Empoderamiento y hermandad: la labor comunitaria de las trabajadoras sexuales luego de un año de pandemia

Varias organizaciones comunitarias han creado , a través de la creatividad y la solidaridad, redes de apoyo para uno de los grupos más vulnerados y estigmatizados del Barrio Santa Fé. 

“El enemigo número uno de la puta es la policía y el Estado, que no cuida a nadie, menos a nosotras. Pero ha sido muy duro tener que reconocer que adicional tenemos un nuevo enemigo que son las otras mujeres, que nos han querido tachar de incorrectas y servidoras del patriarcado, cuando hacemos todo lo posible para hacer lo contrario. El prejuicio ha vuelto. A mi me parece que esto es un momento histórico porque ahora la trabajadora sexual se levanta, habla, resiste, se reconoce como tal y esto es nuevo, no pasaba antes, y nos hemos levantado contra el sistema, el patriarcado, iglesia, todo, pero nos toca volver a callarnos porque algunas mujeres nos quieren silenciar”

 

Por Luz Lancheros

12 de marzo de 2021

https://www.publimetro.co/co/bogota/2021/03/12/empoderamiento-y-hermandad-la-labor-comunitaria-de-las-trabajadoras-sexuales-luego-de-un-ano-de-pandemia.html

 

Uno de los sectores más vulnerables, estigmatizados y violentados por la pandemia ha sido el de las trabajadoras sexuales, que sin apoyos, han tenido que valerse por sí mismas, ayudarse entre ellas y de paso, y alzar su voz ante la estigmatización.

Cuando Alejandra Monocuco, mujer trans de 39 años y trabajadora sexual murió el año pasado debido a la negligencia de las autoridades sanitarias y distritales y luego estas mintieron sobre su deceso, una de estas redes fue la que se encargó de velar por justicia por su caso: la Red Comunitaria Trans, que con otros colectivos fundados por trabajadoras sexuales y feministas que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales, resignifican su posición ante la sociedad e incluso les han permitido expresar su posición política a través de proyectos comerciales y creativos, más aún en un periodo tan difícil.

De esta manera, ante la violencia y abandono social y estatal la Red creó un Fondo de Emergencia para las trabajadoras sexuales en el barrio Santa Fe (en el que entregaron mercados, se ayudó con arriendo y aparte, también se dieron kits de protección) , además de una Escuela Comunitaria -que permite a las integrantes de su red adquirir conocimiento en varios temas- y hasta un calendario de moda donde ellas pudieron expresar su punto de vista ante el mundo, además de colaborar con ollas comunitarias y apoyos para las personas en situación de vulnerabilidad de ese sector.

“Si éramos invisibilizadas antes de la pandemia, ahora mucho peor, porque nos ven como personas que no importan, como cuerpos matables. Hubo muchas personas en estado de vulneración terrible. A algunas las desalojaron, otras no tenían cómo darles de comer a sus hijos, denunciar se hacía más difícil, pero gracias a la campaña del fondo de emergencia para trabajadoras sexuales y la articulación con otras organizaciones feministas que no juzgan el trabajo sexual, salimos adelante”, le expresa Yoko Ruiz a PUBLIMETRO, co- fundadora de la Red Comunitaria Trans y trabajadora sexual, que lleva ocho años haciendo trabajo comunitario en el barrio y una de las impulsoras de la campaña que visibilizó lo que había hecho el Estado con Alejandra.

#JusticiaParaAlejandra pic.twitter.com/oZq0IUxGUU

— Red Comunitaria Trans (@redcomunitariat) June 4, 2020

“ El trabajo sexual para mí es una oportunidad laboral. Este lleva una década en que la Corte Suprema lo hizo ver como un trabajo digno y las putas son autónomas en su territorio y cuerpo. Y mientras se acaba la pandemia, debemos acompañar a las personas (incluso a las que tienen otras situaciones de vulnerabilidad) a nivel económico y de justicia, para seguir denunciando estas violencias”, añade.

Uno de los colectivos feministas que es su aliado es Putamente Poderosas, que creó su tienda de moda “La tienda del putas”, donde se pueden comprar piezas para apoyar a las trabajadoras sexuales en Bogotá y en Medellín. Con mercados, dinero y hasta la participación de empresas privadas, han querido no sólo apoyar, sino resignificar una palabra que sigue siendo tabú en la sociedad colombiana.

“ Esta violencia agudizada por la pandemia empezaría a reducirse si a una trabajadora sexual le dieran un marco digno de trabajo, pero mientras más escondamos y neguemos el tema, peor para ellas, porque el trabajo sexual hay en todo el mundo y jamás se va a acabar o abolir. Tenemos que aceptarlo, reconocerlo y nombrarlo. Hay todo tipo de personas y no se puede confundir trabajo sexual con trata y con prostitución, son temas diferentes. Los derechos no se debaten: se defienden y debemos ponernos en la voz de ellas. Nosotras ponemos el tema del trabajo sexual sobre la mesa y lo resignificamos y humanizamos , no lo romantizamos. Esto se trata de un intercambio de dinero por placer, con el cuerpo como herramienta. Y ante la problemática agravada por la pandemia, hacemos acciones concretas y simbólicas, porque son las que mueven y ponen a hablar a la ciudad y el país”; le explica a PUBLIMETRO Melissa Toro, directora de la organización. Esta y las organizaciones comunitarias de trabajadoras sexuales, se han organizado para hacer actividades comunitarias y manifestaciones artísticas y simbólicas. Otro colectivo aliado es Dos Latinas, plataforma de derechos humanos que, entre otros enfoques, piensa el vestir como acto político.

Por su parte, otras trabajadoras sexuales han creado colectivos e iniciativas comunitarias para apoyar a sus mismas compañeras. Este es el caso de Marciana*, que ahora es modelo webcam y que ha hecho varias ollas comunitarias y ha dado apoyos para comunidades vulnerables como los indígenas Emberá en Bogotá que tuvieron que alojarse en el Parque Tercer Milenio, entre otros.

Esto lo hace con la plataforma Fuego de Barrio y conoce muy bien la realidad de este trabajo: ella y su mejor amiga hicieron cerrar varios sitios de trata, por lo que sufrieron varios atentados. Su amiga murió como producto de ello, pero no pudo cegarse ante las problemáticas de su entorno: “Regresé para apoyar a mis compañeras y descubrí que no solo nosotras teníamos necesidades, sino que la calle tenía muchas dinámicas y factores. Empecé el trabajo comunitario con trabajadores informales y luego con habitantes de calle, disidencias sexuales, porque el barrio aglomera a todas las personas ignoradas e invisibilizadas por mucho tiempo. En estas ollas, que llevan año y medio, vemos un compartir constante y comunitario de la comunidad, donde se intercambian historias y vivencias. Esto ha creado fraternidad en los vecinos y ha hecho que la pandemia sea menos violenta”, explica.

La olla aquí ya está encendida? pic.twitter.com/yXLBrmqMmL

— ���������������� ��️‍�� (@MarcianaPunk) March 7, 2021

En estas actividades también ha participado Carolina Calle, trabajadora sexual desde hace 16 años y directora de la organización Calle 7 Colombia, que lleva 3 años legalizada. “Hemos marchado para que se hiciera algo mínimo, para que a algunas les dieran ayudas. Si bien hay políticas públicas para nosotras, en la Secretaría de la Mujer no han hecho nada y no les importa lo que nos pase. Por eso seguimos en la lucha, que está en las calles y en los sitios donde se ejerce el trabajo sexual”, expresa.

Arte y política ante el estigma

La moda y el arte son vehículos de expresión, entre muchos otros ,de las trabajadoras sexuales trans, que comienzan a tener conciencia de sí mismas y a empoderarse desde esta posición.

Esto también lo han podido encontrar en el espacio cultural “El Olimpo”, cuyo director creativo, Juan Sebastián Reyes, fue quien lideró el calendario de moda protagonizado por las mujeres de la Red Comunitaria Trans. “Llevo cuatro años en la zona, tres trabajando unido con la Red y creamos un espacio seguro donde las personas que ejercen la prostitución aprenden patronaje, confección, dirección de arte, etc. Tenemos un grupo de trabajo donde varias personas las guían en procesos creativos”, le expresa a PUBLIMETRO.

Las integrantes de la Red idearon los conceptos del calendario y se fue creando para cada foto un fashion film. “Queríamos sacarlas de la zona de confort y queremos también poner una posición política, no solo pararnos desde el discurso de la calle sino desde el arte de y la moda y decir estamos acá, este es un trabajo como cualquier otro y por la pandemia este está siendo afectado”, añade. El calendario muestra a cada una de las trabajadoras sexuales en conceptos editoriales y de moda que van más allá de los imaginarios estereotípicos.

“Queremos mostrar que somos guerreras y que tenemos una vida, sueños, metas. Que somos dueñas de la calle y que tienen que respetar nuestro trabajo. Que guerreamos día y noche y nos exponemos a muchas violencias. Para mí el trabajo sexual es una herramienta, pero acá en la calle vivimos de manera empoderadora, porque compartimos entre las mismas hermanas y nos ayudamos y sabemos lo que nos puede llegar a pasar. El trabajo sexual es un trabajo ,estamos en contra de la explotación, pero a muchas nos ha permitido ser independientes. Y con la red nos hemos sentido protegidas y también seguir con nuestros sueños y metas”, le cuenta a PUBLIMETRO Alexa TuFantasía, trabajadora sexual de 23 años y que lleva 5 en esta actividad y que participó en el Calendario Mujer Fatal 2021.

Alexa, como muchas, sabe también el estigma que enfrenta desde algunos sectores del feminismo . Y si bien no se desconoce la problemática mundial de una industria criminal como la trata de personas y la explotación sexual incluso en contextos de conflicto armado, entre otros, varias mujeres pertenecientes a estas redes ven en esta postura otra forma de violencia: “El enemigo número uno de la puta es la policía y el Estado, que no cuida a nadie, menos a nosotras. Pero ha sido muy duro tener que reconocer que adicional tenemos un nuevo enemigo que son las otras mujeres, que nos han querido tachar de incorrectas y servidoras del patriarcado, cuando hacemos todo lo posible para hacer lo contrario. El prejuicio ha vuelto. A mi me parece que esto es un momento histórico porque ahora la trabajadora sexual se levanta, habla, resiste, se reconoce como tal y esto es nuevo, no pasaba antes, y nos hemos levantado contra el sistema, el patriarcado, iglesia, todo, pero nos toca volver a callarnos porque algunas mujeres nos quieren silenciar”, le cuenta Marciana a PUBLIMETRO.

“ A la prostitución la empaquetan en la misma maleta con la trata de personas. Y a nosotras no nos interesa decir que la trata no existe, hay compañeras víctimas, al contrario buscamos espacios seguros para nosotras, pero nos enoja que cuando buscamos, hablamos, denunciamos o somos víctimas de feminicidio los minimizan porque son ‘riesgos laborales’, es a lo que nos tenemos que atener por ser lo que somos, es el nuevo te violan por usar falda. Es utópico soñar con la abolición, porque el Estado no da garantías de nada. Muchas acá en el barrio estamos a la espera de restituciones de tierras, por guerras, desplazamiento. Si el Estado no ha respondido por ello, menos nos va a cuidar. El trabajo sexual no se va a acabar y ellas piensan en esto como algo denigrante, pero hay que dejar los moralismos sobre los cuerpos y decisiones. Muchas acá somos conscientes de que nos gusta el trabajo, de que tenemos mejores sueldos que con nuestras profesiones, ¿Por qué ahora tenemos que ser juzgadas ,acalladas y minimizadas y por qué otra persona tiene que hablar por mi por lo que puedo y tengo derecho a decir?”, expresa.

“Hay muchas formas de ser, de representarse y existir. Una de esas es este espacio”, añade Yoko Ruíz. Llevo años acá, no he sido víctima de explotación y ya hay incluso modalidades virtuales de trabajo sexual. Acá acompañamos a las mujeres que están en este espacio y velamos para que haya justicia”, expresa. Y eso es lo que importa en un año en el que se ha demostrado que los más vulnerables han sido los silenciados y olvidados.

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Y ellas luchan para que esto no siga pasando, porque luego de un año de pandemia aprendieron que no dejarían que las violentaran otra vez, pero sobre todo, no dejarán que silencien una voz que tiene una agencia y una contundencia cada vez más fuertes.

*Nombre cambiado por petición de la fuente.

PIE DE PÁGINA

Las personas entrevistadas para este artículo se reconocen a sí mismas como trabajadoras sexuales (o feministas que apoyan este tipo de actividad) y abogan porque su actividad se reconozca como un trabajo regulado y dignificado.

Sin desconocer las implicaciones de una industria criminal (trata de personas) que en Colombia desde 2013 a 2020 dejó a 686 víctimas, de acuerdo con el Ministerio del Interior (son muchas más) , y sin desconocer a las víctimas de violencia sexual que ha dejado el conflicto armado (más de 26 mil) ,este artículo cubre solo una población de personas que se dedican a la prostitución de forma voluntaria y quienes han creado redes de apoyo en su devenir cotidiano.

Muchas mujeres víctimas de trata son invisibilizadas bajo esta terminología y varias organizaciones y activistas desde varios ámbitos han luchado contra la las instituciones estatales para lograr su rescate y reivindicación, sobre todo, cuando estas prácticas se hacen bajo figuras jurídicas y la ineficiencia del Estado para tener protocolos adecuados de rescate e identificación de víctimas. Según el reporte 2020 Trafficking In Persons Report, para 2019 hubo 106 víctimas de trata de personas y el 80% de la población casos de trata sexual eran mujeres y niñas en condiciones vulnerables.

Por su parte, PUBLIMETRO trató de contactarse con grupos y figuras abolicionistas y no recibió respuesta al respecto, o la solicitud de entrevista fue declinada.

El desafío de Yvette Luhrs, la prostituta “por amor a la sexualidad” que quiere ser diputada en Holanda

Se presenta por el partido BIJ1 que podría entrar en el Parlamento holandés en las elecciones del próximo 17 de marzo, según las encuesntas. Luhrs promueve la “descriminalización y no la legalización” de la prostitución.

“Para ella, la prostitución es ‘una manera de vivir, de obtener dinero, de llevar un plato de comida a la mesa, de sobrevivir, y si estás contra eso, eres antifeminista’”

 

MagasIN | Agencias

12 de marzo de 2021

https://www.elespanol.com/mujer/actualidad/20210312/desafio-yvette-luhrs-prostituta-sexualidad-diputada-holanda/565444183_0.html

 

Yvette Luhrs, la prostituta que ser presenta a las elecciones en Holanda. Twitter

 

“Habrá quién se extrañe de que una prostituta se postule a diputada”, dice a la neerlandesa Yvette Luhrs, de 36 años, que dice que se prostituye por amor a “la sexualidad” y se presenta a las elecciones en Países Bajos en busca de un escaño desde el que defender los derechos de las “trabajadoras sexuales”.

“Tengo muchas opciones para ganarme la vida, pero me gusta el hecho de poder usar mis conocimientos intelectuales y mi cuerpo para ganar dinero“, sentencia, después de relatar su paso por la Universidad de Ámsterdam para especializarse en “estudios de medios y pornográficos”, atraída por su interés en “la sexualidad” como tema.

Empezó siendo actriz porno y después probó espectáculos de webcam en internet, hasta que el año pasado pasó a la prostitución en el Barrio Rojo, ejerciendo en clubes, en los ventanales y como “escort”, “viendo diferentes trabajos en la industria” sexual y dándose cuenta de que el distrito de Ámsterdam ofrece “un lugar seguro para trabajar de forma independiente y con cohesión social”.

En una entrevista con Efe en su casa de un pueblo del municipio de Ámsterdam, consideró “muy poco feminista decirles a las mujeres que no están en su sano juicio porque deciden ciertas cosas”, como ejercer la prostitución, una idea que quiere defender desde el Parlamento de La Haya si sale elegida en las elecciones que celebra Países Bajos el próximo 17 de marzo, de las que también saldrá la nueva composición del gobierno.

Su decisión de dar el paso a la política empezó con la pandemia, después de que se prohibiera ejercer la prostitución, al ser considerada una “profesión de contacto” arriesgada para los contagios con el coronavirus, pero al mismo tiempo, las “trabajadoras sexuales” tampoco tenían acceso a ayudas del Gobierno al no ser autónomas, ni tener contrato.

“El trabajo sexual está en medio de las dos opciones, y por eso nuestro gobierno decidió que no iba a dar ninguna ayuda financiera, lo cual es extraño porque las trabajadoras sexuales pagan sus impuestos y la seguridad social. Mi comunidad ha sufrido”, asegura, sobre todos sus “compañeros”, incluidas personas LGTBI que se dedican a la prostitución.

Todos ellos organizaron durante el último año protestas y escribieron cartas al Ejecutivo de La Haya, solicitando que se les permita volver a ejercer o se les incluya en los esquemas de ayudas sociales, pero no han recibido “ninguna respuesta, ni hubo ningún cambio”.

Esto llevó a esta neerlandesa a sumarse a BIJ1, que podría irrumpir por primera vez en el Parlamento neerlandés, según las encuestas, siendo el “primer partido “de Europa fundado por una mujer negra”, la presentadora Sylvana Simons, para luchar contra el racismo y la discriminación, y ahora también “combatir los estigmas que rodean” la prostitución y “luchar por los derechos de las trabajadoras sexuales” en Países Bajos.

“Da igual lo que hagas como ciudadano, las grandes decisiones se toman en La Haya y ahí es donde tenemos que estar”, subrayó Luhrs, que lamentó que, durante las últimas dos décadas, las prostitutas neerlandesas han perdido “más de la mitad de su espacio legal de trabajo” debido a la reducción de licencias a los burdeles y clubes.

Reconoce que “el trabajo sexual es un tema un poco difícil para la gente, también para los municipios, por lo que hay muchas reglas falsas, como si se puede o no trabajar desde casa, se debe o no tener una licencia, se puede o no obtener una (…) lo que hace difícil a las trabajadoras sexuales ser sus propias empleadoras” y que acaben dependiendo de los burdeles.

BIJ1 defiende la despenalización del trabajo sexual, sentar a la mesa a las trabajadoras sexuales a la hora de debatir una nueva ley, y darles la posibilidad de trabajar de forma independiente”, subraya.

Para ella, la prostitución es “una manera de vivir, de obtener dinero, de llevar un plato de comida a la mesa, de sobrevivir, y si estás contra eso, eres antifeminista”, asegura, añadiendo que “vivimos en una sociedad capitalista y eso hace daño a mucha gente”, refiriéndose a abusos laborales que ocurren en otras profesiones.

“Es una de las vías que la gente tiene para sobrevivir y no puedes decir que el trabajo sexual está mal solo por estar hablando desde un punto de vista feminista. Creo que está mal que la gente tenga pocas oportunidades laborales, que viva en la pobreza porque sus gobiernos no los cuidan por igual, que haya gente haciendo su trabajo bajo el abuso de sus jefes o clientes. El trabajo sexual, como trabajo, es solo un empleo más”, considera.

Promueve la “descriminalización y no la legalización” porque normaliza la prostitución y permite a quienes la ejerzan “ir, de forma abierta y libre, a la policía cuando algo va mal, o al médico cuando necesiten cuidados”, aunque reconoce que no hay ninguna política legal que se ha demostrado eficaz en la prevención de la trata, pero “luchar contra el estigma ayuda”.

 

No es la Ley trans, es la lucha por el control del feminismo

¿Por qué un sector del feminismo vinculado al PSOE ha emprendido una guerra contra la Ley trans con argumentos propios de la ultraderecha?

 

Por Raúl Solís

4 de febrero de 2021

https://www.huffingtonpost.es/entry/no-es-la-ley-trans-es-la-lucha-por-el-control-del-feminismo_es_601bf1e6c5b6c0af54d14d87

 

En 2014 Andalucía se convirtió en la primera comunidad autónoma de España en aprobar una Ley trans que contemplaba la autodeterminación del género. Se ponía así fin al tutelaje psiquiátrico y médico de las personas trans que las obliga a tener que presentar un certificado de que no son enfermas mentales para poder acceder a tener un DNI acorde a su identidad sexual o de género. La ley andaluza salió aprobada por unanimidad de todos los grupos políticos que en ese momento tenían representación en el Parlamento andaluz: PSOE, PP e IU.

“El Parlamento andaluz da hoy a luz una ley muy esperada, reconocida, tramitada en tiempo récord, con una palabra inexplorada en estos tiempos, unanimidad. Hemos conseguido el mejor texto que este colectivo se merece”, decía en la tribuna de la soberanía del pueblo andaluz la diputada socialista Soledad Pérez, ponente junto con Alba Doblas (IU) de la ley de transexualidad que se aprobó en 2014, a su vez inspirada en la ley argentina de 2011.

Gracias a la Ley trans de Andalucía y dentro del ámbito competencia de la comunidad autónoma, las personas trans han podido cambiar su tarjeta sanitaria o universitaria y la Junta puso en marcha un protocolo pionero en las escuelas, universidades e institutos que ha garantizado el respeto a las infancias trans y evitado mucho sufrimiento, mucha discriminación y muchos suicidios, a la vez que ha educado a toda la comunidad educativa en el respeto a la diversidad. Con que sólo la familia de un menor informe a un centro educativo de que su hijo o hija es trans y notifique el cambio de nombre, la ley obliga a cambiar el nombre en los listados de clase y en el boletín de notas y permite al menor usar los baños y vestuarios deportivos acordes a su género.

Después de Andalucía han venido doce comunidades autónomas más a incluir la autodeterminación del género en sus legislaciones: Comunidad Valenciana, Madrid, Extremadura, Murcia, Navarra, Aragón, Baleares, País Vasco, Canarias, Cantabria, Cataluña y La Rioja –esta última en trámite parlamentario en estos momentos–. Salvo Galicia, Asturias, Castilla y León y Castilla-La Mancha, todas las CCAA cuentan con legislaciones que contemplan la autodeterminación del género. En todas estas comunidades las leyes han salido adelante con la participación activa, cuando no con el impulso, del PSOE. La última comunidad donde se ha aprobado ha sido Cantabria, donde Podemos no tiene representación en su parlamento autonómico.

Es más, desde el año 2006, por orden de la exdirectora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, las personas trans pueden elegir, en el momento de su ingreso, el módulo en el que van a querer cumplir condena. No se conoce ni un solo caso de mujer trans que haya violado a mujeres no trans en centros penitenciarios. Ni un solo caso de niñas o universitarias trans que hayan usado los baños o vestuarios deportivos para abusar de sus compañeras valiéndose del derecho que le otorgan las leyes autonómicas. Entonces, ¿por qué un sector del feminismo vinculado al PSOE ha emprendido una guerra contra la Ley trans con argumentos propios de la ultraderecha que afirman que esta normativa borra a las mujeres y las pone en peligro de “futuros violadores vestidos de mujeres?”.


Un viejo feminismo institucional y académico se enfrenta al nuevo feminismo popular e interseccional.


La autodeterminación del género está reconocida por el PSOE en su último congreso federal, donde se aprobó la idoneidad de reformar la ley de rectificación registral de 2007 que, aunque en su momento fue un avance importante, ya no sirve porque somete a un proceso psiquiátrico y obliga a las personas trans a un ‘vaciado’ de sus órganos reproductores para obtener el DNI. La alternativa es un pleito judicial costoso y largo que no todo el mundo puede costear ni está dispuesto a esperar para que un juez le diga quién es después de pasar por un peritaje forense y proceso de años. ¿Se imaginan que a los gais, lesbianas o bisexuales nos dijeran desde fuera cuál es nuestra orientación sexual porque de partida fuéramos tratados como enfermos mentales? Esto es lo que se hace actualmente con las personas trans y es intolerable en un Estado democrático, social y de derecho.

Este consenso a favor de la Ley trans –con autodeterminación del género– no se rompe en mayo de 2017, cuando se registra en el Congreso la Ley LGTBI impulsada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) que contempla la autodeterminación del género. Ni en febrero de 2018, cuando se registra la ley integral de transexualidad, inspirada en la ley andaluza de 2014, promovida por la Plataforma Trans. Ni una sola crítica del movimiento feminista y, mucho menos, del PSOE a ninguna de las dos leyes en el momento de su registro. Tampoco críticas mediáticas, al contrario. Se dedicaron piezas monográficas sobre que España se podía convertir en el país más progresista de Europa en el respeto y reconocimiento a las personas trans.

Sin embargo, en 2018 tiene lugar un fenómeno que lo cambia todo. El 8-M de 2018 se convierte en el año del estallido del feminismo popular, una especie de 15-M del feminismo donde, por primera vez, ni el PSOE ni sus asociaciones  satélites son hegemónicas. Una nueva generación ha ensombrecido a las feministas históricas y, en lugar de responder con alegría y generosidad porque ahora son más mujeres para defender la igualdad, las feministas vinculadas al PSOE reaccionan de forma furibunda en clave identitaria. La diputada socialista Ángeles Álvarez hace filibusterismo parlamentario para boicotear la tramitación en el Congreso de la ley registrada en 2017. La Ley trans de 2018 ni siquiera llega a la Mesa del Congreso porque el PSOE la paraliza por orden de Ángeles Álvarez, hoy una de las portavoces más ilustres del feminismo transfóbico.

En 2019 el 8-M vuelve a ser masivo, pero el 25-N de ese mismo año, Día Internacional contra la Violencia de Género, se producen divisiones de las manifestaciones y manifiestos. El feminismo se balcaniza. Por un lado, las asociaciones vinculadas al PSOE introducen disensos en los manifiestos, como la abolición de la prostitución, para romper la unidad; por otro, las organizaciones feministas más jóvenes, politizadas alrededor del 15-M y del 8-M de 2018.

Un viejo feminismo institucional y académico se enfrenta al nuevo feminismo popular e interseccional que, además de reconocimiento, defiende redistribución de la riqueza y aboga por un feminismo transversal para cambiarlo todo, que beneficie a todas las mujeres, y que el feminismo no funcione únicamente como un lobby para los objetivos de las mujeres con poder. En verano de 2019 llega una nueva edición de la Escuela Rosario Acuña de Gijón, dirigido por la filósofa feminista y militante del PSOE Amelia Valcárcel, que lo recordarán porque se hizo viral un vídeo con risas, comentarios jocosos e insultos transfóbicos que a su vez saltó a los medios de comunicación generalistas. La Escuela Rosario Acuña no es una jornada feminista más, es el encuentro anual más importante que, desde 2003, tiene el feminismo vinculado al PSOE y donde se dan debates que luego ocuparán la agenda feminista en los próximos años. Es el gran think tank del feminismo español y en 2019 se convierte en el think tank de un feminismo genitalista que afirma que las mujeres trans no son sujetos del feminismo “porque son tíos”.

En la Escuela Rosario Acuña de 2019 se decidió que la agenda feminista del PSOE de los próximos años tenía que girar en torno a la oposición a la Ley trans que PSOE y Unidas Podemos llevaban en sus respectivos programas electorales y que se incluyó en el documento por el cual se firmó el acuerdo de coalición. Todo en base a un supuesto borrado de las mujeres que no ocurría, sorpresivamente, cuando las leyes trans se aprobaron por el PSOE en los parlamentos autonómicos. Las feministas del PSOE se divorcian de la línea del partido porque piensan que Pedro Sánchez les ha fallado por darle el Ministerio de Igualdad a Unidas Podemos y dejar fuera de las políticas feministas a las socialistas que creen ser las dueñas del movimiento. El monstruo ya no se puede parar y acaba incluso por crear un serio problema interno que divide al PSOE en dos mitades.


En el fondo está el interés por hacer caer a la ministra de Igualdad, a la que consideran una okupa del feminismo.


Luego viene la creación de la Plataforma contra el Borrado de las Mujeres que promueven Alicia Miyares, exjefa de gabinete de Amelia Valcárcel en el Gobierno asturiano y exasesora de María Teresa Fernández de la Vega en la Vicepresidencia del Gobierno de España, y Ángeles Álvarez, exdiputada del PSOE que es sacada de las listas por Madrid tras apoyar el golpe de Estado contra Pedro Sánchez y votar la investidura de Mariano Rajoy en el Congreso. Después de esta plataforma vienen cientos de artículos, conferencias, tertulias, jornadas universitarias, bulos y tuits de claro contenido transfóbico donde se niega que las personas trans tengan derecho a decidir quiénes son.

Y ya como colofón, llega el 8-M de 2020. Las feministas del PSOE marchan por su cuenta, llegan a las manos con la comisión organizadora de la manifestación de Madrid, rompen el cordón de seguridad y se lían a tortazos por situarse en cabeza durante la lectura del manifiesto. Para poner la guinda al pastel, y por si a alguien le queda duda, en junio de 2020 se hace público un argumentario transfóbico firmado por Carmen Calvo, y enviado a todas las agrupaciones del PSOE, en el que se les dice a los militantes socialistas que las personas trans son “ficciones jurídicas” y que se opongan a la autodeterminación del género porque borra a las mujeres.

Groso modo, esto es el resumen de lo que ha ocurrido en los últimos años hasta llegar al momento presente de guerra total entre las feministas vinculadas al PSOE, el Ministerio de Igualdad, el movimiento LGTBI y la mayoría del movimiento feminista que ha firmado un manifiesto con 11.000 firmas a favor de la Ley trans para diferenciarse de otros manifiestos contrarios a la ley que han promovido desde las organizaciones feministas que son satélites de los intereses de Carmen Calvo.

En el fondo está el interés por hacer caer a la ministra de Igualdad, a la que consideran una okupa del feminismo y una traidora a las políticas feministas del PSOE. Aún más en el fondo, lo que subyace en esta guerra es la lucha sin cuartel por el control del movimiento feminista con los argumentos, mentiras y retórica de la reacción habitual de la ultraderecha. Las asociaciones LGTBI, históricamente muy afines al PSOE, siguen sin dar crédito de que el partido que históricamente más ha apoyado las reivindicaciones de la diversidad sexual sea felicitado incluso por Vox por reproducir los mensajes de la organización ultraderechista Hazte Oír: “Los niños tienen pene y las niñas tienen vulvas”.

El PSOE se enfrenta a una ruptura emocional con el movimiento LGTBI que no perdonará que la Ley trans no se apruebe y que podría incluso acarrear como consecuencia la prohibición de que los socialistas desfilen en el próximo Orgullo LGTBI. Las feministas contrarias a la Ley trans, con argumentos tan peregrinos como que los hombres querrán ser mujeres para no ser condenados por violencia de género, tendrán que explicar muy bien su posición para que no parezca burda transfobia al servicio de la lucha por el control de un movimiento que ya no controlan y de un ministerio que está gobernado por una nueva generación de feministas porque el PSOE ya no saca mayorías absolutas. No es la Ley trans, sino la lucha encarnizada del PSOE por intentar controlar un movimiento feminista que se ha independizado de sus sedes.

 

Déjeme que le cuente algunas vidas trans, señora Carmen Calvo

 

Por Raúl Solís

Periodista, europeísta, andalucista, de Mérida, con clase y el hijo de La Lola. Independiente, que no imparcial.

6 de febrero de 2021

https://www.lavozdelsur.es/opinion/dejeme-cuente-algunas-vidas-trans-senora-carmen-calvo_255680_102.html

 

Carmen Calvo, en una imagen reciente. FOTO: PSOE

 

Me gustaría que lo que va a leer en adelante se lo hubiese escrito Soraya, una mujer trans de 70 años que vota al PSOE hasta cuando lo hace mal y que me encantaría que usted la conociese para entender que nunca eligió su género, jamás eligió lo que es, porque de haber podido elegir su vida hubiese sido mucho más fácil de lo que ha sido. Conocer a Soraya le ayudaría a entender que las teorías sin empatía son fanatismo y que el género no se elige, se manifiesta a muy temprana edad. Las personas trans, así como las personas que somos gais, lesbianas o bisexuales, lo único que decidimos desde que somos bien pequeñas es cómo intentar que no se note lo nuestro para evitar un destino lleno de piedras que supone nuestro camino a la libertad.

Soraya fue expulsada de su hogar familiar a los 13 años, con una paliza de por medio, porque un amigo de su padre le dijo a éste que la había visto con los ojos pintados por el centro de Sevilla. Pasó tres meses durmiendo debajo del puente de Triana por el pavor que le daba regresar a casa. A los 14 años, esta señora fue violada por un vecino y en un solo día llegó a ser detenida más de 20 veces sólo por andar con sus andares y mover las caderas a un ritmo prohibido por el franquismo.

En una de esas detenciones fue trasladada a la prisión a cumplir condena durante seis meses en aplicación de la ley de vagos y maleantes. Soraya no eligió las palizas que le pegó su padre, ni dormir durante tres meses debajo de un puente, ni que la violara un hombre a los 14 años. Mucho menos eligió pasar seis meses de los mejores años de su vida en una prisión inmunda ni soportar las torturas de un régimen que le pegaba palos pensando que así dejaría de ser mujer y se haría un hombre  hecho y derecho, que era la expresión machista que se usaba y se usa para corregir a las personas que se salen de las normas de género hegemónicas impuestas por el patriarcado.

Soraya ahora cobra un pensión no contributiva y vive en un apartamento de 25 metros cuadrados. Ha trabajado toda su vida, pero gran parte de ella ha sido en el espectáculo, haciendo reír y divirtiendo a una sociedad hipócrita que le aplaudía de noche y de día la encarcelaba. Vive sola, sola como la una, y aún hay miembros de su familia que la siguen llamando en masculino, cuando la llaman, a pesar de que es una mujer como usted. Está sola también porque en el amor ha tenido poca suerte. Los hombres la querían para el sexo, pero no para presentarla en sociedad porque ser trans era un motivo de vergüenza y deshonra para la masculinidad hegemónica. Me gustaría que este artículo lo hubiese escrito Soraya, pero no puede, Carmen, a los nueve años fue expulsada de la escuela por alterar la moral de la época.

Esta mujer, a la que yo quiero y admiro, no ha elegido casi nada en su vida. No ha elegido las hostias que le pegó la policía franquista, ni la pensión de miseria que cobra, ni haber sido una paria de la sociedad y un objeto sexual para los hombres que luego le negaban el amor. Soraya no eligió nunca ser mujer, lo es desde que tiene conciencia, a pesar de las palizas de su padre, de las hostias de la policía, del abandono familiar, de los trabajos de miseria, de los codazos y de la soledad que sufre a sus 70 años. ¿Usted se imagina que alguien en su sano juicio iba a elegir una vida tan amarga por puro capricho?

Este artículo se lo podría haber escrito también Silvia, otra mujer trans, canaria, que abandonó su isla en el año 73 y, a los seis meses de llegar a Barcelona, se encontró con la cárcel y la prostitución, de la que todavía no ha podido salir porque, a sus 68 años, se ve obligada a aceptar servicios para ir ganándose la vida y sortear la situación de extrema vulnerabilidad social que sufre. Nunca pudo recuperar la relación con sus padres, Carmen, y su vejez se avecina sola, pobre y con secuelas en todo su cuerpo de tratamientos médicos clandestinos y procesos de autohormonación sin control alguno. Silvia se intentó matricular en la Universidad de la Laguna para estudiar Medicina pero no pudo ser: “O te vistes como un hombre o no serás admitida”, le dijeron el día que quiso matricularse. Rechazó disfrazarse de hombre porque no podía elegir ser lo que no era, Carmen.

Dirá que me remonto a muy atrás y que la situación de las personas trans en España ha cambiado mucho. Le diré que lleva razón, pero aún hay casos de maltrato hacia las personas trans que estremecen y no se cuentan. Este artículo se lo podría también  haber escrito Oscar, un joven trans de 25 años de Jerez de la Frontera, que a los 19 años tuvo que huir de su casa. Su padre lo encerró con llaves en su habitación porque no toleraba que hubiese comenzado su transición. Hoy este chico vive en Madrid, laboralmente navega en la precariedad más absoluta y no cuenta con el apoyo de su familia. ¿De verdad piensa que este chico ha elegido el abandono familiar, la pobreza y el desarraigo como forma de vida?

En Córdoba vive una chica trans de unos 20 años, Carmen, que me gustaría que la conociese en una de las veces que baje a su tierra. Esta chica ha contado con el apoyo de su familia desde que tiene 16 años. Hoy está estudiando y su futuro no será en nada parecido al de Soraya, Silvia u Óscar. Alma, que así se llama la chica cordobesa, ha tenido la suerte de tener unos padres que la han apoyado, pero hay miles de personas trans que no tienen esa suerte y sus vidas son una continua cuesta arriba. ¿De verdad cree que una persona trans elige la exclusión laboral, que no le alquilen un piso, la expulsen de bares o discotecas, la echen de vestuarios y baños públicos o recibir insultos, humillaciones y palizas sólo por poner un pie en la calle?

Imagínese qué ha sentido estos días Soraya, Silvia, Oscar o Alma al escucharle decir que han elegido su género, ser lo que son, y que todo lo que les ha pasado en la vida, poco más o menos, se debe a una decisión caprichosa que lo único que persigue es borrar a las mujeres, cargarse el movimiento feminista y querer acabar con la leyes de igualdad y de violencia de género. No dudo que sepa teoría feminista, señora Calvo, pero estaría bien que entendiera que la vida real tiene muchas más aristas que las teorías y que imponer teorías como si fueran moldes de hormigón es un ejercicio de ausencia absoluta de empatía que está más cerca de los regímenes totalitarios que de un Estado democrático.

Aprobar la ley trans es una urgencia porque bien sabe, tanto como jurista y como política con varios trienios en las instituciones, que las leyes sirven para educar a la población y esta ley servirá para lanzar un mensaje rotundo a la sociedad de que las vidas trans importan, que no son un chiste, ni un capricho, ni una performance y que se merecen un Estado que las acompañe y reconozca su identidad para que ser feliz no dependa de la suerte de nacer en una familia o en otra.

Seguramente sepa usted mucha teoría feminista, pero me temo que no conoce a ninguna persona trans, que no se ha sentado nunca delante de una de ellas y las ha mirado a los ojos, sin  medios de comunicación de por medio, para conocer sus recorridos vitales y el mucho sufrimiento que llevan en las mochilas desde que se presentan al mundo como lo que son. Sería interesante que lo hiciera a la mayor brevedad posible, señora vicepresidenta del Gobierno.

Las personas trans no son una teoría, son realidad y a usted, que es ministra, le pagamos por hacer política, por gestionar la realidad, y no para imponer sus dogmas teóricos a ninguna vida. Créame, las personas trans son un colectivo vulnerable, desde que manifiestan su identidad descienden a los sótanos de la sociedad y sus vidas están repletas de muros difíciles de saltar. No han elegido su género, lo único que han elegido en la vida es a esconderse de la violencia, del abandono familiar, de los insultos, de las humillaciones y de los codazos a su paso. Más empatía y menos teoría, señora Calvo.

 

La Asamblea y el Senado de Nueva York derogaron este martes una ley de 1976 contra la práctica de la prostitución en los espacios públicos

 

2 de febrero de 2021

https://www.lavanguardia.com/politica/20210202/6218460/nueva-york-da-paso-defensa-derechos-transexuales.html

 

Nueva York, 2 feb (EFE).- La Asamblea y el Senado de Nueva York derogaron este martes una ley de 1976 contra la práctica de la prostitución en los espacios públicos, pero que los agentes de la Policía de la ciudad han utilizado con asiduidad para detener a mujeres transexuales, especialmente negras y latinas, según han denunciado numerosos legisladores y ONG.

La ley, que popularmente se conoce como la prohibición de las mujeres trans a caminar, permitía a los agentes del orden arrestar y acosar a cualquier persona que supuestamente estuviera practicando la prostitución, sobre vagos preceptos que muchas veces se limitaban a su aspecto o forma de vestir.

“Este proyecto de ley es una victoria monumental para las mujeres transgénero negras y morenas en todo el estado y un paso fundamental para reducir la criminalización de las mujeres trans”, aseguró la ONG Make the Road Nueva York en un comunicado para celebrar la votación la derogación.

Una miembro trans de esta asociación, Mayra Colon, mostró su “desbordante alegría” por la decisión de las dos cámaras legislativas neoyorquinas, controladas por el Partido Demócrata, y contó que durante años ha sido acosada por la policía por pasear con su marido o por su manera de vestir.

“Cuando mi marido y yo salíamos de noche, siempre llevaba mi certificado de matrimonio. En caso de ser parados, podía demostrar a los agentes de policía que estábamos casados y evitar ser arrestada bajo la ley de merodear con el objetivo de prostituirse”, dijo Colon, que mostró su deseo de que el gobernador Andrew Cuomo, que ya ha expresado su apoyo a la iniciativa, la apruebe cuanto antes para que la ley entre en vigor.

La reforma fue propuesta por el senador estatal Brad Hoylman y la asambleísta Amy Paulin, a quienes se unieron numerosos políticos en señal de apoyo.

“El Senado de Nueva York ha aprobado la ley para derogar la prohibición de las mujeres trans a caminar, una norma desfasada que la policía usaba para arrestar y acosar a las mujeres transgénero. Esta es una enorme victoria para la lucha por la igualdad”, escribió Hoylman en su cuenta de Twitter.

El fin de esta norma, defendida por el opositor Partido Republicano, era una antigua reivindicación de los activistas por los derechos humanos y cobró renovadas fuerzas durante el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) surgido en mayo del año pasado tras el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de un policía.

El movimiento LGTBI de Nueva York secundó estas protestas uniéndose a las marchas y celebrando concentraciones paralelas, muchas de ellas encabezadas por activistas transexuales negros y latinos. EFE

 

 

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN DRAGA-ESPACIO FEMINISTA LGBTIQ

 

Asociación Draga Espacio Feminista – LGTBIQ

28 de enero de 2021 ·

https://www.facebook.com/DragaFeministaLGTBIQ/?hc_ref=ARQbKCBJH3r6v6Ssqe10UTdx9cw1xCCdrlrjra1ld5GsWPBGJlU_RvWiZhexB_dWJsM&fref=nf&__tn__=kC-R

 

 

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN DRAGA-ESPACIO FEMINISTA LGBTIQ* ANTE LAS GRAVES Y FALSAS ACUSACIONES QUE SE ESTÁN VERTIENDO A TRAVÉS DE DIFERENTES MEDIOS:

1. Draga es una asociación feminista que mantiene un largo recorrido de compromiso activo con la defensa de los derechos humanos. Desde hace años venimos condenando la trata de mujeres para explotación sexual, a la vez que defendemos los derechos de las trabajadoras sexuales y combatimos todas las expresiones de odio, discriminación, estigmatización, violencia, acallamiento, así como las políticas encaminadas a condenar a las trabajadoras sexuales a la marginalidad y estigmatización… Asimismo trabajamos contra la violencia machista llevando programas de prestigio educativo desde los centros escolares como el programa Por Los Buenos Tratos, que este año cumple 15 años.

2. En estos días hemos recibido acusaciones falsas y graves contra nuestra asociación, por organizar una conferencia dando voz a feministas y trabajadoras sexuales que defienden sus derechos. No es nuevo, ya que en los últimos años llevamos sufriendo acoso, difamaciones y presiones por parte de estos sectores cada vez que damos la palabra a las prostitutas para que sean ellas quienes en nombre propio hablen de su situación.

3. En este caso, se nos acusa falsamente de dar voz a personas y organizaciones que promueven la trata y la explotación. Lamentamos que haya voces que en nombre del feminismo dedican sus esfuerzos a lanzar campañas calumniosas y a confrontar con otras posturas feministas diferentes, en lugar de dedicar esos esfuerzos a exigir derechos para todas las mujeres, especialmente para las que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, como es el caso de las trabajadoras sexuales. Es evidente que desde Draga nunca daríamos voz a quienes favorecen o directamente están implicados en la trata de personas.

4. No vamos a permitir que se nos acuse de fomentar la violencia contra las mujeres por defender los derechos de las prostitutas. Lo suyo sería, por el contrario, que quienes se posicionan en el feminismo, se hicieran eco de los derechos de quienes están más estigmatizadas y discriminadas defendiendo los derechos que las prostitutas tienen en tanto que trabajadoras, derechos que mejorarían sin lugar a dudas sus condiciones laborales y de vida.

5. Denunciamos con rotundidad que este tipo de campañas, basadas en el punitivismo, la censura, la difamación y los fakes-news son estrategias propias de la extrema derecha, y nada tienen que ver con un movimiento que siempre se ha caracterizado por la defensa de los derechos de todas las mujeres. Rechazamos que desde un proyecto como el feminista, claramente defensor de los derechos humanos, se haga uso de estas estrategias contra aquellos actos que representan posiciones diferentes.

6. Este año contamos con la participación de Georgina Orellano, Secretaria general de AMMAR, organización creada en 1994, que aglutina a 5.000 mujeres, y está afiliada a la Central de Trabajadores Argentinos. AMMAR ha sido desde su creación víctima de constantes campañas de descrédito y desprestigio por parte de quienes quieren mantener a las trabajadoras sexuales en situaciones de vulnerabilidad y discriminación y eliminar cualquier instrumento de defensa de sus derechos fundamentales. Algunas de sus dirigentes han sido asesinadas por su activismo y compromiso, como es el caso de la activista Sandra Cabrera, dirigente de AMMAR en Rosario, de la que se acaban de cumplir 17 años de su asesinato. Reiteramos toda nuestra solidaridad y apoyo a las compañeras feministas y trabajadoras sexuales argentinas que día a día se dejan la piel por defender sus derechos.

7. Desde Draga Espacio Feminista – LGTBIQ* seguiremos dando voz a todas aquellas personas y colectivos que defiendan los derechos de las trabajadoras sexuales, y les invitamos a que las conozcan y las escuchen, sin duda merecerá la pena.

En Las Palmas de Gran Canaria a 28 de enero de 2021

 

Prostitución callejera bajo el influjo de la pandemia

Las trabajadoras sexuales del polígono de Villaverde Alto mantienen a sus clientes habituales, pero les han subido los precios

 

Por Julia F. Cadenas

Madrid – 24 de enero de 2021

https://elpais.com/espana/madrid/2021-01-23/prostitucion-callejera-bajo-el-influjo-de-la-pandemia.html

 

Juanita, 34 años, trabaja diariamente como prostituta en el polígono de Villaverde Alto desde hace cuatro años.David Expósito

 

Asunta se baja del autobús que la deja a solo unos metros de su trabajo, en la calle de San Cesario del polígono de Villaverde Alto. Se sienta en su silla de plástico rojo y cambia sus deportivas por unas botas negras de tacón alto que le cubren hasta la mitad de los muslos y que guarda en el bolso. El resto del uniforme de trabajo (minifalda de tela escolar, sudadera corta, ombligo al aire, carmín en los labios, azul en la mirada, dos estrellitas negras bajo las cejas y el pelo recogido en una corta cola de caballo) lo trae puesto de casa. Habla distraída, casi sin prestar atención a los pocos coches que pasan. Los conductores (siempre hombres, siempre solos, de mediana edad, casi todos españoles) reducen la velocidad invariablemente para echar un vistazo y decidir si parar o seguir buscando.

Cuando se quita el mono de trabajo, Asunta es Elvis. Un chico ecuatoriano de 32 años, de apariencia delicada y rostro agradable. Se levanta tarde, sale de fiesta con sus amigas los sábados, lleva a su madre a pasear cuando ella tiene unas horas libres y hace maratones de series en Netflix los domingos sin salir de las abrigadas mantas de su cama. Vive con una amiga en una calle con nombre de promesa: Amor hermoso; comparten un piso pequeño pero bendecido por un altar imposible formado por, al menos, 15 santos, decenas de velas, flores de plástico y un gran plato de gominolas. Elvis, vestido de Asunta, se santigua antes de salir de casa.

Durante la mayor parte del día, Asunta es Elvis. Un chico ecuatoriano de 32 años, de apariencia delicada y rostro agradable. Pero al llegar al polígono, cambia sus deportivas por unas botas negras de tacón alto que le cubren hasta la mitad de los muslos y que guarda en el bolso.David Expósito

En otra época, cuando no había pandemia, toques de queda ni medidas para prevenir contagios, las chicas de su calle sabían que la tarde iba a flojear si la veían parada en su silla. “Si Asunta no está trabajando es que no hay trabajo”, recuerda la propia Asunta ahora con una sonrisa. El coronavirus ha reducido la actividad del polígono del sur de Madrid, el mayor mercado del sexo de España, a tal extremo que pocas recuerdan una época peor. “Los sábados a las 6 de la mañana, por ejemplo, esto era un cocherío, yo sacaba más que en toda la semana; ahora solo vengo de lunes a viernes, unas horas por las tardes, porque no hay nadie”. Sobrevive gracias a sus clientes habituales, a los que cobra más caro porque les trata con más cariño y pasa más tiempo que con los nuevos. Asunta atiende a hombres de todas las edades y los acompaña en todas las etapas de su vida. “Algunos los conozco como solteros, casados y con hijos. Les digo ‘veo que ya tienes la sillita atrás, ¿ya eres papá?’, pasan su vida conmigo”.

Se mudó a España con 24 años, animado por su madre que trabaja en Madrid como auxiliar de enfermería en un centro geriátrico. “En Ecuador no pasé pobreza, estudiaba en la universidad la Licenciatura de Inglés, pero como me salió la visa, lo dejé para venirme aquí”, cuenta. A los pocos años de llegar, simplemente, ocurrió. Una noche, hace ahora seis años, Elvis se vistió de Asunta y eligió una calle de la sección latina del polígono, la misma donde aún sigue cobrando las tarifas consensuadas por todas las trabajadoras, aún vigentes: 10 euros el francés, 20 el completo.


“¿Opción? Aquí casi todas somos migrantes, mujeres y transexuales. De las pocas opciones que tenemos, hemos elegido la que nos parece menos jodida”, cuenta Antonella, una de las prostitutas del polígono


En la acera de enfrente hay tres sillas vacías. A los pocos minutos, llega una furgoneta negra. Una mujer alta, vestida con un abrigo de plumón largo que deja siempre abierto para mostrar un escote abismal de unos inmensos pechos de silicona sale de la parte de atrás. Impertérrita, ocupa una de las sillas. Es Antonella. Al rato, torciendo la esquina, aparece Marcela, vestido de licra corto y negro, más recatada. Ambas se conocen desde hace más de veinte años, cuando el foco de la prostitución estaba en Casa de Campo. Las dos comparten destino y pasado: ambas son mujeres transexuales de 40 años, independientes, actualmente sin pareja, envían remesas a Ecuador y aseguran que les gusta su trabajo (“Porque a nosotras no nos manda nadie, venimos y nos vamos cuando queremos”). Marcela se prostituye desde los 14 años, Antonella comenzó a hacerlo cuando llegó a España, hace 20. No les importa hablar de cifras, aseguran que antes de la pandemia ganaban hasta 2.000 euros al mes. “Ahora yo me hago 1.100 o 1.200, pero aún es mucho más de lo que ganaría en otros trabajos”, afirma Antonella.

El polígono de Villaverde luce desangelado. Muchos de los locales están abandonados y los solares vacíos los comparten drogadictos y prostitutas que lo utilizan para realizar su servicio cuando el cliente no quiere hacerlo en su coche. Son espacios decrépitos con montañas de escombros, colchones roídos, preservativos, pañuelos, restos de droga y deshechos de todo tipo.

Decadencia

A pesar de su decadencia, un singular orden marca el ritmo de trabajo en el amplio espacio del polígono industrial. Las trabajadoras sexuales se distribuyen de la misma manera y ocupan su silla en el mismo lugar desde hace décadas. De hecho, algunas aseguran su asiento con candados a cualquier verja cuando terminan su jornada. Es importante marcar el territorio para que las encuentren sus clientes habituales, que también son los mismos desde hace años.

En el polígono hay un acuerdo de distribución tácito e implícito que todas respetan y está determinado por la nacionalidad, la identidad de género y el grado de adicción a las drogas. El rectángulo que limita la calle de la Acebeda hasta la avenida Real de Pinto es zona de mujeres cisgénero (personas que se identifican con sus genitales de nacimiento), rumanas en su mayoría que, cuando pueden permitírselo, viven en las habitaciones de un apartahotel a pocos metros de su zona de trabajo, en el mismo polígono. Las calles que cruzan la avenida hasta la de San Eustaquio es territorio de mujeres transgénero, la mayoría ecuatorianas. Y, por último, la parte más deprimida que colinda con el barrio de San Cristóbal es la zona de compra-venta de drogas.

La distribución, no obstante, es flexible y permite que mujeres trans como Juanita trabajen en territorio rumano. “Me siento bien aquí, no me gusta trabajar entre transexuales, me gusta estar con mujeres, si me aburro me voy a conversar con ellas, son mis amigas, entre nosotras nos protegemos, cuando tienen me dan, cuando yo tengo, les doy”, explica.

Un colchón y unas sábanas en un contenedor industrial donde algunas prostitutas realizan sus servicios.David Expósito

Juanita es peruana y tiene 34 años, un pelo lacio larguísimo del que se siente muy orgullosa, sombra negra coloreando sus párpados a modo felino y pechos enormes implantados sobre un cuerpo masculino cuya camiseta no se acerca ni a ocultar los pezones. Ella no usa silla, está protegida por una cruz religiosa marcada sobre la corteza del tronco del árbol donde se apoya desde hace cuatro años, pocas horas después de bajarse del avión que la trajo de Perú. El croquis lo marcó su novio, “la cruz de la muerte” para que nadie se atreva a molestarla.

Juanita es una de las pocas prostitutas que desafió el confinamiento estricto decretado para los meses de marzo y abril. Siguió parándose tras su árbol marcado y, contra todo pronóstico, ganó lo suficiente para sobrevivir un día más. Había pocos clientes, pero había. Trabajó hasta que la policía la devolvió a su casa bajo amenaza de multa si volvía a verla plantada allí. Sin dinero, sin papeles y “con problemas con la policía”, no pudo solicitar ninguna ayuda y se quedó en la calle. Comenzó así su pequeño peregrinaje junto a otras personas que se encuentran en una situación similar a la suya (migrantes, sin papeles, sin trabajo). Primero dormían en una plaza en medio del casco antiguo de Villaverde Alto, luego se trasladaron a una isleta entre carreteras de entrada al barrio y, tras las quejas de los vecinos por el humo de la hoguera que encienden para cocinar, han acabado instalando sus seis chabolas a pocos metros de allí, en un descampado junto a las vías del tren.

Juanita convive con siete hombres de diferentes nacionalidades que no superan los 35 años en un campamento perfectamente visible desde la calle que une el polígono con las primeras casas del barrio. Juanita levanta los brazos, sonríe y saluda divertida a los vecinos que se paran a mirar. Sus compañeros, cuando no están trabajando en alguna obra o haciendo mudanzas, piden dinero en la puerta de los supermercados. La única que se prostituye es ella. “Yo no tengo un horario, lo que tengo es hambre, y entonces vengo aquí. Cuando consigo 10 euros, voy al Día y me compro un zumo de melocotón de dos litros, dos piernas de pollo, una botella de aceite, cebolla, tomate y huevos, y cocino el caldito a mis paisanos”. Ese es el punto de reunión del campamento, la hoguera sobre la que cuecen los caldos de Juanita que, tras terminar el potaje, vuelve a su árbol de vuelta al trabajo.

Justo al lado del habitual de Juanita está María. Sin árbol y sin silla, ella espera en pie; hace frente al frío vendaval fumando un cigarrillo tras otro. Al contrario que el resto de trabajadoras apostadas en las calles aledañas, María no muestra un centímetro de escote, solo unas botas altas de tacón y una minifalda negra podrían delatarla. Llegó a España desde Rumanía hace seis años, cuando se separó de su marido. Tenía 23 años y una hija de cuatro. Alguna amiga le habló del buen dinero que se podía ganar en el polígono y, sobre todo, que era rápido. Nunca antes se había prostituido. “Todo es empezar, no soy una persona que se le caigan los anillos, tengo una hija y necesitaba dinero pronto”. Al cabo de dos años consiguió trabajo en un hotel restaurante y se marchó del polígono. Trabajaba día y noche, ganaba bien y se pudo mudar con su hija a una casa solo para ellas. Fue una buena época, tan buena que no previno el duro golpe que le propinó el virus. La sacudida la dejó sin trabajo en marzo y la obligó a volver a la misma esquina que había dejado pensando que no volvería jamás.

Algunas tardes —noche cerrada con el horario de invierno—, aparece Fernanda, 45 años, rizos rubios, bien abrigada, cargada de arepas, café y maicena caliente. “Como no hay trabajo me tengo que ganar la vida de otra manera”, sonríe. Ha encontrado un trabajo temporal en una empresa subcontratada de limpieza de oficinas. Tiene una hija menor de edad que depende de ella, así que también vende meriendas caseras a las prostitutas que siguen soportando las largas esperas. “Si veo que la cosa está mala, me pongo los tacos y me paro otra vez; mis clientes habituales son todos mayores, población de riesgo que tienen miedo, a mí no me va muy bien”, aclara.

Antonella relata el escenario en el que ahora se encuentra: “Si la ley mordaza [Ley de Seguridad Ciudadana] destruyó nuestro trabajo, el coronavirus ha traído la hecatombe”. Está enfadada y se siente defraudada por las ONG que, asegura: “todas blancas y estudiadas vienen al polígono para salvar a las pobrecitas putas”.

—¿Harías otro trabajo si tuvieras la opción?

—¿Opción? Aquí casi todas somos migrantes, mujeres y transexuales. De las pocas opciones que tenemos, hemos elegido la que nos parece menos jodida.

Juanita es peruana y tiene 34 años. Ella no usa silla, está protegida por una cruz religiosa marcada sobre la corteza del tronco del árbol donde se apoya desde hace cuatro años, pocas horas después de bajarse del avión que la trajo de Perú.David Expósito

El puritanismo sexual y sus distintas manifestaciones

 

El imperio de Des

25 de noviembre de 2018

https://elimperiodedes.wordpress.com/2018/11/25/el-puritanismo-sexual-y-sus-distintas-manifestaciones/

 

El puritanismo era originalmente un movimiento religioso surgido durante el siglo XVII en Inglaterra, con el fin de “purificar” la iglesia anglicana de las prácticas católicas que había heredado. Inspirado en el calvinismo, los puritanos creían en el trabajo físico como la única manera digna de crear riqueza, la vida austera y la abstención de todos los vicios que corrompían el cuerpo y alma. Después de un breve periodo en poder después de la guerra civil inglesa (1642-1646), la mayoría de los puritanos fueron apartados de la iglesia anglicana después de la Restauración en 1660, aunque continuaron ejerciendo influencia entre la plebe hasta bien entrado en el siglo XIX. La filosofía puritana jugó un papel fundamental en el invento del capitalismo y la idiosincracia de los pioneros estadounidenses.

A partir del siglo XX, la palabra “puritano” llegó a convertirse en adjetivo, refiriéndose al exceso de moralidad sexual, como la censura al desnudo, el repudio hacia el deseo carnal y la abstención sexual hasta el matrimonio. En España, el puritanismo está comúnmente asociado a la iglesia católica, que durante siglos había ejercido un control rígido sobre la moralidad privada de los ciudadanos. Desde el punto de vista histórica, es algo irónico considerando que los puritanos originales eran radicalmente anti-católicos.

A día de hoy, la sociedad occidental está cada vez más liberal y tolerante acerca de la moralidad sexual, aunque en el siglo XXI siguen habiendo colectivos que intentan criminalizar el coqueteo, condenar las prácticas sexuales no convencionales, legislar las actividades sexuales consentidas, separar los sexos o censurar el arte o literatura, y los proponentes no solo proceden de los grupos religiosos (sea católico, protestante o musulmán), sino de cualquier ideología o movimiento que lleva su doctrina al extremo. En este artículo voy a hablar de las distintas manifestaciones de puritanismo en la sociedad contemporánea.

El puritanismo conservador

Al menos en España y Europa, la mayor fuerza que defiende una moralidad sexual más rígida sigue siendo los conservadores, que incluyen a algunas ramas de la iglesia católica como Opus Dei, la iglesia evangelista, musulmanes practicantes y defensores de valores tradicionales. Muchos aún creen que el único propósito del sexo es procrearse, que el deseo carnal es pecado, y para no despertar este vicio humano, las mujeres deben taparse o los sexos deben mantenerse separados. Por supuesto, también van en contra de la homosexualidad, el aborto o la educación sexual en los colegios.

Con el cambio de valores entre las nuevas generaciones, los conservadores son cada vez menos en cuestión de números, pero muchos ocupan puestos claves en la política y el mundo empresarial, y proponen leyes para defender su ideología bajo el disfraz de otras justificaciones. El típico ejemplo es recurrir al rendimiento escolar para justificar la separación de sexos en la educación, o a la libertad de elección para no dar educación sexual.

El puritanismo marxista

En principio, el comunismo, como todas fuerzas de izquierda, iba en contra de la moralidad sexual de la burguesía, pero después de la revolución bolchevique en 1917, hubo un periodo de liberación sexual, durante que los rusos se volvieron tan promiscuos que nacieron muchos niños sin padre y se multiplicaron las denuncias por agresión sexual. Así que el partido comunista decidió imponer una nueva moralidad sexual, basada en la ideología igualitaria que hombres y mujeres sean camaradas de la revolución, que deben tratarse con amor fraternal de hermanos. El sexo solo se deben practicar con fines reproductivos para criar una nueva generación de trabajadores. Cualquier coqueteo o intento de marcar diferencias sexuales, como maquillarse, pintarse los labios, poner faldas cortas o ajustarse los pantalones, es repudiado como una práctica burgués y contrarrevolucionario.

Esta moralidad, que se inventó en la época estalinista, fue copiada a mayor o menor grado por todos los régimenes comunistas, como la China de Mao, el Cuba de Castro y la Cambodia de Pol Pot, donde hombres y mujeres fueron obligados a vestirse con el mismo uniforme de trabajador marcando mínimas diferencias. Por supuesto, la homosexualidad no solo fue repudiada, sino criminalizada.

El libro 1984 de George Orwell hace un buen resumen de este puritanismo de corte comunista.

El puritanismo feminista

Como el puritanismo conservador tiende a reprimir la sexualidad femenina, muchas feministas, como Victoria WoodhullEmma Goldman, lucharon a favor de levantar los tabúes sexuales y por la libertad de las mujeres a vivir su sexualidad en pleno, reivindicando hasta el amor libre. Sin embargo, a partir de los años 70, surgieron corrientes de feminismo que retratan a la sexualidad masculina como violenta por naturaleza y una amenaza para las mujeres, y que bajo la sociedad patriarcal, muchas mujeres hayan sido “lavado de cerebro” desde pequeña para desear complacer la sexualidad del hombre. Esas feministas, como las estadounidenses Andrea Dworkin, Susan Griffin o la española Ana de Miguel, tienden a oponer radicalmente la pornografía, la prostitución autónoma,  el BDSM consentido, o cualquier representación erótica del cuerpo femenino, incluso cuando lo ejercen de forma voluntaria. Algunas más radicales llegan a insinuar que maquillarse, depilarse, ponerse ropa sexy o cualquier gesto de coqueteo sean sinónimos a la sumisión al patriarcado, y que la separación de sexos sea la medida ideal para proteger las mujeres de la violencia sexual.

A día de hoy, aún se libran una batalla entre feministas liberales, que defienden la libertad de las mujeres de vivir su sexualidad del modo que quiera por lo tanto que sale de su propia voluntad, y feministas radicales, que tratan de definir un canon correcto de comportamiento sexual para ser buena feminista.

El puritanismo “género neutral”

En total, el colectivo LGBTIQ es el menos puritano de todo, porque casi todas las corrientes de puritanismo les persiguen. Sin embargo, durante los últimos años, cuando se ha abierto un debate público en países anglosajones sobre la identidad de género y el sexo biológico, una cierta corriente de puritanismo ha surgido entre algunos activistas más agresivos.

Como todas las sociedades humanas clasifican los individuos por el género binario de hombre/mujer, las personas no-binarias a menudo tienen dificultades de integrarse. Por eso, algunos activistas trans proponen crear una sociedad “género-neutral“, alegando que categorías como “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “homosexual” sean construcciones abstractas que carezcan de significado real, y la “feminidad” y “masculinidad” sean conceptos arcaicos que deben ser eliminados. Puede sonar utópico, pero para realmente llevase a cabo la construcción de una sociedad así, la única manera sería a través de la imposición de un nueva forma de puritanismo.

Al fin y al cabo, los humanos somos seres sexuales. La mayoría de los individuos se sienten atraídos solamente (o predominante) a uno de los sexos, por las características de ese sexo. La masculinidad y feminidad no son nada más que maneras de marcar las características de un sexo u otro, a través del peinado, vestimenta, comportamientos o actitudes. Una cosa es construir una sociedad donde el género no sea motivo de sufrir violencia o discriminación, o una sociedad inclusiva a géneros no-binarios, otra cosa es construir una sociedad donde el género se elimina de la expresión individual, porque eso implica convertir los humanos en seres asexuados, que va totalmente en contra de nuestra naturaleza biológica.

El puritanismo políticamente correcto

Englobando a todo, está el puritanismo políticamente correcto.

Desde que todos estamos en redes sociales, cualquier comentario, opinión, imagen o video puede ofender las sensibilidades de algún colectivo. Para evitar linchamientos, muchos autores, artistas, creadores de contenido autocensura sus obras para no incluir contenido que puede ser tomados como ofensa. Como consecuencia, muchos libros, revistas, canciones y obras de arte que dejaron de escandalizar en los años 90 ahora han vuelto ha levantar polémicas.

Como bien dicho la dibujante de comic María Llovet en una entrevista: “Hay mojigatería por todos lados disfrazados de progresismo”.

 

Judith Butler sobre las guerras culturales, JK Rowling y vivir en “tiempos antiintelectuales”

La filósofa y teórica de género analiza las tensiones en el movimiento feminista por los derechos trans.

 

Por Alona Ferber

22 de septiembre de 2020

https://www.newstatesman.com/international/2020/09/judith-butler-culture-wars-jk-rowling-and-living-anti-intellectual-times

 

 

“Es doloroso ver que la posición de Trump de que el género debe definirse por el sexo biológico y el esfuerzo evangélico y católico de derecha para purgar el “género” de la educación y las políticas públicas concuerdan con el regreso de las feministas radicales transexcluyentes al esencialismo biológico. Es un día triste cuando algunas feministas promueven la posición ideológica anti-género de las fuerzas más reaccionarias de nuestra sociedad.”

 

Hace treinta años, la filósofa Judith Butler *, ahora de 64 años, publicó un libro que revolucionó las actitudes populares sobre el género. Gender Trouble, el trabajo por el que quizás es más conocida, introdujo ideas del género como representación. Preguntó cómo definimos “la categoría de mujeres” y, en consecuencia, por quién pretende luchar el feminismo. Hoy en día, es un texto fundamental en cualquier lista de lectura de estudios de género, y sus argumentos han pasado de la academia a la cultura popular desde hace mucho tiempo.

En las tres décadas desde que se publicó Gender Trouble, el mundo ha cambiado hasta hacerse irreconocible. En 2014, TIME declaró un “Punto de inflexión transgénero”. La propia Butler se ha alejado de ese trabajo anterior, escribiendo extensamente sobre cultura y política. Pero persisten los desacuerdos sobre el esencialismo biológico, como lo demuestran las tensiones sobre los derechos trans dentro del movimiento feminista.

¿Cómo ve Butler, que es profesora Maxine Elliot de Literatura Comparada en Berkeley, este debate hoy? ¿Y ve ella una forma de salir del estancamiento? Butler recientemente intercambió correos electrónicos con el New Statesman sobre este tema. El intercambio ha sido editado.

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Alona Ferber: En Gender Trouble, escribiste que “los debates feministas contemporáneos sobre los significados del género conducen una y otra vez a una cierta sensación de problema, como si la indeterminación del género eventualmente culminara en el fracaso del feminismo”. ¿Hasta qué punto las ideas que exploraste en ese libro hace 30 años ayudan a explicar cómo el debate sobre los derechos trans se ha trasladado a la cultura y la política convencionales?

Judith Butler: Primero quiero cuestionar que las feministas transexcluyentes sean realmente las mismas que las feministas de la corriente principal. Si tienes razón al identificar unas con otras, entonces una posición feminista opuesta a la transfobia es una posición marginal. Creo que esto no es así. Mi apuesta es que la mayoría de las feministas apoyan los derechos trans y se oponen a todas las formas de transfobia. Por eso me preocupa que de repente la posición feminista radical transexcluyente se entienda como comúnmente aceptada o incluso como corriente principal. Creo que en realidad es un movimiento marginal que busca hablar en nombre de la corriente principal, y que nuestra responsabilidad es negarnos a permitir que eso suceda.

AF: Un ejemplo del discurso público dominante sobre este tema en el Reino Unido es el argumento de permitir que las personas se identifiquen a sí mismas en términos de su género. En una carta abierta que publicó en junio, JK Rowling expresó la preocupación de que esto “abriría las puertas de los baños y vestuarios a cualquier hombre que crea o sienta que es una mujer”, lo que podría poner a las mujeres en riesgo de violencia.

JB: Si miramos de cerca el ejemplo que usted caracteriza como “corriente principal”, podemos ver que está en juego un dominio de fantasía, un dominio que refleja más sobre la feminista que tiene tal miedo que sobre cualquier situación existente en la vida trans. La feminista que sostiene tal punto de vista supone que el pene define a la persona, y que cualquier persona con pene se identificaría como mujer con el propósito de entrar en esos vestuarios y representar una amenaza para las mujeres que están adentro. Asume que el pene es la amenaza, o que cualquier persona que tenga un pene y que se identifique como mujer se está disfrazando de una manera vil, engañosa y dañina. Esta es una total fantasía y una fantasía que proviene de temores poderosos, pero no describe una realidad social. Las mujeres trans son a menudo discriminadas en los baños de hombres, y sus modos de autoidentificación son formas de describir una realidad vivida, una realidad que no puede ser capturada o regulada por las fantasías que se les impongan. El hecho de que tales fantasías pasen por un argumento público es en sí mismo motivo de preocupación.

AF: Quiero retarla sobre el término “terf”, o feminista radical transexcluyente, que algunas personas ven como un insulto.

JB: No sé si se usa terf como un insulto. Me pregunto cómo habría que llamar a las autoproclamadas feministas que desean excluir a las mujeres trans de los espacios de mujeres. Si favorecen la exclusión, ¿por qué no llamarlas excluyentes? Si se consideran a sí mismas como pertenecientes a esa cepa de feminismo radical que se opone a la reasignación de género, ¿por qué no llamarlas feministas radicales? Lo único que lamento es que hubo un movimiento de libertad sexual radical que una vez circuló bajo el nombre de feminismo radical, pero que lamentablemente se ha transformado en una campaña para patologizar a las personas trans y de género no conformista. Mi sensación es que tenemos que renovar el compromiso feminista con la igualdad de género y la libertad de género para afirmar la complejidad de las vidas de género tal como se viven actualmente.

AF: El consenso entre los progresistas parece ser que las feministas que están del lado de JK Rowling en la discusión están en el lado equivocado de la historia. ¿Es esto justo o hay algún mérito en sus argumentos?

JB: Dejemos claro que el debate aquí no es entre feministas y activistas trans. Hay feministas trans-afirmativas y muchas personas trans también son feministas comprometidas. Entonces, un problema claro es el encuadre que actúa como si el debate fuera entre feministas y personas trans. No lo es. Una razón para militar contra este encuadre es porque el activismo trans está vinculado al activismo queer y a legados feministas que siguen muy vivos hoy. El feminismo siempre ha estado comprometido con la proposición de que los significados sociales de lo que es ser hombre o mujer aún no están establecidos. Contamos historias sobre lo que significó ser mujer en un momento y lugar determinados, y rastreamos la transformación de esas categorías a lo largo del tiempo.

Dependemos del género como categoría histórica, y eso significa que aún no conocemos todas las formas en que puede llegar a tener un significado, y estamos abiertos a nuevas comprensiones de sus significados sociales. Sería un desastre para el feminismo volver a una comprensión estrictamente biológica del género o reducir la conducta social a una parte del cuerpo o imponer fantasías aterradoras, sus propias ansiedades, a las mujeres trans… El permanente y muy real sentido de género de las mujeres trans debería ser reconocido social y públicamente como una cuestión relativamente simple de reconocer otra dignidad humana. La posición feminista radical transexcluyente ataca la dignidad de las personas trans.

AF: En Gender Trouble preguntaste si, al tratar de representar una idea particular de las mujeres, las feministas participan en la misma dinámica de opresión y heteronormatividad que están tratando de cambiar. A la luz de las amargas discusiones que se desarrollan ahora dentro del feminismo, ¿se sigue aplicando lo mismo?

JB: Según recuerdo el argumento en Gender Trouble (escrito hace más de 30 años), la opinión era bastante diferente. Primero, no es necesario ser mujer para ser feminista, y no debemos confundir las categorías. Los hombres que son feministas, las personas no binarias y trans que son feministas, son parte del movimiento si se adhieren a las proposiciones básicas de libertad e igualdad que son parte de cualquier lucha política feminista. Cuando las leyes y las políticas sociales representan a las mujeres, toman decisiones tácitas sobre quién cuenta como mujer y, muy a menudo, hacen presuposiciones sobre lo que es una mujer. Lo hemos visto en el ámbito de los derechos reproductivos. Así que la pregunta que entonces estaba haciendo es: ¿necesitamos tener una idea establecida de las mujeres, o de cualquier género, para avanzar en los objetivos feministas?

Planteé la pregunta de esa manera… para recordarnos que las feministas están comprometidas a pensar en los significados diversos e históricamente cambiantes del género, y en los ideales de la libertad de género. Por libertad de género, no me refiero a que todos podamos elegir nuestro género. Más bien, podemos hacer una reivindicación política de vivir libremente y sin temor a la discriminación y la violencia contra los géneros que somos. Muchas personas a las que se les asignó “mujer” al nacer nunca se sintieron cómodas con esa asignación, y esas personas (incluyéndome a mí) nos dicen a todos algo importante sobre las limitaciones de las normas tradicionales de género para muchos que caen fuera de sus términos.

Las feministas saben que a las mujeres ambiciosas se las llama “monstruosas” o que a las mujeres que no son heterosexuales se les patologiza. Luchamos contra esas tergiversaciones porque son falsas y porque reflejan más la misoginia de quienes hacen caricaturas degradantes que sobre la compleja diversidad social de las mujeres. Las mujeres no deben participar en las formas de caricatura fóbica que tradicionalmente las han degradado. Y por “mujeres” me refiero a todas aquellas que se identifican de esa manera.

AF: ¿Hasta qué punto la toxicidad en este tema es una función de las guerras culturales que se desarrollan en internet?

JB: Creo que vivimos en tiempos antiintelectuales y que esto es evidente en todo el espectro político. La rapidez de las redes sociales permite formas de vitriolo que no apoyan exactamente un debate reflexivo. Necesitamos apreciar las formas más largas de expresión.

AF: Las amenazas de violencia y abuso parecerían llevar estos “tiempos antiintelectuales” al extremo. ¿Qué tienes que decir sobre el lenguaje violento o abusivo que se usa en internet contra personas como JK Rowling?

JB: Estoy en contra de cualquier tipo de abuso en internet. Confieso estar perpleja por el hecho de que tú señalas el abuso dirigido contra JK Rowling, pero no citas el abuso contra las personas trans y sus aliados que ocurre en internet y en persona. No estoy de acuerdo con la opinión de JK Rowling sobre las personas trans, pero no creo que deba sufrir acoso y amenazas. Sin embargo, recordemos también las amenazas contra las personas trans en lugares como Brasil, el acoso a las personas trans en las calles y en el trabajo en lugares como Polonia y Rumania, o de hecho aquí en los EE.UU. Entonces, si vamos a objetar el acoso y las amenazas, como seguramente deberíamos hacer, también debemos asegurarnos de tener una imagen amplia de dónde está sucediendo eso, quién se ve más profundamente afectado y si es tolerado por aquellos que deberían oponerse a eso. De nada sirve decir que las amenazas contra algunas personas son tolerables pero contra otras son intolerables.

AF: No fuiste signataria de la carta abierta sobre “cancelar la cultura” en Harper este verano, pero ¿estás de acuerdo con sus argumentos?

JB: Tengo sentimientos encontrados sobre esa carta. Por un lado, soy educadora y escritora y creo en el debate lento y reflexivo. Aprendo de ser confrontada y desafiada, y acepto que he cometido algunos errores importantes en mi vida pública. Si alguien luego dijera que no debería ser leída ni escuchada como resultado de esos errores, bueno, objetaría internamente, ya que no creo que ningún error que haya cometido una persona pueda, o deba, resumir a esa persona. Vivimos en el tiempo; nos equivocamos, a veces en serio; y si tenemos suerte, cambiamos precisamente por interacciones que nos permiten ver las cosas de manera diferente.

Por otro lado, algunos de esos signatarios apuntaban a Black Lives Matter como si la oposición pública y ruidosa al racismo fuera en sí misma un comportamiento incivilizado. Algunos de ellos se han opuesto a los derechos legales de Palestina. Otros han [presuntamente] cometido acoso sexual. Y otros no desean ser desafiados por su racismo. La democracia requiere un buen desafío, y no siempre llega en tonos suaves. Por tanto, no soy partidaria de neutralizar las fuertes demandas políticas de justicia por parte de los subyugados. Cuando uno no ha sido escuchado durante décadas, el clamor por justicia seguramente será fuerte.

AF: Este año publicaste, The Force of Nonviolence. ¿Tiene alguna relevancia para el movimiento feminista la idea de “igualdad radical”, de la que habla en el libro?

JB: Mi intención en este libro reciente es sugerir que repensemos la igualdad en términos de interdependencia. Tendemos a decir que una persona debe ser tratada igual que otra, y medimos si se ha logrado la igualdad comparando casos individuales. Pero, ¿y si el individuo —y el individualismo— es parte del problema? Hay una diferencia entre entendernos a nosotros mismos viviendo en un mundo en el que dependemos fundamentalmente de los demás, de las instituciones, de la Tierra, y ver que esta vida depende de una organización sustentable para varias formas de vida. Si nadie escapa a esa interdependencia, entonces somos iguales en un sentido diferente. Somos igualmente dependientes, es decir, igualmente sociales y ecológicos, y eso significa que dejamos de entendernos solo como individuos delimitados. Si las feministas radicales transexcluyentes se entendieran a sí mismas como compartiendo un mundo con personas trans, en una lucha común por la igualdad, por verse libres de violencia y por el reconocimiento social, no habría más feministas radicales transexcluyentes. Pero el feminismo seguramente sobreviviría como una práctica de coalición y una visión de solidaridad.

 AF: Ha hablado sobre la reacción violenta contra la “ideología de género” y escribió un ensayo para el New Statesman al respecto en 2019. ¿Ve alguna conexión entre esto y los debates contemporáneos sobre los derechos trans?

JB: Es doloroso ver que la posición de Trump de que el género debe definirse por el sexo biológico y el esfuerzo evangélico y católico de derecha para purgar el “género” de la educación y las políticas públicas concuerdan con el regreso de las feministas radicales transexcluyentes al esencialismo biológico. Es un día triste cuando algunas feministas promueven la posición ideológica anti-género de las fuerzas más reaccionarias de nuestra sociedad.

AF: ¿Qué crees que rompería este impasse en el feminismo sobre los derechos trans? ¿Qué conduciría a un debate más constructivo?

JB: Supongo que un debate, si fuera posible, tendría que reconsiderar las formas en las que funciona la determinación médica del sexo en relación con la realidad histórica y vivida del género.

 

* Judith Butler responde a ella o ellos

Alona Ferber es editora de proyectos especiales en New Statesman.

Descifrando el historial de Kamala Harris sobre temas trans y de trabajo sexual

Desde negar la atención médica de afirmación a una reclusa trans hasta prohibir los foros que las trabajadoras sexuales usaban para protegerse, la ex “policía principal” tiene un historial preocupante de poner en peligro a los miembros más marginados de nuestra comunidad.

 

Por Wren Sanders

14 de agosto de 2020

https://www.them.us/story/kamala-harriss-record-on-trans-and-sex-work-issues

 

Tom Williams/Getty Images

 

El ex vicepresidente Joe Biden reveló el martes por la tarde que había elegido a la senadora de California Kamala Harris como su compañera de candidatura. El anuncio, realizado a través de un mensaje de texto a sus seguidores, provocó una gran cantidad de respuestas. Muchos elogiaron a Harris como una opción favorable dada su experiencia como senadora de los EE. UU., después de haber pasado por el exprimidor de los medios de comunicación como ex candidata presidencial y ser la primera mujer de color en formar parte de la lista presidencial de un partido importante. Harris, hija de inmigrantes jamaicano e india, es negra y asiático-americana.

Entre los que hicieron declaraciones de apoyo enérgicas a la nueva propuesta de Biden-Harris se encontraban los pesos pesados ​​liberales Bernie Sanders, Stacey Abrams y Barack Obama, el último de los cuales afirmó que la elección de vicepresidente es la “primera decisión importante que toma un presidente . ”

Otros que aplaudieron la selección fueron organizaciones de defensa LGBTQ + como GLAAD, Equality California y Human Rights Campaign.

“La senadora Kamala Harris es una elección excepcional para vicepresidenta”, dijo el presidente de HRC, Alphonso David, en un comunicado, y señaló el papel de Harris en poner fin al uso de las defensas de “pánico” LGBTQ+ y su lucha para revocar la Proposición 8 en California como evidencia de su buena fe pro-LGBTQ +. Otros aspectos positivos del historial de Harris en temas queer incluyen su establecimiento de una unidad de delito de odio LGBTQ+ cuando fue fiscal de distrito de San Francisco y su apoyo temprano al matrimonio igualitario (Harris ofició bodas entre personas del mismo sexo cuando San Francisco legalizó brevemente la libertad de casarse en 2004).

Pero contrariamente a la evaluación optimista que el establishment demócrata hace de la candidatura a vicepresidenta de Harris, una importante cohorte de progresistas e izquierdistas recibió la noticia con críticas mordaces de su carrera, tanto como fiscal (Harris fue fiscal de distrito en San Francisco desde 2004 hasta 2011, cuando se convirtió en fiscal general de California) como como legisladora en el Senado de los Estados Unidos.

Algunas de las críticas más lesivas dirigidas a la autodenominada ex “policía principal” citan su historial sobre los derechos de las trabajadoras sexuales, los de la comunidad trans y la superposición de ambos. Según una encuesta de 2015 realizada por el Centro Nacional para la Igualdad Trans, casi uno de cada cinco adultos trans en los EE. UU. se ha involucrado en el trabajo sexual. Esa cifra es tan alta como el 40% para las personas trans negras, una estadística que demuestra cómo las políticas de un funcionario público con respecto al trabajo sexual pueden entenderse como una extensión de sus políticas con respecto a la comunidad LGBTQ +.

Como la activista y fundadora de G.L.I.T.S, Ceyenne Doroshow, escribió en Instagram recientemente, “Kamala Harris no es amiga de las mujeres trans, de las mujeres trans negras, y siempre es una policía. No la apoyo en absoluto “. Y así, con el interés de presentar una imagen más completa de la posible futura vicepresidenta de los Estados Unidos, hemos compilado un resumen explorando el historial de Harris en temas relacionados con las trabajadoras sexuales y las personas trans.

Harris describió una propuesta para despenalizar el trabajo sexual como “completamente ridícula”.

En 2008, Harris se opuso a la Proposición K —una medida que tenía como objetivo despenalizar el trabajo sexual— mientras era fiscal de distrito de San Francisco. “Creo que es completamente ridículo, por si acaso hay alguna ambigüedad sobre mi posición”, dijo Harris en ese momento. “Sería una alfombra de bienvenida para que los proxenetas y las prostitutas entraran a San Francisco”.

Lejos de ser “completamente ridícula”, la propuesta surgió de años de activismo e investigación. Esto incluyó un estudio de la Universidad de California en San Francisco que encontró que 1 de cada 7 de las más de 200 trabajadoras sexuales con sede en San Francisco encuestadas habían sido amenazadas con ser detenidas por agentes de policía a menos que tuvieran relaciones sexuales con ellos. Una de cada cinco informó que los agentes de policía les pagaban por tener relaciones sexuales.

Un antecedente de los llamamientos de hoy para “desfinanciar a la policía”, la Proposición K tenía como objetivo redirigir los fondos de la ciudad para que no se destinaran a perseguir a las trabajadoras sexuales y sí, en su lugar, hacia soluciones de salud pública frente a la amenaza de las ITS a la que tienen que enfrentarse tantas personas en la industria del sexo. La Proposición K no logró suficientes votos para ser puesta en práctica.

Harris rechazó los esfuerzos por despenalizar el trabajo sexual alegando que contribuía a la transmisión del VIH / SIDA.

Harris continuó defendiendo la penalización del trabajo sexual como fiscal general de California. Según un artículo de opinión de la revista Out escrito por el abogado y activista de la ACLU Chase Strangio, Harris defendió su postura pro-penalización en un caso de 2015 usando la lógica engañosa de que “la prostitución está relacionada con la transmisión del SIDA y las enfermedades de transmisión sexual.” De hecho, numerosos estudios de la época muestran que la correlación entre el trabajo sexual y las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH / SIDA, se ve agravada por la penalización, no impedida por ella. Un excelente ejemplo de cómo la penalización del trabajo sexual lleva a tasas más altas de ITS es el uso de condones como prueba judicial de trabajo sexual, una práctica que fue prohibida en California en 2019, dos años después de que Harris dejara su puesto como fiscal general.

Harris fue líder nacional en el ataque a sitios web que ofrecían a las trabajadoras sexuales un medio para identificar y examinar a los clientes potenciales.

Como fiscal general de California, Harris utilizó su puesto para perseguir sitios web como Backpage.com, que les proporcionaba a las trabajadoras sexuales un lugar en línea mediante el cual podían ejercer una autonomía adicional para garantizar condiciones de trabajo seguras. Lo hizo ya en 2013, convirtiéndose en una de las primeras fiscales generales estatales del país en pedirle al Congreso la enmienda de la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones para procesar a sitios como Backpage por facilitar la venta de sexo.

Para 2017, Harris había obligado con éxito a Backpage a eliminar la sección para adultos de su sitio web, una actuación a la que se opusieron no solo los defensores de las trabajadoras sexuales independientes, sino también algunos grupos anti trata de personas.

Cumpliendo con las preocupaciones tanto de las trabajadoras sexuales como de los grupos contra la trata, que temían que cierres como el de la sección para adultos de Backpage obstaculizarían la investigación contra la trata, el cierre demostró tener un efecto mínimo en la reducción de la trata sexual infantil. Sin embargo, lo que hizo fue obligar a muchas mujeres adultas que buscaban trabajo sexual consensuado a dirigirse y / o regresar a subconjuntos sustancialmente más arriesgados de la industria del sexo, incluido el uso de aplicaciones de citas y el trabajo sexual en la calle.

Harris apoyó a FOSTA / SESTA, cuya aprobación en 2018 llevó a la eliminación de al menos una docena de sitios y páginas que brindaban a las trabajadoras sexuales mecanismos salvadores de vidas para encontrar un trabajo seguro.

El ataque de Harris a Backpage.com durante su tiempo como fiscal general de California resultaría ser un precursor de su trabajo como senadora junior. Durante su primer mandato, Harris apoyó la aprobación de la “Ley para dejar de habilitar a los tratantes de niños / Permitir que los Estados y las víctimas luchen contra la trata sexual en línea” (SESTA / FOSTA), un par de proyectos de ley que en conjunto diezmaron la capacidad de muchas trabajadoras sexuales para usar canales en línea para examinar a futuros clientes. Como la escritora y defensora del trabajo sexual, Andre Shakti escribió para them entonces, “las trabajadoras sexuales quieren que se ponga fin a la trata sexual tanto como cualquier otra persona. Pero en lugar de trabajar con nosotras para identificar y erradicar eficazmente la trata… los funcionarios del gobierno están interviniendo y cerrando las mismas plataformas en línea que usamos para ganarnos la vida y mantenernos a salvo “.

Peor aún, como la defensora del trabajo sexual y coeditora de Tits and Sass, Caty Simon, señaló, las consecuencias de los cierres relacionados con FOSTA / SESTA serían sentidas de manera más devastadora por aquellas que ya estaban al margen de la sociedad: “Muchas de nosotras moriremos, algunas de nosotras ya hemos muerto por el daño que ha hecho SESTA, y especialmente por la pérdida de Backpage ”, escribió. “Y las víctimas serán más a menudo trabajadoras trans, trabajadoras discapacitadas, trabajadoras de color y supervivientes de trata: aquellas de nosotras que nunca tuvimos muchas opciones a la hora de empezar con el trabajo sexual”.

Harris no fue la única entre los nominados presidenciales demócratas de 2020 en votar a favor de esa legislación. De hecho, también lo hicieron Elizabeth Warren, Bernie Sanders, Cory Booker, Kirsten Gillibrand y Amy Klobuchar.

La visión actual de Harris sobre la despenalización del trabajo sexual tiene sus raíces en el controvertido “modelo nórdico”.

Después de burlarse de la Proposición K como fiscal de distrito, defender la penalización del trabajo sexual en California como fiscal general y votar a favor de FOSTA / SESTA como senadora, Harris se pronunció a favor de la despenalización durante una entrevista de febrero de 2019 con The Root. Respondiendo a una pregunta sobre si pensaba que “el trabajo sexual debería ser despenalizado”, la entonces aspirante presidencial respondió: “Así lo pienso. Sí, desde luego.”

“Cuando se habla de adultos que consienten, creo que, ya sabes, sí, realmente deberíamos considerar que no podemos penalizar el comportamiento consensual mientras nadie sea perjudicado”, agregó Harris.

En otra parte de la entrevista, Harris habla de su “historia sobre el tema”, y señala que como fiscal de distrito se esforzó por “dejar de detener a aquellas prostitutas y, en cambio, ir tras los puteros y los proxenetas porque estábamos penalizando a las mujeres, pero no a los hombres que se asociaban con ello, que ganaban dinero con ello o se beneficiaban de ello”.

Como señalaron en su momento algunos expertos en el tema, la posición de Harris no parece constituir una defensa total de la despenalización del trabajo sexual. Como escribió la periodista Melissa Gira Grant en un artículo de opinión de Washington Post: “A pesar de lo que dice Harris sobre la despenalización de la venta de sexo entre adultos que consienten, no está claro que ella esté realmente comprometida con esa posición. Eso es porque Harris parece seguir apoyando la penalización de la compra de sexo “.

Este enfoque, dirigido a los clientes de las trabajadoras sexuales, no a las trabajadoras mismas, a menudo se denomina modelo nórdico o de poner fin a la demanda. Gira Grant explica que estas políticas “no permiten ninguna forma legal de participar en el trabajo sexual”, incluso cuando los que las defienden afirman que el enfoque equivale a una despenalización total. “Como tal, las trabajadoras sexuales siguen siendo penalizadas y vigiladas por la policía”, dice.

Harris trató de negarle a una mujer transgénero que estaba encarcelada atención médica de afirmación de género.

Mientras Harris fue fiscal general de California en 2015, defendió la decisión del Estado de negar dar a Michelle Norsworthy, una mujer trans encarcelada en una prisión para hombres, la cirugía médicamente necesaria para su diagnosticada disforia de género. Como señaló Strangio en el artículo de opinión de Out mencionado anteriormente, “el Estado no solo contrató a un ‘experto’ que se opone categóricamente al estándar médico de atención para los prisioneros transgénero, sino que, bajo el liderazgo de Harris, no solo defendió en el juzgado la denegación de atención mientras se evidenciaban la creciente angustia y las tendencias suicidas de la Sra. Norsworthy, sino que luego continuó recurriendo las decisiones a su favor”.

En un escrito firmado por Harris, se une a otros abogados estatales para desestimar la importancia de la petición de Norsworthy de recibir atención médica afirmativa: “Norsworthy ha sido tratada por disforia de género durante más de 20 años, y no hay indicios de que su condición haya empeorado de alguna manera hasta el punto de que deba someterse a una cirugía de reasignación de sexo ahora en lugar de esperar hasta que este caso produzca un juicio final sobre el fondo de la cuestión”.

En abril de 2015, el juez del Tribunal de Distrito Federal Jon Tigar dictaminó que negarle la atención a Norsworthy violaba sus derechos a un tratamiento médico adecuado en virtud de la Octava Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que prohíbe los castigos crueles e inusuales. El fallo histórico dio como resultado que se ordenara al Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California que proporcionara a Norsworthy “atención médica adecuada, incluida la cirugía de reasignación de sexo… lo antes posible”, como declaró el tribunal en aquel momento.

Cuatro años más tarde, después de que Harris anunciara su campaña para la presidencia, un reportero de Washington Blade la presionó sobre su papel en recurrir repetidamente las decisiones judiciales que habrían brindado a Norsworthy —y a innumerables personas trans después de ella— la atención médica necesaria.

“Tuve una gran cantidad de clientes [como procuradora general] que estaba obligada a defender y representar y no podía despedir a mis clientes, y desafortunadamente hubo situaciones en las que mis clientes tomaron posiciones contrarias a mis creencias”, respondió, agregando que ella asume “toda la responsabilidad” de lo que hizo su oficina.

“La conclusión es que me hago responsable”, dijo en ese momento.

Harris no ha manifestado inequívocamente su apoyo para brindar atención médica afirmativa a las personas transgénero encarceladas en todo el país.

En la misma entrevista con The Blade, se le preguntó a Harris si las personas trans encarceladas en todo el país deberían recibir atención de afirmación de género y respondió con una llamada vaga a comprender mejor las experiencias de vida de las personas trans. “Creo que estamos en un punto en el que tenemos que dejar de difamar a las personas por su orientación sexual e identidad de género, y tenemos que entender que cuando hablamos de una comunidad transgénero en particular, durante demasiado tiempo han sido sujeto de prejuicios y, francamente, una falta de comprensión sobre sus circunstancias y sus necesidades físicas, además de cualquier otra necesidad que tengan, y ya es hora de que comprendamos mejor eso ”, dijo.

De hecho, aunque la plataforma de políticas LGBTQ + que Harris produjo durante su campaña presidencial menciona la necesidad de reducir las tasas de encarcelamiento de personas trans y de garantizar que las compañías de seguros de salud cubran la cirugía de confirmación de género y otros servicios de salud de transición, no mencionó la cobertura de las necesidades médicas de asignación de género de las personas trans en situación de encarcelamiento. Es más, la ex candidata presidencial demócrata no menciona su apoyo al encarcelamiento de personas de acuerdo con su identidad de género, lo que constituyó otra dimensión clave del caso de Norsworthy.

Dicho esto, la extensa plataforma de políticas LGBTQ+ de Joe Biden incluye “exigir que se considere la identidad de género al realizar asignaciones de vivienda” y garantizar que “todos los reclusos transgénero en las instalaciones correccionales federales tengan acceso a médicos y atención médica adecuados, incluidos obstetras y ginecólogos y terapia hormonal”.