72 organizaciones LGBTQ firman una carta de apoyo a la despenalización del trabajo sexual en Washington D.C.

 

La carta, firmada por 72 organizaciones nacionales y locales, expone los argumentos a favor de la despenalización.

 

Por John Riley @JohnAndresRiley

2 de octubre de 2019

LGBTQ advocates deliver letter to D.C. councilmembers calling for sex work decriminalization

 

Activistas que abogan por la despenalización del trabajo sexual en D.C. presentan una carta, firmada por 72 organizaciones, en la que exponen su posición a la concejal de D.C. Elissa Silverman, I-At-Large (izquierda). – Foto: Sex Worker Advocates Coalition.

 

Una coalición de activistas y defensores LGBTQ ha dejado copias de una carta dirigida a los miembros del Consejo de D.C., firmada por 72 organizaciones diferentes, abogando por un proyecto de ley que despenalizaría el trabajo sexual en el Distrito de Columbia.

La coalición acudió a las oficinas de los concejales esta mañana para entregar la carta, que expone los argumentos de los partidarios por los que el proyecto de ley —presentado conjuntamente por los miembros del Consejo David Grosso (I-At-Large), Anita Bonds (D-At-Large), Robert White (D-At-Large) y Brianne Nadeau (D-Ward 1)— debe ser aprobado.

“Como organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queers y aliados, sabemos que la despenalización del trabajo sexual en DC es fundamental para la salud y el bienestar de la comunidad LGBTQ, incluyendo una mejora de la salud pública y una disminución de la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales marginadas, particularmente mujeres transgénero de color “, dice la carta.

El proyecto de ley, tal como está redactado actualmente, despenalizaría el trabajo sexual consensuado para los mayores de 18 años y crearía un grupo de trabajo para supervisar la implementación y los efectos de la despenalización y proponer enmiendas a los estatutos relacionados con las sanciones por trabajo sexual.

El grupo de trabajo de 15 miembros estaría compuesto por el Departamento de Policía Metropolitana, agencias de salud pública, defensores de derechos humanos, ex trabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales activistas. El grupo de trabajo tendría la tarea de emitir un informe que contenga sus hallazgos y recomendaciones dentro de los dos años posteriores a su formación, y se disolvería dentro de los tres años.

“Al actualizar una ley de DC que no tiene un propósito válido y está llamativamente fuera de sintonía con la investigación y el conocimiento actuales, incluida la mejor forma de combatir la transmisión del VIH, el proyecto de ley mejoraría la seguridad, la salud pública y la capacidad de las fuerzas del orden para combatir tanto crímenes violentos como delitos contra la propiedad ”, escribió la coalición en su carta.

Los cuatro argumentos clave a favor del proyecto de ley son que la despenalización del trabajo sexual

1) permitirá a las trabajadoras sexuales —particularmente a las personas transgénero que de otro modo no podrían obtener trabajo debido a la discriminación— una forma de ganar dinero para sobrevivir;

2) hará disminuir la incidencia de violencia y acoso que enfrentan las trabajadoras sexuales a manos de clientes, de delincuentes que roban a las trabajadoras sexuales, o incluso de la policía;

3) disminuirá las tasas de VIH al permitir a las personas transgénero más tiempo y espacio para negociar el uso del condón;

y 4) permitirá que las trabajadoras sexuales accedan a recursos, beneficios gubernamentales y oportunidades de empleo que de otra forma se les negarían si tienen una condena penal por prostitución.

“Penalizar un medio de supervivencia convierte a esas trabajadoras en una población blanco de victimización y violencia”, señala la coalición en su carta. “La vigilancia del comercio sexual puede convertir las prácticas de reducción de daños (como llevar condones) en evidencia de una actividad criminal. Esto a menudo obliga a las trabajadoras sexuales a elegir entre salud y evitar la detención.

“Además, cuando las personas dedicadas al trabajo sexual deben buscar áreas más apartadas o áreas con presencia policial reducida, aumentan las amenazas a su seguridad física y disminuye la capacidad de evaluar a los clientes”, continúa la carta. “… Debido a que las trabajadoras sexuales temen ser detenidas, tienen más probabilidades de apresurar la decisión de aceptar un cliente y menos probabilidades de negociar el uso del condón”.

Los activistas también citan estadísticas de una encuesta de DC Trans Coalition que encontró que el 78% de las trabajadoras sexuales temen la violencia, el acoso, la detención o la humillación a manos de la policía, y aproximadamente el 20% informa que los agentes de policía se han acercado a ellas y les han pedido sexo para evitar la detención.

“Las mujeres transgénero de color en D.C. con frecuencia son tratadas como trabajadoras sexuales, ya sea que participen en el comercio o no, lo que a menudo conduce al acoso, la confiscación de condones y la detención”, agregan. “Esta sospecha crónica y a menudo injusta conduce a la desconfianza general hacia la policía por parte de muchas personas LGBTQ. Esta desconfianza podría reducirse significativamente mediante la despenalización del trabajo sexual “.

Una defensora de la despenalización del trabajo sexual habla con el concejal de DC Jack Evans. – Foto: Sex Worker Advocates Coalition.

La carta se adelanta a una audiencia programada para el 17 de octubre ante el Comité de Justicia y Seguridad Pública del Consejo de D.C., en la que los miembros del Consejo escucharán el testimonio de las partes interesadas de la comunidad a favor y en contra del proyecto de ley.

Algunos de los firmantes de la carta incluyen: American Civil Liberties Union; Asian and Pacific Islander Queers United for Action; Black & Pink; la sección de D.C. de Black Youth Project 100; Brother, Help Thyself; Casa Ruby; the Center for Black Equity; Collective Action for Safe Spaces; el DC Anti-Violence Project, GLAA; HIPS; Human Rights Campaign; LULAC Lambda; el National LGBTQ Task Force Action Fund; No Justice No Pride; Sex Workers Outreach Project; SMYAL; The DC Center for the LGBT Community; Transgender Law Center; Us Helping Us, People Into Living; la Wanda Alston Foundation; Whitman-Walker Health; y la Woohull Freedom Foundation.

Los socios de la coalición que están presionando para la despenalización esperan reunir personas que testifiquen ante el Consejo el 17 de octubre y, después de la audiencia, organicen a los partidarios para presionar a los miembros del consejo de DC para que aprueben el proyecto de ley y al alcalde Muriel Bowser para que lo firme y lo convierta en ley.

“Nuestro objetivo final es abordar las necesidades de las personas LGBTQ en la ciudad, y parte de eso implica despenalizar el trabajo sexual en la ciudad. Queremos asegurarnos de que las personas LGBTQ de bajos ingresos satisfagan sus necesidades básicas de vivienda, empleo, educación ”, dice Tyrone Hanley, asesora principal de políticas del Centro Nacional para los Derechos de las Lesbianas, que apoya el proyecto de ley de despenalización. “Sabemos que esto no es lo único que se necesita para garantizar que las personas LGBTQ puedan tener una vida vibrante aquí, pero sabemos que este es un elemento necesario para alcanzar esa meta”.

Hanley señala que, particularmente con proyectos de ley similares presentados en sesiones anteriores del Consejo, ha habido conceptos erróneos de que una abrumadora mayoría de los residentes de DC se oponen con vehemencia a la despenalización y al trabajo sexual en general. Pero dice que los esfuerzos de organización en el terreno de los miembros de la campaña DECRIMNOW han revelado que hay más apoyo en la comunidad en general: es solo que no necesariamente se presentan durante las reuniones del Consejo para dar a conocer sus puntos de vista.

Foto: Sex Worker Advocates Coalition.

Con ese fin, los grupos involucrados en la campaña DECRIMNOW, una creación de la Sex Worker Advocates Coalition, han estado tratando de educar a los residentes de DC sobre la importancia de la despenalización, y han recogido varios cientos de firmas en una petición en apoyo del proyecto de ley.

La organización de justicia social No Justice No Pride ha estado organizando previamente a personas para enviar cartas al Consejo exigiendo una audiencia, y ahora que se ha programado una, ha estado organizando una campaña de redacción de cartas para los residentes en los Barrios 2, 3 y 7 para pedir a los miembros del Consejo, Jack Evans, Mary Cheh y Vincent Gray —todos los cuales forman parte del Comité Judicial y no han manifestado su apoyo a la iniciativa— que apoyen el proyecto de ley de despenalización.

“SWAC ha sido muy intencional al acercarse a un grupo diverso de comunidades para tener conversaciones con todos sobre este tema”, dice Hanley. “No es solo un problema LGBTQ, aunque tiene implicaciones muy específicas para la comunidad LGBTQ. La coalición, bajo el liderazgo del capítulo DC de BYP 100 y HIPS, ha estado liderando un esfuerzo para articular conversaciones en los Barrios 7 y 8. Lo que hemos encontrado a través de esas conversaciones individuales es que en realidad hay mucho apoyo a este proyecto de ley.”

Faith, una de los presidentes coorganizadores del capítulo DC de BYP 100, dice que los miembros de la coalición han estado entablando conversaciones individuales para tratar de cambiar la comprensión de las personas sobre cuáles serían las implicaciones de la despenalización.

“Creo que especialmente las personas negras que han tenido experiencia con el sistema de justicia, o tienen una familia que ha tenido experiencia con el sistema, lo saben, y es fácil para ellos entender que cuando detienen a personas, no mejoran sus condiciones materiales de ninguna manera “, dice. “así que, mientras decimos: ‘queremos que el Consejo se centre en el empleo, la educación, la vivienda’, cuando detienes a alguien, lo estás marginando”.

Faith dice que la coalición ha estado celebrando reuniones en persona y virtuales para educar a las personas sobre la iniciativa de despenalización, y realizará un evento virtual en la noche del 14 de octubre para capacitar a las personas que deseen testificar en la audiencia del Comité Judicial sobre la mejor manera para expresarse. Ella agrega que la coalición se duplicará en sus esfuerzos para presionar al Consejo para que tome medidas después de la audiencia.

“Realmente queremos mantener el impulso después de la audiencia, para que se vote en el Comité Judicial, y luego se lleve al Comité Plenario”, dice Faith. “Por lo tanto, necesitamos que las personas escriban a sus miembros del consejo, les llamen y les recuerden que la gente está observando y que queremos que se vote en breve”.

EL NUEVO NOMBRE DEL TRANSODIO Y EL ABOLOCIONISMO: RADFEM

 

Por Guillermina Huarte

28 de enero de 2019

https://enfant-terrible.info/feminismos/el-nuevo-nombre-del-transodio-y-el-abolocionismo-radfem/

 

El feminismo está en disputa. Como toda lucha histórica y política es dinámica, está en tensión y en constante contradicción. Hoy una de esas disputas es porque sea interseccional, que reconozca la explotación capitalista, patriarcal y racista. Actualmente la vuelta de las “RadFem” implicó la construcción del odio y la violencia, puntualmente, hacia las compañeras trans, travestis, no binaries, varones trans y trabajadoras sexuales. Si el feminismo es interseccional o no es, ¿puede permitir esta línea dentro del movimiento?

¿Quienes son las RadFem?

Son una “red” de mujeres  “feministas”, que se proclaman por el abolicionismo de la prostitución y de la pornografía. Se proclaman en contra de las personas que rompen con la identidad genérica que les fue asignada al nacer. Rechazan los estudios y la teoria cuir. Tienen definiciones biologicistas entendiendo a las mujeres como “hembras de la especie humana“. Postulan que las mujeres trans y travestis no pueden ser mujeres por sus genitales.  Anuncian “su resurgimiento” en los espacios feministas y esto implica una grave violencia puntualmente a las personas que no son cis genero.

La página de facebook de “RadFem Argentina” es realmente nociva, violenta y discriminadora. El trato hacia las personas trans y travestis es inaceptable. Ignora la Ley de Identidad de Género, donde autopercibirse y nombrarse como una persona quiera o desee es un DERECHO, y no una patología. Si bien hecha la ley, hecha la trampa y que eso no es garantía del cumplimiento de todos nuestros derechos, ni tampoco funciona como debería, y que también es cierto que en miles de situaciones los derechos de las personas trans y travestis se ven nuevamente vulnerados, hasta el punto de que la expectativa de vida del colectivo no supera los 35 años, y que una ley debe ir acompañado de un proceso de integración y de cambio cultural, la Ley de Identidad de Género existe porque es una conquista de años de trabajo y lucha del movimiento LGTTTBIQ+. Es urgente entender que estas personas que se pronuncian como “feministas” pueden impugnar nuestras luchas, nuestro derechos y nuestras identidades.

El 2019 comienza con una convocatoria de Alika para “interesadas” en ser “feministas radicales” con el objetivo de cambiar la consigna y la participación del 8M en la que solo estén incluídas las mujeres cisexuales.

Ya el año pasado en diversas ocasiones las “RadFem” anunciaron su “vuelta”, tanto en la aparición de espacio feministas para disputar sus ideas trans odiantes de no incluír a las personas trans y travestis en consignas y marchas, como en pintadas que decían: “Googleá alika”“las RadFem volvimos”.

Estos grupos difunden discursos de odio, también, a las trabajadoras sexuales. Hace un tiempo hackearon la cuenta de Georgina Orellano, la Secretaria General deAmmar- Sindicato de trabajadorxs sexuales de argentina-, publicando en su muro de facebook “Queremos anunciar el fallecimiento de Georgina Orellano a causa de un ACV. Al fin triunfó el abolicionismo”. Teniendo en cuenta que no sólo hostigan a las trabajadoras sexuales vía internet. Lo hacen en las marchas con insultos. Interrumpen sus charlas y actividades. Las persiguen políticamente. Las hostigan cuando salen a trabajar. Además de acusar a las trabajadoras sexuales de ser proxenetas en diversas ocasiones.

Si bien el debate de trabajo sexual es más complejo, no puede leerse desde la perspectiva que lo hacen las “RadFem”, que además de descargar en las trabajadoras sexuales toda su violencia, las victimizan al decir que no elijen su trabajo y que todos sus derechos son vulnerados. Es urgente desmentirlo. Hay una larga e inmensa lucha de las trabajadoras sexuales por diferenciar el trabajo sexual de la trata de personas. Le guste a quien le guste, hay un colectivo de personas que ejercen el trabajo sexual que está organizado hace años luchando por el reconocimiento de sus derechos laborales. Es una deuda de las organizaciones, colectivos y personas feministas no reconocer a las trabajadorxs sexuales como sujetxs políticxs que están organizadxs por conseguir sus derechos, y que además son aliadxs en muchas otras luchas, y que lxs vemos en las calles cuando hay que estar. También reconozco que no toda posición abolicionista es inmediatamente “RadFem”, y esto es una apreciación personal. El feminismo “pro-sexo” no sólo disputa el reconocimiento del trabajo sexual, sino que disputa sentidos sobre la apreciación moral del cuerpo, del sexo, del placer, del deseo, tensionando una línea que pone constantemente en víctima a las personas que, de alguna forma u otra, ejercen o consumen el trabajo sexual.

Con respecto a la lectura esencialista de la mujer, del género y del sexo, hay una similitud con discursos de Agustín Laje, por ejemplo, cuando dice que las personas trans son “hombres disfrazados de mujeres”. La similitud que tienen sus discursos de un varón heterosexual que escribe y difunde teorías anti-feministas, anti-izquierda, basado en un argumento religioso, esencialista, dañino, moral y de odio. Nada más y nada menos que al símbolo namber uan del anti feminismo dice cosas similares sobre las personas trans y travestis. ¿Cómo es posible que después de tantos años de disputa intelectual por desmentir el destino biológico de “las mujeres” hoy recaigamos en concepciones muy parecidas sobre la “esencia” de la feminidad y el sexo biológico (si es que eso existe)? Simone de Beauvoir lo plenteó en uno de los aportes más importantes para el feminismo, obviamente luego refutados y criticados, pero que sirvieron para seguir avanzando y no al revés. En “el segundo sexo”, ya daba cuenta de que “no se nace mujer, se llega a serlo”, planteando así que los roles asignados a las personas por su sexo y género son construcciones culturales.

¿Entonces las personas trans que abandonan el género asignado al nacer, son “traidores de género”, algo así como en el Cuento de la Criada? De repente parece haber una dictadura moral que reprime y  corrige cuerpos, identidades y luchas. ¿Cómo puede ser que esto resurja después de todo el aporte que el movimiento LGTTTBIQ+ hicieron al feminismo? ¿cómo negar el aporte que hicieron y hacen las compañeras travas y trans?  ¿cómo puede leerse a la violencia machista y patriarcal de forma tan simplista y binaria? ¿cómo puede hablarse de que las compañeras trans y travas son opresoras por el género asignado al nacer, o que las trabajadoras sexuales son proxenetas?. Si, se puede porque es una disputa política y constante. Pero ahí es donde hay que ganar.

La interseccionalidad del feminismo se plantea para poder comprender y criticar un sistema desigual que es estructural. En términos de clase, de género, de etnia. Un sistema desigual que también es imperialista y racista. Una de las disputas del feminismo es reconocer esto para poder transformarlo. Entonces, si el feminismo es interseccional o no es, que sea con lxs trans, lxs no binaries, las trabajadoras sexuales y las travas adentro.

 

Guillermina Huarte

Estudiante de eso que le llaman comunicación social. Lesbiana y feminista con orgullo. Pelea con facilidad. Quisiera que sea verano todo el año. Desconfía y reniega de la astrología.

 

María Galindo: “Yo quisiera preguntarle a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias qué harán con la Ley de Extranjería”

 

 

Por Brenda Navarro

11 de julio de 2018

https://www.pikaramagazine.com/2018/07/maria-galindo-mujeres-creando/

 

La cofundadora del movimiento boliviano ‘Mujeres Creando’, se encuentra presentando su último libro, ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, en el explora las subjetividades de los políticos bolivianos. Señala constantemente las lógicas neoliberales y coloniales porque “es un absurdo pensar en feminismos en cualquier parte del mundo sin construir con las mujeres de abajo”.

 

María Galindo en el Parlamento de los cuerpos, en Atenas./ Foto cedida por la entrevistada

 

María Galindo (La Paz, Bolivia, 1964), cofundadora del movimiento boliviano autodenominado como anarquista-feminista Mujeres Creando, estuvo en territorio español para presentar el libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’ (2017). En su primer encuentro con Pikara Magazine, Galindo se posiciona respecto a su relación con España —“no traigo mi libro a España, que conste en actas”— pues explica que para ella, el debate con algunos feminismos europeos no es su prioridad: “Lo siento mucho pero no lo es. Acá las españolas se leen entre españolas o máximo suelen ampliar su horizonte a otros feminismos del norte del mundo. Y yo sé que lo hacen así, las editoriales también, incluso las editoriales alternativas. Entonces, no era una prioridad”.

Sin embargo, Radio Deseo, radio feminista que pertenece al colectivo de Mujeres Creando y que opera desde 2007 en territorio boliviano, fue invitada al aniversario de la Deutsche Welle en Alemania, para presentarse como la única representante de radio feminista latinoamericana de entre dos mil trescientos medios de comunicación. “Y claro, cruzas el charco y en ese caso ya mi espíritu es un espíritu de compartir y debatir con quiera escuchar, porque claro que hay circuitos de gente que le interesa debatir con Mujeres Creando, por ejemplo mi libro ‘No se puede descolonizar sin despatriarcalizar’ (2013) se vende en cinco o seis países del mundo y uno de esos países es España.”

“EL SISTEMA NEOLIBERAL ESTÁ DISPUESTOS A DARTE DERECHOS DE TERCERA O ÚLTIMA GENERACIÓN, A CHANTAJEARLOS, A OBLIGARTE A HACER LOBBY POLÍTICO, Y POR OTRO LADO TE QUITAN DERECHOS QUE YA HABÍAN CONQUISTADO NUESTROS PADRES, NUESTRAS ABUELAS”

María Galindo, nos explica que el libro ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’ (2017), más que un libro es una propuesta editada tanto en papel como en DVD en el que se presenta un estudio sobre las creencias, sentimientos, convicciones culturales y religiosas respecto a los cuerpos, el placer, las sexualidades diversas, etc. de mujeres y hombres que ocupan cargos parlamentarios en Bolivia: “Es un estudio muy interesante debido a que hay un replanteamiento de la estrategia de lucha para el movimiento LGBT que ya está muy agotada políticamente, y en este sentido, vale la pena hacer unas presentaciones con la gente que está interesada”.

— Al decir: “ahora nosotras vamos a cuestionar”, ¿fue algo pensado o cuando se dio la oportunidad de platicar con el vicepresidente Álvaro García Linera se te vino la idea?

— La llamada del vicepresidente parlamentario fue una llamada inesperada, pues en doce años de gobierno, sólo una vez me han contactado y lo aproveché al máximo. En ese sentido, cuando un patriarca, como es el Vicepresidente de la Asamblea legislativa, me dice “¿qué quieres?”, contesté: Quiero seguir jodiendo. Quiero investigarlos a ustedes a largo aliento para correr la cortina, como en el teatro, y mostrar las bambalinas del parlamento. Y eso es interesante porque a escala latinoamericana -pero también está pasando en España- muchos movimientos se asoman al poder político formal, con una serie de demandas sin saber nunca cómo son los procesos que tienen las personas con las que están tratando.

Entonces, este estudio es extrapolable a cualquier sociedad. Por ejemplo, yo no sé si un movimiento marica, si un movimiento feminista, en España, -ya sea a nivel regional o sea a nivel del Estado- tenga la fuerza para saber qué piensan sus parlamentarios. Es decir, ¿por qué no llegar y preguntarle a Pablo Iglesias si consume prostitución, por qué sí, por qué no? Buscar entender estas subjetividades de las personas que dicen representarnos. Porque mira, compañeros que representan al movimiento indígena suelen tener respuestas y formas de pensar anti-indígena. Si los políticos o los jueces que defienden la violación y que responsabilizan a la víctima fueran interpelados, el proceso político sería otro. Pero de estas cosas no se hablan porque dicen que es su vida privada; o porque el sexo, el cuerpo, el placer, etc. nunca entran en los procesos electorales, porque estos son procesos de marketing, algo muy parecido a las ofertas y rebajas de El Corte Inglés. Se escoge al que es guapito -presentable-, es decir, basados en crear una imagen falsa que quede bien ante las cámaras.

— Dices que tenemos que dejar de pensar dentro del neoliberalismo, ¿cómo le hacemos las que tenemos que entrarle aunque no queramos?

— Yo no soy una persona a la que le interese presentarse como perfecta, ni mucho menos presentar recetas porque cada quien subsiste como pueda. Pero, si hay una compañera que atiende un McDonald’s, no la vas a condenar como si fuera representante de esa empresa puesto que ella está en un trabajo precario y no le queda de otra. En este caso, hablo de las exiliadas del neoliberalismo, que por ejemplo, aquí en Madrid, te sirven los cafés y están en todos los trabajos precarios, estas exiliadas de nuestra tierra.

El problema no es atacar cómo estás construyendo tu subsistencia. Pero sí, -como movimientos organizados-, tenemos que tener en cuenta que no podemos dejarnos domesticar por las lógicas políticas del neoliberalismo. Ahí sí tenemos una gran responsabilidad. Y tenemos que cuestionar que el neoliberalismo ha exaltado el discurso de derechos para… Y ese discurso lo que ha hecho, es generar un mercado de ofertas, entonces ahora hay: que si derechos para personas con discapacidad, derechos para LGTB, población trans, etc. E incluso las leyes “trans” también tienen un contenido domesticador muy fuerte. Y esto lo digo como lesbiana y como desempleada crónica. Entonces, es necesario seguir hablando de cómo el discurso de los derechos es totalmente cooptado por una lógica neoliberal, porque están dispuestos, por un lado, a darte derechos de tercera o última generación, a chantajearlos, a colocarte en la fila y a obligarte a hacer lobby político; y por otro lado, te están quitando los derechos que ya habían conquistado nuestros padres, nuestros abuelos y abuelas. Hemos tenido que volver a exigir eso y es entrar a un juego ahistórico y confuso que fragmenta al sujeto político y convierte a los sujetos en clientes del sistema.

“LAS MUJERES QUE PARTICIPAN EN ESPACIOS DE PODER, O NO ESTÁN TOMANDO DECISIONES O TOMAN DECISIONES AFINES AL ESQUEMA DE PODER PATRIARCAL. Y LAS QUE SE REBELAN SALEN CON UNA PATADA DE AHÍ”

Hablemos de casos concretos: en Bolivia, a la población trans les dieron la ley de Identidad de Género que debería de llamarse “Ley de cambio del dato de sexo en el carnet de identidad” porque fue lo único que se les dio, no se les dio atención médica que es muy importante para ellas, ellos y elles, ni se les dio nada más. La mayor parte de esas compañeras no tienen economías bancarizadas, tampoco viajan, es decir, usan el carnet para colgarlo en la pared porque son no-ciudadanas. Entonces, no son ni treinta personas que hicieron el cambio con la ley, porque la mayor parte de las compañeras trans están en prostitución y sus niveles de marginalidad son tan altos que el carnet de identidad no les sirve y no les interesa.

Y esto sucede porque cuando tú das un derecho así, en términos homogéneos, las y los de abajo no acceden y eso es justamente lo que está pasando con el discurso bobo de los derechos de las mujeres, pues las mujeres de la calle, de a pie, estos veinte años llenos de discursos de derechos no les ha ayudado en nada.

— ¿Qué pasa con mujeres que dicen, “sí, pero, seguir haciendo desayunos y trabajo doméstico que son del ámbito privado, ya no quiero hacerlo, quiero estar en la parte pública, en la toma de decisiones”?

— Nosotras en Mujeres Creando hacemos una autogestión muy dramática que tiene serios problemas, porque si una de nosotras se enferma, todo se desbalanza. Es decir, la autogestión no es una taza de leche y además hay una lucha por la subsistencia tan grande, que lo que actualmente se hace desde la autogestión, es subsistir. No voy a vender eso como la maravilla. Pero, ahora bien, las mujeres que dicen que quieren estar en los lugares donde se dan las tomas de decisiones, nos están mintiendo, porque están en esos lugares pero no están tomando decisiones y cuando lo hacen, en realidad están tomando decisiones afines a los esquemas del poder patriarcal. Nosotras nos enfrentamos todos los días con juezas que no viabilizan casos de violación, pagos de asistencia familiar, etc. Además, cuando yo he visto a una compañera rebelarse en esos ámbitos, sale con una patada de ahí, porque hay diez en la lista que la pueden sustituir. Como el caso de las mujeres indígenas que nada más están ahí para la foto de la diversidad.

— Vuelvo a esto de las exiliadas del neoliberalismo: pienso en todas estas mujeres bolivianas que sobreviven haciendo trabajos de cuidados y doméstico, ¿qué les podrías decir a las mujeres españolas respecto a este fenómeno en el que ellas muchas veces pueden estar en el espacio público, porque hay alguien más sustituyéndolas en el privado?

— Yo utilizo la categoría de exiliadas del neoliberalismo porque no pueden estar acá y no pueden estar en ninguna otra parte, ya que son expulsadas de las estructuras económicas de las sociedades a las que pertenecen, porque aunque en nuestras economías, hemos creado mecanismos de subsistencia para no morir de hambre, estos mismos mecanismos están saturados y llega un momento en el que ya no da para más y muchas de estas mujeres se endeudan para salir del país; por eso hablo de una expulsión y no migración, decirle migración es cruel, porque en realidad es un exilio. Además, en el caso de Bolivia, las remesas juegan un papel importantísimo en la economía, no estamos hablando de cuatro infelices, estamos hablando de mujeres que están sosteniendo salud, alimentación y vivienda de amplios sectores de la población en mi país. Y lo peor es que no se les reconoce nada, al contrario, se les culpabiliza porque “dejaron”, “abandonaron” a los hijos, porque destruyeron a la familia, etc.

“HABLO DE EXILIADAS DEL NEOLIBERALISMO PORQUE SON MUJERES EXPULSADAS DE LAS ESTRUCTURAS ECONÓMICAS DE LAS SOCIEDADES A LAS QUE PERTENECEN. EN VEZ DE RECONOCERLAS, SE LAS CULPABILIZA”

Ahora, con una masa tan grande de mujeres como la que ha venido a España, es necesario preguntar qué hacen, pues han venido a ocupar prostitución y cuidados y han cambiado la esfera de relaciones hombre-mujer en esta sociedad y en otras. Y ni siquiera es en términos de empoderamiento, porque en realidad pasa que las mujeres blanco-europeas de clase media accedieron a poder salir, a dejar a su madre, a su padre, a sus hijos, en manos de una tercera renunciando a la presión sobre los hombres y pudiendo pagar un salario muy bajo a esta tercera y esto es muy grave, porque no se reduce a que es una a costa de la otra, sino que hay que dejar claro que se debería de estar hablando de cómo es que ninguna visión feminista puede construirse en España, pero en ninguna otra parte, sino se construye desde la totalidad del análisis del trabajo de cuidados.

A ver, que nos respondan por qué el ámbito de la prostitución está lleno de mujeres de fuera de España. Que nos respondan, y que no se confundan, nosotras respetamos todo este tema de la prostitución, incluso tenemos propuestas y las estamos llevando adelante en Bolivia, pero en España, las mujeres más pobres están en prostitución y la mayoría, no son españolas. Y en España, el resultado de esta discusión es totalmente artificial, racista, colonial, pero especialmente neoliberal.

En Bolivia y en otras sociedades latinoamericanas, también pasa lo mismo en relación con el campo indígena: en las ciudades urbanas de América Latina, son las mujeres indígenas, jóvenes, expulsadas de sus comunidades a las ciudades, quienes también cumplen las labores de cuidados para que las mujeres de las clases medias accedan a una compensación de todas sus responsabilidades. Entonces, es un absurdo pensar en feminismos en cualquier parte del mundo sin construir desde las mujeres de abajo. 

Acción de ‘Mujeres Creando’ “Cuerpos hechos bolsa” en la televisión pública en La Paz./ Enzo de Luca

— Se dice que son las mujeres migrantes las que deben de alzar la voz, las que deben de exigir lo que necesitan, ¿cómo hacerles entender que esta postura es engañosa?

— Yo a cualquier mujer española le diría: mira, entra a internet y lee la ley de Extranjería. Aquí no me interesa qué postura tienen respecto a la organización existente o no, de las mujeres exiliadas del neoliberalismo, basta que lean la Ley de Extranjería, porque esta ley explicita de forma muy clara contenidos racistas, coloniales, etc. El famoso tema de los papeles es absurdo, si una mujer española tuviera que asumir estas obligaciones para ella, terminaría chillando con voz muy alta y jamás aceptaría esas condiciones sobre sí mismas y sobre su trabajo. ¿Por qué ignoran esto? ¡Porque además es su Estado! Es en el nombre de ellas, y en nombre de sus supuestos derechos que se impone esa ley de Extranjería a toda la fuerza laboral que viene a este país y que resuelve parte del funcionamiento de su economía. España necesita esta fuerza laboral y aún así imponen esas condiciones para presionar a las personas y filtrar a quién y cómo aceptan en el país para tenerlas en condiciones de mayor subordinación.

“A LAS MUJERES ESPAÑOLAS LES SUGERIRÍA QUE NO LEAN A ANGELA DAVIS, A MARÍA GALINDO O A SILVIA FEDERICI Y QUE SÍ LEAN LA LEY DE EXTRANJERÍA. AHÍ ESTÁ EL RACISMO Y EL COLONIALISMO EXPLICITADO”

Entonces, yo les sugeriría que no lean a Angela Davis o no lean a la María Galindo o a la Silvia Federici, -que es más o menos su igual- y que sí lean la Ley de Extranjería, que además tiene este examen de españolidad, que implica reconocer la capacidad de las personas para adaptarse a estos países y esto es sumamente violento. ¿Cuánto de nuestros pueblos, de nuestras historias, cuánto de lo que somos, se estudia en los colegios españoles? Nada. Pero tú para vivir en Europa tienes que hacer un examen.

Además, yo quisiera preguntarle al gobierno de Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias -que se presenta muy de izquierda-: ¿Qué harán con la ley de Extranjería? No que nos hablen bonito. Pablo Iglesias viene a Bolivia y le aplauden, pero mi pregunta para Pablo Iglesias es qué va a hacer con la ley de Extranjería.

Y a Pedro Sánchez decirle: qué bonito tu gesto de recibir una patera pero que nos diga con pelos y señales: Artículo 1, ¿qué harías?, Artículo 2, ¿que harías? Y así con todos los artículos. ¿Qué van a hacer con los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)? Porque estos centros de internamiento son en sí mismos violaciones a los derechos humanos e incluso podemos decir que son paralelos a Guantánamo por lo horrorosos. Y varios movimientos de mujeres lo dejan de tener en su horizonte, porque dicen “eso es cosa de los africanos, cosa de las migrantes” pero no, compañeras, eso no es así, porque mira, la Ley Mordaza que te imponen a ti, tiene mucho que ver y está conectada y son esas conexiones las que me interesan que se analicen.

— ¿Qué pasa con los feminismos latinoamericanos que terminan por verse homogeneizados cuando se hacen lecturas desde Europa?

— No, por supuesto. Las estructuras racistas y coloniales se reproducen en todos lados. Yo veo varias diferenciaciones a escala planetaria pero que ahora funciona muy bien para lo que se mal llama feminismo latinoamericano. Y es necesario hacer una diferencia entre feminismos latinoamericanos y la tecnocracia de género. Y en este sentido, hay que explicar que la tecnocracia de género es un proyecto que surge en toda América Latina y captura la categoría de género y la funcionaliza al proyecto neoliberal para que las mujeres ocupemos un lugar de amortiguación de las medidas de ajuste estructural.

“LA TECNOCRACIA DE GÉNERO ES UN PROYECTO QUE SURGE EN TODA AMÉRICA LATINA, QUE FUNCIONALIZA LA CATEGORÍA DE GÉNERO AL PROYECTO NEOLIBERAL PARA QUE LAS MUJERES AMORTIGÜEMOS LAS MEDIDAS DE AJUSTE ESTRUCTURAL”

Hay un proyecto de la tecnocracia de género que ha sido liderado por las organizaciones no gubernamentales que han unido la categoría de género y de desarrollo y que empata con la misma provenza de desarrollo que vienen haciendo la Cooperación Internacional desde la década de los años setenta, en el que se hablaba de subdesarrollo  aunque ahora dicen que no lo somos y ahora que dicen que más bien es un desarrollo sostenible con perspectiva de género del que no se entiende muy bien a qué se refieren, pero es un apellido que queda muy bien y que es políticamente correcto pero sigue siendo el mismo proyecto colonial en nuestro continente que busca y opera la extracción salvaje de la materia prima a precios muy bajos, pero, eso sí, con una envoltura muy bonita a la que llaman democracia, derechos para las mujeres, de empoderamiento, de talleres de autoestima y no sé cuánta bobada más.

Pero también hay que decir que luego tienes un espectro de feminismos muy variados dentro los que encontramos a los ecofeminismos, los feminismos autogestionados, conjunto de feministas que nacen en torno de reivindicaciones concretas de cara a los feminicidios, a la violencia machista, etc. Y yo te diría que ahí estamos nosotras en donde planteamos la despatriarcalización. Y también que quede claro que yo soy la autora de la despatriarcalización, no lo es María Lugones, no lo es el gobierno boliviano, todos esos son plagios que no reconocen autoría y no reivindico la autoría en un acto ególatra, lo que yo quiero es que se respeten las genealogías y esto tiene que ver con entender que si hablamos del feminismo como un fenómeno planetario, presente en todos los continentes y en todas las sociedades, no podemos sostener que el feminismo está anclado a la matriz eurocéntrica que nace con las reivindicaciones de las mujeres en el contexto del Estado Moderno burgués. Nosotras, quienes participamos en los feminismos latinoamericanos no somos una simple prolongación tardía que repite las consignas del feminismo europeo veinte años o treinta años después, esta es una mirada colonial que se tiene sobre los feminismos. Sucede que, en realidad, nosotras tenemos una genealogía propia, porque si tú haces un corte histórico y comienzas hablando de la revolución francesa de 1789, entonces, se tendría que hacer otro corte histórico importante en la que se visibilicen las luchas anticoloniales, que por ejemplo en la parte andina, datan de 1700 y donde puedes ver fenómenos muy interesantes en donde las mujeres tenían una participación esencial, en donde se proponían cosas y que se están indagando actualmente.

Y en este libro, ‘No hay libertad política si no hay libertad sexual’, ya planteo la relación trágica-colonial entre mariconería e indigenismo. En el primer capítulo documenté cómo el colonialismo se dedicó a perseguir todas las formas de sexualidad no heterosexuales porque atentaban con la visión judeocristiana sobre el cuerpo, el sexo y el placer. Es decir, antes de esta colonización, había diversidad sexual, existían en las culturas precoloniales que fueron sepultadas y negadas por completo. En aymaraque es uno de los idiomas más importantes de la región andina ya desde el año 1500 había conceptos para definir sexo entre mujeres o para definir mujer que no quiere tener wawa(hijos), que no quiere reproducirse, o para definir persona que no es hombre ni mujer, etc. que han sido eliminados del imaginario social y su léxico por este pasado colonial. Hay que seguir hablando de esto.

 

Un estudio encuentra más violencia e infecciones sexuales cuando se penaliza el trabajo sexual

 

 

Por Nina Avramova, CNN

11 de diciembre de 2018

https://edition.cnn.com/2018/12/11/health/criminalizing-sex-work-more-violence-stds-intl/index.html?no-st=1544563446

 

Las trabajadoras sexuales experimentan una probabilidad tres veces mayor de violencia sexual o física en ambientes de represión policial.

 

 

(CNN) Las trabajadoras sexuales en 33 países que tienen que hacer frente a actuaciones policiales represivas (identificadas como detención, encarcelamiento, confiscación de agujas, jeringas o condones, desplazamiento a nuevas áreas o violencia física o sexual por parte de los agentes) tienen una probabilidad tres veces mayor de experimentar una enfermedad física. o violencia sexual, según un nuevo estudio.

Tenían el doble de probabilidades de tener VIH y otras enfermedades de transmisión sexual que las trabajadoras sexuales que no estaban expuestas a la violencia policial represiva y al abuso de poder. El grupo que tiene que hacer frente a la represión policial también tenía más probabilidades de tener peor salud mental, informa el estudio, publicado el martes en la revista PLOS Medicine.

Lucy Platt, investigadora principal y profesora asociada en epidemiología de salud pública de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, dijo que las “prácticas represivas de la policía aumentan los daños” para las trabajadoras sexuales. El documento también afirma que la reforma de las leyes es necesaria para mejorar la seguridad de las trabajadoras sexuales.

Peter Greenhouse, portavoz y consultor de salud sexual de la Asociación Británica para la Salud Sexual y el VIH, estuvo de acuerdo. “Esta nueva investigación exhaustiva demuestra definitivamente lo que hemos sabido durante muchos años”, escribió Greenhouse, que no participó en el estudio, en un correo electrónico. “Que la represión policial contra las trabajadoras sexuales aumenta la violencia contra las mujeres y reduce el acceso a la atención de salud sexual”.

Las trabajadoras sexuales, en promedio, tienen 13 veces más riesgo de contraer VIH que la población general, según la organización benéfica Avert, con sede en el Reino Unido, que brinda educación sobre el VIH. Esto se debe a que son económicamente vulnerables, no pueden negociar el uso del condón todas las veces y experimentan violencia, criminalización y marginación, dice Avert.

El estudio examinó artículos de investigación revisados ​​por pares entre 1990 y 2018 sobre trabajo sexual, legislación, actuación policial y salud. Los datos de 33 países, incluido el Reino Unido, se utilizaron para estimar los efectos promedio de la actuación policial represiva, en comparación con los efectos que las trabajadoras sexuales experimentaron en ausencia de ésta.

Las trabajadoras sexuales que no estuvieron expuestas a la represión policial tenían un 30% menos de probabilidades de tener relaciones sexuales sin condón que sus compañeras en ambientes represivos. El riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual se duplicó y el riesgo de sufrir violencia física o sexual se triplicó en las trabajadoras sexuales en entornos represivos.

El colectivo activista británico SWARM, que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales, conectó a CNN con una de sus miembros, una trabajadora sexual que solicitó ser mencionada por el seudónimo Katy Caradonna. “Es obvio para las trabajadoras sexuales que cuando tenemos menos derechos en el trabajo —y cualquier penalización del trabajo sexual reduce nuestros derechos en el trabajo— somos menos capaces de protegernos de la violencia o de buscar remedio, y los depredadores saben que somos objetivos más fáciles”, escribió en un correo electrónico.

En su análisis, el estudio descubrió muchas formas de violencia policial y abusos de poder, como la detención arbitraria, la extorsión, la violencia física y sexual y la falta de acceso a la justicia.

El estudio explicó que el temor a la detención o la detención de hecho llevó a las trabajadoras sexuales a acelerar las negociaciones con los clientes o a trabajar en lugares aislados que aumentan los peligros.

La denuncia de delitos también es un problema. “Con frecuencia, la policía no actuó tras la denuncia de tales delitos por parte de las trabajadoras sexuales, o culpó y detuvo a las trabajadoras sexuales, lo que significa que los delincuentes pueden actuar con impunidad y las trabajadoras sexuales se mostraron reacias a informar a la policía en el futuro”, dijo Platt.

El estudio también identificó que las desigualdades dentro de la comunidad de trabajadoras sexuales se veían agravadas por la represión policial, porque la policía a menudo se dirige a poblaciones o entornos específicos, como las trabajadoras sexuales en la calle o las personas trans. Esto “marginó aún más a estos grupos vulnerables”, explicó Platt.

Del mismo modo, la represión policial en los lugares de trabajo sexual restringe el acceso a los servicios de salud, lo que dificulta que los programas de ayuda encuentren a las trabajadoras sexuales.

Investigaciones anteriores demostraron que la despenalización en Nueva Zelanda dio como resultado que las trabajadoras sexuales pudieran rechazar a los clientes e insistir en el uso de condones. Otro estudio mostró que la despenalización tiene el potencial de reducir la discriminación, así como las denegaciones de justicia, la denigración y el abuso verbal.

Los investigadores esperan que haya cambios en las leyes de trabajo sexual. Mientras tanto, abogan por la necesidad de aumentar la financiación de los servicios especializados en sexo y los servicios dirigidos por trabajadoras sexuales para abordar las diversas necesidades de asistencia médica y bienestar de las personas que venden sexo.

Una de los investigadores, Pippa Grenfell, profesora asistente de sociología de salud pública en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, agregó que “los cambios en las leyes de trabajo sexual por sí solos no son suficientes”. Explicó que existe la necesidad de una acción política más amplia para hacer frente al estigma y la discriminación de las trabajadoras sexuales abordando también las desigualdades en otros asuntos, como la vivienda o el bienestar social.

El estudio tiene algunas limitaciones. Solo se incluyó un pequeño número de artículos centrados en la despenalización del trabajo sexual y en la penalización de la compra de sexo. Del mismo modo, pocos estudios incluyeron datos sobre trabajadoras sexuales trans femeninas y cis masculinos.

Catherine Murphy, asesora de género de Amnistía Internacional, que no participó en el estudio, señaló en un correo electrónico que “la penalización perjudica a las trabajadoras sexuales y este estudio muestra que tenemos casi tres décadas de investigaciones que lo confirman”.

Deborah Gold, directora ejecutiva del National AIDS Trust del Reino Unido, que no participó en el estudio, dijo en un correo electrónico que la revisión presenta “pruebas convincentes que respaldan la alegación que las trabajadoras sexuales han estado haciendo sobre el VIH durante una generación: que las leyes penales represivas contra el trabajo sexual aumentan el riesgo de contraer el VIH y son la causa de muchas otras desigualdades. Esto tiene que terminar “.

Cómo la penalización de los clientes está arruinando la vida de las trabajadoras sexuales

 

Una trabajadora sexual en el bosque de Boulogne. AFP / THOMAS SAMSON

 

Por Pierre Bafoil

6 de diciembre de 2018

https://www.lesinrocks.com/2018/12/06/actualite/comment-la-penalisation-des-clients-pourrit-la-vie-des-travailleuses-du-sexe-111149359/

 

Están cansadas. Leyes que las ponen en una situación de angustia y debilidad, violencia día tras día, el estigma social que pesa sobre ellas. Con motivo de la presentación de la Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad contra la ley de penalización de los clientes de la prostitución, tres trabajadoras sexuales cuentan su vida cotidiana.

 

Cuando llega a la rue Saint-Denis en París, Sandra * tarda varios minutos en hacer tres metros. Allí un conocido, aquí un colega, enfrente un amigo que no ve desde hace mucho tiempo. Finalmente, vuelve de su ronda de saludos, que la ha llevado a la rue Blondel, la perpendicular, y cruza la carretera echando pestes.

“Es una locura, hemos estado allí más tiempo que todos los demás, pero las putas no tenemos derecho a los cruces de peatones”. Lo suficientemente fuerte como para alegrar los rostros de los clientes que evitan cuidadosamente cruzar la mirada con estas damas de colores y tacones, apoyadas contra las paredes de la calle.

“Prostituta, otra palabra que nos menosprecia”

Sandra lleva más de quince años trabajando en la rue Saint-Denis. Es una “tradicional” de este lugar histórico de la prostitución parisina, cantado con ternura por Brassens. “Odio la palabra ‘prostituta’, incluso prefiero decir” puta “[ N.de la T.:prostituta en francés se dice prostituée, prostituída], advierte empujando la puerta de su apartamento de 17 m2 en el último piso de un edificio antiguo con pinturas decrépitas. Prostituta es una palabra que nos menosprecia. Somos trabajadoras sexuales “. 

Incluso cuando ya no está trabajando en la calle conserva este nombre, Eloísa*. Desde hace siete años, trabaja en internet, en sitios de escorts. Se contacta con ella a través de anuncios publicados en plataformas especializadas más o menos legales. Recibe en habitaciones subarrendadas o se traslada a casa del cliente y al hotel. “No podría con la acera”, explica, “mi actividad en Internet me conviene, sé cómo hacer las cosas, siento cosas, puedo decidir a quién veo. Todas desarrollamos filtros de gilipollas, según la práctica o el lugar de trabajo. Bueno, ahora es cada vez más difícil poder elegir … “

Samantha ha perfeccionado su “filtro de gilipollas” durante más de veinticinco años. Desde que trabaja en el Bois de Boulogne y en la Porte de Charenton, al otro lado de París. A veces a pie, a veces en furgoneta. Ella conoce a todos en Boulogne. En la oscuridad de la linde del bosque, por las siluetas, por el modo de andar, por la ubicación, reconoce a las colegas a quienes dirige besos soplados. “Trabajo cada vez más en furgoneta”, dice, saludando a un grupo que conversa debajo de un árbol, “pero de todas formas vengo dos o tres veces al mes, para mostrar que todavía estoy aquí y para conservarr mi lugar”.

Su lugar es entre dos autos estacionados junto al bosque, frente a una lámpara de calle apagada. Después de cierta hora, se ilumina solo por las luces amarillentas de los faros de los coches. Hace meses que dura esto, hace meses que trabaja en los peligros de la negra noche. “A veces hay que trabajar a la luz del teléfono. Francamente, esto se está volviendo cada vez más difícil”. 

“Protegednos en lugar de precarizarnos” 

Sandra, Eloise y Samantha. Tres cuadragenarias, tres trabajadoras sexuales independientes, tres lugares de prácticas diametralmente diferentes para una declaración común: “Nuestras condiciones se han deteriorado gravemente. Se ha sumido nuestra actividad en un miserabilismo peligroso”.

Ya sea en Internet, en la calle o en el bosque, para ellas solo hay un rayo de esperanza: la anulación de la ley que penaliza a los clientes de la prostitución. Hace unas semanas se transmitió al Consejo Constitucional una Cuestión Prioritaria de Constitucionalidad y las últimas conclusiones se presentaron el 5 de diciembre. Los Sabios deben tomar su decisión antes de tres meses.

Estas tres trabajadoras sexuales confiaron sus historias a Inrocks. Todas quieren explicar “su elección profesional”. Cansadas de ser reducidas a mujeres débiles, explotadas y sin libre albedrío. “Obviamente estamos en contra de la trata, pero nosotras hemos elegido, zanjan a coro. Nadie nos obliga. ¿En nombre de qué se nos prohibe hacer lo que queremos? Protegednos en lugar de precarizarnos.” 

“Prefiero esto a cualquier otra cosa”

Sandra, rue Saint-Denis, y Eloise, en la red, no siempre han estado en el trabajo del sexo. La primera habla poco de su vida anterior. Comenzó hace dieciséis años, como resultado de “problemas en su vida profesional”. A principios de la década de 2000, tuvo la oportunidad de comprar un pequeño apartamento en la rue Saint-Denis, que aún hoy ocupa. Entonces comienza por su cuenta. “Me fastidiaba. Me niego a tener un jefe detrás que me dé órdenes. Me gusta este aspecto inconformista”.

Para su familia, ella es una recepcionista en un hotel. Niega que el estigma social de su trabajo real afecte a sus familiares. No sabe si su hija, estudiante, lo entendería. “Podría rechazar el dinero que le doy, y eso no lo quiero”.

 Durante quince años, Eloise, una ejecutiva de negocios, llevó “una vida bastante clásica después de hacer un master en administración”. Gradualmente, sufrió un “deterioro de las condiciones laborales, presión, falta de respeto por parte de la jerarquía”. Dos depresiones la llevaron a “cuestionarse” a ella misma. Libertina desde siempre, se lanzó a ser escort “por pura curiosidad”. Practicó como aficionada por unos años antes de ponerse en serio. De “amateur”, se convierte en “profesional”.

“Esto me conviene”, dice. “No recomendaría esta actividad, pero a mí me conviene. No todo el mundo puede hacerlo, pero yo sí puedo. Y puesta a elegir, prefiero esto a otra cosa”. 

“Ya existía el SIDA, siempre ha habido insultos, violencia”

Samantha comenzó mucho antes. Salida de las clases populares de La Rochelle, a partir de los 14 años tiene relaciones sexuales tarifadas. “Los miércoles por la tarde y el sábado por la tarde, cuando no teníamos escuela, para ganar dinero para mis gastos”. Dos veces por semana, paseaba a su perro por un lugar de ligue y se hacía pagar a cambio de caricias. “A veces era un poco más, y entonces pagaban más”, dice. “Yo era completamente inconsciente. De hecho, era pedofilia. Pero en la década de 1980 nadie hablaba de eso”.

 A los 20 años, va a París. “Traté de reinsertarme”, recuerda con una sonrisa. Pero los problemas y los trabajos mal pagados se acumulan. En el París gay de mediados de la década de 1990, conoció a personas que, por deudas por alquileres impagados, la llevaron a Dauphine. Frente al Bois de Boulogne.

“Comencé aquí como gigoló”, dice, señalando el frontón de la estación de RER, ella que desde entonces vive plenamente su feminidad y ha rehecho su cuerpo “sin la ayuda de nadie, con mis dineros, ganados aquí “. Poco a poco, se mueve al otro lado de la plaza, cerca del bosque. Puntúa sus frases con una media sonrisa. “Me aceptaron, las antiguas me acogieron bajo su ala”. Estamos en 1996, en esa época solo hay “caminantes”, pocas furgonetas. Mostrando todos los rincones y las grietas de la plaza, Samantha relata la “Belle Epoque” de la década de 1990. “Ya existía el SIDA, siempre ha habido insultos, ha habido violencia”, dice. Pero se podìa trabajar. No se puede comparar con lo de hoy “. 

“Caza de putas”

Las tres han visto degradarse sus condiciones de trabajo bajo las embestidas de leyes más represivas que protectoras. En la calle Saint-Denis, Sandra recuerda la caza a la captación de clientes de los años de Sarkozy. “Dejaron caer a los propietarios a favor del proxenetismo. En aquella época, mediante alquiler, hacíamos los tres turnos en los apartamentos. Durante años, hicieron la vista gorda al proxenetimso hotelero y, de repente, jodieron a todo el mundo “. Sólo pudieron continuar las que eran propietarias, por su cuenta. Las demás fueron obligadas a juntarse en los sórdidos bulevares o en la penumbra de los bosques de la capital.

Samantha trabaja en el bosque desde hace años, desde que fue penalizada la captación. A mediados de la década de 2000, era detenida regularmente por la policía que patrullaba el bosque de Boulogne. Se pasaba noches enteras en las comisarías de La Faisanderie, Mozart o Crimea, “donde llevan a las putas”. “Los policías nos humillaban”, chilla. Las llamaban “señor”, las cacheaban desnudas, las repartían en grupos de doce en las celdas de custodia. “Aquello, por lo menos, se calmó”, sonríe, “pero después de eso, ha habido la penalización de los clientes. Eso se ha convertido en un horror”. 

“Tenemos que aceptar todo”

La “caza de putas” dirigida por la policía nunca ha preocupado a Eloise, ya que siempre ha trabajado en Internet, lugar de prostitución poco controlable. Por otro lado, al igual que sus compañeras de trabajo en las aceras, la ha afectado de lleno la penalización los clientes. “Desde los primeros debates, incluso antes del voto de la ley, esto se ha venido abajo”, dice. “Los clientes no venían. Una vez que se aprobó la ley, todo se ha degradado”.

 Cuando comenzó, hace siete años, Éloïse no volvía a contactar con los clientes cuyas llamadas se perdían. Tenía nuevas llamadas continuamente. “No había necesidad de hacer más”. Pero a partir de 2013, se ve obligada a apañárselas sola. “No nos damos cuenta, pero en Internet no es tan fácil. Hay mucho trabajo de marketing. Hay que tomar fotografías, publicar anuncios, responderlos, tener una buena referencia. Es un auténtico trabajo cuesta arriba “.

Antes de la ley, Eloise elegía a quién ver y a quién no. Cuando decía no, era no. Y después, el equilibrio de poder definitivamente se ha invertido. “Tenemos solicitudes constantes de relaciones de riesgo y, como tenemos menos clientes, tenemos que aceptar todo”.

Agarradas por el cuello

“Hoy, no tenemos otra opción”, resume Sandra, en su pequeño apartamento a media luz en la calle St. Denis. Durante mucho tiempo, sus clientes, además de los clientes habituales, eran “los pequeñas billeteras”, “los grandes tímidos” y los“locos”. “Pero ahora solo nos quedan unos pocos regulares, y el diez por ciento restante, los que se enfurecen”. Los robos, la violencia y los clientes hostiles se han convertido en el pan cotidiano de estas trabajadoras sexuales.

Para hacer frente, se organizaron. En la Rue Saint-Denis, todas las trabajadoras sexuales de su edificio están conectadas por un sistema de alarma que se dispara si una de ellas está en peligro. Un interruptor en la puerta, otro cerca de la cama. Tan pronto como hay un problema, lo aprietan para alertar a sus colegas, para hacer “tam-tam”.

En el bosque, no hay alarma posible. Las condiciones de las trabajadoras sexuales son aterradoras. “Son ellos los que arriesgan ahora, así que se permiten negociar”, dice Samantha escandalizada. Fuma nerviosa su cigarrillo y habla de los clientes que negocian la mamada a diez euros, los que no quieren protegerse, los que hacen bajar los precios entre diferentes trabajadoras. Echa pestes contra “aquellos que silenciosamente rompen el condón durante el polvo”. 

Antes de echar una larga bocanada de humo: “Todas estamos agarradas por el cuello. Los clientes saben que si nos negamos, inevitablemente lo encontrarán más barato”. Allí donde hacía una docena de clientes por noche, ya fuera en automóvil ya en el bosque, ahora apenas consigue tres servicios por noche. El día anterior, desde la medianoche hasta las 9 de la mañana, hizo dos. “He calculado que esto sale a menos de cuatro euros por hora. Así ya no se puede vivir.”

Lo último en salir a colación son las redes de proxenetas. En su parte del Bois de Boulogne, Samantha asegura que no hay ninguno. En la década de 2000, algunos equipos del Este intentaron tomar el lugar. Sin éxito. “Han emigrado a Vincennes. Pero las niñas explotadas también sufren la penalización de los clientes. Hay chicas rumanas que chupan por quince euros y se acuestan por treinta, en falda en medio del invierno, mientras que sus cabrones esnifan coca calientes en sus coches”. 

Agresiones, violaciones y asesinato

Además de los clientes que negocian precios o relaciones sexuales sin protección, hay agresores que se benefician de la precariedad de las trabajadoras sexuales. En el bosque, Samantha teme cada vez más a estas bandas que las acosan. Este verano, mataron a Vanessa Campos, una transexual colombiana, con una bala en el cuerpo después de haberla golpeado.

Durante ese mismo verano, a kilómetros de Boulogne, Eloise revisaba sus mensajes cuando un cliente la llamó. Había visto su anuncio en un sitio de internet y quería verla. Ella lo necesitaba, solo le quedaban más que unos pocos días para pagar el alquiler.

“Excepto que tengo talento para oler a la gente y él, por teléfono, no olía bien,, pero no pude negarme”, dice en voz baja. Su talento no la mentía. Nada más llegar, el cliente la apuntó. Al ver que ella no tenía dinero, la violó antes de golpearla y huir. “Nunca me había pasado esto”, dice. “Ahora tienes que ceder a todo”.

“No quiero parar”

Cuando surge el tema de las rutas de salida, establecidas en paralelo a la ley de penalización para permitir a las trabajadoras sexuales “reinsertarse”, Samantha estalla en carcajadas. “Es una mierda, nos ofrecen hoteles llenos de cucarachas y trabajos miserables”. Reflexiona: “Si hoy una joven me dice que quiere prostituirse, la ato a una silla para que no vaya, va a poner en riesgo su vida. Pero, nosotras, aquí estamos y aquí nos quedamos. Yo no quiero parar, solo quiero mejores condiciones de trabajo “.

Ninguna de los tres desea parar. Todas se niegan a que se les diga qué hacer. En su punto de mira, además del gobierno “hipócrita” que “no las conoce”, están las “abolas” como las llaman. Es decir, las “abolicionistas”, cuyo Mouvement du Nid hace de mascarón de proa, reclamando la abolición de los intercambios económico-sexuales, con el argumento de que el trabajo sexual es una dominación de los hombres sobre las mujeres. Posiciones que sacan de sí a Samantha, Sandra y Eloise. “Joder, pero dejadnos vivir nuestra vida, no pedimos nada a nadie”, se enoja una. “¿En nombre de qué me van a prohibir hacer lo que quiera?”, tiembla de cólera otra cuando la tercera precisa: “Estamos contra la trata de mujeres, contra las redes. Pero dejadnos ser libres a las independientes”.

“Si no derogan esta ley, es criminal”

Cuando uno intenta avanzar en algunos de sus argumentos, como la violencia que uno imagina legítimamente establecida en el mundo de la prostitución, las respuestas no tardan en llegar. “Espera, pero lavar a los viejos, llevar un arma en el ejército para matar gente o limpiar los baños ¿está bien?”, gruñe Sandra. “Vale cualquier cosa que no sea chupar pollas, pero ¿por qué? ¿Quién ha dicho eso”

La misma historia con Eloise. “Se ha decretado que la sexualidad pertenecía al terreno de la intimidad, pero es una concepción social. Yo no lo creo. No obligo a nadie a creer o hacer como yo, pero es insoportable que nos quieran impedir hacer lo que queremos “.

“Yo no vendo mi cuerpo”, prosigue. “Vendo una prestación por tiempo determinado de mi cuerpo”. En un momento, nos aventuramos a preguntar si les gusta su trabajo. “A las cuidadoras que limpian culos, ¿les gusta su trabajo?. A veces sí, a veces no. como a nosotras. Hay momentos duros y momentos agradables, igual que nosotras. Y los mineros, cuando se les dieron derechos en el siglo XIX, ¿se les preguntó si les gustaba su trabajo? Seguro que no. Nosotras también queremos derechos.” 

Mirando el bosque, Samantha sacude su cabeza enojada. “Nunca le he pedido nada a nadie. El dinero que he ganado siempre ha sido por mí misma, y hoy me veo obligada a rogar a la RSA porque ya no puedo vivir. Esta ley de los clientes no nos ha traído más que desgracia. Si no la derogan, es criminal”.

Y Sandra, desde la calle de Saint-Denis para aumentar su angustia. “Todo el mjundo tiene problemas de todas formas, sentimos que todo se crispa, ya veis lo que está pasando. Nosotras lo sabemos desde hace mucho tiempo, porque cuando todo va mal, estamos en primera línea. La gente viene a nosotras. Porque aquí siempre hay oídos para escuchar. Nosotras no juzgamos.. Ya es hora de que los demás hagan lo mismo con nosotras “. 

* se han cambiado los nombres

El sujeto del feminismo nunca ha dejado de ampliarse

 

Por Laura Gaelx Montero

31 de octubre de 2018

http://www.pikaramagazine.com/2018/10/el-sujeto-del-feminismo-nunca-ha-dejado-de-ampliarse/

 

Se están publicando artículos en medios y proclamas en redes sociales que suponen un atentado gravísimo contras las mujeres trans. No se limitan a negarles sus derechos sino que les niegan la identidad, la existencia. ¿No decía el feminismo clásico que lo que no se nombra, no existe?

 

Ilustración de Emma Gascó para la Coordinadora Andaluza de ONGD

 

Estar juntas las mujeres no era suficiente, éramos distintas. Estar juntas las mujeres gay no era suficiente, éramos distintas. Estar juntas las mujeres negras no era suficiente, éramos distintas. Estar juntas las mujeres lesbianas negras no era suficiente, éramos distintas. Cada una de nosotras tenía sus propias necesidades y sus objetivos y alianzas muy diversas. La supervivencia nos advertía a algunas de nosotras que no nos podíamos permitir definirnos fácilmente, ni tampoco encerrarnos en una definición estrecha… Ha hecho falta cierto tiempo para darnos cuenta de que nuestro lugar era precisamente la casa de la diferencia, más que la seguridad de una diferencia particular.Audre Lorde, 1982

La reciente irrupción del feminismo como un fenómeno de masas ha reabierto muchos de sus debates históricos. Uno de los más profundos y candentes es, parafraseando a Nancy Fraser, la tensión entre reconocimiento y redistribución. O lo que es lo mismo, cómo conjugamos la innegable diversidad de mujeres con la delimitación del sujeto político del feminismo.

Desde algunas posturas de la izquierda tradicional, se critican las luchas que ponen el foco en la diversidad como cuestiones postmateriales. Definir las reivindicaciones feministas como simbólicas solo demuestra la concepción reduccionista de lo material de quien esgrime este argumento: como si el trabajo reproductivo no estuviese saturado de carne y materia, en su sentido más básico y maloliente.

En el caso de los columnistas varones blancos heteros de mediana edad, la crítica a cómo supuestamente las reivindicaciones de las mujeres están rompiendo la izquierda parece responder más bien a una demanda de casito y clickbait. Superadlo: las mujeres llevamos más de dos siglos exigiendo de forma articulada el ser reconocidas como sujetos de derecho, sin discriminación.

Pero hay otra deriva mucho más preocupante en este debate, que se inflama (¿artificialmente?) en las redes sociales: la transfobia de quienes consideran que las mujeres trans no forman parte del sujeto político feminista. Desde la posición TERF (trans exclusionary radical feministse vive como un ataque injustificado el que se las tilde de tránsfobas, mientras afirman que las mujeres trans no merecen que se les reconozca legalmente su identidad. ¿No resuena a eso de que “yo no soy homófoba, pero que no lo llamen matrimonio”?

Se están publicando artículos en medios y proclamas en redes sociales que suponen un atentado gravísimo contras las mujeres trans. Y es que no se limitan a negarles sus derechos sino que van mucho más allá: les niegan la identidad, la existencia. ¿No decía el feminismo clásico que lo que no se nombra, no existe? Duele especialmente ver que esta aniquilación simbólica y tránsfoba viene de reputadas maestras feministas con las que se podía discrepar pero a quienes, hasta este momento, se respetaba.

 

De la mujer a las mujeres

Hasta fechas bastante recientes, las políticas públicas de género (tan tardías y precarias en este Estado) y buena parte del movimiento se dirigían a la mujer. Así, en singular. Era habitual leer en los medios de comunicación expresiones ridículas, dignas de humor negro, como que “una mujer es violada cada 8 días”.

Pero tras el concepto de “la mujer” subyacía una forma muy determinada de entender el sujeto político del feminismo. Esa “mujer” era el supuesto universal neutro: blanca, hetero, burguesa, de mediana edad, sin discapacidad… El equivalente perfecto al universal masculino como única medida de la existencia que tanto se había criticado.

El miedo a la diversidad puede ser consecuencia de una incorrecta concepción del términointerseccionalidadNo se trata de una competencia entre individuos atomizados y libres, en una especie de meritocracia inversa para ver quién sufre mayor opresión y discriminación. La interseccionalidad permite analizar cómo los múltiples ejes de desigualdad se articulan entre sí, configurando una experiencia específica, diferente a la mera suma de las discriminaciones experimentadas.

 

Reconocimiento y redistribución

La ampliación del sujeto político no tiene por qué ir unido a una reivindicación exclusivamente identitaria (“meramente cultural”). Es innegable que las condiciones materiales de vida de una trabajadora doméstica migrante, trans y pobre poco tienen que ver con las de una profesional blanca hetero y de clase alta.

Desde algunas posturas, se critica esta demanda de reconocimiento identitario como una frivolidad, un capricho neoliberal. La sexualidad no es un estilo de vida, sino que determina las posibilidades de la existencia. Las personas trans no son un estilo de vida sino que son personas, mujeres y hombres, que sufren discriminación económica y explotación laboral.

El conflicto capital-trabajo (y vida) sigue más presente que nunca. Pero hoy no está protagonizado por machos de mono azul ni por amas de casa de clase media, sino por trabajadoras internas migrantes y prostitutas trans.

Ampliar el sujeto político del feminismo no es una victoria patriarcal. Es una victoria del feminismo que, para no convertirse en un movimiento excluyente y reproductor de las desigualdades, tiene que ser interseccional. Ampliar el paraguas del sujeto político revolucionario nunca podrá ser neoliberal.

 

Nace OTRAS, el sindicato para todas las trabajadoras sexuales

 

Por Juan Navarro

21 de septiembre de 2018

http://sexomandamiento.es/2018/09/21/otras-sindicato-trabajadoras-sexuales/

 

 

“11:56: las putas somos muy puntuales”. Las trabajadoras sexuales se han reunido y, con tanta puntualidad como ganas de expresarse, exclamaron que ya no van a permitir que las callen. El sindicato OTRAS (Organización de TRAbajadoras Sexuales) aparece en España con la voluntad de defender a las trabajadoras sexuales y proclamar los derechos que se les niega por el oficio que desempeñan.

La asociación busca reivindicar que el trabajo sexual es trabajo y, por tanto, merece las mismas condiciones laborales que cualquier otro empleo. Para ello es fundamental aclarar que no solo las prostitutas son trabajadoras sexuales, sino que OTRAS también acoge a todas las personas cuya actividad gira en torno al sexo, desde la pornografía a webcammers o masajistas.

 

“Venimos a exigir nuestros derechos y luchar contra ordenanzas municipales que nos han hecho más vulnerables impidiendo nuestra organización […]. Se vulneran todos los derechos laborales de las personas, principalmente mujeres pero también hombres, que ejercen trabajo sexual en locales, pisos, clubes, shows y otros espacios cerrados donde se da una relación laboral entre empresa y trabajadoras, aunque solo ellas tienen obligaciones”, reza el manifiesto fundacional.

Una de las principales consignas es que el escenario beneficia al empresariado “en una industria patriarcal“. Para combatirlo se han juntado mujeres que se definen como guerreras, de toda procedencia, y empoderadas para mejorar las condiciones del trabajo sexual. No faltó el recuerdo para Vanesa Campos, trabajadora sexual migrante y transexual asesinada en París mientras ejercía su profesión.

 

 OTRAS, defensa de trabajadoras sexuales

La rueda de prensa, celebrada en la sede madrileña de COGAM (Colectivo de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Madrid) refleja la evolución y visibilización del sexo y su mundo en el panorama mediático. Allí se dieron cita medios nacionales, cámaras, periodistas, fotógrafos y grabadoras para recoger “una lucha que no es nueva, pero la revolución puta sí lo es“, tal y como OTRAS quiso contextualizar su labor.

Desde esa sala subterránea en la que en otros tiempos no hubiera sido permitido hablar de la industria sexual en voz de personas transexuales o prostitutas se lanzó un mensaje claro en contra del abolicionismo: “las putas, unidas, jamás abolidas”. Una consigna clara expresada fue la oposición a las posturas que pretenden abolir la prostitución y a un “rancio feminismo abolicionista que no comprendemos. Para nosotras es tan nocivo como la patronal que explota a trabajadoras y trabajadores”.

La convocatoria, conducida por Concha Borrell, Secretaria General; y Sabrina Sánchez, Secretaria de organización, mostró la visión de varios perfiles de trabajadoras sexuales. Allí estuvieron Evelin Rochell, prostituta y en litigio con el club Flowers por sus condiciones laborales; Juan, representante del sindicato francés STRASS; la activista y pornógrafa Anneke Necro; Iris, prostituta, activista del colectivo Hetaira y representante de putas del polígono madrileño de Villaverde; Luigi, acompañante sexual y transformista; y Kali, performer sexual y colaboradora de la directora de porno feminista Erika Lust.

 

Los enemigos no son nuestros clientes

 

El contexto legislativo es una de las grandes preocupaciones de este sindicato, especialmente las medidas orientadas al abolicionismo. Juan, trabajador sexual colombiano y afincado en Francia, alerta del peligro que tiene para su gremio instaurar estas políticas, cuyos efectos en el panorama francés tras introducirlas desde Suecia han sido “reducir el nivel de denuncia, pues las autoridades no protegen”.

 

Para él, las instituciones son protagonistas fundamentales de la marginalidad y problemas que sufren las trabajadoras sexuales: “la violencia la ejerce el Estado a través de políticas públicas y no el cliente. En Francia no se ocupan de nosotros ni de nuestra salud, especialmente con los migrantes: nos dicen que vayamos a tratarnos a nuestros países, donde tenemos tratamientos de primera generación cuando aquí están por la quinta”.

OTRAS se constituye como “la segunda experiencia europea de sindicación de trabajo sexual ante una situación nacional, europea y global de violencia“. El colectivo recoge el testigo del sindicato francés STRASS que, en palabras de Juan, “acoge a más de 2.000 personas para facilitar un seguro médico más barato, programas de protección ante violencias de grupos organizados y falsos clientes con el apoyo de Médicos del mundo, programas de defensa, apoyo artístico, acompañamiento jurídico e incluso asilo”.

Los poderes públicos y partidos políticos recibieron especial crítica por el escaso interés e implicación mostrado hacia la asociación. Asimismo, los sindicatos mayoritarios tampoco han prestado su apoyo, “tan solo CGT nos ha escuchado en ciertas áreas”. Los medios de comunicación, por su parte, también han cosechado críticas hacia el rigor y la seriedad con la que tratan el sexo, la prostitución y el trabajo sexual.

 

“Gracias al feminismo en las trabajadoras sexuales busco igualar los privilegios que tenemos los hombres, y es que muchos hombres no damos la cara ante esta realidad. El abolicionismo lo entiendo como violencia de género“, afirma Luigi. “Buscamos espacios para no molestar y no ser molestados y no tener que recurrir a escondernos, donde somos más débiles”, añade. Que esta sea una de las pocas profesiones que aún lleva el dinero encima los convierte, reclaman, en todavía más débiles frente a abusos y ataques.

La pornografía juega un papel clave en el trabajo sexual, pues son muchas las personas que se dedican a ellas. Anneke Necro reclama “un marco legal para denunciar, protocolos sobre cómo se trabaja en un set de rodaje, controles más avanzados contra las ETS; en otros países las pruebas son gratuitas y más fiables. Hace falta una estrategia porque nuestra situación es extremadamente complicada, un desastre, porque estamos a merced de directores o productores. También hay feminismo en el porno“.

Las trabajadoras sexuales agrupadas en OTRAS exigen también un cambio en la visión social y una lucha contra el estigma, ya que “reconocer este trabajo ayudará a dignificar el trabajo y sus condiciones“. “Detrás de nosotras hay familias, hijos, abuelos, padres y madres… no somos delincuentes”, expresa Sabrina Sánchez.

Tras una hora de reivindicación, petición de derechos y respuesta a las preguntas de los periodistas, OTRAS quiso concluir su presentación con un lema que resume totalmente la filosofía de un proyecto de todas para todas: “¡Las putas, unidas, jamás serán vencidas! y un “¡Somos putas, somos listas, somos putas feministas!” que no van a parar de gritar.

‘Queremos vivir’ Día Internacional de Acción en Memoria de Vanessa Campos y por los derechos de las personas trans, migrantes y trabajadoras sexuales

 

 

 

http://www.sexworkeurope.org/news/news-region/we-want-live-international-day-action-memory-vanessa-campos-trans-migrants-and-sex

 

ICRSE, TGEU, STRASS, ACCEPTESS-T hacen un llamado a todas las organizaciones LGBT, trans, trabajadoras sexuales, migrantes, antirracistas, sindicalistas y feministas a participar en el Día internacional de acción en memoria de Vanessa Campos, trabajadora sexual trans y migrante asesinada en París el 16 de agosto.

 

Fecha:

Septiembre 21 de 2018

 

Lugar:

Preferiblemente frente a la embajada de Francia en su ciudad u otro lugar simbólico.

 

Acción:

Manifestación, acción de visibilidad, ‘marcha blanca’. Invitamos a los y las participantes a usar rosas blancas, sombrillas rojas, banderas transgénero y letreros / pancartas de fotos de Vanessa y consignas contra la criminalización, discriminación y exclusiones.

Carta a los consulados franceses, Ministro de Justicia, Igualdad, Alcalde de París.

 

Contexto:

En la noche del 16 de agosto de 2018, Vanessa Campos recibió un disparo en el Bois de Boulogne en París, Francia.

Vanessa era una trabajadora sexual transexual de origen peruano. Ella vivió y trabajó como trabajadora sexual en Francia durante 2 años. El trabajo sexual le permitió vivir mientras ayudaba a su familia en Perú.

Vanessa fue asesinada mientras una banda de hombres intentaba robar a su cliente. El crimen fue cometido con una pistola policial. 5 hombres han sido arrestados y los procedimientos judiciales se llevarán a cabo este mes.

El asesinato de Vanessa es parte de una larga lista de violencia contra las mujeres trans, a menudo trabajadoras sexuales y migrantes. Entre 2009 y 2017, un total de 2609 personas transgénero y diversas en género fueron asesinadas en 71 países entre enero de 2008 y septiembre de 2017. Las investigaciones muestran que el 62% de las personas trans asesinadas en todo el mundo son trabajadoras sexuales, llegando al 88% en Europa. En Europa, el 44% de las personas trans asesinadas son migrantes.

Las personas trans, las trabajadoras sexuales y sus organizaciones han estado solicitando cambios sociales y políticos radicales para terminar con la violencia contra nuestras comunidades. Sin embargo, si bien se han logrado algunos avances para la comunidad LGBT, las trabajadoras sexuales y trans más vulnerables siguen corriendo un riesgo extremo de discriminación, estigma y violencia.

En Francia, a pesar de las advertencias de las trabajadoras sexuales, LGBT, trans, VIH, salud y organizaciones de derechos humanos, las leyes sobre el trabajo sexual cambiaron en 2016. Se estableció el llamado ‘Modelo Sueco’, que penaliza a los clientes de las trabajadoras sexuales, conservando todos las multas que penalizan a las trabajadoras del sexo y otras formas legales de opresión. En abril de 2018, Medecins du Monde France publicó una investigación sobre el impacto de la nueva ley que mostraba que

– El 63% de las personas que ejercen el trabajo sexual han experimentado un deterioro de sus condiciones de vida, más aislamiento y mayor estrés.

– El 78% de las personas que ejercen el trabajo sexual han experimentado una pérdida de ingresos debido a la disminución en el número de clientes y la caída de precios de las tarifas.

– 42% de las trabajadoras sexuales están más expuestas a la violencia.

– El 70% de las personas que ejercen el trabajo sexual no observan ninguna mejora o deterioro de sus relaciones con la policía.

Las trabajadoras sexuales más marginadas, incluidas las trabajadoras sexuales transmigrantes como Vanessa, son las más afectadas por la ley.

Además, las leyes y políticas de racismo y anti-migrantes tienen un fuerte impacto en la capacidad de los migrantes para denunciar delitos y acceder a la justicia. Las trabajadoras sexuales migrantes en Francia han visto empeorar sus condiciones de vida y de trabajo y, a menudo, no pueden acceder a la documentación (incluso en casos de explotación y tráfico serios). El surgimiento de partidos y opiniones de extrema derecha y populista ha dado lugar a nuevas leyes y prácticas anti-migrantes en Francia y en toda Europa.

Frente a estas amenazas, exigimos que se ponga fin a la violencia contra las personas trans, los migrantes y las personas que ejercen el trabajo sexual. Llamamos a la unidad y la solidaridad de todas las personas trabajadoras del sexo, trans, LGBT, inmigrantes, antirracistas, feministas y organizaciones laborales en Francia, Europa y el mundo! Apoye nuestro día de acción coordinando una protesta el 21 de septiembre, escribiendo a las instituciones francesas, utilizando los medios y las redes sociales.

 

Nuestras demandas:

¡Poner fin a la violencia contra las personas trans, migrantes y trabajadoras sexuales!

¡Eliminar la criminalización de los clientes y despenalizar el trabajo sexual!

Apoyar la regularización de los migrantes y el acceso al trabajo y la justicia.

 

Para obtener más información y/o para informarnos acerca de la acción solidaria que desea desarrollar, contacte a Luca Stevenson en la siguiente dirección electrónica: info [at] sexworkeurope [dot] org

 

Vanesa Campos o la condición puta

 

 

Por Saisei-chan

26 de agosto de 2018-08-27

https://cartas-desde-shimabara.webnode.es/l/vanesa-campos-o-la-condicion-puta/

 

 

La semana pasada, en la noche del 16 al 17 de agosto, fue asesinada Vanesa Campos, trabajadora sexual, trans y migrante, en el Bois de Boulogne (Paris), a manos de un grupo de ladrones. Su muerte es otro grito que se nos impone, la evidencia, una vez más de que, para esta sociedad, las prostitutas no somos seres humanos. Por eso es mejor arrojarnos a la oscuridad, a las cuchilladas de la desprotección legal. Cualquier cosa antes que reconocernos como sus iguales, como ciudadanas que merecemos derechos. Como trabajadoras y no como criminales.

Que el abolicionismo no ataca a la prostituta, sino al cliente, porque es distinto del prohibicionismo, es una simplificación hipócrita que sólo pretende tranquilizar las conciencias con una dosis de buenismo. A nosotras no nos sirve de nada que multéis a nuestros clientes para que “no nos paguen por violarnos”. Porque, si no conseguimos hacer ese servicio en un lugar seguro, iremos a buscarlo a un lugar inseguro, allí donde quedemos alejadas de cualquier servicio de atención y donde peligren nuestras vidas. Y lo sabéis. Sabéis perfectamente que esto es lo que sucede con el modelo sueco. Nuestras muertas son la evidencia que no queréis reconocer. Y esto es grave. Muy grave. El abolicionismo se limpia la conciencia con sus buenas intenciones, las teleologías que construye desde sus lugares acomodados. Desde el confortable activismo de sofá. Desde el privilegiado feminismo de despacho, que despacha toda su putofobia con discursos cada vez más discriminatorios. Discursos que nos convierten en la extraña, la otra, la lejana. Lo abyecto. Para que la mujer “común” no se reconozca jamás en nosotras. Para que justifique estas políticas que nos matan. El abolicionismo cubre los cadáveres de nuestras muertas con sus discursos perversos. Para que nadie los llore. Para que no se despierte una verdadera conciencia feminista que vele por nuestra integridad física y psíquica. Al abolicionismo le interesa mantener el estigma. Vive de ello, tanto material como simbólicamente: el verdadero nombre del abolicionismo es “industria del rescate”. Y, como a toda industria, le importa su beneficio, aunque tenga que llevarse vidas humanas por delante.

Pero, obviamente, nada de esto se dice de manera explícita: al abolicionismo le interesa vendernos su fachada de corrección política para poder tener cabida dentro de una democracia. Así dibuja una situación simplista de un hombre psicópata que impone su necesidad sexual a una mujer sin recursos, la cual tendrá que aceptar que la violen a cambio de un plato de comida. El maniqueísmo vende: nos hace identificarnos con el Bien y lo heroico. Soterrar la complejidad que encierra la prostitución, simplificarla, caricaturizarla. Sustraerle su humanidad. Para que la sociedad no nos reconozca como seres humanos y que la penalización a los clientes le parezca un acto de sentido común, dejando entre bambalinas que eso hace peligrar nuestra integridad física.

Pero, ¿estoy siendo parcial? ¿Estoy estableciendo a la ligera una relación causal entre las leyes de penalización a los clientes y las muertes de mis compañeras?

Veamos qué sucede en Suecia, el ejemplo más paradigmático de país abolicionista.

La ley de penalización a los clientes hace que las trabajadoras sexuales que captan su clientela en la calle (generalmente, las que tienen menos recursos) tengan que aceptar prácticas que atentan contra su salud. Esto es contribuir a la muerte de las putas.

Las que se han desplazado de la calle a los espacios cerrados (porque recuerdo que la prostitución en Suecia no ha desaparecido: sólo se ha desplazado) han quedado aisladas de agentes como los prestadores de servicios sociales, de la atención sanitaria y de las autoridades. Esto también es contribuir a la muerte de las putas.

Para evitar la multa al cliente, las trabajadoras sexuales que captan a su clientela en la calle no tienen el tiempo suficiente para valorar el riesgo potencial que puede representar una persona determinada. Esto también es contribuir a la muerte de las putas.

Los clientes que acuden a las trabajadoras sexuales que trabajan en espacios cerrados, por miedo a la policía, llaman con teléfono oculto. Nuestras compañeras ya no pueden identificar si se trata de alguien peligroso a quien atendieron en un pasado y que ya no quieren volver a recibir o si se trata de alguien con estas características que ha sido denunciado por alguna compañera en una lista de clientes peligrosos. Con lo cual, puede que esté recibiendo a alguien que ponga en riesgo su integridad física. Esto también es contribuir a la muerte de las putas.

Las políticas de reducción de daños consisten en reducir las consecuencias negativas que puedan derivarse del ejercicio de la prostitución. Se materializan, por ejemplo, en suministrar preservativos y lubricantes a las trabajadoras del sexo, el acceso a información para vender sexo de la forma más segura, la prestación de servicios médicos y, específicamente, de medicina genitourinaria. Estas medidas son básicas, ya que salvan, literalmente, la vida de seres humanos. No obstante, el abolicionismo sueco se opone a que se ejecuten acciones dirigidas a reducir los daños, ya el objetivo de éstas no es reducir la incidencia del trabajo sexual. Arguyen argumentos como que la prostitución ya es dañina en sí misma y que las políticas de reducción de daños son poco realistas.

Pero los métodos profilácticos no han sido los únicos en ser atacados por el abolicionismo: sucedió lo mismo con un paquete de reducción de daños ofertado por la unidad da Malmö, que incluía una guía sobre cómo realizar trabajo sexual de forma segura. La coordinadora nacional contra la trata y a prostitución consideró que esta guía alentaba a otras personas a entrar en la prostitución; especialmente chicas jóvenes, que pensarían que la prostitución era algo seguro.

Estas ayudas a las trabajadoras sexuales (al ser la compra de servicios ilegal) son concebidas como ayudas a la consecución de un delito. Con esta persecución ciega de la desaparición de la prostitución, el abolicionismo está poniendo en riesgo la vida de las personas. Quiere llegar a su propósito de sociedad ideal, aún a costa de vidas humanas: vidas poco valiosas por haberse desviado del modelo de ciudadano ejemplar.

En Suecia también se ha rechazado la ayuda a las personas que ejercen el trabajo sexual y que ni se encuentran mal en él ni manifiestan querer dejarlo. Por ejemplo, se niegan a facilitarle a una trabajadora sexual un informe médico, a no ser que deje su trabajo durante un tiempo. Sólo tienen derecho a la prestación de servicios quienes, al ejercer el trabajo sexual, se consideren víctimas.

La evaluación gubernamental de la ley de penalización a los clientes considera que, si bien la vida de las prostitutas se ha vuelto mucho más difícil, esto debe ser leído de una manera positiva, como una medida disuasoria para que dejen de ejercer la prostitución. La dureza de la actual vida de las trabajadoras sexuales suecas se interpreta como un éxito de la ley, aunque ninguna evidencia apunte a que haya disminuido la compra de sexo.

En pocas palabras, es mentira que el abolicionismo pretenda acabar con el sexo de pago atacando a la demanda: el abolicionismo ataca a la parte ofertante, es decir, a las mujeres. Nos hace la vida cada vez más difícil, poniéndonos incluso en peligro, para ver si así cambiamos de idea y dejamos de ejercer la prostitución. En pos de su idea de igualdad, no le importa el precio que tenga que pagar para lograrla: incluso si se trata de vidas humanas. Porque, como bien sabemos, en este mundo no todas las vidas tienen el mismo valor. Y aquella mujer que sabe (o puede) comportarse de un modo que la diferencie de las putas, tiene como recompensa que su vida sea tomada en cuenta; que su vida tenga valor. Podrá entrar en al condición de ciudadana. Las leyes la protegerán, en lugar de escupirla a la periferia y a sus peligros.

Por eso no entendemos que las mujeres que son consideradas ciudadanas con derechos y que se llaman a sí mismas “feministas” presionen políticamente para que se ejecuten leyes que ponen en peligro la integridad física e incluso la vida de las prostitutas; en especial, las de la calle.

Así lo denuncian, desde hace años, nuestras compañeras de Afemtras, la Asociación Feminista de Trabajadoras Sexuales del polígono de Villaverde (Madrid).

Antes de la entrada en vigor de la ley, la delegada del gobierno tuvo una reunión con Hetaira, en la que les aseguró que los expedientes de las multas a las mujeres no se iban a tramitar. No se cumplió esta palabra. En una segunda reunión, la delegada del gobierno modifica su discurso y explica que las multas por el artículo 36.6 que tipifican la desobediencia a la autoridad sí se van a tramitar. Este artículo penaliza libertades clásicas a través de la arbitrariedad policial. Casi todas las mujeres en el polígono de Villaverde están siendo multadas por este artículo. En realidad, es una forma encubierta de penalizar la prostitución y de expulsarnos del espacio público, sin ofrecer alternativas ni preocuparse de las consecuencias negativas para las trabajadoras del sexo.

Asimismo, se están dando abusos de poder y de vulneración de derechos por parte de algunos miembros del grupo 11 de la UCRIF, la unidad que se encarga de aplicar la ley de extranjería y de los asuntos de trata. Recordamos que el jefe de esta unidad, José Nieto, es el principal informante de Mabel Lozano, autora del libro El proxeneta o el documental Chicas nuevas 24 horas. No obstante, teniendo en cuenta que esos abusos de poder consisten en insultos machistas, homófobos, tránsfobos, xenófobos, vejaciones, amenazas y agresiones físicas, ¿qué víctima de trata va a acercarse a la unidad 11 de la UCRIF a denunciar su situación? ¿O qué compañera se acercará diciendo que sospecha que otra mujer está en situación de trata? ¿Podemos confiar en la labor contra la trata de una unidad de policía que no inspira ninguna confianza a las mujeres?

Estos hechos se han puesto en conocimiento de Delegación del Gobierno, de la policía, el Área de Seguridad Ciudadana y representantes del Ayuntamiento de Madrid: Ahora Madrid y PSOE. Estos organismos no han dado ninguna respuesta, permitiendo que estos agentes de policía sigan patruyando el polígono.

Ésta es la rueda de prensa en que tanto Afemtras como Hetaira denuncian esta situación.

 

 

En el tercer vídeo de la rueda de prensa aparece Marcela, que nos explica en primera persona cuáles son las diferentes vejaciones a las que la policía somete a las trabajadoras sexuales del polígono de Villaverde. Aquí está la transcripción de su intervención:

https://cartas-desde-shimabara.webnode.es/discurso-de-marcela-de-afemtras-en-la-rueda-de-prensa/

Mis compañeras de Villaverde tienen aún otra dificultad más: el ayuntamiento quiere cerrar el acceso a la zona del gato de 23h a 7h. Para que el lector comprenda, adjunto este mapa que me pasó una compañera de Villaverde: la zona rodeada por una línea roja es el polígono de Villaverde; la zona rodeada por una línea azul es la comunidad de vecinos Marconi y la zona rodeada por una línea amarilla es la zona del Gato. Las viviendas vecinas al polígono eran chabolas en las que vivían sus trabajadores, hasta que el boominmobiliario de principios de 2001 las convirtió en bloques de viviendas. Es el mismo proceso que sucedió en el Raval (Barcelona) cuando se gentrificó y se empezó a echar a las prostitutas mediante ordenanzas.

 

 

La medida que quiere tomar el ayuntamiento es la de multar a todo coche que circule en la zona y que no justifique que trabaja o reside allí. Esto expulsará a las mujeres que capten su clientela en esas zonas a lugares aún peores.

Mis compañeras se reunieron con Zapata, concejal de Ahora Madrid del distrito de Villaverde. Pese que, al principio, la actitud de Zapata era de escucha, no ha llevado a cabo ningún arbitraje, ninguna negociación entre los empresarios, los vecinos y las trabajadoras del sexo. Actualmente, Zapata afirma que esta medida es un sondeo para ver si funciona. Entiéndase “funcionar” como “disuadir la prostitución”. Aunque, como bien estamos viendo, “disuadir la prostitución” signifique poner en riesgo la vida de otras mujeres, arriesgarnos a que haya más feminicidios, a que haya más muertes como la de Vanesa Campos. Y todo como medida feminista. Mueran ustedes, sacrifíquense en pro de la igualdad entre hombres y mujeres. Mueran ustedes, putas, ciudadanas de segunda.

Y, cuando hayan muerto todas las putas, quizás encontraréis otro factor a quien culpar de la existencia del patriarcado.

Señor Zapata: apelo a su responsabilidad política, pues poner en peligro la vida de las mujeres nunca puede ser una medida de igualdad. Mis compañeras de Afemtras ya le han lanzado varias propuestas. Debería usted pensar en los Derechos Humanos antes que en el electorado.

Pero Zapata no es el único que, a la hora de la verdad, deja a las prostitutas desprotegidas legalmente. Lo mismo hizo Manuela Carmena. Carmena, en su programa electoral, presentaba un proyecto piloto para el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras sexuales y “buscar algún tipo de estructura de apoyo muy grande para el sector que está en contra de la legalización y otra de ensayo de una cierta legalización y sobre todo de reconocimiento de derechos laborales de protección”.

Señora Carmena: parte de los votos por los que usted fue nombrada alcaldesa procedieron de las putas y de las personas de su entorno, que confiaron en usted y en su voluntad de velar por sus derechos. Entre ellos, el derecho a la integridad física y el derecho a la vida. También el derecho al trabajo. Pero usted se ha limitado a mantener el plan de Ana Botella para “erradicar la demanda de prostitución y prestar atención a las mujeres que la ejercen ofreciéndoles recursos y alternativas viables para el abandono de la prostitución”. Un plan que se ha demostrado que no funciona, que ha sido criticado por asociaciones que trabajan con víctimas de trata y que lo único que ha hecho ha sido incrementar los abusos policiales contra las trabajadoras del sexo, tal y como hemos visto.

Señora Carmena: usted traicionó a las Putas. Así lo explica otra componente de Afemtras: Ninfa.

 

Y aquí la transcripción de su discurso:

https://cartas-desde-shimabara.webnode.es/l/discurso-de-ninfa-de-afemtras-el-17-de-diciembre-de-2016/

Pero el programa electoral de Ahora Madrid no fue el único lugar donde Carmena se posicionó a favor de los derechos de las putas. También fue una de las firmantes de este documento: la Propuesta de regulación del ejercicio voluntario de la prostitución entre adultos, redactado por el Grupo de Estudios de Política Criminal, a finales del 2006. Este documento defendía cosas como las que siguen:

-La despenalización de la prostitución voluntaria entre adultos y la orientación del sistema penal a la tutela efectiva de la libertad sexual.

-No se trata de defender intereses ajenos a quien presta servicios sexuales, sino de asegurar los derechos inherentes a la dignidad personal de quien se decanta, por razones sobre las que no cabe inquirir, por una determinada opción laboral.

-Se trata, en resumen, no sólo de despenalizar, sino también de regular. Lo que, como demuestran experiencias ajenas, no incrementa el tráfico o la explotación: ni siquiera favorece la expansión de la industria del sexo.

-El Manifiesto reivindica no sólo la despenalización de la prostitución entre adultos, sino, sobre todo, la implementación de políticas sociales dirigidas a garantizar el respeto a los derechos esenciales -incluidos los laborales- de quienes deciden dedicarse a la prestación de servicios sexuales, en el marco general de la industria del ocio.

-De acuerdo con el modus operandi del Grupo de Estudios de Política Criminal, se publica ahora, junto a aquel Manifiesto, la Propuesta de regulación del trabajo sexual: un conjunto de alternativas jurídicas para conciliar la salvaguardia de los derechos de los trabajadores del sexo con la persecución penal de cualquier forma de prostitución forzada.

-La represión de todas las actividades relacionadas con la prostitución ha arrojado un balance histórico que sólo puede ser calificado de lamentable, y, además, en lugar de erradicar el fenómeno -como pretendía- lo ha ocultado provocando una serie de efectos perniciosos tales como la estigmatización, la vulnerabilidad y la explotación de las personas que la ejercen.

-Es una realidad constatada en nuestro país que miles de adultos voluntariamente prestan servicios sexuales remunerados. Es preciso que las autoridades no desprecien este hecho, para cuya comprobación ha de propiciarse un método de conocimiento razonable huyendo de las aproximaciones morales que intentan simplificar un fenómeno complejo y diverso. Tampoco puede desconocerse que, aun siendo dichas personas mayoritariamente mujeres, hay muchos hombres y transgéneros que se dedican a la prestación de servicios de carácter sexual. El debate, por tanto, no puede ser monopolizado por un discurso en clave de género.

-La situación de alegalidad favorece la explotación de la prostitución por parte de empresarios que en la actualidad no están obligados a reconocer a dichos trabajadores los derechos sociales y laborales básicos, así como la proliferación de organizaciones delictivas dedicadas a la trata de personas, en la medida en que fomenta el carácter clandestino de estas actividades y desmotiva la denuncia de la víctima. La privación a estos trabajadores del estatuto jurídico del ciudadano les impone la condición de infrasujetos. Circunstancia que se ha visto agravada por la desafortunada reforma penal de 2003, que, al castigar la obtención de lucro de la explotación de la prostitución ajena, ha venido a intensificar la tendencia al ocultamiento de las condiciones de contratación y prestación de servicios de los trabajadores del sexo.

-Dicha reflexión deberá estar presidida por la ineludible distinción entre moral y derecho. El reconocimiento de la dignidad humana como valor supremo recogido en nuestra Constitución exige el respeto a la voluntad de la persona mayor de edad que libremente decide prestar servicios remunerados de carácter sexual. Negar de plano la posibilidad de que esa opción sea válida constituye un tratamiento paternalista de la mujer (y del hombre) como personas incapaces de tomar decisiones adultas. Están de más los discursos morales basados en el carácter degradante de la prostitución.

-Resulta criticable el contenido del art. 188.1 del Código Penal, procedente de la reforma de 2003, que sanciona la obtención de lucro por la explotación de otra persona aun con su consentimiento. La ambigüedad del término explotación permite, tanto una interpretación restrictiva reducida a situaciones de abuso, como su interpretación en clave represiva y contraria al proceso de legalización de la prostitución. Por ello, en aras de la seguridad jurídica, resulta aconsejable su supresión. Y si lo que se pretende prevenir es la obtención de un lucro excesivo o la imposición de condiciones abusivas de trabajo, para ello están ya los tipos penales de protección de los derechos de los trabajadores. Así mismo, deben eliminarse de otros sectores del ordenamiento todos aquellos preceptos que imponen sanciones o privaciones de derechos a las personas que ejercen la prostitución.

-Dada la naturaleza de la actividad a regular, deben fomentarse las formas de auto-organización, como el régimen de autónomos o las cooperativas, sin que ello suponga el desconocimiento de otras formas de prestación de servicios sexuales, como el trabajo por cuenta ajena, que habrá de ordenarse según un régimen especial. Dicho régimen no podrá conllevar en ningún caso medidas que supongan un etiquetamiento o una discriminación injustificada de las personas que prestan servicios de carácter sexual

Señora Manuela Carmena: usted firmó este documento, en que se pedía el cese de la penalización y en que, incluso, se exigía el reconocimiento del empresario del sexo como tal, a fin de evitar abusos contra las trabajadoras. No obstante, más adelante olvidó por completo su firma en este documento e imprimió una guía para periodistas donde indicaba que a nuestros clientes se les llamase con nombres estigmatizantes y, a nosotras, con el denigrante y pasivo “prostituidas”. Denigrante porque, así, no reconoce usted nuestra agencia como sujetos políticos y puede, simplemente, actuar como si las demandas de las trabajadoras de Villaverde no existieran.

Pero yo apelo, señora Carmena, a su responsabilidad política. Impida usted que se siga multando a mis compañeras, que sólo tratan de ganarse el pan. Impida que tengan que irse a lugares alejados donde sus vidas corren peligro.

Tome usted ejemplo de Ada Colau: ella misma se ha opuesto, en diversas ocasiones, a que se aplique la ordenanza contra las trabajadoras sexuales de la calle. Es una alcaldesa que se preocupa por los Derechos Humanos de todas las vecinas de la ciudad y no por mantenerse en el poder gracias al apoyo de la izquierda bienpensante. Lo hace con convencimiento, pese a que no falten voces, últimamente, que pretenden desprestigiarla, tachando a su ayuntamiento de colaborar con un inventado lobby proxeneta. Porque hay feministas a las que les preocupa más un taller de felaciones que la muerte de una puta. En el fondo, sin embargo, sabemos que sólo se trata de una estrategia electoral que utiliza a las putas como moneda de cambio.

Le ruego, señora Carmena, no se escude en simples teorías de que la multa al cliente acabará con la trata. Usted sabe tan bien como yo que eso son puras elucubraciones que no se sostienen a nivel práctico y que, más bien, llevan a las consecuencias opuestas. Usted sabe que es una justificación con la que el abolicionismo trata de limpiarse la conciencia. Pero ya no se lo vamos a permitir: la tiene demasiado manchada con la sangre de nuestras muertas.

Tome usted ejemplo de Ada Colau, señora Carmena, y preocúpese, como una feminista de verdad, de la integridad y los derechos de TODAS las mujeres. Impida, por favor, que continúen vejando, humillando y asesinando a más prostitutas.

Para que no haya ni una puta menos.

 

FUENTES:

Grupo de Estudios de Política Criminal (2006) Propuesta de regulación del ejercicio voluntario de la prostitución entre adultos.https://www.gepc.es/web/sites/default/files/ficheros/DOCUMENTO10.pdf

Mallo, C. (2015). Manuela Carmena, el Papa Francisco y la prostitución. La izquierda diario. https://www.izquierdadiario.es/spip.php?page=movil-nota-3510&id_article=21121

NSWP. (2016) Kit de Herramientas de Abogacía: El Impacto Real del Modelo Sueco sobre las Personas que Ejercen el Trabajo Sexualhttps://www.nswp.org/es/resource/kit-de-herramientas-de-abogac-el-impacto-real-del-modelo-sueco-sobre-las-personas-que


Saisei-chan es Trabajadora Sexual, licenciada en Filología Francesa, maestra de Reiki Tradicional Japonés y estudiante de Psicología.

Encuéntrala en Twitter: https://twitter.com/Saisei_chan

Las leyes contra la trata están perjudicando, no ayudando, pero las trabajadoras sexuales están contraatacando

 

 


LAUREN WALKER / TRUTHOUT

 

Por Victoria Law

24 de agosto de 2018

https://truthout.org/articles/anti-trafficking-laws-are-hurting-more-than-helping-say-sex-workers/

 

 

Hace tres años, Kristen DiAngelo encontró a una madre en una situación desesperada. La madre estaba siendo forzada por padre de su bebé a hacer trabajo sexual. Había amenazado su vida y la de sus familares y recientemente había pateado la puerta de la casa de su madre.

“No puedo dejarte ahí fuera”, recuerda que pensó DiAngelo, cofundadora y directora ejecutiva de SWOP (Programa de Ayuda de Trabajadoras Sexuales) de Sacramento.

Pagó para que la madre se quedara en la habitación de un hotel por una noche. Más tarde, se la llevó a su casa. DiAngelo también la llevó al refugio local de violencia doméstica, que le exigió que presentara un informe policial. A partir de sus propias experiencias con la aplicación de la ley local, DiAngelo sabía que la policía local haría poco para proteger a la madre, que había sufrido numerosas detenciones por trabajo sexual. Por el contrario, el hombre que la explotaba no tenía registro de detenciones ni educación universitaria.

Las dos mujeres se acercaron al FBI para presentar cargos de trata contra el explotador de la madre. Compartieron correos electrónicos y mensajes de voz en los que la amenazaba. Pero, aunque los agentes con los que hablaron se mostraron comprensivos, relató DiAngelo, dijeron que, debido a que la mujer tenía más de 18 años, el FBI no investigaría sus quejas.

Ese fue el comienzo de la casa segura de SWOP Sacramento, una casa de seis camas donde las trabajadoras sexuales podrían vivir y encontrar servicios de apoyo. Desde entonces, la casa de seguridad ha proporcionado alojamiento seguro para docenas de trabajadoras sexuales. Algunas huyen de situaciones de explotación y abuso. Otras necesitaban un entorno seguro y de apoyo para abordar las adicciones a las drogas o los problemas de salud mental. Las trabajadoras sexuales se enteraban de la existencia de la casa segura a través del sitio web de la organización.

Luego, en abril de 2018, el Congreso aprobó la Ley de Lucha contra la Trata Sexual en Internet (FOSTA) y la Ley para Detener la Trata Sexual (SESTA). Estas leyes enmiendan la Sección 230 de la Communications Decency Act, convirtiendo en delito federal operar un sitio web “con la intención de promover y facilitar la prostitución de otra persona”. Las leyes también permiten a los procuradores generales llevar acciones civiles contra los operadores de sitios web . Aunque FOSTA se dirige a los operadores de sitios web, no a las trabajadoras sexuales, todavía tienen un efecto de enfriamiento en las opciones de seguridad y supervivencia de las trabajadoras sexuales.

“Muchas personas nos encuentran [a nosotras y a la casa segura] a través de nuestro sitio web”, explicó DiAngelo. Pero con FOSTA, anunciar una casa segura para las trabajadoras sexuales podría significar una sentencia de prisión de 10 años. “¿En qué consiste la facilitación de la prostitución?”, preguntó DiAngelo. “¿Es dar a una chica alojamiento por tres a seis meses en una casa [segura] para que se desintoxique y se recupere?” Ninguno de los abogados o defensores legales a los que consultaron pudo decirle a SWOP Sacramento sobre qué constituía la promoción y facilitación de la prostitución. Los voluntarios y el personal comenzaron a buscar camas en otros lugares para las residentes de la casa. Menos de dos meses después de que FOSTA se convirtiera en ley, SWOP Sacramento cerró su casa de seguridad.

 

Sin Internet, ella podría haber seguido atrapada

Fue internet y la capacidad de hacer publicidad en línea lo que permitió a Cecilia Gentili escapar de su explotador. Gentili, una mujer trans originaria de Argentina, conoció a un hombre que la convenció de participar en el trabajo sexual callejero. “Dijo que era para nosotros, pero realmente fue para él”, dijo Gentili a Truthout. “No había mucha opción [de no trabajar]”, continuó. “Me habría puesto en una situación peligrosa”. No solo amenazó su explotador con llamar a las autoridades de inmigración, sino que también jugó con sus inseguridades como una mujer trans. “Sentí que necesitaba una figura masculina que me validara y cuidara de mí”, explicó antes de agregar: “tampoco entendí la definición de trata”.

Al cabo de un año de estar en lo que ella describe como “la situación”, Gentili se dio cuenta de que podía hacer publicidad en línea y, con la capacidad de detectar clientes potenciales, no necesitaba depender de alguien que la protegiera físicamente. “Pude salir de esa situación debido a la publicidad en línea”, dijo. “Pude conseguir mis propios clientes sin tener a otra persona que me cuidara”, y con “cuídame” me refiero a tomar todo mi dinero “. Pero, si FOSTA hubiera existido en ese momento, habría cerrado muchos de los sitios. donde podía publicitar sus servicios y Gentili podría haber quedado atrapada.

 

Aumento de los informes de agresiones contra las trabajadoras sexuales

Los sitios web han sido una herramienta inestimable para que las trabajadoras sexuales no solo examinen a los clientes, sino que también compartan información entre ellas sobre clientes violentos o peligrosos. “Antes, podías acceder a una base de datos [en línea] para ver si esta persona había sido denunciada por violencia”, explicó Ceyenne Doroshow, fundadora y directora ejecutiva de GLITS (Gays y lesbianas que viven en una sociedad transgénero). “Esa base de datos ya es historia”. Doroshow tiene una larga historia de trabajo con trabajadoras sexuales trans, una población que ya estaba particularmente marginada, criminalizada y vulnerable a la violencia antes de que SESTA y FOSTA se convirtieran en ley.

Incluso antes de que SESTA / FOSTA entrara en vigencia, los sitios web comenzaron a eliminar contenido de las trabajadoras sexuales, mientras que otros cerraron por completo. En 2014, el FBI cerró MyRedBook.com y SFRedBook.com, dos sitios donde las trabajadoras sexuales intercambiaban información sobre seguridad y comunidad, además de poder anunciar de forma gratuita. En octubre de 2017, el sitio de crowdfunding Patreon cambió sus directrices para prohibir la recaudación de fondos “para producir material pornográfico, tal como mantener un sitio web, financiar la producción de películas o proporcionar una sesión de webcam privada”, lo que resultó en suspensiones y prohibiciones de muchos creadores de contenido para adultos que habían confiado en la plataforma para obtener ingresos regulares.

El 6 de abril de 2018, incluso antes de que el presidente firmara FOSTA y la convirtiera en ley, el Departamento de Justicia incautó y cerró Backpage, donde muchas trabajadoras sexuales anunciaban. FOSTA es la última eliminación de opciones en línea para las trabajadoras sexuales, pero los efectos han sido inmediatos y, según las palabras de los grupos de derechos de las trabajadoras sexuales, son alarmantes.

Coyote (Call of Your Old Cired Ethics) RI, una organización de derechos de trabajadoras sexuales, realizó una encuesta de 262 trabajadoras sexuales entre el 14 de abril y el 25 de mayo de 2018. Setenta por ciento (o 188 personas) informaron que el trabajo sexual había sido su fuente principal de el ingreso antes de FOSTA y el 77 por ciento (o 207 personas) fueron las únicas proveedoras de sus familias. Una semana después de la aprobación de las leyes, el 70 por ciento notó una caída en sus ingresos, lo que les impidió pagar el alquiler, los alimentos, los servicios públicos o el teléfono. En un caso, Doroshow le dijo a Truthout, la disminución del trabajo forzó a una de sus clientes a renunciar a su automóvil, disminuyendo así su movilidad y seguridad, y también a renunciar a la atención médica para su enfermedad crónica, que, sin tratamiento, ahora está empeorando.

Esta disminución ha forzado a muchas a comprometer la seguridad y los límites, ya sea aceptando clientes que de lo contrario podrían rechazar, o acordar actos, incluyendo sexo más riesgoso y tomar drogas, que hubieran evitado anteriormente. Sesenta por ciento (o 157) de las personas encuestadas por Coyote RI dijeron que ahora aceptan clientes menos seguros para poder llegar a fin de mes. Sesenta y cinco por ciento (o 170) informaron que alguien había intentado amenazar, explotar u obtener servicios gratuitos de parte de ellas.

Ahora, con los sitios web cerrados, cada vez más trabajadoras sexuales con las que trabaja informan haber sido empujadas a situaciones peligrosas. Doroshow le dijo a Truthout sobre una mujer que fue violada, estrangulada y golpeada “y estuvo a una pulgada de perder su vida”. Sobrevivió, pero sigue obsesionada por el ataque.

Los cierres de sitios web también han afectado la organización por los derechos laborales. En la ciudad de Nueva York, una bailarina, que habló con Truthout de forma anónima, dijo que incluso antes de FOSTA, el miedo a ser despedida y puesta en la lista negra hizo que muchas strippers y bailarinas vacilaran en unirse a los esfuerzos organizativos para mejorar las condiciones laborales. En el club donde ella trabajaba, las bailarinas comenzaron a hablar sobre la necesidad de más seguridad para evitar que las bailarinas fueran atacadas sexualmente. También querían condiciones de club más limpias. “Nunca hablamos sobre huelgas o un sindicato”, aclaró. Aun así, el miedo a ser despedidas —y puestas en la lista negra entre los dueños de los clubes de la ciudad— hizo que muchas dudaran en presionar por sus demandas. Con la aprobación de FOSTA y la existencia de menos sitios web, las bailarinas ven menos opciones de trabajo si son incluidos en listas negras en represalia por organizarse. “Si no puedes bailar, ya no puedes simplemente poner un anuncio en línea”, dijo.

El cierre de los sitios web y la censura del contenido de las trabajadoras sexuales también significa que muchas recurren al trabajo sexual callejero. En Sacramento, DiAngelo señala que ha aumentado el número de trabajadoras sexuales en los tres paseos de la ciudad (áreas para el trabajo sexual callejero), incluidas las personas que tienen poca o ninguna experiencia trabajando en la calle. Participar en el trabajo sexual en la calle las obliga a hacer un juicio rápido sobre el peligro potencial de un posible cliente.

También aumenta la vulnerabilidad a los depredadores, incluido el acoso policial, la detención y la violencia. Muchas ciudades tienen ordenanzas contra el vagabundeo que se usan contra las trabajadoras sexuales de la calle, particularmente las mujeres de color. “A medida que se empuja a las personas para que salgan de Internet, las ciudades continúan aplicando ordenanzas contra el merodeo”, explicó Andrea Ritchie, abogada especializada en brutalidad policial y autora de Invisible No More: Police Violence Against Black Women and Women of Color. “Las trabajadoras sexuales están siendo detenidas y multadas a pesar de que la razón por la que hacen este trabajo es porque necesitan dinero. Esto solo las lleva al punto de mira del sistema legal penal y el ciclo rotativo de comisiones y multas”.

El trabajo sexual en la calle, con los riesgos que conlleva de detención y procesamiento judicial, también aumenta los riesgos de VIH e ITS. En algunas ciudades, la policía y los fiscales usan condones como prueba de prostitución, explicó Gentili, ahora subdirectora de asuntos públicos en GMHC (Gay Men’s Health Crisis). Aunque algunas ciudades, como Nueva York y San Francisco, han eliminado los condones como evidencia de la prostitución, Gentili señaló que las trabajadoras sexuales nuevas en la ciudad —o en el trabajo sexual callejero en la ciudad— pueden desconocer el cambio. “No saben que las leyes cambian y siguen saliendo sin condones”.

Al mismo tiempo, los servicios de apoyo y defensa se están desconectando y, por lo tanto, son cada vez menos accesibles para quienes más los necesitan. Gentili, que trabajó en organizaciones de prevención del VIH, explicó que ella y otros proveedores de servicios a menudo identificaban a las trabajadoras sexuales a través de sus anuncios en línea. A continuación, les enviaban correos electrónicos con información sobre la prevención del VIH, las pruebas y los servicios sociales y de salud. Además, señaló, “la mayoría de los sitios [con anuncios de trabajadoras sexuales] tenían muchos anuncios sobre la prevención de las ITS y el VIH”. Con estos sitios ya desaparecidos, quienes trabajan en torno a la prevención y el tratamiento del VIH deben encontrar otras formas de llegar a las personas que contituyen su objetivo.

La Alianza Desiree, que alberga la conferencia anual más grande del país para las trabajadoras sexuales, anunció la cancelación de su conferencia de 2019. La página de la conferencia explica: “Debido a la aprobación de SESTA / FOSTA, nuestras líderes decidieron que no podemos poner en riesgo a nuestra organización y a nuestras asistentes. ¡Esperamos que comprendáis nuestras graves preocupaciones y continuéis ofreciendo resistencia a todas las leyes que existen para dañar a las trabajadoras sexuales! ¡Seguid luchando!”

 

“Nueva Zelanda es un modelo importante”

En 2003, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó la Ley de Reforma de la Prostitución, que despenalizó el trabajo sexual y eliminó las detenciones y condenas anteriores por actos relacionados con el trabajo sexual. “Bajo este modelo, puede hacer trabajo sexual en cualquier entorno y no está penalizado”, explicó Sienna Baskin, ex codirectora del Proyecto de Trabajadoras Sexuales en el Urban Justice Center y ahora directora del NEO Anti-Trafficking Fund. Esto significa que las trabajadoras sexuales pueden trabajar legalmente desde sus hogares, en la calle, en un entorno colectivo o en Internet. La trata, sin embargo, sigue siendo un delito. Lo mismo ocurre con la promoción en la prostitución de un menor de edad, aunque si una persona menor de 18 años realiza trabajo sexual, no es detenida ni procesada. Básicamente, explicó Baskin, quien recibió una beca Fulbright para estudiar los resultados del modelo de despenalización de Nueva Zelanda, “uno no puede dañar a los demás y salirse con la suya”.

Baskin señala que es difícil decir si la despenalización resultó en una disminución de la violencia contra las trabajadoras sexuales, en gran parte debido a la falta de datos sobre las agresiones antes de la ley de 2003. Sin embargo, señaló, “la relación entre las trabajadoras sexuales y la policía se transformó por completo. La policía pasó de ser un enemigo potencial a convertirse en una fuente potencial de apoyo y seguridad.” Las trabajadoras sexuales pudieron denunciar incidentes de violencia sin temor a ser detenidas y sabiendo que sus denuncias serían investigadas.

“Nueva Zelanda es un modelo importante que deben entender todos en todo el mundo”, afirmó Baskin. “No resuelve los problemas de todos todo el tiempo, pero ha eliminado una fuente de daño y estigma”.

Sin embargo, advierte, la estructura política de los EE.UU. significa que la despenalización tendría que ocurrir Estado por Estado, del mismo modo que han entrado en vigencia el matrimonio homosexual o la legalización de la marihuana.

 

Las trabajadoras sexuales siguen luchando

Si bien las trabajadoras sexuales y sus aliadas y aliados han luchado durante mucho tiempo por sus derechos y seguridad, la ley federal ha galvanizado a más personas. “FOSTA politizó a mucha gente”, señaló Lola Balcon, una organizadora comunitaria para los derechos de las trabajadoras sexuales. Esa politización ha tomado muchas formas, desde mítines hasta activistas que informan puerta por puerta.

El 1 de junio, docenas de trabajadoras sexuales tomaron los pasillos del Congreso para hablar con sus representantes sobre el impacto de FOSTA en sus vidas y seguridad. “Hablamos sobre cómo estas leyes estaban impactando directamente a las comunidades marginadas, cómo las trabajadoras sexuales usaban Internet para mantenerse a salvo”, escribió más tarde Phoenix Calida en Motherboard / Vice. “Hablamos sobre cómo las trabajadoras sexuales usaban los sitios web para detectar clientes, y ahora no solo se había perdido esa opción, sino que era ilegal compartir nuestras listas de malas citas entre nosotras debido a cuán amplia e imprecisa es esta ley. Incluso los congresistas que sabían sobre el proyecto de ley parecieron sorprendidos al enterarse de que las prácticas de reducción de daños como repartir condones o enviar por correo electrónico los nombres de clientes peligrosos a otras trabajadoras sexuales pueden considerarse como delictivas “.

Al día siguiente, cientos de trabajadoras sexuales se trasladaron a las calles de la ciudad de Nueva York para conmemorar el Día Internacional de las Putas, el aniversario de la ocupación de las iglesias en Francia por las trabajadoras sexuales en 1975 y denunciar a SESTA / FOSTA.

Menos de dos semanas después, en una soleada tarde de sábado, 200 trabajadoras sexuales, defensoras y aliadas se saltaron el Desfile de Sirenas anual de la ciudad para reunirse en Dreamland, un lugar DIY de artes queer en Queens, en un ayuntamiento donde transmitieron sus preocupaciones al candidato al Congreso. Suraj Patel, quien estaba desafiando a la titular (y patrocinadora de FOSTA) Carolyn Maloney en las primarias demócratas. (Patel perdió por un 11 por ciento o aproximadamente 7.200 votos).

Sin desanimarse por la derrota de Patel y galvanizadas por la idea de que las trabajadoras sexuales pudieran actuar como una fuerza en las elecciones locales, muchas han desplazado sus energías para hacer campaña en favor de Julia Salazar, candidata por los Socialistas Democráticos de América (DSA) para el Senado del Estado de Nueva York. “El Senado estatal es donde partes de la despenalización del trabajo sexual a menudo se estancan”, reflexionó Balcon, quien ayudó a organizar a las trabajadoras sexuales para apoyar a Patel. El 1 de agosto, las organizadoras de las trabajadoras sexuales convocaron a una pizza party en la que Salazar se reunió con 150 trabajadoras sexuales y las escuchó. Más de la mitad de las asistentes se inscribieron para llamar a las puertas y hacer campaña por la candidata en su distrito norte de Brooklyn.

A nivel federal, FOSTA enfrenta su primer desafío legal. El 28 de junio, Woodhull Freedom Foundation, Human Rights Watch y el Internet Archive, junto con defensoras individuales de los derechos de las trabajadoras sexuales, presentaron una demanda federal que acusaba a FOSTA de violar las Enmiendas Primera y Quinta y solicitaba un mandato preliminar para evitar que la ley entre en efecto hasta que se decida la demanda. En una audiencia de amparo al mes siguiente, el juez federal Richard Leon no tomó ninguna decisión sobre la solicitud ni tampoco estableció una fecha sobre cuándo emitiría un fallo.

A medida que la demanda avanza por el tribunal federal, las trabajadoras sexuales y sus aliadas continúan organizándose y creando sus propias redes de seguridad financiera. Las trabajadoras sexuales y sus aliadas han organizado actividades de recaudación de fondos de emergencia para las más afectados por FOSTA. Una recaudación de fondos recaudó $ 17.000 en una noche. Pero, señaló Balcon, “no es un nuevo trabajo. No es una nueva oportunidad económica. Incluso si tuvieras diez veces el alivio que tienes ahora, no sería suficiente “.

Explicado de otra manera, dijo: “Digamos que el 90 por ciento de los trabajos mineros fueran eliminados mañana. ¿Serían suficientes donaciones de cinco cifras para compensar los trabajos perdidos?

A pesar de los estragos de la ley, Gentili sigue siendo optimista. “Veo a las trabajadoras sexuales totalmente comprometidas con organizarse”, reflexionó. “El trabajo sexual siempre ha estado bajo la sombra del estigma y la vergüenza. Entonces, ver a las trabajadoras sexuales uniéndose para encontrar soluciones en lugar de tener senadores que tomen decisiones por ellas es realmente importante “.