Violencia de género y prostitución: la lógica perversa de educar con estereotipos

 

Coralie Maire, área de Trabajo sexual de la APDHA

14/03/2017

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Violencia-prostitucion-perversa-educar-estereotipos_6_622297775.html

 

 

“Otra cosa que he observado es la manía de demonizar a los clientes. Si la prostituta solo puede ser sumisa, el cliente solo puede ser un monstruo. De nuevo, nada más lejos de la realidad”  ( Natalia Ferrari).

El Cuadernillo para el profesorado Educar en Igualdad  de la Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Sevilla tiene como objetivo servir de herramienta para prevenir la violencia de género en el ámbito escolar. Para ello, ofrece un primer bloque formativo sobre el concepto de coeducación, el cual se define como el “Método de intervención educativo que va más allá de la educación mixta y cuyas bases se asientan en el reconocimiento de las potencialidades e individualidades de niñas y niños, independientemente de su sexo. La coeducación es, por tanto, educar desde la igualdad de valores de las personas”.

Tras esta primera parte introductoria, el Cuadernillo presenta un segundo bloque sobre la prevención de la violencia de género y las pautas de actuación profesional ante los posibles casos que se presenten en el alumnado. Los autores especifican que la violencia de género no sólo se encuentra en el ámbito de las relaciones de pareja, sino también en la prostitución, en los atentados contra la libertad sexual, en el acoso laboral, en el tráfico y trata de mujeres, en la violencia familiar y en la violencia perpetrada o tolerada por el Estado.

Dentro de todas las formas de violencia especificadas, los autores dedican un apartado a la prostitución por considerarla “ una forma de violencia contra las mujeres” y “una problemática específica de género”. Según la lectura, la prostitución supone la vejación de la mujer y la venta de su cuerpo a los clientes. Todos los consumidores de sexo de pago tienen en común una “ visión desigual de las relaciones de género”  y son responsables, junto con los proxenetas, de alimentar este negocio denigrante. Por lo tanto, ofrecer servicios sexuales no puede considerarse nunca un trabajo, ya que es una actividad que está “ lejos de alcanzar un umbral mínimo de respeto por los derechos humanos”.

Desde el área de trabajo sexual de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) queremos denunciar los términos y definiciones que se dan en relación a la prostitución en este Cuadernillo, ya que perpetúan los estereotipos sociales y obstaculizan la lucha de trabajadores y trabajadoras sexuales contra el estigma y la discriminación.

La concepción sexista del trabajo sexual

La concepción social de los roles de género no nos permite ver la prostitución masculina como una forma de violencia, ya que sobreentendemos que el hombre sólo tiene sexo si lo desea. Sin embargo, bajo este mismo prisma estereotipado, la mujer siempre ejerce la prostitución por obligación, en condiciones de extrema pobreza, cohibida y bajo el yugo de un hombre que la oprime. Esta concepción sexista del trabajo sexual no entiende ni da cabida a la mujer libre que decide ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero o de otra remuneración. De nuevo queda excluida e invisibilizada, en un concepto de prostitución que la infantiliza y opina por ella de una forma paternalista.

El concepto de venta del cuerpo, como resultado de una mujer que es prostituida y un hombre que es prostituidor, ignora por lo tanto la realidad poliédrica que engloba la prostitución ¿dónde quedan los otros tipos de prostitución? Estamos olvidando a aquellos que ofrecen servicios sexuales y a aquellas que los consumen; mujeres, hombres, transgéneros, transexuales…¿dónde quedan los clientes con diversidad funcional, la prostitución donde no existe contacto físico? Si atendemos al hecho de que la prostitución es una realidad que responde al amplio mundo de la sexualidad, tenemos que modificar la conceptualización inicial de la “ prostitución como violencia de género” hacia una visión que percibe el trabajo sexual como independiente de las conductas discriminatorias, de las actitudes sexistas y de la violencia de la que puede ser objeto.

Tal y como afirma el Manifiesto de los Trabajadores del sexo en Europa, “ El trabajo sexual es por definición sexo consentido, el sexo no consentido no es trabajo sexual, sino violencia sexual o esclavitud“. Los trabajadores y las trabajadoras del sexo defienden que son ellos los que establecen las características de los servicios que ofrecen, el precio de los mismos y a quién van dirigidos. Respetemos el derecho a la autodeterminación y a la legitimación de su trabajo.

El fin último de educar en igualdad es que la condición que presenta cada individuo con respecto al sexo, al género, o a la orientación sexual no condicione sus oportunidades vitales, es decir, que se eduque bajo una perspectiva global de suma de minorías. Educar en igualdad supone replantearse los constructos sociales en los que estamos inmersos y de los que difícilmente podemos escapar sin un proceso de reflexión e introspección. Este tipo de cuestionamiento adquiere aún mayor importancia si nos encontramos en un ámbito educativo, donde como señala el Cuadernillo , “las características o valores atribuidos al género conforman el currículo oculto que todo alumno adquiere en los años de escolaridad“.

 

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Natalia Ferrari: “El principio básico de respeto que debe aceptar un putero es que ella tiene el control”

Vive en Barcelona desde hace una década, tiene una web personal con su nombre y publica textos para acabar con los estigmas que rodean a la prostitución. Es prostituta y feminista.

 

Natalia Ferrari. Foto: Nico Bertrand

Natalia Ferrari. Foto: Nico Bertrand

Escribe: Gabriela Wiener

 

24 de enero de 2016-01-30

 

http://larepublica.pe/impresa/mundo/735776-el-principio-basico-de-respeto-que-debe-aceptar-un-putero-es-que-ella-tiene-el-control

 

Hace unos días leí una entrevista a una joven prostituta que podía ser una entrevista más a una trabajadora sexual anónima más pero no lo era. Devoré sus respuestas y le compré casi todo lo que decía, entre otras cosas que era “puta y feminista”, que estaba mejor trabajando como puta que en un McDonalds y algún brillante descargo al periodista: “¿Tú vendes tu culo porque estás sentado en tu silla de la oficina? Todo el mundo usa su cuerpo para trabajar, el problema es santificar el coño”. No solo era lo que decía, sino cómo lo decía.

 
Hace mucho que no veía hablar con semejante contundencia no ya a una puta sino a nadie en lo absoluto. Natalia Ferrari (23) es una prostituta independiente que trabaja en Barcelona, acaba de ser portada en Interviú y dice sentirse parte de una nueva generación de trabajadoras del sexo, que habla claro (el problema no es la prostitución sino la trata, por ejemplo), utilizan las redes para hacer activismo por los derechos femeninos y están a favor de la regulación y de que se reconozca también la realidad de quienes, como ellas, trabajan en esto por elección y hasta por placer.

 

También es la autora de 10 consejos para ser un buen putero. En su web http://www.nataliaferrari.com ofrece una “girlfiend experience”, como la película de Soderbergh, por 350 euros por dos horas y 1,200 toda la noche. Me quedo con una parte del apartado “Dudas habituales”: Cliente: Quiero que me hagas el sexo oral sin preservativos. Natalia: Qué bien. Yo quiero ser dueña de una fábrica de chocolate blanco vegano y que no me produzca gastos. El mundo es cruel”.

 
¿Cuándo decides que no vas a ser una puta cualquiera y articulas un discurso político?

 
Cuando me doy cuenta de que tengo que tomar decisiones para crear mi marca personal. Sé que cada acción comunica algo distinto y como vengo de un pasado en el activismo –a los 18 años empecé a hacer activismo por los derechos animales y eso marcó un antes y un después para mí– sentí que era importante tomar decisiones que aporten un valor a lo que me importa y ayuden a marcar una diferencia. Cuando me hago puta me toca directamente toda la problemática social relacionada con la profesión y me parece necesario hacer algo al respecto.

 
Hay la idea de que nadie es vocacionalmente puta y de que se hace por dinero.

 
Esto es algo que solo se le cuestiona a las putas, el resto de trabajadores del mundo, al parecer, no lo hacen por necesidades económicas. Todos en algún momento de nuestra vida aceptamos y mantenemos un trabajo que no nos interesa solo por el dinero. Sí, las putas también. Si llevas tiempo y sigues siendo puta, quizá es porque lo estás eligiendo activamente. Yo necesitaba un trabajo porque, lamentablemente, me cobran por la comida, el agua y el techo. La prostitución fue el que mejor se adaptó a mis intereses y el que más facilidades me daba para mantener el estilo de vida que deseo.

 
¿Cómo son las nuevas putas?

 
Existen putas en la historia que han hablado con orgullo de su profesión. Ahora hay más facilidad para visibilizarnos como individuos. Con las redes sociales hoy las putas tienen Twitter o incluso blogs. Siento que hay muchas prostitutas jóvenes que eligen prostituirse porque es la mejor opción, tienen entornos abiertos en su vida y no cargan con vergüenza su trabajo.

 
¿Hay que ser clase media y tener un nivel cultural para empoderarse como puta?

 
Hay que saber lo que una quiere. En occidente, no supone una condena para el resto de tu vida no tener estudios o ser pobre. En mi caso, dejé el instituto a los 13 años, y aún así no he parado de aprender sobre aquello que me interesaba o que creía necesario para alcanzar mis objetivos. Si quieres tener éxito, fórmate. Si no puedes sola, pide ayuda.

 
Te reivindicas como feminista pero supongo que hay feministas que no te tragan.

 
No entro en esos debates. La crítica de cierto sector feminista mantiene que la prostitución es un sistema de explotación del hombre sobre la mujer. Eso es muy simplista. Invisibiliza a los hombres que se prostituyen, ignora la existencia de clientes mujeres y parejas, arrebata el poder de decisión de las prostitutas, demoniza a los clientes. Niega la capacidad del ser humano para evolucionar. El matrimonio también fue históricamente una institución desigualitaria y en muchos lugares aún lo es. ¿Abolimos el matrimonio o educamos a la gente a que se relacione de una forma sana?

 

¿Por qué una chica joven querría ser una prostituta orgullosa?

 
¿Por qué no? Estás en contacto con tu sexualidad y tienes pleno control del uso de tu energía y tiempo. Es un trabajo con el que puedes vivir perfectamente trabajando poco y te permite desarrollar otros proyectos paralelamente.

 
¿Qué es lo primero que debe aceptar un cliente?

 
El principio básico del respeto es aceptar que ella tiene el control. Por otra parte, el componente emocional es muy variado y depende de la conexión mutua que se cree en el encuentro.

 
Tienes un filtro tan riguroso con los clientes que la prostitución contigo se parece más a ligar que a pagar. ¿Qué opinas?

 

No estoy de acuerdo. Mis filtros no buscan que el cliente me seduzca. Simplemente me interesa tener la seguridad de que esa persona entiende y acepta mis condiciones básicas. Si siento que cualquiera de esas premisas no se cumplen, ese humano y yo no nos vamos a entender. Esto es mejor saberlo antes de que él esté dentro de mi habitación.

 

¿Qué más se puede hacer para que las reinvidicaciones no caigan en saco roto? ¿Un partido político de putas?

 

No creo que sea efectivo crear un partido político de putas, pero sí crear grupos que influencien a los partidos que ya existen. Organizarse y hacer demandas claras según las necesidades determinadas. Pero parece que antes hay que perder el miedo a ser reconocida socialmente como una trabajadora sexual.

Natalia Ferrari, portada de Interviú. “Soy puta y feminista”

 

http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente-y-tv/joven-prostituta-natalia-ferrari-portada-interviu-4786567

 
EL PERIÓDICO / BARCELONA

 
Domingo, 3 de enero del 2016

 
interviu-nataliaNatalia Ferrari, la chica de portada de la revista ‘Interviú’ que llega este lunes a los quioscos, es prostituta en Barcelona. Tiene 23 años y habla “con orgullo y naturalidad” de su profesión, elegida libremente: “Trabajar para otros me hacía muy infeliz y la prostitución salió como una opción natural”. Y proclama: “Soy puta y feminista”.

 
La joven, nacida en Argentina, admite que pertenece a una nueva generación de prostitutas que se siente cansada del estigma, que en todo momento tiene la posición de control en su relación con los clientes. “Si hay amenazas, violencia, retención de la documentación forzando a alguien a una actividad comercial, esa persona es una víctima de trata. La diferencia con mi trabajo está en el consenso”, explica en una interesante entrevista que acompaña una espectacular sesión de fotos.

 
Natalia es una de esas prostitutas voluntarias que busca trastocar conceptos y prejuicios morales sin olvidarse de que en el negocio de la prostitución hay muchas mujeres víctimas de explotación sexual y mafias. Para profundizar en el tema, ‘Interviú’ incorpora un informe especial sobre el debate que se ha reabierto: ¿qué hacer con la prostitución?, ¿ignorar, abolir o regular?

 

Podéis leer la entrevista aquí:
http://www.interviu.es/entrevistas/articulos/natalia-ferrari-soy-puta-y-lo-digo-con-orgullo-y-naturalidad

 

ENTREVISTA A NATALIA FERRARI, PROSTITUTA INDEPENDIENTE

 

“Estoy mejor trabajando como puta que en un McDonald’s o de teleoperadora”

 

Barcelona ha aprobado la elaboración de una normativa que regule la prostitución voluntaria. Cada vez más mujeres dan la cara para reclamar sus derechos, cansadas de que otros hablen por ellas

 

Álvaro Rigal

 
23.11.2015

 
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-11-23/entrevista-natalia-ferrari-prostitucion_1102774/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

 
“Prostituta independiente que no lleva una vida secreta. No sigo las normas sociales. Un poco cavernícola. Siempre hago lo que quiero”. Así se presenta Natalia Ferrari Díaz (Tandil, Argentina, 1992) en su perfil de Twitter. Residente en Barcelona desde hace una década, mantiene una web personal y publica regularmente textos divulgativos para acabar con los estigmas que rodean a la prostitución. Natalia recibe en pisos, va a hoteles y habla con naturalidad de la profesión que ha elegido, de su pensamiento feminista y de la necesidad de diferenciar entre prostitución y trata.

 
PREGUNTA. Tú reinvidicas el uso de la palabra ‘puta’.

 
RESPUESTA. Para mí es algo muy natural. Me doy cuenta de que puede tener una connotación negativa, pero yo lo vivo en primera persona y no estoy de acuerdo. No creo que debamos adaptarnos a las ideas de la sociedad porque sí, deberíamos cambiar las cosas que no nos parezcan justas o correctas. Igual que en su momento se hizo con la palabra ‘maricón’ o ‘bollera’, el colectivo se empezó a apropiar de ellas para desactivar el insulto: “Sí, soy un maricón, ¿y qué?”. Pues sí, soy una puta, ¿y qué?

 
P. Natalia Ferrari es tu nombre real. Una parte importante de lo que tú haces es dar tu nombre real, dar la cara… ¿Por qué es importante eso para ti?

 
R. Creo que hay que quitar todo el secretismo y toda la vergüenza que la gente añade a la prostitución. No reconozco que forme parte de mi realidad y no me da la gana de que otro me la añada. En el momento en que empecé a considerar la prostitución, me di cuenta de que la mayoría no mostraba la cara, es muy común ponerse un nombre falso, y no pude evitar preguntarme por qué.

 
P. Bueno, “la mayoría”… prácticamente todas, ¿no?

 
R. Cada vez hay menos, pero la mayoría aún sí. Depende de a quién preguntes, te van a recomendar que no des la cara, y el nombre menos. Lo entiendo, pero me parece estúpido, ¿por qué me tengo que inventar un nombre falso? Te dicen que te va a condicionar en tu futuro, pero yo creo que puedo crear mis propias oportunidades a pesar de que otras personas me vayan a cerrar puertas. Se abrirán otras.

 
P. Te defines como feminista. Ya sabes que hay un sector grande del feminismo que considera que la prostitución es incompatible con la igualdad. ¿Eso cómo lo ves?

 
R. Creo que es ridículo, significa seguir asumiendo que el hombre tiene control sobre la mujer incluso cuando la mujer te está diciendo que no. Cada vez empiezan a salir más putas como yo (porque hay otras, no soy la única que tiene este discurso), que demuestran que en las relaciones de prostitución la que tiene el control es la puta. Es que es así. No viene un hombre y te tira billetes y tú dices ‘sí, señor’… Claro que hay casos que sí, pero también existe eso en otro tipo de trabajos. Hay putas que están desafiando esos roles de género, porque son ellas las que asumen el control: que el hombre está de acuerdo, perfecto; que no está de acuerdo, que se busque otra.

 
Además, esos roles también existen en otras profesiones y en otro tipo de relaciones íntimas: matrimonios, parejas, rollos de una noche, profesor-alumna, jefe-empleada… ese tipo de relaciones de poder no son intrínsecas de la prostitución.

 
P. Hay muchas mujeres que luchan contra la trata y la explotación que suelen decir que todas las putas son víctimas, que ninguna lo hace libremente, o que se autoengañan porque no tienen otra opción.

 
R. Eso es negar una realidad que existe. No tengo conmigo estadísticas de cuántas son las que están explotadas, pero es muy común que la gente se las invente. Empatizo con las preocupaciones que tiene ese sector del feminismo, yo tampoco quiero una sociedad donde haya relaciones desigualitarias, pero no puedes condenar la profesión en sí misma.

 
P. ¿Crees que en el discurso público se diferencia adecuadamente la prostitución de la trata?

 
R. No, no lo creo. Aunque cada vez más, a raíz de que lo han hecho las organizaciones de prostitutas, pero creo que está muy metido en la cabeza de la gente. Es ese sector el que se ha encargado de decir que las putas somos todas víctimas, que estamos explotadas y blablabla. Por eso la gente tiene una imagen de la prostitución como sufrimiento, como mujeres que no valen para otra cosa. Yo valgo para lo que a mí me dé la gana.

 
La prostitución y la trata son cosas diferentes: si yo te ato una cadena al pie y te obligo a cocinar todo el día, tú no eres un cocinero

 
P. Bien, pero asumiendo que hay prostitución libre y que hay prostitución bajo explotación, ¿eso cómo lo sabe el cliente?

 
Creo que si alguien está en una situación de abuso y explotación, en el momento en que tú intimas con esa persona en una habitación lo puedes llegar a percibir. Le diría a la gente que vaya a putas independientes. Existen portales de contacto para prostitutas independientes o de agencias, en todas las ciudades grandes, y esos portales se comprometen, dentro de lo que pueden, a controlar que nadie las está forzando. Lo malo de esos foros es que se genera la sensación de que si no muestras una actitud sumisa y complaciente, vas a tener menos clientes.

 
P. ¿A ti te pasaba eso al empezar?

 
R. Me pasó con el tema de los servicios sexuales. Veía que muchas hacían sexo anal y felaciones sin condón. Pensé, “si no hago esto no voy a trabajar”. ¡Claro que vas a trabajar! Vas a trabajar con los clientes que tú quieras y disfruten de las mismas cosas que tú. El problema es que la gente que empieza a prostituirse no hace un estudio previo, ya que suelen partir de una situación de necesidad importante y lo hacen de forma precipitada.

 
P. Se dice que es un error poner como ejemplo a putas voluntarias como tú porque proporcionalmente son muy pocas. Y que las asociaciones no son interlocutores sociales relevantes porque no son representativas de la realidad de la prostitución. Que si se muestra a gente que está bien, se banaliza el problema de la explotación.

 
R. Es completamente ridículo. Volvemos a lo de antes, “hay miles de víctimas”… muéstrame un documento.

 
P. Que la trata existe y que hay miles de víctimas por toda España es una realidad evidente.

 
R. Pero es que la trata y la prostitución son dos cosas distintas. Si yo te ato una cadena al pie y te obligo a cocinar, tú no eres un cocinero y tu situación no es representativa de esa profesión. Si no dejas que las asociaciones sean portavoces, estás negando la realidad de esas mujeres, y estás negando sus derechos sociales y laborales, estás fomentando el estigma, estás animando a que tengan una doble vida y que vivan con la sensación de que están haciendo algo horrible y de que nadie las va a querer y de que no van a tener oportunidades en su vida. Tienes que dejar que esas asociaciones eduquen a los clientes, eduquen a las putas… y que contra la trata se luche legalmente, porque es otra cosa.

 
P. Tú ahora tienes un discurso muy construido sobre la prostitución y el feminismo, ¿cuáles han sido tus referentes en ese sentido?

 
R. Más que referentes… Siempre tuve un interés a salirme de la norma, la idea de la mujer fuerte y con libertad sexual. Es algo que siempre tuve en mí, empecé a masturbarme desde que era muy joven y siempre lo vi como algo natural, nunca como algo malo. Cuando empecé a considerar la prostitución como una posibilidad, descubrí que una amiga mía se estaba prostituyendo desde hacía un año. Y conocer su experiencia personal fue lo que más me ayudó a forjar las ideas que tengo ahora.
A los 16 años empecé a trabajar en McDonald’s y duré tres días. Estuve tres años de vigilante en un museo, dando vueltas en una sala

 
P. ¿Realmente se puede decir que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera? En general no se considera un trabajo digno, no es un trabajo que la gente quiera para sus hijas. Nadie lo pone al mismo nivel que… no sé, que ser dependienta en Zara.

 
R. ¿Y eso sí es un trabajo que quieres para tus hijas? Yo quiero que mis hijas, o cualquier persona a la que tenga aprecio, hagan lo que quieran con su vida y hagan las cosas que les llenen y les hagan sentir bien. Es importante reconocer que hay un sector de personas que se sienten a gusto con este trabajo. Yo no me siento a gusto siendo dependienta de Bershka, ¿por qué debería?

 
P. Podemos decir que es un trabajo como otro cualquiera, pero las cifras de agresiones a prostitutas son terroríficas. Y los ejemplos de personas a las que la prostitución les ha dejado secuelas psíquicas también.

 
R. ¿Estamos hablando de trata o de prostitutas independientes? Habrá que analizar en qué contexto sucede eso. ¿Estamos hablando de pisos, estamos hablando de clubes de carretera? ¿Quién es ese cliente? Seguramente sea alguien que cree que tiene derecho a maltratar a la mujer y ve que la puta es un sujeto indefenso que no puede ir a ningún lado a quejarse y se aprovecha de la situación. Seguramente ese hombre tenga relaciones similares con otras mujeres en su vida. Personalmente, no he tenido nunca ningún problema… Las putas que conozco han sido agredidas por parejas o exparejas, pero solo en casos excepcionales por un cliente.

 
P. Es habitual escuchar que si una chica se mete a puta es porque viene de entornos difíciles, de familias desestructuradas… ¿Es tu caso?

 
R. Bueno, ¿quién tiene una adolescencia fácil? ¿Qué es una vida estructurada? Vine a España desde Argentina cuando tenía 11 años. En mi caso personal, nunca he tenido vínculo afectivo con mi familia.

 
P. ¿Te fuiste de casa pronto?

 
R. A los 18, en cuanto legalmente pude, pero a los 14 ya quería hacerlo. El tema es que cuando dices estas cosas refuerzas los mitos de la gente: “No ha tenido una vida fácil y eso la ha llevado a tomar decisiones drásticas”. Creo que el hecho de no haber tenido un entorno del todo maravilloso cuando era pequeña me ha hecho ser una persona más crítica y cuestionar más las cosas, crear mi propia identidad.

 
P. ¿Qué trabajos has tenido?

 
R. A los 16 años empecé a trabajar en el McDonald’s y duré tres días. Luego estuve también de teleoperadora y tampoco duré mucho, era insoportable. A los 17 empecé a trabajar en un museo… ¿sabes esta gente que te dice que no toques los cuadros? Eso lo hice durante unos tres años. Estaba de martes a domingo, prácticamente a jornada completa, todo el día de pie dando vueltas en una sala.

 
P. ¿Por qué entre las opciones laborales a tu alcance ahora has optado por esta?

 
R. ¡Porque es la mejor! Primero por la autonomía: no me gusta trabajar para otros, soy muy independiente y me gusta poder hacer las cosas a mi ritmo y en los momentos que quiero. En ese sentido es el trabajo ideal. Cuando quiero, me voy donde sea. Y cuando vuelvo sigo teniendo trabajo. Luego, trabajas poco y cobras mucho. Eso también es muy importante. Tengo autonomía, tengo independencia económica y me deja tiempo libre para hacer otras cosas. Además, es algo que disfruto, me gusta tener relaciones con desconocidos en ese contexto y con mis condiciones.

 
P. ¿Cómo te ha cambiado este trabajo en estos dos años?

 
R. Me ha hecho más segura de mí misma, más reflexiva… y he aprendido mucho, cuando empecé no trabajaba de la misma forma que trabajo ahora. No tenía información, tomaba decisiones reactivas y creía que tenía que hacer lo que hacían las demás.

 
P. En el texto que escribiste describiendo tus relaciones con los clientes había comentarios de gente que no se creía que todo fuera así de agradable. ¿Por qué crees que a la gente le cuesta creerse tu experiencia?

 
R. Choca demasiado con la moralidad y con los valores que tienen, porque no entienden que haya personas que vivan de otra manera, igual que nadie se cree que si tú eres puta o eres actriz porno, puedas tener una pareja estable. Choca mucho con la visión que ellos tienen de la vida y hay gente a la que eso le molesta.

 
P. Voy a citar un comentario de los muchos similares que te dejan: “Algo ha fallado en tu educación para preferir comer pollas de camioneros a tener una familia”.

 
R. Hay tantas cosas mal en ese comentario… ¿por qué tienen que ser desagradables los camioneros? Hago lo que quiero hacer, es como si dijera: “¿Qué ha fallado en tu educación para creer que alguien que chupa pollas a camioneros no puede tener una familia estable?”

 
¿Vender el cuerpo? ¿El obrero vende su cuerpo en la obra? Porque ahí nadie hace ese tipo de discurso. No lo vendo, es una herramienta

 
P. ¿Conoces a otras putas jóvenes? ¿Ha cambiado la forma de hacer este trabajo entre las nuevas generaciones?

 
R. Sí, porque ahora hay más herramientas para buscar información y montártelo por tu cuenta. Las que conozco son personas que han tomado la decisión de forma consciente, no porque hayan caído en el “agujero negro de la prostitución”. Han decidido que es una opción mejor que otras.

 
P. ¿Y cómo las conoces? Porque, corrígeme si me equivoco, la prostitución como la ejerces tú es una profesión solitaria, no tienes compañeros de trabajo.

 
R. Depende. Es bastante común que las prostitutas independientes alquilen habitaciones en pisos y en cada habitación trabaje una. Eso ya te genera relación. También por haberme acercado a asociaciones. Estar activa en redes sociales diciendo que soy puta también ayuda, aunque lo de estar en redes no es algo que necesite personalmente.

 
P. ¿Crees que puede ocurrir con las putas un proceso parecido al que ha ocurrido en los últimos años con las actrices porno? En el sentido de que antes era un trabajo oculto, considerado denigrante, y a raíz de figuras como Sasha Grey, Stoya, o aquí en España, Amarna Miller, se ve que son personas independientes, con inquietudes, que no se esconden.

 
R. Totalmente. He analizado mucho por qué el porno antes era algo horrible y ahora no lo es tanto. Es por figuras como ellas, por el trabajo que han hecho de visibilizar y profundizar en su persona: “No soy solo alguien que hace porno. Soy todas estas cosas y elijo hacer porno porque me da la gana”. Creo que con la prostitución también puede pasar, porque las putas jóvenes empiezan a no querer tener una doble vida, quieren hablar en primera persona, no que hablen otros por ellas.

 
P. ¿Tú conoces casos de mujeres que llevan doble vida?

 
R. Sí. Y lo pasan muy mal, viven con mucho miedo, con paranoia.

 
P. ¿Qué características o aptitudes hay que tener para dedicarse a esto con éxito?

 
R. Necesitas ser una persona empática, con habilidades sociales. También no tener prejuicios con el sexo, conocerte a ti misma y ser honesta contigo misma. Y sobre todo, tener una estrategia, tomar decisiones proactivas e inteligentes. Hay que tener un poco de mentalidad emprendedora.

 
P. ¿Los principios fueron difíciles? En tu blog contaste que el primer cliente fue muy bien.

 
R. Fue difícil antes de empezar, estaba en plan “puede pasar esto, puede pasar esto otro…”. Puse el anuncio y me empezó a llamar muchísima gente. Sentía bastante inseguridad y pasaron días antes de empezar realmente a trabajar. Lo difícil fue superar mis miedos.

 
P. Un eufemismo que se suele utilizar al hablar de prostitución es “vender su cuerpo”. ¿Tú vendes tu cuerpo?

 
R. Primero, ¿qué es exactamente el cuerpo? ¿El coño? Porque todo el mundo trabaja con su cuerpo. ¿El obrero vende su cuerpo cuando está trabajando en una obra? Ahí nadie hace ese tipo de discurso. Mi cuerpo no son los genitales, mi cuerpo es toda yo, y uso mi cuerpo y mi cabeza en el trabajo como cualquier otra persona. No lo vendo, es una herramienta.

 
P. ¿Qué es lo que tú ofreces?

 
R. Un servicio íntimo con conexión sexual y humana. Dos personas iguales que quieren compartir un momento agradable sin presiones y sin culpa. Se produce un contexto de cercanía, teniendo claro que soy una persona, no una cosa para que te la folles.

 
El problema es que la gente que empieza a prostituirse lo hace de forma precipitada por estar en una situación de necesidad

 
P. Haces muchas referencias a que proporcionas “un espacio seguro”. ¿Podrías desarrollar un poco ese concepto?

 
R. Seguro a nivel de seguridad emocional. Me he dado cuenta de que cuando las personas estamos en un entorno donde no las van a juzgar y no tienen la presión de elevarse a la categoría de grandes folladores, se relajan mucho más.

 
P. Tú defiendes que el cliente tiene que preocuparse por tu bienestar. Esto no es “el cliente siempre tiene la razón”. ¿Esto todo el mundo lo entiende?

 
R. No, hago muchos filtros porque soy consciente de que no todas las personas que acuden a la prostitución tienen esta idea de las relaciones.

 
P. Pero no me refiero solo a respetar las normas que tú estableces, que eso cualquiera lo puede entender, sino al hecho de que el que ha pagado, además tiene que preocuparse de que tú estés bien.

 
R. Con eso simplemente me refiero a cosas básicas entre seres humanos, como por ejemplo: si tú me estás haciendo algo que a mí no me gusta, lo dejas de hacer.

 
P. Hablemos del filtro de clientes. He notado que antes tenías en la web el teléfono y ahora lo has quitado. ¿Qué ha pasado ahí?

 
R. Que llevo dos años trabajando y me he dado cuenta de que me llama mucho idiota. Tengo poca paciencia con cierto tipo de gente. Cuando pones tu teléfono en internet te llama mucha gente que solo ve tus fotos, el teléfono y te dicen: “¿Puedes quedar ahora?”. No leen tus condiciones, es muy instantáneo. Ahora pido que me contacten por escrito y eso es muy diferente: se piden citas para dentro de unos días, y a mí me gusta esa planificación y la posibilidad de conocer más al posible cliente.

 
P. Pero después hablas por teléfono, ¿no?

 
R. Sí, el primer contacto es por correo pero luego te pediré hablar antes de la cita. Quiero escuchar tu voz y asegurarme de que lo tenemos todo claro.

 
P. ¿Cómo transcurren esas llamadas? ¿Cuánto duran?

 
R. Pues muy poco, he ido aprendiendo a leer rápido a las personas por la forma en la que hablan, pocas veces me equivoco. Y cuando me he equivocado, ya tenía dudas de antes.

 
P. ¿Y de qué habláis?

 
R. Doy pie a que compartan lo que para ellos sea importante. Si alguien quiere algo especial me lo dice y veré si me apetece o no. Para mí es importante fijar el día y la hora, que tengan claro que va a ser todo con preservativo y que tengan claras las tarifas.

 
P. ¿Tus tarifas son las normales del mercado? [Como se puede ver en su web, la tarifa estándar de Natalia son 250 euros por una hora y media. Los precios suben si se incluye en la cita salir a comer o acompañamiento a cualquier evento. Una noche entera son 1.200 euros]

 
R. Bueno, lo que ofrezco no es del todo común. Y las que hacen cosas así cobran incluso más, porque es un contexto más íntimo y más cercano, no es quedar con cualquiera que te pague. Las tarifas normales para las prostitutas independientes están en 70 euros por media hora y 100 por una hora.

 
P. Al final las tarifas son el principal filtro, ¿no? La gente que paga ese dinero es de un determinado nivel socio-económico, que en principio limita las posibilidades de que te entre algún cafre.

 
R. Sí, es un filtro más, y también el hecho de que mi tarifa mínima sea una hora y media, cuando para la mayoría es media hora.
P. ¿Has pensado en ir hacia un tipo de trabajo para clientes con mucho dinero que contratan para irse de viaje, de fin de semana…?
R. Lo he pensado, pero ahora mismo no me interesa mucho. Solo lo haría con personas de mucha confianza porque, ¿qué pasa si me caes mal? A mí me gusta tener mi espacio y mi tiempo, no quiero hacer servicios que me condicionen tanto.

 

P. ¿Tienes una rutina? Trabajas siempre el mismo número de días a la semana, siempre los mismos días…

 
R. Hay que asumir que es un trabajo inestable, no te van a venir siempre clientes cuando tú quieras. Pero sí que es importante para mí tener al menos un día libre, que suelen ser los lunes. Cuando más citas tengo es a la hora de comer entre semana. Y no trabajo los días de regla.

 
P. ¿Tienes siempre un número parecido de citas al mes?

 
R. Cambia, depende mucho de mi predisposición. Depende de si estoy dedicando tiempo a otros proyectos, o de cuánto dinero necesite ese mes.

 
P. ¿Cuánto ganas de media al mes?

 
R. Me parece irrelevante hablar de cifras, e incluso invasivo. Está claro que es una profesión rentable pero depende de cómo te lo montes.

 
P. ¿Tienes un perfil definido de cliente?

 
R. Por edad suelen ser de veintimuchos para arriba. Me doy cuenta de que me escriben muchas personas que es la primera vez que tienen contacto con una prostituta y a muchos les preocupa asegurarse de que no estoy explotada y se sienten más tranquilos sabiendo que no hago las cosas forzada.

 
P. ¿Te ha llamado alguna chica alguna vez?

 
R. Muy pocas, pero sí.

 
P. ¿Por qué has publicado un texto de “consejos para ser un buen putero”? [Enlace a una web de contenido adulto]

 
R. Porque después de dos años me he dado cuenta de que es necesario educar a los clientes. Y también para contrarrestar las cosas públicas que hay sobre la prostitución, porque es muy común que algunos clientes escriban experiencias que han tenido con las putas. Desde el anonimato es normal que digan barbaridades. Entonces, si tú no sabes nada sobre la prostitución y te encuentras eso, ¿qué vas a pensar?. Es normal que haya gente que piense “ninguna mujer quiere eso”. El problema es que mis clientes no son así, pero no escriben en foros. O escriben en foros de esa manera porque eso es lo que creen que tienen que hacer. Me parece injusto que el retrato de la prostitución lo creen personas que puntúan mi cara del 1 al 10.

 
P. ¿Has pensado en hacer otro texto con consejos para putas?

 
R. Sí, de hecho me escriben muchas personas diciendo: “Quiero empezar a prostituirme, cómo lo hago”. De entrada digo que se hagan muchas preguntas: qué es lo que quieres, por qué quieres ser puta… conócete a ti misma, sé muy honesta para descubrir qué quieres. A partir de ahí, haz una estrategia para conseguirlo.

 
P. Por muchos filtros que hagas, es un trabajo que sigue siendo una situación de riesgo. ¿Qué precauciones tomas?

 
R. Todas las putas tenemos códigos de seguridad. No estar trabajando en el piso sola, o hacer una llamada antes de empezar a trabajar, delante del cliente, en la que informas a alguien de la hora a la que acabas y le dices que le llamarás al terminar. Nunca me ha pasado nada.

 
P. ¿Estarías a favor de una regulación específica para la prostitución?

 
R. Sí, quiero una regulación que acepte que nosotras existimos y que acepte las demandas de cada uno de los tipos de prostitución. No es lo mismo la puta independiente que la que está trabajando para una agencia o lo que sea. Hace falta una regulación que reconozca las particularidades de la profesión, y eso ahora no existe.

 
P. Hay estudios que dicen que si en un país se regulariza la prostitución, eso atrae a las mafias de la trata. Sin embargo, cuando en un país la ley multa al cliente, las mafias prefieren no ir allí.

 
R. Sí, he leído sobre eso. Pero vamos a ser lógicos: si está legalizada, hay unas normas que hay que cumplir, tú no puedes tener un burdel con personas esclavizadas. Si monto una tienda de ropa, eso tiene que estar regulado, no puedo tener a gente contra su voluntad. ¿Por qué con la prostitución es distinto?

 
P. ¿Tienes pensado seguir dedicándote a esto en el futuro?

 
R. Siento que es un trabajo al que puedo dedicarme siempre que quiera. No me lo planteo en ese sentido, cuando no quiera hacerlo no lo haré. Estoy trabajando también en otros proyectos: ahora me estoy involucrando más con el tema de la pornografía, pero me interesa hacerlo con productoras independientes y proyectos pequeños en los que pueda formar parte de la creación y no solo de la escena. Quiero hacer contenido propio y rentabilizarlo por mi cuenta. También quiero seguir escribiendo en medios de comunicación, creo que eso puede ser una herramienta muy poderosa para concienciar.