Los Invisibles. Una aproximación al Trabajo Sexual Masculino en Barcelona desde la Educación Social

 

Número 22. MISCELÁNEA. 30/1/2016

Autor: Marc Roig Roca, Educador Social.

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RESUMEN

Cuando se habla de trabajo sexual, los hombres que lo ejercen son los grandes olvidados, pues el hombre sólo se concibe como cliente del trabajo sexual femenino y casi nunca como trabajador sexual. Esto se puede observar, por ejemplo, si nos fijamos en el escaso número de estudios que abordan este colectivo, tanto en Cataluña como en España, o en la invisibilidad del colectivo en los discursos político-sociales, en los medios de comunicación e incluso en la universidad. Resulta necesario, pues, visibilizar este colectivo como un primer paso para luchar contra la vulnerabilidad a la que están sometidos los trabajadores sexuales.

En este artículo,[1] se presenta la realidad de los trabajadores sexuales y sus rasgos más comunes junto a un análisis de los espacios donde se ejerce el trabajo sexual masculino, la estigmatización a la que están sometidos, las diferentes perspectivas político-sociales con las que se aborda el trabajo sexual, la atención que se da al colectivo desde las organizaciones de Barcelona y, finalmente, se presentan tres propuestas para trabajar con este colectivo desde la Educación Social.

 

[1] El presente artículo es una adaptación del Trabajo de Fin de Grado (TFG) con el que conseguí la titulación en el Grado de Educación Social. Para acceder al TFG íntegro, se puede solicitar en el correo electrónico siguiente: invisiblestfg@gmail.com

PALABRAS CLAVE
Educación SocialInvisibilidadAbordaje educativoEstigmatizaciónTrabajo sexual masculino

 

  1. Introducción

Cuando se habla de trabajo sexual, muchas veces la imagen que nos viene a la cabeza es la de una chica joven que ejerce el trabajo sexual en clubes o en la calle, asociada a un contexto degradado del cual es víctima y donde hay un claro agresor: el hombre como cliente y el hombre como proxeneta. Esta imagen estereotipada es la que, de forma más o menos consciente, se ha ido transmitiendo a la sociedad desde los medios de comunicación, los discursos políticos y sociales, la literatura, el cine, los videojuegos, etc.

Tal estereotipo puede ser real en algunos casos, pero en otros no es así. El trabajo sexual es tan diverso como lo son las personas que lo ejercen: hay mujeres que lo hacen de manera forzada y las hay que lo hacen de forma totalmente libre y voluntaria; las hay que lo hacen en un entorno degradado y hay otras que lo hacen en entornos dignificados. En definitiva, hay muchas realidades diferentes cuando nos referimos al trabajo sexual, y lo que es más importante: no sólo se trata de mujeres, sino que también hay transexuales masculinos y femeninos, y hombres. Sí, también hay hombres que ejercen el trabajo sexual, y ellos son el objeto de estudio de este artículo. Son los llamados Trabajadores Sexuales Masculinos (TSM), coloquialmente conocidos como “putos” o “chaperos”.

 

  1. Metodología utilizada

Este artículo es una adaptación de mi Trabajo de Fin de Grado (TFG) del Grado de Educación Social. La realización de dicho TFG ha sido un proceso largo en el que se han seguido unas fases hasta llegar a la redacción de las conclusiones finales, todo ello bajo una metodología cualitativa: una de estas fases se centra en el repaso bibliográfico a partir de distintas fuentes de información primarias como estudios, trabajos o informes referentes al trabajo sexual, por tal de fundamentar y construir el marco teórico. Paralelamente a este repaso bibliográfico se ha realizado una recerca virtual en internet (webs de contactos como Planet Romeo o Gay Royal) y en las aplicaciones para móvil (App como Grindr, Scruff o Bender) para conocer los espacios virtuales donde se mueven los TSM

Otra de estas fases seguidas ha sido la realización de entrevistas a diferentes profesionales que trabajan con personas que ejercen el trabajo sexual: a Tomás Balbas (Balbas, 2015), educador social encargado del programa Àmbit HOME de laFundación Àmbit Prevenció de la ciudad de Barcelona; a Luis Villegas (Villegas, 2015), técnico en salud sexual encargado del programaProtegerSex de la organización Stop Sida de Barcelona, con una amplia experiencia con el colectivo de TSM; e Iván Zaro (Zaro, 2015), sociólogo y trabajador social coordinador de la organización Imagina MÁS de Madrid, experto en trabajo sexual masculino.

Estas entrevistas han ayudado a fundamentar parte de lo que se explica en el presente artículo y conocer de primera mano la realidad del TSM y su abordaje. Las tres entrevistas se han realizado de forma presencial, las dos primeras en Barcelona y la tercera en Madrid, y han sido entrevistas semiestructuradas (Bisquerra, 2012) al no tener una batería de preguntas preestablecida, sino que se ha partido de un breve guión y de preguntas abiertas.

A demás de las estas tres entrevistas, se han utilizado entrevistas a trabajadores sexuales (con nombres ficticios para garantizar el anonimato), que se han realizado de tres formas distintas: de forma presencial se ha realizado una entrevista a un chico que ejerce de forma puntual, Dani (2015);  de forma virtual (vía email) a otro trabajador sexual, Raúl (Roig, 2013) y que fue recogida en otro trabajo anterior que realicé durante el Grado de Educación Social; y finalmente analizando entrevistas ya realizadas previamente por otros autores (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006) aprovechando párrafos destacables por su contenido.

Aparte de las entrevistas también se han realizado visitas a distintas organizaciones que atienden a personas que ejercen el trabajo sexual tanto en Barcelona (Lloc de la DonaFundació Àmbit Prevenció,Fundació APIP-ACAM y Stop Sida) como en Madrid (Colectivo HetairaImagina MÁS, y la Fundación Triángulo), para ver de primera mano cómo se trabaja con el colectivo de trabajadores/as sexuales.

 

  1. Los Trabajadores Sexuales Masculinos y sus características

Hablar de las características de los trabajadores sexuales como colectivo resulta una tarea sumamente compleja, pues se trata de un grupo muy heterogéneo. Las motivaciones, las circunstancias y las condiciones que hay detrás de cada hombre que ejerce son totalmente diferentes a las de sus compañeros, aunque sí es cierto que hay ciertos elementos comunes en la gran mayoría trabajadores sexuales:

 

3.1. Invisibilidad de los trabajadores sexuales

La invisibilidad del colectivo de TSM es una de sus características principales, pues a ojos de la ciudadanía simplemente no existen. Tal y como comenta Iván Zaro (2015), sociólogo y trabajador social coordinador de la organización Imagina MÁS de Madrid, experto en trabajo sexual masculino, esto se debe, en buena medida, a que los trabajadores sexuales tienen unos códigos propios, que sólo son reconocidos por los demás trabajadores, los clientes y alguna otra persona que tenga experiencia con este colectivo: Para el resto de la sociedad, ajena a esta realidad, pasan desapercibidos. Este hecho tiene una doble vertiente: por un lado, los hombres que ejercen no están sometidos a una presión social tan fuerte como la de sus compañeras debido a que no son reconocidos ni por la sociedad ni la policía, que no saben identificarlos como TSM (Roig, 2013, p.14); por otro lado, esta invisibilidad sitúa a los trabajadores sexuales en una situación de vulnerabilidad, ya que tampoco son reconocidos desde las organizaciones y los recursos sociales y, por tanto, no se les puede dar una atención ajustada a sus necesidades específicas como colectivo (Zaro, 2015). Es por esta razón que a través de la Educación Social se debe dar visibilidad a este colectivo, para poder dar una respuesta adecuada y ajustada a sus necesidades.

 

3.2. Trabajo sexual y orientación sexual

El hecho de que los TSM mantengan relaciones sexuales con otros hombres no implica que deban ser homosexuales obligatoriamente. De hecho, solo el 46,5% se define como homosexual (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.39). Aunque este porcentaje varíe en función del espacio de trabajo donde nos movamos, nos ayuda a tener una idea aproximada. Si miramos otros espacios como por ejemplo la vía pública, este porcentaje desciende a extremos como el 0% de homosexuales (Àmbit Prevenció, 2000, p.42). Así pues, queda claro que trabajo sexual masculino y homosexualidad son dos conceptos que no tienen por qué ir de la mano, ya que la mayoría de hombres que ejercen lo hacen por motivos puramente económicos, y no por razones de satisfacción sexual ligada a su orientación, tal y como demuestran los diferentes estudios, donde podemos ver que sólo entre el 3% y el 6% de los hombres ejercen por placer sexual (Àmbit Prevenció, 2000, p.46, y Salmerón, 2011, p.187).

 

3.3. Movilidad

La movilidad geográfica es otra de las particularidades de la mayoría de TSM y se debe a diversos factores. Uno de esos factores es el efecto de “cara quemada”, el cual supone que los clientes tienen al trabajador muy visto y quieren estar con otros chicos diferentes. También influye el flujo de clientes, que cambia según la época del año debido a ciertos acontecimientos que pasan en las capitales y que suponen una gran concentración de clientes potenciales, como el Pride Barcelona o el Mobile World Congress en la ciudad de Barcelona, o el Madrid Orgullo de la capital española. Por otra parte, las estancias en los pisos gestionados por terceras personas donde ejercen temporalmente suelen ser de unos 21 días, por lo que a lo largo del año los diferentes trabajadores pasan por muchas ciudades de toda España e incluso de otros países de la Unión Europea (Àmbit Prevenció, 2000). Lo mismo ocurre con los trabajadores de otros espacios como las saunas o la vía pública, siendo estos últimos un caso especial, ya que los trabajadores de calle tienen unas necesidades económicas mucho más acentuadas y urgentes que les hacen alternar el trabajo sexual con otras formas de obtención de ingresos muy precarias como las temporadas de cosecha en el campo, la recogida de chatarra, o incluso algunas actividades delictivas, como el top manta o robar objetos para revenderlos (Zaro, 2015), pues su situación de irregularidad no les brinda muchas alternativas posibles.

 

3.4. El cuerpo de los trabajadores sexuales

El cuerpo de los TSM es uno de los principales reclamos por parte de los clientes y muchos entienden su cuerpo como la herramienta de trabajo principal; como tal, lo deben cuidar. Normalmente existe la imagen estereotipada del trabajador sexual masculino como un chico joven con un cuerpo atlético o musculado. A menudo, este estereotipo se confirma en algunos espacios como las saunas, donde tener que ir desnudos implica que su cuerpo se convierta en el principal y casi único reclamo. En Internet o App también se suelen ver chicos con un cuerpo trabajado, tras el cual hay horas de gimnasio, la mayoría de ellos depilados, con tatuajes o pírsines, etc. Sin embargo, ese cuidado del propio físico no se da siempre, pues hay espacios como la vía pública donde los trabajadores sexuales no dan tanta importancia al cuerpo, ya que conciben el ejercer como algo temporal y urgente y, por lo tanto, no están tan profesionalizados (Salmerón, 2011, p.82). Además de eso, la escasez de recursos económicos hace que no puedan llevar una dieta equilibrada ni puedan pagarse un gimnasio donde trabajar su cuerpo.

 

3.5. El consumo de alcohol y drogas

El consumo de estas sustancias es un tema que requiere un análisis en profundidad, ya que es algo muy extendido en el ámbito del trabajo sexual. Según un estudio francés sobre los TSM, el consumo de drogas y alcohol entre los trabajadores es el siguiente: un 75% de los trabajadores consultados es consumidor de tabaco, un 74% de alcohol, un 51% de cannabis, 51% de popper, 50 % de cocaína, 40% de éxtasis, 27% de somníferos, 16% de heroína y 14% de antidepresivos (Da Silva, y Evangelista, 2004, p.63). Estos datos ponen de manifiesto que el consumo de drogas y alcohol es algo habitual entre los TSM y, por tanto, se convierte en una problemática que hay que abordar en profundidad.

 

3.6. VIH-Sida

Si nos adentramos en uno de los pocos estudios que hay sobre el VIH-Sida entre trabajadores sexuales, vemos que, con datos del año 2006 en Madrid, un 19,8% de los TSM había sido diagnosticado como VIH +. Este porcentaje es hasta 25 veces mayor que el de las mujeres que ejercen (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.9). Actualmente, tal y como explica Zaro (2015), estas cifras han ido en aumento llegando al 23% de TSM diagnosticados con VIH+. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de dar una atención especial a este colectivo para frenar y reducir la alta tasa de infecciones de VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

 

  1. Tipología de trabajadores sexuales masculinos

Hacer una clasificación exhaustiva de los TSM puede resultar complejo debido a su gran heterogeneidad. No obstante, si se quiere abordar este colectivo desde la educación social y dar una respuesta a sus necesidades reales, resulta necesario hacer una clasificación, aunque sea en base a algunas categorías principales que, de algún modo, reflejen la realidad específica de la cual parte cada trabajador y, por ende, sus necesidades. La clasificación que se propone en este artículo parte de cómo afrontan los propios trabajadores el hecho de ejercer, estableciendo tres categorías:

 

4.1. El trabajo sexual como herramienta de supervivencia

Este primer grupo hace referencia a aquellos hombres que ejercen el trabajo sexual cuando no tienen otra alternativa viable. Generalmente ejercen en la vía pública, con una necesidad económica de emergencia y de obtención de ingresos urgente. Estos trabajadores están en una situación muy vulnerable, puesto que la mayoría de ellos no tiene los papeles regularizados, por lo que no pueden entrar en el circuito laboral regularizado. Concretamente, el 85% se encuentra en situación irregular (Martí, et al. 2006, p.8).

Los trabajadores de esta categoría, no tienen las necesidades básicas cubiertas y en muchos casos duermen en la calle o en espacios ocupados. Es por ello que su movilidad es muy elevada, ya que cuando les surge algún trabajo alternativo se marchan y, al terminarlo, vuelven a ejercer en la ciudad donde estaban o en otra, cosa que dificulta hacerles un seguimiento.

Además, no están bien informados de los servicios y recursos que tienen a su disposición, como servicios sociales y hospitales, ni tampoco de las ITS, es decir, cómo prevenirlas o tratarlas (Àmbit Prevenció, 2000). Por tanto, tal y como explica Tomás Balbas (2015), educador social encargado del programa Ámbito HOME de la Fundació Àmbit Prevenció de Barcelona, ​​estos hombres son los que necesitan más apoyo desde las organizaciones que trabajan con el colectivo, aunque se debe tener en cuenta que acceder a ellos puede resultar algo complejo, pues a menudo no aceptan su condición de trabajadores sexuales y rechazan el apoyo de entidades y educadores.

 

4.2. El trabajo sexual como alternativa temporal

Los trabajadores de este grupo están más profesionalizados respecto al trabajo sexual que los del grupo anterior y sus necesidades económicas no son tan urgentes, tal y como explica Luís Villegas (2015), técnico en salud sexual encargado del programa ProtegerSex de la organización barcelonesaStop Sida, con una amplia experiencia con el colectivo de TSM. Aquí podemos encontrar a los que tienen las necesidades básicas cubiertas de forma precaria y quieren mejorar su situación económica en general. También se incluyen en esta categoría aquellos que, a pesar de tener otras opciones laborales regularizadas, pero en muchos casos precarias, como por ejemplo los “trabajos basura” (es decir, mal pagados), deciden ejercer por diferentes razones, como pueden ser la mayor obtención de ingresos o el hecho de ser autónomos y establecer sus propios  horarios.

Un ejemplo de trabajador sexual de este grupo es Paco, que responde a la pregunta de si le resulta más desagradable el trabajo sexual u otro trabajo precario:

“En algún momento pero no dura mucho, lo desagradable, en otros casos me resulta… los primeros días cuando yo entraba en la sauna, yo con los mariquitas, pero en diez minutos me acostumbro porque en realidad podría tener un trabajo mucho más duro, que me muera en una construcción con cuarenta grados aquí [señala la nuca] por 800 o 900€.” (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.71)

4.3. El trabajo sexual como opción laboral estable

Esta tercera categoría se refiere a aquellos hombres que deciden ejercer de forma profesionalizada y cuya motivación no es exclusivamente la necesidad económica, sino que lo escogen como una opción laboral estable. Estos hombres se han profesionalizado en el trabajo sexual, y lo entienden como una profesión a la que se quieren dedicar durante un período más largo de tiempo. El testimonio de Carlos es un ejemplo:

“Esto lo hago porque a mí me da la gana […], tampoco es que esté de chapero por vocación, es algo que simplemente no me desagrada, que está bien pagado, y no tengo jefes, y qué coño, que me lo paso bien. […] Así, no sé, dije un buen día, como no me gusta trabajar, porque es algo que odio, porque soy así de hedonista y follar me encanta, pues me meto a sacarle partido a lo que más me gusta.”(Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.72)

Aunque el porcentaje de este grupo es mucho más reducido que el de los demás, entre el 3% y 6% (Àmbit Prevenció, 2000, p.46, y Salmerón, 2011, p.187), estos TSM no se pueden ignorar. El hecho de que estos trabajadores sean más profesionales hace pensar que están mejor informados sobre las ITS y su prevención, ya que tienen que cuidar mucho más loa aspectos referentes a la salud y la higiene. De hecho, estos trabajadores más profesionalizados obtienen grandes cantidades de dinero a cambio de sus servicios, por lo que muchos de ellos tienen un seguro privado (Balbas, 2015). Por lo tanto, una de las hipótesis que se pueden extraer es que con los trabajadores de este grupo no resulta tan necesaria una intervención desde las organizaciones ni desde la Educación Social.

 

  1. Los espacios donde se ejerce el trabajo sexual masculino

Hablar de los espacios por donde se mueven los trabajadores sexuales significa hablar de una gran variedad de espacios. Una de las clasificaciones más utilizadas respecto a este tema es la que hacen Chacón, Peláez, y Zaro (2006), aunque es preciso actualizarla y adaptarla a la realidad actual de Barcelona, tal y como se muestra en el esquema de la página siguiente. Así pues podemos hablar de los siguientes espacios:

 

5.1. Espacios Abiertos

Estos espacios son los que permanecen abiertos a toda la ciudadanía, es decir, que cualquier persona puede tener acceso a ellos ya que son de uso general. Se pueden establecer dos categorías que nos ayudan a clasificarlos: los espacios físicos, donde el primer contacto se hace en persona, y los espacios virtuales, donde el primer contacto se produce mediante otras vías como el teléfono o a través de Internet o de las App. Los trabajadores, en estos espacios, quedan expuestos al conjunto de la sociedad. Sin embargo, al ser un colectivo prácticamente invisible que no dispone de unos estereotipos y unos códigos reconocibles por la ciudadanía, hace que pasen desapercibidos o que incluso sean confundidos con otros perfiles, como por ejemplo vendedores ambulantes de cerveza o drogas (Roig, 2013).

 

Gráfico 1: Clasificación de los espacios de ejercicio del trabajo sexual. Adaptación del gráfico que aparece en el estudio de Salmerón, (2011, p89) que, a su vez, se basa en la clasificación de Chacón, Peláez, y Zaro (2006, p.13-22).

 

El espacio físico abierto por excelencia, a pesar de que en los últimos años su uso entre TSM y clientes se ha reducido (Balbas, 2015), es la vía pública, es decir aquellos espacios de pública concurrencia al aire libre como determinadas zonas de una ciudad, calles, parques, polígonos industriales, etc. En estos espacios el número de servicios que puede hacer un trabajador depende del flujo de clientes, la temporada del año y las condiciones climatológicas (Àmbit Prevenció, 2000). Estos clientes buscan un servicio más barato, ya que los TSM de calle ofrecen servicios a menor precio. Esto se debe a que la mayoría de estos trabajadores tienen una necesidad económica de urgencia, por lo que están dispuestos a trabajar por menos dinero e incluso a hacerlo sin protección a cambio de unos cuantos euros más (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006).

En cuanto a los espacios abiertos virtuales, por un lado están los anuncios en la prensa escrita, donde el TSM se anuncia y deja un teléfono de contacto para el cliente. Actualmente estos anuncios han disminuido mucho dejando paso a Internet y las App. Se trata, pues, de sitios web, chats, foros y App generalistas donde los TSM se anuncian. En estas últimas, como por ejemplo ‘Instagram’ o ‘Twitter’, de entre todos los perfiles, se pueden encontrar perfiles de trabajadores sexuales o actores porno que también ofrecen servicios sexuales remunerados, donde muestran fotografías de su cuerpo y datos de contacto como alguna web personal o el número de teléfono.

 

5.2. Espacios Cerrados

Estos se caracterizan por no estar abiertos a toda la ciudadanía y los que acceden a estos espacios lo hacen con una motivación más específica, como puede ser buscar relaciones sexuales, aunque no todos las busquen con un trabajador sexual. En estos espacios el trabajador sexual no está sujeto a tanta estigmatización como en los espacios abiertos, porque su presencia allí está más aceptada y normalizada (Àmbit Prevenció, 2000, y Chacón, Peláez, y Zaro, 2006).En estos espacios hay una mayor solidaridad entre TSM ya que comparten un mismo espacio y se relacionan entre ellos, sobre todo entre compatriotas. A menudo realizan acompañamientos a centros de salud entre ellos o se acoge a los trabajadores más noveles y se les informa sobre las diferentes ITS, los servicios y recursos que tienen a disposición y las técnicas de negociación básicas (Zaro, 2015).

En los espacios cerrados también se puede diferenciar entre espacios físicos y virtuales. En los físicos encontramos los pisos particulares de los propios TSM que se anuncian por Internet o App y realizan el servicio sexual en su residencia habitual. El nivel cultural de estos hombres es medio – alto y suelen estar bien informados sobre las ITS, los recursos y servicios que tienen a su alcance (Àmbit Prevenció, 2000). También existen los pisos gestionados por terceros, donde la persona encargada del piso (de los costes de alquiler, servicios, mantenimiento, publicidad, etc.) cede el espacio a los TSM que le dan aproximadamente el 50% de sus beneficios. En estos pisos suele haber entre tres y doce trabajadores y de media hacen una estancia, llamada “hacer plaza”, de 21 días para evitar el efecto ya comentado de la “cara quemada” (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006). Algunos TSM se pasan el día en el piso y prácticamente no salen al exterior, lo que puede provocar que lleguen a estar desorientados, sin conocer prácticamente en qué ciudad están, los servicios que tienen a su disposición, ni dónde se ubican los hospitales (Zaro, 2015).

Otro de los espacios cerrados físicos son los locales de ocio, donde los TSM contactan con los clientes in situ y ofrecen el servicio sexual en un hotel o pensión próximos, en el piso del propio trabajador o del cliente, o en los mismos locales, ya sea en los servicios o en los “cuartos oscuros”, si se da el caso que haya. En la ciudad de Barcelona hay una amplia oferta de ocio nocturno dirigido al público homosexual tanto autóctono como turista, lo que hace que estos locales sean muy frecuentados por trabajadores sexuales (Àmbit Prevenció, 2000). Finalmente encontramos las saunas frecuentadas por el público homosexual que disponen de espacios, como cabinas y “cuartos oscuros”, reservados para mantener relaciones sexuales. El contacto con el cliente se hace en las zonas comunes, como piscinas, saunas o pasillos, para, una vez hecho el contacto, retirar-se a un reservado a hacer el servicio.

En cuanto a los espacios cerrados virtuales encontramos, por un lado, las webs de contactos generalistasdestinadas al contacto entre personas homosexuales, ya sea para chatear, hacer nuevas amistades, compartir tiempo de ocio, practicar deporte, mantener relaciones sexuales, buscar pareja, etc. Como hay muchas personas que buscan mantener relaciones sexuales, los TSM aprovechan estas páginas para contactar con posibles clientes. En sus perfiles se pueden describir, mostrar su altura, peso, edad, procedencia, nivel de estudios, idiomas conocidos, orientación sexual, rol sexual, fetiches, etc. Además, es posible colgar fotografías y vídeos de la persona, que acaban convirtiéndose en el principal reclamo para los clientes. También existen los portales web y App específicas donde los trabajadores crean su perfil anunciándose de forma similar a los perfiles de las webs de contactos generalistas, pero con la particularidad de que estos espacios están dedicados exclusivamente a la oferta y demanda de trabajo sexual. Finalmente encontramos las webs de pisos organizados, donde se muestran imágenes y vídeos de las instalaciones y de los TSM que trabajan allí.

 

  1. La estigmatización del trabajo sexual masculino

Si hay un elemento común a todas las personas que prestan servicios sexuales, ya sean hombres, mujeres o transexuales, es el hecho de estar sujetos a una fuerte estigmatización por parte de la sociedad. Sin embargo, la realidad de cada uno de ellos puede ser muy diferente. En el caso de los TSM la estigmatización que sufren es provocada principalmente por la homofobia, el sexo anal y los roles sexuales:

 

6.1. La Homofobia

Entendiéndola como aquellas conductas discriminatorias que consisten en opinar, tener una actitud o llevar a cabo una acción contra una persona o un grupo por su orientación sexual (Dept. Educació, 2015). Los TSM, al mantener relaciones sexuales con otros hombres, a menudo pueden ser señalados y ser víctimas de la homofobia, ya que actualmente, tanto en la sociedad española como en las sociedades de muchos de los países de origen de los TSM migrantes, la homofobia está todavía muy presente (Amnistía Internacional, 2015). También hay que tener en cuenta la homofobia interiorizada que pueden sufrir los propios TSM, entendiéndola tal y como nos indica un experto en el tema, el psicólogo Gabriel J. Martín (2015), como el rechazo hacia la homosexualidad que experimenta una persona homosexual. Aquí entran en juego todas aquellas representaciones mentales que se hace la persona sobre la homosexualidad y que hace que la conciba como algo inferior a la heterosexualidad y que sienta vergüenza y culpa de sí mismo, con todos los efectos negativos que puede producir esto en su identidad y autoestima.

De este modo, se puede entender fácilmente el estigma que sufren muchos TSM en relación a la homosexualidad, un estigma con el que, a menudo, se marcan ellos mismos o sus compañeros al considerar ciertas prácticas como ‘prácticas homosexuales’. Por ejemplo, mientras una felación activa (es decir hacer una felación al cliente) es considerada homosexual, una felación pasiva (que el cliente le realice al trabajador) no lo es, y lo mismo ocurre con el sexo anal y los roles sexuales (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006).

 

6.2. El sexo anal y los roles sexuales

En la mayoría de sociedades hay una vejación entorno al sexo anal, entendiéndolo como algo negativo de lo que hay que huir, ya que se asocia a una práctica dolorosa, humillante y contranatural a la que la sociedad asocia una pérdida de la masculinidad (Carrascosa y Sáez, 2011). Esta asociación se debe a la tradición machista y heteronormativa según la cual el hombre es quien tiene el poder y el control sobre la mujer en todos los aspectos, también en el sexo: el poder recae en el hombre, que es quién penetra, mientras que la mujer, penetrada, queda sometida. Así, pues, en el sexo anal entre hombres se establece un paralelismo simple: el penetrado (el rol pasivo) pasa a quedar sometido por quién le penetra (el rol activo) y, siguiendo esta lógica heteronormativa y falocéntrica, el rol masculino será el del activo mientras que el femenino será el del pasivo y, por ende, los hombres con el rol pasivo son asociados a un tipo de hombre afeminado, sumiso y dependiente del “macho activo” (Carrascosa y Sáez, 2011, p .90). Por lo tanto, la persona que mantiene relaciones anales, y más concretamente la que resulta penetrada, asume rápidamente una descalificación social que lo degrada y lo estigmatiza.

 

  1. Perspectivas político-sociales

Cuando se habla de trabajo sexual, hay diferentes perspectivas sociales, políticas, ideológicas y legales al respeto. Una de las clasificaciones más extendidas, la que siguen los autores Osborne (2004) y Lousada (2005), se basa en cuatro perspectivas político-sociales:

 

7.1. Prohibicionista

Esta perspectiva tiene una premisa clara, que es la prohibición de todas las formas de trabajo sexual. Criminaliza al cliente y a la persona que ejerce, y los concibe como criminales a los que hay que perseguir. Este modelo pretende acabar con el trabajo sexual mezclando la moral y el derecho, concibiéndolo como un vicio inmoral que se debe eliminar, aunque, lejos de eliminarlo, coloca a la persona que lo ejerce a una situación de clandestinidad, de precariedad, de inseguridad y de falta de protección. Este modelo es contrario a los principios del Estado de Derecho y es por ello que, en los países más avanzados en este sentido, no es un modelo muy seguido. Sin embargo, hay países como Irak o Egipto que sí siguen este modelo.

 

7.2. Abolicionista

Esta perspectiva es fruto de los movimientos feministas conservadores, por lo que está enfocada hacia el trabajo sexual femenino. Al igual que la perspectiva prohibicionista, pretende acabar con el trabajo sexual, con la diferencia de que la perspectiva abolicionista no culpabiliza a la trabajadora sino que la hace víctima, a la vez que criminaliza al cliente. El cliente y el proxeneta (si lo hay) son entendidos como hombres que abusan de mujeres indefensas a las que hay que liberar. No se concibe la idea de que la mujer pueda ejercer de forma voluntaria, sino que siempre lo hace de forma forzada llegando a equiparar el trabajo sexual a la explotación o a la violencia de género (Bolaños, 2007). Esta perspectiva, como la anterior, no contempla al hombre como trabajador sexual y es la vigente en la mayoría de países europeos, siendo Suecia su mayor representante.

 

7.3. Reglamentarista

Esta visión concibe el trabajo sexual como algo negativo que debe ser regulado, con el fin de proteger a la sociedad de dicho “mal”. El trabajo sexual es entendido como un problema de salud pública y de convivencia y, por ello, es regularizado, reduciéndolo a locales y sacándolo de la calle. Sin embargo, esta perspectiva no garantiza ni vela por los derechos laborales de las personas que ejercen. Este modelo es el que se aplica en la ciudad de Barcelona, en Grecia o en Austria.

 

7.4. Laboral

Esta perspectiva, seguida en países como Holanda o Alemania, se centra en los/las trabajadores/as sexuales y les da voz propia. Defiende el trabajo sexual como una opción laboral válida y legítima igual que cualquier otra, lejos de penalizaciones, criminalizaciones y victimizaciones. Este modelo acabaría con la explotación, la violencia y la inseguridad que a menudo rodea estos/as profesionales. Como ocurre con los trabajadores de cualquier otro campo, quedarían garantizados los derechos laborales, la protección en caso de enfermedad, el derecho a paro, la obtención de un convenio colectivo, el acceso a la Seguridad Social, etc.

Podemos ver que los diferentes modelos conciben los/las trabajadores/as sexuales de manera radicalmente distinta. El siguiente esquema-resumen nos puede ayudar a entender rápidamente dichas concepciones de los/las trabajadores/as sexuales:

Gráfico2: Perspectivas político-sociales. Elaboración propia a partir de la clasificación que establecen los autores osborne (2004) y Lousada (2005) respecto a las diferentes perspectivas político-sociales hacia el Trabajo sexual

 

  1. Atención al trabajo sexual desde las organizaciones de Barcelona 

En la ciudad de Barcelona hay varias organizaciones que trabajan con el colectivo de trabajadores/as sexuales. Aunque la mayoría atiende solamente a mujeres, hay algunas que también atienden a mujeres transexuales y a hombres. Es importante conocer cuáles son estas organizaciones con las que, como educadores sociales, podemos hacer una aproximación al colectivo de trabajadores/as sexuales y trabajar con estas personas cuando se detecte cualquier tipo de necesidad que requiera nuestra intervención. Así pues, estas organizaciones son: Cruz Roja Barcelona, Fundació Àmbit Prevenció, Fundació APIP-ACAM, Fundació Surt, Genera, Médicos del Mundo, Lloc de la Dona, SICAR cat y Stop Sida.

La Agencia ABITS junto con el Ayuntamiento de Barcelona, a través del Plan ABITS, es quien se encarga de coordinar estas organizaciones así como las tareas que realizan con las personas que ejercen el trabajo sexual. El plan ABITS está destinado al abordaje del trabajo sexual, especialmente aquel que se práctica en la vía pública. En el siguiente gráfico se muestran las diferentes organizaciones con las que trabaja esta agencia:

Si nos centramos en las organizaciones que dan atención específica a TSM, el número se reduce a dos:Stop Sida y el programa Àmbit HOME de la Fundació Àmbit Prevenció y, como se puede ver, ninguna de las dos forma parte de la Agencia ABITS. Por lo tanto, la atención a los trabajadores sexuales masculinos está fuera del Plan de abordaje del trabajo sexual del Ayuntamiento de Barcelona. Si bien es cierto que la Fundació Àmbit Prevenció sí que forma parte de la Agencia, sólo colabora con el programa de atención a mujeres Àmbit DONA, no con el de atención a hombres, Àmbit HOME. A continuación se explica brevemente cuál es el trabajo que se hace desde estas dos organizaciones:
8.1. Fundació Àmbit Prevenció

Con el objetivo de ayudar a mejorar la calidad de vida de personas en riesgo de exclusión, fomentar su autonomía e integración en la sociedad, la organización dispone de diferentes proyectos de salud, formación e inserción para jóvenes y adultos (Àmbit Prevenció, 2015). Así pues, una de sus áreas de actuación es la que va destinada a la atención de personas que ejercen el trabajo sexual, mediante dos programas: Àmbit DONA y Àmbit HOME, siendo el primero el que va destinado a mujeres y transexuales, y el segundo a hombres. Este segundo programa parte de la reducción de riesgos a partir de tres ejes principales: talleres de salud sexual, distribución de material preventivo y derivaciones hacia otros servicios o entidades. Una de las formas de llevar a cabo esta tarea es a partir de la intervención en pisos donde se ejerce el trabajo sexual en base a dos áreas: la sanitaria y la social. En la primera se realizan pruebas de VIH-Sida y sífilis, se ofrece asesoramiento sobre temas sanitarios, prácticas sexuales y prevención de ITS; en la segunda se hace un trabajo de carácter social (Balbas, 2015).

Otro de los programas de la fundación es el portal webWebcliente (2015), destinado al consumidor de servicios sexuales, que ofrece información sobre salud sexual, métodos y prácticas sexuales enfocadas a la prevención de ITS, sobre las pruebas del VIH-Sida y otras ITS, sobre la percepción del riesgo en función de las creencias y conocimientos de cada uno y proporciona consejos a la hora de contactar y negociar el servicio con el TSM. Su objetivo final es informar al cliente y darle recomendaciones para que pueda consumir los servicios sexuales de forma adecuada cuidando su salud y la del/la trabajador/a.

 

8.2.- Stop Sida

Esta organización nace en 1986 para dar respuesta al aumento de casos de infección por VIH-Sida entre la comunidad homosexual. Desde entonces, se ha convertido en una organización pionera y de referencia en cuanto a la prevención de la expansión del VIH-Sida, la realización de pruebas rápidas tanto de VIH-Sida como de sífilis, y ofrece el apoyo y la atención necesarias a las personas que conviven con el virus (Stop Sida, 2015).

Entre los diferentes ámbitos de actuación, hay uno dedicado exclusivamente a los trabajadores sexuales: el programa ProtegerSex, que está liderado por hombres y mujeres transexuales que ejercen el trabajo sexual (Villegas, 2015) y que ofrece los siguientes servicios:

  • Entrega de material preventivo como preservativos y lubricantes, y otros materiales informativos sobre las ITS y su prevención.
  • Prueba rápida de VIH-Sida y Sífilis de forma anónima y gratuita.
  • Asesoramiento sobre diversos temas: sanitario, salud sexual, sociolaboral, formación, inmigración, legales, administrativos y jurídicos.

 

  1. Tres propuestas para trabajar con el colectivo de trabajadores sexuales masculinos desde la Educación Social

 

9.1. Espacio de encuentro para trabajadores sexuales masculinos

La situación de invisibilidad en la que están inmersos los trabajadores sexuales hace que a menudo éstos no tengan a un igual con quien poder sentirse identificados. La estigmatización que sufren provoca que incluso entre ellos eviten crear una red de apoyo mutuo, imposibilitando así un traspaso de información de temas referentes a la salud, higiene e ITS, o a otros temas como aspectos legales o administrativos, interacción con los clientes, seguridad, profesionalización, etc. No obstante, sí es cierto que en determinados espacios, se produce un cierto grado de solidaridad y red entre trabajadores sexuales, como por ejemplo en las saunas o los pisos (Zaro, 2015).

En el caso de los TSM que ejercen en lugares cerrados es más frecuente que se formen grupos y que se conozcan entre ellos, facilitando así las redes de información. Este hecho, que a priori sería positivo, puede no serlo al fomentar la desinformación y los mitos falsos, como por ejemplo los rumores o los diagnósticos y remedios que se presentan como verdades absolutas. Todo ello puede fomentar la falsa creencia de estar bien informado y favorecer el desinterés por recurrir a otras fuentes de información más fiables (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.88).

Por lo tanto, resulta importante hacer un traspaso de información contrastada y veraz sobre todos estos temas rehuyendo de las informaciones sesgadas y falsos mitos que se puedan crear entre trabajadores sexuales. Una forma de hacer este traspaso de información puede ser la creación de unos espacios de encuentro para trabajadores sexuales donde puedan ir puntualmente expertos en temas legales, laborales, de salud, etc. Este espacio les permitiría, además, reunirse en confianza para hablar de cualquier cosa que les interese, de sus inquietudes, miedos, alegrías, deseos, etc.

En una entrevista realizada a un trabajador sexual se le preguntó directamente por esta cuestión, para ver qué opinaba de la idea de crear un grupo de encuentro para TSM, y esta fue su respuesta:

“Sí, me hubiera ayudado mucho quedar con otros chaperos para contarles mis ralladas, que me enseñaran cosas y truquitos del mundillo porque al principio yo estaba muy perdido, no sabía con quién hablar que estaba haciendo de chapero…lo hacía porque quería… pero da igual, al principio me rallé mucho, tenía ganas de hablar con alguien que me entendiera, pero no sabía con quién… y al final se lo conté a mi compañero de piso, que somos muy amigos.” (Dani, 2015)

Así pues, no se trata de determinar qué se podría hablar en estos espacios, sino que lo que se pretende es crear un espacio y que sean los mismos TSM quienes decidan qué harán en él, porque de lo contrario se estarían limitando las posibilidades de esta propuesta. El espacio físico que se propone para hacer estas reuniones es en una de las dos organizaciones que ya están trabajando con TSM: Stop Sida o laFundació Àmbit Prevenció. De este modo, los trabajadores sexuales ya conocerían dichos espacios y, además, se podrían aprovechar las prospecciones de calle que realizan en la actualidad ambas organizaciones para informar a los TSM de la existencia del nuevo espacio.

Resultaría interesante que, paralelamente, existiera la figura del educador/a social de referencia formado en aspectos referentes al trabajo sexual que pudiera realizar las siguientes tareas:

  • Dar apoyo a los trabajadores sexuales siempre que éstos lo soliciten, ya sea de forma individual o grupal.
  • Participar en los encuentros, cuando lo soliciten, para atender a sus demandas o incluso dinamizar y/o moderar las reuniones si se identifica que no están funcionando adecuadamente.
  • Hacer de intermediario/a con otros profesionales especializados en temas concretos que los trabajadores sexuales consideren oportuno tratar, a fin de que acudan a algún encuentro, como por ejemplo temas de salud, ITS, aspectos legales, laborales, etc.
  • Difundir los encuentros por las diferentes entidades que trabajan con este colectivo e incluso por los espacios donde se mueven los trabajadores sexuales masculinos.

 

9.2. Aportaciones para un proyecto de piso de acogida para TSM

Como ya se ha comentado en este artículo, una parte de los TSM no tiene sus necesidades básicas cubiertas, ya sean de vivienda, alimentación, ropa, salud e higiene, etc. Por lo tanto, una de las posibles solución es para dar respuesta a esta situación desde la Educación Social es la creación de un piso de acogida para hombres que ejercen el trabajo sexual. Esta misma propuesta se ha empezado a llevar a cabo recientemente en la ciudad de Madrid impulsada por la organización Imagina MÁS con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, y sería interesante impulsar un proyecto similar en la ciudad de Barcelona, ya que las realidades de ambas ciudades en lo que al trabajo sexual se refiere son muy parecidas (Zaro, 2015).

El piso de acogida puede dar respuesta a aquellos TSM que no tienen vivienda y se ven obligados a vivir en la calle o en espacios ocupados ilegalmente, ya que actualmente la única alternativa que tienen estos hombres a estas opciones que acabamos de comentar es dormir en alguno de los albergues municipales para personas sin techo que hay en Barcelona. Sin embargo, ésta no es una alternativa real, ya que tal y como comenta Vanessa Arenas, trabajadora social encargada del Servicio de Ayuda Social de la Fundació APIP-ACAM, los horarios que ofrecen los albergues municipales no se ajustan a la realidad de los/las trabajadores/as sexuales, pues el horario para dormir en los albergues es durante la noche, mientras que las personas que ejercen suelen dormir por la mañana porque trabajan hasta altas horas de la madrugada.

Por otra parte, con este proyecto se podría dar una atención integral los que se encuentran en una situación de exclusión social, pues no se trata solo de ofrecer un lugar donde vivir durante un periodo de tiempo determinado en unas condiciones dignas y adecuadas, sino que, además, se busca que durante ese tiempo se realice un trabajo en base a un proceso de reinserción social y un acompañamiento individualizado con cada persona en relación a los siguientes aspectos inspirados en el proyecto de Madrid (Zaro, 2015):

El empoderamiento de la persona es necesario tanto si decide dejar de ejercer como si escoge seguir haciéndolo. En el primer caso, es importante que la persona se vea con las fuerzas y el empuje necesarios para redirigir su vida, formarse y buscar alternativas laborales. En cambio, si decide seguir ejerciendo, se debe garantizar que la persona está en una posición de empoderamiento para poder negociar correctamente con los clientes, poniéndose en valor, garantizándose unas condiciones laborales dignas, protegiéndose de posibles ITS y velando por su salud.

Un itinerario formativo y/o de inserción laboral, especialmente en aquellos casos en los que el trabajador sexual decida dejar de ejercer y dedicarse a otra actividad laboral regularizada. De hecho, no hay que olvidar que el 74% de los trabajadores sexuales de calle sólo tiene estudios primarios y un 5% no tiene estudios (Àmbit Prevenció, 2000, p.45). Por lo tanto, seguir un itinerario formativo será clave para su posterior reinserción laboral en cualquier otro sector.

Las habilidades sociales, que son un elemento clave para que su reinserción sociolaboral se pueda llevar a cabo con éxito, así como también lo son la comunicación verbal y la no verbal, las relaciones con las otras personas, la propia autoestima, etc.

Un seguimiento médico y de salud, garantizando el acceso al sistema sanitario, proporcionando asesoramiento sobre los recursos y servicios sanitarios que hay a su alcance y haciendo un seguimiento de su estado de salud general, especialmente en lo referente a ITS. Paralelamente habrá que trabajar la educación para la salud empezando por todo lo relacionado con las ITS, el conocimiento de las diferentes infecciones, su prevención y tratamiento, y el sexo seguro, poniendo el énfasis en el uso del preservativo durante las relaciones sexuales.

Tal y como se ha podido observar en otros proyectos de pisos de acogida similares al que se propone aquí (APIP-ACAM, 2015), la figura del educador/a social tiene un papel muy importante. Así pues, las principales tareas que éste/a debería desarrollar en el proyecto de piso de acogida son las siguientes:

  • Pactar y establecer los diferentes itinerarios de inserción con los usuarios del piso: social, laboral, formativo y de salud.
  • Realizar tutorías individuales quincenales con los usuarios del piso, pudiendo ser más seguidas si se requiere, para poder hacer un seguimiento adecuado del progreso de cada usuario y atender sus diferentes demandas.
  • Realizar tutorías o reuniones grupales semanales para hacer un seguimiento de la convivencia como grupo y atender los diferentes conflictos o problemáticas que puedan surgir.
  • Visitas periódicas para supervisar el buen funcionamiento y convivencia en el piso.
  • Coordinación con otros agentes sociales y acompañamiento de los usuarios a otros servicios o recursos.
  • Realización de cuadros de reparto de tareas domésticas y asignación de las mismas a los distintos usuarios.
  • Detección y gestión de las necesidades de la vivienda: reparaciones de electrodomésticos, instalaciones, menaje del hogar, etc.
  • Preparar las entradas y salidas del piso de los distintos usuarios.
  • Velar por el cumplimiento de las normas de funcionamiento del piso de acogida.

 

9.3. Incorporación de los trabajadores sexuales masculinos en ABITS

Si se analiza a fondo el Plan ABITS (Martí, et al. 2006), se puede ver que está claramente enfocado a las mujeres y transexuales femeninas que ejercen el trabajo sexual, dejando de lado a los hombres que ejercen. Aunque en este plan a menudo se hace referencia al colectivo de forma genérica (sin especificar hombre o mujer), en ningún momento se menciona de forma explícita a los TSM. Por otra parte, si se revisa la última memoria (Agencia ABITS, 2014, p.17), se puede comprobar cómo en la puesta en práctica no se da atención a los TSM desde de la Agencia, pues en los resultados presentados en dicha memoria se atendió a un 87% de mujeres y un 13% de transexuales y, por tanto, ningún hombre. En esta misma línea está el hecho de que entre las entidades vinculadas a ABITS no hay ninguna de las que trabajan con los TSM: Stop Sida no forma parte y, aunque Àmbit Prevenció sí que forma parte, sólo lo hace con el programa Àmbit DONA, no con el Àmbit HOME.

Estos datos ponen de manifiesto la invisibilidad de los trabajadores sexuales masculinos desde las mismas instituciones, una invisibilidad institucional que provoca que no se puedan detectar las necesidades reales del colectivo ni dar una respuesta adecuada y ajustada a su realidad.
Como educadores sociales, si queremos trabajar con cualquier colectivo tenemos que hacer previamente un trabajo de análisis y conocimiento del mismo para no caer en la trampa de querer dar respuestas a necesidades irreales. Es por ello que desde las instituciones se debe tener en cuenta a los trabajadores sexuales masculinos, y para hacerlo hay que empezar por visibilizar el colectivo en la Agencia ABITS, que es la primera encargada de abordar el trabajo sexual en la ciudad de Barcelona. Así pues, la propuesta que se realiza se articula en tres puntos principales:

  • Hacer referencia explícita a los TSM en los documentos de la Agencia ABITS.
  • Incluir los TSM en las líneas de actuación de la Agencia ABITS.
  • Incluir las organizaciones que trabajan con el colectivo de TSM a ABITS, como son Stop Sida y el programa Àmbit HOME de la Fundació Àmbit Prevenció.

Estos tres puntos permitirían que desde las instituciones se empezara a tener en cuenta a los hombres cuando se habla de trabajo sexual y, esto, como educadores sociales, nos permitiría dar una mejor atención al colectivo y poner en marcha estrategias adaptadas a su realidad, con el objetivo final de reducir su vulnerabilidad y estigmatización, fomentar su inclusión en la sociedad y mejorar, en definitiva, su calidad de vida.

 

  1. Conclusiones

Una vez realizada la recerca, análisis y reflexión entorno el tema del trabajo sexual masculino, se ha podido llegar a las siguientes conclusiones:

  • El trabajo sexual masculino es un tema poco estudiado, como se puede ver en los escasos estudios que hay al respeto, tampoco a nivel teórico des de instituciones como la universidad u organismos públicos destinados a la atención de las personas que ejercen, donde la atención se centra en las mujeres y en algunos casos en las mujeres transexuales, pero muy pocas veces en los hombres. Esto pone de manifiesto la situación de invisibilidad en que se encuentra dicho colectivo, y la vulnerabilidad que esto les supone.
  • El hecho de ejercer sigue despertando todo tipo de reacciones entre la sociedad y los mismos trabajadores/as sexuales según las distintas maneras de entender y vivir el trabajo sexual. Esto se puede observar en las distintas perspectivas político-sociales que se han comentado anteriormente y las diferentes políticas que se desprenden de cada perspectiva.
  • Los espacios de ejercicio del trabajo son muy diversos, como se observa en el grafico 1, las características de cada espacio son específicas y presentan unas realidades determinadas, que, como educadores sociales, es vital que las conozcamos si queremos dar una correcta atención a este colectivo.
  • La estigmatización resulta un elemento común a la mayoría de trabajadores sexuales, y se puede entender en base a la homofobia que existe a nivel social, tanto en España como en las sociedades de los países de origen de muchos de los TSM, en la propia homofobia interiorizada, a los tabús y estereotipos alrededor del sexo anal y los distintos roles sexuales, o al mismo hecho de ejercer. Uno de los retos que se nos presenta como a educadores sociales es el de trabajar para reducir al máximo esta estigmatización para mejorar, en definitiva, la cualidad de vida de los trabajadores sexuales.
  • El VIH-Sida es un elemento a tener en cuenta si nos referimos a un abordaje integral del colectivo, pues sus tasas de infección son altas y preocupantes. A pesar de eso, no se ha de concebir el VIH-Sida como algo inherente a los TSM, ya que esto fomenta la estigmatización del colectivo, por tanto, se ha de abordar el tema del VIH-Sida como un elemento más de entre todo el resto, no como el único o principal.
  • Establecer una clasificación de los TSM resulta complejo, pero el hacerlo nos ayuda cuando queremos trabajar con el colectivo. Es por eso que en este artículo se propone una clasificación de los TSM a partir de la concepción que tienen ellos mismos del trabajo sexual, pudiendo hablar así del trabajo sexual como herramienta de supervivencia, como alternativa temporal o como opción laboral estable. Esta clasificación nos permite extraer unas características y necesidades más ajustadas a cada trabajador, cosa que facilita que nuestro trabajo como educadores sociales sea más adecuado, eficaz y justo.
  • Como se ha comentado, la atención que se da a las personas que ejercen des de las organizaciones de Barcelona queda articulada bajo el Plan y la Agencia ABITS, llegando a coordinar hasta nueve organizaciones, no obstante de estas nueve solo una atiende a TSM. Esto pone de manifiesto la falta de atención de las organizaciones con el colectivo de hombres que ejercen, y la necesidad de ampliar esta atención.

Es por todo esto comentado, que como educadores sociales no podemos seguir ignorando esta realidad invisibilitzada, se nos presenta el reto de trabajar con un colectivo que hasta el momento hemos olvidado, y que sin duda hemos de tenerlo presente, para visibilizarlo y abordarlo con rigor y valentía, desprendiéndonos de los prejuicios que todos tenemos entorno el trabajo sexual. Pues si no lo hacemos de esta manera, corremos el riesgo de hacer un trabajo sesgado, incompleto e injusto. Tenemos la oportunidad de trabajar y acompañar a un colectivo y a unas personas para que puedan mejorar su calidad de vida, empoderándolos y dignificándolos.

 

  1. Bibliografía y referencias

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Zaro, I. (2015). Entrevista realizada de forma presencial.

 

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Feminismo y prostitución

 

Por MARÍA LUISA MAQUEDA ABREU

1 de abril de 2006

https://elpais.com/diario/2006/04/01/opinion/1143842412_850215.html?id_externo_rsoc=TW_CC

 

 

En estos últimos meses se ha abierto en nuestro país un intenso debate acerca de la regulación de la prostitución. Parlamentarias/os, expertas/os y asociaciones de mujeres pugnan por imponer sus puntos de vista acerca de la oportunidad de que el Estado reconozca derechos laborales y sociales a las trabajadoras del sexo. Es lo que ellas reivindican desde hace décadas. “No hacemos daño a nadie, queremos ser legales”, era el grito unánime que presidió una manifestación masiva de prostitutas en la Barcelona de los años ochenta, cuando todavía su entorno estaba prohibido y se castigaba a proxenetas, rufianes y empleadores del mercado del sexo.

La ocasión parecía llegada cuando el Código Penal de 1995 despenalizó todas las actividades que favorecían el ejercicio de la prostitución libremente acordada entre adultos, haciendo desaparecer del texto legal cualquier vestigio de abolicionismo. Una reforma que sus promotores, los gobernantes del PSOE de entonces, justificaban con sobradas razones de defensa de la libertad sexual y de superación de la hipocresía social acerca de una práctica que se ejercía y se anunciaba a la luz del día. Pero se perdió esa oportunidad y, durante estos años, los únicos que se han acordado de salvaguardar los derechos de las prostitutas han sido los tribunales penales cuando han detectado abusos en sus relaciones laborales. Muchos empresarios de la industria del sexo han sido condenados por la explotación de sus empleadas al exigirles condiciones de ejercicio de la prestación sexual incompatibles con la dignidad de cualquier trabajador, tales como la imposición de servicios sexuales no deseados o la ausencia de una remuneración suficiente o de una jornada laboral adecuada con los permisos y descansos correspondientes. Se trata de evitar, según la lógica argumentativa que ha acompañado a esas sentencias, que “los más desprotegidos deban cargar con las consecuencias de su desprotección”.

Un pragmatismo del que debiera contagiarse el actual debate. En cambio, una de las tesis preferentes es que la prostitución libre no existe. ¿Cómo explicar entonces esos movimientos sociales de apoyo a las prostitutas, las propias declaraciones de éstas, aquí y en otros países, abiertamente favorables a la regulación de sus derechos y obligaciones, las crecientes manifestaciones de su ejercicio autónomo sin que nadie les imponga régimen coactivo alguno? Siempre queda el hábil recurso de atribuirles abusos sexuales en la infancia, trastornos cognitivos, déficit de socialización o situaciones de angustiosa necesidad o dependencia para negarles su capacidad para decidir por sí mismas, relegándolas a la condición de infrasujetos. Es una vía perversa de condenarlas a la invisibilidad social.

Y si la realidad se impone y llega a demostrar que la ausencia de libertad en la prostitución no es más que un dogma, un presupuesto ideológico que los escasos datos con que se cuenta desmienten, entonces queda el recurso a la dignidad del género. La prostitución aun libre es degradante para la mujer porque la convierte en instrumento de uso del hombre, rebajándola a la categoría de objeto y consolidando la inferioridad de la condición femenina en todo el mundo. El viejo discurso de la inmoralidad deja paso al de la violencia de género. La Mujer (en mayúscula) sustituye a las mujeres reales en este imaginario feminista. El Estado, en consecuencia, no puede regular algo que es intrínsecamente degradante para la Mujer (otra vez en mayúscula).

No hay más que adentrarse en la literatura feminista de los últimos años para comprobar que ésta no es la voz unánime de las mujeres. Hay todo un sector del feminismo contemporáneo que apuesta por la construcción de una identidad de la mujer como sujeto —no deficitario, no sometido— en busca del reconocimiento y del respeto de su alteridad y de la conquista de espacios que garanticen su libertad y autonomía personales. Que piensa que la insistencia en victimizar a la mujer en sus relaciones con los hombres traduciendo cualquiera de sus diferencias en pura dominación es una simplificación de las relaciones de género. Que entiende que hay otras construcciones sociales, entre las que se cuenta la sexualidad, que merecen ser repensadas en clave distinta al reduccionismo propio del todo-poder de los hombres sobre las mujeres. Que rehúye asumir el estatus de empresarias de la moral colectiva estableciendo lo que está mal o bien en las complejas relaciones entre los sexos. O que renuncia a confiar al Estado y al derecho la solución de todos sus problemas.

Traduciendo ese ideario feminista al actual debate acerca del futuro de la prostitución libremente acordada entre adultos, la perspectiva es otra bien distinta. Lo que está en juego, en un momento tan decisivo como éste en que se discute su regulación legal, no es esa dignidad abstracta que confiere y supuestamente impone el género, sino la dignidad concreta de las mujeres —y hombres y travestis, por cierto— que libremente deciden ganarse la vida con el trabajo del sexo y reivindican el reconocimiento de su existencia como sujetos de derechos. Criminalizando su entorno y sus relaciones no se les protege, sino que se les oculta en la subcultura de lo desviado, garantizando su victimización. La prohibición crea estigma, aislamiento y mayores dosis de vulnerabilidad e indefensión para sus supuestos beneficiarios.

Pero, además, ¿cuál es la prostitución que se quiere abolir desde el Estado? ¿La callejera, la de los burdeles y los clubes, que son sus formas más visibles? ¿O se busca desmontar el mercado de la pornografía, las cabinas, las líneas eróticas, los anuncios y reclamos de servicios relacionados con el sexo? ¿Dónde fijar la línea de lo indigno y lo degradante? Seguramente sería preferible reservar las fuerzas para intentar erradicar la prostitución forzada, que es hoy una de las formas más graves y persistentes de violencia de género. Para ello no se precisan nuevas leyes, que ya hay bastantes; es suficiente con un buen uso judicial y político de las que tenemos. Favorecer la transparencia en el mercado de la prostitución y garantizar condiciones de legalidad para quienes denuncien prácticas de explotación sexual puede ser un buen comienzo.

 


María Luisa Maqueda Abreu es catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de abril de 2006

 

Cuando las ex trabajadoras sexuales se convierten en SWERF

 

 

Por Kelly Palmer

Psicoterapeuta, activista espiritual, ecofeminista, adicta recuperada y superviviente de trauma, autora de éxito de ventas (con Michelle Kelly) y madre de tres hijos.

17 de julio de 2018

https://medium.com/@michellekelly_86703/when-former-sex-workers-become-swerfs-4496d1a90d99

 

 

¿Por qué muchas mujeres que dicen ser ex trabajadoras sexuales se parecen tanto a las SWERF? (Sex Worker Exclusionary Radical Feminists = Feministas Radicales Excluyentes de las Trabajadoras Sexuales). Definitivamente, nadie puede ser excluyente de sí mismo. Sin embargo, esta es una dinámica común, y me gustaría compartir mis pensamientos sobre por qué ocurre eso.

Porque yo soy una ex trabajadora sexual. Y he expresado puntos de vista que eran definitivamente SWERF, en la creencia genuina de que estaba ‘ayudando’ a otras trabajadoras sexuales. Que tenía el deber de hacer públicos los horrores muy reales que he experimentado en la industria. Apoyé el modelo nórdico. Escribí una carta abierta a Amnistía Internacional denunciando su apoyo a la legalización del trabajo sexual. Realmente creía que la industria del sexo era intrínsecamente explotadora y violenta hacia las mujeres y que despenalizar el trabajo sexual significaba dejar a los proxenetas y puteros abusivos campar a sus anchas. Leí el libro   “Paid For” (“pagada por ello”) de Rachel Moran y lloré.

Recientemente, he estado reconsiderando mi posición. En primer lugar, el modelo nórdico no funciona. En realidad, no ha reducido la violencia contra las trabajadoras sexuales. La mayoría de las trabajadoras sexuales actuales no lo quieren; parecen querer por mayoría abrumadora, si no la legalización de hecho (que puede causar sus propios problemas para las trabajadoras sexuales, a la alemana), sí la total despenalización y expansión y protección de sus derechos. ¿Por qué no las estamos escuchando? Y cuando vi a las así llamadas feministas callar a gritos a las propias trabajadoras sexuales y continuar abogando por algo que no funciona y que de hecho daña a las personas a las que dicen querer ayudar, empecé a darme cuenta de que había algo muy equivocado en esta imagen.

Entonces, ¿por qué tantas ex trabajadoras sexuales se metamorfosean en SWERF? Hablando tanto como terapeuta como por mi propia experiencia (y ciertamente no pretendo hablar por todas las trabajadoras sexuales) puedo ofrecer las siguientes perspectivas;

  • Muchas de estas ex trabajadoras sexuales han tenido experiencias genuinamente traumáticas y de explotación y erróneamente quieren proteger a otras mujeres de que pasen por lo mismo
  • Como sobrevivientes de trauma, o incluso simplemente para luchar contra el estigma social, la vergüenza se internaliza y se proyecta sobre aquéllas que aún trabajan en la industria del sexo
  • Las SWERF genuinas jugarán con estos temores y sentimientos muy reales para reclutar a ex trabajadoras sexuales para su causa (de la misma manera que los TERF juegan con los temores de asalto de las mujeres inventando una narrativa donde las mujeres trans son en realidad depredadores masculinos cis disfrazados, simplemente al acecho esperando la oportunidad correcta para violarnos)
  • La típica retórica feminista liberal a menudo pinta una imagen de “mundos de yupi” de la industria del sexo donde todas están felices y seguras y se llevan bien tomando decisiones empoderadas, ignorando las dinámicas de poder muy reales que de hecho ocurren, incluyendo las de raza y clase, explotación y violencia. Para una ex trabajadora sexual con experiencias traumáticas en la industria, esto es a la vez despectivo y deshumanizante

Después de buscar mucho, investigar y escuchar realmente a las trabajadoras sexuales en activo, me di cuenta de algunos contraargumentos que oponer a los anteriores.

  • No todas las experiencias de mujeres son iguales a las mías. Si bien los niveles de abuso y violencia son realmente elevados dentro de la industria del sexo, no todas son víctimas. No todas las trabajadoras sexuales necesitan ser salvadas. ¿Quién soy yo, Lancelot? No hay nada feminista en tratar de convencer a una trabajadora sexual de que es una víctima. Esto no está haciendo nada para ayudar y apoyar a las personas que en realidad están siendo victimizadas.
  • La vergüenza en torno al trabajo sexual proviene del mismo lugar que la vergüenza en torno al sexo: el conservadurismo paternalista, patriarcal y moralista. No hay nada feminista en esto. Necesitamos sanar nuestras propias heridas, no proyectarlas sobre otras.
  • Las SWERF no son mis amigas. En realidad, no les importa ni mi dolor ni mi historia, solo quieren explotarlos para beneficio de su propia agenda. No les importan las trabajadoras sexuales. De ahí por qué han sido apodadas ‘excluyentes’.

El feminismo liberal blanco rezuma clase y privilegio blanco y rara vez proporciona un análisis válido de nada. Eso no significa que las trabajadoras sexuales que realmente disfrutan de su trabajo y toman decisiones con poder a diario no existan. Existen. Y a menudo son pioneras dentro de la industria del sexo, particularmente dentro de la industria de la pornografía, para transformarla desde adentro en una ocupación genuinamente inclusiva y sexualmente positiva. Esto debe ser aplaudido y alentado.

La conclusión es que el ‘adelante putas, ganad dinero’ de las liberales y el ‘todo trabajo sexual es malo y debería ser abolido’ de las SWERF están en extremos opuestos del espectro ideológico y, como resultado, generalmente no logran capturar la experiencia vivida de la mayoría de las trabajadoras sexuales (necesito dejar claro en este punto que en este artículo entiendo por trabajadoras sexuales a aquellas mujeres que eligieron, por cualquier razón, ingresar en la industria, no a las víctimas de trata sexual). Los SWERF a menudo funden en una las dos situaciones para confundir aún más a todo el mundo).

La verdad es que la industria del sexo puede ser (y lo es a menudo) misógina, abusiva y traumática. Las trabajadoras sexuales en general muestran altas tasas de PTSD ¿Sabes por qué? Porque es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. El problema no es la industria. Es la misoginia y la violencia de género. ¿Ahora resulta que ambas cosas son casi exclusivas de la industria del sexo? La industria funciona como un microcosmos de la sociedad en general y un espejo de la dinámica sexual que opera dentro de ella. Sí, estas estructuras necesitan ser desmanteladas. ¿Cómo se va a conseguir eso atacando a las trabajadoras sexuales e ignorando completamente sus voces?

Sí, mis experiencias a menudo fueron horribles, pero ¿sabes qué? Algunas de ellas no lo fueron. Conocí a mucha gente realmente genial. Y cuando entré en la industria ya estaba traumatizada por el abuso infantil, la violencia doméstica y la adicción a las drogas, lo que significó que mi capacidad de decisión estaba dañada, desde luego. Si hubiera ingresado en la industria por otras razones, sin estas vulnerabilidades existentes, que por supuesto me pusieron en la línea de fuego para el peor tipo de depredadores, mis experiencias podrían haber sido muy diferentes. Si bien la correlación entre el trabajo sexual y la violencia no se puede ignorar, no debería ser excesivamente simplificada y utilizada para anotar puntos en una agenda moralista. Esto no ayuda nada a las víctimas reales y, de hecho, explota su experiencia.

Las actitudes de las SWERF hacia la abolición ignoran también por completo las estructuras económicas. Muchas mujeres eligen el trabajo sexual para escapar de la pobreza, y experimentan esto como una elección empoderada. Al abogar por la abolición del trabajo sexual sin un desmantelamiento completo del sistema capitalista actual, las SWERF están negando a las trabajadoras sexuales su derecho a sobrevivir. Todo el trabajo bajo un sistema capitalista y neoliberal es explotador. Negar los derechos básicos a las trabajadoras sexuales es aumentar la explotación.

Así que quiero decir esto a otras ex trabajadoras sexuales cuyas experiencias fueron difíciles en el mejor de los casos y traumatizantes en el peor: te escucho, te quiero, tus experiencias y sentimientos son reales y válidos.

Pero también lo son los de otras personas.

No seas una SWERF.

 


Referencias y recursos

Moran, Rachel ‘Paid For; My Journey through Prostitution’ WW Norton Books

LABUTA: nueva organización por los derechos humanos y laborales de los trabajadores del sexo en Portugal

 

arte por Valentin Brown

 

https://labuta.org/

 

INICIO

“Labuta” es el sustantivo femenino que se refiere a un trabajo arduo, o hecho con mucho empeño.

El trabajo del sexo es, definitivamente, un trabajo arduo y que requiere empeño, talento, organización, dedicación y un instinto fenomenal.

Siendo el trabajo del sexo, trabajo, es angustiante y repugnante que trabajadoras / es del sexo estén todavía hoy en lucha con entidades institucionales y gubernamentales, para ser reconocidas / os como ciudadanas / os activas / os y merecedores de derechos humanos y derechos laborales. El trabajo del sexo, la transacción de sexo por dinero, es una de las profesiones más antiguas, junto con la agricultura, pero sigue siendo criminalizada y estigmatizada.

La despenalización del trabajo del sexo, es lo que las trabajadoras / es del sexo en todo el mundo están exigiendo. Exigimos ser reconocidas / os como una fuerte e influyente fuerza laboral, exigimos tener derechos laborales, derecho a la sanidad pública, y derechos humanos.

Pretendemos ser una organización con participación activa social y queremos elevar las voces de uno de los grupos más marginados de nuestra sociedad.

La Labuta fue creada y será siempre liderada por trabajadoras / es del sexo.

¡El trabajo del sexo, es trabajo! ¡Es labuta!

 

SOBRE NOSOTROS

Labuta fue inaugurada en abril de 2018.

Surgió de la necesidad de crear una entidad en Portugal que apoye a las trabajadoras / es del sexo y participar en las grandes discusiones sobre el trabajo sexual, que en su mayoría no cuentan con las voces de las / los trabajadoras / es del sexo.

La Labuta pretende no sólo desmistificar las ideas preconcebidas acerca del trabajo del sexo, sino también ideas preconcebidas acerca de ¿qué es el género? O ¿qué es el trabajo? O ¿qué significa elegir en una sociedad consumista y capitalista?

Labuta es política, pero es independiente de los partidos políticos. Es también independiente de organizaciones religiosas y de empresas.

Labuta será siempre liderada por trabajadoras / es del sexo. Y no haremos ningún tipo de discriminación relacionada con el tipo de trabajo del sexo (masajes eróticos, prostitución, BDSM, pornografía filmada o fotografiada, webcamming, striptease, peepshows / sexo en vivo, etc).

Somos conscientes de que ser trabajador del sexo todavía requiere, para muchas personas, mantener el anonimato. En ningún momento se pedirá ningún tipo de identificación, o se permitirá la solicitud de la misma por cualquier entidad que nos aborde, a cualquier persona que esté involucrada con nuestra organización.

Aliados y amigos de Labuta.org serán siempre bienvenidos. Cuántos más estemos en esta lucha, mejor. Sin embargo, pedimos que nunca se divulgue si es o no trabajador del sexo a entidades que no estén involucradas con Labuta.org : por ejemplo, en caso de ser entrevistado o ser invitado a una discusión abierta, puede divulgar su trabajo como periodista, pero si le preguntan si trabaja o ha trabajado en la industria del sexo, le sugerimos que responda tranquilamente que no divulgue esa información.

Este requisito existe para que pueda protegerse a los trabajadores del sexo del estigma social, de la posible violencia, acoso o persecución, y para que éstos puedan participar en actos públicos sin tener que ser presionados para divulgar su estatuto laboral.

¿Quieres descubrir las reglas del consentimiento sexual? Pregunta a las trabajadoras sexuales.

 

Por Jessie Patella-Rey

21 de mayo de 2018

Jessie Patella-Rey es educadora, escritora, activista de trabajo sexual y organizadora comunitaria, y coanimadora de The Peepshow Podcast.

 

https://www.washingtonpost.com/news/posteverything/wp/2018/05/21/want-to-figure-out-the-rules-of-sexual-consent-ask-sex-workers/?noredirect=on&utm_term = .5a3f3765654c

 

El movimiento #MeToo ha llevado los problemas de consentimiento al primer plano de nuestro espíritu cultural. Sin embargo, desconcertantemente, algunos de los campeones más locuaces del movimiento parecen ser los peores a la hora de respetar las convenciones que están propugnando. Poco después de que el ex fiscal general de Nueva York Eric Schneiderman presentara una demanda contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein, por ejemplo, Schneiderman dimitió ante cuatro acusaciones de abuso sexual. En una declaración pública, afirmó que simplemente había participado en “juegos de rol y otras actividades sexuales consensuadas”.

Si Schneiderman realmente cree que eso es cierto, su comprensión de qué implica realmente el consentimiento parece ser fundamentalmente confusa. El consentimiento exige una comunicación razonada, una reflexión cuidadosa y, en ocasiones, requiere práctica. Pocos saben esto mejor que las personas que tratan con el consentimiento todos los días como parte de su trabajo: las trabajadoras sexuales, para quienes negociar el consentimiento y establecer límites es fundamental para el trabajo del trabajo sexual. Es nuestra habilidad para abordar estos problemas lo que nos hace ser buenas en lo que hacemos. A medida que avanza el debate sobre el consentimiento, es hora de que otros comiencen a aprender de nuestra propia experiencia tan duramente ganada.

Si recurrir a las trabajadoras sexuales para obtener claridad conceptual y orientación moral suena extraño para ti, puede ser porque nosotras, las trabajadoras sexuales, hemos sido sistemáticamente excluidas de estas discusiones. Muchos se niegan a reconocer que las trabajadoras sexuales somos ni tan siquiera capaces de ejercer consentimiento. Esta es la retórica de lo que la antropóloga Laura Agustín llama la “industria del rescate”, un término utilizado para describir a personas e instituciones que conceptualizan a todas las trabajadoras sexuales como víctimas que necesitan ser salvadas. Catherine MacKinnon ha argumentado, por ejemplo, que “en la prostitución, las mujeres tienen relaciones sexuales con hombres con los que de otra forma nunca tendrían relaciones sexuales. El dinero actúa así como una forma de fuerza, no como una medida de consentimiento. Actúa como lo hace la fuerza física en la violación“. Más recientemente, Julie Bindel ha propuesto:”En casi todos los casos es, en realidad, esclavitud. Las mujeres que trabajan como prostitutas están en dificultades y con problemas. Están en necesidad de rescate tanto como cualquiera de las víctimas más a la moda de la esclavitud moderna“.

Este pensamiento retrata a las trabajadoras sexuales como víctimas sin ninguna autonomía, mientras que, irónicamente, habla con autoridad sobre nosotras sin pedir nuestra opinión. Es una postura que se asemeja a la hipocresía de Schneiderman pretendiendo promover el consentimiento de las mujeres mientras presuntamente lo ignora en la práctica.

Esto es un error. Como Lola Davina, ex trabajadora sexual y autora de varios libros, incluido “Thriving in Sex Work: Heartfelt Advice for Staying Sane in the Sex Industry,” (1), me escribió por correo electrónico, su opinión es que “las trabajadoras sexuales son soldados en primera línea de las guerras del consentimiento.” Eso cuadra con mi propia experiencia, lo que sugiere que las lecciones que enseñamos pueden ser ampliamente aplicables. En mi propio trabajo como operadora de sexo telefónico —también escribo y hago podcasts bajo el nombre de Jessie Sage— he tenido numerosos clientes que me han llamado para ensayar futuras conversaciones o negociaciones con sus esposas o parejas. Y mis experiencias simplemente arañan la superficie de lo que es posible.

Con esta premisa en mente, hace poco contacté con la organizadora comunitaria y escritora Chanelle Gallant para preguntarle qué cree que pueden ofrecer las trabajadoras sexuales. “Algo único sobre el trabajo sexual es que el consentimiento se considera una responsabilidad colectiva”, dijo. “Las trabajadoras sexuales se organizan para desarrollar su poder y la capacidad de prevenir el abuso”. En algunos casos, eso puede implicar el intercambio de información sobre clientes malos, lugares de trabajo o gerentes. En otros, podría tratarse de colaborar para mejorar las condiciones del lugar de trabajo.

Esta organización colectiva también se traduce en las interacciones de las trabajadoras sexuales individuales con sus clientes. La stripper y periodista Reese Piper me dijo que tuvo que aprender cómo evitar situaciones con personas que podrían llegar a violarla. “Las trabajadoras sexuales sabemos cómo alejarnos de personas o situaciones que son peligrosas o que no valen nuestro tiempo”, dijo. “Es parte de nuestro trabajo detectar clientes peligrosos. Y también es nuestro trabajo invertir en clientes que valoren nuestro trabajo “.

Alex Bishop, trabajadora sexual y activista, habla acerca de cómo obtener estos conocimientos y habilidades como un regalo que el trabajo sexual le ha dado. Me dijo: “Antes de hacer trabajo sexual, no pensaba tan profundamente sobre la sexualidad y el consentimiento. Todavía era joven e ingenua y me acostaba con hombres porque me invitaban a cenar o porque eran amables.” Fue su trabajo lo que la ayudó a cambiar su forma de pensar, tanto que sugirió que le gustaría que todas probaran el trabajo sexual “durante unas pocas semanas”, siquiera para ayudarles a abrir los ojos. Según su manera de pensar, “el trabajo sexual infunde mucha confianza en aquellas que lo hacen. Se vuelve fácil decir que no porque te encuentras diciéndolo todo el día a los clientes “.

Piper está de acuerdo y me dice: “Hacer strip me enseñó a valorar mi tiempo, mi energía emocional y mi cuerpo. Me enseñó a defenderme. Antes nunca decía a los hombres que me abordaban en la calle que se fueran. Ahora es fácil. No me siento mal por valorar mi espacio y mi alma “.

Mistress Eva, que se especializa en el trabajo de dómina, describe sus interacciones con los clientes como más seguras y definidas que aquellas interacciones ajenas al trabajo sexual. En el aeropuerto camino a casa desde DomCon, tardó unos pocos minutos en escribirme: “Nunca tengo que dudar en entrar en una interacción como trabajadora sexual, porque nuestra interacción siempre va precedida de negociación y comprensión de nuestros deseos. y límites combinados”.

Volviendo a Davina, le pedí ejemplos específicos de cómo el trabajo sexual le enseñó a negociar el consentimiento. Ella explica: “Esto es lo que el trabajo sexual me enseñó: puedo decir ‘sí’ a una lap dance y después decir ‘no’ a los besos. Puedo decir ‘sí’ a los besos y luego decir ‘no’ a una mamada. Puedo decir ‘sí’ a una mamada y luego decir ‘no’ a una penetración … Decir ‘sí’ a un acto sexual es decir ‘sí’ a ese acto sexual en particular, y nada más. Las trabajadoras sexuales navegan en estas aguas todo el día, todos los días “.

Reconociendo que pueden aportar mucho a nuestros debates sobre el consentimiento, muchas trabajadoras sexuales se han dado a la tarea de enseñar consentimiento en sus prácticas de trabajo sexual. Jengibre Banks, que ha sido trabajadora sexual durante ocho años, me dijo: “Después de aprender más” sobre el consentimiento [como trabajadora sexual] veo tantas formas diferentes como lo violamos posiblemente [involuntariamente]. Creo que es importante discutir este tema del consentimiento con nuestras bases de admiradores “. Reflexionando sobre su experiencia como actriz pornográfica, explicó:”Esta es la razón por la que trato de integrar el consentimiento dentro de mis películas, en comparación con simplemente hacerlo solo fuera de cámara. De esta manera puedo enseñarles a la gente sobre el consentimiento mientras miran mis películas “.

Debería quedar claro, entonces, que a pesar de lo que asume la industria del rescate, nosotras, las trabajadoras sexuales, pasamos gran parte de nuestro tiempo ejerciendo y practicando el consentimiento. Significativamente, lo hacemos en el contexto de nuestras relaciones con los clientes. Este tipo de interacciones transaccionales de baja inversión son un terreno fértil para el trabajo de consentimiento productivo. Las trabajadoras sexuales pueden, y a menudo lo hacen, alejarse de las interacciones con clientes que no valoran el consentimiento. En consecuencia, los clientes deben practicar la negociación del consentimiento para que una transacción continúe. Y, como sugieren mis propias experiencias, esas son habilidades que pueden transferir a sus otras relaciones.

Teniendo en cuenta todo esto, diría que es necesario empoderar a las trabajadoras sexuales para que sigamos haciendo el tipo de trabajo valioso y centrado en el consentimiento que ya estamos haciendo. En relación con el consentimiento, debemos dejar de pensar en el trabajo sexual como el problema y comenzar a pensar en las trabajadoras sexuales como parte de la solución.

 


1.- “Prosperar en el trabajo sexual: consejos sinceros para mantener la sensatez en la industria del sexo”. 

Hay algunos capítulos traducidos al español en este blog: 

https://elestantedelaciti.wordpress.com/?s=lola+davina&submit=Buscar

Tres de cada cuatro canarios no quieren prohibir la prostitución

 

El Día, S/C de Tenerife 

 

22 de mayo de 2018 

http://eldia.es/canarias/2018-05-22/24-Tres-cada-cuatro-canarios-quieren-prohibir-prostitucion.htm

 

Tres de cada cuatro personas en Canarias creen que la prostitución no debería prohibirse, según un estudio del Instituto Canario de Igualdad elaborado por un equipo de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL). El informe, que se ha nutrido de las opiniones de 1.500 canarios —hombres y mujeres— mayores de edad, advierte del proceso de “normalización de la violencia sexual (1) contra las mujeres”.

Uno de los datos más llamativos del informe que ha coordinado la socióloga Esther Torrado es que se confirma que hay una relación directa entre el consumo temprano de pornografía y la demanda prostitucional. “El consumo de pornografía es anterior al prostitucional y constituye la antesala del sexo de pago”, señala el documento.

Así, el medio más habitual de acceso a la pornografía son los vídeos gratuitos a través de la red y solo una minoría accede a través de televisiones locales y fotos en revistas.

El proceso de normalización de la prostitución no ocurre solo en Canarias, sino que se repite en el resto del país. El ICI ha creído conveniente acometer esta investigación para conocer la percepción de los ciudadanos ante los crecientes reclutamientos de mujeres y el aumento de la demanda de prostitución, que supone “una amenaza respecto a los principios de igualdad (1)”.

El estudio, además de la encuesta, incluye entrevistas en profundidad a una treintena de clientes. Estos varones son, en su mayoría, consumidores de prostitución y pornografía de forma habitual y simultánea. Son, por lo general, favorables a la regulación de la actividad.

Entre los usuarios hay casados y solteros. Se dividen en dos grupos. El primero es el de los “mercantilistas misóginos” y engloba a aquellos que consideran que “la prostitución es una actividad fácil donde las mujeres se mueven por el vicio y el dinero”. El segundo es el de los “mercantilistas dominantes”, aquellos que ven la prostitución como “un servicio necesario o una actividad de ocio”. Por último, hay un grupo minoritario de hombres que ha abandonado el consumo de prostitución y es favorable a su prohibición u abolición, ya que ve esta práctica como “una actividad violenta contra las mujeres”.

Iniciación sexual y forma de “ocio masculino”

El informe advierte de que para un sector de los hombres la prostitución constituye un ritual iniciático a la sexualidad iniciado con el grupo de iguales y que continúa como práctica habitual colectiva. También forma parte de las actividades de ocio masculino -como “festejos, celebraciones, despedidas de solteros, finalización de estudios, cumplimiento de la mayoría de edad”- o negocio – “cierre de negocios, comidas de empresas”.

El estudio confirma que la tolerancia hacia el fenómeno de la prostitución está avanzando entre los más jóvenes. Según los investigadores, “hay una posición de indiferencia ante la prostitución cuanto menos edad tenga la persona encuestada”. En concreto, el 32% de los menores de 30 frente al 11% de las mayores de 61.

También se observa que las mujeres casadas tienden a considerar la prostitución como una cuestión privada en mayor medida que las solteras (44% frente al 38%). Ocurre lo mismo entre los varones: los casados tienden a pensar que es un tema íntimo en mayor medida que los que viven solos.

Llama la atención que casi la mitad -el 42%- lo considera un asunto privado y “no actuaría de ningún modo” si conociera a alguna persona que acuda a la prostitución.

Además, un porcentaje elevado, casi la mitad de los encuestados, cree que las mujeres “se prostituyen por placer”, un dato que es “llamativo y contradictorio” con el resto de las respuestas.

Más del 90% de los encuestados cree que las mujeres venden su cuerpo por necesidad; el 86% considera que se hace para ganar dinero; el 71% por falta de empleo; y el 48%, porque le gusta.

En cualquier caso, las razones que encuentran las personas que han participado en el estudio están relacionadas con motivaciones “no estrictamente voluntarias (1)”.

 


1.- Comentario de la Citi:

Estas expresiones revelan el sesgo ideológico de las encuestadoras, introduciendo sus dogmas no demostrados en una encuesta que pretende precisamente, mediante su diseño científico, separar los hechos probados de las fantasías. Hablar de “normalización de la violencia sexual” es insultar a los encuestados y diluir la diferencia entre lo que es violencia y lo que no lo es, lo que favorece precisamente la impunidad de la violencia. Lo mismo ocurre al hablar de “una amenaza respecto a los principios de igualdad”. Decir que la pornografía es “la antesala del sexo de pago” en ese contexto es decir que la pornografía también es violencia contra las mujeres y debería ser prohibida. Y hablar de motivaciones “no estrictamente voluntarias” es apoyarse en la falacia de que existen los trabajos “estrictamente voluntarios”.

El abolicionismo es violencia contra las mujeres, el patriarcado de nuestros días y, en definitiva, una secta criminal.

 

Lucía Fernández: “Me parece más indigno ir en contra de tus ideas que prostituir el cuerpo”

 

Lucía es prostituta por elección propia. Una decisión vital que ha tomado conscientemente y que defiende en ‘La Noche’

 

 

16 de mayo de 2018

http://www.cope.es/noticias/noche/parece-mas-indigno-contra-tus-ideas-que-prostituir-cuerpo_215178

 

No se llama Lucía Fernández. Es solo un nombre común para evitar que la encuentren en Internet. Así lo defiende esta prostituta por elección propia, estudiante de Derecho en la Universidad de Oviedo, de 25 años, que aspira a ser inspectora de Trabajo y Seguridad Social. Da la cara, sin ningún tipo de estigma, en ‘La Noche’, con Adolfo Arjona. Es ejemplo de muchos estudiantes, hombres y mujeres, que se dedican a lo mismo y no se atreven a decirlo por ese mismo estigma del que ella se ha desprendido.

ESCUCHA LA ENTREVISTA A LUCÍA FERNÁNDEZ EN ‘LA NOCHE’

Comenzamos su relato por lo que dice al final de la entrevista. Lucía, antes que prostituta, fue camarera: “Podría haber seguido durmiendo 3 horas al día para llegar a fin de mes y comer de las propinas que me daban los clientes de los bares. Pero he conocido esta vida y ya no quiero volver a eso. Hubiera empezado antes si lo sé”. Así de claro.

Lucía compaginaba sus estudios con un trabajo “muy precario” que no alcanzaba “los 600 euros al mes”. Tenía que pagar un alquiler de 300, sin incluir facturas. Fue entonces cuando se planteó la prostitución. Habló con una amiga que trabajaba en ello, coqueteó con el cine pornográfico, se echó para atrás en el último momento -más tarde sí rodaría cine X-, pero comenzó a prostituirse. Era agosto de 2015, lo recuerda perfectamente: “empecé a trabajar en un piso 24 horas”, al mismo tiempo que hacía de azafata en la Feria de Muestras de Gijón.

No define su comienzo como “una experiencia difícil” sino como “una experiencia nueva, llena de nervios y de incertidumbre”. Su discurso no tiene incoherencias: “Lo hago porque soy dueña de mis actos y mi cuerpo, y utilizo mi sexualidad para trabajar como otras personas utilizan sus manos o sus conocimientos”. Además, añade Lucía, que cree que “hay un mensaje feminista: es una manera que yo tengo de reapoderarme del capital que la sociedad me quita por el hecho de ser mujer”.

En este sentido, esta estudiante y prostituta explica que, mientras la suya es una elección personal, lo que es “muy grave” es el proxenetismo, “hasta el punto de que lo que se necesita es una normativa que sea efectiva, rigurosa y que realmente proteja a las víctimas de trata“. De hecho, Lucía reconoce que no declara el dinero que gana con sus clientes. De nuevo, su coherencia aplastante, en este caso a través de sus conocimientos de Derecho Económico, salen a la luz: “Me podría dar de alta como autónoma, pero una resolución vinculante de Hacienda dice que las prostitutas no pueden pagar impuestos porque el Estado se convertiría en su proxeneta”.

“¿Te planteas dejarlo si surge otra posibilidad de trabajo?”

Preguntada por Adolfo Arjona sobre si, en un futuro, le surge una oportunidad como inspectora de trabajo, Lucía sostiene que como “sindicalista” que es “no voy a utilizar mis conocimientos jurídicos ni para ayudar a bancos, a empresarios ni para hacer cosas malas con el Derecho”, por eso, continúa, “en el caso de que yo no pudiera o supiera ser abogada laboralista, si las oposiciones no me salen bien, y me quisiera dedicar al Derecho, siempre defendería al trabajador, nunca a una empresa. Antes de defender a una empresa seguiría siendo prostituta. Me parece más indigno ir encontra de tus ideas que prostituir el cuerpo. Me iría a dormir intranquila”.

Su familia sabe en qué trabaja. Lucía dice que su madre está “muy orgullosa” de ella por “lo peleona” que siempre ha sido. Esta joven afirma que es solvente económicamente y señala qué tiene de bueno su trabajo: Una vez superado el discurso de tener sexo por dinero y el de la moralidad, cuando una acepta que es prostituta y ya está, te deja mucho tiempo libre. Yo si quiero trabajar mañana, trabajo. Si no, apago el teléfono. Dispongo de mi vida y de mi tiempo, y trabajo donde quiera”.

¿Y lo malo? “El estigma, a la hora de relacionarte con terceros. El estigma que tengo que soportar día a día”, contesta Lucía, y pone otro ejemplo: “Muchas veces me preguntan ‘¿En qué trabajas?’, y les digo que soy prostituta, me miran raro y me dicen: ‘¿Tú cómo vas a ser prostituta si eres lista y guapa?’ Tenemos un montón de estereotipos asociados a la profesión. Las prostitutas somos personas normales que lo único que hacemos es trabajar con nuestra sexualidad“.

Mientras acaba Derecho -le quedan 5 asignaturas-, Lucía no tiene ninguna intención de dejar la prostitución. No quiere ser protagonista de nada: “Soy una anécdota entre todas mis compañeras. Lo importante son las historias como la mía y que no se cuentan por el qué dirán cuando recoja a mis hijos en el colegio“.

 

Consejos de viaje para trabajadoras sexuales y modelos

 

coyotewebadmin

 

11 de mayo de 2018

 

http://coyoteri.org/wp/travel-advice-for-sex-workers-models/

 

AYUDA DE FRONTERAS: para modelos canadienses y estadounidenses / internacionales que viajen a / desde los Estados Unidos

 

Viajo bastante, y cuanto más viajes sola, más probable es que te interroguen en la frontera. Oí que algunas modelos fueron rechazadas en la frontera de los Estados Unidos el año pasado cuando intentaban asistir a XBIZ Miami desde Canadá. Dijeron que iban a una entrega de premios, pero la naturaleza de la ceremonia disparó suficientes alarmas como para que el agente de aduanas negara la entrada, incluso aunque alegaron que no tenían intención de trabajar. Posiblemente también marcaron a esas modelos para un interrogatorio adicional en el próximo cruce fronterizo. Yo ahora me preparo para ser apartada a un lado e interrogada cada vez que viajo, así que si finalmente me dirigen miradas de sospecha, tengo mis espaldas cubiertas.

Estas sugerencias pueden parecer extremas, pero si te paran y te interrogan, ¡me lo agradecerás más tarde!

  1. NUNCA, NUNCA digas que vas a trabajar y, a riesgo de decir una obviedad, NUNCA digas que eres trabajadora sexual. Esto incluye ser operadora de sexo telefónico, stripper, cam model, etc. Incluso solo “modelo” hará que quieran saber más, así que trata de evitarlo. Tienden a suponer que las trabajadoras sexuales no toman vacaciones y solo viajan para trabajar. Incluso si ganas dólares de EE. UU. en tu país de origen, es un problema para ellos si ganas dinero de EE.UU. en su territorio y da motivos para negarte la entrada.
  1. Desde la legalización de la marihuana, pueden preguntarte sobre el consumo de marihuana. NUNCA digas que fumas o tomas hierba, incluso si es para fines medicinales. Es un área gris y debe evitarse.
  1. ¡Ten lista una historia sólida! En qué trabajas, a quién vas a visitar, por qué estás de visita, cómo se ganan la vida LOS QUE VAS A VISITAR, cómo y cuándo los conociste, etc. Si conoces a alguien del Estado que vas a visitar empieza una conversación a través de mensajes de texto para dar idea de que solo vas a visitar a un amigo, será una prueba más a tu favor si escanean tu teléfono.
  1. Te pueden preguntar dónde te vas a quedar, es una pregunta muy común. Para Miami, yo evitaría decir Mondrian porque pueden buscar en Google las fechas y el hotel, y estás detenida. Simplemente elige cualquier otro hotel cercano, básicamente.
  1. SÚPER IMPORTANTE: Nunca des demasiada información a los agentes fronterizos. Déjalos hacer una pregunta y da respuestas lo más cortas posible. Haz que tengan que preguntar si quieren saber más. Por lo general, se cansan después de tres o cuatro preguntas y te dejan pasar si no encuentran nada sospechoso.
  1. Limpia tu teléfono, pero hazlo SELECTIVAMENTE, no lo limpies completamente. Elimina todos tus desnudos, deja algunas fotos personales. Se dan cuenta cuando tu teléfono se ha borrado por completo y puede incentivarlos a seguir escarbando (en tu ordenador portátil o maleta, etc.)
  1. Borra todas tus aplicaciones de redes sociales relacionadas con el trabajo y conéctate a tus redes sociales personales. Vuelve a instalar tus aplicaciones de trabajo cuando pases la frontera. Esto incluye EMAIL. Además, si eliminas tu aplicación Instagram porque solo la usas para el trabajo pero tienes una carpeta de fotos titulada “Instagram”, podrías eliminar o cambiar el nombre de la carpeta. SI TIENES UN TRABAJO ESCRITO EN TU MEDIO SOCIAL PERSONAL, asegúrate de que coincida con lo que le dices al guardia fronterizo.Las redes sociales será lo primero que mirarán si echan mano a tu teléfono.
  1. Borra el historial del navegador en tu teléfono y en tu ordenador portátil con anticipación si es posible, y abre algunas ventanas de compras en línea o algo así, para crear un nuevo historial con cosas no relacionadas con el trabajo.
  1. Si traes tu ordenador portátil, asegúrate de que si lo encienden no inicie sesión con tu nombre de modelo. En el peor de los casos, configúralo para inicio de sesión automática y asegúrate de que la foto de fondo sea compatible con una inspección (y no sea una foto sexy tuya, por ejemplo).
  1. Yo guardo todo mi trabajo en un disco duro externo. De esa manera cuando viajo, mi ordenador portátil está limpio (sin mencionar que mi ordenador portátil funciona súper bien sin tanto desorden), y puedo afirmar que estoy viajando con un ordenador portátil secundario / de viaje si comienzan a sondear mis archivos. De esta manera puedo justificar por qué está tan vacío.
  1. Si estoy volando a una gran ciudad para asistir a un gran evento industrial con muchos asistentes, intento estar en el aeropuerto TEMPRANO y ser una de las primeras personas en la aduana. Dado que los asistentes suelen volar todos el mismo día y, a menudo, con vuelos limitados que van a ese mismo destino, las posibilidades de que otros intérpretes o admiradores estén en tu vuelo son más altas de lo que podrías pensar. Si otro intérprete es “detenido” antes que tú, o si hay una gran afluencia de aficionados que acuden a un evento para adultos, es posible que ese día se vuelvan más estrictos en las evaluaciones de viajeras que puedan ser trabajadoras sexuales.
  1. Envía por correo tus tarjetas de presentación al hotel o a un amigo en los EE. UU. de antemano, si puedes. Si TIENES que llevarlos contigo, colócalos en tu equipaje facturado. Tu equipaje de mano es más probable que sea registrado, pero pueden acercar tu maleta en cualquier momento.
  1. Trata de mantener la lencería y los juguetes sexuales al mínimo. Quita las baterías de tus vibradores antes de viajar.
  1. No lleves demasiado equipaje. Deja los focos en casa.
  1. En cuanto al contenido que grabaste durante tu viaje, intenta subirlo a la nube y sácalo de tu teléfono / ordenador portátil antes de volver a cruzar la frontera, pero te vuelvo a decir, no lo elimines TODO cuando termines de subirlo a la nube (o incluso pasarlo a una memoria USB que se pueda ocultar bien): deja algunas fotos para que si registran tu teléfono o tu ordenador portátil en el viaje de regreso, haya algo que mostrar, pero nada incriminatorio, por así decirlo.
  1. Si consigues unas ganancias o cualquier otra cosa que indique que estuviste allí por negocios, intenta apartar dinero para que puedas enviártelo a ti misma por correo para evitar llevarlo encima al volver a pasar la frontera.
  1. Volar de vuelta a casa suele ser más fácil, solo asegúrate de tener algo que decirle al guardia sobre lo que hiciste en tu viaje (si preguntan) y trata de tener algo que declarar (como ropa o recuerdos, etc.)

Puedes hacer todo lo anterior para prepararte, y puede que te dejen pasar sin preguntarte jajaja pero he pensado una y otra vez sobre lo que sucedería SI …. Tener exceso de preparación es mejor que tener que cancelar todos tus planes y quizás ser marcada para futuros viajes.

 

¡¡Espero que esto ayude!!

 

Por una trabajadora sexual anónima

María Riot: puta feminista y la reivindicación de una sexualidad diversa

 

Por KAREN SANTIAGO

11 de mayo de 2018

http://luchadoras.mx/maria-riot-puta-feminista/

 

María Riot  incomoda. Lo hace en varios niveles y por diferentes razones: ser  trabajadora sexual, actriz porno, activista y feminista, por mencionar algunas. Forma parte de las Putas Feministas, mujeres adscritas a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) —en la cual  fue elegida como secretaria de Prensa y Comunicación por los próximos 4 años—  sabe perfectamente que la sexualidad, además de ser goce y disfrute, es política.

Ella reivindica la sexualidad desde todos sus matices. Lo hace cuando se llama a sí misma puta y cuando no duda en asumirse como prostituta. También lo hace cuando participa en películas de postporno y porno feminista —ha colaborado con importantes directoras como Erika Lust y en proyectos como  Four Chambers con Vex Ashley—, pero igual lo hace cuando cobra por servicios sexuales a clientes (y también clientas).

Su apuesta más grande la hace desde AMMAR, en donde busca reivindicar el trabajo sexual como una opción laboral legítima, que garantice los derechos de quienes deciden ser trabajadoras sexuales, y con ello terminar la violencia institucional y patriarcal que existe, no sólo en su natal Argentina o  Barcelona (donde radica) sino en el mundo.

El trabajo de María Riot cuestiona e interpela uno de los  temas más polémicos y complejos de abordar: el ejercicio de la sexualidad, no sólo en el ámbito privado sino también en el público.

 

¡NECESITAMOS CAMBIAR LAS NARRATIVAS DE LA SEXUALIDAD!

María sostiene un discurso contundente, argumentado y crítico. Habla con firmeza, ofrece datos, nombres y referentes históricos. Sabe que dentro de su activismo puede ser juzgada o invalidada por ser una mujer blanca y de clase media, una trabajadora sexual “privilegiada”, pero lo contrarresta con su congruencia. No se le traba la lengua ni se le enrosca el pensamiento: se cuestiona la idea genérica que tenemos de sexualidad y que se refleja directamente en la pornografía y la prostitución.

Cuando se habla de sexualidad, todo se entrecruza con discursos morales. El trabajo sexual es un tema incómodo, el eterno tabú, porque transgrede un tópico que, se entiende, debería permanecer en lo privado o íntimo.

Pasa igual con la prostitución y la pornografía: la narrativa “ha sido generalizadora, amarillista, confundiendo problemáticas sociales con el trabajo sexual en sí. Al final la narrativa de la sexualidad debería cambiar porque es el sistema que quiere seguir controlando a las minorías y de diversidad, a quienes hemos sido más reprimidos a lo largo de la historia como a las trabajadoras sexuales, los gays, las lesbianas, las trans… es seguir repitiendo lo mismo”, explica María en entrevista.

Y en este tema hay mucho de eso: una confusión que parte de una visión reductora y generalizadora de lo que es la sexualidad. ¡Todas las narrativas están pensadas en víctimas! Víctimas perfectas siempre en función de alguien más, de los hombres. Y no es así.

El estigma del trabajo sexual está cimentado en esta visión, está atravesado por los problemas sociales: “creer que las trabajadoras sexuales son víctimas es resultado de entender la sexualidad como algo violento. Y esto pierde de vista la figura importante del consentimiento”.

 

ASÚMETE PUTA, ESTÁ BIEN

“No tiene que dolerte, porque ser puta no tiene nada de malo y no tiene nada por lo que tengas que sentir culpa”, eso les dice María Riot a las mujeres que se sienten violentadas cuando alguien las llama así. Las invita a asumirse como puta porque serlo está bien.

Les explica: “Hoy en día si se le dice puta a cualquier mujer, sea trabajadora sexual o no, es por el estigma que existe contra las trabajadoras sexuales y que para luchar contra eso, las mujeres tienen que luchar con nosotras para que el estigma desaparezca y a ninguna mujer entonces le molestaría que la llamen puta”.

La apropiación de la palabra puta es una forma de reivindicación, una herramienta que ha servido a otras disidencias para quitar connotaciones negativas. Lo hicieron en el pasado el colectivo LGBTIQ+: “reivindicar la palabra torta, las lesbianas; de reivindicar la palabra puto-marico como han hecho nuestros compañeros gays; como han hecho nuestros compañeros de la militancia gorda, que se llaman a sí mismos gordos porque ser gordos no tiene nada de malo. Entonces nosotros también tomamos esto y dijimos bueno, nosotras también somos putas”.

Y van un paso más allá porque, además, agrega otra palabra: feminista. El término “putas feministas” fue acuñado por las trabajadoras sexuales en España pero pronto se extendió a Argentina y a otras partes del mundo. “Al principio fue un choque porque muchas trabajadoras sexuales también se veían violentadas por la palabra puta y es totalmente entendible porque siempre se les ha insultado con eso, entonces no entendían y tuvimos que explicar por qué nos estábamos apropiando de esa palabra que a muchas mujeres les estaba doliendo”.

Es una lucha simbólica, desde el lenguaje: “Nosotras somos trabajadoras sexuales y hay que dejar  bien claro: somos trabajadoras. Porque muchas personas quieren negar eso, pero lo somos, es un hecho, no es una opinión. Somos trabajadoras, pero también reivindicamos la palabra puta y feminista, porque somos feministas y no queremos un feminismo que deje fuera a las trabajadoras sexuales”.

 

EL TRABAJO SEXUAL, ES TRABAJO

¿Por qué es mal visto que una mujer use su sexualidad como herramienta laboral? ¿Por qué creemos que vender placer está al servicio del patriarcado? ¿Por qué sigue siendo tan difícil pensar las relaciones sexuales fuera de un tema romántico?… El trabajo sexual es, por mucho, el trabajo más cuestionado y estigmatizado. Pero, en una sociedad hipersexualizada con un contexto de trabajos precarios y mal pagados, el trabajo sexual es hackear al sistema y obtener un beneficio económico de él. María Riot lo sabe bien y quiere que sea una opción legítima para todas las mujeres.

“Muchas dicen ‘no porque es seguir dándole placer al hombre’, creo que darle placer al hombre es casarse, es tener un matrimonio, es estar con un novio. Entonces si no decimos que hay que abolir las relaciones de pareja porque le damos deseo a un otro, ¿por qué vamos a decir que hay que abolir el trabajo sexual porque le damos un deseo a otro? Al contrario, al menos estamos recibiendo algo a cambio. Y muchas veces el deseo del otro ni siquiera está en juego, eso también es tener una narrativa sobre la sexualidad en el trabajo sexual muy distinta a lo que es la realidad”.

No hay una única sexualidad posible. Cada persona debe “encontrar la mejor manera de vivirla, la que puede. Y que más allá de si lo desea o no, vivirla con las mejores condiciones posibles, con derechos. Y si, por ejemplo, hay alguien que no quiere vivir la sexualidad ofreciendo servicios sexuales, que pueda acceder a no hacerlo. Nosotras no negamos eso, pero sí existimos un montón de personas alrededor del mundo que sí queremos trabajar ofreciendo servicios sexuales y eso debe ser respetado, debe ser legítimo y debemos contar con derechos también”. El activismo por el trabajo sexual lucha porque las mujeres puedan tomar esa decisión, ¡que sea de ellas!

Las putas feministas molestan a las abolicionistas, a los clientes que consumen pornografía y prostitución, a la sociedad en general que se escandaliza: “No sólo venimos a reivindicar el trabajo sexual como una opción legítima y pedir por el reconocimiento de nuestros derechos sino que también venimos a cuestionar un montón de cosas que están mal en el trabajo sexual porque es un trabajo que está atravesado por todas las problemáticas de la sociedad y, por supuesto, si vivimos en una sociedad machista y desigual, eso también va a atravesar al trabajo sexual y como somos críticas con eso, también venimos a molestar a muchas personas”. Se está creando una consciencia en las trabajadoras sexuales gracias a la organización y  a la permanencia en el feminismo que antes no existía.

María Riot reclama que no quiere vivir en una sociedad patriarcal. Está creando nuevos referentes visuales y narrativos. Exigiendo condiciones laborales éticas en la pornografía y la prostitución. Pidiendo por clientes conscientes y diciéndoles que las trabajadoras sexuales no van a tolerar que les falten al respeto ni que quieran imponer sus condiciones sobre las de ellas. Quiere eliminar la confusión, dejar de irse por la ramas, y recordar que “el problema no está en la prostitución, no está en si gozamos o no con el cliente, sino en los derechos vulnerados que tenemos”.

 

 

KAREN SANTIAGO

CHABACANA Y DERECHOHUMANERA. PERIODISTA EGRESADA DE POLAKAS.

Anuncios, prostitución y violencias

 

Por Rubén Oneca y Raquel del Pozo

 

26 de Abril de 2018

 

http://m.noticiasdenavarra.com/2018/04/26/opinion/tribunas/anuncios-prostitucion-y-violencias

 

Hace unos días se realizaron en el Parlamento de Navarra dos cambios legislativos que, aparentemente, intentaban reducir la violencia hacia las mujeres y alcanzar mayores cuotas de igualdad.

El primer cambio impide que aquellos medios de comunicación que inserten anuncios de prostitución puedan recibir ayudas públicas. En nuestra opinión, se trata de una medida más simbólica que efectiva, ya que no es la realidad de los medios en Navarra y resulta totalmente ineficaz si lo que pretende es restringir el acceso a la prostitución.

Pero lo que realmente nos preocupa es que esta medida se asienta en una determinada visión de la prostitución: negar los derechos a las prostitutas, en este caso, el derecho a anunciarse. Y aquí está el meollo de la cuestión: el no reconocimiento de que las putas sean sujetos de derecho. Y precisamente de esta visión que algunas asociaciones y partidos políticos tienen de la prostitución, viene el segundo cambio legislativo realizado: la prostitución ha pasado a considerarse una manifestación de violencia hacia las mujeres. Se ha modificado uno de sus apartados, el referido a la explotación sexual;este apartado recogía aquellas situaciones en las que se obligaba a mujeres y niñas a prostituirse o a realizar pornografía usando la violencia, la coacción, el engaño…

Tras el cambio aprobado, el párrafo queda del siguiente modo:

e)Prostitución y/o explotación sexual: práctica de mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero. Obtención de beneficios financieros o de otra índole con la explotación del ejercicio de la prostitución ajena (incluidos actos pornográficos o la producción de material pornográfico), aun con su consentimiento.

No sólo se niegan los derechos a las prostitutas, no sólo se equipara toda la prostitución con violencia, es que se incapacita a las prostitutas para tomar decisiones sobre sus propias vidas si su decisión es seguir ejerciendo la prostitución. Entonces, ¿hay dos clases de mujeres, las que pueden decidir y las que no? ¿O dos clases de decisiones, lasbuenas y las malas? ¿Y quién las categoriza, por cierto?

Pero este cambio no sólo supone considerar que las mujeres prostitutas están incapacitadas para decidir, sino que supone considerarlas un grupo homogéneo, donde todas están en las mismas circunstancias y situaciones, elevando la prostitución a una categoría, sin ver a las mujeres que hay detrás, con sus experiencias vitales, sus vidas personales y sus voces.

Con este párrafo se entra en contradicciones flagrantes: hombres, mujeres trans, travestis y personas transgénero sí pueden elegir prostituirse, ese tipo de prostitución no es violencia… Entonces, ¿qué es lo violento, lo que hay que erradicar? ¿El acto de prostituirse o que lo hagamos las mujeres? Así, sólo las mujeres prostitutas pasan a ser objetos de protección, lo quieran o no. Y son protegidas por esas otras mujeres, las que tienen el derecho a ser el sujeto del feminismo. Flaco favor a las mujeres que están en situaciones de violencia con estas modificaciones de trazo grueso que define violencia como la práctica de mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero.

Porque si todo es violencia, nada es violencia. Mila esker.

Los autores son miembros de Batzarre