Testimonios del trabajo sexual al margen de estereotipos

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía

 

31 de marzo de 2017

https://www.apdha.org/testimonios-trabajo-sexual-al-margen-de-estereotipos/

 

‘Testimonios del trabajo sexual al margen de los estereotipos; ni víctimas ni delincuentes, personas que reclaman derechos’

 

Aunque actualmente ejercer la prostitución no es un delito, no es tampoco una actividad reconocida como legítima y con plenos derechos. El trabajo sexual se encuentra en nuestro país en una situación de alegalidad que consideramos, es insostenible. Insostenible porque supone (entre otras consecuencias) una vulneración de derechos fundamentales para quienes la ejercen, porque aumenta el riesgo de sufrir violencias y abusos de diferente tipo y porque  expone a las personas que la ejercen a sufrir sanciones de normativas implantadas por las políticas anti-prostitución de nuestro país.

Por ello, porque esta situación de falta de derechos y de reconocimiento de las personas que ejercen el trabajo sexual es una vergüenza para nuestra sociedad, desde la APDHA no nos cansamos de  exigir un debate social que ponga encima de la mesa las verdaderas necesidades del colectivo. El sentido con el que nos planteamos este informe, es el de contribuir y fomentar  este necesario debate social que, aunque no falta en nuestros días en forma de virulenta polémica sobre la prostitución, consideramos no se está centrando en lo realmente importante: las personas que la ejercen y sus intereses.

 

La ley de Alemania pone en peligro a las trabajadoras sexuales

Por un grupo diverso de trabajadoras sexuales activistas con sede en Berlín

8 julio 2016

Https://www.opendemocracy.net/beyondslavery/diverse-group-of-berlin-based-sex-worker-activists/german-law-endangers-sex-workers

La “ley de protección a las prostitutas”, aprobada el 7 de julio de 2016 por el parlamento alemán, es un enorme retroceso para los derechos de las trabajadoras del sexo.

 

Photo by Hydra. All Rights Reserved.

El 7 de julio es un día triste en la historia de los derechos de las trabajadoras sexuales en Alemania. El gobierno aprobó la ProstSchG (ley de protección de prostitutas) en el Bundestag alemán.

Somos trabajadoras del sexo de una variedad de lugares de trabajo y de ambientes. Entre nosotras hay profesionales del sexo en las calles y los burdeles, practicantes tántricas, escorts independientes, trabajadoras del BDSM y muchas más, afiliadas o no a uno o más de los grupos de derechos de las trabajadoras sexuales existentes.

Como profesionales del sexo y expertas en nuestro trabajo, condiciones y vidas, hemos sido inflexibles desde el principio: la nueva ley es muy peligrosa para aquellas a las que se supone que va a “proteger”, es decir, nosotras mismas.

Juntas tratamos de luchar contra la futura ley alemana y sus implicaciones. He aquí por qué: a pesar de las severas advertencias de grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional, Deutsche Aidshilfe, Hydra, la organización profesional nacional de profesionales del sexo, y muchos más expertos, la nueva ley hará obligatorio el registro obligatorio de las trabajadoras sexuales en todo el país.

La ley pretende luchar contra la trata de personas. Pero en lugar de ayudar a las víctimas de este crimen, eleva la estigmatización de las trabajadoras sexuales a un nuevo nivel. El registro forzado a través del asesoramiento obligatorio incluye la evaluación del estado mental por una autoridad estatal e implica que las trabajadoras sexuales (casi exclusivamente referidas como mujeres) son percibidas como seres irresponsables, mentalmente incapaces. Nos oponemos a esta opinión discriminatoria y reclamamos nuestra autonomía para tomar decisiones bien informadas sobre nuestras elecciones de vida y nuestra sexualidad. Somos adultas y nos dedicamos al trabajo sexual consensuado.

“¿Es mentalmente capaz de entender lo que el trabajo sexual le hace a usted?”

Nuestro carnet personal de prostituta será un documento emitido por el Estado incluyendo nuestra foto; nuestra profesión (que es “prostituta”, ya que la palabra “trabajadora sexual” es un poco demasiado moderna para el Estado alemán), nuestro verdadero nombre y dirección, y nos identificará como profesionales del sexo aprobadas por el Estado. Para conseguirlo, nos veremos forzadas a visitar un organismo estatal y a recibir asesoramiento. La autoridad gubernamental que tendrá que tratar con nosotras todavía no se ha revelado, pero lo más probable es que sea la policía o el Ordnungsamt (orden público) los que se encargarán de juzgar si somos lo suficientemente estables mentalmente como para asumir la profesión. Lo estáis leyendo bien: un funcionario decidirá en una charla obligatoria si tienes el cerebro suficientemente amueblado para ser una trabajadora del sexo.

Genial.

No olvidemos también esto: sólo se podrá obtener el carnet de puta si se tiene un permiso de trabajo oficial. Esto excluye por completo a las inmigrantes, las solicitantes de asilo y muchas personas de los otros grupos más vulnerables de la sociedad que participan conscientemente en el trabajo sexual para sobrevivir. No tienes permiso de trabajo, no tienes carnet de puta. Si te pillan haciendo trabajo sexual con el fin de sostenerte a tí misma y a tu familia, serás deportada, muy probablemente a un país en el que el trabajo sexual siga siendo criminalizado y judicializado.

Una vez trabajadora sexual, siempre trabajadora sexual. Nuestro estigma ignorado

Genial, imaginad que conseguimos un carnet de puta. Ahora ya estamos oficialmente registradas como prostitutas en una base de datos del Estado. Todos sabemos que las bases de datos protegidas por el Estado que contienen información confidencial nunca se filtran, ni se piratean, ni se usan mal. Bueno, en realidad, sí que lo son.

Todas nos sentimos muy seguras ahora que hay una gran oportunidad de que, por ahora y por siempre, se nos descubra como trabajadoras sexuales. Esperemos que nunca planeemos trabajar en otro campo profesional, adoptar niños, convertirnos en políticos, viajar libremente o reservar alojamiento en unas vacaciones.

Obligar a las trabajadoras del sexo independientes a volverse dependientes

Pretendiendo “salvar” a las trabajadoras sexuales precarias, la nueva ley suprimirá activamente pequeños lugares de trabajo auto-organizados obligando a los propietarios de burdeles a obtener permiso para sus establecimientos. Tan útil como sería asegurarse sencillamente de que los burdeles cumplieran con los estándares básicos de la industria como la higiene o la seguridad de sus trabajadores, esta parte de la ley también hará imposible que las trabajadoras sexuales auto-organizadas trabajen juntas en equipos de dos o tres en pequeños lugares. Las trabajadoras que decidan compartir un pequeño espacio de trabajo serán consideradas como burdeles. Bajo la nueva ley, las trabajadoras sexuales en interiores tendrán sólo tres opciones:

Una, el trabajo en nuestras propias casas, ya sean alquiladas o en propiedad, e invitar a los clientes a nuestros dormitorios privados, lo que nos volverá potencialmente más vulnerables a los clientes abusivos, la violencia y las redadas policiales.

Dos, solicitar una habitación en un burdel regulado y certificado. Es fácil predecir que sólo unos cuantos burdeles podrán obtener la certificación necesaria por parte de las autoridades estatales. Esto conducirá a una escasez artificial de lugares de trabajo legales. Pensemos un momento en la oferta, la demanda, la explotación laboral y quién será el eslabón más vulnerable de esta cadena capitalista. Probablemente no serán los grandes propietarios de burdeles, sino más bien las trabajadoras. Estaremos atrapadas entre las prácticas de explotación de los grandes burdeles y la ilegalidad, donde nos arriesgamos al abuso y al chantaje de terceros.

 

De hecho, la tercera opción, seguramente la menos deseada, será trabajar ilegalmente. Compartir un piso con una colega para garantizar la independencia y la seguridad estará prohibido, a menos que se obtenga una licencia para poseer un burdel. Lástima que esta decisión será muy costosa y por lo tanto increíblemente difícil de lograr. Las leyes alemanas de regulación de edificios no son fáciles de manejar, pensad tan solo en el papeleo. Sólo las trabajadoras sexuales más capacitadas, pudientes y con conocimientos legales podrán obtener permiso.

 

Aquellas de nosotras que sean más vulnerables, pobres y precarias, aquellas que no tengan permiso de trabajo legal y aquellas que no pasen la prueba mental por falta de alfabetización y habilidades de lenguaje se quedarán en gran parte sin otra opción que terminar en la ilegalidad..

 

La nueva ley probablemente también empujará a muchas de nosotras a trabajar en condiciones inseguras e incluso a ofrecer servicios sin protección. Los clientes que buscan servicios desprotegidos o inhumanamente baratos probablemente buscarán trabajadoras sexuales precarias ilegalizadas en lugar de ir a burdeles legales enormes y controlados.

 

Como trabajadoras sexuales y expertas en nuestro trabajo, condiciones y vidas, hemos sido inflexibles desde el principio: la nueva ley es muy peligrosa para aquellas de nosotras que se supone que serán “protegidas” por esta misma ley y sus creadores. Si nos hubieran escuchado, esta ley nunca habría sido aprobada. Pero seguramente no se pide a los que se quiere proteger qué tipo de protección necesitan. Seguramente, los legisladores y los políticos de partido lo saben mejor. Bueno, en realidad, no.

El feminismo y el cuerpo de la mujer

·       La oposición organizada a la gestación subrogada se basa en prejuicios ideológicos o morales

·       En cierto modo, la reacción de estos colectivos feministas ante las madres de alquiler es similar a la que tienen ante la prostitución. Consideran que la manera más fácil y efectiva de afrontar el problema es la mano dura, sacrificando alegremente la libertad de las personas. Decretan que las mujeres no deben poder prestar servicios sexuales –es igual que quieran o no quieran– ni tampoco han de poder, en el caso del que hoy hablamos, actuar como madres por sustitución. En cambio, hay que dar facilidades y proteger la libertad de quien desea abortar.

 

Marçal Sintes

Periodista. Profesor de Blanquerna-Comunicación (URL)

Jueves, 29 de junio del 2017

 

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/feminismo-cuerpo-mujer-por-marcal-sintes-6137243

 

Un grupo de mujeres –aunque se entremezcla algún hombre– eleva el volumen de los gritos cada vez que alguna pareja o alguna persona sola entra por la puerta del Hotel Weare de Madrid. Los que llegan ponen una cara a medio camino entre la sorpresa y el temor. No habían contado con las feministas. Ellos solo quieren informarse sobre la gestación subrogada. Son personas, heterosexuales, homosexuales a veces, que tienen la ilusión y la esperanza de ser padres o madres.

Era el 7 de mayo, que fue cuando tuvo lugar en el hotel la feria sobre gestación subrogada Surrofair 2017. Las feministas pertenecían a la Red Estatal Contra el Alquiler de Vientres (RECAV, por sus siglas en español) y habían llevado infructuosamente a la feria ante la justicia alegando que las madres de alquiler no son legales en España.

FOTOS PARA LA PERPLEJIDAD

En las fotografías se observa a dos activistas desnudas de cintura para arriba, con lemas pintados en sus cuerpos –como No se vende o No se alquila–, al frente de la protesta. Es algo que extraña, que recurran a sus pechos para atraer la atención de los periodistas y de los medios de comunicación. Utilizan sus cuerpos, de alguna manera los mercantilizan, lo mismo que reprochan a las madres por sustitución (o vientres de alquiler, dicho despectivamente).

Más allá de la perplejidad, no tengo mucho que decir sobre el hecho de desnudarse para llamar la atención. Tampoco es el objeto de estas líneas. Hay que admitir que aparentemente guarda coherencia con las reivindicaciones feministas sobre el aborto. Reivindicaciones que se han condensado en el eslogan Nosotras parimos, nosotras decidimos.

Y aquí uno llega a una segunda paradoja, a una segunda extrañeza. Si, según proclaman, la mujer ha de poder decidir cuando se trata del aborto –circunstancia dramática y que implica poner fin a una futura vida–, ¿por qué, en cambio, no ha de poder cuando de lo que se trata es de generar una nueva vida?

Intento hacer un ejercicio de empatía. Es decir, ponerme en la piel de feministas como las que protestaban en Madrid. Examino los argumentos. Uno de los más repetidos es que la mayoría de madres de alquiler –y los intermediarios y las clínicas– cobran por este servicio, aunque existe también la subrogación altruista. No me convence, aunque intuyo el estereotipo detrás de este elemento. Ellas imaginan a gente rica y poderosa, con mucho dinero (en los países donde está permitida la subrogación puede costar alrededor de 60.000 euros), que, poco menos que por capricho, quiere comprar un hijo. Al otro lado, una persona obligada por la pobreza y la mala suerte a hacer algo poco menos que repugnante. Esgrimía justamente el riesgo de explotación de las mujeres la exministra González-Sinde hace unos días en EL PERIÓDICO para oponerse a las madres de alquiler.

OPCIÓN POR LA MANO DURA

Las feministas contrarias a la subrogación –entiendo que existen las que son indiferentes o favorables– no piden, al revés de lo que podría parecer lógico, que el Estado haga asequible la subrogación para personas con pocos recursos. No exigen, como sí hacen sistemáticamente con el aborto, que la subrogación sea libre y gratuita. O que la Administración regule esta práctica para proteger tanto a los adultos como, sobre todo, a los niños.
Quieren la prohibición. Punto final. Y que se persiga, incluso, a los que informan de cómo funciona la gestación subrogada, permitida en otras latitudes, como Estados Unidos, Canadá o Grecia.

En cierto modo, la reacción de estos colectivos feministas ante las madres de alquiler es similar a la que tienen ante la prostitución. Consideran que la manera más fácil y efectiva de afrontar el problema es la mano dura, sacrificando alegremente la libertad de las personas. Decretan que las mujeres no deben poder prestar servicios sexuales –es igual que quieran o no quieran– ni tampoco han de poder, en el caso del que hoy hablamos, actuar como madres por sustitución. En cambio, hay que dar facilidades y proteger la libertad de quien desea abortar.

CURIOSAS FRATERNIDADES

Todo ello cuesta mucho de entender si no se incluyen en la ecuación creencias o prejuicios ideológicos o morales. Sobre ellos, sin embargo, puede decirse bien poco. Todo el mundo tiene los suyos, a veces sin saber muy bien ni cómo ni por qué.

Las creencias y prejuicios, por su propia naturaleza, pueden dar lugar a curiosas combinaciones, a curiosas fraternidades. Es lo que ocurre aquí. Contra la prostitución y la subrogación, las feministas radicales y los sectores religiosos más cerrados se manifiestan ruidosamente desde la misma acera. Sin embargo, si optamos por cambiar de tercio y nos ponemos a hablar del aborto, entonces los religiosos se quedan donde están, pero las feministas corren a situarse en la acera contraria.

 

El PSOE elimina la referencia a la abolición de la prostitución

El borrador de la ponencia hace una mínima alusión a los vientres de alquiler

 

Mariola Lourido

Madrid

16/06/2017

 

 

http://cadenaser.com/ser/2017/06/16/sociedad/1497568117_321385.html

 

 

La erradicación de la prostitución desaparece del borrador del dictamen del PSOE, que constituye el proyecto político que los socialistas aprobarán este fin de semana en su Congreso Federal. Ni siquiera se cita la palabra prostitución. En la ponencia original, elaborada por Eduardo Madina, el PSOE se declaraba abolicionista y afirmaba que la prostitución es uno de los rostros más crueles de la feminización de la pobreza y una de las peores formas de violencia contra las mujeres.

En el nuevo texto todo esto se suprime y no hay absolutamente nada sobre la prostitución cuando en el programa electoral de 2015 los socialistas prometían cerrar los prostíbulos y multar a los clientes.

También llama poderosamente la atención lo mucho que se ha rebajado la postura frente a los vientres de alquiler. La ponencia original le dedicaba al asunto un párrafo específico de diez líneas. Era una declaración ideológica, una declaración de principios y valores contra esta práctica ilegal en España.

Ahora, el nuevo texto pasa de puntillas sobre el polémico tema, que también divide al PSOE. Únicamente se dice de refilón que “los vientres de alquiler suponen una mercantilización de las mujeres” y aparece mezclado con la ley del aborto y la reproducción asistida para las lesbianas:

  1.       La Ley de Salud Sexual y Reproductiva de 2010 fue alterada por el PP suprimiendo el derecho a decidir de las mujeres de 16 y 17 años y suspendiendo el desarrollo de los derechos sexuales y reproductivos de las personas. Se restablecerá a las mujeres mayores de 16 y menores de 18 años su capacidad de decidir. Se proporcionará educación sexual y reproductiva a mujeres con discapacidad o perteneciente a colectivos con especial dificultad, como mujeres emigrantes o prostituidas. Se restablecerá la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud para tratamientos de reproducción asistida con carácter universal, dejando sin efecto las limitaciones acordadas por el Gobierno del PP. Los vientres de alquiler suponen una mercantilización de las mujeres. Se deberán promover y facilitar los mecanismos de adopción.

 

¿Feminismo y trabajadoras sexuales? Una alianza ¿posible – necesaria?

Talía Ardana  

06/06/2017

http://www.eldiario.es/andalucia/APDHA/Feminismo-trabajadoras-sexuales-alianza-necesaria_6_651694843.html

 

En la APDHA concebimos que una sociedad igualitaria sólo puede ser construida con la participación de todas las voces. Por ello, nos une al feminismo la preocupación por mejorar las condiciones de vida de las mujeres, de todas las mujeres, y entre ellas están, por supuesto, las trabajadoras sexuales. El hablar de éstas últimas separa a las feministas – de ahí el intenso debate- y las formas para conseguirlo: desde el reconocimiento de su actividad como un trabajo legítimo y la defensa de sus derechos laborales o desde el objetivo final de la abolición de la prostitución.

Desde que en APDHA  empezamos a trabajar con personas que ejercen el trabajo sexual nos dimos cuenta de que, si queríamos acercarnos a su realidad compleja, el principal obstáculo que teníamos que superar sería el de nuestros propios prejuicios. Y es que, cuando hablamos de la sexualidad, sobre todo de las mujeres, nos encontramos con un sinfín de juicios morales que nos llevan a rechazar la idea de que una mujer pueda hacer uso de su sexualidad para obtener beneficios económicos de forma libre, legítima y digna.

Por ello, antes de marcarnos ninguna intervención concreta, decidimos acercarnos al colectivo sin más  estrategia ni intención que la de escuchar/observar/conversar.

De esta forma hemos ido conociendo a mujeres con muy diferentes situaciones y formas de sentir y vivir la prostitución, que intentan tirar hacia delante en un mundo lleno de desigualdades y para las que el trabajo sexual supone una estrategia para, dentro de las situaciones concretas que les ha tocado vivir, mejorar sus condiciones de vida. Nos hablan también de las condiciones de abuso, injusticia, rechazo y desigualdad en las que viven y desarrollan su trabajo.  Y es esto lo que consideramos indigno, una sociedad que continúa censurando su medio de vida a través del estigma, no reconocimiento y criminalización. Y es que ellas nos han enseñado que la prostitución en sí no es indigna, como afirma el feminismo abolicionista, y como dicen: “no hay malas mujeres, solo hay malas leyes”.

El feminismo debe luchar por la autonomía de las mujeres, con capacidad de decisión y, aunque no todas tenemos las mismas opciones, debemos contribuir a que se amplíen estas mismas opciones, que ganemos en autonomía y poder. Para ello es necesario partir de la realidad de cada persona, no sólo por la defensa de la dignidad de las mujeres en abstracto, olvidándonos y dejando de lado a las mujeres concretas.

Victimizar a las mujeres no ayuda. Todas las mujeres tenemos, aun en las situaciones más dramáticas, cierta capacidad para rebelarnos, por ello, las opciones por las que cada una opte deben ser respetadas. Considerar a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, faltas de autonomía y capacidad, necesitadas de protección y sin validez en sus decisiones, impide que veamos las estrategias que se emplean para vivir en un mundo lleno de desigualdades. Sólo reconociéndolas y apoyándolas podremos contribuir a desarrollar su capacidad de decisión.

El feminismo ha luchado por la libertad sexual de las mujeres, por el respeto y la libre decisión de cómo cada una quiera vivir su sexualidad. Las vulneraciones de derechos que sufren las trabajadoras sexuales tienen mucho que ver con las desigualdades de género (el estigma, el no reconocimiento, los abusos…) y las situaciones de subordinación que vivimos todas las mujeres, lo que debemos intentar es apoyarnos para combatirlas.

El trabajo sexual supone para muchas mujeres una estrategia de supervivencia, independencia económica o mejora de su situación, por ello instamos a que la lucha por mejorar las condiciones en que desarrollan el trabajo sexual sea una lucha feminista, y no la lucha por abolir su opción.

Talía Ardana, coordinadora área de Trabajo Sexual de APDHA.

 

Prostitución en la calle: multar no es una solución

El gobierno de Barcelona no multará a las mujeres que ejercen la prostitución en el espacio público. Al contrario, defenderemos los derechos de todas las mujeres, también de las trabajadoras sexuales.

 

Laura Pérez

 

03/06/2017

 

http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/Prostitucion-calle-multar-solucion_6_650294982.html

 

La Ordenanza del Civismo de la ciudad de Barcelona ha sido una norma altamente punitiva. En sus artículos 39 y 40 establece multas por el ofrecimiento, la demanda y el ejercicio del acto sexual en la vía pública, aunque en este último caso sólo si es de manera retribuida. Así, en base a la Ordenanza que establece nuestra conducta “deseable” en el espacio público, si queremos practicar sexo en la vía pública, no hay ningún problema, ni de noche ni de día, incluso en medio de la plaza Cataluña, siempre y cuando no haya intercambio económico.

Lo que se ha perseguido con esta normativa, aprobada en su momento con el voto a favor del PSC, CIU, ERC y el PP es eliminar de las calles la cara visible de la prostitución en la ciudad de Barcelona. En cambio, la prostitución que se ejerce en locales y clubes de la ciudad está permitida y así se reglamentó en Cataluña por parte de CiU bajo el Decreto 217/2002 y por el tripartito bajo la ley 11/2009 por la que quedan regulados los locales de alterne, las barras americanas o sex-shops. Esta doble vara de medir no es más que una muestra de las incongruencias políticas de partidos que regulan a favor del empresariado, al tiempo que persiguen a las trabajadoras sexuales. La ordenanza ha impuesto un castigo a una forma de ejercer la prostitución, no a la prostitución en sí misma.

A menudo se ha argumentado de manera inconsistente que estas acciones de imponer correctivos buscaban salvaguardar la integridad de las mujeres en su conjunto, o incluso estaban dirigidas a luchar contra las situaciones de tráfico en que estas mujeres pueden estar sometidas. Una forma cuando menos perversa de salvaguardar la integridad de todas las mujeres a través de criminalizar y estigmatizar a un grupo de mujeres en concreto o de luchar contra el tráfico multando a las mismas mujeres traficadas. Además incumple con la Directiva 2011/36 / UE, que obliga a los Estados miembros a proteger y atender a las mujeres que puedan estar en situación de tráfico y explicita la obligación de no imponer penas a las víctimas.

Más allá de todas las incoherencias mencionadas, cuando llegamos al gobierno nos encontramos con varios informes y documentos que nos señalan la poca efectividad de la norma y la vulneración de derechos que provoca. Después de 10 años de vigencia de la Ordenanza los datos nos dicen que la ordenanza no ha conseguido reducir el número de mujeres que ejercen en el espacio público, a pesar de la promesa hecha en el vecindario de la zona de Robadors por el gobierno de Trias (desde del 2009 hasta el día de hoy se está atendiendo entre 390 y 450 mujeres aproximadamente).

Asimismo se ha situado a las mujeres en una posición de mayor vulnerabilidad: muchas de estas mujeres han contraído, a través de las multas, una deuda con la administración, ya que menos de un 10% de las multas impuestas a las mujeres se podían hacer efectivas. Esto ha tenido consecuencias negativas para las mujeres, como por ejemplo el no poder acceder a ningún tipo de ayuda y prestaciones sociales. De manera añadida la vigilancia policial constante conduce a las mujeres a negociar más rápido, los clientes tienen más margen en la negociación y pueden hacer uso de la amenaza de avisar a la policía, según explican ellas mismas en diferentes informes. Además, se ha reforzado el estigma que las hace sentir desprotegidas y avergonzadas.

A día de hoy, el Ayuntamiento de Barcelona ha dejado de multar a las mujeres por la entrada en vigor de la Ley de Seguridad ciudadana. La conocida como Ley mordaza, a diferencia de la ordenanza del civismo, no prevé como infracción el ofrecimiento de servicios sexuales en la vía pública. Por ello, desde finales de 2015, aquellos artículos de la Ordenanza que prevén la sanción del ofrecimiento de servicios sexuales se han dejado de aplicar. Este hecho, que ha pasado desapercibido por los grupos de la oposición que hacen bandera del abordaje punitivo de la prostitución, no ha tenido ninguna incidencia en el día a día de la gestión del espacio público en Barcelona. Por tanto, ni las sanciones no han tenido el efecto disuasorio esperado, ni dejar de sancionar ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales en las calles de la ciudad.

Con la experiencia de estos 10 años de Ordenanza del Civismo podemos asegurar que el abordaje punitivo de la prostitución ha fracasado. Más allá de constatar que multar no es ninguna solución, ahora es el momento idóneo para replantear las políticas y normas fallidas, de involucrar a la ciudadanía, a todos los grupos municipales y a las mujeres que ejercen la prostitución en una reflexión más amplia que nos permita avanzar en la mejora de la convivencia, que nos lleve a nuevos consensos sobre el uso del espacio público. En definitiva, tenemos que encontrar una solución bajo un marco de garantía de derechos para todos, para las mujeres en su conjunto, por todas, y por los vecinos y vecinas que conviven con el ejercicio de la prostitución en la calle.

 


Laura Pérez (Barcelona, 1982) és regidora de Cicle de Vida, Feminismes i LGTBI a l’Ajuntament de Barcelona.

https://barcelonaencomu.cat/es/candidatura-persona/laura-perez-castano

Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo: Contra el estigma de ‘puta’

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)

 

2 de junio de 2017

 

http://www.apdha.org/dia-internacional-trabajadoras-sexo-contra-estigma-puta/

 

Existe un estigma que actúa sobre todas las mujeres como un aviso, una amenaza que llega en forma de censura social en caso de que ocupes un espacio que no debes, a una hora inapropiada y con una postura indebida… Nos referimos al estigma “puta”. Desde tiempos inmemoriales, hasta nuestros días, actúa dentro de nosotras esa llamada al orden social que, con mayor o menor fuerza, aparece en forma de vergüenza.

Este estigma “puta” que actúa como violencia estructural y simbólica es la misma violencia que nos alcanza a todas las mujeres. ¿Pero qué pasa cuando esta violencia, censura, este estigma, sale del ámbito de lo subjetivo y lo simbólico para acomodarse en nuestro mundo material a través de leyes que penalizan estos comportamientos? Nos referimos a lo que significa el estigma puta para la puta, la trabajadora sexual. Y nos referimos concretamente a la base de las muchas vulneraciones que sufren como colectivo y como trabajadoras, nos referimos a también a la Ley Mordaza o ley de seguridad ciudadana, los planes anti prostitución y las ordenanzas, formas de criminalizar  que viene a instaurar una verdadera “caza a la puta”.

La lucha de las trabajadoras sexuales contra el estigma lleva tiempo ocupando, a nivel individual y colectivo, su primera línea de trabajo. La estrategia no es siempre la misma: “Yo no soy puta, trabajo de puta” es una expresión que pone de manifiesto el anhelo de liberarse de la dura carga que supone el estigma. Atiende a la necesidad que muchas mujeres que ejercen el trabajo sexual tienen por separar su vida profesional de la familiar y la social. En otros casos, el lema “yo también soy puta” o “yo soy puta” está siendo reivindicado por muchas trabajadoras movilizadas en la reclamación de sus derechos, o por colectivos que trabajan junto a ellas.

Por ello, en este día  2 de Junio, Día Internacional de las Trabajadoras del Sexo, (aniversario de la protesta de 1975 en la que más de cien prostitutas francesas ocuparon la iglesia de Saint Nizier en Lyon) nos queremos sumar a la campaña que nuestras compañeras de Genera (Barcelona) han puesto en marcha, y decimos junto a ellas: #YoTambienSoyPuta 

 

 

Sin trabajadoras sexuales no hay feminismos

23 mayo, 2017

 

http://www.apdha.org/cadiz/?p=1720

 

El feminismo ha luchado por la libertad sexual de las mujeres, por el respeto y la libre decisión de cómo cada una quiera vivir su sexualidad.

Nos une a todas las feministas la preocupación por mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales, pero nos separa, y de ahí el intenso debate, las formas para conseguirlo: desde la defensa y reivindicación de los derechos de las prostitutas o desde la abolición de la prostitución.

Para la APDHA la dignidad y el respeto por la autonomía y decisiones de las personas está por encima de la actividad que realicen. Por ello decidimos acercarnos a las personas que ejercen el trabajo sexual y escucharlas.

Las trabajadoras sexuales nos hablan de las condiciones de abuso, de injusticia y desigualdad en las que desarrollan el trabajo sexual.  Desde la APDHA estamos convencidas que, escuchando a las trabajadoras sexuales, denunciando estas condiciones y luchando por la dotación de derechos en esta actividad, es la vía para mejorar las condiciones de vida de las personas que la ejercen.

El feminismo debe luchar por la autonomía de las mujeres, con capacidad de decisión y, aunque no todas tenemos las mismas opciones, debemos contribuir a que se amplíen estas mismas opciones, que ganemos en autonomía y poder. Para ello es necesario partir de la realidad de cada persona, no por la defensa de la dignidad de las mujeres en abstracto olvidándonos y dejando de lado a las mujeres concretas.

Victimizar a las mujeres no ayuda, todas las mujeres tenemos, aun en las situaciones más dramáticas, cierta capacidad para rebelarnos, por ello, las opciones por las que cada una opte deben ser respetadas. Considerar a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, faltas de autonomía y capacidad, necesitadas de protección y sin validez en sus decisiones, impide que veamos las estrategias que se emplean para vivir en un mundo lleno de desigualdades. Sólo reconociéndolas y apoyándolas podremos contribuir a desarrollar su capacidad de decisión.

Las vulneraciones de derechos que sufren las trabajadoras sexuales tienen mucho que ver con las desigualdades de género (el estigma, el no reconocimiento, los abusos…), pero todas las mujeres vivimos situaciones de subordinación, y lo que debemos intentar es apoyarnos para combatirlas.

El trabajo sexual supone para muchas mujeres una estrategia de supervivencia, independencia económica o mejora de su situación, por ello instamos a que la lucha por mejorar las condiciones en que desarrollan el trabajo sexual sea una lucha feminista, y no la lucha por abolir su opción.

 

La indefensión de las prostitutas

Por Ninfa

 

19 de Mayo de 2017 (19:04 h.)

 

 

http://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/indefension-prostitutas/20170519175159140006.html

 

 

Soy trabajadora del sexo. Desde hace algunos años contacto con mis clientes en la calle. Empecé en esta actividad allá por el año 1997, en los tiempos en que la Casa de Campo de Madrid estaba abierta a todas horas al público. En aquellos tiempos, recuerdo, trabajábamos sin más problemas que los que se pudieran presentar en la cotidianidad: que si la lluvia, que si el cliente borracho, que si el maleducado… La Policía estaba continuamente pidiendo la documentación y no todas tenían “los papeles en regla”, eran frecuentes las redadas en busca de “sin papeles”.

Las trabajadoras del sexo captábamos a la clientela al pie de la vía y los servicios los realizábamos, como norma general, en los propios vehículos, cerca de donde nos ubicábamos. Después, poco a poco, nos lo pusieron más difícil. Primero colocaron vallas de maderas. Las autoridades explicaron que se trataba de “barreras protectoras”. La consecuencia fue que los coches ya no podían parar al lado de la vía. Nos trasladamos entonces a las zonas de parking, a un lugar más alejado. Pero las vías fueron cerrándose poco a poco. Cada vez contábamos con menos espacio para trabajar y lo hacíamos en lugares menos seguros, menos transitados.

Las incursiones policiales se acrecentaron. Actuaban conjuntamente la Policía Municipal y la Policía Nacional, concretamente de migración. Sufrimos cortes de tráfico y desvíos caprichosos de la circulación, calles cortadas a determinadas horas, redadas a las mujeres que se encontraban en “situación irregular”, insistentes controles de alcoholemia a los clientes, multas de tráfico injustificadas a horas intempestivas, etc. Es decir, poco a poco, las autoridades consiguieron poner en marcha la “diáspora” de prostitutas por Madrid. Tuvimos que desplazarnos a otros lugares como por ejemplo Capitán Haya y Paseo de la Castellana, Pintor Rosales y Parque del Oeste, Polígono de Villaverde (conocido también como Polígono Marconi), Montera y zona centro. Sitios, como éste último, que contaban con los inconvenientes consabidos: enfrentamientos y discrepancias con el vecindario, comerciantes, etc. Por si fuera poco, se colocaron cámaras en la vía pública que ahuyentaron a nuestros clientes. Las prostitutas nos vimos obligadas a demandar nuestras reivindicaciones ante el consistorio municipal y nos manifestamos exigiendo nuestros derechos en la calle de la Montera, en la zona centro de Madrid.

Particularmente, decidí desplazarme a trabajar hasta la localidad de Torrejón de Ardoz (Madrid) y estuve en sus inmediaciones cerca de 3 años. El inicio de obras de acceso a Torrejón, en la parte Este, me obligó a trasladarme al polígono conocido como Electrolux de Alcalá de Henares, donde se ejercía desde años antes. Poco duró la calma. El Ayuntamiento alcalaíno, liderado por el Partido Popular en aquel entonces, preparó una ordenanza municipal y entre sus puntos había uno que asestaba un golpe duro a la prostitución callejera y que contemplaba la prohibición de “ofrecimiento, solicitud, negociación y aceptación directa o indirectamente de servicios sexuales retribuidos en el espacio público de la ciudad de Alcalá de Henares, en todo su término municipal.”  Las sanciones van de 300 a 3.000 euros de multa tanto para los clientes como para las trabajadoras del sexo. Esta ordenanza municipal, que entró en vigor en diciembre de 2010, desembocó en hostigamiento, persecución y acoso permanentes hacia nosotras. Ni siquiera podemos subirnos a un coche, a veces ni al propio. Desde entonces estamos penalizadas por ser prostitutas, independientemente de si estamos ejerciendo en ese momento o no.

La normativa trajo como consecuencia una mayor precarización:  A partir de ahí, al no contar con tiempo y tranquilidad para negociar los servicios, debemos apurar los acuerdos, desplazarnos más lejos para realizar los servicios sexuales acordados (con el consabido peligro que eso conlleva), estar pendientes de nuestros móviles porque, entre nosotras, nos alertamos mediante llamadas perdidas de la presencia policial.

Por las condiciones geográficas, no podemos subir a un coche ni para ir a tomar algo a las cafeterías próximas a la zona (cosa muy común) porque los efectivos policiales dan por sentado que vamos a dar un servicio. De nada sirve pararse a explicarles nada. Las multas van tanto para el conductor como para nosotras. Estamos absolutamente estigmatizadas por ejercer nuestro oficio. El Colectivo Hetaira ha sido testigo en directo, a veces, y vía telefónica, otras, de estas experiencias. Hubo una ocasión, en que por el solo hecho de encontrarme dentro de mí vehículo aparcado en el lugar, matando el tiempo de aburrimiento y jugando con mi dispositivo móvil, fui multada. Además nos influye mucho la intimidación que sufren los clientes; nos sentimos impotentes e indefensas.

 

La ley mordaza

Algunas compañeras, debido a la presión, cambiamos de lugar de trabajo. Decidí trasladarme al polígono de Villaverde, pero allí también se estaba preparando una normativa municipal similar a la de Alcalá de Henares que no llegó a aplicarse porque el Gobierno del Partido Popular aprobó la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como ley mordaza, que penaliza tanto a clientes como a trabajadoras del sexo. Dicha ley, que entró en vigor el 1 de julio de 2015, ha venido acompañada de consecuencias terribles: más estigmatización para nosotras, más hostigamientos, más actas de denuncias constantes por cualquier cosa: por pararnos aquí, por pararnos allá, por nuestras vestimentas (da igual cómo vistas, cualquier escote, falda, pantalón corto, largo o ceñido al cuerpo, blusa, vestido). Todo vale y justifica su denuncia impuesta, tanto si vas vestida como si no, si te encuentra en la acera como si no, si estás hablando, si vas en coche con alguien, si estás esperando el bus para marcharte, si estás parada o si estás en sitios estratégicos de la zona realizando servicios. Nosotras, las prostitutas somos juzgadas, en ocasiones, por la policía, juzgadas como “males madres”. Pueden soltarte tranquilamente la dichosa frase de “¿qué dirán tus hijos?”, porque la carga moral está presente en el momento que extienden la denuncia. Aquí no se salva nadie, ni el señor que vende los preservativos, ni el señor al que compramos los bocadillos, ni el cunda que nos hace de taxi. Todos son calificados de “puteros”, tratados como “criminales”… Y nosotras, vapuleadas, y nuestros datos personales utilizados para rellenar las denuncias hechas contra nuestros clientes o contra las personas que tratan de buscarse la vida en el polígono vendiendo bocadillos.

 

Reacción

Con esta ley en ejecución las putas llegamos a comprender lúcidamente que siempre se ha perseguido la prostitución, que se ha utilizado la ley de migración como excusa para perseguirnos y expulsarnos del país. Ahora ya hay un instrumento a nivel estatal. Días antes de la entrada en vigor de la ley mordaza, algunos policías de migración, concretamente del Grupo XI, nos lo advertían de manera pletórica y triunfal: “la aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana acabaría con nuestra actividad”. Y se cumplió lo que nos habían prometido: las denuncias impuestas contra nosotras, las monsergas y reproches -casi peores‒ que acompañaban a las mismas.

En esta difícil situación –con más de 30 denuncias en una sola tarde‒ vimos la necesidad de protestar, gritar y hacernos escuchar. Así nació la Agrupación Feminista de Trabajadoras Sexuales (AFEMTRAS), conformada por mujeres cis, mujeres trans y travestidos. El colmo fue que el foco mediático sólo apuntaba hacia un objetivo: la denuncia de que una “posible víctima de trata” pudiera estar siendo multada. Porque para las autoridades sólo existen las “víctimas de trata”, nosotras no existimos. Y para los medios de comunicación, en ocasiones, tampoco. Y cuando existimos, se nos criminaliza por nuestra actividad.

Como AFEMTRAS estamos dando a conocer nuestra situación y nuestro descontento a medidas injustas, desproporcionadas e ineficaces. Ponemos el acento en las consecuencias negativas de la aplicación de leyes injustas sobre nuestras vidas. Asistimos, asombradas e indignadas, al descrédito que se hace de nuestro oficio y a la perversión que supone confundirla -intencionadamente‒ con la trata de personas.

Las trabajadoras del sexo apoyamos sin fisuras a las víctimas de trata y somos las primeras en ver “indicios” de trata y ponerlo en conocimiento de las asociaciones con quienes colaboramos. Quiero señalar también que son muchas veces los clientes quienes contactan con las autoridades y las asociaciones cuando detectan posibles casos de trata.

Pero, nosotras, profesionales del sexo estamos demandando a los consistorios espacios donde podamos trabajar sin molestar y sin ser molestadas. Las multas nos perjudican y las multas a nuestros clientes nos perjudican de manera flagrante (podemos no castigar a un comerciante por su actividad, pero si multamos a quienes entren en su establecimiento, le estamos perjudicando directamente). Tenemos la obligación de defender y “desdemonizar” a nuestros clientes porque entendemos que existe un contrato verbal de intercambio de servicios sexuales por dinero con el consentimiento de dos personas adultas y el Estado no debería de intervenir -y menos hacerlo con una moralidad propia de otros siglos-.

Por tanto, exigimos que las autoridades diferencien entre “trabajo sexual” y “trata de personas”. Si no es así, las víctimas de trata reales continuarán desprotegidas y nosotras soportando la indefensión y sin que nuestros derechos sociales y laborales sean reconocidos. Acaso, ¿alguien vive mejor sin derechos?

 

Amsterdam: la mentira de “My Red Light”

 


Felicia Anna
12 de mayo de 2017

 

http://behindtheredlightdistrict.blogspot.com.es/2017/05/the-bullshit-of-my-red-light.html

 
Me prometí a mí misma que nunca más prestaría atención a My Red Light. Pero hoy de nuevo hay una tormenta mediática sobre My Red Light, que me ha molestado tanto que sencillamente necesito escribir sobre ello, a fin de establecer un montón de cosas ciertas.

Comencemos con lo primero y lo más importante. My Red Light debía ser un burdel dirigido por trabajadoras del sexo. Bueno, eso falló. Es tan sencillo como eso. Hay una junta entera de los llamados “expertos” en un “Consejo de Supervisión” que tienen el verdadero poder y control sobre este burdel. Estas personas incluyen a personas de organizaciones de ayuda tales como el Fondo de Ayudas de SOA, HVO Querido, un ex fiscal, un dueño de barra / restaurante y gente de ese tipo. Pero no hay trabajadoras del sexo, aparentemente porque no somos lo suficientemente inteligentes para hacer esto, ¿verdad? No somos lo suficientemente instruídas, ¿verdad? Porque todos siempre tratan de ofrecernos algún tipo de educación, como si fuéramos mudas o sin educación o algo así. ¡Poco saben ellos que muchas trabajadoras del sexo que trabajan en el Distrito de la Luz Roja terminaron sus estudios secundarios, tienen un grado o incluso terminaron la universidad!

Trabajadoras sexuales que participaron en este proyecto desde el principio fueron rechazadas para realizar trabajos de dirección del burdel porque no pasaron el “casting”. En otras palabras, no fueron consideradas “suficientemente buenos” para dirigir el burdel. En lugar de escoger a una trabajadora del sexo con experiencia detrás de las ventanas al menos para ser la gerente, a quien finalmente eligieron para ser gerente de My Red Light fue a uno de los otros operadores de burdel. Estoy confundida. Pensé que esos eran la gente que nos trató tan mal que necesitábamos abrir nuestro propio burdel, y ¿ahora los contratan como gerentes?

Las afirmaciones de que My Red Light es un burdel donde las mujeres no necesitan un chulo y no dependen de los operadores de burdeles son una mentira. En primer lugar, las mujeres en el Distrito de la Luz Roja no necesitan un proxeneta, es por eso que tenemos a la policía. También están sugiriendo que otros burdeles están llenos de chicas con proxenetas y no debería ser así, pero también es una completa mentira. Tienen la misma probabilidad de tener chicas trabajando allí con un proxeneta que cualquier otro burdel.

El argumento de que gracias a My Red Light las trabajadoras del sexo ya no dependerían de un operador de burdel es un argumento que incluso un niño de 3 años puede ver que es falso. My Red Light ES un operador de burdel. Así que sí, todavía seguimos dependiendo de operadores de burdeles, ahora con My Red Light como antes, ¡nada ha cambiado! Sendillamente pretenden ser mejores, lo que también me hace preguntarme por qué necesitan hacer eso, si realmente son mejores.¿Problemas para encontrar chicas para alquilar sus habitaciones, gente? ¿Es ésa quizás la razón que usted necesita para llamar tanto la atención? ¿Y es ésta la razón por la que ninguna de las chicas que conozco quiere trabajar allí?

¿Las condiciones de trabajo serían mejores? Eso también es una mentira. Las condiciones de trabajo son las mismas, ya que hacen exactamente lo mismo que otros operadores de burdeles. No hay nada nuevo en esto. Son sólo otro burdel nuevo, eso es todo. Las condiciones de alquiler son en su mayoría las mismas o mucho peores que con otros burdeles.

Por ejemplo:
Quiero alquilar una habitación. En My Red Light esto me costará 160 euros. Pero dos de los mayores operadores de burdeles me ofrecen una habitación por 150 ó 155. Así que son más caros. ¡Diablos, incluso hay operadores de burdeles que alquilan habitaciones por 130! Así que eso no es ciertamente una mejora, son el precio promedio. Así que no hay mejoras.

Segundo ejemplo:
Quiero alquilar una habitación para toda la semana, pero quiero un día libre. En otros burdeles me dan un día libre y no tengo que pagar, algunos incluso ofrecen 2 días libres. En My Red Light esto es lo mismo.

Tercer ejemplo:
Quiero ir de vacaciones por un mes. En My Red Light no puedo, porque sólo te permiten 3 semanas de vacaciones máximo. Pero con mi prostíbulo actual podría incluso ir por 2 meses tal vez y no sería un problema. Así que eso es mucho peor.

Cuarto ejemplo:
Quiero dejar mi trabajo, porque realmente no quiero seguir haciendo esto. En mi actual operador de burdel puedo irme, sin más. Pero en My Red Light tienes que cancelar tu habitación ¡con una semana de antelación! En resumen, ¡te están obligando a trabajar una semana más! ¡Pensé que este proyecto tenía como objetivo estar en contra de obligar a las mujeres a trabajar, no hacerlo proactivamente!

Quinto ejemplo:
Me enfermo y necesito quedarme en la cama por un par de días. Con mi actual operador de burdel no tengo que pagar por mi habitación. Pero en My Red Light tengo que pagar los dos primeros días que estoy enferma. ¡¿Cómo es esto mejor ?!

Así que las condiciones de alquiler no son mucho mejores, sino ligeramente peores en el mejor de los casos. Incluso te obligan a trabajar cuando quieres dejarlo, por tener que cancelar con una semana de antelación, ¡una regla que ningún otro operador de burdel tiene!

Y por supuesto también te ofrecerán otra vez cursos para hacer otra cosa, un programa de salida básicamente. Como si no hubiera suficientes programas de salida y organizaciones que se ofrecen prostitutas para encontrar otro trabajo. Gente, ¡en serio! ¿Es eso lo único en lo que se os ocurre? ¿Es una prostituta, así que tenemos que rescatarla? Porque las condiciones de alquiler ciertamente no son mejores que en otros burdeles y tampoco lo son sus precios o la forma en que tratasteis a las trabajadoras del sexo involucradas en este proyecto.

Y luego hablemos de la decoración de My Red Light. Un “arquitecto” lo diseñó, como si fuera un programa espacial de la NASA. Vamos gente, es un burdel de ventana, ¡no es tan malditamente difícil! ¡¿Pero adivina que?! ¡Se las arreglaron para incluso joder eso! ¡Hicieron las habitaciones negras! ¡De todos los colores que pudieron haber escogido, eligieron negro como color para una profesión nocturna! Y la única manera en que pudieron compensar sus habitaciones negras, fue bombeando una mierda de luz intensa para ganar algo de atracción. ¡¡¡Pero las luces son apenas perceptibles !!! ¡En una habitación negra!

O lo que es aún peor. En ell callejón que tienen, no hay luces rojas en el exterior. Sólo una linterna grande con luz blanca. Así que la gente va a pasar por ese callejón pensando que no hay nada allí, porque no hay luz roja en ese callejón. Especialmente porque no ha habido nada en este callejón por años. Diablos, solía haber grandes luces rojas en los lados del edificio en este callejón. ¿Por qué no las dejaron ahí? ¿Por qué las quitaron? ¿O al menos reemplazarlas con luces rojas led o algo así? ¿Pero no hay luces rojas en el exterior? ¿Sólo una linterna blanca gigante? Tal vez deberíais haber llamado a este proyecto Mi Luz Blanca. Es la única luz realmente notable que tienes de todos modos.

Y yo tampoco entiendo. Utilizas las mismas enormes linternas de los otros edificios. Pero las luces rojas que has puesto en ellas dan menos luz. Y las tiras de led con luz roja en el interior también son apenas visibles. ¡Qué demonios!, ¿tienen miedo de poner luces rojas en su burdel o algo así?

En serio, todo acerca de este proyecto es jodido. Las condiciones de trabajo son peores. Estáis presionando a otros operadores de burdeles haciéndoles ver como criminales, pero los contratáis para que trabajen para vosotros como gerentes. ¿Pretendéis ser un burdel mejor que otros, cuando vuestras condiciones de alquiler son iguales o peores? Y me estoy hartando mucho por el hecho de que seguís presionando a otros burdeles, y con eso a otras trabajadoras del sexo, para promocionaros vosotros. Si sois realmente tan buenos como decís, no necesitaríais eso. Pero aparentemente es la única manera como sabéis trabajar, chicos. Porque un buen negocio no necesita promoción, es un negocio que se promociona él solo.