El coronavirus golpea fuerte a las trabajadoras sexuales de Santiago

La actual coyuntura y la imposibilidad de las personas de lograr el sustento de la forma habitual, movilizaron a las instituciones referentes del sector para procurar asistencia alimentaria y contención psicológica a estas personas. Testimonios exclusivos para EL LIBERAL de trabajadoras sexuales de Santiago y La Banda.

 

16 de mayo de 2020

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Las trabajadoras sexuales de Santiago del Estero atraviesan por momentos críticos y de incertidumbre por las restricciones impuestas para frenar la pandemia del coronavirus. Esta situación generó la inactividad total de todas aquellas personas en situación de prostitución aquí y en todo el mundo.

Así lo revelaron a EL LIBERAL tanto las propias afectadas como también referentes locales de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la República Argentina, a cargo de Luisa Paz; de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, cuya cara visible en Santiago del Estero es Mariana Contreras, y de Diversidad Valientes Santiagueñas (Divas), organismo que encabeza Julieta Paz.

Luisa, Mariana y Julieta, en entrevistas con EL LIBERAL, coincidieron en sostener que la pandemia de coronavirus y la necesidad de aislamiento para impedir la propagación del Covid-19 profundizaron la problemática de las personas en situación de prostitución, una de las poblaciones de riesgo, por lo que sumaron esfuerzos para realizar acciones conseguir recursos, que a su vez son condicionadas por la cuarentena.

Es así como, a manera de atenuante de la “crítica y preocupante situación”, entregan alimentos a domicilio y buscan la inclusión de personas trans en los planes sociales vigentes.

Desde la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la República Argentina asisten a sus afiliadas con bolsones de mercadería y elementos de higiene, además de incluirlas en programas nacionales, entre ellos Potenciar Trabajo.

En tanto, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), organizó una colecta de dinero que luego repartirá entre sus delegaciones de todo el país para afrontar gastos de primera necesidad, entre ellos, el pago de los alquileres del lugar donde residen, ya que la mayoría de sus afiliadas no son propietarias de viviendas.

Asimismo, desde Diversidad Valientes Santiagueñas (Divas) remarcaron de las tareas que llevan adelante para ayudar a las mujeres trans, como también la forma en que abogan por sus derechos.

Según la Federación de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, un informe realizado por esa institución en 2015 reveló que el 90 % de las personas travestis y trans no tiene trabajo formal y que el 95 % está en situación de prostitución, porcentajes que se mantendrían hasta hoy.

“Estamos de acuerdo con el aislamiento, pero cuesta mantener la economía”

“Estoy desesperada. No sé qué hacer. Lo único que hice en mi vida fue ejercer la prostitución. Estoy de acuerdo totalmente con las medidas tomadas por el gobierno nacional por el coronavirus, pero mi vida ha cambiado en gran manera desde hace prácticamente dos meses. Estoy desesperada porque tengo dos hijos chicos, de 9 y de 11, y al verme sin la posibilidad de traer el sustento a casa me exaspera. Tenemos la ayuda de LGTB, ATTA y Di.Va.S que nos permite enfrentar la situación, pero ¿qué pasará después? Me preocupa el hoy y también el mañana”.

Son palabras de una mujer trans que ante la situación provocada por el coronavirus, ha visto limitado su trabajo en una esquina tradicional de Santiago. Prefiere dar un nombre ficticio (Azucena). “La verdad, no sé cómo seguirá todo esto. Quiero que todo se termine pronto y que nosotras podamos volver a trabajar”, remarcó en su conversación con EL LIBERAL.

Por su parte, Malena (nombre de fantasía) enfatizó: “No salgo de casa desde que entró en vigencia la cuarentena. Como todas mis compañeras. Fue un golpe duro, directo a nuestra economía diaria. Comparto las medidas tomadas, pero me preocupa que los pocos ahorros que tenía ya se están terminando. Si de por sí es difícil conseguir un mango, mucho menos ahora por la epidemia del Covid-19. Cada día que pasa es un tormento, porque aún no sé qué hacer. Soy madre y también tengo a cargo a mi mamá. Se me complica todo”.

En tanto, Virginia (nombre simulado) dijo: “La cuarentena nos aisló por completo, nos dejó sin defensas para traer el sustento diario a casa. De tener un buen pasar (Virginia afirma que hubo tiempos de bonanzas en que tenía una importante cartera de clientes que superaba las 20 personas) hoy me encuentro abatida por esta situación que te genera inseguridad. Si a todo esto le sumamos el prejuicio y la discriminación hacia el trabajo que tengo, estoy terminada. Soy soltera, pero vivo al día y debo ayudar a mi familia”.

A su vez, Liliana (nombre irreal), mujer trans, puntualizó: “Los clientes prácticamente desaparecieron. El coronavirus los espantó. Ya no nos llaman para que vayamos a sus casas. Esto es comprensible. No quieren correr riesgos como tampoco nosotras queremos ser blanco del coronavirus. La crisis que ocasionó esta pandemia nos intranquiliza porque no sabemos cómo actuar ante una situación como ésta. La actividad disminuyó y nos golpea muy fuerte. Todo está parado. El no trabajar, por momentos, me pone nerviosa, me da miedo y no sé cómo reaccionar ante lo desconocido”.

Josefina (nombre imaginario) remarcó a EL LIBERAL: “Escucho llorar a mis hijos (4, 6 y 8 años) y me vuelvo loca. Con la ayuda que recibimos de bolsines alimenticios “vivimos” un día más, pero al ser consciente que cada vez se vuelve más difícil nuestra situación es cuando me angustio. Por suerte, entre nosotras, somos solidarias y con lo poco que tenemos nos damos una mano. No sé hasta cuándo seguiremos así. Esta crisis nos está matando de a poco. Me preocupa lo que suceda de aquí en más”.

Azucena, Virginia, Liliana y Josefina no son partidarias del sexo virtual. “Tenemos miedo y creemos que es riesgoso por todo lo que significan las redes sociales y el riesgo de viralización de las imágenes. Preferimos las formas tradicionales porque son más seguras”, indicaron en sendas conversaciones con EL LIBERAL.

“Mis clientes, por ahora no quieren saber nada”

Bety (nombre de fantasía) es categórica en su testimonio: “Estoy sin trabajar desde hace casi dos meses. Como muchas de mis compañeras, estoy intranquila porque no sé qué hacer. Mi trabajo es el único ingreso que tenía para sostener a mi familia. Recibimos bolsines de alimentos y elementos de higiene de las asociaciones LGTB, ATTA y Di.Va.S. Con esto salgo del paso en el día, pero no sé qué pasará cuando se levante definitivamente la cuarentena. Mis clientes, y es comprensible, por ahora, no quieren saber nada. Soy madre de un hijo de 13 años, estudiante. Pienso y pienso buscándole alguna alternativa y no la encuentro. Soy trabajadora sexual tradicional y el sexo virtual no es mi fuerte. Antes de la cuarentena ganaba un dinero importante. Ahora, con todas las restricciones, estoy sin ingresos y eso es lo que me desespera. Las trabajadoras y trabajadores sexuales nos quedamos a la deriva. No tengo ingreso de dinero de ninguna parte. Ahora, vivir el día a día, se nos hizo difícil. Tengo miedo que la cuarentena se alargue y eso prolongue mi angustia. La verdad, no sé qué hacer y eso me pone impotente”, concluyó.

 

“Si volviéramos a nacer, seríamos trans y prostitutas”

Victoria y Alma son dos cordobesas que llegaron a Río Gallegos para ejercer la prostitución, tres días antes de la cuarentena. Confinadas en un departamento, contaron sus historias, levantando la bandera de su propia independencia. Unas trans con movimiento de cadera y lenguas filosas.

 

Por Sara Delgado 

13 de mayo de 2020

https://laopinionaustral.com.ar/edicion-impresa/si-volvieramos-a-nacer-seriamos-trans-y-prostitutas-186216.html

 

 

El complejo de departamentos está sobre calle Maipú y su puerta, “derecho al fondo”. Afuera, una vecina limpia el auto con una nena y nos da una mirada punzante y socarrona, “¿creerá que venimos a hacer un trío?”, pienso.

Vicky abre la puerta. Está de entrecasa, bastante diferente a la foto de su perfil de WhatsApp, donde las tetas le desbordan el escote. Eso sí, la boca sigue con un rojo granadina.

El lugar es diminuto. Cocina, la mesa con tres sillas, un sillón de dos cuerpos con un preservativo y un gato, una escalera hacia la habitación.

La llegada de las chicas a Río Gallegos se produjo en un mal momento.

Son trabajadoras sexuales para quienes la gira por fuera de sus provincias significa mucha plata, o al menos una diferencia importante. Antes estuvieron por Comodoro Rivadavia y con lo que consiguieron comieron todo este tiempo, aunque también se sumaron bolsones de alimentos gestionados por el área de Diversidad que conduce Roxana Rodríguez.

En el lugar donde está junto con una amiga, Patricia, una encargada del dueño les retuvo los documentos porque sabía que si no podían trabajar, tampoco iban a poder pagar los $ 1.300 diarios del departamento.

VICKY HIZO LA TRANSICIÓN A LOS 15 Y A LOS 16 YA SE PROSTITUÍA.

Esto derivó en una nota de La Opinión Austral, allá por fines de marzo, y en una denuncia ante el INADI que evitó que las quisieran desalojar cuando tal cosa estaba prohibida por un decreto presidencial.

El aislamiento les impide tener sexo con hombres, pero las habilita a otros servicios en plataformas virtuales. Sin embargo, cuando empezó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, dieron de baja sus anuncios en Locanto y tiraron la toalla con el sexo por videollamada, donde les da fiaca repetir las frases una y otra vez entre cliente y cliente.

En el último tiempo, con la excusa de violaciones a la cuarentena, se registraron varios hechos de violencia institucional con ataques a mujeres trans por parte de las fuerzas de seguridad.


El aislamiento les impide tener sexo con hombres, pero las habilita a otros servicios en plataformas virtuales


Esto es un drama para el cual el Estado todavía no tiene respuestas, porque quienes ejercen la prostitución a la intemperie y deben cumplir el aislamiento, no tienen modo de subsistir. Para la mayoría, las condiciones de vida, vivienda, servicios y demás son precarias, como consecuencia de la marginalidad.

Vicky nació en Misiones, pero de muy chiquita se fue a vivir a Córdoba, y cuando tenía ocho años, su mamá dejó la casa y a ella con sus tres hermanos a cargo de su papá.

A los quince hizo la transición y a los dieciséis ya se prostituía en una whiskería.

“Me crié con mi papá, divina”, cuenta, sabiéndose afortunada porque él la hubiera entendido y apoyado en su elección.


Estoy brindando un servicio como cualquier otro y se me paga


“Se lo conté a los quince, pero él ya sabía porque desde chiquita siempre fui muy amanerada. Cuando le dije, me acuerdo que me abrazó y me dijo que siempre me iba a querer”, se acuerda.

ALMA VIVIÓ SIETE AÑOS EN PARÍS.

Vicky habla con orgullo del trabajo sexual, ese que algunos feminismos ponen en tensión y como punta de lanza de la trata, pero ademas lo hace desde una mirada trans, esa que también algunos feminismos intentan borrar en una pulsión que las quiere mujeres.

“Yo estoy brindando un servicio como cualquier otro y por eso se me paga. Nunca lo sufrí, hay chicas que sí, pero no es mi caso”, aclara Vicky, que a los veinte años dejó de prostituirse en la calle y migró para trabajar en departamentos VIP, sin intermediarios, ni fiolos, ni madamas.

Ella, su cuerpo, su dinero, su elección.

—¿Si te dieran a elegir otra forma de vida, cuál elegirías?—, le pregunto.

—Esto me gusta, estudié peluquería, ejercí, me fue bien, pero no. Yo siempre vuelvo al ruedo, me encanta. Me gusta lo que se gana trabajando. En peluquería puchereaba y asimismo, si me pongo ahora a comparar, no tengo mucho, vivo el día a día, a pesar de que se gana muy bien. Tengo mi casa, me operé toda y si hubiese tenido que trabajar de peluquera, hubiese tenido que ahorrar para montar un negocio, naah—, dice y resopla. La plata que hace Vicky en un mes normal es alrededor de $ 40 mil pesos y si está de gira, en un lugar donde es nueva, a esa plata la hace en una semana.

Llevamos ya varios minutos de charla cuando cruje la escalera con los pasos de Alma, la otra piba trans, que baja hecha una diva con un enterito corto de tiritas. Tuerce la cadera hacia un lado, coloca un brazo en forma de jarra y con el que le queda libre, se tira el pelo recién lavado hacia un costado. “No aguanto más, ¡me quiero ir!”, dice y nos mira a mí y al fotógrafo.

—¿Quieren tomar algo, chicos?, ¿un té?, ¿café?—, pregunta Vicky, casi anunciando que ahora hay que ponerse cómodos.

Alma, que habla tres idiomas, invade la escena con sus historias de prostitución en París, donde vive desde hace siete años, y de caminatas en el Bosque de Bulogne, donde consigue a sus clientes.

EL GATO DUERME SOBRE UN PRESERVATIVO EN EL SILLÓN.

“Nosotras no hacemos plata fácil. Vicky tiene un poco más de buche, pero si a mí no me gustó el tipo, le cierro la puerta en la cara, porque yo a mi cuerpo le pongo precio y me acuesto con quien quiera, porque hay personas que vienen con olor”, larga y su explicación es como un cachetazo porque, siendo honestos, quién alguna vez no se hizo esta pregunta: ¿cómo hacen si lo que ven les parece feo o fea?

“Ademas, hay mucho loco dando vuelta, que te quieren romper el condón, personas resentidas. A muchas compañeras las han asesinado, les sacaron prótesis, las golpean. Viví miles de veces situaciones violentas. Yo vivo en Francia, vine a ver a mi mamá y me agarró esta mierda, pero allá también te discriminan, ¿creés que no?”, dice Alma, que sigue parada y se sigue acomodando el pelo.

Claro, una imagina que la prostitución en Europa es un camino allanado por una cultura open mind, siempre y cuando la trabajadora no sea transexual y latina.

“Un gay, una lesbiana en Europa la pasan piola, pero a una chica como yo, nueve de diez la van a juzgar, los policías te llevan presa, te pegan, te violan”, aclara.

—¿Y por qué te quedás?

—Me quedo por la plata, son euros, nena. Aparte me acostumbré al ritmo de vida de Europa, me salta el hombrecito de adentro y si tengo que cagarte a trompadas, lo hago. La calle me enseñó a ser fría. No dudaría si tengo un cuchillo en la mano. Antes que llore mi madre, lo hago—, asegura.

—¿Y si te dieran a elegir?

—La prostitución te lleva a ser ambiciosa. Yo también soy peluquera como Vicky, también tuve mi novio, Diego, que me daba todo. En Córdoba hay un cantante, la Mona Giménez, que nos dio mucha libertad, la travesti se respeta, somos locas de la calle, entonces el cordobés es mente abierta. Mi novio trabajaba y ganaba muy bien, pero me gusta que mi billetera esté llena, me gusta irme de shopping, me gusta mi libertad—, responde Alma, que nunca se sienta, sino hasta que, cuando ya nos vamos, Pato les saca fotos en el sillón.

Por si no quedó claro: “Elegiría seguir siendo prostituta, elegiría mi dinero”.

Porque “además, me gusta jugar con los hombres”, dice y bebotea con la mano sobre la boca y el pelo que le cae, ya seco, sobre la mitad de la cara sin maquillaje.

Las dos tienen discurso político, político pero no partidario, y aunque vienen de una provincia que durante la era macrista estuvo mayoritariamente alineada con Cambiemos, dicen que hoy la realidad es bien diferente.

—Nosotras levantamos nuestra bandera, porque nadie nos viene a traer un plato de comida. Lo que conseguimos, lo conseguimos en la lucha, en las marchas. En Córdoba la gente estaba con Macri, pero hoy en día se está dando cuenta—, dicen.

Alma incluso cuenta que “digan lo que digan de los kirchneristas, que a mí ni me van ni me vienen, cuando me fui a París, en Argentina se podía comer, cuando volví había gente en la calle y en el supermercado contaban las monedas para pagar un paquete de fideos”.

Decí que te gusta

Con Vicky comparten esa idea de varones con masculinidades que se ponen en duda por la orientación sexual, de aquellos que aparecen para sacarlas de la oscuridad de la noche y confesiones de cama que dicen mentiras.

“El hombre nos ve como algo bonito pero con pene, y a la vez quiere y se hace el que no. Pero el que pasó por una travesti, va a volver siempre. El que dice es la primera vez miente, ese ya viene corridísimo de locas”, dice una y se matan de risa.

“Tenemos miles de oportunidades de tener novio y siempre que salimos viene el que te dice que te va a ayudar, pero ¿quien sos? ¿Robin Hood? ¡raja!”, y de nuevo se descostillan.

—¿Son feministas?

Vicky pone una cara fruncida y los labios superiores se le tensan hacia arriba, dejando ver la encía.

—No—, dice Alma, segurísima, mientras relojea el pañuelo verde atado a mi bolso. Lo señala y dice que no comparte muchas cosas, como que se mezcle a las putas con el trabajo sexual.

“Nosotras ganamos nuestro dinero. Es un trabajo. Más vale que no vamos a ser toda la vida prostitutas, porque no vamos a ser toda la vida jóvenes y bonitas. En mi caso, voy a ser activista. Me gusta luchar. Pero a veces no se entiende que nosotras no somos mujeres, somos trans. Respetamos toda decisión, pero la mujer tiene útero, vagina y menstrúa, nosotras quizás representamos la feminidad de la mujer. Por eso Flor de la V no nos representa. Vive en su propio mundo. Nosotras, si pudiéramos volver a nacer, seríamos trans y prostitutas de nuevo”, insiste.

Ailyn y Ailen

Victoria y Alma se conocieron años atrás en el departamento de una amiga, que también trabajaba alquilando el cuerpo.

Hoy fantasean con la idea de irse a Europa juntas. Comparten, además de su provincia mediterránea, el bautizo de nombres que no eligieron, pero que hasta suenan igual.


No se entiende que nosotras no somos mujeres, somos trans


A Vicky le elijó el nombre una amiga, que ademas le puso de segundo Ailen, mientras que a Alma, que en verdad quería llamarse Carolina, se los eligió su abuela, que de segundo nombre le puso Ailyn.

“Acá son mente cerrada, ¿no?”, me pregunta Alma, que dice que en Río Gallegos la gente pareciera no estar muy acostumbrada a ver chicas trans de día circulando por el espacio público.

“Cuando fuimos a hacer la denuncia porque nos retuvieron los documentos, entramos a la comisaría y en al puerta había un oficial. Cuando nos fuimos, había como veinte y todos se daban codazos. Igual nos gustó que salieran a vernos”, reconoció.

Después contó que “el otro día tenía que ir a la farmacia y no sabía dónde quedaba. Vi a un pibe y fui toda Victoria Secret para preguntarle dónde y se quedó duro, ni que vieran a Mister ET”.

“Claro —dice Vicky—, en Córdoba agarramos la avenida San Martín, donde están todos los puestos de feria, y la Coca Sarli es un poroto”

 

TRIMARCO SA: La verdad detrás de la desaparición de Marita Verón: mentiras, negocios millonarios y política K. 

de Christian Sanz (Autor)

 

El 3 de abril de 2002, una joven tucumana llamada María de los Ángeles Verón desapareció de la faz de la Tierra.

En un principio, su madre, Susana Trimarco, denunció fuertes sospechas de que la hubiera matado su propio yerno, pareja de su hija. También abundó en otras hipótesis, como deudas de juego de su propio marido.

Sin embargo, al poco tiempo la mujer empezó a dar forma a una interesante trama referida a un posible secuestro por trata de personas detrás de la evaporación de su hija.

En ese contexto, armó un discurso sólido y convincente, que logró introducir con eficacia en la sociedad y los medios de comunicación. Ciertamente, una historia fantástica, pero que carece de evidencia concreta y concluyente.

Este libro deja expuesta a Trimarco con sus mentiras y contradicciones, basado en el propio expediente judicial y el testimonio de fuentes irrefutables. También aporta media docena de primicias sorprendentes, como el hecho de que madre e hija hablaron por teléfono luego de que esta última desapareciera.

Es una obra que, no solo echa por tierra la historia oficial, sino que además expone la manera en que se enriqueció la madre de Marita Verón, la forma en que pergeñó su militancia K y cómo evitó rendir gran parte de los millonarios subsidios que obtuvo a lo largo de los años.

Sepa el lector que, es tan fuerte y documentada la denuncia de este libro, que la propia Trimarco intentó frenar su salida a través de sus abogados.

Y sepa algo más: es el resultado de más de 10 años de trabajo independiente y honesto de un simple periodista.

 


Christian Sanz: «Trimarco se encargó de que no se investiguen las principales líneas en torno al secuestro de su hija»

21 de marzo de 2019

Christian Sanz: «Trimarco se encargó de que no se investiguen las principales líneas en torno al secuestro de su hija»

 

El periodista Christian Sanz dio detalles en la 99.9 sobre los procesos judiciales que tiene que afrontar Susana Trimarco y señaló que fue ella quien desvió la investigación sobre el supuesto secuestro de su hija.

Susana Trimarco nuevamente está en la mira de la justicia por el dinero que durante años le aportó el estado a su Fundación y que nunca pudo justificar el uso del mismo. Uno de los periodistas que investigó profundamente el tema fue Christian Sanz que en la 99.9 dio precisiones al respecto.

«La historia es muy triste siempre porque he visto como empezó a caer Trimarco y hoy en redes sociales está siendo muy denostada por peso propio», dijo primeramente. En cuanto a la historia de Susana Trimarco, agregó que «todo empezó con el supuesto secuestro de su hija y después durante la investigación se demostró que no era así. Ella ya había logrado instalar la historia y haber creado una asociación. Le reconozco el merito de haber instalado el tema, pero fue sobre la base de una mentira. Ahí comenzó la captación de fondos públicos que son directamente proporcionales a su militancia». 

El dinero que volcó el gobierno de Cristina Fernández durante años es el eje de la investigación judicial: «llegando a 2015, le estaban dando 23.5 millones de pesos e intentaron que rinda cuentas del dinero y no lo lograron. No tenía manera de explicar lo que hizo con ese dinero. La justicia de Tucumán está investigando 5,6 millones de pesos que tienen que ver con la malversación de fondos públicos en general destinados a un jardín de infantes que nunca se hizo y el dinero tampoco está. Trimarco está inquieta por esto y el juez está buscandola para brindar indagatoria. A la vez, nadie sabe donde vive y es imposible notificarla». 

Susana Trimarco fue la primera interesada en que no se conociera lo que realmente sucedió con su hija y Sanz agregó datos concretos: «se siguió la línea de investigación más débil que había, que era un Duna rojo que nadie vio, sino que se lo habían dicho a Trimarco. Después el Duna rojo que nadie encontró, se transforma en el expediente en Duna Blanco. Eso fue en abril de 2002. En septiembre aparecen algunas llamadas entre Trimarco y Marita Verón y el secretario de la Fiscalía le dice que existían conversaciones. Ella explicó que la había llamado desde Santa Cruz desde el teléfono de la novia del hijo de Trimarco, el hermano de Marita. Eso fue confirmado por la prima de Susana Trimarco y luego por la mujer que limpiaba la casa». Incluso la acusación principal fue contra una persona que ante la justicia, ni siquiera citó: «Trimarco nunca dijo en el Tribunal, lo mismo que decía públicamente sobre «La Chancha» Alé como responsable del supuesto secuestro».

Nunca hubo elementos para pensar en un secuestro con fines de trata, pero la política metió la cola. «Hoy tenes a 13 personas condenadas y no tienen ningún elemento para vincularlos con el secuestro de Marita Verón. Cuando los liberaron de culpa y cargo, Trimarco se reunió con Cristina y le pidió que presionara a la justicia. La ex presidenta hizo una cadena nacional y poco tiempo después, los condenaron sin leer el expediente porque uno de los jueces me lo reconoció a mí en una entrevista», comentó el periodista.

En cuanto a lo que puede haber sucedido realmente con Marita, Sanz especuló con que «en base a lo que pude reconstruir es que Marita fue a ver a un médico que es Tomás Rojas y es abortista. Nunca Trimarco fue a buscar a ese médico, no pidió que declare, ni nada. La última vez que la vieron estaba como drogada que puede ser por la anestesia de una operación y se subió a la moto con una persona. Cuando hicieron el identikit, Trimarco indicó que era el hermano del yerno, es decir de la pareja de Marita Verón. Se escapó con su cuñado y la madre se encargó que no se investigue», concluyó.

 

Putas, al borde del allanamiento

Entrevista a dos trabajadoras sexuales de la Patagonia extractivista

 

Por LEONORA JÁUREGUI Y AGUSTINA FRONTERA

23 de febrero de 2020

Putas, al borde del allanamiento

 

 

Si la prostitución es o no un trabajo es una de las principales tensiones de los feminismos desde el siglo XX, pero hace algunas semanas el debate tomó una visibilidad inédita porque una cantante pop, Jimena Barón, lanzó una campaña publicitaria usando los papelitos que se distribuyen para ofrecer servicios sexuales. Justamente la canción que promociona se llama Puta. El debate aterrizó en los sets de los programas de la tarde y se convirtió en una puja muy poco representativa de lo que pasa con el comercio sexual en todo el país. El Cohete a la Luna se entrevistó con dos putas en la Patagonia extractivista para conocer cómo son sus experiencias.

Eme, de 20 años y Emilia de 30 —“se me está yendo el tren de la putez”— son compinches y trabajan juntas. La más joven vive en la ciudad de Neuquén y Emilia en Lago Puelo, en la provincia de Chubut. El trabajo que cuentan con orgullo es un video donde tienen sexo que ya vendieron varias veces a usuarios de Internet. Un éxito, con eso Emilia pudo pagar el depósito y el alquiler de su nueva casa. Además trabajan en departamentos que alquilan por día, en hoteles alojamiento o en casas de clientes. Promocionan su trabajo en páginas de Internet. Las dos tienen otros trabajos además de ser putas y en el tiempo que queda libre aprovechan para hacer turnos o viajar por temporadas a trabajar en otros territorios. La ciudad de Neuquén tuvo un crecimiento exponencial en la última década por el estallido de Vaca Muerta y es un buen punto para trabajar. Sin embargo, dice Eme, quienes más le piden servicios no son los “petrocas”, sino docentes, médicos, viejitos.

El vínculo entre trabajo sexual y la industria del petróleo en la zona no es nuevo. El primer prostíbulo de Plaza Huincul (ciudad nacida a causa de la exploración petrolífera, a 120 kilómetros de la capital), habilitado a mediados de la década del ’20, se conformó a partir de una decisión estratégica empresarial de los gerentes de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y la dependencia respondía al área de Recursos Humanos. Con la finalidad de retener a los trabajadores petroleros, historiza Melisa Cabrapan Duarte, e interpretada como un “mal inevitable” que podía ser controlado en base a las lógicas higienistas y morales propias de la normativa reglamentarista de la época, el área de salud de la empresa se encargó de la instalación y regulación de la casita. Las putas de YPF eran empleadas del Estado y cobraban en la misma ventanilla que el resto. Este antecedente del Estado intercediendo en el comercio sexual está ligado con las características laborales de la extracción petrolera y la construcción de un tipo de masculinidad. En el trabajo petrolero la masculinidad no es solo resultado de la disciplina fabril sino un requerimiento de la misma (como dice Palermo en La producción de la masculinidad en el trabajo petrolero, 2017). En el imaginario militante abolicionista y en sus versiones institucionales tiende a igualarse la ruta del petróleo con la ruta de la trata, pero como sugiere Cabrapan: no podemos considerar “la presencia masculina como la única justificación de la existencia del comercio sexual”, ni podemos igualar comercio sexual a trata o explotación.

El abolicionismo en la ley, el feminismo y el algoritmo

¿Esta zona petrolera es un contexto de más demanda?

Eme: Para mí no. Hace dos años sí pero ya no. También depende de tu disponibilidad de horarios. Si podés a toda hora, quizás sí. Pero ya no hay tanta demanda como antes.

Emilia: Claro, a veces te la pasas respondiendo mensajes de supuestas citas que nunca se concretan. Por eso lo de Internet está bueno, el tema de los videos o las videollamadas lo manejas así, como con links en los que se te acredita la plata y podés trabajar con gente de otros lugares. Internet te salva un poco de depender de dónde estás. Y a la vez está todo re podrido en Internet, porque te bajan perfiles, te denuncian las fotos. Cada vez es más difícil por las mierdas antitrata y todo ese mambo.

¿Quién denuncia?

Emilia: Los algoritmos de las redes, ya ni siquiera es gente. Sí hay alguien que capaz que ve tus cosas y capaz te denuncia. Pero ya ni eso hace falta…

Eme: Claro, si ponés “puta” ya te bajan.

Emilia: Si ponés signo pesos. Hay como ciertas cosas que ya están codificadas.

¿O sea que el algoritmo es abolicionista?

Emilia: Mal. Y es abolicionista por esas leyes.

¿Y a ustedes qué les pasa cuando las feministas abolicionistas, las leyes o lo que sea las pone en el lugar de víctimas?

Eme: Antes me enojaba, ahora es como que todo me da igual. Pero es porque yo no estoy expuesta a ciertas cosas también.

Emilia: A mí me parece terrible que no se dimensiona. Nadie diría públicamente que es racista o fascista pero sí está bien decir que sos abolicionista. Más allá de las personas concretas que pueden decir eso, el peligro es cómo funciona lo que se dice. Generan cosas que son terribles. Pueden tener las mejores intenciones del mundo, pero son un peligro. Es un peligro. Estás llena de buenas intenciones y de repente querés rescatar a la gente y no tenés idea de su vida, ni de sus decisiones. Dentro de mis posibilidades elijo esto porque me da otros tiempos y me permite ponerle el precio que yo considero a lo que hago. Y eso es mucho mejor que tener que ir a paritarias y estar de paro. Hay una jerarquía re chota de las cosas que permite que cualquiera le diga a la gente que lo que hace reproduce el patriarcado. Yo no le voy a andar diciendo a quienes quieren parir en su casa que reproducen el patriarcado y que cada criatura contamina un montón. El trabajo sexual habilita un montón de fugas, a la sexualidad, al matrimonio, a las prácticas sexuales estandarizadas. Entonces ¿por qué de repente alguien te contrata para que le metas una cosa en el culo y no se lo pide a la persona con la que tiene un vínculo estable hace mil años? O sea, el trabajo sexual habilita prácticas más transgresoras.

¿Cómo quedan ustedes, como trabajadoras sexuales, posicionadas respecto a la lucha contra la trata?

Emilia: A nadie le cabe la trata en ninguno de sus sentidos de la explotación, ¿cómo podés estar de acuerdo con algo así? Hay un chiste callejero: “¿Cuántas veces te han rescatado?” Me acuerdo que en San Juan hubo dos personas a las que le pagaron los pasajes al país del que habían migrado porque estaban en la peor. Entonces esa es la solución a la trata, y detrás de eso hay una política migratoria re chota. Claramente no están luchando contra la trata. ¿En serio te vas a decir abolicionista, con lo que implica? Bueno, hacelo, pero hacete cargo de lo que generás, y de lo que generás concretamente en la vida de las personas. O sea, te cabe mandar a la gente a la cárcel y que se queden las familias pagando, los niños institucionalizados. Y lo peor es que piensan que están luchando contra el patriarcado.

¿Y de los feminismos que dicen no tener posición, ustedes qué piensan?

Eme: No tener posición es ser abolicionista.

Según varias investigadoras (Tarantino, Varela, Daich, etc), cuando comienzan a aplicarse activamente políticas anti-trata, en 2008, comienza una nueva fase de persecución a trabajadoras sexuales. Se pasa a identificar “a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, clausurando sus lugares de trabajo y criminalizando distintas inserciones en el comercio sexual”, dicen Daich y Varela. Y se genera la paradoja de que “una política criminal pensada para proteger a las mujeres, está produciendo el mayor porcentaje de persecución penal contra ellas», comenta Tarantino en este artículo.

La idea que se instaló por entonces fue que el sistema penal era el instrumento adecuado para conceptualizar y abordar los problemas de desigualdad social y de género que existen en el mercado del sexo y los resultados fueron y son preocupantes. Zaida Gatti, titular de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las víctimas de trata de personas, en una entrevista de 2017 reconoció que de 7.000 mujeres rescatadas, sólo el 2% se reconoce como víctima.

En la provincia de Neuquén la última ola de políticas antitrata se aplicó a partir de 2010 con la primera ordenanza municipal que prohibió los prostíbulos y casas de citas en la capital provincial, medida que posteriormente se propagó en la mayoría de los municipios incluyendo las comarcas petroleras. En 2016, la localidad de Plaza Huincul sancionó la última de las ordenanzas de prohibición que causó el cierre de tres locales en los que trabajaban al menos setenta mujeres, la mayoría migrantes de Paraguay y República Dominicana, quienes se organizaron para solicitar al Concejo Deliberante la revisión de la decisión. Argumentaban que la medida no contemplaba propuestas laborales alternativas, que ellas trabajaban por propia voluntad y bajo condiciones que les resultaban seguras y económicamente favorables. En la actualidad, la oferta y demanda de servicios sexuales en prostíbulos y espacios privados sigue vigente, algunos municipios incluso exigen controles sanitarios a las trabajadoras, como en el contexto higienista de la normativa reglamentarista. Como explica la criminóloga transfeminista Agustina Iglesias Skulj refiriéndose a la Ley Sueca, que —como en la provincia de Mendoza— además penaliza a los clientes: “Aun cuando se haya producido una diversificación de las maneras de publicitar y acceder a servicios sexuales, la aplicación de este modelo ha conducido a mayores niveles de indefensión y clandestinidad para las prostitutas a las que en principio se dice que se intentaba proteger”. Así, las políticas anti trata aplicadas en la provincia de Neuquén aumentaron la violencia institucional y el estigma social, a la vez que acotaron los márgenes de negociación de las condiciones laborales y las posibilidades de autonomización para quienes ejercen el trabajo sexual.

¿Les da más miedo esa violencia que quizás viene de algunos feminismos abolicionistas, que tiene su correlato en la violencia institucional, que lo que les puede pasar con una persona desconocida?

Eme: Es una violencia legitimada y pedida por esos feminismos. Sí, da más miedo eso que lo que pueda pasar con un cliente.

Emilia: Tenemos nuestras maneras de sentirnos seguras con una persona desconocida, estamos organizadas y, además, nada te deja exenta de una situación de mierda: ni casarte ni encontrarte a coger por Tinder (app de citas) con un desconocido. En todo caso el tema de las violencias está, pero excede al trabajo. Pero bueno, el stress post-traumático es del trabajo sexual…

Eme: De los 30 clientes por día…¡ojalá!

Emilia: ¡Tendría zapatillas nuevas! Tienen la idea ridícula de que es mejor estar sentada mil horas cosiendo por dos mangos, eso es súper clasista. ¿Por qué preferís que alguien de un barrio trabaje mil horas por dos mangos y no que trabaje menos por más plata y estar piola?

Eme: Se dice que las trabajadoras sexuales vendemos el cuerpo, y las personas que están cocinando todo el tiempo no lo están haciendo. Además, lo que me sorprende de las abolicionistas es que son todas muy chicas, muchas menores.

Emilia: Yo soy de San Juan y allá la media de las abolicionistas está toda matriculada en instituciones, en los juzgados, en los ministerios, en las direcciones de mujer, de niñez, de familia. Si bien discursivamente podés ser abolicionista, quien se posiciona además políticamente, tiene una situación particular.

¿Por ejemplo?

Emilia: Y…una abogada de la Municipalidad. Una trabajadora social, una psicóloga….

Todas las de “la industria del rescate” (refiere al libro de Laura Agustín Sexo y marginalidad: emigración, mercado de trabajo e industria del rescate), ¿no?

Eme: Sí, tal cual. Al borde de quitar niños, prefieren que no estén con su madre y dejarlos en una institución del Estado… Prefieren que esté con el padre golpeador en lugar de con la mamá, porque ella es puta…

Emilia: Y así obligan a la gente a mentir, imaginate qué paja tener que mentir y decir que cuando te vas de noche es porque cuidás viejos.

Un feminismo que te prefiere en la cárcel

¿Qué les da miedo o preocupa de este estigma que hace que muchas trabajadoras sexuales tengan que mentir? ¿Cómo opera el estigma en ustedes o en otres que conocen?

Emilia: Las diferentes visibilidades tienen que ver con que no te echen del departamento…

Eme: O de otro trabajo.

Emilia: Ya vivir es suficientemente una cagada como para que lo que vos hagas para comer y estar te exponga a que se haga más inhabitable el mundo. No conseguir un lugar para vivir es un montón y se complica más si tenés gente a cargo, o no tener comida, o que salgas a laburar y que te metan en cana. Si te meten 5 días y tenés un bebé, ¿quién le da de comer? Eso es lo peor, lo que tiene que ver con las vidas en general, y eso es lo que hace el reconocimiento como trabajo, la vida un poco más habitable, organizarte mejor.

Que se achiquen tus márgenes de riesgo, de persecución, criminalización…

Emilia: Que te choreen en la calle, que te caiga la cana y te quiera cobrar…

¿Ustedes pasaron alguna de esas situaciones? ¿Por la modalidad de trabajo no están expuestas a la policía o sí?

Emilia: Sí, estás expuesta; y a los allanamientos. No estás en la calle, pero si estás en un departamento y se corre la bola… Todo el tiempo estás hablando con gente y nunca sabés con quién hablás, si es un cana que está en una investigación. Si cae un allanamiento y estamos nosotras dos juntas en un departamento, quien abra la puerta va a ser quien regentea, quien está adentro es la víctima. Las pruebas son ridículas: los mismos forros que te da el Estado son la prueba que luego usa el Estado para demostrar que ahí había explotación. ¿Cómo medís la explotación? Yo me autoexploto. Tengo amigas en la feria de El Bolsón que cosen 10 millones de cuadernos por día, nadie les va a ir a allanar la casa.

Las antropólogas especializadas en comercio sexual Daich y Varela analizan que “en contraste con la visión dicotómica entre explotadores varones e inocentes mujeres propia de las retóricas anti-trata, las mujeres se encuentran muchas veces involucradas en el comercio sexual como terceras partes”. Las mujeres que ya son grandes para ser trabajadoras sexuales asumen el rol de coordinadoras o de cuidados: “Tal es el caso de las recepcionistas y encargadas, quienes frecuentemente son ex trabajadoras sexuales de mayor edad que buscan otras inserciones en el mercado”. Y esa participación es leída por las instituciones de rescate de mujeres tratadas como un rol de regenteo y proxenetismo.

¿En su experiencia o en las de conocidas, hay criminalización del trabajo sexual?

Emilia: Sí, terrible. Cuando hablamos de que es un trabajo decimos que una señora que ya no puede trabajar tenga jubilación porque además si pertenecés a una organización de putes y ya no podés trabajar y empezás a hacer otro rol dentro de ese espacio, quedás súper expuesta a terminar encanada por “facilitación de la prostitución” y de eso a ser “tratante” no hay nada, un delito federal, cárcel preventiva, un escándalo. A nadie le cabe la trata, pero ¿por qué el abolicionismo va contra putas que se están organizando? Putas que son de diferentes edades, vidas, esto que te contamos es concretamente una experiencia pero hay miles, más o menos precarizadas, con más o menos privilegios. ¿Cómo puede ser que tu activismo termine metiendo en cana a viejas pobres con familia? Es un núcleo delirante, un loop del terror. Con una maquinaria publicitaria enorme, llena de sangre joven escribiendo carteles de mierda que son terribles, victimizando, hablando por otra gente, suponiendo cosas que ni saben, porque la mayoría de la gente nunca habló con una puta. Porque la mayoría del estigma es eso: estamos en todos lados y nadie sabe cómo vivimos. El estigma de la precarización te expone a mierdas: esta semana mataron a una puta en Rosario, a 10 días del paro feminista. ¿Quién habla de eso? ¿Hay panelistas clase B emocionados hablando de eso?

¿Y qué les pasa cuando ven estas organizaciones Radfem (Feminismo Radical es una rama que excluye del feminismo a cualquier identidad que no sea mujer cis y además son abolicionistas) ahora resurgiendo?

Eme: Son un montón, me acuerdo en el 3 de junio (Ni Una Menos) que eran una bocha acá las del Bloque abolicionista.

Emilia: Para mí tiene que ver con una movida fascista y de derecha. ¿Cómo puede ser que tu discurso se pueda confundir con la gente deCon mis hijos no te metas? Hay algo muy raro, son más evangelistas que otra cosa. Les re cabe jugar al Estado, ser paternalistas. Habla una puta y dicen “no”. Y si no tienen argumento bardean a todas diciendoles “fiolas”. Con ese criterio todas somos fiolas.

Eme: Nos pasamos los números, nos pasamos los clientes, nos recomendamos.

Emilia: Es muy peligroso que la organización sea penalizada. Y ahí es donde están las redes pero es un bajón estar todo el tiempo al borde del allanamiento. Ni hablar del bardo que es conseguir un lugar para alquilar, a veces nosotras alquilamos por día, ahora nos pasan contratos donde está escrito que no podés alquilar para laburar de prostituta ahí.

¿Eso antes no les pasaba?

Emilia: No, nadie quiere quedar pegado. Un escrache al departamento puede terminar en tu teléfono pinchado, es súper peligroso. Y eso coarta las posibilidades de las diferentes experiencias. No podés tener experiencias partiendo de lo represivo. Y si no podés tener experiencias, es siempre resistir, nunca podés estar como existiendo. Siempre estás dándotela contra la pared, resistiendo, resistiendo. Por eso la utopía futura, no se puede vivir si siempre estás resistiendo, ¿cuando te toca vivir eso como vos querés o mejorar tus condiciones? Mirá si le vas a decir a un maestro que no puede dar clases particulares en su casa. Es una jerarquía con lo sexual y con lo que se cree que es lo sexual.

Vacaciones gracias a la prostitución

Vos decías hace un rato: “yo lo que no quiero es trabajar”, pero esta actividad, ¿la considerás un trabajo?

Emilia: Claro.

Eme: Mucho trabajo. Te seca la mente contestar mil mensajes por día, no es uno solo. ¿Nos vemos hoy? Es una charla previa de 5 horas, te preparás, vas hasta el lugar, es un montón de tiempo.

Emilia: Como todo trabajo tiene sus puntos de mierda. Desde mi experiencia me ha pasado de estar bastante bien, que no me ha pasado en otros trabajos. Fui camarera y la pasé mal.

¿Estabas bien en el sentido económico?

Emilia: Económico y de tener tranquilidad. Cuando empecé a trabajar me pasó de tener unas ansiedades, unos miedos. Pero son pelis de temer algo que no había hecho antes. Fui camarera y fue de terror, no había ninguna abolo queriéndome rescatar del (restaurante de) sushidonde trabajaba. Tampoco me quieren rescatar ahora porque no hay ninguna queriéndome pagar el alquiler, esa es la posta. Del 1 al 10 de cada mes sufro y no veo a nadie mandándome plata para salvarme de la prostitución. Sí es un trabajo, ahora nos vamos de vacaciones gracias a la prostitución y creo que me merezco las vacaciones.

¿Están organizadas con otras trabajadoras o trabajadores sexuales? ¿Qué implica el reconocimiento social como trabajo?

Emilia: Sí, estoy dentro de la Red nacional por el reconocimiento del trabajo sexual, que sale de unos encuentros de Ammar Córdoba, que es un sindicato. Yo estoy como una puta suelta pero está bueno ir formando redes. Las redes abarcan un montón de cosas: dónde vivo, cómo habitamos el lugar, cómo nos relacionamos. Cuando vas a trabajar mandás un mensaje y avisás que está todo bien y en la red también hay gente que no trabaja de esto.  No está bueno que alguien que no trabaja de pute hable por nosotras, pero no es necesario ser pute para sostener la contienda contra el abolicionismo. No vas a dejar pasar algo racista por más de que no seas una persona negra, esto es lo mismo.

¿Vos también formás parte de la Red?

Eme: Sí, más o menos. Estoy en una bastante anti con todo. Fui al encuentro de putas que se hizo en Córdoba en 2018, pero estoy con otras cosas que me tienen ocupada.

Emilia: Más allá de las maneras de estar, nos sabemos parte. Hay vínculos de cariño, y además tendés lazos con gente que no conocés, por ejemplo: hay una puta presa y juntamos plata para que le llegue, porque tiene varios hijes y prisión domiciliaria, no puede laburar y la red sostiene, son cuidados. La red funciona más allá de las cuestiones concretas del pedido de reconocimiento.

¿Qué implica el reconocimiento?

Emilia: Me parece que es super importante, más allá de que tengo mis mambos con el tema del trabajo, sé que hay otras personas que están en otra situación, que ya están grandes, que no quieren trabajar más y que no puede ser que no tengan ni obra social ni jubilación.

Antes de hacer este trabajo, ¿qué pensaban de la prostitución? Todas crecimos en la misma sociedad donde ser puta no está bien visto, ¿recuerdan un antes?

Emilia: No tengo recuerdo muy claro pero sí, seguramente tenía una mala imagen.

Eme: Y cuántas veces hicimos favores a cambio de algo, eso también es trabajo sexual. Coger con un amigo para que te lleve a algún lugar, para que te dé ciertas drogas, te das cuenta de que lo hiciste siempre.

Emilia: Las personas que nos contratan suelen estar muy nerviosas, o sea que si es por detentar el poder y manejar la situación… te das cuenta de que vos manejás todo, está re bueno. Las personas te buscan, tienen hasta miedo de decirte lo que quieren, están nerviosas, están en una. Te piden perdón. Una vez tuvimos un cliente juntas, un señor de 70 años con boina, panzón, el turno fue a las 10 de la mañana, se había escapado de la señora y del trabajo para llegar ahí a que le metieramos cosas en el culo, lo amo. Hay un mundo de cosas que está por fuera de la imaginación punitiva y ese morbo de que te quieren violar y quemarte puchos. Esas cosas pasan en todos lados, es terrible, pero no tiene que ver con el trabajo sexual en sí, no es intrínseco, al contrario. Yo he visto más cosas de experimentación y liberación de las personas que otra cosa. Pero imaginate que alguien por fin se anima a experimentar y salta en el diario que está penalizado el cliente de prostitución. Es todo terror, terror, terror, pánico moral, miedo, prohibición.

¿Al final entonces terminaron deconstruyendo sus propias ideas, los miedos?

Emilia: Sí, hasta las corporalidades con las que te vinculás. Los tamaños, los colores, las capacidades, hay un mundo de diferentes discapacidades que si no tienen una asistencia no tienen una sexualidad. Hay cuerpos que si alguien no te agarra la mano y te la lleva a algún lado vos no llegás a tocarte. Pero ahí… bueno, estás al borde de la violación de una persona con discapacidad. Y hay un mandato muy heterosexual, andá a pensar que el disca se quiere culear a un pibe.

 

Eme y Emilia son los «nombres de atorrantas» de las dos entrevistadas, prefirieron también resguardar su imagen.

 

 

Sobrevivían con la prostitución y la “cuarentena total” las acorraló: cómo impacta el aislamiento en travestis y trans

Se calcula que entre el 80 y el 90% de las travestis y trans viven de la prostitución. Sin ningún medio de subsistencia, también sufren la amenaza de desalojo inminente de los hoteles en los que viven. Están dentro de los grupos más afectados por el aislamiento, por eso el jueves, el presidente habló de ellas en una entrevista

 

Por Gisele Sousa Dias

28 de marzo de 2020

gsousa@infobae.com

https://www.infobae.com/coronavirus/2020/03/28/sobrevivian-con-la-prostitucion-y-la-cuarenta-total-las-acorralo-como-impacta-el-aislamiento-en-travestis-y-trans/

 

“Me explota el teléfono”, advierte la activista travesti Alma Fernández antes de decir “hola”. Sólo hace falta conocer una estadística para saber qué le piden en esos mensajes: se calcula que entre el 80 y el 90% de las travestis y mujeres trans subsiste o subsistió con la prostitución.Eso quiere decir que cobran por día y que la “cuarentena total” las dejó sin ingresos y, en muchos casos, bajo amenaza de desalojo de los hoteles en los que ya pagaban precios abusivos.

“Estamos viviendo todo esto con mucha preocupación porque hay un llamado constante de chicas travestis y trans de todo el país pidiendo ayuda para comer. La situación es tan insostenible que algunas salen igual a las zonas rojas, lo que se convirtió en una nueva excusa para que la policía las maltrate y las humille, como en la época de los edictos policiales”, describe. Habla de las figuras, derogadas hace más de 20 años, que sometieron a esta población a detenciones sistemáticas y a distintas formas de violencia institucional.

“Nosotras vivimos siempre en el aislamiento social. La sociedad nos enseñó a vivir de noche, a ocultarnos. Hay muchas pidiendo alimentos yotras que están a punto de quedar en situación de calle porque las quieren desalojar. El aislamiento social nos hace más clandestinas de lo que ya éramos. Volvimos a vivir con miedo, volvimos a vivir el día a día”.

Ayer mismo ocho mujeres trans que viven en el Hotel Saavedra resistieron un desalojo, mientras el dueño les sacaba las cosas a la calle. El tema tomó repercusión, por lo que el gobierno de la Ciudad resolvió entregarles una cuota de emergencia. Las ocho serán incorporadas a un amparo colectivo que fue presentado por el Ministerio de Defensa de la Ciudad (en el que ya hay otras 300) para que el gobierno porteño les garantice una vivienda digna.

La situación es tan delicada que el jueves por la noche, durante la entrevista que dio en la Televisión Pública, el presidente Alberto Fernández habló del tema. “Días atrás me llegó al celular un mensaje de alguien que me decía que era una persona transgénero y me planteaba que estaban en una situación de mucha debilidad porque no tenían planes. Lo llamé a Daniel Arroyo (ministro de Desarrollo Social) para ver cómo era esa situación. Identificamos que había 8.000 personas en esa situación y ya estamos definiendo cómo los planes llegan a ellos también”, dijo.

Alba Rueda, subsecretaria de Políticas de Diversidad de la Nación, fue activista trans antes de ser funcionaria. “Muchas chicas ya estaban viviendo muy al día y ahora que no pueden salir están atravesando situaciones económicas muy complejas. En los centros urbanos muchas viven en hoteles, que ahora amenazan con echarlas si no pagan. En algunas provincias, como en Salta, entre las que no tienen posibilidades de subsistir y salen otra vez a chambeartenemos denuncias abusos policiales, que las sacan con balazos de goma”,describe en diálogo con Infobae.

Y continúa: “También hay chicas trans migrantes que tenían sus documentos en trámite y ahora están indocumentadas. Todo esto muestra cómo la desigualdad se profundiza todavía más en momentos de crisis”. A esta situación hay que sumar que la enorme mayoría no tiene obra social y, al no haber accedido nunca a un trabajo formal, tampoco tienen jubilación.

Según cifras oficiales, antes de las medidas de aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus, había unas 1.000 personas travestis y trans inscritas en el programa “Hacemos Futuro”. Desde que comenzó el aislamiento, trepó a 8.000 (mujeres y varones). Son 8.500 pesos que, en una situación habitual, tardarían dos meses en empezar a cobrarse.Quienes están trabajando en el tema aseguran que el cobro sería a fin de mes o a comienzos de abril (el mail para quien necesite asistencia es subsediv@mingeneros.gob.ar).

Desde la Secretaría de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, informaron que también ingresaron al Programa “Potenciar Trabajo” las primeras 2.725 personas trans en estado de vulnerabilidad (se pueden inscribir acá).

“No nos abandonen”

El tema es tan dramático y tan urgente que distintas ONG salieron a hacerle frente a la emergencia. Entre ellas, “100% Diversidad y Derechos” y “La Rosa Naranja” (junto a las que integran el espacio Orgullo y Lucha), crearon la Red LGBTI+ “Nos cuidamos entre todes”, que incluye una campaña de donaciones, la asistencia a personas LGBTI+ en situación de extrema vulnerabilidad social, el acompañamiento al ingreso a los subsidios estatales de emergencia y el monitoreo de las políticas públicas específicas. Quienes quieran hacer donaciones pueden hacerlo acá.

Esta semana entregaron 60 kits de ayuda a la población trans de las zonas de Constitución, Villa Crespo y Morón, y están coordinando la distribución de 150 bolsones más en Constitución. Los próximos días, en alianza con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) harán lo mismo con 260 kits, especialmente a población trans migrantes.

Nadir cardozo es activista trans y trabaja como promotora de salud y Derechos Humanos en la Fundación Huésped. “Es una situación muy preocupante”, dice a Infobae“Casi el 90%de las compañeras hacen trabajo sexual o están en situación de prostitución. Viven el hoteles porque no tienen recibos de sueldo o garantías propietarias para alquilar y pagan hasta 1.000 pesos diarios por una piecita. El aprovechamiento de los propietarios es histórico pero ahora quedan en la calle si no pueden pagar”.

Fueron muchas las organizaciones que se hicieron eco del pedido #NoNosAbandonen que hicieron por las redes sociales y salieron a asistirlas. Lo hicieron también desde el bachillerato popular trans Mocha Celis, desde Ammar, desde Casa Trans y desde ATTA (Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina), la entidad a la que Nadir también pertenece.

Los problemas de vivienda van todavía más lejos: hace una semana, una pareja de mujeres trans lesbianas presentó un hábeas corpus planteando que iban a ser desalojadas en dos días y que necesitaban permiso para viajar a Costa del Este sin ser detenidas, donde un familiar podía alojarlas durante el aislamiento. Primero habían ido a pedir el permiso a la comisaría donde les dijeron que, “de no tener donde residir, debían alojarse en un lugar para indigentes”. El juez lo rechazó porque consideró que un hábeas corpus no era procedente en un caso como éste.

Varones trans

La situación también es delicada, aunque con distintos matices, para los varones trans. Quien lo explica a Infobae es Santiago Merlo, coordinador de la “Casa de varones trans y familias” de Córdoba. Él, junto a otros activistas, obtuvieron un permiso para poder llevar alimentos para quienes quedaron sin ningún medio de subsistencia.

“La mayoría de nosotros subsistimos haciendo comida a pedido, algunos son artistas o sonidistas en eventos, otros hacen changas, como cortar el pasto o trabajos de electricidad, otros cuidan a personas mayores y 2 de cada 5 ejercen el trabajo sexual”, describe. Absolutamente todos sus modos de subsistencia se vieron afectados por las medidas de aislamiento. También el de Santiago, que es docente y subsistía dando charlas que se cancelaron.

“A los que ya estaban en una situación de fragilidad los mató. A los que la estábamos piloteando, volvimos a retroceder varios escalones”. Su familia, de hecho, sacó un crédito para que él pueda pagar el alquiler de la Casa trans, que es donde vive.

La situación detonó otros riesgos, incluso para la salud mental: “Varios volvieron a entornos de violencia. Algunos tuvieron que volver a las casas de sus ex parejas por no tener donde vivir; otros tuvieron que volver con sus familias fingiendo ser quiénes no son porque no saben o no aceptan su identidad de género. Me encontré yendo a repartir alimentos a las casas de compañeros trans y, cuando sale el padre a recibirme, preguntarle ‘¿está su hija?’. Para nosotros es volver a la invisibilidad. Es muy duro tener que volver a fingir y encima no los puedo abrazar”.

Están juntando plata para comprar comida o para no quedar en la calle pero también para pagar las hormonas garantizadas por la Ley de identidad de género, que no en todos lados están consiguiendo. A Santiago le angustia ver cuánta gente sólo está pensando en su cuarentena personal -cómo hacer gimnasia en casa, cómo decorar macetas-. “Yo creo que podrían unirse y ver qué están necesitando los otros. Creo que esa solidaridad es la única forma de de que nos podamos salvar de verdad”.

 

Las putas a la intemperie

  • Trabajadoras sexuales en el aislamiento tienen interrumpida su fuente de trabajo 
  • La precarización de las vidas de trabajadoras sexuales en el marco de las medidas tomadas por el gobierno motivó el reclamo desde varios sectores por sus derechos. 

 

Por Sonia Tessa

18 de marzo de 2020

https://www.pagina12.com.ar/253823-las-putas-a-la-intemperie

 

“Trabajo Sexual es Trabajo”, dicen las trabajadoras de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) para recordar que el reconocimiento de derechos puede hacer la diferencia entre sobrevivir o no. La organización envió una carta a Alberto Fernández en la que expresan que “lamentablemente dejar de trabajar para nosotras no es una opción, nuestra economía informal se genera día a día, de la cual depende todo nuestro entorno familiar; el 86 por ciento somos madres y jefas de hogar. Suspender nuestra actividad implicaría dejar de pagar el alquiler, no podríamos darle de comer a nuestros hijos ni acceder a medicación entre tantas cosas”. También le escribió al presidente Violeta Ríos Alegre, para alertar sobre la extrema vulnerabilidad de la población travesti trans.

“Desde sábado no paran de llegarnos mensajes de compañeras en las redes sociales o en los celulares contándonos la alarmante situación. Hay compañeras que no pueden trabajar, porque están entre la población de riesgo y muchas de ellas son sostén de familia”, contó Georgina Orellano, quien apeló al Secretario de la Economía Popular, Emilio Pérsico, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En articulación con la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, AMMAR obtuvo el salario social complementario para 60 mujeres, y hay otras 70 en lista de espera. “En este momento de emergencia, quisiéramos que la mayor cantidad de trabajadoras sexuales puedan acceder a esta prestación”, dijo Orellano. También pidieron una reunión con la ministra de Mujeres, Igualdad y Género, Elizabeth Gómez Alcorta, que prometió recibirlas en los próximos días.

En las recorridas que realizan desde AMMAR, encontraron que “muchas están viendo de modificar cómo realizan el trabajo sexual, algunas que laburan en redes sociales o en su departamento pueden tomar más precauciones. Nos preocupan las compañeras que trabajan en la calle, que no cuentan con un baño para lavarse las manos, no pueden ventilar sus viviendas porque son muy precarias, que tienen que compartir el baño y la cocina con otras personas, porque muchas viven en hoteles de familia”, agregó.

Por eso, decidieron escribirle al presidente para que “el gobierno implemente políticas públicas que contemplen a nuestro sector”. La cuenta bancaria es la 191-001-086085/2, a nombre de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas, CUIT 30-71022166-5 y CBU 1910001855000108608528.

También Violeta Ríos Alegre envió una carta al presidente a través de redes sociales. En Instagram, en un solo día, recibió casi mil me gusta y cientos de comentarios apelando al presidente. “Si bien nos encontramos en una coyuntura que nos da esperanzas para el avance de nuestros derechos, somos conscientes también que el cambio social llevará tiempo. Por ese motivo, la falta de acceso a Derechos Humanos fundamentales como el trabajo, la educación, la vivienda y la salud continúan siendo una realidad alarmante para nuestra población. Casi el 90 por ciento de nuestra comunidad encuentra como único sustento la prostitución”, dice el texto y agrega que “el soporte para nuestra alimentación y vivienda requiere obligadamente el contacto con otras personas, fundamentalmente en el intercambio de servicios sexuales. En esta particular coyuntura, la demanda no ha disminuido, lo que pone en riesgo tanto a quienes contratan esos servicios (que mayormente tienen familias) y a nosotras que desconocemos el origen de esas personas, pero que no tenemos más alternativas para garantizar nuestra supervivencia”. Pide que “por favor garantice la alimentación y la vivienda a través de un subsidio de emergencia para nuestra población”.

En Córdoba, la organización autónoma AMMAR Córdoba apela a la comunidad, mientras clama por respuestas estatales. En su sede brindan distintos servicios. “Es muy tremendo lo que está pasando, desolador. Tuvimos que cambiar los horarios, suspender actividades y tenemos que garantizar sí o sí la comida para los más peques. Estamos con la colecta, hemos recibido algunas donaciones de mercadería de particulares, pero realmente es poco”, contó Eugenia Aravena, referente de AMMAR Córdoba. “Esta situación de pandemia ha generado psicosis, no hay clientes, no hay trabajo y es desesperante. Hay compañeras que tienen que pagar la pieza por día, que tienen hijes, y no están teniendo ingresos. Hay desesperación y la precariedad es absoluta”, dijo la dirigente. La cuenta para donaciones de Ammar Córdoba es CBU 1410929455042900521764 del Banco Credicoop.

 

Diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual en la sentencia de un juez argentino

 

“En contraposición a esto —a la dignidad de la persona y al derecho a la igualdad—, a las trabajadoras sexuales, como en general son pobres, no instruidas, tienen hijos, les quitamos sus derechos y no cualquier derecho, sino el más fundamental de todos, la libertad, la posibilidad de elección, la voluntad. El Estado lisa y llanamente decide que no están en condiciones de decidir. En definitiva, se les quitan los derechos más fundamentales por ser pobres. Se les quitan la dignidad y la igualdad.”

 

Fecha de firma: 27/02/2020

Firmado por: ALEJANDRO CABRAL, JUEZ DE CÁMARA

Sentencia completa en PDF aquí.

 

A mi modo de ver hay una gran confusión entre lo que es la trata, la explotación y el trabajo sexual. Esta no diferenciación entre los conceptos, hace que se desconozcan los derechos humanos más básicos de las trabajadoras sexuales.

Esta forma extremista de interpretar los tratados y nuestra legislación, no ayuda -de ninguna manera- a combatir la trata, no desarticula las lógicas de explotación y por tanto se termina persiguiendo la prostitución, cuando este no es un delito. Lo que en definitiva se logra con este mecanismo persecutorio es invisibilizar aún más los casos de trata o de explotación laboral.

Por estos motivos, es muy importante diferenciar entre: TRATA DE PERSONAS que es “captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona….

La trata de personas con fines de explotación sexual es sólo una forma que adquiere este delito. El elemento distintivo de la trata es la retención en contra de la voluntad o el secuestro de documentación, el sometimiento por maltrato o amenazas de atentar contra la vida, el encierro y la obligación a prestar servicios sin consentimiento expreso y en contra de la voluntad de la persona.

La EXPLOTACIÓN LABORAL hace referencia a las condiciones de realización del trabajo y no remiten únicamente a fines sexuales. Existe explotación laboral en diversas ramas, siendo la construcción y la industria indumentaria y de calzado unas de las más permeables a esta práctica. La explotación laboral implica menor paga que la mínima necesaria o legal, condiciones precarias de trabajo, ausencia de prestaciones básicas en el ámbito de trabajo, jornadas extendidas por más horas que las máximas dictaminadas por la ley, retribuciones monetarias que no contemplan vacaciones ni licencias por enfermedad, hasta el extremo del trabajo con características de semi-esclavitud.

Por su parte, el trabajo sexual, al hallarse en un intersticio legal (no está prohibido, pero tampoco está regido por leyes y normas), se encuentra “clandestinizado” y en ese sentido, abre las puertas a la explotación laboral. Todo ello ayuda a que los clubs nocturnos, wiskerías, etc. exijan a las trabajadoras sexuales a trabajar más horas o en condiciones nefastas, para su salud, pero aún así en esas condiciones, no serían “mujeres tratadas”, sino mujeres explotadas laboralmente. Ello así, porque ni la ley, ni nadie puede quitar a otro la voluntad y elección personal.

El TRABAJO SEXUAL es la prestación de un servicio sexual a cambio de dinero, en el que todas las partes comprometidas lo hacen por decisión personal y con consentimiento propio. El trabajo sexual es la actividad que realizan personas adultas en pleno ejercicio de sus facultades y sin coerción al ofrecer un servicio sexual con fines onerosos.

 El término surgió a raíz de la defensa del trabajo sexual y del reclamo para que las/os trabajadoras/es sexuales tengan los mismos derechos humanos y laborales que cualquier otro trabajador.

A partir del activismo que dirigen grupos de trabajadores sexuales, actualmente se tiende a preferir el término trabajo sexual en vez del término prostitución que tiene connotaciones absolutamente negativas y estigmatizantes.

Como ya dije, tanto la prostitución como el trabajo sexual consisten en la práctica de mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero u otros beneficios económicos.

El trabajo sexual puede incluir otras actividades distintas de la prostitución, como lo es la industria del sexo, el sexo telefónico, líneas eróticas, juguetes sexuales, ciber sexo vía webcam, películas porno, etc.

Una cara es la del discurso público que juzga, discrimina y criminaliza el trabajo sexual, pero me pregunto ¿qué es más digno, ser trabajadora sexual o trabajar como empleada doméstica, barrendero, limpiador de cloacas, o en trabajos precarizados como los de Glovo, Uber, etc.? Algunos de estos se pagan muy mal y en negro, ¿no es eso explotación?. Otros son trabajos no reconocidos, al igual que el trabajo sexual, pero que nadie dice que sean explotación. Todos estos trabajos son absolutamente dignos, el problema es la explotación laboral, pero nadie le quita el consentimiento a la persona, lo que se debe hacer es regularlos para poder ser controlados y que no haya violaciones a los derechos fundamentales.

El lenguaje impregna todos los espacios de las relaciones sociales y bajo la supuesta protección de las víctimas, se las estigmatiza aún más. Tan es así, que la ley no les permite prestar su consentimiento y si son vulnerables agrava la condena. Es decir, que no es necesario que exista un aprovechamiento de la vulnerabilidad de la víctima para que haya explotación, siempre y en todos los casos que haya un contrato con otra persona, va a existir explotación. Antes el medio comisivo era el aprovechamiento de la vulnerabilidad, pero ahora ello es un agravante, porque directamente no pueden prestar el consentimiento.

La Constitución, que en el art. 19 nos garantiza nuestra libertad e intimidad, parece que no es para las trabajadoras sexuales. A otras personas sí se les permite prestar el consentimiento para realizar trabajos denigrantes, en condiciones infrahumanas, aunque estén en negro, trabajos absolutamente precarizados, pero dignos a la luz de algunas miradas. Sólo a las trabajadoras sexuales se les quita el consentimiento, no tiene ningún valor su palabra y su voluntad, afectándose asimismo la garantía de la igualdad ante la ley.

Entonces frente a un discurso absolutamente moralista, se estructura el rechazo social al ejercicio del trabajo sexual bajo el discurso de la “dignidad”. Del otro lado se encuentran las trabajadoras sexuales que dicen “no nos defiendan tanto, tenemos libertad y queremos ejercerla, reconozcan nuestros derechos, derecho a elegir el trabajo que realizamos”, a ser reconocidas como “trabajadoras”. Reclaman dejar de ser excluidas y marginadas.

 En el presente caso, las mujeres trabajadoras sexuales son personas mayores de edad que han decidido dedicarse a ese trabajo para solventar su economía familiar y/o personal, a veces de mucha mejor manera que con otro trabajo que es peor pago.

La confusión entre estos tres conceptos, ayuda a que no se investiguen los verdaderos casos de trata, a que no se termine con la explotación laboral, a que sean las fuerzas de seguridad las que intervienen en estos casos, cuando históricamente son los que se han beneficiado económicamente de este tipo de trabajo, exigiéndoles un aporte económico de lo obtenido con su trabajo, a cambio de no molestarlas. Extrañamente no se convoca a las trabajadoras sexuales para que digan dónde existe verdadera trata o explotación sexual o laboral, siendo que ellas saben perfectamente los lugares donde existe la verdadera trata o explotación, porque en algún momento han conocido o sido víctimas de ello.

La ley 26.842 fue en sus conceptos mucho más allá de lo que estableció el protocolo de Palermo. Tan es así, que el Protocolo habla de los medios comisivos para obtener el consentimiento, mientras que nuestra ley desconoce el consentimiento y agrava la figura por los medios comisivos que menciona el Protocolo. Expresamente tanto el art. 125 bis como el art. 127 y el art. 145 bis del CP dicen: “… aunque mediare el consentimiento de la víctima”.

El consentimiento es un concepto jurídico que hace referencia a la manifestación de la voluntad entre dos o varias personas para aceptar derechos y obligaciones. En sentido amplio, es la capacidad de la conciencia (conocimiento que posee el ser humano respecto de su existencia) para pensar y obrar según la propia voluntad de la persona. En definitiva, es conocimiento y voluntad, al igual que el dolo.

Es decir, la voluntad hace a la capacidad para decidir con libertad, mientras que la libertad es poder elegir entre múltiples opciones; a mayor número de opciones, mayor es la libertad. Por lo tanto, la mayor libertad sería poder elegir entre un infinito número de opciones, sin limitaciones. Todas las personas nos encontramos limitadas en nuestra capacidad de optar, unas más y otras menos, pero ello no quiere decir que entre las opciones que tenga la persona, no pueda elegir.

La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) consta de 30 artículos en los que se define explícitamente la discriminación contra las mujeres y establece una hoja de ruta de acción nacional para poner fin a tal forma de discriminación.

También la Convención de Belem do Pará en su art. 6 reconoce “El derecho de toda mujer a una vida libre de violencia incluye entre otros: a. el derecho de la mujer a ser libre de toda forma de discriminación, y b. derecho de la mujer a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamientos y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación”. Esto va en consonancia con las obligaciones asumidas por los Estados firmantes en el art. 7 inc. e) “tomar todas las medidas apropiadas, incluyendo medidas de tipo legislativo, para modificar o abolir leyes y reglamentos vigentes o para modificar prácticas jurídicas o consuetudinarias que respalden la persistencia o tolerancia de la violencia contra la mujer”. Es decir que los Estados y los Poderes Judiciales deben tener en cuenta en sus fallos que no se puede discriminar por conceptos de inferioridad o subordinación.

Me pregunto ¿hay mayor discriminación que quitarle a la persona la capacidad de elección, su libertad para decidir, so pretexto de protección? En esta causa se menciona como víctima a JSC, a quien la ley le quita la capacidad de elegir, pues le prohíbe realizar cualquier tipo de contrato con otra persona relacionado con el ejercicio de su prostitución, pues sería trata, explotación, promoción o facilitación de la prostitución. La hipocresía de la ley queda en evidencia en su caso, ya que a pesar de considerarla sujeto vulnerable y condicionada para elegir —lo que agrava la explotación que alguien efectúe de ella según la ley 26.842—, no tiene en cuenta tales circunstancias a la hora de condenarla por tráfico de estupefacientes. Allí es plenamente capaz de decidir. Entonces tenemos que una persona por ser vulnerable y porque elige ejercer el trabajo sexual, no es libre de determinarse; pero por el otro lado y al mismo tiempo, si ella decide vender estupefacientes, la ley considera que su consentimiento es plenamente válido, ella es absolutamente libre y no se encuentra condicionada. Conclusión, debe ser condenada.

En general este tipo de argumentos no son considerados por los Tribunales. Hace muy poco un fiscal en Chubut analizó los contextos que afectan a aquellas mujeres que actúan como “mulas”, en la cadena del tráfico de estupefacientes y las consideró víctimas de trata, pero hasta el momento la mayoría de los Tribunales venía condenando a estas personas por tráfico agravado de estupefacientes, sin siquiera mirar el contexto para considerar si eso era una víctima de trata.

Creo que estamos frente a un problema. ¿Somos capaces de determinarnos o no? No puede ser que para algunas cosas seamos plenamente capaces, pero para otras no.

Me pregunto, ¿en este juicio estamos juzgando la vulnerabilidad de las personas y la capacidad de auto-determinarse, o el tipo de trabajo que realizan? Da la impresión que estamos juzgando el tipo de trabajo. Nadie cuestiona si uno acepta ser empleada doméstica aunque cobre 20 veces menos que la hora de una trabajadora sexual. Tampoco se cuestiona si la persona consigue un trabajo precario que no está legalmente reconocido, porque se justifica ante la falta de trabajo. En ese caso, la voluntad no se encuentra viciada.

Me vuelvo a preguntar, ¿no será que estamos juzgando en función de la dignidad que nos merecen algunos trabajos frente a otros? ¿Qué es más digno, ser una trabajadora sexual, ser empleada doméstica, ser empleado de un supermercado, siendo que en muchos de estos casos no se respetan las leyes laborales? Todos son trabajos dignos, algunos mejor pagos que otros, algunos con menos explotación que otros. Lo indigno es el aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad y, tal como lo propone el Protocolo de Palermo, debe ser un medio comisivo y no un agravante, justamente para lograr su persecución.

La ley nada dice de la capacidad para prestar el consentimiento de la persona que consume drogas, más aún si es pobre y si para poder comprar las drogas —porque no tiene estudios y no tiene recursos— comienza a vender escasas cantidades (narcomenudeo), directamente lo condena por tráfico y queda preso. Nadie se pregunta si esta persona está condicionada por su proveedor, quien le exige vender para poder recibir la droga. Para los Tribunales, para los jueces, tiene plena capacidad de auto-determinarse.

Sin embargo, si una persona decide ejercer la prostitución porque considera que es una mejor opción, se encuentra absolutamente imposibilitada para realizar cualquier tipo de contrato o arreglo económico con otra persona. La legislación, sigo sosteniendo, es absolutamente contradictoria.

La vulnerabilidad social es un término utilizado para describir la inhabilitación de los derechos de las personas que no están en condiciones de decidir, pues hace referencia a aspectos sociales más amplios. Responde a dimensiones del ser humano en las cuales el abuso conlleva a la exclusión social. Cuando un individuo es vulnerado en sus derechos, sufre consecuencias no sólo sociales sino también psicológicas. El Estado, los gobiernos, las organizaciones gubernamentales quedan expuestas ante las situaciones de vulnerabilidad, por lo tanto se deben crear políticas sociales que atiendan y entiendan sobre esta situación.

Una persona excluida socialmente es vulnerable, no me cabe duda. Pero me vuelvo a preguntar: ¿se encuentra inhabilitada para ejercer la prostitución y para realizar contratos con otras personas? ¿no está en condiciones de elegir? Sin embargo el ordenamiento jurídico sí la habilita a ser empleada doméstica, ya sea en blanco o en negro, y hacer los trabajos más denigrantes, por una suma muy inferior a la que cobra la persona que realiza un servicio sexual. La ley no dice que la empleada doméstica o un empleado en negro, no está en condiciones de consentir.

En definitiva, podemos decir que el Estado habilita a las personas a limpiar la “mugre ajena” por dos pesos, porque es un trabajo digno, pero no habilita a la trabajadora sexual, supuestamente para protegerla de no ser explotada. ¿Cuál es la razón de esta distinción? La razón fundamental es que no queremos que realice un trabajo sexual, por razones estrictamente morales que no tienen nada que ver con la trata, ni con la explotación laboral.

Adela Cortina, Filósofa española, creó una nueva palabra “aporofobia”, que significa la “fobia, miedo o rechazo al pobre”. Ella expresa que el pobre en definitiva es aquel que no tiene nada para dar y por eso es relegado y excluido de la sociedad. Y como ella dice en una conferencia que se encuentra en https://www.youtube.com/watch?v=ZODPxP68zT0), la Declaración de los Derechos Humanos dice que todos los seres humanos tenemos dignidad y la aporofobia es un auténtico atentado contra la dignidad humana y contra la democracia. Contra la democracia, porque no puede haber democracia sin igualdad. No se puede seguir creando desigualdades, hay que dar a cada uno de los seres humanos la posibilidad de crecimiento.

En contraposición a esto —a la dignidad de la persona y al derecho a la igualdad—, a las trabajadoras sexuales, como en general son pobres, no instruidas, tienen hijos, les quitamos sus derechos y no cualquier derecho, sino el más fundamental de todos, la libertad, la posibilidad de elección, la voluntad. El Estado lisa y llanamente decide que no están en condiciones de decidir. En definitiva, se les quitan los derechos más fundamentales por ser pobres. Se les quitan la dignidad y la igualdad.

De esta manera los Tribunales van creando estereotipos del deber ser. Como dice Nadia Kubatov “Rebecca Cook define un estereotipo como una visión generalizada o una preconcepción sobre los atributos o características de los miembros de un grupo en particular o sobre los roles que tales miembros deben cumplir. Es decir, la particularidad de los estereotipos es que se aplican a todos los miembros de un grupo con prescindencia de las características específicas individuales, volviendo innecesaria la tarea de considerar las habilidades, necesidades y deseos individuales de cada persona. Los estereotipos funcionan como perpetuadores y legitimadores de subordinación legal y social… Los estereotipos de género, son aquellos referidos a la construcción social y cultural, tanto de hombre como de mujeres en razón de funciones físicas, biológicas, sexuales y sociales. Preconceptos estos que, determinan tratos sociales a las mujeres, sobre bases discriminatorias, como el trato desigual y la forma en que esos prejuicios se encuentran institucionalizados a través de las leyes, las políticas públicas y las decisiones judiciales y a su vez que legitiman el accionar individual y colectivo de los integrantes de un grupo social… La forma de disciplinar esos cuerpos rebeldes, que se desenvuelven por fuera de lo socialmente esperado serán disciplinados en los términos del mandato de masculinidad (Segato), a través de las distintas   formas de maltrato   y degradación, adoptando formas como violencias morales, psicológicas,económicas, sexuales e incluso la muerte. El disciplinamiento se realizará en varias esferas o capas, ya que no solo será ejercida por quién desde su masculinidad individual ejerce el acto en sí mismo, sino que luego ese disciplinamiento será ejercido por parte del propio sistema penal, que a través de sus sentencias, como actos de gobierno, ejercerá una pedagogía machista, opresora, violenta y cruel hacia todas aquellas mujeres que no hayan cumplido con los modos de vida social que se espera de ellas.” (“ESTEREOTIPOS ESTIGMATIZANTES DE LAS VICTIMAS DE VIOLENCIA SEXUAL EN EL PROCESO PENAL”, Ponencia presentada en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe sobre Justicia, llevado a Cabo en Quito, Ecuador, los días 26, 27 y 28 de septiembre de 2019).

La Fiscalía menciona presuntos criterios objetivos de vulnerabilidad no ya para consentir, sino para agravar la conducta de la persona que se aprovechó de ese estado. Dice que son mujeres. Más de la mitad de la población es mujer. Que son pobres. En Argentina más de la mitad de la población es pobre, tenemos una franja de pobres que es muy grande. Que algunas eran migrantes. Es verdad, pero muchas de las personas que tienen un trabajo precarizado son migrantes (mayormente venezolanos/as que trabajan para Glovo, Uber, etc) y los/as coloca en una condición de mayor vulnerabilidad, pero eso no implica que no estén en condiciones de poder decidir entre las pocas opciones que tienen. También hay que tener en cuenta que ninguna de estas mujeres se quería volver a su país de origen, se querían quedar. Entonces no podemos decir que eso las hacía más vulnerables. Al contrario, según la Lic. Alonso en Dominicana la Sra. Olivo era más vulnerable que  en Argentina, también lo dijo ella misma. El Fiscal agregó que en muchos casos no tenían familia en el país. No es así en todos los casos, algunas tenían hermanas, primas, amigas, lazos sociales importantes, algunas formaron familia aquí, otras trajeron a sus familias.

Lo cierto es que ni siquiera en la causa, obran informes socio-ambientales, ni psicológicos que den cuenta de la vulnerabilidad de estas personas, del lugar donde viven, etc. En definitiva, no hay prueba alguna de la vulnerabilidad de estas personas en términos comparativos a personas de su misma clase y condición social.

Es verdad que en el local Anfitrión vivían dos personas: CR y SG. Pero eso no es explotación tampoco. No las obligaban, al contrario, les salía más barato que alquilar en otro lugar. Es más, tanto Sigales como Velásquez Mann estuvieron de acuerdo en no cerrar el local, porque las chicas no tenían a dónde ir.

En estas condiciones, queda abierta la posibilidad de discutir sobre la constitucionalidad de estas figuras penales que quitan la capacidad de decidir a las trabajadores sexuales. Es una discusión que tiene que ver con posiciones filosóficas- constitucionales. Me opongo a defender que el Congreso, a través de la creación de una figura penal, pueda imponer límites a los individuos sobre el tipo de acuerdos o intercambios que ejerzan en un marco de consenso y de autonomía de la voluntad, cuando no se afecta a terceros. ¿Hay o no restricciones constitucionales que impidan al legislador involucrarse sustancialmente sobre qué puede ser y qué no puede ser objeto de nuestras opciones vitales? O, lo que es lo mismo: ¿Nuestra Constitución es compatible con una idea paternalista o perfeccionista del Estado?

Estoy totalmente a favor de regularizar el trabajo sexual para que justamente pueda ser controlado, que no existan abusos, que tengan derecho a una jubilación, a una obra social. Eso va a permitir perseguir la verdadera trata y la explotación laboral. De lo contrario, perseguimos a las trabajadoras sexuales bajo el pretexto de que las estamos defendiendo de la explotación y no se va a los verdaderos lugares que hay trata o explotación.

Lo que no puede hacer el Estado es quitarle a la persona su capacidad de elección, su voluntad.

Tal como lo dice Marisa Tarantino “La opinión doctrinaria de Figueroa (2017), siempre apoyada sobre abundante jurisprudencia, sirve para ilustrar entonces cómo el neoabolicionismo ha logrado instalar sus postulados en las más influyentes usinas de producción del saber penal, desplegando solapadamente una nueva forma de estigma hacia la prostitución; aunque todavía muy cercana a las antiguas objeciones morales que veían la prostitución como una actividad precisamente indigna para una mujer (Juliano, 2002) … Esta perspectiva produce un efecto muy importante para el análisis de nuestra praxis penal antitrata: las intervenciones de las agencias penales en los casos de explotación sexual parten desde una definición del consentimiento que solo resulta compatible con la capacidad de las mujeres de tomar decisiones acertadas. Y solo serán acertadas aquellas decisiones que apunten al reconocimiento de la situación de vulnerabilidad como algo intrínseco al mercado sexual  (Iglesias Skulj, 2017).(“LOS FEMINISMOS EN LA ENCRUCIJADA DEL PUNITIVISMO. ¿Qué hubo de nuevo en la legislación penal argentina contra la trata de personas?. Un primer análisis de lo que nos dejaron las leyes 26.364 y 26.842”, Buenos Aires, Argentina, Biblos, ISBN n978-987-691-770-4).

En virtud de todo lo expuesto, considero que no existe prueba alguna en la causa que acredite que JDB se beneficiaba económicamente de la explotación sexual de otra persona y menos aún que se hubiere aprovechado de un estado de vulnerabilidad para ello. Tampoco se acreditó que participara aunque sea de manera secundaria, en los términos del art. 46 del CP, de los supuestos beneficios obtenidos por CV de la actividad mencionada en primer término.

En función de todo ello y de las razones expuestas en este fallo, considero que el “copeo” no integra de ninguna manera la prostitución, y, por lo tanto, habré de ABSOLVER a JDB en orden al delito por el que fuera traído a juicio, sin costas. 

 

Alejandro CABRAL

Juez

TOF Neuquén

 

Fecha de firma: 27/02/2020

Firmado por: ALEJANDRO CABRAL, JUEZ DE CÁMARA

Firmado(ante mi) por: DOLORES FRANCO, Secretaria Ad Hoc

 

 

¿Prostitución, trabajo o trata?

En un juicio contra un hombre acusado de partícipe secundario de explotación de la prostitución, el TOF de Neuquén advirtió que se persigue la prostitución cuando “este no es un delito” y “lo que se logra con este mecanismo persecutorio es invisibilizar aún más los casos de trata o de explotación laboral”.

 

Por: Diario Judicial
@diariojudicial
notas@diariojudicial.com

13 de marzo de 2020

https://www.diariojudicial.com/nota/85861/penal/prostitucion-trabajo-o-trata.html

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El juez del Tribunal Oral Federal de Neuquén, Alejandro Cabral, absolvió a un hombre acusado del delito de partícipe secundario de la explotación de la prostitución de otra persona, agravada por el aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad.

El hombre atendía la barra de un cabaret donde había mujeres que ejercían la prostitución, según la Fiscalía. Fue acusado del delito de explotación económica de la prostitución ajena, en calidad de participe secundario, artículo 127 inciso 1 del Código Penal. A su vez, el dueño del lugar fue acusado por el delito de trata respecto de una de las mujeres y de explotación por las otras nueve que estaban allí.

Según consta en la causa, los testigos afirmaron que el acusado sólo servía los tragos, no cobraba dinero de los tragos, sino que otra mujer “era quien recibía el dinero que las chicas habían cobrado al cliente y ésta les daba a ellas el 50%”.

De acuerdo a lo expresado por el fiscal, “el copeo integra la prostitución y, por lo tanto, la explotación”. Sin embargo, el juez no compartió la postura del representante del MPF sino “un contrato entre dos personas mayores de edad, en la que una le propone a la otra que vaya al local cuando quiera, los días que quiera —al menos eso dijeron la mayoría de las chicas— y si logra que un hombre le pague una copa, el 50% de esa copa es para la chica y el otro 50% para el local”.

“Este ‘copeo’ no implica más que acompañarlo un rato mientras la persona bebe esa copa. No está obligada a ejercer la prostitución. Si ella quiere salir con ese cliente, es un problema de ella y el dinero que cobre también es de ella”, sostuvo el magistrado y advirtió: “A mi modo de ver el copeo de ninguna manera integra la explotación”.

Sobre este punto, Cabral explicó que el bar, local o night club, pone la bebida, el lugar, el barman y se queda con el 50% y el otro 50% se lo da a la chica por acompañar al cliente, ya sea bailando o charlando con él. Y añadió “Esto es un contrato, donde se beneficia el comercio porque van hombres y beben; y también se benefician las chicas que reciben el 50% del valor de las copas”.

El magistrado destacó, además, que “hay una gran confusión entre lo que es la trata, la explotación y el trabajo sexual” y que “esta no diferenciación entre los conceptos, hace que se desconozcan los derechos humanos más básicos de las trabajadoras sexuales”.

Para el juez, se persigue la prostitución cuando “este no es un delito” y “lo que se logra con este mecanismo persecutorio es invisibilizar aún más los casos de trata o de explotación laboral”.

Advirtió, además, que el trabajo sexual, al hallarse en un intersticio legal, se encuentra “clandestinizado” y se preguntó: “¿Qué es más digno, ser trabajadora sexual o trabajar como empleada doméstica, barrendero, limpiador de cloacas, o en trabajos precarizados como los de Glovo, Uber, etc.? Algunos de estos se pagan muy mal y en negro, ¿no es eso explotación?”.

“Otros son trabajos no reconocidos, al igual que el trabajo sexual, pero que nadie dice que sean explotación. Todos estos trabajos son absolutamente dignos, el problema es la explotación laboral, pero nadie le quita el consentimiento a la persona, lo que se debe hacer es regularlos para poder ser controlados y que no haya violaciones a los derechos fundamentales”, añadió.

La decisión judicial indicó que “en un discurso absolutamente moralista, se estructura el rechazo social al ejercicio del trabajo sexual bajo el discurso de la ‘dignidad'”, y nuevamente cuestionó: “¿No será que estamos juzgando en función de la dignidad que nos merecen algunos trabajos frente a otros? ¿Qué es más digno, ser una trabajadora sexual, ser empleada doméstica, ser empleado de un supermercado, siendo que en muchos de estos casos no se respetan las leyes laborales?”.


En otro tramo del fallo de 50 páginas, el sentenciante fijó postura a favor de regularizar el trabajo sexual para que “pueda ser controlado, que no existan abusos, que tengan derecho a una jubilación, a una obra social”.


“Todos son trabajos dignos, algunos mejor pagos que otros, algunos con menos explotación que otros”, sostuvo el juez y agregó: “Lo indigno es el aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad (…)”.

La persona que decide ejercer la prostitución, según el magistrado, se encuentra “absolutamente imposibilitada para realizar cualquier tipo de contrato o arreglo económico con otra persona. Y consideró que el ordenamiento jurídico “sí la habilita a ser empleada doméstica, ya sea en blanco o en negro, y hacer los trabajos más denigrantes, por una suma muy inferior a la que cobra la persona que realiza un servicio sexual. La ley no dice que la empleada doméstica o un empleado en negro, no está en condiciones de consentir”.

En otro tramo del fallo de 50 páginas, el sentenciante fijó postura a favor de regularizar el trabajo sexual para que “pueda ser controlado, que no existan abusos, que tengan derecho a una jubilación, a una obra social”.

“Eso va a permitir perseguir la verdadera trata y la explotación laboral. De lo contrario, perseguimos a las trabajadoras sexuales bajo el pretexto de que las estamos defendiendo de la explotación y no se va a los verdaderos lugares que hay trata o explotación. (…) Lo que no puede hacer el Estado es quitarle a la persona su capacidad de elección, su voluntad”.

De este modo, el juez consideró que “no existe prueba alguna en la causa que acredite que el acusado se beneficiaba económicamente de la explotación sexual de otra persona y menos aún que se hubiere aprovechado de un estado de vulnerabilidad”. En la causa tampoco se acreditó que “participara aunque sea de manera secundaria”, en los términos del artículo 46 del Código Penal, de los supuestos beneficios obtenidos por el dueño de la actividad.

 

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Las trabajadoras sexuales rosarinas tienen la palabra

La Capital habló con tres mujeres y una trans que ejercen la prostitución. En Rosario hay unas 700 trabajando en la calle y departamentos. Dicen que el 96% de los femicidios que las tienen como víctimas quedan impunes.

 

Por Laura Vilche

21 de febrero de 2020

https://www.lacapital.com.ar/la-ciudad/las-trabajadoras-sexuales-rosarinas-tienen-la-palabra-n2565705.html

 

Gabriela Hemela y Myriam Auyeros, las dirigentes sindicales de AMMAR de Rosario, piden un marco legal para las trabajadoras sexuales y derechos laborales.
Foto: Héctor Río / La Capital

 

“Putas nos gustan que nos llamen”. Así, sin vueltas, se presentan en el mano a mano con La Capital las trabajadoras sexuales rosarinas. Las que aseguran que el trabajo les disminuyó también a ellas durante el macrismo y por más de un 50 por ciento. Las mismas que denuncian que el 96 por ciento de los femicidios que las tiene como víctimas quedan impunes y no terminan los abusos de la policía.

Se habló con ellas porque estuvieron una vez más en boca de todos. Por el femicidio de una de sus compañeras, Caren Peralta, de 39 años, ocurrido esta semana; por el debate, según ellas “virulento” y que “atrasa”, sobre la promoción de la canción “Puta” de la cantante pop Jimena Barón.

Y también por la lista histórica de reivindicaciones contra la “clandestinidad” de su trabajo, que elevan de cara al 8M, Día Internacional de la Mujer.

Son tres mujeres y una trans. La secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la República Argentina (AMMAR, sede Rosario) Myriam Auyeros; la secretaria adjunta de AMMAR, Gabriela Hemela, la integrante del Colectivo de Trabajadoras Sexuales y Aliades “Yire”, Isabela, y la “cuentapropista”, Mariana Eva Maldonado.


“Quiero derechos sociales como cualquier trabajador, no tengo aguinaldo, ni jubilación ni obra social”, dijo Mariana Eva Maldonado


Ellas mismas cuentan cuántas, dónde, cómo, por qué y por cuánto trabajan.

Son las “putas” y tienen la palabra.

Puertas adentro

Se calcula que hay unas 300 mujeres trabajando en las calles rosarinas. Pero, a ese mapa hay que agregar unos 400 departamentos, algunos alquilados por las propias muchachas, que a la vez ofician como sus propias patronas.

Mariana es trans, tiene 41 años y diez operaciones en su cuerpo pero conserva sus genitales masculinos. Está a favor del trabajo sexual y sus reivindicaciones, pero no milita.

“Quiero derechos sociales como cualquier trabajador, no tengo aguinaldo, ni jubilación ni obra social”, reclama.

Ex alumna del colegio Cristo Rey. Dice que en los baños de ese colegio dio sus primeros pasos en sexo oral a compañeros de cursos superiores.

Se convirtió y sintió completamente mujer a los 18 años y cuenta con el documento nacional de identidad, que así lo confirma.

Por problemas familiares vivió en una pensión, cuando según cuenta aún “no sabía ni hacer un café”. Preparó alumnos en historia, inglés y matemática y a los 19 decidió prostituirse. Atiende en su departamento, de un cuarto en la planta alta, sillones coloridos en el living, estampitas religiosas por varios rincones y también imágenes de Evita, de allí su segundo nombre. Además tiene mascota: un Bulldog francés jadeante, de nombre Titán.

Foto: Héctor Río / La Capital

Cuando Mariana relata parte de su vida recuerda que trabajó primero en la calle, en la plaza Libertad, de Pasco y Mitre. Dice que siempre lo hizo con clientes que van de los 25 a los 70 años y pertenecen a toda clase social. “No todos son malos tipos: muchos son buenos padres y buenos maridos que sólo buscan mis servicios”.

Habla de la violencia a la que se expone con su trabajo y en cierto modo la relativiza. “Hay violencia en las calles de Rosario en general”. Pero sí recuerda que alguna vez le robaron la recaudación “unos tipos en moto” y que hace poco sufrió un atraco a punta de navaja.


El proxenetismo sí es delito y puede ser reprimido con prisión de cuatro a seis años, aunque medie consentimiento por parte de la víctima


“Nunca un cliente me violó o robó, de todos modos ya no atiendo a cualquiera. Pongo mis condiciones: también en los servicios, acepto tríos con una mujer y un varón, pero nada de los escatológico: ni lluvia blanca, ni dorada ni marrón, tampoco prácticas sádicas”.

Como parte de esa violencia que vivió, también habla de las veces que la detuvo la policía por prostituirse. “Nunca se animaron a hacerme nada. Mi papá, quien siempre me apoyó, me venía a buscar y como era grandote, los canas le temían”, asegura Mariana.

Femicidios y violencias

Más allá de su experiencia personal, a Mariana el asesinato a golpes a una colega (el 39 de los 40 que van del año en Rosario) la rebela y pone en alerta.

También a Isabela, una muchacha que trabaja puertas adentro desde hace tres años, tiene 24 años, es estudiante de la Universidad Nacional de Rosario, habla siempre con lenguaje inclusivo y pide no ser fotografiada ni filmada.

Ella dice que tampoco vivió momentos violentos, ni por parte de clientes ni por la policía, pero reclama “justicia por los femicidios” de sus pares.

“Aún no se sabe demasiado sobre el caso de Caren, pero no nos olvidemos que asesinan a una mujer cada 36 horas y que el estigma se agrava cuando sos trabajadora sexual”, dice la muchacha.

Isabela no levanta clientes por volantitos porque “se puede caer en cana por facilitamiento del trabajo sexual: tanto quien lo ejerce o quien lo imprime”.

Es que según las últimas modificaciones del Código Penal, la prostitución es una actividad lícita, siempre y cuando no haya trata ni explotación de personas y se ejerza voluntariamente. La única reglamentación a nivel nacional refiere a un decreto presidencial de 2011 (durante el gobierno de Cristina de Kirchner) que prohibió la publicidad de servicios sexuales en avisos clasificados (Rubro 59). Pero hay provincias y municipios donde su ejercicio aún está prohibido.

En Santa Fe, en abril de 2010, la Legislatura aprobó la despenalización de la prostitución callejera y el travestismo. El problema detrás de esta división es cómo distinguir entre trabajadores sexuales que lo consideran un oficio y explotadores. La Justicia sostiene que si se ejerce en un ámbito privado no es ilegal, si se publica como anuncio, sí.

El proxenitismo sí es delito y puede ser reprimido con prisión de cuatro a seis años, aunque medie consentimiento por parte de la víctima.

Para Isabela su prioridad no es militar en lo sindical, pero sí ser parte del “Yire”, un espacio que comparte junto a otras tres mujeres y ‘un marica’, sobre quien aclara: es “un muchacho gay”.

Dice que el eje más orgánico del Yire es hacer trabajo territorial, “salir por las noche a repartirles preservativos a las compañeras y ver en qué se las puede ayudar, y brindarles los contactos profesionales que tenemos para acercarles asesoramiento con profesionales”.

Ella, como sus compañeras, confiesa que durante el macrismo la pasó “mal”.

“El trabajo se redujo más de la mitad y costó pagar el alquiler”, un gasto que tradicionalmente se les cobró siempre más caro a las trabajadoras sexuales porque no suelen contar con garantías o hasta por “cláusula moral”.


“El trabajo se redujo más de la mitad y costó pagar el alquiler”, dijo Isabela


“Sí -sostiene Isabela- cayó la alimentación del deseo, porque no es algo de primera necesidad, nosotres nos vemos obligades a estancar el precio pero los alimentos siguen aumentando”. Asegura que no se enamora de sus clientes y que el trabajo sexual le enseñó a detectar violencias en su vida amorosa. Y si bien es joven, dice que al momento de elegir clientes se queda con los “maduros”.

“Los pibes están en cualquiera, creen que pueden decirte cualquier cosa , los más grandes son más educados”.

Hacer la calle

Miryam y Gabriela son dirigentes de AMMAR. Una trabajó y la otra aún ofrece servicios sexuales en la calle.

El gremio nuclea a más de 6.500 afiliadas en el país (y 600 en Rosario). La sede funciona en el Centro Cultural La Toma (Tucumán 1349), desde donde trabajan para legalizar el trabajo sexual y pedir por derechos laborales.

“Queremos la derogación de códigos contravencionales que siguen en pie en 17 provincias porque criminalizan nuestra labor, aportes jubilatorios, obra social, derecho a vivienda, salud para nuestros hijes y Justicia y esclarecimiento de los femicidios de Sandra Cabrera y Caren, ya que el 96 por ciento de los femicidios a nuestras compañeras quedan impunes. La clandestinidad de nuestro trabajo nos expone a constantes vulneraciones de nuestro derechos”, dice Gabriela, de 37 años.

Gabriela Hemela: “Me encanta mi trabajo, me mantengo con él, me siento libre, y soy ‘puta’, me gusta llamarme así”.
Foto: Héctor Río / La Capital

Cuenta que terminó el secundario, estudió algo de publicidad y márketing y luego se dedicó al trabajo sexual. Es madre de un nene de 8 años al que cría y mantiene sola.

Cada noche lo deja al cuidado de una niñera y le explica que va a acompañar a “señores que se sienten solos”.

“Trabajo en la calle. Me encanta mi trabajo, me mantengo con él, me siento libre, y soy ‘puta’, me gusta llamarme así”, dice modulando sus labios rojísimos y remarcando cada letra.

“Atiendo también a clientes con discapacidad, a ver si se creen que alguien así no necesita sexo, y ojo, no todo es penetración, con algunos basta con darles caricias y roces”, afirma dando pie a un trabajo que está elaborando AMMAR.


“Atiendo también a clientes con discapacidad, a ver si se creen que alguien así no necesita sexo”, Gabriela Hemela


Se trata de la asistencia terapéutico sexual, un proyecto provincial que se sumaría a uno ya elaborado de Reparación Histórica de las Trabajadoras Sexuales, donde se prevé que el Estado les dé resarcimiento a quienes estuvieron presas y sufrieron violencia institucional por ejercer las prostitución o por identidad de género. Tal el caso de Myriam, ex trabajadora “histórica” de calle.

Foto: Héctor Río / La Capital

 Tiene 58 años, es madre de cinco hijos y viuda hace apenas cuatro meses.

Comenzó a trabajar a los 24 años en un boliche de un pueblo santafesino y milita hace 25.

“Hacía copas y un hombre se quedaba con la mitad de mi recaudación, luego hice la calle en la zona de Perón y Cullen, hay todavía un hotel por allí donde solía ir. Nunca trabajé en mi casa”, afirma.

Myriam es una de las que cayó muchas veces detenida en épocas de Moralidad Pública de la policía, un organismo que se disolvió en 2004 durante el gobierno de Jorge Obeid, tras el asesinato de Sandra Cabrera, mártir del colectivo de las trabajadoras sexuales de todo el país.

La mujer a quien a sus 33 años y con una hija callaron con una bala en la nuca hace 16 años, en la Terminal de Omnibus. Un crimen aún impune y donde el único imputado fue un oficial inspector de la Policía Federal.

“Cuando me hablan de violencia en el trabajo sexual yo les digo que viví violencia institucional cada vez que caía presa, siendo madre sola, y los policías me decían: ‘No vas a ver a tus hijos, lo hubieras pensado antes”, dice Myriam.

También recuerda cómo la violentaban los servicios de salud en años de actividad. “Siempre nos atendimos en hospitales, pero en mi época había pocos horarios y se me complicaba con mi trabajo, pero lo peor es que sólo nos revisaban de la cintura para abajo, mi asma que me perjudicó siempre, más por trabajar de noche con frío o por estar presa en lugares húmedos; los dientes, las cuestiones neurológicas o las mamas, parecían no ser parte de mi cuerpo”.


“Cuando me hablan de violencia en el trabajo sexual yo les digo que viví violencia institucional cada vez que caía presa”, dice Myriam Auyer


La secretaria general de AMMAR aclara que ahora sólo trabaja vendiendo ropa en una feria. “Pero a veces paso por la zona y les digo a las chicas: ‘En cualquier momento vuelvo’ y se ríen. Si tuviera otro cuerpo, regresaría, pero con esta cabeza, no con la de la culpa que me metió mi familia y la policía y la sociedad toda. Hoy tengo orgullo. Ahora aprendo de las chicas más jóvenes, ahora estamos más unidas a las trans y a los trabajadores sexuales varones, eso antes no pasaba”.

Barón, docencia y límites

El mano a mano con las trabajadoras sexuales sigue por temas colectivos y personales. “Lo personal es político y sobre mi cuerpo decido yo”, levanta Gabriela como axioma.

Acuerdan con que no impulsarían a una hija para que trabaje de “puta”, pero sí la dejarían elegir y querrían, en todo caso, que haga la actividad “legalmente”, porque esa es la bandera que las une.

Sostienen que en el ambiente hay drogas, como en todos lados porque “no discrimina clases ni actividad laboral”, y aseguran que hay chicas que quedan entrampadas en la venta por “necesidad” o porque “se las da para vender la misma policía”.

Se resisten a meter “todo en la misma bolsa”. Aclaran que la trata es “esclavitud” y que “la prostitución no”, y que puede haber lugares donde trabajen menores, pero allí interpelan al Estado: “No es función nuestra enfrentar estas problemáticas que nos criminaliza injustamente a todas”.

Pasan por el espectáculo y la polémica que se desató cuando la cantante Jimena Barón usó para publicitar su última producción, la canción “Puta”, un volante callejero como los de oferta de servicios sexuales.

La promoción dividió las aguas entre feministas. Se cruzaron las abolicionistas, que consideran que la prostitución se ejerce siempre desde la coacción, y las reglamentaristas, que la ven como un trabajo y piden legalizarlo.

Entre las primeras se ubicó la guionista y escritora, Carolina Aguirre. Escribió en las redes. “Qué decepción, Jimena, este feminismo es de nena de 16 años. Qué pena que no entiendas que el feminismo es para proteger a las más débiles, no a vos que podés elegir”.

El comentario fue como un chorro de alcohol en una fogata. Terminó en decenas de discusiones, con Barón con parte psiquiátrico y un video donde pide “perdón” y Aguirre retirándose del feminismo como si fuera la rescisión de un contrato de alquiler.


“A veces las abolicionistas son más agresivas que muchos varones, mezclan todo”, dice Isabela


Tanto para Mariana, como para Myriam, Gabriela e Isabela, la polémica fue “virulenta” y “atrasa” en medio de la lucha feminista que todas apoyan tanto como a Barón.

“A veces las abolicionistas son más agresivas que muchos varones, mezclan todo”, dijo Isabela, refiriéndose por elevación a posiciones que no son las que imperan en Rosario, sí en ámbitos académicos.

Sí hay en Santa Fe una voz potente, la de la trabajadora sexual ya retirada Elena Moncada, autora de los libros “Yo elijo contar mi historia” y “Después, la libertad”, con los que da charlas en escuelas y se presenta como “sobreviviente de la explotación sexual”.

Myriam habla también del trabajo docente que hacen desde hace tiempo con sus compañeras . Lo llama “reeducación del trabajo sexual” y lo explica así: “Cuando yo trabajaba -agrega- los tipos decían ‘no quiero usar forro porque no siento nada’ y empezamos a colocarlos con la boca: ellos terminaban agradeciendo”.

Gabriela se suma: “Hay que ejercer este trabajo con mucha responsabilidad, hay muchas enfermedades, no podés aceptar que un cliente te diga te pongo la guita que sea arriba de la mesa con tal que me lo hagas sin preservativo. No, si esa es la condición les abro la puerta y digo: ‘¡Andate! En esto nos empoderamos”.

Foto: Marcelo Bustamante / La Capital

 Isabela vuelve al ruedo cuando explica esta reivindicación colectiva. “Si cedo al oral natural condiciono a otras compañeras, porque el cliente insiste. La idea es que nos cuidemos y digamos ‘no’”.

Y no sólo allí marcan límites. Dicen que también se los marcan a sus cliente. Allí entonces, dramatizan, ponen voz melosa, bebotean y dice una de ellas: “Papi, ¿vos llegás veinte minutos tarde a tu dentista? A mí tampoco me gusta la impuntualidad”.

Así son. Tienen muchas caras, muchas vidas. Se llaman “putas” y tienen la palabra.

 

Jimena Barón – PUTA (Vídeo oficial)

 

 

Letra:

A mi me enseño la calle
Lo que no aprendiste en Harvard
No me sobran los modales
Pero siempre viene a casa

Yo no te cocino
ni el desayuno
No tengo pa Armani
Si pa siempre 21
y no me importa Porque
Todo lo que yo me pongo
Me queda bien
y me lo quito más rápido

Dicen que soy puta
Pero vuelve a mi
Que me visto feo
Pero vuelve a mi
Que soy la más bruta
Pero vuelve a mi
Algo debo tener
Pa que quiera volver

Hey Miss Culta
El vino solito
No tengo la culpa
Con tu idioma un poco se le dificulta
No te sabe entender
Y a mi me consulta

Tranquila que Yo lo comparto
Lo tengo un ratito en el cuarto
Me subo y le doy un infarto
Le dejo mansito el lagarto
Y se fue
Yo no quiero novio
así pa mi está bien
No tengo ni tiempo no no

Papi yo te lo advertí
Conmigo las cosas funcionan así
Probas un poquito y no puedes salir
No te vayas a confundir

Vuelve a mi
Porque sabe lo que es bueno
Vuelve a mi
Yo tampoco sé lo niego
Vuelve a mi
si se complica
te llamo
Y nos vamos pa
atrá
Que a mi me gusta
Por atrás

Y nos vamos pa
atrá
Que a mi me gusta
Por atra tra tra tra tras

Y nos vamos pa atrás
Tras
Que a ti te gusta por atra tra tra tra tra
Como me dicen?

Dicen que soy puta
Pero vuelve a mi
Que me visto feo
Pero vuelve a mi
Que soy la más bruta
Pero vuelve a mi
Algo debo tener
Pa que quiera volver