Inmigración de Nueva Zelanda deporta a inmigrantes que realizan trabajo sexual ilegal

 

Por LAURA WALTERS

6 de junio de 2018

https://www.stuff.co.nz/national/politics/104458021/immigration-new-zealand-deports-migrants-engaging-in-illegal-sex-work


El ministro de Inmigración, Iain Lees-Galloway, dice que detener la explotación de los inmigrantes es una de sus principales prioridades.
DAVID UNWIN / STUFF

 

El ministro de Inmigración, Iain Lees-Galloway, dice que detener la explotación de los inmigrantes es una de sus principales prioridades.

El ministro de Inmigración Iain Lees-Galloway dice que está “extremadamente preocupado por las numerosas denuncias de trata sexual”, ya que Immigration New Zealand (INZ) deporta docenas de trabajadoras sexuales ilegales.

Durante los últimos tres años, INZ ha notificado avisos de deportación a 38 personas con visas temporales que fueron descubiertas realizando trabajo sexual.

De esas 38 personas, 27 han sido deportadas o se han ido voluntariamente, mientras que las otras 11 esperan la resolución de su caso.

Las deportaciones y advertencias se producen a la vez que el Gobierno sigue haciendo de la explotación de los trabajadores inmigrantes una prioridad, pero el Colectivo de Prostitutas dice que la ley que prohíbe que las personas con visas temporales realicen trabajos sexuales es discriminatoria, y la deportación es estigmatizante.

Lees-Galloway dijo que estaba preocupado por la trata sexual y la explotación de trabajadoras sexuales, y le había pedido al INZ que le diera actualizaciones regulares sobre su trabajo en el área.

“Es un asunto que Immigration New Zealand toma muy en serio y estoy satisfecho de que están haciendo grandes esfuerzos para acabar con estas prácticas.

“Eliminar la explotación de los inmigrantes es una de mis principales prioridades.

“Debemos hacer todo lo posible para proteger a las personas vulnerables mientras están en Nueva Zelanda”, dijo.

La Ley de Reforma de la Prostitución de 2003 prohíbe a cualquier titular de visa temporal en este país realizar servicios sexuales.

El gerente de INZ, Peter Devoy, dijo que la agencia sabía que las inmigrantes temporales que incumplían las condiciones de su visa trabajando en la industria del sexo eran “vulnerables a la explotación por parte de empleadores y clientes sin escrúpulos”.

La agencia tenía procesos de selección para evitar que las personas ingresaran al país, y para rechazar las visas, si hubiera motivos que sugirieran que su verdadera intención al viajar a Nueva Zelanda era trabajar en la industria del sexo.

En este año, hasta febrero de 2018, se había impedido la entrada a Nueva Zelanda a 132 presuntas trabajadoras sexuales ilegales, ya fuera negándoles el embarque en un vuelo o negándoles la entrada a su llegada.

Sin embargo, INZ no sabía que había una preocupación específica de que la gente eligiera a Nueva Zelanda como un destino para trabajar ilegalmente en la industria del sexo, dijo Devoy.


Dama Catherine Healy dice que el Gobierno está estigmatizando a las mujeres deportadas por dedicarse al trabajo sexual.
KEVIN STENT / STUFF

 

Mientras tanto, la coordinadora nacional del Colectivo de Prostitutas, Catherine Healy, dijo que la explotación de las trabajadoras sexuales que violaban sus condiciones de visa era generalizada.

En dos casos, las mujeres habían acudido al Colectivo de Prostitutas para denunciar que habían sido violadas. Otras dijeron que el pago les había sido retenido.

Un informe internacional publicado por la Alianza Global contra el Tráfico de Mujeres (GAATW) no encontró pruebas contundentes de trata de personas en la industria sexual de Nueva Zelanda, y Healy dijo que no conocía que hubiera trata sexual, pero sí abuso contra las trabajadoras sexuales inmigrantes ilegales. .

El Colectivo trabajó con trabajadoras sexuales, policías y profesionales de la salud para asegurarse de que las mujeres tuvieran un lugar seguro donde informar de cualquier problema sin temor a ser estigmatizadas o deportadas.

Healy dijo que el escenario ideal sería cambiar la ley “discriminatoria” para permitir que las personas con visas temporales se dediquen al trabajo sexual, ya que sí estaban autorizadas para participar en cualquier otro tipo de trabajo durante su estancia en Nueva Zelanda.

Las que operaban en la clandestinidad eran más vulnerables a la explotación, dijo.

Este aparente renovado enfoque en aquellas mujeres que operan ilegalmente se produce cuando el gobierno ha prometido acabar con la explotación de trabajadores inmigrantes como parte de su promesa preelectoral, lo que se esperaba que contribuyera en cierta medida a reducir las cifras netas de migración.

Si bien la mayoría de los inmigrantes conocía las reglas cuando se trataba de trabajo sexual, había habido alguna confusión reciente, y el trabajo sexual figuraba en la lista de empleos calificados del sitio web de INZ, según los informes de NZME.

La ocupación no estaba en la lista de escasez de titulaciones, sino en una lista derivada de la lista de clasificación estándar de ocupaciones de Australia y Nueva Zelanda (ANZSCO). La ocupación ha sido eliminada de la lista de empleos calificados.

Healy dijo que, mientras toma medidas enérgicas contra la explotación, el Gobierno estigmatiza a las mujeres que son expulsadas por trabajo sexual. Fueron enviados a casa —algunas eran estudiantes y no pudieron terminar su calificación— con una marca negra junto a su nombre, y el estigma de ser deportadas por dedicarse al trabajo sexual. En algunos países eso tendría un efecto negativo en sus vidas, dijo.

Healy dijo que el gobierno podría hacer cambios en esta área para ayudar a reducir la explotación, sin estigmatizar ni discriminar a las trabajadoras sexuales. Dijo que le gustaría tener la oportunidad de participar en una conversación.

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Feminismos y prostitución: entre la abolición, la regulación y el reconocimiento de derechos

 

por Sandra Milena Yáñez 

30 de junio de 2018

https://cubaposible.com/feminismos-y-prostitucion-entre-la-abolicion-la-regulacion-y-el-reconocimiento-de-derechos/

Foto: Sergio Uceda

 

¿En qué momento la prostitución se convirtió en un asunto de interés para los feminismos? ¿Por qué hoy se debate en el mundo occidental sobre si se debe prohibir o, por el contrario, se sigue permitiendo el ejercicio de la prostitución? ¿Cómo se conecta ese debate con las reivindicaciones de los distintos feminismos, tanto occidentales como no occidentales?

En el presente artículo proponemos una revisión (no exhaustiva) a los hechos que han dado lugar al debate actual sobre prohibir o no la prostitución, y la postura que el feminismo llamado “hegemónico”, es decir, el feminismo más visible en Occidente y que de cierta manera marca las pautas de acción de los movimientos feministas en el mundo, ha asumido al respecto.

Vale la pena aclarar que la mirada de este artículo se construye, sobre todo, desde lo que está ocurriendo hoy en Europa y América latina en relación a este tema, dejando por fuera muchas de las experiencias en otras partes del planeta.

 

Prostitución, trabajo sexual y trata: aclarando conceptos

¿Son lo mismo la prostitución y la trata de mujeres con fines de explotación sexual?

Aunque la prostitución o el intercambio de servicios sexuales por dinero o bienes entre personas adultas es un oficio tan viejo como la misma humanidad, el concepto “prostitución”, utilizado en las convenciones internacionales, en los medios de comunicación y, por supuesto, en los debates feministas contemporáneos tiene apenas dos siglos, según lo explica la investigadora Laura Agustín 1 . El mercado sexual ha existido en todas las civilizaciones, en algunas con más restricciones que en otras y con fines muy distintos, pero solo es hasta la aparición del concepto de “prostitución”, que proviene del término latino prostituere , que significa literalmente exhibir para la venta, que comienza a enfocarse la atención en una de las dos partes de la transacción sexual, lo que ha terminado por convertir a las llamadas prostitutas (así, en femenino) en el objeto principal de observación y análisis hacia este mercado.

Si esto le sumamos la imposición de un modelo sexual heteronormativo, es decir, un modelo en el que se asumen como “normales” o “naturales” únicamente las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, vemos cómo se ha perpetuado hasta ahora, tal como lo afirma Agustín, “el supuesto clásico de mujer-sexoservidora/hombre cliente” 2 , aunque la experiencia demuestre que los intercambios sexuales son de todo tipo y se producen indistintamente entre hombres y mujeres heterosexuales y homosexuales y personas transgénero. Por último, y no menos importante, hemos de señalar que la moral de cada sociedad ha terminado por delimitar la idea de la prostitución, entendiendo este concepto como parte de las conductas sexuales reprochables, con lo que según que actividades, manifestaciones o actitudes sexuales (no siempre mediadas por una transacción económica) pueden ser consideradas delictivas en unas sociedades y en otras no. Esto ha completado el cuadro para que no se llegue a un acuerdo global sobre el sentido del término y, en palabras de Agustín: “Se supone que engloba tantas actividades que al final es mejor prescindir de la palabra”.

En una cosa en la que sí parecen estar de acuerdo los 82 países que han firmado El Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena , una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del año 1949, es en que, como reza su preámbulo:

“ la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad” 3

Aquí nos enfrentamos a lo que ha sido la principal causa de persecución de las personas que se dedican al mercado del sexo: la asimilación, explícita en este convenio, de la prostitución con el tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual, es decir, relacionar intencionadamente el intercambio sexual entre adultos libre y consentido con el tráfico y sometimiento de personas con fines sexuales. Además de esto, no podemos dejar de evidenciar la carga moral que tiene consigo la expresión “la prostitución y el mal que la acompaña”, que deja en el plano de la moralidad el juicio sobre el ejercicio de la prostitución y además lo convierte en la causa directa de la trata de personas. A partir de aquí resulta casi imposible separar el ejercicio de la prostitución del tráfico de personas, con lo que los trabajadores del sexo cargan con un doble estigma desde entonces: el de ofensoras de la moral pública y promotoras de la explotación de otros seres humanos.

Sobre el concepto de trata de personas con fines de explotación sexual es precisamente este convenio el que delimitará su significado y hará un cambio “políticamente correcto” en relación al concepto de “trata de blancas”, una expresión del siglo XIX que hacía alusión al mito del tráfico de mujeres europeas y americanas -blancas- en Asia, África y América para explotarlas sexualmente. 4 Esta alusión directa a las mujeres blancas obedecía a que hasta en ese momento la esclavitud de mujeres negras, asiáticas y aborígenes de los territorios colonizados por Europa no era considerado algo anormal ni delictivo mientras que la transacción con mujeres europeas y americanas blancas sí.

La idea de trata expuesta en el convenio de la ONU resulta problemática para muchos países pues, a diferencia de lo que podríamos creer, no tiene en cuenta el consentimiento de la persona para definir si ha habido explotación o no en contra de su voluntad. En su artículo 1 el convenio llama a castigar a aquellos que “concertaran o explotaran la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de tal persona» con lo que se terminaría por incluir en el delito de la trata al ejercicio sexual que se ejerce libremente y sin coacción con la ayuda de otra y otras personas (burdeles, casas de citas, salas de masaje sexual e incluso apartamentos compartidos con otros trabajadores sexuales). Debido precisamente a esta definición es por lo que, en Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Grecia o Turquía, países en los que la prostitución voluntaria es legal y está regulada como una ocupación, no se ha ratificado el convenio.

En el año 2000 la ONU formula El protocolo de para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños , en el marco de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional , que redefine el delito de la trata, especificando los casos en que el consentimiento debe obviarse y ampliando el concepto de explotación, yendo más allá de la finalidad sexual:

“ La “trata de personas” puede significar el reclutamiento, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, bajo amenaza o por el uso de la fuerza u otra forma de coerción, secuestro, fraude, engaño, abuso de poder o una posición de vulnerabilidad, o recibir pago o beneficios para conseguir que una persona tenga bajo su control a otra persona, para el propósito de explotación. La explotación puede incluir, como mínimo, la explotación de la prostitución de otros u otra forma de explotación sexual, trabajo forzado o servicios, esclavitud, o prácticas similares a la esclavitud, servidumbre, o remoción de órganos… El consentimiento de las víctimas de la trata de personas hacia sus explotadores establecido [arriba] es irrelevante cuando cualquiera de las formas mencionados [arriba] ha sido usada.”

Esta actualización del concepto ha hecho que 171 países del mundo ratifiquen este protocolo, lo que demuestra que el moralismo, usado como criterio en el convenio del año 1949, no puede seguir siendo utilizado por la ONU a la hora de establecer líneas de actuación para enfrentar el tráfico de personas o cualquier otro delito.

Precisamente de esta Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional surge la creación de un grupo de expertos contra el tráfico de personas en el Consejo de Europa (GRETA), grupo que en su informe sobre España del año 2013 destaca la imperante necesidad de distinguir trata con fines de explotación sexual, por un lado, y prostitución por el otro. En el mismo documento se critica que el Estado Español centra su lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, pero deja de lado la trata con otros fines de explotación laboral (servicio doméstico, temporeras del campo español, mano de obra de talleres clandestinos, etc.), lo cual resulta muy conveniente para ciertos sectores. Por último, afirma que es erróneo sostener que un 90% de prostitutas sean víctimas de trata, como lo repiten lobbies abolicionistas y medios de comunicación, ya que no existen estudios que avalen esta cifra.

Más adelante veremos que la definición de trata del año 1949 y la mal-intencionada identificación entre dicho concepto y el de prostitución se convertirán en la base de las argumentaciones del lobby feminista abolicionista, nacido en el seno del feminismo hegemónico occidental.

¿Por qué hablar de trabajo sexual en lugar de prostitución?

Para cerrar este apartado nos referiremos al concepto de trabajo sexual, desde el cual el activismo de las y los trabajadores del sector del sexo (prostitutes, operadores de líneas eróticas, actores y actrices porno, dominatrices profesionales, etc.) busca que se les reconozca internacionalmente. El trabajo que al respecto han venido haciendo desde hace más de dos décadas organizaciones como Hetaira y Aprosex de España y la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) empieza a dar sus frutos y son cada vez más las organizaciones, colectivos y medios de comunicación alternativos que hablan de trabajo sexual en lugar de hablar de prostitución.

El sector de los servicios sexuales no sólo está estigmatizado socialmente debido, principalmente, al miedo que sigue causando el tema de la sexualidad libre, sino que además por cuenta de la clandestinidad desde la que tiene que actuar a cuenta de las leyes prohibicionistas no se ha logrado consolidar, como en otros sectores laborales, cuerpos representativos sindicales que le den al trabajador sexual el mismo estatus de cualquier otro trabajador, permitiendo que se reconozcan legalmente sus derechos y también sus obligaciones con el Estado.

El reconocimiento hoy de la condición de trabajadores y trabajadoras sexuales en los países en los que la prostitución y la industria del sexo están permitidas se logró en parte a lo conseguido por las trabajadoras sexuales que, en pleno centro de Lyon, en Francia, ocuparon la iglesia de Saint-Nizier, en la mañana del lunes 2 de junio de 1975, para protestar por las penas de prisión a las que habían sido condenadas unas diez de ellas unos pocos días antes, por supuesta reincidencia en el controversial delito de “captación activa de clientes”. “Esa protesta rechazaba la persecución policial, las leyes represivas y los cánones morales que criminalizaban a las trabajadoras sexuales haciéndolas responsables de una “actitud dirigida a provocar el libertinaje” 5 .

A pesar de que el encierro sólo duró ocho días por el desalojo violento que sufrieron por parte de la policía francesa, la protesta logró visibilizar a nivel internacional la lucha de las prostitutas por sus derechos laborales en una doble condición reivindicativa: la de mujeres y la de trabajadoras, que hasta ese momento no era reconocida por nadie. Sobre este hecho, convertido en un hito por el activismo de los y las trabajadores sexuales, dice la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR): “Éste ha sido uno de los primeros hechos históricos en que las trabajadoras sexuales se atrevieron a discutir los criterios morales dominantes y a luchar contra su estigmatización, a hacer oír su propia voz y a hacer conocer su propia mirada respecto de sus condiciones de vida y, fundamentalmente, a luchar por sus derechos humanos y laborales.” 6

Hablar de trabajo sexual en lugar de hablar de prostitución permite, de una parte, transformar el sentido peyorativo y estigmatizante de la noción de prostitución, asumido durante siglos como una lacra social y que ha culpabilizado y señalado especialmente a las mujeres, y de otra parte, hablar de trabajadores del sexo nos permite entender que hay un mercado del sexo, amplio y diverso, en el que trabajan millones de personas, que merecen ser reconocidas y cuya lucha sindical y por sus derechos no puede ser tratada de forma distinta a otras luchas laborales.

La propia ONU, que ya hemos visto ha tenido un sesgo importante en la definición de la prostitución en el pasado, ha empezado a usar el término trabajador sexual en sus informes: “El término apropiado que se aplica para el trabajo sexual se define mejor en relación con el contexto local. Esta definición puede cambiar con el tiempo a medida que las actitudes evolucionan. Debe darse prioridad a hacerse eco de cómo se perciben a sí mismos en este papel los que están implicados en el trabajo sexual. (…) El término profesional del sexo ha ganado popularidad por encima del de prostituta porque las personas implicadas consideran que es menos estigmatizante y creen que la referencia al trabajo describe mejor su experiencia”. 7

 

Feminismos y prostitución: abolicionismo, regulacionismo y reconocimiento de derechos

En esta segunda parte del texto hablaremos de las tres posturas desde las que diferentes vertientes feministas abordan la cuestión del trabajo sexual, sobre todo el ejercido por las mujeres: abolicionismo, regulacionismo y garantista de los derechos de las y los trabajadores sexuales. La importancia de dichas posturas radica en que las políticas tanto nacionales, como transnacionales (formuladas desde organismos como la ONU) referentes a la reglamentación de la prostitución y la lucha contra la trata de personas están fuertemente influenciadas por las miradas feministas, sobre todo por la del feminismo hegemónico occidental y es urgente revisar críticamente las posturas que se han construido al respecto.

El feminismo hegemónico y el abolicionismo

En el mundo occidental reconocemos por feminismo la lucha librada por las mujeres occidentales, a partir del siglo XVIII, para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, denunciar y eliminar tanto la violencia de los varones sobre las mujeres, como ​los roles sociales establecidos según el género. A este feminismo blanco, occidental y muy visible en las agendas mediáticas occidentales, es al que llamamos feminismo hegemónico y es a partir de su hegemonía que se delimitan lo que algunas autoras han denominados “feminismos periféricos”, que son esencialmente los feminismos de raíz no occidental y que en muchos postulados se oponen radicalmente al feminismo hegemónico.

Podemos decir que, desde su surgimiento, con la aparición de la obra “Vindicación de los derechos de la mujer”, de Mary Wollstonecraft (1792), el feminismo occidental se ha ramificado y hoy hablamos ya no de un movimiento homogéneo y claramente identificable, como ocurría en el siglo XVIII, sino de un espacio de lucha heterogéneo en el que incluso muchas posturas pueden ser radicalmente opuestas a otras. A pesar de esto, los medios de comunicación, las agencias internacionales de cooperación y ciertos actores políticos e influenciadores suelen estar alineados con la facción más conservadora del feminismo occidental, heredera de la llamada primera ola del feminismo, por tener posturas que aunque en apariencia son rompedoras, en realidad suponen la continuidad del binarismo de género y de lo que muchos encajan como “normal” en relación con las inclinaciones sexuales, los roles de género y el ejercicio público de la sexualidad.

El abolicionismo surge en el siglo XIX encabezado por un grupo de mujeres que reaccionan frente a las leyes higienistas, muy en boga en toda Europa, que consideraban la prostitución una enfermedad social, crónica e incurable y que reglamentaban su ejercicio no para mejorar las condiciones de las trabajadoras sexuales sino para que su conducta no afectara la vida y la moral de las personas “de bien”. Frente a estas leyes las abolicionistas, dentro de las que destaca la figura de la británica Josephine Butler (1828-1906), reaccionan contra la intromisión estatal en los cuerpos de las mujeres que suponía el reglamentarismo higienista y como una crítica al modelo de sexualidad vigente, reivindicando mayor libertad para las mujeres y el derecho a no ser atacadas sexualmente, incluidas las prostitutas, lo que sin duda era revolucionario para la moral de la época. “Concibieron la prostitución como una cuestión de dignidad de la mujer y de sus derechos. El proyecto abolicionista se inscribía, pues, en un proceso de emancipación de las mujeres de más largo alcance.” Afirma Gemma Nicolás Lazo. 8

Pero, ¿en qué momento el abolicionismo feminista se convierte en un aliado de los sectores más conservadores de la sociedad? Cuando el discurso llega a las instancias de poder encargados de legislar y tipificar los delitos relacionados con las mujeres con respecto a la prostitución el sentido asociado a la reivindicación de los derechos de las prostitutas desaparece y en su lugar se posiciona la idea de que, con la abolición de la prostitución, en reemplazo de la reglamentación, se garantiza la moral y las buenas costumbres y, de paso, se controla la sexualidad de las mujeres “decentes”.

“ Los delitos que acompañaban a la prostitución en los Códigos del diecinueve, y que lo seguirán haciendo durante algún tiempo en el futuro, son el de adulterio, violación, escándalo público y rapto. El bien jurídico a proteger en los delitos contra la honestidad no era los derechos de las mujeres, sino una idea de decencia y decoro proveniente del orden moral establecido. Lo que los dispositivos de poder pretendían, y también el derecho penal en ultima ratio, era garantizar y mantener la “honestidad” de las mujeres “decentes”, es decir, controlar su sexualidad.” 9

Lo más increíble de este giro es que la abolición institucionalizada se leía en el siglo XIX y se sigue leyendo hoy como una reforma moderna y necesaria para los estados introducida por el feminismo, sin que esto lo cuestionen los políticos de izquierdas ni las propias feministas. En lugar de retornar a las reivindicaciones de las primeras abolicionistas, las abolicionistas de hoy se reafirman en los argumentos institucionales que continúan señalando la prostitución como una lacra moral y de la salud pública.

Como mencionábamos en un apartado anterior, el abolicionismo se acompañó, desde muy temprano, de la confusión entre prostitución y trata de mujeres que en el siglo XIX se conocía como “trata de blancas”, un concepto que fue clave para conseguir tres propósitos en ese momento: construir un mito sobre la esclavitud de mujeres blancas en países no occidentales para controlar la autonomía de las mujeres que emprendían procesos migratorios; construir un mito racista sobre la existencia de un mercado de trata manejado por hombres no blancos y profundizar en la idea de que la prostitución es siempre resultado del sometimiento y nunca del ejercicio libre de la sexualidad de las mujeres. (Nicolás lazo, 2009).

Esta relación entre trata y prostitución, como vimos, se refuerza con el Convenio de la ONU para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, de 1949, que además reivindicará que las políticas abolicionistas, sustentadas por el feminismo hegemónico occidental, suponen un avance en la protección de los derechos de las mujeres, por lo cual ningún país puede renunciar a imponerlas en su territorio. Esto, a pesar de demostrarse que la abolición de la prostitución solo tiene beneficios para la institucionalidad colonial, racista y patriarcal y nunca para las trabajadoras sexuales.

José López Riopedre en su artículo “La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta” 10 explica muy bien lo conveniente que ha resultado el discurso abolicionista en Europa para, de una parte, camuflar el racismo que desata la presencia masiva de inmigración de las excolonias europeas, en los años 90s, permitiendo la criminalización de dicha población a través de la confusión interesada entre trata y prostitución, y de otra parte ha permitido ampliar el ámbito de intervención y control sobre los ciudadanos, dirigiendo conductas y conduciendo sexualidades (en el mismo sentido en que Foucault habla de la biopolítica y del control estatal e institucional de las sexualidades). “El “eje del mal” del siglo XXI se ha edificado así en torno a una curiosa amalgama de sujetos infames: maltratadores, pederastas, clientes de servicios sexuales, facilitadores, voyeurs, exhibicionistas, dueños de negocios de alterne, arrendadores y arrendatarios de locales de perdición e intermediarios de toda guisa. Son los auténticos monstruos del presente, neo-terroristas de Estado que concentran todas las energías de los nuevos combatientes de la cruzada moral post-moderna. La necesaria y perentoria expiación de sus crímenes aflora durante todo el proceso discursivo donde los estereotipos del tráfico, la deuda y la explotación sexual salen continuamente reforzados gracias a la acción multiplicadora de los medios de comunicación social.” 11

Además de esto hay que agregar, tal como lo dice López Riopedre, que el discurso criminalizador del trabajo sexual por parte del abolicionismo convierte en víctimas a las trabajadoras sexuales, con lo que las objetualiza, despojándoles de su capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos y, al mismo tiempo, aunque las señala víctimas, con lo que uno pensaría que hay hacia ellas una trato distinto al destinado al “proxeneta” o al “cliente”, no les garantiza ningún derecho como mujeres víctimas del patriarcado, como si ocurre en los casos de violencia de género. Al final lo que tenemos es un discurso moralizante que ni por asomo reconoce la capacidad de agencia de las trabajadoras sexuales y que sólo las tiene en cuenta si se reconocen como víctimas. 12

Suecia, sin duda, ha sido el país que ha asumido las banderas abolicionistas en Europa, siendo el primer país de la región en tener una ley que prohíbe la compra de servicios sexuales (1999). Su modelo, que supuestamente no actúa contra las prostitutas sino contra los clientes, lo que ha hecho es clandestinizar los servicios sexuales, poniendo en riesgo a los trabajadores sexuales, mientras controla la sexualidad de sus habitantes. Aunque parece contradictorio que el abolicionismo se institucionalice con estos objetivos en un país como Suecia, que se lee como un estado liberal, demócrata y socialmente avanzado, dice López Riopedre, siguiendo a Kulick 13 , que no debemos olvidar que Suecia “posee uno de los ordenamientos jurídicos más severos en cuanto a disciplinamiento de la conducta sexual de sus ciudadanos, por lo que puede entenderse mejor que se haya convertido en el país donde la voluntariedad de los sujetos se halle cada vez más cuestionada a la hora de establecer relaciones sexuales, optando por criminalizar no sólo a la industria del sexo sino también a quienes mantengan contacto íntimo con menores, seropositivos que no informen debidamente acerca de su enfermedad, interviniendo cualquier tipo de remuneración durante el intercambio sexual o bien pueda suscitarse la sombra de la sospecha en cualquier momento de la interacción” 14 .

Ni reglamentarismo ni abolicionismo: apelar al reconocimiento de los derechos de las y los trabajadores sexuales

Las y los trabajadores sexuales, agrupados en organizaciones, cooperativas, sindicatos y asociaciones en todo el mundo participan, día sí y día también, en charlas, debates, congresos, programas de televisión, foros de internet y en otros espacios de divulgación para hacerse oír con respecto a sus reivindicaciones, porque están cansados de que sean siempre otros los que hablen por ellos.

De una parte quieren dejar claro que sus reivindicaciones nada tienen que ver con las de las feministas abolicionistas, que abogan por convertirlas en víctimas para luego salvarlas de las redes del tráfico sexual, con lo que se enriquece lo que Laura Agustín llama “la industria del rescate” 15 . De otro lado también quieren alejarse de la postura reglamentista, que antes era asumida por las políticas higienistas, como vimos, y ahora es abanderada por los dueños de burdeles y clubes de alterne que buscan, con ayuda de sus aliados políticos, que se reglamente el ejercicio de la prostitución de modo que únicamente ellos se vean beneficiados de tal actividad.

Tanto una como otra posición despojan a las trabajadoras sexuales de su capacidad de agencia sobre su cuerpo y su sexualidad y les niegan la posibilidad de ejercer sus derechos como cualquier trabajador occidental. En ese sentido reivindican las declaraciones del documento publicado por Amnistía Internacional en 2015, resultado de su investigación con trabajadores sexuales durante más de dos años en todo el mundo, en el que instan a los gobiernos del mundo a despenalizar el trabajo sexual y proteger los derechos humanos de las y los trabajadores sexuales. En su texto AI aclara la diferencia entre despenalizar, que es lo que piden los trabajadores sexuales, y legalizar el trabajo sexual:

“ Más que la eliminación de las leyes que penalizan a las trabajadoras y los trabajadores sexuales, la legalización supone la introducción de leyes y políticas relativas específicamente al trabajo sexual con el fin de regularlo formalmente. Amnistía Internacional no se opone a la legalización per se, pero los gobiernos deben asegurarse de que el sistema respeta los derechos humanos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Creemos que todavía hay margen para avanzar en materia de despenalización y contra los abusos de derechos humanos derivados de la legalización, dado que hay trabajadoras y trabajadores sexuales que están quedando al margen de la ley en sistemas en que el trabajo sexual está legalizado.” 16

En este documento Amnistía Internacional insta a los gobiernos a:

“ Garantizar que todas las personas tienen acceso a sus derechos económicos, sociales y culturales, a la educación y a oportunidades de empleo

Eliminar los estereotipos de género perjudiciales y todas las formas de discriminación y las desigualdades estructurales que puedan llevar a grupos marginados a vender servicios sexuales en cantidad desproporcionada

Reformular las leyes relativas al trabajo sexual para eliminar los delitos de carácter muy general que criminalizan la mayoría de los aspectos –si no todos– del trabajo sexual y convertirlas en leyes que brinden protección frente a la coacción (incluida la trata de personas) y los actos de explotación y abuso y prevengan la participación de niños y niñas en el comercio sexual.

Eliminar la regulación penal y cualquier otra regulación punitiva del trabajo sexual con consentimiento entre personas adultas, ya que refuerzan la marginación, el estigma y la discriminación y pueden negar a las personas que se dedican al trabajo sexual el acceso a la justicia bajo el amparo de la ley.

Garantizar la participación de las trabajadoras y los trabajadores sexuales en la elaboración de las leyes y políticas que afectan directamente a su vida y su seguridad.

Garantizar marcos efectivos que permitan a las personas abandonar el trabajo sexual cuando así lo decidan.”

Debido a este posicionamiento con respecto al trabajo sexual AI recibió muchas críticas por parte del feminismo abolicionista europeo y de los gobiernos que son prohibicionistas pues a partir del documento se insinúa, de forma mal intencionada, que despenalizar el trabajo sexual es favorecer a las redes de trata, cuando ya está claro que prostitución y trata no son la misma cosa. Al respecto AI afirma: “Pedir la despenalización del trabajo sexual no significa eliminar las leyes que penalizan la explotación, la trata de personas o la violencia contra las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Estas leyes tienen que mantenerse y pueden y deben reforzarse. Significa eliminar las leyes y políticas que penalizan o sancionan el trabajo sexual, entre ellas figuran las leyes y reglamentos relativos a la venta, la compra o la organización de trabajo sexual, como ofrecer servicios sexuales, alquilar establecimientos, “regentar burdeles” y vivir de los beneficios de la “prostitución”.

Despenalizar el trabajo sexual, es decir, descriminalizarlo desde el punto de vista legal, implica para los trabajadores sexuales:

  • Tener acceso a la atención de la salud
  • Poder denunciar los delitos ante las autoridades
  • Poder organizarse y trabajar juntxs para mayor seguridad
  • Poder cotizar en el régimen de la seguridad social como trabajadores sexuales (no con profesiones encubiertas)
  • Desestigmatizar a su familia por “vivir de los beneficios” del trabajo sexual.

En este punto es clave mencionar la situación especial de los trabajadores sexuales inmigrantes que, además de padecer el estigma de cualquier trabajador sexual nativo, corre el riesgo permanente de ser deportado si no logra regularizar su situación como extranjero. Frente a esto, las y los trabajadores sexuales inmigrantes exigen una despenalización que contemple la regularización de aquellos que están en el territorio de manera irregular a través de su propio trabajo, es decir, que no se vean obligados a hacer contratos ficticios para obtener su residencia y su permiso para trabajar.

Vale la pena destacar que la posición de AI la comparten otras organizaciones que apoyan o piden la despenalización del trabajo sexual, entre las que figuran la Alianza Global contra la Trata de Mujeres, la Comisión Global sobre VIH y Derecho, Human Rights Watch, ONUSIDA, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud y la Organización Mundial de la Salud. Esto, sumado al reconocimiento del trabajado sexual por parte de sindicatos de todo el mundo y de la consideración de la lucha de las “putas feministas” como una lucha más por parte de muchos feminismos tanto del sur global como de facciones del feminismo occidental, son sin duda pasos muy importantes en la descriminalización del trabajo sexual y la reivindicación de los derechos de las trabajadoras de la amplia industria del sexo, que, después de siglos de ser las víctimas y de soportar que otros y otras hablen por ellas, han decidido no quedarse calladas nunca más. Como dice Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR):

“ La gran batalla que damos ahí es marcar la agenda, que nuestras voces sean escuchadas, interpelar al feminismo que no nos reconoce como un sujeto de derechos para que se comprenda que, más allá de que cada una pueda tener una posición sobre la prostitución, abolicionista o a favor del reconocimiento de derechos, lo importante es que el sujeto debe decidir por sí mismo. Creemos importante que, cuando se despliegan políticas punitivas o políticas públicas sobre un sector, sea ese sector el que tenga que decidir, no que otros hablen por él. Ese es el feminismo que nosotras defendemos, la principal ética feminista en torno a la autonomía de las mujeres.” 17

 

Notas:

1 Agustín, laura. La Industria del sexo, los migrantes y la familia europea. Cadernos Pagu (25), julho-dezembro de 2005. PP 107-128

 ídem

3 Convention for the Suppression of the Traffic in Persons and of the Exploitation of the Prostitution of Others. Disponible en:http://treaties.un.org/Pages/ViewDetails.aspx?src=IND&mtdsg_no=VII-11-a&chapter=7&clang=_en

4 Laura Agustín nos habla del origen de esta expresión: “La primera frase tiene su origen en un escándalo en el norte de Europa durante una larga migración de mujeres europeas hacia Argentina, un país receptor al que faltaban mujeres a fines del siglo XIX. Ya que no se quería creer que esas “blancas” pudieran elegir vender servicios sexuales, se creó un concepto conveniente. En: Agustín Laura, La industria del sexo, los migrantes y la familia europea. Cad. Pagu [online]. 2005, n.25, pp.107-128. http://dx.doi.org/10.1590/S0104-83332005000200005 .

5 AMMAR Córdoba y Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual. 40 años de lucha de lxs trabajadorxs sexuales!! Publicado el martes, 2 de junio de 2015. Disponible en: http://redreconocimientotrabajosexual.blogspot.com/2015/06/40-anos-de-lucha-de-lxs-trabajadorxs.html

6 ídem

7 Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA). Trabajo sexual y VIH/SIDA. Actualización técnica. Marzo de 2003. Disponible en: http://data.unaids.org/publications/irc-pub02/jc705-sexwork-tu_es.pdf

8 Nicolás Lazo, Gemma. La tergiversación del abolicionismo: de movimiento de mujeres liberador a defensor de un paternalismo victimizador de las trabajadoras sexuales. En: El trabajo por cuenta ajena y sus fronteras. Compilado por: Agusti Julia Jordi / Pular Beltran Nuria. Albacete, Editorial Bomarzo, 2009.

9 Ídem

10 López Riopedre, José. La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta. En: Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 24 · http://hdl.handle.net/10481/18099

11  Ídem.

12 Véase el caso en España de Amelia Tiganus, víctima de la trata de mujeres en Rumanía, que es usada por el abolicionismo en España como la muestra de que es imposible ejercer el trabajo sexual a menos de que haya coacción. El reconocerse como víctima le ha permitido a Tiganus ser bien vista en los círculos feministas y abolicionistas en España, aunque ella sepa que la trata que la red que la captó nada tiene que ver con el ejercicio libre de la prostitución.

13 Kulick. “Sex in the New Europe: The Criminalization of Clients and Swedish Fear of Penetration”. En: Anthropological Theory, 2003, Sage Publications, vol. 3 (2): 199-218.

14 López Riopedre, José. La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta. En: Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 24 · http://hdl.handle.net/10481/18099

15 Conglomerado de feministas, expertos, instituciones públicas y ongs que viven de “salvar” a las prostitutas de la trata, apoyándose en la idea de que la prostitución voluntaria es asimilable a la trata.

16 Amnistía Internacional. Política de Amnistía Internacional sobre los derechos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. 2015. Disponible en:http://www.amnesty.org/es/qa-policy-to-protect-the-human-rights-of-sex-workers/

17 Ter Garcia. Georgina Orellano: “Las trabajadoras sexuales en Argentina estamos integradas en una central obrera”. Publicado en El salto, edición online, 2017-11-12. Disponible en: http://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/georgina-orellana_trabajo_sexual_modelo_nueva_zelanda

Fuente: http://cubaposible.com/feminismos-y-prostitucion-entre-la-abolicion-la-regulacion-y-el-reconocimiento-de-derechos/

 

AUTORA: 

Sandra Milena Yáñez

Investigadora predoctoral en Derechos Humanos y Ciudadanía . Universidat de Barcelona. Activista migrante y antirracista.

El trabajo sexual, la falta de libertad laboral y la ley

 

Publicado el 13 de junio de 2018 por legalresearch

 

Por la Dra. Katie Cruz, Profesora de Derecho (Facultad de Derecho de la Universidad de Bristol).*

 

https://legalresearch.blogs.bris.ac.uk/2018/06/sex-work-labour-unfreedom-and-the-law/

 

 

 El 2 de junio, trabajadoras sexuales y activistas se reunieron en todo el mundo para celebrar la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales. El Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales es solo uno de los días del año dedicados a la lucha de las trabajadoras sexuales. Las activistas se reúnen también el 3 de marzo para conmemorar el Día Internacional de los Derechos de las Trabajadoras Sexuales y el 17 de diciembre para conmemorar el Día Internacional para Acabar con la Violencia contra las Trabajadoras Sexuales. Estas fechas ocurren debido a la violencia y a la exclusión, históricas y continuadas, contra las trabajadoras sexuales. Las trabajadoras sexuales están sujetas a formas de violencia interpersonal, de agentes de policía y de clientes, y a la violencia estructural de la justicia penal y las instituciones de inmigración. Son penalizadas y perjudicadas por las leyes y normativas antitrata con frecuencia punitivas, y están sujetas a mayores controles de inmigración, incluida la penalización del movimiento y del trabajo. El entorno hostil del gobierno conservador (del Reino Unido) ha creado capas adicionales de inseguridad institucionalizada para muchas trabajadoras sexuales migrantes, incluidas restricciones al acceso a la vivienda, la atención médica, la educación y los servicios bancarios.

En un artículo que escribí recientemente para Estudios Legales Feministas, defiendo una metodología feminista marxista que sea capaz de describir y oponerse a estas exclusiones y opresiones que se cruzan cuando se aplican a las trabajadoras sexuales inmigrantes en el Reino Unido. Sin embargo, este método se puede utilizar para comprender las condiciones de vida y de trabajo precarias de todas las trabajadoras (sexuales). En este post, hago algunas observaciones en relación con las trabajadoras sexuales ciudadanas en el Reino Unido y Jamaica, donde actualmente estoy realizando trabajo de campo con la Profesora Julia O’Connell Davidson y la Dra. Jacqueline Sánchez Taylor.

Mi punto de partida metodológico son las relaciones capitalistas de (re) producción porque creo que el problema que enfrentamos, como activistas y trabajadoras, son las relaciones explotadoras y alienantes que desarrollamos entre nosotros y la naturaleza cuando interactuamos para (re) producir las necesidades vitales. Nuestra labor, o actividad humana práctica —como el trabajo que hacemos por un salario, en el hogar y en la comunidad— está siendo aprovechada por el capitalismo; estamos siendo explotados, alienados y desposeídos y esto está sucediendo en y mediante el género, la “raza” y la ley.

Yo sostengo que las relaciones capitalistas de (re) producción existen en un continuo de falta de libertad. En un extremo del continuo está el trabajo ‘libre’; las comillas señalan que la libertad dentro del capitalismo no puede existir porque no podemos reproducir familias, comunidades y a nosotros mismos sin desposesión, explotación y alienación. El trabajo “libre”, entonces, se caracteriza por la limitación de la falta de libertad laboral. Existe donde el trabajo asalariado y no asalariado está integrado en un sistema de derechos y protecciones laborales y sociales, incluyendo un salario digno, libertad para cambiar de empleador y para impugnar condiciones, libertad de movimiento, acceso a vivienda asequible, educación, cuidado de niños y ancianos.

Para comprender cómo luchamos por la libertad, las feministas marxistas rechazamos cualquier enfoque que privilegie la “estructura” sobre la ” capacidad de decidir “, la “experiencia” o la “conciencia”. En otras palabras, debido a que nuestras relaciones laborales cotidianas son constitutivas de, y están constituidas por, relaciones capitalistas de (re) producción, es inmanentemente posible para nosotras disputar colectivamente estas mismas relaciones. Esto es particularmente importante en el contexto del trabajo sexual y los debates sobre el trabajo sexual o la “prostitución”. Las voces de las trabajadoras sexuales a menudo no se escuchan y los académicos tienden a centrarse demasiado en las limitaciones o en la elección en lugar de en la interacción dinámica entre la estructura y la capacidad de decidir.

Entonces, ¿qué nos dice esto sobre la expresión legal de las relaciones capitalistas y el trabajo sexual (migratorio)? Empezando con las trabajadoras sexuales inmigrantes en el Reino Unido, la ley de inmigración ha incorporado de forma represiva a estas trabajadoras. Participa en su “otredad” al asociar su trabajo con otros espacios geográficos. Las trabajadoras sexuales migrantes no llegan con una visa para trabajar en la industria del sexo; no están atadas a un empleador. Por el contrario, la exclusión diferenciada de las trabajadoras sexuales migrantes y la intensificación de la intervención policial a través de una combinación de leyes de inmigración, leyes contra la trata de personas y ausencia de protección laboral y social y derechos asocia a las trabajadoras sexuales migrantes con ‘otras’ jurisdicciones y espacios. Esta “alteridad” legal se ve reforzada por los discursos de los medios y los estereotipos prevalecientes de género, sexo y raza en el Reino Unido y en todo el mundo. El estado de “el otro” de las trabajadoras sexuales migrantes es entonces una justificación para su devaluación y abuso por parte del Estado, los empleadores, los intermediarios y los clientes.

Y las trabajadoras sexuales ciudadanas experimentan muchas de las mismas exclusiones legales en el Reino Unido. Por ejemplo, la legislación laboral raramente está directamente involucrada en la mercantilización de los servicios sexuales. Las trabajadoras sexuales ciudadanas que trabajan en entornos administrados (burdeles) experimentan la precariedad laboral; la relación de empleo dominante es el autoempleo falso, por lo que las trabajadoras no tienen certeza de empleo, tienen poco control sobre el proceso laboral, no hay protección regulatoria y, aunque los salarios pueden ser adecuados, no hay certeza de que no surgirá una relación de deuda entre la trabajadora y la gerencia. A menos que las trabajadoras sexuales se registren como trabajadores independientes, no podrán acceder a muchas protecciones de bienestar social que dependen de tener un empleo remunerado.

Como una forma de trabajo que a menudo se lleva a cabo en la esfera “privada” (los “muros gruesos” de la casa, el piso o el burdel), los empleadores, los clientes o el Estado no lo consideran un trabajo “real”. La relación entre el sexismo, el deseo de controlar la sexualidad femenina y la estigmatización de las trabajadoras sexuales también ayuda a explicar la penalización en curso y la renuencia a ver el trabajo sexual como una forma legítima de trabajo de servicio. Esta combinación de invisibilidad, devaluación, penalización y desautorización estatal se combinan para permitir que los gerentes y clientes practiquen altos niveles de explotación, control y abuso. Y a través de conversaciones y de un taller de colaboración con la Asociación de Trabajadores Sexuales de Jamaica, hemos aprendido que las trabajadoras sexuales de Jamaica también se convierten en criminales y ciudadanas de segunda clase en una serie de formas que no llegan a ocasionar un estatus ilegal.

Si existe trabajo “libre” donde todo el trabajo —pagado o no— está integrado en un sistema de protección y derechos laborales y sociales, debemos concluir que la gran mayoría de las trabajadoras sexuales (migrantes) globalmente pueblan el extremo de la falta de libertad. Al mismo tiempo, las feministas marxistas y de reproducción social enfatizan el hecho de que

“los intereses y las dinámicas relacionales pueden competir y lo hacen con el imperativo capitalista. Las luchas por el acceso al aborto, el cuidado de los niños, mejores salarios y agua potable saludable, por ejemplo, reconfiguran las relaciones entre las trabajadoras y el capital, y las de las propias trabajadoras. Si tiene éxito, destruyen las relaciones patriarcales y de otro tipo; si fallan, tienden a reforzar tales relaciones “. [1]

Las trabajadoras sexuales y activistas en el Reino Unido, Jamaica y el mundo entero están discutiendo y exigiendo ‘libertades’ laborales. Luchan por derechos laborales individuales y colectivos en combinación con la regulación de los intermediarios laborales, agencias y burdeles / clubes, la despenalización, el derecho a la asistencia social y la reestructuración radical de los controles fronterizos en reconocimiento de que estas ‘libertades’ transferirán una cantidad significativa de poder a las trabajadoras sexuales (migrantes). En palabras de una trabajadora sexual de Jamaica, es hora de dejar de “usar, abusar y rechazar a las trabajadoras sexuales”.

 

* Este artículo está basada en K Cruz, ‘Beyond Liberalism: Marxist Feminism, Migrant Sex Work, and Labour Unfreedom (2018) 26 (1) Estudios jurídicos feministas 65-92.

___________________________

[1] S Ferguson, ‘Interseccionalidad y Feminismos de Reproducción Social hacia una Ontología

Integrativa’ (2016) 24 (2). Materialismo histórico 38-60, 52.

 

 

 

“Las putas no piden permiso, piden paso’’

 

Por Aurora Revólver Paula Álvarez

9 de julio de 2018

http://www.pikaramagazine.com/2018/07/putas-jornadas-sevilla/

 

El pasado 2 de junio se celebraron en Sevilla las jornadas ‘Desmontando la prostitución: las Putas no piden permiso, piden paso’, organizadas por el Colectivo de Prostitutas de Sevilla (CPS) coincidiendo con el día internacional de la Trabajadora Sexual. Prostitutas y aliadas debatieron sobre la situación del colectivo en el Palacio de los Marqueses de la Algaba y en el centro social autogestionado Lanónima. 

 

Foto de familia de trabajadorxs sexuales./ Aurora Revólver

 

Justo a las espaldas de la Alameda, el sitio de moda para visitar la ciudad de Sevilla según la Lonely Planet, ellas siguen allí, en el mismo sitio. Las putas de la plaza de la Mata llevan la historia silenciada del barrio, como la de la humanidad, mientras las parejas de alemanes pasan a su lado incómodas, avergonzadas, pálidas, al igual que la mayoría del vecindario que a pesar de los años que lleva cruzándoselas por las calles, aún no sabe siquiera cómo saludarlas.

El 2 de junio de 1975 se escribía un capítulo de la historia del que poco o nada se habla porque no salía del puño de los vencedores, y no ha interesado mediatizarlo a pesar de que conecta más con nuestro presente que muchos de los grandes episodios que aparecen en los libros de texto. Un grupo de más de 100 trabajadoras sexuales ocupaban la Iglesia de Saint Nizier en Lyon como protesta ante la negativa del gobierno francés de reunirse con ellas, ante la persecución y el acoso policial, ante la negativa de unos conciudadanos a querer incluirlas como parte de la sociedad. ‘’Hace 43 años en un lugar del mundo decían basta, ahora nosotras seguimos diciendo basta también’’. El 2 de junio de 2018, Ariadna Riley, prostituta y miembro del Colectivo de Prostitutas de Sevilla (CPS), nos recuerda que, a pesar del paso de los años, la situación de las trabajadoras sexuales no ha cambiado. Que las mismas demandas suenan hoy en el Palacio de los Marqueses de la Algaba que ayer en la Iglesia de Saint Nizier.

“Estamos aquí como ciudadanas, tenemos derecho a estar en este espacio’’, señala María José Barrera, exprostituta y presidenta del CPS. Es la primera vez en la ciudad que en un edificio institucional hablan las trabajadoras sexuales, a pesar de que el Ayuntamiento de Sevilla ha hecho público su rechazo a jornadas de este tipo. A dos días de la celebración del encuentro la concejala de Igualdad organizaba una rueda de prensa para desvincularse de las jornadas y reafirmar su compromiso con la erradicación de la prostitución. Uno de los estandartes políticos del gobierno socialista ha sido la abolición y la identificación de la prostitución con violencia de género y trata. Este blindaje político, que roza el repudio a una parte de la sociedad, no es más que el miedo a lo que el nacimiento de este nuevo sujeto político puede suponer, el miedo a escuchar lo que las putas tienen que decir.

‘’No estamos representadas, pero en todos los espacios se habla de nosotras. Si se habla de nosotras, las putas tenemos que estar. Queremos hablar desde nuestras vivencias, desde nuestros tacones. Que se cuestione si para conseguir la abolición hay que pisotear a tantas mujeres’’. María José Barrera, cierra la presentación de las jornadas haciendo hincapié en uno de los puntos esenciales de las reivindicaciones de las trabajadoras sexuales; que se les escuche, que se cuente con ellas en los debates que les conciernen y que históricamente han sido debatidos y consensuados por todos los actores políticos menos por las propias prostitutas.

Talía Ardana, coordinadora del área de prostitución de la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) presentó la primera mesa de la mañana recordando la importancia que tiene ‘’abrir un espacio seguro para las trabajadoras sexuales en una ciudad donde el ayuntamiento está cometiendo una auténtica caza de brujas contra las prostitutas’’, en referencia a la aplicación de la Ley Mordaza y a las ordenanzas municipales “antiprostitutas”, una fórmula que se está repitiendo en otras ciudades del estado y que está suponiendo la persecución y represión continua de las trabajadoras sexuales que prestan sus servicios en la calle.

 

Los orígenes históricos del debate sobre el trabajo sexual

Estefanía Acién, profesora del departamento de Antropología social de la Universidad de Almería y miembro de Acción en Red, abrió la mesa con su ponencia Feminismo, sexualidad y prostitución: debates teóricos, consecuencias reales, afirmando que ‘’la lucha por la consecución de los derechos para las putas es importante no solo para el colectivo sino para todas las mujeres’’. La antropóloga reflexionó acerca de los orígenes históricos del debate sobre el trabajo sexual dentro del feminismo. Una contextualización histórica necesaria para no caer en ni reproducir los discursos vacíos que a veces copan las discusiones: ‘’El debate sobre el trabajo sexual no es un debate nuevo, viene de finales del siglo XIX. Estamos en el mismo debate y nos quieren convencer de que es algo nuevo’’.

 

Las falacias del debate abolicionista desde una perspectiva filosófica

En la camiseta de Paula Sánchez, miembro del Colectivo Hetaira, referente en la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales desde hace 23 años, se puede leer ‘’give me rights” [dame derechos]. Es la camiseta de AFEMTRAS (Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo), un colectivo feminista de trabajadoras sexuales del distrito madrileño de Villaverde que, a pesar de estar invitado a las jornadas, sus integrantes ‘’no han podido venir por la precariedad a la que les ha sometido la ley Mordaza’’. Paula Sánchez es filósofa e investiga el estigma social de la prostitución desde esta disciplina. Su investigación se centra, entre otras cuestiones, en desmontar lo que en filosofía se conoce como “falacias”, aplicado en su caso, al discurso del abolicionismo. “Para que hablemos de debate tiene que haber posiciones de poder simétricas”, planteó, y evidenció cómo en la cuestión de la prostitución el monopolio del poder, tanto económico, como cultural, social y simbólico está del lado de los posicionamientos abolicionistas.

Partiendo de una visión bourdieuana del poder, expuso que la socialización del estigma de la prostitución es una forma de control social y que la sanción social, que está extremadamente interiorizada en todos los ámbitos de la sociedad, es la violencia sexual. Una de las falacias que analizó Sánchez fue la idea de que “la causa de la trata es la prostitución”. Y en este caso explicó que con estas afirmaciones se está confundiendo correlación con causa. La causa de la trata, sentenció, es la pobreza y el capitalismo, pero sobre todo “el cierre de fronteras, el hecho de que en Europa migrar no sea un derecho humano.”

 

El marco jurídico

Ana Castaño, abogada especializada en derechos humanos, centró su exposición en las normativas jurídicas que rigen el trabajo sexual. A nivel teórico, el Código Penal español no penaliza el ejercicio de la prostitución a quien la ejerce pero sí la explotación derivada de este ejercicio, haciendo que en la práctica se legitime la persecución y el acoso policial a las trabajadoras del sexo. Esta situación de vacío legal, afirmó, es el origen de la ambigüedad legal en la que se encuentra el colectivo.

 

Una aproximación al cliente

El antropólogo Francisco Majuelos compartió sus conclusiones sobre las investigaciones que ha realizado con los clientes del sexo de pago, un campo que no resulta nada fácil de abordar desde una perspectiva feminista y que puede resultar algo hostil y conflictivo para muchas de las que tenemos una postura pro-derechos. Desde una perspectiva etnográfica, Majuelos trazó un perfil del cliente concluyendo que no existen realmente unas características unitarias, y que la creación de un perfil único está relacionada con ‘’la imposición, por quienes pueden crear imaginarios, de un único modelo de sexualidad dominante’’. Apuntó también que desde los años 90 se responsabiliza directamente al cliente con la trata y que en el caso de las trabajadoras sexuales que ejercen libremente la prostitución estamos ante lo que, desde el derecho penal, se conoce como “delitos sin víctimas”, que supone una configuración penal de la moral del delincuente, construyendo de esta forma, la moral pública.

Las putas organizadas

Tras cada ponencia el público, numeroso y atento, debate sobre las cuestiones planteadas a lo largo de la mañana. Las trabajadoras sexuales sevillanas, argentinas, catalanas, se suben a la mesa para cerrar esta primera parte de las jornadas recordando que las putas se están organizando en muchas partes del Estado español y del planeta. Son las dos de la tarde y los empleados de seguridad del Palacio de los Marqueses de la Algaba nos instan a abandonar el edificio, aunque el ambiente de la sala se resiste a cerrar el debate. “Vamos a seguir reivindicando nuestros derechos desde los espacios públicos, porque los pagamos”, sentencia Mª José Barrera. “Quiero reivindicar la participación activa, política, del movimiento social de las trabajadoras sexuales”, manifiesta Paula Ezkerra, trabajadora sexual que participó en el movimiento de las Putas Indignadas en Barcelona. “Porque la participación activa va a deconstruir esta sociedad y la va a transformar en una sociedad diferente, rompiendo con el patriarcado y con el capitalismo.”

El debate entre las trabajadoras sexuales

Es sábado. Hora de la siesta. El sol que se cuela por las rendijas y la atmósfera volátil invita a dormir. Sin embargo el público espera en Lanónima expectante. La ocasión lo merece, no todos los días puede una escuchar con libertad a las protagonistas de una de las cuestiones más polémicas de la sociedad. Hoy no se trata de posicionarse a un lado u otro del debate, de buscar convencer y crear rivalidades. Se trata de acercar posturas, ver dónde se puede confluir, conocer la parte más orgánica y urgente de la cuestión, la que afecta a las personas y no encerrarse en la utopía desde una postura u otra.

La exprostituta y miembro del CPS Carmen de Córdoba modera la mesa de las trabajadoras sexuales. Carmen trabajó más de 30 años en el ayuntamiento de Córdoba después de ejercer la prostitución durante los años 70. “Cobro menos pensión porque me he jubilado anticipadamente, precisamente porque ese tiempo que estuve trabajando de prostituta no cuenta para la vida laboral”. Sus palabras evidencian una de las múltiples consecuencias, reales y encarnadas, de la ausencia de derechos laborales de las trabajadoras sexuales.

Linda Porn, miembro de Aprosex y artista transfeminista, ha vivido su experiencia como trabajadora sexual marcada transversalmente por su condición de migrante. ‘’La ley de extranjería es la verdadera proxeneta, lleva a la mujer migrante a no tener otra salida que la prostitución’’, dura sentencia vivida en la piel, a la que también hacía referencia Ana Castaño en su exposición de las normativas vigentes. Porn señaló la feminización de la pobreza como una de las causas del trabajo sexual. ‘’La mayoría de mujeres somos pobres y es una solución para salir de la precariedad’’. No lo entiende como única opción, sino como la opción que ella ha elegido para ser una superviviente en esta sociedad en la que la precarización laboral femenina es doce veces mayor que la masculina. Una realidad difícil de aceptar en una sociedad en la que los ecos de un modelo único de moralidad aún siguen sonando. 

Camisetas, pegatinas y mermeladas del CPS./ Aurora Revólver

Paula Ezkerra, trabajadora sexual y activista, comenzó su charla reivindicando el trabajo de las Putas Indignadas de Barcelonamovimiento referente en la lucha por los derechos del colectivo que acaba de crear la primera célula sindical de trabajadoras sexuales dentro del Estado español. ‘’No podemos olvidar en nuestra lucha, la lucha de clases y la conciencia de género’’, reivindicó para visibilizar la importancia de la sindicalización del trabajo sexual.

Leo Thunder, fundador del Colectivo Caye, prostituto y actor porno, insistió en su exposición en lo invisible que se encuentra la prostitución masculina. El trabajo sexual masculino no cuenta con estudios, datos, ni un protocolo médico y es un problema que debería atajarse.

Uno de los temas en el que más se profundizó en la mesa fue el del estigma social que supone ejercer la prostitución. “Tú eres siempre puta, aunque hayas ejercido una vez, una semana, un día, eres toda tu vida puta”, apuntó Carmen de Córdoba. También las “prostitutas privilegiadas”, como señaló Ariadna Riley, padecen el estigma en su vida cotidiana. En los centros médicos, donde les exigen continuas pruebas de Enfermedades de Transmisión Sexual; y en todos los ámbitos de la vida, como en el de la maternidad, ya que parece que a las putas se les niega también ese espacio social, el de madres o parejas, porque, como afirma Riley, “o él es tu chulo, o los hijos son fruto de una violación”.

Pero las putas, dice Paula Ezkerra, le dan la vuelta al estigma, que es una forma de controlar los cuerpos de las mujeres –los de todas las mujeres, no sólo los de las putas- y lo utilizan como herramienta de empoderamiento. ” Yo como puta veo la debilidad en la sexualidad del hombre y me aprovecho de esto económicamente, y eso se llama capital erótico”. Es aquí donde entra en el debate un discurso feminista que para muchas es difícil de asimilar: el feminismo puta. Para Porn esta concepción del feminismo tiene que ver, entre otras cosas, con el uso que la sociedad hace de la palabra puta para insultar a las mujeres. A las que se acuestan con muchos hombres, a las que visten con falda corta o a las que utilizan libremente su sexualidad, la sociedad las tacha de “putas”. Por eso, afirma, “las putas son todas las tías que transgreden las leyes patriarcales”.

Saisei-chan, otra de las trabajadoras sexuales que ha acudido a este encuentro, tiene una visión muy clara sobre lo que significa encarnar la identidad de puta feminista. Explica, desde un análisis profundo y meditado, cómo para ella, el feminismo puta parte de la pérdida del miedo a la cultura de la violación, al castigo que suponen las conductas sexuales disidentes de las mujeres. “Hay mujeres a las que es lícito violar, y otras que son víctimas. Y esa es la gran herramienta de control. Es la culpa y es el miedo”. Asumir la identidad de puta feminista “hace que tengas una relación más sólida con tu cuerpo y con tu sexualidad”. Reconocer públicamente que eres puta, es decir, que eres una mujer que se acuesta con muchos hombres, implica para Saisei-chan que el otro ya no te reconozca como sujeto y que dejes de esperar su aprobación, “y entonces empiezas a ser aún menos controlable”.

El público disfruta del debate, comenta, pregunta y escucha con atención las reflexiones y los relatos en primera persona de las trabajadoras sexuales de la sala. Es hora de cerrar, antes de hacerlo, María José Barrera agradece la participación de sus compañeras y vuelve a incidir en los puntos más urgentes: la formación y el acompañamiento a ‘’las compañeras que aún no están empoderadas”; la consecución de derechos sanitarios, sociales y laborales a las que quieran seguir ejerciendo la prostitución y alternativas reales a la prostitución para aquellas que quieran dejar de hacerlo. Un punto que desde un lado u otro del debate no debería siquiera ser discutido.

Hoy se alzaban las voces de putas y aliadas al grito de zorroridad. Exigen ser escuchadas, ser reconocidas como sujetos políticos activos con capacidad de decisión sobre sus propias vidas. Están hartas de repetir que la defensa del trabajo sexual no es una cuestión de libre elección. Que la mayoría de la gente no tiene libertad plena para elegir, y menos aún las mujeres pobres, las migrantes y las trans, a las que la sociedad condena a una precariedad extrema y depredadora. Que escogemos entre las posibilidades que tenemos a nuestro alcance según nuestro contexto social y cultural. Y que para ellas, la prostitución es una de esas opciones. Que la sociedad, sumida en un debate moral, mira para otro lado cuando las putas son asesinadas y violadas. Cuando se les deniegan los derechos más básicos como trabajadoras y como ciudadanas. Y que por eso, lo que urge, no es posicionarse éticamente a favor o en contra de la prostitución sino hacerlo a favor de las personas que la ejercen, para que no sigan siendo agredidas física, simbólica e institucionalmente. Para que puedan llegar a ser ciudadanas y trabajadoras de pleno derecho.

Aurora Revolver

Periodista Andergraund. Potra desbocá que no sabe donde va. Documentalista neonata. Escribo sobre lo que me escuece, poemas también, ‘De Contrabando’ editorial versátiles.

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Paula Alvarez

Periodista audiovisual y feminista. Escribo con la cámara y el papel sobre derechos humanos y feminismo. Trabajo en comunicación participativa en @laluciernagacc

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Tráfico, trata y prostitución: definición de conceptos para la resolución de los problemas

 

  • La catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada, Estefanía Acién, Mabel Lozano y el jefe del Grupo I de la UCRIF participan en una mesa redonda sobre la trata sexual de mujeres
  • Acién argumenta que el abolicionismo corre el riesgo de invisibilizar a las víctimas de la trata

 

Por Néstor Cenizo

5 de julio de 2018

https://www.eldiario.es/UNIA/Trafico-prostitucion-definicion-conceptos-resolucion_6_789581065.html

 

La trata, el tráfico de mujeres, la explotación sexual y la prostitución son conceptos que tienden a utilizarse de forma imprecisa. La confusión dificulta la resolución del problema, según denunciaron este jueves   Marisa Maqueda y Estafanía Acién. Maqueda es catedrática de Derecho Penal en la Universidad de Granada y Acién es profesora de Antropología en la Universidad de Almería. Ambas participaron este jueves en una mesa redonda sobre la “trata sexual de mujeres”, dentro del curso de verano “Mujeres frente a la violencia”, organizado por la   Universidad Internacional de Andalucía y la Fundación General de la Universidad de Málaga, y dirigido por   Flor de Torres  (fiscal delegada contra la violencia de género) y   Patricia Laurenzo, catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Málaga.

Maqueda, una de las grandes especialistas españolas en la materia, realizó una exposición muy crítica, porque cree que no se aborda un verdadero debate, en perjuicio de las víctimas. “Las mujeres tratadas y las explotadas tienen en común el contexto coercitivo, pero hay que ser exacto:   no es lo mismo trata que prostitución. Cuando vemos cómo las captan, con engaño o con violencia, eso es trata y ahí termina. Luego   podemos llamarle explotación, esclavitud, servidumbre, o prostitución forzada… Sin embargo, a todo se le llama trata”.

Penas diferentes

Para la catedrática, esto   “invisibiliza y devalúa su condición de víctimas”. Por ejemplo, tiende a olvidarse que la pena por explotación sexual es inferior (de dos a cinco años de prisión) que para la propia trata (de cinco a ocho años). “¿Cómo es posible que se valore más el proceso que conduce a la esclavización que la propia esclavización? No tiene sentido”. Se produce según Maqueda un “olvido” de las mujeres explotadas que no han sido tratadas. “Personas que han venido voluntariamente, y que luego aquí han sido coaccionadas o amenazadas por las redes. ¿Dónde están sus voces?”.

Las víctimas no se identifican correctamente y el problema queda sin resolver porque no se define. “En abril de 2017 El País en un reportaje daba la cifra de 5.660 víctimas de trata, mientras que eran 193 en 2016. El Ministerio de Sanidad dio la cifra de 13.000 en el periodo 2012-2016, mientras que la Fiscalía de Extranjería hablaba de 1.400. ¿Qué pasa? Que no sabemos de qué víctimas estamos hablando”.

En opinión de Maqueda, esto ocurre en un contexto en el que tampoco se diferencia entre la prostitución forzada (o explotación sexual) y la prostitución voluntaria. “Toda prostitución es una forma de violencia y un obstáculo para la igualdad de género. ¿Pero   es igual la violencia física que sufren las mujeres explotadas y la simbólica que sufren las mujeres que ejercen libremente la prostitución?“, se preguntó la catedrática.

“En el ámbito académico hay un debate muy interesante sobre cómo dar reconocimiento a estas víctimas de explotación forzada, quizá creando un delito de esclavitud o servidumbre. Y el movimiento abolicionista se está perdiendo ese debate”, lamentó Maqueda, que cree que   con el “empecinamiento” por la prostitución voluntaria “se deja indefensa a la víctima de trata”, que no sólo viene a España a ejercer el sexo forzado, sino también en tareas agrícolas en condiciones precarias o ilegales o a talleres clandestinos.

La catedrática resaltó que cuando son detectadas como víctimas de trata “no son tratadas como sujetos de derecho, sino como instrumentos de investigación”. La mayoría no consiguen el permiso de residencia, pese a tener derecho a ello como víctimas, porque no son identificadas o detectadas por la brigada de extranjería, o porque cuando son identificadas y llamadas a declarar ya han sido expulsadas, o porque tienen miedo a declarar y no confían en “nuestros premios ficticios”.

Según la memoria de la Fiscalía, citada por Maqueda, sólo 24 de las 129 mujeres identificadas se atrevieron a colaborar. “¿Dónde están las voces del feminismo abolicionista? Yo no oigo esas voces, porque cuando habla de trata el feminismo abolicionista sigue hablando de prostitución no forzada y en acabar con ella. Quizá   no son conscientes de que con ello están creando más víctimas”, concluyó la catedrática.

“A nadie se le ocurre decir que hay trata porque hay que recoger la fresa”

En una línea muy parecida, Estefanía Acién repasó su tesis doctoral, para la que realizó un trabajo de campo en el que entrevistó durante doce años a 807 trabajadoras nigerianas en la comarca del Poniente Almeriense.   “El concepto de trata tal y como se maneja mayoritariamente el movimiento feminista no me servía para entender la realidad de estas mujeres”, aseguró. Según Acién, la teoría dominante “no resiste el estigma de la prostitución”, que a su vez tiende a explicarse sobre dos conceptos: el patriarcado y la trata.

Este enfoque, llamado “trafiquista”, es dominante en la literatura académica pero en opinión de la profesora descuida la distinción entre prostitución, tráfico de migrantes y trata de personas. “Realiza una representación ideológica, y habla de todas las mujeres migrantes que trabajan en la prostitución en destino como víctimas del crimen organizado”, de modo que se afirma que combatir la prostitución es combatir el tráfico o la trata. “Se llega a decir que la trata existe porque existe la prostitución, pero a nadie se le ocurre decir que hay trata porque hay que recoger la fresa”. Acién y Maqueda coincidieron en que el discurso dominante provoca que la lucha contra la trata acabe convertida en mero instrumento de restricción de la inmigración ilegal.

De su experiencia, Acién concluyó que   “el relato de la trata es inexacto, injusto y pobre”. “Las mujeres que entrevisté querían dejar la prostitución, pero nadie les iba a dar trabajo siendo mujeres, negras y sin papeles. No tenían hueco en esta sociedad. El delito de la trata no explica esto”, relató la profesora, que destacó que la explotación sexual directa no era frecuente, y ni siquiera era necesaria: “Lo que tienen que hacer es pagar la deuda por el viaje, y esa es la amenaza”.

La mesa redonda, que se desarrolló justo después de la proyección del documental “Chicas nuevas, 24 horas”, de   Mabel Lozano, contó también con la participación de   Pablo Fernández, Jefe del Grupo I de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, que se mostró satisfecho por la colaboración que ahora existe con las ONG y los avances desde que, hace pocos años, ni siquiera se tipificaba la trata como delito.   “Los compañeros cuentan que no sabían dónde llevar a las chicas. Tenían que pagarles ellos una habitación o dejarlas en dependencias policiales. El panorama ha cambiado. Hay más y mejores herramientas para luchar contra la trata. Y también más experiencia”.

Según explicó el policía, el principal objetivo es el rescate de la víctima, que en muchas ocasiones no es ni siquiera consciente de su situación. “Esto a veces es complicado porque hay que valorar intervención inmediata (y salvar la víctima) o estudiar un poco más la situación, tener indicios y desarticular a los tratantes”, comentó.

Luego explicó el caso de una mujer sudamericana, madre de dos hijos y víctima de un engaño por el que creía deber 70.000 euros a una organización criminal que ni siquiera existía. Abandonó a su familia y durante dos años fue explotada sexualmente. Costó mucho hacerle ver que había sido víctima de un engaño. “Nos produce mucho placer cuando nos llama para tomar un café y nos comenta cómo ha ido recuperando el contacto con sus hijos y su familia”.

El contrapunto a esta historia lo puso Estefanía Acién, que recuperó el caso de una mujer nigeriana que, habiendo denunciado ser víctima de trata, tardó dos años en recibir los papeles. Después de denunciar no recibió ninguna ayuda ni protección, así que durante dos años tuvo que seguir ejerciendo la prostitución.

 

 Ejercían la prostitución libremente, pero las condiciones en las que trabajaban eran de absoluta explotación

 

  • El drama del alterne en Asturias: “Si quería salir del club, tenía que pagar 100 euros”
  • Un Juzgado de Siero archiva las diligencias contra el supuesto dueño del Model’s, pese al relato de abusos y tráfico de drogas de tres mujeres

 

Oviedo, L. Á. Vega

5 de julio de 2018

https://www.lne.es/sucesos/2018/07/05/drama-alterne-asturias-queria-salir/2313453.html

 

Ejercían la prostitución libremente, no como otras mujeres, que estaban obligadas a pagar la fuerte deuda contraída por haber sido traídas a España, pero las condiciones en las que trabajaban eran de absoluta explotación. “Vivía dentro del Model’s y tenía que pagar 50 euros al día, ahora 70. Cuando subía con algún cliente, tenía que pagar 5 euros por las sábanas y los preservativos. J. R. T. G. me decía: ‘Deja al cliente y vete con mi amigo’. Me obligaban a estar en la sala desde la apertura hasta la hora de cierre, no me podía ir antes”, declaró ante un Juzgado C. V. G., de 29 años.

Esta misma mujer aseguró: “Tenía que pagar si no cambiaba las sábanas, si me extralimitaba de tiempo con un cliente también tenía que pagar. Algunas estaban dadas de alta, pero otras teníamos que pagarla. Cuando iba a venir la Policía, el dueño nos avisaba antes y mandaba a las chicas sin papeles que se escondieran. Nunca podía dejar el local cuando me apetecía, tenía que pagar. En el club se vende droga, lo favorece el club, no se puede traer de fuera”.

G., de 33 años, fue más explícita en su declaración en el Juzgado de instrucción número 3 de Siero. “Si J. R. T. G. quería, tenía que irme con sus amigos. Había que pagar por ver la tele, nos ponían multas por comer chicle. Si quería salir del club con un cliente, tenía que pagar 300 euros. Cuando salía con mi novio, de compras o a cenar, tenía que pagar 100 euros. No podía marcharme hasta la hora de cierre, a las cinco de la mañana. El dueño nos avisaba antes de que llegase la Policía, porque tiene amigos. El dueño nos decía lo que teníamos que decir, que estábamos en el hotel y bajábamos a tomar copas. Alguna vez que llegó la Policía, tuvimos que escondernos en los armarios o salir por la puerta de emergencia. En el Model’s se consume droga, la droga viene de dentro, de los camareros y los encargados. El dinero se lo lleva el club. Traían chicas latinas y no las dejaban marchar hasta que pagaban la deuda. He llegado a tener 16 pases en una noche y J. R. T. G. me impedía subir a descansar”, declaró la mujer.

I. B., de 32 años, habló de abusos sexuales. “En algunos cumpleaños, J. R. T. G. obligó a algunas compañeras a prestar sus servicios”, aseguró. E indicó que, si faltaba un día, le ponían una multa. También corroboró la venta de drogas en el club.

Todos estos testimonios no han convencido al magistrado Víctor Luis Martín, titular del Juzgado de instrucción número 3 de Siero, quien ha sobreseído provisionalmente la denuncia presentada por dos particulares contra J. R. T. G. por prostitución, abusos sexuales y tráfico de drogas. Para el juez, los testimonios son imprecisos al no aportar datos concretos de las mujeres que habían tenido que ejercer la prostitución de forma obligada.

En el caso de las tres declarantes, el juez entiende que indicaron taxativamente que no eran “obligadas al ejercicio de la prostitución”. El magistrado considera además que no están acreditados los extremos de la denuncia y que ésta podría responder a motivos espurios, por existir otro litigio entre el denunciado y otra persona que, no obstante, nada tiene que ver con la denuncia.

El letrado de los denunciantes, Miguel Mérida, del Colegio de Abogados de Antequera (Málaga), acaba de presentar un recurso de reforma, al estimar que las declaraciones de las mujeres fueron “elocuentes, concisas y concordantes”. Las mujeres, indica, identificaron a J. R. T. G. como dueño del establecimiento y señalaron que “en ocasiones las forzaba a tener relaciones sexuales con él y con sus amigos”. Para Mérida, “el club Model’s no es un local culinario, se ejerce la prostitución y algunas chicas prestan sus servicio de forma no voluntaria”.

Mérida ha solicitado además la declaración, como testigos protegidos, de dos mujeres, una de las cuales aún trabaja en el club. Esa condición se solicita por el “grave peligro para sus personas y su familia”. Piden además la declaración de otros nueve testigos, tres de ellos conocidos empresarios de Oviedo, que han tenido negocios con J. R. T. G. y han estado en el club. El letrado considera “bochornoso” que no se haya procedido a denegar o admitir las pruebas, solicitadas en el mes de mayo. Y niega que haya “motivos espurios” en la denuncia. Una vez más, el Model’s se libra de un proceso de judicial. Uno de los responsables del club fue absuelto dos veces y condenado una tercera por delitos de trata, fallo que está recurrido.

 

Nota del English Collective of Prostitutes: Oponeos a la prohibición de que las trabajadoras sexuales se anuncien en internet

 

 

Publicado el 1 de julio de 2018

http://prostitutescollective.net/2018/07/briefing-oppose-a-ban-on-sex-workers-advertising-online/

 

Dejad de atacar a las trabajadoras sexuales. Escuchad lo que las trabajadoras sexuales decimos que haría nuestro trabajo más seguro y ayudadnos en nuestros esfuerzos para organizarnos contra la explotación y la violencia.

 

El miércoles 4 de julio, los parlamentarios debatirán una enmienda del desacreditado Grupo Parlamentario de Todos los Partidos sobre la Prostitución (APPGP, por su nombre en inglés) para cerrar los sitios en línea donde se anuncian las trabajadoras sexuales.

Esto sería un desastre para las trabajadoras sexuales. Si no podemos hacer publicidad en línea y trabajar independientemente, muchas de nosotras nos veríamos obligadas a trabajar de otras maneras, incluso en las calles, donde es al menos 10 veces más peligroso trabajar. [I] O seremos empujadas a las manos de dueños de burdel explotadores que sabrían que tendríamos pocas o ninguna alternativa a aceptar las condiciones de trabajo que nos impongan.

Cybil, de Luton, escribió al ECP sobre el impacto de la prohibición de la publicidad:

“Hace dos años, construí mi propio sitio web, lo que significaba que podía ser mi propia jefa y abandonar el salón donde trabajaba y donde se quedaban con una gran parte de mis ingresos. Ahora puedo trabajar con total anonimato, desde la seguridad y la comodidad de mi propio hogar. Guardo cada penique que gano, todo sin la interferencia de una agencia u otro “intermediario” omnipresente.

La evidencia de los EE. UU. [Ii] muestra que las leyes recientemente introducidas (SESTA-FOSTA) dificultan que la policía identifique la violencia.

Como escribió una trabajadora sexual de EE. UU .: [iii]

 ‘Este proyecto de ley nos está matando. No podemos evaluar a los clientes como solíamos hacerlo, que es lo que nos mantenía a salvo’.

El aumento de la prostitución no se debe a la publicidad en línea, sino al aumento de la pobreza, especialmente entre las mujeres cis. Doncaster informa de un aumento del 60% [iv], con organizaciones benéficas que dicen: “Las mujeres se ven obligadas a vender sexo por £ 5 debido a penalizaciones de sus prestaciones sociales”, Sheffield de informa de un aumento del 166% [v] mientras los trabajadores de las organizaciones en Hull informan: “. . . mujeres que literalmente se mueren de hambre y están allí para poder comer “.

Las personas de color, inmigrantes y LGBTQ tienen una representación desproporcionada en el trabajo sexual debido a la discriminación y el estigma. Los estudiantes hablan de ser forzados a la industria del sexo para evitar ser cargados de enormes deudas. Estas son algunas de las personas que serán blanco de esta nueva ley con poderes policiales adicionales que probablemente se utilizarán para perseguir y no para proteger a las trabajadoras sexuales. El tiempo y los recursos de la policía deberían dedicarse a investigar la violencia contra las trabajadoras sexuales en lugar de vigilar el sexo consentido.

Trata y malditas mentiras y estadísticas. Combatir el “crecimiento en la explotación sexual y la trata de mujeres” se presenta como la razón para prohibir los sitios de prostitución. No se han ofrecido pruebas concretas más allá de la especulación sensacionalista. No es cierto que la mayoría de las trabajadoras sexuales sean víctimas de la trata. [Vi] [vii] Las iniciativas contra la trata dan lugar principalmente a que las trabajadoras sexuales migrantes sean blanco de redadas, arrestos y deportaciones. [Viii] Si los parlamentarios quieren actuar contra la trata, deben asegurar que las víctimas reciban ayuda y poner fin al desacreditado “ambiente de inmigración hostil” para que las personas que huyen de la guerra y la pobreza no sean forzadas a cae en las manos de los tratantes.

Miles de trabajadoras sexuales se anuncian en línea. ¿Quién es la diputada Sarah Champion (miembro del APPGP) para decir que internet no nos ha hecho más seguras? [Ix] ¿Lo ha comprobado? Internet nos ha permitido un mejor examen previo de clientes y escapar de jefes explotadores en salones y agencias. Si los diputados con buenas intenciones quieren salvar a las mujeres del trabajo sexual, entonces que tomen medidas contra los contratos de cero horas, los bajos salarios y los jefes explotadores en los trabajos que son alternativas a la prostitución. Que apoyen a las trabajadoras sexuales como esperamos que apoyen a otros trabajadores que luchan por mejorar los salarios y las condiciones laborales.

El reciente informe de prostitución de APPG fue basura. Debería ser analizado y no aceptado sin crítica debido a la cobertura de la prensa sensacionalista. Está lleno de especulaciones y desinformación. [X] No se incluyó ninguna de las pruebas [xi] dadas por las trabajadoras sexuales actuales. ¿Cómo justifican eso?

Además, el APPG no es un grupo de parlamentarios “interpartidos”, pretensión que lo hace sonar independiente o imparcial. Fue creado con el propósito de penalizar a los clientes y durante los primeros años estuvo estrechamente relacionado con la homofóbica organización cristiana CARE, que hizo una campaña feroz contra el matrimonio gay [xii] y se opuso al derecho al aborto.

El prestigioso Comité Selecto de Asuntos de Interior en 2016 recomendó [xiii] que se despenalizara a las trabajadoras sexuales de calle y a las que trabajan juntas en pisos. ¿Por qué los diputados no presionan para que eso se implemente? Revocar la ley que criminaliza “estar en la calle o solicitar con fines de prostitución” y “mantener un burdel” aumentaría la seguridad ya que las trabajadoras sexuales no huirían de la policía y podrían trabajar juntas de manera más segura en interiores. Modificar la ley: “Controlar la prostitución con fines lucrativos” para garantizar que las personas sean enjuiciadas solo cuando existan pruebas de amenazas, fuerza u otras formas de coacción, garantizaría que la ley se centre en el abuso y la violencia en lugar de en las mujeres que trabajen de manera consensuada y colectiva.

Amnistía Internacional, votó a favor de la despenalización en 2016 [xiv] e instó a los gobiernos a proporcionar recursos en forma de “beneficios estatales, educación y capacitación y / o empleo alternativo” para ayudar a las trabajadoras sexuales a dejar la prostitución si así lo desean.

La Ley de Reforma de la Prostitución de Nueva Zelanda despenalizó el trabajo sexual en 2003 con mejoras verificables en la salud y seguridad de las trabajadoras sexuales. Más del 90% de las trabajadoras sexuales dijeron que la despenalización les otorgaba derechos laborales, legales, de salud y seguridad adicionales. [Xv]

La dirección del Partido Laborista apoya la despenalización por razones de seguridad y derechos humanos. Es vergonzoso que algunas diputadas laboristas estén adoptando una postura represiva moralista, pasando por alto e ignorando a las trabajadoras sexuales actuales, ignorando la evidencia del éxito de la despenalización y alineándose con los fundamentalistas religiosos. Los Demócratas Liberales y los Verdes apoyan la despenalización.

Uníos a nosotras a la 1pm el miércoles 4 de julio a la 1 de la tarde en la Plaza del Parlamento para una manifestación en contra de la enmienda que estamos organizando conjuntamente con el Movimiento de Defensa y Resistencia de las Trabajadoras Sexuales (SWARM) y el proyecto x:talk. Más información aquí.

El ECP es una organización de autoayuda de trabajadoras sexuales, que trabaja tanto en la calle como en interiores, con una red nacional en todo el Reino Unido. Desde 1975, hemos luchado por la despenalización de la prostitución, por los derechos y la seguridad de las trabajadoras sexuales y por recursos que permitan a las personas salir de la prostitución si así lo desean.


[i] Kinnell, H. (1993). Exposición de las prostitutas a la violación; implicaciones para la prevención del VIH y la reforma legal.

[ii] Techdirt, 14 de mayo de 2018.

https://www.techdirt.com/articles/20180509/13450339810/police-realizing-that-sesta-fosta-made-their-jobs-harder-sex-traffickers-realizing-made-their-job-easier.shtml

[iii] Huffington Post, 11 de mayo de 2018. https://www.huffingtonpost.com/entry/sex-workers-sesta-fosta_us_5ad0d7d0e4b0edca2cb964d9? guccounter = 1

[iv] The Star, 19 de marzo de 2014.

[v] The Star, 1 de junio de 2014.

[vi] Un estudio de trabajadoras sexuales migrantes descubrió que menos del 6% había sido víctima de la trata, y muchas dijeron que preferían trabajar en la industria del sexo en lugar de las “condiciones poco gratificantes ya veces explotadoras que encuentran en trabajos no sexuales”. Mai, N. (2011). Trabajadores migrantes en la industria sexual del Reino Unido: Informe completo de investigación de ESRC. https://archive.londonmet.ac.uk/iset/research-units/iset/projects/esrc-migrant-workers.html?8810F8AC-060C-A7FC-7F15-A583EB86BCE8

[vii] The Guardian, 20 de octubre de 2009. https://www.theguardian.com/uk/2009/oct/20/trafficking-numbers-women-exaggerated

[viii] http://feministing.com/2013/12/11/guest-post-the-soho-raids-were-not-about-trafficking/

[ix] The Guardian, 30 de junio de 2018. https://www.theguardian.com/society/2018/jun/30/ban-prostitution-websites-stamp-out-trafficking-sexual-exploitation

[x] Metro, 21 de mayo de 2018. https://metro.co.uk/2018/05/21/why-the-parliamentary-group-on-prostitution-is-wrong-to-suggest-criminalising-the-buying -of-sex-7564915 /

[xi] Colectivo de Prostitutas en inglés. (2017). Presentación a APPG Consulta sobre “burdeles emergentes”. http://prostitutescollective.net/2017/12/6946/

[xii] http://www.care.org.uk/news/impact-direct/blind-to-opposition-government-set-to-introduce-bill-to-legalise-same-sex-marriage

[xiii] https://www.parliament.uk/business/committees/committees-a-z/commons-select/home-affairs-committee/news-parliament-2015/prostitution-report-published16-17-17

[xiv] Amnistía Internacional. (2016). Política sobre las obligaciones del Estado de respetar, proteger y cumplir los derechos humanos de las trabajadoras sexuales. https://www.amnesty.org/en/documents/pol30/4062/2016/en/

[xv] Abel, G., Fitzgerald, L. y Brunton, C. (2007). El impacto de la. Ley de Reforma de la Prostitución sobre las Prácticas de Seguridad y Salud de las trabajadoras sexuales. https://www.otago.ac.nz/christchurch/otago018607.pdf

Hacia un sindicato de trabajadoras sexuales en el Reino Unido

 

 

womenstrikeuk18

28 de junio de 2018

ESTRATEGIA FEMINISTA

 

https://womenstrike.org.uk/2018/06/28/womens-strike-industrial-and-political-strategy-for-the-sex-industry/

 

Sindicalización de las trabajadoras en la industria del sexo [+] Despenalización del trabajo sexual [+] Educación feminista sobre el sexo, la violencia y el poder [=] El horizonte feminista rojo

 

Lo que sigue es un esquema de la estrategia industrial actual de la Asamblea de Huelga de Mujeres para la industria del sexo; el establecimiento de una campaña nacional en el Reino Unido para exigir y conseguir la despenalización del trabajo sexual; y la educación feminista que se necesita sobre el sexo, la violencia y los derechos de las trabajadoras.

 

Sindicalización de trabajadoras en la industria del sexo

A partir de junio de 2018, la Asamblea de la Huelga de Mujeres del Reino Unido está coordinando una campaña de sindicalización de las trabajadoras en toda la industria del sexo del Reino Unido con el sindicato de base, United Voices of the World. Nos organizaremos tanto con inmigrantes irregulares como con trabajadoras con un estatus migratorio seguro. Debido a la forma en que las leyes y normas actuales criminalizan muchos aspectos del trabajo sexual, la campaña de sindicalización comenzará con un enfoque en la organización de strippers y bailarinas en clubes y pubs. Al trabajar juntas, defendernos unas a otras y hacer oír nuestras voces, podemos mejorar nuestras condiciones de trabajo. Los sindicatos ofrecen a las trabajadoras la capacidad de negociar colectivamente sobre las reglas y condiciones del lugar de trabajo, tanto con los jefes como con los consejos locales. Los sindicatos son la única forma en que podremos lograr que nuestros jefes y clientes nos traten con la dignidad y el respeto que nos merecemos. También son la única forma en que podremos poner fin a cosas como tarifas exorbitantes por alojamiento, cambios arbitrarios en estructuras de comisiones, multas por llegar tarde o tener que cancelar un turno, listas negras y acoso sexual por parte de gerentes o porteros. Aunque la primera fase de la campaña de sindicalización se centrará en organizar a las trabajadoras en clubes y bares, todas las trabajadoras de la industria del sexo (excepto aquellas que tienen la capacidad de contratar y despedir a trabajadoras sexuales) son alentadas y bienvenidas a unirse al sindicato. ¿Por qué? Porque al comenzar con las trabajadoras más visibles y legales de la industria del entretenimiento para adultos, podremos obtener la experiencia, las habilidades y la fortaleza necesarias para luego pasar a organizar a las trabajadoras que trabajan en burdeles, agencias de escorts, en Internet y en la calle.

Queremos sindicalizar la industria del sexo porque queremos construir el poder colectivo. No estamos interesadas ​​en juzgar qué tipo de trabajo hacen las personas. Reconocemos que muchas mujeres, hombres y personas trans tienen una amplia gama de experiencias en la industria del sexo: buena, mala y fea. Respetamos las elecciones o las circunstancias de las personas sobre continuar trabajando en la industria del sexo o salir de la industria. El motivo por el que queremos sindicalizar la industria del sexo proviene directamente de nuestras experiencias como trabajadoras. El sindicato será dirigido por las trabajadoras no porque pensemos que ser una “stripper” o una “trabajadora sexual” sea una identidad fija, sino porque aquellas que han experimentado las condiciones materiales de la industria están en la mejor posición para saber cómo cambiar eso. El sindicato brinda un espacio para que las trabajadoras negocien con los patronos, desarrollen habilidades de negociación y aumenten nuestra confianza para organizarnos en el trabajo y cambiar la industria en interés de las trabajadoras.

 

¿Qué tiene que ver la despenalización del trabajo sexual y los cambios en las normas del SEV?

Las leyes actuales que regulan lo que las trabajadoras podemos y no podemos hacer con nuestros cuerpos y los continuos esfuerzos para criminalizar nuestros lugares de trabajo hacen que sea difícil, a veces casi imposible, que las trabajadoras nos organicemos y sindiquemos. Una de las principales razones es que no se nos considera trabajadoras. En el mejor de los casos, estamos clasificadas como trabajadoras por cuenta propia (y, como tales, tenemos muy pocos derechos laborales), pero la mayoría de las veces somos tratadas como víctimas que necesitan ser rescatadas y salvadas. Durante la última década, los gobiernos nacionales y las autoridades locales han utilizado las preocupaciones sobre la trata de personas en la industria del sexo como una tapadera para crear un ambiente hostil para las inmigrantes en la industria del sexo. Las redadas en locales, el cierre de clubes, los arrestos y las deportaciones no han servido prácticamente para abordar los casos de trabajo forzado en la industria del sexo. En cambio, los patronos ahora tienen aún más poder y las trabajadoras migrantes se han visto obligadas a permanecer más clandestinamente y en trabajos sexuales más peligrosos y precarios. Es importante recordar que al igual que en otras industrias donde los migrantes constituyen una gran parte de la fuerza de trabajo, cuando las trabajadoras nos ponemos en pie juntas, nos negamos a ser divididas por la “raza” y nos sindicalizamos, somos capaces de enfrentarnos a la injusticia y la explotación. Sin embargo, debido a la criminalización actual de la industria del sexo, solo la sindicalización nos permitirá llegar tan lejos.

Al mismo tiempo que aumentamos nuestra confianza y poder en el trabajo (que es otra manera de explicar qué es un sindicato) también tenemos que llevar a cabo una campaña pública que exija la despenalización completa del trabajo sexual y cambios en las reglamentaciones sobre lugares de entretenimiento sexual. . Necesitamos un sindicato en el trabajo y tenemos que cambiar la legislación nacional que afecta nuestro trabajo. Lo que queremos es la eliminación de todas las leyes que penalizan la organización, venta o compra de sexo para todas las secciones y sectores de la industria y para cualquier actividad sexual consensual. Lo que no queremos son leyes especiales o morales que clasifiquen el trabajo sexual y contribuyan a estigmatizar a las trabajadoras sexuales señalando nuestro trabajo como inadecuado y haciéndonos más vulnerables al abuso por parte de policías, funcionarios de inmigración y miembros del público relegándonos a zonas periféricas.

La razón por la que debemos hacer ambas cosas al mismo tiempo es asegurarnos de que la despenalización beneficie a las trabajadoras y no solo a los patronos. Necesitamos normativas que nos ayuden a obtener los derechos laborales (pago por enfermedad, pensiones, horarios regulados) y se enfoquen en aumentar nuestra seguridad en el trabajo. La despenalización sin sindicalización significaría que las trabajadoras soportarían toda la fuerza del mercado.

 

¿No son las feministas parte del problema?

La Huelga de Mujeres no es un evento de un día que coincide con el Día Internacional de la Mujer cada año; no es una campaña de activistas o un proyecto de mujeres. En el Reino Unido y en todo el mundo asistimos a un movimiento emergente internacional de mujeres que está experimentando y luchando por un futuro feminista. Durante demasiado tiempo, una visión reaccionaria y conservadora de los derechos de las mujeres ha dominado el feminismo, especialmente en relación con la cuestión del trabajo sexual y los derechos de las trabajadoras sexuales. Muchas feministas han estado más que felices de permitir que la policía y los funcionarios de inmigración hagan su trabajo sucio al tratar de “abolir” la industria del sexo. Al mismo tiempo, las feministas corporativas y las llamadas “radicales” han tenido muy poco que decir sobre los cambios en los beneficios de la seguridad social, la introducción de contratos de hora cero y la crisis de la vivienda, lo que ha asegurado un flujo constante de personas buscando trabajo en la industria del sexo. Cuando hablamos sobre el horizonte feminista rojo estamos dibujando el tipo de futuro feminista que queremos y, lo más importante, cómo llegamos allí. El horizonte feminista rojo exige que tengamos una opinión plena y definitiva sobre el significado de nuestras vidas, sobre cómo trabajamos y sobre lo que se hace a nuestros cuerpos y con ellos.

Al avanzar hacia un horizonte feminista rojo, continuamos el trabajo de nuestras madres y abuelas feministas desestabilizando las ideas sobre la feminidad. Rehusamos ser divididas en mujeres buenas y malas. No estamos interesadas ​​en reproducir una versión del feminismo que solo haga visibles a algunas mujeres, es decir, a aquellas que son blancas, de clase media, cisgénero y heterosexuales. Tampoco hay nada estable, inherente o natural acerca de ser mujer. Como Chandra Mohanty argumentó con tanta fuerza hace 35 años, la relación entre “Mujer” como construcción cultural e ideológica y “mujeres” que son sujetos materiales reales de nuestras historias colectivas es una de las preguntas centrales sobre las que el feminismo busca actuar. Tenemos que enfrentar las ideas reaccionarias y patriarcales de lo que significa ser una mujer hoy. Ideas como que somos “naturalmente” cariñosas, que todas queremos ser madres, que la mayoría de las veces pedimos sexo y el resto del tiempo necesitamos protección. Al mismo tiempo, nuestra organización debe reevaluar el trabajo de cuidado y el trabajo emocional, apoyar a las personas que tienen hijos y combatir las formas estructurales y sistémicas de violencia y explotación que perjudican a tantas mujeres. Al organizarnos como trabajadoras en la industria del sexo, usando nuestra creatividad y valor para transformar las condiciones de nuestro trabajo y también cambiar la legislación nacional, la Asamblea de Huelga de Mujeres está haciendo un esfuerzo concertado para involucrarse en la discusión pública sobre sexo, violencia y poder y para movernos hacia el horizonte rojo.

 

Trabajando juntas

United Voices of the World (UVW) es un sindicato dirigido por las trabajadoras, en el que las bailarines y strippers organizarán sus propias campañas, con el apoyo y la solidaridad de la membresía en general. Dirigiremos nuestras propias luchas no porque pensemos que ser una “stripper” o una “trabajadora sexual” sea una identidad fija, sino porque aquellas que han experimentado las condiciones de trabajo en la industria están mejor ubicadas para saber cómo cambiarlo. El sindicato brinda protección legal, asesoramiento, capacitación y educación, representación laboral y judicial y, principalmente, un espacio de organización de poder colectivo para que las trabajadoras negociemos con los patronos, desarrollemos habilidades de negociación y aumentemos nuestra confianza para organizarnos en el trabajo y cambiar la industria en función de los intereses de las trabajadoras.

 

Únete al sindicato en línea en www.uvw.org.uk

«Los hombres poderosos que van de putas quieren ser humillados y los explotados quieren ser dominantes»

Prostitutas de León y de Cataluña hablan a Nuria Güell de lo que les piden los puteros en uno de los seis proyectos que trae al Musac, al laboratorio 987, en su exposición ‘Patria y patriarcado’. La artista usa su cuerpo físico, legal y emocional para «hacer visible lo que no queremos ver».

 

Entrevista a Nuria Güell. F. Otero Perandones.

 

Por ana gaitero | león

8 de junio de 2018

http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/los-hombres-poderosos-van-putas-quieren-ser-humillados-explotados-quieren-ser-dominantes_1254886.html

 

Subversiva y retadora. Nuria Güell (Vidreres. Gerona), entrevista a prostitutas en León y Cataluña, pide el estatuto de apátrida al Ministerio de Justicia, se casa con el cubano que le escribió la mejor carta de amor para que consiga la nacionalidad española… Son parte de los seis proyectos de la exposición Patria y patriarcado de la exposición que inaugura mañana en el Laboratorio 987 del Musac con una visita guiada a las 18.00 horas en su compañía y la comisaria, Araceli Corbo. La artista es el medio para analizar dos conceptos «unidos por la desigualdad que generan». La realidad, incluso la que se salta la ley, es su punto de partida. No le interesa la ficción. «Pongo mi cuerpo físico, legal y emocional y no intento crear nada nuevo, no trabajo con la ficción, sino con lo real y con la intención hacer visible lo que no queremos ver, de que se escuche lo que se no se quiere oír y se muestre lo que no se quiere mostrar». Nuria Güell, que también trabajó con El Solitario para diseñar un proyecto de atraco a bancos, impartirá el taller La ética de las consecuencias en julio y presentará el libro De putas. Un ensayo sobre la masculinidad.

—¿Por qué liga patria y patriarcado en estos proyectos?

—Muchas desigualdades que sufrimos en la sociedad tienen que ver con esos dos conceptos. Me interesa analizarlos a fondo porque son dos ideas que necesitamos erradicar o darles la vuelta y cuestionar profundamente.

—¿Por qué eligió a las prostitutas para definir ese modelo dominante de masculinidad?

—El conocimiento que tienen las prostitutas es subversivo totalmente sobre todo con la idea de un estado heterosexual. Sus testimonios lo ponen en crisis, cosa que no interesa ni a la iglesia ni a los poderes políticos.

—¿Cuáles son las conclusiones de esas entrevistas?

—La masculinidad hegemónica gira continuamente en torno al poder y al ansia de poder, de adoración y de reconocimiento. Sienten que tienen que tener potencia, ya sea económica, de estatus social o de fuerza. Eso se podría ligar con la investigación de Rita Segatto sobre los violadores, que concluye que es su única manera de reafirmar la potencia viril porque no la tienen en otros ámbitos de la vida.

—¿Cómo muestran ese ansia de poder cuando van de putas?

—Las prostitutas decían que cuanto más poder tiene en el hombre en el espacio público (políticos, directores de bancos, etc.), cuando va con ellas lo que quiere es ser humillado: que se le caguen encima, que se le meen encima, que le pongan paraguas, pepinos por el culo. Y cuanto menos poder tiene el hombre en el espacio público, por ejemplo, un currante explotado, cuando va quiere ser dominante, ejercer poder sobre ellas. Buscan que les confirmen su virilidad. Que les digan que las han echado el mejor polvo, aunque de 9.000 sólo consideran que han sido buenos amantes cinco o seis.

—¿Por qué las prostitutas son una fuente válida para definir esa masculinidad hegemónica?

—Están legitimadas por su experiencia laboral, porque se relacionan con el hombre fuera de la mirada del espacio público. Ahí están totalmente desnudos, se quitan las corazas, el traje, que es su armadura, según sus palabras, y no les importa nada lo que piensen las prostitutas porque para ellos solo son putas y sacan toda la parte oculta.

—¿Por qué prostitutas de León?

—Hace tiempo que estoy trabajando este tema en otros contextos. Me invitaron al Musac, vine a León, investigué y me pareció, por lo que está pasando en España, que trabajar la patria y el patriarcado es de urgencia.

—¿Encontró diferencias entre lo que le dijeron aquí y en Cataluña?

—Ninguna. Los testimonios son idénticos. Las mujeres de León trabajan en pisos y las de Cataluña, de carretera, son de mi pueblo Vidreres, en la provincia de Gerona.

—¿Las violaciones grupales que ahora proliferan también tienen que ver con ese ansia de poder?

—Es una demostración de poder de los muchachos en cuestión delante de los colegas, de a ver quién puede más. Ellas comentan que en los prostíbulos cuando van los hombres en grupo quieren ver quién es el más viril y muchas veces suben a las habitaciones juntos para ver quién tiene la polla más grande, quién puede más.

—¿Surgieron otras masculinadades?

—No, porque básicamente hablan de sus clientes que son los puteros y se basan en más de 9.000 experiencias con hombres.

—¿La exposición puede ayudar a los hombres a reflexionar sobre su masculinidad, en un momento en que parece necesario que esa masculinidad hegemónica se vaya transformando?

—Sí, me parece que el documento funciona perfectamente en este sentido porque pone un espejo a este tipo de masculinidada la que le falta justamente un espejo donde mirarse. Siempre hemos sido las mujeres las representadas, las que se analizan y me parecen que puede ser efectivo. He enseñado el trabajo a compañeros míos y se han sentido interpelados. Pero aunque ellas estén hablando de los hombres, las mujeres también somos interpeladas. Si los hombres juegan esos roles quiere decir que también hay mujeres cómplices. Aunque habla de la masculinidad yo también me sentí interpelada en muchas cosas. Lo que hay que cambiar actualmente son los imaginarios construidos, y esto lleva mucho tiempo porque es un proceso cultural. La voluntad de esta obra es que ojalá aporte un grano de arena a estos cuestionamientos.

—Si algún día esa masculinidad hegemónica desaparece, ¿La prostitución tendría cabida?

—Creo que la prostitución tiene relación con el sistema capitalista y básicamente creo que es lo que habría que erradicar. La explotación del cuerpo de la mujer y de los cuerpos tiene que ver con el sistema capitalista al igual que la trata sexual y la trata rural, lo que está pasando ahora con la trabajadoras de la fresa en Huelva, por ejemplo. Muchas mujeres, entre las prostitutas, me comentaban: mira, yo desayuno tranquilamente, leo la prensa y si me pongo en la carretera a las once o a la una da igual. En otro sitio voy a currar igualmente con un jefe que me explota y tengo esa autonomía.

—Pero hay una implicación física muy fuerte en la prostitución.

—Las mujeres me dicen que cobran más cuando los hombres van a hablar, que hacer de psicólogas implica más su persona que echar un polvo.

—La prostitución es anterior al capitalismo de la revolución industrial. Debe haber algo más que la sustenta,¿no?

—Sí, tiene mucho que ver con la religión: la mujer santa y pura con la que te casas, hay cosas que no puede hacer, porque si no, se derrumba el rol. Ellas decían que los tipos no se atreven a decirle a sus mujeres que le pongan una berenjena en el culo porque entraría en crisis y acuden a las prostitutas. Alguna les ha preguntado que por qué no le piden a su esposa que le haga una mamada y les contestan cosas como que «mi esposa luego va y besa a mis hijos».

—Ha dicho que las mujeres también son cómplices de esa masculinidad hegemónica. ¿Es algo inducido por el sistema?

—Está muy trabajada por el sistema y también desde lo religioso y lo moral. También construye una etiqueta mujer que funciona con estos patrones y es la que la sostiene.

—¿La regulación es solución?

—Yo no hablo de soluciones, sólo digo que si hay mujeres que deciden hacer esto por una libre elección creo que es muy complicado decir, o yo no me eencuentro en posición de deicr, que no hay que regular sus derechos laborales. Igual que te digo eso, te digo que las mujeres que quieran salir deben tener posibilidad de hacerlo.

—¿Ha trabajado con prostitutas en otros contextos?

—No, con explotación sexual infantil. Aquello era trata. En Medellín me invitaron a investigar sobre la violencia en el cuerpo de la mujer y encontré catálogos de venta de virginidades, de niños y niñas, que los turistas españoles, mexicanos, alemanes demandaban. Hice visible esta situación con cuatro niñas que habían sido vendidas y explotadas en este contexto. El proyecto consistió en que hicieran guías de arte moderno de una exposición de Botero. Eligieron siete que les sirvieron para contar sobre lo que les había pasado o todo lo que querían decir a la sociedad colombiana. Una de las capas de la exposición es una visión crítica de la visión patriarcal con que la mujer ha sido representada en el arte.

—El #MeeToo y el 8 de marzo en España están produciendo cambios ¿serán profundos?

—Yo creo que se ha producido un ‘clic’. Estamos perdiendo el miedo a hablar claro y todo suma. Se está haciendo un cambio en los imaginarios, aunque creo que irá lento.

—¿Cuál es la relación que establece entre patria y patriarcado como hilo de la exposición?

—Estamos en un momento de la historia en el que urge superar las identificaciones nacionales, las identidades creadas por una cuestión de nacionalidad. En un momento (siglo XIX) fueron necesarias, pero ahora mismo hay que superar eso. La lógica de la patria, el mantener la patria unida es la misma lógica del machismo y del patriarcado. Si el machismo dice te mato porque eras mía, el Gobierno de España a los separatistas les dice te pego porque eres nuestro, si te vas nadie te va a hacer caso, te vas a quedar sola… Cambias el sujeto y es el mismo tipo de relación. La naturaleza es la misma.

—Como catalana y española, ¿Cómo siente esa posición entre dos patrias?

—No me interesa ninguna de las dos versiones nacionalistas, ni la catalana ni la española, aunque estoy de acuerdo con el derecho de autodeterminación, de los pueblos o de los grupos. En el caso Cataluña-España, pienso que nadie tiene la autoridad, es una cuestión fálica: Lo que está pasando con España y Cataluña tristemente es que es un combate fálico de a ver quién es más macho.

—Alguien ha echado en falta la perspectiva feminista en el abordaje ¿Cómo se explica que no haya influido el movimiento feminista en el desarrollo de los acontecimientos o el hecho de que dos mujeres estuvieran al frente del 155, Soraya por el PP y Carmen Calvo por el PSOE.

—Bueno, tenemos la Anna Gabriel que ha hecho un papel importante y muy feminista, que no pienso que ha sido el que han hecho Soraya y demás, sino que ellas encarnan el discurso masculino patriarcal, aunque se identifiquen como mujeres.

—Anna Gabriel ha sido muy atacada por su físico.

—Todas las mujeres que se pongan en el ojo del huracán son atacadas por su físico. Lo han hecho con Soraya también. El poder masculino de alguna manera siempre tiene esa superioridad.

—Otro de sus proyectos es la experiencia de un matrimonio de conveniencia con un cubano real. ¿Cómo fue?

—Prometí casarme con el cubano que me escribiera la carta de amor más bonita del mundo. Y la eligieron dos prostitutas.

—¿Se casó con él?

—Sí, estuve casada cinco años.

—¿Convivieron?

—No.

—Algo que se hace pero…

—Es delito, sí. No intento crear nada nuevo, no trabajo con la ficción, sino con lo real para hacer visible lo que no queremos ver, que se escuche lo que no queremos oír y que se muestre lo que no se quiere mostrar.

—¿Qué le quedó de esa boda?

—Me quedó mucho cariño para Yordanis, que está en Alemania y entender que hay que mucho que cuestionar en lo que es la ley y con más capacidad para cuestionar lo que es incuestionable.

—Como las banderas. ¿Qué siente al ver allí las esteladas y aquí las españolas?

—Me siento violentada en ambos casos y me da un poco de tristeza a nivel de colectividad. Patriarcado y nación-estado deberían estar superados en el siglo XXI.

 

Una veintena de prostitutas denuncian a vecinos de Magaluf por un delito de odio

Afirman ser acosadas cada noche, con insultos e incluso con agresiones físicas

 

Por F. Guijarro 

Palma de Mallorca

31 de mayo de 2018

https://www.diariodemallorca.es/mallorca/2018/05/31/veintena-prostitutas-denuncian-vecinos-magaluf/1318309.html

 

Una veintena de prostitutas denuncian a vecinos de Magaluf por un delito de odio

 

Más de 20 mujeres en situación de prostitución han presentado hoy una denuncia contra un grupo de vecinos de Magaluf por un presunto delito de odio y de alteración del orden público. En dependencias de la Guardia Civil han asegurado estar siendo objeto de agresiones físicas y de insultos por parte de algunos residentes y trabajadores de la zona, que las persiguen y las graban en video para identificarlas en internet, y que están organizados a través de un grupo de Facebook.

Esta veintena de mujeres han acudido previamente en busca de ayuda a la sede de Médicos del Mundo, y han detallado la persecución de que son objeto. Según han explicado, desde hace dos semanas son acosadas cada noche por ese grupo de personas, que habitualmente las insultan (“puta, vuelve a tu país” es la frase mas escuchada por ellas, según afirmaron, dado que son nigerianas) pero que incluso han llegado a agredirlas físicamente. En concreto, han afirmado que dos han sido rociadas con aerosoles de pimienta, y que varias han llegado a ser golpeadas, con un parte médico de una de ellas para demostrarlo, según han apuntado junto a los responsables de Médicos del Mundo.

Estas mujeres en situación de prostitución han lamentado su situación de indefensión, dado que aunque en alguna ocasión agentes de la Policía Local o de la Guardia Civil han acudido a dispersar a los agresores, en ningún caso se ha procedido a su identificación para poder adoptar medidas contra ellos.

Tanto el coordinador territorial de Médicos del Mundo, Alberto Gundín, como la coordinadora de Proyectos, Belén Matesanz, han subrayado el acoso al que se está sometiendo a estas personas. Al respecto, han destacado que se ha creado un grupo en internet denominado March Against Muggers, liderado por un ciudadano británico, en el que se vuelca información sobre los puntos de Magaluf en los que estas mujeres se encuentran cada noche, para que grupos de residentes acudan hasta esos lugares para acosarlas y buscar que abandonen la zona. Este colectivo incluso ha llegado a publicitar sus actuaciones y ha acusado a estas nigerianas de robar a los turistas.

Un aspecto que se destaca es que estos ataques hacen que la vulnerabilidad de estas mujeres se multiplique, dado que muchas no cuentan con permiso de residencia y tienen hijos. “Si no tienes papeles no te dan trabajo, y sin trabajo no nos queda más remedio que dedicarnos a la prostitución”, subrayó una de ellas.

Un aspecto destacado por Alberto Gundín y por Belén Matesanz es que la angustia en la que se está haciendo vivir a este colectivo (aunque la denuncia la respaldan más de 20 mujeres, se estima que las afectadas se acercan al medio centenar) queda reflejada en el hecho “sin precedentes” de haberse unido para denunciar los hechos y para comparecer públicamente para exponerlos, dado que hasta ahora habían optado por buscar el máximo anonimato por la situación irregular de varias de ellas.