María Galindo: “Yo quisiera preguntarle a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias qué harán con la Ley de Extranjería”

 

 

Por Brenda Navarro

11 de julio de 2018

https://www.pikaramagazine.com/2018/07/maria-galindo-mujeres-creando/

 

La cofundadora del movimiento boliviano ‘Mujeres Creando’, se encuentra presentando su último libro, ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, en el explora las subjetividades de los políticos bolivianos. Señala constantemente las lógicas neoliberales y coloniales porque “es un absurdo pensar en feminismos en cualquier parte del mundo sin construir con las mujeres de abajo”.

 

María Galindo en el Parlamento de los cuerpos, en Atenas./ Foto cedida por la entrevistada

 

María Galindo (La Paz, Bolivia, 1964), cofundadora del movimiento boliviano autodenominado como anarquista-feminista Mujeres Creando, estuvo en territorio español para presentar el libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’ (2017). En su primer encuentro con Pikara Magazine, Galindo se posiciona respecto a su relación con España —“no traigo mi libro a España, que conste en actas”— pues explica que para ella, el debate con algunos feminismos europeos no es su prioridad: “Lo siento mucho pero no lo es. Acá las españolas se leen entre españolas o máximo suelen ampliar su horizonte a otros feminismos del norte del mundo. Y yo sé que lo hacen así, las editoriales también, incluso las editoriales alternativas. Entonces, no era una prioridad”.

Sin embargo, Radio Deseo, radio feminista que pertenece al colectivo de Mujeres Creando y que opera desde 2007 en territorio boliviano, fue invitada al aniversario de la Deutsche Welle en Alemania, para presentarse como la única representante de radio feminista latinoamericana de entre dos mil trescientos medios de comunicación. “Y claro, cruzas el charco y en ese caso ya mi espíritu es un espíritu de compartir y debatir con quiera escuchar, porque claro que hay circuitos de gente que le interesa debatir con Mujeres Creando, por ejemplo mi libro ‘No se puede descolonizar sin despatriarcalizar’ (2013) se vende en cinco o seis países del mundo y uno de esos países es España.”

“EL SISTEMA NEOLIBERAL ESTÁ DISPUESTOS A DARTE DERECHOS DE TERCERA O ÚLTIMA GENERACIÓN, A CHANTAJEARLOS, A OBLIGARTE A HACER LOBBY POLÍTICO, Y POR OTRO LADO TE QUITAN DERECHOS QUE YA HABÍAN CONQUISTADO NUESTROS PADRES, NUESTRAS ABUELAS”

María Galindo, nos explica que el libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’ (2017), más que un libro es una propuesta editada tanto en papel como en DVD en el que se presenta un estudio sobre las creencias, sentimientos, convicciones culturales y religiosas respecto a los cuerpos, el placer, las sexualidades diversas, etc. de mujeres y hombres que ocupan cargos parlamentarios en Bolivia: “Es un estudio muy interesante debido a que hay un replanteamiento de la estrategia de lucha para el movimiento LGBT que ya está muy agotada políticamente, y en este sentido, vale la pena hacer unas presentaciones con la gente que está interesada”.

— Al decir: “ahora nosotras vamos a cuestionar”, ¿fue algo pensado o cuando se dio la oportunidad de platicar con el vicepresidente Álvaro García Linera se te vino la idea?

— La llamada del vicepresidente parlamentario fue una llamada inesperada, pues en doce años de gobierno, sólo una vez me han contactado y lo aproveché al máximo. En ese sentido, cuando un patriarca, como es el Vicepresidente de la Asamblea legislativa, me dice “¿qué quieres?”, contesté: Quiero seguir jodiendo. Quiero investigarlos a ustedes a largo aliento para correr la cortina, como en el teatro, y mostrar las bambalinas del parlamento. Y eso es interesante porque a escala latinoamericana -pero también está pasando en España- muchos movimientos se asoman al poder político formal, con una serie de demandas sin saber nunca cómo son los procesos que tienen las personas con las que están tratando.

Entonces, este estudio es extrapolable a cualquier sociedad. Por ejemplo, yo no sé si un movimiento marica, si un movimiento feminista, en España, -ya sea a nivel regional o sea a nivel del Estado- tenga la fuerza para saber qué piensan sus parlamentarios. Es decir, ¿por qué no llegar y preguntarle a Pablo Iglesias si consume prostitución, por qué sí, por qué no? Buscar entender estas subjetividades de las personas que dicen representarnos. Porque mira, compañeros que representan al movimiento indígena suelen tener respuestas y formas de pensar anti-indígena. Si los políticos o los jueces que defienden la violación y que responsabilizan a la víctima fueran interpelados, el proceso político sería otro. Pero de estas cosas no se hablan porque dicen que es su vida privada; o porque el sexo, el cuerpo, el placer, etc. nunca entran en los procesos electorales, porque estos son procesos de marketing, algo muy parecido a las ofertas y rebajas de El Corte Inglés. Se escoge al que es guapito -presentable-, es decir, basados en crear una imagen falsa que quede bien ante las cámaras.

— Dices que tenemos que dejar de pensar dentro del neoliberalismo, ¿cómo le hacemos las que tenemos que entrarle aunque no queramos?

— Yo no soy una persona a la que le interese presentarse como perfecta, ni mucho menos presentar recetas porque cada quien subsiste como pueda. Pero, si hay una compañera que atiende un McDonald’s, no la vas a condenar como si fuera representante de esa empresa puesto que ella está en un trabajo precario y no le queda de otra. En este caso, hablo de las exiliadas del neoliberalismo, que por ejemplo, aquí en Madrid, te sirven los cafés y están en todos los trabajos precarios, estas exiliadas de nuestra tierra.

El problema no es atacar cómo estás construyendo tu subsistencia. Pero sí, -como movimientos organizados-, tenemos que tener en cuenta que no podemos dejarnos domesticar por las lógicas políticas del neoliberalismo. Ahí sí tenemos una gran responsabilidad. Y tenemos que cuestionar que el neoliberalismo ha exaltado el discurso de derechos para… Y ese discurso lo que ha hecho, es generar un mercado de ofertas, entonces ahora hay: que si derechos para personas con discapacidad, derechos para LGTB, población trans, etc. E incluso las leyes “trans” también tienen un contenido domesticador muy fuerte. Y esto lo digo como lesbiana y como desempleada crónica. Entonces, es necesario seguir hablando de cómo el discurso de los derechos es totalmente cooptado por una lógica neoliberal, porque están dispuestos, por un lado, a darte derechos de tercera o última generación, a chantajearlos, a colocarte en la fila y a obligarte a hacer lobby político; y por otro lado, te están quitando los derechos que ya habían conquistado nuestros padres, nuestros abuelos y abuelas. Hemos tenido que volver a exigir eso y es entrar a un juego ahistórico y confuso que fragmenta al sujeto político y convierte a los sujetos en clientes del sistema.

“LAS MUJERES QUE PARTICIPAN EN ESPACIOS DE PODER, O NO ESTÁN TOMANDO DECISIONES O TOMAN DECISIONES AFINES AL ESQUEMA DE PODER PATRIARCAL. Y LAS QUE SE REBELAN SALEN CON UNA PATADA DE AHÍ”

Hablemos de casos concretos: en Bolivia, a la población trans les dieron la ley de Identidad de Género que debería de llamarse “Ley de cambio del dato de sexo en el carnet de identidad” porque fue lo único que se les dio, no se les dio atención médica que es muy importante para ellas, ellos y elles, ni se les dio nada más. La mayor parte de esas compañeras no tienen economías bancarizadas, tampoco viajan, es decir, usan el carnet para colgarlo en la pared porque son no-ciudadanas. Entonces, no son ni treinta personas que hicieron el cambio con la ley, porque la mayor parte de las compañeras trans están en prostitución y sus niveles de marginalidad son tan altos que el carnet de identidad no les sirve y no les interesa.

Y esto sucede porque cuando tú das un derecho así, en términos homogéneos, las y los de abajo no acceden y eso es justamente lo que está pasando con el discurso bobo de los derechos de las mujeres, pues las mujeres de la calle, de a pie, estos veinte años llenos de discursos de derechos no les ha ayudado en nada.

— ¿Qué pasa con mujeres que dicen, “sí, pero, seguir haciendo desayunos y trabajo doméstico que son del ámbito privado, ya no quiero hacerlo, quiero estar en la parte pública, en la toma de decisiones”?

— Nosotras en Mujeres Creando hacemos una autogestión muy dramática que tiene serios problemas, porque si una de nosotras se enferma, todo se desbalanza. Es decir, la autogestión no es una taza de leche y además hay una lucha por la subsistencia tan grande, que lo que actualmente se hace desde la autogestión, es subsistir. No voy a vender eso como la maravilla. Pero, ahora bien, las mujeres que dicen que quieren estar en los lugares donde se dan las tomas de decisiones, nos están mintiendo, porque están en esos lugares pero no están tomando decisiones y cuando lo hacen, en realidad están tomando decisiones afines a los esquemas del poder patriarcal. Nosotras nos enfrentamos todos los días con juezas que no viabilizan casos de violación, pagos de asistencia familiar, etc. Además, cuando yo he visto a una compañera rebelarse en esos ámbitos, sale con una patada de ahí, porque hay diez en la lista que la pueden sustituir. Como el caso de las mujeres indígenas que nada más están ahí para la foto de la diversidad.

— Vuelvo a esto de las exiliadas del neoliberalismo: pienso en todas estas mujeres bolivianas que sobreviven haciendo trabajos de cuidados y doméstico, ¿qué les podrías decir a las mujeres españolas respecto a este fenómeno en el que ellas muchas veces pueden estar en el espacio público, porque hay alguien más sustituyéndolas en el privado?

— Yo utilizo la categoría de exiliadas del neoliberalismo porque no pueden estar acá y no pueden estar en ninguna otra parte, ya que son expulsadas de las estructuras económicas de las sociedades a las que pertenecen, porque aunque en nuestras economías, hemos creado mecanismos de subsistencia para no morir de hambre, estos mismos mecanismos están saturados y llega un momento en el que ya no da para más y muchas de estas mujeres se endeudan para salir del país; por eso hablo de una expulsión y no migración, decirle migración es cruel, porque en realidad es un exilio. Además, en el caso de Bolivia, las remesas juegan un papel importantísimo en la economía, no estamos hablando de cuatro infelices, estamos hablando de mujeres que están sosteniendo salud, alimentación y vivienda de amplios sectores de la población en mi país. Y lo peor es que no se les reconoce nada, al contrario, se les culpabiliza porque “dejaron”, “abandonaron” a los hijos, porque destruyeron a la familia, etc.

“HABLO DE EXILIADAS DEL NEOLIBERALISMO PORQUE SON MUJERES EXPULSADAS DE LAS ESTRUCTURAS ECONÓMICAS DE LAS SOCIEDADES A LAS QUE PERTENECEN. EN VEZ DE RECONOCERLAS, SE LAS CULPABILIZA”

Ahora, con una masa tan grande de mujeres como la que ha venido a España, es necesario preguntar qué hacen, pues han venido a ocupar prostitución y cuidados y han cambiado la esfera de relaciones hombre-mujer en esta sociedad y en otras. Y ni siquiera es en términos de empoderamiento, porque en realidad pasa que las mujeres blanco-europeas de clase media accedieron a poder salir, a dejar a su madre, a su padre, a sus hijos, en manos de una tercera renunciando a la presión sobre los hombres y pudiendo pagar un salario muy bajo a esta tercera y esto es muy grave, porque no se reduce a que es una a costa de la otra, sino que hay que dejar claro que se debería de estar hablando de cómo es que ninguna visión feminista puede construirse en España, pero en ninguna otra parte, sino se construye desde la totalidad del análisis del trabajo de cuidados.

A ver, que nos respondan por qué el ámbito de la prostitución está lleno de mujeres de fuera de España. Que nos respondan, y que no se confundan, nosotras respetamos todo este tema de la prostitución, incluso tenemos propuestas y las estamos llevando adelante en Bolivia, pero en España, las mujeres más pobres están en prostitución y la mayoría, no son españolas. Y en España, el resultado de esta discusión es totalmente artificial, racista, colonial, pero especialmente neoliberal.

En Bolivia y en otras sociedades latinoamericanas, también pasa lo mismo en relación con el campo indígena: en las ciudades urbanas de América Latina, son las mujeres indígenas, jóvenes, expulsadas de sus comunidades a las ciudades, quienes también cumplen las labores de cuidados para que las mujeres de las clases medias accedan a una compensación de todas sus responsabilidades. Entonces, es un absurdo pensar en feminismos en cualquier parte del mundo sin construir desde las mujeres de abajo. 

Acción de ‘Mujeres Creando’ “Cuerpos hechos bolsa” en la televisión pública en La Paz./ Enzo de Luca

— Se dice que son las mujeres migrantes las que deben de alzar la voz, las que deben de exigir lo que necesitan, ¿cómo hacerles entender que esta postura es engañosa?

— Yo a cualquier mujer española le diría: mira, entra a internet y lee la ley de Extranjería. Aquí no me interesa qué postura tienen respecto a la organización existente o no, de las mujeres exiliadas del neoliberalismo, basta que lean la Ley de Extranjería, porque esta ley explicita de forma muy clara contenidos racistas, coloniales, etc. El famoso tema de los papeles es absurdo, si una mujer española tuviera que asumir estas obligaciones para ella, terminaría chillando con voz muy alta y jamás aceptaría esas condiciones sobre sí mismas y sobre su trabajo. ¿Por qué ignoran esto? ¡Porque además es su Estado! Es en el nombre de ellas, y en nombre de sus supuestos derechos que se impone esa ley de Extranjería a toda la fuerza laboral que viene a este país y que resuelve parte del funcionamiento de su economía. España necesita esta fuerza laboral y aún así imponen esas condiciones para presionar a las personas y filtrar a quién y cómo aceptan en el país para tenerlas en condiciones de mayor subordinación.

“A LAS MUJERES ESPAÑOLAS LES SUGERIRÍA QUE NO LEAN A ANGELA DAVIS, A MARÍA GALINDO O A SILVIA FEDERICI Y QUE SÍ LEAN LA LEY DE EXTRANJERÍA. AHÍ ESTÁ EL RACISMO Y EL COLONIALISMO EXPLICITADO”

Entonces, yo les sugeriría que no lean a Angela Davis o no lean a la María Galindo o a la Silvia Federici, -que es más o menos su igual- y que sí lean la Ley de Extranjería, que además tiene este examen de españolidad, que implica reconocer la capacidad de las personas para adaptarse a estos países y esto es sumamente violento. ¿Cuánto de nuestros pueblos, de nuestras historias, cuánto de lo que somos, se estudia en los colegios españoles? Nada. Pero tú para vivir en Europa tienes que hacer un examen.

Además, yo quisiera preguntarle al gobierno de Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias -que se presenta muy de izquierda-: ¿Qué harán con la ley de Extranjería? No que nos hablen bonito. Pablo Iglesias viene a Bolivia y le aplauden, pero mi pregunta para Pablo Iglesias es qué va a hacer con la ley de Extranjería.

Y a Pedro Sánchez decirle: qué bonito tu gesto de recibir una patera pero que nos diga con pelos y señales: Artículo 1, ¿qué harías?, Artículo 2, ¿que harías? Y así con todos los artículos. ¿Qué van a hacer con los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)? Porque estos centros de internamiento son en sí mismos violaciones a los derechos humanos e incluso podemos decir que son paralelos a Guantánamo por lo horrorosos. Y varios movimientos de mujeres lo dejan de tener en su horizonte, porque dicen “eso es cosa de los africanos, cosa de las migrantes” pero no, compañeras, eso no es así, porque mira, la Ley Mordaza que te imponen a ti, tiene mucho que ver y está conectada y son esas conexiones las que me interesan que se analicen.

— ¿Qué pasa con los feminismos latinoamericanos que terminan por verse homogeneizados cuando se hacen lecturas desde Europa?

— No, por supuesto. Las estructuras racistas y coloniales se reproducen en todos lados. Yo veo varias diferenciaciones a escala planetaria pero que ahora funciona muy bien para lo que se mal llama feminismo latinoamericano. Y es necesario hacer una diferencia entre feminismos latinoamericanos y la tecnocracia de género. Y en este sentido, hay que explicar que la tecnocracia de género es un proyecto que surge en toda América Latina y captura la categoría de género y la funcionaliza al proyecto neoliberal para que las mujeres ocupemos un lugar de amortiguación de las medidas de ajuste estructural.

“LA TECNOCRACIA DE GÉNERO ES UN PROYECTO QUE SURGE EN TODA AMÉRICA LATINA, QUE FUNCIONALIZA LA CATEGORÍA DE GÉNERO AL PROYECTO NEOLIBERAL PARA QUE LAS MUJERES AMORTIGÜEMOS LAS MEDIDAS DE AJUSTE ESTRUCTURAL”

Hay un proyecto de la tecnocracia de género que ha sido liderado por las organizaciones no gubernamentales que han unido la categoría de género y de desarrollo y que empata con la misma provenza de desarrollo que vienen haciendo la Cooperación Internacional desde la década de los años setenta, en el que se hablaba de subdesarrollo  aunque ahora dicen que no lo somos y ahora que dicen que más bien es un desarrollo sostenible con perspectiva de género del que no se entiende muy bien a qué se refieren, pero es un apellido que queda muy bien y que es políticamente correcto pero sigue siendo el mismo proyecto colonial en nuestro continente que busca y opera la extracción salvaje de la materia prima a precios muy bajos, pero, eso sí, con una envoltura muy bonita a la que llaman democracia, derechos para las mujeres, de empoderamiento, de talleres de autoestima y no sé cuánta bobada más.

Pero también hay que decir que luego tienes un espectro de feminismos muy variados dentro los que encontramos a los ecofeminismos, los feminismos autogestionados, conjunto de feministas que nacen en torno de reivindicaciones concretas de cara a los feminicidios, a la violencia machista, etc. Y yo te diría que ahí estamos nosotras en donde planteamos la despatriarcalización. Y también que quede claro que yo soy la autora de la despatriarcalización, no lo es María Lugones, no lo es el gobierno boliviano, todos esos son plagios que no reconocen autoría y no reivindico la autoría en un acto ególatra, lo que yo quiero es que se respeten las genealogías y esto tiene que ver con entender que si hablamos del feminismo como un fenómeno planetario, presente en todos los continentes y en todas las sociedades, no podemos sostener que el feminismo está anclado a la matriz eurocéntrica que nace con las reivindicaciones de las mujeres en el contexto del Estado Moderno burgués. Nosotras, quienes participamos en los feminismos latinoamericanos no somos una simple prolongación tardía que repite las consignas del feminismo europeo veinte años o treinta años después, esta es una mirada colonial que se tiene sobre los feminismos. Sucede que, en realidad, nosotras tenemos una genealogía propia, porque si tú haces un corte histórico y comienzas hablando de la revolución francesa de 1789, entonces, se tendría que hacer otro corte histórico importante en la que se visibilicen las luchas anticoloniales, que por ejemplo en la parte andina, datan de 1700 y donde puedes ver fenómenos muy interesantes en donde las mujeres tenían una participación esencial, en donde se proponían cosas y que se están indagando actualmente.

Y en este libro, ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, ya planteo la relación trágica-colonial entre mariconería e indigenismo. En el primer capítulo documenté cómo el colonialismo se dedicó a perseguir todas las formas de sexualidad no heterosexuales porque atentaban con la visión judeocristiana sobre el cuerpo, el sexo y el placer. Es decir, antes de esta colonización, había diversidad sexual, existían en las culturas precoloniales que fueron sepultadas y negadas por completo. En aymaraque es uno de los idiomas más importantes de la región andina ya desde el año 1500 había conceptos para definir sexo entre mujeres o para definir mujer que no quiere tener wawa(hijos), que no quiere reproducirse, o para definir persona que no es hombre ni mujer, etc. que han sido eliminados del imaginario social y su léxico por este pasado colonial. Hay que seguir hablando de esto.

 

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Por favor, firmad este MANIFIESTO PARA DENUNCIAR LA INCONSTITUCIONALIDAD DE SANCIONAR “COMPORTAMIENTOS” QUE “JUSTIFIQUEN LA PROSTITUCIÓN”

 

Firmas aquí:

https://bit.ly/2E7bEpl

 

El artículo 76 de la vigente Ley andaluza para la promoción de la igualdad de género (Ley 9/2018) ha dado un paso más en el avance imparable de las políticas públicas y jurisdiccionales que persiguen la prostitución y garantizan el estigma y la exclusión de quienes la ejercen voluntariamente. Como si no fuera suficiente con sancionarlas administrativamente a ellas y a sus clientes a partir de ordenanzas municipales y de la Ley de Seguridad Ciudadana o con privarlas del derecho a autoorganizarse para defender sus derechos sindicales frente a los posibles abusos y la explotación de la patronal o de terceros (Sentencia de la Audiencia Nacional de 21/11/2018), ahora, con la nueva Ley, pueden imponerse multas que llegan a los 60.000 euros a quienes “justifiquen” la prostitución utilizando la imagen de las mujeres.

A falta de otras vías posibles, las y los abajo firmantes, pertenecientes a distintos sectores sociales, asociativos, académicos y judiciales de todo el territorio español, se proponen pedir al Defensor del Pueblo que interponga un recurso de inconstitucionalidad frente a unos  preceptos que, bajo el pretexto de promover la igualdad de género, representan una flagrante vulneración de derechos fundamentales:  del derecho a la libertad de expresión o información (art. 20 CE) de quienes, mediante campañas de publicidad o anuncios, “utilicen la imagen de las mujeres asociada a comportamientos que justifiquen o inciten a la prostitución o a la violencia contra ellas” o realicen esa justificación “en actos culturales, artísticos o lúdicos de carácter sexista”; y del derecho de las mujeres que ejercen la prostitución a no ser discriminadas  (art. 14 CE) porque con infracciones como éstas, se les condena a la inexistencia social para no comprometer la imagen pública de las mujeres: una finalidad abiertamente simbólica que nos trae a la memoria esa vieja contraposición entre mujeres buenas y mujeres malas, entre “madreesposas” y “putas”, que tan útil ha sido para los intereses del patriarcado.

No es un problema menor la infracción que este precepto representa para otros principios constitucionales esenciales como el principio de legalidad (art. 9 CE) por la forma extremadamente ambigua e imprecisa con que se formula, que impide conocer la materia de prohibición produciendo una indefensión peligrosa e indeseable. ¿Cómo determinar si los actos culturales, artísticos o lúdicos son “sexistas” (“uso discriminatorio del lenguaje que se hace por razón del sexo”, según la propia Ley)? ¿Son sexistas simplemente cuando exhiben “comportamientos” que “justifican” la prostitución? ¿Y qué significa “justificar” la prostitución? Por ejemplo, ¿quedarían dentro de esos “comportamientos” prohibidos los de defender la autodeterminación sexual de las mujeres o argumentar que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera o pugnar por el reconocimiento del derecho a su sindicación? ¿Podría incluso afirmarse que con ello se incita indirectamente a su ejercicio? O aún más, ¿a qué se refiere la ley cuando habla de prostitución, un concepto que no está legalmente definido y que es hoy escasamente unívoco? El grado de inseguridad jurídica que esta disposición representa es insoportable y desalienta el ejercicio de los derechos de libre actuación y expresión de la ciudadanía.

En cuanto al principio de lesividad, tan necesario para garantizar la dañosidad social de una conducta, cabría preguntarse:¿cuál es el bien jurídico que se tutela sancionando la justificación de la prostitución? ¿Acaso es la prostitución una actividad prohibida? ¿Por qué ley? ¿A qué clase de prostitución se refiere, a la autónoma o a la que se realiza por cuenta ajena, o da igual? Y, sobre todo, ¿no es un despropósito equiparar la justificación de una práctica, si se quiere alegal, con otra tan ilegal como la violencia contra las mujeres? No, no pueden ser lo mismo: es otra incoherencia legislativa que denunciamos. Si lo que se quiere proteger sancionando la justificación de la prostitución es la igualdad de género para garantizar “el bienestar de todas las mujeres y de la población andaluza en su conjunto”, como declara programáticamente la Ley en su Exposición de Motivos, pensamos que no ha elegido el mejor camino. Con este paso de gigantes se condena a demasiadas mujeres a la marginalidad más absoluta.

 

María Luisa Maqueda Abreu, Catedrática de Derecho penal de la Universidad de Granada.

María Acale Sánchez, Catedrática de Derecho penal de la Universidad de Cádiz.

Guillermo Portilla Contreras, Catedrático de Derecho penal de la Universidad de Jaén.

 

Por favor: desea firmar este manifiesto, no olvide incluir en el campo “Profesión o cargo”, si procede, el organismo o centro donde trabaje. Ejemplos:

– Profesora Titular de Derecho Penal. Universidad de Jaén.

– Magistrada de la Audiencia Provincial de Lugo.

– Abogada del Ilustre Colegio de Barcelona.

– Psicólogo. Equipo Técnico adscrito a la Fiscalía y Juzgado de Menores de Gijón.

María Luisa Maqueda Abreu, Catedrática de Derecho penal de la Universidad de Granada.

 

Firmas aquí:

https://bit.ly/2E7bEpl

El derecho a prostituirse resume todos los derechos de las mujeres frente al patriarcado

 

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Por Citerea Anadiomena

13 de noviembre de 2018

https://www.revistalibertalia.com/single-post/2018/11/11/derecho-a-prostituirse-resume-todos-los-derechos-de-las-mujeres

 

En España, la prostitución no es delito. Dicho con otras palabras: la prostitución no está penalizada, no es ilegal y, por tanto, es legal [i].

Esto puede sorprender a quien lo lea, ya que en España los medios de comunicación, los partidos políticos y, en general, el activismo abolicionista [ii], tanto el confesional como el laico, tienden a referirse a la prostitución como si fuera un delito [iii], en un intento de confundir a la opinión pública. A veces, se refieren a la prostitución como “alegal”. Este término no tiene significado jurídico [iv]: las cosas o son legales o son ilegales, o no están prohibidas o sí lo están. Usar el neologismo “alegal” es querer dar a entender que si la prostitución no está prohibida es por un descuido o una desidia de los legisladores y eso es una falacia. Es legítimo promover una ley que penalice la prostitución, si hay quien cree que debe ser penalizada, pero en un Estado de Derecho hay una vía para conseguir un cambio legislativo, y esa vía pasa por un proyecto de ley y su discusión y aprobación por el Parlamento.

Que la prostitución no está prohibida en España es una evidencia y, por tanto, también es una evidencia que las mujeres tienen derecho a prostituirse. El derecho a prostituirse es inseparable del derecho a la libertad sexual, que a su vez es expresión del derecho a la dignidad [v] de las personas reconocido expresamente por la Constitución [vi]. Y estos derechos inseparables son, a su vez, expresión de la liberación de las mujeres de la opresión patriarcal representada por la vieja legislación franquista.

Los derechos de las mujeres conculcados por el patriarcado en la etapa franquista pueden dividirse en derechos sexuales y derechos económicos. La opresión sexual supone negar el derecho a disponer libremente del propio cuerpo. Sometidas por las leyes patriarcales, las mujeres debían conservar su virginidad hasta el matrimonio y, una vez casadas, debían mantenerse fieles y estar siempre dispuestas a cumplir su “deber conyugal”, es decir, que no existía el delito de violación dentro del matrimonio. Tampoco tenían derecho a abortar bajo ningún supuesto, grave delito castigado con severas penas de cárcel. Y la prostitución, o estaba perseguida o estaba estrictamente regulada con leyes que negaban a las prostitutas todo una serie de derechos fundamentales.

El derecho a disponer libremente del propio cuerpo encuentra su plena expresión en el derecho a la prostitución. Suprimidas felizmente en España las modalidades mayoritarias de opresión sexual patriarcal, subsiste sin embargo una amenaza permanente sobre el derecho a la prostitución de las mujeres. Por eso, la defensa de este derecho supone la plena defensa del derecho a la independencia sexual y al dominio sobre el propio cuerpo de las mujeres, y resume y es la garantía de las modalidades mayoritarias del mismo.

Los derechos económicos de las mujeres conculcados por el patriarcado encontraban su máxima expresión en el matrimonio clásico, que sometía a la esposa a la plena dependencia económica del marido, y en la legislación laboral que discriminaba negativamente a las mujeres, sometidas además a la explotación de los trabajos domésticos y reproductivos no pagados y obligadas a cargar, en el caso de las madres solteras, con todo el peso de la crianza de los hijos.

Ha desaparecido la dependencia obligada por ley dentro del matrimonio, pero no las otras. Castigadas especialmente por la precariedad dentro de un sistema capitalista abiertamente machista, las mujeres deben enfrentar particulares necesidades de supervivencia. Y el derecho a disponer del propio cuerpo siempre ha supuesto una posibilidad particular de supervivencia rentabilizando las necesidades sexuales masculinas insatisfechas. El derecho a disponer del propio cuerpo y el derecho al libre intercambio económico que garantizan la Constitución y las leyes en España, permiten a algunas mujeres compensar la discriminación patriarcal remanente que las condena a la precariedad y, al liberarse ellas, contribuyen a la liberación de todas.

El derecho a prostituirnos resume todos los derechos de las mujeres frente al patriarcado, y la pérdida de ese derecho, por el contrario, nos llevaría a las mujeres de vuelta bajo el dominio patriarcal.

 


[i] Para la ley, el acto de prostitución es legal en su esencia, dado que pertenece de pleno derecho al ámbito de las libertades individuales.

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2015/10/25/palabras-enganosas-y-verdad-desnuda- el-estatus-juridico-de-la-prostituta/

[ii] El abolicionismo es una ideología fundamentalista que propugna la supresión del derecho de las mujeres a prostituirse.

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/12/31/de-la-naturaleza-criminal-del-abolicionismo/

[iii] El caso más llamativo ha sido el de la Junta de Andalucía, al incluir en su Ley de Igualdad de Género la prostitución, aunque a diario vemos en todas las noticias y en las declaraciones de partidos e instituciones la presentación de la prostitución de forma que parezca que es una actividad ilegal.

https://blogs.elconfidencial.com/espana/matacan/2018-10-28/prostitucion-en- andalucia_1637104/

[iv] “Dicho de forma resumida: Para los particulares, lo que no es ilegal, es legal.”

https://elpais.com/ccaa/2014/12/28/paisvasco/1419798464_280252.html

[v] “Así, puede elaborarse una definición de la dignidad de la persona humana, según la Constitución española: ‘valor de la persona humana, espiritual o moral y jurídico, que permanece invulnerable o inalterable, y se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida’.” https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/5545/1/JOSE%20ENRIQUE%20MORA.pdf

[vi] El art.10 no 1 de la Constitucion española de 1978 dice textualmente: «La dignidad de la persona humana, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social».

https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229

 

Putecismo

 

 

 

 

1.- ¿Qué es la prostitución?

La prostitución es el intercambio de sexo por dinero u otros bienes, al margen del matrimonio.

2.- ¿En qué se diferencia del matrimonio?

En el matrimonio se busca la reproducción y la crianza de los hijos, y no solo la satisfacción sexual. Por esa razón se limita el número de participantes y se firma un contrato a largo plazo.

3.- ¿Es mala la prostitución?

La prostitución consta de sexo y dinero. El sexo es bueno y el dinero también, por lo que la prostitución en sí no puede ser algo malo. Cualquier cosa que se puede hacer legítimamente de manera gratuita, se puede hacer también legítimamente cobrando por ella. 

4.- No siendo mala en sí misma, ¿hay algo que haga mala la prostitución? 

La violencia machista de algunos clientes, la violencia institucional del Estado, la explotación laboral ejercida por terceros, la discriminación social, hacen sufrir a las prostitutas. Pero este sufrimiento causado a las prostitutas no significa que la prostitución en sí sea mala, sino que la hacen mala los malvados que no nos respetan.

5.- No tener otra opción para sobrevivir que la prostitución, ¿significa que ésta es mala?

No. Eso significa que el sistema económico y social en el que vivimos es malo, ya que permite que exista la pobreza. 

6.- ¿Somos malas las prostitutas?

La prostitución no es mala porque no hace daño a nadie, por lo tanto las prostitutas no somos malas.

7.- ¿Es “inmoral” la prostitución?

La moralidad o inmoralidad de algo se establece con referencia a una ley moral. Algunas religiones que subestiman a la mujer consideran inmoral el sexo fuera del matrimonio y, por tanto, la prostitución. Pero, en un Estado aconfesional, las leyes morales solo obligan a quienes voluntariamente las aceptan.

8.- ¿Es ética la prostitución?

El principio básico de la ética es el respeto a los demás y, por tanto, la prostitución es ética, pues no hace daño a nadie y, por tanto, debe ser igualmente respetada por todos, por el mismo principio ético.

9.- Entonces, ¿por qué se usa “puta” como insulto para las mujeres e “hijo de puta” para los hombres?

Porque la sociedad desprecia injustamente a las prostitutas: es lo que se llama “estigma de puta.”

Además, la palabra “puta” es una herramienta que el patriarcado utiliza como insulto para oprimir y aleccionar a la mujer que se rebele ante cualquier norma que establezca lo que el sistema no considera adecuado y haga peligrar así su control sobre ella. Cualquier mujer que decida vivir su vida y su sexualidad a su manera es considerada puta.

10.- ¿Qué significa “estigma”?

Marca o señal en el cuerpo, especialmente la impuesta con un hierro candente como signo de esclavitud o de infamia. Para las prostitutas, es una marca simbólica, pero igualmente infamante y de por vida, infligida por los prejuicios de la sociedad. 

11.- ¿Por qué marca la sociedad a las prostitutas con el estigma de puta?

La sociedad se basa en la ficción hipócrita de que el sexo es algo sucio que solo debe ser usado para la reproducción dentro del matrimonio y no para buscar placer, al tiempo que necesita un mínimo de libertad sexual que permita el placer sexual que es inseparable de la vida. La solución a este dilema es cargar sobre las prostitutas toda la culpa y el desprecio de lo que realmente es la conciencia de su propia naturaleza como sociedad, para así mantener la imagen de sí misma como limpia y virtuosa. Cuanto más evidente es la mentira, con más fuerza debe la hipocresía marginar y castigar a quien es en sí misma la verdad: la prostituta.

12.- ¿Es nocivo el estigma?

Las personas estigmatizadas son aisladas, devaluadas, rechazadas y vilipendiadas. Experimentan discriminación, insultos, ataques e incluso asesinatos. La interiorización del estigma es lo que más daño hace a las prostitutas. Induce sentimientos de pérdida de valor personal, de culpa, de vergüenza, de fatalismo… Paraliza a la prostituta en su lucha por conseguir sus derechos y facilita la explotación y la aceptación resignada de leyes injustas. Limita seriamente la calidad de vida, al obligarla a llevar muchas veces una doble vida y a ocultarse como si fuera una delincuente.

13.- ¿Cómo podemos librarnos del estigma?

Como seres sociales que somos, nos vemos reflejadas en los demás. Sólo nuestras hermanas, las putas empoderadas, nos devolverán el reflejo de lo que realmente somos: mujeres luchadoras y valientes que no debemos avergonzarnos por lo que hacemos ni humillarnos ante nadie. En la soledad no nos libraremos del estigma, ni nos librarán de él las “salvadoras” que nos proponen el camino de las víctimas indefensas.

Esto en cuanto al estigma interior, el más venenoso. Del estigma exterior, del injusto castigo que nos impone la sociedad, nos libraremos cuando consigamos que las leyes sean justas con nosotras.

14.- ¿Es compatible la denominación “puta” con la liberación?

La palabra “puta” es el estigma en sí mismo. Solo venciéndola se vence el estigma. Y se la vence de dos maneras: impidiendo su uso normalizado por la sociedad, por los medios de comunicación y, a la vez, apropiándonos nosotras del mismo, es decir, transformando el “estigma de puta” en el “orgullo de puta”. Para nosotras y entre nosotras, el glorioso nombre de puta; para los de fuera, el glorioso nombre de trabajadora sexual.

15.- ¿Desde cuándo las putas somos “trabajadoras sexuales”?

A finales de la década de 1970, la activista neoyorkina Carol Leigh acuñó el término “trabajo sexual”. “El uso del término ‘trabajo sexual’ marca el comienzo de un movimiento”, escribió Carol Leigh. “Reconoce el trabajo que hacemos en lugar de definirnos por nuestra condición”. Desde entonces, el término ha sido progresivamente utilizado, en primer lugar por el movimiento que reivindica el reconocimiento de sus derechos, y luego por académicos, instituciones y medios de comunicación de todo el mundo.

16.- Entonces ¿el trabajo sexual es un trabajo como cualquier otro?

Ningún trabajo es como cualquier otro: cada uno es según la naturaleza del servicio que presta. Pero todos tienen en común que son reconocidos como trabajo por las leyes. La naturaleza del trabajo sexual es, como su nombre indica, sexual, pues sexual es el servicio que presta; y todavía no ha sido reconocido legalmente como trabajo por eso mismo: por su naturaleza sexual, que los jueces en su sentencias han considerado que es ilícita, indigna e inmoral.

Existen relaciones laborales que reúnen todos los requisitos de la prestación de trabajo pero que, por sus especiales características, se rigen por normativas propias. Se trata de las relaciones laborales especiales. A éstas sólo se les aplicará la normativa laboral general en aquellos aspectos no contemplados en la norma específica que regula dicha relación. Estas relaciones laborales especiales son, entre otras, la alta dirección, el servicio del hogar. los deportistas profesionales y los estibadores portuarios.

El trabajo sexual sería una relación laboral especial en la que lo primero sería el respeto a la libertad sexual de la trabajadora y, por tanto, la autoridad empresarial sería limitada (horarios, etc.). Asimismo, no sería ofertado en las oficinas de empleo. Es lo que ocurre (en contra de lo que dice la propaganda abolicionista) en los países en los que la prostitución por cuenta ajena tiene consideración de trabajo. Además, sería precisa una regulación estricta de los propietarios de burdeles (según el modelo de Nueva Zelanda), que deberían obtener un certificado de validez temporal, demostrando carecer de determinados antecedentes delictivos, además de otras obligaciones.

17.- ¿Es cierto que la prostitución no puede ser considerada trabajo porque es ilícita, indigna e inmoral?

Los jueces deben administrar las leyes y basar en éstas sus sentencias.

Ilícito es igual que ilegal, luego la prostitución no es ilícita porque no es ilegal.

Dignidad es “el valor de la persona que se manifiesta en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida”, luego lo indigno es negarnos a las prostitutas nuestra dignidad en una sentencia.

Inmoral es lo que atenta contra la moral… ¿Qué moral? ¿La moral personal de los jueces? La moralidad tiene una dimensión subjetiva   mientras que la ley tiene un carácter objetivo y, en consecuencia, un acto solo se convertirá en ilícito si encaja con lo que expresa una norma jurídica.

La negación a las prostitutas de nuestros derechos laborales es un ataque al Estado de Derecho y a la Constitución. Es un ataque a nuestros derechos humanos.

18.- ¿Cuáles son los marcos legales del trabajo sexual en el mundo?

Son cuatro: prohibición, regulación/legalización, abolición y despenalización.

Estos marcos legales o modelos se dividen en dos grupos: el de aquellos en los que la prostitución se considera legítima, es decir, el regulacionismo, el abolicionismo y la despenalización y aquél en el que la prostitución es reprimida como tal, a saber, el prohibicionismo.

19.- ¿En qué consiste el prohibicionismo?

El prohibicionismo penaliza la compraventa de sexo, ya sea penalizando a la prostituta, al cliente o a ambos, y pone al margen de la ley la prostitución.

En los Estados prohibicionistas que penalizan a la prostituta, se considera a ésta una delincuente que debe ser castigada por la ley y perseguida por la policía, sufriendo castigos que llegan a la pena de cárcel. Es el caso de Estados Unidos.

En los Estados prohibicionistas que penalizan al cliente (también llamados “neoprohibicionistas” o “neoabolicionistas”), se considera a éste un agresor sexual, siendo degradada por ley la prostituta al estado de mujer sin capacidad de consentimiento. Es el caso de Suecia y otros que han seguido su ejemplo.

20.- ¿En que consiste la regulación/legalización?

Los Estados que regulan la prostitución reglamentan (legalizan) estrictamente el ejercicio de la prostitución mediante medidas que lesionan los derechos humanos de las trabajadoras sexuales estigmatizándolas negativamente, tales como el registro obligatorio, los controles sanitarios obligatorios, la limitación del derecho a la libre circulación… De hecho, la regulación puede considerarse una prohibición parcial, que afecta a todas aquellas prostitutas que, por una u otra razón, no se someten a las normas regulatorias.

21.- ¿En que consiste el abolicionismo?

El régimen abolicionista considera a la prostituta una víctima de la sociedad, pero no niega su capacidad de decisión y, por tanto, respeta su derecho a prostituirse y no la penaliza ni a ella ni al cliente.

Al mismo tiempo, considera la prostitución un mal social que debe ser erradicado (“abolido”) y, para ello penaliza a la terceras partes, es decir, a todos aquellos que la prostituta necesita para desarrollar su trabajo: es la penalización del “proxenetismo” aún con consentimiento de la prostituta.

De hecho, aunque diga lo contrario, el abolicionismo castiga (aunque no penalmente) a la prostituta, ya que la obliga a trabajar en condiciones de clandestinidad que ponen en riesgo su seguridad. Y también la castiga directamente, aunque afirme lo contrario, al separarla de sus hijos, estigmatizarla a los ojos de la sociedad e incluso, en algunos casos, privarla de libertad para su “rehabilitación”.

22.- ¿En qué consiste la despenalización?

 

Las trabajadoras sexuales en lucha por nuestros derechos en todo el mundo exigimos la plena despenalización de la prostitución como el único modelo legal compatible con el respeto a nuestros derechos humanos. 

 

Despenalización es la eliminación de todas las leyes penales y punitivas en general utilizadas contra las trabajadoras sexuales, los clientes y las terceras partes. Esto incluye las leyes que directamente penalizan el trabajo sexual y el uso de otras leyes para atacar de manera desproporcionada a las trabajadoras sexuales por motivos tales como vagabundeo, molestia pública, obscenidad, etc. Las especificaciones del marco legal que reemplace a la penalización deben ser desarrolladas en consulta con las trabajadoras sexuales locales, teniendo en cuenta el contexto específico de cada país.

 

Despenalización no debe confundirse con legalización/regulación:

“La legalización significaría la regulación de la prostitución con leyes sobre dónde, cuándo y cómo puede tener lugar la prostitución. La despenalización elimina todas esas leyes y prohibe al Estado y a la policía intervenir en cualesquiera actividades o transacciones relacionadas con la prostitución, a menos que sean de aplicación otras leyes”.

 

La despenalización total es llamada también “modelo proderechos”. Es el modelo vigente en Nueva Zelanda, único país en el mundo hasta ahora que ha despenalizado totalmente la prostitución.

 

En España, la despenalización total del trabajo sexual se concreta en cinco reivindicaciones, expresadas en los puntos 43 a 47 de este Putecismo.

23.- ¿Qué modelo tenemos en España?

España siguió el modelo abolicionista, con penalización del proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta, desde 1956 hasta 1995, año en el que la prostitución fue totalmente despenalizada. Sin embargo, desde 2003 vuelve a seguir el modelo abolicionista, aunque moderado en su aplicación por los jueces, que solo castigan el proxenetismo coactivo. No obstante, en los últimos años, se han ido introduciendo medidas punitivas para algunas de las prostitutas que ejercen en la calle, mediante la Ley Mordaza y las ordenanzas municipales de algunos ayuntamientos, siguiendo una tendencia penalizadora que recuerda a la de los últimos años de la etapa abolicionista franquista con su Ley de Peligrosidad Social.

Hay una intensa actividad por parte del lobby abolicionista que intenta reimplantar de forma plena el modelo abolicionista, añadiendo además a la penalización de todo tipo de proxenetismo la penalización de los clientes, lo que se conoce como “modelo sueco”.

24.- Realmente, ¿se puede penalizar la prostitución?

Realmente, no, ya que el acto de prostitución no puede existir a los ojos de la ley, dado que pertenece de pleno derecho al ámbito de las libertades individuales, pertenece a la vida íntima de las personas y la intimidad está protegida por la ley; toda penalización necesita, por tanto, basarse de forma exclusiva en la figura de la prostituta, mujer estigmatizada a la que se le pueden retirar sus derechos fundamentales mediante un acto administrativo.

Es decir, el primer paso es marcar a una mujer como prostituta y, a continuación, negarle los derechos que tienen todas las mujeres.

Así, la penalización de la prostitución de calle convierte a la policía en policía controladora de la moral de las mujeres, con poderes para discriminar a simple vista a las mujeres que son putas de las que no lo son y castigar a las “inmorales” por el solo hecho de estar en la calle.

25.- ¿Qué es el abolicionismo?

El abolicionismo original fue el movimiento que luchó por la abolición de las leyes de esclavitud vigentes en los países europeos y sus colonias, en el siglo XIX. Podemos llamarlo el primer abolicionismo. 

El segundo abolicionismo fue el liderado por la inglesa Josephine Butler —más tarde en el mismo siglo XIX— por la abolición de las leyes reguladoras de la prostitución que forzaban el examen ginecológico de las prostitutas (la “violación quirúrgica” o “violación de acero”, como lo llamaba Butler) y contra la prostitución infantil. Tras una lucha de veinte años consiguió su objetivo de abolir esas leyes reguladoras y la edad de consentimiento fue elevada de 13 a 16 años.

Josephine Butler fundó la “Federación británica, continental y general por la abolición de la regulación gubernamental de la prostitución”. 

El triunfo de este segundo abolicionismo llevó a la formación de “sociedades de la pureza”, cuyo objetivo era forzar el cierre de los burdeles mediante la penalización. Butler advirtió contra estas sociedades de la pureza por su “fatua creencia de que puedes obligar a los seres humanos a ser morales mediante la fuerza, y que haciéndolo así de alguna manera promueves la pureza social”. Este fue el nacimiento del tercer abolicionismo.

El tercer abolicionismo no pretendía ya liberar a las prostitutas de la violencia del Estado, sino perseguir la prostitución como un mal social. No pudo dar el paso de penalizar a las prostitutas ni a los clientes, ya que eso habría supuesto para las primeras un castigo mayor que aquél del que las había librado el segundo abolicionismo, así que su estrategia se centró en rodear a la prostituta de una zona de “tierra quemada”, penalizando a todo aquél que ayudara a la prostituta a realizar su trabajo, es decir, el “proxenetismo aún con consentimiento de la prostituta”.

Este tercer abolicionismo fue el principal agente en la invención del mito de la “trata de blancas” y ha sido el “abolicionismo” por antonomasia hasta hace poco tiempo. Su paradigma es el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena”, firmado en el seno de Naciones Unidas, en Lake Success (Nueva York) el 2 de diciembre de 1949, al que España se adhirió en 1956.

El Estado español tiene legislación abolicionista desde 1961 hasta nuestros días, salvo el período 1995-2003.

Y llegamos al momento actual, con la aparición del cuarto abolicionismo. Este cuarto abolicionismo solo tiene de abolicionismo el nombre, ya que es prohibicionismo.

Las actuales “abolicionistas” ocultan el hecho de que España es abolicionista desde hace cincuenta años, y la evidencia de que ese modelo abolicionista ha fracasado en su objetivo de terminar con la prostitución, e intentan hacer pasar por abolicionismo su objetivo de prohibir la prostitución.

El abolicionismo siempre reconoció el derecho de las mujeres a prostituirnos en el ejercicio de nuestra libertad sexual y, por tanto, la naturaleza de sexo consensuado entre adultos de la prostitución. El cuarto abolicionismo busca penalizar la compra en una compraventa, y eso no es otra cosa que prohibir la compraventa.

Al cuarto abolicionismo algunos lo llaman “neoabolicionismo”, de forma incorrecta ya que no es abolicionismo. Más adecuado sería llamarlo “postabolicionismo”: lo que sigue al abolicionismo.

También lo llaman, de forma adecuada esta vez, “neoprohibicionismo”, para distinguirlo del prohibicionismo “clásico”, que penaliza a la prostituta.

El cuarto abolicionismo es llamado también “modelo sueco” o “modelo nórdico”, por haber sido inventado en Suecia.

 26.- ¿Todas las feministas son abolicionistas?

No, en absoluto. Aunque las abolicionistas han conseguido influir en importantes sectores del feminismo, los sectores defensores de los derechos de las mujeres, incluído el derecho a prostituirnos, mantienen su posición en defensa de las trabajadoras sexuales y son nuestras firmes aliadas.

27.- ¿Cuál es el papel de las aliadas en nuestra lucha?

Las aliadas (y los aliados) tienen su propia agenda (derechos humanos, feminismo…), más amplia que la nuestra. Ellas no luchan directamente por sus propios intereses, como nosotras, sino que lo hacen de forma totalmente altruista, por lo que merecen todo nuestro reconocimiento. Su colaboración es totalmente necesaria para el éxito de nuestra lucha, pero no debemos olvidar que sólo nosotras podemos ser las protagonistas de nuestra propia liberación. Es indispensable que creemos organizaciones constituídas y dirigidas de forma independiente por nosotras mismas.

28.- ¿Qué organizaciones de trabajadoras sexuales hay ahora mismo en España?

Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales (AFEMTRAS), Colectivo de Prostitutas de Sevilla (CPS), Putas Libertarias del Raval, Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex) y Colectivo Caye. También hay un sindicato: Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) y una sección sindical (de la IAC Catalunya): Unión Sindical de Trabajo Sexual (USTS). Organizaciones formadas por trabajadoras sexuales y aliadas hay una: Colectivo de Ayuda a Trabajadoras del Sexo (CATS).

29.- ¿Dónde reside la fuerza de la organización de trabajadoras sexuales?

En el fuerte vínculo que nos une, como compañeras que somos en el puterío. Es lo que se ha llamado “zorroridad”, fusionando las palabras sororidad (que es el sentimiento de hermandad entre todas las mujeres que defiende el feminismo) y zorra.

Somos putas feministas y la zorroridad es nuestra fuerza.

30.- ¿Qué es la “trata de personas”? 

Trata es la compraventa de mercancías.

No puede existir “trata de personas” (o “trata de seres humanos”) si esas personas no han sido reducidas previamente a la condición de esclavos (y, por tanto, de mercancías) en virtud de leyes de esclavitud vigentes en un momento y en un Estado concretos. Esas leyes respaldan el derecho de propiedad de unas personas sobre otras y garantizan con los tres poderes del Estado el derecho de las primeras a comprar y vender a las segundas: si un esclavo se escapa, la policía se encarga de detenerlo y devolverlo a su propietario.

En España la esclavitud fue abolida en el siglo XIX: hoy, no hay ni esclavitud ni trata.

Aunque la propaganda institucional abolicionista intenta hacer creer que las víctimas de lo que el actual Código Penal llama “trata de seres humanos” son mujeres secuestradas y violadas, como si esta llamada “trata” fuera una auténtica trata, la realidad es que la condición indispensable para que una mujer pueda llegar a ser considerada víctima de “trata” es que haya existido libre consentimiento ya que, si no hubiera existido el libre consentimiento, los delitos serían de secuestro y violación, claramente tipificados en el Código Penal.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando la dignidad de la persona que lo dio libremente.

La expresión “explotación sexual”  que menciona el Código Penal como finalidad de la “trata” no ha sido definida ni en la legislación internacional ni en la nacional. Eso viola el principio de legalidad, creando una situación de inseguridad jurídica incompatible con el Estado de Derecho.

Por eso, una de las reivindicaciones en que se concreta nuestra lucha por la total despenalización del trabajo sexual es la supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con las leyes generales que nos protegen contra el secuestro, la violación y los vicios del consentimiento en defensa de nuestra plena y responsable libertad personal.

31.- Y ¿por qué dicen las abolicionistas que “trata sexual” y prostitución son la misma cosa?

Desde el punto de vista distorsionado de la realidad que tienen las abolicionistas se puede deducir esa afirmación, ya que las abolicionistas dicen que todas las prostitutas, por el hecho de serlo, somos vulnerables y objeto de coacción, con lo que se cumplirian las condiciones para ser consideradas víctimas de eso que el Código Penal llama “trata”. Como además alientan la confusión generalizada entre los delitos que se producen en el lugar de trabajo y que llegan a los tribunales (y que pueden ser espeluznantes, como palizas, violaciones, abortos forzados, etc.) y el delito de “trata”, concluyen que eso demuestra que la prostitución es en sí misma violencia y coacción, y así lo difunden en su propaganda.

Bien es cierto que, si se aceptara el dogma abolicionista de que las prostitutas no somos dueñas de nuestros actos, no se cumplirían las condiciones para ser consideradas víctimas de “trata”, ya que la condición del delito de “trata” es que exista el libre consentimiento (si no, sería secuestro). Solo podríamos ser consideradas víctimas de “trata de niñas”, ya que en los menores no existe la posibilidad de libre consentimiento y, de hecho, eso es lo que ocurre: que para las abolicionistas las prostitutas somos niñas.

Nuestro eslogan ¡TRABAJO SEXUAL NO ES TRATA! defiende nuestra dignidad frente al intento de las abolicionistas de negar nuestra capacidad de decidir sobre nuestros propios cuerpos y nuestras propias vidas.

32.- ¿Es delito la explotación de la prostitución ajena?

Según la actual legislación española, sólo es delito la explotación de la prostitución ajena si se hace mediante coacción (art.187 del C.P.). Exactamente, si se hace a través de la imposición de “condiciones gravosas, desproporcionadas o abusivas” o si se aprovechan de “una situación de vulnerabilidad personal o económica”. La apreciación acerca de cuándo concurren dichas circunstancias queda abierta a la interpretación de los jueces.

En realidad, no existe esa “prostitución coactiva” porque prostitución es sexo consensuado entre adultos, es decir, libertad sexual. Tipificar la “prostitución coactiva” como un delito distinto al de violación es decir que la violación de las prostitutas no es igual que la violación de las demás mujeres y se castiga con una pena menor. Por eso hay que derogar el art. 187 del Código Penal en el marco de la despenalización total del trabajo sexual.

Y también porque castigar a “quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma” (ibid.) es violar la libertad de empresa y el derecho al trabajo (art. 38 y 35 de la Constitución) de las prostitutas. No es delito lucrarse explotando el trabajo de otras personas: eso es el sistema capitalista en el que estamos. Lo que está penalizado, mediante las leyes laborales que defienden los derechos laborales, es el lucro abusivo

El art. 187 del C.P. bloquea el acceso a esos derechos para las trabajadoras sexuales, respaldando de esa forma el lucro abusivo. Devolvernos a las trabajadoras sexuales la plenitud de nuestros derechos humanos, entre los que se encuentran los derechos laborales, significa ¡¡ DESPENALIZACIÓN TOTAL DEL TRABAJO SEXUAL !!

33.- ¿Qué es el tráfico de personas?

El tráfico de personas es el delito consistente en facilitar el paso clandestino de la frontera a un inmigrante a cambio de una remuneración. Podría llamarse “contrabando de personas”.

En el tráfico de personas, al contrario que en la “trata”, no hay víctima, pues la relación del inmigrante con el traficante se extingue una vez atravesada la frontera y no existe intención de posterior explotación, como en la “trata”. Además, en la “trata” no es preciso que exista paso de fronteras, pues puede ocurrir en territorio español, sin necesidad de que éste sea lugar de origen, tránsito o destino.

Es muy frecuente la confusión entre los términos “tráfico” y “trata”, facilitada a veces porque en inglés trata se dice “trafficking” (y tráfico se dice “smuggling”). Ante la duda, recordad siempre que en el delito de tráfico de personas no existe víctima.

34.-   ¿Hasta qué punto sufren explotación las trabajadoras sexuales en los clubes y pisos?

En el sistema capitalista, todos los trabajadores sufren explotación: explotación laboral. La diferencia entre el valor de lo que producen y el salario que reciben es el beneficio con el que se lucra el empresario. Esta explotación, vista desde el punto de vista de la clase dominante que controla el Estado, es legal, legítima, decente, digna y moral.

Las trabajadoras sexuales a terceros sufren pues, como cualquier otro trabajador, explotación laboral.

Pero la explotación laboral puede ser modulada por la relación de fuerzas entre trabajadores y empresarios. La lucha de los trabajadores a lo largo de muchos años han conseguido los derechos laborales que permiten que la relación salarios y condiciones de trabajo / beneficios empresariales sea objeto de negociación.

Las trabajadoras sexuales nos vemos injustamente desposeídas de nuestros derechos laborales y de nuestra capacidad de negociación, por lo que podemos decir que nos vemos sometidas a sobreexplotación laboral.

35.- Y, las compañeras “de deuda” ¿sufren algún tipo particular de explotación?

Las trabajadoras sexuales inmigrantes —como el resto de personas inmigrantes— casi siempre tienen que endeudarse para poder financiar su proyecto migratorio. Cuando el acreedor es el mismo empresario, como suele ocurrir a las trabajadoras sexuales que trabajan en clubs, aparece la posibilidad de abusos. El empresario puede imponer unas condiciones económicas a la trabajadora que haga que su deuda no termine nunca de desaparecer e incluso aumente. Es lo que se llama “peonaje por deuda”. Este abuso es posibilitado por la Ley de Extranjería, que pone a la trabajadora sexual inmigrante en manos del empresario, que es su único “protector” frente a la policía que intentaría deportarla. Porque la deportación es lo que más teme la trabajadora sexual inmigrante, ya que la devolvería a la situación de pobreza de la que intenta escapar, agravada aún más por la deuda contraída.

La explotación particular que pueden sufrir las compañeras “de deuda” es posibilitada por la Ley de Extranjería, ley rechazada por todos los defensores de los derechos humanos. Por eso, nuestra primera reivindicación como trabajadoras sexuales, solidarizándonos con las más vulnerables de nuestro colectivo, debe ser la ¡DEROGACIÓN DE LA LEY DE EXTRANJERÍA!

El segundo factor que permite los abusos contra las prostitutas “de deuda” es la falta de derechos laborales y, en particular, del derecho a la libre sindicación. Porque en una situación de recuperación de la totalidad de nuestros derechos humanos, las condiciones laborales en los burdeles serían objeto de negociación y vigilancia por parte de los sindicatos que, además, tendrían por ley derecho al libre acceso a los clubs y a hablar libremente con las trabajadoras, lo que evitaría los abusos derivados de la falta de información.

36.- También dicen que la prostitución es “violación pagada”…

Una de las razones por las que las abolicionistas dicen que en la prostitución no existe la libre decisión es porque, según ellas, hacer algo a cambio de dinero por necesidad de dinero es actuar bajo coacción. Eso lo dicen solo para el trabajo sexual, claro. “El dinero es como el cuchillo en el cuello”, llegan a decir. Pero la coacción que realmente existe es la de quienes niegan a las mujeres pobres alimento, vestido y vivienda, para ellas y para quienes dependen de ellas, si no es a cambio de dinero. La auténtica violencia es la pobreza.

Con esta opinión, las abolicionistas revelan su ideología de clase acomodada. Se revelan como las portavoces de la clase dominante explotadora que no está dispuesta a que las mujeres se liberen del paro y de sus salarios de miseria.

37.- … y “violencia de género”.

Es lo mismo que decir que es “violación pagada”. Pero como saben que ningún juez considerará a un cliente de prostitución como violador, rebajan la “violación” de las prostitutas (según defienden) a una mera “violencia de género” que puede saldarse con una multa. Esto es lo que han conseguido que vote el Parlamento Europeo en 2014 y, aunque no es más que una recomendación a los Estados, las abolicionistas españolas se aplican con entusiasmo a multar y estigmatizar a los “puteros” con la vista puesta en una Ley estatal que aplique en España el “modelo sueco”.

38.- ¿Por qué llaman siempre “puteros” a nuestros clientes?

Llamar puteros a nuestros clientes es llamarnos a nosotras putas con todo el desprecio y el odio que sienten hacia nosotras. Intentan reforzar al máximo nuestro estigma con el fin de contagiar del mismo a nuestros clientes. Porque, como nos quieren tanto, nos quieren librar de nuestros “maltratadores” y dejarnos así sin la fuente de nuestro sustento. Pero nosotras no odiamos a los hombres y, desde luego, no consideramos maltratadores a nuestros clientes. Odiamos, como mujeres, la violencia machista, y los malos clientes, y reclamamos nuestros derechos para poder defendernos de éstos. Las abolicionistas quieren enviarnos a la clandestinidad para que solo los malos clientes se atrevan a desafiar sus multas. Las abolicionistas quieren abolir la prostitución exterminando a las putas.

39.- Las putas, ¿somos agente político?

Las putas empoderadas —es decir, conscientes de nuestra dignidad, nuestros derechos y la fuerza de nuestra unidad— somos agente político de primer orden, porque nuestra causa es la causa de la liberación de las mujeres, de la liberación de las clases oprimidas y de la defensa de las libertades democráticas como garantía de derechos humanos; y porque, además, somos la piedra de toque de esas luchas:

  • estar con las putas es estar con las mujeres, con los oprimidos y con la democracia,
  • estar contra las putas es estar con el patriarcado, con el capital y con el totalitarismo fascista.

40.- Una puta empoderada, ¿debe necesariamente presentarse en público como tal?

No, de ninguna manera. El empoderamiento es un proceso personal que lleva desde la vergüenza de puta hasta el orgullo de puta. El empoderamiento es colectivo, y cada una participa en el mismo según sus circunstancias, sin que eso suponga una jerarquización de compromisos. Aquéllas que dan la cara y actúan como portavoces de todas nosotras merecen el máximo reconocimiento y son indispensables para avanzar, pero tambíén actúan con valentía las que participan en manifestaciones o ruedas de prensa bajo máscaras y, también, cualquiera de nosotras que, en su fuero interno, se atreve a desafiar el estigma.

41.- ¿Existe una jerarquia entre las trabajadoras sexuales?

No, de ninguna manera. El estigma de puta nos marca a todas por igual. Hacer distinciones entre “prostitución de supervivencia”, “prostitución bajo explotación laboral” o “prostitución autónoma” con el fin de dar más valor a la libre decisión de unas que a las de otras es un error que sólo lleva a la división. Cada una tiene sus motivaciones personales y todas son igualmente respetables. El estigma de puta que a todas nos oprime por igual también nos une a todas por igual como hermanas.

42.- ¿Cuáles son nuestras reivindicaciones políticas?

Las trabajadoras sexuales exigimos la DESPENALIZACIÓN TOTAL de la prostitución como único marco legal que garantiza el respeto a nuestros derechos humanos.

Esto significa la derogación de los artículos abolicionistas del actual Código Penal y la derogación de los artículos regulacionistas de la Ley Mordaza, lo que se concreta en los siguientes cinco puntos.

43.- (1) Supresión del párrafo b) del artículo 177 bis del Código Penal (De la trata de seres humanos) que dice “La explotación sexual, incluyendo la pornografía.”

Basta con el párrafo “a) La imposición de trabajo o de servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, a la servidumbre o a la mendicidad.”

“Explotación sexual” es un término que no tiene definición, ni en la ley española ni en la ley internacional. Esta indefinición no es casual sino intencionada y hace que el párrafo b) viole el principio jurídico básico de legalidad.

44.- (2) Supresión del art. 187 del C. P. (“prostitución forzada” y “proxenetismo”).

Basta con los artículos del Código Penal que penalizan el secuestro y la violación.

En este caso, como en el anterior, el desprecio al consentimiento de la persona (la prostituta) expresado en ambos atenta contra la libertad sexual protegida por el mismo Código Penal, así como contra la libertad de empresa y el derecho al trabajo reconocidos por la Constitución.

Los vicios del consentimiento que pueden invalidar éste ya están contemplados en nuestro sistema jurídico: no es lo mismo un consentimiento invalidado por iniciativa de la persona titular del bien jurídico protegido —la libertad sexual, la libertad de empresa, el derecho al trabajo— que consigue demostrar que su consentimiento fue viciado que un consentimiento despreciado por la ley como “irrelevante” violando la dignidad de la persona que lo dio libremente.

No existe la “prostitución forzada” porque prostitución es sexo consensuado entre adultos, es decir, libertad sexual, según ha definido claramente el Tribunal Supremo. Tipificar la “prostitución forzada” como un delito distinto al de violación es decir que la violación de las prostitutas no es igual que la violación de las demás mujeres y se castiga con una pena menor.

Y castigar a “quien se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma” es violar la libertad de empresa y el derecho al trabajo (art. 38 y 35 de la Constitución) de las prostitutas. No es delito lucrarse explotando el trabajo de otras personas: eso es el sistema capitalista en el que estamos. Lo que está penalizado, mediante las leyes laborales que defienden los derechos laborales, es el lucro abusivo: el art. 187 del CP bloquea el acceso de las trabajadoras sexuales a esos derechos, respaldando de esa forma el lucro abusivo.

La supresión de este artículo (numerado entonces como art. 188.1) fue propugnada ya hace años (en 2006) por un numeroso grupo de jueces y profesores de derecho en un manifiesto que hicieron a favor de la despenalización y la regulación laboral del trabajo sexual.

45.- (3) Eliminación del párrafo 11 del art. 36 de la Ley Mordaza: “La solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos en zonas de tránsito público…)”

Porque viola los derechos constitucionales a la libre circulación y a la intimidad y también el principio constitucional de igualdad de todas las personas ante la ley al penalizar por el solo hecho de estar en la calle a aquellas mujeres que la policía imagina que realizan la actividad legal de venta de servicios sexuales.

46.- (4) Derogación de la Ley de Extranjería

 Aunque esta Ley no se refiere expresamente a la prostitución, si afecta al gran número de trabajadoras sexuales inmigrantes indocumentadas que, bajo la amenaza constante de detención, ingreso en CIE y deportación, deben esconderse de la policía y quedan indefensas en manos de las mafias policiales asociadas a dueños de burdeles.

47.- (y 5) Regulación estricta de los propietarios de burdeles y del funcionamiento de éstos.

Al modo de Nueva Zelanda —primer país que ha despenalizado totalmente el trabajo sexual— y con el mismo objetivo expresado en el preámbulo de su Ley de Reforma de la Prostitución :

“salvaguardar los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual y protegerlas de la explotación, promover el bienestar y la salud y seguridad ocupacional de las trabajadoras sexuales y propiciar la salud pública.”

48.- Y para terminar, ¿debo creer y estar de acuerdo con todo lo que he leído en este Putecismo?

No necesariamente. Leer, reflexionar, volver a leer y debatir es el método, pero mi única maestra es mi experiencia y mi único guía, mi instinto.

 

 

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Se terminó este Putecismo el día 2 de octubre de 2018,

bajo la auspiciosa mirada de la muy veneranda,

divina entre las divinas,

Afrodita Porné.

 

 

 

 

 

Trabajadoras somos todas

 

Juntas y declarándose parte de una clase obrera explotada, las trabajadoras sexuales reclamaron derechos laborales urgentes en las voces de Georgina Orellano y María Riot, dos de las activistas más visibles del movimiento que sigue creciendo.

 

Por Flor Monfort

19 de octubre de 2018

https://bit.ly/2Ey72tp

 

Imagen: Jose Nico

 

Una compañera que se autoenuncia lesbiana, puta y trabajadora activa durante el Encuentro arenga a que la contraten. Otra pide que se visibilice a las chicas y chicos trans que hacen trabajo sexual y nunca son nombradxs. Alguien levanta la mano y cuenta la especificidad de su trabajo al servicio de personas con diversidad funcional y otra voz detrás de una mano levantada pregunta cuáles son los argumentos de las abolicionistas para atacar el trabajo de las trabajadoras sexuales. El taller “Estrategias para el reconocimiento del trabajo sexual” se partió en dos aulas de la Escuela 759 y ayer explotaba de asistentes que escuchaban desde el pasillo a las activistas más visibles de este movimiento que creció exponencialmente en los últimos dos años: Georgina Orellano, secretaria general nacional de Ammar y María Riot, quien también forma parte del Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Argentina. “Nosotras queremos tener derechos laborales” enunciaron, y detallaron las condiciones indignas del trabajo sexual: negociar con la policía, la vigencia de los códigos contravencionales, ir detenidas de manera ilegal, el estigma, la discriminación de vecinos y vecinas, no poder jubilarse. “Somos las primeras en denunciar las malas condiciones laborales, pero somos parte de una clase obrera y el problema de la puta también lo tiene la empleada de una casa particular, una operaria de call center o una docente. Siempre nuestra pregunta es por qué solo ven la explotación de la puta si explotades somos todes” dijo Orellano. Ambas hablaron largamente de este debate que divide al movimiento feminista y describieron sus propios y personales caminos de deconstrucción para autoenunciarse putas y feministas. “En 2012 no nos reconocíamos como feministas porque el trato que recibíamos era horrible. Hay compañeras que decían yo prefiero discutir con un rati porque yo a un rati le gano discutiendo, o a lo sumo le pago la coima y me va a dejar de romper los ovarios, en cambio una abolicionista va a estar ahí, todo el tiempo juzgando, cuestionando, violentando, entonces era muy difícil que nosotras nos reconozcamos como feministas, sobre todo cuando gran parte de quienes atentaban contra nuestro trabajo eran mujeres legisladoras que, por ejemplo, se ponían al hombro el cierre de una whiskería y dejaban a trabajadoras en la calle sin preguntarse qué pasaría con ellas, muchas migrantes, quienes habían dejado a sus hijes en sus países de origen” dijo Orellano, citando un caso insólito en la ciudad de Cipoletti, donde las funcionarias públicas que promulgaban el cierre de un cabaret (que finalmente cerró) pretendían que las trabajadoras sexuales fabricaran carteras que ellas luego comprarían.

A la pregunta de varias sobre las razones del abolicionismo, Orellano y Riot explicaron que el argumento es que la prostitución es un trabajo indigno, que siempre implica explotación, que no se puede poner a las mujeres y travas en el lugar de objeto y mercancía a disposición de un cliente porque eso además favorece la trata de personas con fines sexuales. “¿Coser carteras no es ser también útil al patriarcado? Pensar que los trabajos más dignos que podemos hacer nosotras son de autocuidado, mal pagos, insalubres, feminizados también es funcional al machismo” dijo Orellano y explicó que cada territorio tiene en nuestro país sus propias leyes provinciales y ordenanzas municipales que criminalizan el trabajo sexual, por eso la organización y la militancia es vital y empoderante.

¿Cuál es la diferencia entre ser minero y ser trabajadora sexual? se preguntaba e interpelaba a quienes la escuchaban a Orellano, quien dijo que fue largo pero veloz el camino de la deconstrucción hacia el feminismo. “Nosotras no entendíamos lo que era el patriarcado porque ninguna nació feminista y todas fuimos entendiendo las situaciones de esta sociedad machista. Nos dicen que al trabajar con nuestro cuerpo, al ponerle un precio a nuestra sexualidad, le somos útiles al patriarcado, pero nosotras no somos un envase al que viene el cliente, le tira 100 pesos y le dice tirame la goma. Nosotras hacemos un servicio, que va mucho más allá del sexo: trabajamos con nuestros cuerpos, con la palabra, con la contención y con las emociones, y eso requiere los mismos derechos que el de cualquier trabajador o trabajadora exige y merece. El feminismo no es salvador, es un acompañamiento, pero no te va a decir lo que tenés que ser, eso es el patriarcado, andar yuteando el cuerpo de la compañera, eso lo hace el patriarcado, no lo hace el feminismo”.

 

[FEMINISMO] CUANDO EL “LUMPEN” LEVANTA LA VOZ

 

Por Ruymán Rodríguez

10 de octubre de 2018

https://lasoli.cnt.cat/10/10/2018/feminismo-cuando-el-lumpen-levanta-la-voz/

 

FOTOGRAFÍA DE JOHANNES MAHN.

 

 

La izquierda política, y desde hace unas décadas tristemente también cierto espectro del anarquismo, es profundamente clasista. ¿En el sentido de que cree que la sociedad está constituida por clases antagónicas y promueve la desaparición de éstas? No, en el sentido de que tiene prejuicios elitistas hacia las personas más golpeadas por el sistema.

Lamentablemente, el hecho de que casi todos los fundadores teóricos del socialismo en el siglo XIX (con la excepción de Proudhon y poco más) fueran de clase acomodada, propiciaba que en su reformulación de la clase obrera excluyeran sistemáticamente a la gente más pobre y marginada. Eso aludía a todas aquellas personas que sólo podían acceder a trabajos irregulares y a cualquier ocupación condenada por la ley o la moral y las convenciones sociales. El término “lumpemproletariado” (“proletariado en harapos”), acuñado por Marx y Engels en su Manifiesto del Partido Comunista (1848)1, no tenía otra intención que denigrar y trazar una línea clara entre proletarios y “subproletarios”. A su modo de ver, el “lumpen” es, casi siempre, instintivamente contrarrevolucionario y, si no es arrastrado por la fuerza al campo de la revolución, debe ser, poco más o menos, fusilado 2. El socialismo centralista y estatista ha mantenido opiniones similares hasta nuestros días. El anarquismo, por el contrario, no ha sido hasta hace poco que ha empezado a adquirirlas.

El discurso de Marx y Engels ya era confrontado en aquella época por Bakunin. Para él, el marxismo excluía de la ecuación política a sectores (no sólo al “lumpen” sino también al campesinado) cuyo potencial revolucionario no podía desdeñarse a la ligera. Bakunin, aunque a veces cayera en una innecesaria romantización e idealización 3, tenía claro que no se podía segregar del proyecto revolucionario a quienes justamente más lo necesitaban:

“[…] El proletariado extremadamente pobre, ese lumpenproletariado del que los señores Marx y Engels, y en consecuencia toda la escuela socialdemócrata de Alemania, hablan con un desprecio profundo, es tratado muy injustamente, porque en él, y solamente en él, y no en el estrato burgués de la masa obrera […], es donde está cristalizada toda la inteligencia y toda la fuerza de la futura revolución social” 4.

Abrir los brazos a los sectores más pobres del proletariado, que otras fuerzas políticas rechazaban, fue una constante del incipiente movimiento anarquista más allá de Bakunin. De Stirner al anarcondividualismo francés e italiano y de éste al anarcosindicalismo ibérico. Quizás por eso el anarquismo se hizo especialmente fuerte entre las masas campesinas de las regiones más deprimidas y entre la población urbana más marginada de las grandes ciudades. La importancia en los posteriores acontecimientos revolucionarios de esas oprimidas acusadas de “desclasadas” porque vivían en los márgenes de la moralidad burguesa, demostraría el error del anatema marxiano. Desde la Comuna de París (1871), pasando por la Semana Trágica en Barcelona (1909) hasta la Revolución española (1936), las nadie, las sin nombre y sin clase, fueron punta de lanza a la hora de enfrentarse a la reacción 5.

El 18 de marzo de 1871 fueron muchas de las mujeres más pobres de París las que, con Louise Michel a la cabeza, dieron la voz de alarma e impidieron que las tropas gubernamentales versallescas incautaran los cañones de la Guardia Nacional que el propio pueblo de París había sufragado 6. Fueron estas mujeres, muchas de ellas prostitutas, a las que Michel reclutó para establecer un servicio de ambulancias en el frente (a pesar de la oposición de la “aristocracia obrera masculina” 7), y también fueron ellas las que se unieron a los niños de la calle, los expresidiarios y los desempleados para formar batallones que nacían directamente de los arrabales.

En 1909, cuando el gobierno español empieza a reclutar a los jóvenes proletarios catalanes para una nueva bufonada imperialista en Marruecos, son las mujeres las que con más fuerza inician los primeros actos de protesta, y, de entre ellas, nuevamente, las prostitutas. La movilización femenina para evitar que sus hijos o compañeros fueran a morir a una estúpida trifulca colonialista adquiriría la naturaleza de una verdadera insurrección que duraría del 26 de julio al 2 de agosto. En esas jornadas, y también en los días previos, los apodos de compañeras prostitutas como “La Valenciana”, “La Cuarentacéntimos”, “La Bilbaína”, “La Larga” o “La Castiza” destacarían entre la multitud: levantaban barricadas, organizaban y encabezaban piquetes, escondían perseguidos y preparaban la logística barrial para atacar a las “fuerzas del orden” 8.

En los años posteriores la joven CNT iría creciendo y, sobre todo entre los años 20 y 30, aglutinaría en su seno a gran parte de la joven militancia de los barrios más marginados (de Las Injurias en Madrid al Barrio Chino barcelonés) de las grandes urbes del Estado. Está militancia no sería contemplativa y compondría en muchas ocasiones los cuadros de defensa confederales. Expropiadores profesionales como Felipe Sandoval, provenientes de la miseria más extrema, o expertos en el uso de la pistola star como el artista transformista Lluis Serracant (“Flor de Otoño”), eran frecuentes entre los llamados “hombres (y mujeres) de acción” del anarcosindicato 9. Incluso el que fuera secretario del Comité Nacional de la CNT, y antes del Regional de Catalunya, “Marianet” Rodríguez Vázquez, provenía del mundo de la delincuencia juvenil. Sería precisamente en la cárcel donde se aproximaría a las ideas libertarias, siguiendo un proceso bastante común en la época. Con una CNT que había pasado unos 10 años intermitentemente ilegalizada (1911-1914 y 1923-1930), la conexión natural de su militancia politizada, constantemente encarcelada, con el resto de la población reclusa, era inevitable. Las cárceles se convertían en centros de propaganda y formación y las ideas antipenalistas de los anarquistas circulaban sin dificultad. La fuerza del vínculo del “lumpen” con la CNT sería sometida a la prueba de fuego de las jornadas revolucionarias del 19 de julio de 1936, donde esas supuestas clases y subclases proletarias se fundirían por la misma causa 10.

¿Es este pequeño retablo histórico un intento de idealizar al “lumpen” y confirmar ese supuesto “instinto revolucionario” del que hablaba Bakunin? En absoluto. He vivido demasiado de cerca la miseria para no conocer todo el capitalismo desnudo, el darwinismo social y la mierda sin edulcorar que hay tras ella. Quien conoce la marginación a través de la literatura barata o el folletín sociológico de moda, del último artefacto pop de Hollywood, de algún reality de Cuatro o Telecinco, de las redes sociales o de algún videoclip de la MTV, puede consumir sucedáneos y fetichizar lo que desconoce. Pero cuando la marginación te rodea y ahoga a diario algunos sólo intentamos buscar las herramientas para escapar de ella. O haces eso o te permites el lujo de comprar la propia caricatura que venden de ti mismo, fusionarla con tu identidad y seguir naufragando lastrado por los clichés. Mi intención, por tanto, no puede estar más lejos de la simplicidad mitificadora. Esta semblanza histórica que he compartido es sólo un humilde e incompleto intento de demostrar que muchas veces somos precisamente aquello que las circunstancias no nos impiden ser; y que a veces somos eso mismo hasta cuando las circunstancias nos impiden serlo. Sí, mostrar ante la adversidad nuestra mejor versión es un desafío que afecta el noble que renuncia a sus privilegios para abrazar la causa de las oprimidas, y también al oprimido que se olvida momentáneamente del hambre para abrazar la causa de su propia autonomía; pero, y no se puede negar, descender una pendiente siempre es menos duro que subirla. Renunciar a privilegios no implica la misma cantidad de trabajo que conquistar derechos. Lo primero supone, sobre todo, un acto de conciencia individual y como mucho un disgusto familiar; lo segundo, además de eso, requiere un acto deliberado de lucha social. No idealizo, pero sí reconozco el mérito de las que se niegan a seguir tragando lodo. Negarse a que los demás se sigan arrastrando ante ti no me parece, lo siento mucho, ni la mitad de arriesgado.

Para la mayoría de la izquierda, sin embargo, los intentos emancipatorios del “lumpen” no son nunca parte de un proceso consciente y autónomo, sino algo a los que se ve forzado por la fuerza de los acontecimientos o a lo que directamente hay que obligarlo. Y aún aquellos que no contemplan al “lumpen” como un sector contrarrevolucionario por sistema, lo ven como un eterno menor de edad, perdido, desorientado, inmaduro, que debe ser guiado y dirigido porque por sí solo es incapaz. Es la mentalidad de la caridad cristiana y del tutelaje oenegero. Saturados de ideología, no son capaces de ver que sólo apoyan la manumisión (concesión de la libertad) y no la autoemancipación, ni tampoco las consecuencias reales de esta postura. Cuando cacarean como un mantra que “la emancipación de los trabajadores será obra de sí mismos o no será” creen que esa primera línea de los estatutos de la AIT de 1864 (redactados precisamente por Marx a instancia de cartistas y proudhonianos) incluye a cualquier explotado, salvo al “lumpen”. Quieren “salvar a la gente” pero sin contar con esa gente. Despotismo ilustrado al fin, aunque se pinte de rojo.

Es esto lo que ha pasado con el último debate en torno al derecho a sindicarse de las prostitutas. El análisis sobre la prostitución, desde una óptica libertaria, no puede ser más meridiano. Es una de las formas de opresión, de la explotación del ser humano por el ser humano, más brutal, cruda y sin artificios de todas cuantas existen. Es también una de las pocas que antecede al capitalismo, es decir, una de las pocas relaciones de poder que ha sido mercantilizada que, aunque encuentre en el librecambismo un aliado perfecto, no proviene directamente de él. La prostitución es hija de una institución mucho más rancia y antigua: el patriarcado. Es éste el que estableció la jerarquía de géneros, el que históricamente convirtió a las mujeres en botín de guerra y el que las sigue reduciendo a un simple objeto de consumo, sexual o doméstico. La prostitución (aunque no omito que también la hay masculina) es producto incontestable de la androcracia. Todo intento de romantizarla es vano, y todo discurso sobre la voluntariedad absurdo. Ninguna forma de explotación es nunca voluntaria. Si algo se va a hacer de forma voluntaria, ¿por qué existe el incentivo o la coacción de la retribución económica sin la cual no lo haríamos? Procurad que toda persona tenga techo y tres comidas al día y entonces podremos hablar de voluntariedad. Mientras, no habrá elección libre condicionada por la necesidad.

La postura anarquista ha sido siempre la de la abolición. Si pretende la abolición de la esclavitud moderna convertida en trabajo asalariado, ¿cómo excluir de esa exigencia a la prostitución? Toda forma de explotación y asalariamiento deben ser abolidas, y más las que no sólo tratan de alquilar nuestro cuerpo y nuestra inteligencia sino también nuestra intimidad. Creo que podemos considerar esta reivindicación como algo históricamente mayoritario dentro del anarquismo. Sin embargo, el problema no surge tanto en relación a la abolición en sí (cuando se interpreta como una figura abstracta) sino en relación a cómo debe obtenerse ésta (cuando se convierte en lo que de verdad importa: una figura concreta). Una parte numerosa, o al menos con bastante repercusión en los medios contrainformativos, desde determinados sectores del anarquismo a la izquierda autoritaria, coinciden en reivindicar la abolición, pero, para mi sorpresa, excluyendo a las prostitutas del proceso y negando su derecho a organizarse/sindicarse. Se darán mil excusas para negar esta afirmación, pero la realidad es que toda la retórica sobre la autoorganización es tirada por el desagüe en cuanto las prostitutas salen del oscurantismo y entran en escena.

Algunos de los pretextos más socorridos son los siguientes: “no pueden organizarse por sí solas porque no están capacitadas”. Aunque parezca una exageración esto es lo que hemos oído y leído estos días. Comparadas recurrentemente con animales no humanos encerrados en jaulas, o con niños explotados laboralmente, se les ha atribuido respectivamente la misma capacidad emancipatoria que la de seres que carecen de facultades intelectuales humanas o que la de otros que aún no han madurado ni se han desarrollado completamente. Esa es la visión desnuda, y aquí cabe poco maquillaje, que se tiene realmente de las prostitutas desde ciertas torres de marfil: seres limitados o a medio formar, incapaces de emitir opinión, y menos aún una solución razonable, sobre su propia situación.

Cuando les conceden la venia para organizarse dicen: “que se organicen, pero que no se sindiquen porque eso significaría aceptar que la prostitución es un trabajo”. Sólo se entiende la organización de las prostitutas en clave de ONG caritativa, nunca como una estructura fuerte y reivindicativa. El debate no es si la prostitución es o no un trabajo, pues la pregunta, casi siempre lanzada de forma tendenciosa, suele tener más recorrido excluyendo a las prostitutas que condenando a la prostitución; el debate, que no se quiere afrontar porque revela los verdaderos prejuicios burgueses que hay detrás del asunto, es si las prostitutas son o no clase obrera. Los que las reconocemos como compañeras de clase ignoramos los juicios legales y morales de la misma sociedad que las explota. No tienen los medios de producción en su poder, se ganan el pan sometiéndose a una cruenta explotación que a su vez no ejercen sobre los demás. Para considerarlas hermanas de lucha no se necesita más. Si admitimos que son clase obrera, tendremos que reconocer simultáneamente su derecho a articular su lucha usando la estructura sindical. Aunque queramos sacralizarla y colocarla tras un cordón dorado que no se pueda traspasar, la realidad es que un sindicato no es más que un órgano de clase usado por los de abajo para defender sus propios intereses. Con independencia de la opinión que nos merezca tal o cual actividad, de que la consideremos trabajo o no, la herramienta sindical es igual de válida y utilizable. ¿Acaso los sindicatos de inquilinas, con casi 100 años de historia, son un órgano estrictamente laboral? No lo son, y por eso su reformulación moderna ha generado tantas objeciones por parte de los puristas, pero la realidad, que éstos parecen desconocer, es que los sindicatos de inquilinas nacieron precisamente impulsados por sindicatos laborales y organizaciones obreras, como la CNT y la FAI, que entendían las reivindicaciones de clase de forma integral y no dibujaban una línea divisoria entre la arrendataria y la trabajadora. Es por eso que hoy son tan necesarios como antes. ¿Acaso no necesitamos también que proliferen los sindicatos de presas, con independencia de que tampoco sean organismos exclusivamente laborales? Lo importante es crear las estructuras defensivas con las que la clase obrera, en su distintos y compatibles estadios, como consumidoras, como encarceladas, como inquilinas, y no sólo como productoras, pueda dar una respuesta coordinada contra los ataques que sufre.

Otro de los reparos más comunes alude a la posibilidad de que el establecimiento de un sindicato de prostitutas suponga el reconocimiento tácito de una patronal y que esto abra la puerta a la legitimación de los proxenetas y a la regularización de la prostitución. Primero, y tristemente, las distintas asociaciones de proxenetas que explotan a mujeres bajo el eufemismo de “locales de alterne” ya han sido regularizadas y legalizadas, entre otras instituciones por el mismísimo Tribunal Supremo, desde hace casi 20 años 11. Es curioso que la organización legal de los explotadores no levante hoy, ni levantara entonces, el mismo revuelo que el intento de organización de las explotadas. Por otra parte, es absurdo creer que una organización de autodefensa sindical implica necesariamente el reconocimiento de una patronal. Sólo implica la necesidad de organizarse para combatir abusos y agresiones, vengan éstas de donde vengan. ¿Cuál es la patronal de los sindicatos de manteros y lateros? Su constituyen como sindicato para defenderse de las redadas policiales y las políticas municipales, para tejer redes de apoyo y protesta, sin que esto signifique reconocer como interlocutor a patronal alguna. Lo mismo puede decirse sobre la retorcida pretensión de que crear un sindicato es legitimar la explotación que sufren las sindicadas. Cuando las personas que viven hacinadas en un “piso patera” o en un cuarto de lavadoras mínimamente habilitado como vivienda se unen a un sindicato de inquilinas, ¿están legitimando con ello el arrendamiento draconiano al que han sido sometidas? Cuando un grupo de trabajadoras migrantes, sometidas a jornadas laborales maratonianas, sin medidas de seguridad ninguna y con auténticos sueldos de hambre, se afilian a un sindicato laboral convencional, ¿están legitimando la esclavitud encubierta a la que son sometidas o por el contrario la están combatiendo? Lo que legitima la explotación es seguir desarmadas, inermes, aisladas y calladas. Lo que justifica la opresión es seguir como hasta ahora, ocultas bajo el manto del statu quo, sin hacer ruido, sin molestar.

Uno de los argumentos capitales para negar la sindicación de las prostitutas alude al supuesto carácter amarillo que puede haber tras los sindicatos que impulsan el proceso. Ante la propia ignorancia vamos a aceptar el presupuesto. Seguramente hay muchos intereses espurios que pueden tratar de controlar dichos sindicatos, como lo hacen los empresarios con los sindicatos laborales convencionales o la administración con las plataformas de vivienda. Ahora bien, ¿la existencia de estructuras amarillas y quintacolumnistas dentro de las organizaciones obreras invalidan toda forma de organización y sindicación? Que existan CCOO y UGT, ¿deslegitima por ejemplo a todos los anarcosindicatos? Tomar la parte por el todo no es nunca una buena solución. La existencia de sindicatos amarillos que tratan de maquillar la explotación de las compañeras es precisamente un argumento más para que los sindicatos revolucionarios abran sus puertas a la organización de las más precarias. A más amarillismo más necesitamos organizaciones combativas opuestas al armisticio social.

Llegados a este punto, sin muchos más argumentos en contra, se acaba soltando: “vale, que se sindiquen, pero que lo hagan para exigir la abolición de la prostitución ipso facto”. Pues sí, ojalá lo hicieran, pero la realidad suele ser mucho más dura, insatisfactoria y compleja. No sé cuántas de las personas que me leen han militado en un sindicato, pero si lo han hecho sabrán perfectamente de lo que hablo. Cuando una inquilina se acerca a un sindicato habitacional, ¿lo hace para exigir la abolición de los alquileres y la socialización de la vivienda o simplemente para pedir una bajada de la renta o evitar su desahucio? Cuando una trabajadora convencional se acerca a un sindicato laboral, ¿lo hace para exigir la abolición del trabajo asalariado y la destrucción del sistema capitalista o lo hace inicialmente para impedir una reducción de salario o evitar su despido? Habitualmente, ninguna explotada se acerca a una organización obrera para reclamar un cambio revolucionario radical. La gente, lógicamente, sólo está interesada en un principio en mejorar sus condiciones de vida, que no es poco. Después, con el contacto, la confluencia y el autoaprendizaje, se va dando ese proceso por el que se abren las expectativas y se amplían las exigencias. Pero el primer paso, para conseguir eso, es organizarse. ¿Podemos exigir a las prostitutas que empiezan a dar los primeros pasos organizativos que reclamen inmediatamente la abolición de la prostitución y la desaparición del sistema patriarcal y que renuncien a su vez a reclamar simples y elementales derechos sanitarios o sociales? Quien se sienta con la autoridad moral necesaria para hacerlo que lo haga. Pero que no se olvide antes de visitar a las organizaciones obreras con más de un siglo de historia que aún no le exigen eso a sus afiliados.

Y este último punto abre la puerta, inevitablemente, a qué tipo de abolición queremos. ¿Queremos una abolición vertical, de abajo a arriba, a base de decretos y leyes, que excluya del proceso a las prostitutas o queremos una abolición surgida de abajo a arriba y protagonizada por las propias afectadas? Cuando hoy la izquierda habla de abolición de la prostitución, y lo hace arguyendo algunos de los argumentos desmontados más arriba que niegan la organización/sindicación de las prostitutas, está defendiendo en realidad una abolición muy poco abolicionista. Sin las prostitutas liderando el proceso, la abolición sólo puede venir del Estado, de una reforma del Código Penal promovida por el Parlamento, de unas leyes aplicadas por los tribunales y de una batería de medidas gubernamentales. No hay más recorrido. Si ese es el modelo de abolición de cierta izquierda, e incluso de algún anarquismo, tenemos un grave problema de ignorancia histórica, y, en el segundo caso, de coherencia práctica.

Ningún cambio de paradigma radical, y eso es lo que requiere la abolición, se ha producido nunca de espaldas a los afectados directos. En los años previos a la Guerra civil americana (que duró de 1861 a 1865) se fue desarrollando un considerable movimiento a favor de la abolición de la esclavitud, mayoritariamente blanco, religioso y en muchos casos paternalista con respecto a los propios esclavos. La esclavitud se convirtió en una cuestión que ofendía la moral cristiana de los blancos, pero no necesariamente en un asunto que fuera competencia de los negros. Este movimiento pudo propiciar que se aplicara al final de la guerra la “Proclamación de emancipación”, pero al ser un mero decreto legal, que no requería ni la participación, ni la aportación y ni siquiera la opinión de los negros, la abolición gubernamental de la esclavitud se convirtió en una “abolición en falso”. Durante las décadas posteriores las personas negras, tanto en el norte como en el sur (aunque con más virulencia en los Estados sureños), eran simples ciudadanos de segunda o de tercera. La segregación era un hecho, los asesinatos y linchamientos cotidianos también. No habían ganado derechos tangibles. Seguían trabajando en las plantaciones de los blancos con la diferencia de que ahora debían pagar un alquiler por residir en ellas. Las fuentes públicas, restaurantes, hostales, transportes y colegios seguían estando reservados, en su mayoría, para los blancos. No es hasta 90 años después que el paradigma –sin caerse– se tambalea. ¿Qué ocurrió? Que los afroamericanos tomaron el control de sus propias reivindicaciones y de su propia emancipación. La movilización en la calle y la lucha social a partir de 1955 hizo mucho más por cambiar las condiciones de los negros que cualquier decreto legal.

La concesión de derechos de arriba a abajo, otorgados por un tercero, es incompatible con cualquier cambio que no sea meramente estético y formal; no hay cambio profundo si no lo protagonizan directamente las afectadas. Patrafraseando lo que decían los supervivientes de los Comités de Defensa cenetistas sobre la revolución 12, no hay abolición posible desde el Estado sino contra el Estado. Y es aquí dónde cierto anarquismo actual rompe con el relato histórico libertario sobre la abolición. El abolicionismo anarquista, salvo lamentables excepciones, intentó huir siempre de los juicios elitistas morales que excluían a las prostitutas del resto de la clase trabajadora. Para este abolicionismo, las distintas forma de explotar a las mujeres no podían jerarquizarse, y no comprendían que la mujer casada por inercia 13 o la operaria de fábrica manoseada por su patrón, miraran por encima del hombro a la prostituta y no entendieran su situación como parte de un todo. El anarquismo creía que la prostitución era un fenómeno cultural y social, pero también, y es algo que hoy parece querer omitirse, económico 14. Cuando Mujeres Libres aprovecha el acontecimiento revolucionario de 1936 en Barcelona para crear sus famosos Liberatorios de Prostitución, no espera nada de decretos gubernamentales, tampoco cree que baste con vaciar los burdeles y echar a las prostitutas para que se produzca un cambio a mejor 15. Aunque en algunas circunstancias sí pudieron pecar de cierto paternalismo, el programa de Mujeres Libres consistía en apoyar la organización de las prostitutas, en intentar acercarlas a las estructuras sindicales (y viceversa), conseguir que se afiliaran y, desde ahí, introducir la capacitación profesional y el reciclaje laboral. El proyecto fracasó por circunstancias sociales y estratégicas que exceden al análisis de este artículo. Pero la gran lección que se puede extraer de uno de los momentos históricos donde más definida quedó la posibilidad de la abolición de la prostitución, es que no se puede hacer de espaldas a las afectadas.

La abolición de la prostitución no se conseguirá sin cuestionar y atacar antes (o al menos simultáneamente) a la estructura que le dio origen y a la que hoy la sustenta: el patriarcado y el capitalismo, respectivamente. Para acabar con la prostitución necesitamos, por tanto, un cambio de paradigma; y no hay cambio de paradigma posible si primero no se organizan las afectadas.

En esa línea de pensamiento nos decía Goldman, en su triple condición de anarquista, mujer y, en cierta ocasión, prostituta:

“Solamente una opinión pública inteligentemente educada, que deje de poner en práctica el ostracismo legal y moral hacia la prostitución, ha de coadyuvar al mejoramiento del presente estado de cosas. Cerrar los ojos por un falso pudor y fingir ignorancia ante este mal y no reconocerlo como un factor social de la vida moderna, no hará más que agravarlo. Debemos estar por encima de la estúpida noción soy mejor que tú, tratando de ver en la prostituta solamente a un producto de las condiciones sociales. […] Respecto a la total extirpación de la prostitución, nada, ningún método podrá llevar a cabo esa magna empresa, sino la más completa y radical trasmutación de valores, en la actualidad falsamente reconocidos como beneficiosos –especialmente en lo que atañe a la parte moral– junto con la abolición de la esclavitud industrial, su causa causarum” 16.

La importancia de ahorrarse los jodidos sermones y la pretendida superioridad moral, la necesidad de que sean las afectadas las que lideren su propio proceso de emancipación, es algo que va más allá de la sindicación de las prostitutas y que alude directamente a todo el sector de explotadas y marginadas que viven en la periferia de la “clase obrera canónica”. Necesitamos sindicación y organización entre presas sociales, indigentes, paradas crónicas y todas las personas aplastadas por el sistema que viven en sus margenes. Si no somos capaces de aprender y escuchar, de apoyar y ayudar a que la gente más jodida se encuentre y agremie, por lo menos no hagamos la función de palos en la rueda.

Pero para que la izquierda llegue a esa conclusión, y deje de boicotear todo aquello que no puede controlar, primero debe soltar mucho lastre. Debe dejar de usar los límites legales como brújula, y debe abandonar todo el moralismo que le inculcaron en la universidad, en el partido o en la iglesia. Mientras no esté dispuesta a demoler cuanto de burguesa hay en ella 17, seguirá haciendo gala de un clasismo asertivo que aún no atina a definir. Si sabemos que existe un racismo asertivo que es incapaz de evaluar el propio racismo, y a su vez un nacionalismo asertivo (como hemos visto en relación al conflicto catalán) que ve nacionalismo por todas partes salvo en su propio patriotismo, hemos de admitir que existe también un clasismo asertivo que analiza con gran dedicación todos los prejuicios de las clases altas con respecto a la clase trabajadora, pero que no tiene ningún interés en cuestionar sus propios prejuicios con respecto al “lumpen”, al que excluye de esta categoría obrera.

Concluyendo, sé que la organización del “lumpen” no tiene por qué representar per se un cambio radical. Ni siquiera, necesariamente, un cambio a mejor. La gente puede organizarse para acomodarse a su opresión, para venderse a las instituciones o para cualquier otra corrupción similar. Puede, efectivamente, que el porcentaje de cambio real que produzca la organización/sindicación de precarias, marginadas y excluidas sea realmente bajo. Es una posibilidad. Pero contra esa posibilidad se levanta una certeza: sin esos primeros pasos organizativos el porcentaje de cambio es del 0%. Asumir la derrota como punto de partida es un buen aliciente para crear literatura épica y regodearse en las batallas perdidas por nuestros abuelos. Las que no tenemos nostalgia, las que no tenemos estabilidad, ni techo propio, ni pan seguro, no podemos conformarnos con eso. Nos toca encontrarnos, conocernos, organizarnos y empezar a desarrollar una resistencia económica y social callejera. Quizás la izquierda discrepe, pero aún le queda una opción: seguir cagándose de miedo cada vez que una puta levante la voz.

 

NOTAS

  1. La definición reza así: “El lumpemproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad […]” (Marx y Engels, op.cit.).En el primer tomo de El Capital (1867), Marx insiste en separar explícitamente a los obreros que caen en la pobreza por desempleo, orfandad, vejez o accidentes laborales de “vagabundos, delincuentes, prostitutas, en suma, del lumpemproletariado propiamente dicho […]” (ibíd.). A lo largo de toda la obra marxiana y engeliana pueden leerse pasajes del mismo talante: “El lumpemproletariado, esa escoria integrada por los elementos desmoralizados de todas las capas sociales y concentrada principalmente en las grandes ciudades, es el peor de los aliados posibles. Ese desecho es absolutamente venal y de lo más molesto” (Engels, prefacio a la segunda edición de La Guerra Campesina en Alemania, 1870). “[El] lumpemproletariado, que en todas las grandes ciudades forma una masa bien deslindada del proletariado industrial. Esta capa es un centro de reclutamiento para rateros y delincuentes de todas clases, que viven de los despojos de la sociedad, gentes sin profesión fija, vagabundos, gentes sin hogar y sin credo […]” (Marx, La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, 1850). En el 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1854) Marx hace una larga lista con muchos de los tipos de “subproletarios” que identifica y que van desde mendigos y expresidiarios a traperos y afiladores, para acabar concluyendo que son una “hez, desecho y escoria de todas las clases”. Idénticos juicios se esgrimen hoy, sin sonrojo, mientras se sorbe alguna bebida de moda entre risas cómplices, en muchas de nuestras charlas, tertulias y foros públicos. Omito las redes sociales porque desconozco qué bebe la militancia roja ciberrnautica mientras rezuma falta de empatía.
  2. “Cuando los obreros franceses escribían en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: ¡Muerte a los ladrones!, y en efecto fusilaban a más de uno, no lo hacían en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esta banda” (Engels,La Guerra…, op.cit.).
  3. Es emblemático ese pasaje en el que define al “lumpen” como “la flor del proletariado”: “Porflor del proletariadoentiendo sobre todo esa gran masa, esos millones de no civilizados, de desheredados, de miserables y analfabetos que Engels y Marx pretenden someter al régimen paternal de un gobierno muy fuerte […]. Por flor del proletariado entiendo precisamente esta carne de gobierno eterno, esta gran canalla popular, que siendo casi virgen de toda civilización burguesa, lleva en su seno, en sus pasiones, en sus instintos, en sus aspiraciones, en todas las necesidades y miserias de su posición colectiva, todos los gérmenes del socialismo del futuro, y que por sí sola es lo suficientemente poderosa hoy en día como para inaugurar y hacer triunfar la Revolución social” (M. Bakunin, El Imperio Knuto-germánico y la Revolución Social, 1871).
  4. Íd,Estatismo y anarquía, 1873.
  5. Más allá de los acontecimientos mencionados, podrían nombrarse muchas más algaradas y conatos revolucionarios donde el “lumpen” jugó un papel determinante o incluso donde llevó la iniciativa, pero eso requeriría convertir este humilde artículo en toda una tesis de investigación. Muchas de las “protestas del hambre” y huelgas de alquileres a comienzos del s. XX fueron encabezadas por el “lumpen”, especialmente por las compañeras que ejercían la prostitución. Un caso paradigmático es el de la huelga de inquilinas que iniciaron las prostitutas a comienzos de 1922 en Veracruz (México), y que impulsaba el Sindicato Revolucionario de Inquilinos que organizaba el anarquista Herón Proal. Este último homenajearía a las compañeras en un mitin: “Ustedes […] fueron las primeras en decretar la huelga que hoy ha tomado proporciones gigantescas: ustedes son en realidad verdaderas heroínas, por haber puesto la primera piedra de este edificio gigantesco que hemos ahora levantado; son las iniciadoras, y por tanto, merecen un estrechísimo abrazo de confraternidad. El Sindicato Rojo de Inquilinos les abre los brazos y les llama con todo cariño sus queridas hermanas. Sí señores y no se rían (porque la palabra hermanas causó risa entre el auditorio) estas pobres y despreciadas mujeres, no solamente son nuestras compañeras, sino también nuestras hermanas, […] y no hay motivos para excluirlas de la hermandad, tanto más, cuanto que son carne de explotación de los burgueses” (citado enEl movimiento inquilinario de Veracruz, 1922, 1976, de O.G. Mundo).
  6. “Las mujeres se tiran sobre los cañones y las ametralladoras interponiéndose entre nosotros y el ejército; los soldados permanecen inmóviles” (L. Michel,La Comuna de ParísHistoria y recuerdos, 1898).
  7. “¿Quién tiene más derecho que estas mujeres, las víctimas más desgraciadas del viejo orden, a dar su vida por el nuevo?” (Michel citada por J.M. Merriman enMasacre: Vida y muerte en la Comuna de París de 1871, 2017). La Comuna, sin embargo, no supo apreciar el sacrificio de estas compañeras y en su resolución “Sobre la prostitución” (del 30 de marzo al 18 de junio), como intento de abolirla, decretó, después de un bonito prefacio, la detención de todas las mujeres “libradas de la prostitución” (dixit) que circulen por el 2º distrito, pero ni una sola medida contra proxenetas o puteros.
  8. El inspector jefe de policía de Atarazanas diría sobre “La Bilbaína y “La Castiza”: “Estas dos mujeres son y han sido siempre las cabecillas de todos los motines iniciados en la calle del Mediodía […]” (citado por A. Talero en su artículo “Las ‘petroleras’ de 1909. Papel de la mujer en la Semana Trágica” enHistoria 16, 1979).
  9. Como semblanza del nexo entre anarquistas y “lumpen” durante ese período histórico puede consultarseFuera de la ley (volumen I [2016] y II [2017]) de la editorial La Felguera.
  10. “Los militantes anarcosindicalistas han pasado la noche en los sindicatos, en los centros, en los Ateneos Libertarios. Las sirenas anuncian que las tropas sublevadas avanzan sobre el centro de la ciudad y que ellos, armados o desarmados, deben acudir a combatirlas. […] Los desheredados acogidos en las barracas de Montjuic, los que por la noche tiroteaban el polvorín, vecinos del Pueblo Seco acuden a la movilización. […] Los desarrapados de las barracas del Monte Carmelo descienden hacia la ciudad y se unen a los habitantes de las calles a medio urbanizar, a los del Poblet […]. [Los] peones buenos para cualquier oficio, los sin trabajo, convergen hacia los cuarteles y la maestranza de San Andrés, cuya conquista les dará las armas suficientes para dominar la ciudad entera. […] [Los trabajadores de las distintas industrias enlazarán] con los ‘trinxeraires’ [se puede traducir como ‘golfillos’] y gitanos del Somorostro. Todos ellos han escuchado el ulular de las sirenas” (Luis Romero,Tres días de julio, 1967).
  11. Con independencia de lo que diga el Código Penal en su artículo 187.1 sobre el proxenetismo, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA) es legal desde 2001, y la Asociación Nacional de Empresarios Mesalina (ASNEM) desde el 2004 (según sentencia de la Sala 4ª de lo Social del Tribunal Supremo). Estas y otras asociaciones, vinculadas en muchas ocasiones con la extremaderecha, mantienen una actividad de explotación sexual legal ante la completa vulnerabilidad de las mujeres que a día de hoy siguen desarmadas. Los que después de leer esto intenten establecer una vergonzante diferencia entre “alterne” y “prostitución” pueden ahorrarse el esfuerzo y el ridículo.
  12. Citados por Agustín Guillamón en “De los Comités de Defensa al análisis revolucionario de Los Amigos de Durruti. Los Comités de Defensa de la CNT” (enFuera de la ley II, op.cit.).
  13. En el anarquismo fue un recurso clásico, y muy provocador entonces, equiparar matrimonio y prostitución. Anne Mahé lo argumentaba de forma cruda: “[…] La inmensa mayoría de las mujeres son prostitutas, putas honestas que, sin deseo ni placer, cumplen con el ‘deber conyugal’ […]; ellas, las putas honestas, que desprecian tanto a las que hacen del amor un oficio” (Defensa de la prostitución, 1905). Para Emile Armand: “No existe actualmente diferencia esencial entre el matrimonio burgués y la prostitución. El matrimonio es la prostitución de larga duración, y la prostitución es el matrimonio de corta duración” (La emancipación sexual, el amor en camaradería y los movimientos de vanguardia, 1934). Emma Goldman hacía un razonamiento similar: “No es más que una cuestión de gradaciones que [la mujer] se venda a un hombre, casándose, o a varios” (“La prostitución”, enLa hipocresía del puritanismo y otros ensayos, 1910).
  14. El artículo de Mujeres Libres (aparecido en su publicación homónima) titulado “Acciones contra la prostitución” no paraba de repetir esa premisa: “Insistimos en lo que se ha dicho multitud de veces: la mujer ha de ser económicamente libre. […] Sólo la libertad económica hace posible las demás libertades, tanto de los individuos como de los pueblos. He aquí esto tan repetido, tan escuchado y que es la base de las acciones contra la prostitución, porque la mujer que vive en dependencia económica recibe una paga, aunque sea de un marido legítimo” (en la compilación de M. Nash:Mujeres Libres. España 1936-1939,1974).
  15. De nuevo a través de su revista, Mujeres Libres comparte el texto “Liberatorios de prostitución”, donde comentan cargadas de ironía: “En varias localidades que hemos visitado recientemente se nos ha hecho saber, como gran medida, que en ellas habíansuprimido la prostitución. Al preguntar cómo y qué se había hecho con las mujeres que la practicaban, se nos ha contestado: ¡Ah, eso allá ellas! De este modo, suprimir la prostitución es bien sencillo: se reduce a dejar a unas mujeres en la calle, sin medio alguno de vida” (ibíd.).
  16. Goldman, op.cit. Nuevamente desde Mujeres Libres volverían a emitir un juicio similar a través de esta “falsa entrevista”:

“–¿Qué opinas de la prostitución?

–Que no sólo las mujeres y los sexos se prostituyen.

–¿La crees necesaria?

–La creo una afrenta para el hombre y para la mujer. Y para la civilización.

–¿Cómo suprimirla?

–Suprimiendo leyes y moralizando costumbres. Reeducándonos sexualmente” (Nash, op.cit.).

  1. Los prejuicios burgueses con respecto al “lumpen”, transversales también a la izquierda, pocas veces han sido mejor descritos que en este imprescindible fragmento de Stirner: “La burguesía se reconoce en su moral, estrechamente ligada a su esencia. Lo que ella exige ante todo, es que se tenga una ocupación seria, una profesión honrosa, una conducta moral. El caballero de industria, la ramera, el ladrón, el bandido y el asesino, el jugador, el bohemio, son individuos inmorales y el burgués experimenta por esas gentes sin costumbres la más viva repulsión. Lo que les falta a todos es esa especie de derecho de domicilio en la vida que da un negocio sólido: medios de existencia seguros, rentas estables, etc.; como su vida no reposa sobre una base segura, pertenecen al clan de los individuos peligrosos, al peligroso proletariado: son particulares que no ofrecen ninguna garantía y no tienen nada que perder, ni nada que arriesgar. La familia o el matrimonio, por ejemplo, ligan al hombre, y este lazo le proporciona un lugar en la sociedad, le sirve de fiador; pero ¿quién responde de la prostituta? […]. Se podría reunir bajo el nombre de vagabundos a todos los que el burgués considera sospechosos, hostiles y peligrosos. […] Esos extravagantes vagabundos entran en la clase de las gentes inquietas, inestables y sin reposo, como son los proletarios, y cuando crean sospechas de la falta de domicilio moral, se les llama enredadores, cabezas calientes y exaltados. Tal es el sentido amplio del llamado proletariado y del pauperismo. ¡Cuánto se engañaría el que creyese a la burguesía capaz de desear la desaparición de la miseria (del pauperismo) y de consagrar a ese fin todos sus esfuerzos! Nada, por el contrario, conforta al buen burgués como la convicción, incomparablemente consoladora, de que un sabio decreto de la Providencia ha repartido de una vez y para siempre las riquezas y la dicha. La miseria que se amontona en las calles a su alrededor, no turba al verdadero ciudadano hasta el punto de solicitarlo a hacer algo más que congraciarse con ella, echándole una limosna o suministrando el trabajo y la pitanza a algún buen muchacho laborioso. Pero siente vivamente la turbación de sus apacibles goces por los murmullos de la miseria descontenta y ávida de cambios, por esos pobres que no sufren ni penan ya en el silencio, sino que comienzan a agitarse y a desatinar. ¡Encerrad al vagabundo! ¡Arrojad al perturbador en los más sombríos calabozos! ¡Quiere atizar los descontentos y derribar el orden establecido! ¡Apedreadlo! ¡Apedreadlo!” (El Único y su propiedad, 1844).

AUTOR

Treballador manual, “lumpen” de naixement i autodidacta. Ha militat en col·lectius en defensa de la població immigrant, en l’anarcosindicalisme i en el 15M. Actualment és membre de la Federació Anarquista de Gran Canària (FAGC), activista contra els desallotjaments, partidari de l’okupació com a projecte revolucionari i segueix implicat en la defensa de la Comunitat “La Esperanza” (la comunitat ocupada més gran a l’estat espanyol).

Las tres fuentes de AMMAR

 

Georgina Orellano, la secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), primero fue peronista, después sindicalista y por último feminista. Hoy está convencida de que la lucha es en los tres planos. Su apuesta es que el feminismo avasallante de los últimos tiempos llegue también a tonalizar el sindicalismo.

 

Por María de las Nieves Puglia*. Fotografía: Mayra Llopis Montaña

24 de agosto de 2018

http://lanaciontrabajadora.com.ar/las-tres-fuentes-de-ammar/

 

 

Georgina hace carne un síntoma de época, el feminismo que se cuela en el sindicalismo. Expresa la relación entre el anclaje en lógicas sindicalistas y un feminismo que cala en los huesos de las orgánicas tradicionales.

Hoy renueva su candidatura para la primera vocalía titular en la mesa nacional de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) que conduce Hugo Yasky. Sus 30 años recorren desde una infancia peronista y su iniciación en la prostitución hasta la conducción de un sindicato, el desempeño de un cargo en la estructura de la central sindical y una voz ineludible dentro de un feminismo renovado y joven que les abrió las puertas a las trabajadoras sexuales.

Los padres de Georgina decidieron casarse un 17 de octubre. Fieles a la lealtad peronista, su padre fue militante en los años 80. En su casa siempre se habló de política, se miraban los noticieros, se leían los diarios. Se hablaba de Perón y de Evita. Su madre, empleada de casas particulares, y él, operario de una fábrica, relataron una y mil veces cómo conocieron en su infancia las zapatillas gracias a Eva.

 

Cuando Georgina se enteró de que estaba trabajando para una prostituta, fue a un cyber y buscó todo lo relacionado al tema. En internet solo encontró contenido académico aburrido y prejuicios.

 

El mandato familiar era ser peronista y trabajar en el polo industrial de Pilar. Georgina decidió quedarse con el peronismo pero no con la tradición laboral de la familia. Le incomodaba que la contratación estuviera terciarizada por una agencia de recursos humanos que se quedaba con un porcentaje de su trabajo, hasta que la efectivizaran. “Me parecía que no iba a poder adecuarme”, asegura.

Por eso decide empezar en 2006 el CBC en Psicología y en paralelo trabajar como niñera para los 4 hijos de una mujer que le pagaba por semana, lo que le permitía tener autonomía económica. Un año después descubriría que esa mujer ejercía la prostitución. “Y ella fue la que te hizo volverte puta”, dice ahora Santino, el hijo de 10 años de Georgina para quien AMMAR y la CTA son sus espacios de socialización y que participa de nuestra conversación con la seguridad de un niño que sabe quién es su madre y que es maternado para reflexionar acerca de la sexualidad y de la política.

Cuando Georgina se enteró de que estaba trabajando para una prostituta, fue a un cyber y buscó todo lo relacionado al tema. En internet solo encontró contenido académico aburrido y prejuicios. Nada de lo que leía y pensaba se condecía con lo que ella veía todos los días: una mujer madre y trabajadora, una jefa de hogar que no se perdía un solo acto escolar. Por eso la admiraba. Podía sostener una casa con 4 hijos, una niñera, vestirse bien y participar activamente de la vida de sus hijos.

 

Ahí empezaron las conversaciones más lindas que tuvo en su vida. Aprendió mucho sobre economía del hogar, sexualidad, clientes, exclusividad sexual. Su empleadora le decía que la única diferencia entre ellas es que una cobraba y la otra no por las relaciones sexuales casuales que mantenían.

Llevó un año de conversaciones y deconstrucción de los prejuicios hasta que se le presentó una oportunidad que tuvo que pensar mucho. Había un cliente interesado en contratar una acompañante. Dio mil vueltas hasta que aceptó. Tenía 19 años y sin querer allí empezó un camino que, según Santino, “hizo que naciera la secretaria general de todas las putas”.

Quiso seguir trabajando y entró como “prima” de su confidente en el barrio de Villa del Parque. Ahí pudo conseguir su esquina y empezó a aprender los códigos de la calle. Por accidente terminó rompiendo uno de esos códigos y salió con un cliente que las compañeras desaprobaban por problemático. No solo resultó un conflicto personal para ella, sino que además, al haber sido vedado como cliente por parte de todas las trabajadoras sexuales de la zona, él se encargó de organizar una junta vecinal para desplazarlas a todas del barrio.

De repente eran las culpables de todos los problemas del barrio: inseguridad, drogas, vergüenzas. Lidiando con este problema conoció a AMMAR. Frente a la amenaza de los puestos de trabajo de todas las compañeras, organizaron un escrache en el barrio pegando carteles identificando a esa persona con nombre y apellido y nombrándolo como histórico cliente. El barrio se horrorizó. La persona que presidía el espacio de organización de los y las vecinas era responsable. Cuando la vergüenza ya no puede depositarse en la figura histórica del mal de la sociedad, las putas, cuando ya no está afuera sino bien adentro, la cosa cambia. Algunas vecinas fueron a pedirles disculpas personalmente a las putas.

La organización salvó sus puestos de trabajo y dio vuelta la ecuación de la vergüenza en el barrio. Pero aun así la afiliación no era una opción para Georgina y sus compañeras. Sus familias no sabían de su oficio y circulaba el fantasma de que quienes se afiliaban quedaban registradas en algún sistema que podía saltar al hacer una compra como si fuera un Veraz de la sexualidad.

Pero entre la resistencia a afiliarse y más tarde pasar a ocupar un lugar protagónico en la asociación, hubo un punto de inflexión: el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) de 2010 en Paraná. Asistió junto a sus compañeras de la zona de trabajo a contar su experiencia. En aquella época las trabajadoras sexuales no tenían su propia mesa multitudinaria como en años recientes, sino que participaban del taller Mujeres y Organizaciones Sindicales.

Cuando tomaron la palabra en el taller enseguida se produjo un murmullo y la interrupción no tardó en llegar. Georgina estaba convencida de que existía una comunidad de intereses que afloraba de forma espontánea por compartir su doble condición de mujeres y sindicalistas, pero no era el caso. Lo que ignoraban es que en 2010 la agenda política y feminista argentina estaba atravesada por una profunda asociación de la prostitución a la trata de personas con fines de explotación sexual. Desde 2009 nuestro país tenía una legislación para combatir la trata de personas que se actualizaría en 2012.

En medio de esa discusión aparecieron las trabajadoras sexuales a dar un debate en un ambiente hostil. Allí escucharon por primera vez las palabras abolicionismo y patriarcado. Les decían que ellas no podían ser trabajadoras, que eran víctimas de un sistema que las prostituía y que su discurso estaba aleccionado por la CTA. Un espacio histórico de mujeres expulsaba a estas mujeres y negaba su subjetividad política. Decidieron no volver por un tiempo.

Ese fue el momento en el que decidió volver a casa y salir a hacer territorio y a militar las escuelas, las universidades, las organizaciones sociales, los sindicatos. Ahí descubrió que AMMAR estaba en otras provincias y que la situación de las trabajadoras en el interior era mucho peor que en Buenos Aires. Vivían aisladas de esos contextos y las discusiones feministas también se sentían enfrascadas mientras la sociedad machista seguía vivita y coleando.

 

Les decían que ellas no podían ser trabajadoras, que eran víctimas de un sistema que las prostituía. Un espacio histórico de mujeres expulsaba a estas mujeres y negaba su subjetividad política.

 

Hoy tienen el taller más grande de todo el Encuentro Nacional de Mujeres y hacen explotar las aulas que les adjudican cada año. ¿Qué cambió? Se produjeron dos profundas transformaciones en el feminismo que abrieron las puertas a las trabajadoras sexuales. La primera, la renovación que llevaron adelante las pibas que no son herederas de ciertas posiciones históricas del feminismo argentino. Las pibas no se quedan con lo que escuchan, ni siquiera del mismo feminismo que hoy acuerpan. Georgina está segura de que tienen otra mirada respecto de la sexualidad y otra apertura a escuchar y compartir y no cerrarse en posturas ideológicas, históricas y teóricas heredadas de cierto sector del feminismo. La teoría se agota frente a la insurgencia de sujetos políticos acallados a los que las jóvenes están dispuestas a escuchar.

Pero también se produjo una ruptura en el movimiento feminista respecto de la categorización de la mujer víctima. Allí confluyen con el repudio histórico que las trabajadoras sexuales han hecho de esa identidad que ha anulado su capacidad de decisión, sus experiencias y sus historias de vida. La nueva agenda del feminismo que conecta los problemas de la violencia de género, el femicidio, el acoso callejero y el aborto con un rechazo de la victimización se conjuga con una vieja lucha de las trabajadoras sexuales por desterrar la noción de víctima. El rol del Estado se desplazaría de salvador y rescatista a garante de las decisiones que las mujeres tomen sobre sus propios cuerpos y sobre sus propias vidas. Existe un desplazamiento de un feminismo que cuenta muertas a un feminismo que empodera a mujeres, travestis, lesbianas y trans.

 

La nueva agenda del feminismo que conecta los problemas de la violencia de género, el femicidio, el acoso callejero y el aborto con un rechazo de la victimización se conjuga con una vieja lucha de las trabajadoras sexuales por desterrar la noción de víctima.

 

Esa misma irrupción se produce en el sindicalismo. Georgina encarna eso. Primero fue sindicalista y luego tuvo que aprender a ser feminista, pero las trabajadoras que se unieron a AMMAR en los últimos años tienen una trayectoria invertida, son feministas que aprenden lentamente a pensarse en una lógica sindical. Ese encuentro de lógicas distintas es lo que está enriqueciendo las centrales obreras, según Georgina. La CTA les dijo compañeras desde el principio y eso hizo que las putas sean parte de algo, pero ahora viene un desafío ulterior.

 

La participación sindical cuesta porque está pensada como una construcción masculina del obrero fuerte que hace el trabajo forzoso y la trabajadora sexual no cumple ninguno de esos parámetros. Primero, porque no son “el obrero”. Segundo, porque no están inscriptas en la relación obrero-fábrica-patronal-Ministerio de Trabajo que tiene por sujeto sindical central al trabajador industrial. El trabajo sexual como parte de la economía popular tiene otros interlocutores: la policía, los vecinos, los vendedores ambulantes y un Estado totalmente ausente.

Pero además los sindicatos y las centrales se organizan de forma masculina, los referentes militan y vuelven a su casa y tienen todo resuelto, el pibe bañado, dormido, con la tarea hecha, la comida caliente, la toalla para bañarse. “¿No saben que todo eso lo sostienen las mujeres?”, se pregunta Georgina. Ese es el desafío en los partidos políticos y en el sindicalismo. Hacia ese lugar tiene que apuntar también el feminismo.

 

Los sindicatos y las centrales se organizan de forma masculina, los referentes militan y vuelven a su casa y tienen todo resuelto, el pibe bañado, dormido, con la tarea hecha, la comida caliente, la toalla para bañarse.

 

No se trata de que el sindicalismo vaya para un lado y el feminismo para el otro. Feminismo, peronismo y sindicalismo confluyen en un deseo profundo de justicia social y allí pueden articularse. De lo que se trata es de que el feminismo se da en todas partes: en la casa, en la escuela, en la cama, en la universidad, en la calle, en el congreso, en el sindicato, en la orgánica de militancia. Si bien Georgina está convencida de que los varones no deben protagonizar pero sí acompañar, se niega a darles el plan de lucha de deconstrucción patriarcal. “No somos sus madres”, no debemos reproducir el rol históricamente asignado a la mujer de hacer las tareas que deberían compartir con los varones. Que reflexionen y encuentren sus propias formas de desandar sus privilegios, algo que Georgina expresa en jerga precisa: “que encuentren sus propias formas de deconstrucción”.

Justamente por desarmar lugares tradicionales, los planes de Georgina y sus compañeras no pasan por ocupar los lugares donde solo se habla de mujeres y de cuidados. Ni una secretaría de Género ni una secretaría de Acción Social. “Nosotras no necesitamos una secretaría de género para militar el género porque lo militamos todos los días”, proclama. Confiesa un deseo: que algún día sea una compañera mujer la que asuma la secretaría general de una central de trabajadores y trabajadoras.

 

*Socióloga, Magister en Antropología Social, docente e investigadora IDAES/CESE/UNSAM

 

Vender sexo es un trabajo de clase trabajadora. Es hora de que los laboristas se unan a las trabajadoras sexuales.

 

 

 Cuando los legisladores dicen que el problema es la naturaleza en sí misma del sexo comercial, eluden las preocupaciones que menos llaman la atención a la opinión pública de las personas de la clase trabajadora; preocupaciones como mantener la electricidad, o administrar los costos de cuidado de niños que están aumentando más rápido que los salarios.

 

Por Juno Mac

24 de septiembre de 2018

https://www.redpepper.org.uk/selling-sex-is-a-working-class-job-its-time-for-labour-to-stand-with-sex-workers/?utm_source=dlvr.it&utm_medium = twitter

 

Una manifestación en apoyo de las trabajadoras sexuales en la huelga de mujeres el 8 de marzo de 2018. Soho, Londres. Foto de Juno Mac (Flickr)

 

 

“No hay nada tan degradante como tener que sacar los víveres de la bolsa en una caja de autoservicio porque tu tarjeta no funciona”, dice Dot, una trabajadora sexual de 32 años de Camden, Londres. Publica anuncios en línea y los clientes la visitan en casa mientras su hijo de 7 años está en la escuela. Ella se considera a sí misma una prostituta ordinaria, del mercado medio, sin lujos y dice que su tasa horaria es más de 18 veces lo que ganaba sirviendo palomitas de maíz en un cine. “El salario mínimo no llega para nada; tampoco los subsidios. No puedo pagar nada que necesite sin trabajo sexual “.

Nadie que haya leído los periódicos británicos en la última década habrá dejado de detectar al menos un titular que provoque el pánico ante el aumento del número de personas como Dot que venden sexo para mantenerse a flote. Es igualmente imposible pasar por alto que el trabajo sexual sigue siendo un tema tan controvertido como siempre. Las escuelas de pensamiento en conflicto cuestionan si la mejor respuesta a los problemas urgentes en la industria del sexo sería eliminar la criminalización que la rodea, o agregar más. El modelo de despenalización de Nueva Zelanda ha atraído a algunos partidarios notables, como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Organización Mundial de la Salud, ONUSIDA y la Alianza Global contra el Tráfico de Mujeres. Al mismo tiempo, varios países han seguido el ejemplo de Suecia y han adoptado la penalización de los clientes, dejando a las trabajadoras sexuales luchando por la seguridad y, al mismo tiempo, siguiendo estando ellas mismas penalizadas.

Dentro del Partido Laborista, las preocupaciones sobre la industria del sexo continúan teniendo lugar en las discusiones sobre línea política. Los diputados laboristas montan ofertas para “limpiar” el Reino Unido de burdeles (un burdel se define legalmente como dos o más trabajadoras, incluso si no hay jefe), mientras que otros han pedido un mayor poder policial para ejercer ‘medidas enérgicas’ contra las que trabajan ilegalmente en la calle. Uno describe la prostitución como “degradante en el mejor de los casos” mientras que otro dice que la prostitución no puede ser un trabajo real porque “el orgasmo de un hombre no es productivo”, ilustrando ambos cómo la preocupación feminista legítima sobre la violación y la explotación en la industria del sexo a menudo se desmorona para revelar nada más que disgusto subjetivo por los servicios concretos realizados.

Cualesquiera que sean los sentimientos personales sobre el trabajo en sí, la pobreza deja a un gran número de personas en el Reino Unido sin el lujo de poder elegir. La Comisión de Medidas Sociales (SMC) descubrió que 14.4 millones de personas en el Reino Unido estaban en la pobreza en 2016-17, con hogares afectados por discapacidad, monoparentalidad y empleos irregulares o de cero horas en mayor riesgo. El Women’s Budget Group y el Runnymede Trust descubrieron que las mujeres sufren desproporcionadamente el 86% de los recortes, especialmente las madres solteras y las mujeres BAME. Nadie lo sabe mejor que las personas que ejercen el trabajo sexual. El Movimiento Colectivo de Defensa y Resistencia de las Trabajadoras Sexuales (SWARM) dice que

“Sabemos de primera mano que la pobreza es un factor importante a la hora de determinar por qué las personas venden sexo. Sin embargo, no podemos entender por qué criminalizar la fuente de ingresos de las personas que venden sexo se presenta como una “solución” a la coacción económica de la pobreza. Si a los activistas les preocupa que la pobreza les quite las opciones a las personas, sugerimos que una solución real sería atacar la pobreza, no criminalizar lo que a menudo es la última opción que tienen las personas para sobrevivir a la pobreza “.

Cuando los legisladores dicen que la naturaleza del sexo comercial en sí es el problema, eluden las preocupaciones menos llamativas para la opinión pública de las personas de la clase trabajadora como Dot; preocupaciones como mantener la electricidad, o administrar los costos de cuidado de niños que están aumentando más rápido que los salarios. Tristemente para las trabajadoras del sexo, los titulares sobre el flagelo de “sex-dens” y “pop-up burdels” venden más periódicos que las realidades cotidianas más prosaicas de la vida cotidiana.

Nickie Roberts, que trabajó en la industria del sexo en la década de 1980, ilustra cuán típica puede ser esta desconexión de clase en el debate sobre el trabajo sexual:

“Trabajar en fábricas cutres por salarios repugnantes fue el trabajo más degradante y explotador que he hecho en mi vida… Creo que debería haber otra palabra para el tipo de trabajo que hacen las personas de clase trabajadora; algo para diferenciarlo del trabajo que hacen las personas de clase media; los que tienen carreras Todo lo que puedo pensar es penoso. Está podrido y sin esperanza; no es ni siquiera media vida. Es inmoral. Sin embargo, como digo, se espera de las mujeres de la clase trabajadora que se nieguen a sí mismas todo … ¿Por qué debería soportar a una feminista de clase media preguntándome por qué no ‘hacía cualquier otra cosa, incluso fregar baños’ en lugar de hacerme stripper? ¿Qué hay de liberador en limpiar la mierda de otras personas?

Algunas cosas nunca cambian. Los sentimientos de Roberts se asemejan a los expresados ​​casi un siglo antes, por una prostituta que escribió a The Times en 1859 (bajo el seudónimo ‘Otra desafortunada’) observando que las activistas antiprostitución ricas nunca entenderían las dificultades de “las mujeres pobres trabajando por sueldos de hambre, mientras que la penuria, la miseria y la hambruna las agarran por el cuello y les dicen: ‘entrega tu cuerpo o muere’”. Según la académica Julia Laite, esta escasez de opciones habría sido típica de la época. “Varios estudios de finales del siglo XIX descubrieron que hasta la mitad de las mujeres que vendían sexo en Gran Bretaña habían sido sirvientas domésticas, y que muchas lo habían odiado tanto que voluntariamente habían dejado el servicio”. Laite cita a una trabajadora sexual de los años 20 que preguntaba a un oficial de policía que la arrestó, ‘¿Qué me darás si renuncio a esto? ¿Un trabajo en una lavandería con dos libras por semana, cuando puedo ganar veinte con facilidad? 

Por supuesto, decir que la prostitución es mejor que la pobreza, la miseria y la muerte es poner el listón bastante bajo, y cuando decimos ‘el trabajo sexual es trabajo’, no queremos decir que siempre sea un trabajo particularmente bueno. De hecho, las trabajadoras sexuales llevan mucho tiempo organizándose para conseguir mejores condiciones de trabajo en todo el mundo. En 1907, las prostitutas de Nueva Orleans formaron piquetes en las puertas de sus prostíbulos, negándose a permitir que los clientes ingresaran hasta que las madames renegociaran las tarifas de la casa. En 1917, doscientas prostitutas marcharon (1) en San Francisco, con una oradora en la marcha que dijo: “Casi todas estas mujeres son madres o tienen a alguien que depende de ellas. Son conducidas a esta vida por las condiciones económicas … Usted no hace ningún bien al atacarnos. ¿Por qué no ataca esas condiciones?” Las trabajadoras de burdeles en Hawai se declararon en huelga durante semanas en 1942 para protestar por la denegación de sus derechos bajo la ley marcial, incluida su libertad de movimiento. En los años 1970 y 1980, las trabajadoras sexuales ocuparon iglesias (2) en Londres y Lyon para exigir el fin del acoso policial.

En Bolivia (3), a mediados de la década de 2000, 35.000 trabajadoras sexuales de todo el país participaron en una gran serie de acciones colectivas contra la violencia policial y el cierre de los lugares de trabajo. “Estamos luchando por el derecho al trabajo y a la supervivencia de nuestras familias”, dijo Lily Cortez, líder de la Asociación de Trabajadoras Nocturnas de El Alto, rodeada de prostitutas que se habían cosido la boca en señal de protesta. “Mañana nos enterraremos vivas si no se nos escucha de inmediato”. Algunas se declararon en huelga al negarse a someterse a las pruebas de ETS obligatorias “hasta que podamos trabajar libres de acoso”. Otras bloquearon el tráfico o se declararon en huelga de hambre. “Bolivia no nos quiere”, dijo Yuly Pérez, del sindicato de trabajadoras sexuales Organización Nacional para la Emancipación de la Mujer en Estado de Prostitución. “Somos odiadas por una sociedad que nos usa regularmente e ignorada por instituciones obligadas a protegernos … Lucharemos con uñas y dientes por los derechos que nos merecemos”.

En los últimos años en el Reino Unido, las trabajadoras sexuales protestaron (4) frente al centro de detención de Yarl’s Wood contra la detención y deportación de mujeres consideradas por el Ministerio del Interior como víctimas de la trata y marcharon por cientos por las calles del Soho durante la Huelga de Mujeres (5). Strippers y otras trabajadoras del comercio sexual están comenzando a sindicalizarse con United Voices of the World (6), lo que les permite disfrutar de la solidaridad con otros trabajadores de la economía precaria.

Esta semana, las trabajadoras sexuales activistas lanzarán su nueva campaña Decrim Now en The World Transformed en Liverpool, al lado de la conferencia del Partido Laborista. Constituída por una alianza de políticos, profesionales del sexo, colectivos de derechos de trabajadoras sexuales, feministas, estudiantes y organizaciones de derechos humanos, la campaña busca despenalizar la prostitución en el Reino Unido, incluyendo las penas por mantenimiento de burdeles y las leyes que criminalizan a los clientes. La campaña incluye activistas del Partido Laborista que también están activos en los movimientos feministas y sindicales. Su objetivo es abordar la falta histórica de apoyo a los derechos de las trabajadoras sexuales tanto del Partido Laborista como de los sindicatos. Como observa la activista del trabajo sexual Morgane Merteuil, “[las trabajadoras sexuales] no piden permiso para participar en la lucha de clases de la que ya son parte integral”.

Como trabajadoras sexuales, llamamos a los miembros del Partido Laborista, particularmente a los funcionarios electos cuyas prioridades incluyen los derechos de las mujeres, a pensar cuidadosamente sobre lo que las trabajadoras sexuales estamos diciendo que necesitamos: la seguridad en el trabajo es nuestra prioridad. Queremos sentirnos capaces de llamar a la policía ante un cliente desagradable, en lugar de estar preocupadas porque sea él quien nos denuncie a nosotras. Después de que Nueva Zelanda (7) despenalizó el trabajo sexual en 2003, las trabajadoras se sienten más seguras y más confiadas en sus derechos en el trabajo, y sus jefes son responsables ante el Estado bajo la ley laboral. La abrumadora evidencia de organismos como Amnistía Internacional y ONUSIDA es que la despenalización total de las trabajadoras sexuales —incluidos nuestros clientes y jefes (es decir, nuestros ingresos y nuestros lugares de trabajo)— es la mejor manera de reducir los daños contra nosotras, aumentar nuestro acceso a la justicia y asegurarnos más control sobre nuestras condiciones de trabajo. El trabajo sexual es una forma de trabajo; y nos merecemos los derechos laborales. No vemos la despenalización como una panacea, porque aún tendremos que hacer frente a los mismos problemas que todos los demás trabajadores. Incluso después de la despenalización, por poner algunos ejemplos, todavía tendremos que hacer frente a la falta de fondos para la asistencia legal, a los débiles derechos sindicales y a políticas de austeridad que reducen nuestro poder para rechazar el trabajo explotativo y acceder a los servicios que necesitamos. Las trabajadoras sexuales queremos ponernos en pie junto con otros trabajadores para desafiar estas injusticias y mejorar las condiciones para todos los trabajadores. Pero requerimos el marco básico de un lugar de trabajo legalmente reconocido, y el reconocimiento del movimiento laborista de que realmente somos trabajadoras. ¿Qué es el movimiento laborista sin trabajadores?

 


1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/01/27/hace-100-anos-trabajadoras-sexuales-marcharon-por-sus-derechos-en-san-francisco/

2.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2015/06/02/encierro-de-prostitutas-en-lyon-junio-de-1975-en-la-hemeroteca-de-abc/

3.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/09/2007-huelga-de-trabajadoras-sexuales-bolivianas/

https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/09/somos-madres-desesperadas-bolivia-2007-huelga-de-trabajadoras-sexuales/

4.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/12/09/swou-responde-a-las-redadas-del-soho-de-londres/

5.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/03/04/volante-huelga-trabajo-sexual-8-de-marzo-que-se-repartira-en-el-soho-londres-reino-unido/

6.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2018/06/30/hacia-un-sindicato-de-trabajadoras-sexuales-en-el-reino-unido/

7.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/?s=nueva+zelanda&submit=Buscar

Putas, feminismo y un parásito abolicionista

 

Por Cecilia González / Antropóloga y activista por los derechos de lxs trabajadorxs sexualxs

@AntroPOPloga

4 de septiembre de 2018

http://www.atlanticaxxii.com/putas-feminismo-y-un-parasito-abolicionista/

 

 

Asistimos a un debate de las posturas feministas en torno al sexo, el trabajo y los derechos, pero nos encontramos en un escenario de puritanismo que consume en campañas abolicionistas los presupuestos de ayuda a las víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual. Prostitución y trata de personas son dos realidades diferentes que, en España, comparten sólo la falta de derecho a decidir de las personas que ejercen el trabajo sexual. Dos sindicatos de prostitutas en el presente año, el apoyo colectivo a lxs trabajadorxs sexuales de organizaciones pro derechos y de académicos de diversos ámbitos, y un auge de las cuestiones feministas desde la diversidad, han sembrado un debate en torno al trabajo sexual y el feminismo que deja clara una idea: para combatir la trata de personas con fines de explotación sexual, las putas no son el problema, son parte de la solución.

En todas partes hay sexo y en todas partes hay putas. Pero seamos francos: el puritanismo está donde están el miedo y la ignorancia, y ha invadido con una doctrina prohibicionista que censura a las personas y las clasifica en la dicotomía “santas o putas”, según un comportamiento constantemente vigilado para que sea “normal” (y, en buena medida, casto). Es el que se hace llamar feminismo abolicionista, que de alguna forma necesita algo que abolir, y sus adeptos suelen coincidir, aunque no siempre, en prohibir la prostitución, perseguir la gestación subrogada y condenar el uso de drogas.

Frente a él se sitúa el feminismo prosex, que solo comparte con el que quiere ser su alter ego abolicionista la que fuera “palabra del año en 2017”. Feminismo pro sex y feminismo abolicionista parecen corrientes irreconciliables, aunque ambas dicen defender, entre otras cosas, “los derechos de las mujeres”.

 

FEMINISMO Y TRABAJO SEXUAL

Cuando entran en el debate los usos del cuerpo de esas mujeres aparecen las disidencias filosóficas, y de su mano las disputas: aborto, gestación, consumo de drogas, prostitución… No hace tanto tiempo, en esa lista estaban también las orientaciones sexuales no heteronormativas y la transexualidad, que no eran aceptadas por el feminismo de primera, segunda y comienzos de la tercera ola, por no corresponder la categoría de “Mujer” (blanca, clase media, cis heterosexual) recogida por la corriente.

 

Una manifestación prosex

 

Las trabajadoras sexuales son más realistas en cuanto las cuestiones que atraviesan sus cuerpos, y el feminismo al que se acogen; pansexuales, transexuales, hombres, racializadas, precarias, inmigrantes,escorts, de la calle… Todas tienen cabida en el discurso feminista prosex, porque es transversal. Y porque al fin y al cabo se trata –también– de una cuestión de sexo y deseo, que son diversos y no atienden a límites heteronormativos.

Pero sobre todo, las putas están organizadas. No confían en dogmas que dictaminan qué usos de sus cuerpos son apropiados. Eligen una actividad y la desempeñan a cambio de dinero. No hay ningún producto, hay un servicio. Los sindicatos recientemente formados en Barcelona, OTRAS y USTS, cuentan con el apoyo de otras organizaciones de carácter sindical que recogen la tipología de trabajo a la que se adscriben las putas.

No son víctimas, tienen una identidad política y reclaman unos derechos concretos. En algunos casos reclaman medidas de ayuda, protección y comunicación porque ya poseen los derechos, pero se vulneran constantemente. Llegados a este punto debemos recordar que los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos, y que el debate, si se quiere ser pragmático y ético, no está en la dicotomía “Prostitución Sí vs. Prostitución No”, sino en “Derechos laborales vs. Explotación y Clandestinidad”.

 

PROSTITUCIÓN, ABOLICIÓN Y METAFÍSICA

La prostitución, a diferencia de lo que se suele decir, no es “el trabajo más antiguo del mundo” (primero se dieron la agricultura y la ganadería y luego el canje de productos y servicios). Pero el intercambio de sexo por otros bienes y recursos no es nuevo, y sucede entre humanos y algunas especies de primates.

Paul B. Preciado describe en su charla “El burdel del Estado” los orígenes del burdel moderno en el S. XVIII como una institución pública definida por el Estado francés cuyas mujeres funcionaban cual  “contenedoras de la sífilis”. Esta herencia continúa hoy siendo parte del estigma impuesto a las trabajadoras sexuales, y su profesión es vista como un foco de prácticas sexuales nocivas y de degeneración.

Sí que es un trabajo antiguo, y está presente de forma transversal: en todas las sociedades, en casi todos los estratos y a lo largo de la historia ha existido alguna institución, oficial o no, relativa a la gestión de las sexualidades y el conocimiento de las artes amatorias.

Extraigamos de esto una obviedad en términos de mercado: las prostitutas existen porque hay demanda de sus servicios, aún cuando hay medidas políticas en su contra. Bravo. Entonces, el abolicionismo existe porque… ¡vaya! Va a resultar que el abolicionismo sólo existe porque hay putas, una fuerza reaccionaria a una realidad social, es decir: las putas pueden vivir sin abolicionismo, pero el abolicionismo no puede vivir sin las putas. Fuck!

El feminismo de mujeres de clase media, blanco y pseudoacadémico, pretende producir saberes emancipadores con libros amarillistas y argumentos plagados de falacias y significantes vacíos. Asumimos así el debate feminista entorno a campañas de desprestigio como #HolaPutero, o charlas de abolicionistas que aseguran una disociación del cuerpo femenino en el ejercicio del sexo por dinero, creando categorías que se pretenden universales pero son etno e incluso egocéntricas, hablando en nombre de un feminismo único, que no es sino el feminismo de la diferencia interpretado al gusto. El abolicionismo ha decidido hablar de las putas sin tener en cuenta sus voces ni considerarlas sujetos de pleno derecho, ganar dinero con ello y alzarse como salvador de las “mujeres prostituidas”, como ellas denominan de forma arrojadiza a las prostitutas, aún cuando éstas les piden que las citen por su profesión.

El abolicionismo es un buenismo peligroso por su simplismo. Está lleno de buenas intenciones teóricas y de ceguera práctica. Esta ceguera se llama PRIVILEGIOS. Pero también es el discurso populista gracias al que una minoría hace negocio y gana posiciones de poder institucional

 

Saisei-chan@Saisei_chan

 

Los argumentos del abolicionismo vienen a responder a tres patrones conductuales identificables (y fácilmente rebatibles):

  1. Suposicionespoco rigurosas sobre la actividad laboral y sobre los clientes.
  2. Injuriashacia las asociaciones pro-sex o de trabajadorxs sexuales, y
  3. Ataques difamatoriosen redes sociales contra las trabajadoras sexuales y los grupos sindicados. Los más comunes son: “Los clientes son violadores”, “Sois capitalistas privilegiadas” y “Esta asociación está formada por proxenetas”.

Esta putofobia tiene su festín en el estigma puta, basado en prejuicios fruto de la ignorancia y del miedo horrible a la otredad: confundir, a veces de forma deliberada, prostitución voluntaria con trata de personas para fines de explotación sexual, mezclar falacias con porcentajes para asegurar que “la mayor parte de personas que ejercen la prostitución son explotadas”, psicopatologizar a las trabajadoras sexuales, convertirlas en víctimas para salvarlas o en delincuentes porque están en el mercado negro, o silenciar su identidad en nombre de la moral, olvidando del todo la ética, son sólo algunos ejemplos de la –pobre pero popular– discursiva abolicionista.

Rara vez vemos al abolicionismo perseguir a las mafias y redes de trata, o discutir los presupuestos dedicados a campañas difamatorias que, citando alguno de los peores casos documentados de la comunidad de Madrid, violaron la intimidad de las trabajadoras exponiéndolas deliberadamente con fotografías en las que se las reconocía y provocando consecuencias en la convivencia vecinal de las trabajadoras y de sus familias. No se discute sobre la existencia de ANELA, la asociación nacional de empresarios de locales de alterne que existe desde 2004 con impunidad en el asunto del sexo de pago, o sobre la relación de los clubes con los ayuntamientos, ni se visibilizan las violencias contra trabajadoras sexuales de la misma forma que se hace cuando el machismo golpea o viola a una “mujer normal”; sólo necesitamos remitirnos al caso de “la manada de Murcia”, en donde la víctima era puta, y la justicia no tuvo inconveniente en permitir el argumento de su profesión para justificar a los agresores.

Tampoco se les da la misma relevancia a casos como el del sheriff Ginés, que, si no participó en una trama de trata de mujeres, ha sido señalado por “aprovecharse de las prostitutas”, o la brutalidad policial contra las putas durante las detenciones. ¿Dónde queda la sororidad cuando el sujeto de estos abusos son las prostitutas? La ideología de las hermanas queda al margen cuando es necesario ejercer como lobby feminista, aún a costa de otras mujeres.

 

POLÍTICAS DE LA PROSTITUCIÓN

En la provincia de Sevilla, por ejemplo, hay algo más de 100 asociaciones de mujeres / feministas. Los planes de erradicación de la prostitución están basados en estudios encargados por el ayuntamiento a las mismas académicas feministas de la diferencia que investigan superficialmente el fenómeno de la prostitución sin contar con las voces de las putas, y consiguen, en resumen, que aumente la vulnerabilidad de las trabajadoras de la calle con medidas punitivas (multas a ellas y/o a sus clientes) que las derivan obligatoriamente al trabajo clandestino en clubes, bajo las condiciones impuestas por sus dueños, dejando los beneficios de la actividad laboral a disposición de estos, así como una impunidad implícita para cotizar y declarar sobre las trabajadoras, pues no existe relación contractual demostrable entre la trabajadora y los clientes, o entre la trabajadora y un superior u hospedero.

 

Un cartel en apoyo a la víctima de “La manada”

 

Prohibicionismoregulacionismo o abolicionismo son políticas desaconsejadas por los colectivos de trabajdorxs sexuales y pro-sex por sus efectos en contra de los Derechos Humanos y por su fomento de la clandestinidad, de modo que las organizaciones pro-derechos y de trabajadorxs sexuales tienen clara la única que funciona: una legislación Pro-derechos o pro-sex, en la que la prostituta es considerada una trabajadora, y que, si se quieren buscar resultados, ha dado frutos positivos en Nueva Zelanda.

Multitud de organismos y ONG desaconsejan la penalización de la prostitución por sus efectos en contra de los derechos humanos: la Strada International, Medecins du Monde, Anti Slavery International, Open Society, ONU Mujeres, OIT…

También existen organismos por la despenalización del trabajo sexual: Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW), la Comisión Global sobre VIH y Derecho, Human Rights Watch, ONU SIDA, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud, la OMS y Amnistía Internacional.

Las conclusiones son claras: para combatir la trata de personas con fines de explotación sexual, las putas no son el problema, son parte de la solución. Conciliadas o no las posturas sobre lo que es la prostitución, el sexo y los usos lícitos del cuerpo de la mujer, el debate metafísico debe quedar al margen, y deben adoptarse medidas políticas reales que garanticen los derechos de todxs lxs trabajadorxs, sin excepciones moralistas impuestas. El sector político-social de trabajadorxs sexuales no puede ver vulnerados sus derechos diariamente, con una legislación que beneficia la trata y la explotación al proteger a los dueños de clubes de alterne, del mismo modo que las políticas prohibicionistas con las drogas fomentan el mercado negro, o la ley seca supuso el auge de las mafias. En ninguno de esos casos disminuyó el consumo de las sustancias, y con el abolicionismo no disminuye el consumo de servicios sexuales; solo se abaratan y clandestinizan, perpetuando la precarización femenina, el estigma y la exclusión social.

Una participación política y mediática en auge por parte del feminismo prosex, la acogida en  asociaciones pro derechos humanos, la presencia en las reivindicaciones masivas del 8M, y el primer sindicato catalán de trabajadoras sexuales, parece molestar cada vez más al abolicionismo, asentado en los puestos de poder de forma hegemónica, pero dibujan un panorama favorable para los derechos.

La lucha (feminista) no estará ganada mientras el feminismo de la diferencia sea mainstream, la formación feminista se reduzca a los discursos de un grupo de actrices aspirantes a teóricas del movimiento, disfrazadas de divulgadoras feministas, y se señale como no-feminismo posiciones prosex, racializadas, queer, trans y, en resumen, todas aquellas que no sean “la mía”. Ni mientras se hable a la ligera de “la mercantilización del cuerpo”, pero no de la del movimiento, ni del dinero que se gana en sectores privilegiados a costa de las putas, sin conocer su trabajo ni sus discursos.

El pensamiento crítico debe ser la base para guiarnos todas las feministas, una deconstrucción constante en la que la categoría de mujer, si es que existe, sea lo más inclusiva posible. Recordemos que hemos sufrido ya varias batallas internas desde los orígenes del feminismo negro, cuando en 1871 Sojourner Truth  dijo: “Ain’t I a woman?” Y vaya si lo era. Como lo son las lesbianas, las pobres, las gitanas, y las transexuales, aunque no siempre hayan sido consideradas miembros de pleno derecho del movimiento.

No caigamos en errores que tradicionalmente ha cometido el heteropatriarcado excluyendo a una parte de la población porque no corresponde con un estándar deseable.

El feminismo lleva demasiado tiempo peleando contra “el patriarcado” en nombre de “la mujer”, pero también contra todo lo que sale del esquema de  “una buena mujer”. Ya basta.

 

 

 

Otras, el debate está servido

 

Por Colectivo Harimaguada

3 de septiembre de 2018

https://www.laprovincia.es/opinion/2018/09/04/debate-servido/1094081.html

 

El Colectivo Harimaguada lamenta la actitud del gobierno español de revocar la autorización que dio el Ministerio de Trabajo a la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras), paralizando así una iniciativa democrática de autoorganización del colectivo de trabajadoras y trabajadores sexuales en defensa de sus derechos laborales.

Así mismo este Colectivo muestra su asombro y desconcierto ante las declaraciones de diversos representantes del gobierno y ante el debate generado, en el que se llega a confundir, una vez más, la prostitución con la trata de personas con fines de explotación sexual, creando así estereotipos estigmatizadores que afectan directamente a las trabajadoras del sexo. Precisamente es el estigma asociado a ganarse la vida con la prostitución el mayor problema al que éstas se enfrentan, y políticas e intervenciones como la que analizamos, lo magnifican.

La realidad no se puede falsear, estableciendo adulterados y emocionales debates en torno a prostitución sí o prostitución no. Estamos de acuerdo en que el trabajo sexual se está generando en un sistema neoliberal y hetero-patriarcal, en que somos muchas las personas que luchamos contra él y por construir una sociedad centrada en las necesidades humanas, igualitaria, diversa, equitativa y justa, donde todas las personas tengamos los mismos derechos, donde todas las mujeres del mundo podamos tener una vida autónoma, digna y libre.

Pero también hemos de reconocer que no podemos ignorar a las personas que participan voluntariamente (dentro de los límites que nos permite esta sociedad) en la prostitución, que se reconocen como trabajadoras y que están exigiendo cuestiones básicas como lugares seguros para trabajar y derechos laborales y sociales.

Lo que realmente debería provocar indignación es que la patronal del trabajo sexual, los empresarios de clubes de alterne, estén organizados y reconocidos legalmente para preservar sus intereses y que las trabajadoras no puedan auto organizarse para defender sus derechos.

Ante ello solo podemos estar a favor de los derechos de las trabajadoras del sexo o condenarlas al abuso laboral, la exclusión y la clandestinidad, pues es evidente que las políticas sancionadoras no han logrado sus objetivos, aumentando la vulnerabilidad de las personas a las que pretende proteger. Solo nos corresponde plantearnos qué podemos hacer para contribuir a mejorar sus vidas dentro del sistema actual, pero teniendo cuidado con pensar que somos nosotras las que tenemos estas respuestas, sin contar con ellas.

Las trabajadoras del sexo se reconocen como trabajadoras y están exigiendo derechos. Es imprescindible que la sociedad las escuche para hallar nuevas perspectivas al tratar y hablar de prostitución, que no las prive de esos derechos humanos básicos.

Y uno de los primeros pasos para lograrlo pasa por su auto-organización, pues ésta las fortalece como protagonistas de sus vidas, permitiéndoles visibilizarse públicamente, crear conciencia colectiva y reivindicar sus derechos. La visibilización pública de las condiciones en las que están trabajando contribuye también a romper con el estigma de la prostitución y con los estereotipos con los que se les define.

Lo cierto es que no existe ningún otro sector en el que se permita tener a trabajadores sin que estos se puedan sindicalizar. Recordemos que la compra y venta de sexo por parte de personas adultas no es un delito penal en el Estado español, y que también es legal tener un establecimiento en el que haya prostitución siempre que las trabajadoras del sexo sean adultas, independientes y no presionadas y que la propietaria o propietario no obtenga beneficios económicos de su trabajo (entendiendo éste como el “contacto carnal”), trabajadoras que ven sistemáticamente vulnerados y desprotegidos sus derechos.

La autoorganización de las trabajadoras y los trabajadores del sexo no va a promover mayor explotación sexual. Muy al contrario, dará apoyo y reconocimiento público a quienes llevan reivindicando derechos y denunciando la explotación sexual desde hace mucho tiempo. Como en cualquier otro sector, las empodera, haciéndolas menos vulnerables ante el abuso y la explotación.

Por lo tanto, un gobierno que se autodefine como progresista debería aplicar políticas sobre trabajo sexual basadas en los derechos humanos y en una perspectiva feminista de justicia social, donde los espacios de participación y representación de estas mujeres y el reconocimiento de sus derechos sean una realidad.

Queremos derechos para todas, todas, todas, desde el reconocimiento de las necesidades y realidades diversas y concretas y partiendo de la aceptación de sus posibilidades como sujetos dueños de sus cuerpos y de sus vidas. ¡Esperamos que seamos capaces de avanzar en este camino!