Confesiones de una ex SWERF

 

Taryn De Vere

 

29 de marzo de 2017

 

https://medium.com/@taryndevere/confessions-of-a-former-swerf-be0892f0fd30

Ok, puede que no fuera del todo una SWERF, ya que no quería quitar derechos a las trabajadoras del sexo, pero yo pensaba que el trabajo sexual era explotador y un resultado directo de siglos de patriarcado. Pensaba que cualquier persona que intentara comprar sexo de otra persona debía ser criminalizada, porque yo ingenuamente creía que eso acabaría con la demanda. También pensaba que todo el mundo que trabajaba en la industria estaba allí bajo coacción. Y todas estas suposiciones estaban basadas en una ignorancia completa y absoluta.

Desde entonces he tenido la suerte de conocer a mucha gente que trabaja en la industria del trabajo sexual (la mayoría de ellas mujeres). ¡Cómo me ha abierto eso los ojos! He visto destrozadas muchas de mis ideas e ilusiones. Una de mis amigas se vio obligada a trabajar en el sexo cuando era una adolescente y su experiencia fue horrible. Pero aparte de esa amiga —y yo diría que ella fue víctima de esclavitud sexual, no una trabajadora sexual— todas las otras mujeres que conozco que son trabajadoras sexuales han elegido su línea de trabajo.

Para algunas mujeres la elección es financiera. A otras mujeres lo único que les pasa es que les gusta jodidamente (disculpen el juego de palabras). Algunas mujeres que conozco encuentran que el trabajo sexual es un trabajo enormemente gratificante y agradable. ¡Lo sé! ¿No es asombroso? Yo también me sorprendí cuando me di cuenta de que no todo el mundo es como yo! (Estoy siendo sarcástica, por supuesto, pero sobre todo hacia mi antiguo yo).

Reunirme con trabajadoras sexuales y ex trabajadoras del sexo y escucharlas me abrió los ojos sobre por qué la gente trabaja en el trabajo sexual, y cómo la gente se siente al respecto, pero ¿qué pasa con el patriarcado? ¿Cómo reconciliar la venta del cuerpo femenino siguiendo siglos de degradación, sexualización y explotación de género? Como actualmente vivimos en un mundo patriarcal, es casi imposible saber si el trabajo sexual todavía existiría si viviéramos en un mundo equitativo, o incluso en un mundo que no fuera tan dependiente de la vergüenza, el miedo y el secreto. Tengo la sensación de que incluso si la sociedad fuera equitativa en todos los sentidos y no hubiera miedo o vergüenza en torno al sexo, todavía habría personas que querrían ser trabajadoras sexuales. Estoy basando este sentimiento en la sensación genuina de alegría y satisfacción que algunas trabajadoras sexuales dicen que obtienen de su trabajo y porque la mayoría de las mujeres que conozco que son trabajadoras sexuales me dicen que están contentas con el trabajo que han elegido.

Nunca olvidaré la pregunta que hice a una trabajadora sexual (que ahora se ha convertido en una amiga) cuando la conocí por primera vez:

    “¿Estás diciendo que algunas personas eligen activamente el trabajo sexual?”

“Sí”, dijo ella.

“Pero ¿algunas mujeres no lo hacen porque no pueden permitirse no hacerlo?”, le pregunté.

“Sí. Hay gente a la que no les gusta su trabajo, no importa qué trabajo estén haciendo, como hay limpiadoras que no quieren ser limpiadoras, pero que son forzadas por la pobreza “, dijo.     “Sólo porque usamos otras partes de nuestro cuerpo para hacer nuestro trabajo, ¿significa que no debemos tener los mismos derechos y la misma seguridad que tú?”

No pude rebatir eso. Y ese fue el final de mi SWERFenismo.

Sé que muchas mujeres son anti trabajo sexual y para mí estas personas son muy parecidas a las antielección. Desean negar a las mujeres su propia autonomía y experiencias y muestran poco interés en abordar los temas centrales que hacen que algunas mujeres asuman el trabajo sexual, tales como pobreza, elevadas tasas universitarias o costos de cuidado infantil. ¿Por qué las SWERFs no luchan duro para acabar con la pobreza, para proporcionar más apoyos a las madres solas o para bajar los costes universitarios? ¿Por qué en su lugar atacan a las mujeres que — como el resto de nosotras— sólo están tratando de ganarse la vida? Sé de mujeres que no elegirían el trabajo sexual si tuvieran suficiente seguridad financiera, pero como no la tienen, el trabajo sexual es la opción que han elegido para llevar la comida a la mesa. Y por supuesto están las mujeres que quieren ser trabajadoras sexuales y disfrutan siéndolo. ¿Por qué estas mujeres deben ser criminalizadas, estigmatizadas y negadas, sólo por el tipo de trabajo que han elegido hacer (y sin importar por qué lo han elegido)?

Hay una paradoja esencial en ser una SWERF: ¿cómo puedes realmente ser una feminista si no escuchas y crees en las experiencias de otras mujeres? ¿Cómo puedes adoptar una visión tan paternalista de las trabajadoras del sexo y pensar que sabes lo que es mejor para ellas, incluso cuando están claramente diciendo lo contrario? Mis propios puntos de vista de SWERF vinieron de la ignorancia y de una clase condescendiente de ambiente de cruzada moral: “sé lo que es lo mejor para vosotras, mujeres caídas. Vamos y os ayudaremos a salir de vuestra terrible vida”. Nunca dije eso o lo pensé, pero estaba en la raíz de las creencias que tenía sobre el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales. Me estremece pensarlo ahora: qué condescendiente, qué arrogante, qué ofensivo. Estoy expiando públicamente por mis anteriores y espantosas maneras de SWERF y esperando que al hacerlo pueda llegar a algunas personas que están abiertas a nuevas ideas sobre las trabajadoras del sexo.

Había un montón de voces de SWERF encantadas por la implantación del modelo sueco/nórdico en Irlanda. Y, sin embargo, este modelo no ha reducido la venta de sexo en Suecia y sólo lo ha hecho más peligroso para las trabajadoras sexuales, por lo que se plantea la pregunta ¿a quién está sirviendo y por qué se sentiría nadie feliz por su implantación? Las SWERFs parecen felices de ignorar la evidencia y la investigación que muestran las muchas fallas peligrosas del modelo sueco/nórdico. He argumentado anteriormente que las SWERFs deberían ser llamadas SWERs, ya que no puedo encontrar ningún rastro de feminismo en un dogma que elimina las voces y la autonomía de las mujeres objeto de discusión y que son las más afectadas. Nuestras hermanas trabajadoras del sexo no deben ser arrojadas bajo el autobús por el bien de unos pocos moralizantes.

 

Me encantaría saber cómo las SWERFs reconcilian su “feminismo” con creencias que están perjudicando y en algunos casos matando mujeres. Tal vez, como me pasaba a mí, la mayoría de las SWERF nunca han conocido a una trabajadora del sexo o han pensado mucho en lo peligrosas e hirientes que son sus ideas. Espero que algunas de vosotras consideréis uniros a mí para apoyar los derechos de todas las mujeres, independientemente de la profesión que hayan elegido para sí.

 

 

  • Una nota sobre la trata: La trata y el trabajo sexual son discutidos a menudo juntos como si las dos cosas fueran lo mismo, pero las trabajadoras sexuales consensuales no son lo mismo que alguien forzado a la esclavitud sexual. No conozco a nadie que piense que la trata de seres humanos está bien. Y ninguna trabajadora sexual que conozca quiere obligar a nadie a trabajar en el trabajo sexual contra su voluntad. El consentimiento es clave en el trabajo sexual (y en el sexo). Luchar por la despenalización del trabajo sexual y la seguridad de las trabajadoras sexuales no es una victoria para los traficantes. Se sale un poco de los límites de este artículo el tema, pero podéis encontrar un gran trabajo sobre los problemas con el modelo nórdico vinculándolo a la trata aquí (1) y la diferencia fundamental entre el trabajo sexual y el tráfico humano explicada maravillosamente aquí (2).

 

Quiero reconocer y agradecer a todas las mujeres que han dado tanto de su tiempo y su energía a enseñarme a mí y a otros acerca del trabajo sexual, (con un agradecimiento especial a Lucy Smith de Ugly Mugs que es una Shero total).

 

 

 

 

1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2017/02/14/asi-que-no-quieres-creer-a-amnistia-internacional-pues-mira-esto/

 

2.- http://thoughtsonliberty.com/stop-using-the-terms-sex-trafficking-and-sex-work-interchangeably

Trabajadoras sexuales en Ciudad de México, una lucha contra la represión

 

DÍA MUJER MÉXICO (Crónica)

07/03/2017

Paula Ericsson

http://www.lavanguardia.com/vida/20170307/42607303356/trabajadoras-sexuales-en-ciudad-de-mexico-una-lucha-contra-la-represion.html

 

México, 7 mar (EFE).- “Damaris” tiene 26 años, abundante melena negra y ojos oscuros de mirada segura e inquisitiva; es madre soltera y ejerce desde hace cuatro años como trabajadora sexual en Ciudad de México, luchando día a día contra la discriminación y el acoso policial. “Pedimos que no se nos juzgue”, declara.

“La persecución policial es horrible. Te dicen que eres una puta y eres de lo peor y casi te tratan como animal. Te dicen ‘Si quieres negociar tu libertad, ¿cómo nos arreglamos? Dices que no traes dinero, ¿pues cuánto cobras tú en La Merced? ¿Traes condones? ¿Y cuánto el oral? ¿Y sin condón?'”, relata a Efe Damaris, que no es su verdadero nombre.

Después de que a 19 sexoservidoras se les denegara una credencial de trabajadoras no asalariadas que solicitaron al gobierno local o en 2007, la titular del Juzgado Primero de Distrito en Materia Administrativa en el Distrito Federal, Paula García, ordenó a la Secretaría del Trabajo en 2014 concedeérselas.

Sin embargo, el artículo 189 del Código Penal de la capital mexicana sanciona con prisión de dos a 10 años y multas a quien “explote el cuerpo de una persona por medio del comercio sexual”, “induzca a una persona para que comercie sexualmente su cuerpo con otra o le facilite” o “sostenga lugares de concurrencia dedicados a explotar la prostitución”.

“Un cliente no ocasiona que haya trata de personas. Si criminalizan a los clientes, van a hacer la trata aun más clandestina”, afirmó a Efe Elvira Madrid, una de las dirigentes de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez.

A partir del fallo judicial, la juez García ordenó la supresión del Artículo 24 VII de la Ley de Cultura Cívica de la capital, que considera falta administrativa “invitar a la prostitución o ejercerla, así como solicitar dicho servicio” y denunció que el Gobierno local fracasó “porque no da alternativas reales” a este trabajo, recordó Madrid. Hasta ahora, dicho artículo sigue en vigor.

Madrid explicó que desde los inicios de la Brigada, fundada hace 28 años y que en 2016 atendió a 7.500 trabajadores sexuales, ya había mujeres obligadas a ejercer la prostitución, pero subrayó que la mayoría que se dedican a este trabajo lo hacen voluntariamente.

Para la activista, la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Persona, promulgada en 2012 y que equipara la prostitución a la explotación, así como la clausura de zonas de tolerancia (en las que se permite el ejercicio del sexoservicio) llevaron a las mujeres “a lugares más inseguros, porque las chicas no dejan de trabajar”.

Frente a esta ambigüedad legal, una de las consecuencias más oscuras para este sector es la persecución policial, ya que los cuerpos de seguridad pueden llegar a abusar de ellas.

Para “La Suspiros”, natural del estado de Michoacán, de 50 años, que ejerció durante 30 años en la capital mexicana y que actualmente es ama de casa, uno de sus recuerdos más dolorosos se refiere a los abusos sexuales de los granaderos (policías antidisturbios).

“Yo recuerdo que cuando estaba chava pasaba una camioneta de granaderos, unos 12. Siempre pasaban por donde yo trabajaba y todos tenían sexo conmigo sin pagarme. Me decían ‘Si no, te vamos a encerrar porque andas moneando (drogando)'”, contó esta mujer que logró dejar las drogas tras muchos años de adicción.

Pese a los abusos que sufren por ser mujeres y trabajadoras sexuales, las propias autoridades las menosprecian y en algunas ocasiones rechazan sus denuncias, como es el caso de “La Suspiros”, quien intentó reportar las violaciones que sufrió, sin éxito.

“La ignorancia rebasa límites y muchas veces no saben lo que uno pasa o lo que uno vive; por eso no se puede juzgar. Pedimos que no se nos juzgue. No venimos aquí por gusto, sino por necesidad”, lamentó Damaris.

En ese sentido, Madrid aseguró que las trabajadoras sexuales casi generan el 2 % del Productor Interno Bruto de México, y que pese a que hay víctimas de trata, “hay gente que vive día a día para poder sobrevivir” y pidió que “no vean a la trabajadora sexual como un objeto, sino como una mujer que sobrevive y que lucha”.

Frente a las desigualdades que sufren las mujeres, Damaris pidió que “le echemos ganas, porque todas somos fuertes” y, en el caso de las trabajadoras sexuales, señaló que “es muy difícil pero todas las que lo hemos vivido somos guerreras”. EFE

 

Bill y Melinda Gates elogian la fortaleza de las trabajadoras sexuales de la India

 

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14 de febrero de 2017

 

https://www.gatesnotes.com/2017-Annual-Letter?WT.mc_id=02_14_2017_02_AL2017GFO_GF-GFO_&WT.tsrc=GFGFO

 

Melinda: En la actualidad, aproximadamente 75 millones de mujeres participan en grupos de autoayuda en la India. Queremos aumentar ese número. Los grupos se pueden formar para ayudar a las mujeres a obtener préstamos o compartir prácticas de salud, pero después de que las cosas comiencen, las mujeres lo toman en la dirección que quieren ir. ¡Eso es empoderamiento!

 
Bill: Lo más conmovedor que hemos hecho fue ayudar a crear grupos comunitarios en la India donde las trabajadoras sexuales tenían un lugar donde ir y hablar sobre la prevención del VIH. Lo hicimos para que pudieran ayudarse mutuamente a insistir en el uso del condón por parte de sus clientes. Pero nuestra visión era demasiado estrecha. Lo que hicieron los grupos desde el punto de vista humano por esas mujeres fue fenomenal, independiente de la prevención del VIH.

 
Melinda: Una de las primeras cosas que los grupos hicieron fue aliviar el estigma. Estas mujeres eran excluidas por todos menos entre ellas mismas, y suavizar el estigma comenzó la curación. Es por eso que cuando Bill me dijo hace unos años que había programado una reunión con un grupo de prostitutas, estuve orgullosa de él. Yo habría hecho lo mismo. Nunca imaginé, como una niña de escuela católica que creció en la conservadora Dallas, Texas, que alguna vez tendría una reunión con las trabajadoras del sexo y llegaría a admirarlas. Pero lo hice.

 

Bill: Warren, si Melinda y yo pudiéramos llevarte a cualquier parte del mundo para que pudieras ver tu inversión funcionando, probablemente te llevaríamos a conocer a las trabajadoras sexuales. Me reuní con un grupo de ellas en Bangalore, y cuando hablaron de sus vidas, me hicieron llorar. Una mujer nos dijo que recurrió al trabajo sexual después de que su marido la dejara: era la única manera de alimentar a sus hijos. Cuando la gente de la comunidad se enteró, forzaron a su hija a abandonar la escuela, lo que hizo que la niña se volviera contra su madre y amenazara con suicidarse.

Esa madre enfrentaba el desprecio de la sociedad, el resentimiento de su hija, los riesgos del trabajo sexual y la humillación de ir al hospital a hacerse la prueba del VIH y descubrir que nadie la miraba, la tocaba o le hablaba. Sin embargo, allí estaba ella, contándome su historia con dignidad. Las mujeres que surgieron como líderes en esa comunidad fueron duras como el infierno, y todas las mujeres se beneficiaron de eso.

 
Melinda: Estas comunidades amplían su misión para satisfacer las necesidades de sus miembros. Lo hacen todo una para otra. Establecieron redes de marcación rápida para responder a ataques violentos. Establecen sistemas para fomentar el ahorro. Usan servicios financieros que ayudan a algunas de ellas a iniciar nuevos negocios y salir del trabajo sexual.

 
Bill: Hay grandes beneficios que provienen de que estas mujeres se reúnan y se apoyen mutuamente. Y el propósito original de prevenir el VIH fue un éxito fenomenal. Está bien documentado que la decisión de las trabajadoras sexuales de la India de insistir en el uso del condón por parte sus clientes evitó que el VIH penetrara en la población general. El empoderamiento de estas mujeres benefició a todos.

Sobre la “Visión Guía” de la Marcha de Mujeres y la inclusión en la misma de las trabajadoras sexuales

 

Por Janet Mock

 

17 de enero de 2017

 

http://janetmock.tumblr.com/post/156017232338/womens-march-sex-worker-inclusion

 

 
12002879_10153679845561522_1277412846731015915_nMe siento orgullosa del trabajo que he realizado como parte de la mesa de políticas de la Marcha de Mujeres (un grupo de mujeres y gente comprometida en el trabajo crucial de la justicia feminista, racial y social a través de varias intersecciones en nuestro país). Ayudé a redactar la visión y escribí la línea “… y nos solidarizamos con los movimientos de derechos de las trabajadoras sexuales”. No es una declaración que me sea polémica porque como una mujer trans de color que creció en comunidades de bajos ingresos y que defiende, resiste, sueña y escribe junto a estas comunidades, sé que las economías subterráneas son partes esenciales de la realidad vivida de la mujer y la gente. Sé que el trabajo sexual es trabajo. No es algo sobre lo que tenga que andar de puntillas. No es una declaración radical. Es un hecho. Mi trabajo y mi feminismo rechazan la política de la respetabilidad, la putofobia, la vergüenza de puta y la idea errónea de que las trabajadoras sexuales o las personas que participan en los intercambios sexuales por elección o circunstancia necesitan ser salvadas, que están en colusión con el patriarcado “vendiendo sus cuerpos”. Rechazo el borrado continuo de las trabajadoras sexuales de nuestros feminismos porque seguimos combinando el trabajo sexual con la brutal realidad de la coacción y la trata. Rechazo la vigilancia dentro y fuera de los movimientos de mujeres que avergüenza, convierte en chivos expiatorios, rechaza, borra y elude a las trabajadoras sexuales. No puedo hablar de los conflictos internos en la Marcha de Mujeres que han llevado a borrar la línea que escribí para nuestra visión colectiva, pero me han asegurado que la línea permanecerá en NUESTRO documento. Los conflictos que pudieron haber llevado a su edición temporal no desaparecerán hasta que, como feministas, respetemos los derechos de cada mujer y persona a hacer lo que quieran con su cuerpo y sus vidas. No seremos libres hasta que las más marginadas, más policiadas, más ridiculizadas, rechazadas y juzgadas dejen de estarlo. No hay personas desechables, y espero que todas las trabajadoras sexuales que se hayan sentido avergonzadas por este borrado momentáneo se manifiesten en su marcha local y mantengan al colectivo responsable ante nuestras vastas, diversas y complicadas realidades.

 

 

MARCHA DE MUJERES SOBRE WASHINGTON: Visión guía y definición de principios

http://bit.ly/2jgAc3N

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DESCRIPCIÓN GENERAL Y FINALIDAD

La Marcha de Mujeres sobre Washington es un movimiento liderado por mujeres que reúne a personas de todos los géneros, edades, razas, culturas, afiliaciones políticas y antecedentes en la capital de nuestra nación el 21 de enero de 2017 para afirmar nuestra humanidad compartida y pronunciar nuestro valiente mensaje de resistencia y autodeterminación.

Reconociendo que las mujeres tienen identidades que se cruzan y por lo tanto son impactadas por una multitud de temas de justicia social y derechos humanos, hemos esbozado una visión representativa de un gobierno que se base en los principios de libertad y justicia para todos. Como dijo el Dr. King, “No podemos caminar solos. Y mientras caminamos, debemos hacer el compromiso de que siempre marcharemos adelante. No podemos volver atrás.

Nuestra liberación está unida entre nosotras. La Marcha de Mujeres sobre Washington incluye líderes de organizaciones y comunidades que han estado construyendo las bases para el progreso social por generaciones. Damos la bienvenida a la vibrante colaboración y honramos el legado de los movimientos que nos han precedido —las sufragistas y abolicionistas, el Movimiento por los Derechos Civiles, el Movimiento Feminista, el Movimiento Indígena Americano, Ocupar Wall Street, Igualdad Matrimonial, Black Lives Matter y otros—empleando una estructura descentralizada con un liderazgo completo, y centrándonos en una agenda ambiciosa, fundamental y global.

#WHYWEMWEMARCH

Estamos legitimados por las legiones de líderes revolucionarios que allanaron el camino para marchar y reconocemos a aquellos alrededor del mundo que luchan por nuestras libertades. Honramos a estas mujeres y muchas más. Son #WHYWEMARCH.

Bella Abzug • Corazon Aquino • Ella Baker • Grace Lee Boggs

Berta Cáceres • Rachel Carson • Shirley Chisholm

Angela Davis • Griffin Gracy • LaDonna Harris

Dorothy I. Height • bell hooks • Dolores Huerta • Marsha P. Johnson

Barbara Jordan • Yuri Kochiyama • Winona LaDuke

Audre Lorde • Wilma Mankiller • Diane Nash • Sylvia Rivera

Barbara Smith • Gloria Steinem • Hannah G. Solomon

Harriet Tubman • Edith Windsor • Malala Yousafzai

VALORES Y PRINCIPIOS

  • Creemos que los Derechos de la Mujer son Derechos Humanos y Derechos Humanos son Derechos de la Mujer. Este es el principio básico y original del cual surgen todos nuestros valores.
  • Creemos que Justicia de Género es Justicia Racial es Justicia Económica. Debemos crear una sociedad en la que las mujeres, en particular las mujeres, en particular las negras, las nativas, las pobres, las inmigrantes, las musulmanas y las mujeres queer y trans, sean libres y puedan cuidar a sus familias, cualquiera que sea su forma, en ambientes seguros y saludables libres de impedimentos estructurales.
  • Las mujeres merecen vivir una vida plena y saludable, libre de violencia contra nuestros cuerpos. Una de cada tres mujeres ha sido víctima de alguna forma de violencia física por parte de una pareja íntima durante su vida; y una de cada cinco mujeres ha sido violada. Además, cada año, miles de mujeres y niñas, en particular las negras, las indígenas y las mujeres y niñas transgénero, son secuestradas, traficadas o asesinadas. Honramos la vida de aquellas mujeres que fueron llevadas antes de tiempo y afirmamos que trabajamos por un día en que se eliminan todas las formas de violencia contra las mujeres.
  • Creemos en la rendición de cuentas y en la justicia por la brutalidad policial y la eliminación del perfil racial y la selección de comunidades de color. Las mujeres de color son asesinadas en custodia policial a tasas más altas que las mujeres blancas y son más propensas a ser agredidas sexualmente por la policía. También pedimos el fin inmediato de armar a la policía con armas de grado militar y tácticas militares que están causando estragos en las comunidades de color. Ninguna mujer o madre debe tener que temer que sus seres queridos sean dañados a manos de quienes armamos para que los protejan.
  • Creemos que es nuestro imperativo moral desmantelar las desigualdades de género y raciales dentro del sistema de justicia penal. La tasa de encarcelamiento ha crecido más rápido para las mujeres que para los hombres, aumentando en un 700% desde 1980 y la mayoría de las mujeres en prisión tienen un hijo menor de 18 años. Las mujeres encarceladas también enfrentan una alta tasa de violencia y agresión sexual. Nos comprometemos a garantizar el acceso a una programación que tenga en cuenta las cuestiones de género y una atención sanitaria específica, incluido el tratamiento del abuso de sustancias, y los servicios de salud mental y materna para las mujeres encarceladas. Creemos en la promesa de justicia restaurativa y alternativas al encarcelamiento. También estamos comprometidos a interrumpir el oleoducto de la escuela a la prisión que prioriza el encarcelamiento sobre la educación al canalizar sistemáticamente a nuestros niños —particularmente a los niños de color, los jóvenes queer y trans, los niños de crianza temporal y las niñas— al sistema de justicia.
  • Creemos en la Libertad Reproductiva. No aceptamos retrocesos, cortes o restricciones federales, estatales o locales sobre nuestra capacidad de acceder a servicios de salud reproductiva de calidad, control de la natalidad, atención y prevención del VIH / SIDA, o educación sobre sexualidad adecuada médicamente. Esto significa acceso abierto a un aborto seguro, legal y asequible y control de la natalidad para todas las personas, independientemente de sus ingresos, ubicación o educación. Entendemos que sólo podemos tener justicia reproductiva cuando la atención de la salud reproductiva sea accesible a todas las personas independientemente de su ingreso, ubicación o educación.
  • Creemos en la Justicia de Género. Debemos tener el poder de controlar nuestros cuerpos y estar libres de las normas, expectativas y estereotipos de género. Debemos liberarnos a nosotras mismas y a nuestra sociedad de la institución de otorgar poder, agencia y recursos desproporcionadamente a la masculinidad, con exclusión de otros.
  • Declaramos firmemente que los Derechos de LGBTQIA son Derechos Humanos y que nuestra obligación es elevar, expandir y proteger los derechos de nuestros hermanos y hermanas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros o de género no conforme. Esto incluye el acceso a servicios de salud integral, sin excepciones ni limitaciones; acceso a cambios de nombre y género en los documentos de identidad; completa protección contra la discriminación; acceso a la educación, empleo, vivienda y prestaciones sociales; y el fin de la violencia policial y estatal.
  • Creemos en una economía impulsada por la transparencia, la rendición de cuentas, la seguridad y la equidad. Creemos que la creación de oportunidades de trabajo que reduzcan la discriminación contra las mujeres y las madres permite que las economías prosperen. Las naciones y las industrias que apoyan e invierten en el cuidado y las protecciones básicas del lugar de trabajo —incluyendo beneficios como el permiso familiar pagado, acceso asequible a cuidado de niños, días de enfermedad, asistencia sanitaria, pago justo, tiempo de vacaciones y ambientes de trabajo saludables— han mostrado crecimiento y mayor capacidad.
  • Creemos en la igualdad de remuneración por el mismo trabajo y el derecho de todas las mujeres a ser pagadas equitativamente. Debemos poner fin a la discriminación de pago y contratación que las mujeres, particularmente las madres, las mujeres de color, las lesbianas, las queer y las mujeres trans siguen enfrentando cada día en nuestra nación. Muchas madres siempre han trabajado y en nuestra fuerza de trabajo moderna; y las mujeres son ahora el 50% de todos los que llevan el pan a la familia. Estamos porque el 82% de las mujeres que se convierten en madres, en particular las madres de color, sean pagadas, juzgadas y tratadas de manera justa. La igualdad de remuneración por un trabajo igual sacará a las familias de la pobreza y aumentará la economía de nuestra nación.
  • Reconocemos que las mujeres de color tienen la carga más pesada en el panorama económico global y doméstico, particularmente en la economía del cuidado. Afirmamos además que todo el trabajo de cuidado —cuidar a los ancianos, cuidar a los enfermos crónicos, cuidar a los niños y apoyar la independencia de las personas con discapacidad— es trabajo y que la carga de la atención recae desproporcionadamente sobre los hombros de las mujeres, en particular mujeres de color. Defendemos los derechos, la dignidad y el trato justo de todas las cuidadoras no remuneradas y pagadas. Debemos reparar y reemplazar las disparidades sistémicas que permean el cuidado en todos los niveles de la sociedad.
  • Creemos que todas las trabajadoras —incluidas las trabajadoras domésticas y las trabajadoras agrícolas— deben tener el derecho de organizarse y luchar por un salario mínimo vital, y que los sindicatos y otras asociaciones sindicales son fundamentales para una economía sana y próspera para todos. Las trabajadoras indocumentadas y migrantes deben ser incluidas en nuestras protecciones laborales, y nos solidarizamos con los movimientos de derechos de las trabajadoras sexuales.
  • Creemos que los Derechos Civiles son nuestro derecho de nacimiento. Nuestro gobierno constitucional establece un marco para proveer y expandir los derechos y las libertades, no restringirlas. Para ello, debemos proteger y restituir todos los derechos consagrados por la Constitución a todos nuestros ciudadanos, incluidos los derechos de voto, la libertad de adorar sin temor a intimidación o hostigamiento, la libertad de expresión y la protección de todos los ciudadanos sin distinción de raza, sexo o edad o discapacidad.
  • Creemos que es hora de una enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. La mayoría de los estadounidenses creen que la Constitución garantiza la igualdad de derechos, pero no es así. La 14 ª Enmienda ha sido socavada por los tribunales y no puede garantizar la equidad real sobre la base de la raza y / o el sexo. Y en una verdadera democracia, el voto de cada ciudadano debe contar igualmente. Todos los estadounidenses merecen garantías de igualdad en la Constitución que no pueden ser eliminadas o ignoradas, reconociendo la realidad de que las desigualdades se cruzan, se interconectan y se superponen.
  • Enraizados en la promesa de la llamada de América a las masas anhelantes de respirar libremente, creemos en los derechos de inmigrantes y refugiados sin importar su estatus o país de origen. Es nuestro deber moral mantener a las familias unidas y capacitar a todos los aspirantes a estadounidenses a participar plenamente en, y contribuir a, nuestra economía y la sociedad. Rechazamos la deportación en masa, la detención familiar, las violaciones del debido proceso y la violencia contra migrantes queer y trans. La reforma migratoria debe establecer un camino a la ciudadanía, y proveer oportunidades iguales y protecciones de trabajo para todos. Reconocemos que el llamado a la acción para amar a nuestro prójimo no se limita a los Estados Unidos, porque hay una crisis migratoria global. Creemos que la migración es un derecho humano y que ningún ser humano es ilegal.
  • Creemos que cada persona y cada comunidad en nuestra nación tiene el derecho a agua limpia, aire limpio y acceso y disfrute de las tierras públicas. Creemos que nuestro medio ambiente y nuestro clima deben ser protegidos y que nuestras tierras y recursos naturales no pueden ser explotados para ganancia o avaricia corporativas , especialmente si se pone en riesgo de la seguridad y salud pública.

ACERCA DE ESTE DOCUMENTO

La visión orientadora y la definición de principios fueron preparadas por un amplio y diverso grupo de líderes. La Marcha de la Mujer sobre Washington agradece a todos las contribuyentes, que figuran y no figuran, por su dedicación en la elaboración de esta agenda.

Monifa Bandele, Vicepresidenta, MomsRising

Zahra Billoo, Consejo de Relaciones Islámicas Estadounidenses – Área de la Bahía de San Francisco

Gaylynn Burroughs, Directora de Política e Investigación, Fundación de la Mayoría Feminista

Melanie L. Campbell, Coordinadora, Mesa Redonda de Mujeres Negras, Presidente y CEO de NCBCP

Sung Yeon Choimorrow, Directora Ejecutiva Interina, Foro Nacional de Mujeres de Asia y el Pacífico

Alida Garcia, Defensora de Derechos y Diversidad de los Inmigrantes

Alicia Garza, Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos

Carol Jenkins, Junta de Directores, Coalición ERA

Dr. Avis Jones-DeWeever, Presidente Incite Unlimited, LLC

Carol Janet Mock, activista y autora de Redefinir la realidad y sobrepasar la certeza

Jessica Neuwirth, Presidenta de la Coalición ERA

Terry O’Neill, Presidenta de la Organización Nacional para la Mujer (NOW)

Carmen Perez, Directora de Proyecto de Trabajo para Familias Trabajadoras, Valores Familiares @ Directora Ejecutiva, Reunión para la Justicia

Jody Rabhan, Directora de Operaciones de Washington, Coordinadora Nacional de Mujeres Judías

Kelley Robinson, Directora Nacional Organizadora de la Federación de Planificación de la Familia

Kristin Rowe-Finkbeiner, Directora Ejecutiva y Fundadora, MomsRising

Linda Sarsour, Fundadora , MPower Change

Heidi L. Sieck, Co-Fundadora / CEO, #VOTEPROCHOICE

Emily Tisch Sussman, Directora de Campaña, Centro de Progreso Americano

Jennifer Tucker, Asesora Principal de Política, Mesa Redonda de Mujeres Negras

Winnie Wong, Activista, Organizadora y Cofundadora, People for Bernie

¿Prostitución, trata o trabajo?

1 septiembre, 2014

Marta Lamas

http://www.nexos.com.mx/?p=22354

 

“Todo lo que nos incomoda nos permite definirnos”.
—Cioran

 

En 1989 empecé una relación de acompañamiento político a unas trabajadoras sexuales de vía pública en la ciudad de México, que después derivó en la realización de una investigación antropológica sobre algunos aspectos de sus vivencias y su organización del trabajo.1 De entonces a la fecha he visto cambios sorprendentes en cómo se habla y discute sobre el comercio sexual. En especial, me impacta que la propuesta de reglamentación del trabajo sexual se ha ido transformando en un alegato a favor de su total erradicación. En estas páginas intento aclarar mi posición, ante la postura de quienes insisten en “abolir” toda forma de comercio sexual, usando como excusa el combate a la trata.

Prostitución es un término que únicamente alude de manera denigratoria a quien vende servicios sexuales, mientras que comercio sexual da cuenta del proceso de compra-venta, que incluye también al cliente. Respecto a esta actividad persisten dos paradigmas: uno es el que considera que la explotación, la denigración y la violencia contra las mujeres son inherentes al comercio sexual y por lo tanto habría que abolir dicha práctica, y otro el que plantea que tal actividad tiene un rango de formas variadas de desempeño que deberían regularse así como reconocerse los derechos laborales de quienes se dedican a ella.2

A pesar de que a lo largo de los últimos 30 años muchas trabajadoras3 han reivindicado su quehacer como una cuestión laboral, desarrollando diversas estrategias para obtener derechos correspondientes, en la última década se ha multiplicado una perspectiva que califica a todas las mujeres que trabajan en el comercio sexual de “víctimas”. Hoy en día es patente el crecimiento y la expansión del comercio sexual, lo que expresa no sólo un fenómeno económico sino también una transformación cultural. Este notorio aumento viene de la mano de la liberalización de las costumbres sexuales y de la desregulación neoliberal de los mercados, que han permitido la expansión de las industrias sexuales como nunca antes, con una proliferación de nuevos productos y servicios sexuales: shows de sexo en vivo, masajes eróticos, table dance y strippers, servicios de acompañamiento (escorts), sexo telefónico y turismo sexual. Aunque la droga y el SIDA la han impactado dramáticamente, la industria mundial del sexo se ha convertido en un gran empleador de millones de personas que trabajan en ella, y que atraen igualmente a millones de clientes. Los empresarios tienen agencias de reclutamiento y sus operadores vinculan a los clubes y burdeles locales en varias partes del mundo, en un paralelismo con las empresas transnacionales de la economía formal. Y al igual que éstas, algunas se dedican a negocios criminales, como el mercado negro de la trata.

Las feministas que han reflexionado sobre el tema están divididas al respecto: hay quienes subrayan la autonomía en la toma de tal “decisión” mientras que del otro lado están quienes insisten en la “explotación” y coerción. Ahora bien, no son excluyentes: puede haber decisión y explotación, autonomía para ciertos aspectos y coerción para otros (Widdows 2013). Unas feministas argumentan que ninguna mujer “elige” prostituirse, que siempre son engañadas u orilladas por traumas infantiles de abuso sexual; otras aseguran que la mayoría lleva a cabo un análisis del panorama laboral y toma la opción de un ingreso superior a las demás posibilidades que están a su alcance. “Elegir” en este caso no implica una total autonomía, ni siquiera supone optar entre dos cosas equiparables, sino preferir, no un bien, sino el menor de los males.

En México en el contexto de la precarización laboral (el desempleo, la ausencia de una cobertura de seguridad social y la miserabilidad de los salarios) la llamada “prostitución” es una forma importante de subsistencia para muchas mujeres. Es un hecho que las necesidades económicas llevan a la gente sin recursos a hacer todo tipo de cosas, incluso algunas muy desagradables, como limpiar excusados o trabajar en los camiones de basura. La coerción económica es fundamental.4 Anne Phillips (2013a) dice que hay algo en el uso de las partes íntimas del cuerpo que vuelve la presión del dinero inaceptablemente coercitiva en el caso de la prostitución mientras que Martha Nussbaum (1999) señala que la compulsión económica es problemática, pero que la presión del dinero no se vuelve más coercitiva o inaceptablemente coercitiva sólo porque conduzca a un acceso íntimo en el cuerpo. Como las mujeres están ubicadas en lugares sociales distintos, con formaciones diferentes y con capitales sociales diversos, en ciertos casos el trabajo sexual puede ser una opción elegida por lo empoderante y liberador que resulta ganar buen dinero, mientras que en otros casos se reduce a una situación de una precaria sobrevivencia, vivida con culpa y vergüenza. Además, así como muchas mujeres ingresan por necesidad económica, otras son inducidas por la droga, y viven situaciones espantosas. Sin embargo, no hay que olvidar que también hay quienes realizan una fría valoración del mercado laboral y usan la estrategia de vender sexo para moverse de lugar, para independizarse, incluso para pagarse una carrera universitaria o echar a andar un negocio.

El trabajo sexual es la actividad mejor pagada que encuentran cientos de miles de mujeres en nuestro país, y más que un claro contraste entre trabajo libre y trabajo forzado, existe un continuum de relativa libertad y coerción. Y, al mismo tiempo que existe el problema de la trata aberrante y criminal con mujeres secuestradas o engañadas, también existe un comercio donde las mujeres entran y salen libremente, y donde algunas llegan a hacerse de un capital, a impulsar a otros miembros de la familia e incluso a casarse. Por eso, “quienes sostienen que es un trabajo que ofrece ventajas económicas tienen razón, pero no en todos los casos, y quienes insisten en que la prostitución es violencia contra las mujeres, también tienen razón, pero no en todos los casos” (Bernstein 1999: 117).

Aunque desde la perspectiva del liberalismo político no hay razón para estar en contra del comercio sexual mientras lo que cada quien haga con su cuerpo sea libremente decidido, muchas personas consideran que el comercio sexual es de un orden distinto de otras transacciones mercantiles. La venta de servicios sexuales ofende, irrita o escandaliza de una manera diferente que la situación de otras mujeres que venden su fuerza de trabajo, en ocasiones en condiciones deleznables, como las obreras de la maquila, las empleadas domésticas, incluso algunas meseras, enfermeras y secretarias. Cuando se denuncia la “explotación” de las trabajadoras sexuales no se menciona siquiera a tantas otras trabajadoras que también son explotadas. Muchas personas ven la “prostitución” como la degradación a la dignidad de la mujer. Pero no hay reacciones tan indignadas o escandalizadas ante formas aberrantes de explotación de la fuerza de trabajo en otro tipo de industrias. Tal vez porque lo que más molesta de la “prostitución” voluntaria es que atenta contra el modelo de feminidad.5

Sí, la prostitución femenina subvierte el paradigma de castidad y recato inherente a la feminidad (Leites 1990). Jo Doezema ha planteado que la distinción entre prostitución “forzada” y “voluntaria” reproduce la división entre “putas” y “santas” dentro de la propia categoría de prostituta, siendo la “puta” la que se dedica voluntariamente a dicha actividad mientras la “santa” es la forzada y, al ser una “víctima”, queda exonerada de ser despreciada (1998: 41). Como la expectativa cultural respecto de la sexualidad de las mujeres es que solamente tengan sexo dentro del marco de una relación amorosa (por lo que también se rechaza que las mujeres tengan sexo casual con “desconocidos”, aunque no cobren) la mayoría de las trabajadoras tiene dificultades para asumirse públicamente como tales. No obstante, algunas trabajadoras sexuales han caracterizado la prostitución como un acto transgresor y liberador.6 Lo que provoca el estigma, y muchas de las dificultades y discriminaciones que enfrentan las trabajadoras derivadas de él, es justamente la doble moral: la sexualidad de las mujeres es valorada de manera distinta de la de los hombres. Por eso hace muchos años Mary McIntosh dijo: “la prostitución implica, al mismo tiempo, un desafío y una aceptación de la doble moral del statu quo. Como tal, no puede ser ni condenada totalmente ni aceptada con entusiasmo” (1996: 201). Sí, la actividad sexual comercial de las mujeres es, al mismo tiempo, un desafío a la doble moral, que considera que las transacciones sexuales de las mujeres son de un orden distinto a las transacciones sexuales de los hombres, y una aceptación de dicha doble moral, porque persiste el estigma.

En el debate sobre cuál debería ser el estatus legal de la llamada “prostitución” es posible ver que las implicaciones7 para las políticas públicas que se derivan tanto de la penalización como de la despenalización pueden tener el efecto de exacerbar las desigualdades de género. Como ambas posturas tienen consecuencias en las vidas de las trabajadoras sexuales, resulta complicado hablar en abstracto del comercio sexual, sin ubicarlo en el contexto concreto e histórico en que ocurre y sin distinguir tanto el capital social de las trabajadoras como las condiciones laborales en que realizan su trabajo, en especial su libertad de movimiento. Una rápida mirada sobre la situación mundial muestra que la mayoría de las prostitutas son muy pobres. La brecha económica y social entre las de la calle y las call girls8 es sideral. Estas call girls, que no son engañadas, ni drogadas, ni secuestradas, y que seguramente podrían conseguir otro tipo de trabajo, están en el comercio sexual porque obtienen ganancias enormes. Ellas son, económicamente hablando, privilegiadas y representan una faceta distinta del fenómeno. Para las demás, que son la gran mayoría, la venta de servicios sexuales en contextos laborales de trabajos precarios, salarios miserables y gran desempleo, les permite sobrevivir y a algunas cuantas ganar en un día la misma cantidad de dinero que ganarían en semanas en otro tipo de desempeño laboral, si es que lo consiguieran.

Por eso algunas investigadoras sostienen que el comercio sexual no siempre tiene consecuencias negativas, y que con frecuencia es un medio importante de movilidad económica y de liberación personal (Agustín 2007; Day 2010; Kempadoo 2012). Sin embargo, ciertas filósofas y politólogas feministas, dentro de una reflexión sobre que algunas actividades humanas9 deberían estar fuera del mercado, piensan lo contrario (Phillips 2013a y 2013b; Widdows 2013). Ellas insisten en que el comercio sexual tiene un efecto negativo en la justicia social, en especial en cómo estructura las opciones vitales de las mujeres, pues su ejercicio obstaculiza las relaciones igualitarias.

Como se sabe, el mercado no es un mecanismo neutral de intercambio, y sus transacciones dan forma a las relaciones sociales. Si el mercado no sólo desata procesos económicos, sino que también da forma a la cultura y a la política, entonces hay que analizar cómo ciertas transacciones mercantiles frustran o impiden el desarrollo de las capacidades humanas (Sen 1996) mientras que otras determinan ciertas preferencias problemáticas. La ONU ha señalado que las creencias y mandatos de género en la economía estructuran y validan las relaciones desiguales entre los hombres y las mujeres de manera absolutamente funcional para la marcha del sistema social (ONU Mujeres 2012). Las relaciones de género “marcan el terreno sobre el que ocurren los fenómenos económicos y ponen las condiciones de posibilidad de los mismos” (Pérez Orozco 2012). De ahí que para evaluar un mercado laboral sea necesario evaluar también las relaciones políticas y sociales que sostiene y respalda, y examinar los efectos que tal transacción produce en las mujeres y los hombres, en las normas sociales y en el significado que imprime en las relaciones entre ambos. Hay mercados con consecuencias negativas para las relaciones de género, como el trabajo sexual y el servicio doméstico. La industria del sexo no toma en consideración el contexto de desigualdad social y económica entre mujeres y hombres por lo que refuerza la pauta de opresión patriarcal y contribuye a la percepción de las mujeres como objetos sexuales y, en ocasiones, incluso como seres socialmente inferiores a los hombres.

Se habla de “mercados nocivos” cuando impulsan y sostienen no sólo cuestiones económicas sino también éticas y políticas, y respaldan relaciones jerárquicas y/o discriminatorias totalmente objetables (Satz 2010).10 A los mercados que producen más desigualdad que otros se los califica de nocivos; por ejemplo, es obvio que el mercado de las verduras resulta mucho más inocuo que el del comercio sexual. Y aunque en principio muchos mercados pueden convertirse en nocivos, algunos tienen más posibilidades de hacerlo cuando hay una distribución previa e injusta de recursos, ingresos y oportunidades laborales (Satz 2010).

Pero aunque los mercados nocivos tienen efectos importantes en quiénes somos y en el tipo de sociedad que desarrollamos, no siempre la mejor política es prohibirlos. La mejor manera de acabar con un mercado nocivo es modificar el contexto en que surgió, o sea, con una mejor redistribución de la riqueza, más derechos y oportunidades laborales (Satz 2010). Las prohibiciones pueden llegar a intensificar los problemas que condujeron a que se condenara tal mercado.11 En ese sentido Satz señala que es menos peligrosa la prostitución legal y regulada que la ilegal y clandestina, pues ésta aumenta la todo tipo de peligros, tanto para las mujeres como para los clientes. Lo que en verdad debería preocupar es que en general el comercio sexual está rodeado de gran vulnerabilidad porque en muchos casos es una actividad con altos riesgos de violencia y de contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS), en especial de VIH-SIDA.12 De ahí que consideraciones fundamentales para una política de salud pública (Gruskin et al. 2013) respaldan la importancia de una regulación que saque de la clandestinidad a quienes interactúan en esa dinámica de compra-venta.

Justamente por todo lo anterior, las prohibiciones y restricciones al trabajo sexual no son una solución, además de que van contra la libertad constitucional de las mujeres y son “maternalistas”.13 Como lo que impulsa a las trabajadoras a dedicarse a tal actividad suele ser la necesidad económica, prohibirla sin garantizarles un ingreso similar, ni la más mínima seguridad social, les quita una “tablita de salvación”. Si no se resuelven las circunstancias socioeconómicas que las llevan a tal actividad, penalizar para erradicar el comercio sexual las hundiría o marginaría aún más. Regular el comercio sexual no evita los problemas de violencia ni de discriminación por el estigma, pues como señaló hace años Nanette Davis: “No puede haber una política racional hacia la prostitución mientras exista la discriminación de género” (1993: 9). Sin embargo, comprender que la regulación es la forma en que las trabajadoras están más protegidas, no impide entender que el hecho de que ellas elijan la “prostitución” como el trabajo mejor pagado que pueden encontrar no es, en sí mismo, una confirmación de que se trata de una práctica deseable.

Además la regulación ha demostrado ser una excelente estrategia para combatir la trata (Kempadoo 2012). Por eso, es un error plantear la abolición del comercio sexual, como lo hace la Coalition Against Traffic in Women (CATW). Como integrante de esa extraña alianza entre religiosos puritanos y feministas radicales unidos en su misión abolicionista (Scoular 2010), la CATW agita discursivamente contra lo que considera que es la “esclavitud sexual”, término que aplica no sólo a las mujeres víctimas de trata sino a toda mujer en el comercio sexual. Las formas que toma esta cruzada son múltiples, y dependen de las tradiciones políticas y culturales de cada país, pero el eje de la política que impulsan es “salvar a las mujeres”: rescatarlas (Agustín 2007). Aunque el discurso público sobre prostitución muestra una amplia variación entre los países (Vanwesenbeeck 2001: 274), la política alentada por las abolicionistas de CATW se ha difundido ampliamente en oposición a las investigaciones académicas que dan evidencia empírica de que tal política viola los derechos civiles y laborales de las trabajadoras, aumenta el poder de terceros sobre las trabajadoras (clientes, padrotes, traficantes) y pone en riesgo su salud y su bienestar ¡sin jamás lograr el objetivo de abolir la prostitución!

La CATW, que “pretende eliminar el comercio sexual con el argumento de que la prostitución estimula el tráfico” (O’Connell y Anderson 2006: 14) no tiene nada que ver con otra organización internacional, la Global Alliance Against Trafficking in Women (GAATW). Este frente mundial distingue entre trabajo y trata y hace una labor de prevención y combate a la trata entre trabajadores(as) sexuales a partir de impulsar formas de regulación que respeten sus derechos.14 Mientras las trabajadoras sexuales y los activistas de derechos humanos argumentan a favor de la regulación, señalando que si la prostitución se prohíbe o penaliza es imposible establecer estándares laborales y sanitarios, y que precisamente la ausencia de regulación alienta formas de trabajo forzado, la CATW y su sucursal latinoamericana y caribeña CATWLAC lanzan discursos flamígeros contra el comercio sexual, impulsan una cruzada moralista que alienta el “pánico moral”.15

El tráfico de seres humanos es un pavoroso flagelo criminal, del cual el tráfico con fines de explotación sexual es sólo una parte (Casillas 2013; Chang 2013). Sin embargo, de acuerdo a Kamala Kempadoo, “El tráfico sexual ha surgido como una metáfora del estado de degradación de la humanidad en el siglo XXI y se ha convertido en el eje principal de la crítica académica a una variedad de relaciones sociales de poder contemporáneas, tanto a nivel local como mundial” (2012: viii). En México están documentados casos de traslado de mujeres de un lugar a otro dentro y fuera del territorio mexicano así como las distintas formas de coerción (droga, retención de hijos, amenazas) para que den servicios sexuales. Pero aunque esa práctica nefasta es una parte mínima de la industria del sexo,16 la cobertura mediática ha magnificado el fenómeno de la trata pues es más rentable hablar de “esclavas sexuales” que de mujeres pobres. Investigaciones académicas analizan cómo el discurso incendiario de las abolicionistas sobre los cuerpos “violados” o “explotados” de las mujeres traficadas es también parte de una política xenófoba de “seguridad nacional” contra migrantes, y encuentran que el clima de miedo a la inmigración es el telón de fondo de muchas de las políticas en contra del comercio sexual (Kulick 2003; Agustín 2007; Scoular 2010; Weitzer 2010; Kempadoo 2012).

La cruzada moralista de la CATW ha logrado instalar mundialmente un discurso apocalíptico sobre la trata y el tráfico, que ya circula en nuestro país a través de la CATWLAC. Hablar solamente de mujeres víctimas de trata sin reconocer la existencia de otras trabajadoras sexuales favorece posturas fundamentalistas, que desvían la imprescindible lucha contra el tráfico hacia el absurdo proyecto de abolir todo el comercio sexual. Y así como no hay que confundir la situación de las mujeres obligadas a tener sexo a través de engaños, amenazas y violencia con la de otras mujeres que realizan trabajo sexual por razones económicas, tampoco hay que confundir a los clientes. Si bien hay cómplices indiferentes de ese atentado brutal contra la libertad y la dignidad que es la trata, en el comercio sexual también los hay respetuosos y atentos, como relatan las propias trabajadoras; algunos incluso se vuelven clientes “regulares” y desarrollan relaciones sentimentales que duran años. Es imperativo deslindar el comercio sexual de la trata con fines de explotación sexual, pues dicha confusión se expresa en actos discursivos que logran un cierto efecto en la sociedad y en el gobierno.

Hay que combatir la trata, pero respetar a las personas que se dedican al comercio sexual, y apoyar a las que quieren tener otra ocupación.17 Pero lo que priva hoy en día es lo que Kempadoo (2012) denomina “la aplanadora antitráfico”: una estrategia discursiva que tiene como fin último abolir toda forma de comercio sexual. Un elemento de dicha estrategia es el de calificar a las personas que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales como “pro prostitución” y decir que con tal postura se favorece la trata.18

Nuestra Constitución y nuestro sistema político democrático garantizan la libertad individual, incluso la de vender y de comprar servicios sexuales. Sin embargo, al revisar la situación del comercio sexual en México el panorama es deprimente pues el esquema con que funciona —al menos en el Distrito Federal— refleja los distintos y complejos intereses de los grupos organizados que están implicados en el negocio, ya que la legislación vigente está llena de omisiones e incongruencias. En la ciudad de México la prostitución es legal pero se penaliza el lenocinio. La definición de lenocinio del Código Penal Federal no ha sido modificada desde 1931: el lenocinio se comete contra personas menores de 18 años o que no tienen capacidad para comprender el significado del hecho o para resistirlo. En cambio, el Código Penal del DF (reformado en 2007) declara que se castigará por cometer lenocinio al que:

  1. Habitual u ocasionalmente explote el cuerpo de una persona u obtenga de ella un beneficio por medio del comercio sexual.
  2. Induzca a una persona para que comercie sexualmente su cuerpo con otra o le facilite los medios para que se prostituya.

III. Regentee, administre o sostenga prostíbulos, casa de citas o lugares de concurrencia dedicados a explotar la prostitución, u obtenga cualquier beneficio con sus productos.

¿Qué significa “explotar el cuerpo de una persona”? ¿A qué se llama “obtener un beneficio por medio del comercio sexual”? Bajo esa ambigüedad cabe cualquier cantidad de actividades. La imprecisión coincide con la deliberadamente confusa redacción del Protocolo de Palermo,19 y con ella se puede consignar a cualquier familiar, socio, empresario, hotelero o amistad que realice alguna tarea o apoyo de cualquier forma a una persona que se dedique al trabajo sexual.

De esa manera el delito de lenocinio, cuya moderna acepción es la de “trata”, sirve para manifestar discursivamente un rechazo moralista al comercio sexual, mientras que en los hechos dificulta establecer formas legales de organización del trabajo sexual de quienes quieren trabajar independientemente, sin padrotes ni madrotas. Por ejemplo, si un grupo de trabajadoras decidiera rentar un local donde dar servicios sexuales, a quien firme el contrato de alquiler se la podría acusar de “lenona” o “tratante”. Así se persigue a quien trabaja en la calle al mismo tiempo que se le impide organizarse en locales cerrados. Esta ambigüedad hipócrita obstaculiza la autoorganización de las trabajadoras y el desarrollo de formas más discretas y seguras de ofrecer el servicio. Además, a esta incongruencia legal se suma el sórdido entramado de corrupción y abuso que rodea al comercio sexual, donde no sólo los que controlan el negocio logran inmensas ganancias sino también algunas autoridades delegacionales, policiacas y judiciales. Y quienes intentan trabajar por fuera de las mafias, y sin dar mordidas, enfrentan no sólo dificultades enormes sino grandes peligros.

Para empezar a “limpiar” el terreno donde se lleva a cabo el comercio sexual y para garantizar los derechos de quienes trabajan en ese sector hay que ir más allá de las posturas fundamentalistas del abolicionismo y regular el negocio. Hay que apoyar a las trabajadoras más vulnerables para que, mientras cambian las condiciones educativas y laborales de nuestro país, puedan trabajar sin riesgos y de manera independiente de las mafias o, si lo desean, capacitar para realizar otro tipo de trabajo. Además de ampliar el marco legal con nuevas formas de organización laboral es indispensable mejorar la seguridad de la mayoría de quienes se dedican a esa actividad con formas de supervisión que no permitan la extorsión. Son muchas las cuestiones que hay que analizar y debatir, especialmente porque la postura abolicionista sostenida por la CATWLAC inhibe una discusión civilizada al responsabilizar a quienes están por la regulación de ser instrumentales en la proliferación de la trata. Esto atemoriza a cualquiera, pero más a políticos y funcionarios.

Por ello es imprescindible impulsar un debate público sobre la regulación del comercio sexual, y analizar cómo el puritanismo que se ha filtrado en la discusión alimenta lo que Elizabeth Bernstein (2012) denomina el “giro carcelario” de la política neoliberal.20

Al reconceptualizar el comercio sexual como “tráfico de mujeres”, el activismo feminista abolicionista ha transnacionalizado un discurso que alienta una política punitiva, que Bernstein denomina “carcelaria”. Esta autora analiza cómo el movimiento feminista llamado “antitráfico”, que usa un discurso sobre las víctimas, facilita un control creciente sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres y produce una “remasculinización del estado”. Bernstein encuentra que anteriormente las feministas en contra de la violencia sexual tomaron la vía del activismo de base para combatirla, pero ahora acuden cada vez más al terreno judicial. La penalización legal es concebida por esas feministas como lo más eficaz para frenar a los clientes y los padrotes: “Necesitamos leyes que hagan que los varones se lo piensen antes de entrar al negocio de la explotación sexual comercial” (2012: 241). Bernstein critica que el feminismo abolicionista le haya dado la espalda a una reflexión más crítica sobre las causas estructurales (económicas y culturales) del fenómeno, y que al denunciar la “prostitución” como una forma de violencia sexual se hayan decantado hacia la penalización otorgando un respaldo ideológico al modelo punitivo neoliberal. Ella concluye que al ampliar y fortalecer la intervención judicial, en lugar de insistir en que el Estado se enfoque en las condiciones de la explotación de la fuerza de trabajo, se desplaza la problemática de la “prostitución” de los factores estructurales a las personas “delincuentes”. Esto, que ha tenido un impacto devastador en quienes se dedican al trabajo sexual, también alimenta el ascenso del modelo carcelario.

Como se ve, el debate es complejo y abarca mucho más que los argumentos sobre “las víctimas” y los “degenerados”, que es lo que se suele ventilar cuando se discute sobre comercio sexual en nuestro país. Obvio que la compraventa de sexo seguirá produciendo conflictos y desacuerdos, y que seguiremos discutiendo y discrepando en torno a estas cuestiones. Obvio también que no hay que dejar de lado ni el combate contra la trata ni las políticas de salud contra el SIDA y las ITS. Pero en última instancia los grandes cambios económicos y la creciente fluidez en el movimiento de personas, capital y servicios que provoca la reestructuración globalizada del capitalismo no deben de hacernos olvidar lo que también significa simbólicamente el comercio sexual. Liv Jessen, una trabajadora social directora del Pro Centre, un centro nacional para prostitutas en Noruega, dice: “La prostitución es una expresión de las relaciones entre mujeres y hombres, de nuestra sexualidad y los límites que le ponemos, con nuestros anhelos y sueños, nuestro deseo de amor e intimidad. Tiene que ver con la excitación y con lo prohibido. Y tiene que ver también con el placer, la tristeza, la necesidad, el dolor, la huída, la opresión y la violencia” (2004: 201). Reflexionar sobre esto es una de las maneras de acercarnos a una mejor comprensión de la condición humana y, por ende, a mejores formas de convivencia.

 

Marta Lamas
Antropóloga. Directora de la revista Debate Feminista y profesora-investigadora del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM. Su más reciente libro es Cuerpo, sexo y política.

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1 De esa experiencia nacieron algunos ensayos y mi tesis de maestría en etnología “La marca del género. Trabajo sexual y violencia simbólica”, ENAH, 2003.

2 Hay muchísimo publicado desde ambas posturas. Las autoras paradigmáticas de la postura que considera que siempre es violencia contra las mujeres son Barry 1987; McKinnon 1993; Dworkin 1997; mientras que en la otra destacan Agustín 2007; Day 2010; Scoular 2010; Kempadoo 2012. Una revisión de la literatura de ciencias sociales sobre trabajo sexual de 1990 a 2000 se encuentra en Vanwesenbeeck 2001, y un análisis sociológico al respecto en Weitzer 2009.

3 Si bien también hay hombres que se dedican a la venta de sexo, la dinámica y la problemática de las mujeres es muy distinta. Tanto mi investigación como mi activismo político han sido con mujeres y fundamentalmente me referiré a ellas a lo largo de estas páginas. Para escritos de las propias trabajadoras sexuales: ver Delacoste y Alexander 1987; Pheterson 1989; y Nengeh Mensah, Thiboutot y Toupin 2011.

4 Aunque las mujeres eligen la venta de sexo fundamentalmente por cuestiones económicas, también existen casos donde son las razones psíquicas las que las impulsan. Por eso también se ha investigado y reflexionado sobre los condicionantes psicológicos. Ver Welldon 1993.

5 No ocurre lo mismo con la prostitución masculina, que no subvierte el paradigma de masculinidad. La valoración de la masculina toma como “natural” y valioso que a los varones les guste el sexo.

6 Básicamente algunas organizaciones estadunidenses, como COYOTE, y muchas trabajadoras sexuales europeas. Ver Pheterson 1989 y Nengeh Mensah et al., 2011.

7 Una implicación sustantiva es la relativa a la salud pública, que no analizaré en estas páginas pero que sin duda mueve a muchos gobiernos a tomar la postura de la regulación (Rekart 2005; Day y Ward 2009; Gruskin, Williams y Ferguson 2013).

8 Uso el término call girls para referirme a quienes trabajan en departamentos, aunque en ocasiones las acompañantes (escorts) también trabajan así.

9 Este debate se ha centrado en si permitir o prohibir transacciones vinculadas al cuerpo, como la venta de órganos, el alquiler de úteros, y también la prostitución. Ver S. Madhok, A. Phillips y K. Wilson 2013.

10 Debra Satz analiza los mercados nocivos, donde incluye al del sexo, establece cuatro parámetros relevantes para valorar un intercambio mercantil y los aplica al trabajo sexual: 1) vulnerabilidad, 2) agencia débil, 3) resultados individuales dañinos y 4) resultados sociales dañinos. La vulnerabilidad y la agencia débil aluden a lo que las personas aportan en la transacción; la vulnerabilidad aparece cuando las transacciones se dan en circunstancias de tal pobreza o desesperación que las personas aceptan cualquier condición, y la agencia débil se da cuando en las transacciones una parte depende de las decisiones de la otra parte. Los otros dos parámetros (daños individuales y sociales) son característicos de los resultados de ciertos mercados cuando posicionan a los participantes en circunstancias extremadamente malas, por ejemplo, en las que son despojados o en las que sus intereses básicos están aplastados. También eso produce resultados extremadamente dañinos para la sociedad, pues socava el marco igualitario que requiere una sociedad y alienta relaciones humillantes de subordina- ción. Ver Satz 2010.

11 Me sorprende el paralelismo que se da con el aborto. No es que a quienes luchamos por la despenalización del aborto nos parezca tal intervención la mejor de las prácticas, y propongamos su regulación para que más mujeres aborten, sino que pensamos que la penalización produce males mayores, que la regulación abate.

12 Para un panorama sobre los riesgos sanitarios que tiene el trabajo sexual y la importancia de una política de salud pública ver Rekart 2005 y Gruskin, Williams y Ferguson 2013.

13 Llamo “maternalismo” al paternalismo de las feministas abolicionistas, que pretenden “rescatar” y “salvar” a las mujeres, aun en contra de sus deseos y su voluntad.

14 En México Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C. es integrante de la Red Latinoamericana y del Caribe contra la Trata de Personas, que es el capítulo regional de la Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW, por su nombre en inglés).

15 Respecto al pánico moral Sophie Day (2010) establece un paralelismo entre la situación actual y la época victoriana. Day señala que durante tal época, con sus intensas transformaciones económicas y sociales, el pánico moral en torno a la prostitución, la “trata de blancas” y la enfermedad venérea (en especial la sífilis) expresó las angustias culturales respecto al cambiante papel de las mujeres y a los procesos de inmigración y urbanización. Alentadas por una amplia coalición de feministas y grupos religiosos que había decidido “rescatar” a las mujeres, aparecen las leyes sobre “enfermedades contagiosas” (1864, 1866 y 1869) que perfilaban a la prostituta como peligrosa física y moralmente al mismo tiempo que la consideraban vulnerable. Así se justificó la regulación moral, social y legal de muchas mujeres solteras de la clase trabajadora, para que la salud moral de la sociedad quedara a salvo. También Jane Scoular (2010) comparte tal equiparación y añade que el espectro de la esclavitud sexual servía como cortina de humo para tapar otras cuestiones, como la esclavitud colonial. ¿Qué estará tapando hoy en México el espectro de la trata?

16 Debido a su ilegalidad hay escasas estadísticas sobre el número de mujeres que se dedican al comercio sexual. Brigada Callejera, usando un modelo de la Organización Internacional del Trabajo sobre el sector sexual para estimar la cantidad de personas que se dedican al trabajo sexual, estima en 800 mil mujeres, de las cuales 200 mil son menores de 18 años, en nuestro país. Para ver el modelo, consultar ILO 1998.

17 Esa es justamente la postura de Brigada Callejera, que ha publicado varios manuales sobre trata dirigidos tanto a las trabajadoras sexuales como a los funcionarios que tienen a su cargo las políticas públicas. Ver Brigada Callejera 2013.

18 Este discurso intimidatorio ya se lo han aplicado a la Secretaria del Trabajo del GDF, por acatar la resolución de la Juez Primera de Distrito, que resolvió que había que reconocer el carácter de trabajadores no asalariados de quienes se dedican a ofrecer ese servicio en vía pública.

19 Es el Protocolo de la ONU que se firmó en diciembre de 2000 en Palermo, y que con la influencia del gobierno de Bush introdujo la confusión entre trata y prostitución. Ver Saunders 2004 y Weitzer 2010.

20 El análisis de Bernstein se inscribe en una tendencia crítica donde varios autores analizan la relación entre las estrategias carcelarias contemporáneas para la gobernanza social con la agenda económica neoliberal. Indudablemente hay varios aspectos del problema vinculados con otras transformaciones culturales del capitalismo tardío que ella no analiza al acotar su reflexión al comercio sexual.

 

Georgina Orellano, prostituta y feminista argentina: “El feminismo prohibicionista nos victimiza y criminaliza”

 

Daniel Hopenhayn 03 Enero, 2017

http://www.theclinic.cl/2017/01/03/georgina-orellano-prostituta-y-feminista-argentina-el-feminismo-prohibicionista-nos-victimiza-y-criminaliza/

 

Se define como “puta, feminista, peronista y anticapitalista”. Hace once años ejerce el trabajo sexual en Buenos Aires y desde 2014 lidera AMMAR, Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, que cuenta con 6500 afiliadas y una creciente visibilidad en su país. Reclaman al Estado que reconozca lo suyo como un trabajo para poder salir de la clandestinidad, evitar los abusos policiales, acceder a derechos laborales y enfrentar el estigma cultural. Y aunque enmarcan su discurso en un feminismo militante, el enemigo que les ha salido al paso no usa sotana ni corbata. Se trata del “feminismo abolicionista”, con el cual sostienen una lucha de poder de alto voltaje que a diario saca chispas en seminarios de género, redes sociales y hasta en el Congreso. Georgina (30) y sus compañeras las acusan de patriarcales y moralistas, de querer pensar por ellas y “salvarlas” mientras impulsan leyes que las reprimen y cosifican. Aquí desmenuza las contradicciones de esas “feministas de escritorio” a las que esperan arrebatar el dominio de las políticas públicas que incumben a su sector.

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AMMAR ha acuñado el eslogan “Puta y Feminista”. ¿Cómo se llevan hoy la prostitución y el feminismo?
–Mirá, hubo todo un proceso por el cual las trabajadoras sexuales hemos pasado a ver con buenos ojos el feminismo. Al principio, cuando comenzamos a pedir la palabra en espacios donde está muy tensa la discusión sobre prostitución, nosotras contábamos los problemas que nos genera trabajar en la clandestinidad y presentábamos nuestra reivindicación principal: que el Estado reconozca el trabajo sexual y nos dé un marco legal, con acceso a derechos laborales básicos. Pero al plantear esto nos veíamos enfrentadas al feminismo abolicionista, que hoy ocupa muchísimos lugares de poder en las instituciones del Estado que ven políticas de género. Ese abolicionismo ya tiene poder en la toma de decisiones, incluida la decisión de que la prostitución no pueda ser considerada un trabajo, y de arrojarnos encima el derecho penal, apelando al sistema punitivista para combatir la trata de personas sin importar que esa política nos termine criminalizando a nosotras. Entonces, cuando veíamos ese feminismo, la verdad es que sentíamos que eran nuestras enemigas. Esa fue la primera impresión que tuvimos, decíamos “si eso es el feminismo, nosotras no somos feministas”. Porque además, en las discusiones usaban argumentos súper violentos.

¿Por qué violentos?
–Porque no sólo traían el discurso teórico abolicionista, sino que descreían de nuestros testimonios. Cuando contábamos por qué habíamos elegido el trabajo sexual frente a otros trabajos por los cuales hemos pasado, se producía una fuerte discusión en la que nuestros testimonios todo el tiempo eran deslegitimados. Eso nos llevaba a comparar a ese feminismo con el aparato represivo de las fuerzas de seguridad, que también deslegitiman nuestros testimonios y así nos cobran una coima para dejarnos trabajar. Ellas hacían un poco eso: querer “policiar” el cuerpo de las demás y decirnos qué deberíamos hacer o no hacer. Y todo el tiempo hablándonos de un mundo ideal, nunca hablaban de la realidad. Yo comparto que una tiene que luchar por esa utopía de vivir en una sociedad justa, libre e igualitaria, pero creo que esa transformación pasa por darle derechos a las minorías para que no sean aplastadas por las mayorías dominantes. Y no veíamos que esa fuera la propuesta de ese feminismo.

Es que el sentido común de cierto feminismo ve en la prostitución la esencia misma del patriarcado y de la explotación de la mujer. ¿Qué respondes tú a eso?
–Yo creo que el propio feminismo abolicionista es un poco patriarcal, aunque con cara de mujer. Porque todo el tiempo nos quiere aleccionar desde un lugar superior, cómodo y muchas veces privilegiado. Sin siquiera antes sentarse a escuchar lo que la otra compañera tiene para decir, o lo que el otro sujeto político que está organizado tiene para contar de su propia experiencia. En el país hay un montón de mercados laborales en los que se explota, cosifica y mercantiliza a la mujer –también al hombre–, y muchos no eligieron libremente esos trabajos, sino coaccionados por la necesidad económica. Entonces, ¿por qué poner el foco en abolir la prostitución? En una sociedad donde las mujeres ganamos menos que los hombres, accedemos menos a lugares de poder y las de sectores populares sólo podemos realizar trabajos domésticos o manuales mal pagados, el trabajo sexual a nosotras nos remunera más y es más liberador, porque trabajamos menos horas y con mucha más autonomía. Por eso lo elegimos. Pero el feminismo abolicionista todo el tiempo está pensando por nosotras, con argumentos hasta un poco morales.

¿Crees que se enfocan en la prostitución por moralismo?
–Sí, es una cuestión moral. El empleo doméstico, por ejemplo, también es ejercido por mujeres que vienen de los sectores populares. Sin embargo, la política del Estado argentino no fue abolir ese trabajo, sino reglamentarlo y mejorar sus condiciones, reconocer derechos como las vacaciones, los días por enfermedad, la jubilación. Ahí las abolicionistas no pusieron ningún tipo de objeción, todas estuvieron a favor. Pero esas mujeres, que también están a favor de despenalizar el aborto porque cada mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, son las mismas que se oponen rotundamente a que las trabajadoras sexuales tengamos acceso a derechos.

Quieres decir que, para ellas, todas las mujeres son dueñas de su cuerpo mientras no sean putas.
–Exactamente, sí, mientras no cobren por sexo. Y creo que ese quiebre en su discurso se explica por cuestiones morales, por tabúes socioculturales todavía muy arraigados respecto del rol de la mujer en la sexualidad.

¿Cómo así?
–Históricamente la sexualidad fue un campo de batalla donde la mujer tenía que ceder. El que podía disfrutar y desear era el hombre. Y que algunas mujeres decidan ofrecer servicio sexual a cambio de una remuneración económica, desafía esos patrones al proponer que cada mujer decide qué hace con su sexualidad y qué provecho le saca. En cambio, pretender que haya una única sexualidad femenina, pura y legítima, me parece es partir de un discurso moralista que hace una división entre las mujeres buenas y las malas, entre un sexo puro y un sexo indigno.

Tienes una frase muy citada: “Mientras creamos que la concha es sagrada difícilmente combatiremos al patriarcado”.
–Sí. Lo que sostengo es que la fuerte oposición a que seamos reconocidas como trabajadoras proviene de la parte del cuerpo con la cual trabajamos. Nadie está cuestionando por qué un albañil decide poner en riesgo su integridad física y su salud, ni que el sistema capitalista se quede con la ganancia que su fuerza de trabajo produce. No hay tensión ahí. Toda la tensión aparece cuando nosotras decimos que ponerle un precio a tu sexualidad puede ser una salida laboral que te genere muchísima más independencia que otros trabajos destinados a la mujer. Ahí nos dicen “no, no se puede comercializar el sexo”. ¿Y por qué sí las manos, las piernas, la espalda? Porque se piensa que esa parte del cuerpo de la mujer es sagrada. Por eso no se le puede poner un precio. Y creo que pensar que la sacralidad de la mujer y su dignidad solamente están en su sexualidad, es seguir obedeciendo un poco al patriarcado.

Quizás ellas te contestarían que es al revés: si bien otros empleos también explotan el cuerpo, la cosificación sexual de la mujer es, en la guerra contra el patriarcado, la madre de las batallas.
–Pero hay un montón de otros trabajos en los cuales la mujer termina explotando su capital erótico. Acá en Argentina, la mayoría de los puestos laborales que una puede agarrar en los avisos clasificados te piden buena presencia y no pasar de los 35 años. La moza explota su capital erótico, las promotoras, las secretarias, las modelos, las vedettes… Y si ellas deciden hacer eso conscientemente, porque saben que así pueden ganar muchísimo más, hay que respetar la decisión de esa mujer. Cuando nosotras empezamos a formarnos un poco más en el feminismo, vimos que el abolicionismo teórico te dice que la prostitución es producto de la desigualdad de género. Pero las políticas que ellas impulsan no parten de romper con esa brecha. Acá en nuestro país se pensaron trabajos para sacarnos de la prostitución, pero eran talleres para ser peluqueras, para que hagamos carteras, toallones, bisutería… ¿Esos son los trabajos que tenemos que hacer para dejar de ser funcionales al patriarcado?

Lo que objetan algunas teóricas del feminismo es que la mujer que explota sus atributos físicos perjudica a todas las que no los tienen, porque perpetúa la figura de la mujer objeto que vale por eso.
–Sí, pero yo creo que la mujer tiene que valer por el valor que ella se pone. Algunas explotan su valor erótico, otras su valor intelectual, y lo que eso viene a reflejar es que todas somos diferentes. Si pretendemos un mundo con un solo tipo de mujer socialmente aceptado, vamos por un camino claramente incorrecto. Hay un montón de mujeres y cada una potencia su cuerpo y su placer a su manera, vende su capital erótico y sus otras capacidades a su manera. Creo que todas tienen que ser respetadas y legitimadas.

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Entre feministas jóvenes, un tema de mucho debate ha sido el reggaetón. Unas acusan a otras de obedecer al deseo masculino que las denigra o las reduce.
–Mirá, la mujer sigue obedeciendo a un montón de presiones socioculturales: mantenerse joven, ser madre, asumir ella la educación y la crianza de sus hijos, mantener todo el sistema de la limpieza y la responsabilidad de la casa. Esos puntos habría que tratar, antes que caerles a las mujeres que bailan reggaetón o les gusta perrear. Me parece que a veces el movimiento feminista se desvía en querer castigar a otras mujeres, haciendo esta división entre las buenas y las malas que recae sobre nosotras porque, supuestamente, cobramos por algo que no tiene precio. En cambio, nosotras decimos que hay un montón de situaciones en que la mujer le pone un precio a sus relaciones. El matrimonio es una de ellas, y no vemos que estén pidiendo abolir la institución matrimonial, dentro de la cual son violentadas y abusadas muchísimas más mujeres que en el trabajo sexual. En Argentina cada 36 horas muere una mujer asesinada dentro de sus entornos familiares. Y sin embargo la política de ellas no es abolir la institución matrimonial.

A propósito de eso, leí que tú antes les cobrabas más a las mujeres, por ser un servicio menos habitual, pero después decidiste hacer lo contrario.
–Sí, porque entendí que al cobrar más a las mujeres seguía fomentando esa desigualdad: que a la mujer siempre le va a costar más disfrutar su sexualidad. Y eso fue darme cuenta de un montón de cosas. Por ejemplo, de por qué la mayoría de clientes que tenemos son varones. No es porque nosotras estemos haciendo funcionar el patriarcado, sino porque el varón está mucho más legitimado para disfrutar su sexualidad. Muchas mujeres me dicen, o me escriben, que a ellas les encantaría pagar un servicio sexual, pero la culpa se los impide, se sienten haciendo algo malo al pensar sólo en su propio disfrute. Y hay más clientes varones por otra razón: en muchas familias, la mujer no gana su propio dinero. En los últimos años comenzó toda una avanzada para que la mujer salga de la casa y se inserte en el trabajo, pero va a llevar un tiempo bastante largo invertir esa cuestión y que las mujeres también se animen a pagar.

POLICÍAS Y PSICÓLOGAS

Para buena parte de la sociedad, ayudar a las prostitutas significa ofrecerles “un trabajo digno”. ¿Qué tan difícil ha sido instalar una voz que dice “nosotras queremos hacer esto”?
–Muy difícil, sobre todo por una razón: durante siglos se ha hablado y se ha escrito sobre la prostitución, pero las que tomaron la voz nunca fueron las prostitutas. Nosotras estamos organizadas hace 21 años y fue toda una lucha no sólo ser reconocidas como un sujeto político válido, sino ser escuchadas en las mismas mesas donde se discutían políticas públicas para nuestro sector. Se habían sentado ONGs, movimientos de mujeres, gente de la academia, pero a nosotras nunca nos convocaron. Tuvimos que partir por algo tan básico como conquistar una voz en nuestros espacios. Cuando los docentes o los metalúrgicos piden mejorar sus condiciones, el Estado se sienta a negociar con ellos, no con otra gente que viene a pensar por ellos. Y eso refleja lo que venimos hablando: esa actitud maternalista por parte de algunas, cercana al patriarcado, de decidir por nosotras como una especie de salvadoras, creyendo que somos mujeres no pensantes…

Sino explotadas…
–Claro, tomarnos por víctimas: lo que decimos no es legítimo porque no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Es súper violento tener que escuchar esos argumentos. Es tratarnos como mujeres incapaces, infantilizar nuestras voces. Y me parece que eso, aunque provenga de un sector que se reconoce como feminista, es una actitud claramente machista.

Y que, según reclaman ustedes, favorece al principal enemigo que tienen, la policía.
–Sí. Porque el abolicionismo te dice “no perseguimos a las mujeres”, pero una vez que institucionalizan sus posiciones, despliegan un montón de legislaciones que les entregan muchísimo más poder a las fuerzas policiales para que hostiguen a nuestras compañeras, las coimeen, las violenten, realicen detenciones arbitrarias, les allanen los departamentos, les roben el dinero y sus pertenencias, en fin.

En 2012 se modificó en Argentina la ley que penaliza la trata de personas, y ahora ustedes no pueden decir que sus servicios sexuales son consentidos. Lo que digan al respecto vale cero, ¿no?
–Exactamente. La ley anterior, del año 2008, diferenciaba trata de personas de explotación laboral y de trabajo sexual autónomo. Y la modificación que sufrimos en 2012 fue producto de un juicio muy emblemático que hubo en el país, por el caso de Marita Verón, una joven tucumana que todavía no ha sido encontrada. Los tres imputados quedaron sobreseídos y eso generó un clamor social que se tomó las calles. Entonces, un poco para apaciguar ese reclamo, un 18 de diciembre la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner llamó a sesiones extraordinarias para modificar la ley sobre trata de personas. Esa ley ya se venía trabajando en el Congreso, donde nosotras ya habíamos planteado que eliminar el consentimiento de la mujer nos sería muy perjudicial. Y como no había acuerdo sobre ese punto, siempre quedaba encajonado. Pero bueno, ahí en sesiones extraordinarias se aprobó. Y la consecuencia es que hoy, para el Estado, todo es trata de personas. Muchos diputados y diputadas, a los cuales les hicimos ver que se estaba legislando sin la maduración en el debate político que merecía ese proyecto, hoy reconocen que no sabían las consecuencias de lo que estaban votando.

¿Cuáles han sido esas consecuencias?
–Bueno, a partir de esa ley se cerraron la mayoría de los lugares donde nuestras compañeras ejercían el trabajo puertas adentro, en sus domicilios particulares o en departamentos que compartían con otras compañeras.

¿Por qué?
–Porque muchos fueron allanados sin orden judicial, que es otro de los poderes que se otorgó a la policía. Y nadie es veedor de lo que la policía hace. Allanan sin orden judicial, les roban a nuestras compañeras el dinero recaudado y sus objetos de valor. Y en muchos casos, no sólo se clausuró el lugar y ellas quedaron en la calle, sino que también alguna quedó procesada como la supuesta regentora del lugar, la que explotaba a las otras.

¿Con qué pruebas?
–Simplemente por haber sido la que abrió la puerta en el allanamiento, la consideraban dueña del lugar. O en otros casos, por ser la más veterana, la justicia entendía “bueno, vos sos la mayor, vos explotás a las otras”. Nos encontramos con situaciones de muchísimo abuso y muchísima arbitrariedad. En la mayoría de los casos fuimos litigando, aunque muchas compañeras desistían de seguir con el proceso judicial, que acá es muy largo. Pero bueno, una de ellas llegó hasta el final y marcó el precedente de demostrar a la justicia que ella era trabajadora sexual autónoma y que era perseguida por los agentes del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los operadores judiciales. Y una jueza obligó al gobierno de la Ciudad a que deje de perseguirla, que deje de allanarle su vivienda que es también su lugar de trabajo. Y que si el gobierno quiere ser el ente regulador de la prostitución, debe primero regularla como lo que es. Ese primer fallo demostró, justamente, que las políticas antitrata no diferenciaban entre trata y trabajo sexual, que se llevaban puesto todo. Criminalizaron el trabajo sexual y empujaron a una cantidad de compañeras a terminar trabajando en la clandestinidad.

Las precarizaron al máximo.
–Así es. La que antes tenía un departamentito y lo compartía con una compañera, ahora se quedó en la calle y tiene un perfil de Facebook. Ahí se contacta con los clientes y directamente pasa al encuentro en la casa del cliente o en un hotel, pero no tiene un lugar físico. Y eso también dificultó a la organización con el alcance hacia nuestras compañeras. Antes podíamos visitarlas en el departamento, hablar con ellas, ver cómo ejercían su trabajo. Hoy por hoy, muchas de ellas no sabemos dónde están.

Aparte de estas prerrogativas que tiene ahora la policía, entiendo que la ley también creó unas brigadas de psicólogas que se llaman “rescatistas”.
–Sí, la Oficina Nacional de Víctimas de Trata. Son un grupo de psicólogas y trabajadoras sociales que ingresan en el allanamiento para, en teoría, asistir a las víctimas. Por lo que nos han contado la mayoría de nuestras compañeras que pasaron por la entrevista con la psicóloga, son preguntas inquisidoras todo el tiempo. Y son ellas las que elaboran el informe que llega al juez o al fiscal, y ese informe desestima totalmente que la decisión de las mujeres de ejercer la prostitución sea voluntaria. Siempre ven que está coaccionada, que no elige por sí misma sino víctima de una situación de vulnerabilidad. Y mientras la psicóloga las entrevista, ellas ven cómo los policías y los operadores judiciales se están llevando su dinero, sus celulares, y nadie les responde. Y también, muchas veces, cuando su lugar quedó clausurado, ellas le decían a la psicóloga que no tenían dónde más ir, que por favor las dejaran quedarse ahí, y ellas les dijeron “no, te venís conmigo al refugio o te quedás en la calle”. Nosotras decimos que ellas son las policías de la moral. Las compañeras pueden negarse a hacer la entrevista, pero ellas nunca les dicen que existe esa posibilidad, directamente las sientan y les comienzan a hacer esas preguntas que les imponen la figura de la víctima. Y después hablamos de cosificación, ¿no?

Algunos pensarán, cuando lean esta entrevista, que al negar la condición de víctima generalizas una situación tuya que para otras sí puede ser más dramática. ¿Qué les contestarías?
–Primero, que si ha habido un “discurso único” alrededor de las trabajadoras sexuales, ha sido el discurso victimizante que reduce nuestra capacidad de decisión. Y si decidimos salir a hablar es, en parte, justamente para mostrar que no todo en el mercado sexual es igual, que hay otras historias posibles, de mujeres que decidimos hacer trabajo sexual como un proyecto laboral emancipatorio. Todas las voces deben escucharse, pero hasta acá, las voces desacreditadas han sido las nuestras. Y siempre remarco que nunca presentaría mi historia como representativa de todo un colectivo. Cada una tiene su historia, su recorrido. Lo que nos une a todas son las consecuencias de trabajar en la clandestinidad y la lucha por mejorar nuestras condiciones laborales y acceder a derechos.

LA BATALLA CULTURAL

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En algún discurso decías que la gran batalla cultural, para ustedes, es ser aceptadas por sus propias familias. Y que algunas le tienen más miedo a que sus familias sepan en qué trabajan que a irse presas.
–Sí. El principal problema nuestro no es lo que la gente piensa: la violencia de nuestros clientes, o haber tenido que hacer esto como la única opción y vivirlo con mucho drama. Nosotras decimos “no, mirá, yo no tengo problemas con mis clientes ni me siento víctima por hacer esto”. El gran problema nuestro es el estigma. Todos esos prejuicios de personas que juzgan, que señalan, que discriminan, se convierten en el estigma de ser puta, de hacer un trabajo que unos denigran y otros victimizan. Se convierten en vivir muchos años de manera clandestina, mintiéndoles a las propias familias, creando un montón de barreras de ocultamiento: tener dos teléfonos, salir vestida de tu casa con una ropa y después ponerte una minifalda o un pantalón ajustado y unos zapatos en la casa de alguna amiga para poder pararte en la esquina, esconder el dinero, vivir con el temor de que algún conocido te vea en la calle y le vaya a contar a tu familia. Y el miedo a que tu propia familia, tu propio entorno te excluya, no te acepte. Porque nuestra familia también es parte de esa sociedad, ¿no?

¿Y han logrado torcerle la mano a eso, abrir el tema y que la familia apoye?
–Mirá, en el último tiempo sí. También eso se debe a que hubo muchas compañeras que hicieron camino al andar, y nos demostraron que no hay nada más liberador que poder contarle a tu alrededor verdaderamente quién sos, a qué te dedicás, y dejar de vivir todo eso con la culpa. Sacarte esa mochila súper pesada que llevás sobre la espalda porque te creés lo que la sociedad deposita sobre nosotras. Contar tu historia y que tu familia, tus hijos, tus amigos, te acepten… eso no se compara con nada. Yo lo viví en carne propia. Y también lo veo cuando mis compañeras vienen y me cuentan que se lo contaron a su novio, a sus amigas, que se lo pudieron contar a su madre, a sus hijos, y lo cuentan tan emocionadas… Porque es eso, ¿no? Es sacarnos lo que durante mucho tiempo llevábamos a escondidas, como salir del clóset.

Además, me imagino que el comentario “qué va a pensar tu hijo cuando sepa” debe ser la zona más sensible de ese estigma.
–Bueno, y si hay un actor que trabaja arduamente para potenciar ese estigma, es el abolicionismo. Porque justamente su argumento es: “si tanto defendés el trabajo sexual, ¿se lo recomendarías a tu hijo?”. Como diciéndome que si yo soy puta, quiero que mi hija sea puta, y después vengo por las sobrinas y las nietas. O decir sobre nosotras “son sólo diez, y además andan con caretas”. Y no entendés que esa mujer tiene que usar una careta porque hay discursos como el tuyo que predominan en un montón de espacios, y que recaen de tal manera sobre la vida de esa mujer que, en vez de poder contar quién es y mostrar la cara, tiene que taparse. Porque ahí está el abolicionismo diciendo todo el tiempo que nosotras no elegimos esto, que estamos mintiendo… Y ya eso de meter a nuestros hijos en el medio de un debate demuestra una actitud muy controladora, ¿no? Se supone que si vos sos feminista y querés destruir el patriarcado, no vas a defender la carga moral que se le puso durante siglos a la maternidad. Pero nos dicen “ustedes son madres que no piensan en sus hijos”.

Para sus hijos, al mismo tiempo, también debe ser todo un tema cargar con ese discurso social: “tu mamá es tal cosa”.
–Claro, ese es uno de los temores que tenemos, por lo menos las que somos mamás y jefas de hogar. Una cosa es que tus hijos sepan que sos trabajadora sexual y te acepten, y otra cosa es cómo nuestros hijos van a poder defenderse en sus ámbitos –la escuela, el club de amigos– y generar herramientas para deconstruir prejuicios. Para mí, la raíz de todo lo que recae sobre la trabajadora sexual tiene que ver con lo moral, con los prejuicios sexuales y también sociales que hay. Y después, con el enorme desconocimiento de personas que dan cosas por hecho sin siquiera ponerse a pensar.

Tu movimiento ha tenido llegada en algunos sectores del feminismo, pero la pelea con las abolicionistas ha subido mucho de tono. Ustedes denuncian que ellas les boicotean las cuentas de Facebook, convocan a quemar sus volantes publicitarios y cosas por el estilo. ¿Qué explica tanta tensión?
–El problema del sector abolicionista es que ha conquistado un montón de políticas públicas –no sólo la ley nacional sino muchas ordenanzas municipales y decretos presidenciales, como la prohibición de los avisos clasificados en los diarios– pero ya no sabe cómo mantener lo conquistado. Porque desde el otro lado se alzan cada vez más voces de mujeres que, además de reconocerse como trabajadoras sexuales, cuentan las consecuencias de las políticas que ellas han impulsado desde un feminismo de línea prohibicionista que nos victimiza y criminaliza. Y creo que al no saber cómo enfrentar la avanzada de las trabajadoras, apelan, desde la bronca, desde la impotencia, a esas acciones, como denunciar las cuentas de Facebook para que no podamos visibilizar más lo que venimos haciendo. O decir que las dirigentes de la organización no somos trabajadoras sexuales, sino que tenemos todo un discurso armado que está financiado por el proxenetismo internacional…

¿Les dicen eso?
–Nos dicen eso. A mí me dicen que no soy trabajadora sexual y que fui formada por el proxenetismo internacional. Pero todos esos argumentos reflejan, justamente, la situación incómoda en que están ellas con su discurso de la mujer víctima que no eligió y que ellas están salvando. Ahora esas mujeres están diciendo “yo no soy víctima y no quiero que nadie me salve, sino que el Estado me reconozca mi trabajo y mis derechos”. Entonces hay, por un lado, trabajadoras hablando en primera persona, y por el otro, algunas feministas institucionalizadas hablando detrás del escritorio, donde no hay nadie que pueda respaldar ese discurso.

Tú dices que están más preocupadas de construirse a sí mismas como activistas.
–Sí, y por eso están siempre preocupadas de lo que genera la organización. Porque en todos los espacios donde ellas van a hablar, hablan de nosotras. Hablan de nuestras actividades, hablan del “Puta y Feminista”, que según ellas es una movida que generamos para atraer a chicas desde una mirada más cool. Muchas veces vienen periodistas y nos preguntan “mirá, fui a una charla y dijeron que ustedes eran proxenetas, que son un invento…”. Ante su situación incómoda, lo único que surge es desacreditar a una organización social que, como todas, pasa por procesos de maduración, de debates internos, de pensar estrategias para incidir políticamente y comunicacionalmente… Y ahora que, para peor, tenemos un gobierno de derecha, ha quedado a la vista que ellas dejaron ahí un montón de dispositivos judiciales para quienes quieran perseguir a la mujer que ejerce el trabajo sexual.

Vi un cartel que decía “Te lo decimos las putas: Macri no es hijo nuestro”.
–Sí, Macri y tantos otros.

Un doble reclamo: no le digan “hijo de puta” que nos ofende.
–Claro. Durante mucho tiempo nosotras nos corríamos de la palabra puta. No queríamos ni que nos fuera mencionada. Decíamos “no, nosotras somos trabajadoras y queremos que la sociedad nos comience a respetar como clase obrera”. Pero también vimos que al dejar que la palabra puta se siga usando para estigmatizar a las mujeres y sus cuerpos, le regalamos cosas al patriarcado. Esta fue toda una discusión interna que tuvimos. Y decidimos que no queremos regalar más nada, que durante muchos años le habíamos regalado casi todo a muchísima gente que se ha aprovechado del estigma nuestro, y de nuestra clandestinidad, para hablar por nosotras, para escribir libros por nosotras y hablar desde la academia por nosotras. Y que la puja de la organización sindical también recuperar esos espacios que ganó la mirada prohibicionista. Así que resolvimos reapropiarnos colectivamente de la palabra puta para quitarle el estigma y que algún día deje de ser un insulto a la mujer. Porque incluso para insultar al hombre se sigue insultando a la mujer que hay detrás del hombre. Y la raíz de eso es que hay un colectivo de trabajadoras sexuales, de putas, que está estigmatizado. Entonces, el día que nos reconozcan como trabajadoras, y el día en que demos entre todos y todas una gran batalla cultural, seguramente la palabra puta no tendrá el tinte peyorativo y discriminatorio que hoy tiene.

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Reunión del Grupo de Expertos convocada por ONU Mujeres incluye recomendaciones sobre el trabajo sexual

Publicado por NSWP el 22 de diciembre de 2016

 

Author: NSWP

 

http://www.nswp.org/news/expert-group-meeting-convened-un-women-includes-recommendations-sex-work

 

Como preparación para la Comisión sobre el Estado de las Mujeres, ONU Mujeres ha convocado una reunión del Grupo de Expertos sobre el tema prioritario: “El empoderamiento económico de las mujeres en el cambiante mundo del trabajo”. La reunión tuvo lugar en la sede de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra (Suiza) del 26 al 28 de septiembre de 2016. El informe incluye recomendaciones a propósito del trabajo sexual, incluyendo entre ellas la despenalización de trabajadoras sexuales y clientes a fin de salvaguardar los derechos humanos de las trabajadoras sexuales.

Las recomendaciones a propósito del trabajo sexual son las siguientes:

 

  • Reconocer que el trabajo sexual es trabajo y proteger los términos y condiciones de aquellas mujeres que puedan decidir libremente implicarse en el intercambio de sexo.

 

  • Asegurar que las trabajadoras sexuales tengan acceso a la atención médica y a la protección social y que no sean discriminadas negativamente por las leyes y normas nacionales

 

  • Reconocer a las organizaciones de trabajadoras sexuales como sindicatos y asociaciones legítimos e incluirlas activamente en los marcos e instituciones de negociación colectiva.

 

  • Despenalizar el trabajo sexual y la compra de sexo pero pedir cuentas a aquellos que se aprovechen de forma explotadora de su existencia.

 

Las opiniones expresadas en el informe (disponible al pie) no representan las opiniones de ONU Mujeres, pero sí representan las opiniones de los expertos convocados por ONU Mujeres.

Estas recomendaciones llegan en un momento interesante. ONU Mujeres está desarrollando actualmente su línea de actuación ante el trabajo sexual, sin incluir de forma significativa las experiencias vividas de las trabajadoras sexuales. ONU Mujeres lanzó una consulta a través de internet el 7 de septiembre de 2016, y han dejado claro que no tienen intención de ampliar su proceso de consulta más allá de esta excluyente consulta en línea. NSWP ha lanzado desde entonces una petición (1) solicitando a ONU Mujeres que incluya de forma significativa a las trabajadoras sexuales en el desarrollo de su línea de actuación. Ciento noventa organizaciones dirigidas por trabajadoras sexuales, organizaciones de derechos de las mujeres y organizaciones de derechos humanos han hecho un llamamiento (2) también a ONU Mujeres para que adopte un enfoque basado en la defensa de derechos en relación a los derechos de las trabajadoras sexuales.

NSWP lanzó la campaña ¿Nosotras no somos mujeres? #AreWeNotWomen (3) para poner de manifiesto cómo algunas personas en el movimiento de mujeres, incluyendo ONU Mujeres, están excluyendo a las trabajadoras sexuales en el desarrollo de la línea de actuación hacia el trabajo sexual. No será posible para ONU Mujeres desarrollar una posición sobre el trabajo sexual basada en los derechos humanos creíble si no reconocen y respetan las diversas realidades y experiencias vividas de todas las trabajadoras sexuales.

Descarga del informe:

EGM Report, UN Women – 2016.pdf

 


1.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/10/01/llamamiento-para-que-onu-mujeres-consulte-de-forma-significativa-a-las-trabajadoras-sexuales-cuando-desarrolle-normas-relativas-al-trabajo-sexual/

 

2.- http://www.creaworld.org/announcements/response-un-women-s-call-consultation-seeking-views-un-women-approach-sex-work-sex

 

3.- https://elestantedelaciti.wordpress.com/2016/12/12/campana-nosotras-no-somos-mujeres-arewenotwomen/

Mónica Oltra: “Hay que respetar a las mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos”

“Los estereotipos duros en política no sirven para empatizar”/ “Para afrontar el proceso territorial hay que empezar por la financiación”/ “No hace falta un sentimiento independentista cuando es el Estado el que te independiza”.

 

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL en Madrid. Jorge Barreno

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL en Madrid. Jorge Barreno

 

Mariano Gasparet @marianogasparet

Jorge Barreno

18.12.2016

 

http://www.elespanol.com/espana/20161216/178732509_0.html

 

 

Mónica Oltra (Neuss, Düsseldorf , 1969) es una de las políticas más brillantes y con más tirón del panorama patrio. La política que representaba a Camps como un forajido del far west y que, con sus camisetas reivindicativas y sus golpes de ingenio y mala uva, hacía trastabillar a Juan Cotino y reír a los periodistas se ha convertido en uno de los iconos más amables de la nueva política, sea lo que sea éste artificio conceptual.

Oltra es astuta, llana y tan amable que resulta afectuosa. Su proyección mediática supera con creces los lindes previsibles a su responsabilidad como vicepresidenta y consejera de Igualdad y Política Inclusiva de la Comunidad Valenciana, lo cual puede ser un indicio de una legítima ambición. De momento, gobierna en coalición con el socialista Ximo Puig, a quien un día de estos terminará de comerse: esto último es un juicio de valor del periodista que la entrevistada niega y regatea.

Hablamos de política, de dependencia, de la socialdemocracia, de su relación con Iglesias y Errejón, de Compromís y Podemos, de la crisis del PSOE, del cambio climático, de la reforma de la Constitución, de la discriminación fiscal de la Comunidad Valenciana, de la regularización de la prostitución y la legalización de la drogas, también de feminismo y de porno. Seduce en la proximidad ideológica e interesa en la divergencia. Cita a EL ESPAÑOL en el mercadillo solidario de la Fundación Blas Méndez Ponce que ayuda a los niños que reciben algún tipo de tratamiento oncológico, con la clara intención de darle visibilidad.

¿Qué es eso de feminizar la política?

Es poner en valor lo que tradicionalmente hemos hecho las mujeres. La sociedad de los cuidados es algo que siempre han hecho las mujeres, hay que feminizar la vida.

¿Dar por sentado que son las mujeres las que cuidan de los demás no es machista?

Los hombres también cuidan pero el 80% del cuidado del hogar recae en las mujeres. Por eso no se valora la sociedad de las cuidados, por eso ha sido un trabajo invisible, porque tradicionalmente lo han hecho las mujeres.

El deseo masculino es muy visual, mientras que el femenino es más oral. A nosotras nos ponen las palabras

¿También hay un porno feminista: qué es eso?

A ver, el deseo de los hombres y el de las mujeres no es igual. La industria del porno está dirigida a los hombres independientemente de su orientación sexual. Ahora se han incorporado a esa industria mujeres y guionistas que ponen el acento en el deseo femenino. El deseo masculino es muy visual, mientras que el femenino es más oral. A nosotras nos ponen las palabras. La tradición oral es también patrimonio de las mujeres, que tenemos menos voluntad de trascendencia que los hombres.

¿Se puede ser prostituta y feminista?

Claro que se puede, ¿por qué no?

Bueno hay quien considera que la prostitución es sólo esclavitud: también desde el feminismo.

Esa visión en blanco y negro forma parte de los esquemas patriarcales. Con el feminismo pasa como con la izquierda: hay muchos feminismos y no se debe confundir el género con los órganos genitales. El patriarcado es muy redentor, quiere salvar a los demás: y, oiga, no me salve usted de nada, sólo permítame emanciparme. Hay asociaciones de prostitutas, como Hetaira, que plantean cuestiones muy interesantes.

El redencionismo es despótico, pero no se puede hacer la revolución sin ellas. Yo no me atrevo a decirle a una mujer prostituta qué tiene qué hacer sin preguntarle qué quiere hacer. Lo que hay que conseguir es que ninguna mujer se prostituya sin su voluntad o se vea abocada a la prostitución por necesidad. Hay mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos y hay que respetarlo.

 

Mónica Oltra posa en un mercadillo solidario. Jorge Barreno

¿Se debe regularizar la prostitución?

Sólo si permite ser a las mujeres libres. En ningún caso como trabajadoras por cuenta ajena porque eso es dar cobertura al proxenetismo.

¿Las drogas?

Cuál de ellas… estamos bebiendo cerveza.

Todas.

Es una cuestión que habría que abordar desde espacios geográficos amplios, como la Unión Europea. Ahora, habría que hacer grandes inversiones en educación, formación, prevención… El problema de las drogas es que nos esclavicen. Y eso es más fácil que suceda cuando se sacan de su contexto cultural.

¿Cuál cree que es el principal problema o el principal reto de España?

Hay dos grandes retos en España son económico sociales y territoriales. El Gobierno convirtió la lucha contra el desempleo en una lucha contra el déficit y la deuda, por eso rescató bancos en lugar de rescatar personas. Ligado a este problema tenemos que afrontar el reto de garantizar la protección social de quienes se queden sin trabajo. El otro gran reto es el territorial: hay que solucionar las tensiones territoriales. Esto de meter los problemas en el cajón a ver si se solucionan solos, como hace Rajoy, es absurdo. Defender la Constitución es defender su reforma…

…Luego, el gran problema del mundo, el reto de la humanidad, es el cambio climático. El discurso medioambiental está dramáticamente ausente de la política española. No estamos hablando de un problema que afectará al planeta en 200 años. Estamos hablando de un problema que afectará a nuestros hijos, a las personas que ya viven aquí. La sociedad de los cuidados, la transición ecológica de la economía, el I+D+i y la cultura son los cuatro pilares de la nueva economía.

La Comunidad Valenciana es la única autonomía pobre que paga a comunidades ricas

¿Cómo afrontaría la solución del problema territorial?

Empezaría por la financiación autonómica. La Comunidad Valenciana es la única autonomía pobre que paga a comunidades ricas. Esto es injusto y es una anomalía democrática porque somos cinco millones de españoles a los que se nos castiga. ¿Y por qué? ¿Porque no somos suficientemente beligerantes?

¿Deberían ser más beligerantes?

Estamos empezando a serlo.

¿Esa beligerancia puede dar alas a un sentimiento independentista?

Él problema es el sentirnos castigados. No hace falta un sentimiento independentista cuando es el Estado el que te independiza. ¿Por qué a Madrid, Barcelona y Sevilla se les financia el transporte metropolitano y a Valencia, que es la tercera ciudad de España, no? ¿Por qué no se invierte en el Corredor Mediterráneo con lo que lo necesitamos para generar riqueza en toda la cuenca mediterránea y en toda España? ¿Por qué recibe la Maestranza de Sevilla más dinero que la Ópera de Valencia? Este castigo permanente a los valencianos ahora genera tristeza, pero llegará un momento en el que generará indignación.

¿Y puede haber un problema de independentismo?

Ya ha generado un sentimiento valencianista, por eso el auge de Compromís. Los valencianos nos hemos hartado de ser de segunda y hemos estado callados demasiado tiempo.

¿Referéndum unilateral para Cataluña?

Los problemas se solucionan hablando y todo tiene arreglo. Yo empezaría por la financiación porque las Comunidades de la cuenca mediterránea son las peor financiadas: por este orden, Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares y Murcia. Solucionemos esto, vayamos paso a paso, exploremos una reforma Constitucional federal y con sus asimetrías y, si al final existe un posicionamiento político de independencia, pues habrá que valorarlo a través de las urnas. Pero ese debe ser el final del camino. Rediseñemos qué parte se queda el Estado y qué parte se quedan las Comunidades, que son las encargadas de velar por la felicidad de la gente.

¿No es la asimetría la que ha perjudicado a la Comunidad Valenciana, entre otras?

Asimetría no significa desigualdad porque todo el mundo no necesita lo mismo. Hablo de respetar y proteger la asimetría territorial y la igualdad en derechos. De lo que se trata es de garantizar que si naces en León tienes las mismas oportunidades que si naces en Cantabria.

¿Reforma Constitucional o proceso constituyente?

Nosotros defendemos una reforma constituyente: es decir, reformar partiendo de lo que ya tenemos, porque no hace falta quemar las naves, pero sin apriorismos ni tabúes.

El auge de la extrema derecha es dramático porque la socialdemocracia no encuentra su lugar

¿Tabúes como la unidad del Estado?

Hablemos. El reto es que todas las Comunidades se sientan a gusto en un proyecto común de Estado. A mí me parece importante que haya un proyecto común de Estado, del mismo modo que estoy a favor de que la UE avance hacia una mayor cohesión. El ámbito europeo es fantástico para plantear, por ejemplo, un Ejército común y no 28. Luego, las regiones, los länder, las Comunidades, son el ámbito perfecto para gestionar la sanidad y la educación.

¿Europa va en sentido contrario?

El auge de la extrema derecha y la derechización cada vez más extrema de los partidos conservadores son dramáticos porque la socialdemocracia no encuentra su lugar. El triunfo de los verdes en Austria ha sido una alegría: y ha sido gracias a las mujeres, ojo.

¿Es más cómodo ir en traje que con camisetas reivindicativas?

Yo ya iba cómoda con trajes. Me he puesto camisetas cuando no me dejaban expresarme, cuando pervertían las reglas del juego.

 

Mónica Oltra. Jorge Barreno

¿Ahora no las necesita?

No, ahora no necesito camisetas reivindicativas.

¿Es más fácil gobernar que hacer oposición?

Hacer oposición frente a un PP despóstico era muy difícil. Estar en el Gobierno no es fácil, pero te permite mejorar la vida de la gente, mientras que en la oposición sólo podíamos visibilizar injusticias. Ahora en la oposición están más cómodos porque no les tapamos la boca.

¿De qué está más satisfecha después de un año y medio gobernando?

Lo que más me satisface es que 20.000 personas dependientes que estaban en lista de espera ya están dentro del sistema. Había 46.000 personas en lista de espera y 20.000 ya están en el sistema. También me satisface que los libros de texto son gratis en la Comunidad Valenciana por la red de libros (xarxa llibres). Y haber eliminado el copago en centros de día. Y la protección del litoral, con el desastre que teníamos y la corrupción asociada al urbanismo. También estoy muy contenta de que Thyssenkrupp haya vuelto a Sagunto.

¿Asignaturas pendientes?

Hay muchas asignaturas pendientes, pero que en la Administración los plazos sean tan largos me desespera. Hay una excesiva burocratización. La burocratización relajó los controles y eso extendió la corrupción.

La corrupción es un síntoma; el virus es la debilidad de la democracia.

¿Quiere decir que en parte la culpa fue de los funcionarios, que no controlaban lo suficiente?

La corrupción es un síntoma; el virus es la debilidad de la democracia. Si la democracia se debilita, gobernar se confunde con tener poder. Si el poder se sustantiviza el gobierno se convierte en despótico. Los funcionarios no tenían margen de actuación porque a quien se rebelaba se le purgaba. No hemos sabido blindar a los funcionarios y eso hay que hacerlo. Además, el informe técnico o la intervención decían una cosa y los políticos hacían otra.

¿Tiene coste en ideales el conocimiento de la praxis del gobierno?

Debo de ser una idealista irredenta porque no. Cuando entré en la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas los dependientes que estaban en el sistema cobraban a los tres meses. Ahora cobran el último o penúltimo día del mes vencido pese a que los funcionarios me decían que no era posible. ¿Cómo? Insistiendo, con voluntad. El cambio ha empoderado a los funcionarios.

¿No afecta a su idealismo gobernar con un PSOE que desilusiona a sus votantes?

Es difícil gobernar en general, pero coincido con el presidente Ximo Puig en que nos gusta este gobierno de mestizaje.

En solitario puedes tener la tendencia a endiosarte o a pensar que tú eres mejor

¿No preferiría gobernar en solitario?

Pues lo hemos hablado alguna vez y no lo sé. En solitario hay menos inteligencia colectiva y puedes tener la tendencia a endiosarte o a pensar que tú eres mejor, cuando nadie es mejor que otro por tener prioridades o ideas políticas distintas. Es un aprendizaje muy bueno asumir que nadie tiene la verdad absoluta. Yo me crié en el norte de Europa y allí las coaliciones son muy habituales.

¿Entonces, una candidatura de unidad PSOE-Compromís?

Bueno, queda mucho para 2019, ahora hay que gobernar.

¿No lo descarta?

Yo en la vida he aprendido a no descartar nada. Pero cada uno tiene su proyecto. Yo creo que Compromís es tecnología política punta porque sí ha sabido entender la nueva política.

¿La política está en la calle, como dice Iglesias, o está también en las instituciones, como defiende Errejón?

Estar en el Gobierno permite cambiar la vida de las personas, pero nosotros también estamos en la calle. El Gobierno valenciano en pleno estuvo el otro día detrás de una pancarta en una manifestación contra la violencia machista.

Esa manifestación es muy fácil.

También estuvimos en una manifestación de Pobreza Cero.

Tampoco es muy difícil eso.

Pero luego nos obliga a ser coherentes.

¿Y quién tiene razón en ese debate Iglesias o Errejón?

Yo desde la oposición trabajé mucho en las instituciones, donde representas a todo el pueblo.

En Compromís hemos inventado la nueva política y solucionamos la diferencia de opiniones sumándolas

¿Es más de la cuerda de Errejón?

Soy de la cuerda de Compromís y creo que Iglesias y Errejón se complementan muy bien. En Compromís, que somos quienes hemos inventado la nueva política, solucionamos la diferencia de opiniones sumándolas, haciendo que no sean excluyentes. En la nueva política el 51% no se impone al 49%. Aunque algunos tenemos más visibilidad, nadie es más que nadie y a mí cualquiera me pone las peras al cuarto en una asamblea.

¿Y una candidatura unitaria con Podemos en la Comunidad Valenciana?

El componente electoral de la política cansa a la gente y es un problema. Yo tengo que ver cómo evoluciona la población y pensar a 15 ó 20 años vista antes de poner una residencia. No puedo ir pensando en las elecciones siguientes para tomar esa decisión, ni tomarla porque el alcalde es mi amigo o es de mi partido, como se ha hecho hasta ahora.

¿Y qué cree que va a pasar en España y en Europa en unas décadas? El envejecimiento de la población es un problema grave, no hay políticas de natalidad…

Esas son las decisiones de calado: hay que poner en el centro la vida, los procesos tecnológicos que quitan puestos de trabajo deben aportar empleo o tiempo para todos. Sí hay riqueza, el problema es que está mal distribuida. El problema es que la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen es cada vez mayor. Desde un Gobierno autonómico se pueden hacer políticas de proximidad, pero estas grandes cuestiones requieren decisiones a nivel europeo…

… El envejecimiento de la población es un problema. Las parejas tienen un hijo o medio porque no pueden tener más. Me temo que la UE está tomando decisiones contraproducentes con las migraciones. Las migraciones son un chollo para los países ricos, no son un problema como quieren hacernos ver. Viene gente formada a enriquecer tu sistema productivo.

La sociedad de los cuidados genera trabajo, empleo de calidad, bien remunerado y no deslocalizable

Pero mantener el estado del bienestar de una población cada vez más envejecida con sistemas asistenciales más caros parece inviable.

Eso es una equivocación. Invertir en asistencia es rentable, es muy rentable. La sociedad de los cuidados genera riqueza. El problema es que es algo que hemos hecho tradicionalmente las mujeres y por eso no se le ha dado importancia. La sociedad de los cuidados genera trabajo, empleo de calidad, bien remunerado y no deslocalizable. El retorno por cada euro público invertido en cuidar a las personas mayores o a los dependientes es de 1,4 euros. Creces un 40% por euro invertido, como mínimo, porque esa gente consume y paga impuestos. El austericidio ha eliminado la inversión de ese euro y con ello se ha cargado un motor de crecimiento potentísimo.

Usted es percibida como la versión amable de Pablo Iglesias.

Vamos a ver, primero estaba Compromís y luego llegó Podemos, eh. Me acuerdo de un artículo que escribí para una revista de la Universitat de València, mucho antes de que existiera Podemos, en el que defendía la necesidad de hacer una transición amable para un cambio profundo. Nosotros acuñamos esa manera de entender la política. Los estereotipos amargos o duros no sirven para empatizar.

¿Prefiere la ‘sonrisa de un país’ a la rabia y la indignación?

Prefiero vehicular la rabia y la indignación con una sonrisa.

España es demasiado grande, Compromís es muy de la ‘terreta’

¿Tiene recorrido Compromís más allá de la Comunidad Valenciana?

Nuestro ámbito natural es la Comunidad Valenciana. En las generales fuimos con Podemos porque entendíamos que tampoco era bueno que obligaras a elegir a la gente entre proyectos parecidos. Preferimos sumar porque sabemos sumar, pero España es demasiado grande, Compromís es muy de la terreta.

¿Se imagina compitiendo con Pablo Iglesias o con Ada Colau en una candidatura de unidad?

No, me imagino colaborando como hasta ahora, pero no compitiendo.

Pero sí se imagina de presidenta de la Generalitat.

Bueno, por eso me presenté como cabeza de lista de Compromís. Ahora estoy muy a gusto de vicepresidenta y tenemos los roles muy compartidos el presidente Puig y yo. Yo quiero que al presidente le vaya bien.

¿Le preocupa la crisis del PSOE?

Obviamente, y no comparto que se haya facilitado la Presidencia a Rajoy, que es el peor presidente de la democracia con diferencia: los recortes de 2012, la reforma laboral, la ley de educación, la ley mordaza… Han sido torpedos en la línea de flotación del Estado.

Pedro Sánchez planteó su pacto con Ciudadanos como un plato de lentejas

¿Y en esto de que gobierne Rajoy es más responsable el PSOE que Podemos, que dio portazo al pacto PSOE-Ciudadanos?

Yo creo que sí porque Pedro Sánchez planteó su pacto con Ciudadanos como un plato de lentejas. Creo que él se ha arrepentido, por lo que dijo en un programa de televisión. No es justo sentarse a negociar diciendo que tal o cual cosa es innegociable.

Pablo Iglesias lo hizo antes: anunció, tras verse con el rey, que quería la vicepresidencia y seis ministerios como condición para sentarse con el PSOE.

No lo veo igual porque quien tenía el encargo de formar gobierno era Pedro Sánchez. Además, creo que la propuesta de Iglesias no era innegociable. Se interpretó como una imposición pero, por lo que yo vi y por lo que el propio Iglesias me contó, fue el modo de decir que se iba a mojar, que se iba a comprometer. Pero ese error se pagó: tú tienes que respetar a la persona con la que negocias.

 

 

 

 

 

 

 

 

La Asamblea Legislativa de la Ciudad de México frente la prostitución

Claudia Torres

octubre 19, 2016

 

http://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/?author_name=claudia-torres-patino

 

“En mi experiencia, la vida cotidiana de los grupos que viven el derecho es distinta de cómo nos la imaginamos los otros. En ese sentido, sus experiencias pueden cuestionar nuestras (muchas veces, erradas) asunciones; devolvernos de la fantasía de lo universal a lo concreto, e iluminar así el diseño de las normas y políticas públicas. Esa fue mi experiencia al estudiar los efectos del reconocimiento del trabajo sexual en la Ciudad de México, luego de que una jueza determinara que la prostitución es un trabajo protegido por la Constitución en 2014.11 Así, a partir de la narrativa de un muy pequeño grupo de trabajadoras sexuales organizadas, hice algunos hallazgos interesantes.”

 

El pasado 12 de octubre, el diputado Víctor Hugo Romo anunció el inicio de una serie de sesiones públicas en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México (ALCM) para discutir la posible regulación del trabajo sexual en la capital desde un enfoque de derechos humanos y seguridad.1 El diputado invitó a los actores interesados en el tema a participar en el debate público. A propósito de esta invitación, aprovecho para hablar sobre política y derecho en el contexto de la prostitución desde el feminismo crítico.2

La política

En los últimos años, los grupos feministas se han posicionado respecto de la prostitución y han intentado avanzar distintos esquemas de regulación. En general, y a riesgo de sobre-simplificar, hay dos grupos en disputa en los debates sobre prostitución en el ámbito global.3

Por un lado, están las feministas neo-reglamentaristas y los grupos de trabajadoras sexuales organizadas, quienes consideran que la prostitución voluntaria debe ser regulada como trabajo. Así, el Estado debe reglamentar la prostitución como haría con cualquier otra profesión. Dentro de este grupo, hay distintas posturas sobre qué tanto el Estado puede imponer controles sobre el ejercicio de la prostitución. Y es que los controles pueden ir desde el registro de trabajadoras sexuales o la certificación de éstas, hasta la vigilancia médica obligatoria. En contraste, respecto de la prostitución forzada, este grupo sostiene que el Estado tiene la obligación de perseguir a los terceros que se beneficien de esta actividad y proteger a las víctimas actuales y potenciales del delito.

En general, la ideología subyacente en esta postura es liberal. La voluntad de la persona define el tipo de intervención del Estado, es decir, si éste debe permitir o prohibir la prostitución. El argumento va así: como el ejercicio de la prostitución voluntaria no genera daño a terceros, el Estado debe abstenerse de intervenir en la esfera privada –dentro de la que se ejerce la sexualidad. De hecho, la presencia de vicios de la voluntad y en última instancia el daño que resiente la persona coaccionada justifican la intervención del Estado en el caso de la prostitución forzada.

Por otro lado, están las feministas abolicionistas –a cuyo grupo se han sumado, con más o menos legitimidad, grupos cristianos conservadores.4 Para este grupo, la prostitución necesariamente entraña explotación sexual y una violación a los derechos humanos de las personas prostituidas. Por ello, su argumento es que el Estado debe abolir la práctica. Nunca reglamentarla.5 En este sentido, las abolicionistas apoyan un rango de medidas cuyo fin último es erradicar la prostitución: criminalizar al cliente y los terceros que obtienen beneficio económico de la prostitución; aumentar las penas en los delitos de explotación sexual y trata de personas; adoptar políticas para combatir la desigualdad estructural; o incluso –en su vertiente más prohibitiva y estatista– criminalizar a las prostitutas bajo la lógica: “mejor en la cárcel que en la calle”.

En términos generales, la ideología detrás de esta postura es materialista. Para las abolicionistas, la desigualdad de género es fundacional y, en ese sentido, inescapable. Las personas (mujeres, en concreto) pueden pensar que ejercen el trabajo sexual por voluntad, pero normalmente se equivocan. Las estructuras de desigualdad les nublan el juicio.

Pues bien, ambas posturas sin dudan van a encontrarse durante los debates que se llevaran a cabo a partir del día de hoy en la ALCM. Hago énfasis en esto porque, típicamente, quienes participan en los debates sobre prostitución no explicitan sus posturas políticas y sesgos ideológicos. Tampoco mencionan que sus argumentos no son verdades, sino eso: posturas.

En este sentido, vale recordar que en el contexto de un régimen político democrático, la racionalidad y el progresismo del proceso de creación de normas vienen –creo– de articular los fines que éstas buscan y explicitar las razones para desear tales fines. Basarse simplemente en la tradición, los derechos humanos en abstracto o las tendencias en otros países para crear normas y políticas deja el fundamento de nuestros juicios morales en el dominio de la inconciencia. Ser críticos de las posturas de los grupos en contienda es dudar de las verdades que supuestamente subyacen en distintos esquemas de regulación. Estas dudas abren la posibilidad de reconsiderar deliberadamente el valor útil de las distintas propuestas: su conveniencia práctica. Me parece que el escepticismo moral es el primer paso hacia un mejor diseño de las normas y políticas públicas en materia de prostitución.

Ser escépticos, entonces, no significa adoptar el escepticismo como punto de llegada. En las democracias, alguna idea moral –o serie de ideas– termina primando en las discusiones públicas. Finalmente, ésta(s) idea(s) se deposita(n) en el orden jurídico y los programas de gobierno. Por el contrario, escepticismo apriorístico significa estar conscientes de que los principios que hemos decidido materializar en la legislación y la política pública son los mejores sólo para el aquí y el ahora. Nada más pretencioso. En términos morales, las discusiones políticas no son sino decisiones sobre en qué casos debe intervenir el Estado (sea en forma de prohibiciones y permisiones; distintas distribuciones de costos y beneficios; apoyos y la negación de estos, etc.).

¿Y qué hay con perpetuar el statu quo? Las desigualdades de género que dan lugar a la prostitución, dirían algunas feministas, son estructurales. Al regular la prostitución, el Estado –a través de sus normas y políticas– legitima y refuerza esas desigualdades. Continuarían: para cambiar las estructuras de desigualdad, hay que cambiar la ideología que subyace en ellas a través de políticas asistencialistas para las personas prostituidas y la persecución de los criminales. Difiero. Creo que las políticas asistencialistas y el derecho penal son convenientes, pero por motivos prácticos no simbólicos.6 Además, como han señalado algunos teóricos, las estructuras de desigualdad no son cosas que preexisten a la acción social.7 Una pequeña desviación en nuestras interacciones diarias tiene la capacidad de alterar las estructuras. Estas deviaciones pueden ser fomentadas o inspiradas a través de muchos mecanismos, incluyendo la regulación por parte del Estado. Estoy convencida de que si nos abrimos a la posibilidad de que las personas jueguen con –y paulatinamente resignifiquen– las estructuras en su vida cotidiana, ampliaríamos enorme y productivamente la gama de herramientas de cambio social.

El derecho

Como señala Janet Halley y otras académicas el actual feminismo de la gobernanza (i.e., el feminismo más popular e institucionalizado y que aquí he descrito como el dúo neo-reglamentarismo/abolicionismo) generalmente omite el análisis pragmático y distributivo de las consecuencias de los regímenes legales que propugna.8 Es decir, por lo general, los grupos feministas hemos mantenido las discusiones legislativas en el ámbito abstracto del deber ser –la moral– (que ya describí arriba). Hemos hecho esto a expensas del análisis sobre cómo opera, de hecho, el derecho.

En esta línea, la socióloga Elizabeth Bernstein explica qué pasa cuando nos seduce la retórica sobre los méritos morales de una propuesta legislativa y dejamos de prestar atención a los efectos de la reforma legal.9 Bernstein, por su parte, toma como objeto de deconstrucción los regímenes de Estocolmo y Ámsterdam: dos ciudades tomadas como modelo de reforma regulatoria en materia de prostitución. En Estocolmo, la adopción del modelo de criminalización de la demanda se justificó en la equidad de género. Al menos en el discurso, el objetivo era que la criminalización de los clientes eliminara la oferta de prostitución. No obstantes las declaraciones en contrario del gobierno sueco, Bernstein encuentra que la prostitución nunca fue eliminada, sino que se sumergió en el ámbito privado y de la clandestinidad. Según algunos entrevistados, la reforma no podía haber generado efectos más distintos de los que se esperaba lograr: ésta había incentivado la migración de mujeres al interior de Estocolmo y, dado el nuevo carácter clandestino del mercado, había aumentado la trata de personas.

Por su parte, en Ámsterdam, se puso en marcha la legalización de la prostitución en burdeles, así como la administración de estos establecimientos. La lógica era convertir el mercado negro en uno regulado, sujeto a impuestos y estándares de seguridad e higiene para mejorar las condiciones laborales de, entre otros, las trabajadoras sexuales. Los resultados fueron los siguientes. Los precios de los servicios sexuales cayeron, lo que llevó a que todos aquellos que no podían cumplir con los costos de la regulación (casi siempre migrantes) pensaran en irse a países donde la prostitución estaba desregulada y era mejor pagada. Simultáneamente, quienes sí pudieron afrontar el incremento en los costos de operación (típicamente, trabajadoras nativas y grandes o medianos empresarios) centralizaron el mercado.

Tanto en el caso de Estocolmo como el de Ámsterdam, las reformas terminaron afectando los intereses de quienes prometieron proteger: las mujeres –particularmente, migrantes. Aún hoy, muchas personas siguen propugnando estos esquemas de regulación como si fueran inequívocos e indisputables. No lo son. Las deficiencias de estos y otros regímenes se hacen evidentes al analizar –a priori o a posteriori– sus consecuencias. En los casos que describí, al menos algunos de los efectos adversos generados por las reformas eran previsibles. Empero, los daños colaterales de las reformas no se analizaron suficiente, no se explicitaron o no se tomaron en serio –ni antes ni después de la reforma.

La obliteración de estos daños podría ser producto, como señala Bernstein, de los intereses velados de los políticos malintencionados. Pero hay al menos una hipótesis alternativa: a veces, nos atrapa la fantasía de que las prescripciones legales se reflejan automáticamente, y tal cual, en el mundo social. Soñamos que las prescripciones de los tratados y las leyes van a materializarse de acuerdo con el bienintencionado derecho-en-los-libros. El realismo jurídico (norteamericano) apunta a que esto es imposible.10 Las normas jurídicas y las políticas públicas operan en una imbricada red de prácticas sociales, normas preexistentes y estructuras de mercado. De creerle a los realistas, tendríamos que identificar –en cada intento de creación de normas y políticas públicas– los contextos de operación de las normas, considerarlos en nuestros cálculos costo-beneficio y, más importante, monitorear los efectos de las reformas legales.

En mi experiencia, la vida cotidiana de los grupos que viven el derecho es distinta de cómo nos la imaginamos los otros. En ese sentido, sus experiencias pueden cuestionar nuestras (muchas veces, erradas) asunciones; devolvernos de la fantasía de lo universal a lo concreto, e iluminar así el diseño de las normas y políticas públicas. Esa fue mi experiencia al estudiar los efectos del reconocimiento del trabajo sexual en la Ciudad de México, luego de que una jueza determinara que la prostitución es un trabajo protegido por la Constitución en 2014.11 Así, a partir de la narrativa de un muy pequeño grupo de trabajadoras sexuales organizadas, hice algunos hallazgos interesantes. Uno: las credenciales de trabajador no asalariado aumentaron el poder de negociación de las trabajadoras sexuales en sus encuentros diarios con la policía. Más aún, que la Ley de Cultura Cívica del D.F. considerara una falta administrativa a la prostitución (artículo 24, fracción VII) desequilibraba excesivamente estas negociaciones informales a favor de la policía. Dos: las credenciales tuvieron efectos emancipadores para ciertas trabajadoras sexuales en relación con las así llamadas madrotas. Tres: los programas y servicios que las trabajadoras sexuales recibirían en tanto trabajadoras no respondían necesariamente a sus intereses y necesidades. En fin, este esquema ha tenido tanto efectos positivos como limitaciones. Sin embargo, analizar las consecuencias de la certificación libres de prejuicios morales plantea la posibilidad de mejora.

Las instituciones (derecho y política) pueden generar cambios. Sobra aclarar que no pienso lo contrario. Pero los cambios están mediados por la agencia de las personas. Es a estas, sus junto con sus contextos y experiencias, a quienes debemos traer al frente. El ejercicio que considero debe hacer la ALCM es de realismo jurídico, consecuencialismo y auto-crítica: una continua labor de filigrana. Lo cual exige estudiar el contexto de aplicación de las normas, predecir las consecuencias de la reforma legal y someterlas a constante evaluación. También supone transparencia respecto de los costos, no sólo los beneficios, que van a enfrentar distintos actores sociales. ¿Por dónde empezar? Hasta ahora, la ALCM lo ha hecho bien: convocar a distintos grupos con interés en las reformas, entre ellos (y, quizá, sobre todo), el de las trabajadoras sexuales. Lo que sigue ahora, desde nuestra trinchera, es un escrutinio puntual de estas discusiones.

Claudia Torres. Miembro del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE; candidata SJD, Harvard Law School.

1 Convocatoria a las Sesiones de Parlamento Abierto sobre regulación del trabajo sexual, del diputado Víctor Hugo Romo a Claudia Torres (octubre 14, 2016) (en archivo con la autora). Las audiencias se llevarán a cabo el 19 y 26 de octubre, así como el 9 y el 16 de noviembre en el edificio legislativo ubicado en Gante #15, Colonia Centro. Respectivamente, los temas a abordar son trabajo sexual, trata de personas, discriminación y política de salud en relación con la prostitución.

2 En este contexto, entiendo al feminismo crítico como uno que rechaza la postura normativa de los feminismos liberal y radical, según los cuales la prostitución necesariamente debe ser legalizada o abolida, respectivamente. El feminismo crítico me parece, ante todo, consecuencialista: se pregunta cuáles son las consecuencias de cualquier esquema de regulación independientemente de su mérito moral.

3 Ver Prabha Kotiswaran, Burn unto Brothels: Toward a Legal Ethnography of Sex Work in an Indian Red-Light Area, 33(3) Law & Social Inquiry 579 (2008): 581 (describiendo las dos posturas del feminismo que participan en los debates sobre prostitución).

4 Cuando hablo de legitimidad, me refiero al reconocimiento que el grupo hace de sus miembros. Por ejemplo, Rosy Orozco no disfruta de mucha legitimidad dentro del movimiento abolicionista. Ver S. Rosagel, Rosi hace “trata” de víctimas, acusan; “son sobrevivientes”, revira (1 de 3), agosto 17, 2015, http://bit.ly/2eiOts3 (Teresa Ulloa, una de las máximas exponentes del abolicionismo en México, deslindándose de los proyectos de Rosi Orozco y denunciando el abuso de ésta en contra de ex-víctimas de trata de personas)

5 Ver, por ejemplo, Teresa Ulloa, Formas veladas de legalizar la prostitución, CIMAC Noticias, octubre 4, 2016, http://bit.ly/2eP2EIK

6 Por ejemplo, la provisión de servicios de salud gratuitos a trabajadoras sexuales de bajos ingresos me parece una política asistencial conveniente, porque para muchas de ellas –igual que para otros miembros de las clases sociales más bajas con seguros sociales de limitado alcance– es imposible pagar servicios de cuidado prolongado o de tercer nivel. Ver Claudia Torres, The Effects of Sex Work Certification in Mexico City, (tesis de maestría LL.M., Harvard University) (en archivo con la autora) (refiriendo la información recolectada a partir de una muestra de siete trabajadoras sexuales organizadas y certificadas). No es lo mismo (en términos de eficiencia presupuestal, principalmente) que decir que, en sí mismo, el Estado debe proveer servicios de salud a todas las trabajadoras sexuales. En realidad, varias de ellas ya cuentan con un seguro social relativamente funcional o tienen los medios para acceder a servicios de salud particulares.

7 Un ejemplo en el ámbito de la sociología del derecho está en Patricia Ewick y Susan Silbey, The Common Place of Law: Stories From Everyday Life (The University of Chicago Press, 1998) (citando a Stuart Henry acerca de las estructuras como propiedad emergente)

8 Janet Halley et al., From the International to the Local in Feminist Legal Responses to Rape, Prostitution/Sex Work and Sex Trafficking: Four Studies in Contemporary Governance Feminism, 29 Harvard Journal of Law and Gender 335 (2006): 361, 368.

9 Elizabeth Bernstein, Temporarily Yours: Inthimacy, Authenticity and the Comerce of Sex (The University of Chicago Press, 2007), 142 y ss.

10 Por ejemplo, ver Robert Hale, Coercion and Distribution in a Supposedly Noncoercive State, 38 Political Science Quart. 470 (1923); Karl Llewellyn, Some Realism About Realism –Responding to Dean Pound, 44 Harvard Law Review 1222 (1931).

11 Juicio de Amparo 112/2013, Juzgado Primero de Distrito en Materia Administrativa en el Distrito Federal [JD], January 21st, 2014 (Mx.).