A favor de la legalización de la prostitución voluntaria

Saben de sobra que la prostitución no va a desaparecer, porque siempre ha estado ahí y siempre estará

 

Por Guadalupe Sánchez

23 de marzo de 2021

https://www.vozpopuli.com/opinion/legalizacion-prostitucion.html

 

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo. Europa Press

 

El Gobierno de las feministas y de los feministos nos dice que necesitamos un cambio de paradigma para que el consentimiento de las mujeres esté en el centro. “Sólo sí es sí” y por eso deberá constar por escrito y firmado en duplicado ejemplar por todos los partícipes en el intercambio de prestaciones sexuales. Se aconseja añadir un anexo en el que se detallen los actos, posturas y movimientos a los que la dama consiente y la duración máxima y mínima del coito. El varón empresario deberá resaltar en negrita aquellas cláusulas que considere de difícil comprensión para la hembra consumidora de sus servicios orales y/o genitales.

Pero, ay, cómo cambian las cosas cuando el intercambio sexual no es a título lucrativo —o sea, gratis— sino oneroso y es la mujer la que asume por decisión propia el rol de empresaria. En estos casos, la voluntad del Gobierno ha de primar sobre la de la fémina. Ni cambio de paradigma, ni consentimiento expreso, ni puñetas.


Lo único que van a conseguir con esta ley es no tener que apartar su puritana mirada cada vez que se crucen en su camino con esas vulgares meretrices indignas y antidemocráticas


Ha anunciado la vicepresidenta Carmen Calvo una “legislación nacional abolicionista que prohíba la prostitución en toda España y que nos dignifique como democracia”. Ya no les basta con negar reconocimiento jurídico y, por lo tanto, protección, asistencia y cobertura a las que se dedican al negocio del sexo. Ahora también quieren relegarlas a la ilegalidad. Saben de sobra que la prostitución no va a desaparecer, porque siempre ha estado ahí y siempre estará: ¡por algo es conocida como el oficio más antiguo de mundo! Tanto es así que algunos de sus más fieles usuarios en privado eran y son quienes más reniegan de ella en público. Lo único que van a conseguir con esta ley es no tener que apartar su puritana mirada cada vez que se crucen en su camino con esas vulgares meretrices indignas y antidemocráticas.

¿Cristiano o progresista?

Confieso que no puedo evitar evocar al caudillo cuando escucho a Carmen Calvo —y a la cohorte a sueldo del Ministerio de Igualdad— argumentar contra la prostitución. Mediante decreto ley de 3 de marzo de 1956, el Generalísimo aprobó la abolición de los centros de tolerancia y otras medidas relativas a la prostitución. “La incontestable ilicitud de la prostitución ante la teología moral y ante el mismo derecho natural, ha de tener reflejo obligado en el ordenamiento positivo de una nación cristiana para la debida protección de la moral social y del respeto debido a la dignidad de la mujer”. Así arrancaba el preámbulo de la norma franquista. Si donde dice “cristiano” me ponen ustedes “progresista” ya le estarán adelantando a esta panda de pacatos del Ejecutivo una parte de la tarea legislativa. Seguro que también les valdrá el artículo primero, que rezaba: “Velando por la dignidad de la mujer y en interés de la moral social, se declara tráfico ilícito la prostitución”. ¡Carmen, atiende, que Franco era feminista y te adelantó buena parte de la faena!

Lo que está claro es que las mujeres nos debemos a fines más elevados, que en los cincuenta eran aquellos que nos imponía el dictador y ahora son los que nos marcan las ministras, los ministros y les ministres. El paternalismo feminista ha reemplazado al franquista.

La ideología no les deja ver que la explotación sexual no trae causa de la prostitución. Prohibir la segunda no solucionará la primera, sino al contrario, la agravará. Legalizar la prostitución no sólo redundaría en mejoras para aquéllas que se dedican al negocio del sexo voluntariamente, sino que también facilitaría erradicar el execrable crimen que es la trata de seres humanos. Pero sé que pido demasiado a quienes no han venido a trabajar sino a sacar a pasear eslóganes y pancartas.

 

Nueve organizaciones europeas piden la despenalización del trabajo sexual en Malta

 

15 de marzo de 2021 Coordinador ICRSE

http://www.sexworkeurope.org/news/news-region/press-release-9-european-organisations-call-decriminalisation-sex-work-malta

 

Las trabajadoras sexuales en Malta necesitan la despenalización del trabajo sexual.

Declaración conjunta de ILGA Europe, Transgender Europe, la Organización Internacional de Jóvenes y Estudiantes Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Queer e Intersex, la Plataforma para la Cooperación Internacional sobre Migrantes Indocumentados, La Strada International, la Plataforma de ONG europeas contra la trata de personas, European AIDS Treament Group y el Comité Internacional sobre los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa.

__

Con esta declaración, nuestras organizaciones desean expresar nuestro apoyo al gobierno de Malta en su esfuerzo por desarrollar una reforma legal que garantice la protección de los derechos de las trabajadoras sexuales. Nuestras organizaciones, después de una cuidadosa consideración, consulta e investigación, apoyan de todo corazón la despenalización del trabajo sexual.

A nivel mundial, las trabajadoras sexuales y sus organizaciones exigen la despenalización, el derecho a la autodeterminación y la autoorganización. Nuestras organizaciones apoyan los principios de que las leyes y políticas que afectan a las comunidades marginadas deben desarrollarse con la participación significativa de esas comunidades, asegurando que se escuchen sus opiniones y se incluyan sus demandas.

Malta es reconocida mundialmente como un país líder en la protección de las personas LGBTI, una posición que se ha ganado legítimamente al escuchar y trabajar en estrecha colaboración con organizaciones LGBTI y miembros de la comunidad. Las trabajadoras sexuales son claras en sus demandas y estos deberían ser los principios rectores detrás de los actuales esfuerzos de reforma legal.

Las demandas de despenalización de las trabajadoras sexuales son compartidas por un gran número de organizaciones destacadas de derechos humanos, derechos de la mujer y salud pública (véase la lista en la nota a pie de página).

Esto está respaldado por evidencia académica y científica internacional de estudios globales e instituciones académicas como la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, The Lancet o el reciente proyecto SexHum.

La crisis actual de COVID-19 ha puesto de relieve la necesidad crítica de comprometerse y escuchar a las comunidades y las partes interesadas de la salud pública y de implementar políticas que se basen tanto en evidencia científica como en estándares de derechos humanos.

Nuestro trabajo nos dice que sin excepción, las políticas que criminalizan a las trabajadoras sexuales, los migrantes y su trabajo u organizaciones que las apoyan, conducen a más, no menos, violencia y explotación. Este tipo de entornos represivos socavan constantemente el acceso a los servicios, el trabajo decente y la justicia, y provocan un aumento de las violaciones de los derechos humanos.

El impacto de la penalización de los clientes, conocido como modelo sueco, en las trabajadoras sexuales en países como Suecia, Noruega, Francia, Irlanda e Irlanda del Norte es inequívoco: las trabajadoras sexuales informan de una mayor precariedad y vulnerabilidad a la violencia y las enfermedades infecciosas (incluido el VIH), mientras que la confianza en las autoridades se ha desplomado. Mientras tanto, en países y estados donde el trabajo sexual está despenalizado, las trabajadoras sexuales reportan un mayor acceso a la protección legal. Ha mejorado su capacidad para ejercer otros derechos clave, como la justicia y la atención de la salud. La despenalización de las trabajadoras sexuales y su ocupación contribuye significativamente a su protección, dignidad e igualdad.

La evidencia es clara: solo la despenalización del trabajo sexual protegerá el bienestar y la dignidad de las trabajadoras sexuales.

 

NB – Lista de organizaciones internacionales que apoyan la despenalización del trabajo sexual:

The Joint United Nations Programme on HIV/AIDS (UNAIDS), UNFPA, WHO, UNDP, the World Bank, Amnesty International, Médecins Du Monde, Human Rights Watch, the Global Commission on HIV and the Law, Open Society Foundations, the Global Network of People Living with HIV, the Global Action for Gay Men’s Health & Rights (MPact), the International Women’s Health Coalition, the Association for Women’s Rights in Development, the American Jewish World Service, the Global Alliance Against Traffic in Women (GAATW), The Lancet, The Global Fund for Women, the Elton John AIDS Foundation, Frontline AIDS, the International Community of Women Living with HIV, Global Health Justice Partnership of the Yale Law School and Yale School of Public Health, STOPAIDS and ILGA World.

Trabajadoras sexuales, feministas e ‘influencers’

Un grupo de mujeres brasileñas se gana la vida ejerciendo el trabajo sexual y contando en redes sociales sus experiencias, compartiendo desde consejos picantes hasta enseñanzas sobre finanzas

 

Por Joana Oliveira

SÃO PAULO – 20 de marzo de 2021

https://elpais.com/sociedad/2021-03-20/trabajadoras-sexuales-feministas-e-influencers.html

 

Patrícia Rosa, prostituta y activista feminista lee un libro de la escritora Gabriela Leite, fundadora del Movimiento de Prostitutas de Brasil.Mariana Bernardes / EL PAÍS

 

Se ganan la vida ejerciendo el trabajo sexual en Brasil y contando sus experiencias en las redes sociales, compartiendo desde consejos picantes hasta enseñanzas sobre educación financiera y, sobre todo, feminismo. Con miles (a veces millones) de seguidores, algunas prostitutas que se han convertido en influencers tratan de eliminar los numerosos estigmas de la prostitución. “Los hombres no quieren que hablemos abiertamente de la prostitución, porque estamos hablando de su vida paralela, de algo que hacen a escondidas”, dice Patrícia Rosa, una de estas mujeres, que lleva siete años ejerciendo el trabajo sexual y cuenta parte de su rutina en Instagram. Son actividades como la suya las que hacen posible la ilusión de la monogamia, bromea.

Bajo la interpretación del personaje Chica de Compañía Mentirosa, cuenta sus experiencias como sugar baby (acompañante sostenida por un hombre, normalmente mayor y más rico), lo que ella llama “prostitución tradicional”, pero plantea debates sobre la violencia contra las mujeres, la independencia económica femenina y los derechos que deberían tener las trabajadoras del sexo. Todo ello con un lenguaje simple y directo. “A veces la gente utiliza palabras muy rebuscadas para decir cosas sencillas. Nos convertimos en feministas en el momento en que cuestionamos la naturalización de la misoginia, no creo que necesitemos tener contacto con la filosofía feminista para ello”, aclara Patrícia Rosa, que participa en el Coletivo Puta da Vida.

Fotógrafa, artista y productora cultural, Patrícia comenzó a trabajar con el sexo por la dificultad de mantenerse económicamente. “Para ser una artista con cierta comodidad en Brasil hay que tener dinero”, dice. Se planteó entrar en la prostitución después de darse cuenta de que tenía valor para salir con desconocidos de la aplicación de citas Tinder. “Estas aplicaciones trajeron la popularización del sexo casual y, para mí, tienen la misma dinámica que el trabajo sexual, solo que de una forma menos protegida y no remunerada”.

Esta es una de las cosas que enseña a sus seguidores: el afecto, el cuidado y el placer que una mujer proporciona a un hombre es siempre un trabajo no remunerado. “Todo el mundo trabaja con su cuerpo. Una empleada de servicio doméstico, por ejemplo, trabaja con su cuerpo y gana mucho menos que una puta. Gracias a la prostitución empecé a entender todo el trabajo no remunerado que hacen las mujeres, como cuando se follan a sus novios y maridos gratis y sin disfrutarlo”.

Patrícia dice que la mayoría de las mujeres ven la prostitución en un lugar oscuro porque se les enseña que “ser una puta es lo peor” que puede ser una mujer. “Pero cuando se llega al subempleo, creo que la prostitución es una opción. Y, especialmente para las mujeres pobres, el trabajo sexual es una posibilidad de ascenso social”, afirma.

Patrícia Rosa, trabajadora sexual y activista feminista.Mariana Bernardes

Ese fue el caso de Mara Vale. Tras ver recortadas las dos becas que pagaban su carrera de filología inglesa, decidió abandonar el Estado de Bahía para ir a São Paulo y convertirse en prostituta. Antes, incluso vendía helados para mantenerse, pero solo ganaba 300 o 400 reales al mes (unos 75 dólares). “Si pagaba el alquiler, no comía”, recuerda. Al principio, trató de ser una sugar baby, pero gracias a la orientación de una amiga, decidió hacer su primer programa en Twitter. “Veía series y documentales sobre la prostitución, buscaba cosas para leer, pero había poco contenido al respecto”, dice c, que ahora gana entre 3.000 y 5.000 reales al mes (entre 550 y 900 dólares).

Cuando se dio cuenta de lo difícil que era encontrar material sobre la prostitución, creó un canal en YouTube, que alcanzó 15 millones de visitas y 183.000 suscriptores, para enseñar a otras mujeres cómo iniciarse en el mundo del trabajo sexual. Allí y en Instagram relata las experiencias más destacadas con sus clientes, da consejos sobre sexo oral y organización financiera, enseña a hacer programas por anuncio y advierte a las mujeres sobre las estafas más comunes de los clientes.

En los vídeos más íntimos, habla de cómo lidia con su depresión y responde a las críticas de quienes dicen que “ser una puta es el camino más fácil”. “Renuncié a mi sueño de ser profesora de inglés porque me moría de hambre. No me arrepiento de haberme abierto de piernas y de haber cobrado por ello”, dice. Vale también cuenta que el autoestima y el respeto por una misma cambian cuando una mujer empieza a cobrar por el sexo. “He tenido relaciones con hombres que no se preocupaban por mí. Ahora los chicos me tratan como una reina, me siento más valorada. No pretendo dar glamur a la prostitución, pero trabajo a la hora que quiero, sirvo a quien quiero y amueblo mi casa pagando todo en efectivo”.

Mara Vale no interpreta un personaje: aparece con la cara limpia y en pijama en muchos de sus videos. Patrícia Rosa, en cambio, encarna “la típica Bruna Surfistinha, la chica de clase media, chica de compañía” que hace trabajo sexual porque quiere, no porque lo necesita. “Es una especie de autopreservación. Cuando creen que estás ahí porque lo necesitas, piensan que vas a aceptar cualquier cosa”, explica. La mujer explica que no se priva de publicar fotos en redes con su familia y amigos. “Tenemos que mostrar que las putas también son personas, tienen vidas, tienen familias, se divierten”. En este proceso de normalización, ella misma empezó a contar a algunos miembros de su familia cuál es su sustento de vida. Cuando salen con hombres y mujeres más allá de su profesión, las prostitutas escuchadas en este reportaje no ocultan con qué trabajan, pero, siempre que es posible, prefieren dejar el romanticismo fuera de estas relaciones.

Quien también expone su vida personal y profesional en las redes es Lays Peace, una prostituta de 21 años que se hizo famosa durante la pandemia, alcanzando casi dos millones de seguidores en Instagram. Comparte desde momentos con su madre hasta informes de reuniones con clientes. En un vídeo, aparece besando a su novio, en otro corre detrás de un hombre que se negó a pagarle. En sus señales en directo, enseña a hacer cosas como la inversión —cuando la mujer penetra al hombre—. “Ayuda a otras mujeres a convertirse en prostitutas de lujo. ¿En qué otro momento del mundo una prostituta sería una influencer? Incluso hasta la visión de lo que es ser una puta, de lo que es ser una mujer empoderada de su sexo, está cambiando”, celebra Patrícia. Y Lays no oculta cuánto cobra. El pasado 17 de febrero, por ejemplo, anunció una “promoción” de sus servicios: 3.000 reales por una cena con ella, más una cita de una hora.

Al reivindicarse como prostitutas feministas, contradicen la corriente del movimiento por los derechos de la mujer que cree que la prostitución debe ser abolida, ya que la considera una “violación pagada”. Estas activistas entienden que la relación sexual, en la prostitución, implica necesariamente la violación de la persona que la ejerce, ya que el consentimiento se obtendría a través del dinero. Es el caso de QG Feminista, un grupo de mujeres de entre 18 y 45 años, de los más diversos ámbitos, que están a favor de la abolición del trabajo sexual porque entienden que, además de perpetuar el poder de los hombres, el “comercio sexual depende tanto del racismo como del colonialismo para explotar a mujeres y niñas de todo el mundo”.

La explotación sexual infantil es precisamente otro argumento utilizado por las abolicionistas. En este sentido, Patrícia Rosa es tajante: “La prostitución es diferente de la explotación sexual infantil. Los niños no trabajan y punto, en ningún contexto. La prostitución es un trabajo elegido por las mujeres adultas. La reglamentación del trabajo sexual ayudaría incluso a proteger a los niños”, afirma.

Sobre la supuesta incoherencia de ser “puta y feminista” —otro argumento utilizado por las abolicionistas, casi siempre en tono acusador—, Monique Prada, prostituta, autora del libro Putafeminista (Ed. Veneta, 2018) y una de las fundadoras de la Central Única de Trabajadoras Sexuales, que lucha por los derechos de la categoría profesional, dice que “aislar a las trabajadoras sexuales del feminismo es como condenarlas a la violencia e impedirles luchar por cambios esenciales en su entorno”. “Algunas corrientes feministas aíslan a las trabajadoras del sexo por puro moralismo, al igual que las iglesias”, añade.

“La prostitución incomoda a la sociedad porque se trata de una mujer dueña de su sexualidad que decide venderla. ¿Por qué a las feministas blancas les molesta más esto que la explotación a la que están sometidas sus empleadas de servicio doméstico negras?”, agrega Patrícia.

Las putativistas argumentan que la reglamentación del trabajo sexual protegerá a las mujeres de la violencia, facilitará la fiscalización y la lucha contra la explotación infantil, y permitirá organizar el precio de este trabajo. Para Patrícia, los casos de mayor violencia que se producen en su oficio es cuando un cliente se niega a pagar y cuando intentan mantener relaciones sexuales sin preservativo. Una vez se enfadó cuando un cliente le envió en broma el vídeo de un marido que estrangulaba a su mujer cuando se enteraba de que ella hacía programas de Youtube con otros hombres. “Lo sentí como una amenaza. Después de eso, lo bloqueé de mi vida”. Sin embargo, afirma que la violencia no puede utilizarse para estigmatizar el trabajo sexual. “Todas las mujeres sufren acoso en el trabajo. Ya no siento miedo por ser prostituta, he sufrido más violencia fuera del trabajo sexual que en la prostitución”, aclara.

Patrícia y Monique afirman que las redes sociales y la popularización de plataformas como Only Fans han facilitado el intercambio de información, incluida la económica, y las experiencias de autoprotección entre las prostitutas. “De todos los trabajos que he hecho, solo con la prostitución aprendí cuánto vale mi tiempo. E internet ayudó a fijar los precios, porque hablamos entre nosotras”, cuenta Patrícia. Como no todas las trabajadoras sexuales tienen acceso a internet o saben utilizar las redes sociales, la Articulación de Prostitutas de Brasil ha ofrecido cursos sobre herramientas digitales.

 

Las colas del hambre de las prostitutas: «La crisis es el covid y este Ministerio de Igualdad»

Tras un año de pandemia, las trabajadoras del sexo, viven prácticamente sin ingresos y sin percibir ningún tipo de ayuda de las administraciones.

 

Por Marta Arce

20 de marzo de 2021

https://www.libremercado.com/2021-03-20/colas-del-hambre-prostitutas-crisis-es-covid-ministerio-igualdad-6720539/

 

Nina es escort en Madrid. Antes de que la covid-19 arrasase con todo, Nina satisfacía las fantasías de sus clientes en hoteles de la capital y viajaba dos veces al mes para visitar a sus «amigos» en otras ciudades. Además de los servicios obvios, Nina acompaña a sus clientes en eventos sociales y ofrece la GirlFriend Experience, actuando en ocasiones como una novia o esposa.

En el último año, la vida de Nina ha cambiado por completo: «Ha sido muy duro. He estado confinada durante meses y sin ingresos. Las trabajadoras del sexo estamos absolutamente olvidadas por parte de las administraciones, que en vez de ayudar, lo que hacen es estigmatizarnos y precarizarnos».Tampoco pagan impuestos.

Las colas del hambre de la prostitución

Al igual que Nina, las prostitutas se encuentran en una situación desesperada. Muchas de ellas son asiduas en las colas del hambre, siguen trabajando de forma clandestina y han tenido que recurrir a asociaciones como Cats (Comité de Ayuda a las Trabajadoras Sexuales) para seguir adelante. «El problema principal es que su actividad no está reconocida legalmente», explica Nacho, portavoz de Cats, «no tienen un contrato laboral, no tienen ERTE, no tienen paro, ni acceso en muchos casos a las ayudas municipales porque ni siquiera están empadronadas».

Nacho explica que en la asociación llevan un año dedicándose casi en exclusiva al reparto de comida a través de los bancos de alimentos de Cruz Roja y Cáritas. «El problema es que también hay que pagar el alquiler y las facturas, así que ellas mismas se organizaron a nivel estatal para hacer un crowdfunding. Sacaron cerca de 20.000 euros que distribuyeron de forma equitativa. Esa es la única ayuda directa que han recibido muchas de ellas».

El sindicato no oficial Otras (Organización de Trabajadoras Sexuales) ha agotado ya sus dos cajas de resistencia y en Barcelona se dedican casi en exclusiva a la recogida de alimentos. Vera, delegada de Otras en Murcia, lamenta la falta de ayuda por parte de las administraciones y se pregunta por qué «las compañeras de Nueva Zelanda sí que cobran el paro, pero nosotras aquí tenemos que arriesgarnos y salir a trabajar a pesar de la pandemia».

«No se puede hacer un francés con mascarilla»

El miedo a la covid-19 y la falta de clientes han obligado a las prostitutas a adaptarse. Nina ya no frecuenta los hoteles y ha alquilado un apartamento para encargarse ella misma de la limpieza. Otras han optado por el teletrabajo y se han pasado al sexo virtual a través de webcam. Ese es el caso de Cony: «El último año ha sido más difícil y he combinado el trabajo presencial con las videollamadas. A pesar de ello, mis ingresos han bajado bastante».

La vida también cambió de la noche a la mañana para las chicas de los clubes de alterne, obligados a cerrar en muchas comunidades autónomas durante el confinamiento más estricto. «Muchas chicas rumanas y búlgaras consiguieron irse a su país, pero otras se quedaron en la calle con una mano delante y otra detrás», explica Nacho. «Tuvieron que seguir trabajando por su cuenta, con dos o tres servicios a la semana para sacar unos duros. Lo están pasando muy mal y lo único que tienen es el ejercicio de la prostitución. En una época de miedo absoluto decían que sí a todo».

Y en las calles, la situación es incluso peor debido a la falta de clientes y a los controles policiales que implican multas de más de 300 euros para las prostitutas. Emérita trabaja como transformista cerca de una zona comercial y asegura que sus ingresos han descendido un 90% en el último año. «Tuve mucho miedo al principio. Era aterrador ver en la televisión que muchísima gente estaba muriendo. Pero es imposible pagar las facturas si no seguimos trabajando. En septiembre del año pasado me contagié de covid, pero no en el trabajo, sino en mi entorno social», explica Emérita. «Trato de tomar medidas de precaución, pero en este trabajo es imposible el distanciamiento. Tienes que subirte a un coche con un desconocido y no se puede hacer un francés con la mascarilla puesta».

«Somos víctimas de las políticas del Ministerio de Igualdad»

En los clubes con neones en la fachada, en las calles oscuras y en los pisos de alquiler por horas, las prostitutas siguen abandonadas en la alegalidad mientras soportan el estigma del oficio más viejo del mundo. «En esta pandemia todo el mundo ha sido solidario con los demás, pero nadie se ha acordado de las putas«, lamenta Emérita, que solo ve ante ella un futuro incierto debido en buena parte a «campaña de difamación contra las prostitutas por parte del Ministerio de Igualdad».

La ministra Irene Montero ha asegurado que «la prostitución es claramente una forma de explotación sexual». Emérita no está de acuerdo. «Ellos piensan que detrás de cada prostituta hay un proxeneta y eso es totalmente falso. El problema es que la ministra de Igualdad se maneja con datos totalmente erróneos de asociaciones abolicionistas. Toda la gente que conozco ejerce la prostitución porque le da la gana y porque han decidido que esa es su forma de vida.»

Emérita, y buena parte de las asociaciones de las trabajadoras del sexo,

Emérita, trabajadora sexual transformista

piden desesperadamente la regulación del sector para que se reconozcan sus derechos laborales: «Somos víctimas de las políticas del Ministerio de Igualdad. Esta señora (Montero) habla de abolir la prostitución, pero lo único que va a hacer es condenar a la gente a trabajar en la clandestinidad. No aportan ninguna solución ni alternativas. ¿Qué van a hacer con toda la gente que se dedica a esto? La crisis es el covid y este Ministerio de Igualdad, a tiempo parcial cuando interesa».

«No defendemos la prostitución ni se nos ocurriría salir con una pancarta para decir hazte puta que es lo mejor que te puede pasar», explica Nacho. «Desde Cats, queremos el reconocimiento de la actividad laboral con un régimen especial como tienen ciertos colectivos. Podrían cotizar al erario público y se evitaría muchísima explotación laboral con jornadas abusivas, despidos por enfermedad, multas aleatorias».

 

Lo que nos dice el acto de feminicidio de Atlanta sobre los hombres y las trabajadoras sexuales

¿Cuál es la respuesta? Parece fácil, pero no lo es

 

 Victoria Gagliardo-Silver@victoriaxsilver

viernes 19 marzo 2021

Read in English

https://www.independentespanol.com/opinion/atlanta-georgia-spa-tiroteos-robert-aaron-long-trabajadoras-sexuales-b1819403.html

 

Ataques mortales contra tres salones de masajes asiáticos en Atlanta, EE.UU.
(Atlanta Journal-Constitution)

 

Otro día en Estados Unidos, otras ocho vidas perdidas por el cáncer de la supremacía blanca y la misoginia.

El tiroteo en Georgia del martes por la noche fue la culminación de la xenofobia, el sexismo y la putofobia: el presunto tirador, Robert Allen Long, eligió los negocios de masajes asiáticos por una razón. Según la policía, mató a estas mujeres específicamente para eliminar su tentación sexual individual, disparando a las supuestas trabajadoras sexuales en un «ataque a la industria del porno«. Por mucho que se trate de un acto de violencia contra los asiáticos, es un acto de violencia contra el trabajo sexual y un acto de feminicidio.

No puedo decirte cuántos chistes he escuchado que convierten a una trabajadora sexual muerta en un chiste. Las mujeres trabajadoras del sexo a menudo se enfrentan a la violencia a manos de los hombres, tanto en línea como en tiempo real, que no se denuncia porque carecemos del apoyo de los sistemas que nos criminalizan. Las trabajadoras sexuales tienen entre un 45 y un 75 por ciento de probabilidades de ser agredidas en el trabajo, y las trabajadoras sexuales transgénero y migrantes y las trabajadoras sexuales de color tienen una mayor probabilidad de sufrir daños. Al mismo tiempo, no podemos recurrir a la policía en peligro cuando la estructura misma de nuestro trabajo es ilegal. Somos gente común: vuestras maestras, enfermeras, maquilladoras, madres. He trabajado en las Naciones Unidas y en salas de redacción galardonadas, pero la respetabilidad no evitará que un cliente me haga daño o que los hombres me acosen en Internet.

En este caso, no importa intrínsecamente si las trabajadoras del masaje eran trabajadoras sexuales o no. Sigue siendo que fueron el objetivo de alguien que las vio como trabajadoras sexuales.

La industria del sexo y, a su vez, las trabajadoras sexuales se encuentran en una extraña intersección de legalidad y moralidad. Algunas formas de trabajo sexual pueden ser técnicamente legales con ciertas estipulaciones, pero todas las trabajadoras sexuales enfrentan un cierto tipo de estigma por el trabajo que realizan, y todas caemos bajo el paraguas del trabajo sexual. Ponerse en contacto directamente con la policía no sólo pone a las trabajadoras sexuales en riesgo individual de ser arrestadas, sino que los estudios han demostrado que la policía a menudo discrimina y se niega a ayudar a las trabajadoras sexuales de la calle, incluidas las que han sido violadas. Además, el 27 por ciento de las mujeres en un estudio informó que la policía había propagado la violencia contra ellas.

La solución parece fácil, ¿verdad? Con el aumento de la pornografía directa al consumidor y los sitios de fans y en medio de los cierres pandémicos, parece que ingresar a un sitio como Onlyfans sería una forma bastante fácil de ganar dinero seguro, y el trabajo sexual callejero y de servicio completo disminuiría. al borde del camino. Sin embargo, esa no es la historia completa. Los creadores de contenido migrantes no pueden acceder a dichas plataformas porque, como creador, necesita una cuenta bancaria para adjuntarla a casi todas. Si alguien necesita dinero para alimentar a sus hijos ese día, Onlyfans tiene un período de procesamiento. Y con el artículo reciente de Nicholas Kristof que llevó a MasterCard y Visa a negarse a trabajar con Pornhub, muchos artistas porno independientes están luchando por encontrar una nueva forma de obtener los ingresos que necesitan para sobrevivir.

Una trabajadora sexual promedio no gana decenas de miles de dólares, sino que trabaja para pagar su comida y alojamiento. Sólo requiere $1.000 al mes para estar entre el 10 por ciento superior de los artistas de Onlyfans. Es lógico que la mayoría gane muy por debajo del salario mínimo.

La pornografía no es el problema, per se, sino el hecho de que nuestra sociedad prospera con la explotación del trabajo de las mujeres, tanto sexual como emocional. El verdadero problema, como de costumbre, es el patriarcado.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? ¿Cómo protegemos a las trabajadoras sexuales en una nación que devalúa activamente el trabajo sexual y el trabajo de las mujeres, hasta el punto de la violencia? La despenalización del comercio sexual es la única opción.

Valentina Fox , una dominatrix con sede en Nueva York, dice: “La despenalización es el primer paso para humanizar a las trabajadoras sexuales para el público en general. Las trabajadoras sexuales también tienen esperanzas y sueños. Las mujeres que fueron asesinadas tenían esperanzas y sueños; eran personas completas y complejas con familias asesinadas por ser (percibidas como) trabajadoras sexuales. Es peligroso que estemos agrupadas con perpetradores violentos de delitos a los ojos del público. Conduce al odio y a los malentendidos».

Nuestro sistema legal fusiona el trabajo sexual consensuado con la trata sexual, lo que perjudica tanto a las víctimas de la trata como a las trabajadoras sexuales consensuales. Con la despenalización del comercio sexual, que es recomendada por la Organización Mundial de la Salud como práctica de salud pública, más ingresos de los departamentos de policía podrían dirigirse a las víctimas reales de la trata, y las trabajadoras sexuales podrían recibir servicios de la policía y las organizaciones gubernamentales de salud sin miedo a perder ingresos o ser denunciadas como objeto de trata.

La despenalización también viene con los beneficios de seguridad adicionales que existían antes de que FOSTA-SESTA expulsara a las trabajadoras sexuales de la esfera digital: tableros de selección de clientes y proveedores donde los clientes inseguros pueden ser incluidos en listas negras, foros publicitarios, soporte en línea y en tiempo real, y servicios de salida de la industria. Esto no previene intrínsecamente atrocidades como la de Georgia, pero las trabajadoras sexuales merecen el derecho de investigar el historial de sus clientes para asegurarse de que se respetarán sus límites. En otras palabras, merecen la oportunidad de hacerse cargo de su propia seguridad. Eso debería haber sido siempre lo mínimo.

 

Muerte al proxeneta: el futuro del trabajo sexual en América Latina

Las trabajadoras sexuales están organizadas, exigen que se reconozcan sus derechos laborales y acabar con el proxenetismo. En Chile nace una web por y para putas, donde podrán vender sus servicios sin intermediarios y con un sello inclusivo. 

 

Por Greta di Girolamo Harsanyi

18 de marzo de 2021

https://www.vice.com/es/article/akdbnk/muerte-al-proxeneta-el-futuro-del-trabajo-sexual-en-america-latina

 

La revolución puteril está siendo en Sudamérica.

Eso concluyen las cuatro trabajadoras sexuales sentadas a la mesa. Entre ellas está Hirenka, trabajadorx sexual de 20 años, no binarix y mapuche, pueblo indígena del Cono Sur. Es integrante de Fundación Margen, una organización de trabajadoras sexuales de Chile. Lleva el pelo corto decolorado, polera suelta, lentes ópticos, el cuello tatuado con las fases de la luna y tres piercings en la nariz. Hirenka desafía el estereotipo de prostituta que suelen cargar las mentes.

“Cuando dices puta, automáticamente viene a tu cabeza la imagen de una mujer derruida, mal maquillada, cagá de frío en una esquina. Eso es una construcción que se ha hecho. Es muy importante deconstruir este imaginario caricaturesco de trabajadora sexual como una persona miserable y aterrizarlo más bien como personas políticamente informadas que estamos luchando por nuestros derechos y para que nuestro trabajo sea validado como tal. No nos encontramos en papel de víctimas ni delincuentes. El abolicionismo no nos posiciona como sujetos capaces de decidir. Nos patologiza o nos victimiza”, dice Hirenka.

El abolicionismo es su enemigo.

De este son partidarios  los conservadores religiosos, para quienes el trabajo sexual es inmoral y atenta contra las buenas costumbres y un largo etcétera especialmente estricto cuando se trata de la vida sexual de las mujeres.

También  las feministas abolicionistas, que plantean que las mujeres que “venden sus cuerpos” lo hacen porque no han tenido otra oportunidad de subsistencia en la vida y que el porno y la prostitución deben erradicarse porque perpetúan la cosificación de las mujeres.

“El abolicionismo dice que no existe el consentimiento con dinero de por medio porque el consentimiento no se compra. Entonces, que nosotras somos las violadas. Y no. Imagínate eso, que ya ni siquiera yo pueda decir ‘yo consentí’, porque me dicen ‘sos una pobre boluda que no entiende nada y te están violando’. Ni siquiera tenemos autonomía, nos están quitando nuestro derecho a disentir”, dice Pochi, trabajadora sexual  de 30 años y fotógrafa erótica que se ha dedicado a retratar a personas con cuerpos e identidades sexuales no convencionales.

Según la lógica de que si hay dinero de por medio no existe consentimiento real, ¿cuántas personas toman decisiones consentidas, de forma totalmente libre? Lo dice Virgine Despentes en la Teoría King Kong: en un contexto en el cual el patriarcado explota a las mujeres en todos sus quehaceres, la prostitución se abre como un trabajo en el cual pueden ganar más dinero trabajando menos horas. ¿Por qué preferir ser explotada en una fábrica textil o ejercer trabajo doméstico no remunerado en el matrimonio antes que prostituirse? ¿Es más escandaloso solamente porque está implicado lo sexual/genital? ¿Es lo sexual más sagrado que la salud física y mental de las obreras?

“La sociedad ve tan normal comercializar las ideas o prostituir los ideales. Comercializar con el sexo es mi decisión”, dice Olympia Loló, documentalista y trabajadora sexual de 34 años que se ha formado como asistente sexual para atender a personas con diversidad funcional-discapacidad.

Trabajo sexual es trabajo

Además de que es un trabajo más rentable que muchos otros, el trabajo sexual es algo que a varias les apasiona y a través de lo cual encontraron su empoderamiento y autoplacer. Lo que sí es incuestionable es que las trabajadoras sexuales viven en constante precariedad y vulneración.

La Red de Trabajadoras Sexuales de América Latina y El Caribe (RedTrasex) nació en 1997 y agrupa a trabajadoras sexuales y organizaciones de catorce países de la región. Lleva años reuniendo testimonios y haciendo estudios sobre la situación que se vive en la región y todas las conclusiones apuntan a que el gran problema es el estigma social y la clandestinidad en la que están obligadas a trabajar. El objetivo primordial de RedTrasex es conseguir que los estados de la región consideren lo que hacen ellas como cualquier otro trabajo y, por lo tanto, les garanticen ciertos derechos laborales.

“En un futuro no muy lejano el trabajo sexual va a ser reconocido como tal porque no les va a quedar otra. Por la fuerza del movimiento latinoamericano que, te aseguro, no la tiene ningún otro movimiento de ningún otro continente. El compromiso de las trabajadoras sexuales latinoamericanas es admirado por compañeras de varios países del mundo. Con falta de recursos económicos, muy poca cooperación internacional, con fuerza y garras, somos capaces de hacer las cosas que hacemos”, dice Elena Reynaga, trabajadora sexual de 67 años y Secretaria Ejecutiva de la RedTrasex. Y añade: “Esto va a ser como el tema de la ley de aborto: los países van a aflojar de a poco. No pasarán más de tres o cuatro años. Pero no queremos que ningún iluminado nos diga cómo tiene que ser nuestra ley. Lo que queremos es que nos convoquen y nos dejen participar”.


“En un futuro no muy lejano el trabajo sexual va a ser reconocido como tal porque no les va a quedar otra. Por la fuerza del movimiento latinoamericano que, te aseguro, no la tiene ningún otro movimiento de ningún otro continente”.


Para lograr su objetivo, se involucran en  instancias internacionales, como en las asambleas generales de la OEA y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo que va de la mano con el trabajo territorial en cada país.

En Chile, por ejemplo, la Fundación Margen está impulsando la creación de un gran sindicato nacional de trabajadoras sexuales. “De aquí a dos años más queremos que a nivel nacional y latinoamericano todas lleguemos a formar sindicatos de trabajadoras sexuales”, dice Herminda González, trabajadora sexual de 59 años, directora de Margen y secretaria organizacional de la RedTrasex. Además, están trabajando en un proyecto de ley que propone que trabajadoras sexuales paguen impuestos, tengan derecho a salud y jubilación y sean protegidas frente a proxenetas físicos y virtuales.

Las condiciones legales tienen variaciones según el país, pero en general ocurre lo que pasa en Chile: el trabajo sexual no es del todo ilegal pero tampoco está regularizado. “Hay un vacío legal del que se aprovechan las fuerzas de seguridad para chantajear y el proxenetismo para explotar. Seguimos sin tener derechos laborales, nuestro trabajo está cada día más clandestinizado. Y todas las políticas que hay van dirigidas a la trata, el tráfico y el proxenetismo, eso nos invisibiliza”, dice Elena Reynaga.

En Argentina, por ejemplo, en 2012 se aprobó una modificación a la ley 26.842, que eliminó la posibilidad de que pueda existir consentimiento para dedicarse al trabajo sexual. “Ha mezclado los conceptos de trata de personas con destino a la industria del sexo y trabajo sexual consentido, lo que a su vez ha conducido a allanamientos violentos y coercitivos llevados a cabo por agentes de las fuerzas del orden en domicilios y lugares de trabajo de personas dedicadas al trabajo sexual”, indica un informe de Amnistía Internacional al respecto.

Ammar, organización argentina de trabajadoras sexuales, viene levantando la voz hace años por este tema, alertando que la ley precariza aún más a quienes ejercen el comercio sexual e incluso las lleva a la cárcel. En su página web se lee: “bajo este esquema sólo se escucha a quien se identifica como víctima de explotación sexual mientras que aquellas mujeres que no encajan en ese perfil son consideradas automáticamente como victimarias”.

Otro ejemplo es la ley FOSTA/SESTA. FOSTA es por Fight Online Sex Trafficking Act (Lucha contra el tráfico sexual en línea) y SESTA es por Stop Enabling Sex Traffickers Act (Detener la habilitación a traficantes sexuales). Fue aprobada por Trump en 2018 con el supuesto objetivo de combatir la trata de personas con fines de explotación sexual y su oferta en Internet. Lo que hace es prohibir todo contenido que podría estar relacionado con la prostitución y responsabilizar de su publicación a los dominios estadounidenses. O sea, los .com. O sea, casi todas las páginas que usamos, tipo Facebook o Instagram y también muchas especializadas en contenido erótico.

La ley —que no ha demostrado tener efectividad en el combate contra la trata— ha perjudicado a miles de trabajadoras sexuales. Sin previo aviso ni posibilidad de reclamo, a muchas les cerraron sus cuentas en redes sociales, donde mostraban su trabajo, se comunicaban con clientes, generaban redes de apoyo con otras trabajadoras sexuales y desarrollaban su activismo.

“Lo que genera esta ley es más la marginalización que una lucha real contra la trata de personas”, dice SkinByrd, trabajadora sexual virtual de 31 años, especializada en BDSM.  En 2019 le cerraron sus cuentas de Instagram y Facebook, cercenando muchas de sus redes de contacto, el respaldo de todo su trabajo durante años —que no es otra cosa que su curriculum— y los contratos que tenía como influencer con marcas; sin seguidores, se acaba el acuerdo. “Fue un promedio de 1.500 euros que de un momento a otro se eliminaron en mi cuenta anual”, dice.

Sin la posibilidad de trabajar por su propia cuenta, ya sea accediendo a espacios para atender clientes o promocionando y vendiendo contenido erótico de forma independiente, las trabajadoras sexuales quedan sometidas al yugo del proxenetismo.

Neoproxenetismo 

El proxenetismo se ha reinventado. Están los clubes que, si bien no suelen recortar las ganancias de las trabajadoras sexuales, muchas veces operan con mafias bajo un ambiente de constante amenaza.

“Como el trabajo sexual no está regularizado, pero sí existe y genera mucho dinero, quedamos en manos de mafiosos, gente corrupta, que tiene cero conocimiento de educación sexual y empatía con las trabajadoras sexuales. Hay situaciones nefastas, te arriesgas y a veces trabajas con angustia. No deberíamos estar relacionadas con personas peligrosas o que roban por el solo hecho de querer trabajar en el comercio sexual”, dice Olimpya Loló, que ha trabajado en clubes de Chile, España y Brasil y también en agencias.


“No deberíamos estar relacionadas con personas peligrosas o que roban por el solo hecho de querer trabajar en el comercio sexual”.


Las agencias publican fotos y videos de mujeres. Las que son escogidas por un cliente, van a hoteles o en algunos casos la misma agencia arrienda un espacio donde pueden tener sexo. Ese arriendo también ocurre en otra modalidad que es “trabajo sexual de departamento”. Para que todo salga a cuenta, a veces tienen que atender a más de seis clientes en un día.

Y está el proxenetismo virtual, muy común y muy poco visibilizado. Es el abuso de material erótico, como fotos y videos, ya sea lucrando con él o extorsionando a las mujeres que lo producen, quienes muchas veces lo hacen en secreto. Por alguna de estas situaciones  han pasado muchas trabajadoras sexuales virtuales.

“El proxenetismo virtual es muy rápido, es la sinvergüenzura a la orden del día. Como no podemos ofrecer nuestros servicios en Mercado Libre, por ejemplo, se han creado plataformas específicas para trabajadoras sexuales, que terminan cobrando el 40% de lo que la chica gana. Muchas veces se quedan con videos producidos por compañeras y las chantajean con divulgarlos”, dice Elena.

“Son páginas administradas por hombres hétero-cis. Siempre está el tema de las categorías: culonas, negras, vip… en algunas páginas incluso te pueden poner puntaje y los clientes ponen comentarios como ‘era muy gorda’ o ‘tenía muchos pelos’. Te pueden cerrar la cuenta cuando quieran y se quedan con tus dólares y no hay dónde reclamar. Se lavan las manos”, dice Hirenka.

Para algunas entra en esta etiqueta OnlyFans: plataforma web de venta de contenido exclusivo que ha sido muy utilizada por las trabajadoras sexuales y ha tenido su boom durante la pandemia. Fue fundada por Tim Stokely y es administrada por Fenix International Ltd., cuyo dueño es Leo Radvinsky, un hombre que ha sido demandado por robo y estafa, y acusado de administrar sitios de contenido erótico con etiquetas de búsqueda asociadas a menores de edad. En una entrevista que dio en diciembre de 2020, Stokely aseguró que la plataforma suma 500 mil usuarios por día y deja más de 200 millones de dólares por mes a sus creadores. “Es gente millonaria que se llena los bolsillos gracias a un grupo marginal”, dice Skinbyrd.

Putas autónomas

Muerte al proxeneta.

Muerte al patriarcado.

Muerte al policía.

Muerte al pedófilo.

Todo eso significa, también, MAP: Movimiento Autogestionado de Putas. Una organización que nació el año pasado por la unión de nueve trabajadoras sexuales de Chile y Argentina decididas a terminar de una vez por todas con la precariedad de su trabajo. O al menos disminuirla. Entre ellas están Pochi, Hirenka, Skinbyrd y Olympia Loló.

MAP no es sólo un movimiento, es una empresa inscrita legalmente. Y su proyecto estrella es Erótida, una plataforma web donde las trabajadoras sexuales podrán ofrecer sus diferentes servicios: citas presenciales, fotos, videos, videollamadas e incluso productos de sus emprendimientos, como accesorios eróticos o lencería hecha a mano por ellas. Cada una tendrá su perfil y su calendario para agendar.

“Lo estamos haciendo todo nosotras. No queremos depender de nadie ni que nadie gane plata a costas de nuestro trabajo. Todo lo que no sabemos lo vamos a aprender y lo vamos a hacer nosotras mismas”, dice Pochi, quien lidera la creación de Erótida.


“Lo estamos haciendo todo nosotras. No queremos depender de nadie ni que nadie gane plata a costas de nuestro trabajo”.


Pochi está estudiando diseño de experiencia de usuario, Olympia está aprendiendo after effects y planea tomar un curso animación 3D, Skinbyrd aún no decide si comenzar un curso de marketing digital o uno de project manager.

Las tres están sentadas alrededor de una mesa en una pieza de la casa de Pochi que está habilitada como la primera oficina de Erótida. Están en reunión. En la pared cuelga una hoja con el logo de Erótida: una especie de diablilla rosada con cuernos y botas de taco alto. También una hoja con las posibles paletas de colores y tipografías de la marca. En la mesa también están Hirenka y Cristian. Cristian es algo así como el sugar daddy.

Sugar daddy: Persona (en general hombre) que da regalos, dineros u otros beneficios a cambio de sostener un vínculo sexual y/o afectivo con otra persona (en general mujer). Tipos de sugar daddy y tipos de intercambios hay miles.

Cristian y Pochi se conocieron porque él era su cliente, y han ido profundizando su vínculo. Ahora él es el inversor del proyecto, ha puesto a disposición su plata y su trabajo como ingeniero en informática. Cristian y Pochi son la dupla maestra que está haciendo el diseño y desarrollo web de Erótida, un proyecto que costaría más de 30 mil dólares mandar a hacer.

Hablan en un lenguaje incomprensible, lleno de tecnicismos computines que también están anotados en la pizarra del fondo. Una de las cosas que traducen es esta: por FOSTA/SESTA los servidores gringos son muy restrictivos para el trabajo sexual y por eso buscaron servidores del mundo entero para elegir el más liberal; dieron con uno australiano que les permite publicar y vender contenido erótico sin censura. De hecho, su mayor inspiración es Tryst.link, una página australiana de contenido erótico hecha por trabajadoras sexuales.

Para desarrollar Erótida hicieron un estudio de mercado con una encuesta que contestaron 200 trabajadoras sexuales de distintas edades,  con diferentes ganancias y de distintos países: Chile, Argentina, México Perú, Uruguay y Colombia. La conclusión fue que todas trabajan con inseguridad, no confían en las agencias ni en los sitios web, tienen muchos problemas para retirar su dinero y están cansadas de perder tiempo hablando con tipos que finalmente no les pagan por sus servicios.

La estrategia del equipo Erótida es ofrecer una solución a esos problemas y así, además de ayudar a la comunidad, atraer a las trabajadoras sexuales y que lleven sus clientes a la página. Además de la posibilidad de reunir todos sus servicios y tipo de contenido en un solo sitio, Erótida promete un sistema de seguridad que no permite sacar pantallazos ni descargar contenido sin que haya sido pagado, cero censura, un sistema de dinero virtual con “eroticoins” que les permitirá acceder a sus ganancias de forma fácil y cuando quieran y la confianza de que es dirigido por y para trabajadoras sexuales.

A diferencia de las páginas típicas, el chat no será para que los clientes puedan opinar de culos y pelos, sino un foro interno para generar redes y confianza entre las trabajadoras sexuales. Para que sean ellas las que se pasen los datos de los buenos y malos clientes.

Erótida ya tiene su propia productora audiovisual: Erotida films, a cargo del corto Kill your local rapist, estrenado el año pasado vía streaming y exhibido en el festival de cine Excéntricofest. Planean lanzar un podcast y una revista web, con contenido producido por y para trabajadoras sexuales.

Y ofrecerán asesoría legal, un sistema de ayuda económica y capacitaciones. Todo esto bajo valores de no competencia y tolerancia cero a conductas de odio hacia personas LGBTIQ+.

“Queremos construir comunidad. Reivindicar y visibilizar a las putas, darles voz. Queremos que nuestra red de trabajadoras sexuales crezca y sea más poderosa. Porque solo nos tenemos a nosotras”, dice Pochi.

Erótida se pondrá en marcha en Chile y Argentina durante abril y el plan es expandirla por toda América Latina y el Caribe más adelante.

La visión es esta: en el futuro, el trabajo sexual será normado como trabajo, tendrá un sello inclusivo, quienes lo ejerzan no dependerán del proxenetismo y habrán poderosos sindicatos de trabajadoras sexuales en todos los países de América Latina y el Caribe. Aquí, la palabra puta se cargará con orgullo.

Encuentra a Greta en Instagram como @lagretalmar , y lee otros de sus artículos para VICE aquí.

 

Prostitución, feminismos y derecho penal,

de Mª Luisa Maqueda Abreu.

Granada, Comares, 2009

https://www.marcialpons.es/libros/prostitucion-feminismos-y-derecho-penal/9788498365023/

 

Recensión por

Francisco Majuelos

Universidad de Almería

España

Correspondencia: Francisco Majuelos. CEMyRI. Universidad de Almería. Ctra. De Sacramento s/n. 04120­La Cañada de San Urbano (Almería). España.

 

© Revista Internacional de Estudios Migratorios. CEMyRI. UAL (España)

 

“A modo de recapitulaciòn, Maqueda se refiere a ‘un continuum de despropòsitos legislativos en el abordaje jurídico del fenòmeno de la prostituciòn’ a causa de ‘la herencia determinante del abolicionismo. En su contexto, las víctimas no nos dejan ver a los sujetos de derechos que hay detrás, no interesa su autonomía ni el respeto a su propia subjetividad, ni su dignidad, ni su integridad ni, desde luego, su libertad’”

 

El libro que reseñamos aborda diferentes cuestiones relacionadas con la prostitución, las polémicas en relación a ella y los interrogantes que se suscitan en torno a la posible regulación de la prestación voluntaria de servicios sexuales. El texto se articula por medio de tres capítulos que, si bien poseen cierta identidad propia, mantiene una continuidad argumental y un alto nivel de conexión analítica.

En el primer capítulo, titulado „los orígenes de la prostituciòn contemporánea., se traza un bosquejo de la incorporación de la ideología abolicionista en la legislación internacio­nal y en las políticas públicas en relación con la prostitución y algunos de los fenómenos con los que habitualmente se vincula, como el tráfico o la trata. La autora nos sitúa en la segunda mitad del siglo XIX, en el contexto del desarrollo del capitalismo industrial: “la prostitución moderna vendría asociada a su vinculación con una clase social —las prostitutas eran las hijas no cualificadas de las clases no cualificadas— y el interés del estado por controlar la vida de los pobres” (p. 6). El incipiente abolicionismo, surgido como crítica a los aspectos más insoportables del reglamentarismo decimonónico, iría ganando terreno debido a diversos factores: los cambios sobrevenidos en el mercado de la prostitución, el fuerte desarrollo experimentado por ésta a finales del siglo XIX, la entrada en escena del llamado tráfico sexual de mujeres – alentado por su fuerte publicitaciòn y el „pánico moral. asociado a ella, respaldado por el abolicionismo-, etc. (p. 8). Este fenómeno provocaría la movilización en diferentes países organizándose múltiples eventos y suscribiéndose distintos convenios, hasta culminar en lo que Maqueda define como la “obra más representativa “del feminismo abolicionista: la Convenciòn de Naciones Unidas para la represión de la trata de seres humanos y de la explotación de la prostitución ajena, firmada en Nueva York el 21 de marzo de 1950 (p. 9).

En el segundo apartado de este capítulo, la autora traza el camino recorrido durante casi medio siglo hasta la firma del citado convenio, resaltando algunos aspectos de gran transcendencia: la contradicción inicial de muchos estados con políticas reglamentaristas en sus propios territorios, que suscribirían un acuerdo acusadamente abolicionista; el contenido criminalizador del entorno de la prostitución presente en el convenio; o el desconocimiento en él del principio de autonomía de la voluntad de la persona, reconocido en otros textos de carácter internacional. “Este convenio de 1950 condicionaría, de forma determinante, el devenir de las políticas sobre prostituciòn en los distintos países” (p. 13).

En el tercer apartado, Maqueda analiza los aspectos esenciales relacionados con la ideología abolicionista a partir de la finalización de la segunda guerra mundial, época a partir de la cual se iniciarían cambios profundos en los órdenes moral y sexual, particularmente en las ideas y las prácticas relacionadas con el sexo, así como su posterior vinculación a la industria del turismo y del ocio, y las ideas y hábitos sociales favorables a una normalización de la prostitución (p. 15). La evolución ideológica en el seno del propio feminismo, particularmente el feminismo cultural logrará imponer una jerarquía moral entre las mujeres en función de lo sexualmente correcto y considerará a la prostitución como una manifestación del poder de los hombres sobre las mujeres y de la imposición de la sexualidad masculina, vinculando esencialmente el placer masculino a la victimización, el daño y la explotación de la mujer. Asimismo se analizarán las influencias ejercidas por esta ideología en las políticas nacionales, en particular en el caso sueco, modelo de referencia del nuevo discurso feminista sobre la prostitución, que incorpora “otro de los grandes principios del abolicionismo radical: la negaciòn del derecho a prostituirse” (p. 20) y la penalizaciòn del cliente, consolidándose un concepto de prostitución que la conciba como explotación sexual.

También se hará un breve recorrido por el caso español, donde la tardía preocupación del feminismo por la prostitución, no ha impedido que se haya abierto paso en el ámbito institucional el ideario abolicionista: la prostitución como violencia de género, como sometimiento al deseo masculino; el sexo de pago como ausencia de libertad en el ejercicio de la sexualidad; la victimización de la prostituta y la desconsideración de su autonomía; la negación de la distinción entre prostitución libre y forzada, o su vinculación con el tráfico sexual; etc.

Su evaluación y conclusiones quedan reflejadas en los dos puntos finales respectivamente, y las aportaciones que ofrece no pueden ser más demoledoras: el mercado clandestino monopolizado por la delincuencia organizada, consecuencia de los regímenes prohibicionistas (p. 35); el incremento de la victimización, el estigma, la discriminación y la clandestinidad (p.37); concluyendo para el caso sueco que “procede levantar ‘acta de fracaso’ de la iniciativa legal sueca, cuyo principal avance ha sido garantizar la victimización de un colectivo que con ella se ha hecho más vulnerable” (p.38); y para el caso español, a los efectos invisibilizadores del prohibicionismo, habría que añadir el “amplio margen de inseguridad jurídica en la aplicaciòn de la nueva normativa penal” que los ambiguos términos de „explotaciòn sexual. provocan en relación a la difícil prueba del lucro punible (p. 40).

En el capítulo segundo, «los nuevos discursos: de la autodeterminaciòn sexual al reconocimiento de derechos», la autora realiza un análisis de los discursos en torno a la prostitución, un proceso de deconstrucción/construcción del concepto de prostitución que sea apropiado para el objetivo de “reconocimiento de la prostituciòn voluntaria como una práctica social – legal y regulada-” (p. 41).

El primer apartado se dedica a precisar los rasgos definitorios de un concepto adecuado de prostitución, necesariamente liberado de los tópicos y de las construcciones ideológicas que lo contaminan asociándole prácticas distintas a la prostitución y que, sin embargo, acaba por asimilar, insistiendo en los elementos que le son sustanciales: la prostitución como práctica social, la prostitución como sexo libremente pactado y la prostitución como actividad económica diversificada en un mercado internacionalizado.

En el segundo apartado, se aborda la construcciòn de una definiciòn “científica” de la prostituciòn: “la prestaciòn voluntaria y negociada de servicios sexuales remunerados”. A partir de esta definición, Maqueda precisa el contenido de los elementos que la componen, en relación a los discursos abolicionistas: la prostitución forzada no existe, es decir, que la prestación coercitiva de servicios sexuales no puede ser considerada prostitución; la prostitución como servicio sexual que se presta por quien recibe dinero a cambio implica que no se trata de una relación recíproca de sexo, en la medida en que quien ofrece servicios sexuales no mantiene “relaciones sexuales”; la prostituciòn como práctica y como profesiòn, que asimile la prostitución a un contexto público como trabajo sexual, que permita el reconocimiento de derechos sociales y laborales a sus protagonistas.

La voluntariedad inherente al concepto de prostitución propuesto es la clave para la opción al reconocimiento de un espacio de libertad en el ejercicio de la sexualidad, al que la autora asocia con la decisión de trabajar en el mercado del sexo y que vincula al discurso liberal: la prostitución no sería sino la expresión del derecho sexual de cualquier persona a disponer de su propio cuerpo. Es desde esta perspectiva desde la que la que se analizan las posibilidades de fundamentación de su propuesta regulatoria desde el discurso liberal, que reconoce no unívoco y que plantea diferentes problemas cuando se plasma en propuestas de intervención social: el modelo no intervencionista tanto en cuanto sitúa la libertad sexual en el terreno de lo privado; el modelo regulacionista, que intenta transformar los problemas sociales en problemas de orden público, mutando en un nuevo prohibicionismo que se vuelve contra las trabajadoras sexuales, ante la indiferencia del feminismo abolicionista respecto de los problemas humanos de las prostitutas.

El cuarto apartado analiza el discurso social de reconocimiento de derechos para el que parte de dos ideas clave: la prostitución como actividad económica y la prostitución como trabajo. Maqueda presenta diferentes aportaciones de esta perspectiva tanto desde la sociología como del derecho. Y su marco ideològico de partida “de ese reconocimiento de la prostitución como trabajo sexual no puede ser otro, por lo menos formalmente, que el estado social: sustraer de la condición de trabajadoras a las mujeres que ejercen la prostitución es sustraerlas también de los derechos asociados a los modelos de Estado de Bienestar” (p.95). A continuaciòn ejemplifica, y evalúa, esta perspectiva mediante el modelo holandés, al que reconoce su capacidad de mejora de la situación de las trabajadoras sexuales, si bien entre sus insuficiencias reconoce las dificultades de aplicación por falta de recursos, la peor posición laboral de las trabajadoras autónomas o la discriminación que supone para las trabajadoras extranjeras no comunitarias que están fuera del ámbito de protección en este modelo, al no ser fuente de reconocimiento laboral para su regularización administrativa, por razones de „interés nacional.. Otras insuficiencias del modelo laboral quedan recogidas en este apartado final del capítulo II, particularmente las que provienen del cuestionamiento de la ciudadanía laboral como fuente exclusiva del reconocimiento de derechos por parte de los estados, o las que propugnan una vía emancipadora desligada del concepto de ciudadanía. En cualquier caso la posición de la autora es clarísima al respecto: “quedarse fuera de la lògica del derecho sòlo atrae debilidades y conti­nuismo en la desprotecciòn de uno de los colectivos que más desprotegidos están” (p. 102).

En el capítulo tercero, „el discurso jurídico y la legalidad penal, se aborda esa visiòn tradicional del derecho “como portavoz de una reacciòn social contra la prostituciòn, en tanto que forma de desviaciòn” (p. 103), presentándonos el tránsito desde los regímenes reglamentaristas a los prohibicionistas, bajo la influencia del abolicionismo, desde la perspectiva del cambio en el discurso jurídico, que desplazaría el acento en la moralidad y la degradación desde la prostituta a la prostituciòn misma, un proceso cuyo resultado “ha sido el de la creaciòn de un espacio sin derechos, en el que el Derecho cada vez más explícitamente, se ha dejado ver como un instrumento de expulsión del entorno económico, político y social” (p. 107). Se abordan también diversas cuestiones acerca del estatus jurídico de la prostitución en nuestro país caracterizado precisamente por la ausencia de estatus alguno, cuya posibilidad de regulación indaga Maqueda desde distintas fuentes, buscando salvar los diferentes escollos doctrinales que impiden la regulación de la prostitución. En primer lugar, tras exponer los fundamentos jurídicos de la legalización de la actividad del alterne, intenta salvar, desde la tradición de la doctrina de la jurisprudencia, el principal escollo para la legalización de la prostitución con participación de terceros que representa el art. 188.1 del código penal tras su reforma de 2003. Frente al discur­so de la explotación sexual, iniciado en la Convención de las naciones Unidas de 1950, que justifica el reproche penal a la obtención de un aprovechamiento económico de la prostitución ajena, la autora considera que la acción punitiva sólo estaría justificada por los “abusos a esas necesarias reglas de ejercicio –voluntario- de la prostituciòn” (p.118), lo cual apoya en diferentes pronunciamientos penales, de tal manera que la interpretación del concepto de explotación sexual se aproximaría a la idea de explotación laboral derivada de la imposición de condiciones abusivas de trabajo, propuesta que considera compatible con las diferentes definiciones internacionales, apelando para ello, entre otras fuentes, al último informe criminológico de la Guardia Civil (que tal vez por ello fue el último). Respecto a la „prestaciòn coercitiva de servi­cios sexuales, la autora duda de que se pueda en tales casos hablar de prostituciòn: “si no hay consentimiento en la prestación de servicios sexuales, ni mínima reciprocidad en la obtención de beneficios, no hay prostituciòn” (p. 123), prefiriendo caracterizar tales acciones como agresiones o abusos sexuales, o rescatando la figura penal de la „servidumbre.. Paralelo recorrido realiza la autora respecto de las relaciones entre trata, tráfico y prostitución, resultado de la confusión conceptual derivada de la introducción de las variables vulnerabilidad y precariedad administrativa como elementos definitorios de dichas figuras, y la construcción de un discurso fundado en la vulnerabilidad con “una alarmante fuerza de convicción. Su componente emocional ha hecho estragos en el mundo del derecho” (p.133).

A modo de recapitulaciòn, Maqueda se refiere a “un continuum de despropòsitos legislativos en el abordaje jurídico del fenòmeno de la prostituciòn” a causa de “la herencia determinante del abolicionismo. En su contexto, las víctimas no nos dejan ver a los sujetos de derechos que hay detrás, no interesa su autonomía ni el respeto a su propia subjetividad, ni su dignidad, ni su integridad ni, desde luego, su libertad” (p. 138). Apoyándose en ello propone una revisiòn de las leyes “bajo un nuevo discurso ‘liberal’ de reconocimiento de derechos, en el que se representaran a unos actores sociales que se mueven voluntariamente en un contexto – sexual-tan digno de ser reconocido y jurídicamente tutelado como cualquier otro” (p. 139), pretensión del llamado modelo laboral y que descartó el Informe Final de la Ponencia de 2007.

Por último, la autora confía en que sea la práctica judicial, mediante una interpretación ajustada constitucionalmente, la que permita la obtención de derechos sin necesidad de que el legislador introduzca modificaciones. Aún así, quedarían por fijar los límites legales al ejercicio de la prostitución como opción individual y como actividad asalariada. Sería necesario analizar los procesos y los actores presentes en ellos, para evitar una criminalización indiscriminada de todos ellos, situando los límites de intervención penal en los casos graves de abuso en la obtención del lucro y en la imposición de las condiciones laborales abusivas en la prestación voluntaria de los servicios.

A pesar de la confianza expresada, no deja de resultarnos llamativa una de las últimas líneas del texto que comentamos: “el lenguaje ambiguo y equívoco de las leyes se ha convertido en el mejor aliado de una política criminal marcada por el eficientismo político” (p. 148).

Estamos pues, ante un texto de enorme interés, que aborda la problemática de una posible legalización de la prostitución desde una perspectiva muy sugerente y que, al margen del realismo y viabilidad de sus propuestas, informa de los múltiples elementos que dificultan o participan en tal hipotética medida, los deconstruye en lo que de artefacto ideológico sostienen, y trata de armar una definición que pueda permitir su consistente fundamentación jurídica, constitucional, y su regulación legal. Se trata de un libro abundantemente documentado desde fuentes diversas, que nos presenta de forma comprensible las claves que marcan la consideración de la prostitución y los impedimentos para tal normalización jurídica y social. Especialmente relevante es el desenmascaramiento de los condicionantes ideológicos que el abolicionismo ha impuesto no ya en el tratamiento penal de la prostitución y de otros fenómenos habitualmente asociados a ella, sino en la vida misma de las trabajadoras sexuales y de su entorno social.

Mucho nos tememos que el camino por recorrer sea más complicado de lo que la clarividencia que la autora nos muestra en este libro permitiría suponer, pero no nos cabe duda de que se trata de un instrumente valiosísimo para entender el fenómeno que analiza y las problemas que deja pendientes de resolver.

 

 

 

 

 

 

Empoderamiento y hermandad: la labor comunitaria de las trabajadoras sexuales luego de un año de pandemia

Varias organizaciones comunitarias han creado , a través de la creatividad y la solidaridad, redes de apoyo para uno de los grupos más vulnerados y estigmatizados del Barrio Santa Fé. 

“El enemigo número uno de la puta es la policía y el Estado, que no cuida a nadie, menos a nosotras. Pero ha sido muy duro tener que reconocer que adicional tenemos un nuevo enemigo que son las otras mujeres, que nos han querido tachar de incorrectas y servidoras del patriarcado, cuando hacemos todo lo posible para hacer lo contrario. El prejuicio ha vuelto. A mi me parece que esto es un momento histórico porque ahora la trabajadora sexual se levanta, habla, resiste, se reconoce como tal y esto es nuevo, no pasaba antes, y nos hemos levantado contra el sistema, el patriarcado, iglesia, todo, pero nos toca volver a callarnos porque algunas mujeres nos quieren silenciar”

 

Por Luz Lancheros

12 de marzo de 2021

https://www.publimetro.co/co/bogota/2021/03/12/empoderamiento-y-hermandad-la-labor-comunitaria-de-las-trabajadoras-sexuales-luego-de-un-ano-de-pandemia.html

 

Uno de los sectores más vulnerables, estigmatizados y violentados por la pandemia ha sido el de las trabajadoras sexuales, que sin apoyos, han tenido que valerse por sí mismas, ayudarse entre ellas y de paso, y alzar su voz ante la estigmatización.

Cuando Alejandra Monocuco, mujer trans de 39 años y trabajadora sexual murió el año pasado debido a la negligencia de las autoridades sanitarias y distritales y luego estas mintieron sobre su deceso, una de estas redes fue la que se encargó de velar por justicia por su caso: la Red Comunitaria Trans, que con otros colectivos fundados por trabajadoras sexuales y feministas que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales, resignifican su posición ante la sociedad e incluso les han permitido expresar su posición política a través de proyectos comerciales y creativos, más aún en un periodo tan difícil.

De esta manera, ante la violencia y abandono social y estatal la Red creó un Fondo de Emergencia para las trabajadoras sexuales en el barrio Santa Fe (en el que entregaron mercados, se ayudó con arriendo y aparte, también se dieron kits de protección) , además de una Escuela Comunitaria -que permite a las integrantes de su red adquirir conocimiento en varios temas- y hasta un calendario de moda donde ellas pudieron expresar su punto de vista ante el mundo, además de colaborar con ollas comunitarias y apoyos para las personas en situación de vulnerabilidad de ese sector.

“Si éramos invisibilizadas antes de la pandemia, ahora mucho peor, porque nos ven como personas que no importan, como cuerpos matables. Hubo muchas personas en estado de vulneración terrible. A algunas las desalojaron, otras no tenían cómo darles de comer a sus hijos, denunciar se hacía más difícil, pero gracias a la campaña del fondo de emergencia para trabajadoras sexuales y la articulación con otras organizaciones feministas que no juzgan el trabajo sexual, salimos adelante”, le expresa Yoko Ruiz a PUBLIMETRO, co- fundadora de la Red Comunitaria Trans y trabajadora sexual, que lleva ocho años haciendo trabajo comunitario en el barrio y una de las impulsoras de la campaña que visibilizó lo que había hecho el Estado con Alejandra.

#JusticiaParaAlejandra pic.twitter.com/oZq0IUxGUU

— Red Comunitaria Trans (@redcomunitariat) June 4, 2020

“ El trabajo sexual para mí es una oportunidad laboral. Este lleva una década en que la Corte Suprema lo hizo ver como un trabajo digno y las putas son autónomas en su territorio y cuerpo. Y mientras se acaba la pandemia, debemos acompañar a las personas (incluso a las que tienen otras situaciones de vulnerabilidad) a nivel económico y de justicia, para seguir denunciando estas violencias”, añade.

Uno de los colectivos feministas que es su aliado es Putamente Poderosas, que creó su tienda de moda “La tienda del putas”, donde se pueden comprar piezas para apoyar a las trabajadoras sexuales en Bogotá y en Medellín. Con mercados, dinero y hasta la participación de empresas privadas, han querido no sólo apoyar, sino resignificar una palabra que sigue siendo tabú en la sociedad colombiana.

“ Esta violencia agudizada por la pandemia empezaría a reducirse si a una trabajadora sexual le dieran un marco digno de trabajo, pero mientras más escondamos y neguemos el tema, peor para ellas, porque el trabajo sexual hay en todo el mundo y jamás se va a acabar o abolir. Tenemos que aceptarlo, reconocerlo y nombrarlo. Hay todo tipo de personas y no se puede confundir trabajo sexual con trata y con prostitución, son temas diferentes. Los derechos no se debaten: se defienden y debemos ponernos en la voz de ellas. Nosotras ponemos el tema del trabajo sexual sobre la mesa y lo resignificamos y humanizamos , no lo romantizamos. Esto se trata de un intercambio de dinero por placer, con el cuerpo como herramienta. Y ante la problemática agravada por la pandemia, hacemos acciones concretas y simbólicas, porque son las que mueven y ponen a hablar a la ciudad y el país”; le explica a PUBLIMETRO Melissa Toro, directora de la organización. Esta y las organizaciones comunitarias de trabajadoras sexuales, se han organizado para hacer actividades comunitarias y manifestaciones artísticas y simbólicas. Otro colectivo aliado es Dos Latinas, plataforma de derechos humanos que, entre otros enfoques, piensa el vestir como acto político.

Por su parte, otras trabajadoras sexuales han creado colectivos e iniciativas comunitarias para apoyar a sus mismas compañeras. Este es el caso de Marciana*, que ahora es modelo webcam y que ha hecho varias ollas comunitarias y ha dado apoyos para comunidades vulnerables como los indígenas Emberá en Bogotá que tuvieron que alojarse en el Parque Tercer Milenio, entre otros.

Esto lo hace con la plataforma Fuego de Barrio y conoce muy bien la realidad de este trabajo: ella y su mejor amiga hicieron cerrar varios sitios de trata, por lo que sufrieron varios atentados. Su amiga murió como producto de ello, pero no pudo cegarse ante las problemáticas de su entorno: “Regresé para apoyar a mis compañeras y descubrí que no solo nosotras teníamos necesidades, sino que la calle tenía muchas dinámicas y factores. Empecé el trabajo comunitario con trabajadores informales y luego con habitantes de calle, disidencias sexuales, porque el barrio aglomera a todas las personas ignoradas e invisibilizadas por mucho tiempo. En estas ollas, que llevan año y medio, vemos un compartir constante y comunitario de la comunidad, donde se intercambian historias y vivencias. Esto ha creado fraternidad en los vecinos y ha hecho que la pandemia sea menos violenta”, explica.

La olla aquí ya está encendida? pic.twitter.com/yXLBrmqMmL

— ���������������� ��️‍�� (@MarcianaPunk) March 7, 2021

En estas actividades también ha participado Carolina Calle, trabajadora sexual desde hace 16 años y directora de la organización Calle 7 Colombia, que lleva 3 años legalizada. “Hemos marchado para que se hiciera algo mínimo, para que a algunas les dieran ayudas. Si bien hay políticas públicas para nosotras, en la Secretaría de la Mujer no han hecho nada y no les importa lo que nos pase. Por eso seguimos en la lucha, que está en las calles y en los sitios donde se ejerce el trabajo sexual”, expresa.

Arte y política ante el estigma

La moda y el arte son vehículos de expresión, entre muchos otros ,de las trabajadoras sexuales trans, que comienzan a tener conciencia de sí mismas y a empoderarse desde esta posición.

Esto también lo han podido encontrar en el espacio cultural “El Olimpo”, cuyo director creativo, Juan Sebastián Reyes, fue quien lideró el calendario de moda protagonizado por las mujeres de la Red Comunitaria Trans. “Llevo cuatro años en la zona, tres trabajando unido con la Red y creamos un espacio seguro donde las personas que ejercen la prostitución aprenden patronaje, confección, dirección de arte, etc. Tenemos un grupo de trabajo donde varias personas las guían en procesos creativos”, le expresa a PUBLIMETRO.

Las integrantes de la Red idearon los conceptos del calendario y se fue creando para cada foto un fashion film. “Queríamos sacarlas de la zona de confort y queremos también poner una posición política, no solo pararnos desde el discurso de la calle sino desde el arte de y la moda y decir estamos acá, este es un trabajo como cualquier otro y por la pandemia este está siendo afectado”, añade. El calendario muestra a cada una de las trabajadoras sexuales en conceptos editoriales y de moda que van más allá de los imaginarios estereotípicos.

“Queremos mostrar que somos guerreras y que tenemos una vida, sueños, metas. Que somos dueñas de la calle y que tienen que respetar nuestro trabajo. Que guerreamos día y noche y nos exponemos a muchas violencias. Para mí el trabajo sexual es una herramienta, pero acá en la calle vivimos de manera empoderadora, porque compartimos entre las mismas hermanas y nos ayudamos y sabemos lo que nos puede llegar a pasar. El trabajo sexual es un trabajo ,estamos en contra de la explotación, pero a muchas nos ha permitido ser independientes. Y con la red nos hemos sentido protegidas y también seguir con nuestros sueños y metas”, le cuenta a PUBLIMETRO Alexa TuFantasía, trabajadora sexual de 23 años y que lleva 5 en esta actividad y que participó en el Calendario Mujer Fatal 2021.

Alexa, como muchas, sabe también el estigma que enfrenta desde algunos sectores del feminismo . Y si bien no se desconoce la problemática mundial de una industria criminal como la trata de personas y la explotación sexual incluso en contextos de conflicto armado, entre otros, varias mujeres pertenecientes a estas redes ven en esta postura otra forma de violencia: “El enemigo número uno de la puta es la policía y el Estado, que no cuida a nadie, menos a nosotras. Pero ha sido muy duro tener que reconocer que adicional tenemos un nuevo enemigo que son las otras mujeres, que nos han querido tachar de incorrectas y servidoras del patriarcado, cuando hacemos todo lo posible para hacer lo contrario. El prejuicio ha vuelto. A mi me parece que esto es un momento histórico porque ahora la trabajadora sexual se levanta, habla, resiste, se reconoce como tal y esto es nuevo, no pasaba antes, y nos hemos levantado contra el sistema, el patriarcado, iglesia, todo, pero nos toca volver a callarnos porque algunas mujeres nos quieren silenciar”, le cuenta Marciana a PUBLIMETRO.

“ A la prostitución la empaquetan en la misma maleta con la trata de personas. Y a nosotras no nos interesa decir que la trata no existe, hay compañeras víctimas, al contrario buscamos espacios seguros para nosotras, pero nos enoja que cuando buscamos, hablamos, denunciamos o somos víctimas de feminicidio los minimizan porque son ‘riesgos laborales’, es a lo que nos tenemos que atener por ser lo que somos, es el nuevo te violan por usar falda. Es utópico soñar con la abolición, porque el Estado no da garantías de nada. Muchas acá en el barrio estamos a la espera de restituciones de tierras, por guerras, desplazamiento. Si el Estado no ha respondido por ello, menos nos va a cuidar. El trabajo sexual no se va a acabar y ellas piensan en esto como algo denigrante, pero hay que dejar los moralismos sobre los cuerpos y decisiones. Muchas acá somos conscientes de que nos gusta el trabajo, de que tenemos mejores sueldos que con nuestras profesiones, ¿Por qué ahora tenemos que ser juzgadas ,acalladas y minimizadas y por qué otra persona tiene que hablar por mi por lo que puedo y tengo derecho a decir?”, expresa.

“Hay muchas formas de ser, de representarse y existir. Una de esas es este espacio”, añade Yoko Ruíz. Llevo años acá, no he sido víctima de explotación y ya hay incluso modalidades virtuales de trabajo sexual. Acá acompañamos a las mujeres que están en este espacio y velamos para que haya justicia”, expresa. Y eso es lo que importa en un año en el que se ha demostrado que los más vulnerables han sido los silenciados y olvidados.

View this post on Instagram

A post shared by Red Comunitaria Trans (@redcomunitariatrans)

Y ellas luchan para que esto no siga pasando, porque luego de un año de pandemia aprendieron que no dejarían que las violentaran otra vez, pero sobre todo, no dejarán que silencien una voz que tiene una agencia y una contundencia cada vez más fuertes.

*Nombre cambiado por petición de la fuente.

PIE DE PÁGINA

Las personas entrevistadas para este artículo se reconocen a sí mismas como trabajadoras sexuales (o feministas que apoyan este tipo de actividad) y abogan porque su actividad se reconozca como un trabajo regulado y dignificado.

Sin desconocer las implicaciones de una industria criminal (trata de personas) que en Colombia desde 2013 a 2020 dejó a 686 víctimas, de acuerdo con el Ministerio del Interior (son muchas más) , y sin desconocer a las víctimas de violencia sexual que ha dejado el conflicto armado (más de 26 mil) ,este artículo cubre solo una población de personas que se dedican a la prostitución de forma voluntaria y quienes han creado redes de apoyo en su devenir cotidiano.

Muchas mujeres víctimas de trata son invisibilizadas bajo esta terminología y varias organizaciones y activistas desde varios ámbitos han luchado contra la las instituciones estatales para lograr su rescate y reivindicación, sobre todo, cuando estas prácticas se hacen bajo figuras jurídicas y la ineficiencia del Estado para tener protocolos adecuados de rescate e identificación de víctimas. Según el reporte 2020 Trafficking In Persons Report, para 2019 hubo 106 víctimas de trata de personas y el 80% de la población casos de trata sexual eran mujeres y niñas en condiciones vulnerables.

Por su parte, PUBLIMETRO trató de contactarse con grupos y figuras abolicionistas y no recibió respuesta al respecto, o la solicitud de entrevista fue declinada.

Ya te han llamado puta

Algunas de las medidas propuestas en el Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual refuerzan los mandatos patriarcales de la sexualidad femenina

 

Por Projecte X

11 de marzo de 2021

https://www.elsaltodiario.com/palabras-en-movimiento/ya-te-han-llamado-puta-

 

Las trabajadoras del sexo se encuentran en el extremo más estigmatizado de las infractoras sexuales y es por ello que cualquier conducta transgresora por parte de las mujeres o personas identificadas como tal puede suscitar el “estigma de puta». Defender el acceso a derechos laborales para las trabajadoras sexuales es una cuestión de justicia básica y primordial para favorecer la ampliación de los marcos de decisión y la capacidad de negociación de un colectivo fuertemente vulnerado. Pero también es imprescindible para acabar con el estigma asociado a la prostitución que afecta a todas las mujeres. Los mandatos de la feminidad en cuanto a la sexualidad implican la represión del deseo y la construcción de una identidad sexual frágil, infantilizada e inapetente. Vulnerar estos mandatos te expone al estigma de puta y a la violencia sexual, castigo privilegiado para las incumplidoras. Además, las normativas sexuales establecen los límites de la corrección sexual pero también favorecen los intereses capitalistas al convertir a las mujeres en guardianas de los valores asociados a la familia. Así se constriñen los deseos que puedan resultar desestabilizantes para la disciplina necesaria que garantiza la continuidad del status quo.

Desde esta visión, nos resultan muy cuestionables algunas de las medidas propuestas en el Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, el cual no hace más que reforzar los mandatos patriarcales de la sexualidad femenina que están en la base de las violencias que dice pretender combatir. El texto contribuye a la clásica idea de que la sexualidad de las mujeres es algo sagrado y a la consabida idea del temor femenino a la sexualidad irrefrenable de los hombres, proceso que nos aboca a la exigencia de un deseo suave y emotivo garantizado por la protección estatal.

La modificación del delito de proxenetismo coactivo o la incorporación como delito de la tercería locativa, que niega la capacidad de decisión de las trabajadoras del sexo, al dar por hecho que encontrarse en una situación de dependencia o subordinación te convierte en alguien que no sabe lo que quiere, son buena muestra de ello. Con estas medidas, no solo se empeoran las condiciones de trabajo en el marco de la prostitución, sino que se dan por buenos y legítimos los abusos laborales y la explotación de otros sectores económicos regulados.


Los mandatos de la feminidad en cuanto a la sexualidad implican la represión del deseo y la construcción de una identidad sexual frágil, infantilizada e inapetente.


De la misma forma, la definición de consentimiento que realiza el Anteproyecto, según la cual será considerado como agresión sexual cualquier acto sexual no consentido explícitamente, incide también en esta visión sacralizada de la sexualidad femenina. Esta forma de expresar la noción de consentimiento es la plasmación jurídica del lema feminista “solo sí es sí” mediante el cual se desplaza la necesidad de articular una respuesta negativa, porque solo cuando se afirma la voluntad es un acto consentido. De nuevo, la mencionada propuesta de ley incide en los mandatos de la feminidad patriarcal, en este caso, partiendo de la base de que la frágil identidad femenina no está capacitada para articular una negativa, establecer un límite sexual o, menos aún, ser quien se lo salte. Además, la idea de que las mujeres deben decir que sí para que se presuma su consentimiento es profundamente problemática en cuanto al empoderamiento sexual femenino. Niega la posibilidad de experimentar y explorar el deseo, elemento indispensable para combatir las atribuciones normativas según las cuales, para las mujeres, el sexo es algo secundario al no poder enfrentarse a un espacio necesariamente plagado de contradicción, conflicto y riesgo.


Las mujeres trans, racializadas, de clases trabajadoras, luchadoras, infractoras sexuales y, por supuesto, las trabajadoras del sexo están más expuestas al estigma de puta, pero la lucha contra éste es un interés colectivo.


El Anteproyecto de ley contribuye con todo ello al punitivismo, no solo porque amplia la horquilla de conductas que pueden ser consideradas como delito, sino también porque construye subjetividades femeninas victimizadas, frágiles y susceptibles, imprescindibles para justificar la existencia de un estado protector y castigador ante la indefensión sexual de las mujeres.

Reforzar la sacralización, la fragilidad y la victimización de las mujeres perjudica a las víctimas de violencias ya que les aporta relatos catastrofistas y de indefensión ante los ataques. Los relatos disponibles para interpretar su experiencia, entendiendo además como violencia conductas muy leves, se homogeneizan y se establecen como normativos, con los efectos de exclusión y castigo que esto tiene hacia las víctimas “incorrectas”. Ya te han llamado puta y volverán a hacerlo.


Renunciamos a nuestra reputación sexual: al fin y al cabo, ya nos han llamado “puta” y volverán a hacerlo


Las mujeres trans, racializadas, de clases trabajadoras, luchadoras, infractoras sexuales y, por supuesto, las trabajadoras del sexo están más expuestas al estigma de puta, pero la lucha contra este es un interés colectivo. La institucionalización del feminismo y la hegemonía de un feminismo puritano y castigador han supuesto el abandono de las luchas contra las condiciones que favorecen la estigmatización, la negación de derechos y la violencia contra las mujeres y personas disidentes en cuanto al género.

Por todo ello, entendemos que es necesario luchar juntxs por objetivos políticos comunes que doten de libertades, recursos y derechos a todxs con la finalidad de ampliar la capacidad de negociación y la potencia de los colectivos más vulnerados. Esto no se consigue reforzando la putofobia que se encuentra en la base de muchas violencias, sino luchando por reforzar nuestras comunidades, obteniendo recursos y renunciando a la reputación sexual que nos garantiza una ley punitiva y conservadora.

En Proyecto X renunciamos a nuestra reputación sexual: al fin y al cabo, ya nos han llamado “puta” y volverán a hacerlo.

 

#YATEHANLLAMADOPUTA

 

“Los derechos de las trabajadoras sexuales deben ser una prioridad de la agenda trans”

 

Por Nuria Alabao

15 de septiembre de 2020

https://ctxt.es/es/20200901/Politica/33413/Nuria-Alabao-Miquel-Misse-entrevista-activismo-trans-prostitucion-sexo-genero.htm

 

Miquel Missé.

 

Activista y pensador de lo trans, Miquel Missé (Barcelona, 1986) no parece tener miedo de resultar polémico, en un momento en que la heterodoxia parece estar penalizada aunque se plantee desde el compromiso y la militancia política.

Su último libro A la conquista del cuerpo equivocado (Egales, 2018) es una lucha contra las visiones de la transexualidad que la definen como una patología que puede ser curada “cambiando el cuerpo”. También es una confrontación contra aquellas corrientes que quizás ahora mismo son hegemónicas y que sitúan el origen del malestar de las personas trans en algo innato o esencial. “Nadie nace transexual”, dice Missé, y también afirma que otra vida habría sido posible si las personas trans viviesen en sociedades con valores menos rígidos en torno al género y al cuerpo, donde cupiesen más realidades. En realidad, señala, sería mejor la de todos.

En esta legislatura se quiere aprobar una nueva ley trans que todavía no es pública. De momento contamos con la que presentó Podemos en el 2018. Una de sus principales propuestas es la despatologización y desmedicalización –que deje de necesitarse un diagnóstico médico para cambiarse el nombre y sexo en el DNI–. ¿Qué opina de esa propuesta?

A mí me parece importante que el legislador entienda al sujeto trans como un sujeto de derechos. Eso es ya un avance. Y creo que también es interesante que se esté produciendo un debate, aunque sea super beligerante porque obliga a todo el mundo a leer más, a informarse.


Creo que el Estado no debería fomentar la rigidez de género. Lo hace permitiendo que dispositivos culturales educativos y sanitarios refuercen esas lógicas


Después, a nivel de articulado esta ley elimina los requisitos de modificación corporal –al menos dos años de tratamiento– y la exigencia del certificado de disforia de género [un diagnóstico médico que dice que eres trans] para poder cambiar el nombre, lo que es un avance muy importante porque era muy estigmatizante. También reconoce que hay que tomar medidas en muchos ámbitos para mejorar la vida de estas personas.

Ahora, creo que es verdad que hay que pensar mejor el ámbito deportivo, el de la salud, lo que se registra y cómo se registra… Creo que la ley tiene que trabajarse mucho más, pero que cumple con esa voluntad de mejorarle la vida a la gente trans. Aunque tiene un riesgo y es que de alguna forma reifica [convierte en inmutable, esencializa] quién es trans y quién no lo es. Hay una gente que es trans y otra que no. Esto es interesante porque, a pesar de que la ley habla todo el rato de identidad sexual y también de expresión de género de hecho está dirigida a personas que se identifican como trans, no para otras realidades como los hombres femeninos y las mujeres masculinas. ¿Por qué? Porque no hay un sujeto y una identidad vinculada a las expresiones de género no normativas.

Pero ¿podemos pedirle eso al Estado, a una ley, que transforme la normatividad de género?

Probablemente no solo es responsabilidad del Estado, pero creo que el Estado no debería fomentar la rigidez de género. Lo hace permitiendo que dispositivos culturales educativos y sanitarios refuercen esas lógicas. Igual podríamos hacer políticas más potentes para que los niños pueden expresar su feminidad y las niñas su masculinidad. Si lo pensásemos a más largo plazo, ¿no podríamos hacer una política que combatiera directamente aquellos malestares que le produce a la gente la rigidez de género independientemente de cómo se llamen y cómo se apelliden, sean o no LGTB?

Precisamente otro de los debates más enconados es el de la infancia trans, ¿cómo se tendría que abordar esta discusión para que sirva para ampliar las posibilidades de niños y niñas, y de todos?

Pues exactamente igual que con los adultos. Yo creo que no es que haya unos niños que son auténticamente trans y otros que no lo son. Creo que la transexualidad es una posibilidad, es un itinerario que a alguna gente le mejora mucho la vida, y es el caso de algunos niños. Ahora, de nuevo creo que es un parche. Yo mismo lo habito, pero hay cosas que, aunque son funcionales para sobrevivir, no van a la raíz del problema. La cuestión es ¿cómo llega un niño a pensar que la única manera de poder ser sí mismo es siendo una niña? ¿Que terrorífica es la categoría niño como para que tú no puedas ser tú? De esto no tienen la culpa los niños nacidos hoy ni hace diez años, ni yo. No tenemos la culpa, pero es una pregunta pertinente de cara al futuro.

Me gustaría que cuando un niño siente que sus elecciones son persistentemente femeninas no pensara que la única manera de habitarlas es ser una niña y lo pienso para los niños y para los adultos. ¿Tiene que resolverlo el Estado? No. En cualquier caso, el Estado siempre está haciendo algo. De momento, define lo que es la transexualidad infantil y permite que los niños de dos años puedan modificar su documentación. Eso sí lo hace. Y eso esencializa y refuerza un imaginario que el Estado no debería reforzar.


Me gustaría que cuando un niño siente que sus elecciones son femeninas no pensara que la única manera de habitarlas es ser una niña y lo pienso para niños y adultos


Por lo demás, sí hay muchos niños y muchas niñas a los que la transición mejorará sus vidas. Tenemos que acompañar esos procesos y también dejar todas las puertas abiertas para cuando esas transiciones les hayan servido para explorar lo que querían explorar pero quieran abandonarlas. Sobre eso se tiene que trabajar también mucho, porque creo que en los próximos años habrá algunos niños y niñas que quizá no desearán seguir haciendo la transición de género porque esa transición en ese momento que vivieron les sirvió para entender cosas, pero cuando se imaginan como adultos igual quieren elegir otros caminos. Eso es un tabú actualmente en la política trans.

Los adultos trans hemos llegado muy tarde a poder hablar de eso. Hay mucha gente trans que en algún punto de su vida decide abandonar la transición, lo que pasa es que nunca se habla de ello. En los próximos años me parece que vamos a tener que desarrollar muchas metodologías de acompañamiento empoderadoras, positivas y no culpabilizadoras sobre la gente que dice: “Vale, yo viví eso, quise ser una niña trans, pero igual quiero ser un chico adolescente a ver cómo me va”.

¿Crees que estas leyes pueden tener un impacto importante para enfrentar el estigma asociado a lo trans?

Hay un jurista trans americano que es fundamental, Dean Spade, que explica que dentro de la gente trans o el colectivo LGTB hay quien está mejor y quien está peor –los que tienen problemas de salud, o no tienen papeles, los que vienen de contextos de pobreza, las que están en la cárcel, la gente que se dedica al trabajo sexual o a algún tipo de trabajo estigmatizado en la economía sumergida–. Él cree que la política que hagamos tiene que beneficiar principalmente a esa gente y se pregunta qué efectos ha tenido la legislación sobre el tema LGTB, en qué ha mejorado la vida de esa gente.

Trasladado aquí, ¿la ley trans del 2007 en qué le mejoró la vida a esta mujer trabajadora sexual que tiene 55 años que no ha cotizado nunca, que se ha dedicado siempre a eso? La ley que se va a aprobar ¿mejorará la vida de estas mujeres? ¿O la de las mujeres trans que están en la cárcel? Esto es lo que preguntaría Spade. Él responde que en su experiencia estas leyes solo mejoran la vida de aquellos cuyo único obstáculo era ser homosexual o trans. Creo que el caso del DNI es muy paradigmático. ¿A quién beneficia el cambio de nombre el DNI en la comunidad trans –más allá de lo que tiene como representación simbólica para sí misma, para su propia autoestima–? A la gente que pasa desapercibida como trans y que solo tiene como obstáculo el DNI, que con eso encontrará un empleo, encontrará una vivienda. Pero la gente que, aunque se cambie el DNI, sigue siendo un “travolo” para el que le hace la entrevista de trabajo, ya se puede cambiar el DNI que la transfobia seguirá actuando. Entonces, ¿estas políticas qué transformarán? El tema no es que se cambie el DNI, el tema es combatir el estigma.

A la vez que digo esto, también creo que hay que legislar, pero hay que ser muy consciente de los efectos colaterales que tienen estas medidas.

¿Cuáles deberían ser las prioridades del movimiento trans, o los movimientos trans?

La política trans a corto plazo tiene que mejorar la vida de la gente trans en su agenda cotidiana y tratar de combatir las posiciones de vulnerabilidad en las que mucha gente se encuentra a raíz de transitar. Combatir la pobreza empezando por el trabajo sexual. Si queremos mejorar la vida de la gente trans, consigamos derechos sociales y laborales para las personas que ejercen el trabajo sexual, principalmente mujeres trans. Vamos a ir mucho más rápido que con el cambio del nombre en el DNI. O el tema del acceso a la vivienda. La gente trans, sobre todo las mujeres trans, tienen una dificultad enorme para acceder a la vivienda. La cuestión de que a la gente se la trate con respeto en algunos contextos médicos, que pueda contar con acompañamientos en su tratamiento hormonal sin tener que pasar procesos patologizantes… Son muchos los temas y estamos aquí peleándonos por qué es la identidad de género. No, me niego. Es muy perverso construir el DNI como la prioridad número uno de la agenda trans.


Si queremos mejorar la vida de la gente trans, consigamos derechos sociales y laborales para las personas que ejercen el trabajo sexual


Creo que la cuestión es que vivimos en un mundo en el que las categorías de género son rígidas y eso lleva a alguna gente a realizar transiciones de género, lo que puede colocarla en un lugar de vulnerabilidad. Se trata de combatirlo. Pero a la vez una política trans que solo se preguntase eso es una política pobre, porque la pregunta originaria es ¿en qué mundo vivimos que hay una gente que para ser sí misma tiene que pasar por unos procesos muy dolorosos en los que pierden muchas cosas para poder vivir como quiere vivir?

¿Qué diría que tienen en común el feminismo y las luchas trans?

Creo que es interesante lo que pone sobre la mesa el feminismo que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales y que tiene que ver con las luchas trans: que las estrategias de supervivencia que uno elige en un mundo, con unos códigos que no ha elegido, son válidas, son importantes. Hay que respetarlas.

Lo que me parece importante es que en esta negociación de ganar derechos para la gente trans no traicionemos a las trabajadoras sexuales. El otro día leí un artículo de Beatriz Gimeno que decía que el feminismo abolicionista de la prostitución no tiene que excluir a nadie, y que las mujeres trans son bienvenidas a ese proyecto. Esta posición me pareció muy problemática por distintas razones. En primer lugar, respecto a las mujeres trans no creo que se pueda defender su libertad para elegir su identidad, pero no para elegir su trabajo. Reconocer los derechos de la gente trans es reconocer también sus estrategias de supervivencia. ¿Qué concepto de la agencia y de la emancipación es este y por qué es tan selectivo? Si quieren mejorar la vida de las personas trans, que concedan derechos sociales y laborales a las trabajadoras sexuales; será muchísimo más transformador que cambiarles el DNI.


Si Igualdad hace una apuesta fuerte por el tema trans y la abolición de la prostitución el movimiento trans tendrá que plantarse y decir: “Tenemos que hablarlo todo junto”


En segundo lugar, me parece perverso decir que las mujeres trans son bienvenidas en el feminismo abolicionista en un momento en el que tantas voces exigen que las mujeres trans queden fuera del feminismo. Es una invitación envenenada porque muchas mujeres trans y travestis en este país tienen como ocupación el trabajo sexual. ¿Me pregunto qué feminismo es ese que te invita a su casa, pero siempre y cuando estés dispuesta a renunciar a tu principal forma de subsistencia y a combatirla? A mí me parece que Gimeno, que está a cargo del Instituto de la Mujer, debería tener más cuidado cuando enarbola la defensa de los derechos de las personas trans mientras la institución que ella representa rechaza reunirse o tan solo escuchar las demandas de las trabajadoras sexuales. Para mí no es aceptable. Sin hablar de que las mujeres trans y las trabajadoras sexuales no son colectivos distintos, sino que en muchas ocasiones es el mismo.

A la vez, el movimiento trans que parece muy preocupado por sus derechos, ahora mismo no debería dejar en la estacada a una parte importante de su población. Aunque se haga una ley para autodeterminar el género, muchas mujeres que se van a ver afectadas negativamente por las políticas abolicionistas son trans. Yo confío en que el movimiento trans reaccione frente a esta estrategia y la desvele. Si el Ministerio de Igualdad hace una apuesta muy fuerte por el tema trans y a la vez muy fuerte por la abolición de la prostitución en algún momento el movimiento trans tendría que plantarse y decir: “Oiga, quizás tenemos que hablarlo todo junto”.

Bajo mi punto de vista, los derechos en relación al trabajo sexual deben ser una prioridad de la agenda política trans. Y si este mandato sirve para reformar la ley trans y abolir la prostitución a la vez, creo que será un enorme fracaso político para la lucha trans y un desastre para muchas personas trans y no trans que encuentran en el trabajo sexual su principal vía de supervivencia. Al final, se trata de mejorar la vida de la gente, y muchas de estas mujeres bastante tienen con hacer frente a la ley de extranjería, la transfobia en el mundo laboral o en el acceso a la vivienda, como para tener que soportar la estigmatización de su ocupación o incluso perder su independencia económica.

En los debates de los últimos tiempos hay una crítica de cierto feminismo que dice que las personas trans reafirman los roles de género, sin embargo, y tal como está hoy recogido en la ley para cambiar de nombre y sexo hay que pasar por proceso de diagnóstico. ¿Qué pasa con las personas trans que no encajan tampoco en estos roles planteados de forma rígida? ¿Qué pasa con una mujer trans que no sea muy femenina o al revés?

Cuando dicen eso de que “las personas trans reafirman los roles de género” no puedo evitar pensar en quiénes son las personas que lo dicen. Quisiera yo escudriñar en su vida privada. ¿Es gente que efectivamente no reproduce los roles de género? ¿No fueron madres, no se casaron, no se pintan los labios? ¿Quién es esa gente que no reproduce los roles de género? O debe ser que estas feministas que dicen eso y que se identifican con algunas cosas de la feminidad lo hacen desde un ejercicio de libertad al que las personas trans no tienen acceso, solo ellas.

Por otro lado, está muy castigado ser una persona trans que no reproduce los roles de género. Durante décadas, los médicos encargados de diagnosticar la transexualidad han tenido un imaginario rígido del género. De hecho, esto es lo que tranquiliza a algunas feministas. Paradójicamente dicen: “Bueno al menos ahora hay alguien que controla”. Vaya, aquí se da una insospechada alianza entre el feminismo y la psiquiatría. Efectivamente, ahora hay alguna gente que controla la adecuación de roles y en algunos casos no se realizan esos diagnósticos. Hay mucha gente trans que no logró pasar ese proceso.

Por lo tanto, que se pueda cambiar libremente es una necesidad.

Cambiar libremente el género en la documentación tendrá problemas, pero es la mejor idea que hemos tenido. Estoy abierto a discutir otras.