Paula Ezquerra: «Hablar de esclavitud solo en el trabajo sexual es un tema moral»

 

 

Por NEREA GOTI

BILBO

22 de septiembre de 2018

https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2018-09-22/hemeroteca_articles/hablar-de-esclavitud-solo-en-el-trabajo-sexual-es-un-tema-moral

 

 

PAULA EZKERRA

TRABAJADORA SEXUAL

Paula Ezkerra es trabajadora sexual, activista feminista pro derechos de las trabajadoras sexuales e integrante de la Unión Sindical de Trabajo Sexual, de la que fue una de las fundadoras, dentro de la Intersindical Alternativa de Catalunya.

 


SISTEMA

«Si dentro del capitalismo ya no existen derechos reales para las personas, si hay una esclavitud encubierta, imagínate para las que no estamos reconocidas»

 

MODELO


«Nosotras vamos a trabajar con mujeres que trabajan para terceros, este tema lo tenemos en la agenda, pero sobre todo vamos a apostar por construir una economía colaborativa, cooperativista, con conciencia feminista y de clase»

 

 

¿Acceder a los servicios de una trabajadora sexual es un ejercicio de dominación, de violencia, o es posible una relación de igual a igual mediante una transacción económica?

En todos los aspectos sociales donde las mujeres nos relacionamos con los hombres está el sistema patriarcal, en la relación que tenemos hombres y mujeres, aunque vayamos cambiando, aunque vayamos avanzando, aunque las mujeres nos vayamos empoderando, y lo mismo los hombres; los hombres se resisten más porque es una cuestión de renuncia de poder. Diría, incluso, que detenta mucho más poder una trabajadora sexual consciente, con experiencia en su trabajo, porque la que detenta el poder, por decirlo de alguna manera, a la hora de la relación pactada por dinero es la trabajadora, porque no es quien tiene la necesidad de pagar, que es en sí mismo un símbolo de debilidad; no hay una conquista per se, sino que ha tenido que pagar. En ese sentido, nosotras somos las que tenemos el poder, las que pactamos y contratamos de palabra lo que vamos o no vamos a hacer. Ahora bien, justamente por el análisis que hacía antes, algunas personas consideran que por ser hombres tienen algunos derechos, o porque nosotras somos trabajadores sexuales o porque llevamos un estigma, ahí sí alguna vez te puedes encontrar algún conflicto. Pero son ellos los que nos llegan tímidamente a coger un servicio, algunos no tan tímidamente, pero en general son ellos quienes saben que están en situación de desventaja.

 

¿Es la realidad más salvaje (explotación, esclavitud, trata…) lo que está en el centro del debate o lo que lo enturbia?

Hay un malentendido o, al menos, un desacuerdo. Tanto el movimiento abolicionista como el movimiento pro derechos tenemos una ruta común de trabajo en contra de la trata y de la esclavitud de las personas, pero querer solo hablar de la esclavitud en el trabajo sexual es absolutamente una cuestión moral, porque esclavitud hay en muchos otros trabajos; también entre las mujeres trabajadoras en la industria textil o en lo que pasa con las recogedoras de fresas en Huelva… Eso es esclavitud, explotación laboral o como quieras llamarlo, sumado a violencia sexual.

En el caso de las mujeres, la cuestión del poder sexual también está en la pareja. Querer achacarnos esa realidad solo a la trabajadoras sexuales es un ejercicio imprudente para poder avanzar conjuntamente. No soy de las que cree que las abolicionistas son nuestras enemigas. Creo realmente que tenemos que sentarnos, hablarnos, que nos tienen que escuchar, no castigarnos ni directa ni indirectamente; es decir, no perseguir a nuestros clientes porque son nuestra fuente económica de supervivencia. Si persiguen a nuestros clientes persiguen a nuestra economía y aumenta nuestro estigma, porque les están dando un mensaje de que nosotras somos víctimas, somos débiles, somos vulnerables. Nada más lejos de la realidad: lo que nosotras estamos es vulneradas, lo que a nosotras nos pasa es que nos ponen en situaciones de vulnerabilidad, porque no reconocen nuestra voz como una voz autónoma, una voz de poder, de decisión, sino que nos toman como niñas. Es una manera de infantilizarnos, de decirnos lo que está bien y lo que está mal y no entiendo por qué, porque solo las trabajadoras sexuales entendemos nuestro oficio; estamos dentro y rompemos con la atadura moral esa de que la sexualidad tiene que venir acompañada de cariño, de cuidados… Cuando nosotras rompemos todo eso dentro del trabajo y nos damos cuenta del poder que detentamos, se le da la vuelta a la tortilla.

Las abolicionistas, normalmente, cuando trabajan con trabajadoras sexuales lo hacen desde la base del estigma, de forma que tú para beneficiarte de alguna ayuda o de algún servicio del Estado o de papeleo tienes que aceptar esta situación de víctima para poder avanzar y tienes que mentir: no puedes decir que estás orgullosa de ser trabajadora sexual. Creo que tenemos que hacer un ejercicio de sinceridad, sentarnos a hablar, ver qué podemos hacer al margen de la pérdida de tiempo de este debate de la abolición, de «no te percibo a ti, percibo a tu cliente»… No salimos de esto, no ayudamos a las mujeres en situación de trata y no apoyamos a las mujeres que se dedican al trabajo sexual con plena conciencia y por decisión propia.

 

«Nosotras necesitamos derechos, cada experiencia es respetable y única», dicen ustedes. ¿Es en esos parámetros en los que debe entenderse la libertad de las mujeres de trabajar en la prostitución y la necesidad de que se protejan sus derechos?

Claro, porque es el derecho del reconocimiento de trabajadora, frente a ese imaginario que hay de que las mujeres no trabajamos: de que cuando cuidamos no trabajamos, cuando amamos no trabajamos, en el matrimonio no trabajamos, sino que es parte per se del amor que viene en la pareja. Ese es el engaño del capitalismo, nos ha situado como personas no productivas para la sociedad y, sin embargo, toda la sociedad se basa en la producción y el trabajo básico de las mujeres. ¿Y en el trabajo sexual? Necesitamos ese reconocimiento. La sociedad va avanzando, las mujeres son más autónomas, independientes, algunas ya nos planteamos no tener pareja, o no al menos en la manera tradicional. Las trabajadoras sexuales ya asumimos de hecho que somos autónomas, independientes, pero esa independencia nos cuesta la parte legal, el no acceder a la salud, porque necesitas cotizar, necesitas de alguna manera ser reconocidas como trabajadoras, no podemos alquilar porque no tenemos nóminas… Hay que entender que tenemos que tener los mismos derechos o, como digo yo, pringar de la misma manera. Si dentro del capitalismo ya no existen derechos reales para las personas, si hay una esclavitud encubierta, si esta sociedad ya niega derechos a quienes están reconocidas laboralmente, imagínate para las que no estamos reconocidas legalmente y además estamos estigmatizadas por él.

El paso lógico es el reconocimiento. No hablamos de la regulación como en Alemania u Holanda, sino de aprovechar que en el Estado español tenemos un lienzo en blanco para construir algo que no solo beneficie a las trabajadoras sexuales, sino que rompa con el estigma puta y que haga una norma visible de lo que es el trabajo y el derecho laboral. Nosotras vamos a trabajar con mujeres que trabajan para terceros, este tema lo tenemos en la agenda, pero sobre todo vamos a apostar por construir una economía colaborativa, cooperativista, con conciencia feminista y de clase. Esa es la apuesta de la Intersindical de Catalunya.

 

En este debate, una de las cuestiones que está sobre la mesa es precisamente la cuestión del control sobre el medio de producción y cómo articular relaciones laborales.

En ese caso estamos hablando de trabajo para terceros. Lo que no queremos es que se repitan esos modelos europeos donde solo se beneficia el empresario. Queremos blindar al máximo a las trabajadoras sexuales que decidan trabajar para terceros. Somos novatas en esto, estamos aprendiendo, pero en todo caso vamos a trabajar para intentar blindar al máximo los derechos: las condiciones lógicas para cualquier trabajadora, como el derecho al paro, a la maternidad, a tomarse días, al descanso cada ciertas horas, a no ser obligada a trabajar en algo que te genere un conflicto personal o la obligación de un servicio que a ti no te apetezca… La cuestión es blindar todo eso al máximo pensando en colaborar con una sociedad y con una reflexión diferente dentro del sistema capitalista, pero asegurando los derechos de las trabajadoras sexuales. Va a ser una lucha dantesca, porque entendemos que los empresarios no van a permitir que lleguemos y empecemos a reclamar. Ahí sí que necesitaremos toda la tracción de las feministas abolicionistas, que estén con nosotras, porque ellas tienen el poder hegemónico y político. Ahí es donde les invitamos a trabajar conjuntamente contra la trata y a favor de nuestros derechos.

 

¿Qué opina sobre el papel de los sindicatos, que también se ha colado en este debate sobre todo tras la creación de Otras? ¿Son mecanismos de protección de las mujeres o hay organizaciones que actúan en favor de los empresarios?

Nosotras lo hicimos antes y nadie dijo nada. Hay diferentes sindicatos, yo puedo hablar del mío. Creo que es verdad que hay sindicatos que favorecen a los empresarios, no sé si es el caso de Otras ni me interesa. Me va a interesar un determinado sindicato en el momento que tengamos que trabajar conjuntamente sobre derechos laborales de las trabajadoras sexuales. No sé si este sindicato está en la misma corriente que nosotras, no he hablado con ellas, pero si está en la misma corriente va a encontrar en nosotras un sindicato fuerte que va a trabajar para blindar los derechos de las trabajadoras, va a encontrar en nosotras aliadas. Nuestra acción sindical lo que jamás hará es beneficiar a los empresarios. Ahí están, si quieren leerse, los estatutos y puede verse a lo que me refiero. Nosotras somos un sindicato de izquierdas, clase obrera, anticapitalista y con conciencia feminista, y quienes quieran afiliarse en este sindicato tendrán que cumplir con esta corriente política. Llevamos 15 años trabajando, 15 años de trabajo duro, limpio, mano a mano, codo a codo con activistas feministas, anarquistas, gente de barrio, con los políticos…

 

¿Cuáles son los pasos que deberían darse? ¿Hay algún modelo en el que se fijen?

El único modelo que creemos parecido a lo que queremos crear en el Estado español es el de Nueva Zelanda, un modelo emergente de los movimientos de trabajadoras sexuales que no tiene que ver con los tres antiguos modelos políticos existentes: prohibicionista, abolicionista y regulacionista. Nosotras no encajamos en ninguno de estos tres modelos. De hecho, el movimiento internacional de trabajadoras sexuales ya plantea en 2006, en el Encuentro Internacional del Trabajo Sexual, avanzar en un modelo que se llama pro derecho al trabajo sexual, que es un modelo donde se habla sobre el reconocimiento del trabajo sexual pensando en las necesidades específicas de este colectivo en cada ciudad; es decir, cada ciudad debería tener en cuenta las necesidades y las recomendaciones de sus trabajadoras sexuales para desarrollar un modelo de derechos, de reconocimiento del trabajo. Sería lo lógico. Digamos que, si estamos en Barcelona, las compañeras de allí seamos las que tengamos que decir cómo queremos interactuar con la comunidad para que blinden nuestros derechos. Por ejemplo, en el caso del espacio público, hablar con los vecinos, ver qué les molesta, avanzar en eso, en cosas que pasan. Eso, en la calle. En los pisos, ver la manera de tener un acceso, ver cómo hacemos si tenemos una situación de violencia, poder llamar sin tener miedo a que nos denuncien… De este tipo de cosas y más cuestiones de derechos laborales hablamos, no de los de los empresarios.

 

¿Cómo ve el debate dentro del movimiento feminista? ¿Cuáles cree que son los puntos de encuentro y cuáles los elementos enfrentados?

A nivel mediático, quien tiene el poder ahora es el feminismo hegemónico, del que no solamente las trabajadoras sexuales sino otras muchas rompimos hace ya muchos años. Nada tiene que ver el movimiento feminista hegemónico con el surgimiento del 8M. Es verdad que se escucha en los medios «soy abolicionista y esto no se va a permitir», como a la ministra, pero esto es una falta de respeto hacia las mujeres: primero, niega la capacidad de unas personas a ejercer el trabajo sexual y, luego, transmite que es más importante tapar la boca a unas señoras que luchan por sus derechos que reconocer que en el Estado español estamos sufriendo unas violencias terribles, como el caso de “La Manada”, el de Juana Rivas y tantos otros. Decir que unas putas se hayan organizado es más lo más terrible, más que una violación de una niña de 18 años entre cinco hombres, un caso por el que todo un país se divide, es para dimitir ayer.

Hay muchísimos puntos de encuentro desde los que avanzar. El primero, la propia autonomía de mi cuerpo es mío y hago lo que quiero con este cuerpo. Lo tenemos todo para trabajar conjuntamente. No es verdad que haya un movimiento enorme de abolicionistas, aunque lo cierto es que dentro del movimiento abolicionista tienen más poder político y mediático. En el día a día, en las charlas y en los debates, me siento acompañada y siento que hay un cambio en todo el mundo en pos de quitar el estigma existente sobre la prostitución y de dotar de derechos y reconocer derechos a las personas que no tienen derechos.

 

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Nace OTRAS, el sindicato para todas las trabajadoras sexuales

 

Por Juan Navarro

21 de septiembre de 2018

http://sexomandamiento.es/2018/09/21/otras-sindicato-trabajadoras-sexuales/

 

 

“11:56: las putas somos muy puntuales”. Las trabajadoras sexuales se han reunido y, con tanta puntualidad como ganas de expresarse, exclamaron que ya no van a permitir que las callen. El sindicato OTRAS (Organización de TRAbajadoras Sexuales) aparece en España con la voluntad de defender a las trabajadoras sexuales y proclamar los derechos que se les niega por el oficio que desempeñan.

La asociación busca reivindicar que el trabajo sexual es trabajo y, por tanto, merece las mismas condiciones laborales que cualquier otro empleo. Para ello es fundamental aclarar que no solo las prostitutas son trabajadoras sexuales, sino que OTRAS también acoge a todas las personas cuya actividad gira en torno al sexo, desde la pornografía a webcammers o masajistas.

 

“Venimos a exigir nuestros derechos y luchar contra ordenanzas municipales que nos han hecho más vulnerables impidiendo nuestra organización […]. Se vulneran todos los derechos laborales de las personas, principalmente mujeres pero también hombres, que ejercen trabajo sexual en locales, pisos, clubes, shows y otros espacios cerrados donde se da una relación laboral entre empresa y trabajadoras, aunque solo ellas tienen obligaciones”, reza el manifiesto fundacional.

Una de las principales consignas es que el escenario beneficia al empresariado “en una industria patriarcal“. Para combatirlo se han juntado mujeres que se definen como guerreras, de toda procedencia, y empoderadas para mejorar las condiciones del trabajo sexual. No faltó el recuerdo para Vanesa Campos, trabajadora sexual migrante y transexual asesinada en París mientras ejercía su profesión.

 

 OTRAS, defensa de trabajadoras sexuales

La rueda de prensa, celebrada en la sede madrileña de COGAM (Colectivo de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Madrid) refleja la evolución y visibilización del sexo y su mundo en el panorama mediático. Allí se dieron cita medios nacionales, cámaras, periodistas, fotógrafos y grabadoras para recoger “una lucha que no es nueva, pero la revolución puta sí lo es“, tal y como OTRAS quiso contextualizar su labor.

Desde esa sala subterránea en la que en otros tiempos no hubiera sido permitido hablar de la industria sexual en voz de personas transexuales o prostitutas se lanzó un mensaje claro en contra del abolicionismo: “las putas, unidas, jamás abolidas”. Una consigna clara expresada fue la oposición a las posturas que pretenden abolir la prostitución y a un “rancio feminismo abolicionista que no comprendemos. Para nosotras es tan nocivo como la patronal que explota a trabajadoras y trabajadores”.

La convocatoria, conducida por Concha Borrell, Secretaria General; y Sabrina Sánchez, Secretaria de organización, mostró la visión de varios perfiles de trabajadoras sexuales. Allí estuvieron Evelin Rochell, prostituta y en litigio con el club Flowers por sus condiciones laborales; Juan, representante del sindicato francés STRASS; la activista y pornógrafa Anneke Necro; Iris, prostituta, activista del colectivo Hetaira y representante de putas del polígono madrileño de Villaverde; Luigi, acompañante sexual y transformista; y Kali, performer sexual y colaboradora de la directora de porno feminista Erika Lust.

 

Los enemigos no son nuestros clientes

 

El contexto legislativo es una de las grandes preocupaciones de este sindicato, especialmente las medidas orientadas al abolicionismo. Juan, trabajador sexual colombiano y afincado en Francia, alerta del peligro que tiene para su gremio instaurar estas políticas, cuyos efectos en el panorama francés tras introducirlas desde Suecia han sido “reducir el nivel de denuncia, pues las autoridades no protegen”.

 

Para él, las instituciones son protagonistas fundamentales de la marginalidad y problemas que sufren las trabajadoras sexuales: “la violencia la ejerce el Estado a través de políticas públicas y no el cliente. En Francia no se ocupan de nosotros ni de nuestra salud, especialmente con los migrantes: nos dicen que vayamos a tratarnos a nuestros países, donde tenemos tratamientos de primera generación cuando aquí están por la quinta”.

OTRAS se constituye como “la segunda experiencia europea de sindicación de trabajo sexual ante una situación nacional, europea y global de violencia“. El colectivo recoge el testigo del sindicato francés STRASS que, en palabras de Juan, “acoge a más de 2.000 personas para facilitar un seguro médico más barato, programas de protección ante violencias de grupos organizados y falsos clientes con el apoyo de Médicos del mundo, programas de defensa, apoyo artístico, acompañamiento jurídico e incluso asilo”.

Los poderes públicos y partidos políticos recibieron especial crítica por el escaso interés e implicación mostrado hacia la asociación. Asimismo, los sindicatos mayoritarios tampoco han prestado su apoyo, “tan solo CGT nos ha escuchado en ciertas áreas”. Los medios de comunicación, por su parte, también han cosechado críticas hacia el rigor y la seriedad con la que tratan el sexo, la prostitución y el trabajo sexual.

 

“Gracias al feminismo en las trabajadoras sexuales busco igualar los privilegios que tenemos los hombres, y es que muchos hombres no damos la cara ante esta realidad. El abolicionismo lo entiendo como violencia de género“, afirma Luigi. “Buscamos espacios para no molestar y no ser molestados y no tener que recurrir a escondernos, donde somos más débiles”, añade. Que esta sea una de las pocas profesiones que aún lleva el dinero encima los convierte, reclaman, en todavía más débiles frente a abusos y ataques.

La pornografía juega un papel clave en el trabajo sexual, pues son muchas las personas que se dedican a ellas. Anneke Necro reclama “un marco legal para denunciar, protocolos sobre cómo se trabaja en un set de rodaje, controles más avanzados contra las ETS; en otros países las pruebas son gratuitas y más fiables. Hace falta una estrategia porque nuestra situación es extremadamente complicada, un desastre, porque estamos a merced de directores o productores. También hay feminismo en el porno“.

Las trabajadoras sexuales agrupadas en OTRAS exigen también un cambio en la visión social y una lucha contra el estigma, ya que “reconocer este trabajo ayudará a dignificar el trabajo y sus condiciones“. “Detrás de nosotras hay familias, hijos, abuelos, padres y madres… no somos delincuentes”, expresa Sabrina Sánchez.

Tras una hora de reivindicación, petición de derechos y respuesta a las preguntas de los periodistas, OTRAS quiso concluir su presentación con un lema que resume totalmente la filosofía de un proyecto de todas para todas: “¡Las putas, unidas, jamás serán vencidas! y un “¡Somos putas, somos listas, somos putas feministas!” que no van a parar de gritar.

Las trabajadoras sexuales desempeñamos un papel vital en la sociedad, no nos conviertan en criminales

 

Por Cathy Keen

Gerente de la Comunidad y Eventos en Feeld.co

18 de septiembre de 2018

Sex workers play a vital role in society, don’t make us criminals

 

“Siempre me sentí valorada y respetada por mis clientes y aquellos con los que trabajé”. (Foto: Feeld)

 

 

Cuando escucho hablar sobre el trabajo sexual, a menudo es a través del prisma de la negatividad. La narrativa actual ignora a aquellas que deciden hacer trabajo sexual y lo disfrutan.

Gente como yo.

Hice mi primera lap dance en 1999.

Lo que inicialmente parecía una forma rápida y sencilla de financiar la vida estudiantil, pronto se convirtió en una auténtica carrera, que duró 16 años.

Previamente, había visto mi feminidad como una debilidad o algo que debería ser reprimido.

En el club de striptease, era mi poder; mi fuente de creatividad y una forma de definir mi autonomia sexual.

Claro que hubo días malos —qué trabajo no tiene sus altibajos— pero esencialmente mi experiencia como stripper fue positiva.

Poco después de comenzar el trabajo, me di cuenta de que la forma en que el striptease es empaquetado y promovido por aquellos que se benefician de él no refleja la realidad del trabajo.

Las imágenes de cartel de cuerpos femeninos desnudos que se muestran en poses sumisas y sexuales retrata a las trabajadoras como objetos físicos.

La verdad es que aunque quitarte la ropa es parte del trabajo, también tienes que ser una criatura intuitiva, emocionalmente inteligente que pueda escuchar, absorber, calmar y aconsejar a los clientes sobre las cosas que revelan en privado.

Me decepciona que las trabajadoras y quienes utilizan sus servicios sean demonizados de tal manera, especialmente cuando el trabajo sexual es una parte tan generalizada e integral de la sociedad.

A menudo, las trabajadoras sexuales son confidentes respetadas, por lo que el trabajo sexual es una de las formas más aceptables de terapia para los profesionales estresados.

Cuando trabajé en esta capacidad, siempre me sentí valorada y respetada por mis clientes y aquellos con los que trabajé.

Mantengo la compañía de muchos tipos diferentes de trabajadoras sexuales, incluyendo prostitutas, chicas cam y pro-dommes, y la mayoría está de acuerdo en que todos los clientes quieren lo mismo: un espacio privado para expresarse honestamente donde alguien más puede controlar su existencia por un tiempo.

Creo que este tipo de “recreación” es vital para todas las personas.

Muchos clientes están luchando emocionalmente porque han perdido a seres queridos, están pasando por problemas de relación o trabajo, o están teniendo algún tipo de crisis de identidad y necesitan un punto de vista de terceros sobre la vida por parte de alguien en quien confían.

Quieren un espacio donde puedan ser ellos mismos y enfocarse en sus propias necesidades sin crear consecuencias en sus vidas personales o profesionales.

 

En contraste con las historias antiguas de “diosas” sexuales, el trabajo sexual hoy en día a menudo se despoja de cualquier conexión emocional y se reduce a un acto físico y falocéntrico que se ha vuelto tóxico y demonizado como resultado.

 

Un poco de investigación ligera sobre el origen de la prostitución sugiere que las trabajadoras sexuales tradicionalmente desempeñaban un papel similar.

Hace aproximadamente 5.000 años, las trabajadoras sexuales ocuparon los templos de Mesopotamia como “diosas”, exaltadas como sanadoras espirituales y terapeutas sexuales sagradas que eran capaces de sanar las heridas emocionales y físicas de aquellos que habían sufrido un trauma.

El servicio sexual era visto como un don divino y espiritual, y el dinero se intercambiaba libremente a cambio de estos servicios. Las trabajadoras sexuales fueron apreciadas y respetadas. También hay relatos de trabajadores sexuales masculinos que operaban en la misma capacidad.

En contraste con las historias antiguas de “diosas” sexuales, el trabajo sexual hoy en día a menudo se despoja de cualquier conexión emocional y se reduce a un acto físico y falocéntrico que se ha vuelto tóxico y demonizado como resultado.

Con frecuencia los clientes faltan al respeto a las trabajadoras por elegir hacer un trabajo tan reductivo, y las trabajadoras faltan al respeto a los clientes por reducirlas a una mercancía física.

El dinero es lo único que sustenta este tipo de intercambio, lo que en mi experiencia fomenta comportamientos y relaciones poco saludables.

La criminalización del trabajo sexual aumenta aún más este estigma y deja a las trabajadoras y a los clientes sin poder para denunciar los malos tratos que se producen dentro de la industria.

Apoyo totalmente la despenalización de la industria del sexo. Para las trabajadoras vulnerables que no tienen otra opción de empleo, la despenalización podría mejorar las condiciones y el nivel de apoyo disponible. Y para aquellas de nosotras que optamos por hacer el trabajo sexual, sin duda nos daría más derechos, validaríamos el trabajo sexual como trabajo y nos brindaría el respeto que merecemos.

Respeto por el derecho de la trabajadora sexual a elegir hacer lo que quiera con su cuerpo.

Respeto por los clientes y sus necesidades sexuales, más las razones que están detrás de esas necesidades.

Respeto por los cuerpos y las mentes de las trabajadoras sexuales; por el trabajo emocional y físico requerido.

Respeto a los derechos de todas las trabajadoras sexuales y sus clientes a tener libertad de expresión sobre sus experiencias sin temor a represalias o juicio.

Respeto a sí mismos para aquellos que eligen ofrecer o usar servicios sexuales.

Me encantaría ver una representación más positiva del trabajo sexual en los medios dominantes. Lamentablemente, la experiencia de trabajo sexual a menudo se usa como arma contra cualquier persona a la vista del público.

La aparición de Meghan Barton Hanson en Love Island de este año provocó una ola de “avergonzamiento de puta” porque anteriormente trabajó como stripper.

La respuesta predeterminada a historias como esta es juzgar a una mujer sobre su historia sexual y pintarla negativamente por eso.

Lily Allen también fue avergonzada recientemente por buscar los servicios de trabajadoras sexuales durante su gira, citando la soledad como una de las razones de su decisión, cuando seguramente su respuesta honesta resuena en todos nosotros.

Afortunadamente, la comunicación a través de las plataformas de medios sociales está allanando el camino para que las nuevas ideas sobre el trabajo sexual florezcan. Las redes sociales también han permitido que las trabajadoras sexuales se unan y se organicen en espacios sexualmente positivos donde pueden trabajar juntas para que sus voces puedan escucharse.

Tal vez este sea el catalizador para un cambio en las actitudes y, lo más importante, un cambio en la legislación.

Sería genial ver el trabajo sexual despenalizado y redefinido como una profesión digna y respetada, que realmente ofrece una valiosa contribución a la sociedad.

 

Cathy Keen es la Community & Events Manager de Feeld. Su próximo evento es el miércoles 3 de octubre con Janet Hardy, coautora de ‘The Ethical Slut’.

La viuda que se hizo prostituta para “salvar” a su familia

 

Por Lucas de la Cal

Melilla

18 de septiembre de 2018

http://www.elmundo.es/cronica/2018/09/18/5ba0f73922601df4278b465d.html

 

 

  • Ouma cruza a diario la frontera entre España y Marruecos en Melilla para vender su cuerpo. Su familia se piensa que cuida a un anciano en las noches
  • Gana al mes entre 1.000 y 2.000 euros. “Lo hago porque quiero. He tenido ocasión de salir de este mundo y he visto que no me compensa…”
  • Hay decenas de trabajadoras sexuales marroquíes como Ozuna. Detrás de algunas ellas hay mafias que las reclutan y las obligan a prostituirse

 

Ouma suspira y asiente. Mira siempre a los ojos. Tira el chicle y saca un cigarrillo. Pide fuego. Sonríe. Acepta contar su historia a cambio de bautizarla con el nombre de su gata. Y de no escribir un relato lacrimógeno. «No quiero que nadie sienta pena por mí. Estoy cansada de eso. Todo lo que hago es porque quiero. He tenido ocasión de salir de este mundo y me he dado cuenta de que no me compensa».

Medianoche. Melilla. La lluvia se aproxima desde el oeste. En el parque frente al Palacio de la Asamblea, sentada en uno de los bancos esperando a que un cliente la venga a buscar, Ouma se whatsappea con su hermana. Le pregunta que si sus hijos ya están durmiendo. «Mi familia se piensa que cruzo todas las tardes a Melilla para cuidar a un anciano. Y que me quedo a su cargo hasta por la mañana. O, por lo menos, es lo que quieren creer. Aunque, muy en el fondo, creo que saben la verdad. ¿Te imaginas que vergüenza para mi padre? ¿Lo qué le dirían los vecinos y amigos? No podría salir de casa. El Marruecos pobre no perdona». Ouma pide soledad. Su cita de pago se acerca. Pero antes pregunta, algo inquieta, qué es lo que se va a contar de ella.

P.-La historia de una niña marroquí de 14 años casada en un matrimonio forzoso. La de una joven que se queda viuda a los 21. La de una mujer que cruza a diario a España para prostituirse. Y que después vuelve a su país, se quita los vaqueros, la camiseta ajustada, y se pone la chilaba y el hiyab… y que hace todo eso para mantener a sus dos hijos de 10 y 11 años.

R.- Y a mi padre y a mis cuatro hermanas. Ellas estarían en la calle y he conseguido que estudien. Pero no quiero hablar de mi familia. No estoy orgullosa de lo que hago, pero tampoco me arrepiento.

P.- También has trabajado de camarera y limpiando oficinas.

R.- Sí, por 400 euros. Y llevando mantas a Marruecos (porteadora) por menos de nada. Con esto hay meses que me saco 2.000 euros.

P.- ¿Qué tal el verano?

R.- He estado en Saidia (localidad al nordeste de Marruecos, llamada la «Perla Azul» o el «Caribe marroquí», que se ha convertido en el nuevo peregrinaje de lujo dentro del reino alauí). Ahora van a veranear allí todos los ricos. Y hay mucho trabajo. Con lo que me he sacado puedo vivir unos meses tranquila.

Ouma tiene 28 años. Aunque aparenta muchos menos. Su vida de día está en suelo marroquí, en Selouane, una pequeña aldea a 23 kilómetros del paso fronterizo de Beni Enzar. Su marido murió hace siete años por una infección en los pies. Su madre lo hizo un año después de una pulmonía. «Entonces yo era joven y no sabía cómo funcionaban las cosas. Hoy nunca hubiera permitido que murieran por cosas que se curan con dinero en Marruecos y con permisos en España», asegura Ouma.

En las fronteras sur de Europa (Ceuta y Melilla), hay miles de mujeres, la mayoría invisibles a ojos de las administraciones y de sus leyes, que hacen a diario un viaje de ida y vuelta desde Marruecos. Más allá de las porteadoras que cargan 60 kilos de bultos a sus espaldas y de las muchachas (como se conoce a las empleadas domésticas marroquíes), el otro rostro femenino lo protagonizan las prostitutas transfronterizas.

Aquí entra el perfil de Ouma: mujer marroquí que cruza a diario de la región de Nador a Melilla para prostituirse. Contamos su historia justo en el momento que el debate de la prostitución está en el candelero: primero con la creación del sindicato de prostitutas que pasó por encima de la ministra Magdalena Valerio y que provocó la dimisión de directora general de Trabajo, Concepción Pascual. Y ahora con la postura del ejecutivo de Pedro Sánchez que pretende, inspirados en el modelo abolicionista sueco, perseguir a los clientes para proteger a las víctimas de trata y explotación sexual. Aunque algunas mujeres como Ouma insisten en que lo que hacen es por su propia voluntad. Y temen que se persiga a sus clientes. «La desgracia me ha empujado a llevar esta vida. Pero yo lo he elegido y con mi cuerpo hago lo que quiero», afirma la marroquí.

El año pasado, la ONG Melilla Acoge, publicó un informe en el que hablaba de que había alrededor de 1.000 mujeres ejerciendo la prostitución en las calles, en locales y en casas. La mayoría de estas mujeres que atiende el colectivo pasan el día en el barrio del Real, algo que no hace gracia a los vecinos. Otras se reparten por turnos, de día y de noche, por las calles del centro de la ciudad. Y luego están las más jóvenes, que muchas cruzan a Melilla únicamente si el cliente las ha contactado por teléfono previamente.

«Llevamos trabajando con estas mujeres desde el año 2006, cuando creamos el centro COPIEM (Centro de Orientación, Prevención e Información de Enfermedades Emergentes) donde pueden acudir a realizar cualquier tipo de consulta relacionada con el VIH y demás enfermedades de transmisión sexual. También les damos clases de lengua, cultura española, actividades formativas y atención psicológica. En estos años hemos trabajado con unas 900 mujeres», explica Isabel Torrente, coordinadora de programas de Melilla Acoge. Actualmente prestan atención personalizada a 200 marroquíes. «Al contrario de lo que ocurría hace unos años, que muchas de ellas vivían en la ciudad, a día de hoy la mayoría son divorciadas que viven en Marruecos y pasan a trabajar a Melilla», sentencia Isabel.

«He conocido a muchas de estas mujeres que han conseguido hasta los visados para ir a la Península. Han ido hasta Málaga o Barcelona, pero luego siempre acababan volviendo porque decían que allí todas tienen a sus chulos que las explotan y que tienen que ir semidesnudas. Aquí están más seguras», explica el dueño de uno de los hostales donde estas mujeres tienen a diario relaciones sexuales con sus clientes. De los 30 euros que cobran de media por el servicio, cinco van para el «alquiler por hora» de una habitación en el hostal. «Antes de la crisis ninguna cobraba menos de 40 euros por servicio. Hoy las hay que por 10 euros se van con cualquiera en el coche. Aun así, siempre que hablo con ellas me cuentan que no lo van a dejar porque ganan más dinero que si estuvieran de camareras. Aunque no conozco a ninguna que haya contado a su familia a que se dedica realmente. Sería una vergüenza para ellos».

El regente del hostal dice que en Melilla no hay proxenetas que exploten a estas mujeres. Ouma, la prostituta viuda, también lo niega. «Trabajamos por nuestra cuenta. No debemos dinero a nadie», sentencia. Aunque no es del todo cierto lo que dice.

A principios de febrero, la Guardia Civil desarticuló una red que prostituía a mujeres marroquíes, algunas menores de edad, a las que tenían «en régimen de semiesclavitud» en dos pisos que usaban como locales de alterne. Cuatro personas fueron detenidas. Reclutaban a las mujeres en las aldeas rurales del norte de Marruecos y las engañaban con la promesa de un trabajo en Melilla. Un mes antes, en la ciudad colindante de Nador, la policía marroquí también desarticuló otra red que introducía a mujeres en la ciudad autónoma para explotarlas sexualmente. Todos los años, tanto la policía española como la marroquí, llevan acabo alguna operación contra la trata de estas mujeres.

Sobre las 10:00 de la mañana, como de costumbre, Ouma llama a su taxista de confianza para que la deje en la frontera. Cruzará a Marruecos y se reunirá con su familia. Al día siguiente todo seguirá igual. Es la vida de una prostituta transfronteriza.

 

15 cosas que deberías saber antes de estar en contra de la gestación subrogada  

 

 ¿Nosotras parimos, nosotras decidimos?

Bueno, al menos que el feminismo hegemónico y Papi-Estado te lo impida. Las mujeres que desean gestar para terceros no obligan a quienes no quieren a hacerlo. En cambio, las mujeres que pretenden censurar el derecho a decidir de las mujeres sí bloquean la libertad de las otras para decidir qué hacer con su útero, con su cuerpo.

Sí, de forma consciente y altruista. ¿Evoca esto al manido mito de la “libre elección” tan de moda en el feminismo hegemónico? Puede. Como puede que ese mito solamente reafirme, como sugiere Aurora González Ginzo, concejala y Secretaria general del PSOE de Ribadeo, una infantilización de las mujeres. Detrás del paternalismo existe mucho patriarcado.

 

LOOLA PÉREZ | @DoctoraGlas | Madrid |

Actualizado el 01/08/2018

https://www.lasexta.com/tribus-ocultas/artes/cosas-que-deberias-saber-antes-estar-gestacion-subrogada_20170704595c101a0cf26ceeda48b9d1.html

 

El asunto, como sabes, es controvertido. Cuesta encontrar consenso hasta dentro de las mismas formaciones políticas e ideológicas. Resulta muy curioso las extrañas alianzas que provoca. Sin ir más lejos, la Iglesia Católica, la Falange, el Foro de la Familia, Hazte Oír, Izquierda Unida, PP y PSOE se posicionan en contra.

A esos grupos hay que sumarle el Comité de Bioética de España, de ideología conservadora, que (casi en mayoría) pontifica con sus opiniones personales mientras hace creer a la ciudadanía que lo suyo es carrera científica. Por supuesto, a todos estos grupos se le une el elenco de feministas hegemónicas, que junto con voces más independientes, se organizan en No somos vasijas, la Red Contra el Alquiler de Vientres o los gallineros que en plató secunda Lidia Falcón.

El panorama, desde luego, es esperpéntico. ¿Alguien ha podido olvidar esa imagen donde un grupo de feministas increpaba a las familiasque pretendían informarse en el evento de Surrofair 2017? ¡Coño, si recordaban a las antiabortistas de hace unos años, que se reunían delante de las clínicas en las que se practicaba la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)!

Pero no sufras. Aquí traigo luz:

  1. ¿Gestación subrogada? ¿Vientres de alquiler? ¿Maternidad subrogada?

El término correcto sería gestación subrogada o gestación por sustitución, así lo repite una y otra vez asociaciones como Asociación por la Gestación Subrogada en España y Son Nuestros Hijos. La gestación subrogada es una técnica de reproducción asistida por la que una mujer decide gestar el hijo/a de otra persona o familia.

“Vientres de alquiler” es una expresión peyorativa y que puede resultar humillante para muchas mujeres al reducirla a una parte de su cuerpo. No hay mujeres que alquilan “trozos” de su cuerpo. Hay mujeres que deciden gestar para otras personas.

No podemos olvidar que, le pese a quien le pese, muchas gestantes que participan en la gestación subrogada no terminan su relación con la familia tras el parto, sino que ¡se convierten en parte de esa familia!

Por su parte, maternidad subrogada es una expresión que puede dar lugar a equívocos. La maternidad no la ejerce la gestante. Después de más de 40 años de tecnologías ‘in vitro’ ya deberíamos haber aprendido que la maternidad posee muchas dimensiones y que la vivencia de la misma no se reduce a un embarazo.

  1. ¿Se explota a mujeres?

Puede dar lugar a ello. El hecho de que se explote o no se explote a mujeres dependerá del tipo de legislación que exista y si los derechos humanos de las mujeres en el país en cuestión gozan de buena salud.

A menudo, quien está en contra de la gestación subrogada pone como ejemplo la India. La India es un país donde las vacas, consideradas sagradas, se encuentran más protegidas que las mujeres.

Así lo denunciaba recientemente en un curioso proyecto fotográfico Sujatro Ghosh. Considerando esto, podemos entender que no se trata del mejor país para ser mujer y tampoco para emprender como familia o gestante un proceso de Gestación Subrogada.

Así lo señala en su página web Interfertility, una de las empresas españolas líder en gestación subrogada: “múltiples negligencias” y violación de derechos de mujeres en situación de pobreza. Además, la India prohíbe la gestación subrogada para españoles y matrimonios homosexuales.

La otra cara de la moneda la tenemos en algunos estados de EE UU, más concretamente en California, Utah e Illinois. La legislación es clara y de fácil acceso para personas extranjeras. Sin embargo, pese a las garantías legales, el gasto económico es realmente caro: no solo contempla el proceso de gestación subrogada, sino también los seguros médicos (de la gestante y el bebé).

  1. ¿Qué perfil presenta quien demanda la gestación subrogada?

Según la revista Oxford Academic, el 80% de las parejas que la eligen son heterosexuales y solo un 20% son parejas homosexuales. VAE y Subrogalia hablan de un porcentaje muy similar: 70% de parejas hetero.

Una explicación la podríamos explicar en el siguiente hecho: la mayoría de países donde la gestación subrogada es legal impide a los homosexuales acceder a la misma. Hablamos de Georgia, Rusia, Grecia, Tailandia, Israel, Ucrania y el vecino, Portugal. En cambio, Reino Unido, Australia, Canadá, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU sí lo permiten.

Teniendo en cuenta esto, no parece muy apropiado usar términos como “gaycapitalismo” para atacar a las parejas homosexuales que han creado una familia. Puede que mediáticamente, sean muchos los famosos gays que han utilizado esta técnica para ser padres. No obstante, no son la realidad representativa.

Las razones que motivan la práctica de la gestación subrogada son la infertilidad en mujeres y los embarazos de riesgo. Otra razón común la encontramos en parejas gays y personas solteras.

  1. ¿Por qué no se puede realizar en España?

Esta técnica queda prohibida en el artículo 10 de la Ley 14/2006, de 26 de mayo sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida y no considera válidos los contratos realizados en otros países donde la gestación subrogada es legal.

  1. ¿Qué pasa entonces con los niños/as de familias españolas nacidos por gestación subrogada en otros países?

Con el objetivo de proteger al menor, se permite la inscripción en el registro civil si se ha realizado en un país donde la gestación subrogada esté permitida, si hay orden judicial y si uno de los progenitores es español. Para muchas personas, este aspecto legal evidencia la hipocresía que existe alrededor de la gestación subrogada por parte del gobierno español.

  1. ¿Formar una familia es un deseo o un derecho?

Ambas cosas. Como parte del proyecto vital, el deseo de formar una familia es recurrente. Según el Art. 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las personas tenemos derecho a fundar una familia. En ningún momento prohíbe, por ejemplo, que para crear esa familia haya que renunciar a técnicas de reproducción asistida.

De hecho, desde que se promulgó en 1988 la primera ley sobre técnicas de reproducción asistida, se reconoció el derecho de los españoles y españolas a hacer uso de esas tecnologías reproductivas.

  1. ¿Existe una gestación subrogada legal acotada en el círculo familiar?

Sí, es el caso de Brasil. La gestante debe ser un familiar de primero, segundo, tercero o cuarto grado de uno de los progenitores intencionales.

  1. ¿Condena el Parlamento Europeo la gestación subrogada?

No. El Parlamento Europeo, en la Resolución de 5 de julio de 2016, sobre la lucha contra la trata de seres humanos en las relaciones exteriores de la Unión, solo condena la gestación subrogada forzosa e insta a los gobiernos a que analicen sus políticas reproductivas.

  1. ¿La alternativa a la gestación subrogada es la adopción?

Dados los largos periodos del proceso de adopción y la prohibición de muchos países a que puedan acceder al mismo parejas homosexuales, muchas parejas eligen la gestación subrogada. Sería una buena idea presionar a los gobiernos para que agilizaran los trámites y sus políticas no fueran discriminatorias.

  1. ¿Qué modelo plantea Ciudadanos?

Se habla de un modelo de gestación subrogada altruista, de carácter similar al canadiense. Es decir, contempla una compensación a la gestante relativa a gastos del embarazo, pero no un salario.

Además, establece para la gestante una edad mínima (25 años), tener menos de 45 años, poseer nacionalidad española o ser residente legal en España, no tener antecedentes penales, haber gestado un hijo sano con anterioridad y acreditar una situación socio-económica estable que garantice unas adecuadas condiciones de salud, bienestar y seguridad. Este último punto es importante dado que descarta que la gestante acceda a participar por necesidad.

Añade, asimismo, que solo se podrá ser gestante por subrogación en dos ocasiones. En cuanto a los progenitores intencionales, establece que estos podrán acceder a la Gestación Subrogada cuando hayan agotado otros métodos o técnicas de reproducción asistida.

  1. ¿Es la Gestación Subrogada un derecho como recoge el grupo liderado por Albert Rivera?

No. Como analiza en su blog Antonia Durán Ayago, Profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad de Salamanca, hablamos de una técnica de reproducción. Si fuera un derecho, tendría que regularse por Ley Orgánica.

  1. ¿Hay posibilidades de que el grupo de Rivera pase el examen?

Es probable que el equipo naranja tenga aún que clarificar y pulir muchos puntos de su proposición de ley. Especialmente, debe dedicar sus energías a aquellos que están relacionados con la autonomía del propio cuerpo en el caso de la gestante.

  1. ¿Existe un vínculo entre feto y gestante?

A estas alturas de la vida, hablar de instinto maternal es como hablar de los Reyes Magos. Si no lo crees, lee a Orna Donath.

  1. ¿De qué sirve que personas trans o intersexuales puedan congelar óvulos y esperma si hay grupos, incluso feministas, que rechazan la regularización de los métodos que le facilitarían experimentar la maternidad y la paternidad?

De nada. Los derechos reproductivos de las personas trans e intersexuales parecen quedar en papel mojado.

  1. ¿Nosotras parimos, nosotras decidimos?

Bueno, al menos que el feminismo hegemónico y Papi-Estado te lo impida. Las mujeres que desean gestar para terceros no obligan a quienes no quieren a hacerlo. En cambio, las mujeres que pretenden censurar el derecho a decidir de las mujeres sí bloquean la libertad de las otras para decidir qué hacer con su útero, con su cuerpo.

Sí, de forma consciente y altruista. ¿Evoca esto al manido mito de la “libre elección” tan de moda en el feminismo hegemónico? Puede. Como puede que ese mito solamente reafirme, como sugiere Aurora González Ginzo, concejala y Secretaria general del PSOE de Ribadeo, una infantilización de las mujeres. Detrás del paternalismo existemucho patriarcado.

 

En Alemania, las oficinas de empleo no ofertan puestos de prostituta

 

 

Uno de los temas recurrentes de la permanente campaña de desinformación abolicionista es que, de reconocerse el carácter laboral de la prostitución ejercida a terceros, las oficinas de empleo ofertarían puestos de prostituta y quien los rechazara vería reducidos sus beneficios, como en cualquier otro trabajo; y añaden que eso es lo que ocurre en Alemania. Esta noticia de hace ya cinco años demuestra cómo esa afirmación es falsa. 

Puede obtenerse más información sobre el trabajo sexual en Alemania en este enlace:
https://elestantedelaciti.wordpress.com/?s=alemania&submit=Buscar

 

 

Una oficina de empleo se disculpa por una oferta para trabajar en un burdel

 

Ha sucedido nuevamente: un centro de trabajo alemán ha intentado ofrecer un puesto de trabajo para una mujer joven en un burdel. El trabajo consistía solo en servir bebidas, pero el tema ha reavivado el debate sobre hasta qué punto debe llegar el gobierno para que la gente se reincorpore a la fuerza de trabajo.

 

7 de febrero de 2013

http://www.spiegel.de/international/zeitgeist/outrage-after-job-center-suggests-brothel-job-for-young-woman-in-germany-a-882021.html

 

Una oficina de empleo alemana lo llama un “descuido”, pero la joven en cuestión no lo está tomando a la ligera. Una mujer de 19 años de edad, en la ciudad de Augsburgo, en el sur de Alemania, había estado buscando trabajo durante meses antes de que el centro de trabajo local administrado por el gobierno la contactara sobre un posible puesto.

Según un informe del periódico local Augsburger Allgemeine, la mujer recibió una carta del centro de trabajo el sábado, sugiriéndole que solicitara un puesto de personal de servicio en un establecimiento llamado El Coliseo. La condición previa para trabajar allí era tener una “apariencia apropiada”, decía la carta, y el trabajo consistiría en servir bebidas durante 42 horas cada semana, principalmente de noche y los fines de semana.

Solo hay un problema: una búsqueda en la web del Coliseo revela la verdadera naturaleza de la compañía. Es un burdel, un “club nudista” donde uno puede “tener sexo y relajarse (sic) en más de 2.500 metros cuadrados” y encontrarse con “chicas con megaservicio y más”. El burdel también ofrece una bañera de hidromasaje y un bar, por si acaso los clientes tienen sed.

“Estaba absolutamente indignada”, dijo el periódico citando a la mujer. “Mi madre gritó de inmediato cuando vio la carta”. El ama de casa había estado buscando un trabajo desde noviembre, pero como limpiadora, le dijo al periódico, y “no en el mostrador de una casa de putas”.

La agencia de empleo se disculpó con la joven y dijo que se había cometido un error. Un gerente le dijo al periódico que la agencia de empleo tiene una política interna de pedirles a los solicitantes de empleo en una entrevista de selección si les interesarían los trabajos relacionados con la industria del entretenimiento para adultos. En este caso, no lo hicieron.

Sin embargo, la agencia de empleo no proporciona listados de trabajos como prostitutas.

 

No se puede obligar a las mujeres a trabajar en la industria del sexo

 

El incidente plantea algunos puntos interesantes en el país, que se considera progresivo en asuntos sexuales. En 2002, el país legalizó la prostitución, y dos años más tarde, Berlín introdujo reformas en las leyes de desempleo con el objetivo de eliminar lentamente los beneficios para los desempleados si no estaban dispuestos a aceptar ofertas de empleo. Las enmiendas también hicieron técnicamente legal que las agencias de empleo intermediasen en empleos en la prostitución. Desde que se produjeron estos cambios en las leyes del país, las empleadas como trabajadoras sexuales tienen los mismos derechos a una pensión y seguro de salud que cualquier otro trabajador.

En un momento dado, estalló un gran debate en los medios sensacionalistas sobre si los centros de trabajo administrados por el gobierno podrían obligar a las mujeres a la prostitución. En 2004, sin embargo, los centros de empleo emitieron una regulación voluntaria de que las mujeres que rechazaban ofertas de trabajo como prostitutas no verían restringidas sus prestaciones de desempleo.

Sin embargo, ha habido incidentes repetidos en los cuales las mujeres se han sentido presionadas. Y, legal o no, es probable que las protestas sean fuertes siempre que se haga cualquier tipo de oferta moralmente cuestionable.

En un caso precedente al respecto, el Tribunal Social Federal de Alemania dictaminó en 2009 que la Constitución del país no permite la “promoción activa de la prostitución mediante el ejercicio de la autoridad oficial”, una decisión que proporcionó respaldo legal a la posición de los centros de empleo.

El fallo se produjo después de que el operador de dos burdeles —ambos llamados Laura’s Girls— en Speyer y Karlsruhe interpusiera una demanda después de que una agencia de empleo se negó a publicar anuncios para ocupar los puestos de 12 prostitutas de Alemania y la Unión Europea.

En aquel momento, los funcionarios del centro de trabajo argumentaron que no harían ofertas de empleo para la prostitución “mientras no haya una posición moral clara sobre la prostitución en Alemania”. Sin embargo, continuaron, si hubiera un consenso moral de que era una posición aceptable, se les exigiría que la trataran como una “profesión normal, sin ningún tipo de alboroto ni objeción”.

Hasta entonces, sin embargo, siempre que se sugiera —incluso por accidente— que una persona sirva bebidas en una institución del distrito rojo, es probable que se produzca un escándalo.

«No todo trabajo sexual es explotación»

 

La catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de Oviedo, Carolina Martínez, critica el «trazo grueso» con que se acogió el registro de un sindicato de prostitutas

 

EUROPA PRESS 

16 de septiembre de 2018

https://www.lavozdeasturias.es/noticia/asturias/2018/09/16/trabajo-sexual-explotacion/00031537110766141870858.htm

 

La catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de Oviedo, Carolina Martínez Moreno, lamenta el «trazo grueso» del debate público que se ha generado en relación al registro del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS). Según esta experta, en términos legales y jurídicos, y dejando aparte connotaciones morales, los trabajadores sexuales, incluidas las prostitutas, no hacen nada ilegal. Por lo tanto, como trabajadores que son tienen derecho a crear un sindicato.

De esta forma, Martínez Moreno rechaza la identificación «grosera» que se hace en determinados foros entre trabajo sexual y trata o explotación. O entre trabajo sexual y proxenetismo, cuando se trata de cuestiones muy diferentes. «No todo trabajo sexual es explotación y trata, aunque estas, por desgracia, se den con mucha frecuencia; ni muchísimo menos es lo mismo ser trabajador o trabajadora sexual que proxeneta», argumenta.

Así, ha indicado que muchos de los trabajos sexuales están absolutamente normalizados en la sociedad y en la economía. El trabajo sexual, explica, es mucho más que prostitución y engloba a los asalariados en sectores como pornografía, líneas eróticas, casas de masajes, clubs de striptease, alterne y asistencia sexual. No existe duda de que son trabajadores, ha indicado, porque incluso así lo sostiene la jurisprudencia española en varias sentencias, apunta.

En cuanto a la prostitución, tanto desde el lado de las mujeres como de los hombres que la ejercen, Martínez Moreno ha dicho que «como mucho» se trata de una actividad ‘alegal’, es decir, que no está regulada. Pero no es contraria a la ley, al contrario que el proxenetismo, que sí es una actividad ilícita y que incluso puede llegar a ser penalmente perseguible.

La jurisprudencia no sólo reconoce la legalidad de esos trabajos, sino que además también acepta la de las asociaciones que han creado la patronal del sector y que llevan funcionando años.

Por tanto, partiendo de la base de que son trabajadores, tienen todo el derecho, señala la catedrática de Derecho de Trabajo, a crear un sindicato, en base a ese derecho a la libertad sindical proclamado en la Constitución Española, reconocido internacionalmente y que desarrolla en España la ley orgánica de Libertad Sindical (LOLS).

La norma deja claro que son los trabajadores los titulares del derecho a fundar o extinguir un sindicato. Y este punto, advierte Martínez Moreno, es muy importante frente a quienes hablan de “error político” del Gobierno por haber registrado el sindicato OTRAS. «Eso es como reconocer frontalmente la injerencia del Ejecutivo en el ejercicio de una libertad pública», señala.

La polémica sobre la constitución y organización del sindicato OTRAS comenzó el mes pasado, cuando fue publicada su inscripción en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el 4 de agosto. A la decisión de legalizar el sindicato le llovieron las críticas, también por parte del partido que gobierna, el PSOE. La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, explicó que no lo sabía llegó a decir que le habían colado ‘un gol por toda la escuadra’. Mientras, la directora general de Trabajo, Concepción Pascual, dimitió hace unos días por la polémica.

Desde el Ministerio han dicho que han puesto el caso en manos de la Abogacía del Estado para que explorar vías que permitan revertir la situación y declarar nula la resolución que legalizaba al sindicato. Mientras, la Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla han interpuesto ante la sala de lo Social de la Audiencia Nacional una demanda contra la constitución del sindicato. En declaraciones afirmaron que el movimiento feminista es abolicionista y que la prostitución no puede ser normalizada ni legalizable porque es incompatible con la igualdad real. Dicen negarse a que se legalicen las organizaciones de proxenetas. El asunto está, por tanto, en los tribunales.

Preguntada sobre si ve motivos para que Concepción Pascual haya dimitido, Martínez Moreno entiende que no, al menos desde un punto de vista jurídico, dado que todo hace indicar que la constitución del sindicato OTRAS se realizó actuando «con corrección y estricto acomodo a las reglas y principios en esta materia». Entiende que la dimisión no se produce porque haya hecho mal su trabajo, sino más bien por razones políticas, al estar en un Gobierno que «se declara de forma expresa militante activo de una corriente del feminismo que considera que todo trabajo sexual, desde luego la prostitución, es intolerable, execrable y perseguible». Este punto de vista, advierte, es moral y no legal.

Por las razones antes expuestas, la de que el derecho de sindicarse sólo pertenece a los trabajadores, considera Martínez Moreno que no existe posibilidad de anular el registro por parte del Ministerio.

Los únicos que podrían anular el registro de OTRAS son los jueces en un asunto que esta catedrática de Derecho de Trabajo prevé que puede llegar incluso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pasando por el Tribunal Constitucional. «¿Con qué base jurídica se les puede denegar la posibilidad de crear y afiliarse a un sindicato, que es un derecho constitucional que tiene reconocido todo trabajador?», es la pregunta a la que tendrán que dar respuesta los tribunales.

Ha habido rechazo judicial a la creación de algún sindicato, comenta la catedrática de la Universidad de Oviedo, pero han sido relativos a organizaciones promovidas de trabajadores de la Guardia Civil. La razón es que este colectivo tiene prohibido crear sindicatos tanto en la Constitución Española como en la ley de Libertad Sindical. Esta prohibición no existe para los ‘trabajadores sexuales’.

Abolicionismo

Las declaraciones de las organizaciones que han recurrido ante la Audiencia Nacional el registro de OTRAS no son del agrado de Martínez Moreno, al entender que contienen «falacias e inexactitudes». Por ejemplo, señala, dicen que el feminismo es abolicionista, algo que esta catedrática rebate. «Hay feminismos, en plural. Y no todas las corrientes que militan en el feminismo son abolicionistas, ni muchísimo menos», ha replicado.

En cualquier caso, Martínez Moreno ha señalado que con estas declaraciones a Europa Press se refiere al aspecto jurídico-laboral del asunto, desde la perspectiva del ejercicio de un derecho fundamental y que no quiere mediar en el debate sobre la consideración y el tratamiento que merece el ejercicio de la prostitución.

No obstante, en alguna publicación de esta catedrática tras haber participado en unas jornadas académicas sobre prostitución, frente a quienes niegan la condición de trabajadores de quienes lo ejercen y alegan que no aporta valor alguno a la sociedad, Martínez Moreno si pregunta si esa gente considera lícitos y moralmente aceptables otros trabajos como los dedicados a la producción y venta de sustancias o productos como el tabaco o el alcohol, la fabricación de armas o ciertos medicamentos.

También se pregunta si esas personas que niegan el trabajo de la prostitución ven moralmente aceptable que muchas personas trabajadoras, con excesiva frecuencia mujeres, se encuentren en situaciones vejatorias, de explotación o vulnerabilidad y pobreza laboriosa. Ha puesto el ejemplo de las camareras de piso, las ‘kellys’.

Con todo lo dicho, Martínez Moreno señala que el rechazo a que los trabajadores del sector del sexo, incluidos los que ejercen la prostitución, puedan crear un sindicato puede ahondar, advierte, en la «estigmatización», «escarnecimiento» y «rechazo social» que ya padece este colectivo.

 

Las prostitutas no hacen nada ilegal y tienen derecho a un sindicato, defiende una experta en Derecho de Trabajo

 

 

16 de septiembre de 2018

http://www.europapress.es/asturias/noticia-prostitutas-no-hacen-nada-ilegal-tienen-derecho-sindicato-defiende-experta-derecho-trabajo-20180916163833.html

 

“¿Con qué base jurídica se les puede denegar la posibilidad de crearlo, cuando es un derecho constitucional de todo trabajador?”

 

Oviedo, 16 sept. (EUROPA PRESS)

 

La catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de Oviedo, Carolina Martínez Moreno, lamenta el “trazo grueso” del debate público que se ha generado en relación al registro del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS). Según esta experta, en términos legales y jurídicos, y dejando aparte connotaciones morales, los trabajadores sexuales, incluídas las prostitutas, no hacen nada ilegal. Por lo tanto, como trabajadores que son tienen derecho a crear un sindicato.

De esta forma, Martínez Moreno rechaza la identificación “grosera” que se hace en determinados foros entre trabajo sexual y trata o explotación. O entre trabajo sexual y proxenetismo, cuando se trata de cuestiones muy diferentes. “No todo trabajo sexual es explotación y trata, aunque éstas, por desgracia, se den con mucha frecuencia; ni muchísimo menos es lo mismo ser trabajador o trabajadora sexual que proxeneta”, argumenta.

Así, ha indicado que muchos de los trabajos sexuales están absolutamente normalizados en la sociedad y en la economía. El “trabajo sexual”, explica, es mucho más que prostitución y engloba a los asalariados en sectores como pornografía, líneas eróticas, casas de masajes, clubs de striptease, alterne y asistencia sexual. No existe duda de que son trabajadores, ha indicado, porque incluso así lo sostiene la jurisprudencia española en varias sentencias, apunta.

En cuanto a la prostitución, tanto desde el lado de las mujeres como de los hombres que la ejercen, Martínez Moreno ha dicho que “como mucho” se trata de una actividad “alegal”, es decir, que no está regulada. Pero no es contraria a la ley, al contrario que el proxenetismo, que sí es una actividad ilícita y que incluso puede llegar a ser penalmente perseguible.

La jurisprudencia no sólo reconoce la legalidad de estos trabajos, sino que además también acepta la de las asociaciones que han creado la patronal del sector y que llevan funcionando años.

Por tanto, partiendo de la base de que son trabajadores, tienen todo el derecho, señala la catedrática de Derecho del Trabajo, a crear un sindicato, en base a ese derecho a la libertad sindical proclamado en la Constitución Española, reconocido internacionalmente y que desarrolla en España la ley orgánica de Libertad Sindical (LOLS).

La norma deja claro que son los trabajadores los titulares del derecho a fundar o extinguir un sindicato. Y este punto, advierte Martínez Moreno, es muy importante frente a quienes hablan de “error político” del Gobierno por haber registrado el sindicato OTRAS. “Esto es como reconocer frontalmente la injerencia del Ejecutivo en el ejercicio de una libertad pública”, señala.

La polémica sobre la constitución y organización del sindicato OTRAS comenzó el mes pasado, cuando fue publicada su inscripción en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el 4 de agosto. A la decisión de legalizar el sindicato le llovieron las críticas, también por parte del partido que gobierna, el PSOE. La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, explicó que no lo sabía; llegó a decir que le habían colado “un gol por toda la escuadra”. Mientras, la directora general de Trabajo, Concepción Pascual, dimitió hace unos días por la polémica.

Desde el Ministerio han dicho que han puesto el caso en manos de la Abogacía del Estado para explorar vías que permitan revertir la situación y declarar nula la resolución que legalizaba al sindicato. Mientras, la Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de marzo de Sevilla han interpuesto ante la sala de lo Social de la Audiencia Nacional una demanda contra la constitución del sindicato. En declaraciones, afirmaron que el movimiento feminista es abolicionista y que la prostitución no puede ser normalizada ni legalizable porque es incompatible con la igualdad real. Dicen negarse a que se legalicen las organizaciones de proxenetas. El asunto está, por tanto, en los tribunales.

Preguntada sobre si ve motivos para que Concepción Pascual haya dimitido, Martínez Moreno entiende que no, al menos desde un punto de vista jurídico, dado que todo hace indicar que la constitución del sindicato OTRAS se realizó actuando “con corrección y estricto acomodo a las reglas y principios en esta materia”. Entiende que la dimisión no se produce porque haya hecho mal su trabajo, sino más bien por razones políticas, al estar en un Gobierno que “se declara de forma expresa militante activo de una corriente del feminismo que considera que todo trabajo sexual, desde luego la prostitución, es intolerable, execrable y perseguible”. Este punto de vista, advierte, es moral y no legal.

Por las razones antes expuestas, la de que el derecho de sindicarse sólo pertenece a los trabajadores, considera Martínez Moreno que no existe posibilidad de anular el registro por parte del Ministerio.

Los únicos que podrían anular el registro de OTRAS son los jueces en un asunto que esta catedrática de Derecho del Trabajo prevé que puede llegar incluso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pasando por el Tribunal Constitucional. “¿Con qué base jurídica se les puede denegar la posibilidad de crear y afiliarse a un sindicato, que es un derecho constitucional que tiene reconocido todo trabajador?”, es la pregunta a la que tendrán que dar respuesta los tribunales.

Ha habido rechazo judicial a la creación de algún sindicato, comenta la catedrática de la Universidad de Oviedo, pero han sido relativos a organizaciones promovidas de trabajadores de la Guardia Civil. La razón es que este colectivo tienen prohibido crear sindicatos tanto en la Constitución Española como en la ley de Libertad Sindical. Esta prohibición no existe para los “trabajadores sexuales”.

 

ABOLICIONISMO

 

Las declaraciones de las organizaciones que han recurrido ante la Audiencia Nacional el registro de OTRAS no son del agrado de Martínez Moreno, al entender que contienen “falacias e inexactitudes”. Por ejemplo, señala, dicen que el feminismo es abolicionista, algo que esta catedrática rebate. “Hay feminismos, en plural. Y no todas las corrientes que militan en el feminismo son abolicionistas, ni muchísimo menos”, ha replicado.

En cualquier caso, Martínez Moreno ha señalado que con estas declaraciones a Europa Press se refiere al aspecto jurídico-laboral del asunto, desde la perspectiva del ejercicio de un derecho fundamental y que no quiere mediar en el debate sobre la consideración y el tratamiento que merece el ejercicio de la prostitución.

No obstante, en alguna publicación de esta catedrática tras haber participado en unas jornadas académicas sobre prostitución, frente a quienes niegan la condición de trabajadores de quienes lo ejercen y alegan que no aporta valor alguno a la sociedad, Martínez Moreno se pregunta si esa gente considerea lícitos y moralmente aceptables otros trabajos como los dedicados a la producción y venta de sustancias o productos como el tabajo o el alcohol, la fabricación de armas o ciertos medicamentos.

También se pregunta si esas personas que niegan el trabajo de la prostitución ven moralmente aceptable que muchas personas trabajadoras, con excesiva frecuencia mujeres, se encuentren en situaciones vejatorias, de explotación o vulnerabilidad y pobreza laboriosa. Ha puesto el ejemplo de las camareras de piso, las “kellys”.

Con todo lo dicho, Martínez Moreno señala que el rechazo a que los trabajadores del sector del sexo, incluídos los que ejercen la prostitución, puedan crear un sindicato puede ahondar, advierte, en la “estigmatización”, “escarnecimiento” y “rechazo social” que ya padece este colectivo.

Francia: Cifras policiales record sin igual confirman la explosión de explotación y trata

 

Por THIERRY SCHAFFAUSER

9 de septiembre de 2018

HTTP://MA.LUMIERE.ROUGE.BLOGS.LIBERATION.FR/2018/09/09/DES-CHIFFRES-POLICIERS-RECORDS-INEGALES-CONFIRMENT-LEXPLOSION-DE-LEXPLOITATION-ET-DE-LA-TRAITE/

 

 

Los casos de trata de personas en la industria del sexo casi se duplicaron entre 2016 y 2017.

 

Hace menos de un mes escribimos sobre el aumento de la explotación en la industria del sexo a pesar de la penalización de los clientes. A principios de este año, el Bus des Femmes alertó sobre un aumento del 33% en el número de víctimas de trata de personas seguido por la asociación de 2016 a 2017. En junio, el fiscal del Tribunal de Apelaciones de París escribió en una tribuna sobre el aumento del “proxenetismo de ciudades” y sobre el aumento en el número de menores explotados. El estudio de Hélène Le Bail del CNRS y de Calogero Giametta publicado en abril de 2018 estaba preocupado por un posible aumento de la explotación, debido a una mayor movilidad y una mayor dependencia de los intermediarios desde la penalización de los clientes. Sin embargo, los investigadores deseaban mantener la cautela mientras esperaban la publicación de los datos policiales.

En una encuesta del periodista Stéphane Sellami para el periódico Le Point, publicada hace tres días, las conversaciones con los líderes de la Oficina Central para la Represión de la Trata de Personas (OCRTEH) y de la Brigada para la Represión del Proxenetismo (BRP) confirman los hallazgos anteriores y aportan nuevas cifras nunca vistas. El fenómeno apodado “proxenetismo de ciudades” por la policía apareció en 2015. Jean Marc Droguet de OCRTEH explica:

“En aquel momento, este tipo de proxenetismo permanecía bajo observación porque no estaba muy extendido. Pero hoy, estamos viendo la aparición de redes estructuradas “.

Cuando se le preguntó acerca de un posible vínculo con la nueva ley que penaliza a los clientes, Jean-Paul Mégret de la BRP dependiente de la policía judicial de París responde: 

“Esta ley ha promovido el desarrollo de la prostitución en Internet con tasas equivalentes a las que se aplican en la calle”, y agrega: “Esta ley no ha tenido los efectos deseados. Lo que ha hecho sobre todo ha sido echar a las chicas de la calle para hacerlas ir a hoteles o apartamentos, y ahora todo está pasando por la ciberprostitución.”

En cuanto a las cifras, el artículo de Le Point dice:

“En 2016, los agentes de policía de BRP gestionaron diez casos de proxenetismo de ciudades y catorce un año después. Desde el comienzo de este año, ‘la actividad se ha disparado’, dice un oficial de policía de este servicio especializado. El mismo hallazgo alarmante por parte de OCRTEH: en 2016, se gestionaron cuarenta y seis expedientes; en 2017 fueron ochenta y siete “.

Habitualmente, OCRTEH gestionaba alrededor de 40 casos de trata por año. 87 casos en 2017 representan un récord. Los partidarios de la ley siempre podrán decir que eso significa un mejor trabajo de la policía para identificar estos delitos, o que los representantes de la policía siempre han demostrado ser desfavorable a la penalización de los clientes, ya que no les ayudaba en nada para luchar contra la trata y la explotación Por el contrario, la policía siempre ha tendido a considerar esta medida como una pérdida de tiempo y energía cuando los medios deberían centrarse en combatir el trabajo sexual forzado.

Se sigue esperando el informe de evaluación del gobierno, que se esperaba que fuera publicado en abril de 2018. Cada día se acumulan nuevas pruebas que confirman un balance de la ley cada vez más negativo.

Este feminismo no es el mío

 

¿En nombre de qué principio feminista se les impide a las prostitutas el derecho constitucional a sindicarse?

 

Por CRISTINA GARAIZABAL

8 de septiembre e 2018

https://elpais.com/sociedad/2018/09/07/actualidad/1536316203_156901.html

 

A raíz de la furibunda y antidemocrática reacción del Gobierno ante el registro del Sindicato de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) se ha reavivado el debate sobre la prostitución. Abolición o legalización (regulación) aparecen como únicas alternativas. La realidad de la prostitución es bastante compleja, llena de luces y sombras que no deben ser obviadas en las políticas públicas. El mundo ideal que nos gustaría como feministas se sitúa en el plano del debate y las políticas públicas feministas* deben ir encaminadas a mejorar las situaciones que habitan las mujeres. Estas situaciones son complejas y algunas de ellas muy lamentables. Este es el caso de las trabajadoras sexuales: invisibilizadas, estigmatizadas, obligadas a trabajar en situaciones de riesgo y sobreexplotación que no han escogido aunque hayan decidido ejercer este trabajo por falta de reconocimiento, protección y amparo legal como trabajadoras, sufriendo normativas municipales que las obligan a trabajar clandestinamente en sitios peligrosos… Las políticas públicas deberían ir encaminadas a mejorar esta situación.

Considerarlas víctimas obligadas a ejercer la prostitución implica invisibilizar a todas las que se consideran trabajadoras y que se han dejado oír con fuerza desde sus organizaciones. Escucharlas es imprescindible para acertar en las medidas políticas.

Por el contrario, el Gobierno, basándose en ciertas posiciones feministas, les niega el derecho a montar un sindicato ¡Indignante! ¿En nombre de qué principio feminista se les impide un derecho constitucional? El argumento más repetido: detrás están los proxenetas. Una vez más, parece que las mujeres no tenemos voz propia, que nos mandan los hombres, idea que me entristece cuando además es esgrimida en nombre del feminismo.

Los debates a favor o en contra de la prostitución me parecen un absurdo al igual que el propio objetivo de abolirla aquí y ahora. En la práctica esto significaría la prohibición de la prostitución, como en Suecia, obligando a quienes trabajan en ello a abandonarla aunque no quieran, despreciando su voz, sus decisiones, su realidad y lo que ellas plantean para mejorarla.

Políticas públicas democráticas y feministas son aquellas que escuchan a las protagonistas y amplían sus derechos para combatir las diversas discriminaciones. ¿Por qué no ocurre con las prostitutas? ¿En nombre de qué valor feminista se conculcan los derechos humanos de estas trabajadoras? Este feminismo no es el mío ni el de muchas más mujeres. Apuesto por un feminismo integrador y no excluyente que atienda todas las situaciones de discriminación en las que se encuentran las mujeres. Y en este caso, desde un análisis estructural, integrar a las trabajadoras del sexo en las propuestas feministas me parece imprescindible para abrir brechas en el orden heteropatriarcal. Las putas son “las otras” imprescindibles para configurar un “nosotras” feminista.

* Pongo feministas en cursiva porque en nombre de un determinado feminismo (que se considera el único verdadero) se pretende negar los derechos y la propia existencia de mujeres trabajadoras del sexo y de sus sindicatos.

 

Cristina Garaizabal  es activista feminista y pertenece al Colectivo Hetaira