Confesiones de una ex SWERF

 

Taryn De Vere

 

29 de marzo de 2017

 

https://medium.com/@taryndevere/confessions-of-a-former-swerf-be0892f0fd30

Ok, puede que no fuera del todo una SWERF, ya que no quería quitar derechos a las trabajadoras del sexo, pero yo pensaba que el trabajo sexual era explotador y un resultado directo de siglos de patriarcado. Pensaba que cualquier persona que intentara comprar sexo de otra persona debía ser criminalizada, porque yo ingenuamente creía que eso acabaría con la demanda. También pensaba que todo el mundo que trabajaba en la industria estaba allí bajo coacción. Y todas estas suposiciones estaban basadas en una ignorancia completa y absoluta.

Desde entonces he tenido la suerte de conocer a mucha gente que trabaja en la industria del trabajo sexual (la mayoría de ellas mujeres). ¡Cómo me ha abierto eso los ojos! He visto destrozadas muchas de mis ideas e ilusiones. Una de mis amigas se vio obligada a trabajar en el sexo cuando era una adolescente y su experiencia fue horrible. Pero aparte de esa amiga —y yo diría que ella fue víctima de esclavitud sexual, no una trabajadora sexual— todas las otras mujeres que conozco que son trabajadoras sexuales han elegido su línea de trabajo.

Para algunas mujeres la elección es financiera. A otras mujeres lo único que les pasa es que les gusta jodidamente (disculpen el juego de palabras). Algunas mujeres que conozco encuentran que el trabajo sexual es un trabajo enormemente gratificante y agradable. ¡Lo sé! ¿No es asombroso? Yo también me sorprendí cuando me di cuenta de que no todo el mundo es como yo! (Estoy siendo sarcástica, por supuesto, pero sobre todo hacia mi antiguo yo).

Reunirme con trabajadoras sexuales y ex trabajadoras del sexo y escucharlas me abrió los ojos sobre por qué la gente trabaja en el trabajo sexual, y cómo la gente se siente al respecto, pero ¿qué pasa con el patriarcado? ¿Cómo reconciliar la venta del cuerpo femenino siguiendo siglos de degradación, sexualización y explotación de género? Como actualmente vivimos en un mundo patriarcal, es casi imposible saber si el trabajo sexual todavía existiría si viviéramos en un mundo equitativo, o incluso en un mundo que no fuera tan dependiente de la vergüenza, el miedo y el secreto. Tengo la sensación de que incluso si la sociedad fuera equitativa en todos los sentidos y no hubiera miedo o vergüenza en torno al sexo, todavía habría personas que querrían ser trabajadoras sexuales. Estoy basando este sentimiento en la sensación genuina de alegría y satisfacción que algunas trabajadoras sexuales dicen que obtienen de su trabajo y porque la mayoría de las mujeres que conozco que son trabajadoras sexuales me dicen que están contentas con el trabajo que han elegido.

Nunca olvidaré la pregunta que hice a una trabajadora sexual (que ahora se ha convertido en una amiga) cuando la conocí por primera vez:

    “¿Estás diciendo que algunas personas eligen activamente el trabajo sexual?”

“Sí”, dijo ella.

“Pero ¿algunas mujeres no lo hacen porque no pueden permitirse no hacerlo?”, le pregunté.

“Sí. Hay gente a la que no les gusta su trabajo, no importa qué trabajo estén haciendo, como hay limpiadoras que no quieren ser limpiadoras, pero que son forzadas por la pobreza “, dijo.     “Sólo porque usamos otras partes de nuestro cuerpo para hacer nuestro trabajo, ¿significa que no debemos tener los mismos derechos y la misma seguridad que tú?”

No pude rebatir eso. Y ese fue el final de mi SWERFenismo.

Sé que muchas mujeres son anti trabajo sexual y para mí estas personas son muy parecidas a las antielección. Desean negar a las mujeres su propia autonomía y experiencias y muestran poco interés en abordar los temas centrales que hacen que algunas mujeres asuman el trabajo sexual, tales como pobreza, elevadas tasas universitarias o costos de cuidado infantil. ¿Por qué las SWERFs no luchan duro para acabar con la pobreza, para proporcionar más apoyos a las madres solas o para bajar los costes universitarios? ¿Por qué en su lugar atacan a las mujeres que — como el resto de nosotras— sólo están tratando de ganarse la vida? Sé de mujeres que no elegirían el trabajo sexual si tuvieran suficiente seguridad financiera, pero como no la tienen, el trabajo sexual es la opción que han elegido para llevar la comida a la mesa. Y por supuesto están las mujeres que quieren ser trabajadoras sexuales y disfrutan siéndolo. ¿Por qué estas mujeres deben ser criminalizadas, estigmatizadas y negadas, sólo por el tipo de trabajo que han elegido hacer (y sin importar por qué lo han elegido)?

Hay una paradoja esencial en ser una SWERF: ¿cómo puedes realmente ser una feminista si no escuchas y crees en las experiencias de otras mujeres? ¿Cómo puedes adoptar una visión tan paternalista de las trabajadoras del sexo y pensar que sabes lo que es mejor para ellas, incluso cuando están claramente diciendo lo contrario? Mis propios puntos de vista de SWERF vinieron de la ignorancia y de una clase condescendiente de ambiente de cruzada moral: “sé lo que es lo mejor para vosotras, mujeres caídas. Vamos y os ayudaremos a salir de vuestra terrible vida”. Nunca dije eso o lo pensé, pero estaba en la raíz de las creencias que tenía sobre el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales. Me estremece pensarlo ahora: qué condescendiente, qué arrogante, qué ofensivo. Estoy expiando públicamente por mis anteriores y espantosas maneras de SWERF y esperando que al hacerlo pueda llegar a algunas personas que están abiertas a nuevas ideas sobre las trabajadoras del sexo.

Había un montón de voces de SWERF encantadas por la implantación del modelo sueco/nórdico en Irlanda. Y, sin embargo, este modelo no ha reducido la venta de sexo en Suecia y sólo lo ha hecho más peligroso para las trabajadoras sexuales, por lo que se plantea la pregunta ¿a quién está sirviendo y por qué se sentiría nadie feliz por su implantación? Las SWERFs parecen felices de ignorar la evidencia y la investigación que muestran las muchas fallas peligrosas del modelo sueco/nórdico. He argumentado anteriormente que las SWERFs deberían ser llamadas SWERs, ya que no puedo encontrar ningún rastro de feminismo en un dogma que elimina las voces y la autonomía de las mujeres objeto de discusión y que son las más afectadas. Nuestras hermanas trabajadoras del sexo no deben ser arrojadas bajo el autobús por el bien de unos pocos moralizantes.

 

Me encantaría saber cómo las SWERFs reconcilian su “feminismo” con creencias que están perjudicando y en algunos casos matando mujeres. Tal vez, como me pasaba a mí, la mayoría de las SWERF nunca han conocido a una trabajadora del sexo o han pensado mucho en lo peligrosas e hirientes que son sus ideas. Espero que algunas de vosotras consideréis uniros a mí para apoyar los derechos de todas las mujeres, independientemente de la profesión que hayan elegido para sí.

 

 

  • Una nota sobre la trata: La trata y el trabajo sexual son discutidos a menudo juntos como si las dos cosas fueran lo mismo, pero las trabajadoras sexuales consensuales no son lo mismo que alguien forzado a la esclavitud sexual. No conozco a nadie que piense que la trata de seres humanos está bien. Y ninguna trabajadora sexual que conozca quiere obligar a nadie a trabajar en el trabajo sexual contra su voluntad. El consentimiento es clave en el trabajo sexual (y en el sexo). Luchar por la despenalización del trabajo sexual y la seguridad de las trabajadoras sexuales no es una victoria para los traficantes. Se sale un poco de los límites de este artículo el tema, pero podéis encontrar un gran trabajo sobre los problemas con el modelo nórdico vinculándolo a la trata aquí (1) y la diferencia fundamental entre el trabajo sexual y el tráfico humano explicada maravillosamente aquí (2).

 

Quiero reconocer y agradecer a todas las mujeres que han dado tanto de su tiempo y su energía a enseñarme a mí y a otros acerca del trabajo sexual, (con un agradecimiento especial a Lucy Smith de Ugly Mugs que es una Shero total).

 

 

 

 

1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/02/14/asi-que-no-quieres-creer-a-amnistia-internacional-pues-mira-esto/

 

2.- http://thoughtsonliberty.com/stop-using-the-terms-sex-trafficking-and-sex-work-interchangeably

No es país para mujeres jóvenes: crímenes de honor e infanticidio en Irlanda

Publicado el 3 de junio de 2014 por Stephanie Lord

https://feministire.com/2014/06/03/no-country-for-young-women-honour-crimes-and-infanticide-in-ireland/

 

magdalene

 

Cuando yo estaba en primer año en la escuela secundaria en 1997, una chica del año superior al mío se quedó embarazada. Tenía 14 años. Las únicas personas a las que oí decir algo negativo sobre ella fueron un grupo de chicas mayores que llevaban con orgullo sus diminutos pines “pro-vida” en sus uniformes. Le llamaron puta a sus espaldas y dijeron que sería una mala madre. Se posicionaron como las moralmente superiores que cuidaban al bebé, pero no a la madre soltera. Son los restos de una Irlanda —un Estado fascista cuasiclerical— que nos gustaría creer que pertenece al pasado, pero que aún perdura.

La semana pasada se dio a conocer la noticia de una fosa séptica llena con los restos de 796 niños y bebés en Galway. Los restos se acumularon desde los años 1925 a 1961 y una causa común de muerte fue la desnutrición y la enfermedad prevenible. El “Hogar del Buen Socorro” había alojado a miles de madres solteras y sus hijos a través de los años. Estas mujeres habían violado el honor de sus comunidades, llevando la vergüenza a sus familias a través del embarazo “ilegítimo” y por lo tanto tuvieron que ser escondidas a toda costa y castigadas por sus transgresiones. Los niños murieron mientras vivían desechados como la basura de la sociedad que la Iglesia los consideraba, a ellos y a las madres que los dieron a luz. La mayoría de los niños que sobrevivieron fueron puestos a trabajar en escuelas industriales bajo la supervisión de pervertidos y sádicos.

Miles de los niños sanos fueron vendidos en el extranjero —en su mayoría a los Estados Unidos— para “adopción”. Para los que se quedaron, el panorama era pobre. Las tasas de mortalidad del 50% o 60% eran comunes en estos “hogares”. En el caso de los que murieron, o bien la Iglesia no sintió que fueran lo suficientemente valiosos como para alimentarles y cuidarles, o trabajó activamente para procurar su muerte. El riesgo que planteaban al orden social en virtud de las circunstancias de su concepción y nacimiento era demasiado grande para dejarlo ir sin control. Estos niños ciertamente no morían por falta de dinero o recursos por parte de la Iglesia (tenían un ingreso de los niños que vendían), y cuantos menos niños de este tipo hubiera, menos amenaza habría para el control de la Iglesia sobre la sociedad.

Si la Iglesia les hubiera permitido crecer como adultos funcionales en la sociedad irlandesa, habría corrido el riesgo de demostrar que la institución del matrimonio no era absolutamente necesaria para el bienestar moral de una persona. A las mujeres no se les permitía mantener a sus hijos porque la vergüenza que su existencia traería a la comunidad sería demasiado grande. Fueron encarceladas dentro de las lavanderías de Magdalena para expiar sus pecados de honor, y sus bebés fueron apartados de ellas como parte de su castigo: las mujeres que deshonraron a la comunidad fueron consideradas incapaces de ser madres.

La Irlanda contemporánea fingió un shock cuando surgieron las historias de las lavanderías y de las instituciones residenciales. Tal vez el choque de aquellos que eran demasiado jóvenes para haber sufrido la amenaza de ser encerrados en una de esas instituciones por “mal comportamiento” era genuino, porque las instituciones comenzaron a cerrar a medida que pasaban los años. Pero la gente de cincuenta y sesenta años recordará cómo los “niños de los hogares” vinieron a veces a las escuelas, y fueron aislados de otros niños (legítimos), y luego a veces nunca volvieron. Si bien esos escolares quizá no hayan comprendido plenamente lo que sucedió, sus padres y maestros y la comunidad de adultos que los rodeaban sí lo sabían.

Irlanda en su conjunto fue cómplice en la muerte de estos niños, y en los crímenes de honor contra las mujeres. Eran los “bebés ilegítimos” nacidos de las “mujeres descarriadas” que literalmente desaparecieron de las aldeas y pueblos de Irlanda en las lavanderías de Magdalena. Todo el mundo lo sabía, pero nadie dijo nada: “El honor debe ser restaurado. Debemos mantener el buen nombre de la familia”.

Las propias mujeres cumplían un doble propósito en las lavanderías. Eran una advertencia a las demás de lo que sucedía cuando se violaba el gobierno de la Iglesia, y eran activos financieros dedicados al trabajo duro en nombre de la Iglesia. No eran trabajadoras asalariadas; no recibieron paga. No podían irse por voluntad propia, y sus familias, en su mayor parte, no venían por ellas; la vergüenza de la familia sería demasiado grande. Irlanda tenía una estructura que usaba para encarcelar a mujeres por ser seres sexuales, por ser víctimas de violación, por no ser la incubadora idolatrada pura para el patriarcado, por no tener suficiente integridad femenina, o por ser simplemente demasiado bonitas para el gusto del sacerdote local. Irlanda tiene una larga tradición de patologizar la diferencia.

La gente sabía lo que pasaba en esas instituciones. Esa amenaza se apoderó de las mujeres de Irlanda durante décadas. En raras ocasiones, cuando la gente intentaba hablar, eran silenciados, porque la restauración del honor requiere la complicidad de la comunidad. El miedo a lo que la gente piense de la familia está incrustado en la cultura irlandesa.

El concepto de honor significa diferentes cosas en diferentes culturas, pero un hilo común es que si se rompe se puede restaurar a través de castigar a quienes lo rompen. Estamos familiarizados con los conceptos hegemónicos de “homicidio por honor” y “delitos de honor” como una forma de violencia contra las mujeres en otras culturas distintas a la nuestra. Los periódicos nos dicen que no es algo que la gente hace en Occidente. Los asesinatos de honor y los crímenes de honor son perpetuamente traídos siguiendo líneas racializadas y los medios de comunicación irlandeses y británicos los presentan felizmente en el contexto de un mito de superioridad moral.

Los crímenes de honor son actos de violencia doméstica, actos de castigo llevados a cabo por otros individuos —a veces familiares, a veces autoridades— por transgresiones reales o percibidas contra el código de honor de la comunidad. Sin embargo, sólo cuando hay una mujer que lleva un hijaab o una mujer es una persona de color, o étnica, se nombra el “honor” como una motivación para el acto de violencia. Es un término que ha sido exotizado, pero no es el acto en sí mismo o la ubicación en la que ocurre, sino la motivación que hay detrás de él, lo que es importante para definirlo.

Las mujeres de color, y las mujeres musulmanas, se construyen como el “otro”; Se nos dice que estas mujeres son dadas en matrimonio a una edad temprana por padres controladores que pasan la responsabilidad de controlarlas a los maridos. La “protección” de las mujeres se mantiene a través de un rígido sistema de control de su sexualidad en un marco de honor y vergüenza. Cuando estas mujeres transgreden los límites de la feminidad aceptable son abusadas y rechazadas por su comunidad. Los castigos van desde latigazos hasta la muerte, pero incluyen golpes físicos, secuestros y prisión.

La prisión de mujeres en las lavanderías de Magdalena merece ser nombrada como un crimen de honor debido a una obsesión cultural que creía que el buen nombre de la familia descansaba en la actividad sexual (percibida) de una mujer de la que su padre o su esposo o su hermano mayor era el cuidador. Su condena a la lavandería era para restaurar el honor familiar.

Recientemente un amigo mío twiteó cuando salió el veredicto en el juicio por asesinato de Robert Corbet. Corbet fue condenado por el asesinato de Aoife Phelan, una mujer de Laois a la que había estado viendo, quien le dijo que estaba embarazada. La golpeó y la estranguló, y luego, temiendo que no estuviera realmente muerta, le puso una bolsa negra sobre la cabeza, la cerró con dos abrazaderas y la enterró en un barril en la casa familiar. Al día siguiente subió a un avión rumbo a Nueva York para reunirse con su ex novia para intentar reparar su relación. Mi amigo había seguido el caso y en twitter se refería a Robert Corbet como tratando de pasar un “fin de semana caliente” en Nueva York.

Después de esto, mi amigo recibió correo no solicitado a su cuenta de Facebook, de una persona que dice ser el primo de la ex-novia de Robert Corbet diciendo: “… ¿Cómo te atreves a decir un fin de semana caliente en Nueva York y hablar de mi prima, que es su ex novia, de esa manera. No sabes lo que pasó cuando se fue o por qué se fue y además no conoces a mi prima, así que ¿cómo te atreves a decir que fue un fin de semana caliente. ”

La razón de mencionar esto no es, sin duda, hacer nigún tipo de juicio sobre el carácter o las acciones de la ex-novia de Robert Corbet, sino poner de manifiesto las intenciones de éste después de haber matado a una mujer, así como la mentalidad de la persona que envió este correo. Ese mensaje es un síntoma de la obsesión crónica de la Irlanda rural con la vergüenza y el mantenimiento del “buen nombre” de una persona a toda costa; Un desconocido hizo un post en Internet sobre las probables intenciones de un hombre después de asesinar a una mujer, y la reacción inmediata de otra persona no es leer lo que dijo acerca del asesinato de una mujer, sino dar fe de la pureza moral de su prima. Hay algo de malo en esto.

Había algo mal en Listowel cuando un párroco hizo una semblanza de Danny Foley, un hombre condenado por agresión sexual, cuya víctima fue rechazada después en bares y tiendas. Cuando el veredicto se hizo público, cincuenta personas (en su mayoría hombres de mediana edad) formaron una cola en el juzgado para estrechar la mano de Danny Foley. Los periodistas tomaron alegremente citas de los lugareños diciendo que era una lástima, ya que éste no era su carácter; era un buen hombre, de buena familia. La víctima no importaba. El sacerdote dijo de ella: “Bueno, ella tiene un hijo ¿sabes?, y eso no se ve bien.” John B. Keane no habría parpadeado.

No estamos tan lejos de las lavanderías de Magdalena. Robert Corbet mintió inicialmente a los guardias sobre dónde había enterrado a Aoife Phelan porque él “quiso proteger el lugar de la casa de la familia.” La necesidad de mantener el apellido intacto está incrustado en Irlanda tanto que hay incluso otras mujeres felices de ser cómplices del patriarcado y beneficiarse del mismo. Están las chicas de mi escuela que llevaban sus pines “pro-vida” (una de ellas es ahora médico,   me dicen). Están las mujeres que estrecharon la mano de Danny Foley. Están las mujeres que condenan a otras mujeres por hacer cosas que las hubieran llevado a una lavandería de Magdalena unas décadas antes. Que nadie cuestione su honor.

La cultura irlandesa se ha centrado tradicionalmente en erradicar a las mujeres problemáticas y a sus hijos. Durante años las mujeres embarazadas solteras fueron castigadas y escondidas en los reformatorios. Las mujeres que necesitan abortos viajan en silencio para tenerlos en secreto en Inglaterra, o tienen aquí abortos secretos en casa. Los ministros del gobierno participan activamente en políticas que hacen más difícil la vida a una madre soltera, y hablar en contra de ello se considera inmoral y carente de valor para la comunidad. Una persona que envía correos electrónicos no solicitados a otra persona con respecto a la pureza moral de un tercero y luego tuitea públicamente en relación a ello demuestra su propio valor para la comunidad al posicionar la importancia del papel de la mujer en la moral pública por encima del asesinato de una mujer individual; una mujer que fue enterrada en un barril para proteger la casa de la familia.

Se nos dice que guardemos silencio y no hablemos de estas cosas. En Irlanda, la diferencia y nombrar la diferencia está patologizados. Incluso aquellos que se supone que son los buenos no están exentos del efecto cultural de esto. A las mujeres, cuando son abusadas en el activismo o en internet, se les dice que no tomen represalias. Nos llaman “tóxicas y hostiles” por tener la audacia de nombrar el abuso misógino en donde lo vemos. Tenemos amenazas de muerte por hablar sobre el aborto. Pero se nos dice que “seamos amables” a toda costa. Cuando hay personas que abusan en internet de las víctimas de violencia doméstica, se nos dice que dejemos a sus abusadores solos. Las mujeres nunca deben parecer enojadas. Debemos ser amables con los que abusan de nosotras. Debemos ser siempre agradables no importa el coste que suponga para nosotras; no debemos traer vergüenza sobre la comunidad.

Esto no está tan lejos de la mentalidad que encerró a las mujeres en los reformatorios y arrojó a los niños en fosas sépticas para ser olvidados. Eso dependió absolutamente de la complicidad de toda la sociedad. No podría haber existido sin la colaboración de toda la comunidad; los maestros; los sacerdotes; las monjas; la gente que dirigía a los enterradores; los concejales locales; las personas que llevaban la ropa a las monjas; tal vez tu abuela que te arropó por la noche al ir a dormir.

Nos dicen que era un momento diferente y que las cosas son diferentes ahora.

La Defensa de la Juventud todavía vende sus pines por internet. Joan Burton continúa su cruzada para pintar a madres solteras como perezosas y sin valor. Los periódicos nacionales imprimirán libremente los artículos de opinión que las denigran. 796 niños muertos recibirán un monumento conmemorativo, pero nadie será responsable de sus muertes. A los que piden responsabilidades se les dirá que sean amables. Las órdenes religiosas que los pusieron en una fosa séptica seguirán incuestionables. Aquellos que encerraron a las mujeres en las lavanderías de Magdalena seguirán trabajando por las “mujeres descarriadas”. A las mujeres se les negará el control sobre sus propios cuerpos. Morirán por falta de atención médica.

Debe ser así. Hacer lo contrario, traería vergüenza sobre la familia. Pero cuando miramos hacia otro lado y permitimos que siga respirando la mentira de que vivimos en una democracia progresista moderna, permitimos que nuestro autoritario pasado católico continúe proyectando su sombra.

Irlanda: grupos de expertos, “profundamente decepcionados” con la nueva Ley de Delitos Sexuales

Mientras tanto, varios funcionarios gubernamentales han acogido con satisfacción la aprobación de la ley

En esta foto de archivo, la trabajadora sexual Kate McGrew se unió a aliados y trabajadoras del sexo en Leinster House una noche del año pasado para una vigilia para conmemorar el Día Internacional para poner fin a la violencia contra los trabajadores del sexo.

En esta foto de archivo, la trabajadora sexual Kate McGrew se unió a aliados y trabajadoras del sexo en Leinster House una noche del año pasado para una vigilia para conmemorar el Día Internacional para poner fin a la violencia contra los trabajadores del sexo.

http://www.newstalk.com/Group-calls-Sexual-Offences-Bill-narrow-protective-and-paternalistic

El Proyecto de Ley de Delitos Penales (Delitos Sexuales) 2015 ha pasado a través de ambas Cámaras del Oireachtas.

El proyecto de ley proporciona una mayor claridad en relación con la definición de consentimiento sexual por primera vez, y contiene disposiciones que incluyen:

  •    Nuevos delitos para proteger a los niños contra el abuso;
  •     Nuevas medidas para proteger a los niños de los depredadores en internet;
  •     Infracciones nuevas y reforzadas para combatir la pornografía infantil;
  •     Se introducirán nuevas disposiciones relativas a las pruebas presentadas por las víctimas, en particular los niños;
  •     Nuevos delitos contra la indecencia pública;
  •     Una disposición relativa a las órdenes de hostigamiento para proteger a las víctimas de los delincuentes sexuales condenados;
  •     Disposiciones para mantener la edad de consentimiento a la actividad sexual a los 17 años de edad y para una nueva defensa de “proximidad de edad”;
  •     Una disposición para penalizar la compra de servicios sexuales.
  •     Declaración estatutaria sobre el consentimiento a los actos sexuales

    Sin embargo, varios grupos de expertos han expresado “graves preocupaciones” con la Parte IV del proyecto de ley. La Parte IV penaliza la compra de servicios sexuales y aumenta las penas para algunos aspectos del trabajo.

Reacción de los expertos

Colm O’Gorman, Director Ejecutivo de Amnistía Internacional de Irlanda, dijo: “Después de dos años de investigación, Amnistía Internacional adoptó una posición global a favor de la despenalización del trabajo sexual y contra el modelo nórdico. Nuestra investigación puso de manifiesto los peligros de la criminalización de cualquier aspecto del trabajo sexual consensuado, como lo demuestran Argentina, Hong Kong, Noruega y Papúa-Nueva Guinea.

“La evidencia de Noruega demuestra que la criminalización de la compra de sexo no cumple con su propósito de reducir la prostitución y, lo que es más importante, no es una manera efectiva de proteger a las trabajadoras sexuales”.

Niall Mulligan, Director Ejecutivo de VIH Irlanda, dijo: “Nosotros aconsejamos enérgicamente contra esta acción, que va en contra de la opinión de expertos de la Organización Mundial de la Salud y ONUSIDA. La criminalización de la compra de sexo impulsa el trabajo sexual más hacia la clandestinidad, forzando a las trabajadoras sexuales a asumir más riesgos y trabajar con menos seguridad, lo que a su vez aumenta el riesgo de transmisión del VIH.

“Con los nuevos diagnósticos de VIH promediando casi 10 por semana, esta ley agravará lo que ya es una creciente crisis del VIH en Irlanda”.

Edel McGinley, Directora del MRCI dijo que la ley “no protege a los más vulnerables”, diciendo que promueve la dañina estigmatización y obstruye el acceso a la justicia.

“Sabemos por nuestra década de trabajo sobre la trata de personas y el trabajo forzado que este enfoque no ayudará a las víctimas de la trata”, concluyó.

Sin embargo, todos los grupos acogieron con beneplácito la inclusión en el último momento de una revisión dentro de tres años y la despenalización limitada de las trabajadoras sexuales de la calle, tras un extenso trabajo de lobby por parte de la Alianza de Trabajadoras del Sexo de Irlanda (SWAI) y otros.

Por su parte, el Defensor del Niño, Niall Muldoon, ha acogido con beneplácito la aprobación de la Ley de Delitos Penales (Delitos Sexuales), diciendo que aunque no ha abordado todas las cuestiones relacionadas con los niños, ofrece protecciones debidas en muchas áreas.

“La Ley de Delitos Sexuales reconoce nuevas formas de abuso y explotación sexual de los niños, incluído el abuso de niños, e introduce nuevas medidas de protección de los niños, lo que constituye un avance significativo en la protección de los derechos y el bienestar de los niños.

“Se ha incluido una salvaguardia contra la criminalización de los actos consensuales de igual a igual, así como nuestra recomendación de incluir el término” acto sexual con un niño “, en lugar de impurezas. Hacía mucho tiempo que eran necesarios estos cambios”, dijo.
Reacción del gobierno

Ayer Tánaiste Frances Fitzgerald calificó el proyecto de ley de “una de las más amplias leyes sobre delitos sexuales que jamás se ha aprobado”.

“Las disposiciones de este proyecto de ley buscan mejorar y actualizar las leyes para combatir la explotación sexual y el abuso sexual de los niños”, dijo. “Amplía la gama de delitos asociados con la pornografía infantil para asegurarse de que nadie que participe de ninguna manera en la creación, distribución, visualización o compartición de tal material aborrecible puede escapar a la ley”.

Niall Ó Donnghaile, portavoz de la Justicia de Sinn Féin, dijo: “Este proyecto de ley va de alguna manera a ponerse al día con el resto de la sociedad irlandesa que están exigiendo que cambiemos la ley para reflejar la naturaleza siempre cambiante de la explotación para asegurar que Gardaí y otras agencias puedan responder de una manera que sea relevante para los tiempos en los que vivimos ahora, leyes que reconocen que las formas de abuso y explotación de los más vulnerables ha cambiado y seguirá cambiando.”

Por qué se recurre a la prostitución: el estudio que desmiente lo que pensábamos

 

 

El debate sobre el trabajo sexual está cada vez más abierto y por eso estudios como el que se acaba de publicar nos ayudan a entender un poco mejor la mentalidad del cliente

 

 

Héctor G. Barnés

 

07.07.2016

 

 

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-07-07/hombres-prostitucion-estudio-desmiente-todo_1220583/

 

 

Durante los últimos años se ha popularizado en Europa en general y en España en particular el debate sobre la prostitución. Cada vez hay un mayor número de opiniones diferentes, en muchos casos por la participación en el debate de las propias profesionales que recuerdan que no todo trabajo sexual tiene por qué ser esclavista. En definitiva, el abolicionismo convive con otras visiones menos restrictivas, incluso dentro del feminismo.

 

Para completar el complejo puzzle de la prostitución es de especial ayuda una investigación (1) recién publicada en la revista ‘Sexualities’ y realizada por Susann Huschke, de la Universidad de Witwatersrand de Sudáfrica y Dirk Schubotz, de la Universidad Queen’s de Belfast, en la cual desmontan “los estereotipos predominantes sobre los hombres que pagan por sexo, tal y como se utilizan continuamente en el discurso público sobre el trabajo sexual”.

 

En definitiva, como ya habían sugerido otros estudios, los clientes no son simplemente “explotadores y abusadores sexuales”, sino que recurren a la prostitución por un amplísimo rango de razones, que abarcan desde la experimentación (es el caso de un travestí heterosexual) hasta la incapacidad de encontrar pareja, pasando por aquellos que quieren mantener relaciones con mujeres sin compromiso o que no encuentran satisfacción sexual con sus parejas. Y lo hacen en un contexto que a los españoles les sonará: el de una sociedad donde tradicionalmente el sexo ha sido censurado por la religión. Concretamente por la Iglesia Católica, que en Irlanda, donde se llevó a cabo el estudio, sigue teniendo una gran influencia.

 

Así es el cliente: qué quiere y qué no

 

En los debates sobre prostitución, el cliente suele ser retratado de manera monolítica. Por lo general, se trata de un “misógino negligente o un pervertido sexual”. Sin embargo, señalan los autores, aunque pueda haber consumidores así, la simplificación no ayuda a entender las raíces del problema, sobre todo a la hora de tomar decisiones legales sobre la criminalización del trabajo de las prostitutas o la persecución del cliente.

 

Según los datos obtenidos después de que 446 clientes habituales completasen una encuesta ‘online’, complementados por entrevistas cara a cara con 10 de ellos, así como por los testimonios de 19 trabajadores sexuales, la única conclusión es que no existe el “putero” típico. Eso sí, ya que la mayor parte de clientes afirmaban no recurrir a la prostitución callejera sino a las escorts y a los burdeles (según el informe ‘Radiografía de la prostitución en España’ puede haber unos 1.500 locales así en nuestro país), estos suelen ser más o menos pudientes y con estudios.

 

Estas son las principales razones por las que los hombres recurren a la prostitución:

 

  • Disfruto haciendo el amor con gente diferente (47%)
  • Me ha permitido explotar mi sexualidad (40%)
  • Me permite probar cosas que no había probado antes (41%)
  • Me gusta que no haya lazos emocionales (38%)
  • Me permite hacer cosas que no podría hacer con mi pareja (28%)
  • Es la única manera en que puedo hacer el amor (25%)
  • El secretismo me excita (21%)
  • Me hace sentir mayor confianza sobre mi cuerpo y sobre mí mismo (21%)
  • Es bueno para mi autoestima (19%)
  • Lo hice por curiosidad (16%)
  • Es rápido y fácil: no tengo tiempo para otras relaciones sexuales (16%)
  • Es la única manera en que puedo obtener satisfacción sexual (9%)
  • No me siento preparado para otras relaciones sexuales (8%)
  • Nada de lo anterior (<1%)

 

 

Estas son las cosas que a los encuestados no les gusta de la prostitución:

 

  • Me siento como si tuviese que esconderme (41%)
  • Me preocupa que mis amigos y familia se enteren (39%)
  • Me preocupa el bienestar de la trabajadora sexual / prostituta (36%)
  • Me siento como si tuviese que mentir sobre lo que hago (31%)
  • Me preocupan los riesgos para la salud (25%)
  • Me gasto demasiado dinero (25%)
  • Echo de menos la conexión emocional (21%)
  • No creo que sea dinero bien gastado (12%)
  • No me gustan los lugares donde se lleva a cabo (10%)
  • Me hace sentirme avergonzado (10%)
  • Esperaba que me daría más que sexo (5%)
  • Daña mi confianza (3%)

 

Como se puede apreciar, dejando al margen el sesgo asociado a estas encuestas (en las que los participantes siempre salen bien en la foto), las respuestas sugieren que el cliente se preocupa más por la trabajadora de lo que se pensaba. Cuando se les preguntó por qué razón dejarían de frecuentar a las escort, el 35% aseguró que en caso de empezar en una relación de pareja y el 27% si pudiesen tener relaciones sin pagar por ellas, lo que refuerza el carácter sustitutivo de la relación. Algunos de ellos, además, afirmaron que aunque nunca habían visto maltrato a las chicas, dejarían inmediatamente de hacerlo si supiesen que sus parejas habían sido forzadas.

 

El 97% de los participantes eran hombres, con tan solo un 2% de mujeres y un 1% de trans. La mayoría (64%) tenían entre 31 y 50 años, seguidos por aquellos que tenían entre 51 y 74 (un 21%) y los de entre 22 y 30 (un 14%). Cuatro de cada 10 eran solteros, y la mayoría de ellos preferían ver a diferentes mujeres (58%), aunque un tercio reconocía que prefería quedar siempre con la misma, algo que, por lo general, no era posible.

 

“Estaba cachondo el 99% del tiempo”

 

Más allá de los datos, el ‘paper’ resulta interesante porque recoge algunos de los testimonios de estos hombres, que resumen a la perfección la gran cantidad de razones por las que se recurre a estos servicios. Uno de los casos más habituales, por ejemplo, es el de Roger, un autónomo de 50 años casado y con tres hijos. “Si tuviese una vida sexual activa en casa, definitivamente no utilizaría a las escorts, pero mi mujer nunca quiere”, explica. “Estamos felizmente casados, aún salimos, pero en lo que concierne al sexo… supongo que me he rendido”. Es una de las explicaciones más frecuentes: ante la frustración sexual, los hombres prefieren recurrir a una profesional antes que tener una aventura puesto que eso es menos arriesgado para su matrimonio. “Muchos participantes consideraban que estos eran una parte importante de sus vidas y no estaban preparados para dejar a su mujer e hijos”, señala el estudio.

 

Igualmente habitual es recurrir a la prostitución como hace el treintañero Philip, que creía en lo de “nada de sexo antes del matrimonio” hasta que, a los 35, vio la luz: “Era un buen chico católico”, explica. “Estaba cachondo el 99% del tiempo por eso, pero es la elección que había tomado por la manera en que me criaron… Y entonces llegué a ese punto donde la cosa era: ¿Por qué? ¿Es de verdad el sexo un pecado?” En algunos casos, hasta juega un papel sanador: es lo que ocurre con Paul, un jubilado de Belfast que cayó en una severa depresión después de divorciarse de su aposa. “Me hace sentirme mejor y ayuda con mi depresión”, reconoce. “Quiero algo, ella quiere dinero, los dos estamos felices. Fin”.

 

En otros casos, quizá minoritarios, pero igualmente relevantes, la prostitución llega allí donde las relaciones heterosexuales convencionales no llegan. Bob, por ejemplo, es un ‘cross desser’ al que le gustan las mujeres. “Tengo mis necesidades, quiero sexo”; explica. “Esta es la única manera en que puedo hacerlo… Me siento especial, aliviado”. Es también el caso de Nick, un cuarentón soltero con gustos peculiares: “Si conoces a alguien, incluso si lo conoces desde hace un mes, te preguntas, ¿cómo saco a pasear el fetichismo en nuestra relación?”, se pregunta. “Es lo que para eso me sirven las escorts, ya que listan sus servicios, así que si hay cosas que quieres probar, están ahí”. Algo común en muchos casos es ver los encuentros con prostitutas como una faceta separada del resto de sus vidas: “Las escorts proporcionan esa situación compartimentada en la que puedo experimentar sin que me juzguen”.

 

 

Otra característica común a muchas de estas relaciones es que no son exclusivamente sexuales. Nick, por ejemplo, afirma quedarse charlando un buen rato después del acto. Roger añade que “la mitad del tiempo quiero que me arrullen, que me abracen de manera íntima…”Algunos de estos clientes recuerdan que las prostitutas no se parecen en nada a la imagen que dan de ellas en los medios de comunicación. “No son las heroinómanas violentas que pasan enfermedades de las que sueles leer, suelen ser gente maja”, señala Paul. “Descubrí que muchas de las cosas que me habían contado eran mitos y basura”.

 

Esa es, finalmente, la conclusión de los investigadores. Que “el deseo se encontrar placer sexual no significa automáticamente que los hombres que pagan por sexo simplemente busquen un cuerpo femenino pasivo y receptivo para el desahogo sexual”. Aunque casi todas las trabajadoras se han visto en situaciones desagradables, la mayor parte de clientes son capaces de respetar los límites que imponen. “Cuando todos los trabajadores sexuales son percibidos como víctimas indefensas del tráfico o de la industria del sexo, no hay lugar para discutir sobre las diferentes condiciones en las que se encuentran, sobre los comportamientos apropiados e inapropiados de los clientes, las formas en que las trabajadoras pueden hacer su trabajo más seguro y la promoción de las prácticas de reducción del daño y los servicios de apoyo que permitirían a más trabajadores del sexo protegerse de los clientes violentos y abusivos”, concluyen.

 

¿Legalización o criminalización?

Esta investigación se enmarca en las últimas reformas producidas en Europa respecto a la prostitución. En junio de 2015, Irlanda del Norte implementó castigos para los clientes de prostitución, “siguiendo la lógica de que si se criminaliza el pago por sexo, la demanda se reducirá significativamente, y si hay menos trabajo sexual, habrá menos tráfico de explotación sexual”. Seguía la estela de Islandia y Noruega, que habían hecho lo propio en el año 2008 y 2009, respectivamente, aunque la medida fue rechazada en Escocia en 2012 y en Irlanda en 2014.

La investigación pone en duda que sea una medida realmente útil. Según los resultados de la encuesta, solo el 7% de los clientes reconocía que dejaría de pagar por sexo si fuese ilegal, mientras que el 15% tendría que buscarse la vida, por ejemplo, en otro país. Tan solo el 4% pensaba que disuadiría a las trabajadoras sexuales, y el 57% mostraba preocupación por que la prohibición y criminalización no hiciesen otra cosa que empeorar aún más las condiciones laborales de las trabajadoras.

“Concluimos que los recientes debates públicos sobre la comercialización del sexo en Irlanda y la implementación del llamado modelo sueco en Irlanda del Norte constituye una ‘cruzada moral’ contra el trabajo sexual, que se percibe como una transgresión de la moral cristiana conservadora”, señalan los autores al final del ‘paper’. “Empleando estereotipos negativos e ignorando la evidencia existente, los promotores de la prohibición del trabajo sexual han perdido la oportunidad de permitir un debate abierto y menos prejuicioso sobre los deseos sexuales de la gente y las normas sociales que les dan forma”.  

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(1) http://pure.qub.ac.uk/portal/files/56938886/Huschke_Schubotz_Paying_for_Sex_in_Ireland_accepted_word_document.pdf

Un juez ordena que se devuelva a dos prostitutas el dinero “duramente ganado” que les habían robado

 

El Estado había pretendido que los 2.675 euros robados por Mantas Grazevicius fueran confiscados

 

9 de febrero de 2016

 

Conor Gallagher
http://www.irishtimes.com/news/crime-and-law/courts/circuit-court/judge-orders-hard-earned-cash-returned-to-prostitutes-after-theft-1.2528374

Un juez ha rechazado una solicitud del Estado para confiscar el ingreso “duramente ganado” de dos prostitutas que fue robado y posteriormente recuperado.

 
El juez Patrick McCartan dictó su resolución en el Tribunal Penal de Dublin tras la sentencia contra un hombre que robó a las mujeres fingiendo ser un cliente.

 
El juez también alabó el valor de las dos mujeres al intentar detener al acusado tras el robo.

 
Mantas Grazevicius, de 32 años, domiciliado en Manchester pero de origen lituano, se declaró no culpable de detención ilegal y robo de las dos mujeres en el Hotel Clyde Court, Lansdowne Road, Dublin el 17 de julio de 2013. Fue declarado culpable de todos los cargos el mes pasado.

 
El juez McCartan le envió a la cárcel por tres años a contar con efectos retroactivos desde que fue detenido en febrero de 2015 tras ser devuelto desde el Reino Unido en virtud de una orden europea de detención.

 
El tribunal escuchó que las dos mujeres habían venido desde la República Checa para trabajar el fin de semana y habían alquilado una habitación en el hotel. Habían acumulado ganancias de aproximadamente 5.000 euros en efectivo que escondieron en el armario.

 
El policía Alan Farrell dijo al tribunal que Grazevicius concertó una cita con una de las mujeres a través de la aplicación de mensajería Viber y acordó pagar 220 euros por una hora.

 
A la hora convenida, un hombre llegó y entró en la habitación de hotel de las mujeres. A continuación volvió a la puerta y dejo entrar a Grazevicius. El hombre sin identificar empujó entonces a una de las mujeres y les dijo que se sentaran en la cama mientras Grazevicius. comenzó a registrar la habitación en busca de dinero.

 
Una de las mujeres dijo que el dinero estaba en la caja fuerte del hotel, pero Grazevicius. dijo que estaba mintiendo, antes de encontrar el bolso en el que estaba el dinero. Durante el incidente, una de las mujeres intentó escapar pero fue retenida por el hombre sin identificar.

 
Los dos hombres salieron con el dinero, pero una de las mujeres corrió tras ellos, agarrando a Grazevicius y rasgándole la camisa. Grazevicius le dio entonces un sobre en el que estaba escrito “40 por ciento”, diciéndola que se quedara callada.

 
La mujer exigió todo el dinero y Grazevicius replicó: “Te causaré problemas”. Entonces intervino el personal del hotel y Grazevicius fue encerrado en una habitación hasta que llegó la policía. Tenía en su poder 2.675 euros. Su cómplice escapó.

 
El juez alabó a “estas magníficas jóvenes que desafiaron a esos dos matones”. Dijo que su “valor y determinación” retuvieron a Grazevicius el tiempo suficiente para que se avisara a la policía.

 
El juez lo llamó un delito “repugnante y mezquino” y señaló que debe haber sido difícil para las mujeres poner una denuncia ante la policía porque lo que estaban haciendo era ilegal. Dijo que eran una “presa fácil” para Grazevicius, que no tuvo más que concertar una cita para poder entrar en su habitación.

 
Tras la sentencia, el fiscal Tony McGillicuddy BL pidió que los 2.675 euros fueran entregados al Estado, ya que procedían de la prostitución.

 
“¿Puedo decidir que el dinero sea devuelto a las señoras?”, preguntó el juez McCartan antes de decir que eso era lo que iba a hacer.
“Fue duramente ganado”, añadió.

 
La abogada defensora Fiona Murphy BL pidió al juez que fuera tan indulgente como fuera posible. Expuso que las previas condenas de Grazevicius por robo y obstrucción a la policía en el Reino Unido tuvieron la consideración de delitos menores.

La prostituta jurista contra la Ley

IRLANDA DEL NORTE PENALIZA PAGAR POR SEXO

Laura lleva 20 años ejerciendo la prostitución. Ahora, está licenciada en Derecho emprende un desafío legal sin precedentes: anular la ley que penalizará en Irlanda del Norte a quienes paguen por sexo

http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-04-01/la-prostituta-letrada-dispuesta-a-revolucionar-irlanda-del-norte_750890/

Con la prostitución, ¿quién comete el delito? ¿Los que pagan o los que venden? Laura Lee conoce bien el negocio. Lleva dos décadas ejerciendo como trabajadora sexual. Tiene 37 años, una hija de 14 y pareja estable. Y ahora ha acaparado todos los titulares al emprender un desafío legal sin precedentes. Se ha propuesto anular la nueva ley que, a partir del 1 de junio, convertirá a Irlanda del Norte en la primera región del Reino Unido donde se penalizará a todos aquellos que paguen por sexo. La asamblea de Belfast sigue así los pasos de Suecia y otros países nórdicos.

 
Lee es contundente: “Si se aplica el mismo modelo, el Estado tendrá las manos manchadas de sangre”. Un equipo de abogados se ha puesto a su disposición, activistas de ambos lados del Atlántico le han mostrado su apoyo y están recogiendo dinero a través de crowdfunding porque están dispuestos a llegar hasta la Corte de Estrasburgo si fuera necesario.

 
La ley de tráfico y explotación humana –que contiene la polémica cláusula seis– fue promovida por Lord Morrow –del Partido Democrático Unionista (DUP)– y aprobada con el apoyo de todas las formaciones, a finales del año pasado.

 

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“Lo único que van a conseguir es incrementar la violencia y que los trabajadores seamos menos propensos a denunciar crímenes a la policía. En definitiva, la industria va estar aún más estigmatizada”, explica a El Confidencial. “Lo que me parece increíble es que se haya empezado esta cruzada moral cuando toda evidencia muestra que la despenalización es la única manera de mejorar el bienestar de quienes trabajamos en esta industria”, añade.

 
¿Es hora de regular la prostitución en el Reino Unido? El debate está encima de la mesa. Pero ¿cuántos la ejercen libremente y cuántos son forzados por el control de las mafias? Ahí está la clave.

 
La ONG Ruhama, con base en Dublín, ayuda a prostitutas desde 1989 y considera que penalizar la compra de sexo tendría un efecto disuasorio importante. “Vemos el daño hecho por la prostitución y sabemos que los beneficios no van a las mujeres que trabajan, sino a las bandas criminales”, señala Gerardine Rowley.

 
Por su parte, Julie Bindel, activista y fundadora de Justice for Women, asume que “por supuesto que hay hombres y mujeres que optan por entrar en el comercio sexual y están dispuestos a permanecer por mucho tiempo”. Pero matiza que “las leyes no se pueden basar en las experiencias de una minoría”. “La ley de Irlanda del Norte que hace frente a la demanda, reduce el mercado y, por lo tanto, reduce la violencia y el daño tan inherente a este sector. Ninguna de las mujeres que trabajan en Suecia ha sido asesinada y, sin embargo, en los países donde está legalizada la industria del sexo, como Alemania y los Países Bajos, ha habido un número significativo de víctimas mortales”, apunta.

 
Sin embargo, Lee, que conoce de primera mano la realidad de Irlanda del Norte, asegura que justificar la nueva normativa apoyándose en el tráfico humano es una absoluta “farsa”. “Aquí es como si se viviera 40 o 50 años por detrás. Es una sociedad aún sumamente tradicionalista con partidos políticos arraigados a creencias cristianas. Quieren hacer lo que sea para acabar con la prostitución y punto. Pero que no se escuden en lo que no es. En el último año, no ha habido ni un solo caso de mafias que traficaban con mujeres, pero sí se han registrado 70 casos de violencia y desde 1990, 149 personas han sido asesinadas”, explica.

 

Madres que ejercen en casa

 
Según las últimas cifras oficiales, en Irlanda del Norte –cuya población es de 1,8 millones– hay alrededor de 20 trabajadores sexuales que ejercen en la calle y unos 300 que están en locales o viviendas privadas. La investigación encargada por el departamento de Justicia reveló que sólo el 2% de las personas dedicadas a esta industria están a favor del llamado “modelo sueco”, el 61% teme que vayan a estar menos seguros y el 85% está convencido de que no va a reducir el tráfico sexual.

 
Según Lee, la mayoría de las personas que se dedican a esto lo hacen de manera independiente y el 70% son madres solteras intentando sacar adelante a sus hijos. “Nadie tendría que tener el poder de quitarles esa opción. Belfast es una ciudad, pero realmente tiene un ambiente de pueblo. Todo el mundo se conoce. Hay muchas madres que ejercen la prostitución en su casa cuando el niño está en el colegio porque no tienen recursos, pero si ahora los clientes tienen miedo de acabar con una ficha policial dejarán de visitarlas y ellas se quedarán sin dinero”, explica.
Aunque Lee vive en Glasgow desde 2003, viaja constantemente a Dublín y Belfast para ver a sus clientes. “Allí siempre hay mucho movimiento. Ya tengo mis clientes regulares. El hecho de que sea irlandesa les gusta y tengo que decir que la mayor parte del tiempo disfruto con mi trabajo”, dice.

 
“Nunca habrá una sociedad sin prostitución”

 
Se niega a revelar lo que cobra por cada servicio, pero asegura que puede compatibilizarlo con sus estudios y llevar un nivel de vida normal. Ya tiene la carrera de Derecho y ahora está a punto de finalizar Psicología. En el futuro, le gustaría trabajar ayudando a prostitutas. “La prostitución no puede ser erradicada. Nunca ha habido ni nunca habrá una sociedad sin personas que vendan sexo. Y una vez que se haya aceptado esto, las prioridades deben cambiar. La atención debe centrarse en mantener la seguridad de aquellos que trabajan voluntariamente en el negocio y ofrecer apoyo real a los que quieren salir”, añade.

 
Su modelo a seguir, sin duda, sería el de Nueva Zelanda. La prostitución se legalizó en 2003 y desde entonces, la violencia y enfermedades de transmisión sexual han disminuido considerablemente. Por otra parte, no existen prostíbulos en cada esquina, como se temía antes de aprobar la ley.

 
Aunque Lee se muestra muy discreta con su vida personal –no quiere hablar de nada relacionado con su actual pareja–, insiste en que su hija la apoya en la batalla legal que está a punto de comenzar y que incluso algunas veces la acompaña a manifestaciones. “Lógicamente es difícil explicar a tu hija a lo que te dedicas. Y ahora que soy una persona que aparece en los periódicos, más aún, pero en el colegio se están portando genial. Yo hablo mucho con ella. Empecé contándoselo poco a poco hace años. Primero le dije que acompañaba a gente que estaba sola…. Es difícil. Y es un proceso muy largo. Pero sobre todo le decía que no era nada malo ni tampoco nada ilegal”, matiza.

 
Con la legislación actual, está prohibido vender sexo, pero las prostitutas pueden ejercer su profesión en apartamentos o habitaciones de hotel siempre y cuando puedan demostrar que actúan de manera independiente, como hace Lee.

Con la nueva normativa, se permitirá, a partir de junio, ejercer la prostitución en la calle. Pero, tal y como dice Lee, es otra “pantomima” porque se prohíbe ir de dos en dos o regentar burdeles. “Esta es otra de las cosas por las que voy a luchar en los juzgados: es primordial que podamos trabajar en grupo para erradicar la violencia. Si el cliente sabe que tienes dinero y estás sola y no puedes llamar a nadie estás perdida. Si por el contrario, hay tres chicas en un apartamento y una escucha a otra gritar puede llamar a la policía”, señala.

 
En Suecia –donde la prostitución es considerada como un aspecto de violencia masculina contra mujeres, niñas y niños– se aprobó la polémica legislación en 1999. Por un lado, penaliza la compra de servicios sexuales y por otro, despenaliza la venta de dichos servicios. El modelo fue seguido por Noruega e Islandia.

 
De acuerdo con la investigación de 2010 del Gobierno sueco, la normativa ha reducido a la mitad la prostitución callejera, mientras que el número de hombres que pagan por sexo se redujo de 12,7% en 1996 al 7,6% en 2008. La ley también ha cambiado la opinión de la sociedad sobre la compra de sexo: en 1996, el 45% de mujeres y 20% de los hombres apoyaban criminalizar la compra de sexo. En 2008, los porcentajes han crecido hasta el 79% y 60% respectivamente.

 
“Estoy aquí por el dinero, es mi elección”

 
Sin embargo, los grupos por los derechos de los trabajadores del sexo argumentan que el modelo nórdico ha sido un experimento fallido que ha incrementado aún más el estigma. Dichas organizaciones apuntan a un informe de la Comisión de Derecho sobre VIH de la ONU que establece que “desde su promulgación en 1999, la ley no ha mejorado –de hecho, ha empeorado– la vida de los trabajadores”, y si bien el trabajo de calle se ha reducido a la mitad, el comercio sexual se mantiene en niveles preley.

 
Con todo, el modelo sueco se está debatiendo en Francia y Canadá y muchas organizaciones están presionando para que también se imponga en la república de Irlanda y en el resto del Reino Unido, donde se estima que hay alrededor de 80.000 personas dedicadas a la prostitución.
A pocos kilómetros de distancia de los pasillos de Westminster, en un piso en Soho, Ana, de Rumanía, se opone ferozmente a la campaña. Lleva trabajando como prostituta desde los 20 años. Ahora tiene 26. “Quién va a decirme lo que tengo que hacer? Estoy aquí por el dinero, es mi elección”, señala. Admite que los clientes a veces son violentos y reconoce que no es fácil trabajar en el negocio, “pero si dos personas adultas llegan a un acuerdo económico, el resto no se debe meter”.

 
La cuestión es si en la habitación de al lado de Ana hay otra chica, quizá de también de Rumanía, que es obligada a ser una esclava sexual. ¿Protegería a esta última la nueva ley de Irlanda del Norte?

Los otros pecados de los que el Vaticano no habla

Publicado el 17/Febrero/2014

http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/los-otros-pecados-de-los-que-el-vaticano-no-habla-601032.html

 

Las lavanderías de Irlanda y el robo de niños en España 

 

El Comité de los Derechos del Niño de la ONU pone  el dedo en la llaga y destapa otros escándalos que la cúpula católica  ha minimizado, ha mantenido en silencio y no ha sancionado desde hace muchos años.

El reciente informe del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, más allá de acusar al Vaticano de un silencio cómplice sobre el abuso sexual de menores,  ha desempolvado otras cosas oscuras de la Iglesia católica.

Según la socióloga ecuatoriana Sara Oviedo, vicepresidenta de ese comité  y correlatora del  informe que tanto hizo enfadar al Vaticano, una de esas cosas oscuras  es  el escándalo de  miles de niños españoles arrebatados a sus madres por  congregaciones católicas que luego los enviaban  a orfanatos o los daban  en adopción en otros países.

Otro escándalo sobre el que el Vaticano no ha hecho mucho es el de  las lavanderías irlandesas de las Hermanas de  La Magdalena.  Según el informe del Comité de la ONU, “la Santa Sede no ha abierto una investigación interna sobre estos casos y no tomó ninguna acción contra sus responsables”.

En 2011, el Comité contra la Tortura recomendó que Irlanda procese y castigue a los responsables de los abusos  en esos lugares con penas acordes con la gravedad de los delito.  Además pidió que se  investigara la conducta del personal religioso que trabajaba en esos lugares y en todos los países en los que operaba ese sistema. Y garantizar que las víctimas reciban una reparación.

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Las lavanderías de las Magdalenas de la Sean McDermott Street en Dublín son parte del pasado oscuro de Irlanda.

Encierran una historia cruel e inverosímil: desde 1922 hasta 1996, auspiciadas por la Iglesia católica, obligaron a trabajar a más de 10 mil mujeres en condiciones infrahumanas.

Herederas de centros creados en el siglo XIX para atender a prostitutas,  las lavanderías surgieron en los años veinte del siglo pasado y perduraron hasta mediados de los noventa.

Por  más de 70 años,  las mantuvieron trabajando en estado de semiesclavitud. No hay pruebas de  abusos sexuales aunque exinternas declararon en un documental del Canal 4 de Irlanda haber sufrido ese tipo de agresión. La mayoría  fue recluida  por ejercer la prostitución,  10% con autorización de su familia y  19% por voluntad propia. Fueron castigadas, por ejemplo, por  no pagar el pasaje de  tren, robar o mendigar.  Por eso  eran consideradas socialmente caídas.

La exhumación de una fosa con 155 cadáveres en   terrenos de un exconvento de las Hermanas de la Caridad fue el detonante de la campaña de supervivientes y familiares. En la web Magdalene Survivors Togheter,  Sullivan, una de ellas, dice: “Con 12 años me sacaron de mi escuela y me llevaron a una lavandería. Me dijeron que seguiría  estudiando, pero  no sucedió. Trabajaba limpiando ropa. Como era muy pequeña, me construyeron una caja para que pudiera subirme y alimentar las calderas. Me escondieron en un túnel cuando llegaron los inspectores escolares. Supongo que porque no debería estar allí. Las monjas han destruido mi vida”.   (MEVO,  EFE y El País)

 

El histórico perdón oficial pedido a las víctimas en Irlanda

 

El 19 de febrero de 2013, Irlanda  cerró otro capítulo de su negra historia de abusos en instituciones estatales.

Lo hizo  con una sentida disculpa oficial del Gobierno de Dublín a las miles de mujeres encerradas en las lavanderías de la Magdalena, negocios privados regentados por monjas católicas.

Las supervivientes presenciaron el pedido de perdón   expresado por el primer ministro, Enda Kenny, en nombre del Estado y de la ciudadanía desde el balcón de la Cámara baja. En su intervención, que terminó  con una cerrada ovación de  la sala, el líder conservador reconoció que las víctimas  merecen más que una disculpa formal y anunció compensaciones económicas y apoyo.

Justicia por las Magdalenas, grupo de defensa de las sobrevivientes, anunció el fin de su campaña que se inició en 2009, tras el pedido de disculpas. Su portavoz  Claire McGettrick, dijo: “Muchas mujeres vivieron y murieron tras esos muros, lavando los ropas sucias del país. Estoy contenta de que tanta gente se haya acercado  para recordarlas y honrarlas, porque no fueron tratadas con dignidad en vida y al morir. Estamos haciendo algo para repararlo”. En tanto, una multitud con velas encendidas se acercó a las puertas del Parlamento.

 

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Espacio habitable

 Maggie McNeill, 23 de marzo de 2014

 

http://www.cliterati.co.uk/2014/03/habitable-room/

 

“Vestal condenada a muerte”, atribuído a Pietro Saja (circa 1800)

“Vestal condenada a muerte”, atribuído a Pietro Saja (circa 1800)

 

Las vírgenes vestales contaban entre las personas más importantes en la sociedad romana clásica; estaban encargadas de mantener los fuegos sagrados y a cambio disfrutaban de numerosos privilegios. Uno de los más importantes era que sus personas eran sacrosantas; en otras palabras, nadie podía tocarlas sin su permiso, bajo pena de muerte. Y nadie significaba absolutamente nadie, ni siquiera los altos dignatarios del estado; una vestal no podía ser tocada ni siquiera si resultaba convicta del mayor crimen del que podía ser acusada: romper sus votos teniendo sexo o permitiendo que se apagaran los fuegos sagrados. Porque estas faltas se creía que irritaban a los dioses y ponían por tanto en peligro la seguridad de Roma entera, la pena por ellas era la muerte; pero como nadie podía tocar a las vestales para ejecutar la sentencia, solo había una forma de hacerlo: la sacerdotisa deshonrada era enterrada viva. A fin de evitar infringir otra ley contra los entierros dentro de la ciudad, en la tumba se colocaba una candela y una pequeña provisión de comida y agua a fin de establecer la ficción legal de que se trataba de un “espacio habitable” y no de un sepulcro, y se entregaba a la desdichada mujer a una lenta muerte por asfixia para preservar la ilusión de piedad que se habría desvanecido de derramarse su sangre.

Las putas somos en muchos sentidos todo lo contrario que las vestales: estamos tan lejos de ser vírgenes como se puede estar, somos estigmatizadas y rechazadas por nuestras sociedades en lugar de ser honradas por ellas, y somos las responsables de amortiguar los fuegos sexuales de los hombres en lugar de mantenerlos en llamas. Pero en las últimas décadas, ha surgido una doctrina legal que representa a todas las mujeres como indefensas, puras y sagradas; se supone que somos delicadas flores que resultamos irremediablemente dañadas por las malvadas lujurias de hombres brutales, de las que  debe “protegernos” el Sagrado Estado. Las rameras pecan contra este mandamiento por ser seres fuertes y obstinados que tratan con los hombres de igual a igual y hacen de la lujuria masculina una forma de ganarse la vida en lugar de verse “arruinadas” por ella, como el catecismo dice que debería ser. Debemos ser, por tanto, castigadas, pero  como la Sagrada Escritura nos ha declarado víctimas sin culpa, ¿cómo hacerlo? La respuesta es por lenta asfixia, como a las vestales… aunque en este caso por asfixia económica y social, en lugar de asfixia literal.

La tumba disimulada como “espacio habitable” en la que los prohibicionistas quieren sellar a las trabajadoras sexuales se llama el “modelo sueco”; exactamente igual que las personas de las vestales permanecían técnicamente invioladas, las mujeres sometidas a este régimen abominable no son técnicamente penalizadas. Nuestras escasas provisiones consisten en el hecho de que podemos, sobre el papel, realizar nuestro trabajo sin obstáculos. Pero igual que a las vestales la tierra que cubría su “habitación” las impedía conseguir más comida, agua o aire, la prohibición sueca intenta matar de hambre y asfixia a sus víctimas persiguiendo a sus clientes, echándolas de sus casas, acosándolas con vigilancia policial, negándoles las ayudas sociales e incluso robándoles los hijos. Los defensores del modelo sueco llegan incluso a proclamar que las trabajadoras sexuales son “despenalizadas”… exactamente igual que los romanos podrían haber dicho que las vestales condenadas no habían sido directamente ejecutadas.

En toda la historia romana, solo diez vestales fueron condenadas a este horrible destino. Pero desafortunadamente para los locos sueños totalitarios de los prohibicionistas, hay millones de putas en el mundo; sería absolutamente imposible para ellos llegar a enterrarnos a todas alguna vez, independientemente de con cuánto fervor deseen hacerlo. Para llevar adelante su plan de extinguir a tantas de nosotras como sea posible, deben hallar y cerrar cualquier posible rendija por la que pueda fluir sustento económico, y esto significa eliminar nuestros medios de atraer clientes y contactar con ellos. Un aumento de la vigilancia policial debería llevar a las trabajadoras de calle a lugares oscuros y peligrosos donde los Puros y Santos no tengan que verlas, pero el trabajo de calle ha sido siempre una parte menor de todo el trabajo sexual y eso es todavía más cierto ahora gracias a internet (que permite anunciarse de una forma increíblemente barata y con mayor difusión incluso que la que se conseguía hace veinte años en los locales más caros). Prohibir los anuncios de escorts no tiene ninguna efectividad; no hay forma de impedir que la gente oculte anuncios de sexo comercial dentro de otras formas no prohibidas, y no hay casi forma de impedir que los compradores que viven bajo tales regímenes de censura accedan a sitios web alojados fuera de su jurisdicción. Esto irrita totalmente a los prohibicionistas, que son bien conscientes de que las trabajadoras sexuales y los clientes estamos haciendo nuestro negocio justo bajo sus narices; se han embarcado por tanto en una lucha sin cuartel para destruir sus manifestaciones más visibles, sin importarles los costes en derechos humanos. Los prohibicionistas irlandeses han propuesto dar a la policía la potestad de robar los números de teléfonos de las trabajadoras sexuales a fin de convertirlos en trampas para clientes. Los prohibicionistas escoceses, derrotados en su intento de imponer el modelo sueco, están tratando de conseguir apoyo para la censura publicitaria demonizando a los clientes. Y los prohibicionistas americanos están queriendo destruir totalmente internet, como hemos sabido:

…miembros del Congreso han pedido al Fiscal General de los EE.UU., Eric Holder, que procese a Backpage.com por su papel en la prostitución y la trata sexual o que recomiende cambios legislativos que hagan posible el procesamiento… dicen que… decenas de miles de niños son vendidos para el sexo cada año en el país… la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996 protege a los sitios web de ser procesados por el contenido posteado por terceros. Esto significa que un sitio web no puede ser procesado cuando alguien postea un anuncio ilegal en él…

De ser los sitios web responsables del contenido de terceros, no tendrían otra opción que cerrar. Todos: revisiones de Amazon, vídeos de YouTube, comentarios en sitios web, alojamientos gratuitos de sitios como el mío en entidades mayores como WordPress… todos fuera, barridos de la noche a la mañana. Si pensáis que esto solo se aplica a los sitios web americanos, adivinad otra vez; una gran parte de la columna vertebral de internet está en suelo americano, y el gobierno de los EE.UU. se ha dado a sí mismo la potestad de cerrar cualquier sitio web en cualquier país cuando decide que ha violado alguna ley estadounidense, mediante el sencillo expediente de cerrar todo el tráfico hacia el mismo que pase por los Estados Unidos. Y mientras que el artículo citado más arriba restringe su lenguaje a “niños”, otros son más honestos en cuanto a las intenciones de los políticos: 

…la legislación propuesta… permitiría presentar cargos criminales contra los operadores de sitios web que alentaren el comercio sexual ilícito mediante anuncios comerciales… Bajo la Ley de Cese de Anuncios de Víctimas de Explotación, los individuos tendrían que afrontar cargos criminales por promover un anuncio… que… facilite cualquiera de los numerosos crímenes que se producen en el comercio sexual contra niños y adultos, incluyendo… proxenetismo y prostitución. La legislación permitiría también a las autoridades federales eliminar anuncios…

Lo que estos megalomaníacos buscan es nada menos que poder eliminar cualquier anuncio de escort y procesar al sitio web que lo aloje; incluso los sitios web de fuera de los EE.UU. podrían ser atacados, como se describe arriba. Probablemente hay poco riesgo de que se apruebe una ley del tipo de “quemar la casa para asar el cerdo”, o de que supere un recurso, si llegare a ocurrir; los jueces de EE.UU. han demostrado repetidamente que son más inteligentes que los políticos, echando abajo tales leyes cada vez que lo han intentado. Pero el hecho de que sigan intentándolo es una muestra de su odio y su desdén por las mujeres que desean asfixiar en nombre de “proteger” nuestros sagrados cuerpos de la “violación” del sexo consensuado.

Feministas y conservadores religiosos en extraña alianza contra el sexo transaccional

Opinión: el derecho a decir “no” es importante, y también el derecho a decir “sí”

 

Por Fionola Meredith

29 de diciembre de 2013

http://www.irishtimes.com/news/social-affairs/feminists-and-religious-conservatives-in-strange-alliance-over-transactional-sex-1.1638669

 

Las feministas y los fundamentalistas religiosos no deberían mezclarse. Si encuentran una causa común, es a menudo una señal de que la moral unidimensional o el fanatismo ideológico —rígida adhesión, alimentada por una emoción exacerbada, a mensajes y creencias absolutistas— se han vuelto más importantes de lo que son para la gente real en el mundo real.

Consideremos la planeada introducción de nuevas leyes que penalicen la compra de sexo en Irlanda, norte y sur. En el norte, la Human Trafficking and Exploitation Bill, propuesta por el miembro del Partido Unionista Democrático y acérrimo Presbiteriano Libre Lord Morrow, está ahora en fase de comisión en Stormont. Esta ley, que hará ilegal comprar sexo, fusiona de hecho a las trabajadoras sexuales con las víctimas de trata de seres humanos, tratándolas no como dos categorías distintas y ocasionalmente superpuestas de personas, sino como un grupo homogéneo  de victimas oprimidas y afligidas. La aparentemente impensable noción de una mujer, o también un hombre, que decida hacer dinero mediante la venta de sexo está enteramente ausente. No obstante, esta ley ha recibido una entusiasta bienvenida por parte de muchas activistas pro derechos de la mujer, especiamente Women’s Aid, que justifica su postura con la afirmación de que “cualquiera que compre servicios sexuales está apoyando la esclavitud sexual y la degradación de los derechos humanos”. (No sabemos lo que las propias trabajadoras sexuales piensan de estas propuestas, ya que nadie, al parecer, se ha molestado en preguntarlas).

 

Libre elección

La situación en el sur es similar. En junio, el comité de Justicia Oireachtas respaldó la introducción de leyes contra los compradores de sexo. Esto fue considerado una victoria por Turn Off the Red Light, una organización antiprostitución dirigida fundamentalmente por Ruhama, un proyecto de dos de las órdenes religiosas asociadas con las lavanderías de las Magdalenas, y por el Immigrant Council, que fue fundado por una monja de una de estas órdenes y está dirigido ahora por una sedicente feminista radical. Aquí también, todo el discurso es acerca de explotación y daño, perjuicio y coacción: la noción de libre elección y autonomía personal es descartada como una imposibilidad. Parece que las prostitutas solo existen si son criaturas rotas y pasivas, destruidas por los horribles apetitos de los hombres, y deseosas de aceptar guía y socorro. Hay un énfasis repetido en “enviar mensajes”, tanto negativos como positivos: Turn Off the Red Light dice que “si una mujer está en venta, esto envía el mensaje de que potencialmente todas las mujeres están en venta”. Penalizar al cliente, por otra parte, “envía un claro mensaje” de que en la sociedad irlandesa “no es aceptable comprar a otra persona como una mercancía para la gratificación personal”.

Las feministas radicales y los conservadores religiosos (o una antinatural combinación de ambos) son capaces de llevar el peso en este tema porque ambos están guiados por su compartida repulsión hacia el sexo transaccional, considerado como un mal social, ya por ser un vicio moral o ya por ser una forma de solapada violencia contra las mujeres. Ambos grupos se centran por entero en el “mensaje” simbólico que desean enviar a la mayoría de la sociedad: que la prostitución es una abominación que debe ser eliminada y erradicada por el bien de todos. Y tanto unas como otros están voluntariamente ciegos a las consecuencias de su postura moralista sobre las mismas personas que dicen que quieren rescatar y proteger: las propias trabajadoras sexuales, algunas de las cuales, de forma bastante molesta, se niegan a permitir ser salvadas.

 

El error de la penalización

Las pruebas procedentes de todo el mundo muestran que penalizar a los clientes no acaba con la prostitución, ni siquiera reduce la demanda de forma sustancial. Pero, en cambio, hace daño a las trabajadoras sexuales, aumentando su riesgo de sufrir violencia, exponiéndolas a tensiones y problemas de salud, haciéndolas sentirse estigmatizadas y cazadas y completamente ninguneadas a la hora de tomar decisiones.

En los lugares donde la compra de sexo está fuera de la ley, son las personas que lo venden las que pagan el precio. En 2012, ONUSIDA, el programa de la ONU para el VIH/SIDA, declaró que “el enfoque de penalizar a los clientes se ha demostrado que repercute en las trabajadoras sexuales”, creando “un entorno de miedo y marginación”. ¿Qué importa esto cuando se ha dicho —y se ha consagrado en la ley— que la prostitución es moral e ideológicamente mala?

Nadie en su sano juicio condonaría los horrores de la trata con fines de explotación sexual, ni la coacción de cualquier clase, allí donde existam. Pero decir que cualquiera que venda sexo es una víctima es una falsedad patente; o peor, es una mentira culpable, al rehusar admitir la complicada realidad de la prostitución y —con toda la retórica de degradación y esclavitud— al negar a las mujeres y hombres que trabajan en la industria del sexo el poder de tomar decisiones sobre sí mismos, aunque sean decisiones desagradables. Cayendo en esta intromisión seudofilantrópica (“nosotros sabemos lo que es mejor para ti, debes ser salvada”) estos ideólogos, tanto seculares como religiosos, privan también a las trabajadoras sexuales de la segunda libertad más importante y ganada con esfuerzo tras el derecho a decir no: el derecho —si así lo deciden— a decir sí.

 

Irlanda: salvar en nombre de la pureza

 Irish

25 de agosto de 2013

http://rabble.ie/

La necesidad de “limpiar” Irlanda de trabajadoras sexuales y de la industria del sexo no es nueva. En los primeros años veinte del siglo pasado, la Legión de María, dirigida por Frank Duff, decidió cerrar el abominable Monto de Dublín. Con la reputación de ser el mayor barrio rojo de Europa, se ha estimado que hasta 1.600 mujeres y chicas trabajaban allí en cualquier momento dado. El Monto proveía para todos los gustos y grupos sociales; incluso se decía que el Rey Eduardo VII había perdido allí su virginidad. La zona tenía que desaparecer. Los guardianes morales de la sociedad irlandesa habían tomado la decisión de que no podía haber todas aquellas mujeres callejeras teniendo relaciones sexuales a cambio de dinero y, lo que era quizás peor, relaciones sexuales fuera del matrimonio. Al diablo con el hecho de que muchas de las mujeres que habían trabajado las calles terminarían en las Lavanderías de las Magdalenas o en la indigencia sin medios de subsistencia.El Monto no era de ninguna manera un paraíso utópico para las trabajadoras sexuales, pero dio a muchas mujeres el control sobre la forma de conseguir ingresos. Y no es que el control de las mujeres sobre sus propias vidas estuviera muy en boga en la época.

El otro eslabón de la cadena, las Lavanderías de las Magdalenas, fueron negocios gestionados por órdenes religiosas tales como las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad. Las Lavanderías podrían haber tenido la finalidad de asegurar que las mujeres que entraban en ellas hicieran penitencia y expiaran sus pecados, pero fueron también boyantes empresas financieras. Lograron lucrativos contratos de lavandería de las instituciones del Estado y de las empresas locales. Para las órdenes religiosas que controlaban las Lavanderías, las prisioneras que residían en ellas fueron no sólo “mujeres descarriadas”, sino también activos financieros. Aquellas zorras lascivas pudieron trabajar por su perdón y las buenas monjas pudieron limpiar Irlanda y hacer de paso algo más que unas pocas libras.

Noventa años más tarde, parecería que estas mujeres están todavía necesitadas de salvación y que Irlanda todavía necesita ser limpiada del trabajo sexual y, lo más importante, de las trabajadoras sexuales. Si bien algunas personas pueden considerar como algo desordenado la noción de pagar, o ser pagadx, por un polvo, eso no es en verdad una razón legítima para tratar de prohibirlo. Podemos estar todos de acuerdo en que la trata y el proxenetismo son cosas horribles, pero estos no están presentes en todos los aspectos del trabajo sexual irlandés. Sin embargo, ese es el argumento que usan constantemente los que hacen campaña por su abolición. Sí que hay personas víctimas de trata introducidas en Irlanda para hacer trabajo sexual, pero muchas de las que trabajan en el sector toman libremente la decisión de ofrecer sus servicios a cambio de dinero. Retratar a toda trabajadora sexual como oprimida víctima de trata no ayuda a nadie. Es un fácil cliché, del mismo modo que la mayor parte de los artículos acerca del tema publicados por los medios impresos serán inevitablemente acompañados  por la foto de archivo de una mujer con medias de malla, minifalda y tacones inclinándose sobre la ventanilla de un coche. Pero esto sirve a una finalidad que es caracterizar a este grupo ya estigmatizado como algo que no es. Como un grupo homogéneo. No todas las trabajadoras sexuales de Irlanda están explotadas por chulos o son yonkis desesperadas. ¿Qué mejor manera de erradicar la voz de un grupo marginado que deshumanizarlo por completo?

Esto puede chocar a algunos, podría incluso disgustar a otros, pero hay en Irlanda trabajadoras sexuales que son adultas y han decidido libremente hacer lo que están haciendo y tener relaciones sexuales por dinero y, sencillamente, vivir sus vidas.

Esto ciertamente disgusta a Ruhama, una organización con el dudoso origen de haber sido fundada como una “iniciativa conjunta de las Hermanas del Buen Pastor y las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad”, que, según su página web, tiene una “larga historia de implicación con mujeres marginadas, incluyendo aquellas implicadas en prostitución”. Esta “larga historia” serían las Lavanderías de las Magdalenas mencionadas más arriba. Ruhama, como parte de la coalición Turn Off the Red Light (Apaga la Luz Roja), ha sido una de las fuerzas dirigentes de la campaña de presión para introducir en Irlanda una ley antiprostitución al estilo sueco. El modelo sueco básicamente penaliza a los puteros, que son mayoritariamente clientes masculinos de trabajadoras sexuales mayoritariamente femeninas. Si eres de la opinión de que el trabajo sexual es… lo peor, y debe ser erradicado cueste lo que cueste, pues bien, pero el coste corre de cuenta de aquellas mujeres que trabajan en esa industria, no de cuenta de aquellos que pontifican sobre su moralidad.

Para Laura Lee, una escort nacida en Dublín, “el modelo sueco tiene varios graves efectos adversos. Empuja aún más el comercio a la clandestinidad —mayor penalización significa que necesitan apartarse más de las autoridades. Esto supone riesgos”. Para Laura, estos riesgos son exacerbados por la amenaza añadida de quedarse sin vivienda, ya que los caseros pueden ser perseguidos si sus pisos se usan para vender sexo. Para una mujer independiente que trabaje en su casa esto podría significar que un casero nervioso la eche de su casa y acabe con sus ingresos. La consecuencia de aprobar esta ley es que, para las mujeres implicadas, será más peligroso ganarse la vida, no menos.

En última instancia, organizaciones como Ruhama están reforzando el estigma que deben afrontar a diario las trabajadoras sexuales en Irlanda. Este estigma aisla y margina a las mujeres que trabajan aquí en la industria del sexo. Para Laura, trabajar en Irlanda significó que: “Tan pronto como se supo lo que estaba haciendo hubo gente insultándome a gritos por la calle. Fui un día a Dunnes y un chico se puso a seguirme diciendo ‘no sabía yo que vendían putas aquí. Me pregunto si dan dos por una’. Enseguida me dí cuenta de que en los clubs nocturnos la gente me evitaba. Es como si dijeran ‘la toleraremos, pero sólo en apariencia’”.

Según TORL, el trabajo sexual es malo. Pero ni siquiera se dignan llamarlo trabajo sexual. Por lo que a ellos respecta, son “mujeres prostituídas” y nunca “trabajo”. Y están muy preocupados por la trata. No tanto cuando las víctimas son jóvenes asiáticos que son introducidos bajo trata en Irlanda para sentarse en invernaderos como botánicos prisioneros; pero no están teniendo sexo así que eso no importa ¿verdad? Creen que todas las trabajadoras sexuales son víctimas de abuso y que Ruhama, y sólo Ruhama, puede ser considerada la legítima voz de las trabajadoras sexuales. Eso está muy alejado de lo que muchas trabajadoras sexuales de base os dirán. Están casi ausentes de cualquier debate público. No merece la pena escucharlas porque al fin y al cabo no son más que prostitutas y ¿qué van a saber ellas?

Para la mayor parte de los grupos que integran la coalición TORL, sus motivaciones son probablemente buenas. Si tienes delante de ti a una organización como Ruhama que te está vendiendo que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres y que la ley sueca ha sido muy eficaz para reducir la prostitución y la trata,  probablemente comprarás. Aparte del hecho de que el gobierno sueco admitió en su informe a ONUSIDA el año pasado que, de hecho, no tenía ni idea de cuánta prostitución había en Suecia, debido a que estaba muy oculta. Oh, y la policía sueca ha informado de que la trata ha crecido significativamente desde que se implantó esta ley particular ley .

El propósito de las Lavanderías de las Magdalenas fue controlar las vidas de las mujeres y ganar dinero, pero rescatar a las mujeres descarriadas de la Irlanda moderna viene a ser un poco lo mismo. Puede que nunca puedas estar seguro de cuáles son sus motivaciones, pero sí puedes especular sobre por qué algunas organizaciones están metidas en esto. Laura Lee dice a propósito de las motivaciones: “Su agenda parece no ser otra cosa que conseguir continuamente financiación. Financiación del Gobierno y sueldos. Les conviene presentar a la industria del sexo bajo un aspecto muy malo. La industria del rescate vale mucho dinero. Todos ellos dicen que somos víctimas de trata explotadas por chulos —incluso si estamos dando saltos diciendo que no”. Cuando las propias trabajadoras sexuales están contando las cosas de forma diferente que TORL, se puede plantear la molesta pregunta, “¿Quién puede saber mejor qué ellas qué es ser trabajadora sexual?”.

Y cuando se trata de cómo Ruhama lleva a cabo sus campañas, para ser honestos, muchas de las cosas que dice a los mediso son sencillamente inventadas. Como cuando dice que “tenemos una coalición de un millón de personas que nos apoyan”. Es una afirmación de dudosa veracidad considerando que la cifra de “un millón” se basa en el número de afiliados de los sindicatos que han apoyado públicamente a TORL. Sindicatos que no tienen precisamente la costumbre de hacer encuestas entre sus afiliados para ver cuántos de éstos apoyan realmente la iniciativa. Y se nos podría perdonar que nos preguntemos cúantos de este millón de personas han pagado por sexo en Irlanda.

TORL menciona continuamente la cifra de ochocientas mujeres que anuncian venta de sexo en internet en Irlanda en un momento dado. Cifra que es básicamente caída del cielo, o como ellas lo llaman, “a partir de búsquedas en sitios web de internet”. En algunos informes han mencionado que había hasta 468 mujeres anunciándose en Escort Ireland, pero nunca han mencionado de dónde viene la cifra de 800.¿Son las mismas mujeres que se anuncian en múltiples sitios o las mismas mujeres que tienen múltiples anuncios en Escort Ireland?  Por otra parte, han mantenido que el entramado legal sueco hace que haya menos prostitución en Suecia que en los países vecinos, cuando no hay una investigación creíble basada en pruebas que respalde esta afirmación.

Rachel, una escort rumana que trabaja en Dublín desde hace unos años cuestiona estas cifras y la ausencia de la propia voz de las trabajadoras sexuales en el debate. “Cuando tienes un dolor de cabeza vas al médico, pero el médico no dirá que la mayoría de las personas en Irlanda sufren de dolor de cabeza, pero lo que Ruhama dice de que la mayoría de las escorts de Irlanda están trabajando contra su voluntad se basa en aquellas con las que están trabajando… Todas las escorts se anuncian en Escort Ireland, así que no sé… Dicen que quieren luchar contra la trata de seres humanos, pero todas las escorts que yo conozco trabajan por su propia libre voluntad. Recuerdo la redada del año pasado, 200 pisos fueron registrados por la policía y no encontraron ni una sola escort que fuera víctima de trata o trabajara contra su voluntad”.

Pero a pesar de las buenas intenciones de aquellos que están realmente tras TORL, ello no quita para que el hecho de penalizar a los compradores haga las cosas más peligrosas para las trabajadoras sexuales. El miedo a las potenciales consecuencias de la penalización está muy claro para Rachel, “si los condones van a ser usados como prueba de que ha habido relaciones sexuales con el cliente (en el caso de que éste sea penalizado) las trabajadoras sexuales podrían dejar de usarlos. Las repercusiones de este tipo de miedo para la salud de las mujeres y sus clientes es obvia”.

La penalización hace que la industria se vuelva más clandestina y crea más chulos. Da también a la policía más control sobre las vidas de estas mujeres. Y eso significa que dos mujeres que, siendo ambas trabajadoras sexuales, compartan un apartamento por seguridad, podrían ser acusadas de posesión de burdel. Para ser una ley que supuestamente pretende proteger a las mujeres y hacer su vida más fácil, tiene más bien el tufo de las políticas contra la desviación de aquellos que vaciarón Monto hace noventa años. Está claro que hay que traer de vuelta a las Hermanas del Buen Pastor, Irlanda necesita ser salvada. No podéis tener inmundo, sucio, pecaminoso sexo por dinero. No, deberíais estar limpiando servicios por el salario mínimo. ¿Y si no podéis pagar la factura de la luz o dar de comer a vuestros hijos? Pues os aguantáis. Mejor que ser una puta y todo eso.

                    
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