Lo que nos dice el acto de feminicidio de Atlanta sobre los hombres y las trabajadoras sexuales

¿Cuál es la respuesta? Parece fácil, pero no lo es

 

 Victoria Gagliardo-Silver@victoriaxsilver

viernes 19 marzo 2021

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https://www.independentespanol.com/opinion/atlanta-georgia-spa-tiroteos-robert-aaron-long-trabajadoras-sexuales-b1819403.html

 

Ataques mortales contra tres salones de masajes asiáticos en Atlanta, EE.UU.
(Atlanta Journal-Constitution)

 

Otro día en Estados Unidos, otras ocho vidas perdidas por el cáncer de la supremacía blanca y la misoginia.

El tiroteo en Georgia del martes por la noche fue la culminación de la xenofobia, el sexismo y la putofobia: el presunto tirador, Robert Allen Long, eligió los negocios de masajes asiáticos por una razón. Según la policía, mató a estas mujeres específicamente para eliminar su tentación sexual individual, disparando a las supuestas trabajadoras sexuales en un “ataque a la industria del porno“. Por mucho que se trate de un acto de violencia contra los asiáticos, es un acto de violencia contra el trabajo sexual y un acto de feminicidio.

No puedo decirte cuántos chistes he escuchado que convierten a una trabajadora sexual muerta en un chiste. Las mujeres trabajadoras del sexo a menudo se enfrentan a la violencia a manos de los hombres, tanto en línea como en tiempo real, que no se denuncia porque carecemos del apoyo de los sistemas que nos criminalizan. Las trabajadoras sexuales tienen entre un 45 y un 75 por ciento de probabilidades de ser agredidas en el trabajo, y las trabajadoras sexuales transgénero y migrantes y las trabajadoras sexuales de color tienen una mayor probabilidad de sufrir daños. Al mismo tiempo, no podemos recurrir a la policía en peligro cuando la estructura misma de nuestro trabajo es ilegal. Somos gente común: vuestras maestras, enfermeras, maquilladoras, madres. He trabajado en las Naciones Unidas y en salas de redacción galardonadas, pero la respetabilidad no evitará que un cliente me haga daño o que los hombres me acosen en Internet.

En este caso, no importa intrínsecamente si las trabajadoras del masaje eran trabajadoras sexuales o no. Sigue siendo que fueron el objetivo de alguien que las vio como trabajadoras sexuales.

La industria del sexo y, a su vez, las trabajadoras sexuales se encuentran en una extraña intersección de legalidad y moralidad. Algunas formas de trabajo sexual pueden ser técnicamente legales con ciertas estipulaciones, pero todas las trabajadoras sexuales enfrentan un cierto tipo de estigma por el trabajo que realizan, y todas caemos bajo el paraguas del trabajo sexual. Ponerse en contacto directamente con la policía no sólo pone a las trabajadoras sexuales en riesgo individual de ser arrestadas, sino que los estudios han demostrado que la policía a menudo discrimina y se niega a ayudar a las trabajadoras sexuales de la calle, incluidas las que han sido violadas. Además, el 27 por ciento de las mujeres en un estudio informó que la policía había propagado la violencia contra ellas.

La solución parece fácil, ¿verdad? Con el aumento de la pornografía directa al consumidor y los sitios de fans y en medio de los cierres pandémicos, parece que ingresar a un sitio como Onlyfans sería una forma bastante fácil de ganar dinero seguro, y el trabajo sexual callejero y de servicio completo disminuiría. al borde del camino. Sin embargo, esa no es la historia completa. Los creadores de contenido migrantes no pueden acceder a dichas plataformas porque, como creador, necesita una cuenta bancaria para adjuntarla a casi todas. Si alguien necesita dinero para alimentar a sus hijos ese día, Onlyfans tiene un período de procesamiento. Y con el artículo reciente de Nicholas Kristof que llevó a MasterCard y Visa a negarse a trabajar con Pornhub, muchos artistas porno independientes están luchando por encontrar una nueva forma de obtener los ingresos que necesitan para sobrevivir.

Una trabajadora sexual promedio no gana decenas de miles de dólares, sino que trabaja para pagar su comida y alojamiento. Sólo requiere $1.000 al mes para estar entre el 10 por ciento superior de los artistas de Onlyfans. Es lógico que la mayoría gane muy por debajo del salario mínimo.

La pornografía no es el problema, per se, sino el hecho de que nuestra sociedad prospera con la explotación del trabajo de las mujeres, tanto sexual como emocional. El verdadero problema, como de costumbre, es el patriarcado.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? ¿Cómo protegemos a las trabajadoras sexuales en una nación que devalúa activamente el trabajo sexual y el trabajo de las mujeres, hasta el punto de la violencia? La despenalización del comercio sexual es la única opción.

Valentina Fox , una dominatrix con sede en Nueva York, dice: “La despenalización es el primer paso para humanizar a las trabajadoras sexuales para el público en general. Las trabajadoras sexuales también tienen esperanzas y sueños. Las mujeres que fueron asesinadas tenían esperanzas y sueños; eran personas completas y complejas con familias asesinadas por ser (percibidas como) trabajadoras sexuales. Es peligroso que estemos agrupadas con perpetradores violentos de delitos a los ojos del público. Conduce al odio y a los malentendidos”.

Nuestro sistema legal fusiona el trabajo sexual consensuado con la trata sexual, lo que perjudica tanto a las víctimas de la trata como a las trabajadoras sexuales consensuales. Con la despenalización del comercio sexual, que es recomendada por la Organización Mundial de la Salud como práctica de salud pública, más ingresos de los departamentos de policía podrían dirigirse a las víctimas reales de la trata, y las trabajadoras sexuales podrían recibir servicios de la policía y las organizaciones gubernamentales de salud sin miedo a perder ingresos o ser denunciadas como objeto de trata.

La despenalización también viene con los beneficios de seguridad adicionales que existían antes de que FOSTA-SESTA expulsara a las trabajadoras sexuales de la esfera digital: tableros de selección de clientes y proveedores donde los clientes inseguros pueden ser incluidos en listas negras, foros publicitarios, soporte en línea y en tiempo real, y servicios de salida de la industria. Esto no previene intrínsecamente atrocidades como la de Georgia, pero las trabajadoras sexuales merecen el derecho de investigar el historial de sus clientes para asegurarse de que se respetarán sus límites. En otras palabras, merecen la oportunidad de hacerse cargo de su propia seguridad. Eso debería haber sido siempre lo mínimo.

 

Antonella Alonso: “La industria pornográfica es parte del cine”

 

Por Catherine Medina Marys

27 de febrero de 2021

Antonella Alonso: “La industria pornográfica es parte del cine”

 

 

Conocida por sus seguidores como “Lasirena69”, fue escogida por la revista de contenido erótico Penthouse como “Pet of the month”. Su trabajo en la industria para adultos también fue reconocido con un premio AVN (Adult Video News) en la categoría Mejor actriz revelación. Sobrina de la actriz María Conchita Alonso, emigró a Estados Unidos en 2015

 

Antonella Alonso se recuerda como una niña muy coqueta, muy femenina. Detestaba usar pantalones y prefería, en cambio, las faldas a lo Mary Quant: mientras más cortas, mejor. Al crecer, se tomó con naturalidad la noticia de que era necesario el sexo para la reproducción de la especie humana, y nunca entendió por qué la sociedad condenaba un acto natural.

En alguna oportunidad, dijo que nunca haría porno. Hoy, con más de 2 millones de seguidores en Instagram, una cuenta de OnlyFans, cuyo número de seguidores sube como la espuma, y un premio AVN (considerados en la cultura popular como los Óscar de la industria pornográfica), Antonella, mejor conocida como Lasirena69 es, seguramente, la actriz venezolana con mayor reconocimiento internacional en la actualidad.

De geisha a sirena

Quienes estudiaron con ella en el colegio Santiago de León de Caracas dicen que, antes de ser Lasirena69, Antonella era conocida como “La geisha”. En idioma japonés, “geisha” significa “artista del mundo flotante”, y se refiere a una dama de compañía que era capaz de interpretar uno o varios instrumentos, ser una hábil bailarina y una conversadora deliciosa, además de otras cualidades.

En 2005 se estrenó en Venezuela Memorias de una geisha, película que impactó a Antonella al punto de hacer su tesis de la mención Humanidades sobre estas mujeres. A lo largo de los dos años del ciclo diversificado, elaboró un trabajo titulado Aproximación de un concepto de mujer para entender a la geisha, que trataba sobre las mujeres que trabajan en la industria del sexo, desde las hetairas de la antigua Grecia, pasando por las geishas japonesas y desembocando en lo que ya hoy en día se conoce como prostitución.

–Podría decirse que fue un tema que siempre te interesó

–Creo que para mí el sexo siempre fue algo muy normal. Yo asumí de manera muy normal el hecho de que vienes al mundo porque tus padres tienen sexo. En Venezuela es una locura hablar de eso, aunque de ahí venimos. Sí, estás procreando, pero es gracias al sexo. Siempre me ha llamado la atención la manera en que la sociedad contempla al sexo como algo fuera de lo normal.

–¿Cuándo supiste que había llegado tu momento de migrar?

–Para el momento en el que comenzaron las protestas de 2014, yo vivía en Altamira. Sentía que yo no encajaba en Venezuela, y para mí fue detonante cuando el gobierno dijo que implementaría un sistema para comprar comida por el número de cédula. Me fui a Estados Unidos en marzo de 2015, y no he regresado más.

–¿Cómo llegaste a la industria?

–Viví tres años en Miami y me quedé sin trabajo con frecuencia. Me solían despedir porque en mi Instagram siempre tuve fotos un poco subidas de tono que me tomaba por hobbie. Ahora me da risa porque todo el mundo tiene Only Fans y comparte fotos calientes en sus redes sociales.

–En una de esas tantas veces que me quedé sin trabajo, empecé a vivir del dinero que ganaba vendiendo desnudos míos. Empecé a trabajar con un fotógrafo con el que podía vender mi contenido, y así lo hice durante año y medio hasta que me mudé a Los Ángeles. Empecé a mandar emails, a conocer gente. Conocí a una estrella porno que me presentó a otras personas, y en poco tiempo ya estaba grabando porno.


La prostitución no es legal. El porno tampoco es legal en todos los países, pero lo es en el lugar donde vivo. Hay muchas diferencias, y la única semejanza es que hay sexo de por medio

Antonella Alonso


–¿Cómo fue tu primera pauta pornográfica?

–Empecé trabajando con mujeres y me resultaba aburrido. Y mi primera grabación consistía en tener sexo en una bañera, llena de agua, con otra mujer. Fue muy incómodo. Quería algo diferente y al mes estaba pidiendo hacer videos con hombres. Fue un día de grabación larguísimo pero no fue una mala experiencia, no la pasé mal. Solo que fue incómodo.

–¿Cuál ha sido el sitio más absurdo en el que has tenido que grabar escenas de sexo?

-No sé si esto es absurdo o no, pero detesto cuando me toca tener sexo encima de una baldosa, en una cocina. O en el piso de un baño. Una vez me tocó hacerlo en una especie de garaje de la casa que habían alquilado para grabar el video, y donde estaban los materiales de remodelación de la casa. En el porno hay que hacer cosas fantasiosas, cosas que la gente normal no hace, porque eso es lo que busca la audiencia.

–Fuiste reconocida con un Premio AVN en la categoría Mejor actriz revelación. ¿Cómo lograste consolidarte en una industria tan competitiva?

–A mí no me parece que sea tan competitiva, porque en la industria pornográfica hay para todos los gustos. No es que están buscando a un solo prototipo de mujer o de cuerpo. Sea como sea, algún día te van a llamar. Siento que hay mucha diversidad y eso, para mí, es el porno. Lo único que importa es que sepas tener sexo ante una cámara, y que tengas una buena base de fans.

–¿Cómo lleva tu familia el hecho de que te hayas dedicado al porno?

–No se habla del tema. Es una etapa superada, es lo que es. Tanto tu familia como tus amigos, cuando se dan cuenta de que estás triunfando, le bajan dos. Siempre al principio es superfuerte porque piensan que dañaste tu vida, y luego se dan cuenta de que no es así. Pero eso pasa con todas las carreras, sobre todo las artísticas. A mi familia le preocupaba el hecho de que yo no podría optar a otros trabajos una vez metida en la industria pornográfica, y la verdad es que ya yo no necesito trabajar para nadie. Hay muchas herramientas que puedes usar a tu favor para emprender y valerte por tí misma.

En el acuario de La sirena

Son cuatro horas de diferencia entre Los Ángeles y Caracas. Antonella tiene una franela con el emblema de Nirvana y su característico piercing en la nariz. Toma muchísima agua. No solo por lo mucho que cuida su organismo, sino porque toma unas pastillas, patentadas por Sascha Fitness, que le ayudan a controlar su ansiedad. Gesticula mucho con las manos, y su rostro es sumamente expresivo. Hay ahí una veta dramática que le viene, quizás, por el lado de su tía paterna, la actriz María Conchita Alonso.

–¿Qué es lo mejor de tu trabajo?

–Que puedes ser tú, y ya. Es una industria que no te va a juzgar por cómo eres, o por quién eres, ni las razones por las que te gusta el sexo. A la hora de tener sexo, la mayoría de las veces estás en una cama y no tienes que forzar nada. Puedes ser tú, y solo tú.

–¿Lo no tan bueno?

–Obviamente, todas las enfermedades a las que estamos expuestos en la industria. Es un trabajo que compromete tu salud física y mental. Aquí en Los Ángeles nos obligan a registrarnos en un sistema del estado para verificar que estamos limpios de cualquier enfermedad, y cada 10 días tenemos que hacernos chequeos de sangre, etc. Pero, aún con todas las precauciones, te puedes enfermar de cualquier cosa. Es como cualquier trabajo: un policía puede morir en cualquier momento, por ejemplo. En todo trabajo hay riesgos, aunque hay trabajos más riesgosos que otros.

–Un atleta, por ejemplo, ya no puede competir a los 60 años. A los pornstars masculinos se les puede fracturar el pene, y las mujeres pueden quedarse sin útero. Te puede pasar cualquier cosa a largo plazo. Al momento de grabar no terminas de conocer a la persona con la que vas a tener sexo, ni sabes lo que hace en su vida privada. Es un trabajo donde expones tu cuerpo a demasiadas cosas, lo estás entregando. No estás en una oficina trabajando frente a una computadora. Hacer porno es como tener una vida de atleta, tienes que estar muy bien físicamente. No puedes aparecerte a grabar drogado, o borracho. Igual hay cosas que siempre se salen de tus manos.


A mi familia le preocupaba el hecho de que yo no podría optar a otros trabajos una vez metida en la industria pornográfica, y la verdad es que ya yo no necesito trabajar para nadie

Antonella Alonso


–¿Como cuáles?

–Yo vivo con alergia. Como actriz porno, siempre es posible que tengas que grabar en el piso, sobre un mueble, en una cocina. Normalmente tienes sexo en tu cama, pero en el porno el sexo se tiene en un bosque, o sobre una silla llena de tierra. Llega un momento en el que tienes tantos ph dentro de ti, que tu cuerpo no sabe cómo asimilarlo. Entonces piensas “me va a dar algo, me voy a enfermar”. Si te empiezas a enfermar mucho físicamente, llega un momento en el que tu mente también comenzará a estarlo.

–¿Cómo te proteges?

–Desde que hago porno tomo siete mil tipos de vitaminas y aceites. Como lo mejor posible. Además, tienes el control de no exponerte tanto, de no hacer tantas locuras y conocer a las personas con las que trabajas. La industria tiene un médico, e igualmente yo tengo un médico privado. Asisto cada cinco o seis meses a mis chequeos y estoy muy pendiente de mi cuerpo.

–¿Cuál es el comentario más raro que te han escrito por redes sociales?

Me escriben muchas locuras, pero lo que en verdad me llama la atención es la cantidad de propuestas de matrimonio que recibo. “Vamos a casarnos” es el comentario que más se repite, seguido de “Dame un hijo, vamos a casarnos”. Y me pregunto, ¿por qué a la gente le importa tanto casarse? Creo que la lectura real de ese comentario es “si nos casamos eres de mi propiedad, ya no eres libre, ahora eres mía, y toda esa fantasía va a ser mía porque estamos casados”.

–¿Quisieras casarte en algún momento?

–En verdad, no. Uno no debería decir “nunca”. Yo dije que nunca haría porno, y estoy haciendo porno, pero creo que la sociedad tiene tan mal el concepto de matrimonio…es algo complicado. Para la gente el matrimonio es como un título de propiedad, estás amarrada a esa persona. Me encantaría casarme con alguien que entienda que yo no le pertenezco a nadie, y que me deje ser. Preferiría tener una pareja, vivir con alguien, pero no me veo casándome. Siento que traería problemas.

–¿Cómo se han relacionado tus parejas con el hecho de que seas actriz porno?

–Desde que hago porno, no he tenido parejas. Empezando estuve con un gringo, pero lo dejé porque él no quería que grabara porno con hombres. A él le parecía algo normal que tuviera sexo con mujeres, pero no con hombres, y esa fue la última relación que tuve. He disfrutado con personas, pero es algo pasajero. No ha llegado nada formal.

La sirena sale del agua

De Antonella se ha dicho de todo. Una vez, su madre le escribió alarmada por una noticia falsa que reseñaba un supuesto video que ella había subido en Instagram, donde figuraba teniendo sexo oral. También se le vinculó al prostíbulo Trío gentlemen’s club, que funcionaba en la Torre Letonia de La Castellana, en Caracas.

Trío no tiene nada que ver con la pornografía, porque Trío es prostitución.


Hacer porno es como tener una vida de atleta, tienes que estar muy bien físicamente

Antonella Alonso


–¿En qué se diferencia una prostituta de una actriz porno?

–Para empezar, la prostitución no es legal [en Estados Unidos] . El porno tampoco es legal en todos los países, pero lo es en el lugar donde vivo. Hay muchas diferencias, y la única semejanza es que hay sexo de por medio. En la prostitución te están pagando para que tengas sexo con alguien. Ciertamente en la pornografía te pagan para que tengas sexo con un actor, pero yo declaro impuestos. Estoy segura de que una prostituta no lo hace. Yo trabajo para una productora y la industria pornográfica, lo acepten o no, es parte del cine. Es cine para adultos, entretenimiento para adultos. Esa es la gran diferencia entre una profesión y otra. Y no hay nada malo en ello, cada quien decide dónde quiere estar.

El libro favorito de Antonella es Memorias de una geisha, de Arthur Golden. Le encanta la radio, aunque lo considera un medio de comunicación en extinción por el auge del podcast. De hecho posee su propio podcast, Hablando de sexo con, donde conversa con distintas personalidades sobre el tema, y que está disponible en su perfil de la plataforma de micro-mecenazgo Patreon.

–¿Cómo te va con Patreon?

–Empecé en julio del año pasado, y me va bien. No es mi capital, no es de lo que vivo, pero me ha ayudado mucho a practicar porque quiero hacer comedia, sobre una tarima, y comenzar a generar dinero con otras cosas, no solamente porno. También quiero actuar, actuar normal.

–¿Qué clase de personaje te gustaría?

–Tendría que ser un ser sexual, o que tenga que ver con el sexo. Una prostituta, por ejemplo. Siento que es algo que podría hacer bien, y que podría ser en una película de drama.


Tanto tu familia como tus amigos, cuando se dan cuenta de que estás triunfando, le bajan dos

Antonella Alonso


–¿Qué directores y géneros te gustan?

–Yo no soy mucho de ver películas. De hecho, no tengo televisor en mi casa. Tengo mi computadora, y todo lo veo ahí. Aunque me gusta mucho el cine de Gaspar Noé. Love, por ejemplo, es una película que me encanta. Obviamente tienen un grado sexual muy alto, pero me gustan ese tipo de historias, que sientes que pueden ocurrir en la vida real. Odio el cine de ciencia ficción, o de fantasía.

–¿Y los comediantes?

–Me encanta Malena Pichot, me parece increíble. Me siento demasiado identificada con su personaje en La loca de mierda. También me gusta Ali Wong y su stand up Hard knock wife, que hizo estando embarazada, y la comedia de Chris D’Elia, que actualmente está cancelado porque se descubrió acosaba a menores en redes sociales. También muero de risa con José Rafael Guzmán y con La Vero Gómez.

–¿Cómo sería tu stand up?

–Me veo más haciendo un monólogo cómico que haciendo stand up, donde hay que contar un chiste tras otro. También quiero hacerlo en vivo, estoy un poco harta de la virtualidad, y más bien siento que hacer cualquier cosa por Zoom es más complicado.

–¿Cómo te gustaría que te recordaran?

–Como una persona a la que no le importó nada, y que luchó por ser quien quería ser.

 

 

 

En la piel de Natasha, de prostituta a trabajadora sexual virtual

Tiene 29 años y pasó de la prostitución autogestiva a vender contenidos eróticos en las redes. Reivindica a las putas, reclama derechos y critica a un sector del feminismo que no incluye a las trabajadoras sexuales: “Me pajeo, me grabo y lucro con eso. Hay gente que tiene hasta la paja clandestina”.

 

Por Exequiel Svetliza 

26 de octubre de 2020

 
 

Natasha y su erotismo 2.0.

 

Hace seis años, Natasha subió sus fotos a una web que promociona acompañantes en Tucumán y ofreció por primera vez servicios sexuales. Lo hizo con mucho miedo y también vergüenza, por lo que había escuchado, el mundo de la prostitución era un universo oscuro y peligroso. Encuentros sin testigos en moteles de luces escarlata, el roce trémulo de dos cuerpos que se encuentran en la penumbra, las miradas inquisidoras de la sociedad y los prejuicios sobre un trabajo al que llaman el oficio más antiguo del mundo, pero sigue en la clandestinidad. Natasha cambió las citas por las pantallas y su historia marca una transformación que va de la prostitución al trabajo sexual y del trabajo sexual al trabajo sexual virtual. Tras años de aprendizaje y empoderamiento, para la joven hoy la palabra puta es motivo de orgullo.

“Mis inicios fueron de forma independiente, siempre en la autogestión. Me metí sin entender mucho y sin que nadie me explique nada. Era un mundo completamente desconocido y con muchos prejuicios. Uno piensa que es un mundo muy sombrío, con gente sombría, fea, que la vas a pasar mal y te van a hacer cosas horribles. La verdad que hay de todo, gente más agradable y menos agradable. Pude establecer vínculos copados que no dejaban de ser pagos. Es mucho más que sexo”, cuenta la mujer de 29 años que nació en Salta, pero desde hace 14 años vive en Tucumán. Con el tiempo, Natasha abandonó el rótulo de prostituta por uno con el que se identifica y al que reivindica: trabajadora sexual, categoría que incluye a strippers, trabajadoras presenciales y virtuales como ella en el presente.

En octubre pasado, Natasha dejó los encuentros personales para iniciarse como trabajadora sexual en el mundo de las redes sociales, pero no reniega de su pasado como acompañante de la vieja escuela: “Me acuerdo de ir a los hoteles del centro donde la luz era tan roja que no llegabas a divisarle la cara a la otra persona. A eso sumale esa adrenalina de no saber quién era esa persona, era una adrenalina bastante fuerte. Con la experiencia fui generando conexión con muchísimos clientes. Era importante sentirme bien yo también y en el camino dejar gente con la que no me sentía bien, aunque muchos te digan ‘¿qué mi plata no vale?’. También sé que hay compañeras que no han tenido las mismas posibilidades que yo”. La trabajadora sexual se encarga de desmitificar viejas miradas y prejuicios acerca del oficio: “No es tan fácil como lo ven desde afuera aquellos que dicen que es plata fácil, son encuentros de cuerpos, intercambios de energía. Es más complejo que sacarte la ropa, tener sexo y retirarte… Es mucho más que eso”.

“La carga social de la palabra puta es muy negativa y quitarle esa carga negativa es empoderarte. Al principio, sufría de pánico y no quería entrar a un restaurante o a un negocio por esa vergüenza que te impone la sociedad desde los mandatos. Antes decía no soy puta, hoy ya no. Cuando me liberé de eso, empecé a caminar con la cabeza erguida porque no tenía nada de malo lo que hacía. A mí me ha llevado tiempo y estaría bueno que seamos más las que digamos: sí, yo soy puta o trabajadora sexual. Es sexo consentido y un servicio por el cual nos pagan. Nosotras queremos nuestros derechos”, comenta Natasha quien desde hace cuatro años está afiliada a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) desde donde viene militando para que se las reconozca como trabajadoras, un derecho que el Estado les viene negando desde siempre.

Hoy las trabajadoras sexuales siguen condenadas a la clandestinidad porque no pueden registrarse formalmente como trabajadoras y no tienen acceso a las obras sociales ni pueden jubilarse. En junio pasado, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación había lanzado el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (RENATEP) en el que incluía entre sus categorías a trabajadores sexuales. La noticia fue celebrada entre los trabajadores del sector como el primer paso de una reivindicación histórica. Sin embargo, grupos abolicionistas de la prostitución no tardaron en presionar y la opción fue dada de baja al día siguiente. “Con el ministro (Daniel Arroyo) coincidimos de acuerdo a nuestra legislación y los convenios internacionales que la prostitución no es trabajo. El formulario ya fue bajado”, celebró desde su cuenta de Twitter Gustavo Vera, director del Comité Ejecutivo de Lucha contra la Trata y Explotación de Personas y para la Asistencia a las Víctimas. Para los trabajadores sexuales fue un baldazo de agua fría. “Este es un tipo de trabajo que debería reglamentarse porque es una realidad que existe y va a seguir existiendo. La clandestinidad no es un buen lugar para nadie. Eso te lleva a una situación de marginalidad porque no podés justificar ni siquiera tus ingresos y no te queda otra que mentirle al sistema. Negarnos derechos es violento y fue muy doloroso escuchar en el grupo del sindicato que pasaron de la emoción al llanto. Nos dieron los derechos sólo por un rato y después nos lo quitaron”, comenta Natasha.

Según explica la joven, como una de las pocas representantes de AMMAR en Tucumán, durante la pandemia participó de colectas para colaborar con las compañeras que trabajan en la calle y que, debido a las medidas sanitarias, no pueden salir a ejercer el oficio como lo hacían habitualmente: “Hay chicas que, si no trabajan, no comen”. Muchos clientes contribuyeron para paliar una situación que hoy es crítica para gran parte del sector. “La trata de personas existe y no lo voy a negar, pero estamos hablando de personas mayores de edad que eligen esta opción de trabajo dentro de un sistema capitalista. Yo entiendo que hay víctimas de la trata, pero no todas somos víctimas y acá hay fundaciones que no fueron a ayudar a las putas, sino que fueron contra las putas”, remarca la trabajadora sexual.

Así como las trabajadoras del rubro se sienten desamparadas por un Estado que no las reconoce como tales, según Natasha, también dentro del movimiento feminista que viene luchando por los derechos de las mujeres hay militantes que las excluyen. “Yo pensé que el feminismo era toda una hermosura, pero vi que había un feminismo que te criticaba y te degradaba por generar un dinero y capitalizarte con tu capital erótico. Dentro del movimiento hay militantes que son pro putas, pero también algunas que son muy abolicionistas y que se alteraron y la verdad, no entiendo, por qué este es un tema tan polémico. Está el lema ‘todas con las putas, nadie con la yuta’ que es de un feminismo nuevo, pero después no se acercan a las putas. Ahí veo una contradicción en el relato”, revela.

¿A vos te parece hacer eso? ¿No tenés otras opciones? ¿Si vos tuvieras una hija te gustaría que sea puta? Esas y otras más son preguntas comunes que les suelen hacer a las prostitutas y que Natasha siente que no le hacen a otras trabajadoras como una empleada doméstica o una taxista. Para ella, el debate por la regulación del trabajo sexual, en el fondo, no es muy distinto del que se lleva adelante acerca de la legalización del aborto. De acuerdo con esta perspectiva, el no reconocimiento de la prostitución como un trabajo no lo elimina, sino que lo margina a la clandestinidad: “Siento que es un movimiento que no nos incluye por el momento y desde Tucumán se hace todo más difícil y más complicado. Muchas juzgan lo que hacemos con nuestro capital erótico y nuestros cuerpos. Así como debería poder elegir respecto a la maternidad, también debería poder elegir trabajar con mi cuerpo”.

Sexo virtual: Mucho más que fotos en bolas

En un mundo donde todo parece haberse virtualizado a causa de la pandemia, el sexo no es la excepción y Natasha se adelantó a estos tiempos de erotismo en las pantallas. Para ella fue otra manera de indagar en la propia sexualidad y de explorar nuevas formas del trabajo sexual: “Vi que había toda una movida de venta de contenido sexual en las redes y dije voy a incursionar a ver qué onda. Empecé a vender contenidos pensando que era sacarme fotos en pelotas y después descubrí que no era así”.

“Las que elegimos esta modalidad estamos trabajando con el sexo, con nuestra genitalidad, con el deseo, con la fantasía, con muchas cosas que tienen que ver con lo erótico. Empecé vendiendo algunas fotos y videos cortitos. Ahora me pajeo, me grabo y lucro con eso. Hay gente que tiene hasta la paja clandestina. La verdad es que todos nos pajeamos, ya me pajié en la intimidad y ahora es público y lo vendo. Es ese goce de que yo elijo compartir esa intimidad y además la capitalizo”, comenta Natacha que, a medida que fue incursionando en la virtualidad, también fue profesionalizándose para hacer fotos y videos de mayor calidad. Y aunque para algunos puede llegar a sonar hasta utópico masturbarse para ganarse la vida, lo concreto es que las cámaras y las redes no son para cualquiera: “Es un trabajo que es muy esclavo de la tecnología, todo el tiempo tenés que estar generando contenido y te lleva muchas horas. Es algo que requiere de bastante invención para hacerlo de manera profesional”.

En la nueva normalidad impuesta por el coronavirus, aumentó de manera exponencial la demanda de contenidos sexuales pagos. Natasha estima que tiene un 50% más de clientes que antes de la pandemia. Un efecto parecido se ha producido también con la oferta, ya que muchas trabajadoras sexuales, incluso personas que nunca habían hecho trabajo sexual, se volcaron a esta modalidad: “Muchas dijeron no llego a fin de mes ¿qué hago? Y se metieron a la virtualidad”. La joven promociona sus servicios a través de su cuenta de Instagram y de Twitter y los contenidos pueden ser intercambios de videos y fotos en tiempo real a través de WhatsApp o de Telegram, videollamadas en vivo y videos personalizados. También hay plataformas especializadas en este tipo de contenidos que monetizan las vistas y suscripciones como OnlyFans y Celeb TV. Los valores varían de acuerdo a la extensión y al tipo de video y arrancan en alrededor de 2000 pesos.

Los clientes pueden cumplir algunas de sus fantasías y fetiches más ocultos, siempre y cuando Natasha acceda, claro. Pueden elegir prendas, poses y prácticas donde el límite siempre es el consentimiento: “En un momento intenté realizar dominación virtual, una variable del sadomasoquismo porque hay hombres a los que les encanta ser humillados, pero intenté y no me salió, no es mi rol”. También aclara que no es sólo cuestión de vender el material, sino que es fundamental establecer un vínculo empático con los clientes.

“Me ha pasado que los clientes me digan: para eso busco porno, pongo tal cosa y me hago una paja, pero las plataformas de porno que no es casero venden algo que es ficticio. Yo banco mucho lo que es el porno casero autogestivo porque la gente tiene muy limada la cabeza con el porno industrial y se queda con esa imagen de cosas que no pasan en la vida real. En ese porno pasan cosas muy estrambóticas, pero son cosas que son sumamente ficticias y esas actrices jamás en tu puta vida te van dedicar un minuto de su atención. Esto es otra cosa porque también está como esa adrenalina del contacto con la otra persona, siempre hay una conversación previa y se genera un vínculo”, destaca la trabajadora que pasó de los encuentros en hoteles sin testigos al sexo en banda ancha. Acaso continuará siendo el oficio más antiguo del mundo, pero como el mundo mismo también cambia. Todo cambia.

Cómo tener buen sexo anal, según un montón de estrellas porno

Carga lubricante, comunícate y, sobre todo, date cuenta de que no es para todos.

Por Mark Hay

21 de septiembre de 2018,

https://www.vice.com/en_us/article/59azjz/how-to-have-great-anal-sex-according-to-a-buttload-of-porn-stars-vgtl

 

Ilustración de Lia Kantrowitz.

 

Bienvenido a VICE Guide to Life, nuestro consejo imperfecto para convertirse en adulto.

En caso de que no te hayas enterado, el sexo anal hetero es, digamos, enorme en este momento. Hace solo unas décadas, fuera de los círculos queer, se consideraba un acto tabú que solo una décima parte de los hombres y una cuarta parte de las mujeres revelaban a los investigadores haberlo intentado al menos una vez. Ahora, el anal es un elemento fijo del pop convencional, sin mencionar la cultura del porno. En verdad, no muchos hombres o mujeres heterosexuales lo intentan, mucho menos en el registro. (Los datos del CDC muestran que aproximadamente un tercio de las mujeres heterosexuales alguna vez han probado el sexo anal; el número que lo practica regularmente no está claro, pero es probable que sea mucho menor. Es difícil encontrar datos sobre hombres hetero que experimentan con la estimulación anal, aunque las ventas de masajeadores de próstata han aumentado rápidamente últimamente y algunos informes indican un interés creciente.) Aún así, muchas personas sexualmente activas, especialmente las mujeres heterosexuales, según los informes, sienten la presión de meter un dedo del pie en el culo.

Afortunadamente, los educadores sexuales han satisfecho esta creciente demanda con una gran cantidad de guías prácticas y cosas a tener en cuenta para quienes exploran el sexo anal. Desafortunadamente, muchas personas se lanzan sin investigar mucho. Eso significa que la poca educación anal que muchos principiantes tienen a menudo proviene de la pornografía, donde el sexo anal a menudo se describe como fácil: simplemente empujar un juguete sin lubricar o penetrar un culo, sin preparación, y bombear con fuerza durante, pongamos, una hora.

Pero el porno anal, como te dirá con gusto la mayoría de la gente que está en la industria del sexo, es una fantasía. “Las chicas entrenan sus anos para que reciban el tipo de golpes locos que reciben en las películas”, dice Skylar Snow, una actriz de films para adultos que entró en la industria el año pasado. Ese entrenamiento y preparación es diferente para cada una, pero por lo general implica aclimatar el ano con los dedos o juguetes durante horas o días antes de una escena y utilizar trucos de relajación. Algunas toman suplementos para mantener la regularidad de sus evacuaciones intestinales, ayunan, toman Imodium y se ponen al menos un enema medio día o un día antes de una escena para minimizar el riesgo de un percance fecal. “El entorno controlado de la pornografía realmente ayuda”, dice Joseline Kelly, quien ingresó a la industria en 2015. “Porque, está bien, sé que voy a tener sexo anal con esta persona aquí y en este momento, así que simplemente te sientes 100 por ciento preparada” de una manera que a menudo no es posible en la vida real.

“Tengo un sistema bastante bueno”, agrega Audrey Hollander, una veterana con 14 años de carrera en la pornografía conocida en algunos círculos como una reina anal extrema. “Honestamente, no puedo pensar en todas las cosas que han pasado por mi ano”, dice. “Pero todavía me lleva unos tres o cuatro días de preparación antes de poder hacer una escena anal”.

Durante la filmación, se toman descansos para aplicar lubricante, lo que rara vez se muestra en la pantalla, limpian cacas y cambian de sexo anal a vaginal sin mostrar la limpieza previa al cambio, que es vital para evitar infecciones. También, dice la autodenominada “aspirante a reina anal” Della Dane, quien ingresó en el porno el año pasado, “hacen ciertos ángulos y posiciones para aumentar el valor de la escena que normalmente no harías”. Y en lugar de estar listas para el sexo anal en cualquier momento, las estrellas a menudo necesitan tomar descansos de unos días o semanas entre un número determinado de sesiones anales. En general, Cherie DeVille, veterana de la industria con ocho años de carrera, me dijo el año pasado, “no puedes esperar que tu pareja femenina en casa pueda simplemente pasar al anal”, especialmente el anal al estilo porno; lo mismo se aplica a los hombres y a las personas no binarias.

Sin embargo, la gente lo hace. “La mayoría de los profanos simplemente piensan que pueden replicar lo que ven en la pornografía”, dice la profesional anal Charlotte Sartre. “Me follan demasiado duro porque solo ven el martillo neumático follando en la escena”. Esta educación precipitada sobre el sexo anal y la pornografía puede ayudar a explicar por qué, como me dijo el año pasado la investigadora sexual del Instituto Kinsey, Debra Herbenick, “alrededor del 70 por ciento de las mujeres estadounidenses informan haber sentido dolor durante su experiencia más reciente de coito anal, de bastante moderado a severo.” También puede explicar los informes anecdóticos de un número creciente de mujeres que sufren lesiones sexuales anales, como desgarros o prolapsos, a menudo causadas por juegos demasiado tensos o bruscos.

Es una pena, porque el sexo anal no solo se puede hacer de forma segura, sin riesgo de lesiones o con un riesgo mínimo, sino que, en teoría, puede ser divertido para todos. El orificio del ano contiene toneladas de terminaciones nerviosas en personas de cualquier género; también está cerca de las “piernas” del clítoris y del punto g vaginal, y permite la estimulación de la próstata, para quienes tienen esa anatomía. “He descubierto que me encantan los orgasmos anales y me excito mucho con la boca abierta”, dice Snow. “Un orgasmo anal es intenso para los hombres, hace que todo su cuerpo se estremezca o, en algunos casos, hace que un hombre o una mujer trans eyaculen sin siquiera tocarse”, dice la prominente estrella del porno trans, Kimber Haven.

Incluso si el anal que hacen en la pantalla no es realista para la mayoría de las personas en la vida cotidiana, las estrellas del porno (como otras trabajadoras sexuales) todavía tienen mucha experiencia con el juego por la puerta trasera. (“Conozco mis entrañas bastante bien”, me dijo la reina anal Mandy Muse, “considerando que he ido bastante lejos y las he tocado”). Claro, a veces tienen accidentes desagradables o sufren historias de terror. Y, salvo uno o dos como Kelly, que dice que en su vida personal le gusta “que la destrocen y la estiren hasta la médula en una sesión de Juegos Olímpicos anales” como si estuviera en la pantalla, la mayoría dice que no lo hacen tan a menudo en sus vidas personales, y ciertamente no tan hardcore o durante tanto tiempo como lo hacen en las escenas. Pero ellas conocen el anal y están felices de compartir consejos sobre cómo hacerlo bien.

No todas están de acuerdo sobre cómo hacer anal en la vida real. Son unánimes sobre el valor de una tonelada de lubricante y la exploración gradual. Pero algunas estrellas creen en cierto grado de trabajo de preparación incluso en la vida real, mientras que otras creen que se puede hacer bien de forma espontánea, en el fragor del momento sexual. Y no todos sus consejos serán relevantes para todos, ya que cada ano tiene diferentes necesidades y niveles de resiliencia. Estrellas como Sartre y la experta en anal desde hace mucho tiempo Joanna Angel, por ejemplo, sienten que sus vaginas se fatigan por sexo frecuente o duro más rápidamente que sus culos; Angel me dijo que su cuerpo parece tan bien construido para el sexo anal que no necesita dilatarse ni siquiera para prepararse para escenas hardcore. Otras personas, advierte DeVille, pueden tener un mayor riesgo de lesiones que otras. Y la mayoría de las estrellas porno con las que he hablado a lo largo de los años sobre el tema están de acuerdo en que, para algunas personas, el sexo anal podría no ser una buena opción. Pero el consejo que ofrecen a continuación sobre cómo abordar el sexo anal, especialmente como principiante, es un gran punto de partida para la exploración individual del gran más allá anal.

¿Qué debería intentar o considerar alguien que explora el juego anal por primera vez antes de lanzarse?

Anastasia Rose: Siempre recomiendo comenzar con juguetes. Hay un kit de tapones de silicona de cinco pasos que recomiendo encarecidamente. ¡Está en Amazon! ¡Pero también juguetes anales vibrantes! Pruébalos, te prometo que serás una zorra anal en poco tiempo. También recomiendo comenzar con un dedo, luego con dos y luego con tres. La clave de todo esto es simplemente relajarse. Respira constantemente. Confía en ti misma. Y si te duele, detente.

Skylar Snow: Hay muchos juguetes geniales para practicar y jugar. Así que mira lo que te gusta.

Whitney Wright: ¡Hay tantos juguetes anales divertidos y diferentes! Infladores, bolas anales, tapones anales, consoladores.

Kimber Haven: Solo mete cosas que sean una polla o estén diseñadas para el juego anal. [Nota: Esto significa juguetes con bases ensanchadas para que el esfínter no pueda succionarlos por completo dentro de tu ano.] Todos los médicos pueden contarte la historia de alguien que experimentó con meter cosas [¡nunca cosas de cristal!] que no deberían estar allí.

¿Qué necesitan saber las personas sobre el uso de juguetes anales para experimentar o prepararse para más juegos anales?

Kimber Haven: Si no tienes experiencia, ve despacio y no elijas una pareja o un consolador que mida como veinte centímetros para tu primer anal. Empieza con algo pequeño, como experimentar con un juguete de doce a quince centímetros al principio.

Stephanie West: Usa juguetes de entrenamiento anal de la manera correcta. De menor a mayor. No los dejes por más de 10 minutos cada uno.

Della Dane: Personalmente, no disfruto con los tapones anales, ni los necesito para prepararme [ahora]. Pero conozco a mucha gente que lo hace. Encuentra lo que funcione para su cuerpo y estate dispuesta a explorar y probar cosas diferentes.

¿Qué necesitan saber las personas que intentan tener un buen anal sobre la lubricación?

Skylar Snow: Elige un lubricante que te guste (me gusta el aceite de coco) porque vas a querer usar mucho.

Audrey Hollander: Incluso si crees que tienes suficiente lubricante, usa aún más. [Nota: _ Algunos expertos argumentan que usar demasiado lubricante puede estimular un juego anal demasiado rápido, causando lesiones no intencionales._]

Stephanie West: Hay determinados lubricantes específicos para el anal en lugar de lubricantes regulares. [Nota: Estos son generalmente lubricantes híbridos de silicona o agua-silicona más gruesos, que reducen la fricción.] Están disponibles en Internet.

Joseline Kelly: Sin embargo, no uses lubricante de silicona con juguetes de silicona. Con el tiempo, se desintegrarán.

Miranda Miller: No uses lubricantes a base de agua. Se secan mucho más rápido [que el lubricante a base de silicona].

Más allá del acto físico, ¿cómo deberían las personas que buscan practicar sexo anal abordar la idea con alguien con quien tienen intimidad?

Anastasia Rose: Intenta comenzar con alguien en quien confíes.

Whitney Wright: Cuando finalmente llegues al punto justo antes de probar el sexo anal por primera vez, asegúrate de comunicarle a tu pareja que te sientes bien y a qué ritmo te gustaría que fuera.

Ryan Driller: Tienes que hablar mucho con tu pareja para ver si está abierto a ello. Si está realmente por ello.

Tori Avano: Necesito una química increíble con mi pareja para poder hacer anal. Sin vibraciones, no hay anal. Además, lo principal es la comunicación con un compañero. Sin comunicación no va a funcionar.

¿Es la limpieza o un enema absolutamente necesario si quieres hacer un buen anal?

Della Dane: No siempre me preparo para ello: limpiezas, enemas, etc. Pero también suelo practicar sexo anal con parejas con las que me siento cómoda comunicándome y compartiendo una experiencia posiblemente guarra.

Anastasia Rose: Algunas [personas] se sienten más cómodas y seguras si primero se limpian con un enema. Prueba eso primero si quieres. Empieza a darte una sensación de algo en tu culo.

Kimber Haven: Se vuelve sucio [si no limpias previamente] y no lo disfrutarás, porque no podrás relajarte y divertirte si no te sientes limpia.

Miranda Miller: Asegúrate de limpiar. Odiaría que alguien tuviera un accidente su primera vez. Utiliza siempre un enema de agua y nunca solución salina. Es mejor para tu cuerpo de esa manera

Whitney Wright: Siempre me pongo un enema con agua tibia y me limpio una hora antes. [Nota: a algunos les preocupa que los enemas puedan irritar el colon, provocando problemas en el tracto gastrointestinal a corto plazo y un mayor riesgo de transmisión de enfermedades].

Skylar Snow: No te preocupes si no está perfectamente limpia. Sucede a veces.

Ryan Driller: Sabe que [a menudo es probable] que haya algo de caca. Asegúrate de que tú [y tu pareja] os sintáis cómodos con eso, para que no mates las vibraciones obsesionándote o preocupándote por ello.

Sarah Vandella: No comas mucho antes del anal. Bebe mucha agua para limpiar su sistema.

Kimmie KaBoom: Recomendaría no comer comidas intensas de 12 a 24 horas antes del anal para mantenerlo limpio.

¿Qué necesitan saber las personas preocupadas por el dolor inicial, quizás considerar usar agentes anestésicos o analgésicos?

Ryan Driller: ¡No uses agentes anestésicos! Esto puede significar un puñado de Tylenol, Analeze o abnesol. Necesitas poder sentir para saber si algo no va bien, para no lastimarte. Sin mencionar que también adormecerás su polla, lo que significa no más erección.

Kimmie KaBoom: También estoy en contra de que las personas usen poppers o pastillas para relajar los músculos por las mismas razones. [Y] recuerda practicar sexo seguro, porque las ETS también se pueden transmitir por vía anal. [Nota: La fragilidad del tejido de la pared anal aumenta la probabilidad de microdesgarros, lo que aumenta significativamente el riesgo de transmisión de enfermedades de transmisión sexual en comparación con el sexo vaginal].

Sarah Vandella: Si necesitas tomar medicamentos para el sexo anal, probablemente éste no sea lo más adecuado para ti.

Charlotte Sartre: Ni siquiera recomendaría tomar un Tylenol antes del anal, porque se supone que no duele. Si sí duele, estás haciendo algo mal. O no es para ti o necesitas adaptarte.

¿Hay posiciones particularmente buenas para el sexo anal, especialmente para principiantes?

Skylar Snow: Me parece que acostarme de espaldas en misionero con las piernas dobladas hacia atrás es la forma más fácil de tomar anal. Tus músculos inferiores no sostienen tu cuerpo, por lo que tu ano se relajará más.

Anastasia Rose: Misionero también es bueno porque puedes estirar el culo, haciendo que se abra aún más.

Kimmie KaBoom: Yo experimentaría con posiciones. Montar analmente y de perrito puede permitir una penetración más profunda. Pero las principiantes pueden querer intentar acostarse de lado para una entrada fácil y una primera experiencia más cómoda.

¿Hay alguna última precaución que la gente que empieza en el sexo anal debería tener en cuenta?

Kimmie KaBoom: El sexo anal [a menudo] se siente mejor con el tiempo y puede ser muy placentero para ambas partes.

Anastasia Rose: Puede que, sencillamente, no te guste. Es una de esas cosas que no es para todos. ¡Y eso está totalmente bien!

Miranda Miller: Sinceramente, no recomiendo hacerlo todos los días, especialmente después de un anal duro. El ano en sí necesita cuatro días para curarse de cualquier desgarro. De vez en cuando es divertido. Simplemente, no todas las veces.

Cherie DeVille: Si tienes algún episodio de problemas para retener las heces o, Dios no lo quiera, si tienes un accidente, debes tomar un descanso y hacer tus ejercicios de Kegel anales hasta que eso ya no sea un problema.

Joanna Angel: Voy a un proctólogo un par de veces al año solo para comprobar todo… Es algo importante si vas a practicar sexo anal todo el tiempo. Mi ginecólogo me recomendó que fuera a uno. Tienes que escuchar a tu cuerpo. Solo tienes que saber cuándo estás demasiado dolorida y cuándo no es el día adecuado para el sexo anal. Eso es importante para cualquier tipo de sexo, especialmente para las mujeres.

Núñez: “Algunas no trabajan por miedo a que por su culpa muera un cliente muy mayor”

Líder sindical de las trabajadoras sexuales repasa una vida signada por el meretricio. Hoy “cortó cadenas” y tiene una hija universitaria.

 

 

Por César Bianchi
@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López 

1 de mayo de 2020 

https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Nunez–Algunas-no-trabajan-por-miedo-a-que-por-su-culpa-muera-un-cliente-muy-mayor–uc751590

 

La bisabuela de Karina Núñez fue prostituta, su abuela fue prostituta y su madre también lo fue. Ella, Karina, siguió el oficio heredado entre Fray Bentos y Young, donde trabajó durante 22 años. Fue meretriz y hoy se reivindica trabajadora sexual, con todos los derechos que le garantizó una ley que no la satisface del todo, aunque le da garantías jurídicas y laborales que sus antepasados no tuvieron. Lo curioso es que la bisabuela no quería eso para su hija, su abuela no quiso eso para su hija (la mamá de Karina) y su madre no quiso eso para ella. Pero ninguna pudo escaparle al sino que, al parecer, tenían marcado. Como si fuera un camino sin escapatoria o una herencia de vida maldita.

La que sí rompió con el traspaso de esa posta fue Karina. Su hija Valeska hoy está estudiando primer año de facultad (quiere seguir Relaciones Laborales) y su otra hija, Soledad, trabaja en atención al cliente de una empresa. Ninguna de las dos fue explotada sexualmente ni ejerció por voluntad propia. Y son, recién, las dos primeras mujeres de la familia en escaparle al designio de la Pompayira.

Karina tiene 46 años, pero a los clientes les dice que tiene 56 porque en la calle tener más edad y más arrugas le dan otro estatus de mujer experimentada y solvente. Ella, que no terminó el liceo, dice cosas como: “el proceso que yo había deconstruido”, “el empoderamiento de las compañeras”, “hacemos del sexo erotizado nuestra forma de ganarnos el salario” u “opresiones culturales que van generando estigmatización”. En su formación teórica, dice, mucho tuvo que ver Diana González, quien le dio un basamento teórico a su lucha.

Esta activista social y feminista, celebra precisamente hoy dos años con su colectivo OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), pero dice que todavía falta mucho por hacer. Para empezar, quitarle poder a los hombres que manejan el negocio, permitir que ellas puedan mandar sobre su cuerpo y su negocio, y seguir combatiendo la trata. Se anota en su CV haber sacado 27 chicas de ese infierno y haber desarticulado cuatro redes de trata de personas.

Y cuenta que en tiempos de coronavirus, su sindicato pasó de 64 trabajadoras a 127 y las más perjudicadas son las que viven en grandes urbes. Por otra parte, muchas tuvieron que reinventarse y se pasaron al sexo virtual, hoy de moda. Otras, aunque sea por culpa, debieron desistir de atender a clientes mayores de 60 años por no querer ser las culpables de cargar con esa cruz.

 

-Comenzaste a ejercer la prostitución a los 18 años. Pero antes tu madre, tu abuela y tu bisabuela también fueron trabajadoras sexuales. ¿Por qué pensás que fueron heredando este oficio? ¿A qué atribuís que ninguna mujer en tu familia haya tenido éxito en los estudios?

-Creo que tiene muchísimo que ver con la influencia de mi padre. Él nos sacó del círculo en que mi bisabuela, mi abuela y mi madre nos habían criado. Eso de naturalizar que eso era lo que tenías que hacer.

-¿Y por qué “eso era lo que tenías que hacer”? ¿Por qué no estudiar, ir al liceo, después seguir una carrera u otro oficio?

-Y no sé… no se me ocurre ahora por qué no. Pensando en ellas no sé. Igual mi madre siempre tuvo clarito que no era lo que quería para nosotras. Y nos hizo estudiar, a mango, ¿no? Siempre buscó otra cosa para nosotras, como lo buscó su madre para ella. A los 9 años mi bisabuela se la dio a una familia de plata de Montevideo para que la criaran bien (a mi madre). Mi abuela parió 11 gurises en proceso de trabajo sexual, pero no se quedó con ninguno. Mi bisabuela crió a mi madre y a otro hijo de ella.


“Yo no sabía la tabla del 9, pero sabía cómo desvestir a un cliente, porque veía a mi cuidadora desvestir a los tipos. Y yo nunca había visto a un varón desnudo. Me explotaron sexualmente a los 12, por una moneda de 10 pesos”


Entonces, cuando mi bisabuela estaba muy viejita, la dio a una familia donde ella trabajaba para que fuera la gurisa de compañía de la señora mayor de la casa. Y al final de cuentas mi madre terminó siendo la dama de compañía del hijo de la señora. Ya con 11 años. Cansada de las cosas que pasaba, mi madre se escapó una tarde, se fue, alguien la levantó, con esa persona se quedó, paró en una pensión y a la semana la paró en una esquina a laburar. Pero ya mi bisabuela no quería eso para mi madre. Para mi bisabuela, el mejor camino era que mi madre fuera empleada doméstica de una familia “de bien”. Y al final, terminó siendo carne de cañón para los hombres de esa familia “de bien”, porque primero fue el hijo de la vieja y después el nieto de la vieja los que tenían relaciones con ella.

-¿Quién te convenció de que vos también tenías que ser trabajadora sexual? ¿Tu propia madre?

-No, no, no. Ella nunca quiso eso para mí. Se me fue dando por normal. Nosotras quedamos a cargo de otras personas en el barrio cuando mamá salía a laburar. Ella le pagaba a alguien para que supuestamente nos cuidara (lo que nunca hizo). Y esas mujeres recibían clientes en casa donde nos quedábamos… Yo no sabía la tabla del 9, pero sabía cómo desvestir a un cliente, porque veía a mi cuidadora desvestir a los tipos. Y yo nunca había visto a un varón desnudo, pero ya sabía cómo se los desnudaba.

-Tú empezaste como trabajadora sexual a los 18 años, con la mayoría de edad…

-Sí, con la mayoría de edad. Pero anteriormente a esa edad era explotación sexual.

-¿Y a qué edad te explotaron sexualmente por primera vez?

-A los 12 años, por una moneda de 10 pesos, aquellas grandes que tenía un ceibo. Continué siendo explotada hasta los 18. Siempre me explotaba gente del contexto cercano. Lo único que cambió con el pasar de los años fue que ya no era que fuera por comida, sino que las compañeras me avivaron y me decían que tenía que ser por plata. Y a los 18 arranqué en la etapa del meretricio. Pero no era trabajadora sexual. Según la ley en Uruguay trabajadora sexual soy cuando tengo la libreta sanitaria.

-Cuando cumpliste 18 o incluso algún año antes, ¿no te lo cuestionaste, siendo que además tu madre no quería que repitieras su camino?

-No, porque en realidad era la forma de la independencia económica, y en ese ámbito era la forma de la libertad, porque en el ejercicio que hice fue a través de la salida del país. Lo tomaba como salir del entorno que me apremiaba y me dolía, que era estar en mi casa. Me iba con camioneros a Bolivia, Paraguay, Brasil, Chile, Argentina, a trabajar. Me contactaban en el puerto de Fray Bentos y de ahí me iba, pero yo trabajaba para mí.

-¿A tus hijos le hicieron bullying por ser hijos de una meretriz?

-Sí. A mi hijo grande y ya más crecida a mi hija mayor. El gurí mío arrancó el jardín de infantes en el centro de Fray Bentos, y en las primeras llevadas estaba con él en la vereda y vino una compañerita y le mostró un molinete que tenía. Y vino la madre, la manotea a la gurisita y le dice: “¡No te dije que no te juntes con este gurí, que la madre changa en el puerto!”. Así, a bocajarro. El gurí mío, con 5 años, no entendía nada. La mujer entró a llevar a su niña y yo la esperé a la salida, para que me dijera eso nuevamente. Y salió la maestra a decirme que cómo iba a hacer escándalo en la escuela y blabla… Y la madre esta dijo: “¿Qué podés esperar de las putas estas?”. Cuando dijo “putas” voló maestra, voló la madre, voló todo a la mierda… Y ta, me detuvieron y me llevaron a la seccional a una cuadra y no me metieron presa por lesiones porque las otras madres salieron en defensa mía, de que ella había dicho eso. Pero el que la llevó peor fue el gurí mío, porque hacían cumpleaños, fiestitas, excursiones y al negro no me lo invitaban a ningún lado.


“Si estamos en una instancia de visibilización con personas que se dicen progre, siempre te van a decir puta, porque lo toman de las compañeras argentinas y lo toman como que es algo muy pro. En mi vida ‘puta’ está asociada a sufrimiento”


El gurí mío, Durbal, cumple el 4 de diciembre, el mismo día que la Valeska, una de mis hijas, Entonces les hice un cumple a los dos y no fue ninguno de los compañeritos de él… Entonces ahí dije: “Les va a pasar lo mismo que a mí con mamá, que como mi madre trabajaba en la noche, se creían que podían gritarme lo que se les cantara”. Yo sabía lo que eso dolía, y no quería que pasaran con lo mismo. Entonces le dije a mi madre: “Mamá, todo lo que tenga que ver con el negro, andá vos con él, acompañalo vos”. Y no me presenté más ni en la escuela, ni en nada.

Después pasó lo mismo con Valeska. Ella iba a la escuela con las gurisas del barrio y todo el mundo sabía en qué laburaba yo. Ella tuvo una pelea con las compañeritas y arrancaron a decirle al resto a qué me dedicaba yo. La cambié de escuela. Y con la Sole, la más grande, no porque sea mi hija pero es hermosa, y cuando nos tocaba a hacer las compras, una vuelta me para un cliente mío y me dice: “¿Cuánto me cobrás por la nena?”. Y ya después de ahí nunca más salí a caminar junto con ella… porque yo ya sabía qué era lo que venía…

-¿Quién es María Lina Fontoura? Contame.

-María Lina Fontoura es la “mamá” de Valeska. Es como si fuera la mamá. María Lina es un ser de luz, ella y su esposo Miguel, son quienes cuidan y aman a Valeska desde que ella tenía un año. Se quedaban a cuidado de ella cuando yo trabajaba. Pero no solo a cuidado de Valeska, sino también me cuidaban a mí y a mis gurises cuando lo precisamos. Eso es en el barrio El Arroyito, a media cuadra de donde yo vivía con mis padres y mi abuela en Fray Bentos. Y después, cuando quedé embarazada de los mellizos, les dejé una moto en garantía, para pagarles cuando pudiera volver a laburar y nunca quisieron agarrar la moto, y no quisieron cobrarme nada. Más de una vez no pude laburar y me dieron de comer a mí y a mis gurises.

-¿Te ofendés si te dicen…?

-…¿prostituta? Sí, me ofendo, porque la prostitución es meramente una calificación de un acto impúdico. Tiene mucha moral. Tiene más moral que percepción humana.

-No quiero saber entonces cómo te ponés si te dicen “puta”.

-Dependiendo de la forma en que me lo digan. Si estamos en una discusión acalorada, el puta tiene una connotación. Pero si estamos en una instancia de visibilización con personas que se dicen progre, siempre te van a decir puta, porque lo toman de las compañeras argentinas y lo toman como que es algo muy pro.

-¿Y para vos es “pro”?

-A mí todavía me duele la palabra puta, porque tiene una connotación… en mi vida está asociada a muchísimo sufrimiento, pero valoro muchísimo que las nuevas generaciones puedan tomar la rabia y transformarla en lucha.

-El periodista Antonio Álvarez escribió en el prólogo de mi libroMujere$ Bonita$ (Sudamericana, 2008) que el origen de la palabra puta viene del griego budza, un vocablo griego que significa “sabiduría”. “Las esposas ignoradas por sus maridos designaban así a aquellas congéneres conocedoras de los placeres de la carne. El habla popular sustituyó la suavidad de la B por la más vigorosa P, transformándose en pudza. Durante el Imperio Romano, puta intentó retomar su senda de dignidad sin demasiada suerte”, escribió él. ¿A qué va todo esto? A que en febrero ustedes un taller que se llamó “Preguntale a la puta”. Que ustedes mismas se digan putas, ¿es una forma de luchar contra lo políticamente correcto? ¿O una forma de luchar contra el estigma?

-Hicimos una instancia en la calle que se llamaba “Preguntale a la puta”, sí. Es que las compañeras jóvenes toman esa palabra para empoderarse, como que nombrarse a sí mismas con la palabra que para el otro es grosero o denigrante, apropiártelo y usarlo como herramienta política de lucha. A mí me parece genial por ellas, pero a mí me duele todavía la palabra… Tiene que ver con una construcción personal, porque vengo de una década dolorosa.

-“En segundos, una de mis hijas pasará a ser estudiante universitaria. Detrás de ella lloramos cuatro generaciones anteriores de mujeres trabajadoras sexuales que en ella rompimos cadenas”. Eso publicaste en febrero en Twitter cuando tu hija Valeska comenzó la universidad. ¿Qué sentiste ese día?

-Rompimos cadenas con respecto al sistema educativo, ¿no? Mi bisabuela y mi abuela eran analfabetas, mi madre hizo hasta cuarto de escuela, y yo llegué hasta cuarto de liceo, no hice bachillerato. Hice quinto, pero no lo aprobé. Ese tuit lo escribí cuando Valeska se anotó en la Facultad de Derecho para hacer Relaciones Laborales.


“Tengo 72 diplomas o reconocimientos, desde talleres sobre VIH o sexualidad hasta exposiciones en Congresos de Sexología. Pero para el cliente soy ‘la gorda Karina que changa en la rotonda’. Yo soy lo que decido ser, no lo que me etiqueten”


Ese día tuve muchas ganas de llorar… muchísimas ganas de llorar porque cualquiera de nosotras anteriormente lo hubiéramos deseado, pero no se materializó y que ella pudiera ir a la universidad… es hermoso. Yo sé la diferencia que hace la educación en la vida de las mujeres, cuando todavía están en proceso de empoderamiento y aprendizaje. Pero me aguanté el llanto, porque para ella era un momento que no daba para lágrimas, de mucha alegría. Ella solo había ido cuatro veces a Montevideo y se maravillaba con los edificios. Era muy lindo lo que estaba viviendo.

-¿En qué momento te convertiste en activista y defensora de los derechos sindicales de las trabajadoras sexuales?

-¡Todo el mundo me pregunta lo mismo y yo no tengo ni idea! Eso es por la maldita costumbre de ponerle etiquetas a todo. Esto de “sos feminista de avanzada de la primera ola”, “sos tal o cual cosa”, entonces dependiendo de la etiqueta, con quién vos te relacionás. A mí me gusta relacionarme con todo lo que me haga bien. Ahora, si del otro lado no tengo receptividad -porque una cosa que me enseñó el trabajo sexual es que la única que no me traiciona es mi piel-, entonces eso de encajar… Yo no quiero encajar en ningún lado. Solo quiero compartir todo lo que sé en la mayor cantidad de lugares posibles. Los que ponen “activista” son ustedes. Yo soy Karina.

-Tenés 72 diplomas o reconocimientos, siete de ellos son de la Udelar. ¿Diplomas en qué?

-Acá están (abre una carpeta y busca). Son diplomas de cursos y capacitaciones, de reconocimientos de juntas departamentales, de cursos en conserjería para personas con VIH, los primeros que tengo son de motosierrista, de ITF/Sida, déjame ver (sigue buscando en la carpeta), de entrevista motivacional, sobre violencia basada en género, sobre sexualidad, sobre derechos para poblaciones LGTBIQ, sobre sífilis, sobre derechos sexuales y reproductivos, discriminación, familia LGTB, sobre sexología. Este (muestra) es cuando expuse en el Congreso de Sexología sobre el rol de los consumidores de sexo en el desarrollo de la sexualidad en niñas y niños explotados sexualmente. Este (muestra otro diploma) es de la Universidad de la República, el último que me dieron, que tiene el loguito brillante…

-Pero sin embargo, paras la gente —pienso en los lugareños de Young, donde trabajaste durante 22 años—, ¿quién eras?

-“La gorda Karina que changa en la rotonda de la ruta”.

-¿Y qué moraleja sacás de eso?

-Que yo soy lo que yo decido ser, no lo que ellos me etiquetan.

-Me da la impresión que por tu personalidad, ese estigma nunca te pesó. Lo supiste sobrellevar con tu carácter y tu militancia. ¿Pero cómo lo lleva la mayoría de las trabajadoras sexuales?

-Pah… a muchas de las compañeras eso las hunde, a tal punto de que ni siquiera se permiten participar en espacios entre pares, para que no se sepa que son trabajadoras sexuales.

-En las últimas elecciones nacionales fuiste candidata a diputada por el Frente Amplio en Young. Estuviste en el quinto lugar de la lista 42020 que lideraban Oscar Andrade y Carolina Cosse, y en el puesto 11 al Senado. ¿Qué te dejó la campaña y tu paso por la política partidaria? ¿Qué aprendiste?

-Fui la primera trabajadora sexual en toda Latinoamérica en estar postulada a dos cámaras del Parlamento. ¿Qué aprendí? Yo de ellos nada. Y estar en política me dejó mucha amargura. Viste que no los podés putear… Si supuestamente la política está hecha para ayudar a que los más desfavorecidos lleguemos a nivelar la vara, yo no puedo ser obsecuente cuando me estás pisando la cabeza.

-¿Y eso te pasó con alguien de tu propio sector, del Partido Comunista?

-Sí… La gente de Montevideo se cree que es el ombligo del mundo. Ellos piensan que porque están atrás de un mostrador y tienen en Google Maps se saben todo de todos los territorios. Vos no me podés discutir a mí, que trillé las calles de los pueblos, diciéndome que acá hay tal o cual cosa, ¡si yo sé que no! Yo lo tomo como avasallar mi conocimiento del territorio. Yo con la pata en el piso, y me decían: “Pero acá el Google Maps me dice que hay tal cosa”, si yo te digo que fui, golpee, hablé y la gente no está, es porque no está. Era como ningunear mi conocimiento. Pero pelearme a piñas por política, no, no… Me peleaba por mi esquina, me peleaba a las trompadas por mi lugar en la calle. ¿Por política? No.

-Como activista participaste de campañas por la legalización del aborto, contra la baja de la edad imputabilidad, promoviste la ley trans, además de ser una connotada activista feminista. Si hubieras llegado al Parlamento, ¿por dónde habrían pasado tus inquietudes, tus prioridades como legisladora?

-Por la niñez y la adolescencia. Hubiera instaurado la castración de los violadores. Incrementaría los procesos de empoderamiento de la niñez, generaría espacios de escucha activa, real, cuyo centro fueran los gurises.

-Lacalle Pou propuso en campaña y ahora creará un registro de violadores y abusadores sexuales.

-Sí, pero ¿cómo resarcís la vida de las personas que ya violó? Porque por cada víctima que identificás y lo sancionás, ya violó a siete u ocho antes. ¿Cómo reparás los casos que quedaron debajo de la alfombra? La única forma es empoderar a los gurises desde la vivencia, de su corporalidad, y desde la percepción del riesgo.

-Recién decía que sos feminista. Pero en la marcha por el Día de la Mujer del año pasado unas chiquilinas te rompieron un cartel que decía “Las trabajadoras sexuales también tenemos derechos laborales”. ¿A qué lo atribuís?

-Lo atribuyo a la euforia esta que se genera con el abolicionismo del trabajo sexual, importado desde la Argentina. Cuando hablamos de abolicionismo (del trabajo sexual) lo que se trae como muestra es lo que pasa en Argentina, donde el trabajo sexual tiene una prohibición total. No se puede comparar con Uruguay, donde nunca estuvo prohibido. Vos no podés comparar un contexto de Argentina donde la trata manda y transversaliza todos los ámbitos y nadie hace nada, con Uruguay…

-“Soy la mujer que más gente presa ha metido en cuanto a redes de tratas y las que más víctimas de trata ha rescatado en este país”, dijiste en Desayunos Informales. ¿Cómo es esto?

-Es así, gracias a la confianza que las compañeras me han tenido. Si ellas no te lo cuentan y te llevan a las situaciones, vos no tenés cómo denunciar, porque nuestro sistema jurídico es contra prueba. En números totales, desde el 2008 he realizado más de 600 denuncias contra la trata. Logré meter gente presa de cuatro redes de trata de personas. Y saqué 27 mujeres de ese tormento.

-Hoy -1° de mayo de 2020- se cumplen dos años del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) que reúne más de 120 trabajadoras sexuales de varios departamentos…

-Yo el 1° de mayo de 2018 hice una convocatoria en mis redes invitando a trabajadoras sexuales que quisieran sumarse a la idea de modificar la ley de trabajo sexual. Tuve que ponerle un nombre para la instancia que hicimos el 26 de junio, cuando en la Sala Zitarrosa lanzamos la campaña por la modificación de la ley de trabajo sexual.


“Cuando hablamos de abolicionismo del trabajo sexual lo que se trae como muestra de Argentina, donde el trabajo sexual tiene una prohibición total. No se puede comparar con Uruguay, donde nunca estuvo prohibido”


Hasta este pasado 1° de marzo éramos solo 64 trabajadoras sexuales de tres departamentos (Soriano, Rivera y Flores). Con esto de la pandemia llenaron el formulario de ingreso al sindicato unas 127 trabajadoras sexuales de Rivera, Salto, Paysandú, Florida, Soriano, Flores, Colonia, Tacuarembó y Canelones.

La finalidad fue rebatir la presentación que hizo el delegado del BPS ante la Comisión Nacional de Trabajo Sexual, la que integro desde el 2010. El representante del BPS presentó una modificación (a la ley), donde a mi entender lo que hacía era validar la figura del proxeneta como patrón. Entonces, cuando lo plantee, se me dijo que era inviable cambiar eso, que se iba a presentar tal como estaba en el Parlamento, entonces por eso salí a las redes y formé OTRAS.

-¿Cuáles han sido los principales logros del sindicato en dos años? ¿Qué has logrado como defensora de los derechos de las meretrices uruguayas?

-De las trabajadoras. Yo no defiendo meretrices. No defiendo a mujeres que no pertenezcan al rango jurídico que nos da la ley. Tengo la convicción de que para llegar a ser trabajadora sexual una tiene que hacer una autopercepción personal de que hay que llevarlo de forma digna y profesional.

¿Logros? Visibilizar un núcleo de personas que estamos al margen de todo lo que tiene que ver con el derecho real, estamos visibilizadas en el papel, pero invisibilizadas en la práctica. Y visibilizar que formamos parte de la sociedad.

-En Uruguay la prostitución está regulada como trabajo sexual desde 2002, pero tú dijiste en nota con Página 12 de Argentina que la actual ley “favorece a los grandes traficantes que manejan el negocio”. ¿Por qué?

-Sí, porque ellos ponen las reglas del mercado dependiendo de la cantidad de mujeres que tengan. Es como todo comercio: el que tiene mayor cantidad de stock, maneja el mercado. Tiene la misma lógica que las leyes del mercado, la oferta y la demanda.

-¿Qué cambios te gustaría hacerle a la ley 17.515 que regula el trabajo sexual?

-Hay que ponerle una bomba… Habría que adecuarla a todas las normativas internacionales de derechos humanos como se han reconocido respecto a los demás colectivos. Porque casi todos los otros colectivos han logrado ponerse a tiro con las cosas que tiene que ver con la toma de decisiones basadas en derechos humanos. A nosotras no nos pasa. Me refiero, por ejemplo, a que la autonomía sobre los cuerpos la lograron las mujeres que lucharon por el aborto seguro y gratuito. La autonomía sobre los cuerpos la lograron las compañeras trans al ser reconocidas con el cambio de nombre y sexo registral. Entonces, la autonomía sobre nuestros cuerpos, que en el ejercicio del trabajo sexual, tiene que ser administrado solo por nosotras se nos tiene que ser dado. No como la ley actual que dice que para ejercer tenés que estar en lugares que dependen de otros.

-¿Cómo ha cambiado el trabajo sexual con el Covid-19 y cómo ha afectado la pandemia a las trabajadoras sexuales?

-Para analizar el Covid-19 en clave de trabajo sexual primero tenemos que saber que el coronavirus no es lo mismo para una trabajadora virtual de la capital que para una trabajadora sexual de una whiskería en un pueblo donde ni el ómnibus entra. Se viven de diferentes formas. Hoy en día las trabajadoras que trabajan en los pueblos más alejados son las que más trabajan. Sí les afecta muchísimo a las compañeras que están en las grandes urbes o capitales departamentales. A ellas sí, y muchas tuvieron que adaptarse a esta realidad y reinventarse. Por eso muchas compañeras tuvieron que recurrir a las tecnologías, al Whatsapp, Zoom, trabajar con sexo virtual. ¡Hay muchísima gente que paga por sexo virtual!

Exposición fotográfica en la UCU


“El coronavirus les afecta muchísimo a las compañeras que están en las grandes urbes. Por eso muchas tuvieron que recurrir al Whatsapp, al Zoom, a trabajar con sexo virtual. ¡Hay muchísima gente que paga por sexo virtual!”


-Pero en el sexo presencial y nada virtual, hay un riesgo grande de contagio…

-Sí, corremos riesgo las que vamos a espacios abiertos. Y las compañeras que tienen clientes muy mayores son las que están en el horno, porque son población de riesgo. Muchas prefieren no trabajar por miedo a que por su culpa muera su cliente.

-Sos autora del libro El ser detrás de una vagina productiva para el cual te entrevistaste con casi 300 trabajadoras sexuales que contaron su experiencia en primerra persona. ¿Cuáles son los denominadores comunes, el hilo conductor, que reúne a todas esas historias de vida?

-Entrevisté a 2.000. Unas 313 llenaron un formulario con 30 preguntas. Los denominadores comunes son la explotación sexual comercial por parte de otra persona o su círculo cercano, el mercado de consumo (querer tener los últimos championes, los últimos zapatos, siendo pobre), y la invisibilización. Y el factor educativo, que transversaliza todo: bajo nivel educativo, en general.

-Tus dos hijas son las primeras mujeres de tu familia que no son prostitutas.

-Así es. Ni fueron explotadas. Primero que nada, fueron las primeras que no fueron explotadas sexualmente: no tuvieron que permitir que su cuerpo fuera tocado por necesidad económica o alimenticia.

-¿Y eso qué significa para vos?

-Uff… Nunca hubiera pensado que sería realidad. Es más que un orgullo, es una mezcla de muchas cosas lindas. Pero es más que orgullo, es como un sueño…

-¿Sos feliz?

-Sí, por ellas. Y la verdad que valió la pena todo el sacrificio y todas las puteadas que recibí.

 

 

La industria del sexo en Barcelona, entre el cierre de locales y la oportunidad que brinda la tecnología

Muchos usuarios habituales carecen ahora de intimidad

 

JOAQUÍN LUNA, BARCELONA 

23 de marzo de 2020

https://www.lavanguardia.com/vivo/20200323/4840650595/industria-sexo-barcelona-locales-tecnologia.html

 

Días de sexualidad a distancia. Susy Gala, en su piso de Barcelona junto a su pareja, tiene mil seguidores en su cuenta de Only Fan a quienes permite acceder a sus vídeos eróticos, algunos hechos a medida (Àlex Garcia)

 

La cordobesa Susy Gala fue “el mejor culo de España” en el 2014 y tal distinción le reportó una portada de la revista Interviú . La publicación ya no existe y el concurso sobre el mejor culo deEspaña —por votación entre internautas— tampoco.

Susy Gala, en cambio, existe y sigue viviendo en Barcelona, con 27 años y una vida que expone en las redes donde sus seguidores —algo así como socis del Barça pero sin cabrear— pagan una cuota mensual para acceder a los contenidos que cuelga, sola o con su pareja.


¿el agosto del sexo virtual?

“Menos de lo que cree la gente; los hombres tienen mucho tiempo pero poca intimidad”


—Rondo los mil seguidores. De todo el mundo. Pagan 20 dólares al mes. Y ahora, dadas las circunstancias, he rebajado a 10 dólares para las altas.

—Yo creía que el confinamiento era el agosto del sexo virtual.

—No tanto, nueve de cada diez seguidores míos son hombres, el resto parejas. Estos días los hombres tienen mucho tiempo libre pero poca intimidad. Y tampoco pueden conectarse desde los centros de trabajo.

Hoy sólo hay sexo con amor.

La industria ha bajado la persiana con el coronavirus aunque algunos empresarios del sector avisan: las personas que ejercen la prostitución —con fama de vivir al día— terminarán trabajando en apartamentos clandestinos o a domicilio.

—¿¿¿A domicilio estos días???

—Sí. Nosotros cerramos nuestros locales por responsabilidad antes de que fuese obligatorio. Hay personas, sobre todo jóvenes, que no tienen sensación de riesgo. Y terminarán echando un polvo… Al tiempo.

Habla un directivo de la empresa que gestiona dos locales cuyos grandes carteles dan la bienvenida a Barcelona, sin necesidad de muchas aclaraciones (Apricot y Girls). No se confundan, aunque sea fácil: tienen una plantilla fija de entre 40 y 60 empleados y licencia de “bar musical con reservados para servicios sexuales”. O sea, ofrecen un espacio higiénico e íntimo y las copas. Usted pone el resto…

Apricot o el mítico Bagdad, “el harén del Paralelo” de Nou de la Rambla —el primer templo del porno de Europa, presumía su publicidad en los ochenta— han presentado ya expedientes de regulación temporal, el más potente antídoto contra la lujuria.

ERTE es, a día de hoy, un vocablo efectivo contra la erección de ellos y el deseo de ellas.

Susy Gala, de nuevo, tiene un panorama diferente y donde otros sufren una crisis, ella atisba una oportunidad. ¿Quién duda que las redes no empoderan, abren horizontes y permiten crearte un buen puesto de trabajo? Como centenares de mujeres de todo el mundo, forma parte de la red Only Fan, una multinacional con sede en Londres que expone —lo que se conoce como una “plataforma”— a personas tirando a jóvenes cuyas cuentas en Instagram dejan entrever que hay vidilla más allá del zaguán.

Y tiene un precio.

Ahí es donde entra en acción el seguidor — follower , una suerte de tribunero obseso— porque una vez elegida la mujer de tus sueños existe la posibilidad de acceder desde el móvil a contenidos subidos de tono o incluso pedirle y pactar escenas a medida.

No todo es sexo.

—Estoy obligada a vivir conectada la mayor parte del tiempo. Igual cuelgo mi paseo con el perro, la compra en el supermercado o respondo a un seguidor.

—¿Cuánto se queda la plataforma y cuánto es para usted?

—El 30% del negocio que se genera es para ellos. Yo cotizo como autónoma. Pagamos impuestos.

Estos días, insiste, son flojos. Al parecer, mucho follower está casado y con compromiso.

No todo es sexo pero casi.

Juani de Lucía, la dueña del Bagdad, abierto en 1975, siempre ha mantenido cierta atmósfera familiar en una sala única donde igual un fakir, el gran Kuman, levantaba una campana de no se cuantos kilos con un golpe de pene como pedían un voluntario sin inocencia para subir al escenario.

—¿Aún actúa Dinio?

—Pidió excedencia para participar en un concurso de televisión y estaba estos días de vacaciones en Bulgaria con su mujer y los pobres no pueden volver. Su hermano Rafa sigue con nosotros.

Lo dicho, el Bagdad tiene algo de familia. Y esto es un batacazo. El periodista aventura que cuando pase lo peor, Barcelona será una juerga, un desenfreno, una fiesta, como diría Hemingway.

—Ojalá pero costará porque dudo que venga turismo extranjero en verano. Nosotros, seguro, abriremos en cuanto podamos.

—La epidemia del sida también parecía el fin del mundo…

—Tuvo impacto pero menos del que tiene el coronavirus. Magic Johnson estuvo en la sala y llegaron a publicar que pilló el sida en el Bagdad. Lo desmintió, era muy simpático.

Uno de los responsables de Apricot también rebaja la hipótesis optimista de que tras la cuarentena llegará la calentura. “La gente no recuperará de un día para otro la confianza para las relaciones. Ojalá podamos reabrir pronto. Sin actividades como la nuestra, habría más violencia sexual en la calle”.

Pornhub, una de las webs más potentes del mundo, con sede en Chipre, registró un alza de visitas del 61% el primer día de su “¡Vamos España!”, contenidos prémium gratuitos.

—¿Y qué es lo que más piden a Susy Gala los followers en cuanto a contenido privado a medida?

—Fotos mías desnuda con carteles con su nombre. Y en cuanto a vídeos, el más habitual es que me masturbe mientras me dirijo a ellos diciendo su nombre.

Hoy todo son propuestas para levantar el ánimo.

 

La nueva Inquisición

 

Por Eva Sáenz Royo

23 de febrero de 2020

https://www.heraldo.es/noticias/opinion/2020/02/23/la-nueva-inquisicion-feministas-radicales-censura-intolerantes-opinion-1360160.html

 

Manifestación en Zaragoza en el 8MHeraldo.es | Raquel Labodía

 

Existe un feminismo que es tan nocivo como el machismo. Es todavía poco conocido para la mayoría, pero en la universidad ya lo estamos viendo –y sufriendo–. Se trata de un feminismo que marca la ortodoxia y se erige en su vigilante. Es el mismo feminismo que afirma que la directora de diversidad étnico racial no puede ser una persona “no racializada”, que un hombre no puede ocupar un puesto de responsabilidad en temas de igualdad o que no puede hablar de transexuales una persona que no lo es. Desde ese feminismo ‘infalible’ e ‘hipersensible’ se han marcado, hasta el momento, tres temas sobre los que tiene ‘verdades absolutas’ y sobre los que no cabe discusión: la maternidad subrogada, la prostitución y la pornografía.

En abril de 2019, en la Universidad Carlos III de Madrid se consiguió celebrar un debate sobre gestación subrogada. Ello a pesar de las presiones que la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género, que agrupa los institutos de género de todas las universidades españolas (¡vaya papelón!), redactó un escrito en protesta por la utilización de fondos públicos para la celebración del debate. La verdad, que sostienen que es absoluta e irrebatible, es que la maternidad subrogada supone la mercantilización del cuerpo de la mujer. Lejos quedan aquellas voces feministas que afirmaron la disponibilidad de la mujer de su propio cuerpo.

En septiembre de 2019, el rector de la Universidad de La Coruña anunció que se veía obligado a suspender la celebración de unas jornadas sobre prostitución como trabajo sexual. En este caso, la verdad, que sostienen absoluta e irrebatible, es que “toda prostitución es violencia de género, explotación y esclavitud”, como si no existiera la prostitución libremente ejercida por personas mayores de edad y capaces. Lejos quedan aquellas voces feministas que abogan por el reconocimiento de derechos laborales y sociales de un colectivo fuertemente feminizado.

El seminario ‘Introducción a la teoría del porno’ de la Universidad Complutense de Madrid también fue censurado en enero de 2020 por los ataques de ese mismo feminismo. Sobre la base del atentado a la dignidad de la mujer, se obvia que hay hombres actores porno y que su consumo también es mixto.

A raíz de estas manifestaciones de intolerancia, un grupo de profesores y personal de veinte universidades públicas españolas formamos una plataforma que, bajo el lema‘Universidad sin censura’, impulsamos y apoyamos el debate como instrumento esencial para la reflexión, la búsqueda de la verdad individual y el progreso.

En el marco de este movimiento, en Zaragoza el 12 de diciembre se celebró un debate sobre la regulación de la prostitución como trabajo sexual. Con dificultades para encontrar abolicionistas que quisieran debatir. Con medidas de presión e intentos de boicot. En positivo, a raíz del debate, un grupo de estudiantes, siguiendo el más puro espíritu universitario, decidió colocar una pancarta en la que se insta a que se escriban libremente los argumentos a favor y en contra de la regulación de la prostitución y de la abolición.

Termino con unas consideraciones. En primer lugar, paradójicamente un sector del feminismo termina defendiendo las mismas tesis que tradicionalmente ha defendido la Iglesia católica: la indisponibilidad del propio cuerpo. En segundo lugar, en democracia no existen los debates inmorales. Pensar lo contrario es puritanismo y vuelta al franquismo. En tercer lugar, una causa justa como es la que surge del feminismo no merece semejante degradación. Por último, mirar para otro lado ante semejante intolerancia, por no quedar como ‘poco feminista’, es permitirla y fomentarla. No nos sorprenda que la intolerancia también se propague por el otro extremo. Al fin y al cabo, los polos opuestos se atraen.

 

Los Invisibles. Una aproximación al Trabajo Sexual Masculino en Barcelona desde la Educación Social

 

Número 22. MISCELÁNEA. 30/1/2016

Autor: Marc Roig Roca, Educador Social.

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RESUMEN

Cuando se habla de trabajo sexual, los hombres que lo ejercen son los grandes olvidados, pues el hombre sólo se concibe como cliente del trabajo sexual femenino y casi nunca como trabajador sexual. Esto se puede observar, por ejemplo, si nos fijamos en el escaso número de estudios que abordan este colectivo, tanto en Cataluña como en España, o en la invisibilidad del colectivo en los discursos político-sociales, en los medios de comunicación e incluso en la universidad. Resulta necesario, pues, visibilizar este colectivo como un primer paso para luchar contra la vulnerabilidad a la que están sometidos los trabajadores sexuales.

En este artículo,[1] se presenta la realidad de los trabajadores sexuales y sus rasgos más comunes junto a un análisis de los espacios donde se ejerce el trabajo sexual masculino, la estigmatización a la que están sometidos, las diferentes perspectivas político-sociales con las que se aborda el trabajo sexual, la atención que se da al colectivo desde las organizaciones de Barcelona y, finalmente, se presentan tres propuestas para trabajar con este colectivo desde la Educación Social.

 

[1] El presente artículo es una adaptación del Trabajo de Fin de Grado (TFG) con el que conseguí la titulación en el Grado de Educación Social. Para acceder al TFG íntegro, se puede solicitar en el correo electrónico siguiente: invisiblestfg@gmail.com

PALABRAS CLAVE
Educación SocialInvisibilidadAbordaje educativoEstigmatizaciónTrabajo sexual masculino

 

  1. Introducción

Cuando se habla de trabajo sexual, muchas veces la imagen que nos viene a la cabeza es la de una chica joven que ejerce el trabajo sexual en clubes o en la calle, asociada a un contexto degradado del cual es víctima y donde hay un claro agresor: el hombre como cliente y el hombre como proxeneta. Esta imagen estereotipada es la que, de forma más o menos consciente, se ha ido transmitiendo a la sociedad desde los medios de comunicación, los discursos políticos y sociales, la literatura, el cine, los videojuegos, etc.

Tal estereotipo puede ser real en algunos casos, pero en otros no es así. El trabajo sexual es tan diverso como lo son las personas que lo ejercen: hay mujeres que lo hacen de manera forzada y las hay que lo hacen de forma totalmente libre y voluntaria; las hay que lo hacen en un entorno degradado y hay otras que lo hacen en entornos dignificados. En definitiva, hay muchas realidades diferentes cuando nos referimos al trabajo sexual, y lo que es más importante: no sólo se trata de mujeres, sino que también hay transexuales masculinos y femeninos, y hombres. Sí, también hay hombres que ejercen el trabajo sexual, y ellos son el objeto de estudio de este artículo. Son los llamados Trabajadores Sexuales Masculinos (TSM), coloquialmente conocidos como “putos” o “chaperos”.

 

  1. Metodología utilizada

Este artículo es una adaptación de mi Trabajo de Fin de Grado (TFG) del Grado de Educación Social. La realización de dicho TFG ha sido un proceso largo en el que se han seguido unas fases hasta llegar a la redacción de las conclusiones finales, todo ello bajo una metodología cualitativa: una de estas fases se centra en el repaso bibliográfico a partir de distintas fuentes de información primarias como estudios, trabajos o informes referentes al trabajo sexual, por tal de fundamentar y construir el marco teórico. Paralelamente a este repaso bibliográfico se ha realizado una recerca virtual en internet (webs de contactos como Planet Romeo o Gay Royal) y en las aplicaciones para móvil (App como Grindr, Scruff o Bender) para conocer los espacios virtuales donde se mueven los TSM

Otra de estas fases seguidas ha sido la realización de entrevistas a diferentes profesionales que trabajan con personas que ejercen el trabajo sexual: a Tomás Balbas (Balbas, 2015), educador social encargado del programa Àmbit HOME de laFundación Àmbit Prevenció de la ciudad de Barcelona; a Luis Villegas (Villegas, 2015), técnico en salud sexual encargado del programaProtegerSex de la organización Stop Sida de Barcelona, con una amplia experiencia con el colectivo de TSM; e Iván Zaro (Zaro, 2015), sociólogo y trabajador social coordinador de la organización Imagina MÁS de Madrid, experto en trabajo sexual masculino.

Estas entrevistas han ayudado a fundamentar parte de lo que se explica en el presente artículo y conocer de primera mano la realidad del TSM y su abordaje. Las tres entrevistas se han realizado de forma presencial, las dos primeras en Barcelona y la tercera en Madrid, y han sido entrevistas semiestructuradas (Bisquerra, 2012) al no tener una batería de preguntas preestablecida, sino que se ha partido de un breve guión y de preguntas abiertas.

A demás de las estas tres entrevistas, se han utilizado entrevistas a trabajadores sexuales (con nombres ficticios para garantizar el anonimato), que se han realizado de tres formas distintas: de forma presencial se ha realizado una entrevista a un chico que ejerce de forma puntual, Dani (2015);  de forma virtual (vía email) a otro trabajador sexual, Raúl (Roig, 2013) y que fue recogida en otro trabajo anterior que realicé durante el Grado de Educación Social; y finalmente analizando entrevistas ya realizadas previamente por otros autores (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006) aprovechando párrafos destacables por su contenido.

Aparte de las entrevistas también se han realizado visitas a distintas organizaciones que atienden a personas que ejercen el trabajo sexual tanto en Barcelona (Lloc de la DonaFundació Àmbit Prevenció,Fundació APIP-ACAM y Stop Sida) como en Madrid (Colectivo HetairaImagina MÁS, y la Fundación Triángulo), para ver de primera mano cómo se trabaja con el colectivo de trabajadores/as sexuales.

 

  1. Los Trabajadores Sexuales Masculinos y sus características

Hablar de las características de los trabajadores sexuales como colectivo resulta una tarea sumamente compleja, pues se trata de un grupo muy heterogéneo. Las motivaciones, las circunstancias y las condiciones que hay detrás de cada hombre que ejerce son totalmente diferentes a las de sus compañeros, aunque sí es cierto que hay ciertos elementos comunes en la gran mayoría trabajadores sexuales:

 

3.1. Invisibilidad de los trabajadores sexuales

La invisibilidad del colectivo de TSM es una de sus características principales, pues a ojos de la ciudadanía simplemente no existen. Tal y como comenta Iván Zaro (2015), sociólogo y trabajador social coordinador de la organización Imagina MÁS de Madrid, experto en trabajo sexual masculino, esto se debe, en buena medida, a que los trabajadores sexuales tienen unos códigos propios, que sólo son reconocidos por los demás trabajadores, los clientes y alguna otra persona que tenga experiencia con este colectivo: Para el resto de la sociedad, ajena a esta realidad, pasan desapercibidos. Este hecho tiene una doble vertiente: por un lado, los hombres que ejercen no están sometidos a una presión social tan fuerte como la de sus compañeras debido a que no son reconocidos ni por la sociedad ni la policía, que no saben identificarlos como TSM (Roig, 2013, p.14); por otro lado, esta invisibilidad sitúa a los trabajadores sexuales en una situación de vulnerabilidad, ya que tampoco son reconocidos desde las organizaciones y los recursos sociales y, por tanto, no se les puede dar una atención ajustada a sus necesidades específicas como colectivo (Zaro, 2015). Es por esta razón que a través de la Educación Social se debe dar visibilidad a este colectivo, para poder dar una respuesta adecuada y ajustada a sus necesidades.

 

3.2. Trabajo sexual y orientación sexual

El hecho de que los TSM mantengan relaciones sexuales con otros hombres no implica que deban ser homosexuales obligatoriamente. De hecho, solo el 46,5% se define como homosexual (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.39). Aunque este porcentaje varíe en función del espacio de trabajo donde nos movamos, nos ayuda a tener una idea aproximada. Si miramos otros espacios como por ejemplo la vía pública, este porcentaje desciende a extremos como el 0% de homosexuales (Àmbit Prevenció, 2000, p.42). Así pues, queda claro que trabajo sexual masculino y homosexualidad son dos conceptos que no tienen por qué ir de la mano, ya que la mayoría de hombres que ejercen lo hacen por motivos puramente económicos, y no por razones de satisfacción sexual ligada a su orientación, tal y como demuestran los diferentes estudios, donde podemos ver que sólo entre el 3% y el 6% de los hombres ejercen por placer sexual (Àmbit Prevenció, 2000, p.46, y Salmerón, 2011, p.187).

 

3.3. Movilidad

La movilidad geográfica es otra de las particularidades de la mayoría de TSM y se debe a diversos factores. Uno de esos factores es el efecto de “cara quemada”, el cual supone que los clientes tienen al trabajador muy visto y quieren estar con otros chicos diferentes. También influye el flujo de clientes, que cambia según la época del año debido a ciertos acontecimientos que pasan en las capitales y que suponen una gran concentración de clientes potenciales, como el Pride Barcelona o el Mobile World Congress en la ciudad de Barcelona, o el Madrid Orgullo de la capital española. Por otra parte, las estancias en los pisos gestionados por terceras personas donde ejercen temporalmente suelen ser de unos 21 días, por lo que a lo largo del año los diferentes trabajadores pasan por muchas ciudades de toda España e incluso de otros países de la Unión Europea (Àmbit Prevenció, 2000). Lo mismo ocurre con los trabajadores de otros espacios como las saunas o la vía pública, siendo estos últimos un caso especial, ya que los trabajadores de calle tienen unas necesidades económicas mucho más acentuadas y urgentes que les hacen alternar el trabajo sexual con otras formas de obtención de ingresos muy precarias como las temporadas de cosecha en el campo, la recogida de chatarra, o incluso algunas actividades delictivas, como el top manta o robar objetos para revenderlos (Zaro, 2015), pues su situación de irregularidad no les brinda muchas alternativas posibles.

 

3.4. El cuerpo de los trabajadores sexuales

El cuerpo de los TSM es uno de los principales reclamos por parte de los clientes y muchos entienden su cuerpo como la herramienta de trabajo principal; como tal, lo deben cuidar. Normalmente existe la imagen estereotipada del trabajador sexual masculino como un chico joven con un cuerpo atlético o musculado. A menudo, este estereotipo se confirma en algunos espacios como las saunas, donde tener que ir desnudos implica que su cuerpo se convierta en el principal y casi único reclamo. En Internet o App también se suelen ver chicos con un cuerpo trabajado, tras el cual hay horas de gimnasio, la mayoría de ellos depilados, con tatuajes o pírsines, etc. Sin embargo, ese cuidado del propio físico no se da siempre, pues hay espacios como la vía pública donde los trabajadores sexuales no dan tanta importancia al cuerpo, ya que conciben el ejercer como algo temporal y urgente y, por lo tanto, no están tan profesionalizados (Salmerón, 2011, p.82). Además de eso, la escasez de recursos económicos hace que no puedan llevar una dieta equilibrada ni puedan pagarse un gimnasio donde trabajar su cuerpo.

 

3.5. El consumo de alcohol y drogas

El consumo de estas sustancias es un tema que requiere un análisis en profundidad, ya que es algo muy extendido en el ámbito del trabajo sexual. Según un estudio francés sobre los TSM, el consumo de drogas y alcohol entre los trabajadores es el siguiente: un 75% de los trabajadores consultados es consumidor de tabaco, un 74% de alcohol, un 51% de cannabis, 51% de popper, 50 % de cocaína, 40% de éxtasis, 27% de somníferos, 16% de heroína y 14% de antidepresivos (Da Silva, y Evangelista, 2004, p.63). Estos datos ponen de manifiesto que el consumo de drogas y alcohol es algo habitual entre los TSM y, por tanto, se convierte en una problemática que hay que abordar en profundidad.

 

3.6. VIH-Sida

Si nos adentramos en uno de los pocos estudios que hay sobre el VIH-Sida entre trabajadores sexuales, vemos que, con datos del año 2006 en Madrid, un 19,8% de los TSM había sido diagnosticado como VIH +. Este porcentaje es hasta 25 veces mayor que el de las mujeres que ejercen (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.9). Actualmente, tal y como explica Zaro (2015), estas cifras han ido en aumento llegando al 23% de TSM diagnosticados con VIH+. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de dar una atención especial a este colectivo para frenar y reducir la alta tasa de infecciones de VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

 

  1. Tipología de trabajadores sexuales masculinos

Hacer una clasificación exhaustiva de los TSM puede resultar complejo debido a su gran heterogeneidad. No obstante, si se quiere abordar este colectivo desde la educación social y dar una respuesta a sus necesidades reales, resulta necesario hacer una clasificación, aunque sea en base a algunas categorías principales que, de algún modo, reflejen la realidad específica de la cual parte cada trabajador y, por ende, sus necesidades. La clasificación que se propone en este artículo parte de cómo afrontan los propios trabajadores el hecho de ejercer, estableciendo tres categorías:

 

4.1. El trabajo sexual como herramienta de supervivencia

Este primer grupo hace referencia a aquellos hombres que ejercen el trabajo sexual cuando no tienen otra alternativa viable. Generalmente ejercen en la vía pública, con una necesidad económica de emergencia y de obtención de ingresos urgente. Estos trabajadores están en una situación muy vulnerable, puesto que la mayoría de ellos no tiene los papeles regularizados, por lo que no pueden entrar en el circuito laboral regularizado. Concretamente, el 85% se encuentra en situación irregular (Martí, et al. 2006, p.8).

Los trabajadores de esta categoría, no tienen las necesidades básicas cubiertas y en muchos casos duermen en la calle o en espacios ocupados. Es por ello que su movilidad es muy elevada, ya que cuando les surge algún trabajo alternativo se marchan y, al terminarlo, vuelven a ejercer en la ciudad donde estaban o en otra, cosa que dificulta hacerles un seguimiento.

Además, no están bien informados de los servicios y recursos que tienen a su disposición, como servicios sociales y hospitales, ni tampoco de las ITS, es decir, cómo prevenirlas o tratarlas (Àmbit Prevenció, 2000). Por tanto, tal y como explica Tomás Balbas (2015), educador social encargado del programa Ámbito HOME de la Fundació Àmbit Prevenció de Barcelona, ​​estos hombres son los que necesitan más apoyo desde las organizaciones que trabajan con el colectivo, aunque se debe tener en cuenta que acceder a ellos puede resultar algo complejo, pues a menudo no aceptan su condición de trabajadores sexuales y rechazan el apoyo de entidades y educadores.

 

4.2. El trabajo sexual como alternativa temporal

Los trabajadores de este grupo están más profesionalizados respecto al trabajo sexual que los del grupo anterior y sus necesidades económicas no son tan urgentes, tal y como explica Luís Villegas (2015), técnico en salud sexual encargado del programa ProtegerSex de la organización barcelonesaStop Sida, con una amplia experiencia con el colectivo de TSM. Aquí podemos encontrar a los que tienen las necesidades básicas cubiertas de forma precaria y quieren mejorar su situación económica en general. También se incluyen en esta categoría aquellos que, a pesar de tener otras opciones laborales regularizadas, pero en muchos casos precarias, como por ejemplo los “trabajos basura” (es decir, mal pagados), deciden ejercer por diferentes razones, como pueden ser la mayor obtención de ingresos o el hecho de ser autónomos y establecer sus propios  horarios.

Un ejemplo de trabajador sexual de este grupo es Paco, que responde a la pregunta de si le resulta más desagradable el trabajo sexual u otro trabajo precario:

“En algún momento pero no dura mucho, lo desagradable, en otros casos me resulta… los primeros días cuando yo entraba en la sauna, yo con los mariquitas, pero en diez minutos me acostumbro porque en realidad podría tener un trabajo mucho más duro, que me muera en una construcción con cuarenta grados aquí [señala la nuca] por 800 o 900€.” (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.71)

4.3. El trabajo sexual como opción laboral estable

Esta tercera categoría se refiere a aquellos hombres que deciden ejercer de forma profesionalizada y cuya motivación no es exclusivamente la necesidad económica, sino que lo escogen como una opción laboral estable. Estos hombres se han profesionalizado en el trabajo sexual, y lo entienden como una profesión a la que se quieren dedicar durante un período más largo de tiempo. El testimonio de Carlos es un ejemplo:

“Esto lo hago porque a mí me da la gana […], tampoco es que esté de chapero por vocación, es algo que simplemente no me desagrada, que está bien pagado, y no tengo jefes, y qué coño, que me lo paso bien. […] Así, no sé, dije un buen día, como no me gusta trabajar, porque es algo que odio, porque soy así de hedonista y follar me encanta, pues me meto a sacarle partido a lo que más me gusta.”(Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.72)

Aunque el porcentaje de este grupo es mucho más reducido que el de los demás, entre el 3% y 6% (Àmbit Prevenció, 2000, p.46, y Salmerón, 2011, p.187), estos TSM no se pueden ignorar. El hecho de que estos trabajadores sean más profesionales hace pensar que están mejor informados sobre las ITS y su prevención, ya que tienen que cuidar mucho más loa aspectos referentes a la salud y la higiene. De hecho, estos trabajadores más profesionalizados obtienen grandes cantidades de dinero a cambio de sus servicios, por lo que muchos de ellos tienen un seguro privado (Balbas, 2015). Por lo tanto, una de las hipótesis que se pueden extraer es que con los trabajadores de este grupo no resulta tan necesaria una intervención desde las organizaciones ni desde la Educación Social.

 

  1. Los espacios donde se ejerce el trabajo sexual masculino

Hablar de los espacios por donde se mueven los trabajadores sexuales significa hablar de una gran variedad de espacios. Una de las clasificaciones más utilizadas respecto a este tema es la que hacen Chacón, Peláez, y Zaro (2006), aunque es preciso actualizarla y adaptarla a la realidad actual de Barcelona, tal y como se muestra en el esquema de la página siguiente. Así pues podemos hablar de los siguientes espacios:

 

5.1. Espacios Abiertos

Estos espacios son los que permanecen abiertos a toda la ciudadanía, es decir, que cualquier persona puede tener acceso a ellos ya que son de uso general. Se pueden establecer dos categorías que nos ayudan a clasificarlos: los espacios físicos, donde el primer contacto se hace en persona, y los espacios virtuales, donde el primer contacto se produce mediante otras vías como el teléfono o a través de Internet o de las App. Los trabajadores, en estos espacios, quedan expuestos al conjunto de la sociedad. Sin embargo, al ser un colectivo prácticamente invisible que no dispone de unos estereotipos y unos códigos reconocibles por la ciudadanía, hace que pasen desapercibidos o que incluso sean confundidos con otros perfiles, como por ejemplo vendedores ambulantes de cerveza o drogas (Roig, 2013).

 

Gráfico 1: Clasificación de los espacios de ejercicio del trabajo sexual. Adaptación del gráfico que aparece en el estudio de Salmerón, (2011, p89) que, a su vez, se basa en la clasificación de Chacón, Peláez, y Zaro (2006, p.13-22).

 

El espacio físico abierto por excelencia, a pesar de que en los últimos años su uso entre TSM y clientes se ha reducido (Balbas, 2015), es la vía pública, es decir aquellos espacios de pública concurrencia al aire libre como determinadas zonas de una ciudad, calles, parques, polígonos industriales, etc. En estos espacios el número de servicios que puede hacer un trabajador depende del flujo de clientes, la temporada del año y las condiciones climatológicas (Àmbit Prevenció, 2000). Estos clientes buscan un servicio más barato, ya que los TSM de calle ofrecen servicios a menor precio. Esto se debe a que la mayoría de estos trabajadores tienen una necesidad económica de urgencia, por lo que están dispuestos a trabajar por menos dinero e incluso a hacerlo sin protección a cambio de unos cuantos euros más (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006).

En cuanto a los espacios abiertos virtuales, por un lado están los anuncios en la prensa escrita, donde el TSM se anuncia y deja un teléfono de contacto para el cliente. Actualmente estos anuncios han disminuido mucho dejando paso a Internet y las App. Se trata, pues, de sitios web, chats, foros y App generalistas donde los TSM se anuncian. En estas últimas, como por ejemplo ‘Instagram’ o ‘Twitter’, de entre todos los perfiles, se pueden encontrar perfiles de trabajadores sexuales o actores porno que también ofrecen servicios sexuales remunerados, donde muestran fotografías de su cuerpo y datos de contacto como alguna web personal o el número de teléfono.

 

5.2. Espacios Cerrados

Estos se caracterizan por no estar abiertos a toda la ciudadanía y los que acceden a estos espacios lo hacen con una motivación más específica, como puede ser buscar relaciones sexuales, aunque no todos las busquen con un trabajador sexual. En estos espacios el trabajador sexual no está sujeto a tanta estigmatización como en los espacios abiertos, porque su presencia allí está más aceptada y normalizada (Àmbit Prevenció, 2000, y Chacón, Peláez, y Zaro, 2006).En estos espacios hay una mayor solidaridad entre TSM ya que comparten un mismo espacio y se relacionan entre ellos, sobre todo entre compatriotas. A menudo realizan acompañamientos a centros de salud entre ellos o se acoge a los trabajadores más noveles y se les informa sobre las diferentes ITS, los servicios y recursos que tienen a disposición y las técnicas de negociación básicas (Zaro, 2015).

En los espacios cerrados también se puede diferenciar entre espacios físicos y virtuales. En los físicos encontramos los pisos particulares de los propios TSM que se anuncian por Internet o App y realizan el servicio sexual en su residencia habitual. El nivel cultural de estos hombres es medio – alto y suelen estar bien informados sobre las ITS, los recursos y servicios que tienen a su alcance (Àmbit Prevenció, 2000). También existen los pisos gestionados por terceros, donde la persona encargada del piso (de los costes de alquiler, servicios, mantenimiento, publicidad, etc.) cede el espacio a los TSM que le dan aproximadamente el 50% de sus beneficios. En estos pisos suele haber entre tres y doce trabajadores y de media hacen una estancia, llamada “hacer plaza”, de 21 días para evitar el efecto ya comentado de la “cara quemada” (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006). Algunos TSM se pasan el día en el piso y prácticamente no salen al exterior, lo que puede provocar que lleguen a estar desorientados, sin conocer prácticamente en qué ciudad están, los servicios que tienen a su disposición, ni dónde se ubican los hospitales (Zaro, 2015).

Otro de los espacios cerrados físicos son los locales de ocio, donde los TSM contactan con los clientes in situ y ofrecen el servicio sexual en un hotel o pensión próximos, en el piso del propio trabajador o del cliente, o en los mismos locales, ya sea en los servicios o en los “cuartos oscuros”, si se da el caso que haya. En la ciudad de Barcelona hay una amplia oferta de ocio nocturno dirigido al público homosexual tanto autóctono como turista, lo que hace que estos locales sean muy frecuentados por trabajadores sexuales (Àmbit Prevenció, 2000). Finalmente encontramos las saunas frecuentadas por el público homosexual que disponen de espacios, como cabinas y “cuartos oscuros”, reservados para mantener relaciones sexuales. El contacto con el cliente se hace en las zonas comunes, como piscinas, saunas o pasillos, para, una vez hecho el contacto, retirar-se a un reservado a hacer el servicio.

En cuanto a los espacios cerrados virtuales encontramos, por un lado, las webs de contactos generalistasdestinadas al contacto entre personas homosexuales, ya sea para chatear, hacer nuevas amistades, compartir tiempo de ocio, practicar deporte, mantener relaciones sexuales, buscar pareja, etc. Como hay muchas personas que buscan mantener relaciones sexuales, los TSM aprovechan estas páginas para contactar con posibles clientes. En sus perfiles se pueden describir, mostrar su altura, peso, edad, procedencia, nivel de estudios, idiomas conocidos, orientación sexual, rol sexual, fetiches, etc. Además, es posible colgar fotografías y vídeos de la persona, que acaban convirtiéndose en el principal reclamo para los clientes. También existen los portales web y App específicas donde los trabajadores crean su perfil anunciándose de forma similar a los perfiles de las webs de contactos generalistas, pero con la particularidad de que estos espacios están dedicados exclusivamente a la oferta y demanda de trabajo sexual. Finalmente encontramos las webs de pisos organizados, donde se muestran imágenes y vídeos de las instalaciones y de los TSM que trabajan allí.

 

  1. La estigmatización del trabajo sexual masculino

Si hay un elemento común a todas las personas que prestan servicios sexuales, ya sean hombres, mujeres o transexuales, es el hecho de estar sujetos a una fuerte estigmatización por parte de la sociedad. Sin embargo, la realidad de cada uno de ellos puede ser muy diferente. En el caso de los TSM la estigmatización que sufren es provocada principalmente por la homofobia, el sexo anal y los roles sexuales:

 

6.1. La Homofobia

Entendiéndola como aquellas conductas discriminatorias que consisten en opinar, tener una actitud o llevar a cabo una acción contra una persona o un grupo por su orientación sexual (Dept. Educació, 2015). Los TSM, al mantener relaciones sexuales con otros hombres, a menudo pueden ser señalados y ser víctimas de la homofobia, ya que actualmente, tanto en la sociedad española como en las sociedades de muchos de los países de origen de los TSM migrantes, la homofobia está todavía muy presente (Amnistía Internacional, 2015). También hay que tener en cuenta la homofobia interiorizada que pueden sufrir los propios TSM, entendiéndola tal y como nos indica un experto en el tema, el psicólogo Gabriel J. Martín (2015), como el rechazo hacia la homosexualidad que experimenta una persona homosexual. Aquí entran en juego todas aquellas representaciones mentales que se hace la persona sobre la homosexualidad y que hace que la conciba como algo inferior a la heterosexualidad y que sienta vergüenza y culpa de sí mismo, con todos los efectos negativos que puede producir esto en su identidad y autoestima.

De este modo, se puede entender fácilmente el estigma que sufren muchos TSM en relación a la homosexualidad, un estigma con el que, a menudo, se marcan ellos mismos o sus compañeros al considerar ciertas prácticas como ‘prácticas homosexuales’. Por ejemplo, mientras una felación activa (es decir hacer una felación al cliente) es considerada homosexual, una felación pasiva (que el cliente le realice al trabajador) no lo es, y lo mismo ocurre con el sexo anal y los roles sexuales (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006).

 

6.2. El sexo anal y los roles sexuales

En la mayoría de sociedades hay una vejación entorno al sexo anal, entendiéndolo como algo negativo de lo que hay que huir, ya que se asocia a una práctica dolorosa, humillante y contranatural a la que la sociedad asocia una pérdida de la masculinidad (Carrascosa y Sáez, 2011). Esta asociación se debe a la tradición machista y heteronormativa según la cual el hombre es quien tiene el poder y el control sobre la mujer en todos los aspectos, también en el sexo: el poder recae en el hombre, que es quién penetra, mientras que la mujer, penetrada, queda sometida. Así, pues, en el sexo anal entre hombres se establece un paralelismo simple: el penetrado (el rol pasivo) pasa a quedar sometido por quién le penetra (el rol activo) y, siguiendo esta lógica heteronormativa y falocéntrica, el rol masculino será el del activo mientras que el femenino será el del pasivo y, por ende, los hombres con el rol pasivo son asociados a un tipo de hombre afeminado, sumiso y dependiente del “macho activo” (Carrascosa y Sáez, 2011, p .90). Por lo tanto, la persona que mantiene relaciones anales, y más concretamente la que resulta penetrada, asume rápidamente una descalificación social que lo degrada y lo estigmatiza.

 

  1. Perspectivas político-sociales

Cuando se habla de trabajo sexual, hay diferentes perspectivas sociales, políticas, ideológicas y legales al respeto. Una de las clasificaciones más extendidas, la que siguen los autores Osborne (2004) y Lousada (2005), se basa en cuatro perspectivas político-sociales:

 

7.1. Prohibicionista

Esta perspectiva tiene una premisa clara, que es la prohibición de todas las formas de trabajo sexual. Criminaliza al cliente y a la persona que ejerce, y los concibe como criminales a los que hay que perseguir. Este modelo pretende acabar con el trabajo sexual mezclando la moral y el derecho, concibiéndolo como un vicio inmoral que se debe eliminar, aunque, lejos de eliminarlo, coloca a la persona que lo ejerce a una situación de clandestinidad, de precariedad, de inseguridad y de falta de protección. Este modelo es contrario a los principios del Estado de Derecho y es por ello que, en los países más avanzados en este sentido, no es un modelo muy seguido. Sin embargo, hay países como Irak o Egipto que sí siguen este modelo.

 

7.2. Abolicionista

Esta perspectiva es fruto de los movimientos feministas conservadores, por lo que está enfocada hacia el trabajo sexual femenino. Al igual que la perspectiva prohibicionista, pretende acabar con el trabajo sexual, con la diferencia de que la perspectiva abolicionista no culpabiliza a la trabajadora sino que la hace víctima, a la vez que criminaliza al cliente. El cliente y el proxeneta (si lo hay) son entendidos como hombres que abusan de mujeres indefensas a las que hay que liberar. No se concibe la idea de que la mujer pueda ejercer de forma voluntaria, sino que siempre lo hace de forma forzada llegando a equiparar el trabajo sexual a la explotación o a la violencia de género (Bolaños, 2007). Esta perspectiva, como la anterior, no contempla al hombre como trabajador sexual y es la vigente en la mayoría de países europeos, siendo Suecia su mayor representante.

 

7.3. Reglamentarista

Esta visión concibe el trabajo sexual como algo negativo que debe ser regulado, con el fin de proteger a la sociedad de dicho “mal”. El trabajo sexual es entendido como un problema de salud pública y de convivencia y, por ello, es regularizado, reduciéndolo a locales y sacándolo de la calle. Sin embargo, esta perspectiva no garantiza ni vela por los derechos laborales de las personas que ejercen. Este modelo es el que se aplica en la ciudad de Barcelona, en Grecia o en Austria.

 

7.4. Laboral

Esta perspectiva, seguida en países como Holanda o Alemania, se centra en los/las trabajadores/as sexuales y les da voz propia. Defiende el trabajo sexual como una opción laboral válida y legítima igual que cualquier otra, lejos de penalizaciones, criminalizaciones y victimizaciones. Este modelo acabaría con la explotación, la violencia y la inseguridad que a menudo rodea estos/as profesionales. Como ocurre con los trabajadores de cualquier otro campo, quedarían garantizados los derechos laborales, la protección en caso de enfermedad, el derecho a paro, la obtención de un convenio colectivo, el acceso a la Seguridad Social, etc.

Podemos ver que los diferentes modelos conciben los/las trabajadores/as sexuales de manera radicalmente distinta. El siguiente esquema-resumen nos puede ayudar a entender rápidamente dichas concepciones de los/las trabajadores/as sexuales:

Gráfico2: Perspectivas político-sociales. Elaboración propia a partir de la clasificación que establecen los autores osborne (2004) y Lousada (2005) respecto a las diferentes perspectivas político-sociales hacia el Trabajo sexual

 

  1. Atención al trabajo sexual desde las organizaciones de Barcelona 

En la ciudad de Barcelona hay varias organizaciones que trabajan con el colectivo de trabajadores/as sexuales. Aunque la mayoría atiende solamente a mujeres, hay algunas que también atienden a mujeres transexuales y a hombres. Es importante conocer cuáles son estas organizaciones con las que, como educadores sociales, podemos hacer una aproximación al colectivo de trabajadores/as sexuales y trabajar con estas personas cuando se detecte cualquier tipo de necesidad que requiera nuestra intervención. Así pues, estas organizaciones son: Cruz Roja Barcelona, Fundació Àmbit Prevenció, Fundació APIP-ACAM, Fundació Surt, Genera, Médicos del Mundo, Lloc de la Dona, SICAR cat y Stop Sida.

La Agencia ABITS junto con el Ayuntamiento de Barcelona, a través del Plan ABITS, es quien se encarga de coordinar estas organizaciones así como las tareas que realizan con las personas que ejercen el trabajo sexual. El plan ABITS está destinado al abordaje del trabajo sexual, especialmente aquel que se práctica en la vía pública. En el siguiente gráfico se muestran las diferentes organizaciones con las que trabaja esta agencia:

Si nos centramos en las organizaciones que dan atención específica a TSM, el número se reduce a dos:Stop Sida y el programa Àmbit HOME de la Fundació Àmbit Prevenció y, como se puede ver, ninguna de las dos forma parte de la Agencia ABITS. Por lo tanto, la atención a los trabajadores sexuales masculinos está fuera del Plan de abordaje del trabajo sexual del Ayuntamiento de Barcelona. Si bien es cierto que la Fundació Àmbit Prevenció sí que forma parte de la Agencia, sólo colabora con el programa de atención a mujeres Àmbit DONA, no con el de atención a hombres, Àmbit HOME. A continuación se explica brevemente cuál es el trabajo que se hace desde estas dos organizaciones:
8.1. Fundació Àmbit Prevenció

Con el objetivo de ayudar a mejorar la calidad de vida de personas en riesgo de exclusión, fomentar su autonomía e integración en la sociedad, la organización dispone de diferentes proyectos de salud, formación e inserción para jóvenes y adultos (Àmbit Prevenció, 2015). Así pues, una de sus áreas de actuación es la que va destinada a la atención de personas que ejercen el trabajo sexual, mediante dos programas: Àmbit DONA y Àmbit HOME, siendo el primero el que va destinado a mujeres y transexuales, y el segundo a hombres. Este segundo programa parte de la reducción de riesgos a partir de tres ejes principales: talleres de salud sexual, distribución de material preventivo y derivaciones hacia otros servicios o entidades. Una de las formas de llevar a cabo esta tarea es a partir de la intervención en pisos donde se ejerce el trabajo sexual en base a dos áreas: la sanitaria y la social. En la primera se realizan pruebas de VIH-Sida y sífilis, se ofrece asesoramiento sobre temas sanitarios, prácticas sexuales y prevención de ITS; en la segunda se hace un trabajo de carácter social (Balbas, 2015).

Otro de los programas de la fundación es el portal webWebcliente (2015), destinado al consumidor de servicios sexuales, que ofrece información sobre salud sexual, métodos y prácticas sexuales enfocadas a la prevención de ITS, sobre las pruebas del VIH-Sida y otras ITS, sobre la percepción del riesgo en función de las creencias y conocimientos de cada uno y proporciona consejos a la hora de contactar y negociar el servicio con el TSM. Su objetivo final es informar al cliente y darle recomendaciones para que pueda consumir los servicios sexuales de forma adecuada cuidando su salud y la del/la trabajador/a.

 

8.2.- Stop Sida

Esta organización nace en 1986 para dar respuesta al aumento de casos de infección por VIH-Sida entre la comunidad homosexual. Desde entonces, se ha convertido en una organización pionera y de referencia en cuanto a la prevención de la expansión del VIH-Sida, la realización de pruebas rápidas tanto de VIH-Sida como de sífilis, y ofrece el apoyo y la atención necesarias a las personas que conviven con el virus (Stop Sida, 2015).

Entre los diferentes ámbitos de actuación, hay uno dedicado exclusivamente a los trabajadores sexuales: el programa ProtegerSex, que está liderado por hombres y mujeres transexuales que ejercen el trabajo sexual (Villegas, 2015) y que ofrece los siguientes servicios:

  • Entrega de material preventivo como preservativos y lubricantes, y otros materiales informativos sobre las ITS y su prevención.
  • Prueba rápida de VIH-Sida y Sífilis de forma anónima y gratuita.
  • Asesoramiento sobre diversos temas: sanitario, salud sexual, sociolaboral, formación, inmigración, legales, administrativos y jurídicos.

 

  1. Tres propuestas para trabajar con el colectivo de trabajadores sexuales masculinos desde la Educación Social

 

9.1. Espacio de encuentro para trabajadores sexuales masculinos

La situación de invisibilidad en la que están inmersos los trabajadores sexuales hace que a menudo éstos no tengan a un igual con quien poder sentirse identificados. La estigmatización que sufren provoca que incluso entre ellos eviten crear una red de apoyo mutuo, imposibilitando así un traspaso de información de temas referentes a la salud, higiene e ITS, o a otros temas como aspectos legales o administrativos, interacción con los clientes, seguridad, profesionalización, etc. No obstante, sí es cierto que en determinados espacios, se produce un cierto grado de solidaridad y red entre trabajadores sexuales, como por ejemplo en las saunas o los pisos (Zaro, 2015).

En el caso de los TSM que ejercen en lugares cerrados es más frecuente que se formen grupos y que se conozcan entre ellos, facilitando así las redes de información. Este hecho, que a priori sería positivo, puede no serlo al fomentar la desinformación y los mitos falsos, como por ejemplo los rumores o los diagnósticos y remedios que se presentan como verdades absolutas. Todo ello puede fomentar la falsa creencia de estar bien informado y favorecer el desinterés por recurrir a otras fuentes de información más fiables (Chacón, Peláez, y Zaro, 2006, p.88).

Por lo tanto, resulta importante hacer un traspaso de información contrastada y veraz sobre todos estos temas rehuyendo de las informaciones sesgadas y falsos mitos que se puedan crear entre trabajadores sexuales. Una forma de hacer este traspaso de información puede ser la creación de unos espacios de encuentro para trabajadores sexuales donde puedan ir puntualmente expertos en temas legales, laborales, de salud, etc. Este espacio les permitiría, además, reunirse en confianza para hablar de cualquier cosa que les interese, de sus inquietudes, miedos, alegrías, deseos, etc.

En una entrevista realizada a un trabajador sexual se le preguntó directamente por esta cuestión, para ver qué opinaba de la idea de crear un grupo de encuentro para TSM, y esta fue su respuesta:

“Sí, me hubiera ayudado mucho quedar con otros chaperos para contarles mis ralladas, que me enseñaran cosas y truquitos del mundillo porque al principio yo estaba muy perdido, no sabía con quién hablar que estaba haciendo de chapero…lo hacía porque quería… pero da igual, al principio me rallé mucho, tenía ganas de hablar con alguien que me entendiera, pero no sabía con quién… y al final se lo conté a mi compañero de piso, que somos muy amigos.” (Dani, 2015)

Así pues, no se trata de determinar qué se podría hablar en estos espacios, sino que lo que se pretende es crear un espacio y que sean los mismos TSM quienes decidan qué harán en él, porque de lo contrario se estarían limitando las posibilidades de esta propuesta. El espacio físico que se propone para hacer estas reuniones es en una de las dos organizaciones que ya están trabajando con TSM: Stop Sida o laFundació Àmbit Prevenció. De este modo, los trabajadores sexuales ya conocerían dichos espacios y, además, se podrían aprovechar las prospecciones de calle que realizan en la actualidad ambas organizaciones para informar a los TSM de la existencia del nuevo espacio.

Resultaría interesante que, paralelamente, existiera la figura del educador/a social de referencia formado en aspectos referentes al trabajo sexual que pudiera realizar las siguientes tareas:

  • Dar apoyo a los trabajadores sexuales siempre que éstos lo soliciten, ya sea de forma individual o grupal.
  • Participar en los encuentros, cuando lo soliciten, para atender a sus demandas o incluso dinamizar y/o moderar las reuniones si se identifica que no están funcionando adecuadamente.
  • Hacer de intermediario/a con otros profesionales especializados en temas concretos que los trabajadores sexuales consideren oportuno tratar, a fin de que acudan a algún encuentro, como por ejemplo temas de salud, ITS, aspectos legales, laborales, etc.
  • Difundir los encuentros por las diferentes entidades que trabajan con este colectivo e incluso por los espacios donde se mueven los trabajadores sexuales masculinos.

 

9.2. Aportaciones para un proyecto de piso de acogida para TSM

Como ya se ha comentado en este artículo, una parte de los TSM no tiene sus necesidades básicas cubiertas, ya sean de vivienda, alimentación, ropa, salud e higiene, etc. Por lo tanto, una de las posibles solución es para dar respuesta a esta situación desde la Educación Social es la creación de un piso de acogida para hombres que ejercen el trabajo sexual. Esta misma propuesta se ha empezado a llevar a cabo recientemente en la ciudad de Madrid impulsada por la organización Imagina MÁS con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, y sería interesante impulsar un proyecto similar en la ciudad de Barcelona, ya que las realidades de ambas ciudades en lo que al trabajo sexual se refiere son muy parecidas (Zaro, 2015).

El piso de acogida puede dar respuesta a aquellos TSM que no tienen vivienda y se ven obligados a vivir en la calle o en espacios ocupados ilegalmente, ya que actualmente la única alternativa que tienen estos hombres a estas opciones que acabamos de comentar es dormir en alguno de los albergues municipales para personas sin techo que hay en Barcelona. Sin embargo, ésta no es una alternativa real, ya que tal y como comenta Vanessa Arenas, trabajadora social encargada del Servicio de Ayuda Social de la Fundació APIP-ACAM, los horarios que ofrecen los albergues municipales no se ajustan a la realidad de los/las trabajadores/as sexuales, pues el horario para dormir en los albergues es durante la noche, mientras que las personas que ejercen suelen dormir por la mañana porque trabajan hasta altas horas de la madrugada.

Por otra parte, con este proyecto se podría dar una atención integral los que se encuentran en una situación de exclusión social, pues no se trata solo de ofrecer un lugar donde vivir durante un periodo de tiempo determinado en unas condiciones dignas y adecuadas, sino que, además, se busca que durante ese tiempo se realice un trabajo en base a un proceso de reinserción social y un acompañamiento individualizado con cada persona en relación a los siguientes aspectos inspirados en el proyecto de Madrid (Zaro, 2015):

El empoderamiento de la persona es necesario tanto si decide dejar de ejercer como si escoge seguir haciéndolo. En el primer caso, es importante que la persona se vea con las fuerzas y el empuje necesarios para redirigir su vida, formarse y buscar alternativas laborales. En cambio, si decide seguir ejerciendo, se debe garantizar que la persona está en una posición de empoderamiento para poder negociar correctamente con los clientes, poniéndose en valor, garantizándose unas condiciones laborales dignas, protegiéndose de posibles ITS y velando por su salud.

Un itinerario formativo y/o de inserción laboral, especialmente en aquellos casos en los que el trabajador sexual decida dejar de ejercer y dedicarse a otra actividad laboral regularizada. De hecho, no hay que olvidar que el 74% de los trabajadores sexuales de calle sólo tiene estudios primarios y un 5% no tiene estudios (Àmbit Prevenció, 2000, p.45). Por lo tanto, seguir un itinerario formativo será clave para su posterior reinserción laboral en cualquier otro sector.

Las habilidades sociales, que son un elemento clave para que su reinserción sociolaboral se pueda llevar a cabo con éxito, así como también lo son la comunicación verbal y la no verbal, las relaciones con las otras personas, la propia autoestima, etc.

Un seguimiento médico y de salud, garantizando el acceso al sistema sanitario, proporcionando asesoramiento sobre los recursos y servicios sanitarios que hay a su alcance y haciendo un seguimiento de su estado de salud general, especialmente en lo referente a ITS. Paralelamente habrá que trabajar la educación para la salud empezando por todo lo relacionado con las ITS, el conocimiento de las diferentes infecciones, su prevención y tratamiento, y el sexo seguro, poniendo el énfasis en el uso del preservativo durante las relaciones sexuales.

Tal y como se ha podido observar en otros proyectos de pisos de acogida similares al que se propone aquí (APIP-ACAM, 2015), la figura del educador/a social tiene un papel muy importante. Así pues, las principales tareas que éste/a debería desarrollar en el proyecto de piso de acogida son las siguientes:

  • Pactar y establecer los diferentes itinerarios de inserción con los usuarios del piso: social, laboral, formativo y de salud.
  • Realizar tutorías individuales quincenales con los usuarios del piso, pudiendo ser más seguidas si se requiere, para poder hacer un seguimiento adecuado del progreso de cada usuario y atender sus diferentes demandas.
  • Realizar tutorías o reuniones grupales semanales para hacer un seguimiento de la convivencia como grupo y atender los diferentes conflictos o problemáticas que puedan surgir.
  • Visitas periódicas para supervisar el buen funcionamiento y convivencia en el piso.
  • Coordinación con otros agentes sociales y acompañamiento de los usuarios a otros servicios o recursos.
  • Realización de cuadros de reparto de tareas domésticas y asignación de las mismas a los distintos usuarios.
  • Detección y gestión de las necesidades de la vivienda: reparaciones de electrodomésticos, instalaciones, menaje del hogar, etc.
  • Preparar las entradas y salidas del piso de los distintos usuarios.
  • Velar por el cumplimiento de las normas de funcionamiento del piso de acogida.

 

9.3. Incorporación de los trabajadores sexuales masculinos en ABITS

Si se analiza a fondo el Plan ABITS (Martí, et al. 2006), se puede ver que está claramente enfocado a las mujeres y transexuales femeninas que ejercen el trabajo sexual, dejando de lado a los hombres que ejercen. Aunque en este plan a menudo se hace referencia al colectivo de forma genérica (sin especificar hombre o mujer), en ningún momento se menciona de forma explícita a los TSM. Por otra parte, si se revisa la última memoria (Agencia ABITS, 2014, p.17), se puede comprobar cómo en la puesta en práctica no se da atención a los TSM desde de la Agencia, pues en los resultados presentados en dicha memoria se atendió a un 87% de mujeres y un 13% de transexuales y, por tanto, ningún hombre. En esta misma línea está el hecho de que entre las entidades vinculadas a ABITS no hay ninguna de las que trabajan con los TSM: Stop Sida no forma parte y, aunque Àmbit Prevenció sí que forma parte, sólo lo hace con el programa Àmbit DONA, no con el Àmbit HOME.

Estos datos ponen de manifiesto la invisibilidad de los trabajadores sexuales masculinos desde las mismas instituciones, una invisibilidad institucional que provoca que no se puedan detectar las necesidades reales del colectivo ni dar una respuesta adecuada y ajustada a su realidad.
Como educadores sociales, si queremos trabajar con cualquier colectivo tenemos que hacer previamente un trabajo de análisis y conocimiento del mismo para no caer en la trampa de querer dar respuestas a necesidades irreales. Es por ello que desde las instituciones se debe tener en cuenta a los trabajadores sexuales masculinos, y para hacerlo hay que empezar por visibilizar el colectivo en la Agencia ABITS, que es la primera encargada de abordar el trabajo sexual en la ciudad de Barcelona. Así pues, la propuesta que se realiza se articula en tres puntos principales:

  • Hacer referencia explícita a los TSM en los documentos de la Agencia ABITS.
  • Incluir los TSM en las líneas de actuación de la Agencia ABITS.
  • Incluir las organizaciones que trabajan con el colectivo de TSM a ABITS, como son Stop Sida y el programa Àmbit HOME de la Fundació Àmbit Prevenció.

Estos tres puntos permitirían que desde las instituciones se empezara a tener en cuenta a los hombres cuando se habla de trabajo sexual y, esto, como educadores sociales, nos permitiría dar una mejor atención al colectivo y poner en marcha estrategias adaptadas a su realidad, con el objetivo final de reducir su vulnerabilidad y estigmatización, fomentar su inclusión en la sociedad y mejorar, en definitiva, su calidad de vida.

 

  1. Conclusiones

Una vez realizada la recerca, análisis y reflexión entorno el tema del trabajo sexual masculino, se ha podido llegar a las siguientes conclusiones:

  • El trabajo sexual masculino es un tema poco estudiado, como se puede ver en los escasos estudios que hay al respeto, tampoco a nivel teórico des de instituciones como la universidad u organismos públicos destinados a la atención de las personas que ejercen, donde la atención se centra en las mujeres y en algunos casos en las mujeres transexuales, pero muy pocas veces en los hombres. Esto pone de manifiesto la situación de invisibilidad en que se encuentra dicho colectivo, y la vulnerabilidad que esto les supone.
  • El hecho de ejercer sigue despertando todo tipo de reacciones entre la sociedad y los mismos trabajadores/as sexuales según las distintas maneras de entender y vivir el trabajo sexual. Esto se puede observar en las distintas perspectivas político-sociales que se han comentado anteriormente y las diferentes políticas que se desprenden de cada perspectiva.
  • Los espacios de ejercicio del trabajo son muy diversos, como se observa en el grafico 1, las características de cada espacio son específicas y presentan unas realidades determinadas, que, como educadores sociales, es vital que las conozcamos si queremos dar una correcta atención a este colectivo.
  • La estigmatización resulta un elemento común a la mayoría de trabajadores sexuales, y se puede entender en base a la homofobia que existe a nivel social, tanto en España como en las sociedades de los países de origen de muchos de los TSM, en la propia homofobia interiorizada, a los tabús y estereotipos alrededor del sexo anal y los distintos roles sexuales, o al mismo hecho de ejercer. Uno de los retos que se nos presenta como a educadores sociales es el de trabajar para reducir al máximo esta estigmatización para mejorar, en definitiva, la cualidad de vida de los trabajadores sexuales.
  • El VIH-Sida es un elemento a tener en cuenta si nos referimos a un abordaje integral del colectivo, pues sus tasas de infección son altas y preocupantes. A pesar de eso, no se ha de concebir el VIH-Sida como algo inherente a los TSM, ya que esto fomenta la estigmatización del colectivo, por tanto, se ha de abordar el tema del VIH-Sida como un elemento más de entre todo el resto, no como el único o principal.
  • Establecer una clasificación de los TSM resulta complejo, pero el hacerlo nos ayuda cuando queremos trabajar con el colectivo. Es por eso que en este artículo se propone una clasificación de los TSM a partir de la concepción que tienen ellos mismos del trabajo sexual, pudiendo hablar así del trabajo sexual como herramienta de supervivencia, como alternativa temporal o como opción laboral estable. Esta clasificación nos permite extraer unas características y necesidades más ajustadas a cada trabajador, cosa que facilita que nuestro trabajo como educadores sociales sea más adecuado, eficaz y justo.
  • Como se ha comentado, la atención que se da a las personas que ejercen des de las organizaciones de Barcelona queda articulada bajo el Plan y la Agencia ABITS, llegando a coordinar hasta nueve organizaciones, no obstante de estas nueve solo una atiende a TSM. Esto pone de manifiesto la falta de atención de las organizaciones con el colectivo de hombres que ejercen, y la necesidad de ampliar esta atención.

Es por todo esto comentado, que como educadores sociales no podemos seguir ignorando esta realidad invisibilitzada, se nos presenta el reto de trabajar con un colectivo que hasta el momento hemos olvidado, y que sin duda hemos de tenerlo presente, para visibilizarlo y abordarlo con rigor y valentía, desprendiéndonos de los prejuicios que todos tenemos entorno el trabajo sexual. Pues si no lo hacemos de esta manera, corremos el riesgo de hacer un trabajo sesgado, incompleto e injusto. Tenemos la oportunidad de trabajar y acompañar a un colectivo y a unas personas para que puedan mejorar su calidad de vida, empoderándolos y dignificándolos.

 

  1. Bibliografía y referencias

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Feminismo y prostitución

 

Por MARÍA LUISA MAQUEDA ABREU

1 de abril de 2006

https://elpais.com/diario/2006/04/01/opinion/1143842412_850215.html?id_externo_rsoc=TW_CC

 

 

En estos últimos meses se ha abierto en nuestro país un intenso debate acerca de la regulación de la prostitución. Parlamentarias/os, expertas/os y asociaciones de mujeres pugnan por imponer sus puntos de vista acerca de la oportunidad de que el Estado reconozca derechos laborales y sociales a las trabajadoras del sexo. Es lo que ellas reivindican desde hace décadas. “No hacemos daño a nadie, queremos ser legales”, era el grito unánime que presidió una manifestación masiva de prostitutas en la Barcelona de los años ochenta, cuando todavía su entorno estaba prohibido y se castigaba a proxenetas, rufianes y empleadores del mercado del sexo.

La ocasión parecía llegada cuando el Código Penal de 1995 despenalizó todas las actividades que favorecían el ejercicio de la prostitución libremente acordada entre adultos, haciendo desaparecer del texto legal cualquier vestigio de abolicionismo. Una reforma que sus promotores, los gobernantes del PSOE de entonces, justificaban con sobradas razones de defensa de la libertad sexual y de superación de la hipocresía social acerca de una práctica que se ejercía y se anunciaba a la luz del día. Pero se perdió esa oportunidad y, durante estos años, los únicos que se han acordado de salvaguardar los derechos de las prostitutas han sido los tribunales penales cuando han detectado abusos en sus relaciones laborales. Muchos empresarios de la industria del sexo han sido condenados por la explotación de sus empleadas al exigirles condiciones de ejercicio de la prestación sexual incompatibles con la dignidad de cualquier trabajador, tales como la imposición de servicios sexuales no deseados o la ausencia de una remuneración suficiente o de una jornada laboral adecuada con los permisos y descansos correspondientes. Se trata de evitar, según la lógica argumentativa que ha acompañado a esas sentencias, que “los más desprotegidos deban cargar con las consecuencias de su desprotección”.

Un pragmatismo del que debiera contagiarse el actual debate. En cambio, una de las tesis preferentes es que la prostitución libre no existe. ¿Cómo explicar entonces esos movimientos sociales de apoyo a las prostitutas, las propias declaraciones de éstas, aquí y en otros países, abiertamente favorables a la regulación de sus derechos y obligaciones, las crecientes manifestaciones de su ejercicio autónomo sin que nadie les imponga régimen coactivo alguno? Siempre queda el hábil recurso de atribuirles abusos sexuales en la infancia, trastornos cognitivos, déficit de socialización o situaciones de angustiosa necesidad o dependencia para negarles su capacidad para decidir por sí mismas, relegándolas a la condición de infrasujetos. Es una vía perversa de condenarlas a la invisibilidad social.

Y si la realidad se impone y llega a demostrar que la ausencia de libertad en la prostitución no es más que un dogma, un presupuesto ideológico que los escasos datos con que se cuenta desmienten, entonces queda el recurso a la dignidad del género. La prostitución aun libre es degradante para la mujer porque la convierte en instrumento de uso del hombre, rebajándola a la categoría de objeto y consolidando la inferioridad de la condición femenina en todo el mundo. El viejo discurso de la inmoralidad deja paso al de la violencia de género. La Mujer (en mayúscula) sustituye a las mujeres reales en este imaginario feminista. El Estado, en consecuencia, no puede regular algo que es intrínsecamente degradante para la Mujer (otra vez en mayúscula).

No hay más que adentrarse en la literatura feminista de los últimos años para comprobar que ésta no es la voz unánime de las mujeres. Hay todo un sector del feminismo contemporáneo que apuesta por la construcción de una identidad de la mujer como sujeto —no deficitario, no sometido— en busca del reconocimiento y del respeto de su alteridad y de la conquista de espacios que garanticen su libertad y autonomía personales. Que piensa que la insistencia en victimizar a la mujer en sus relaciones con los hombres traduciendo cualquiera de sus diferencias en pura dominación es una simplificación de las relaciones de género. Que entiende que hay otras construcciones sociales, entre las que se cuenta la sexualidad, que merecen ser repensadas en clave distinta al reduccionismo propio del todo-poder de los hombres sobre las mujeres. Que rehúye asumir el estatus de empresarias de la moral colectiva estableciendo lo que está mal o bien en las complejas relaciones entre los sexos. O que renuncia a confiar al Estado y al derecho la solución de todos sus problemas.

Traduciendo ese ideario feminista al actual debate acerca del futuro de la prostitución libremente acordada entre adultos, la perspectiva es otra bien distinta. Lo que está en juego, en un momento tan decisivo como éste en que se discute su regulación legal, no es esa dignidad abstracta que confiere y supuestamente impone el género, sino la dignidad concreta de las mujeres —y hombres y travestis, por cierto— que libremente deciden ganarse la vida con el trabajo del sexo y reivindican el reconocimiento de su existencia como sujetos de derechos. Criminalizando su entorno y sus relaciones no se les protege, sino que se les oculta en la subcultura de lo desviado, garantizando su victimización. La prohibición crea estigma, aislamiento y mayores dosis de vulnerabilidad e indefensión para sus supuestos beneficiarios.

Pero, además, ¿cuál es la prostitución que se quiere abolir desde el Estado? ¿La callejera, la de los burdeles y los clubes, que son sus formas más visibles? ¿O se busca desmontar el mercado de la pornografía, las cabinas, las líneas eróticas, los anuncios y reclamos de servicios relacionados con el sexo? ¿Dónde fijar la línea de lo indigno y lo degradante? Seguramente sería preferible reservar las fuerzas para intentar erradicar la prostitución forzada, que es hoy una de las formas más graves y persistentes de violencia de género. Para ello no se precisan nuevas leyes, que ya hay bastantes; es suficiente con un buen uso judicial y político de las que tenemos. Favorecer la transparencia en el mercado de la prostitución y garantizar condiciones de legalidad para quienes denuncien prácticas de explotación sexual puede ser un buen comienzo.

 


María Luisa Maqueda Abreu es catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de abril de 2006

 

Cuando las ex trabajadoras sexuales se convierten en SWERF

 

 

Por Kelly Palmer

Psicoterapeuta, activista espiritual, ecofeminista, adicta recuperada y superviviente de trauma, autora de éxito de ventas (con Michelle Kelly) y madre de tres hijos.

17 de julio de 2018

https://medium.com/@michellekelly_86703/when-former-sex-workers-become-swerfs-4496d1a90d99

 

 

¿Por qué muchas mujeres que dicen ser ex trabajadoras sexuales se parecen tanto a las SWERF? (Sex Worker Exclusionary Radical Feminists = Feministas Radicales Excluyentes de las Trabajadoras Sexuales). Definitivamente, nadie puede ser excluyente de sí mismo. Sin embargo, esta es una dinámica común, y me gustaría compartir mis pensamientos sobre por qué ocurre eso.

Porque yo soy una ex trabajadora sexual. Y he expresado puntos de vista que eran definitivamente SWERF, en la creencia genuina de que estaba ‘ayudando’ a otras trabajadoras sexuales. Que tenía el deber de hacer públicos los horrores muy reales que he experimentado en la industria. Apoyé el modelo nórdico. Escribí una carta abierta a Amnistía Internacional denunciando su apoyo a la legalización del trabajo sexual. Realmente creía que la industria del sexo era intrínsecamente explotadora y violenta hacia las mujeres y que despenalizar el trabajo sexual significaba dejar a los proxenetas y puteros abusivos campar a sus anchas. Leí el libro   “Paid For” (“pagada por ello”) de Rachel Moran y lloré.

Recientemente, he estado reconsiderando mi posición. En primer lugar, el modelo nórdico no funciona. En realidad, no ha reducido la violencia contra las trabajadoras sexuales. La mayoría de las trabajadoras sexuales actuales no lo quieren; parecen querer por mayoría abrumadora, si no la legalización de hecho (que puede causar sus propios problemas para las trabajadoras sexuales, a la alemana), sí la total despenalización y expansión y protección de sus derechos. ¿Por qué no las estamos escuchando? Y cuando vi a las así llamadas feministas callar a gritos a las propias trabajadoras sexuales y continuar abogando por algo que no funciona y que de hecho daña a las personas a las que dicen querer ayudar, empecé a darme cuenta de que había algo muy equivocado en esta imagen.

Entonces, ¿por qué tantas ex trabajadoras sexuales se metamorfosean en SWERF? Hablando tanto como terapeuta como por mi propia experiencia (y ciertamente no pretendo hablar por todas las trabajadoras sexuales) puedo ofrecer las siguientes perspectivas;

  • Muchas de estas ex trabajadoras sexuales han tenido experiencias genuinamente traumáticas y de explotación y erróneamente quieren proteger a otras mujeres de que pasen por lo mismo
  • Como sobrevivientes de trauma, o incluso simplemente para luchar contra el estigma social, la vergüenza se internaliza y se proyecta sobre aquéllas que aún trabajan en la industria del sexo
  • Las SWERF genuinas jugarán con estos temores y sentimientos muy reales para reclutar a ex trabajadoras sexuales para su causa (de la misma manera que los TERF juegan con los temores de asalto de las mujeres inventando una narrativa donde las mujeres trans son en realidad depredadores masculinos cis disfrazados, simplemente al acecho esperando la oportunidad correcta para violarnos)
  • La típica retórica feminista liberal a menudo pinta una imagen de “mundos de yupi” de la industria del sexo donde todas están felices y seguras y se llevan bien tomando decisiones empoderadas, ignorando las dinámicas de poder muy reales que de hecho ocurren, incluyendo las de raza y clase, explotación y violencia. Para una ex trabajadora sexual con experiencias traumáticas en la industria, esto es a la vez despectivo y deshumanizante

Después de buscar mucho, investigar y escuchar realmente a las trabajadoras sexuales en activo, me di cuenta de algunos contraargumentos que oponer a los anteriores.

  • No todas las experiencias de mujeres son iguales a las mías. Si bien los niveles de abuso y violencia son realmente elevados dentro de la industria del sexo, no todas son víctimas. No todas las trabajadoras sexuales necesitan ser salvadas. ¿Quién soy yo, Lancelot? No hay nada feminista en tratar de convencer a una trabajadora sexual de que es una víctima. Esto no está haciendo nada para ayudar y apoyar a las personas que en realidad están siendo victimizadas.
  • La vergüenza en torno al trabajo sexual proviene del mismo lugar que la vergüenza en torno al sexo: el conservadurismo paternalista, patriarcal y moralista. No hay nada feminista en esto. Necesitamos sanar nuestras propias heridas, no proyectarlas sobre otras.
  • Las SWERF no son mis amigas. En realidad, no les importa ni mi dolor ni mi historia, solo quieren explotarlos para beneficio de su propia agenda. No les importan las trabajadoras sexuales. De ahí por qué han sido apodadas ‘excluyentes’.

El feminismo liberal blanco rezuma clase y privilegio blanco y rara vez proporciona un análisis válido de nada. Eso no significa que las trabajadoras sexuales que realmente disfrutan de su trabajo y toman decisiones con poder a diario no existan. Existen. Y a menudo son pioneras dentro de la industria del sexo, particularmente dentro de la industria de la pornografía, para transformarla desde adentro en una ocupación genuinamente inclusiva y sexualmente positiva. Esto debe ser aplaudido y alentado.

La conclusión es que el ‘adelante putas, ganad dinero’ de las liberales y el ‘todo trabajo sexual es malo y debería ser abolido’ de las SWERF están en extremos opuestos del espectro ideológico y, como resultado, generalmente no logran capturar la experiencia vivida de la mayoría de las trabajadoras sexuales (necesito dejar claro en este punto que en este artículo entiendo por trabajadoras sexuales a aquellas mujeres que eligieron, por cualquier razón, ingresar en la industria, no a las víctimas de trata sexual. Las SWERF a menudo funden en una las dos situaciones para confundir aún más a todo el mundo).

La verdad es que la industria del sexo puede ser (y lo es a menudo) misógina, abusiva y traumática. Las trabajadoras sexuales en general muestran altas tasas de PTSD ¿Sabes por qué? Porque es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. El problema no es la industria. Es la misoginia y la violencia de género. ¿Ahora resulta que ambas cosas son casi exclusivas de la industria del sexo? La industria funciona como un microcosmos de la sociedad en general y un espejo de la dinámica sexual que opera dentro de ella. Sí, estas estructuras necesitan ser desmanteladas. ¿Cómo se va a conseguir eso atacando a las trabajadoras sexuales e ignorando completamente sus voces?

Sí, mis experiencias a menudo fueron horribles, pero ¿sabes qué? Algunas de ellas no lo fueron. Conocí a mucha gente realmente genial. Y cuando entré en la industria ya estaba traumatizada por el abuso infantil, la violencia doméstica y la adicción a las drogas, lo que significó que mi capacidad de decisión estaba dañada, desde luego. Si hubiera ingresado en la industria por otras razones, sin estas vulnerabilidades existentes, que por supuesto me pusieron en la línea de fuego para el peor tipo de depredadores, mis experiencias podrían haber sido muy diferentes. Si bien la correlación entre el trabajo sexual y la violencia no se puede ignorar, no debería ser excesivamente simplificada y utilizada para anotar puntos en una agenda moralista. Esto no ayuda nada a las víctimas reales y, de hecho, explota su experiencia.

Las actitudes de las SWERF hacia la abolición ignoran también por completo las estructuras económicas. Muchas mujeres eligen el trabajo sexual para escapar de la pobreza, y experimentan esto como una elección empoderada. Al abogar por la abolición del trabajo sexual sin un desmantelamiento completo del sistema capitalista actual, las SWERF están negando a las trabajadoras sexuales su derecho a sobrevivir. Todo el trabajo bajo un sistema capitalista y neoliberal es explotador. Negar los derechos básicos a las trabajadoras sexuales es aumentar la explotación.

Así que quiero decir esto a otras ex trabajadoras sexuales cuyas experiencias fueron difíciles en el mejor de los casos y traumatizantes en el peor: te escucho, te quiero, tus experiencias y sentimientos son reales y válidos.

Pero también lo son los de otras personas.

No seas una SWERF.

 


Referencias y recursos

Moran, Rachel ‘Paid For; My Journey through Prostitution’ WW Norton Books