La prostitución como violencia de género: asalto al Estado de Derecho. Hacia la prohibición de la prostitución en España.

 

La prohibición de la prostitución en España es inminente. La exigencia al próximo gobierno de una ley que penalice a los clientes y todo tipo de proxenetismo, exigencia liderada por la facción radical del feminismo, domina el discurso en todos los ámbitos. ¿Su fundamento?: el dogma de que la prostitución es violencia de género. Un dogma introducido ya en el Pacto de Estado contra la violencia de género sin ningún tipo de debate, sin necesidad de ninguna argumentación, tan sólo por la presión de las organizaciones abolicionistas.

El dogma de la prostitución como violencia de género era necesario para prohibir la prostitución mediante la penalización de los clientes. No bastaba con el mito de que el 80% de las prostitutas son víctimas del mito de la trata de personas con fines de la fantasmal (por indefinida) “explotación sexual”. Porque admitía que un 20% de las prostitutas lo eran por libre decisión y, entonces, ¿cómo desposeer de sus derechos fundamentales a esas mujeres que decidían libremente sobre su cuerpo y sobre su vida?¿Cómo lanzar el ataque al Estado de Derecho que reconoce mediante sus principios constitucionales el derecho de las mujeres a prostituirnos?

No argumentan por qué la prostitución debe ser considerada violencia de género. No en España, donde no tienen necesidad de argumentar nada. Pero el argumento, tal como lo expresan en otras partes, es que el sexo consentido sin deseo sexual por parte de la mujer es violencia contra ésta. Un argumento absurdo.

Sólo la conciencia de la enormidad de una ley como la que andan buscando las dominadoras de las mujeres y sus aliados y del enorme coste social y presupuestario que supondría puede frenar su aprobación. Un coste social que llevaría a la deportación masiva de inmigrantes indocumentadas y al paro sin derechos —a la miseria— a decenas de miles de mujeres; un coste presupuestario que supondría la creación de miles de nuevos puestos de policía para vigilar a todas y cada una de las prostitutas y la subvención a un enjambre de ONG rescatadoras —un nuevo Patronato de la Mujer— dirigidas por abolicionistas, tanto seglares como religiosas.

El enorme coste social y humano que supondría crear las condiciones para el control total de la prostitución clandestina por la mafia policial.

Frente a esta ofensiva totalitaria, las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados, los defensores de los derechos humanos, de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, de los derechos de las mujeres, del Estado de Derecho, sólo tienen un camino posible: la defensa de la total despenalización del trabajo sexual en los términos expresados en el Manifiesto Político de las Trabajadoras Sexuales del Estado español.

 

Por los derechos de las trabajadoras sexuales, por los derechos de las mujeres, por los derechos de la humanidad, por la libertad y la democracia,

 

SUSCRIBE Y DIFUNDE

el

MANIFIESTO POLÍTICO DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES DEL ESTADO ESPAÑOL

 

 

 

 

 

Manifiesto Político de las Trabajadoras Sexuales del Estado español

 

Las Trabajadoras Sexuales somos ciudadanas de pleno derecho.

Prostitución es sexo consensuado entre adultos y, por tanto, libertad sexual amparada por la Constitución.

Aunque las leyes y los jueces reconocen y defienden nuestro derecho a prostituirnos en el ejercicio de nuestra libertad sexual, penalizan al mismo tiempo algunos aspectos de nuestro trabajo, en virtud del modelo abolicionista implantado por el dictador Franco en 1961 y aún vigente.

Este modelo abolicionista, al tiempo que reconoce la legitimidad de la libre decisión de las mujeres a prostituirnos, penaliza a todas aquellas personas que nos ayuden a llevar a cabo nuestro trabajo, bajo la fórmula del “proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta”.

Son estas leyes abolicionistas las que nos están impidiendo disfrutar de la totalidad de nuestros derechos humanos y las que refuerzan a los ojos de la sociedad la visión de las prostitutas como mujeres ligadas al mundo del crimen.

Por tanto, decididas a recuperar de una vez por todas la totalidad de nuestros derechos humanos, es decir, nuestros derechos fundamentales reconocidos por la Constitución,

 

EXIGIMOS

la

TOTAL DESPENALIZACIÓN DEL TRABAJO SEXUAL

 

que se concreta en los siguientes puntos:

 

1.- Supresión del art. 187 del Código Penal (“prostitución forzada” y “proxenetismo”).

Basta con aquellos artículos del Código Penal que penalizan el secuestro y la violación.

En este caso, como en el siguiente, el desprecio al consentimiento de la persona (la prostituta) atenta contra la libertad sexual protegida por el mismo Código Penal, así como contra la libertad de empresa y el derecho al trabajo asimismo reconocidos por la Constitución.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando así la dignidad de la persona que lo dio libremente.

 

2.- Supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con el párrafo “a) La imposición de trabajo o de servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, a la servidumbre o a la mendicidad.”

 “Explotación sexual” es un término que no tiene definición, ni en la ley española ni en la ley internacional. Esta indefinición no es casual sino intencionada y hace que el párrafo b) viole el principio jurídico básico de legalidad.

 

3.-  Eliminación del párrafo 11 del art. 36 de la Ley Mordaza: “La solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público…)”

Porque viola los derechos constitucionales a la libre circulación y a la intimidad: se penaliza una conversación privada protegida por las leyes de protección de la intimidad y se viola la igualdad de todas las personas ante la ley al penalizar por el solo hecho de estar en la calle a aquellas mujeres que la policía supone que realizan la actividad legal de venta de sexo.

 

4.- Derogación de la Ley de Extranjería.

Aunque esta Ley no se refiere expresamente a la prostitución, si afecta al gran número de trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas que, bajo la amenaza constante de detención, ingreso en CIE y deportación, deben esconderse de la policía y quedan indefensas ante las violaciones y la explotación económica llevadas a cabo por las mafias.

 

5.- Esta despenalización debería completarse —al modo de Nueva Zelanda, primer país en el que se ha despenalizado totalmente el trabajo sexual— con una regulación estricta de los propietarios de burdeles y del funcionamiento de éstos, con el objetivo, como dice el preámbulo de la Ley de Reforma de la Prostitución de Nueva Zelanda, de:

“salvaguardar los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y protegerlas de la explotación, promover el bienestar y la salud y seguridad ocupacional de las trabajadoras sexuales y propiciar la salud pública.”

 

Llamamos a todas las organizaciones, partidos políticos, sindicatos y fuerzas democráticas en general a apoyarnos en nuestra justa lucha por recuperar nuestras libertades democráticas.

Llamamos a todas las personas defensoras del Estado de Derecho frente a las imposiciones totalitarias a apoyarnos en la consecución de nuestros objetivos democráticos.

Llamamos en particular a las mujeres, a nuestras hermanas, a apoyar nuestra lucha, que es la lucha de las mujeres contra el patriarcado.

 

¡LOS DERECHOS DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES SON DERECHOS HUMANOS!

 

¡LOS DERECHOS DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES SON LOS DERECHOS DE LAS MUJERES!

 

¡PROSTITUCIÓN ES LIBERTAD SEXUAL!

 

¡TRABAJO SEXUAL ES TRABAJO!

 

 

 

 

La antropóloga que se infiltró en un burdel: “Me llamaban puta sólo por estar junto a ellas”

 

IRENE HDEZ. VELASCO

@irenehvelasco

19 de octubre 2019

https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/10/19/5da9a9c221efa04a6e8b463b.html

 

Armada con una libreta y un boli, una profesora de la Universidad Pontificia Comillas se infiltró durante un mes en varios clubes de España para conocer el mundo de la prostitución desde dentro

 

FOTOGRAFÍAS: ANTONIO HEREDIA

 

Hay antropólogos que se van a una remota isla de Papúa Nueva Guinea a estudiar el comportamiento de una tribu que vive aislada en medio de la selva.

Y hay otros como Carmen Meneses-Falcón.

Esta madrileña se metió a vivir en varios burdeles para ver cómo funcionan y qué ocurre exactamente en el interior de esos 1.670 establecimientos de compraventa de sexo que, según datos de la Policía, hay repartidos por toda España y que han proliferado en las últimas décadas tras la suavización del delito de proxenetismo en el Código Penal.

«Cualquier antropólogo trata de ver con sus propios ojos todo lo que pueda del grupo que está estudiando», cuenta Meneses-Falcón. «Y eso es exactamente lo que he hecho. Es la mejor metodología para entender en profundidad un fenómeno».

Armada con una libreta y con un bolígrafo, esta profesora de antropología en la Universidad Pontificia Comillas en Madrid -que ya había realizado antes varios estudios sobre prostitución- residió en total en cuatro burdeles: dos situados en Galicia, uno en el País Vasco y otro en Andalucía. En cada uno de ellos pasó entre 8 y 10 días ininterrumpidos. Y allí, sobre el terreno, vio la realidad que esconden esos locales que encierran a un número importante de mujeres y que ha publicado en forma de artículo académico en The Social Science Journal bajo el título Living in the brothel (en castellano, Viviendo en el burdel: observación en contextos ocultos).

El primer desafío era encontrar puticlubs dispuestos a alojarla. Un policía puso a Carmen en contacto con dos empresarios dueños de burdeles, uno en Andalucía y otro de Galicia, quienes accedieron a que se alojara una temporada en sus establecimientos. Por su cuenta, ella había entrevistado a varios dueños de locales de venta de sexo para otro estudio que estaba realizando y logró convencer a dos de ellos (uno más en Galicia y otro en el País Vasco) de que le alquilaran una habitación durante una temporada.

Son espacios masculinos donde hay mujeres al servicio de los hombres. Necesitaba permiso para poder acceder

«Las mujeres tienen vedada la entrada a los burdeles», cuenta Carmen. «Son espacios masculinos donde hay mujeres al servicio de los hombres. Alguien como yo, que estaba fuera de ese contexto, necesitaba obtener permiso para poder acceder a ese espacio».

El siguiente problema era proponer su proyecto a su universidad… Una universidad católica.

«Anunciar en tu universidad que pretendes hacer inmersión en varios burdeles y vivir allí una temporada para hacer una investigación desata todas las alarmas en relación a los posibles peligros que puedes afrontar», admite Carmen. Por no hablar del problema de imagen que generaba aquello :«Digamos que no es la publicidad que mi universidad deseaba».

Su remedio fue expeditivo: primero realizó la investigación y luego contó que la había hecho.

Carmen se había marcado varias pautas éticas antes de entrar en los puticlubs. La más importante: «Tenía muy claro que no quería ser testigo de abusos a las mujeres, que mi trabajo terminaría en el mismo momento en que detectara algún tipo de agresión o coerción contra las mujeres del burdel. Tenía decidido de antemano que si eso ocurría llamaría a la policía y actuaría como testigo, dando por finalizada mi investigación».

Pero no ocurrió. «Sí que vi que en los burdeles personas ajenas a los mismos vendían de manera ilegal antibióticos y benzodiacepinas (medicamentos ansiolíticos que se suelen usar para el tratamiento de la ansiedad), pero no sentí que fuera mi responsabilidad informar a las autoridades de eso: decidí que sólo intervendría en caso de agresiones», subraya.

Dos factores, su edad y el hecho de ser una mujer, supusieron una ventaja a la hora de interactuar con las chicas de los cuatro burdeles en los que estuvo viviendo. «La mayoría de las mujeres que trabajan allí tienen entre 18 y 45 años», cuenta. «El que yo fuera mayor ayudó, ya que no me veían como una competidora al tratar de atraer a los hombres. Mi relación con ellas fue muy buena y nunca me percibieron como una rival. Más bien al contrario, muchas me veían como alguien con quien se podían desahogar».

Los dos primeros días en cada burdel los dedicó a entablar conocimiento con las mujeres. «Pero a partir del tercer día, en los cuatro burdeles empezaron a considerarme como una de ellas, integrándome y dejando de mostrarse precavidas en las conversaciones cuando yo estaba delante», señala.

La investigación que ha llevado a cabo Meneses se centra en los llamados clubs de plaza. Se trata de esos hoteles en los que las mujeres prostituidas residen y reciben a sus clientes. Es decir: no hay separación entre el espacio de trabajo y el espacio íntimo, entre lo público y lo privado.

Las mujeres que viven y venden sexo en esos clubs tienen que pagar generalmente entre 40 y 80 euros al día por la habitación (con desayuno, comida y cena muchas veces incluidos). Se supone que el dueño del establecimiento hace el negocio tanto con el alquiler de las habitaciones como con la venta de bebidas en el bar del local, donde los clientes negocian con las mujeres las prácticas sexuales y los precios a pagar.

Me llamaron ‘puta’ en más de una ocasión. Simplemente, por estar en la puerta de un burdel o junto a ellas

Este tipo de prostitución está pensada sobre todo para mujeres inmigrantes que no tienen contactos en España. Llegan directamente de sus países al burdel, donde encuentran (pagando, por supuesto) todo lo que necesitan -desde alojamiento a comida, lavandería, servicios de peluquería o internet- para que ellas se puedan concentrar en el ejercicio de la prostitución.

«Los dueños de los cuatro burdeles me dijeron que las mujeres llegaban allí y les decían que querían trabajar en su establecimiento, que ellos no promovían ni participaban en que las mujeres fueran a sus locales», explica la antropóloga.

Sin embargo, cuando ya le quedaba poco para irse de un burdel, el dueño le confesó: «Mira, en un momento había muy pocas mujeres y el negocio no funciona sin ellas, así que a una que volvía a descansar a su casa, a Colombia, le dije que por cada una que me enviara le daba 500 euros. Me mandó seis o siete mujeres».

En otro de los puticlubs, el dueño le dijo a la investigadora sacando pecho que todas las mujeres que estaban allí estaban tenían contratos de trabajo como azafatas. «Incluso llegó a enseñarme los contratos», afirma. «Pero descubrí que eran todos ficticios: las mujeres no recibían el dinero que ponía en esos contratos y las cuotas a la seguridad social, que decía pagarlas el dueño del local, las pagaban ellas».

Y es que la ley no es clara: en unos locales se les exigen a los dueños que las mujeres estén dadas de alta en la seguridad social y en otros no.

Carmen observó que en cada burdel las mujeres suelen permanecer alrededor de 28 días. Transcurrido ese periodo se toman un periodo de descanso, para regresar de nuevo a la prostitución en ese club o en otro diferente. «Cambiar de sitio es una estrategia importante tanto para las mujeres como para los dueño de los burdeles, que de ese modo ofrecen caras nuevas o, como suelen decir ellos, carne fresca», señala Meneses-Falcón.

Nada más ocupar su habitación en el primer puticlub donde estuvo la escritora, el mote que le acabaron endosando en los cuatro burdeles por aquello de que no dejaba de tomar notas, se dio cuenta que aquellas estancias solo estaban pensadas para tener sexo o para dormir. «No había una simple mesa sobre la que colocar el ordenador, no había una silla», asegura.

El bar, además de la recepción, fueron los principales lugares que Carmen eligió para llevar a cabo sus tareas de observación. Y en aquellos burdeles que tenían comedor ahí estaba como un clavo a la hora del desayuno, de la comida o de la cena, oyendo los comentarios que las mujeres hacían sobre aquello que habían ocurrido el día anterior.

El primer día en el puticlub ya se quedó ojiplática. Cuando le dijo a la dueña del club que se proponía estudiar sobre todo a los clientes y su comportamiento, ésta le soltó: «Pufffff... ¿Los clientes? Son unos drogaos y unos maricones, te vas a asombrar».

La inmensa mayoría de servicios sexuales van acompañados de consumo de cocaína, y eso incrementa el precio del servicio

A Carmen le llevó unos días entender lo que quería decir, el tiempo que tardó en ganarse la confianza de las mujeres allí prostituidas y comprender el concepto que estas tienen de los hombres que las pagaban a cambio de sexo. «A los clientes les llamandrogaos por el consumo de cocaína que hacen la amplia mayoría de ellos», explica. «La inmensa mayoría de servicios sexuales van acompañados de consumo de cocaína, y el uso de esta sustancia incrementa el precio del servicio».

-¿Y lo de ‘maricones’?

-Eso me dejó perpleja. Al principio pensé que se referían a clientes gays que acudían al burdel, aunque no me cuadraba mucho porque a mí me parecían heterosexuales. Luego supe que les llamaban así porque una de las peticiones más frecuentes que las mujeres prostituidas reciben de los hombres heterosexuales que acuden a los burdeles es que les practiquen a ellos sexo anal. Las mujeres tenían de hecho una amplia variedad de dildos y consoladores para ello que pude fotografiar. Lo que me chocó y me resultó difícil de entender fue que mujeres que trabajan con el sexo tuvieran una visión tan conservadora de esas prácticas sexuales.

Carmen también aprendió pronto que ser una mujer y estar en un burdel significaba automáticamente ser una puta: «Me llamaron ‘puta’ en más de una ocasión. Simplemente, por estar en la puerta de un burdel o junto a mujeres que trabajaban allí. Sufrí de primera mano las agresiones verbales que esas mujeres sufren a diario. La discriminación y la estigmatización a la que están sometidas esas mujeres es constante».

Como aquel día que se presentó en el burdel el empleado de la compañía de agua: «Estaba durmiendo y me despertó un ruido ensordecedor que no cesaba. Alguien estaba aporreando la puerta de entrada del burdel mientras chillaba: ‘¡Abrid, zorras, abrid!’. Eso me puso de pésimo humor, me apetecía bajar y decirle cuatro cosas al tipo que gritaba aquello, pero no me correspondía intervenir. Así que me asomé a mi ventana a observar. Después de estar varios minutos golpeando la puerta y de despertar a todas las mujeres, como el dueño del burdel no estaba una de ellas, bajé. Eran las 9.30 de la mañana y las mujeres se habían ido a la cama sólo tres horas antes. El tipo que golpeaba la puerta era de la compañía de agua y venía a leer el contador. Yo estaba alucinada: no se habría comportado así en ningún otro sitio, sólo se atrevía a hacerlo en un burdel».

Pero al menos allí estaba ella para verlo y para contarlo.

 

Firma la declaración de solidaridad con los derechos de las trabajadoras sexuales de Canadá

 

https://secure.actioncanadashr.org/solidarity-sex-workers-rights

 

Las trabajadoras sexuales —personas que intercambian servicios sexuales por dinero o bienes— son penalizadas, desproporcionadamente vigiladas, sometidas a exceso de control policial y despojadas de sus derechos fundamentales. Las trabajadoras sexuales que viven discriminaciones entrecruzadas debido a la pobreza, su presencia visible en los espacios públicos, su posición racial y social, y su identidad de género son desproporcionadamente atacadas por la policía y la violencia institucional, legal y social. Gran parte de este trato es el resultado de la estigmatización del trabajo sexual en sí y de la falta de reconocimiento de la autonomía que las trabajadoras sexuales ejercen en su vida diaria.

Varias organizaciones de derechos humanos, organismos y tribunales de la ONU han concluido que la penalización de la industria del sexo crea condiciones para la explotación y viola los derechos humanos de las trabajadoras sexuales. En 2014, un proceso legal histórico (Fiscal General v Bedford) dictaminó que las leyes en Canadá que abordaban el trabajo sexual violaban el derecho constitucional a la seguridad de las trabajadoras sexuales y todas esas leyes fueron anuladas. Sin embargo, a pesar de esto, la Ley de Protección de Comunidades y Personas Explotadas (PCEPA) se promulgó en 2014. La PCEPA define todo trabajo sexual como explotación y enmarca a todas las trabajadoras sexuales como víctimas y a todos los clientes y terceros como delincuentes. Un objetivo principal de esa legislación es erradicar la prostitución. Las nuevas leyes incluyen disposiciones que penalizan directamente a las trabajadoras sexuales, así como disposiciones que penalizan prácticamente todos los elementos de la industria del sexo.

Desde la entrada en vigencia de PCEPA, las trabajadoras sexuales han reportado un mayor antagonismo con las fuerzas del orden público, violencia selectiva y miedo a denunciar, actuación policial no deseada y no solicitada sobre las trabajadoras sexuales indígenas, negras, trans, migrantes y usuarias de drogas, y detenciones y deportaciones de trabajadoras sexuales asiáticas y migrantes. La policía hace un uso indebido y excesivo de las leyes de trata de personas para atacar a las trabajadoras sexuales y a sus clientes, creando condiciones cada vez más inseguras y marginalizadas para las trabajadoras sexuales.

Proteger y respetar los derechos humanos de las trabajadoras sexuales requiere una respuesta integral. La despenalización, la eliminación de las leyes penales y específicas de inmigración sobre el trabajo sexual, es un primer y necesario paso. Un plan holístico para la reforma de la ley de trabajo sexual incluye medidas concretas para abordar la discriminación y la desigualdad en todas sus formas: pobreza, vivienda inadecuada, atención médica inadecuada, falta de acceso a transporte seguro, acceso inadecuado a asistencia legal, sobrepenalización y sobrencarcelamiento, y problemas continuos con sistemas de protección juvenil. Esto incluye además el acceso a protecciones básicas de seguridad laboral y ocupacional.

 

DECLARACIÓN DE SOLIDARIDAD

 

Nos oponemos a las leyes federales, provinciales y municipales que regulan desproporcionadamente y penalizan la autonomía corporal, la sexualidad y los derechos de salud sexual y reproductiva.

Reclamamos del gobierno de Canadá la despenalización total del trabajo sexual como un primer paso para proteger y respetar los derechos humanos de todas las trabajadoras sexuales; esto comienza con la eliminación de las leyes penales y de inmigración que penalizan el trabajo sexual.

 Reclamamos que se reconozca el trabajo sexual como un trabajo significativo y valioso que brinda oportunidades económicas para las personas que venden y comercian sexo.

 Reclamamos el acceso igualitario y no discriminatorio a la salud, la educación, el empleo, la vivienda y las oportunidades y derechos económicos.

 Afirmamos que las trabajadoras sexuales no son criminales que deban ser estigmatizadas, sino miembros de una clase trabajadora a menudo explotada y poco protegida.

 Nos solidarizamos con las trabajadoras sexuales que exigen derechos, el reconocimiento de la autonomía y de la capacidad de toma de decisiones de las trabajadoras sexuales y condiciones de trabajo seguras.

 Nosotras, las organizaciones abajo firmantes, nos comprometemos a promover los derechos de las trabajadoras sexuales y a crear espacios para que las trabajadoras sexuales tomen el liderazgo y estén en el centro de los debates sobre la reforma de la ley de trabajo sexual.

 


National 
Abortion Rights Coalition of Canada
Action Canada for Sexual Health and Rights
Alberta Society for the Promotion of Sexual Health
Amnesty International Canada
Barbra Schlifer Commemorative Clinic
Canadian AIDS Society
Canadian Association of People who Use Drugs (CAPUD)
Canadian Association of Social Workers
Canadian HIV/AIDS Legal Network
Canadian Treatment Action Council
Families of Sisters in Spirit
FIRST Decriminalize Sex Work
i2i Peer Support
Interagency Coalition on AIDS and Development
International Human Rights Program, University of Toronto Faculty of Law
Marie Stopes International
Migrant Workers Alliance for Change
Radical Access Mapping Project
Sex Professionals of Canada (SPOC)
The Naked Truth
Youth Coalition for Sexual and Reproductive Rights

Alberta
HIV Community Link
Prostitutes Involved Empowered Cogent Edmonton (PIECE)
Shift, HIV Community Link

British Columbia
Afro-Canadian Positive Network of BC
Anti-Violence Project
BC Coalition of Experiential Communities
Coalition Against Trans Antagonism
Downtown Eastside Women’s Centre
Downtown Eastside Sex Workers United Against Violence Society (SWUAV)
HUSTLE at Health Initiative for Men
Law Students for Decriminalization and Harm Reduction
Organize BC
Pacific AIDS Network Society
PEERS
Pivot Legal Society
Pride
Providing Alternatives, Counselling and Education (PACE) Society
Saige Community Food Bank
SFSS Women’s Centre
SOLID Outreach Society
Supporting Women’s Alternatives Network (SWAN)
UVic Gender Empowerment Centre
Victoria Sexual Assault Centre
WAVAW Rape Crisis Center
West Coast Cooperative of Sex Industry Professionals (WCCSIP)
WISH Drop-In Centre Society
YouthCO HIV & Hep C Society

Manitoba
Manitoba Harm Reduction Network
Sex Workers of Winnipeg Action Coalition

Newfoundland and Labrador
Bay St. George Status of Women Council
Corner Brook Status of Women Council
Planned Parenthood Newfoundland and Labrador Sexual Health Centre
Safe Harbour Outreach Project (S.H.O.P.)
St. John’s Status of Women’s Council/Women’s Centre
St. John’s Womxn in Music

Nova Scotia
Sexual Health Centre Lunenburg County
South House
Stepping Stone Association
The South House Sexual and Gender Resource Centre

Ontario
AIDS Committee of Ottawa
AIDS Committee of Windsor
Alliance for South Asian AIDS Prevention
Angel’s Angels
Barton Village Business Improvement Area
Butterfly Asian and Migrant Sex Workers Network
Chinese & Southeast Asian Legal Clinic
Chinese Canadian National Council Toronto Chapter
CUPE Local 3906
CUPE4600
DUAL-Drug User Advocacy League/OICH
Gender Studies & Feminist Research Program, McMaster University
Guelph Resource Centre for Gender Empowerment and Diversity
Hamilton Anvil
Hamilton Burlesque Society
HIV & AIDS Legal Clinic Ontario
Industrial Workers of the World – Hamilton GMB
LGBT YouthLine
Maggie’s Indigenous Sex Workers Drum Group
Maggie’s Toronto Sex Workers Action Project
Marit Collective
Migrant Sex Workers Project
No One Is Illegal-Toronto
Parkdale Community Legal Services
Planned Parenthood Toronto
POWER (Prostitutes of Ottawa-Gatineau Work, Educate and Resist)
Pride Hamilton
Safer Gigs Hamilton
SafeSpace
Sex Workers Advisory Network of Sudbury (SWANS)
Sex Workers’ Action Network of Waterloo Region
Sex Workers’ Action Program of Hamilton
SHORE Centre
Showing Up for Racial Justice Toronto (SURJ TO)
Street Health
TransParent Hamilton-Niagara
Willow’s Drop-In – Ottawa-Vanier
Women & HIV / AIDS Initiative
Women and Gender Equity Network
Women’s and Gender Equity Centre at University Toronto-Mississauga
Work Safe Twerk Safe
Workers’ Action Centre
YWCA Kitchener-Waterloo

Québec
Action Santé Travesties et Transexuel(le)s du Québec (ASTTeQ)
Agir
AlterHéros
CACTUS Montreal
Centre for Gender Advocacy
Clinique Droits Devant
Coalition des organismes communautaires québécois de lutte contre le sida (COCQ-SIDA)
Coalition LGBTQ youth groups
Conseil québécois LGBT
Dopamine
École de travail social UQAM
Émissaire
Fédération des femmes du Québec
GIAP
Les Hébergements de l’Envol
L’R des centres de femmes du Québec
Native Women’s Shelter
PACT de rue
Plein Milieu
Project 10
Projet d’intervention auprès des mineur.e.s prostitué.e.s (PIaMP)
Projet Lune<
RÉZO
Sidalys
Solidarity Across Borders- Montreal
Spectre de rue Inc.
Stella, l’amie de Maimie
The Open Door / La Porte Ouverte Montréal
TOMS Table des organismes communautaires montréalais de lutte contre le VIH/sida

Saskatchewan
Saskatoon Sexual Health

 

El proxeneta millonario que multaba a las mujeres por enfermar

 

Caso Carioca

Investigadores de la Agencia Tributaria y la Guardia Civil concluyen el primer análisis económico de locales de prostitución en España y sus supuestas vías de blanqueo

 

SILVIA R. PONTEVEDRA

Lugo 29 de septiembre de 2019

https://elpais.com/sociedad/2019/09/29/actualidad/1569709273_587721.html

José Manuel García Adán, durante un juicio en 2012 en Pontevedra. CARLOS PUGA

 

Las de José Manuel García Adán no eran las cuentas de la lechera. Según el juzgado, este proxeneta que la Operación Carioca sacó de las tinieblas tenía, como tantos otros, sus negocios clandestinos atados y bien atados con su ley del “terror”. Y no corría el riesgo de que se le rompiera el cántaro contra el suelo, porque supuestamente el recipiente estaba blindado por representantes de todos los cuerpos policiales que recibían a cambio compensaciones en metálico y en especie. Así fue hasta que, en 2009, a la trama que urdió Adán en Lugo “le cayómedio Código Penal encima, sin defensa posible”, como declaraba entonces a este periódico el abogado de uno de los principales imputados. Y ahora que la instrucción ha llegado a su fin, de los varios cientos de mujeres que testificaron, algunas han logrado rehacer sus vidas o siguen intentándolo (atrapadas en cursos de formación o contratos basura) al margen de los burdeles. Otras, con 10 años más pero aún jóvenes, como exigen los clientes, siguen atrapadas en la prostitución en España.

En una de las 50 piezas en que acabó dividida la causa, investigadores de la Agencia Tributaria y la Guardia Civil a las órdenes de la juez Pilar de Lara han llevado a cabo el primer análisis económico de un negocio de proxenetismo en el país. El estudio hace aflorar el dinero negro que a diario fluye, por miles de euros, en un burdel de una ciudad pequeña frecuentado por empresarios que pagan el sexo al contado para no dejar huella en sus tarjetas de crédito. También destapa las supuestas artimañas del dueño para mantener sometidas a las víctimas de trata mientras pagan sus deudas, a las que impone multas por estar enfermas o por la duración de sus reglas. Todas estas ganancias de la actividad ilegal se metamorfosean presuntamente en ladrillo y automóviles de “alta gama”, la inmensa mayoría de segunda mano, para su blanqueo.

Los investigadores concluyen que, principalmente en los años de los que disponen de datos (2006, 2008 y 2009), la red tejida por José Manuel García Adán a través de los clubes que regentaba, Queen’s y La Colina, obtuvo ganancias de más de 3,6 millones de euros. Esta cantidad es solo un grano de arena de ese 0,35% del PIB que el INE estima que la prostitución acapara en España, el tercer país del mundo en consumo, con más de 1.600 prostíbulos (según cálculos de la Policía Nacional), ofreciendo decenas de miles de mujeres a diario.

Adán es trasladado a los juzgados de Lugo tras su detención. PEDRO AGRELO

La organización liderada por Adán, actualmente en prisión por delitos de violencia machista contra su exesposa, obtenía un “pingüe beneficio” aprovechándose de las “especiales circunstancias de precariedad” de un “elevadísimo número de mujeres extranjeras”, afirma la magistrada en el auto de transformación de las diligencias de blanqueo en procedimiento abreviado para su juicio. Más de medio centenar de víctimas, según De Lara, componían la carta de degustación que los clubes de Adán -registrados en la Agencia Tributaria como “bares categoría especial” y “otros cafés y bares”- ofrecían habitualmente a sus clientes, en un horario laboral de entre 12 y 14 horas por jornada.

Con este auto sobre el negocio redondo de los burdeles de Adán, la magistrada deja prácticamente cerrada una década de trabajo en el caso Carioca ahora que acaba de ser apartada de su plaza en Lugo por el Consejo General del Poder Judicial. El órgano de gobierno de los jueces acordó castigarla el pasado jueves por supuestos “retrasos injustificados” en la instrucción de sus macrocausas contra la corrupción en Galicia (Carioca, Pokémon, Garañón, Pulpo o Cóndor).

Anotación de los pagos realizados por una mujer para saldar su deuda con Adán.

La juez recuerda que las víctimas de la red eran jóvenes “enormemente vulnerables”, en su mayoría latinoamericanas y sobre todo brasileñas, muchas con familia a su cargo en América, que se prostituían en “condiciones sumamente gravosas” inducidas con “distintos mecanismos coactivos”. Entre estos métodos que las encadenaban, el sumario recoge las presuntas amenazas de Adán, incluso de muerte; la constante presencia deagentes uniformados tomando copas y en las camas; su situación irregular en el país; y las deudas contraídas con el jefe. Estos compromisos se debían a préstamos que le pedían; a las multas que les imponía si enfermaban, se portaban “mal”, llegaban tarde o faltaban a su puesto; y sobre todo a lo adeudado por el viaje a España (de 3.000 a 4.000 euros), que tenían que pagar trabajando.

Testaferros y amigos policías

Con sucesivos testaferros, a través de una inmobiliaria supuestamente creada como sociedad interpuesta y también utilizando el nombre de su esposa para no figurar, Adán alquiló los inmuebles donde estableció los negocios de sus burdeles. El más importante, el Queen’s, junto al polígono industrial de Lugo, celebró su fiesta de inauguración el 2 de septiembre de 2002, ya entonces con presencia de amigos policías. Las obras de reforma de una casa que en tiempos había sido una quesería las llevó a cabo un constructor que, tal y como declaró, no llegó a recibir más que una pequeña parte del coste y, según sospecha De Lara, siguió cobrándose en “servicios” lo adeudado.

José Manuel Pulleiro, encargado al frente del burdel La Colina, tras su detención. PEDRO AGRELO

Los locales de Adán, recuerda la instructora, eran “frecuentados por empresarios y personas de elevado poder adquisitivo que incluso captaban a mujeres para organizar las llamadasfiestas blancas, de cocaína y sexo, en alguna sociedad deportiva de la ciudad, en cuya cafetería acababan trabajando como camareras sin contrato ni alta en la Seguridad Social”. Adán y sus encargados controlaban el rendimiento de cada joven mediante estadillos tamaño A3 donde ellas figuraban con sus nombres “artísticos”.

Según la investigación, la organización se quedaba con 10 euros por cada uno de los tres primeros “pases” (media hora de sexo en la habitación, cuya tarifa era de 43 euros) más 12 euros que les cobraba diariamente en concepto de alojamiento incluso a las que no dormían en los prostíbulos. Además, les restaba los “abonos”, una cantidad variable que él mismo decidía por la deuda del tráfico de mujeres; junto a las posibles multas y una tasa especial por salidas con clientes fuera del local (60 euros).

Estadillos con los que se controlaba la actividad sexual de las mujeres y sus ganancias en los clubes de Adán.

En los estadillos también aparecían las ventas de otros conceptos como “sábanas” desechables, “lubricante” o “preservativos”, pero no los ingresos obtenidos a través de otro delito por el que está imputado Adán, la venta de droga en los burdeles. La noche en que estalló la Operación Carioca, en los clubes había más de 12.000 euros y en el domicilio del jefe, 29.500. Esto es todo lo que pudo hallar en billetes la Guardia Civil, además de otros 79.950 euros que el líder guardaba en una caja de seguridad del BBVA, un dinero que se deposita sin necesidad de dejar constancia de la cifra. Según Aduanas, “mientras, en parte, la actividad de alterne y hostelería [es decir, las copas] estaría declarada a la Agencia Tributaria, la de prostitución no lo estaría”. Supuestamente, apunta la juez, solo los “pagos de clientes con Visa” que no eran especialmente celosos de su “anonimato”.

Todo este flujo de dinero Adán no lo ingresaba en sus cuentas bancarias, donde solo aparecían reflejados los pagos de los clientes que usaban tarjeta. Era, explica el auto, un río continuo de capital “no declarado fiscalmente” por un proxeneta que, según testigos del caso, decía ganar “unos 6.000 euros a la semana”. Lo suficiente para “llevar un elevado nivel de vida” y comprar nuevas propiedades en metálico sin necesidad de retirar efectivo de sus cuentas bancarias. Antes de su detención a finales de 2009, Adán planeaba ampliar su empresa: estaba negociando la adquisición de otro burdel cerca de Portugal, esta vez especializado en “mujeres rumanas y de Europa del Este”.

Un “régimen de auténtica esclavitud”

“Las mujeres trabajaban en régimen de auténtica esclavitud” después de llegar a España a través de aeropuertos como el de Barajas, donde supuestamente había un policía nacional compinchado. La mafia contaba con la participación de varios empleados de dos agencias de turismo de Goiana (Brasil) que se encargaban “de la revisión de la calidad de la mercancía“, describe la juez en referencia a las mujeres. “Allí supervisaban sus características físicas”, continúa en el último auto “como requisito previo para autorizar el viaje. Y les daban indicaciones para cruzar los controles fronterizos” como “turistas”. Uno de los contactos que gestionaban los viajes desde Brasil llegó a recibir 89.682 euros en 84 envíos de la red lucense.

El volumen de negocio reconocido por la firma que al final acabó creando el cerebro de la Carioca, Adán Sloga, SLU, distaba mucho de la realidad. A efectos de tributación por IVA e impuesto de sociedades, en 2008 declaró 128.807 euros y en 2009, 239.055. Pero la cantidad de ganancias en negro que los agentes del Servicio de Vigilancia Aduanera han podido acreditar que atesoró el temido proxeneta son más de 3,6 millones. La cifra es el resultado de la suma de sus inversiones en ladrillo y automóviles a lo largo de los años, del dinero incautado y del balance de “notas manuscritas en hojas, pedazos de papel, recibos o tiques” y las libretas contables con las que se controlaba a las mujeres, que no están completas ni son de todos los años. La titular del juzgado de Instrucción 1 de Lugo sospecha que la verdadera cantidad es muy superior.

Entre marzo y mayo de 2007, sin otros ingresos conocidos que los que le reportaba la prostitución y sin sacar nada del banco, Adán adquirió tres inmuebles por más de 200.000 euros y en marzo de 2009, otro piso, un trastero y una plaza de garaje. También compró 11 vehículos, y la juez señala que supuestamente prestó dinero contante y sonante a su fiel encargado, José Manuel Pulleiro, para comprar la vivienda, un Audi y un BMW. Oficialmente, según recoge el auto judicial, este empleado tenía una nómina de 799,55 euros.

 

LAS MUJERES APENAS SALÍAN DE LOS CLUBES “POR TEMOR A SER EXPULSADAS DE ESPAÑA”

“En caso de que las mujeres tuvieran el periodo menstrual, además de avisar, solo podían descansar de uno a tres días, en función de la decisión caprichosa del dueño o el encargado, e independientemente de la duración de sus menstruaciones, ya que en otro caso, tenían que abonar 43 euros aunque no trabajaran”, según describe la juez Pilar de Lara las leyes del burdel. En algunos casos, “eran obligadas a demostrar que tenían la regla” y si no acudían trabajar “también eran multadas”, sin “derecho a descansar”.

Las sanciones eran de “20, 30 y hasta 60 euros”, lo cual “condicionaba la voluntad de las mujeres a la hora de prostituirse”, a pesar de “estar enfermas o exhaustas”. Además, sigue la juez en el último auto, las chicas apenas salían “por temor a ser detenidas y expulsadas de España”, por lo que “el club disponía de servicio de venta de ropa y lavandería” y “algunos colaboradores de Adán también les vendían joyas”.

La Operación Carioca constituye la mayor investigación judicial contra las mafias de proxenetismo en España: en su conjunto suma 274 tomos y 36 solo de transcripciones de pinchazos telefónicos. Las personas que llegan imputadas al final de la instrucción, después de que la fiscalía exculpase a un buen número y prescribiesen los hechos para otros investigados, lo están por 25 tipos de delitos.

Entre los hechos que investiga la Carioca están el tráfico de personas con fines de explotación sexual, asociación ilícita, delitos contra los derechos de los trabajadores, narcotráfico, tenencia ilícita de armas, delitos de aborto no consentido, amenazas, extorsión, agresión y abuso sexual y lesiones. También otros referidos a los funcionarios como cohecho, tráfico de influencias, solicitud de favores sexuales por empleado público, prevaricación, revelación de secretos, omisión del deber de perseguir delitos, falsedad documental y negociación prohibida. Un tercer grupo lo ocupan los delitos contra la hacienda pública y el blanqueo.

Trabajo sexual: hacerse escuchar frente al estigma y la censura

La censura de la Universidade da Coruña no evitó unas jornadas donde finalmente las trabajadoras sexuales tuvieron su voz.

 

Pegatinas de colectivos de trabajadoras sexuales y de abolicionistas. ELENA MARTÍN

 

ELENA MARTÍN

24 septiembre de 2019

https://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/trabajo-sexual-hacerse-escuchar-frente-al-estigma-y-la-censura

 

Es 20 de septiembre. Son las 9h30 de la mañana, y dentro del centro social A Comuna, en A Coruña, se aglomera mucha gente, la mayoría mujeres. Se palpa rabia, pero también se sienten una energía y ganas de hablar que lo envuelven todo. Son las ponentes y asistentes a las primeras Jornadas de Trabajo Sexual celebradas en Galicia, esas mismas que, con mucha polémica, fueron prohibidas por la Universidade da Coruña.

“Estas jornadas deberían haberse celebrado en la universidad, un lugar con libertad de cátedra y donde todo el mundo debería tener derecho a hablar”, denuncia Conxa Borell, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras Sexuales OTRAS. María Martínez Cano, psicóloga, trabajadora sexual y coordinadora de las jornadas, acentúa que el único problema no fue la censura, sino todo el proceso hasta llegar a esa situación. “Dijeron que todo estaba correcto, que podíamos hacerlas allí, pero una semana antes de celebrarlas cedieron a presiones. Primero nos sacaron de Sociología, luego dijeron que las podíamos hacer en la Escuela de Trabajo Social, pero si cambiábamos los títulos de las charlas, acortábamos las conferencias de las trabajadoras y dejábamos que clausurase una mujer favorable al abolicionismo. Y después de eso dijeron que no, que no las podíamos hacer allí”, denuncia la coordinadora. “Nos quieren como objeto de estudio pero nunca como sujeto”, añade.

A gran afluencia de público fixo pequeno o Centro Social A Comuna. ELENA MARTÍN

Está claro que la prostitución es un tema complicado. Pero también es cierto que la mayoría de las veces las propias trabajadoras sexuales son las últimas a las que se les deja dar su opinión sobre un tema que, en primera instancia, debería corresponderles. “La prostitución no es una panacea, nunca nos escucharán defender eso, pero según las circunstancias de cada una, la prostitución no es peor que otras opciones, quizás mejor vistas socialmente”. Kenia García, portavoz del Colectivo de Prostitutas de Sevilla y una de las participantes en estas jornadas, lee esta reflexión de una de sus compañeras dedicadas a la prostitución.

La prostitución no es una panacea, nunca nos escucharán defender eso

Muchos de los discursos de estas mujeres recalcan que ellas no hablan de la prostitución como una solución vital, en respuesta a las acusaciones de querer hacerles ver a las estudiantes los beneficios de este trabajo vertidas por algunos miembros de la universidad. Aun así, en las jornadas se repite también que ellas ven aliadas en el mundo académico y que entienden que esta solo fue una parte del ámbito universitario. “Claro que hay aliadas académicas y cada una ayuda de una forma. El día 5, de hecho, nos vamos a reunir para presentar políticas sociales para que la gente no se vea abocada a ejercer la prostitución. Lo hacemos precisamente por esos, para que no haya más putas, que ya nos llega”, añade María José Barrera, extrabajadora sexual y cofundadora del Colectivo de Prostitutas de Sevilla. “Cuando hablamos de putas empoderadas no es porque pensemos que sea algo maravilloso dedicarse a esto, sino porque reclamamos nuestra dignidad y nuestra voz, nuestro derecho a hablar por nosotras mismas. No necesitamos que nadie nos victimice, como hace determinado feminismo”, expone Saisei-chan, trabajadora sexual. “Determinadas abolicionistas simplifican nuestros mensajes para que entren en sus prejuicios sobre nosotras”, denuncia.

Cando hablamos de putas empoderadas no es porque pensemos que sea algo maravilloso dedicarse a esto, sino porque reclamamos nuestra dignidad y nuestra voz

 

LAS CRÍTICAS AL ABOLICIONISMO

Para las participantes, el problema de lo que llaman ‘nacional-abolicionismo’, o abolicionismo más extremo, es que no ayuda a la situación de unas mujeres que ya lo tienen muy difícil sin tener que lidiar con las consecuencias de políticas que, al final, las sancionan a ellas. Vera, una trabajadora sexual procedente de Europa del Este, contó la situación que se encontró trabajando en Noruega y Suecia tras la aplicación de políticas abolicionistas y sancionadoras. “La policía te persigue, no puedes denunciar si te pasa algo porque la policía va a por ti para deportarte. Una vez me echaron de un hotel en el que estaba trabajando y me dejaron en la calle, con el frío que hace en Noruega en invierno. Les quitan la custodia de los hijos a las mujeres si se enteran de que son trabajadoras sexuales, pero a los clientes no, claro…”. Añadido a esto, Vera denuncia que toda esta situación de maltrato hacia las trabajadoras no cambió la demanda de sexo en los países escandinavos, por mucho que los gobierno de allí digan que cada vez hay menos prostitutas. “Amnistía Internacional demostró las consecuencias negativas del modelo sueco, pero los gobiernos no escuchan, no les importan las vidas de las prostitutas, como demuestran las muertes de Vanesa Campos o Petite Jasmine”, añade Vera.

Cuando hablamos de proxenetas, el primer proxeneta es el Estado

Ordenanzas municipales como la de Murcia de 2013 o la de Lugo demuestran que en el Estado español se va por el mismo camino, con las consecuencias negativas que expertas y trabajadoras dicen que esto tiene para las vidas de muchas de ellas. “El hecho de que se les multe hace que cuando sufren un acto delictivo por parte de terceros tengan miedo de ir a la policía, por lo que estos actos quedan impunes. Esto sin contar con que la policía ya las conoce y a veces las multa simplemente por estar en la calle, aunque hubieran salido un momento a comprar el pan”, advierte Nacho Pardo, fundador del Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS).

“El abolicionismo insiste en que la solución está en multar a los clientes, pero no es tan sencillo. Lo que pasa cuando multas a los clientes es que las trabajadoras tienen menos tiempo para negociar con ellos en la calle y tienen que irse a zonas alejadas del centro, lo que pon en peligro su vida y las expone a situaciones de mayor violencia y vulnerabilidad”, añade. Además, este tipo de ordenanzas aumentan el estigma de unas mujeres que, ya de por sí, viven bajo el cuestionamiento y las constantes críticas por parte de la sociedad. “Tenemos un Estado proxeneta que recaudó, hasta 2017, 50.000 euros con multas a trabajadoras sexuales. La ley mordaza se alimenta de mujeres que ejercen la prostitución, cuando hablamos de proxenetas, el primer proxeneta es el Estado”, denuncia Kenia.

El abolicionismo insiste en que la solución está en multar a los clientes, pero no es tan sencillo

As xornadas foron censuradas pola UDC. ELENA MARTÍN

 

EL PROBLEMA DE LA TRATA

Por otra parte, insisten en que ellas también diferencian entre trabajadoras voluntarias y víctimas de trata, y que es muy injusto que se las acuse de abandonar a las compañeras que están ejerciendo involuntariamente. “Están utilizando a las compañeras que sufren trata y que lo quieren dejar como herramienta para atacar al resto de trabajadoras. Pero no son las putas las que tienen que acabar con la trata, sino los políticos y las instituciones”, dice María José Barrera. “El proxenetismo, la trata y el tráfico de personas existen porque hay beneplácito de los gobiernos, dan mucho dinero, son mafias internacionales. Las mafias que trafican con personas también lo hacen con armas y drogas”, añade Conxa Borrell.

Sobre este tema habló Kenia García, que centró su discurso en denunciar la ley de extranjería y el cierre de fronteras, que influyen en que muchos procesos migratorios acaben en redes de trata, o en la economía informal y la prostitución. El Estado otorga licencias a los clubs y demás locales, pero en cambio no da papeles a las personas migrantes que se dedican a la prostitución. Las mujeres migrantes necesitan tres años para optar a la residencia, suelen ser personas racializadas que acaban o bien en el trabajo del hogar en condiciones precarias o muchas en la prostitución”, añade. “Se nos victimiza o se nos criminaliza”.

Están utilizando a las compañeras que sufren de trata y que lo quieren dejar como herramienta para atacar al resto de trabajadoras

La profesora de antropología Estefanía Acién señaló también que, cuando se habla de prostitución, desaparecen los enfoques multifactoriales que sí se dan en otros ámbitos. Esta antropóloga estuvo durante años en contacto con prostitutas nigerianas en el poniente almeriense. “El discurso ‘trafiquista’ aleja el foco de la responsabilidad que tiene nuestra sociedad en la situación de estas mujeres —sexismo, clasismo, racismo…— y somos nosotras quienes tenemos que ayudarlas a salir de aquí, pero para eso necesitan una alternativa que muchas veces no tienen porque a ellas non les dan contratos en otros sitios, como a los hombres”, denuncia esta antropóloga. Por otra parte, para ellas no es cierto que los gobiernos se preocupen por las víctimas de trata porque no se hace nada real para ayudarlas. “Las deportan a su país son tener en cuenta sus deudas, y sin pensar en que intentarán volver. No les importan las familias, solo echarlas del país. Eso es racismo”, señala Borell. “En los clubs solo las ‘liberan’ si tienen papeles. Si tienen papeles entonces las dejan allí, porque, claro, con papeles ya no parece que puedan ser víctimas de trata”, añade la secretaria de OTRAS, que en la actualidad sigue luchando por un sindicato de trabajadoras y trabajadores del ámbito sexual, a pesar de todos los obstáculos.

Tras dos días de conversaciones, charlas y debates, finalmente la Facultad de Derecho aceptó que se hiciera un encuentro con ellas el día 21 a las 13h30. Allí, rodeadas de paraguas rojos, su símbolo, las organizadoras de las jornadas aseguraron que lo que pasó con la UDC demuestra que “la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales va a ser dura y difícil”, pero piensan seguir luchando porque estas mujeres no lo tengan aún más difícil de lo que ya lo tienen. Y por un mundo donde nadie tenga que hacer aquello que no desea o lo tenga que hacer en la clandestinidad, como estas jornadas.

 

Saisei-chan: “Ser recoñecidas como traballadoras cambiaría a situación sobre todo das miñas compañeiras máis vulneradas”

 

Falamos con Saise-Chan, feminista e prostituta, sobre a cancelación das xornadas sobre traballo sexual na Universidade da Coruña

 

Por Ana Viqueira

19 Setembro, 2019

https://nostelevision.gal/saisei-chan-ser-reconecidas-como-traballadoras-cambiaria-a-situacion-sobre-todo-das-minas-companeiras-mais-vulneradas/

 

Saisei-chan é feminista, traballadora sexual e activista que participará das xornadas sobre traballo sexual que se celebrarán o día 19 e 20 deste mes na cidade da Coruña. As charlas, finalmente, non terán lugar na Universidade da Coruña (UDC) como se tiña programado xa que o reitorado decidíu cancelalas ante a ondada de críticas.

 

 

 

Por que era importante a celebración das xornadas sobre traballo sexual na UDC?

As traballadoras sexuais fomos e somos obxecto de estudo en diversas disciplinas académicas: antropoloxía, socioloxía, psicoloxía clínica, criminología… Pero poucas veces se nos toma en consideración como suxeitas, autoras do discurso que nos concierne. A sociedade considera que non estamos capacitadas para falar da nosa propia realidade: cren que, “se non nos damos conta de que somos vítimas” é porque a nosa conciencia debe de estar afectada dalgún modo, ou ben padecemos unha psicopatoloxía que nos impide ver a realidade ou ben carecemos de información ou ben somos unhas alienadas sen conciencia de clase nin solidariedade co feminismo e por iso non nos damos conta de como afecta a nosa decisión ao resto de mulleres.

“A nosa voz sempre está deslexitimada”

A nosa voz sempre está deslexitimada. O abolicionismo aproveitou este status quo, así como a culpa e a vergoña inherentes ao estigma que desembocaron no silencio das putas. Por iso ocupou o lugar de fala sobre prostitución. E por este motivo, ser os suxeitos do discurso sobre prostitución e facelo nunha universidade era un paso na dirección oposta: a que nos humaniza, a que nos lexitima, a que nos considera capaces de falar sobre nosa propia realidade.

Con todo, hai outras razóns, máis aló do simbólico, relacionadas co momento político que estamos a vivir. Trátase dun momento no que o debate sobre prostitución está en boga, pero nas institucións predomina a voz abolicionista. Non deixamos de ver xornadas que mesturan o traballo sexual coa trata e o tráfico de persoas ou coa violación ou a violencia de xénero. Son discursos que, ao tratar o tema dunha forma tan groseira, xeran moito sensacionalismo, pero poucas solucións prácticas. Así mesmo, están a influír na opinión pública, nun sentido que vai prexudicar a todo o colectivo de traballadoras sexuais, que é moito máis amplo que as poucas que estamos visibilizadas e facendo activismo. Por iso é importante que a opinión pública coñeza a nosa voz e as consecuencias de apoiar o abolicionismo.

“Se nunha institución que debería velar polo pensamento non se trata de protexer a pluralidade, unha xa imaxina o futuro que se presenta na academia”

Cando falo de momento político tamén me refiro ao auxe da extrema dereita e á tendencia que ten o fascismo de unificar os discursos, suprimir o distinto e a disidencia… Se nunha institución que debería velar polo pensamento non se trata de protexer a pluralidade, unha xa imaxina o futuro que se presenta na academia. Pero, que podemos esperar, cando a mesma Luisa Pousada Kubissa cuestiona a nosa presenza nun acto sobre prostitución –a presenza das persoas que a experimentamos a diario-, na facultade de socioloxía e chama a isto “unha suposta “ cientificidad” ”? Se se cuestiona a metodoloxía cualitativa en socioloxía chamándoa “supostamente científica” e prefírese que prime un discurso rexido pola ideoloxía, por mal camiño vai a academia, sumida aos intereses políticos.

“Que as miñas compañeiras non sexan recoñecidas como traballadoras non significa que non deban cumprir coa obrigacións que lles impón o empresariado”

Defendedes a adquisición de dereitos laborais e recoñecemento como clase obreira. Por que? De que serviría para mellorar a situación?

Ser recoñecidas como traballadoras cambiaría a situación sobre todo das miñas compañeiras máis vulneradas. Para empezar, as mulleres que traballan para terceiros terían dereitos. Hoxe en día, dado que se considera ilegal percibir parte dun servizo de prostitución, as mulleres que traballan para terceiros non son recoñecidas como traballadoras. Isto non quere dicir que esa porcentaxe non se perciba: ou ben llo levan directamente ou ben indirectamente, mediante o aluguer da habitación, as sabas, as toallas, os preservativos, etcétera.

Con todo, que as miñas compañeiras non sexan recoñecidas como traballadoras non significa que non deban cumprir coa obrigacións que lles impón o empresariado. Obrigacións que serían impensables se houbese un contrato de traballo polo medio: prácticas que atentan contra a saúde, horarios maratonianos, obrigación de atender un cliente que a traballadora rexeita… Se lemos a lexislación de Nova Zelandia, vemos que isto está contemplado.

Así mesmo, se as nosas compañeiras da rúa pasan a ser consideradas traballadoras, sairán dese ar de delincuencia no que as enmarcan diferentes ordenanzas municipais deste Estado, polas cales reciben multas cuantiosas. Multas que –non o esquezamos- forzarán a estas mulleres para traballar máis para poderlles facer fronte. Así, coa escusa teórica de estar en contra da prostitución, está a incrementarse. Se todo o colectivo fose recoñecido como un colectivo de traballadoras –e fixésese cunha lexislación como a de Nova Zelandia e non a de Alemaña-, as nosas compañeiras non estarían tan asfixiadas.

Por último, ser recoñecidas como traballadoras cambiaría a nosa condición a nivel simbólico; é dicir, reduciría o estigma. Achegaríanos a un status de lexitimidade que nos libraría de moitas situacións de opresión, como cando a algunhas compañeiras quitáronlles a custodia das súas hijxs. Afastaríanos desa condición contraditoria e absurda de vítimas-delincuentes na que nos pon a sociedade actualmente e achegaríanos á condición de cidadás con dereitos.

Este é un tema que vén de vello no feminismo e moitas académicas levan investigado e debatido sobre ou tema. Adoitades ser convidadas aos debates?

Non, case nunca se nos convida aos debates. Algunhas veces convidáronnos á televisión, e a parte abolicionista adoita ser bastante violenta, aproveitando o amarelismo do que gosta o medio de comunicación. Lembro algunha aparición de Conxa Borrell, na que a chegaron a chamarlle “parva”. Foi Elisa Beni. E esta é só unha anécdota de tantas como temos que vivir nos cara a cara. Pero que se pode esperar de quen nos acusa de proxenetismo sen ter probas? Tamén temos o caso de abolicionistas que chegan, soltan o seu discurso e despois non teñen tempo de quedar a debater, como Beatriz Gimeno.

“Nin se molestan en informarse do que demandamos. Séguennos chamando regulacionistas”

Eu creo que as que aínda aceptan o debate son aquelas que só leron os argumentos do seu bando e que, como sosteñen un prexuízo forte contra nós –de que somos proxenetas, antifeministas, alienadas, etc- nin sequera se molestan en informarse do que demandamos. Por iso, por exemplo, séguennos chamando “ regulacionistas”. Adoitan suceder dúas cousas coas persoas que se informan sobre as nosas demandas reais: ou ben se dan conta de que o que demandamos non é tan disparatado e apóiannos, ou ben se dan conta de que non é tan fácil rebaternos. Non é casualidade que as académicas –que están máis que informadas sobre o que realmente propón a postura prol-dereitos- fuxan do debate. Saben que non teñen argumentos.

“As putas cada vez estamos a gañar máis escoita social”

Organizáronse unhas xornadas nas que iades ter voz e expresar ou voso plantexamento, pero choveron as presións e mesmo ameazas. Por que credes que se xerou esta violencia para pedir a súa cancelación?

As putas cada vez estamos a gañar máis escoita social. Temos unha ferramenta que antes non se tiña: as redes sociais. Son un altofalante polo que transmitir non só a nosa experiencia, senón tamén lecturas, informes, noticias, reflexións… Ademais, cada vez somos máis traballadorxs do sexo xs que nos atrevemos a facer activismo, dando lugar a un grupo heteroxéneo. Todo isto estanos facendo gañar moita credibilidade. A xente vai desmentindo mitos, como que estamos obrigadas a prostituírnos.

E claro, a quen ocupou o lugar de enunciación sobre prostitución todo isto dálles moito medo, porque ven perigar ese lugar e os beneficios que lles deu. Desde o lugar de expertas ata traballos ou remuneración. Por iso tentan, custe o que custe, conservar ese lugar e que non sexa ocupado por quen o merezo lexitimamente: as que vivimos a prostitución en primeira persoa, reflexionamos sobre ela, formámonos e esforzámonos por ter unha opinión ben fundamentada. Por iso nos arrebataron un lugar que nos dá lexitimidade social e autoridade como suxeitos de enunciación: o espazo universitario.

“Responsabilizar ás prostitutas dos abusos (de que fomentamos a cultura da violación) é moi cómodo, impide ver como fracasou o feminismo como movemento”

Creo que hai outro motivo, é innegable que os abusos proseguen e que cada vez son máis visibles, sobre todo desde o caso da manda. Responsabilizar ás prostitutas dos abusos (de que fomentamos a cultura da violación) é moi cómodo. Impide ver como fracasou o feminismo como movemento e a responsabilidade que poidan ter estas señoras con poder. Por tanto, xa lles vén ben a elas tacharnos de responsables para non recoñecer o seu parte de responsabilidade.

“Esta maneira despreciativa de falar de mulleres con menos privilexios que os teus fai que moitas mulleres se afasten do feminismo, por medo a ser xulgadas ou revictimizadas”

Se queren un consello, diríalles que deixen de xerarquizar ás mulleres. Que deixen de ter esa actitude de arrogancia e superioridade coas que foron abusadas ou vivimos situacións que a elas lles parecen abusos. E non esaxero nin invento nada: Teresa Lozano, de Towanda Rebels di, nun vídeo no que fala de Teoría King Kong (de Despentes), que os homes saben que poden abusar das mulleres que foron violadas. Esta maneira despreciativa de falar de mulleres con menos privilexios que os teus fai que moitas mulleres se afasten do feminismo, por medo a ser xulgadas ou revictimizadas. Se non cambiamos isto, o feminismo está destinado a fracasar. Pero, para cambialo, teriamos que acabar cos lugares de poder. E estas señoras viven deles. É a pescadaque se morde a cola e que, ao mesmo tempo, necesita dun chibo expiatorio: as putas

Que consecuencias sociais ten a cancelación dás xornadas dá UDC?

Creo que vai ter dúas consecuencias opostas: para as persoas contaxiadas de pánico moral, o abolicionismo vai presentar como o gardián da orde, o que impide que a epidemia da nosa voz esténdase, co perigo de que “captemos ás súas fillas”, como andan dicindo ultimamente, nunha conspiranoia ridícula. Esta xente vai sentir resgardada polo poder político e institucional que manexan estas señoras.

Polo outro, recibimos moitísimas mostras de apoio de xente que mesmo nos ofreceu espazos alternativos. Nunha época de auxe da extrema dereita, creo que esta xogada foi moi pouco estratéxica e moi pouco intelixente por parte das abolicionistas, porque fixeron gala do seu afán pola censura. E, por suposto, á xente de esquerdas isto rénxelle moitísimo. Xa estean a favor ou en contra, silenciar unhas voces é un método que aborrece a xente que defende a democracia. A proba é que mesmo xente abolicionista apóianos.

En definitiva, aínda tensaron máis a corda, forzando ao posicionamento de persoas que, aínda que estaban a dubidar, agora viron con maior claridade quen son as violentas

 

Cabinas para el sexo en Berlín: la última idea para luchar contra la prostitución callejera

El responsable del distrito de Mitte planea acabar con las escenas de mujeres ligeras de ropa o los problemas para los vecinos como preservativos usados o jeringuillas.

 

Una prostituta camina por Oranienburgen Strasse, en Berlín.

 

Salvador Martínez  @SMMEnBerlin

6 de septiembre de 2019-09-06

https://www.elespanol.com/mundo/europa/20190906/cabinas-sexo-berlin-ultima-luchar-prostitucion-callejera/426957870_0.html

 

Puede que sea la zona de Alemania donde en peores condiciones se ejerce la prostitución. Al menos tiene esa fama. En la céntricaKurfürtenstraße, prácticamente a cualquier hora del día, hay prostitutas ofreciendo sus servicios. “¿Tienes ganas?”, suelen decirle a los viandantes que consideran clientes en potencia.

Las escenas de mujeres ligeras de ropa paseando por la calle, la clientela y la basura que deja esta activad – incluidos preservativos usados y jeringuillas que consumen in situ las adictas que se prostituyenen este punto de la ciudad –, sumado al mucho ruido que se genera en este ambiente, tiene hartos a los vecinos. Especialmente a los nuevos.

Esta zona de Berlín, como muchas otras de la capital, ha cambiado radicalmente en los últimos años. Han aflorado muchos edificios de obra nueva, con flamantes y caros apartamentos inaccesibles para los vecinos que solían ocupar este barrio del distrito céntrico distrito de Mitte. En la Kurfürtenstraße se enfrentan cara a cara gentrificación y prostitución.

Las mujeres que se prostituyen aquí son, en su mayoría, extranjeras. Las autoridades tienen asumido que vienen del este y del sureste europeo. También que abundan las que sufren adicciones a drogas, las que se prostituyen porque están en una situación socio-económica de urgencia y las vinculadas a organizaciones criminales.

No hay solución definitiva a una problemática tan compleja, consecuencia seguramente indeseada de que en Alemania la prostitución es legal desde 2002. Pero el alcalde del distrito de Mitte, el ecologista Stephan von Dassel, ha hecho público – no sin crear polémica – su interés en valorar la idea de crear cabinas para que las prostitutas puedan ofrecer sus servicios en ellas.

Von Dessel se muestra así decidido a actuar y a considerar nuevas ideas. No en vano, el alcalde se ha manifestado estos días muy empático con los vecinos de una Kurfürtenstraße que hoy día se muestra “indigna, ruidosa y sucia”, según los propios términos que ha empleado Von Dessel en los medios de comunicación alemanes.

Un botón de alarma

Dos tipos de cabinas parecen estar sobre la mesa. En unas habría que acceder en coche. El cliente, para aparcar, tendría que situarse con el vehículo dejando una pared casi pegada a su puerta de conductor. La puerta de la prostituta y copiloto quedaría libre para ser abierta en caso de que la situación dentro del coche degenerara y pasara a ser peligrosa para la trabajadora del sexo. En la cabina también habría un botón de alarma, situado cerca de la puerta del copiloto del coche.

La instalación de este tipo de cabinas que sirve de ejemplo al responsable político berlinés está a las afueras de Colonia. “El pajar” es el nombre que le han dado los habitantes de la metrópolis cultural del oeste germano. Von Dessel lo considera un modelo, aunque en otras ciudades, como Dortmund, una iniciativa similar fracasó en 2011.

La otra idea consiste en instalar las “cabinas del sexo” en una zona cercana a donde hoy se ejerce la prostitución en la calle, bajo las vías del metro que tiene cerca la Kurfürtenstraße. No lejos de allí la línea U2 de metro tiene un trayecto elevado sobre la superficie de la ciudad. También se ha apuntado el espacioso y el antiguo aeropuerto de Tempelhof que desde hace años ha sido reconvertido en parque público.

Ideas criticadas por las trabajadoras sexuales

“Yo veo esas ideas como completamente absurdas”, dice a EL ESPAÑOL Stephanie Klee, trabajadora sexual y responsable de la Asociación Federal de Servicios Sexuales (BSD, por sus siglas alemanas). Se refiere, especialmente a la idea de instalar las cabinas bajo las vías del metro.

“La idea, en la práctica, significa que las mujeres siguen trabajando en la Kurfürtenstraße, los clientes paran con sus coches, cliente y prostituta se deciden, ambos viajan en coche hasta encontrar un aparcamiento, lo que en la zona es muy complicado, y luego van andando hasta la cabina.¿Cómo quieren hacer algo así?” señala Klee, dando cuenta de lo poco práctico de estas “consideraciones” que contemplan tanto Von Dassel como la socialdemócrata, Angelika Schöttler, alcaldesa del distrito Tempelhof-Schöneberg.

Por otro lado, según Klee, “construir las cabinas en el antiguo aeropuerto de Tempelhof también es totalmente irrealista, todos los vecinos se opondrían”. Para ella, el problema radica en que “los políticos están bajo presión por los vecinos del barrio” en Mitte. “Es una cosa histórica en ese barrio. Los vecinos, recurrentemente, se dirigen a los políticos, con cartas, actos públicos e incluso manifestaciones. Las autoridades se ven obligadas a reaccionar, y las organizaciones de prostitutas también. Al final, todo suele calmarse”, sostiene Klee.

Pero de un tiempo a esta parte la gentrificación y el encarecimiento del precio del suelo han complicado mucho las condiciones de trabajo de las prostitutas en la Kurfürtenstraße, donde no es raro ver prostitutas teniendo sexo con clientes en plena calle.

“Las mujeres ya no tienen lugares cercanos a los que ir donde hacer su trabajo. Tienen que irse desde allí a otros lugares de la ciudad, ya sea un parque cercano como el Tiergarten, o ir a un garaje subterráneo, lo que también es algo complicado”, comenta la responsable de la BSD. Alude al céntrico y conocido parque del centro de la capital alemana, situado a proximidad de la monumental Puerta de Brandeburgo o del edificio del Reichstag, la sede del Bundestag.

Solución a este problema, según conviene en afirmar Klee, no lo ha habido nunca. Ha sido un tira y afloja constante entre prostitución y vecinos que coge de por medio a los responsables políticos de turno. Éstos parecenpulsar la opinión pública aireando “consideraciones” como las de las “cabinas del sexo”. No está claro que vayan a ser finalmente instaladas. A Von Dessel tampoco le funcionó hace dos años manifestarse a favor de prohibir la prostitución en la zona de la Kurfürtenstraße. La medida no contó con el apoyo ni de su propio partido.

Una instalación como un estadio de fútbol para la prostitución

Estos días, la responsable de Igualdad del Gobierno de la ciudad-estado que es Berlín, la socialdemócrata Barbara König, ha recordado que “en Berlín la instalación de zonas de prohibición no está planeada ni tiene sentido”. La capital alemana, junto a Rostock (noreste germano), es la única del país de la canciller Angela Merkel en la que no existe este tipo de zonas. En Colonia, el equivalente a la Kurfürtenstraße fue en su día declarado zona prohibida para la prostitución, en beneficio de la creación de “El pajar”.

Pero éste, según Klee, sólo ha resuelto a medias la situación de las trabajadores del sexo. “Esta instalación es tan grande como un campo de fútbol, hay otro edificio al lado, donde a veces sí y a veces no van la policía y las autoridades sanitarias”, dice Klee, que conoce bien la situación en Colonia. “También hay instalaciones para que las mujeres se puedan lavar. El problema es que es muy difícil ir allí y no hay nada infraestructura, ni siquiera para comprar agua o un snack y, como no hay controles, ni se lavan los baños. El sitio está totalmente sucio”, abunda.

El resultado es que “hay prostitutas, especialmente las drogodependientes, volviendo a las zonas de la ciudad en las que trabajaban antes”, asegura Klee. “Y son perseguidas por la policía, por lo que no tienen unas condiciones de trabajo razonables”, subraya antes de evocar por qué las “cabinas del sexo” en Berlín podrían acabar no teniendo ningún efecto. “La Kurfürtenstraße es, por tradición, un lugar donde se prostituyen drogodependientes”, dice la responsable de la BSD.

Klee entiende que lo ideal sería concienciar a los vecinos e invitarlos a hablar con las prostitutas y, llegado el caso, “pedirles por favor que no griten”. Otra opción sería avanzar en la profesionalización de las prostitutas que trabajan en la zona. “Sí, que alguien que vaya allí y les explique que no está bien tener sexo en plena calle, o que no está bien tirar los preservativos en cualquier sitio”, recomienda Klee. Sus ideas aún tienen que inspirar las “consideraciones” de los alcaldes de Mitte y Tempelhof-Schöneberg.

 

Por qué debe ser despenalizado el trabajo sexual

 

Preguntas y respuestas

 

7 de agosto de 2019

https://www.hrw.org/news/2019/08/07/why-sex-work-should-be-decriminalized

 

Human Rights Watch ha llevado a cabo investigaciones sobre el trabajo sexual en todo el mundo, incluídos Camboya, China, Tanzania, Estados Unidos y, más recientemente, Sudáfrica. La investigación, que incluye amplias consultas con trabajadoras sexuales y organizaciones que trabajan en el tema, ha dado forma a la política de Human Rights Watch sobre el trabajo sexual: Human Rights Watch apoya la despenalización total del trabajo sexual consensuado entre adultos.

 

¿Por qué la penalización del trabajo sexual es una cuestión de derechos humanos?

Penalizar el sexo adulto, voluntario y consensuado —incluido el intercambio comercial de servicios sexuales— es incompatible con el derecho humano a la autonomía personal y la privacidad. En resumen, un gobierno no debería decirles a los adultos que dan su consentimiento con quiénes pueden tener relaciones sexuales y en qué términos.

La penalización expone a las trabajadoras sexuales al abuso y la explotación por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, tales como los agentes de policía. Human Rights Watch ha documentado que, en entornos criminalizados, los agentes de policía hostigan a las trabajadoras sexuales, obtienen sobornos mediante extorsión y abusan física y verbalmente de las trabajadoras sexuales, o incluso las violan.

Human Rights Watch ha encontrado constantemente en investigaciones en varios países que la penalización hace que las trabajadoras sexuales sean más vulnerables a la violencia, incluida la violación, el asalto y el asesinato, por parte de atacantes que ven a las trabajadoras sexuales como objetivos fáciles porque están estigmatizadas y es poco probable que reciban ayuda de la policía. La penalización también puede obligar a las trabajadoras sexuales a trabajar en lugares inseguros para evitar a la policía.

La penalización socava constantemente la capacidad de las trabajadoras sexuales para buscar justicia por los delitos cometidos contra ellas. Las trabajadoras sexuales en Sudáfrica, por ejemplo, dijeron que no denunciaron robos a mano armada ni violaciones a la policía. Dijeron que tienen miedo de ser detenidas porque su trabajo es ilegal y que su experiencia con la policía es ser hostigadas o fichadas y detenidas, o que se rían de ellas o no las tomen en serio. Incluso cuando denuncian delitos, las trabajadoras sexuales pueden no estar dispuestas a testificar en el juzgado contra sus agresores y violadores por temor a sufrir sanciones o nuevos abusos debido a su trabajo y estatus.

ONUSIDA, expertos en salud pública, organizaciones de trabajadoras sexuales y otras organizaciones de derechos humanos han encontrado que la penalización del trabajo sexual también tiene un efecto negativo en el derecho a la salud de las trabajadoras sexuales. Por ejemplo, Human Rights Watch encontró en un informe de 2012, “Sex Workers at Risk: Condoms as Evidence of Prostitution in Four US Cities,” que la policía y los fiscales utilizaron la posesión de condones de una trabajadora sexual como evidencia para respaldar los cargos de prostitución. La práctica dejó a las trabajadoras sexuales reacias a llevar condones por temor a ser detenidas, forzándolas a tener relaciones sexuales sin protección y poniéndolas en mayor riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

La penalización también tiene un efecto negativo en otros derechos humanos. En los países que prohíben el trabajo sexual, es menos probable que las trabajadoras sexuales puedan organizarse como trabajadoras, defender sus derechos o trabajar juntas para apoyarse y protegerse entre ellas.

 

¿Cómo ayuda la despenalización del trabajo sexual a proteger a las trabajadoras sexuales?

La despenalización del trabajo sexual maximiza la protección legal de las trabajadoras sexuales y su capacidad para ejercer otros derechos clave, incluida la justicia y la atención médica. El reconocimiento legal de las trabajadoras sexuales y su ocupación maximiza su protección, dignidad e igualdad. Este es un paso importante para desestigmatizar el trabajo sexual.

 

¿Despenalizar el trabajo sexual fomenta otras violaciones de derechos humanos como la trata de personas y la explotación sexual de niños?

El trabajo sexual es el intercambio consensuado de sexo entre adultos. La trata de personas y la explotación sexual de niños son cuestiones separadas. Ambos son graves abusos y crímenes contra los derechos humanos y siempre deben investigarse y procesarse.

Las leyes que distinguen claramente entre el trabajo sexual y los delitos como la trata de personas y la explotación sexual de niños ayudan a proteger tanto a las trabajadoras sexuales como a las víctimas de delitos. Las trabajadoras sexuales pueden estar en condiciones de tener información importante sobre delitos como la trata de personas y la explotación sexual de niños, pero a menos que el trabajo que ellas mismas realizan no sea tratado como criminal, es poco probable que se sientan seguras al transmitir esta información a la policía.

 

¿Qué deben hacer los gobiernos?

Los gobiernos deberían despenalizar completamente el trabajo sexual y garantizar que las trabajadoras sexuales no sufran discriminación en la ley o en la práctica. También deben fortalecer los servicios para las trabajadoras sexuales y garantizar que tengan condiciones de trabajo seguras y acceso a prestaciones públicas y redes de seguridad social.

Además, cualquier regulación y control sobre las trabajadoras sexuales y sus actividades deben ser no discriminatorias y cumplir con las leyes internacionales de derechos humanos. Por ejemplo, las restricciones que impidan que las personas involucradas en el trabajo sexual se organicen colectivamente o trabajen en un ambiente seguro, no son restricciones legítimas.

 

¿Por qué Human Rights Watch apoya la despenalización total en lugar del “modelo nórdico”?

El “modelo nórdico”, introducido por primera vez en Suecia, hace que comprar sexo sea ilegal, pero no procesa a la vendedora, la trabajadora sexual. Los defensores del modelo nórdico ven la “prostitución” como inherentemente perjudicial y forzada; apuntan a terminar con el trabajo sexual matando la demanda de sexo transaccional. El desacuerdo entre organizaciones que buscan la despenalización total del trabajo sexual y grupos que apoyan el modelo nórdico ha sido un tema polémico dentro de la comunidad de derechos de las mujeres en muchos países y en todo el mundo.

Human Rights Watch apoya la despenalización total en lugar del modelo nórdico porque la investigación muestra que la despenalización total es un enfoque más efectivo para proteger los derechos de las trabajadoras sexuales. Las mismas trabajadoras sexuales también suelen desear la despenalización total.

El modelo nórdico atrae a algunos políticos como un compromiso que les permite condenar a los compradores de sexo, pero no a las personas que ven como forzadas a vender sexo. Pero el modelo nórdico en realidad tiene un impacto devastador en las personas que venden sexo para ganarse la vida. Debido a que su objetivo es terminar con el trabajo sexual, a las trabajadoras sexuales les resulta más difícil encontrar lugares seguros para trabajar, sindicalizarse, trabajar juntas y apoyarse y protegerse mutuamente, abogar por sus derechos o incluso abrir una cuenta bancaria para sus negocios. Estigmatiza y margina a las trabajadoras sexuales y las deja vulnerables a la violencia y el abuso por parte de la policía, ya que su trabajo y sus clientes siguen siendo criminalizados.

 

¿No es el trabajo sexual una forma de violencia sexual?

No. Cuando una persona adulta toma la decisión por su libre voluntad de intercambiar sexo por dinero, eso no es violencia sexual.

Cuando una trabajadora sexual es víctima de un delito, incluida la violencia sexual, la policía debe investigar de inmediato y remitir a los sospechosos para su enjuiciamiento. Cuando una persona intercambia sexo por dinero como resultado de la coerción —por ejemplo por un proxeneta— o experimenta violencia de un proxeneta o un cliente, o es víctima de trata, estos son delitos graves. La policía debe puntualmente investigar y remitir el caso para su enjuiciamiento.

Las trabajadoras sexuales a menudo están expuestas a altos niveles de violencia y otros abusos o daños, pero esto generalmente se debe a que trabajan en un entorno criminalizado. Las investigaciones de Human Rights Watch y otros indican que la despenalización puede ayudar a reducir la delincuencia, incluida la violencia sexual, contra las trabajadoras sexuales.

 

Además de despenalizar el trabajo sexual, ¿qué otras políticas apoya Human Rights Watch con respecto a los derechos de las trabajadoras sexuales?

Las personas dedicadas al trabajo sexual voluntario pueden provenir de entornos de pobreza o marginación y enfrentan discriminación y desigualdad, incluso en su acceso al mercado laboral. Con esto en mente, Human Rights Watch apoya medidas para mejorar la situación de los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, incluida la investigación y el acceso a la educación, el apoyo financiero, la capacitación y colocación laboral, los servicios sociales y la información. Human Rights Watch también alienta los esfuerzos para abordar la discriminación basada en el género, la orientación sexual, la identidad de género, la raza, el origen étnico o el estado migratorio que afecta a las trabajadoras sexuales.

 

Trabajo de investigación de Human Rights Watch que documenta el abuso contra las trabajadoras sexuales:

—Por qué hemos presentado una demanda contra una ley federal de EE. UU. contra las trabajadores sexuales, junio de 2018

Why We’ve Filed a Lawsuit Against a US Federal Law Targeting Sex Workers, June 2018

—Grecia: la policía abusa de las personas marginadas: va a por las personas sin hogar, usuarios de drogas y trabajadoras sexuales en Atenas, marzo de 2015

Greece: Police Abusing Marginalized People: Target the Homeless, Drug Users, Sex Workers in Athens, March 2015

—”Tengo miedo de ser mujer”: abusos contra los derechos humanos de las personas transgénero en Malasia, septiembre de 2014

“I’m Scared to Be a Woman”: Human Rights Abuses Against Transgender People in Malaysia, September 2014

—En la senda del daño: Respuesta estatal a las trabajadoras sexuales, usuarios de drogas y VIH en Nueva Orleans, diciembre de 2013

In Harm’s Way: State Response to Sex Workers, Drug Users and HIV in New Orleans,December 2013

—“Barrido”: abusos contra las trabajadoras sexuales en China, mayo de 2013

“Swept Away”: Abuses Against Sex Workers in China, May 2013

—“Tratadnos como seres humanos”: discriminación contra las trabajadoras sexuales, las minorías sexuales y de género y las personas que usan drogas en Tanzania, junio de 2013

“Treat Us Like Human Beings”: Discrimination against Sex Workers, Sexual and Gender Minorities, and People Who Use Drugs in Tanzania, June 2013

—Fuera de las calles: detención arbitraria y otros abusos contra trabajadoras sexuales en Camboya, julio de 2010

Off the Streets: Arbitrary Detention and Other Abuses against Sex Workers in Cambodia,July 2010

—Trabajadoras sexuales en riesgo: los condones como evidencia de prostitución en cuatro ciudades de EE. UU., Julio de 2012

Sex Workers at Risk: Condoms as Evidence of Prostitution in Four US Cities, July 2012

Elvira Madrid: “La acupuntura y los chiles rellenos son mis antídotos contra las injusticias”

 

La presidenta de Brigada Callejera, asociación que ayuda a trabajadoras sexuales, se define como una guerrera que no puede quedarse cruzada de brazos ante los atropellos contra las mujeres en un mundo que es cada vez más inhumano.

 

“No tengo hijos porque vi cómo los utilizan para controlar a las mujeres”. (Especial)

 

PAOLA BETANCOURT

Ciudad de México / 27.08.2019

 

Puede leerse la ENTREVISTA en el siguiente enlace:

https://www.milenio.com/politica/comunidad/elvira-madrid-acupuntura-chiles-rellenos-antidotos-injusticias