María Riot: puta feminista y la reivindicación de una sexualidad diversa

 

Por KAREN SANTIAGO

11 de mayo de 2018

http://luchadoras.mx/maria-riot-puta-feminista/

 

María Riot  incomoda. Lo hace en varios niveles y por diferentes razones: ser  trabajadora sexual, actriz porno, activista y feminista, por mencionar algunas. Forma parte de las Putas Feministas, mujeres adscritas a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) —en la cual  fue elegida como secretaria de Prensa y Comunicación por los próximos 4 años—  sabe perfectamente que la sexualidad, además de ser goce y disfrute, es política.

Ella reivindica la sexualidad desde todos sus matices. Lo hace cuando se llama a sí misma puta y cuando no duda en asumirse como prostituta. También lo hace cuando participa en películas de postporno y porno feminista —ha colaborado con importantes directoras como Erika Lust y en proyectos como  Four Chambers con Vex Ashley—, pero igual lo hace cuando cobra por servicios sexuales a clientes (y también clientas).

Su apuesta más grande la hace desde AMMAR, en donde busca reivindicar el trabajo sexual como una opción laboral legítima, que garantice los derechos de quienes deciden ser trabajadoras sexuales, y con ello terminar la violencia institucional y patriarcal que existe, no sólo en su natal Argentina o  Barcelona (donde radica) sino en el mundo.

El trabajo de María Riot cuestiona e interpela uno de los  temas más polémicos y complejos de abordar: el ejercicio de la sexualidad, no sólo en el ámbito privado sino también en el público.

 

¡NECESITAMOS CAMBIAR LAS NARRATIVAS DE LA SEXUALIDAD!

María sostiene un discurso contundente, argumentado y crítico. Habla con firmeza, ofrece datos, nombres y referentes históricos. Sabe que dentro de su activismo puede ser juzgada o invalidada por ser una mujer blanca y de clase media, una trabajadora sexual “privilegiada”, pero lo contrarresta con su congruencia. No se le traba la lengua ni se le enrosca el pensamiento: se cuestiona la idea genérica que tenemos de sexualidad y que se refleja directamente en la pornografía y la prostitución.

Cuando se habla de sexualidad, todo se entrecruza con discursos morales. El trabajo sexual es un tema incómodo, el eterno tabú, porque transgrede un tópico que, se entiende, debería permanecer en lo privado o íntimo.

Pasa igual con la prostitución y la pornografía: la narrativa “ha sido generalizadora, amarillista, confundiendo problemáticas sociales con el trabajo sexual en sí. Al final la narrativa de la sexualidad debería cambiar porque es el sistema que quiere seguir controlando a las minorías y de diversidad, a quienes hemos sido más reprimidos a lo largo de la historia como a las trabajadoras sexuales, los gays, las lesbianas, las trans… es seguir repitiendo lo mismo”, explica María en entrevista.

Y en este tema hay mucho de eso: una confusión que parte de una visión reductora y generalizadora de lo que es la sexualidad. ¡Todas las narrativas están pensadas en víctimas! Víctimas perfectas siempre en función de alguien más, de los hombres. Y no es así.

El estigma del trabajo sexual está cimentado en esta visión, está atravesado por los problemas sociales: “creer que las trabajadoras sexuales son víctimas es resultado de entender la sexualidad como algo violento. Y esto pierde de vista la figura importante del consentimiento”.

 

ASÚMETE PUTA, ESTÁ BIEN

“No tiene que dolerte, porque ser puta no tiene nada de malo y no tiene nada por lo que tengas que sentir culpa”, eso les dice María Riot a las mujeres que se sienten violentadas cuando alguien las llama así. Las invita a asumirse como puta porque serlo está bien.

Les explica: “Hoy en día si se le dice puta a cualquier mujer, sea trabajadora sexual o no, es por el estigma que existe contra las trabajadoras sexuales y que para luchar contra eso, las mujeres tienen que luchar con nosotras para que el estigma desaparezca y a ninguna mujer entonces le molestaría que la llamen puta”.

La apropiación de la palabra puta es una forma de reivindicación, una herramienta que ha servido a otras disidencias para quitar connotaciones negativas. Lo hicieron en el pasado el colectivo LGBTIQ+: “reivindicar la palabra torta, las lesbianas; de reivindicar la palabra puto-marico como han hecho nuestros compañeros gays; como han hecho nuestros compañeros de la militancia gorda, que se llaman a sí mismos gordos porque ser gordos no tiene nada de malo. Entonces nosotros también tomamos esto y dijimos bueno, nosotras también somos putas”.

Y van un paso más allá porque, además, agrega otra palabra: feminista. El término “putas feministas” fue acuñado por las trabajadoras sexuales en España pero pronto se extendió a Argentina y a otras partes del mundo. “Al principio fue un choque porque muchas trabajadoras sexuales también se veían violentadas por la palabra puta y es totalmente entendible porque siempre se les ha insultado con eso, entonces no entendían y tuvimos que explicar por qué nos estábamos apropiando de esa palabra que a muchas mujeres les estaba doliendo”.

Es una lucha simbólica, desde el lenguaje: “Nosotras somos trabajadoras sexuales y hay que dejar  bien claro: somos trabajadoras. Porque muchas personas quieren negar eso, pero lo somos, es un hecho, no es una opinión. Somos trabajadoras, pero también reivindicamos la palabra puta y feminista, porque somos feministas y no queremos un feminismo que deje fuera a las trabajadoras sexuales”.

 

EL TRABAJO SEXUAL, ES TRABAJO

¿Por qué es mal visto que una mujer use su sexualidad como herramienta laboral? ¿Por qué creemos que vender placer está al servicio del patriarcado? ¿Por qué sigue siendo tan difícil pensar las relaciones sexuales fuera de un tema romántico?… El trabajo sexual es, por mucho, el trabajo más cuestionado y estigmatizado. Pero, en una sociedad hipersexualizada con un contexto de trabajos precarios y mal pagados, el trabajo sexual es hackear al sistema y obtener un beneficio económico de él. María Riot lo sabe bien y quiere que sea una opción legítima para todas las mujeres.

“Muchas dicen ‘no porque es seguir dándole placer al hombre’, creo que darle placer al hombre es casarse, es tener un matrimonio, es estar con un novio. Entonces si no decimos que hay que abolir las relaciones de pareja porque le damos deseo a un otro, ¿por qué vamos a decir que hay que abolir el trabajo sexual porque le damos un deseo a otro? Al contrario, al menos estamos recibiendo algo a cambio. Y muchas veces el deseo del otro ni siquiera está en juego, eso también es tener una narrativa sobre la sexualidad en el trabajo sexual muy distinta a lo que es la realidad”.

No hay una única sexualidad posible. Cada persona debe “encontrar la mejor manera de vivirla, la que puede. Y que más allá de si lo desea o no, vivirla con las mejores condiciones posibles, con derechos. Y si, por ejemplo, hay alguien que no quiere vivir la sexualidad ofreciendo servicios sexuales, que pueda acceder a no hacerlo. Nosotras no negamos eso, pero sí existimos un montón de personas alrededor del mundo que sí queremos trabajar ofreciendo servicios sexuales y eso debe ser respetado, debe ser legítimo y debemos contar con derechos también”. El activismo por el trabajo sexual lucha porque las mujeres puedan tomar esa decisión, ¡que sea de ellas!

Las putas feministas molestan a las abolicionistas, a los clientes que consumen pornografía y prostitución, a la sociedad en general que se escandaliza: “No sólo venimos a reivindicar el trabajo sexual como una opción legítima y pedir por el reconocimiento de nuestros derechos sino que también venimos a cuestionar un montón de cosas que están mal en el trabajo sexual porque es un trabajo que está atravesado por todas las problemáticas de la sociedad y, por supuesto, si vivimos en una sociedad machista y desigual, eso también va a atravesar al trabajo sexual y como somos críticas con eso, también venimos a molestar a muchas personas”. Se está creando una consciencia en las trabajadoras sexuales gracias a la organización y  a la permanencia en el feminismo que antes no existía.

María Riot reclama que no quiere vivir en una sociedad patriarcal. Está creando nuevos referentes visuales y narrativos. Exigiendo condiciones laborales éticas en la pornografía y la prostitución. Pidiendo por clientes conscientes y diciéndoles que las trabajadoras sexuales no van a tolerar que les falten al respeto ni que quieran imponer sus condiciones sobre las de ellas. Quiere eliminar la confusión, dejar de irse por la ramas, y recordar que “el problema no está en la prostitución, no está en si gozamos o no con el cliente, sino en los derechos vulnerados que tenemos”.

 

 

KAREN SANTIAGO

CHABACANA Y DERECHOHUMANERA. PERIODISTA EGRESADA DE POLAKAS.

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Obituario de Laura Lee en The Times

 

 Licenciada en derecho y trabajadora sexual que disfrutó de su ocupación y se convirtió en una incansable defensora de los derechos de las prostitutas

 

26 de abril de 2018, The Times

 

https://www.thetimes.co.uk/article/laura-lee-obituary-k268vjvrx

 

Laura Lee en 2016. Comenzó a trabajar en un salón de masajes de Dublín a la edad de 19 años CHARLES MCQUILLAN / GETTY IMAGES

 

Laura Lee sentó un día a su hija de siete años sobre sus rodillas y le dijo que era trabajadora sexual. “Dije: ‘Mami tiene este trabajo. Hago compañía a los hombres solitarios si no tienen una mujer con ellos. No es ilegal y no es inmoral, pero probablemente será mejor que no lo mencionemos en la reunión de padres del colegio”, recordó Lee, una importante defensora de la profesión más antigua y la primera trabajadora sexual activa en prestar testimonio en una investigación gubernamental sobre prostitución.

Fue una mujer con una personalidad tan brillante como su largo cabello rizado negro azabache, que había amado su trabajo desde sus primeros turnos en un salón de masajes de Dublín, donde podía ganar £ 200 por noche.

“Iba a la universidad en Dublín y me resultaba cada vez más difícil cubrir los costos”, dijo. “La mayoría de mis amigos trabajaban tres o cuatro noches a la semana en restaurantes. Siendo inherentemente perezosa, tomé la decisión poco ortodoxa de convertirme en la chica del sábado en la sala de masajes local “.

Se inspiró viendo la película de 1987 Personal Services sobre la madam de suburbio Cynthia Payne (obituario, 17 de noviembre de 2015). Al igual que su heroína, Lee era una dominadora experta, pero también se deleitaba hablando con sus clientes sobre sus problemas matrimoniales y pasaba tiempo con personas con discapacidades físicas que nunca antes habían tenido relaciones sexuales. Su título de trabajo declarado a Inland Revenue era “terapeuta corporativa”.

“A veces la esposa está enferma o en un hogar de ancianos o se casaron jóvenes. Todavía adoran a sus esposas, pero falta el lado físico. El sexo es probablemente alrededor del 25 por ciento de lo que hacemos. Tuve un cliente que falleció de cáncer de hígado el año pasado y lo abracé fuertemente y le pregunté: ‘¿Tienes miedo?’ Cuando dijo ‘sí’, ambos nos abrazamos y lloramos. Para estos hombres se trata de recordar cómo abrazar a una mujer, cómo olemos y cómo somos de blandas “.

Habiendo sido puesta al descubierto varias veces, Lee decidió “dar la cara con orgullo” e hizo campaña contra una legislación que podría llevar la prostitución aún más a la clandestinidad. Luchó contra un proyecto de ley presentado en 2015 por el miembro del Partido Unionista Democrático Lord Morrow que hizo que pagar por sexo en Irlanda del Norte sea un delito criminal. Laura afirmó que el riesgo de sufrir abusos era mucho mayor después de la promulgación de la ley. “La gente no está dispuesta a usar formularios de reserva en línea ni divulgar sus detalles. Todos de repente se convirtieron en ‘puteros’. No ha habido una reducción en la demanda, pero es mucho más difícil mantenernos seguras “, dijo Lee, quien solicitó una revisión judicial y recibió un” tsunami de informes de abusos” en las redes sociales. “Están usando teléfonos de hoteles, por ejemplo, para contactar con trabajadoras sexuales en Belfast en lugar de dejar sus móviles. Esto significa que si uno de ellos se vuelve violento, ya no hay una trazabilidad real “.

Ella era una de las pocas prostitutas activas que hablaba públicamente sobre sus propios rasguños. “Un chico llegó a mi casa claramente perturbado. Comenzó con horribles abusos verbales, basados ​​en el sectarismo y su odio hacia las trabajadoras sexuales, un odio hacia los católicos. . . Mi objetivo principal era sacarlo de la habitación, lo cual finalmente hice “.

Con su agradable acento de Dublín, Lee llevó adelante su misión de desestigmatizar el trabajo sexual. En las entrevistas, hablaba sobre su vida doméstica como madre soltera y revelaba que el 70 por ciento de las trabajadoras sexuales eran madres que cuidaban de sus hijos.

Rechazó la estimación de la policía de que el 50% de las mujeres que trabajaban en los 2.000 burdeles de Londres habían sido víctimas de la trata. Lee afirmó que la definición legal del trata sexual era nebulosa y bromeó diciendo que si un amigo la llevara a dar un paseo, técnicamente la estaría sometiendo a trata.

Se rió de los “fanáticos” religiosos que condenaron su trabajo por inmoral y reservó todo su desprecio para actrices como Anne Hathaway y Meryl Streep y sus pronunciamientos sobre la prostitución. “Las hemos pedido en varias ocasiones que dejen de hablar de nosotras sin contar con nosotras. Es subestimarnos. Es: ‘Shh, shh, sabemos lo que es mejor para ti, vamos a sacarte de esta industria porque te estás lastimando a ti misma y ni siquiera lo sabes.’ Creo que si estuviera siendo lastimada lo sabría”.

De hecho, Lee disfrutó tanto del trabajo que dijo: “Temo el día que cuelgue mis botas altas. Extrañaré a mis clientes, la emoción y el aspecto salaz de eso “.

Antoinette Cosgrave nació en Dublín en 1973 en una familia católica de clase trabajadora y asistió a una escuela dirigida por monjas. Era una rebelde natural y exasperaba al personal con sus travesuras. Sin embargo, era una niña inteligente y se metió en el University College de Dublín para estudiar leyes. Al mismo tiempo, trabajó en un salón de masajes de Dublín hasta que un periódico local publicó una historia sobre ella. Se lo contó a sus padres. Aunque resultaron profundamente conmocionados, lo tomaron bien, dijo ella.

Después de graduarse, Lee dio pasos para convertirse en abogada, pero sus planes cambiaron después de quedar embarazada durante una relación de corta duración y verse necesitada de un trabajo para mantener a su hija. Se mudó a Oban en la costa oeste de Escocia, donde trabajaba en un banco de día y atendía clientes por las noches.

Los negocios fueron viento en popa porque no había otras escorts en la zona. Se corrió la voz y las sensibilidades tradicionales presbiterianas se inflamaron. Los transeúntes la gritaban y le decían a su hija: “Tu mamá se va a morir de SIDA”. El banco recibió quejas de sus clientes y trató de despedirla. Lee luchó contra su despido alegando que estaba siendo discriminada, pero el caso nunca llegó a los tribunales. “Me hice trabajadora sexual para deshacerme del estigma de trabajar en la banca”, dijo.

Lee se mudó a Kilmarnock en Ayrshire y creó una lista de clientes en todo el país, anunciando “recorridos” en su sitio web. Originalmente usó el nombre Anna, pero hace unos diez años adoptó el seudónimo de Laura Lee.

Dio conferencias a las fuerzas policiales sobre el trabajo sexual y uno de sus logros de los que estaba más orgullosa fue persuadir al Servicio de Policía de Irlanda del Norte para que introdujera “oficiales de enlace de trabajo sexual” en 2014. Un año antes había comenzado un título de Psicología en la Universidad Abierta.

Lee prestó testimonio en la investigación de asuntos de interior de 2016 sobre la prostitución y, a menudo, se la llamó como testigo experta en juicios que involucraban a trabajadoras sexuales. A menudo era reconocida en público. “La gente se acerca a mí y me dice: ‘Oh, he oído que tienes un sitio web’ y tú sencillamente los miras y dices ‘sí, ¿y qué?’ No hay nada que negar; si no es un secreto, no puede hacerte daño “.

Tras su valentía, Lee fue profundamente herida por el abuso en línea. Sus amigos también dijeron que sufrió daños psicológicos por una agresión sexual hace tres años.

Trató de encontrar una relación romántica propia. Le decía a las amigas, tomando una taza de té o algo más fuerte, lo nerviosa que estaba ante una cita. Después de salir con varios hombres en los últimos años, todavía estaba buscando amor.

A Lee le sobrevive su hija Cat, de 17 años, que es estudiante. Vivían en una casa llena de hámsters con un gato llamado Pebbles y una gatita llamado Luna. Traía golosinas tales como salchichas frescas para las mascotas de sus clientes.

Estaba orgullosa de su hija, quien, dijo, “me defenderá hasta el último aliento”. Lo que hacen adultos mentalmente capacitados a puerta cerrada no es asunto de nadie “.

 

Laura Lee, trabajadora sexual y defensora de los derechos de las trabajadoras sexuales, nació el 25 de abril de 1973. Murió de causas no reveladas el 7 de febrero de 2018, a la edad de 44 años.

Las Putas también abortamos

 

 

 

Cuando se habla de aborto algunas personas sostienen que “ninguna mujer quiere abortar”. Algo similar sucede en el debate sobre trabajo sexual cuando afirman que “ninguna mujer nace para puta”. En ambos sentidos se intenta afirmar que ninguna mujer quiere abortar ni ser trabajadora sexual. Eufemismos que buscan invisibilizar la toma de decisiones sobre nuestros cuerpos.

 

Por Georgina Orellano para Emergentes 

10 de abril de 2018-04-11

https://emergentes.com.ar/las-putas-tambi%C3%A9n-abortamos-ccc9c72bafcf

 

En mi caso cuando me enteré que estaba frente a un embarazo no deseado lo primero que pensé fue en la posibilidad de interrumpirlo. Estaba segura que no quería volver a ser madre.

Nadie se anima a afirmar “ninguna mujer quiere ser mamá” porque no todas se atreven a cuestionar ese mandato ni a mencionar los traumas que pasamos por llevar adelante un embarazo no deseado. Más cuando la responsabilidad de la maternidad recae un 100% sobre los cuerpos de las mujeres.

Declaro haber abortado no una sino varias veces.

Al realizarlo me enfrenté a una doble criminalización. Primero por ser puta y dedicarme a un trabajo que no está reconocido y que ejercemos en la clandestinidad y segundo por abortar, pues en Argentina sigue siendo ilegal la interrupción voluntaria del embarazo.

Recuerdo que las veces que aborte lo hice primero en manos de una mujer que hacía los abortos con sondas en un barrio popular donde las mujeres no teníamos acceso a la información y no sabíamos que existía el misoprostol. Fue en el 2008. Por hacerlo me cobró 200 pesos y luego de darme algunas indicaciones me mando a mi casa. Ahí atravesé un trauma no por haber abortado sino por haberlo hecho en malas condiciones y poner en riesgo mi vida. Lo mismo sucede con el trabajo sexual ya que no padecemos el trabajo en sí mismo sino las malas condiciones en las que lo tenemos que ejercer.

Otra experiencia que atravesé por ser puta y abortera fue el doble estigma. Salí del clóset en 2 oportunidades: primero cuando conté que era puta y luego cuando dije que había abortado.

La segunda vez que aborte lo hice acompañada de mis compañeras que me apoyaron, me acompañaron y estuvieron presentes en el momento en que parí mi aborto. Yo parí mis abortos clandestinos, parí el derecho a decidir sobre mi propio cuerpo y a tener en esa decisión el control de mi reproducción.

En el trabajo sexual puedo decir que decidí convertir mi sexualidad en mi propio proyecto laboral saliéndome de las normas del capital y teniendo un control sobre mi propio sexo al decidir con quién, cómo y cuándo y a no ofrecerlo desde la gratitud sino a ponerle un precio al mismo.

Frente a la clandestinidad las mujeres, lesbianas, travestis y trans nos organizamos. Así como las putas nos organizamos sindicalmente para exigir reconocimiento a nuestros derechos laborales también lo hacemos para poder abortar en mejores condiciones, acompañadas y accediendo a mayor información.

Mientras los hombres se reúnen para jugar al futbol, para mirar un partido, para hablar de a quién y cómo se cogieron sin que nadie los esté cuestionando ni preguntando qué hace un grupo de hombres solos a la noche en vez de estar cuidando a sus hijos, mientras ellos gozan de ciertos privilegios, nosotras nos reunimos para abortar en la clandestinidad.

Acompañé a muchas trabajadoras sexuales que pasaron por lo mismo llegando a construir entre putas una gran red de solidaridad que nos llevó desde juntar dinero para comprar las pastillas hasta hacer un fondo de miso que consiste en que donemos las pastillas que nos sobran así tener para quienes no puedan comprarlas.

Ante la imposibilidad de abortar en una cama de un hospital, prestábamos a las amigas nuestras camas, sobre todo quienes vivimos solas, a veces esperábamos a que la pareja de ellas le toque el turno noche en el trabajo y así el varón ni se enteraba de que ellas habían abortado. Cuando se nos complicaba pagábamos un pernocte en algún hotel transitorio esos mismos hoteles en los que terminamos llevando a cabo nuestro trabajo.

Las Putas que abortamos lo hacemos desde nuestra autonomía a decidir libremente sobre nuestros cuerpos, aunque algunxs sostengan que lo hacemos sobre la vida de otros en el caso del aborto y en el caso del trabajo sexual nos nieguen la posibilidad de decisión.

En ambos sentidos no nos sentimos representadas por las consignas que nos re victimizan o que intentan disculparnos socialmente y generar una empatía desde la lastima o la pena.

Nosotras que decidimos abortar y ejercer el trabajo sexual no vamos a pedir disculpas a nadie por ello.

Queremos que el aborto sea legal seguro y gratuito, que se venda sin receta el misoprostol, queremos que los colegios implementen la E.S.I, que en los centros de salud de todos los barrios se brinden conserjerías pre y post aborto.

Queremos que el trabajo sexual sea reconocido, que podamos acceder a la obra social y a la jubilación, queremos dejar de pagar coimas para poder trabajar tranquilas y queremos que se deroguen todas las leyes y artículos que criminalizan nuestra actividad laboral. Exigimos que se nos deje de criminalizar a las mujeres por el solo hecho de decidir sobre nuestros cuerpos.

No queremos que nadie se meta en nuestras camas ni en nuestras vidas.

Las Putas exigimos descriminalización total del aborto y del trabajo sexual.

Nuestros cuerpos son nuestros territorios, sobre ellos decidimos nosotras.

 

Después de FOSTA: muchos de los sistemas e institutos que se supone que nos protegen a las trabajadoras sexuales han sido enviados a erradicarnos

 

 

 

7 de abril de 2018

 

http://coyoteri.org/wp/after-fosta-many-of-the-systems-and-institutes-the-are-supposed-to-protect-us-are-sent-to-erase-u/

 

“Que el que esté libre de pecado entre vosotros sea el primero en tirarle una piedra”.

 

“El Congreso está tratando de acabar con las trabajadoras sexuales y desconectarlas de sus servicios comunitarios y de apoyo vital”.

 

por Bella Robinson, directora ejecutiva de Coyote RI (Call off Your Old Tired Ethics)

 

6 de abril de 2018

 

FOSTA (Fight Online Sex Trafficking Act) es una guerra contra las mujeres pobres. Este crimen de odio está siendo patrocinado por el Congreso con el dinero del contribuyente. El Congreso acaba de mostrar su verdadera cara y aprobar Fosta muestra que no se preocupa por las trabajadoras sexuales y mucho menos las víctimas de la trata sexual.

Es importante que las personas involucradas en la industria del sexo sepan cómo conectarse a la COMUNIDAD. Aquí hay una lista de algunas de las mejores organizaciones de EE.UU. que se esforzarán para ayudar a las personas involucradas en la industria del sexo que estén en crisis.

SWOP USA tiene una línea de apoyo. Soy una de las voluntarias que ayudan a responder la línea de ayuda. Desde que FOSTA (Ley de Lucha contra la Trata Sexual) fue aprobada, la línea de soporte recibe más llamadas que nunca. SWOP USA SUPPORT LINE 877-776-2004

Quiero que nuestra comunidad sea consciente de que los cierres de nuestro ESPACIO DE LIBRE EXPRESIÓN en línea afectarán primero a las trabajadoras sexuales más marginadas y pobres. Muchas de ellas viven en hoteles y no podrán tener ingresos dentro de uno o dos días. Muchas de estas mujeres tienen hijos o son jóvenes LGBT que no pueden acceder a un refugio u otros servicios del Estado. Las trabajadoras indocumentadas que ya están siendo cazadas por nuestro gobierno no podrán alquilar una vivienda ni pagar alimentos.

FOSTA abrirá un nuevo caldo de cultivo para los depredadores y aquellos que buscan explotarnos. Muchos de ellos llevarán insignias de policía y otros tratarán de hacerse pasar por clientes. La violencia y la explotación implosionarán. Miles y miles de trabajadoras sexuales y sus familias quedarán sin hogar, y las trabajadoras no tendrán otra opción que trabajar en las calles.

La violencia doméstica y las violaciones aumentarán. Los niños perderán a sus madres y serán separarados de sus hermanos, y serán arrojados al descompuesto sistema DCYF que abrirá un hogar de acogida aún más grande como antesala de la cárcel. La enfermedad aumentará, más mujeres pobres quedarán embarazadas debido a la guerra del gobierno contra los derechos reproductivos de las mujeres.

Mientras tanto, no oirás que el CONGRESO mencione la desigualdad económica o la falta de viviendas asequibles en todas las ciudades de Estados Unidos. O la falta de empleos que paguen un salario digno; porque el salario mínimo ya no cubre el costo de la vivienda, incluso en los barrios más pobres. Tampoco mencionarán que la mayoría de las ciudades no han aceptado las solicitudes de vivienda en décadas y mientras nos han cobrado impuestos a muerte, casi se han deshecho de todos los servicios públicos, alegando que son ¿programas de subsidio?. El Tío Sam es el mayor proxeneta de todos, y quiere controlar los cuerpos de las mujeres.

La estafa de la lucha contra la trata ha cerrado el círculo. El Congreso ha cometido un crimen de odio contra las trabajadoras sexuales. Quieren que las trabajadoras sexuales mueran. No hay viviendas para gente pobre, hay muy pocos proveedores de salud mental que sean competentes para atender a las personas involucradas en la industria del sexo. Nuestra investigación basada en la comunidad muestra que los proveedores de servicios traumatizaron a las personas en la industria del sexo y trataron de avergonzar a la gente a muerte.

Entonces, es mejor que comencemos a prepararnos para el daño colateral que ha surgido después de FOSTA.

En este momento, me gustaría recordar al público que Coyote RI no le enseña a nadie a hacer el trabajo sexual. No facilitamos ni promovemos el trabajo de nadie, ni pedimos donaciones a trabajadoras sexuales. Simplemente estamos abogando por la salud y la seguridad de las personas involucradas en la industria del sexo y proporcionamos a nuestra comunidad todo el apoyo que podemos.

Muchas organizaciones de defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales realizarán concentraciones en todo el país en el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, también conocido como el Día Internacional de las Putas, el 2 de junio de 2018.

Las organizaciones de justicia social de Coyote RI y Rhode Islands organizarán una Concentración por la Reforma de la Justicia Penal el 2 de junio de 2018 (detalles sobre el evento próximamente).

Ha aparecido este sitio web ofreciendo una recompensa de $ 25.000 a cada una de las primeras 10 trabajadoras sexuales que presenten pruebas de que un congresista que votó a favor de SESTA es / fue cliente suyo. Estoy luchando por la #whorenation con la esperanza de que puedan desenmascarar a suficientes legisladores para obligar a estos hipócritas a renunciar a su escaño. Drenemos la ciénaga y exijamos que sus sustitutos comiencen a gastar nuestros impuestos en servicios públicos.

 

HOJA DE RECOMENDACIONES

Si deseáis acceder a algunos de estos sitios, deberéis usar un navegador VPN (red muy privada) como TOR. Intentaremos actualizar esta lista con la mayor frecuencia posible.

Nueva actualización de la lista 7 de abril, 2018 PM EST

Actualizada del 4 de abril de 2018-04-08

https://www.eroticmonkey.com/

https://www.locanto.com/Personals/P/

http://www.usasexguide.info/

https://www.theeroticreview.com/   Only allows access from a VPN

https://www.bestgfe.com/     Only allows you to click agree and access from a US browser

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Prólogo a la “Historia sexual del cristianismo”, por Karlheinz Deschner

 

No es sensato, por consiguiente, creer que el código clerical de los tabúes ha sucumbido, que la hostilidad hacia el placer ha desaparecido y la mujer se ha emancipado. De la misma manera que hoy nos divierte la camisa del monje medieval, las generaciones venideras se reirán de nosotros y nuestro «amor libre»: una vida sexual que no está permitido mostrar en público, encerrada entre paredes, confinada la mayoría de las veces a la oscuridad de la noche es, como todos los negocios turbios, un climax de alegría y placer acotado por censores, regulado por leyes, amenazado por castigos, rodeado de cuchicheos, pervertido, una particular trastienda oculta durante toda la vida.

 

 

Si bien el cristianismo está hoy al borde de la bancarrota espiritual, sigue impregnando aún decisivamente nuestra moral sexual, y las limitaciones formales de nuestra vida erótica siguen siendo básicamente las mismas que en los siglos XV o V, en época de Lutero o San Agustín.

Y eso nos afecta a todos en el mundo occidental, incluso a los no cristianos o a los anticristianos. Pues lo que algunos pastores nómadas de cabras pensaron hace dos mil quinientos años sigue determinando los códigos oficiales desde Europa hasta América; subsiste una conexión tangible entre las ideas sobre la sexualidad de los profetas veterotestamentarios o de Pablo y los procesos penales por conducta deshonesta en Roma, París o Nueva York. Y quizá no sea casualidad que uno de los más elocuentes defensores de las relaciones sexuales libres, el francés Rene Guyon, haya sido un jurista que, hasta el mismo día de su muerte, exigió la abolición de todos los tabúes sexuales así como la radical eliminación de todas las ideas que asociaban la actividad sexual con el concepto de inmoralidad.

En la República Federal Alemana se tiende todavía hoy a la equiparación del derecho y la moral, y especialmente de la decencia y la moral sexual, lo que es una herencia inequívoca de la represión cristiana de los instintos. Con fatigosa monotonía, el legislador recurre a «el sentido de la decencia», «el vigente orden moral», «las concepciones morales fundamentales del pueblo», etcétera —fórmulas tras las cuales no hay nada más que la vieja inquina de los Padres de la Iglesia contra la sexualidad—. De la misma forma, el Tribunal Constitucional puede invocar abiertamente a las «comunidades religiosas públicas, (…) en particular a las dos grandes confesiones cristianas, de cuyas doctrinas extrae gran parte del pueblo las reglas para su comportamiento moral». Por consiguiente, las normas legales sobre el matrimonio, la anticontepción, el estupro, las relaciones con menores y demás, se ven condicionadas de tal forma que Emst-WaIter Hanack puede calificar de forma lapidaria al vigente derecho penal sobre asuntos sexuales como «en buena medida improcedente, superfluo o deshonesto».

Ahora bien, en otros países europeos la situación es muy parecida; la prohibición eclesiástica del incesto o el aborto, por ejemplo, influye decisivamente en la justicia; el concepto de indecencia se extiende incluso a los matrimonios y caen las peores execraciones sobre cualquier delito de estas características; los hijos engendrados fuera del matrimonio no pueden ser legitimados ni siquiera con una boda posterior; se persigue la publicidad de los medios anticonceptivos con penas monetarias, encarcelamientos o ambas cosas; se vela por la protección del matrimonio en los hoteles y empresas turísticas; y todo ello, y algunas cosas más, en total sintonía de principios con la moral eclesiástica.

Asimismo, en los EE.UU. la religión determina con extrema fuerza el derecho, sobre todo las decisiones sobre la conducta sexual, y crea ese clima hipócrita y mojigato que todavía caracteriza a los estados puritanos.

Y con total independencia de la forma de justicia o injusticia dominante (que por supuesto es siempre la justicia o injusticia de los dominadores), la moral sexual tradicional sigue siendo efectiva, los tabúes continúan vigentes. Han sido inculcados demasiado profundamente en todas los estratos sociales. La permisividad y la tolerancia siguen estando perseguidas como en el pasado; moral todavía equivale en todas partes a moral sexual, incluso en Suecia.

Aparte de a la teología, a la justicia, e incluso a determinadas especialidades de la medicina y la psicología, la superstición bíblica perjudica a nuestra vida sexual, y por tanto, en resumidas cuentas, a nuestra vida.

No es sensato, por consiguiente, creer que el código clerical de los tabúes ha sucumbido, que la hostilidad hacia el placer ha desaparecido y la mujer se ha emancipado. De la misma manera que hoy nos divierte la camisa del monje medieval, las generaciones venideras se reirán de nosotros y nuestro «amor libre»: una vida sexual que no está permitido mostrar en público, encerrada entre paredes, confinada la mayoría de las veces a la oscuridad de la noche es, como todos los negocios turbios, un climax de alegría y placer acotado por censores, regulado por leyes, amenazado por castigos, rodeado de cuchicheos, pervertido, una particular trastienda oculta durante toda la vida.

De San Pablo a San Agustín, de los escolásticos a los dos desacreditados papas de la época fascista, los mayores espíritus del catolicismo han cultivado un permanente miedo a la sexualidad, un síndrome sexual sin precedentes, una singular atmósfera de mojigatería y fariseísmo, de represión, agresiones y complejos de culpa; han envuelto con tabúes morales y exorcismos la totalidad de la vida humana, su alegría de sentir y existir, los mecanismos biológicos del placer y los arrebatos de la pasión, han  generado sistemáticamente vergüenza y miedo, un íntimo estado de sitio y lo han explotado sistemáticamente; por puro afán de poder, o porque ellos mismos fueron víctimas y represores de aquellos instintos, porque ellos mismos, habiendo sido atormentados, han atormentado a otros, en sentido figurado o literal.

Corroídos por la envidia y a la vez con premeditación calculada corrompieron en sus fieles lo más inofensivo, lo más alegre: la experiencia del placer, la vivencia del amor. La Iglesia ha pervertido casi todos los valores de la vida sexual, ha llamado al Bien mal y al Mal bien, ha sellado lo honesto como deshonesto, lo positivo como negativo. Ha impedido o dificultado la satisfacción de los deseos naturales y en cambio ha convertido en deber el cumplimiento de mandatos antinaturales, mediante la sanción de la vida eterna y las penitencias más terrenales o más extremadamente bárbaras.

Ciertamente, uno puede preguntarse si todas las otras fechorías del cristianismo —la erradicación del paganismo, la matanza de judíos, la quema de herejes y brujas, las Cruzadas, las guerras de religión, el asesinato de indios y negros, así como todas las otras atrocidades (incluyendo los millones y millones de víctimas de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la larga guerra de Vietnam)—, uno tiene derecho a preguntarse, digo, si verdaderamente esta extraordinaria historia de crímenes no fue menos devastadora que la enorme mutilación moral y la viciosa educación por parte de esa iglesia cultivadora de las abstinencias, las coacciones, el odio a la sexualidad, y sobre todo si la irradiación de la opresión clerical de la sexualidad no se extiende desde la neurosis privada y la vida infeliz del individuo a las masacres de pueblos enteros, e incluso si muchas de las mayores carnicerías del cristianismo no han sido, directa o indirectamente, consecuencia de la moral.

Una sociedad enferma de su propia moral sólo puede sanar, en todo caso, prescindiendo de esa moral, esto es, de su religión. Lo cual no significa que un mundo sin cristianismo tenga que estar sano, per se. Pero con el cristianismo, con la Iglesia, tiene que estar enfermo. Dos mil años son prueba más que suficiente de ello. También aquí, en fin, es válida la frase de Lichtenberg: «Desde luego yo no puedo decir si mejorará cambiando, pero al menos puedo decir que tiene que cambiar para mejorar».

 


Karlheinz Deschner (Bamberg, 23 de mayo de 1924 − Haßfurt, 8 de abril de 2014) fue un historiador, crítico de la Iglesia Católica y ensayista alemán.
https://es.wikipedia.org/wiki/Karlheinz_Deschner

Su “Historia sexual del cristianismo” se puede descargar aquí:
http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Historia%20Sexual%20del%20Cristianismo,K.Deschner.pdf

Y su “Historia criminal del cristianismo”, aquí:
https://laicismo.org/2013/03/karlheinz-deschner-la-historia-criminal-del-cristianismo-en-10-tomos/39153/

¡¡¡ Derogar / detener FOSTA AHORA !!!

 

 

Creado por J.O. el 27 de marzo de 2018

 

Firma esta peticion aquí:

https://petitions.whitehouse.gov/petition/repealstop-fosta-now

 

Revocar FOSTA o detener la firma de FOSTA inmediatamente: internet NECESITA ser abierto. Esta ley socava por completo la importancia de un internet abierto que es sobre lo que se construyó todo internet. Inconsecuentemente viola la primera enmienda simplemente al hacer que los sitios sean responsables de las acciones de sus usuarios. Esto impide la libre expresión y restringe lo que un sitio puede hacer en general. Los foros se cerrarán, los mercados se cerrarán. Hacer que sitios como Twitter, Facebook y Craigslist sean responsables de las acciones de sus usuarios es algo completamente descabellado. Son foros y mercados públicos , no harías que un centro comercial o un hotel fuera penalmente responsable de que haya una prostituta en la esquina, ¿verdad?

La libertad sexual está en riesgo por estos nuevos y condenatorios proyectos de ley aprobados por el Congreso

Steven W Thrasher 

 

 

 

Craigslist cerró sus anuncios personales debido al intento patriarcal y homofóbico del Congreso de controlar a las trabajadoras sexuales. No se detendrá ahí.

@thrasherxy

29 de marzo de 2018

https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/mar/29/sexual-freedom-fosta-sosta?CMP=share_btn_fb

 

“El Congreso de los EE. UU. quiere regular aún más el sexo a través de internet, y la vida sexual moderna de la mayoría de las personas interactúa con internet”. Fotografía: Andrew Bret Wallis / Getty Images

 

Craigslist cerró completamente su sección de anuncios personales la semana pasada. Esto me dejó conmocionado: por lo que augura sobre mi propia historia sexual con los personales “M4M” de Craiglist, sobre la seguridad de las trabajadoras sexuales y sobre la creciente vigilancia de las libertades sexuales en los EE. UU.

¿El motivo del cierre? El Congreso de los EE. UU. Acaba de aprobar la Ley de Lucha contra la Trata Sexual en Línea (FOSTA) y la Ley para Detener la Facilitación de la Trata Sexual (SESTA). Parece probable que Donald Trump firme estos proyectos de ley antisexuales y los convierta en ley firme, incluso cuando el país oye todo acerca de él supuestamente siendo azotado por la estrella de cine adulto Stormy Daniels.

Como Craigslist explicó en su sitio, FOSTA busca “someter a los sitios web a responsabilidad penal y civil cuando terceros (usuarios) hacen un uso indebido ilegal de los contactos personales en línea”. Si ocurre algún trabajo sexual en su sitio, Craigslist podría ser demandado.

“No podemos asumir ese riesgo sin poner en peligro todos nuestros otros servicios, por lo que estamos lamentablemente sacando los contactos de Craigslist fuera de línea”, escribió la siempre simple cartelera de Internet. “Esperamos poder traerlos de vuelta algún día. Para los millones de cónyuges, parejas y compañeros que se conocieron a través de Craigslist, ¡les deseamos toda la felicidad! ”

Si crees que nada de esto te afecta a ti porque no eres queer o te gusta el trabajo sexual, vuelve a pensarlo.

Ese sentimiento amable me golpeó duro. Una gélida noche de febrero de 2007, unas semanas después de la muerte de mi madre, en el invierno más oscuro de mi vida, respondí a un anuncio de Craigslist en la categoría de “hombres que buscan hombres”. Nos encontramos esa noche y tuvimos sexo.

Después, hablamos un poco de esa encantadora manera post-orgásmica como los hombres homosexuales a veces hacemos, en ese espacio de conexión en el que Craigslist M4M me ha permitido conocer a otros hombres gay en los confines del mundo. Él era un hombre inteligente y encantador. No vivíamos en la misma ciudad, pero luego cuando lo hicimos, salimos juntos por varios años. Excepto en casos muy raros, la vergüenza y el bochorno evitaron que le dijera a nadie que había conocido a este novio de esta manera. Pero se convirtió en uno de los grandes amores de mi vida y sigue siendo un querido amigo.


“Es una tragedia que otras personas no tendrán ya la libertad de explorar como yo lo hice de esta manera”. Fotografía: Tetra Images / Getty Images

Es triste que nadie más llegue a conocer a sus novios o pueda establecer contactos en Craigslist, pero mi tristeza no es solo por la pérdida de contactos “respetables”. Lloro por todos los contactos que la gente tuvo a través de Craigslist que fueron significativas para ellos, incluido el trabajo sexual.

Craiglist M4M fue fundamental para explorar mi sexualidad en ciernes, y me conecté con muchachos durante mis 20 años. No tengo el tipo de rostro o cuerpo que generaba mucho interés en Match.com cuando tenía veintitantos años, y todavía no tengo el aspecto adecuado para generar interés en Grindr o Tinder.

Pero a veces, en el intercambio de coqueteo de correos electrónicos generados por anuncios de Craiglist, encontré hombres con quienes explorar, a veces sexualmente, a veces no. Es una tragedia que otras personas no tendrán ya la libertad de explorar como yo lo hice de esta manera.

Pero obstaculizar actos sexuales como los míos ni siquiera era la intención principal de SESTA o FOSTA. El objetivo principal de estos proyectos de ley es amalgamar el rastreo del sexo forzado con el trabajo sexual voluntario, así como castigar mejor a cualquier persona que se dedique voluntariamente al trabajo sexual (y cualquier sitio web que lo facilite). Este es un asalto económico particular contra las personas que son queer, trans y / o anteriormente encarceladas que han sido excluidas de otras formas de obtener ingresos.

Como la reportera principal de In Justice Today, Melissa Gira Grant ha estado escribiendo durante un tiempo, estos proyectos de ley son rechazados por los sobrevivientes de trata sexual y pondrán en riesgo la vida de las trabajadoras sexuales. La respuesta ahora es hacer que el trabajo sexual sea legal y facilitar las formas en que se puede hacer de manera más segura, no para conducirlo a mayor clandestinidad.

Más personas deberían preocuparse por los derechos de las trabajadoras sexuales. Pero si crees que nada de esto se aplica a ti porque no eres queer o te gusta el trabajo sexual, piensa de nuevo: el Congreso de EE. UU. quiere regular aún más el sexo a través de Internet, y las vidas sexual moderna de la mayoría de las personas interactúa con internet.

Craigslist cerró toda su sección personal debido al deseo excesivo del Congreso de controlar el trabajo sexual. Y no hay ninguna razón para que el Congreso no pueda intimidar de manera similar a Tinder o Grindr para que te retiren o cierren por completo, igual que Craigslist: y entonces ¿dónde irías?

Ha habido preocupación porque el movimiento #MeToo pudiera llevar a un pánico sexual. Pero el verdadero pánico sexual no se debe al feminismo enloquecido, sino al deseo patriarcal, homofóbico, antitrans y teocrático del Congreso de EE. UU. de controlar a las trabajadoras sexuales y, por extensión, sofocar los deseos sexuales de cualquiera de nosotros que no quiera conformarme a sus formas puritanas.

  • Steven W Thrasher es el escritor general para el Guardian US

La lucha de las prostitutas contra el estigma y por la normalización de su trabajo, es hoy la más revolucionaria de las luchas  

 

 

Por Citerea Anadiomena 

4 de noviembre de 2011

 

  La libertad es un problema filosófico complejo, pero yo considero aquí libertad la capacidad de seguir nuestros instintos básicos de supervivencia y reproducción sin limitaciones externas. Poder elegir tener o no relaciones sexuales libremente consentidas entre adultos sin dar cuentas a nadie, es libertad sexual. Libertad sexual es la promiscuidad de las prostitutas y la castidad de curas y monjas. En una sociedad en la que la castidad fuera reprobable, curas y monjas encarnarían la libertad sexual. En nuestra sociedad, la promiscuidad de las prostitutas encarna  su libertad sexual y la de todos: el que no tiene sexo es porque no quiere. Y libertad económica es la capacidad de ganar dinero (sobrevivir) por nuestros propios medios, sin nadie que nos condicione. En nuestra sociedad, esa libertad sólo la tiene la minoría que controla el trabajo de los demás: la apropiación privada de los medios de producción social llevó a eso hace tiempo. Pero la prostituta es en sí misma el medio de producción de su trabajo; con ella no vale el truco de dar libertad personal al campesino y expropiarle la tierra: ella misma es la tierra; sólo esclavizándola como persona es posible apropiarse de su medio de producción. Por eso cuando una sociedad garantiza la libertad de las personas está garantizando la libertad económica de las prostitutas.

La idea de libertad remite a las relaciones de poder entre los hombres: libertad es no vernos obligados por los demás a hacer o dejar de hacer, ni vernos obligados a dar cuenta de nuestras convicciones íntimas. En nuestra sociedad, esta libertad es otra mercancía más, llamada poder político. La acumulación de poder político en un polo se alimenta de la pérdida del mismo en el otro. El polo de mínimo poder político es el que ocupa la prostituta.

Los dos componentes de la prostitución, la libertad sexual y la libertad económica, son considerados un gran avance de nuestras sociedades y, aplicados a la mujer, el gran logro del feminismo. Pero cuando se unen, cuando la mujer decide hacer uso pleno de su libertad sexual y de su libertad económica, la sociedad levanta urgentemente el muro del estigma de la puta. Porque la libertad sexual, la libertad económica y la libertad de la mujer en nuestra sociedad son mentira. Y el estigma de la puta es el nudo que ata la red de nuestra hipocresía.

 Por eso, la lucha de las prostitutas contra el estigma y por la normalización de su trabajo, es hoy la más revolucionaria de las luchas.

 

¿Es neoliberal defender el trabajo sexual?

Las putas empoderadas, organizadas reclamando derechos, se convierten en sujetos políticos. Y lo que hace a la libertad un asunto político –diría Hannah Arendt– es que es esencialmente colectiva

 

Paula Sánchez Perera – Doctoranda y activista del Colectivo Hetaira

20/03/2017

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/neoliberal-defender-trabajo-sexual_6_624397566.html

 

Manifestación de prostitutas bajo el lema ‘Madrid me multa’, el 15 de febrero de 2014. Fotografía de Johannes Mahn.

 

La última estrategia de descrédito hacia quienes abrazamos la posición pro-derechos, en materia de prostitución, es la de tildarnos de neoliberales. Parece mentira, pero esta acusación en gran medida descansa en que aceptamos el consentimiento de quienes manifiestan ejercer por decisión propia el trabajo sexual. Se debe, entonces, a que respetamos la decisión de ejercer, a que no cuestionamos la libertad individual como argumento, a que no impugnamos los testimonios y la voz de las prostitutas por decisión propia.

  1. Cualquier decisión se encuentra, inevitablemente y de entrada, condicionada por estructuras de opresión y condiciones materiales. Además, según cuántas y cuáles sean las estructuras que atraviesen a cada persona y su intersección, el abanico de opciones de cada decisión será más o menos limitado. Ya se sabe que no es lo mismo ser una mujer blanca cis de nacionalidad española que una mujer negra trans migrante. Ahora bien, que toda elección se encuentre de base condicionada no es lo mismo que decir que está determinada por dichas estructuras. Por tanto, aunque no sea del todo preciso hablar de elección (porque estrictamente hablando nadie es libre), sí de decisión y de capacidad de agencia.Lo curioso de este tipo de argumentos que buscan rechazar la validez del consentimiento es que solo surgen en torno al trabajo sexual: ¿por qué?, ¿qué diferencia al trabajo sexual de otros trabajos? Un ejemplo: trabajar en una mina con exposición al amianto puede recortar de 15 a 20 años la vida de la persona trabajadora y desencadena frecuentemente  varios tipos de cáncer. Es una profesión de alto riesgo y, sin embargo, no existe un movimiento por la abolición de la minería ni artículos que impugnen la decisión de ejercerla, sino una lucha obrera por el reconocimiento de una legislación diferente vinculada a los problemas de la profesión.

¿Qué distingue a la prostitución de la minería?: el estigma. Un estigma que no solo tiene que ver con la discriminación y la moral sexual interiorizada, sino también y principalmente con la construcción del género femenino, sus límites y fobias. Hablar de estigma es hablar de feminismo, pero eso daría para otro artículo.

  1. Al margen del anacronismo de situar la prostitución como necesariamente vinculada al neoliberalismo, convendría recordar que esta opción ha sido desde siempre la estrategia de supervivencia económica de las mujeres más pobres. No es nuevo. Las hijas de las clases bajas, las que sufren de manera directa la feminización de la pobreza, son las que a lo largo de la historia han decidido realizar el trabajo sexual; e impugnar su decisión, como si las pobres no tuvieran agencia, es clasismo.

En el imaginario abolicionista las pobres son objetos pasivos de las circunstancias y en el mismo gesto en el que se les relega a un espacio de subalternidad, las réplicas a este argumento se ceban con las escorts que pueden y quieren dar la cara. Clasismo no es solo silenciar a las pobres, sino también asumir que es un discurso propio de las que ejercen de manera mejor remunerada. Se ignoran los testimonios de prostitutas por decisión propia como las de la Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo (AFEMTRAS) que manifiestan palabra por palabra la misma decisión que sus compañeras. Pero claro, no conviene visibilizar a quienes captan su clientela en la calle, son mayoritariamente migrantes y, a menudo, mujeres trans. Se desmonta el hombre de paja si las mujeres que sufren la intersección entre estructuras de opresión tales como el racismo, la transfobia y la precariedad reivindican su decisión de prostituirse y querer hacerlo con derechos laborales que las protejan.

  1. La falacia de composición o de tomar la parte por el todo asume que aceptar la decisión individual de ejercer la prostitución realizada en un marco capitalista supone entonces aceptar, celebrar y estar de acuerdo con el capitalismo en sí mismo. No. La conquista de derechos sociales, civiles y laborales en un marco de creciente neoliberalismo salvaje es y sigue siendo una lucha propia de las posiciones políticas progresistas. Precisamente porque el modo de producción se ceba con las personas más vulnerables, combatir este sistema a menudo consiste en trabajar para que nos convirtamos en dueñas de nosotras mismas, en acompañarlas en su empoderamiento, en establecer alianzas para expulsar la desigualdad del marco. Feminista es trabajar por ampliar nuestros márgenes de seguridad personal, de autonomía y de autoestima. Feminista es reafirmar sus decisiones, sean continuar en el trabajo sexual o abandonarlo.

Mientras llega la prometida revolución, la lucha no debería ser contra putas y aliadas (difamando, caricaturizando, desinformando, acosando o tildándoles de alienadas o no representativas, cuando no de privilegiadas). Quienes deseen abolir la prostitución pueden trabajar para que existan opciones laborales mejor remuneradas para quienes quieran dejarlo y para que el Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual (2015-2018) deje de ser una coartada para perseguir a la inmigración irregular. Apoyar a las prostitutas no es ni puede ser nunca apoyar las multas contra sus clientes y/o contra ellas, ya que precarizan aún más su situación, aumentan su vulnerabilidad frente los abusos, clandestinizan su trabajo y las relegan a una mayor inseguridad favoreciendo que todas entren a trabajar para terceros, donde la ausencia de legislación ampara todo tipo de abusos laborales. Apoyar a las prostitutas tampoco puede ser nunca desentenderse de las asalariadas, como si combatir la explotación laboral no fuese una causa de este movimiento. Apoyar a las prostitutas no puede ser jamás hacerse eco del estigma machista acosando, deslegitimando y ridiculizando a las escorts.

  1. Con todo, nuestra defensa del reconocimiento de la prostitución como trabajo no se centra en la libertad y voluntariedad de quien ejerce (aunque también, porque como feministas no podemos olvidar las mismas consignas que enarbolamos cuando defendemos el derecho al aborto). No. En primer lugar, porque esa libertad no es precisamente individual. Las putas empoderadas, organizadas reclamando derechos, se convierten en sujetos políticos. Y lo que hace a la libertad un asunto político –diría Hannah Arendt– es que es esencialmente colectiva. En segundo lugar, el ejercicio perverso de reducir esta postura a un mero asunto de libertad individual invisibiliza las auténticas razones de la denominación de feministas pro-derechos. Se trata de garantizar el acceso de todas las mujeres a los derechos humanos, la efectiva igualdad entre todas las personas, de frenar los abusos y la explotación laboral, la vulnerabilidad y la violencia institucional, la discriminación y el estigma.

Ojalá habitáramos en un mundo en el que porque hubiese consentimiento y voluntariedad el neoliberalismo fuese coser y cantar para las feministas. Precisamente porque no es así, precisamente porque la decisión de ejercer el trabajo sexual es solo la primera piedra para ponerse en marcha, trabajadoras del sexo y activistas seguiremos luchando.

 

Yo defiendo el derecho laboral de mi trabajo por una cuestión de sobrevivencia y clase social

 

Por Pauline Ezquerra

23 de febrero de 2018

 

Yo defiendo el derecho laboral de mi trabajo no por sentirme liberada sexualmente, lo defiendo por una cuestión de sobrevivencia y clase.

No concedo servicios especiales ni me gusta atender clientes por más de una hora porque me molesta hablar con ellos, no me siento cómoda. Pero así y todo este de todos los trabajos que he tenido y he tenido muchos es el que menos me molesta. Cuándo viene un cliente cobro por mis servicios a rajatabla soy simpática y generosa lo justo sobre todo si los clientes me caen bien. Pero hay algunos que realmente me hacen pensar, o entender un poco más . Estos tienen algo parecido a mí, son pobres y hacen un esfuerzo muy grande por tener un buen momento con alguien.

Sin ir más lejos, hoy vino un chico muy majo, pago una hora de mi servicios , cuando el servicio termino el siguió hablando por un momento y me explicaba cuánto ganaba por día en su trabajo de construcción. Tenía que trabajar dos días enteros para pagar una hora de mi servicio. Me explicaba que no tenía novia y me dijo si me haces un masaje te doy más dinero, ya que no tengo novia y no hay nadie que me espere después de un largo día de trabajo.

En ese momento senti empatía de clase y le dije te hago un masaje y no necesito que me des más dinero. Pero esto no lo hice por si él era más o menos guapo o por si me había gustado estar con él o no me ha gustado, lo hice porque pensé que él tuvo que trabajar 2 días para darse una hora de placer conmigo. Esto con un empresario o una persona que tiene otro poder adquisitivo no lo haría y no solo le aceptaría la propina si no que le cobraría más. Y aunque ahora hay muchas compañeras con un discurso de libertad hacia la sexualidad a través del trabajo sexual, cosas que yo respeto absolutamente, creo que la gran mayoría de todas mis compañeras, las que me cruzo día a día en cada país en cada ciudad que voy. Ejercemos el trabajo sexual por una cuestión de clase no por esto menos válida no por está nos tiene que invalidar la capacidad de decisión y de poder que tenemos a elegir esta profesión. Una profesión que nos enseñan mucho que nos crea empatía con personas como este chico que acaba de pasar esta noche por mi casa. Todo mi apoyo todo mi cariño para todas las personas de la clase obrera para las mujeres que trabajamos en trabajos que no son reconocidos y para los hombres que también trabajan para empresarios explotadores y capitalistas. porque eso también es explotación. Y el problema no es lo que hacemos para sobrevivir, sino como las políticas liberales y machistas, nos explotan con contratos y sueldos que solo les beneficia a ellos o en otras profesiones como la mía, no se reconoce y de niega los derechos laborales, pero ah, los empresarios que se lucran de nuestro trabajo, como los dueños de clubes , ellos si son dignos y tienen derechos. Nosotras no.

El feminismo sin conciencia de clase, no tiene sentido y al revés mas de lo mismo.
La lucha de clase sin feminismo no tiene ni futuro ni sentido .