Inmigración de Nueva Zelanda deporta a inmigrantes que realizan trabajo sexual ilegal

 

Por LAURA WALTERS

6 de junio de 2018

https://www.stuff.co.nz/national/politics/104458021/immigration-new-zealand-deports-migrants-engaging-in-illegal-sex-work


El ministro de Inmigración, Iain Lees-Galloway, dice que detener la explotación de los inmigrantes es una de sus principales prioridades.
DAVID UNWIN / STUFF

 

El ministro de Inmigración, Iain Lees-Galloway, dice que detener la explotación de los inmigrantes es una de sus principales prioridades.

El ministro de Inmigración Iain Lees-Galloway dice que está “extremadamente preocupado por las numerosas denuncias de trata sexual”, ya que Immigration New Zealand (INZ) deporta docenas de trabajadoras sexuales ilegales.

Durante los últimos tres años, INZ ha notificado avisos de deportación a 38 personas con visas temporales que fueron descubiertas realizando trabajo sexual.

De esas 38 personas, 27 han sido deportadas o se han ido voluntariamente, mientras que las otras 11 esperan la resolución de su caso.

Las deportaciones y advertencias se producen a la vez que el Gobierno sigue haciendo de la explotación de los trabajadores inmigrantes una prioridad, pero el Colectivo de Prostitutas dice que la ley que prohíbe que las personas con visas temporales realicen trabajos sexuales es discriminatoria, y la deportación es estigmatizante.

Lees-Galloway dijo que estaba preocupado por la trata sexual y la explotación de trabajadoras sexuales, y le había pedido al INZ que le diera actualizaciones regulares sobre su trabajo en el área.

“Es un asunto que Immigration New Zealand toma muy en serio y estoy satisfecho de que están haciendo grandes esfuerzos para acabar con estas prácticas.

“Eliminar la explotación de los inmigrantes es una de mis principales prioridades.

“Debemos hacer todo lo posible para proteger a las personas vulnerables mientras están en Nueva Zelanda”, dijo.

La Ley de Reforma de la Prostitución de 2003 prohíbe a cualquier titular de visa temporal en este país realizar servicios sexuales.

El gerente de INZ, Peter Devoy, dijo que la agencia sabía que las inmigrantes temporales que incumplían las condiciones de su visa trabajando en la industria del sexo eran “vulnerables a la explotación por parte de empleadores y clientes sin escrúpulos”.

La agencia tenía procesos de selección para evitar que las personas ingresaran al país, y para rechazar las visas, si hubiera motivos que sugirieran que su verdadera intención al viajar a Nueva Zelanda era trabajar en la industria del sexo.

En este año, hasta febrero de 2018, se había impedido la entrada a Nueva Zelanda a 132 presuntas trabajadoras sexuales ilegales, ya fuera negándoles el embarque en un vuelo o negándoles la entrada a su llegada.

Sin embargo, INZ no sabía que había una preocupación específica de que la gente eligiera a Nueva Zelanda como un destino para trabajar ilegalmente en la industria del sexo, dijo Devoy.


Dama Catherine Healy dice que el Gobierno está estigmatizando a las mujeres deportadas por dedicarse al trabajo sexual.
KEVIN STENT / STUFF

 

Mientras tanto, la coordinadora nacional del Colectivo de Prostitutas, Catherine Healy, dijo que la explotación de las trabajadoras sexuales que violaban sus condiciones de visa era generalizada.

En dos casos, las mujeres habían acudido al Colectivo de Prostitutas para denunciar que habían sido violadas. Otras dijeron que el pago les había sido retenido.

Un informe internacional publicado por la Alianza Global contra el Tráfico de Mujeres (GAATW) no encontró pruebas contundentes de trata de personas en la industria sexual de Nueva Zelanda, y Healy dijo que no conocía que hubiera trata sexual, pero sí abuso contra las trabajadoras sexuales inmigrantes ilegales. .

El Colectivo trabajó con trabajadoras sexuales, policías y profesionales de la salud para asegurarse de que las mujeres tuvieran un lugar seguro donde informar de cualquier problema sin temor a ser estigmatizadas o deportadas.

Healy dijo que el escenario ideal sería cambiar la ley “discriminatoria” para permitir que las personas con visas temporales se dediquen al trabajo sexual, ya que sí estaban autorizadas para participar en cualquier otro tipo de trabajo durante su estancia en Nueva Zelanda.

Las que operaban en la clandestinidad eran más vulnerables a la explotación, dijo.

Este aparente renovado enfoque en aquellas mujeres que operan ilegalmente se produce cuando el gobierno ha prometido acabar con la explotación de trabajadores inmigrantes como parte de su promesa preelectoral, lo que se esperaba que contribuyera en cierta medida a reducir las cifras netas de migración.

Si bien la mayoría de los inmigrantes conocía las reglas cuando se trataba de trabajo sexual, había habido alguna confusión reciente, y el trabajo sexual figuraba en la lista de empleos calificados del sitio web de INZ, según los informes de NZME.

La ocupación no estaba en la lista de escasez de titulaciones, sino en una lista derivada de la lista de clasificación estándar de ocupaciones de Australia y Nueva Zelanda (ANZSCO). La ocupación ha sido eliminada de la lista de empleos calificados.

Healy dijo que, mientras toma medidas enérgicas contra la explotación, el Gobierno estigmatiza a las mujeres que son expulsadas por trabajo sexual. Fueron enviados a casa —algunas eran estudiantes y no pudieron terminar su calificación— con una marca negra junto a su nombre, y el estigma de ser deportadas por dedicarse al trabajo sexual. En algunos países eso tendría un efecto negativo en sus vidas, dijo.

Healy dijo que el gobierno podría hacer cambios en esta área para ayudar a reducir la explotación, sin estigmatizar ni discriminar a las trabajadoras sexuales. Dijo que le gustaría tener la oportunidad de participar en una conversación.

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Cuando las ex trabajadoras sexuales se convierten en SWERF

 

 

Por Kelly Palmer

Psicoterapeuta, activista espiritual, ecofeminista, adicta recuperada y superviviente de trauma, autora de éxito de ventas (con Michelle Kelly) y madre de tres hijos.

17 de julio de 2018

https://medium.com/@michellekelly_86703/when-former-sex-workers-become-swerfs-4496d1a90d99

 

 

¿Por qué muchas mujeres que dicen ser ex trabajadoras sexuales se parecen tanto a las SWERF? (Sex Worker Exclusionary Radical Feminists = Feministas Radicales Excluyentes de las Trabajadoras Sexuales). Definitivamente, nadie puede ser excluyente de sí mismo. Sin embargo, esta es una dinámica común, y me gustaría compartir mis pensamientos sobre por qué ocurre eso.

Porque yo soy una ex trabajadora sexual. Y he expresado puntos de vista que eran definitivamente SWERF, en la creencia genuina de que estaba ‘ayudando’ a otras trabajadoras sexuales. Que tenía el deber de hacer públicos los horrores muy reales que he experimentado en la industria. Apoyé el modelo nórdico. Escribí una carta abierta a Amnistía Internacional denunciando su apoyo a la legalización del trabajo sexual. Realmente creía que la industria del sexo era intrínsecamente explotadora y violenta hacia las mujeres y que despenalizar el trabajo sexual significaba dejar a los proxenetas y puteros abusivos campar a sus anchas. Leí el libro   “Paid For” (“pagada por ello”) de Rachel Moran y lloré.

Recientemente, he estado reconsiderando mi posición. En primer lugar, el modelo nórdico no funciona. En realidad, no ha reducido la violencia contra las trabajadoras sexuales. La mayoría de las trabajadoras sexuales actuales no lo quieren; parecen querer por mayoría abrumadora, si no la legalización de hecho (que puede causar sus propios problemas para las trabajadoras sexuales, a la alemana), sí la total despenalización y expansión y protección de sus derechos. ¿Por qué no las estamos escuchando? Y cuando vi a las así llamadas feministas callar a gritos a las propias trabajadoras sexuales y continuar abogando por algo que no funciona y que de hecho daña a las personas a las que dicen querer ayudar, empecé a darme cuenta de que había algo muy equivocado en esta imagen.

Entonces, ¿por qué tantas ex trabajadoras sexuales se metamorfosean en SWERF? Hablando tanto como terapeuta como por mi propia experiencia (y ciertamente no pretendo hablar por todas las trabajadoras sexuales) puedo ofrecer las siguientes perspectivas;

  • Muchas de estas ex trabajadoras sexuales han tenido experiencias genuinamente traumáticas y de explotación y erróneamente quieren proteger a otras mujeres de que pasen por lo mismo
  • Como sobrevivientes de trauma, o incluso simplemente para luchar contra el estigma social, la vergüenza se internaliza y se proyecta sobre aquéllas que aún trabajan en la industria del sexo
  • Las SWERF genuinas jugarán con estos temores y sentimientos muy reales para reclutar a ex trabajadoras sexuales para su causa (de la misma manera que los TERF juegan con los temores de asalto de las mujeres inventando una narrativa donde las mujeres trans son en realidad depredadores masculinos cis disfrazados, simplemente al acecho esperando la oportunidad correcta para violarnos)
  • La típica retórica feminista liberal a menudo pinta una imagen de “mundos de yupi” de la industria del sexo donde todas están felices y seguras y se llevan bien tomando decisiones empoderadas, ignorando las dinámicas de poder muy reales que de hecho ocurren, incluyendo las de raza y clase, explotación y violencia. Para una ex trabajadora sexual con experiencias traumáticas en la industria, esto es a la vez despectivo y deshumanizante

Después de buscar mucho, investigar y escuchar realmente a las trabajadoras sexuales en activo, me di cuenta de algunos contraargumentos que oponer a los anteriores.

  • No todas las experiencias de mujeres son iguales a las mías. Si bien los niveles de abuso y violencia son realmente elevados dentro de la industria del sexo, no todas son víctimas. No todas las trabajadoras sexuales necesitan ser salvadas. ¿Quién soy yo, Lancelot? No hay nada feminista en tratar de convencer a una trabajadora sexual de que es una víctima. Esto no está haciendo nada para ayudar y apoyar a las personas que en realidad están siendo victimizadas.
  • La vergüenza en torno al trabajo sexual proviene del mismo lugar que la vergüenza en torno al sexo: el conservadurismo paternalista, patriarcal y moralista. No hay nada feminista en esto. Necesitamos sanar nuestras propias heridas, no proyectarlas sobre otras.
  • Las SWERF no son mis amigas. En realidad, no les importa ni mi dolor ni mi historia, solo quieren explotarlos para beneficio de su propia agenda. No les importan las trabajadoras sexuales. De ahí por qué han sido apodadas ‘excluyentes’.

El feminismo liberal blanco rezuma clase y privilegio blanco y rara vez proporciona un análisis válido de nada. Eso no significa que las trabajadoras sexuales que realmente disfrutan de su trabajo y toman decisiones con poder a diario no existan. Existen. Y a menudo son pioneras dentro de la industria del sexo, particularmente dentro de la industria de la pornografía, para transformarla desde adentro en una ocupación genuinamente inclusiva y sexualmente positiva. Esto debe ser aplaudido y alentado.

La conclusión es que el ‘adelante putas, ganad dinero’ de las liberales y el ‘todo trabajo sexual es malo y debería ser abolido’ de las SWERF están en extremos opuestos del espectro ideológico y, como resultado, generalmente no logran capturar la experiencia vivida de la mayoría de las trabajadoras sexuales (necesito dejar claro en este punto que en este artículo entiendo por trabajadoras sexuales a aquellas mujeres que eligieron, por cualquier razón, ingresar en la industria, no a las víctimas de trata sexual). Los SWERF a menudo funden en una las dos situaciones para confundir aún más a todo el mundo).

La verdad es que la industria del sexo puede ser (y lo es a menudo) misógina, abusiva y traumática. Las trabajadoras sexuales en general muestran altas tasas de PTSD ¿Sabes por qué? Porque es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. El problema no es la industria. Es la misoginia y la violencia de género. ¿Ahora resulta que ambas cosas son casi exclusivas de la industria del sexo? La industria funciona como un microcosmos de la sociedad en general y un espejo de la dinámica sexual que opera dentro de ella. Sí, estas estructuras necesitan ser desmanteladas. ¿Cómo se va a conseguir eso atacando a las trabajadoras sexuales e ignorando completamente sus voces?

Sí, mis experiencias a menudo fueron horribles, pero ¿sabes qué? Algunas de ellas no lo fueron. Conocí a mucha gente realmente genial. Y cuando entré en la industria ya estaba traumatizada por el abuso infantil, la violencia doméstica y la adicción a las drogas, lo que significó que mi capacidad de decisión estaba dañada, desde luego. Si hubiera ingresado en la industria por otras razones, sin estas vulnerabilidades existentes, que por supuesto me pusieron en la línea de fuego para el peor tipo de depredadores, mis experiencias podrían haber sido muy diferentes. Si bien la correlación entre el trabajo sexual y la violencia no se puede ignorar, no debería ser excesivamente simplificada y utilizada para anotar puntos en una agenda moralista. Esto no ayuda nada a las víctimas reales y, de hecho, explota su experiencia.

Las actitudes de las SWERF hacia la abolición ignoran también por completo las estructuras económicas. Muchas mujeres eligen el trabajo sexual para escapar de la pobreza, y experimentan esto como una elección empoderada. Al abogar por la abolición del trabajo sexual sin un desmantelamiento completo del sistema capitalista actual, las SWERF están negando a las trabajadoras sexuales su derecho a sobrevivir. Todo el trabajo bajo un sistema capitalista y neoliberal es explotador. Negar los derechos básicos a las trabajadoras sexuales es aumentar la explotación.

Así que quiero decir esto a otras ex trabajadoras sexuales cuyas experiencias fueron difíciles en el mejor de los casos y traumatizantes en el peor: te escucho, te quiero, tus experiencias y sentimientos son reales y válidos.

Pero también lo son los de otras personas.

No seas una SWERF.

 


Referencias y recursos

Moran, Rachel ‘Paid For; My Journey through Prostitution’ WW Norton Books

Presentación de la primera sección sindical de trabajadoras sexuales en Catalunya

 

 

 

Hola puta

 

  • Que haya víctimas de trata no hace menos legítimos los reclamos por derechos de las putas en activo
  • Se está llamando esclavas a miles de mujeres que han convertido a la puta en su identidad política

 

Por Gabriela Wiener

10 de diciembre de 2017

https://www.eldiario.es/zonacritica/Hola-puta_6_717138287.html

 

Hace muchos años contraté a una puta. Lo hice con mi marido pero en realidad yo era la más interesada –él tenía sus remilgos– porque me moría de ganas de tener sexo con una mujer in media res y tenía dinero, que ganaba como periodista –ahora con mi sueldo de periodista no podría permitírmelo–. En fin, era un servicio a domicilio. Llamamos por teléfono y vino a casa. En esa época y en ese país donde vivíamos no abundaban las prostitutas que atendieran a hombres y mujeres, ni a parejas, pero al final la encontramos. Aquella vez fue muy lindo. Recuerdo que nos reímos mucho con esa chica, que intercambiamos nuestra ropa sexy como jugando a ser la otra. Volvimos a llamar una vez más, aunque ya no hubo tanto feeling.

La última campaña española contra la prostitución #HolaPutero, me interpeló, porque –aun guardando las distancias entre mi corta experiencia de putera y la de un consumidor habitual de sexo con prostitutas–, me ponía automáticamente en la categoría de alguien que, según el vídeo, había contribuido con su granito de arena a la desigualdad de género en el mundo, “comprando mujeres, comprando esclavitud”.

Mientras no dejaba de parecerme loable que el mensaje viral pusiera por una vez el foco sobre el cliente y no sobre la mujer trabajadora –finalmente, es lo mínimo que podría esperarse de sus creadoras, activistas feministas–, cada vez me iba chirriando más cómo una problemática compleja como la del trabajo sexual se iba reduciendo a un a favor y en contra, e ignorando que en el “hola putero” estaba implícito el “adiós, puta”.

Es lo que, desde que empezó a circular la campaña, han venido señalando, a través de sus redes, las trabajadoras sexuales organizadas: la usurpación de su lugar en esa lucha. Aunque la reivindicación es vieja, hay muchas caras nuevas denunciando la “putofobia” fuera y dentro del feminismo.

Georgina Orellano, la impresionante líder de las prostitutas argentinas, ha dicho más de una vez que “ser feminista es darle derechos a otras mujeres y la oportunidad de elegir cosas que no necesariamente elegiríamos para una”. Según Georgina, todo lo que les pasa no les pasa por ser putas sino por ser mujeres. “¿Tenemos que explicarles otra vez que esto es trabajo?”, clama. “En la calle se sigue llevando la policía a las compañeras. Y en la calle la policía no te pregunta: ‘¿sos abolicionista, sos reglamentarista, sos pro-sex, sos puta feminista? Te llevan presa igual”.

En los países latinoamericanos, abolicionistas de pura cepa, el uso del espacio público para el trabajo sexual está criminalizado. Hasta el 90 por ciento de prostitutas alguna vez ha sido agredida por la policía, que recibe cada semana de ellas su bono para que las dejen trabajar en paz.

 

El video de #HolaPutero parece dirigirse solo al putero –por cierto, como si fuera el macho oficial, cuando sabemos que tenemos al macho en el despacho de nuestro jefe, en la cama, en el partido en que militamos, en el colectivo del que formamos parte y en cada esquina, es más, que el putero y el que está aquí al lado son la misma persona. No pasa desapercibido, sin embargo, que en este video a todas las putas se les llama esclavas. A la vuelta de hoja del criminal está la víctima. Pero, ¿son víctimas todas las prostitutas? Aunque las haya, en un gran porcentaje, la respuesta es no.

Lo que ocurre aquí es que mujeres que no ejercen la prostitución se están arrogando la potestad de llamar a otras esclavas, cuando estas, que son las que ponen el cuerpo, no se identifican de esa manera. Que haya víctimas de trata no hace menos legítimos los reclamos por derechos de las putas en activo. Se está llamando esclavas a miles de mujeres que han convertido a la puta en su identidad política. ¿No es acaso eso negar su empoderamiento? ¿No es desconocer su lucha social concreta por adquirir ciertos derechos, por sindicalizarse, por buscar más protección y mejoras determinadas en su ejercicio laboral mientras nos encaminamos hacia el tan soñado fin del capitalismo cosificador de la mujer? ¿Por qué no hablamos de cómo nos explota a cada una de nosotras el patriarcado y dejamos que ellas hablen de cómo lo padecen en sus carnes? ¿Las seguimos llamando esclavas?

Si nos vamos a tirar las verdades en la cara para ver quién está siendo verdaderamente consecuente en su lucha contra la feminización de un tipo de trabajo como traba para la igualdad de género, me pregunto cuántas feministas tienen a una mujer, menos privilegiada, migrante y racializada, limpiándole la casa, cuidándoles los niños o sacando a pasear a sus padres. ¿Les vamos a negar derechos laborales a las trabajadoras del hogar? Claro que no. ¿Para cuándo un #HolaPatrona? ¿Son todas esas mujeres empleadoras unas esclavistas? No, solo las que mantienen regímenes esclavistas. Mientras llega el comunismo feminista, las putas piden lo mismo, nada más y nada menos.

Hay que diferenciar la crítica a la prostitución como sistema de explotación, que involucra a los proxenetas, a las mafias, al Estado, que perpetúa la desigualdad y la cosificación de nuestros cuerpos, con la estigmatización e invisibilización de las putas, en toda su diversidad, las que ejercen libres y las que sufren la trata, las sindicadas y las no sindicadas.

No reconocer sus derechos como trabajadoras es convertirlas en chivos expiatorios de los dilemas que plantea una institución como esa a la sociedad en su conjunto. Si bien hay consenso en que hay que cuestionar un sistema que nos cosifica a todxs, que nos condena a la explotación o a la autoexplotación, en lo que hay que seguir insistiendo es en la necesidad de que se reconozcan derechos laborales a las mujeres que ejercen y quieren ejercer la prostitución y se ofrezcan alternativas de trabajo a las mujeres que no.

 

“¿Hasta cuándo vamos a seguir discutiendo, compañeras”, dice Georgina, “si las que estamos entre cuatro paredes con el cliente, gozando o no, somos nosotras. Si nosotras no nos ponemos de acuerdo, ¿qué carajos les vamos a pedir al Estado? ¿Qué me estás proponiendo, sacarme de una esquina para llevarme a la fábrica?” Al final de su charla TED, Georgina cuenta que hace unos meses su hijo Santino le contó que a la salida del colegio un amigo suyo quiso molestarlo frente al resto señalándolo y gritando: “la mamá de Santino es una puta”. ¿Qué le contestaste? le preguntó ella con el corazón en la boca. Santino le respondió tranquilamente: “le dije mi mamá no es una puta es la secretaria general de todas las putas del país”. Sí, putísima, re-puta, re-jefa. Si esto no es empoderamiento, nada lo es.

 

“Hace 39 años soy Trabajadora Sexual”

 

 

ASOCIACIÓN DE MUJERES MERETRICES DE LA ARGENTINA (AMMAR)·VIERNES, 22 DE JUNIO DE 2018

 

https://www.facebook.com/notes/asociaci%C3%B3n-de-mujeres-meretrices-de-la-argentina-ammar/hace-39-a%C3%B1os-soy-trabajadora-sexual/1934046869988737/

 

Fatima Olivares es actualmente la Secretaria gremial de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina AMMAR y Secretaria adjunta de Ammar Mendoza. Tiene 63 años y ejerce el trabajo sexual desde los 24. Desde AMMAR la entrevistamos para resaltar su trayectoria en la militancia de la Asociación y su compromiso con la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales a nivel provincial y nacional.

 

 

¿Por qué decidiste comenzar a ser trabajadora sexual? ¿Hace cuanto lo sos?

Hace 39 años soy trabajadora sexual. Empecé a los 24 años y decidí serlo porque no me alcanzaba la plata. Yo trabajaba en un criadero de pollos y no me pagaban suficiente como para poder sostener a mis ocho hijos. Por eso elegí mi profesión, con la cual estoy totalmente decidida porque gracias a ella pude darle de comer a mis hijos, hacer mi casa y tener una mejor calidad de vida.

¿Cómo conociste a AMMAR? ¿Qué te aportó la asociación como trabajadora sexual?

Hace aproximadamente diez años conocí a AMMAR gracias a otras compañeras que ya estaban en la asociación. Primero no le daba tanta importancia, como veo que pasa hoy en día con algunas trabajadoras. Era muy tímida, no quería que nadie se enterara de mi trabajo, no hablaba nada. Con el tiempo me fui involucrando cada vez más. La asociación me aportó el reconocimiento y la confianza hacia mí misma y también hizo que me diera cuenta que nadie me podía llevar en cana porque yo tengo derechos.

Antes, cuando me llevaban en cana, tenía miedo por mí y por mis hijos. Después, con AMMAR, empecé a cuestionar por qué me llevaban si yo no estaba haciendo nada malo. Esa es la ignorancia que tiene una, no conocer sus derechos. Antes veía a la policía y me iba corriendo como una loca mientras les avisaba a mis compañeras pero después me di cuenta que no podían hacerme eso.

 

¿Qué te motivó a iniciar una carrera en la militancia dentro de AMMAR?

Me motivó la lucha por nuestros derechos. Antes trabajábamos y no nos reconocíamos como nada. Hoy es diferente. Cuando empecé a ir con mi compañera Rosa a Buenos Aires me gustaba todo lo que decían en AMMAR, me llamaba la atención. Ahí empecé a aprender, quería saber todo. Cuando hablaba con Georgina le decía “Yo quiero llegar a ser como vos”. Me encanta que seamos muy unidas, reunirnos y saber que vamos para el mismo lado, que tenemos una obligación. Yo amo mi asociación y levanto su bandera. Si me hubieses preguntado esto seis o siete años atrás yo no entendía nada. Pero ahora sí, entiendo, sé y me gusta.

Además de la lucha a nivel nacional de Ammar por los derechos de las trabajadoras sexuales, ¿Cuáles son las principales preocupaciones de la asociación en tu provincia?

Mendoza es una provincia muy conservadora. Tuvimos la primera ordenanza municipal que nos prohibía trabajar. Ordenaba cerrar cabarets y departamentos. Entonces se cerraron nuestros lugares de trabajo y las chicas fueron a la calle. También salió la ordenanza de penalización al cliente que contrata a las chicas. Han cerrado los hoteles, todo ha quedado en la clandestinidad. Las chicas tienen que trabajar en la calle. Hace un año atrás sufrimos una terrible violación de una compañera que fue llamada para encontrarse en una obra y, estando allí, el tipo la obligó a hacer cosas que ella no quería y la violó con una botella. Tuvimos que llamar a la policía porque el tipo no la quería dejar ir. Cosas así de feas están sufriendo hoy en día mis compañeras por el asunto de que no hay adónde ir.

Nosotras hicimos una denuncia al INADI y se han mermado un poco los preventores que multan a los clientes pero sigue muy mal la situación. Queremos que se saquen esas ordenanzas, que las chicas vuelvan a trabajar como antes. Además, con los códigos contravencionales que van a aplicar vamos a estar todavía en una mayor clandestinidad. No vamos a poder trabajar.

¿Cuál es la o las instituciones que ejercen mayor violencia y/o discriminación hacia las trabajadoras sexuales en tu provincia? ¿Nos podés contar algún caso en particular?

La policía, sin ninguna duda y también los preventores municipales. La policía siempre fue violenta con nosotras, eso nunca cambió. Una vez había quedado detenida y mientras me cambiaba los cordones de las zapatillas, un comisario me miró de arriba a abajo y me dijo: “Que asco de mujer”. Esa fue una discriminación terrible.

 

 

Un paso más para la descriminalización del trabajo sexual

 

Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (ammar)

13 de julio de 2018

 

 

Un paso más para la descriminalización del trabajo sexual

 

Ammar nació como respuesta a la violencia policial hacia las trabajadoras sexuales. Desde hace 23 años reclamamos por la derogación de los Códigos Contravencionales que criminalizan nuestro trabajo en la vía pública con multas y/o arresto de hasta 30 días. Estas normativas violan el principio de libertad y son usadas para habilitar y justificar la violencia institucional hacia las clases populares dando pie al cobro de coimas, al hostigamiento, a las detenciones arbitrarias y a la persecución por parte de las fuerzas de seguridad.

En el 2003 las Trabajadoras Sexuales logramos la derogación del Artículo 45 del Código Contravencional de Entre Ríos que facultaba a la policía para detenernos y juzgarnos. El mismo databa de 1952. En el 2008 logramos la derogación del Artículo 83 del Código Contravencional de Santiago del Estero que también habilitaba detenciones hacia nosotras y en el 2010 conseguimos la derogación del Artículo 81 del Código Contravencional de la Provincia de Santa Fe que le daba poder a la policía para vulnerar nuestros derechos. “Sandra Cabrera: ¡presente!” se escuchó en el recinto cuando se sancionó esta ley.

El pasado miércoles 11 de julio el senado de la Provincia de Buenos Aires derogó el Artículo 68 del Código Contravencional que habilitaba multas y arresto hacia las Trabajadora Seuxlaes. “Será penado con una multa de entre el quince (15) y el cuarenta (40) por ciento del haber mensual del Agente de Seguridad (Agrupamiento Comando) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y arresto de cinco (5) a treinta (30) días, la persona que ejerciere la prostitución, dando ocasión de escándalo o molestando o produjere escándalo en la casa que habitare”, decía. El mismo era aplicado de manera prejuiciosa y abusiva sobre las mujeres cis y con más saña sobre las mujeres trans.

Los abusos policiales que sufrimos las Trabajadoras Sexuales por la vigencia de estas normativas, que en muchos casos datan de la última dictadura militar, han sido denunciados por nuestra organización en innumerables ocasiones. Por esta razón urge que se deroguen los artículos que siguen habilitando hasta el día de hoy la persecución y criminalización de las trabajadoras sexuales en 17 provincias del país (Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Salta, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Tucumán y Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

Nuestro trabajo no es un delito.

No soportamos más la violencia policial, no soportamos más agresiones avaladas por el Estado

#LaCalleEsDeTodxs

 

 

Convocatoria de subvenciones para ONGs que trabajen para víctimas de trata o personas en contextos de prostitución

Extracto de la Resolución de 26 de junio de 2018 de la Secretaría de Estado de Igualdad, por la que se convocan subvenciones públicas destinadas a proyectos de atención a mujeres y niñas víctimas de trata de seres humanos con fines de explotación sexual y sus hijos e hijas menores o con discapacidad para el año 2018.

 

Nº de Disposición: BOE-B-2018-37757|Boletín Oficial: 170|Fecha Disposición: 0000-00-00|Fecha Publicación: 20Co18-07-14|Órgano Emisor: Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad

 

BDNS(Identif.):406346

https://bit.ly/2L2iRuU

De conformidad con lo previsto en los artículos 17.3.b y 20.8.a de la Ley 38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones, se publica el extracto de la convocatoria cuyo texto completo puede consultarse en la Base de Datos Nacional de Subvenciones (http://www.infosubvenciones.es/bdnstrans/GE/es/index):

 

Primero. Beneficiarios:

Entidades de naturaleza jurídico privada sin ánimo de lucro y con implantación estatal o autonómica según sus estatutos y que, en el momento de la publicación de la convocatoria, carezcan de fines de lucro e incorporen, entre los fines y objetivos recogidos en sus estatutos, la protección, la atención o la asistencia laboral, formativa, informativa, médica, jurídica o psicológica a víctimas de trata con fines de explotación sexual o personas en contextos de prostitución, o que las entidades u organizaciones solicitantes acrediten fehacientemente, por cualquier medio admitido en derecho, experiencia en el desarrollo y puesta en práctica de proyectos de atención a estos colectivos.

Segundo. Objeto:

Subvenciones para proyectos destinados a la atención a mujeres y niñas víctimas de trata de seres humanos con fines de explotación sexual y sus hijos e hijas menores de edad o con discapacidad, y cuyas actuaciones se desarrollen en ámbitos de asistencia integral, detección, información y asesoramiento, atención psicosocial, asistencia sanitaria, apoyo jurídico, acompañamiento a otros recursos e inserción sociolaboral, incluidas las actividades de formación y la atención a situaciones de especial vulnerabilidad, cuando se propongan actuaciones que prioricen la detección y atención a víctimas menores de edad, mujeres extranjeras en situación irregular, solicitantes de protección internacional, víctimas con discapacidad y con problemas de salud mental, entre otras.

Tercero. Bases Reguladoras:

Orden SSI/1171/2014, de 26 de junio, publicada en el BOE de 7 de julio de 2014.

Cuarto. Cuantía:

La cuantía total de la subvención tendrá un importe máximo de 2.000.000,00 de euros. Excepcionalmente, en caso de que se produzca un aumento del crédito presupuestario disponible en la aplicación 26.22.232C.484, motivado por la aprobación de la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2018, se aplicará a la concesión de las subvenciones la cuantía adicional resultante, de conformidad con los requisitos establecidos en el artículo 58.2 del Real Decreto 887/2006, de 21 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley 38/2003, General de Subvenciones.

El importe individualizado de cada subvención concedida se establecerá atendiendo a la puntuación obtenida y con arreglo a criterios objetivos de ponderación establecidos en las bases reguladoras.

Quinto. Plazo de presentación de solicitudes:

Se formalizarán, con carácter obligatorio, por vía electrónica, accediendo al formulario a través de la Sede electrónica del extinto Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, cuya dirección es https://sede.msssi.gob.es/registroElectronico/formularios.htm, en un plazo de quince días hábiles a partir del día siguiente al de la publicación de este extracto en el BOE.

Sexto. Otros datos:

La solicitud deberá ir acompañada, en el momento de su presentación, de una memoria explicativa de la entidad, de una descripción del proyecto y de una declaración responsable. Cada entidad podrá presentar un único proyecto.

Madrid, 26 de junio de 2018.- La Secretaria de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Soledad Murillo de la Vega.

 

Feminismos y prostitución: entre la abolición, la regulación y el reconocimiento de derechos

 

por Sandra Milena Yáñez 

30 de junio de 2018

https://cubaposible.com/feminismos-y-prostitucion-entre-la-abolicion-la-regulacion-y-el-reconocimiento-de-derechos/

Foto: Sergio Uceda

 

¿En qué momento la prostitución se convirtió en un asunto de interés para los feminismos? ¿Por qué hoy se debate en el mundo occidental sobre si se debe prohibir o, por el contrario, se sigue permitiendo el ejercicio de la prostitución? ¿Cómo se conecta ese debate con las reivindicaciones de los distintos feminismos, tanto occidentales como no occidentales?

En el presente artículo proponemos una revisión (no exhaustiva) a los hechos que han dado lugar al debate actual sobre prohibir o no la prostitución, y la postura que el feminismo llamado “hegemónico”, es decir, el feminismo más visible en Occidente y que de cierta manera marca las pautas de acción de los movimientos feministas en el mundo, ha asumido al respecto.

Vale la pena aclarar que la mirada de este artículo se construye, sobre todo, desde lo que está ocurriendo hoy en Europa y América latina en relación a este tema, dejando por fuera muchas de las experiencias en otras partes del planeta.

 

Prostitución, trabajo sexual y trata: aclarando conceptos

¿Son lo mismo la prostitución y la trata de mujeres con fines de explotación sexual?

Aunque la prostitución o el intercambio de servicios sexuales por dinero o bienes entre personas adultas es un oficio tan viejo como la misma humanidad, el concepto “prostitución”, utilizado en las convenciones internacionales, en los medios de comunicación y, por supuesto, en los debates feministas contemporáneos tiene apenas dos siglos, según lo explica la investigadora Laura Agustín 1 . El mercado sexual ha existido en todas las civilizaciones, en algunas con más restricciones que en otras y con fines muy distintos, pero solo es hasta la aparición del concepto de “prostitución”, que proviene del término latino prostituere , que significa literalmente exhibir para la venta, que comienza a enfocarse la atención en una de las dos partes de la transacción sexual, lo que ha terminado por convertir a las llamadas prostitutas (así, en femenino) en el objeto principal de observación y análisis hacia este mercado.

Si esto le sumamos la imposición de un modelo sexual heteronormativo, es decir, un modelo en el que se asumen como “normales” o “naturales” únicamente las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, vemos cómo se ha perpetuado hasta ahora, tal como lo afirma Agustín, “el supuesto clásico de mujer-sexoservidora/hombre cliente” 2 , aunque la experiencia demuestre que los intercambios sexuales son de todo tipo y se producen indistintamente entre hombres y mujeres heterosexuales y homosexuales y personas transgénero. Por último, y no menos importante, hemos de señalar que la moral de cada sociedad ha terminado por delimitar la idea de la prostitución, entendiendo este concepto como parte de las conductas sexuales reprochables, con lo que según que actividades, manifestaciones o actitudes sexuales (no siempre mediadas por una transacción económica) pueden ser consideradas delictivas en unas sociedades y en otras no. Esto ha completado el cuadro para que no se llegue a un acuerdo global sobre el sentido del término y, en palabras de Agustín: “Se supone que engloba tantas actividades que al final es mejor prescindir de la palabra”.

En una cosa en la que sí parecen estar de acuerdo los 82 países que han firmado El Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena , una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del año 1949, es en que, como reza su preámbulo:

“ la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad” 3

Aquí nos enfrentamos a lo que ha sido la principal causa de persecución de las personas que se dedican al mercado del sexo: la asimilación, explícita en este convenio, de la prostitución con el tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual, es decir, relacionar intencionadamente el intercambio sexual entre adultos libre y consentido con el tráfico y sometimiento de personas con fines sexuales. Además de esto, no podemos dejar de evidenciar la carga moral que tiene consigo la expresión “la prostitución y el mal que la acompaña”, que deja en el plano de la moralidad el juicio sobre el ejercicio de la prostitución y además lo convierte en la causa directa de la trata de personas. A partir de aquí resulta casi imposible separar el ejercicio de la prostitución del tráfico de personas, con lo que los trabajadores del sexo cargan con un doble estigma desde entonces: el de ofensoras de la moral pública y promotoras de la explotación de otros seres humanos.

Sobre el concepto de trata de personas con fines de explotación sexual es precisamente este convenio el que delimitará su significado y hará un cambio “políticamente correcto” en relación al concepto de “trata de blancas”, una expresión del siglo XIX que hacía alusión al mito del tráfico de mujeres europeas y americanas -blancas- en Asia, África y América para explotarlas sexualmente. 4 Esta alusión directa a las mujeres blancas obedecía a que hasta en ese momento la esclavitud de mujeres negras, asiáticas y aborígenes de los territorios colonizados por Europa no era considerado algo anormal ni delictivo mientras que la transacción con mujeres europeas y americanas blancas sí.

La idea de trata expuesta en el convenio de la ONU resulta problemática para muchos países pues, a diferencia de lo que podríamos creer, no tiene en cuenta el consentimiento de la persona para definir si ha habido explotación o no en contra de su voluntad. En su artículo 1 el convenio llama a castigar a aquellos que “concertaran o explotaran la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de tal persona» con lo que se terminaría por incluir en el delito de la trata al ejercicio sexual que se ejerce libremente y sin coacción con la ayuda de otra y otras personas (burdeles, casas de citas, salas de masaje sexual e incluso apartamentos compartidos con otros trabajadores sexuales). Debido precisamente a esta definición es por lo que, en Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Grecia o Turquía, países en los que la prostitución voluntaria es legal y está regulada como una ocupación, no se ha ratificado el convenio.

En el año 2000 la ONU formula El protocolo de para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños , en el marco de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional , que redefine el delito de la trata, especificando los casos en que el consentimiento debe obviarse y ampliando el concepto de explotación, yendo más allá de la finalidad sexual:

“ La “trata de personas” puede significar el reclutamiento, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, bajo amenaza o por el uso de la fuerza u otra forma de coerción, secuestro, fraude, engaño, abuso de poder o una posición de vulnerabilidad, o recibir pago o beneficios para conseguir que una persona tenga bajo su control a otra persona, para el propósito de explotación. La explotación puede incluir, como mínimo, la explotación de la prostitución de otros u otra forma de explotación sexual, trabajo forzado o servicios, esclavitud, o prácticas similares a la esclavitud, servidumbre, o remoción de órganos… El consentimiento de las víctimas de la trata de personas hacia sus explotadores establecido [arriba] es irrelevante cuando cualquiera de las formas mencionados [arriba] ha sido usada.”

Esta actualización del concepto ha hecho que 171 países del mundo ratifiquen este protocolo, lo que demuestra que el moralismo, usado como criterio en el convenio del año 1949, no puede seguir siendo utilizado por la ONU a la hora de establecer líneas de actuación para enfrentar el tráfico de personas o cualquier otro delito.

Precisamente de esta Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional surge la creación de un grupo de expertos contra el tráfico de personas en el Consejo de Europa (GRETA), grupo que en su informe sobre España del año 2013 destaca la imperante necesidad de distinguir trata con fines de explotación sexual, por un lado, y prostitución por el otro. En el mismo documento se critica que el Estado Español centra su lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, pero deja de lado la trata con otros fines de explotación laboral (servicio doméstico, temporeras del campo español, mano de obra de talleres clandestinos, etc.), lo cual resulta muy conveniente para ciertos sectores. Por último, afirma que es erróneo sostener que un 90% de prostitutas sean víctimas de trata, como lo repiten lobbies abolicionistas y medios de comunicación, ya que no existen estudios que avalen esta cifra.

Más adelante veremos que la definición de trata del año 1949 y la mal-intencionada identificación entre dicho concepto y el de prostitución se convertirán en la base de las argumentaciones del lobby feminista abolicionista, nacido en el seno del feminismo hegemónico occidental.

¿Por qué hablar de trabajo sexual en lugar de prostitución?

Para cerrar este apartado nos referiremos al concepto de trabajo sexual, desde el cual el activismo de las y los trabajadores del sector del sexo (prostitutes, operadores de líneas eróticas, actores y actrices porno, dominatrices profesionales, etc.) busca que se les reconozca internacionalmente. El trabajo que al respecto han venido haciendo desde hace más de dos décadas organizaciones como Hetaira y Aprosex de España y la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) empieza a dar sus frutos y son cada vez más las organizaciones, colectivos y medios de comunicación alternativos que hablan de trabajo sexual en lugar de hablar de prostitución.

El sector de los servicios sexuales no sólo está estigmatizado socialmente debido, principalmente, al miedo que sigue causando el tema de la sexualidad libre, sino que además por cuenta de la clandestinidad desde la que tiene que actuar a cuenta de las leyes prohibicionistas no se ha logrado consolidar, como en otros sectores laborales, cuerpos representativos sindicales que le den al trabajador sexual el mismo estatus de cualquier otro trabajador, permitiendo que se reconozcan legalmente sus derechos y también sus obligaciones con el Estado.

El reconocimiento hoy de la condición de trabajadores y trabajadoras sexuales en los países en los que la prostitución y la industria del sexo están permitidas se logró en parte a lo conseguido por las trabajadoras sexuales que, en pleno centro de Lyon, en Francia, ocuparon la iglesia de Saint-Nizier, en la mañana del lunes 2 de junio de 1975, para protestar por las penas de prisión a las que habían sido condenadas unas diez de ellas unos pocos días antes, por supuesta reincidencia en el controversial delito de “captación activa de clientes”. “Esa protesta rechazaba la persecución policial, las leyes represivas y los cánones morales que criminalizaban a las trabajadoras sexuales haciéndolas responsables de una “actitud dirigida a provocar el libertinaje” 5 .

A pesar de que el encierro sólo duró ocho días por el desalojo violento que sufrieron por parte de la policía francesa, la protesta logró visibilizar a nivel internacional la lucha de las prostitutas por sus derechos laborales en una doble condición reivindicativa: la de mujeres y la de trabajadoras, que hasta ese momento no era reconocida por nadie. Sobre este hecho, convertido en un hito por el activismo de los y las trabajadores sexuales, dice la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR): “Éste ha sido uno de los primeros hechos históricos en que las trabajadoras sexuales se atrevieron a discutir los criterios morales dominantes y a luchar contra su estigmatización, a hacer oír su propia voz y a hacer conocer su propia mirada respecto de sus condiciones de vida y, fundamentalmente, a luchar por sus derechos humanos y laborales.” 6

Hablar de trabajo sexual en lugar de hablar de prostitución permite, de una parte, transformar el sentido peyorativo y estigmatizante de la noción de prostitución, asumido durante siglos como una lacra social y que ha culpabilizado y señalado especialmente a las mujeres, y de otra parte, hablar de trabajadores del sexo nos permite entender que hay un mercado del sexo, amplio y diverso, en el que trabajan millones de personas, que merecen ser reconocidas y cuya lucha sindical y por sus derechos no puede ser tratada de forma distinta a otras luchas laborales.

La propia ONU, que ya hemos visto ha tenido un sesgo importante en la definición de la prostitución en el pasado, ha empezado a usar el término trabajador sexual en sus informes: “El término apropiado que se aplica para el trabajo sexual se define mejor en relación con el contexto local. Esta definición puede cambiar con el tiempo a medida que las actitudes evolucionan. Debe darse prioridad a hacerse eco de cómo se perciben a sí mismos en este papel los que están implicados en el trabajo sexual. (…) El término profesional del sexo ha ganado popularidad por encima del de prostituta porque las personas implicadas consideran que es menos estigmatizante y creen que la referencia al trabajo describe mejor su experiencia”. 7

 

Feminismos y prostitución: abolicionismo, regulacionismo y reconocimiento de derechos

En esta segunda parte del texto hablaremos de las tres posturas desde las que diferentes vertientes feministas abordan la cuestión del trabajo sexual, sobre todo el ejercido por las mujeres: abolicionismo, regulacionismo y garantista de los derechos de las y los trabajadores sexuales. La importancia de dichas posturas radica en que las políticas tanto nacionales, como transnacionales (formuladas desde organismos como la ONU) referentes a la reglamentación de la prostitución y la lucha contra la trata de personas están fuertemente influenciadas por las miradas feministas, sobre todo por la del feminismo hegemónico occidental y es urgente revisar críticamente las posturas que se han construido al respecto.

El feminismo hegemónico y el abolicionismo

En el mundo occidental reconocemos por feminismo la lucha librada por las mujeres occidentales, a partir del siglo XVIII, para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, denunciar y eliminar tanto la violencia de los varones sobre las mujeres, como ​los roles sociales establecidos según el género. A este feminismo blanco, occidental y muy visible en las agendas mediáticas occidentales, es al que llamamos feminismo hegemónico y es a partir de su hegemonía que se delimitan lo que algunas autoras han denominados “feminismos periféricos”, que son esencialmente los feminismos de raíz no occidental y que en muchos postulados se oponen radicalmente al feminismo hegemónico.

Podemos decir que, desde su surgimiento, con la aparición de la obra “Vindicación de los derechos de la mujer”, de Mary Wollstonecraft (1792), el feminismo occidental se ha ramificado y hoy hablamos ya no de un movimiento homogéneo y claramente identificable, como ocurría en el siglo XVIII, sino de un espacio de lucha heterogéneo en el que incluso muchas posturas pueden ser radicalmente opuestas a otras. A pesar de esto, los medios de comunicación, las agencias internacionales de cooperación y ciertos actores políticos e influenciadores suelen estar alineados con la facción más conservadora del feminismo occidental, heredera de la llamada primera ola del feminismo, por tener posturas que aunque en apariencia son rompedoras, en realidad suponen la continuidad del binarismo de género y de lo que muchos encajan como “normal” en relación con las inclinaciones sexuales, los roles de género y el ejercicio público de la sexualidad.

El abolicionismo surge en el siglo XIX encabezado por un grupo de mujeres que reaccionan frente a las leyes higienistas, muy en boga en toda Europa, que consideraban la prostitución una enfermedad social, crónica e incurable y que reglamentaban su ejercicio no para mejorar las condiciones de las trabajadoras sexuales sino para que su conducta no afectara la vida y la moral de las personas “de bien”. Frente a estas leyes las abolicionistas, dentro de las que destaca la figura de la británica Josephine Butler (1828-1906), reaccionan contra la intromisión estatal en los cuerpos de las mujeres que suponía el reglamentarismo higienista y como una crítica al modelo de sexualidad vigente, reivindicando mayor libertad para las mujeres y el derecho a no ser atacadas sexualmente, incluidas las prostitutas, lo que sin duda era revolucionario para la moral de la época. “Concibieron la prostitución como una cuestión de dignidad de la mujer y de sus derechos. El proyecto abolicionista se inscribía, pues, en un proceso de emancipación de las mujeres de más largo alcance.” Afirma Gemma Nicolás Lazo. 8

Pero, ¿en qué momento el abolicionismo feminista se convierte en un aliado de los sectores más conservadores de la sociedad? Cuando el discurso llega a las instancias de poder encargados de legislar y tipificar los delitos relacionados con las mujeres con respecto a la prostitución el sentido asociado a la reivindicación de los derechos de las prostitutas desaparece y en su lugar se posiciona la idea de que, con la abolición de la prostitución, en reemplazo de la reglamentación, se garantiza la moral y las buenas costumbres y, de paso, se controla la sexualidad de las mujeres “decentes”.

“ Los delitos que acompañaban a la prostitución en los Códigos del diecinueve, y que lo seguirán haciendo durante algún tiempo en el futuro, son el de adulterio, violación, escándalo público y rapto. El bien jurídico a proteger en los delitos contra la honestidad no era los derechos de las mujeres, sino una idea de decencia y decoro proveniente del orden moral establecido. Lo que los dispositivos de poder pretendían, y también el derecho penal en ultima ratio, era garantizar y mantener la “honestidad” de las mujeres “decentes”, es decir, controlar su sexualidad.” 9

Lo más increíble de este giro es que la abolición institucionalizada se leía en el siglo XIX y se sigue leyendo hoy como una reforma moderna y necesaria para los estados introducida por el feminismo, sin que esto lo cuestionen los políticos de izquierdas ni las propias feministas. En lugar de retornar a las reivindicaciones de las primeras abolicionistas, las abolicionistas de hoy se reafirman en los argumentos institucionales que continúan señalando la prostitución como una lacra moral y de la salud pública.

Como mencionábamos en un apartado anterior, el abolicionismo se acompañó, desde muy temprano, de la confusión entre prostitución y trata de mujeres que en el siglo XIX se conocía como “trata de blancas”, un concepto que fue clave para conseguir tres propósitos en ese momento: construir un mito sobre la esclavitud de mujeres blancas en países no occidentales para controlar la autonomía de las mujeres que emprendían procesos migratorios; construir un mito racista sobre la existencia de un mercado de trata manejado por hombres no blancos y profundizar en la idea de que la prostitución es siempre resultado del sometimiento y nunca del ejercicio libre de la sexualidad de las mujeres. (Nicolás lazo, 2009).

Esta relación entre trata y prostitución, como vimos, se refuerza con el Convenio de la ONU para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, de 1949, que además reivindicará que las políticas abolicionistas, sustentadas por el feminismo hegemónico occidental, suponen un avance en la protección de los derechos de las mujeres, por lo cual ningún país puede renunciar a imponerlas en su territorio. Esto, a pesar de demostrarse que la abolición de la prostitución solo tiene beneficios para la institucionalidad colonial, racista y patriarcal y nunca para las trabajadoras sexuales.

José López Riopedre en su artículo “La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta” 10 explica muy bien lo conveniente que ha resultado el discurso abolicionista en Europa para, de una parte, camuflar el racismo que desata la presencia masiva de inmigración de las excolonias europeas, en los años 90s, permitiendo la criminalización de dicha población a través de la confusión interesada entre trata y prostitución, y de otra parte ha permitido ampliar el ámbito de intervención y control sobre los ciudadanos, dirigiendo conductas y conduciendo sexualidades (en el mismo sentido en que Foucault habla de la biopolítica y del control estatal e institucional de las sexualidades). “El “eje del mal” del siglo XXI se ha edificado así en torno a una curiosa amalgama de sujetos infames: maltratadores, pederastas, clientes de servicios sexuales, facilitadores, voyeurs, exhibicionistas, dueños de negocios de alterne, arrendadores y arrendatarios de locales de perdición e intermediarios de toda guisa. Son los auténticos monstruos del presente, neo-terroristas de Estado que concentran todas las energías de los nuevos combatientes de la cruzada moral post-moderna. La necesaria y perentoria expiación de sus crímenes aflora durante todo el proceso discursivo donde los estereotipos del tráfico, la deuda y la explotación sexual salen continuamente reforzados gracias a la acción multiplicadora de los medios de comunicación social.” 11

Además de esto hay que agregar, tal como lo dice López Riopedre, que el discurso criminalizador del trabajo sexual por parte del abolicionismo convierte en víctimas a las trabajadoras sexuales, con lo que las objetualiza, despojándoles de su capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos y, al mismo tiempo, aunque las señala víctimas, con lo que uno pensaría que hay hacia ellas una trato distinto al destinado al “proxeneta” o al “cliente”, no les garantiza ningún derecho como mujeres víctimas del patriarcado, como si ocurre en los casos de violencia de género. Al final lo que tenemos es un discurso moralizante que ni por asomo reconoce la capacidad de agencia de las trabajadoras sexuales y que sólo las tiene en cuenta si se reconocen como víctimas. 12

Suecia, sin duda, ha sido el país que ha asumido las banderas abolicionistas en Europa, siendo el primer país de la región en tener una ley que prohíbe la compra de servicios sexuales (1999). Su modelo, que supuestamente no actúa contra las prostitutas sino contra los clientes, lo que ha hecho es clandestinizar los servicios sexuales, poniendo en riesgo a los trabajadores sexuales, mientras controla la sexualidad de sus habitantes. Aunque parece contradictorio que el abolicionismo se institucionalice con estos objetivos en un país como Suecia, que se lee como un estado liberal, demócrata y socialmente avanzado, dice López Riopedre, siguiendo a Kulick 13 , que no debemos olvidar que Suecia “posee uno de los ordenamientos jurídicos más severos en cuanto a disciplinamiento de la conducta sexual de sus ciudadanos, por lo que puede entenderse mejor que se haya convertido en el país donde la voluntariedad de los sujetos se halle cada vez más cuestionada a la hora de establecer relaciones sexuales, optando por criminalizar no sólo a la industria del sexo sino también a quienes mantengan contacto íntimo con menores, seropositivos que no informen debidamente acerca de su enfermedad, interviniendo cualquier tipo de remuneración durante el intercambio sexual o bien pueda suscitarse la sombra de la sospecha en cualquier momento de la interacción” 14 .

Ni reglamentarismo ni abolicionismo: apelar al reconocimiento de los derechos de las y los trabajadores sexuales

Las y los trabajadores sexuales, agrupados en organizaciones, cooperativas, sindicatos y asociaciones en todo el mundo participan, día sí y día también, en charlas, debates, congresos, programas de televisión, foros de internet y en otros espacios de divulgación para hacerse oír con respecto a sus reivindicaciones, porque están cansados de que sean siempre otros los que hablen por ellos.

De una parte quieren dejar claro que sus reivindicaciones nada tienen que ver con las de las feministas abolicionistas, que abogan por convertirlas en víctimas para luego salvarlas de las redes del tráfico sexual, con lo que se enriquece lo que Laura Agustín llama “la industria del rescate” 15 . De otro lado también quieren alejarse de la postura reglamentista, que antes era asumida por las políticas higienistas, como vimos, y ahora es abanderada por los dueños de burdeles y clubes de alterne que buscan, con ayuda de sus aliados políticos, que se reglamente el ejercicio de la prostitución de modo que únicamente ellos se vean beneficiados de tal actividad.

Tanto una como otra posición despojan a las trabajadoras sexuales de su capacidad de agencia sobre su cuerpo y su sexualidad y les niegan la posibilidad de ejercer sus derechos como cualquier trabajador occidental. En ese sentido reivindican las declaraciones del documento publicado por Amnistía Internacional en 2015, resultado de su investigación con trabajadores sexuales durante más de dos años en todo el mundo, en el que instan a los gobiernos del mundo a despenalizar el trabajo sexual y proteger los derechos humanos de las y los trabajadores sexuales. En su texto AI aclara la diferencia entre despenalizar, que es lo que piden los trabajadores sexuales, y legalizar el trabajo sexual:

“ Más que la eliminación de las leyes que penalizan a las trabajadoras y los trabajadores sexuales, la legalización supone la introducción de leyes y políticas relativas específicamente al trabajo sexual con el fin de regularlo formalmente. Amnistía Internacional no se opone a la legalización per se, pero los gobiernos deben asegurarse de que el sistema respeta los derechos humanos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Creemos que todavía hay margen para avanzar en materia de despenalización y contra los abusos de derechos humanos derivados de la legalización, dado que hay trabajadoras y trabajadores sexuales que están quedando al margen de la ley en sistemas en que el trabajo sexual está legalizado.” 16

En este documento Amnistía Internacional insta a los gobiernos a:

“ Garantizar que todas las personas tienen acceso a sus derechos económicos, sociales y culturales, a la educación y a oportunidades de empleo

Eliminar los estereotipos de género perjudiciales y todas las formas de discriminación y las desigualdades estructurales que puedan llevar a grupos marginados a vender servicios sexuales en cantidad desproporcionada

Reformular las leyes relativas al trabajo sexual para eliminar los delitos de carácter muy general que criminalizan la mayoría de los aspectos –si no todos– del trabajo sexual y convertirlas en leyes que brinden protección frente a la coacción (incluida la trata de personas) y los actos de explotación y abuso y prevengan la participación de niños y niñas en el comercio sexual.

Eliminar la regulación penal y cualquier otra regulación punitiva del trabajo sexual con consentimiento entre personas adultas, ya que refuerzan la marginación, el estigma y la discriminación y pueden negar a las personas que se dedican al trabajo sexual el acceso a la justicia bajo el amparo de la ley.

Garantizar la participación de las trabajadoras y los trabajadores sexuales en la elaboración de las leyes y políticas que afectan directamente a su vida y su seguridad.

Garantizar marcos efectivos que permitan a las personas abandonar el trabajo sexual cuando así lo decidan.”

Debido a este posicionamiento con respecto al trabajo sexual AI recibió muchas críticas por parte del feminismo abolicionista europeo y de los gobiernos que son prohibicionistas pues a partir del documento se insinúa, de forma mal intencionada, que despenalizar el trabajo sexual es favorecer a las redes de trata, cuando ya está claro que prostitución y trata no son la misma cosa. Al respecto AI afirma: “Pedir la despenalización del trabajo sexual no significa eliminar las leyes que penalizan la explotación, la trata de personas o la violencia contra las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Estas leyes tienen que mantenerse y pueden y deben reforzarse. Significa eliminar las leyes y políticas que penalizan o sancionan el trabajo sexual, entre ellas figuran las leyes y reglamentos relativos a la venta, la compra o la organización de trabajo sexual, como ofrecer servicios sexuales, alquilar establecimientos, “regentar burdeles” y vivir de los beneficios de la “prostitución”.

Despenalizar el trabajo sexual, es decir, descriminalizarlo desde el punto de vista legal, implica para los trabajadores sexuales:

  • Tener acceso a la atención de la salud
  • Poder denunciar los delitos ante las autoridades
  • Poder organizarse y trabajar juntxs para mayor seguridad
  • Poder cotizar en el régimen de la seguridad social como trabajadores sexuales (no con profesiones encubiertas)
  • Desestigmatizar a su familia por “vivir de los beneficios” del trabajo sexual.

En este punto es clave mencionar la situación especial de los trabajadores sexuales inmigrantes que, además de padecer el estigma de cualquier trabajador sexual nativo, corre el riesgo permanente de ser deportado si no logra regularizar su situación como extranjero. Frente a esto, las y los trabajadores sexuales inmigrantes exigen una despenalización que contemple la regularización de aquellos que están en el territorio de manera irregular a través de su propio trabajo, es decir, que no se vean obligados a hacer contratos ficticios para obtener su residencia y su permiso para trabajar.

Vale la pena destacar que la posición de AI la comparten otras organizaciones que apoyan o piden la despenalización del trabajo sexual, entre las que figuran la Alianza Global contra la Trata de Mujeres, la Comisión Global sobre VIH y Derecho, Human Rights Watch, ONUSIDA, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud y la Organización Mundial de la Salud. Esto, sumado al reconocimiento del trabajado sexual por parte de sindicatos de todo el mundo y de la consideración de la lucha de las “putas feministas” como una lucha más por parte de muchos feminismos tanto del sur global como de facciones del feminismo occidental, son sin duda pasos muy importantes en la descriminalización del trabajo sexual y la reivindicación de los derechos de las trabajadoras de la amplia industria del sexo, que, después de siglos de ser las víctimas y de soportar que otros y otras hablen por ellas, han decidido no quedarse calladas nunca más. Como dice Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR):

“ La gran batalla que damos ahí es marcar la agenda, que nuestras voces sean escuchadas, interpelar al feminismo que no nos reconoce como un sujeto de derechos para que se comprenda que, más allá de que cada una pueda tener una posición sobre la prostitución, abolicionista o a favor del reconocimiento de derechos, lo importante es que el sujeto debe decidir por sí mismo. Creemos importante que, cuando se despliegan políticas punitivas o políticas públicas sobre un sector, sea ese sector el que tenga que decidir, no que otros hablen por él. Ese es el feminismo que nosotras defendemos, la principal ética feminista en torno a la autonomía de las mujeres.” 17

 

Notas:

1 Agustín, laura. La Industria del sexo, los migrantes y la familia europea. Cadernos Pagu (25), julho-dezembro de 2005. PP 107-128

 ídem

3 Convention for the Suppression of the Traffic in Persons and of the Exploitation of the Prostitution of Others. Disponible en:http://treaties.un.org/Pages/ViewDetails.aspx?src=IND&mtdsg_no=VII-11-a&chapter=7&clang=_en

4 Laura Agustín nos habla del origen de esta expresión: “La primera frase tiene su origen en un escándalo en el norte de Europa durante una larga migración de mujeres europeas hacia Argentina, un país receptor al que faltaban mujeres a fines del siglo XIX. Ya que no se quería creer que esas “blancas” pudieran elegir vender servicios sexuales, se creó un concepto conveniente. En: Agustín Laura, La industria del sexo, los migrantes y la familia europea. Cad. Pagu [online]. 2005, n.25, pp.107-128. http://dx.doi.org/10.1590/S0104-83332005000200005 .

5 AMMAR Córdoba y Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual. 40 años de lucha de lxs trabajadorxs sexuales!! Publicado el martes, 2 de junio de 2015. Disponible en: http://redreconocimientotrabajosexual.blogspot.com/2015/06/40-anos-de-lucha-de-lxs-trabajadorxs.html

6 ídem

7 Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA). Trabajo sexual y VIH/SIDA. Actualización técnica. Marzo de 2003. Disponible en: http://data.unaids.org/publications/irc-pub02/jc705-sexwork-tu_es.pdf

8 Nicolás Lazo, Gemma. La tergiversación del abolicionismo: de movimiento de mujeres liberador a defensor de un paternalismo victimizador de las trabajadoras sexuales. En: El trabajo por cuenta ajena y sus fronteras. Compilado por: Agusti Julia Jordi / Pular Beltran Nuria. Albacete, Editorial Bomarzo, 2009.

9 Ídem

10 López Riopedre, José. La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta. En: Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 24 · http://hdl.handle.net/10481/18099

11  Ídem.

12 Véase el caso en España de Amelia Tiganus, víctima de la trata de mujeres en Rumanía, que es usada por el abolicionismo en España como la muestra de que es imposible ejercer el trabajo sexual a menos de que haya coacción. El reconocerse como víctima le ha permitido a Tiganus ser bien vista en los círculos feministas y abolicionistas en España, aunque ella sepa que la trata que la red que la captó nada tiene que ver con el ejercicio libre de la prostitución.

13 Kulick. “Sex in the New Europe: The Criminalization of Clients and Swedish Fear of Penetration”. En: Anthropological Theory, 2003, Sage Publications, vol. 3 (2): 199-218.

14 López Riopedre, José. La criminalización de la industria del sexo, una apuesta políticamente correcta. En: Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 24 · http://hdl.handle.net/10481/18099

15 Conglomerado de feministas, expertos, instituciones públicas y ongs que viven de “salvar” a las prostitutas de la trata, apoyándose en la idea de que la prostitución voluntaria es asimilable a la trata.

16 Amnistía Internacional. Política de Amnistía Internacional sobre los derechos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. 2015. Disponible en:http://www.amnesty.org/es/qa-policy-to-protect-the-human-rights-of-sex-workers/

17 Ter Garcia. Georgina Orellano: “Las trabajadoras sexuales en Argentina estamos integradas en una central obrera”. Publicado en El salto, edición online, 2017-11-12. Disponible en: http://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/georgina-orellana_trabajo_sexual_modelo_nueva_zelanda

Fuente: http://cubaposible.com/feminismos-y-prostitucion-entre-la-abolicion-la-regulacion-y-el-reconocimiento-de-derechos/

 

AUTORA: 

Sandra Milena Yáñez

Investigadora predoctoral en Derechos Humanos y Ciudadanía . Universidat de Barcelona. Activista migrante y antirracista.

Centrarse en los derechos de las trabajadoras sexuales

 

Por Chus Álvarez

12 de julio de 2018

https://www.opendemocracy.net/beyondslavery/chus-lvarez/centrarse-en-los-derechos-de-las-trabajadoras-sexuales

 

Sea cual sea tu opinión sobre el trabajo sexual, negar que es un trabajo solo perjudica a quienes lo ejercen. English

 

En 2018 la Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW por sus siglas en inglés) publicó el informe «Las trabajadoras sexuales se organizan por el cambio». La investigación se realizó en siete países para documentar cómo las organizaciones de trabajadoras sexuales se enfrentan a los diferentes abusos dentro de la industria del sexo y cómo manejan la discriminación diaria que experimentan. La autora de este artículo llevo a cabo la investigación en España.

 

Durante mucho tiempo el debate sobre el trabajo sexual ha compartido espacio en mi cabeza con los prejuicios y creencias sociales y culturales que tengo como feminista blanca y occidental. Como parte de mi trabajo en la GAATW he leído mucho sobre el tema, desafortunadamente la mayor parte de la bibliografía tiende a confirmar uno de los dos puntos de vista generalizados y extremadamente contrapuestos desde los que se habla de esta cuestión. «En los debates altamente polarizados sobre si el trabajo sexual es inherentemente dañino para las personas que venden servicios sexuales, el activismo a menudo cae en la trampa de presentar dos estereotipos contrarios y simplificados: la mujer prostituida (una víctima explotada sin capacidad de decisión) o la trabajadora sexual (una mujer empoderada e independiente que hizo una elección libre)». Así dice la introducción del nuevo informe de la GAATW «Las trabajadoras sexuales se organizan por el cambio».

Siempre había opinado que un mundo en el que el sexo no estuviera a la venta sería un mundo mejor. Esta opinión estaba basada en mi resistencia a la lógica capitalista que tiende a mercantilizar todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, y en la idea de que el sexo debería estar relacionado con el amor,  el afecto, o cualquier otro tipo de sentimiento pero no con el dinero. ¿Tengo acaso una noción romántica del sexo? ¿Cómo han influido mi contexto religioso y social en mi opinión?

Realizar este estudio me ha permitido poner a un lado mis propias creencias y supuestos para escuchar atentamente  las realidades y motivaciones de varias trabajadoras sexuales. Hacerlo ha influido extraordinariamente en mi visión sobre el trabajo sexual, desarrollando una percepción mucho más fundamentada en las experiencias de aquellas personas que ejercen el trabajo sexual.

Aunque todavía no puedo responder a las preguntas sobre sexo, amor y dinero, escuchar las experiencias de las trabajadoras sexuales me ha dejado algo muy claro:si hablamos en serio cuando hablamos de proteger los derechos humanos de las mujeres, la criminalización y el estigma no son la respuesta. Los derechos lo son.

Los Derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos

Proteger los derechos de las trabajadoras sexuales significa proteger los derechos humanos. Tal y como dice Clarisa Velocci de Genera (organización en Barcelona que defiende los derechos de las mujeres), «si se defienden los derechos humanos de las mujeres (…) es un pack completo (…) se defienden los de todas, no los de una sí y los de otras no».

Las trabajadoras sexuales, como cualquier otra trabajadora, tienen la capacidad y el derecho a elegir la forma en que quieren ganarse la vida de entre las opciones que tienen. Esta decisión tiene que ser reconocida y respetada de la misma manera que ha de serlo su trabajo. Lo mismo pasa con sus demandas, que se podrían resumir básicamente en lugares seguros para trabajar, derechos laborales y beneficios sociales tal y como, insisto, cualquier otra trabajadora.

Intercambiar servicios sexuales por dinero les permite pagar el alquiler, comprar comida y ropa, llevar a sus hijas e hijos a la escuela. Hace posible que puedan apoyar a su familia extensa , acceder a asistencia médica, viajar, ir al cine, invitar a cenar a sus amistades, etcétera. En muchas familias, las trabajadoras sexuales son las principales proveedoras.

El trabajo sexual da independencia económica a muchas mujeres. Ignorar esto es ignorar la principal motivación que existe tras el trabajo sexual.

El derecho de las personas trabajadoras de asociarse libremente y negociar de forma colectiva es uno de los cuatro pilares fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo. Es más probable que sean las trabajadoras y trabajadores organizados quienes defiendan los derechos laborales, mejoren las condiciones de trabajo y creen sistemas de protección auto-gestionados. Los trabajadores y las trabajadoras organizadas tienen más poder y son menos vulnerables frente a la violación de derechos, el abuso y la explotación, incluyendo la trata de personas. Esto es tan cierto para las trabajadoras sexuales como para las personas en cualquier otro sector laboral. La organización de las trabajadoras sexuales debería ser igualmente reconocida por su poder de transformación. Debería ser encomiada y replicada, y apoyada desde el activismo por los derechos humanos.

Centrarse en los derechos humanos

Sacrificar los derechos de las personas involucradas en el trabajo sexual, incluso por el sueño de lograr un mundo sin trabajo sexual, va en contra del principio fundamental de los derechos humanos. Cuando rascamos más allá de la superficie, traspasando la teoría y los conceptos, nos encontramos de frente con las personas y con el impacto tan negativo que la criminalización y el estigma están teniendo en las trabajadoras sexuales. Se trata de ver las realidades de las trabajadoras sexuales tal y como son, no de cómo nos gustaría que fueran: las trabajadoras sexuales están sufriendo violaciones de sus derechos humanos a diario, no solo en su lugar de trabajo, sino también en la sociedad en general. Sufren humillaciones y ataques a su dignidad mientras hacen cola para renovar su DNI, o mientras esperan para entrar al médico. Incluso cuando van al colegio a recoger a sus hijas e hijos.

Escuchar a las trabajadoras sexuales y desafiar el conocimiento que creemos tener es crucial para abordar las condiciones laborales de las trabajadoras sexuales, incluyendo aquellas situaciones relacionadas con la trata. Necesitamos romper los estereotipos sobre el trabajo sexual y reconocer cómo las trabajadoras sexuales organizadas ya están abogando por la seguridad en el lugar de trabajo, la protección social y la participación en las decisiones que afectan a sus vidas.

Se trata de ver las realidades de las trabajadoras sexuales tal y como son, no de cómo nos gustaría que fueran.

Tenemos que comenzar por aceptar que el trabajo sexual es un trabajo. Es sorprendente ver cómo le cuesta a la gente reconocer que las trabajadoras sexuales se ganan la vida proporcionando servicios sexuales. Eso es lo que hacen. Puede ser que el trabajo que realizan les guste, o puede que no. Puede ser que hacer ese trabajo a ti te parezca bien o no. Pero que un trabajo guste o no, no tiene nada que ver con determinar que una manera de generar ingresos se clasifique como tal. Si así fuera, muchos sectores de la economía dejarían de ser «trabajo». De hecho, según una encuesta de Gallup de 2017, mucha gente odia su empleo pero eso no ha hecho que nadie se pregunte si lo que hace es en realidad trabajo.

Algunas personas argumentan que el trabajo sexual no es trabajo debido a cómo el patriarcado y el neoliberalismo lo influyen y configuran. Pero ¿podría alguna de esas personas nombrar un solo aspecto de nuestras vidas que no se vea influido por el patriarcado y el neoliberalismo?, ¿deberíamos entonces erradicar otros aspectos de la vida afectados tales como el matrimonio o las relaciones de pareja? ¿acaso podemos hacerlo?

En lugar de luchar por la criminalización del trabajo sexual o simplemente debatir si es o no trabajo, invito a quienes quieren erradicarlo a centrarse en eliminar las condiciones que lo convierten en la mejor alternativa de subsistencia para tantas mujeres.

Justo al final de uno de los grupos de discusión con trabajadoras sexuales en España, una de las participantes me preguntó: ¿alguna vez has pensado en ejercer como trabajadora sexual? No pude responder con un simple sí o no. Ser trabajadora sexual nunca ha estado entre mis mejores opciones de trabajo, por lo que por ahora no he tenido que considerar los pros y contras para tomar una decisión. La mujer que me hizo la pregunta no puede decir lo mismo.

Tenemos que retomar el debate, pero esta vez escuchando lo que las trabajadoras sexuales tienen que decir y centrando la atención en sus derechos humanos.

 

 

Acerca de la autora

Chus Álvarez es Oficial de Programa para América Latina con Global Alliance Against Traffic in Women (GAATW).

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Más policías admiten que FOSTA / SESTA ha dificultado mucho la captura de proxenetas y tratantes

 

del departamento de quién podría haberlo predicho…

 

por Mike Masnick

Lunes, 9 de julio de 2018

https://www.techdirt.com/articles/20180705/01033440176/more-police-admitting-that-fosta-sesta-has-made-it-much-more-difficult-to-catch-pimps-traffickers.shtml

 

Antes de la aprobación de SESTA / FOSTA, señalamos que, contrariamente a las afirmaciones de los defensores de la ley, casi con certeza dificultaría mucho más el trabajo de las fuerzas del orden y, por lo tanto, ayudaría a los tratantes de personas. La clave: pensaras lo que pensaras de Backpage, lo cierto es que cooperó con la policía. Y, la policía pudo usarlo para rastrear tratantes usando servicios en línea como Backpage. En mayo pasado dijimos que la policía comenzaba a darse cuenta  de que había un problema aquí, y parece que eso continúa.

En Indianápolis, la policía acaba de detener a su primer proxeneta de 2018 , y para eso fue necesaria la intervención de una policía encubierta a la que se acercó el proxeneta. El periodista pregunta por qué ha habido tan pocas detenciones y la policía señala con el dedo el cierre de Backpage:

Los casos, de acuerdo con el sargento John Daggy, un oficial encubierto de la unidad de vicio del IMPD, acaban de secarse. 

El motivo es bastante simple: los federales cerraron la mejor fuente de clientes potenciales de la policía, el sitio de anuncios personales en línea Backpage, a principios de este año. 

“Hemos estado un poco cegados últimamente porque han cerrado Backpage”, dijo Daggy. “Comprendo las razones del cierre, y la ética que está detrás de ello, sin embargo, nos ha cegado. Solíamos ver a Backpage como una trampa para tratantes de personas y proxenetas”. 

¿Lo has pillado? Tal como hicimos ver, Backpage era una herramienta increíblemente útil para que la policía encontrara a tratantes de personas y proxenetas. Y … gracias a la insistencia de los bienhechores en que Backpage tenía la culpa, ahora Backpage se ha ido, y la policía ya no puede encontrar a tratantes y proxenetas. Esto no parece ser la forma de detener la trata. Parece más bien la forma de hacer que sea más difícil para las fuerzas del orden detenerla. 

“Con Backpage, presentaríamos los anuncios y eso contaría gran parte de la historia”, dijo Daggy. “Además, con los anuncios atraparíamos a nuestra víctima en la habitación de un hotel, lo que nos daría una escena del crimen. Hay un montón de evidencia en la escena del crimen. Ahora, dado que [Backpage] ha desaparecido, recibimos informes tardíos y no tenemos mucho a lo que recurrir “.

El artículo es bastante extenso y detallado —y hasta cierto punto increíble— e incluso consigue que el sargento. Daggy admita que solía quejarse de Backpage, y luego se dio cuenta de lo útil que era como herramienta policial:

Poco después de que Indianapolis acogiera el Super Bowl, Daggy fue invitado a dar una presentación en la Conferencia de Fiscales Generales.

“Estuve hablando mal de Backpage a lo grande”, dijo, “porque, ya sabes, estábamos haciendo todas nuestras detenciones allí. Hicimos más de 60 detenciones y atrapamos cuatro casos de trata de personas durante el Super Bowl “. 

Después de su presentación, Daggy dice que la abogada de la página web se acercó para hablar con él. 

“Ella se me acercó y me dijo: ‘Sabes, si cerramos, los anuncios se irán al extranjero y algún otro los recogerá'”, dijo Daggy. 

Fue entonces cuando Daggy comenzó a ver Backpage como una trampa: una herramienta útil para la policía que intenta encontrar víctimas que rara vez presentan denuncias, y perpetradores que raramente salen a la luz.

Por supuesto, todavía estoy esperando escuchar lo que todas las personas que apoyaron SESTA / FOSTA tienen que decir sobre todo esto. ¿Dónde está Amy Schumer, que puso un PSA a favor de SESTA / FOSTA, ahora que la policía admite que la ley está poniendo en riesgo la vida de las mujeres y que ya no pueden rastrear y detener a los tratantes? ¿Dónde están todas las personas moralizadoras que simplemente están conectadas mágicamente con los estudios de Hollywood que siempre quisieron atacar el artículo CDA 230 (1), pero de repente encontraron una “causa” que utilizar al decir que necesitaban quitar el obstáculo del CDA 230 para detener la trata sexual? Ustedes, muchachos, crearon un problema mucho, mucho peor.

 


1.- https://www.eff.org/issues/cda230

“La Sección 230 dice que “Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o el autor de ninguna información proporcionada por otro proveedor de contenido de información” (47 U.S.C. § 230). En otras palabras, los intermediarios en línea que alojan o vuelven a publicar un texto están protegidos contra un rango de leyes que de otro modo podrían ser utilizadas para hacerlos legalmente responsables de lo que otros dicen y hacen. Los intermediarios protegidos incluyen no solo proveedores de servicios de Internet (ISP) regulares, sino también una variedad de “proveedores de servicios informáticos interactivos”, que incluyen básicamente cualquier servicio en línea que publique contenido de terceros. Aunque existen excepciones importantes para ciertas reclamaciones basadas en la propiedad intelectual o de carácter criminal, CDA 230 crea una amplia protección que ha permitido que la innovación y la libertad de expresión en línea prosperen.”