mujeres nos debemos a fines más elevados, que en los cincuenta eran aquellos que nos imponía el dictador y ahora son los que nos marcan las ministras, los ministros y les ministres. El paternalismo feminista ha reemplazado al franquista.

La ideología no les deja ver que la explotación sexual no trae causa de la prostitución. Prohibir la segunda no solucionará la primera, sino al contrario, la agravará. Legalizar la prostitución no sólo redundaría en mejoras para aquéllas que se dedican al negocio del sexo voluntariamente, sino que también facilitaría erradicar el execrable crimen que es la trata de seres humanos. Pero sé que pido demasiado a quienes no han venido a trabajar sino a sacar a pasear eslóganes y pancartas.

 

¿Es España una democracia plena? La prostitución como violencia de género: asalto al Estado de derecho.

Hacia la prohibición de la prostitución en España.

 

23 de noviembre de 2019

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2019/11/23/la-prostitucion-como-violencia-de-genero-asalto-al-estado-de-derecho-hacia-la-prohibicion-de-la-prostitucion-en-espana/

 

La prohibición de la prostitución en España es inminente. La exigencia al próximo gobierno de una ley que penalice a los clientes y todo tipo de proxenetismo, exigencia liderada por la facción radical del feminismo, domina el discurso en todos los ámbitos. ¿Su fundamento?: el dogma de que la prostitución es violencia de género. Un dogma introducido ya en el Pacto de Estado contra la violencia de género sin ningún tipo de debate, sin necesidad de ninguna argumentación, tan sólo por la presión de las organizaciones abolicionistas.

El dogma de la prostitución como violencia de género era necesario para prohibir la prostitución mediante la penalización de los clientes. No bastaba con el mito de que el 80% de las prostitutas son víctimas del mito de la trata de personas con fines de la fantasmal (por indefinida) “explotación sexual”. Porque se admitía que un 20% de las prostitutas lo eran por libre decisión y, entonces, ¿cómo desposeer de sus derechos fundamentales a esas mujeres que deciden libremente sobre su cuerpo y sobre su vida?¿Cómo lanzar el ataque al Estado de Derecho que reconoce mediante sus principios constitucionales el derecho de las mujeres a ganar dinero mediante la venta de servicios sexuales, el derecho a prostituirnos?

No argumentan por qué la prostitución debe ser considerada violencia de género. No en España, donde no tienen necesidad de argumentar nada. Pero el argumento, tal como lo expresan en otras partes, es que el sexo consentido sin deseo sexual por parte de la mujer es violencia contra ésta. Un argumento absurdo.

Sólo la conciencia de la enormidad de una ley como la que andan buscando las dominadoras de las mujeres y sus aliados y del enorme coste social y presupuestario que supondría puede frenar su aprobación. Un coste social que llevaría a la deportación masiva de inmigrantes indocumentadas y al paro sin derechos —a la miseria— a decenas de miles de mujeres; un coste presupuestario que supondría la creación de miles de nuevos puestos de policía para vigilar a todas y cada una de las prostitutas y la subvención a un enjambre de ONG rescatadoras —un nuevo Patronato de la Mujer— dirigidas por abolicionistas, tanto seglares como religiosas.

El enorme coste social y humano que supondría crear las condiciones para el control total de la prostitución clandestina por la mafia policial.

Frente a esta ofensiva totalitaria, las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados, los defensores de los derechos humanos, de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, de los derechos de las mujeres, del Estado de Derecho, sólo tienen un camino posible: la defensa de la total despenalización del trabajo sexual en los términos expresados en el Manifiesto Político de las Trabajadoras Sexuales del Estado español.

 

Por los derechos de las trabajadoras sexuales, por los derechos de las mujeres, por los derechos de la humanidad, por la libertad y la democracia,

SUSCRIBE Y DIFUNDE

el

MANIFIESTO POLÍTICO DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES DEL ESTADO ESPAÑOL

 

 

Los hijos olvidados de Itaipú, investigación sobre la prostitución controlada por la dictadura

Una investigación del sitio de noticias The Intercept revela la forma en que las dictaduras brasileña y paraguaya controlaron un sistema de prostitución en la frontera durante la construcción de Itaipú, lo que dejó miles de nacidos vivos y muertos, abortos, abandonos e hijos sin padres.

 

8 de enero de 2021

https://www.ultimahora.com/los-hijos-olvidados-itaipu-investigacion-la-prostitucion-controlada-la-dictadura-n2922056.html

 

La prostitución se consideró una necesidad para el buen funcionamiento de las obras, un sitio de construcción compuesto principalmente por hombres solteros.Foto: theintercept.com

 

The Intercept, en una investigación periodística sin desperdicios, cuenta sobre cómo el barrio rural de Três Lagoas de Foz de Yguazú, Brasil concentró la mayor cantidad de burdeles en la frontera con Paraguay, donde se estima trabajaron al menos 10.000 mujeres, en más de 30 casas de prostitución.

Según la publicación, las obras de Itaipú hicieron explotar la población de Foz de Yguazú, que pasó de 35.000 habitantes en 1975 a 140.000 en 1984, fechas del inicio de las obras y del inicio de las operaciones de la planta.

Los datos señalan que en el mismo periodo también creció el nacimiento de niños sin el nombre del padre en el registro. En esa década, Foz de Yguazú registró el nacimiento de 4.280 niños vivos y 134 niños nacidos muertos sin paternidad definida.

El medio destaca que esta cifra es al menos cinco veces más alta que en la década anterior a la operación de la central hidroeléctrica. Pero al término de la megarrepresa, la ciudad fronteriza registró 7.605 nacidos vivos y 96 mortinatos sin paternidad reconocida entre 1985 y 1994.

 

The Intercept señala que en aquella época miles de mujeres trabajaban en la zona con el consentimiento de la dictadura militar, que con el dinero de la venta de sus cuerpos ayudaron a financiar armas y municiones para el Estado y que sus hijos son uno de los pocos recuerdos de la época en que la dictadura se benefició de la prostitución.

De acuerdo con la investigación, “Itaipú se negó a asumir ninguna responsabilidad o discutir abiertamente la zona de prostitución, a pesar de que el cambio en la ubicación de los clubes nocturnos se produjo para satisfacer sus intereses”, asegura el sitio de noticias.

Sin embargo, para los investigadores, tanto “la empresa y las autoridades de la ciudad entendieron la necesidad de una zona de tolerancia lo suficientemente alejada del centro de la ciudad, fácilmente accesible por la carretera y lo suficientemente amplia para contener la cantidad de casas necesarias para atender a los miles de trabajadores de la represa que llegarían a la frontera”, como también lo afirmó John Howard White en su tesis doctoral sobre género y trabajo en la frontera entre Brasil y Paraguay.

El trabajo periodístico también recoge la opinión de la geógrafa Patricia Claudia Sotuyo, en su maestría, en la que menciona que los guardias de Itaipú controlaban los burdeles para que no hubiera peleas y los trabajadores no se emborracharan hasta el punto de que al regresar al trabajo pudieran sufrir o provocar un accidente.

Asimismo, señala que la zona de prostitución también era monitoreada de cerca por el Estado. Todas las trabajadoras sexuales de Três Lagoas estaban registradas en la Policía Civil de Paraná. En el inicio se contabilizó alrededor de 700, pero, al final del trabajo de la represa, ese número totalizaba 10.000.

La mujer que trabajaba encargada de un burdel muestra la tarjeta de identificación de aquella época.
Foto: theintercept.com

Siempre según la investigación, el Estado ejerció control sobre los cuerpos de esas miles de mujeres mediante la emisión de la “tarjeta de bailarina”, con foto y datos personales en el anverso y sellos de visita médica en el reverso.

Increíblemente, la Policía Civil, a través del Fondo Especial para la Modernización de la Policía, Funrespol, se encargaba de inspeccionar los exámenes médicos de las mujeres y cobrar los derechos de licencia de los clubes nocturnos.

Eso a pesar de que el Código Penal de Brasil de 1940 considera un delito “aprovecharse de la prostitución ajena, participando directamente de sus ganancias o apoyándose, total o parcialmente, en quienes la ejercen”. La pena de prisión es de uno a cuatro años y multa.

La administración del dinero tuvo un cambio cuando los militares tomaron ell poder, en 1964, con la intención de llevar el proyecto de un “Gran Brasil”, según el libro Devir Puta del antropólogo José Miguel Nieto Olivar, y establecer una sociedad de principios morales, cristianos y conservadores.

“Pero en Itaipú, los militares prefirieron aprovechar la prostitución. El personal de la comisaría de Foz de Yguazú envió informes mensuales de recaudación al comando de la Policía Civil en Curitiba. No se tiene constancia de cuánto dinero aportó a la dictadura militar la prostitución vigilada en Três Lagoas”, destaca la publicación.

En cuanto a los números exactos de niños nacidos de las relaciones entre barrageiros y prostitutas, The Intercep prefiere no arriesgarse a precisar, pero sostiene que unos 12.115 nacimientos se encuentran registrados sin el nombre del padre en solo dos décadas de influencia directa de Itaipú en la demografía de Foz de Yguazú.

Esta situación, donde había tantos bebés, hizo que las familias del barrio rojo hicieran un esfuerzo colectivo para cuidar a los recién nacidos. Varios pobladores contaron que incluso adoptaron más de 30 a 40 niños.

En Paraguay

El material periodístico también reúne información de lo que sucedía, en aquel entonces, en Paraguay. De este lado de la frontera también había adolescentes en las casas del barrio María Magdalena, que contaba con 400 mujeres en 37 discotecas.

“Al igual que en Brasil, del lado paraguayo, cada mujer tenía que pagar una cuota al ayuntamiento para registrarse y otra mensual para trabajar. Los dueños de la discoteca pagaban cada mes para operar, además de un adicional al jefe de policía por “protección especial”, que incluía rescatar a mujeres que pudieran haber huido. “Nadie podía irse”, menciona el sitio con base en los detalles dados por el periodista paraguayo Alcibíades González Delvalle.

Al respecto, el comunicador comentó al medio que las autoridades locales le dieron mucha importancia al comercio sexual de Hernandarias. Mientras que el titular del Centro de Salud también cobraba a las mujeres una cantidad cada 15 días, con el pretexto de la atención clínica. La prostitución en la frontera entró en decadencia con el fin de las obras de Itaipú y la propagación del sida.

La publicación concluye con la reflexión de González Delvalle, quien considera que la prostitución fue parte vital de la construcción de la central hidroeléctrica; mientras que el historiador John Howard White coincide en que los hombres no podrían haber trabajado tantos años correctamente sin relaciones regulares, y la planta hidroeléctrica no podría construirse sin trabajadores en la presa. “En resumen, no podría haber represa hidroeléctrica sin trabajadoras sexuales”.

No obstante, lamentan que ni Itaipú ni los subcontratistas reconocieron a las prostitutas como una categoría legítima de trabajadoras, con los mismos beneficios otorgados a las trabajadoras de la represa.

 

La represión sexual y el fascismo

Se publicó originalmente en Leviatán: revista de pensamiento socialista (nº 26, Julio 1936)

La represión sexual y el fascismo – Reich, Wilhelm, 1897-1957

https://prensahistorica.mcu.es/en/consulta/registro.do?id=1028475

Irene Montero (Unidas Podemos) quiere desahuciar por ley a decenas de miles de trabajadoras sexuales

 

A través de la “Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual”, pretende cambiar el Código Penal para castigar el proxenetismo no coactivo y la tercería locativa, esto es, alquilar locales donde se ejerce la prostitución.

De esta forma, vuelve a la forma original del abolicionismo implantado por Franco en España en 1961 tras su adhesión al Convenio de Lake Success.

Esta ley supondrá la expulsión de sus domicilios de decenas de miles de prostitutas que ahora viven en clubes y pisos. Sólo aquellas trabajadoras sexuales que tengan piso en propiedad podrán conservar trabajo y vivienda; las demás, perderán ambas cosas.

Es una ley contra las mujeres: todas seremos sometidas a escrutinio por los eventuales arrendadores que intentarán descubrir si somos o no putas, ya que un error les puede llevar a la cárcel. No podrán recurrir a un registro oficial de prostitutas, ya que ese registro está expresamente prohibido por el mismo convenio citado.

El abolicionismo (históricamente fracasado) no tiene cabida en nuestra democracia constitucional. Atenta contra los derechos humanos (fundamentales, constitucionales) de las mujeres. Es violencia contra las mujeres.

De “mujeres caídas” a “mujeres prostituídas”. El franquismo encarcelaba prostitutas por su “inferioridad mental”

 

El franquismo encarcelaba prostitutas por su “inferioridad mental”

Con el propósito de controlar el número de prostitutas, el franquismo ideó un plan a medio camino entre lo policial y lo pseudocientífico: eran internadas en centros especiales por ser “inferiores mentales”.

 

Por Antonio M. Figueras

13 de diciembre de 2015

https://www.vozpopuli.com/espana/Franquismo-Prostitucion-Psiquiatria-franquismo-historia-prostitucion_0_870213020.html

 

Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid ilustra el método empleado por tres psiquiatras afines al régimen para justificar la reclusión por su “inferioridad mental”. Javier Bandrés, Eva Zübieta y Rafael Llavona son los autores de Mujeres extraviadas: psicología y prostitución en la España de postguerra, editado por Universitas Psychologica.

La prostitución fue prohibida por la II República, pero Franco anuló este decreto en 1941, lo que permitió su práctica. La idea del régimen era controlarla en los prostíbulos. Pero la grave depresión económica (los años del hambre) empujó a muchas mujeres a buscarse la vida en las calles como única manera de sobrevivir.

Esta nueva situación provocó un aumento de las enfermedades de transmisión sexual. Para limitar esta expansión, las autoridades procedieron al encarcelamiento de muchas prostitutas: en cárceles convencionales (para las acusadas de algún delito), en reformatorios del Patronato de Protección a la Mujer (para adolescentes) y las Cárceles Especiales para Mujeres Caídas (para prostitutas ‘problemáticas’).

Tres psiquiatras avalaron con informes científicos carentes de rigor la necesidad de reeducación de las prostitutas internadas: Antonio Vallejo Nágera, Eduardo Martínez Martínez y Francisco J. Echalecu y Canino. “La base científica servía como coartada para detener a estas mujeres, para justificar la necesidad de recluir y reeducar a algunas de ellas”, afirma Bandrés, uno de los autores del estudio. “No hay análisis estadísticos ortodoxos ni ningún otro rastro de metodología respetable”, explica.

Por sus obras los conoceréis. En pleno fragor de la batalla durante la Guerra Civil, Vallejo Nágera –jefe de los servicios psiquiátricos de las tropas de Franco– publicó el libro Eugenesia de la Hispanidad y Regeneración de la Raza (1937), donde se despacha sobre la prostitución de esta manera: “Más del 50% de las rameras son deficientes mentales, unas eréticas (irritables), otras apáticas, algunas sensitivas, casi todas amorales”.

Acabada la guerra, Vallejo consigue la cátedra de la Universidad de Madrid y forma parte de los consejos nacionales de sanidad y educación. En 1942 publica el artículo Higiene mental en las grandes urbes (1942) donde afirma: “Impulsan a la prostitución causas endógenas (oligofrenia, psicopatía) o que radican en la constitución biopsíquica del sujeto; y causas ambientales o exógenas”.

Esta es la doctrina oficial sobre la prostitución, refrendada por otros autores, como el colaborador de Vallejo, Eduardo Martínez Martínez, director de la Clínica Psiquiátrica Penitenciaria de Mujeres de Madrid. En en el ejercicio de este cargo, escribió tres artículos sobre la prostitución, en la misma línea de su mentor. “Está claro que no es el ambiente sino la constitución biopsíquica de estas mujeres la que las empuja a la prostitución”, sentenciaba en uno de ellos.

Estudios poco científicos

En Biopsicología de la Prostitución (1945) Martínez se propuso estudiar la curva de vida de cien mujeres de la clínica. La conclusión: “La anomalía mental, casi siempre de fondo psicopático, es el factor predisponente más importante de la prostitución”.

Otro especialista más, Francisco J. Echalecu y Canino, se prestó a aportar supuestos argumentos científicos para la reclusión de estas mujeres. Era director de los servicios médicos del Patronato de Protección a la Mujer y neuropsiquiatra de la Dirección General de Seguridad.

En un estudio realizado a cien prostitutas internadas en los reformatorios del patronato asegura: “El nivel mental de estas muchachas, el 60% es inferior al normal, con 54% de débiles mentales; la personalidad psíquica es anormal; el 40% son psicopáticas; las vagabundas dan el 34%; en cambio las psicosis solo encontramos un 2%”.

Bandrés explica que los tres especialistas consideran a las prostitutas “inferiores mentales”, pero no enfermas: “Se las recluía arbitrariamente para mantener la prostitución dentro de ciertos límites, no porque se las considerara afectadas de ninguna enfermedad mental”.

Según los autores, esta situación se prolongó durante todo el franquismo. Recabar información ha sido una compleja tarea, pues la mayor parte de la documentación ha desaparecido.

 

“Traidoras a su género”. La represión de las prostitutas desde el franquismo hasta el feminismo radical

“En un sentido más amplio, se podría decir que la función general del Patronato de Protección a la Mujer estuvo ligada a la difusión de una normativa de conducta donde prevalecían la decencia, el recato o la castidad, mientras que su función más específica se centró en la redención de las prostitutas.”

https://digitum.um.es/digitum/handle/10201/64539

 

“Traidoras a su género”. La represión de las mujeres durante el franquismo

Por Rosa García, miembro de La Comuna.

17 de noviembre de 2018

https://blogs.publico.es/verdad-justicia-reparacion/2018/11/17/traidoras-a-su-genero-la-represion-de-las-mujeres-durante-el-franquismo/

 

“Traidoras a su género”, con este apelativo los fascistas de todo pelaje definían a las mujeres republicanas –y a las milicianas en particular– y lo ampliaban a todas aquellas que habían tenido el valor y la osadía de desobedecer los mandamientos patriarcales sobre lo que podía hacer y ser una mujer, a todos los niveles: moral, social, político. Ser y hacer, porque no se cuestionaba únicamente el comportamiento, iban más allá, se discutía lo que era o no era una mujer, una mujer de bien, por supuesto: honrada, honesta, sumisa. Valores “de siempre” ligados a las tradiciones, a las costumbres… en definitiva, al patriarcado. Las mujeres republicanas habían intentado hacer añicos esas reglas no escritas pero el triunfo del fascismo nacional e internacional sobre la II República acabó con todo ello.

El laicismo impulsado por los gobiernos de la República había asustado sobremanera a la jerarquía católica, que se había sentido cuestionada y temía perder el ominoso poder que ostentaba sobre la población, pero lo que más temió fue que se desvaneciera su férreo control sobre las mujeres.

La mujer era una presa decisiva para asegurar la continuidad de la infamia golpista. Y los poderosos se organizaron para controlar y dirigir todos y cada uno de los días de la población en general, y de la mujer en particular. Nada se podía dejar al azar, habían aprendido lo que significaba dejar que el pueblo decidiese y no estaban dispuestos a tolerarlo de nuevo. El régimen franquista necesitaba ejercer el control absoluto y construir una nueva ideología social basada en símbolos como la raza, el ultranacionalismo español y la exaltación de valores “masculinos” (sacrificio, valor, heroicidad) frente a los “femeninos” (debilidad, pereza, cobardía). Para las mujeres se aplicó la máxima nazi de las tres “K”: Kinder, Küche und Kirche (niños, iglesia, cocina). Las consignas más repetidas dirigidas a las mujeres eran “servicio, sacrificio y sumisión al hombre”, a lo que la Iglesia añadía “pudor, recato y prudencia”.

Se crearon y utilizaron varias organizaciones para ejercer el control específico sobre las mujeres, las más activas fueron la Sección Femenina y el Patronato de Protección de la Mujer.

La Sección Femenina de la Falange fue fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1934 como rama femenina (que no feminista) de la FE-JONS y puso al frente a su hermana Pilar. Al principio no se le dio demasiada relevancia, sin embargo, durante la guerra adquirió mayor protagonismo. La estrecha colaboración de la SF con el nazismo y el fascismo italiano fue patente, no solo contaron con jefas abiertamente nazis, también colaboraron con la División Azul enviando a 146 enfermeras afiliadas suyas. Pilar Primo de Rivera y otras jerarcas falangistas enviaron escritos y participaron activamente en Congresos nazis y en el Contra-Komintern, “órgano de combate del Movimiento Mundial Anti-Bolchevique”, que se publicaba en Alemania. Para más abundamiento, el primer órgano de expresión de la SF llamado “Y” para la mujer nacionalsindicalista (1938) publicaba reportajes sobre personalidades alemanas, italianas y japonesas; es decir, de los países del Ejei.

El botín de guerra había sido considerable y la forma y la cuantía del reparto tenía soliviantadas y enfrentadas a las diferentes organizaciones fascistas. Cada grupo reivindicaba su parte del pastel y un trozo especial lo constituía el control de la educación y el adoctrinamiento de las niñas y mujeres que fue otorgado a las monitoras de la SF. Se las preparaba en las Escuelas Nacionales de Sección Femenina, Escuelas de Educación Física, Música, Hogar, Instructoras, Enfermeras y Asistentes Sociales y eran responsables de asignaturas escolares especiales para las niñas como labores y economía doméstica, formación física, formación del espíritu nacional y música. La Ley de Regulación de la Enseñanza Secundaria, de 1953, estableció la “economía doméstica” como materia obligatoria en todos los institutos de enseñanza mediaii.

Con la educación física las falangistas pretendieron implantar las teorías higienistas nazis sobre mujeres sanas/madres sanas; aunque no podían practicar cualquier deporte, sólo los que no pusieran en riesgo su “honra” y no atentaran al pudor de costumbres y vestimenta, por ello, las chicas debían hacer gimnasia con unos horrorosos e incómodos “pololos” que dificultaban cualquier movimiento.

Ya en 1937 la SF había conseguido establecer el Servicio Social de la Mujer, para “aliviar los dolores producidos por la guerra y las angustias de la postguerra” que se mantuvo hasta después de la muerte de Franco. El Servicio Social era obligatorio para las mujeres entre los 17 y los 35 años y tenía una duración de seis meses, con jornadas de cinco a seis horas. En ciertas situaciones las mujeres quedaban exentas y, aunque no se sancionaba a quienes no realizaran este servicio, era imprescindible para obtener el pasaporte o el carnet de conducir, ejercer funciones públicas, trabajar para la Administración y obtener títulos universitarios y profesionales.

También ejercieron su papel de control en el mundo rural, a través de las hermandades de la ciudad y del campo, pero para poder instruir a las mujeres campesinas fue preciso, en primer lugar, luchar contra el analfabetismo, tan extendido entre la población rural, así que, en cierto modo, se cumplió el conocido refrán de “No hay mal que por bien no venga”. Son también conocidos los “Coros y danzas” que actuaban todos los 1 de mayo en un acto de ensalzamiento y fervor hacia Franco y el Movimiento.

El apoyo de Franco a la SF fue constante y palpable. Con su conocido estilo de utilizar el Estado como si fuera de su propiedad, “regaló” a Pilar Primo de Rivera el emblemático Castillo de la Mota, en Medina del Campo, donde había fallecido Isabel la católica en 1504. Este edificio fue utilizado como sede central de la SF que a lo largo de los 40 años de su funcionamiento fue acumulando otros palacetes e inmuebles y bienes varios de los que no hay constancia que fueran devueltos en su totalidad al patrimonio público. El 1 de abril de 1977 el Real Decreto Ley 23/1977 suprimió la Sección Femenina.

El Patronato de Protección de la Mujer

Si la Falange pugnó desde el principio por el control de las mujeres, la Iglesia no iba a la zaga. Después de algunas disputas sonadas con la SF por el control de Acción Católica, la Iglesia reparó en un organismo que había funcionado con anterioridad y que había sido disuelto por la República debido a las insistentes críticas de algunas mujeres progresistas como Margarita Nelken. Este organismo se denominaba Patronato Real para la Represión de la Trata de Blancas, y había sido creado en 1902.

El Patronato de Protección de la Mujer se creó por decreto del 6 de noviembre de 1941, y su objeto queda claramente definido en su artículo cuarto:

La finalidad del Patronato será la dignificación moral de la mujer, especialmente las jóvenes, para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la Religión Católica”.

Su misión era “velar por las jóvenes caídas o en riesgo de caer”. Se consideraban “caídas” a todas las que no respetaran las normas establecidas por los vencedores franquistas; es decir, “decente, ama de casa, esposa obediente y sumisa al varón”. Y se consideraba “vicio” cualquier cosa que se relacionara con la sexualidad femenina. Era presidenta de honor Carmen Polo, mujer de Franco, y en las juntas directivas, además de la curia eclesiástica y los gobernadores civiles, se sentaban las representantes de la Sección Femenina y de Acción Católica.

En los centros del Patronato, regidos por órdenes religiosas, podían ser internadas niñas y mujeres desde los 16 a los 25 años de edad por diversos motivos, como ejercer la prostitución, ser una adolescente “difícil”, llevar ropa inadecuada, ser “descocada”, “ir con chicos”, fumar, estar embarazada siendo soltera, faltar de su casa, estar de noche en la calle, participar en manifestaciones o ser desafecta al régimen, etc., etc. Y podían ser ingresadas sin haber cometido ningún delito, a petición paterna o materna, por indicación judicial o policial, por chivatazos de familiares o vecinos o de cualquier “autoridad” como curas, maestros, porteros, serenos, guardas… Los padres perdían la patria potestad sobre las hijas.

Las tuteladas, nada más ingresar, eran derivadas a los Centros de Observación y Clasificación (COC) en muchos casos, esposadas. En estos centros se las sometía a un examen ginecológico que dictaminaba si eran vírgenes o no y, según esto, se clasificaban como “completas” o “incompletas”, lo que decidía a qué centro iban a ser destinadas y el tipo de trato que recibirían, si malo o peor.

En los centros del Patronato se seguía un régimen casi carcelario. Las internas sufrían todo tipo de insultos, humillaciones y vejaciones. Debían realizar tareas de limpieza incluso en avanzado estado de gestación. Al carecer de tutela judicial o paterna se convertían en carne de cañón del maltrato, el abuso y la tortura en las manos arbitrarias de las religiosas y los jerarcas que gobernaban estos centros. Si eran consideradas como “díscolas” se les golpeaba o se les castigaba con duchas de agua fría; se les encerraba en aislamiento, a veces sin comida; o se les obligaba a permanecer horas de pie, a la intemperie, fueran como fuesen las condiciones meteorológicas (o precisamente por ello). Igualmente, se les impedía atender a sus hijos que permanecían con ellas. A las embarazadas se les presionaba hasta el mismo momento del parto para que cedieran sus hijos en adopción y, en muchos casos, se les dijo que los bebés habían nacido muertos y no podían hacer nada porque la atención sanitaria era escasa o nula, incluso para las embarazadas y parturientas.

El Patronato aunaba las fuerzas antifeministas de la Iglesia y la Sección Femenina, recogiendo lo más retrógrado y funesto de la tradición nacionalcatólica. Pero, como siempre, no lo hacían de forma desinteresada ni para mejorar la vida de las mujeres, sino por dinero. Dinero público y privado que fluía directamente hacia las cajas de las órdenes religiosas y los bolsillos de todos los que componían este organismoiii, relacionado también con el robo de bebés.

El trabajo, además de la oración, era una forma de redimir a las “caídas”; las internas estaban obligadas a trabajar y sufrían represalias si se negaban o no cumplían. Se les buscaba casas de “gente de bien” como sirvientas o se les empleaba en talleres ajenos o propios, organizados por el propio Patronato y subvencionados por el Estado, con la excusa de proporcionar a las tuteladas un oficio que les permitiera ganarse la vida “honradamente”iv. Los salarios que cobraban las mujeres tuteladas eran abonados directamente al Patronato, que les otorgaba una cartilla de jornales donde se ingresaba el sueldo, una vez devengado el gasto de manutención si se trataba de mujeres en régimen de internamiento. En realidad, las internas veían muy pocas veces el fruto de su trabajo, ya que se estableció que las cartillas siguieran siendo administradas por el Patronato hasta que fueran totalmente “redimidas”, lo que estaba en manos de los jefes y las religiosas que se lucraban con ese trabajo. Algunos de estos talleres trabajaron para El Corte Inglés, Correos y Telégrafos y otras empresas. Con estos datos, el trabajo realizado por las niñas y mujeres tuteladas por el Patronato se podría clasificar, sin ninguna duda, como trabajo forzado (trabajo esclavo), según la definición de la International Labour Officev.

La maternidad de Peñagrande de Madrid siguió funcionando hasta 1983. Gracias a los testimonios recogidos y publicados por Consuelo García del Cidvi, podemos conocer los horrores que sufrieron las adolescentes y jóvenes embarazadas que tuvieron la desgracia de caer en manos de las Cruzadas Evangélicas que regentaban esta maternidad y del doctor Vela, ginecólogo del centro, que ha sido condenado por su relación con el robo de bebés. Pero lo acaecido en este auténtico reformatorio para jóvenes embarazadas está todavía pendiente de ser investigado a nivel judicial.

Se puede decir bien alto y claro que con el régimen franquista la iniquidad y la impunidad absolutas se abatieron sobre las mujeres, fundamentalmente sobre las jóvenes y pobres. Queda mucho por conocerse, pero es suficiente para constatar la enorme represión que sufrieron las mujeres en el régimen franquista, consideradas como poco fiables y peligrosas y, por ello, objeto de férreo control y castigo.

La memoria democrática debe abarcar también estas memorias silenciadas de quienes sufrieron el abandono y la crueldad más inhumanos por el mero hecho de ser mujeres.

(Nota: el texto sobre el Patronato ha sido modificado tras las observaciones enviadas por Consuelo García del Cid Guerra)

i Desde el primer momento, la SF contó con varios órganos de expresión como Y, revista para la mujer (1938-1945), Medina (1941-1945), Consigna (1940-1976), Bazar (1947-1977) y Teresa (1954-1977), que hacía la competencia a la revista Telva de Acción Católica.

ii La Sección Femenina tuvo a su cargo, desde 1955 a 1977, la Escuela de Auxiliares Técnicos Sanitarios (ATS), entre las asignaturas que debían cursar las estudiantes femeninas estaba “Enseñanza del Hogar”, que era sustituida por “Autopsia médico-legal” cuando se trataba de estudiantes masculinos.

iii Entre 1942 y 1956, época de hambre y miseria para la población, el Patronato recibió nada menos que 37.400.000 ptas. como subvenciones del Estado. (Memoria del Patronato de Protección de la Mujer. 1965).

iv En diversos centros del Patronato existían talleres de maquinistas tejedoras, peluquería, manicura, confección en serie, manufactura del plástico, maquinista industrial de bordado, corte y confección, auxiliares administrativas y cocina. (Memoria del Patronato de Protección de la Mujer, 1969).

v El trabajo forzado de adultos se define, para fines de medición, como el trabajo para el cual una persona no se ha ofrecido voluntariamente (criterio de “involuntariedad”) y que se realiza bajo coacción (criterio de “amenaza de pena”) aplicada por un empleador o un tercero. “Global estimates of modern slavery: forced labour and forced marriage”. International Labour Organization and Walk Free Foundation, Ginebra 2017.

vi C. García del Cid Guerra. Las desterradas hijas de Eva. Algón Editores, 2012 y Ruega por nosotras. Editorial Añil, 2015

 

El Patronato de Protección a la Mujer: Prostitución, moralidad e intervención estatal durante el franquismo

  • Multa de 25 pesetas por no llevar medias
  • Un bando municipal de 1940 prohibió a las toledanas de la época salir a la calle pintadas y sin medias. El alcalde emitió entonces varias normas para evitar «una ola de inmoralidad»
  • En un sentido más amplio se podría decir que su función general (del Patronato de la Mujer) estuvo ligada a la difusión de una normativa de conducta donde prevalecían la decencia, el recato o la castidad, mientras que su función más específica se centró en la redención de las prostitutas.

 

M.G

23 de septiembre de 2020

https://www.latribunadetoledo.es/noticia/Z23BE63EF-D7CC-1B4E-743AA9872BC47AE1/202009/multa-de-25-pesetas-por-no-llevar-medias

 

Toledo estaba sumido en «una ola de inmoralidad» en el año 1940. Así lo vendía el Ayuntamiento en aquellos momentos y tan indisciplinados eran los toledanos a ojos de la dictadura que había echado a andar hacía unos meses, y de los argumentos religiosos y morales extremos que el alcalde José Rivera Lema emitió un bando municipal el 21 de septiembre de 1940 para poner orden y ‘decoro’ en las calles.

El documento, conservado en el Archivo Municipal de Toledo, ordena una serie de medidas para evitar «excesos en las reglas de convivencia social», y avisa de que se castigará con «multas de 25 a 50 pesetas» a las mujeres «que yendo con la cara pintada no lleven medias».

Esta medida formaba parte «de una represión menos visible pero igualmente coercitiva que, si bien padeció el conjunto de la población, se reveló como un acoso específico y constante sobre el colectivo femenino. Se trata de la represión sexual llevada a cabo en aras de implantar un modelo de comportamiento moral determinado, que desencadenó la aplicación de una estricta normativa en hábitos sociales, que iban desde la manera de vestir hasta las formas de relación entre géneros», explica la historiadora Carmen Guillén en su completa tesis doctoral titulada ‘El Patronato de Protección a la Mujer: Prostitución, moralidad e intervención estatal durante el franquismo’ (1).

Esta institución, creada en 1941, ha dado mucho de sí a historiadores, investigadores y curiosos que se han adentrado en ese complejo entramado «de fuerza, propaganda y adoctrinamiento» que emanó del nuevo régimen. La tesis de Guillén aporta una completa radiografía de aquellos años y disecciona esta rancia institución que trató «de redimir a la mujer caída y a la que estaba en peligro de caer».

Rivera comparte estos principios en un bando que lucha «contra la inmoralidad social» y da un paso más para completar «el trabajo de las autoridades de la capital». Si bien, el alcalde creyó necesario informar y ordenar nuevas medidas para preservar «la perfecta moral católica».

El documento subraya «que la juventud ha de tener sus esparcimientos, pero deben asentarse en reglas de urbanidad y de ejemplo». Por tanto, desde el Ayuntamiento no estaban dispuestos a permitir que las mujeres salieran a la calle sin medias, pero tampoco que las parejas fueran «cogidas del brazo» por amistad o noviazgo, con lo que también se establecieron castigos llamativos con sanciones de 25 a 50 pesetas según la gravedad de los hechos.

Esta directriz quedó recogida en el artículo 64 de las ‘Normas de decencia cristiana’, editado  por la Comisión Episcopal de Ortodoxia y Moralidad del Secretariado del Episcopado Español en 1958. Este pequeño libro de 85 páginas, con un coste de 5 pesetas, regulaba la vida religiosa, la vestimenta, el noviazgo, la castidad, el deporte, la vida social, los espectáculos y el papel de la mujer «en la vida pública y profesional», entre otros aspectos.

Por tanto, las normas que se implantaron en 1940 ya definían el carácter que marcaría el nuevo régimen y su aparato represor, que también tenía en el punto de mira a las parejas no casadas.

El Ayuntamiento incluyó en ese bando un castigo ejemplar para «los dueños de bares, cafeterías —entre otros negocios— que consientan en sus establecimientos parejas que no estén con el respeto debido a los demás consumidores del establecimiento» En este caso, la multa oscilaba «de 250 a 500 pesetas».

 


1.- El estudio de la represión franquista en todos sus ámbitos ha sido un tema recurrente en la historiografía de las últimas décadas. Ejecuciones, encarcelamientos, violencia física, exilio o depuración del funcionariado representan las formas más tangibles que practicó el nuevo Estado para perpetuarse en el poder y, quizá, por ese motivo son también las temáticas más abordadas en publicaciones recientes.

Sin embargo, existió otro tipo de represión menos visible pero igualmente coercitiva que, si bien padeció el conjunto de la población, se reveló como un acoso específico y constante sobre el colectivo femenino. Nos referimos a la represión sexual llevada a cabo en aras de implantar un modelo de comportamiento moral determinado, que desencadenó la aplicación de una estricta normativa en hábitos sociales, que iban desde la manera de vestir hasta las formas de relación entre géneros.

Una vez finalizada la contienda civil, la sinergia del nuevo régimen fue imponiendo su ideología mediante el uso de la fuerza, la propaganda o el adoctrinamiento; pero en el plano moral, el aparato represivo más efectivo y duradero sería el Patronato de Protección a la Mujer. Esta institución fue creada en 1941 con el objetivo prioritario de redimir a la mujer caída y ayudar a la que estaba en peligro de caer. En un sentido más amplio se podría decir que su función general estuvo ligada a la difusión de una normativa de conducta donde prevalecían la decencia, el recato o la castidad, mientras que su función más específica se centró en la redención de las prostitutas. Para implementar esa labor, el patronato desarrolló un estudiado sistema de vigilancia que aplicaba terapia de reclusión con la finalidad de liberar a la mujer de todas aquellas prácticas sociales que entraban en conflicto con las austeras reglas del régimen.

Además de las mencionadas funciones preventivo-redentoras, el patronato se encargaría también de realizar periódicamente un conjunto de estadísticas e informes que evaluaban la moralidad pública y que serán, a la postre, la base archivística de la presente tesis. En ellos se muestran todas las aristas de la cuestión moral que, en términos franquistas, comprenden elementos muy heterogéneos como el ambiente en bailes, cines y playas, la homosexualidad, el uso de estupefacientes, la prostitución o los abortos y la nupcialidad; temas de los que se ocupó la institución hasta su final definitivo, en plena década de los ochenta.

De todos ellos, la prostitución constituirá la problemática central y el eje sobre el que versa la mayor parte de los informes; por ello, el estudio de la prostitución en el franquismo es inseparable del análisis del patronato y debe realizarse siempre de manera conjunta. Por todo lo expuesto, la hipótesis de trabajo de la que se parte, así como el propósito de esta tesis, tienen una doble vertiente: de un lado, destacar la importancia del Patronato de Protección a la Mujer en la sociedad franquista como elemento clave en la construcción del comportamiento moral femenino y, de otro, elaborar un estudio de la prostitución durante el franquismo, resaltando la represión sexual sufrida por las mujeres en esa etapa e incidiendo en las considerables diferencias con la sexualidad masculina.

Ciertamente, el Patronato de Protección a la Mujer representa la piedra angular de nuestro análisis, en tanto que la cuestión prostitucional se aborda siempre a través de la mirada opresiva de esta institución y, de hecho, su protagonismo como objeto analítico en la tesis viene definido por la propia relevancia que tiene dentro de los informes del patronato.

https://digitum.um.es/digitum/handle/10201/64539

La prohibición de la prostitución en Francia (y, hoy, en España) y otras señales de fascismo

Publicado en 11 de abril de 2016

 

La prohibición de la prostitución en Francia y otras señales de fascismo

 

Por Jerry Barnett

7 de abril de 2016

http://sexandcensorship.org/2016/04/france-bans-prostitution/

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/04/11/la-prohibicion-de-la-prostitucion-en-francia-y-otras-senales-de-fascismo/

 

La prohibición de la prostitución en Francia es un signo de un profundo cambio histórico en la política francesa

 

Ayer, Francia adoptó el “modelo nórdico” para combatir el comercio sexual, haciendo ilegal comprar sexo. Como siempre, los valedores de este ataque negaron que la prostitución estuviera siendo puesta fuera de la ley; por ejemplo, en respuesta a mi tweet sobre la noticia, recibí esto:

Sex and Censorship:
“Prohibición de los velos y ahora prohibición de la prostitución. Francia se está convirtiendo en un país profundamente conservador.”
Stephanie Lamy:
“Francia no está prohibiendo la prostitución, sino todo lo contrario. Estamos prohibiendo la compra de sexo y despenalizando a las prostitutas”

Pero hace falta una auténtica mentalidad orwelliana para creer que uno puede poner fuera de la ley la compra de un servicio sin perjudicar a los que lo venden. Esto está, desde luego, diseñado para perjudicar a las trabajadoras sexuales. El fanatismo del movimiento antiprostitución está a la vista de todos. Las trabajadoras sexuales no están divididas al respecto: dicen claramente para cualquiera que quiera escucharlas que el trabajo sexual debe ser totalmente despenalizado. Los observadores imparciales —tales como Amnistía Internacional, que recientemente adoptó una política de despenalización— no han apreciado que este sea un argumento complicado, de dos caras. Es bien sabido que penalizar cualquier aspecto del comercio sexual daña claramente a las trabajadoras sexuales.

Así que no tratemos a los prohibicionistas como personas equivocadas con buena intención, de la misma forma que no gastaríamos saliva discutiendo sobre si es bueno o malo linchar a los negros o gasear a los judíos. Los activistas antiprostitución son fanáticos, así de sencillo. Pretenden atacar lo que odian y temen. Y este fanatismo nacido del miedo y la aversión que está en auge en Francia, es parte de un cambio histórico mucho mayor. Francia se está hundiendo otra vez en el fascismo.

Lo que es desconcertante es que, al contrario que la vez pasada, la fuerza dirigente del fascismo francés es la izquierda política. Hace unos pocos años, por ejemplo, la ministra del gobierno socialista francés Laurence Rossignol dijo que las mujeres que llevaban velo eran como “negros que apoyaran la esclavitud”. La ley antivelo fue presentada con un ligero barniz progresista, usando el “laicismo” como excusa. Pero el laicismo de Francia no es la libertad religiosa de la Ilustración. Es una oportunidad para abusar perversamente de las minorías.

Y como escribió ayer la comentadora del trabajo sexual Laura Agustín en Facebook, esta ley antiprostitución tiene también sus raíces en el profundo racismo de Francia. “En Francia, donde más de la mitad de quienes venden sexo son inmigrantes, la ley es abiertamente antiinmigración. El mensaje es: si quieres hacer esto, vete”. Francia ha sido siempre uno de los peores lugares de Europa para ser un inmigrante. Ahora la guerra francesa contra los inmigrantes se está volviendo cruel, y la izquierda está en la vanguardia de esa guerra. La tarea de la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen ha concluído: ¿quién necesita a la extrema derecha cuando el fascismo se halla tan cómodo como en su casa en la izquierda?

El colapso de la izquierda progresista no es solo un asunto francés. No es coincidencia que, en el Reino Unido, una comisión parlamentaria dirigida por los laboristas esté tambíen intentando prohibir la prostitución. Actitudes abiertamente antisexo y actitudes veladamente racistas son ahora algo corriente en la política de la izquierda en todas partes: el reciente ataque a un estudiante que llevaba rastas —tan solo porque el estudiante era blanco— muestra que la podredumbre también está en la izquierda americana.

Para alguien como yo que una vez se encontró como en su casa en la izquierda, este cambio en el panorama político es desconcertante. El cambio de la izquierda hacia actitudes fascistas constituye el meollo de mi nuevo libro, Porn Panic!  Los valores liberales de igualdad, libertad y razón están colapsando en todo el espectro político. La prohibición de la prostitución en Francia, y la del velo, representan nubes oscuras levantándose sobre el mundo occidental.

 

Prohibir la prostitución es el peor de los crímenes contra las mujeres

 

Según el Tribunal de Nüremberg, iniciar una guerra de agresión es el peor de los crímenes de guerra porque contiene en sí mismo el mal acumulado de todos ellos.

De la misma forma, prohibir la prostitución, es decir, negar la libertad de las mujeres, es el peor de los crímenes contra éstas, porque contiene en sí mismo el mal acumulado de todos los crímenes contra las mujeres.

No existe diferencia entre prostituta y mujer libre. Prostituta es el baldón que se cuelga a la mujer libre para negar su libertad y el derecho a prostituirse es lo que define la libertad de la mujer.

La prohibición expone a las prostitutas a sufrir violencia policial, detenciones, violaciones, chantajes y deportaciones sin posibilidad de denunciar los abusos, y a eso mismo expone a toda mujer libre, porque ¿cuál es la diferencia entre una mujer libre y una prostituta? La prohibición pone en manos de la policía la tarea de diferenciar entre una y otra.

Con la prohibición, toda mujer es sospechosa de ser prostituta: sólo la estrecha vigilancia por parte de la policía de su vida privada, de su intimidad, permitirá diferenciar a la que lo es de la que no lo es. Sólo el registro policial de una mujer como puta permitirá identificar a los hombres con los que se relacione como puteros criminales y a su casero como proxeneta criminal.

Pero, ¿cuáles son los signos diferenciales de la prostituta? ¿Tal vez la promiscuidad sexual?¿Tal vez la infidelidad matrimonial?¿Tal vez el intercambio de sexo por bienes de naturaleza no sexual?

Sólo una norma puede ayudar a distinguir a la prostituta de las demás mujeres: la moral sexual tradicional, la moral sexual católica. Con la prohibición, la policía vigilará la moral sexual de las mujeres y las cárceles morales se abrirán para todas las mujeres.

Porque las cárceles morales para mujeres no fueron sólo para prostitutas. Tanto los asilos de las Magdalenas en Irlanda, como el Patronato de la Mujer en España, como la “guerra contra las mujeres” en Estados Unidos, abrieron sus puertas para todo tipo de mujeres “inmorales”: todas ellas fueron consideradas putas.

Negar a las mujeres el derecho a prostituirse es un crimen porque es negar a las mujeres sus derechos humanos. Por eso, tanto el Estado abolicionista español como el Estado neoprohibicionista sueco, que se presentan como democracias avanzadas, reconocen ese derecho.

Porque el Estado sueco, en una exhibición de monstruosa hipocresía, reconoce y garantiza el derecho de las mujeres a prostituirse, su derecho a vender sexo, al tiempo que penaliza la compra de ese sexo.

Prohibir la prostitución es el peor de los crímenes contra las mujeres porque es el germen de todos los crímenes contra las mujeres. No obsta que hoy, en España, sean mujeres las que estén liderando la campaña por la prohibición: mujeres eran también las carceleras del Patronato de la Mujer.

La diferencia no es entre mujeres y hombres, sino entre personas defensoras de los derechos humanos y personas enemigas de la humanidad. Hoy, la “democracia avanzada” española ve correr por sus venas el virus del fascismo. Aún estamos a tiempo de neutralizarlo.