Una breve historia de los intentos de abolir el trabajo sexual: desde 1075 aC hasta la era digital

 

Por Kate Lister

30 de marzo de 2018

https://inews.co.uk/opinion/columnists/attempts-to-abolish-sex-work-from-1075-bc-to-the-digital-age/

 

Los debates sobre el control, la regulación y el castigo de la industria del sexo no son nada nuevo. El surgimiento de internet ha arrojado nuevas expresiones de viejos problemas, pero no estamos más cerca de mantener a nadie seguro de lo que estábamos en 1075 aC, cuando la ley asiria dictaba que las rameras que usaran velos serían sometidas a cincuenta latigazos y se les echaría alquitrán hirviendo sobre su cabeza. La razón de esta ley en particular era que ninguna “esposa e hija” fuera confundida con una trabajadora sexual consensual y, como consecuencia de esa confusión, fuera víctima de abusos sexuales.

La semana pasada, el Senado vertió otro cubo metafórico de alquitrán sobre las cabezas de las trabajadoras sexuales estadounidenses en un esfuerzo por detener el abuso sexual de las mujeres forzadas a la prostitución. La polémica Ley para Detener la Trata Sexual (SESTA) fue aprobada por un consenso por 97-2, pisándole los talones a la Ley de Lucha contra la Trata Sexual en Línea (FOSTA) que se aprobó el mes pasado. Ambos proyectos de ley ahora se dirigen al escritorio de Donald Trump para ser firmados como ley, irónicamente al mismo tiempo que una trabajadora sexual amenaza el futuro de su presidencia.

FOSTA hace que publicar u hospedar anuncios de prostitución en línea sea un delito federal y SESTA hará que los sitios web sean directamente responsables del contenido de terceros, siguiendo la teoría de que las víctimas de explotación sexual pueden demandar a sitios web por cualquier función que hayan desempañado para facilitar su abuso. Estoy segura de que todos podemos estar de acuerdo en que el abuso sexual, la explotación sexual y la trata sexual son asuntos importantes y que los perpetradores deben ser castigados con todo el peso de la ley, así como de que las víctimas de estos horribles crímenes merecen todo el apoyo disponible para ellas. . Y como todos estamos de acuerdo en que el abuso sexual es horrendo, estos actos han sido rechazados sin oposición. Pero, aquí está la cosa. Estos actos no solo no evitarán la trata sexual, sino que dañarán severamente a las trabajadoras sexuales consensuales y colocarán tanto a las trabajadoras sexuales como a las víctimas de la trata en un peligro mucho mayor que antes.

La seguridad de las trabajadoras sexuales debe preservarse

Estos proyectos de ley no establecen ninguna distinción entre las víctimas de la trata y las trabajadoras sexuales consensuales, y existen grandes diferencias entre ambas figuras. Cualquiera que sea forzada o coaccionada a ejercer la prostitución es víctima de violación y explotación sexual: no es una trabajadora sexual. Del mismo modo que si yo te obligo a hornear a punta de pistola, eso no te convierte en chef. Y sin embargo, las leyes aprobadas para prevenir la trata se aplican igualmente a las trabajadoras sexuales consensuales.

Lo que sea que tu propia brújula moral tenga que decir sobre el sexo y la venta de servicios sexuales es irrelevante para las personas que eligen el trabajo sexual, disfrutan del trabajo sexual y siguen ejerciéndolo, por mucho que tú estés segura de que tú no lo harías. La cuestión es que las personas que ejercen el trabajo sexual deben mantenerse seguras, y ahí es donde entra internet.

Por nobles que sean las intenciones detrás de SESTA-FOSTA, el proyecto de ley limitará severamente que las trabajadoras sexuales puedan usar internet para anunciar sus servicios. Anticipando las nuevas leyes, Craigslist ya eliminó por completo la sección de anuncios personales en los Estados Unidos, citando a FOSTA como el motivo. Google ha acelerado la eliminación de videos relacionados con el trabajo sexual compartidos en su Google Drive, Reddit ha eliminado todos los foros relacionados con el trabajo sexual, como Erotic Review, y Microsoft ha anunciado que ahora prohibirá el lenguaje ofensivo y la desnudez en Skype.

Las trabajadoras sexuales no solo usan internet para anunciar sus servicios. Lo usan por su seguridad. La publicidad en línea permite a las trabajadoras sexuales evaluar a sus clientes antes de juntarse con ellos. Permite a las personas trabajar en espacios cerrados e independientemente sin la necesidad de terceros (proxenetas y madams).

Los foros en línea permiten a las trabajadoras sexuales compartir información sobre los malos clientes y apoyarse mutuamente. El profesor Scott Cunningham de la Universidad Baylor ha estado investigando el trabajo sexual en línea y las correlaciones con el crimen violento durante años, y publicó sus datos en 2017. Su equipo descubrió que después de que Craigslist creara una sección de “servicios eróticos”, la tasa de homicidios femeninos en EE. UU. disminuyó en un 17 por ciento. Rastreó esta tendencia en todos los Estados que introdujeron la sección de servicios eróticos y encontró que la caída en los homicidios era constante. El motivo fue simple. Las trabajadoras sexuales pueden evaluar a sus clientes y compartir información.

Cerrar sitios no detiene el abuso

Pero más que eso, cuando se cierra foros utilizados para publicitar servicios sexuales, es mucho más difícil localizar a las víctimas de la trata. Cerrar sitios no detiene el abuso. Ninguna red de trata reconsiderará lo que está haciendo porque pueda contravenir las leyes de internet. Me senté en la audiencia en la Conferencia Internacional Prospol 2017 donde el Profesor Cunningham pronunció el discurso principal y discutió los hallazgos de su investigación. Mostró que cerrar espacios en línea no detiene la trata sexual, sino que, por el contrario, impide que las autoridades judiciales sepan dónde buscar víctimas de explotación sexual. Este hecho se ve confirmado por el trabajo de la organización benéfica con la que trabajo, Basis Yorkshire, cuyos dedicados trabajadores de apoyo escanean los foros en línea donde se ofrecen servicios sexuales para identificar a las víctimas de abuso. ¿Dónde buscan las autoridades estadounidenses a estas víctimas cuando se cierran estos foros?

Estos proyectos de ley no detendrán la trata ni abolirán el trabajo sexual voluntario: su único sentido es que la sociedad bienpensante fingirá que no está sucediendo, porque las trabajadoras sexuales ya no estarán en Reddit. Pero esta mentalidad de apartar de la vista tendrá un costo humano muy real. No solo para las víctimas de la trata que se verán escondidas en la red oscura y en las bandas clandestinas, sino también para la seguridad de quienes eligen el trabajo sexual y usan internet para evaluar a los clientes. Mirar hacia otro lado costará vidas.

Una gran cantidad de las leyes punitivas introducidas a lo largo de la historia para reprimir el trabajo sexual se han llevado a cabo bajo el lema de prevenir la explotación sexual. Cuando Enrique II promulgó leyes para regular el comercio sexual de Londres en 1161, lo hizo con el objetivo de evitar que las “mujeres libres” fueran detenidas por la fuerza y explotadas sexualmente. Pero, al hacerlo, las leyes también prohibían a las “mujeres vulgares” (trabajadoras sexuales) trabajar independientemente, casarse, ponerse delantales, quedarse embarazadas, estar enfermas, pasar la noche con un hombre y (extrañamente) trabajar en locales que vendieran pescado, pan, cerveza, madera, velas o carbón.

La putofobia de la sociedad

En 1254, el rey Luis IX de Francia ordenó la expulsión de todas las “mujeres de mala vida” de su reino y la confiscación de sus posesiones, sin conseguir otra cosa que su destitución. En 1751, la emperatriz María Teresa estableció la “Comisión de castidad” en Viena con el objetivo de suprimir el comercio sexual y salvar a las vírgenes. Las “mujeres incorregibles” fueron condenadas a trabajos forzados, latigazos y deportación.

La Ley de Enmienda a la Ley Penal de Gran Bretaña de 1885, que fue incorporada para “hacer más disposiciones para la protección de mujeres y niñas, la supresión de burdeles y otros propósitos”, fue aprobada en respuesta a la exposición sensacionalista que W.T. Stead hizo de la explotación sexual infantil en 1885. Afortunadamente, la ley elevó la edad de consentimiento a 16 años, pero también aprobó una nueva legislación más dura contra la prostitución y la recriminalizada homosexualidad . La historia está llena de esfuerzos varios para prevenir la explotación sexual mediante la abolición del trabajo sexual; ninguno de ellos ha funcionado.

Tortura, mutilación, multas, encarcelamiento, destierro, excomunión, e incluso la pena de muerte se ha desplegado en varios puntos, y ninguno ha logrado abolir el comercio sexual. Estas medidas punitivas tampoco han terminado con el abuso sexual. Todo lo que sucede es que las trabajadoras sexuales voluntarias se ven obligadas a trabajar en condiciones peligrosas y además son estigmatizadas por lo que hacen.

Cualquiera que sea la posición moral de cada uno sobre la venta de servicios sexuales, seguramente todos podemos estar de acuerdo en que aprobar leyes que pongan en peligro a quienes eligen vender sexo es profundamente defectuoso. También es sintomático de una sociedad que es tan putofóbica que sencillamente no nos importe si las trabajadoras sexuales están a salvo, siempre y cuando no tengamos que verlas. Según la Organización Internacional del Trabajo, hay al menos 52,6 millones de hombres y mujeres, y 7,4 millones de niños, traficados en todo el mundo para trabajar en la esclavitud doméstica. Y, sin embargo, no ha habido restricciones en varios sitios web y aplicaciones que facilitan el trabajo manual o los servicios de limpieza. ¿Por qué? Porque todos reconocemos que hacerlo dañaría las condiciones laborales de las personas que trabajan felizmente en el servicio doméstico y haría poco por proteger a las explotadas.

La trata sexual y el abuso sexual deben abordarse de frente y deben hacerse todos los esfuerzos posibles para erradicarlos. Pero esto solo se logrará trabajando con las trabajadoras sexuales, no alejando a quienes más lo necesitan de la ayuda y forzando al trabajo sexual consentido a pasar a la clandestinidad. Es una lección de la historia que parece que está costando un tiempo dolorosamente largo aprender.

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