Yvette Luhrs: «Me gusta usar mi cuerpo para ganar dinero»

Una prostituta quiere llevar al Parlamento el pulso con el Gobierno por las limitaciones al ejercicio de la prostitución en la pandemia y se presenta a las elecciones en los Países Bajos

 

Por Enrique Serbeto

17 de marzo de 2021

https://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:KHLwUIshPAIJ:https://www.abc.es/sociedad/abci-yvette-luhrs-gusta-usar-cuerpo-para-ganar-dinero-202103170017_noticia.html+&cd=14&hl=es&ct=clnk&gl=es

 

 

A los holandeses se les puede reprochar muchas cosas además de su muy merecida fama de tacaños, pero no la timidez ni el pudor a la hora de exponer a plena luz del día cualquier asunto, cuanto más escandaloso, mejor. En estos tiempos, que una mujer de 36 años se presente a las elecciones legislativas con un currículum en el que se dice que le encanta el sexo y más aún vivir de ello ha escandalizado más a los demás europeos que a los propios holandeses. Esto es lo que hace Yvette Luhrs, que representa a un partido llamado BIJ1que aparece en las encuestas con el 1% de las posibilidades de voto, pero que gana páginas en los periódicos de todo el mundo como una defensora de la prostitución que quiere llegar al Parlamento para sentar un precedente.

Esta es la manera con la que se ha hecho famosa una muchacha que ha pasado por la Universidad, pero que prefiere ganarse la vida con el sexo y a partir de ahora, si se cumplen sus planes, también con la política.

Forma parte de la plataforma Sex Work Expertise, que promueve el ejercicio de la prostitución en los locales de la zona roja de Amsterdam que fueron adquiridos por fondos de inversión para facilitar el ejercicio autónomo de este negocio. Antes de dar el salto a la política había logrado gran notoriedad luchando contra las limitaciones impuestas para el control de la pandemia a este negocio. El Gobierno de Mark Rutte colocó a la prostitución primero entre las «actividades prohibidas porque «requieren un intenso esfuerzo físico» como los gimnasios. Después de la primera ola de contagios logró que considerasen al sexo de pago como «profesiones de contacto» como las peluquerías, pero cuando empezaron a levantarse las restricciones, el negocio de la prostitución siguió clausurado debido al «carácter específico» de esta actividad. Yvette Luhrs, respondió con una campaña basada en que «no hay ninguna investigación que yo sepa que las trabajadoras sexuales y sus clientes tengan más probabilidades de infectarse que los alumnos de las autoescuelas o los masajes terapéuticos».

Lurs ha promovido un estricto protocolo de seguridad para los clientes. Además de las mascarillas y el cambio de ropa de cama después de cada usuario, también asegura que el cliente y la trabajadora sexual tienen que evitar la zona de respiración del otro ajustando las actividades en consecuencia, es decir que no se utilizará la posición del misionero. El Gobierno no atiende a sus razones, así que su mejor opción ha sido la de presentarse a las elecciones.

Luhrs cuenta que todo empezó cuando era pequeña y en su casa apareció un libro sueco sobre sexualidad. Sus padres eran también muy abiertos a la hora de hablar del tema y ella empezó a interesarse muy pronto por el sexo. Fue a la Universidad, pero ahora confiesa que a pesar de tener competencias para pagar sus facturas de muchas otras formas «me gusta el hecho de poder usar mis conocimientos intelectuales y mi cuerpo para ganar dinero». Durante mucho tiempo hizo lo que llama «pornografía feminista» pero seguramente era más rentable la vitrina del barrio rojo. Si sale elegida podrá comparar con el sueldo de diputada.

 

El desafío de Yvette Luhrs, la prostituta “por amor a la sexualidad” que quiere ser diputada en Holanda

Se presenta por el partido BIJ1 que podría entrar en el Parlamento holandés en las elecciones del próximo 17 de marzo, según las encuesntas. Luhrs promueve la “descriminalización y no la legalización” de la prostitución.

“Para ella, la prostitución es ‘una manera de vivir, de obtener dinero, de llevar un plato de comida a la mesa, de sobrevivir, y si estás contra eso, eres antifeminista’”

 

MagasIN | Agencias

12 de marzo de 2021

https://www.elespanol.com/mujer/actualidad/20210312/desafio-yvette-luhrs-prostituta-sexualidad-diputada-holanda/565444183_0.html

 

Yvette Luhrs, la prostituta que ser presenta a las elecciones en Holanda. Twitter

 

“Habrá quién se extrañe de que una prostituta se postule a diputada”, dice a la neerlandesa Yvette Luhrs, de 36 años, que dice que se prostituye por amor a “la sexualidad” y se presenta a las elecciones en Países Bajos en busca de un escaño desde el que defender los derechos de las “trabajadoras sexuales”.

“Tengo muchas opciones para ganarme la vida, pero me gusta el hecho de poder usar mis conocimientos intelectuales y mi cuerpo para ganar dinero“, sentencia, después de relatar su paso por la Universidad de Ámsterdam para especializarse en “estudios de medios y pornográficos”, atraída por su interés en “la sexualidad” como tema.

Empezó siendo actriz porno y después probó espectáculos de webcam en internet, hasta que el año pasado pasó a la prostitución en el Barrio Rojo, ejerciendo en clubes, en los ventanales y como “escort”, “viendo diferentes trabajos en la industria” sexual y dándose cuenta de que el distrito de Ámsterdam ofrece “un lugar seguro para trabajar de forma independiente y con cohesión social”.

En una entrevista con Efe en su casa de un pueblo del municipio de Ámsterdam, consideró “muy poco feminista decirles a las mujeres que no están en su sano juicio porque deciden ciertas cosas”, como ejercer la prostitución, una idea que quiere defender desde el Parlamento de La Haya si sale elegida en las elecciones que celebra Países Bajos el próximo 17 de marzo, de las que también saldrá la nueva composición del gobierno.

Su decisión de dar el paso a la política empezó con la pandemia, después de que se prohibiera ejercer la prostitución, al ser considerada una “profesión de contacto” arriesgada para los contagios con el coronavirus, pero al mismo tiempo, las “trabajadoras sexuales” tampoco tenían acceso a ayudas del Gobierno al no ser autónomas, ni tener contrato.

“El trabajo sexual está en medio de las dos opciones, y por eso nuestro gobierno decidió que no iba a dar ninguna ayuda financiera, lo cual es extraño porque las trabajadoras sexuales pagan sus impuestos y la seguridad social. Mi comunidad ha sufrido”, asegura, sobre todos sus “compañeros”, incluidas personas LGTBI que se dedican a la prostitución.

Todos ellos organizaron durante el último año protestas y escribieron cartas al Ejecutivo de La Haya, solicitando que se les permita volver a ejercer o se les incluya en los esquemas de ayudas sociales, pero no han recibido “ninguna respuesta, ni hubo ningún cambio”.

Esto llevó a esta neerlandesa a sumarse a BIJ1, que podría irrumpir por primera vez en el Parlamento neerlandés, según las encuestas, siendo el “primer partido “de Europa fundado por una mujer negra”, la presentadora Sylvana Simons, para luchar contra el racismo y la discriminación, y ahora también “combatir los estigmas que rodean” la prostitución y “luchar por los derechos de las trabajadoras sexuales” en Países Bajos.

“Da igual lo que hagas como ciudadano, las grandes decisiones se toman en La Haya y ahí es donde tenemos que estar”, subrayó Luhrs, que lamentó que, durante las últimas dos décadas, las prostitutas neerlandesas han perdido “más de la mitad de su espacio legal de trabajo” debido a la reducción de licencias a los burdeles y clubes.

Reconoce que “el trabajo sexual es un tema un poco difícil para la gente, también para los municipios, por lo que hay muchas reglas falsas, como si se puede o no trabajar desde casa, se debe o no tener una licencia, se puede o no obtener una (…) lo que hace difícil a las trabajadoras sexuales ser sus propias empleadoras” y que acaben dependiendo de los burdeles.

BIJ1 defiende la despenalización del trabajo sexual, sentar a la mesa a las trabajadoras sexuales a la hora de debatir una nueva ley, y darles la posibilidad de trabajar de forma independiente”, subraya.

Para ella, la prostitución es “una manera de vivir, de obtener dinero, de llevar un plato de comida a la mesa, de sobrevivir, y si estás contra eso, eres antifeminista”, asegura, añadiendo que “vivimos en una sociedad capitalista y eso hace daño a mucha gente”, refiriéndose a abusos laborales que ocurren en otras profesiones.

“Es una de las vías que la gente tiene para sobrevivir y no puedes decir que el trabajo sexual está mal solo por estar hablando desde un punto de vista feminista. Creo que está mal que la gente tenga pocas oportunidades laborales, que viva en la pobreza porque sus gobiernos no los cuidan por igual, que haya gente haciendo su trabajo bajo el abuso de sus jefes o clientes. El trabajo sexual, como trabajo, es solo un empleo más”, considera.

Promueve la “descriminalización y no la legalización” porque normaliza la prostitución y permite a quienes la ejerzan “ir, de forma abierta y libre, a la policía cuando algo va mal, o al médico cuando necesiten cuidados”, aunque reconoce que no hay ninguna política legal que se ha demostrado eficaz en la prevención de la trata, pero “luchar contra el estigma ayuda”.

 

La prostitución exige en La Haya poder retomar su actividad en la pandemia

El espectáculo acabó por acaparar toda la atención. Algunos entraron en el habitáculo móvil que estas mujeres habían construido para el “peep show”: pagaron por un momento de intimidad.

 

Por Imane Rachidi

2 de marzo de 2021

https://www.heraldo.es/noticias/internacional/2021/03/02/la-prostitucion-exige-en-la-haya-poder-retomar-su-actividad-en-la-pandemia-1474935.html

 

Sex workers campaign to return to work SEM VAN DER WAL

 

Las trabajadoras sexuales, como piden ser calificadas, se movilizaron este martes en Países Bajos para exigir que se les permita volver a ejercer al igual que el resto de profesiones de contacto, como las peluqueras o masajistas. Recordaron “saber protegerse” contra los virus y denunciaron las dificultades financieras que afrontan por la pandemia.

La convocatoria amenazaba al Gobierno en funciones con un “peep show”, un espectáculo erótico en directo que se sigue a través de un escaparate, en el centro de La Haya, la capital política de Países Bajos. El surrealismo de que algo así pudiera celebrarse delante del Parlamento neerlandés, en plenas restricciones por la pandemia, condujo a muchos curiosos a comprobar si realmente iba a tener lugar: lo tuvo y con vigilancia policial.

El espectáculo acabó por acaparar toda la atención, haciendo que muchos se olvidaran del distanciamiento social, aunque los agentes optaron por no intervenir. Algunos entraron en el habitáculo móvil que estas mujeres habían construido para el “peep show”: pagaron por un momento de intimidad, o para hacerse una foto con alguna de ellas, con música “reggaetón” de fondo.

Sex workers campaign to return to work SEM VAN DER WAL

Decenas de mujeres y hombres acudieron a una plaza junto al Congreso neerlandés, con paraguas rojos y carteles variopintos, para hacer un llamamiento a las autoridades de que la prostitución es como la mayoría de las profesiones de contacto que pueden reabrir a partir de mañana: peluqueras, masajistas o instructores de conducción.

CARÁCTER ESPECIAL DE LA PROFESIÓN

En respuesta a qué diferencia estas profesiones del “trabajo sexual”, el primer ministro, Mark Rutte, tuvo una respuesta clara: “Con las trabajadoras sexuales hay que lidiar con el carácter especial de esa profesión, que están muy cerca uno del otro, con todos los riesgos de transmisión del virus”, subrayó. Pero ellas no están de acuerdo con esa visión.

Sex workers campaign to return to work SEM VAN DER WAL

“No soy muy de hacer videoconferencia. A mí me gusta hacerlo de verdad, me gusta mi trabajo, pero ahora no se me permite. He trabajado la mayor parte de la crisis y no me he contagiado, así que me siento segura. Tengo mucho cuidado, usamos desinfectante, tomamos mucha precaución con todos los fluidos corporales, así que, sí, en mi opinión se nos debería permitir trabajar al menos para poder comer y pagar el alquiler”, explicó a Efe Lorena, una trabajadora sexual de 27 años.

Vestida de rojo y acompañada de su perro, reivindicó “saber cómo manejar un virus”. No ha podido acceder a las ayudas del gobierno porque no cumple los requisitos, lamenta. “No todo el mundo tiene derecho a recibir algo de dinero del gobierno como compensación. Yo no he estado registrada el tiempo suficiente, así que tengo un pequeño problema con eso”, aseguró.

No faltaron alusiones directas al Gobierno. Imprimieron rostros sonrientes de Rutte y su ministro de Sanidad, Hugo de Jonge, en unos genitales masculinos, con el lema “Confinamiento en tus pantalones”. Otras levantaron pancartas en las que resumían su reivindicación: “El trabajo sexual es una profesión de contacto, queremos trabajar”.

Al no cumplir las condiciones para recibir ayudas estatales, muchas mujeres se vieron obligadas a seguir ejerciendo en la clandestinidad. “Normalmente, si tienes problemas, vas a la policía, pero ahora no puedes, tienes miedo porque no estás autorizada a trabajar, pero debes hacerlo porque tienes que pagar tu alquiler. Es un problema. Si no obtienes ningún ingreso, estás atrapada en una situación extraña”, añadió Lorena.

NO HAY MEDIDAS SEGURAS

Pero De Jonge insistió este martes en que los clubes eróticos o los barrios rojos no pueden reabrir. “Es muy triste, pero no es posible de momento”, aseguró, señalando que uno de los problemas es el seguimiento de fuentes cuando hay un caso positivo porque tres cuartas partes de los clientes darían un nombre falso, lamentó.

Una de las manifestantes, Yvette Luhrs, alertó de que son ellas las que registran a sus clientes y consideró las palabras de De Jonge una “muestra de la enorme ignorancia por parte del Gobierno en lo que respecta al trabajo sexual” y recordó que hay muchas personas que tampoco dan su nombre real en los restaurantes, por ejemplo.

El ministro de Asuntos Sociales y Empleo, Wouter Koolmees, tampoco consideró viable darles un apoyo adicional y recordó que las medidas vigentes ya están destinadas a los autónomos, pero no todas las trabajadoras sexuales lo son oficialmente. “Podemos hacer muy poco por ellas. Tienen una posición muy difícil”, reconoció, sugiriéndoles que acudan a los ayuntamientos a pedir ayudas para personas sin ingresos.

Durante el último año, la prostitución ha tenido que abrir y cerrar en diferentes periodos, dependiendo de los contagios diarios, y el propio Gobierno neerlandés encargó una investigación de posibles posturas “seguras” para permitir que reabran los clubes eróticos, pero concluyó que “no había ninguna” contra el coronavirus.

Ellas temen que no habrá un cambio de opinión oficial y por eso han encargado a un equipo de abogados que estudie la posibilidad de iniciar un procedimiento sumario contra el Ejecutivo por este asunto. “Es muy complicado, tienes miedo a perder algunos clientes, y hay chicas que han tenido que buscarse otro trabajo”, concluyó Lorena.

 

Trabajadoras sexuales de Ámsterdam hablan sobre la “desastrosa” reubicación del Barrio Rojo

Se teme que una propuesta para cerrar los burdeles de ventanas y crear un “centro erótico” en los suburbios ponga en peligro a las trabajadoras sexuales

 

Por Brit Dawson

5 de febrero de 2021

https://www.dazeddigital.com/life-culture/article/51861/1/amsterdam-sex-workers-on-the-disastrous-red-light-district-relocation?utm_source=Link&utm_medium=Link&utm_campaign=RSSFeed&utm_term=amsterdam-

 

Esta semana (1 de febrero), los concejales de la ciudad de Ámsterdam anunciaron que cerrarán los burdeles de ventanas en el famoso Barrio Rojo, y establecerán en cambio un “centro erótico” en algún lugar de los suburbios.

La propuesta fue presentada por primera vez por la alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, y ​​se dice que es parte de un “reinicio del turismo”, que también prevé una posible prohibición de que los turistas compren cannabis en los cafés de la ciudad.

“Los turistas pueden disfrutar de la belleza y la libertad de la ciudad”, dijo Dennis Boutkan, miembro del Partido Laborista holandés, “pero no a cualquier precio”.

El plan ha sido criticado por grupos de derechos de las trabajadoras sexuales y personas que han hablado con Dazed sobre la amenaza que supone para sus ingresos y su seguridad. En 2019, Red Light United —el sindicato de trabajadoras sexuales de las ventanas del Barrio Rojo— realizó una encuesta sobre la posible reubicación y encontró que el 93 por ciento de las trabajadoras sexuales estaban en contra de la medida.

La presidenta del grupo, Felicia Anna —que ha trabajado en el Barrio Rojo durante 10 años— presentó el informe al concejo municipal y a la alcaldesa, pero no recibió respuesta. “Teniendo en cuenta el resultado de los últimos debates del ayuntamiento, parece que no tienen absolutamente ningún interés en escucharnos”, le dice a Dazed.

Felicia dice que la reubicación propuesta tendría un “impacto desastroso en nuestro trabajo e ingresos, ya que la mayoría de las trabajadoras sexuales no quieren mudarse de allí”. Ella agrega: “Esto llevará a las trabajadoras sexuales a optar por trabajar ilegalmente en la clandestinidad, en lugar de en su nuevo centro erótico que nadie pidió, y por lo tanto las hará más vulnerables a la violencia y la trata de personas”.

Incluso las trabajadoras sexuales que elijan trasladarse al centro erótico experimentarán menos seguridad en su trabajo, afirma Felicia. “Las ventanas hacen que el trabajo sexual sea fácilmente visible desde la calle y, por lo tanto, más visible para la policía, que puede garantizar nuestra seguridad y combatir la trata de personas”, explica. “Un centro erótico hace que las trabajadoras sexuales sean menos visibles para el mundo exterior porque todo sucede dentro del edificio”.

Un informe de 2018 de la organización de salud sexual sin fines de lucro SOAIDS Nederland y de PROUD, un sindicato holandés de trabajadoras sexuales, encontró que las mujeres que trabajan en las ventanas experimentan menos violencia que otras trabajadoras sexuales. Felicia dice que la visibilidad es la razón por la que el trabajo en ventanas es la forma más segura de trabajo sexual en los Países Bajos.


“Esto hará que las trabajadoras sexuales elijan trabajar ilegalmente de forma clandestina y, por lo tanto, las hará más vulnerables a la violencia y la trata de personas” – Felicia Anna, Red Light United


Durante dos consultas recientes con Halsema y el ayuntamiento, respectivamente, Red Light United presionó para que no se cerraran las ventanas y, en cambio, pidió una expansión de las ventanas en el área, que según el grupo “conduciría a una menor presión sobre las ventanas restantes actuales y haría la zona menos concurrida ”. De hecho, un estudio de 2020 sobre las propuestas encontró que quitar las ventanas probablemente no tendría ningún impacto en las tasas de turismo, ya que dos tercios de los encuestados dijeron que seguirían yendo al Barrio Rojo con la misma frecuencia.

Felicia dice que estas propuestas “básicamente (significarían) reactivar el Proyecto 1012”, que comenzó en 2007 con la intención de “limpiar” el Barrio Rojo. El proyecto, que lleva el nombre del código postal del distrito, tiene como objetivo reemplazar los burdeles de ventanas con boutiques de lujo, cafés y proyectos de arte y, como era de esperar, no ha sido bien recibido por las trabajadoras sexuales y los dueños de burdeles. Según The Guardian, se han cerrado aproximadamente 126 ventanas desde que comenzó el proyecto. En 2015, más de 200 trabajadoras sexuales se manifestaron por las calles de Ámsterdam en protesta por la demonización de su industria; los cierres de ventanas se detuvieron poco después.

“La ciudad no ha aprendido nada de la década del Proyecto 1012. Esto es básicamente una continuación de este proyecto”, dice Felicia. Ella describe el Proyecto 1012 como “un completo fracaso”, citando un informe de 2018 del Tribunal de Cuentas de Ámsterdam, que dice que el proyecto “no ha resultado en la mejora económica deseada del centro histórico de la ciudad de Ámsterdam” ni “un gran avance en la lucha contra la infraestructura criminal”.

Lotte Alberg, propietaria del club de striptease BonTon y del club de sexo LV, tiene una visión muy diferente de la nueva reubicación. “No es que quieran que el Barrio Rojo desaparezca”, le dice a Dazed, “quieren tener el nuevo Barrio Rojo y el antiguo. Creo que puedes hacer algo que sea mejor para las chicas; tienes la oportunidad de hacer las cosas diferentes a como eran antes “. Alberg sugiere que el nuevo centro erótico puede presumir de habitaciones más grandes y un alquiler más bajo.

Al discutir por qué el consejo propuso una reubicación en primer lugar, Alberg dice que es porque el Barrio Rojo está “demasiado ocupado”. Agrega: “Fue peligroso en cierto momento. Tanta gente. Y muchos de los turistas solo miran las ventanas y miran (a las trabajadoras sexuales) como monos. No me gusta eso. No creo que a las chicas les guste eso “.

Alberg tiene la esperanza de que el centro erótico propuesto traerá “más turistas de calidad”, y agregó que los visitantes y clientes tratarían mejor a las trabajadoras sexuales si tuvieran la oportunidad de “aprender sobre el trabajo que hacen las chicas”. Durante un recorrido en uno de los clubes de Alberg, los turistas pueden hablar con una ex trabajadora sexual sobre “por qué hizo el trabajo y por qué lo dejó”.

“200 personas vienen a la gira esa semana y 200 personas piensan diferente sobre la prostitución. Puedes hacer cosas así en el nuevo centro”.


“Creo que puedes hacer algo que sea mejor para las chicas; tienes la oportunidad de hacer las cosas diferentes a como eran antes ”- Lotte Alberg, propietaria de club


En declaraciones a VICE Holanda, Quirine Lengkeek, presidenta de la red de trabajo sexual Sekswerk Expertise, no está de acuerdo y afirma que este tipo de reubicaciones a menudo van acompañadas de cierres. “Lo viste en el Nieuwe Zandpad en Utrecht. Hace años, los burdeles se cerraron allí, pero el plan de trasladar a las trabajadoras sexuales a otro lugar aún no se ha materializado ”. Independientemente, si el estudio de 2020 mencionado anteriormente se basa en algo, la mayoría de los encuestados no visitaría un centro de entretenimiento sexual fuera de la ciudad de todos modos.

Ya sea que el centro erótico abra o no, Felicia dice que no se mudará allí. “Conozco chicas que incluso han dicho que comenzarán a trabajar en la calle frente a su vieja ventana si la cierran”.

Liderando Red Light United, Felicia continuará luchando contra la decisión de todas las formas que pueda. “Podríamos protestar como lo hicimos en 2015; podríamos acudir a los medios de comunicación para exponer las mentiras del ayuntamiento y de la alcaldesa sobre cómo esto está “mejorando” nuestra seguridad; incluso podríamos emprender acciones legales contra las decisiones del ayuntamiento si es posible “, dice. “Haremos cualquier cosa para evitar que esta horrible alcaldesa y el ayuntamiento destruyan nuestras vidas”.

Cierra el único burdel municipal gestionado por prostitutas en Ámsterdam

 

21 de enero de 2021

https://www.swissinfo.ch/spa/pa%C3%ADses-bajos-prostituci%C3%B3n_cierra-el-%C3%BAnico-burdel-municipal-gestionado-por-prostitutas-en-%C3%A1msterdam/46307816

 

La Haya, 21 ene (EFE).- El único burdel municipal gestionado por prostitutas neerlandesas, My Red Light, se ve abocado al cierre definitivo e inmediato debido a los efectos financieros de la pandemia, que deja a esta asociación sin ingresos para pagar gastos como el alquiler de sus edificios en Ámsterdam y los costes correspondientes.

El actual confinamiento, que mantiene cerrados todos los servicios no esenciales en Países Bajos desde mediados de diciembre, incluida la prostitución en el Barrio Rojo, ha conducido a la quiebra a este burdel, que gestionaba un total de 14 habitaciones ubicadas en cuatro edificios comprados por el Ayuntamiento de Ámsterdam hace unos 12 años.

Coby van Berkum, miembro del consejo de supervisión de este burdel, explicó que este proyecto había “sobrevivido al primer confinamiento (durante la primera ola), pero durante este segundo confinamiento, los ingresos son de cero coma cero, mientras hay que seguir pagando un alquiler considerable”, lo que ha llevado a la decisión de “cerrar”.

En un comunicado, el municipio califica de “bastante decepcionante” que no se haya podido evitar la desaparición de esta iniciativa, y recordó que la “atención a la seguridad y a la posición de las trabajadoras sexuales es de gran importancia social” para el Ayuntamiento de Ámsterdam.

“Es triste para el fantástico grupo de trabajadoras sexuales y administradores. Teníamos la tarea social de permitir que las mujeres manejasen su propio negocio, para proporcionar un lugar de trabajo limpio sin trata, pero eso ya se acabó”, subrayó el municipio.

Este burdel estuvo cerrado durante meses en la primavera de 2020 debido a las restricciones introducidas para frenar los contagios, y tras la reapertura a principios de verano, logró obtener beneficios entre julio y septiembre que permitieron amortizar parte de la deuda que se había creado, pero la situación actual les impide seguir adelante.

My Red Light se creó hace cinco años por iniciativa del exalcalde Eberhard van der Laan, que había defendido la necesidad de proporcionar a las mujeres un lugar de trabajo seguro, que pudieran gestionar ellas mismas, lejos de las mafias que las explotan, pero, incluso antes del estallido de la pandemia, el burdel ya denunció problemas financieros que lo mantenían al borde de la quiebra.

Además, un informe independiente encargado por el consejo municipal y publicado en 2019, denunció que la trata de mujeres no se estaba tomando muy en serio y consideró que este proyecto es “una idea inviable” que sus inversionistas debían “rescatar” para evitar que la situación resulte en “consecuencias problemáticas para el resto” del Barrio Rojo.

Las prostitutas que administraban este proyecto se han ofrecido ahora a ayudar al municipio, desde sus conocimientos y experiencia de los últimos años, para diseñar un centro erótico en otra parte de la ciudad, que permita al Ayuntamiento cumplir sus planes de sacar el Barrio Rojo del centro histórico de Ámsterdam.

Las 15.000 esclavas holandesas de las Hermanas del Buen Pastor

Una investigación destapa una red de explotación de mujeres en Países Bajos similar a la que funcionó en países como Irlanda. Las víctimas piden compensaciones y reconocimiento

 

Por Isabel Ferrer

La Haya, 12 de junio de 2018

https://elpais.com/elpais/2018/06/11/planeta_futuro/1528708348_796358.html

 

Una ‘lavandería de las Magdalenas’ irlandesa sin identificar: imagen tomada alrededor de 1900.
Imane Rachidi (EFE)

 

“Mi tutora, la señorita Van de Biggelaar, me llevó en tren hasta Almelo [en el este de Holanda]. En Tilburgo, al menos tenía un nombre que coser en la etiqueta de mi ropa, pero al llegar a Almelo me convertí en un número más”, cuenta Jo Keepers, de 76 años. Hija de un padre alcohólico y maltratador, ella es una de las miles de víctimas holandesas de los trabajos forzados no remunerados de la orden católica Hermanas del Buen Pastor.

Al menos 15.000 niñas y mujeres, en su mayoría prostitutas, madres solteras o discapacitadas, trabajaron en condiciones de esclavitud entre 1860 y 1973 en las lavanderías y talleres de costura de esta congregación en Holanda, según una investigación de años realizada por el medio holandés NRC.

Las monjas, establecidas en los llamados “refugios del amor” en las ciudades de Almelo, Tilburgo, Zoeterwoude y Gelderland, vivían de tareas de la costura comercial. Todas las esclavas que tenían a su disposición elaboraron durante décadas todo tipo de indumentarias. Desde ropa de bebé hasta prendas para los militares, pasando por chalecos de fuerza para instituciones psiquiátricas o camisas especiales para compañías determinadas.

Esta orden religiosa ya se vio implicada en un escándalo semejante en Irlanda, donde participaban en la gestión de las llamadas “lavanderías de las Magdalenas”. Allí, unas 10.000 mujeres jóvenes, muchas de ellas madres solteras, fueron detenidas y forzadas a trabajar en las lavanderías que comenzaron a operar en la década de 1920 e incluso seguían vigentes hasta 1996, según un informe del Gobierno de Dublín.


Irlanda: Las órdenes religiosas de las “lavanderías” encabezan la coalición contra el trabajo sexual


A los trabajos de lavandería se sumaba el bordado. Según el Archivo holandés de la Vida Conventual, que guarda también objetos, en El Buen Pastor se bordaba para la Casa Real. “Se presume que para la entonces princesa Juliana (abuela del actual rey Guillermo)”. Parte del lavado y almidonado de manteles del Palacio het Loo, residencia oficial de Juliana, también se hizo en los conventos de la orden.

En el caso holandés, las monjas proveían con sus productos a las fábricas textiles, empresas de moda, hoteles, hospitales, particulares, la Iglesia y el propio Gobierno. La investigación de NRC incluye testimonios de varias víctimas y eleva su cifra a al menos 15.000 personas. Contactadas por Efe, algunas de estas personas explican que por su estado de salud y edad prefieren no rememorar aquella época de nuevo hasta el día que tengan que dar testimonio ante un tribunal.

Una de ellas es Margot Verhagen, de 85 años. Su padre murió en la Segunda Guerra Mundial y su madre falleció en 1950, cuando ella tenía 17 años y seis hermanos. Verhagen se quedó con una de sus tías, pero pocos días después, dos policías y una mujer de protección de menores la trasladaron a la institución del Buen Pastor en Velp, donde las hermanas la pusieron a trabajar desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche, recuerda.

Verhagen, nacida en La Haya, asegura en el medio holandés que no solo fue sometida a los trabajos forzados en las lavanderías —”una cultura normal de esa época”, apostilla— sino que dice haber sido violada por el rector de la institución. El episodio, según ella, quedó impune porque las esclavas no tenían voz, ni voto, ni derecho a quejarse.

Se les consideraba niñas y mujeres “perdidas” cuando quedaban embarazadas fuera del matrimonio, huérfanas, abandonadas, maltratadas, discapacitadas o condenadas por un delito menor. En esos casos, su ingreso en la Hermandad era considerada “la única solución”, refiere Verhagen. Nunca recibieron un salario por esas labores, aunque una vez al año las monjas les entregaban un billete de cartón, una especie de moneda ficticia con la que podían comprar dulces o comida en los puestos del mercado de la Hermandad.


El trabajo de las jóvenes servía para surtir a hoteles, particulares, la Iglesia y el propio Gobierno


Jo Keepers también intentó escapar varias veces del centro de Almelo, pero siempre acababa detenida por la policía y castigada luego por las monjas, hasta que finalmente lo logró el 20 de marzo de 1960, fecha que marca en el calendario como el día de su liberación. Hasta la década de 1970, las niñas, generalmente en contra de su voluntad, fueron colocadas en las instituciones por el Gobierno (como en el caso irlandés), las asociaciones de tutela, protección infantil o los propios padres.

Algunas víctimas recurrieron la semana pasada a los juzgados para exigirle al propio Ejecutivo que reconozca el daño causado por esta Hermandad y les pague los salarios pendientes porque consideran que el Estado es en parte responsable de la falta de humanidad en la que fueron obligadas a trabajar.

Las denuncias efectuadas ahora son formales, pero las críticas contra las prácticas de las Hermanas del Buen Pastor ha aparecido en Holanda en libros y documentales a lo largo del tiempo. El goteo con declaraciones de las afectadas se remonta a 1930, cuando dos de las antiguas esclavas contaron su doloroso pasado. Una decena se animaron luego a hacerlo en diarios, semanarios y libros, pero no hubo reacción oficial por considerarse “propaganda anticatólica”. La Real Biblioteca Nacional guarda todos estos documentos, que constituyen una de las principales fuentes de información histórica de lo ocurrido, Sin embargo, como las autoridades se inhibieron, la situación se prolongó hasta los años setenta. Las monjas se apartaron entonces de los centros que dirigían. Las últimas, ya ancianas, viven en residencias, pero la congregación vendió en el país sus inmuebles y posesiones por millones de euros. Uno de los edificios de su propiedad tenía 14 hectáreas, y en 2004, cerraron un trato con una inmobiliaria dispuesta a construir al menos 83 apartamentos.

Este caso judicial está apoyado por la plataforma holandesa de niños víctimas de abusos religiosos (VPKK, en sus siglas en neerlandés), que también exige al Gobierno que realice una investigación independiente sobre aquella explotación y determine el papel que tuve el Ejecutivo durante esa etapa. En una carta publicada el año pasado, las Hermanas se disculparon ante sus víctimas pero se niegan a pagar las indemnizaciones porque consideran que todo ha prescrito y señalan que han pasado “muchos años”.

El trabajo en los talleres de lavanderías y de costura, un modelo de ingreso que enriqueció a la congregación religiosa, era considerado por las autoridades como un ‘trabajo de terapia’ y penitencia. El jardín del edificio de la Hermandad estaba cercado con alambre para evitar que las chicas escapasen de manos de las religiosas.

El Buen Pastor, llegó a tener cuatro residencias en Holanda y aparece asimismo entre las 800 denuncias estudiadas desde 2016 por la comisión que investiga la violencia en centros de menores. Los casos incluyen abusos, físicos, psíquicos y sexuales desde 1945, y cuatro víctimas de los trabajos forzosos impuestos por las monjas han remitido sus biografías. Como los afectados pueden acudir a la comisión hasta enero de 2019, la orden religiosa ha asegurado que “está dispuesta a ponerse en contacto con los investigadores”. Micha de Winter, catedrático de Pedagogía, dirige ese equipo de expertos y ha reconocido ya el carácter “estructural del abuso”. “Si nos dan su permiso, aprovecharemos sus historias para investigar a fondo la época y lo ocurrido. Si una vez puesta la denuncia precisan ayuda, pueden acudir a la asociación que presta ayuda a víctimas de abusos en el país”, añade.

La VPKK, que apoya a las cinco denunciantes, está compuesta por un grupo de cinco juristas, expertas en ética y pedagogía que dan voz “a las mujeres sometidas también por otras mujeres, además de sacerdotes o capellanes, en internados, congregaciones y otras instancias religiosas”. A través de su cuenta de Facebook anima a las víctimas a ponerse en contacto, “porque algo así puede pasarle a cualquier chica y es preciso contar la verdad de unos hechos bochornosos”. Se ocupan a su vez de los afectados varones porque, según explican “lo peor es que nadie te crea o reconozca lo ocurrido”.

 

Lavar los pecados

Se estima que al menos 10.000 mujeres y jóvenes fueron internadas en instituciones gestionadas por la hermandad del Buen Pastor en Irlanda entre 1922 y 1996. Las religiosas las obligaban a trabajar en condiciones muy duras y sin retribución en lavanderías para que metafóricamente lavaran sus pecados, al mismo tiempo que la congregación religiosa traía beneficios económicos.

Las llamadas Magdalenas eran mujeres consideradas indeseables por la sociedad, como prostitutas y madres solteras, o jóvenes recluidas de manera preventiva, para protegerlas de los peligros (por ejemplo, huérfanas).

Ante el rechazo de la sociedad y el estigma asociado a haber trabajado en las lavanderías, muchas Magdalenas optaban por permanecer durante toda la vida en las instituciones.

¿Hacernos los suecos? La prostitución y los límites del Estado

 

Pablo de Lora

Universidad Autónoma de Madrid 

2007

Se puede descargar el artículo completo (con notas) en formato PDF

aquí.

 

 RESUMEN. El ejercicio de la prostitución en España es una actividad de dudosa calificación jurídica. Si bien no constituye un delito, la prostitución no se encuentra legalmente amparada pues se estima que el contrato mediante el cual se intercambia sexo por dinero es nulo por ser la causa contraria a la moral. Ello provoca que la relación entre la prostituta y los intermediarios de su actividad (comportamiento éste que sí es delictivo) no pueda quedar amparada por el Derecho laboral. Dicho marco jurídico es, con matices, el del reglamentarismo, uno de los modelos normativos que, junto con el prohibicionismo y el abolicionismo, han disciplinado históricamente la actividad de las prostitutas. El prohibicionismo y el abolicionismo son las manifestaciones de un Estado perfeccionista que no se toma en serio el valor de la autonomía personal de aquellas mujeres que, consciente y competentemente, desean recibir una contraprestación por sus servicios sexuales, de la misma manera que otros muchos individuos venden su fuerza de trabajo empleándose en oficios que también pueden estimarse penosos o indignos. En este trabajo se defiende, frente a los anteriores modelos, una forma de «reglamentarismo reforzado» que pro- pugna, en esencia, la laboralización de la prostitución —con los matices propios del ejercicio de una actividad que es en todo caso «especial»— en aras a la mejor protección de los intereses de las mujeres prostitutas.

 

Se dice que la esclavitud ha desaparecido de la civilización europea, y es un error. Existe todavía; sólo que no pesa ya sino sobre la mujer, y se llama prostitución 1.

INTRODUCCIÓN 

Celebraba Amelia Valcárcel en las páginas de El País que la Comisión Mixta de Derechos de la Mujer del Congreso y del Senado haya concluido que la prostitución no es un modo de vida deseable y aceptable 2. La verdad es, sin embargo, que el Parlamento ha perdido una oportunidad de oro para lograr una mejor protección de las mujeres que se dedican a la prostitución, incluso si hubiese acertado en su juicio sobre la incorrección moral de intercambiar sexo por dinero 3. Ambas cosas —regular mediante un elenco de permisos, obligaciones y prohibiciones una actividad que, en el fondo, se repudia— no son incompatibles, aunque en una lectura apresurada lo parezcan.

La prostitución en España no constituye un comportamiento delictivo. Sí son delitos, en cambio, las conductas consistentes en forzar a alguien a prostituirse, o en lucrarse de la prostitución ajena 4. Que la prostituta no sea una delincuente no quiere decir, empero, que su actividad esté bendecida por el ordenamiento jurídico. Ocurre más bien lo contrario si nos atenemos a los pronunciamientos de los órganos jurisdiccionales encargados de interpretar y aplicar el Derecho.

En general, tanto ahora como antaño, la prostitución ha sido considerada una actividad inmoral o ilícita, lo cual ha permitido, por poner dos, entre otros ejemplos posibles, que un casero pueda resolver el contrato de arrendamiento en aplicación de las entonces vigentes leyes de arrendamientos urbanos y de propiedad horizontal 5 o que la prostitución de la hija o nieta pudiera ser justa causa de desheredación 6. Pero en lo que a mí más me interesa, el ejercicio de la prostitución no resulta amparado por el Derecho laboral. La razón se halla, como han señalado repetidamente los tribunales invocando el artículo 1.275 del Código Civil, en que estamos ante un contrato con objeto

y/o causa ilícita (por opuesta a la moral) 7. Esta falta de cobertura legal tiene consecuen cias indeseables para las prostitutas: desde las más inmediatas, como no poder reclamar judicialmente el pago por un servicio prestado (de ahí la figura del «chulo») 8, o disfrutar de las condiciones laborales mínimas de las que goza cualquier otro trabajador (vacaciones, jornada, etc.), hasta la imposibilidad de ser beneficiaria de cualquiera de las prestaciones asistenciales que el Estado vincula a la existencia de una relación laboral. Por poner un botón de muestra extraído de la jurisprudencia, una mujer que fallece en accidente de tráfico cuando regresaba a su domicilio desde el club en el que se prostituía, en la furgoneta que el dueño ponía a disposición de las mujeres, no es víctima de un accidente laboral y por tanto sus dos hijos no reciben la indemnización que en otro caso sí les correspondería de acuerdo con el artículo 115.2 del Real Decreto 1/1994 de 20 de junio de Seguridad Social 9.

A veces, sin embargo, y tal vez como forma de salvar algunos muebles, los jueces han accedido a considerar que el dueño de un local de alterne puede ser condenado por el delito consistente en imponer a las mujeres que allí alternan condiciones laborales que perjudiquen sus derechos legales o los derivados del Convenio colectivo, aunque, formalmente, ni aquél sea empleador, ni las mujeres que en su local ejercen la prostitución sean sus empleadas 10. La razón es que: «De lo contrario el más desprotegido debería cargar también con las consecuencias de su desprotección» 11.

Y ya que hablamos de alterne, es pertinente destacar que esta actividad sí recibe una cierta sanción jurisdiccional, a pesar de, por un lado, su posible encuadramiento en el género de las actividades inmorales (no parece que incitar al consumo de alcohol

mediante la simulación de una suerte de flirteo sea precisamente una instancia del despliegue de la virtud), y de que, de otra parte, es vox populi que las empleadas en estos locales no se limitan a la incitación o al cortejo sino que finalmente venden «servicios sexuales» haciendo uso de las habitaciones que en ese mismo club se ponen a su disposición para ser alquiladas por horas 12. Sea como fuere, el alterne, se ha dicho recientemente por parte de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, sí puede configurarse como una relación laboral por cuenta ajena 13. Bien es cierto que otra sala del Tribunal Supremo ha considerado que la regencia de un local de alterne no es representativa de la buena conducta cívica que la legislación civil exige para obtener la nacionalidad española de acuerdo con el artículo 22.4. del Código Civil 14.

Todo lo anterior es, en todo caso, una muestra suficientemente elocuente de lo pantanoso del terreno que pisamos cuando tratamos de saber qué calificación jurídica recibe la prostitución en España. No es difícil sospechar que esa relativa incertidumbre es el producto del fariseísmo social imperante sobre una actividad abrumadora tanto en lo que se refiere a sus cifras de negocio cuanto en lo que hace al número de personas que se sitúan en el lado de la oferta y la demanda 15. A pesar de lo que ambos datos muestran, socialmente la prostitución sigue sin ser «admisible». El sistema jurídico, por tanto, no puede presentarla como una ocupación o servicio más, aunque tampoco su criminalización resulta ser el precipitado jurídico inmediato de nuestra (des)consideración moral sobre la misma.

PROHIBICIONISMO, REGLAMENTARISMO Y ABOLICIONISMO

En un intento de sembrar un poco de orden, los estudiosos han identificado tres grandes modelos normativos que han disciplinado y disciplinan la prostitución: prohibicionismo, reglamentarismo, y abolicionismo 17. En el primer caso, los comportamientos de las dos partes (cliente y prostituta) son penalmente castigados (como ocurre en todos los Estados de los Estados Unidos salvo Nevada) o bien sólo el del cliente, como sucede en Suecia desde 1999 18, o bien sólo el de la prostituta como es el caso de Egipto 19.

El reglamentarismo se caracteriza por concebir la prostitución como un mal menor tal y como rotundamente se expresaba el célebre médico Federico Rubio y Gali, uno de sus valedores de antaño: «Sólo un espíritu hipócrita puede dejar de confesar que la casa de lenocinio mengua los vicios solitarios, la prostitución clandestina, la seducción doméstica y la asquerosa inversión sexual. Paréceme, pues, que bien puede perdonarse el bollo por el coscorrón» 20. El reglamentarismo habría sido la moneda corriente en España desde la Edad Media y hasta que Felipe IV promulga las Pragmáticas de 1623 y 1661 (en lo que Jean Louis Guereña considera la «Edad de Oro» del reglamentarismo) 21 y desde 1845 —momento en el que el Gobernador de Zaragoza establece las primeras disposiciones para la «policía médica de las mujeres públicas»— hasta 1956 (salvada la excepción del período 1935-1941) 22. En esa «Edad de Plata» que conforman la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX, la reglamentación de la actividad tiene como misión central la de la prevención de las enfermedades de transmisión sexual. Como a finales del XIX señalaba con crudeza Romualdo Fernández Fragoso, pediatra sevillano y padre de la micología española: «Ya que la prostitución es a la sociedad como las alcantarillas y letrinas a una gran ciudad, esforcémonos en evitar en lo posible la infección moral y física con una buena reglamentación, de igual modo que procuramos resguardar nuestros organismos de los gases mefíticos construyendo buenos sistemas de alcantarillado» 23.

La reglamentación ha llevado aparejada el estigma social y jurídico de la prostituta. Repare el lector en que, a juicio de Fernández Fragoso, de lo que se trata es de evitar la infección física y «moral». A ese fin se encaminan una batería de castigos o previsiones reglamentarias tan dispares, pero en todo caso tan gravosos, como compartir censo con otras poblaciones marginales (verbigracia, los vagabundos, dementes, ciegos, idiotas o sordomudos) 24, o, ya en pleno reglamentarismo franquista, no poder estar ins

critas las prostitutas en las listas electorales del tercio familiar 25. Que la prostituta era considerada un peligro público del que precaverse lo demuestra el hecho de que en el Reglamento para la vigilancia y servicio sanitario de las prostitutas promulgado por el gobernador civil de Barcelona Romualdo Méndez de San Julián en 1867 se disponían medidas para proteger al hombre casado, viudo, con hijos o hijo de familia, de la tentación de enamorarse de una prostituta prohibiendo sacarla del padrón especial para que vivieran amancebados 26. Y es que en esos Registros de «mujeres públicas» que fueron característicos del reglamentarismo, era muy fácil entrar pero muy complicado salir. Tan sencillo era lo primero que, de acuerdo con las disposiciones del Reglamento madrileño de 1847, la inscripción podía ser practicada de oficio por el comisario, incluso contra la voluntad de su interesada: bastaba con que aquél considerara «notoria» dicha dedicación. A partir de ese momento la prostituta se convertía en una mujer pública en sentido literal: perdía sus señas de identidad propias pasando a tener un nombre de «profesional» y era despojada de todo derecho a la intimidad. En otros momentos, la mujer que se prostituía, y sólo ella, podía ser acusada de contagio sifilítico 27. A todo ello añádasele que esa inscripción tampoco era «gratis». Lejos de ser una forma de «asistencia sanitaria» para la mujer prostituta, su censo era lo que permitía la exacción correspondiente con la que mantener los servicios públicos de vigilancia e higiene. Tal jugosa fuente de financiación explica la disputa que durante algunos períodos mantuvieron los municipios con los gobiernos civiles por hacerse con la gestión de ese negociado. El Estado reglamentarista era también el Estado «proxeneta» 28.

El abolicionismo tiene unas coordenadas históricas más precisas: el manifiesto de Josephine Butler de 1870 29 en contra de las Contagious Disease Acts y que fue el ger- men de la creación en 1875 de la Federación británica, continental y general contra la prostitución reglamentada por los Estados 30. La plasmación normativa del abolicionismo tiene un primer hito con el Convenio internacional relativo a la represión de la Trata de Blancas de París (4 de mayo de 1910), que propugna en su artículo 1 el castigo para todo aquel que reclute, induzca o desencamine a alguien para satisfacer pasiones ajenas aun con su consentimiento 31. Con el mismo espíritu se fraguó posteriormente el gran instrumento jurídico abolicionista: el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena (también designado como Tratado de Lake Success) adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 2 de diciembre de 1949, y cuya entrada en vigor se produjo el 25 de julio de 1951 32. Así, en su artículo 1 se establece el compromiso de las partes de «castigar a toda persona que, para satisfacer las pasiones de otra: 1) concertare la prostitución de otra persona, aun con el con

sentimiento de tal persona; 2) explotare la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de tal persona». En España, y en cumplimiento de esa obligación, el Código Penal fue reformado en 1963 para castigar las conductas «participativas» (el denominado «rufianismo» y «proxenetismo locativo») en la prostitución ajena, si bien, el abolicionismo ya había hecho su aparición en escena con las Pragmáticas de Felipe IV a las que antes se ha aludido, y en los períodos que van de 1935 a 1941 33 y a partir de 1956 con la promulgación del Decreto de 3 de marzo en el que se ordena el cierre de las mancebías 34. Con posterioridad, merece ser destacado el Convenio n.º 197 del Consejo de Europa sobre la lucha contra la trata de seres humanos hecho en Varsovia en 2005 y la Resolución del Parlamento Europeo de 2 de febrero de 2006 en la que se insta a los Estados miembros a que «… luchen contra la idea de que la prostitución es equiparable a la realización de un trabajo» 35.

¿EN QUÉ CONSISTE EL ABOLICIONISMO?

No resulta fácil definir el abolicionismo, salvo como pars destruens del reglamentarismo: el Estado no debe dar pábulo, mediante la regulación, a una actividad básicamente degradante e indigna; antes bien, debe dirigir sus esfuerzos en pos de su desaparición. Mientras tanto, a la prostituta no se le puede añadir la carga de la sanción penal o administrativa por su dedicación (que es lo característico del prohibicionismo) con lo que su oficio es a fin de cuentas «tolerado». Esta es la situación que, con matices, vivimos en España desde 1956, junto con países tales como Bélgica, Reino Unido, Francia e Italia 36.

Tiene razón Amelia Valcárcel, y los abolicionistas, cuando señalan que del hecho de que la prostitución exista no se sigue que tenga que seguir existiendo. Las razones de índole pragmática aconsejan que el Estado «ordene» una actividad cuando la misma es tolerable. También ha existido la esclavitud y no por ello la humanidad ha cedido en su empeño por desterrarla, nos repiten machaconamente los voceros del abolicionismo. ¿Es esto último lo que pretendemos en España o en tantos otros países donde las prostitutas siguen desamparadas por el ordenamiento aunque no castigadas? Si la

respuesta fuera afirmativa, esto es, si la analogía prostitución-esclavitud fuera certera, haríamos de la prostitución no ya una actividad «desregulada», como parece recomendar el abolicionismo, sino una conducta prohibida bajo la amenaza de la sanción penal para quien la fomenta o consume como ocurre en Suecia (y bajo el presupuesto de que la prostituta es sólo una víctima y nunca sujeto activo de delito alguno). De hecho, como antes señalaba, esto es lo que se hace en España y en otros muchos países ante las formas «no consentidas» de explotación sexual. En estos supuestos nadie discute que estamos no solo ante un modo de vida no deseable, sino ante un haz de conductas por parte del explotador que merecen la intervención punitiva del Estado. Pero lo cierto es que ni los propios miembros de la Comisión Mixta del Congreso y del Senado se creen que toda prostitución sea una forma de esclavitud, de explotación intolerable y denigrante, atentatoria contra los derechos más básicos, etc. Lo digo por lo siguiente.

En la p. 4 del Diario de la Marina, en su edición de 3 de febrero de 1846, se publicaba el siguiente anuncio: «Una negra se vende, recién parida, con abundante leche, escelente lavandera y planchadora con principios de cocina, jóven, sana y sin tachas, y muy humilde: darán razón en la calle O’Reilly, n.º 16, el portero». Este periódico se publicaba en la Cuba española cuando España aún no había abolido la esclavitud 37. Imagino que sería imposible insertar este anuncio en los actuales medios de comunicación españoles. Éstos, sin embargo, publican todos los días un buen número de páginas en los que, de manera más o menos eufemística, con mayor o menor crudeza, se anuncian burdeles o mujeres —y hombres— que ofrecen sus servicios sexuales a cambio de un precio 38. Frente a este fenómeno (un negocio publicitario formidable) la Comisión Mixta recomienda al gobierno: «Solicitar a los medios de comunicación que en el marco de sus códigos deontológicos se planteen la renuncia a la publicidad relacionada con el comercio sexual para impedir el negocio de las organizaciones mafiosas dedicadas al comercio sexual» 39. ¿Se imagina el lector lo que diríamos de un Parlamento que se mostrara así de timorato frente a quienes ganan dinero publicando anuncios de individuos que se venden —ahora sí, literalmente— como esclavos o de quienes mercadean con ellos?

El espacio, por tanto, de la prostitución voluntaria no parece ser un espacio vacío. Ni por razones conceptuales, ni por las implicaciones normativas que acabamos de indicar. A veces, empero, pareciera que sí lo es, que no cabe hablar de mujeres que libremente —todo lo libremente que otras y otros muchos han decidido dedicarse profesionalmente a lo que se dedican— ejercen la prostitución: «La afirmación de que la prostitución no es más que un ejemplo de contrato entre individuos iguales en el mercado —señala Carole Pateman— es otra ilustración de la presentación de la sumisión como libertad» 40. Es más, negar que sea concebible que la mujer que se prostituye pueda hacerlo voluntariamente es la estrategia frecuente empleada por quienes propugnan bien el prohibicionismo, bien el mantenimiento del actual status quo normativo (de rai

gambre abolicionista) como hace Valcárcel. Así, en la p. 20 del Informe de la Comisión Mixta de Derechos de la Mujer del Congreso y del Senado se puede leer que «… a los efectos de la intervención del Estado nada aporta la distinción entre prostitución libre o forzada que olvida que el ejercicio de la prostitución atenta contra la dignidad de las personas que la ejercen» 41. Parafraseando a Amelia ValcárcelL, cabe señalar que a nadie de las que bendicen y aplauden este Informe o, alternativamente, censuran el intento del gobierno catalán de regularizar la prostitución en Cataluña o la solución adoptada en los Países Bajos y Alemania (véase infra), le gusta hablar de ese tipo de prostitución 42. Bajo fórmulas tales como «no estamos ante el auténtico problema que hay que resolver» se elude esa misma cruda realidad a la que Valcárcel apela en su artículo 43: la existencia de mujeres que perfectamente informadas y capaces quieren seguir ejerciendo su oficio bajo mejores condiciones 44.

¿PERO QUÉ HAY DE MALO EN PROSTITUIRSE?

En un comunicado de prensa difundido el 18 de mayo de 2006, el sindicato UGT denunciaba que quienes defienden la reglamentación «parecen ignorar que el 95% de la prostitución no es voluntaria y que el 90% de la misma la ejercen mujeres inmigrantes, en muchos casos en situación irregular. Además, la voluntariedad de la prostitución… no puede analizarse aislada de las condiciones de vida, culturales, sociales, económicas y de asunción de roles de género que afectan a estas mujeres» 45. Si nadie discute que se debe perseguir penalmente a quien obliga a otro individuo a alienar su libertad sexual a cambio de un precio, ¿cuál es el error, mal, daño o perjuicio que se comete cuando un legislador decide que las prostitutas voluntarias —aunque sólo constituyan el 5%— sean consideradas trabajadoras por cuenta ajena o propia y así gocen de la tuición que brinda la legislación laboral 46? Del repaso de la literatura relevante sobre la cuestión, son tres los daños genéricos a los que se apela.

En primer lugar se alega que cuando el Estado regula la actividad de las prostitutas como una actividad laboral protegida, se da sobre la misma un pernicioso marchamo de «normalidad». En segundo término se alude a los contraproducentes efectos que tendría la laboralización, que, lejos de atajar los males ínsitos o derivados de la prostitución, contribuiría a aumentarlos. En último término, la laboralización se revelaría imposible en la medida en que conlleva el compromiso con un conjunto de medidas (permisos y obligaciones) con los que, en debida reflexión, no podemos transigir. Todos estos males son, de manera directa o tangencial, destacados en el Informe y por Valcárcel en su artículo. Los analizaré en ese orden.

Los abolicionistas acostumbran a denunciar el pernicioso efecto «pedagógico» que tendría sobre los ciudadanos una intervención legislativa regularizadora de la prostitución. «La ley —aduce Valcárcel— educa a la ciudadanía». Desde esta perspectiva, por tanto, la laboralización estaría mandando a los individuos una señal equivocada: la prostitución es una actividad aceptable 47. Ese mensaje, remacha ValcárcelL, es incompatible con los ideales de ciudadanía e igualdad 48.

Esta primera consideración tiene mucho calado pues afecta, en definitiva, al modelo de Estado que estimamos mejor. El que parece favorecer Valcárcel es un Estado perfeccionista, un Estado que pretende imbuir virtud a los ciudadanos tratando de que desarrollen planes de vida que (desde algún punto de vista) se consideran valiosos. Un Estado así es el que castiga el adulterio, la interrupción del embarazo, la pornografía, y otras tantas conductas «indeseables», en decir, un Estado que no se conforma, como sí hace el Estado liberal, con relegar los ideales al ámbito de la vida privada de los individuos 49. Tal vez, como señala ValcárcelL, enfrentados con la decisión de si reglamentar o no la prostitución, el abolicionismo como respuesta del Estado perfeccionista es más compatible con los valores de la ciudadanía y la igualdad 50. El precio se paga, sin embargo, con la moneda de la libertad personal, pues, insisto, existen mujeres y hombres que ven en la compraventa de servicios sexuales una forma de vida aceptable, de la misma forma (sorprendente para mí y para tantos otros) que hay quienes están dispuestos a asear ancianos en residencias u hospitales; o limpiar los baños de una facultad con miles de estudiantes; o vigilar el buen funcionamiento del sistema de alcantarillado de las ciudades, o ser carne de cañón por la defensa de sus compatriotas.

Y es que, en última instancia, está por ver todavía que el acuerdo de dos adultos para practicar sexo a cambio de una remuneración sea una actividad intrínsecamente

inmoral, como Valcárcel, y otros muchos, presuponen. Hay individuos que, por razones variadas (pensemos en discapacidades objetivas como las razones más evidentes, aunque no las únicas), no pueden realistamente tener vida sexual alguna 51. ¿Es entonces la masturbación una opción preferible frente al pago de servicios sexuales? ¿Qué resulta más impersonal, frío o empobrecido? —como nos pregunta Ericsson 52—. Si la censura moral a la prostitución tiene su anclaje en la idea de que se trata de una actividad, la del sexo, que debiera ser realizada altruistamente, lo mismo cabría decir de otras tantas necesidades humanas para cuya satisfacción no disponemos de un generoso benefactor sino de un mercado 53. Tampoco la sexualidad, como actividad que otorga uno de sus sentidos básicos a la condición humana, pierde nobleza por el hecho de que se regule o laboralice la prostitución. Como gráficamente ha señalado Nussbaum la gente se sigue enamorando en Holanda, como también les pasaba en la antigua Grecia 54; por cierto, también las prostitutas, que, como cualquier otro trabajador o trabajadora, saben discernir entre los usos mercantiles y no mercantiles de su fuerza de trabajo, «… de igual manera que la empleada de hogar puede cocinar para su propia familia y limpiar su propia casa» 55. En definitiva, y como ha indicado Andersson, habida cuenta de que en nuestras sociedades plurales hay un profundo desacuerdo sobre el valor moral del sexo desinteresado, «… un argumento a favor de la conclusión de que la sociedad debe adoptar una postura de condena o prohibición… debe ir más allá de la apelación de uno de esos ideales controvertidos frente a otros» 56.

Amelia Valcárcel nos propone, aunque de manera sutil, una suerte de test para evaluar la pertinencia de regular la prostitución que supone algo así como calibrar hasta qué punto juzgamos deseable la prostitución como plan de vida para nosotros mismos 57. En un Estado liberal, como decía al iniciar este artículo, hay una demarcación posible entre el pecado y el delito. Sólo aquellos comportamientos que atentan gravemente contra los intereses básicos de la ciudadanía (conductas que normalmente ciframos como atentatorias a los derechos humanos) resultan castigadas, aunque pueda seguirse sosteniendo —desde el punto de vista ético— que abortar es siempre una decisión grave, no trivial (e incluso equivocada moralmente), o que nunca resulta recomendable engañar a nuestra pareja, y que ambos comportamientos no los consideramos deseables ni para nosotros mismos ni para nadie, y que, puestos a elegir, preferiríamos que nuestra hija fuera médico antes que celadora, limpiadora, actriz porno o prostituta. Esos

juicios sobre el aborto, el adulterio, la prostitución o la pornografía pueden ser compartidos, pero no así, en cambio, el ulterior y decisivo paso consistente en afirmar que sólo por esa razón debe el Estado castigar. Esto último era precisamente lo que distinguía la posición de Herbert Hart de la de Lord Devlin en el célebre debate que ambos mantuvieron a propósito de la despenalización de la homosexualidad en el Reino Unido.

Sí, sí, ya se que ni Valcárcel ni la Comisión Mixta quieren encarcelar a la prostituta y/o al cliente. Pero entonces, ¿qué quieren con respecto a las mujeres que voluntariamente se prostituyen? Si es que, como parece, se asume la idea de que también las prostitutas voluntarias son víctimas, la Comisión Mixta propugna la creación de un Sistema de Atención Social para ellas 58. El contenido de tal «sistema» permanece ignoto para el lector del Informe una vez llega a su final, aunque el uso de mayúsculas augura que deberá ser algo muy trascendental, una institución que justificará seguramente una jugosa dotación presupuestaria y de personal a cargo del erario público.

En otras épocas, el perfeccionismo moral que se esconde tras esta medida se cifró en la propuesta de fundar un asilo donde las jóvenes encontraran «instrucción, trabajo y moralidad», pues la causa de la prostitución, según su promotora, la protofeminista María Teresa Verdejo Durán, era el abandono de la educación moral y el «instinto del lujo» 59. Más tarde, en plena vorágine abolicionista, se fundó el Patronato de Protección de la Mujer que funcionó entre 1931 y 1935 con la pretensión, igualmente, de «reeducar» a las mujeres dedicadas a la prostitución. Para los comunistas, en cambio, la prostitución se vinculaba íntimamente con el capitalismo, con lo que su erradicación habría de esperar a la implantación de la sociedad comunista como había ocurrido en la URSS donde la prostitución se había prohibido. Mientras tanto, la organización anarquista «Mujeres libres» (el equivalente a la sección femenina de la CNT-FAI) instaba a la creación de unos asilos («Liberatorios de Prostitución») donde la mujer podía recibir ayuda y formación para «liberarse». Los liberatorios serían hogares colectivos en los cuales poner en práctica una «… reeducación de la mercenaria, su examen psicológico y psicotécnico, a fin de investigar las motivaciones espirituales que le indujeron a su profesión y las causas de su fracaso social» 60. Los anarquistas consideraban que la prostituta representa el estadio final de un proceso de desadaptación social, amorosa y biológica, todo lo cual no era sin embargo incompatible, a ojos del anarquismo, con propugnar el amor libre y la libertad sexual de las mujeres tal y como hacía la Ministra de Sanidad Federica Montseny 61.

Este empeño perfeccionista que concibe a las prostitutas como descarriadas o menores de edad permaneció invariable bajo el franquismo (el Patronato se convirtió en Junta Nacional cuya presidencia de honor ostentó la mujer del dictador), aunque a la justificación basada en el abandono del vicio se sumó la educación de acuerdo con la religión católica 62. Entonces, el apóstol del abolicionismo (Jiménez Asenjo) se vana

gloriaba de la política de regeneración que había puesto en práctica el Patronato. Aunque la cita es larga, no me resisto a transcribir íntegramente el contenido de su descripción:

«Recientemente, se ha establecido en “Villa Teresita”, en Granada, conforme a las más recientes recomendaciones de la política internacional abolicionista… un régimen de acogimiento a puerta abierta, donde van llegando jóvenes que cansadas de la mala vida buscan allí su regeneración. Esta Institución, juntamente con la de “Villa Teresita”, de Pamplona y de Valencia, y el resto de las instituciones acogedoras que ya poseía el Patronato para la protección y readaptación de la joven caída, constituyen los hitos de una política regeneradora del vicio y de la mujer explotada, que en España es hoy una realidad y augurio de un futuro lleno de esperanzas redentoras de la explotación humana…» 63.

Con similar tono voluntarista y moralista, aunque con una jerga menos inflada que la que fue característica de la II República y del franquismo, la Comisión Mixta propone que se ofrezcan Planes (en mayúsculas también, por supuesto) que posibiliten alternativas de vida a las prostitutas (previa asistencia psicológica que les permita «recuperar su dignidad y autoestima») 64 impulsando itinerarios de inserción laboral que posibiliten su abandono de la prostitución, y que se realicen campañas de sensibilización para cambiar «… la percepción social del uso de las mujeres como mercancía sexual y obtener una repulsa social generalizada hacia el comercio sexual como una vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres en situación de prostitución…», todo ello con el objetivo de reducir la demanda. En el ínterin se insta a que se facilite a las prostitutas una «renta de inserción activa» 65, y, alcanzando así el summum de la contradicción pragmática, se declara en el Informe la necesidad de «… conocer en profundidad la situación de la prostitución en nuestro país mediante investigaciones cuantitativas y cualitativas, teniendo en cuenta que es un fenómeno dinámico» 66.

 EL «REGLAMENTARISMO REFORZADO»

 Vayamos con la segunda de las «razones» del abolicionismo: lo contraproducente del reglamentarismo.

En Holanda y en Alemania la prostitución está reglamentada como una actividad lícita. Ambos países abanderan la opción que algunos autores denominan «reglamentarismo reforzado» o «neo-reglamentismo» 67, un modelo que habría sido amparado nada más y nada menos que por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en una sentencia ya célebre del año 2001 68. En 1993 las Comunidades Europeas, por un lado, y Polonia y Checoslovaquia por otro, suscribieron un Acuerdo de Asociación en cuyos artículos 44, 45, 58 y 59 se dispone que desde el momento de la entrada en vigor de dicho Acuerdo, los Estados miembros permitirán que los nacionales polacos y checoslovacos establezcan sociedades y ejerzan actividades económicas por cuenta propia en su territorio. ¿Comprendían dichas actividades también el ejercicio de la prostitución tal y como alegaban las señoras Szepietowska, Padevetova, Zacalova, Hrubcinova y Überlackerova, prostitutas de escaparate que trabajaban en Ámsterdam, frente a las autoridades holandesas? La respuesta del Tribunal fue afirmativa 69. No cabe apelar, abundaba el Tribunal, a una razón de «orden público» para mantener una excepción a la regla general de no discriminación entre nacionales de los Estados Miembros y nacionales polacos o checoslovacos 70.

En Holanda la prostitución era una actividad legalmente amparada desde la reforma del Código Penal producida el 1 de octubre de 2000 mediante la cual se abolió la prohibición de la explotación del trabajo sexual voluntario 71. Holanda se convirtió entonces en el país pionero en la legalización de la prostitución voluntaria, pues, a la despenalización sumó la consideración de los prostíbulos como un negocio sometido al régimen general de licencias municipales, y del trabajo de las prostitutas como una actividad laboral que otorga a aquéllas derechos tales como pensión de invalidez, acceso a las pensiones, salario mínimo, derecho a sindicarse, y a negarse a la realización de un determinado servicio, etc. 72. En Alemania se ha ido un paso más allá pues la prostitución puede constituir, desde la reforma del año 2002, una relación laboral por cuenta ajena. La reforma se ha llevado a cabo mediante una exigua ley con la que se despenaliza la gestión de los burdeles que cumplan ciertas exigencias; se incorpora a las prostitutas al régimen general de la seguridad social al considerarse su dedicación un trabajo, y no una actividad inmoral ni contraria a las buenas costumbres o al orden público, con lo que civilmente el contrato entre la prostituta y el cliente es un contrato ejecutable aunque sólo unilateralmente (por parte de la prostituta) 73.

¿Han sido contraproducentes las experiencias alemana u holandesa? ¿Se ha probado más eficaz el «experimento» sueco? Abundan los estudios y valoraciones sobre todas ellas, aunque, en relación con esta última, resulta reveladora la opinión de Anders Oljelund, Embajador para la Cooperación Internacional contra el tráfico de seres humanos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia: «¿Ha tenido la ley sueca contra la compra de servicios sexuales algún efecto preventivo? —se pregunta—. ¿La criminalización de los compradores de servicios sexuales ha reducido la prostitución en Suecia, o sólo la ha desterrado de las calles? Es difícil saberlo. Pero al menos tenemos cierta prueba de que ha desalentado a los traficantes a utilizar Suecia como un mercado con fines sexuales. Ya no es tan rentable como lo podría ser. Esto es lo que nos dice la policía, pero es difícil proporcionar una prueba en números» 74.

Otros estudios, en cambio, son más rotundos en la afirmación de que el efecto de la ley sueca sobre la prostitución callejera ha sido fulminante, lo cual, sin embargo, «… no significa que la prostitución en Suecia haya sido abolida, sino más bien que el escenario de la calle se ha trasladado al interior de algún hotel, restaurante, club nocturno o alguna casa particular» 75.

En Holanda, distintos informes avalan que la legalización ha hecho menos atractivo el negocio para el crimen organizado, aunque también se reconoce que queda un largo trecho por recorrer en la mejora de las condiciones bajo las cuales desarrollan su actividad las prostitutas (la prestación por desempleo sigue sin ser efectivamente garantizada). Ello es debido a la persistencia del estigma social que, a pesar de todo, sigue llevando aparejada la prostitución en Holanda 76.

Por último, se ha de tener en cuenta que, de acuerdo con una investigación llevada a cabo por el canal 4 británico, cuando la demanda de los servicios de las prostitutas se reduce por la presión policial sobre los clientes, el 65% de las mujeres declaraban trabajar más horas, y el 40% «muchas más horas», a pesar de lo cual el 66% de las mismas afirmaba ganar menos. Además, sus propias medidas de seguridad se relajaban, y, así, el 53% de ellas empleaba menos tiempo en examinar al cliente antes de acceder a su coche. El 24% admitían el haber consentido a realizar «servicios» a los que en otro caso se habrían negado (principalmente, no utilizar preservativo) 77. El estudio viene así a confirmar una intuición dictada por el sentido común: la criminalización tiene el efecto cierto de añadir riesgo y penosidad al ejercicio de la prostitución. Está por demostrar con mayor rigor, sin embargo, que con la laboralización aumente la prostitución no consentida, único efecto contraproducente que debería hacer repensar las opciones tomadas en Alemania y Holanda, pues el otro efecto (el que no se destierre con ello una forma poco edificante de ganarse el pan) no puede, en un Estado liberal, ser utilizado como razón para el sacrificio de la libertad individual o para la discriminación, frente a otros trabajadores, de las mujeres que se prostituyen voluntariamente 78.

¿O TODO O NADA?

El diario La Voz de Galicia se hacía eco, en su edición de 3 de febrero de 2005, de que una joven alemana de 25 años, informática en paro, había recibido de los servicios sociales una oferta para trabajar en un burdel 79. La cuestión se hace más chocante, si cabe, cuando tenemos en cuenta que la legislación alemana imponía severos recortes en sus derechos de prestación a aquellos parados que rechazaran las ofertas de empleo que les fueran presentadas 80.

Este hecho sorprendente epitomiza muy bien la tercera de las razones apuntadas contra la laboralización de la prostitución: incluso si admitiéramos, por razones pragmáticas o consecuencialistas, la pertinencia de dar mayor seguridad y mejores condiciones laborales a las prostitutas, no se puede regular la prostitución como un trabajo por las consecuencias indigeribles que dicho paso acarrea. Que tales consecuencias no son fácilmente admisibles es un hecho que deriva de que, en última instancia, no consideramos que la prostitución pueda ser concebida cabalmente como un trabajo más 81. Es más, si efectivamente quedamos persuadidos de que las prostitutas, como se acostumbra a decir, cumplen una «función social», ¿por qué no incluir sus servicios entre las prestaciones del Estado de bienestar? —se pregunta en esa línea José Antonio Marina 82.

Una relación tiene carácter laboral cuando la actividad que se realiza reúne las notas de la voluntariedad (en otro caso hablamos de «trabajos forzados», cumplimiento de castigos, o esclavitud); remuneración (no «trabaja» quien altruistamente hace cosas para los demás); ajenidad (es el otro quien se hace con los frutos de nuestro trabajo, asumiendo a cambio el riesgo empresarial) y dependencia (quien trabaja, se halla, durante el tiempo de trabajo, bajo el poder de dirección y organización de ese otro, el empleador). Esta última se presenta como la característica de la relación laboral que suscita más recelos a la hora de apostar por la consideración de que la prostitución debe ser un trabajo: «Parece difícil cohonestar un espacio para la libertad sexual cuando ésta debe estar dirigida y organizada por la dirección de una pretendida empresa dedicada al comercio sexual, porque esta libertad está por encima de toda organización empresarial» 83. Con mayor crudeza se pronuncia la juez María Antonia Lozano Álvarez: «¿Señalaremos cuántos coitos pueden hacer —las prostitutas— en una jornada de ocho horas, si han de dejarse atar o insultar? ¿Les regularemos el período de descanso cuando menstrúen?» 84.

Frente a ello cabe señalar que toda relación laboral implica, por definición, cesión en la libertad personal. Los «viajes de trabajo» que millones de empleados tienen que realizar son restricciones a la libertad de movimientos. Obviamente no parece lo mismo la obligación de desplazarse de un punto a otro que la de prestar un servicio sexual, aunque en ambos casos están comprometidos derechos fundamentales. Pero pensemos en la producción de películas pornográficas: los actores porno aceptan representar un papel que les exige un buen número de compromisos con el ejercicio de su sexualidad de acuerdo con las pautas que impone un director. Pues bien, de la misma manera que ese actor o actriz debe poder disponer de todos los detalles sobre el trabajo que se espera que haga en la película (en especial sobre quiénes serán sus partenaires), la prostituta que trabaja por cuenta ajena ha de poder rechazar la prestación de un servicio a un determinado cliente. Las legislaciones que se han inclinado por la laboralización así lo contemplan 85.

La idea es por tanto la de tamizar o adecuar ese haz de rasgos, prestaciones, obligaciones y derechos que acompaña a la relación laboral típica o genérica. En Holanda, por ejemplo, las prostitutas tienen derecho a todas las prestaciones de la seguridad social excepción hecha del desempleo, probablemente porque se considera que la probabilidad de fraude es muy alta 86 (lo mismo cabría decir de la categorización de las enfermedades de transmisión sexual como enfermedades profesionales de las prostitutas) 87.

De la misma forma, tampoco parece recomendable extender a la prostitución, considerada como actividad laboral, la posibilidad de trabajar a los mayores de dieciséis años; o incluir entre las modalidades de contrato en el ámbito de la prostitución, el contrato en prácticas y para la formación; o extender la jornada laboral general cuando estamos ante una actividad que ciertamente exige menos horas y más pausas; o equiparar la edad de jubilación; o permitir el llamado «despido objetivo» por ineptitud (la falta de habilidades o carencia de facultades) o por falta de adecuación del trabajador a las «modificaciones técnicas» de su puesto de trabajo, si con ello el empleador puede sortear su obligación de respetar que la prostituta no acepte la relación sexual con determinados clientes o ciertos servicios. Parece, por último, que quien emplea a prostitutas debe asumir la prevención de riesgos típicos en esta actividad, y, así, estar obligado, como establecen los artículos 12.2. y 12.3 del Decreto Catalán 217/2002, a poner preservativos a disposición de sus empleadas y empleados y a exigirles su uso, e igualmente a que dispongan de revisiones médicas periódicas 88.

Alguno pensaría que, una vez hechos tantos retoques al cuadro, del original (la ecuación prostitución=trabajo) no queda nada. En el fondo, que el intercambio de sexo por dinero pueda finalmente ser llamado trabajo como todos los demás, es lo de menos. Se puede aceptar que la prostitución no encaja ni debe encajar en el lecho de Procusto de las actividades laborales «normales», pero lo importante es que, hechas las tamizaciones necesarias, las prostitutas tengan mejores condiciones en el ejercicio de su actividad y más derechos y garantías. No serían, por cierto, las únicas «trabajadoras especiales» o «pseudotrabajadoras». Se sumarían a quienes, también por sus muchas especificidades, engrosan la panoplia de relaciones laborales especiales que recoge el artículo 3 del Estatuto de los Trabajadores: mineros, profesionales taurinos, trabajadores del mar, deportistas, artistas, etc. ¿Por qué no?

CONCLUSIONES

 A lo largo de las anteriores páginas he tratado de argumentar a favor de la llamada «regulación» de la prostitución, es decir, de que la voluntaria prestación de servicios sexuales a cambio de un precio pueda considerarse como una relación laboral.

Para ello he analizado las razones que se aducen en contra de dicha opción «reglamentarista», un elenco de argumentos que se presentan agrupados bajo el estandarte del llamado «abolicionismo». He insistido, en primer lugar, y frente a lo que algunas abolicionistas esgrimen, que la actividad para la que se reclama «licitud», licitud que deriva de la categorización de la prostitución como «trabajo», es la prostitución voluntaria y que es sobre ésta sobre la que se centra el debate genuino acerca de qué hacer desde el punto de vista normativo e institucional con un fenómeno social inquietante y desasosegante desde tiempos remotos. Frente a lo que algunas abolicionistas esgrimen,

existe la prostitución voluntaria; la prostitución no equivale «por definición» a esclavitud. En todo caso, puestos a considerar la prostitución como algo esencialmente denigrante o indigno para los seres humanos (equiparable a la compraventa de órganos, por ejemplo) la actitud coherente por parte del Estado no es la «desregulación» (que implica que la prostitución no es delito pero no se ampara jurídicamente a quien la ejerce), sino la prohibición bajo la amenaza de la sanción penal. Esa es la respuesta, con todo, de un Estado perfeccionista que trata de que los ciudadanos desarrollen sólo aquellos planes de vida que se estiman deseables o virtuosos, lo cual conlleva una restricción insoportable del ideal de la libertad individual.

Junto a todo lo anterior, los abolicionistas aducen que la laboralización incrementa los males propios o derivados de la prostitución —un argumento de naturaleza empírica— y que, de ser considerada la prostitución como un trabajo, tendríamos que admitir también ciertas consecuencias de dicha equiparación que se nos presentan como indeseables. La respuesta a ambos argumentos se deja sintetizar fácilmente: en cuanto a lo primero, la evidencia no es concluyente (e incluso si lo fuera, está por demostrar que la prostitución voluntaria es una dedicación innoble si tenemos en cuenta otros muchos oficios humanos que, igualmente denigrantes, no pensamos que haya que procurar desterrar); en cuanto a lo segundo, las relaciones laborales son matizables en función de las circunstancias del empleo, es decir, nada impide que excepcionemos algunos de los derechos, obligaciones y garantías institucionales ligados al trabajo por cuenta ajena, si es que, como creo que es digno pretender, queremos que las prostitutas tengan una vida mejor, aunque pensemos en el fondo que hay mejores empleos.

 

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“Todas las poses sexuales están permitidas”, dijo el primer ministro de Holanda

Mark Rutte adelantó dos meses la autorización para que la prostitución retome la actividad. Quejas de bares, cafés y salas de espectáculos porque ahí sí exigen el distanciamiento social.

 

26 de junio de 2020

https://www.perfil.com/noticias/actualidad/holanda-adelanta-la-habilitacion-trabajo-sexual-prostitucion.phtml

 

Mark Rutte, primer ministro de Holanda. Foto: Facebook

 

Mark Rutte, el primer ministro de los Países Bajos, dio luz verde para que las trabajadoras sexuales retomen la actividad después de la cuarentena a la que se sometió el país europeo por el brote del coronavirus. “Todas las poses sexuales están permitidas”, dijo Rutte y generó sonrisas en la conferencia de prensa. También generó similar reacción cuando señaló que la situación que por el coronavirus atravesaba ese sector fue un tema seriamente discutido en el seno del gobierno.

Así en Holanda, el trabajo sexual consiguió que se les adelantara la habilitación para retomar la actividad y será a partir del 1 de julio y no del 1 de septiembre como se había previsto. “Todas estamos muy contentas de poder abrir de nuevo, porque ya no tenemos más dinero”, dijo Felicia Anna, presidenta del grupo Red Light United al diario holandés Der Telegraaf. “No esperábamos esto porque la nuestra es una profesión en la que es imposible evitar el contacto cercano”. Dicho sector ahora tiene que establecer un protocolo para garantizar la seguridad sanitaria.

En Holanda, el trabajo sexual puede volver a funcionar a partir del 1 de julio, dos meses antes de lo previsto.

A su vez, el gobierno neerlandés no puso límite alguno al número de asistentes a cines y conciertos. Pero sí debe respetarse el distanciamiento social de 1,5 metros; además de que las entradas se deben reservar con anticipación y se debe responder un cuestionario “sanitario”. El distanciamiento social mencionado, según señalaron los empresarios de espectáculos, determina que podrán funcionar con sólo el 20 por ciento de su capacidad. Esto es, un espacio para 16.000 personas, solamente podrá vender entradas para 3.000. Los cafés y restaurantes también deben adecuarse a esa regla.

Según publicaron medios en Holanda, los virólogos dicen que es crucial mantener la distancia de 1,5 metros siempre que sea posible, a pesar de la oposición en algunos sectores. “Dos cosas fueron cruciales para detener la propagación del coronavirus: quedarse en casa si se está enfermo y el distanciamiento social “, dijo Christian Hoebe, profesor de la Universidad de Maastricht, al Financieele Dagblad. El virus se ha propagado principalmente en grandes eventos y de persona a persona, entre miembros de la familia o colegas de trabajo que no se mantuvieron el distanciamiento establecido.

EI – DS

El barrio rojo de Ámsterdam permanece cerrado mientras el resto de la ciudad abre

Muchas profesiones holandesas volvieron a trabajar en mayo, y la mayoría volverá en julio. Pero las trabajadoras sexuales deben esperar hasta septiembre, enviando a cientos de ellas a la pobreza y obligando a algunas a arriesgarse a trabajar en secreto.

 

Patrick Kingsley

The New York Times

4 de junio de 2020

https://es-us.noticias.yahoo.com/barrio-rojo-%C3%A1msterdam-permanece-cerrada-192719788.html

 

De Wallen, el barrio rojo principal de Ámsterdam, que casi siempre está atestado de turistas y trabajadoras sexuales, estaba casi vacío, el 28 de mayo de 2020. (Laetitia Vancon/The New York Times)

 

 

ÁMSTERDAM — Las luces rojas seguían encendidas sobre los escaparates de De Wallen, el principal barrio rojo de Ámsterdam, pero los escaparates estaban vacíos.

Las calles que están a un lado de los canales, que casi siempre están atestadas de turistas, estaban desiertas.

Los burdeles y el museo de la prostitución estaban cerrados hasta nuevo aviso.

“Prohibido tomar fotografías de las trabajadoras sexuales”, decían los rótulos colocados encima de los escaparates de los burdeles. “Multa: 95 euros”.

Pero en los escaparates no había trabajadoras sexuales que fotografiar, ni tampoco turistas que las fotografiaran.

Los Países Bajos están reanudando sus actividades. Desde el 11 de mayo, ya están trabajando estilistas, instructores de autoescuela y cosmetólogos sin tener que usar cubrebocas. Los restaurantes volvieron a abrir las áreas al aire libre a principios de este mes. Se tiene programado que los gimnasios y saunas vuelvan a funcionar a principios de julio.

En De Wallen, está abierta una cerrajería, así como unos cuantos bares (vacíos por lo general) y las tiendas que venden juguetes sexuales, látigos, esposas y uno que otro vestido de látex.

No obstante, se les ha pedido a las trabajadoras sexuales que esperen hasta septiembre, lo cual hace que la zona esté vacía y que muchas de ellas caigan en la pobreza… o que regresen a trabajar en secreto.

Charlotte de Vries, el nombre profesional de una escort que trabaja en Ámsterdam, normalmente atendía hasta siete clientes por semana. Pero la semana que comenzó la cuarentena, los siete le cancelaron, cosa que de inmediato le costó cerca de 1500 dólares.

“Y después de eso dejé de contar”, comentó De Vries, sentada en una mesa en el límite del barrio rojo. “Pensé que no quería saberlo”.

Mientras hablaba, repiqueteaban las campanas de la iglesia más antigua de Ámsterdam al otro lado de la calle. Comentó que como la zona estaba desierta, ahora sí se podían escuchar los sonidos del vecindario.

Por el momento, De Vries puede recurrir a sus ahorros. Pero muchas de sus colegas no pueden hacerlo. Más de 400 buscaron la ayuda de un nuevo fondo de emergencia recaudado por voluntarios, el cual ofrece unos 45 dólares de ayuda a las solicitantes más necesitadas.

Esa iniciativa dista mucho de ser suficiente. De Vries dice que conoce a siete trabajadoras sexuales que se han visto obligadas a trabajar en secreto solo para pagar la renta. Rosie Heart, que es el nombre profesional de otra trabajadora sexual neerlandesa, señaló que conocía al menos a diez en esta situación.

“En verdad es desastroso”, afirmó Heart, quien normalmente ofrece servicios de escort en Ámsterdam y Londres, además de trabajar como representante de Proud, un sindicato de trabajadoras sexuales neerlandesas.

Trabajar en secreto de esta manera hace que sean especialmente vulnerables porque corren más riesgos con los clientes agresivos.

Antes de la crisis del coronavirus, si un cliente se ponía violento, “acudíamos a la policía”, señaló De Vries. “Pero ahora no podemos porque no es legal lo que estamos haciendo”.

En eso, pasó un vecino que la saludó con una inclinación de la cabeza. “Una de las pocas cosas buenas de la crisis había sido la oportunidad de conocer mejor a los residentes de la zona”, comentó De Vries.

Las dificultades que enfrentan las trabajadoras sexuales neerlandesas se deben a las desigualdades del apoyo gubernamental. Al igual que muchos gobiernos, al principio de la crisis, las autoridades neerlandesas crearon flujos de ingresos de emergencia para las personas que de pronto se quedaron sin trabajo.

Pero en la práctica, muchas de estas trabajadoras no reúnen los requisitos para obtener los nuevos subsidios por la forma en que estaban registradas ante las autoridades tributarias antes de la crisis. O tienen demasiado miedo de solicitarlos.

Pese a que la prostitución es legal en los Países Bajos, muchas trabajadoras sexuales prefieren no declarar su profesión ante las autoridades gubernamentales porque ese oficio todavía conlleva un estigma social, o porque trabajan sin tener todas las licencias que se necesitan para cumplir totalmente con la ley.

En una encuesta a 108 trabajadoras sexuales de los Países Bajos realizada por SekswerkExpertise, un grupo de investigación en Ámsterdam, el 56 por ciento de las encuestadas afirmaron que habían solicitado apoyo por el coronavirus. De esas solicitantes, solo el trece por ciento dijo haber recibido ayuda.

De las que no solicitaron, casi una de cada tres comentó que ya sabía que no cumplía con los requisitos y una de cada seis dijo que le preocupaba declararse trabajadora sexual ante las instituciones de gobierno porque se podría revelar su identidad.

Además, las trabajadoras sexuales migrantes que trabajan sin permiso no pueden ni siquiera pensar en solicitar la ayuda.

Heart fue una de las pocas solicitantes que tuvo éxito y ha recibido 1500 dólares al mes desde marzo, a duras penas la mitad de lo que ganaba normalmente.

Pero dijo que no solicitará ayuda a partir de julio porque, para ese entonces, es probable que las trabajadoras sexuales sean las únicas personas sin trabajo por motivos directamente relacionados con las restricciones por el coronavirus.

Teme que eso la delate como trabajadora sexual y que muy posiblemente haga que los funcionarios locales la desalojen de su casa por suponer —de manera errónea— que usa su apartamento como un burdel sin licencia.

“En un momento podría estar solicitando la ayuda del gobierno”, señaló Heart. “Y al siguiente podría estar peleando para seguir en mi casa”.

Algunas trabajadoras sexuales desempleadas han recurrido a Internet para tratar de ganarse la vida con programas de sexo en línea. Diez asistieron a una reciente sesión de capacitación en línea en el Centro de Información sobre Prostitución, una organización sin fines de lucro que brinda apoyo a las trabajadoras sexuales y visitas guiadas de De Wallen a los turistas.

Pero puede llevar meses construir una base de clientes que pagan en línea, y existen costos sustanciales para establecer un negocio en línea. El trabajo sexual en línea necesita una buena cámara, un micrófono, una conexión a Internet fuerte y un espacio privado donde no sea probable que te molesten.

Una nueva afluencia de profesionales del sexo en Internet también podría dificultarles la vida a quienes ya están en el negocio en línea. “Hay aún más competencia, por lo que es aún más complicado”, dijo Heart.

Las trabajadoras sexuales dijeron que no entienden por qué no les permiten regresar a trabajar al menos de manera parcial en julio, junto con los gimnasios y las saunas. Su trabajo no tiene que incluir besos, y gran parte de ese trabajo, incluso antes de la crisis del coronavirus, no incluía coito ni contacto cara a cara.

Ahora los estilistas pueden volver a atender a sus clientes “y ponerse frente a su rostro para cortarles el flequillo”, comentó Heart. Así que se preguntaba por qué no se les permitía a las trabajadoras sexuales realizar actos sexuales que no llegaran al coito.

“No estoy diciendo para nada que nos permitan trabajar como siempre, claro que no”, añadió. “Pero si dicen que todos pueden volver a trabajar, excepto las trabajadoras sexuales, algo está mal con ese razonamiento”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

 

 

Coronavirus: trabajadoras sexuales camino a la ruina

La epidemia amenaza con arruinarlas. No hay clientes y los burdeles están cerrados hasta nuevo aviso.

 

Clarín.com

18 de marzo de 2020

https://www.clarin.com/mundo/coronavirus-trabajadoras-sexuales-camino-ruina_0_vH6HZtuO.html

 

Son las 19:00 de un viernes, una hora a la que el burdel de tres habitaciones de Aurel Johannes Marx al borde de Berlín estaría preparándose para sus primeros clientes. Hace mucho tiempo que la venta de sexo es un elemento fijo de la liberada vida nocturna de la capital alemana. Pero entre las preocupaciones por el nuevo coronavirus, incluso la supuesta profesión más antigua del mundo sufre un brusco declive.

En el burdel Lankwitzer 7, con su tenue luz roja y sus murales subidos de tono, se han instalado dispensadores con desinfectante de manos junto a los baños. Marx dice que ha ordenado al personal que laven con agua caliente todas las toallas y sábanas, y que abran las ventanas más a menudos para ventilar el aire.

Aun así, ya no hay clientes.

“En la última semana, el negocio ha bajado un 50%’‘, dijo Marx, atribuyendo el descenso al declive generalizado en la vida nocturna que se ha producido desde que el virus llegó a Berlín.

La ciudad ha registrado 332 casos confirmados de COVID-19, la enfermedad que produce el virus. Varias docenas de infecciones se han relacionado con bares y clubes. 

El virus ha causado temor e incertidumbre entre las aproximadamente de 100.000 a 200.000 trabajadoras sexuales en Alemania, donde la prostitución fue legalizada en gran parte hace casi 20 años, explicó Susanne Bleier Wilp, una extrabajadora sexual alemana y portavoz de la Asociación de Proveedores de Servicios Sexuales y Eróticos, o BESD por sus siglas en alemán.

“Algunas se están retirando por completo del negocio en este momento por motivos de seguridad”, dijo Bleier Wilp a Associated Press. Otras, señaló, piden a los clientes que se desinfecten, algo que según expertos médicos probablemente no impida el contagio durante un contacto físico estrecho.

Para la mayoría, el virus solo causa síntomas leves o moderados, como fiebre y tos. Pero algunos, especialmente ancianos y personas con problemas médicos previos, pueden sufrir complicaciones más graves como la neumonía.

La gran mayoría de los infectados se recuperan. Según la Organización Mundial de la Salud, la gente con síntomas leves se recupera en unas dos semanas, mientras que los enfermos más graves pueden tardar de tres a seis semanas.

Una preocupación es que muchas trabajadoras sexuales son jóvenes y podrían estar poco preocupadas por contagiarse, mientras que algunos clientes son mayores de 50, por lo que tienen más riesgo de sufrir complicaciones. Reconstruir las cadenas de infección, como hacen las autoridades cuando se confirma un caso, también puede ser difícil. “En el negocio es normal interactuar de forma anónima y utilizar apodos”, dijo Bleier Wilp. “Es un problema”.

Otro problema es que la prostitución es precaria en el aspecto financiero. A diferencia de otros trabajadores, la mayoría de las trabajadoras sexuales no se beneficia directamente del paquete billonario de préstamos que ha ofrecido el gobierno alemán a empresas que corren el riesgo de arruinarse por el brote de coronavirus.


“Normalmente, las trabajadoras sexuales son autónomas, no empleadas… Eso implica que corren ellas con todos los riesgos.”


Algunas trabajadoras podrían mantenerse con sus ahorros durante varias semanas, señaló, “pero se complica si la crisis dura más. Entonces muchas, especialmente las que lo hacen a tiempo completo, podrían necesitar ayuda”.

Bleier Wilp señaló que una cláusula en la ley alemana de protección contra enfermedades infecciosas podría permitir que las trabajadoras sexuales independientes pidan compensación por la falta de ingresos. Pero la cláusula nunca se ha probado antes, y las que trabajan en los márgenes de la legalidad podrían ser reacias a pedir ayuda de las autoridades. Algunas estimaciones apuntan a que más de dos tercios de las trabajadoras sexuales no están registradas.

Para el sábado, las autoridades berlinesas habían ordenado el cierre temporal de todos los recintos de ocio, incluidos los prostíbulos. No estaba claro si todas las trabajadoras sexuales cumplirían la orden o arriesgarían la salud de sus clientes para llegar a fin de mes.

El Barrio Rojo de Ámsterdam

En Holanda, el famoso Barrio Rojo de Ámsterdam se vio afectado de forma similar después de que el gobierno ordenara el domingo por la noche el cierre de escuelas, bares y restaurantes durante tres semanas, dejando claro que los clubes sexuales también se veían afectados.

Para el domingo por la noche, las calles junto a los canales y callejones de adoquines, normalmente abarrotados de turistas,estaban casi desiertas. El lunes, la mayoría de las ventanas donde suelen posar trabajadoras sexuales ligeras de ropa se veían vacías. Algunas habían colocado carteles indicando que habían cerrado debido a las restricciones por el coronavirus.

Los cierres en Grecia también afectaban a los burdeles, mientras que en Polonia, donde oficialmente los prostíbulos son ilegales, las restricciones forzaron a cerrar los “salones de masajes”.

En Ginebra, donde se encuentra la sede europea de Naciones Unidas, se ordenó el cierre de todos los servicios y comercios no esenciales, incluidos barberos y peluquerías y “actividades de prostitución”. 

Antes del cierre, Aurel Johannes Marx, el propietario del burdel berlinés, admitió que las mujeres que trabajaban en su establecimiento estaban perdiendo dinero.

“Todo el mundo quiere más dinero, no menos. Pero esa es la situación en este momento, está cambiando con rapidez”, dijo. “No puedo hacer nada por cambiar eso”.

“En algún momento va a pasar, y entonces las cosas funcionarán de nuevo”, añadió.

 

Por Frank Jordans,  Associated Press

Mike Corder y Peter Dejong, en Ámsterdam, Elena Becatoros en Atenas, Jamey Keaten en Ginebra y Monika Scislowska en Varsovia, contribuyó a este despacho.