Estigma y vergüenza

 

 

El estigma de puta es la vergüenza de ser puta. El estigma es externo e interno: el externo es el esfuerzo de la sociedad por avergonzar y el interno, la vergüenza que puede llegar a sentir la prostituta.

El esfuerzo por avergonzar se acompaña siempre de leyes y normas que limitan los derechos ciudadanos de las trabajadoras sexuales. Esas leyes y normas ven facilitada su aplicación por la imagen degradante que de la prostituta hacen continuamente los medios de comunicación, y a su vez, esas leyes y normas refuerzan esa imagen degradante.

El avergonzamiento externo debería ser ya una reliquia del pasado, como lo son el avergonzamiento por tener sexo fuera del matrimonio, por ser esposa adúltera, por ser madre soltera, por ser homosexual, etc. Con la conquista de los derechos individuales a la intimidad y a la decisión sobre el propio cuerpo y el cambio de la concepción del sexo de ser algo sucio y pecaminoso a ser una expresión de primer orden de la naturaleza humana, y el cambio de ser fuente inevitable de infecciones a ser algo que puede ser tratado con higiene y sin menoscabo de la salud, el estigma de puta debería haber desaparecido de la sociedad.

Pero algo se interpuso en el camino hacia la liberación del control moral de los curas: la aparición del feminismo abolicionista y su asquerosa alianza con los antiabortistas. Su esfuerzo continuado a lo largo de años, fuertemente financiado, ha impedido la desaparición —y, por el contrario, ha reforzado— el estigma, el criminal intento de avergonzar a las trabajadoras sexuales y hacerles la vida imposible.

El estigma interno es consecuencia del externo y es el que más daño hace a las trabajadoras sexuales. Induce sentimientos de pérdida de valor personal, de culpa, de vergüenza, de fatalismo… Paraliza a la trabajadora sexual en su lucha por conseguir sus derechos y facilita la explotación y la aceptación resignada de leyes injustas. Limita seriamente la calidad de vida, al obligar a llevar muchas veces una doble vida y a ocultarse como si una fuera una delincuente.

El estigma interno se vence el día que la persona reflexiona en que realmente no está haciendo nada malo, que el sexo que ella practica no es diferente del que practican todos los demás y que nadie se ve perjudicado por su trabajo. Pero a veces es difícil llegar a esa conclusión sin el fuerte apoyo entre compañeras y sin el apoyo de aliadas y aliados exteriores dispuestos a decir en público que las trabajadoras sexuales son mujeres dignas.

En todo caso, la eliminación del estigma interior no se puede lograr plenamente sin que desaparezca el externo, y éste no puede desaparecer si no se hacen desaparecer las leyes y ordenanzas que tratan a las trabajadoras sexuales como delincuentes y como personas incapaces de decidir por sí mismas y necesitadas, por tanto, de tutela.

Sólo el empoderamiento de las trabajadoras sexuales conseguirá echar abajo el estigma, y ese empoderamiento solo se alcanzará organizándose y luchando por los derechos.

Desde el momento que se dé el primer paso en ese sentido, estaremos empezando a quitarnos de encima la vergüenza y a arrojarla sobre quienes realmente la merecen: las abolicionistas mafiosas y criminales.

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CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA, ESTADO SOCIAL Y DERECHOS DE LAS MUJERES QUE EJERCEN LA PROSTITUCIÓN

 

Magdalena Lorenzo Rodríguez-Armas

 

Universidad Carlos III de Madrid

 

Fecha de recepción: 21-9-2008. Fecha de aceptación: 30-9-2008.

 

https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/11671/1/Feminismos_12_10.pdf

 

 

  1. Introducción1

 

El objeto principal del presente escrito ha sido realizar un análisis sobre la problemática que gira en torno a la regulación de la prostitución y, de manera secundaria, reflexionar acerca de si la regulación de la misma puede favorecer, o no, la protección de las personas que ejercen la prostitución frente a la infección por VIH/SIDA.

 

El ámbito de estudio principal ha sido el español, para conocer en qué situación nos encontramos actualmente en nuestro país. Para llevar a cabo este trabajo, se han analizado los distintos modelos que desde el siglo die­cinueve han ofrecido un marco de regulación, más o menos complejo, de la prostitución en España. Nota característica de todos estos modelos es que la regulación que se ha realizado en ningún caso ha castigado, a excepción de la denominada «Ley de peligrosidad» de 1970 2, el ejercicio de la prostitución por cuenta propia.

 

Pero si la constatación del dato anterior es cierta, no menos cierto es que, hasta la fecha, no se conoce en nuestro país una regulación de la prostitución que parta de una previa regulación de los derechos de contenido sexual de la mujer, que permita construir un marco jurídico de regulación específico sobre este ámbito y que, por lo tanto, la regulación histórica que recibe esta actividad jamás ha tenido en cuenta ni la voz de sus protagonistas, ni la consideración de éstas como nuevos sujetos de derechos fundamentales 3.

 

Realizadas estas aclaraciones iniciales, el enfoque que hemos querido dar a este estudio parte de la consideración de las mujeres que ejercen la prosti­tución como tales sujetos de derechos fundamentales y, por lo tanto, sujetos a los que el Estado social deberá garantizar aquellos derechos, entre los que, sin duda, deberán recogerse todos aquellos que contribuyan a dotar de plenitud, de contenido jurídico recognoscible, su dignidad como personas y, al mismo tiempo, posibiliten el desarrollo pleno de su personalidad. Entre tales derechos entendemos que es hora de que el Estado social regule en positivo los derechos sexuales; lo que se quiere decir con esto es que los derechos de las mujeres en relación a su sexualidad y capacidad reproductiva merecen un reconocimiento legal específico en positivo, y no una exclusiva regulación de conductas tipificadas por la legislación penal en relación a la libertad sexual como la que se realiza en el vigente Código Penal, dentro de su Título VIII.

 

  1. El Estado social y los derechos de los «colectivos débiles»

 

2.1. El Estado como Estado social

 

El Estado español se caracteriza como «social y democrático de Derecho», fórmula de cuño constitucional que abre la regulación de la Constitución española de 1978 (en adelante CE): Art. 1.1 CE: «España se constituye en un Estado social y democrático de derecho (…)». El enfoque desde el que abordamos el presente trabajo pone el acento en el carácter social del Estado. Por Estado social se entiende, desde la perspectiva del Derecho constitucional, aquél que, además del reconocimiento de los derechos en su texto consti­tucional, garantiza su cumplimiento a través de mecanismos normativos y jurisdiccionales, con el impulso de políticas públicas encaminadas a la consecución de los «valores superiores del ordenamiento jurídico» y en particular, en esta materia, del valor (y, a la vez, derecho fundamental y principio de actuación de los poderes públicos) de la Igualdad.

 

En segundo lugar y, como consecuencia de lo anterior, es preciso enunciar como complemento fundamental de la caracterización del Estado como social, el principio recogido en el art. 9.2 del texto constitucional de 1978, en virtud del cual, el reconocimiento de los derechos básicos de sus ciudadanos, pilar fundamental del ordenamiento constitucional, sobrepasa el recono­cimiento formal realizado en el Título I de la Constitución (arts. 10 a 55 CE) y se completa con el principio de actuación de los poderes públicos en pro de la consecución material de aquellos derechos (art. 9.2 CE). No interesa en este momento la discusión doctrinal surgida en torno a la distinción entre Igual­dad de Iure e Igualdad de facto4 y las consecuencias que se derivan respecto de deducir de ellas derechos sustantivos, pero sí nos interesa que, junto al reconocimiento y garantía de los Derechos Fundamentales operado en el Tí­tulo I de la Constitución, ésta establece en su art. 9.2 que «corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social».

 

En tercer lugar, si atendemos al concepto de Estado social enunciado lí­neas atrás, se aprecia una vinculación directa con la idea de la Igualdad. La Constitución española regula la igualdad desde una triple perspectiva:

 

  1. La igualdad como valor superior del ordenamiento jurídico:

 

-art. 1.1: «España se constituye en un Estado social y democrático de derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político».

 

  1. La igualdad como derecho fundamental:

 

-art. 14: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discrimi­nación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

 

  1. La igualdad como principio de actuación de los poderes públicos (art. 9.2 antes citado).

 

Una manifestación reciente del impulso de políticas públicas encaminadas a la consecución de la Igualdad, en este caso de mujeres y hombres, que ha ensanchado el marco regulador y protector del actual Estado social en nues­tro país, es la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres (en adelante LOIMH). En su exposición de motivos destaca «la necesidad de la acción normativa dirigida a combatir todas las manifestaciones aún subsistentes de discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo y a promover la igualdad real de mujeres y hombres». Con esta regulación la LOIMH desarrolla el precepto constitucional de la igualdad como derecho fundamental, complementándolo con la plasmación en un texto normativo con rango de ley orgánica de una serie de derechos que, si bien la necesidad de su regulación trae causa de la desigualdad existente entre mujeres y hombres respecto de todos los ámbitos de la vida (social, laboral, político, económico y cultural), va a beneficiar a ambos sexos en el ejercicio y disfrute de los mismos. Es importante hacer referencia a una ley de estas características, porque incide en el catálogo de derechos de las mujeres en re­lación con la conciliación de la vida familiar y laboral, la igualdad en el ámbito laboral, paridad, etc.

 

  • 2. Estado social y derechos de los «colectivos débiles»: en especial, los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución

 

Hoy día nuestros sistemas jurídicos pueden hacer gala de haber superado fa­ses ya históricas de reconocimiento de los derechos de los ciudadanos en sus textos constitucionales. También la introducción de garantías normativas y jurisdiccionales ha contribuido a dar un salto de gigante en la historia de ese reconocimiento, y ello es, sin duda, conditio sine qua non para la modernización de los textos constitucionales vigentes. Sin embargo, si bien el Estado ha alcanzado un grado óptimo de formalización de ese reconocimiento y sus garantías, le quedan aún pasos importantes que dar respecto a la garantía de los derechos de determinados sectores sociales menos favorecidos, a los que se ha dado en llamar, colectivos débiles5. Así, si el Estado tiene la res­ponsabilidad de garantizar la realización efectiva de los derechos respecto de sus ciudadanos, esta responsabilidad se acusa aún más respecto de aquellos que, por diferentes circunstancias, se encuentran en situación de desventaja social, como es el caso de determinados colectivos como son la infancia, la tercera edad, los discapacitados, los enfermos, los homosexuales, etc. Dentro de estos grupos, parte de la doctrina constitucionalista ha catalogado al grupo formado por las mujeres, considerándolo un colectivo de los «más débiles». Desde nuestro punto de vista, las mujeres no pueden ser consideradas un colectivo, si por tal entendemos la definición recogida en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: «Perteneciente o relativo a una agrupa­ción de individuos». No parece correcto, al menos no desde una perspectiva demográfica, equiparar a las mujeres con un grupo minoritario de características similares, como puede darse en los supuestos recogidos anteriormente. Las mujeres conforman la mitad de la raza humana, por lo que denominarle colectivo en el sentido de minoría, no es ajustado. Lo que sí es evidente es que en determinados grupos, las situaciones de discriminación que puedan producirse, se ven agravadas cuando se dan respecto de esa mitad de la raza humana que conforman las mujeres.

 

Volviendo al argumento anterior, aquellos ciudadanos conforman secto­res de la sociedad que, históricamente y por distintos motivos, han padecido un tratamiento social y jurídico discriminatorio, y por lo tanto, la respon­sabilidad del Estado por corregir ese desequilibrio de base que sufren estos colectivos y garantizar al mismo nivel que el resto de ciudadanos sus dere­chos y libertades, debe ser mayor6. En el apartado siguiente trataremos la discriminación sexual de la mujer de manera más específica. A continuación nos preguntamos cuáles son los derechos de las mujeres que ejercen la prosti­tución comprometidos en este estudio, y su relación con el carácter social del Estado. Pensamos que en el cuadro de derechos habría que reunir al menos los siguientes7:

Primer bloque

Derecho a la igualdad (art. 14 CE) y principio de no discriminación por razón de sexo.

Derecho a la libertad (art. 17 CE): entre los que cabe regular,

  • – Derechos a la libertad sexual (libertad de decidir sobre su sexualidad y reproducción).

Cabe hablar, respecto de la mujer, de un contenido propio de su derecho a la libertad en el que habría que incluir los derechos sexuales. Por derechos sexuales entendemos todos aquellos relativos a la sexualidad de la mujer, su capacidad engendradora y reproductora y su libertad sexual, esto es, la libertad para mantener relaciones sexuales dentro y fuera de relación afectiva más o menos duradera. Para lograr una posición social de la mujer completamente equilibrada en derechos a la del hombre y que repercuta en todas las facetas de la vida, el Estado deberá reconocer esos derechos sin subsumir dicho reco­nocimiento en normas jurídicas aparentemente neutras. Sólo desde el recono­cimiento de la igualdad y libertad sexual de las mujeres y dejando ahora a un lado las consideraciones de orden económico relativas a la prostitución (por lo que a empoderamiento de las mujeres prostitutas se refiere8) cabe entender la posición que sostenemos respecto al ejercicio de la prostitución.

Por lo demás, estos derechos sexuales deberán ser desarrollados en textos legales que contemplen un régimen de garantías (normativas y jurisdicciona­les) para su ejercicio, que beneficien a todas las mujeres.

 

Segundo bloque

 

Derechos laborales y sociales.

– Derecho al trabajo (art. 35) (y los demás del art. 35).

– Derechos asistenciales y prestaciones sociales (art. 41 CE).

– Derecho a la salud (art. 43 CE).

 

El ejercicio libre e igual de estos derechos y libertades respecto de cual­quier ser humano, y en el caso que nos ocupa, respecto de las mujeres que ejercen la prostitución, darán plenitud al dictado del art. 10. 1 CE, donde se determina, como núcleo axiológico, raíz valorativa que fundamenta el orden político y la paz social de todo el ordenamiento jurídico español, entre otros, la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes y el libre desarrollo de la personalidad y en ningún caso, cuando se habla de la prostitución ejercida de forma libre por persona adulta, cabrá hablar ante el reconocimiento de estos derechos de atentado contra su dignidad como per­sona9. Dicho de otra forma, el reconocimiento de los derechos de las mujeres que pertenecen a la minoría de las que ejercen la prostitución, incluidos los derechos sexuales, contribuyen a dotar a la dignidad humana (a la dignidad como personas de esas mujeres) de un contenido jurídico recognoscible que en absoluto permite hablar de atentado contra esa dignidad10.

 

Por otro lado, el reconocimiento específico de derechos sexuales a las mujeres, acompañado de políticas sociales concretas de sensibilización en el ámbito educativo y en el sanitario, encaminadas a la garantía en el ejercicio de los mismos del derecho a la salud de las mujeres (entre otros), contribuirá también a que aquéllas que deciden, en un momento determinado de su exis­tencia, dar un uso económico a su sexualidad, lleven al extremo la precaución ante la posible contracción de enfermedades infecto-contagiosas como el VIH/ SIDA. Sin poder entrar a analizar los aspectos sanitarios que una regulación de la específica actividad de la prostitución podría comprender, entendemos que la regulación de la prostitución beneficiaría a la mujer prostituta con medidas sanitarias adaptadas a su actividad laboral, como controles sanitarios específicos con cobertura social, derecho a prestaciones sociales equiparables a las de otros sectores laborales, etc.

 

  • 3. Estado social, prostitución y estudios de género

 

2.3.1. Prostitución y estudios de género

 

En este estudio abordamos los derechos de las mujeres que ejercen la prosti­tución, por lo que, si a la condición de mujeres, discriminadas social, política, económica y jurídicamente a lo largo de la historia de la humanidad, suma­mos la de mujeres que ejercen la prostitución, nos encontramos todavía con una mayor dificultad para garantizar sus derechos. En este sentido la LOIMH se­ñala que el Estado deberá tener una «especial consideración con los supuestos de doble discriminación, y las singulares dificultades en que se encuentran las mujeres que presentan especial vulnerabilidad, como son todas las que per­tenecen a minorías, las mujeres migrantes y las mujeres con discapacidad», sin hacer mención alguna a las mujeres que ejercen la prostitución sobre las que recae no ya una doble sino, en muchos supuestos, incluso una triple discriminación (la que viene aparejada por su condición de mujer, prostituta y, en muchos casos, pobre.) 11.

 

En consecuencia con lo anterior, entendemos que al tratar de los derechos de las mujeres que se prostituyen, debemos analizar el asunto desde la pers­pectiva de los estudios de género, de manera que se aborde la problemática existente en torno a su discutida regulación desde la óptica de la Igualdad ma­terial del art. 9.2 CE, complemento necesario de la igualdad formal del art. 14 CE como sostuvimos líneas atrás. En este sentido, parece necesario introducir en el debate sobre la regulación de los derechos de quienes ejercen la pros­titución todas las categorías propias del Derecho antidiscriminatorio (trans­versalidad, carácter integral de las medidas y principio de acción proactiva de los poderes públicos) para continuar avanzando en la investigación de género (social, jurídica, económica, cultural) integrando, también, estudios acerca de la actividad de las mujeres que, de forma libre y voluntaria, optan por el ejercicio de la prostitución. Y antes de abordar el análisis de los mismos, es conveniente hacer una reflexión al menos sobre dos de los siguientes asuntos:

 

  1. El lenguaje que se emplea al hablar de la prostitución y quienes la ejercen
  2. Reflexionar sobre la estigmatización que recae sobre la prostitución
  3. Reconstrucción del rol de la mujer en la sociedad
  4. Reconstrucción del rol del hombre en la sociedad

 

Es importante realizar a continuación un breve análisis de los dos primeros elementos enunciados. Hay que recordar que el lenguaje es un vehículo transmisor de ideas, de valores, de forma de entender el mundo y la vida (esa comprensión vital-total a la que los alemanes denominan die Weltansschauung o «concepción del mundo y de la vida») que se manifiesta respecto de la pros­titución como un elemento determinante en lo que a su consideración social se refiere (plano social) y, determinante también, en el lenguaje jurídico, es decir, en el tratamiento normativo que recibe la prostitución (plano jurídico). Para empezar a discutir acerca de los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución, es necesario cuestionar los términos con que tradicionalmente se ha denominado, debido a la enorme carga estigmatizante que comportan. Baste mencionar y reflexionar sobre alguna de las denominaciones que reci­be hoy día la mujer que ejerce la prostitución: puta, ramera, mujer pública, mujer de la calle, etc. En este sentido, se afirma que es más correcto hablar de mujeres que ejercen la prostitución (por cuanto no consolida a una persona en el ejercicio de una actividad) que de prostitutas12, que parece que consolida, posiciona a la mujer en esa actividad de por vida13.

 

En el plano social, el estigma que recae sobre la mujer que ejerce la prostitución (puta, ramera, mujer pública, mujer de la calle) es tan pesado, que se afirma que no existe punto de retorno, es un status social, con independencia de que se produzca un cambio de actividad.

 

En el plano jurídico, el lenguaje que emplea el legislador en la redacción de las normas (CE y todas las demás) debe adecuarse a la distinta realidad del sujeto de derecho «mujer»14, y no quedarse en la mera extensión de la eficacia de las normas redactadas «en masculino» a sujetos de derechos diferenciados; es fundamental en este sentido y, como se ha dicho ya desde otras disciplinas del conocimiento humano, «nombrar en femenino». Es preciso recoger en la letra de la ley «la otra manera de ser» (andersartigkeit según el Tribunal Cons­titucional federal alemán) de las mujeres, de lo contrario, como la realidad jurídico-social del hombre y lo relativo a su sexualidad no son extensibles a la mujer, se adecuan las de la segunda al primero, produciendo el resultado de la desigualdad material de mujeres y hombres.

 

2.3.2. Tipos de prostitución

 

Existe hoy día debate acerca de si cabe o no hablar de distintos tipos de pros­titución. Sin la convicción acerca de la existencia de diferentes tipos de pros­titución, no cabe hablar de modelos de regulación. Desde este punto de vista, entendemos que conviene partir de una necesaria distinción entre tipos de prostitución15: a) la prostitución que supone la explotación de personas, que tiene una componente clara de discriminación sexual y, por lo tanto, se co­rresponde con la situación de sumisión de la mujer que es forzada o inducida por el hombre a prostituirse y b) la prostitución libre y voluntaria, ejercida por personas mayores de edad y capaces.

 

Por otro lado conviene definir qué entendemos por prostitución, proxe­netismo, rufianismo y actividad de alterne. Se entiende por prostitución la venta de servicios sexuales a cambio de dinero u otro tipo de retribución. Por proxenetismo entendemos la determinación a la prostitución de otra persona y lucro a costa de esa actividad; el rufianismo es sinónimo de vivir a expensas de persona que se dedica a la prostitución y, finalmente, por actividad de al­terne se entiende la encaminada a estimular a los clientes a consumir y a hacer gasto en su compañía, percibiendo a cambio un porcentaje sobre las consumi­ciones realizadas en determinados clubes, bares y salas de fiesta.

 

 

  1. prostitución y su regulación en España

 

3.1. Modelos de regulación en general

 

Se distinguen tres modelos de tratamiento de la prostitución en los Estados de nuestro ámbito euroatlántico: el prohibicionismo, el abolicionismo y el regla­mentarismo o reglamentismo en sus vertientes decimonónica y actual. El pro­hibicionismo considera delictivo el ejercicio de la prostitución pues entiende que las prostitutas son mujeres desviadas, depravadas, ruines, delincuentes. Se penaliza a todos los que intervienen en la prostitución y por lo tanto se persigue tanto la oferta (prostituta y quien organiza o fuerza la prostitución, proxeneta y/o rufián) como la demanda (cliente).

 

En el abolicionismo se persigue el proxenetismo, sea individual u organi­zado, pero no se persigue la prostitución, que es entendida como una cuestión de desequilibrio de poder entre hombres y mujeres, que refleja el dominio de los primeros sobre las segundas. La prostituta es víctima de un sistema de explotación sexual y de desigual distribución de la riqueza y los recursos. Se pena al proxeneta y al cliente, pero no a la mujer prostituta.

 

Por su parte, el modelo reglamentarista o reglamentista es el que se decan­ta por dictar normas reglamentarias puntuales para regular algunos aspectos de la prostitución. Este modelo, desarrollado a lo largo del S. XIX y primera mitad del XX considera la prostitución una realidad social inevitable, un mal para la sociedad, pero «un mal menor» que viene a cubrir determinadas ne­cesidades al amparo de la afirmación de una naturaleza sexual distinta del hombre respecto de la mujer y no satisfecha en las relaciones matrimoniales existentes durante el siglo diecinueve. Por lo tanto, la práctica de la prostitu­ción es tolerada pero se considera que hay que regularla porque su práctica genera problemas de orden público (salud pública y bienestar ciudadano).

El reglamentarismo actual considera que el Estado no debe intervenir por tratarse de un asunto sexual y por lo tanto privado. Sólo lo deberá hacer para regular el aspecto económico y para terminar con situaciones de coacción. Al mismo tiempo, establecerá la obligatoriedad de controles sanitarios y policia­les de zonificación. Las medidas que implanta este modelo son, entre otras, la inscripción de las prostitutas en un registro específico, la vigilancia y visita médica obligatoria con el registro en cartillas sanitarias específicas de los con­troles médicos y la posibilidad de la hospitalización obligatoria si la prostituta padece enfermedades de transmisión sexual. Se deberán igualmente regular las zonas, que serán discretas y convenientemente acotadas, donde podrá ubi­carse la prostitución en las ciudades. Se regulará, por último, lo relativo al establecimiento y actividad de las «casas de tolerancia» o mancebías.

 

3.2. Modelos de regulación en Europa: síntesis de los modelos sueco, francés, holandés y alemán16

 

El modelo sueco de regulación de la prostitución es el denominado neoaboli­cionista, implantado por la «Ley de prohibición de compra de servicios sexua­les» de 1 de enero de 1999. En virtud de este modelo se castiga a todo aquél que «obtenga una relación sexual ocasional a cambio de dinero», esto es, al cliente; y se mantiene la prohibición ya existente del proxenetismo. Con este modelo se prohíbe la prostitución por el lado de la demanda, con el objeto de acabar eliminando también la oferta y lograr el fin de la abolición de la prostitución. Se acompaña esta legislación con un amplio paquete de medidas de reinserción socio-laboral de las mujeres prostitutas, a las que se considera víctimas.

 

En Francia se sigue un modelo prohibicionista, que ha introducido con la Ley núm. 2003-239, de 18 de marzo importantes modificaciones en la legisla­ción penal en materia de prostitución, ampliando las conductas sancionables penalmente en relación a ella. Se introducen nuevas formas de proxenetismo y conductas afines como el rufianismo, se penaliza el racolage o «captador de clientes» y se hace prácticamente inviable cualquier modalidad de estableci­miento público dedicado a la prostitución. Asímismo, se penaliza al cliente en determinados casos, como cuando mantenga relaciones sexuales remu­neradas con personas que presenten una vulnerabilidad relacionada con una enfermedad, una deficiencia física o psíquica, o una situación de embarazo.

 

Si en los dos ejemplos anteriores el objeto de las legislaciones es terminar con la prostitución, en los dos modelos siguientes la finalidad de su normativa es el reconocimiento y garantía de los derechos de las personas que ejercen la prostitución. En Holanda, primer país de la Unión Europea en regular la pros­titución como trabajo asalariado o como trabajo ejercido de forma autónoma, se reguló a través de la Ley de 27 de septiembre de 2000, que suprimió la pro­hibición general de los burdeles, regulándose su ubicación y su autorización administrativa a través de licencias municipales. Este modelo contempla el alta de quienes ejercen la prostitución en la Seguridad Social y la sujeción de su actividad al derecho laboral. Mientras, en Alemania, la legalización de la prostitución vino de la mano de la Ley para regulación de las relaciones jurídi­cas de las personas prostituidas de 20 de diciembre de 2001, conocida común­mente como la «Ley de prostitución». Esta norma fue complementada con la modificación del Código Penal alemán, que suprimió el delito de fomento o promoción de la prostitución y lo sustituyó por el de explotación de las per­sonas prostituidas. Esta ley reconoce la validez de la relación contractual de quien ejerce la prostitución y su cliente (y por lo tanto se considera el objeto del contrato lícito) y, en línea con lo anterior, se considera la prostitución co­mo un empleo a efectos del alta en la Seguridad Social.

 

3.3. Regulación en España

 

3.3.1. Etapa reglamentarista (S. XIX y XX – 1956)17

 

Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se sigue en España el modelo de reglamentarismo decimonónico antes expuesto. Comienza el tra­tamiento con normas de rango reglamentario que tuvieron en la mayoría de los casos un ámbito de aplicación local (municipal o provincial) y que hasta la primera década del siglo XX no será regulada en normas de carácter gene­ral o estatal. Todas ellas contenían disposiciones en materia de salud y orden público. Son ejemplo de la primera el Reglamento especial de la Sección de Higiene de la prostitución de Madrid de 1877; de la segunda es representativo el Reglamento de Higiene de la Prostitución aprobado por la Real Orden de 1 de marzo de 1908.

 

Por su parte, la legislación penal se limitaba a regular como faltas la «in­fracción de los reglamentos de policía en lo concerniente a mujeres públicas» (Códigos Penales de 1948 y 1870) y sólo a partir de 1904 los códigos penales recogerán un amplio catálogo de conductas tipificadas como delito en rela­ción a la prostitución (trata de blancas y prostitución de menores).

 

3.3.2. Etapa abolicionista (1956-1995)

 

A partir del Decreto-Ley de 3 de marzo de 1956 y de las reformas del Código Penal de 1961 y 1963 se producirá una nueva regulación de delitos relativos a la prostitución en cumplimiento del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, firmado en el seno de Naciones Unidas, en Lake Success (Nueva York) el 2 de diciembre de 1949. En dicho convenio se prohíbe el proxenetismo y la prostitución ajena con las siguientes palabras:

 

Artículo 1: Las partes en el presente Convenio se comprometen a castigar a toda persona que, para satisfacer las pasiones de otra:

  1. Concertare la prostitución de otra persona, la indujere a la prostitu­ción o la corrompiere con objeto de prostituirla, aun con el consentimiento de tal persona;
  2. Explotare la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de tal persona.

Artículo 2: Las Partes en el presente Convenio se comprometen asimis­mo a castigar a toda persona que:

  1. Mantuviere una casa de prostitución, la administrare o a sabiendas la sostuviere o participare en su financiamiento;
  2. Diere o tomare a sabiendas en arriendo, un edificio u otro local, o cual­quier parte de los mismos, para explotar la prostitución ajena.

 

 

Y añade en su «Artículo 6: Cada una de las Partes en el presente Convenio conviene en adoptar todas las medidas necesarias para derogar o abolir cual­quier ley, reglamento o disposición administrativa vigente, en virtud de la cual las personas dedicadas a la prostitución o de quienes se sospeche que se dedican a ella, tengan que inscribirse en un registro especial, que poseer un documento especial o que cumplir algún requisito excepcional para fines de vigilancia o notificación».

 

A la luz de este convenio, en España se declara la prostitución como actividad ilícita y se prohíben las mancebías y casas de tolerancia. Por otra parte, para supervisar el control del cumplimiento de esta nueva ley sobre prostitución, se encomienda al Patronato para la Protección de la Mujer la tutela y reeducación de las prostitutas y su reinserción laboral y se crearán instituciones especializa­das, de carácter no penitenciario, para llevar a cabo medidas de prevención en este terreno. Por último, y por lo que respecta a la legislación penal, el Código Penal sufrirá una modificación importante que incluirá, junto a la tipificación de la prostitución de menores y la prostitución coactiva, la prostitución ejerci­da por cuenta ajena y diversas formas de proxenetismo y rufianismo.

 

Así, el Código Penal, tras su última modificación18, operada en esta etapa (año 1963) castiga, en sus artículos 452 bis d) y 452 bis c), al «dueño, ge­rente, administrador o encargado del local, abierto o no al público, en el que se ejerza la prostitución u otra forma de corrupción, y toda persona que a sabiendas participe en su financiamiento»; y «a quien a sabiendas, sirviera a los mencionados fines en los referidos locales», así como a «los que dieren o tomaren en arriendo un edificio o local, o cualquier parte de los mismos, para explotar la prostitución o corrupción ajenas» (proxenetismo), incluyendo en este concepto amplio de proxenetismo «cualquier forma organizada o empre­sarial del ejercicio de la prostitución»; castigaba, también, a «quien viviere en todo o en parte a expensas de la persona o personas cuya prostitución o corrupción explote» (rufianismo). Sin embargo, no se prohíbe la prostitución ejercida de forma independiente por personas adultas si bien se consideraba «tráfico ilícito», por lo que no podía ser regulada ni por el derecho público ni por el derecho privado.

 

Es significativa en esta etapa otra ley que sí avanza en la incriminación de la mujer que ejerce la prostitución. Nos referimos a Ley 16/1970, de 4 de agosto, sobre peligrosidad y rehabilitación social. En esta ley se considerará «sujeto peligroso» y por lo tanto susceptible de aplicación de determinadas «medias de seguridad», además de a los «rufianes y proxenetas», a las «perso­nas que ejerzan habitualmente la prostitución». Esta Ley, como es sabido, fue derogada con la modificación del Código Penal de 1995.

 

 

3.3.3. Etapa de tolerancia normativa (1995-2003)

 

El Código Penal de 1995 abandona la corriente abolicionista y reduce los tipos delictivos en relación a la prostitución: el artículo 187.1 Cp castiga al que «induzca, promueva, favorezca o facilite la prostitución de una persona menor de edad o incapaz» y «la determinación a que alguien ejerza la pros­titución a través de coacción, engaño o abuso de una situación de necesidad o superioridad». Por su parte, el artículo 188 Cp castiga a quien «determine, coactivamente, mediante engaño o abusando de una situación de necesidad

o superioridad, a persona mayor de edad a ejercer la prostitución o a man­tenerse en ella…», y a quienes lo hagan «prevaliéndose de una condición de autoridad pública, agente de éste o funcionario público».

 

Despenaliza la prostitución voluntaria, el rufianismo y las diversas formas de proxenetismo no viciado por coacción. Al amparo de este código se dictaron reglamentos que permitían la prostitución por cuenta ajena, como la Ordenanza Local sobre establecimientos públicos destinados a la prostitución, de 12 de mayo de 1999 en el Ayuntamiento de Bilbao o el Decreto 217/2002, de 1 de agosto por el que se regulan los Locales de pública concurrencia donde se ejerce la prostitución de la Generalitat de Cataluña. A raíz de esta legislación penal se abre el debate sobre una supuesta liberalización de la prostitución por cuenta ajena, la realizada en clubes o locales de alterne.

 

Ello impulsa la creación de asociaciones de «empresarios del sexo» que reclaman el pleno reconocimiento y la regulación legal de su actividad19.

 

3.3.4. Retorno al abolicionismo

 

La modificación del Código penal introducida mediante la LO 11/1999, de 30 de abril, incorpora en el artículo 188 los conceptos de intimidación y vul­nerabilidad como nuevos elementos susceptibles de viciar el consentimiento de quien se prostituye. Así el artículo 18820 castiga al que «determine, em­pleando violencia, intimidación o engaño, o abusando de una situación de superioridad o de necesidad o vulnerabilidad de la víctima, a persona mayor de edad a ejercer la prostitución o a mantenerse en ella, será castigado con las penas de prisión de dos a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses». La modificación que se realiza mediante la LO 11/2003, de 29 de septiembre, incorpora el delito de lucrarse explotando la prostitución de otra persona aún con el consentimiento de ésta, aparejándole la misma pena que la prevista

para el delito de determinación a la prostitución. Establece el artículo 188 que «el que determine, empleando violencia, intimidación o engaño, o abusando de una situación de superioridad o de necesidad o vulnerabilidad de la vícti­ma, a persona mayor de edad a ejercer la prostitución o a mantenerse en ella, será castigado con las penas de prisión de dos a cuatro años y multa de 12 a 24 meses». En la misma pena incurrirá el que se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma.

 

Con esta última legislación se vuelve a los postulados abolicionistas del Convenio de Nueva York. Sin embargo, la legislación no es unívoca en la in­terpretación que de ellas hacen los tribunales al aplicarla, porque sólo castiga el proxenetismo que conlleva explotación y no la prostitución ejercida por cuenta propia, en la que no existe vínculo de subordinación de la prostituta con quien le sirve una infraestructura o local y le cobra por ello.

 

Los Tribunales de Justicia del orden social han hecho en su interpretación diferenciación entre la actividad de alterne (permitida) y la de prostitución por cuenta ajena (penalizada) y han entrado a la valoración acerca del carácter laboral o no de la prostitución. En términos generales se considera la activi­dad de alterne lícita y se asimila a la conducta de «quien trata a los clientes, para estimularles a consumir y hacer gasto en su compañía, percibiendo un porcentaje sobre las consumiciones (salas de fiesta, bares)».

 

Con todo, el panorama legal actual de la prostitución en España se re­sume hoy con lo siguiente: se distingue la prostitución por cuenta propia y por cuenta ajena, entendiendo que hay tolerancia legislativa respecto de la primera, esto es, la prostitución por cuenta propia ejercida de forma libre y voluntaria por persona mayor de edad y capaz. Respecto de la prostitución por cuenta ajena se interpreta como actividad de explotación (determinación, inducción, coacción, situación de especial vulnerabilidad) y por lo tanto es ilegal, si bien queda fuera de esta consideración la denominada «actividad de alterne» (como se ha visto declarada «lícita» por la jurisprudencia de ámbito social) que se interpreta ajustada a una relación laboral y por lo tanto el objeto de su actividad es considerado lícito y no equiparable a la prostitución por cuenta ajena.

 

Conviene recordar la legislación civil vigente en España en relación al objeto de los contratos y a la causa de los mismos. Establece el Código Civil en su artículo 1.271 que podrán ser «objeto de contrato todos los servicios que no sean contrarios a las leyes o a las buenas costumbres» y que es ilíci­ta la causa del contrato «cuando se opone a las leyes o a la moral». En este sentido se entiende que la prostitución, que tiene por objeto la prestación de servicios sexuales, es ilícita, y por lo tanto no puede ser desarrollada como actividad laboral mediante ley, por ser dicho objeto «contrario a las buenas costumbres»… o «a la moral». En este punto nos parecería interesante que se suscitase un debate social sobre qué se entiende en la actualidad por «buenas costumbres» o por «moral».

 

En definitiva, la situación legal actual de la prostitución en España es la impunidad de la ejercida por cuenta propia, mientras que se persiguen penalmente determinados hechos cometidos por terceras personas en el entorno de las conductas mismas de prostitución. Ni la Constitución prohíbe la prostitución, ni impide su eventual prohibición legislativa, ni obliga a su reconocimiento jurídico como trabajo sino que permite una amplia libertad de configuración por parte del legislador 21. En este sentido, entiende la doctrina que la configuración/determinación de los perfiles válidos del ejercicio de la prostitución puede venir de la mano de la jurisprudencia de los tribunales ordinarios y del Tribunal Constitucional. No obstante esto, y como hemos venido afirmando a lo largo de estas páginas, una regulación en positivo de los derechos sexuales, evitaría colocar a la justicia en el papel del legislador. En este sentido, es relevante la doctrina del Tribunal Constitucional que, en su sentencia 129/1996 recuerda que «es tarea del legislador determinar la re­gulación relativa a la prostitución» y, declara que «tan conforme es a la Cons­titución… que un hecho que hasta un determinado momento es penalmente típico deje de serlo, o viceversa, o que sobre él, el legislador establezca una diferente pena en el aspecto cualitativo o en el cuantitativo. Los procesos de auténtica criminalización y descriminalización, o de aumento o reducción de penas, responden a una serie de circunstancias que generalmente afectan a la sensibilidad social frente a determinados comportamientos, que al ser captada por el legislador en cada momento histórico, da lugar a una distinta reacción del ordenamiento jurídico, desde la perspectiva penal (…)». En línea con esta doctrina, consideramos necesario que el legislador afronte su responsabilidad en esta materia, y saque del limbo jurídico el ejercicio de la prostitución libre y voluntaria, realizada por persona mayor de edad y capaz, y dé cobertura legal mediante la regulación de los derechos sexuales a dicha actividad, para garantizar los derechos del orden laboral, social y económico de las mujeres que optan por esta actividad.

 

  1. Consideraciones finales a modo de conclusión

 

Como reflexión final entendemos que el Estado de Derecho debe perseve­rar en su lucha contra la prostitución forzada y el tráfico de personas, para erradicar las situaciones de violaciones de derechos existentes en las socieda­des actuales y, en el ámbito de este estudio, debe luchar de manera especial contra la explotación sexual para acabar con la discriminación que por razón de sexo ha sufrido la mujer a lo largo de la historia. En esta línea, el Estado social del S. XXI debe reconocer y regular sobre derechos sexuales no explici­tados en el texto constitucional español, si pretende lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. A este respecto, el reconocimiento de los derechos sexuales previo a la regulación sobre la prostitución libre, garantizará el ejer­cicio de los derechos fundamentales, principalmente del orden social a las personas que ejercen la prostitución, contribuyendo con ello a la protección de, entre otros, su derecho a la salud frente a la contracción de enfermedades de transmisión sexual como el VIH/SIDA.

 

En suma, consideramos que el Estado de Derecho tiene que superar la histórica aversión a la posibilidad de una regulación legal de la prostitución libre, para lo cual es necesario contribuir a generar un debate social amplio, en el que se implique a todos los actores sociales y se posibilite dialogar acerca de los valores y principios de nuestra sociedad, partiendo de los postulados propios de todo Estado social y democrático de derecho y que incluya a todos los ciudadanos, independientemente de sus creencias religiosas.

 

Para finalizar, nos sumamos a quien, como Mestre i Mestre, sostiene que la respuesta a la prostitución, en clave de igualdad, puede darse no sólo en términos de abolición, sino en términos de reconocimiento de derechos.

 

 

Estrella y la prostitución, con eso paga las quimioterapias de su papá en Oaxaca

Detrás de la sonrisa, existe la tristeza de la soledad

 

Julio César Sánchez García

 

Sáb, 10/07/2017

 

http://www.nvinoticias.com/nota/72552/estrella-y-la-prostitucion-con-eso-paga-las-quimioterapias-de-su-papa-en-oaxaca

 

Una Estrella destinada a la soledad…

Sus muslos fuertes y atractivos se moldearon al paso del tiempo y constante taconeo de sus zapatillas.

Para ella, son pocos los momentos en que la felicidad la hace llorar, ya que la tristeza la embarga, desde que decidió su destino: ser muxe.

Su nombre es Estrella, su padre lo dejó desde que tenía diez años de edad, él trabajaba en una refinería en Salina Cruz y todo lo que ganaba era para el trago y las mujeres, gastando su dinero a manos llenas.

Ahora, los años le han cobrado la cuota, por lo que ya enfermo regresó a su casa para que Estrella se haga cargo de él, quien por el compromiso que siente con su padre, lo aceptó y ahora se ha visto en serios problemas económicos, ya que para pagar las medicinas pide prestado. Su padre pacede cáncer en la garganta.

Estrella tiene que ver la forma para pagar las quimioterapias, por lo que tiene que estar viajando de Juchitán a Oaxaca, tres veces al mes junto con su padre, para que pueda recibir su tratamiento a tiempo.

Tiene que dejar su trabajo y pedir prestado para poder hacerlo, teniendo como una opción para pagar sus deudas, la prostitución, a la cual no quiere dedicarse; sin embargo, la suerte está en su contra.

El terremoto del pasado siete de septiembre, le hizo ver su negra suerte, ya que su casa quedó agrietada, por lo que ahora duerme en el patio junto con su padre, para lo cual instaló dos hamacas que consiguió gracias al apoyo y comprensión de algunos de sus amigos.

Ahora, con las constantes lluvias, tiene que soportar, aparte del calor, la presencia del lodo.

Para cuidarse del sol y protegerse de los aguaceros, unió bolsas negras de las que son utilizadas para tirar la basura, y de esta forma es que la utiliza como lona.

Estrella ve con tristeza a su padre, le agradecé haberle dado la vida, no le reprocha su abandono, consciente de que por ser muxe, tendrá que pasar lo que le resta de vida en la soledad.

 
Aún rechazan a los muxes en la familia

Esteban León Melchor, integrante de la Fundación “Ángeles por la Vida” A.C., mencionó que los muxes son una comunidad a la cual le han puesto limitantes, y que a pesar de que son respetados y reconocidos por sus logros, son rechazados en su núcleo familiar.

A diferencia de los gay, ellos no pueden tener una pareja estable, “si ellos tienen un puesto donde venden productos alimenticios, los consideran insalubres; entonces, son respetados, pero a la vez, tienen que pagar un precio muy alto: la soledad”.

Además que la familia abusa de ellos, porque los consideran como quienes deben de llevar la carga de toda la familia, “ellos son los pilares de la casa, manteniendo al papá, a la mamá, a los hermanos más pequeños, aparte de que cuando sus hermanas y hermanos tienen hijos, van y los dejan con ellos, que parece que tienen un kinder a su cuidado”.

Por ello, es triste su existencia, ya que para llevar las riendas de sus hogares, algunos tienen que dedicarse a la prostitución, “esto, porque a veces el trabajo que ellos desarrollan, ya que ellos son los encargados de elaborar los hermosos trajes regionales, reconocidos mundialmente, como es el de las tehuanas, ellos son los que los crean los modelos”.

También, son los que producen el tradicional totopo, “por lo que, cuando no hay ventas, ellos tienen que salirse a prostituir, para llevar el sustento a sus casas”, lamentó León Melchor.

Refirió que los muxes tienen el derecho de prostituirse, de estar con una persona u otra, “pero lo que no pueden hacer es tener una pareja normal, ya que de hacerlo, automáticamente les dejan de comprar todos los productos que venden, porque son vistos como antisociales”.

“La sociedad no ve mal que puedan tener relaciones con otras personas, pero no pueden tener una pareja estable, ya que al hacerlo, son rechazados y se tienen que ir del pueblo a otros lugares lejanos, donde no los conozcan”, reiteró.

A veces, por la necesidad de llevar el dinero diario a sus familias, se ven en la necesidad de emigrar, lo cual lo hacen a la Ciudad de México, Puebla, Veracruz, regresando infectados de VIH, “esto, porque muchas veces no hay las ventas suficientes para llevar el dinero a sus casas, como es el caso de Estrella, por lo que tienen que trabajar en otras cosas para solventar los gastos que esto conlleva”.

Apoya a los muxes

León Melchor apoya a aquellos muxes que están infectados, “tanto económicamente como con medicamentos, les damos conferencias sobre el uso del condón y todas las enfermedades de transmisión sexual”.

Otro de los peligros que deben enfrentar los muxes, es el trabajar en las cantinas, “hay un caso de una muchacha que se llama Michell, la cual está trabajando en la ciudad de Oaxaca de Juárez, porque en Juchitán se la llevaron, la golpearon, la violaron y la dejaron desnuda en la calle, a todo eso se exponen al trabajar en el sentido de la prostitución, pero a veces es necesario que ellas lo hagan, porque no tienen los suficientes ingresos ni apoyo gubernamental ni de su casa ni de ninguna organización”.

Explicó que existe una gran diferencia entre el muxe y el gay, “este último tiene otra mentalidad, son más abiertos, pelean más por sus derechos, el muxe es más arraigado a sus costumbres, porque vienen desde el ramo familiar que se los vienen inculcando, de repente se dan cuenta que son muxes, los van formando para que ellos sigan respetando la familia, y se dejen llevar por todas las costumbres familiares”.

Por ello, es que, las costumbres destruyen a estas personas que lo entregan todo, con el firme propósito que a sus seres queridos no les falte nada, sin embargo, cuando ellos necesitan de los mismos, les dan la espalda.

 

Por qué el movimiento antitrata ignora las voces de las trabajadoras sexuales

 

Por Benjamin L. Corey

3 de junio de 2016

 

http://www.patheos.com/blogs/formerlyfundie/why-the-anti-trafficking-movement-ignores-the-voices-of-sex-workers/

 

Cuando estaba a la mitad de mi doctorado que incluía una extensa investigación de campo en el mundo de la trata de personas, tuve una pequeña crisis: lo que estaba aprendiendo y descubriendo no se ajustaba a lo que yo creía que iba a estar en el estudio.

Tuve previamente unas pocas experiencias que desencadenaron inicialmente en mí la necesidad de reconsiderar la narrativa de la trata con la que había empezado. La primera fue yendo en taxi por las calles de Bombay cuando una colega me dijo que estaba dolorida porque había sido golpeada durante un rescate en un burdel la noche anterior.

“¿Quién te pegó?”, pregunté. “¿Los tratantes?¿La policía?”

Respondió: “No, la mujer me golpeó porque no quería que yo la rescatara. Pero algún día me lo agradecerá”.

Todavía recuerdo cómo bajé la cabeza y cerré los ojos al darme cuenta de que eso sonaba realmente jodido.

Ese fue mi primer momento importante en el que me di cuenta de que algo iba mal en el movimiento, pero tuve también otras experiencias.

Otro fue cuando fui a entrevistar a trabajadoras sexuales en burdeles situados en las afueras de la ciudad. Cada una tenía una historia compleja y llena de matices, circunstancias individuales y decisiones personales. Al descomprimir las entrevistas con un colega, me sorprendí a mí mismo diciéndome que necesitaba alguna forma de redefinir la trata, ya que ninguna de las trabajadoras sexuales a las que había entrevistado reunía los criterios legales de fuerza, fraude o coacción, ni quería siquiera dejar el burdel cuando las pregunté qué haría falta para que se fueran del mismo. Tenían historias complejas y a menudo tristes, pero no eran víctimas de trata, como yo había supuesto.

No había dos historias iguales y casi nada de lo que estaba aprendiendo de las trabajadoras sexuales se ajustaba a lo que yo había creído previamente: no era una situación de blanco y negro en la que todas o eran víctimas de trata o deseaban ser “rescatadas”. Así que empecé a pensar formas de hacer que sus historias se ajustaran a mis creencias: hasta que me di cuenta de que seguir por ese camino sería un error.

En cuanto a mí, sabía que sólo tenía una opción: tenía que abandonar mi sesgo de confirmación (tendencia a sólo creer / considerar la información que se ajusta a la creencia previamente sostenida), y seguir dondequiera que la investigación / datos me condujeran, para que pudiera publicar mi tesis y observaciones posdoctorales con una conciencia limpia. Ese viaje (que abarca unos cuantos años más de investigación) me dejó con puntos de vista sobre la trata de seres humanos que radicalmente no están de acuerdo con la narrativa evangélica tradicional sobre el tráfico de seres humanos, pero que así sea. He seguido los datos con honestidad, y aquí es donde aterricé.

Una de las principales observaciones de mi estudio (que se basó en gran medida en el examen de las organizaciones de trata a través de la teoría del movimiento social) fue la siguiente: muchas organizaciones anti-trata basadas en la fe habían mezclado lentamente la trata y el trabajo sexual hasta el punto de que muchos ya no son exclusivamente anti-organizaciones de trata. En su lugar, muchos se han convertido funcionalmente en organizaciones contra la trata, contra la pornografía y contra la prostitución (lo que es totalmente su prerrogativa, pero seamos honestos y al menos llamémoslo por su nombre).

Curiosamente, esto también sucedió en el siglo XIX cuando los evangélicos trataron el tema de la trata de personas: lentamente se transformó con el tiempo y finalmente se convirtió en un movimiento contra la prostitución. De hecho, incluso el término que originalmente usaron para definir la trata finalmente significó prostitución y no trata en absoluto, lo que es precisamente lo que vemos con el término moderno “trata sexual”. Lo que alguna vez fue un término para identificar “la fuerza, el fraude y la coerción” en algunos lugares se utiliza ahora para referirse al comercio sexual en general, exactamente igual como sucedió hace ciento cincuenta años.

Darme cuenta a través de la teoría del movimiento social de que gran parte del movimiento contra la trata de seres humanos se está transformando y se está convirtiendo cada vez más en un movimiento contra la industria del sexo, me llevó a otra observación interesante y más inquietante: el movimiento se está centrando rápidamente en “ayudar” a un grupo de gente que ni siquiera conocemos.

Más adelante en mi investigación empecé a entablar más diálogo con la comunidad de trabajo sexual, lo que confirmó la corazonada que tuve en la India hace años: las historias de aquellas que integran la comunidad de trabajo sexual son individuales, variadas, matizadas y complejas, y no se ajustan a algunas narrativas prefabricadas donde un tamaño vale para todos. También se hizo evidente, y atestiguado, que demasiados en el movimiento de lucha contra la trata no dialogan con la comunidad de trabajo sexual. Ni han dialogado nunca. En cambio, oigo voces que expresan sentimientos de ser silenciadas, ninguneadas, estigmatizadas, ignoradas e incluso tuteladas por extraños que piensan que saben lo que es mejor para ellas, sin siquiera conocerlas a ellas o conocer sus historias individuales.

Podrían haber escuchado algunas historias que luego fueron generalizadas y aplicadas a todo un grupo de personas, pero esto no hace que esas generalizaciones o experiencias sean verdaderas para todas, sin importar cuán sinceramente uno quiera creerlo.

Lo que está ocurriendo hoy en el movimiento antitrata / anti-inudustria del sexo sería ofensivo en cualquier otro contexto. Es una forma de colonialismo moral: “hola … estoy aquí, tengo objeciones morales a cómo estás viviendo, y sé exactamente cómo tu vida necesita cambiar sin siquiera escuchar tu historia”. La única razón por la cual esto es tolerado en este contexto es debido a la estigmatización asociada con la industria del sexo, una estigmatización que a menudo es perpetuada por las mismas personas que dicen que quieren ayudar. (Y por cierto que no son solo los evangélicos. Las feministas de izquierda están haciendo lo mismo: silenciar a las trabajadoras sexuales, reforzar los estigmas sociales y tratar a las personas de la industria del sexo como si fueran víctimas indefensas que carecen de cualquier autonomía personal. Desde luego que estos dos grupos hacen extraños compañeros de cama.)

Aquí está la conclusión: este nuevo movimiento contra la industria del sexo es un movimiento dirigido a “ayudar” a gente con la que muchos no hablarán ni siquiera escucharán. Eso me parece una pobre manera de llevar a cabo nuestra misión.

Y lo que peor es esto: si realmente queremos abordar la trata de seres humanos, las integrantes de la comunidad de trabajo sexual deberían ser nuestras aliadas más cercanas, porque son las que mejor conocen lo que pasa y las más fervientes defensoras de las que están siendo explotadas. Pero en cambio, las hemos alienado a expensas de nuestra propia misión, y eso perjudica a la gente.

Los primeros asientos en la mesa deberían ser reservados para las integrantes de la comunidad de trabajo sexual – y todos los demás deberían escuchar.

Entonces, ¿por qué tenemos un movimiento entero dedicado a “ayudar” a un grupo de personas con las que el movimiento ni siquiera está hablando? ¿Por qué las conferencias contra la trata a menudo carecen de oradores que estén en desacuerdo con la postura feminista izquierdista o evangélica acerca de la industria del sexo? ¿Por qué las voces de aquellas que están en la industria del sexo son silenciadas, ignoradas y totalmente despreciadas?

Pienso que la respuesta es compleja, pero en el fondo de ella es ésta: la realidad ensuciaría realmente nuestros sesgos de confirmación y complejos del salvador, y esos sesgos y complejos trascienden los binarios liberal contra conservador o secular contra religioso.

Pienso que la respuesta es compleja, pero en esencia es ésta: la realidad ensuciaría realmente nuestros sesgos de confirmación y complejos del salvador, y esos sesgos y complejos trascienden los binarios liberal versus conservador o secular versus religioso.

Es conveniente creer que todo el mundo es una víctima, porque hay un pago para nosotros: tenemos que desempeñar el papel que nos gusta jugar. Es más difícil entrar en el desorden y la complejidad de la vida y sentarse y escuchar las historias de las personas, especialmente cuando esas historias no terminan con nosotros salvándolas.

El trabajo contra la trata de personas es importante, por eso he dedicado cuatro años de trabajo doctoral. Pero la narración con la que empezamos no es un modelo de tamaño único; la realidad es siempre más compleja. Sí, encontraréis casos que encajan con la narrativa: personas que están atrapadas en fraude, fuerza o coerción y que necesitan ayuda. Pero también encontraréis una serie de experiencias, como personas que disfrutan de su trabajo y quieren que sus derechos y su seguridad sean protegidos, o incluso historias profundamente conmovedoras y hermosas como las de las trabajadoras sexuales que se especializan en ayudar a las personas con discapacidades severas (personas que uno llega a ver más como humanitarias que como víctimas indefensas).

Así que al final, ¿por qué una parte tan grande del movimiento contra la trata de personas ignora las voces de las trabajadoras sexuales? Es porque cuando las escuchas, la narrativa de “todo el mundo es una víctima” se desmorona, y eso nos obliga a repensar nuestro enfoque, nuestras filosofías, las leyes perjudiciales que defendemos (como el modelo nórdico), y todo lo demás. Básicamente, me temo que si escucháramos las voces de las trabajadores sexuales tendríamos que dejar de hacer lo que estamos haciendo, y empezar todo de nuevo.

Y eso es demasiado problema.

Es mucho más fácil seguir operando bajo nuestros sesgos de confirmación, porque cuando hacemos eso, nunca tenemos que salir del blanco y el negro, y adentrarnos en el gris que es la vida real.

 

“Mi cuerpo es mío”. Debates y disputas de los feminismos argentinos en torno al aborto y al sexo comercial

Santiago Morcillo y Karina Felitti

 

1 de julio de 2017

 

 

http://amerika.revues.org/8061

 

Introducción

1“Mi cuerpo es mío” es una consigna que está presente en las movilizaciones feministas contemporáneas y un tema de estudio en la academia que se ocupa de temas de género y sexualidad (Correa y Petchesky, 1999). La vinculación de este lema con el liberalismo ha llevado a resaltar que la defensa del cuerpo como propiedad no implica dejar de lado la responsabilidad colectiva, ni la reflexión teórica y política constante (Petchesky, 1995 ; Phillips, 2013). El reclamar el derecho a la propiedad del propio cuerpo nos enfrenta a una paradoja :

aunque luchemos por los derechos sobre nuestros propios cuerpos, los cuerpos por los que luchamos nunca son lo suficientemente nuestros. El cuerpo tiene una dimensión invariablemente pública. Constituido en la esfera pública como fenómeno social, mi cuerpo es y no es mío (Butler, 2006 : 52).

2En la Argentina este lema está presente en las luchas por la legalización del aborto y también en los reclamos por el reconocimiento del trabajo sexual. En el primer caso, existe un consenso entre los diferentes feminismos sobre la necesidad y relevancia de esta demanda. Cuando se trata de defender la autonomía en relación al sexo comercial, en cambio, el tema los divide. Estas discusiones están inscriptas en un escenario en donde el feminismo ha ganado presencia pública y se realizan multitudinarias manifestaciones contra la violencia de género1. A su vez, desde comienzos del nuevo siglo algunos derechos reproductivos y sexuales fueron reconocidos legalmente –acceso a la anticoncepción (incluida la quirúrgica), educación sexual, matrimonio igualitario, identidad de género, entre otros–, pero la ambigüedad prima en torno al aborto y a la prostitución.

3Interrumpir voluntariamente un embarazo ha sido ilegal desde fines del siglo XIX y según el artículo 86 del Código Penal, solo se considera no punible si tiene el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la “madre” y “si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente”. Aún en estos casos aparecen diferentes obstáculos que impiden este acceso y generan las reacciones de organismos de derechos humanos y feministas. Frente a esto, en 2012, la Corte Suprema de Justicia (2012) aclaró que toda mujer que resultara embarazada como producto de una violación, debía tener acceso a un aborto no punible sin necesidad de intervención judicial y exhortó a que cada jurisdicción redactase su propio protocolo de atención para garantizarlo, lo que resultó un avance en un contexto todavía restrictivo (Ramos ; Romero y Aizemberg, 2014 ; Ramón Michel, Ramos y Romero, 2013)2.

4La prostitución no aparece directamente como ilegal en la legislación, pero desde 1921 el Código Penal sanciona la explotación de la prostitución ajena. Además, en la mayoría de las provincias hay normativas de menor alcance (códigos contravencionales) que construyen un complejo patchwork y sancionan el sexo comercial callejero – aún cuando sea autónomo–, principalmente bajo la figura de “prostitución escandalosa” (Morcillo y Justo, 2012). En la última década, la lucha contra la “trata de personas con fines de explotación sexual” habilitó enfoques que se acercan al prohibicionismo. La última modificación de la ley de trata en 2012, amplía el espectro de casos que pueden ser considerados como “trata” y desestima el consentimiento, así borra la posibilidad de que el sexo comercial sea una opción y devalúa las voces de las mujeres. En este marco, se han multiplicado las normas que prohíben la habilitación de cabarets y la publicación de avisos para ofertar servicios sexuales.

5Este artículo pone en relación estos dos debates del feminismo argentino contemporáneo, el que rodea a la legalización del aborto y el que se enfoca en el sexo comercial, subrayando las diferentes interpretaciones que puede adquirir la consigna “mi cuerpo es mío”. Se describen estos dos escenarios y se los pone en relación, subrayando las diferentes interpretaciones que puede presentar la idea de propiedad privada del cuerpo en los feminismos, a partir del análisis de algunas de sus producciones teóricas, documentos escritos, sitios web, declaraciones en medios de prensa y redes sociales.

El derecho al aborto : quiénes, cómo, dónde

 

6Como dijimos, desde la salida de la crisis del 2001 en la Argentina se avanzó en el campo de los derechos sexuales y reproductivos pero no se logró legalizar el aborto, lo que constituye para los feminismos una “deuda de la democracia” (Belucci, 2014)3. El activismo religioso anti derechos sexuales y reproductivos ha tenido un rol clave en esta rémora (Pecheny, Jones y Ariza, 2016 ; Esquivel 2009 ; Vaggione 2010 ; Irrazábal 2016 ; Felitti, 2011 ; Vacarezza, 2013) y tampoco los/as representantes políticos incluyen el tema en la agenda de discusiones parlamentarias. Una estrategia de los grupos anti derechos ha sido asociar al aborto con el terrorismo de estado y así reclamar por la vida de los “bebés desaparecidos en democracia” (Gudiño Bessone 2013, Felitti 2011), vinculación que, como veremos más adelante, también se plantea en relación a la cuestión de la trata de personas.

7Dentro de los feminismos una forma de visibilizar la necesidad de la legalización es exponer los datos estadísticos que muestran la cantidad de muertes que se producen por abortos clandestinos, destacando que es la primera causa individual de muerte materna (DEIS, 2016 :126). Lo que se destaca así es el problema de salud pública que implica la ilegalidad y la obligación del Estado de garantizar el derecho a la salud de las mujeres.

8El otro argumento, que en general va de la mano, se concentra en el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo : aunque no hubiera una sola mujer muerta por aborto éste debería ser legal y gratuito. Si bien este enfoque pone el acento en la autodeterminación personal y evita colocar a las mujeres en un lugar de víctimas, la opinión pública suele ser más sensible frente a la primera descripción. Según una encuesta, existe mayor consenso en rechazar la penalización que en apoyar la legalización : la mujer no debería ir a la cárcel pero el aborto no debería ser legal. El apoyo aumenta cuando peligra la vida o la salud de la mujer o si se trata de un embarazo producto de una violación, y baja en situaciones como fallas en la anticoncepción, razones económicas o la voluntad de la mujer de no tener hijos (Andia, Brown y Pecheny, 2011). En relación a esta discrepancia, Marta Lamas, referente del proceso de legalización del aborto en la Ciudad de México en 2010, señaló :

Si yo digo ‘mi cuerpo es mío y hago lo que quiero con él’, de alguna manera estoy irritando a mucha gente, porque si tu cuerpo es tuyo el señor de enfrente no se siente comprometido. Si yo en cambio digo ‘el aborto es un problema de salud pública, un problema de justicia social y un problema de la democracia’, voy a encontrar que hay mucha gente que se siente tocada o aludida (citada en Monfort, 2010).

 

9La puesta en vigencia de los protocolos de atención en casos de aborto no punible ha hecho posible también que algunos se realicen en hospitales, algunos de los cuales cuentan con consejerías de atención pre y post aborto (Dosso, 2013). Fuera de este sistema, existen organizaciones feministas o sociales que informan y acompañan a las mujeres durante la interrupción de sus embarazos utilizando misoprostol4 y algunas de ellas fueron pioneras en esta tarea. En 2009 la agrupación Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto lanzó la línea telefónica “Más información, menos riesgo” y produjo el manual Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas. Luciana Sánchez, una de sus referentes, explicaba su rechazo a la victimización : “Si las mujeres la pasan mal, es por los obstáculos que se les pone para concretarlo y, aun así, cuando lo politizás desde la mirada lesbiana del aborto, lo que sentís es orgullo” (Guzmán, 2013). Sánchez cuestionaba al feminismo heteronormativo, al que ligaba a una clase que podía pagar un aborto quirúrgico ; el “aborto popular” que la organización reclamaba, en cambio, era el que se podía hacer en la casa5. En su crítica aparecía la cuestión sobre los sujetos del aborto :

Desde el paradigma heterosexual del aborto no se plantea que las lesbianas aborten, que los varones trans aborten, que las travestis tengan una participación activa en actuar, hacer y pensar los abortos. Es pensar el sexo desde lo heterosexual, desde la cohabitación, la repetición, la penetración. Lo vemos en esta idea de que si a la gente la llenamos de anticonceptivos, se acaba el aborto. Eso es falso y atenta contra la autonomía de las personas. (Lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto, 2014).

 

10En esta línea, en la contratapa de una edición del manual, aparece la muñeca Barbie relatando que le fue “Bárbaro” con las pastillas de misoprostol. El empoderamiento, la agencia y la libertad que puede expresar el aborto, se personifica en un icono de la cultura de masas -denunciado por el feminismo por promover ideales corporales imposibles- que al relatar su propio aborto asume un lugar ya no anclado en su belleza estereotípica sino en su capacidad de decisión6.

11Las Socorristas en red. Feministas que abortamos son una red de activistas articuladas en torno a su trabajo como “socorristas”. Los “socorros rosas” toman el nombre en clave genealógica y recuperan la experiencia de acompañamientos que hacían las feministas italianas, francesas y estadounidenses en las décadas del ´60 y del ’70.7 Su sitio web muestra una estética juvenil y descontracturada : pares de zapatillas de un modelo de moda y color fucsia, dan una idea de movimiento, de rapidez, de disposición para salir al socorro de las mujeres que las necesiten.8 Al igual que la contratapa con la imagen de Barbie, la propuesta es sacar al aborto de las sombras y de lo sombrío para considerarlo un episodio de la vida sexual y (no) reproductiva de las mujeres. Con ese objetivo, en 2015 produjeron un libro que recoge las experiencias de varias mujeres a quienes acompañaron. En el prólogo Nayla Vacarezza destaca :

más que detenerse en el temor y el arrepentimiento, los relatos muestran otros afectos que provoca en las protagonistas el saberse privadas por la ley penal de la posibilidad de decidir sobre sus cuerpos”, pero también, los escritos muestran “hasta qué punto se hace más amable cuando se puede vivir junto con otros y otras, generando alianzas impensadas entre suegras, madres e hijas, profesoras y estudiantes, profesionales, comerciantes, migrantes, pobres y no tan pobres. De eso se trata esta ética feminista donde el afecto se comparte, y donde más que decir importa atender llamados y disponerse a escuchar (2015: 140).

12En este conjunto de relatos la reapropiación del cuerpo pasa por un proceso de alianzas y en ese sentido rompe el caparazón individual: sostener que “mi cuerpo es mío” se hace posible por una ligazón entre mujeres, por una red.

13Otro ejemplo de estas solidaridades es la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, Seguro y Gratuito, organizada a partir del el XVIII Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario (2003)9, impulsada por grupos feministas, del movimiento de mujeres y mujeres de movimientos políticos y sociales. La Campaña articula argumentos al postularlo como una cuestión de salud pública, de justicia social y de derechos humanos de las mujeres. El espacio central que éstas ocupan en la Campaña también ha suscitado debates sobre el lugar de los varones y personas trans en esta lucha (Chaher, 2014), pero aún así, el reclamo por la legalización del aborto no se pone en cuestión, incluso entre las activistas feministas de izquierda –por ejemplo, Las Rojas del partido Nuevo MAS–, que en cambio si son reactivas a las posiciones que ellas llaman “pro-sexo”.

¿Durmiendo con el enemigo? La polarización de los feminismos argentinos en torno a la prostitución

14Desde la década de 1980, la prostitución comenzó a ser objeto de un debate, primero en el ámbito euro-norteamericano y luego global. Las posiciones han tendido a polarizarse : una legitima la prostitución y la concibe como “trabajo sexual” y otra la entiende como una forma de violencia de género y pretende abolirla. En torno a la primera postura, se articulan los movimientos de prostitutas que surgieron en los años 70’ para luchar contra el hostigamiento policial y la estigmatización de las putas. Justamente la activista y prostituta Carol Leigh, explica que acuñó la expresión “sex worker” por los problemas que causaba presentarse como “prostituta” en contextos feministas. Otras, como la brasilera Gabriela Leite, sostuvieron la idea de reivindicarse directamente como “putas” y cambiar el sentido degradante de este significante (Pheterson, 1989).

15En los 80’ los movimientos de prostitutas emergen en América Latina y en la década siguiente se mundializan bajo la influencia de la epidemia de VIH/sida (Lamas, 1993), el feminismo –aunque dividido–, el aumento de las migraciones a nivel global y la apertura de los sindicatos a nuevas formas de organización y profesiones (Gall, 2007).

16En esa época, en la Argentina, el debate no estaba tan polarizado. Por ejemplo, Marta Fontenla, reconocida abolicionista, apoyaba los intentos de organización de algunas prostitutas : “La prostitución ES ahora una institución social, basada en la explotación de las mujeres, aunque clandestina y reprimida ¿Y qué otra forma tiene un explotado/a de luchar por su liberación que organizarse para esta lucha ?” (1985 : 29-30 énfasis en el original).

17Incluso a mediados de los 90’, las concepciones sobre el uso del cuerpo y la sexualidad podían ponerse entre paréntesis a la hora de construir articulaciones contra el hostigamiento policial, como se demostró en la lucha contra los edictos policiales de Buenos Aires en la que se articularon, entre otras, la organización abolicionista “Asamblea Raquel Liberman” y las trabajadoras sexuales de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) que nucleaba desde 1995 a las prostitutas (Morcillo y Varela, 2017)10.

18Una particularidad del movimiento de prostitutas argentino fue su temprano acercamiento a las fuerzas sindicales, especialmente a la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina) y una relación más tardía con algunas vertientes del feminismo. La alianza con este “nuevo sindicalismo” posibilitó sumar a los usos tácticos de la idea del “trabajo” un repertorio de reivindicaciones ligadas a los/as trabajadores/as y el mundo del trabajo. Así, la idea de “trabajo sexual” se cargó de un discurso obrerista y de una lógica más colectiva que la que parecía primar entre sus pares del norte (Morcillo, 2014). Por contrapartida, así como las prostitutas activistas en San Francisco enarbolaban la idea del sex work con una fuerte dosis de crítica a la moral sexual burguesa –y no tanto hacia la ética laboralista del capitalismo–, en Argentina las trabajadoras sexuales hacían clara su pertenencia a la clase obrera, aunque sin lanzar (aún) un cuestionamiento más explícito hacia las posibilidades de reapropiación de la sexualidad femenina. Elena Reynaga, una de las fundadoras de AMMAR, se definía así : “No soy puta, no soy prostituta, no soy trapo ni jinetera. No soy cuero, no soy meretriz ni ramera, tampoco cortesana. Soy una mujer trabajadora, una mujer trabajadora sexual”11.

19Es en paralelo al endurecimiento de las posiciones abolicionistas en el feminismo vernáculo que las prostitutas profundizan sus críticas de género y se preguntan por su lugar en las filas del feminismo. A su vez, uno de los vectores que acelera la polarización de los debates es la reaparición de la cuestión de la “trata de personas con fines de explotación sexual” que toma fuerza a partir del 2000. Aquí resuenan elementos de la lucha del abolicionismo contra la “trata de blancas” de 150 años atrás : las alianzas con los sectores religiosos conservadores y la adopción de una retórica que plantea la lucha como una cruzada, un clima de pánico moral y la sobredimensión del fenómeno. Esta reaparición produce un aplanamiento de las distintas inserciones en el mercado sexual y su homogeneización bajo la idea de trata (Doezema, 2000 ; Weitzer, 2007). La construcción de este tema como una cuestión supranacional y los mecanismos implementados desde la administración Bush en EE.UU., junto a la fuerte mediatización de casos devenidos emblema y a la producción de cifras de “víctimas rescatadas”, fueron algunos de los elementos que coadyuvaron al resurgimiento del discurso anti-trata en Argentina (Justo von Lurzer, 2011 ; Morcillo y Varela, 2017 ; Varela, 2015a ; Varela y Gonzalez, 2015).

20Como vimos en relación al aborto, el discurso de los derechos humanos es utilizado por ambas posiciones : “las trabajadoras sexuales tenemos derechos básicos que nos asisten como seres humanos, como mujeres y como trabajadoras” se lee en el sitio web de AMMAR ; mientras que el feminismo abolicionista traza paralelos entre las víctimas de trata y las desparecidas de la dictadura (Varela, 2015b). En esta línea, Sonia Sanchez, ex-prostituta y reconocida militante abolicionista sostiene

La prostitución tiene todos los síntomas de un campo de concentración. Y de hecho, hoy las mujeres que desaparecen en la prostitución, y no hablo de desaparecidas simbólicas sino concretas, desaparecen con la trata de personas […] Cuando hablo de campo de concentración es porque veo que los penes son picanas. Y cuando una mujer se mete en un hotel transitorio para ser penetrada bucal, anal y vaginalmente, se está jugando la vida. La marca que se deja a la puta, como a los judíos con el número, es la vergüenza. Por eso las putas tienen otros nombres. No tienen verdadera identidad. Y al dolor lo maquillan con ese orgullo que implica el discurso de “con ese dinero yo les doy de comer a mis hijos” o “yo pongo el precio”, etc… (entrevista Radio Kermes, 2015).

21Este discurso sin matices posiciona a las prostitutas organizadas como trabajadoras sexuales como el principal enemigo, aliadas de los proxenetas o directamente “fiolas sindicalistas” (Galindo y Sanchez, 2007).

22Estas concepciones habilitan el efecto metonímico que aparece cuando se plantea que en la prostitución “se vende el cuerpo”. En una retórica donde resuena el feminismo radical norteamericano, Sánchez sostiene que “cuando convierten a una mujer en puta, no la reducen a un cuerpo, sino a boca, vagina y ano”12. La negación total de cualquier capacidad de agencia para las mujeres que venden sexo va incluso más allá de la apropiación del cuerpo por el patriarcado, ahora este cuerpo aparece reducido a orificios, la autonomía en relación al cuerpo desaparece completamente. La puta es vista como un sujeto arrasado, para Sánchez, “no hay prostitución autónoma, puedes disfrazarla como quieras, pero autonomía en la prostitución no hay, una puta es una persona cosificada (…) es una persona destruida totalmente” (entrevista en La cultura nuestra, 2015).

23Por su parte, las trabajadoras sexuales organizadas han trazado distinciones entre la trata de personas y el trabajo sexual, sin negar las situaciones extremas pero señalando diversos márgenes de autonomía. No obstante, la perspectiva jurídica del consentimiento remite a una concepción liberal donde la elección aparece como un acto individual y así constituye un terreno complejo para construir una argumentación que dé cuenta de las vulnerabilidades y opresiones sin anular completamente los grados de autonomía.

24La respuesta de AMMAR articula su inserción de clase y el cuestionamiento a los significados asociados a la sexualidad :

nos resulta hasta gracioso que nos digan que nosotras vendemos nuestro cuerpo y hasta el momento todas tenemos nuestro cuerpo entero, en todo caso sufrimos la explotación que cualquier mujer sufre en un sistema injusto y patriarcal, o las obreras textiles que trabajan en las maquilas nos son explotadas ?, ¿y por eso debemos considerarlas indignas ? (AMMAR, 2006).

25A su vez, Georgina Orellano, la actual secretaria general de AMMAR, ha buscado matizar ciertas interpretaciones de la trabajadora sexual como absolutamente libre :

ningún trabajador va a trabajar feliz todos los días, en ningún mercado laboral. Un trabajador no elige, termina siendo explotado porque el sistema capitalista termina explotando. Por eso también existen los sindicatos, se agrupan y organizan. Pero en vez de prohibir nuestra actividad, en vez de controlar cuerpos ajenos, a la vez el Estado tiene que dar un marco regulatorio, otorgar derechos laborales, mejorar las condiciones para quienes sí queremos seguir en la actividad pero en mejores condiciones. El Estado podría atender a los dos sectores : la reinserción de quien no quiere ejercer más esta actividad, pero atender a quienes sí (Entrevista en Radio Kermes, 2016).

26Aquí también busca desarmar el antagonismo con las que se autodenominan “mujeres en situación de prostitución” nucleadas en AMADH (Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos)13 que demandan asistencia al Estado y una reinserción laboral, planteando que esta política puede convivir con la despenalización y la regulación con derechos laborales para las que quieren continuar en el mercado sexual.

 

AMMAR en la manifestación “Tetazo” 8-2-2017 en Buenos Aires14

Stencil callejero en Buenos Aires “mi cuerpo no tiene precio”15

27Recientemente el discurso de las trabajadoras sexuales ha calado en las camadas de jóvenes feministas con la identificación de “Puta feminista”. En el discurso de Orellano se nota tanto la vuelta a la reapropiación del significante puta como la tensión que este puede tener con una sexualización no politizada :

Somos putas. Putas por elección. Nos gusta, no para acostarnos con 30 tipos por día, pero sí elegimos ejercer el trabajo sexual porque reditúa mejor económicamente que otros trabajos. Los otros trabajos a que acceden mujeres de sectores populares, son todos mal pagos. Elegimos el trabajo sexual y lo queremos seguir ejerciendo con mejores condiciones laborales. (Entrevista en Radio Kermes, 2016).

28Desde el abolicionismo, en cambio, la venta de sexo jamás puede ser una forma de la libertad sexual :

Nosotras somos partidarias de la verdadera libertad sexual. Nosotros fuimos hijas de los 60. ¿Qué quiere decir eso ? Ir contra todos los estereotipos, en contra del sometimiento del ama de casa, la domesticación de la sexualidad heteronormativa y patriarcal de adentro de los hogares. Estamos en contra de eso y del uso del cuerpo de las mujeres para la prostitución (“Las razones del abolicionismo” en Página 12, 2015).

29También las mujeres de AMADH han planteado cuestionamientos en relación a la posibilidad de considerar que las mujeres puedan usar su cuerpo sexualmente para obtener rédito económico “En cualquier trabajo, vos usás tus manos. Cuando limpiás un inodoro, vos manejás tus manos. Pero si te están pagando para usar tu cuerpo, no es tu cuerpo. Es de él, porque está pagando. No es trabajo bajo ningún punto de vista”.(Entrevista en Razón y revolución, 2015).

30Se disputa por los sentidos de la sexualidad y qué formas de reapropiación del cuerpo aparecen como válidas dentro de los marcos de interpretación feministas. Las trabajadoras sexuales han explicitado su apoyo a la lucha por la legalización del aborto, desde allí ponen en cuestión los límites del “mi cuerpo es mío” :

¿Por qué decirme a mí lo que yo tengo que hacer o decirnos que no nos consideran trabajadoras, porque el cuerpo no es mercancía ? El cuerpo es mío, lo único mío que tengo. Nosotras trabajamos en contra de la violencia hacia las mujeres y después resulta que nos dicen “yo no te considero a vos trabajadora”. Eso es violento, eso no es democrático, es patriarcal. (Entrevista a Elena Reynaga, Razón y revolución, 2015)

31La lectura de los posicionamientos de ciertos sectores del feminismo que apoyan la reapropiación del cuerpo en el caso del aborto, pero no cuando este es usado laboral y sexualmente es leído como un doble estándar. Así Orellano plantea “No es de Feminista andar diciéndole a otra mujer lo que debería hacer con su propio cuerpo. Si mi cuerpo es mío y yo decido, porqué no puedo cobrar por mi sexo, porque no puedo ser Puta ? No me voy a cansar de decirlo. Basta de dobles discurso”16.

Reflexiones finales

32La descripción de dos espacios de debate feminista, sobre el aborto y la prostitución, permite reflexionar sobre distintas apropiaciones de la consigna “mi cuerpo es mío” y sobre las dinámicas de articulación o antagonismo de las organizaciones. A partir de este recorrido, nos preguntamos qué tan efectiva ha sido hasta hoy la consigna en cada caso y si es posible superar la lectura liberal individualista que rodea la idea de propiedad privada del cuerpo. Hemos visto que las organizaciones y referentes aquí citadas han planteado reapropiaciones de la consigna desde una lectura colectiva. En la lucha por la legalización del aborto, las organizaciones que sostienen la idea del derecho a abortar cimentada en el “mi cuerpo es mío” han tratado de pensar la experiencia del aborto como un evento que traza solidaridades entre mujeres y trasciende la lógica individual. “Yo aborté” es una forma de afirmarse, de visibilizar, pero la sororidad de los “socorros rosas”, del acceso gratuito a información en la web, de la atención de un número telefónico, de organizaciones conectadas en red, de relatos de experiencias escritos en primera persona pero compartidos, remiten a lo colectivo, un “aborto en manada”. La inclusión plantea también sus dilemas en tanto que “feministas que abortamos” deja fuera a feministas que por diferentes razones no abortan, así como la idea del aborto como derecho de las mujeres plantea qué sucede por fuera de las identidades cis sexuales y de las prácticas con consecuencias reproductivas. Aun así, la defensa de la autonomía del cuerpo de las mujeres frente a la injerencia religiosa –“saquen sus rosarios de nuestros ovarios” –, y la necesidad de la legalización aunque después se discuta si es el hospital o la casa el mejor lugar para abortar, reúne y une a diferentes feminismos y movimientos socio-sexuales.

33Por su parte, las trabajadoras sexuales reclaman que si “mi cuerpo es mío” esto debería incluir el derecho a vender servicios sexuales, especialmente para aquellas mujeres que, como proletarias, sólo tienen su cuerpo como propiedad, pero por ello mismo se organizan como colectivo atravesado no sólo por las opresiones de género sino también de clase. También aquí se da una apropiación colectiva de la consigna y en este caso, no solo contestan a la ingerencia religiosa sobre sus cuerpos sino también a la de ciertos feminismos que, propugnando la “verdadera libertad sexual”, parecen dictar qué hacer y qué no con los cuerpos de las mujeres.

34¿Por qué estos escenarios son tan diferentes ? Una explicación cabal de estos procesos excede los límites de este artículo de objetivos más modestos. Sin embargo queremos dejar señalados algunos interrogantes. En primer lugar debemos pensar cómo se liga la mayor sexualización presente en el comercio sexual por comparación al aborto. Si bien la lectura lésbica y trans del aborto que proponen algunos grupos lo insertaría en una trama de sexualidades, en el caso del comercio sexual su sexualización es ineludible, tanto que las trabajadoras sexuales deben constantemente señalar su lectura laboral. Evidentemente, a diferencia de los temas más ligados a la salud reproductiva o al mercado laboral, las sexualidades siguen generando controversias mucho más fuertes en el feminismo. Si el autonomismo del “mi cuerpo es mío” genera tensiones en la lucha por el aborto, cuando ese cuerpo se sexualiza, genera rupturas. A la par de la expansión de los debates feministas –especialmente ligados a la violencia de género- en el seno de una sociedad cuya cultura aparece cada vez más sexualizada crece el interrogante sobre cómo construir concepciones de sexualidad que contengan un elemento crítico pero sin perder la polifonía.

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Entrevista con Georgina Orellano “ La prostitución en debate : ¿explotación sexual o trabajo ?, Radio Kermes, 8 de junio 2016, http://www.radiokermes.com/index.php/component/k2/item/5231-la-prostitucion-en-debate-trabajo-o-explotacion-sexual

Entrevista a M. Peralta y A. Ascona (AMADH) “Exigimos al Estado una salida laboral” en Razón y Revolución, 4 de septiembre de 2015 http://razonyrevolucion.org/exigimos-al-estado-una-salida-laboral-entrevista-a-m-peralta-y-a-ascona-ammar-capital/

Entrevista con Sonia Sánchez “¿Qué derecho tiene una puta ?”, Revista La cultura nuestra, 12 junio 2015, http://laculturanuestra.com/entrevista-con-sonia-sanchez-que-derecho-tiene-una-puta/

Entrevista con Sonia Sánchez “La trata de personas y el proxenetismo son socios del discurso de trabajo sexual” en Radio Kermes, 1 de junio 2016, http://www.radiokermes.com/index.php/component/k2/item/2897-la-trata-de-personas-y-el-proxenetismo-necesitan-y-son-socios-del-discurso-de-trabajo-sexual

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Sitios web

AMMAR http://www.ammar.org.ar/-Quienes-somos-.html

 

Notas

1 Con epicentro en Buenos Aires y en las principales capitales provinciales, en junio de 2015, junio de 2016 y en octubre de 2016 se realizaron movilizaciones bajo la consigna Ni Una Menos, que incluyeron dos huelgas de mujeres (en octubre de 2016 y el 8 de marzo de 2017), acciones que tuvieron gran difusión internacional.

2 En 2004 el Ministerio de Salud nacional había publicado en 2004 una “Guía para el mejoramiento de la atención post-aborto” y en 2007 un protocolo de atención de embarazos no punibles, que se actualizó en 2015.

3 Para un análisis histórico del tema ver Felitti 2015.

4 El misoprostol es una droga utilizada para la prevención y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales, y también para la inducción del parto vaginal y abortos medicamentosos. La OMS incluyó al aborto con medicamentos en la guía técnica y de políticas para sistemas de salud “Aborto sin riesgos”, en el año 2003.

5 Si bien aquí no nos ocupamos de analizar los casos de abortos espontáneos, también existe una literatura feminista que recomienda tener un aborto en casa y no en un “frio hospital” (Llopis, 2015).

6 La portada del libro, de color rosa, con el arcoíris que representa al activismo LGBT y las caritas sonrientes de “Smile” son otras formas gráficas de aportar a la “desdramatización” de la práctica. Cabe aclarar que Barbie ha sido aggiornada en el postfeminismo por su mismo fabricante –por ejemplo, con el modelo Barbie presidenta- y sigue siendo objeto de investigación de la academia, y a la vez utilizada por artistas y activistas con diferentes reapropiaciones, como el corto animado porno de la argentina Albertina Carri, Barbie también puede estar triste (2002).

7 La experiencia de socorrismo fue iniciada por la Colectiva La Revuelta, una organización feminista de la provincia de Neuquén, en 2010, primero de “boca a boca”, para garantizar seguridad y evitar posibles persecuciones y luego de manera pública (Zurbriggen, Trpin y Grosso, 2013).

8 http://socorristasenred.org/

9 Sobre estos Encuentros puede consultarse Masso, 2007 y Alma y Lorenzo, 2009.

10 Incluso a fines de los 90 podemos leer una mirada más matizada en el abolicionismo, que todavía sospechaba de las derivas prohibicionistas y las alianzas con la derecha religiosa del feminismo radical en EE.UU (Vasallo, 1999).

11 En 2003 en el Foro de VIH/Sida en La Habana

12 Esto recuerda a la definición de Dworkin : “La prostitución no es una idea. Es la boca, la vagina, el recto, penetrados usualmente por un pene, a veces por manos, a veces por objetos, por un hombre y luego por otro, y luego por otro, y luego por otro, y luego otro” (1993 : 1).

13 En 2002 un grupo de mujeres comenzó a funcionar autónomamente como AMMAR Capital y acabaron escindiéndose. Al año siguiente abandonaron la CTA, fueron a un espacio cedido por la Iglesia Evangélica Metodista de Flores y pasaron a autodenominarse “mujeres en situación de prostitución”. Ellas entablaron desde su escisión vínculos con organizaciones del feminismo abolicionista.

14 https://articulos.elmeme.me/as%C3%AD-se-vivi%C3%B3-el-tetazo-en-el-obelisco-47097a83ce8d

15 https://soyunachicamala.wordpress.com/2014/06/18/mi-cuerpo-no-tiene-precio/

16 https://www.facebook.com/georgina.orellano/posts/1168378023230460 [22.11.2016]

 

 

Autores

Santiago Morcillo

Universidad de Buenos Aires (UBA)
Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) ; Licenciado y Profesor en Sociología por la Universidad Nacional de San Juan. Investigador asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (CONICET) y docente de Psicología Social en la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires.
santiagomorcillo@gmail.com

Karina Felitti

Universidad de Buenos Aires (UBA)
Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente de posgrado de esa universidad y en FLACSO Argentina). Es investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (CONICET) en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
karinafelitti@gmail.com

 

 

Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo: Contra el estigma de ‘puta’

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)

 

2 de junio de 2017

 

http://www.apdha.org/dia-internacional-trabajadoras-sexo-contra-estigma-puta/

 

Existe un estigma que actúa sobre todas las mujeres como un aviso, una amenaza que llega en forma de censura social en caso de que ocupes un espacio que no debes, a una hora inapropiada y con una postura indebida… Nos referimos al estigma “puta”. Desde tiempos inmemoriales, hasta nuestros días, actúa dentro de nosotras esa llamada al orden social que, con mayor o menor fuerza, aparece en forma de vergüenza.

Este estigma “puta” que actúa como violencia estructural y simbólica es la misma violencia que nos alcanza a todas las mujeres. ¿Pero qué pasa cuando esta violencia, censura, este estigma, sale del ámbito de lo subjetivo y lo simbólico para acomodarse en nuestro mundo material a través de leyes que penalizan estos comportamientos? Nos referimos a lo que significa el estigma puta para la puta, la trabajadora sexual. Y nos referimos concretamente a la base de las muchas vulneraciones que sufren como colectivo y como trabajadoras, nos referimos a también a la Ley Mordaza o ley de seguridad ciudadana, los planes anti prostitución y las ordenanzas, formas de criminalizar  que viene a instaurar una verdadera “caza a la puta”.

La lucha de las trabajadoras sexuales contra el estigma lleva tiempo ocupando, a nivel individual y colectivo, su primera línea de trabajo. La estrategia no es siempre la misma: “Yo no soy puta, trabajo de puta” es una expresión que pone de manifiesto el anhelo de liberarse de la dura carga que supone el estigma. Atiende a la necesidad que muchas mujeres que ejercen el trabajo sexual tienen por separar su vida profesional de la familiar y la social. En otros casos, el lema “yo también soy puta” o “yo soy puta” está siendo reivindicado por muchas trabajadoras movilizadas en la reclamación de sus derechos, o por colectivos que trabajan junto a ellas.

Por ello, en este día  2 de Junio, Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo, (aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon) nos queremos sumar a la campaña que nuestras compañeras de Genera (Barcelona) han puesto en marcha, y decimos junto a ellas: #YoTambienSoyPuta 

 

 

La “escuela de puteros” adopta un enfoque represivo del sexo

 

JONATHAN HAYWARD / THE CANADIAN PRESS FILES
Una escort en un apartamento en el centro de Vancouver. La “escuela de puteros” intenta etiquetar el sexo comprado como un vicio repugnante y no natural.

Por Stuart Chambers
28/4/2017

 

http://www.winnipegfreepress.com/opinion/analysis/john-school-takes-repressive-approach-to-sex-420691923.html

 

 

Antes de su rechazo en 1973 por la Asociación Psiquiátrica Americana, la terapia de conversión había ganado notoriedad dentro de la psiquiatría convencional. Durante las sesiones de terapia, los psiquiatras intentarían suprimir la conducta orientada hacia el mismo sexo, algo que consideraban patológico, redirigiéndola hacia la norma heterosexual. En otras palabras, la cultura dominante pretendía imponerse a la expresión sexual considerada moralmente objetable.

 
Incluso el gobierno canadiense apoyó tales iniciativas. Aunque el Partido Liberal, bajo la dirección de Pierre Elliott Trudeau, aprobó el proyecto de ley C-150 en 1969, una decisión que despenalizó los actos entre adultos del mismo sexo en privado, muchos miembros de los partidos liberal y conservador eran partidarios de la terapia de conversión, prefiriendo “curar” a las personas homosexuales en lugar de encarcelarlos indefinidamente. Esta última solución ya no era una opción viable para el entonces ministro de Justicia John Turner. Admitió que la ley y la moral fueran consideradas “dos proposiciones filosóficas separadas”.

 
Décadas más tarde, sin embargo, la moralidad privada sigue cayendo bajo el ámbito del derecho penal. Por ejemplo, el sistema legal canadiense todavía castiga a los hombres heterosexuales que participan en la prostitución. La “escuela de puteros” ha reemplazado a la terapia de conversión como una forma de lavado de cerebro sancionado por el Estado que intenta etiquetar el sexo comprado como un vicio repugnante y no natural.

 
La verdadera felicidad, afirman los reformadores, sólo puede encontrarse en relaciones sanas y monógamas.

 
Al igual que la terapia reparadora, la escuela de puteros se involucra en la represión psicológica, una técnica diseñada para disuadir a los hombres de buscar la salida sexual que prefieran. Tyler Dawson, editora de las páginas editoriales de Ottawa Citizen, se refiere con precisión a estas sesiones de terapia como “espeluznantes noches de reeducación dirigidas por el Ejército de Salvación”.

 
El proceso de adoctrinamiento funciona de la siguiente manera: las audiencias masculinas reciben serias conferencias sobre cómo la prostitución daña internamente a las mujeres; presentaciones gráficas a continuación muestran cómo la promiscuidad conduce a las enfermedades de transmisión sexual; y miembros de la comunidad describen cómo sus vecindarios están repletos de prostitutas menores de edad, violencia de pandillas y agujas contaminadas.

 
Para los activistas contra la prostitución, no basta con que los puteros cambien su comportamiento: también deben cambiar sus preferencias. A los hombres se les dice no sólo que sus elecciones sexuales están equivocadas, sino que ningún adulto “normal” participaría en este tipo de depravación. El test moral del Estado se aprueba una vez que los puteros aceptan el hecho de que su ego egocéntrico masculino es la raíz narcisista de la explotación femenina. Este tipo de propaganda ideológica sólo perpetúa estereotipos degradantes sobre los clientes masculinos como misóginos predadores que participan en “violación pagada”. Al igual que la terapia de conversión, la escuela de puteros infunde un profundo sentido de auto-odio.

 
Por supuesto, lo que no se les dice a los puteros es que las jurisdicciones que legalizan el trabajo sexual, como Nevada, requieren que las trabajadoras sexuales usen condones y se hagan pruebas para detectar enfermedades de transmisión sexual. Además, los puteros nunca son informados acerca de las diferencias en la seguridad entre el trabajo sexual en interiores y al aire libre o cómo la criminalización afecta negativamente la salud de las trabajadoras sexuales.

 
Al igual que con las víctimas de la terapia de reparación, los puteros finalmente dejan de castigarse a sí mismos por sus deseos sexuales. Llegan a la conclusión de que su comportamiento es perfectamente natural para ellos: una respuesta a la soledad, la necesidad de conexión humana y el deseo de no ser juzgados. En última instancia, llegan a comprender que su conducta sexual debe ser moldeada y dirigida por ellos mismos, no por los sesgos paternalistas de los llamados profesionales.

 
Los partidarios de la escuela de puteros continúan estigmatizando las relaciones sexuales pagadas entre adultos heterosexuales que consienten en privado, de la misma manera que el Estado estigmatizó una vez el sexo entre adultos homosexuales que consentían en privado. Dado que hacer seguimiento de los puteros, “rehabilitarlos” y encarcelar a los reincidentes es tan productivo como lo fue hacer cumplir los arcaicos estatutos de la sodomía, la desaparición de la escuela de puteros debería ser bienvenida por aquellos que realmente creen que no hay lugar para el Estado en los dormitorios de la nación.

 
Castigar el deseo sexual para que se ajuste a ideales perfeccionistas de expresión sexual fracasó en el caso de la terapia de conversión. La escuela de puteros no irá mejor. Desafortunadamente, es una lección que los cruzados morales todavía tienen que aprender.

 
Stuart Chambers, Ph.D., es profesor en las facultades de artes y ciencias sociales en la Universidad de Ottawa.

 
Schamber@uottawa.ca

Cuando las trabajadoras sexuales experimentan placer con sus clientes

Una aportación al debate sobre la prostitución que puede cuestionar estereotipos y prejuicios. ¿Pueden disfrutar estas personas con su trabajo? Si sí, ¿cómo es ese placer?

 

Raquel Márquez

 

02.01.2017

 

 

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-01-02/placer-que-experimentan-las-trabajadoras-sexuales-protitutas-con-sus-clientes_1306941/

 

Estamos en un momento crítico del debate sobre el trabajo sexual. Muchos creen que se trata de una explotación imperdonable y discuten sobre quién tiene la culpa y cómo castigarlo. Otros afirman que la libertad individual tiene que ser el criterio supremo, y defienden que es una carrera profesional no más peligrosa ni indigna que otras, por lo que debería regularse, con seguridad social, análisis médicos (¿obligatorios?), nómina e impuestos.

Dentro de los movimientos feministas, la división es tan grande como en el resto de la sociedad. Patriarcado para unos, empoderamiento y liberación de los yugos tradicionales para otros. Una tercera vía, la más moderada y también quizá la menos popular, aboga por una despenalización de los tratos privados entre prostituta (o prostituto) y cliente, pero no como actividad económica sino como elección íntima, sin normalizar la figura del proxeneta (o la madame).

Un estudio reciente, llamado “It gets very intimate for me’: Discursive boundaries of pleasure and performance in sex work“, de Elizabet Megan Smith, puede arrojar luz sobre estas cuestiones. Aunque la muestra no es estadísticamente significativa, han hablado a fondo con nueve mujeres que realizan su actividad en Victoria, Australia. Basándose en la idea de Foucault del nexo entre poder, conocimiento y discurso, ha querido averiguar cómo es la intimidad de estas trabajadoras con sus clientes y hasta qué punto el placer entra en la ecuación, tanto en su vida profesional como en la privada.

Víctimas o frívolas

Con ello en mente, la investigadora afirma que su análisis viene a apoyar la tercera ola del feminismo en cuanto al trabajo sexual. Se trata de un espacio complejo en el que el discurso de dominación y sumisión se mezclan. Un asunto que no ha sido representado correctamente en los medios y en la cultura popular.

Las feministas tienden a hablar de las prostitutas como empoderadas, o bien como explotadas, sin grises en medio. O son felices y despreocupadas o son drogadictas empujadas por chulos a hacer ejercer en contra de su voluntad. Desde el cristianismo, la biomedicina y el psicoanálisis, las prostitutas también se suelen considerar víctimas.

La tercera ola, que suscribe Smith, cree que el trabajo sexual puede ser seguro o peligroso, liberar o explotar, ayudar a perpetuar relaciones de poder injustas o todo lo contrario.

Mientras que se ha estudiado mucho cómo las prostitutas ponen fronteras entre su vida personal y la profesional, el placer es un campo más inexplorado, sobre todo en el caso de las trabajadoras femeninas. En los hombres, nos cuenta, se ha introducido una mayor gama de grises, entre otras cosas porque tradicionalmente se ha considerado que su deseo es inevitable y que está siempre presente. Eso hace que no parezca tan contradictorio e incorrecto hablar de su deseo cuando están ‘actuando’ para sus clientes.

También es complicado hablar del placer de la prostituta porque, para muchas feministas, esto supone desandar el camino anterior para librarlas del estigma de pecadoras. “Si disfrutas en la cama y además te pagan, ¿de qué te quejas?”. Por otro lado, ellas pueden tener vergüenza a la hora de confesar cosas así, y hasta es difícil pedir para este tipo de estudios la aprobación de los comités éticos de las universidades. Si se da este placer, para algunas feministas radicales (según palabras de Smith) ha de ser por connivencia con sus opresores. Una especie de síndrome de Estocolmo que no puede ser llamado auténticamente placer.

Veremos que las cosas son… lo dicho, más complejas que eso. Los nombres de estas mujeres son alias que ellas eligieron, así que no se hacen publicidad por el hecho de aparecer en el estudio.

Kate

Kate (treinta y pocos) solo había trabajado unos meses como trabajadora sexual cuando participó en estas entrevistas, para pagar sus deudas antes de quedarse embarazada. Con anterioridad había tenido problemas para experimentar placer con sus parejas masculinas, porque le daban “miedo” y “se tenía que obligar a sí misma” a hacerlo. Pensó que iba a ser similar y que odiaría cada segundo, pero para su sorpresa su primer cliente le resultó “muy atractivo”. “No podía entender que no tuviera cien novias deseando pasar la noche con él. No me lo creía. Pensé: ¿es una broma? Era un entrenador personal y ‘stripper’ tuve el mejor sexo de los últimos diez años (sonríe). Casi no podía aceptar el dinero”.

Los siguientes no fueron una lotería semejante, pero del siguiente dice que era “muy dulce y encantador” y que estableció con él una “amistad fabulosa”. “Tiene tanto sobrepeso que no puede hacerlo con penetración”, pero dice también que “es realmente buen amante en otros aspectos, sabe lo que hace y me da mucho placer”. Además, dice que ese distanciamiento (que no hubiera la conexión emocional que sí experimentaba antes con sus parejas) le ha ayudado a dejarse llevar.

Natalie y Melina

Tampoco a Natalie podemos meterla fácilmente en el saco de las explotadas, al menos según lo que dijo a la investigadora. Ella tiene alrededor de 35 años pero no es novata, lleva más de diez como trabajadora sexual. Dijo a Smith que prefiere a hombres, sobre todo a trabajadores manuales. Prefiere no contarle a sus novios esta parte de su vida. “A veces el tipo con la pinta más imbécil del mundo puede hacer que te corras, y es más probable que ocurra cuando estoy soltera que cuando tengo una relación”.

Como Kate, Melina esperaba “hombres asquerosos y daños psicológicos” y se encontró con que en el burdel donde trabajaba era posible experimentar placer con ellos y llegar al orgasmo. “No es solo que se corran, es liberación, intimidad y sensualidad“. Melina coincide con Kitty: “no están allí solo para correrse”, dice. “La mayoría de los tíos buscan una conexión“.

Kitty

Kitty es estudiante de arte, tiene treinta y pocos años y lleva en distintas actividades del sector desde que tenía 17. No lo oculta y ha hecho espectáculos artísticos relacionados con el sexo. Para ella explorar el sexo de esta forma está relacionado con la espiritualidad oriental.

Está a caballo entre el trabajo y lo personal, es muy íntimo para mí. Ellos no están allí solo para correrse, la mayoría buscan una conexión

Contó a Smith que tiene sesiones tántricas en las que intenta disfrutar ella misma y que sus clientes experimenten la ‘iluminación’ y encuentren su lado femenino, negando la visión pecaminosa del sexo de la tradición judeocristiana. Para ella lo que hace está a caballo entre el trabajo y el placer personal.

April y Sara

Para April, que llevaba diez años ejerciendo en el momento de la entrevista, hay muchas cosas que los trabajadores sexuales pueden aprender de su propia sexualidad.

Ella marca mucho las diferencias entre el sexo que vive en el trabajo y en sus citas personales: “Es un enfoque muy distinto. En mi vida personal estoy espiritual y emocionalmente dispuesta a abrirme físicamente de otra forma con mi compañero”. El amor profundo lo cambia todo, y dice que aunque las acciones puedan parecer las mismas, sus motivaciones y deseos son muy distintos, porque busca el compromiso con la otra persona.

Sara, como Kitty, también ha querido liberarse de las creencias morales sobre sexualidad que preocupan a otras prostitutas. Se supone que las mujeres no deben ser promiscuas, que deben “ser monógamas y sentirse mal al practicar el sexo con otras personas“.

Samantha

Samantha está en la cincuentena y lleva 20 años ejerciendo de forma privada y tiene su propio negocio sexual, además de dirigir una empresa “normal” de cuidado de mascotas. Cuando la entrevistaron vivía con su pareja masculina y con una compañera de piso. Cuida mucho su salud, su forma física y su alimentación.

Hasta que no me pongo mi pijama y dejo de oler a perfume no me siento en mi piel. La lencería es como un uniforme de trabajo

Algunos de sus clientes llevan con ella desde que empezó. Según su testimonio para ellos es: “una novia, o una esposa extra. Han estado conmigo durante sus divorcios, la muerte de su mujer… montones de cosas. Me he convertido en algo muy parecido a familia para ellos”.

Ella ha construido un personaje en su trabajo y dice que no se trata de ser sexy sino de “manipular a los hombres“. En lugar de crear un estereotipo de trabajadora sexual, tras estudiar y reflexionar: “decidí una estrategia de marketing. Parezco muy joven y soy muy mona, así que traté de ser la típica chica de al lado. Siempre visto de forma conservadora y llevo un maquillaje muy mínimo”.

Lilith y Cherry

El caso de Lilith es similar al de Samantha. Su placer es algo muy distinto a su trabajo y al hablar de lo que hace se centra en la creación de su personaje: “Cuando trabajo siempre llevo lencería, braguitas sexys… Hasta que no me doy una buena ducha, me pongo mi pijama y dejo de oler a perfume para oler a mí misma no me siento en mi piel. La ropa interior es como un uniforme de trabajo”. Y lo compara con los bomberos, que seguramente no se sientan sexys aunque lo estén. Ella con su pijama de franela se siente más sexy, porque no está trabajando.

 

El Gobierno de Suecia indemnizará a personas transexuales que fueron esterilizadas a la fuerza

Ángel Ramos

27 Abril 2016

 

  • Hasta 2013, la ley sueca establecía que las personas que querían cambiar su sexo legal tenían que “carecer de la capacidad para procrear”.

  • Cientos de personas trans se vieron obligadas a someterse a cirugía de esterilización a causa de esta ley.

 

 

http://www.cascaraamarga.es/politica-lgtb/lgtb-internacional/13148-el-gobierno-de-suecia-indemnizara-a-personas-transexuales-que-fueron-esterilizadas-a-la-fuerza.html

 

 

El ministro de Salud Pública del país escandinavo, Gabriel Wikström, ha confirmado que el Gobierno sueco pagará una indemnización a las personas trans que fueron víctimas de la esterilización forzada.

Más de 160 víctimas de esta ley, que fue revocada en 2013, presentaron una demanda contra el gobierno por esta práctica y, después de una larga batalla política que ha durado años, el gobierno de Suecia ha confirmado que resolverá el caso pagando una indemnización.

En un comunicado, el ministro de Salud Pública confirmó que el Gobierno desarrollará la legislación con el fin de permitir la compensación a pagar: “Hasta 2013, era un requisito para someterse a la esterilización de cambio de sexo. Era una expresión de una visión del mundo que hoy pensamos que está mal y a la que renunciamos. El gobierno, por tanto, va a introducir un proyecto de ley, lo que significa que los afectados por la ley anterior podrán solicitar una compensación por parte del Estado”, declaró Wikström. “El objetivo es que la ley entre en vigor en julio de 2018”, aclaró.

Kerstin Burman, de la Federación Sueca por los Derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y Queer, dijo que las “reparaciones monetarias no pueden compensar completamente las violaciones de esterilización forzada, pero una reparación financiera iniciada por el gobierno es un reconocimiento oficial de que estas acciones eran malas y que el Estado no debería haber tratado a sus ciudadanos de esta manera”. “Que el gobierno haya optado por tomar la responsabilidad política de las esterilizaciones forzadas es muy positivo. Ahora estamos esperando que el nivel de la compensación sea adecuado y justo”, matizó.

Según Burman, la estimación de esta compensación estaría alrededor de las 300.000 coronas suecas (alrededor de 32.000 €) por persona. “Si el gobierno propone una cantidad significativamente menor, a continuación volveremos a los tribunales”, precisó.

 

En Suecia, la esterilización forzada todavía existe (2012)

 

 

Kelly Bourdet

24 de enero de 2012

 

https://www.vice.com/es_mx/article/esterilizacion-forzada-suecia-transexual

 

Suecia tiene las políticas anti-transgénero más agresivas de cualquier país desarrollado.

 

Desde 1972, individuos que querían cambiar su sexo de manera legal en Suecia, tenían que esterilizarse para así no poder tener hijos. Sí, leíste bien. Suecia, la tierra prometida de Igmar Bergman y de un gobierno “todo subsidiado”, tiene las políticas anti-transgénero más agresivas de cualquier país desarrollado.

El gobierno sueco siempre ha sido un fiero protector de su cultura y su población genéticamente “sueca”. De los 1940s a los 1970s, hubo un programa de esterilización dirigido sobre todo a los inmigrantes y a otros “indeseables” genéticos. La legislación eugenética que justificaba las políticas de esterilización fue formalmente abolida en 1976, pero sólo después de que casi 31 mil personas fueron intervenidas. Como sea, una ley aprobada en 1972 -que exige esterilizarse primero a todas las personas que quieran cambiar su sexo legalmente- sigue en la constitución. Además, esta legislación estipula que cualquier persona transgénero debe probar que no tiene gametos (espermas u óvulos) guardados en alguna parte, ni haber donado esperma a bancos para su uso futuro. Así es como el gobierno sueco roba a los transgénero su derecho a producir células reproductivas.

“Forzar a una persona a operarse por algo que no es necesario, en función de tener géneros legalmente reconocidos; es una violación a los derechos humanos”, dijo la actriz sueca Aleksa Lundberg, quien fue esterilizada a los 17 años, cuando cambió de sexo. Ella, quien aparece en la fotografía de arriba, presenta el espectáculo de comedia Infestus, sobre sus experiencias como joven, su cambo de sexo, su adolescencia tardía como morra y una vida como mujer adulta. Su show ha sido aclamado en todo Suecia.

Las leyes de esterilización forzada normalmente tienen tres categorías: Eugenética, terapéutica (basada en la premisa de que la esterilización debe, de alguna manera, mejorar la “vitalidad” de la persona) y la punitiva (esterilización de criminales). Existe la posibilidad de que la transexualidad sea determinada parcialmente por genética, pero no hay datos suficientes para sostener esa teoría. Mientras, las políticas suecas no parecen estar muy interesadas en detener la persecución a los transgénero, como por garantizar que los roles de género permanecerán tan tradicionales como sea posible.

Mientras el apoyo a los derechos reproductivos de los transgénero han empezado a crecer entre el gobierno de coalición, en Suecia; los Demócratas Cristianos (un pequeño pero conservador partido político) son los responsables de que siga la ley en pie. Técnicamente mantienen el control ministerial del Departamento de Bienestar Social que entra en esta legislación. Annika Eclund, portavoz de los Demócratas Cristianos se refiere a esta ley como algo dirigido a los niños: “Hay límites sobre qué tanto debemos experimentar respecto a cómo se crea la vida”, dijo. “Cada día conozco personas que buscan su identidad y su pasado, y se preguntan de dónde vienen”, agregó. “Los hombres no paren hijos. Un papá no puede ser mamá al mismo tiempo. ¿Sólo porque puedes hacerlo significa que debes hacerlo?”

Parece insólito que la minoría religiosa de Suecia sea la que esté decidiendo lo que todo el mundo “debe” hacer con sus órganos reproductivos. La Federación Sueca de Derechos Lésbicos, Gay, Bisexuales y Transgénero pidió hace poco al Departamento de Salud y Bienestar que, en el futuro, no les sean negados implantes mamarios a las personas transgénero. Los defensores de los transgénero mantienen la esperanza de presentar, directamente ante el Parlamento, una moción para echar atrás la ley y poder eludir la influencia de los Demócratas Cristianos. Puedes firmar la petición al primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, para apoyar la revocación de esta ley, aquí.