“Hermana” abolicionista

 

 

No soy hermana de mujeres que desacreditan a otras mujeres para imponer sus ideas, que tergiversan trata con prostitución y obstruyen la lucha de un colectivo marginado e invisibiliza a las víctimas. Que el abolicionismo hipócrita y egoísta me llame hermana es un insulto y una burla

Kenia García

 

 

 

“Hermanas” abolicionistas institucionales que diseñan leyes donde se nos persigue.

“Hermanas” institucionales que utilizan las asociaciones feministas afines a sus partidos políticos para sacar planes, ordenanzas donde nos acosan.

Entidades “hermanas” que reciben subvenciones para atendernos pero que a nosotras no nos llega esa atención; que las “hermanas” han firmando y renovado convenios sin poner remedio a que no está llegando lo firmado, en pro de sus ideales abolicionistas o en pro de las próximas subvenciones.

“Hermanas” que invierten más dinero en charlas, debates y publicidad en pro de sus ideales abolicionistas que en protección real para las víctimas de trata y alternativas reales para quien desea dejarlo.

“Hermanas” que se dedican a insultar a las trabajadoras sexuales visibles, a desvalorizar su voz por trabajar en diferentes espacios de trabajo con mejores condiciones laborales, por tener conciencia política, feminista, obrera, pro sex, etc. a golpe de teclado.

“Hermanas rojas” que no hacen nada ante la vulneración de derechos que sufrimos a consecuencia de las medidas que toman sus compañeras.

“Hermanas” feministas que nos quieren silenciar en otro espacios sociales donde no hay posicionamiento ante la prostitucion o no está consensuado.

“Hermanas” feministas que quieren parar con un dedo lo que ya no se para: nuestra voz. Cada vez somos más las trabajadoras sexuales que levantamos la voz en todo el mundo en pro del reconocimiento de nuestro trabajo. Cada día sumamos más entidades en defensa de los derechos humanos que están cambiando su posionamiento abolicionista en pro de la trabajadoras sexuales.

Vamos sumando más colectivos de trabajadoras sexuales, más aliadas; cada día nuestras compañeras no visibles están más informadas, empoderadas, más unidas que nunca a través de las redes sociales.

¡¡¡Joder con las “hermanas”!!!

Marijose Barrera Márquez

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¿Qué quieren estes putes?

Por Paula Vip

Miércoles 3 de enero de 2018

 

http://colectivocaye.org/DailyCaye/spip.php?article9

Las y los trabajadores sexuales (putas y putos) son seres complejos y difíciles de comprender.

Son sujetos incomprensibles para la sociedad, porque no cabe duda de que la suya es una labor desagradable y sucia. Machista y degradante. ¿Por qué entonces, algunas de ellas se empeñan en querer decirnos que es un trabajo tan digno como otro cualquiera?

¿Cómo pueden las putas hablar de dignidad si lo único que quieren de ellas los puteros, los prostituidores que compran esos cuerpos, es someterlas a sus más bajos instintos, llenarles con sus grandes y purulentos penes cuantos agujeros tengan y rebosarlos de semen putrefacto, fruto de tanto follar con otras prostituídas infectadas, claro está.

En realidad, ¿qué sabrán las putas de dignidad si lo que hacen cada día es lo más indigno que puede hacer una mujer?

¿Cómo se atreven a levantar la voz y reclamar derechos? ¿Derechos para qué?

¡Resulta incoherente pedir derechos para ser violadas. Claramente estas mujeres no saben lo que dicen!

Estas putas se han vuelto locas, son unas mentirosas y venden humo, uno tan apestoso como resultan ser ellas mismas, para que no veamos con claridad la única verdad factible y es que NO existe el mal llamado “trabajo sexual”. Es simplemente la degradación de la mujer en estado extremo, la feroz querencia y la férrea voluntad del hombre, de romper vaginas infectadas y anos sucios para poder terminar usando las bocas de esas pobres mujeres, inundándolas de semen y convirtiéndolas en contenedores de ese maloliente y asqueroso esperma de muerte e infección.

Ellos, los puteros, los prostituidores, los violadores, quieren vírgenes, niñas, embarazadas, mujeres desdentadas que no puedan morderles, de grandes tetas y pequeño cerebro, las quieren drogadas, dormidas, púberes, pelirrojas, rubias y morenas, altas y enanas, feas y bellezones, gordas y anoréxicas, pero tontas. Muy tontas. Tanto como para dejarse manipular y dejar que alguien les haga cruzar continentes engañadas mientras las van violando por el camino.

Porque los hombres sólo saben violar. Desde que despiertan por la mañana con la tienda de campaña bien montada, hasta la madrugada. Esos hombres feos, gordos, viejos, calvos, borrachos, sudados, con la camisa abierta hasta el ombligo, ésos a los que se les ve la raja del culo por mucho que se empeñen en subirse los pantalones, son los que las putas deben soportar cada hora de cada día, sometidas al patriarcado más rancio de la sociedad.

Porque esos hombres son los clientes de las mal llamadas trabajadoras sexuales. Que nadie se llame a engaño. No son nuestros maridos, ni nuestros padres, ni nuestros abuelitos y por supuesto no son nuestros hijos cuarentones o cincuentones. Ellos sí que son hombres decentes, hombres de bien. Hombres que saben cómo tratar a las mujeres, aunque las estadísticas se empeñen en decir que en 2017, 98 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas y sólo dos de ellas eran mujeres que ejercían prostitución. Ese dato es irrelevante, porque una puta asesinada vale por 50 mujeres que se dedican a cuidar de sus vaginas y no permiten que los hombres las denigren a diario convirtiéndolas en contenedores de semen pegajoso.

Ellas mueren a manos de sus prostituidores, de esos malos hombres que nosotras nunca encontraremos en nuestro paseo por la vida. Porque nosotras sí sabemos escoger nuestros trabajos -mal pagados, en los que el jefe nos mete mano, y callamos. Cuando conducimos nos gritan –mujer tenías que ser- y callamos.

Nosotras no morimos a manos de nuestros hombres, nos hallan muertas. Nadie se para a preguntar si acaso nos lo merecíamos, porque somos honradas y decentes. Muy decentes. Eso no implica que de vez en cuando tengamos nuestros rolletes, amantes y novios fuera de nuestra relación cerrada y monógama, pero no cobrar nos hace intocables. Y dignas, muy dignas.

Las mujeres que son traficadas, tratadas y explotadas con fines sexuales nos merecen una angustia especial, porque está claro que son seres no pensantes, demasiado ingenuas para ver venir que, siendo guapas y extranjeras, iban a terminar de putas.

Da un poco de rabia que ellas representen la estupidez femenina que el machismo siempre ha pregonado. Pero, por otra parte, el apabullante alegato de las mujeres libertinas que vienen a romper el discurso de las víctimas que tan bien manejamos las decentes y salvadoras mujeres de bien, no encaja en nuestro perfil. De ningún modo, vamos a permitir que estas mujeres que se auto denominan putas y que dicen que hacer sexo por dinero es lo que han elegido libremente, rompen el mercado antipatriarcal que tanto hemos luchado por conseguir –ejem- y vienen a demostrar que ellas tienen el poder de negociación y que cobran por aquello que nosotras, las decentes, hacemos gratis.

¡Neoliberales! ¡Capitalistas! ¡Impías! ‘Sucias! ¿Derechos decís?

¡Ya os daba yo vara y vaya si os ponía derechas!

Enseñando tetas y chochos sin ningún pudor, bailando, haciendo porno o de webcammer, follando en persona, o a distancia, o por teléfono…

¡Vendiendo sexo, la quintaesencia de la mujer, su vagina sagrada, su coño divino!

Las caricias que les negamos a nuestras, vosotras se las vendéis y nos jodéis el chiringuito follando y cobrando.

Es inaudito que reclamen un sitio en la sociedad limpia que hemos creado entre todas las mujeres de bien, este mundo ordenado en el que los palestinos arrojan piedras y los israelíes misiles. Éste es el mundo que hay que preservar.

Y las putas…ésas no saben ni lo que quieren. Alcohólicas, degeneradas moralmente, cocainómanas las más pudientes y heroinómanas las más precarias, drogatas todas.

Se pasan el tiempo tejiendo una maraña de mentiras sobre un trabajo que no existe en un sexo desgarrador que les rompe el alma y las arranca su, ya de por sí, poca dignidad como mujeres.

Por eso no importa lo que ellas quieran.

Importamos nosotras. Las mujeres decentes

Paula Vip
APROSEXISTA

 

Sexo banal

 Por Arcadi Espada

13.05.2009

 

http://www.elmundo.es/opinion/columnas/arcadi-espada/2009/05/14783528.html

 

CLÉRIGOS y comentaristas, y alguno de ellos disfrazado de doctor en Medicina, alertan contra la banalización del sexo que supone la píldora post. Yo comprendo muy bien lo de la banalización; pero en absoluto la alerta. Uno de los grandes avances de la Humanidad ha sido la banalización del sexo, que se ha producido como resultado de las acciones relacionadas con la higiene y la reproducción. ¡Qué duda cabe que en tiempos de la sífilis el sexo era mucho menos banal! El doctor Paul Ehrlich fue su gran banalizador cuando distanció el sexo de la enfermedad y la muerte con sus balas mágicas de arsénico. Y lo mismo puede decirse del doctor Luis Ernesto Miramontes cuando sintetizó la noretisterona y abrió el camino de fabricación de la píldora anticonceptiva. Y qué decir de los franceses que en el XVII inventaron el bidet para consuelo de las partes doloridas. Nadie lo dijo mejor que aquel Álvarez Solís: «Desde entonces el sexo perdió mucho sabor».

Frente a esa gama (¡globulina!) de hombres ilustres y banalizadores se ha alzado en todas las épocas el funesto tropel de la carcundia. Religiosa, pero no sólo. La carcundia literaria, encabezada por el doctor Freud ha sido mucho más temible y su grosero enfatismo se extiende hasta la vera de nuestros días con el soporífero Bataille y aquel japonés imperial para el que la petite mort sólo era un preludio blanducho de la grandiosa y última erección. Del tropel sólo es rescatable el viejo Wilhem (Reich), que puso el sexo en la máquina antes que James Brown y el gran escritor cubano Juan Abreu que a sus parrandas aún las llama sexo a fin y efecto de no envejecer.

De modo que yo aplaudo la banalización emprendida por las ministras Aído y Jiménez, con sus píldoras, sus abortos sin mamá y todo lo que venga en la misma línea divulgativa tendente a reducir el sexo a un juego, mediante el control de sus consecuencias más indeseables, es decir, mediante la civilización. Y aplaudo especialmente su trabajo en torno de los jóvenes, población de riesgo, siempre a punto de morir como Werther y por tanto la más necesitada de banalización, es decir de píldoras, datos, detalles y prosa, mucha prosa, que sepulte el mito. Ahora bien: sería conveniente que las ministras no fuesen más socialdemócratas de lo estructuralmente necesario. No puede ser que una mano incite al juego y la otra lo cancele. Una célebre subordinada de la ministra Aído quiere castigar a un bar de Málaga que regala copas a sus clientes si acuden disfrazadas de colegialas. Hombre, hombre. ¡Para qué querrán la píldora post si no se puede jugar a colegialas y a médicos!

 

El progresismo es un puritanismo

 

La izquierda, que un día se soñó instrumento de emancipación de la humanidad, se ha resignado a ejercer el papel de gran censor de las conciencias

 

Por MANUEL RUIZ ZAMORA

Filósofo

20 Diciembre, 2017 – 02:33h

 

http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/progresismo-puritanismo_0_1201680203.html

 

El progresismo es un puritanismo / ROSELL

Quién nos iba a decir hace años que lo que llamábamos progresismo no era sino el último disfraz del viejo puritanismo. Al diablo, nunca mejor dicho, con los sueños de amor y libertad; al diablo también con aquella proclama ingenua que prohibía prohibir. Hoy, todo cuanto remita al placer o al sexo, a la emancipación de la mente y los sentidos debe darse por definitivamente prohibido. Decía Santayana que el puritanismo es esa forma de pensar que cree que el pecado existe, que cree que el pecado debe ser castigado y que es bueno que el pecado exista para que pueda ser castigado. Es en esta última parte de la proposición en la que radica todo su sentido: el puritano abjura de todos los placeres para disfrutar del placer supremo de castigar a quien disfruta. Cuando por fin logramos expulsar a los clérigos a la recóndita paz de sus templos, descubrimos con asombro que había legiones enteras de puritanos, mucho más fervientes y combativos, esperando para ocupar los espacios que ellos dejaban libres.

El pecado, señoras y señores, vuelve a estar de moda, aunque ahora se camufle entre las sábanas de lo políticamente correcto. El deseo es un delito, la seducción, si es procurada por el hombre, un tipo de violación diluida; si lo es por la mujer, una rendición innoble a pautas de comportamiento machistas. La prostitución, esclavitud encubierta; la pornografía, una excrecencia perversa del heteropatriarcado. El desnudo, como viene a demostrarnos el reciente intento de prohibición de una obra de Balthus, una incitación a la pederastia (Ay, si su ignorancia les llevara a examinar la historia del arte) o, más simplemente, una conversión de la Mujer, ese objeto de culto, en un objeto sexual. La izquierda, que un día se soñó instrumento de emancipación de la humanidad, se ha resignado a ejercer el papel de gran censor de las conciencias.

Ciertamente, nunca el sexo y las izquierdas hicieron buenas migas. El mismísimo Carlos Marx, confundiendo las relaciones de producción con las de reproducción, procreó clandestinamente en su criada, incurriendo de esa forma en lo que, de no haber sido de izquierdas, hoy se consideraría un caso inaceptable de acoso laboral. A Jaime Gil de Biedma, en los años cincuenta del siglo pasado, le negaron el ingreso al Partido Comunista por su conocida condición de homosexual. También es de sobras conocido el destino trágico que padecieron en las dictaduras comunistas todos aquellos que practicaban formas desviadas de la sexualidad, según las designaban los sumos sacerdotes del Partido. Algunos de los herederos más orgullosos de aquellos desatinos totalitarios claman hoy sin pudor desde las cabeceras de la manifestaciones por los derechos de gays y lesbianas.

La derecha, por su parte, ha descubierto que para perpetuar la rancia influencia de su discurso moral tan solo tiene que presentarlo convenientemente envuelto en el papel de celofán de lo políticamente correcto. Ver, por ejemplo, los telediarios de Televisión Española es como asistir a una homilía en donde la parte dedicada a la información es apenas un pretexto para insuflar la moralina: ahora un poco de violencia de género, unas gotas de acoso escolar, los peligros de las drogas y el alcohol en la conducción vial y, como último descubrimiento estelar, un saludo cariñoso a los pérfidos puteros. ¿No han visto todavía esa obra maestra del arte episcopal en la que dos ultracuerpos invadidos de fundamentalismo insultan sin complejos, no solo a los asiduos a los burdeles, sino, por extensión, a las trabajadoras del sexo?.

Tal vez el tema de la prostitución sea el que mejor refleje la profunda hipocresía de los nuevos fariseos. De la misma forma que las antiabortistas, con su maximalismo y su intransigencia, lo único que consiguieron fue que las mujeres se vieran abocadas a abortar en condiciones clandestinas y miserables, con el resultado, muchas veces, de muerte, las abolicionistas, con el pretexto de velar por la dignidad de la Mujer, están consiguiendo que el colectivo de las prostitutas permanezca en unas condiciones de desregulación laboral que en la práctica no se diferencia demasiado del estado de los obreros en los albores de la revolución industrial. A las abolicionistas les importa un bledo la situación real de las prostitutas: su único objetivo es criminalizar. También les da igual lo que las propias prostitutas opinen al respecto: para el puritano lo importante es salvar el alma, si es posible contra la voluntad de quien tiene que ser salvado. Cuando por fin hayan logrado conquistar el mundo (y por el camino que vamos no están lejos de conseguirlo), este no será un lugar más justo, pero, a cambio, habrán conseguido que sea más triste, más mezquino y más feo.

 

Historias de control social y doble moral en Euskal Herria

 

 

‘Historia de la prostitución en Euskal Herria’, de Charo Roquero, hace un recorrido por la evolución de este trabajo socialmente ocultado.

 

https://www.diagonalperiodico.net/culturas/22688-historias-control-social-y-doble-moral.html

 

“En Euskal Herría nunca llegó a producirse un desarrollo floreciente de la prostitución como sí se dio en otras zonas”. Esta creencia, muy extendida, es la que intenta desmontar en su libro la historiadora Charo Roquero. El texto hace un recorrido por las diversas formas que adoptó la prostitución desde la Edad Media hasta la época contemporánea, circunscribiendo su investigación al territorio de Euskal Herria. Distintas épocas, desde aquellas de mayor “tolerancia” a las de mayor persecución, y distintas formas, tanto en los sectores más humildes y como en las clases acomodadas, son investigadas a través de una vasta documentación histórica, sobre todo a nivel de registros municipales, dando lugar a una obra rica en testimonios, experiencias y curiosidades. “En la documentación histórica no se aborda el tema directamente, sino que aparece de refilón, asociado a peleas, abusos de mujeres, incumplimientos de palabras de matrimonio,…”, explica la autora sobre las dificultades que ha encontrado en la investigación.

La prostitución ha sido entendida a lo largo de la historia como un “mal menor” y vinculada a una cuestión de higiene o salud pública. Denotaba, para la autora, la hipocresía de una sociedad que la toleraba cuando no la veía. Y la percepción de que, ante una sexualidad masculina considerada como un impulso irrefrenable y que necesitaba ser encauzada, las buenas mujeres quedaban a salvo de ésta gracias a las prostitutas.

“De alguna forma, se trata de un servicio social, y mantiene la estructura social establecida, con la familia como la base de la sociedad”, explica Roquero. Tolerancia que se mantenía siempre y cuando las prostitutas no se mezclasen con las “mujeres honradas”. Que no se encuentren en los mismos espacios, que no se las pueda confundir, encerrándolas si era necesario, creando guetos, llevándolas a los extrarradios de las ciudades, marcándolas con una vestimenta específica, etc. “A nadie le gusta que le recuerden que ellas están ahí”, apunta la autora.

Esta invisibilidad de la prostitución sólo se rompía cuando las instituciones se veían obligadas a abordar el tema con fines higienistas. Y no porque hubiese una preocupación por la salud de estas mujeres, sino para que no contagiasen sus enfermedades. “La prostituta, además de ser una mujer lasciva, inmoral y pecadora, es un ser enfermo, y un foco de contagio que hay que mantener controlado”, apunta Roquero. Progresivamente se irá identificando moral con higiene, cuestiones morales y religiosas irán mezclándose con otras más científicas y médicas desde el siglo XIX. “A nadie inspira compasión, donde a todos causa desprecio y asco, donde se le cura para que vuelva a servir, como un animal que enferma y curado puede ser útil”, denunciaba la escritora Concepción Arenal.

La investigación de Charo Roquero pone de manifiesto que en todas las etapas ha habido una asimilación de las mujeres más humildes e inmigrantes con prostitutas, y se ha argumentado desde las clases acomodadas que “la prostitución, lo mismo que la miseria, es forma específica de la clase proletaria, manteniéndose de ella y de sus desgracias”. Un discurso que las despojaba de dignidad y se convertía en todo un signo de identidad de clase, dejando fuera de foco otras formas de prostitución propias de las clases acomodadas, entre las que la autora analiza figuras como el de la ‘querida’ para la floreciente burguesía industrial.

Hay una vinculación evidente entre prostitución y miseria, pero, sobre todo, entre prostitución y situaciones de vulnerabilidad. Es el caso de las niñas que eran llevadas muy jóvenes a las ciudades para trabajar como sirvientas en las casas acomodadas y, frecuentemente, tras ser violadas por el señor o el señorito, eran despedidas. “Según un estudio de 1900, el 60% de las jóvenes que empezaban como sirvientas en la capital terminaban tarde o temprano siendo víctimas de la ‘seducción de los señoritos’”, relata el libro. También costureras, planchadoras o lavanderas, por sus raquíticos salarios, o aquellas mujeres que no tenían padres o tutores que pudieran responder por ellas, tenían todas las papeletas para terminar ejerciendo la prostitución. De otras, como taberneras, posaderas, mesoneras, se decía que “su honra se tenía en poca valía y se les presuponía una conducta provocativa”. Y su valoración social era determinante para que se condenase o no la violencia ejercida contra ellas.

La prostitución sirvió también como una herramienta para estigmatizar y ejercer control social sobre las mujeres en todas las etapas. Se consideraba que cualquier mujer que escapase a la autoridad masculina era especialmente peligrosa, como era el caso de viudas o solteras. No es casual que un 70-80% de las acusadas de brujería en los siglos XVI y XVII fuesen viudas, como documenta el texto. También se ponía coto a ejercicios de libertad por parte de éstas, como podía ser “que las mujeres anduvieran libremente por los caminos, sin la responsabilidad de un hombre”. En época más reciente, durante la posguerra, las mujeres detenidas por cuestiones políticas también fueron descalificadas de esta forma, y aparecían en los registros con la denominación de prostitutas, “con el fin de anular su identidad como sujetos políticos”, relata Roquero.

A pesar de todo, las prostitutas nunca han sido objeto de solidaridad, ni siquiera por parte de otras mujeres de su misma clase social. “La prostituta es una mujer indigna, sucia, cuando no viciosa y delincuente. No existe con ellas solidaridad. Al contrario, las mujeres de clase humilde, en los siglos XIX y XX, intentan distanciarse de ellas, en un afán porque no se las confunda. La virginidad es su único orgullo y hacen gala de ella. Se aferran a los valores de la femineidad que la sociedad valora y no dudan en marcar diferencias. Por su parte, las mujeres de la alta sociedad, muestran preocupación hacia ellas, pero desde una superioridad moral, desde la lástima caritativa”, explica la autora.

La mayor parte del debate actual en torno a la prostitución, entre posturas abolicionistas y pro-legalización, parecen seguir reproduciendo un tratamiento de éstas más como objeto del debate y que como sujetos. En palabras de Charo Roquero, “es indudable que la mujer prostituta no acaba de encontrar una política que no comprenda la valoración moral, la conmiseración y la lástima. Más que un afán de proteccionismo paternal lo que necesitan es una protección ante las tramas de explotación y tráfico, y una definición de sus derechos como trabajadora”. No en balde, y cita a la escritora feminista Itziar Ziga, “la alarma por la existencia de prostitutas es muy superior a la producida por la agresión a prostitutas”.

 

Se equivocan las abolicionistas

 

Se equivocan las abolicionistas si creen que van a acabar con la prostitución.

Y no porque sea imposible, sino porque no han adoptado la estrategia adecuada. Hacer la guerra a la prostitución “manu militari”, como se hace la guerra a las drogas o al terrorismo, sólo llevará a un mayor sufrimiento de las mujeres y a un mayor enriquecimiento de las mafias, estatales y no estatales, para mayor gloria del feminismo carcelario.

La única forma de acabar con la prostitución es llevar a cabo una guerra comercial que hunda los precios y arruine a la competencia. Esta guerra debería enfocarse en la demanda, por una parte, y en la oferta, por otra.

Acabar con la demanda de sexo pagado es fácil: basta con ofrecer sexo gratis. Y a esto las feministas abolicionistas no deberían objetar nada, ya que defienden el derecho a hacer con el propio cuerpo lo que se quiera y tienen muy claro que la fidelidad conyugal y la castidad virginal son instituciones patriarcales. Ahí están las Femen, usando sus tetas como arma de combate. Ya veo a las cohortes de feministas abolicionistas recorriendo los polígonos y haciendo que pagar por sexo sea lo más estúpido de este mundo.

Y en cuanto a la oferta, terminar con ella no puede ser asimismo más fácil: basta con ofrecer a cada prostituta una renta equivalente a sus ganancias y en las mismas condiciones, es decir, sin tener que hacer nada más que acostarse con quien le dé la gana y cuando le dé la gana.

Si no se pone fin a la prostitución es porque las abolicionistas no quieren.

Ellas sabrán por qué quieren llevar adelante una guerra que sólo beneficia a las mafias.

 

NOSOTRAS, LAS HIJAS DE PUTA…

Por Deborah Álvarez

 

24 de octubre de 2017

 

 

Putas. Hijas de Puta. El insulto y el estigma, la discriminacion por decidir ser. Las Malas. Mujeres Cis, Mujeres Trans… Gatas. Callejeras. Todas las Mujeres. Prostitutas y Madres. Nada de Vírgenes… Trabajadoras del Sexo Comercial, meretrices reivindicando su derecho al trabajo y al placer. Actrices porno. Sex Models. Strippers. Danzarinas exóticas. Coperas. Scorts. Acompañantes. Alternadoras. Perras de todo pelaje. Zorras. Rameras. Golfas. Meretrices… Todas las malas unidas. Abolicionistas Go Home!!!… Mi Cuerpo, Mi Vida, Mi Trabajo, Mi Derecho!!!… Ni tratadas, ni Víctimas… Mujerzuelas. Mujeres de la Vida Galante. Sex Workers. Yeguas de la Noche. Viciosas. Descarriadas. Sinceras. Leales. Fieles a nuestra manera. Mujeres sin Modales. Chicas Malas. Mujeres Diversas… Jóvenes y Maduras. Putas Zorras pirujas. El sexo se paga. El sexo se cobra. Del sexo vivimos. Sin lugar para mojigatas, santonas, arrepentidas, que no respetan nuestro derecho a decidir… No necesitamos ser rescatadas. La Calle es nuestra. Las Whiskerías, los Cabarets, los Pubs, los Privados, nuestros lugares de trabajo.

No hay mayor Proxeneta que el Estado, y contra su persecución nos rebelamos!!!… El Capitalismo no tiene sexo y nos explota a todas y a todos!!!… El “trabajo” esclavo, no es Trabajo, es Esclavitud, y contra él nos rebelamos y lo denunciamos! El trabajo sexual no es sinónimo de trata!!!… Basta de mezclarnos!!!… Basta de perseguirnos!!!… Nuestros clientes no son el enemigo!!!… Perseguir a los clientes de Prostitución, criminalizarlos, es atentar contra la Libertad de decidir y contra nuestra fuente de trabajo!!!.. Defenderlos, es Defendernos!!!…

Las Trabajadoras Sexuales somos Mujeres Libres, Adultas, Mayores de Edad, Trabajadoras del Sexo. Las víctimas de “trata” son esclavas, no son trabajadoras… Ellas no quieren, Nosotras Sí. Nos rebelamos contra la pacatería burguesa, contra los mandatos sociales, contra la monogamia forzosa, contra la heteronormatividad impuesta, contra los discursos de doble moral. No me vengas a decir cómo, con quién, cuándo, dónde, para qué y por qué tener sexo!!!… No necesitamos “tutoras”, no somos débiles mentales. Si nuestra moral no te gusta, sigue la tuya, pero no nos obligues a ser lo que no queremos que seamos… Tenemos Derecho a Ser Nosotras Mismas!!!…

No vendemos nuestros cuerpos, tampoco los alquilamos… Vendemos Placer. Prestamos un Servicio. Somos Diosas del Sexo Libre. Profetas Paganas. Sacerdotisas del Deseo. Nadie nos obliga. Somos lo que somos: trabajadoras sexuales!!!… Y queremos seguir siéndolo!!!…

#TrabajoSexualesTrabajo

#MeValeYoDecidiSer

El Gobierno de Suecia indemnizará a personas transexuales que fueron esterilizadas a la fuerza

Ángel Ramos

27 Abril 2016

 

  • Hasta 2013, la ley sueca establecía que las personas que querían cambiar su sexo legal tenían que “carecer de la capacidad para procrear”.

  • Cientos de personas trans se vieron obligadas a someterse a cirugía de esterilización a causa de esta ley.

 

 

http://www.cascaraamarga.es/politica-lgtb/lgtb-internacional/13148-el-gobierno-de-suecia-indemnizara-a-personas-transexuales-que-fueron-esterilizadas-a-la-fuerza.html

 

 

El ministro de Salud Pública del país escandinavo, Gabriel Wikström, ha confirmado que el Gobierno sueco pagará una indemnización a las personas trans que fueron víctimas de la esterilización forzada.

Más de 160 víctimas de esta ley, que fue revocada en 2013, presentaron una demanda contra el gobierno por esta práctica y, después de una larga batalla política que ha durado años, el gobierno de Suecia ha confirmado que resolverá el caso pagando una indemnización.

En un comunicado, el ministro de Salud Pública confirmó que el Gobierno desarrollará la legislación con el fin de permitir la compensación a pagar: “Hasta 2013, era un requisito para someterse a la esterilización de cambio de sexo. Era una expresión de una visión del mundo que hoy pensamos que está mal y a la que renunciamos. El gobierno, por tanto, va a introducir un proyecto de ley, lo que significa que los afectados por la ley anterior podrán solicitar una compensación por parte del Estado”, declaró Wikström. “El objetivo es que la ley entre en vigor en julio de 2018”, aclaró.

Kerstin Burman, de la Federación Sueca por los Derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y Queer, dijo que las “reparaciones monetarias no pueden compensar completamente las violaciones de esterilización forzada, pero una reparación financiera iniciada por el gobierno es un reconocimiento oficial de que estas acciones eran malas y que el Estado no debería haber tratado a sus ciudadanos de esta manera”. “Que el gobierno haya optado por tomar la responsabilidad política de las esterilizaciones forzadas es muy positivo. Ahora estamos esperando que el nivel de la compensación sea adecuado y justo”, matizó.

Según Burman, la estimación de esta compensación estaría alrededor de las 300.000 coronas suecas (alrededor de 32.000 €) por persona. “Si el gobierno propone una cantidad significativamente menor, a continuación volveremos a los tribunales”, precisó.

 

Se equivocan las abolicionistas

 

 

Se equivocan las abolicionistas si creen que van a acabar con la prostitución. Y no porque sea imposible, sino porque no han adoptado la táctica adecuada. Hacer la guerra a la prostitución “manu militari”, como se hace la guerra a las drogas o al terrorismo, solo llevará a un mayor sufrimiento de las mujeres y a un mayor enriquecimiento de las mafias, estatales y no estatales, para mayor gloria del feminismo carcelario.

La forma de acabar con la prostitución es llevar a cabo una guerra comercial que hunda los precios y arruine a la competencia. Esta guerra debería enfocarse en la demanda, por una parte, y en la oferta, por otra.

Acabar con la demanda de sexo pagado es fácil: basta con ofrecer sexo gratis. Y a esto las feministas abolicionistas no deberían objetar nada, ya que defienden el derecho a hacer con el propio cuerpo lo que se quiera y tienen muy claro que la fidelidad conyugal y la castidad virginal son instituciones patriarcales. Ahí están las Femen, usando sus tetas como arma de combate. Ya veo a las cohortes de feministas abolicionistas recorriendo los polígonos y haciendo que pagar por sexo sea lo más estúpido de este mundo.

Y en cuanto a la oferta, terminar con ella no puede ser asimismo más fácil: basta con ofrecer a cada prostituta una renta equivalente a sus ganancias y en las mismas condiciones, es decir, no hacer nada más que acostarse con quien le de la gana y cuando le de la gana.

Si no se pone fin a la prostitución es porque las abolicionistas no quieren.

Ellas sabrán por qué quieren llevar adelante una guerra que solo beneficia a las mafias.

Manuela Carmena, el Papa Francisco y la prostitución

El Vaticano organizó los días 21 y 22 de julio de 2015 un foro sobre el “Cambio climático y nuevas formas de esclavitud moderna”. Sobre ecologismo y prostitución debatieron Manuela Carmena, el Papa Francisco y el alcalde de Nueva York Bill de Blasio.

 

Clara Mallo

 

Madrid | @ClaraMallo

 

Martes 28 de julio de 2015

 

http://www.izquierdadiario.es/spip.php?page=movil-nota-3510&id_article=21121

carmena-en-el-vaticano-2015

La cita estuvo organizada por Academia Pontificia Ciencias Sociales del Vaticano y por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En el foro intervinieron más de 70 participantes entre alcaldes y alcaldesas de todo el mundo como los de Nueva York, París, Bogotá, Buenos Aires, o Madrid y representantes de la ONU.

El objetivo del Papa Francisco es buscar aliados. Así en su discurso se dirigió a los más de 70 participantes con estas palabras: “La Santa Sede o tal país podrán hacer un buen discurso en la ONU, pero si no hay trabajo desde la periferia al centro, no tendrá efecto. Y ahí, en la periferia, es donde está el trabajo de los alcaldes”. Con ello Bergoglio cuenta poder influir en las decisiones de la Cumbre sobre el Clima que la ONU celebrará a finales de año.

Pero no solo el Papa pidió “conciencia ecológica” sino que el otro de los puntos del encuentro fue los “nuevos modos de esclavitud moderna”. Entre los diferentes temas, la prostitución fue uno de los debatidos en este foro vaticano.

Manuela Carmena sobre la prostitución: un tema a evitar

Manuela Carmena intervino en el foro sobre esta cuestión, centrándose en una reflexión sobre los motivos del “consumo de la prostitución”. “Si queremos evitar el terrible crimen de la esclavitud sexual, tenemos que reflexionar con sinceridad sobre las causas”, dijo la recientemente electa alcaldesa de Madrid, a la vez que señaló que “hay que entender la sexualidad desde la cultura de los cuidados“.

En el programa de Ahora Madrid presentado para las elecciones del 24M, la formación encabezada por Carmena propuso un proyecto piloto para el “reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras del sexo”, un tema en torno al que hay debates “eternos, que nunca concluyen”, según aseguró Carmena en su momento. La propuesta giraba en torno a la voluntad de “buscar algún tipo de estructura de apoyo muy grande para el sector que está en contra de la legalización y otra de ensayo de una cierta legalización y sobre todo de reconocimiento de derechos laborales de protección“, pero parecía no concretar en propuestas.

No obstante, por el momento Manuela y su equipo se han limitado a mantener el “Plan contra la Explotación Sexual” iniciado por la anterior alcaldía del PP en la anterior legislación, ya que como afirmó la portavoz del Ayuntamiento Rita Maestre (dirigente de Podemos), lo consideran “muy interesante”.

El plan impulsado por Botella y avalado por Carmena reza “erradicar la demanda de prostitución y prestar atención a las mujeres que la ejercen ofreciéndoles recursos y alternativas viables para el abandono de la prostitución”. Un plan que fue criticado por algunas asociaciones que trabajan con mujeres en situación de esclavitud sexual y que lo definían como un plan nefasto principalmente porque con él “las prostitutas han sufrido un mayor acoso policial”, como expresó Cristina Garaizabal, cofundadora de Hetaira, un colectivo que trabaja con mujeres en situación de explotación sexual.

La ingenuidad de Carmen y la frivolidad de Bergoglio

El intento de capitulación por parte del Vaticano de la lucha por los Derechos Humanos en el último periodo, ha hecho que algunos vean a esta como una nueva etapa de la Iglesia Católica. Pero el mismo Bergoglio que organiza un encuentro en el que debatir la explotación sexual hacia las mujeres es el autor de declaraciones que arremeten contra derechos básicos de las estas como el aborto, o en contra de la diversidad sexual, alegando que las personas LGTB “no reconocen el orden de la creación”.

En los últimos tiempos el Vaticano ha buscado mostrarse con un nuevo rostro. Para ello ha utilizado una serie de discursos sociales con declaraciones en los distintos foros de gestión capitalista. Sus declaraciones en el Parlamento Europeo sobre la recuperación de los “viejos valores”, la lucha contra el cambio climático en la ONU y las declaraciones en su última visita a algunos estados latinoamericanos donde expresó “ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía”, son ejemplo de ello.

Todo esto es parte de un discurso que busca lavarle la cara a la Iglesia, fuertemente desprestigiada por los casos de corrupción y abusos a menores que saltaron públicamente en los últimos años. Una Iglesia que durante años fue fiel impulsora de las políticas neo liberales y adoctrinó en base a los pilares de la familia y el patriarcado.

Este nuevo discurso de “buenas intenciones” genera unas falsas expectativas que parece han causado efecto en ciertos líderes de algunas formaciones que se reivindican herederas de los movimientos sociales. Los cuales han visto en el Papa un aliado para sus políticas de mejora social. Primero fue Pablo Iglesias que mostró en varias ocasiones su admiración y voluntad de acercamiento a Bergoglio, y ahora es Manuela Carmena que ve voluntad en las “buenas intenciones” de la Iglesia.

Resulta paradójico (y no menos cínico) que una institución como la Iglesia Católica que desde hace 2000 años niega a las mujeres sus derechos más básicos, como el derecho a decidir sobre la maternidad o sobre la orientación sexual de las personas, discuta sobre la libertad de las mujeres. La discusión sobre esta cuestión en el seno de la Santa Sede solo puede perpetuar y fortalecer la situación de opresión y explotación que sufren millones de mujeres en todo el mundo.

La Iglesia junto con los gestores locales de los negocios capitalistas y la ONU, son instituciones que sostienen el orden mundial capitalista y, como la Iglesia, apoyan las bases del sistema patriarcal que lleva a las mujeres a las peores situaciones humanas posibles como la esclavitud sexual, el feminicidio, y les niega derechos como la educación, la libre sexualidad y el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos.

Ni con un plan redactado por el PP, ni debatiendo con el Papa, puede abrirse camino para discutir sobre la cuestión de la explotación sexual. Solo un debate amplio independiente del Estado y de los intereses de la Iglesia podrá avanzar en temas como el de la esclavitud sexual y llevar a cabo medidas para comenzar a acabar con ello.

Pero terminar definitivamente con la opresión de género no será posible sin un movimiento fuerte de trabajadoras, jóvenes, estudiantes, precarias, inmigrantes, LGTBI, que, junto al conjunto de la clase obrera, entierre definitivamente al sistema capitalista que la sostiene.