“Si volviera a nacer, volvería a elegir ser prostituta”

Fátima Olivares, delegada de Ammar, es prostituta hace 42 años y aseguró que ama su profesión. En el día de las y los trabajadores sexuales contó como están hoy

Por Soledad Segade segade.soledad@grupoamerica.com.ar

3 de junio de 2021

https://www.diariouno.com.ar/sociedad/si-volviera-nacer-volveria-elegir-ser-prostituta-n837096

Fátima Olivares, es prostituta hace 42 años y aseguró que ama su profesión.

Yo elegí ser prostituta cuando tenía 24 años. Yo lo elegí y si volviera a nacer, lo volvería a elegir. Amo mi profesión y soy una profesional”, aseguró Fátima Olivares, de 66 años, en el día de las y los trabajadores sexuales. Además, es delegada general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), y asiste a 60 mujeres en Mendoza que viven una situación de mucha vulnerabilidad.

Su vida no es fácil. Tiene siete hijos, y desde muy chica decidió trabajar en la prostitución debido a que debía alimentar a su familia. Con mucho trabajo y sacrificio consiguió tener su casa, un refugio para sus hijos.

Hace un año su casa se incendió, y uno de sus hijos que estaba en el interior de la vivienda murió como consecuencia de las llamas.

Con la pandemia por Covid desde el 2020 le fue resultó difícil juntar dinero para salir adelante una vez más. Sin embargo, ella muestra una gran fortaleza y nada la detiene.

El 2 de junio es el día de los y las trabajadoras y trabajadores sexuales en todo el país. En Mendoza no se realizó ningún acto ni evento, ya que aseguró que acá “son muy conservadores, aunque muchos hombres, especialmente los casados, nos buscan”.

Fátima Olivares lucha desde la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar) por los derechos de las prostitutas.

La celebración se realizó en Buenos Aires. Fátima contó que en la mañana estuvieron en la Casa Roja, donde se asiste a las chicas con comida, con asistencia médica, y testeos. Durante la tarde el evento se realizó en la Plaza Miserere, donde pasaron videos que mandaron de todas las provincias para estar presentes.

En Mendoza hay cerca de 200 mujeres trabajadoras sexuales, también varias travestis y alrededor de 10 hombres que ejercen la prostitución. Desde Ammar, Fátima Olivares asiste a 60 mujeres que están en una situación muy vulnerable, y que tienen hijos.

La ayuda es con mercadería que le entregaba la provincia y con los cupos laborales de Potenciar Trabajo, de la Nación, pero Fátima sostuvo que la mercadería no la recibe desde el año pasado, y los cupos de trabajo fueron suspendidos y desconoce hasta cuándo. Por lo tanto, las chicas hoy subsisten especialmente de las asignaciones por hijos y de la tarjeta Alimentar.

Hace años que Fátima lucha por los derechos laborales para todos los trabajadores sexuales, como el acceso a una obra social, ya que, insistió que es una profesión que no dejará de existir.

Debido a la pandemia y las restricciones sanitarias, Fátima aseguró: “No estamos trabajando. La única manera es que uno que se conoce con cliente lo llama y se junta en un departamento, o en la casa del cliente, ya que no hay hoteles, salvo algunos pueden pagar un lugar más caro. Sino directamente en la vía pública”.

Con la crisis económica que hay, detalló que muchas mujeres grandes que habían dejado de trabajar, salieron de nuevo porque no tienen dinero para vivir, pero que también muchas jóvenes comenzaron a transitar esta profesión por la misma necesidad de dinero.

Si bien nuestro trabajo no está legalizado, tampoco está prohibido”, expresó la mujer que lleva 42 años en la prostitución, profesión que es requerida por muchos, pero denigrada por muchos otros.

Fátima Olivares es delegada general de Ammar.

“Tuvimos dos ordenanzas municipales. Una fue el cierre de saunas, cabarets y departamentos, y las chicas volvieron a salir a las calles. Algunas son nuevas y no conocen bien, otras son mujeres que ya saben cómo es el manejo”, contó Fátima.

Y agregó que la otra ordenanza que les complica aún más su trabajo es la penalización al cliente. “Ahí actúan los preventores, que cuando las chicas tienen que trabajar tienen que hacer un arreglo o hacerles sexo oral para que las dejen trabajar. La Policía hace lo mismo, las corretea, no las deja trabajar, tenés que pagar coimas o hacer sexo oral”.

Además de esto, muchas mujeres sufren robos, “nunca falta alguien que vaya a robarles, además de padecer violencia institucional”.

Fátima, quien en sus años de carrera vivió y vio de todo, dijo que ella entrega preservativos a las chicas para que se cuiden, además que en la Casa de la Salud de la mujer, reciben atención médica y pueden pedir otros métodos anticonceptivos, realizarse testeos, y también exámenes ginecológicos.

En cuanto al cupo trans que debe darse especialmente en las reparticiones del Estado, Fátima dijo que es algo que no se cumple correctamente, ya que las chicas trans deben hacer muchos trámites y aquellas que tienen VIH no son recibidas, por lo que no les queda otra opción que seguir en la prostitución.

Si todas tuviéramos las mismas posibilidades de trabajar para el Gobierno no habría más prostitución”, aclaró Fátima Olivares.

La prostitución como salida laboral: “No queremos ser excluidas del sistema”

En una de las semanas más importante para la lucha por la despenalización de trabajo sexual, y cerca del próximo “Ni Una Menos”, dialogamos con una trabajadora y referente en la prostitución. 

Por Gonzalo Aragon y Lucrecia Gasco

2 de junio de 2021

https://www.perfil.com/noticias/actualidad/la-prostitucion-como-salida-laboral.phtml

Georgina Orellano en el día internacional de las trabajadoras sexuales | Instagram

El objetivo de Georgina es invitarnos como sociedad a salir del imaginario que se genera alrededor del tema para ponernos los pies en el barrio. “Un buen punto inicial es definir qué es trabajo sexual para profundizar en la postura de la despenalización y el peso que tiene en la actividad económica nacional”, explica.

—¿Desde qué punto crees que la militancia puede visibilizar las realidades con las que ustedes coexisten?

—Es importante la visibilidad que nos da la militancia, la organización sindical, el colectivo de trabajadores sexuales porque es dar a conocer nuestra realidad, que durante mucho tiempo estuvo oculta y hasta desconocida. Eso también se refleja en las políticas públicas, desde la ausencia del estado, hasta la teoría construida desde la academia, las discusiones dentro de los feminismos que siempre fueron sin las voces de las trabajadoras y los trabajadores sexuales, y que han construido discursos y narrativas que, generan estigmas, más discriminación y nos topamos con discursos victimizantes.

—¿Qué tan útil sería un relevamiento sobre cuántas de ustedes no acceden al sistema bancario, para usar este como argumento de lucha?

—Para nosotras todo tipo de relevamiento hacia nuestro colectivo es útil porque justamente no hay datos, nosotras somos un sujeto inexistente para el estado. No conoce ni cuantas somos, ni cómo es nuestra situación habitacional, ni nuestra situación económica, ni sabe cómo está compuesta nuestra familia, hay un total desconocimiento en torno a nuestra vida y nuestra existencia. Queremos políticas públicas que contengan nuestras demandas y problemáticas. No queremos ser excluidas del sistema. Queremos disfrutar de tener una cuenta bancaria, caja de ahorro, darnos de alta en el monotributo. ¿Cuándo vamos a poder tributar como trabajadoras sexuales? ¿tenemos que seguir mintiendo y ocultando?

“Es importante la visibilidad que nos da la militancia, la organización sindical, el colectivo de trabajadores sexuales porque es dar a conocer nuestra realidad, que durante mucho tiempo estuvo oculta y hasta desconocida”.


—Una crítica fuerte desde los feminismos apunta a las políticas de asistencialismo. ¿Cuál es tu mirada al respecto?

—El feminismo también ha pensado con respecto a las trabajadores sexuales con una mirada asistencialista, y con una mirada de salvadora, de programas de rescate de salvar a las putas, en donde intentan darnos un trabajo que signifique “mayor dignidad”, que el que tenemos o generarnos microemprendimientos con un bajo costo en ingresos económicos, que hace que la compañera, por más que tenga la posibilidad de acceder al microemprendimiento, necesite seguir ejerciendo el trabajo sexual para cubrir todas sus necesidades básicas. 

—¿Las trabajadoras sexuales fueron beneficiarias del Ingreso Familiar de Emergencia?

—Muchas de las trabajadoras sexual mujeres cis pudieron acceder porque ya estaban adentro del sistema financiero con el programa asignación universal por hijo, muchas otras no y quedaron en el camino. Creo que una de las cosas que tiene en particular el estado es pensar sus políticas detrás de un escritorio, y con una mirada totalmente burocrática y no adaptarse a las distintas realidades que atravesamos las personas.

—¿La pandemia cómo les afectó?

—Las compañeras trans migrantes viven en condiciones insalubres, casas tomadas, inquilinatos. Recibimos en nuestra organización a compañeras pidiéndonos por favor que las ayudemos a inscribirse al IFE, que no sabían cómo hacerlo. Muchas compañeras no tenían ni siquiera tenían correo electrónico. Empezamos a re educarnos entre todas. Con el programa Procrear de viviendas, quienes pueden acceder son solo los que están registrados y están dentro del sistema, y los que no estamos dentro del sistema siempre quedamos como espectadores viendo como otros pueden acceder a este tipo de políticas y como a nosotras se nos precariza cada vez mas nuestras vidas.

—¿Qué impacto crees que puede generar dentro de la despenalización del trabajo sexual, series como “Sky rojo”?

—Nosotras hemos realizado distintas críticas a cómo fueron narradas nuestras vidas en el cine, en la televisión, en las telenovelas. Muchas veces se piensa visibilizar lo que fue durante siglos ocultado bajo la alfombra, pero lejos que darle de visibilización se genera un mayor estigma social hacia quienes ejercemos de trabajo sexual. Estamos cansadas de que nuestras vidas sean un espectáculo para ciertos espectadores. Esperan siempre lo mismo que seamos salvadas y cuentan nuestras vidas desde ciertos lugares donde se vuelven a reproducir narrativas estigmatizantes, discursos victimizantes, asociaciones de nuestros trabajos con el delito de la trata de personas y la explotación sexual.

“El estado debería otorgarnos derechos como obra social y jubilación, acceso a la vivienda y la educación; y también alternativas laborales concretas para aquellas personas que desean otra posibilidad y combatir la trata de persona”.

—¿Qué debates deberían darse?

—Existen un borramiento hacia el agenciamiento y la voluntariedad de la toma de decisiones que tienen los trabajadores y las trabajadoras sexuales sobre nuestros cuerpos. Lo que sirve es escuchar las voces de los protagonistas. Históricamente denunciamos la ausencia total del estado, la represión policial y el pago de coimas como la falta de derechos. Es importante abandonar esta disputa entre abolicionismo y regulacionismo. El estado debería otorgarnos derechos como obra social y jubilación, acceso a la vivienda y la educación; y también alternativas laborales concretas para aquellas personas que desean otra posibilidad y combatir la trata de persona.

La despenalización es un punto de partida recomendado por varios organismos internacionales, como OIT, Amnistía Internacional, y organismos como UNAIDS, que llevan adelante la concientización y lucha contra enfermedades como el HIV y el SIDA.

“Trabajo en la calle y lidio con el estigma y la discriminación, vecinos que nos aceptan y otros que no. A veces la policía no nos deja trabajar y otras veces si, las putas tenemos estrategias de autocuidado, nos alertamos y avisamos, nos defendemos y tratamos de respetarnos entre nosotras. Decido trabajar de día, aunque sé que la noche pareciera ser nuestro único destino. Cuando termino de trabajar hago lo mismo que la gran mayoría hace: voy al supermercado y pienso que voy a cocinar a la noche. Vivo día a día. En el trabajo sexual hay clandestinidad y no hay derechos laborales, a veces cuando pasan las horas y no se trabaja nada me angustia pensar que no me podré jubilar de nada, que jamás tendré una obra social pero que deberé seguir lidiando con el estigma y la violencia institucional. Hasta cuándo vamos a seguir discutiendo sobre qué hacer con el trabajo sexual cuando el cuerpo lo ponemos nosotras”, relata Georgina en sus redes.

“Soy una puta que elige este trabajo todos los días: ni loca me encerraría en una oficina por la misma plata”

En el Día de la Trabajadora Sexual, Loly Gils habla desde su experiencia: la de una mujer que había sufrido todo tipo de violencias y comenzó a ofrecer este servicio por necesidad. Hoy dice amar su oficio y que, si su hija adolescente quisiera, le enseñaría a hacerlo

Por Mercedes Funes

2 de junio de 2021

https://www.infobae.com/sociedad/2021/06/02/soy-una-puta-que-elige-este-trabajo-todos-los-dias-ni-loca-me-encerraria-en-una-oficina-por-la-misma-plata/

“Me visto normal, no soy una mina que me vayan a ver burda. Nunca me gustó entrar a un lugar y que digan ‘esta es puta’. Soy una señora puta, totalmente orgullosa de lo que hago”, contó (Fotos: Nicolás Stulberg)

El número es desconocido, y el emisario ni siquiera se presenta. “Qué ganas de cogerte”, dice el mensaje. Loly Gils no necesita pensar la respuesta: “Qué ganas de bloquearte”, escribe. El potencial cliente responde: “¿Pero qué te pasa? No te vas a enojar por esto, si vos trabajás para calentar”. Entonces la morocha de 43 años baja la música y devuelve un audio claro y contundente: “Vos estás muy confundido. Yo no trabajo para calentarte. Yo trabajo para vender un servicio, que vos no estás respetando. Si vos querés cogerme, te paso la lista de precios con gusto”. No hace falta ser muy sagaz para adivinar que se impusieron las ganas de Loly, y el desconocido fue bloqueado.

En la foto de su Whatsapp de trabajo a Loly Gils —como prefiere identificarse para esta entrevista con Infobae— no se le ve la cara: está de espaldas, usa lencería sado, tiene puestas unas esposas de cuero con cadenas y el cuerpo arqueado para que las manos agarren los tacos altísimos. Detrás de esa imagen, se siente una mujer mucho más libre que hace ocho años, cuando apenas podía pagar las cuentas y mantener a sus hijos con su trabajo de moza en un bar de Pilar.

“Soy una puta que no se siente estigmatizada”, asegura. Y cuenta que primero arrancó haciendo webcam por consejo de una amiga: “Cuando empecé a hacer esto era una mamá que tuvo que salir a laburar, a hacer algo porque no tenía otra cosa, y encontró una amiga que le dijo ‘pongámonos delante de la cámara a mostrar el culo que vamos a sacar tanto por mes’”. De ahí hasta el primer encuentro sexual a cambio de dinero pasaron dos años. “Yo todavía era camarera y me dijeron que había unos clientes del bar a los que yo les encantaba y que querían estar conmigo. Yo no tenía un mango, porque no nací en Palermo, eh. Yo nací en Lanús Oeste y en ese momento vivía en Tortuguitas en una casa, sola con mis dos hijos, que son de diferentes papás -recuerda-. Y fui a ver a esta pareja y fue re linda. Y cuando llegué a mi casa con toda la plata que tenía en las manos dije: ‘¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estuve haciendo todo este tiempo?’. Tenía 35 años y era una laburadora, con la diferencia de que estaba buenísima y que todos mis jefes se querían acostar conmigo. Y dije: ‘Pará: soy una boluda, yo estoy perdiendo plata, me gusta el sexo, me gusta seducir, vivo caliente, ¡ya está!, ¡esto es lo mío!”´.

Cada 2 de junio se conmemora el Día Internacional de la Trabajadora Sexual para recordar la discriminación de las prostitutas y sus condiciones de trabajo. La fecha es en memoria del 2 de junio de 1975, cuando cerca de 150 prostitutas ocuparon la Iglesia de Saint-Nizier de Lyon, Francia, para hacer visibles los abusos y la violencia institucional

—Bueno, pero ese primer paso fue por necesidad. Tal vez no lo hubieras dado en otras condiciones.

—Está bien, sí, la realidad es que al principio lo hice por necesidad. Pero antes de eso yo me sentía tan sola en la vida que salía con cualquier chongo pelotudo para coger y para no sentirme sola. Ponía mi cuerpo, ponía mi mente, ponía todo, y no sacaba nada… ¡y me moría de hambre! Tenía una casa que era una vergüenza, no me alcanzaba para mantener a mis hijos. Y de pronto encontré algo que era para mí. De casualidad tuve que ir a un evento por el Día del Amigo al programa que hacían Coppola, Veira, Basile y todo ese grupo en C5N y, aunque nunca estuve con ninguno, quedé en contacto y empecé a ir a bailar con ellos. Entonces con otra chica empezamos a organizar despedidas de solteros para jugadores de fútbol. Creamos un grupo que se llamaba “Artesanas del amor”.

—¿Y convocaron a otras chicas?

—Sí, no era fácil al principio. Yo no conocía a nadie para decirle. Me crié en un barrio, mis amigas de toda la vida eran todas virgas, destinadas a ser “Susanitas”, y yo también soy medio Susanita todavía. Fue todo muy rápido. Íbamos uniformadas. Acordamos desde el primer momento cómo iba a ser. Nunca nos quedamos con una comisión de las demás. Viajábamos por todos lados, producíamos todo. Y ahí sí empecé a tener sexo yo también.

—¿Cuántos años tienen tus hijos ahora? ¿Les contaste desde el primer momento lo que estabas haciendo?

—Tengo un varón y una nena, que ahora tienen 25 y 17 años, y en ese momento tenían 16 y 8. Para mí fue muy importante manejarlo con naturalidad desde el principio. Desde que empecé a trabajar en esto lo hablé con ellos, con mis padres, con mis hermanos. Cada una de las personas que me conocen sabe cuál es el trabajo que hago. Siento que es importante que se vea la otra cara. Que muchas de nosotras elegimos hacer esto, que muchas amamos hacer esto. Yo aprendí a entender a los seres humanos con los que trabajo. A ver que hay otro tipo de hombres: mirá que yo vengo de haber sido violada por mi tío a los 16 años, de ser una mujer golpeada en mi casa, y por mi primer novio que era un adicto, pero me escribía cartitas de amor y entonces yo estaba enamorada. Y me quise ir de mi casa para salir de la violencia y tuve un hijo a los 18 por no cuidarme, y me fui a vivir con un chabón que también era violento porque estaba enfermo. Yo tuve experiencias fuertes con los hombres como para decir ‘no, los machos son todos una mierda’. Pero aprendí a perdonar y a no generalizar: no te chocás todos los días con la misma piedra.

—En todo caso, trabajar no te debe haber parecido más peligroso que lo que habías vivido gratis en tu propia casa, en los lugares que tenían que ser seguros.

—Claro, yo ya había corrido ese riesgo en mi casa. Y hace ocho años que hago esto de manera presencial y nunca jamás tuve una mala experiencia. Me han mandado una foto desubicada y no sabés las contestaciones que les doy. Nunca me encontré con un tipo agresivo o falopero, no me pasó porque tengo una forma muy particular de ejercer mi trabajo. Me conocen como “la artesana del amor: arte-sana-amor”, o “la puta ama”, los dos extremos (se ríe). Los últimos cuatro años me dediqué a parejas: no a tríos de curiosos que quieren ver qué pasa en esa situación, sino a parejas de hombre y mujer, donde hay amor y que al otro día se tienen que levantar y mirarse y quieren que sea lo mejor que les pasó. Me contacta el hombre o me contacta la mujer, y si me contacta el hombre, antes de tener un encuentro le pido hablar también con la mujer, y le hago un cuestionario: “¿Lo hacés por él? ¿Lo hacés por vos? ¿Hay besos? ¿No hay besos? ¿Querés que lo toque? ¿Va a haber penetración?”. Y, típico, me dicen: “¡Ay! No sé si la penetración…”. Y yo: “Bueno, pensalo, porque es la imagen que te va a quedar”. Y entonces, después, la mina que viene acá es mi mejor amiga. Y me visto normal, no soy una mina que me vayan a ver burda. Nunca me gustó entrar a un lugar y que digan “esta es puta”. Soy una señora puta, totalmente orgullosa de lo que hago. Y como me presento, como una señora puta, es el respeto que el cliente tiene conmigo. Si yo dijera barbaridades, recibiría eso. Si dudara, se aprovecharían. Pero si te plantás, no pasa. Que Dios me perdone, pero si vos me mandás un mensaje con faltas de ortografía, yo no te voy a contestar. Si en la foto de perfil veo que sos una persona que no puede pagar los $11.000 que cobro por la hora en mi casa, no me interesa hablar con vos. Porque sos el que después me escribe “qué buenas tetas”, “si te agarro en cuatro te parto”, y no me interesa ni necesito hacer número con eso. Prefiero tener menos clientes, pero buenos.

—Uno a veces desde afuera imagina que los clientes son siempre viejos desagradables o bien Richard Gere, esto de pasar de la victimización a la romantización del trabajo.

—Yo aprendí a querer y valorar mucho a los hombres. Trabajo con disfunciones sexuales. Escucho historias de hombres que han sufrido mucho, que han sido maltratados y dañados. Al tipo no se le para más y es descartado, cuando no puede satisfacer a una mujer se siente totalmente inútil, porque pierde todo su poder fálico. El machismo también es eso y ellos lo sufren. Y yo laburo mucho ese tema. He tenido clientes que han tenido erecciones después de tres años y han llorado conmigo. Yo digo que soy la pachamama de los pitos muertos (se ríe). ¡Te juro! No me preguntes qué hago, se ve que los levanto con cariño y con miradas. No soy ordinaria, soy de los sentidos, necesito tocar, sentir, conectarme desde otro lado con la persona. Han venido tipos que querían hacer las cosas así rapidito y les he dicho: ‘Si lo hacemos a tu manera, en 15 minutos nos vamos a estar fumando un pucho en el sillón. Si lo hacemos a la mía, te puedo asegurar que la vas a pasar realmente bien’. Yo necesito fidelizar clientes. Y este es un trabajo en el que se les puede hacer mucho bien a otros sea lo que sea que necesiten: un abrazo y un beso, que le pares el pito o que le pises los huevos con el taco. Porque también existen los fetiches y vos no podés juzgar a nadie por lo que le gusta. Que elijas hacerlo está en vos, hay muchas cosas que yo ni me imagino haciendo, pero siempre vas conociendo compañeras que hacen distintas cosas y les vas pasando el laburo.

—¿Cómo es eso de fidelizar? ¿Tenés clientes hace mucho tiempo?

—Sí, algunos desde hace años. Tengo un cliente que vive en Canadá que me manda postales, ¡tengo una pila así! (la muestra), viajo con él. Lo conozco hace tres años. Con otro cliente viajé a Brasil. En 2015 viajé a la India, a Dubai, a Nepal, a las Islas Maldivas, tuve un cliente presencial que nos pagó el viaje a mí y a otra chica. Lo más gracioso con ese cliente fue que salimos dos años y cogimos tres veces: él dormía en otra habitación con un pibito… ¡Después nos dimos cuenta de que nos había llevado de pantalla! Hay clientes de hace mucho a los que les tengo cariño, porque les prestás la atención que te dan. A veces son solos y para ellos soy como su mujer. Y no soy una mina que me aproveche, porque si no, ¿sabés dónde estaría? Pero no me gusta aprovecharme de ese cariño ingenuo, porque me doy cuenta de que realmente lo necesitan. Sacarles la guita, no, yo cobro por mi trabajo: es esto, esto y esto. ¿Lo podés pagar? Ok, y si no, lo siento. Porque su problema no es mío, yo no me vinculo con los clientes desde ese lugar. No soy amante de nadie. No me cabe ser amante. Ya lo fui y no me gustó, yo estoy para ser protagonista.

—¿Por un viaje cuánto te pagan?

—Por el aislamiento no estoy viajando, pero este trabajo me llevó por todo el mundo. Y si te vas una semana con un tipo, no podés cobrar menos de 500.000 o 300.000 pesos. Si la hora sale $11.000, no podés poner un número más bajo para la semana. Después arreglás según el cliente, el lugar, pero a veces te dicen ‘dale, vení, vamos, te pago el pasaje y todo’. ¡De ninguna manera! ¿Cuando vuelvo qué hago? Para mí, estos últimos meses fueron muy difíciles porque tuve dos operaciones seguidas en el útero, que me dieron mucho dolor, y me terminaron haciendo pelear un poco con el laburo, a mí que estoy todo el día montada –no solo para presencial sino virtual y en las redes–, y con dolor no te dan ni ganas. Pero bueno, también me hizo dar cuenta de que es algo que elijo, que no cambiaría. Hay un mundo que es real y mucho menos sórdido del que se muestra a veces. Yo tuve una perseverancia en esto que llevó a que me respetaran. Hay gente que tiene encuentros pagos desde hace meses que todavía no concretó: tengo un sumiso financiero al que solamente le gusta que le mande links y le diga cuánta plata le voy a sacar. El otro día me dijo: “Sobrepasamos los cien mil pesos en el año”. Me pareció lo más calentón que vi en la vida.

—¿Estás en pareja? ¿Tuviste alguna pareja estable desde que empezaste a trabajar?

—Volver a estar en pareja, no. Sí tuve novio. Yo empecé con esto cuando me separé del papá de mi hija. Y cuando tuve un novio muy serio dejé de trabajar. Después tuve una relación muy importante con una persona que conocí trabajando, que fue hermosa, estuvimos un año y pasamos mucho tiempo de cuarentena juntos, acompañándonos. Y ahora estoy con alguien pero es más un compañero de vida.

—¿Y dejaste de trabajar cuando estuviste con esa persona que conociste trabajando?

—Dejé de trabajar porque aparte llegó la pandemia y me puse muy selectiva. Me organicé para tener solo dos encuentros semanales, con reserva, con barbijo. Si querés que te bese, te beso, me encanta besar, pero traeme los papeles donde dice que sos negativo.

—¡O sea que existe lo del sexo con barbijo!

—¿Viste? Cuando se levantó la cuarentena y empecé a hacer otra vez presencial, llamé a un cliente de años y le dije ‘vamos a ver qué sale, vamos a ver si se puede coger con barbijo y sin besos, porque yo necesito empezar a trabajar’. Y sale bastante bien: sale tocarse de otra manera, sentirse de otra manera, rozarse más y descubrir otras cosas que uno a veces está tan compenetrado en el beso o en el sexo en sí, que se olvida de un montón de cosas en la cama.

—Me quedé pensando en lo de la pareja. ¿Es difícil encontrar a alguien que entienda lo de “con vos es por amor y con el resto es por plata”, y sostener eso, o es algo que vos tampoco querés hacer cuando te pasa?

—Ese es el tema. Te dije: yo soy bastante Susanita. Y, si me enamoro, se me hace muy difícil. A la otra persona, en general, al principio no. Pero, lamentablemente, después sí. ¿Y sabés qué? Es lo que quizá yo espero, porque es cuando vos me estás amando, cuando querés que sea tuya y que ya sí te importa que esté en la cama con otro. Yo quiero un hombre que me diga: “Loca, vamos a ponernos una verdulería, pero sos mi mujer”. Y yo dejo todo. Yo te juro que voy a dejar el trabajo cuando encuentre un tipo que se merezca una mina como yo. No me voy a quedar con ningún gil, ya me comí a todos los giles que encontré. Si algo sé de la vida es lo que no quiero; para dónde carajo voy no tengo idea.

—Me contaste que hacés reiki, ¿cómo manejás la energía de los clientes?

—Me dicen: “Tu trabajo te chupa la energía, te cargás de la energía de los clientes”. Sí, y ellos de la mía, y yo me fortalezco de mis clientes. Este trabajo le ha dado mucho sentido a mi vida. Si a mí hoy me decís: “Te doy la misma plata que ganás y andá a encerrarte en una oficina”, te digo “¡Ni loca!”. Yo esto no lo voy a dejar hasta que no tenga un compañero de vida con el que esté segura de que no voy a pasar necesidades. Yo hoy puedo pagar mis cosas sin abrir las facturas: ya me pasó que no pude pagar, ya me pasó que no tuve para darles de comer a mis hijos; ya amé, ya me amaron, y no me voy a volver a cagar de hambre. Va a tener que tener mucha más plata que yo y antes de casarme mostrarme todas las tarjetas de crédito (se ríe), ¡pero quiero un compañero!

—Decís que lo volverías a elegir y que es el trabajo que harías frente a cualquier otro, incluso por la misma plata. Si tu hija de 17 años te dijera que quiere hacer lo mismo que vos, ¿qué le dirías?

—Le diría: “¿Lo querés hacer, de verdad lo querés hacer? Te enseño a hacerlo y a sentirlo”. Y que si lo va a hacer le sea realmente productivo, para que sepa qué es lo que tiene que hacer y qué no. Le diría: “¿No hay otras opciones? ¿Se puede hacer otra cosa?”. Y si me dice que lo que elige es esto, le voy a enseñar. Y va a ser la mejor del mundo, pero le voy a enseñar a cuidarse, a protegerse. Yo cuando se lo conté a mis hijos les dije: “Les prometo que nunca jamás en la vida me voy a poner en ninguna situación de riesgo o de peligro para ganar plata, ni en ningún lugar en donde me traten mal”. Y nunca lo hice. No salgo de noche, donde salen los faloperos, donde salen los borrachos. No voy a trabajar a la calle, no me visto provocativa. Este es mi trabajo, después, soy una mujer, como cualquiera, que elige esto todos los días.

—Vos no militás, ni estás en el sindicato, pero lo que hace la AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) tiene que ver con sacar el trabajo sexual de la clandestinidad. Vos lo hacés de una manera natural, hablando con tus hijos, llevando con orgullo tu oficio.

—Yo les he enseñado a trabajar a infinidad de chicas, sin pedir nada a cambio, pero a mi manera. Yo no me considero una prostituta. Prefiero que me digas puta, porque para mí la prostitución es otro tema: nunca me violaron en la calle, nunca me pegó un cliente, nunca tuve que coger por dos mangos porque no tenía dónde dormir. Ni tampoco tengo la formación como para militar, pero milito desde mi experiencia, contándoles a mis amigas lo que yo viví cuando me dicen por ejemplo: “Me quiero mudar, pero es tanta plata por mes”. Les digo: “Vengan acá, ustedes no tienen que contar más billetes, a partir de hoy ustedes cuentan polvos. ¿Cuántos polvos te sale el alquiler? ¿Cuatro polvos? ¿La luz? Bueno, sabés qué, tenés que destinar quince polvos al mes a pagar las cuentas, y todo lo que te sobre es para vos. No cuentes más plata, contá polvos”. Porque cuando nosotras tenemos que contar plata es un montón, pero cuando lo trasladamos a nuestro trabajo… No quiere decir que sea fácil, porque te tenés que acostar con un tipo que no sabés quién es. Pero bueno, esa es la otra parte: a la puerta de mi casa no llegás si antes no me mandás una foto. Y si a mí la persona no me gusta, le digo: “Te pido mil disculpas, pero no te puedo ver. Si querés puedo recomendarte a una amiga”. Y ahí nomás tiro la foto en el grupo y digo: “Chicas, ¿quién se coge al feo?”. Y cada una va viendo qué laburo hace, que tampoco está para tirar para arriba hoy.

—Estás todo el día montada, seduciendo. ¿Siempre sos así de segura o hay momentos de inseguridad?

—Soy segura, pero porque cambié. Porque este es un trabajo que también causa mucho estrés. Yo tenía 33 años cuando empecé a hacer webcam. A los 14 me puse de novia con el padre de mi hijo, fui mamá, fui una mujer golpeada, me separé, y al año y pico me puse de novia con el papá de mi hija y después viví once años con él. Yo cuando empecé a hacer esto era una mamá que tuvo que salir a hacer algo porque no tenía otra cosa. Y me puse a mostrar el culo para Estados Unidos, y la noche que me fui de la web, los tipos lloraban.

—¿Seguís ahora con la web, ahora que la pandemia generó un boom en aplicaciones como Onlyfans?

—Sí, estoy en Onlyfans. Me erotiza la videollamada y es sexy. Pero a mí la adrenalina me pasa por lo presencial. Todavía con el tema de Onlyfans, la marca de agua, tener que poner el texto en español y en inglés para que se le pare el pito al yankee… ¡no sabés el mundo que hay atrás de esto! ¡Trabajamos como hormiguitas entre todas las compañeras! Pero le pongo onda, de vez en cuando subo un video hermoso, y tiene la ventaja de que cobrás en dólares. En pandemia, todas las que usábamos Mercadopago tuvimos que hacernos monotributistas. Y hoy todavía tenés que hacer una trampa para poder facturar. No existe el rubro trabajadora sexual en las categorizaciones, no hay una ley ni un derecho que nos ampare.

—Es parte de lo que se está peleando: que el trabajo sexual sea reconocido.

—Claro, pero mientras tanto yo tengo que seguir laburando. Y si estoy laburando, tengo que pagar el monotributo. ¿Me gusta que sea así? No, pero menos me gustaría mañana querer comprarme un departamento y no poder. Soy resolutiva en eso. Yo no creo que hoy haya tanta discriminación. A mí no me ofende que me digan puta.

—En todo caso, el problema es de derechos. Que no tengas el mismo acceso a la salud o la jubilación con tu oficio. Que todavía no haya una ley que lo regule.

—Sí, es muy injusto. Y por eso tenemos que seguir luchando. Pero a mí lo que me toca es trabajar, yo me levanto y laburo todos los días. Y después hay muchas chicas más inteligentes y más capacitadas que yo, que saben y opinan de leyes. Yo antes que decirte una estupidez, prefiero hablarte desde lo que siento y lo que viví, desde mi experiencia, que es eso: lo que me pasó y me pasa a mí. Yo me enojo mucho a veces con las chicas que escucho, las pibas que se creen que este laburo es soplar y hacer botellas, que es sacarte una foto en culo y subirla a redes; cuando es un trabajo que lleva mucho tiempo, muchas horas. Abrís tu whatsapp personal y te das cuenta de que no hablás con tu familia porque estás en Instagram (@themilfloly), Twitter, Telegram, Whatsapp, Onlyfans, ¡tengo tendinitis en los dedos! Nosotras tenemos que tener los mismos derechos porque laburamos más horas que una secretaria, que por lo menos a las seis de la tarde se va a la casa y hasta el otro día no vuelve. Llega un momento en que no querés más nada.

—Tus hijos lo naturalizaron todo el tiempo, ¿o al principio mentían en el colegio?

—Lo tomaron con naturalidad, porque yo lo naturalicé mucho en mi vida. Durante un tiempo lo escondieron. Pero después, venían los amigos de Agustín cuando yo organizaba las despedidas de solteros, entonces éramos seis perras todas montadas saliendo de casa. ¿Vos te pensás que alguna vez le preguntaron a mi hijo de qué labura tu mamá? Y la nena es re luchona de lo que hago. Al principio no decía nada y después empezó a abrirse. El otro día me contó que estaban todos en un grupo hablando de lo que hacían los padres y, cuando le tocó a ella, dijo que yo era puta. Así, directamente. Y le digo: “Hija, no digás ‘puta’, decí ‘trabajadora sexual’”. Y ella me contesta: “Mirá, mamá, si yo les digo ‘trabajadora sexual’, les causa más curiosidad, y preguntan. Cuando les digo ‘puta’, está todo entendido y les da más vergüenza a ellos que a mí y no tengo que explicar nada. ¿Me van a querer más o menos porque mi mamá trabaje de esto?”. El otro día quisimos adoptar un gatito y la mina cuando vio el perfil mío no nos lo quiso dar. Vos no sabés el mensaje que le mandó mi hija: “¿Vos te pensás que mi mamá no está capacitada para dar amor porque trabaja de esto?”. Mi hija se crió entre putas, entre pibas que se maquillaban y la trataban como a una princesa. Y adora y les da valor a las personas que pueden hacer esto. Vos me preguntabas qué diría yo si ella elige esto para ella, y pienso que si ella aún habiendo crecido entre mujeres que hacemos este laburo y conociendo de qué se trata lo quiere hacer, está perfecto, porque sabe dónde se mete. No me gustaría que fuera putita… prefiero que sea trabajadora sexual que una putarraca por amor al arte, ¡no! ¡Prefiero que cobre! ¡La va a pasar bien igual, y le va a sacar provecho!

—¿Qué les dirías a quienes, como en el feminismo abolicionista, se oponen al trabajo sexual porque consideran que siempre hay explotación?

—Que yo amo lo que hago. Tengo un grupo de amigas que hacen y aman lo mismo que yo. A mi mejor amiga la conocí en un sex shop y nos contamos que éramos trabajadoras sexuales al toque, nos dimos cuenta. Y ella conoció a su marido trabajando. Y el pibe es un capo y ella dejó el trabajo, tuvieron un hijo que es mi ahijado y son felices. Pueden pasar cosas buenas. Es como vos lo tomes. Si querés que este trabajo sea bueno para vos, va a ser lo mejor del mundo. Y si lo hacés porque no te queda otra opción, porque te estás cagando de hambre, va a ser una mierda. Porque nadie tiene ganas de coger con un desconocido solo porque te den plata porque no tenés para comer. Pero si vos lo elegís y dejás siempre claras las pautas de cómo querés que te traten, y aprendés a tratarte vos también así, puede ser un trabajo maravilloso. Esta es mi historia y no puedo generalizar, pero en mi historia, desde hace tiempo, la que elige soy yo.

2 de junio, Día de las Trabajadoras Sexuales. Sin despenalización, no hay derechos laborales; sin derechos laborales, no hay sindicato.

Sin despenalización, no hay derechos laborales: la anulación de los estatutos de OTRAS

Publicado en 16 de diciembre de 2019

Prostitución jurídicamente voluntaria

Ahora, para la Audiencia Nacional, el trabajo sexual por cuenta ajena ya no es actividad económica lícita al margen de enfoques morales. La razón del cambio no es técnico-jurídica. Es el feminismo.

JOSÉ MARÍA MENA

Barcelona 

16 de diciembre de 2019

La prostitución por cuenta ajena, o sea, como trabajo para unas y como negocio para otros, es un tema de profunda relevancia social, cultural y ética. Su tratamiento legal ha seguido el curso de nuestra historia, con sus vaivenes y ambigüedades. En el franquismo, la criminalización legal del negocio de la prostitución convivió con etapas de condena ético-religiosa, tolerancia práctica y un relativo control sanitario oficial. Con el primer código penal de la democracia, en 1995, cesó la criminalización legal, excepto supuestos de coacción, engaño o abuso de situación de necesidad, es decir, de explotación. Esos supuestos eran tan imprecisos que su aplicación práctica por los jueces era problemática.

Para evitar esas imprecisiones se reformó el Código en 1999, 2003 y 2015. Esta última reforma se justificaba porque en la práctica era imposible la persecución penal de los explotadores “dadas las exigencias del Tribunal Supremo”. La Sala Penal del Supremo solo condenaba a los empleadores cuando las mujeres eran obligadas a prostituirse mediante actos concretos y materiales de coacción, engaño, violencia o sometimiento. Y así seguimos, a pesar de tantas reformas, entre las imprecisiones de las leyes y las ambigüedades y contradicciones de los más altos tribunales.

Criterio similar al de la justicia penal era el de la justicia laboral. Según la Sala de lo Social del Supremo, si las condiciones de trabajo no conculcan los derechos de los trabajadores, esa relación laboral puede ser considerada como una actividad económica lícita, “que no puede solventarse con enfoques morales o concepciones ético-sociológicas”. La Sala de lo Social de la Audiencia Nacional ya había admitido en 2003 la constitución de una asociación de empresarios de prostíbulos, que se autodefinían como establecimientos hosteleros cuyo público serían personas ajenas al establecimiento, y que en él ejercerían el alterne o la prostitución por cuenta propia. Concluía esa Sala que la prostitución es una actividad lícita mientras no esté prohibida por el Código Penal, porque “la frontera no la fija el carácter altruista o remuneratorio del intercambio sexual, sino la libertad con que el mismo se presta”.

En 2013 un tribunal penal de Barcelona condenó a los explotadores de unos de esos hoteles-prostíbulo, describiendo cuidadosamente la intensidad de la situación de sometimiento de las mujeres prostituidas. Los condenados recurrieron ante la Sala Penal del Supremo, que les absolvió. Dijo que las mujeres que se prostituían en esos hoteles acudían al club “de forma jurídicamente voluntaria”, aunque posiblemente lo hacían movidas por condicionantes socioeconómicos que las hacía especialmente vulnerables. Esta vulnerabilidad era la base del sometimiento laboral, pero eso, según parece, para el Supremo no era explotación. El Supremo parecía asumir el discurso de los empresarios prostibularios, los cuales bajo la apariencia de simples negocios de hostelería, atribuían a sus empleadas prostitutas apariencia de trabajadoras autónomas que acudían al local “de forma jurídicamente voluntaria”.

En 2018 la Dirección General de Trabajo admitió la constitución de la Organización de Trabajadoras Sexuales valorando que esa organización cumplía los requisitos exigidos por la ley de libertad sindical. La ministra de Trabajo mostró airadamente su rechazo feminista. “Me han metido un gol por la escuadra”, dijo. Y aceptó la dimisión de la Directora General. Dos entidades feministas y la Fiscalía impugnaron la decisión de la Dirección General ante la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional, razonando que la prostitución por cuenta ajena no es una actividad laboral porque en todo caso, necesariamente, es una explotación, no es un trabajo sino una esclavitud. Ahora la Audiencia Nacional da la razón a las entidades feministas y a la Fiscalía y anula (1) la decisión de la Dirección General de Trabajo. Arguye que la actividad empresarial cuyo objeto sea la oferta de servicios sexuales prestados por terceras personas contratadas al efecto es una actividad ilícita, porque así lo establece la legalidad internacional (2) a la que se adhirió España. El cambio de criterio es radical. La Audiencia Nacional lo justifica afirmando que antes había admitido la condición laboral de las trabajadoras sexuales atendiendo a su actividad laboral de alterne, diferente de la prostitución. Pero esa excusa no es cierta. No ha cambiado la ley penal ni el laxo criterio de la Sala Penal del Supremo, Sin embargo, ahora, para la Sala Social, el trabajo sexual por cuenta ajena ya no es actividad económica lícita al margen de enfoques morales. La razón del cambio no es técnico-jurídica. Es una fuerza ética y social histórica imparable llamada feminismo.


Anotaciones de la Citi

1.- http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/Audiencia-Nacional/Noticias-Judiciales/La-Audiencia-Nacional-declara-la-nulidad-de-los-Estatutos-del-Sindicato-de-Trabajadoras-Sexuales–OTRAS-

Consulta la sentencia íntegra:

http://www.poderjudicial.es/search/openDocument/454dea8be780ba89

2.- “El modelo abolicionista rige en España desde 1961 (salvo el período 1995-2003) tras la adhesión al Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, firmado en el seno de Naciones Unidas, en Lake Success (Nueva York) el 2 de diciembre de 1949. Es a este mismo Convenio al que se remitió la Audiencia Nacional para deslegitimar los estatutos del sindicato OTRAS.”

La adhesión a este Convenio se materializa en el art. 187 del Código Penal.

Nueva esclavitud, viejos binarios: trata de personas y las fronteras de la “libertad”

JULIA O’CONNELL DAVIDSON

Facultad de Sociología y Política Social, Universidad de Nottingham, Nottingham, NG7 2RD, Reino Unido julia.o’connelldavidson@nottingham.ac.uk

Año 2010

 Resumen

Este artículo explora el discurso dominante sobre la “trata como esclavitud moderna” en relación con las muchas trabas legales y sociales que históricamente se han impuesto y se imponen hoy a las personas que socialmente son imaginadas como “libres”. Sostiene que el discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” revitaliza las concepciones liberales de libertad y restricción que históricamente han permitido que coexista una enérgica condena moral de la esclavitud con la continua imposición de restricciones extensas y forzosas a las personas consideradas “libres”. En lugar facilitar los esfuerzos para construir alianzas políticas entre diferentes grupos de migrantes, así como entre migrantes y no migrantes, que comparten un interés común en transformar las relaciones sociales y políticas existentes, el discurso de la “trata como esclavitud moderna” inspira y legitima los esfuerzos para separar a un pequeño número de “víctimas que lo merecen” de las masas que siguen siendo “indignas” de derechos y libertades.

____________________________________________

 Desde hace casi una década, políticos, periodistas, trabajadores de ONG e incluso algunos académicos nos han estado diciendo que la trata de personas es un negocio criminal global enormemente rentable que cobra millones de víctimas en cualquier momento dado, y que representa uno de los más graves problemas de derechos humanos en el mundo contemporáneo. La “trata” se describe comúnmente como una trata moderna de esclavos, y los activistas contra la trata nos piden que reafirmemos nuestra oposición a la esclavitud y reafirmemos nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos y la libertad. Estos son llamamientos conmovedores y aparentemente políticamente progresistas. Sin embargo, como han señalado varios académicos y activistas críticos, la figura de la “víctima de trata”, especialmente la de la “esclava sexual traficada”, en realidad se ha trabajado al máximo al servicio de agendas morales extremadamente conservadoras sobre prostitución, género y sexualidad y en apoyo de políticas de inmigración más restrictivas y controles fronterizos más estrictos (Agustín 2007; Chapkis 2005; Doezema 1999; Kapur 2005; Kempadoo y Doezema 1998; Weitzer 2007).

 ¿Son inevitables las interconexiones observables entre la política de lucha contra la trata y la inmigración, o podría el discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” potencialmente encauzarse en la búsqueda de fines políticos más emancipadores? Hay activistas contra la esclavitud involucrados en el trabajo “contra la trata” que no ven tensión entre luchar contra la “trata” y apoyar los derechos de los migrantes. Kaye (2003: 3), por ejemplo, sostiene que “la trata, el tráfico y la migración son temas separados pero interrelacionados”. Si bien la “trata” es “fundamentalmente diferente” del tráfico y la migración, no obstante, se puede abordar desde un marco migratorio más amplio para desarrollar políticas que puedan ayudar tanto a reducir la “trata” como a prevenir las violaciones de los derechos humanos y laborales a las que tan a menudo están sujetos los trabajadores migrantes.

 Discuto la idea de que la “trata” se puede distinguir claramente de otras violaciones de los derechos humanos y laborales, y sostengo que el discurso sobre “la trata como esclavitud moderna” cierra, en lugar de abrir, posibilidades para una lucha política efectiva contra las restricciones de derechos humanos, la explotación y las injusticias que sufren muchos grupos de migrantes. Es, como han señalado otros críticos, un discurso de despolitización (Anderson y Andrijasevic 2008; Aradau 2008; Jacobsen y Stenvoll 2008).

El artículo comienza con un interrogatorio de la oposición binaria entre esclavitud y libertad que es central en el marco conceptual utilizado para estructurar, explicar y dar sentido a las relaciones sociales altamente desiguales de las sociedades democráticas liberales, así como al discurso sobre la “trata de personas”. . A través de una exploración de las muchas trabas legales y sociales que históricamente se han impuesto y se imponen hoy a los individuos que socialmente son imaginados como “libres”, mi objetivo es mostrar que la “libertad” y la “esclavitud” son categorías construidas, no esenciales. Asimismo, sostengo, las “personas objeto de trata” no existen como las categorías anteriores. Las diferencias entre la trata, el tráfico y la migración no son fundamentales, sino que se construyen a partir de la línea imaginada entre “libertad” y “restricción” y de juicios políticos sobre lo que cuenta como formas “apropiadas” e “inapropiadas” de explotación y coacción.

Si las fronteras de la “libertad” fueran visibles como construcciones sociales, habría potencial para la movilización política contra los grilletes legal y socialmente tolerados, así como contra los que no lo son. El discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” desactiva este potencial revitalizando los entendimientos liberales de libertad y restricción que históricamente han permitido que coexista una enérgica condena moral de la esclavitud con la continua imposición de restricciones extensas y forzosas a las personas consideradas “libres”. En lugar de los esfuerzos para construir alianzas políticas entre diferentes grupos de migrantes, así como entre migrantes y no migrantes que comparten un interés común en transformar las relaciones sociales y políticas existentes, el discurso de la “trata como esclavitud moderna” inspira y legitima los esfuerzos para separar a un pequeño número de “víctimas que lo merecen” de las masas que siguen siendo “indignas” de derechos y libertades.

 (…)

Conclusión

Hablar de “la trata como esclavitud moderna” genera una ilusión de consenso político, porque nadie está a favor de la esclavitud. De hecho, “la lucha contra la esclavitud es uno de los pocos imperativos de derechos humanos que no atrae a la disidencia basada en principios” (Hathaway 2008: 7-8). Sin embargo, si la “esclavitud moderna” no existe como un estatus legal o una categoría previa, sino que debe definirse en cambio mediante una referencia a juicios sobre dónde —en un continuo y en diferentes contextos— termina la explotación”apropiada” y comienza la explotación “inapropiada”, entonces es en realidad un concepto enormemente polémico y altamente político. Del mismo modo, si la línea entre restricción y libertad se reconoce como una construcción social, entonces se cuestiona qué cuenta como forzado y ​​qué restricciones pueden imponer razonablemente los estados democráticos liberales (y sobre quién). Cuando esta línea se hace visible, la brecha entre los principios fundacionales y las prácticas reales de los estados democráticos liberales también se hace visible. Un espacio político, en términos de Rancière, se abre y con él el potencial de alianzas políticas entre aquellos (migrantes y no migrantes) que comparten un interés en transformar las construcciones sociales y legales existentes de “libertad” y “restricción”. Dado que el discurso sobre la “trata como esclavitud moderna” desactiva este potencial, deconstruirlo es una tarea política urgente.

Las trabajadoras del sexo denuncian su indefensión ante la Ley de Libertades Sexuales

Aseguran que la conocida como Ley del “solo sí es sí” niega específicamente la validez del consentimiento de una prostituta cuando está con un cliente

EFE

31 de mayo de 2021

https://www.orm.es/informativos/noticias-2021/las-trabajadoras-del-sexo-denuncian-su-indefension-ante-la-ley-de-libertades-sexuales/

Representantes de CATS y OTRAS, esta mañana en Murcia. ORM

El Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (Cats) y el Sindicato de Trabajadoras del Sexo (Otras) han denunciado este lunes que la Ley de Libertades Sexuales, conocida como la Ley del “sólo el sí es sí”, niega “específicamente” la validez del consentimiento de una prostituta cuando está con un cliente.

En rueda de prensa previa al 2 de junio, Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, este colectivo ha criticado que el actual borrador del anteproyecto de Ley, que debe tramitarse en las Cortes, estipula que una relación sexual no consentida es violación, pero niega el consentimiento necesario para mantener esas relaciones a las prostitutas. “Negar el consentimiento por ley es infantilizarnos, cosificarnos y negar nuestra autonomía y capacidad de decisión”, ha remarcado Vera, de Otras, quien ha añadido que no van a dejar que “otras mujeres, generalmente privilegiadas, nos digan cómo tenemos que vivir”.

Además, el coordinador de Cats, Nacho Pardo, ha exigido el cambio del artículo 187 bis del Código Penal, como postula el Gobierno en la Ley de Libertades Sexuales, que penaliza la “tercería locativa” (despenalizada desde 1995) con hasta 3 años de cárcel para “quien, con ánimo de lucro, y de manera habitual, destine un inmueble a favorecer la explotación de la prostitución de otra persona aún con su consentimiento”.

Para Pardo, esta modificación podría abrir la puerta a poder condenar a las mujeres que alquilan o comparten inmuebles con otras prostitutas, al tiempo que ha exigido también cambiar el artículo 187.2, que amplía la penalización actual del proxeneta al que se aproveche “de una relación de dependencia o subordinación”.

Este nuevo articulado, ha advertido, podría hacer que se condene a las prostitutas que se organizan compartiendo un piso si las fuerzas y cuerpos de seguridad y la justicia consideran que existe dependencia o subordinación de alguna de ellas.

Ilda, miembro de Cats, comité que atendió en 2020, en plena pandemia por coronavirus, a entre 1.800 y 2.100 prostitutas en la Región de Murcia, ha remarcado que la nueva ley está “en contra” de ellas y busca “precarizarlas“, al tiempo que ha lamentado que el actual “feminismo es abolicionista” de la prostitución.

En este sentido, Vera ha alertado de que “ninguna compañera, con esta nueva normativa, se atreverá a denunciar los abusos sexuales” porque tendrá que elegir entre acudir a comisaría o “perder el piso” donde concierta los encuentros con los clientes.

Así, ha explicado que las prostitutas tendrán que hacer más servicios fuera de las viviendas, acudir a casas de clientes, ir a barrios menos seguros o “aceptar clientes malos”, con la consiguiente disminución de su seguridad personal.

Vera también ha afirmado que la situación “se está normalizando” tras la pandemia del coronavirus, que obligó a las prostitutas de los clubes de alterne, cerrados durante el confinamiento, a alojarse en pisos, al tiempo que se reducía la demanda de servicios para todo el colectivo por las restricciones impuestas.

Finalmente, Cats y Otras han vuelto a reclamar a las administraciones su inclusión en una categoría profesional que les permita tener derechos laborales, como un horario de trabajo, vacaciones y una pensión de jubilación, recordando que, durante la pandemia, no se han podido acoger a un ERTE, ni a ayudas públicas ni a la prestación del desempleo.

La prostitución: el “pecado” de las mujeres.

Por María Luisa Maqueda Abreu

Universidad de Granada

28 de junio de 2017

https://ojs.uv.es/index.php/CEFD/article/view/9791/pdf

RESUMEN

Este artículo se propone analizar las razones por las que las prostitutas, a causa de su opción sexual, han sido criminalizadas por imposición de distintos órdenes normativos, fuertemente coercitivos, que censuran gravemente su desviación. Ellos —y sus potentes discursos— se muestran capaces de explicar ese continuum ininterrumpido e inacabable de estigma, persecución, inferiorización, aislamiento social o encarcelamiento que acompaña a la historia de la prostitución de las mujeres y que la mantiene todavía hoy en las profundidades de la jerarquía sexual de la sociedad.

(…)

4.- EL DISCURSO DE GÉNERO O EL DISCIPLINAMIENTO DE LAS MUJERES BAJO UN MANDATO NO PATRIARCAL.

Con los primeros movimientos de pureza social, en el interior del abolicionismo decimonónico, comienza la guerra contra la prostitución que iba a poner fin a la alianza de solidaridad que las feministas habían contraído con las prostitutas, desafiando juntas el control sexual y la moralidad punitiva con que el estado las oprimía.

El desafío consistía en el hecho de que las mujeres “respetables”, pasando por encima de un verdadero abismo de pecado sexual, se arriesgaran a tender la mano a las mujeres marcadas como putas. Se trataba de la declaración de una colectividad femenina que iba más allá de las barreras moralistas y de clase. Las reformistas visitaron a las prostitutas y hablaron con ellas y llevaron el debate público sobre el tema y fundaron hogares a donde podían “escapar” las prostitutas…

La victimización de las prostitutas se había convertido, pues, en el primer mandato normativo de género no impuesto por el patriarcado. Se ha configurado, a cambio, como una estrategia ideada desde las filas feministas —desde lo que hoy se autodenomina feminismo radical—, para eximirlas de cualquier responsabilidad por el mal uso de sus cuerpos, por su complicidad con el patriarcado o por la mercantilización de su sexualidad bajo la ofensiva depredadora del capitalismo neoliberal. Distintos discursos sobre el significado de sus trasgresiones que han ido cambiando con el tiempo mientras dejaban inalterada su condición de víctimas.

Los reproches iniciales, más transparentes, reconocían el peso de la moralidad. Las ideas de vicio, promiscuidad, degeneración, “pecado” o “mala vida”, inherentes al trabajo del sexo, figuraban como razones que justificaban su naturaleza degradante e indigna. Bajo la influencia del feminismo abolicionista, el Convenio de Naciones Unidas para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 2 de diciembre de 1949, en sus primeras versiones, se refería a la prostitución junto a “otros actos inmorales afines” y en su texto definitivo proponía la necesidad de someter a las mujeres que se hallaran en esa situación a un tratamiento rehabilitador.

En efecto, el Secretario General proponía la creación de servicios sociales acompañados de un tratamiento institucional que comprendía un cambio de ambiente, la orientación de las prostitutas o su formación en algún oficio que les ayudara a obtener un empleo que pudiera facilitar su adaptación a una vida “normal”. El tratamiento rehabilitador debería llevarse a cabo, a su juicio, en instituciones administradas de acuerdo con principios médicos y educativos y disponer de instalación para la atención médica de las enfermedades venéreas, el tratamiento psiquiátrico, la orientación profesional y la formación, que comenzarían a funcionar cuando la persona fuera sometida a custodia. La policía debía cooperar estrechamente con los servicios sociales para garantizar el éxito de la rehabilitación. La Asamblea General aprobó el artículo sin que nadie se opusiera a su continuidad 32.

Durante largo tiempo, las legislaciones que promovían la criminalización de las prácticas relacionadas con la prostitución apelaron asimismo a la defensa de un orden moral colectivo incompatible con esta “forma degradada de ejercicio de la sexualidad”33. Pero, además, estaba el argumento de la indignidad que ha figurado constantemente entre los imperativos para abolir la prostitución. La afirmación de su carácter “incompatible con la dignidad y el valor de la persona humana” aparecía ya en el Preámbulo de aquel mismo Convenio de 1949 y se ha repetido sin tregua en los textos abolicionistas. Por recordar algunas menciones representativas de cualquier época que resultan imprescindibles, podría traerse a colación el Informe Final de los Expertos sobre Explotación sexual en la Reunión celebrada en Madrid en 1986: “En la prostitución el cuerpo de la mujer se asimila a una mercancía y… la mujer es rebajada a la categoría de objeto… trastornando su personalidad y destruyendo en ella el sentido de su valor. Por ello es un atentado a la dignidad de las mujeres…”34; o las palabras de Lagarde: “por definición las mujeres que ejercen la prostitución…son cuerpo objeto para el placer de otros. Su cuerpo subjetivo, su persona, está cosificada y no hay un ‘yo’ en el centro. En esta situación no hay posibilidad de construir una persona que se autodefine, que se autolimita, que se protege y desarrolla a sí misma” 35. O, últimamente, las De Miguel cuando se refiere a sus cuerpos como “cuerpos desnudos, en fila, sin nombre, a disposición de quien tenga dinero para pagarlos” 36.

Son discursos que se apropian de la dignidad de las prostitutas —que las despersonalizan y las reifican— para poder negar su condición de mujeres libres. No es que desconozcan su libertad, sino que la ignoran a conciencia para evitar que puedan manchar la imagen ideal que han construido de lo femenino. Así, privándolas de su posición de sujetos, minimizan la afrenta a sus leyes de género. Porque la prostitución, decía el Comité de Expertos sobre explotación sexual, violencia y prostitución reunido en Pensilvania en 1991, es más que un ultraje a la dignidad de las prostitutas, es también un atentado a la dignidad de todas las mujeres en tanto que legitima “la venta del cuerpo de cualquier mujer”:

Al reducir a las mujeres a un bien que es posible comprar, vender, dominar, intercambiar o adquirir, la prostitución afecta a la mujer en su conjunto, afianzando la idea de que la mujer es un objeto, rebajando su condición humana y consolidando la inferioridad de la condición femenina en todo el mundo 37.

Reconocer el valor de su consentimiento significaría tener que tachar a las prostitutas de “traidoras de género” porque, como afirma críticamente Osborne, “se venden” literalmente al mejor postor por un plato de lentejas sin reparar en lo que sus “actos” significan para el conjunto de las mujeres 38. También simbólicamente, porque ellas representan la restauración de la dominación masculina en sociedades formalmente igualitarias: cuando los hombres se relacionan con una prostituta acceden a una relación de poder con “la mujer”, con todas las mujeres, en palabras de De Miguel 39. De ahí esa larga lista de razones que magnifican su vulnerabilidad por causas económicas o aún psicológicas: mujeres pobres, sin recursos, provenientes de países periféricos y desestructurados o bien, mujeres frágiles, víctimas de carencias afectivas, de una socialización defectuosa o de violencias físicas o sexuales vividas en la infancia…

Se trata de justificar una subjetividad deficiente, alienada, para disimular su confabulación con los poderes que las oprimen. El patriarcado, en primer lugar, representado por el “prostituyente” que compra su cuerpo y su subordinación 40 y, después, el capitalismo que extrae gustosamente las plusvalías 41. Porque “ellas juegan el juego con las reglas del amo”, dice Femenías: es una estrategia de supervivencia que se enmascara de liberación pero hay que desconfiar, insiste la autora, pues aunque su decisión y elección sea libre —la “libre empresa” es el   mito sobre el que se construye esta liberación— beneficia en primer término, como al capitalismo que lo origina, al sistema prostituyente y sus usufructuarios . Cuando las prostitutas defienden su trabajo son comparables, según sus ejemplos, a los obreros explotados que trabajan y protegen con sus armas las plantaciones que no son suyas o a los negros que defendieron a sus amos mientras eran esclavos…42.

¿Para qué sirve el feminismo “si vamos a admitir que todas las decisiones son libres y nadie puede cuestionarlas”?, se plantea De Miguel cuando critica la tesis del consentimiento como base, según ella, del patriarcado actual y de la influencia del neoliberalismo económico y sexual 43. Lo que no puede hacerse, sobre todo en el ámbito de la sexualidad, sigue diciendo, es presentar cada elección que hace una mujer como “un acto feminista”44.

Es la “ley” de los empresarios morales, que deciden por los demás lo que está bien y lo que está mal:

No hay dialéctica posible entre los dos campos en que reorganizan el mundo, como afirma Scheerer, “los culpables deben ser ‘malos’ y las ‘victimas’ inocentes”. Lo importante entonces no es que algo sea objetivamente eficaz o contraproducente en la solución de conflictos, sino que es “su ley” 45.

Así, al margen de las voces implicadas, se han ido construyendo las claves de otro discurso normativo de género felizmente instalado en la ofensiva abolicionista contra la prostitución: el de la violencia contra las mujeres, donde se encuentra el origen de las incesantes confusiones entre prostitución libre y forzada o entre prostitución y trata, cuando las que prestan los servicios sexuales son inmigrantes. Siguiendo la senda marcada por el Convenio de Naciones Unidas de 1949, la última Resolución del Parlamento Europeo de 26 de febrero de 2014 sobre Explotación sexual, prostitución y su impacto sobre la igualdad de género avanza peligrosamente en la línea de la política criminal nórdica de penalización del cliente y declara en su exposición de motivos al abolicionismo como la única estrategia capaz de “evitar que las mujeres caigan en la prostitución”. Sobre la base de un exitoso informe de Mary Honeyball, portavoz de una de las más potentes organizaciones feministas abolicionistas de Europa —el Lobby europeo de mujeres— el texto describe la prostitución y la prostitución forzada —directamente vinculadas con la trata— como formas indiscriminadas de ”violencia contra las mujeres y una violación de la dignidad humana y de la igualdad de género” o, indistintamente, como “violación de los derechos humanos de las mujeres” o “una forma de esclavitud” que da lugar y mantiene la desigualdad de género de las mujeres” 46.

Los nuevos argumentos institucionalizan un concepto de víctima donde la coacción, el abuso o el engaño son indiferentes en la lucha contra el dominio o la opresión estructurales del capitalismo patriarcal que acaparan la identidad de la prostitución femenina. El mensaje normativo es claro y tiene un fuerte efecto pedagógico: “la sociedad debe oponerse al sexo por dinero porque es el símbolo de la opresión patriarcal y de la objetualización y victimización femeninas”. Fue el lema que inspiró la política estatal sueca 47 y hoy figura, como se ha visto, en el ideario abolicionista del feminismo trasnacional cuando expresa su prioridad de evitar que “las mujeres caigan en prostitución”, sin reparar en el signo —voluntario o coercitivo— de las experiencias que le conducen a ella. Todas comparten, en el mismo plano, el rango de mujeres “prostituídas”. De ese modo, la violencia intrínseca a la prostitución que denuncian se convierte en un mecanismo performador de otra violencia más grave —la del sistema— con el que cooperan, pero también de la violencia subjetiva que comporta la negación de las mujeres trabajadoras del sexo como sujeto político, con voz propia para formular sus derechos:

Holgado los enumera así: derecho a ser escuchadas e incluidas en el diseño de las políticas sobre prostitución, derecho a ser reconocidas como sujetos políticos con derechos (al trabajo, a la emigración, a vivir libres de violencia estatal y policial…) y “derecho a estar” o “derecho a no estar”, según la diversidad de las situaciones —consentidas o coactivas con que se encuentren en el ejercicio del trabajo sexual 48.

No es complicado ejemplificar con las violencias protagonizadas por el sistema y la complicidad que sus discursos le prestan. En un contexto marcadamente abolicionista, las políticas de los estados se esfuerzan por criminalizar el entorno de la prostitución voluntaria procurando espacios cada vez más amplios de vulnerabilidad 49 y de indefensión para las trabajadoras del sexo que ven obstaculizados sus intentos de luchar por sus derechos y que pierden autonomía y agencia en la necesidad de ocultarse para pasar desapercibidas. El caso sueco es muy representativo de la victimización a que me refiero. Se dice que, por efecto de las últimas reformas, ha crecido el estigma y, con él, la clandestinidad y la discriminación porque las trabajadoras del sexo han perdido poder en los encuentros sociales de todo tipo y se ven amenazadas, a menudo, por la retirada de la custodia de sus hijos y los permanentes cacheos policiales. Su situación de aislamiento se ha visto asimismo incrementada porque han tenido que salir de las calles, las trabajadoras sociales tienen dificultad para acceder a ellas y los clientes ya no les ayudan denunciando los casos de coacción o abuso que detectan por temor a autoinculparse50. Los propios informes oficiales suecos no han sido capaces de desmentir esos argumentos y admiten el probable incremento de la prostitución oculta y de la publicidad de los servicios sexuales por internet así como los crecientes obstáculos surgidos para la persecución de los comportamientos de explotación de la prostitución. No obstante, señala Jacobson, los políticos se sienten muy orgullosos porque han logrado lanzar su mensaje de que la prostitución es violencia contra las mujeres:

Esta trabajadora del sexo sueca cuenta que en una ocasión tuvo la oportunidad de preguntarles: “¿No les preocupa que desaparezcan cientos de mujeres de las calles? ¿Saben dónde se encuentran ahora?” Su respuesta fue clara: “Lo más importante es que llegue el mensaje”. Similar fue la que dio nuestra ministra sueca de Calidad, Mona Shalin, a la pregunta de si “¿Es consciente de que esta ley hiere a los más débiles?”: “Lo sé, contesta, pero vale la pena enviar el mensaje”51.

Parecidos efectos se dejan ver en el resto de los países que se proponen seguir sus pasos. La proliferación creciente de regímenes legales que se niegan a reconocer a las trabajadoras del sexo como sujetos jurídicos conducen a su apartamiento social a partir de la negación de sus derechos civiles y se acompañan de políticas de seguridad ciudadana que las acosan y las desprotegen frente a toda clase de abusos (de los empleadores, de los clientes, de la policía …)52.

Es significativo que la única sentencia que en el Estado español ha reconocido los derechos laborales de las trabajadoras del sexo —la sentencia del Juzgado de lo Social nº 10 de Barcelona de 18 de febrero de 2015— haya reivindicado explícitamente la necesidad de adoptar “una perspectiva de género”, consciente de que esa ciudadanía laboral es una garantía contra la pobreza, la marginación, los abusos de poder y la explotación a que están potencialmente sometidas 53.

Tratándose de mujeres extranjeras, la situación es aún más alarmante, como ha denunciado TAMPEP, una red que funciona como un observatorio de las dinámicas de la prostitución migrante en veintiún países europeos, que destaca cómo cada vez se hacen más visibles las estrategias de intervención públicas que sacrifican sus derechos como víctimas en favor de una lucha preferente contra la inmigración ilegal 54. Me refiero, por ejemplo, a redadas policiales en la calle o en los clubes donde ellas trabajan que se justifican pretextando perseguir a proxenetas y traficantes sospechosos de someterlas a trata o a explotación sexual y que demasiado a menudo acaban con su detención, su internamiento en centros de detención y la amenaza, casi siempre cumplida, de expulsión por haber entrado al país “ilegalmente” o de permanecer en él “irregularmente”. Y no se trata de experiencias aisladas. Numerosos estudios dan cuenta de ellas en distintos países: España 55, Alemania56, el Reino Unido57 o la propia Holanda en el contexto de sus políticas antiemigración 58.

Ante una imagen tan desoladora resulta sorprendente no encontrar, a lo largo de más de cuatro décadas, ninguna ocasión en que el feminismo institucional haya alzado la voz para denunciar las injerencias abusivas del estado en la vida de las prostitutas. Muy al contrario, inmerso en sus campañas abolicionistas, ha hecho gala de una clara indiferencia ante sus problemas humanos y sociales y ante la necesidad de solidaridad con su lucha. Ha habido un significativo cambio de actitud a lo largo del tiempo, nos cuenta Mattieu, cuando compara dos acontecimientos similares protagonizados por mujeres prostitutas y sucedidos en Francia con veintisiete años de distancia: la ocupación de iglesias de Lyon en 1975 en protesta por la represión policial y en favor de sus derechos sociales y las movilizaciones de 2002 en contra del proyecto de ley Sarkozy sobre la criminalización de actitudes meramente pasivas en el ejercicio de la prostitución en la calle y la política de expulsión de las prostitutas extranjeras. Frente a la posición que adoptó el feminismo de entonces, de apoyo a las prostitutas en una campaña solidaria por “la causa general de las mujeres”, el de hoy renunció a esa alianza contra la represión estatal por considerar que podía entenderse como “una empresa de legitimación de la actividad de la prostitución”. Y concluye la autora, mientras que las feministas abolicionistas y las militantes de los derechos de las prostitutas se enfrentaban, el Parlamento votaba la ley de seguridad interior que preveía un pena de prisión de dos meses y una multa de 3750 € por las referidas conductas El viejo lema de la campaña de 1975, “nos enfants ne veulen pas que leurs mères aillent en prison”, no hubiera servido esta vez para nada 59.

Pero hay todavía una violencia más invasiva y más insidiosa sobre las trabajadoras del sexo que es administrada por el propio feminismo abolicionista y que funciona como una genuina “sanción de género”: me refiero a esa devaluación que les viene impuesta —como seres alienados y de una identidad deteriorada o aún como simples cuerpos sin alma asimilables a mercancías susceptibles de venta o arriendo— por ser incapaces de satisfacer las expectativas creadas para ese otro sujeto construido y estereotipado que es la Mujer (en mayúscula) 60. Una ceremonia de “heterodesignación” que se comporta como una estrategia de dominación y de negación con lugares comunes a los que frecuenta el patriarcado. Femenías la califica lúcidamente de “violencia simbólica” cuando enumera sus características identitarias: “descalificando, negando, segregando, invisibilizando, marginando, fragmentando o utilizando arbitrariamente el poder sobre otros/as”61.

(…)

Perspectiva de reglamentación laboral del trabajo sexual en Colombia

Por Jairo Alberto Delgado Beltran

14 de julio de 2019

https://revistas.uptc.edu.co/index.php/derecho_realidad/article/download/10005/9189/

Resumen

El presente artículo desarrolla los principales conceptos jurisprudenciales sobre la relación laboral derivada del comercio sexual, y a partir de ellos, expone los aspectos más relevantes en el abordaje de la reglamentación del trabajo sexual en Colombia, basado las decisiones de la Corte Constitucional (Sentencia T – 594 de 2016 y T 073 de 2017) y los desarrollos conceptuales y académicos en Colombia. La metodología aplicada para la recolección de información y verificación de los resultados se realizó a través de talleres, aplicación de encuestas analíticas de percepción sobre la actividad, la realización de entrevistas y atención socio-jurídica a mujeres trabajadoras sexuales y organizaciones sociales que las agrupan. Entre otros aspectos se encuentra que, el derecho laboral colombiano no tiene los elementos suficientes para reglamentar la actividad. El derecho internacional laboral y de los derechos humanos es proteccionista en una reglamentación del trabajo sexual. Los derechos humanos de las mujeres y particularmente las convenciones de bloque de constitucionalidad, son necesarios para reglamentar el trabajo sexual.

INTRODUCCIÓN

(…)

La expresión puta y prostituta, tanto el sustantivo como el verbo, y su uso continuado, han permitido definir en el ejercicio del comercio sexual, un acto estigmatizado, humillante, censurado, señalado, y despreciado por el grueso de la sociedad colombiana. Las personas que realizan esta actividad, particularmente las mujeres, son vistas como mujeres del “mundo fácil” mujeres sin valor moral, y sin derechos, “una puta no vale nada”. Las altas tasas de violencia contra estas mujeres, que llevan desde el maltrato físico, emocional, llegando frecuentemente al feminicidio, deriva del contenido cultural que estas palabras trasladan al imaginario social.

Además, las mujeres que libre y conscientemente realizan esta actividad, se reconocen como trabajadoras sexuales. Hablar de trabajadora entonces lleva consigo la asunción de una actividad y su dignificación. En este sentido, las poblaciones históricamente excluidas en Colombia, han carecido del privilegio de ser nombradas y reconocidas laboralmente, (verbigracia: actividades como el reciclaje, las ventas ambulantes, las labores del campo, entre otras). Los sectores abolicionistas denominan a las mujeres que realizan esta labor, como “mujeres en situación de prostitución”, aspecto que refiere a una contingencia involuntaria y ligada a factores socioeconómicos que las desembocan en esta ocupación, en donde se actúa sin autonomía y presionada por la ilegalidad y la trata de personas. Muchas posturas se han fijado sobre la distancia entre feminismo y trabajo sexual que van desde “i) las críticas económicas y/o marxistas a la prostitución; ii) las objeciones feministas respecto de la libertad con que las prostitutas eligen su trabajo; iii) las condenas esencialistas de la prostitución; iv) las teorías de la asimetría; y v) la llamada teoría “igualitaria” que se opone a la prostitución.” (Kesler, Prostituución y Trata, 2002, pág. 8). Por su parte, en Colombia la postura abolicionista viene de sectores de la academia que poco saben de las realidades de estas mujeres y las adoctrinan en “las objeciones feministas respecto de la libertad con que las prostitutas eligen su trabajo” (Kesler, 2002) y además las ubican en una postura “redentora” dejándolas al abandono institucional.

Las prácticas sociales de la sociedad colombiana están atravesadas por las relaciones asimétricas hombre-mujer, ligadas a su vez al dominio masculino. Es importante decir que el trabajo sexual no se escapa a ello, pues claramente profundiza la estructura patriarcal dentro de una sociedad de consumo, además que alimenta la satisfacción del ego sexual masculino bajo el criterio de disposición del cuerpo de la mujer.

El trabajo sexual en una sociedad tan desigual, como la colombiana, debe reglamentarse para avanzar en la protección de los derechos humanos de las personas que realizan esta actividad.

Es innegable la presencia de narcotráfico, lavado de activos, testaferrato, trata de personas, bandas criminales, entre muchas otras ilegalidades ligadas alrededor de la actividad del comercio sexual, no de las mujeres. Este es un problema de política criminal, no un problema del derecho laboral ni de las trabajadoras sexuales; además, la sociedad les ha trasladado esos fenómenos como si fueran responsables de los hurtos, el consumo, tráfico y porte de sustancias psicoactivas; el lavado de activos, los homicidios y otros delitos que suceden en contextos del comercio sexual.

Es importante, en este sentido, fundar el debate y la construcción de políticas públicas desde un enfoque de derechos, y no de criterios de vulnerabilidad, además porque no todas las mujeres que están libremente en el comercio sexual son vulnerables y no todas las mujeres vulnerables quieren ejercer el trabajo sexual. La sociedad debe cuestionarse y proponerse entonces la erradicación de dos condiciones presentes firmemente en el comercio sexual: la primera, las realidades socioeconómicas que llevan a las mujeres a elegir o llegar a esta actividad; la segunda, el exorbitante e incontrolable consumo sexual masculino que profundiza las relaciones patriarcales con disposición del cuerpo de la mujer para satisfacción de su ego varonil. Resulta fácil así acudir al argumento de las “afectaciones sufridas” por las mujeres, en una sociedad que poco se ocupa de la irresponsabilidad paterna, que ha puesto la carga del cuidado y crianza en ella; que hace nada por protegerlas de la violencia machista ligada al feminicidio, que desconoce las condiciones de explotación y violencia en el mundo del trabajo, un Estado como el colombiano que ni siquiera asumió la adopción del convenio 190 de 2019 de OIT sobre violencias en el mundo del trabajo. Existe una sociedad que tolera el consumo excesivo de sexo por parte de los hombres y que acuña históricamente profundas desigualdades y explotaciones, las cuales creen que conservando estas dos estructuras y prohibiendo los derechos de las trabajadoras sexuales, está protegiendo a las mujeres que han tomado la decisión de desempeñar esta actividad.

Posterior a esta introducción, el artículo se distribuye de la siguiente forma: la primera sección relaciona la metodología empleada, la segunda sección aborda el desarrollo jurisprudencial del trabajo sexual en Colombia, la tercera trata de las perspectivas de abordaje de una norma laboral del trabajo sexual en Colombia y finalmente se presentan las respectivas conclusiones.

(…)

Corte reconoce derechos laborales de modelos ‘webcam’

La decisión, sin precedentes, reconoce garantías laborales de modelo que fue desvinculada.

 

REDACCIÓN JUSTICIA

26 de mayo de 2021

https://www.eltiempo.com/justicia/cortes/corte-reconoce-derechos-laborales-de-modelos-webcam-591289

En un fallo sin precedentes en Colombia, la Corte Constitucional reconoció los derechos laborales de las personas que se dedican al modelaje webcam.

La decisión la tomó el alto tribunal al fallar en favor de una mujer que fue desvinculada sin garantía laboral alguna cuando tenía 8 meses de embarazo porque para propietario del estudio webcam su relación no era laboral sino comercial.

La tutela la presentó una mujer que el 14 de mayo de 2019 suscribió un “contrato a término indefinido” para ser modelo webcam en un establecimiento en Mosquera durante ocho horas diarias, en la franja 6 a.m. a 2 p.m., durante 6 días a la semana.

Un mes después, quedó embarazada e informó el hecho a su empleador. En enero de 2020 acudió por urgencias al Hospital San Rafael de Facatativá varias veces y, cuando fue a su último control prenatal se enteró que había sido desvinculada del sistema de salud desde el primero de diciembre de 2019 y no fue atendida.

Ante el reclamo, su empleador,  le dijo  “que no volviera al trabajo, que estaba despedida ya que por [su] estado no le servía y quiso obligar[la] a firmar un papel de renuncia por mutuo acuerdo y si no, que no [le] cancelaba lo adeudado ni la liquidación”.

La Corte dijo que hasta el momento, el Congreso solo se ha ocupado en intervenir dicha actividad viéndola como una fuente de recaudo tributario, pues la única norma que que la tiene ne cuenta es la Ley 2010 de 2019, en la que se contempla que tienen calidad de agentes retenedores los exportadores de servicios de entretenimiento para adultos a través del sistema webcam.

“Dentro de la industria del sexo, como género, se pueden agrupar diferentes especies como la prostitución, la pornografía y, más recientemente, el modelaje webcam, pues aunque en ocasiones se ha pretendido trazar una línea divisoria para separar los aquellos oficios de la prostitución, en un esfuerzo por desligarlo de la estigmatización histórica que pesa sobre los mismos, es claro que el común denominador que existe a todas estas prácticas es el intercambio de determinados servicios de índole sexual por una contraprestación pecuniaria”, dijo la Corte.

La Corte señaló que “si bien el modelaje webcam no es un oficio exclusivo de mujeres, son ellas las principales protagonistas de esta relativamente nueva modalidad del denominado entretenimiento para adultos”.

El alto tribunal dijo que aunque el oficio del modelaje webcam no está regulado en Colombia, esto no deja a las empresas dedicadas a esta actividad ni a quienes están delante de las cámaras por fuera de la Constitución y la ley, por lo que no puede ser un escenario para abusos y violación de derechos, lo que sucedió en este caso.

El fallo indicó que hay muchas mujeres en estado de vulnerabilidad que ingresan a la industria del sexo condicionadas por situaciones de pobreza y ausencia de oportunidades, lo que en una cultura sexista, globalizada y movida por el afán de lucro abre paso a que algunos busquen tomar provecho de las circunstancias apremiantes de estas mujeres.


Con ponencia del magistrado Alberto Rojas, con base en las leyes laborales actuales del estatuto del trabajo y las reglas sobre fuero de maternidad, y aplicando un enfoque de género al estudio del caso, la Corte protegió los derechos laborales de la mujer que interpuso la demanda, ordenó investigar al propietario del estudio frente a la situación de las otras mujeres que laboran allí.

El alto tribunal enfatizó en el estado de vulnerabilidad de la mujer, cuya identidad protegió en la decisión, debido a su situación crítica de carencia de recursos sumada a la urgencia inaplazable de procurarse un mínimo vital para garantizar su propia subsistencia y las de sus hijos.

También tuvo en cuenta la ausencia de otras alternativas ocupacionales en donde poder emplearse estando en embarazo y, resaltó que tales circunstancias materiales de existencia no son aspectos “accidentales” que puedan valorarse aisladamente de la decisión que tomó la mujer de incursionar en la industria del sexo como modelo webcam.

La Corte además exhortó al “Congreso de la República y al Ministerio del Trabajo para que regulen la actividad del modelaje webcam de acuerdo a los lineamientos expuestos en la sentencia, de tal manera que se proteja laboralmente a las mujeres y demás personas que se dedican a este oficio”.

¿Qué dijeron diversas entidades en el caso?

El Ministerio del Trabajo le dijo a la Corte que inició un proceso de construcción de un documento de inclusión laboral de población con orientaciones sexuales e identidad de género diversas, con miras a desarrollar acciones para promover los derechos fundamentales en el trabajo en perspectiva de inclusión laboral para esta población.

Además, indicó que la Dirección de Derechos Fundamentales del Trabajo del Ministerio tiene “como principales actividades para este año establecer acciones interinstitucionales para definir lineamientos en el marco de la política pública destinada a la actividad webcam así como la población LGTBI”.

La Corporación Casa de la Mujer dijo que el despido de la mujer en este caso, en razón a su estado de embarazo, fue discriminatorio y vulneró sus derechos fundamentales al mínimo vital y al trabajo, en la medida que afecta la posibilidad de garantizar tanto su vida como la de su hijo al quedar sin su fuente principal de ingresos.

La Inspección Primera Municipal de Policía de Mosquera indicó que el establecimiento particular sí cumplía con todos los requisitos para laborar. Además, se estableció que en este caso, el empleador, buscó a una compañía para que la mujer tuviera cobertura de seguridad social”.

La Universidad Externado señaló que como no existe regulación sobre los controles a los que deben estar sometidos estos establecimientos de comercio, hoy por hoy se encuentran en su mayoría en la informalidad y operan en casas de familia sin en el cumplimiento de estándares mínimos de salubridad.

Por eso, había pedido a la Corte reconocer las actividades vinculadas al mercado sexual, en este caso las desarrolladas por las modelos webcam, constituyen un trabajo y como tal deben ser acreedoras de toda la protección jurídica establecida para los trabajadores en el Código Sustantivo del Trabajo..

justicia@eltiempo.com
En Twitter: JusticiaET

“En el feminismo hay temor por desapegarse de la categoría mujer porque es muy rentable”

“Veo muy complicado y preocupante el hecho de que las feministas antigénero hayan ganado mucho espacio y visibilidad digital pero también inserción institucional. Hay que nombrar, debatir y reflexionar sobre esa nueva ola. Las posiciones anti-trans, o transfóbicas, no son nuevas en el feminismo, pero a lo que asistimos hoy tiene otra escala y, sobretodo, son palpables los vínculos de esas voces con el neo-conservadurismo religioso y las viejas y nuevas derechas.” 

 Por Flor Alcaraz

17 de abril de 2021

Sonia Correa es una de las principales referentas académicas feministas de Brasil. Es investigadora de la Asociación Brasileña Interdisciplinaria de Sida (Associaçao Brasileira Interdisciplinar de AIDS – ABIA) y desde 2002 es co-coordinadora del Observatorio de Sexualidad y Política, que viene haciendo reportes exhaustivos sobre política sexual en tiempos de pandemia e investigaciones transnacionales sobre la cruzada antigénero en América Latina. Hablamos con ella de la ofensiva antiderechos sexuales y reproductivos en el continente y los desafíos de los feminismos populares en las temporalidades a largo plazo y retos que plantea la crisis sanitaria. Además de las tradicionales fuerzas conservadoras en contra del aborto y antigénero, ella identifica —con preocupación— el emergente protagonismo de las “feministas antigénero”, que han ganado mucha visibilidad el último año a nivel global. “La valorización de la pluralidad feminista nos pone frente al reto complejo de discernir entre lo que es diversidad y lo que es diferencia política/ideológica. Es difícil nombrar esa diferencia de visión y reconocer que puede no ser superable. Pienso que hay en los feminismos un temor o dificultad conceptual de desapegarse de la categoría mujer porque ha sido siempre muy productiva”, dice Correa en diálogo por Zoom con LatFem. Y hace un llamado a los feminismos a empezar a nombrar y a problematizar las posiciones manifiestas de estos grupos que son, muy claramente, funcionales a las derechas.

—¿Cómo analizás que se movieron las fuerzas conservadoras en la región en el último año?

—Una primera observación es que debemos pensar el contexto desde una mirada geopolítica continental. Cuando hablamos hoy de políticas antigénero, de políticas antiaborto, de derechas nuevas y viejas derechas, ya sabemos que esto es un entramado transnacional y que hay nudos de conexión muy claros y densos entre las Américas y Europa. Y para América Latina no podemos analizar esas fuerzas desatando o desconectando la región a lo que pasa en Estados Unidos. Este año tenemos que prestar mucha atención a Estados Unidos por las condiciones peculiares de la política norteamericana, por lo que fueron los meses finales del gobierno de Dondald Trump en pandemia. En lo que concierne a la lucha por el derecho al aborto una mirada continental es hoy más productiva que una mirada regional. Las dinámicas regionales antiaborto tienen mucho más que ver con lo que pasa en Estados Unidos que con lo que pasa en Europa, con excepción de España, pues hay que considerar el rol regional de HazteOir/Citizen Go. Y en lo que es política antigénero tenemos más semejanzas y dinámicas comunes con Europa.

Un segundo aspecto que analizamos en nuestras Ediciones Especiales de Política sexual en el contexto de la COVID-19, es que la pandemia, como ha dicho Claire Prevost, en un artículo para openDemocracy, está siendo muy favorable para las fuerzas conservadoras. Esto es así porque la crisis crea un nivel de inestabilidad, temor, miedo, desorden, incertidumbre que les facilita movilizar afectos, emociones de repudio a la pautas de la democracia sexual. Movilizar afectos es un arma muy importante del arsenal o repertorio político de las fuerzas antigénero y antiaborto. Y,  volviendo a la geopolítica continental, la administración Trump fue muy proactiva en los temas anti aborto, familia, libertad religiosa. Su gobierno empezó con la reedición de la regla de la mordaza, un acto que, desde 1980,  siempre hicieron los lo hacen los presidentes republicanos, pero su versión de la regla fue mucho más amplia. Después, llevó como un año y medio para adoptar grandes líneas de políticas internacionales en ese campo, las cuales después de lanzadas han sido muy agresivas. La primera de ellas fue el ataque a las normas y definiciones internacionales sobre salud, derechos reproductivos y aborto y protección de la familia. Fue anunciada en 2019 por resoluciones y declaraciones en la OMS y la Asamblea General fue traducida en el llamado Consejo de Ginebra y lanzado con mucha visibilidad el año pasado. La segunda es la iniciativa iniciativa global libertad religiosa también lanzada en el comienzo de 2020. En ambos casos, Brasil, Hungría y Polonia han sido los aliados fuertes de primera hora. Y,  hay que mencionar la creación de la Comisión sobre Derechos Inalienables, que en julio lanzó un documento que ambiciona revisión profunda de los parámetros epistémicos de los derechos humanos, tal como lo conocemos.

—La llegada de Joe Biden al poder genera otras tensiones, porque si bien sabemos que está a favor del aborto e imaginamos que va a defender Roe vs Wade,Trump dejó en la Corte Suprema a la jueza ultra católica Amy Barrett y a nivel local hubo en el último año más de 500 restricciones al aborto en 44 estados….¿Qué cambió con la nueva administración del norte? 

—La Comisión sobre Derechos Inalienables fue desecha, Estados Unidos salió del Consejo de Ginebra y creo que ya dejó la iniciativa sobre libertad religiosa. Desapareció como instancia internacional pero ese documento está circulando y las fuerzas norteamericanas que adhieren a esa concepción seguramente van a utilizarlo en sus estrategias políticas de ahora en adelante.  Pero aún cuando eso es muy positivo, como relató Jamil Chad, el periodista brasileño en varios  artículos, hay evidencias fuertes  de que Brasil ahora pasa a ser el líder de estas iniciativas.

Para la región eso no es nada trivial pues nos exige que se preste mucha atención a las conexiones del gobierno brasileño. En lo que concierne especificamente al derecho al aborto debemos pensar que la derrota política de Trump definitiva, el 6 de enero, coincidió una semana después con la aprobación de la ley de aborto en Argentina. Y estoy convencida que las fuerzas antiaborto, que son parte del mismo ecosistema que los actores antigénero, están desde enero reaccionando a esos dos hechos, operando de manera muy orquestada, con elevado grado de proactividad y agresividad en la región.  A partir de ahora la región es su palco principal de operación. Tengo como hipótesis que seguramente van a aportar recursos financieros y estratégicos en la región para hacer de ella como territorio un tampón, para bloquear la potencial ampliación de derechos o mismo promover retrocesos.  Y una última observación sobre el giro conservador de la Corte Suprema de Estados Unidos, después del nombramiento de Amy Barret, en el 9 de abril tomó una decisión sobre cultos religiosos domésticos que según el análisis de Adam Liptak del NYT, en el podcast The Daily, significó una nueva ganancia de las fuerzas neoconservadoras en sus demandas de primacía de la libertad religiosa sobre reglas seculares de aplicación general.

—El rápido blindaje al aborto en Honduras fue una demostración de esas fuerzas…

— Sí, en la región desde enero hemos visto mucha movilización de las fuerzas que se oponen al derecho al aborto y, entre ellas, lo que pasó en Honduras es muy icónico y significativo porque lo que han hecho ahí es que han conseguido legislar sobre el futuro en un país donde el aborto ya era completamente prohibido. Eso nos da, yo creo, la medida de su ambición. Y como lo han conseguido, eso se convierte en demostración de fuerza: “Acá estamos y tenemos la capacidad de hacerlo”. Además hubo muchas acciones en varios países de la región alrededor del 25 de marzo, Día del Niño por Nacer. En Brasil han intentado empujar un proyecto de ley que se llama el estatuto de la mujer embarazada pero en verdad es el estatuto del embrión. Esa propuesta es un caballo de Troya porque anuncia que va proteger las embarazadas para efectivamente da prioridad al embrión. Y acaban de prsentar un proyecto de ley para establecer un dia nacional oficial prevención del aborto “criminal”, que sería en el 8 de octubre, diez días después del 28 de septiembre, si es que logran aprobarlo. Esa es la fecha definida por la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, como el día del No Nacido.

En Costa Rica una diputada del partido de Fabricio Alvarado hizo una performance en contra del derecho al aborto sin zapatos en el medio de la asamblea. Habló como media hora contra el aborto y a favor de los pueblos indígenas. Una escena muy rara y con gran capacidad de capturar la atención de los medios. En Venezuela los obispos han sacado una declaración contra el aborto. Y en la semana anterior al 25 de marzo hemos visto una actuación intensa de Agustín Laje en Guatemala. Él vive en España, donde está vinculado a Hazte Oír y Vox. Mi hipótesis es que a partir de ahora vamos a tener muchas confrontaciones. En todos los países van a pasar cosas y en algunos hay más riesgos de que en otros, como es el caso de Brasil. Y hay que decir que la victoria de Lasso en Ecuador lleva más agua e ese mismo molino. Para cerrar, sí es fundamental que Biden esté a favor de los derechos reproductivos y que haya tomado medidas positivas en ese campo. Pero hay que tener en cuenta que las nuevas políticas internacionales norteamericanas deben moverse despacio porque la administración Biden-Harris tiene muchos retos internos. Del otro lado, las fuerzas neoconservadoras ya están se moviendo muy rápido.

—Desde una mirada geopolítica, ¿dónde hay que mirar ahora, además del norte? ¿Cuáles son tus principales preocupaciones en este nuevo escenario en términos de correlación de fuerzas?

— Como he dicho, creo que es vital prestar atención a cómo esas fuerzas se reagrupan en torno a Brasil en el plano de geopolítica neoconservadora internacional y hacer lo posible para anticipar sus acciones regionales y nacionales. Pues muy claramente están invirtiendo esfuerzos para tener ganancias en la región. Pero, a su vez ,veo muy complicado y preocupante el hecho de que las feministas antigénero hayan ganado mucho espacio y visibilidad digital pero también inserción institucional. Hay que nombrar, debatir y reflexionar sobre esa nueva ola. Las posiciones anti-trans, o transfóbicas, no son nuevas en el feminismo, pero lo que asistimos hoy tiene otra escala y, sobretodo, son palpables los vínculos de esas voces con el neo-conservadurismo religioso y las viejas y nuevas derechas. Acá en Brasil están entramadas con el campo bolsonarista, sobre todo atacando los la agenda de identidad de género en la infancia. En España, desde el año pasado, las feministas antigénero hacen un ataque feroz a la nueva ley de identidad de género propuesta por Unidas Podemos. En ese contexto, Lidia Falcón, líder del partido feminista epañol y la diputada de Vox en la Asamblea de Madrid Alicia Rubio estuvieron juntas en un debate virtual en el cual se alinearon contra la ley trans. Hay también dinámicas complejas en Argentina, México y Colombia. Y pienso que no debemos quedar afásicas frente a esas dinámicas, aún cuando sea incómodo debatirlas.

—¿Por qué creés que están teniendo protagonismo en distintos países las denominadas feministas antigénero? Es decir, ¿Por qué ahora? ¿Tiene que ver con un momento de mayor visibilidad de los feminismos en general? ¿Siempre estuvieron ahí y no las vimos?

—Esas corrientes se remontan a los años 1970. En la entrevista que Judith Butler le hizo a Gay Rubin en 1994, Rubin recupera, de algún modo, la genealogía de esa corriente en el mundo anglosajón mostrando cómo surgió imbricada, tanto con la política lésbica como con las políticas de homosexualidad masculina. Pero ella también subraya que esos debates, así como los fuertes debates sobre pornografia, se dieron en el mismo contexto y surgimiento de la llamada nueva derecha religiosa que es, de algún modo, precursora de las dinámicas a las que asistimos hoy. Y lo digo, porque el pasaje de esas controversias y visiones del universo de los feminismos para los debates de las llamadas corrientes principales no se puede desvincular de los avances y ganancias de los conservadurismos y de las derechas en el presente. Este clima generado por las fuerzas conservadoras en los últimos tiempos les ha sido favorable y sus posiciones echan agua al mismo molino esencialista en el cual se anclan las posiciones religiosas antigénero. Eso es a mi ver lo que ha permitido que la Campaña de los derechos de las mujeres con base en el sexo, lanzada el año pasado hay tenido tanto alcance.

—Acá en Argentina se les ha puesto un límite en los procesos asamblearios de armado del 8M y otras acciones callejeras, pero están ahí circulando en distintos espacios. El dilema, igual con los grupos antiderechos, es hablar de ellas y caer en el riesgo de darles prensa. Sin embargo, resulta necesario nombrar y marcar esos límites…¿Ves ese riesgo? 

— Esa no es una conversación sencilla pues nos saca fuera de las zona de confort. Pero hay un claro desfase entre el silencio del feminismo no esencialista y trans incluyente y la visibilidad creciente de las voces feministas antitrans. Mi pregunta es: ¿dónde estamos nosotres en ese debate? Pienso que es interesante preguntarse porque es tan difícil hablar del asunto. Desde mi punto de vista, un primer osbtáculo es que el aprecio que tenemos por la pluralidad dentro de los feminismos dificulta discernir entre lo que es diversidad virtuosa y diferencia o impases políticos/ideológicos. Es difícil nombrarlo. También me parece, y desde hace algún tiempo vengo hablando de eso, hay en los feminismos temor o dificultad conceptual de desapegarse de la categoría mujer porque es políticamente muy rentable. Y la categoría mujer, no interrogada, está en el nudo central del encuadre que manejan las feministas de los derechos con base en sexo. O sea hay ahí una convergencia que es también una trampa. Desde dónde lo veo, el apego acrítico a la categoría mujer produce puntos ciegos y confusión en otros terrenos. Por ejemplo, en Brasil hoy, no es exactamente sencillo para los feminismos posicionarse frente a lo que es un robusto movimiento de mujeres de derecha, o mismo de extrema derecha, algunas de las cuales  se dicen feministas. Estamos frente al reto de desarmar esa trampa.

—¿Qué alianzas posibles ves a futuro entre los feminismos y otras fuerzas o movimientos para hacer frente a toda esta reacción conservadora tan amplia y diversa? Por ejemplo, con la lucha ambiental….

—Tenemos muchísmos retos de interseccionalidad y creación de alianzas. En la región, por ejemplo, pienso que la interseccionalidad política y las políticas de amistad entre el campo que actua en género, sexualidad y derecho al aborto y los movimentos encargados de la luchas anti-racista y indigena todavía no están completamente procesadas. Del mismo modo hay todavía retos y lagunas en lo que concierne a firmar la concepción de que políticas antigénero son una manifestación de la economía política, o sea, arrastran visiones sobre la economía, la distribución de recursos, la relación con el medio ambiente. Necesitamos tener más claridad sobre eso entre nosotres porque seguimos separadas entre las que piensan o actúan en género y sexualidad y las que piensan y actúan en el campo de los debates sobre redistribución. Pero, sobretodo, es urgente crear condiciones o espacios para que los actores principales que piensan en la economía política en el campo progresista también entiendan y se apropien de ese encuadre interseccional. Género y aborto son temas de las políticas de Estado, de política externa. En Brasil esas pautas han estado, desde hace mucho en el cierne del giro a la derecha. La derecha ha hecho campañas electorales y ha llegado al poder con esos temas que hoy son pauta de la política externa. Sin embargo, los actores de las corrientes principales de las izquierdas y del centro liberal  los siguen tratando como si fueran temas de moral o costumbre, cosas secundarias.

Finalmente, el tema ambiental es la otra cara en el ensamblaje de la economía política. Y, hay ahí un enganche posible y potencialmente productivo entre las pautas que trabajamos les investigadores y redes que actúan en el debate ambiental. Ambos campos enfrentan actores que repudian la producción intelectual y científica y recurren a variadas formas de negacionismo. Las estrategias usadas por fuerzas antigénero y antiaborto en relación a la ciencia y al conocimiento, las cuales apelan a las simplificaciones y al sentido común y producen inversiones de significado,  convergen en muchos aspectos con lo que se asiste hoy en el debate sobre crisis climática, aunque los vocabularios y repertorios puedan ser distintos. Es, a mi ver, urgente entablar o ampliar esa conversación. Y también pienso que hay todavía mucho que elaborar en relación a una visión que articule a un solo tiempo la crítica de las ideologías antigénero en sus múltiples versiones y la lógica extractivista que caracterizó la penetración del neoliberalismo en la región en las últimas dos décadas. El lema feminista de los territorios que son a un solo tiempo los cuerpos y el medio ambiente es un excelente punto de partida. Pero necesitamos nuevas elaboraciones para interrogar consistente y sistemáticamente el discurso del Vaticano  —hoy plasmado en los argumentos de muchas otras voces— según el cual la teoría de género es una insurrección contra la naturaleza equiparable a la destrucción de los bosques tropicales y otras zonas amenazadas por la voracidad del capitalismo del siglo XXI.