Cuando las ex trabajadoras sexuales se convierten en SWERF

 

 

Por Kelly Palmer

Psicoterapeuta, activista espiritual, ecofeminista, adicta recuperada y superviviente de trauma, autora de éxito de ventas (con Michelle Kelly) y madre de tres hijos.

17 de julio de 2018

https://medium.com/@michellekelly_86703/when-former-sex-workers-become-swerfs-4496d1a90d99

 

 

¿Por qué muchas mujeres que dicen ser ex trabajadoras sexuales se parecen tanto a las SWERF? (Sex Worker Exclusionary Radical Feminists = Feministas Radicales Excluyentes de las Trabajadoras Sexuales). Definitivamente, nadie puede ser excluyente de sí mismo. Sin embargo, esta es una dinámica común, y me gustaría compartir mis pensamientos sobre por qué ocurre eso.

Porque yo soy una ex trabajadora sexual. Y he expresado puntos de vista que eran definitivamente SWERF, en la creencia genuina de que estaba ‘ayudando’ a otras trabajadoras sexuales. Que tenía el deber de hacer públicos los horrores muy reales que he experimentado en la industria. Apoyé el modelo nórdico. Escribí una carta abierta a Amnistía Internacional denunciando su apoyo a la legalización del trabajo sexual. Realmente creía que la industria del sexo era intrínsecamente explotadora y violenta hacia las mujeres y que despenalizar el trabajo sexual significaba dejar a los proxenetas y puteros abusivos campar a sus anchas. Leí el libro   “Paid For” (“pagada por ello”) de Rachel Moran y lloré.

Recientemente, he estado reconsiderando mi posición. En primer lugar, el modelo nórdico no funciona. En realidad, no ha reducido la violencia contra las trabajadoras sexuales. La mayoría de las trabajadoras sexuales actuales no lo quieren; parecen querer por mayoría abrumadora, si no la legalización de hecho (que puede causar sus propios problemas para las trabajadoras sexuales, a la alemana), sí la total despenalización y expansión y protección de sus derechos. ¿Por qué no las estamos escuchando? Y cuando vi a las así llamadas feministas callar a gritos a las propias trabajadoras sexuales y continuar abogando por algo que no funciona y que de hecho daña a las personas a las que dicen querer ayudar, empecé a darme cuenta de que había algo muy equivocado en esta imagen.

Entonces, ¿por qué tantas ex trabajadoras sexuales se metamorfosean en SWERF? Hablando tanto como terapeuta como por mi propia experiencia (y ciertamente no pretendo hablar por todas las trabajadoras sexuales) puedo ofrecer las siguientes perspectivas;

  • Muchas de estas ex trabajadoras sexuales han tenido experiencias genuinamente traumáticas y de explotación y erróneamente quieren proteger a otras mujeres de que pasen por lo mismo
  • Como sobrevivientes de trauma, o incluso simplemente para luchar contra el estigma social, la vergüenza se internaliza y se proyecta sobre aquéllas que aún trabajan en la industria del sexo
  • Las SWERF genuinas jugarán con estos temores y sentimientos muy reales para reclutar a ex trabajadoras sexuales para su causa (de la misma manera que los TERF juegan con los temores de asalto de las mujeres inventando una narrativa donde las mujeres trans son en realidad depredadores masculinos cis disfrazados, simplemente al acecho esperando la oportunidad correcta para violarnos)
  • La típica retórica feminista liberal a menudo pinta una imagen de “mundos de yupi” de la industria del sexo donde todas están felices y seguras y se llevan bien tomando decisiones empoderadas, ignorando las dinámicas de poder muy reales que de hecho ocurren, incluyendo las de raza y clase, explotación y violencia. Para una ex trabajadora sexual con experiencias traumáticas en la industria, esto es a la vez despectivo y deshumanizante

Después de buscar mucho, investigar y escuchar realmente a las trabajadoras sexuales en activo, me di cuenta de algunos contraargumentos que oponer a los anteriores.

  • No todas las experiencias de mujeres son iguales a las mías. Si bien los niveles de abuso y violencia son realmente elevados dentro de la industria del sexo, no todas son víctimas. No todas las trabajadoras sexuales necesitan ser salvadas. ¿Quién soy yo, Lancelot? No hay nada feminista en tratar de convencer a una trabajadora sexual de que es una víctima. Esto no está haciendo nada para ayudar y apoyar a las personas que en realidad están siendo victimizadas.
  • La vergüenza en torno al trabajo sexual proviene del mismo lugar que la vergüenza en torno al sexo: el conservadurismo paternalista, patriarcal y moralista. No hay nada feminista en esto. Necesitamos sanar nuestras propias heridas, no proyectarlas sobre otras.
  • Las SWERF no son mis amigas. En realidad, no les importa ni mi dolor ni mi historia, solo quieren explotarlos para beneficio de su propia agenda. No les importan las trabajadoras sexuales. De ahí por qué han sido apodadas ‘excluyentes’.

El feminismo liberal blanco rezuma clase y privilegio blanco y rara vez proporciona un análisis válido de nada. Eso no significa que las trabajadoras sexuales que realmente disfrutan de su trabajo y toman decisiones con poder a diario no existan. Existen. Y a menudo son pioneras dentro de la industria del sexo, particularmente dentro de la industria de la pornografía, para transformarla desde adentro en una ocupación genuinamente inclusiva y sexualmente positiva. Esto debe ser aplaudido y alentado.

La conclusión es que el ‘adelante putas, ganad dinero’ de las liberales y el ‘todo trabajo sexual es malo y debería ser abolido’ de las SWERF están en extremos opuestos del espectro ideológico y, como resultado, generalmente no logran capturar la experiencia vivida de la mayoría de las trabajadoras sexuales (necesito dejar claro en este punto que en este artículo entiendo por trabajadoras sexuales a aquellas mujeres que eligieron, por cualquier razón, ingresar en la industria, no a las víctimas de trata sexual). Los SWERF a menudo funden en una las dos situaciones para confundir aún más a todo el mundo).

La verdad es que la industria del sexo puede ser (y lo es a menudo) misógina, abusiva y traumática. Las trabajadoras sexuales en general muestran altas tasas de PTSD ¿Sabes por qué? Porque es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. El problema no es la industria. Es la misoginia y la violencia de género. ¿Ahora resulta que ambas cosas son casi exclusivas de la industria del sexo? La industria funciona como un microcosmos de la sociedad en general y un espejo de la dinámica sexual que opera dentro de ella. Sí, estas estructuras necesitan ser desmanteladas. ¿Cómo se va a conseguir eso atacando a las trabajadoras sexuales e ignorando completamente sus voces?

Sí, mis experiencias a menudo fueron horribles, pero ¿sabes qué? Algunas de ellas no lo fueron. Conocí a mucha gente realmente genial. Y cuando entré en la industria ya estaba traumatizada por el abuso infantil, la violencia doméstica y la adicción a las drogas, lo que significó que mi capacidad de decisión estaba dañada, desde luego. Si hubiera ingresado en la industria por otras razones, sin estas vulnerabilidades existentes, que por supuesto me pusieron en la línea de fuego para el peor tipo de depredadores, mis experiencias podrían haber sido muy diferentes. Si bien la correlación entre el trabajo sexual y la violencia no se puede ignorar, no debería ser excesivamente simplificada y utilizada para anotar puntos en una agenda moralista. Esto no ayuda nada a las víctimas reales y, de hecho, explota su experiencia.

Las actitudes de las SWERF hacia la abolición ignoran también por completo las estructuras económicas. Muchas mujeres eligen el trabajo sexual para escapar de la pobreza, y experimentan esto como una elección empoderada. Al abogar por la abolición del trabajo sexual sin un desmantelamiento completo del sistema capitalista actual, las SWERF están negando a las trabajadoras sexuales su derecho a sobrevivir. Todo el trabajo bajo un sistema capitalista y neoliberal es explotador. Negar los derechos básicos a las trabajadoras sexuales es aumentar la explotación.

Así que quiero decir esto a otras ex trabajadoras sexuales cuyas experiencias fueron difíciles en el mejor de los casos y traumatizantes en el peor: te escucho, te quiero, tus experiencias y sentimientos son reales y válidos.

Pero también lo son los de otras personas.

No seas una SWERF.

 


Referencias y recursos

Moran, Rachel ‘Paid For; My Journey through Prostitution’ WW Norton Books

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Tráfico, trata y prostitución: definición de conceptos para la resolución de los problemas

 

  • La catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada, Estefanía Acién, Mabel Lozano y el jefe del Grupo I de la UCRIF participan en una mesa redonda sobre la trata sexual de mujeres
  • Acién argumenta que el abolicionismo corre el riesgo de invisibilizar a las víctimas de la trata

 

Por Néstor Cenizo

5 de julio de 2018

https://www.eldiario.es/UNIA/Trafico-prostitucion-definicion-conceptos-resolucion_6_789581065.html

 

La trata, el tráfico de mujeres, la explotación sexual y la prostitución son conceptos que tienden a utilizarse de forma imprecisa. La confusión dificulta la resolución del problema, según denunciaron este jueves   Marisa Maqueda y Estafanía Acién. Maqueda es catedrática de Derecho Penal en la Universidad de Granada y Acién es profesora de Antropología en la Universidad de Almería. Ambas participaron este jueves en una mesa redonda sobre la “trata sexual de mujeres”, dentro del curso de verano “Mujeres frente a la violencia”, organizado por la   Universidad Internacional de Andalucía y la Fundación General de la Universidad de Málaga, y dirigido por   Flor de Torres  (fiscal delegada contra la violencia de género) y   Patricia Laurenzo, catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Málaga.

Maqueda, una de las grandes especialistas españolas en la materia, realizó una exposición muy crítica, porque cree que no se aborda un verdadero debate, en perjuicio de las víctimas. “Las mujeres tratadas y las explotadas tienen en común el contexto coercitivo, pero hay que ser exacto:   no es lo mismo trata que prostitución. Cuando vemos cómo las captan, con engaño o con violencia, eso es trata y ahí termina. Luego   podemos llamarle explotación, esclavitud, servidumbre, o prostitución forzada… Sin embargo, a todo se le llama trata”.

Penas diferentes

Para la catedrática, esto   “invisibiliza y devalúa su condición de víctimas”. Por ejemplo, tiende a olvidarse que la pena por explotación sexual es inferior (de dos a cinco años de prisión) que para la propia trata (de cinco a ocho años). “¿Cómo es posible que se valore más el proceso que conduce a la esclavización que la propia esclavización? No tiene sentido”. Se produce según Maqueda un “olvido” de las mujeres explotadas que no han sido tratadas. “Personas que han venido voluntariamente, y que luego aquí han sido coaccionadas o amenazadas por las redes. ¿Dónde están sus voces?”.

Las víctimas no se identifican correctamente y el problema queda sin resolver porque no se define. “En abril de 2017 El País en un reportaje daba la cifra de 5.660 víctimas de trata, mientras que eran 193 en 2016. El Ministerio de Sanidad dio la cifra de 13.000 en el periodo 2012-2016, mientras que la Fiscalía de Extranjería hablaba de 1.400. ¿Qué pasa? Que no sabemos de qué víctimas estamos hablando”.

En opinión de Maqueda, esto ocurre en un contexto en el que tampoco se diferencia entre la prostitución forzada (o explotación sexual) y la prostitución voluntaria. “Toda prostitución es una forma de violencia y un obstáculo para la igualdad de género. ¿Pero   es igual la violencia física que sufren las mujeres explotadas y la simbólica que sufren las mujeres que ejercen libremente la prostitución?“, se preguntó la catedrática.

“En el ámbito académico hay un debate muy interesante sobre cómo dar reconocimiento a estas víctimas de explotación forzada, quizá creando un delito de esclavitud o servidumbre. Y el movimiento abolicionista se está perdiendo ese debate”, lamentó Maqueda, que cree que   con el “empecinamiento” por la prostitución voluntaria “se deja indefensa a la víctima de trata”, que no sólo viene a España a ejercer el sexo forzado, sino también en tareas agrícolas en condiciones precarias o ilegales o a talleres clandestinos.

La catedrática resaltó que cuando son detectadas como víctimas de trata “no son tratadas como sujetos de derecho, sino como instrumentos de investigación”. La mayoría no consiguen el permiso de residencia, pese a tener derecho a ello como víctimas, porque no son identificadas o detectadas por la brigada de extranjería, o porque cuando son identificadas y llamadas a declarar ya han sido expulsadas, o porque tienen miedo a declarar y no confían en “nuestros premios ficticios”.

Según la memoria de la Fiscalía, citada por Maqueda, sólo 24 de las 129 mujeres identificadas se atrevieron a colaborar. “¿Dónde están las voces del feminismo abolicionista? Yo no oigo esas voces, porque cuando habla de trata el feminismo abolicionista sigue hablando de prostitución no forzada y en acabar con ella. Quizá   no son conscientes de que con ello están creando más víctimas”, concluyó la catedrática.

“A nadie se le ocurre decir que hay trata porque hay que recoger la fresa”

En una línea muy parecida, Estefanía Acién repasó su tesis doctoral, para la que realizó un trabajo de campo en el que entrevistó durante doce años a 807 trabajadoras nigerianas en la comarca del Poniente Almeriense.   “El concepto de trata tal y como se maneja mayoritariamente el movimiento feminista no me servía para entender la realidad de estas mujeres”, aseguró. Según Acién, la teoría dominante “no resiste el estigma de la prostitución”, que a su vez tiende a explicarse sobre dos conceptos: el patriarcado y la trata.

Este enfoque, llamado “trafiquista”, es dominante en la literatura académica pero en opinión de la profesora descuida la distinción entre prostitución, tráfico de migrantes y trata de personas. “Realiza una representación ideológica, y habla de todas las mujeres migrantes que trabajan en la prostitución en destino como víctimas del crimen organizado”, de modo que se afirma que combatir la prostitución es combatir el tráfico o la trata. “Se llega a decir que la trata existe porque existe la prostitución, pero a nadie se le ocurre decir que hay trata porque hay que recoger la fresa”. Acién y Maqueda coincidieron en que el discurso dominante provoca que la lucha contra la trata acabe convertida en mero instrumento de restricción de la inmigración ilegal.

De su experiencia, Acién concluyó que   “el relato de la trata es inexacto, injusto y pobre”. “Las mujeres que entrevisté querían dejar la prostitución, pero nadie les iba a dar trabajo siendo mujeres, negras y sin papeles. No tenían hueco en esta sociedad. El delito de la trata no explica esto”, relató la profesora, que destacó que la explotación sexual directa no era frecuente, y ni siquiera era necesaria: “Lo que tienen que hacer es pagar la deuda por el viaje, y esa es la amenaza”.

La mesa redonda, que se desarrolló justo después de la proyección del documental “Chicas nuevas, 24 horas”, de   Mabel Lozano, contó también con la participación de   Pablo Fernández, Jefe del Grupo I de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, que se mostró satisfecho por la colaboración que ahora existe con las ONG y los avances desde que, hace pocos años, ni siquiera se tipificaba la trata como delito.   “Los compañeros cuentan que no sabían dónde llevar a las chicas. Tenían que pagarles ellos una habitación o dejarlas en dependencias policiales. El panorama ha cambiado. Hay más y mejores herramientas para luchar contra la trata. Y también más experiencia”.

Según explicó el policía, el principal objetivo es el rescate de la víctima, que en muchas ocasiones no es ni siquiera consciente de su situación. “Esto a veces es complicado porque hay que valorar intervención inmediata (y salvar la víctima) o estudiar un poco más la situación, tener indicios y desarticular a los tratantes”, comentó.

Luego explicó el caso de una mujer sudamericana, madre de dos hijos y víctima de un engaño por el que creía deber 70.000 euros a una organización criminal que ni siquiera existía. Abandonó a su familia y durante dos años fue explotada sexualmente. Costó mucho hacerle ver que había sido víctima de un engaño. “Nos produce mucho placer cuando nos llama para tomar un café y nos comenta cómo ha ido recuperando el contacto con sus hijos y su familia”.

El contrapunto a esta historia lo puso Estefanía Acién, que recuperó el caso de una mujer nigeriana que, habiendo denunciado ser víctima de trata, tardó dos años en recibir los papeles. Después de denunciar no recibió ninguna ayuda ni protección, así que durante dos años tuvo que seguir ejerciendo la prostitución.

 

María Galindo: “Indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas”

María Galindo

 

La Cofundadora del colectivo Mujeres Creando habla con ‘Público’ sobre el panorama actual del feminismo.

 

  • Planteamos la prostitución autogestionaria y tenemos una organización de locales de prostitución autogestionarios.
  • Lo que queremos es prostitución sin proxenetas y sin alcohol. Estamos en esto años.

 

Por CRISTINA FALLARÁS 

1 de julio de 2018 

http://www.publico.es/sociedad/maria-galindo-maria-galindo-indias-putas-lesbianas-juntas-revueltas-hermanadas.html

 

 Defiende la política concreta y la primera persona. Pelea el feminismo desde medios de comunicación paralelos, actuaciones “legales” paralelas, y una acción directa basada en la despatriarcalización y la descolonialización. Cofundadora del colectivo Mujeres Creando, defiende los “prostíbulos autogestionados”.

Tal y como la describió su colega Gabriela Wiener, María Galindo (La Paz, Bolivia, 1964) es “lesbiana, gorda, terca, escritora, agitadora, terror de la policía y grafitera”. La desobediencia es su sello, pero también la penetración de cualquier espacio de difusión. La voz. Galindo se ha convertido, desde la Bolivia de Evo Morales, en un referente en la lucha feminista y el azote contra la simplificación.

¿Qué es el “feminismo urgente”? 

Es el feminismo que debe responder con prácticas políticas concretas y no tan sólo con ideología a la gran efervescencia social que tiene escala internacional, regional o planetaria de explosión de formas de rebeldía personales y colectivas de las mujeres. Solo un feminismo urgente nos permitirá profundizar los horizontes de esta movilización que acaba de empezar.

¿Es posible cambiar la Justicia patriarcal? ¿Cómo?

Nosotras no hemos delegado en la justicia patriarcal, que no se puede cambiar la gestión de la defensa de las mujeres ante la violencia machista. Esta gestión es urgente, pues la violencia machista es hoy uno de los problemas centrales de las mujeres de una multiplicidad muy importante de sectores. Nosotras hacemos lo que yo llamo política concreta, que consiste en ofrecer un servicio feminista con una visión diferente.

¿Cuál?

No es asesoría jurídica. Es creer en la palabra de las mujeres, no despojar a la “victima” de dignidad, tomar en serio lo que ella quiere, no partir del hecho de que porque sufre violencia machista no sabe lo que quiere, y responder a eso que ella está buscando. Nosotras celebramos audiencias paralelas que luego las hacemos homologar por el sistema jurídico formal. Eso es muy interesante porque, en nuestro contexto, si bien lo hacemos en el marco de la ley que existe, las audiencias tienen un carácter diferente. Lo podemos hacer únicamente cuando ambas partes están de acuerdo en celebrar en nuestra casa las audiencias, y eso es muy interesante. Pero también trabajamos en un terreno que lo hemos llamado “alegal”, que es un espacio entre la legalidad y la ilegalidad.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, tenemos en la radio una lista de padres irresponsables que sale 5 veces al día, que es gratuita y ofrece el nombre, la edad y el lugar de trabajo del padre que no paga la asistencia familiar. Eso es muy útil, pero no es legal, puesto que, si bien los casos están previamente verificados, en la mayoría no hay una sentencia. La justicia patriarcal protege al victimador impidiéndote dar su nombre, por ejemplo. Nosotras lo hacemos y funciona. El año pasado hemos sacado el nombre del ministro de Economía plural Eugenio Rojas, ex presidente del Senado del Gobierno de Evo Morales, por no pagar una deuda de dos años de la asistencia familiar de un hijo suyo.

¿Y qué sucedió?

El ministro pudo habernos hecho un juicio por revelar el caso, pero en 10 días estaba pagando lo que en dos años no había pagado.

¿Con qué otras armas cuenta el feminismo para enfrentarse y la acción legal contra las mujeres?

La creatividad, la osadía, la acción directa, la solidaridad entre mujeres. Y la fuerza del hecho de que la historia está de nuestro lado.

¿Qué es la genealogía del feminismo? 

Esto es algo muy importante. Aún ahora se reconoce en la mayor parte de los textos una única genealogía eurocéntrica del feminismo, la idea del feminismo como atado al proceso de construcción del estado moderno europeo. Yo parto del hecho de que el feminismo es un fenómeno hoy planetario. Está presente en todas las sociedades, culturas y sistemas políticos y económicos, pero no como una expansión “tardía” del feminismo de matriz europea en los países mal llamados periféricos. Se piensa que la función de estos otros feminismos es simplemente repetir las consignas y el ideario europeo, esa es la visión eurocéntrica.

¿Qué significa la pluralidad de genealogías que usted reclama?

Planteo que el feminismo puede ser comprendido como un fenómeno planetario si partimos de entender una multiplicidad de genealogías de muchos feminismos paralelos que tienen su propia historia. Es una historia fundada en las rebeliones de las mujeres de todas partes del mundo, rebeliones que además tienen un carácter paralelo y simultáneo. No es, como muchas veces he escuchado por estas tierras, decir: “Ah, es que nosotras estábamos en eso en los ochenta o cosas así”. Las luchas antiesclavistas, anticoloniales o antirracistas han sido y son luchas en las que encuentras esas otras genealogías de las que hablo. 

¿La lucha feminista está indefectiblemente ligada a la lucha contra la discriminación racial? 

Creo que de antemano no se puede cometer el error de cerrarle la puerta del feminismo a nadie. Eso es autoritario y yo no estoy de acuerdo. Tampoco me gusta la idea de la mistificación de ningún sujeto, mistificar al indígena por el hecho de serlo o a las mujeres ha llevado a construir guetos y, peor aún, fundamentalismos. Lo que no se puede hacer es desconectar racismo de clasismo, o clasismo de sexismo, o colonialismo de machismo. Hay que construir luchas que nos exijan y al mismo tiempo nos permitan hacer esas conexiones fundamentales. Si no, nuestras luchas no serán transformadoras y serán muy fácilmente funcionalizadas. En ese contexto, no puede haber una lucha feminista que no sea al mismo tiempo, y con la misma profundidad, antirracista y anticolonial.

“Conexiones fundamentales”, dice

No se trata de lograr enunciar correctamente una frase, sino de articular experiencias políticas donde construyamos realmente alianzas complejas, donde confluyamos unas y otres. Tampoco los espacios de personas denominadas “racializadas” pueden ser homogéneos en edad, oficio, ingresos económicos etc. Volveríamos a caer exactamente en lo mismo, volveríamos a uniformizar, simplificar y homogenizar.

Nosotras trabajamos esta cuestión bajo el concepto de alianzas insólitas que se resume en una metáfora: “indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas”. No se trata de que los grupos de mujeres blancas de clase media tengan su subgrupo de migrantes para lavarse la cara y sentirse muy abiertas a la diversidad porque les “ceden” un espacio en su sede una vez a la semana. No se trata de eso.

¿Conoce usted a alguna mujer que no haya sido agredida?

No

¿Qué dolor combatimos y cuál aceptamos?

No deberíamos aceptar ninguno, pero debemos salir del lugar de víctimas. Eso es simplemente urgente, y esa es nuestra responsabilidad.

El relato del dolor infligido a las mujeres, ¿es un camino sanador?

Puede ser catártico, puede derivar en un acto muy repetitivo y puede caerse en la idea de que el testimonio de dolor es lo que te construye como sujeto y eso a mí me parece muy peligroso.

¿Es lo que se llama victimización?

La victimización es un arma del victimador. Una mujer en Bolivia no es asesinada una vez, sino tres veces: la primera vez por su asesino, la segunda vez en el relato victimista de los medios de comunicación y la tercera vez, ante jueces policías y fiscales. Lo mismo pasa con la violación o el acoso sexual.

¿Hasta qué punto ayuda lo testimonial para crear mecanismos de identificación? 

Nosotras trabajamos sobre el concepto de “la palabra en primera persona”, el “yo hablo por mí misma, tengo voz”, que es muy diferente que el testimonio. Yo entiendo el testimonio como un guión invisible preescrito por los medios de comunicación, por la institucionalidad social, al que yo me adscribo inconscientemente y que repito. Ese testimonio es nefasto y destructivo, y además enmudece. La palabra en primera persona potencia y conecta, emociona y es lo mas agitador que una pueda escuchar.

Usted participa en el uso de los medios de comunicación de manera transformadora ¿Se trata de cambios en el lenguaje o en la idea de propiedad relacionada con la comunicación?

Definitivamente, la propiedad sobre los medios es el contenido del medio, así que por ahí no hay donde perderse. Nosotras tenemos una radio desde hace 10 años, tenemos una programación de 12 horas diarias y una producción de programas con cerca de 40 personas. Hemos llegado inclusive a tener un programa producido por personas con autismo. Todo está construido sobre el principio de la palabra en primera persona. Es la única radio feminista del país y probablemente es tan original que resulta única a escala regional.

¿Medios de comunicación alternativos?

Los medios de comunicación son definitivamente en su mayor parte extensiones de ramas de poder. Viven no de lo que revelan sino de lo que ocultan. Pero son un mundo muy complejo y en ese contexto nosotras hemos decidido fundar una radio, pero también vamos a todos los medios de comunicación que nos convoquen, desde los programas de cocina y cotilleo, como le llaman ustedes, hasta los más serios. Yo soy columnista en un periódico tradicional boliviano. Creo que hay que tomar todas las palestras. Hemos tomado también palestras como Facebook Youtube, aunque no estamos de acuerdo con sus imposiciones.

María Galindo

¿Por qué no están de acuerdo?

Se han convertido en transmisoras de formas de violencia machista, racista y fascista. Pero creo que el mayor riesgo es callarse, y nosotras necesitamos hablar tanto como respirar.

El feminismo debe ser antiimperialista, y entiendo que anticapitalista. Sin embargo, ¿no nace en el seno del capital? Si es así ¿cómo desligarse?

El único sentido transformador de un feminismo es si se lo vive y construye como propuesta antisistema. Si no, es inservible. Hay que ser capaces de construir propuestas desde una visión anticapitalista y antineoliberal. Nosotras, en ese contexto, nos venimos dedicando a la lucha contra la usura bancaria a través del microcrédito para las mujeres como parte de lo que llamamos política concreta. Apoyamos las pocas fábricas recuperadas por las trabajadoras que hay en nuestro país, planteamos la prostitución autogestionaria y tenemos una organización de locales de prostitución autogestionarios. En Bolivia, el 70 por ciento de la economía es la llamada “informal”. Se trata de redes gigantes de subsistencia donde las mujeres somos las protagonistas, nosotras trabajamos con y desde esas amplias redes que son redes populares.

Vivimos las fiestas del Orgullo: ¿hasta qué punto representan una gran feria de consumo?

Definitivamente, sí lo es. Yo creo que hay que celebrar la extinción política del 28J, inventar nuevas utopías y abrir otros nuevos espacios. ¡Esto se acabó!

Habla de burdeles autogestionados ¿Puede explicarlo un poco más? 

Voy al detalle. Se trata de prostitución sin proxenetas. Nosotras trabajamos con y desde cumpas en prostitución hace mas de 15 años, y hemos llegado juntas a la propuesta de locales de prostitución sin proxenetas. Tenemos una organización de la que ellas no son las representantes públicas porque quieren y han decidido mantener su clandestinidad, por eso Mujeres Creando es la cara pública de esa organización. Son mujeres que han decidido ejercer prostitución diurna, llaman a sus locales oficinas, trabajan a puerta cerrada y se han organizado bajo premisas muy concretas: cero menores, siempre condón, cero alcohol o drogas, trabajo diurno y con elección de horarios. Son locales pequeñísimos, muy precarios, donde ellas misma se organizan para sus gastos. Hemos sufrido largamente intervenciones policiales abusivas de estos locales, porque la persecución más intensa que vivimos es la de los proxenetas que en redes de corrupción nos mandan a la policía encima. Ahora estamos a punto de lograr las licencias de funcionamiento para nuestros locales, de manera que la policía no tenga el pretexto de que somos locales clandestinos. Lo que queremos es prostitución sin proxenetas y sin alcohol. Estamos en esto años.

Todos los relatos que históricamente nos han construido y nos construyen son patriarcales, machistas, violentos y culpabilizadores ¿En qué medida los somos también nosotras?

Lo somos. Somos el producto de la sociedad en la que vivimos, no somos una isla y estamos llenas de contradicciones. Por eso me parece importante entender los espacios de practicas políticas como espacios cotidianos que involucren no únicamente reuniones, sino gestión colectiva y comunitaria de todo. Nosotras gestionamos dos casas. El trabajo manual, el trabajo intelectual y el trabajo creativo son para nosotras tres partes de una misma unidad y son tres partes de nuestras prácticas políticas. Al mismo tiempo gestionamos colectivamente nuestros problemas de salud o vivienda. Me parece importante no tener solo reuniones, sino conocernos realmente y construir un tejido sólido de solidaridad y afecto. Y me parece que ayuda muchísimo a discutir permanentemente estos problemas como parte de nuestra propia política.

Últimamente, en España, el feminismo está más ligado que nunca a la lucha contra la violencia no en términos abstractos o simbólicos, sino tan evidentes como la violación, la agresión sexual, el dolor físico…

Hay que recuperar los espacios de gestión de la lucha contra la violencia machista. Yo personalmente creo que es un error que los movimientos hayan abandonado esa gestión y deleguen en la policía y el estado patriarcal esos servicios y que nuestra lucha consista o tenga el único limite de la manifestación de una gran frustración frente a un poder judicial patriarcal. Hay que disputarle al estado la gestión de esos servicios porque la plata que usan es nuestra y los servicios contra las violencias machistas deben ser feministas. Y debemos ser las mujeres que generemos nuestras metodologías de trabajo.

 

Nota del English Collective of Prostitutes: Oponeos a la prohibición de que las trabajadoras sexuales se anuncien en internet

 

 

Publicado el 1 de julio de 2018

http://prostitutescollective.net/2018/07/briefing-oppose-a-ban-on-sex-workers-advertising-online/

 

Dejad de atacar a las trabajadoras sexuales. Escuchad lo que las trabajadoras sexuales decimos que haría nuestro trabajo más seguro y ayudadnos en nuestros esfuerzos para organizarnos contra la explotación y la violencia.

 

El miércoles 4 de julio, los parlamentarios debatirán una enmienda del desacreditado Grupo Parlamentario de Todos los Partidos sobre la Prostitución (APPGP, por su nombre en inglés) para cerrar los sitios en línea donde se anuncian las trabajadoras sexuales.

Esto sería un desastre para las trabajadoras sexuales. Si no podemos hacer publicidad en línea y trabajar independientemente, muchas de nosotras nos veríamos obligadas a trabajar de otras maneras, incluso en las calles, donde es al menos 10 veces más peligroso trabajar. [I] O seremos empujadas a las manos de dueños de burdel explotadores que sabrían que tendríamos pocas o ninguna alternativa a aceptar las condiciones de trabajo que nos impongan.

Cybil, de Luton, escribió al ECP sobre el impacto de la prohibición de la publicidad:

“Hace dos años, construí mi propio sitio web, lo que significaba que podía ser mi propia jefa y abandonar el salón donde trabajaba y donde se quedaban con una gran parte de mis ingresos. Ahora puedo trabajar con total anonimato, desde la seguridad y la comodidad de mi propio hogar. Guardo cada penique que gano, todo sin la interferencia de una agencia u otro “intermediario” omnipresente.

La evidencia de los EE. UU. [Ii] muestra que las leyes recientemente introducidas (SESTA-FOSTA) dificultan que la policía identifique la violencia.

Como escribió una trabajadora sexual de EE. UU .: [iii]

 ‘Este proyecto de ley nos está matando. No podemos evaluar a los clientes como solíamos hacerlo, que es lo que nos mantenía a salvo’.

El aumento de la prostitución no se debe a la publicidad en línea, sino al aumento de la pobreza, especialmente entre las mujeres cis. Doncaster informa de un aumento del 60% [iv], con organizaciones benéficas que dicen: “Las mujeres se ven obligadas a vender sexo por £ 5 debido a penalizaciones de sus prestaciones sociales”, Sheffield de informa de un aumento del 166% [v] mientras los trabajadores de las organizaciones en Hull informan: “. . . mujeres que literalmente se mueren de hambre y están allí para poder comer “.

Las personas de color, inmigrantes y LGBTQ tienen una representación desproporcionada en el trabajo sexual debido a la discriminación y el estigma. Los estudiantes hablan de ser forzados a la industria del sexo para evitar ser cargados de enormes deudas. Estas son algunas de las personas que serán blanco de esta nueva ley con poderes policiales adicionales que probablemente se utilizarán para perseguir y no para proteger a las trabajadoras sexuales. El tiempo y los recursos de la policía deberían dedicarse a investigar la violencia contra las trabajadoras sexuales en lugar de vigilar el sexo consentido.

Trata y malditas mentiras y estadísticas. Combatir el “crecimiento en la explotación sexual y la trata de mujeres” se presenta como la razón para prohibir los sitios de prostitución. No se han ofrecido pruebas concretas más allá de la especulación sensacionalista. No es cierto que la mayoría de las trabajadoras sexuales sean víctimas de la trata. [Vi] [vii] Las iniciativas contra la trata dan lugar principalmente a que las trabajadoras sexuales migrantes sean blanco de redadas, arrestos y deportaciones. [Viii] Si los parlamentarios quieren actuar contra la trata, deben asegurar que las víctimas reciban ayuda y poner fin al desacreditado “ambiente de inmigración hostil” para que las personas que huyen de la guerra y la pobreza no sean forzadas a cae en las manos de los tratantes.

Miles de trabajadoras sexuales se anuncian en línea. ¿Quién es la diputada Sarah Champion (miembro del APPGP) para decir que internet no nos ha hecho más seguras? [Ix] ¿Lo ha comprobado? Internet nos ha permitido un mejor examen previo de clientes y escapar de jefes explotadores en salones y agencias. Si los diputados con buenas intenciones quieren salvar a las mujeres del trabajo sexual, entonces que tomen medidas contra los contratos de cero horas, los bajos salarios y los jefes explotadores en los trabajos que son alternativas a la prostitución. Que apoyen a las trabajadoras sexuales como esperamos que apoyen a otros trabajadores que luchan por mejorar los salarios y las condiciones laborales.

El reciente informe de prostitución de APPG fue basura. Debería ser analizado y no aceptado sin crítica debido a la cobertura de la prensa sensacionalista. Está lleno de especulaciones y desinformación. [X] No se incluyó ninguna de las pruebas [xi] dadas por las trabajadoras sexuales actuales. ¿Cómo justifican eso?

Además, el APPG no es un grupo de parlamentarios “interpartidos”, pretensión que lo hace sonar independiente o imparcial. Fue creado con el propósito de penalizar a los clientes y durante los primeros años estuvo estrechamente relacionado con la homofóbica organización cristiana CARE, que hizo una campaña feroz contra el matrimonio gay [xii] y se opuso al derecho al aborto.

El prestigioso Comité Selecto de Asuntos de Interior en 2016 recomendó [xiii] que se despenalizara a las trabajadoras sexuales de calle y a las que trabajan juntas en pisos. ¿Por qué los diputados no presionan para que eso se implemente? Revocar la ley que criminaliza “estar en la calle o solicitar con fines de prostitución” y “mantener un burdel” aumentaría la seguridad ya que las trabajadoras sexuales no huirían de la policía y podrían trabajar juntas de manera más segura en interiores. Modificar la ley: “Controlar la prostitución con fines lucrativos” para garantizar que las personas sean enjuiciadas solo cuando existan pruebas de amenazas, fuerza u otras formas de coacción, garantizaría que la ley se centre en el abuso y la violencia en lugar de en las mujeres que trabajen de manera consensuada y colectiva.

Amnistía Internacional, votó a favor de la despenalización en 2016 [xiv] e instó a los gobiernos a proporcionar recursos en forma de “beneficios estatales, educación y capacitación y / o empleo alternativo” para ayudar a las trabajadoras sexuales a dejar la prostitución si así lo desean.

La Ley de Reforma de la Prostitución de Nueva Zelanda despenalizó el trabajo sexual en 2003 con mejoras verificables en la salud y seguridad de las trabajadoras sexuales. Más del 90% de las trabajadoras sexuales dijeron que la despenalización les otorgaba derechos laborales, legales, de salud y seguridad adicionales. [Xv]

La dirección del Partido Laborista apoya la despenalización por razones de seguridad y derechos humanos. Es vergonzoso que algunas diputadas laboristas estén adoptando una postura represiva moralista, pasando por alto e ignorando a las trabajadoras sexuales actuales, ignorando la evidencia del éxito de la despenalización y alineándose con los fundamentalistas religiosos. Los Demócratas Liberales y los Verdes apoyan la despenalización.

Uníos a nosotras a la 1pm el miércoles 4 de julio a la 1 de la tarde en la Plaza del Parlamento para una manifestación en contra de la enmienda que estamos organizando conjuntamente con el Movimiento de Defensa y Resistencia de las Trabajadoras Sexuales (SWARM) y el proyecto x:talk. Más información aquí.

El ECP es una organización de autoayuda de trabajadoras sexuales, que trabaja tanto en la calle como en interiores, con una red nacional en todo el Reino Unido. Desde 1975, hemos luchado por la despenalización de la prostitución, por los derechos y la seguridad de las trabajadoras sexuales y por recursos que permitan a las personas salir de la prostitución si así lo desean.


[i] Kinnell, H. (1993). Exposición de las prostitutas a la violación; implicaciones para la prevención del VIH y la reforma legal.

[ii] Techdirt, 14 de mayo de 2018.

https://www.techdirt.com/articles/20180509/13450339810/police-realizing-that-sesta-fosta-made-their-jobs-harder-sex-traffickers-realizing-made-their-job-easier.shtml

[iii] Huffington Post, 11 de mayo de 2018. https://www.huffingtonpost.com/entry/sex-workers-sesta-fosta_us_5ad0d7d0e4b0edca2cb964d9? guccounter = 1

[iv] The Star, 19 de marzo de 2014.

[v] The Star, 1 de junio de 2014.

[vi] Un estudio de trabajadoras sexuales migrantes descubrió que menos del 6% había sido víctima de la trata, y muchas dijeron que preferían trabajar en la industria del sexo en lugar de las “condiciones poco gratificantes ya veces explotadoras que encuentran en trabajos no sexuales”. Mai, N. (2011). Trabajadores migrantes en la industria sexual del Reino Unido: Informe completo de investigación de ESRC. https://archive.londonmet.ac.uk/iset/research-units/iset/projects/esrc-migrant-workers.html?8810F8AC-060C-A7FC-7F15-A583EB86BCE8

[vii] The Guardian, 20 de octubre de 2009. https://www.theguardian.com/uk/2009/oct/20/trafficking-numbers-women-exaggerated

[viii] http://feministing.com/2013/12/11/guest-post-the-soho-raids-were-not-about-trafficking/

[ix] The Guardian, 30 de junio de 2018. https://www.theguardian.com/society/2018/jun/30/ban-prostitution-websites-stamp-out-trafficking-sexual-exploitation

[x] Metro, 21 de mayo de 2018. https://metro.co.uk/2018/05/21/why-the-parliamentary-group-on-prostitution-is-wrong-to-suggest-criminalising-the-buying -of-sex-7564915 /

[xi] Colectivo de Prostitutas en inglés. (2017). Presentación a APPG Consulta sobre “burdeles emergentes”. http://prostitutescollective.net/2017/12/6946/

[xii] http://www.care.org.uk/news/impact-direct/blind-to-opposition-government-set-to-introduce-bill-to-legalise-same-sex-marriage

[xiii] https://www.parliament.uk/business/committees/committees-a-z/commons-select/home-affairs-committee/news-parliament-2015/prostitution-report-published16-17-17

[xiv] Amnistía Internacional. (2016). Política sobre las obligaciones del Estado de respetar, proteger y cumplir los derechos humanos de las trabajadoras sexuales. https://www.amnesty.org/en/documents/pol30/4062/2016/en/

[xv] Abel, G., Fitzgerald, L. y Brunton, C. (2007). El impacto de la. Ley de Reforma de la Prostitución sobre las Prácticas de Seguridad y Salud de las trabajadoras sexuales. https://www.otago.ac.nz/christchurch/otago018607.pdf

REVISTA AMOR Y RABIA Nº.71, «CONTRA EL ESTIGMA DE LA PROSTITUCIÓN»

 

 

23 de marzo de 2018

https://revistaamoryrabia.blogspot.com/2018/03/revista-amor-y-rabia-n71-contra-el.html

 

Introducción

 

(NOTA: En rojo se indican las páginas citadas del número 71 de la Revista Amor y Rabia)

 

En 2013 murió asesinada una mujer en Suecia, Eva-Marree Kullander Smith, madre de dos hijos, estaba casada con un marido drogadicto y violento, del que los servicios sociales aconsejaron que se divorciase; tras hacerlo, al tener que hacerse cargo de sus hijos, fue incapaz de ganar suficiente dinero como para poder mantenerse, por lo que decidió prostituirse. Esta situación durará tan sólo dos semanas, en las que tuvo cinco clientes; cuando se lo contó a su prima, esta lo denunció a los servicios sociales que, al comprobar que era cierto la impusieron una terapia. Como no se arrepentía, rápidamente la quitaron la custodia de sus hijos y se la dieron a su exmarido, que impidió que pudiera volver a verlos.

A partir de entonces se inició una lucha de años para recuperar la custodia de sus hijos o, al menos, el contacto, mientras el exmarido se dedicaba a acosarla y amenazarla. Tras un juicio en que quedó en evidencia el carácter violento y desequilibrado de su exmarido, logró que se la permitiese visitar a sus hijos, pero la sentencia no se ejecutó. Entre tanto, Eva-Marree se había convertido en un personaje cada vez más incómodo para el Estado sueco, al ser una destacada representante del movimiento que lucha contra la ilegalización de la prostitución. Fue entonces cuando los servicios sociales organizaron una visita para que pudiese ver a sus hijos. Pero, pese a que la ley sueca prohíbe que parejas enfrentadas coincidan en este tipo de visitas, y pese a que el padre tenía entre sus antecedentes incluso el haber agredido a un miembro de los servicios sociales, se le permitió estar presente durante la visita, que además tuvo lugar en los locales de los servicios sociales, donde Eva-Marree carería del menor control o protección. La visita duró poco: Tras insultarla y gritarla, el exmarido se dirigió a la cocina, cogió un cuchillo, y la mató de 32 puñaladas delante de sus hijos.

Ahí no acabó la tragedia. Por si esto no fuera suficiente, aunque el marido fue condenado a 18 años de prisión, se le concedió la custodia de los hijos y se negó a la familia de Eva-Marree tener el menos contacto con ellos (por haberse prostituido su hija). Para contener el escándalo, que dio lugar a manifestaciones de protesta ante las embajadas de Suecia por todo el mundo, los servicios sociales intentaron convencer a la familia que no hiciera un entierro público, y al no lograrlo, se declararon dispuestos a asumir los costes. En realidad, como se descubrió más tarde, esa oferta había sido una broma macabra del Estado: los servicios sociales pagaron los costes del entierro con el dinero de Eva-Marree, que habían heredado sus hijos a su muerte (p. 65-66).

 

ESTADO “FEMINISTA”, O LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL ESTIGMA

Esta historia, que es explicada en detalle en el documental “Donde las putas no existen”, emitido en el Canal Arte, es el mejor ejemplo de las consecuencias de disfrazar al Estado de feminista y darle la potestad de juzgar a las mujeres en función de lo que hagan con su cuerpo. Para el Estado sueco, que se califica a si mismo de feminista con la complicidad de un sector importante del movimiento feminista mundial, es incompatible que una mujer pueda ser al mismo tiempo madre y prostituta. Y fue eso lo que mató a Eva-Marree: el estigma de haber sido prostituta; o, mejor dicho, su negativa a arrepentirse de haber sido prostituta para poder sacar adelante a su familia.

A pesar de lo que pueda parecer, el estigma que acompaña a las mujeres que han ejercido o ejercen la prostitución es algo puramente cultural y está muy ligado a las religiones monoteístas (p. 87). En Europa, el paso del politeísmo al cristianismo estuvo ligado a la prohibición de la prostitución, representado en la Biblia con la figura de Maria Magdalena. La estigmatización de las prostitutas no fue ni inmediata ni uniforme: la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano, uno de los principales emperadores romanos, había sido previamente prostituta, y San Agustín, cuyo pensamiento impregnó la Edad media, se declaró contrario a abolir la prostitución enLa Ciudad de Dios“La mujer pública es en la sociedad lo que la sentina es al barco y la cloaca al palacio. Cierra la cloaca y todo el palacio será infectado” (p. 51).

“Salvadnos de quienes nos quieren salvar”: Manifestación de protitutas en la India contra el abolicionismo

Esta situación cambiará al final de la Edad Media, cuando la Iglesia católica intentó imponer en Europa su hegemonía ideológica y política, algo representado simbólicamente con la Tiara y llevado a la práctica mediante la persecución de quienes consideraba herejes y la puesta en marcha de la Inquisición. Fue entonces cuando se condenó teológicamente la prostitución, y se pusieron en marcha los mismos mecanismos de estigmatización que se acababan de aplicar a los judíos: encerrarlas en guetos, imponerlas el uso de una vestimenta especial y obligarlas a llevar símbolos que permitiesen reconocerlas, prohibirlas tocar comida y frutas en los mercados, etc. (p. 55); eran básicamente las mismas reglas que se habían impuesto previamente a los leprosos para separarlos del resto de la sociedad, y las consecuencias fueron similares: a partir de entonces, las prostitutas pasaron a sufrir el desprecio de una sociedad que, al mismo tiempo, era incapaz de lograr que desapareciesen. El mismo resultado, por cierto, que ha logrado producir en la sociedad sueca la prohibición de la prostitución.

Lo cierto es que la prostitución, calificada de “oficio más viejo del mundo”, ha existido siempre en todas las culturas y civilizaciones, y ha demostrado una formidable capacidad para sobrevivir a todos los intentos de erradicarla. Lo único que han logrado sin excepción todos los esfuerzos represivos para acabar con ella ha sido situar a las prostitutas al margen de la sociedad, marcándolas para toda la vida. La prostitución en cambio ha seguido existiendo, aún bajo las peores circunstancias, para volver a expandirse rápidamente tras relajarse la legislación.

El movimiento obrero también declaró entre sus objetivos la erradicación de la prostitución, pero al intentar llevarlo a cabo fracasó tan estrepitosamente como sus predecesores: así ocurrió en la Rusia soviética, donde tras encerrar a las prostitutas en campos de concentración se proclamó oficialmente que había desaparecido tras el fin del capitalismo, a pesar de que los informes internos del estado reconocían su existencia clandestina (p. 57); y así ocurrió en España durante la Revolución social y Guerra Civil de 1936-39, donde el anarquismo tenía claro que la prohibición de la prostitución no era una solución viable. Según explicaba Federica Montseny, Ministra de Sanidad por la CNT, “Considerábamos que no era posible terminar por Decreto con la prostitución, porque la prostitución representa un problema de carácter social que no se puede resolver radicalmente. (…) mientras no se consiguiera transformar la mentalidad de los hombres y de las mujeres, mientras España no superase la moral sexual,  la abolición de la prostitución era imposible“ (Mis primeros cuarenta años, Federica Montseny, 1987). La realidad de la guerra se impuso al idealismo, y de una etapa inicial en la que los anarquistas ejecutaron a los chulos del barrio chino de Barcelona y pusieron en marcha los llamados “liberatorios de prostitución”, se pasó a organizar prostíbulos en el frente para las milicias (p. 60).

En épocas más modernas ha ocurrido algo similar: tras la revolución y toma del poder en Cuba y Nicaragua se cerraron los prostíbulos e incluso se prohibió la prostitución (en la Nicaragua sandinista); pero tras una situación de clandestinidad, la prostitución volvió a hacer su aparición pública. El propio Fidel Castro, que en un discurso el 30 de noviembre de 1971 decía que “en nuestro país, la prostitución se erradicó hace muchos años. En nuestro país, todas esas tristes y horribles cosas de una sociedad explotadora, ya no existen”, tuvo que reconocer décadas más tarde la existencia de la prostitución: “nuestras prostitutas son las más sanas e instruidas del mundo”.

En Suecia la situación es similar: a pesar de la intensa campaña de propaganda a favor del nuevo abolicionismo, que ha logrado que se prohíba la prostitución en varios países de la UE, la realidad es tozuda. La policía sueca reconoce que sigue existiendo, pero de manera clandestina, y la ONU ha denunciado que esta situación pone en riesgo la vida de las prostitutas. El único resultado real ha sido lograr implantar el estigma contra la prostitución entre la mayoría de la población sueca, el mismo estigma que, institucionalizado, quitó los hijos a Eva-Marree cuando se negó a arrepentirse de haber sido prostituta, y finalmente la acabó matando.

 

MISERIA SEXUAL

Mientras no se combatan las causas que originan la prostitución, esta seguirá existiendo. Y no hay que confundir causa y efecto: el motivo de la prostitución no es el dinero, sino la miseria sexual. La prostitución cubre una necesidad humana básica, al ofrecer una salida al deseo, reprimido en todas las sociedades mediante las más diversas reglas, legislaciones y tabús. Esta realidad, origen de la imposibilidad de erradicarla, es asimismo mucho más compleja de lo que parece a primera vista; tras la revolución sexual que supuso el descubrimiento de la píldora al dar a las mujeres el control de sus capacidades reproductivas, la sexualidad perdió parcialmente el tabú que la rodeaba en occidente. Esto ha hecho visibles aspectos de la sexualidad reprimida que antes estaban silenciados, que han dado lugar por ejemplo a la asistencia sexual a las personas discapacitadas (p. 83-86), un 60% de las cuales son mujeres en España, un 60% de las cuales son mujeres en España, o a servicios sexuales para calmar a personas internadas en centros psiquiátricos (p. 86).

Ambos son ejemplos perfectos de pago de dinero por sexo, y por tanto prostitución ¿hay que prohibirlos también? Y, en caso contrario, ¿cuál es la diferencia? Y, más importante aún, si la prostitución consiste en el intercambio de sexo por beneficios materiales ¿cómo puede reconocerse, dónde está el límite? Basta echar un vistazo a otras regiones del mundo para darse cuenta de la insostenibilidad de juzgar comportamientos sociales mediante la visión judeocristiana. En Guinea Ecuatorial, antigua colonia española, existe la llamada semiprostitución, mediante la cual las mujeres mantienen relaciones sexuales con hombres para recibir  favores o regalos sin que exista una tarifa fija (p. 81). Este modelo de intercambio de sexo por diversos beneficios materiales ha dificultado enormemente la implantación del modelo occidental de prostitución, basado en prostíbulos que no son sino un vago recuerdo de los guetos medievales donde se concentraba a las prostitutas; y, más importante aún, la práctica de la semiprostitución está socialmente aceptada, careciendo del estigma occidental.

Aquí puede reconocerse de manera nítida el imperialismo cultural occidental, que intenta imponer su paradigma social al resto del mundo, lo que implica necesariamente imponer su visión de la sexualidad a todo el planeta, algo tan imposible como poco recomendable. Porque, en el fondo, la visión de la prostitución que tienen las sociedades occidentales, incluidos amplios sectores de la izquierda y del movimiento feminista actual, está impregnada del estigma medieval. Es cada vez más difícil reconocer la menor diferencia entre la visión puritana del cristianismo con la censura sobre la exposición del cuerpo femenino que últimamente pretende imponer un sector aparentemente mayoritario del movimiento feminista.

“Hylas y las Ninfas”, cuadro de John William Waterhouse retirado de un museo de Manches- ter por “cosificar a la mujer”

Un ejemplo de o problemático de esta visión de las cosas es la reciente decisión deretirar en un museo de Manchester la exposición del cuadro “Hylas y las ninfas”, de John William Waterhouse, acusado de “cosificar a la mujer”. En realidad, el cuadro representa el secuestro de Hylas, el amante de Hércules, que al ir en busca de agua, es secuestrado para siempre por las ninfas de un manantial, que deseaban al joven por su belleza. Las depredadoras son las mujeres, no Hylas. Potter Steward, juez del Tribunal Supremo de EEUU, dijo en una sentencia en 1964 “No sabría definir la pornografía pero la reconozco cuando la veo“, y esta sentencia puede aplicarse igualmente al sexismo, cuyas fronteras son líquidas, más allá de los casos evidentes.

En los años 60-70, poder llevar una minifalda (es decir, que una mujer pueda vestirse como quiera) fue motivo de lucha del movimiento de liberación de la mujer. Hoy día, bajo el barniz ideológico de una supuesta defensa de la mujer se oculta el tradicional rechazo de la cultura judeocristiana a la exposición pública del cuerpo femenino, el estigma de la Iglesia medieval que considera la sexualidad algo sucio y la convirtió en un tabú sobre el que no puede hablarse abiertamente. El mismo tabú que da lugar a la miseria sexual, y sienta las bases de la existencia de la prostitución.

 

DERECHOS Y EXPLOTACIONES

Frente a la identifación de la prostitución con esclavitud de un amplio sector del feminismo, en las últimas décadas ha surgido un fenómeno global tan singular como inesperado: prostitutas que se rebelan contra el estigma, se declaran feministas y se organizan para defender su derecho a acceder al sistema de seguridad social y cotizar para recibir una pensión. Enarbolando el lema “My body, my business” (Mi cuerpo, mi negocio), las prostitutas feministas reclaman el derecho a usar su cuerpo como las dé la gana, y denuncian que el feminismo abolicionista pone en peligro sus vidas, al querer llevarlas a la ilegalidad, además de intentar forzarlas a integrarse en un mercado laboral precariezado. En el movimiento anarquista y la izquierda de países como EEUU, Canadá, Irlanda, Reino Unido o Australia amplios sectores han declarado abiertamente su apoyo a la lucha por los derechos de los trabajadores y trabajadoras sexuales (p. 7-35).

Y es que es innegable que la pretensión de imponer un modelo sexual por medios represivos es indefendible desde una perspectiva anarquista, además de irracional: no hay ejemplo en la historia de un sistema social, religioso o político que haya logrado abolir la prostitución, de la misma manera que no se conoce sociedad alguna en la que no haya existido. Más indefendible aún desde un punto de vista anarquista (y feminista) es la pretensión de presentar a la mujer como un ser débil, una víctima que hay que proteger, como plantea el feminismo abolicionista. Basta escuchar las voces de las prostitutas mismas (p. 36-50) y los datos de que se dispone sobre la prostitución para darse cuenta de que sólo una minoría (1 de cada 7) es víctima de las redes de trata de blancas, algo que no es prostitución sino esclavitud pura y dura.

“No me hables de máquinas de coser. Hablame de los derechos de las trabajadoras” Pancarta de una manifestación de trabajadoras sexuales del sudeste asiático rechazando trabajar en las factorías textiles de la región, conocidas por sus condiciones laborales similares a la esclavitud

Usar el cuerpo para obtener beneficio económico en el contexto de un sistema económico basado en la injusta distribución de la riqueza ha sido siempre un medio de la mujer para mejorar sus condiciones de vida. Así ha sido en Occidente, como explica Silvia Federici (p. 28), así lo utilizaron las mujeres de la tribu de Ouled Nail, en el Sahara (p. 53), y así es hoy en Asia, donde las prostitutas son mujeres que prefieren vender su cuerpo a trabajar en un taller textil en condiciones infrahumanas, por un salario mísero y la amenaza constante de la muerte en accidente laboral o ser violada por un capataz. Y en Europa la situación no es muy diferente: “mejor puta que trabajar en un McDonalds”, dice una prostituta española, o “prefiero ser puta que trabajar 40 horas a la semana en una fabrica”, dice una prostituta francesa (p. 43). Recientes estudios las dan la razón, como demuestra el elevado porcentaje de trabajadoras de lalimpieza que sufren cáncer debido a su contacto continuo con sustancias químicas, en un sector tradicionalmente femenino y mal pagado.

Pero esto no es toda la historia. Aunque sus argumentos deslegitimizan –con razón- el discurso victimista del abolicionismo, la lucha para acabar con la ilegalidad y el estigma no deben impedir un análisis crítico de los resultados de la legalización, y para ello nada mejor que Nueva Zelanda, el primer país en legalizar la prostitución (p. 78). Sabrinna Valisce, exprostituta que se destacó en la lucha por acabar con la prohibición en Nueva Zelanda, se ha convertido hoy en una de sus principales críticas; rechazar el abolicionismo que hoy defiende no es motivo para no escuchar su crítica, muy distinta de las ideólogas burguesas del feminismo abolicionista que en su inmensa mayoría nunca han formado parte del mundo de la prostitución. Según Valisce, “la despenalización distanció a las trabajadoras y propició una competencia feroz que antes no existía” mientras que “Los burdeles implantaron rápidamente la tarifa ‘todo incluido’, por la que las prostitutas estaban obligadas a hacer todo lo que sus clientes deseaba” (p. 80).

En otras palabras: la salida de la ilegalidad dio paso a la normalización neoliberal de la prostitución. Y no solo eso. La escritora feminista Gloria Steinem ha advertido que normalizar el concepto de “trabajo sexual“ podría dar lugar a que el Estado neoliberal pudiese obligar a quienes reciben ayudas a aceptar ofertas de trabajo en el sector sexual, bajo la amenaza de, en caso contrario, perderlas.

Y hay que tener en cuenta también que, como todo oficio, la prostitución tiene una estructura piramidal: frente a quienes aseguran que los ingresos que se pueden ganar son muy superiores a los de otros trabajos, la realidad es hay grandes diferencias entre una minoría de clase media/alta dedicada a la prostitución de lujo, y una mayoría de prostitutas de clase baja que trabajan están sometidas a una competencia brutal que hunde los precios a la baja, como nos recuerda Valisce. De manera paralela a la lucha por su acceso a la seguridad social, a una pensión digna y a que se acabe la discriminación fruto del estigma, el sector más activista de las prostitutas, tan enemigo de los “chulos” como las abolicionistas, busca medios para asegurarse que nadie se quede con el dinero que ganan con su cuerpo, y para ello se han puesto en marcha prostíbulos autogestionados en Ámsterdam (p. 72), cooperativas de servicios sexuales en Ibiza (p. 75), cooperativas de ahorro comunitario, que tienen una amplia difusión por todo el mundo (p. 76) o incluso un banco en la India, que ha mejorado notablemente la situación de las prostitutas, al permitirlas comprarse casas, pagar los estudios de sus hijos, o poderse pagar operaciones médicas (ver p. 73-75). Estas iniciativas son similares a las iniciativas cooperativistas  que siempre favoreció el movimiento libertario, basta recordar la Cooperativa Cristalera de Mataró, en la queJuan Peiró (futuro Ministro de Industria) jugó un papel fundamental.

 

REFLEXIONES FINALES

En definitiva, este corto repaso de un tema enormemente complejo como es la prostitución pretende poner de manifiesto varios puntos:

  • Apoyar el abolicionismo es apoyar una distopía represiva y puritana que reproduce el estigma medieval y judeocristiano, y es inasumible por el movimiento anarquista.
  • Pretender negar a la mujer el derecho a decidir de manera consciente si usa su cuerpo para ganar dinero es contraria a la defensa anarquista de los derechos del individuo.
  • Acabar con la ilegalidad de la prostitución es acabar con la inseguridad de quienes lo practican, asegurándolas un acceso a la seguridad social y una pensión, lo que es un objetivo digno de ser apoyado.
  • La prostitución no puede desaparecer mientras exista una de las causas que dan lugar a su existencia: las desigualdades económicas, fruto de una injusta distribución de la riqueza, que impiden tomar libres decisiones sobre nuestras vidas.

Por último, la prostitución existe debido a la miseria sexual de un modelo de sociedad de carácter autoritario, que fomenta una moral sexual represiva y puritana. El anarquismo ha de luchar para acabar con ella, sustituyéndola por una sociedad sin propiedad privada en la que sea posible disfrutar de la sexualidad de la manera más libre posible. De alcanzarse ese objetivo, los motivos que dan lugar a la prostitución –la miseria económica y la miseria sexual- desaparecerían y, con ello, es posible que con ello dejase de existir. Pero, aunque carecemos de garantías de que ocurriese, ¿no merece acaso la pena luchar por ese modelo de sociedad en lugar de favorecer un modelo social y sexualmente represivo?

 

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Por qué tenemos una nueva política sobre el trabajo sexual LGBTI

 

Evelyne Paradis, Directora Ejecutiva de ILGA-Europa (1)

19 de junio de 2018

https://www.ilga-europe.org/blog/why-we-have-new-policy-lgbti-sex-work

 

“Edúcate a ti mismo”. Esa es una de las primeras cosas que se recomienda a cualquier persona que quiera involucrarse en el activismo.

Antes de zambullirse en actividades de organización o planear estrategias de defensa, es esencial comprender las experiencias y escuchar las voces de las comunidades con las que se está cooperando. Y esta sabiduría es tan crucial para quienes son activistas experimentados como para nuevos aliados. Algunas veces, nosotros en el movimiento LGBTI debemos seguir nuestros propios consejos.

Cuando me senté a escribir este blog sobre la nueva política de ILGA-Europa sobre trabajadoras/es sexuales LGBTI, encontré una vieja libreta de 2013. Este fue el año del primer taller sobre trabajadoras/es sexuales LGBTI en la Conferencia anual ILGA-Europa en Zagreb. Me recordó que había bastante inquietud sobre abrir el tema para la discusión. ¿Cómo reaccionarían nuestras organizaciones miembro? ¿Habría muchas discusiones acaloradas?

Para nuestra gran sorpresa, la reacción de la mayoría de las personas que asistieron a este taller fue de interés genuino: las personas del movimiento querían saber más sobre las experiencias vividas de las/os trabajadoras/es sexuales LGBTI, y especialmente querían saber qué se podía hacer para garantizar que sus voces. fueran escuchadas.

Desde entonces, los talleres organizados con trabajadoras/es sexuales LGBTI todos los años en las conferencias ILGA-Europa han sido espacios constructivos, atractivos y empoderadores. Y sin embargo… el nerviosismo en torno a que ILGA-Europa asumiera el tema del trabajo sexual persistió. Así que, como organización, emprendimos un viaje para educarnos a nosotros mismos.

En primer lugar, necesitábamos aprender. (Esto incluyó investigar qué instrumentos de derechos humanos existentes protegían los derechos de las personas que ejercen el trabajo sexual y aprender de ONGs de derechos humanos como Amnistía Internacional que ya adoptaron posiciones políticas sobre los derechos humanos de las/os trabajadoras/es sexuales). También queríamos comprometernos (aumentar nuestra cooperación con activistas trabajadoras/es sexuales LGBTI para asegurarnos de entender mejor sus experiencias y permitir una mayor participación en los eventos de ILGA-Europa). Sobre todo, trabajamos en crear espacios donde se oyeran las voces de las/os trabajadoras/es sexuales LGBTI, de forma que nuestra política refleje las propias demandas de las/os trabajadoras/es sexuales.

En resumen, este no es el “Día 1” de la participación de ILGA-Europa en el tema. Pero esperamos que esta política nos lleve al próximo paso en nuestro pensamiento y nuestro debate, que incluye:

  • ¿Cómo podemos ser aliados fuertes al pedir la despenalización del trabajo sexual – dónde existen posibles alianzas para facilitar y fortalecer? ¿Dónde podemos contribuir a crear conciencia entre los políticos y otras ONG?
  • ¿Cómo podemos facilitar una mayor inclusión de las/os trabajadoras/es sexuales y activistas LGBTI dentro de las comunidades y organizaciones LGBTI?
  • ¿Cómo podemos asumir colectivamente desigualdades estructurales más grandes, incluyendo mirar más seriamente las desigualdades socioeconómicas dentro de las comunidades LGBTI?

Ahora, puedo decirles que el principal éxito de este proceso de aprendizaje de cinco años es que tenemos una sólida polítca organizacional sobre los derechos humanos de las/os trabajadoras/es sexuales LGBTI. Por supuesto, eso es algo extremadamente positivo, ¡sin duda!

Pero, si me preguntan, la parte más importante de este camino hacia la adopción de esta política es la siguiente: tuvimos que enfrentar algunas realidades incómodas sobre el movimiento LGBTI.

Debimos comenzar reconociendo las dinámicas de poder que sí juegan un papel en la inquietud sobre abordar explícitamente el tema de las/os trabajadoras/es sexuales LGBTI. Tuvimos que mencionar el hecho de que las prioridades políticas de la mayoría de las organizaciones reflejan las necesidades de los grupos más privilegiados dentro de las comunidades, y que, como resultado, las necesidades de las/os trabajadoras/es sexuales raramente figuran en los primeros lugares de la agenda política del movimiento. Tuvimos que empezar a ser honestos al reconocer que, en nuestros intentos de llegar a la “corriente principal”, a menudo descartamos cuestiones que se consideran controvertidas y que podrían complicar la construcción de nuestras alianzas con otros grupos.

También se nos ha recordado lo fácil que es eliminar partes importantes de nuestra historia al dejar de lado el papel crucial de las trabajadoras sexuales, por ejemplo en Stonewall. Y el movimiento LGBTI no puede permitirse volverse complaciente con nuestra propia historia compartida; como dijo una vez la poetisa Maya Angelou (que escribió francamente sobre sus propias experiencias como trabajadora sexual): cuanto más conoces de tu historia, más te liberas.

Así que, mientras ILGA-Europa publica nuestra nueva posición política sobre las/os trabajadoras/es sexuales LGBTI, quiero daros las gracias de todo corazón a todas las/os activistas trabajadoras/es sexuales LGBTI que nos siguieron presionando a lo largo de los años. Gracias por hacer preguntas difíciles y desafiar los privilegios profundamente arraigados. Gracias por vuestra paciencia y vuestra disposición a compartir vuestras historias. Gracias por el valor de poneros de pie en una gran sala de activistas LGBTI para recordarnos que no estaba bien que algunos dentro de las comunidades LGBTI en Europa sigan siendo criminalizados.

Nuestra prioridad sigue siendo apoyar el movimiento LGBTI y las partes más desfavorecidas del mismo y garantizar que se eliminen todas las barreras que conducen a la exclusión social. Hemos aprendido mucho como organización en los últimos cinco años, y esperamos continuar haciéndolo juntos.


1.- En España, son miembros de ILGA-Europe las siguientes organizaciones:

 

Portugal: LABUTA contra la petición del Movimento Democrático de Mulheres (MDM)

 

 

La posición de LABUTA acerca de la petición hecha por el MDM

 

12 de abril de 2018

https://labuta.org/2018/04/12/os-nossos-projetos/

 

LABUTA es una organización que lucha por los derechos humanos y laborales de lxs trabajadorxs del sexo.

Así pues, damos apoyo a trabajadorxs del sexo, organizamos eventos, participamos en debates y conversaciones para desmantelar el estigma que existe sobre este sector, y luchamos por su despenalización.

La LABUTA es liderada por trabajadorxs del sexo. Lo que pretendemos es que todas las personas que son trabajadorxs del sexo puedan gozar de los mismos derechos laborales que cualquier otra persona en cualquier otra industria.

No es democrático criminalizar el trabajo del sexo. El trabajo del sexo existe, y está hecho de diferentes tipos de trabajo, desde el porno, hasta cam models, prostitución de calle, apartamentos, peep shows, striptease, etc.

El trabajo del sexo existe, y nunca dejará de existir, incluso cuando haya igualdad entre géneros, incluso cuando termine la violencia contra las mujeres. El trabajo del sexo va a existir mientras exista el sexo como práctica consentida entre dos adultos. El trabajo del sexo existirá y permanecerá con más fuerza mientras la desigualdad persista y mientras nuestros sistemas económicos continúen favoreciendo las relaciones heterosexuales, las personas cis, los elitismos, la supremacía de la raza blanca, el género masculino, el utilitarismo, la inmigración ilegal y las fronteras.

No hay duda alguna de que una sociedad igualitaria, donde cada persona tuviera exactamente las mismas oportunidades, haría decrecer el trabajo del sexo. Pero estamos muy lejos de conseguir ese sueño. Y mientras no lo consigamos, es urgente despenalizar el trabajo del sexo, para que podamos:

  • Crear sindicatos
  • Hacer leyes para proteger y apoyar a todxs y cada unx de lxs trabajadorxs del sexo, incluyendo aquellxs que quieran cambiar de profesión
  • Luchar contra la trata forzada para la industria del sexo, reforzar las leyes y desmantelar las mafias que se aprovechan de la necesidad de las personas de inmigrar ilegalmente
  • Proteger a lxs trabajadorxs del sexo inmigrantes que no pueden ser deportadxs, tales como refugiados, personas trans con sentencias de muerte en el país de origen, homosexuales o, incluso, trabajadorxs del sexo
  • Dar apoyo a trabajadorxs del sexo que estén siendo explotadas por proxenetas, dueños de agencias
  • Emplear personas para trabajar con nosotrxs sin que las mismas sean perjudicadas por la naturaleza de nuestro trabajo (seguridad, conductores, recepcionistas)
  • Tener los mismos derechos a la salud, jubilación, beneficios de desempleo, apoyo jurídico y protección institucional como cualquier otro ciudadano

La violencia contra las mujeres existe en todos los sectores profesionales; existe en el hogar, existe en las calles. La objetivación de la mujer existe en todas partes del mundo: ricas o pobres. La subyugación de la mujer es un factor del patriarcado y todas nosotras tenemos el derecho de combatirlo de la mejor manera posible.

El trabajo del sexo no es por naturaleza violento. Lo que es violento es el patriarcado y el capitalismo. Lo que es violento son las morales que continúan sometiendo a violencia a la mujer promiscua y puta, y favoreciendo a la mujer “santa” y a la esposa (aunque la violencia doméstica siga siendo una epidemia). Nosotrxs, trabajadorxs del sexo, queremos una sociedad donde no existan diferencias entre mujeres. Una sociedad que deje de dividir a las mujeres entre las buenas y las malas, la Santa y la Puta, las competentes y las incompetentes, las necesarias y las desechables, cis o trans. A nuestros ojos todas las mujeres merecen los mismos derechos y el mismo respeto. Ninguna es mejor que la otra. Y a esto se llama igualdad.

Denegar nuestros derechos como trabajadorxs es negar nuestros derechos humanos.

Entendemos que la despenalización no terminará con el estigma de un día para otro. Tal como, por ejemplo, aún no lo ha hecho la despenalización de la homosexualidad . Pero al menos ayudaría a que pudiéramos luchar más abiertamente contra el mismo.

El MDM propone, entre otras cosas ilógicas, eliminar la utilización del término “trabajo sexual”. Lo que proponemos al MDM es que se dejen de políticas retrógradas y de morales que continúan creando sistemáticamente más estigma y más violencia para lxs trabajadorxs del sexo.

¡El trabajo del sexo es trabajo! ¡Solidaridad para con todas las mujeres!

Una olvidada guerra contra las mujeres – Estados Unidos

 

 

El libro de Scott W. Stern documenta un programa de décadas destinado a encarcelar a mujeres “promiscuas”.

Por KIM KELLY

22 de mayo de 2018

https://newrepublic.com/article/148493/forgotten-war-women?utm_source=social&utm_medium=facebook&utm_campaign=sharebtn

 

En 1917, mientras la Primera Guerra Mundial azotaba el Atlántico, los funcionarios del gobierno estadounidense lanzaron un programa destinado a proteger a los reclutas recién llegados del ejército de contraer infecciones de transmisión sexual. Se asumió en ese punto que las trabajadoras sexuales y otras mujeres “promiscuas” eran las principales portadoras de ITS, y que la única manera de mantener a las tropas estadounidenses a salvo de los flagelos gemelos de la gonorrea y la sífilis era limitar su contacto potencial con estas mujeres . Con este fin, la policía y los agentes de salud obtuvieron el poder de detener y realizar rudos exámenes físicos a cualquier persona (aunque las personas que detuvieron fueron casi siempre mujeres) de la que “sospecharan razonablemente” de podía portar una ITS. A los funcionarios federales, estatales y locales se les dio rienda suelta para hacer cumplir las leyes estatales y nacionales aprobadas a raíz del programa, la principal de las cuales fue la Ley Chamberlain-Kahn de 1918.

Como Scott Wasserman Stern detalla en su nuevo libro Los juicios de Nina McCall: Sexo, vigilancia y el plan de décadas del gobierno para encarcelar a las mujeres “promiscuas”, si se descubría que una mujer estaba enferma, la enviaban a un “hospital de detención” (o a la cárcel) hasta que fuera considerada curada o” reformada “. Algunas de las mujeres que resultaron negativas a la enfermedad fueron encarceladas de todos modos, porque su supuesta promiscuidad se consideró una amenaza para la higiene moral de los soldados. Un número desproporcionado de detenidas fueron mujeres de color y mujeres de clase trabajadora; las mujeres negras a menudo se mantuvieron segregadas de las mujeres blancas y encarceladas en instalaciones insalubres, y, junto con otras mujeres de color, fueron objeto de violencia racista además de víctimas de agresiones sexuales. Algunas fueron esterilizadas contra su voluntad, o sin su conocimiento.

Las trabajadoras sexuales eran los principales objetivos, pero también lo era cualquier mujer considerada “sospechosa”, lo que en aquel momento podía significar cualquier cosa, desde ser vista en compañía de un soldado hasta comer sola en un restaurante. A medida que el programa arraigó más firmemente dentro del sistema legal, con agentes encubiertos de la ASHA (American Social Hygiene Association) actuando como sus ejecutores, se hizo evidente una cruda realidad: cualquier mujer, en cualquier momento, podría ser legalmente detenida, agredida sexualmente y llevada a la cárcel sin juicio, sin abogado, y sin idea de cuándo sería liberada. Aquéllas que fueron encarcelados en hospitales de detención fueron sometidas a exámenes médicos involuntarios, condiciones de vida inhumanas y tratamientos para la gonorrea y la sífilis. Lamentablemente, en aquel momento, la “cura” más común para estas enfermedades era un régimen estricto de dosis continuadas de mercurio y arsénico, sustancias químicas tóxicas que envenenaron los cuerpos de estas mujeres sin hacer absolutamente nada para curar sus enfermedades.

En 1918, 1.121 personas en Michigan fueron “hospitalizadas a expensas del Estado” porque las autoridades creían que tenían ITS. 49 eran hombres; 1.072 eran mujeres, y una de ellas era una mujer blanca empobrecida de 19 años llamada Nina McCall. Fue detenida, examinada a la fuerza por un oficial de salud local llamado Dr. Carney, que la consideró infectada con gonorrea y luego sífilis, inyectada hasta arriba de arsénico y encarcelada en el destartalado Hospital de Detención de Bay City durante tres meses. Como tantas otras, ella encontró el coraje para defenderse. Pero en lugar de organizar un motín en la prisión o incendiar los “reformatorios”, como hicieron algunas de sus hermanas encarceladas, Nina hizo algo quizás aún más audaz para una mujer de clase trabajadora de su tiempo. Ella llevó a sus torturadores ante los tribunales.

En The Trials of Nina McCall, Stern sitúa las pruebas de Nina en el momento de la génesis de este programa, y lo sigue desde los primeros días de la Primera Guerra Mundial hasta el progresismo de la posguerra, su revigorización al estallar la Segunda Guerra Mundial y durante toda la era de los derechos civiles. ya que estas leyes siguieron siendo aplicadas en algunos localidades hasta bien entrada la década de 1970. En última instancia, se convirtió en una de las cuarentenas masivas a mayor escala y de más larga duración en la historia de los Estados Unidos, aunque permanece olvidada hasta un extremo sorprendente. Fue llamado “el Plan Americano” (que es, confusamente, también el nombre de un plan que los empleadores formularon en la década de 1930 para explotar el “Primer Susto Rojo”, considerando que los sindicatos eran “antiamericanos”).

Hay sobrevivientes de la violencia sexual patrocinada por el Estado con este Plan que siguen vivas hoy en día, y varias formas de estas leyes originales permanecen en los libros en múltiples Estados, y nunca han sido completamente derogadas. La historia de Nina McCall podría haber permanecido enterrada si Stern se hubiera saltado la clase el día de 2011 en que uno de sus profesores en Yale dijo sin rodeos que “incluso había en este país campos de concentración para prostitutas”. Esa frase resonó en la mente de Stern, y decidió averiguar más. El resultado final es un trabajo meticulosamente investigado y absolutamente condenatorio que establece qué medidas tomó el gobierno de los Estados Unidos para controlar la sexualidad y la autonomía de las mujeres, y cuán perfectamente felices estaban con él los funcionarios locales y la policía.

En su apogeo, el Plan encontró partidarios no solo entre los conservadores, sino también entre una serie de luminarias liberales, desde la Primera Dama Eleanor Roosevelt y John D. Rockefeller Jr. (quien financió el programa durante décadas) hasta el gobernador de California Pat Brown, un demócrata recordado con cariño que se curtió persiguiendo a la “reina del aborto” de San Francisco Inez Burns. Ellos y otros partidarios del Plan adoptaron una postura pseudo-progresista, enfatizando sobre la importancia de la educación sexual, los servicios comunitarios y la transparencia sobre las ITS; se veían a sí mismos como protectores de las jóvenes en situación de riesgo, y elogiaban la destrucción de los distritos rojos mientras guardaban silencio sobre la difícil situación de las mujeres encarceladas en todo el país. Muchos de los miembros de la comunidad médica que se opusieron lo hicieron únicamente porque rechazaron la idea de asociar el cuidado de la salud con el gobierno federal; para ellos, el Plan apestaba a socialismo.

Hubo mujeres, como la sufragista radical Edith Houghton Hooker y la activista Katharine Bushnell, que hicieron campaña contra el Plan, abogando por su abolición sobre la base de su sexismo y de su gran injusticia. Encontraron que sus esfuerzos eran contrarrestados por los reformistas que estaban de acuerdo con la idea de encerrar a las trabajadoras sexuales y las “chicas malas”, pero que querían asegurarse de que ninguna inocente fuera detenida por error. Incluso la ACLU elogió el Plan, cambiando sólo su tono en 1944 después de que un director de la ACLU del norte de California llamado Ernest Besig se opusiera a la política de San Francisco de detener a todas las mujeres sospechosas durante 72 horas mientras eran examinadas.

El caso de Nina McCall no fue particularmente especial, e incluso su lucha por obtener justicia no fue del todo desconocida. Nina destacó ante Stern, tanto por su gran audacia como porque los archivos del Estado de Michigan guardaban registros detallados de su caso. En 1921, pleiteó contra aquellos que la habían perjudicado hasta llegar a la Corte Suprema de Michigan y ganó. El tribunal decidió que Carney se había equivocado al tratarla, porque no tenía motivos razonables para sospechar que había sido infectada; pero si los hubiera tenido, sus acciones habrían sido perfectamente aceptables. Su victoria resultó agridulce: la sentencia —conocido como Rock v. Carney— pasó a proporcionar la justificación de décadas de más abusos. La ASHA lo usó para reforzar el derecho “del funcionario de salud a poner en cuarentena a las personas que padecen la enfermedad venérea en un estado infeccioso que constituye una amenaza para la salud pública”.

Después de que Nina se desvaneciera de la vista pública, su reputación se restableció, se casó con un joven llamado Norman, se instaló en Saginaw (Michigan), y trató de seguir con sus cosas. En 1949, ella y Norman se mudaron a Bay City, el lugar de su encarcelamiento y tortura; no hay registros que iluminen sus sentimientos sobre el asunto, pero allí se quedaron, hasta que enfermó con un tumor cerebral y se mudó a un hogar de ancianos en 1957. Sus tres hijos habían muerto todos jóvenes; finalmente, a la edad de 56 años, ella también falleció.

Después de sufrir décadas de confusión política y cambios en el sentimiento público, el Plan Americano finalmente perdió impulso en su forma más pública. La evolución de las actitudes hacia el sexo, las enfermedades venéreas y los derechos de las mujeres marcaron una especie de toque de difuntos para esta cruel redada y varios casos de renombre —incluida la escritora feminista Andrea Dworkin, que fue detenida a los 18 años cuando participaba en una manifestación contra la guerra frente al edificio de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York— ayudaron a acelerar su retirada. Después de ser desnudada y examinada a la fuerza por dos médicos varones, sangró durante días después. Por la misma época, las activistas de derechos civiles en Birmingham temían ser sometidas a los mismos tipos de exámenes a manos de la policía, y las Panteras Negras en Sacramento corrían el riesgo de ser forzadas a “exámenes V.D.” como parte de una campaña de acoso policial.

Al igual que Nina, Dworkin contraatacó y atrajo considerable atención de los medios, lo que condujo a una mayor atención sobre las condiciones a las que se enfrentaban las prisioneras en las cárceles de la ciudad de Nueva York y al eventual cierre de la clínica en la que había sido agredida. La organización pionera de derechos de las trabajadoras sexuales COYOTE —dirigida por la activista local y ex trabajadora sexual Margo St. James— dio la batalla en San Francisco, y sus esfuerzos, junto con los de la abogada de la ACLU, Deborah Hinkley, dieron como resultado que un Tribunal de Apelaciones de California dictaminara que la policía de Oakland tendría que aplicar la cuarentena a todas las personas detenidas por igual, independientemente de su género, lo que provocó un fuerte retroceso en las detenciones por prostitución. Batallas similares se desarrollaron en todo el país, y para mediados de los años 70, el Plan, aunque no totalmente derrotado, estaba hecho trizas. En 1972, ASHA dejó de vigilar encubiertamente y hostigar a las trabajadoras del sexo, y pivotó en lugar de ello hacia campañas de concienciación más públicas y centrándose en el herpes, en lugar de la sífilis o la gonorrea.

Sin embargo, las ideas centrales del programa han demostrado ser extraordinariamente resilientes. Sus zarcillos de influencia se infiltraron en el estudio de la sífilis de Tuskegee, los campos de internamiento japoneses y las respuestas a la epidemia del SIDA, y ayudaron a sentar las bases para la actual crisis de encarcelamiento masivo. Como Stern descubrió, los mismos campos de Civilian Conservation Corps (CCC) que luego fueron utilizados para encarcelar a estadounidenses de ascendencia japonesa y alemana, prisioneros de guerra y objetores de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial funcionaron originalmente como “campos de concentración” para mujeres encarceladas bajo el Plan Americano.

Las mujeres siguen siendo detenidas con pretextos falsos, simplemente por su aspecto o presencia, o por llevar condones en sus bolsos.

Ninguna de las tres leyes federales aprobadas en 1917, 1918 y 1919 ha sido anulada alguna vez en un tribunal de apelaciones o derogada; permanecen en los libros de varias formas hoy en día, y las actitudes tóxicas que permitieron siguen afectando a las mujeres en los Estados Unidos hoy en día. Todavía en 1976, las autoridades en Salt Lake City (Utah) amenazaron con la detención y “el tratamiento forzado de los sospechosos de ser portadores de una cepa de enfermedades venéreas resistente al tratamiento con penicilina”, mientras que la policía en el condado de Monterey de California exigió que las trabajadoras sexuales se sometieran a exámenes obligatorios de ITS, bajo amenaza de encarcelamiento y examen forzado. En 1982, el alcalde de Atlantic City expresó la idea de poner en cuarentena a las trabajadoras sexuales en nombre de “limpiar” el paseo marítimo. Cuando los funcionarios públicos detuvieron a una cantidad de personas seropositivas en los años ochenta y noventa (muchas de ellas trabajadoras sexuales), el fantasma del Plan Americano volvió a aparecer una vez más; Una decisión judicial de 1990 citó directamente un caso de 1919 que declaró la cuarentena de una mujer infectada con gonorrea como una medida “razonable y adecuada”. Todo lo viejo vuelve a ser nuevo.

Las verdades reveladas en este libro son realmente impactantes, y más aún porque son muy poco conocidas. La cultura del silencio que ha golpeado a las trabajadoras sexuales durante tanto tiempo finalmente ha comenzado a disiparse, pero persisten peligros potentes. Más de 200.000 mujeres están actualmente encarceladas, y representan el segmento de más rápido crecimiento de la población carcelaria; hasta el 70 por ciento de las mujeres tras las rejas están o han estado involucradas en la industria del sexo comercial. Las mujeres siguen siendo detenidas con pretextos falsos, simplemente por su aspecto o presencia, o por llevar condones en sus bolsos; las trabajadoras del sexo —particularmente las que son mujeres trans de color— son extremadamente vulnerables a la brutalidad policial y a los abusos de la justicia penal. Mujeres como Nina McCall, Margo St. James e Inez Burns lucharon contra un sistema que las consideraba menos que humanas. Uno espera que el hecho de que haya ahora más autores trabajando para contar esas historias signifique que habrá más personas que se defenderán.

2007: huelga de trabajadoras sexuales bolivianas

 

Por Erica Janko 

28 de abril de 2015

Publicado para la Global Nonviolent Action Database

https://libcom.org/history/2007-bolivian-sex-workers-strike

 

Los ataques del gobierno de la ciudad y de los vigilantes locales contra las trabajadoras sexuales de El Alto provocaron una campaña nacional de las trabajadoras sexuales bolivianas contra la discriminación y por reformas legales.

 

 

Las trabajadoras sexuales hacen huelga por sus derechos en El Alto (Bolivia)

El 14 de octubre de 2007, los ciudadanos de El Alto ( Bolivia) exigieron que todos los bares y burdeles que permitían el trabajo sexual se situaran a más de un kilómetro de distancia de las escuelas, porque creían que los establecimientos estaban facilitando el crimen en la zona. Luego comenzaron un ataque de tres días a los bares y burdeles en el empobrecido distrito rojo de El Alto. Estos ciudadanos de El Alto, principalmente padres y estudiantes, quemaron o destruyeron al menos 50 burdeles, quemaron pertenencias de trabajadoras sexuales y golpearon a trabajadoras sexuales. La policía supervisó los hechos pero no tomó medidas para detener la violencia ni reprender a los ciudadanos que habían atacado a las trabajadoras sexuales.

En respuesta a las turbas, el alcalde de El Alto Fanor Nava y el gobierno municipal de El Alto cerraron todos los burdeles que estaban a menos de medio kilómetro de distancia de las escuelas. En la semana posterior al cierre de estos burdeles, las prostitutas se vieron obligadas a buscar trabajo en las calles en lugar de dentro de los establecimientos. En las calles, la policía acosó a las trabajadoras sexuales tanto física como verbalmente, amenazando con detenerlas.

La Asociación de Trabajadoras Nocturnas de El Alto, dirigida por Lily Cortés, exigió que el alcalde reabriera los burdeles y los bares cerrados. A partir del 17 de octubre de 2007, 35.000 trabajadoras sexuales se declararon en huelga en todo el país negándose a asistir a controles médicos. La huelga comenzó con un grupo central de unas 30 trabajadoras sexuales en El Alto y luego se extendió por todo el país. El gobierno boliviano exigió que las prostitutas pasaran por estos chequeos médicos cada 20 días con el fin de realizar su trabajo legalmente. Sin embargo, las trabajadoras sexuales continuaron su trabajo sin certificación de salud, lo que elevó los riesgos de salud pública para las enfermedades de transmisión sexual.

El 22 de octubre de 2007, más de cincuenta trabajadoras sexuales ocuparon un centro médico de El Alto y comenzaron una huelga de hambre para exigir derechos y respeto para las trabajadoras sexuales. El 24 de octubre de 2007, al menos 10 prostitutas se habían cosido los labios con hilo para dar a conocer la huelga de hambre y la necesidad de proteger los derechos de las trabajadoras sexuales. Tuvieron éxito en atraer la atención de varias fuentes de noticias de la zona, incluida La República, así como otras más extendidas como Reuters, The New York Times, The Sydney Morning Herald y la BBC.

Cortés y las trabajadoras sexuales de El Alto usaron la publicidad para anunciar dos amenazas más de acción si el gobierno de El Alto no volvía a abrir los burdeles o les daba más derechos a las trabajadoras sexuales al día siguiente: marchar desnudas por las calles de El Alto y enterrarse vivas. “Estamos luchando por el derecho al trabajo y la supervivencia de nuestras familias”, dijo Cortés. “Mañana nos enterraremos vivas si no se nos escucha de inmediato. El alcalde tendrá que responder ante su conciencia si hay consecuencias graves, como la muerte de mis compañeras “.

El 27 de octubre de 2007 el legislador Guillermo Mendoza intervino ante el gobierno municipal de El Alto en nombre de las trabajadoras sexuales, y las trabajadoras sexuales suspendieron sus huelgas y las amenazas de nuevas acciones. El 29 de octubre de 2007, el gobierno de El Alto acordó trabajar en una legislación que protegería los derechos de las trabajadoras sexuales, constituyendo un comité de comité de mediación sobre el tema en la Cámara de Representantes de El Alto. El 15 de diciembre de 2008, la Federación Iboamericana del Ombudsman, una organización latinoamericana de defensa de los derechos humanos, presentó un informe sobre la prostitución boliviana ante el gobierno de La Paz, solicitando además una reforma específica en la industria sexual boliviana. Ninguna documentación mostró que este informe fuera recibido favorablemente por el gobierno de La Paz.

Influencias:

Influenciaron posteriores huelgas de las trabajadoras sexuales bolivianas por los derechos de las trabajadoras sexuales.

Fuentes: 

Anon. 2007. “Bolivian Prostitutes Suspend Protest.” The Sydney Morning Herald, October 27. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428221412/http://www.smh.com.au/news/world/bolivian-prostitutes-suspend-protest/2007/10/27/1192941371886.html).
Anon. 2007. “Jornada De Furia En El Alto.” Diariocrítico de Bolivia, October 17. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428161545/http://bolivia.diariocritico.com/2007/octubre/noticias/41366/furia-el-alto.html).

Anon. 2007. “Parents, Students Ransack Bolivia Red-Light District.” ABC News, October 18. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428170956/http://www.abc.net.au/news/2007-10-18/parents-students-ransack-bolivia-red-light-district/702164).

Anon. 2007. “Prostitutas De El Alto En Huelga.” LaRepublica.pe, October 25. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428221840/http://www.larepublica.pe/25-10-2007/prostitutas-de-el-alto-en-huelga).

Anon. 2015. “Prostitutas Suspenden Su Protesta En Bolivia.” La Gaceta, October 27. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428225518/http://www.lagaceta.com.ar/nota/242024/mundo/).

Anon. 2007. “Prostitutes Sew Lips Together in Bolivia Protest.” Reuters, October 22. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428180021/http://www.reuters.com/article/2007/10/24/us-bolivia-prostitutes-idusn2436073120071024).

Azcui, Mabel. 2007. “‘Somos Madres Desesperadas.’” El País, October 29. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428221619/http://internacional.elpais.com/internacional/2007/10/29/actualidad/1193612405_850215.html).

Federación Iboamericana del Ombudsman. 2009. “Defensoría del Pueblo de Bolivia – Resolución sobre mujeres en situación de prostitución.” Federación Iboamericana del Ombudsman, October 25. Retrieved May 16, 2015. (http://www.portalfio.org/inicio/repositorio-red-de-mujeres/doc_download/39-defensoria-del-pueblo-de-bolivia-resolucion-sobre-mujeres-en-situacion-de-prostitucion.html).

Friedman-Rudovsky, Jean. 2007. “Prostitutes Strike In Bolivia.” Time, October 24. Retrieved April 26, 2015 (http://web.archive.org/web/20150427013230/http://content.time.com/time/world/article/0,8599,1675348,00.html).

Global Network of Sex Work Projects. 2011. “Riots And Protests in El Alto, Bolivia.” NSWP, February 26. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428221250/http://www.nswp.org/resource/riots-and-protests-el-alto-bolivia).

Reuters. 2007. “Bolivia: Prostitutes Sew Lips Together In Protest.” The New York Times, October 25. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428180331/http://www.nytimes.com/2007/10/25/world/americas/25briefs-prostitutes.html?_r=0).

Vaca, Mart. 2007. “Huelga De Prostitutas y Bares En El Alto.” BBCMundo.com, October 24. Retrieved April 28, 2015 (http://web.archive.org/web/20150428222130/http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_7059000/7059798.stm).

 

 

“Somos madres desesperadas” – Bolivia, 2007, huelga de trabajadoras sexuales

 

Las prostitutas de la ciudad boliviana de El Alto, en huelga de hambre por el acoso de los vecinos, negocian con el Gobierno una mejora de sus condiciones

 

MABEL AZCUI

Cochabamba (Bolivia)

29 de octubre de 2007

https://elpais.com/internacional/2007/10/29/actualidad/1193612405_850215.html

 

2007: huelga de trabajadoras sexuales bolivianas

 

Las prostitutas de la ciudad boliviana de El Alto están dispuestas a cambiar de profesión si el Gobierno les da la oportunidad; de lo contrario, reanudarán esta semana su actividad en las calles, pero sin los preceptivos controles médicos semanales, en respuesta al hostigamiento de los grupos de vecinos que en los últimos días han destruido sus locales y a lo que consideran falta de protección de sus derechos ciudadanos.

La presidenta de un colectivo que agrupa a unas 500 meretrices de El Alto, Lilia Cortés, advirtió que, si no se alcanzan acuerdos con las autoridades esta semana, la negativa a someterse a controles sanitarios se extenderá a otras ciudades. “Ya tenemos el apoyo de las compañeras de Cochabamba”, asegura Cortés.

Las prostitutas de la ciudad dormitorio de El Alto, la tercera más poblada del país, comenzaron la pasada semana una exhaustiva huelga de hambre; en señal de protesta, algunas incluso se cosieron los labios y otras escribieron con su sangre los lemas de su demanda, después de que un grupo enardecido de madres, estudiantes, dirigentes vecinales y habitantes de la ciudad incendiaran y destruyeran decenas de bares, cantinas y prostíbulos para mostrar a las autoridades que la población está cansada de la inseguridad ciudadana, la delincuencia y el alcoholismo.

Por el momento, la huelga de hambre de las prostitutas ha sido suspendida momentáneamente ante la posibilidad de un acuerdo en las reuniones mantenidas con el alcalde, Fanor Nava, y los dirigentes de las Juntas Vecinales y la Central Obrera Regional.

A la audiencia pública del pasado viernes no asistieron los parlamentarios, por lo que ha sido aplazada para el martes. “Estamos dispuestas al cambio, si nos dan esa oportunidad”, declaró Cortés en una entrevista telefónica. “Nosotras también somos madres y madres desesperadas, porque nos están negando nuestro derecho al trabajo y a ganarnos la vida; somos parte de la sociedad y tenemos derechos”, recuerda con énfasis.

Después, en tono conciliador pero con voz aún bronca, añade: “Si no quieren prostitutas, que nos capaciten, que el Gobierno mantenga a nuestros hijos mientras nosotras estudiamos y después que el mismo Gobierno nos garantice fuentes de trabajo”.

En respuesta a la consigna gubernamental Bolivia cambia, Evo cumple que se difunde por todos los medios de comunicación, la presidenta de las meretrices de todo el país, Yuli Pérez, ha reiterado la voluntad de cambio y de superación del colectivo.

“Tenemos los mismos derechos que los demás ciudadanos, pero no hemos tenido las mismas oportunidades. Que nos den esta oportunidad y ya veremos el cambio”, dijo. Aclaró, además, que la meta son carreras de nivel superior y no oficios.

“Lo que queremos es que nos digan dónde trabajar. Estamos dispuestas, pero, eso sí, que no nos dejen en la pampa sin servicios de agua potable y electricidad, porque no lo aceptamos”, matiza Cortés.

Uno de los puntos del proyecto de acuerdo es instalar prostíbulos en una zona específica de El Alto, una ciudad de 864.000 habitantes que se extiende en una vasta altiplanicie y en la que más de la mitad de la población no tiene acceso directo a los servicios básicos (luz, agua y alcantarillado).

La viceministra de Género, Evelyn Agreda, aseguró que el Gobierno está trabajando para generar empleos como solución al problema de las prostitutas, “temática que debe reducirse, pues no se trata de mantener o aumentar”. Las aristas más espinosas del asunto quedan en manos de las alcaldías, encargadas de aplicar regulaciones específicas, como las sanitarias.

Según un estudio sobre este colectivo, a las 500 afiliadas de El Alto se suman otras tantas “independientes” que trabajan en salas de masaje, en las calles y alojamientos. La edad oscila entre los 13 y los 45 años y provienen de todas las regiones, urbanas y rurales.

Las más jóvenes pueden lograr ingresos entre 420 y 560 euros al mes. Las mayores tienen menos ingresos y no siempre eligen al cliente. El estudio menciona que muchas son víctimas de sus proxenetas, que las encierran y las obligan a cumplir con una cuota determinada. Los precios más bajos suelen alcanzar entre cinco y diez bolivianos (de medio a un euro), lo que obliga a las mayores a trabajar con mayor número de clientes.

Algunas mujeres optaron por esta actividad, básicamente nocturna, para poder atender a sus hijos, ayudarlos en sus deberes escolares y dejarlos dormidos antes de salir a trabajar. Entre ellas, hay casos de madres que han logrado financiar los estudios universitarios de sus hijos, según el estudio.