Derechos Humanos premia al colectivo feminista Hetaira por su defensa de las prostitutas

 

  • Mujeres de esta asociación recibirán el galardón el próximo viernes 13 de diciembre en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz
  • La Apdha convoca el martes 10 de diciembre a una marcha cívica que ya respaldan 74 organizaciones

 

M.Cádiz

4 de diciembre de 2019

https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Prostitucion-Cadiz-Derechos-Humanos-asociacion-feminista-Hetaira-prostitutas_0_1415858669.html

 

Hetaira, un colectivo feminista que trabaja en defensa de los derechos de las prostitutas desde 1995, recibirá el próximo viernes 13 de diciembre el premio que anualmente otorga la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha).

Mujeres de esta asociación que precisamente este año se ve obligada a cerrar sus puertas recogerán el galardón en un acto que se celebrará a las 18:00 horas en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz. 

El acto pondrá colofón a toda una semana de actividades en torno al 10 de diciembre, 71 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, día para el que hay convocada una marcha cívica por los Derechos Humanos que, partiendo del Castillo de Santa Catalina a las 19:00 horas hará varias paradas en reivindicación de los diferentes derechos. 74 colectivos respaldan ya esta convocatoria

Talía Ardana, coordinadora del área de Trabajo Sexual de la Apdha explicó que los premios que otorga la Apdha, como la propia Declaración, siempre han tenido vocación de universalidad, como demuestran los galardones concedidos a las mujeres lideresas colombianas, a la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Tánger o a la Asociación Marroquí de Derechos Humanos.

“FUE EL PRIMER COLECTIVO FEMINISTA EN REIVINDICAR LOS DERECHOS E INTERESES DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES”

“Teníamos una deuda pendiente con el colectivo Hetaira, fundado por un grupo de mujeres, algunas de ellas trabajadoras sexuales, otras defensoras de los derechos Humanos, y todas ellas feministas, con el fin de combatir el estigma social que recae sobre todas las personas que ejercen la prostitución en España,reivindicando de manera colectiva sus derechos e intereses como trabajadoras“, explica Talía.

“Fue el primer colectivo que en España entendió que la prostitución no debía ser una actividad degradante o contraria a la moral, como se concebía tradicionalmente. Dieron un complicado primer paso que a asociaciones como la nuestra nos sirvió para entender que no podemos hablar de Derechos Humanos obviando los derechos de las prostitutas ni que tampoco podemos hablar de los derechos de las prostitutas sin contar con ellas”, añade la activista.

“HETAIRA ES UN FARO PARA NUESTRA ASOCIACIÓN Y PARA LAS FEMINISTAS”

“Por eso Hetaira es un faro para nuestra asociación y para las feministas y de Derechos Humanos, más especialmente en estos tiempos en los que la prostitución parece ser un interés central para nuestros gobiernos; todos parecen tener la clave de qué debemos hacer con la prostitución y qué les conviene a las prostitutas; todo ello desde una ideología verdaderamente ciega, que no escucha ni le conviene escuchar lo que realmente están pidiendo las trabajadoras sexuales“, afirma Talía.

“Todo esto se viene traduciendo en medidas que criminalizan la prostitución, estigmatizan más aún a quienes la ejercen y, lo que es peor, vulneran sus derechos fundamentales, condenándolas a la clandestinidad“, concluye la activista.

Talía Ardana informó sobre el premio junto a Diego Boza y Rafael Lara, delegado y portavoz, respectivamente, de la Apdha, que explicaron el contexto de la conmemoración y los actos previstos.

“Un momento absolutamente crítico”

Diego Boza aseguró que nos encontramos en un momento absolutamente críticopor los recortes de derechos que se están sufriendo en toda Europa, recortes que se padecen especialmente en Andalucía. “El nuevo Gobierno andaluz está impulsandorecortes en educación, en igualdad y en libertades, de manera que si ya partíamos de una mala situación, esta se está intensificando. Es preocupante que desde algunos sectores se estén denostando los Derechos Humanos y defendiendo la discriminación“.

Boza se refirió también a la emergencia climática en las que estamos inmersos, que coloca a los personas más pobres en una situación de mayor exclusión, incluso entre los que trabajan. “El trabajo ya no basta para salir de la exclusión“, dijo el delegado de la Apdha.

Por último, Diego Boza puso de manifiesto que en Cádiz “nos encontramos en una provincia cada vez más empobrecida, con grandes sectores de población en situación de exclusión y con altas cifras de personas en prisiónuna provincia favorable al voto ultra donde es más necesario que nunca seguir trabajando para que no se sigan vulnerando derechos”.

Actos en Conil, Barbate, San Fernando, El Puerto y Puerto Real

Rafael Lara informó sobre el programa de actos en torno al 10 de diciembre, que se abrirá ese mismo día en Conil, con la inauguración de la Patera de la Memoria, una de las precarias embarcaciones que llegó recientemente al municipio jandeño repleta de personas en busca de un futuro mejor. Será a las 13:00 horas en el Paseo Marítimo, frente al reloj de sol.

El 11 de diciembre, en Chiclana, a partir de las 18:00 horas, habrá un punto de información. El día 12, a las 18:00 horas se proyectará el documental Madres Invisibles, en el Centro de Congresos de San Fernando, mientras que en El Puertose celebrará una conferencia y debate sobre La acogida en las dos orillas, en la que intervendrán Paula Domingo, de la Asociación Elín, de Ceuta, y José Chamizo, ex Defensor del Pueblo Andaluz.

El 14 de diciembre, a las 12:00, se realizará la tradicional lectura de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esta vez en el Mercado de Abastos de Barbate, en un acto al que seguirán actuaciones musicales. A la misma hora habrá un acto similar en la Plaza de Jesús de Puerto Real.

 

La prostitución como violencia de género: asalto al Estado de Derecho. Hacia la prohibición de la prostitución en España.

 

La prohibición de la prostitución en España es inminente. La exigencia al próximo gobierno de una ley que penalice a los clientes y todo tipo de proxenetismo, exigencia liderada por la facción radical del feminismo, domina el discurso en todos los ámbitos. ¿Su fundamento?: el dogma de que la prostitución es violencia de género. Un dogma introducido ya en el Pacto de Estado contra la violencia de género sin ningún tipo de debate, sin necesidad de ninguna argumentación, tan sólo por la presión de las organizaciones abolicionistas.

El dogma de la prostitución como violencia de género era necesario para prohibir la prostitución mediante la penalización de los clientes. No bastaba con el mito de que el 80% de las prostitutas son víctimas del mito de la trata de personas con fines de la fantasmal (por indefinida) “explotación sexual”. Porque admitía que un 20% de las prostitutas lo eran por libre decisión y, entonces, ¿cómo desposeer de sus derechos fundamentales a esas mujeres que decidían libremente sobre su cuerpo y sobre su vida?¿Cómo lanzar el ataque al Estado de Derecho que reconoce mediante sus principios constitucionales el derecho de las mujeres a prostituirnos?

No argumentan por qué la prostitución debe ser considerada violencia de género. No en España, donde no tienen necesidad de argumentar nada. Pero el argumento, tal como lo expresan en otras partes, es que el sexo consentido sin deseo sexual por parte de la mujer es violencia contra ésta. Un argumento absurdo.

Sólo la conciencia de la enormidad de una ley como la que andan buscando las dominadoras de las mujeres y sus aliados y del enorme coste social y presupuestario que supondría puede frenar su aprobación. Un coste social que llevaría a la deportación masiva de inmigrantes indocumentadas y al paro sin derechos —a la miseria— a decenas de miles de mujeres; un coste presupuestario que supondría la creación de miles de nuevos puestos de policía para vigilar a todas y cada una de las prostitutas y la subvención a un enjambre de ONG rescatadoras —un nuevo Patronato de la Mujer— dirigidas por abolicionistas, tanto seglares como religiosas.

El enorme coste social y humano que supondría crear las condiciones para el control total de la prostitución clandestina por la mafia policial.

Frente a esta ofensiva totalitaria, las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados, los defensores de los derechos humanos, de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, de los derechos de las mujeres, del Estado de Derecho, sólo tienen un camino posible: la defensa de la total despenalización del trabajo sexual en los términos expresados en el Manifiesto Político de las Trabajadoras Sexuales del Estado español.

 

Por los derechos de las trabajadoras sexuales, por los derechos de las mujeres, por los derechos de la humanidad, por la libertad y la democracia,

 

SUSCRIBE Y DIFUNDE

el

MANIFIESTO POLÍTICO DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES DEL ESTADO ESPAÑOL

 

 

 

 

 

El abolicionismo es moralismo sexual (1)

 

Ensayo 9: No es cuestión de moralidad. ¡Sí lo es! Parte 1

https://newprostitutionwars.net/home/essay-9-its-not-about-morality-yes-it-is-part-1/

Puede verse la parte 2 en el siguiente enlace:

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2019/03/15/el-abolicionismo-es-moralismo/

 

Hace unos pocos años, Laurie Penny publicó en The New Statesman una diatriba contra las abolicionistas. Retomando un tema que he tratado en ensayos anteriores, Penny escribió:

Cuando todos los demás argumentos fracasan, la última pieza elástica de razonamiento que sostiene la sensible ropa interior del lobby feminista sexualmente conservador es que las mujeres que no están de acuerdo con sus argumentos deben haber sido abusadas de niñas o traumatizadas en el trabajo, y como tales no vale la pena escucharlas. La fundadora de UK Feminista, Kat Banyard, que hace trabajo de entrenamiento de activistas incondicionales, afirmó en The Guardian que “las tasas astronómicas de trastorno de estrés postraumático” entre las trabajadoras sexuales son evidencia del “daño inherente que está en el centro de esta transacción”. . . . [Pero esto] no es cuestión de evidencia, no lo es para las “neo-victorianas”, en realidad no. Es cuestión de moralidad, tal como sucedió hace doscientos años cuando las mujeres de clase alta bien intencionadas organizaron centros de caridad para “salvar” del pecado a las prostitutas de la calle encontrándoles un empleo alternativo como limpiadoras, en asilos para pobres o fregando las calles. Ahora mismo, esto se traduce en la creencia de las bienhechoras en que cualquier tipo de trabajo, por explotador y mal pagado que sea, debe ser mejor que el trabajo sexual porque no involucra sexo, sexo malvado, sexo pecaminoso. [1]

Penny no está sola entre las feministas que ven en sus hermanas abolicionistas una dependencia de los puntos de vista morales retrógrados del sexo. Las abolicionistas responden que no son conservadoras sexuales, no tienen puntos de vista neo-victorianos sobre el sexo, no hablan sobre el pecado y no ofrecen evaluaciones “moralistas” de la prostitución [2]. Pero, sin duda, sus críticas a la prostitución son críticas morales: “explotación”, “abuso”, “coerción”, “esclavitud”, “derechos humanos” y términos similares que aparecen en los relatos abolicionistas constituyen parte de nuestro vocabulario moral común. Así, cuando las abolicionistas sostienen que sus posiciones no son “moralistas”, quieren decir que su tratamiento de la prostitución no descansa en una moral sexual distintiva.

Sin embargo, muchas, si no la mayoría de las abolicionistas, se basan en una concepción específica de la moral sexual. A veces esto es un poco difícil de ver porque la abolicionista a menudo viste su punto de vista moral como una cuestión de salud psicológica, pero en otros casos, el punto de vista es evidente. Considerad esta afirmación. “Se supone que el sexo debe ser elegido y deseado”, escribe Catherine MacKinnon. “[L] a cosa real no se compra ni se vende. . . . Así de simple: la consideración para el sexo es el sexo. Donde el sexo es mutuo, es su propia recompensa ”. [3]

Así de simple: el sexo es por sexo, no por dinero. ¿Por qué? Ciertamente parece que aquí está actuando una moral sexual distintiva. ¿Se puede aclarar? ¿Se puede defender plausiblemente?

Abundan los ejemplos de este estándar moral que se da por sentado.

Taja Rahm, blogger feminista:

Gritemos que el sexo no es una mercancía, que puede tener un costo humano enorme si se lo trata como tal. Gritemos al mundo que el dinero y el sexo no se mezclan, que el sexo debe tener lugar bajo una relación completamente diferente y mutua. [4]

Melissa Farley, investigadora de prostitución, activista abolicionista:

No hay mutualidad de placer sexual o de cualquier otro tipo de poder en la prostitución. [5] La prostitución deshumaniza, mercantiliza y fetichiza a las mujeres, en contraste con el sexo intranscendente no comercial en el que ambas personas actúan sobre la base del deseo sexual. [6]

Madeleine Coy, académica:

La prostitución como servicio comercial implica un cierto grado de objetivación ya que no requiere mutualidad interpersonal: los hombres pagan por su placer sexual, no por una experiencia mutuamente placentera. [7]

Kathleen Barry, académica:

[Las] condiciones mínimas para el consentimiento sexual están en el sexo que es una experiencia humana de dignidad personal y que se disfruta con respeto y placer [8].

Carole Pateman, académica:

Defensores del sexo sin amor. . . siempre supuse que la relación se basaba en la atracción sexual mutua entre un hombre y una mujer e implicaba una satisfacción mutua. . . . La prostitución no es un intercambio mutuo y placentero del uso de cuerpos. [9]

Lise Tamm, Fiscalía Internacional, Estocolmo:

El sexo, debe ser mutuo. . . [N] o compramos una relación íntima con alguien que no quiere sexo, porque la sexualidad es algo que debe ser recíproco. [10]

Kajsa Ekis Ekman, escritora:

[En la prostitución] una persona quiere tener relaciones sexuales y la otra, no. El dinero puede hacer que el comprador consiga el “consentimiento”. . . pero esto solo resalta el hecho de que la otra parte tiene relaciones sexuales a pesar de que realmente no quiere hacerlo. No importa cuánto se haga o se diga para cubrir esto, si hubiera un deseo mutuo, no habría ningún pago, y todos lo sabemos. [11]

El estándar de mutualidad del deseo impregna los escritos abolicionistas. Desafortunadamente, las abolicionistas ofrecen el estándar como si fuera claro y evidente. MacKinnon, Farley, Tamm y otras activistas ni lo explican ni lo argumentan. No se molestan en responder incluso preguntas básicas al respecto. Por ejemplo, ¿es este un estándar del sexo ideal o una prescripción para el sexo permisible? ¿Podemos hacer que las personas que no están a la altura sean parias sociales o criminales? ¿Por qué?

SEXO SIN DESEO

“Si hubiera un deseo mutuo, no habría un pago”, pero hay un pago, por lo que la prostitución implica relaciones sexuales no deseadas. Para algunas abolicionistas, con eso está todo dicho. Si definimos la violación como sexo no querido —una sugerencia hecha con toda seriedad por Melissa Farley— entonces la prostitución es “violación pagada”, literalmente, y eso cierra los libros morales sobre sexo por dinero. [12] Sin embargo, la violación no es sexo no querido, es sexo no consentido; en consecuencia, se necesita decir más sobre sexo querido y no querido [13]. De hecho, se necesita decir mucho más, más de lo que puedo decir aquí. Los problemas que rodean la moral sexual son enredados y nudosos. Mis comentarios aquí son incompletos en el mejor de los casos. Los aumentaré en el Ensayo 11.

Primero, necesitamos más categorías para capturar la complejidad de las relaciones sexuales. Agreguemos al par querido / no querido un segundo: deseado / no deseado, donde “deseo” significa deseo sexual. Agregar esta categoría crea varias permutaciones posibles. Por ejemplo, una mujer puede desear sexualmente a un hombre pero no quiere tener sexo con él porque no quiere engañar a su esposo. O bien, podría desear sexualmente al hombre y querer tener sexo con él a pesar de sus compromisos matrimoniales.

Del mismo modo, una mujer puede carecer de deseo sexual por un hombre, pero de todos modos quiere tener relaciones sexuales con él. Él puede ser su esposo o novio y ella quiere responder a su deseo, aunque ella no tiene ninguno. Además, una mujer puede ni desear sexualmente a un hombre ni querer tener sexo con él. Si lo hace de todos modos, podría ser que se ve obligada contra su voluntad (violada) o que lo acepta bajo presión externa.

¿Son estos cuatro pares —sexo deseado / querido, sexo deseado / no querido, sexo no deseado / querido y sexo no deseado / no querido— suficientes para hacer justicia a la complejidad de las relaciones sexuales? Una cosa es segura: ¡las relaciones sexuales son complejas! Las investigadoras sexuales Cindy Meston y David Buss en un estudio de 2007 identificaron 237 razones que las personas dan para tener relaciones sexuales. Muchas de las razones invocan placer o deseo: “se siente bien”, “estaba cachonda”, “quería la aventura / emoción”, “la apariencia física de la persona me excitaba”. Estas razones caen dentro del ámbito del estándar del deseo mutuo si las razones son recíprocas. Pero muchas otras razones no lo hacen: “Quería mantener satisfecha a mi pareja”; “Sentí que era mi deber”; “Quería aumentar el vínculo emocional con mi pareja”. Algunas de estas razones parecen altruistas (“Quería complacer a mi pareja “) y algunos incorporan objetivos de autoprotección (” quería evitar que mi pareja se fuera por ahí “).

Sin embargo, otras razones se alejan aún más del estándar de mutualidad. “Quería sentirme poderosa;” “Pensé que tener relaciones sexuales me ayudaría a atrapar a una nueva pareja”; “Quería ganar la aceptación de mis amigos”; “Quería que mi pareja dejara de engañarme y volviera a mí”; “Él era famoso y quería poder decir que tuve relaciones sexuales con él “,” Mis amigos estaban teniendo relaciones sexuales y quería encajar “,” Quería manipular a mi pareja para que hiciera algo por mí “. [14] Estas razones evocan objetivos egoístas. Que la otra parte pueda o no disfrutar del sexo, o tener sus propios objetivos para entrar en el encuentro sexual, es incidental.

Los motivos de las mujeres, así como los de los hombres abarcan toda esta gama.

Obviamente, una gran cantidad de sexo no cumple con el estándar de mutualidad del deseo. No tenemos que confiar en Meston y Buss para darnos cuenta de esto. Otros estudiosos confirman la ubicuidad de las razones “pragmáticas” o “instrumentales” que dan las mujeres para tener relaciones sexuales. Amy Brown-Bowers y sus colegas, por ejemplo, en sus entrevistas con una muestra de mujeres canadienses descubrieron que los “placeres y beneficios no sexuales” por tener relaciones sexuales desempeñaban un papel importante en las motivaciones de sus sujetos. [15] Evidencia similar apareció en el trabajo de Nicola Gavey y sus colegas y en los estudios de Sharon Thompson. [16] Estos no son hallazgos aislados. Las mujeres y las chicas tienen muchas razones, independientemente del deseo sexual, para tener relaciones sexuales.

A nuestras categorías de querer y desear, agreguemos una más: el sexo puede ser agradable o no. El continuo experiencial varía desde sentirse excepcionalmente satisfecha hasta no sentir nada hasta sentirse rechazada o violada. Para ilustrar: una mujer puede querer y desear tener relaciones sexuales con un hombre, pero la experiencia real le resulta desagradable: dolorosa, por ejemplo, o físicamente insatisfactoria. Del mismo modo, una mujer que no desea sexo pero lo quiere puede encontrar desagradable la experiencia real. [17] Por supuesto, tener una experiencia desagradable es más probable cuando una mujer soporta el sexo sin desearlo ni quererlo. (Hay otras permutaciones, pero dejémoslas a un lado).

Con el continuo agradable / desagradable en la mano, considerad ahora estos comentarios de un sujeto en un estudio de investigación:

A veces me acuesto en la cama y pienso en todas las mujeres que podrían estar llorando esta noche. Llorando porque saben que tendrán que ‘hacerlo’ mañana, llorando porque pueden ‘sentirle’ venir hacia ellas, llorando porque él está gruñendo allí encima de ellas, llorando porque sus cuerpos ya no son suyos porque los comprometieron hace 20 años y no parece posible recuperarlos. [18]

Todas las mujeres lloran porque deben atender a sus gruñones maridos: no es una imagen bonita y representa la experiencia de muchas mujeres. Ni desean tener sexo con sus maridos ni lo quieren, pero lo soportan, por repugnante que sea, porque se comprometieron a sí mismas en matrimonio.

Las mujeres casadas a menudo tienen relaciones sexuales por deber en lugar de por deseo. Pero, ¿son sus experiencias siempre tan malas como las de las “mujeres que lloran”? Aquí está el informe de otro sujeto:

Después de treinta y dos años, es difícil pensar en una sola ocasión [de tener relaciones sexuales cuando quiera]. Creo que simplemente sucede en las relaciones a largo plazo. En mi caso, una histerectomía disminuyó mi libido. Hubo momentos en que no tenía ganas de tener relaciones sexuales, pero lo hice solo por mi esposo. Fue frustrante no quererlo y deprimente cuando lo hice porque no me satisfacía. Sin embargo, me sentía culpable por no tener relaciones sexuales con frecuencia y quería complacer a mi esposo, así que ahí lo tienes. [19]

Ahí lo tienes: treinta y dos años de sexo no deseado. Sin embargo, la esposa no marca su vida de casada como algo horrible, dejándola llorando por la noche. Estaba “frustrada” por no querer tener sexo y le pareció “deprimente” no estar “satisfecha” por el sexo que tenía. Sin embargo, ella “quería complacer” a su esposo. Su situación no era ideal, ni mucho menos, pero tampoco la rechazó ni arruinó su vida, por lo que podemos ver.

Finalmente, otro sujeto describe una reacción diferente a la presión de su amante para tener relaciones sexuales:

. . . ¿por qué no [digo] “sí”? Quiero decir que es, no es nada, tener sexo es como levantarse y desayunar. Creo que de una manera que, um, iba a decir, que era una forma de hacerlo, haciendo que lo ordinario fuera correcto. Creo que fue normal, es como tomar una taza de té. [20]

Estas tres reacciones muy diferentes al sexo no deseado —como un ritual repulsivo forzado por los términos del matrimonio esclavizante, o un requisito de deber frustrante pero no destructivo, o una rutina mundana e intrascendente— sugieren que una historia completa de la sexualidad de las mujeres mostrará una complejidad considerable en efecto. Sin embargo, el estándar de mutualidad del deseo elimina moralmente la mayor parte de esa complejidad. ¿Qué pasa con las mujeres cuyas actividades sexuales no se ajustan a este estándar? ¿Debemos marcarlas como moralmente deficientes, corruptas, débiles, equivocadas, venales o sin principios? ¿Están eludiendo su deber? [21] O, consideremos a la otra parte de una pareja sexual: ¿son los hombres moralmente deficientes, corruptos, venales, sin principios que eluden el deber cuando tienen relaciones sexuales con mujeres que no cumplen con el estándar de mutualidad? No es difícil clasificar a los hombres como acosadores morales si presionan a las mujeres a tener relaciones sexuales que no desean o no quieren, pero es más difícil culpar a los hombres engañados por la simulación (sus parejas sexuales motivadas por razones como “Quiero evitar que mi pareja se vaya por ahí “,” Mis amigos están teniendo relaciones sexuales y quiero encajar “,” Quiero que mi pareja deje de engañarme y vuelva a mí “,” Quiero manipular a mi pareja para que haga algo por mí “).

¿Cómo debería funcionar el estándar de mutualidad en el caso de la prostitución? La prostituta no desea tener relaciones sexuales con su cliente (en el sentido especificado anteriormente), pero sí quiere que la transacción sexual tenga lugar: lo solicita, gana dinero con ello. Ahora mirad a su contraparte: ¿no podríamos asimilar al cliente a los matones morales mencionados anteriormente? El cliente no se siente atraído por la simulación; debe saber que la prostituta no desea tener sexo con él. Sin embargo, el paralelismo no se mantiene. El cliente no está presionando a la prostituta. Él está respondiendo a su anuncio o invitación. En este punto, las abolicionistas tienden a recurrir a otras premisas: la prostituta actúa bajo coacción, no consiente libremente; el cliente tiene como objetivo disfrutar de degradar a la prostituta; y así. Cuando se hacen estas afirmaciones, el estándar de mutualidad del deseo desaparece; No está cumpliendo ninguna función moral. La ausencia de consentimiento de la prostituta o el motivo malicioso del cliente guía nuestra evaluación moral. De lo contrario, la transacción entre prostituta y cliente exhibe una mutualidad: una mutualidad de comercio, sexo por dinero. Ciertamente, no cumple con el requisito de mutualidad del deseo, pero aún no hemos visto por qué este estándar, que excluye moralmente una gama tan amplia de sexo ordinario, debería guiar nuestro juicio en cualquier contexto. Ni siquiera sabemos lo que significaría que guiara el pensamiento y la acción. ¿Cuáles son sus implicaciones prácticas? ¿Simplemente nos permite mirar de reojo a las personas que tienen relaciones sexuales que no desean o hace más? ¿Exige esfuerzos colectivos para persuadir a las personas de que no tengan relaciones sexuales que no desean? ¿Suscribe políticas públicas coercitivas para garantizar que las personas se adhieran al requisito de mutualidad del deseo?

UNA UNIÓN DE YOES

Quienes adoptan el estándar de mutualidad lo presentan como la antítesis de la “mercantilización” del sexo que ocurre en un acto de prostitución. Aquí hay una versión de una visión anti-mercantilización, ofrecida por la filósofa Elizabeth Anderson:

El bien específicamente humano de los actos sexuales intercambiados como obsequios se basa en un reconocimiento mutuo de los socios como atraídos sexualmente entre sí y como afirmando una relación íntima en su ofrecimiento mutuo de sí mismos. Este es un bien compartido. La pareja se regocija en su unión, que puede realizarse solo cuando cada miembro de la pareja reciproca el regalo del otro en especie, ofreciendo su propia sexualidad en el mismo espíritu en el que recibió la del otro, como una verdadera ofrenda del yo. La mercantilización de los “servicios” sexuales destruye el tipo de reciprocidad requerida para realizar la sexualidad humana como un bien compartido. Cada parte valora a la otra solo instrumentalmente. [22]

Anderson continúa:

La prostituta, al vender su sexualidad a un hombre, enajena para él un bien necesariamente encarnado en su persona y, por lo tanto, se somete a sus órdenes. Sus acciones bajo contrato no expresan sus propias valoraciones sino la voluntad del cliente. Sus acciones entre ventas no expresan su valoración, sino la voluntad de su proxeneta. La prostitución no mejora la autonomía de las mujeres sobre su sexualidad, simplemente constituye otro modo por el cual los hombres pueden apropiarse de ella para sus propios usos. La realización de la autonomía de las mujeres requiere que algunos bienes encarnados en sus personas, incluida su propia sexualidad, permanezcan inalienables ante el mercado [23].

Este ataque a la prostitución sigue siendo desconcertante. Primero, ¿por qué elegir la prostitución cuando es simplemente uno de los “modos por los cuales los hombres pueden apropiarse de la sexualidad de las mujeres”? Segundo, ¿por qué limitar la denuncia a la alienabilidad del mercado? ¿Por qué no insistir en que la sexualidad de las mujeres es inalienable, punto? Después de todo, como hemos observado, las mujeres ofrecen una variedad de razones por las cuales tienen relaciones sexuales y muchas de estas razones no tienen nada que ver con la unión de los yoes de los amantes “regocijados” en el himno a la intimidad de Anderson. Muchas de las razones subordinan las propias valoraciones de la sexualidad de las mujeres a las de los hombres. Por lo tanto, la alienación en el sentido de Anderson es rampante fuera de la prostitución. ¿No deberían todos estos encuentros heterosexuales —matrimonios entre ellos— ser descalificados junto con la prostitución? Como sucede con otros críticos, la justificación que Anderson aduce para su censura moral de la prostitución se desborda y trasciende una amplia gama de relaciones. Sin embargo, solo la prostitución se destaca como un objetivo apropiado de criminalización. Anderson misma no cree que su argumento proporcione un caso concluyente para la criminalización, pero, aun así, es solo la prostitución lo que ella considera un posible candidato para este tipo de intervención estatal dura. [24]

Un problema similar infecta el caso contra la mercantilización defendido por la voluble abolicionista Kajsa Ekis Ekman. En su libro, Being and Being Bought, afirma que la defensa contemporánea de la prostitución representa una separación del yo de su cuerpo. La prostituta puede vender su cuerpo, según cuenta la historia, pero no su yo. Según Ekman, esta historia es una tontería; La separación que implica es un engaño. No se puede vender sexo sin un ser humano vivo de carne y hueso. Por lo tanto, lo que la historia de la trabajadora sexual hace retóricamente [separar el cuerpo del yo], la prostituta de la vida real debe hacerlo en realidad. Ella debe estar presente [en el acto sexual] pero intenta convencerse de que no lo está. [25] La vendedora sexual debe tratar de convencerse de una imposibilidad, de que puede “venderse y protegerse al mismo tiempo”. [26] Ella trata de mantener una línea divisoria entre su yo y el acto sexual, pero esta línea divisoria es increíblemente dañina. . . rompe su totalidad esencial. Los investigadores de hoy ya no llaman a este intento de disociar un “mecanismo de defensa”, sino más bien el trastorno de estrés postraumático. [27]

El argumento de Ekman se confunde entre lo moral, lo metafísico y lo psicológico. [28] ¿Por qué “dividir” el yo de las actividades propias da como resultado una enfermedad mental? ¿No compartimentamos nuestro ser todo el tiempo? La abogada penalista que en el juicio habitualmente acosa a testigos inocentes en defensa de sus clientes de baja vida social, regresa a su familia todas las noches como una persona tranquila, sensible y estable. Quien es ella en el juicio y quien es ella en casa son personas diferentes. La camarera que pasa el día sonriendo a clientes poco apreciados y difíciles deja de fingir cuando está fuera del trabajo. Ella está actuando interpretándose a sí misma. Sin embargo, ni la abogada ni la camarera terminan con TEPT. ¿Que está pasando aqui? ¿Estas instancias de distanciamiento psicológico no son una verdadera “división”? ¿Qué subyace en la argumentación de Ekman? De hecho, Ekman se extralimita de la misma manera que Anderson.

Si creemos que el sexo vendido en la prostitución es algo completamente separado de la persona misma, algo que se ha liberado y camina sobre sus propios pies, ¿en qué nos convertimos? . . [h] ¿cómo nos vemos? ¿Cómo nos relacionamos con lo que estamos haciendo?

La respuesta se encuentra en “cosificación”.

La cosificación ocurre cuando una creación o acción humana se transforma en una mercancía, una cosa. . . . El capitalismo transforma nuestro trabajo en objetos para ser vendidos. . . . La cosificación ocurre cuando un trabajador libre asciende al mercado libre. Cuando puede vender su mano de obra al empleador, se convierte en una mercancía. . . . Por un lado, tenemos al individuo “libre”, por otro lado, su mano de obra que adquiere la forma de “una mercancía que le pertenece, una cosa que posee”. . . Esto . . . significa que llega a ver sus funciones —que pueden significar sus habilidades, su fuerza, su inteligencia y su rapidez— como posesiones. Se vuelve alienado: no solo de la sociedad, sino también de sí mismo como Yo. [29] Al vender su sexualidad, la prostituta se aliena a sí misma. [30]

Según el relato cuasi marxista de Ekman, parece que un ingeniero eléctrico que vende sus habilidades técnicas a Google por $ 300.000 al año está alienado. Su yo está dividido. Ahora, si la “división” sufrida por la prostituta es de la misma naturaleza, entonces su alienación seguramente no es algo por lo que deberíamos estar especialmente preocupados, ¿verdad? ¿Cómo llega Ekman de esta “alienación” capitalista al TEPT de la prostituta? ¿Cuántos ingenieros de Google sufren traumas? Sus vidas pueden de alguna manera carecer de una plenitud humana ideal, pero los ingenieros no son candidatos para la terapia. Obviamente, Ekman ha saltado de un relato de “división” a otro, como si tuvieran alguna conexión. Ella trata la alienación como inherentemente traumática en la prostitución pero no en otros dominios. ¿Por qué? La respuesta: la prostitución es sexo.

Ekman defiende una moralidad específicamente sexual que hace que la prostitución sea destructiva.

La mercantilización rompe la “totalidad esencial” de la prostituta. [31] En el acto sexual comprado y pagado, no hay una unión consciente de yoes. No hay nada de “intimidad inmediata” que supuestamente todos anhelamos. [32] No hay un bien compartido generado por los dones del yo.

Lo que impulsa la postura anti-mercantilización de Ekman aplicada a la prostitución es el estándar de mutualidad del deseo. El estándar, a su vez, se basa en afirmaciones dudosas sobre la integridad del yo y sobre el sexo como la ocasión para una intimidad profunda y compartida. Si todos anhelamos “intimidad inmediata” en nuestra vida sexual, entonces muchas mujeres, no solo prostitutas, hacen el sexo equivocado. La idea de las relaciones sexuales como portadoras de intimidad ciertamente ocupa un lugar dominante en nuestras convenciones sociales. Sin embargo, muchas mujeres no usan o experimentan el sexo de esta manera. A veces quieren tener sexo sin “compartirse” ellas mismas. Quieren una aventura de una noche y eligen el coito porque no es particularmente íntimo, solo una “transacción”. [33]

CONCLUSIÓN

La prostituta generalmente tiene relaciones sexuales que no desea. Para la abolicionista, esto convierte su transacción en una experiencia horrorosa. Tener relaciones sexuales con el cliente es “ofensivo” y “desagradable” para la prostituta. [34] Es repugnante. [35] Se siente lo mismo que el sexo en la violación. [36] Para hacerlo, la prostituta debe estar “rota”. [37] Debe usar mecanismos de defensa que le permitan “sentirse” lo menos posible. [38] Ella debe “alienar su mente de su cuerpo”. [39] Ella debe “disociarse”. [40]

La abolicionista parece deducir los horrores del sexo no deseado directamente de que no sea deseado, con el testimonio de la sobreviviente contado una y otra vez como una confirmación adicional, como si el sexo no deseado no pudiera ser más que repugnante y repulsivo, como si no hubiera una gama de experiencias.

Sin embargo, la literatura sobre prostitución proporciona evidencia de una multiplicidad de respuestas por parte de las trabajadoras sexuales. Así, en un estudio, todos los sujetos odiaban la prostitución y la abandonarían tan pronto como pudieran, y en otro las prostitutas entrevistadas encontraron su trabajo “desagradable” y “degradante”. [41] Por el contrario, un estudio de prostitutas juveniles observó: “Un hallazgo sorprendente fue la actitud neutral de las chicas hacia el acto sexual; ni les gustaba ni les disgustaba, pero solo lo veían como una forma de ganar dinero “. [42] Por otro contraste, un estudio de prostitutas suecas pintó otra imagen:” Pensé que sería terrible. Pensé que sería como ser violada. . . . [b] pero no estuvo tan mal; “” [s] a veces incluso tienes sexo que te gusta; “” [i] t fue realmente bueno, él fue realmente agradable “. [43]

Los estudios a los que se hace referencia aquí no son más que un vistazo a la vida de la prostitución. Emplean pequeñas muestras de conveniencia, tanto los que muestran que la experiencia de las trabajadoras sexuales es horrible como los que muestran lo contrario. Pero ninguna de las investigaciones que sacan las abolicionistas es mejor. La determinación de las abolicionistas de ver el sexo pagado como una asquerosidad incesante no se deriva de una evidencia empírica abrumadora sino de una reacción visceral por su parte condensada en una fórmula moral inverosímil más reveladora de lo que son ellas que de lo que es la prostitución.

Las abolicionistas se defienden de la acusación de que son mojigatas. Su tolerancia al comportamiento sexual es amplia, insisten. Están abiertas a las sexualidades no estándar; soportan todo tipo de encuentros heterosexuales dentro y fuera del matrimonio, siempre y cuando cumplan con el estándar de mutualidad. Recordemos las palabras de Carole Pateman citadas al principio de este ensayo: “Defensores del sexo sin amor. . . siempre supuse que la relación se basaba en la atracción sexual mutua entre un hombre y una mujer y que implicaba una satisfacción mutua ”. ¡Esta suposición descarta tanto sexo que la acusación de mojigatería puede ser adecuada!

 

NOTAS

[1] Laurie Penny, “The Most Harmful Effects of Prostitution Are Caused by its Criminality,” The New Statesman, December 13, 2012,http://www.newstatesman.com/society/2012/12/strange-neo-victorian-desire-save-prostitutes-and-porn-actresses.

[2] “A key factor is that many writers . . . either misunderstand or misrepresent the abolitionist approach as a moralistic one.” Meghan Murphy, “There is no feminist war on sex workers,” February 4, 2013, http://feministcurrent.com/7143/there-is-no-feminist-war-on-sex-workers/; “’Moral disapproval’ has no more to do with our approach and ideology than socialism is about ‘moralizing’ against the exploitative nature of capitalism.” Meghan Murphy, “Is This Journalism? A Response to DiManno and The Toronto Star’s Falsification of the Prostitution Debates,” http://feministcurrent.com/7516/is-this-journalism-a-response-to-dimanno-and-the-toronto-stars-falsification-of-the-prostitution-debates/; “The feminists and other human rights defenders calling for the Nordic model are human rights activists, not anti-sex moralists.” Julie Bindel, “Prostitution Can Never Be Made Safe,” in “Should It Be illegal to Pay for Sex? Panel Verdict,” The Guardian, March 24, 2015,http://www.theguardian.com/commentisfree/2015/mar/24/should-it-be-illegal-to-pay-for-sex-work-law-northern-ireland; “Abolitionist feminists are not against the industry of prostitution for moralistic or religious or conservative reasons.” Finn Mackay, “Arguing Against the Industry of Prostitution – Beyond the Abolitionist Versus Sex-Worker Binary,” June 24, 2013, http://feministcurrent.com/7758/arguing-against-the-industry-of-prostitution-beyond-the-abolitionist-versus-sex-worker-binary/; “The question is not sexuality. We are not here to be a moral police.”  Najat Vallaud-Belkacem, French Women’s Rights Minister, “French MPs Vote to Penalise Sex-buyers,” The Local (FR), November 30, 2013,http://www.thelocal.fr/20131130/french-mps-vote-to-penalise-sex-buyers.

[3] Catharine A. MacKinnon, “Trafficking, Prostitution, and Inequality,”Harvard Civil Rights-Civil Liberties Law Review, Vol. 46 (Summer 2011), p. 280.

[4] Tanja Rahm, “Til dig der køber sex” [“For those who buy sex”] January 3, 2014, http://tanjarahm.dk/14-til-dig-der-kober-sex/.

[5] Melissa Farley, “Prostitution, Trafficking, and Cultural Amnesia: What We Must Not Know in Order To Keep the Business of Sexual Exploitation Running Smoothly,” Yale Journal of Law and Feminism, Vol 18. (2006), p. 126.

[6] Melissa Farley et al., “Prostitution and Trafficking in Nine Countries: An Update on Violence and Posttraumatic Stress Disorder,” Journal of Trauma Practice, Vol. 2 (2003), p. 35.

[7] Madeleine Coy, “The Consumer, the Consumed and the Commodity: Women and Sex Buyers Talk about Objectification in Prostitution,” In Vanessa E. Munro and Marina Della Giusta, eds., Demanding Sex: Critical Reflections on the Regulation of Prostitution (NY: Ashgate, 2008), p. 186.

[8] Kathleen Barry, The Prostitution of Sexuality (New York: New York University Press, 1995), p. 68.

[9] Carole Pateman, The Sexual Contract (Stanford, California: Stanford University Press, 1988), p. 198.

[10] Une procureure de Stockholm décrit la réussite de l’abolitionnisme en Suède,  Transcription de l’audition de Mme Lise Tamm, procureure au Parquet international de Stockholm, devant la Commission spéciale prostitution (5 novembre 2013) [A Stockholm prosecutor described the success of abolitionism in Sweden: Transcript of the testimony of Lise Tamm, International Public Prosecutor, Stockholm, before the Special Commission on Prostitution (Assemblée Nationale), November 5, 2013],http://rememberresistdonotcomply.wordpress.com/tag/commission-speciale-prostitution/.

[11] Kajsa Ekis Eckman, Being and Being Bought: Prostitution, Surrogacy and the Split Self, trans  Suzanne Martin Cheadle (Melbourne: Spinifex 2013), p. ix.

[12] Melissa Farley et al., “Prostitution and Trafficking in Nine Countries,” supra note 6, ftnt. 4, p. 66 (“Many women are confused about the definition of rape. If rape is any unwanted sex act or coerced. . . .”); Melissa Farley, “’Bad for the Body, Bad for the Heart’: Prostitution Harms Women Even if Legalized or Decriminalized,” Violence Against Women, Vol. 10 (2004), p. 1100 (“It is likely that the low rape incidence reported in some studies is a result of unclear definitions of rape. We found in our research that even women in prostitution themselves assume that rape cannot occur in prostitution when, in fact, it occurs constantly. Future research on prostitution should behaviorally define rape. For example, if rape is defined as any unwanted sex act, then prostitution has an extremely high rate of rape because many survivors view prostitution as almost entirely consisting of unwanted sex acts or even, in one person’s words, paid rape.”).

[13] The feminist blogger Meghan Murphy conflates consenting and wanting, and doesn’t seem to understand that ‘consenting to’ and ‘agreeing to’ mean the same thing: “Consensual sex happens when both parties desire sex. If one partner does not want to have sex, and sex happens anyway, that constitutes rape (i.e. nonconsensual sex). . . . Once you are paying someone to have sex with you, it no longer counts as consensual, enthusiastic, desired sex. Yes, you agreed to perform whatever sexual acts — but you did so because you were being paid.” Meghan Murphy, “In Pornography, There’s Literally a Market for Everything: Why ‘Feminist Porn’ Isn’t the Answer,” http://feministcurrent.com/7569/in-pornography-theres-literally-a-market-for-everything-why-feminist-porn-isnt-the-answer/.

[14] Cindy M. Meston and David M. Buss, “Why Humans Have Sex,”Archives of Sexual Behavior, Vol. 36 (August 2007) pp. 481-496.

[15] Amy Brown-Bowers et al., “Managed Not Missing: Young Women’s Discourses of Sexual Desire Within a Postfeminist Heterosexual Marketplace,” Psychology of Women Quarterly, Vol. 39 (2015), p. 326.

[16] Nicola Gavey, “Technologies and Effects of Heterosexual Coercion,” In Sue Wilkinson and Celia Kitzinger, eds., Heterosexuality: A Feminism & Psychology Reader (London: Sage Publication, 1993), p. 112 and elsewhere; Nicola Gavey, Kathryn McPhillips and Virginia Braun, “Interruptus Coitus: Heterosexuals Accounting for Intercourse,” Sexualities, Vol 2 (1999), p. 53 and elsewhere;  Sharon Thompson, Going All the Way: Teenage Girls’ Tales of Sex, Romance, and Pregnancy (New York: Hill & Wang, 1995), pp. 18-46, 104ff, 262ff.

[17] This is a frequent occurrence among girls determined on losing their virginity – thus wanting sex though feeling no physical desire for it and finding the experience uncomfortable, painful, stressful, or in other ways negatively memorable. See Sharon Thompson, Going All the Way, supra note 16, at Chapter 1 and throughout.

[18] Celia Kitzinger and Sue Wilkinson, “Theorizing Heterosexuality,” in Sue Wilkinson and Celia Kitzinger, eds., Heterosexuality: A Feminism & Psychology Reader (London: Sage Publications, 1993), p. 15.

[19] Cindy M. Meston and David M. Buss, Why Women Have Sex: Women Reveal the Truth about their Sex Lives, from Adventure to Revenge and Everything in Between (New York: St Martin’s Griffin, 2009), p. 125.

[20] Nicola Gavey, “Technologies and Effects of Heterosexual Coercion,” supra note 16, at pp. 112-113.

[21] Robin West, the feminist legal theorist, contends that “a girl or young woman owes a moral duty not just to herself but also to her future self not to engage in sex she does not want,” in “From Choice to Reproductive Justice: De-Constitutionalizing Abortion Rights,” Yale Law Journal, Vol. 118 (May 2009), p. 1430. West doesn’t derive this duty from the mutual desire principle.

[22] Elizabeth Anderson, Value in Ethics and Economics (Harvard University Press, 1993), p. 154.

[23] Anderson, Values in Ethics and Economics, p. 156.  Emphasis added.

[24] Anderson, Values in Ethics and Economics, p. 156.

[25] Ekman, Being and Being Bought, supra note 11, at p. 94.

[26] Ekman, Being and Being Bought, p. 112.

[27] Ekman, Being and Being Bought, p. 102.

[28] The metaphysical problem: our culture’s subscribing to the mind-body dualism of Descartes! Ekman, Being and Being Bought, pp. 86-87.

[29] Ekman, Being and Being Bought, p. 93.

[30] Please note here how Anderson and Ekman are using different meanings of “alienation.” Anderson is using the notion captured by the phrase “inalienable rights.” Such rights cannot be taken away, bartered away, given away. Alienation is a juridical notion. Ekman uses a notion of “alienation” more psychologically charged: in the Marxist critique, the worker loses something important to his well-being when he alienates – i.e., sells – his labor or its products. Part of him becomes foreign to himself; he is estranged from it.

[31] Ekman, Being and Being Bought, p. 102.

[32] Ekman, Being and Being Bought, p. 98.

[33] Nicola Gavey et al., “Interruptus Coitus: Heterosexuals Accounting for Intercourse,” supra note 16, at pp. 53-54. See also Nicola Gavey, “Feminist Poststructuralism and Discourse Analysis,” in Mary M. Gergen and Sara N. Davis, eds., Toward a New Psychology of Gender (New York: Routledge, 1997), p. 58 (intercourse is “[little] different than wiping your bottom after you’ve gone to the toilet”).

[34] Sporenda, “Legalized Prostitution in Australia: Behind the Scenes. Interview with Simone Watson,” October 3, 2015,https://ressourcesprostitution.wordpress.com/2015/10/03/legalized-prostitution-in-australia-behind-the-scenes/; Salomée Miroir, “Is Equating Prostitution and Rape ‘Intolerable Violence’? Really?” January 30, 2013, http://sisyphe.org/spip.php?article4366.

[35] Rachel Moran, Paid For: My Journey Through Prostitution (Dublin; Gill & Macmillan, 2013), p. 201.

[36] Barry, The Prostitution of Sexuality, supra note 8, p. 37.

[37] Suki Falconberg, “Non-Prostituted Women and the Loneliness of the Long-Distance Whore,” May 6, 2008,http://www.cjournal.info/2008/05/07/non-prostituted-women-and-the-loneliness-of-the-long-distance-whore/.

[38] Ekman, Being and Being Bought, supra note 11, p. 97.

[39] Vednita Carter and Evelina Giobbe, “Duet: Prostitution, Racism and Feminist Discourse,” Hastings Women’s Law Journal, Vol. 10 (Winter, 1999), p. 46.

[40] Colin A. Ross, Melissa Farley, and Harvey L. Schwartz, “Dissociation Among Women in Prostitution,” Journal of Trauma Practice, Vol. 2, (2003), pp. 199-212.

[41] Chris Bagley and Loretta Young, “Juvenile Prostitution and Child Sexual Abuse: A Controlled Study,” Canadian Journal of Community Mental Health, Vol. 6 (Spring 1987), p. 23; Joanna Brewis and Stephen Linstead, “‘The Worst Thing is the Screwing’ (1): Consumption and the Management of Identity in Sex Work,” Gender, Work, and Organization, Vol. 7 (April 2000), p 93.

[42] Dorothy Heid Bracey, ‘Baby-Pros:’ Preliminary Profiles of Juvenile Prostitutes (New York: John Jay Press, 1979), p. 51.

[43] Anna Hulusjö, The Multiplicities of Prostitution Experience: Narratives about Power and Resistance (Malmö: Malmö University, 2013),https://dspace.mah.se/handle/2043/16013, pp. 163-164, 182, 193. The same study shows the range of variation: “I agreed on trying it, and tried it I did. It wasn’t the worst time, it was pretty mediocre. I mean he was mediocre” (p. 180); “it was awful. .  .[h]e was disgusting, and it all felt really wrong” (p. 192), “the real prostitution experience starts [here on the street], the one I really loath” (p. 214); “the lack of demands enabled her to enjoy sex in a way she had not been able to in her private relationships” (p. 245). See also Carina Edlund and Pye Jakobsson, En Annan Horisont: Sexarbete och hiv/STI-prevention ur ett peer-perspektiv [Another Horizon: Sex Work and HIV / STI prevention from a peer perspective] (Stockholm: Rose Alliance, 2014), p. 5 (“The two most common reasons that they [the 130-plus interviewees] started selling sexual services was that they felt it was a good opportunity to make money and that they were sexually curious. The two most common reasons that they sell sexual services today is that it is a job they enjoy working at, and that it is part of their sexuality”); and M.J. Almeida, “Sex Work and Pleasure. An Exploratory Study on Sexual Response and Sex Work,” Sexologies, Vol. 20 (2011), pp. 229—232.

 

 

Veinte universidades públicas celebrarán debates sobre prostitución, reivindicando la voz de “las trabajadoras sexuales”

 

Un grupo de docentes, en su mayoría mujeres, procedente de 20 universidades públicas de España han organizado de manera coordinada debates sobre el “trabajo sexual” en los que se “incluye” la voz de las empleadas sexuales para así “visibilizarlas”. El detonante de esta iniciativa fue el “boicot” que varios colectivos feministas abolicionistas hicieron a unas jornadas de este tipo convocadas en la Universidad de A Coruña el pasado mes de septiembre.

 

17 de octubre de 2019

https://www.lavanguardia.com/vida/20191017/471039878013/veinte-universidades-publicas-celebraran-debates-sobre-prostitucion-reivindicando-la-voz-de-las-trabajadoras-sexuales.html

 

MADRID/OVIEDO, 17 (EUROPA PRESS)

Un grupo de docentes, en su mayoría mujeres, procedente de 20 universidades públicas de España han organizado de manera coordinada debates sobre el “trabajo sexual” en los que se “incluye” la voz de las empleadas sexuales para así “visibilizarlas”. El detonante de esta iniciativa fue el “boicot” que varios colectivos feministas abolicionistas hicieron a unas jornadas de este tipo convocadas en la Universidad de A Coruña el pasado mes de septiembre.

“La acción parte de la convicción de que en los debates públicos de toda sociedad democrática se han de poder ofrecer y representar los argumentos de las distintas posiciones, y han de incluir la voz de las personas trabajadoras sexuales que reclaman respeto y derechos”, defienden los organizadores de esta iniciativa, que proceden de distintas áreas, mayoritariamente la de Derecho. Según inciden, “los debates son una oportunidad para estimular el encuentro, el diálogo y la interlocución de la sociedad con sus protagonistas”.

Estos debates se desarrollarán durante el curso 2019/2020 en una veintena de universidades públicas. El primero tendrá lugar este viernes, el 18 de octubre, en la Facultad de Derecho de la Universidade da Coruña, y el último, en la Universitat Pompeu Fabra el 10 de junio de 2020.

En declaraciones a Europa Press, Blanca Rodríguez, profesora de derecho constitucional de la Universidad de Sevilla y una de las promotoras de esta iniciativa, ha reivindicado la libertad de expresión en torno al debate del “trabajo sexual”. “Ellas mismas se autodenominan así, nosotros no tenemos la capacidad de legitimarlo o no; trabajadoras sexuales es como ellas mismas se llaman”, ha manifestado Rodríguez, preguntada por la polémica que genera entre las feministas el plantear si la prostitución es un trabajo.

A su juicio, cualquier reflexión en esta materia debe incluir a “las personas involucradas” y a las “mujeres protagonistas” del trabajo sexual, “un sector social al que se silencia”. “Si no las tiene en cuenta la Universidad ¿Quién lo va a hacer?”, se ha preguntado Rodríguez, en defensa de la convocatoria de estos “debates en libertad” desde espacios públicos. Precisamente, la iniciativa se ha lanzado bajo el hashtag ‘#UniversidadSinCensura’. “Dentro de las universidades públicas tienen que existir los debates democráticos sobre temas que son relevantes y problemas sociales muy graves en la sociedad. No podemos evadir debates necesarios”, ha sentenciado por su parte la profesora de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid y organizadora de la mesa redonda ‘Prostitución y trabajo sexual. Debate desde los derechos humanos’, que se celebrará en la Universidad madrileña, Silvina Ribotta

. En declaraciones a Europa Press, ha explicado que el objetivo de los organizadores es “debatir en libertad”, si bien ha asegurado que existen “diferentes sensibilidades” entre ellos. “La única obligación que la universidad no puede rehusar es el debate”, ha proclamado al respecto.

“LAS UNIVERSIDADES NO PUEDEN ALBERGAR ESTOS DEBATES”

Desde esa misma universidad madrileña, Rosa San Segundo, catedrática y directora del Instituto Universitario de Estudios de Género, ha rechazado estas convocatorias, alegando que “las universidades no pueden albergar el discurso de la defensa de la vulneración de los derechos humanos”. En su opinión, debatir sobre “el trabajo sexual” es “hacer apología de la violencia de genero”.

“La mayoría son mujeres compradas y vendidas, a muchas a veces las drogan, se comercia con su cuerpo, las cosifican, se ignora la violencia que se ejerce sobre ellas, y la mayoría son pobres y migrantes”, ha señalado a Europa Press. Precisamente, el programa de los debates se ha hecho público el 17 de octubre, Día Internacional contra la Pobreza y la Exclusión Social. A su juicio, en este tipo de debates “hay un intento de desmarcar la trata de la prostitución cuando son cosas que están intrínsecamente ligadas”.

Para San Segundo, que también dirige la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género, detrás de este discurso “está el lobby proxeneta”. “No existe la prostitución feminista, no existe que lo hagan de forma libre”, ha sentenciado al respecto. “Cualquier discurso sobre la vulneración de derechos humanos en cualquier otro ámbito que no fuera las mujeres, sería impensable que la universidad lo permitiera”, ha insistido. Pero se hace, según ha lamentado, porque afecta a “mujeres pobres y migrantes”, que son las que “mayoritariamente” ejercen la prostitución, al igual que durante el franquismo eran “mujeres republicanas y pobres”.

Por orden cronológico, se celebrarán debates sobre el “trabajo sexual” en la Universidades da Coruña, la Universidad de Cádiz, la de Salamanca, la Universidad de Sevilla (Derecho), la Universidad Carlos III, la Universidad de Oviedo, la Universitat de Barcelona, la Universidad del País Vasco (UPVEHU), la Universidad de Sevilla (Antropología), la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universidad de Granada, la Universitat de Lleida, la Universidad Pablo de Olavide, la Universidad de Almería (Humanidades), Universidad de Castilla La Mancha, Universitat de València (Ciencias sociales), la Universidad de Zaragoza (FCSyT), la Universitat Oberta de Catalunya, la Universidad de Jaén, la Universidad de Córdoba y la de Pompeu Fabra.

 

Libertad sexual y prostitución

 

Por IRUNE ARIÑO

4 de abril de 2019

https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/articulos-en-prensa/libertad-sexual-y-prostitucion

 

Aunque pareciera que el feminismo hegemónico sostiene una postura abolicionista sobre la prostitución, lo cierto es que el debate sobre la materia es importante.

Para muchas, el de la prostitución es –junto con el de la gestación subrogada– un ámbito en el que la mujer no tiene derecho a decidir sobre su cuerpo. Y no porque, en puridad, no lo tenga, sino porque su decisión se produce en un contexto que le imposibilita decidir con libertad.

La principal objeción que las abolicionistas esgrimen contra la prostitución es que esta, al tener lugar en una sociedad patriarcal que oprime a las mujeres y ejerce control sobre su sexualidad, perpetúa las lógicas de poder y dominación de los hombres sobre las mujeres. El error de tal argumento se encuentra en la incomprensión de que la prostitución surge de forma espontánea de las diferencias biológicas y evolutivas entre hombres y mujeres, no es una imposición cultural moderna. Los hombres tienen un deseo sexual más fácilmente excitable y una mayor tendencia al sexo casual. Eso se debe a que la inversión parental en caso de embarazo es mucho mayor para las mujeres que para los hombres. Los hombres están dispuestos a asumir costes para satisfacer ese deseo sexual, y pagar por sexo es uno de ellos. Tanto es así que la prostitución es una institución universal que ha sobrevivido a los intentos de todas las sociedades por erradicarla. Además, y pese que la mayor parte de la prostitución es ejercida por mujeres –y en la calle o en burdeles–, el feminismo dominante parece ignorar que existe una prostitución masculina dirigida a un público heterosexual y homosexual, así como una ejercida por transexuales. En estos casos, la explicación de la cultura patriarcal no aplica.

Las críticas, lejos de centrarse en las asimetrías que puedan producirse en dichas relaciones sexuales, ponen el foco en el hecho de que en ellas haya un intercambio monetario. Consideran que éste introduce una carga moral negativa: el dinero contaminaría las relaciones sexuales y las convertiría en reprobables. En cambio, los liberales consideramos que, si una actividad o intercambio es éticamente aceptable, porque no vulnera derechos ni provoca daños, la retribución económica no hace que deje de serlo; y por ello debe ser permitido, sobre todo cuando su prohibición perjudica de forma real la vida de los ciudadanos.

Es un error considerar que el dinero introduce per se una carga moral negativa en un intercambio. El significado de un intercambio es en gran medida una construcción social que no suele ser universal: pagar por acoger a un niño en adopción está socialmente aceptado y se percibe como un gesto de amor, pero pagar por mantener relaciones sexuales se considera algo sucio y denigrante. De hecho, para quienes ejercen la prostitución libremente es probable que solo represente una fuente de ingresos, que obtienen con la satisfacción de un deseo (sexual) ajeno.

En contra de lo que quieren hacer creer, la prostitución tampoco representa una forma de mercantilización (intolerable) del cuerpo de la mujer. No implica la venta del cuerpo de quien la ejerce, sino “la provisión de un servicio, en este caso sexual, que se realiza con el cuerpo (como muchos otros)”. Este argumento intenta, nuevamente, demonizar un intercambio comercial. Pero los liberales consideramos que, “en la medida en que algo se puede tener, usar, poseer y disponer de forma gratuita, porque no pertenece a nadie más o porque directamente pertenece a uno mismo, como es el caso del propio cuerpo, debe poder usarse como se considere”. Y lo que debemos de valorar es si un intercambio limita de alguna manera los derechos y libertades de los que participan en él.

Por poner un ejemplo: está claro que no debe permitirse la existencia de mercado de prostitución infantil; pero no por la cuestión mercantil en sí, sino porque la propia prostitución infantil es lo que está mal: atenta contra los derechos de los menores, haya dinero de por medio o no.

Esta tesis es perfectamente aplicable al caso de la prostitución. De la misma manera que una persona adulta decide mantener relaciones sexuales consentidas con otra sin que haya intercambio monetario, debe poder hacerlo cuando reciba una compensación económica por ello.

Por último, y como decíamos al principio, se considera que las condiciones materiales en que se encuentra la mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución determinan la elección de las mismas, por lo que su elección no sería libre. Este argumento, que proviene de las tesis marxistas, considera que hay una serie de factores determinantes de la capacidad de elección (opciones reales entre las que poder elegir, acceso a recursos e igualdad de oportunidades), y que cuando no se dan, las decisiones no se toman en libertad.

Una vez más, para los liberales el número de alternativas u opciones que tiene un individuo para decidir es irrelevante. Es la interferencia (que se restrinjan de forma deliberada) lo que hace ilegítima la reducción de las alternativas, no la capacidad individual que se tenga para acceder a las mismas. Además, resulta curioso ver cómo las condiciones materiales parece que solo constituyen una limitación en algunas actividades (la prostitución o la gestación subrogada) pero no en otras (la minería o el desatranque de cañerías). Cualquiera que emprende una actividad económica lo hace (casi siempre) por necesidad, no por gusto (aunque puede que la actividad que escoja se corresponda con sus preferencias, pero sabemos que eso no siempre ocurre). En definitiva, el entorno y la situación particular condicionan todas y cada una de las elecciones que toma el individuo; pero la existencia de necesidades no quiere decir que haya coacción, o que la elección no es libre. Una persona será siempre más libre cuando pueda decidir por sí misma que si ha de someterse a las decisiones de otro. Por otro lado, en el argumento de la necesidad económica subyace un gran clasismo, pues equivale a afirmar que solo aquellas personas que se encuentren en una buena situación económica pueden decidir sobre su propio cuerpo, en el caso que nos ocupa.

Si bien puede considerarse que la necesidad económica y la falta de alternativas reales son un problema a la hora de tomar decisiones, sería más lógico proporcionar a esas personas bienes materiales y alternativas, pero en ningún caso prohibirles decidir sobre sus cuerpos. Además, y dado que la concurrencia a un mercado siempre se hace para lograr una mejora, quitar esa opción a quienes se encuentran en peores condiciones es una manera de perpetuar su vulnerabilidad.

Finalmente, me gustaría destacar que, si la prostitución no va a desaparecer en los próximos años (y no parece que vaya a hacerlo), todo aquel que se preocupe por la salud, la seguridad y los derechos de las trabajadoras sexuales debe estar a favor de convertirla en una industria completamente legal.

La prostitución es un actividad que no tiene por qué menoscabar derechos individuales ni atentar contra individuos especialmente vulnerables (menores o incapacitados), así que el legislador no está legitimado a limitar los intercambios que, en ese contexto, surjan del acuerdo voluntario entre adultos. Ahora bien, ese consentimiento debe ir acompañado de un nivel mínimo de comprensión sobre la decisión que se toma. Por otro lado, que algo sea legal no obliga a nadie a realizarlo; aquí solo se trata de reconocer la madurez y la autonomía de aquellas personas que de forma voluntaria quieran ofrecer sus servicios sexuales, o consumirlos. Es el prohibicionismo infantilizador lo que, tras la fachada de un interés noble y humanitario, limita la capacidad de individuos adultos para tomar decisiones y ser consecuentes con ellas.

Como decía Juan Ramón Rallo hace unos años en un artículo, el liberalismo también consiste en defender la libertad sexual.

 

Saisei-chan: “Ser recoñecidas como traballadoras cambiaría a situación sobre todo das miñas compañeiras máis vulneradas”

 

Falamos con Saise-Chan, feminista e prostituta, sobre a cancelación das xornadas sobre traballo sexual na Universidade da Coruña

 

Por Ana Viqueira

19 Setembro, 2019

https://nostelevision.gal/saisei-chan-ser-reconecidas-como-traballadoras-cambiaria-a-situacion-sobre-todo-das-minas-companeiras-mais-vulneradas/

 

Saisei-chan é feminista, traballadora sexual e activista que participará das xornadas sobre traballo sexual que se celebrarán o día 19 e 20 deste mes na cidade da Coruña. As charlas, finalmente, non terán lugar na Universidade da Coruña (UDC) como se tiña programado xa que o reitorado decidíu cancelalas ante a ondada de críticas.

 

 

 

Por que era importante a celebración das xornadas sobre traballo sexual na UDC?

As traballadoras sexuais fomos e somos obxecto de estudo en diversas disciplinas académicas: antropoloxía, socioloxía, psicoloxía clínica, criminología… Pero poucas veces se nos toma en consideración como suxeitas, autoras do discurso que nos concierne. A sociedade considera que non estamos capacitadas para falar da nosa propia realidade: cren que, “se non nos damos conta de que somos vítimas” é porque a nosa conciencia debe de estar afectada dalgún modo, ou ben padecemos unha psicopatoloxía que nos impide ver a realidade ou ben carecemos de información ou ben somos unhas alienadas sen conciencia de clase nin solidariedade co feminismo e por iso non nos damos conta de como afecta a nosa decisión ao resto de mulleres.

“A nosa voz sempre está deslexitimada”

A nosa voz sempre está deslexitimada. O abolicionismo aproveitou este status quo, así como a culpa e a vergoña inherentes ao estigma que desembocaron no silencio das putas. Por iso ocupou o lugar de fala sobre prostitución. E por este motivo, ser os suxeitos do discurso sobre prostitución e facelo nunha universidade era un paso na dirección oposta: a que nos humaniza, a que nos lexitima, a que nos considera capaces de falar sobre nosa propia realidade.

Con todo, hai outras razóns, máis aló do simbólico, relacionadas co momento político que estamos a vivir. Trátase dun momento no que o debate sobre prostitución está en boga, pero nas institucións predomina a voz abolicionista. Non deixamos de ver xornadas que mesturan o traballo sexual coa trata e o tráfico de persoas ou coa violación ou a violencia de xénero. Son discursos que, ao tratar o tema dunha forma tan groseira, xeran moito sensacionalismo, pero poucas solucións prácticas. Así mesmo, están a influír na opinión pública, nun sentido que vai prexudicar a todo o colectivo de traballadoras sexuais, que é moito máis amplo que as poucas que estamos visibilizadas e facendo activismo. Por iso é importante que a opinión pública coñeza a nosa voz e as consecuencias de apoiar o abolicionismo.

“Se nunha institución que debería velar polo pensamento non se trata de protexer a pluralidade, unha xa imaxina o futuro que se presenta na academia”

Cando falo de momento político tamén me refiro ao auxe da extrema dereita e á tendencia que ten o fascismo de unificar os discursos, suprimir o distinto e a disidencia… Se nunha institución que debería velar polo pensamento non se trata de protexer a pluralidade, unha xa imaxina o futuro que se presenta na academia. Pero, que podemos esperar, cando a mesma Luisa Pousada Kubissa cuestiona a nosa presenza nun acto sobre prostitución –a presenza das persoas que a experimentamos a diario-, na facultade de socioloxía e chama a isto “unha suposta “ cientificidad” ”? Se se cuestiona a metodoloxía cualitativa en socioloxía chamándoa “supostamente científica” e prefírese que prime un discurso rexido pola ideoloxía, por mal camiño vai a academia, sumida aos intereses políticos.

“Que as miñas compañeiras non sexan recoñecidas como traballadoras non significa que non deban cumprir coa obrigacións que lles impón o empresariado”

Defendedes a adquisición de dereitos laborais e recoñecemento como clase obreira. Por que? De que serviría para mellorar a situación?

Ser recoñecidas como traballadoras cambiaría a situación sobre todo das miñas compañeiras máis vulneradas. Para empezar, as mulleres que traballan para terceiros terían dereitos. Hoxe en día, dado que se considera ilegal percibir parte dun servizo de prostitución, as mulleres que traballan para terceiros non son recoñecidas como traballadoras. Isto non quere dicir que esa porcentaxe non se perciba: ou ben llo levan directamente ou ben indirectamente, mediante o aluguer da habitación, as sabas, as toallas, os preservativos, etcétera.

Con todo, que as miñas compañeiras non sexan recoñecidas como traballadoras non significa que non deban cumprir coa obrigacións que lles impón o empresariado. Obrigacións que serían impensables se houbese un contrato de traballo polo medio: prácticas que atentan contra a saúde, horarios maratonianos, obrigación de atender un cliente que a traballadora rexeita… Se lemos a lexislación de Nova Zelandia, vemos que isto está contemplado.

Así mesmo, se as nosas compañeiras da rúa pasan a ser consideradas traballadoras, sairán dese ar de delincuencia no que as enmarcan diferentes ordenanzas municipais deste Estado, polas cales reciben multas cuantiosas. Multas que –non o esquezamos- forzarán a estas mulleres para traballar máis para poderlles facer fronte. Así, coa escusa teórica de estar en contra da prostitución, está a incrementarse. Se todo o colectivo fose recoñecido como un colectivo de traballadoras –e fixésese cunha lexislación como a de Nova Zelandia e non a de Alemaña-, as nosas compañeiras non estarían tan asfixiadas.

Por último, ser recoñecidas como traballadoras cambiaría a nosa condición a nivel simbólico; é dicir, reduciría o estigma. Achegaríanos a un status de lexitimidade que nos libraría de moitas situacións de opresión, como cando a algunhas compañeiras quitáronlles a custodia das súas hijxs. Afastaríanos desa condición contraditoria e absurda de vítimas-delincuentes na que nos pon a sociedade actualmente e achegaríanos á condición de cidadás con dereitos.

Este é un tema que vén de vello no feminismo e moitas académicas levan investigado e debatido sobre ou tema. Adoitades ser convidadas aos debates?

Non, case nunca se nos convida aos debates. Algunhas veces convidáronnos á televisión, e a parte abolicionista adoita ser bastante violenta, aproveitando o amarelismo do que gosta o medio de comunicación. Lembro algunha aparición de Conxa Borrell, na que a chegaron a chamarlle “parva”. Foi Elisa Beni. E esta é só unha anécdota de tantas como temos que vivir nos cara a cara. Pero que se pode esperar de quen nos acusa de proxenetismo sen ter probas? Tamén temos o caso de abolicionistas que chegan, soltan o seu discurso e despois non teñen tempo de quedar a debater, como Beatriz Gimeno.

“Nin se molestan en informarse do que demandamos. Séguennos chamando regulacionistas”

Eu creo que as que aínda aceptan o debate son aquelas que só leron os argumentos do seu bando e que, como sosteñen un prexuízo forte contra nós –de que somos proxenetas, antifeministas, alienadas, etc- nin sequera se molestan en informarse do que demandamos. Por iso, por exemplo, séguennos chamando “ regulacionistas”. Adoitan suceder dúas cousas coas persoas que se informan sobre as nosas demandas reais: ou ben se dan conta de que o que demandamos non é tan disparatado e apóiannos, ou ben se dan conta de que non é tan fácil rebaternos. Non é casualidade que as académicas –que están máis que informadas sobre o que realmente propón a postura prol-dereitos- fuxan do debate. Saben que non teñen argumentos.

“As putas cada vez estamos a gañar máis escoita social”

Organizáronse unhas xornadas nas que iades ter voz e expresar ou voso plantexamento, pero choveron as presións e mesmo ameazas. Por que credes que se xerou esta violencia para pedir a súa cancelación?

As putas cada vez estamos a gañar máis escoita social. Temos unha ferramenta que antes non se tiña: as redes sociais. Son un altofalante polo que transmitir non só a nosa experiencia, senón tamén lecturas, informes, noticias, reflexións… Ademais, cada vez somos máis traballadorxs do sexo xs que nos atrevemos a facer activismo, dando lugar a un grupo heteroxéneo. Todo isto estanos facendo gañar moita credibilidade. A xente vai desmentindo mitos, como que estamos obrigadas a prostituírnos.

E claro, a quen ocupou o lugar de enunciación sobre prostitución todo isto dálles moito medo, porque ven perigar ese lugar e os beneficios que lles deu. Desde o lugar de expertas ata traballos ou remuneración. Por iso tentan, custe o que custe, conservar ese lugar e que non sexa ocupado por quen o merezo lexitimamente: as que vivimos a prostitución en primeira persoa, reflexionamos sobre ela, formámonos e esforzámonos por ter unha opinión ben fundamentada. Por iso nos arrebataron un lugar que nos dá lexitimidade social e autoridade como suxeitos de enunciación: o espazo universitario.

“Responsabilizar ás prostitutas dos abusos (de que fomentamos a cultura da violación) é moi cómodo, impide ver como fracasou o feminismo como movemento”

Creo que hai outro motivo, é innegable que os abusos proseguen e que cada vez son máis visibles, sobre todo desde o caso da manda. Responsabilizar ás prostitutas dos abusos (de que fomentamos a cultura da violación) é moi cómodo. Impide ver como fracasou o feminismo como movemento e a responsabilidade que poidan ter estas señoras con poder. Por tanto, xa lles vén ben a elas tacharnos de responsables para non recoñecer o seu parte de responsabilidade.

“Esta maneira despreciativa de falar de mulleres con menos privilexios que os teus fai que moitas mulleres se afasten do feminismo, por medo a ser xulgadas ou revictimizadas”

Se queren un consello, diríalles que deixen de xerarquizar ás mulleres. Que deixen de ter esa actitude de arrogancia e superioridade coas que foron abusadas ou vivimos situacións que a elas lles parecen abusos. E non esaxero nin invento nada: Teresa Lozano, de Towanda Rebels di, nun vídeo no que fala de Teoría King Kong (de Despentes), que os homes saben que poden abusar das mulleres que foron violadas. Esta maneira despreciativa de falar de mulleres con menos privilexios que os teus fai que moitas mulleres se afasten do feminismo, por medo a ser xulgadas ou revictimizadas. Se non cambiamos isto, o feminismo está destinado a fracasar. Pero, para cambialo, teriamos que acabar cos lugares de poder. E estas señoras viven deles. É a pescadaque se morde a cola e que, ao mesmo tempo, necesita dun chibo expiatorio: as putas

Que consecuencias sociais ten a cancelación dás xornadas dá UDC?

Creo que vai ter dúas consecuencias opostas: para as persoas contaxiadas de pánico moral, o abolicionismo vai presentar como o gardián da orde, o que impide que a epidemia da nosa voz esténdase, co perigo de que “captemos ás súas fillas”, como andan dicindo ultimamente, nunha conspiranoia ridícula. Esta xente vai sentir resgardada polo poder político e institucional que manexan estas señoras.

Polo outro, recibimos moitísimas mostras de apoio de xente que mesmo nos ofreceu espazos alternativos. Nunha época de auxe da extrema dereita, creo que esta xogada foi moi pouco estratéxica e moi pouco intelixente por parte das abolicionistas, porque fixeron gala do seu afán pola censura. E, por suposto, á xente de esquerdas isto rénxelle moitísimo. Xa estean a favor ou en contra, silenciar unhas voces é un método que aborrece a xente que defende a democracia. A proba é que mesmo xente abolicionista apóianos.

En definitiva, aínda tensaron máis a corda, forzando ao posicionamento de persoas que, aínda que estaban a dubidar, agora viron con maior claridade quen son as violentas

 

“Es doloroso que hablen de proxenetismo cuando el fin de la jornada era escuchar las voces de las trabajadoras sexuales”

 

  • Estefanía Acién, profesora de Antropología Social de la Universidad de Almería, era una de las ponentes del encuentro sobre prostitución cancelado por la Universidad de A Coruña tras las presiones de un sector del feminismo
  • “La decisión es una muy mala noticia para la democracia y para la institución universitaria en general”, señala
  • Apunta a que las ponencias están centradas “en problemas concretos que sufren las trabajadoras sexuales y que irremediablemente tenemos que abordar y dar solución”

 

Marta Borraz Follow @martaborraz

19 de septiembre de 2019

https://www.eldiario.es/sociedad/Cancelar-prostitucion-universidad-atentado-expresion_0_941406583.html

 

Estefanía Acién FOTO CEDIDA

 

Tras días de polémica, la Universidad de A Coruña ha suspendido finalmente las jornadas sobre “trabajo sexual” que iba a celebrar la próxima semana. La decisión responde a las fuertes críticas que desde un sector del feminismo se han lanzado contra el encuentro, en el que estaba previsto que participaran varias prostitutas y dos docentes e investigadoras. Una de ellas, Estefanía Acién, profesora de Antropología Social de la Universidad de Almería y miembro de la ONG Acción en Red lamenta que el centro haya dado este paso y apuesta por un debate “sosegado y tranquilo” sobre una realidad, la de la prostitución, que define como compleja.

¿Cómo calificaría la decisión de la Universidad de A Coruña de cancelar la jornada?

Me parece sorprendente porque unos días antes había publicado un comunicado diciendo que a pesar de que no compartía del todo ideológicamente el contenido o la orientación de la jornada, la Universidad era una institución democrática donde se celebra la libertad de expresión. Es entonces cuando fueron pasando las horas y veíamos que la presión desde el sector abolicionista no cesaba. Es sorprendente, pero también muy desagradable y decepcionante.

La decisión es una muy mala noticia para la democracia y para la institución universitaria en general. Yo, como profesora y perteneciente a este ámbito desde hace más de diez años, siempre he considerado que se trataba de un espacio seguro en el que debatir y exponer ideas. Que haya sido posible que a partir de presiones de un sector ideológico, una universidad pública cancele una jornada por la no orientación abolicionista de la misma es muy grave. Es un atentado contra la libertad de expresión. Y es muy peligroso porque abre la puerta, y más en los tiempos que corren, a que cualquier debate que resulte ofensivo para un grupo poderoso, sea censurado.

Las voces feministas que han pedido la cancelación parten de la idea de que este tema no debe ser objeto de discusión. ¿Todo es debatible?

La cuestión aquí es que con este tema hay un debate abierto y es innegable que hay que intercambiar puntos de vista para, al menos, llegar a un acuerdo de mínimos, porque de alguna manera tendremos socialmente que afrontar el fenómeno de la prostitución. Hay un sector del abolicionismo que parte de la idea de que es en sí una violación de los derechos humanos y por eso no es debatible, pero esta premisa de partida no está en absoluto clara para casi nadie. Es una cuestión que lleva debatiéndose desde el siglo XIX y todavía no hemos llegado a un acuerdo ni dentro del feminismo ni en la sociedad. El consenso sí es en contra de forzar y obligar, está claro, pero la prostitución es en sí tan diversa que es necesario tener un debate teniendo en cuenta su complejidad y, sobre todo, la voz de las personas que están inmersas en esta realidad.

Una parte importante del cartel lo forman prostitutas que se consideran trabajadoras sexuales…

Sí. Por eso también es incomprensible que no se permita que haya una jornada donde la mayoría de la gente que va a hablar lo va a hacer en primera persona, sobre sus problemas. Los títulos de las ponencias están centrados en problemas concretos que sufren las trabajadoras sexuales y que irremediablemente tenemos que abordar en esta sociedad y ver cómo le damos solución: sobre las particularidades de las mujeres migrantes, sobre la salud mental, sobre el estigma y la violencia institucional que viven las prostitutas o sobre las posibilidades de autorganización de las propias mujeres.

Se ha llegado a calificar el encuentro de estrategia del “lobby proxeneta”, pero ¿cuál es su objetivo? ¿de qué se iba a hablar allí?

De lo que he comentado. Por eso es especialmente doloroso que hagan esas acusaciones, que hablen de proxenetismo, que son directamente difamaciones. Se ha llegado incluso a decir que vamos allí a captar jóvenes para los clubs. Es muy grave, porque la intención era escuchar las voces de las propias trabajadoras sexuales y hablar de los problemas que sufren y viven y que como sociedad hay que abordar.

También se ha especulado con la financiación y la organización de la jornada. ¿Cómo surge?

La idea emerge de María Martínez, una estudiante de la Universidad de A Coruña que también es trabajadora sexual, y que tuvo la iniciativa de pedir una subvención en el marco de una convocatoria pública de la Facultad de Sociología. Le concedieron 500 euros y allá por primavera de este año nos llamó a las personas que quería que participáramos en el encuentro. Para mí fue un honor y me pareció súper interesante desde el principio. Se nos ha acusado de todo, pero incluso hemos puesto de nuestro bolsillo dinero para contribuir con las ponentes que tienen más dificultades económicas. Y luego escuchas que la jornada la paga el proxenetismo internacional y te sientes muy violentada.

¿Qué iba a exponer usted en concreto?

Bueno, debo matizar que las jornadas van a celebrarse, pero no en la Universidad de A Coruña. Se harán en otro espacio y, de hecho, ya hay varias iniciativas privadas, entre ellas una librería o un espacio activista alternativo, ofreciéndose solidariamente a albergarlas. Eso es muy buena noticia. Así que el tema en el que yo me voy a centrar, porque así me lo pidieron, es en lo que ya investigué en mi tesis: la situación y los problemas de las trabajadoras sexuales nigerianas en el Poniente Almeriense. Estuve diez años trabajando con ellas y lo que vi es que era una realidad mucho más diversa y compleja de lo que se muestra y muy pocas veces se aborda desde la perspectiva de derechos humanos, es decir, qué circunstancias políticas, sociales y jurídicas hacen que sean tan vulnerables que la única opción que tengan en nuestra sociedad sea el trabajo sexual.

Antes comentaba que el abordaje de la prostitución debe ser algo sobre lo que debatir, pero el encuentro no cuenta con voces abolicionistas, otra de las críticas más reiteradas de estos días.

Sí, se nos ha acusado de ello, sobre todo a la organizadora. La idea del encuentro era exponer ideas en un espacio seguro, pero de todas formas es muy curioso porque cuando el abolicionismo organiza jornadas, tampoco cuenta con otros puntos de vista y no se cuestiona. Afortunadamente estamos en un país en el que se pueden organizar encuentros en libertad, que pueden resultar o no interesantes, pero que están abiertos al público para que en la parte de debate se puedan exponer posturas y lo que sea necesario. Así es como funciona una universidad democrática. Yo he estado en jornadas sobre prostitución con todos los puntos de vista y está fenomenal, pero ¿por qué hay que boicotear o limitar un evento porque la gente que habla no va a decir lo que tú quieres escuchar? Es que es tremendo.

¿Cuál es la solución a este encontronazo tan profundo que vivimos en el movimiento feminista?

Hablar, hablar y hablar. Y leer lo que escriben unas y otras. Debatir y discutir los pormenores del asunto y, para mí, la clave está en poner en el centro la realidad que viven las propias mujeres que ejercen la prostitución. Debemos hacer un análisis complejo de la realidad, pero sosegado y tranquilo. Tenemos que ir viendo cómo generamos una sociedad más igualitaria y más justa, donde las personas tengamos cada vez más acceso a la libertad de elección. Si caminamos en este sentido seguramente vamos a avanzar mucho más que con esta situación tan polarizada.

 

Comunicado en defensa de la celebración de las Jornadas sobre Trabajo Sexual – 19 y 20 de septiembre en Universidad de La Coruña

 

Polémica por unas jornadas sobre prostitución en la Universidad de A Coruña, que defiende su compromiso con el feminismo

 

La UDC desmarca las jornadas de su “línea institucional” pero ve “lógico” que el debate llegue a la universidad

 

A CORUÑA, 6 de septiembre de 2019 (EUROPA PRESS)

https://www.lavanguardia.com/vida/20190906/47203675132/polemica-por-unas-jornadas-sobre-prostitucion-en-la-universidad-de-a-coruna-que-defiende-su-compromiso-con-el-feminismo.html

 

Unas jornadas sobre prostitución que se desarrollarán en la Facultad de Sociología de la Universidade de A Coruña (UDC) los días 19 y 20 de septiembre han generado las críticas de varias plataformas feministas y abolicionistas.

En concreto, el programa divulgado a través de las redes sociales contempla una conferencia inaugural sobre ‘Mujeres inmigrantes y trabajo sexual en Galicia’, que impartirá la profesora titular de Sociología Laura Oso Casas, a la que sigue la ponencia de la psicóloga y trabajadora sexual María Martínez Cano.

Además, entre otras charlas, está prevista la participación del coordinador del Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo de Murcia, Nacho Pardo, así como de la secretaria general de la Organización de Trabajadoras Sexuales, Conxa Borrell.

Ante la celebración de estas jornadas han sido varios los colectivos y las plataformas feministas que han pedido a través de ‘Twitter’ que la universidad coruñesa cancele este evento. Así, el Movemento Feminista de A Coruña ha considerado que no se trata de un debate sino que es “promoción de la prostitución”.

Asimismo, la plataforma Feminista Catalunya Abolicionista ha calificado de “intolerable” que desde una institución pública se haga “publicidad” de “una práctica que atenta contra los derechos humanos de todas las mujeres”.

En esta línea, entre otros numerosos comentarios, la que fuera secretaria de Estado de Igualdad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, directora del Instituto de la Mujer y diputada autonómica del PSdeG, Laura Seara, ha pedido que se evite la celebración de las jornadas. “Cierto que la universidad debe acoger todos los debates pero este, tal y como lo plantean, es una defensa y legitimación de la esclavitud”, señala.

REACCIÓN DE LA UNIVERSIDAD

Ante la polémica, la UDC ha emitido un comunicado a los medios en el que subraya que su compromiso con el feminismo es “incuestionable” y muestra su rechazo a la prostitución, así como hacia cualquier tipo de violencia o coacción contra las mujeres, trabajadoras del sexo o no.

Además, subraya que estas jornadas no son representativas de la línea institucional de pensamiento sobre esta temática, que siguen los criterios establecidos en este ámbito por la Oficina para la igualdad de género.

Con todo, explica que el debate entre regulacionistas y abolicionistas de la prostitución está abierto en la sociedad y en el propio movimiento feminista y califica de “lógico” que este llegue a la universidad.

Así, se reivindica como espacio “libre de circulación de ideas” y como “foro apropiado para debatir”. “En la Universidade de A Coruña damos cabida a todos los puntos de vista, acogiendo dos jornadas organizadas con dos puntos de vista contrarios”, señala.

En este sentido, informa de que el día 12 de septiembre arrancarán otras charlas de sensibilización y acción contra las violencias que se ejercen contra la mujer que incluyen las comparecencias de activistas e que abordarán desde otra perspectiva la trata y la prostitución.

 

Brooke Candy busca liberar la sexualidad femenina

 

Previo a comenzar su carrera musical, Candy, de 30 años, trabajó como desnudista y desde entonces ha sido una activista por los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Por AP

23 de agosto de 2019

https://www.publimetro.com.mx/mx/entretenimiento/2019/08/23/brooke-candy-busca-liberar-la-sexualidad-femenina.html

 

Foto: AP

 

 

La rapera estadounidense Brooke Candy, caracterizada por actuaciones sensuales en sus videos y letras explícitas, quiere liberar la sexualidad femenina con su próximo álbum Sexorcism.

Previo a comenzar su carrera musical, Candy, de 30 años, trabajó como desnudista y desde entonces ha sido una activista por los derechos de las trabajadoras sexuales en Estados Unidos, un país donde, a excepción de algunos condados de Nevada, la prostitución sigue siendo ilegal.

“Vemos el sexo bajo una luz tan rara y no lo entiendo porque todos los seres humanos, a excepción de aquellos que se identifican como asexuales, son seres sexuales por naturaleza. Todos queremos sexo y es muy extraño que hagamos que algo que es tan natural para nosotros sea ilegal”, dijo a AP en una entrevista reciente desde Nueva York previa a su concierto del sábado en la Ciudad de México.

Sexorcism, dijo, es precisamente un llamado para liberar la sexualidad, especialmente la de las mujeres, con canciones como XXXTC en la que habla de orgasmos tan fuertes que rompen la cama.

(Letra en inglés y español aquÍ)

“Creo que desde muy temprana edad nos dicen que nuestros impulsos sexuales no son válidos y en cambio a los hombres no les enseñan eso, creo que los hombres y las mujeres son iguales en ese sentido”, dijo la artista nacida en California.

“Una mujer debería poder hacer todo lo que quiera con su cuerpo cuando quiera sin ser juzgada, eso es feminismo”, agregó. “Si una mujer quiere tomarse una selfie en ropa interior en Instagram o grabar un video perreando, o bailar desnuda, debería poder hacerlo sin que la avergüencen. Una mujer no debería sentirse menos o avergonzada por amar su cuerpo y amarse a sí misma y debería estar orgullosa de su sexualidad y su identidad sexual”.

Candy convocó a varias colaboradoras para su producción, que planea lanzar en octubre, incluyendo la cantante pop Charli XCX, la rapera Iggy Azalea y la reggaetonera La Goony Chonga. Tras varios sencillos como Volcano y Changes, así como el álbum de mediana duración OpulenceSexorcism será su primer álbum editado de manera independiente tras terminar un contrato con Sony.

“Me siento más libre ahora, creo que firmé con Sony muy joven”, apuntó Candy. “Ahora puedo hacer lo que quiero, hacer el tipo de música que quiero y decir lo que quiero… no necesito que sea aprobada por diez hombres ejecutivos blancos, así es ahora, aunque creo que en un futuro podría firmar nuevamente con una gran disquera”.

Su primer sencillo es XXXTC con la rapera Maliibu Miitch y Charli, con quien ha colaborado desde 2013, incluyendo la canción Got It de Charli con CupcakKe y la cantante trans brasileña Pabllo Vittar. Candy definió su sencillo como una “canción stripper increíble”.

“Que me dijeran que sí dos personas que realmente creo que están abriendo brecha y me parecen artistas increíbles fue una bendición”, apuntó sobre Miitch y Charli.

De origen judío, Candy dijo estar obsesionada con las mujeres latinas a las que considera unas de sus más grandes fans: “Me identifico con su pasión”, dijo. La última vez que vino a la Ciudad de México, donde disfruta de la arquitectura y la escena punk local, su concierto se canceló por una pelea en el público en 2017, por lo que espera que en esta ocasión la velada sea completa e inolvidable.

“Me tratan muy bien porque mi mensaje es escuchado y comprendido, me siento muy agradecida por eso”, señaló.