Cuando las ex trabajadoras sexuales se convierten en SWERF

 

 

Por Kelly Palmer

Psicoterapeuta, activista espiritual, ecofeminista, adicta recuperada y superviviente de trauma, autora de éxito de ventas (con Michelle Kelly) y madre de tres hijos.

17 de julio de 2018

https://medium.com/@michellekelly_86703/when-former-sex-workers-become-swerfs-4496d1a90d99

 

 

¿Por qué muchas mujeres que dicen ser ex trabajadoras sexuales se parecen tanto a las SWERF? (Sex Worker Exclusionary Radical Feminists = Feministas Radicales Excluyentes de las Trabajadoras Sexuales). Definitivamente, nadie puede ser excluyente de sí mismo. Sin embargo, esta es una dinámica común, y me gustaría compartir mis pensamientos sobre por qué ocurre eso.

Porque yo soy una ex trabajadora sexual. Y he expresado puntos de vista que eran definitivamente SWERF, en la creencia genuina de que estaba ‘ayudando’ a otras trabajadoras sexuales. Que tenía el deber de hacer públicos los horrores muy reales que he experimentado en la industria. Apoyé el modelo nórdico. Escribí una carta abierta a Amnistía Internacional denunciando su apoyo a la legalización del trabajo sexual. Realmente creía que la industria del sexo era intrínsecamente explotadora y violenta hacia las mujeres y que despenalizar el trabajo sexual significaba dejar a los proxenetas y puteros abusivos campar a sus anchas. Leí el libro   “Paid For” (“pagada por ello”) de Rachel Moran y lloré.

Recientemente, he estado reconsiderando mi posición. En primer lugar, el modelo nórdico no funciona. En realidad, no ha reducido la violencia contra las trabajadoras sexuales. La mayoría de las trabajadoras sexuales actuales no lo quieren; parecen querer por mayoría abrumadora, si no la legalización de hecho (que puede causar sus propios problemas para las trabajadoras sexuales, a la alemana), sí la total despenalización y expansión y protección de sus derechos. ¿Por qué no las estamos escuchando? Y cuando vi a las así llamadas feministas callar a gritos a las propias trabajadoras sexuales y continuar abogando por algo que no funciona y que de hecho daña a las personas a las que dicen querer ayudar, empecé a darme cuenta de que había algo muy equivocado en esta imagen.

Entonces, ¿por qué tantas ex trabajadoras sexuales se metamorfosean en SWERF? Hablando tanto como terapeuta como por mi propia experiencia (y ciertamente no pretendo hablar por todas las trabajadoras sexuales) puedo ofrecer las siguientes perspectivas;

  • Muchas de estas ex trabajadoras sexuales han tenido experiencias genuinamente traumáticas y de explotación y erróneamente quieren proteger a otras mujeres de que pasen por lo mismo
  • Como sobrevivientes de trauma, o incluso simplemente para luchar contra el estigma social, la vergüenza se internaliza y se proyecta sobre aquéllas que aún trabajan en la industria del sexo
  • Las SWERF genuinas jugarán con estos temores y sentimientos muy reales para reclutar a ex trabajadoras sexuales para su causa (de la misma manera que los TERF juegan con los temores de asalto de las mujeres inventando una narrativa donde las mujeres trans son en realidad depredadores masculinos cis disfrazados, simplemente al acecho esperando la oportunidad correcta para violarnos)
  • La típica retórica feminista liberal a menudo pinta una imagen de “mundos de yupi” de la industria del sexo donde todas están felices y seguras y se llevan bien tomando decisiones empoderadas, ignorando las dinámicas de poder muy reales que de hecho ocurren, incluyendo las de raza y clase, explotación y violencia. Para una ex trabajadora sexual con experiencias traumáticas en la industria, esto es a la vez despectivo y deshumanizante

Después de buscar mucho, investigar y escuchar realmente a las trabajadoras sexuales en activo, me di cuenta de algunos contraargumentos que oponer a los anteriores.

  • No todas las experiencias de mujeres son iguales a las mías. Si bien los niveles de abuso y violencia son realmente elevados dentro de la industria del sexo, no todas son víctimas. No todas las trabajadoras sexuales necesitan ser salvadas. ¿Quién soy yo, Lancelot? No hay nada feminista en tratar de convencer a una trabajadora sexual de que es una víctima. Esto no está haciendo nada para ayudar y apoyar a las personas que en realidad están siendo victimizadas.
  • La vergüenza en torno al trabajo sexual proviene del mismo lugar que la vergüenza en torno al sexo: el conservadurismo paternalista, patriarcal y moralista. No hay nada feminista en esto. Necesitamos sanar nuestras propias heridas, no proyectarlas sobre otras.
  • Las SWERF no son mis amigas. En realidad, no les importa ni mi dolor ni mi historia, solo quieren explotarlos para beneficio de su propia agenda. No les importan las trabajadoras sexuales. De ahí por qué han sido apodadas ‘excluyentes’.

El feminismo liberal blanco rezuma clase y privilegio blanco y rara vez proporciona un análisis válido de nada. Eso no significa que las trabajadoras sexuales que realmente disfrutan de su trabajo y toman decisiones con poder a diario no existan. Existen. Y a menudo son pioneras dentro de la industria del sexo, particularmente dentro de la industria de la pornografía, para transformarla desde adentro en una ocupación genuinamente inclusiva y sexualmente positiva. Esto debe ser aplaudido y alentado.

La conclusión es que el ‘adelante putas, ganad dinero’ de las liberales y el ‘todo trabajo sexual es malo y debería ser abolido’ de las SWERF están en extremos opuestos del espectro ideológico y, como resultado, generalmente no logran capturar la experiencia vivida de la mayoría de las trabajadoras sexuales (necesito dejar claro en este punto que en este artículo entiendo por trabajadoras sexuales a aquellas mujeres que eligieron, por cualquier razón, ingresar en la industria, no a las víctimas de trata sexual). Los SWERF a menudo funden en una las dos situaciones para confundir aún más a todo el mundo).

La verdad es que la industria del sexo puede ser (y lo es a menudo) misógina, abusiva y traumática. Las trabajadoras sexuales en general muestran altas tasas de PTSD ¿Sabes por qué? Porque es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. El problema no es la industria. Es la misoginia y la violencia de género. ¿Ahora resulta que ambas cosas son casi exclusivas de la industria del sexo? La industria funciona como un microcosmos de la sociedad en general y un espejo de la dinámica sexual que opera dentro de ella. Sí, estas estructuras necesitan ser desmanteladas. ¿Cómo se va a conseguir eso atacando a las trabajadoras sexuales e ignorando completamente sus voces?

Sí, mis experiencias a menudo fueron horribles, pero ¿sabes qué? Algunas de ellas no lo fueron. Conocí a mucha gente realmente genial. Y cuando entré en la industria ya estaba traumatizada por el abuso infantil, la violencia doméstica y la adicción a las drogas, lo que significó que mi capacidad de decisión estaba dañada, desde luego. Si hubiera ingresado en la industria por otras razones, sin estas vulnerabilidades existentes, que por supuesto me pusieron en la línea de fuego para el peor tipo de depredadores, mis experiencias podrían haber sido muy diferentes. Si bien la correlación entre el trabajo sexual y la violencia no se puede ignorar, no debería ser excesivamente simplificada y utilizada para anotar puntos en una agenda moralista. Esto no ayuda nada a las víctimas reales y, de hecho, explota su experiencia.

Las actitudes de las SWERF hacia la abolición ignoran también por completo las estructuras económicas. Muchas mujeres eligen el trabajo sexual para escapar de la pobreza, y experimentan esto como una elección empoderada. Al abogar por la abolición del trabajo sexual sin un desmantelamiento completo del sistema capitalista actual, las SWERF están negando a las trabajadoras sexuales su derecho a sobrevivir. Todo el trabajo bajo un sistema capitalista y neoliberal es explotador. Negar los derechos básicos a las trabajadoras sexuales es aumentar la explotación.

Así que quiero decir esto a otras ex trabajadoras sexuales cuyas experiencias fueron difíciles en el mejor de los casos y traumatizantes en el peor: te escucho, te quiero, tus experiencias y sentimientos son reales y válidos.

Pero también lo son los de otras personas.

No seas una SWERF.

 


Referencias y recursos

Moran, Rachel ‘Paid For; My Journey through Prostitution’ WW Norton Books

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Presentación de la primera sección sindical de trabajadoras sexuales en Catalunya

 

 

 

Hola puta

 

  • Que haya víctimas de trata no hace menos legítimos los reclamos por derechos de las putas en activo
  • Se está llamando esclavas a miles de mujeres que han convertido a la puta en su identidad política

 

Por Gabriela Wiener

10 de diciembre de 2017

https://www.eldiario.es/zonacritica/Hola-puta_6_717138287.html

 

Hace muchos años contraté a una puta. Lo hice con mi marido pero en realidad yo era la más interesada –él tenía sus remilgos– porque me moría de ganas de tener sexo con una mujer in media res y tenía dinero, que ganaba como periodista –ahora con mi sueldo de periodista no podría permitírmelo–. En fin, era un servicio a domicilio. Llamamos por teléfono y vino a casa. En esa época y en ese país donde vivíamos no abundaban las prostitutas que atendieran a hombres y mujeres, ni a parejas, pero al final la encontramos. Aquella vez fue muy lindo. Recuerdo que nos reímos mucho con esa chica, que intercambiamos nuestra ropa sexy como jugando a ser la otra. Volvimos a llamar una vez más, aunque ya no hubo tanto feeling.

La última campaña española contra la prostitución #HolaPutero, me interpeló, porque –aun guardando las distancias entre mi corta experiencia de putera y la de un consumidor habitual de sexo con prostitutas–, me ponía automáticamente en la categoría de alguien que, según el vídeo, había contribuido con su granito de arena a la desigualdad de género en el mundo, “comprando mujeres, comprando esclavitud”.

Mientras no dejaba de parecerme loable que el mensaje viral pusiera por una vez el foco sobre el cliente y no sobre la mujer trabajadora –finalmente, es lo mínimo que podría esperarse de sus creadoras, activistas feministas–, cada vez me iba chirriando más cómo una problemática compleja como la del trabajo sexual se iba reduciendo a un a favor y en contra, e ignorando que en el “hola putero” estaba implícito el “adiós, puta”.

Es lo que, desde que empezó a circular la campaña, han venido señalando, a través de sus redes, las trabajadoras sexuales organizadas: la usurpación de su lugar en esa lucha. Aunque la reivindicación es vieja, hay muchas caras nuevas denunciando la “putofobia” fuera y dentro del feminismo.

Georgina Orellano, la impresionante líder de las prostitutas argentinas, ha dicho más de una vez que “ser feminista es darle derechos a otras mujeres y la oportunidad de elegir cosas que no necesariamente elegiríamos para una”. Según Georgina, todo lo que les pasa no les pasa por ser putas sino por ser mujeres. “¿Tenemos que explicarles otra vez que esto es trabajo?”, clama. “En la calle se sigue llevando la policía a las compañeras. Y en la calle la policía no te pregunta: ‘¿sos abolicionista, sos reglamentarista, sos pro-sex, sos puta feminista? Te llevan presa igual”.

En los países latinoamericanos, abolicionistas de pura cepa, el uso del espacio público para el trabajo sexual está criminalizado. Hasta el 90 por ciento de prostitutas alguna vez ha sido agredida por la policía, que recibe cada semana de ellas su bono para que las dejen trabajar en paz.

 

El video de #HolaPutero parece dirigirse solo al putero –por cierto, como si fuera el macho oficial, cuando sabemos que tenemos al macho en el despacho de nuestro jefe, en la cama, en el partido en que militamos, en el colectivo del que formamos parte y en cada esquina, es más, que el putero y el que está aquí al lado son la misma persona. No pasa desapercibido, sin embargo, que en este video a todas las putas se les llama esclavas. A la vuelta de hoja del criminal está la víctima. Pero, ¿son víctimas todas las prostitutas? Aunque las haya, en un gran porcentaje, la respuesta es no.

Lo que ocurre aquí es que mujeres que no ejercen la prostitución se están arrogando la potestad de llamar a otras esclavas, cuando estas, que son las que ponen el cuerpo, no se identifican de esa manera. Que haya víctimas de trata no hace menos legítimos los reclamos por derechos de las putas en activo. Se está llamando esclavas a miles de mujeres que han convertido a la puta en su identidad política. ¿No es acaso eso negar su empoderamiento? ¿No es desconocer su lucha social concreta por adquirir ciertos derechos, por sindicalizarse, por buscar más protección y mejoras determinadas en su ejercicio laboral mientras nos encaminamos hacia el tan soñado fin del capitalismo cosificador de la mujer? ¿Por qué no hablamos de cómo nos explota a cada una de nosotras el patriarcado y dejamos que ellas hablen de cómo lo padecen en sus carnes? ¿Las seguimos llamando esclavas?

Si nos vamos a tirar las verdades en la cara para ver quién está siendo verdaderamente consecuente en su lucha contra la feminización de un tipo de trabajo como traba para la igualdad de género, me pregunto cuántas feministas tienen a una mujer, menos privilegiada, migrante y racializada, limpiándole la casa, cuidándoles los niños o sacando a pasear a sus padres. ¿Les vamos a negar derechos laborales a las trabajadoras del hogar? Claro que no. ¿Para cuándo un #HolaPatrona? ¿Son todas esas mujeres empleadoras unas esclavistas? No, solo las que mantienen regímenes esclavistas. Mientras llega el comunismo feminista, las putas piden lo mismo, nada más y nada menos.

Hay que diferenciar la crítica a la prostitución como sistema de explotación, que involucra a los proxenetas, a las mafias, al Estado, que perpetúa la desigualdad y la cosificación de nuestros cuerpos, con la estigmatización e invisibilización de las putas, en toda su diversidad, las que ejercen libres y las que sufren la trata, las sindicadas y las no sindicadas.

No reconocer sus derechos como trabajadoras es convertirlas en chivos expiatorios de los dilemas que plantea una institución como esa a la sociedad en su conjunto. Si bien hay consenso en que hay que cuestionar un sistema que nos cosifica a todxs, que nos condena a la explotación o a la autoexplotación, en lo que hay que seguir insistiendo es en la necesidad de que se reconozcan derechos laborales a las mujeres que ejercen y quieren ejercer la prostitución y se ofrezcan alternativas de trabajo a las mujeres que no.

 

“¿Hasta cuándo vamos a seguir discutiendo, compañeras”, dice Georgina, “si las que estamos entre cuatro paredes con el cliente, gozando o no, somos nosotras. Si nosotras no nos ponemos de acuerdo, ¿qué carajos les vamos a pedir al Estado? ¿Qué me estás proponiendo, sacarme de una esquina para llevarme a la fábrica?” Al final de su charla TED, Georgina cuenta que hace unos meses su hijo Santino le contó que a la salida del colegio un amigo suyo quiso molestarlo frente al resto señalándolo y gritando: “la mamá de Santino es una puta”. ¿Qué le contestaste? le preguntó ella con el corazón en la boca. Santino le respondió tranquilamente: “le dije mi mamá no es una puta es la secretaria general de todas las putas del país”. Sí, putísima, re-puta, re-jefa. Si esto no es empoderamiento, nada lo es.

 

Feminismos y prostitución: entre la abolición, la regulación y el reconocimiento de derechos

 

por Sandra Milena Yáñez 

30 de junio de 2018

https://cubaposible.com/feminismos-y-prostitucion-entre-la-abolicion-la-regulacion-y-el-reconocimiento-de-derechos/

Foto: Sergio Uceda

 

¿En qué momento la prostitución se convirtió en un asunto de interés para los feminismos? ¿Por qué hoy se debate en el mundo occidental sobre si se debe prohibir o, por el contrario, se sigue permitiendo el ejercicio de la prostitución? ¿Cómo se conecta ese debate con las reivindicaciones de los distintos feminismos, tanto occidentales como no occidentales?

En el presente artículo proponemos una revisión (no exhaustiva) a los hechos que han dado lugar al debate actual sobre prohibir o no la prostitución, y la postura que el feminismo llamado “hegemónico”, es decir, el feminismo más visible en Occidente y que de cierta manera marca las pautas de acción de los movimientos feministas en el mundo, ha asumido al respecto.

Vale la pena aclarar que la mirada de este artículo se construye, sobre todo, desde lo que está ocurriendo hoy en Europa y América latina en relación a este tema, dejando por fuera muchas de las experiencias en otras partes del planeta.

 

Prostitución, trabajo sexual y trata: aclarando conceptos

¿Son lo mismo la prostitución y la trata de mujeres con fines de explotación sexual?

Aunque la prostitución o el intercambio de servicios sexuales por dinero o bienes entre personas adultas es un oficio tan viejo como la misma humanidad, el concepto “prostitución”, utilizado en las convenciones internacionales, en los medios de comunicación y, por supuesto, en los debates feministas contemporáneos tiene apenas dos siglos, según lo explica la investigadora Laura Agustín 1 . El mercado sexual ha existido en todas las civilizaciones, en algunas con más restricciones que en otras y con fines muy distintos, pero solo es hasta la aparición del concepto de “prostitución”, que proviene del término latino prostituere , que significa literalmente exhibir para la venta, que comienza a enfocarse la atención en una de las dos partes de la transacción sexual, lo que ha terminado por convertir a las llamadas prostitutas (así, en femenino) en el objeto principal de observación y análisis hacia este mercado.

Si esto le sumamos la imposición de un modelo sexual heteronormativo, es decir, un modelo en el que se asumen como “normales” o “naturales” únicamente las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, vemos cómo se ha perpetuado hasta ahora, tal como lo afirma Agustín, “el supuesto clásico de mujer-sexoservidora/hombre cliente” 2 , aunque la experiencia demuestre que los intercambios sexuales son de todo tipo y se producen indistintamente entre hombres y mujeres heterosexuales y homosexuales y personas transgénero. Por último, y no menos importante, hemos de señalar que la moral de cada sociedad ha terminado por delimitar la idea de la prostitución, entendiendo este concepto como parte de las conductas sexuales reprochables, con lo que según que actividades, manifestaciones o actitudes sexuales (no siempre mediadas por una transacción económica) pueden ser consideradas delictivas en unas sociedades y en otras no. Esto ha completado el cuadro para que no se llegue a un acuerdo global sobre el sentido del término y, en palabras de Agustín: “Se supone que engloba tantas actividades que al final es mejor prescindir de la palabra”.

En una cosa en la que sí parecen estar de acuerdo los 82 países que han firmado El Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena , una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del año 1949, es en que, como reza su preámbulo:

“ la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad” 3

Aquí nos enfrentamos a lo que ha sido la principal causa de persecución de las personas que se dedican al mercado del sexo: la asimilación, explícita en este convenio, de la prostitución con el tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual, es decir, relacionar intencionadamente el intercambio sexual entre adultos libre y consentido con el tráfico y sometimiento de personas con fines sexuales. Además de esto, no podemos dejar de evidenciar la carga moral que tiene consigo la expresión “la prostitución y el mal que la acompaña”, que deja en el plano de la moralidad el juicio sobre el ejercicio de la prostitución y además lo convierte en la causa directa de la trata de personas. A partir de aquí resulta casi imposible separar el ejercicio de la prostitución del tráfico de personas, con lo que los trabajadores del sexo cargan con un doble estigma desde entonces: el de ofensoras de la moral pública y promotoras de la explotación de otros seres humanos.

Sobre el concepto de trata de personas con fines de explotación sexual es precisamente este convenio el que delimitará su significado y hará un cambio “políticamente correcto” en relación al concepto de “trata de blancas”, una expresión del siglo XIX que hacía alusión al mito del tráfico de mujeres europeas y americanas -blancas- en Asia, África y América para explotarlas sexualmente. 4 Esta alusión directa a las mujeres blancas obedecía a que hasta en ese momento la esclavitud de mujeres negras, asiáticas y aborígenes de los territorios colonizados por Europa no era considerado algo anormal ni delictivo mientras que la transacción con mujeres europeas y americanas blancas sí.

La idea de trata expuesta en el convenio de la ONU resulta problemática para muchos países pues, a diferencia de lo que podríamos creer, no tiene en cuenta el consentimiento de la persona para definir si ha habido explotación o no en contra de su voluntad. En su artículo 1 el convenio llama a castigar a aquellos que “concertaran o explotaran la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de tal persona» con lo que se terminaría por incluir en el delito de la trata al ejercicio sexual que se ejerce libremente y sin coacción con la ayuda de otra y otras personas (burdeles, casas de citas, salas de masaje sexual e incluso apartamentos compartidos con otros trabajadores sexuales). Debido precisamente a esta definición es por lo que, en Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Grecia o Turquía, países en los que la prostitución voluntaria es legal y está regulada como una ocupación, no se ha ratificado el convenio.

En el año 2000 la ONU formula El protocolo de para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños , en el marco de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional , que redefine el delito de la trata, especificando los casos en que el consentimiento debe obviarse y ampliando el concepto de explotación, yendo más allá de la finalidad sexual:

“ La “trata de personas” puede significar el reclutamiento, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, bajo amenaza o por el uso de la fuerza u otra forma de coerción, secuestro, fraude, engaño, abuso de poder o una posición de vulnerabilidad, o recibir pago o beneficios para conseguir que una persona tenga bajo su control a otra persona, para el propósito de explotación. La explotación puede incluir, como mínimo, la explotación de la prostitución de otros u otra forma de explotación sexual, trabajo forzado o servicios, esclavitud, o prácticas similares a la esclavitud, servidumbre, o remoción de órganos… El consentimiento de las víctimas de la trata de personas hacia sus explotadores establecido [arriba] es irrelevante cuando cualquiera de las formas mencionados [arriba] ha sido usada.”

Esta actualización del concepto ha hecho que 171 países del mundo ratifiquen este protocolo, lo que demuestra que el moralismo, usado como criterio en el convenio del año 1949, no puede seguir siendo utilizado por la ONU a la hora de establecer líneas de actuación para enfrentar el tráfico de personas o cualquier otro delito.

Precisamente de esta Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional surge la creación de un grupo de expertos contra el tráfico de personas en el Consejo de Europa (GRETA), grupo que en su informe sobre España del año 2013 destaca la imperante necesidad de distinguir trata con fines de explotación sexual, por un lado, y prostitución por el otro. En el mismo documento se critica que el Estado Español centra su lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, pero deja de lado la trata con otros fines de explotación laboral (servicio doméstico, temporeras del campo español, mano de obra de talleres clandestinos, etc.), lo cual resulta muy conveniente para ciertos sectores. Por último, afirma que es erróneo sostener que un 90% de prostitutas sean víctimas de trata, como lo repiten lobbies abolicionistas y medios de comunicación, ya que no existen estudios que avalen esta cifra.

Más adelante veremos que la definición de trata del año 1949 y la mal-intencionada identificación entre dicho concepto y el de prostitución se convertirán en la base de las argumentaciones del lobby feminista abolicionista, nacido en el seno del feminismo hegemónico occidental.

¿Por qué hablar de trabajo sexual en lugar de prostitución?

Para cerrar este apartado nos referiremos al concepto de trabajo sexual, desde el cual el activismo de las y los trabajadores del sector del sexo (prostitutes, operadores de líneas eróticas, actores y actrices porno, dominatrices profesionales, etc.) busca que se les reconozca internacionalmente. El trabajo que al respecto han venido haciendo desde hace más de dos décadas organizaciones como Hetaira y Aprosex de España y la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) empieza a dar sus frutos y son cada vez más las organizaciones, colectivos y medios de comunicación alternativos que hablan de trabajo sexual en lugar de hablar de prostitución.

El sector de los servicios sexuales no sólo está estigmatizado socialmente debido, principalmente, al miedo que sigue causando el tema de la sexualidad libre, sino que además por cuenta de la clandestinidad desde la que tiene que actuar a cuenta de las leyes prohibicionistas no se ha logrado consolidar, como en otros sectores laborales, cuerpos representativos sindicales que le den al trabajador sexual el mismo estatus de cualquier otro trabajador, permitiendo que se reconozcan legalmente sus derechos y también sus obligaciones con el Estado.

El reconocimiento hoy de la condición de trabajadores y trabajadoras sexuales en los países en los que la prostitución y la industria del sexo están permitidas se logró en parte a lo conseguido por las trabajadoras sexuales que, en pleno centro de Lyon, en Francia, ocuparon la iglesia de Saint-Nizier, en la mañana del lunes 2 de junio de 1975, para protestar por las penas de prisión a las que habían sido condenadas unas diez de ellas unos pocos días antes, por supuesta reincidencia en el controversial delito de “captación activa de clientes”. “Esa protesta rechazaba la persecución policial, las leyes represivas y los cánones morales que criminalizaban a las trabajadoras sexuales haciéndolas responsables de una “actitud dirigida a provocar el libertinaje” 5 .

A pesar de que el encierro sólo duró ocho días por el desalojo violento que sufrieron por parte de la policía francesa, la protesta logró visibilizar a nivel internacional la lucha de las prostitutas por sus derechos laborales en una doble condición reivindicativa: la de mujeres y la de trabajadoras, que hasta ese momento no era reconocida por nadie. Sobre este hecho, convertido en un hito por el activismo de los y las trabajadores sexuales, dice la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR): “Éste ha sido uno de los primeros hechos históricos en que las trabajadoras sexuales se atrevieron a discutir los criterios morales dominantes y a luchar contra su estigmatización, a hacer oír su propia voz y a hacer conocer su propia mirada respecto de sus condiciones de vida y, fundamentalmente, a luchar por sus derechos humanos y laborales.” 6

Hablar de trabajo sexual en lugar de hablar de prostitución permite, de una parte, transformar el sentido peyorativo y estigmatizante de la noción de prostitución, asumido durante siglos como una lacra social y que ha culpabilizado y señalado especialmente a las mujeres, y de otra parte, hablar de trabajadores del sexo nos permite entender que hay un mercado del sexo, amplio y diverso, en el que trabajan millones de personas, que merecen ser reconocidas y cuya lucha sindical y por sus derechos no puede ser tratada de forma distinta a otras luchas laborales.

La propia ONU, que ya hemos visto ha tenido un sesgo importante en la definición de la prostitución en el pasado, ha empezado a usar el término trabajador sexual en sus informes: “El término apropiado que se aplica para el trabajo sexual se define mejor en relación con el contexto local. Esta definición puede cambiar con el tiempo a medida que las actitudes evolucionan. Debe darse prioridad a hacerse eco de cómo se perciben a sí mismos en este papel los que están implicados en el trabajo sexual. (…) El término profesional del sexo ha ganado popularidad por encima del de prostituta porque las personas implicadas consideran que es menos estigmatizante y creen que la referencia al trabajo describe mejor su experiencia”. 7

 

Feminismos y prostitución: abolicionismo, regulacionismo y reconocimiento de derechos

En esta segunda parte del texto hablaremos de las tres posturas desde las que diferentes vertientes feministas abordan la cuestión del trabajo sexual, sobre todo el ejercido por las mujeres: abolicionismo, regulacionismo y garantista de los derechos de las y los trabajadores sexuales. La importancia de dichas posturas radica en que las políticas tanto nacionales, como transnacionales (formuladas desde organismos como la ONU) referentes a la reglamentación de la prostitución y la lucha contra la trata de personas están fuertemente influenciadas por las miradas feministas, sobre todo por la del feminismo hegemónico occidental y es urgente revisar críticamente las posturas que se han construido al respecto.

El feminismo hegemónico y el abolicionismo

En el mundo occidental reconocemos por feminismo la lucha librada por las mujeres occidentales, a partir del siglo XVIII, para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, denunciar y eliminar tanto la violencia de los varones sobre las mujeres, como ​los roles sociales establecidos según el género. A este feminismo blanco, occidental y muy visible en las agendas mediáticas occidentales, es al que llamamos feminismo hegemónico y es a partir de su hegemonía que se delimitan lo que algunas autoras han denominados “feminismos periféricos”, que son esencialmente los feminismos de raíz no occidental y que en muchos postulados se oponen radicalmente al feminismo hegemónico.

Podemos decir que, desde su surgimiento, con la aparición de la obra “Vindicación de los derechos de la mujer”, de Mary Wollstonecraft (1792), el feminismo occidental se ha ramificado y hoy hablamos ya no de un movimiento homogéneo y claramente identificable, como ocurría en el siglo XVIII, sino de un espacio de lucha heterogéneo en el que incluso muchas posturas pueden ser radicalmente opuestas a otras. A pesar de esto, los medios de comunicación, las agencias internacionales de cooperación y ciertos actores políticos e influenciadores suelen estar alineados con la facción más conservadora del feminismo occidental, heredera de la llamada primera ola del feminismo, por tener posturas que aunque en apariencia son rompedoras, en realidad suponen la continuidad del binarismo de género y de lo que muchos encajan como “normal” en relación con las inclinaciones sexuales, los roles de género y el ejercicio público de la sexualidad.

El abolicionismo surge en el siglo XIX encabezado por un grupo de mujeres que reaccionan frente a las leyes higienistas, muy en boga en toda Europa, que consideraban la prostitución una enfermedad social, crónica e incurable y que reglamentaban su ejercicio no para mejorar las condiciones de las trabajadoras sexuales sino para que su conducta no afectara la vida y la moral de las personas “de bien”. Frente a estas leyes las abolicionistas, dentro de las que destaca la figura de la británica Josephine Butler (1828-1906), reaccionan contra la intromisión estatal en los cuerpos de las mujeres que suponía el reglamentarismo higienista y como una crítica al modelo de sexualidad vigente, reivindicando mayor libertad para las mujeres y el derecho a no ser atacadas sexualmente, incluidas las prostitutas, lo que sin duda era revolucionario para la moral de la época. “Concibieron la prostitución como una cuestión de dignidad de la mujer y de sus derechos. El proyecto abolicionista se inscribía, pues, en un proceso de emancipación de las mujeres de más largo alcance.” Afirma Gemma Nicolás Lazo. 8

Pero, ¿en qué momento el abolicionismo feminista se convierte en un aliado de los sectores más conservadores de la sociedad? Cuando el discurso llega a las instancias de poder encargados de legislar y tipificar los delitos relacionados con las mujeres con respecto a la prostitución el sentido asociado a la reivindicación de los derechos de las prostitutas desaparece y en su lugar se posiciona la idea de que, con la abolición de la prostitución, en reemplazo de la reglamentación, se garantiza la moral y las buenas costumbres y, de paso, se controla la sexualidad de las mujeres “decentes”.

“ Los delitos que acompañaban a la prostitución en los Códigos del diecinueve, y que lo seguirán haciendo durante algún tiempo en el futuro, son el de adulterio, violación, escándalo público y rapto. El bien jurídico a proteger en los delitos contra la honestidad no era los derechos de las mujeres, sino una idea de decencia y decoro proveniente del orden moral establecido. Lo que los dispositivos de poder pretendían, y también el derecho penal en ultima ratio, era garantizar y mantener la “honestidad” de las mujeres “decentes”, es decir, controlar su sexualidad.” 9

Lo más increíble de este giro es que la abolición institucionalizada se leía en el siglo XIX y se sigue leyendo hoy como una reforma moderna y necesaria para los estados introducida por el feminismo, sin que esto lo cuestionen los políticos de izquierdas ni las propias feministas. En lugar de retornar a las reivindicaciones de las primeras abolicionistas, las abolicionistas de hoy se reafirman en los argumentos institucionales que continúan señalando la prostitución como una lacra moral y de la salud pública.

Como mencionábamos en un apartado anterior, el abolicionismo se acompañó, desde muy temprano, de la confusión entre prostitución y trata de mujeres que en el siglo XIX se conocía como “trata de blancas”, un concepto que fue clave para conseguir tres propósitos en ese momento: construir un mito sobre la esclavitud de mujeres blancas en países no occidentales para controlar la autonomía de las mujeres que emprendían procesos migratorios; construir un mito racista sobre la existencia de un mercado de trata manejado por hombres no blancos y profundizar en la idea de que la prostitución es siempre resultado del sometimiento y nunca del ejercicio libre de la sexualidad de las mujeres. (Nicolás lazo, 2009).

Esta relación entre trata y prostitución, como vimos, se refuerza con el Convenio de la ONU para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, de 1949, que además reivindicará que las políticas abolicionistas, sustentadas por el feminismo hegemónico occidental, suponen un avance en la protección de los derechos de las mujeres, por lo cual ningún país puede renunciar a imponerlas en su territorio. Esto, a pesar de demostrarse que la abolición de la prostitución solo tiene beneficios para la institucionalidad colonial, racista y patriarcal y nunca para las trabajadoras sexuales.

José López Riopedre en su artículo “La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta” 10 explica muy bien lo conveniente que ha resultado el discurso abolicionista en Europa para, de una parte, camuflar el racismo que desata la presencia masiva de inmigración de las excolonias europeas, en los años 90s, permitiendo la criminalización de dicha población a través de la confusión interesada entre trata y prostitución, y de otra parte ha permitido ampliar el ámbito de intervención y control sobre los ciudadanos, dirigiendo conductas y conduciendo sexualidades (en el mismo sentido en que Foucault habla de la biopolítica y del control estatal e institucional de las sexualidades). “El “eje del mal” del siglo XXI se ha edificado así en torno a una curiosa amalgama de sujetos infames: maltratadores, pederastas, clientes de servicios sexuales, facilitadores, voyeurs, exhibicionistas, dueños de negocios de alterne, arrendadores y arrendatarios de locales de perdición e intermediarios de toda guisa. Son los auténticos monstruos del presente, neo-terroristas de Estado que concentran todas las energías de los nuevos combatientes de la cruzada moral post-moderna. La necesaria y perentoria expiación de sus crímenes aflora durante todo el proceso discursivo donde los estereotipos del tráfico, la deuda y la explotación sexual salen continuamente reforzados gracias a la acción multiplicadora de los medios de comunicación social.” 11

Además de esto hay que agregar, tal como lo dice López Riopedre, que el discurso criminalizador del trabajo sexual por parte del abolicionismo convierte en víctimas a las trabajadoras sexuales, con lo que las objetualiza, despojándoles de su capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos y, al mismo tiempo, aunque las señala víctimas, con lo que uno pensaría que hay hacia ellas una trato distinto al destinado al “proxeneta” o al “cliente”, no les garantiza ningún derecho como mujeres víctimas del patriarcado, como si ocurre en los casos de violencia de género. Al final lo que tenemos es un discurso moralizante que ni por asomo reconoce la capacidad de agencia de las trabajadoras sexuales y que sólo las tiene en cuenta si se reconocen como víctimas. 12

Suecia, sin duda, ha sido el país que ha asumido las banderas abolicionistas en Europa, siendo el primer país de la región en tener una ley que prohíbe la compra de servicios sexuales (1999). Su modelo, que supuestamente no actúa contra las prostitutas sino contra los clientes, lo que ha hecho es clandestinizar los servicios sexuales, poniendo en riesgo a los trabajadores sexuales, mientras controla la sexualidad de sus habitantes. Aunque parece contradictorio que el abolicionismo se institucionalice con estos objetivos en un país como Suecia, que se lee como un estado liberal, demócrata y socialmente avanzado, dice López Riopedre, siguiendo a Kulick 13 , que no debemos olvidar que Suecia “posee uno de los ordenamientos jurídicos más severos en cuanto a disciplinamiento de la conducta sexual de sus ciudadanos, por lo que puede entenderse mejor que se haya convertido en el país donde la voluntariedad de los sujetos se halle cada vez más cuestionada a la hora de establecer relaciones sexuales, optando por criminalizar no sólo a la industria del sexo sino también a quienes mantengan contacto íntimo con menores, seropositivos que no informen debidamente acerca de su enfermedad, interviniendo cualquier tipo de remuneración durante el intercambio sexual o bien pueda suscitarse la sombra de la sospecha en cualquier momento de la interacción” 14 .

Ni reglamentarismo ni abolicionismo: apelar al reconocimiento de los derechos de las y los trabajadores sexuales

Las y los trabajadores sexuales, agrupados en organizaciones, cooperativas, sindicatos y asociaciones en todo el mundo participan, día sí y día también, en charlas, debates, congresos, programas de televisión, foros de internet y en otros espacios de divulgación para hacerse oír con respecto a sus reivindicaciones, porque están cansados de que sean siempre otros los que hablen por ellos.

De una parte quieren dejar claro que sus reivindicaciones nada tienen que ver con las de las feministas abolicionistas, que abogan por convertirlas en víctimas para luego salvarlas de las redes del tráfico sexual, con lo que se enriquece lo que Laura Agustín llama “la industria del rescate” 15 . De otro lado también quieren alejarse de la postura reglamentista, que antes era asumida por las políticas higienistas, como vimos, y ahora es abanderada por los dueños de burdeles y clubes de alterne que buscan, con ayuda de sus aliados políticos, que se reglamente el ejercicio de la prostitución de modo que únicamente ellos se vean beneficiados de tal actividad.

Tanto una como otra posición despojan a las trabajadoras sexuales de su capacidad de agencia sobre su cuerpo y su sexualidad y les niegan la posibilidad de ejercer sus derechos como cualquier trabajador occidental. En ese sentido reivindican las declaraciones del documento publicado por Amnistía Internacional en 2015, resultado de su investigación con trabajadores sexuales durante más de dos años en todo el mundo, en el que instan a los gobiernos del mundo a despenalizar el trabajo sexual y proteger los derechos humanos de las y los trabajadores sexuales. En su texto AI aclara la diferencia entre despenalizar, que es lo que piden los trabajadores sexuales, y legalizar el trabajo sexual:

“ Más que la eliminación de las leyes que penalizan a las trabajadoras y los trabajadores sexuales, la legalización supone la introducción de leyes y políticas relativas específicamente al trabajo sexual con el fin de regularlo formalmente. Amnistía Internacional no se opone a la legalización per se, pero los gobiernos deben asegurarse de que el sistema respeta los derechos humanos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Creemos que todavía hay margen para avanzar en materia de despenalización y contra los abusos de derechos humanos derivados de la legalización, dado que hay trabajadoras y trabajadores sexuales que están quedando al margen de la ley en sistemas en que el trabajo sexual está legalizado.” 16

En este documento Amnistía Internacional insta a los gobiernos a:

“ Garantizar que todas las personas tienen acceso a sus derechos económicos, sociales y culturales, a la educación y a oportunidades de empleo

Eliminar los estereotipos de género perjudiciales y todas las formas de discriminación y las desigualdades estructurales que puedan llevar a grupos marginados a vender servicios sexuales en cantidad desproporcionada

Reformular las leyes relativas al trabajo sexual para eliminar los delitos de carácter muy general que criminalizan la mayoría de los aspectos –si no todos– del trabajo sexual y convertirlas en leyes que brinden protección frente a la coacción (incluida la trata de personas) y los actos de explotación y abuso y prevengan la participación de niños y niñas en el comercio sexual.

Eliminar la regulación penal y cualquier otra regulación punitiva del trabajo sexual con consentimiento entre personas adultas, ya que refuerzan la marginación, el estigma y la discriminación y pueden negar a las personas que se dedican al trabajo sexual el acceso a la justicia bajo el amparo de la ley.

Garantizar la participación de las trabajadoras y los trabajadores sexuales en la elaboración de las leyes y políticas que afectan directamente a su vida y su seguridad.

Garantizar marcos efectivos que permitan a las personas abandonar el trabajo sexual cuando así lo decidan.”

Debido a este posicionamiento con respecto al trabajo sexual AI recibió muchas críticas por parte del feminismo abolicionista europeo y de los gobiernos que son prohibicionistas pues a partir del documento se insinúa, de forma mal intencionada, que despenalizar el trabajo sexual es favorecer a las redes de trata, cuando ya está claro que prostitución y trata no son la misma cosa. Al respecto AI afirma: “Pedir la despenalización del trabajo sexual no significa eliminar las leyes que penalizan la explotación, la trata de personas o la violencia contra las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Estas leyes tienen que mantenerse y pueden y deben reforzarse. Significa eliminar las leyes y políticas que penalizan o sancionan el trabajo sexual, entre ellas figuran las leyes y reglamentos relativos a la venta, la compra o la organización de trabajo sexual, como ofrecer servicios sexuales, alquilar establecimientos, “regentar burdeles” y vivir de los beneficios de la “prostitución”.

Despenalizar el trabajo sexual, es decir, descriminalizarlo desde el punto de vista legal, implica para los trabajadores sexuales:

  • Tener acceso a la atención de la salud
  • Poder denunciar los delitos ante las autoridades
  • Poder organizarse y trabajar juntxs para mayor seguridad
  • Poder cotizar en el régimen de la seguridad social como trabajadores sexuales (no con profesiones encubiertas)
  • Desestigmatizar a su familia por “vivir de los beneficios” del trabajo sexual.

En este punto es clave mencionar la situación especial de los trabajadores sexuales inmigrantes que, además de padecer el estigma de cualquier trabajador sexual nativo, corre el riesgo permanente de ser deportado si no logra regularizar su situación como extranjero. Frente a esto, las y los trabajadores sexuales inmigrantes exigen una despenalización que contemple la regularización de aquellos que están en el territorio de manera irregular a través de su propio trabajo, es decir, que no se vean obligados a hacer contratos ficticios para obtener su residencia y su permiso para trabajar.

Vale la pena destacar que la posición de AI la comparten otras organizaciones que apoyan o piden la despenalización del trabajo sexual, entre las que figuran la Alianza Global contra la Trata de Mujeres, la Comisión Global sobre VIH y Derecho, Human Rights Watch, ONUSIDA, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud y la Organización Mundial de la Salud. Esto, sumado al reconocimiento del trabajado sexual por parte de sindicatos de todo el mundo y de la consideración de la lucha de las “putas feministas” como una lucha más por parte de muchos feminismos tanto del sur global como de facciones del feminismo occidental, son sin duda pasos muy importantes en la descriminalización del trabajo sexual y la reivindicación de los derechos de las trabajadoras de la amplia industria del sexo, que, después de siglos de ser las víctimas y de soportar que otros y otras hablen por ellas, han decidido no quedarse calladas nunca más. Como dice Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR):

“ La gran batalla que damos ahí es marcar la agenda, que nuestras voces sean escuchadas, interpelar al feminismo que no nos reconoce como un sujeto de derechos para que se comprenda que, más allá de que cada una pueda tener una posición sobre la prostitución, abolicionista o a favor del reconocimiento de derechos, lo importante es que el sujeto debe decidir por sí mismo. Creemos importante que, cuando se despliegan políticas punitivas o políticas públicas sobre un sector, sea ese sector el que tenga que decidir, no que otros hablen por él. Ese es el feminismo que nosotras defendemos, la principal ética feminista en torno a la autonomía de las mujeres.” 17

 

Notas:

1 Agustín, laura. La Industria del sexo, los migrantes y la familia europea. Cadernos Pagu (25), julho-dezembro de 2005. PP 107-128

 ídem

3 Convention for the Suppression of the Traffic in Persons and of the Exploitation of the Prostitution of Others. Disponible en:http://treaties.un.org/Pages/ViewDetails.aspx?src=IND&mtdsg_no=VII-11-a&chapter=7&clang=_en

4 Laura Agustín nos habla del origen de esta expresión: “La primera frase tiene su origen en un escándalo en el norte de Europa durante una larga migración de mujeres europeas hacia Argentina, un país receptor al que faltaban mujeres a fines del siglo XIX. Ya que no se quería creer que esas “blancas” pudieran elegir vender servicios sexuales, se creó un concepto conveniente. En: Agustín Laura, La industria del sexo, los migrantes y la familia europea. Cad. Pagu [online]. 2005, n.25, pp.107-128. http://dx.doi.org/10.1590/S0104-83332005000200005 .

5 AMMAR Córdoba y Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual. 40 años de lucha de lxs trabajadorxs sexuales!! Publicado el martes, 2 de junio de 2015. Disponible en: http://redreconocimientotrabajosexual.blogspot.com/2015/06/40-anos-de-lucha-de-lxs-trabajadorxs.html

6 ídem

7 Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA). Trabajo sexual y VIH/SIDA. Actualización técnica. Marzo de 2003. Disponible en: http://data.unaids.org/publications/irc-pub02/jc705-sexwork-tu_es.pdf

8 Nicolás Lazo, Gemma. La tergiversación del abolicionismo: de movimiento de mujeres liberador a defensor de un paternalismo victimizador de las trabajadoras sexuales. En: El trabajo por cuenta ajena y sus fronteras. Compilado por: Agusti Julia Jordi / Pular Beltran Nuria. Albacete, Editorial Bomarzo, 2009.

9 Ídem

10 López Riopedre, José. La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta. En: Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 24 · http://hdl.handle.net/10481/18099

11  Ídem.

12 Véase el caso en España de Amelia Tiganus, víctima de la trata de mujeres en Rumanía, que es usada por el abolicionismo en España como la muestra de que es imposible ejercer el trabajo sexual a menos de que haya coacción. El reconocerse como víctima le ha permitido a Tiganus ser bien vista en los círculos feministas y abolicionistas en España, aunque ella sepa que la trata que la red que la captó nada tiene que ver con el ejercicio libre de la prostitución.

13 Kulick. “Sex in the New Europe: The Criminalization of Clients and Swedish Fear of Penetration”. En: Anthropological Theory, 2003, Sage Publications, vol. 3 (2): 199-218.

14 López Riopedre, José. La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta. En: Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 24 · http://hdl.handle.net/10481/18099

15 Conglomerado de feministas, expertos, instituciones públicas y ongs que viven de “salvar” a las prostitutas de la trata, apoyándose en la idea de que la prostitución voluntaria es asimilable a la trata.

16 Amnistía Internacional. Política de Amnistía Internacional sobre los derechos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. 2015. Disponible en:http://www.amnesty.org/es/qa-policy-to-protect-the-human-rights-of-sex-workers/

17 Ter Garcia. Georgina Orellano: “Las trabajadoras sexuales en Argentina estamos integradas en una central obrera”. Publicado en El salto, edición online, 2017-11-12. Disponible en: http://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/georgina-orellana_trabajo_sexual_modelo_nueva_zelanda

Fuente: http://cubaposible.com/feminismos-y-prostitucion-entre-la-abolicion-la-regulacion-y-el-reconocimiento-de-derechos/

 

AUTORA: 

Sandra Milena Yáñez

Investigadora predoctoral en Derechos Humanos y Ciudadanía . Universidat de Barcelona. Activista migrante y antirracista.

El trabajo sexual, la falta de libertad laboral y la ley

 

Publicado el 13 de junio de 2018 por legalresearch

 

Por la Dra. Katie Cruz, Profesora de Derecho (Facultad de Derecho de la Universidad de Bristol).*

 

https://legalresearch.blogs.bris.ac.uk/2018/06/sex-work-labour-unfreedom-and-the-law/

 

 

 El 2 de junio, trabajadoras sexuales y activistas se reunieron en todo el mundo para celebrar la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales. El Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales es solo uno de los días del año dedicados a la lucha de las trabajadoras sexuales. Las activistas se reúnen también el 3 de marzo para conmemorar el Día Internacional de los Derechos de las Trabajadoras Sexuales y el 17 de diciembre para conmemorar el Día Internacional para Acabar con la Violencia contra las Trabajadoras Sexuales. Estas fechas ocurren debido a la violencia y a la exclusión, históricas y continuadas, contra las trabajadoras sexuales. Las trabajadoras sexuales están sujetas a formas de violencia interpersonal, de agentes de policía y de clientes, y a la violencia estructural de la justicia penal y las instituciones de inmigración. Son penalizadas y perjudicadas por las leyes y normativas antitrata con frecuencia punitivas, y están sujetas a mayores controles de inmigración, incluida la penalización del movimiento y del trabajo. El entorno hostil del gobierno conservador (del Reino Unido) ha creado capas adicionales de inseguridad institucionalizada para muchas trabajadoras sexuales migrantes, incluidas restricciones al acceso a la vivienda, la atención médica, la educación y los servicios bancarios.

En un artículo que escribí recientemente para Estudios Legales Feministas, defiendo una metodología feminista marxista que sea capaz de describir y oponerse a estas exclusiones y opresiones que se cruzan cuando se aplican a las trabajadoras sexuales inmigrantes en el Reino Unido. Sin embargo, este método se puede utilizar para comprender las condiciones de vida y de trabajo precarias de todas las trabajadoras (sexuales). En este post, hago algunas observaciones en relación con las trabajadoras sexuales ciudadanas en el Reino Unido y Jamaica, donde actualmente estoy realizando trabajo de campo con la Profesora Julia O’Connell Davidson y la Dra. Jacqueline Sánchez Taylor.

Mi punto de partida metodológico son las relaciones capitalistas de (re) producción porque creo que el problema que enfrentamos, como activistas y trabajadoras, son las relaciones explotadoras y alienantes que desarrollamos entre nosotros y la naturaleza cuando interactuamos para (re) producir las necesidades vitales. Nuestra labor, o actividad humana práctica —como el trabajo que hacemos por un salario, en el hogar y en la comunidad— está siendo aprovechada por el capitalismo; estamos siendo explotados, alienados y desposeídos y esto está sucediendo en y mediante el género, la “raza” y la ley.

Yo sostengo que las relaciones capitalistas de (re) producción existen en un continuo de falta de libertad. En un extremo del continuo está el trabajo ‘libre’; las comillas señalan que la libertad dentro del capitalismo no puede existir porque no podemos reproducir familias, comunidades y a nosotros mismos sin desposesión, explotación y alienación. El trabajo “libre”, entonces, se caracteriza por la limitación de la falta de libertad laboral. Existe donde el trabajo asalariado y no asalariado está integrado en un sistema de derechos y protecciones laborales y sociales, incluyendo un salario digno, libertad para cambiar de empleador y para impugnar condiciones, libertad de movimiento, acceso a vivienda asequible, educación, cuidado de niños y ancianos.

Para comprender cómo luchamos por la libertad, las feministas marxistas rechazamos cualquier enfoque que privilegie la “estructura” sobre la ” capacidad de decidir “, la “experiencia” o la “conciencia”. En otras palabras, debido a que nuestras relaciones laborales cotidianas son constitutivas de, y están constituidas por, relaciones capitalistas de (re) producción, es inmanentemente posible para nosotras disputar colectivamente estas mismas relaciones. Esto es particularmente importante en el contexto del trabajo sexual y los debates sobre el trabajo sexual o la “prostitución”. Las voces de las trabajadoras sexuales a menudo no se escuchan y los académicos tienden a centrarse demasiado en las limitaciones o en la elección en lugar de en la interacción dinámica entre la estructura y la capacidad de decidir.

Entonces, ¿qué nos dice esto sobre la expresión legal de las relaciones capitalistas y el trabajo sexual (migratorio)? Empezando con las trabajadoras sexuales inmigrantes en el Reino Unido, la ley de inmigración ha incorporado de forma represiva a estas trabajadoras. Participa en su “otredad” al asociar su trabajo con otros espacios geográficos. Las trabajadoras sexuales migrantes no llegan con una visa para trabajar en la industria del sexo; no están atadas a un empleador. Por el contrario, la exclusión diferenciada de las trabajadoras sexuales migrantes y la intensificación de la intervención policial a través de una combinación de leyes de inmigración, leyes contra la trata de personas y ausencia de protección laboral y social y derechos asocia a las trabajadoras sexuales migrantes con ‘otras’ jurisdicciones y espacios. Esta “alteridad” legal se ve reforzada por los discursos de los medios y los estereotipos prevalecientes de género, sexo y raza en el Reino Unido y en todo el mundo. El estado de “el otro” de las trabajadoras sexuales migrantes es entonces una justificación para su devaluación y abuso por parte del Estado, los empleadores, los intermediarios y los clientes.

Y las trabajadoras sexuales ciudadanas experimentan muchas de las mismas exclusiones legales en el Reino Unido. Por ejemplo, la legislación laboral raramente está directamente involucrada en la mercantilización de los servicios sexuales. Las trabajadoras sexuales ciudadanas que trabajan en entornos administrados (burdeles) experimentan la precariedad laboral; la relación de empleo dominante es el autoempleo falso, por lo que las trabajadoras no tienen certeza de empleo, tienen poco control sobre el proceso laboral, no hay protección regulatoria y, aunque los salarios pueden ser adecuados, no hay certeza de que no surgirá una relación de deuda entre la trabajadora y la gerencia. A menos que las trabajadoras sexuales se registren como trabajadores independientes, no podrán acceder a muchas protecciones de bienestar social que dependen de tener un empleo remunerado.

Como una forma de trabajo que a menudo se lleva a cabo en la esfera “privada” (los “muros gruesos” de la casa, el piso o el burdel), los empleadores, los clientes o el Estado no lo consideran un trabajo “real”. La relación entre el sexismo, el deseo de controlar la sexualidad femenina y la estigmatización de las trabajadoras sexuales también ayuda a explicar la penalización en curso y la renuencia a ver el trabajo sexual como una forma legítima de trabajo de servicio. Esta combinación de invisibilidad, devaluación, penalización y desautorización estatal se combinan para permitir que los gerentes y clientes practiquen altos niveles de explotación, control y abuso. Y a través de conversaciones y de un taller de colaboración con la Asociación de Trabajadores Sexuales de Jamaica, hemos aprendido que las trabajadoras sexuales de Jamaica también se convierten en criminales y ciudadanas de segunda clase en una serie de formas que no llegan a ocasionar un estatus ilegal.

Si existe trabajo “libre” donde todo el trabajo —pagado o no— está integrado en un sistema de protección y derechos laborales y sociales, debemos concluir que la gran mayoría de las trabajadoras sexuales (migrantes) globalmente pueblan el extremo de la falta de libertad. Al mismo tiempo, las feministas marxistas y de reproducción social enfatizan el hecho de que

“los intereses y las dinámicas relacionales pueden competir y lo hacen con el imperativo capitalista. Las luchas por el acceso al aborto, el cuidado de los niños, mejores salarios y agua potable saludable, por ejemplo, reconfiguran las relaciones entre las trabajadoras y el capital, y las de las propias trabajadoras. Si tiene éxito, destruyen las relaciones patriarcales y de otro tipo; si fallan, tienden a reforzar tales relaciones “. [1]

Las trabajadoras sexuales y activistas en el Reino Unido, Jamaica y el mundo entero están discutiendo y exigiendo ‘libertades’ laborales. Luchan por derechos laborales individuales y colectivos en combinación con la regulación de los intermediarios laborales, agencias y burdeles / clubes, la despenalización, el derecho a la asistencia social y la reestructuración radical de los controles fronterizos en reconocimiento de que estas ‘libertades’ transferirán una cantidad significativa de poder a las trabajadoras sexuales (migrantes). En palabras de una trabajadora sexual de Jamaica, es hora de dejar de “usar, abusar y rechazar a las trabajadoras sexuales”.

 

* Este artículo está basada en K Cruz, ‘Beyond Liberalism: Marxist Feminism, Migrant Sex Work, and Labour Unfreedom (2018) 26 (1) Estudios jurídicos feministas 65-92.

___________________________

[1] S Ferguson, ‘Interseccionalidad y Feminismos de Reproducción Social hacia una Ontología

Integrativa’ (2016) 24 (2). Materialismo histórico 38-60, 52.

 

 

 

Una fanática en el poder: Las 10 frases definitivas de Carmen Calvo contra la prostitución

 

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Javier Lizon Agencia EFE

 

  • La vicepresidenta compara el lenocinio con el asesinato y el narcotráfico y propone castigar a los clientes de una infamia “que protege el patriarcado”.

 

Por Claudia Marqués  @claudiamarlor

10 de julio de 2018

https://www.elespanol.com/espana/20180710/frases-carmen-calvo-prostitucion-junta-pago-prostibulo/321468249_0.html

 

La ministra de Igualdad y vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, es muy crítica con la prostitución, y ha manifestado que el objetivo del PSOE es “ilegalizarla”. Desde hace un mes, cuando Pedro Sánchez accedió a la Moncloa, Calvo ha insistido en ese discurso.

 

La vicepresidenta y ministra de Igualdad tiene frases muy duras contra la prostitución, actividad que llega a comparar con el asesinato o el narcotráfico. Hemos seleccionado 10. 

  1. “Los prostíbulos son Guantánamos de cercanía”.
  1. “La prostitución no es el oficio más antiguo del mundo, sino la esclavitud más antigua y grande de la historia”.
  1. “No me vale que me digan que existe desde el principio de los tiempos, porque lo mismo ocurre con el asesinato, y no por ello alguien pide que se deje de castigar”.
  1. “La prostitución es el tercer negocio ilegal del planeta. No le vamos a llamar profesión, como tampoco se lo llamamos al narcotráfico“.
  1. “Que cada hombre que diga que la prostitución es una profesión que hay que regular, que apunte a su hija a una academia”.
  1. “La prostitución es una gran esclavitud con cifras inaceptables en España”.
  1. “La prostitución no es una actividad digna ni una profesión”.
  1. “En nuestro cuerpo sigue habiendo una batalla campal que la consiente el patriarcado”.
  1. “Trabajo para que la prostitución desaparezca. Hay que penalizar, castigar yperseguir a los llamados clientes“.
  1. Banalizamos la sexualidad como si fuese ocioy no una energía preciosa de la que disponemos para relacionarnos, ser felices y reproducirnos”.

Carmen Calvo se enorgullece de que el PSOE es el “único partido abolicionista” en relación a la prostitución. En la jornada “La cultura de la igualdad” organizada en el Senado en mayo de este año, cuando todavía era secretaria de Igualdad del PSOE, dijo que era “muy importante” empezar a tomar decisiones “legales y contundentes” para castigar a los proxenetas y a los hombres que van a la prostitución.

Los socialistas madrileños, por ejemplo, propusieron hace dos meses una ordenanza contra la prostitución y la explotación sexual que preveía unas sanciones para los clientes que oscilaban entre los 500 y los 3.000 euros.

 

POR QUÉ #HolaPutero es BASURA | #HolaAbolicionista

 

Publicado el 24 dic. 2017

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Tráfico, trata y prostitución: definición de conceptos para la resolución de los problemas

 

  • La catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada, Estefanía Acién, Mabel Lozano y el jefe del Grupo I de la UCRIF participan en una mesa redonda sobre la trata sexual de mujeres
  • Acién argumenta que el abolicionismo corre el riesgo de invisibilizar a las víctimas de la trata

 

Por Néstor Cenizo

5 de julio de 2018

https://www.eldiario.es/UNIA/Trafico-prostitucion-definicion-conceptos-resolucion_6_789581065.html

 

La trata, el tráfico de mujeres, la explotación sexual y la prostitución son conceptos que tienden a utilizarse de forma imprecisa. La confusión dificulta la resolución del problema, según denunciaron este jueves   Marisa Maqueda y Estafanía Acién. Maqueda es catedrática de Derecho Penal en la Universidad de Granada y Acién es profesora de Antropología en la Universidad de Almería. Ambas participaron este jueves en una mesa redonda sobre la “trata sexual de mujeres”, dentro del curso de verano “Mujeres frente a la violencia”, organizado por la   Universidad Internacional de Andalucía y la Fundación General de la Universidad de Málaga, y dirigido por   Flor de Torres  (fiscal delegada contra la violencia de género) y   Patricia Laurenzo, catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Málaga.

Maqueda, una de las grandes especialistas españolas en la materia, realizó una exposición muy crítica, porque cree que no se aborda un verdadero debate, en perjuicio de las víctimas. “Las mujeres tratadas y las explotadas tienen en común el contexto coercitivo, pero hay que ser exacto:   no es lo mismo trata que prostitución. Cuando vemos cómo las captan, con engaño o con violencia, eso es trata y ahí termina. Luego   podemos llamarle explotación, esclavitud, servidumbre, o prostitución forzada… Sin embargo, a todo se le llama trata”.

Penas diferentes

Para la catedrática, esto   “invisibiliza y devalúa su condición de víctimas”. Por ejemplo, tiende a olvidarse que la pena por explotación sexual es inferior (de dos a cinco años de prisión) que para la propia trata (de cinco a ocho años). “¿Cómo es posible que se valore más el proceso que conduce a la esclavización que la propia esclavización? No tiene sentido”. Se produce según Maqueda un “olvido” de las mujeres explotadas que no han sido tratadas. “Personas que han venido voluntariamente, y que luego aquí han sido coaccionadas o amenazadas por las redes. ¿Dónde están sus voces?”.

Las víctimas no se identifican correctamente y el problema queda sin resolver porque no se define. “En abril de 2017 El País en un reportaje daba la cifra de 5.660 víctimas de trata, mientras que eran 193 en 2016. El Ministerio de Sanidad dio la cifra de 13.000 en el periodo 2012-2016, mientras que la Fiscalía de Extranjería hablaba de 1.400. ¿Qué pasa? Que no sabemos de qué víctimas estamos hablando”.

En opinión de Maqueda, esto ocurre en un contexto en el que tampoco se diferencia entre la prostitución forzada (o explotación sexual) y la prostitución voluntaria. “Toda prostitución es una forma de violencia y un obstáculo para la igualdad de género. ¿Pero   es igual la violencia física que sufren las mujeres explotadas y la simbólica que sufren las mujeres que ejercen libremente la prostitución?“, se preguntó la catedrática.

“En el ámbito académico hay un debate muy interesante sobre cómo dar reconocimiento a estas víctimas de explotación forzada, quizá creando un delito de esclavitud o servidumbre. Y el movimiento abolicionista se está perdiendo ese debate”, lamentó Maqueda, que cree que   con el “empecinamiento” por la prostitución voluntaria “se deja indefensa a la víctima de trata”, que no sólo viene a España a ejercer el sexo forzado, sino también en tareas agrícolas en condiciones precarias o ilegales o a talleres clandestinos.

La catedrática resaltó que cuando son detectadas como víctimas de trata “no son tratadas como sujetos de derecho, sino como instrumentos de investigación”. La mayoría no consiguen el permiso de residencia, pese a tener derecho a ello como víctimas, porque no son identificadas o detectadas por la brigada de extranjería, o porque cuando son identificadas y llamadas a declarar ya han sido expulsadas, o porque tienen miedo a declarar y no confían en “nuestros premios ficticios”.

Según la memoria de la Fiscalía, citada por Maqueda, sólo 24 de las 129 mujeres identificadas se atrevieron a colaborar. “¿Dónde están las voces del feminismo abolicionista? Yo no oigo esas voces, porque cuando habla de trata el feminismo abolicionista sigue hablando de prostitución no forzada y en acabar con ella. Quizá   no son conscientes de que con ello están creando más víctimas”, concluyó la catedrática.

“A nadie se le ocurre decir que hay trata porque hay que recoger la fresa”

En una línea muy parecida, Estefanía Acién repasó su tesis doctoral, para la que realizó un trabajo de campo en el que entrevistó durante doce años a 807 trabajadoras nigerianas en la comarca del Poniente Almeriense.   “El concepto de trata tal y como se maneja mayoritariamente el movimiento feminista no me servía para entender la realidad de estas mujeres”, aseguró. Según Acién, la teoría dominante “no resiste el estigma de la prostitución”, que a su vez tiende a explicarse sobre dos conceptos: el patriarcado y la trata.

Este enfoque, llamado “trafiquista”, es dominante en la literatura académica pero en opinión de la profesora descuida la distinción entre prostitución, tráfico de migrantes y trata de personas. “Realiza una representación ideológica, y habla de todas las mujeres migrantes que trabajan en la prostitución en destino como víctimas del crimen organizado”, de modo que se afirma que combatir la prostitución es combatir el tráfico o la trata. “Se llega a decir que la trata existe porque existe la prostitución, pero a nadie se le ocurre decir que hay trata porque hay que recoger la fresa”. Acién y Maqueda coincidieron en que el discurso dominante provoca que la lucha contra la trata acabe convertida en mero instrumento de restricción de la inmigración ilegal.

De su experiencia, Acién concluyó que   “el relato de la trata es inexacto, injusto y pobre”. “Las mujeres que entrevisté querían dejar la prostitución, pero nadie les iba a dar trabajo siendo mujeres, negras y sin papeles. No tenían hueco en esta sociedad. El delito de la trata no explica esto”, relató la profesora, que destacó que la explotación sexual directa no era frecuente, y ni siquiera era necesaria: “Lo que tienen que hacer es pagar la deuda por el viaje, y esa es la amenaza”.

La mesa redonda, que se desarrolló justo después de la proyección del documental “Chicas nuevas, 24 horas”, de   Mabel Lozano, contó también con la participación de   Pablo Fernández, Jefe del Grupo I de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, que se mostró satisfecho por la colaboración que ahora existe con las ONG y los avances desde que, hace pocos años, ni siquiera se tipificaba la trata como delito.   “Los compañeros cuentan que no sabían dónde llevar a las chicas. Tenían que pagarles ellos una habitación o dejarlas en dependencias policiales. El panorama ha cambiado. Hay más y mejores herramientas para luchar contra la trata. Y también más experiencia”.

Según explicó el policía, el principal objetivo es el rescate de la víctima, que en muchas ocasiones no es ni siquiera consciente de su situación. “Esto a veces es complicado porque hay que valorar intervención inmediata (y salvar la víctima) o estudiar un poco más la situación, tener indicios y desarticular a los tratantes”, comentó.

Luego explicó el caso de una mujer sudamericana, madre de dos hijos y víctima de un engaño por el que creía deber 70.000 euros a una organización criminal que ni siquiera existía. Abandonó a su familia y durante dos años fue explotada sexualmente. Costó mucho hacerle ver que había sido víctima de un engaño. “Nos produce mucho placer cuando nos llama para tomar un café y nos comenta cómo ha ido recuperando el contacto con sus hijos y su familia”.

El contrapunto a esta historia lo puso Estefanía Acién, que recuperó el caso de una mujer nigeriana que, habiendo denunciado ser víctima de trata, tardó dos años en recibir los papeles. Después de denunciar no recibió ninguna ayuda ni protección, así que durante dos años tuvo que seguir ejerciendo la prostitución.

 

María José Barrera (ex prostituta y presidenta de AMEP): «Quemar toda la ropa que usaba fue una liberación»

 

Por P. MACÍAS

15 de febrero de 2004

https://bit.ly/2MP7nY0

 

María José Barrera era prostituta. Hace un año su vida dio un cambio «de 180 grados», como ella misma dice, y ahora preside la Asociación de Mujeres que Ejercen la Prostitución de Sevilla (AMEP). Con la huella de lo vivido en sus 29 años de edad en la mirada, trabaja ahora, con el entusiasmo que le otorga la certeza de saber que es posible el cambio, para ofrecer una alternativa de vida más justa y digna a las que han sido sus compañeras.

«Muy pocos conocen la dureza de las vidas de las personas que nos adentramos en ese mundo», asevera María José, quien se queja de que la imagen que la sociedad en general tiene de la prostitución está vinculada a los estereotipados conceptos de drogadicción y SIDA y la realidad es «mucho más compleja».

Cuando María José se decidió a dejar la prostitución no estaba convencida de que fuera para siempre. «Nunca sabes si será definitivo o no porque son muchas las dificultades a las que te enfrentas para encontrar trabajo, sin estudios y con poca experiencia laboral».

El entusiasmo con el que María José habla del trabajo que desempeña en la asociación que preside se torna en rabia cuando comienza a explicar como funcionan los clubes y casas de citas que conoció. «Es explotación, así de claro y de sencillo. Comienzas a trabajar a las 5 de la tarde y terminas a las 5 de la madrugada. Pagas tu hospedaje y regresas a tu habitación para limpiarla y no dejar rastro que te recuerde lo que acabas de hacer en ella. Duermes hasta las 3 tres de la tarde. Es muy importante descansar bien, si no, no aguantas toda la noche. No almuerzas. Prefieres dormir que comer. Y cuando despiertas, vuelta a empezar. No tienes vida», sentencia. Las casas de citas no son mejores. «Trabajas desde las 11 hasta las 9 de la noche. Pagas por estar allí, pero la comida corre de tu cuenta, aunque está prohibido cocinar, para que la casa no huela a comida. Sólo tienes para ti dos horas al día. Lo peor es que son turnos de trabajo de 21 días en cada casa, justamente para evitar que estés trabajando durante la menstruación y hagas perder dinero a la dueña de la casa».

Hace un año, María José cumplió con el último ritual con el que se despidió definitivamente de tan sórdido mundo. Aprovechando las hogueras de las fiestas de San Juan quemó toda la ropa que utilzaba en los clubes y casas de citas. «Es toda una liberación», afirma. Ahora María José intenta desde su asociación apoyar al colectivo del que una vez formó parte, «menospreciado y humillado constantemente», para que su extraordinaria y esperanzadora historia no sea una excepción.

 

María Galindo: “Indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas”

María Galindo

 

La Cofundadora del colectivo Mujeres Creando habla con ‘Público’ sobre el panorama actual del feminismo.

 

  • Planteamos la prostitución autogestionaria y tenemos una organización de locales de prostitución autogestionarios.
  • Lo que queremos es prostitución sin proxenetas y sin alcohol. Estamos en esto años.

 

Por CRISTINA FALLARÁS 

1 de julio de 2018 

http://www.publico.es/sociedad/maria-galindo-maria-galindo-indias-putas-lesbianas-juntas-revueltas-hermanadas.html

 

 Defiende la política concreta y la primera persona. Pelea el feminismo desde medios de comunicación paralelos, actuaciones “legales” paralelas, y una acción directa basada en la despatriarcalización y la descolonialización. Cofundadora del colectivo Mujeres Creando, defiende los “prostíbulos autogestionados”.

Tal y como la describió su colega Gabriela Wiener, María Galindo (La Paz, Bolivia, 1964) es “lesbiana, gorda, terca, escritora, agitadora, terror de la policía y grafitera”. La desobediencia es su sello, pero también la penetración de cualquier espacio de difusión. La voz. Galindo se ha convertido, desde la Bolivia de Evo Morales, en un referente en la lucha feminista y el azote contra la simplificación.

¿Qué es el “feminismo urgente”? 

Es el feminismo que debe responder con prácticas políticas concretas y no tan sólo con ideología a la gran efervescencia social que tiene escala internacional, regional o planetaria de explosión de formas de rebeldía personales y colectivas de las mujeres. Solo un feminismo urgente nos permitirá profundizar los horizontes de esta movilización que acaba de empezar.

¿Es posible cambiar la Justicia patriarcal? ¿Cómo?

Nosotras no hemos delegado en la justicia patriarcal, que no se puede cambiar la gestión de la defensa de las mujeres ante la violencia machista. Esta gestión es urgente, pues la violencia machista es hoy uno de los problemas centrales de las mujeres de una multiplicidad muy importante de sectores. Nosotras hacemos lo que yo llamo política concreta, que consiste en ofrecer un servicio feminista con una visión diferente.

¿Cuál?

No es asesoría jurídica. Es creer en la palabra de las mujeres, no despojar a la “victima” de dignidad, tomar en serio lo que ella quiere, no partir del hecho de que porque sufre violencia machista no sabe lo que quiere, y responder a eso que ella está buscando. Nosotras celebramos audiencias paralelas que luego las hacemos homologar por el sistema jurídico formal. Eso es muy interesante porque, en nuestro contexto, si bien lo hacemos en el marco de la ley que existe, las audiencias tienen un carácter diferente. Lo podemos hacer únicamente cuando ambas partes están de acuerdo en celebrar en nuestra casa las audiencias, y eso es muy interesante. Pero también trabajamos en un terreno que lo hemos llamado “alegal”, que es un espacio entre la legalidad y la ilegalidad.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, tenemos en la radio una lista de padres irresponsables que sale 5 veces al día, que es gratuita y ofrece el nombre, la edad y el lugar de trabajo del padre que no paga la asistencia familiar. Eso es muy útil, pero no es legal, puesto que, si bien los casos están previamente verificados, en la mayoría no hay una sentencia. La justicia patriarcal protege al victimador impidiéndote dar su nombre, por ejemplo. Nosotras lo hacemos y funciona. El año pasado hemos sacado el nombre del ministro de Economía plural Eugenio Rojas, ex presidente del Senado del Gobierno de Evo Morales, por no pagar una deuda de dos años de la asistencia familiar de un hijo suyo.

¿Y qué sucedió?

El ministro pudo habernos hecho un juicio por revelar el caso, pero en 10 días estaba pagando lo que en dos años no había pagado.

¿Con qué otras armas cuenta el feminismo para enfrentarse y la acción legal contra las mujeres?

La creatividad, la osadía, la acción directa, la solidaridad entre mujeres. Y la fuerza del hecho de que la historia está de nuestro lado.

¿Qué es la genealogía del feminismo? 

Esto es algo muy importante. Aún ahora se reconoce en la mayor parte de los textos una única genealogía eurocéntrica del feminismo, la idea del feminismo como atado al proceso de construcción del estado moderno europeo. Yo parto del hecho de que el feminismo es un fenómeno hoy planetario. Está presente en todas las sociedades, culturas y sistemas políticos y económicos, pero no como una expansión “tardía” del feminismo de matriz europea en los países mal llamados periféricos. Se piensa que la función de estos otros feminismos es simplemente repetir las consignas y el ideario europeo, esa es la visión eurocéntrica.

¿Qué significa la pluralidad de genealogías que usted reclama?

Planteo que el feminismo puede ser comprendido como un fenómeno planetario si partimos de entender una multiplicidad de genealogías de muchos feminismos paralelos que tienen su propia historia. Es una historia fundada en las rebeliones de las mujeres de todas partes del mundo, rebeliones que además tienen un carácter paralelo y simultáneo. No es, como muchas veces he escuchado por estas tierras, decir: “Ah, es que nosotras estábamos en eso en los ochenta o cosas así”. Las luchas antiesclavistas, anticoloniales o antirracistas han sido y son luchas en las que encuentras esas otras genealogías de las que hablo. 

¿La lucha feminista está indefectiblemente ligada a la lucha contra la discriminación racial? 

Creo que de antemano no se puede cometer el error de cerrarle la puerta del feminismo a nadie. Eso es autoritario y yo no estoy de acuerdo. Tampoco me gusta la idea de la mistificación de ningún sujeto, mistificar al indígena por el hecho de serlo o a las mujeres ha llevado a construir guetos y, peor aún, fundamentalismos. Lo que no se puede hacer es desconectar racismo de clasismo, o clasismo de sexismo, o colonialismo de machismo. Hay que construir luchas que nos exijan y al mismo tiempo nos permitan hacer esas conexiones fundamentales. Si no, nuestras luchas no serán transformadoras y serán muy fácilmente funcionalizadas. En ese contexto, no puede haber una lucha feminista que no sea al mismo tiempo, y con la misma profundidad, antirracista y anticolonial.

“Conexiones fundamentales”, dice

No se trata de lograr enunciar correctamente una frase, sino de articular experiencias políticas donde construyamos realmente alianzas complejas, donde confluyamos unas y otres. Tampoco los espacios de personas denominadas “racializadas” pueden ser homogéneos en edad, oficio, ingresos económicos etc. Volveríamos a caer exactamente en lo mismo, volveríamos a uniformizar, simplificar y homogenizar.

Nosotras trabajamos esta cuestión bajo el concepto de alianzas insólitas que se resume en una metáfora: “indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas”. No se trata de que los grupos de mujeres blancas de clase media tengan su subgrupo de migrantes para lavarse la cara y sentirse muy abiertas a la diversidad porque les “ceden” un espacio en su sede una vez a la semana. No se trata de eso.

¿Conoce usted a alguna mujer que no haya sido agredida?

No

¿Qué dolor combatimos y cuál aceptamos?

No deberíamos aceptar ninguno, pero debemos salir del lugar de víctimas. Eso es simplemente urgente, y esa es nuestra responsabilidad.

El relato del dolor infligido a las mujeres, ¿es un camino sanador?

Puede ser catártico, puede derivar en un acto muy repetitivo y puede caerse en la idea de que el testimonio de dolor es lo que te construye como sujeto y eso a mí me parece muy peligroso.

¿Es lo que se llama victimización?

La victimización es un arma del victimador. Una mujer en Bolivia no es asesinada una vez, sino tres veces: la primera vez por su asesino, la segunda vez en el relato victimista de los medios de comunicación y la tercera vez, ante jueces policías y fiscales. Lo mismo pasa con la violación o el acoso sexual.

¿Hasta qué punto ayuda lo testimonial para crear mecanismos de identificación? 

Nosotras trabajamos sobre el concepto de “la palabra en primera persona”, el “yo hablo por mí misma, tengo voz”, que es muy diferente que el testimonio. Yo entiendo el testimonio como un guión invisible preescrito por los medios de comunicación, por la institucionalidad social, al que yo me adscribo inconscientemente y que repito. Ese testimonio es nefasto y destructivo, y además enmudece. La palabra en primera persona potencia y conecta, emociona y es lo mas agitador que una pueda escuchar.

Usted participa en el uso de los medios de comunicación de manera transformadora ¿Se trata de cambios en el lenguaje o en la idea de propiedad relacionada con la comunicación?

Definitivamente, la propiedad sobre los medios es el contenido del medio, así que por ahí no hay donde perderse. Nosotras tenemos una radio desde hace 10 años, tenemos una programación de 12 horas diarias y una producción de programas con cerca de 40 personas. Hemos llegado inclusive a tener un programa producido por personas con autismo. Todo está construido sobre el principio de la palabra en primera persona. Es la única radio feminista del país y probablemente es tan original que resulta única a escala regional.

¿Medios de comunicación alternativos?

Los medios de comunicación son definitivamente en su mayor parte extensiones de ramas de poder. Viven no de lo que revelan sino de lo que ocultan. Pero son un mundo muy complejo y en ese contexto nosotras hemos decidido fundar una radio, pero también vamos a todos los medios de comunicación que nos convoquen, desde los programas de cocina y cotilleo, como le llaman ustedes, hasta los más serios. Yo soy columnista en un periódico tradicional boliviano. Creo que hay que tomar todas las palestras. Hemos tomado también palestras como Facebook Youtube, aunque no estamos de acuerdo con sus imposiciones.

María Galindo

¿Por qué no están de acuerdo?

Se han convertido en transmisoras de formas de violencia machista, racista y fascista. Pero creo que el mayor riesgo es callarse, y nosotras necesitamos hablar tanto como respirar.

El feminismo debe ser antiimperialista, y entiendo que anticapitalista. Sin embargo, ¿no nace en el seno del capital? Si es así ¿cómo desligarse?

El único sentido transformador de un feminismo es si se lo vive y construye como propuesta antisistema. Si no, es inservible. Hay que ser capaces de construir propuestas desde una visión anticapitalista y antineoliberal. Nosotras, en ese contexto, nos venimos dedicando a la lucha contra la usura bancaria a través del microcrédito para las mujeres como parte de lo que llamamos política concreta. Apoyamos las pocas fábricas recuperadas por las trabajadoras que hay en nuestro país, planteamos la prostitución autogestionaria y tenemos una organización de locales de prostitución autogestionarios. En Bolivia, el 70 por ciento de la economía es la llamada “informal”. Se trata de redes gigantes de subsistencia donde las mujeres somos las protagonistas, nosotras trabajamos con y desde esas amplias redes que son redes populares.

Vivimos las fiestas del Orgullo: ¿hasta qué punto representan una gran feria de consumo?

Definitivamente, sí lo es. Yo creo que hay que celebrar la extinción política del 28J, inventar nuevas utopías y abrir otros nuevos espacios. ¡Esto se acabó!

Habla de burdeles autogestionados ¿Puede explicarlo un poco más? 

Voy al detalle. Se trata de prostitución sin proxenetas. Nosotras trabajamos con y desde cumpas en prostitución hace mas de 15 años, y hemos llegado juntas a la propuesta de locales de prostitución sin proxenetas. Tenemos una organización de la que ellas no son las representantes públicas porque quieren y han decidido mantener su clandestinidad, por eso Mujeres Creando es la cara pública de esa organización. Son mujeres que han decidido ejercer prostitución diurna, llaman a sus locales oficinas, trabajan a puerta cerrada y se han organizado bajo premisas muy concretas: cero menores, siempre condón, cero alcohol o drogas, trabajo diurno y con elección de horarios. Son locales pequeñísimos, muy precarios, donde ellas misma se organizan para sus gastos. Hemos sufrido largamente intervenciones policiales abusivas de estos locales, porque la persecución más intensa que vivimos es la de los proxenetas que en redes de corrupción nos mandan a la policía encima. Ahora estamos a punto de lograr las licencias de funcionamiento para nuestros locales, de manera que la policía no tenga el pretexto de que somos locales clandestinos. Lo que queremos es prostitución sin proxenetas y sin alcohol. Estamos en esto años.

Todos los relatos que históricamente nos han construido y nos construyen son patriarcales, machistas, violentos y culpabilizadores ¿En qué medida los somos también nosotras?

Lo somos. Somos el producto de la sociedad en la que vivimos, no somos una isla y estamos llenas de contradicciones. Por eso me parece importante entender los espacios de practicas políticas como espacios cotidianos que involucren no únicamente reuniones, sino gestión colectiva y comunitaria de todo. Nosotras gestionamos dos casas. El trabajo manual, el trabajo intelectual y el trabajo creativo son para nosotras tres partes de una misma unidad y son tres partes de nuestras prácticas políticas. Al mismo tiempo gestionamos colectivamente nuestros problemas de salud o vivienda. Me parece importante no tener solo reuniones, sino conocernos realmente y construir un tejido sólido de solidaridad y afecto. Y me parece que ayuda muchísimo a discutir permanentemente estos problemas como parte de nuestra propia política.

Últimamente, en España, el feminismo está más ligado que nunca a la lucha contra la violencia no en términos abstractos o simbólicos, sino tan evidentes como la violación, la agresión sexual, el dolor físico…

Hay que recuperar los espacios de gestión de la lucha contra la violencia machista. Yo personalmente creo que es un error que los movimientos hayan abandonado esa gestión y deleguen en la policía y el estado patriarcal esos servicios y que nuestra lucha consista o tenga el único limite de la manifestación de una gran frustración frente a un poder judicial patriarcal. Hay que disputarle al estado la gestión de esos servicios porque la plata que usan es nuestra y los servicios contra las violencias machistas deben ser feministas. Y debemos ser las mujeres que generemos nuestras metodologías de trabajo.