El puritanismo vuelve

 

Por Dionisio Escarabajal 

6 de julio de 2019

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2019/07/07/puritanismo-vuelve/1036167.html

 

Al contrario de lo que la mayoría cree, muchos norteamericanos vivieron felices los años de la Ley Seca. En realidad el consumo de alcohol disminuyó drásticamente y, a pesar de que proliferó el contrabando y los garitos donde se servía alcohol ilegalmente, la prohibición ayudó a combatir la lacra de las borracheras sistemáticas los sábados por la noche y la consecuencia de familias enteras abandonadas a su suerte por maridos alcoholizados. La ley que prohibía el consumo de alcohol fue la primera conquista de un movimiento que podría calificarse de feminista, porque estaba impulsado por mujeres que vivían el alcoholismo de sus maridos como una tragedia de enormes dimensiones.

El problema es que, como tantas estrategias de ingeniería social, la prohibición del alcohol trajo como subproducto inintencionado una oleada de contrabando y crimen organizado. El contrabando afectaba a la recaudación de Hacienda, algo muy importante en un país en el que los impuestos sobre el alcohol representaron en algún momento el 80% de los ingresos del Gobierno Federal. El aumento de la criminalidad fue consecuencia de las violentas batallas por hacerse con el control de las zonas de consumo entre las bandas.

El levantamiento de la prohibición de la venta de alcohol y su consumo en lugares públicos fue una bendición para las arcas federales y un alivio para los habitantes de las grandes ciudades que se beneficiaron de una intensa reducción de los delitos violentos. Por el contrario, el mundo rural vivió con suma decepción el fin de la Ley Seca, por un doble motivo. El primero es que, en la América profunda de los pequeños pueblos del interior, era donde el conservadurismo puritano estaba más arraigado. El segundo fue que, por otra parte, era en las áreas más apartadas donde se producía el alcohol ilegal en los famosos alambiques ocultos en zonas boscosas o de difícil acceso. Así que, por razones opuestas, el fin de la prohibición fue un auténtico chasco para los ‘deplorables’, como diría Hillary Clinton, de la América interior.

El puritano suele ser un alma repleta de buenas intenciones que quiere que su mundo perfecto sea la norma para todos sus semejantes. No lo hace por fastidiar, sino para extender a los demás la felicidad que él siente por ser mejor y la satisfacción que le acarrea su propio buen comportamiento. Pero la cuestión es si se puede imponer al otro que sea mejor persona. ¿O hay que dejar que cada uno se comporte como quiera siempre que no haga daño a un tercero? Una pregunta que acarrea una derivada: ¿pueden dos personas adultas hacer lo que les venga en gana si lo hacen con el mutuo consentimiento? De la respuesta a esas preguntas se derivan consecuencias que alteran de forma notable la vida de las personas y el bienestar de sociedades enteras.

Tomemos otro ejemplo, que es el de la prostitución, de actualidad estos días porque en Holanda algunos se están planteando adoptar leyes como la sueca, que penaliza con multas o incluso prisión de un año al individuo que paga por tener sexo. El ‘modelo’ sueco, como se ha acabado denominando, se ha extendido con unos u otros matices a países como Noruega, Islandia, Canadá o Francia. Otros países han avanzado hacia casi una total liberalización, al menos en la práctica. España en concreto es conocida como el mayor burdel de Europa. La ley sueca, que no castiga a la prostituta pero sí a su cliente y al proxenetismo, tiene consecuencias desagradables como que las profesionales del sexo sean expulsadas de sus casas por las denuncias de sus vecinos, o que madres prostitutas vean cómo se les arrebata por el Estado la custodia de sus hijos menores de edad. Al fin y al cabo están cooperando con un delito, aunque ellas mismas no sean las delincuentes en teoría.

En muchos países, el modelo sueco cuenta con firmes partidarios de su implantación. En su apoyo muestran los datos que confirman una disminución de esa práctica en las sociedades que implantan la prohibición. La liberalización, argumentan con datos que lo avalan, provoca el aumento de prostitutas y su consecuencia más indeseada: el incremento del tráfico y trata de personas. En sentido totalmente contrario, la principal asociación de enfermeras británicas reclamaba hace un tiempo la legalización de la prostitución en Reino Unido en aras de mejorar la salud y bienestar de las prostitutas y sus clientes, mediante, entre otras cosas, el mejor control de las enfermedades de transmisión sexual.

Y está, por supuesto, el tema de las drogas y el combate contra su tráfico y consumo. La guerra contra la droga comenzó a nivel mundial en los años sesenta, en los que el movimiento hippie y la extensión de su consumo produjo una reacción en contra que alcanzó su máximo en la campaña desatada por Ronald Reagan. Ahora vivimos una época de creciente despenalización del consumo y venta del cannabis nada menos que en Estados Unidos, el país que encabezó la prohibición y lideró la batalla por su desaparición. La criminalidad en Estados Unidos durante la Ley Seca se queda en poca cosa o prácticamente nada comparada con las batallas entre los cárteles de la droga de Colombia o Méjico, por citar solo dos países que han visto sus sociedades emponzoñadas como consecuencia de la violencia que genera el negocio ilegal de la droga.

¿Y para qué tanto sufrimiento? ¿Realmente la prohibición y castigo de un comportamiento que consideramos criticable desde un punto de vista moral, hace mejor a las personas y a las sociedades? Para mí la respuesta está clara: hay que tratar a las personas mayores de edad como personas mayores de edad y dejar que se provoquen daños sin cuento a sí mismos siempre que no perjudiquen a los demás de forma fehaciente y demostrable. O, matizando el lema del mayo del 68: debería estar prohibido prohibir lo que solo me perjudique a mí. La gente debe mejorar por educación y convicción, para eso sirve la libertad individual, que o es extrema o no existe. La demostración evidente es que, en un mundo donde se vende y consume alcohol libremente, su ingesta va disminuyendo progresivamente año tras año. Tratar a los adultos como adultos. Ese es el espíritu para que lleguen a serlo del todo.

 

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Prostitución es libertad sexual

 

Es fácil llegar a olvidar que prostitución es sexo consensuado entre adultos cuando en medios de comunicación y en redes sociales somos bombardeados a diario por los mensajes de “prostitucíón es esclavitud”, “prostitución es violación”, “prostitución es violencia de género”… Sí, “violencia de género”, ha decidido el Congreso que sea la prostitución al incluirla (1) en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

Pero, por mucho que lo repitan, por mucho que demonicen a quien les contradiga, por mucho que la Ministra Carmen Calvo subvencione con fondos del PEVG campañas publicitarias (2) dirigidas a los clientes de la prostitución que digan textualmente que “quien paga manda”, la verdad, la verdad incuestionable, es que prostitución es libertad sexual.

Véase lo que dice (3) el Tribunal Supremo en un caso en el que se puso en duda que una prostituta pudiera ser violada:

«la imposición violenta del acto carnal a una persona que ejerce la prostitución constituye el delito de violación […] ya que la persona afectada, con independencia del modo que vive su sexualidad, conserva la autonomía de su voluntad en orden a disponer libremente de su cuerpo y de la sexualidad que le es propia […] a pesar de que haya existido un acuerdo previo para mantener relaciones sexuales, es indudable que la víctima mantiene el derecho a poner límites a sus prestaciones (o a negarlas, en atención al comportamiento de la otra parte) dado que –resulta redundante decirlo- en el acuerdo no enajena su condición de persona y, por ello, el autor no puede tratarla como un objeto».

Y añade:

“Doctrina que constituye una ineludible consecuencia de la definición del bien jurídico protegido como libertad sexual, es decir una parcela básica de la libertad individual, lo que impone tutelar la autodeterminación sexual de todos los individuos en cada momento, sin que resulte aceptable, a efectos de tutela penal, transformar esta libertad en un valor meramente patrimonial, aun cuando el sujeto previamente, en uso de su libertad, haya comerciado con su sexualidad.”

Este derecho a prostituirnos que tenemos las mujeres como expresión de nuestra libertad sexual debe poner en cuestión todas las limitaciones legales al libre ejercicio del trabajo sexual que encontramos en España. En particular, y como consecuencia de la adhesión del Estado español al modelo abolicionista —que reconoce el derecho de las mujeres a prostituirnos pero establece una política de “tierra quemada” alrededor de la prostituta, penalizando a todo aquél que le ayude en su trabajo— se encuentra penalizado el “proxenetismo” aún con consentimiento de la prostituta (4).

La cuestión legal está planteada: ¿cómo puede ser un delito ayudar a alguien a hacer uso de su libertad?

Esta cuestión, que es en última instancia el único fundamento legal de la negativa a reconocer derechos laborales a las trabajadoras sexuales, incluído el de sindicación, ha sido planteada en Italia.  El Tribunal de Apelación de Bari dudó de que la sanción penal fuera constitucionalmente legal para quienes realizan “el reclutamiento y la ayuda de la prostitución ejercida voluntariamente y con conocimiento” y presentó una consulta ante el Tribunal Constitucional.

La sentencia (5) del Tribunal Constitucional italiano no ha podido ser más decepcionante y contraria al sentido común. A la vez que reconoce, como no puede dejar de reconocer, que la prostituta hace ejercicio de su derecho constitucional a la libertad sexual, establece que

… la identificación de los hechos punibles, así como la determinación del castigo para cada uno de ellos, constituye una materia encomendada a la discreción del legislador … que durante mucho tiempo, ha identificado el objeto de la tutela —de acuerdo con el enfoque original del código penal— en las buenas costumbres y la moralidad pública (por lo tanto, en un interés “metaindividual” y no disponible) 

 Es decir, el Tribunal Constitucional italiano pone como límite al ejercicio de la libertad individual “las buenas costumbres y la moralidad pública”. ¡El Tribunal Constitucional de un Estado que se proclama laico!

Las respuestas a esta sentencia han sido contrapuestas, como no podía ser de otra manera, viniendo del sector laico o del sector clerical.

Desde el sector laico, el abogado Massimo Clara publica un artículo (6) en cuyo título hace referencia al “moralismo de Estado” en el que acusa al Tribunal Constitucional de que “para salvar la constitucionalidad del delito, uno debe negar el hecho, que incluso el Juez del juicio penal había establecido.”

“¿Es inmoral la prostitución? Puede ser ¿Es el cliente un ser miserable? Puede ser”

dice, pero añade:

Estas evaluaciones son, sin embargo, el resultado de una moralidad subjetiva respetable, pero que un Estado laico no puede hacer suya, porque no está permitido argumentar de acuerdo con el criterio según el cual el ejercicio de la libertad para ser tal debe ajustarse a la ética, precisamente debido al grado de subjetivismo propio de este enfoque.

La libertad también se puede ejercer de una manera “deshonesta”. Si no hay violencia, si no hay daño injusto, la “deshonestidad” es un hecho privado, moralmente importante para el individuo, pero que no tiene derecho a ser una fuente de leyes y de imposiciones.

Desde el sector confesional, infovaticana.com publica un artículo (7) en el que demuestra que ha comprendido muy bien que el Tribunal Consitucional ha realizado un juicio moral, cosa que no critica, y razona que, por esa misma razón, debería ser penalizado el aborto.

Dice:

En resumen, para la Corte Constitucional parecerían existir comportamientos humanos que son intrínsecamente malos, (…) según el objetivo perseguido, independientemente de las intenciones de quien actúa y de las circunstancias. 

Y sigue:

En otras palabras son acciones que, consideradas en función del objetivo, están siempre irreductiblemente en oposición al orden moral natural y no les cabe auténtica libertad, ningún verdadero derecho, en el elegir lo que es objetivamente un mal. Pero si el raciocinio es correcto no se comprende el motivo por el cual se aplica únicamente a algunos comportamientos humanos y no a otros, como por ejemplo el aborto. Es bien sabido de hecho cómo la odiosa práctica del aborto voluntario, además de causar la muerte violenta de un inocente, a menudo está cargada también de consecuencias psico-físicas muy serias para la mujer, al punto que el Síndrome Post Aborto (SPA) afecta a un altísimo porcentaje de quienes han abortado.

Y añade, con lógica aplastante:

Pero también, aunque la decisión de abortar fuera tomada sin coacciones y exenta de condicionamientos psicológicos o de otro género, ¿sería verdaderamente libre? Sin duda no, precisamente porque no existe un auténtico ejercicio de la libertad en el elegir aquello que degrada y envilece a la persona, tal como está afirmado en la sentencia de la Corte Constitucional en lo que respecta a la prostitución.

Pero infovaticana.com tiene una explicación de por qué el Tribunal Constitucional italiano usa dos varas morales de medir: una para la prostitución y otra para el aborto:

Parece evidente, no obstante, que dicho pronunciamiento no pretende afirmar la existencia de esa ley natural a la cual el derecho debe necesariamente conformarse, sino que es el fruto de una mentalidad feminista que tiende cada vez más a afirmarse también en el ámbito jurisprudencial.

No se le ha pasado por alto al sector confesional: la Iglesia ha perdido terreno en el ámbito jurisprudencial, el mismo terreno que ha ganado la “mentalidad feminista”. ¿La “mentalidad feminista”, pregunto yo, o el lobby feminista radical constituído como nueva Iglesia, con sus dogmas y sus normas morales, dispuesto al asalto del Estado laico para usar la violencia represiva de éste contra quienes traten de defender su libertad?

La libertad no es parcelable. Una libertad limitada injustamente no es libertad. La libertad de prostituirnos las mujeres no es desgajable de la libertad sexual de todas las mujeres, y ésta no es desgajable de la libertad individual de todos los seres humanos, de su dignidad personal, de sus derechos humanos.

El abolicionismo no respeta los derechos humanos. El abolicionismo no puede tener amparo constitucional. El abolicionismo —hoy degenerado en neoprohibicionismo— es enemigo de la humanidad, como lo han sido siempre todos los totalitarismos.

 


1.- Medida 465: “Desincentivar la demanda de prostitución mediante campañas de concienciación y talleres de sensibilización dirigidos a los jóvenes.” http://www.violenciagenero.igualdad.mpr.gob.es/pactoEstado/docs/Documento_Refundido_PEVG_2.pdf

2.- https://www.diariodeburgos.es/noticia/Z2665E382-A79E-243E-726B499692B38A94/201905/No-es-diversion-es-tortura

3.- Véase el Fundamento Jurídico 10 de la Sentencia del Tribunal Supremo de 16 de octubre de 2002

http://www.poderjudicial.es/search/contenidos.action?action=contentpdf&databasematch=TS&reference=3149611&links=&optimize=20030912&publicinterface=true

4.- “Se impondrá la pena de prisión de dos a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses a quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma”. Art. 187 del Código Penal

https://www.iberley.es/legislacion/codigo-penal-ley-organica-10-1995-23-nov-1948765/17#ancla_89012

5.- Corte costituzionale. Sentenza 7 giugno 2019, n. 141

HTTPS://WWW.EIUS.IT/GIURISPRUDENZA/2019/341

6.- “La prostitución, la consulta y el moralismo de Estado” https://elestantedelaciti.wordpress.com/2019/07/03/la-prostitucion-la-consulta-y-el-moralismo-de-estado/

7.- “Según el Tribunal Constitucional italiano la prostitución es inmoral ¿y el aborto?”

Según el Tribunal Constitucional italiano la prostitución es inmoral ¿y el aborto?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deseo y consentimiento no siempre coinciden

 

Cuando se viola a una mujer no se viola su deseo, se viola su voluntad. A esa voluntad la denominamos con palabras como consentimiento, acuerdo o decisión, y se expresa cuando decimos “no” y cuando decimos “sí”

 

Clara Serra

 

Desnudo. Javier Sampedro

 

23 de Julio de 2018

https://ctxt.es/es/20180718/Firmas/20900/Clara-Serra-tribuna-feminismo-consentimiento-violencia-machista.htm

 

En estos tiempos en los que el movimiento feminista ha puesto tanto esfuerzo en hacer visibles las múltiples formas en las que se da la violencia machista, en estos tiempos en los que la Justicia ha demostrado en notables ocasiones no estar a la altura de esa exigencia, ha llegado –por fin– el momento de hablar de la libertad sexual de las mujeres. En los parlamentos, en los medios, en las redes y en las conversaciones cotidianas hacemos reflexiones y tenemos debates acerca de una forma de violencia contra las mujeres, la violencia sexual, que ha permanecido especialmente escondida en nuestra sociedad, nuestras instituciones y nuestras prácticas durante décadas y siglos. Estos días, por eso, hablamos de lo que nunca se hablaba, hablamos de consentimiento y hablamos de deseo, hablamos de sexo consentido y hablamos de sexo deseado. Pero ¿son la misma cosa? Y, si no es así ¿qué relación hay entra ambas?

Para reivindicar nuestra libertad sexual tenemos que enfrentar el hecho de que históricamente nuestro deseo haya sido acallado, desoído, ignorado e invisibilizado por un omnipresente y hegemónico deseo masculino que todo lo ocupa. Y no solo eso: el deseo de las mujeres ha sido especialmente penalizado, censurado y estigmatizado por una sociedad machista y puritana que ha querido hacer sentir a las mujeres culpables por sus deseos, tan complejos e insondables como los deseos de los hombres y, por supuesto, tan respetables como estos. Debemos aún reivindicar margen para que las mujeres imaginen y fantaseen fuera de los tradicionales estereotipos masculinos y, por supuesto, sin culpas ni castigos sociales. Pero eso no quiere decir que tenga que ser el deseo o el “sexo deseado” el criterio fundamental con el que distinguimos lo que es una violación de lo que no lo es. Reivindicar el deseo no supone ir más allá del consentimiento. No debería. Deberíamos conservar ambas cosas y, de hecho, conservar la posibilidad de distinguirlas, de que no coincidan entre sí o, incluso, de que se opongan. Porque el patriarcado ha anulado y censurado los deseos de las mujeres, pero también –incluso diría que prioritariamente– ha anulado la voluntad de las mujeres.

Una mujer puede decir “sí” al sexo y no desearlo sin que eso sea una agresión sexual. Si todo sexo no deseado (incluyendo el trabajo sexual pero no solo) fuera una violación, estaríamos no reconociendo a las mujeres la posibilidad de tomar decisiones a pesar de sus deseos o incluso contra ellos. Tratar a las mujeres como libres y mayores de edad implica entender que son capaces de decidir, allí donde decidir puede significar oponerse a muchas fuerzas o inercias: las costumbres sociales, los mandatos del padre o, incluso, los propios deseos. El deseo no se elige ni es fruto de nuestra decisión y nuestra voluntad, una voluntad que, precisamente por eso, puede oponerse a él.

Igualmente, una mujer puede decir “no” al sexo aunque lo desee y sí deberíamos llamar a eso, siempre y en cualquier caso, violación. Si no hacemos esto, se abren peligrosos caminos para dirimir lo que es una agresión sexual o para medir la gravedad de las mismas, caminos ya tanteados por jueces y abogados que han pretendido probar que una mujer fue más o menos violada según cómo su cuerpo reaccionó. Ese no es el camino. ¿Es que acaso, si se comprobara que una mujer, después de decir “no”, o de no dar su consentimiento, conectó en algún sentido con su deseo, dejaría de ser una violación en toda regla? Nada que tenga que ver con los deseos relativiza la gravedad de una violación y, mucho menos, hace a las mujeres corresponsables de ella. La culpa de las violaciones no es del tamaño de la falda, no es de las horas a las que volvemos a casa y tampoco es, en ningún caso, de los deseos de las mujeres. Es solo y exclusivamente de los violadores.

Cuando se viola a una mujer no se viola su deseo, se viola su voluntad. A esa voluntad la denominamos con palabras como consentimiento, acuerdo o decisión, y se expresa cuando decimos “no” y cuando decimos “sí” –con independencia de que quede pendiente un debate sobre cómo de expreso deba ser ese o de qué maneras pueda ser expresado–. Eso es lo que estamos pidiendo que sea absolutamente respetado. No queremos que se penalice o invisibilice nuestro deseo, pero tampoco queremos que se nos convierta en objetos pasivos de nuestros deseos sino en ciudadanas libres y mayores de edad, es decir, en sujetos activos con voluntad y decisión.

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Clara Serra es diputada por Podemos en Madrid y autora de Leonas y zorras (Catarata).

 

¡Consentimiento para ser pagada por sexo sigue siendo consentimiento!

 

 

A los estadistas, tanto dentro como fuera del gobierno, les gusta hacer juegos kafkianos con la idea del consentimiento.

 

MAGGIE MCNEILL | Del número de julio de 2019.

 

Consenting To Be Paid for Sex Is Still Consenting!

 

(Joanna Andreasson. Origen de la imagen: drante / iStock)

 

 

La mayoría de las personas modernas están de acuerdo en que todas las personas tienen el derecho de establecer sus propias condiciones de consentimiento, incluso si pocos de nosotros pensamos en la vida cotidiana en esos términos. “Puedes tomar mi auto si prometes devolverlo a las 4 p.m.” es un ejemplo de consentimiento condicional en la práctica. “Realizaré este trabajo para usted a cambio de una cantidad x como compensación” es otro. “Voy a tener relaciones sexuales contigo si aceptas usar un condón” es un tercero.

En el ámbito del sexo, el consentimiento ha sido elevado al nivel de una palabra sagrada. Pero en la práctica, la mayoría de personas creemos en una gran cantidad de excepciones. Pensamos que a algunas personas (como los menores) no se les debe permitir el consentimiento de algunas cosas y, a la inversa, a otras personas (como los policías) se les debe permitir hacer algunas cosas, incluso sin consentimiento. Muchas, si no la mayoría, de estas excepciones involucran sexo, dinero o poder, por lo que no es sorprendente que el trabajo sexual —que involucra a los tres— inspire una gimnasia mental verdaderamente absurda acerca del concepto de consentimiento.

A los estadistas, tanto dentro como fuera del gobierno, les gusta hacer juegos kafkianos con la idea del consentimiento. Un cierto tipo de feminista nos dice que el consentimiento debe ser explícitamente verbal, continuo y “entusiasta”. Dicen que se debe volver a asegurar una y otra vez y una y otra vez, sin importar lo claramente se haya expresado en primer lugar. Mientras tanto, los puritanos modernos afirman que las personas que tienen una conducta sexual “desviada” (incluido el trabajo sexual, el BDSM y —hasta hace muy poco— la homosexualidad) padecen el “síndrome de Estocolmo”, “vinculación traumática” o “falsa conciencia” y por lo tanto, no pueden consentir las cosas que dicen disfrutar porque no están en su sano juicio.

Pero el más extraño de estos juegos mentales tortuosos, popular entre las feministas radicales durante años pero que está ganando impulso hoy en día entre los “progresistas”, es la idea de que si a una persona se le paga por hacer algo que no haría gratis, eso constituye una “coacción”. o incluso “violencia”. Como señaló Elizabeth Nolan Brown, de Reason, hace unos años, “en Seattle, el sexo debe ser una ‘actividad de ocio’ para ambas partes o no es consensual, según un fiscal del área”. Brown estaba escribiendo sobre Val Richey, un fiscal adjunto del condado de King, Washington, quien argumentó que todas las trabajadoras sexuales son víctimas de violación porque alguien les pagó “esencialmente para convertir un ‘no’ en un ‘sí'”.

Este dogma está trastornado. Richey no hace su trabajo gratis; ¿eso significa que él también es coaccionado? Esta contradicción no parece presentárseles a los cruzados contra el trabajo sexual, porque no están dispuestos a aceptar que el sexo, como cualquier otra parte del mundo material, no se distribuye “uniformemente” o “justamente”.

Intercambio algo que de lo que tengo mucho —el atractivo sexual— para conseguir cosas que de otro modo tengo problemas para conseguir y conservar, como el dinero. Si no tienes nada con lo que puedas comerciar, vender o negociar para darme algo que quiero o necesito, no podrás obtener lo que quieras de mí. Este no es un concepto loco en ninguna otra parte de la vida moderna. Si no tengo el dinero que quiere el supermercado, no podré obtener los comestibles que quiero. La tienda de comestibles no está sucia ni es una víctima, y ​​yo no soy una depredadora ni una estafadora. Ambos estamos intercambiando pacíficamente lo que tenemos por lo que queremos.

El sexo es un recurso, al igual que el dinero y las compras. Se puede intercambiar uno para obtener los otros, al igual que cualquier otro recurso disponible en la Tierra.

En estos días, este concepto está bajo un nuevo asalto retórico por parte de otro ejército de fanáticos del control: los jóvenes que piensan que el socialismo es la cura para lo que nos aqueja a todos. Los jóvenes “socialistas” en Twitter parecen imaginarse que una vez que tomen los medios de producción de los capitalistas y redistribuyan todo “por igual”, las mujeres serán “libres” de abrir sus piernas (para ellos) por…, bueno, gratis. O quizás estos hombres piensen en las mujeres como otro recurso a dividirse como todos los demás.

Por desgracia, el deseo de ver el sexo como separado y distinto de todos los demás fenómenos mundanos no se limita a los analfabetos económicos. Incluso las personas con ideas bastante típicas sobre el comercio suelen denunciar su “mercantilización”, a menudo declarándolo “triste” en ausencia de un análisis más convincente. Ninguno de estos poetas frustrados iría a ver una gran película y luego declararía haber sido “triste” que tuvieran que gastar dinero para entrar, que se pagara a los actores por sus actuaciones o que la producción fuera rentable. . Ni disfrutarían de una deliciosa cena y luego decían ser “triste” tener que recoger la cuenta y dar propina al camarero. El sexo genera una gran cantidad de ruido en la mente de personas que de otra manera serían razonables y que nunca dirían que es de lamentar el intercambio justo, consensual, en general.

Sin embargo, el sexo es un intercambio, te guste o no. En algunas circunstancias, el intercambio es tan íntimamente mutuo que parece no costar nada a ninguna de las partes. Pero incluso en esas relaciones, hay momentos de comercio abierto y descarado: “Si quieres hacerlo esta noche, ¿por qué no tienes a los niños en la cama cuando llegue a casa?”

¿Por qué no rechazamos la idea de que estos acuerdos son consensuales? ¿Es porque el consentimiento es innecesario en una relación monógama? ¿O es porque solo reconocemos que ha habido consentimiento cuando nos gusta el intercambio que están acordando las personas?

El consentimiento está teniendo su momento, pero no estamos definiendo ese término con la suficiente amplitud si no lo estamos extendiendo a las mujeres que intercambian cosas que tienen por cosas que quieren. Como lo señaló mi amiga y compañera trabajadora sexual, la Mistress Matisse, un individuo o grupo que no está dispuesto a respetar el “sí” de una mujer —sin importar el precio que le ponga— tampoco está dispuesto a respetar su “no”.

Y una persona o una sociedad que no puede respetar el derecho de una persona a establecer las condiciones de acceso a su tiempo, atención o persona es una persona que cree que dicha persona no es propiedad de ella misma sino del Estado.

 

 

MAGGIE MCNEILL era bibliotecaria en los suburbios de Nueva Orleans, pero después de un divorcio, la necesidad económica la inspiró a dedicarse al trabajo sexual; de 1997 a 2006 trabajó primero como stripper, luego como call girl y madam. Finalmente se casó con su cliente favorito y se retiró a un rancho en Oklahoma, pero comenzó a trabajar de escort a tiempo parcial nuevamente en 2010 y nuevamente a tiempo completo a principios de 2015 después de otro divorcio (esta vez amistoso). Ha sido activista por los derechos de las trabajadoras sexuales desde 2004, y desde 2010 escribe un blog diario, The Honest Courtesan, que examina las realidades, los mitos, la historia, la ciencia, la filosofía, el arte y todos los demás aspectos de la prostitución.

El abolicionismo es moralismo

 

Ensayo 11: No es cuestión de moralidad. ¡Sí lo es! Parte 2

Essay 11: It’s Not About Morality. Yes It Is! Part 2

 

INTRODUCCIÓN

A través de los debates legislativos franceses sobre la prohibición de compra de sexo adoptada en abril de 2016 (discutida en el Ensayo 10), se repitió un mantra frecuente y conocido. ¿El mantra? “No es el puritanismo lo que nos guía”. [1] No estamos “debatiendo la moral o la inmoralidad”. [2] “Esta [prohibición de compra de sexo] no es una ley dogmática, esta no es una ley moralista. “[3]” Las morales, y aún menos, el moralismo, no tienen lugar “en nuestro debate. [4] “[Nuestra] comisión de investigación no fue impulsada por ideas sagradas sobre la sexualidad o la diversidad de prácticas sexuales en la actualidad, independientemente de nuestros juicios personales sobre la prostitución” [5].

Las deliberaciones legislativas se derivaron de la suposición de que no hay prostitución voluntaria, que casi todas las prostitutas son objeto de trata y son mantenidas prácticamente en esclavitud, y que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres. ¿No demuestra esto que la defensa de la abolición se sostiene sin necesidad de ninguna moral sexual auxiliar? No. El estándar de reciprocidad del deseo que discutí en el Ensayo 9 resulta ser crucial para una parte importante de la postura abolicionista.

Por ejemplo, para explicar la gravedad de la “violencia” hecha a la prostituta en la mera compra de sexo, las abolicionistas en el parlamento francés apelaron repetidamente al estándar de la reciprocidad del deseo. Una testigo ante la Asamblea, Emmanuelle Piet, presidenta del Colectivo Feminista contra la Violación, sugirió que “[cualquier acto sexual impuesto a una persona que no lo desea podría ser considerado como una violación, incluso si tiene lugar a cambio de dinero”. [6] Su tema fue repetido por un diputado influyente. [7]

Por supuesto, el problema con la prostitución, como señalé en el Ensayo 9, no es el sexo no querido sino el sexo no deseado. Si el sexo “tiene lugar a cambio de dinero”, entonces es parte de una transacción que inicia la prostituta y en la que ella es una parte voluntaria aunque no tenga deseo. Emmanuelle Piat hizo que esta falta de deseo fuera fundamental cuando pasó a invocar explícitamente el estándar de reciprocidad del deseo:

La prostitución ignora el deseo de la prostituta. Es como que al pagar por el acto sexual se olvida de que el sexo se supone que es la reunión de dos deseos. Es un asunto serio pensar que el pago autoriza al cliente a ignorar el deseo de la prostituta. [8]

El sexo es la reunión de dos deseos. Esta suposición explica no solo la gravedad de la violencia contra las prostitutas, sino la violencia misma. Aunque las abolicionistas francesas recitaron una letanía de tipos de violencia cotidiana perpetrada contra prostitutas (golpear, abofetear, confinar, secuestrar, apuñalar, violar, robar), como todos los abolicionistas, fueron más lejos e insistieron en que la prostitución es violencia. ¿Qué puede significar esto? ¿Estaban simplemente haciendo un juego de palabras?

No, estaban construyendo una característica (casi) universal de la prostitución. En la formulación de Claire Quidet, otra testigo ante la Asamblea: “la violencia inherente a la prostitución. . . es someterse a repetidos actos sexuales no queridos [es decir, no deseados] “. [9] Sexo sin deseo: esa es la violencia. El cliente comete violencia contra la prostituta al involucrarla en el sexo que ella no desea.

En su testimonio ante la Asamblea Nacional, Laurence Rossignol, Ministra de Derechos de las Familias, los Niños y las Mujeres, lo expresó de esta manera: “La prostitución es un abuso en sí misma. Requiere la disociación del cuerpo y la persona, la carne y el alma, el deseo y la sexualidad ”. [10] La separación del deseo y la sexualidad es el daño.

Este daño presupone el estándar de reciprocidad del deseo como una norma moral y psicológica. La prostitución es psicológicamente dañina porque separar el deseo del sexo requiere la separación no saludable del cuerpo y la persona (discutí este tema en el Ensayo 9) y esta separación no es saludable debido a la estrecha conexión moral entre el sexo y el deseo.

Pero como señalé en el Ensayo 9, ninguna abolicionista ha defendido en realidad el estándar de reciprocidad del deseo como un imperativo psicológico o moral.

 

Una moralidad sexual feminista

La sexualidad juega generalmente un papel central en los análisis feministas, sin embargo, hay sorprendentemente pocos tratamientos integrales de la moralidad sexual por parte de las feministas (en contraste con los trabajos sobre la “política del sexo”). De hecho, Loose Women, Lecherous Men: A Feminist Philosophy of Sex , de Linda LeMoncheck, es el único tratamiento con la extensión de un libro que conozco, y que merece ser leído ampliamente. LeMoncheck es minuciosa. Es extremadamente justa. Opera con un método ético que puede o no galvanizar a los lectores pero que emplea elementos que son ciertamente moralmente básicos. Bosquejaré su argumento aquí.

“La explotación sexual y la erotización del poder figuran en la constitución de la sexualidad humana”, escribe LeMoncheck. [11]

La subordinación heterosexual de las mujeres. . . es una subordinación de la identidad. En una sociedad patriarcal, las mujeres son definidas en términos de [su] heterosexualidad. . . a fin de atender las necesidades y. . . privilegios de los hombres. [12]

No está claro en qué sentido se puede realmente decir que los deseos construídos socialmente de las mujeres están “libres” de formas políticas e ideológicas. [13]

Si los deseos y placeres realmente existentes de las mujeres están “constituidos” por el patriarcado para reflejar una visión masculina del sexo —si para satisfacer las necesidades de los hombres, estos deseos y placeres particulares están integrados en la misma autocomprensión de las mujeres— ¿cómo, entonces, desde un punto de vista feminista, se puede esperar que las mujeres actúen? ¿Qué camino pueden trazar las feministas para que las mujeres expresen su sexualidad? [14]

Este Entendimiento Feminista Fuerte (EFF), como lo denominaré, marca una condición limitante en el enfoque de LeMoncheck. La segunda condición limitante es ésta: una adecuada “filosofía del sexo” feminista debe acomodar las experiencias de mujeres reales que viven la contradicción real de ser tanto los objetos sexuales de la mirada de los hombres como los sujetos definitorios de [su] experiencia sexual como mujeres.

[Las feministas deben tomar en serio] la sexualidad de las mujeres en función de. . . opresión sexual bajo. . . dominación masculina y en función de la liberación sexual de la mujer bajo esa misma condición.

[Una filosofía feminista del sexo debe dar crédito a] aquellos aspectos de las vidas eróticas de las mujeres en las que las mujeres identifican y persiguen lo que les es más placentero [15].

Los deseos y experiencias sexuales de las mujeres varían ampliamente; las mujeres poseen diferentes ideas y diferentes metas; si escuchamos, escucharemos “tantas voces con necesidades eróticas tan diferentes”. [16] Sería un error para las feministas desplegar el EFF de una manera que descarte los deseos y hechos de grandes franjas de mujeres heterosexuales.

En el enfoque de LeMoncheck, lo que una filosofía feminista del sexo le diría a las mujeres que hagan es indeterminado en lo abstracto. Esto se debe a que las mujeres son “tanto objetos subordinados como sujetos activos de [sus] vidas sexuales”. [17] Ningún lado de esta polaridad puede ser menospreciado. Lo que las mujeres quieren y desean, no es menos importante que cualquier interpretación teórica sobre su condición. Por lo tanto, según LeMoncheck, uno debe viajar “dialécticamente” entre estos polos contrarios. Cualquier conclusión de tal viaje dialéctico será altamente específica al contexto. Este enfoque se aplica a los filósofos y teóricos que generalizan sobre la sexualidad y la subordinación, y a los hombres y mujeres individuales a medida que moldean y persiguen sus propios deseos sexuales. La indeterminación producida por este enfoque puede ser desagradable para aquellos que buscan respuestas claras o simples, pero, según LeMoncheck, debe ser apreciada como un subproducto de un método que se mantiene fiel tanto a lo que los individuos valoran como a las circunstancias objetivas en que actúan. [18]

Si el EFF es sólido, entonces las feministas deben querer mejorar la “autodefinición y autonomía sexual” de las mujeres, así como reducir su “victimización”. [19] Las condiciones para que las mujeres definan y actúen no son óptimas, pero las mujeres reales deben vivir y actuar en el mundo tal como es, incluso cuando ellas y otros se esfuerzan por cambiarlo; sus deseos y elecciones no pueden ser omitidos de ninguna concepción de su autonomía.

El enfoque dialéctico de LeMoncheck se deriva de un compromiso epistemológico específico: un compromiso con el punto de vista del no imperialismo. Debes reconocer (i) que tu punto de vista no es el único que vale la pena conocer; (ii) que siempre será parcial; (iii) que otras personas tienen puntos de vista que vale la pena entender (desde su punto de vista, no el tuyo); (iv) que los demás se ven afectados y responden a su punto de vista (aunque quizás no como tú lo entiendes). [20]

Este punto de vista no imperialista ciertamente capta algo fundamental sobre la moralidad: que los individuos son iguales en algún sentido moral básico, que debemos ejercer la caridad para comprenderlos y cosas por el estilo. (No todos los lectores pensarán que este no imperialismo impide el cierre epistemológico, aunque algunos lo hagan).

En el medio del libro de LeMoncheck, la postura no imperialista se transforma en una “ética de cuidado-respeto” en la que buscamos entender el mundo desde el punto de vista de otras personas, responder a ellas como “los individuos particulares que son”, y cuidar activamente su bienestar. [21]

La “ética del cuidado-respeto” opera a diferentes niveles, con más éxito en unos que en otros. Por ejemplo, las secciones largas de Loose Women, Lecherous Men se entregan a las disputas entre las feministas culturales y las feministas radicales sexistas sobre el sexo apropiado; y entre las trabajadoras sexuales y las críticas feministas sobre la legitimidad de la prostitución y el estriptis. En ambos casos, LeMoncheck busca establecer la mejor versión de cada posición, trabajando para dar plena voz a las partes contendientes. Ella hace lo que cada parte debería hacer si fuera guiada por el cuidado y el respeto.

Sin embargo, si las feministas culturales, por ejemplo, tuvieran en cuenta las opiniones de las feministas radicales sexistas de la manera sugerida por LeMoncheck, estarían atendiendo a la “particularidad” de sus oponentes solo de manera indirecta, ya que lo que está en discusión es un punto de vista feminista radical sexista. Detrás del punto de vista hay personas reales, por supuesto, y una preocupación por su bienestar en parte alimenta la ultra-simpatía con la que se insta a las feministas culturales a acercarse al punto de vista. (No hace falta decir que las feministas radicales sexistas necesitan manifestar una ultra-simpatía similar hacia el punto de vista feminista cultural).

En otros lugares, el respeto por el cuidado parece aplicarse directamente a las interacciones individuales. LeMoncheck habla de parejas sexuales que se relacionan entre sí “dentro de los parámetros de cuidado y respeto”: se valoran entre sí en su especificidad, tratan de introducirse en la cosmovisión del otro, buscan promover los objetivos sexuales de sus parejas y se preocupan por su bienestar. [22] Sin embargo, este tratamiento de las relaciones individuales parece demasiado cercano al sexo personal e igualitario favorecido por las feministas culturales, donde las parejas son igualmente afectuosas, comparten intimidad y más. El problema aquí radica en el hecho de que LeMoncheck ya nos ha dicho que tomemos en serio la amplia variedad de decisiones de las mujeres sobre el uso de su sexualidad. Compartir la intimidad es precisamente lo que algunas mujeres no quieren en un encuentro sexual, y no hay nada de malo en eso. [23] Además, ni una mujer ni su pareja sexual pueden querer la intrusión informativa necesaria para comprender los puntos de vista y las ubicaciones sociales de cada uno. Tampoco querrán promover el bienestar mutuo más allá de responder a iniciativas sexuales muy inmediatas, limitadas en el tiempo y en el espacio. Jane no quiere saber que John es un republicano; ¡eso la apagaría totalmente!

Además, la reciprocidad del deseo sexual tampoco parece ser un requisito moral necesario. Aunque LeMoncheck considera que el trabajo sexual está cargado de componentes moralmente problemáticos, no descarta el sexo comercial como una opción aceptable para las mujeres. Ella insiste en que las críticas feministas del trabajo sexual deben prestar atención a su complejidad y variedad. [24] Y deben dar crédito a las razones que dan las mujeres para asumirlo. Muchas trabajadoras sexuales “disfrutan del dinero, la flexibilidad y la independencia” que les da su trabajo. [25] No les falta razón al responder a sus críticas feministas como moralizadoras autosuficientes. No les falta razón en “[solo escuchar] desprecio en comentarios paternalistas [por parte de feministas] en el sentido de que para salvar un orgullo herido de otra manera, las trabajadoras sexuales simplemente no quieren confrontar la realidad de su victimización”. [26]

Sin embargo, al igual que la dialéctica de LeMoncheck requiere que las feministas tomen en serio las razones de las trabajadoras sexuales, también requiere que las trabajadoras sexuales tomen en serio el análisis feminista de su situación. Cualesquiera que sean sus razones para ingresar al trabajo sexual, “todas esas mujeres son también identificadas por los hombres como objetos de una sexualidad subordinada”. [27] La ​​trabajadora sexual debe “responsabilizarse de su sexualidad bajo las condiciones del patriarcado”.

[Cuando] una trabajadora sexual. . . elige hacer una vida económicamente mejor para sí misma en el trabajo sexual. . . ella elige actuar por sí misma y no en virtud de cómo otros quieren que ella actúe; pero una mujer que [comprende las exigencias del cuidado y respeto] reconoce sus propias necesidades individuales y las necesidades de los demás. . . . [Ella debería] ver sus acciones en el contexto de una comunidad más grande de mujeres cuyas propias necesidades e intereses pueden entrar en conflicto con las de ella “. [28]

Lo que hace la trabajadora sexual cae en el juego de acuerdos patriarcales inveterados y este es un costo que no se debe ignorar. La trabajadora sexual debe apreciar “por qué las feministas consideran que el trabajo sexual colabora con el enemigo”. [29] Sin embargo, para cualquier mujer en particular, una vez que ella incorpora completamente el panorama más amplio, el balance de consideraciones aún puede favorecer la permanencia en el trabajo sexual, incluso aunque el equilibrio de consideraciones para otra mujer pueda apuntar en una dirección diferente. La dialéctica de LeMoncheck no da lugar a una sola regla aplicable en todos los casos. LeMoncheck se resiste a generalizar. [30]

 

CONCLUSIÓN

Loose Women, Lecherous Men  es un libro demasiado rico y complejo para resumirlo en unos pocos párrafos. Sin embargo, lo que emerge del libro, tanto por su enfoque como por sus conclusiones, no es una garantía especial para el estándar de reciprocidad del deseo. ¿Podrían las abolicionistas renunciar al estándar de reciprocidad del deseo y seguir defendiendo las prohibiciones de compra de sexo? Podrían, por supuesto, pero tendrían que renunciar a su insistencia en que la prostitución es violencia. Esta insistencia, hacia la que las abolicionistas parecen universalmente atraídas, requiere algo como el estándar de la reciprocidad del deseo como un umbral necesario para el sexo defendible. “La prostitución es violencia”, si no es un mero truco de definición, deriva su fuerza de la suposición razonable de que la prostitución involucra sexo no deseado. La norma de reciprocidad del deseo nos dice que el sexo que ella no desea viola a la prostituta: es violencia contra ella.

Lo que sigue siendo cierto es lo siguiente: las abolicionistas afirman o presuponen el estándar de reciprocidad del deseo, pero no ofrecen argumentos serios o defendidos al respecto. “Es simplemente obvio”, según Catherine MacKinnon. Evidentemente eso es suficiente.

 

NOTAS

Nombres cortos para documentos franceses citados en las Notas:

2011 INFORME DE LA COMISIÓN: Rapport d’Information par the Commission des Lois Constitutionelles, de Législation and of l’Administration Générale of the République, en conclusion des travaux d’une mission d’information sur la prostitution en France, N ° 3334, 13 Avril 2011, http: //www.assemblee-nationale.fr/13/rap-info/i3334.asp

LECTURA FINAL: Assemblée nationale, XIVe legislature, Sesión ordinaire de 2015-2016, 06 de abril de 2016, Lutte contre le système prostitutionnel-Conferencia definitiva, http://www.assemblee-nationale.fr/14/cri/2015-2016/20160170 .asp # P765576

AUDIENCIA DEL 5 DE NOVIEMBRE: Comisión especial encargada de examen de la propuesta de lo que se refiere a la seguridad de la prostitución, 5 de noviembre de 2013, http://www.assemblee-nationale.fr/14/cr-csprostit/13-14/c1314010. áspid

[1] Sra. Laurence Rossignol, ministre des familles, de l’enfance et des droits des femmes, “On m’objectera qu’il s’agit d’une position morale, mais, ce n’est pas le puritanisme qui nous guide. ”LECTURA FINAL.

[2] Sra. Marie-George Buffet, “Nous ne sommes donc pas ici en présence d’un débat sur la morale ou sur l’immoralité.” LECTURA FINAL.

[3] Maud Olivier, “[C] e n’est pas une loi dogmatique, ce n’est pas une loi moralisatrice”. LECTURA FINAL.

[4[4] “Pour prendre position au sein de ces expériences et de ces opinions contradictoires, la morale, et encore moins le moralisme, ne sauraient avoir leur place.”. 2011 INFORME DE LA COMISIÓN, pág. 164.

[5] “Ce faisant, the mission d’information n’est animée par aucun présupposé moralisateur quant à la sexualité et à la diversité des pratiques sexuelles qui existent aujourd’hui, chacun ayant par ailleurs un jugement personal sur la prostitution.” 2011 Informe de la comisión, p. 200.

[6] Emmanuelle Piet, “Sans compter que l’on pourrait considera comme un viol tout acte sexuel imposé to person person qui ne désire pas, même s’il a lieu contre de l’argent “, el 5 de noviembre.

[7] M. Charles de Courson, “Tout acte sexuel imposé à une personne qui ne désire pas, fût-il payé, pourrait au fond être considéré comme un viol.” 5 DE NOVIEMBRE AUDIENCIA.

[8] Emmanuelle Piet, “La prostitution fait fi du désir de la personne prostituée. C’est comme si payer l’acte sexuel faisait oublier que celui-ci suppose deux désirs qui se rencontrent. Il est grave de laisser ainsi penser que payer autorise à passer outre le désir de l’autre.”

[9] Claire Quidet, “Il y a enfin la violence intrinsèque et inhérente même à la prostitution, qui est de subir à répétition des actes sexuels non désirés.” . 5 AUDIENCIA DEL 5 DE NOVIEMBRE.

[10] Sra. Laurence Rossignol “La prostitution est une violence en soi. Elle exige la dissociation du corps et de la personne, de la chair et de l’âme, du désir et de la sexualité.” . LECTURA FINAL.

[11] Linda LeMoncheck, Loose Women, Lecherous Men: A Feminist Philosophy of Sex (Nueva York: Oxford Unibversity Press, 1997), pág. 7.

[12] Loose Women, Lecherous Men: A Feminist Philosophy of Sex, pág. 56.

[13] Loose Women, Lecherous Men, pp. 43, 56, 101.

[14] Un primer grupo feminista radical, Cell 16, llegó a una conclusión expeditiva: las mujeres deberían separarse de los hombres y permanecer célibes. Véase Alice Echols, Daring to Be Bad: Radical Feminism in America, 1967-1975  (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1989), pp. 159-161. Los grupos radicales tempranos como Cell 16 y Redstockings tenían antipatía al lesbianismo. Para ellos, el separatismo lésbico no ofreció ningún avance sobre la heterosexualidad: el sexo homosexual era todavía sexo (Echols, p. 164). ¿Podría el celibato ser una política fácil de seguir después de la revolución feminista? La feminista radical Ti-Grace Atkinson, al imaginar en 1968 cómo sería la vida sexual si no hubiera roles sexuales de género opresivos, preguntó: ¿Por qué el contacto físico con otra persona “sería más placentero que el auto-contacto?” ¿Qué tendría de especial el sexo con otros? El sexo interpersonal tal como lo conocemos, despojado por completo de sus fundamentos institucionales, dejaría de existir. La masturbación sería suficiente. Ver Ti-Grace Atkinson, Amazon Odyssey (Nueva York: Links Books, 1974), pág. 21.

[15] Loose Women, Lecherous Men, pp. 8, 15.

[16] Loose Women, Lecherous Men, pp. 22, 28.

[17] Loose Women, Lecherous Men, pp. 29. Énfasis agregado.

[18] Loose Women, Lecherous Men, p. 20, señalando la parcialidad, la particularidad y la contextualidad de toda investigación filosófica.

[19] Loose Women, Lecherous Men, pp. 25, 29 y en otros lugares.

[20] Loose Women, Lecherous Men, pp. 20, 29.

[21] Loose Women, Lecherous Men, pp. 44, 55, 102, 104.

[22] Loose Women, Lecherous Men, pp. 111, 102-104, 55.

[23] Loose Women, Lecherous Men, p. 39.

[24] Loose Women, Lecherous Men, pp. 118, 134.

[25] Loose Women, Lecherous Men, pp. 113, 141. Recordemos el caso de Perle, una de las prostitutas descritas en el último ensayo, una mujer china en Francia que, después de un período oneroso como sirviente de una familia china, recurrió a la prostitución para que nunca más fuera explotada por un empleador.

[26] Loose Women, Lecherous Men, pp. 135, 143.

[27] Loose Women, Lecherous Men, p. 145.

[28] Loose Women, Lecherous Men, p. 151.

[29] Loose Women, Lecherous Men, p. 151. Por supuesto, si la EFF es sensata, cada acto heterosexual (citas, relaciones, casamientos y demás) tiene un costo político, independientemente de los beneficios para la mujer en particular. Toda mujer debe pensar “en el contexto de una comunidad más grande de mujeres” y “asumir la responsabilidad” por sus actos heterosexuales.

[30] Loose Women, Lecherous Men, p. 152.

¿Qué significa en España “despenalización total del trabajo sexual”?

 

 

 

Las trabajadoras sexuales en lucha por sus derechos en todo el mundo exigen la plena despenalización de la prostitución como el único modelo legal respetuoso con sus derechos humanos. Despenalización no debe confundirse con legalización/regulación:

“La legalización significaría la regulación de la prostitución con leyes sobre dónde, cuándo y cómo puede tener lugar la prostitución. La despenalización elimina todas esas leyes y prohibe al Estado y a la policía intervenir en cualesquiera actividades o transacciones relacionadas con la prostitución, a menos que sean de aplicación otras leyes”.

Decir en España “despenalización total del trabajo sexual” es decir algo muy preciso: es decir “derogación de los artículos abolicionistas del actual Código Penal” y “derogación de los artículos regulacionistas de la Ley Mordaza.”

En concreto:

—Supresión del párrafo b) del artículo 177 bis (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con el párrafo “a) La imposición de trabajo o de servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, a la servidumbre o a la mendicidad.”

—Supresión del art. 187 (“prostitución forzada” y “proxenetismo”).

Basta con los artículos del Código Penal que penalizan el secuestro y la violación.

En ambos casos, el desprecio al consentimiento de la persona (la prostituta) expresado en los mismos atenta contra la libertad sexual protegida por el mismo Código Penal.

—Y eliminación del párrafo 11 del art. 36 de la Ley Mordaza: “La solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público…)”

Porque viola los derechos constitucionales a la libre circulación y a la intimidad, se penaliza una conversación privada protegida por las leyes de protección de la intimidad y se viola la igualdad de todas las personas ante la ley al penalizar por el solo hecho de estar en la calle a aquellas mujeres que la policía supone que realizan la actividad legal de venta de sexo.

Habría que añadir también la derogación de la Ley de Extranjería. Aunque esta Ley no se refiere expresamente a la prostitución, si afecta al gran número de trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas que, bajo la amenaza constante de detención, ingreso en CIE y deportación, deben esconderse de la policía y quedan indefensas en manos de los explotadores laborales.

Esta despenalización debería completarse —al modo de Nueva Zelanda, primer país en el que se ha despenalizado totalmente el trabajo sexual— con una regulación estricta de los propietarios de burdeles y del funcionamiento de éstos, con el objetivo, como dice el preámbulo de la Ley de Reforma de la Prostitución de Nueva Zelanda, de:

“salvaguardar los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y protegerlas de la explotación, promover el bienestar y la salud y seguridad ocupacional de las trabajadoras sexuales y propiciar la salud pública.”

 

 

Eros Center: el acalorado debate entre abolicionistas y trabajadoras sexuales en Bélgica

 

 

RTBF La Primera

14 de enero de 2019

https://www.rtbf.be/info/societe/detail_eros-center-le-debat-houleux-entre-abolitionnistes-et-travailleuses-du-sexe?id=10117786&fbclid=IwAR3DU-AUkqPEBiS_7Z4gB6W1seOWR2kZMwVltTXQSQU7Da4VZvFJtQRki4o

 

¿Debemos abandonar el proyecto del Eros Center en Seraing? El debate continuó el lunes por la mañana en La Première. Para Sonia Verstappen, ex trabajadora sexual, antropóloga y cofundadora de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras Sexuales Organizado(a)s por la Independencia, este abandono ha sido un error. “No era LA solución, pero era una solución para que hubiera chicas que trabajaran en buenas condiciones de trabajo”, lamenta. Si viera la luz, el Eros Center sería un edificio administrado por una organización municipal sin fines de lucro y supervisado por la policía, con treinta salas destinadas a las prostitutas, a fin de que trabajaran en mejores condiciones de higiene y seguridad. “En cualquier caso, eran 120 chicas las que iban a trabajar en buenas condiciones y obviamente lo denunciamos”, dice Sonia Verstappen.

La ex trabajadora sexual reprocha a los detractores del Eros Center por llevar a cabo una “política prohibicionista” y por querer “erradicar la prostitución”. Viviane Teitelbaum, ex Presidenta del Consejo francófono de mujeres de Bélgica, refuta estas acusaciones. “No somos prohibicionistas, somos abolicionistas”, dice, “y eso significa que creemos que la prostitución, la explotación sexual y la trata de personas que a menudo la acompaña, no son un proyecto de vida “. Es la razón por la que el Consejo de mujeres presentó una queja que condujo al abandono del proyecto del Eros Center. “Creemos que el proyecto, tal como estaba planeado, no se correspondía con el marco legislativo actual. El artículo 380 del Código Civil impide que ese proyecto exista”, explica Viviane Teitelbaum.

 

Si hay personas que quieren prostituirse, eso no os concierne

 

Para Sonia Verstappen, el Consejo de mujeres no tiene que “juzgar los procesos vitales de las personas”. “Si hay personas que les da la gana hacerlo, es una cosa totalmente moralista, ideológica y judeocristiana decir que la prostitución no es un proyecto de vida; eso no es asunto suyo”, replicaba este lunes a Viviane Teitelbaum. “Hay proyectos de la vida que veo todos los días en la televisión que, para mí, tampoco son proyectos de vida”. La ex trabajadora sexual acusa a un “lobby” que difundió mentiras sobre el Eros Center, explicando a las prostitutas que tenían que pagar 120 euros al día y dar el 50% a la asociación. “No se trata de virtud o moralidad en absoluto, se trata de escuchar a estas mujeres”, responde Viviane Teitelbaum, “Estoy a la escucha de lo que me dicen y eso es lo que traté de transmitir”.

El debate también se centró en la situación actual en la rue de Marnix, donde iba a construirse el Eros Center. Un callejón sin salida donde la procesión de automóviles continúa frente a las vitrinas de neón de unas casas obreras bastante antiguas donde trabajan estas señoras o quizás estos hombres. ¿Por qué los propietarios privados, para algunos proxenetas locativos probados, pueden continuar ejerciendo con total impunidad en el lugar, cuando existía la posibilidad de un marco reglamentado y reglamentario en el que las prostitutas serían independientes? “El marco reglamentado y reglamentario, lo conocemos en Alemania, por ejemplo, lo conocemos en los Países Bajos, por ejemplo, explica Viviane Teitelbaum. Pero desafortunadamente, solo el 4% de las mujeres en Alemania han solicitado este estatus de independiente. Por contra, la violencia es exponencial: hoy, se ha convertido en un país donde las mujeres son realmente tratadas como esclavas, como ganado. Tienen turnos de 24 horas al día, 7 días a la semana, en diferentes burdeles, por lo que este no es un modelo. que queramos poner en marcha “. Para la activista, el Eros Center, financiado con dinero público, no puede servir para mantener un sistema.

 

La legislación debe proteger a las que están en situación de precariedad

 

Sonia Verstappen lo afirma: ella tampoco está “a favor del modelo alemán y holandés”: “Estamos a favor de las mujeres, a favor de la independencia. Por eso estamos creando estructuras donde las mujeres puedan constituirse en cooperativa”, dice. La antropóloga pide “cosas concretas” para las prostitutas: “¿Qué les propone usted?¿Trabajar en Proximus?” Según Sonia Verstappen, la situación de las trabajadoras sexuales es comparable a la de cualquier trabajadora precaria. “Está claro que hay personas que quieren salir de la prostitución, pero también hay muchas personas que quieren salir de trabajos precarios”, dice. Según Sonia Verstappen, hay muchas personas que se prostituyen voluntariamente, lo que matiza Viviane Teitelbaum. “Nosotras creemos que es una minoría”, dice. “Pero creemos que estas mujeres no necesitan ser defendidas o acompañadas. Creemos que la legislación debe proteger a las que están en situación de precariedad, las que no tienen esta voz, que pueden sostenerse ​​y defenderse a sí mismas “.

Viviane Teitelbaum recuerda que Canadá ha aprobado una ley abolicionista. “No es una prohibición, no es un punto de vista moral, han aprobado una ley abolicionista y han puesto a disposición 100 millones de dólares canadienses para permitir a estas mujeres salir de la precariedad; a las querían seguir, formación; a las que lo deseaban, tener una regulación”, precisa. Claro que Bélgica no ha desbloqueado aún tanto dinero para el acompañamiento de prostitutas. Como en todos los debates, es el dinero el que sigue siendo el nervio de la guerra.

“Si te preocupa la trata de personas tienes que luchar contra la Ley de Extranjería”

 

Por Drina Ergueta (La Independent)

5 de Diciembre de 2018

https://ctxt.es/es/20181205/Politica/23296/maria-galindo-mujeres-creando-prostitucion-la-independent.htm

 

María Galindo
Drina Ergueta

 

Hace unos días, en medio de las montañas andinas, a 4.000 metros de altura, el Gobierno Municipal de la ciudad de La Paz (Bolivia) aprobó la creación de una nueva categoría económica que reconoce a la prostitución como una actividad mercantil. La agencia de noticias feministas La Independent entrevistó a María Galindo, conocida activista feminista y parte del movimiento Mujeres Creando, que participó en esta novedosa iniciativa. Galindo compara en esta entrevista la experiencia boliviana con lo ocurrido en España a raíz de la creación del Sindicato OTRAS.

Explíquenos qué ha pasado, ¿por qué la alcaldía de La Paz creó la categoría económica “venta de sexo” y cuál ha sido la intervención de Mujeres Creando en este proceso?

Fuimos nosotras, Mujeres Creando, junto a una organización de mujeres en estado de prostitución OMESPRO, quienes hace dos años presentamos la iniciativa legislativa ciudadana y la fuimos largamente discutiendo con el Gobierno Municipal. La situación era la siguiente: la última normativa local de La Paz data de 1909, cuando los burdeles recibían el nombre de “Casas de Tolerancia”; se trataba de una normativa caduca históricamente, que dejaba todo el universo de la prostitución expulsado de la historia. En estos cien años, Bolivia logró el voto universal, la reforma agraria y mucho más, pero ninguna norma se había atrevido a cambiar el régimen sobre los burdeles.

En estos cien años, Bolivia logró el voto universal, la reforma agraria y mucho más, pero ninguna norma se había atrevido a cambiar el régimen sobre los burdeles

Nosotras nos venimos organizando en locales autogestionados pequeños, en grupos de cuatro, ocho o doce mujeres que se han emancipado de los proxenetas y ejercen la prostitución de forma autónoma. Son justamente estos locales los que recibían la mayor presión de parte de la policía, con continuas redadas, extorsiones y formas de abuso, bajo el pretexto de que serían locales “clandestinos”. Cuando queríamos sacar licencias de funcionamiento, el Gobierno Municipal nos las negaba porque no existía la venta de sexo como actividad económica. El punto clave era que no vendemos alcohol y también los volúmenes de inversión. Nosotras hemos decidido separar la venta de sexo de la venta de alcohol y, por lo tanto no nos interesaba acceder a licencias de karaokes, bares u otros que disfracen la categoría de la prostitución. Además, al contrario de los bares o nightclubs, los locales autogestionados son “precarios”, suponen inversiones mínimas que no pasan de algunas camas, algún arreglo y mamparas para separar los espacios. En ese contexto, sin esta norma, el Gobierno Municipal terminaba de forma indirecta fomentando a los proxenetas y dejando la prostitución autogestionada en el limbo de la clandestinidad. Nos usaban como un escudo que la policía y el Ayuntamiento utilizaba como continuos simulacros de lucha contra la trata, arrestando a las compañeras y hostigándolas, inclusive bajo presión de los propios proxenetas. Se puede decir que desde que creamos las llamadas “oficinas” de prostitución autogestionada hemos sufrido lo que yo llamaría, sin miedo a equivocarme, “una persecución política continua”. Por eso presentamos la norma.

Lo obtenido ¿es lo que se esperaba? O es una parte de los objetivos.

La ley ha sido discutida en detalle con nosotras, punto por punto. Por ahora ha sido aprobada y responde a nuestras demandas –falta el desarrollo–. Se ha logrado introducir la prostitución autogestionada en la normativa y con posibilidades de reconocimiento municipal: que una mujer en prostitución pueda sacar, organizándose con otras, licencias de funcionamiento para sus locales sin depender de proxenetas. Por otro lado, que se reconozca la prostitución como una actividad económica en el Municipio de La Paz. Como una actividad económica que además no necesariamente está ligada al consumo de alcohol o drogas.

¿Qué quiere decir cuando habla de locales con poca inversión?

Se ha logrado poner parámetros para la obtención de licencias de funcionamiento que respondan a la realidad de “pobreza” de las mujeres en prostitución, que no tienen grandes capitales para montar locales gigantes. Estamos hablando de locales con las mínimas condiciones espaciales y, también importante, sin conformar un gueto, ya que no se restringe a una zona específica de la ciudad. Se permite hasta de diez metros cuadrados, con ventilación y puerta. Es decir, esta ley afecta de forma directa a los proxenetas y a la corrupción municipal y policial que está confabulada con ellos.

Hay quien dirá que esta es una manera de fomentar la prostitución…

Es un argumento que cae por su propio peso. Hoy en día en todas las ciudades del mundo la prostitución es gigante y La Paz no es la excepción. Quien está en prostitución lo estará de todas maneras, sea de forma autogestionada o sujeta a los intereses y formas de explotación de un proxeneta. La magnitud de la prostitución tiene una relación directa con el trabajo, con la ausencia de trabajo, con los salarios bajísimos de la mayor parte de los trabajos para mujeres y con las propias condiciones de acoso sexual y chantaje en las que están las mujeres en esos trabajos. La prostitución nos obliga a volver a discutir la relación entre mujeres y trabajo. En nuestra organización tenemos enfermeras, comerciantes, estudiantes universitarias, también desempleadas crónicas, un poco de todo. La mayor parte ha ejercido antes todo tipo de trabajos y la prostitución no es su primer oficio. Hacemos la comparación entre las formas “prostituyentes” en el mundo laboral de las mujeres: muchas veces, tener que pagar el puesto de trabajo con sexo al jefe y cobrar por sexo es ineludible y muy popular entre las compañeras. No hay un corte entre prostitución y otras formas de trabajo, sino una continuidad.

Dentro del mismo feminismo no hay acuerdo sobre el tema, hay posiciones encontradas entre las llamadas abolicionistas y las que respaldan la legalización de la prostitución con propuestas diferentes, ¿qué piensas sobre este debate?

Personalmente me agotan mucho las dicotomías que son típicas del feminismo europeo y que tienen que ver con una base de pensamiento binario que se reproduce en muchos campos. Nunca me he adscrito a ninguna de las dos posiciones. Estoy en esto hace quince años porque considero que es imposible pensar feminismo ni hacer feminismo sin pensar prostitución. Tampoco es posible comprender el universo complejo de las mujeres sin tener la prostitución y a la llamada “puta” como centro de este universo. Por eso, nosotras, Mujeres Creando, fomentamos hace muchos años la creación de la primera organización de trabajadoras sexuales en Bolivia, una organización que fue cooptada por los organismos internacionales para embarcarse en el discurso de “derechos” para las trabajadoras sexuales. En Bolivia se convirtió en un brazo de defensa de los proxenetas. Es por ello que Mujeres Creando rompió con ellas para empezar todo de nuevo y por ese camino de rupturas y repensamiento es que llegamos a la creación de una organización de prostitución autogestionada.

No es posible comprender el universo complejo de las mujeres sin tener la prostitución y a la llamada “puta” como centro de este universo

Todo el proceso de reflexión no fue desde la teoría, buscando una suerte de lugar “correcto”, sino desde el debate con ellas, siempre con ellas. OMESPRO es una organización de mujeres en prostitución que ha decidido no hacer militancia pública de la prostitución porque no quieren pasar por el manoseo de los medios de comunicación, no quieren testimoniar nada para la sociedad y no quieren estar sujetas a la crítica moralista de sus familias, de los entornos de sus hijos e hijas etc. En una sociedad como la nuestra donde el control social es tan directo, muchas de ellas hasta pueden perder la vivienda por militar públicamente.

Si no busca colocarse en un lugar correcto, como dice, ¿dónde se sitúa?

Lo que nosotras estamos abriendo hace años en el debate en prostitución es algo nuevo, ni abolicionista ni regulacionista, es una reflexión propia. En la ley recién obtenida, no ponemos la prostitución como trabajo sino como actividad económica, esto me parece interesantísimo para la reflexión. Nuestras próximas luchas tendrán que ver con extender esta ley a otros municipios del país y entrar en la gran discusión con lo que nosotras llamamos “Estado proxeneta”, porque queremos discutir la relación del Estado con el cuerpo de la puta.

Deberíamos generar espacios de alianzas y complicidad con la puta. Todas tenemos cara de puta, todas hemos sido llamadas putas en diferentes contextos

En Bolivia existen lo que yo llamo los “leprosarios del siglo XXI” que son recintos de “salud” específica y únicamente para el control de las mujeres en prostitución, donde se les revisa únicamente sus vaginas; no para curarlas si estuvieran enfermas, sino para habilitarlas o descartarlas para trabajar. Así, se violan, en estos actos, toda la lista de derechos constitucionales imaginables y se mutilan sus cuerpos. Vamos a entrar a discutir estos temas y a cambiarlos, por supuesto.

Tomando en cuenta que no existe igualdad social, que hay explotación, ¿no existe el riesgo de que estas organizaciones de mujeres en situación de prostitución acaben siendo manejadas por los proxenetas, es decir que se desvirtúen?

Los proxenetas son un poder que maneja grandes capitales y con esos capitales manejan segmentos de la policía, de inmigración y de confabulación con poderes territoriales como las alcaldías. La lucha contra esos poderes no es ni más ni menos que la lucha de cualquier sector laboral, como el caso de las maquiladoras que son expropiadas de su trabajo, o como la lucha de las trabajadoras que venden productos para grandes transnacionales sin un contrato laboral sino con un contrato de deuda. Los ejemplos nos sobran y las alianzas entre nosotras son lo que falta. Las reglas del juego para comer o no comer, para subsistir o no, las ha puesto hoy el neoliberalismo a escala mundial. En el caso boliviano, la prostitución es para las mujeres una forma de subsistencia tan legítima como cualquier otra. Al mismo tiempo, como en todas las formas de subsistencia, cuando además te organizas y generas unas condiciones autogestionadas vas construyendo un conocimiento que hoy es imprescindible para los feminismos. Los conocimientos, los saberes de la puta, que solo ella los puede extraer en sus condiciones laborales, son un tesoro. Deberíamos generar espacios de alianzas y complicidad con la puta. Nosotras tenemos miles de grafitis al respecto, pero uno que me gusta mucho es: “Todas tenemos cara de puta”. Todas hemos sido llamadas “putas” en diferentes contextos y muchas de nosotras estamos insertas en relaciones prostituyentes fuera de un contexto estricto de prostitución. Por eso mismo, aquellas que están en prostitución y que manejan el sexo como una mercancía monetizable tienen mucho que enseñarnos. No tenemos un taller que darles a las “putas”, sino que tenemos un taller que recibir de ellas.

En España se ha creado hace poco un sindicato, OTRAS, y esto ha provocado un intenso debate que incluso acabó en los juzgados. ¿Cómo tendría que resolverse este tema?

La discusión en torno del sindicato y la firma del manifiesto y toda la polémica que ha levantado refleja una visión binaria y un estancamiento dramático de los feminismos en España. Pero, más grave que eso, no se respeta la soberanía y la autonomía de cada mujer que está en prostitución por decisión propia, negándole el derecho a organizarse y, por lo tanto, a existir y a aportar con un debate que es imprescindible. Hay que comparar, por ejemplo, prostitución con matrimonio. Sería muy pertinente, ¿negáramos a las amas de casa organizarse porque no son amas de casa por voluntad propia? Claramente, y discúlpenme si se ofenden, yo veo un empantanamiento en el debate porque responde a un pensamiento binario: estás a favor o estas en contra, y no hay lugar a profundizar ni a repensar nada. Personalmente creo que el debate de la autogestión en la prostitución es un avance gigante. Los proxenetas en Bolivia se oponen a la ley porque justamente, ahora, cualquier compañera puede romper con ellos y organizarse por cuenta propia. No es fácil, ni es una taza de leche, pero es una posibilidad.

¿Encuentra algún paralelismo entre lo ocurrido en La Paz y en España? ¿Cuáles son las diferencias entre ambos contextos para quienes ejercen la prostitución?

Son contextos muy diferentes. Algo que definitivamente complejiza la cuestión en España es el carácter colonial de la estructuración del universo de la prostitución. Las compañeras provenientes de África ocupan un lugar diferente que las compañeras provenientes del Este de Europa o las provenientes de Latinoamérica en general. En ningún país la prostitución es una y homogénea hay muchas capas y complejidades. Muchas de ellas están sujetas a relaciones de trata y tráfico de personas, no como secuestradas sin voluntad, sino como hambrientas sin

Es más fácil entrar a España de la mano de un tratante de prostitución que en una patera de la mano de un tratante de mano de obra

oportunidad alguna. Es más fácil que entren a España de la mano de un tratante de prostitución que en una patera de la mano de un tratante de mano de obra. Por eso la discusión sobre prostitución en España es altamente urgente y política. No es casual, por tanto, que un porcentaje muy alto de las mujeres en prostitución en España sean “extranjeras”, tampoco es menor la presión sexual y el acoso que vive una trabajadora que está fuera de la prostitución, en el oficio que tenga: pensemos en las cosechadoras de Huelva violadas por los patrones, pero pensemos en las trabajadoras del hogar o asistentes de ancianos que –en un número gigante– soportan presión o pagan con sexo “su tranquilidad” en el trabajo. Si te preocupa la trata de personas tienes que luchar contra la Ley de Extranjería y no impedir que las mujeres en prostitución se organicen.

 

María Galindo: “Yo quisiera preguntarle a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias qué harán con la Ley de Extranjería”

 

 

Por Brenda Navarro

11 de julio de 2018

https://www.pikaramagazine.com/2018/07/maria-galindo-mujeres-creando/

 

La cofundadora del movimiento boliviano ‘Mujeres Creando’, se encuentra presentando su último libro, ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, en el explora las subjetividades de los políticos bolivianos. Señala constantemente las lógicas neoliberales y coloniales porque “es un absurdo pensar en feminismos en cualquier parte del mundo sin construir con las mujeres de abajo”.

 

María Galindo en el Parlamento de los cuerpos, en Atenas./ Foto cedida por la entrevistada

 

María Galindo (La Paz, Bolivia, 1964), cofundadora del movimiento boliviano autodenominado como anarquista-feminista Mujeres Creando, estuvo en territorio español para presentar el libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’ (2017). En su primer encuentro con Pikara Magazine, Galindo se posiciona respecto a su relación con España —“no traigo mi libro a España, que conste en actas”— pues explica que para ella, el debate con algunos feminismos europeos no es su prioridad: “Lo siento mucho pero no lo es. Acá las españolas se leen entre españolas o máximo suelen ampliar su horizonte a otros feminismos del norte del mundo. Y yo sé que lo hacen así, las editoriales también, incluso las editoriales alternativas. Entonces, no era una prioridad”.

Sin embargo, Radio Deseo, radio feminista que pertenece al colectivo de Mujeres Creando y que opera desde 2007 en territorio boliviano, fue invitada al aniversario de la Deutsche Welle en Alemania, para presentarse como la única representante de radio feminista latinoamericana de entre dos mil trescientos medios de comunicación. “Y claro, cruzas el charco y en ese caso ya mi espíritu es un espíritu de compartir y debatir con quiera escuchar, porque claro que hay circuitos de gente que le interesa debatir con Mujeres Creando, por ejemplo mi libro ‘No se puede descolonizar sin despatriarcalizar’ (2013) se vende en cinco o seis países del mundo y uno de esos países es España.”

“EL SISTEMA NEOLIBERAL ESTÁ DISPUESTOS A DARTE DERECHOS DE TERCERA O ÚLTIMA GENERACIÓN, A CHANTAJEARLOS, A OBLIGARTE A HACER LOBBY POLÍTICO, Y POR OTRO LADO TE QUITAN DERECHOS QUE YA HABÍAN CONQUISTADO NUESTROS PADRES, NUESTRAS ABUELAS”

María Galindo, nos explica que el libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’ (2017), más que un libro es una propuesta editada tanto en papel como en DVD en el que se presenta un estudio sobre las creencias, sentimientos, convicciones culturales y religiosas respecto a los cuerpos, el placer, las sexualidades diversas, etc. de mujeres y hombres que ocupan cargos parlamentarios en Bolivia: “Es un estudio muy interesante debido a que hay un replanteamiento de la estrategia de lucha para el movimiento LGBT que ya está muy agotada políticamente, y en este sentido, vale la pena hacer unas presentaciones con la gente que está interesada”.

— Al decir: “ahora nosotras vamos a cuestionar”, ¿fue algo pensado o cuando se dio la oportunidad de platicar con el vicepresidente Álvaro García Linera se te vino la idea?

— La llamada del vicepresidente parlamentario fue una llamada inesperada, pues en doce años de gobierno, sólo una vez me han contactado y lo aproveché al máximo. En ese sentido, cuando un patriarca, como es el Vicepresidente de la Asamblea legislativa, me dice “¿qué quieres?”, contesté: Quiero seguir jodiendo. Quiero investigarlos a ustedes a largo aliento para correr la cortina, como en el teatro, y mostrar las bambalinas del parlamento. Y eso es interesante porque a escala latinoamericana -pero también está pasando en España- muchos movimientos se asoman al poder político formal, con una serie de demandas sin saber nunca cómo son los procesos que tienen las personas con las que están tratando.

Entonces, este estudio es extrapolable a cualquier sociedad. Por ejemplo, yo no sé si un movimiento marica, si un movimiento feminista, en España, -ya sea a nivel regional o sea a nivel del Estado- tenga la fuerza para saber qué piensan sus parlamentarios. Es decir, ¿por qué no llegar y preguntarle a Pablo Iglesias si consume prostitución, por qué sí, por qué no? Buscar entender estas subjetividades de las personas que dicen representarnos. Porque mira, compañeros que representan al movimiento indígena suelen tener respuestas y formas de pensar anti-indígena. Si los políticos o los jueces que defienden la violación y que responsabilizan a la víctima fueran interpelados, el proceso político sería otro. Pero de estas cosas no se hablan porque dicen que es su vida privada; o porque el sexo, el cuerpo, el placer, etc. nunca entran en los procesos electorales, porque estos son procesos de marketing, algo muy parecido a las ofertas y rebajas de El Corte Inglés. Se escoge al que es guapito -presentable-, es decir, basados en crear una imagen falsa que quede bien ante las cámaras.

— Dices que tenemos que dejar de pensar dentro del neoliberalismo, ¿cómo le hacemos las que tenemos que entrarle aunque no queramos?

— Yo no soy una persona a la que le interese presentarse como perfecta, ni mucho menos presentar recetas porque cada quien subsiste como pueda. Pero, si hay una compañera que atiende un McDonald’s, no la vas a condenar como si fuera representante de esa empresa puesto que ella está en un trabajo precario y no le queda de otra. En este caso, hablo de las exiliadas del neoliberalismo, que por ejemplo, aquí en Madrid, te sirven los cafés y están en todos los trabajos precarios, estas exiliadas de nuestra tierra.

El problema no es atacar cómo estás construyendo tu subsistencia. Pero sí, -como movimientos organizados-, tenemos que tener en cuenta que no podemos dejarnos domesticar por las lógicas políticas del neoliberalismo. Ahí sí tenemos una gran responsabilidad. Y tenemos que cuestionar que el neoliberalismo ha exaltado el discurso de derechos para… Y ese discurso lo que ha hecho, es generar un mercado de ofertas, entonces ahora hay: que si derechos para personas con discapacidad, derechos para LGTB, población trans, etc. E incluso las leyes “trans” también tienen un contenido domesticador muy fuerte. Y esto lo digo como lesbiana y como desempleada crónica. Entonces, es necesario seguir hablando de cómo el discurso de los derechos es totalmente cooptado por una lógica neoliberal, porque están dispuestos, por un lado, a darte derechos de tercera o última generación, a chantajearlos, a colocarte en la fila y a obligarte a hacer lobby político; y por otro lado, te están quitando los derechos que ya habían conquistado nuestros padres, nuestros abuelos y abuelas. Hemos tenido que volver a exigir eso y es entrar a un juego ahistórico y confuso que fragmenta al sujeto político y convierte a los sujetos en clientes del sistema.

“LAS MUJERES QUE PARTICIPAN EN ESPACIOS DE PODER, O NO ESTÁN TOMANDO DECISIONES O TOMAN DECISIONES AFINES AL ESQUEMA DE PODER PATRIARCAL. Y LAS QUE SE REBELAN SALEN CON UNA PATADA DE AHÍ”

Hablemos de casos concretos: en Bolivia, a la población trans les dieron la ley de Identidad de Género que debería de llamarse “Ley de cambio del dato de sexo en el carnet de identidad” porque fue lo único que se les dio, no se les dio atención médica que es muy importante para ellas, ellos y elles, ni se les dio nada más. La mayor parte de esas compañeras no tienen economías bancarizadas, tampoco viajan, es decir, usan el carnet para colgarlo en la pared porque son no-ciudadanas. Entonces, no son ni treinta personas que hicieron el cambio con la ley, porque la mayor parte de las compañeras trans están en prostitución y sus niveles de marginalidad son tan altos que el carnet de identidad no les sirve y no les interesa.

Y esto sucede porque cuando tú das un derecho así, en términos homogéneos, las y los de abajo no acceden y eso es justamente lo que está pasando con el discurso bobo de los derechos de las mujeres, pues las mujeres de la calle, de a pie, estos veinte años llenos de discursos de derechos no les ha ayudado en nada.

— ¿Qué pasa con mujeres que dicen, “sí, pero, seguir haciendo desayunos y trabajo doméstico que son del ámbito privado, ya no quiero hacerlo, quiero estar en la parte pública, en la toma de decisiones”?

— Nosotras en Mujeres Creando hacemos una autogestión muy dramática que tiene serios problemas, porque si una de nosotras se enferma, todo se desbalanza. Es decir, la autogestión no es una taza de leche y además hay una lucha por la subsistencia tan grande, que lo que actualmente se hace desde la autogestión, es subsistir. No voy a vender eso como la maravilla. Pero, ahora bien, las mujeres que dicen que quieren estar en los lugares donde se dan las tomas de decisiones, nos están mintiendo, porque están en esos lugares pero no están tomando decisiones y cuando lo hacen, en realidad están tomando decisiones afines a los esquemas del poder patriarcal. Nosotras nos enfrentamos todos los días con juezas que no viabilizan casos de violación, pagos de asistencia familiar, etc. Además, cuando yo he visto a una compañera rebelarse en esos ámbitos, sale con una patada de ahí, porque hay diez en la lista que la pueden sustituir. Como el caso de las mujeres indígenas que nada más están ahí para la foto de la diversidad.

— Vuelvo a esto de las exiliadas del neoliberalismo: pienso en todas estas mujeres bolivianas que sobreviven haciendo trabajos de cuidados y doméstico, ¿qué les podrías decir a las mujeres españolas respecto a este fenómeno en el que ellas muchas veces pueden estar en el espacio público, porque hay alguien más sustituyéndolas en el privado?

— Yo utilizo la categoría de exiliadas del neoliberalismo porque no pueden estar acá y no pueden estar en ninguna otra parte, ya que son expulsadas de las estructuras económicas de las sociedades a las que pertenecen, porque aunque en nuestras economías, hemos creado mecanismos de subsistencia para no morir de hambre, estos mismos mecanismos están saturados y llega un momento en el que ya no da para más y muchas de estas mujeres se endeudan para salir del país; por eso hablo de una expulsión y no migración, decirle migración es cruel, porque en realidad es un exilio. Además, en el caso de Bolivia, las remesas juegan un papel importantísimo en la economía, no estamos hablando de cuatro infelices, estamos hablando de mujeres que están sosteniendo salud, alimentación y vivienda de amplios sectores de la población en mi país. Y lo peor es que no se les reconoce nada, al contrario, se les culpabiliza porque “dejaron”, “abandonaron” a los hijos, porque destruyeron a la familia, etc.

“HABLO DE EXILIADAS DEL NEOLIBERALISMO PORQUE SON MUJERES EXPULSADAS DE LAS ESTRUCTURAS ECONÓMICAS DE LAS SOCIEDADES A LAS QUE PERTENECEN. EN VEZ DE RECONOCERLAS, SE LAS CULPABILIZA”

Ahora, con una masa tan grande de mujeres como la que ha venido a España, es necesario preguntar qué hacen, pues han venido a ocupar prostitución y cuidados y han cambiado la esfera de relaciones hombre-mujer en esta sociedad y en otras. Y ni siquiera es en términos de empoderamiento, porque en realidad pasa que las mujeres blanco-europeas de clase media accedieron a poder salir, a dejar a su madre, a su padre, a sus hijos, en manos de una tercera renunciando a la presión sobre los hombres y pudiendo pagar un salario muy bajo a esta tercera y esto es muy grave, porque no se reduce a que es una a costa de la otra, sino que hay que dejar claro que se debería de estar hablando de cómo es que ninguna visión feminista puede construirse en España, pero en ninguna otra parte, sino se construye desde la totalidad del análisis del trabajo de cuidados.

A ver, que nos respondan por qué el ámbito de la prostitución está lleno de mujeres de fuera de España. Que nos respondan, y que no se confundan, nosotras respetamos todo este tema de la prostitución, incluso tenemos propuestas y las estamos llevando adelante en Bolivia, pero en España, las mujeres más pobres están en prostitución y la mayoría, no son españolas. Y en España, el resultado de esta discusión es totalmente artificial, racista, colonial, pero especialmente neoliberal.

En Bolivia y en otras sociedades latinoamericanas, también pasa lo mismo en relación con el campo indígena: en las ciudades urbanas de América Latina, son las mujeres indígenas, jóvenes, expulsadas de sus comunidades a las ciudades, quienes también cumplen las labores de cuidados para que las mujeres de las clases medias accedan a una compensación de todas sus responsabilidades. Entonces, es un absurdo pensar en feminismos en cualquier parte del mundo sin construir desde las mujeres de abajo. 

Acción de ‘Mujeres Creando’ “Cuerpos hechos bolsa” en la televisión pública en La Paz./ Enzo de Luca

— Se dice que son las mujeres migrantes las que deben de alzar la voz, las que deben de exigir lo que necesitan, ¿cómo hacerles entender que esta postura es engañosa?

— Yo a cualquier mujer española le diría: mira, entra a internet y lee la ley de Extranjería. Aquí no me interesa qué postura tienen respecto a la organización existente o no, de las mujeres exiliadas del neoliberalismo, basta que lean la Ley de Extranjería, porque esta ley explicita de forma muy clara contenidos racistas, coloniales, etc. El famoso tema de los papeles es absurdo, si una mujer española tuviera que asumir estas obligaciones para ella, terminaría chillando con voz muy alta y jamás aceptaría esas condiciones sobre sí mismas y sobre su trabajo. ¿Por qué ignoran esto? ¡Porque además es su Estado! Es en el nombre de ellas, y en nombre de sus supuestos derechos que se impone esa ley de Extranjería a toda la fuerza laboral que viene a este país y que resuelve parte del funcionamiento de su economía. España necesita esta fuerza laboral y aún así imponen esas condiciones para presionar a las personas y filtrar a quién y cómo aceptan en el país para tenerlas en condiciones de mayor subordinación.

“A LAS MUJERES ESPAÑOLAS LES SUGERIRÍA QUE NO LEAN A ANGELA DAVIS, A MARÍA GALINDO O A SILVIA FEDERICI Y QUE SÍ LEAN LA LEY DE EXTRANJERÍA. AHÍ ESTÁ EL RACISMO Y EL COLONIALISMO EXPLICITADO”

Entonces, yo les sugeriría que no lean a Angela Davis o no lean a la María Galindo o a la Silvia Federici, -que es más o menos su igual- y que sí lean la Ley de Extranjería, que además tiene este examen de españolidad, que implica reconocer la capacidad de las personas para adaptarse a estos países y esto es sumamente violento. ¿Cuánto de nuestros pueblos, de nuestras historias, cuánto de lo que somos, se estudia en los colegios españoles? Nada. Pero tú para vivir en Europa tienes que hacer un examen.

Además, yo quisiera preguntarle al gobierno de Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias -que se presenta muy de izquierda-: ¿Qué harán con la ley de Extranjería? No que nos hablen bonito. Pablo Iglesias viene a Bolivia y le aplauden, pero mi pregunta para Pablo Iglesias es qué va a hacer con la ley de Extranjería.

Y a Pedro Sánchez decirle: qué bonito tu gesto de recibir una patera pero que nos diga con pelos y señales: Artículo 1, ¿qué harías?, Artículo 2, ¿que harías? Y así con todos los artículos. ¿Qué van a hacer con los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)? Porque estos centros de internamiento son en sí mismos violaciones a los derechos humanos e incluso podemos decir que son paralelos a Guantánamo por lo horrorosos. Y varios movimientos de mujeres lo dejan de tener en su horizonte, porque dicen “eso es cosa de los africanos, cosa de las migrantes” pero no, compañeras, eso no es así, porque mira, la Ley Mordaza que te imponen a ti, tiene mucho que ver y está conectada y son esas conexiones las que me interesan que se analicen.

— ¿Qué pasa con los feminismos latinoamericanos que terminan por verse homogeneizados cuando se hacen lecturas desde Europa?

— No, por supuesto. Las estructuras racistas y coloniales se reproducen en todos lados. Yo veo varias diferenciaciones a escala planetaria pero que ahora funciona muy bien para lo que se mal llama feminismo latinoamericano. Y es necesario hacer una diferencia entre feminismos latinoamericanos y la tecnocracia de género. Y en este sentido, hay que explicar que la tecnocracia de género es un proyecto que surge en toda América Latina y captura la categoría de género y la funcionaliza al proyecto neoliberal para que las mujeres ocupemos un lugar de amortiguación de las medidas de ajuste estructural.

“LA TECNOCRACIA DE GÉNERO ES UN PROYECTO QUE SURGE EN TODA AMÉRICA LATINA, QUE FUNCIONALIZA LA CATEGORÍA DE GÉNERO AL PROYECTO NEOLIBERAL PARA QUE LAS MUJERES AMORTIGÜEMOS LAS MEDIDAS DE AJUSTE ESTRUCTURAL”

Hay un proyecto de la tecnocracia de género que ha sido liderado por las organizaciones no gubernamentales que han unido la categoría de género y de desarrollo y que empata con la misma provenza de desarrollo que vienen haciendo la Cooperación Internacional desde la década de los años setenta, en el que se hablaba de subdesarrollo  aunque ahora dicen que no lo somos y ahora que dicen que más bien es un desarrollo sostenible con perspectiva de género del que no se entiende muy bien a qué se refieren, pero es un apellido que queda muy bien y que es políticamente correcto pero sigue siendo el mismo proyecto colonial en nuestro continente que busca y opera la extracción salvaje de la materia prima a precios muy bajos, pero, eso sí, con una envoltura muy bonita a la que llaman democracia, derechos para las mujeres, de empoderamiento, de talleres de autoestima y no sé cuánta bobada más.

Pero también hay que decir que luego tienes un espectro de feminismos muy variados dentro los que encontramos a los ecofeminismos, los feminismos autogestionados, conjunto de feministas que nacen en torno de reivindicaciones concretas de cara a los feminicidios, a la violencia machista, etc. Y yo te diría que ahí estamos nosotras en donde planteamos la despatriarcalización. Y también que quede claro que yo soy la autora de la despatriarcalización, no lo es María Lugones, no lo es el gobierno boliviano, todos esos son plagios que no reconocen autoría y no reivindico la autoría en un acto ególatra, lo que yo quiero es que se respeten las genealogías y esto tiene que ver con entender que si hablamos del feminismo como un fenómeno planetario, presente en todos los continentes y en todas las sociedades, no podemos sostener que el feminismo está anclado a la matriz eurocéntrica que nace con las reivindicaciones de las mujeres en el contexto del Estado Moderno burgués. Nosotras, quienes participamos en los feminismos latinoamericanos no somos una simple prolongación tardía que repite las consignas del feminismo europeo veinte años o treinta años después, esta es una mirada colonial que se tiene sobre los feminismos. Sucede que, en realidad, nosotras tenemos una genealogía propia, porque si tú haces un corte histórico y comienzas hablando de la revolución francesa de 1789, entonces, se tendría que hacer otro corte histórico importante en la que se visibilicen las luchas anticoloniales, que por ejemplo en la parte andina, datan de 1700 y donde puedes ver fenómenos muy interesantes en donde las mujeres tenían una participación esencial, en donde se proponían cosas y que se están indagando actualmente.

Y en este libro, ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, ya planteo la relación trágica-colonial entre mariconería e indigenismo. En el primer capítulo documenté cómo el colonialismo se dedicó a perseguir todas las formas de sexualidad no heterosexuales porque atentaban con la visión judeocristiana sobre el cuerpo, el sexo y el placer. Es decir, antes de esta colonización, había diversidad sexual, existían en las culturas precoloniales que fueron sepultadas y negadas por completo. En aymaraque es uno de los idiomas más importantes de la región andina ya desde el año 1500 había conceptos para definir sexo entre mujeres o para definir mujer que no quiere tener wawa(hijos), que no quiere reproducirse, o para definir persona que no es hombre ni mujer, etc. que han sido eliminados del imaginario social y su léxico por este pasado colonial. Hay que seguir hablando de esto.

 

El problema con el trabajo sexual es el trabajo: conversación entre Conner Habib y la Dra. Heather Berg

 

 

 

Por Conner Habib y la Dra. Heather Berg

14 de diciembre de 2018

https://merryjane.com/culture/sex-worker-exclusionary-socialism-conner-habib-and-dr-heather-berg-discuss-left-wing-labor-biases

 

El actor para adultos y la académica de Estudios Feministas examinan la naturaleza no consensual del trabajo asalariado en Estados Unidos a través de la lente de las narrativas anti trabajadoras sexuales de la izquierda estadounidense.

 

Lo siguiente es una conversación entre Conner Habib (artista porno, activista y presentador del podcast Against Everyone with Conner Habib) y la Dra. Heather Berg, profesora de Estudios de Género de la Universidad del Sur de California, cuyo libro sobre trabajo sexual y pornografía está a punto de publicarse.

Berg y Habib examinan el trabajo sexual en Estados Unidos en términos generales, y se refieren específicamente a la superposición entre los sistemas de poder que imponen la estigmatización y la criminalización tanto del cannabis como del sexo; cómo a menudo se excluye el trabajo sexual de las luchas políticas como #MeToo y las narraciones socialistas / marxistas y feministas modernas; y la amenaza potencial que el trabajo sexual representa para los sistemas de empleo basados ​​en salarios.

 

Conner Habib: Hay mucha superposición entre la regulación del trabajo sexual, la regulación de las drogas y los sistemas de castigo que imponen ambos. Entonces, ya que esto es MERRY JANE, comencemos por ahí. ¿Qué tienen las drogas y el trabajo sexual que amenazan el status quo?

Dra. Heather Berg: Tanto las drogas como el trabajo sexual son los enemigos del trabajo asalariado. El trabajo sexual, especialmente el trabajo sexual independiente, ha sido históricamente una forma poderosa de escapar del sistema de salarios. Criminalizarlo es una forma de asegurarse de que las personas tengan que tener un jefe, o ser parte de una familia nuclear, para sobrevivir. El tráfico de drogas a veces ha funcionado de la misma manera, por lo que existe una profunda conexión entre la guerra contra el trabajo sexual y la guerra contra las drogas.

Conner Habib: Te estás centrando en el sistema de salarios, y también pienso en otras formas culturales en que esto es cierto. Por ejemplo, en el siglo XIX, las mujeres solteras recurrieron al trabajo sexual porque tenían más derechos y mayores posibilidades de prosperar como trabajadoras sexuales que como esposas.

Este tipo de ocupaciones son estrategias para evadir muchas estructuras que pueden dañarte. Y en lo que respecta al aspecto salarial que mencionas, los poderes encuentran esa parte particularmente amenazadora. Es tan difícil de regular el trabajo sexual en muchas de sus formas; es una transacción tan directa. Lo más habitual es que sean dos personas en un pequeño espacio no controlado.

Dra. Heather Berg: Correcto. Es irregulable, y también improductivo. El trabajo sexual independiente no genera dinero para un jefe ni (a menudo) para el Estado y, a diferencia del sexo que se supone que tenemos en las familias nucleares, tampoco produce hijos que puedan convertirse en nuevos trabajadores.

Conner Habib: Las personas que luchan por la regulación de las drogas han dicho que es una guerra contra los estados alterados de conciencia. La guerra contra el sexo es la guerra más antigua contra los estados alterados de conciencia que existe. Y obviamente, dado que el sexo es el contenido del trabajo sexual, esto también implica restricciones en el trabajo sexual.

Uniendo eso con lo que dijiste sobre la productividad: es obvio, por ejemplo, cuando la gente habla de la llamada adicción a la pornografía.

“La gente dice: ‘Oh, creo que tengo una adicción a la pornografía porque veo dos horas de pornografía al día’. Y les devuelvo eso y les digo: “¿Cuántas horas a la semana trabajas? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta? ¿Más? Parece que tu adicción al trabajo se está interponiendo en tu forma de masturbarte con el porno”.

Dra. Heather Berg: ¿Cuál es el punto de conexión entre las comunidades de trabajadoras sexuales y los lectores de MERRY JANE? ¿Qué significa luchar por el derecho a ser improductivo? Esa es también la amenaza de la maría. No tenemos que decir que el sexo y las drogas no nos distraen, podemos decir, “sí, nos distraen, y eso es algo bueno”.

Conner Habib: Sí, porque ¿de qué nos distraen? Y también, ¿por qué anhelamos esta distracción? Queremos que se nos ofrezca la oportunidad de salir del mundo. Esa es una cuestión de consentimiento. ¿Quién diablos consintió en “trabajar para ganarse la vida” o usar dinero? Las narraciones contra el sexo y las drogas son: “¡Esto es tan peligroso, podrías perder el control!” Pero, por supuesto, nadie tiene control sobre el trabajo o el dinero, que es el más peligroso de todos.

En los EE. UU. hay un aumento de la conciencia acerca de los problemas del trabajo, y eso proviene principalmente de marxistas, socialistas e incluso socialistas demócratas, como los llamados “Bernie Bros.” Afortunadamente, esto nos hace comenzar a cuestionar el concepto de “trabajo” en general.

Dra. Heather Berg: Y eso todavía no está bastando para poner fin a los ataques contra las trabajadoras sexuales. Volviendo a la idea de que el trabajo sexual es amenazador porque podemos hacerlo de manera independiente, quiero decir que creo que es una idea equivocada para las personas que se llaman a sí mismas “socialistas” decir que [el trabajo sexual] es el único perjudicial como forma de trabajo. . En la medida en que el trabajo es perjudicial porque las personas pueden explotarte por tu trabajo, el trabajo sexual ofrece más vías para independizarte de los jefes de mierda.

Conner Habib: Puede ser un paso hacia la disolución del poder de los jefes.

Dra. Heather Berg: Sí, y eso no está reconocido. El grito de las trabajadoras sexuales en las manifestaciones “trabajo sexual es trabajo” ha ayudado mucho a los derechos de las trabajadoras sexuales. Pero el problema con esta forma de presentar el trabajo sexual es que se sobrecarga con lo que el oyente ya piensa del “trabajo”. Si las personas suponen que el trabajo es algo bueno, llamar “trabajo” al trabajo sexual lo hace respetable. Lo sanea.

Conner Habib: Y, obviamente, el trabajo no es algo bueno. El trabajo, y la exigencia de trabajar, son peligrosos. Trabajar o morir de hambre. Trabaja o mira morir a tu familia por falta de atención médica. Trabaja y muere de camino al trabajo o debido a las condiciones del trabajo. Se habla mucho de apoyar a la economía creando empleos. Pero “crear empleos” es, en cierto modo, un sustituto de “crear más formas de destruir tu psique, espíritu y cuerpo”.

Estamos empezando a ver que, como trabajadores que se ven obligados a trabajar, estamos todos juntos en esto, y algo debe cambiar.

Pero los socialistas están jugando con esas políticas de respetabilidad. No por ser protrabajo en general, sino por centrarse solo en la parte del trabajo, que es, para algunas personas, una manera de seguir siendo respetable de forma segura. La idea central de todo esto es que, de alguna manera, si organizamos todas las condiciones laborales y económicas de la manera correcta, todos los problemas del mundo se resolverán por sí mismos; ¡Todo lo que necesitas son buenas leyes! Pero simplemente no es verdad, tienes que hacer un trabajo interno y cultural, tanto como un trabajo asalariado.

Dra. Heather Berg: Centrarse por completo en encuadrar el trabajo sexual como “trabajo real” también nos puede librar de tener que examinar por qué las personas en el poder quieren que consideremos ciertos tipos de encuentros sexuales como “malos”. Lo que para mí sigue siendo una cuestión económica, porque lo que se define como “buen” sexo es el sexo económicamente productivo. Volviendo a las limitaciones del lenguaje del “trabajo” sexual, hace que sea fácil para las personas que piensan que todas las trabajadores siempre son víctimas disfrazar su falta de respeto y su putofobia como una especie de crítica de justicia social.

Conner Habib: Y creo que eso se traduce en un argumento superficial que dice algo así como: “Ningún trabajo es consensual. El sexo no consensual es una violación. Por lo tanto, todo trabajo sexual es una violación “.

Dra. Heather Berg: Por supuesto, muchas personas que hacen trabajo sexual realmente no se preocupan de (ni se preocupan por) la parte sexual; ellas quieren dinero, como cualquier otra persona en un trabajo. La mayoría de la gente odia su trabajo en el sentido de que la mayoría de la gente no trabajaría en las condiciones que lo hacen sin la amenaza económica que los obliga a hacerlo. Eso es tan cierto para las trabajadoras sexuales como para los profesores universitarios, los trabajadores minoristas y los abogados.

Pero las feministas excluyentes de las trabajadoras sexuales se niegan a dar el siguiente y más obvio paso, que es construir algo distinto. Han agotado sus argumentos laborales [alegando que el trabajo sexual] es de alguna manera el peor tipo de trabajo. Ponen todas sus inquietudes sobre “el sistema” en la figura de la trabajadora sexual, y se niegan a hacer cualquier otra pregunta.

Conner Habib: He disfrutado alguno, pero no todo el trabajo sexual que he hecho. Pero cuando digo eso, la respuesta es a menudo “¡bien, tienes privilegios!” Es cierto que algunas trabajadoras sexuales experimentan privilegios en comparación con otras trabajadoras sexuales. Pero con muy pocas excepciones, ninguna trabajadora sexual disfruta de los privilegios que disfrutan las personas que no hacen el trabajo sexual, y ese es un ángulo de privilegio extremadamente importante en el que pensar.

Dra. Heather Berg: También creo que la idea de que solo las personas con privilegios de raza y clase pueden disfrutar del trabajo sexual es racista y clasista.

Conner Habib: Correcto, y obviamente yo experimento privilegio como hombre cisgénero, pero no experimento los mismos privilegios que los hombres blancos heterosexuales, y mucho menos los hombres blancos heterosexuales que no son trabajadores sexuales. Entiendo el punto que se señala, que en todo el mundo hay personas que están haciendo trabajo sexual y no les gusta. Nunca creo que hablo por ninguno de ellas cuando digo que he disfrutado un poco haciéndolo.

“A las feministas radicales excluyentes de las trabajadoras sexuales (SWERF) les gusta imaginar que las trabajadoras sexuales en el sur global, por ejemplo, o las trabajadoras de color de la calle en el norte global, son incapaces de encontrar momentos de placer y resistencia en su trabajo diario, lo que es profundamente condescendiente “.

Dra. Heather Berg: Y a las feministas radicales excluyentes de las trabajadoras sexuales (SWERF) les gusta imaginar que las trabajadoras sexuales en el sur global, por ejemplo, o las trabajadoras de color de la calle en el norte global, son incapaces de encontrar momentos de placer y resistencia en su trabajo diario, lo que es profundamente condescendiente. Pero también es cierto que las personas con opiniones enfrentadas sobre este tema (ya sea que les guste el trabajo sexual o que lo odien) deben tener en cuenta que podrían estar excluyendo a otros trabajadores de las normas que acaban de establecer. Entonces, si dices que te gusta [el trabajo sexual], eso es decir que eres un buen trabajador. Al igual que el “buen” vendedor minorista, es considerado como el que ama el producto vendido en la tienda, mientras que el trabajador “malo” es el que no se preocupa por eso.

Conner Habib: Totalmente. Puede que haya sido menos cauteloso con respecto a eso en el pasado, pero en estos días me esfuerzo por distinguirlo como mi experiencia y no como una receta o representación general de nadie, porque veo los peligros de esa mala interpretación. La pregunta para mí, al imaginar un mundo sin trabajo, es “¿Cómo te gustaría que fuera tu día? ¿Qué harías en un día que disfrutaras?”

Cuando imagino un mundo sin las sandeces del trabajo asalariado, todavía me imagino disfrutando del sexo. Así que he hecho todo lo posible para hacer que mi vida dentro de este sistema de trabajo forzoso aparezca como imagino que aparecería si no estuviera en él.

Y me doy cuenta de que hay otros que, si se les pregunta, “¿cómo te gustaría que fuera tu día si dependiera de ti?” nunca dirían algo como lo que yo diríra.

Necesitamos ver que las cuestiones de autonomía, deseo y cultura son importantes, pero que no debemos mezclarlas con cuestiones sobre derechos.

El punto para mí es que incluso si disfruto de un aspecto sexual, ¡también odio la parte de trabajo! Siempre lo he odiado. Me parece tan obvio que la relación que las personas tienen con su salario es lo que no es consensual, no el contenido del trabajo.

Dra. Heather Berg: Quiero resaltar eso nuevamente: decir que el trabajo no es consensual es decir que el imperativo de ganarse la vida no es consensual; no quiere decir que el contenido de cómo decidimos hacer las cosas no es consensual. Pagar facturas y ganarse la vida son cosas que nos obligan a hacer. Pero hay todo tipo de estrategias, formas de creatividad, lucha y consentimiento en cómo las personas optan por hacerlo.

Conner Habib: Te encuentras con personas que juegan a la revolución preguntando con una expresión seria: “¿existirá el trabajo sexual después de la revolución?” y parece que se están riendo de mí. La idea de un momento de salvación, de un antes y después de la revolución con el trabajo sexual es ridícula y refleja la industria de rescate he-salvado-a-una-trabajadora-sexual del feminismo anti trabajo sexual.

Dra. Heather Berg: Correcto, y hacen estas afirmaciones citando a Marx, cuando hay tantos pensadores, especialmente feministas marxistas, que tienen cosas más interesantes que decir sobre el sexo. Soy marxista y puedo reconocer fácilmente que Marx tenía políticas sexuales y de género conservadoras. No podemos pensar que él nos da las respuestas a estas preguntas.

Cuando se trata de “sexo después de la revolución”, deseo que los socialistas anti trabajo sexual reconozcan que la revolución se hace cada vez menos posible cuando pretenden que el trabajo sexual es excepcionalmente malo en comparación con otras formas de trabajo. Ese marco les impide llegar al siguiente paso. En realidad nos mantienen en nuestro sitio porque no llevan sus teorías lo suficientemente lejos o las toman suficientemente en serio.

“Me gustaría que los socialistas anti trabajo sexual reconocieran que la revolución se hace cada vez menos posible cuando pretenden que el trabajo sexual es excepcionalmente malo en comparación con otras formas de trabajo”.

Conner Habib: Y es una violación de los términos básicos de solidaridad en un marco marxista / socialista, que es que la solidaridad se forma en los términos del Otro. No se trata de lo que un lado impone al otro, sino de una especie de escucha. ¡Ese es un principio básico! Si la opresión le está sucediendo a alguien, te unes en causas universales para combatirla. Si estás exigiendo que las trabajadoras sexuales tengan que callarse sobre el trabajo sexual y simplemente se unan a tu versión de la política laboral, entonces has abandonado la solidaridad. Eso es cierto incluso si la persona que lo exige es una trabajadora sexual, como se puede ver en la llamada “jerarquía de putas”, donde un tipo de trabajadora sexual (es decir, escorts vs actores porno vs dominatrices, etc.) cree que son mejores de una manera u otra que otro tipo de trabajadora sexual. Se necesitan alianzas entre todos los trabajadores, pero especialmente entre las clases de trabajadores que están luchando por presiones superpuestas.

Dra. Heather Berg: También abandona un principio central de la formulación de las ideas socialistas. Que es que los trabajadores tienen una vasta reserva de conocimientos. Así que estas personas que piensan que son la vanguardia están ignorando cómo los trabajadores experimentan su día a día y convierten esa experiencia en política.

Tal vez sea más claro decirlo así: si defiendes leyes como SESTA que matan a los trabajadores, no eres socialista.

 Conner Habib: Y el problema con la mayoría de las críticas de cualquier conducta sexual consensual es que presuponen que la crítica proviene de un punto de vista objetivamente sano de entender el sexo. Esto no es cierto el 99% de las veces.

Por ejemplo, con los socialistas anti trabajo sexual que dicen que el trabajo sexual no existirá después de la revolución, la idea es que existe un tipo de sexo absolutamente sano que no se parece al sexo como transacción, y que los socialistas ya lo tienen ahora.

La cruel ironía es que las personas que tienen la mejor oportunidad de venir de ese espacio de comprensión son trabajadoras sexuales, porque tienen la capacidad de presenciar realmente cómo funciona el sexo en la vida de las personas.

Y esto conecta con las formas en que el socialismo falla de la manera en que #MeToo —por muy necesario y exitoso que haya sido— falla también: la crítica está incompleta.

Así es como terminas teniendo personas que expresan su sentido de violación sexual a través de #MeToo diciendo: “¡No soy una prostituta!”

 Dra. Heather Berg: Cuando una actriz dice: “¡no soy una prostituta!” para comunicar la agresión que ha sufrido, se puede ver su falta de solidaridad con otras trabajadoras.

Eso es lo que resulta tan sorprendente en estas historias #MeToo de la industria del entretenimiento. La sensación de daño es que estos otros tipos de trabajadoras están siendo consideradas como trabajadoras sexuales, y para ellas, eso es un grave error de categoría. Por supuesto, esto no quiere decir que las trabajadoras no tengan derecho a establecer en qué términos se sexualiza su trabajo, pero hay una manera de hacerlo que no es “yo no soy una de esas chicas”.

Conner Habib: Eso me hace ver cuántos de los problemas que enfrentan las trabajadoras sexuales son problemas laborales, pero que sin embargo una gran parte del ímpetu discriminatorio tiene que ver con el sexo.

Dra. Heather Berg: Y la naturaleza ingobernable del trabajo sexual del que hablamos antes.

Conner Habib: el socialismo anti trabajo sexual, el feminismo anti trabajo sexual, la falta de solidaridad en #MeToo, todos están vinculados al ser tan limitados en su comprensión de los trabajadores y la sexualidad. Estoy pensando en cómo, para #MeToo, existe la idea de que el sexo debe soportar la carga de la terrible dinámica hombre-mujer. Cuando las personas hablan sobre cómo, por ejemplo, las cosas entre hombres y mujeres son tan malas en las oficinas en relación con el acoso debido a la dinámica sexual, ¿por qué tanta gente ignora el hecho de que las oficinas son lugares de mierda que inevitablemente crean una dinámica de poder terrible?

El sexo ya está estigmatizado, mal entendido y controlado por personas e instituciones de poder de muchas maneras, ¿y ahora esperamos que [el sexo] soporte la carga [de arreglar la dinámica entre hombres y mujeres] más que cualquier otro aspecto de la vida? Por supuesto que [el sexo] tiene su dinámica de poder, pero ¿qué extrañamos de esa dinámica de poder cuando ponemos tanta carga sobre el sexo como el lugar donde los clasificamos?

Dr. Heather Berg: Y nuevamente, este enfoque en el sexo significa que su crítica no puede ir lo suficientemente lejos. ¡Si quieres eliminar las diferencias extremas en el poder, elimina los jefes!

Conner Habib: Y si quieres tener una verdadera crítica basada en el sexo, ¡ve más allá! Critica también las relaciones monógamas y el matrimonio y la idea de que el sexo es “mejor” cuando ocurre entre dos personas enamoradas y que no deberías hacerlo de otra manera.

 Dra. Heather Berg: El hecho de que el trabajo sexual y el sexo ya estén estigmatizados es la razón por la cual las personas los seleccionan como su límite. Y se convierten en un recipiente hermético. Estoy pensando en cuántas mujeres con las que he hablado han dicho que preferirían un jefe práctico a un jefe narcisista, o a uno que roba todos los esfuerzos de su trabajo, o que las menosprecia. O, básicamente, un jefe que se niega a pagar un salario digno. Pero tenemos que luchar por el espacio para discutir estos otros tipos de abusos.

Conner Habib: Creo que, también, existe esta afirmación de que #MeToo está a punto de investigar las “áreas grises”, como si eso fuera una declaración radical. La verdad es que la mayoría de los encuentros sexuales no son una violación total o un placer total y definitivo. Lo que significa que la mayoría de los encuentros sexuales son el área gris. Si la idea es que vamos a llevar #MeToo a la sexualidad, ¿quién va a hacer ese trabajo y cómo será pensado?

Cuando piensas en eso en términos de trabajo sexual, podemos ver que la mayoría del trabajo con contenido sexual va a compartir contornos con interacciones sexuales privadas, no remuneradas. Pero la gente usa eso como munición para atacar a las trabajadoras sexuales. “¡Oh, no es un sexo totalmente entusiasta, así que debe ser una violación!” No, solo estamos hablando de cómo ocurre el sexo. La diferencia es que algunas personas son capaces de comprender esto para cumplir con las demandas de mierda de supervivencia de nuestra cultura.

Dra. Heather Berg: Y de nuevo, para la gente que cita confusamente a Marx: Marx dijo que el trabajo era un sitio de lucha. Es un lugar donde vamos a pelear. El trabajo es explotador, pero no unilateralmente explotador. Cuando las personas dicen que “el trabajo sexual es trabajo”, esto puede significar que el trabajo sexual es un lugar donde vamos a luchar, a fijar estrategias y a desarrollar formas creativas de resistencia.

Conner Habib: Y también necesitamos ver, seamos o no trabajadoras sexuales, que todos intentamos hacer que el trabajo sexual funcione para nosotros en nuestras vidas. El sexo es una parte constitutiva del ser humano. ¡Literalmente no podemos existir sin él! Sin embargo, lo demonizamos. Pero el trabajo forzado empeora nuestras vidas y lo alabamos y normalizamos. ¿Qué mierda es ésta?

 

Publicado el 14 de diciembre de 2018

Conner Habib y la Dra. Heather Berg

 

La Dra. Heather Berg es una académica de Estudios Feministas que enseña en la Universidad del Sur de California, cuyo trabajo explora el parto, el trabajo sexual, la sexualidad y la resistencia. Su próximo libro, Porn Work: Adult Film at the Point of Production, explora las estrategias de los trabajadores del porno para controlar (y subvertir) el trabajo precario. Conner Habib es un escritor, conferencista, actor gay y presentador del podcast “Against Everyone With Conner Habib”.