Suecia: la otra redada contra la prostitución

El país escandinavo fue pionero en criminalizar al cliente y ahora quiere endurecer los castigos

 

Apretando las tuercas. La policía de Estocolmo detuvo esta semana a 28 personas por haber pagado por servicios sexuales, entre ellos (abajo) el célebre actor Paolo Roberto. Las autoridades suecas quieren agravar las penas a los clientes de prostitución (JOHAN NILSSON / AFP)

 

Núria Vila | Malmö

24 de mayo de 2020

https://www.lavanguardia.com/recontra/20200524/481362204664/otra-redada-prostitucion-suecia.html

 

Una redada de la policía de Estocolmo contra la prostitución hace una semana acabó con 28 detenidos. No eran prostitutas, sino clientes. Como establece la ley sueca, el delito no lo comete quien cobra por tener relaciones sexuales, sino quien paga por ellas. La redada habría pasado desapercibida en otras condiciones, pero resultó que uno de los detenidos era Paolo Roberto. Exboxeador profesional, actor sueco de origen italiano, Roberto es toda una celebridad, es uno de los presentadores estrella del país que tal vez recuerden porque se interpretaba a sí mismo en La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina , segunda entrega de la saga Millenium , de Stieg Larsson. La policía no reveló su nombre, fue él mismo quien lo admitió en una entrevista a TV4, cadena en la que trabajaba como presentador de un reality y de la que ha sido despedido.

La detención y la confesión de un famoso como Roberto –que hasta tiene una línea de pizzas y otros productos italianos con su nombre– ha propiciado un debate social y político alrededor de la prostitución, hasta el punto de que tanto el Gobierno como varios partidos de la oposición han anunciado su intención de modificar la ley para endurecer los castigos. Suecia fue el primer país del mundo en criminalizar a los clientes y no a las prostitutas cuando en 1999 aprobó la ley que prohíbe la compra de servicios sexuales y que considera víctimas a las personas que venden su cuerpo por necesidad. Una ley que luego ha servido de ejemplo para países como Noruega, Irlanda y Francia.


La detención de Paolo Roberto, exboxeador y actor, ha reabierto el debate sobre si hay que endurecer las penas


Actualmente, la legislación sueca prevé multas o una pena de prisión de hasta un año, pero el Gobierno (coalición de socialdemócratas y verdes) está preparando una propuesta para eliminar las sanciones económicas y que el único castigo previsto sea el de cárcel, según han avanzado los ministros Morgan Johansson (Justicia) y Åsa Lindhagen (Igualdad de Género) en un artículo del diario Aftonbladet . “Esto no solo supondrá sanciones más severas, sino que actuará como elemento disuasorio”, afirman, argumentando que la información sobre la persona condenada estará disponible para más autoridades y durante más tiempo que en el caso de una multa. En otoño del 2019, el Parlamento sueco ya debatió esta cuestión, pero todos los partidos, salvo el Partido de Izquierdas, votaron en contra. Ahora, según la cadena SVT, al menos cinco de las ocho formaciones con representación parlamentaria estarían a favor de endurecer las penas.

Además, el Ejecutivo sueco quiere volver a intentar modificar la ley para castigar también a quienes contraten servicios sexuales en el extranjero, algo que ya propuso en la anterior legislatura pero que entonces no prosperó. Según el último sondeo sobre hábitos sexuales, el 9% de los hombres suecos afirmaron haber pagado por sexo y, de éstos, el 80% lo había hecho en el extranjero. “Todo el que compra sexo en el extranjero contribuye al tráfico humano”, sostienen los ministros, que añaden que “el tráfico sexual es una forma de comercio de esclavos que ha de acabar”.

Además de la ley que prohíbe la contratación de servicios sexuales, en el 2018 Suecia implementó la conocida como ley de consentimiento, que tipifica como delito cualquier relación sexual que no cuente con el beneplácito de alguna de las personas implicadas. Según esta legislación, pues, una persona que pague por sexo puede ser condenada también por violación si la persona que vende su cuerpo está obligada a hacerlo. Este aspecto es el que ahora la Fiscalía está analizando en el caso de Paolo Roberto, justamente por sus propias palabras en la entrevista de televisión. El actor admitió que se sentía sucio por haber pagado a una prostituta y añadió: “Estás comprando el cuerpo de otra mujer, probablemente alguien que se ha visto obligado a hacerlo, porque no es que ella esté allí porque sea muy agradable”. Dar por hecho que la prostituta estaba siendo obligada a tener sexo con él le puede comportar una pena mucho mayor que una simple multa. Pero él no será el único. Los 28 hombres detenidos en el centro de la capital es una cifra considerable teniendo en cuenta que, durante el 2019 unos 50 hombres de la región de la capital fueron condenados por contratar servicios sexuales. Además de las detenciones, la policía ofreció apoyo y asistencia a las 40 personas, mujeres y hombres, que ejercían la prostitución. De estos, cinco eran menores. “Está claro que la prostitución es un gran problema cuando hemos detenido a casi 30 hombres en tan poco tiempo”, dijo el jefe de policía de Estocolmo, Anders Olofsson. “Esto es solo la punta del iceberg”.

 

“No tienes que luchar por unos céntimos”: la red de seguridad de Nueva Zelanda ayuda a las trabajadoras sexuales en el confinamiento

Las trabajadoras sexuales llevan décadas trabajando con el gobierno. Esto ha demostrado salvar vidas durante la crisis de Covid-19

 

En Nueva Zelanda, el trabajo sexual es visto como cualquier otra forma de trabajo bajo el modelo de despenalización del país Fotografía: AFP vía Getty Images

 

Por Anna Louie Sussman

Martes 28 de abril de 2020

https://www.theguardian.com/world/2020/apr/28/dont-have-to-fight-for-pennies-new-zealand-safety-net-helps-sex-workers-in-lockdown

 

La semana antes de que Nueva Zelanda se confinara por completo el 26 de marzo, Lana *, de 28 años, se había tomado un descanso del trabajo en el burdel de lujo de Wellington donde, desde septiembre, había ganado alrededor de NZ $ 2.200 al mes viendo a dos o tres clientes a la semana.

El 23 de marzo, su universidad anunció que los cursos pasarían a ser por internet. Al día siguiente, decidió quedarse con sus padres en Auckland y solicitó el subsidio salarial de emergencia establecido en Nueva Zelanda para todos los trabajadores cuyos ingresos hayan caído al menos un 30% debido al coronavirus.

Solo dos días después, el dinero —una suma total de NZ $ 4.200 que cubría 12 semanas de ganancias a tiempo parcial perdidas— estaba en su cuenta. Los trabajadores a tiempo completo, que promedian más de 20 horas a la semana, reciben una suma total de $ 7.029.

“Rellenar el formulario solo me llevó unos tres minutos y no tuve que revelar que soy una trabajadora sexual”, dijo Lana. “Solo necesitaba revelar que soy autónoma”.

Los burdeles en Nueva Zelanda se han vaciado desde que comenzó el confinamiento de Nueva Zelanda a fines de marzo. Fotografía: Mary Brennan

En Nueva Zelanda, el trabajo sexual es visto como cualquier otra forma de trabajo bajo el modelo de despenalización del país, que se desarrolló con el aporte de las propias trabajadoras sexuales y se convirtió en ley en 2003. A medida que el coronavirus golpea país tras país, exponiendo las desigualdades y marginando aún más a los trabajadores vulnerables, el marco legal de Nueva Zelanda ha ayudado a las trabajadoras sexuales, en cambio, a encontrar seguridad financiera durante este tiempo de crisis.

“Debido a que [el trabajo sexual] no está penalizado, creo que eso crea un ambiente en el que eres respetada, en mi experiencia”, dice Lana, que estudia políticas e idiomas. “Te sientes muy respaldada”.

Ella está usando el tiempo para concentrarse en sus estudios y ser voluntaria en una organización de justicia comunitaria, escribiendo sobre temas sociales y de derechos humanos.


El hecho de que la industria del sexo en Nueva Zelanda haya sido despenalizada tiene muchas ventajas

Joep Rottier


“Tienen que vivir, tienen que pagar el alquiler”

Quizás no haya ningún país en el mundo en el que el gobierno y la comunidad de trabajadoras sexuales, que en Nueva Zelanda cuenta con unas 3.500 personas, tengan una relación tan sólida y productiva.

“El hecho de que la industria del sexo en Nueva Zelanda haya sido despenalizada tiene muchas ventajas, y ahora se demuestra con este problema del virus, en el sentido de que todas las trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda tienen acceso a prestaciones”, dice Joep Rottier, investigador de criminología en la Universidad de Utrecht, cuya tesis examinó el modelo de Nueva Zelanda.

Además del subsidio salarial de emergencia, que está disponible para todos los trabajadores de Nueva Zelanda con solo proporcionar un número de identificación nacional e información personal básica, las trabajadoras sexuales también son inmediatamente elegibles para prestaciones de solicitantes de empleo, un pago semanal que para otros trabajadores generalmente requiere un período de espera (la exención, parte de la legislación de 2003 que despenalizó por completo la prostitución, tenía por objeto garantizar que las trabajadoras sexuales pudieran abandonar la industria en cualquier momento y no se vieran obligadas a trabajar por razones financieras).

La Dama Catherine Healy, activista, ex trabajadora sexual y miembro fundador del Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda (NZPC), dice que ha visto solicitudes de subsidio salarial de emergencia y prestaciones para solicitantes de empleo procesadas ​​en cuestión de días, gracias a la ayuda de trabajadores de apoyo del gobierno que, hasta que llegó la crisis del coronavirus, realizaban visitas en persona a un centro comunitario de trabajadoras sexuales en Auckland.

“Tuvimos un grupo de nueve solicitudes presentadas el miércoles y resueltas el viernes”, dice Healy. “Tuvimos que obtener DNIs y, en un caso, no había una cuenta bancaria para pagar la prestación y esto también se resolvió, con la ayuda de los funcionarios”.

Rottier dice que gracias a la sólida relación de la comunidad de trabajo sexual de Nueva Zelanda con las fuerzas del orden público, los agentes de policía se han hecho cargo de las actividades de apoyo del NZPC, localizando a las trabajadoras sexuales que trabajan en la calle y dirigiéndolas a grupos como NZPC que pueden ayudarlas a obtener asistencia financiera. .

Por el contrario, en la vecina Australia, una declaración de una alianza de grupos de trabajadoras sexuales condenó a la policía por multar a las trabajadoras sexuales que continuaron trabajando en Nueva Gales del Sur. “Esto no hace nada para promover las medidas de salud pública que están actualmente vigentes, y en su lugar sirve para castigar a aquellas que ya se han quedado atrás en las medidas federales de alivio de ingresos”, escribieron.

Los informes de los EE. UU. sugieren que las trabajadoras sexuales, si bien pueden ganar algo de dinero con el trabajo sin contacto, como los peep shows y la transmisión de cámaras web, están recurriendo a las campañas de GoFundMe porque su trabajo en negro las hace no elegibles para las prestaciones de desempleo del gobierno.

En los Países Bajos, a Rottier le preocupa que a algunas trabajadoras sexuales les resulte difícil observar medidas de distanciamiento social diseñadas para prevenir la propagación del virus. “Tienen que vivir, tienen que pagar el alquiler, tienen que comer, por lo que se ven obligadas a seguir trabajando”, dice.

Funhouse es un servicio de escorts con sede en Wellington. Fotografía: Mary Brennan

Lo mismo también puede ser cierto en Nueva Zelanda. Mary Brennan, quien ha dirigido Funhouse, un burdel de lujo de Wellington, durante 15 años, dijo que también puede haber trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda que todavía están trabajando para sobrevivir, “como cualquier otro ser humano en esta tragedia internacional masiva en la que nos encontramos”.

Si bien el trabajo en la calle se ha reducido drásticamente desde la despenalización de 2003 (y gracias a que las trabajadoras sexuales pueden anunciarse en línea y contactar con los clientes a través de sus teléfonos), todavía hay una pequeña población de trabajadoras callejeras, así como trabajadoras sexuales migrantes que se mudan de ciudad a ciudad. Healy señaló que los montos de las prestaciones no son suficientes para vivir en un país donde hay una crisis de vivienda y el costo de vida se encuentra entre los más caros del mundo. Recientemente ayudó a una trabajadora sexual a localizar un lugar para hacerse la prueba del coronavirus, y luego la mujer le dijo que no tenía papel higiénico ni comida, así que NZPC la ayudó.

Healy dice que algunas ya estaban recibiendo su asistencia antes de la crisis y que no había sido suficiente por menos de NZ $ 250 por semana, por lo que también se trasladaron al trabajo sexual.

Liberada para ayudar

Gracias a las prestaciones del gobierno, varias de las mujeres altamente remuneradas que trabajaban en Funhouse están utilizando la pausa para ser voluntarias y hacer obras de caridad. Una ofreció fotos sexys en Twitter a cualquiera que done una noche en el refugio de mujeres para alguien que lo necesite.

“Tenemos mujeres en las redes sociales que no tienen que luchar por unos céntimos que están usando sus habilidades y sus cuerpos para recaudar dinero para las más vulnerables”, dice Brennan, que se hace llamar “Madame Mary”.

Healy dice que es poco probable que las trabajadoras sexuales puedan volver al trabajo normal hasta que Nueva Zelanda alcance las restricciones de nivel uno: el martes pasó del nivel 4 al nivel 3.

Alice *, de 23 años, ganaba alrededor de $ 1.200 por semana en Funhouse en enero y febrero, antes de regresar a Auckland, donde trabaja a través de otra agencia los viernes y sábados, mientras estudia ciencias durante la semana. Solicitó la subvención a tiempo parcial el 30 de marzo y la recibió el 6 de abril. Aunque no ha trabajado desde mediados de marzo, se siente financieramente segura y está pasando su tiempo libre estudiando, viendo películas y haciendo un curso de psicología en línea.

Aunque solía tener un contacto mínimo con clientes fuera del burdel, ha permitido que algunos la contacten a través de Twitter.

“Estoy feliz de pasar un poco más de tiempo enviando mensajes a las personas y manteniéndome en contacto”, dice. También creó un conjunto de fotos para vender a los clientes, cuya compañía física e intelectual echa de menos.

“Creo que es algo que di por sentado; simplemente se convierte en una parte tan normal de nuestras vidas pasar tanto tiempo con personas en un entorno íntimo, y ahora es un poco impactante para el sistema no tener ese tipo de cercanía con las personas “, dice ella. “Pasé mucho tiempo con personas que no veo en mi vida cotidiana. Solía ​​tener muchas discusiones interesantes, obtener muchas opiniones diferentes sobre las cosas. Ahora estoy limitada a este pequeño grupo de personas con las que vivo “.

 

* Los nombres han sido cambiados

Marge Piercy: “No me importaría que los hombres fueran castrados”

Poeta y novelista, Piercy es conocida desde los años sesenta también por su activismo social y feminismo. Está profundamente enfadada con Donald Trump y muy a favor del metoo

 

Marge Piercy

 

Por PAULA CORROTO

27 de abril de 2020 

https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-04-27/marge-piercy-feminismo-mujer-al-borde-del-tiempo_2565016/

 

Poeta, novelista y, sobre todo, activista social y mujer de izquierdas. Marge Piercy (EEUU, 1936) es conocida en Estados Unidos desde los años sesenta por su activismo en favor de los derechos de las minorías y como una de las voces más fuertes del feminismo. Una de sus novelas más relevantes es ‘Mujer al borde del tiempo’ (1975), que ahora publica en español la editorial Consonni, y que es la historia de una mujer chicana y pobre que realiza viajes en el tiempo. Por el libro aparecen temas como el feminismo —las primeras páginas, con una violencia de género muy explícita son brutales— y el tratamiento de los enfermos. Piercy también trató el cambio climático ya en los noventa con ‘He, she and It’, novela que fue bastante premiada. A sus 84 añosno ha dejado nunca de escribir.

Esta entrevista fue solicitada antes del encierro pero tardó varias semanas en contestar al email porque “estoy tremendamente ocupada. Es primavera y aparte de todo lo habitual, tengo muchas más cosas que hacer. Tengo un libro de poesía que ya está en producción para Penguin Random House. Ellos han publicado toda mi poesía desde 1976. Y tengo otra novela que mi editor está considerando seriamente. Además estoy preparando mi taller anual intensivo de poesía”, según afirmó. Pese a ello cuando contestó se despachó bien contra Donald Trump, los republicanos y pensadoras como Camille Paglia.

PREGUNTA: En el prólogo de su novela ‘Mujer al borde del tiempo’ usted escribe: “ahora las elecciones son decididas por multinacionales y los medios de comunicación son pura propaganda”. ¿No se han conseguido algunos cambios sociales desde que publicó la novela en los setenta?

RESPUESTA: La novela fue escrita entre 1973 y 1975. Básicamente muchas cuestiones sociales han cambiado. El movimiento #metoo ha reducido el acoso sexual en el trabajo. Los matrimonios del mismo sexo son legales en la mayoría de estados, gays y lesbianas pueden adoptar… aunque no en todos los estados. Las mujeres pueden desarrollar su trabajo en más campos. Hay cada vez más mujeres en puestos de responsabilidad a nivel estatal y nacional. A través de la Affordable Car Act, Obama puso en marcha nuevas regulaciones sobre el medio ambiente. ‘Bastard’ ahora significa que eres un cerdo [idiota], pero no que has nacido fuera del matrimonio. Las madres solteras no están estigmatizadas en la mayoría de los lugares.

Pero muchos de esos derechos han sido parcial o totalmente recortados bajo el mandato de Trump. Las mujeres estamos perdiendo cada día nuestro derechos a nivel estatal y nacional. Esperamos ver el caso Roe contra Wade [el caso emblemático sobre el aborto en EEUU de 1973] destruido por la ultraconservadora Corte Suprema. Los republicanos están erosionando los derechos en los estados donde no hay mucho voto negro y latino.


Hemos avanzado, pero muchos de esos derechos han sido parcial o totalmente recortados bajo el mandato de Trump


P: Usted dice que ha habido cambios sociales, pero no económicos. De hecho, la izquierda en su país habla mucho del racismo, el feminismo, la maternidad… Usted habla de ayudas, seguros de desempleo, sindicatos…

R: Es que los salarios raramente se han incrementado desde que escribí la novela y los sindicatos han sido destruidos. El coste de la vida ha subido enormemente. Los alquileres se han disparado en las ciudades desde que se borró el control sobre los alquileres. La gente joven que va a la universidad, que cuesta 20 veces más que cuando yo fui, acarrea enormes deudas. Una amiga joven tiene una deuda de 100.000 dólares. Ella se irá a la tumba con la deuda. Su marido tiene casi la misma. La gente joven a menudo no se puede casar, comprar una cosa o incluso un coche. El sistema de salud es bueno para los bancos y las farmacias, pero manda a mucha gente a la bancarrota. El racismo está imperando más que cuando publiqué la novela, al igual que el antisemitismo y la islamofobia. Y no debe tomarse a la ligera porque están matando a gente por su raza, religión o etnia.

El cambio climático está avanzando a un ritmo rápido y bajo el mandato de Trump se está acelerando. Sus efectos los escribí en El, ella y ello y están yendo mucho más rápido de lo que yo esperaba. Lo puedo ver claramente en el lugar en el que vivo: los océanos están llenos de plástico y los peces, ballenas y tortugas están muriendo.


La mitad del país está viviendo con una mano delante y otra detrás y ahora mucha gente que no tiene seguros de desempleo está siendo despedida a causa del coronavirus


La mitad del país está viviendo con una mano delante y otra detrás y ahora mucha gente que no tiene seguros de desempleo está siendo despedida a causa del coronavirus. Se ha determinado que las empresas son personas que pueden comprar elecciones y políticos. Los trabajos no cualificados se han deslocalizado y ahora están en el extranjero, por lo que muchas familias trabajadoras están teniendo dificultades para ejercerlos.

P: Es posible que Trump vuelva a ganar las elecciones. ¿Se está equivocando el Partido Demócrata con su discurso?

R: ¿Qué sabes que yo no sepa? Trump puede ganar las elecciones o no. Los Demócratas se están organizando y luchando duro. Hemos ganado un buen número de elecciones locales en áreas donde Trump ganó en 2016.

P: Su novela se acerca más a la utopía. Forma parte de las novelas utópicas que se publicaron en los sesenta junto a otras como las de Ursula K. Le Gin. Ahora no tenemos novelas utópicas, ¿por qué?

R: Las novelas utópicas aparecen cuando la gente no tiene dos o tres trabajos para sobrevivir. Están escritas cuando no hay hambre y pérdidas y vemos cambios posibles como un fuerte sentido de la comunidad, mujeres que no son abandonadas junto a sus bebés, mayor seguridad en las calles, no más violaciones, igualdad salarial, trabajos que realmente ayudan a la gente. Se escriben en un momento en el que las personas sienten que los cambios son posibles, pero cuando las cosas empiezan a ir para atrás, generalmente no hay utopías


Las utopías se escriben en un momento en el que las personas sienten que los cambios son posibles, pero cuando las cosas empiezan a ir para atrás, no


P: De hecho, ocurre lo contrario, novelas distópicas como ‘El cuento de la criada’ alcanzan un éxito notable.

R: ‘El cuento de la criada’ es cada vez más una realidad. Los Republicanos solo se están complaciendo en favorecer a los ultraconservadores, fundamentalistas y viejos hombres blancos que quieren volver a los cincuenta, cuando las mujeres estaban subordinadas y los negros y latinos eran completamente ignorados, e menos que los mandaras a la carcel o los lincharas. Yo crecí cuando el aborto era ilegal. Me quedé embarazada cuando estaba en la universidad y, al proceder de una familia trabajadora de Detroit no tenía acceso al aborto de ningún tipo. Lo hice por mi cuenta y casi me muero. Al igual que lo ha hecho ahora una amiga que apenas tiene 20 años.

P: ¿Qué opina de la cuarta ola que desencadenó el #metoo? Hay quien piensa que es una ola muy puritana y hay pensadoras como Camille Paglia que afirma que con está ola “los hombres están siendo castrados”.

R: Estoy de acuerdo con el #metoo porque yo experimenté lo que es perder un trabajo porque no me quería follar a quien tenía el poder de contratar y despedir. No me importaría que los hombres fueran castrados. La mayoría de los hombres todavía tienen el poder en los gobiernos, las empresas y los medios de comunicación. Los hombres violan y matan a las mujeres cada maldito día.


La mayoría de los hombres todavía tienen el poder en los gobiernos, las empresas y los medios de comunicación. Los hombres violan y matan a las mujeres cada maldito día


P: En su novela usted aborda el tema de la prostitución, sobre el cual ahora está otra vez el debate entre abolicionistas y quienes quieren regularla. Yo crecí en un momento en el que el feminismo estaba más cerca de la regularización que del abolicionismo. ¿Ha cambiado algo?

R: No creo que haya cambiado nada en el debate sobre la descriminalización de la prostitución. Creo que las mujeres deberían tener el control total sobre sus cuerpos y si ellas quieren ‘alquilarlo’, a veces es la única manera de conseguir dinero. He conocido a un buen número de prostitutas y no me gusta la forma en la que son tratadas por la sociedad, la policía, las leyes y los clientes. Hay un montón de actitudes religiosas que condenan a las mujeres y hombres que se ganan la vida de esta manera. Puede ser muy peligroso, en parte porque es un trabajo que sigue siendo ilegal. Pero también pescar es peligroso, luchar contra el fuego, ser militar. Yo tenía un dentista que murió de hepatitis porque un paciente le mordió. ¿deberíamos prohibir la odontología? Vermont está ahora considerando legalizar a las trabajadores del sexo y puede ir bien.

P: Por cierto, me sorprendía que en su novela la protagonista fuera una chicana gorda y fea. Normalmente no hay protagonistas así.

R: Estaba harta y cansada de que los viajes en el tiempo pertenecieran a los hombres blancos. Por eso elegí a Connie.


Creo que las mujeres deberían tener el control total sobre sus cuerpos y si ellas quieren ‘alquilarlo’, a veces es la única manera de conseguir dinero


P: Hay un asunto tecnológico con los viajes en el tiempo, de los cuales han escrito casi siempre los hombres. Usted suele centrarse en quiénes controlan la tecnología. Ahora son empresas como Google, Facebook, Twitter quienes tienen el control de nuestros datos y privacidad. ¿Qué futuro podemos esperar de esto? ¿Qué piensa usted?

R: Las empresas multinacionales controlan nuestras circunstancias socioeconómicas, incluyendo a los gigantes de la informaicón que usted menciona, pero también la industria militar. No hemos ganado una guerra en 70 años, pero estamos siempre en guerra y ¿quién está ganando miles de millones de todo esto?

 

«La prostitución no entiende de pandemias»

Las luces rojas se apagaron y sus calles habituales en Galicia se vaciaron, pero la oferta resiste en la Red con más citas en forma de videollamadas para evitar contagios. El dinero se acaba, alertan

 

Evelyn es transexual y se dedica a la prostitución M.MORALEJO

 

JAVIER ROMERO 
VIGO / LA VOZ

26 de abril de 2020

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/vigo/vigo/2020/04/26/prostitucion-entiende-pandemias/0003_202004G26P30992.htm

 

Evelyn de Oliveira participó en el espacio televisivo de citas First dates. No era una concursante más, pues es una mujer transexual. «Fui la primera, me contrataron de actriz para estudiar la reacción de la audiencia». Reside en Vigo hace años, no rinde cuentas a nadie, tiene piso propio y el covid-19 le ha dado un mal revolcón a lo suyo. «No hay dinero que compense el riesgo de contagio». Se presenta, al teléfono, organizada y solvente, pero sabiendo que no todo es eterno y las facturas tocan a la puerta cada mes. Son inmunes al coronavirus, de ahí que mantenga, ya en clave de crisis sanitaria, su anuncio en la web puntera en Galicia de sexo de pago por Internet: «Teletrabajo, solo videollamada —pagos por Paypal y Bizum— nada gratis, no mando fotos ni abro cámara. Disponible de 9.00 a 23.00 horas». Antes del confinamiento sí aceptaba el cara a cara.

«Los ingresos cayeron un 50 %. Un encuentro se pagaba a 60 euros. Ahora, la videollamada, a 20. Resulta menos desagradable, más serio y puedo anunciarme en toda España, corazón. Sí hay quien sigue trabajando, me cuesta aceptarlo pero también sé que la prostitución no entiende de pandemias si falta el dinero». Ella, ahora, carece de cargas tras ayudar durante años a sus dos hermanos en Brasil: «Aprobaron las carreras y ya viven de sus profesiones». El último reclamo de Evelyn en la web de referencia es uno más entre los 33.677 anuncios subidos, en las cuatro provincias gallegas, desde la activación del estado de alarma. Ya por categorías, 11.176 corresponden a mujeres; 4.510 a hombres; 1.210 son de transexuales; 952 de líneas eróticas; o 2.481 ofertan masajes eróticos. El muestrario es inabarcable y se actualiza al minuto. Las ofertas de videollamadas abundan, pero siguen siendo inferiores a los planteamientos de piel con piel.

Doble juego

De ahí que los responsables de la web se protejan incluyendo una recomendación justo al lado de cada número de teléfono. «Se responsable, ¡quédate en casa!», aconsejan los mismos que tienden puentes para la polinización del coronavirus. Sirva de ejemplo Stefane, en A Coruña. El viernes por la tarde se prestaba a un encuentro «en sitio discreto y de fácil estacionamiento. Soy joven e independiente, trabajo con mucha naturalidad, te invito a tomar algo juntos». Solo la dirección del portal web ya huele a perfume intenso, basta un chequeo rápido a la Red para detectarlo. Otra muesca de un submundo tasado en 3.500 millones de euros al año en España (0,35 % del PIB). El plan contra la explotación sexual 2015-2018 del Ministerio de Sanidad, ya en Galicia, dimensiona el turbio flujo de billetes.Hasta 2.000 prostitutas, 800 clubes de alterne contabilizados entre el año 2009 y el 2018 y 30 pisos de tapadillo desde el 2015.

«No hablamos de cuatro puteros, eso no sostiene semejante industria», razona, desde Santiago, una joven venezolana que rechaza publicar su «nombre social» y eleva al 95 % su caída de ingresos. Los clubes de alterne y la calle, universo de asfalto y tacones, eran los otros focos de clientela hasta la espantada del covid-19. «Se cortó de raíz por razones obvias, en la vía pública bastó la presencia de patrullas. También cerraron los locales, se certificó con inspecciones en los primeros días y hacemos seguimientos. Ahora todo se mueve en pisos de citas mediante Internet. Ya era mayoritario antes de la crisis sanitaria y parece que seguirá subiendo», exponen en la Brigada de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional en Galicia. «Nos preocupaba que expulsaran a las chicas de sus clubes, que se quedaran en la calle, pero fueron casos aislados». El departamento no vive ajeno a la pandemia y sus agentes, en buena parte, se pasaron a seguridad ciudadana. «Se paralizaron plazos, atención al público, expulsiones… y la prostitución ni es ilegal ni está regulada, siempre fue la trastienda social».

Atención 24 horas

Daniela, de Rumanía, ejerce de bisagra entre ambas realidades. Una especie de ángel sin alas que ayuda con un teléfono, su experiencia y el abanico de recursos que abarca la Asociación pola Abolición da Prostitución (Faraxa). Ubica su sede en Vigo con un radio de alcance autonómico. Gracias, en parte, a Cáritas, Cruz Roja y otras muchas entidades. Daniela ejerce de mediadora desde hace un lustro y la pandemia es lo más parecido al fin del mundo que imaginó nunca. «Muchas mujeres están al límite, sin dinero ni para cargar el móvil, comer, tampoco tienen cuentas bancarias en muchos casos, han dejado de enviar dinero a sus familias. Sabemos que una chica llamó al 061 pidiendo ayuda y le preguntaron si tenía fondos, se asustó y colgó. Créame, la sociedad no lo ve, pero estas personas viven en el absoluto caos».


Una madama les advirtió que para alojarse con ella no podían pedir ayuda a servicios sociales


Faraxa contextualiza desde la experiencia. En el 2019, solo en su sede de Vigo, registró 3.500 visitas y atendió a 600 personas. 300 dentro de su proyecto de VIH y la otra mitad por prostitución. «Sobre 170 mujeres, unos 50 hombres y unos 40 transexuales. A mayores están las cifras de la unidad móvil, pero ahora teletrabajo y están en la oficina. No pude recogerlas por el confinamiento», concluye Daniela. La red de contactos y usuarios de la entidad permite saber qué se cuece, por ejemplo, dentro de los clubes cerrados. «Se les consiente quedarse alojadas, aunque con la coletilla ‘ya haremos cuentas’. Pasando O Porriño hay un club muy visible que las aloja en otro próximo, en Cans, cerrado hace años. Según parece, a cambio de que ellas no soliciten ayuda a entidades o administraciones. Lo impuso la madama», desvela la presidenta del colectivo, Ana García Costas, antes de añadir: «Supimos de alguna chica a la que dejaron en la calle, sus locales cerraron y se vieron sin dinero ni para alquilar una habitación. ¡Nada! Contactamos con los ayuntamientos de Vigo y el área para conocer sus recursos y comprobamos su buen hacer. Con o sin partidas específicas para estas circunstancias, se implicaron siempre». Pero García Costas, por su condición de abogada con experiencia en asuntos de trata, sabe muy bien hasta dónde se extiende la metástasis del sexo de pago, ya indisoluble del trapicheo. Todo lo que sea menester para contentar a clientes capaces de fundirse cientos de euros en pocas horas de sudor y disparos de coca. Un binomio viciado que la Guardia Civil y la Policía Nacional conocen al dedillo en sus demarcaciones.

Formas de captar

La Brigada de Extranjería y Fronteras explotó en junio del 2019 una impecable investigación en la ciudad del Apóstol que bien podría ser el paradigma de semejante escenario delincuencial. Desmanteló una red de pisos con mujeres captadas en Paraguay, principalmente mediante cantos de sirena que profetizaban, ya en España, el paraíso. «El viaje costaba 3.000 euros pero luego, aquí, la deuda crecía: peluquería, vestidos, ropa, lencería, casa, comida… Hay organizaciones que incluso les cobran intereses. Se endeudan de por vida», recuerdan en la investigación. El chantaje emocional se estila igualmente: «Les dicen que podrán enviar dinero a la familia, eso lo puede todo. Una de las chicas, girando 100 euros al mes, posibilitó que sus padres hicieran una casita ¡100 euros al mes!».

Lo de seducir voluntades con promesas de felicidad se estila principalmente en Sudamérica. «Ya en África recurren a la magia negra, al vudú. Las coacciones con violencia física responden a un patrón más extendido en Europa del Este. Rumanía incluso exporta su particular fórmula de sometimiento, conocida por lover boys [chicos del amor]», añaden en Extranjería antes de recuperar una anécdota que dimensiona la complejidad de la atmósfera marginal: «Estos rumanos, especialmente machistas, conquistan mujeres, las convencen para que ejerzan y, de paso, los mantengan. Incluso llegué a presenciar los reproches de uno: ‘Pero tú, desgraciada, vas a permitir que yo duerma en un coche porque tú no sabes hacer el trabajo y ganar lo suficiente’. Da miedo, ¿a que sí?».


Los clubes, cerrados, permiten quedarse a las mujeres, pero les advierten: «Ya haremos cuentas»


 

Sancionados dos prostitutas y dos clientes por saltarse el confinamiento en La Línea

  • La Policía Nacional intervino en un piso de Los Junquillos con una orden judicial tras las denuncias de los vecinos
  • Las multas oscilarán entre los 601 y los 10.400 euros

 

JAVIER CHAPARRO

La Línea, 21 Abril, 2020

https://www.europasur.es/campo-de-gibraltar/Sancionados-prostitutas-clientes-confinamiento-La-Linea-coronavirus_0_1457554711.html

 

Dos prostitutas y dos de sus clientes han sido sancionados por saltarse la orden de confinamiento del estado de alarma por la pandemia de coronavirus. Ellas, por mantener abierto un establecimiento público y, en el caso de ellos, por abandonar sus domicilios por causas ajenas a las recogidas en el decreto aprobado el pasado 14 de marzo.

Los hechos, según ha podido saber Europa Sur, ocurrieron a finales de la semana pasada en la calle Virgen de la Purísima Concepción, en el barrio de Los Junquillos, de La Línea de la Concepción. Las denuncias de los vecinos ante la Policía Nacional por el constante trasiego de personas en un piso llevó a los agentes a solicitar una orden judicial de entrada en la vivienda. Cuando los agentes entraron en el inmueble, en su interior encontraron a dos mujeres que ejercían la prostitución y a los dos clientes.

Fuentes policiales explicaron que una de las mujeres fue detenida al pesar sobre ella una orden de expulsión del país al tratarse de una extranjera sin permiso de residencia en España.

Sanciones elevadas

Las sanciones previstas por saltarse el confinamiento no son precisamente bajas y oscilan entre los 601 y los 10.400 euros. Las primeras están previstas para los casos de desplazamiento no autorizados “sin circunstancias concurrentes” y las segundas para quienes organicen o participen en fiestas o cualquier otro tipo de celebración con “riesgo elevado”.

Ahora deberá ser la Subdelegación del Gobierno en Cádiz la que determine el grado de incumplimiento del confinamiento por parte de las cuatro personas y fijar las correspondientes sanciones.

 


Escrivá asegura que el ingreso mínimo vital “no está contemplado” para personas en situación irregular

Víctimas de explotación sexual, así como mujeres en situación de prostitución en “extrema vulnerabilidad” sí podrán beneficiarse.

EUROPA PRESS

21 de abril de 2020

https://www.huffingtonpost.es/entry/escriva-ingreso-minimo-vital-situacion-irregular_es_5e9ecfc8c5b6a486d07f0180

 

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, ha asegurado que el ingreso mínimo vital que está diseñando el Gobierno para paliar el impacto de la pandemia del COVID-19 en familias con pocos recursos “no está contemplado” para personas en situación administrativa irregular.

Así lo manifestó el ministro en una entrevista concedida a eldiario.es, recogida por Europa Press. Preguntado en concreto acerca de si esa ayuda la podrán percibir personas en situación irregular, Escrivá lo descarta: “No está contemplado”, responde.

El ministro ha dicho que el ingreso mínimo vital va a llegar a más de un millón de hogares, en torno al 50% van a ser hogares con niños y un 10% o un poco menos serán hogares monoparentales. El proceso de elaboración de esa ayuda, según ha precisado Escrivá, implica a distintos ministerios, aparte del que él dirige, principalmente a la Vicepresidencia segunda, pero también a otros como los Ministerios de Hacienda y Trabajo.

Por su parte, este martes desde el Ministerio de Igualdad han asegurado que las víctimas de explotación sexual, así como mujeres en situación de prostitución en “extrema vulnerabilidad”, podrán beneficiarse del Ingreso Mínimo Vital.

Según ha informado el departamento que lidera Irene Montero, “se asegurará” que tengan acceso a esta prestación también las mujeres en situación administrativa irregular, “que son en la mayoría de los casos las principales víctimas de explotación sexual y trata con fines de explotación sexual”.

Fuentes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones preguntadas al respecto se han remitido a las declaraciones del ministro Escrivá en la entrevista a eldiario.es en las que descarta la posibilidad de que personas ‘sin papeles’ en general sean beneficiarias de la renta mínima. Sus palabras, según sostienen estas mismas fuentes, “son muy claras al respecto”.

 

Con agua y cigarro, sexoservidoras sobreviven a la pandemia

Algunas de ellas recibieron tarjetas de apoyo del gobierno capitalino, pero hasta el momento de la entrevista no tenían recursos

 

Las trabajadoras sexuales aseguran que piensan dar servicios en los autos de sus clientes / Foto: Jaime Llera / La Prensa

 

Por Cecilia Nava | El Sol de México

21 de abril de 2020

https://www.elsoldemexico.com.mx/mexico/sociedad/con-agua-y-cigarro-sexoservidoras-sobreviven-a-la-pandemia-5128747.html

 

Han montado una cabina atrás del Metro Revolución para dar servicio, plantean hacerlo en las paredes o carros, pero si eso no funciona también piensan en saquear tiendas alimentarias. Esta es la realidad de un número incierto de trabajadoras sexuales ante la crisis económica que genera la pandemia y el poco apoyo de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

No existe una estadística precisa de cuántas prostitutas hay en la capital del país, pues los números van de 10 mil a 500 mil, de acuerdo con la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina (Catwlac, por sus siglas en inglés).

A pesar que la capital del país es donde hay más contagios y fallecidos a nivel nacional, las sexoservidoras insisten que la esquina es de quien la trabaja aunque por ahora sobreviven “con agua y cigarro”.

El primer caso de la enfermedad en la urbe más grande del país se confirmó el 28 de febrero, casi tres meses después de que en Wuhan, China, foco original de la pandemia, las autoridades de ese país anunciaron el problema de salud e implementaron el toque de queda, pero el llamado a aplicar el #QuédateEnCasa que solicitan autoridades en México no es viable para las trabajadoras sexuales.

Desde principios de marzo la autoridad capitalina convocó al aislamiento social, y el cierre de hoteles y moteles provocó la peor crisis económica en la vida las mujeres dedicadas al sexoservicio, por lo que aplicarán nuevas técnicas para ofrecer sus servicios.

El 31 de marzo se decretó Emergencia Sanitaria por fuerza mayor en la Ciudad de México, por lo que ya era obligación el cierre de todas las actividades no esenciales para reducir los contagios.

Con la declaratoria fueron despedidos empleados de empresas formales, pero los informales atraviesan una situación peor, como las mujeres en situación de prostitución que no pueden dejar de trabajar sin el apoyo del gobierno.

La zona de Puente Alvarado, misma que lleva directo a Paseo de Reforma, ya no es igual ante la contingencia sanitaria.

Los negocios alrededor de esta avenida están cerrados, transitan pocos carros y las meretrices rondan en las esquinas a la espera de clientes, sobre todo aquellas que aún tienen la esperanza de llevar comida al hogar o pagar su renta.

Estrella tiene 33 años y lleva cinco en el sexoservicio. Ella habitaba en un hotel y hoy no tiene ni un espacio para bañarse. Por ahora su mayor preocupación no es el Covid-19, porque no cree en la enfermedad, sino lo que comerá al menos de aquí al 30 de mayo, fecha hasta la que permanecerá el confinamiento en México.

“Ahorita, como sexoservidoras, nosotras ya hasta estamos pensando en trabajar hasta en carros o hasta de aparador con eso te digo todo… O sea, paradas, en la calle y paradas”, platicó.

El uso de desinfectante para manos no es un objeto de uso personal para ella, pero sí la acompaña un hambre desesperada, pues, cuenta, no ha comido en dos días. “Me mantengo con agua, y cigarro. Sí, la verdad, incluso ahorita tengo demasiada hambre”. “Si no hay trabajo cómo vamos a comer, cómo vamos a vestir”.

Aunque existen varias iniciativas para regular el trabajo sexual en la capital, no hay datos recientes sobre el ejercicio del oficio más antiguo del mundo, pero sí muchos vestigios de violencia que suman a la vulnerabilidad de este grupo.

En 2017, un estudio de la Asociación Civil Comisión Unidos vs Trata, señala que 83 por ciento de las trabajadoras sexuales iniciaron su actividad antes de los 16 años. Además, 96 por ciento aseguró que ha sido víctima de violencia.

Algunas de las compañeras de giro de Estrella formaban un círculo afuera del Metro Revolución. Ahí comentaron que estaban en situación de calle, pues vivían en hoteles de paso, a lo que se suma que estos establecimientos también son sus instrumentos de trabajo, y sin ellos, no pueden llevar clientes, tampoco les dejaron seguir viviendo en esos sitios, porque las consideraron un foco de infección.

Estrella explicó que el gobierno sí les brindó un albergue, pero sólo les permiten estar ahí de las nueve de la noche a las nueve de la mañana, cuando el trabajo no para, sino hasta las cuatro de la mañana.

“Cómo te vas a despertar a las nueve de la mañana, y aparte no hay para bañarse, nada más te dejan dormir ahí. Yo me tuve que bañar aquí a la vuelta, me prestaron una cubeta y así, a baño ruso”.

Flor, tiene 32 años y a los 11 inició en el trabajo sexual. Ya había pasado crisis, pero nunca una que durara tanto como esta.

“O sea, pasé lo del temblor, la influenza y otras cosas, pero así como esto, tan duro, tan grave no, la verdad no”.

Su condición de precariedad es otra desventaja, pues no tienen estudios, y algunas no saben leer ni escribir.

“Al gobierno se le hace fácil: no trabajen, no salgan, pero el gobierno no apoya, el gobierno dice no sales y no sales, pero no te dice ten para que no salgas, muchos pagan renta y el casero no te espera, el hotel no te espera, la comida no te espera, los hijos tienen hambre, o sea, es una situación bien dura”, expresó.

“¿Qué ser humano puede estar sin comer?”, Flor menciona que si siguen sin empleo y no hay ayuda del gobierno, serán capaces de robar. “Somos 10 mil mujeres en situación de prostitución, creo que con esas 10 mil vamos y rompemos una pinche pared y saqueamos un Walmart, sí, tenemos la fuerza y el hambre, la sed, y por hambre puede hacer uno hace cualquier cosa”.

Tamara recibió una de las tarjetas que otorgó el gobierno como medida de apoyo económico, pero desde hace una semana que se las dieron hasta el día de la entrevista no tenía fondos.

En febrero pasado, el Movimiento de Trabajo Sexual de México entregó una propuesta a la Asamblea Legislativa.

En ella, pidieron un registro como trabajadoras no asalariadas ante la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo, y exigieron dejar de ser extorsionadas por las autoridades.

“Estamos viviendo de la gente que nos está viniendo a dar comidas. Es un derecho que tenemos como población vulnerable y que el gobierno debería asumir, no tenemos qué comer, no tenemos donde vivir, entonces se trata que por ser mujeres nos estén dando migajas. No se vale, porque a otros sectores les dieron apoyos y fue mucho más”, dijo Tamara.

María de los Ángeles tiene 76 años y desde los 14 vende su cuerpo, por lo que ya no puede conseguir dinero más que de esta manera y el coronavirus provoca que sólo dé uno o dos servicios en todo el día.

Antes de la contingencia daba tenía hasta seis clientes y ganaba 700 pesos al día. Para sobrellevar su situación, montaron una cabina en el piso a espaldas del Metro Revolución.

“Para no arriesgarnos, para no subirnos a los carros con las personas que no conocemos, tenemos que ocuparnos en estas, que le llamamos cabinas”.

Pero las cabinas distan mucho de los aparadores del Distrito Rojo de Ámsterdam, en Holanda, donde la prostitución está reglamentada.

En el Metro Revolución, las cabinas consisten en seis camas de cobijas, donde la privacidad es otorgada por cortinas con el logo del IMSS.

María de los Ángeles denunció que incluso así, los horarios que tienen para trabajar están restringidos, pues después de las siete de la noche, el gobierno manda patrullas, que se llevan al cliente y les sacan la cartera, sin dejarlos ocupar.

 

“Recuento de daños a trabajadoras sexuales durante la contingencia sanitaria por el Covid 19 en México”

 

10 de abril de 2020

http://brigadaac.mayfirst.org/Recuento-de-danos-a-trabajadoras-sexuales-durante-la-contingencia-sanitaria-por-el-Covid-19-en-Mexico

Por Elvira Madrid Romero, Rosa Icela Madrid y Jaime Montejo, activistas y fundador/as de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C., colaborador/as de la Agencia de Noticias Independiente Noti-Calle, Ciudad de México, 10 de abril de 2020.-

 

México, 10 de abril de 2020.

La organización auto-gestiva de las propias trabajadoras sexuales, ha sido la respuesta ante la amenaza de contagio del Covid-19 y también frente a las acciones que el gobierno ha emprendido y que les ha afectado a su economía familiar, acceso al trabajo, al hospedaje y en general al disfrute de sus libertades y derechos.

Organizaciones defensoras de las trabajadoras sexuales como el “Colectivo Michoacán es Diversidad”, la “Cooperativa ángeles en búsqueda de la libertad”, la “Red Mexicana de Trabajo Sexual”, la “Unificación de Sexoservidoras de Puebla AC” y la “Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C.”, entre otras más, se han ocupado de hacer colectas de víveres, medicamentos, cobijas y colchonetas, así como recursos económicos para apoyar a sus compañeras que más lo requieren.

Brigada Callejera entabló tres mesas de trabajo con la Secretaria de Gobierno (SECGOB) de la Ciudad de México (CDMX), Rosa Icela Rodríguez donde solicitó despensas, apoyo para medicamento, acceso al seguro del desempleo, instalación de un refugio para quienes se quedarían en la calle después del cierre de hoteles y posadas, por la contingencia sanitaria del Covid-19.

La lentitud de la burocracia y la falta de puntualidad de dicho personal, ha hecho desesperar a las trabajadoras sexuales ante la reducción del 95% de su trabajo, nada de dinero en las manos para enviar a sus familias y la ausencia de albergues de gobierno; así como a las defensoras de este gremio de trabajadoras no asalariadas de la Ciudad de México.

Sin embargo y a pesar de incumplimientos y limitaciones, la oferta del gobierno de la CDMX, ha sido la mejor, sino es que una de las dos únicas en toda la república, por la información recibida por parte de las trabajadoras sexuales de al menos 16 entidades federales.

La segunda respuesta gubernamental favorable a las trabajadoras sexuales en tiempos del Covid-19, ha sido la del municipio de Chihuahua, encabezada por el doctor Fernando Salcedo encargado del control sanitario municipal (donde no se realizan pruebas obligatorias de VIH ni de otras infecciones de transmisión sexual, ITS), con el respaldo de la presidenta municipal y de la titular del Instituto Municipal de la Mujer.

Dicho apoyo en Chihuahua, ha consistido en apoyo con despensas, gel, tapabocas y otros insumos para la salud como condones.

El gobierno de Jalisco emitió una convocatoria para que personas que trabajan por su propia cuenta o están desempleadas pudieran aplicar, a través de una plataforma digital a unos apoyos de cinco mil pesos mensuales durante tres meses. En ese sentido Brigada Callejera implementó un operativo de apoyo para recoger documentación de las integrantes de la Red Mexicana de Trabajo Sexual de Guadalajara y Zapopan, Jalisco para escanearlos y enviarlas a dicho portal.

Sin embargo, no ha sido posible ingresar dicha documentación y se optó por enviar un oficio, a través de la oficialía de partes.

– Información sobre las trabajadoras sexuales durante la contingencia del Covid-19:

El reporte hasta el día miércoles 8 de abril, ha sido una reducción entre el 80% cuando todavía estaban abiertos hoteles, posadas y zonas de tolerancia y el 95 y 100%, durante estos días que se celebra la semana santa de la cristiandad.

Las trabajadoras sexuales cargan y utilizan gel anti-bacterial, guantes y cubre-bocas, así como condones y lubricantes solubles al agua y muchas de ellas promueven el “Corona-sutra”, instructivo práctico y visual que muestra qué posiciones son las recomendadas durante esta contingencia, al igual que se hizo cuando la pandemia del AH1N1 en el año 2009.

La mayoría de trabajadoras sexuales organizadas para la defensa de sus fuentes laborales, son conscientes de la necesidad de quedarse en su casa, pero como viven al día, no pueden darse ese lujo que otras personas sí.

– Se incrementa violencia de género hacia trabajadoras sexuales durante la contingencia sanitaria ocasionada por el Covid-19:

Brigada Callejera elaboró un informe internacional sobre los indicadores de violencia de género en el mundo del trabajo sexual a finales del año 2019 titulado “Mujeres de Honduras, Guatemala, Nicaragua, Cuba y migrantes internos en el trabajo sexual, en México”, cuyo enlace se encuentra en la siguiente liga: https://gaatw.org/publications/MWagainstViolence/Informe.Mexico.pdf

En dicho informe, las trabajadoras sexuales participantes, así como las defensoras de derechos humanos de la Brigada Callejera, establecimos 30 indicadores para medir la violencia de género hacia las trabajadoras sexuales en México.

A la luz de la emergencia sanitaria del Covid-19, se ha incrementado la violencia medida en 21 de 30 indicadores y sobresalen la violencia institucional y económica.

Los gobiernos municipales de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, Chiapas, no establecieron una política de moratoria del pago de las tarjetas de control sanitario, pese a la contingencia sanitaria causada por el Covid-19, durante la primera y segunda fase de dicha emergencia nacional.

En toda la república, excepto quizá el municipio de Chihuahua, hemos recibido informes sobre la negación del derecho a trabajar en el sexo en contextos de la amenaza de contagio del Covid-19, sin previo aviso por parte de las autoridades, como también ocurrió en la Ciudad de México, donde personal del Gobierno de la CDMX con sus chalecos verdes, visitaron cada hotel donde se presume hay sexo de paga y ante las amenazas de clausura de dichos establecimientos mercantiles, cerraron inmediatamente sus instalaciones.

Estos cierres se dan de manera unilateral, pese a que habían mesas de trabajo con personal de la SECGOB de la CDMX.

Se incrementó el costo de los condones gratuitos del sector salud por el desabasto de dichos insumos de salud y por la amenaza de dificultades en las importaciones de tales productos procedentes de China, donde inició la pandemia del Covid-19.

Se ha prohibido el “table dance” y también el ejercicio del trabajo sexual, con el pretexto del Covid-19.

En algunos municipios como el de Tamaulipas, se están cobrando altas multas por trabajar en el sexo, en el marco de la prohibición establecida por el Covid-19.

En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, elementos policíacos se están utilizando los condones como prueba de amenaza de transmisión del Covid-19.

En la CDMX, ya había dificultad en la expedición de las licencias de trabajadoras sexuales no asalariadas, por consigna o “dificultad” burocrática. Ahora, con la contingencia sanitaria del Covid-19, se suspendió dicho trámite por no ser una actividad “prioritaria”.

Ante la prohibición de facto del comercio sexual, el crimen organizado y delincuentes de los diferentes barrios donde había trabajo sexual en sus calles, han “acogido” a las trabajadoras sexuales y ellas han sido objeto de extorsión, grandes abusos económicos contra ellas, violación sexual, filmación teniendo relaciones sexuales que son subidas a twitter y otras redes sociales, robo, privación de la libertad y violencia física.

Hay un temor de no pocas trabajadoras sexuales de que sus datos personales entregados en la CDMX para tener acceso a las tarjetas de ayuda por la contingencia del Covid-19, con saldo de mil pesos por única ocasión para hacer compras de alimentos y medicamentos, sean difundidos y utilizados para otros fines como el de reprimir posteriormente a sus compañeras.

El señalamiento y la estigmatización han aumentado hacia las trabajadoras sexuales, ya que no pocos sectores de la población, de los grupos políticos gobernantes y de la prensa mexicana, les consideran un grupo que contagia a sus clientes del Covid-19.

La violencia patronal hacia las trabajadoras sexuales, meseras, bailarinas y ficheras, quienes fueron “descansadas” sin ningún tipo de apoyo económico o de despensa por la contingencia del Covid-19, salvo notables excepciones.

Incluso otros trabajadores de dichos establecimientos mercantiles, también fueron descansados sin goce de sueldo, peses a estar dados de alta en el seguro social,

Trabajadoras sexuales de diferentes estados de la república, cuyos hoteles, posadas, bares, cantinas, cabaret y zonas de tolerancia, fueron cerradas por la contingencia del Covid-19 y posteriormente obligadas a trabajar en el sexo por personas que les abrieron las puertas para seguir trabajando de manera clandestina.

La violencia policíaca se ha incrementado con el pretexto de la prevención del contagio del Covid-19, aumentando la extorsión, las detenciones arbitrarias, la violencia física y psicológica. También la trata de personas y la explotación sexual por parte de algunos elementos policiacos de diferentes estados de la república.

El cobro de otras cuotas exigidas por funcionarios públicos a trabajadoras sexuales, ha ido en aumento para permitir que sigan trabajando en el sexo en plena contingencia del Covid-19. Cuotas que representan en algunos casos más de la mitad de los ingresos.

El hacinamiento en algunas estaciones migratorias donde estaban detenidas algunas trabajadoras sexuales, bailarinas o meseras migrantes, se ha resuelto enviando a la calle a personas extranjeras para disminuir el riesgo de contagio de Covid-19. Una solución a medias, que disminuye el riesgo de la transmisión de este coronavirus.

En la CDMX, ninguna autoridad se ha hecho responsable del cierre de los hoteles de paso por el Covid-19, sin previo aviso a las trabajadoras sexuales, negándose el acceso a dicha información pública.

Las comisiones estatales de derechos humanos, no se han pronunciado por los abusos de autoridad cometidos durante la contingencia ocasionada por el Covid-19. Al contrario la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, está criminalizando el trabajo sexual a domicilio en Tlaxcala y lo está considerando trata de personas y explotación sexual, según el comunicado de Prensa DGC/127/2020, emitido en la Ciudad de México el 08 de abril de 2020, que puede leerse en la siguiente liga al internet: https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2020-04/COM_2020_…

Otro ejemplo de violencia de defensores públicos de derechos humanos, fuer personificada por un integrante de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la CDMX, que el día lunes 6 de abril sobre Circunvalación y San Pablo, alcaldía Cuauhtémoc, tomó fotos a los rostros de varias trabajadoras sin pedir su consentimiento y sin identificarse como integrante de dicha institución pública.

Enlace con la foto del servidor público que violó la intimidad de trabajadoras sexuales que hacían fila para recibir su tarjeta de ayuda de parte de la SECGOB de la CDMX:

Al amparo de la prevención del contagio del Covid-19, se está criminalizando al cliente sexual en la vía de los hechos en toda la república mexicana, salvo quizás algunas excepciones durante la fase 2 de la contingencia sanitaria.

La contingencia sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19, no ha detenido los feminicidios, asesinatos ni desaparición de trabajadoras sexuales cis y transgénero en territorio mexicano.

Las agresiones de vecinos, iglesias, periodistas y otros actores sociales, se han incrementado en algunos lugares en toda la república mexicana al amparo de la emergencia sanitaria causada por el contagio del Covid-19.

Las agresiones de algunos clientes, se ha incrementado durante la contingencia del Covid-19. Pagan menos, suben más videos y fotos de trabajadoras sexuales que guardan su anonimato porque sus familias no saben a qué se dedican.

La violencia digital, está personalizada en algunos reporteros gráficos de prensa escrita, digital y televisión abierta o de paga, clientes, padrotes, vecinos y servidores públicos.

Cabe señalar que se incrementó la violencia hacia las trabajadoras sexuales en 6 indicadores abolicionistas, 2 prohibicionistas, 7 reglamentaristas y 9 que son compatibles con visiones abolicionistas, prohibicionistas o reglamentaristas del comercio sexual.

Hay mucho que hacer en este momento a favor de las trabajadoras sexuales:

Respetar la auto-gestión de los grupos que se han organizado para protegerse del abuso policiaco, del VIH e ITS y ahora del Covid-19 y del incremento de la discriminación.

Garantizar el acceso a condones y a medicamento antirretroviral, durante la contingencia del Covid-19.

Promover la prevención del Covid-19, difundiendo el Corona-sutra entre trabajadoras sexuales.

Despenalizar todos los aspectos del trabajo sexual, incluida la criminalización de sus clientes.

Reconocer plenamente los derechos laborales de las trabajadoras sexuales no asalariadas y de aquéllas que mantienen una relación obrero – patronal.

Anexo: Los 30 indicadores de violencia de género en el mundo del trabajo sexual en México.

Indicadores de violencia de género en el mundo del trabajo sexual en México, 2019:

Control sanitario recaudatorio o no.

Negación del derecho a trabajar por tener VIH o ITS

Venta ilegal de condones gratuitos, pruebas rápidas de detección de VIH y sífilis y estudios de papanicolaou del sector salud.

(Práctica común en toda la república).

Pérdida de patria potestad por dedicarse a la prostitución Violencia institucional que coadyuva con la trata de personas y la explotación sexual.

Criminalización de la organización de las trabajadoras sexuales por confusión entre trabajo sexual y trata de personas): Violencia institucional y laboral.

Imposibilidad de la formación de sindicatos.

Ausencia de reconocimiento del trabajo sexual asalariado o no asalariado

(Falta de certeza y seguridad jurídica)

Prohibición del table dance en varios estados y municipios.

Prohibición del ejercicio del trabajo sexual en la calle o lugares cerrados.

Altas multas por ejercer el trabajo sexual en áreas no autorizadas.

Uso del condón como prueba para fincar lenocinio, trata de personas y/o delincuencia organizada

(Expedientes judiciales de casos de trata de personas, lenocinio y/o delincuencia organizada, así como una Conciliación de la CEDH de Jalisco en contra de dicha práctica judicial).

Retraso en la expedición de licencias de trabajo no asalariado (TNA) a trabajadoras sexuales (TSx) en la CDMX.

Detención de trabajadoras sexuales por ley de cultura cívica, declarada inconstitucional por la sentencia 112/2013 del Poder Judicial de la Federación.

Falta la expedición de reglamentos de TNA en el estado de Coahuila.

Exigir pruebas de no embarazo a trabajadoras sexuales para poder laborar y expulsar a las mujeres embarazadas de bares y zonas de tolerancia.

Difusión de datos personales sensibles como tener VIH o ser migrante, lugar dónde vive, entre otra información individual.

Hostigamiento psicológico por parte de servidores/as públicos, compañeras, jefes, otros empleados, patrones, vecinos, grupos religiosos, vecinales y empresariales, periodistas, padrotes, madrotas y/o crimen organizado.

Exclusión laboral injustificada: No dejar laboral a una trabajadora sexual en una calle sino paga una cuota determinada a una líder, policía, criminal o líder vecinal, sino es del grupo, sino es cómplice de robo hacia clientes, vecinos o transeúntes.

Violencia gremial: Infringida por líderes de organizaciones territoriales o sindicales.

Trabajar en lugares donde no hay condiciones claras para que los negocios operen respetando los derechos de las trabajadoras sexuales al tener claridad sobre los límites legales de los dueños de módulos, por ejemplo de la zona galáctica de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Los establecimientos mercantiles deben cumplir ciertas reglas, los burdeles no siempre.

Violencia policiaca contra las trabajadoras sexuales: Maltrato físico, agresiones verbales, amenazas, violaciones tumultuarias, falsas acusaciones para extorsionarlas y no encarcelarlas, entre otras.

Cobro de cuotas de extorsión o derecho de piso por particulares, policías, parejas, inspectores de salud, personal municipal, crimen organizado.

Deportación de trabajadoras sexual sin documento migratorio vigente, ante denuncias de trata de personas contra algún negocio.

Deportación de trabajadoras que tienen algún hijo o hija nacida en México.

Autoridades judiciales se niega a iniciar denuncias penales a trabajadoras sexuales, o a darles seguimiento, hecho que no garantiza el derecho a la justicia, a la no repetición del hecho y a la reparación del daño. (práctica discriminatoria de no pocos/as ministerios públicos).

Complicidad de personal de comisiones estatales de derechos humanos con violencia policíaca. Caso 2018: Expulsión de trabajadoras sexuales del Parque Morelos de Guadalajara, Jalisco.

Criminalización del cliente sexual en Guadalajara, Jalisco, a nivel de falta administrativa, como respuesta a denuncias por abuso policiaco contra trabajadoras sexuales en el año 2018.

Desaparición de trabajadoras sexuales.

Feminicidios y asesinatos de trabajadoras sexuales, llevados a cabo por crimen organizado, tratantes y autoridades, parejas o vecinos.

Exhibición pública en medios de comunicación, con la anuencia de alguna autoridad.

Campañas de linchamiento mediático en la radio, prensa escrita, televisión y redes sociales: Promovidas por autoridades, grupos religiosos, vecinales o empresariales.

 

Noti-Calle es un servicio de Noticias de la Brigada Callejera desde el año 1996.

 

Brigada Callejera, es una organización de base comunitaria con 30 años de experiencia en la defensa de trabajadoras sexuales, en la prevención y detección del VIH e ITS y en la movilización comunitaria ante la trata de personas, abusos de autoridad y violencia hacia las mujeres.

Brigada Callejera, forma parte de la Alianza Global contra la trata de Mujeres, GAATW, por sus siglas en inglés, así como de la Red Mexicana de Organizaciones contra la Criminalización del VIH y Red Mexicana de Trabajo Sexual.

Prevención del contagio del Covid-19 o represión de la autogestión colectiva de la vida

 

Sana distancia y sobrevivencia en la calle, son excluyentes en este momento.

Así las cosas, el “quédate en casa” para ver a tus seres queridos pasar hambre con la perfecta coartada del Covid-19 y “guarda una sana distancia”, equivalen a vernos morir sin contagiar a los demás. 

En este momento histórico, evitar el contagio del Covid-19 deja de ser prioritario para quienes el Estado no ha garantizado techo, alimentos, acceso a la salud y recursos para sobrellevar una utópica y anhelada cuarentena que nos salve de morir por síndrome agudo respiratorio, pero no por desnutrición crónica o inclemencias del clima por no tener donde pernoctar. 

Si el Estado no satisface esas necesidades básicas entre las nadie, la organización comunitaria horizontal sin cacicazgos ni clientela, debe defender el libre desarrollo de su vida, a costa de su propia integridad, ya que nada tenemos que perder.

 

Por Jaime Montejo

15 de abril de 2020

http://brigadaac.mayfirst.org/Prevencion-del-contagio-del-Covid-19-o-represion-de-la-autogestion-colectiva-de-la-vida

 

Primera parte.

Editorial de la Agencia de Noticias Independiente Noti-Calle, Ciudad de México, 15 de abril de 2020. Por Jaime Montejo, promotor de salud en VIH/Sida desde hace más de 30 años y defensor de derechos humanos entre otros oficios perniciosos.

A título personal.

“No es suficiente la voluntad política, hace falta que quienes traen una encomienda en favor de ‘grupos vulnerables’ en sus manos, dejen de ver el servicio público como una carga moral difícil de llevar a cabo. Mientras ello suceda, las diferentes fases de la contingencia sanitaria invocada por el Covid-19, seguirán su rumbo y la gente más empobrecida y violentada por la falta de oportunidades, pondrá la mayoría de defunciones. Otra cosa, es la agenda oculta de un sector de la clase política a propósito de este coronavirus.”

Quienes formamos parte o colaboramos con la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C., quisiéramos estar en cuarentena por el Covid-19. De hecho, la mayoría de nuestra gente está resguardada en casa y quienes obtenían algún tipo de remuneración, siguen recibiéndola, aunque nuestros dos centros comunitarios y condonerías educativas, haya cerrado sus puertas hasta nuevo aviso y la atención a distancia haya florecido en este momento.

Nuestra organización como otras iniciativas comunitarias ha dado respuesta a la pandemia del VIH/Sida, de la influenza AH1N1 y ahora del Covid-19. Así mismo ha actuado ante la pandemia del desprecio y la discriminación.

Por ello y otras razones, estamos convencidas/os de la necesidad imperante de evitar los contagios de Covid-19; pero la realidad en la calle es diferente a la de muchas personas que pudieron resguardarse en sus hogares.

La respuesta del Estado mexicano ante el Covid-19, además de errática, demagoga y mágica por las estampitas protectoras, hoy se ha traducido en un aumento desproporcionado de la violencia institucional, a modo de represión y extorsión policíaca hacia trabajadoras sexuales, clientes, poblaciones callejeras y defensoras/es de derechos humanos, prohibición de facto del trabajo sexual que ha orillado a un clandestinaje sin precedentes desde los años setentas del siglo veinte; así como a expresiones descaradas de discriminación al forzarse en la Fase 2, sin previo aviso, el cierre de zonas de tolerancia, cuarterías, bares, cantinas, cabarets y hoteles de paso, donde vivían trabajadoras sexuales y además donde se presumía la oferta y demanda de sexo comercial, para disminuir el riesgo de contagio por Covid-19. Sin embargo hoteles de 5 estrellas no fueron obligados a cerrar sus puertas y hoy se plantean hospedajes dignos para personal de salud y no para quienes venden servicios sexuales.

Donde Brigada Callejera tiene presencia comunitaria, advertimos que ello iba a ocurrir, pero no fue suficiente y los mensajes de autocuidado fueron tomados como intromisión foránea en el desarrollo de la libre empresa por no pocas personas.

En la Ciudad de México (CDMX), la Brigada Callejera promovió un punto de acuerdo legislativo para que el congreso local hiciera un llamado a la fiscalía de trata para dejar de utilizar los condones como prueba que da indicios sobre ese y otras conductas delictivas abolicionistas como la figura penal del lenocinio.

En este preciso momento, durante la contingencia sanitaria, se está planteando el uso del condón como prueba indiciaria de la intensión de contagio del Covid-19 en diferentes espacios de toma de decisiones en México.

Quisiéramos estar en cuarentena, sobre todo quienes tenemos padecimientos crónicos como diabetes, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares, VIH o cáncer, entre otros más, pero no podemos dejar de garantizar un piso mínimo de soporte vital, a quienes le debemos la existencia de nuestra organización.

Una interpretación clasista pequeñoburguesa, equívoca y sin ningún criterio humanista, de la “sana distancia”, encapsula el apoyo mutuo, como lo hacen los granaderos cuando hay marchas de normalistas, del congreso nacional indígena o de pobladores contra algún megaproyecto.

A la solidaridad y sororidad, les hace merecedores de brutalidad policíaca y desprecio, así como de corte de cartucho policial, en aras de desaparecer cualquier vestigio de apoyo mutuo y de gestión colectiva de la sobrevivencia de un sector olvidado que ni siquiera es nombrado en documentos oficiales de la 4ª T en tiempos del Covid-19.

La lección gubernamental es bien obvia: Si el gobierno no provee de ayudas económicas, hospedaje y alimentación, la raza no tiene por qué generarlo, porque está invadiendo facultades de las instituciones públicas.

Resolver problemas sociales al margen del Estado es subversivo, ya que después “van a querer desplazar a quienes les gobiernan y subordinan o lo que es peor, van a querer desconocer sus actos, los van a señalar como ilegítimos y autoritarios o van a querer destruir al Estado.”

Las y los trabajadores no asalariados (TNA), las y los vendedores ambulantes, taxistas y muchas personas que laboran por cuenta propia, indígenas en las grandes ciudades, poblaciones callejeras, grupos LGBTTTI, periodistas comunitarias, promotoras de salud en VIH/Sida y defensoras/es de derechos humanos, entre otras y otros más, somos ciudadanas/os desechables y sus necesidades concretas son valoradas desde cómodas posiciones de clase de funcionarios públicos, hombres y mujeres, cargadas de visiones estereotipadas, misóginas y estigmatizantes sobre porqué dichos sectores se merecen vivir bajo amenaza y total abandono gubernamental.

El “quédate en casa”, se convierte en un mandato policiaco, casi militar, propio de las dictaduras o gestiones públicas de los ejércitos latinoamericanos, que no podemos cumplir quienes vivimos al día y sobre quienes se dirige toda la fuerza del Estado para aplastarnos por no tomar en serio la contingencia sanitaria del Covid-19, según gobernantes de turno, adornados dicho sea de paso, de maestrías y doctorados y de una ignorancia total de cómo transcurre la vida en el México de abajo.

10 de abril de 2020:

Más de ocho patrullas y tres panel de la policía capitalina y de la alcaldía Cuauhtémoc, amenazan a trabajadoras sexuales cis y trans, a integrantes de poblaciones callejeras y activistas de la Brigada Callejera, con detenerles y remitirles al juzgado cívico o juez de control, por improvisar un comedor comunitario gratuito y posteriormente un campamento a falta de albergue para quienes se quedaron en la calle por el cierre de hoteles y posadas en la CDMX.

El campamento se disolvió tres días después por decisión de asamblea de trabajadoras sexuales.

14 de abril de 2020:

Un piquete de policías de la secretaría de seguridad ciudadana de la CDMX y otros sin identificar (porque no traían gorra, ni cachuchas beisboleras), expulsa a trabajadoras sexuales, una de ellas mujer trans atropellada, a personas de poblaciones callejeras que se disponían a comer y a defensoras/es de derechos humanos, bajo la amenaza de ser remitidas ante un juez de control. El delito: expresar solidaridad y sororidad en tiempos del Covid-19.

Policía prepotente nos dice: ¿Porqué no te los llevas a tu casa? ¿Mujer trans? Por favor, sólo es un m… drogado.”

En este contexto de lucha de clases, garantizar alimentos, atención a la salud, hospedajes, ingresos alternos, condones y antirretrovirales, es un acto de resistencia ante la represión policíaca, el despojo de nuestros hospedajes, la explotación económica a través de la extorsión de elementos policiales y el desprecio. Cuatros ejes, que se acrecentan a la sombra de la contingencia sanitaria del Covid-19. Un acto de resistencia ante un Estado omiso que no privilegia los intereses de quienes más lo necesitan por la respuesta fragmentada y contradictoria de sus instituciones públicas.

El Covid-19 irrumpe como el pretexto perfecto para impulsar o legitimar una nueva etapa o fase histórica de acumulación originaria, donde millones de trabajadores, hombres y mujeres, somos prescindibles y cálculos estadísticos de trágicas muertes por dicho coronavirus.

Nos queda un dilema por expresar en este momento: Guardar una sana distancia, necesaria y obligada o coordinarnos para comer, atender nuestra salud, necesidades de hospedaje y sobrevivencia en general.

Sana distancia y sobrevivencia en la calle, son excluyentes en este momento.

Así las cosas, el “quédate en casa” para ver a tus seres queridos pasar hambre con la perfecta coartada del Covid-19 y “guarda una sana distancia”, equivalen a vernos morir sin contagiar a los demás.

En este momento histórico, evitar el contagio del Covid-19 deja de ser prioritario para quienes el Estado no ha garantizado techo, alimentos, acceso a la salud y recursos para sobrellevar una utópica y anhelada cuarentena que nos salve de morir por síndrome agudo respiratorio, pero no por desnutrición crónica o inclemencias del clima por no tener donde pernoctar.

Si el Estado no satisface esas necesidades básicas entre las nadie, la organización comunitaria horizontal sin cacicazgos ni clientela, debe defender el libre desarrollo de su vida, a costa de su propia integridad, ya que nada tenemos que perder.

 

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Noti-Calle es un servicio de Noticias de la Brigada Callejera desde el año 1996.

Brigada Callejera, es una organización de base comunitaria con 30 años de experiencia en la defensa de trabajadoras sexuales, en la prevención y detección del VIH e ITS y en la movilización comunitaria ante la trata de personas, abusos de autoridad y violencia hacia las mujeres.

Brigada Callejera, forma parte de la Alianza Global contra la trata de Mujeres, GAATW, por sus siglas en inglés, así como de la Red Mexicana de Organizaciones contra la Criminalización del VIH y Red Mexicana de Trabajo Sexual.

“No conozco otra manera de sobrevivir”: mujeres que ofrecen servicios sexuales, afectadas por la pandemia

Cuba

Por Lester Rodríguez

15 de abril de 2020

https://adncuba.com/noticias-de-cuba/actualidad/no-conozco-otra-manera-de-sobrevivir-mujeres-que-ofrecen-servicios

 

Mientras revisaba el documento “Prostitución en tiempos de coronavirus”, circulado por la organización Médicos del Mundo, fundada hace 30 años por especialistas franceses, donde se denunciaba la precaria situación que enfrentan las trabajadoras sexuales en el mundo a raíz de la expansión del Covid-19, recordé a Yarilis.

La imagen del Parque La Fraternidad en un estado de desolación nunca contemplada en al menos las últimas cuatro décadas, es sobrecogedora. Cuesta imaginar este enclave habanero sin la ebullición de sus personajes pintorescos, donde suelen camuflarse las mujeres que, como Yarilis, ofrecen servicios sexuales como única vía de ingresos.

Desde que fue decretada la emergencia nacional en la Isla, decenas de trabajadoras sexuales en La Habana viven bajo el temor de que la cuarentena se extienda y no puedan hacer frente a los gastos familiares.

“No conozco otra manera de sobrevivir. Hace más de 10 años, entre robar al Estado y ofrecer mi cuerpo como elección de trabajo, opté por lo segundo”, comentó Yarilis, de 49 años y oriunda de Camagüey, que en octubre de 2015 perdió a su hija de 17 años de edad, asesinada por su pareja.

“Estaba preparada para las frecuentes redadas policiales, las multas, o incluso para la cárcel en caso de ser acusada por ‘peligrosidad’, el delito por el cual nos condenan a quienes nos prostituimos. Pero nunca imaginé una pandemia como ésta. Ésta cerrazón que nos ha cortado de cuajo el único modo de buscarnos la vida”, lamentó Yarilis.

El Artículo 72 del Código Penal considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista.

Sin haber concluido sus estudios de Contabilidad, obligada a colaborar con el sostén de su numerosa familia, Belkis eligió prostituirse cuando apenas tenía 18 años de edad. A los 20 conoció la prisión cuando fue condenada bajo el delito Estado Peligroso.

“Nadie en Cuba come como Dios manda, ni se viste decentemente, viviendo solo del salario obrero. Mis padres, jubilados ambos, son testimonio de eso. Elegí ofrecer mi cuerpo como fuente de trabajo, no como estilo de vida. Y ahora por causa del coronavirus y la cuarentena, me he quedado en medio de la nada. Lo que tenía ahorrado se gastó en comida para la casa”, relató Belkis, quien fue advertida, por el jefe de sector de su consejo popular, de que sería acusada de Propagación de epidemia y Peligrosidad si “ofreces tus servicios aquí en el barrio”.

“Ni siquiera yo había pensado en instalar mi trabajo aquí, en el barrio donde vivo. Fue el jefe de sector quien me dio la idea sin él saberlo. Si para alimentar a mi familia tengo que violar su advertencia, lo haré”, dijo tajante Belkis.

El Artículo 73 especifica que, el estado peligroso se aprecia cuando el sujeto concurre en alguno de los índices de peligrosidad siguientes: la embriaguez habitual y la dipsomanía, la narcomanía, y la conducta antisocial.

En su apartado segundo, este mismo Artículo considera por conducta antisocial, al que quebranta habitualmente las reglas de convivencia social mediante actos de violencia, o por otros actos provocadores, viola derechos de los demás o por su comportamiento en general daña las reglas de convivencia o perturba el orden de la comunidad en que vive, como un parásito social, del trabajo ajeno o explota o practica vicios socialmente reprobables.

Para Amanda Isabel prostituirse es también un trabajo. En su caso ofrecía sus servicios a los turistas extranjeros por la zona del Vedado, y excepcionalmente en la Habana Vieja.

“De milagro no me contagié con coronavirus, porque estaba en Villa Clara visitando a unos parientes. Cuando regresé ya los extranjeros que se quedaron estancados en Cuba no podían salir a las calles”, contó Amanda Isabel, quien a su regreso tenía una citación para hacerse el test del COVID-19.

“Estoy fichada por la policía por jinetera. Aunque nunca he estado en prisión, tengo varias cartas de advertencia por peligrosidad. Tanto el jefe de sector como la médico de la familia se burlaron de mí el día del test; me dijeron que ahora se me había acabado ‘la fiesta’ por la cuarentena. Una burla bastante cruel, y más viniendo de la doctora que es mujer y que no pocas veces me aceptó algún que otro obsequio”, señaló Amanda Isabel.

“No hice caso al refrán que siempre me repetía mi difunta abuela: guarda pan para mayo y maloja para tu caballo. Pero quien iba a saber que el coronavirus pondría en jaque al mundo entero y a Cuba más. Mis ahorros se acabaron entre comprar comida y aseo personal en el mercado negro. Mis amigas de oficio están en las mismas, halándose los pelos y rezando porque el coronavirus desaparezca por arte de magia”.

 

Mujeres de la calle

En el debate entre partidarias de la legalización o la abolición de la prostitución se olvida el acoso legal y policial a las prostitutas que ofrecen sus servicios en las calles

 

MANUEL DELGADO

Barcelona, 9 de abril de 2020

https://elpais.com/elpais/2020/03/08/seres_urbanos/1583691202_327468.html

 

La conveniencia de prohibir o legalizar la prostitución ha provocado encendidos debates. Al margen de cuál sea el resultado legal de tales debates, lo cierto es que hay un tipo de prostitución que está prohibida en casi todas las ciudades que es la que se ejerce en la calle, y por extensión, en descampados o carreteras, es decir, a la intemperie. Esas mujeres —todavía más en el caso de las transexuales— son víctimas del acoso no solo de chulos y clientes, sino también de una policía que muchas veces también las humilla y las sanciona en nombre de todo tipo de ordenanzas cívicas y, en España, de la Ley de Seguridad Ciudadana, la llamada ley mordaza. Curiosa forma esta de luchar contra la explotación sexual, la de asediar y castigar a las explotadas.

En cualquier caso, los castigos a las prostitutas por ejercer su actividad en la calle dan a pensar que lo inaceptable no es que existan situaciones injustas, sino que se vean. El trato que reciben las prostitutas de calle advierte también de cuán diferente es el derecho a la vida pública que disfrutan los hombres y que se niega o regatea a las mujeres.

Hace poco, en este mismo blog, recordaba que el héroe principal de la modernidad urbana es, sin duda, el transeúnte desconocido, un ser indeterminado que existe sin origen ni destino en ese colosal umbral que es la calle misma. Se trata del flâneur al que Baudelaire elogió, paseante ocioso que goza mezclándose con la multitud, viandante sin filiación que se asimila a su vez a la figura no menos inconcreta del llamado hombre de la calle, cuerpo humano sin identidad ni atributos que circula con libertad, sin tener que brindar explicaciones, puesto que ejerce el derecho a definir su subjetividad aparte. El hombre de la calle se identifica, a su vez, con el protagonista del sistema político democrático-liberal: el ciudadano, ser soberano y autónomo depositario de derechos y deberes.

Me matizo a mí mismo. El flâneur baudeleriano difícilmente podría ser unaflâneuse, puesto que su hábitat natural —la calle— es un dominio usado con libertad solo por los hombres y controlado por ellos. Todo lo que se pudiera decir sobre el hombre de la calle no sería aplicable a una mujer de la calle que, como se sabe, es algo bien distinto. Una mujer de la calle no es la versión en femenino del hombre de la calle, sino más bien su inversión, su negatividad. Significa prostituta, situada en el estrato más bajo de la jerarquía moral de las conductas. No es casual que a su trabajo se le llame eufemísticamente “hacer la calle” y a ellas, mujeres de las esquinas o peripatéticas. La literatura y el cine han hecho de ellas uno de sus personajes predilectos. Y la canción también.

Una mujer de la calle es aquella que confirma las peores sospechas que pueden recaer sobre una mujer que ha sido vista sola, caminando por la calle, detenida en una esquina cualquiera. Es aquella a la que le tiene sin cuidado su reputación, puesto que esta no puede sufrir ya un mayor deterioro. Es la puta callejera, en el escalafón profesional de las meretrices la que ocupa el peldaño más bajo, alguien cuya presencia supone una anomalía a corregir. Está sola, ahí, ante todos, y espera ser acompañada por ese hombre al que en cierto modo convoca con su soledad, puesto que señala un lugar vacante, que no es sino el del varón que debería naturalmente ir a su lado.

Lo mismo pasa con la noción de hombre público. Es el político o el profesional que desarrolla su actividad sometido a valoración por parte de los demás, de cuyo juicio depende. En cambio, para la RAEmujer pública se aplica a una persona para la que el calificativo pública indica que es accesible a todos. No es que esa mujer esté en el espacio público, sino que es parte de él, definido precisamente a partir del principio de accesibilidad que en teoría lo rige. Lo contrario de una mujer pública es una mujer privada; no una mujer que disfruta de vida privada, sino que es propiedad de un hombre y accesible solo para él.

Una mujer pública es también, como todo el mundo sabe, una manera de designar a una prostituta. El caso es que las normativas y las ordenanzas sarcásticamente llamadas “cívicas” de casi todas las ciudades van en dirección contraria de lo que se supone que debería ser el esfuerzo de las instituciones por asegurar lo que esas mujeres –en palabras de Margarita Carreras, una de sus portavoces y miembro del colectivo LICIT– quieren y necesitan desde el punto de vista de las no abolicionistas: acceso a los recursos de los que pueden beneficiarse las mujeres maltratadas, así como el cese de las vejaciones y maltratos procedentes de las propias instancias –sanitarias, asistenciales, policiales– que deberían protegerlas, cobijo jurídico gratuito, tarjeta de residencia y de trabajo para las extranjeras, derechos laborales… Ese es el sentido de la tesis doctoral reciente de la antropóloga Livia Motterle sobre el movimiento de las Prostitutas Indignadas en Barcelona.

Se habla pues de un ejemplo especialmente elocuente de la brutal asimetría en la relación de hombres y mujeres con la calle como espacio al mismo tiempo físico y social. Si es un varón, ese ser humano sin nombre que está ahí fuera es el rey de la creación democrática; si es una mujer, convoca sobre sí todo el estigma y la indignidad del mundo. Esa extraordinaria distancia simbólica delata la gran mentira del espacio público, esa superstición que lo supone escenario natural de la igualdad y la justicia democráticas.