Prostitución masculina: “Que yo me dedique a esto está hasta bien visto”

Cómo ellos no tienen que cargar con el mismo estigma cuando cobran por sexo

 

Por Celia Blanco

20 de marzo de 2021

https://elpais.com/elpais/2021/03/11/mordiscos_y_tacones/1615485392_644047.html

 

La percepción que tenemos de la sexualidad, dependiendo de si somos hombres o mujeres, hace que el estigma que sufren las prostitutas no se produzca cuando son ellos los que cobran por sexo.

 

Es educado, guapo, tiene una voz exquisita y se comporta elegantemente. Queda bien colgado de cualquier brazo, tanto es así, que se cuelga de todos los que pagan su tarifa por sacarlo a pasear. Se prostituye. Y es un hombre. En su caso, acostumbra a acompañar a señoras solventes de empresas potentes que viajan mucho. Y que viajan a Madrid, le mandan un WhatsApp y son recogidas por él en el mismo aeropuerto. Esta era, al menos su vida, antes de que estallara la hecatombe sanitaria. Amador, llamémosle así, sacaba el dinero suficiente como para vivir en un ático en Malasaña con vistas a la plaza del Dos de Mayo. Ahora, con la pandemia, todo se ha ido al garete. Sus clientas teletrabajan desde sus casas, no viajan a Madrid y ha dejado el ático para compartir piso en Aluche. “No estoy mal. En Madrid, todavía puedo encontrar alguna clienta. Ya no puedo hacer despliegue de medios, pero hay muchas mujeres solas a las que su marido no hace mucho caso porque el negocio le va fatal por la pandemia”. Cuando le pregunto si se refiere a la hostelería suelta una carcajada. “Si te doy ese dato, alguno sabrá que me estoy tirando a su esposa. Para salvar mi culo diré que tampoco lo están pasando bien los que vendían zapatos”.

En su piso, los otros dos hombres que viven con él saben que se gana así la vida; no así la mujer. “Lo mismo cree que voy a subir a alguna clientela. No lo haré nunca. Mi cuarto es sagrado. Ahí solo entran las que me gustan a mí”. Sus dos compañeros de piso lo envidian: “Hay uno que insiste en que le enseñe el negocio. Pero yo no me atrevo a recomendarlo a mis clientas. No lo conozco tanto“. Sus compañeros ven la prostitución casi como una buena fortuna.

Algo parecido le pasa a Erick, aunque él se presenta como masajista erótico. Su servicio es de los más completos: “Nos desnudamos. Empezamos de pie. Ella de espaldas a mí, cierra los ojos y respira profundamente. Es fundamental dedicar unos minutos a ambientarse, a desconectar del mundo exterior y sobre todo de los nervios que se sienten la primera vez. Descubrir sus zonas erógenas es mi trabajo.  No aprieto ni trato contracturas; no soy fisioterapeuta. Mediante mis manos, en realidad, la yema de mis dedos, acaricio todo el cuerpo buscando la reacción de la piel, las zonas que se erizan al ser acariciadas o la respiración acelerada y sus suspiros. Cuando noto que su cuerpo ya está receptivo, acaricio su sexo para buscar el orgasmo. A veces se suceden consecutivamente; otras veces cuesta más. Cada mujer es un mundo y cada una tiene sus tiempos. Después descansamos, reímos y charlamos”.

En su caso, también tira de clientela fija. Admite que lo suyo puede considerarse prostitución, y él mismo destaca que, en su caso, no está tan mal considerado como cuando se trata de una mujer. “Yo no recibo el mismo rechazo que recibe una mujer. Lo saben mi familia y mis amigos. Soy un hombre. A mí no me juzgan. A ellas sí“. Erik tiene, también, clientela fija. Otros servicios se practican cuando la mujer lo pide expresamente. La penetración casi nunca aparece; según Erik, “después de los orgasmos no sienten la necesidad. Tampoco creo que busquen ese tipo de contacto conmigo. Solo en contadas ocasiones, cuando hay confianza y pactado con antelación”.  Sus encuentros se han visto afectados por la pandemia, pero reconoce que puede mantenerse porque tiene quien no le falla. “A veces, me necesitan con urgencia”, pero se acabó el contacto. Y todos los servicios, por supuesto, con mascarilla.

Los datos sobre prostitución masculina no son fáciles de encontrar. Mientras que rápidamente sabes que en España hay unas 100.000 mujeres que se prostituyen, no se sabe exactamente cuántos hombres lo hacen. En el último control elaborado al respecto por el Ayuntamiento de Madrid, en 2013, se tuvo constancia de que unos 1.500 hombres se prostituían. Pero ni en el informe que se elaboró, aparecen datos específicos sobre ellos. En muchos casos, están totalmente silenciados. Pero existir, existen. Y, parece, que la cosa ha cambiado, más con la pandemia. Si bien la figura de chapero estaba más o menos extendida, sobre todo cuando nos referimos a prostitución callejera y económica, el escort, así se hacen llamar ellos mismos, es el que ha permanecido después de la hecatombe. La prostitución callejera masculina casi ha desaparecido. Amador sostiene que él se beneficia más del boca a boca que de los anuncios que pueda pagar. “Las chicas, cuando os contáis que uno funciona supone más empuje que un anuncio. Intento que todas se vayan satisfechas”. Aunque ambos, tanto Amador como Erick, se anuncian en Twitter libremente. Ninguno oculta lo que hace. “Que yo me prostituya”, como dice Erick, “está hasta bien visto”.

 

Lo que nos dice el acto de feminicidio de Atlanta sobre los hombres y las trabajadoras sexuales

¿Cuál es la respuesta? Parece fácil, pero no lo es

 

 Victoria Gagliardo-Silver@victoriaxsilver

viernes 19 marzo 2021

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https://www.independentespanol.com/opinion/atlanta-georgia-spa-tiroteos-robert-aaron-long-trabajadoras-sexuales-b1819403.html

 

Ataques mortales contra tres salones de masajes asiáticos en Atlanta, EE.UU.
(Atlanta Journal-Constitution)

 

Otro día en Estados Unidos, otras ocho vidas perdidas por el cáncer de la supremacía blanca y la misoginia.

El tiroteo en Georgia del martes por la noche fue la culminación de la xenofobia, el sexismo y la putofobia: el presunto tirador, Robert Allen Long, eligió los negocios de masajes asiáticos por una razón. Según la policía, mató a estas mujeres específicamente para eliminar su tentación sexual individual, disparando a las supuestas trabajadoras sexuales en un “ataque a la industria del porno“. Por mucho que se trate de un acto de violencia contra los asiáticos, es un acto de violencia contra el trabajo sexual y un acto de feminicidio.

No puedo decirte cuántos chistes he escuchado que convierten a una trabajadora sexual muerta en un chiste. Las mujeres trabajadoras del sexo a menudo se enfrentan a la violencia a manos de los hombres, tanto en línea como en tiempo real, que no se denuncia porque carecemos del apoyo de los sistemas que nos criminalizan. Las trabajadoras sexuales tienen entre un 45 y un 75 por ciento de probabilidades de ser agredidas en el trabajo, y las trabajadoras sexuales transgénero y migrantes y las trabajadoras sexuales de color tienen una mayor probabilidad de sufrir daños. Al mismo tiempo, no podemos recurrir a la policía en peligro cuando la estructura misma de nuestro trabajo es ilegal. Somos gente común: vuestras maestras, enfermeras, maquilladoras, madres. He trabajado en las Naciones Unidas y en salas de redacción galardonadas, pero la respetabilidad no evitará que un cliente me haga daño o que los hombres me acosen en Internet.

En este caso, no importa intrínsecamente si las trabajadoras del masaje eran trabajadoras sexuales o no. Sigue siendo que fueron el objetivo de alguien que las vio como trabajadoras sexuales.

La industria del sexo y, a su vez, las trabajadoras sexuales se encuentran en una extraña intersección de legalidad y moralidad. Algunas formas de trabajo sexual pueden ser técnicamente legales con ciertas estipulaciones, pero todas las trabajadoras sexuales enfrentan un cierto tipo de estigma por el trabajo que realizan, y todas caemos bajo el paraguas del trabajo sexual. Ponerse en contacto directamente con la policía no sólo pone a las trabajadoras sexuales en riesgo individual de ser arrestadas, sino que los estudios han demostrado que la policía a menudo discrimina y se niega a ayudar a las trabajadoras sexuales de la calle, incluidas las que han sido violadas. Además, el 27 por ciento de las mujeres en un estudio informó que la policía había propagado la violencia contra ellas.

La solución parece fácil, ¿verdad? Con el aumento de la pornografía directa al consumidor y los sitios de fans y en medio de los cierres pandémicos, parece que ingresar a un sitio como Onlyfans sería una forma bastante fácil de ganar dinero seguro, y el trabajo sexual callejero y de servicio completo disminuiría. al borde del camino. Sin embargo, esa no es la historia completa. Los creadores de contenido migrantes no pueden acceder a dichas plataformas porque, como creador, necesita una cuenta bancaria para adjuntarla a casi todas. Si alguien necesita dinero para alimentar a sus hijos ese día, Onlyfans tiene un período de procesamiento. Y con el artículo reciente de Nicholas Kristof que llevó a MasterCard y Visa a negarse a trabajar con Pornhub, muchos artistas porno independientes están luchando por encontrar una nueva forma de obtener los ingresos que necesitan para sobrevivir.

Una trabajadora sexual promedio no gana decenas de miles de dólares, sino que trabaja para pagar su comida y alojamiento. Sólo requiere $1.000 al mes para estar entre el 10 por ciento superior de los artistas de Onlyfans. Es lógico que la mayoría gane muy por debajo del salario mínimo.

La pornografía no es el problema, per se, sino el hecho de que nuestra sociedad prospera con la explotación del trabajo de las mujeres, tanto sexual como emocional. El verdadero problema, como de costumbre, es el patriarcado.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? ¿Cómo protegemos a las trabajadoras sexuales en una nación que devalúa activamente el trabajo sexual y el trabajo de las mujeres, hasta el punto de la violencia? La despenalización del comercio sexual es la única opción.

Valentina Fox , una dominatrix con sede en Nueva York, dice: “La despenalización es el primer paso para humanizar a las trabajadoras sexuales para el público en general. Las trabajadoras sexuales también tienen esperanzas y sueños. Las mujeres que fueron asesinadas tenían esperanzas y sueños; eran personas completas y complejas con familias asesinadas por ser (percibidas como) trabajadoras sexuales. Es peligroso que estemos agrupadas con perpetradores violentos de delitos a los ojos del público. Conduce al odio y a los malentendidos”.

Nuestro sistema legal fusiona el trabajo sexual consensuado con la trata sexual, lo que perjudica tanto a las víctimas de la trata como a las trabajadoras sexuales consensuales. Con la despenalización del comercio sexual, que es recomendada por la Organización Mundial de la Salud como práctica de salud pública, más ingresos de los departamentos de policía podrían dirigirse a las víctimas reales de la trata, y las trabajadoras sexuales podrían recibir servicios de la policía y las organizaciones gubernamentales de salud sin miedo a perder ingresos o ser denunciadas como objeto de trata.

La despenalización también viene con los beneficios de seguridad adicionales que existían antes de que FOSTA-SESTA expulsara a las trabajadoras sexuales de la esfera digital: tableros de selección de clientes y proveedores donde los clientes inseguros pueden ser incluidos en listas negras, foros publicitarios, soporte en línea y en tiempo real, y servicios de salida de la industria. Esto no previene intrínsecamente atrocidades como la de Georgia, pero las trabajadoras sexuales merecen el derecho de investigar el historial de sus clientes para asegurarse de que se respetarán sus límites. En otras palabras, merecen la oportunidad de hacerse cargo de su propia seguridad. Eso debería haber sido siempre lo mínimo.

 

Ya te han llamado puta

Algunas de las medidas propuestas en el Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual refuerzan los mandatos patriarcales de la sexualidad femenina

 

Por Projecte X

11 de marzo de 2021

https://www.elsaltodiario.com/palabras-en-movimiento/ya-te-han-llamado-puta-

 

Las trabajadoras del sexo se encuentran en el extremo más estigmatizado de las infractoras sexuales y es por ello que cualquier conducta transgresora por parte de las mujeres o personas identificadas como tal puede suscitar el “estigma de puta”. Defender el acceso a derechos laborales para las trabajadoras sexuales es una cuestión de justicia básica y primordial para favorecer la ampliación de los marcos de decisión y la capacidad de negociación de un colectivo fuertemente vulnerado. Pero también es imprescindible para acabar con el estigma asociado a la prostitución que afecta a todas las mujeres. Los mandatos de la feminidad en cuanto a la sexualidad implican la represión del deseo y la construcción de una identidad sexual frágil, infantilizada e inapetente. Vulnerar estos mandatos te expone al estigma de puta y a la violencia sexual, castigo privilegiado para las incumplidoras. Además, las normativas sexuales establecen los límites de la corrección sexual pero también favorecen los intereses capitalistas al convertir a las mujeres en guardianas de los valores asociados a la familia. Así se constriñen los deseos que puedan resultar desestabilizantes para la disciplina necesaria que garantiza la continuidad del status quo.

Desde esta visión, nos resultan muy cuestionables algunas de las medidas propuestas en el Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, el cual no hace más que reforzar los mandatos patriarcales de la sexualidad femenina que están en la base de las violencias que dice pretender combatir. El texto contribuye a la clásica idea de que la sexualidad de las mujeres es algo sagrado y a la consabida idea del temor femenino a la sexualidad irrefrenable de los hombres, proceso que nos aboca a la exigencia de un deseo suave y emotivo garantizado por la protección estatal.

La modificación del delito de proxenetismo coactivo o la incorporación como delito de la tercería locativa, que niega la capacidad de decisión de las trabajadoras del sexo, al dar por hecho que encontrarse en una situación de dependencia o subordinación te convierte en alguien que no sabe lo que quiere, son buena muestra de ello. Con estas medidas, no solo se empeoran las condiciones de trabajo en el marco de la prostitución, sino que se dan por buenos y legítimos los abusos laborales y la explotación de otros sectores económicos regulados.


Los mandatos de la feminidad en cuanto a la sexualidad implican la represión del deseo y la construcción de una identidad sexual frágil, infantilizada e inapetente.


De la misma forma, la definición de consentimiento que realiza el Anteproyecto, según la cual será considerado como agresión sexual cualquier acto sexual no consentido explícitamente, incide también en esta visión sacralizada de la sexualidad femenina. Esta forma de expresar la noción de consentimiento es la plasmación jurídica del lema feminista “solo sí es sí” mediante el cual se desplaza la necesidad de articular una respuesta negativa, porque solo cuando se afirma la voluntad es un acto consentido. De nuevo, la mencionada propuesta de ley incide en los mandatos de la feminidad patriarcal, en este caso, partiendo de la base de que la frágil identidad femenina no está capacitada para articular una negativa, establecer un límite sexual o, menos aún, ser quien se lo salte. Además, la idea de que las mujeres deben decir que sí para que se presuma su consentimiento es profundamente problemática en cuanto al empoderamiento sexual femenino. Niega la posibilidad de experimentar y explorar el deseo, elemento indispensable para combatir las atribuciones normativas según las cuales, para las mujeres, el sexo es algo secundario al no poder enfrentarse a un espacio necesariamente plagado de contradicción, conflicto y riesgo.


Las mujeres trans, racializadas, de clases trabajadoras, luchadoras, infractoras sexuales y, por supuesto, las trabajadoras del sexo están más expuestas al estigma de puta, pero la lucha contra éste es un interés colectivo.


El Anteproyecto de ley contribuye con todo ello al punitivismo, no solo porque amplia la horquilla de conductas que pueden ser consideradas como delito, sino también porque construye subjetividades femeninas victimizadas, frágiles y susceptibles, imprescindibles para justificar la existencia de un estado protector y castigador ante la indefensión sexual de las mujeres.

Reforzar la sacralización, la fragilidad y la victimización de las mujeres perjudica a las víctimas de violencias ya que les aporta relatos catastrofistas y de indefensión ante los ataques. Los relatos disponibles para interpretar su experiencia, entendiendo además como violencia conductas muy leves, se homogeneizan y se establecen como normativos, con los efectos de exclusión y castigo que esto tiene hacia las víctimas “incorrectas”. Ya te han llamado puta y volverán a hacerlo.


Renunciamos a nuestra reputación sexual: al fin y al cabo, ya nos han llamado “puta” y volverán a hacerlo


Las mujeres trans, racializadas, de clases trabajadoras, luchadoras, infractoras sexuales y, por supuesto, las trabajadoras del sexo están más expuestas al estigma de puta, pero la lucha contra este es un interés colectivo. La institucionalización del feminismo y la hegemonía de un feminismo puritano y castigador han supuesto el abandono de las luchas contra las condiciones que favorecen la estigmatización, la negación de derechos y la violencia contra las mujeres y personas disidentes en cuanto al género.

Por todo ello, entendemos que es necesario luchar juntxs por objetivos políticos comunes que doten de libertades, recursos y derechos a todxs con la finalidad de ampliar la capacidad de negociación y la potencia de los colectivos más vulnerados. Esto no se consigue reforzando la putofobia que se encuentra en la base de muchas violencias, sino luchando por reforzar nuestras comunidades, obteniendo recursos y renunciando a la reputación sexual que nos garantiza una ley punitiva y conservadora.

En Proyecto X renunciamos a nuestra reputación sexual: al fin y al cabo, ya nos han llamado “puta” y volverán a hacerlo.

 

#YATEHANLLAMADOPUTA

 

Georgina Orellano: «Entre el abolicionismo y el regulacionismo, quienes estamos en medio somos las trabajadoras sexuales»

 

Por Guillermo Martínez

@Guille8Martinez

23 de agosto de 2019

https://ethic.es/2019/08/georgina-orellano-trabajo-sexual-clandestinidad/

 

 

¿Abolir la prostitución o regularla? El debate en torno al llamado ‘oficio más antiguo del mundo’ atraviesa la opinión pública desde todas sus aristas y posiciones, de la economía al feminismo. Georgina Orellano (Morón, Buenos Aires, 1986) procede de de una familia trabajadora y actualmente es la Secretaria General Nacional de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR). Desde esta entidad, integrada en la segunda central sindical más grande del país, reivindica que la organización del colectivo es indispensable para conseguir la despenalización del trabajo sexual.

 

Existe un alto porcentaje de trata de mujeres en torno a la prostitución.

Nosotras creemos que sí hay trata de personas. La verdad es que reducir esa discusión a que la culpa la tiene el trabajo sexual o la prostitución es quitarle la responsabilidad al Estado. Hay trata de personas porque hay una complicidad del poder judicial, policial, y del ejecutivo para que haya trata de personas en el siglo XXI. En todo caso, lo que posibilita que en el trabajo sexual haya explotación es justamente la criminalización y clandestinidad de nuestro trabajo: cuanto más clandestino sea, más se posibilita que se creen mercados paralelos que subsisten a través de la precarización de nuestras vidas. Arrogar que se va a combatir la trata de personas cuando se combata la prostitución me parece que es olvidarnos del lugar de pertenencia dentro de la clase trabajadora. La solución debería pasar por pensar,  justamente, en dar mejores condiciones laborales como herramienta transformadora de este mundo laboral. Eso lo aprendí dentro de la CTA. Por ejemplo, los compañeros que trabajan en los talleres textiles. Nunca se planteó desde el Estado ni desde el feminismo terminar con el trabajo textil como una forma de combatir la trata, sino todo lo contrario: se llegó a la conclusión de que había que combatir la trata en el trabajo textil, pero asegurando que ese combate no perjudicara el trabajo de los demás compañeros. Lo que sucede en la discusión entre trabajo sexual y trata de personas es que no se incluyen nuestras voces en la toma de decisiones, y sí se incluyen las de expertos y expertas que desde la academia y desde la teoría construyen soluciones posibles, pero no lo han vivido nunca en primera persona.

En muchos casos se puede dar la situación de que una prostituta esté dando un servicio y el cliente se sienta impune al realizar algo no consensuado. ¿Cómo salir de una situación así?

Lo primordial es romper con la idea de la víctima y de la sumisión a la que nos someten algunas miradas de la sociedad. Nosotras creemos que las mujeres, los cuerpos feminizados, en muchas relaciones que tenemos con los hombres en esta sociedad –y en múltiples espacios– no son consensuadas. Y no solamente pasa en el trabajo sexual: hay relaciones en los noviazgos que no lo son, igual que en el matrimonio o dentro de la institución familiar, en tu trabajo (jefe-empleada), incluso en ámbitos políticos (referente político-militante mujer).

Sería volver a preguntarse por qué se pone el foco en la prostitución cuando ocurre lo mismo en otros ámbitos relacionales.


«La criminalización y clandestinidad del trabajo sexual posibilita la explotación y la trata»


Claro. Lo que pasa es que la institución matrimonial y el amor romántico son dos instituciones totalmente patriarcales desiguales para la vida de nosotras porque siempre nos van a dejar relegadas. Ahí cumplimos un rol fundamental que es ceder nuestra voluntad ante el deseo siempre de otro. La idea de la sexualidad y el disfrute sexual está orientado hacia la procreación, cumpliéndose el mandato de que todas tenemos que ser madres. Por eso me parece que una forma de empoderamiento es combatir el patriarcado en todos sus ángulos, y no solamente fijándonos en un grupo y un sector. Por supuesto que reconocemos que los clientes de las trabajadoras sexuales son machistas, pero ¿quién no es machista en esta sociedad patriarcal?

El porcentaje de hombres que contratan servicios de mujeres prostitutas es mucho mayor que si lo pensamos a la inversa. ¿Debería nivelarse? ¿Qué aspectos son los que desencadenan que no haya apenas hombres que presten sus servicios a mujeres?

Los aspectos son principalmente la culpa y la vergüenza que nos ha generado el patriarcado en las mujeres, y que nosotras, las lesbianas, travestis y trans, no podemos ser las propias conductoras de nuestro placer sexual. Yo lo veo cuando vienen clientas mujeres, que son muy pocas en comparación de los hombres, porque llegan con mucha culpa: antes de pedir el servicio están argumentando el por qué están ahí, como pidiendo perdón por lo que están haciendo. Por otro lado, creo importante la desigualdad económica que hay entre los hombres y las mujeres. Los hombres ganan mucho más dinero y disponen de él, y las mujeres ganamos menos y encima el dinero que disponemos lo tenemos que invertir en mil cosas antes que en los propios placeres.

Las prostitutas no tienen derechos a día de hoy, pero tampoco pagan impuestos. ¿Crees que se podría dar el caso de aquella trabajadora sexual que prefiera seguir viviendo con un nivel de vida más alto antes que pagar impuestos?

Lo que nosotras creemos es que vamos a seguir viviendo muchos años en el sistema, y pensar que solo las trabajadoras sexuales tenemos que cambiarlo me parece que es una lucha desigual. Hay muchos trabajadores que se sientan con la patronal y no por eso están defendiendo el sistema capitalista, sino que comprendieron la lógica de que hay muchos trabajadores y trabajadoras que no pueden esperar a que lleguemos a esa sociedad utópica de vivir en una sociedad justa, libre e igualitaria. Vivimos en una sociedad desigual, machista y patriarcal, y hay muchas compañeras que no pueden esperar, que tienen 60 años y no se pueden jubilar, que tienen un montón de problemas de salud y no tienen una obra social que les blinde cobertura médica…

La pregunta estaba más orientada a si consideras que hay alguna trabajadora sexual que prefiera que el sector siga desregulado para poder tener más ingresos.

Existen distintos casos por los que una prostituta no quiere figurar como tal y todos los casos son válidos. Defendemos que el trabajo sexual tiene que estar reconocido como tal. Después, la ley no debería contemplar como obligatorio que todas se inscriban y todas se registren, porque ahí estaríamos cometiendo un grave error: hay muchas compañeras que no quieren que su nombre aparezca registrado como trabajadora sexual porque todavía no han podido contar a su entorno verdaderamente a qué se dedican. Sí tiene que haber unos mínimos para que no se persiga más a las trabajadoras sexuales y eso lo lograremos con la despenalización del trabajo sexual y con el reconocimiento. Después, quien se quiera inscribir bajo la categoría de trabajadora sexual que lo haga, pero que eso no sea un requerimiento obligatorio para todas.

Tú lo argumentas en lo que se refiere al estigma social, pero si fuera por el mero hecho de no pagar impuestos, ¿qué mecanismos podría tener la administración para discernir entre las dos posibilidades?


«Abandonamos algunos espacios por creer, desde los pocos conocimientos que teníamos entonces, que solo existía un feminismo»


Ese mecanismo es un rol que debe adquirir la propia organización, al generar conciencia de clase entre todas sus afiliadas y afiliados y entender que tenemos que aportar. Nosotras siempre lo decimos: preferimos aportar a las arcas públicas que a la policía, porque aportar nosotras siempre aportamos. Por más que seas prostitutas VIP, en algún momento pagaste una coima [soborno, en Argentina] para que no te clausuraran tu piso, y esa coima fue a parar a una caja clandestina de las fuerzas de seguridad. O sea, la trabajadora sexual siempre aportó, pero lo que queremos es clarificar que ese dinero no vaya a la policía sino que vaya al Estado. Tenemos que hacer entender que nosotras también formamos parte del Estado y exigir que, si nosotras aportamos, también debemos disfrutar de las políticas públicas que se hacen con nuestro dinero.

¿Qué crees que se impondrá? ¿La abolición o la regulación?

Yo creo que ninguna de las dos. En Argentina, el abolicionismo –en los más de 100 años que tiene de historia–, lo que ha generado ha sido precarización total de la vida de las trabajadoras sexuales, clandestinidad, peores condiciones laborales, persecución policial. En el momento en que Argentina reguló el trabajo sexual también reguló los establecimientos, lo que generó condiciones propicias para que nuestras compañeras perdieran su autonomía dentro del trabajo. Nosotras queremos que sea un gran salto: ni el abolicionismo que pretende un feminismo blanco, hegemónico, ni el regulacionismo basado en legislaciones que el Estado piensa sin incluirnos a nosotras, orientadas para beneficio de los empresarios. Para romper con esta dicotomía, las propias trabajadoras sexuales tienen que abogar por un movimiento superador. En nuestro país, teniendo en cuenta las condiciones laborales, las políticas anti trata que equipararon esta con trabajo sexual, las legislaciones vigentes… creemos que el modelo superador es la despenalización del trabajo sexual. Eso es lo que queremos: que no se persiga a las trabajadoras sexuales y que haya un mínimo de reconocimiento. El abolicionismo confronta con el regulacionismo y quienes quedamos siempre en el medio somos las trabajadoras sexuales, entonces somos nosotras las verdaderas protagonistas que tenemos que dar un gran salto.

¿Qué necesidades teníais las trabajadoras sexuales en el momento en que empezaste a ejercer la prostitución?

Lo primero que me encontré fueron historias de otras mujeres que estaban atravesadas por mucha precarización laboral y por situaciones de violencia con sus parejas o ex parejas. También vi que la gran mayoría eran madres solteras y que su mayor necesidad era poder trabajar de manera tranquila sin que la policía las persiguiera para que todos los días pudiesen volver a sus casas y estar con sus hijos. Ahí aprendí que el imaginario instalado en la sociedad con respecto a las trabajadoras sexuales responde a la pretensión de representar nuestras vidas pero desde miradas muy victimizantes. Más allá de que muchas de mis nuevas compañeras habían atravesado situaciones de violencia de género, abusos en su núcleo familiar, precarización laboral, pérdida del empleo… yo lo que veía era mucha fortaleza, y no veía que victimizaran estas historias, sino que las relataban desde la óptica de la superación.

Que AMMAR entrara en la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) tuvo que suponer un gran paso a nivel mundial para el reconocimiento de la prostitución.


«En la discusión entre trabajo sexual y trata de personas no se incluyen nuestras voces, pero sí las de expertos que no lo han vivido en primera persona»


AMMAR va a cumplir 25 años. En 1995, AMMAR ingresa en la CTA, primero utilizándolo como un lugar de reuniones. Antes de utilizarlo como espacio seguro, empezaron reuniéndose en bares hasta que la policía se enteró de lo que hacían y entraban en estos bares a reprimirlas. Ese espacio de reunión en la central sindical terminó siendo un lugar de unión semanal. Es en el 2001 cuando se discute la idea de conformar AMMAR como un sindicato adscrito a la CTA porque vimos que nosotras queremos tener lo que los demás trabajadores y trabajadoras tienen. Con esto no solo me refiero a condiciones laborales, aunque sean lo principal, sino a terminar con el estigma social, donde está la gran batalla cultural. La lucha no se basa solo en presentar leyes, sino en ocupar un montón de espacios, hablar y romper con ese imaginario social instalado durante siglos en torno a nuestras vidas que dice que siempre nos tutelaron desde afuera y nos humillaron al plantear la vida de las trabajadoras sexuales como objeto de uso y como víctimas a lo largo de la historia.

En ocasiones se hace hincapié de las diferencias entre trabajadoras sexuales, en relación a aquellas que pueden elegir a sus clientes y las que no.

Quienes fundaron AMMAR hasta el presente, quienes conducen la organización, somos compañeras que venimos de los estratos más populares. Somos trabajadoras que no elegimos verdaderamente qué trabajo ejercer, sino a qué optamos de las poquitas opciones que tenemos justamente por pertenecer a la clase trabajadora y por ser mujer. Centrarnos en que hay trabajadoras sexuales que pueden elegir sus clientes y poner sus condiciones y otras que no es hacer una división dentro de todo un colectivo y un movimiento en las cuales tenemos que pensar básicamente las cosas que nos unen. Tanto la que eligen el cliente y la trabajadora sexual pobre que sufre violencia institucional no tienen reconocimiento de derechos laborales, no tiene obra social [organismo argentino encargado de prestar atención médica a los trabajadores de las diferentes ramas obreras] y no se va a poder jubilar.

Antes mencionabas la persecución policial que sufren las prostitutas. ¿En qué tipo de acciones se materializa esta persecución?

La policía apela al grado de desconocimiento que tiene la trabajadora sexual con respecto a las legislaciones vigentes en nuestro país, y esa es una de las cosas que aprendimos y desarrollamos activamente dentro de AMMAR. Damos herramientas a nuestras compañeras: así como yo sé que el trabajo sexual no es delito y conozco lo que puede y no puede hacer la policía, lo tienen que saber todas. Ese conocimiento que me dio el sindicato es el conocimiento que tienen que tener todas, porque tener conocimiento es disponer del poder.

¿Qué ha mejorado en estos últimos años y qué queda por hacer?

La organización vence al tiempo. Yo creo que lo que mejoró fue el romper con esa idea de que nadie se preocupa por los derechos de las prostitutas. Supimos hacer ver que las primeras que nos preocupamos por ello fuimos nosotras mismas. A modo de autocrítica, considero que abandonamos algunos espacios por creer, desde los pocos conocimientos que teníamos, que solo existía un feminismo, único y hegemónico en nuestro país, que tenía una postura ya tomada con respecto a nuestro trabajo. Si no hubiéramos actuado así quizá hubiera cambiado un poco la historia. Es ahora cuando la estamos cambiando, cuando vemos cómo otras feministas más jóvenes levantan la bandera de las trabajadoras sexuales.

 

El puritanismo sexual y sus distintas manifestaciones

 

El imperio de Des

25 de noviembre de 2018

https://elimperiodedes.wordpress.com/2018/11/25/el-puritanismo-sexual-y-sus-distintas-manifestaciones/

 

El puritanismo era originalmente un movimiento religioso surgido durante el siglo XVII en Inglaterra, con el fin de “purificar” la iglesia anglicana de las prácticas católicas que había heredado. Inspirado en el calvinismo, los puritanos creían en el trabajo físico como la única manera digna de crear riqueza, la vida austera y la abstención de todos los vicios que corrompían el cuerpo y alma. Después de un breve periodo en poder después de la guerra civil inglesa (1642-1646), la mayoría de los puritanos fueron apartados de la iglesia anglicana después de la Restauración en 1660, aunque continuaron ejerciendo influencia entre la plebe hasta bien entrado en el siglo XIX. La filosofía puritana jugó un papel fundamental en el invento del capitalismo y la idiosincracia de los pioneros estadounidenses.

A partir del siglo XX, la palabra “puritano” llegó a convertirse en adjetivo, refiriéndose al exceso de moralidad sexual, como la censura al desnudo, el repudio hacia el deseo carnal y la abstención sexual hasta el matrimonio. En España, el puritanismo está comúnmente asociado a la iglesia católica, que durante siglos había ejercido un control rígido sobre la moralidad privada de los ciudadanos. Desde el punto de vista histórica, es algo irónico considerando que los puritanos originales eran radicalmente anti-católicos.

A día de hoy, la sociedad occidental está cada vez más liberal y tolerante acerca de la moralidad sexual, aunque en el siglo XXI siguen habiendo colectivos que intentan criminalizar el coqueteo, condenar las prácticas sexuales no convencionales, legislar las actividades sexuales consentidas, separar los sexos o censurar el arte o literatura, y los proponentes no solo proceden de los grupos religiosos (sea católico, protestante o musulmán), sino de cualquier ideología o movimiento que lleva su doctrina al extremo. En este artículo voy a hablar de las distintas manifestaciones de puritanismo en la sociedad contemporánea.

El puritanismo conservador

Al menos en España y Europa, la mayor fuerza que defiende una moralidad sexual más rígida sigue siendo los conservadores, que incluyen a algunas ramas de la iglesia católica como Opus Dei, la iglesia evangelista, musulmanes practicantes y defensores de valores tradicionales. Muchos aún creen que el único propósito del sexo es procrearse, que el deseo carnal es pecado, y para no despertar este vicio humano, las mujeres deben taparse o los sexos deben mantenerse separados. Por supuesto, también van en contra de la homosexualidad, el aborto o la educación sexual en los colegios.

Con el cambio de valores entre las nuevas generaciones, los conservadores son cada vez menos en cuestión de números, pero muchos ocupan puestos claves en la política y el mundo empresarial, y proponen leyes para defender su ideología bajo el disfraz de otras justificaciones. El típico ejemplo es recurrir al rendimiento escolar para justificar la separación de sexos en la educación, o a la libertad de elección para no dar educación sexual.

El puritanismo marxista

En principio, el comunismo, como todas fuerzas de izquierda, iba en contra de la moralidad sexual de la burguesía, pero después de la revolución bolchevique en 1917, hubo un periodo de liberación sexual, durante que los rusos se volvieron tan promiscuos que nacieron muchos niños sin padre y se multiplicaron las denuncias por agresión sexual. Así que el partido comunista decidió imponer una nueva moralidad sexual, basada en la ideología igualitaria que hombres y mujeres sean camaradas de la revolución, que deben tratarse con amor fraternal de hermanos. El sexo solo se deben practicar con fines reproductivos para criar una nueva generación de trabajadores. Cualquier coqueteo o intento de marcar diferencias sexuales, como maquillarse, pintarse los labios, poner faldas cortas o ajustarse los pantalones, es repudiado como una práctica burgués y contrarrevolucionario.

Esta moralidad, que se inventó en la época estalinista, fue copiada a mayor o menor grado por todos los régimenes comunistas, como la China de Mao, el Cuba de Castro y la Cambodia de Pol Pot, donde hombres y mujeres fueron obligados a vestirse con el mismo uniforme de trabajador marcando mínimas diferencias. Por supuesto, la homosexualidad no solo fue repudiada, sino criminalizada.

El libro 1984 de George Orwell hace un buen resumen de este puritanismo de corte comunista.

El puritanismo feminista

Como el puritanismo conservador tiende a reprimir la sexualidad femenina, muchas feministas, como Victoria WoodhullEmma Goldman, lucharon a favor de levantar los tabúes sexuales y por la libertad de las mujeres a vivir su sexualidad en pleno, reivindicando hasta el amor libre. Sin embargo, a partir de los años 70, surgieron corrientes de feminismo que retratan a la sexualidad masculina como violenta por naturaleza y una amenaza para las mujeres, y que bajo la sociedad patriarcal, muchas mujeres hayan sido “lavado de cerebro” desde pequeña para desear complacer la sexualidad del hombre. Esas feministas, como las estadounidenses Andrea Dworkin, Susan Griffin o la española Ana de Miguel, tienden a oponer radicalmente la pornografía, la prostitución autónoma,  el BDSM consentido, o cualquier representación erótica del cuerpo femenino, incluso cuando lo ejercen de forma voluntaria. Algunas más radicales llegan a insinuar que maquillarse, depilarse, ponerse ropa sexy o cualquier gesto de coqueteo sean sinónimos a la sumisión al patriarcado, y que la separación de sexos sea la medida ideal para proteger las mujeres de la violencia sexual.

A día de hoy, aún se libran una batalla entre feministas liberales, que defienden la libertad de las mujeres de vivir su sexualidad del modo que quiera por lo tanto que sale de su propia voluntad, y feministas radicales, que tratan de definir un canon correcto de comportamiento sexual para ser buena feminista.

El puritanismo “género neutral”

En total, el colectivo LGBTIQ es el menos puritano de todo, porque casi todas las corrientes de puritanismo les persiguen. Sin embargo, durante los últimos años, cuando se ha abierto un debate público en países anglosajones sobre la identidad de género y el sexo biológico, una cierta corriente de puritanismo ha surgido entre algunos activistas más agresivos.

Como todas las sociedades humanas clasifican los individuos por el género binario de hombre/mujer, las personas no-binarias a menudo tienen dificultades de integrarse. Por eso, algunos activistas trans proponen crear una sociedad “género-neutral“, alegando que categorías como “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “homosexual” sean construcciones abstractas que carezcan de significado real, y la “feminidad” y “masculinidad” sean conceptos arcaicos que deben ser eliminados. Puede sonar utópico, pero para realmente llevase a cabo la construcción de una sociedad así, la única manera sería a través de la imposición de un nueva forma de puritanismo.

Al fin y al cabo, los humanos somos seres sexuales. La mayoría de los individuos se sienten atraídos solamente (o predominante) a uno de los sexos, por las características de ese sexo. La masculinidad y feminidad no son nada más que maneras de marcar las características de un sexo u otro, a través del peinado, vestimenta, comportamientos o actitudes. Una cosa es construir una sociedad donde el género no sea motivo de sufrir violencia o discriminación, o una sociedad inclusiva a géneros no-binarios, otra cosa es construir una sociedad donde el género se elimina de la expresión individual, porque eso implica convertir los humanos en seres asexuados, que va totalmente en contra de nuestra naturaleza biológica.

El puritanismo políticamente correcto

Englobando a todo, está el puritanismo políticamente correcto.

Desde que todos estamos en redes sociales, cualquier comentario, opinión, imagen o video puede ofender las sensibilidades de algún colectivo. Para evitar linchamientos, muchos autores, artistas, creadores de contenido autocensura sus obras para no incluir contenido que puede ser tomados como ofensa. Como consecuencia, muchos libros, revistas, canciones y obras de arte que dejaron de escandalizar en los años 90 ahora han vuelto ha levantar polémicas.

Como bien dicho la dibujante de comic María Llovet en una entrevista: “Hay mojigatería por todos lados disfrazados de progresismo”.

 

¿Por qué las trabajadoras sexuales se niegan a dar barro para los ídolos de Durga?

Las trabajadoras sexuales de Sonagachi se negaron a ceder tierra al ídolo de Durga nuevamente este año. La floreciente sociedad patriarcal y brahmánica que ha comerciado con el cuerpo de las mujeres durante siglos también ha vendido el barro de sus casas, pero ahora las trabajadoras sexuales dicen que ya basta. Informe de Prema Negi

 

Por Prema Negi

22 de octubre de 2018

https://www.forwardpress.in/2018/10/why-are-sex-workers-refusing-to-give-mud-for-durga-idols/

 

 

Existe una relación especial entre el distrito de luz roja más grande del país, el área de Sonagachi en Calcuta, y la Durga Puja. La relación es especial en el sentido de que el ídolo de Durga está hecho de la tierra traída del patio de las trabajadoras sexuales. Este barro se considera propicio para la realización de la Durga Puja.

Sin embargo, durante los últimos años, las trabajadoras sexuales se han negado a dar el barro de su patio y, en cambio, están celebrando su propia Durga Puja, una de las principales fiestas de Bengala. El motivo del rechazo es la propia Durga Puja. Aunque el barro de sus patios se considera sagrado, ellas no lo son. Se recolectan miles de rupias de ellas como donación para la Puja, pero no se les permite ni siquiera ingresar a los pandals. Se les trata como si su mera presencia contaminara el pandal y lo hiciera inadecuado para la Puja.

Bharti De, mentora y consejera del Comité Darbar Samonoy de la Asociación de Trabajadoras Sexuales

NUESTRO CUERPO, NUESTRO DINERO Y NUESTRO LODO SON SAGRADOS, ENTONCES ¿POR QUÉ NOSOTRAS NO LO SOMOS?

 En conversación con FORWARD Press, Bharti De, mentora y asesora del Comité Darbar Samonoy de la Asociación de Trabajadoras Sexuales, dijo: “El ídolo de Durga está hecho con la arcilla del patio de las trabajadoras sexuales, el evento se lleva a cabo con sus donaciones, pero cuando las trabajadoras sexuales quieren ir al pandal de Durga, no se les permite entrar. La pregunta es que si nuestro suelo es sagrado, nuestro dinero es sagrado y el cuerpo consumido por los llamados hombres civilizados en la oscuridad de la noche es sagrado, entonces ¿por qué nosotras somos consideradas profanas?”

“La sociedad en general siempre nos ha mirado mal y nos ha condenado al ostracismo. ¿Por qué entonces esta sociedad impoluta quiere hacer el ídolo de Durga con el suelo de nuestro patio profano? Como resultado, todas las trabajadoras sexuales han decidido que no daremos ni una pizca de tierra en nombre de la Durga Puja. ¿Qué tipo de broma es que nuestra tierra y nuestro dinero sean sagrados para estas personas, pero nosotras no? ”

ELLAS MISMAS ENCARGAN A LOS ARTISTAS HACER LOS ÍDOLOS DE DURGA DEL SUELO DE SU PATIO

Bharti De dice: “Las trabajadoras sexuales de Sonagachi no han dado tierra de su patio durante los últimos años. ¿Por qué deberíamos darle la tierra a una sociedad que hace el ídolo de Durga con la tierra de nuestras casas, nos cobra cientos de miles de rupias en nombre de la Durga Puja, pero no nos permite participar en esa puja? Ahora, pagamos a los artistas para que hagan el ídolo de Durga solo para nosotras y celebramos nuestra propia Durga Puja. No necesitamos una sociedad tan maquinadora y engañosa, cuyas normas difieren para cada ciudadano y contravienen el derecho a la igualdad consagrado en la Constitución. Por eso, durante los últimos tres años, las trabajadoras sexuales han organizado su propia Durga Puja por separado ”.

Trabajadoras sexuales en el barrio rojo de Calcuta celebrando su propia Durga Puja

Reshma Kumari, trabajadora sexual en Sonagachi durante los últimos 13 años, dice: “Somos prostitutas, la sociedad nos ve con absoluto desdén. Sí, es un asunto diferente que los caballeros de la misma sociedad civilizada vengan a nosotras en la oscuridad de la noche, pero se horroricen con nuestros nombres a plena luz del día. Es por eso que no se nos permite entrar en el pandal del ídolo de Durga que está hecho con la tierra de nuestro patio. Entonces, ¿por qué donaríamos nuestro patio para las necesidades rituales de una sociedad que nos deshonra con términos como profanas, el símbolo del mal, maléficas?

Según las trabajadoras sexuales, algunas personas ahora venden suelo ordinario como suelo Sonagachi.

El Comité Darbar Samonay de la Asociación de Trabajadoras Sexuales funciona desde 1995. Todos los miembros de la organización son trabajadoras sexuales. Bharti De, de 48 años, quien se unió a la asociación en 1997, ha sido trabajadora sexual y ahora lucha por los intereses y el bienestar de estas prostitutas. Esta falta de cooperación en la celebración de Durga Puja es parte de esa lucha.

Según las creencias religiosas, la tierra traída del patio de las trabajadoras sexuales se considera extremadamente auspiciosa y esencial para la Durga Puja, tanto que sin ella, la puja queda incompleta.

Los artesanos que hacen el ídolo también dicen que según las creencias religiosas hindúes y las tradiciones centenarias, los ídolos no se consideran completos a menos que se use la tierra del patio de estas trabajadoras sexuales para hacerlos. Según un artesano, “También es una creencia que cuando una persona va a un lugar así, toda su bondad queda afuera. Su bondad se instala en la tierra de afuera. Por eso se usa la tierra para hacer el ídolo “.

Según otra creencia india, la mujer es considerada una encarnación de la diosa Shakti y todo lo que está mal en ella es el resultado de defectos en la sociedad y la época. Entonces, para defender el honor de las mujeres, esta práctica ha continuado. ¿Pero qué tipo de respeto es? Su barro honra a la diosa pero su presencia física la deshonra y está estrictamente prohibida.

EL SUELO DE DIEZ LUGARES ES IMPORTANTE

Nrisingha Prasad Bhaduri, mitóloga e indóloga, afirma que para los rituales hindúes se requiere “Dasha Mritika” (suelo de diez lugares). “Es una mezcla de tierra de 10 lugares diferentes”, dice. “Además de la tierra del burdel, la tierra de la cima de la montaña, ambas orillas de un río, los cuernos de un buey, el marfil de un elefante, los tobillos de un cerdo, un termitero, la entrada a un gran edificio, un cruce de caminos y un matadero. La tradición de usar arcilla de 10 lugares diferentes en realidad simboliza la inclusión de personas de todos los sectores de la sociedad y los une en la adoración “.

Incluso si este es el principio en el que se basa la tradición, en la Durga Puja, las prostitutas deben recibir el respeto y la posición que se les otorga a una mujer u hombre comunes. La realidad de la sociedad brahmánica queda aquí al descubierto. La sociedad de quienes usan el suelo del patio de las prostitutas les niega el derecho a ingresar al culto.

UN COMITÉ CON LA FUERZA DE SESENTA Y CINCO MIL ASOCIADAS

Bharti Dey agrega: “La vida de una prostituta es peor que el infierno. Hemos creado el Comité Darbar Samonay de la Asociación de Trabajadoras Sexuales para mejorarla un poco. En la actualidad, cerca de sesenta y cinco mil trabajadoras sexuales están asociadas a nuestra organización. Aunque casi la mitad de las trabajadoras sexuales no están asociadas a esta organización: Sonagachi tiene un estimado de 135 mil trabajadoras sexuales. Pero después de establecer la organización, podemos luchar por nuestros derechos y la vida se está volviendo más fácil que antes.”

 


Acerca de la autora

Prema Negi

Prema Negi es la editora del sitio web ‘Jan Jwar’. Es conocida por sus entrevistas a personalidades literarias y académicas.

‘Prostitución es violación pagada’ es una frase demasiado repugnante como para ser un eslogan feminista

Me gustaría llamar la atención sobre el hecho extraordinario (y nada novedoso) de que en el nombre del feminismo se avasalle, humille, discapacite y violente a otra mujer. Me gustaría que nos parásemos un buen rato delante de la frase ‘Prostitución es violación pagada’ y analizáramos ese cadáver neuronal para darnos cuenta de que las implicaciones son tochas.

 

Por Lucía Barbudo

10 de diciembre de 2020

https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/prostitucion-violacion-pagada-frase-repugnante-eslogan-feminista_132_6492782.html

 

Pancartas en el 25N de Sevilla -2019-

 

Que la violación ha sido interpretada en distintas legislaciones como un delito asociado a la propiedad es algo que no sabía hasta la lectura de «Violación. Aspectos de un crimen, de Lucrecia al #metoo» de la escritora y periodista Mithu M. Sanyal. En inglés «rape» procede del latín «rapere», que significa «arrebatar», «tomar». ¿Qué se robaba en una violación? La honra, por supuesto, la honra de las mujeres intactas (también llamadas ‘vírgenes’, el patriarcado y la religión ya sabemos que siempre han casado bien). De esa antigua creencia, entre otras, beben lxs que afirman hoy que no se puede violar a una prostituta: hay jueces y juezas que resuelven las denuncias por violación de trabajadoras sexuales (como sucedió en Beniaján, Murcia, en 2018) con la absolución de los violadores; y es que según la lógica de la violación como robo de la honra de una mujer, a las putas, mujeres deshonrosas por antonomasia, no se les puede robar nada de eso.

La mujer como propiedad del hombre ha sido también, y sigue siendo, un salvoconducto que nos evita ser violadas. La mujer no-acompañada-de-macho, utilizando la definición de la artista migra puta y activista feminista Linda Porn, que se atreve a transitar los espacios públicos, (tradicionalmente territorio masculino) es leída como «mujer pública», es decir, como mujer que no tiene dueño: si no es de uno, es de todos. «Mujer pública», como todes sabemos, es otro nombre que reciben las prostitutas.

A los movimientos y reivindicaciones maricas y bolleras (y sospecho que también gracias a la lucha de los colectivos de trabajadoras sexuales y a cierto sector del feminismo que históricamente ha apoyado a las putas) debemos que no fueran penados por ley los actos «indecentes» y que se dejara de considerar la violación como un delito contra las buenas costumbres para pasar a ser, ya estaba bien, interpretado como un delito contra la libre determinación sexual.

Mithu M. Sanyal también tiene otra obra maravillosa llamada «Vulva» en la que dedica apartados al origen etimológico de palabras en inglés y alemán que vinculan asombrosamente la vulva con la boca. De conectar la vulva con la boca (lo vemos en el uso descriptivo de los ‘labios’ mayores o menores o en otras palabras compuestas y fraseología usadas hoy en día en alemán: ‘Halt die Fotz’ (Cállate, literalmente: cierra el coño) a conectar la vulva con la voz, entendiendo la voz en un marco de sujeto político, hay sólo un paso. La conexión entre el sujeto político ‘puta’ y su sexualidad utilizada en el trabajo sexual (y discutida ad eternum y ad aburrimientum por el movimiento abolicionista de la prostitución) me ha llevado a otra revelación: callar la vulva es, efectivamente, callar la boca.

Me gustaría llamar la atención sobre el hecho extraordinario (y nada novedoso) de que en el nombre del feminismo se avasalle, humille, discapacite y violente a otra mujer. Me gustaría que nos parásemos un buen rato delante de la frase ‘Prostitución es violación pagada’ y analizáramos ese cadáver neuronal para darnos cuenta de que las implicaciones son tochas.

Uno: se obvia que la contratación de un servicio sexual sucede entre dos personas adultas y es consensuada, mientras que violación implica un no-consenso. Dos: se está pasando por alto que el mito de la «libre elección» se aplica perversamente sólo al trabajo sexual y no a otros tipos de trabajos (también muchas veces precarios, feminizados, minusvalorados, realizados por población migrante y/o racializada y con un amplio espectro de derechos laborales no reconocidos o sistemáticamente vulnerados). Tres: señalar la violación en la prostitución desvía la atención sobre otros escenarios de violación no-pagada que se pueden dar dentro de la cisheteropareja, dentro del matrimonio o dentro de cualquier encuentro de una noche, gratis.

Las implicaciones son: a la puta la puedes violar (que para eso pagas, para hacer lo que tú quieras) pero a tu novia/mujer/rollete no. La novia/mujer/rollete es el nosotras de las abolas, mientras que las trabajadoras sexuales es el ellas, desde estas posiciones de discriminación, jerarquías morales y privilegio surge la otredad a través de la cual se genera violencia. Cuatro: las lógicas de «ejercen-violencia-sobre-ti-y-no-sólo-te-dejas-sino-que-te-pagan» son de unas cotas de humillación difíciles de superar, es el eres-tonta-y-no-lo-sabes elevado a la enésima potencia, es el argumento estrella de la alienación que las abolas dicen que tienen las trabajadoras sexuales. El movimiento abolicionista de la prostitución considera, pues, que las trabajadoras sexuales son víctimas, nunca sujetos políticos, por eso mismo también para las abolas una puta feminista es un oxímoron.

La activista feminista y trabajadora sexual Ariadna Riley en uno de sus posts sobre Tinder (la app estrella de prostitución gratuita) escribió: «Vámonos toas a cobrar por Tinder. Que no quede sexo gratis en ninguna app». Lo que propone Riley es una acción bien concreta para que empiece la caída del edificio que sustenta al patriarcado: una huelga de trabajo sexual gratuito (o de trabajo reproductivo gratuito, añadiría yo) sería algo increíblemente revolucionario que pondría en jaque a todas las falocracias capitalistas.

Y es que como muy lúcidamente dice Virginie Despentes, la violación es lo único de lo que las mujeres no nos hemos apropiado todavía. Cuánta razón. Y es que la cosa no es fácil. Desde el rol de víctima se ponen en marcha toda una serie de mecanismos y estrategias jurídico-emocionales y políticas (por no hablar de las económicas en torno al chollo lucrativo que supone la industria del rescate: ONGs, puestos de prestigio y poder en asociaciones e incluso carteras ministeriales) que, aparentemente, están destinados a salvaguardar nuestros cuerpos de violencia sexual, mecanismos que engordan narrativas tan terroríficas como el clásico mejor muerta que violada. Tal es la culpa y la vergüenza social. En nuestra configuración como el sexo débil, somos los cuerpos violables, «somos el sexo del miedo, de la humillación», como dice Virginie.

Desde esa condición perversa de víctima, revolverse y luchar resulta prácticamente imposible porque estás demasiado ocupada en llorar y es mucha la gente a la que le das pena. Como dice la autora de ese proyectil que es la Teoría King Kong: «No estoy furiosa contra mí por no haberme atrevido a matar a uno de ellos. Estoy furiosa contra una sociedad que me ha educado sin enseñarme nunca a golpear a un hombre si me abre las piernas a la fuerza, mientras que esa misma sociedad me ha inculcado la idea de que la violación es un crimen horrible del que no debería reponerme (…) En la moral judeocristiana, más vale ser tomada por la fuerza que ser tomada por una zorra».

Sin embargo, las abolicionistas de la prostitución no tienen, paradójicamente, ningún problema con las zorras, ellas mismas reivindican su zorritud en cada mani con eso de Mi cuerpo/ Mi vida/ Mi forma de follar/ No se arrodillan ante el sistema patriarcal. Ellas se visten como quieren y enseñan lo que quieren y son muy zorras en la cama con quien quieren, faltaría más. Ellas con quien tienen un problema es con las putas remuneradas, con las que hacen todo eso, pero cobrando. Ay, Marx, ¡cuántos dolores de cabeza nos sigues dando! Cuando dejemos de follar gratis, dejaremos también de cuidar gratis, de parir gratis y de maternar gratis. Trabajo sexual, trabajo reproductivo y trabajo materno seguirán yendo de la mano en los procesos emancipatorios mientras nos encontremos en un marco vital y laboral capitalista. ¿Queréis abolir la prostitución? Abolid el trabajo remunerado y todo el sistema que hace que nuestras vidas necesiten del capital para subsistir y la prostitución caerá detrás. Todo lo demás es ejercicio de cinismo e hipocresía. Todo lo demás es el feminismo del poder del que habla bell hooks. Nos duele la boca de decir que lo personal es político, ahora es el momento de empezar a repetir todas juntas, bien despacio para que se entienda y se interiorice, que lo político es personal.

 

Lo que significa ser una puta en 2020

https://www.red17.com/43367-lo-que-significa-ser-una-puta-en-2020

 

A menudo me refiero a mí misma como una zorra autoproclamada, ya sea en las solicitudes de trabajos de escritura, mis artículos posteriores, o simplemente en las bromas intercambiadas durante la primera y segunda cita. El énfasis siempre recae en “autoproclamada” porque soy consciente de que cuando se habla de “puta” para describir a otras personas, a menudo es con la intención de avergonzar. No quiero engañar a nadie para que piense que “zorra” es una etiqueta que se me impone, o de la que me avergüenzo; en cambio, estoy haciendo una declaración sobre mi relación con mi propia sexualidad. Estoy reclamando activamente un término previamente usado para golpear mi autoestima hasta convertirla en una pulpa exudativa de autodesprecio.

La palabra “mujerzuela” se remonta a 1402 y desde entonces se ha utilizado ampliamente para avergonzar a las mujeres por expresar cualquier medida de sexualidad. Su significado preciso ha cambiado a lo largo de los siglos, con las restricciones sociales aflojándose para permitir el sexo antes del matrimonio, la minifalda y los anticonceptivos. Ahora, en una época en la que tantas mujeres están reclamando el término históricamente despectivo, la palabra ha adquirido un nuevo significado y complejidad. Si tuviera que ignorar los matices y dar a “puta” una definición general, diría que ser una puta es ser una mujer que no tiene sexo de la manera que la sociedad piensa que debería, ya sea que signifique tener sexo fuera de los lazos sagrados del matrimonio o simplemente disfrutar del sexo casual. Aunque hemos recorrido un largo camino desde el siglo XV, una verdad que conecta nuestra situación actual con la de nuestros antepasados es la creencia perdurable de que la sexualidad femenina sólo existe para el beneficio de los hombres. Esta idea subyace en la brecha del orgasmo, la cultura de la violación y la incapacidad de la sociedad para reconocer a las mujeres homosexuales como algo totalmente válido (es decir, la creencia de que dos mujeres teniendo sexo no cuenta realmente). Con eso en mente, creo que ser una puta es desviarse de esta norma patriarcal al apropiarse de la propia sexualidad sin pedir disculpas; existe activamente más allá de la mirada masculina.

¿Pero qué significa esto en términos prácticos? ¿Cómo se vive como una puta?

Antes que nada, quiero descartar la idea de que ser una puta depende de algún modo de los números o del “número de cuerpos”. Con eso en mente, me gustaría hacer un llamamiento a los hombres de Tinder: por favor, dejad de preguntarme con miedo (o a cualquier otra persona) con cuánta gente he estado, como si vuestra masculinidad se arriesgara a ser aplastada por el peso viril de vuestros predecesores. Madura. Mientras me hacían estas preguntas, me sentí aliviada después de dar un número menor que el de ellos. Un tipo incluso dijo “ah, bueno, soy más puta que tú entonces”. Entiendo que la masculinidad tóxica dicta que el Chad promedio debería ser más activo sexualmente que sus contrapartes femeninas ya que, para muchos hombres, el conteo corporal -como el tamaño de la verga- es una medida directa de la virilidad. Pero lo que este chad en particular no reconoció es que si bien existe una correlación positiva entre el valor de un hombre y el número de personas con las que se ha acostado, lo contrario siempre ha sido cierto para las mujeres.

Y realmente, ¿a nadie más le molestan las connotaciones del recuento de cuerpos? Me hace pensar en los asesinatos en serie, una cosa objetivamente horripilante para asociar con cualquier cosa relacionada con el sexo. Luego, más allá de la violencia, está la naturaleza impersonal y deshumanizadora de reducir una pareja sexual a un “cuerpo”. Como con cualquier otro tema abstracto, las discusiones sobre el sexo requieren cuidadosas elecciones lingüísticas porque la forma en que hablemos de él afectará naturalmente la forma en que lo manejemos en nuestra vida cotidiana. Quiero decir, si el lenguaje no fuera importante, no habría dedicado mil palabras a recontextualizar “puta”.

Dicho esto, confesaré y admitiré que hace un año puse mucho énfasis en mi recuento corporal. Mi ingenua combinación de zorra con un alto número de cuerpos llevó a un comportamiento poco saludable: tener sexo por el sexo, sin prestar atención a con quién lo hacía, por qué lo hacía, o si era bueno. Rápidamente se convirtió en una cuestión de cantidad sobre calidad, una carrera hacia alguna línea de meta invisible con recompensas intangibles. (Realmente no hay trofeos por alcanzar cierto número de cuerpos – confía en mí.) Esta frenética relación con el sexo me dejó sintiéndome exhausta tanto emocional como físicamente, sin espacio para todas las otras cosas más prácticas que hacen de una zorra una zorra.

Por ejemplo, entre las complejidades de la prostitución, una cosa que nunca debe pasar desapercibida es la salud sexual. A todas las autoproclamadas escorias de ahí fuera: despiértense con la salud sexual. Aparte del obvio “usa un condón” (por favor), hay más para mantener la salud sexual, como conocer nuestros cuerpos más íntimamente. La autoeducación es un paso importante para sentirse cómoda hablando abiertamente sobre la salud sexual, ya sea con profesionales médicos, amigos o parejas sexuales. Para practicar lo que predico, me esfuerzo por visitar la clínica de salud sexual de mi localidad para tomar una muestra y hacer un análisis de sangre con regularidad (es decir, al menos cada tres meses). Esto es particularmente importante si se cambia con frecuencia de pareja sexual. Hablar abiertamente acerca de hacerse un chequeo es una gran manera de ayudar a desestigmatizar las ITS, desmitificar el proceso y asegurar a otros que no es tan doloroso o vergonzoso como podría parecer.

Si yo fuera a hacer un paquete inicial de zorra, uno de los componentes clave sería la lista de “personas con las que me he acostado” que se guarda encubiertamente en la aplicación de Notes. A mi doctora le pareció graciosísimo cuando, después de preguntarme cuántas parejas había tenido recientemente, saqué el teléfono de mi bolso y me remitió a dicha lista. Admito que el propósito original de la lista no era práctico; era para llevar la cuenta, lo cual no me gusta. Pero sigo agradecida de haber pasado por la creación de una lista, porque es muy útil tener un corpus de tu historia sexual cuando visitas la clínica de salud sexual; cuanta más información puedas dar, mejor podrán atenderte las pruebas y los posibles tratamientos que necesites.

En realidad, ser una puta no se trata sólo del brillo y el glamour del sexo en sí mismo, sino también del cuidado de una misma y la conciencia de una misma. Simplemente tener mucho sexo con múltiples parejas no te dejará el tiempo para hacerlo.

El tiempo y la experiencia me han enseñado que no sólo es inmaduro recolectar cormoranes como si fueran fichas para cambiarlos por el estatus de zorra, sino que también es un desperdicio de energía perjudicial. El placer es el punto central de mi Manifiesto de las Zorras, no los números. El encierro, y la inevitable sequía que ha venido con las medidas de distanciamiento social, originalmente se sintió como una verdadera amenaza a mi identidad. ¿Cómo puede alguien ser una puta cuando el sexo está fuera de los límites? Desde marzo he tenido mucho tiempo para rumiar sobre esto y reconsiderar lo que me hace a mí, o a cualquier otra persona, una puta. El hecho de no poder conocer nuevas personas y participar en nuevas experiencias sexuales me hizo darme cuenta de que “puta” simplemente no es un término cuantificable; las definiciones de los diccionarios no dan números, por lo que tampoco creo que la definición de nadie deba basarse en el conteo de cuerpos. No importa si alguien se ha acostado con cero o con cien personas; si no tiene vergüenza, no se disculpa y es descarada con su sexualidad, entonces en mi libro, es una zorra.

 

La hipocresía del punitivismo abolicionista

El abolicionismo ha construido un imaginario revestido de una superioridad moral que se hace necesario combatir a la luz de los datos

 

Mariano Beltrán

Psicólogo y Activista por los derechos humanos

11 de septiembre de 2020

https://www.huffingtonpost.es/entry/la-hipocresia-del-punitivismo-abolicionista_es_5f5b4759c5b67602f603b4fe?utm_hp_ref=es-politica

 

El punitivismo se ha erigido como la única herramienta de los gobiernos con la que imponer la visión de “lo que debería ser la sociedad”. El abolicionismo, que surge como una supuesta posición ética y de cuidado para con las mujeres, ha devenido en una suerte de paternalismo ineficaz, en una pata más sustentadora del patriarcado que utiliza sin pudor la herramienta que mejor y más sirve para sus propositivos: el punitivismo.

El cierre de los prostíbulos en España nos lleva indefectiblemente a una mayor clandestinidad, mayor violencia y mayor desprotección para las personas que ejercen la prostitución. Cerrar los prostíbulos sin ofrecer alternativas habitacionales y laborales es violatorio de derechos humanos. Así, el Gobierno de España ha decidido dejar en la calle a más de 60.000 mujeres sin ofrecer ningún recurso: sin posibilidad de paro, de ayudas. Mientras, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), constituida en España a principios de los 2000, sigue funcionando a pleno rendimiento. El Gobierno de España así ha decidido criminalizar a las putas mientras decide ser cómplice de la patronal y, en muchos casos, del proxenetismo.

Todos los partidos que han gobernado España se declaran abolicionistas, pero son esos mismos partidos los que han legalizado y permitido la creación de la asociación de los empresarios de los clubes de alterne, mientras desde el poder criminalizan, excluyen, impiden la sindicalización y deciden que las putas no son sujeto de derecho. ¿Se dan cuenta de la hipocresía? Los partidos que dan las licencias a los clubes de alterne son los que luego dejan a las putas en la calle arrogándose una supuesta posición ética abolicionista. Patriarcado y androcentrismo de toda la vida.


El cierre de los prostíbulos en España nos lleva indefectiblemente a una mayor clandestinidad, mayor violencia y mayor desprotección para las personas que ejercen la prostitución.


El abolicionismo ha construido un imaginario revestido de una superioridad moral que se hace necesario combatir a la luz de los datos. Amnistía Internacional y ONU SIDA ya avisaron de que la criminalización y el abolicionismo solo lleva a las putas a sufrir violencia y a la exclusión social. Buena parte del abolicionismo solo ofrece punitivismo, persecución e hipocresía. Es hora de ser consecuente con los derechos humanos y despenalizar el ejercicio la prostitución, una posición que considero pueden abrazar también desde sectores abolicionistas no punitivistas. La mayoría de ordenanzas municipales en España sobre esta cuestión son abolicionistas y lo único que han conseguido es más violencia y más clandestinidad para las putas, no para los clientes, y no para los empresarios, que recordemos que son tolerados y protegidos por los mismos partidos que se declaran abolicionistas. Despenalizar no es lo mismo que regular. Por eso considero que debemos avanzar hacia ese lugar común que es dejar de criminalizar y de perseguir a las putas.

En realidad, los partidos que han gobernado España no son abolicionistas, su problema es solo con las putas, a las que, repito, persiguen a través de las ordenanzas de los ayuntamientos donde gobiernan mientras conceden licencias a los clubes de alterne y dan carta de libertad a la patronal de la prostitución, la ANELA. ¿Hasta dónde pueden llegar los niveles de hipocresía del poder? ¿Hasta cuándo están dispuestos a seguir exponiendo a las putas a más clandestinidad por un puñado de votos?

Desde el abolicionismo punitivista se afirma que en España no se persigue a las putas, porque la prostitución es “alegal”. Es falso. Basta revisar las políticas de numerosos ayuntamientos de España. Tenemos el ejemplo de hace unos años de Argentina, donde se siguió la misma línea que se está siguiendo ahora en España: el resultado fue más clandestinidad, más persecución, más cárcel para las putas.


El punitivismo que defiende la mayoría del abolicionismo es una pata más que sustenta al patriarcado.


Todos tenemos posiciones y cuestionamientos al respecto de la prostitución. Pero hay una realidad que está por encima de nuestras morales y visiones del mundo: la situación de clandestinidad y persecución de las putas. No todo el abolicionismo es punitivista y no todas las personas que defienden la despenalización de la prostitución están a favor de la regulación. Es un debate más complejo que el maniqueísmo que nos presenta el abolicionismo punitivista.

El punitivismo que defiende la mayoría del abolicionismo es una pata más que sustenta al patriarcado, contribuyendo a la defensa de la dicotomía androcéntrica que afirma que para la mujer solo hay dos caminos posibles y antagónicos: o puta o santa y si eliges el primero eres una disidente de “lo que debería ser una mujer” y hay que condenarte, perseguirte y silenciarte. Por eso tenemos que seguir cuestionando los roles que el androcentrismo impone a la mujer y también debemos cuestionar las formas que utiliza para mantener su hegemonía. El punitivismo nunca fue un aliado de las mujeres ni de las disidencias sexuales, por eso me sorprende que desde sectores abolicionistas sigan insistiendo en el discurso del amo, que diría Lacan, en vez de dar herramientas que liberen a los cuerpos de las mujeres de la persecución, la cárcel, la violencia o la explotación.

 

El 0,56% de las trabajadoras sexuales fueron víctimas de trata en España en 2019, según el Informe Anual del Ministerio Fiscal

 

En 2019 se contabilizaron en España 567 víctimas de “trata con fines de explotación sexual”, de las que 98,2% fueron mujeres, según el Informe Anual del Ministerio Fiscal.

Si aceptamos la cifra de 100.000 como el número estimado con más frecuencia de trabajadoras sexuales en España, tenemos que el 0,56% de éstas fueron víctimas de “trata”. Un número muy alejado del 80% repetido como dogma de fe, o del 99% revelado por el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Pero en la lucha contra los derechos fundamentales de las mujeres más vulnerables hace tiempo que la mentira más desvergonzada se ha convertido en dogma irrefutable.

Ya ni siquiera hace falta recurrir a la “lucha contra la trata” para impulsar la prohibición de la prostitución: ésta misma se ha convertido de la noche a la mañana en la “lacra social” a erradicar. El nuevo dogma desvergonzado es que la prostitución es violencia de género y, por tanto, ya el 100% de las prostitutas son mujeres desposeídas por el Estado de su dignidad —de su capacidad de decidir sobre su vida— y pueden ser privadas de su medio de subsistencia y enviadas a centros de “rehabilitación y reinserción laboral”, lo que llaman hipócritamente “alternativa habitacional”.

Espera contar Pedro Sánchez con el voto transversal en el Congreso para consumar su crimen. Lo tiene asegurado. Su postura es la de la derecha religiosa, la de la derecha antiabortista: puede contar con el voto entusiasta del Partido Popular. Así se pavimentó el camino de Hitler hacia el poder en la Alemania de 1933, con la diferencia de que entonces la socialdemocracia defendía la despenalización de las prostitutas.

Cuando desde la misma Presidencia del Gobierno —cuando el mismo Pedro Sánchez— se propugna la violación de los derechos humanos —de los derechos fundamentales garantizados por la Constitución— a las mujeres más vulnerables, a las prostitutas, podemos afirmar que el fascismo está ya entre nosotros.