Mujeres desempleadas recurren a vender sus fotos desnudas en línea

OnlyFans, una plataforma de redes sociales que permite que sus usuarios vendan fotos explícitas, ha tenido un gran auge durante la pandemia. Pero la competencia en el sitio significa que no todas las personas ganarán mucho dinero.

 

Por Gillian Friedman

19 de enero de 2021

https://www.nytimes.com/es/2021/01/19/espanol/onlyfans-desempleo.html

 

Savannah Benavidez creó una cuenta en OnlyFans después de perder su trabajo como facturadora médica. Credito…Adria Malcolm para The New York Times

 

En junio, Savannah Benavidez tuvo que dejar su empleo como encargada de facturación en una institución sanitaria para cuidar a su hijo de 2 años luego de que su guardería cerrara. Como necesitaba dinero para vivir, creó una cuenta de OnlyFans —una red social en la que los usuarios venden contenido original a suscriptores mensuales— y comenzó a subir fotografías de ella desnuda o en lencería.

Benavidez, de 23 años, ha ganado 64.000 dólares desde julio, lo suficiente no solo para vivir, sino para ayudar a algunos amigos y familiares con la renta y los pagos de sus autos.

“Es más dinero del que jamás he ganado en ningún trabajo”, dijo. “Tengo tanto dinero que ni sé cómo gastarlo”.

Lexi Eixenberger esperaba una fortuna similar cuando abrió su cuenta de OnlyFans en noviembre. Eixenberger, de 22 años, empleada en un restaurante en Billings, Montana, ha sido despedida tres veces durante la pandemia y para octubre estaba tan necesitada de dinero que tuvo que dejar sus estudios de asistente odontológica. Después de donar plasma y estar en diversos trabajos peculiares, de todos modos no juntaba lo suficiente para vivir, así que, cuando unos amigos se lo sugirieron, recurrió a OnlyFans. Hasta ahora solo ha ganado 500 dólares.

Lexi Eixenberger perdió su trabajo en un restaurante tres veces y tuvo que dejar sus estudios de asistente odontológica. Se convirtió en una creadora de contenidos para OnlyFans, pero no ha ganado mucho hasta ahora.Credito…Janie Osborne para The New York Times

La popularidad de OnlyFans, fundada en 2016 y con sede en el Reino Unido, ha cobrado auge durante la pandemia. Para diciembre pasado, tenía más de 90 millones de usuarios y más de un millón de creadores de contenido, un aumento considerable con respecto a los 120.000 en 2019. La compañía no quiso comentar para este artículo.

Dado que hay millones de estadounidenses desempleados, algunas personas, como Benavidez y Eixenberger, recurren a OnlyFans en busca de un sustento para ellas y sus familias. La pandemia ha sido especialmente desastrosa con las mujeres y madres, pues ha sacado del juego a los sectores de la economía en los que las mujeres dominan: negocios de comercio minorista, restaurantes y atención médica.

“Mucha gente está migrando a OnlyFans por desesperación”, dijo Angela Jones, profesora adjunta de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Farmingdale. “Son personas a las que les preocupa qué van a comer, les preocupa que no les corten la electricidad, les preocupa que no las echen de su casa”.

Pero para cada persona como Benavidez, quien es capaz de usar OnlyFans como su fuente principal de ingresos, hay docenas más, como Eixenberger, que esperan fortuna y terminan con solo unos cientos de dólares y la preocupación de que las fotografías afecten sus posibilidades de conseguir un trabajo en el futuro.

“Ya es un mercado muy saturado”, dijo Jones sobre el contenido explícito en línea. “La idea de que la gente simplemente va a abrir una cuenta de OnlyFans y le comenzará a llover dinero es de verdad errónea”.

Las creadoras de contenido más exitosas suelen ser modelos, estrellas de la pornografía y celebridades que ya tienen muchos seguidores en las redes sociales. Pueden usar sus plataformas en línea para llevar a sus seguidores a su cuenta de OnlyFans, donde ofrecen contenido exclusivo a los que están dispuestos a pagar una cuota mensual o incluso contenido personalizado a cambio de propinas. OnlyFans se queda con el 20 por ciento de cualquier pago. Algunas creadoras reciben propinas a través de aplicaciones de pago, en cuyo caso no tienen que darle un porcentaje a OnlyFans; Benavidez gana la mayor parte de su dinero de esta manera.

Pero muchas de las creadoras que se han unido a la plataforma debido a cuestiones económicas apremiantes no tienen tantos seguidores en las redes sociales ni ninguna manera de hacer un negocio constante de esto.

Elle Morocco de West Palm Beach, Florida, fue cesada de su empleo como gerente de oficina en julio. Sus cheques de seguro de desempleo no alcanzan para su renta mensual de 1600 dólares, el pago de los servicios y el costo de la comida, así que se unió a OnlyFans en noviembre.

Pero Morocco, de 36 años, realmente no tenía ninguna presencia en las redes sociales cuando se unió a la plataforma y ha tenido que ganarse sus suscriptores uno por uno, al publicar fotografías de ella en Instagram y Twitter, y darle seguimiento a los hombres que ponen me gusta y comentan sus publicaciones, para invitarlos a que se suscriban a OnlyFans. Es más difícil, requiere más tiempo del que esperaba y no es tan redituable.

“Es un trabajo de tiempo completo además de tu trabajo de tiempo completo de buscar empleo”, dijo. “Los admiradores quieren que publiques diario. Es un trajín. Siempre te andas tomando fotografías para publicarlas”.

Hasta ahora solo ha ganado 250 dólares en la plataforma, a pesar de que a veces invierte hasta ocho horas al día en crear, publicar y promover su contenido.

A Morocco también le preocupa que su presencia en la plataforma le dificulte que la contraten para empleos tradicionales en el futuro.

“Si quieres un puesto de oficinista, quizá no te contraten si se enteran de que estás en OnlyFans”, dijo. “Tal vez no te quieran si saben que eres una trabajadora sexual”.

El trabajo sexual digital a veces da la impresión de que es seguro y privado: los creadores de contenido reciben dinero sin tener que interactuar con los clientes en persona. Pero eso no significa que no haya riesgos.

“Para muchas personas el trabajo sexual en línea es una alternativa más llamativa que salir a la calle o vender servicios sexuales de manera directa”, explicó Barb Brents, profesora de Sociología en la Universidad de Nevada, Las Vegas. “Dicho esto, cualquiera que decida entrar en este tipo de negocio debe saber que sí hay riesgos”.

El pasado abril, una mecánica en Indiana perdió su empleo en una concesionaria Honda luego de que los gerentes supieron que tenía una cuenta en OnlyFans. Las creadoras pueden ser víctimas de “doxing”, una especie de acoso en línea en el que los usuarios publican información privada o delicada sobre alguien sin su permiso. En diciembre, The New York Post publicó un artículo sobre una paramédica de la ciudad de Nueva York que complementaba su sueldo con el dinero que ganaba de OnlyFans. La paramédica creía que el artículo, que fue publicado sin su consentimiento, dañaría su reputación y haría que la despidieran de su puesto.

Las creadoras también pueden ser objeto de “capping”, una práctica en la que los usuarios toman capturas de pantalla o grabaciones no autorizadas y luego las comparten en otro lugar de internet. Las creadoras de OnlyFans también han recibido amenazas de muerte y violación en las redes sociales.

Las creadoras de contenidos de OnlyFans pueden afrontar no solo consecuencias profesionales sino también personales. Eixenberger ha mantenido su cuenta en secreto de su padre, pero sabe que él se enterará ahora que ella lo ha hecho público. “No quiero ser avergonzada o repudiada”, dijo.

Otras personas dicen que la experiencia las ha hecho sentir empoderadas. Melany Hall, madre soltera de tres hijos, gana 13,30 dólares la hora como paramédica en el norte de Ohio, apenas lo suficiente para sobrevivir. En diciembre abrió su cuenta de OnlyFans.

“Soy madre de tres hijos. Jamás pensé que alguien pagaría para verme desnuda”, dijo Hall, de 27 años. “Ha aumentado mucho mi autoestima”.

Ha ganado unos 700 dólares hasta ahora, no lo suficiente para cambiar su vida, pero sí para que las fiestas de fin de año fueran especiales.

“Este fue el primer año en que no tuve que elegir entre la factura de la luz y los regalos de Navidad para mis hijos”, dijo. “Este es el primer año que he sido capaz de hacerlo todo por mí misma”.

 

Gillian Friedman es una reportera de negocios que cubre bancarrotas, economía y noticias de negocios en general. @gillianreporter

 

Simone de Beauvoir: “Prostitutas y hetairas” (Capítulo IV de “El segundo sexo”)

 

 

CAPÍTULO IV

PROSTITUTAS Y HETAIRAS

Ya hemos visto (1) que el matrimonio tiene como correlativo inmediato la prostitución. «El hetairismo —dice Morgan— sigue a la Humanidad hasta en su civilización como una oscura sombra que se cierne sobre la familia.» Por prudencia, el hombre consagra a su esposa a la castidad, pero él no se satisface con el régimen que le impone.

(1) Volumen I, parte segunda.

Los reyes de Persia —relata Montaigne, quien aprueba su sabiduría— llamaban a sus mujeres para que los acompañasen en sus festines; pero, cuando el vino los caldeaba y necesitaban soltar la brida a la voluptuosidad, las enviaban a sus habitaciones privadas, para no hacerlas partícipes de sus apetitos inmoderados, y ordenaban que acudiesen en su lugar mujeres con las cuales no tenían la obligación de mostrarse respetuosos.

Hacen falta cloacas para garantizar la salubridad de los palacios, decían los Padres de la Iglesia. Y Mandeville, en una obra que hizo mucho ruido, decía: «Es evidente que existe la necesidad de sacrificar a una parte de las mujeres para conservar a la otra y para prevenir una suciedad de carácter más repelente.» Uno de los argumentos esgrimidos por los esclavistas norteamericanos en favor de la esclavitud consistía en que, al estar los blancos del Sur descargados de las faenas serviles, podían mantener entre ellos las relaciones más democráticas {650}, más refinadas; de igual modo, la existencia de una casta de «mujeres perdidas» permite tratar a la «mujer honesta» con el respeto más caballeresco. La prostituta es una cabeza de turco; el hombre descarga su torpeza sobre ella y luego la vilipendia. Que un estatuto legal la someta a vigilancia policíaca o que trabaje en la clandestinidad, en cualquier caso es tratada como paria.

Desde el punto de vista económico, su situación es simétrica a la de la mujer casada. «Entre las que se venden por medio de la prostitución y las que lo hacen a través del matrimonio, la única diferencia consiste en el precio y la duración del contrato», dice Marro (1). Para ambas, el acto sexual es un servicio; la segunda está comprometida para toda la vida a un solo hombre; la primera tiene varios clientes que le pagan por unidades. Aquella está protegida por un varón contra todos los demás; esta se halla defendida por todos contra la exclusiva tiranía de cada uno. En todo caso los beneficios que extraen del don de su cuerpo están limitados por la competencia; el marido sabe que podría haber elegido otra esposa: el cumplimiento de los «deberes conyugales» no es una gracia, es la ejecución de un contrato. En la prostitución, el deseo masculino, al no ser singular sino especifico, puede satisfacerse con no importa qué cuerpo. Esposa o hetaira, ninguna logra explotar al hombre más que en el caso de que adquieran sobre él un singular ascendiente. La gran diferencia entre ellas consiste en que la mujer legítima, oprimida en tanto que mujer casada, es respetada como persona humana; y este respeto empieza a dar jaque seriamente a la opresión. Mientras que la prostituta no tiene los derechos de una persona y en ella se resumen, a la vez, todas las figuras de la esclavitud femenina.

(1) La puberté.

Resulta ingenuo preguntarse qué motivos empujan a la mujer a la prostitución; hoy ya no se cree en la teoría de Lombroso, que asimilaba a las prostitutas con los criminales y que solo veía degenerados en unos y otras; según afirman las estadísticas, es posible que, de una manera general {651}, el nivel mental de las prostitutas esté un poco por debajo del nivel medio y que el de algunas sea francamente débil: las mujeres cuyas facultades mentales están disminuidas eligen de buen grado un oficio que no exige de ellas ninguna especialización; pero la mayor parte de ellas son normales, y algunas, muy inteligentes. Ninguna fatalidad hereditaria, ninguna tara fisiológica, pesa sobre ellas. En verdad, en un mundo en que la miseria y la falta de trabajo causan estragos, tan pronto como una profesión se abre, se encuentran gentes dispuestas a ejercerla; mientras existan la Policía y la prostitución, habrá policías y prostitutas. Tanto más cuanto que estas profesiones, por término medio, reportan más beneficios que otras muchas. Es hipócrita en grado sumo asombrarse de la oferta que suscita la demanda masculina; se trata de un proceso económico rudimentario y universal.

«De todas las causas de la prostitución —escribía en 1857 Parent-Duchâtelet, en el curso de su encuesta—, ninguna más activa que la falta de trabajo y la miseria, que es consecuencia inevitable de los salarios insuficientes.» Los moralistas bien pensados replican sarcásticamente que los lacrimosos relatos de las prostitutas son novelas para uso de clientes ingenuos. En efecto, en muchos casos la prostituta podría haberse ganado la vida de otra manera: pero, si la que ha elegido no le parece la peor, eso no prueba que tenga el vicio en la sangre; más bien eso condena a una sociedad donde ese oficio es todavía uno de los que a muchas mujeres les parece el menos repelente. La pregunta suele ser: ¿por qué lo han elegido? Pero la cuestión es más bien la siguiente: ¿por qué no hablan de elegirlo? Entre otras cosas, se ha advertido que gran parte de las prostitutas se reclutaban entre las sirvientas; eso fue lo que estableció Parent-Duchâtelet para todos los países, lo que observaba Lily Braun en Alemania y lo que hacía notar Ryckère respecto a Bélgica. Alrededor del 50 por 100 de las prostitutas han sido antes criadas. Una ojeada a la «habitación de la criada» basta para explicar el hecho. Explotada, esclavizada, tratada como objeto más que como persona, la criada para todo no espera del porvenir ninguna mejoría de su suerte; a veces tiene que sufrir los caprichos {652} del amo de la casa: de la esclavitud doméstica y los amores ancilares, se va deslizando hacia una esclavitud que no podría ser más degradante, pero que ella sueña más dichosa. Además, las mujeres que prestan sus servicios como criadas son muy a menudo desarraigadas; se calcula que el 80 por 100 de las prostitutas parisienses proceden de las provincias o del campo. La proximidad de su familia, la preocupación por su reputación impedirían a la mujer abrazar una profesión generalmente despreciada; pero, perdida en una gran ciudad y no encontrándose ya integrada en la sociedad, la idea abstracta de la «moral» no representa para ella un obstáculo. Cuanto más rodea la burguesía de temibles tabúes el acto sexual —y, sobre todo, la virginidad—, tanto más se presenta en muchos medios obreros y campesinos como una cosa indiferente. Multitud de encuestas coinciden en este punto: hay un gran número de jóvenes que se dejan desflorar por el primero que llega y que inmediatamente después consideran natural entregarse al primero que pase. En una encuesta realizada con cien prostitutas, el doctor Bizard ha comprobado los hechos siguientes: una había sido desflorada a los once años, dos a los doce, dos a los trece, seis a los catorce, siete a los quince, veintiuna a los dieciséis, diecinueve a los diecisiete, diecisiete a los dieciocho, seis a los diecinueve años; las demás lo habían sido después de los veintiún años. Así, pues, había un 5 por 100 que habían sido violadas antes de su formación. Más de la mitad decían haberse entregado por amor; las otras habían consentido por ignorancia. El primer seductor es frecuentemente joven. Lo más corriente es que se trate de un camarada de taller, un colega de oficina, un amigo de la infancia; después vienen los militares, los contramaestres, los ayudas de cámara, los estudiantes; la lista del doctor Bizard incluía, además, dos abogados, un arquitecto, un médico, un farmacéutico. Es bastante raro, en contra de lo que quiere la leyenda, que sea el propio patrón quien desempeñe el papel de iniciador: pero con frecuencia lo es su hijo, o su sobrino, o uno de sus amigos. Commenge, en su estudio, señala también el caso de cuarenta y cinco muchachas de doce a diecisiete años que {653} habían sido desfloradas por desconocidos a quienes no habían vuelto a ver jamás; habían consentido con indiferencia, sin experimentar placer. Entre otros, el doctor Bizard ha detallado los siguientes casos:

La señorita G., de Burdeos, al salir de] colegio de monjas a los dieciocho años de edad, se deja arrastrar por curiosidad, sin pensar mal, a una roulotte, donde es desflorada por un forastero desconocido.

Una niña de trece años se entrega, sin reflexionar, a un señor a quien encuentra en la calle, al que no conoce y a quien no volverá a ver nunca más.

M. nos cuenta textualmente que ha sido desflorada a la edad de diecisiete años por un joven a quien no conocía… Se dejó hacer por ignorancia.

R., desflorada a los diecisiete años y medio por un joven a quien no habla visto nunca y con quien se encontró por azar en casa de un médico de la vecindad, al cual había ido a buscar para que atendiese a su hermana enferma; el joven la llevó en su automóvil para que regresara más rápidamente; pero, en realidad, después de haber obtenido de ella lo que deseaba, la dejó plantada en plena calle.

B., desflorada a los quince años y medio, «sin pensar en lo que hacía», dice textualmente nuestra cliente, por un joven a quien no ha vuelto a ver; nueve meses después, dio a luz una hermosa criatura.

S., desflorada a los catorce años por un joven que la atrajo a su casa so pretexto de presentarle a una hermana suya. En realidad el joven no tenía hermana; pero sí la sífilis, y contagió a la niña.

R., desflorada a los dieciocho años, en una antigua trinchera del frente, por un primo casado, con quien visitaba el campo de batalla y que la dejó encinta, lo cual la obligó a abandonar a su familia {654}.

C., de diecisiete años de edad, desflorada en la playa una noche de verano por un joven a quien acababa de conocer en el hotel y a cien metros de sus respectivas madres, que charlaban de trivialidades. Contagiada de blenorragia.

L., desflorada a los trece años por su tío, mientras escuchaban la radio, en tanto que su tía, a quien le gustaba acostarse temprano, descansaba tranquilamente en la habitación contigua.

Esas jóvenes que han cedido pasivamente, no por ello han sufrido menos el traumatismo de la desfloración, podemos estar seguros de ello. Uno querría saber qué influencia psicológica ha ejercido en su porvenir tan brutal experiencia; pero no se psicoanaliza a las rameras, que son torpes para describirse a sí mismas y se ocultan detrás de clisés establecidos. En algunas de ellas, la facilidad para entregarse al primero que llegó se explica por la existencia de los fantasmas de la prostitución de que hemos hablado: hay muchachas muy jóvenes que imitan a las prostitutas por rencor familiar, por horror hacia su naciente sexualidad o por el deseo de jugar a ser personas mayores; se maquillan escandalosamente, frecuentan el trato con muchachos, se muestran coquetas y provocativas; ellas, que todavía son infantiles, asexuadas y frías, creen poder jugar impunemente con fuego; un día un hombre les toma la palabra y ellas se deslizan de los sueños a los hechos.

«Una vez hundida una puerta es difícil tenerla cerrada», decía una joven prostituta de catorce años (1). Sin embargo, raramente se decide la muchacha a ponerse en una esquina inmediatamente después de su desfloración. En algunos casos, sigue apegada a su primer amante y continúa viviendo con él; toma un oficio «honrado»; cuando el amante la abandona, otro la consuela; puesto que ya no pertenece a un solo hombre, estima que puede darse a todos; a veces es el amante —el primero, el segundo— quien sugiere ese medio de ganar dinero. Hay también muchas jóvenes a quienes {655} prostituyen sus padres: en algunas familias —como la célebre familia de los Juke—, todas las mujeres están destinadas a ese oficio. Entre las jóvenes vagabundas se cuenta también un elevado número de niñas abandonadas por sus deudos, que empiezan por ejercer la mendicidad y de ahí se deslizan a las esquinas. En 1857, Parent-Duchâtelet comprobó que, de 5.000 prostitutas, 1.441 habían sido influidas por la pobreza, seducidas y abandonadas, y 1.255 habían sido abandonadas y dejadas sin recursos por sus padres. Las encuestas modernas sugieren, poco más o menos, las mismas conclusiones. La enfermedad empuja frecuentemente a la prostitución a la mujer que ha quedado incapacitada para realizar un verdadero trabajo, o que ha perdido su empleo; destruye el precario equilibrio del presupuesto, obliga a la mujer a inventarse apresuradamente nuevos recursos. Lo mismo ocurre con el nacimiento de un hijo. Más de la mitad de las mujeres de Saint-Lazare han tenido, por lo menos, un hijo; muchas han criado de tres a seis; el doctor Bizard se refiere a una que había traído al mundo catorce hijos, ocho de los cuales vivían todavía cuando él la conoció. Hay pocas, asegura, que abandonen a su pequeño; y sucede que sea precisamente para alimentar a su hijo por lo que la madre soltera se convierte en prostituta.

(1) Citada por MARRO: La puberté.

Entre otros, cita el siguiente caso:

Desflorada en provincias, a la edad de diecinueve años, por un patrón de sesenta años, cuando la muchacha vivía con su familia, se vio obligada, una vez encinta, a abandonar a los suyos para dar a luz una hermosa hija, a quien ha educado muy correctamente. Después del parto, se trasladó a París, se colocó como nodriza y empezó a ponerse en las esquinas a la edad de veintinueve años. Así, pues, hace treinta y tres años que se ha estado prostituyendo. En el límite de sus fuerzas y de su valor, solicita que la hospitalicen en Saint-Lazare.

Sabido es que la prostitución se recrudece también durante las guerras y en el curso de las crisis que las siguen {656}.

La autora de Vie d’une prostituée, publicada en parte en Temps modernes (1), relata así sus comienzos:

(1) Ha hecho aparecer este relato, clandestinamente, bajo el seudónimo de Marie-Thérèse, y con este nombre la designaré.

Me casé a los dieciséis años con un hombre que me llevaba trece. Me casé para salir de casa de mis padres. Mi marido solo pensaba en hacerme hijos. «Así te quedarás en casa y no saldrás por ahí», decía. No quería que me maquillase, no quería llevarme al cine.

Tenía que soportar a mi suegra, que venía a casa todos los días y siempre daba la razón al cerdo de su hijo. Mi primer hijo fue varón, Jacques; catorce meses más tarde, di a luz otro, Pierre. Como me aburría empecé a seguir un curso de enfermera, lo cual me gustaba mucho… Entré en un hospital de los alrededores de París, con las mujeres. Una enfermera que era una pilluela me enseñó cosas que no conocía. Me dijo que acostarse con su marido era un suplicio. Estuve luego seis meses entre hombres sin tener un solo capricho. Pero un día, un verdadero patán, un hueso de taba, pero hermoso muchacho, entró en mi habitación privada… Me hizo comprender que podría cambiar de vida, que podía irme con él a París, que dejaría de trabajar… Sabía bien cómo engatusarme… Me decidí a marcharme con él… Durante un mes, fui verdaderamente feliz… Un día llegó acompañado por una mujer bien vestida, elegante, y me dijo: «Mira: esta se defiende muy bien.» Al principio, no accedí. Incluso busqué un empleo de enfermera en una clínica del barrio, para hacerle ver que no quería ponerme en las esquinas; pero no podía resistir mucho tiempo. El me decía: «No me quieres. Cuando una mujer quiere a un hombre, trabaja para él.» Yo lloraba. En la clínica, estaba muy triste. Finalmente, me dejé llevar al peluquero… Y me inicié en el oficio. Julot me seguía inmediatamente detrás, para ver si me defendía bien y para avisarme cuando aparecía la Policía…

En ciertos aspectos, esa historia está de acuerdo con la clásica historia de la joven enviada a las esquinas por un chulo. Sucede a veces que sea el marido quien desempeñe este último papel. Y algunas veces también una mujer {657}.

En 1931, L. Faivre realizó una encuesta entre 510 jóvenes prostitutas (1); halló que 284 vivían solas, 132 con un amigo, 94 con una amiga generalmente unida a ella por lazos homosexuales. Cita (con sus respectivas ortografías) los siguientes extractos de sus cartas:

(1) Les jeunes prostituées vagabondes en prison.

Suzanne, diecisiete años. Me he entregado a la prostitución, sobre todo, con prostitutas. Una que me retuvo mucho tiempo era muy celosa, y por eso me fui de la calle de…

Andrée, quince años y medio. Dejé a mis padres para irme a vivir con una amiga a quien encontré en un baile; me di cuenta en seguida de que quería amarme como un hombre; estuve con ella cuatro meses, y luego…

Jeanne, catorce años. Mi pobre papaíto se llamaba X. Murió a consecuencia de la guerra en el hospital, en 1922. Mi madre volvió a casarse. Yo iba a la escuela para obtener mi diploma de estudios; una vez que lo obtuve, hube de aprender costura… Después, como ganaba muy poco, empezaron las disputas con mi padrastro. Tuve que colocarme como sirvienta en casa de madame X., en la calle de… Estaba sola desde hacía diez días con su joven hija, que podía tener unos veinticinco años, y advertí un gran cambio en ella. Luego, un día, igual que un hombre, me confesó su gran amor. Vacilé, luego tuve miedo de que me despidieran y terminé por ceder; entonces comprendí ciertas cosas. Trabajé, después me encontré sin trabajo y tuve que ir al Bois, donde me prostituí con mujeres. Trabé conocimiento con una dama muy generosa, etc.

Con bastante frecuencia, la mujer no se plantea la prostitución como un medio provisional para aumentar sus recursos. Pero se ha descrito multitud de veces la manera en que se encuentra después encadenada. Si los casos de «trata de blancas» en cuyo engranaje se ve cogida por la violencia, falsas promesas, engaños, etc., son relativamente raros, lo que sí es frecuente es que se vea retenida en la carrera contra su voluntad. El capital necesario para sus comienzos {658} le ha sido proporcionado por un chulo o una «patrona» que ha adquirido derechos sobre ella, que recoge la mayor parte de sus beneficios y del cual o la cual no logra liberarse. Durante varios años, «Marie-Thérèse» ha librado una verdadera lucha antes de conseguirlo.

Por fin comprendí que Julot sólo quería mi parné, y pensé que lejos de él podría ahorrar un poco de dinero… En la casa, al principio, era tímida, no me atrevía a acercarme a los clientes para decirles: «¿Subimos?» La mujer de un compañero de Julot me vigilaba de cerca y hasta contaba mis pasos… Luego, Julot me escribió para decirme que debía entregar mi dinero todas las noches a la patrona: «De ese modo, nadie te lo robará.» Cuando quise comprarme un vestido, la patrona me dijo que Julot habla prohibido que me diese mi parné… Decidí marcharme cuanto antes de aquella cárcel. Cuando la patrona se enteró de que pensaba marcharme, no me puso el tampón (1) antes de la visita, como las otras veces; y entonces me detuvieron y me llevaron al hospital… Tuve que volver a aquella prisión para ganar el dinero suficiente para el viaje… Pero solo estuve en el burdel cuatro semanas… Trabajé algunos días en Barbès como antes, pero guardaba demasiado rencor a Julot para quedarme en París: nos insultábamos, me pegaba: una vez casi me tiró por la ventana… Me arreglé con un rufián para irme a provincias. Cuando me di cuenta de que aquel rufián conocía a Julot, no acudí a la cita convenida. Las dos gachís del rufián me encontraron después en la calle Belhomme Y me dieron una solfa… Al día siguiente, hice mi maleta y me fui completamente sola a la isla de T. Al cabo de tres semanas, estaba hasta la coronilla de aquel prostíbulo y le escribí al médico, cuando vino para la visita, que me diese de alta… Julot me vio en el bulevar Magenta y me pegó… Quedé con la cara señalada después de la zurra que me propinó en el bulevar Magenta. Estaba harta de Julot. De modo que hice un contrato para marcharme a Alemania…

(1) «Un tampón para adormecer los gonococos, que se les colocaba a las mujeres antes de la visita, de tal modo que el médico solo encontraba una mujer enferma cuando la dueña quería desembarazarse de ella.»

La literatura ha popularizado la figura de «Julot». Desempeña en la vida de la ramera un papel de protector. Le {659} adelanta dinero para que se compre ropa y la defiende contra la competencia de otras mujeres, contra la Policía —a veces él mismo es policía— y contra los clientes. Estos se quedarían muy satisfechos si pudiesen consumir sin pagar; otros desearían satisfacer su sadismo a costa de la mujer. En Madrid, hace algunos años, una juventud fascista y dorada se divertía arrojando a las prostitutas al río en las noches frías; en Francia, alegres estudiantes se llevan a veces mujeres al campo para abandonarlas allí de noche y enteramente desnudas; para cobrar su dinero y evitar los malos tratos, la prostituta necesita un hombre. Este le proporciona también un apoyo moral: «Sola, se trabaja menos bien, se pone menos corazón en la tarea, una se deja llevar», dicen algunas. A menudo está enamorada de él; ha sido por amor por lo que se ha dedicado a su oficio, o así lo justifica; en su medio existe una enorme superioridad del hombre sobre la mujer: semejante distancia favorece el amor-religión, lo cual explica la apasionada abnegación de algunas prostitutas. En la violencia de su hombre, ven el signo de su virilidad y se someten a él con tanta mayor docilidad. A su lado conocen los celos, las torturas, pero también los goces de la enamorada.

Sin embargo, a veces no sienten por él más que hostilidad y rencor: solamente por temor, porque las tiene cogidas, permanecen bajo su férula, como acaba de verse en el caso de Marie-Thérèse. Así, pues, a menudo se consuelan con un «capricho» elegido entre los clientes.

Aparte de su Julot, todas las mujeres tenían caprichos —escribe Marie-Thérèse—; yo también tenía el mío. Era un marino muy buen mozo. A pesar de que hacía muy bien el amor, yo no podía arreglarme con él, pero éramos muy amigos. A menudo, subía conmigo sin hacerme el amor, solo para charlar, y me decía que debía marcharme de allí, que aquel no era mi lugar.

También se consuelan con mujeres. Un elevado número de prostitutas son homosexuales. Ya se ha visto que, en el origen de su carrera, había a menudo una aventura homosexual y que muchas seguían viviendo con una amiga. En Alemania {660}, según Anna Rueling, alrededor del 20 por 100 de las prostitutas serían homosexuales. Faivre señala que en la cárcel las jóvenes detenidas intercambian cartas pornográficas de apasionados acentos y que firman «Unidas para toda la vida». Tales cartas son homólogas de las que se escriben las colegialas que alimentan «llamas» en su corazón; estas están menos advertidas y son más tímidas; aquellas, en cambio, van hasta el extremo de sus sentimientos, tanto en sus palabras como en sus actos. En la vida de Marie-Thérèse —que fue iniciada en la voluptuosidad por una mujer—, se ve el privilegiado papel que desempeña la «amiguita» frente al despreciado cliente o el chulo autoritario:

Julot trajo una jovencita, una pobre chacha que ni siquiera tenía zapatos. Se lo compraron todo de ocasión, y luego vino a trabajar conmigo. Era muy amable, y como, además, le gustaban las mujeres, nos entendimos muy bien. Me recordaba todo lo que yo había aprendido con la enfermera. Bromeábamos a menudo, y, en lugar de trabajar, nos íbamos al cine. Yo estaba contenta de tenerla con nosotros.

Se ve que la «amiguita» representa, poco más o menos, el papel que desempeña el amigo íntimo para la mujer honrada confinada entre mujeres: ella es una camarada de placer, con ella las relaciones son gratuitas, libres, y, por tanto, pueden ser queridas; cansada de los hombres, sintiendo repugnancia por ellos o deseando una diversión, la prostituta buscará a menudo el reposo y el placer entre los brazos de otra mujer. En todo caso, la complicidad de que he hablado y que une inmediatamente a las mujeres existe con más fuerza en este caso que en cualquier otro. Debido a que sus relaciones con la mitad de la Humanidad son de carácter comercial y a que el conjunto de la sociedad las trata como parias, las prostitutas tienen entre sí una estrecha solidaridad; entre ellas existen rivalidades, celos, se insultan y se pegan; pero tienen profundamente necesidad unas de otras para constituir un «contrauniverso» en el que reencuentren su dignidad humana; la «amiguita» es la confidente y la testigo privilegiada; ella es quien aprecia el vestido y el peinado {661}, que son medios destinados a seducir al hombre, pero que se presentan como fines en sí en las miradas envidiosas o admirativas de las otras mujeres.

En cuanto a las relaciones de la prostituta con sus clientes, las opiniones están muy divididas y los casos, sin duda, son muy diversos. Se ha subrayado con frecuencia que reserva para el amado de su corazón el beso en la boca, expresión de una ternura auténtica, y que no establece ninguna comparación entre los abrazos amorosos y los profesionales. El testimonio de los hombres no es de fiar, ya que su vanidad los incita a dejarse engañar por comedias de goce. Es preciso decir que las circunstancias son muy diferentes, según se trate de una acción briosa acompañada a menudo de una fatiga física agotadora, de un acto rápido, de una noche entera o de relaciones continuadas con un cliente familiar. Marie-Thérèse ejercía su oficio, por lo general, con indiferencia, pero evoca con delicia ciertas noches; tuvo sus «caprichos» y dice que todas sus camaradas también los tenían; a veces sucede que la mujer rehusa que le pague un cliente que le ha gustado, y, en ocasiones, si él está en apuros económicos, le ofrece su ayuda. En conjunto, sin embargo, la prostituta trabaja «en frío». Algunas solo tienen para el conjunto de su clientela una indiferencia matizada con cierto desprecio. «¡Oh, qué bobos son los hombres! ¡Cómo pueden las mujeres meterles en la cabeza todo lo que quieren!», escribe Marie-Thérèse. Pero muchas experimentan un rencor asqueado con respecto a los hombres; entre otras cosas, les asquean sus vicios. Ora porque acudan al burdel con objeto de satisfacer los vicios que no se atreven a confesar a su mujer o a su amante, ora porque el hecho de estar en un burdel los incite a inventarse vicios, muchos hombres les exigen «fantasías». Marie-Thérèse se lamentaba en particular de que los franceses tuviesen una imaginación insaciable. Las enfermas atendidas por el doctor Bizard le han confiado que «todos los hombres son más o menos viciosos». Una de mis amigas charló largamente en el hospital Beaujon con una joven prostituta, muy inteligente, que había empezado siendo criada y que a la sazón vivía {662} con un chulo a quien adoraba. «Todos los hombres son viciosos —decía—, excepto el mío. Por eso le amo. Si alguna vez le descubro un vicio, lo abandonaré. La primera vez el cliente no siempre se atreve, tiene aspecto normal; pero, cuando vuelve, empieza a querer cosas… Usted dice que su marido no tiene vicios; ya verá. Todos los tienen.» A causa de esos vicios, ella los detestaba. Otra de mis amigas, en 1943, en Fresnes, se había hecho confidente de una prostituta. Sostenía esta que el 90 por 100 de sus clientes tenían vicios, y que aproximadamente el 50 por 100 eran pederastas vergonzosos. Los que mostraban excesiva imaginación la asustaban. Un oficial alemán le había pedido que se pasease desnuda por la habitación, portando flores en los brazos, mientras él imitaba el vuelo de un pájaro; pese a su cortesía y su generosidad, le rehuía cada vez que le vislumbraba. A Marie-Thérèse le horrorizaban las «fantasías», aunque su tarifa era mucho más elevada que la del simple coito y pese a que frecuentemente exigía menos desgaste de la mujer. Esas tres mujeres eran particularmente inteligentes y sensibles. Sin duda, se percataban de que tan pronto como dejaban de estar protegidas por la rutina del oficio, tan pronto como el hombre dejaba de ser un cliente en general y se individualizaba, ellas eran presa de una conciencia, de una libertad caprichosa: ya no se trataba de un simple negocio. Algunas prostitutas, sin embargo, se especializan en la «fantasía», porque es más productiva. En su hostilidad hacia el cliente, entra a menudo un resentimiento de clase. Hélène Deutsch relata extensamente la historia de Anna, una linda prostituta rubia, infantil, generalmente muy dulce, pero que sufría crisis de furiosa excitación contra ciertos hombres. Pertenecía a una familia obrera; su padre bebía, su madre estaba enferma; tan desdichado matrimonio le produjo tal horror hacia la vida de familia, que jamás consintió en casarse, pese a que, a todo lo largo de su carrera, se lo propusieron con frecuencia. Los jóvenes del barrio la pervirtieron; le gustaba su oficio; pero, cuando la enviaron al hospital, enferma de tuberculosis, se desarrolló en ella un odio feroz hacia los médicos; le eran odiosos los hombres «respetables» {663}; no soportaba la cortesía y la solicitud de su médico. «¿Acaso no sabemos que esos hombres dejan caer fácilmente la máscara de la amabilidad, la dignidad y el dominio de sí mismos, y se conducen como animales?», solía decir. Aparte de eso, era mentalmente equilibrada en grado sumo. Pretendía falazmente tener un hijo al cuidado de una nodriza; pero, fuera de eso, no mentía nunca. Murió de tuberculosis. Otra joven ramera, Julia, que desde los quince años se entregaba a todos los muchachos con quienes se encontraba, solo amaba a los hombres pobres y débiles; con ellos se mostraba dulce y amable; a los demás los consideraba como «animales salvajes que merecían el peor trato». (Tenía un complejo muy pronunciado que manifestaba una vocación maternal insatisfecha: caía en trances furiosos tan pronto como se pronunciaban en su presencia las palabras madre, hijos u otras semejantes.)

La mayoría de las prostitutas están moralmente adaptadas a su condición; eso no quiere decir que sean hereditaria o congénitamente inmorales, sino que se sienten integradas, y con razón, en una sociedad que reclama sus servicios. Saben muy bien que los edificantes discursos del policía que registra su cartilla son pura verborrea, y los elevados sentimientos de que blasonan sus clientes fuera del burdel las intimidan poco. Marie-Thérèse explica a la panadera en cuya casa de Berlín vive:

Yo quiero a todo el mundo. Pero, cuando se trata del parné, señora… Sí, porque, mire usted, si una se acuesta con un hombre por nada, dice de una que es una puta, y si le haces pagar por ello, también dice que eres una puta, pero lista. Porque, mire usted: si a un hombre se le pide dinero, puede estar segura de que después va y le dice: «¡Ah!, no sabia que te dedicabas a esto», o bien: «¿Tienes un hombre?» Ya lo ve. Tanto si pagan como si no, para mi es lo mismo. «Claro que sí —responde ella—. Tiene usted razón.» Porque es lo que yo digo: usted tiene que hacer cola durante media hora para conseguir un cupón y comprarse unos zapatos. Yo, en media hora, echo un polvo. Yo tengo los zapatos; nada de pagar; si sé camelar, encima me pagan. Así que ya ve que tengo razón {664}.

No es su situación moral y psicológica la que hace penosa la existencia de las prostitutas, sino su situación material, que en la mayor parte de los casos es deplorable. Explotadas por el chulo y la dueña, viven en la inseguridad; y las tres cuartas partes de ellas carecen de dinero. Al cabo de cinco años de oficio, el 75 por 100, aproximadamente, han contraído la sífilis, dice el doctor Bizard, que ha curado a legiones de ellas; entre otras, las menores inexpertas son contagiadas con espantosa facilidad; casi un 25 por 100 tienen que ser operadas como consecuencia de complicaciones blenorrágicas. Una de cada veinte padece tuberculosis, el 60 por 100 se vuelven alcohólicas o se intoxican; el 40 por 100 mueren antes de los cuarenta años. Hay que añadir que, a pesar de sus precauciones, de vez en cuando quedan encinta y generalmente se operan en las peores condiciones. La baja prostitución es un penoso oficio en el que la mujer, sexual y económicamente oprimida, sometida al arbitrio de la Policía, a una humillante vigilancia médica, a los caprichos de los clientes y prometida a los microbios, la enfermedad y la miseria, queda verdaderamente rebajada al nivel de una cosa (1).

(1) Evidentemente, no será con medidas negativas e hipócritas como podrá modificarse la situación. Para que la prostitución desapareciese, serían precisas dos condiciones: que se asegurase a todas las mujeres un oficio decente y que las costumbres no opusieran ningún obstáculo a la libertad de amar. Solamente suprimiendo las necesidades a las cuales responde, se suprimirá también la prostitución.

De la baja prostitución a la gran hetaira hay multitud de escalones. La diferencia esencial consiste en que la primera hace comercio con su pura generalidad, de modo tal que la competencia la mantiene a un nivel de vida miserable; en tanto que la segunda se esfuerza por hacerse reconocer en su singularidad: si lo consigue, puede aspirar a altos destinos. La belleza, el encanto o el sex-appeal son aquí necesarios, pero no bastan: es preciso que la mujer sea distinguida por la opinión. A través del deseo de un hombre será como se {665} revele frecuentemente su valía; pero solo será «lanzada» cuando el hombre haya proclamado su precio a los ojos del mundo. En el siglo pasado, lo que atestiguaba la ascendencia de una «cocotte» sobre su protector y lo que la elevaba al rango de «demi-mondaine» eran el hotel, el carruaje, las perlas; su mérito se afirmaba tanto tiempo como los hombres continuasen arruinándose por ella. Los cambios sociales y económicos han abolido el tipo de las Blanche d’Antigny. Ya no hay un «demi-monde» en el seno del cual se pueda afirmar una reputación. Una mujer ambiciosa tratará de conquistar renombre de otra manera. La última encarnación de la hetaira es la estrella de cine. Acompañada de un marido —rigurosamente exigido por Hollywood— o de un amigo serio, no por ello se asemeja menos a Friné, a Imperia, a Casco de Oro. Ella entrega la Mujer a los sueños de los hombres, que le dan a cambio gloria y fortuna.

Siempre ha habido entre la prostitución y el arte una gradación incierta, porque, de manera equívoca, se asocian belleza y voluptuosidad; en verdad, no es la Belleza la que engendra el deseo; pero la teoría platónica del amor propone hipócritas justificaciones a la lubricidad. Al desnudarse el seno, Friné ofrece al areópago la contemplación de una pura idea. La exhibición de un cuerpo sin velos se convierte en un espectáculo de arte; los «burlesques» americanos han convertido en comedia el acto de desvestirse. «El desnudo es casto», afirman los viejos señores que, bajo el nombre de «desnudos artísticos», coleccionan fotografías obscenas. En el burdel, el momento de la «elección» ya es un desfile; cuando se complica, ya se trata de «cuadros vivos», de «poses artísticas», que se proponen a los clientes. La prostituta que desea adquirir un valor singular ya no se limita a mostrar pasivamente su carne, sino que se esfuerza por demostrar talentos particulares. Las «tañedoras de flauta» griegas encantaban a los hombres con su música y sus danzas. Las Ouled-Naïl que ejecutaban la danza del vientre y las españolas que bailan y cantan en el Barrio Chino no hacen más que ofrecerse de una manera refinada a la elección del aficionado. Nana sube al escenario para buscar «protectores» {666}. Desde luego, hay «girls», «taxi-girls», bailarinas desnudas, tanguistas, ganchos, «pin-ups», maniquíes, cantantes y actrices que no permiten que su vida erótica se mezcle con su oficio; cuanta más técnica implique este y más inventiva, más puede tomársele como un fin en sí mismo; pero, frecuentemente, una mujer que «se exhibe» en público para ganarse la vida se siente tentada a hacer de sus encantos un comercio más íntimo. Y, a la inversa, la cortesana desea un oficio que le sirva de coartada. Son raras las que, como la Léa de Colette, a un amigo que las llame «mi querida artista» le respondan: «¿Artista? Verdaderamente, mis amantes son muy indiscretos.» Ya hemos dicho que su reputación es la que le confiere un valor comercial: en la escena o en la pantalla es donde puede hacerse «un nombre» que se convertirá en un negocio.

La Cenicienta no siempre sueña con el Príncipe Azul: marido o amante, ella teme que se transforme en tirano; prefiere soñar con su propia imagen reidora en las puertas de los grandes cinematógrafos. Pero lo más frecuente es que logre sus fines gracias a «protecciones» masculinas; y son los hombres —marido, amante, pretendiente— quienes confirman su triunfo haciéndola partícipe de su fortuna o de su fama. Esa necesidad de agradar a los individuos, a la multitud, es la que asemeja la «vedette» a la hetaira. Ambas representan en la sociedad un papel análogo: me serviré de la palabra hetaira para designar a todas las mujeres que tratan, no solo su cuerpo, sino su persona toda entera como un capital susceptible de explotación. Su actitud es muy diferente de la de un creador que, al trascenderse en una obra, supera el dato y apela en otro a una libertad a la cual abre el porvenir; la hetaira no desvela el mundo, no abre ningún camino a la trascendencia humana (1): al contrario, trata de captarla en provecho propio; al ofrecerse al sufragio de sus admiradores, no reniega de esa feminidad pasiva que la consagra {667} al hombre: la dota de un poder mágico que le permite atrapar a los varones en la trampa de su presencia y nutrirse de ellos; los engulle consigo misma en la inmanencia.

(1) Sucede a veces que sea también una artista y que, al tratar de agradar, invente y cree. Puede entonces acumular ambas funciones o superar el estadio de la galantería para alinearse en la categoría de las actrices, cantantes, bailarinas, etc., de la cual hablaremos más adelante.

Por ese camino, la mujer logra conquistar cierta independencia. Al prestarse a varios hombres, no pertenece definitivamente a ninguno; el dinero que amasa, el nombre que «lanza» como se lanza un producto al mercado, le aseguran una autonomía económica. Las mujeres más libres de la Antigüedad griega no eran ni las matronas, ni las bajas prostitutas, sino las hetairas. Las cortesanas del Renacimiento y las geishas japonesas gozaban de una libertad infinitamente más grande que el resto de sus contemporáneas. En Francia, la mujer que se nos presenta como la más virilmente independiente es quizá Ninon de Lenclos. Paradójicamente, esas mujeres que explotan hasta el extremo su feminidad se crean una situación casi equivalente a la de un hombre; a partir de ese sexo que las entrega a los varones como objeto, se encuentran como sujeto. No solo se ganan la vida como los hombres, sino que viven en una compañía casi exclusivamente masculina; libres de costumbres establecidas y de propósitos concretos, pueden elevarse —como Ninon de Lenclos— hasta la más rara libertad de espíritu. Las más distinguidas están frecuentemente rodeadas de artistas y escritores a quienes las «mujeres honestas» fastidian. En la hetaira es donde los mitos masculinos hallan su más seductora encarnación: más que ninguna otra, es carne y conciencia, ídolo, inspiradora, musa; pintores y escultores la querrían por modelo; alimentará los sueños de los poetas; en ella explorará el intelectual los tesoros de la «intuición» femenina; es más fácilmente inteligente que la matrona, porque está menos enfáticamente encastillada en la hipocresía. Las que se hallan superiormente dotadas no se contentarán con el papel de Egeria; experimentarán la necesidad de manifestar de manera autónoma el valor que les confieren los sufragios de otros; querrán traducir sus virtudes pasivas en activas. Al emerger en el mundo como sujetos soberanos, escriben versos, prosa, pintan, componen música. Así se hizo célebre Imperia entre las cortesanas italianas. También puede {668} suceder que, al utilizar al hombre como instrumento, ejerzan funciones viriles a través de ese intermediario: las «grandes favoritas» participaron en el gobierno del mundo a través de sus poderosos amantes (1).

(1) Así como algunas mujeres utilizan el matrimonio para servir a sus propios fines, otras emplean a sus amantes como medio para alcanzar un fin político, económico, etc. Estas superan su situación de hetairas como aquellas la de matronas.

Esta liberación puede traducirse, entre otros, al plano erótico. Sucede que en el dinero o en los servicios que arranca al hombre encuentra la mujer una compensación al complejo de inferioridad femenino; el dinero tiene un papel purificador; determina la abolición de la lucha de sexos. Si muchas mujeres que no son profesionales tienen el prurito de sacar a su amante cheques y regalos, no lo hacen por codicia: hacer pagar al hombre —pagarle también, como se verá más adelante— es convertirlo en instrumento. De ese modo, la mujer se prohibe serlo ella misma; tal vez él crea «poseerla», pero tal posesión sexual es ilusoria; ella es quien le tiene a él en el terreno mucho más sólido de la economía. Su amor propio está satisfecho. Puede abandonarse a los abrazos del amante; pero no cede a una voluntad extraña; el placer no podría serie «infligido»; más bien aparecerá como un beneficio suplementario; no será «tomada», puesto que le pagan.

Sin embargo, la cortesana tiene la reputación de ser frígida. Le es útil saber gobernar su corazón y su vientre: sentimental o sensual, se expone a sufrir el ascendiente de un hombre que la explotará, la acaparará o la hará padecer. Entre los abrazos que acepta, hay muchos —sobre todo al comienzo de su carrera— que la humillan; su rebelión contra la arrogancia masculina se manifiesta a través de su frigidez. Las hetairas, como las matronas, se confían de buen grado los «trucos» que les permiten trabajar «de camelo». Ese desprecio y esa repugnancia hacia el hombre demuestran claramente que, en el juego explotador-explotada, no están del todo seguras de haber ganado. Y, en efecto, en la inmensa {669} mayoría de los casos, la dependencia sigue siendo todavía su suerte.

Ningún hombre es definitivamente su dueño. Pero ellas tienen del hombre la más urgente necesidad. La cortesana pierde todos sus medios de existencia si él deja de desearla; la debutante sabe que todo su porvenir está en sus manos; incluso la estrella, privada de apoyo masculino, ve palidecer su prestigio: abandonada por Orson Welles, Rita Hayworth erró por toda Europa con aire de huérfana miserable, antes de encontrar a Alí Khan. La más bella nunca está segura del mañana, porque sus armas son mágicas y la magia es caprichosa; está atada a su protector —marido o amante— casi tan estrechamente como una esposa «honrada» a su marido. Le debe no solamente el servicio del lecho, sino que tiene que sufrir su presencia, su conversación, sus amistades y, sobre todo, las exigencias de su vanidad. Cuando el chulo le compra a su hembra unos zapatos de tacón alto y una falda de raso, efectúa una inversión que le reportará unas rentas; el industrial o el productor, al ofrecerle perlas y pieles a su amiga, afirman a través de ella su fortuna y su poderío: que la mujer sea un medio para ganar dinero o un pretexto para gastarlo, la servidumbre es la misma. Los dones con que la abruman son otras tantas cadenas. Y esos vestidos, esas prendas y esas alhajas que lleva, ¿son verdaderamente suyos? El hombre reclama a veces su restitución después de la ruptura, como hizo con elegancia Sacha Guitry.

Para «conservar» a su protector sin renunciar a sus placeres, la mujer utilizará los ardides, las maniobras, las mentiras y la hipocresía que deshonran la vida conyugal; aunque no hiciese más que representar el papel del servilismo, ese mismo juego es servil. Bella y célebre, si el amo del momento se le hace odioso, puede elegir otro. Pero la belleza exige cuidados, es un tesoro muy frágil; la hetaira depende estrechamente de su cuerpo, al que el tiempo degrada implacablemente; por eso, la lucha contra el envejecimiento adopta para ella el más dramático de los aspectos. Si está dotada de un gran prestigio, podrá sobrevivir a la ruina de {670} su rostro y de sus formas. Pero el cuidado de esa fama, que es su bien más seguro, la somete a la más dura de las tiranías: la de la opinión. Sabido es el estado de esclavitud en que caen las estrellas de Hollywood. Su cuerpo ya no les pertenece; el productor decide el color de sus cabellos, su peso, su línea, su tipo; para modificar la curva de una mejilla, le arrancarán los dientes. Regímenes, gimnasia, ensayos, maquillaje, son una penosa servidumbre cotidiana. Bajo la rúbrica de «Personal appearance», se prevén sus salidas, sus coqueteos; la vida privada ya no es más que un aspecto de su vida pública. En Francia, no existe ningún reglamento escrito al respecto, pero una mujer prudente y hábil sabe lo que su «publicidad» exige de ella. La estrella que se niegue a plegarse a tales exigencias conocerá una decadencia lenta o brutal, pero ineluctable. La prostituta que solo entrega su cuerpo tal vez sea menos esclava que la mujer cuyo oficio consiste en agradar. Una mujer que «ha llegado», que tiene entre sus manos una verdadera profesión y cuyo talento está reconocido —actriz, cantante, bailarina—, escapa a la condición de hetaira; puede conocer una genuina independencia; pero la mayor parte de ellas permanece en peligro durante toda la vida; necesitan seducir nuevamente, sin descanso, al público y a los hombres.

Con mucha frecuencia, la mujer entretenida interioriza su dependencia; sometida a la opinión ajena, reconoce los valores de esta; admira a la gente de la «buena sociedad» y adopta sus costumbres; quiere ser considerada a partir de las normas burguesas. Parásita de la burguesía adinerada, se adhiere a sus ideas; «piensa como es debido»; en otros tiempos, metía de buen grado a sus hijas en un colegio y, envejecida, ella misma asistía a misa, convirtiéndose clamorosamente. Está de parte de los conservadores. Está demasiado orgullosa de haber logrado hacerse un sitio en este mundo, para desear que cambie. La lucha que libra para «llegar», no la predispone a sentimientos de fraternidad y solidaridad humanas; ha pagado su éxito con demasiadas complacencias de esclava para desear sinceramente la libertad universal. Zola ha subrayado este rasgo en Nana {671}:

En materia de libros y de comedias, Nana tenía opiniones muy firmes: quería obras tiernas y nobles, cosas que le hiciesen soñar y le ensanchasen el alma… Se indignaba contra los republicanos. ¿Qué quería aquella gentuza que no se lavaba nunca? ¿Acaso no era feliz la gente? ¿Es que el emperador no había hecho cuanto era posible hacer por el pueblo? ¡Una basura, eso era el pueblo! Ella lo conocía, ella podía hablar: «No, no, mire usted: esa república sería una gran desgracia para todo el mundo. ¡Ah, que Dios nos conserve al emperador el mayor tiempo posible!»

Durante las guerras, nadie hace gala de un patriotismo tan agresivo como las grandes cortesanas; mediante la nobleza de sentimientos que afectan, esperan elevarse al nivel de las duquesas. Lugares comunes, clisés, prejuicios, emociones convencionales constituyen el fondo de sus conversaciones públicas, y frecuentemente han perdido toda sinceridad, incluso en lo más secreto de su corazón. Entre la mentira y la hipérbole, el lenguaje se destruye. Toda la vida de la hetaira es una exhibición: sus palabras, su mímica están destinadas, no a expresar sus pensamientos, sino a producir un efecto. Representa con su protector la comedia del amor, y a veces se la representa a sí misma. Ante la opinión pública representa comedias de decencia y de prestigio: termina por creerse un parangón de virtud y un ídolo sagrado. Una mala fe obstinada gobierna su vida interior y permite a sus mentiras concertadas adoptar la naturalidad de la verdad. A veces hay en su vida movimientos espontáneos: no ignora del todo el amor; tiene «caprichos», en ocasiones hasta «se cuela» por alguien. Pero la que conceda demasiado margen al capricho, al sentimiento, al placer, no tardará en perder su «situación». Por lo general, aporta a sus fantasías la prudencia de la esposa adúltera; se oculta a los ojos de su protector y de la opinión; por tanto, no puede dar mucho de sí misma a sus «amantes del alma»; estos no son más que una distracción, un respiro. Por lo demás, está generalmente demasiado obsesionada por la preocupación de su éxito para poder olvidarse de sí misma en un verdadero amor. En cuanto a las otras mujeres, es bastante frecuente {672} que la hetaira las ame sensualmente; enemiga de los hombres, que le imponen su dominación, hallará en los brazos de una amiga un voluptuoso descanso y un desquite al mismo tiempo: tal es el caso de Nana junto a su querida Satin. Lo mismo que desea representar en el mundo un papel activo con objeto de emplear positivamente su libertad, también se complace en poseer a otros seres: personas muy jóvenes a quienes incluso divertirá «ayudar», o muchachas a quienes mantendrá con gusto y junto a las cuales, en todo caso, será un personaje viril. Sea o no homosexual, tendrá con el conjunto de las mujeres esas complejas relaciones de que ya he hablado: las necesita como confidentes y cómplices para crear ese «contrauniverso» que reclama toda mujer oprimida por el hombre. Pero la rivalidad femenina llega aquí a su paroxismo. La prostituta que hace comercio de su generalidad tiene competidoras; pero, si hay bastante trabajo para todas, se sienten solidarias a través de sus mismas disputas. La hetaira que trata de «distinguirse», es hostil a priori a la que, como ella, codicia un puesto privilegiado. En este caso es cuando los temas conocidos sobre las «putadas» femeninas encuentran toda su verdad.

La mayor desgracia de la hetaira consiste en que no solamente su independencia es el anverso engañador de mil dependencias, sino que esa misma libertad es negativa. Una actriz como Rachel o una bailarina como Isadora Duncan, aun en el caso de que sean ayudadas por hombres, tienen una profesión que les exige y las justifica; en un trabajo que ellas han elegido y que les gusta, alcanzan una libertad concreta. Mas, para la inmensa mayoría de las mujeres, el arte, la profesión, no son sino un medio; no comprometen en ellos verdaderos proyectos. El cine en particular, que somete a la estrella al director, no le permite la invención y los progresos de una actividad creadora. Se explota lo que ella es,” pero ella no crea ningún objeto nuevo. Además, es muy raro convertirse en estrella. En el dominio de la «galantería» propiamente dicha, ningún camino se abre a la trascendencia. También aquí el tedio acompaña el confinamiento de la mujer en la inmanencia. Zola indicó este rasgo en Nana {673}.

Sin embargo, en medio de su lujo, en el centro de aquella corte, Nana se aburría mortalmente. Tenía hombres para todos los minutos de la noche y dinero hasta en los cajones del tocador; pero ya no le contentaba eso: experimentaba como un vacío en alguna parte, un agujero que la hacía bostezar. Su vida se deslizaba sin ocupaciones, trayendo siempre las mismas horas monótonas… La certidumbre de que la alimentarían la dejaba tendida durante todo el día, sin realizar un solo esfuerzo, adormecida en el fondo de aquel temor y de aquella sumisión de convento, como encerrada en su oficio de ramera. Mataba el tiempo con placeres estúpidos, en la única espera del hombre.

La literatura norteamericana ha descrito cien veces ese tedio opaco que aplasta a Hollywood y que aprieta la garganta del viajero tan pronto como llega: los actores y los figurantes, por lo demás, se aburren tanto como las mujeres, cuya condición comparten. En la misma Francia, las salidas oficiales tienen a menudo el carácter de verdaderas servidumbres. El protector que reina en la vida de la starlet es un hombre de edad, cuyos amigos son hombres de edad: sus preocupaciones le son extrañas a la joven, sus conversaciones la abruman; entre la debutante dé veinte años y el banquero de cuarenta y cinco que pasan sus días y sus noches uno al lado del otro, existe un foso mucho más profundo que en el matrimonio burgués.

El Moloc a quien la hetaira sacrifica placer, amor y libertad, es su carrera. El ideal de la matrona es una dicha estática que envuelve sus relaciones con su marido y sus hijos. La «carrera» se extiende a través del tiempo, mas no por eso deja ella de ser un objeto inmanente que se resume en un nombre. Ese nombre se hincha en las carteleras y en las bocas, a medida que se ascienden peldaños en la escala social. Según su temperamento, la mujer administra su empresa con prudencia o con audacia. Una gusta las satisfacciones del ama de casa que dobla su ropa blanca en el armario; la otra saborea la embriaguez de la aventura. A veces, la mujer se limita a mantener sin cesar en equilibrio una situación sin cesar amenazada, y que en ocasiones se derrumba; a veces {674} edifica sin fin, como una torre de Babel apuntando en vano al cielo, su renombre. Algunas, mezclando la galantería con otras actividades, aparecen como verdaderas aventureras: son espías como Mata-Hari, o agentes secretos; por lo general, no tienen la iniciativa de sus proyectos, son más bien instrumentos en manos masculinas. Pero, en conjunto, la actitud de la hetaira tiene analogías con la del aventurero; al igual que este, aquella se encuentra a menudo a medio camino entre lo serio y la aventura propiamente dicha; apunta hacia valores ya hechos: dinero y gloria; pero concede tanto valor al hecho de conquistarlos como a su posesión; y, finalmente, el valor supremo a sus ojos consiste en su triunfo subjetivo. También ella justifica ese individualismo por un nihilismo más o menos sistemático, pero vivido con tanta mayor convicción cuanto que es hostil a los hombres y ve a las otras mujeres como enemigas. Si es lo bastante inteligente para sentir la necesidad de una justificación moral, invocará un nietzscheísmo más o menos bien asimilado; afirmará el derecho del ser superior sobre el vulgar. Su persona se le aparece como un tesoro cuya mera existencia es un don: de tal modo que, consagrándose a sí misma, pretenderá que sirve a la colectividad. El destino de la mujer consagrada al hombre está acosado por el amor: la que explota al varón descansa en el culto que se rinde a sí misma. Si concede tanto valor a su gloria, no es solo por interés económico: en ello busca la apoteosis de su narcisismo {675}.

 

Simone de Beauvoir: “Yo también he abortado”

 

Simone de Beauvoir, “El segundo sexo” (PDF):

Haz clic para acceder a El_segundo_sexo.pdf

Obituario de Margo St. James, pionera del movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales

Enviado por NSWP el 14 de enero de 2021

Fuente (instituto / publicación):

St. James Infirmary

https://www.nswp.org/news/the-obituary-margo-st-james-pioneer-the-sex-workers-rights-movement

 

Foto: Margot St. James, cortesía de St. James Infirmary

 

 

NSWP se une al movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales para lamentar el fallecimiento de una pionera del movimiento, Margo St. James.

Entre sus muchos logros, Margot fundó COYOTE -—Call Off Your Old Tired Ethics—- en San Francisco en 1973; fundó Hooker’s Ball, que recaudó fondos para el activismo, el boletín informativo y el fondo de fianza de COYOTE; y jugó un papel clave en la fundación de St. James Infirmary, la primera clínica de salud y seguridad ocupacional para trabajadoras sexuales en los Estados Unidos.

St. James Infirmary publicó un comunicado en su sitio web anunciando la noticia de la muerte de Margot, incluido un extracto escrito por St. James para el prefacio de la compilación de historias de trabajadoras sexuales internacionales de 1989 titulada “Una reivindicación de los derechos de las putas”.

“Con profunda tristeza, la St. James Infirmary anuncia la muerte de la más famosa entre nuestras fundadoras, Margo St. James.

La St. James Infirmary es parte del legado de Margo. También lo son sus hechos y palabras, que denunciaron la hipocresía con un ingenio extraordinario. Se puede decir mucho de Margo, pero sus propias palabras ofrecen el mejor testimonio de quién era.

De “A Vindication of the Rights of Whores”, por Gail Pheterson, Prefacio de Margo St. James:

“¿Cómo una buena chica como tú…?” era la reacción habitual de los hombres ante mi conversión en feminista y ante mi conversión en prostituta. La diferencia para mí fue que elegí ser feminista, pero decidí trabajar como prostituta después de ser etiquetada como tal oficialmente por un juez misógino en San Francisco a los veinticinco años. Era 1962. Dije al juez: “¡Señoría, en mi vida he levantado un putero!” Él respondió: “Quien conoce la jerga es obviamente una profesional”. ¿Mi delito? ¡Sabía demasiado para ser una buena chica!

Mi politización ocurrió durante un período de tres años, 1970-73. Vivía en el condado de Marin, al norte de San Francisco, con un carpintero / músico, Roger Somers. También me relacionaba con las amas de casa que participaban en grupos de concienciación. Elsa Gidlow, una poeta lesbiana, vivía en la casa de al lado y solía echarme literatura feminista por debajo de la puerta. El precursor de COYOTE fue WHO: putas, amas de casa y otras. “Otras” significaba lesbianas, pero aún no se decía en voz alta, ni siquiera en esos círculos bohemios liberales. La primera reunión de WHO se celebró en 1972 en la casa flotante de Alan Watts (“El Vallejo”) en Sausalito. El nombre COYOTE vino del autor Tom Robbins, quien me apodó la “COYOTE Trickster” después de una de nuestras expediciones de caza de hongos. Richard Hongisto, un sheriff liberal elegido en San Francisco por esa época, asistió a algunas de las fiestas mías y de Roger. Era un ex policía con una licenciatura en sociología, se había divorciado recientemente y tenía un poco de miedo a pasar todo el rato en la City, ya que la policía no le tenía mucho cariño; Prefería ir de fiesta a Marín. Lo arrinconé una noche en el jacuzzi y le pregunté qué estaba haciendo WHO por los derechos de las prostitutas. Ya que parecía contar con el apoyo del movimiento de mujeres y de grupos de derechos de los homosexuales. Él respondió: “Alguien de la clase de víctimas tiene que hablar. Esa es la única forma en que se va a hacer oír el problema “.

Decidí ser ese alguien, a pesar de haber trabajado solo cuatro años, y me pregunté sobre el efecto que tendría en mi vida hablar abiertamente. Recibí el apoyo total de la mayoría de mi familia; mi madre la ama de casa-secretaria, mi hermana la cantante de gospel con once hijos, mi hermano marinero y mi hijo el pescador de salmón, ambos con dos hijos y sendas esposas. Junto con un grupo de amigos en el Área de la Bahía de San Francisco y en todo Estados Unidos, me convencieron de que hablar en público era lo correcto. Mi padre dejó de hablarme.

En 1973 decidí volver a conectarme con los abogados, fiadores, periodistas y policías que conocía en la ciudad diez años antes y esperaba que algunas de las prostitutas se unieran a mí. Las personas de relaciones públicas responsables de que el sheriff hubiera sido elegido se ofrecieron como voluntarias para ayudarme con COYOTE. Alquilé una habitación barata de hotel en el paseo marítimo y comencé a recopilar información merodeando por el Palacio de Justicia. Fue fácil… las mismas personas seguían trabajando en los tribunales y me recordaban como “la chica que recibió una mala reputación”. Había ganado algo de notoriedad en el momento del juicio porque apelé con éxito la condena, aunque eso no me ayudó a conseguir otro empleo remunerado.

Un profesor de la Universidad de California me dio algunas buenas pistas de recursos, incluida una presentación al tesorero de Glide Church, que también manejaba millones de Whole Earth Catalog. El tesorero me consiguió una subvención personal de cinco mil dólares. El otro buen logro fue la fotocopiadora de Gas and Electric Company, que se encontraba sola en una pequeña habitación en el octavo piso. Durante las horas del almuerzo durante dos años me vestí de secretaria y edité el material necesario para ser una exitosa agitadora.

Otro amigo de toda la vida consiguió un trabajo como médico de la cárcel, así que tenía información privilegiada y chismes de las mujeres que examinaba. Las prostitutas todavía estaban en cuarentena en ese momento, lo que significaba que tenían que ser examinadas de enfermedades venéreas antes de salir de la cárcel. Detuvimos la práctica al año siguiente. Steve the Pig, como se llamaba a sí mismo, era un policía que me dio la primicia de las calles y del vestuario de la policía. Un alcalde liberal fue elegido en 1976, George Moscone, quien nombró a un jefe de policía de fuera de la ciudad, para disgusto de los policías que habían dirigido la ciudad durante cincuenta años, impidiendo con éxito a las minorías y a las mujeres ser contratadas en el cuerpo. El alcalde y un supervisor gay, Harvey Milk, fueron asesinados el 27 de noviembre de 1978 por el ex policía / supervisor Dan White. Tras los asesinatos, la sucesora de Moscone, Diane Feinstein, cedió ante la presión policial y despidió al jefe. La policía había sentido que “las putas tienen el oído del jefe”. Había hecho mucho para combatir la corrupción y el desorden en el departamento y había alejado de las prostitutas a muchos de los policías abusivos. El clima cambió y los liberales que habían apoyado la despenalización de la prostitución se volvieron reacios a hablar públicamente sobre el tema. Incluso el sheriff se echó atrás y afirmó que nunca había ido a una reunión de Hooker’s Ball, aunque asistió a varias antes de 1977. Se hizo evidente que la presión externa era necesaria para cualquier avance en el movimiento.

Comencé a considerar seriamente la organización internacional. Manipular la prensa fue muy importante porque a través de la exposición, otras mujeres de otras ciudades y países se inspiraron para formar grupos. Parecía que las personas necesarias para un buen comienzo eran una prostituta política, una feminista, una amiga periodista y una abogada.

Jennifer James, profesora de antropología en Seattle, fue fundamental para que las cosas funcionaran allí y en todo el país. Ella acuñó la palabra “despenalización” y fue responsable de que WHO convirtiera la despenalización en una plataforma en su convención de 1973. COYOTE publicó un boletín, “COYOTE HOWLS” durante cinco años desde 1974-1979. Reportamos noticias nacionales e internacionales sobre prostitución, relatos de primera mano de abusos, teoría feminista e investigaciones sobre prostitución y poesía de prostitutas. Para exponer las hipocresías de la prohibición de la prostitución y hacer que nuestras demandas de derechos humanos, atención médica y condiciones de trabajo fueran agradables para el público, solicitamos ilustraciones a los dibujantes Robert Crumb, Trina Robbins y otros para darle vida a nuestras publicaciones. También compilamos listas de lectura para quienes deseaban unirse a la lucha y asistían a las principales conferencias de mujeres en todo el país. Publicamos anuncios de camisetas, carteles y el Hooker’s Ball, que fue nuestro evento anual de recaudación de fondos en octubre. El Ball se hizo muy popular, atrayendo a 20.000 personas en 1978 en el Cow Palace, recaudando $ 210.000 ($ 60.000 netos), suficiente para pagar a cinco empleados para nuestras dos oficinas (una en el paseo marítimo y otra en la parte alta de la ciudad). Nuestra lista de correo excedía las 60.000 personas, aproximadamente el tres por ciento de las cuales eran prostitutas.

Muchas mujeres que no eran prostitutas fueron fundamentales para mantener en funcionamiento las oficinas de COYOTE. Molly Rodríguez fue secretaria durante cinco años. Priscilla Alexander se incorporó a la oficina en 1977 y logró que WHO formara un comité sobre los derechos de las prostitutas en 1982 y que la mayoría de las conferencias de mujeres de todo el país abordaran el tema de manera concreta. Priscilla y Gloria Lockett ahora codirigen las oficinas de COYOTE, U.C. CAL-PEP (Proyecto de educación de prostitutas de California) y el Grupo de trabajo nacional sobre prostitución, que se concentra en la prevención y educación del SIDA y en los derechos humanos de las prostitutas. Un nuevo acontecimiento que podría indicar una tendencia a mejor es que los candidatos a cargos públicos ahora vienen a COYOTE para obtener información y están dispuestos, si son elegidos, a llevar proyectos de ley a la legislatura para la despenalización. ¡Y la mejor noticia es que, después de que me fui del condado en el 85, el gobierno y las fundaciones privadas le dieron subvenciones a COYOTE!

Después del advenimiento del movimiento contra la pornografía en los Estados Unidos, se hizo cada vez más claro para mí que un movimiento internacional era oportuno y esencial. Asistí al Tribunal Internacional sobre Crímenes contra la Mujer de 1976 en Bruselas y a las Conferencias de la Década de la Mujer de las Naciones Unidas en 1975 (Ciudad de México) y en 1980 (Copenhague). Pero no fue hasta que conocí a Gail Pheterson, quien había estado trabajando en los Países Bajos para solucionar las divisiones entre las mujeres, que las cosas empezaron a encajar a nivel internacional. Nos organizamos principalmente combinando nuestras redes, especialmente sus contactos feministas y mis contactos de prostitutas en Europa. Además, Gail pasó el año 84 en California formando alianzas entre profesionales, ex profesionales y no profesionales, de las cuales surgieron los grupos de Bad Girl Rap organizados por COYOTE. El Foro de Mujeres sobre los Derechos de las Prostitutas y la Convención COYOTE fueron diseñados por Gail en el 84 para coincidir con la Convención Demócrata celebrada en San Francisco. En la Convención de COYOTE nació una Declaración de Derechos que se convirtió en la base del Primer Congreso Mundial de Putas en Amsterdam en 1985 y del Segundo Congreso Mundial de Putas en Bruselas en 1986.

El giro conservador en los Estados Unidos en general y en el movimiento de mujeres en particular, me impulsó a mudarme a Europa en el 85 para poder poner más energía en el Comité Internacional. Aunque quienes quieren abolir la prostitución están más activos que nunca, hay políticos y grupos de mujeres dispuestos a defender los derechos de las prostitutas en muchos países. Hago un alegato de inocencia por todas las encarceladas por prostitución y aplaudo a todas aquellas que tienen el valor de hablar en su propio nombre. Con suerte, este libro generará el tipo de pensamiento, conciencia y activismo necesarios para corregir las injusticias cometidas contra las putas durante siglos.

Margo St. James

Montpeyroux, Francia

Agosto de 1988

Las 15.000 esclavas holandesas de las Hermanas del Buen Pastor

Una investigación destapa una red de explotación de mujeres en Países Bajos similar a la que funcionó en países como Irlanda. Las víctimas piden compensaciones y reconocimiento

 

Por Isabel Ferrer

La Haya, 12 de junio de 2018

https://elpais.com/elpais/2018/06/11/planeta_futuro/1528708348_796358.html

 

Una ‘lavandería de las Magdalenas’ irlandesa sin identificar: imagen tomada alrededor de 1900.
Imane Rachidi (EFE)

 

“Mi tutora, la señorita Van de Biggelaar, me llevó en tren hasta Almelo [en el este de Holanda]. En Tilburgo, al menos tenía un nombre que coser en la etiqueta de mi ropa, pero al llegar a Almelo me convertí en un número más”, cuenta Jo Keepers, de 76 años. Hija de un padre alcohólico y maltratador, ella es una de las miles de víctimas holandesas de los trabajos forzados no remunerados de la orden católica Hermanas del Buen Pastor.

Al menos 15.000 niñas y mujeres, en su mayoría prostitutas, madres solteras o discapacitadas, trabajaron en condiciones de esclavitud entre 1860 y 1973 en las lavanderías y talleres de costura de esta congregación en Holanda, según una investigación de años realizada por el medio holandés NRC.

Las monjas, establecidas en los llamados “refugios del amor” en las ciudades de Almelo, Tilburgo, Zoeterwoude y Gelderland, vivían de tareas de la costura comercial. Todas las esclavas que tenían a su disposición elaboraron durante décadas todo tipo de indumentarias. Desde ropa de bebé hasta prendas para los militares, pasando por chalecos de fuerza para instituciones psiquiátricas o camisas especiales para compañías determinadas.

Esta orden religiosa ya se vio implicada en un escándalo semejante en Irlanda, donde participaban en la gestión de las llamadas “lavanderías de las Magdalenas”. Allí, unas 10.000 mujeres jóvenes, muchas de ellas madres solteras, fueron detenidas y forzadas a trabajar en las lavanderías que comenzaron a operar en la década de 1920 e incluso seguían vigentes hasta 1996, según un informe del Gobierno de Dublín.


Irlanda: Las órdenes religiosas de las “lavanderías” encabezan la coalición contra el trabajo sexual


A los trabajos de lavandería se sumaba el bordado. Según el Archivo holandés de la Vida Conventual, que guarda también objetos, en El Buen Pastor se bordaba para la Casa Real. “Se presume que para la entonces princesa Juliana (abuela del actual rey Guillermo)”. Parte del lavado y almidonado de manteles del Palacio het Loo, residencia oficial de Juliana, también se hizo en los conventos de la orden.

En el caso holandés, las monjas proveían con sus productos a las fábricas textiles, empresas de moda, hoteles, hospitales, particulares, la Iglesia y el propio Gobierno. La investigación de NRC incluye testimonios de varias víctimas y eleva su cifra a al menos 15.000 personas. Contactadas por Efe, algunas de estas personas explican que por su estado de salud y edad prefieren no rememorar aquella época de nuevo hasta el día que tengan que dar testimonio ante un tribunal.

Una de ellas es Margot Verhagen, de 85 años. Su padre murió en la Segunda Guerra Mundial y su madre falleció en 1950, cuando ella tenía 17 años y seis hermanos. Verhagen se quedó con una de sus tías, pero pocos días después, dos policías y una mujer de protección de menores la trasladaron a la institución del Buen Pastor en Velp, donde las hermanas la pusieron a trabajar desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche, recuerda.

Verhagen, nacida en La Haya, asegura en el medio holandés que no solo fue sometida a los trabajos forzados en las lavanderías —”una cultura normal de esa época”, apostilla— sino que dice haber sido violada por el rector de la institución. El episodio, según ella, quedó impune porque las esclavas no tenían voz, ni voto, ni derecho a quejarse.

Se les consideraba niñas y mujeres “perdidas” cuando quedaban embarazadas fuera del matrimonio, huérfanas, abandonadas, maltratadas, discapacitadas o condenadas por un delito menor. En esos casos, su ingreso en la Hermandad era considerada “la única solución”, refiere Verhagen. Nunca recibieron un salario por esas labores, aunque una vez al año las monjas les entregaban un billete de cartón, una especie de moneda ficticia con la que podían comprar dulces o comida en los puestos del mercado de la Hermandad.


El trabajo de las jóvenes servía para surtir a hoteles, particulares, la Iglesia y el propio Gobierno


Jo Keepers también intentó escapar varias veces del centro de Almelo, pero siempre acababa detenida por la policía y castigada luego por las monjas, hasta que finalmente lo logró el 20 de marzo de 1960, fecha que marca en el calendario como el día de su liberación. Hasta la década de 1970, las niñas, generalmente en contra de su voluntad, fueron colocadas en las instituciones por el Gobierno (como en el caso irlandés), las asociaciones de tutela, protección infantil o los propios padres.

Algunas víctimas recurrieron la semana pasada a los juzgados para exigirle al propio Ejecutivo que reconozca el daño causado por esta Hermandad y les pague los salarios pendientes porque consideran que el Estado es en parte responsable de la falta de humanidad en la que fueron obligadas a trabajar.

Las denuncias efectuadas ahora son formales, pero las críticas contra las prácticas de las Hermanas del Buen Pastor ha aparecido en Holanda en libros y documentales a lo largo del tiempo. El goteo con declaraciones de las afectadas se remonta a 1930, cuando dos de las antiguas esclavas contaron su doloroso pasado. Una decena se animaron luego a hacerlo en diarios, semanarios y libros, pero no hubo reacción oficial por considerarse “propaganda anticatólica”. La Real Biblioteca Nacional guarda todos estos documentos, que constituyen una de las principales fuentes de información histórica de lo ocurrido, Sin embargo, como las autoridades se inhibieron, la situación se prolongó hasta los años setenta. Las monjas se apartaron entonces de los centros que dirigían. Las últimas, ya ancianas, viven en residencias, pero la congregación vendió en el país sus inmuebles y posesiones por millones de euros. Uno de los edificios de su propiedad tenía 14 hectáreas, y en 2004, cerraron un trato con una inmobiliaria dispuesta a construir al menos 83 apartamentos.

Este caso judicial está apoyado por la plataforma holandesa de niños víctimas de abusos religiosos (VPKK, en sus siglas en neerlandés), que también exige al Gobierno que realice una investigación independiente sobre aquella explotación y determine el papel que tuve el Ejecutivo durante esa etapa. En una carta publicada el año pasado, las Hermanas se disculparon ante sus víctimas pero se niegan a pagar las indemnizaciones porque consideran que todo ha prescrito y señalan que han pasado “muchos años”.

El trabajo en los talleres de lavanderías y de costura, un modelo de ingreso que enriqueció a la congregación religiosa, era considerado por las autoridades como un ‘trabajo de terapia’ y penitencia. El jardín del edificio de la Hermandad estaba cercado con alambre para evitar que las chicas escapasen de manos de las religiosas.

El Buen Pastor, llegó a tener cuatro residencias en Holanda y aparece asimismo entre las 800 denuncias estudiadas desde 2016 por la comisión que investiga la violencia en centros de menores. Los casos incluyen abusos, físicos, psíquicos y sexuales desde 1945, y cuatro víctimas de los trabajos forzosos impuestos por las monjas han remitido sus biografías. Como los afectados pueden acudir a la comisión hasta enero de 2019, la orden religiosa ha asegurado que “está dispuesta a ponerse en contacto con los investigadores”. Micha de Winter, catedrático de Pedagogía, dirige ese equipo de expertos y ha reconocido ya el carácter “estructural del abuso”. “Si nos dan su permiso, aprovecharemos sus historias para investigar a fondo la época y lo ocurrido. Si una vez puesta la denuncia precisan ayuda, pueden acudir a la asociación que presta ayuda a víctimas de abusos en el país”, añade.

La VPKK, que apoya a las cinco denunciantes, está compuesta por un grupo de cinco juristas, expertas en ética y pedagogía que dan voz “a las mujeres sometidas también por otras mujeres, además de sacerdotes o capellanes, en internados, congregaciones y otras instancias religiosas”. A través de su cuenta de Facebook anima a las víctimas a ponerse en contacto, “porque algo así puede pasarle a cualquier chica y es preciso contar la verdad de unos hechos bochornosos”. Se ocupan a su vez de los afectados varones porque, según explican “lo peor es que nadie te crea o reconozca lo ocurrido”.

 

Lavar los pecados

Se estima que al menos 10.000 mujeres y jóvenes fueron internadas en instituciones gestionadas por la hermandad del Buen Pastor en Irlanda entre 1922 y 1996. Las religiosas las obligaban a trabajar en condiciones muy duras y sin retribución en lavanderías para que metafóricamente lavaran sus pecados, al mismo tiempo que la congregación religiosa traía beneficios económicos.

Las llamadas Magdalenas eran mujeres consideradas indeseables por la sociedad, como prostitutas y madres solteras, o jóvenes recluidas de manera preventiva, para protegerlas de los peligros (por ejemplo, huérfanas).

Ante el rechazo de la sociedad y el estigma asociado a haber trabajado en las lavanderías, muchas Magdalenas optaban por permanecer durante toda la vida en las instituciones.

Irlanda revela que 9.000 niños murieron en casas de acogida religiosas y estatales entre 1922 y 1998

El primer ministro irlandés, Micheál Martin, ha pedido perdón a las “madres solteras y los bebés” que sufrieron “terribles abusos” en instituciones estatales y religiosas durante gran parte del pasado siglo.

 

12 de enero de 2021

https://www.elespanol.com/mundo/europa/20210112/irlanda-revela-ninos-murieron-acogida-religiosas-estatales/550696118_0.html

 

Zapatos de bebé cuelgan en el cementerio de Tuam, donde se hallaron los cuerpos de 796 bebés. Reuters

 

El primer ministro irlandés, Micheál Martin, ha pedido perdón a las “madres solteras y los bebés” que sufrieron “terribles abusos” en instituciones estatales y religiosas durante gran parte del pasado siglo, como consecuencia de una sociedad con actitudes “retorcidas respecto a la sexualidad y asuntos íntimos”.

Martin efectuó esas declaraciones después de publicar este martes las conclusiones de una investigación sobre las condiciones de vida en 18 instituciones públicas entre 1922 y 1998, que denuncia que hasta 9.000 menores fallecieron en casas de acogidas regentadas por órdenes religiosas católicas y autoridades estatales.

El informe, de más de 3.000 páginas y fruto de un trabajo de cinco años, describe un “capítulo negro, difícil y vergonzoso de nuestra muy reciente historia”, lamentó el jefe del Ejecutivo de Dublín, de coalición entre centristas, democristianos y verdes.

“Si bien este informe, obviamente, tendrá mayor impacto sobre los supervivientes y sus familias, plantea cuestiones más profundas para toda la sociedad irlandesa. Lo que se ha descrito en este informe no nos lo infligió ninguna potencia extranjera. Nos lo hicimos nosotros mismos”, subrayó Martin, quien insistió en que esa “sociedad disfuncional”, con “actitudes retorcidas”, “maltrató a las mujeres”, a las “madres jóvenes” y, “especialmente, a los niños”.

Larga lista de abusos

El primer ministro irlandés confió en que este documento ayude a cerrar así otro “episodio oscuro del pasado”, después que otras investigaciones han revelado en los últimos años los abusos sexuales cometidos por religiosos contra miles de menores durante gran parte del pasado siglo.

En 2013, otra investigación oficial descubrió el comportamiento de las monjas católicas en las llamadas “Lavanderías de la Madgalena”, donde entre 1922 y 1996 miles de internas trabajaron en un régimen de semiesclavitud y abusos.


Irlanda: Las órdenes religiosas de las “lavanderías” encabezan la coalición contra el trabajo sexual


Ahora, la llamada Comisión sobre Madres y Bebés ha documentado las duras condiciones de vida en las casas de acogida y la negligencia de las religiosas y responsables estatales que las regentaron durante 76 años.

También examinó, entre otros asuntos, las altas tasas de mortalidad registradas entre los menores, los ensayos de vacunas efectuados con ellos y el establecimiento de un sistema de adopciones ilegales para obtener ingresos.

El Gobierno estableció la citada comisión en 2014, tras el hallazgo ese año de casi 800 esqueletos de niños en cámaras subterráneas de un convento regentado por monjas del Buen Socorro en la localidad de Tuam, en el oeste de Irlanda, entre 1925 y 1961.

Catherine Corless, la historiadora que sacó a la luz el caso de los abusos a niños en centros de acogida. Reuters

Este caso, que conmocionó al país, salió a la luz cuando un estudio de la historiadora local Catherine Corless descubrió certificados de defunción de 798 niños, aunque sólo dos de ellos estaban acompañados por certificados de enterramiento.

Las excavaciones efectuadas posteriormente confirmaron que los esqueletos yacían en el espacio que ocupaban tanques sépticos en el edificio del citado centro de acogida, conocido como ‘El Hogar’.

Argumento de una película

Además de las más de 9.000 muertes de menores documentadas, el informe conocido hoy indica que la tasa de mortalidad doblaba la media nacional, lo que da una idea de “las condiciones de abandono, malnutrición y enfermedades” que reinaban en esos centros.

En torno a una de esas casas de acogida gira el argumento de la película ‘Philomena’, que recibió cuatro candidaturas a los Oscar en 2014 y que relata los esfuerzos de Philomena Lee para encontrar a su hijo, dado en adopción sin su permiso a una familia estadounidense.

Según la cinta y el libro en el que está basada, Lee se topó con los intentos de las monjas por entorpecer su búsqueda, dejando entrever que quemaron todos los registros y que obtuvieron beneficios económicos por las adopciones, unas prácticas que también quedan recogidas en el informe de la comisión.

Otro aspecto siniestro de este caso es el programa de vacunación experimental desarrollado por científicos entre 1960 y 1961 con 58 niños internados en tres centros de acogida.

 

Corea del Sur: la pandemia precariza aún más a las trabajadoras sexuales

A diferencia de otros países del sudeste asiático, la prostitución es ilegal en Corea del Sur. Tiene lugar en bares o salones de masaje, que cerraron debido a las restricciones impuestas para frenar la pandemia de COVID-19 precarizando aún más la vida de las trabajadoras sexuales.

 

Texto por: RFI

13 de enero de 2021

https://www.rfi.fr/es/asia-pacifico/20210113-corea-del-sur-la-pandemia-precariza-a%C3%BAn-m%C3%A1s-a-las-trabajadoras-sexuales

 

Trabajadoras sexuales coreanas en una manifestación en Seúl el 22 de septiembre de 2011 para protestar por la represión de las autoridades contra la prostitución. AFP – JUNG YEON-JE

 

Con nuestro corresponsal en Seúl, Nicolas Rocca.

 

“Tan pronto como alcancé la mayoría de edad, me convertí en una trabajadora sexual”, dice Yo Lim, de 26 años. Esta estudiante de comercio, lucha por los derechos de quienes trabajan en este mercado lucrativo: 13 mil millones de dólares generados anualmente. Sin embargo, no son las trabajadoras sexuales quienes cosechan los beneficios, especialmente durante este período turbulento. “La mayoría de los lugares que ofrecían servicios sexuales tuvieron que cerrar en junio-julio. Somos la única industria que ha sido completamente cerrada sin ningún apoyo del gobierno”. Si bien las restricciones sanitarias han ido acompañadas de planes de apoyo del estado para los empresarios, los propietarios de restaurantes, y  los taxistas, entre otros, las trabajadoras sexuales siguen siendo dejadas de lado.

En Corea del Sur, si bien se sabe que algunos barrios son lugares conocidos para ejercer la prostitución, una gran proporción de mujeres trabajan en bares, salones de masaje y clubes de striptease. Era el caso de Yo Lim antes de la pandemia. “En el bar, no tenía sexo con los clientes, era más que nada bailar para ellos. Además, estábamos un poco protegidas. Pero ahora estoy obligada a tener sexo”. Las cientos de miles de trabajadoras sexuales se encuentran en una situación muy precaria. Otras chicas han dejado la actividad, obligándolas a pedir préstamos, en general a la mafia, con tasas de interés extremadamente altas.

Si algunos lugares permanecen abiertos, son los que menos respeto tienen por las mujeres, según Yo Lim. “Algunas mujeres inmigrantes, de China o de otros países del sudeste asiático, trabajan en condiciones aún más precarias. Hay bares donde las mujeres no tienen otra opción que tener sexo”. Con el impresionante sistema de seguimiento de pacientes implementando por el gobierno de Corea del Sur es difícil mantener abierto los comercios. En caso de contaminación, las autoridades rastrean las rutas del paciente y los lugares visitados para encontrar casos de contacto. Y los lugares donde ejercían las trabajadoras sexuales no quieren atraer la atención de las autoridades.

Yo Lim continúa trabajando pero de manera independiente eligiendo clientes que ya conoce. Una práctica más rentable, pero también más peligrosa dado que Yo Lim debe ceder a los deseos del cliente. Su anterior trabajo le pagaba 373 euros al día, suficiente para financiar sus estudios y su apartamento donde vive con su hermana y su marido. Pero ante la pérdida de sus ingresos, se tuvo que adaptar. “Elijo mis citas de acuerdo a las prácticas sexuales solicitadas, la cara del cliente y el precio”, explica Yo Lim. “Obtengo un millón de won (750 euros) por toda la noche, incluyendo cena”. El riesgo para la salud también es importante. “¿Cómo podemos protegernos del coronavirus? “, dice Yo Lim.

Hasta 2004, la prostitución era, de hecho, tolerada, pero la ley contra el comercio sexual puso fin a esta situación. Según un informe de la ONU publicado en 2012, entre 2004 y 2009, 28.000 trabajadoras sexuales fueron arrestadas, junto con 160.000 clientes. Si bien la aplicación de la ley ha aumentado la represión, esta sigue siendo limitada.

La criminalización del trabajo sexual es un tema central para Yo Lim, para quien “la despenalización nos permitiría tener un trabajo reconocido y cambiar la forma en que la sociedad surcoreana nos considera”.

La pandemia de la COVID-19 ha complicado la situación y la preocupación de estas mujeres es palpable. “Me gustaría volver a mi trabajo, la situación me crea mucha ansiedad. Apenas un cliente deja de responderme, me pregunto cómo podré conseguir algo de dinero”. Otro interrogante es cómo serán las condiciones de trabajo una vez que la crisis sanitaria haya terminado. Muchas lugares han cerrado sus puertas para siempre. “Una vez que todo vuelva a abrir, ¿qué tipo de trabajo me veré obligada a tomar? ¿En qué bar? ¿Qué se me pedirá que haga?” se pregunta Yo Lim.

 

 

El puritanismo sexual y sus distintas manifestaciones

 

El imperio de Des

25 de noviembre de 2018

https://elimperiodedes.wordpress.com/2018/11/25/el-puritanismo-sexual-y-sus-distintas-manifestaciones/

 

El puritanismo era originalmente un movimiento religioso surgido durante el siglo XVII en Inglaterra, con el fin de “purificar” la iglesia anglicana de las prácticas católicas que había heredado. Inspirado en el calvinismo, los puritanos creían en el trabajo físico como la única manera digna de crear riqueza, la vida austera y la abstención de todos los vicios que corrompían el cuerpo y alma. Después de un breve periodo en poder después de la guerra civil inglesa (1642-1646), la mayoría de los puritanos fueron apartados de la iglesia anglicana después de la Restauración en 1660, aunque continuaron ejerciendo influencia entre la plebe hasta bien entrado en el siglo XIX. La filosofía puritana jugó un papel fundamental en el invento del capitalismo y la idiosincracia de los pioneros estadounidenses.

A partir del siglo XX, la palabra “puritano” llegó a convertirse en adjetivo, refiriéndose al exceso de moralidad sexual, como la censura al desnudo, el repudio hacia el deseo carnal y la abstención sexual hasta el matrimonio. En España, el puritanismo está comúnmente asociado a la iglesia católica, que durante siglos había ejercido un control rígido sobre la moralidad privada de los ciudadanos. Desde el punto de vista histórica, es algo irónico considerando que los puritanos originales eran radicalmente anti-católicos.

A día de hoy, la sociedad occidental está cada vez más liberal y tolerante acerca de la moralidad sexual, aunque en el siglo XXI siguen habiendo colectivos que intentan criminalizar el coqueteo, condenar las prácticas sexuales no convencionales, legislar las actividades sexuales consentidas, separar los sexos o censurar el arte o literatura, y los proponentes no solo proceden de los grupos religiosos (sea católico, protestante o musulmán), sino de cualquier ideología o movimiento que lleva su doctrina al extremo. En este artículo voy a hablar de las distintas manifestaciones de puritanismo en la sociedad contemporánea.

El puritanismo conservador

Al menos en España y Europa, la mayor fuerza que defiende una moralidad sexual más rígida sigue siendo los conservadores, que incluyen a algunas ramas de la iglesia católica como Opus Dei, la iglesia evangelista, musulmanes practicantes y defensores de valores tradicionales. Muchos aún creen que el único propósito del sexo es procrearse, que el deseo carnal es pecado, y para no despertar este vicio humano, las mujeres deben taparse o los sexos deben mantenerse separados. Por supuesto, también van en contra de la homosexualidad, el aborto o la educación sexual en los colegios.

Con el cambio de valores entre las nuevas generaciones, los conservadores son cada vez menos en cuestión de números, pero muchos ocupan puestos claves en la política y el mundo empresarial, y proponen leyes para defender su ideología bajo el disfraz de otras justificaciones. El típico ejemplo es recurrir al rendimiento escolar para justificar la separación de sexos en la educación, o a la libertad de elección para no dar educación sexual.

El puritanismo marxista

En principio, el comunismo, como todas fuerzas de izquierda, iba en contra de la moralidad sexual de la burguesía, pero después de la revolución bolchevique en 1917, hubo un periodo de liberación sexual, durante que los rusos se volvieron tan promiscuos que nacieron muchos niños sin padre y se multiplicaron las denuncias por agresión sexual. Así que el partido comunista decidió imponer una nueva moralidad sexual, basada en la ideología igualitaria que hombres y mujeres sean camaradas de la revolución, que deben tratarse con amor fraternal de hermanos. El sexo solo se deben practicar con fines reproductivos para criar una nueva generación de trabajadores. Cualquier coqueteo o intento de marcar diferencias sexuales, como maquillarse, pintarse los labios, poner faldas cortas o ajustarse los pantalones, es repudiado como una práctica burgués y contrarrevolucionario.

Esta moralidad, que se inventó en la época estalinista, fue copiada a mayor o menor grado por todos los régimenes comunistas, como la China de Mao, el Cuba de Castro y la Cambodia de Pol Pot, donde hombres y mujeres fueron obligados a vestirse con el mismo uniforme de trabajador marcando mínimas diferencias. Por supuesto, la homosexualidad no solo fue repudiada, sino criminalizada.

El libro 1984 de George Orwell hace un buen resumen de este puritanismo de corte comunista.

El puritanismo feminista

Como el puritanismo conservador tiende a reprimir la sexualidad femenina, muchas feministas, como Victoria WoodhullEmma Goldman, lucharon a favor de levantar los tabúes sexuales y por la libertad de las mujeres a vivir su sexualidad en pleno, reivindicando hasta el amor libre. Sin embargo, a partir de los años 70, surgieron corrientes de feminismo que retratan a la sexualidad masculina como violenta por naturaleza y una amenaza para las mujeres, y que bajo la sociedad patriarcal, muchas mujeres hayan sido “lavado de cerebro” desde pequeña para desear complacer la sexualidad del hombre. Esas feministas, como las estadounidenses Andrea Dworkin, Susan Griffin o la española Ana de Miguel, tienden a oponer radicalmente la pornografía, la prostitución autónoma,  el BDSM consentido, o cualquier representación erótica del cuerpo femenino, incluso cuando lo ejercen de forma voluntaria. Algunas más radicales llegan a insinuar que maquillarse, depilarse, ponerse ropa sexy o cualquier gesto de coqueteo sean sinónimos a la sumisión al patriarcado, y que la separación de sexos sea la medida ideal para proteger las mujeres de la violencia sexual.

A día de hoy, aún se libran una batalla entre feministas liberales, que defienden la libertad de las mujeres de vivir su sexualidad del modo que quiera por lo tanto que sale de su propia voluntad, y feministas radicales, que tratan de definir un canon correcto de comportamiento sexual para ser buena feminista.

El puritanismo “género neutral”

En total, el colectivo LGBTIQ es el menos puritano de todo, porque casi todas las corrientes de puritanismo les persiguen. Sin embargo, durante los últimos años, cuando se ha abierto un debate público en países anglosajones sobre la identidad de género y el sexo biológico, una cierta corriente de puritanismo ha surgido entre algunos activistas más agresivos.

Como todas las sociedades humanas clasifican los individuos por el género binario de hombre/mujer, las personas no-binarias a menudo tienen dificultades de integrarse. Por eso, algunos activistas trans proponen crear una sociedad “género-neutral“, alegando que categorías como “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “homosexual” sean construcciones abstractas que carezcan de significado real, y la “feminidad” y “masculinidad” sean conceptos arcaicos que deben ser eliminados. Puede sonar utópico, pero para realmente llevase a cabo la construcción de una sociedad así, la única manera sería a través de la imposición de un nueva forma de puritanismo.

Al fin y al cabo, los humanos somos seres sexuales. La mayoría de los individuos se sienten atraídos solamente (o predominante) a uno de los sexos, por las características de ese sexo. La masculinidad y feminidad no son nada más que maneras de marcar las características de un sexo u otro, a través del peinado, vestimenta, comportamientos o actitudes. Una cosa es construir una sociedad donde el género no sea motivo de sufrir violencia o discriminación, o una sociedad inclusiva a géneros no-binarios, otra cosa es construir una sociedad donde el género se elimina de la expresión individual, porque eso implica convertir los humanos en seres asexuados, que va totalmente en contra de nuestra naturaleza biológica.

El puritanismo políticamente correcto

Englobando a todo, está el puritanismo políticamente correcto.

Desde que todos estamos en redes sociales, cualquier comentario, opinión, imagen o video puede ofender las sensibilidades de algún colectivo. Para evitar linchamientos, muchos autores, artistas, creadores de contenido autocensura sus obras para no incluir contenido que puede ser tomados como ofensa. Como consecuencia, muchos libros, revistas, canciones y obras de arte que dejaron de escandalizar en los años 90 ahora han vuelto ha levantar polémicas.

Como bien dicho la dibujante de comic María Llovet en una entrevista: “Hay mojigatería por todos lados disfrazados de progresismo”.

 

Coronavirus, un nuevo desafío para las trabajadoras sexuales en Bélgica

Para las trabajadoras sexuales, la pandemia supone elegir entre no tener ingresos y un serio riesgo para la salud.

 

DW noticias

10 de enero de 2021

https://www.dw.com/es/coronavirus-un-nuevo-desaf%C3%ADo-para-las-trabajadoras-sexuales/av-56189384

 

Los hijos olvidados de Itaipú, investigación sobre la prostitución controlada por la dictadura

Una investigación del sitio de noticias The Intercept revela la forma en que las dictaduras brasileña y paraguaya controlaron un sistema de prostitución en la frontera durante la construcción de Itaipú, lo que dejó miles de nacidos vivos y muertos, abortos, abandonos e hijos sin padres.

 

8 de enero de 2021

https://www.ultimahora.com/los-hijos-olvidados-itaipu-investigacion-la-prostitucion-controlada-la-dictadura-n2922056.html

 

La prostitución se consideró una necesidad para el buen funcionamiento de las obras, un sitio de construcción compuesto principalmente por hombres solteros.Foto: theintercept.com

 

The Intercept, en una investigación periodística sin desperdicios, cuenta sobre cómo el barrio rural de Três Lagoas de Foz de Yguazú, Brasil concentró la mayor cantidad de burdeles en la frontera con Paraguay, donde se estima trabajaron al menos 10.000 mujeres, en más de 30 casas de prostitución.

Según la publicación, las obras de Itaipú hicieron explotar la población de Foz de Yguazú, que pasó de 35.000 habitantes en 1975 a 140.000 en 1984, fechas del inicio de las obras y del inicio de las operaciones de la planta.

Los datos señalan que en el mismo periodo también creció el nacimiento de niños sin el nombre del padre en el registro. En esa década, Foz de Yguazú registró el nacimiento de 4.280 niños vivos y 134 niños nacidos muertos sin paternidad definida.

El medio destaca que esta cifra es al menos cinco veces más alta que en la década anterior a la operación de la central hidroeléctrica. Pero al término de la megarrepresa, la ciudad fronteriza registró 7.605 nacidos vivos y 96 mortinatos sin paternidad reconocida entre 1985 y 1994.

 

The Intercept señala que en aquella época miles de mujeres trabajaban en la zona con el consentimiento de la dictadura militar, que con el dinero de la venta de sus cuerpos ayudaron a financiar armas y municiones para el Estado y que sus hijos son uno de los pocos recuerdos de la época en que la dictadura se benefició de la prostitución.

De acuerdo con la investigación, “Itaipú se negó a asumir ninguna responsabilidad o discutir abiertamente la zona de prostitución, a pesar de que el cambio en la ubicación de los clubes nocturnos se produjo para satisfacer sus intereses”, asegura el sitio de noticias.

Sin embargo, para los investigadores, tanto “la empresa y las autoridades de la ciudad entendieron la necesidad de una zona de tolerancia lo suficientemente alejada del centro de la ciudad, fácilmente accesible por la carretera y lo suficientemente amplia para contener la cantidad de casas necesarias para atender a los miles de trabajadores de la represa que llegarían a la frontera”, como también lo afirmó John Howard White en su tesis doctoral sobre género y trabajo en la frontera entre Brasil y Paraguay.

El trabajo periodístico también recoge la opinión de la geógrafa Patricia Claudia Sotuyo, en su maestría, en la que menciona que los guardias de Itaipú controlaban los burdeles para que no hubiera peleas y los trabajadores no se emborracharan hasta el punto de que al regresar al trabajo pudieran sufrir o provocar un accidente.

Asimismo, señala que la zona de prostitución también era monitoreada de cerca por el Estado. Todas las trabajadoras sexuales de Três Lagoas estaban registradas en la Policía Civil de Paraná. En el inicio se contabilizó alrededor de 700, pero, al final del trabajo de la represa, ese número totalizaba 10.000.

La mujer que trabajaba encargada de un burdel muestra la tarjeta de identificación de aquella época.
Foto: theintercept.com

Siempre según la investigación, el Estado ejerció control sobre los cuerpos de esas miles de mujeres mediante la emisión de la “tarjeta de bailarina”, con foto y datos personales en el anverso y sellos de visita médica en el reverso.

Increíblemente, la Policía Civil, a través del Fondo Especial para la Modernización de la Policía, Funrespol, se encargaba de inspeccionar los exámenes médicos de las mujeres y cobrar los derechos de licencia de los clubes nocturnos.

Eso a pesar de que el Código Penal de Brasil de 1940 considera un delito “aprovecharse de la prostitución ajena, participando directamente de sus ganancias o apoyándose, total o parcialmente, en quienes la ejercen”. La pena de prisión es de uno a cuatro años y multa.

La administración del dinero tuvo un cambio cuando los militares tomaron ell poder, en 1964, con la intención de llevar el proyecto de un “Gran Brasil”, según el libro Devir Puta del antropólogo José Miguel Nieto Olivar, y establecer una sociedad de principios morales, cristianos y conservadores.

“Pero en Itaipú, los militares prefirieron aprovechar la prostitución. El personal de la comisaría de Foz de Yguazú envió informes mensuales de recaudación al comando de la Policía Civil en Curitiba. No se tiene constancia de cuánto dinero aportó a la dictadura militar la prostitución vigilada en Três Lagoas”, destaca la publicación.

En cuanto a los números exactos de niños nacidos de las relaciones entre barrageiros y prostitutas, The Intercep prefiere no arriesgarse a precisar, pero sostiene que unos 12.115 nacimientos se encuentran registrados sin el nombre del padre en solo dos décadas de influencia directa de Itaipú en la demografía de Foz de Yguazú.

Esta situación, donde había tantos bebés, hizo que las familias del barrio rojo hicieran un esfuerzo colectivo para cuidar a los recién nacidos. Varios pobladores contaron que incluso adoptaron más de 30 a 40 niños.

En Paraguay

El material periodístico también reúne información de lo que sucedía, en aquel entonces, en Paraguay. De este lado de la frontera también había adolescentes en las casas del barrio María Magdalena, que contaba con 400 mujeres en 37 discotecas.

“Al igual que en Brasil, del lado paraguayo, cada mujer tenía que pagar una cuota al ayuntamiento para registrarse y otra mensual para trabajar. Los dueños de la discoteca pagaban cada mes para operar, además de un adicional al jefe de policía por “protección especial”, que incluía rescatar a mujeres que pudieran haber huido. “Nadie podía irse”, menciona el sitio con base en los detalles dados por el periodista paraguayo Alcibíades González Delvalle.

Al respecto, el comunicador comentó al medio que las autoridades locales le dieron mucha importancia al comercio sexual de Hernandarias. Mientras que el titular del Centro de Salud también cobraba a las mujeres una cantidad cada 15 días, con el pretexto de la atención clínica. La prostitución en la frontera entró en decadencia con el fin de las obras de Itaipú y la propagación del sida.

La publicación concluye con la reflexión de González Delvalle, quien considera que la prostitución fue parte vital de la construcción de la central hidroeléctrica; mientras que el historiador John Howard White coincide en que los hombres no podrían haber trabajado tantos años correctamente sin relaciones regulares, y la planta hidroeléctrica no podría construirse sin trabajadores en la presa. “En resumen, no podría haber represa hidroeléctrica sin trabajadoras sexuales”.

No obstante, lamentan que ni Itaipú ni los subcontratistas reconocieron a las prostitutas como una categoría legítima de trabajadoras, con los mismos beneficios otorgados a las trabajadoras de la represa.

 

Violencias hacia las personas que ejercen la prostitución en la Región de Murcia

Publicación: 10.12.2020

 

Puede descargarse el artículo completo, en formato PDF, en el siguiente enlace:

https://www.upo.es/revistas/index.php/relies/article/view/5062/4709

 

Resumen

Este estudio se centra en visibilizar las violencias perpetradas hacia las personas que ejercen la prostitución en la Región de Murcia (España), poniendo en relieve a los diferentes colectivos que las protagonizan. La hipótesis de partida es que la salud, las condiciones laborales y las relaciones interpersonales de los y las trabajadoras del sexo están determinadas por la articulación de una cadena de violencias ejercidas por diferentes agentes sociales. La metodología está basada en una serie de entrevistas semidirigidas en las que se han tenido en cuenta dos perspectivas: la de nueve personas que ejercen la prostitución y la de siete expertos/as en investigación e intervención directa con trabajadoras/es del sexo. En el análisis de resultados el contenido se organizó atendiendo a los diferentes grupos que se identificaron como responsables de los actos violentos: profesionales sanitarios/as, trabajadores/as de los servicios sociales, políticos/as, cuerpos de seguridad estatal, entidades del tercer sector, secciones feministas, empresariado de la industria del sexo, clientela, investigadores/as vinculados a la academia, medios de comunicación, familiares, parejas, exparejas, amistades y otros/as responsables.

 

1          Introducción

Cuando se habla de prostitución y de violencias se tiende a pensar en las agresiones ejercidas por los clientes y por el empresariado de la industria del sexo. Incluso, habitualmente se piensa en las mafias relacionadas con la trata, ya que no es infrecuente que se equipare la prostitución con la trata de personas con fines de prostitución forzada2. Es incuestionable la importancia de denunciar los abusos cometidos por la clientela y por los/las responsables de los pisos de contactos y de los clubes, pero el trabajo sexual está sometido a otro tipo de violencias que son menos visibles. El interés de esta investigación reside en que permite describir este tipo de violencias y sus efectos, a la vez que sitúa el foco en la identificación de los diferentes colectivos por los que están protagonizadas. La hipótesis de partida es que la salud (física y psicológica), las condiciones laborales y las relaciones sociales de las personas que deciden ejercer la prostitución (en adelante PDEP) están determinadas por la articulación de una cadena de violencias practicadas por diferentes actores y actrices sociales.

En cuanto a la situación de la prostitución en la Región de Murcia (España), a pesar su disminución en la vía pública, (debido a la proliferación de clubes de alterne y de pisos de contactos) siguen existiendo zonas de prostitución de calle bastante populares, tanto a las afueras de los pueblos como en la ciudad de Murcia. Un ejemplo relevante es el céntrico Barrio del Carmen, en el que se está aplicando la «Ordenanza para luchar contra la prostitución en el municipio de Murcia», la cual tiene por objeto:

“Luchar contra la prostitución, preservando los espacios públicos como lugares de convivencia, civismo e igualdad, evitando actividades de explotación sexual que difunden una imagen del ser humano, muy especialmente de la mujer, como mero objeto sexual y que perturban la convivencia social.” (BORM nº 234, 2013:2).

A pesar de que en dicha ordenanza se afirma que uno de los principales propósitos es el fomento y la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres, lo cierto es que mayoritariamente se multa a mujeres migrantes con pocos recursos que captan a su clientela en la vía pública, empeorando así su situación de vulnerabilidad. A partir de dos estudios realizados por el Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS, 2014, 2018)3 se ha evidenciado que la aplicación de medidas punitivas anti-prostitución, como la ordenanza o la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana (conocida como ley mordaza), han contribuido al agravamiento de la discriminación y la precarización que ya sufrían las PDEP, tal y como podemos observar en la figura 1

Hay que mencionar, además, la dificultad de proporcionar información precisa sobre el conjunto de las personas que se dedican a una actividad tan estigmatizada y criminalizada como la prostitución, la cual se caracteriza por una gran movilidad de las PDEP y por pertenecer a la economía sumergida (CATS, 2017a). No obstante, a pesar de que no se disponen de datos fiables sobre las personas que ejercen en la Región de Murcia, se pueden tomar a modo de orientación los datos recabados por entidades como el CATS. Entre las personas trabajadoras del sexo atendidas por esta ONG en el año 2017 (1.857 usuarias/os en total), la mayoría procedían de Rumanía (468), seguidas por mujeres de nacionalidad colombiana (241) y marroquí (216). Por otro lado, en los resultados de una investigación-acción participativa desarrollada por la socióloga Sara Oñate (2009) en la Región de Murcia, se mostró un alto grado de autogestión por parte de las personas trabajadoras del sexo. Igualmente, en el presente estudio las PDEP que participaron afirmaron no sentirse obligadas/os por nadie a trabajar, aunque consideraban que era una decisión que estaba condicionada por estructuras socioeconómicas.

 

2          Consideraciones Metodológicas

(…)

3          Marco Teórico: Violencias ejercidas hacia las personas que trabajan en la prostitución.

(…)

 

4          Resultados

4.1     El estigma asociado a la prostitución: la mayor violencia y de la que todas/os somos responsables

La psicóloga Cristina Garaizabal (2007) afirma que lo que mayoritariamente genera las malas vivencias, la angustia o la baja autoestima, no son tanto las prácticas sexuales que se desarrollan en el trabajo sexual, sino la falta de derechos laborales y la devaluación social. Los resultados de esta investigación son coincidentes, ya que prácticamente la totalidad de las personas entrevistadas señalaron que lo que más perjudicaba a las PDEP era tener que llevar una doble vida a raíz del estigma. En cuanto a lo que supone, podemos hablar de un intenso temor ante la idea de que pueda trascender la vida oculta en la vida pública, por lo que las personas que ejercen la prostitución en secreto se ven sometidas a un continuo estado de alerta.

“Lo que más pesa de alguna manera como una violencia es el estigma social. Es lo que transmiten como mayor problema, más allá de la lucha económica vinculada al proyecto migratorio (…). En el estigma social todos somos responsables, porque es una construcción social que forma parte de las diferentes mentalidades que componen esa sociedad. Entonces, en el estigma social todos y todas podemos hacer algo: o incrementarlo o reducirlo” (Educadora social, PR.3)

Uno de los casos de miedo al rechazo y de ocultación del ejercicio de la prostitución es el de TS.9. Esta mujer española de veintisiete años comenzó a ejercer la prostitución cuando se mudó a Barcelona (España) en el 2017. Al cambiar de ciudad se sentía sola, y como le había supuesto mucho esfuerzo hacer amistades no quería perderlas. Por ende, tuvo que ocultar su trabajo tanto en la nueva ciudad de residencia, como ante su familia y las amistades que se encontraban en Murcia.

“Viendo cómo habían reaccionado de mal cuando les conté que me prostituía, tanto mi gente cercana como mis compañeras de piso, pues me daba miedo que las pocas amistades que había hecho me rechazaran, y con lo que me ha costado… pues me callé” (Trabajadora sexual española, TS.9)

Otro testimonio muy relevante respecto a las múltiples consecuencias que conlleva el estigma nos lo compartió TS.6, una mujer peruana de treinta y cinco años con dos hijas a cargo. Esta trabajadora del sexo, a pesar de que tiene muy presentes los beneficios que le proporciona ejercer la prostitución (mayores ingresos, facilidad en la conciliación, disfrute de diversidad de experiencias sexuales, etc.), considera que ha tenido que pagar un alto precio a nivel emocional debido al repudio asociado a su trabajo.

“¡A mí me parece el mejor trabajo del planeta! Por lo menos pa´mí. A lo mejor porque yo puedo elegir (…). Tía, yo no puedo explicar lo bondadosa, lo generosa, lo noble… la experiencia que yo he tenido en la prostitución me ha empoderado sexual y económicamente, porque es muy muy rentable” (Trabajadora sexual peruana, TS.6)

“Es un miedo perpetuo. El tener que estar ocultándoselo a mi familia es terrible. Yo sinceramente pienso que esa es la peor parte de la prostitución. La doble vida es lo peor. No sé… esa es la peor parte, la de no salir del closet [llora y le cuesta hablar] (…). En la prostitución el precio es tu libertad emocional. El precio aquí es tener una doble vida si no vas a salir del armario. Y si sales del armario el precio es aprender a vivir con el estigma. Todo tiene un precio finalmente” (Trabajadora sexual peruana, TS.6)

4.2     Miedos y mentiras durante las visitas a los servicios sociales y a los centros de salud

Algunas de las PDEP participantes evitaban acudir a los servicios sociales porque anticipaban posibles conductas discriminatorias de los/as trabajadoras/es sociales por motivos relacionados con su trabajo, como la retirada de la custodia de sus hijos/as. Ahora bien, cuando decidían asistir a los servicios sociales o a los servicios de la sanidad pública la mayoría ocultaba que se dedicaba a la prostitución, con la finalidad de protegerse de juicios y/o episodios de maltrato como el sufrido por TS.4:

“Una vez tuve una muy mala experiencia con un digestivo, porque yo he tenido siempre problemas del estómago, entonces yo le conté al médico de que yo ejercía la prostitución y me dijo: “ya ves los problemas que usted se acarrea por andar en esas sinvergonzonerías”. Entonces yo me cabreé y le dije: “¿pero usted que tiene que opinar de mi vida personal?”. Después, me levanté de la silla y me fui” (Trabajador sexual ecuatoriano, TS.4)

Situaciones como la vivida por TS.4 ocasionan importantes perjuicios, en vista de que para ciertas problemáticas relacionadas con la salud sería oportuno que las PDEP pudieran hablar con naturalidad de su ocupación. Es, por ejemplo, el caso de las revisiones ginecológicas y andrológicas. Por otro lado, aunque algunos/as entrevistadas/os afirmaron acudir a doctores/as privados/as o a la consulta ginecológica del CATS no podemos conformarnos con este hecho, debido a que no todas las PDEP pueden permitirse pagar la sanidad privada o asistir a la consulta ginecológica del CATS por motivos relacionados con la movilidad laboral.

Con respecto a la salud psicológica, varias de las personas entrevistadas declararon que los/as profesionales sanitarios/as habían relacionado sus problemas de salud mental con el trabajo sexual, por lo que la solución principal que aportaban pasaba por abandonar la prostitución. Es decir, en primera instancia se producía una problematización del trabajo sexual, y los/as profesionales de la psiquiatría y/o la psicología no indagaban en el conjunto de causas que pudieran estar afectando al bienestar psicológico de la persona.

“Sobre todo, me he sentido violentada por profesionales de la salud mental. Hicieron una lectura del tema [trabajar en prostitución] como si me estuviera autodestruyendo, lo psicopatologizaron mucho. Pues cosas de mi vida que no tenían que ver con la prostitución enseguida las relacionaron con prostitución. Con lo cual tampoco estaban yendo a la diana correcta. A raíz de haber sido prostituta psicopatologizaron mucho mi sexualidad, porque consideraban que no era lo suficientemente íntima, monógama, emocional, etcétera. Que no estaba lo suficientemente sujeta a la heteronormatividad y al proyecto de tener una relación de pareja estable con alguien.” (Trabajadora sexual española, TS.1)

4.3     Elaboración e implementación de leyes: todo por las prostitutas, pero sin las prostitutas

La combinación de política abolicionista en materia de trabajo sexual y política migratoria restrictiva limita, en gran medida, la posibilidad de que las PDEP, en especial las migrantes, puedan acceder a derechos civiles y laborales (Oso, 2008). Por otra parte, es reseñable cómo en España los poderes políticos están desoyendo la voz de las trabajadoras del sexo e impidiendo que participen como interlocutoras válidas en la elaboración de las legislaciones que les atañen (Arella et al. 2007). En este sentido, dos de las PDEP entrevistadas resaltaron cómo habían sido ignoradas cuando habían intentado iniciar diálogos con representantes políticos, concretamente se refirieron a miembros del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) a nivel regional y estatal.

“Incluso en estas elecciones [elecciones generales de España del 28 de abril de 2019] por más que se insistió en que nos invitaran a los debates, el gobierno se declaró abolicionista, pero sin nunca consultar a las trabajadoras sexuales. Está claro que no estamos dentro de la agenda, ni del feminismo, ni de la política” (Trabajadora sexual mexicana, TS.3)

Por otro lado, los/as profesionales del tercer sector manifestaron que por lo que se sienten más violentadas las mujeres que captan a la clientela en la calle es por la ordenanza para luchar contra la prostitución del municipio de Murcia y por la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana. Aunque mediante la ordenanza se aduce perseguir la igualdad, se está produciendo un aumento de las desigualdades entre las trabajadoras del sexo que ejercen en la vía pública y el resto de la población.

“Ellas se encuentran en una situación de una continua ansiedad y de tener miedo a salir de su casa (…). A las mujeres les causa mucha desazón, porque ellas temen que esa multa les vaya a perjudicar a la hora de sacar sus papeles de residencia que están en trámite, que los tienen que renovar o que se van a iniciar. Eso las victimiza mucho más, por lo que no se aplica la perspectiva de género de la ordenanza.” (Abogada, PR.6)

4.4     Garantes de la seguridad: multas y persecuciones a la hora de comprar el pan

Los/as profesionales del CATS destacaron que durante los primeros meses de la ordenanza antiprostitución las mujeres que captan a su clientela en el Barrio del Carmen se vieron muy acosadas, ya que son vecinas de la zona conocidas por la policía. A raíz de la ordenanza, los/as agentes comenzaron a poner multas a estas trabajadoras cuando salían a comprar, a recoger a sus hijos/as del colegio o cuando estaban paseando. Además, la policía comenzó a realizar sus labores de paisano, con lo que se les vulnera mucho más, porque ya ni siquiera pueden identificar quién es policía y quién no, lo que hace que todavía tengan más miedo. Asimismo, algunas mujeres no pueden pagar las multas, lo cual hace más difícil su ya delicada situación socioeconómica. Es importante destacar que en el Barrio del Carmen las trabajadoras del sexo no se ocupan en la vía pública, sino que captan a la clientela en la calle y prestan sus servicios en pisos.

“Lo resultante de la ordenanza para luchar contra la prostitución es una angustia vital total, o sea, las repercusiones son bestiales. Y eso es de lo que no se da cuenta la gente, el cómo puede afectar a una persona el hecho de tener miedo a bajar a comprar el pan (…). La policía local multa muchísimas veces sin seguir el texto de la ordenanza. O sea, ya tienen nombre y apellidos de las mujeres. O sea, son cuarenta y pico mujeres que se sabe quiénes son y en cuanto bajan de la casa pues las multan, porque saben que son trabajadoras del sexo, cuando ni siquiera están captando un cliente.” (Coordinador, PR1)

Por otro lado, a lo largo de las entrevistas se compartieron testimonios que relataban abusos sexuales por parte de miembros de la policía que se aprovechaban de su posición de poder, sobre todo ante trabajadoras/es del sexo migrantes en situación administrativa irregular.

“A veces, los policías venían de paisano a la barra y toqueteaban a las chicas, sobre todo a las nuevas. Ellas, como tenían miedo de que las deportaran, se dejaban tocar.” (Trabajadora sexual brasileña, TS.8)

“Cuando llegué a España y empecé a prostituirme había un patrullero que se pasaba por la zona dónde yo captaba la clientela. En esa época yo no tenía los papeles y los policías me decían que si no me iba con ellos y se la chupaba me iban a llevar al calabozo (…). Tuve que irme con ellos varias veces en el coche y hacerles lo que me pidieran.” (Trabajador sexual ecuatoriano, TS.4)

4.5     Entidades del tercer sector: del empoderamiento al paternalismo

Las personas entrevistadas afirmaron que el juicio por ser trabajadora sexual existe desde el momento en que lo primero que te ofrecen algunas ONG es una alternativa laboral, antes siquiera de escuchar las demandas de la persona a la que están atendiendo. A lo largo del trabajo de campo se pudo constatar que el principal inconveniente de los recursos ofrecidos por algunas entidades es su carácter discriminatorio, ya que tratan a las personas que ejercen la prostitución como ignorantes, vulnerables e indisciplinadas. Como resultado, la movilidad laboral de las PDEP se dificulta por la idea transmitida de que hay que reeducarlas en habilidades básicas antes de que puedan desempeñar otras tareas diferentes a la prostitución (Juliano, 2002). Por tanto, unos recursos de orientación laboral inapropiados, unidos al rechazo social y a la escasez de empleo, provocan que la inclusión de las PDEP en el mercado laboral reglado de la Región de Murcia se convierta en un objetivo realmente complejo. Así, por ejemplo, una de las trabajadoras sexuales entrevistadas (TS.1) se mostró disgustada tras acudir a Cáritas y preguntar por proyectos dirigidos a trabajadoras sexuales. El motivo fue que le mostraron un programa en el que se les enseñaba a las PDEP a actividades tan elementales como el lavado de la ropa. A pesar de que existen personas que necesitan de este tipo de recursos, resulta inapropiado que se oferten al colectivo de trabajadoras sexuales de forma genérica.

“Fui a Cáritas, y la monja que me atendió me estuvo explicando un montón de programas que tenían y, entre ellos, había un programa para prostitutas en el que les enseñaban a lavar la ropa, a planchar, a cuidar de sus hijos y de vez en cuando las llevaban de excursión al museo. Y yo le dije: “bueno, es que el hecho de que sean prostitutas no significa que no sepan hacer todas esas cosas.” (Trabajadora sexual española, TS.1)

Además, trabajadoras del sexo politizadas sienten que incluso desde las ONG pro-derechos muestran reticencias a la hora de que se autoorganicen, debido a que temen que las PDEP logren un empoderamiento tan sublime que ya no las necesiten, lo que podría desembocar en el cierre de estas entidades y en la pérdida de los empleos vinculados.

“Lo que yo siento, todavía, por parte de las asociaciones pro-derechos es que hay un tutelaje. Todavía no hay espacio para que nosotras tomemos nuestras propias decisiones o nos organicemos, y que las propias organizaciones nos apoyen al 100% sin cuestionar lo que estamos haciendo.” (Trabajadora sexual mexicana, TS.3)

“Las ONG chupan del bote y eso sí me violenta mucho (…). A mí me parece muy fuerte que la gente de las asociaciones tenga 14 pagas al año y yo no llegue a fin de mes.” (Trabajadora sexual mexicana, TS.3).

4.6     “Toda mujer tiene derecho a decidir, mientras no decida ser prostituta”. Feminismos y negación de la capacidad de agencia

Dentro de los feminismos la prostitución se entiende de diversos modos, dando lugar a que unos sectores batallen junto a las trabajadoras del sexo por la conquista de sus derechos, mientras que otros defienden una postura abolicionista/prohibicionista de la prostitución violentando, en ocasiones, al colectivo de mujeres al que afirman proteger. Durante las entrevistas, algunas de las trabajadoras del sexo participantes expresaron que sienten que desde el feminismo más institucionalizado solo hablan de los efectos del patriarcado y el capitalismo en su profesión, como si en las demás no estuviera presente.

“Estar trabajando, como yo, 25 horas a la semana en un restaurante por 500 euros no es ser una esclava del patriarcado ni del capitalismo, ¿verdad?” (Trabajadora sexual española, TS.9)

Por otra parte, en debates y conferencias sobre prostitución se ha producido la negación de los discursos de activistas pro-derechos, debido a que no encajan en el molde del discurso demonizador de la industria del sexo propio del feminismo abolicionista. Asimismo, entidades pro-derechos como el CATS han sido tildadas de proxenetas, mientras que las trabajadoras del sexo politizadas han sido tachadas de malas mujeres al no aceptar el estatus de víctima. El resultado es que muchas PDEP sientan un profundo malestar a la hora de participar en eventos relacionados con los feminismos, como le ocurrió a TS.6 cuando participó en la manifestación del Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo del año 2019.

“Cuando yo fui a la manifestación del 8M fui asustadísima, fui con una máscara porque me di cuenta de que la necesitaba (…). Además, yo me sentía muy violentada porque yo no sabía qué personas y qué sector del 8M era el que me apoyaba (…). Hay un colectivo de mujeres, además inmenso, que tiene unos mensajes de odio que lo único que hacen es asustarte de verdad. Yo tenía un montón de miedo en el 8M.” (Trabajadora sexual peruana, TS.6)

4.7     El empresariado de la industria del sexo: el summum de la vulneración de derechos

En el análisis de los datos extraídos se ha mostrado cómo en los clubes de la Región de Murcia se vulneran múltiples derechos laborales: las jornadas de trabajo suelen ser de más de 12 horas; no disponen de vacaciones ni de días libres; el porcentaje de la ganancia en la venta de las copas es cada vez más bajo; los/as empresarios/as dan de alta a las trabajadoras como camareras, pero ellas tienen que pagarse la seguridad social, etc. Por otro lado, las PDEP afirman que el mayor abuso que se comete en los pisos de contactos es que se llevan porcentajes muy altos de su trabajo: al menos del 50%. Además, los empresarios/as de la industria del sexo, en ocasiones, intentan imponer prácticas sexuales y formas de trabajar con las que las PDEP no están de acuerdo.

“Ha habido sitios en los que me han echado del trabajo por no complacer al cliente 100% como los jefes querían que lo hiciera. Me dejaron dinero sin pagar e intentaban imponerme prácticas como sexo sin condón o sexo anal, pero mis apetencias van primero.” (Trabajadora sexual brasileña, TS.8).

4.8     La clientela: dar poco y pedir mucho

Durante el trabajo de campo todas las PDEP se quejaron de que algunos de sus clientes no respetan su trabajo, e intentan regatearles las tarifas para disfrutar de extensos servicios (con todo tipo de prácticas) por muy poco dinero. Por otro lado, tampoco se sienten respetadas cuando clientes con los que acuerdan un servicio no acuden a la cita y no llaman para cancelarla (situación que se torna muy habitual). En este sentido, una de las trabajadoras entrevistadas, aunque piensa que la prostitución es un buen trabajo para ella porque le permite conciliar con su faceta de madre y esposa, en varias ocasiones destacó la falta de consideración de los clientes.

“Igual que todo trabajo, tiene unos costes y unos beneficios, y ellos se piensan que solo tenemos beneficios. No lo paran a pensar y, a veces, solo te ven como un objeto al que follar.” (Trabajadora sexual española, TS.2).

Asimismo, existe un sector minoritario de clientes que abusa sexualmente de las PDEP o intenta chantajearlas para recibir servicios gratis. Cómo comentan desde el CATS, estos comportamientos violentos pueden afectar gravemente en a la salud física y psicológica.

“Hay un sector de clientes que no trata bien a las trabajadoras sexuales y hay algunas a las que le afecta en su propia autoestima. Hablando de violencias y de clientes… estaba pensando en los clientes que se rompen el preservativo. Que por cierto salió hace poco una sentencia en la que, efectivamente, se considera abuso sexual el romper un preservativo o quitarlo cuando se ha acordado una práctica sexual con preservativo (…). Las chicas me cuentan que les pasa, aunque no frecuentemente.” (Ginecóloga, PR.2).

Otra violencia que mencionaron algunas de las personas entrevistadas se refiere a los clientes que acuden a solicitar los servicios de las trabajadoras del sexo con falta de higiene, ya que piensan que por el hecho de pagar todo está permitido.

“Como van a pagar vienen todo mugrosos después de estar todo el día trabajando. Como van a pagar su mierda de 15 o 20 euros vienen todo cochinos a que les chupes la polla.” (Trabajadora sexual ecuatoriana, TS.5).

4.9     Profesionales de los medios de comunicación y de la academia: a la caza del morbo

Los medios de comunicación y las investigaciones académicas, en algunos casos, avivan el estigma asociado a la prostitución, ya que suelen mostrar a PDEP que presentan características como el consumo de drogas, enfermedades de transmisión sexual, problemas de salud mental o conductas delictivas. Durante los encuentros, las PDEP y los profesionales del CATS aludieron a la importancia que los medios de comunicación tienen en la construcción de las imágenes sesgadas sobre las PDEP. Destacan que existe la necesidad de desactivar la carga estigmatizadora que se da en el tratamiento sensacionalista del trabajo sexual, porque se tiende a mostrar una imagen de las/os prostitutas/os asociada con la delincuencia, la drogadicción y la desviación. Asimismo, las PDEP entrevistadas se sienten ignoradas en el desarrollo de investigaciones y debates que tienen que ver con su trabajo.

“Que escuchen a las mujeres trabajadoras. Que nos escuchen. Solo pedimos eso. Que si quieren hacer algún estudio que nadie hable por nosotras. No necesitamos que nadie hable por nosotras. Si hacen algún estudio que nos tomen en cuenta.” (Trabajadora sexual ecuatoriana, TS.5).

4.10          Otros/as responsables, otras violencias

“Yo procuro que lo que hago con una mano no se entere la otra mano. Me da mucha vergüenza y mucho respeto porque tengo familia (…). Si se entera mi familia me quitan hasta el apellido.” (Trabajadora sexual española, TS.7).

En el caso de TS.7, en principio, no podríamos hablar de violencia intrafamiliar que se haya materializado, pero sí de una anticipación al rechazo, lo que desemboca en una profunda autovigilancia y estrés. Esta trabajadora vivía ejercer la prostitución con gran angustia, y destacaba que para ella era una actividad temporal que solo realizaba cuando se encontraba en fuertes apuros económicos. También, se dan situaciones de ocultamiento a parejas y exparejas, sobre todo si hay hijos/as por medio. Y es que el hecho de ejercer la prostitución en manos de padres maltratadores puede utilizarse como chantaje y como una amenaza para la retirada de custodia.

“A partir de que mi exmarido empezó a sospechar que era prostituta fue un acoso constante y a perpetuidad. Tía, no he pasado mayor ansiedad en mi vida, al verle la cara y pensar que iba a agredirme.” (Trabajadora sexual peruana, TS.6).

Habría que mencionar, además, testimonios de PDEP que debido a su trabajo han tenido problemas de convivencia con compañeras/os de piso y con vecinos/os. Personas con los/as que mantenían una buena relación hasta que salió a la luz que se dedicaban a la prostitución.

“Una vez estuve en un piso de alquiler en el que me pusieron hasta cámaras de vigilancia en el pasillo para ver si entraban clientes a mi casa. Tuve enfrentamientos muy grandes con mis vecinos y con mi casero porque estaban vulnerando mi privacidad (…). Yo no entendía tanto revuelo, porque yo sobre todo trabajaba en la calle y a mi piso solo entraban unos pocos clientes de confianza.” (Trabajadora sexual ecuatoriana, TS.5). Como hemos podido comprobar a lo largo de estos diez sub apartados la violencia hacia las PDEP está caracterizada por su complejidad, tanto a nivel de la naturaleza de las agresiones (físicas, psicológicas, sexuales…), como de las/os agentes sociales responsables (cuerpos de seguridad estatal, trabajadoras/es sociales, periodistas…), lo que inserta a las PDEP en un clima de inseguridad ya que, por el hecho de ejercer la prostitución, en ocasiones, no se sienten respaldadas ni por sus redes sociales más íntimas.

 

5          Conclusiones

En el presente estudio el objetivo fundamental ha consistido en visibilizar a los colectivos que ejercen violencias hacia las PDEP, con el fin de situar el foco en las personas estigmatizadoras y responsables de las agresiones, y no tanto en el colectivo estigmatizado: las personas que trabajan en la prostitución. Para ello, se ha abordado desde la violencia física y sexual a la relacionada con la vulneración de derechos humanos, pasando por la vinculada al despojo de la capacidad de agencia mediante la victimización de las PDEP. Como se mencionó con anterioridad, la hipótesis de partida es que las condiciones laborales, la salud y las relaciones interpersonales de las PDEP están determinadas por la articulación de una cadena de violencias ejercidas por diferentes agentes sociales. Dicha hipótesis se ha confirmado, ya que las múltiples violencias abordadas a lo largo del texto no resultan inocuas. El resultado es la exclusión, una forma de violencia estructural que se deriva de las circunstancias del sistema; se trata de un recorrido social a través del cual las personas pierden progresivamente los vínculos que les unen con la sociedad. En este proceso existen factores desencadenantes que se acumulan, y combinan desventajas en los diferentes ámbitos de la vida de las PDEP (Tezanos, 1999).

Por otra parte, la principal violencia que perjudica a las PDEP y que supone el caldo de cultivo de gran parte de las restantes formas de violencia es el estigma de puta4. El rechazo social fruto del estigma se materializa en que algunos/as miembros de los cuerpos de seguridad del estado comentan abusos de poder; en que referentes feministas difamen y silencien a las PDEP; en que las ONG sientan que pueden llevar las riendas de la vida de las PDEP, a las que consideran víctimas carentes de autodeterminación; o en que la academia y los medios de comunicación busquen acumular audiencias y logros a partir del sensacionalismo con el que abordan las vidas y las realidades de las personas que ejercen la prostitución. Para sintetizar los resultados fruto del análisis de las entrevistas podemos observar la tabla 5: una herramienta analítica que identifica el estigma como eje vertebrador de las violencias, así como a los actores y a las actrices que las protagonizan.

En cuanto a las limitaciones de este estudio, destacaría que la accesibilidad al colectivo de trabajadoras/es del sexo que ejercen o han ejercido en la Región de Murcia ha sido compleja debido a la movilidad del colectivo y a la clandestinidad en la que muchas/os ejercen su trabajo. Por ende, la muestra de personas entrevistadas no es representativa y los resultados obtenidos no pretenden ser generalizables. No obstante, se considera que esta aproximación a las violencias que sufren las PDEP puede servir como punto de partida para realizar investigaciones más profundas en el territorio murciano, y para desarrollar estrategias en dos sentidos: en primer lugar, para prevenir las violencias mediante la realización de intervenciones con los actores y actrices que las ejercen y, en segundo lugar, para el diseño de programas destinados a apoyar a las PDEP que lo necesiten en el afrontamiento de estas agresiones.